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aplicación puede ser desigual. El contexto político e institucional nacional define las realidades organizativas, las funciones y competencias que distinguen a estas “mega-ciudades” de otros gobiernos lo cales. Las metrópolis se han convertido en escaparates nacionales, buscan ser “atractivas” o “competitivas” a nivel internacional. Por ello, mantienen fuertes relaciones con el gobierno central y, en mayor medida que otros gobiernos locales, se ven alentadas a suministrar servicios que contribuyan al desarrollo económico y a promover la reputación de eficiencia del país. Las metrópolis
gobernanza (y de los ingresos) determinada por las fronteras administrativas y su influencia operativa (que regularmente es desbordada por el crecimiento urbano); la división institucional y el estatus social y político que no siempre define claramente las responsabilidades propias de la metrópolis; la compleja gobernanza multinivel, influenciada por la presencia en el territorio de las metrópolis de los principales actores (económicos, políticos y con frecuencia culturales) (inter)nacionales o regionales; la autonomía y el control sobre las decisiones de inversión estratégica, que se ve afectada
Las ‘mega-ciudades’ se distinguen de otros gobiernos locales por el contexto político e institucional que determina sus modalidades organizativas, sus funciones y poderes. pueden ser capitales políticas y culturales, centros económicos, centros financieros, puntos geoestratégicos, centros de excelencia, ciudades especializadas, aglomeraciones centrípetas “ordinarias”. Cada una de estas características, a veces combinadas, define el perfil específico de las metrópolis, con sus ventajas y desventajas comparativas. Johannesburgo no es El Cairo, Shanghái no es Nueva York, Buenos Aires no es Moscú y Lagos no es Londres. Estas metrópolis son todas diferentes en su forma y en su estatuto jurídico como ciudad, gobierno autónomo o autoridad metropolitana, pero todas deben de ofrecer servicios básicos de calidad a sus habitantes. Existen numerosos factores que limitan la acción metropolitana en la prestación de servicios básicos: la fragmentación de la
por la insuficiente participación ciudadana en la definición de prioridades y por el peso de las élites y de los intereses económicos; los flujos masivos de personas, la polarización socio-económica y la consiguiente expansión espacial que, por sus dimensiones, provoca (ante mínimos cambios internos o externos) tensiones, inestabilidades, nudos, inseguridades, desigualdades o segregación que penaliza sobre todo a los sectores más vulnerables de la población. Otras variables tienen también impacto en la calidad y accesibilidad a los servicios básicos en las zonas metropolitanas: los contextos socio-económicos, políticos y ambientales a nivel nacional y global (conflictos, inseguridad, corrupción, riesgos relacionados con el cambio climático, contaminación y polución); la planificación