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crea incentivos para que los operadores innoven, mejoren el acceso y la calidad, y contribuye a reducir los costes, lo que es al fin y al cabo beneficioso para los gobiernos locales, los usuarios del servicio y los contribuyentes. Sin embargo, como se destaca en el capítulo europeo, no hay evidencia empírica de que un sistema de gestión sea intrínsecamente más eficiente que cualquier otro19. La elección óptima entre la externalización y la gestión directa sólo puede hacerse sobre la base de evaluaciones caso por caso, atendiendo a cada situación, por parte de las autoridades públicas. Esta es la razón por la cual es esencial que la autoridad organizadora tenga total libertad de elección del modelo de gestión. Esto promueve la flexibilidad y la adaptación a los contextos locales, a la vez que facilita la experimentación y la innovación. En la práctica, las tradiciones nacionales, las lógicas sectoriales y la evolución del marco institucional influyen en cómo son gestionados los servicios. En Europa, existen diferentes modelos históricos: las empresas locales de servicios múltiples alemanas (Stadtwerke), propiedad de las autoridades locales; la larga experiencia francesa en el uso de empresas de servicios públicos, privadas o mixtas; o la privatización de la mayoría de los servicios básicos en el Reino Unido durante los años 80. La mayor parte de estas tradiciones nacionales han evolucionado hacia modelos híbridos durante los últimos veinte años. Actualmente, tres cuartas partes de la población de Europa recibe el suministro del agua y saneamiento por parte de operadores públicos. En América Latina, el 90% del servicio de agua y saneamiento también es proporcionado por empresas de servicios públicos en las zonas urbanas, y muchas veces por juntas de agua en zonas rurales. Los go-
biernos regionales desempeñan un papel importante en los países federales, mientras que las empresas de servicios públicos nacionales dominan en los países de menor tamaño. En África, muchos países francófonos mantienen una sola empresa nacional de agua, mientras que los países anglófonos tienden a la gestión descentralizada20. En ambos casos, pero particularmente en los países francófonos, existen experiencias en que el sector privado se asocia con las empresas de servicio público nacionales o maneja una parte de los servicios. En Asia, muchos países han pasado de la gestión directa a la gestión a través de empresas de servicios públicos nacionales y locales, así como a la contratación externa, incluyendo joint ventures con socios privados. En China, el desarrollo de las últimas décadas tiene que ver con el fortalecimiento de las capacidades de los gobiernos locales, pero también con el establecimiento de PPP y de joint ventures con socios extranjeros. En la mayor parte de Eurasia, los proveedores de agua y saneamiento son propiedad de los gobiernos municipales y de niveles de gobierno regionales, o de una empresa nacional de servicios públicos (como en Tayikistán). En los últimos años, algunos países han buscado atraer a operadores privados hacia el sector de los servicios públicos. En Rusia, una cuarta parte de la población obtiene el agua y el saneamiento de operadores privados en virtud de contratos de PPP, pero la normativa establecida recientemente ha limitado la privatización de los activos de agua y saneamiento. La gestión de residuos es el servicio más descentralizado en todas las regiones, a menudo proporcionado directamente por los gobiernos locales. Sin embargo, los contratos con operadores privados son comunes en muchos países. En Europa, el 80 % de los trabajadores dedicados a este servicio son empleados por el sector privado21. En América Latina, los ayuntamientos
Bel, Fageda y Warner (2008) y Mühlenkamp (2013). 19
20
Banerjee et al (2008) p.7.
Wollman y Marcou (2010); Hall y Nguyen (2012). 21