· El Periódico de Torrevieja · 1ª quincena junio 2014
opinión VII. La política como contrato social
Thomas Hobbes, John Locke y Jean Jacques Rousseau
Destino caprichoso V: Casamiento y mortaja Jon Oria
jonoria.wordpress.com
Continuamos con la exposición de algunos temas de la conferencia sobre «Las formas de Gobierno a través de la Historia» de diciembre de 2013, fijándome más en la configutación moderna al considerar la política como el resultado de acuerdos llevados a cabo tras confrontaciones reales. Ya el Edicto de Nantes (1598) había dado un paso decisivo consiguiendo la libertad de culto entre facciones religiosas, pero no se llegaría al terreno de la política como actividad puramente humana hasta un siglo después y ocurrió inicialmente en Inglaterra con Thomas Hobbes (1588-1660), que teorizó sobre la conveniencia de dar Poder Absoluto al estado para resolver los entuertos. John Locke (1632-1704), de la escuela de Oxford atacó el absolutismo teniendo que refugiarse en Holanda hasta la época de la revolución inglesa de 1688, cuando se instauró el poder parlamentario. El caso del francés Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) es más complejo, porque, según él, la política trataría de despojarnos de lo individual para perdernos en lo colectivo, si bien él se permitiera los lujos de lo extravagante. Ambos Locke y Rousseau insistirán en que las promesas de un político al aceptar su cargo creaban un compromiso ineludible pues de no cumplirlas tendría que abandonar su cargo, tratándose de un contrato legal entre los electores y el elegido. Nos ha tocado asistir durante las elecciones de representantes para la Eurocámara a la puesta en escena de este argumento a nivel de países europeos, con toda una serie de incidentes ilustrativos como de que hubo quien introdujo en la urnas un sobre con 250 euros, sin que sepamos si se los devolvieron o si los ganadores agradecieron el voto de abstención a su favor.
Ese destino caprichoso quiso que Juanito Varea muriese en el frente, y ella tuviera que casarse con Ismael, para cumplir la promesa hecha al muerto. Aquella relación, sin amor, estaba destinada al fracaso, y, como Victoria se habia acostumbrado a tomar un vaso de anís, para aguantar las caricias del tendero, Jacinto, ejercía el mismo método para cumplir con sus «deberes» de esposa. A causa de esa costumbre, las discusiones y algún que otro bofetón eran el pan nuestro de cada día. Ismael había sido trasladado al frente de Alicante, cayendo herido, y así fue como conoció a su suegro: un tío campechano, que le tomó verdadero afecto a su yerno. El primer hijo que tuvo la pareja salió «tontito»; el segundo, a los 8 años, tuvieron que meterlo en un correccional por ladrón; la tercera, a los 12 años se escapó de casa con un hombre casado y nunca más se supo de ellos. El cuarto lo internó la madre en un colegio de huérfanos, donde se ejercía dura disciplina, buenas palizas y malas comidas. Ismael
se adentraba por los campos, en las noches sin luna, con las luces del camión apagadas y el remolque lleno de cosas de estraperlo, a cambio de 10 duros al mes. Una noche, la Guardia Civil le echó el «¡Alto!», pero él aceleró; ellos abrieron fuego y allí, en la misma cabina, lo dejaron «frito». Victoria se sacudió rápidamente las «pulgas». Dejó al tontito abandonado en una calle de Madrid, a la niña y al chico con sus tíos y el pequeño siguió en el orfanato, mientras ella se dedicaba a lo que le gustaba, beber y acostarse con el primero que le pagara una copa. Cierta noche que iba «ciega» de tanto tomar bebidas alcohólicas, la atropelló el tranvía, estando ella durmiendo «la mona» dentro de los raíles. De aquella familia, el único que era un hombre de provecho fue el pequeño, que tanto sufrió en el orfanato. Formó una familia respetable y querida, que era lo que más necesitaba en su vida, calor humano y las caricias que nadie le dio de niño. FIN
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HECHOS Y DICHOS La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema. Woody Allen
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FRASE DE KHALIL GIBRAN En política vale más hacer algo y arrepentirse que no hacer nada y arrepentirse.
Al mal tiempo, buena cara página 2
Kartaojal