· El Periódico de Torrevieja · 1ª quincena diciembre 2015
opinión La solidaridad debe ser de todos, sin la incoherencia de decir serlo sin serlo Thomas Hobbes
De nada, guapa
Jon Oria
jonoria.wordpress.com
No es que quiera, aunque lo es, que todos-as los ciudadanos-as voten en las próximas elecciones, pero ello justifica que mi crónica quincenal trate de presentar las ideas del que fuera, junto con John Locke (16321704), y luego del franco-helvético Jean-Jacques Rousseau (17121778), como los creadores del sistema parlamentario, no sólo en el Reino Unido, sino de toda la política occidental. Thomas Hobbes (1588-1679) nació en Malmesbury en el condado de Wiltshire al sudoeste de Inglaterra, no lejos del monumento megalítico de Stonehedge. Su padre era clérigo anglicano y lo echó de casa por armar la marimorena con otro feligrés en la puerta de la iglesia al salir del «Sunday Service» anglicano. Su tío carnal, Francis Hobbes, lo acogió y logró domesticarlo, llevándoselo a Londres a la temprana edad de 7 años; ya de joven entró en el colegio universitario Magdalen Hall de Oxford de la que diría que «si hubiera perdido el tiempo leyendo tantos libros, sería tan ignorante o más que los que los escribieron». Su obra cumbre, «Leviatan», de 1651, plantea la idea de que el ser humano no lograría superar sus instintos del poder de ambición y de dominio, que él denominaría «Estado de Naturaleza de guerra de unos contra otros», sin renunciar de sus derechos a favor de un Soberano que «por contrato» tuviera poder sobre ellos, pero en el que se reconocieran representados. Del que mandase, se exigiría que firmara un contrato, que no tuviera derechos de sucesión y que, de no cumplir lo acordado, tendría que renunciar «ipso facto» a sus poderes. Los maestros del Lao oriental lo formularían como el Yin del ser solidario tratando de conseguir el Yang de lo perfecto, no sólo en el Pensamiento, sino en cualquier otra práctica incluyendo el Arte, pero sobre todo en la Política. Es famoso el dicho de Laotse: «Nunca elijáis a quien le guste mandar, sino al que evite la tentación de ser corrupto».
HECHOS Y DICHOS Las leyes deberían hacerse para los seres humanos y no los seres humanos para las leyes. John Locke
En la película «El Padrino», cuando Michael Corleone vio por primera vez a Apolonia, se enamoró de súbito: a eso le llaman en Italia «Il raggio fulmine». Pues algo similar le pasó a Daniel al conocer a Remedios, que, sentada en una cafetería, tomaba a pequeños sorbos un café, con la mirada perdida, sin mirar a un sitio fijo. Ella era bellísima, rubia, ojos azules, delgada... Su media melena enmarcaba su cutis blanco con tez de terciopelo. Daniel se acercó y pidió permiso para sentarse, ella sonrió y le permitió ocupar la silla libre frente a ella. Durante 6 meses se «vieron» a diario (he puesto vieron entre comillas porque ella era ciega). Daniel habló con los médicos, y ellos le dijeron que uno de sus ojos se podría operar con el de un donante, pero que el otro estaba tan dañado, que no merecía la pena. No se lo pensó el joven dos veces y se ofreció para dar luz a uno de los ojos de su ya prometida. Los doctores le hicieron notar que esa decisión no tenía vuelta atrás, pero él la amaba tanto, que estaba dispuesto a darle los dos si con ello conseguía que ella viera. La ope-
ración se llevó a cabo y, durante 15 dias, estuvieron cada uno en una habitación del hospital, convalecientes. «Estoy deseando verte, mi amor», dijo ella, «para saber como eres físicamente, ya que tu alma la conozco a fondo». «Quizá te lleves una decepción», bromeó él. «Soy vulgar. No tengo nada que pueda enamorar a una mujer, y si tú me amas es porque no me has visto». Daniel tenía el rostro desfigurado de la viruela que sufrió de pequeño, luego, un accidente de coche dejó secuelas como una marca que le atravesaba todo el rostro, le faltaba media oreja y un trozo de nariz. Cuando le quitaron las vendas a Remedios y pidió ver a su novio, no pudo reprimir un gesto de asco. «Llevas razón, Daniel; no eres mi tipo, así que disculpa por el tiempo que te he hecho perder. Ahora que veo, me buscaré un novio que, al menos sea guapo y no un adefesio como tú». Daniel salió de la habitación sin decir palabra, y, por el pasillo hacia la calle, su único ojo lloraba amargamente». Kartaojal
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FILOSOFÍA CANINA SEGÚN MI CHUCHO ZURI A mí lo que menos me gusta de mi amo Jon es que me mande.
¿Acto vandálico o cambio de temperatura? página 2