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¿Estamos realmente viviendo o tan solo existiendo?

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situación ocasional a tener que hacerlo todos los días y llegar a tal punto de tener que ser una especie de tutor privado porque papá y mamá necesitan ir a trabajar, esa realidad se vuelve más compleja y estresante, en este mismo contexto si nos referimos al estudio igualmente como una situación que debería ser agradable y educativa, se ha tornado en una actividad en donde por un lado no es, ni en lo más mínimo comparable con la presencialidad, pues hoy en día la vida universitaria se convirtió en un trajín diario de ojos irritados por la necesidad de estar ante la cámara y por leer innumerables PDF’s delante de una pantalla, espaldas y posaderas adoloridas cuando no se tiene una silla adecuada y adicionalmente a estos dos el hecho de tener que escuchar a docentes que lo único que tienen en mente es reproducir diapositivas y narrar información como si de un documental se tratase, sin siquiera tener la cordialidad de dar ejemplos o buscar una manera más interactiva de llevar la clase, salvo ciertas y muy pocas excepciones. En este sentido, hablando de forma completamente personal he pensado muchas veces, que a diferencia de la clases presenciales en donde se podía observar si una clase se entendió o no, a través del rostro de los compañerosestudiantes, ahora no se tiene ni esa breve pista porque cuando el docente pregunta si todos entendieron el tema, no faltan aquellos clasistas educados para memorizar que al instante encienden el micrófono y cantan al unísono “si profe, si se entendió todo”, quitándole todas las ganas a uno como estudiante y compañero el preguntar algo que no se entendió, por otro lado, si vamos al plano social, ante estas situaciones mencionadas con respecto al estudio y comprensión de las clases, estas se resolvían al final de la misma, o a su vez entre colegas, tomarse un receso y dialogar el tema a luz de una taza de café, pero ahora, hasta eso se nos quitó, cada compañero ya no tiene esos instantes de libertad en el que podía reunirse y establecer esta dinámica tan enriquecedora, ahora cada quien tiene sus responsabilidades en su casa-cárcel. No hay que olvidar que a diferencia de lo que postula la psicología, de que el hogar de cada uno es nuestro refugio, nuestro “lugar seguro”, a veces nuestros amigos lo son, y si nos quitan ese diálogo con los colegas, y hasta el hogar se vuelve nuestro lugar de guerra y pelea, nos terminamos preguntando lo expuesto por el compositor Joaquín Sabina: “¿a dónde vamos cuando no quedan islas para naufragar?” En síntesis, ¿qué tendríamos al final del día con todas estas circunstancias?, sencillo, un contenedor de estrés, ansiedad, preocupación y depresión que en algún momento dado no dará más y explotará, teniendo así como resultado en el mejor de los casos, en tono irónico, un adolescente o joven universitario con un sistema emocional destrozado, o a su vez con su sistema de control de la ira en colapso, y en el peor de los casos, jóvenes que se suicidan sin pensarlo dos veces como hemos podido observar en los noticieros. Luego la sociedad dice que los jóvenes no tienen ningún sufrimiento, y si lo tienen seguramente son situaciones sin mayor importancia, jajaja, después esa misma sociedad se pregunta al ver que sus jóvenes optan por el suicidio o caen en la depresión más profunda ¿Por qué lo hacen?


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