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Pegaso Zorokin Parte 2 [Novela por entregas]: Gerardo Arana Reportaje Gráfico Señoras: Mónica Álvarez Herrasti

Textos de: Horacio Saavedra Castillo Eva Cabo John Z. Komurki Gabriela Koestinger José P. Serrato Miguel Antonio Lupián Soto Ometeotl Hernández Ángeles Manuel de J. Jiménez José Manuel Vacah Karen Márquez Saucedo Alonso Guzmán Antonio Rueda Sánchez Alejandro Vázquez Eréndira Plata Alonso Eduardo de Gortari Raymundo Manzanárez Tania Espinosa De la Garza

Fanzine Digital de Literatura

Los conceptos son bestias: Alfonso Vázquez Salazar


No.7

- Fanzine mensual de publicaci贸n digital Para mayor informaci贸n visita: M O L I N O D E C U E N T O . B L O G S P O T. C O M radiadorfanzine.blogspot.com


No. 7 Abril de 2012

DIRECTORIO °Editor

E

l presente número de [Radiador] recoje parte de la obra gráfica de Gerardo Arana bajo el heterónimo Saul Galo. Sea pues esta edición una dedicatoria, un homenaje:

Daniel Malpica*

°Selección y Prólogo Emmanuel Vizcaya

°Pintura e Ilustración [Portada e Interiores] Saul Galo (Gerardo Arana)

°Gravitación Extendida [Columna] Erik Alonso

°Tracklist

Gerardo Grande

*Portada Quetzalcóatl *Prólogo Fragmento de Mural *Contraportada Acuarela * [p.35 a p.38] Muestrario Marino

°Diseño y Complementos *

ÍNDICE

radiadorfanzine.blogspot.com

M O L I N O D E C U E N T O . B L O G S P O T. C O M

(Colaboradores**)

**Los textos aquí publicados son propiedad

intelectual de los autores, así como la responsabilidad de su contenido.

Horacio Saavedra Castillo Gabriela Koestinger Eduardo de Gortari Miguel Antonio Lupián Soto Ometeotl Hernández Ángeles Señoras: Mónica Álvarez Herrasti Manuel de J. Jiménez José Manuel Vacah Karen Márquez Saucedo Alonso Guzmán Antonio Rueda Sánchez Alejandro Vázquez John Z. Komurki Eva Cabo Los conceptos son bestias: Alfonso Vázquez Salazar Nueva Pestaña: The Shirine / An argument La bestia del Yo: Lauri García Dueñas Nueva Pestaña: Revista Consideraciones José P. Serrato Eréndira Plata Alonso Raymundo Manzanárez Tania Espinosa De la Garza Nueva Pestaña: Pilobolus perform “Symbiosis” Gravitación Extendida: Erik Alonso Pegaso Zorokin Parte 2 [Novela por entregas]: Gerardo Arana

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Fauna Fantástica

EDITORIAL

C

riaturas. Híbridos. Creaciones. El universo de las especies está detrás de cada parpadeo. La fauna espacial, dimensional, atemporal. Resultado de mutación, alteración, alucinación, idealización y/o quimerización. ‘Había una vez un monstruo’, dijeron, dicen y dirán. ¿Qué hacer? ¿Abrir o cerrar los ojos? ¿Parpadear rápidamente? Fauna interior. Fauna exterior. Interior. Exterior. interiorexteriorinteriorexterior: el ciempiés de la palabra. El cuerpo, así como el mundo, está habitado por incontables criaturas que a veces aparecen sólo cuando los ojos se han cerrado, o cuando se ve muy fijamente un punto atrás de las paredes. [Radiador] o de la Fauna Fantástica, atestigua el bestiario de nuestras vidas. El enigma y la fascinación de sabernos acompañados por otra sustancia vital. Las criaturas del otro lado. El lado B de los animales o de los demonios. También, queremos dedicar este número con mucho respeto a nuestro compañero Gerardo Arana (1987-2012). Gracias, Gerardo, por la amistad y camaradería hacia los que te quieren y a los que siguieron en todo momento tu carrera literaria, y gracias por darle a [Radiador] la oportunidad de publicar por entregas tu novela Pegaso Zorokin. A la familia de Gerardo, nuestra completa solidaridad y un profundo y respetuoso abrazo en este duelo inevitable Emmanuel Vizcaya


Tracklist: por Gerardo Grande

SPARKLEHORSE ES MARK LINKOUS

Good Morning Spider Pig: http://www.youtube.com/watch?v=L0W-h_UyD_c Hundred of Sparrows: http://www.youtube.com/watch?v=KyvlYVZPW1g Good Morning Spider: http://www.youtube.com/watch?v=NPN4JJO3wZE

U

na bala de luz golpea su frente y lo ciega por un instante Disparan una metralla de luces en su cuerpo Él vomita y las luces aumentan en cantidad y velocidad lo toma de la mano una chica de piernas largas y asesinas avanza casi arrastrándolo de la mano también a ella le disparan primero en sus zapatillas azul/sideral luego en las piernas pasando por su minifalda negra hasta llegar a su rostro bronceado y también asesino mientras Mark piensa en 2 cuervos de algodón derritiéndose encima de la luna La noche llora nuevos ritmos y me transformo en un animal pegajoso y fosforescente Una mantis me arrastra bajo la noche licuada por espejos Le dice el caballo brillante que galopa dentro de su pecho el caballo tiene en los ojos un ave marchita y puede ver lo que sólo es posible a través de los colores oxidados lo que sólo se puede mirar cuando sientes el viento en tu rostro y sabes que estás muerto Porque Mark Linkous ya estaba muerto esa noche lo del tiro en el pecho con un rifle de cacería sólo era para calmar al caballo diminuto que en palabras del músico estaba sembrado desde su nacimiento y que después de 30 años seguía molestando con su galope enloquecido en el pecho con el hocico amarrado a la boca del músico para atormentar la mente Y el disparo fue inútil porque el animal sigue conmigo me dice Mark Se ha puesto a manera de máscara la cabeza de su caballo salvaje su lengua marmórea y tiesa cae hasta mis manos Ella es el abecedario con el que escribo este texto sabiendo que Mark a esta hora en la noche me mira y acaricia al caballo brillante que galopa en su pecho

Vivadixiesubmarinetransmissionplot Cow: http://www.youtube.com/watch?v=O_aE7UajQV4 It´s a Wonderful Life Dog Door:

http://www.youtube.com/watch?v=Ahx5ws90jiU

Distorted Ghost Gasoline Horses:

http://www.youtube.com/watch?v=Bgwz1XgWxAg


Poesía

Dragón encadenado (al soneto) Horacio Saavedra Castillo (Cuautitlán Izcalli, México, 1990)

La métrica, la rima y la eufonía al reptil bello, onírico y alado mantienen a una torre encadenado y en constante y pretérita agonía. Semejan los recursos felonía para el volar sutil y enarbolado que emprende un buen dragón en lo elevado en búsqueda perpetua de armonía. Recóndito en obscuro calabozo se encuentra solitario y pensativo: con ansias de obtener la libertad. Creatura triste, negra soledad; mas no por ser dragón y estar cautivo nos debe parecer menos hermoso

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Cuento

El demonio que bailaba en tu cabeza Gabriela Koestinger

Tengo el vicio de escribir en segunda persona y también de pensarme en tercera. Asimismo, escribo siempre el título antes del cuento, pero al terminar, cuando el cuento ha volado sin mi permiso, el título ya no sirve, es por eso que tengo títulos guardados por todas partes. Tampoco puedo controlar ¡a mis propias letras! y mucho menos a la funesta voz que me grita, me pega, me maltrata y me conoce. Tú tienes el vicio de escribir en tercera persona y de pensarte en primera. Hoy te regalo un título, “El caleidoscopio que estaba roto”. Úsalo y escribe algo, lo que sea, una diatriba o un poema, una canción o un cuerpo desnudo, trágatelo si quieres, después escúpelo o vomítalo. Escribe y dime. Usa el título para que no se pudra, para que recuerde que eres tú y soy yo. Él tiene el vicio de escribir en primera persona y de pensarse en segunda. Él y ella sonríen cuando lloran y lloran cuando sonríen. Ellos, todos, nosotros; son, somos y seremos, pedazos de mierda o imaginantes de ideales. No tenemos musas pero tenemos demonios, demonios que son luces, sonidos, voces, palpitaciones o retortijones que vomitamos en hojas de papel o en sueños, en momentos sin tiempo o sagradas escrituras, en un dibujo o en una sinfonía, en el réquiem de nosotros los muertos. Quieres que todo el tiempo busquemos en las entrañas, que me olvide de la mentira, o la verdad que es mentira, de lo que nos dijeron o de cuando creímos saber. Nos incitas a volar y a sumergirnos en el fuego o a correr en el río, nos dejas dormidos cuando te ahuyentamos. Ya no sé quién es el demonio, si tú o yo o nosotros o ellos. En tal baile de palabras entraste cuando querías escribir el cuento. Te atacamos los demonios cuando escribiste el título “Federico y yo”, pero te dio miedo continuar cuando sentiste mi presencia. No quieres descubrir el tono con el que pintamos las entrañas, o el ritmo con el que bailan, lo que queda cuando derrumbamos el cemento. No quieres escribir, porque cuando lo haces, te abrasa el fuego, te ahoga el río, vuelas sin intención, te sacude el temblor, lloras sin pedirlo y te atacan las carcajadas, ¡oh, dulces carcajadas! Déjame entrar y entra tú también, trae a ellos y desnúdate mientras te vemos, que también estaremos desnudos. Únete a nuestro cuerpo y seamos un solo desnudo, una piel compuesta y cien pares de ojos. No, déjame en paz, que hoy quiero caminar y no volar, hoy quiero dormir, no buscar. Quiero escribir una historia simple, una estructura bien cuadrada y bien definida, así quiero ver al mundo el día de hoy. Quiero describir el paisaje y no el laberinto que busca mis entrañas. Quiero hablar de abrazos, no del fuego abrasándome. Quiero dormir, cerrar los ojos y olvidarte, despertar y que hayas desaparecido. Cuando pensó ya no escuchar la voz, se fue a la cama, feliz por una noche de tranquilidad se preparó para dormir, no queriendo soñar y tampoco volar. Ya en la cama cerró los ojos, y cuando lo hizo, el demonio seguía allí. Sí, yo también lo vi [06]


Poesía

Arcade Fire / My Body is a Cage Eduardo de Gortari (Ciudad de México, 1988)

El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo. Paul Auster Para Gerardo Arana

La última vez que hablamos por teléfono yo estaba en un panteón Vi un epitafio que decía: tuvo que buscar bajo tierra para encontrar el cielo Todos los epitafios deberían decir lo mismo Todos somos escritores redactando con los años una página de concreto un lenguaje de ceniza donde las palabras están muertas porque si ahora te marcara nadie me respondería acaso Dios me respondería acaso me diría que dejara un mensaje pero no tendría nada que decir Diría: El mundo es una llave/una clave/un password El mundo: cada objeto cada célula cada átomo del mundo es una llave para salir del mundo una llave para entrar a él: el número telefónico de Dios pero eso ya lo sabes porque yo ahora te estaría marcando a un panteón Qué si marco a tu teléfono sin que nadie responda porque la última vez que hablamos por teléfono yo estaba en un cementerio y vi un epitafio que decía que tuvo que buscar bajo tierra para encontrar el cielo porque el cielo es una parte de nosotros: el cielo es la diferencia entre un pulso cardiaco y una línea sin movimiento como una línea telefónica muerta y entonces cada que alguien marca y escucha un tono escucha el pulso de las cosas Qué si te marco sin que nadie responda si tal vez escucho a Dios o ese pulso que no es Dios pero es el pulso de todas las cosas Qué más da que no contestes si sé que estás del otro lado de la línea Porque tal vez tú y todos mis muertos me están marcando desde cada objeto y cada célula y cada átomo del mundo sin que yo responda porque no sé cómo escuchar esa llamada que acaso no es Dios pero es el pulso todas las cosas [07]


esa llamada que acaso no es Dios pero tal vez es mi propio pulso Entonces sé dónde está la llave porqué sé dónde estoy en el mundo sé que mi cuerpo está en el mundo sé que el mundo con cada objeto y cada cosa y cada átomo está en mi pulso porque mi pulso cardiaco es una llamada que aún no respondo que aún no pienso responder sé que cada objeto me marca desde un número desconocido y me dice: tuvo que buscar bajo tierra para encontrar el cielo sé que si marco a tu teléfono nadie habrá de responder acaso Dios acaso cada cosa del mundo me responda acaso sólo escuche una línea muerta acaso Dios la voz de Dios o de cada cosa Voy a marcarte Voy a dejar un mensaje de voz

Arcade Fire / My Body is a Cage http://www.youtube.com/watch?v=nhhZdune_5Q&

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Cuento

El Chamal

Miguel Antonio Lupián Soto (Ciudad de México, 1977)

Hace muchos años, cuando el verano reinaba en la Tierra, existió una criatura llamada Chamal. Su posesión era sinónimo de abundancia, por lo que proliferó en los reinos, sobre todo en los del oeste. Su precio era un escándalo, pues pocos exploradores sabían dónde encontrarlo. Habitaba en Penumbria, la ciudad secreta escondida entre la cortina de zarzas, donde siempre eran las cinco de la tarde. Se le hallaba fácilmente a la orilla de estanques y pantanos alimentándose de polipodios chinos de pelusa dorada y cardosantos inmortales. Era una bola rosácea no más grande que el puño de un adulto. Carecía de ojos y apéndices. Se desplazaba rodando suavemente, dejando un rastro viscoso. En cautiverio, desarrolló el gusto por la piel muerta que encontraba en la ropa de sus captores. La característica especial que lo volvió único, fue su capacidad de transformación. Después de algunos días, desarrollaba un vínculo tan íntimo que lograba caracterizar el sentimiento predominante en el reino. Así, se le podía ver como una alegre ave cantora o como un juguetón cachorro. A veces se le veía como una iguana meditabunda o como un puerco espín melancólico. El efecto duraba unas cuantas horas (dependiendo de la intensidad del sentimiento), y el proceso de transformación era tan espectacular que habitantes de reinos menos afortunados pagaban por verla. Pero llegó el invierno. Los corazones de los hombres se congelaron y sus mentes se cubrieron de escarcha. El odio corría por sus venas. Guerras, muerte, oscuridad. Los chamales se convirtieron en lobos de afilados colmillos y espeso pelaje que fueron aniquilados por espadas furiosas. Los pocos sobrevivientes huyeron a los bosques, donde han aguardado durante siglos a que vuelva el verano para recobrar su antigua forma rosácea, y así poder regresar a Penumbria

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Poesía

Frente al mar

Ometeotl Hernández Ángeles (Chicontepec, Veracruz, 1985)

Frente al mar, hipocampos brincaban obstáculos de coral, bellas sirenas me invitaban a nadar con ellas entre peces de colores, calamares, cangrejos peces del abismo que subían a la superficie con gafas. Yo era una especie de Aquamán sobre un trineo tirado por delfines, después, maldita cruda

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señoras

mónica álvarez herrasti

Una mancha que se volvió forma. Una forma que se reitera en el enigma: Erotismo Antiguo. El romper de la tinta Las mujeres de otoño La enseñanza y los tonos de corteza Todo signo tiene múltiples lecturas... D.M.


:::num.13:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


:::num.18:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


:::num.12:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


:::num.23:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


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:::num.14:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


:::num.8:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


:::num.9:::de la serie se単oras:::tinta sobre papel:::28 x 20 cm:::2002:::


mónica álvarez herrasti [ciudad de méxico] revisa más sobre su obra en:

http://www.wix.com/miunic/portafolio


Poesía

I.

GÉNESIS

Manuel de J. Jiménez (Ciudad de México, 1986)

(El monstruo helado) Sólo se distinguía un ojo de la criatura parpadeando como un eclipse solar El mar crepitaba cuando los carbones del amanecer se encendían violentamente La tierra cruzó los dominios del aire Las voces de una nube cayeron y su canto se perdía en el océano Un profeta llamado Zaratustra hablaba del monstruo y su resuello de azufre El frío en el sueño de la bestia se colmaba con el destino de los hombres Ellos la amaban con sus corazones entumecidos Zaratustra advertía del ídolo falso y su ojo hablándole al hombre desde una ciencia extraña Los humanos buscaron traducir cada uno de los estamentos pero el hielo quemaba entre sus manos Zaratustra dijo que cuando se abrió el aro de la bestia se perdían los buenos y los malos sin distinción Allí le llamaron vida al lento suicidio de todos Allí le llamaron Estado a un monolito con la forma de cabeza “En otras partes todavía existen rebaños y pueblos Pero en nuestros entristecidos países sólo hay Estados ¿Qué es esa cosa descomunal? Escúchenme bien porque hablaré de la cruel metáfora escrita por los pueblos Se llama Estado al más frío de los monstruos fríos” El profeta se puso de rodillas Volvió a quemar sus palabras “El Estado es algo que creemos ver y que muerde con nuestras propias bocas Hasta las vísceras del poder son falsas Ustedes siempre reconocerán a la bestia porque es un león reflejado Devora a nuestros titanes mitológicos” La soberbia del monstruo Zaratustra dijo que el Estado ruge como un demonio con cuatrocientas lenguas El monstruo apuntaba “Yo soy el dedo imperativo de Dios Nada hay sobre la tierra que esté encima de mí” Zaratustra y los arcos interiores El monstruo arrugó las hojas celestes escribiendo blasfemias cuando volaba Los hombres seguían su rastro y festejaron su ventura De las cañadas nació sangre y los creyentes la tomaron como vino El valle se enlutaba con un velo nacido del cabello de las mujeres Los perros ladraron los días teniendo aún la noche clavada bajo sus ojos Zaratustra exhortó a los pueblos “¿Es que van a recibir el fétido soplo de su hocico? Sería mejor que rompieran los vidrios y se lanzaran hacia los vientos de barbarie”

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Los humanos se dieron cuenta de que el Estado era un ser que no respondía a lo natural o a lo sobrenatural No identificaban el fenómeno de la cosa El Estado era indefinible y se sostuvo por los hombres que están de más en la tierra Nadie olvidó su poder Los tributos crecían sin remedio Aún se escuchó la voz amarga de Zaratustra al morir “Ahí donde acaba el Estado comienza el ocaso del hombre Los himnos que tocan las libertades necesarias La melodía única e invencible Hermanos pongan su mirada allá donde acaba el Estado ¿Acaso no pueden ver los arcos tensándose en su interior?” Son los arcos de las Ciudades Futuras

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I. ***

GÉNESIS

(El dios artificial) Desde aquel cenit químico el mundo dejó de ser mundo para rebosar con huesos y langostas El suelo se agrietaba por las noches Las ataduras de la luz se aflojaron y los murciélagos salían bajo las esquinas del horizonte Las balanzas en los cerros buscaron su última proporción El viento servía de corazón aéreo para los hombres pero pocos lo escuchaban El cielo se llenó de óxido El mar se descomponía como un animal muerto Los lentes del Estado aumentaron por todas partes El reflejo de su vista contenía la mecánica de una nueva fe Oración a la omnipresencia del Estado Los pueblos adoraban al Estado como a un edificio poderoso y con millones de engranes en el cuello Sólo él poseía la gracia de la ubicuidad En el ojo sin sueño se hallaba el Estado En la piedra basáltica también En los vasos y las copas bebía el Estado En el oro también En la flota de armas navegó el Estado En el alcohol también En los graneros engordó el Estado En los ayuntamientos también En las maderas se apolillaba el Estado En una letra también En un retablo se representó al Estado En una espada doble también En un semáforo vivía entre colores el Estado En la cibernética también En las células madres cantó el Estado sobre sus curvas En los aviones también En una linterna descansó el Estado En un astrolabio también En las ondas de radio viajó el Estado En los códigos rojos también En las guerras bailaba el Estado En las grabaciones también En un coche bomba timbró el Estado En las alarmas sísmicas también En los cardúmenes sopló el Estado En la robótica también Machu-Pichu fue territorio libre del Estado El monte Sinaí también El arca de la alianza se evaporó en la boca del Estado La ciudad de El Dorado también Los intestinos de predicadores están bajo licencia del Estado Los hombres desde su nacimiento también El reloj que fija el Estado fue para la humanidad por los siglos de los siglos Amén El culto al nuevo dios Las familias ensayaban estatuas e imágines de lo que fantasearon en las alturas Cantaban para su dios con salmos jurídicos y letanías Las mujeres daban de beber al suelo Después los hombres tiraron cadáveres en las aguas como ofrenda No es bueno crearse ídolos

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“Mediten bien lo que van a hacer Ustedes no vieron figura alguna el día en que Dios habló desde el monte en medio de una flama Por tanto no vayan a corromperse No se hagan un ídolo Cualquier cosa esculpida con forma de hombre o mujer ni con forma de algún animal de los que viven en la tierra o de algún ave que vuela en el cielo ni de algún reptil de los que se arrastran sobre la tierra o de algún pez de los que viven en los mares” “Cuando mires arriba y veas el sol o el Estado y todos los astros de la noche no te dejes arrastrar a adorarlos y a servirlos con leyes suyas” De El Final del Estado

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Poesía

El aroma de la menta José Manuel Vacah (Ciudad de México, 1990)

detrás de cada puerta está el monstruo entonces uno dice cómo es posible que haya pasado que haya sido tan rápido tan invisible ni siquiera me di cuenta de los acróbatas que jugaban en tus ojos antes de anunciar la última entrada de los espías ah si de pronto yo juzgara mis actos no encontraría manera de evitar tu mano tu delicada mano señalando un rincón de mi soberbia de mi estupidez no intento alimentar mi depresión con una sonrisa que no dependerá de mi sincera impaciencia que quede claro apenas quiero diferenciar mi tristeza de la tuya he sentido a veces la noche venir a burlarse de mí de mi manera de mirar las puertas en pijama con la sábana hasta los ojos apenas quiero sentir un pedazo de tu boca pequeña que suda una queja en el picaporte y que yo como un dios que no entiende las palabras del pájaro más pequeño del mas pequeño de sus discípulos como un dios ciego como un dios que no será llamado nunca con vehemencia dios justo y atento así yo jamás pude sentir el ruido de tus pasos atravesando la sala y golpeando la última puerta que había que franquear antes de que el monstruo franqueara la puerta si la imagen quedara intacta podría hacer un diagnostico de mi humilde respuesta y sabría cuál error fue más grande tomar la decisión de equivocarme o equivocarme por pura indecisión si la imagen quedara intacta mi corazón créeme sería una casa verde con un jardín intacto con el aroma de la menta que plantamos por descuido impregnándose en cada muro de la casa que el viento se obstina en derrumbar siquiera puedo recordar de qué color acostumbrábamos sembrar nuestras alegrías nuestra cotidiana felicidad al final el miedo compartía el pan con nosotros y por esto siempre tuvimos la sensación de lavar más platos de los que usábamos o rompíamos el gato entraba en la sala y tu sonrisa era una costumbre que también ignoré porque el vestidito azul que llevabas me gustaba ver tu cadera construir ciertos pliegues

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tanto vestido para tan pocas certidumbres recuerdo solamente el grito de una palabra al caer una palabra que jamรกs he recordado porque me da miedo entre otras cosas abrir la puerta y mirar el monstruo

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Poesía

Alebrijes del Maclovio Rojas Karen Márquez Saucedo (Tijuana B.C. 1986)

Nunca dejas de asombrarte de la ciudad que habitas Sus extensiones, latitudes y divergencias Los polos que cruzan el río sin mojarse Los cerros mutilados para ocupar su mitad con lugares emblemáticos Las hojas de los arboles caen hacia otra dirección Ni siquiera el viento encuentra la posición correcta porque no la hay Se deshace en las rutas perdidas entre arquitecturas tan absurdas Entonces, hay que crear nuevas formas de respirar Formas no-humanas, formas espectroscópicas e incandescentes Nuestra inspiración nos llevará más lejos de lo que hay detrás de ese cerrito junto a la última calle Más lejos que el rayo de sol que entra por la ventana y evoca recuerdos trascendentales Porque el camino es interior, único e irrepetible Desde aquí el atardecer me ha secuestrado Como ha secuestrado a la electricidad Invisible, la luz lo vuelve todo más hermoso El contraste del negro profundo de los cerros con el cielo claro, tan hermosamente espectral, tan lejano de la urbe Esta belleza arraigada en lo más puramente natural de la existencia Donde las niñas viajan en la lluvia y los niños son serpientes peleando con espadas En el límite de la ciudad algo ha sucedido El mundo como voluntad de los sueños y promesas vivas El mundo como quimeras y sonrisas vivas Pero hay algo más hermoso aun, y es que los niños y las niñas poetas no pertenecen a ningún movimiento más que al de la tierra en el universo Dejemos que los ismos enloquezcan y enterrémoslos hacia el abismo Porque la poesía nace del corazón, dijo un niño Y pregunté: ¿Qué significa eso? Que la poesía es como un amigo –dijo otro niñoSiempre te acompaña

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Cuento

A su cuerpo como una tumba Alonso Guzmán (Toluca, México, 1980)

Nadie tuvo la certeza de lo que buscaba. Si tenía forma era, quizá, más parecido a un vegetal redondo y peludo como un Kiwi. Llegaba de repente, por las noches de domingo. Rodaba entre las sombras, silencioso. El viejo Mcduff fue el primero en alertar a los demás en el bar. Les dijo que un animal había estado rondado por su alcoba. Sobre todo en las húmedas tardes de domingo de Ford Dodge; Mcduff sintió un retortijón en medio del pecho, como si algo le comiera las vísceras, dijo. Cuando encontraron el cuerpo de Mcduff los demás comenzaron a creer que había un lento y solitario animal que rondaba por las tardes de Iowa, al menos por las tardes de Ford Dodge. Si había matado de esa manera tan lenta y repentina a la vez al viejo y solitario Mcduff ¿que no haría con ellos? Según la autopsia, Macduff no tenía nada adentro, sólo huesos y sangre, pero nada más. Estaba vacío. ¿Y si el animal estaba entre la ropa de Mcduff? ¿Y si los había seguido? Decidieron no ir por un tiempo al bar. Cada quién bebería en su casa, encerrados, solos. Al parecer aquello comenzó a crecer y contrario a sus suposiciones, todos comenzaron a caer uno a uno. La última llamada que hizo Skiny Johns quedó registrada en el 911. Skiny repetía: “Me está devorando por dentro”. Ro Robertson fue encontrado por su hijastra cinco días después, morado y tieso entre botellas de Wiskhy. Pavali murió sobre la mesa de la cocina, rodeado de botellas de vino. Lo encontraron veinte días después, completamente vacío y solo. Sólo quedaron dos: Abraham Larsen y Federich Smith. Para el día en que ambos se dieron cuenta que su vida, en ese orden, estaba por terminar (pues al parecer aquel animal estaba aniquilándolos) decidieron largarse de Ford Dodge. Nada tenían que los detuviera en aquella ciudad. Nada había en aquella ciudad. El sol, las tardes mortuorias de domingo, la eterna espera de cualquier cosa, eso era Ford Dodge. Cuando Smith decidió por fin largarse de ahí, se enteró, por el periódico, que Abraham Larsen había muerto en su casa rodante a las afueras. Para entonces, las muertes comenzaban a causar cierta expectación entre el periódico local. Un reportero, con un poco de astucia periodística había supuesto que podría existir relación entre los muertos y el bar al que asistían; pero sólo fue eso, una suposición, un armar conjeturas en una hoja blanca. Federich Smith empacó pocas cosas. En realidad nunca tuvo lo suficiente. En algún lugar había leído que en los aviones servían cocteles gratuitos. No pensó mucho el destino. No importaba mucho. Si bien no había salido nunca de estados unidos, sabía que fuera de las grandes ciudades todas las demás ciudades eran Ford Dodge. Con más o con menos pizzerías comunitarias, con más o menos Harian Rogers park’s. Por otro lado, no le temía a la muerte, mucho menos a una muerte causada por ese extraño animal casi inexistente. Lo que sí temía, lo que le lastimaba el fondo del alma, era morir en Ford Dodge. En esas avenidas húmedas y largas que llevaban a sitios diminutos. Por azar escogió Toluca, en México. Sus fondos no le permitían una extravagancia intercontinental. Desde que subió al avión merodeaba entre los asientos y en el baño, esperaba [28]


ver a aquel animal que describió el viejo Mcduff. No vio nada. Cuando el taxi lo llevó al centro de la ciudad, a su hotel, viejo como el musgo, y se instaló entre emocionado y nostálgico, Smith escuchó un ruido constante detrás de la ropa que colgaba en el ropero. Es él, se dijo. Buscó en vano. ¿Acaso lo había seguido? ¿Acaso vivía entre los pliegues de la ropa? Trató de no darle importancia. Al final, no la tenía. Si bien había bebido en el avión, lo primero que hizo Smith en Toluca fue buscar un bar. Quería encontrar un bar en dónde poder beber sin ser molestado. Clavar la mirada en el espejo detrás de la barra. Balbucear, recordar el mar, los barcos, las gaviotas, las manos de su madre, el aroma de Iowa en verano. Se dio cuenta de algo que le dio confianza. Toluca era parecida a Ford Dodge. No era idéntica. No tenía esas avenidas enormes y su clima era frío como Dakota del norte. Nada y todo tenía que ver con la ciudad que había abandonado. Para entonces, aquel animal casi inexistente que había matado a los demás no se mostraba, no aparecía por ningún lado. Fue la tarde del tercer domingo en Toluca cuando Smith vio, por primera vez, a aquel animal. Rodaba entre las sombras como si alguien o algo soplara tersamente sobre su circunferencia. Era una especie de círculo peludo que se confundía perfectamente con las sombras. Por la ventana, un rojizo rayo de sol remarcaba la humedad de la tarde. Smith bebía sentado en un sillón junto a la ventana. Increíblemente no se sorprendió, ni sintió miedo. Sólo se le quedó mirando con el mezcal en la mano. Poco a poco se aceraba a él; parecía que iba al compás de la noche. Federich Smith no hizo nada. Se dejó hacer. Dejó que aquella extrañeza casi inexistente se le trepara al vientre y que con una caricia, parecida a las gaviotas de Manhattan, se perdiera entre su camiseta amarilla por el sudor y luego retozara en sus vísceras. Estaba solo, ebrio, en una ciudad que lo ignoraba. Se sintió Ford Dodge, pero también se sintió lejos. Afuera, las personas caminaban por la tarde ardiendo de rojo, con aquellas bufandas revoloteando debido a un viento frío que surgía de las sombras. Las calles, esas calles de vitalidad gris, se perdían entre el fulgor de la noche. El sol caía y sangraba, sangraba sobre un páramo negro. Parecía que todos iban a ningún lado, que caminaban sobre las banquetas decididos a cumplir un destino que jamás llegaría. Smith se quedo mirando. ¿a dónde los llevarían sus pasos? ¿Qué palabras dirían? Para entonces, aquel animal, casi inexistente se había metido tan dentro de él como el humo del cigarro. Cerró los ojos. Pensó: “qué creatura tan extraña es la soledad” y apenas tuvo fuerza para limpiar el mezcal que le escurría por su barba luminosa

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Poesía

Perras

Antonio Rueda Sánchez. A.K.A. Rey Riot! (Cuautitlán Izcalli, México, 1982)

I Aprendimos de las tragedias griegas Un designio No desobedecer a los dioses No ir en contra de su voluntad HYBRIS Nunca supe cuando fue ese instante HYBRIS = Un instante Un pestañeo Un descuido II Siempre he arrastrado ese extraño instante Pasa que un día todo se obscurece y comienza la tragedia Lo obtenido te lo arrebata una fuerza superior III Siempre me gustó esa historia la primera de las fabulas posmodernas que había escuchado de la cual no me aburría “¡Oye cuéntanos otra vez la de las perras cogelonas!” Hace unos cuantos años Cuando era adolescente Cuando poco me importaba el devenir Frecuentaba unas amigas unas conocidas Ya sabes había de todo Era su casa eran tres Yo las visitaba y no salía de ahí hasta después de varios días Solamente me dejaba ir como el agua a la alcantarilla más pestilente Así Sin oponer resistencia Primero empezábamos con lo básico Opio Whisky algunos barbitúricos Después me despertaban de la ensoñación los gemidos de alguna de ellas [30]


gemían mientras me cabalgaban ¡En verdad que eran magnificas! No había resaca No había cruda moral Despertaba terminábamos y de vuelta a lo básico Hasta despertar de nuevo sintiéndome todo un Garañón Salía de allí lleno de vida con la mente retorcida Iba de fechoría en fechoría burlándome del prójimo asaltando las buenas costumbres mintiéndole al reino de los cielos El único engañado era yo No fueron muchas pero hubo ocasiones que en sueños ÉL me encontraba Al principio pensé que era mi alter ego Llegaba ÉL y me pedía las llaves yo las sacaba de mi pantalón y se las daba Pedía los escritos los sacaba de un portafolio y se los entregaba “Muy bien hijo ahora dime ¿Cuál es el nombre de tu madre?” Despertaba sobresaltado Con los poros como regadera Con sabor metal en la boca Con sed con nauseas con miedo Los días que le seguían a ese sueño eran de hambre sin saciar de paranoias en la azotea y en los rincones de la casa iba de un lugar a otro sin saber el por qué como ermitaño como exiliado iba tembloroso y con ansias de llegar ¿A dónde? No lo sabía hasta llegar de nuevo a la casa de esa triada de perras Eran unas perras que trabajaban para ÉL Al principio pensé que el alter ego en los sueños era eso y nada más Ellas me ofrecían el cielo ÉL me daba el traje de Ícaro Easy come easy go Después de meses de habitar en ese círculo vicioso Caí en la cuenta de lo que pasaba Me costó más que buena intención librarme de esos cuatro

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Cuento

+++

Alejandro Vázquez (Ciudad de México, 1989)

Nuevo día la luz el ayuno el escarnio evaporado. Espiga Antonio la tentación los lupanares. Orbitales roca hacia el cielo cráter de azul cráter de azules joyas negras. Una nube avanzada al horizonte. Para qué fe y vida el ayuno? Para qué la vida ciega roca blanca? Mi piel tragada tierra. Andar entre los hombres. Rey de los mandriles. Una nube corta el cielo la luna ciega piedra blanda y ojo joya cráter catarata. Espiga Antonio mecido por el viento. Alba sonante. Llueve no hay sino nube nadir blanca y luna ciega: escafandra coral hueso de salamandra blanca. Luna retina acuática azulejo mortal morando. El soberbio alba fuego rosa. El cielo cráter de azul cráter de azules joyas negras inyectado en rosa pero la nube desafía. La hinchada nube respirando cada vez más salamandra más anfibia y más sueño sordomudo respirando. Respiración de fiera blanca con sueño de escarapulla salamandra color brillo. Dentro la nube cristo pero esta visión va con cadera seno y barba. Sonríe no se mueve. Cristo cadera seno y barba sonríe quieto iluminado. Cristo está crucificado en el cielo cráter de azul cráter de azules joyas negras inyectadas. Sonríe a la vida crucifixión de cielo en vida. Cadera seno y barba. Antonio adusto sexo el AntiAntonio-CristoAntonio y quiere arrancarse los ojos la mirada cercena y viscosa miel los orbitales pues Gracia y gloria al Rey Mandril Sacrificado. Gruñe el valle su emasculada ofrenda su ciega luna entre las piernas. AntiAntonio-CristoAntonio punto menguante Antonio. Cae habla de animal de trueno y Triunfo pervertido de de escarapulla salamandra color brillo: ¿Antonio, dónde cadera seno y barba? Vaginavaja Creador del tú visible. Cruz rala escarapulla tornada bocabajo. Cruz tornada bocabajo y Vaginavaja el pulso de fuego negro purificador del Príncipe Creador Vaginavaja. Agua Antonio un río al Príncipe Creador Vaginavaja filtración de poros en las piedras. Fauces abiertas rostro lleno de fugaces ojos. Cascada de cabezas de los justos y las piedras. Ladran las piedras gimen mirando y ladran las piedras son cabezas en el valle caídas de la boca del Principe Creador Vaginavaja. Retracto Antonio hacia las aguas vueltas pus de espuma y sin creerlo late vientre preñado de coágulos de Espíritu Sacti. Antonio lumbre sin llama el día el sol crece está ladrando jauría de piedras que exigen un trozo de luz de sol de mundo. Antonio abre los poros al Príncipe Creador Vaginavaja, Late el vientre henchido de Gracia con punzadas de crimen animal naciendo. Antonio Arcángel de Bondad está preñado por suma gracia que calcina.

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Antonio: Simio celeste sacrificada sea tu hambre. Secreta tu tribu. No permitas morir sin tentación. Alabada la suma gracia que calcina. Doy luz al hijo del Príncipe Creador Tangible. ¡Gloria a Dios!


Poesía

Un mundo de animales fantásticos John Z. Komurki (Londres, 1984)

las ganas de soñar un poco subyugado por el campo maravilloso que se abría ante sus ojos, aunque no creyese en él su cuerpo era de león animales imaginarios debían de ser, en la mayoría de los casos, monstruosos y aterradores lo que le prestaba a la vida un viso mucho más poético del que tiene actualmente la imaginación vuela y se deleita con el relato de las hazañas que un joven príncipe realiza en medio de esa fauna animales nuevos y desconocidos, vistos fugazmente un águila cien veces más grande que las normales con muchísimos cuernos filosos -y también otros que poseían dos y hasta tres formas de vida con o sin el esqueleto del animal al que pertenecíanimpulsado por ignorancia se le ocurre que tenían que ser muy ingenuos para imaginarse semejantes cosas

[trozos del capítulo ‘Un mundo de animales fantásticos’, de Nuestro Universo Maravilloso, publicado en Buenos Aires en 1959, bajo la dirección literaria de Ernesto Sábato]

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Cuento

Palabra de camaleón Eva Cabo

(Galicia, España, 1977)

De pronto me da un ataque de alergia y todo cuanto miro es motivo de estornudo. Se llena esta casa de fantasmas silenciosos que tratan de pasar inadvertidos. Los huecos que dejan entre el polvo parecen de otro siglo. Ya no le tengo tanto aguante a la tristeza. Tres camaleones insensibles se recuestan en mi sofá preferido y me señalan. Tratan entre ellos asuntos de estado. El estado generalizado es crítico. Ya no quieren amalgamarse con esta sociedad moderna. Quieren ver mundo y encienden la tele. Mi tele está estropeada y tarda aproximadamente media hora en aparecer la imagen. Las voces, como siempre, están desde el principio. Los camaleones son de lo que no hay y para hacer más llevadera la espera se preparan unos huevos fritos con patatas fritas y ensalada de lechuga con tomate bañada con aceite de oliva virgen y vinagre de la región. Los admiro, encuentran todo a la primera, y yo a veces no soy capaz de encontrar la salida. Les corto pan y los convido a agua de piña. Les presto servilletas. Evito las preguntas incómodas y ellos las respuestas directas. Me hablan del mundo y de como ven ellos la situación actual. “Ustedes son los animales de los excesos”, me dice el que come más patatas fritas. “Son los animales de la decadente incertidumbre”, dice el que se encargó de aliñar la ensalada. “Ustedes son metáforas”, dice el que falta. Acaban de comer y la imagen aún no aparece en la pantalla. Voces estridentes acribillan los cristales. Tres camaleones duermen la siesta en el sofá. Los tapo con la manta roja de cuadros escoceses. Hago café para cuando se despierten. Salgo a caminar. Dejo migas de pan porque a veces encontrarse en laberintos recurrentes es tan fácil como volver a perderse. Me siento en un banco del parque. La suave brisa de la tarde esparce mi pelo. Repito unos versos como si fueran una oración que me acompaña. Hay trances que se entienden mejor con los ojos cerrados. Reflexiono sobre la vida, sobre las posturas que adopta la cotidianidad en mi espalda, sobre cómo los humanos decimos las cosas, sobre las verdades universales que intentan imponernos a la hora de hacer la compra, sobre por qué el coste de la vida es un ascensor que siempre sube y nunca baja, sobre el amor y la secuencia gélida que la soledad traza en el espejo del baño. Vuelvo a casa con los bolsillos llenos de cosas que antes no estaban ahí. El portal de casa está lleno de hojas. Un caracol me abre la puerta. Esta clase de encuentros cultivan mi paciencia. Subo las escaleras. Saco la llave. Entro sin hacer ruido. Se escucha la tele. A estas alturas aún no se ve la imagen. Los camaleones ya no están pero han dejado pegada a la pantalla una foto suya con unas palabras. Palabras al azar, desordenadas, recortadas del último periódico vivo que quedaba en casa. Suena el teléfono. “Querida, dice una voz, coloca las palabras como quieras cada vez que las leas... ya sabes... palabra de camaleón: todo depende del cristal con que se mire.”

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por alfonso vázquez salazar

L

os conceptos son bestias ¿En qué radica la fuerza de los conceptos sino en una especie de partitura en especie de bestialidad que los coloca por la que van danzando al encima de las ideas tradicionales? Los ritmo de una esquizofrenia conceptos no son ideas. Los conceptos no contenida. Un sobrevuelo que nacen de la simpleza de alguna intuición otea sobre un acontecimiento sensible o de los criterios impuros de que marca otro acontecimiento alguna racionalidad impura, justo hasta perfilar un mapa de por su imposible pureza. “No hay orientación. Esa es la danza de concepto simple. Se trata de una los conceptos, la ejecución sumaria multiplicidad”, dice Deleuze. de intensidades sobre un plano de Los conceptos son tan la inmanencia tejido y destejido con complejos como los asesinos sus “totalidades fragmentarias”. seriales. Atacan por vocación, Por esa razón, hay que pensar a no por convicción. No buscan los conceptos como intensidades, como protegernos del caos, sino unidades de fuerza o grados de potencia precipitarnos hacia él. similares a cargas explosivas Los conceptos esconden de dinamita o nitroglicerina. vértigos, y en ellos En ese sentido, si un concepto múltiples válvulas de no es capaz de dinamitar una escape que se apresuran cerebro, si no es capaz de a destapar las arterias hacer explotar una cabeza, colapsadas de una si no es capaz de horadar el realidad simulada más común de los sentidos, Precisamente, Gilles entonces no puede mostrar Deleuze en ¿Qué es su eficacia ni puede ser la filosofía? valorado como tal. indica que los Todo concepto es una conceptos se especie de creación terrorista conforman que tiene como principal de múltiples objetivo sabotear el sentido componentes falseado de la realidad. El que se amalgaman en una compleja filósofo entonces al elaborar red que ilumina su sentido, en una conceptos, al producir esas

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unidades de un bestiario de personajes fuerza con las conceptuales: singulares figuras que dinamita que se miden por su intensidad el simulacro y la capacidad de componer de la realidad múltiples sentidos en un plano de y se plantea inmanencia común que los arroja otra posibilidad, en sus propias redes y que es la muestra una filosofía. alternativa, y Los personajes conceptuales mediante ella deja encarnan en demiurgos, ideas ver las diferentes esenciales platónicas, motores dimensiones que o animales la constituyen. inmóviles aristotélicos, Logra hacer una políticos también en desgarradura a esa pero protección del caos para que entidades dinámicas vuelva a vertirse íntegro sobre y sinérgicas como el “nous”, el “apeiron” o nosotros. el “arjé”. Y si los conceptos son bestias, Todos ellos tienen habrá que decir que también son en común una acción cuchillos que desgarran los cielos de combate, una protectores, y en la medida en declaración de guerra, que desagarran esos paraguas una toma de posición frente con los que el hombre al caos. Pero lo combaten sin inútilmente se resguarda oponerle resistencia. Lo afrontan de las mordeduras del caos dejándose arrastrar por su vorágine: son fundamentalmente abandonándose a su incantación, terroristas. Bestias o terroristas, los arrullándose a su melancolía o a su conceptos han engendrado borrachera de sentido o vacío. Da también una peculiar fauna igual, al final del día sólo quedan las en donde además de haber intensidades y los particulares campos mostrado sus más diversas y particulares fauces, han probado el grado de eficacia para derrumbar el edificio de la realidad y mostrar su desamparo. Esta fauna venerable y temible, Deleuze también la concibe como una fauna conceptual, [36]


de gravitación que permiten su desplazamiento ininterrumpido a través las mil mesetas que se extienden infinitamente hacia su configuración próxima. Estos personajes acentúan la tonalidad esquizofrénica de cada autor, porque eso es esencialmente un filósofo: un demiurgo obsesionado con la restitución de un caos previo al orden que lo maquilla, un creador de “potencias” que mide sus fuerzas en función de la capacidad de mediar entre la realidad y el deseo de amplificarla; entre el paisaje amplificado de batalla y el misil que arrojará un elemento viviente, aunque igual de destructivo, a esa desolación. Los conceptos se articulan en función de intensidades pues, de campos de fuerza, de potencias ávidas de incrementarse, y tejen una red de múltiples sentidos que trastocan el simulacro en el que se ha convertido la realidad. Restituyen la navaja y la desgarradura dionisiaca, y la hienden al orden que oculta el caos y lo traiciona. Los conceptos son navajas, cada vez más afiladas, que se abaten una y otra vez sobre esa realidad traicionada hasta asesinarla en una especie de trance esquizofrénico en donde se arroja cieno y lucidez a la

bruma que se desvanece. Todo eso es lo que puede un concepto. Todo eso es lo que puede un cuerpo al arrojarse a la acción del pensamiento. La danza de estos personajes que se acompasa bajo un extraño himno que niega la fraternidad, restalla con violencia sobre cada una de las conciencias que los escenifican, porque se repite nuevamente el ciclo terrible de su potencia destructiva con la apropiación que cada uno hace de ese cuchillo con el que quiebra la telaraña trenzada a una realidad superpuesta, con la descolocación de cada inútil principio de identidad que se deshace en el cerebro. Nace la diferencia pero no por oposición, sino por afirmación. La multiplicidad avanza en un horizonte plenamente afirmativo, lleno de sí y sitiado en su epidermis. Y esta danza interminable arroja fuegos universales, que se encienden según medidas y se apagan según medidas; los ego cogito y genios malignos que nos hacen dudar de todo, hasta de nuestra propia existencia; monstruos llamados Leviatán que

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blasfeman y claman por la totalidad de su reino exigiendo la más absoluta obediencia; multitudes incendiarias que avanzan como un solo cuerpo y una sola mente para enfrentarse a los monstruos Leviatán; y proyectiles dirigidos, como el de Marx, para destrozarle la cabeza a los mismos monstruos y a la burguesía. En esta danza agónica y agonista, en esta lucha incandescente y abierta, en ese gigantesco campo de batalla que es la filosofía renace el dios de la matanza. La pequeña fatalidad se abre en múltiples sentidos para cuestionar la necesidad de una voluntad general y omnipresente. Tal es la fuerza viva de los conceptos, de esta peculiar fauna filosófica que arroja lumbre, fiebre y lanzas contra los castillos encantados y las maquinaciones que el más común de los sentidos aún puede tejer. Los conceptos son bestias, son pólvora, son multitudes de deseos con una navaja afilada entre los dientes. Los conceptos no son paraguas contra el caos, justo por eso la filosofía aún es un arma de la revolución

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http://vimeo.com/31464974

Fauna Fantรกstica

The Shrine / An Argument [Music: Fleet Foxes / Album: Helplessness Blues / Director: Sean Pecknold / Animators: Sean Pecknold & Britta Johnson / Character Illustrations: Stacey Rozich / Art Assistant: Natalie Jenkins / Producer: Aaron Ball / Multiplane: Greg Pecknold / Post/Edit : Sean Pecknold / Particle FX: Britta Johnson / AE Assist: Austin Wilson / Sound FX: Shervin Shaeri / Story: Sean Pecknold]


L

a bestia del Yo

I

[sobre espejo-ojepse de César Cortés]

magínate una escritura desnuda que se escapa de una fiesta, para verse a sí misma desde lejos y dialogar con las citas textuales de los libros que lees. Imagínate que la peor bestia, al final la única que logra ser tu cómplice, es tu propio Yo. Así es el libro “espejoojepse” de César Cortés. Un poemanovela de tristísima hermosura.

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por Lauri García

H

ay un hombre que se aleja de una fiesta: “Soy tuyo, se dice mientras oscila entre las ramas. Mío. Pero, claro, nadie es de sí mismo –piensa. Somos ladrones de la percepción. Del yo.” Hay una chica. No sé porqué me la imagino afeitándose las axilas: “¿Qué cambia cuando me vengo? –le preguntó Madeli. Eres más buena onda –contestó él. Ella rió de buena gana”. Hay un preguntarse- sentirse por sí mismo. Mayéutica: “En ese ser suyo, soy yo. No soy. Entrecierra los ojos para simular que no piensa en nada. Un gesto sin mueca parece señalar algo en su negación de ánimo”. Hay una soledad difícil de explicar, que al mismo tiempo es triste y hermosa: “Ajá. ¿Cómo era? Una: soy lo que espero de mí. Otra: espero de mí lo que no soy. Otra: soy todo lo que refuerza una de mis elecciones. Otra: soy todas mis elecciones. Otra: no soy ninguna de mis elecciones”. Hay gente que antes que nosotros escribió sobre esto que sentimos. O el Otro éramos nosotros mismos. O quién sabe: “Mi primer amigo me escribió la semana anterior a su muerte: ‘Si vivo, iré a Amherst a verte; si muero, ciertamente lo haré”. César Cortés escribió este poema, esta novela, ya sé que los géneros no existen. Hace tiempo que desaparecieron. Un texto que habla de la tristeza de las fiestas, de la bestia irredenta del Yo, de la búsqueda del amor, esa palabra repetida que tantas veces la vaciaron de sentido, y lo más sorprendente es que el no-sujeto que la escribe, el yo poético, es capaz de dialogar con su propio estado del arte, con su marco teórico. Suena bien ¿verdad? Lo es. Sin poses, ni encriptaciones que sobren. Al leer este libro, dan ganas de tomarse un ácido y caminar desnudos para ver desde lejos la fiesta Para conseguir el libro: puntodata@gmail.com

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http://revistaconsideraciones.com/

Fauna Fantรกstica


Poesía

Prevenciones sobre el armadiio y otras billeteras José P. Serrato

(Ciudad de México, 1987)

A Lázaro Tello Pedró y Max Rojas Cuidado, surge el armadiio entre la desertúrica polva y puedes confundirlo con una enorme y calcárea cochinilla, averigua bien, levanta su capota indestructible, hallarás garras aguileñas en las manillas de una capibara sucia, busca afanoso, observarás también la cola, una serpiente bajocarne, equivocada en su transcurso, descubre la cabeza de un canino acorazado, unas orejas de gamo calvifrento, verás una panza cocodrila. Que no te confunda la quimera, mustio, agachitambo, es más terrible que leontarios y tigroces, un armadiio, es una piedra caminante, y tropezará tus alientos, tus pesquisas, se alimentará de tus miedos y encerrará tus preguntas con las uñas de su espalda. Vuelto la roca del yingyang, roca flamínea, podrá emular tu rostro. El armadiio pudo haber robado todo, incluso el sabor de animallas distantes, pero esta bestuza que colecciona tanto sólo muerta posee tu dineralia

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Cuento

Clausura

Eréndira Plata Alonso (Ciudad de México, 1984)

Dar inicio a un día ordinario, partir con un pie la vida, reemplazar el sueño con la verdad sencilla. Abre los ojos ante la luz para no conocer nada; el espacio es verdadero, pero irresumible. Entonces comienza a crear, en el momento de la luz, crea. Pone los pies en sus zapatos más simples y camina al encuentro del agua, sale al movimiento e inserta su insignificancia en la naturaleza, que es urbe, aire y vida. Para mantener la cordura se sirve de los monstruos; una mañana ordinaria, un perro de la calle le ha mirado y le pensó, pensó en él con un razonamiento crítico y severo. Le juzgó el comportamiento extraño, la ropa, la envidia, y se alejó con prisa, comprensivo de sus limitaciones. Prosigue su camino entre personas que le miran y supone que le saben todo, le saben por las partículas de una hermandad fraccionada, como si todos provinieran del mismo útero neuronal. Se ha creado una segunda sombra para resignificar la vida. La realidad es muy opaca, repetitiva; se cierne sobre la ciudad y se rebobina entre necedad y necesidades. Hay que imaginarla para superar la angustia. Es ahí cuando la sombra le ayuda. Le sorprende en la distracción más pura y da relieve a las cosas más aburridas; fusiona la realidad con la realidad y tal vez es así como nace la fantasía. Fue así como forjó una sólida amistad con la araña antipática que ensucia las esquinas de su cuarto, y fue así como encontró la belleza impecable en esa mujer ordinaria, a la que ama por su insolente indiferencia. Aquel ruido extraño de los muebles nocturnos le habla, su habitación comienza tímidamente a despertar porque no hay soledad con tanta entereza. Por eso, de pronto, los objetos que tienen ojos, le están mirando. Transcurren los días en una extraña imitación del silencio, donde a veces trina un ave, o irrumpe la risa de los niños que juegan afuera, pero básicamente, silencio. Inesperadamente algo se quiebra en un intersticio de su mente; quizás brillaba más un deseo inconcluso, y rompe. Desde una grieta húmeda en la pared, se vierte un arcoíris; comienza a inundar la casa en todos sus rincones, mientras él, estupefacto y temeroso, observa cómo se pudren sus pertenencias insignificantes, el archivo de la nada. Y del arcoíris de la belleza intrusiva nace una voz, que no articula palabras, pero emite un discurso inteligible. Es una voz forjada de sensaciones que se trenzan inverosímiles sobre su endeble cuerpo. Él se deja acariciar por la voz de la ausencia, como si fuera un recuerdo nítido y veloz; le habla en destellos de una letra bonita alguna vez leída, de una mirada cercana a través de la mesa. En el cenit de aquella remembranza explota una cómoda antigua y gastada, botan los cajones y de ellos nace a borbotones la ropa tersa, lencería y vestidos ligeros que alguien abandonó hace tiempo. Brota la seda que él acumuló como un estático monumento a la permanencia mentida. Se quiebran con estruendo los retratos y una avalancha de lodo se apropia de todo lo que alguna vez la ausente tocó. Desciende la araña antipática del cielo raso y termina de tejer un espeso manto sobre el cuerpo [44]


del aturdido joven, quien percibe como en un sueño la penetración de las uñas arácnidas. El arcoíris para entonces es abismalmente líquido. Se mueve desastrosamente y el sonido que desprende aturde. Del miedo y el llanto sólo se escuchan las presencias. Pasa entonces la tarde, como pasan las tardes turbias, entre motores que concluyen y puertas que se cierran. Él reaparece. En silencio saca los restos de la tempestad. Examina su habitación reapropiada, donde no queda un resto de Ella. Se desviste de exorcismo y duerme solo. Al fin solo

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Poesía

Bestia

Raymundo Manzanárez (Acapulco, Guerrero, 1968)

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Poco a poco me he ido transformando en una bestia de carga o eso imagino. Me parece recordar que fui otra cosa, tengo la impresión de que alguna vez corrí veloz como lince, que escalaba los árboles como el jaguar, incluso creo que cantaba como el cenzontle, copulaba con la frecuencia de los gallos, pero con la potencia de los toros, alzaba el vuelo hasta las cumbres más altas como el águila y surcaba los ríos en contracorriente como el salmón; sobre todo era incapaz de soportar lazo alguno como cualquier felino. Eso creo que era; lo que tengo claro es que ahora soy una bestia de carga. Soy un burro; algo de mi antiguo esplendor conservo entre las piernas, pero las hembras no se acercan. Poco a poco me he ido transformando en una bestia de carga. Me parece recordar que fui otra cosa


Cuento

Los actos de Afrodita

Tania Espinosa De la Garza (Ciudad de México, 1976)

¿Alguna vez les han dicho, más bien, exclamado en un vehemente y cuasi agonizante grito, que cogen como Afrodita? Bueno a mi tampoco. Pero a Ana sí. Y ¡por todos los dioses! no se lo hubieran dicho porque, siendo estudiante de la carrera de Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras, Ana de repente se sintió enarbolada en la belleza más sublime, imaginándose como la Afrodita de Praxíteles o la Venus del Milo. Es más, El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli reencarnaba en ella: surgida de la espuma de mar yendo directamente a clavarse en la columna estilo corintio —el condón era tipo granulado en el capitel, bueno, casi en la punta— del imponente y musculoso hombre, faltando poco para que ella a su vez gritara ¡Oh, mi Zeus! ¡Oh, mi Zeus! ¡Oooooh, mi Dios! Y sintiera cómo los rayos y truenos crecían en su vientre, ahora templo de los más voluptuosos placeres, viniéndose con un temblor tal, que hasta el mismísimo Olimpo se hubiese estremecido. Humberto, el dios encarnado, y Ana no sabía cuál: si en Zeus, Ares, o en el bellísimo Adonis, había preparado todo para esta gran revelación, la Gran Epifanía. Pues este dios le había dado de cenar a la Afrodita un rico cóctel de camarones y unas quesadillas de pescado, comprados en el mercado de la esquina, pero eso ella nunca lo supo. Mientras que Ana aderezaba “las pescadillas” con salsa Tabasco, todo adquiría la lógica de los tiempos primigenios: los mares la mecían eternamente en un suave vaivén, mientras ella contempla a sus admiradores desde su concha de nácar. Fue ahí que la Afrodita mítica —reencarnada ahora en Ana, por supuesto— se hizo entusiasta comedora de mariscos y otros productos marinos, por lo que quienes la adoraban consideraban que si comían lo mismo que la diosa obtendrían su vitalidad sexual. Ahora Ana, incitada en el deseo y la potencia en el amor, lo comprobaba. Era la tercera vez que llegaba con rayos y truenos al ¡Ooooooh, mi Dios!, con ganas de una cuarta y quinta vez. Coger como Afrodita. Yo me pregunto ¿se sabe cómo realmente cogía y se cenaba al Zeus, al Adonis, al Hefesto, al Ares, o al Hermes la dichosa diosa? ¿Cuál era el grado de comparación que Zeus —alias Humberto— tenía entre la Afrodita mítica y la Ana amante de los mitos griegos? Ana por lo pronto, se había pasado toda la parte de la Ética ecunémica de Aristóteles en la cena con Zeus —alias Humberto—, al entrarle con ganas a los afrodisíacos camarones y quesadillas de pescado, media botella de vino blanco y el olor del incienso que jugueteaba con la musiquita adecuada en el departamento rentado de la colonia de Santo Domingo, Coyoacán. Pero lo que son las cosas, la seductora y seducida Ana se enteró poco tiempo después —ya se sabe, en algunas de esas imprevistas charlas que suelen ocurrir— que un misterioso galán H. había invitado a Andrea a cenar un delicioso cóctel de camarones (comprado en el mercado, pero eso tampoco ella lo supo), con vino blanco y musiquita adecuada. Y, en el colofón de un ardiente, non plus ultra orgasmo, le había dicho en un vehemente grito que era una diosa, que, que ¡Que cogía como Afrodita!, ¡¿Se pueden imaginar?!, nos preguntaba Andrea emocionada. ¡Vaya, ese era un hombre que sabía con quien se acostaba, ¿no?! Es más que obvio las implicaciones que esto tuvo en la amistad entre Ana y Andrea. No me queda más que decirles que la mirada de Afrodita —alias Ana— fue de odio hacia el nacimiento de la nueva Afrodita —alias Andrea— pues, para colmo, las dos empezaban su

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nombre con A. Ana se sintió en un batalla con su más grande rival Perséfone por el amor de Adonis. Pero este cabrón, ni siquiera era ya el Adonis mítico, sino ahora se elevaba en la mente de Ana como un hombre grotesco, cojo y feísimo como Hefesto, que hasta compartían la misma inicial en el nombre. No estuvo dentro de esta historia contemporánea cortarle el pene ni los testículos al dios —¡Tu Afrodita, pendejo! pues, ¿cuántas somos, desgraciado?—, ni lanzarlos por Cronos al mar, para que el esperma fecunde a Pontos, dios de la Ola marina, y que éste los envuelva a su vez en la espuma, surgiendo así la deidad que guarda para sí todo el deseo sexual (o sea ellas), a quienes ex Zeus, ex Adonis, alias Hefesto, alias Humberto evocaba, seguramente, en cada acto sexual. No se fueron, llevadas por los vientos del poniente, a la isla de Citérea ni a Chipre para olvidarlo. No. Ni tampoco dejaron que detrás de sus angelicales rostros escondieran una mente aventurera, capaz de inconfesables acciones en aras del amor. No. No. No. Simplemente le dejaron de hablar y se dejaron de hablar. A mí me quedó clara una cosa: si alguien les dice que cogen como la diosa —y quieren un amor fiel, estable: vamos, saberse que son las únicas diosas reencarnadas, bla bla bla—, ese hombre no es digno de confianza o empiecen a dudar de su creatividad. Digo, por lo menos que les digan que cogen como Sherezada, Cleopatra, Mata Hari. En fin, hay tantos nombres de donde agarrase

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http://www.ted.com/talks/lang/en/pilobolus_perform_symbiosis.html

Fauna Fantรกstica


por Erik Alonso

Ingeniería de lo mínimo

N

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o sé en que momento asimilé que los días podían comenzar en la hacia la pared para que las siluetas oscuridad. Me acuerdo de cuando del closet y los ruidos de abajo no me un primo mayor, supongo, me dijo hicieran daño. Evadir el miedo era tan que los días iniciaban a las doce fácil como ver hacia otro lado. de la noche. Se me hizo absurdo. No me interesa aquello que tiene apellido La mañana, mi única forma fantástico. No creo en el voluntarismo de mental de futuro, no podía ser la invención, en su falso paternalismo con la simple continuidad de un la realidad, como si la vida estuviera, ya, ciclo. Debía ser un comienzo radical. No una prolongación terminada de ante mano, como si las sino un inicio sin adjetivos. Ya palabras y los conceptos no fueran no recuerdo que hice con mi cajas vacías como decía Wittgenstein. incredulidad. Estoy seguro que Como si todo fuera lo que unos no quería darme por vencido. La quieren que sea. Me intriga más la vida no podía ser tan infame como falsa imagen que dan las cosas, el velo para darme un comienzo cuando ficticio con el que suelen engañarnos. estaba dormido. Al final, sin darme Más que bestiarios fantásticos, la cuenta, la noche, esa cotidiana forma mirada entomológica con la que Jules Michelet hace una historia liminar que segrega a los niños, pasó travestida y ficcional de los insectos, de ser el final del día a la antesala del no un tipo que termina clasificando comienzo. Los mayores me vencieron. de la manera más inocua, sino que Yo quería que la vida comenzara disecciona y clasifica de una manera conmigo. Pero llegué tarde. Siempre absurda, genial. Entomólogos así, son llegamos tarde a todo. George Perec quien en vez de ver los Los días deberían comenzar insectos de siempre, se pone a ver cuando uno despierta, ni antes “lo que pasa cuando no sucede nada”. ni después, deberían quedarse Augusto Monterroso en “Las moscas”, suspendidos mientras estamos o Fabio Morábito quien en Caja de de baja por el mundo. herramientas, en vez de ver arácnidos, De un momento a otro, las disecciona y analiza clavos y tornillos. No certezas van siendo quebradas por cuentos más o menos hay anatomía más perfecta que la idiotas que los propios. Un día de José Alvarado a las escaleras. los miedos que no nos dejaban Juan Villoro dice que entre los niños dormir comienzan a ser un año de diferencia no es sólo cosas diferentes. Las siluetas una cifra, sino trescientas sesenta y cinco aventuras de más. En ese nocturnas que se movían en el sentido, me interesa la literatura clóset se convirtieron en la ropa que regresa a lo pequeño, que que no estaba bien acomodada. actualiza el valor de los objetos, Los ruidos extraños que no me que nos hace recordar que no hay dejaban ir a la sala pasaron a ser bestia más incontrolable, como la madera de los muebles que se contraía. Toda mi niñez dormí viendo nos hizo notar Joyce, que un día


NO

VEL

A P OR ENT REG AS [Pa rte -2]


Gerardo Arana (Querétaro, 1987-2012) Autor de: Hacer Pájaros (Herring Publishers / UAQ, 2008), Neónidas (Herring Publishers / UAQ, 2009) y El Whisky del Barbero Espadachín (Urano, 2010), Bulgaria Mexicali (Herring Publishers, 2011) y Met Zodiaco (Copy&Hack, 2012).

Para leer la [PARTE - 1]: http://issuu.com/tallerdesensibilizacion/docs/radiador_no6

Pegaso Zorokin de Gerardo Arana Primera edición 2012 Molinos de: Editorial Artesanal / [Radiador] Diseño: Daniel Malpica Ilustración de portada: After the Fall de Dennis Hopper, 1961-64

-Esta novela fue dada para su publicación por entregas-


----------------------------------------NOTA DEL EDITOR -----------------------------------------

E

n definitiva, la incertidumbre se ha vuelto un signo que determina la ruta de las nuevas generaciones. Nadie sabe exactamente en qué deparará este mundo tan revuelto. Si alguna profecía es válida, habrá de estar ligada al cambio de paradigma sobre nuestras maneras de percibir la realidad. ¿Voluntad y Destino? Dos de los grandes antagónicos para este nuevo milenio: Gerardo Arana me dijo que Pegaso Zorokin se convertiría en mi destino y de cierta forma lo creo. Voluntad para llevar la obra de este escritor hasta sus últimas consecuencias; tal vez lo menos que como amigos pueda hacerse. La novela es una obra implacable. Múltiples dimensiones, futuribles, realidades alternas unidas de manera terrible, hermosa, irremediablemente por Zorokin. Cerradas en sí mismas, estas historias se esfuerzan por empezar a escribirse, por reiterarse el comienzo de un libro que nunca inicia y, sin embargo, vaya que se escribe. Por último, y haciendo uso de la libertad creativa que Gerardo me confió para con su libro, diré: Pegaso Zorokin [ Gerardo Arana 2012 ] todo encaja perfectamente este “aquí” es lo único que tenemos ahora es tiempo de escribir el libro


Pegaso Zorokin [Parte 2]


Médicos esfumados.

El doctor Arnaldo Husserl haciéndose paso entre un grupo de periodistas miró sobre sus hombros para asegurarse de que su escolta lo seguía. Había que andarse con cuidado ese diez de octubre en el auditorio Emil Kraepelin, no fuera a cometerse el error de confundir a médicos con enfermos. No había seña alguna de la brigada psiquiátrica del Boston College. Los había perdido de la nada. Los médicos se habían esfumado. Era una pena, el director del hospital lo había sugerido como supervisor de la cuadrilla y él la había perdido entre la muchedumbre. Peor aún, los había extraviado cinco minutos antes de la conferencia que dictarían frente a un auditorio cuya tercera parte estaba compuesta por enfermos mentales. Su descuido, en cierta medida, no era del todo desfavorable, los médicos, a quienes había acompañado a lo largo de las actividades programadas para el Día de la Salud Mental le habían resultado de lo más insoportables. Los cuatro médicos extraviados habían evitado deliberadamente sus preguntas y sugerencias. Al parecer el vicepresidente de la Sociedad Americana y sus talentosos colegas del Boston College no estaban dispuestos a perder su tiempo conversando con un psiquiatra cuya trayectoria no había alcanzado la ocupación internacional. Los médicos se habían mantenido fríos y silenciosos a lo largo de la visita capitaneada por Husserl. Husserl había intentado ser amable. Desde su llegada habían evadido todos sus comentarios desviando sus temas a tarjetas de crédito y estatuas. De hecho, en una de sus tímidas intervenciones había notado como uno de ellos, con desdén ilustrado, había apagado el aparato de audición montado en el caracol de una de sus orejas. A pesar de lo desagradable que fuese el grupo de ancianos se aproximaba la hora en la que presentarían su esperada ponencia y Husserl se veía en la tarea urgente de localizarlos. Husserl, profundamente desorientado, se entretuvo escuchando los altavoces del auditorio. En las cuatro cajas negras podía oírse el murmuro de un piano atribulado por las pruebas de

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sonido. El médico, de estatura poco considerable, apretado entre la gente, sentía haberse extraviado en una colina boscosa. En una colina creciente y desordenada, en un parque furioso cuya espesura lo volvía imposible de atravesar. Husserl miró una vez más a la multitud y se dispuso a continuar su expedición. Cuando el Doctor Husserl se enteró de que su sanatorio sería la sede de las actividades del Día Mundial de la Salud Mental supo que las cosas no saldrían bien. Su presentimiento se agravó al enterarse de que varios pacientes asistirían a las actividades propuestas en el programa. Tal decisión, presuntuosa y desconsiderada no tenía otro motivo que el de sensibilizar a la prensa exponiendo el supuesto bienestar en el que se resuelve la relación entre médicos y enfermos. —Está bien que paseemos a nuestros pacientes de la mano por la pista de entrenamiento, pero créame doctor, las multitudes que implica toda conferencia pueden hacer entrar en cuadros eufóricos a nuestros enfermos. Le había dicho al director del hospital en un intento por desalentarlo. El director, apretando su bastón de roble blanco, le había pedido que no se preocupara, que tendrían todo bajo control, que la OMS, en su búsqueda de una medicina humanitaria, sugería esta clase de relaciones en sus eventos. Los locos no son tan simpáticos como los niños con cáncer, no hay evento que justifique el poner en riesgo la sensatez de nuestros pacientes. Pensó el doctor apretando los dientes. —La sensibilidad es un lujo que no se puede permitir en un hospital. Se dijo a si mismo. Husserl, recordando la desconsideración del Director del Hospital comenzaba a desesperarse. Por más que buscaba no veía a los ancianos por ningún sitio. Separándose del arenal formado por los cuerpos decidió buscar un sitio que le permitiera rastrear con mayor eficacia a la consorte vagabunda. Encontró el puesto adecuado junto a los pies de una estatua de Emil Kraepelin. La estatua estaba montada sobre una plataforma de lava gris. El célebre psiquiatra, calzando botines de cobre, miraba con desesperanza al centro del escenario. Junto a la mesa de ponencias una enfermera extendía una bandera de la Organización Mundial de la Salud. La verdad es que estaba tan perdido como los médicos a los que escoltaba. Husserl, a la sombra de los genitales de la estatua, cayó en cuenta de que le sería imposible encontrarlos a tiempo. Husserl temía, sobre todas las cosas, que algún enfermo fuera a alterar su tranquilidad. Su miedo se centraba en

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uno de sus pacientes. Un loco que se decía a sí mismo Pegaso Zorokin. Si el enfermo se encontraba a los ancianos no dudaría en atacarlos. Pegaso Zorokin odiaba a los psiquiatras. No exageraba, Pegaso Zorokin era un paciente de alto grado de peligro. El paciente se odiaba a sí mismo por el simple hecho de estar vivo. Odiaba a Husserl por tratar de curarlo. Odiaba al resto de la humanidad por obligarlo a parecerse a ellos. El imbécil del Director había decidido invitar a la mente más peligrosa de todo el condado a la mesa de ponencias. —De verdad señor, me parece muy desconsiderado que Pegaso Zorokin ande paseándose por el auditorio. Le había dicho al Director del Hospital quien limpiaba con un pañuelo azul una de las placas conmemorativas del edificio. El Director del Hospital, malhumorado por las medidas de Husserl le recordó una vez más la importancia del acontecimiento. —Además — continuó el doctor envanecido —Pegaso Zorokin es el caso más interesante del hospital. ¿Cómo no va hacer acto de presencia?, en el Boston College hay un departamento entero estudiando su caso, Pegaso Zorokin llevará su uniforme de fuerza y nadie tendrá de que preocuparse. No eran los músculos sino el degenerado tejido cerebral del paciente lo que le asustaba al Doctor Husserl. Al médico le dieron ganas de buscar su pistola de dardos tranquilizantes. Dispararle uno al Director del Hospital en la espalda y usar los demás para detener la horrible mente del malvado enfermo. Pero ahí estaba Husserl, en medio del auditorio, viendo como las banderas de la Organización Mundial de la Salud se mecían siguiendo las indicaciones del aire acondicionado. A Husserl el color celeste de las banderas no le hacía sentir bienestar alguno. No tenía la más mínima idea de dónde se encontraban Pegaso Zorokin y los ancianos del Boston College. El doctor, con cierta nostalgia, se quedó mirando al fondo del escenario como quien espera a que un témpano se derrita para siempre. Si de algo Husserl estaba seguro, aunque pareciese contradictorio, era que el paciente tenía su locura bajo control. Inexplicablemente el enfermo solamente se encontraba dispuesto a comunicarse con él. Cuando otros médicos lo habían intentado el enfermo cerraba los ojos, decía a veces sí, a veces no y esperaba a que el médico en ocasión desapareciera. Si el médico continuaba enfrente suyo abría los ojos, levantaba un balido de incordia y cerraba los ojos de nueva cuenta. El paciente seguía este método hasta terminar con la paciencia de

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sus estudiosos. Sí, sí, no, no, a veces sí, a veces no. — Sí, sí, no, no. No debieron dejarme salir. Sí, sí me dejaron salir. Se dijo a sí mismo Arnaldo Husserl y el rostro del médico se fue degenerando. Era la voz Pegaso Zorokin. El loco había logrado escapar, ahora podía matarlos a todos y empezar a escribir su libro.

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Pegaso y la Bruja del Este.

— Ya duérmete Pegaso . Le dijo la bruja y le dio la espalda. Después de ronronearle toda la noche ahora lo sentenciaba a desvanecer su conciencia. Esa noche, su cama, tibia y enmudecida, tenía aire de teatro a punto de ser abandonado. Esas camas, como a esos teatros, mejor incendiarlos. Pegaso apretó los dientes y se quedó jugando con la etiqueta de la playera de Nirvana que le había prestado para dormir. Era una de las noches más calurosas del verano y Pegaso se sentía profundamente intranquilo. No era para más. Su biología experimentaba la estación y clima que más estimulaban su sexualidad. Es en verano cuando las formas de vida alcanzan su punto de desarrollo más alto, posición orgánica que las hace sentir ansiosas por reproducirse. Intuyendo en la naturaleza de ese entusiasmo la muerte y soledad que proporcionalmente le corresponden, los organismos sexuados tratan de encontrar todos los medios para continuar con su existencia. Así, respondiendo a los designios del mundo, nuestro caluroso protagonista se sentía obligado a incorporarse a los movimientos naturales que sugiere todo verano. Aclamar el propósito de sus órganos, hacer estallar la punta de sus espigas, buscar una pera y regalársela a alguien, cogerse a su cita en cuatro, buscar la vagina que él por desgracia no tenía. Buscar una vagina y participar con su delirio de las temperaturas y climas de la tierra. El problema es que aquella espalda implume y otoñal más allá de proponer un acto creativo invitaba a meditar sobre la seriedad y sobre las estatuas. Sobre la seriedad de la mujeres que se portan en la cama como estatuas, sobre las mujeres que tienen el corazón tan vacío como el interior de una estatua. Pegaso , estimando el estado fósil de su compañera, se llevó las manos al pecho y tratando de pensar en otra cosa se puso a estudiar el desorden de su dormitorio. De forma inmediata un intruso declaró su presencia entre sus torres de libro con bandera de ropa sucia. Un simple sostén negro y sin vida, como murciélago derribado a tiros, reanimó la

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tensión de su cruzada. El sostén negro le recordó que era pleno verano, que su compañera tenía tetas y que él tenía manos. Que obligar a alguien a quedarse dormido era obligarlo a experimentar una muerte voluntaria. Pegaso , admirando la pieza y sintiendo un entusiasmo oceánico en los huevos apretó los dientes y doblando su brazo de forma decidida trató de hacerse lugar entre los pechos de su compañera. La mujer, delatando su posición defensiva detuvo el movimiento de su mano apresando su muñeca de forma cruel y definitiva. No, dijo la bruja apresando su brazo. La mujer siguió apretando su muñeca y no la soltó hasta que se aseguró de que ésta había perdido su sensibilidad. Pegaso, obligado a detener su ocupación, replegó sus manos como puentes levadizos sobre el pecho. Pegaso no quería hacerle daño, la verdad es que Pegaso no le hubiera intentado meter el índice por el ano, Pegaso ni siquiera había pensado en aquel obscuro escondite. Pegaso sólo quería sorberle los pechos y decirle que era muy bonita. Pegaso se sabía poemas y tal vez incluso se los hubiera recitado. Pero a esas alturas, ante tal sometimiento creativo le entraron más bien ganas de pintarle un bigote y empujarla de la cama. Desesperado miró una vez más sus músculos posteriores. La muchacha en ese momento se estiraban con lentitud somnolienta. Pegaso se negaba a aceptar que esa mujer lo limitara a admirar su vida vertebral. Ese cuerpo no le correspondía a la jovencita que respirando luciferina le había preguntado si podía dormir en su casa. A la muchachita a la que le había contado sobre su primer libro. A la bruja que viéndose con seguridad en el espejo le había apretado los muslos a lo largo de todo el Paseo de Insurgentes. A la fierecilla que le había mordido los labios antes de que él fuera al baño a revisar sus encías. Pegaso, con las manos cruzadas en el pecho, lentamente fue quedándose dormido. Resignado a la transición involuntaria escuchó a su compañera silbar débilmente dos o tres notas, ni siquiera una melodía completa, solamente para decirle: estoy despierta y tengo una vagina. Pegaso suspiró con enfado y prefirió no decir nada, miró sus pies con cierto desaliento, se acarició los genitales y se quedó completamente dormido. Pegaso , con los pelos de punta, despertó a medianoche en una contorsión parecida al espanto. Aún con los brazos cruzados sus dedos se habían inmovilizado. Congestionado y tiritando expiró un vaho azulino. Jamás en su vida había sentido tanto frío. Así, en posición de campista esperando la muerte se llevó las manos a los muslos tratando calentarse. La cama se había vuelto una pista de viento y

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torbellinos, un hielo para dos personas y sus almohadas. Un invierno súbito transformaba la atmosfera veraniega de su dormitorio en una triste y macabra ensenada. Los cristales se habían empañado y no le hubiera extrañado que hubiera témpanos con forma de colmillos colgando bajo la cama. Lo terrible de sentir frío es saber que uno está lentamente volviéndose parte de él. Que hay una fuerza buscando incorporarnos a su temple, una fuerza que estableciendo su temperatura se demuestra dispuesta a devorar a cualquier organismo. De imponer su naturaleza hasta lograr que el cuerpo o la materia se vuelvan parte de él. Que de ahora en adelante el frío se reproduce a través de ti. El frío, el mal y el amor se parecen en eso. Pegaso sintiéndose frío trató de calentar sus piernas frotándose con las manos y volteó a ver a la mujer que dormía a su lado. La Bruja del Este dormía de forma plena y feliz. Extendida en sus dominios, con los pezones abotonados en la playera como dos pequeños puertos de aire acondicionado. Un organismo en estado criogénico espirando corrientes que disminuían la temperatura de todo lo que estuviese a su alcance. Claro, se dijo Pegaso castañeando los dientes, ella no tiene frío, ella es el frío. Hacía tanto frío en esa cama, hacía tanto frío en esa mujer. Pegaso no iba a permitir que esa mujer lo igualara a su terrible temperatura. No en ese momento de su vida, no en ese verano. Pegaso, quien despertaba todos los días con ganas de hacer buenas obras, iba a clases de teatro y corría todos los días una hora iba negar con todas sus fuerzas la aparición de ese invierno tan repentino en su vida. Pegaso en un impulso de sobrevivencia, con las manos aún en los muslos, encontró su pene extrañamente escarchado. Negándose al frío que todo lo devoraba, después de una serie de pases desesperados, con la voluntad y persistencia de esos prisioneros rusos que se masturbaban viendo renos en el Gulag logró dar vida suficiente a su extensión invertebrada. La temperatura siguió descendiendo, sus manos se adhirieron a su miembro, pero el muchacho no se detuvo. Castañeando los dientes y temblando como si fuera a perder una pierna en cualquier momento continuó con voluntad férrea su quehacer genital. Buscando fuerzas mentales que esperanzaran aquel desesperado acto volteó a verla con rencor, como le hubieran dado ganas de hacerse paso con un termómetro por las paredes muertas de su vagina refrigerada, comprobar que los exploradores estaban equivocados, que el polo norte está escondido en las piernas de una calientahuevos del

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distrito federal. Demasiado tarde, la helada derivada del cuerpo de la mujer había llegado a su máxima expresión. El cuarto y todo lo que lo componía, libros, ropa sucia y cuadros tenía ahora una sola temperatura. A la eyaculación le siguió un grito de dolor que Pegaso silenció mordiéndose los labios, una masa helada se había detenido en los túneles de su pene congelado. Pegaso , sintiendo nauseas y angustia, miró como su miembro se estremecía en un estornudo de astillas congeladas. El frío, sin abrir los ojos, con los dedos repentinamente animados, como si estuviera cazando copos de nieve detuvo al instante las partículas de vida pulverizada. Se las llevó a los labios y le dijo: Ahora sí pendejo, empieza tu libro.

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María Montecristo

Vale la pena aclarar que gran parte de los santos que María conocido en algún periodo de vida eran drogadictos. A María le costaba trabajo imaginar a Santa Cecilia fumando opio. A San Francisco comiendo hongos de sal arsénico. Al propio Pegaso Zorokin encendiendo una cuchara. A María ya nada le extrañaba. Santos medievales, drogadictos. Hombres y mujeres ansiosos por transformarse en Dios. Pobre María Montecristo, toda su vida entre miserables. Cerca de su apartamento había un centro de AA. María ahí conoció a Dios. Entre hombres que no conformes con haber violado a su esposa y haber golpeado a sus niños necesitan transformarse. Quieren ser Dios. Esa era la gran tentación. Hay doce pasos para convertir a un asesino en Dios. Sólo tienes que tomar una decisión para entrar al cielo. Todo lo sabía María Montecristo pues todo lo había visto. Los niños quieren parecerse a Dios, los drogadictos quieren parecerse a sus hijos. Nadie es Dios, María lo tenía bien claro. Su propio padre pasó tres semanas internado en una clínica en la avenida Revolución. Su padre regresó al crack y la abandonó. María tenía nueve años. Vio a mamá llorando en las escaleras de su departamento en Ciudad Olímpica. María no recuerda nada más. María comenzó a drogarse. Las drogas que le hacía Pegaso Zorokin cuando era niña. A María el mundo la extrañaba. Había visto muchos hombres y mujeres en circunstancias obscuras queriendo empezar de nuevo. Los había visto fracasar. Volver a encender la cuchara. Más decididos a morir que nunca. Hombres y mujeres hechos de substancia negra, de sangre de culebra y tierra. Hombres y mujeres de astral subterráneo. Lo había visto todo en el Distrito Federal. Todo lo que había visto lo había visto en el Distrito Federal. País de alcohólicos y adolescentes drogadictos. La ciudad de los niños perdidos. María creció. Y creció. Enganchada al crack. El país de nunca jamás le

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decía María a Pegaso abrochando las agujetas de sus Doc. Martens. Este es tú país María de Montecristo. Le decía el muchacho. Y los niños crecieron juntos. Ratas salvajes de la Ciudad México. Y María vivió a los trece años su adolescencia. Una nenita de pestañas postizas. Un caramelito negro. Con delineador a la Louise Brooks. Heroína onírica digna de los elencos erótico lunares de Guido Crepax. Puro expresionismo y arte pop. Transcurriendo entre sueños cargados de símbolos y obsesiones sadomasoquistas. A los quince María había decidido volverse un objeto de experimentación sexual. Hermosa niña muerta. Lenore astromexica condenada en los poemas de Allan Poe. Llena de vitalidad infantil. Con una porción del cerebro comida por la droga y con los órganos hechos máquina de escribir. Postdark, airómada y con el culo bien paradito. Tan enigmática como sensual, con facha de cyber- criminal. De pasado incierto, sexualidad ambigua y notable desparpajo. Entonces María comenzó a escribir y a decir mentiras. Y así María perdió a Pegaso. Quien ya estaba perdido por la droga. Los muchachos se volvieron una leyenda. Una leyenda del México sur. Los niños del bosque de Chimalistac. Se sabía por ejemplo entre los muchachos del Colegio Madrid que sufrió un accidente mortal haciendo parkour en ciudad Neza. Ella había comenzado la historia, riéndose por supuesto y diciendo que después del putazo sin su consentimiento había sido convertida en un cyborg y puesta a disposición de los skaters para perseguir al Puppet Master, un presunto hacker que entre sus planes tenía volar google y todos los sistemas de comercialización de mercado. María de Montecristo era una fantasía, pero una fantasía tan asequible que fascinaba y estremecía a quienquiera que se le acercara. Había quien le creía. Había quien decía que nada era cierto. Las demás chicas la odiaban. Ella sólo pensaba en su Pegaso que inventaba drogas, jugaba videojuegos, se acostaba con brujas y escribía cuentos; cuentos donde él era el héroe, donde él era el villano, donde él era el escritor, donde todo era imposible, donde todo era su mente absorbida por la droga. María y Pegaso eran los personajes perfectos para empezar mi libro.

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The Warp Zone ― ¿Cuántas vidas te quedan? ― Tres, todavía. Pegaso Zorokin entra a un castillo hechizado. Abstraído busca una llave en un estanque de magma. Hay murciélagos y plantas carnívoras. Ocho horas diarias frente a un videojuego. A Pegaso Zorokin no le gusta mucho la vida. Prefiere las pistas del Mario Kart a la avenida arbolada que da con su escuela. Le resulta molesto ponerse un suéter los días en los que hace frío, insoportable tener que tender la cama, asqueroso limpiarse el culo y extremadamente aburrido soplar sobre su comida caliente. Es incomodo que las cosas del mundo pesen y que los dientes se pudran. Que alguien te moleste todo, todo, todo el día. Pero sobre todo es duro ver como todos se van muriendo sin que nadie los asesine. ― Tu abuelo murió. Le dijo un día la mamá. ― ¿Quién lo mató? ― Ya estaba viejito Zorokin. ― ¿Quién lo mató? Nunca le dijeron quien mato a su abuelo. Pobre Pegaso, con lo que le gusta matar gente en el Nintendo. Gente y patos y murciélagos y plantas carnívoras. Si su abuelo se le hubiera atravesado mientras buscaba la llave maestra tal vez le hubiera disparado. Pobre Pegaso ya la historia te dará la razón. Así como los niños atormentados del XVIII leían a Verne con desesperación así nuestros niños evaden su realidad en escenarios virtuales. Tú no te preocupes Pegaso, los videojuegos son los nuevos textos literarios. Ahí tu eres el personaje. Tú tomas las decisiones. Así como Borges paso a la historia como un gran lector, ya escucharemos de ti Pegaso Zorokin ¡Gran videojugador! El control del Gamecube deformó sus manitas a los cinco años. No hay de qué preocuparse joven Pegaso, estas transformaciones también las sufren los pianistas y los novelistas que aún mandan a sus editores las novelas redactadas en máquinas de escribir. Pegaso, te hubieran fascinado esas maquinas, tenían mas botones que dos controles de Xbox juntos.

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― El hombre puede ser modificado por sus instrumentos. Leyó una vez Pegaso Zorokin (sin saber que estaba leyendo) en Wikipedia mientras preparaba una exposición para la escuela. Pegaso Zorokin tiene que andarse con cuidado. Un barón montañés lanza barriles desde las copas de los árboles. Cuidado Pegaso, un acantilado. Mira a tu izquierda hay tortuguitas con rifles. Cómete ese hongo, con el hongo tienes más poder. La vida en un grifo. Las monedas. Las superdrogas. Los cadáveres que desaparecen al instante. La Ak47 del Golden Eye. Las orejitas de Zelda. Los malos de la Final Fantasy. Los coches escondidos del Need for Speed. Los túneles subterráneos. Las peleas y los calaveras. Los jovenes calavera de combate mortal cuatro. ¡Rápido! mata a Chunly, (a +b+ arriba + abajo + b + b). Que rico se muere Pegaso. Que rico se muere. Que rico se muere. Matar es superpadre, Después de matarlos a todos comete un gansito. Ve a la escuela y cuando regreses vuélvelos a matar a todos. A las tortugas, a los nazis, a los patos. Tu abuelo murió que todos se mueran. Muerte píxel. Atari, Nintendo, Xbox, Playstation. Wii. Hiperrealismo. Yo soy real. Yo mato. A mi abuelo lo mataron y yo voy a vengarme. El gran sueño de basuco de Shigeru Miyamoto. Press A. A 1

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5. En el Myspace de la banda Vlad Tapes aparece una convocatoria: “Si quieres conocer a los integrantes de la agrupación Vlad Tapes envíanos un video donde se muestre la forma más creativa para suicidarte. El cadáver de los ganadores tendrá la oportunidad de aparecer en el último concierto de la gira internacional “ JAT 5000 Pts. 3. Una corte de juristas se reúne en Londres para ver un video. Seis jovencitos aparecen en la pantalla. Un clima triste obra en sus mentes. Peinando y despeinado sus melenas como si estas fueran las cuerdas de un arpa. Delineador árabe, tatuajes en el pecho, un par de perforaciones. Se escucha un suspiro de fatiga. Uno de ellos muerde una navaja de afeitar. Esperan un instrumento de cola aguzada. El ruido de un aspa vacila en la escena. Una ----------------------------------

The Warp Zone: En Mario Bros (1989), en un acantilado secreto, tres bocas de pipa subterránea permitían avanzar a niveles adelantados del juego sin la menor dificultad. 1

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guillotina de péndulo flota por la recámara. Los seis son decapitados. Al final aparecen sus padres. Lloran y dan explicaciones. GRK 500000 Pts. 6. Ante las demandas la agrupación Vlad Tapes argumenta un atentado electrónico. Ellos no subieron el promocional. Días después Pegaso Zorokin es encontrado como responsable de haber hackeado la página. Pegaso tiene trece años. GDA: 5000000000000 Pts. Recuerda Pegaso: Apaga el Nintendo y empieza tu libro.

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La Marrana Gaitán olvida quién es quien.

Había aparecido gente extraña merodeando por los alrededores. Alguien dijo que tal vez se trataba de los hombres del Macabro pero nadie lo escuchó. Los desconocidos examinaban las placas de los automóviles estacionados a lo largo de la casa. Ante la intromisión los huéspedes dejaron sus botellas de mezcal sobre la mesa y se reunieron junto a las ventanas. Martha buscó tranquilizarlos asegurándoles que se trataba de una operación de rutina. Los extraños desaparecieron. La conferencia continuó y nadie volvió a verlos. La Marrana Gaitán, quien no se sentía tranquilo, le dio un sorbo largo a su trago y subió al estudio de la casa. A eso de las doce del día, un carnicero llamado Guadalupe Badariel entró en la cocina a entregar una barbacoa de mezquite. De regreso, al bajar la colina, se encontró con uno de los automóviles azules de la policía bloqueando la carretera y a cuatro agentes en traje de civil montando guardia. Lupe, quien no había ido a la primaria y había sido matón en sus buenos tiempos se quedó horrorizado. Lupe sabía lo que aquello significaba. No obstante, la policía lo dejó pasar en su camioncito sin poner objeción. Lupe pensando en Martha y en la Marrana consideró pertinente regresar a la casa y dar aviso de lo sucedido. — ¡La policía del estado!— gritó levantando un rifle negro — ¡Están deteniendo a todo el mundo! ¡Están en todas partes! Los concurrentes que en torno a la estufa campestre habían comenzado a almorzar, presas del pánico se desbandaron; los criminales salieron en busca de sus coches, otros a esconderse en el rancho. Martha, pistola en mano, buscaba desesperada a la Marrana por toda la casa. El cartel corría peligro y su mentor no aparecía por ninguna parte. —¡Marrana! ¡Marrana! Gritaba subiendo los escalones. El narco se encontraba en el estudio, sentado en silencio frente a un piano

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de pared. La Marrana Gaitán escuchó el desorden en la casa y un tiroteo en la lejanía pero prefirió no darles importancia. A lo largo de la habitación había varias maletas abiertas y ropa de mujer en todas partes. La Marrana se había pintado los labios y lloraba sin atreverse a abrir los seguros del piano negro. Las sirenas de las patrullas extendían su demencia por toda la colina. Martha abría y cerraba puertas. La Marrana Gaitán no habría escapado sin ella. Atravesó un pasillo vigilado por una estatua de la Virgen de Guadalupe. Abriendo y cerrando todas las puertas a su paso. Finalmente entró al estudio y miró a la Marrana Gaitán, sentado de espaldas frente al piano, interpretando, sin emoción alguna una pieza triste y estúpida. — ¡Marrana!— exclamó con dramatismo — ¿Qué haces aquí? ¡Nos han descubierto! —Sí — le respondió sin dejar de tocar la pieza. — Marrana, levántate amor mío, sé de un lugar en el rancho donde podemos escondernos — exclamó tratando de cerrar el piano. —No — le contestó golpeando las teclas. Martha, al ver a su marido con los labios pintados sintió un dolor en el pecho. Se echó a llorar e intentó levantarlo del piano. Tratando de levantarlo pensó en él y no pudo explicarse que había ocurrido con el michoacano valiente que la había regalado una Suburban pintada de oro el día de su boda. Martha no iba a poder levantarlo. La marrana pesaba como oro. —Sí, sí, no, no— le dijo la Marrana intentando consolarla. — ¡Sálvame Pedro! — le dijo llorando. —Sí — le respondió la Marrana y siguió tocando el piano. Martha le dio una bofetada, le dio un beso y salió corriendo del estudio. — Pedro ¡Sígueme si me amas! — le gritó bajando las escaleras, esperando a que su marido la siguiera. Cuando Pedro Gaitán terminó de tocar la pieza triste y estúpida era demasiado tarde. El hampón se sentó en el suelo y llegó gateando hasta el marco de la ventana. Las cortinas se agitaban de forma exagerada. Desde la ventana veía a su mujer corriendo como liebre por el campo, enlodando su vestido y mirando de vez cuando la colina soleada donde estaba la casa. Mientras la mujer corría tropezó con su vestido y esto a la Marrana le causó bastante risa. —Sí, Sí — le gritó el temible gángster con ternura.

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La Marrana Gaitán arrancó las cortinas, rompió una ventana gritando a veces sí y a veces no. — Sí, sí no, no. La marrana, sin saber que ocurría, se intentó arrancar los bigotes. Incomodo consigo mismo encontró terriblemente molesta la consistencia de sus dientes. Para resolver su incomodidad trató de morder la alfombra del estudio. No siendo suficiente esta sensación, trató de tirarse un diente con un bastón que encontró en el suelo. La Marrana no pudo. El sargento Pegaso Zorokin entró, junto a un equipo de asalto del ejercito y doce militares del departamento de la unidad especial, al rancho de Pedro Gaitán. Entraron por la cocina, siguiendo al sargento, quien después del terrible episodio en Maravatío, no podía esperar a encontrarse con su enemigo. — ¡Nunca pensé que llegaría este día!— le dijo Pegaso Zorokin emocionado a un soldado. — La Marrana debe seguir aquí Señor — le respondió el soldado— Sólo vimos salir a su esposa. Pegaso Zorokin y sus hombres subieron por las escaleras y después de revisar varias habitaciones dieron con el estudio. . La marrana más macabro que nunca veía al techo desesperanzado. — ¡Marrana, tlacuache infeliz, quién diría que volveríamos a vernos! —Le gritó apuntándole con su revólver al pecho. —Sí, sí, no, no — le respondió la Marrana babeando hilos de sangre. —Se iniciarán innumerables juicios en contra tuya, tú y tus malditos cacomiztles por fin encontrarán la muerte. — Gritó el sargento desconcertado por ver a su enemigo con los labios pintados. — No, No o ¿Sí? — Los vamos a matar. Te vamos a matar. Nos vas a chupar la verga y luego los vamos a matar. Le grito viendo directamente a sus ojos. —Sí, sí — contestó la Marrana metiéndose un dedo a la boca. Todos se quedaron en silencio y contemplaron con profunda extrañeza como el peligroso delincuente buscaba meter su puño completo en la boca — ¡Eso es todo lo que tienes que decir Asesino! — gritó el sargento y pegó un tiro en el techo. — Sí. El sargento tenía ganas de conversar con su enemigo y este se comportaba como un verdadero imbécil.

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— Te voy a volar la verga a tiros hijo de perra. Le grito Pegaso Zorokin. Una vena azul le atravesaba el cuello. — ¡Esposen de una vez por todas a esa puta cerda! Gritó el sargento colérico. —Sí, Sí — les respondió Pedro Gaitán aplaudiendo. Una vez en el carro militar la Marrana Gaitán, muy contento, se orinó encima y comenzó a gimotear con una dulzura insoportable. El sargento Zorokin, viéndolo por el retrovisor se preguntó si realmente se trataba de la Marrana Gaitán. Uno de los jefes más buscado de la familia michoacana. No podía ser ¿Toda su carrera persiguiendo a un retrasado mental? Tenía que haber un problema en su historia. Pedro Gaitán, la Marrana Negra, chupaba el aluminio de sus esposas.

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[...] Como me gustaría escribir un diccionario contigo Como me gustaría fundar un museo contigo Como me gustaría engañar a un país contigo [...] Y en la cárcel no haría otra cosa si no escribirte Escribirte 100 cuartillas diarias Después de un año tendría 1200 páginas Después de 10 años 120000 cuartillas Después de 100 años 1200000000000 cuartillas Después de 1000 años 1200000000000000 cuartillas Gastaría tanto papel que me acabaría El bosque que nos regalaron los Estados Unidos Me volvería un enemigo internacional Habría manifestaciones Y yo les diría a los periodistas Necesito ver a Itzel Y ellos me dirían La Itzel que usted está buscando Murió hace 1000 años Y yo les diría: chúpenme el pito Y me metería una escopeta en la boca Me mataría e iría a buscar tu espíritu A las terribles praderas de Urano Donde tú en tu pijama rojo (nos estamos desvelando) Preparas limonada y libros de filosofía [...] Diez minutos No voy a corregir nada Demencia Viva la nueva demencia Viva el animismo radical Anarcosentimentalismo Yepa [Gerardo Arana 1986]

M O L I N O D E C U E N TO . B L O G S P OT. C O M

[Radiador] No.7  

No.7 o de la Fauna Fantástica. Magazine Digital de Literatura y Artes - Abril de 2012

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