50 años de la industria maquiladora
Una evolución que rebasa las expectativas y ha llegado más allá de la frontera norte Por Enrique Yescas
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uerían venir a México pero no se sentían seguros. Industriales norteamericanos deseaban aprovechar los beneficios que el gobierno mexicano otorgaba a la industria maquiladora en la frontera con Estados Unidos, pero se resistían a venir desde Nueva York o de las concentradas ciudades del Este de ese país, a una frontera lejana a su civilización. Les convenía el diferencial en el precio que la mano de obra mexicana ofrecía respecto a la misma estadounidense. La maquila norteamericana estaba llegando a la frontera mexicana bajo esquemas difíciles de explicar, unos eran incrédulos y otros trabajaban con mucha incertidumbre. Todos los que llegaban venían a probar. Querían solamente medir el riesgo. Así llegaron, hace ya 50 años industrias de renombre como Samsonite que para conservar el prestigio de la marca original evitaban mencionar que el producto estaba ensamblado en México. Años después, Samsonite luego de sus éxitos con artículos manufacturados en México habría de crear una línea de productos con el nombre Sonora. Nogales era una calle, su movimiento era de paso. En ese tiempo la industria manufacturera se estableció en donde pudo. Cuanta casa vieja disponible o abandonada, podría convertirse en maquiladora. Era el principio de los setentas.
Buscando fórmulas internacionales Nombres de aquel tiempo flotan rimbombantes en la industria sonorense de hoy. Entonces eran pioneros que probaron y fueron descubriendo fórmulas exitosas. Unas para mejorar las líneas de ensamble diseñadas por los norteamericanos, otras aportando nuevas fórmulas para simplificar los riesgos internacionales en el ámbito jurídico y fiscal, además de la logística transfronteriza. Aquellos pioneros buscaron la manera de entrar seguros a territorio mexicano y lo hicieron bien y poco a poco fortalecieron sus conceptos. Así llegó Dick Campbell asesorado por Arthur D.Little, empresa consultora internacional, y en su responsabilidad contable y fiscal, Gustavo Rigoli, un descendiente de italianos que había vivido en Cananea y tenía la confianza de los inversionistas
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Gustavo Rigoli Franco, (1939-2007) fundador de Sonitronies y el concepto shelter.
de Nueva York que ya se interesaban en las fronteras mexicanas, particularmente en Nogales. Una empresa en México y una en Estados Unidos con los mismos socios fue la solución sana para no crear un abismo entre proveedor y cliente, entre maquilero y maquilador. El ensamble, armado de productos por manos mexicanas era el objetivo pero habiendo inversionistas, recursos, facilidades de terreno y necesidad de establecimientos formales, poco a poco fue
María Elena Gallego, presidenta CEO de Sonitronies-Collectron. La primera empresa shelter del país.
tomando forma una gran sombrilla bajo la cual se protegieron inversiones, se evitaron riesgos y se obtuvo como resultado una sana operación manufacturera en la que los mexicanos tenían todas las responsabilidades de este lado y los norteamericanos suministraban todo para producir, incluyendo el capital para construir edificios y fortalecer el patrimonio de la empresa mexicana que daba albergue a esta creciente y rentable industria fronteriza. Gustavo Rigoli en Nogales, Gustavo Terán en Agua Prieta, después Luis Felipe Seldner modificando formatos y evolucionando el Shelter para una industria maquiladora que conocía desde los pisos y líneas de producción y Luis Alfonso Lugo desde estudiante como vínculo del gobierno estatal, que como facilitador participaba casi como parte de los proyectos. Otros nombres como Irineo Campa Robles en San Luis Río Colorado y Dwyne Boyell en Phoenix, Arnoldo López Cañedo se fueron sumando a la lista.
El Shelter, la “sombra protectora” Sonitronies y Collectron constituyeron una mancuerna de empresas en ambos lados de la frontera que abrieron caminos y crearon fórmulas jurídicas, fiscales, laborales y de comercio internacional que 50 años después siguen probando su buen diseño y se siguen actualizando, ahora más evolucionadas junto con otras empresas especializadas como Offshore Group que ofrecen soluciones integrales a los fabricantes internacionales. Poco a poco llegaban más empresas a Nogales, buscaban oportunidades y les acomodaba que alguien más se encargara del “paperwork”. Ese papeleo no era sencillo, además eran necesarios un amigable carácter, una elasticidad a la rigidez regulatoria, talento y creatividad para ajustar y adaptar. Cada caso era diferente. Los primeros forasteros se habían acomodado en los edificios vacíos y en cuanto lugar grande les quedaba. Lo llenaban con equipo de segunda, ya pagado fiscalmente en Estados Unidos, para no correr riesgos en México. Aquella empresa que llegó entre las primeras estaba exitosa pero no tenía interés en compartir su proyecto, en el cual con recursos propios había