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P R E S E N TAC I O N E S


CHRISTIAN SALAZAR VOLKMANN

Coordinador Residente Sistema de las Naciones Unidas en El Salvador

po fue pintora de la corte y la primera mujer en formar parte de la Academia del Diseño de Florencia, o la escultora francesa Camille Claudel (1864-1943), entre otras. En Latinoamérica hubo también mujeres importantes como Leonora Carrington (1917-2011) y Frida Khalo (1907-1954), ambas mexicanas que dieron una importante contribución no sólo a la cultura, sino también a la igualdad de género en la región.

Cada vez más se afianza el convencimiento de que la cultura desempeña un rol trascendental en la promoción del desarrollo inclusivo y sostenible, y para la eliminación de la pobreza. El arte y la cultura, por tanto, también son herramientas poderosas para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social.

En ese sentido, la exposición “A cielo abierto” es a la vez una señal de esperanza y un reto. La estupenda y Todas ellas muestran en sus obras la realidad que las muy profesional participación de estas 23 mujeres ar- mujeres de su tiempo enfrentaron y que ellas debietistas en la producción cultural del país muestra cuán- ron sobrellevar. to se ha avanzado en las sociedades actuales. Ese es uno de los grandes valores en el esfuerzo de reHistóricamente, las mujeres enfrentaron muchas difi- unir el trabajo de las artistas salvadoreñas, la capacidad cultades para presentar obras a su nombre y acceder de mostrar la coincidencia en su percepción de la realia la formación en las técnicas artísticas. Cuando lo- dad que se retrata en múltiples formatos, soportes y lengraban ingresar a centros de formación cultural se les guajes culturales como los que muestra la exposición “A destinaba a un tipo específico de arte plástico o litera- cielo abierto”. Pero como planteaba anteriormente, tamrio. En general se resaltaba más su rol como “musas” bién representa el desafío de apoyarlas para que el meno modelos y muy poco como productoras culturales. saje de sus obras amplifique su impacto en la sociedad. Aun así sobresalen nombres de grandes artistas como Además del reto de profundizar los espacios para que Artemisia Gentileschi (1593-1654), quien en su tiem- las artistas salvadoreñas puedan seguir produciendo, 7


este está ligado al de garantizar a las niñas, adolescentes y mujeres adultas el acceso al arte, su participación equitativa y su formación en cualquier rama de la producción cultural y artística en la que quieran aportar.

lograr la igualdad entre los géneros establecida en la nueva Agenda Global de Desarrollo Sostenible.

Es posible imaginar un mundo donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de desarrollo, “El desafío fundamental –ha afirmado la Relatora es- educación, trabajo y realización personal. pecial en materia de derechos culturales, Farida Shaheed– es cómo asegurar la participación equitativa El Sistema de las Naciones Unidas, a través de cada de la mujer en las discusiones y la toma de decisiones una de sus agencias especializadas, fondos y prograsobre estos temas y permitirles crear nuevos significa- mas, continuará apoyando tanto los esfuerzos por la igualdad de género como los orientados a promover dos y prácticas culturales.” el arte y la cultura, y aprovechar su potencial para Es por eso que el Sistema de las Naciones Unidas transformar la sociedad. Espero que este catálogo acompaña a la Secretaría de Cultura en la difusión de estimule la reflexión sobre los desafíos planteados y este importante trabajo. Lo hace, además, en el con- motive a las artistas salvadoreñas a continuar creando texto de la conmemoración del Día Internacional una nueva visión de la sociedad más inclusiva e iguade la Mujer de este año que plantea como lema “Un litaria. planeta 50/50 en el 2030”, destacando así la meta de

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SILVIA ELENA REGALADO BLANCO

Secretaria de Cultura Secretaría de Cultura de la Presidencia

bución de las mujeres al desarrollo histórico, social y cultural de nuestra nación, así como de facilitar su participación y dignificar su vocación artística.

La Secretaría de Cultura de la Presidencia, en cumplimiento con el Plan Quinquenal de Desarrollo y su estrategia de promoción del artista y su obra, tiene el honor de presentar el catálogo de esta innovadora exposición de artes visuales, producida por la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué, que reúne la obra de 23 artistas salvadoreñas contemporáneas.

Esta muestra abre espacios al diálogo sobre lo que significa ser artista y ser mujer en estos tiempos, nos invita a ponderar las construcciones culturales que edifican los espacios personales y colectivos, y nuestra La exposición “A cielo abierto. Construcciones es- participación como mujeres en ellos. pacio-temporales de género”, así como las actividades paralelas organizadas, fueron planificadas con un Esta muestra es una oportunidad valiosa para celebrar enfoque de derechos de la mujer, en concordancia el aporte de las mujeres a las artes y al pensamiento con las normativas que procuran una sociedad equi- contemporáneo. Un agradecimiento especial a la artativa, para procurar un espacio de acceso de nues- tista plástica y directora de la Sala Nacional, Mayra tras artistas a los espacios de creación, expresión y Barraza y a la Dra. Astrid Bahamond. promoción de las artes. Así, tanto los objetivos trazados como los resultados obtenidos —presentes en este catálogo, impreso gracias al generoso apoyo del Sistema de las Naciones Unidas, que acompañó este esfuerzo desde un inicio—, evidencian el compromiso de nuestra institución por visibilizar la contri11


A CIELO ABIERTO

“Puerta de cristal el día, / pared de cristal el aire, techo de cristal el cielo”...

M ay r a B a r r a z a D o m Í N G U E Z

Dirección y curaduría Sala Nacional de Exposiciones Salarrué

Claudia Lars

que otras artistas de generaciones mayores o menores, que cuentan con más oportunidades expositivas. Rápidamente descubrí que el enfoque generacional no es el más efectivo porque las condiciones de trabajo de las mujeres artistas son tan determinantes en su producción. La línea de desarrollo para una mujer artista por lo general no inicia en formación para luego pasar a diferentes grados de profesionalización y reconocimiento. Al contrario, su línea evolutiva es errática y obedece en la mayoría de los casos a factores externos a sí mismas y a sus ambiciones como artistas. Las mujeres artistas se ven condicionadas a estudiar carreras (en el mejor de los casos) que les procuren manutención a ellas y a sus familias, para luego dedicarse a trabajar y generar ingresos al mismo tiempo que asumen un alto porcentaje de la carga doméstica en cuidado de sus hijos. Al verse obligadas a priorizar, su tiempo para el desarrollo artístico se ve sacrificado.

Es con gran orgullo que la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué presenta la exposición “A CIELO ABIERTO. Construcciones espacio-temporales de género”, producto de un intenso trabajo colaborativo entre la Secretaría de Cultura de la Presidencia, las artistas, el Sistema de Naciones Unidas en El Salvador, colaboradores y amigos. La muestra que tengo el honor de presentar y cuyo concepto y curaduría tuve a mi cargo, tiene como objetivo procurar una plataforma para generar y contrastar ideas desde las artes visuales, acerca de las principales preocupaciones y vivencias que se derivan de las estrechas relaciones entre género y espacio. La propuesta inicial de la muestra, se enfrentó a una recepción escéptica. Son pocos los que pueden hacer un recuento del listado de mujeres artistas trabajando en la actualidad. A falta de una historia de las mujeres en el arte en El Salvador, partimos precisamente de un listado generacional largo y exhaustivo realizado en conjunto con Astrid Bahamond, historiadora del arte, en el que logramos nombrar más de medio centenar de mujeres artistas, nacidas entre 1935 y 1985, activas en la actualidad.

Esta situación ha sido evidente a lo largo de la historia del arte universal, pero ahora se vuelve insostenible y debe procurar ser remediada de manera enérgica por aquellos en la posibilidad de hacerlo. Es una responsabilidad del Estado, en cumplimiento de nuestra constitución, el procurar espacios de expresión y acceso a la cultura para todos sus ciudadanos, y las mujeres no deben ser la excepción. Es en este contexto que esta exposición de artes visuales se vuelve doblemente relevante.

La intención curatorial inicial fue la de visibilizar el trabajo de mujeres artistas de generación media que no han tenido la oportunidad de mostrar su obra con la frecuencia 13


Lejos de las lecturas tradicionales de género basadas en la representación del cuerpo como vehículo de identidad, esta muestra de artes visuales busca re-direccionar la mirada hacia las construcciones espacio-temporales de 23 artistas mujeres, de diversas generaciones, que atestiguan con sus obras la intensidad de la producción artística contemporánea salvadoreña.

En este segmento los acercamientos conceptuales de las artistas se presentan en intervalos: entre el yo y el pasado la memoria es un referente clave, así como entre el yo y el futuro la acción vertiginosa y constante –como impulsada por una máquina del tiempo- es decisiva. El entorno familiar, los recuerdos de la infancia, los cuestionamientos sobre la identidad, el tiempo como medida, el cuerpo como testigo del pasar del tiempo, la añoranza y la melancolía, la persistencia y resistencia, sobresalen como temas y tonos de reflexión.

El título de la muestra nos refiere al poema de Claudia Lars, “La casa de vidrio”, no para reafirmar el conocido fenómeno que afecta a las mujeres profesionalmente impidiendo su avance, el techo de cristal formado por condicionantes culturales tan arraigados que se vuelven invisibles; sino más bien, para abrir ese techo y reiterar que hay un espacio abierto, infinito de posibilidades, que les pertenece.

Mientras que, el tiempo presente se aborda como un espacio efímero y, a pesar de todo, de encuentro consigo mismo y con los demás, una pausa para la de toma de conciencia sobre el propio cuerpo y su rol en el cuerpo colectivo.

Según la especialista mexicana Paula Soto Villagrán, “el espacio es una referencia identitaria que permite a los sujetos construir relaciones sociales”, y es ahí donde “se ponen en juego las nociones culturales de género, que se concretan en actividades, prácticas, y conductas realizadas cotidianamente, que están estrechamente ligadas con una concepción de mundo y con la construcción subjetiva del sujeto.”

Ciudad y naturaleza El entorno físico geográfico, tanto natural como construido, es territorio de reflexiones diversas en donde tanto la imagen como la materia se vuelven determinantes. El conjunto de obras en este segmento evidencian la estrecha relación que existe entre la construcción de espacios e imaginarios nuevos por medio de las artes, y el potencial de transformación de la realidad.

Este conjunto de 36 obras de reciente creación (2006 a la fecha), en medios diversos que van desde el video performance, el grabado y escultura, hasta la instalación y pintura, presenta un rico imaginario simbólico relativo al espacio, arrojando –a nivel conceptual- dicotomías de interés sobre el paso del tiempo y su entorno humano, así como sobre su entorno físico, natural y urbano.

Aquí es necesario hacer un ejercicio consciente por evitar caer en las lecturas más tradicionales acostumbradas a identificar a las mujeres simbólicamente con la naturaleza o encarnando alegóricamente los ideales de la nación, sometidas como sujetos pasivos, en una a su función de reproducción biológica, y en la otra a un ideal patriarcal fundacional del cual es excluida su participación activa.

El tiempo y el yo Las obras en este conjunto presentan abordajes sobre el tiempo como un espacio de desarrollo del ser, una construcción escenográfica de las temporalidades de vida.

Si procuramos un paso más allá en el recorrido de la muestra, encontraremos en este conjunto obras que dibujan nuevos mapas limítrofes de lo femenino en donde el pai14


muestra no sería posible; y a las personas que de manera desinteresada apoyaron, en su gestión a Guenay Salazar y Miguel Huezo Soundy, y en sus excelentes textos críticos y aportes en la lectura de contenidos a Tania Pleitez Vela, Evelyn Galindo e Inti Marroquín.

saje -tanto urbano como natural-, es una expresión de las disyuntivas entre el orden y el caos, lo humano y lo animal, la cultura y la naturaleza, el individuo y la nación, el hombre (en su sentido referido a lo masculino) como medida del espacio y como espacio en sí mismo, y los espacios o fronteras entre el yo y los demás, extendiendo áreas fértiles que entrecruzan esas disyuntivas a nivel personal, social y político.

Cierro citando nuevamente a Paula Soto cuando dice en su ensayo “Sobre género y espacio: una aproximación teórica”, que, las “mujeres en su vida urbana han desafiado los ideales del universo masculino, en la medida que han ampliado sus percepciones, han construido lazos de pertenencia. Su necesidad de traspasar e invadir los límites, hace que las mujeres comiencen a extender el marco de acción, representando personajes políticos, actuando en el mundo laboral, cruzando la frontera de lo rutinario, apropiándose de otros espacios al interior de la ciudad, escenificando una nueva cotidianeidad, ya no tan tajantemente separada del mundo público, evidenciando que las delimitaciones no forman parte de las cosas, sino por el contrario, que los límites existen como producto de la acción humana.”

Quiero concluir este corto texto de presentación y acercamiento al concepto curatorial de la muestra “A cielo abierto”, agradeciendo a las personas que contribuyeron a que este proyecto expositivo se hiciera realidad. En primer lugar a las artistas, por participar con su obra y respaldando con su presencia los eventos paralelos que desarrollamos; en segundo lugar a el Sistema de Naciones Unidas en El Salvador mediante su representante, el Sr. Christian Salazar, -a quien debemos la publicación de este catálogo-, por el valioso apoyo en visibilizar la muestra contribuyendo no solamente en el reconocimiento simbólico de las artistas, sino en su dignificación. Agradecer a su vez al equipo de la Sala Nacional y la Secretaría de Cultura, sin quienes esta

San Salvador, abril 2016

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E L T I E M P O Y E L YO


Concepciรณn. Roxana Castro Escultura. Lรกmina galvanizada estampada en agua fuerte 62 x 65 x 55 cm.

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I am still alive . Melissa Guevara FotografĂ­a.50.5 x 70.5 cm. 2015

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AntropometrĂ­a. Melissa Guevara. Objeto intervenido. Relojes de arena y polvo de huesos humanos 14 x 28 x 08 cm. 2012

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El hombre es la medida de todas las cosas. Alexia Miranda Performance. Registro fotogrรกfico. 2015

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Carrousel. Alexia Miranda Video Performance. 2012

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La mรกquina de la memoria. Beatriz Cortez Ensamblaje. 30 x 53 x 33.5 cm. 2014

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Verbo enlatado. Yanira ElĂ­as. Objeto intervenido, polĂ­ptico. Medidas variables. 2016

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To Arrive, To Leave. Abigail Reyes Instalaciรณn. Medidas variables. Tierra

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La pizarra comunitaria / The community blackboard. Muriel HasbĂşn InstalaciĂłn interactiva. Medidas variables

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Cuarto de adolescente. Catalina del Cid AcrĂ­lico sobre tela. 144 x 266 cm.

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Habitaciรณn de infancia. Beatriz Cortez Video. 2012

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La gran familia. Natalia DomĂ­nguez AcrĂ­lico sobre tela. 100 x 150 cm. 2013

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Enfrentar a mi sombra. Negra Álvarez Fotografía intervenida. 36 x 44 cm. 2010 Yo y mi sombra. Negra Álvarez Fotografía intervenida. 44 x 36 cm. 2010

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CIUDAD Y NATURALEZA

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Catedral de noche. Catalina del Cid AcrĂ­lico sobre tela. 100 x 150 cm.

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Vestimenta. Natalia Domínguez Intervención urbana. Registro fotgráfico. 2010

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Lavandera. Carmen Elena Trigueros Intervenciรณn urbana. Registro fotgrรกfico. 2014

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Ciudad proyecto Reconciliaciรณn. Beatriz Deleรณn Imagen digital. Impresa sobre papel. 2014

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Seaforts. Amber Rose AcrĂ­lico sobre tela. 127 x 126 cm. 2016

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Playa con niĂąos. Carmen Elena Trigueros AcrĂ­lico sobre tela 140 x 182

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NiĂąa corriendo en la playa. Carmen Elena Trigueros AcrĂ­lico sobre tela. 40 x 40 cm.

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Azul. Licry Bicard Acrílico y polvo de mármol sobre tela Díptico 80 x 80 cm c/u. 2014

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Fracturación Hidráulica. Yanira Elías Óleo sobre tela. 100 x 100 cm. 2016

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Mecanismo lineal. Marielos Imery Escultura. Piedra tallada y patina. 48 x 35 x 15 cm. 2013

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Marea roja. Elisa Archer Técnica mixta sobre tela. 120 x 120 cm. 2015

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Adonis al atardecer. Sonia Melara TĂŠcnica mixta sobre papel. 100 x 81 cm. 2006 ColecciĂłn Jaime Balseiro

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De รณrganos y deseos imposibles. Sara Boulogne Cerรกmica. 38 x 47 x 29 cm.

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Selva I. Nicole Schwartz Óleo sobre tela. 91 x 72 cm.

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Flor tropical. Ana Zamora AcrĂ­lico sobre tela. 121 x 137 cm. 2005

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Olympia. Titi Escalante Bronce. 89 x 30 x 68 cm. 2006

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Laguna verde I. Astrid Suรกrez ร“leo sobre tela. 75 x 86 cm.

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Atuendo. Natalia DomĂ­nguez Grabado. Agua fuerte sobre papel. 10 x 10 cm. 2010

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Extintos. Sara Boulogne Cerรกmica y ensamblaje. 23 x 14 x 14 cm. 2011

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Maternidad. Roxana Castro Escultura. Lรกmina galvanizada al agua fuerte. 178 x 72 x 32 cm.

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Vuelo de mariposas. Gothy Lรณpez ร“leo sobre papel. 122 x 81 cm. 2008

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A R T I S TA S


BIOGRAFÍAS • ARTISTAS ASTRID BAHAMOND PANAMÁ

Historiadora del arte

ELISA ARCHER San Salvador, 1949 Estudia en la Academia de Valero Lecha, período de su formación académica y disciplinaria en el conocimiento del uso del color, la luz y las sombras, el espacio, el dibujo y los preceptos utilizados en bodegones, desnudos, retratos y paisaje. Viaja por Europa en los setenta donde se encuentra con la vanguardia artística y el pop art, referentes que influyen en su creación de abstractos y collages. En los ochenta regresa a la figuración simbólica, en la cual los bodegones son exclusivamente concentrados en manzanas. Posteriormente regresa a los retratos donde la lineal angularidad de sus figuras es evidente, y más adelante se dedica a la abstracción, en la que deja entrever el dominio total de su profesionalidad pictórica. MURIEL HASBÚN San Salvador, 1961 Nace dentro de un ambiente artístico familiar: su padre, Antonio Hasbún, odontólogo y fotógrafo y su madre, Janine Janowski, estudió filosofía y fundó la Galería Laberinto en los ochenta. Desde una perspectiva intergeneracional, transnacional y transcultural, Muriel Hasbún elige la fotografía para crecer profesional y artísticamente. Se licencia en 1983 en George Washington University en literatura francesa, y en 1989 obtiene una maestría en fotografía de la misma universidad. Su obra es exhibida y forma parte de colecciones importantes internacionalmente desde finales de los noventas, dentro de los que destacan el Smithsonian American Art Museum, la Corcoran Gallery of Art y la 50a edición de la Bienal de Venecia. CATALINA DEL CID San Salvador, 1968 Se especializa en educación del arte y la literatura en 1995. Desde 1999 incursiona en el mundo artístico con la multidisciplinariedad de su talento: dibujo e instalaciones le merecen reconocimiento internacional al desarrollar temas sobre la emigración e inmigración de los centroamericanos en Estados Unidos. Como fiel admiradora del escritor Salarrué incursiona en la escenografía de “Oyarkandal”, lo que la hace merecedora del premio Ovación en 2012. Posteriormente realiza trabajos de actuación teatral. Por ahora reside en Barcelona, gracias a una beca para estudiar arte. 58


MELISSA GUEVARA San Salvador, 1984 Estudia licenciatura en Artes en la Universidad Nacional de El Salvador, hace posteriormente cursos especializados en arte contemporáneo en Nicaragua, lo que la coloca en el espacio de artistas contemporáneas salvadoreñas. Exhibe sus obras, sobre todo instalaciones, en Honduras y participa en las bienales centroamericanas de Artes Visuales a nivel regional. Toma parte en el programa de exhibiciones El Cambio del Banco Mundial, en Washington y París. Es miembro fundador y activo del colectivo de artistas The Fire Theory. ANA ZAMORA San Salvador, 1961 De padres catalanes, estudió licenciatura en Ciencias de la Educación Especial en la Universidad Evangélica, San Salvador, además de técnicas de grabado con los profesores Mario Rosales y Giovanni Gil. Asistió al taller de pintura de la Academia D’art Sanvisens y a los estudios de diseño en el Centro Cultural del CIC, ambos en Barcelona. Estudió pintura con Armando Solís, Julio Hernández, Conchita Kuny, Roberto Huezo, Lolly Sandoval y Marvin Iraheta. Ha realizado varias exposiciones colectivas y una individual. Recibió el premio Glifo de Bronce, en la categoría libre de la III Bienal de Arte Paiz, El Salvador. BEATRIZ CORTEZ San Salvador, 1970 Artista y crítica cultural especializada en literatura contemporánea y estudios culturales centroamericanos. Su obra artística explora la relación con la memoria y su pérdida tras el fin de la guerra en El Salvador, así como la experiencia de migración hacia los Estados Unidos. Originaria de El Salvador, ha vivido en Estados Unidos desde 1989. Ha mostrado su obra en Los Ángeles, San Francisco, Washington, D.C., Nueva York, El Salvador, Costa Rica y Guatemala. Tiene una maestría en bellas artes del California Institute of the Arts y un doctorado en literatura de Arizona State University. Desde el año 2000 es catedrática en el Departamento de Estudios Centroamericanos de California State University, Northridge. Vive y trabaja en Los Ángeles, California. NATALIA DOMÍNGUEZ San Salvador, 1977 Realizó estudios avanzados en la licenciatura en Artes Visuales, especialidad en multimedia, en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, México, entre 1998-2002. Tomó un taller de fotografía impartido por Luis Paredes en el Centro Cultural de España en El Salvador, 2013. Fue becaria del proyecto Solistas, Museo de Caguas, Puerto Rico, 2009. Entre sus exposiciones individuales destaca “Fue”, en la Sala Nacional de exposiciones Salarrué, en el 2015. Participó en el 7º Simposio Internacional de Arte Contemporáneo del Museo Rufino Tamayo, México, en el 2009, y el Foro Internacional de Mujeres en las Artes, México 2006. 59


NEGRA ÁLVAREZ Santa Ana, 1948 Prosigue su educación superior en la Academia de Bellas Artes en Lovaina, donde permanece por dos años y luego se inscribe en el Instituto Superior de Saint Luc de Bruselas, Bélgica. De regreso a El Salvador en los ochenta se integra a los talleres de repujado y dibujo dirigidos por Benjamín Saúl, y, en talleres de pintura con Carlos Cañas. Participa en la restauración y decoración del Teatro Nacional de San Salvador. En Centro Nacional de Artes conoce al maestro español vanguardista Ricardo Falcone, de quien recibe nuevas concepciones artísticas. Su larga y consecuente dedicación profesional a las artes la ha llevado a recorrer el mundo nacional e internacionalmente, participando en importantes exhibiciones, siendo reconocida con muchos premios y homenajes. YANIRA ELÍAS San Salvador, 1973 Desde 1991 al 1999 estudia en la facultad de arquitectura, Universidad Albert Einstein, San Salvador. En 2001 gana una beca en México como participante del. “Programa de estancia para realización artística”, Universidad Veracruzana. Realiza la investigación: “El Surrealismo y el arte fantástico mexicano”. Se gradúa de técnico profesional en artes visuales en la Academia Libre de Bellas Artes. En Florencia, Italia. Entre sus premios se encuentran en 2003 el Beato Angélico para las Artes, de Sermoneta, Italia, en la categoría de Artistas Extranjeros. Actualmente ejerce como docente en la Universidad Don Bosco. CARMEN ELENA TRIGUEROS San Salvador, 1964 Se gradúa como profesora en letras de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en 1985. Realiza estudios de pintura durante siete años con el maestro Víctor Manuel Rodríguez Preza. Gana el primer premio categoría libre en la Bienal de Arte Paiz 2003, El Salvador, y el segundo lugar en la misma bienal en el 2005. Forma parte de la selección para la V Bienal Centroamericana de Artes Visuales Promérica 2006. Su obra se exhibe en el Centro de Arte Fundación Ortíz Gurdián, Nicaragua. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas a nivel internacional. AMBER ROSE San Salvador, 1980 De nacionalidad anglo-salvadoreña, realiza estudios en The Slade school of Fine Art, Londres, desde 1999 hasta 2001. Es pintora, dibujante y produce ensamblajes. Desde 2002 hasta 2015 ha tenido muestras a nivel internacional. Miembro fundadora del colectivo de artistas visuales y espacio cultural La Fábri-K en El Salvador, recoge el primer lugar en el XXV Palmarés de Pintura, El Salvador (2010) y obtiene una mención honorífica 60


en Sumarte, Museo de Arte de El Salvador (2010-11). Sus obras forman parte de las colecciones Fundación Ortiz Gurdián, Nicaragua; Philip Morris, El Salvador; Museum of Latin American Art (MOLAA) EEUU, The Smithsonian EEUU. TITI ESCALANTE San Salvador, 1953 Realiza estudios de pintura con Roberto Huezo de 1982 a 1985. Se traslada a Nueva York donde continúa formándose con el pintor Rudolph Mischan por un año. Prosigue con Moti Oi, con quien aprende la técnica del sumi-art en la misma ciudad hasta 1988, que será su base fundamental filosófica para continuar tanto en pintura- desde la monocromía hasta la policromía- como en la escultura. Desde una corriente de pensamiento orientalista por un lado, y por otro con un toque de ironía creadora, nos presenta su propuesta artística de carácter simbolista en escultura, la figura de la rana, la zoomorfia clásica de su obra, la cual es su leitmotiv que, siendo del reino animal y de sangre fría, la artista la interpreta como un antecedente de la existencia humana . NICOLE SCHWARTZ París, 1938 Nace en París en 1938. Estudia en San Salvador en la Academia de Valero Lecha en los sesenta, y en los setenta en el Centro Nacional de Artes hace batik. Luego realiza talleres con Benjamín Saúl y finalmente ingresa a la Academia de Port Royale en París, en 1990, bajo la tutoría de Claude Sere, Maxime Relange, Jean Marzelle y Arlette Le More. En ese mismo año obtiene el “Gran Premio de Port Royal, es decir el premio. En 2016 se le confiere el título de “pintora notabilísima” por la Asamblea Nacional de El Salvador. La obra de Schwartz se inscribe dentro de un modelo poético.. Su creación encarna las experiencias más íntimas y vivenciales que se traducen en un mundo colorido de murmullos y suaves movimientos, captados en los momentos y rincones más heterogéneos de su andar y venir por el mundo. LICRY BICARD San Salvador, 1944 Ingresa en los años setenta al Centro Nacional de Artes, donde sus maestros preferidos son José Sánchez Carralero, reconocido pintor español y la japonesa Mia Kuoaqui. En 1977 realiza estudios con Benjamín Saúl, trabajando el cuerpo humano al natural. Ha participado desde los ochenta en innumerables exposiciones nacionales e internacionales. Es una prolífera artista: dibujante, pintora, escultora, maestra de arte y promotora cultural. Su técnica es variable, desde el espontáneo dibujo hasta la texturización matérica, experimenta contenidos variados: paisajes, conceptos, divertimentos, expresionismo e informalismo abstracto. Ha sido merecedora de muchos reconocimientos entre los que destaca: “Hija meritísima de El Salvador” otorgado por la Asamblea Legislativa en 2004. 61


BEATRIZ DELEÓN San Salvador, 1964 Desde 1989 hasta 1992 estudia escultura con el maestro Leonidas Ostorga. Se licencia en artes aplicadas con especialidad en diseño ambiental en la Universidad José Matías Delgado. Desde 1992 hasta 1994 estudia la maestría en Artes Visuales con orientación a la escultura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México; su tesis, “El muro como elemento escultórico, un aporte mexicano” ha de influir en su devenir artístico, no solamente desde el punto de vista técnico o material, sino como fundamento existencial. Desde la talla en piedra figurativa hasta composiciones abstractas, instalaciones, etcétera, la escultora irrumpe en el ambiente tradicional nacional para expresarnos sus vivencias, desde la niñez, hasta los temas sociales contundentes en nuestro país. SONIA MELARA San Salvador, 1960 Se gradúa de arquitecta en 1985 en la Universidad Albert Einstein de El Salvador. Su aprendizaje en pintura es autodidacta. Escoge todos los paradigmas del estilo grecolatino y la linealidad neoclásica rige su trabajo dibujístico, por lo tanto, su estilo es de mucho volumen. Desde el 2000 su temática es antropocéntrica, especialmente descubre el cuerpo femenino y masculino al desnudo como su foco central. La pintura de exuberancias anatómicas nos sorprende, pues el dominio del realismo puro de las formas del cuerpo, gracias al excelente tratamiento del claroscuro, permite descubrir la sensualidad de profundidades convexas y la tersura de la epidermis donde resalta los volúmenes. Desde 2001 se instala en Nueva York donde trabaja y exhibe con regularidad. ASTRID SUÁREZ San Salvador, 1940 Pertenece a las últimas generaciones de Valero Lecha, egresando de esta escuela en 1975 e implementa sus enseñanzas: rigor académico en la utilización de la línea y el color, perspectiva aérea y contrastes lumínicos. Abre su propio taller de enseñanza en 1995 sin dejar de practicar temas como bodegones, retratos puros y alegóricos, paisajes y un mundo bucólico. Aun cuando sus escenarios son paisajes naturales, interviene en su obra artística una íntima interpretación. Utiliza el azul simbólicamente con la intención de denotar los estados melancólicos y misteriosos del alma humana. Su vida la ha dedicado al arte como artista y promotora cultural. MARIELOS IMERY San Salvador, 1956 Estudia en el Centro Nacional de Artes en las áreas de dibujo, pintura, escultura y grabado. Licenciatura en mercadeo (1995), maestría en educación universitaria (2004) y maestría en mercadeo (2002) en la Universidad 62


Tecnológica de El Salvador. Toma cursos libres de video y fotografía en París, Francia, entre 2011 y 2013. Ha sido gestora y coordinadora del Grupo TEA y sus festivales anuales de escultura desde sus inicios. ABIGAIL REYES San Salvador, 1984 Artista conceptual, se gradúa en diseño gráfico en la Universidad Don Bosco en 2008. Desde 2014-2015 forma parte de “Residencia Rapaces de la Espora”, Nicaragua, dirigido por la artista Patricia Belli. En 2013 expone en el Museo de Arte y Diseño de Costa Rica. En 2015 expone en Marte, en La casa tomada, en la Universidad de Northridge en Los Angeles y en la galería “Lokkus” en Medellín. ALEXIA MIRANDA San Salvador, 1975 Estudió humanidades, artes plásticas y danza contemporánea en la Universidad de las Américas, Puebla, México, y en la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié de El Salvador, además de un diplomado en Psicología Transpersonal en la Universidad Dr. Matías Delgado de El Salvador. Ha impartido talleres de performance, expresión corporal e historia del arte en la Universidad Nacional, en el Centro Nacional de Artes, en la Escuela de Jóvenes Talentos UTEC, en el Centro Cultural de España de Honduras, Nicaragua y El Salvador. Es la más destacada artista del performance en nuestro país. GOTHY LÓPEZ San Salvador, 1975 Estudia la licenciatura en artes plásticas en la Universidad de El Salvador mientras asiste al Taller Permanente de Dibujo y Pintura de Mayra Barraza. Desde el 2004 se trasfiere a Italia donde vive y trabaja actualmente, logrando obtener muchos reconocimientos: Salvadoreña Distinguida del año 2015, por el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, Italia; y participa como artista invitada en la Bienal de Florencia. SARA BOULOGNE San Salvador, 1980 En 2008 ingresa en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional y se licencia en artes plásticas con opción cerámica (2008). En 2009 cursa el diplomado en formación pedagógica para profesionales en la Universidad Nacional, y obtiene una maestría en educación media superior del Tecnológico de Monterrey en 2013, siguiendo con un postgrado en Campus Virtuales para la Práctica Educativa, de la misma universidad, y Diseño y Desarrollo Curricular de la Universidad Católica de Uruguay (2014-2015). Se destaca como escultora contemporánea.

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ROXANA CASTRO San Salvador, 1967 Artista autodidacta, desde 2010 participa en talleres multidisciplinarios que incluyen lectura, teatro y artes plásticas para comunidades, y coordina talleres de artes plásticas. Dichos proyectos son acompañados de una producción en una línea de diseño artesanal comercial competitivo. (2010-2011). Desde el 2013 se dedica a la producción artística de piezas tridimensionales en metal, como utilería, vestuario y accesorios de carácter historicista con exposiciones recientes en la Universidad de El Salvador y Cancillería. Astrid Bahamond es Licenciada en Idioma y Literatura Rusa del siglo XIX por la Universidad Estatal de Moscú y Doctora en Historia del Arte y Estética por la Universidad Karlova v Praze en Praga. Crítica de arte, historiadora y docente, cuenta con numerosas publicaciones entre la que destaca la detallada investigación sobre el desarrollo de la historia de las artes visuales salvadoreñas “Procesos del arte del siglo XX en El Salvador”, máximo referente en el país.

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TEXTOS CRÍTICOS

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PULSANTES MUNDOS

TANIA PLEITEZ VELA

A Yesenia, por su aguda mirada.

A principios del siglo XX, la uruguaya María Eugenia Vaz Ferreira llamó la atención sobre la oposición entre el concepto de artista y de mujer –que entonces, de alguna forma, todavía permeaba el imaginario convencional– cuando enfatizó en su poema “Berceuse” (1905) que “fui más artista que mujer”. Al decir esto, la poeta no es que se estuviera anulando como mujer pero sí intentaba reafirmarse como sujeto de arte (contraponiéndose al tópico de la mujer como “objeto de arte”), advirtiéndose a sí misma con mayor aplomo en su voluntad de trascendencia y belleza; era, obviamente, una forma de diferenciarse de las supuestas obligaciones y esencias adheridas a su género, como signo cristalizado en el lenguaje y la tradición. Años más tarde, en 1933, en “Soneto”, publicado en Repertorio americano por Carmen Brannon cuando firmaba por primera vez como Claudia Lars –luego titulado “Poeta soy” en Estrellas en el pozo (1934)–, emana toda una declaración de principios, de libertad creadora, que invalida el estereotipo de la “poetisa”: “Poeta soy… y vengo (…) a soltar en el viento mi canto de belleza, a vivir con más alto sentido de nobleza, a buscar en la sombra la verdad escondida”. Después, en Nuestro pulsante mundo (1969), la poeta salvadoreña irá aún más lejos y romperá el espejo, desmontará los estrechos símbolos que la han intentado encerrar en ese “eterno femenino” fosilizado:

Pertenezco a la desnudez de mi lenguaje y he quemado silencios y mentiras sabiendo que transformo la historia de las madres. Mujer, Sólo mujer. ¿Entiendes?... Ni pajarilla del necesario albergue, ni alimento para deseosos animales, ni bosque de campánulas donde cielo se olvida, ni una hechicera con sus pequeños monstruos.

Claudia Lars lo comprendió: era poeta y era mujer y esto no era mutuamente excluyente. Desde la libre exploración del espacio y el tiempo, desde la reinvención, se sabía ambas cosas; rompía así con lo predeterminado. Los trabajos artísticos realizados por las veintitrés mujeres incluidas en esta exposición también han querido superar las categorías estereotipadas. Manipulan el símbolo heredado, lo rompen, lo subvierten o crean nuevos símbolos para edificar un paradigma de la existencia desde y más allá del género. No hay una respuesta única, porque evidentemente lo que caracteriza al arte es tanto la búsqueda de la identidad como de respuestas a la existencia. Como sujetos creativos, estas mujeres artistas se mantienen vibrantes, 66


pulsantes, abiertas a la experiencia, a la efervescencia del cuerpo, el intelecto y el espíritu. La riqueza de imágenes que esta exposición nos ofrece es lo que nos hace comprender la valentía y la generosidad con que cada una de ellas afronta “el día severo” y desagua “los más puros silencios”, como diría Claudia Lars.

Paisajes, formas clásicas, reinvención Lo primero que destaca es la buena salud de la que goza el arte de estas mujeres. Ahí están para comprobarlo piezas donde el estudio del color, la luz, la composición, la textura y la técnica, dan fe del oficio del arte, es decir, transparentan largas horas de investigación, exploración y estudio.

“A cielo abierto” demuestra que el “arte de mujeres” no es precisamente sinónimo de arte “femenino” o “feminista”. Detrás de esta clasificación se descubren múltiples enfoques artísticos y diversas posibilidades de expresión, así como de diferentes mujeres artistas. Asimismo, entrar en la sucesión de estos trabajos nos permite confrontar y contemplar la pluralidad; formas consolidadas al lado de tendencias experimentales, y utilizando técnicas artísticas variadas: pintura, dibujo, fotografía, escultura, performance, vídeo e instalaciones. La curaduría ha estado a cargo de Mayra Barraza, ella misma artista de renombre en el país y actual directora de la Sala de Exposiciones Salarrué. A ella le debemos este magnífico recorrido el cuál ha vertebrado a partir de dos líneas definidas: “El tiempo y el yo” y “Ciudad y naturaleza”. No es la primera vez que Mayra Barraza muestra su preocupación por visibilizar el arte creado por mujeres; por ejemplo, en 1997, trabajó junto a un equipo memorable en la organización del Festival Salvadoreño de Mujeres en las Artes, un proyecto conjunto del entonces Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación María Escalón de Núñez. En dicho festival las artes se tomaron la ciudad de San Salvador: literatura, artes visuales, música, danza, artes escénicas. Hoy, la mirada pionera, curiosa e indagadora de Barraza, traducida en “A cielo abierto”, nos invita a entrar en el ecléctico trabajo de artistas contemporáneas. Nuestro propósito será comentar piezas de esta exposición en diálogo con los símbolos, la tradición y, en ocasiones, con la poesía.

La naturaleza y el paisaje como espejo del ser o lugar de reflexión sobre lo inmenso y lo pequeño, como alegoría del misterio encriptado de la vida, ha estado unido a la búsqueda artística desde, por ejemplo, los tiempos del romanticismo. Ahí está J. M. William Turner, “el pintor de la luz”, con su “Tormenta de nieve en alta mar” (1842), donde se evidencian sus dotes como precursor del impresionismo; y también Caspar David Friedrich, con su “Caminante sobre el mar de nubes” (1818), donde aparece la figura del hombre en contraste con la naturaleza. En ambos casos, el paisaje no existe por sí solo; entre texturas y luz, se han impreso sentimientos, metafísica. Mucho ha sucedido en el arte desde entonces, pasando por los movimientos de vanguardia hasta la contemporaneidad. Pero la fascinación por plasmar, representar, el palpitar de la mirada que penetra en la naturaleza –ese cuenco universal de color, luz y texturas– se ha mantenido en el tiempo. En “Selva I” de Nicole Schwartz (1938), verdes y azules nos tienden la mano y nos invitan a entrar en una selva maravillosa, densa, confusa, salvaje, pero placentera y vital. La destreza de Astrid Suárez (1940) en “Laguna verde I” es evidente en su manejo de la perspectiva y la luz: transmite una serena exuberancia. Y qué decir sobre “Marea Roja” (2015) de Elisa Archer (1949) donde su enamoramiento con el color ha provocado una fluidez y una armonía propias del resplandor de la Tierra. Mientras que en “Flor tropical” (2005) de Ana Zamora (1961), la equilibrada composición de la flor y las hojas resulta sobresaliente y arrebatadora. Carmen Elena Trigueros (1964), por medio de “Playa con niños” y “Niña corriendo en la playa”, y gracias 67


a su maestría técnica, nos regala un delicioso y melancólico retrato de la inmensidad del paisaje en sintonía con el tenue y sutil gozo de la infancia. Hay en estas pinturas una belleza sensata y a la vez enrarecida que conmueve profundamente.

primero en llegar, tenía el honor de prender la llama de la gran pira. Este es el origen de los Juegos de Olimpia. En la escultura de Escalante, se transparenta el espíritu de los mismos, sus raíces: estuvieron permeados de una atmósfera de conmovedora sencillez, en palabras de Umminger. Escalante, pues, recupera esa atmósfera, pero el gesto de su Olympia, ágil y deportivo (aludiendo a la competencia sana y no arraigada en el ego), está simbolizado por un cuerpo de mujer. Con ello, incrusta el signo femenino en el rito, la historia, en la sinfonía épica que le ofrece el bronce.

“Azul” (2014) de Licry Bicard (1944) es un claro homenaje a Yves Klein. Por medio de estos dos monocromos, Bicard interroga: ¿qué es el color? ¿qué define lo azul? Es obvio que esto se sabrá si se opone a otro color o a un matiz de ese color. Pero al contraponer dos piezas idénticas, Bicard va un paso más allá, rompe con la oposición binaria que tradicionalmente le otorga identidad a algo frente a lo otro, lo alterno, lo que no es. Así, la artista vacía al color de su significado: lo retrata como una entidad contenida en sí misma, como el cosmos.

En “Adonis al atardecer” (2006), Sonia Melara (1960) también dialoga con lo clásico y la tradición. Adonis fue venerado y adorado por las mujeres de la antigua Grecia, sobre todo por las jóvenes discípulas de Safo. El culto a Adonis representaba una oportunidad para expresar emociones en la estricta y restringida vida de las mujeres. Así, en la propuesta de Melara, la belleza masculina aparece como una idealización glorificada y convertida en objeto de arte, aunque desprovisto de ingenuidad: al enmarcarlo en un contexto contemporáneo, y al atardecer, se alude a la idea de que esa imagen, ese ideal, languidece y, por tanto, es escurridizo, engañoso, sin correspondencia con la realidad.

“Olympia” (2006), la escultura de Titi Escalante (1953), personifica los Juegos de Olimpia de la antigua Grecia. El diálogo con la cultura de la antigüedad es evidente, pero hay una reinvención: una mujer corre mientras porta la antorcha olímpica con manos y pies que asemejan raíces. En la Grecia clásica, el culto a Zeus atraía a peregrinos al valle de Olimpia; peregrinos procedentes de diversos lugares de la antigua Hélade, que venían a ofrecerle sacrificios. Según historiadores y arqueólogos, fue aquí –basándose en prácticas litúrgicas y rituales– donde nació la idea que resultaría en los juegos deportivos enmarcados en un espíritu agonal. Según Walter Umminger –en su célebre libro Héroes, dioses y superhombres. La proeza a través de los tiempos (1964)–, los devotos peregrinos que llegaban a Olimpia quemaban sus ofrendas en la pira dedicada a Zeus. Puesto que encender la llama de la gran hoguera implicaba un privilegio codiciado, se estableció una forma sencilla para la determinación del elegido. Los peregrinos que deseaban optar a ese honor, se alineaban en forma de salida y, a la señal de un grito, se lanzaban en carrera hacia el sitio donde, con una antorcha en la mano, esperaba un sacerdote. El

La escultora inglesa Barbara Hepworth (1903-1975) dijo que “el escultor debe buscar con intensidad apasionada el principio subyacente de la organización de la masa y la tensión, el significado del gesto y la estructura del ritmo”. Esta cita nos remite a considerar el arte de la escultura como el desvelamiento de la música interna del material. Marielos Imery (1956) ha manipulado la piedra hábilmente en “Mecanismo lineal” (2013) para estructurar el ritmo de la modernidad. Por un lado, la textura natural de la piedra, un espacio donde la piedra es, respira, canta no recuperaremos? Con “Ciudad”, Deleón, sutil y hábilmente, hace que nos preguntemos de qué madera estamos hechos en realidad. En contraste, en “Fracturación hidráulica” (2016) de Yanira Elías (1973), aparecen porciones de océano en68


frascados en tubos de ensayo –en dos incluso aparece fauna marina– y suspendidos en un deshumanizado horizonte. Resulta inevitable intuir una cercana distopía en la que el agua oceánica, patrimonio de la Tierra, será calificada según su nivel de toxicidad fracturando así el equilibrio de la vida.

Tiempo, comunicación y desgarro. ¿Cómo se afronta el paso del tiempo? ¿De qué forma se persiste? Melissa Guevara (1984), con “I Am Still Alive” (2015), representa a una superviviente. La frase homónima al título, tatuada bajo la nuca, enfatiza un memento. La conciencia de la mortalidad, del inevitable deterioro del cuerpo y, con ello, de la desintegración del yo, es el estímulo para reafirmarse en la vida: still alive, de pie, a pesar del sufrimiento. El cuerpo, pues, es el papel donde se documenta, con una frase condensada, el tiempo que le ha tocado vivir; es una especie de pillow book, de diario personal, que al igual que el papel, se gastará, se hará quebradizo. Pero, mientras tanto, la vida. En contraposición, Abigail Reyes (1984), en su instalación “To Arrive, To Leave” (2015), escribe con tierra un mensaje, también homónimo al título. Pareciera que nos dice que las fronteras entre el marcharse y el llegar se difuminan, desaparecen, pues llegar es también marcharse y marcharse es llegar, un círculo que no termina, donde el fin siempre es el principio de un nuevo “origen”. Pero no importa cuántas veces se emprenda el camino: frente al tiempo, la huella se va borrando, las pisadas se convierten en polvo huidizo. El diálogo entre dicha instalación con “Antropometría” (2012) de Melissa Guevara (1984) parece pertinente, ya que en este los relojes de arena contienen polvo de huesos humanos para medir el paso de la humanidad por esa cosa tan extraña que es el tiempo, cosa que no se puede tocar ni nadie sabe dónde va –como dijo Nina Simone– pero de la que constantemente vemos sus efectos. La pieza de Guevara –sutil, romántica, pero también desgarradora– nos hace mirar de frente el lugar de la humanidad en relación con el infinito (los relojes de arena se asemejan en su forma al símbolo del infinito). Somos manecillas de reloj y es con nuestra mortalidad que narramos nuestra historia. Considerando las muertes violentas que se registran a diario en nuestro país, está pieza adquiere mayor relevancia y nos hace preguntarnos: ¿cuántos relojes de arena contendrán nuestro polvo de huesos? La medida del dolor es igualmente infinita, como los números.

Amber Rose (1980) por medio de “Seaforts” (2016) ha creado un paisaje donde las pequeñas fortalezas marinas habitan en un horizonte surreal e indeterminado. ¿Pero se están desvaneciendo o re-adquiriendo visibilidad? Visitemos el pasado: estas fortalezas en particular, llamadas Maunsell debido a su diseñador (Guy Maunsell), fueron construidas por el Reino Unido en 1942 y emplazadas en la desembocadura del río Támesis (las fortalezas Shivering Sands y Redsands) como plataformas de observación para su defensa antiaérea de los bombarderos de la Luftwaffe. En los años cincuenta dejaron de utilizarse y fueron abandonados al tiempo y al salitre. Hoy en día, estas estructuras oxidadas son toda una leyenda: se alzan rotundos como estremecedores recuerdos de un conflicto pasado y los rodea una belleza evocadora y siniestra. The Guardian los ha descrito como una de las reliquias más surreales del Reino Unido. Precisamente, en 2005, el artista Stephen Turner estuvo viviendo solo, durante seis semanas, en la torre del foco del fuerte de Shivering Sands. Su objetivo era explorar el aislamiento artísticamente y, de esta forma, investigar cómo la percepción y la experiencia de uno mismo se altera en un ambiente recluido; además, buscaba sondear cuál es el significado de la contemplación creativa en el siglo XXI. Considerando lo anterior, la propuesta de Rose podría representar una alegoría no solo de una guerra pasada o del aislamiento y la contemplación en este siglo, sino también del resurgimiento de sutiles fortalezas vigilantes, invisibles al ojo que, sin embargo, van adquiriendo contornos precisos en el gris de una contemporaneidad atemorizada.

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El vídeo performance “Carrousel” (2012) de Alexia Miranda (1975) nos adentra en un movimiento de emociones vertiginoso, impulsado por el dolor frente a lo irrecuperable. Si bien el yo del vídeo se aferra, se ata, a lo que tiene apariencia de juego, fantasía, e intenta poner a descansar ese dolor; la luz lúgubre que baña el escenario rotativo del carrousel hace inevitable la toma de conciencia: algo ha desaparecido, ha muerto. Es necesario soltar amarras aunque implique dejar de rotar. Finalmente, el yo termina tendido, exhausto, fatigado, fuera del carrousel. ¿Volverá a levantarse? ¿Saldrá de esa pesadilla emocional? No lo sabemos. Pero se intuye que fue fortaleza y no claudicación lo que la estimuló a desatarse y aceptar el fin de ciclo. Por otra parte, “Vuelo de mariposas” (2008) de Gothy López (1975) representa un renacer desde un pasado hilado de dolores, incluso muertes: ¿qué otra cosa pueden significar esos ojos sobre los que se alza la mujer del óleo? El ambiente resulta fantasmagórico, no hay referencias al mundo conocido aparte de las mariposas, las cuales anuncian una metamorfosis, pero ¿cuál? Hay algo escrito pero es ilegible, está difuminado; por lo tanto, la historia no se identifica, se ha vaciado. Pareciera que por medio del cuerpo de la mujer se materializa una ausencia, el fin de la historia. No obstante, gracias a su mirada consciente, queda la impresión, la esperanza, que quizá se convertirá en presencia.

poral abstracta que es un coeficiente entre dos realidades, una existencia vivida con dualidad entre Los Ángeles y San Salvador”. Sin embargo, nos aventuramos a añadir una interpretación ya que la pieza pareciera también informarnos que la memoria no es algo fijo, sino también algo en constante e infinito movimiento y, por lo tanto, manipulable, cambiante. La velocidad del movimiento podría cambiar, dependiendo de cómo se le dé vuelta a la manecilla en caso de que el funcionamiento automático de la máquina se alterara o estropeara. Esta magnífica pieza representa una profunda reflexión sobre aquello que es más grande que nosotros, que nos sobrepasa, pero de lo que, no obstante, somos parte. En el vídeo “Habitación de infancia” (2012), Cortez también documenta el deterioro que sufre el lugar de origen bajo la tiranía del tiempo. En esa habitación, incluso la regeneración de la naturaleza se enfrenta al problema: termina siendo tierra yerma en el espacio cerrado. El contrapunto de ese deterioro lo protagoniza un afiche de Monseñor Romero, algo que visiblemente se mantiene inalterado. Así, lo íntimo dialoga no solo con la nostalgia de lo perdido, sino también con lo perpetuo: el pensamiento, como acción, al servicio de lo humano, del amor colectivo, de los ideales y la justicia. “La pizarra comunitaria” (2006) de Muriel Hasbún (1961) nos muestra un universo sonoro, visual, interactivo, plural, donde la expresión colectiva confecciona capas de diálogo en un espacio de libertad, recuperando un relieve alternativo de la historia de la migración. Tal y como explica la artista, la obra fue creada in situ para el Museo de Arte de las Américas en Washington, D.C. en el 2006: “El público fue invitado a contribuir con sus fotos de familia y a escribir sus historias de inmigración sobre las paredes del museo mientras un ‘collage’ sonoro y bilingüe, llenaba el espacio. La pieza sonora entreteje mis reflexiones personales sobre la migración, junto con testimonios e impresiones, grabados en El Salvador en el 2006, así como frases de poemas que yo escribí cuando primero llegué a los Estados Unidos

Beatriz Cortez (1970) nos adentra en el tema de la memoria por medio de un ensamblaje titulado “La máquina de la memoria” (2014), el cual es explicado en el sitio web de la artista de la siguiente manera: “Inspirada en los intrincados y aparentemente imprácticos modelos de antiguas máquinas de computar, esta pieza combina materiales encontrados y objetos no convencionales para recrear antiguos mecanismos de la ciencia que recirculan una versión obsoleta de la modernidad. Estos antepasados de la tecnología moderna representan un concepto de la modernidad que se mueve más allá de un ideología común del progreso para representar en su lugar a una estructura tem70


en 1980”. Así, Hasbún supera el significado tradicional del “documento histórico” para darle cabida tanto a la familia y la memoria personal, identidades recreadas más allá de la Nación y encauzadas por las experiencias individuales y comunitarias. Esa voluntad de pluralidad se materializa en el uso de texturas sonoras al lado de la escritura y la imagen fotográfica, gracias a lo cual podemos experimentar de primera mano que no hay una historia única ni tampoco una sola manera de contarla, sino varias historias que se tejen afanosamente desde diversos registros, adquiriendo así carácter de trascendencia, permanencia, en contraposición a lo efímero del formato.

circulares, se posan en evidente tensión con una ciudad –en blanco y negro– que intenta vivir su cotidianidad. Por un lado, un cielo esquizofrénico y, por el otro, una ciudad “normal”, incluso pintoresca. En “Cuarto de adolescente” –quizá también un guiño a “El dormitorio de Arlés” de Van Gogh– del Cid capta una radiografía del difícil periodo de la adolescencia por medio de la representación de su lugar más íntimo. Pero a diferencia de la de Arlés, esta habitación no tiene ventana y, a pesar de los afiches decorativos y los instrumentos musicales, transmite cierta sensación claustrofóbica. Los bloques de concreto de las paredes sin repellar nos informa sobre su clase social mientras que los objetos que fomentan su escapismo –videojuegos, televisión, deportes– no tienen color ni transmiten humanidad, más bien parecieran objetos que con su presencia oprimen el espacio, lo llenan, pero de la misma forma en que se intenta disimular un vacío. Un detalle importante es que se ha roto con el género, no se sabe a ciencia cierta si en esa habitación duerme un chico o una chica. La frase escrita en la pared, “I’m not stupid”, es la verdadera protagonista de esta pieza: el o la adolescente declara que sabe lo que pasa, es consciente. Si lo aplicamos al contexto salvadoreño, en particular, resulta sumamente difícil ser adolescente debido a las pocas opciones con las que este grupo cuenta debido al clima de violencia. Según un informe del Instituto de Medicina Legal, de enero a junio de 2015, hubo 270 suicidios, y el rango de edad con el mayor número de suicidios (41) se encuentra entre los 15 y los 19 años. ¿Jóvenes que se sintieron intimidados por la violencia o presionados por miembros de clicas? ¿Jóvenes que quisieron migrar o huir y no pudieron? No lo sabremos, pero del Cid toma en consideración un grupo social altamente vulnerable en la historia contemporánea de El Salvador. Entre tantos muertos diarios, es necesario también visibilizar aquellos jóvenes acorralados por el encierro y la incertidumbre, algunos de los cuales posiblemente deciden escapar para siempre.

La reflexión sobre la compleja realidad que rodea al lugar de origen vuelve a aparecer en la intervención urbana de Carmen Elena Trigueros (1964), “Lavandera” (2014). Si durante los procesos de independencia de Hispanoamérica las mujeres confeccionaron las primeras banderas de los nuevos países, aquí se intenta más bien re-significar, reestructurar, el símbolo de la patria. Destaca, además, que se rescate la figura de la lavandera, muchas veces retratada en el arte (Daumier, Camille Pissarro) para exaltar a la mujer trabajadora, al mismo tiempo madre. Al representar a una figura marginal, subalterna, estos pintores intentaron imprimir tanto el cansancio como el sufrimiento derivado de ese agotador trabajo. Sin embargo, la lavandera se apreciaba también como figura fuerte, una especie de heroína, llegándose a convertir en un homenaje a la honradez. La lavandera de Trigueros, pues, viene a ser una heroína que intenta lavar las desgracias de su país, y su necesidad desesperada de lavar se asemeja a la de una madre que lucha por resguardar a sus hijos de la amenaza, de la injusticia. Por su parte, Catalina del Cid (1968) alude, por medio de piezas naíf, a una sociedad trastocada. El cielo de “Catedral de noche” guarda cierta correspondencia con el de “La noche estrellada” de Van Gogh. En del Cid, los elementos celestiales rodeados de mareantes e hipnotizantes líneas 71


Negra Álvarez (1948), con su pieza “Yo y mi sombra” (2010), echa mano del arquetipo de la sombra, tantas veces utilizado en el arte y la literatura. Para Jung, este arquetipo es la manifestación literaria de la figura del doble, la cual representa los impulsos y los deseos instintivos, es decir, todos aquellos elementos de la psique que no son aceptables en el ambiente social de cada individuo. Pero también se refiere a todos aquellos sentimientos que ese individuo puede llegar a negar, por lo que podría representar también un proceso de auto-negación. De ahí que en ocasiones se le represente como el “otro”. En la primera fotografía intervenida de Álvarez, vemos cómo la sombra está cosida, amarrada, inhabilitada. Así, se entrevé un proceso de autoconocimiento no privado de angustia, a pesar de la explosión de luz que rodea a la sombra: el yo social se alza con contundencia y ha rendido a su sombra. En la segunda fotografía aparece la sombra al lado de una mínima referencia a su yo (un pie, el azul de su vestimenta), pero ahora la sombra aparece sin ataduras, comprendiéndose a sí misma, decisiva.

Roxana Castro (1967) colabora con dos impresionantes esculturas. La primera, “Concepción”, a primera vista parece el cuello de un vestido victoriano. Pero si consideramos el título, nos percatamos que en realidad representa un útero donde simbólicamente el óvulo está siendo fecundado. Pero lo trágico de la propuesta es que se trata de un óvulo-hueco, vacío, en negativo. Es decir, la fecundación, pareciera que no toma lugar, es ilusoria. Al elegir lámina galvanizada como material para representar el inútil asedio al óvulo, se alude a un encuentro frío, decorativo, superficial e hiriente, muy alejado de la idea de la concepción como un acercamiento biológico natural o, incluso, espiritual si se mira desde la óptica religiosa. En contraste, en su segunda escultura, titulada “Maternidad”, Castro nos entrega una propuesta alternativa de la maternidad. Se trata de una túnica donde vuelan alegremente varios pájaros, mientras que uno se mantiene en la jaula. Los pájaros al vuelo parecieran ser las sombras del blanco, lo cual nos remite al arquetipo de la sombra. En la escultura de Castro, el pájaro enjaulado es como si fuera un pequeño yo social, arrinconado, limitado, el cual contrasta con los anhelos, deseos, fortalezas y sueños, los cuales vuelan libres, como sombras luminosas. Pareciera que ese yo, en lo más profundo de su ser, es plenamente capaz de afrontar todas sus circunstancias, porque se sabe dar luz a sí misma continuamente. Podríamos arriesgarnos y decir que también se trata de una auto-maternidad: intelectual, espiritual o política.

Según Helane Levine-Keating, la sombra no solo representa al yo enterrado sino que también puede representar al yo libre, creativo, el que personifica a la fuente de la poesía misma, del arte, y por eso prefiere llamarla “sombra luminosa”. La sombra luminosa del yo creativo de esta fotografía de Álvarez se nos antoja mojado en autenticidad. Julia de Burgos, poeta puertorriqueña que escribió obsesivamente sobre la tirante relación entre su yo y su doble, personificado en sombra luminosa, dijo en “Poema para mi muerte”, uno de sus últimos: “¿Cómo habré de llamarme cuando sólo me quede recordarme en la roca de una isla desierta? (…) me llamarán poeta”. Pareciera que Álvarez nos dice por medio de su sombra que “me llamarán artista”, una forma de reivindicar toda una vida dedicada al arte, a conectar con su parte más íntima y secreta.

El tema de la vestimenta como metáfora de la confinación femenina fue abordado por la argentina Alfonsina Storni en su poema “La armadura” (1919), el cual nos parece pertinente citar por el tema que nos ocupa: Mujer: tú la virtuosa, y tú la cínica, Y tú la indiferente o la perversa; Mirémonos sin miedo y a los ojos: Nos conocemos bien. Vamos a cuentas.

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Bajo armadura andamos: si nos sobra El alma, la cortamos; si no llena, Por mengua, la armadura, pues, la henchimos: Con la armadura andamos siempre a cuestas.

Por su parte, Natalia Domínguez (1977) en su intervención urbana titulada “Vestimenta” (2010) va un paso más allá: cubierta únicamente por retazos de bolsas plásticas, la mujer expone su desnudez bajo la bandera nacional y en un espacio inequívocamente urbano. Dentro de los códigos convencionales y simbólicos, su escasa vestimenta equivaldría a locura, irracionalidad, pathos. Sin embargo, en su código personal, frente a una nación rota, esa exhibición de desnudez, su diferencia, se transforma en autenticidad. No está “bien muerta”, como en el poema de Storni, sino erguida, alzando su propia bandera. En contraposición, en “La gran familia” (2013), la artista se vale de una técnica que recuerda al art brut –sobre todo los trazos gruesos del fondo marrón y el plano sin perspectiva–, mientras que los rostros carnavalescos, con muecas que asemejan máscaras, encuentran un antecedente en el arte pre-expresionista del belga James Ensor (por ejemplo, “La intriga” de 1890). Este magnífico e inquietante retrato de la familia evidencia la tristeza soterrada de unas personas que se esfuerzan por aparentar que “todo está bien”. Sin embargo, entre los miembros, hay una pequeña de rostro completo (sin borrones y no endurecido) con el torso descubierto que está siendo observada con juicio por una de las mujeres. Así, pareciera que la pequeña, sin “vestimenta”, sin armadura, irradia su desnudez auténtica y creativa ante la farsa del carnaval familiar.

¡Armadura feroz! Mas conservadla. Si algún día destruirla pretendierais, Del solo esfuerzo de arrojarla lejos Os quedaríais como yo, bien muertas.

En este poema, el modelo de lo femenino plural es negativo. De hecho, Storni, en sus artículos periodísticos, donde creó una radiografía de aquellas tipologías femeninas que se ajustan a la mirada masculina, a lo convencional, intentó llamar la atención hacia lo que ella creía imperativo: el cambio debía empezar por las mujeres mismas, en su capacidad de auto-crítica. Así, en su poema todas llevan armadura, símbolo del falseamiento de la propia identidad y personalidad: al no ser libres de mostrar su alma tal cual es, la ajustan al molde de la armadura, lo que se traduce en el fingimiento, la simulación. Precisamente, el dramatismo del poema se apoya en el estado de aislamiento total en que finalmente se encuentra el sujeto poético: el elemento común que un día compartió con las otras mujeres –el hecho de llevar armadura– ha desaparecido; al intentar destruirla o arrojarla lejos, ella ha quedado “bien muerta”. Es decir, no cesan de proyectase sobre ella las siluetas del lugar social o simbólico asignado a las mujeres. Si bien es cierto que la armadura les restringe su movilidad y martiriza sus anhelos, contradictoriamente, la armadura también las protege: si se ajustan al patrón, si optan por la uniformidad, y son aceptadas socialmente, no serán señaladas. De lo contrario, si se la sacuden, les espera la agonía social, se quedaran “fuera del juego de la vida”. Casi un siglo ha pasado desde que Storni escribió este poema y precisamente por eso adquiere importancia la propuesta de Castro, donde el sujeto femenino ha dejado de llevar una armadura frente al orden social, se mueve libremente en su túnica de renacimiento constante, vestimenta que no confina ni restringe.

El cuestionamiento del concepto burgués del matrimonio (y, por ende, de la familia), regido por normas sociales a menudo mutiladoras y caducas, alcanza su cima en la pieza de Sara Boulogne (1980), “Extintos” (2011). La pareja elegantemente vestida, al estilo decimonónico europeo, encapsulada, con rostros de aves de rapiña, indica que de alguna forma ambos son cómplices de ese sistema de intereses económicos y simbólicos que se trasladan a la institución del matrimonio bajo la norma social y cultural. “Extintos” pareciera referirse a las oscuras consecuencias de 73


muerto al que se llega en el terreno del deseo conecta con “A Eros” (1938) de Alfonsina Storni, que también se refiere a dicha imposibilidad cuando el sexo se convierte en una trampa y el sujeto poético decide asesinar a Eros. Quizá para armonizar el deseo entre versiones renovadas y alternativas de las relaciones afectivo-eróticas habría que abrir muchas latas de verbos, como propone Yanira Elías (1973) en “Verbo enlatado” (2016): incorporar lo intangible a la realidad cotidiana por medio de acciones honestas y desjerarquizadas; abrirnos y mirarnos a los ojos, dejar fluir lo que la sociedad androcéntrica y utilitaria, por medio de su “maquinaría simbólica”, ha reprimido al confeccionar en su línea de ensamblaje a humanos mecanizados y condicionados a un “deber ser”.

dicho sistema: las fabricaciones o construcciones culturales deshumanizaron a muchas mujeres y falsearon su identidad, como denunció Storni en “La armadura”. Sin embargo, el destino social de las mujeres hoy en día ya no descansa exclusivamente en ese “mercado de bienes simbólicos”, como lo llama Bourdieu. La sátira perfilada por Boulogne pareciera ser una respuesta a la boliviana Adela Zamudio cuando escribió, no sin ironía, “Progreso” (1914), poema que subraya la contribución del sistema androcéntrico a la distorsión moral femenina: “Pero desde que el hombre sabio y fuerte (…) discute con profundos pareceres la educación moral de las mujeres; desde que ha definido su destino no señalándole más que un camino, ya saben ellas desde muy temprano que amar un ideal es sueño vano, que su único negocio es buscar novio”. Boulogne le dice a Zamudio que sí, ha habido cierto progreso, aquella mujer a la que solo le interesa casarse “bien”, dejando de lado sus ideales, sus pulsiones intelectuales o artísticas, es hoy en día considerada mujer de vitrina, una pieza de cerámica anticuada, un cruel y triste embalsamado del pasado.

En definitiva, los trabajos eclécticos incluidos en esta exposición revelan que las artistas salvadoreñas contemporáneas llevan tiempo percibiendo, de forma libre, los símbolos, mirándose y mirando, al mismo tiempo fecundando y siendo floración, recreando y recreándose, incluso en la soledad y el dolor, ya sea individual o colectivo. En definitiva, junto a escritoras y poetas, las artistas de “A cielo abierto” contribuyen a perfilar un fundamento de sí mismas como sujeto de arte y discurso: artista y mujer, con toda su hermosa y desgarradora complejidad. Barcelona, marzo de 2016

No obstante, la dificultad de armonizar el deseo, más allá de los patrones convencionales, también adquiere visibilidad en la pieza “De órganos y deseos imposibles”, también de Boulogne. Aunque es una pieza de cerámica, se le ha dado aspecto metálico, como si fuera de cobre, por lo que transparenta la idea de algo pesado. La pieza pareciera unificar los órganos masculinos y femeninos en un nudo de deseo que no permite el intercambio. El punto

Tania Pleitez Vela (El Salvador, 1969) es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona donde es colaboradora de la Unidad de Estudios Biográficos y profesora en el Máster de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana. Miembro del equipo de investigación que editó la tetralogía La vida escrita por las mujeres (Barcelona, Lumen, 2004). Pleitez-Vela es autora de la biografía Alfonsina Storni. Mi casa es el mar (Madrid, Espasa-Calpe, 2003), del estudio Literatura. Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador (San Salvador, AccesArte, 2012) y de artículos y ensayos literarios. Es colaboradora de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y miembro de la Red Europea de Investigaciones sobre Centroamérica (RedISCA).

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A CIELO ABIERTO Construcciones espacio-temporales de género, hacia la auto-representación femenina

E V E LY N GA L I N D O D O U C E T T E

dades le dicen que solo se admiten a las mujeres en ese espacio si vienen acompañadas por un docente o si traen una carta de introducción. Para entender la desconfianza que le demuestran las autoridades, la narradora va al museo británico para investigar lo que se ha escrito y las ideas que circulan sobre la mujer. Ahí se da cuenta de que la mujer es una construcción discursiva de autoría masculina. La mujer no ha tenido la oportunidad de representar su propia experiencia y lo que se sabe de ella es en función relativa al hombre. De acuerdo con la relación espacio-género que propone Virginia Woolf, la exclusión de la mujer de los espacios físicos limita sus posibilidades de auto-representación. Este marco teórico nos sirve aquí para el análisis de las obras de “A cielo abierto” puesto que en este conjunto de obras surge una reflexión sobre el entorno físico y las posibilidades de la mujer de representar su propia experiencia de una manera pública. La selección de obras que incluyo en este análisis, “I am still alive” de Melissa Guevara, “Concepción” y “Maternidad” de Roxana Castro y “Lavandera” de Carmen Elena Trigueros, ejemplifican el proyecto compartido por las artistas de “A cielo abierto” de explorar la relación de género y entorno físico.

A lo largo de la historia la experiencia de la mujer se ha grabado más que nada en espacios privados, en gestos silenciosos y en tradiciones del entorno familiar. El conjunto de obras de “A cielo abierto” revela el proceso de desplazamiento de la vida privada de la mujer a la representación pública de su experiencia. Dado que la mira central de este análisis estará puesta en las relaciones entre género y espacio, y en particular de este grupo de artistas con su entorno, será necesario plantear algunos parámetros que sirvan de ejes conceptuales sobre los que apoyar la lectura interpretativa del conjunto de 36 obras de “A cielo abierto”, que presenta un imaginario relativo a la representación simbólica en la producción cultural de autoría femenina. Aquí se explora cómo se relacionan las obras de esta exposición artística con el entorno físico. Para empezar, entenderemos la relación entre el género, el espacio y la representación simbólica, del mismo modo en que es planteado por Virginia Woolf en Una habitación propia. En este ensayo la narradora se enfrenta con la exclusión de la mujer de los espacios físicos relacionados con la representación de la experiencia humana como los archivos, las bibliotecas, los centros de documentación y los museos. La narradora se propone examinar un manuscrito en la biblioteca de la Universidad de Oxbridge, un nombre que hace referencia a Oxford y Cambridge, pero las autori-

“I am still alive” de Melissa Guevara. “I am still alive” de Melissa Guevara representa la experiencia del cuerpo como un registro del tiempo. Entre sus 75


referentes principales está el proyecto conceptual de On Kawara en que el artista envía telegramas con el texto “I am still alive” a sus amigos, otros artistas, curadores, y coleccionistas entre 1970-2000 como parte de un minucioso registro de vida. Aquí Guevara hace uso del cuerpo femenino, el primer hogar y espacio interior de la mujer, como un registro que documenta las experiencias vividas en privado. La pieza es una fotografía de la espalda de la artista y del tatuaje permanente que lleva de la frase “I am still alive”. El texto “I am still alive”, todavía sigo con vida, insinúa la existencia de un “a pesar de…” no escrito. Guevara juega con este punto de dualidad entre callar y decir; el cuerpo como un espacio discursivo a la vez silencioso y hermético. Como parte de la exposición de mujeres artistas, la pieza invita el público a una reflexión sobre el cuerpo femenino como un archivo que documenta procesos vividos: el género, la maternidad, el parto, la enfermedad, el deterioro, la violencia y la violación. En fin la reafirmación de que todavía sigue con vida, es un memento mori que recuerda la inevitabilidad de la muerte.

otros aspectos de su vida. Leído de una forma más cínica, “Concepción” recuerda a un collar de metal que representa el momento de fecundación, pero que a la vez parece los hierros pesados que se usaban para controlar a los esclavos negros e indígenas en el tiempo de la colonia. Así los elementos delicados y decorativos de la pieza se convierten en toques crueles de ironía. La segunda pieza de Castro que forma parte de la exposición es un torso de metal que representa el proceso de maternidad como una túnica pesada y rígida que envuelve y controla el movimiento del cuerpo femenino. Estas piezas recuerdan a prendas del vestuario femenino y hacen reflexionar sobre cómo los procesos corporales marcan el desarrollo de la mujer. “Lavandera” de Carmen Elena Trigueros. En la intervención urbana “Lavandera” de Carmen Elena Trigueros la artista lava una bandera salvadoreña gigante con agua y detergente, luego la tuerce y la cuelga en la Plaza Salvador del Mundo en el contexto de la celebración nacional del Día de la Independencia. El acto de lavar de la forma que la hace Trigueros suele ser una labor doméstica que queda a cargo de las mujeres “lavanderas”. Aquí lavar se transforma en una metáfora de limpiar el país de una historia cargada de trauma, violencia, injusticia y corrupción. El juego con las palabras “la bandera” y “lavandera” recalca la ironía de llevar a cabo una tarea doméstica en una plaza pública. Este performance conceptual se puede leer como una intervención femenina en la problemática nacional ya que la mujer traslada un concepto asociado con el entorno familiar a un espacio público relacionado con la formación nacional, la historia y la política actual.

“Concepción”, “Maternidad” de Roxana Castro. Las obras de Roxana Castro se prestan a una lectura de la concepción y la maternidad como procesos determinantes en la vida de la mujer. Ante todo la lámina galvanizada hace referencia a aspectos materiales que son parte de la vida cotidiana de la mujer de bajos recursos económicos; la miseria, la pobreza y la exclusión social. Con el uso de la lámina galvanizada la artista logra una simbiosis entre procesos que se relacionan con la vida doméstica y materiales de la calle asociados con espacios exteriores y públicos. Según la artista, la ciudad se deslinda en términos de clase por el uso de la lámina galvanizada como material de construcción. Con “Concepción” la artista se refiere a la vida de una mujer que lucha contra la pobreza para salir adelante; su obra representa la faceta alquimista de la mujer humilde de poder transformar un material banal como la lámina galvanizada en un hogar lleno de amor y así con

Si bien es cierto que a la mujer se le ha negado oportunidades de representar su propia experiencia, como señala Virginia Woolf, hemos de reconocer que las obras de “A cielo abierto” no solucionan la exclusión de la mujer de una manera simplista; no abandonan la representación de los espacios privados para instalarse irreflexivamente en los 76


espacios públicos. Las obras de “A cielo abierto” cuestionan y de-construyen la oposición entre lo privado y lo públi-

co para proponer nuevas soluciones, materiales, objetos, temas, reflexiones y espacios de representación.

Evelyn Galindo Doucette (San Salvador, 1976) es candidata al doctorado en la Universidad de Wisconsin-Madison, con una tesis que abarca la estética y representación de la memoria y la historia en la producción cultural actual de El Salvador. Su investigación doctoral es gracias a becas del Social Science Research Council, Tinker Nave Foundation y la Universidad de Wisconsin, publicando y presentando avances de su investigación en revistas como Latin American Theatre Review, Revista Realidad de la UCA e Identidades de la DPI, y Revista ISTMO, y eventos prestigiosos como el Congreso Centroamericano de Estudios Culturales, Mid-American Conference on Hispanic Literatures en Lincoln Nebraska y en Madison Wisconsin, y el Congreso de Literatura en Chapel Hill, North Carolina. Galindo colabora de forma permanente como Columnista y Editora en el proyecto Contrapunto-Contracultura de El Salvador.

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UNA REFLEXIÓN SOBRE EL TEMA

Ana INTI MARROQUÍN

“No se nace mujer, una llega a serlo” Simone de Beauvoir

Tiempo y Espacio son nociones que nos vienen desde tiempos presocráticos. Lo sabemos por la historia. Y la historia comienza desde que se inventa la escritura, desde que hay testimonio escrito. Y desde entonces, el mundo humano ha sido patriarcal. Poco sabemos de la prehistoria, entonces, y naturalmente, nuestro modo de pensar, de aprehender la realidad y relacionarnos con ella, ha sido conformado por el desarrollo del pensamiento histórico. Con “nuestro modo” me refiero al de ambos sexos (una división por demás simplista), modo que se ha dado activamente por parte de los masculinos y pasivamente por parte de las femeninas. Platón consideraba las cuestiones del binomio TiempoEspacio como problemáticas, y la filosofía occidental así las mantuvo por muchas eras, proponiendo varios modelos conciliatorios dentro de los cuales el género femenino no contribuía, sino que era seguidor de los ritmos y movimientos de los hombres. El reciente culmen de la propuesta Moderna se convierte, asimismo, en aquello que la propasa: en 1905-15 Albert Einstein propone que esa división tajante y su problemática relación no es tal, pues Tiempo y Espacio están fundidos en la geometrización física del espacio-tiempo. ¿Y qué im-

portancia tiene esto para el género femenino?, ¿qué implica para cualquier género humano? Algo tan simple y básico como que estas nociones fueron originalmente formuladas desde la cultura patriarcal, que toma como único punto de partida las sensaciones, percepciones e inclinaciones de una masculinidad que, hasta el momento, solo podemos identificar (ya que no ha sido diseccionado con fines de estudio) con la característica de buscar el dominio completo y opresivo sobre una, o un, dominado: la mujer, o el que tiene distintos gustos sexuales, o la niñez. Y significa que estamos en un momento de cambio, en donde lo que se tenía por verdad (como estas nociones en binomio), se relativiza, dando paso a una diversidad incluyente. La creación y desarrollo de los conceptos Tiempo y Espacio dejaron de lado al 50% de la población, a las mujeres. Pero además de eso, el poder se encargó de inculcárselas como ciertas y únicas, para ellas también. Kant, por ejemplo, tomaba al Espacio y al Tiempo como parte de las categorías que organizaban las percepciones del mundo exterior, para entenderlo y controlarlo en función de las propias necesidades. Ese entendimiento y control eran para los hombres, que forjaban así una realidad cultural dentro de la cual las mujeres fuimos encerradas con una función de objeto, dentro del Tiempo y del Espacio


masculinos. Ellos se ocuparon incluso de crearnos prototipos: la romántica Julieta, la abnegada Ofelia, la celosa Medea, la Magdalena penitente… Los hombres –valga la generalización– no nos han dejado ni siquiera explorarnos a nosotras mismas con la imaginación. Y esos estereotipos, por su parte, respondían a necesidades afectivas, identitarias y sexuales masculinas. Culturalmente solo han existido dos ámbitos en los que el dominante sexo masculino no se ha posesionado del todo: la atracción sexual, pues una parte muy importante de la misma es sentir a la contraparte como Otra, ajena a Uno; y la maternidad, donde entran en juego capacidades humanas acentuadas en la mujer: la empatía, la intuición (como forma de conocimiento ajena a la razón y a la fe), la compasión y el ser dos siendo una. De hecho, podemos decir que la percepción del tiempo se enriquece en el instante en que se da a luz, así como la percepción del espacio cuando una mujer está pendiente de los hijos. Estas habilidades femeninas no son condicionadas por una maternidad directa y biológica. Pero en cuanto al arte, este lo es en tanto está inserto en el mundo creado por el opresivo varón. Aunque la leyenda contada por Plinio el Viejo atribuya el origen de la pintura a la emoción femenina y al intelecto masculino, la verdad es que toda definición, más sus reglas, son producto del sistema patriarcal. Así como Einstein, que desde la ciencia le dio un vuelco a la filosofía en los albores del postmodernismo, también las mujeres desde la lucha política por sus derechos, comenzaron a reflexionar sobre su desconocimiento de ellas mismas, evolucionando a una teorización de herramientas propias, e inclusive planteando la necesidad de estudiar la masculinidad como fenómeno biológico, histórico y cultural.

Los pasos dados han permitido que las artistas visuales actuales se encuentren muy lejos de las limitaciones que constriñeron a Sofonisba Anguisola, cuyo talento le permitió entrar a las cortes reales pero más como una pieza del gabinete de curiosidades, adorno del lujo y el poder. Lejos de los ataques que cercaron a santa Teresa de Ávila, cuyos escritos eran combatidos hasta con irracionalidad, llevándola a declarar amargamente: … como son hijos de Adán y en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa. Sin embargo todavía hay mucho que experimentar e inventar. Las impresionistas hicieron de la maternidad un tema nuevo en el arte pictórico. Judy Chicago echó mano de técnicas consideradas femeninas (el bordado) para introducir en las artes visuales el tema del parto. Poco a poco, más y más artistas visuales mujeres abordan el tema de paisaje, de lo que antes se llamaba marinas, que por siglos se consideraron eminentemente masculinos (incluyendo en esto a los homosexuales), ya que su sexo significaba derecho sobre el mundo: conocimiento, uso y modificación, dominio. Lo abarcaban en su mente y en su arte. El Salvador, ahora, tiene artistas, artesanas y diseñadoras que exploran, por ejemplo, la existencia de aquellas cuya cultura las hizo mujeres según una muy arbitraria definición –Muriel Hasbún-; otras manejan con gran seguridad los elementos estéticos del lenguaje plástico, proponiendo visiones –Amber Rose-; y hay quien rompe fronteras y saca a la luz aquello que aún no abordábamos –Sonia Melara-. Este es un país en que la mujer más común (hablando en cantidades), la vendedora del mercado o la empleada doméstica, tiene una resiliencia y un valor fenomenales, en contraste con el común del hombre, caprichoso e inconstante, incluso para consigo mismo.


El camino posmoderno del siglo XXI se muestra difuso, neblinoso aun. Pero esa misma neblina la comparte el primer mundo con el tercero. El Salvador puede muy bien iluminar el futuro propio y el ajeno, creando una existencia

equidistante: Me considero ser humano, antes que hombre o mujer: Sonia Melara. 18 de marzo del 2016

Ana Inti Marroquín Zamora (México, 1973), es Licenciada en Historia del Arte y cuenta con diplomados en “Historia de las religiones” y “Restauración de bienes muebles” por el Centro de Arte Mexicano en México, país en el que posteriormente ha trabajado en proyectos de investigación especializada y como gestora de contenidos del Canal del Congreso. Entre el 2013 y 2014, fue coordinadora de la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué y actualmente funge como Custodia de la Colección Nacional de Artes Visuales.


CRÉDITOS NACIONES UNIDAS EN EL SALVADOR Christian Salazar Volkmann Coordinador Residente ONU MUJERES PROGRAMA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO FONDO DE POBLACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS FONDO DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA INFANCIA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA PRESIDENCIA Silvia Elena Regalado Secretaria de Cultura Augusto Crespín Director Nacional de Artes, Teatros y Espacios Escénicos Eric Lemus Director de Publicaciones e Impresos SALA NACIONAL DE EXPOSICIONES SALARRUÉ Dirección, curaduría y textos: Mayra Barraza Domínguez Investigación y textos biográficos: Astrid Bahamond Panamá Custodio Colección Nacional de Artes Visuales y revisión de estilo: Inti Marroquín Zamora Administración y registro de obra: Patricia Larín Museografía y conservación: Carlos Díaz Comunicaciones y RRPP: Lucrecia Navas Montaje y mantenimiento: Mario Salinas

CATÁLOGO Edición: Textos críticos: Fotografías: Diseño: Impresión:

Mayra Barraza Tania Pleitez Vela Evelyn Galindo Doucette Ana Inti Marroquín Eleonora Salaverría Juan Marcos Leiva IMPRINSA SA de CV


Profile for Sala Nacional de Exposiciones Salarrué

127C "A cielo abierto. Construcciones espacio-temporales de género"  

(2016) Catálogo de la muestra del mismo nombre presentada en la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué del 3 de marzo al 17 de abril del 201...

127C "A cielo abierto. Construcciones espacio-temporales de género"  

(2016) Catálogo de la muestra del mismo nombre presentada en la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué del 3 de marzo al 17 de abril del 201...

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