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Este fanzine reúne una pequeña muestra de testimonios y experiencias de cinco mujeres, quienes desde diferentes iniciativas han ido afianzando su papel y la importancia del mismo. Esperamos que este fanzine sirva de conexión entre mujeres y se pueda crear una comunidad de confianza y sororidad. Con la firme creencia que la palabra es un artefacto para anular el silencio. Les entregamos estas páginas.


Primera Edición 2020

Impreso en Quetzaltenango.

Ilustración de portada: Ambar Rivera Diseño de interiores: Sión Editorial

Con autorización expresa de sus autoras.


8 M A R Z O

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Mujeres revolucionando el mundo Amarilis Valle Las feministas nos hemos dado a la tarea de soñar, pensar y proponer una visión de país que nos permita desarrollarnos, ser y vivir felices, libres, seguras y sin miedo. Para nosotras el horizonte siempre sigue siendo de carácter revolucionario, que significa que le apostamos a cambios profundos en la erradicación de la discriminación, racismo, control y violencia que se expresan desde la cotidianidad hasta la vida social, política, cultural y económica en nuestro país. Esta utopía requiere de un movimiento social que tenga como proyecto un sueño compartido que en colectividad puede llegar a ser posible. El movimiento feminista es fundamental para lograr un conjunto de acciones, para lograr un proceso transformador integral, en donde la transformación sea individual y colectiva. Por mí, por nosotras y por otras, la idea de que el nivel individual tiene que relacionarse con lo colectivo, los sistemas de opresión que queremos transformar y derribar nos han influenciado de tal manera, que no solo los tenemos internalizado sino los reproducimos, indudablemente la reflexión sobre nuestras prácticas, es parte de los retos pero que se nos facilitan cuando trabajamos en conjunto con otras mujeres. La Historia siempre nos suele presentar los avances sociales conseguidos por nosotras las mujeres como la consecuencia de una mejora que marcha por sí sola, como el resultado de un proceso en el que, en todo caso, las mujeres no han influido. En cambio, la reconstrucción de la Historia muestra que las mujeres sólo han logrado conquistas sociales allí donde y cuando ha habido mujeres luchando y protagonizando esas conquistas. Han sido las luchas de muchas mujeres, las que nos permiten hoy en día gozar de derechos que en un pasado fueron negados. Mientras no cambien las sociedades en las que vivimos, serán básicamente las reivindicaciones de las mujeres las que permitirán seguir avanzando hacia una vida más justa y equitativa de nosotras las mujeres. 7


La lucha de las mujeres siempre ha sido invisibilizada, la necesidad que existe de un cambio civilizatorio radica en las relaciones de poder entre las mujeres guatemaltecas pero en especial entre las feministas, quienes solo a través de reconocernos como iguales en todos los ámbitos y aspectos de la vida, podremos lograr que el movimiento feminista avance sólidamente y que finalmente las relaciones de poder actualmente existentes entre hombres y mujeres de Guatemala den un giro, para permitir que los espacios de poder y toma de decisión de éste país se empiecen a ocupar por mujeres feministas que no reproduzcan los esquemas del sistema patriarcal guatemalteco, fundamentado en la poca transparencia, corrupción, falta de honorabilidad, doble moral, hipocresía pero sobre todo que no reproduzcan el sistema patriarcal hipócrita que sustenta el estado de Guatemala. Es por ello que nosotras desde nuestras colectivas feministas consideramos como punto central elaborar estrategias conjuntas organizativas que nos lleven a establecer los caminos más adecuados para la articulación de trabajo cohesionado desde nosotras y para nosotras por medio de alianzas derivadas de un pacto de sororidad entre nosotras. Para lograr alcanzar un pacto de sororidad entre nosotras, será necesario llevar a cabo discusiones amplias y transparentes sobre la aceptación de otras como nuestras iguales, a pasar de que no estemos completamente de acuerdo, o en su caso en desacuerdo, con la corriente feminista que practiquen. Todas y cada una de las acciones que una mujer o que otras mujeres realizan a favor de las mujeres y niñas, debemos apoyarlas como una sola unidad buscando siempre el beneficio y avance colectivo. Cada año conmemoramos el día Internacional de la mujer y recordamos que no es el día de felicitar a las mujeres por ser sumisas y darle flores, como lo ha vulgarizado el capitalismo. El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una 8


importante fecha que busca reivindicar la lucha de las mujeres por la igualdad de género y el reconocimiento de sus derechos. En 1977 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó de oficialmente el 8 marzo como el “Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”, y año tras año, se conmemora en todo el mundo. Su origen es una tragedia que marcó la historia y representa un suceso trascendental en la lucha de las mujeres. Fue el 8 de marzo de 1908 un incendio en la fábrica Cotton, ubicada en Nueva York, Estados Unidos. Alrededor de 130 mujeres, trabajadoras del lugar murieron. Esas mismas mujeres se habían declarado en huelga pues exigían mejoras en sus derechos laborales, como reducir su jornada diaria a 10 horas y gozar de un salario igual al de los hombres que desempeñaban las mismas actividades. El propietario de la fábrica decidió cerrar las puertas del lugar ante las protestas, buscando así que las obreras desistieran de su idea y se fueran, pero al no lograrlo, provocó el incendio que acabó con la vida de ellas. El Día Internacional de la Mujer continúa siendo conmemorado por millones de mujeres en todo el mundo, quienes tomamos las calles para hacer más visible nuestra lucha y exigir el reconocimiento y ejercicio de nuestros derechos en todos los ámbitos, así como un alto a la violencia de género y femicidios. En Guatemala conmemoraremos con dolor la ausencia de 41 niñas y adolescentes del hogar virgen de la Asunción que fueron asesinadas el 8 de marzo de 2017 a manos del Estado. Nos siguen faltando, pero lo que más nos falta es justicia para ellas y para las adolescentes que sobrevivieron. Recordamos la tragedia con indignación, ni perdón ni olvido para el Estado femicida. El 8 de marzo es un día de lucha en donde se hacen presente muchas colectivas demandando seguridad y participación política de las mujeres en términos igualitarios, ya que a medida que más mujeres tengan un lugar protagónico en la política y la cultura, el ejercicio del poder también será más democrático y el acceso 9


a justicia serรก mรกs equitativo. El feminismo es una revoluciรณn que crece, no tengas miedo de llamarte feminista de unirte a la lucha porque al final las mujeres existimos porque resistimos; siempre vivas como mala hierba Rebeca Lane. Nunca olvidemos: El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente. Simone Beauvoir. ยกVivas nos queremos!

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Callar no es femenino Josseline Pinto “Si tengo que dar un objeto, que sea un objeto que grita” Clarice Lispector Dicen que las mujeres callan porque saben escuchar, porque son sensibles, porque sospechan, porque “así se ven más bonitas”, porque decir es peligroso, porque “el lenguaje no transporta el alma de las mujeres porque estas no confían en él”1. Pero callar para nosotras no es sinónimo de hacer silencio, y mucho menos es nuestra naturaleza. Rompemos la esperanza de los poemas que quieren vernos en silencio para apreciarnos. Rompemos los labios de los desnudos pintados que quieren desearnos. Rompemos el presagio de los días del calendario con ciclos que creen conocer. Rompemos al silencio cuando nos levantamos todos los días y decimos: “Aquí estoy, yo soy”. “No decir” no quiere decir que lo que no se dice no se encarne. Vivimos el lenguaje y somos su custodio. El silencio de una mujer es una mujer en sí mismo. La historia se jacta de habernos silenciado y callado, pero solo han escondido para ellos la verdad. Las mujeres están en la historia y es nuestra tarea nombrarlas. Nosotras callamos solo cuando queremos… Pero cuando decimos, decimos fuerte, y Delfina Luna, en el siglo XIX, firmó sus obras dos veces. Tal vez para no ser borrada nunca de la historia por sus maestros o el tiempo… Pero cuando gritamos, gritamos fuerte, y Regina José Galindo se cuelga de un arco patrimonial para gritar al viento su poesía y luego elige callar frente a nosotros vestida con las ropas de mujeres que fueron asesinadas por sus parejas para reencarnar su silencio y reclamar su nombre…

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La metafísica de la juventud, Walter Benjamin. 11


Pero cuando nombramos, nombramos fuerte, y Margarita Azurdia fue Margarita, fue Anastasia Margarita, fue Margot Fanjul, fue Margarita Rica Dinamita, fue artista, bailarina, feminista y mujer… Pero cuando dudamos, dudamos fuerte y Luz Méndez de la Vega mata a Dios para inventarse uno nuevo que sí le sirviera de compañía… Pero cuando deseamos, deseamos fuerte y los retratos desnudos de Antonia Matos tienen carmesí en las mejillas, los labios y los pechos, no de pena sino de orgullo… Pero cuando sufrimos, sufrimos fuerte e Isabel Ruiz gritó toda su vida contra el horror y la oscuridad de una guerra que le dolió en el pecho y la pintura… Pero cuando creamos, creamos fuerte y Rosa Elena Curruchich huyó con sus pequeñas pinturas entre el traje para pintar su vida todos los días sin que supieran… Así que… Nosotras callamos solo cuando queremos… Pero cuando somos… somos sin silencio.

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Somos las Aliadas Luisa Ruano Inicié como reportera a los 18 años, recuerdo uno de los primeros comentarios misóginos de un hombre que trabaja para la televisión local. Sentí impotencia por no saber de qué manera responder, pero hoy a mis 25, una de las mejores maneras de dar respuesta a estos comportamientos, es la unión, la visibilización y el acompañamiento a cualquier persona que pase por esta situación. Más allá de la percepción de un 8 de marzo donde la mayoría habla sin sentido, reconociendo a la mujer como un ser frágil, o bien, esas actitudes para nada lógicas que reconocen con asombro que una mujer es capaz de hacer algo sin ayuda de un hombre. Estos días nos sirven para seguir luchando, gritando, demostrando la desigualdad de género, y seguir el camino que busque justicia de derechos y oportunidades para todxs. Por eso, quiero hablar de Aliadas, un proyecto formado por seis mujeres, que nace con la intención de formar, visibilizar y acompañar el trayecto de comunicadoras y periodistas del Suroccidente del país, pero también, crear alianzas estratégicas con otras comunidades de mujeres para que cada vez esa red esté mejor conectada y fortalecida. Vicenta Laparra de La Cerda, poeta, escritora y periodista, fue una de las pioneras del periodismo en Guatemala y Centroamérica en el siglo XVIII. Feminista, nacida en Quetzaltenango, nos deja como precedente que debemos seguir marcando el camino. Que ese legado que nos deja Vicenta, sea la luz para mantener la llama que cada integrante del grupo lleva dentro. Nada más significativo, que entrelazar un 8 de marzo con el lanzamiento de Proyecto Aliadas, centrando nuestros objetivos 13


en el trabajo de comunicadoras y periodistas, en temas del ejercicio profesional, y género. Buscamos demostrar que no estamos solas, y que la unión es la mejor manera de combatir paradigmas y cualquier obstáculo. Acompañarnos, con el fin de ser la plataforma de denuncia contra abusos que se cometen por razones injustas. No queremos romantizarlo, pero sí dar a conocer el proyecto para que cada vez seamos más. Es sororidad, amigas. Les entregamos el corazón.

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Soy mujer; y soy periodista deportiva Marcela Morales Desde muy pequeña recuerdo que las sobremesas de mi familia paterna fueron marcadas por temas deportivos, pero sobre todo futbolísticos y mi sueño era poder ser parte de esas conversaciones. Sin darme cuenta, esas sobremesas marcarían mi futuro y me llenarían de anécdotas y conocimiento que forjarían quien soy hoy. Nos les puedo decir que siempre soñé con ser periodista de deportes, pero si puedo contarles que ha sido la mejor decisión que tomé en el momento que tenía que decidir mi futuro. Ser periodista deportiva ha significado para mí una lucha de igualdad; prepararme para que mi opinión tenga el mismo valor que cualquier hombre, ese que trae los deportes “en la sangre”. Y para añadirle aún más aventura a mi vida; un día me topé viendo un partido de futbol, ese que me generó emociones que aún me cuestan explicar, pero son esas mismas que vivo cada vez que sintonizo cualquier juego. Fue ahí en donde me di cuenta de que me había enamorado del futbol, ese que no tiene discriminación de género, de clase social y se pude jugar en cualquier lado y con cualquier cosa tan sencilla como una lata, que puede representar un balón. Fue así como comencé a ir a los estadios, encontré los mejores 90 minutos para ser feliz. Con ese sentimiento que vivía dentro de mí, me tope con esta profesión, esa que es tan perfecta, en donde recibo dinero por ver futbol, ese que todos ven por amor al arte, yo lo veo y vivo por amor y trabajo para él. Desde que decidí comenzar a hablar sobre los deportes, les puedo asegurar que he recibido frases como: “Mejor anda a planchar o a cocinar”, “anda a hacer cosas de mujeres”, es por eso por lo que cada día busco la igualdad. Esa palabra que encierra el 15


respeto a mi opinión y punto de vista, porque sé que tengo la capacidad para dar un análisis futbolístico tan certero como el de cualquier hombre “especializado”. Puedo darle gracias a Dios, que no he tenido momentos incomodos con los protagonistas directos o indirectos de mi profesión, pero si les puedo decir que he tenido que trabajar el doble para que mi voz se escuche, sea tomada en cuenta y sea respetada. El hacerte un lugar no por tu cara o cuerpo bonito, sino por tu conocimiento, son de las cosas más complicadas con las que me he topado en el camino. Ese que he buscado labrarme todos los días, para que mañana no sea una novedad ver a una mujer guatemalteca hablando o viendo deporte, sino sea algo tan natural y que aprendamos a respetar a todos por nuestros diferentes gustos. Esta profesión también me ha enseñado a vivir sin límites, a tener de cerca a protagonistas que solo veías por la televisión y un día se te da la oportunidad de entrevistarlos. Situaciones que se han transportado a mi vida diaria y he entendido que puedo lograr lo que me proponga. En este camino tan difícil de ser mujer y el cual no pedí nacer con menos oportunidades, el deporte y mi profesión me han enseñado que el esfuerzo siempre tendrá una recompensa, esa que puede ser un gol al último minuto que te dé un título. Ser mujer en un mundo creado para hombres no es fácil, pero si les puedo asegurar que no es algo imposible. Al final ser periodista deportiva en un país machista se ha vuelto mi mejor rebeldía.

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Viajo sola porque el espacio público también me pertenece Michel Pérez Hace un tiempo, leí en redes sociales el comentario de una mamá que decía que viajó sola con su hija, a pesar de que “sola” por definición significa “sin compañía”. El enunciado se contradice a sí mismo, pero es una frase que he escuchado más de una vez y que incluso los medios refuerzan en los encabezados de noticias cuando titulan “iban solas” aun cuando se trata de un grupo de mujeres. Una chica extranjera con la que coincidí en un viaje, me contaba su asombro porque constantemente le preguntaban “¿Y tu esposo?” como si fuera necesario estar acompañada por una figura masculina. Históricamente nos han programado para pensar que los hombres pertenecen al espacio público, mientras que las mujeres pertenecen a su hogar. “Salir a la calle” para ellos significa una aventura y para nosotras, una necesidad. Estos comentarios me han hecho entender que la acción de viajar sola es algo más que conocer nuevos lugares, salir de la rutina, probar comidas exóticas o conocer personas, viajar sola, es declarar que el espacio público también nos pertenece. Hace unos años inicié un blog de viajes, que cada vez cobra más sentido como medio para visibilizar que hay mujeres que estamos viajando y que el hecho de aventurarnos por nuestra cuenta no debería ser motivo para que digan “qué loca” y tampoco “que valiente”, sino que sean acciones normales. Justamente la expresión “que valiente” siempre ha tenido un sabor agridulce para mí, porque quien lo expresa, regularmente lo hace con sorpresa, primero porque en nuestro contexto aún no es normal que las mujeres viajen solas y segundo porque nosotras corremos más riesgos. Está claro que, si hablamos de viajar solas, otro tema se pone sobre la mesa: la seguridad. 17


Con respecto a eso, el año pasado hice un video con el título “¿deberíamos viajar solas?” y entablé una conversación con varias amigas y amigos sobre el tema. La plática básicamente se dividió en 2 grupos, quienes quieren viajar, pero se paralizan por miedo a que les pase algo y por el otro lado quienes tienen miedo, pero deciden viajar. Una amiga comentó que sin importar si somos hombres o mujeres siempre nos exponemos, pero que nosotras corremos “riesgos extras”. En la plática coincidimos en que debemos ser precavidos y tomar medidas de seguridad como mantener saldo y redes en el teléfono, llevar equipaje ligero, utilizar el transporte común pero también opciones de transporte seguro e ir checando siempre en Google Maps si la ruta a donde me dirijo es la indicada, compartir con la familia o amigos dónde nos alojamos y usar siempre el sentido común. Seguramente hay quienes no les mueve la idea de viajar o de salir de su zona de confort y explorar el mundo, pero si tienes esa inquietud y te ha paralizado el miedo, deberías replantearte la idea y preguntarte ¿es este un motivo para frenarnos a viajar solas? o ¿es motivo para viajar, defender y encaminarnos a una sociedad donde gocemos el pleno derecho a hacerlo sin miedo a que nos pase algo? Cuando haya más mujeres viajando, más fácil será entender que se debe tomar en cuenta las necesidades y expectativas de todos para construir equidad en el espacio público.

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