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ESTATAL
23 DE OCTUbre 2012
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El Sie7e de Chiapas
CELEBRACIÓN
Banquete zoque para los muertos GILBERTO LEÓN EL SIE7E -“Vení, Chalucas, a comé y a bebé, no seás flojo... Idia’i, pues, Chalucas, ¿a quióras vas a vení...?” Son las palabras en lengua zoque que los antiguos habitantes de Tuxtla Gutiérrez empleaban para que las almas de sus difuntos pudieran acudir a sus antiguas casas terrenales los días de “Todos santos”, relata el cronista de la ciudad capital, José Luis Castro. “Era necesario que sus deudos los llamaran, rezaran, quemaran copal y se les colocara ofrendas; se les debía una mesa con ofrendas donde les prendían velas para conducirlos a su primitiva casa. Después de que comían y bebían las almas, se les despedía con música autóctona de tambor y pito”, explica Luis Castro. Actualmente la tradición de los altares de muertos se ha visto enriquecida con nuevos elementos religiosos y mundanos de otras culturas indígenas o mestizas; sin embargo, los altares dedicados a los muertos que construyen los tuxtlecos de origen zoque aún conservan raíces. Impulsado por tradicionalistas tuxtlecos, las celebraciones de “Todos los santos” (almas chicas) y “Fieles difuntos” (almas grandes), los días 1 y 2 de noviembre, respectivamente; son grandes fiestas tradicionales que se conmemoran año con año en Tuxtla Gutiérrez, a pesar de que varias de las celebraciones han disminuido debido al urbanismo de la ciudad. “Los altares dedicados a los muertos, que construyen los tuxtlecos de origen zoque, están constituidos por una mesa de madera adornada con ofrendas, que normalmente es la del altar dedicado a los santos, contienen comidas, bebidas y golosinas, que en vida les gustaban a los difuntos”, detalla el cronista.
Contenido del altar zoque
Estos altares son adornados con cortinas, manteles, papel de china picado (en colores blanco y morado), sahumerio, velas, veladoras, fotografías de difuntos y un somé que se cuelga en la parte superior. Entre las comidas figuran el sispolá (cocido), puxasé (chanfaina), nigüijutí (mole de puerco), sihuamonte (caldo de conejo), caldo de shuti (caracol de río), patashete con huevo, moní (hongo blanco), tamales de jacoané, de hoja de milpa, de chipilín con bolita, pictes de elote, canané y ané (tortilla). Las bebidas más comunes son pozol blanco (popóhujcuy), pozol de cacao (cacáhujcuy), nonó (atole), fuerte (aguardiente), mistela y un vaso de agua, para los difuntos que llegan cansados y con sed del más allá. Las golosinas más características son el puxinú (sorgo reventado con miel), yumí (raíz parecida al camote), tsanítsinú (dulce de guineo), calabaza en dulce, melcocha (de panela), caballito, jammaní (jobo), yonó (cupapé en dulce), nucuyatí (chincuya) y coyol con dulce. En cuanto a los panes de muerto, se encuentran los “sin manteca y sin levadura”, las cazuelejas, el marquesote y las rosquillas. En el fondo de la mesa se colocan las fotografías de los fieles difuntos y en el centro una cruz de madera custodiada por dos grandes velas blancas. En la parte alta de la mesa se coloca el somé y un joyonaqué (flor costurada); en el piso, bellamente adornado con juncia, un brasero con mirra, copal y estoraque; cuatro velas blancas sobre tallos de plátano y muchas veladoras, una por cada difunto llamado a visitar y a comer; flores de musá (flor de
muerto), siqueté, sospó y punupunú (flor de lechita) Asimismo, a los lados diestro y siniestro de la mesa se coloca una mata de guineo; y en la parte superior de la mesa, como ya se dijo, un somé (palo cubierto con hojas de zapote negro), adornado con vistosos panes de muerto, guineos, piñas, sandías, cocos, cañas, mazorcas de maíz y calabaza. Cabe mencionar que según la tradición zoque, las personas que presentían que se iban a morir tenían la esperanza de prolongar su vida en el más allá, reencarnando en algún animal que podía ser un águila, un jaguar, un quetzal, un colibrí, una mariposa o en su propio nagual. Como el viaje que iban a emprender al más allá era “sumamente agotador”, ante lo cual tomaban suficiente pozol para aguantar el largo viaje con rumbo del Tzapatá (Tzá, piedra; Patá, petate: petate de piedra), yéndose por todo el Quistimbak (río Sabinal), para dirigirse al reino de las Ánimas Cunguy (hoy pueblo de San Fernando).
Una amplia gama de elementos gastronómicos integran la principal composición del altar dedicado a “Todos los santos” y “Fieles difuntos”.
SA