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06/07/2013

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06072013 • SIE7E DE CHIAPAS

SOCIALES

P S I C O L O G Í A

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H U M A N A

COSAS DEL CORAZÓN

Tolerar la frustración te hace más fuerte… y forma tu carácter AGENCIAS I EL SIE7E

La tolerancia a la frustración es uno de los factores que determinan la inteligencia emocional de un individuo. Podríamos pensar que la frustración genera traumas, decepciones y baja autoestima; sin embargo, cuando esos sentimientos, que podríamos considerar negativos, son superados por una persona, ésta se da cuenta de que pudo continuar y seguir adelante a pesar de lo sucedido. El darse cuenta de que se tienen los recursos para enfrentar la frustración nos hace más fuertes y proporciona buenos cimientos para la formación de nuestro carácter. Además, nos vuelve más comprensivos y compasivos ante las frustraciones y debilidades de los demás. Muchos padres de familia han crecido con la idea de que no deben permitir que sus hijos enfrenten frustraciones para no traumarlos o para evitarse conflictos consigo mismos, con sus propios hijos o con sus parejas, e inclusive con sus familias políticas. Esta idea ha causado más perjuicios que beneficios, ya que los hijos crecen con el pensamiento y el sentimiento de que todos sus deseos tienen que ser concedidos y que todos a su alrededor tienen la obligación de satisfacer sus necesidades. La formación de los hijos

debe incluir un cierto grado de frustración que vaya de acuerdo a la edad y la personalidad de cada uno, considerando que la vida es frustrante en muchos aspectos pero que ofrece múltiples oportunidades de vencer los retos físicos, intelectuales, emocionales y morales. Los padres que pretenden dar una buena formación a sus hijos deben considerar que la frustración, en una medida razonable, desarrolla habilidades internas para enfrentar la vida misma. Recuerdo muchas de las frustraciones de la infancia que hoy se han convertido en grandes fortalezas personales: de niña me obligaban a comer acelgas, habas y pescado; tenía que terminar mi tarea antes de ir a dormir, tenía que ayudar a realizar labores de la casa y ayudar a mis hermanos a cumplir con sus obligaciones. Esto, definitivamente me frustraba, pero gracias a ello hoy mantengo una buena alimentación, cumplo oportunamente con mis compromisos profesionales y sigo ayudando a quien me necesita. Además, les puedo asegurar que no estoy traumada por ninguna de esas cosas que tuve que realizar de pequeña, por el contrario, me siento fortalecida por las habilidades que desarrollé en el momento en que tuve que desarrollarlas y no cuando ya hubiera sido demasiado tarde. Saber esperar también representa una habilidad importante

en el aprendizaje y en el fortalecimiento del carácter de cualquier persona. Desde pequeños, los niños deben aprender a respetar turnos y a saber esperar el tiempo necesario para adquirir algo como la recompensa a sus esfuerzos. Es necesario que las personas trabajen y se esfuercen por obtener ciertos privilegios que deben ser ganados y no solamente otorgados. Todos debemos enfrentarnos a ciertos obstáculos para obtener lo que deseamos, no todo en la vida se da de manera espontánea

o inmediata, hay que realizar esfuerzos que nos ayudarán a valorar lo que obtenemos y a disfrutarlo con la satisfacción de que lo ganamos con méritos propios. Esa satisfacción es la que eleva nuestra autoestima y nos ayuda a descubrir nuestro valor y nuestras capacidades internas para lograr metas y sueños. Esto, a su vez, se convierte en un recurso personal para seguir fortaleciendo nuestro ser emocional y espiritual. Reconocer y aceptar los errores cometidos es otro de los as-

pectos que debemos trabajar en nuestros niños y jóvenes para que sean concientes de sus limitaciones y aprendan de ellas. Tenemos que entender que “el error es una maravillosa experiencia de aprendizaje”. Está por demás decir que equivocarnos provoca una gran frustración, pero también nos deja lecciones inolvidables para la vida. Cuando los adultos manejamos los errores de los niños y jóvenes de maneras adecuadas, la experiencia deriva en resultados muy favorables. Los castigos resultarían contraproducentes. Lo que tenemos que generar es una buena reflexión que permita crear nuevas y mejores opciones para no volver a cometer los mismos errores. Platicar con los hijos acerca de las posibilidades más convenientes para resolver las diferentes situaciones de la vida les dará seguridad y confianza para enfrentar nuevos retos. Los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Lo mejor que podemos dejarles son las herramientas y los recursos necesarios para enfrentar la vida por ellos mismos. En la medida de lo posible hagamos fuertes a nuestros hijos con nuestro amor y con una educación que les permita valorarse a ellos mismos y a los demás. La frustración razonable puede ser una estrategia saludable para formar su carácter y convertirlos en mejores personas.


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