La igualdad de género y la autonomía de las mujeres en el centro del desarrollo sostenible / 93
orientándose a sectores que generen empleos y capacidades para hombres y mujeres, ampliando actividades de alta productividad, entre las que la tecnología, la apropiación del conocimiento y la distribución de los aumentos de productividad se distribuyan de forma equitativa. Para ello, se requiere incorporar el enfoque de género en las políticas macroeconómicas, industriales, sociales y ambientales.
De una rígida división sexual del trabajo e injusta organización social del cuidado hacia la redistribución del tiempo, los trabajos y las oportunidades Desde la CEPAL afirmamos que el mercado laboral es la llave maestra para la igualdad. No obstante, para que esta llave abra las puertas hacia la igualdad entre hombres y mujeres es necesario reconocer la interdependencia entre los procesos productivos y los de reproducción social. Para ello, es preciso desatar otro nudo estructural de la desigualdad de género: la división sexual del trabajo. Uno de los grandes avances en estas últimas décadas ha sido la incorporación de las mujeres al mercado laboral, que pasaron de un 35% de participación laboral en la década de los años 80 a alrededor del 54% en la actualidad. Ahora bien, la participación de las mujeres en el trabajo remunerado no ha estado correlacionada con una mayor proporción de hombres en el trabajo no
remunerado y de cuidados al interior de los hogares. La distribución desigual del tiempo y el trabajo de reproducción implica una sobrecarga de trabajo no remunerado y de cuidados sobre las mujeres y esto se manifiesta en que ellas destinan semanalmente hasta un tercio de su tiempo a este trabajo frente a un 10% de los hombres (Panorama Social de América Latina 2016, CEPAL, 2017).
Uno de los grandes avances en estas últimas décadas ha sido la incorporación de las mujeres al mercado laboral, que pasaron de un 35% de participación laboral en la década de los años 80 a alrededor del 54% en la actualidad. Este desequilibrio se observa en todos los países de la región que tienen alguna medición sobre uso y asignación del tiempo y coincide con que la carga total de trabajo, es decir, la suma del tiempo dedicado al trabajo remunerado y al doméstico y de cuidado no remunerado es superior para las mujeres. Cabe señalar que los nudos de la desigualdad se entrecruzan ya que la injusta organización social del cuidado profundiza la desigualdad y la pobreza