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Capitulos de Tedesco El capítulo 1: “Conocimiento y sociedad”, se divide en los siguientes apartados: El aumento de la desigualdad, el aumento de la homogeneidad, la ideología de la desigualdad, la crisis del Estado-Nación, la desintermediación, las transformaciones culturales, cambios en la Educar en la Sociedad del Conocimiento 2 familia, la evolución del individualismo, las nuevas tecnologías, y cohesión social y conocimiento: la naturaleza reflexiva de la modernidad. El autor comienza afirmando que: “No estamos viviendo una de las periódicas crisis coyunturales del modelo capitalista de desarrollo, sino la aparición de nuevas formas de organización social, económica y política”, siendo la actual crisis estructural, caracterizándose por las dificultades de funcionamiento que se producen simultáneamente en las instituciones responsables de la cohesión social (EstadoProvidencia), en las relaciones economía-sociedad (crisis del trabajo) y en los modos de formación de las identidades individuales y colectivas (crisis del sujeto). Indica el consenso existente en reconocer que el conocimiento y la información se estarían transformando en variables claves de la generación y distribución del poder en la sociedad. Recuerda el optimismo inicial respecto a las potencialidades democráticas del conocimiento, que tuvo también expresiones en América Latina. Partiendo de la centralidad del progreso técnico en las estrategias de desarrollo social, la CEPAL y la UNESCO generaron un documento, en 1992, donde sostienen que la educación y el conocimiento constituyen la variable clave para apoyar la estrategia de transformación productiva con equidad, que impactan sobre la competitividad económica, la equidad social y el desempeño ciudadano. Reemplazado este optimismo inicial por visiones más complejas, la hipótesis que sostiene esta publicación expresa que “...una sociedad y una economía basadas en el uso intensivo de conocimientos producen simultáneamente fenómenos de más igualdad y de más desigualdad, de mayor homogeneidad y de mayor diferenciación”. En el apartado “El aumento de la desigualdad”, se afirma en primer lugar que crecimiento económico y desigualdad han comenzado a ser concomitantes, siendo uno de los factores fundamentales la transformación de la organización del trabajo, en relación a la incorporación de nuevas tecnologías, que acarrea la eliminación de numerosos puestos de trabajo. En segundo lugar, se menciona el nuevo fenómeno social que aparece junto al aumento de la desigualdad: la exclusión de la participación en el ciclo productivo, que a su vez provoca una modificación fundamental en la estructura de la sociedad. Se estaría pasando de una sociedad vertical, basada en relaciones sociales de explotación, a una sociedad horizontal, donde no importa tanto la jerarquía sino la distancia con respecto al centro de la sociedad. La exclusión, además no implica relación (como la jerárquica) sino divorcio y su toma de conciencia no genera una reacción organizada de movilización. En América Latina el proceso de reconversión productiva permitió recuperar el crecimiento, controlar la inflación e incorporar la región a la economía internacional, pero , también es donde se producen las mayores diferencias entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. En el apartado “El aumento de la homogeneidad”, se retoma el tema de la complejidad de los procesos sociales cuando se constata que junto a la desigualdad y la exclusión coexiste una disminución de las jerarquías tradicionales en la organización del trabajo, basada en el uso intensivo de conocimientos que tiende a reemplazar las pirámides de relación de autoridad por redes de relaciones cooperativas (como la que se desprende, por ejemplo del concepto de Calidad Total). Sin embargo, se advierte que en el nuevo contexto, la segmentación social y la desigualdad cambian de sentido: antes cada segmento social implicaba un grupo distinto, mientras que ahora la segmentación se produce dentro de cada grupo social. Como consecuencia las nuevas desigualdades provocan sufrimientos más profundos porque son


percibidas no como un fenómeno socio-económico y estructural sino como algo más personal. En el apartado “La ideología de la desigualdad”, se explicita que el aumento de la desigualdad está acompañado de teorías que lo justifican, no como consecuencia de un orden social injusto sino como asociado a la naturaleza y a la responsabilidad personal. En el extremo, los cultores del llamado “neodarwinismo social” suponen que la habilidad cognitiva http://edrev.asu.edu/reviews/revs93.htm 3 será la variable clave en la estructura social del futuro, siendo ésta –según ellos- hereditaria. Frente a estas tendencias ideológicas neoconservadoras, se está generando un nuevo pensamiento democrático basado en que eliminar la desigualdad no es contradictorio con el respeto por la diversidad, siendo la justicia y la solidaridad elementos básicos para sostener el desarrollo social. Este nuevo enfoque de la justicia social está asociado al fortalecimiento de la dimensión política de la sociedad en general y de la democracia en particular, porque “...sólo si existe un fuerte sentido de pertenencia colectiva, es posible aceptar la idea de la redistribución directa de los bienes”. En el apartado “La crisis del Estado-Nación”, se relaciona el proceso de globalización económica, que ha producido una tendencia a construir entidades políticas supranacionales, con el nuevo concepto de ciudadanía, que ha comenzado a perder significado asociado a una nación reemplazado por adhesiones tanto a entidades supranacionales como a un repliegue sobre el comunitarismo local donde se define una integración cultural en lugar de integración política. La globalización económica entonces reduce la capacidad del Estado tanto para definir las variables macroeconómicas como la satisfacción de las necesidades sociales de su población. “Al estar basada fundamentalmente en la lógica económica y en la expansión del mercado, la globalización rompe los compromisos locales y las formas habituales de solidaridad y de cohesión con nuestros semejantes”. Por ello, el fortalecimiento de la cohesión social mediante la aceptación del “otro”, es el principal objetivo de las instituciones responsables de la socialización, particularmente la escuela. En el apartado “La desintermediación”, se agrega el factor de la creciente globalización de las comunicaciones, que debilitan la capacidad de los estados para controlar el flujo de información circulante. Esto tiene un correlato político de crucial importancia ya que además de impedir el control, facilita el intercambio directo entre personas, evitando la necesidad de las organizaciones colectivas de representación. Pero esta democracia directa, por un lado debilita los ámbitos institucionales de discusión colectiva y por otro, a partir de la mayor presencia de los medios en la esfera política, crecen los fenómenos vinculados a la manipulación de los individuos. En síntesis, se abre un panorama que desde lo político plantea el desafío de “...evitar que tanto el individualismo asocial como la cohesión social autoritaria supriman la política, es decir, la concertación social para la solución de los problemas comunes”. En el apartado “Las transformaciones culturales”, se afirma que la profundidad de los cambios culturales, concomitantes con los políticos y económicos, referidos tanto a los contenidos de los valores, de los hábitos y de las pautas de conducta, como al proceso en el cual se elaboran esos contenidos. A tal punto que se habla de una ruptura, asociada principalmente a los cambios en la familia y a la forma en la que cumple su función socializadora. Este tema se trata en el apartado “Cambios en la familia”, destaca la importancia de la familia en el proceso de socialización primaria, que sucede durante la niñez, y con ello el impacto que provocan sus cambios estructurales, a los que se agregan cambios en los valores y la forma como son transmitidos. El cambio fundamental que se ha producido en la familia es por una parte la disociación entre la conyugalidad (vínculo de pareja) y filiación (vínculos entre padres/madres e hijos/hijas), y por otra, “...la familia contemporánea ya no es una institución sino una red de relaciones que, en lugar de ser responsable de transmitir el patrimonio económico y moral de una generación a otra, tiende ahora a privilegiar la construcción de la identidad personal”.


En el apartado “La evolución del individualismo”, se expresa que actualmente éste “...pone el acento en la autoexpresión, en el respeto a la libertad interna, en la expansión de la personalidad, de sus cualidades y su excepcionalidad”, mostrándose a la vez dos tendencias contradictorias: la adquisición más temprana de la autonomía cultural con la más tardía de la autonomía material. En síntesis, se está viviendo un período complejo con tensiones entre libertad individual y compromiso social, entre respeto al patrimonio cultural heredado y derecho a definir el estilo propio de vida, entre dependencia material y autonomía espiritual, lo que indica la necesidad de aceptar que vivimos en una sociedad multicultural. En el apartado dedicado a “Las nuevas tecnologías”, se vincula fuertemente a éstas con los cambios culturales en la sociedad actual, con un impacto no sólo en la producción de bienes y servicios sino en el conjunto de las relaciones sociales, y a su utilización con la modificación de conceptos básicos como los de tiempo y espacio, haciendo a la vez repensar la noción de realidad, a partir de las llamadas realidades virtuales. Reconociendo sus efectos poderosos de estas tecnologías en nuestros patrones de conducta, finalmente el autor se vuelca por la línea de la socialización de las técnicas, contra las posturas propias del determinismo tecnológico. En el último apartado del capítulo 1, “Cohesión social y conocimiento: la naturaleza reflexiva de la modernidad”, se advierte, siguiendo a Giddens, que “...el rasgo más específico del orden social actual es el aumento de la reflexividad social y, con ello, el aumento de los riesgos y de la incertidumbre...”. Particularmente han cambiado los ámbitos de confianza anteriores: las relaciones de parentesco se reemplazan por relaciones de amistad, la comunidad local por sistemas sociales abstractos y la cosmogonía religiosa y la tradición, por una orientación al futuro, rompiendo las antiguas articulaciones y la cohesión social. Por ello, y en relación a lo expuesto en le capítulo, el autor concluye que “...ahora más que nunca la democratización del acceso al conocimiento y del desarrollo de las capacidades de producirlo, es fundamental para la cohesión social. Pero una educación de estas características es una educación sustancialmente diferente de la tradicional, desde el punto de vista de sus modalidades de gestión y de sus contenidos. La transformación de la educación está, por ello, a la orden del día en la mayor parte de los países”. En el capítulo 2: “Sociedad del Conocimiento y Educación”, luego de haber analizado y marcado la importancia de las transformaciones operadas en la estructura económica, política y cultural de la sociedad, el autor introduce destacando que las formas emergentes de organización social se apoyan en el uso intensivo del conocimiento y de las variables culturales, contexto en el que las instancias a través de las cuales se producen y distribuyen los conocimientos y los valores culturales (instituciones educativas, educadores e intelectuales en general) ocuparán un lugar central; enfoque que supone aceptar que la educación no es solamente escolarización. Concretamente, se intenta analizar las consecuencias más importantes de estos cambios sobre la educación, así como los problemas que la educación debe enfrentar, desde lo institucional y desde lo pedagógico, desarrollado en dos apartados: “Educación y movilidad social” y “Educación y socialización”. En el apartado “Educación y movilidad social”, se mencionan los dos fenómenos que han erosionado la relación tradicional entre educación y movilidad social: la crisis del modelo fordista de organización del trabajo y la masificación del acceso a la educación. Respecto a la organización del trabajo se remarcan los dos fenómenos que erosionan las posibilidades de movilidad vertical: la transformación de las estructuras piramidales en estructuras de tipo red, que promueven oportunidades de movilidad horizontal, y la polarización de la estructura


social, donde aparecen barreras estructurales que impiden el pasaje entre segmentos. En cuanto a la masificación de la educación, su efecto más visible ha sido permitir el acceso a los niveles tradicionalmente reservado a las elites. Actualmente las personas altamente cualificados se agrupan en comunidades más densas, relegando a los menos calificados a tareas viles o a la exclusión. Respecto al papel de la educación, en la economía posfordista, sostiene que puede suceder lo contrario: el trabajador que no se recalifica (que antes ocupaba espacios en la base de la pirámide productiva) no sólo no es reclutado sino que es excluido de su segmento productivo o abandonado por la sociedad. Estos fenómenos hacen visible la necesidad no de detener la marcha hacia una escolarización universal sino de acompañar la expansión educativa con otros cambios sociales y culturales. Se destaca que “...para que la educación pueda jugar un papel democratizador y no un papel vinculado a la expansión y a la segregación, será preciso avanzar más rápida y radicalmente en el proceso de universalización”. El autor agrega, a la dimensión cuantitativa del acceso a la educación, la necesidad de contemplar los niveles de acceso al conocimiento, siendo necesario educarse a lo largo de toda la vida para poder adaptarse a los requerimientos cambiantes del desempeño social y productivo. Destaca la importancia del acceso universal a la comprensión de fenómenos complejos, para evitar la ruptura de la cohesión social, siendo esta condición necesaria no sólo para los niveles superiores del sistema educativo. En el apartado “Educación y socialización”, precisamente se considera a la educación desde el punto de vista del proceso de socialización. En este sentido se aclara que no es posible pensar, como en le pasado, que los marcos de referencia normativos, las visiones del mundo y de la propia identidad serán provistos fundamentalmente por instituciones como el Estado, la iglesia o la familia, mientras que las formas tradicionales de solidaridad están perdiendo importancia y dejando al individuo aislado frente a una colectividad anónima. Por ello “...la desaparición de las formas tradicionales de pertenencia obligada provoca la aparición de una nueva obligación, la de generar uno mismo su forma de inserción social” y se cita como ejemplo a la familia, que si bien mantiene su importancia no responde al esquema fijo y estable del pasado. Siendo propio de la ciudadanía moderna la pluralidad de ámbitos de desempeño y teniendo en cuenta que la formación del sentido de solidaridad está asociada a la formación del sentido de pertenencia, el autor destaca que “...el desafío educativo implica desarrollar la capacidad de construir una identidad compleja, una identidad que contenga la pertenencia a múltiples ámbitos: local, nacional e internacional, político, religioso, artístico, económico, familiar, etc.”. Agrega que, al respecto existe un significativo déficit de experiencias democráticas y pluralistas en la sociedad. Pero, para transformar a la escuela en un ámbito de socialización, involucra a los educadores en el desafío de definir los diseños institucionales apropiados y elaborar las metodologías más eficaces para superar la retórica y transformándose en metas concretas de aprendizaje. En síntesis, marca la necesidad de romper el aislamiento institucional de la escuela, redefiniendo sus pactos con los otros agentes socializadores, y enfatiza la idea de que la escuela debe asumir una parte significativa de la formación en los aspectos duros de la socialización, preparando para el uso conciente, crítico y activo de la tecnología que acumula la información y el conocimiento, ofreciendo un diálogo directo y dejando para los instrumentos técnicos el lugar de instrumentos y no fines en sí mismos. Finalmente advierte que la autonomía de las instituciones escolares -para poder conectarse con el medio- debe ser un estímulo para la vinculación y no para el aislamiento, constituyendo la


idea de red “...una forma fértil para estimular conexiones entre las instituciones escolares que superen el formalismo tradicional y permitan intercambios reales, tanto en el nivel local como nacional e internacional”. En el capítulo 3: “Universidad y sociedad del conocimiento”, se tratan –pretendiendo abrir la discusión- como apartados principales “El acceso al conocimiento” y “Las relaciones entre universidad y sociedad: el tema de la autonomía”, temas ausentes en los dos enfoques existentes sobre el papel de las universidades: uno que niega la profundidad de las transformaciones y otro que reduce el debate a una cuestión de técnicas de gerencia y administración. En el apartado “El acceso al conocimiento”, se sostiene que el debate actual sobre este tema debería tomar en cuenta, al menos tres nuevos factores: en primer lugar cómo garantizar un acceso permanente a nuevas formas de aprendizaje que permitan la reconversión profesional continua; en segundo lugar priorizar el mejoramiento de la calidad de la educación general obligatoria como exigencia de las estrategias de desarrollo con equidad (accediendo a niveles más complejos del conocimiento); y en tercer lugar encarar los desafíos que plantean las nuevas tecnologías de la información a las instituciones y a los métodos de enseñanza. En el apartado “Las relaciones entre universidad y sociedad: el tema de la autonomía”, se trata primero la relación entre la universidad y el estado, donde el tema de la autonomía ya no está vinculado a la lucha contra el control ideológico de las universidades sino en la tensión entre la lógica de los intereses generales y la lógica de los intereses particulares en la producción y distribución de conocimientos. En este contexto se destaca como responsabilidad del Estado y de la universidad, responder a la demanda de sentido que la sociedad contemporánea requiere. En cuanto a la relación entre la universidad y el sector productivo, se cita la larga tradición de desvinculación propia de América Latina y se propicia la investigación sobre el impacto de la apertura de las economías en ese sentido, debiendo pasar la discusión por la tensión entre formar para la producción de conocimientos o formar para el uso del conocimiento disponible, a partir de una actitud y una base de informaciones que permitan asumir el debate en forma más calificada. Finalmente, en el capítulo 4: “Desafíos de las reformas educativas en América Latina”, junto al reconocimiento de un conjunto de logros: la tendencia al aumento de la inversión educativa, las reformas institucionales y el mayor nivel de conciencia pública sobre la prioridad de la educación en las estrategias de desarrollo, se explicita el consenso en reconocer que estos logros no son suficientes, a lo que se suma una significativa insatisfacción con los resultados del aprendizaje, especialmente con los que provienen de familias de bajos ingresos, con el ritmo de las reformas y por la existencia de núcleos de resistencia a las transformaciones. El autor intenta postular algunas hipótesis de trabajo sobre las posibles causas de estos fenómenos, destinadas a la discusión y profundización en otras investigaciones, en tres ámbitos: la relación entre educación y equidad social, las secuencias de los procesos de transformación educativa y las relaciones entre el sector público y privado. En el primer ámbito, “Educación y equidad social”, a la vez que confirma la validez de esta correlación, advierte que los resultados escolares también dependen de ciertos factores de educabilidad, asociados a condiciones materiales de vida y origen social de los alumnos. En América Latina en particular, el bajo nivel de educabilidad con que ingresan los alumnos, neutraliza los esfuerzos institucionales. En el segundo ámbito, “Las secuencias de los procesos de transformación educativa”, critica la utilización de la misma secuencia, en contextos significativamente heterogéneos, provocando esta uniformidad la pérdida del sentido de estos procesos. Por ello, el desafío está en crear adhesión al sentido de las transformaciones, con estrategias situadas y centradas en el campo pedagógico, mediante políticas integrales para la


profesionalización docente basadas en el objetivo de aprender a aprender, a lo largo de toda la vida. En el tercer ámbito, “Relaciones entre el sector público y el privado”, se destaca que los procesos de transformación han estimulado las alianzas entre ambos sectores, superando las tradicionales dicotomías y abriendo una mayor articulación entre instituciones. En este sentido se muestra como necesario definir estrategias de acción específicas respecto a la articulación entre la escuela y otras tres instituciones: la familia, los medios de comunicación y la empresa. Como “Conclusión final”, el autor destaca la importancia de “...reconocer que el principal desafío de la transformación educativa es el de manejar la complejidad de estos procesos. Reconocer la multidimensionalidad y la necesidad de trabajar con secuencias diferentes y simultáneas, implica admitir la necesidad de introducir ciertos niveles de experimentación en las políticas públicas, dotando a estas experimentaciones del rigor necesario”.


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