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Suplemento cultural de MILENIO

LABERINTO SÁBADO 12 DE OCTUBRE DE 2019 AÑO 16 - NÚMERO 852

Handke y Tokarczuk: un año, dos Premio Nobel Carlos Rubio Rosell, Mireille Calle-Gruber, Iván Ríos Gascón ILUSTRACIÓN: BOLIGÁN


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ANTESALA

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ARTES VISUALES

Ríos que suenan MIRIAM MABEL MARTÍNEZ FOTOGRAFÍA FÉLIX BLUME

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a exposición Ríos antiguos, ríos entubados, ríos muertos de Tania Candiani (Ciudad de México, 1974), que se presenta en el Centro Roberto Garza Sada de Arte de la Universidad de Monterrey, es una caja musical que retraza el sistema de ríos de la Ciudad de México creando una partitura que dibuja ese mapa hidrográfico. Esta instalación sonora es una de las veredas de la investigación que Candiani ha realizado sobre los ríos muertos, que evoca el trabajo de artistas como Ariel Guzik, quien con su Cámara Lambdoma invita a escuchar el Cárcamo de Dolores en el Bosque de Chapultepec, o del islandés-danés Olafur Eliasson, quien parece hacer magia. Pero esta pieza va más allá: traduce acústicamente esa vida subterránea, que ha dejado de ser visible, reinventando esas sonoridades en la superficie. Tania Candiani es una traductora de sistemas, una artista buscadora de las intersecciones que los conectan. Su obra es el punto de encuentro entre distintos lenguajes donde se entretejen lo fonético, lo metafórico, lo gráfico, lo tecnológico y lo lingüístico. Ahí empieza su reflexión sobre lo que no está: hacer presente lo ausente. La artista utiliza la tecnología para escudriñar el pasado. Sus instalaciones son una travesía conceptual a través del tiempo en las que se entrecruzan, a su vez, el espacio público, la gente en la práctica de sus rituales urbanos y la producción social de patrones culturales. Al recorrer la instalación el visitante nada a través de un código de representación hidrográfico convertido en un código de producción sonora y recorre plácidamente las corrientes de 24 cajas musicales, invitando a navegar imaginariamente la hidrografía entubada de la ciudad que nos hace añorar una capital antigua erigida sobre un sistema de lagunas alimentado por ríos, muchos de los cuales —a pesar de la necedad por invisibilizarlos al entubarlos— están ahí sonando. Candiani nos enseña a escucharlos otra vez. Cada uno de los cilindros contiene protuberancias dentro de las cuales funciona la caja de resonancia, cuyo sonido se modifica debido a la ranura dibujada en la superficie y que emula el cauce de un río. El visitante se deja perder en el paisaje acústico, persiguiendo los mecanismos sonoros que invitan a rehabitar la ciudad. Así, de pronto, los ríos Consulado, Piedad, Churubusco, La Viga, Becerra, San Joaquín, De los Remedios, Hondo y San Jerónimo, entre otros, suenan recuperando sus cauces, ramificándose en nuestra memoria, la cual sigue su curso hasta desembocar en el arte.

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Instalación de Tania Candiani.

Guasón. Dirección: Todd Phillips. Estados Unidos, 2019.

HOMBRE DE CELULOIDE

El primer encuentro de Batman y el Guasón

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FERNANDO ZAMORA @fernandovzamora FOTOGRAFÍA DC COMICS

e leído que gente muy sabia asegura que Guasón va a dañar a la sociedad en que vivimos. Según esto, la película de Todd Philips elogia la violencia. Supongo que se trata del mismo tipo de biempensantes que aseguró que Transpoitting aumentaría la drogadicción. Pero Guasón se limita a señalar el desencanto de todos aquellos que en Occidente tienen pocas oportunidades de ser felices a pesar de que los tecnócratas aseguren que la globalización ha tomado el camino correcto. En este sentido, resulta fundamental que una psiquiatra anuncie a Arthur, futuro Guasón, que se ha recortado el gasto social y que por tanto nadie podrá darle sus medicinas. Y Arthur, ¿qué va a pensar? Que los ricos, los que viven, en efecto, de números macroeconómicos, no quieren ya dar un centavo por estos que Thomas Wayne, famoso millonario de Ciudad Gótica, llama “payasos”. Guasón es una excelente película sobre todo porque no fundamenta sus logros ni en efectos especiales ni en coreografías aparatosas. Se funda más bien en el guion de Todd Phillips y en la actuación de Joaquin Phoenix. El hecho de que la historia gire en el universo de Batman es anecdótico. Arthur podría ser un loco en el metro de México. O en Bombay

o París. Es un tipo que no recuerda claramente su pasado y que sobrevive anunciando rebajas en una calle superpoblada. Arthur tiene, sin embargo, un par de sueños. O más. Para comenzar, quiere ser cómico. Además, fantasea con una vecina de buen ver y con un presentador de televisión (interpretado por Robert de Niro) a quien quiere abrazar y decirle papá. Arthur vive con una madre que parece salida de Psicosis de Hitchcock. Penny Fleck, madre de Arthur, está convencida de que Arthur es hijo del millonario Thomas Wayne. ¿Será? Por una serie de eventos que hay que ver, Arthur termina por volverse el símbolo del “payaso” pobretón a quien Wayne —su posible padre— desprecia. Como vemos, más que de súper héroes, esta película va de arquetipos psicológicos; sus herramientas de trabajo no son los súper poderes ni los complots para destruir el mundo, sino la relación con los padres, con las fantasías y la locura. Y con estas herramientas el guion crece sin volverse nunca una

Guasón no es una película de súper héroes, sino de arquetipos psicológicos

farsa. Aun los hechos más truculentos son verosímiles. Guasón es una tragedia en el sentido clásico de la palabra, así que ¿cuál es la transgresión del héroe? Como Edipo, Arthur quiere saber: ¿realmente es hijo de Thomas Wayne? Una de las escenas más poderosas es cuando Arthur se enfrenta con Bruce por primera vez. Uno juega detrás de una cancela de hierro en un jardín; el otro se hace el payaso en una calle. Esta escena, seguro, fascinará a los amantes de Batman, pero, lo dicho, no necesitarán de este universo para admirarse. Después de todo, lo que estamos viendo aquí es a un pobre tipo loco y frágil tratando de conocer a un niño solitario y tan frágil como él, uno que podría ser su hermano. Y ambos, entendemos, viven a la sombra de un hombre sin escrúpulos que aspira a utilizar sus millones para hacer carrera política. Thomas Wayne es el anclaje con nuestra realidad. Mezcla de Bolsonaro y Trump, el padre de Batman es el auténtico arquetipo de la clase política que ha emergido ante el hartazgo de una población occidental que cada vez se parece más a estos locos: el Guasón y el niño privilegiado que, como se sabe, está por ver morir a sus padres en el inicio del fin de una Ciudad Gótica que representa a los países occidentales.

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ANTESALA

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ESCOLIOS

POESÍA

Saludos del ave MARTÍN MAKÁWI

Qué hermoso nos habla el pájaro esta mañana: “Buenos días a todos los que estamos aquí en este hermoso mundo”. Y sin embargo hay gente, que no le da valor a lo que canta un pájaro. No es más que un pájaro, es cierto el que te está cantando ¡y sin embargo vale lo mismo que un hermano! Este poema forma parte del libro Eká Kusuála, Canciones del viento, escrito en tarahumar y traducido por Enrique Servín Herrera, asesinado el pasado miércoles en su casa, en la ciudad de Chihuahua, a quien recordamos como uno de los grandes defensores de las lenguas originarias.

EX LIBRIS

Orfeo y Eurídice/ EKO

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Las quimeras de Nerval ARMANDO GONZÁLEZ TORRES

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@Sobreperdonar

erard de Nerval (1808-1855) es uno de esos autores casi secretos que, sin embargo, imantan de manera poderosa diversas tradiciones de la poesía moderna. Con una obra breve que incluye la aérea novela Aurelia, un luminoso Viaje a Oriente, unos cuantos relatos y los sonetos de Las quimeras, Nerval constituye un enlace fundamental en la cadena de la poesía moderna. Se trata de un francés atípico, un desarraigado que va mucho más allá de su tradición doméstica y se nutre de su devoción al idioma y al romanticismo alemán, de la fascinación por Oriente y de una disposición viajera que incluye la inmersión en otros universos espirituales, entre los que se mezclan el cristianismo, los cultos paganos, los ritos esotéricos, la parafernalia caballeresca y el misticismo. Peregrino por el orbe y por su propio y torturado paisaje, Nerval vuelve a encantar al mundo y encuentra profundas resonancias entre sueño y vigilia, entre poesía y magia, entre razón y locura. Por la época en que Nerval comienza a escribir Las quimeras, ya ha comenzado a sufrir sus crisis mentales y, para muchos, resulta contrastante que el atribulado escritor escogiera una forma tan cerebral y estricta como el soneto para documentar su delirante itinerario simbólico. Ciertamente, como lo han señalado sus grandes conocedores, Las quimeras están lejos de ser poemas de confesión o circunstancia y en estos artefactos perfectos se decanta una filosofía de vida y un atisbo a los reinos de la muerte. Por su musicalidad, exigencia y riqueza de significados los doce sonetos de Las quimeras se han convertido en textos seminales de la genealogía poética de Occidente y han sido sometidos a numerosas versiones y tratamientos ensayísticos en distintas lenguas. En México no ha sido la excepción y en esta edición de Las quimeras (El Tucán de Virginia, 2019), el editor Víctor Manuel Mendiola reúne la traducción del conjunto de los poemas que hiciera Ulalume González de León; ocho versiones de “El desdichado”, el poema más conocido de la serie, incluyendo las de Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Juan José Arreola, Salvador Elizondo, José de la Colina, Tomás Segovia y Gabriel Zaid, y cuatro ensayos sobre Nerval de Xavier Villaurrutia, Antonin Artaud, Luis Cernuda y Tomás Segovia. Las versiones no solo muestran el conocimiento del idioma o la empatía de los traductores con el texto, sino la personalidad poética de cada uno de ellos. Por su parte, los ensayos ofrecen una extraordinaria variedad en la exégesis, desde el afiebrado entusiasmo de Artaud hasta el tan emotivo como documentado testimonio de lectura de Cernuda pasando por la intelección lírica de Villaurrutia. El acopio y la disposición conjunta de todos estos materiales no solo logra volver a hacer asequible un gran libro, sino que hace concurrir a lectores y traductores, vivos y difuntos, en torno a un momento climático de la tradición moderna y anima este coloquio con una buena dosis de rigor y apertura.

Nerval vuelve a encantar al mundo y encuentra profundas resonancias entre sueño y vigilia

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La escritora polaca, quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura que debió concederse en 2018.

Errar por la historia y el cuerpo CARLOS RUBIO ROSELL/ MADRID FOTOGRAFÍA THILO SCHMUELGEN/ REUTERS

La nueva novela de Olga Tokarczuk, Los errantes, está por llegar al público de habla hispana. Qué rumbo señala para acercarnos a su obra

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a polaca Olga Tokarczuk, galardonada con el Premio Nobel 2018 otorgado esta semana, ha creado un estilo y un conjunto de obras en las que conviven el viaje, la historia, la fantasía y la búsqueda de los lugares más recónditos del alma humana. Considerada como la mejor escritora de su generación, Tokarczuk (Sulechów, 1962) es autora de una decena de novelas y libros de relatos, que han sido traducidos a una treintena de idiomas y merecido premios y reconocimientos internacionales, como el Brueckepreis o el Nike, el más prestigioso de los que se conceden en su país. El fundador de Editorial Anagrama, Jorge Herralde, dijo a Laberinto

que en breve publicará la novela Los errantes, con la que Tokarczuk obtuvo el año pasado el Man Booker International Award, y es, aseguró, su obra magna. “En quince días estará en librerías españolas y un poco más tarde en las mexicanas”. “Este es un libro”, dice el fundador de Anagrama, “inquieto e inquietante, hecho de historias incompletas y cuentos oníricos subsumidos en un libérrimo cuaderno de viaje a base de excursos, apuntes, narraciones y recuerdos que muchas veces tienen como tema el viaje mismo: el relato de Kunicki, que tendrá que enfrentarse a la desaparición de su esposa y su hijo, y a su reaparición enloquecedoramente enigmática. O el de Annushka, obsesionada por comprender los incomprensibles juramentos que profiere una pedigüeña. Y también el relato real de cómo el corazón de Chopin llegó a Polonia escondido en las enaguas de su hermana; o el del anatomista


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Philip Verheyen, que escribía cartas a su pierna amputada y disecada”. La traductora de esta obra al español, Agata Orzeszek Sujak, declaró a Laberinto que la prosa de Tokarczuk “es muy particular y trascendental; es una prosa madura. Tokarczuk es fácilmente reconocible para quien haya leído dos o tres libros suyos. Es una escritora muy popular en Polonia y lo ha sido desde que su libro Un lugar llamado Antaño tuvo un gran recibimiento de la crítica y el público, sobre todo el público joven. Su prosa es también muy psicológica, pues es psicóloga de formación y eso se nota”. Orzeszek afirma que el conjunto de la obra hasta ahora escrita por Tokarczuk “es más bien una indagación continua, y no refleja una evolución hacia la madurez, ya que cada uno de sus libros es muy logrado. Es una escritora que se mueve muy bien tanto en el cuento como en la novela. También es una autora que, aunque a veces hace gala de mala leche, es principalmente optimista, ya que muestra al ser humano y su vinculación con la tierra. Lo que ocurre es que en Los errantes ha ido un poco más allá y viaja al interior del cuerpo humano, pero en ningún momento desde una perspectiva de género, aunque se nota que la narradora es una mujer”. Sobre las preocupaciones que refleja la obra de Tokarczuc, su traductora al castellano indicó que “hay un sesgo ecológico y de refilón toca temas candentes del siglo XXI como la eutanasia. Pero en Los errantes no se trata de un solo tema; es un recorrido por la gente en movimiento, ya que para ella movimiento es vida y detenerse es morir. En ese sentido, el viaje es otro de sus grandes asuntos, aunque no haya hecho lo que formalmente se llama novela de viajes. Pero el viaje es uno de los leitmotiv de su obra; el viaje incluso en el tiempo, pues va del siglo XVII al XXI en una peregrinación en busca del peregrino; es decir, Olga Tokarczuc va detrás de la gente que peregrina de un lado para otro. Y más viajará el lector cuando se publique en español su novelón titulado Los libros de Jacobo, una obra que es una peregrinación a través de la historia de Polonia”. En esa perspectiva se sitúa Sobre los huesos de los muertos, novela publicada en español en 2016 y llevada a la gran pantalla en 2017 por la realizadora Agnieszka Holland, la cual refleja también algunas de las virtudes de la prosa de su autora, al crear una especie de thriller metafísico en el que despliega todas las contradicciones del alma humana para contar la historia de Janina Duszejko, una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en la escuela rural de Kotlina Kłodzka, región montañosa del suroeste de Polonia cuya rutina se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a varios cazadores furtivos. En ese contexto, Janina, apasionada de la astrología,

defensora a ultranza de los animales y obsesionada por la obra del poeta William Blake, intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes, lo que le permite a la autora utilizar el género policiaco con un original subtexto ecologista, en el que Tokarczuk retrata soberbiamente a la sociedad local, cuestionando sin ambages tanto la falta de respeto por la naturaleza como el radicalismo ambientalista. De otra de sus novelas, Un lugar llamado Antaño, publicada en español por Lumen en el año 2001, la crítica literaria Mercedes Monmany destacó que una de sus grandes capacidades ha sido la de narrar en clave fantástica, como si se tratara de una leyenda, una fábula o un poema épico, la historia de todo un país a lo largo de un siglo entero. “En ese novela”, reseñó Monmany, “Tokarczuk compone una terrible y seductora metáfora de Polonia, dentro del reducto cerrado y mínimo de un pueblo imaginario, de donde las gentes parten a lugares reales como Cracovia, Italia o Brasil; lugares que convivirán con lo que es presentado como centro del universo, Antaño, un país de cuentos, donde se producen cosas inexplicables e insólitas que, sin embargo, guardan un inquietante y siniestro parecido con la historia puntual y oficial que se narra a los niños en las escuelas, sufridas por sus padres y abuelos. Una historia que por su absurdo y su persistencia da la impresión de ser solo un sueño, ya que solo en los sueños todo se repite como un estribillo”. La crítica literaria sostuvo que es precisamente “en ese mundo, en donde el verdadero protagonista es el tiempo, el tiempo interior y autónomo que vive cada uno, en ese mundo continuamente amenazado, donde el poder auténtico lo detenta la imaginación, ese adobe de vida de las cosas a las que se les da siempre una posibilidad más de sobrevivir”. Monmany añadió que Un lugar llamado Antaño, donde conviven temas como vida y muerte, amor y deseo, locura y dolor, religión y trabajo, es, asimismo, una especie de historia oficial y cronológica que va desde el verano de 1914 hasta la década 1960, donde “un simple molinillo de café, con el que comienza la narración del siglo, será el único náufrago, al acabar el libro, que navegue con una mujer joven en un viaje en autobús hacia lo desconocido, hacia un futuro probablemente ya muy lejos de las fronteras de Antaño”. Experta en literaturas europeas contemporáneas, Monmany dijo por último que a lo largo de las dos últimas décadas Polonia, un país de “latinidad eslava”, ha proporcionado al panorama europeo, y mundial por extensión, “una de las literaturas y vanguardias más excepcionales del último siglo”, contando con nombres tan insignes como el de otro Nobel, Czeslaw Milosz, o los de Stanislaw Lem, Witold Gombrowicz y Ryzsard Kapuscinski”.

Mercedes Monmany destaca que una de sus capacidades ha sido la de narrar en clave fantástica

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Vuelos OLGA TOKARCZUK FOTOGRAFÍA AGENCJA GAZETA

El tiempo y lugar correctos

Mucha gente cree que en el coordinado sistema del mundo existe un punto perfecto en el que tiempo y espacio logran un acuerdo. Esto incluso es lo que lleva a esta gente a viajar, a dejar sus hogares atrás, con la esperanza de que moviéndose alrededor de esta superficie caótica acrecientan las posibilidades de que ocurra este punto de acuerdo. Aterrizando en el momento correcto en el lugar correcto —aprovechando la oportunidad, atesorando el momento sin dejarlo escapar— significaría que se ha descubierto la clave de la caja fuerte, se ha revelado la combinación, se ha expuesto la verdad. No más pasar de largo, no más navegar entre las coincidencias, los accidentes y las vueltas del destino. No tienes que hacer nada; tan solo hacerte presente, acceder a esa sola configuración de tiempo y espacio. Entonces encontrarás a tu gran amor, felicidad, un billete de lotería ganador, o la revelación de ese misterio que en vano nos ha estado atormentando por años a cada uno de nosotros, o la muerte. Muchas veces por la mañana uno incluso tiene la impresión de que ese momento está cerca, y de que el día de hoy tiene que ser el día en que llegará.

Expediciones al Polo Norte

Recuerdo algo que alguna vez Borges recordaba haber leído en alguna parte: aparentemente, en la época en que los holandeses estaban construyendo su impero, los ministros anunciaron en las iglesias danesas que aquellos que tomaran parte en las expediciones al Polo Norte prácticamente garantizaban la salvación de sus almas. Cuando a pesar de eso se reunió a un grupo reducido de voluntarios, los ministros

admitieron que se trataba de una expedición muy larga y ardua, ciertamente no para cualquiera; tan solo, de hecho, para los más valientes. Pero continuaban siendo pocos los interesados. Para no quedar en ridículo, los ministros simplificaron su proclamación: de hecho, cada viaje podría ser considerado una Expedición al Polo Norte. Incluso un breve traslado. Hasta un paseo en un carruaje de pasajeros. Supongo que en estos días hasta un trasbordo en el metro podría contar.

La psicología de una isla

De acuerdo con la psicología del viaje, la isla representa nuestro más remoto y primordial estado de sociabilización, cuando el ego está de hecho individualizado al grado de haber alcanzado cierto nivel de autoconsciencia, pero sin tenerlo del todo, estableciendo relaciones con el entorno. El estado de isla es aquel que nos hace permanecer dentro de nuestras propias fronteras, que no pueden ser perturbadas por una influencia externa; se asemeja a un estado de narcisismo o incluso de autismo. Uno satisface todas sus propias necesidades por sí mismo. Tan solo el yo es real; el otro no es sino un vago espectro, un Holandés Errante atravesando fugaz el horizonte lejano. De hecho, uno no puede estar completamente seguro de que el otro no sea producto de la propia imaginación, un ornamento que un ojo acostumbrado a la línea recta ha desdoblado en el campo de visión limpiamente hacia arriba y hacia abajo.

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Versiones de Juan Manuel Gómez. Tomado de Flights (traducción por Jennifer Croft del polaco al inglés). Fitzcarraldo Editions, London, 2017.


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Con autorización de la autora y de las Presses de la Sorbonne Nouvelle, ofrecemos esta entrevista inédita en español en la cual Peter Handke revela los misterios de su obra

“Escribir es algo entre lo sagrado y lo criminal”

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MIREILLE CALLE-GRUBER* FOTOGRAFÍA CHRISTIAN HARTMANN/ REUTERS

oeta, narrador, ensayista, dramaturgo, guionista de cine, Peter Handke (1943) encarna al escritor para el cual no existe más compromiso que el del lenguaje. Su obra es, en muchos sentidos, una exposición de ambientes naturales y estados del alma. En su Diario, dice que un buen escritor es también un buen orador. ¿Necesita pasar por la lectura en voz alta de su texto, como lo hacía Flaubert, para sentir la articulación rítmica de la imagen? ¡No! Tal vez un buen orador cuando está solo, como Flaubert, grita por la noche el ritmo de sus frases. Pero a mí me ocurre lo contrario: cuando escribo me vuelvo completamente mudo, mis labios ni siquiera se mueven. La escritura es silencio. Aunque “silencio” no es la palabra adecuada, más bien diría que me callo. Confío en el ritmo de la escritura que no es el de la lengua oral, el de la boca; al contrario. Para mucha gente, la literatura es algo hablado; para mí, la literatura es algo escrito, un gran misterio, pero tampoco es algo ideológico defender esto. Ocurre así conmigo: me quedo mudo cuando escribo. Ni siquiera soy un orador nocturno como el señor Flaubert en Rouen. Cada escritor es una variante, un caso especial. Digo “caso” porque escribir no es algo normal. Hoy todo es normal, pero escribir es algo, no diría sagrado, sino más bien criminal. Entre lo

sagrado y lo criminal. En todo caso, a mi parecer, no hay nada natural en escribir. Su obra cuestiona los géneros literarios, por ejemplo, el Ensayo sobre el loco de las setas, que es también un texto poético y narrativo, pues cuenta la historia de un ser que se cuestiona. Tal vez viene del hecho de que ya no puedo escribir frases cortas, me parece una escritura por completo falseada. Prefiero contar con frases largas, a la manera de los vaqueros que enredan con su lazo. A veces me digo si en el fondo se trataba de eso, dejar de creer en las frases cortas tras cinco décadas de escritura. Hoy, con todo libro que abro, encuentro tres frases cortas… y no puedo leerlo pues no hay nada que leer. Ya que leer es una expedición, una aventura, entrar en algo, como Dante en el bosque oscuro y tal vez después, al final, encontrar una luz. El problema en la actualidad es que se trivializa todo. Siempre hay varios sentidos en una frase y tendemos a neutralizar lo que es complejo, es decir, lo que es magnífico y vivo. Ese tipo de libros que, de hecho, no deberíamos ni siquiera llamar así, se vuelven ilegibles.   También es traductor, del inglés y del griego antiguo. ¿Diría que la experiencia de la traducción lo conduce a escribir contra su lengua? Cuando no logro traducir, me digo: ¿cuál era la imagen, el ritmo de la imagen? Entonces, dejo el lenguaje, el alemán, el inglés, el griego y me concentro en la imagen, en su ritmo. Porque también eso es traducir: traducir las imágenes y colocarlas en un ritmo musical; no, musical no, en un ritmo literario. Pues existe una gran diferencia entre

literatura y música. No hay literatura musical, la literatura es otra cosa. Soy un escritor —un apasionado— de la lengua alemana, y creo que casi todo se puede hacer resonar en alemán (y en griego antiguo). Para mí son las lenguas más misteriosas, las más ramificadas. Por eso no se puede traducir el alemán. Pero, como decía Cervantes, “no podemos traducir pero tenemos que hacerlo a pesar de todo”. Al mismo tiempo, el peligro que trae consigo el alemán es caer en el misticismo del lenguaje. Y creo que a veces he corrido el riesgo de caer en la trampa del misticismo. Entonces, hay que volver a plantear el problema y regresar a la imagen y la sensación, que no son pensamiento ni gramática. Solo así podemos esquivar el peligro de la lengua alemana. Me parece que en algunos de sus textos ha señalado la dimensión épica de su escritura. En efecto, creo que no hay que descuidar el modo épico. No pareciera pero tengo un alma épica y a veces pongo palabras que son por completo inútiles en alemán. Al igual que Homero en la Odisea ponía muchas palabras solo para los hexámetros. No lo hago a propósito, pero en mi alemán incluyo palabras solo por el número de sílabas, para encontrar la cantidad necesaria que dará el ritmo que busco, que es también el ritmo de la continuación. Es muy importante: la frase es lo que vivimos en la continuación. Lo que importa es el acento, que el ritmo sea fresco, que acentúe el texto.

Con el relato, lo que me interesa no es la lengua, sino contar lo que está fuera del lenguaje

En la épica hay también una dimensión excesiva, un exceso, ¿no es así? Es cierto. No soy un escritor americano como Hemingway, no me interesa encontrar la esencia de las frases. Tampoco soy un escritor barroco, como Günter Grass. Mi ideal, cuando era más joven, eran los historiadores latinos. Es una especie de ideal: escribir una historia a la manera de un historiador. Pero con el paso del tiempo, con la edad, se volvió algo así como una actitud, que hay que destruir cuando se escribe, como todas las actitudes. A veces, lo que me ayuda cuando pierdo el hilo —es necesario un hilo al construir un relato— es recordar que no solo tengo un lado épico, sino que soy también un cronista, lo cual conlleva otra manera de escribir. En mis libros en prosa hay con frecuencia una lucha entre estos dos modos, entre la épica y la crónica. Pues, a pesar de todo, lo que me es natural es narrar, narrar con la escritura, nunca oralmente. Con el relato, lo que me


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ENSAYO

La brillante dupla Handke y Wenders

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interesa no es la lengua, sino contar lo que está fuera del lenguaje. Aunque hay que pasar por el lenguaje para acercarse a ello. ¿Se trata de un deseo de contar anterior al lenguaje? ¿El deseo por el lenguaje mismo? Más allá del lenguaje. Es algo inexplicable. Cuando escribí La mujer zurda, vivía cerca de Fráncfort, en un conjunto de bungalós; era difícil vivir ahí, en medio de un claro en el bosque. Un día vi a una mujer a la ventana que miraba a su hijo mientras jugaba muy lejos, y esa imagen me permitió ponerme a escribir. Nunca es el lenguaje el que da tal impulso, es la imagen que es, al mismo tiempo, sensaciones, sentimientos, despertar. Me pongo a escribir cuando pienso que hay algo que contar. Pienso en el cuento de Karen Blixen que relata la historia de un joven que quiere suicidarse pero que sobrevive… “y vivió para contar la historia”. Esta frase viene a mí con frecuencia.

Tal vez es por el movimiento de la narración que usted puede dar. Sí, eso es, la narración, el ritmo profundo de la narración. Cuando escribo una obra teatral me siento más bien en una confrontación con varias voces esquizofrénicas dentro de mí. Con la narración, me siento en mi sitio. Al escribir teatro, me siento desplazado, en un sentido positivo, es decir, me desplazo, tengo muchos puntos de referencia y me llena de satisfacción. Perdón, las comparaciones son siempre quiméricas, pero la narración me da la satisfacción del ser. Esto va a la par con una forma de gracia y de enlace también. Usted lo ha dicho: hay una narración, y luego otra y otra aún, y encontramos esas frases, esos pasajes que llenan de vida y que nos conmueven tanto. No hay que ser pesimistas pero ya no desempeñamos el papel de antaño. Quizá era una ilusión, en el siglo XIX y XX autores como Thomas Mann, Robert Musil de manera distinta —aun-

que con él, visto desde fuera, fue casi un fracaso pues casi murió de hambre— o como Tolstói que, en su época, era el hombre más universal. Hoy solo estamos aquí y tal vez esté bien así. En los tiempos de Weimar, cuando los escritores publicaban, incluso cuando escribían, sabían que lo que hacían sería inmortal. Goethe sabía que su obra iba a permanecer. Nosotros sus lectores sabemos que su obra será también inmortal. ¡La mía no! Yo no lo creo. Ellos sabían que ya eran unos “clásicos”, no que iban a volverse, sino que lo eran al momento mismo de escribir. Es muy raro. Cuando leemos la correspondencia de Goethe vemos que lo sabía. Y yo no siento eso, aunque a veces me digo que no es posible que todo lo que he escrito desaparezca. .

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Traducción: Melina Balcázar. * Narradora y ensayista, profesora emérita de la Sorbona.

IVÁN RÍOS GASCÓN

n 1970, Peter Handke publicó El miedo del portero al penalti, la historia de Josef Bloch, un ex guardameta que callejea en Viena sin sentido aparente, solo el de revisar los resultados de los partidos de la liga, aunque en realidad esa travesía es una catarsis para el irritante fracasado que cavila sobre las desventuras cotidianas. Bloch perdió su puesto en el equipo por fallar ante el disparo desde el manchón penal y también cometió un crimen, hecho que en la novela Handke nubla para el lector pues le sirve de lenitivo a su personaje para aliviar la obsesión más tormentosa: la enloquecedora angustia que comparten en la cancha tirador y portero en el instante de la pena máxima. Dos años después, Wim Wenders y Handke adaptaron la novela, con Arthur Brauss en el papel de Bloch y Erika Pluhar en el de Gloria, la encargada de la taquilla de un cine, la trágica mujer que ensombrece la conciencia del ex futbolista, y aunque esa no fue, propiamente, la primera incursión de Peter Handke en la realización fílmica, representa el arranque de una constante obra paralela a la literatura y la dramaturgia, y el de su espléndido trabajo junto a Wim Wenders. Si bien El miedo del portero al penalti ha sido poco vista (el conflicto por los derechos de la banda sonora impidió la proyección durante décadas, hasta que Wenders lo solucionó con pistas alternativas), Handke es más conocido por el guion de Falso movimiento (Wenders, 1975), basado en Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, de J. W. Goethe, y sobre todo por el script de Las alas del deseo (1987), la película más emblemática de Wim Wenders, esa fábula con música de Nick Cave and The Bad Seeds, en la que los ángeles Damiel (Bruno Ganz) y Cassiel (Otto Sander) bajan de las nubes para observar de cerca la existencia terrenal y experimentar en carne propia los dilemas, los sentimientos y la vida espiritual de los mortales. Dicen que Peter Handke se negó a escribir el guion completo de Las alas del deseo y, en cambio, le dio a Wenders una serie de fragmentos que le fueron más que útiles no solo para ese filme sino para su posterior ¡Tan lejos y tan cerca! (1993), donde vuelve a aparecer el ángel Cassiel, pero también vale la pena recordar que el argumento sirvió de base para City of Angels (Brad Silberling, 1998), bautizada en español como Un ángel enamorado, la versión hollywoodense con Nicholas Cage y Meg Ryan. Handke escribió y dirigió la adaptación de su novela La mujer zurda en 1978, el desencuentro de una pareja en un árido ambiente de perplejidad y desamor, donde Bruno (Bruno Ganz) y Marianne (Edith Clever) intentan abandonar el escenario de sus propias vidas para contemplar a la distancia sus fracasos y la desastrosa angustia que les espera, esa inquietud presente en todos sus relatos: en 2016, Wim Wenders cedió a la tentación de filmar Los hermosos días de Aranjuez, pieza originalmente concebida para teatro, en la que Handke pone a conversar a un hombre y una mujer sobre sus embrollos íntimos en una terraza veraniega, y quizá por el recuerdo de su lejana obra maestra, Las alas del deseo, Wenders también cedió a la tentación de incluir en el reparto a Nick Cave para continuar el ciclo de ficciones que se sostienen en la poética visual y existencial de un Handke experto en seres que deambulan entre lo etéreo y lo mundano.

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TERTULIA

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PERSONERÍO

RESEÑA

Hokusai o la vida en pinceladas JOSÉ DE LA COLINA

Aunque mucho he adelantado en el dominio del pincel, los colores y las líneas, estoy insatisfecho con mi labor, pero sé que a los 80 años habré llegado a la maestría, sé que a los 90 conoceré el significado de lo que vive y nos rodea por todas partes, y sé que a los 110 años habrá en cada una de mis pinceladas el latido de la vida. Yo, Hokusai, a quien llaman El Viejo Loco por el Dibujo. Hokusai, en L’Art et la Poésie du Japon, de Albert Préjean (versión de José de la Colina).

K

atsushika Hokusai nació en Edo (hoy Tokio) de padres desconocidos. Adoptado por un aldeano y aceptado en el taller de un fabricante de espejos para el shogún local, luego por un gran maestro del grabado, desde niño acostumbraba ir, con un botellín de tinta, con papel y pinceles, a contemplar y fijar cada cambiante matiz de la luz en el bosque, cada ondulación de la sombra de las nubes sobre la nieve cimera del Fuji, cada cambiante perfil, cada vaivén y cada variación en el ritmo del oleaje en la playa cercana a ese monte conocido como emblema del Japón. La chamacada del barrio, irritada por tal niño incorrecto que prefería el “trabajo” al juego, lo apodaba el Niño Tonto por el Dibujo. Él se sotorreía quizá previendo que al final de su vida, cuando se viera tal como luego se autorretrataría en un grabado: como un viejo flaco, encorvado y calvo, apoyado en un bastón, se propondría en un texto como un veterano buscador y fijador de todas las variantes de la vida. Y asumiendo su empresa loca se autonombró Hokusai, el Viejo Loco por el Dibujo o la Pintura. En ese autorretrato escrito se prometía que a su más avanzada edad lograría un latido de vida en cada una de sus pinceladas. A su muerte a los 89 había hecho un incalculable número de retratos, de autorretratos, de paisajes soleados o afantasmados en la niebla o cruzados por la lluvia y la nevisca, de hombres atareados en la pesca y la labranza, de serenos o tormentosos oleajes del mar y de los cursos de los ríos, de actos eróticos entre seres humanos o entre éstos y las bestias (¿cómo olvidar la estampa de la dama a la que un enorme pulpo le hace el homenaje del cunnilingus?). Quería fijar con su arte todo cuanto le ofrecía el múltiple y fluctuante mundo visible. Entre 1823 y 1829 produjo una de sus mayores obras maestras: una estampa (perteneciente a la serie de xilografías Treinta y seis vistas del Monte Fuji) en la que una gigantesca ola, erizada de espumas como de uñas, se alza y se curva imitando la garra predadora de algún monstruo marino, y amagando con devorar las barcas y los pescadores, mientras en el horizonte se yergue altivo y sereno el cono nevado del monte emblemático. Así había eternizado, no una ola, sino la Ola. Con su vasta y varia obra pictórica y su breve párrafo autobiográfico Hokusai se adelantaba en más de un siglo al muy famoso texto de Jorge Luis Borges: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

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El director de la editorial Grano de Sal.

Tomás Granados Salinas

“El editor ideal es un híbrido”

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omás Granados Salinas ejerce el oficio editorial con determinación religiosa. Es “un devoto de la forma tipográfica”. Esa confesión explica el juego de palabras que se lee en la tapa de su nuevo libro, Sin justificar (Trama Editorial, 2019), que alude al mismo tiempo a ese atributo del párrafo que determina su apariencia en la página y al modo de concebir el libro: una compilación de ensayos que atiende aspectos diversos del quehacer libresco, reunidos con voluntad reflexiva para revelar “cómo otros practican el oficio editorial y, sobre todo, cómo la lectura de ciertos libros nos enseña a hacerlos. Si hay un eje conductor es ese, la reflexión sobre el modo de practicar la edición”, cuenta en entrevista el exgerente editorial del Fondo de Cultura Económica y cabeza de la editorial Grano de Sal. Los editores pertenecen a una clase sui géneris en la cadena del libro. En el libro hay una frase cuya idea es que los editores son seres creativos que no tienen los órganos para hacerlo y entonces tienen que crear con la obra de alguien más. Tenemos una deformidad: nos gustaría ser tan imaginativos como el novelista o tan profundos como el analista político. Nos faltan esos órganos, pero queremos participar en la conversación.   Es una conversación incesante. El editor siempre está inventando su lector e imaginando los resultados,

ÁNGEL SOTO FOTOGRAFÍA A. S.

porque la lectura no ocurre en el vacío. Se pregunta si habrá suficiente masa de lectores dispuestos a pagar por el libro. Eso ya deforma el modo de leer, de juzgar una obra. Una sección amplia de Sin justificar está dedicada a los problemas relacionados con el libro. Te has ocupado mucho de eso. Los editores necesitamos que circulen los libros y que sean comprados. Vivimos en un mundo con unas reglas de mercado y, salvo que seas una institución universitaria o gubernamental donde no sea imprescindible la respuesta del consumidor, las condiciones materiales para la circulación del libro son importantísimas: la existencia de librerías, bibliotecas, medios de comunicación, transportistas…   Algunos de estos textos son de hace unos diez años, pero el mundo se ha transformado muchísimo desde entonces. ¿Los problemas del libro siguen siendo los mismos? Algunos sí y han surgido otros. El problema principal del libro en México es la escasez de lectores. Somos un país con una población de más de 120 millones de personas y la proporción de

“No basta con publicar un libro; hay que buscar un mecanismo que le permita durar”

gente que lee con cierta frecuencia es un porcentaje muy pequeño. La prioridad entonces debe ser la creación de lectores. Hacen falta más lectores, pero primero hay que entender que hay muchos modos de ser lector. Se ha privilegiado la idea de que el lector es el que lee literatura por placer y eso deja de lado muchísimas otras formas de leer: para cultivarse, informarse, hacer cosas prácticas…   En los últimos años ha habido un boom de editoriales independientes, algo muy saludable para la industria, pero también hablas de una tasa de mortandad infantil.  El auge de editoriales independientes es bueno porque es muy atractivo ser editor. Es muy emocionante y satisfactorio. Es relativamente fácil saltar, pero el lío está en que no hay una orientación a la supervivencia. No basta con publicar el libro, sino que hay que buscar un mecanismo que permita durar en el tiempo.   ¿Cuál sería el editor ideal? El que domine las funciones esenciales del oficio; que sepa que hay un aspecto jurídico y en consecuencia debe tener un enorme respeto por el derecho de autor; que sepa que aparte del descubrimiento de las obras está la obligación de llegar al mercado. Se necesita una visión híbrida: jurídica, administrativa, literaria y comercial. Es una mezcla poco común.

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EN LIBRERÍAS

12 DE OCTUBRE 2019

NARRATIVA, ENSAYO La muerte lenta de Luciana B.

Un matrimonio americano

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A FUEGO LENTO Ellos

El espía de Franco México, 2019

Guillermo Martínez Destino México, 2019 231 páginas

Tayari Jones Alianza de Novelas México, 2019 378 páginas

Francine du Plessix Gray Periférica & Errata naturae España, 2019 730 páginas

Han pasado diez años y el narrador de esta novela se reencuentra con Luciana, una copia deslavada de la muchacha alegre y seductora que fue. No es para menos: la muerte se ha llevado a novio y amigos y ahora la ha tomado como objetivo. Con ecos de El túnel, de Ernesto Sabato, y siguiendo muchos de los preceptos de Henry James, el escritor argentino ha compuesto una historia en la cual el mal es más que una abstracción: tiene un enorme peso específico.

Finalista del National Book Award, esta novela se concentra en tres figuras de excepción: Roy, un alto ejecutivo condenado a prisión por un crimen que no cometió; Celestial, su esposa, una joven artista; y Andre, amigo de la infancia y, más tarde, paño de consuelo de Celestial. Son tres vidas quebradas que se doblegan aún más cuando Roy abandona la prisión. Vale decir que Jones retrata con amargura la fragilidad del llamado “sueño americano”.

Francine du Plessix Gray es hija de Tatiana Yákovleva, un icono de la moda, célebre por el diseño de sombreros, quien después de la muerte de su esposo se casó con el poderoso Alexander Liberman, cabeza del grupo de revistas Condé Nast. Estos padres excéntricos, amantes de la publicidad y al mismo tiempo celosos de guardar sus secretos, son las figuras centrales de esta biografía que corre como una novela y va desde la Revolución rusa hasta los inicios del siglo XXI.

El poder de las historias

De México para América entera

Así se hace un libro

Martin Puchner Crítica México, 2019 400 páginas

Rafael Vargas Escalante Grano de Sal México, 2019 304 páginas

Enric Jardí Arpa España, 2019 200 páginas

El autor recuerda que entre los objetos que Alejandro Magno llevaba a sus campañas se encontraba la Ilíada; como todo buen libro, le enseñó a cambiar el modo de ver el mundo y su forma de actuar. Para Puchner, la literatura surge cuando las historias orales se pasaron por escrito. La historia de la literatura que presenta, se escribió “a la luz de nuestra última revolución en las tecnologías de la escritura”, priorizando cómo las historias han transformado a la humanidad.

El subtítulo del libro guiará al lector en su contenido: Pequeñas historias del Fondo de Cultura Económica. Al aclarar el significado de la expresión francesa petite histoire, Vargas Escalante precisa sus intenciones: “hoy la mayoría de los franceses entiende que tal expresión se refiere al lado anecdótico de la historia, a hechos históricos menores”. De este modo, se conocerá el papel de autores, traductores e ilustradores de nuestra máxima casa editorial.

Este volumen parte de una paradoja: su objetivo es diseñar un libro que no se diseña. Como señala Jardí: no hay que desesperarse. Un libro ilustrado o con fotografías se diseña, pero el de lectura o de texto no, y esto ha ocurrido desde la invención de la imprenta. El objetivo del autor es “explicar cómo se hace un libro tradicional en el siglo XXI”, a la luz de las nuevas tecnologías. Sin embargo, no es para todo público, sino para creadores de libros de lectura.

Un fresco del exilio español ROBERTO PLIEGO robertopliego61@gmail.com

H

ay argumentos que se sostienen sin la complicidad de la escritura, argumentos tan enconadamente adictivos que son capaces de anular cualquier pretensión literaria. Es el caso de El espía de Franco (Alfaguara), de Luis Rius Caso. Con una investigación exhaustiva que incluyó la consulta de archivos en México y España, y los recuerdos de algunos amigos y familiares, Rius Caso recrea el año en que José Gallostra, un diplomático franquista, fue asesinado a manos de un sicario de incierto pasado en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México. Estamos en 1950, en un ambiente de crispación entre los herederos de la República española y las fuerzas de la hispanidad que aún creen en la pureza de sangre. Sin alardes de estructura, El espía de Franco avanza en línea recta y lo hace a través de su protagonista, el pintor Domingo Torres Domínguez, quien al tiempo que ejecuta un mural donde expone la muerte de Gallostra y las vicisitudes del exilio español va quedando a merced de una intriga que no solo toca las fibras políticas, pues convoca a empresarios, anarquistas, socialistas, poetas y aun toreros hasta proyectarse hacia República Dominicana, donde se han puesto en marcha los alicientes de la Revolución cubana. Rius Caso es capaz de subirnos a la montaña rusa. Cuando las acciones parecen bajar la velocidad, pisa el acelerador o impone un giro brusco por el cual la lectura se torna una espiral de ansiedad. Uno quiere saber quién ordenó el asesinato y sus motivos pero también posponer el desenlace para consumir más de ese argumento tan veraz como pirado (en cierto momento, por ejemplo, el pintor se encuentra en una sala de interrogatorio del aeropuerto de Barajas y descubre que una de sus amantes era en realidad una soplona del Generalísimo). De modo que, por esta ocasión, paso de largo por los defectos: una larga parrafada de Diego Rivera, una intervención pomposa de Lázaro Cárdenas, demasiadas reproducciones hemerográficas, más del celo académico que de la intuición del novelista, pasajes envueltos por un lenguaje anacrónico. Ni aderezan el cuadro de época ni matizan los claroscuros por los cuales transitamos. Paso de largo y me dejo llevar por la corriente, es decir, por el flujo inocente de la narración.

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CIENCIA

12 DE OCTUBRE 2019

ENSAYO

Miradas al cielo nocturno La primera luz del Universo y la observación de un planeta fuera del sistema solar se llevaron el Premio Nobel

E

l libro de James Peebles se publicó en 1971, se titulaba Cosmología física y fue la inspiración para todos nosotros. Para mi generación de cosmólogos observacionales significó lo mismo que El origen de las especies de Darwin para los naturalistas victorianos: contiene todo un plan de investigaciones futuras”. Así se refiere George Smoot al trabajo fundacional del ganador del Premio Nobel de este año. En el libro de James Peebles se recogía el conocimiento alcanzado sobre el origen y la evolución del Universo al mismo tiempo que se planteaba el programa de investigación para los años por venir. James Peebles, físico canadiense afincado en Estados Unidos, tenía poco más de 30 años cuando en uno de los capítulos de ese libro se refería a la bola de fuego primigenia que había sido evidenciada como el origen de todas las cosas. Se planteó entonces la posibilidad de medir la radiación que provenía de esa bola de fuego para entender mejor al Universo, su origen y desarrollo. Cuando George Smoot lo leyó decidió dedicar su vida al estudio de la luz más antigua en el Universo y muchos años después habría de recibir el Premio Nobel junto con John Mather por la fotografía que muestra una luz fósil en toda la bóveda celeste. Es la misma  que se liberó cuando el Universo tenía 380 mil años. Ya han pasado 13 mil 400 millones de años desde ese momento. Desde que comienza con el Big Bang, el Universo se expande en un proceso que fabrica espacio y tiempo. A medida que crece, se enfría de la misma manera como se enfría un gas cuando el volumen que lo contiene aumenta de tamaño. Cuando la temperatura descendió a tan solo 3 mil grados Celsius, los electrones que formaban la bola de fuego moderaron su movimiento frenético y eso permitió que los protones con la carga eléctrica opuesta los atraparan de manera eficiente para configurar los primeros átomos de hidrógeno y helio. Hasta ese momento la luz era opacada por la nube caliente de electrones que constituían un plasma. Cuando la aglomeración de electrones se desvaneció, la luz pudo salir y el Universo se hizo transparente. La luz que escapó en aquel entonces es ahora una reliquia que ha sido estudiada en detalle desde que fue detectada por primera vez en 1965.

GERARDO HERRERA CORRAL gherrera@fis.cinvestav.mx FOTOGRAFÍA RTVE

La imagen capta las ondas gravitacionales que se atribuyen a los ecos de la expansión del Universo.

En los años ochenta, un equipo de científicos se propuso enviar al espacio la instrumentación necesaria para medir, desde un satélite, a la luz primordial. El satélite COBE logró el objetivo y George Smoot, el físico inspirado en la obra de James Peebles, fue reconocido en 2006 con el máximo galardón por la fotografía del Universo que nos muestra esa luz en el firmamento. James Peebles había desarrollado las ideas y las técnicas necesarias para describir y extraer de esa imagen los secretos que revelan muchos aspectos de la geometría, la composición, la estructura y el desarrollo del Universo. Así, por ejemplo, los estudios de Peebles revelaron la presencia de un 95 por ciento de materia y energía oscura, una sustancia misteriosa que deja sentir sus efectos sin ser visible. Este y otros temas planteados por él siguen siendo de la máxima importancia. El trabajo de Peebles convirtió a la Cosmología en una ciencia observacional, dio pie a numerosas investigaciones que siguen en desarrollo y, con su manera sistemática de abordar las interrogantes, cambió la manera en que vemos al Universo.

Desde que comienza, el Universo se expande en un proceso que fabrica espacio y tiempo

Este año, la mitad del Premio Nobel es para los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz, descubridores del primer planeta en órbita alrededor de una estrella. Tres años antes se había observado un planeta circundando a un pulsar, una estrella de neutrones que emite radiación en pulsos cortos y frecuentes, pero fueron ellos los primeros en encontrar un sistema que seguramente se formó de la manera establecida por los modelos astronómicos para los sistemas solares convencionales. La estrella que se encuentra en la constelación Pegaso, a 51 años luz de nosotros, es de la “secuencia principal”; esta es la manera en que los astrónomos se refieren a las estrellas de tamaño mediano y que se encuentran en una etapa de su desarrollo similar a la nuestra. En noviembre de 1995, Michel Mayor y Didier Queloz publicaron en la revista Nature el artículo titulado “El compañero con la masa de Júpiter de una estrella de tipo solar”. Ahí reportaron haber visto al planeta circulando en una órbita muy cerrada que se ubicaría dentro de la órbita de Mercurio. Especularon que el gigante planetario pudo haber migrado de su posición original a la posición en la que ha sido observado.

A este planeta gigante se lo nombró inicialmente Pegasi 51-b pero hoy se lo conoce como  Dimidio, y con el reporte de su existencia se abrió el camino para la búsqueda y observación de miles de planetas alrededor de otras estrellas. Antes del descubrimiento de Mayor y Queloz la gente pensaba que no podrían existir planetas grandes en órbitas cercanas a la estrella. La evidencia que ellos reportaron generó un interés especial, así como la búsqueda detallada de sistemas parecidos. Las características de este sistema estrella-planeta son incompatibles con el modelo de formación planetaria y es por eso que el hallazgo también dio inicio a una discusión sobre los modelos existentes. Los dos investigadores trabajan en la Universidad de Ginebra en Suiza y desde que observaron al primer planeta han participado en el descubrimiento de muchos más. Hoy sabemos de casi 4 mil planetas en sistemas solares lejanos. El Premio Nobel de este año es pues para el estudio de dos fenómenos que se ubican en el cielo nocturno, aparentemente diferentes entre sí, pero con un común denominador: vinieron a cambiar por completo nuestra manera de vernos en la inmensidad del Cosmos.

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ESCENARIOS

12 DE OCTUBRE 2019

PERIPECIA

DOBLE FILO

El cinéfilo Jorge Fons FERNANDO FIGUEROA

E Huma-no se presenta de viernes a domingo en el Teatro Benito Juárez.

En un escenario de plástico y metal

F

ALEGRÍA MARTÍNEZ alegriamtz@gmail.com FOTOGRAFÍA ULISES ANCESZTRO

ilas de neumáticos cruzan el escenario, como un paraje de medios círculos con su centro al frente. Una breve montaña de plástico negro oculta un cuerpo humano del que solo se observa una mano. Notas de música clásica contrastan con hombres y mujeres vestidos de oscuro que saltan, gritan, gruñen, sueltan golpes al aire y a sus compañeros, hasta que uno de ellos ataca a alguien invisible y da lectura a la definición de violencia. Palabras leídas al vuelo, huecas de significado, preceden acciones, movimientos, ataques, gemidos, golpes, reacciones, gruñidos. Los personajes de Huma-no conforman un grupo joven que se encuentra en guerra. Al parecer, uno de ellos ha traicionado al conjunto que se divide entre quien desea aniquilarlo y quien lo defiende. La espera a la llegada de una orden se eterniza. El aparato comunicador, bajo el cenital como un dios milimétrico, no emite sonido. Y aunque sobre el escenario apenas haya un silencio entre la vorágine de violencia aderezada de insultos, risas burlonas y provocaciones, el espectador se acostumbra pronto a no esperar algo más. El texto, quizá escrito por la Compañía Teatro de Humanos a partir de la tragedia Áyax, de Sófocles, según se intuye al leer el escueto programa de mano, apenas alude al héroe, llamado Jab, que no exhibe más que rabia y lamento sin que el espectador pueda tener la certeza de lo que sucede.

El elenco de la Compañía, integrado por David del Águila, Elena Gore, Gabriela Montiel, Tania María Muñoz y Fabián Varona, da muestra de un arduo entrenamiento que resulta en un buen combate escénico, así como en un derroche de energía que sostiene el ajetreo imparable de saltos, lanzamiento de llantas, persecuciones, jaloneos y sonidos guturales que por fortuna se mezclan a ratos con música grabada. El esfuerzo físico del grupo es arduo, como grande su ímpetu. Sin embargo, le falta trabajo al texto, progresión, complejidad y hondura. La enunciación del inicio se diluye aunque se retome más tarde, quizá con la intención de cerrar un círculo perpetuo. Pareciera que Huma-no es una especie nueva de Esperando a Godot, que sin reflexión filosófica retoma la aniquilación humana por sí misma, sin pausa ni sesgo, en un intento fársico que no prospera. El diseño del espacio escénico de Jesús Hernández, sobre el que más tarde penden cadenas, como bajadas del cielo, genera, con su iluminación, una provocadora imagen que alienta al espectador a intuir lo que podría suceder en ese paisaje poblado de plástico y de metal en alusión a la calle, a la violencia,

Pareciera que Humano es una especie nueva de Esperando a Godot, sin reflexión filosófica

a los expulsados de la protección, que buscan un neumático como casa, como proyectil y como armadura. Envueltos en trapos grises y negros, con pantalones y petos que cubren el cuerpo como si lo envolvieran para una guerra que no tendrá fin, los soldados de esta contienda dejan al descubierto un brazo delgado o cubren sus manos con tiras de tela, como andrajos que se vuelven piel de desecho. El vestuario de Libertad Mardel y la escenografía de Hernández generan el lugar y abren la expectativa del espectador que no ve saciado su interés al percibir que hay elementos ociosos y que el trabajo actoral desentona y se dispersa. Da la impresión de que Juan Carrillo fue invitado por el grupo para dirigir una obra basada en la acción a la que le falta trabajo de análisis, actuación y texto. Difícilmente se podría adivinar, sin ver los créditos, que el director de Huma-no es el mismo de puestas en escena como Mendoza, basada en Macbeth de Shakespeare, o Numancia, de Cervantes, creaciones de alto nivel y muy distinto origen. Huma-no parte de una preocupación genuina. Los integrantes de la compañía se entregan sobre el escenario, el espacio escénico y el vestuario crean una estética sólida y actual, asida a viejos elementos que detonan imágenes, sospechas, temor e incertidumbre. No obstante, nada sustituye el análisis de lo que se quiere decir ni los hallazgos de lo que cada frase y cada movimiento ocultan.

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n el marco del 51 aniversario de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, el tuxpeño Jorge Fons habló en el Colegio Nacional acerca de su película Rojo amanecer (1989), filmada en la clandestinidad y con escasos recursos financieros. Egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, el también director de Los cachorros (1973), Los albañiles (1976) y El callejón de los milagros (1995), así como de varias telenovelas, juega ping-pong con Laberinto.   ¿Dónde guarda sus Arieles y el Oso de Plata de Berlín? En el Claustro Jorge Fons, que está en Tlalnepantla. ¿El cine es un juego? Un juego con serias reglas. ¿Cuál es la tarea de un director? Transformar un escrito dramático en una obra audiovisual. ¿Cuál es su película favorita de Luis Buñuel? Tristana y todas las demás. ¿Y de Ingmar Bergman? Persona y todas las demás. ¿Cuál es el director vivo al que más admira? Zhang Yimou. ¿Le gusta hacer telenovelas o solo son chambas? Me gusta, y me gustaría más si hubiera libertad. El problema no está en el género sino en la idea. ¿Cuál es la mayor virtud de un guion? La claridad. ¿Qué historia le gustaría filmar si tuviera todo el oro del mundo? Una historia de amor. ¿Cuál fue la principal enseñanza que le dejó el editor Carlos Savage? La exactitud. ¿Le gusta o le aburre la ópera? Me encanta. Su compositor favorito de ese género. Verdi. ¿Cuál oficio le gustaría aprender de todos los que vio en la industria de la construcción cuando filmó Los albañiles? La carpintería. ¿Cuál es la principal virtud de Salma Hayek como actriz? La terquedad. ¿Y de Katy Jurado? El apasionado talento. Defina a Seki Sano en tres palabras. La emoción justa. Ahora defina a Enrique Ruelas solo con dos. Forma exacta. ¿Alguna vez practicó un deporte? Todos. ¿Qué piensa cuando se entera que un alumno de la UNAM le va al América? Pues qué mal. ¿Shakespeare ya lo dijo todo? Sí, aunque siempre hay más. Dos directores de cine que lo marcaron. Pasolini y Vittorio De Sica. ¿Es muy cinéfilo? Me considero más cinéfilo que director de cine. Dos películas que se llevaría a una isla desierta. Él de Luis Buñuel, y L’Atalante de Jean Vigo. ¿Cuándo hará el documental acerca de los avatares de la filmación de Rojo amanecer? Eso le corresponde hacerlo a otro.

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LABERINTO

DIRECCIÓN: JOSÉ LUIS MARTÍNEZ S. EDICIÓN: ROBERTO PLIEGO EDICIÓN WEB: ÁNGEL SOTO ARTE Y DISEÑO: SALVADOR VÁZQUEZ

12 DE OCTUBRE 2019

http:// www.milenio.com/cultura/laberinto/Facebook: Laberinto Milenio/Twitter:@SCLaberinto/Instagram: milenio_laberinto

TOSCANADAS

Bestbuyer DAVID TOSCANA dtoscana@gmail.com

S

in duda el autor del que más libros he comprado es David Toscana. Con frecuencia necesito mis libros para obsequiarlos como cortesía o como tarjeta de presentación o por interés, si quien lo recibe es un crítico o un editor. En una larga escala que hice en Buenos Aires, visité la librería del Ateneo, y hallé ocho ejemplares de El ejército iluminado. Me hice de cuatro, pues además era la única prueba de que el libro se había publicado en Argentina. Otrora, a los autores nos enviaban diez ejemplares, pero esa es una gentileza que no todos tienen. Hace un año una editorial de Kuwait me publicó El último lector, y hace poco El ejército iluminado, de lo que jamás he tenido prueba en las manos. En España, Alfaguara publicó Evangelia, pero tuve que ir a una librería en Sevilla para comprar el ejemplar de mi egoteca. Y por el estilo tengo otras publicaciones que nunca he visto.

EL EJÉRCITO ILUMINADO

La novela de David Toscana en traducción al inglés.

Esta semana estuve en Montevideo, donde las ediciones de la Banda Oriental habían publicado mi Lontananza, y, ellos sí, me regalaron once ejemplares, con lo que evité la mezcla de vergüenza y osadía que me invade cada vez que me planto a comprar un libro mío. Un amigo escritor me contó que su editorial le llamó un mal día. “Estamos por destruir 800 de sus libros que tenemos en almacén, pero si gusta le vendemos cada uno a 50 pesos”. Mi amigo, angustiado, dijo: “Si los van a destruir, ¿por qué no mejor me los regalan?” Pero la editorial fue implacable. O se pagan o se destruyen. Y por tratarse de un remate, aunque los comprara, no iba a recibir regalías. Los principales destructores de libros hoy día no son los regímenes totalitarios ni las iglesias retrógradas, sino las propias editoriales. A los libros no los matan los dictadores, sino el mercado. O quizá deba decir que el mercado es la dictadura contemporánea.

Hoy necesitaba otro de mis títulos, así que me metí a la página de Iberlibro, también conocida como Abebooks. Encontré 283, quince de ellos a menos de tres euros, cosa que me pareció bien; mi sorpresa fue hallar que la primera edición de Estación Tula llegaba a cotizarse en 1500 dólares. A un precio justo se le puede anexar el adjetivo como prefijo y tenemos justipreciar. Mas el precio de esta novela sería tanto como abusipreciar si acaso alguien estuviese obligado a pagarlo. Y sin embargo, abuso no hay, puesto que nadie jamás la comprará por ese monto. Pero yo quería un Olegaroy, y con urgencia, así es que tuve que ir a la Librería Central de Callao y comprarlo por 17.90 euros, sin posibilidades de recuperar el diez por ciento que me toca como autor, porque las regalías son siempre cosa perdidiza. Así las cosas, nunca he sido un bestseller, pero sí mi propio bestbuyer.

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BICHOS Y PARIENTES

Erinias: algoritmos

S

uponemos que somos racionales, pero hace 70 años, E. R. Dodds dictaba unas conferencias en Berkeley que se convirtieron en un libro estupendo, Los griegos y lo irracional (Alianza Editorial, Madrid): la sorpresa que sigue siendo para sus lectores averiguar que la mentalidad de Homero y los griegos concebía a un sujeto muy distinto, y al mismo tiempo semejante, de lo que nosotros suponemos ser. Para Homero, el ser humano no es siempre autónomo sino un ente abierto, sobre el cual pueden actuar y gobernar fuerzas distintas y externas. Por eso Voltaire no entendía a Homero; despreciaba sus personajes rotos e incapaces de dar razón de sí mismos. Lo enojaba el mismo punto que usa Dodds en su primera conferencia: “la explicación de Agamenón”. Y es que Agamenón había despojado a Aquiles de su botín, de modo abusivo, pero cuando necesita que el gran guerrero y sus mirmidones vuelvan a la batalla se ve obligado a disculparse: “No soy yo el culpable sino Zeus, y la Moira, y la Erinia que deambula en las tinieblas”. Aquiles acepta la excusa; Voltaire se enoja: le parece despreciable recurso literario que un “yo no fui” convenciera a un guerrero altivo y soberbio. Tiene razón, pero también se equivoca. El sujeto homérico no es un ente autónomo, ni suficiente: hay fuerzas que pueden tomar control de sus decisiones, según convenga al destino. En el canto II de la Ilíada, Agamenón recibe un sueño de Zeus, pero decide que el dios engaña y hace lo contrario de lo que el sueño quería revelarle. Es capaz de suspicacias contra Zeus, pero se halla inerme ante la Moira y la Erinia. López Eire traduce “Moira” por

JULIO HUBARD IMAGEN FELICE GIANI

“Hado”; Bonifaz Nuño pone “Destino”. Ambos son mejores opciones de ilación narrativa. La primera traducción, y el uso más frecuente de la palabra “Moira”, incluso en Homero, es el de “parte”, como oposición al todo o a lo que está completo. El destino es la parte que le toca a alguien, su lote. Es la deificación del fragmento, porque no existe el accidente. Nosotros estamos casi obligados a suponer que el ser humano es autónomo;

Habitamos el mundo creyendo que somos entes autónomos, en vías de conocerse a sí mismos

que hay un fuero interno, todo interior, cerrado, donde nada sucede que no sea uno mismo. No es posible siquiera imaginar la ética ilustrada, la de Voltaire, y sobre todo la de Kant, si no se supone una autonomía donde todo lo que sucede dentro de mí, soy yo. Incluso los sueños, desde Descartes, se explican respecto del sujeto que los sueña. Es el universo freudiano que simplemente supone que todo lo que sucede en el sujeto es el sujeto mismo. El sueño ha dejado de ser cosa que venga de fuera: se hace en uno y, aunque quién sabe quién hace el sueño, lo asumimos como cosa de un yo sin aberturas. Habitamos el mundo creyendo que somos entes autónomos, en vías de conocerse a sí mismos y que, por supuesto, nadie sabe mejor que uno mismo

Disputa entre Agamenón y Aquiles tras la peste enviada por Apolo (1805).

las razones y mecanismos de nuestros propios actos, elecciones, decisiones... hasta que un como viento frío se nos cuela por la espalda. Resulta que la empresa Cambridge Analytica (la del estupendo documental The Great Hack) alardeaba de conocer mejor a las personas de lo que ellas creían saber. Según Michal Kosinski, bastan 68 likes de una persona en Facebook para deducir su color de piel, orientación sexual, afiliación política; 150 son suficientes para entender la personalidad de alguien mejor que sus propios padres; y 300, dice Kosinski, me dejan saber más acerca de ti, de lo que tú mismo sabes. Y nos vamos volviendo homéricos, de nuevo. Uno supone, según la sintaxis básica y común, que “entra” en las redes sociales de internet, cuando el verbo debiera ser el contrario: salir. Es decir: no entro a Twitter ni a Facebook: salgo a un universo del que solamente percibo una fachada colorida; en realidad, estoy abriendo mi información para la acción de fuerzas superiores a mi arbitrio ni al arbitrio de ninguna voluntad autónoma. Pongo un grano de arena en un desierto que crece: Big Data, algoritmos... y las redes sociales ocupan el lugar de Áte, la Moira y la Erinia. Zeus era un mal interventor: ni Agamenón le creyó, al revés, por completo del Dios de Descartes y su certeza del yo, con un Dios que no engaña. El verbo “entrar” permite al retiario creerse una persona unitaria y consistente, sin percibir que deja abiertas y exhibidas sus entrañas virtuales, y que interpretar sus vísceras cibernéticas lo vuelve más predecible, más cognoscible para otros que para sí mismo. Somos como pájaros cuyas tripas interpretan otros arúspices.

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Profile for Suplemento Cultural Laberinto

Laberinto No.852 (12/10/19)  

Laberinto No.852 (12/10/19)  

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