Laberinto 587 (13/09/2014)

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Laberinto

David Toscana Libros imaginarios página 2 Francisco Hernández Poesía página 3 Braulio Peralta ¿Un nuevo FCE? página 3 Verónica Romero Sobre Víctor Hugo Rascón Banda página 8

N.o 587

sábado 13 de septiembre de 2014

El día que cambió la noche

José Luis Martínez S. Página 4

MARCEL MOCHET

MILENIO

Tras el fantasma de Bioy Marcos Daniel Aguilar Páginas 6 y 7


02 b sábado 13 de septiembre de 2014

MILENIO

antesala DE CULTO

Jorge Vázquez Ángeles b jorgito.vazquez@gmail.com ESPECIAL

Libros imaginarios TOSCANADAS ESPECIAL

David Toscana dtoscana@gmail.com

F

rancisco de Borbón se fugó de la prisión de Vincennes en 1848. Dos años después, cuando fueron arrestados el príncipe de Conti y el príncipe de Condé, se les preguntó qué libros les gustaría tener en su celda. El primero solicitó Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis. El segundo dijo que prefería Imitación de Francisco de Borbón. En la novela Rasero, de Francisco Rebolledo, el personaje central es un intelectual de la era de la Revolución francesa que escribe un libro titulado Por qué os desprecio. Se nos antoja infinitamente el texto de marras, pero nunca tendremos oportunidad de leerlo. La lista de libros inexistentes es larga. Aparecen en la literatura de Borges, de Bolaño, de Stanislaw Lem… En fin, más vale que cada quien la complete con su memoria. Además de libros ficticios, están los que nunca llegaron a escribirse por motivos naturales o violentos. ¿Qué habría escrito Kafka si llega a los ochenta años? ¿Qué habría publicado el buen Bruno Schulz si no le vuelan los sesos? ¿Acaso quien se iba a convertir en el más grande escritor del siglo XIX murió de viruela a los cinco años? Aunque los campos de concentración dieron mucha literatura sobre campos de concentración, podemos preguntar ¿qué hubieran escrito en cambio esos escritores? ¿O acaso fue esa experiencia la que los volvió

literatos? ¿Tadeusz Borowski habría sido escritor de no haber estado en Auschwitz? ¿Cuántos niños y jóvenes asesinados hubiesen tenido una vocación literaria? Cuando leo la biografía de Cervantes me doy cuenta de cuán cerca estuvimos de quedarnos sin Don Quijote de la Mancha. Entre azares de la navegación, batallas, prisiones, intentos de fuga y más prisiones, el valeroso caballero andante pudo nunca ir más allá de una idea. Y aun escrita la primera parte, bien pudimos quedarnos sin la segunda. Hace años se me ocurrió que quizás yo habría sido el mejor tenista del mundo, solo que nunca jugué al tenis. La idea no es tan peregrina. De haber nacido en la Unión Soviética, alguien se habría encargado de medir mis aptitudes para definir si habría de dedicarme al tenis, al box, a la caminata o al gulag; y según fuera el caso me comenzarían a inyectar sustancias mágico–deportivas o me pondrían a pan y agua. Tengo una conocida que era nadadora olímpica en la camada de Kornelia Ender. Nadaba porque su cuerpo era adecuado para nadar, no porque hubiese sido su sueño de la infancia. Le dieron tantos esteroides que cuando el gobierno dejó de suministrarle sus ampolletas pasó a ser una mujer de magna obesidad. En cambio, sería más difícil determinar quién tiene cerebro de escritor. Y vaya uno a saber qué sustancia habría de suministrarse por vía intravenosa para desarrollar dicha facultad. Hasta donde sé, no han funcionado el peyote ni el opio ni el LSD. Así es que por lo pronto la fórmula sigue siendo la clásica: leer, leer y leer. Luego atreverse a escribir. Dice la vieja consigna que un hombre debe plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. La mayoría termina más bien cortando un árbol, así sea indirectamente; engendra más de un hijo y, por suerte, no escribe libro alguno. Y sin embargo, siempre queda la posibilidad de que no se dé a la luz la gran obra literaria de nuestros tiempos simplemente porque la mente que pudo concebirla no la concibió. L

C. S. Forester

Borrar toda huella

S

u verdadero nombre era Cecil Louis Troughton Smith y nació en El Cairo en 1899, porque su padre trabajaba como maestro de inglés en una escuela para niños ricos. A los tres años de edad regresó a Inglaterra. No tardó demasiado en empezar a inventar historias exageradas sobre sí mismo. Pasarían algunos años antes de que tomara una pluma, pero leía sin parar a Jane Austen, Henry James y H. G. Wells. Intentó sin éxito enrolarse en el ejército para luchar en la Primera Guerra Mundial: para la milicia resultaba un joven demasiado delgado y frágil, además de que usaba lentes. En 1921 no solo colgó la bata de estudiante de medicina sino que cambió su nombre por el de Cecil Scott Forester. Sus primeros libros, Napoleon and His Court (1924) o Josephine: Napoleon’s Empress (1925), revelan su afición por la historia y fueron el germen de lo que años después desarrollaría con enorme éxito: once novelas y dos relatos sobre las guerras napoleónicas vistas a través del oficial de la Marina Real Horatio Hornblower. El siempre exigente Ernest Hemingway recomendaba a sus amigos la lectura de estas novelas. Después de publicar sus primeros libros históricos, en 1926 C. S. Forester publicó Cuenta pendiente, una historia policiaca que narra el asesinato que comete el endeudado y mezquino William Marble en contra de su sobrino Jim. Para no revelar la trama, solo diré que Mr. Marble, digno representante de aquellos que viven muy por encima de sus posibilidades, paga todas sus deudas menos una, la que sepulta en su jardín y que se volverá una terrible obsesión a lo largo de las poco más de 260 páginas de la novela. Dice al comienzo del capítulo 3: “Cuando se

EX LIBRIS

encontraba en la situación de una rata acorralada, había luchado como tal, desesperadamente, jugándose el todo por el todo, pero ahora que estaba salvado no pensaba en otra cosa que en huir y borrar sus huellas”. The Voyage of the Annie Marble (1929) y The Annie Marble in Germany (1930) son dos libros inspirados en los viajes que realizaron el autor y su esposa Kathleen a bordo de una pequeña lancha con motor que llevaba el nombre de la esposa del oscuro señor Marble. The Pursued apareció apenas en 2011 tras el descubrimiento del manuscrito. Por razones desconocidas, C. S. Forester dejó de escribir novela policiaca. Probablemente, mientras viajaba por los tranquilos canales que circundan Inglaterra, decidió alejarse de la literatura criminal para embarcarse en la marítima. Quizás hizo lo correcto si consideramos que con Horatio Hornblower se volvió tan famoso que hasta Gregory Peck lo encarnó en Captain Horatio Hornblower R.N. (1951). L Kali bEKO

MILENIO b LABERINTO b Dirección: José Luis Martínez S. Coedición: Roberto Pliego, Iván Ríos Gascón Arte y diseño: Salvador Vázquez Mejía


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LABERINTO

antesala

A un vendedor 80 años: de motivos septembrinos ¿un nuevo FCE? Grandes dosis de ironía contienen estos versos que interrogan al sentimiento patrio al tiempo que congelan el instante cotidiano POESÍA

A SALTO DE LÍNEA ESPECIAL

Francisco Hernández

(y para Ángeles y Omar)

D

esde la ventana te veo acercarte, arrastrando tu carrito con banderas, trompetas y rehiletes. Te pregunto en silencio: ¿Sabrás lo que es la patria? Porque yo no lo sé. ¿Será un grito dado en un zócalo repleto y lluvioso? ¿O un diminuto micrófono oculto para que la voz de los sin voz resuene hasta en los oídos más sordos? ¿Es la patria una botella de tequila robada en el súper? ¿O un balón de futbol hecho en China? ¿O cuatro tacos al pastor con todo añorados en un hotel de Moscú? ¿Alguien ha visto su rostro alguna vez? ¿Continúa siendo, si alguna vez lo fue, “impecable y diamantina”? Tu carrito, vendedor de motivos septembrinos, pesa más cada vez y al cruzar frente a mi ventana, me miras de soslayo, con una sonrisa parecida a una mueca. Pienso en una frase del poeta colombiano Jaime Jaramillo Escobar: “Patria son los amigos verdaderos, no un montón de piedras”. Entonces suena el teléfono. Una voz de mujer, desconocida, me pregunta por Juan Escutia.

OCTAVIO HOYOS

L

ector tardío, dedicado por casi treinta años a la publicidad, Francisco Hernández tiene una deuda enorme con el erotismo, el humor negro y la añoranza que se reviste de homenaje al momento presente. Nacido en San Andrés Tuxtla, Veracruz, en 1946, es autor de una obra que no se cansa de reclutar lectores y que alcanza sus mejores momentos en De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (1988), Moneda de tres caras (1994), Las gastadas palabras de siempre (2000) y Mal de Graves (2013). Entre los reconocimientos a su obra se hallan los premios Carlos Pellicer en 1993, Xavier Villaurrutia en 1994, Jaime Sabines en 2005, Ramón López Velarde en 2008 y el Sabines–Gatien Lapointe en 2013. Este poema forma parte de Odioso caballo y otros escritos, de próxima publicación.

Librería Rosario Castellanos

Braulio Peralta juanamoza@gmail.com

¿

Qué pasaría si el Fondo de Cultura Económica no existiera? No habría historia de la participación del Estado en la conformación de una editorial especializada en libros de economía. No pasaría nada. Alguien ocuparía ese lugar. La iniciativa privada, por ejemplo. Aunque el nivel de educación media superior sería con otro tipo de libros, más adocenados, menos analíticos, como un manual de buenos comportamientos sociales. Digamos, una UNAM y un Politécnico sin estudiantes que confrontan el estado de deterioro de la vida pública. Tampoco conoceríamos la proeza de la traducción —la primera al español— de El capital, de Carlos Marx, en manos de Wenceslao Roces, por dar un ejemplo de ideología. Pensamiento que ahora repite el FCE al publicar próximamente la que se considera la segunda versión moderna de aquel libro de Marx: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty. Solo con los libros de ciencia y economía el FCE tendría suficiente razón para existir, aun cuando Leo Zuckermann pida la muerte de la editorial, lo que desató polémica. Otra cuestión sería el derroche del FCE para pagar adelantos de derechos de autor por ciertos libros y autores —¿cuánto se pagó por Piketty, lo sabremos algún día?—, porque su oferta se expandió como una editorial de carácter plural, que está bien, pero olvidó su vocación original. Un libro de antropología, Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis causó la crisis y credibilidad

del FCE al pretender el gobierno censurarlo y declarar al autor “calumnioso y obsceno”. Peores son los funcionarios públicos convertidos en “autores” utilizando al FCE para sus memorias gubernamentales: hasta ahora nadie ha chistado. Reconquistar al FCE como una editorial de interés público con vocación altruista es el reto de las siguientes generaciones y directores de la institución. Lo he dicho y escrito varias veces: desde que México cambió su régimen priista por el del panismo —con Vicente Fox en el año 2000, hasta Felipe Calderón—, lo único que no ha cambiado son los intereses culturales, con grupos y apellidos. A Enrique Peña Nieto no debería temblarle la mano para hacer del FCE la punta de lanza de la liberación de la cultura en manos de grupos enquistados por décadas. Sería lo mejor de su presidencia: autores que no han aparecido en sus catálogos serían los primeros en asumir un nuevo país donde la cultura es piramidal y de preferencia educativa, no de grupos con intereses lejos de la vida pública. ¿Soñamos? No creo. El FCE tendrá que ir perdiendo esa dictadura del dedo que decide lo que se puede o no publicar. No son democráticos, aunque tienen un comité editorial que, todos sabemos, no decide la mayoría de las veces. O sí, pero publican a sus amigos. Así, imposible. Así, las nuevas generaciones de pensamiento, ciencias y literatura no tendrán cabida, mientras el statu quo persista. José Carreño Carlón es el que podría modificar ese juego de mentiras democráticas. Pero ¿querrá? L

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04 b sábado 13 de septiembre de 2014

periodismo

El día que cambió la FOTO: JESÚS MAGAÑA/ CORTESÍA MARÍA JOSÉ CUEVAS

El terremoto que sacudió a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985 no solo marcó un antes y un después en el paisaje urbano y emocional sino en las costumbres de tantos memoriosos noctívagos CRÓNICA José Luis Martínez S.

E

l 19 de diciembre de 1985, la noche de la Ciudad de México cambió súbitamente; en su lugar quedaron los recuerdos, la nostalgia, el cascajo de insospechados deseos. Ese día, sin saberlo, me despedí de ella con una larga peregrinación por sus santuarios. ¿Por qué nunca quise escribir de esas últimas horas de una ciudad luminosa, divertida, no exenta de peligros y contrastes pero tampoco de emociones? No lo sé. O tal vez sí: en un principio porque la tragedia ocasionada por el sismo de las 7:19 llenaba todas las páginas de los periódicos y revistas, todos los espacios noticiosos de la radio y la televisión. Porque nadie hablaba ni pensaba en otra cosa que en los muertos, las casas y escuelas destruidas, los edificios convertidos en polvo, las calles llenas de escombros, el dolor de quienes habían perdido o buscaban desesperados a sus familiares o amigos. Todo eso lo vi, todo eso lo viví a las pocas horas de ocurrido. Pasaba en mi Volkswagen azul por calles irreconocibles; escuchaba gritos y llantos, veía a los primeros voluntarios mover piedras, improvisar campamentos, ayudar a los damnificados. Y entonces lo supe: nada volvería a ser igual. El día 18 —a las ocho de la mañana— estuve en Radio Fórmula, en Dr. Río de la Loza 300, entrevistando a Sergio Rod y Gustavo Armando “El Conde” Calderón, conductores del programa Batas, pijamas y pantuflas, el más popular de la época. Después de desayunar y leer los periódicos en el Café La Habana, me fui a la revista erótica donde trabajaba, en la que me inicié en el periodismo y en la cual, bajo la guía de su director, Vicente Ortega Colunga, se acrecentó mi gusto por la noche. Su Otro Yo se llamaba la revista, era mensual y competía —muchas veces con éxito— con Caballero, la versión mexicana de Playboy. Lo hacía mediante un recurso sencillo y eficaz: mientras Caballero publicaba modelos extranjeras, sobre todo norteamericanas, Su Otro Yo abría sus páginas a las vedettes cuyos nombres engalanaban las marquesinas de los más lujosos cabarets de la Ciudad de México, esa ciudad que —como diría David Toscana— el diablo se llevó. En esas páginas de papel couché brillaron la Princesa Lea, la Princesa Yamal, Rossy Mendoza, Mora Escudero, Gloriella, Lyn May, Gioconda, Thelma Tixou, Angélica Chain, Sasha Montenegro, Isela Vega, Olga Breeskin… Era una nómina grande de mujeres famosas por sus cuerpos contundentes y sinuosos, por el arte inefable con que muchas de ellas se despojaban poco a poco de su ropa llena de holanes, plumas, chaquira y lentejuelas. Un bongocero sonriente les marcaba el ritmo con sus tambores y ellas se desnudaban frente a su público devoto y expectante.

La Princesa Lea en su copa de champagne

Cada vedette tenía un lema que la identificaba, una parroquia y un lugar

Recuerdo la primera vez que Ortega Colunga me invitó a acompañarlo en sus andanzas nocturnas. “Vamos a trabajar”, me dijo, como si en la redacción no hiciéramos sino perder el tiempo. Saliendo de la oficina, en Bucareli 18, fuimos a cenar. Alrededor de las once nos dirigimos al Can-Can, un cabaret de la Zona Rosa donde la estrella era la canadiense Princesa Lea. En el clímax de su actuación, se metía en una enorme copa llena de champagne —cuando menos así decían los anuncios— para el baño más erótico y sensual de aquellas noches. Ortega Colunga era conocido y respetado en esos ambientes; su revista representaba una importante publicidad para las modelos que aparecían en ella y era además un cliente que disfrutaba gastar el dinero a manos llenas. Cuando llamó al capitán para pedirle que al terminar su actuación invitara a la Princesa Lea a nuestra mesa, yo no lo podía creer.


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periodismo JUAN PONCE GUADIÁN

ESPECIAL

noche Treinta minutos después, con un vestido de noche, radiante, con el cabello dorado sobre los hombros descubiertos, la Princesa estaba con nosotros, o más bien con don Vicente, a quien saludó con un beso en la mejilla —a mí, a la distancia, me dijo “Hola”—. Se tomaron una botella de champagne mientras él le hablaba literalmente al oído y yo veía a otras mujeres hermosas pasar por el escenario. Salimos en la madrugada. Don Vicente estaba feliz, la había convencido de posar para la revista. Desde entonces me hice su acompañante. Yo tenía veinticuatro años y estaba dispuesto a cualquier sacrificio, a todos los desvelos para ganarme el título de noctámbulo y convertirme —como él— en cazador de estrellas. Cada vedette tenía un lema que la identificaba, una parroquia y un lugar. Mora Escudero era anunciada como “Las piernas del millón”, porque decían que las había asegurado por un millón de pesos en caso de que sufrieran algún rasguño. Era la estrella del Capri, en la esquina de Juárez y Balderas, en el Hotel Regis. Rossy Mendoza era conocida como “La cintura más breve de México” y su lugar era El Quid, en la calle de Puebla, en la colonia Roma. A Gioconda la llamaban “La muñequita de San Ángel”, trabajaba en el Montparnasse y durante un tiempo —no mucho, realmente— me robó el corazón. Fue mi primer descubrimiento, la primera estrella que conduje a las páginas de Su Otro Yo. La vedette más cotizada en esos años era Olga Breeskin, “La chica del violín”, que protagonizaba largas, esperadas y suntuosas temporadas en el salón Belvedere del Hotel Continental, en Paseo de la Reforma.

Gioconda

Olga Breeskin ESPECIAL

En 1985 yo atravesaba el precipicio de los 30 años. Dos o tres veces a la semana buscaba nuevos talentos en las pistas de los cabarets. Me esforzaba en hacerlo a pesar de que no era una exigencia de la revista y de que los logros eran cada vez menos glamorosos. Ortega Colunga murió el 21 de febrero y su hijo Roberto Diego se hizo cargo de la editorial. En sus últimos meses lo vi muy poco, no porque alguien me lo impidiera sino porque nunca me atreví a ser testigo de su paulatino deterioro. Prefería recordarlo —sonriente, bromista, audaz— en los días que tomábamos café en el Habana o bebíamos unos tragos en el Nicté-Ha o el Bar Montenegro en el Hotel Del Prado, sobre Avenida Juárez; cuando era mi guía en la noche pródiga de la Ciudad de México. El 18 de septiembre de 1985, después de mi entrevista matutina y de escribir y corregir algunos textos en la revista, me fui con dos amigos fotógrafos —Arturo Sampedro y David Ricardo Quintero— “a trabajar”, como decía don Vicente. Comimos en la cantina La Reforma, en Bucareli, más tarde nos dirigimos al legendario centro nocturno El Patio, donde conversé con José José, quien preparaba una nueva temporada. Fuimos a una discoteca gay en la calle de Niza, llamada Infinity, y luego al Capri para conversar con la ventrílocua Alicia Pagoda (“Alicia Pagoda y sus muñecos”, decía la publicidad). Nos seguimos al Estudio 54, frente a la estación de trenes de Buenavista para convencer a Mayra Rey —una vedette joven, sin fama ni fortuna— para que fuera mi nuevo lanzamiento. Luego no sé dónde más estuvimos. Fue una noche larga, lluviosa, de muchas risas y muchos tragos. Fui a dejar a Sampedro a su casa y con David llegué a la mía, en la periferia de la ciudad, casi a las seis de la mañana. Él se estaba bañando cuando comenzó a temblar; yo estaba todavía acostado. Me levantaron los gritos de mi madre pidiéndome que bajara de la planta alta, donde estaba mi recámara.

Hotel Regis, donde estaba el cabaret Capri

No había luz ni teléfono (ni quién soñara entonces con los celulares). No podía comunicarme con mis parientes ni amigos, como se acostumbra en estos casos, para preguntar si estaban bien. David salió del baño, desayunamos y nos fuimos a buscar un teléfono público; ninguno servía. En el camino escuchamos los primeros reportes de la tragedia. David, alto, flaco, con el pelo largo y bigote a la Frank Zappa, se detuvo intempestivamente cuando en el recuento de daños se mencionó la devastación en Tlatelolco; ahí vivían sus hijos. Volvimos a mi casa, nos subimos al carro, fuimos por Sampedro y, casi en silencio, emprendimos el camino de regreso. En la radio las noticias eran

alarmantes y a la vez inciertas. En el trayecto comenzamos a darnos cuenta de la magnitud de lo que había sucedido. De repente lanzábamos maldiciones y volvíamos al insufrible mutismo. David, milagrosamente, encontró muy pronto a sus hijos. Lo dejamos con ellos y Sampedro y yo nos dirigimos a la oficina, en ese entonces en Reforma 27. Estacioné el carro en una calle de la colonia Tabacalera y caminamos entre los escombros y el polvo de los lugares donde habíamos estado unas horas antes. Más tarde sabría que Sergio Rod y Gustavo Armando Calderón habían muerto al derrumbarse el edificio de Radio Fórmula. La ciudad era un espanto. La noche nunca volvió a brillar como antes. L


LABERINTO

Tras el fantasma ESPECIAL

La obra del escritor argentino, creador de mundos imposibles y personajes refractarios, no ha sido valorada en su justa dimensión. ¿En qué coordenadas podríamos situarla? Cuatro escritores se lanzan en busca de respuestas, como un tributo a su presencia y legado Marcos Daniel Aguilar

E

n este año de centenarios se ve a lo lejos la obra y la vida de Adolfo Bioy Casares, quien nació el 15 de septiembre de 1914. Contemporáneo de Julio Cortázar, fue el gran amigo de Jorge Luis Borges, con quien estableció un diálogo literario. Se conocieron en casa de Victoria y Silvina Ocampo en 1932 y desde entonces se volvieron inseparables: comían juntos, compartían lecturas, intereses, aventuras intelectuales como aquella que dio origen a los libros Seis problemas para don Isidro Parodi (1943) y Un modelo para la muerte (1946), acreditados, respectivamente, a dos autores inventados por ellos mismos: H. Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch. La obra de Bioy Casares es un referente ineludible de la literatura fantástica en lengua española, lo mismo en la novela que en el cuento y el ensayo, como comentan cuatro escritores familiarizados con ella: los mexicanos Margo Glantz y Alberto Chimal, la ensayista uruguaya Lisa Block de Behar, y el narrador peruano Fernando Iwasaki. LA UNIDAD MULTIPLICADA En la primera escena del relato “Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius”, de Jorge Luis Borges, el narrador intuye un hecho trágico cuando se ve reflejado en un espejo y menciona los efectos de la cópula: la multiplicación del ser humano. Se lo dice a un Adolfo Bioy Casares que Borges introduce como personaje. Con una idea proveniente de la filosofía de Arthur Schopenhauer, el autor de Ficciones pensaba que le satisfacía anularse como individuo. De la misma manera, quería anular su literatura, diciendo que no había creado nada, solo repetido lo que otros ya habían hecho en el pasado. ¿Será que Borges utilizó a Bioy para anularse y éste a Borges para multiplicarse?, ¿dar vida a un individuo a partir de dos al crear a un único escritor irreal pero verosímil? Alberto Chimal piensa que “ellos hacían juntos una especie de autor compuesto; Biorges le llamaban algunas personas, ya que no se sabía dónde empezaba la literatura de uno y dónde la del otro. Borges brindaba la erudición y el sentido acucioso en la invención de referencias, mientras que Bioy le ponía el humor”. Esta unidad armoniosa resulta inquietante pues hablamos de dos de los mejores escritores en español del siglo XX. “El famoso Biorges al que Emir Rodríguez Monegal otorgara un estatuto civil, además de literario, resulta de esas licencias telescópicas que habilita el léxico cuando autoriza la composición de una palabra que se introduce en otra. Sin embargo, en este caso da vida a una entidad humorística creada por ambos, combinando nombres que no son apócrifos, ya que proceden de una genealogía que ambos reivindican para jugar a apropiarse de nombres que les son propios desde el origen. Otra parodia que medra con las parodias de Isidro Parodi o las Crónicas de Bustos Domecq, diversiones literarias que consolidaron la amistad entre Borges y Bioy”, dice Lisa Block de Behar sobre el trabajo en conjunto de dos de los autores que analizó en su libro En clave de be. Borges, Bioy, Blanqui y las leyendas del nombre (Siglo XXI). Por su parte, Margo Glantz afirma que Borges y Bioy compartieron temas, digamos la multiplicación de las realidades. Ellos mismos se multiplicaron en otra realidad, en forma de un tercer autor. El tema de la multiplicación, dice Margo Glantz, aparece con claridad en la novela Plan de evasión de Bioy Casares, cuyo protagonista crea un mundo paralelo mediante las matemáticas. Sin embargo, aunque con dinámicas parecidas, Bioy y Borges se diferenciaron también en la manera de concebir ideas y sentimientos. Pensemos, por ejemplo, en el amor. “Borges vivió mal el amor, pero Bioy Casares, sin meterme en su vida privada, fue famoso por sus aventuras amorosas. La Faustine de La invención de Morel es una imagen, no una mujer, es un fantasma, y Morel está enamorado de esa otra realidad que no puede poseer. Borges se refirió al amor, pero esquivándolo”. A pesar de diferencias y semejanzas, Fernando Iwasaki cree que “Borges y Bioy fueron como Lennon y McCartney: dos creadores maravillosos tanto juntos como en solitario”.

Una de las últimas imagenes del autor de La invención y la trama DANIEL MORDZINSKI

En su departamento de la calle Posadas, en Buenos Aires

TEÓRICO DE LO FANTÁSTICO Adolfo Bioy Casares fue un lector voraz, y no solo en el ámbito de la creación: conoció filosofías y tratados estéticos que proyectó en sus ensayos. Como dice Iwasaki, Bioy fue un autor culto y lector exquisito que dialogó a través de sus libros con H. G. Wells, Chesterton, Kafka, Poe, Cervantes, Henry James. “Colocó a la literatura argentina en el torrente de la literatura universal”. Esto se hace evidente en sus

textos sobre los ensayistas ingleses, los poetas del Siglo de Oro español o la idiosincrasia argentina vista a través del mundo gauchesco. Su erudición trasminó hacia sus ficciones y, como dice Block de Behar: “los personajes de Bioy discuten sobre tópicos filosóficos; por ejemplo, sobre la ‘verdad’, si es absoluta o relativa, sobre las contradictorias incertidumbres de la ciencia o las certezas de la ficción, sobre la irradiación sensorial de las imágenes


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de portada

a de Bioy

ESPECIAL

UNA LITERATURA CON LUZ PROPIA Durante muchos años, la existencia literaria de Adolfo Bioy Casares (15 de septiembre de 1914-8 de marzo de 1999) dependió casi exclusivamente del brillo que Jorge Luis Borges arrojaba sobre ella. Ni el éxito inmediato tras la publicación de La invención de Morel en 1940, ni las cumbres novelísticas que en 1954 alcanzó El sueño de los héroes fueron suficientes para atribuirle el don de la originalidad. Es posible que la amistad de Bioy con Borges y los libros que escribieron juntos con los seudónimos de H. Bustos Domecq (El cuento “Las doce figuras del mundo” o las deliciosas Crónicas de Bustos Domecq) y B. Suárez Linch (Un modelo para la muerte y Dos fantasías memorables) contribuyeran a crear esa existencia “sin atributos”. Es posible también que Los mejores cuentos policiales, en colaboración con Borges, y la célebre Antología de la literatura fantástica, en la que además participó Silvina Ocampo, avivaran aún más la hoguera. Bastaría La invención de Morel para que Bioy ocupara un lugar destacado en las letras universales. Pero resulta que produjo otros libros extraordinarios: Guirnalda con amores (1959), una “despreocupada miscelánea” en la que la ironía convive con el apego a la vida, El lado de la sombra (1962), que consolidó al escritor satírico, La guerra del cerdo (1969), una novela donde hay cabida para la tristeza y de la que el mismo Bioy renegaba, y Una muñeca rusa, un grupo de cuentos en los que la sencillez estilística anuncia la complejidad de toda acción y deseo humanos. Los escritores suelen improvisar sobre unos cuantos temas. Bioy se concentró en el tiempo y sus veleidades, en los acertijos policiacos y en las mujeres. Alguna vez dijo que “escribir es hacer un mal borrador y luego corregirlo hasta desentrañar lo que uno realmente piensa”. Y qué pensaba a final de cuentas este dandy, este fino jugador de tenis, estudioso de las matemáticas y coleccionista de tangos: que la realidad es la suma de algunas verdades contradictorias.

o la eficacia lógica de comparaciones de las que la invención literaria se vale (‘Recuerdo de las sierras’)”. Alberto Chimal recuerda que fue él quien prologó la famosa Antología de la literatura fantástica (1940) que compiló al lado de Borges y Silvina Ocampo: “Bioy pone a la literatura fantástica fuera de los géneros y fuera de los límites estrechos en que antes estaba. Aún en el siglo XXI, la gente sigue creyendo que la literatura fantástica está hecha de magos con varitas mágicas. Pero Bioy ya sabía —desde 1940— que la literatura fantástica va más allá de las etiquetas de género. Lo mejor de la literatura latinoamericana no entra en esas categorías, y Bioy Casares lo prefigura en ese prólogo”. LO FANTASMAL EN LO COTIDIANO Guirnaldas con amores, publicado en 1959, es una serie de relatos en los cuales los celos, el deseo sexual y el capricho amoroso no dejan de perturbar al escritor argentino. No halla una explicación a estos sentimientos. Bioy intenta comprenderlos mediante personajes muertos que quieren vivir en los sueños de otros, o enfermedades mentales que crean imágenes que un individuo puede ver. El narrador introduce la fantasía para explicar o corromper la cotidianidad. Al respecto, Chimal cree que Bioy Casares instaló sus ficciones en la vida social de Buenos Aires, ya que sus personajes hablan con términos provenientes de la idiosincrasia porteña. “Hay una especie de descolocamiento, de extrañeza ante las cosas. Los personajes están siempre desconcertados y superados por sus circunstancias y esa es la mejor lección que tiene la imaginación de Bioy. Puede así describir los momentos de certidumbre, pero también aquellos en los que no entiende lo que está pasando”.

Sobre lo cotidiano explicado por medio del pensamiento fantástico, Block de Behar asegura que, con ironía, Bioy Casares fracturó la lógica discursiva filtrando susurros fantasmales que alteran la normalidad: los personajes se fugan a un espacio impreciso con aventuras de vida y muerte. Para Margo Glantz, el escritor argentino creaba ficciones tomando en cuenta sus lecturas sobre metafísica y filosofía, disciplinas que consideraba parte de la literatura fantástica. Glantz reconoce que Bioy se divertía creando artificios literarios, construyendo una realidad aparente que se alejaba de la que experimentaban el autor y su tiempo. Fernando Iwasaki sostiene que Bioy Casares se formó en una tradición de literatura fantástica: lo que sería extraño es que en su vida cotidiana “no existieran lo fantástico y lo sobrenatural”. EL MÁS ALLÁ SOSPECHOSO “La invención de Morel es una de las grandes novelas del siglo XX, así de simple y así de contundente. Es una novela en donde se juntan todas las preocupaciones de Bioy. Ahí está la imaginación de lo fantástico, que es lo más visible, pero también el amor, el deseo, la política, las divisiones entre clases sociales, la mirada del exiliado”, afirma Alberto Chimal. Margo Glantz, por su parte, dice que esta novela es una de las obras más interesantes del siglo XX. Escrita como novela policiaca, contiene más de un misterio. No se sabe por qué Morel es perseguido, y por qué tiene que refugiarse en una isla “poblada en apariencia. Ahí solo hay edificios vacíos y Morel debe proyectar imágenes sobre esos edificios”—como si fuera una proyección cinematográfica—. “Morel crea una ficción que mantiene vivos a los personajes. Ya que es perseguido, busca caminos de salvación y encuentra una pérdida total en la esclavitud del

Borges y Bioy (Biorges)

amor porque se enamora de Faustine. A partir de ello se establece un tipo de relación con la literatura pastoril, con la literatura fantástica. La Arcadia es la literatura fantástica porque ella misma es la invención. Bioy crea una isla de amor, que es una evasión, un mundo paralelo”. Para Lisa Block, La invención de Morel “plantea una situación que podría remitir a las variaciones estéticas de la ancestral alegoría de las cavernas platónicas y que prolonga a las más recientes invenciones con que el cine las actualiza en el milagro mecánico de imágenes en movimiento. El nombre del protagonista, como en otros casos, cifra la saga de una épica que incluye al doctor Moreau en su isla, a la Morella de quien Edgar Allan Poe celebra una erudición notable o, pasados los años, a ese ‘moralista Morelli’, a un proustiano Morel o, no descarto, aunque las fechas denuncien un anacronismo, un Hitler, también Morel, también doctor”. LA CONDICIÓN FÁUSTICA Una de las constantes en la literatura de Bioy es la figura del Fausto. Le atraía imaginar científicos siniestros que provocan dolor o prometen la inmortalidad. En libros como Plan de evasión, Dormir al sol o La trama celeste, Bioy da vida a científicos capaces de controlar y modificar un orden natural, un orden genético: pueden traspasar almas de un objeto a otro, crear robots o mujeres que no existen. En Faustine, la condición femenina de su naturaleza fáustica no disminuye la falsedad a la que alude su propio nombre. En ‘Las vísperas de Fausto’ o en ‘Moscas y arañas’, hay personajes que se introducen en la mente del otro para chuparles la vida, evitando así el final de ésta... O eternos seductores buscando el deseo y reflexionando sobre el amor propio. ¿UN LEGADO EN EL OLVIDO? A 100 años de su nacimiento, parece que no habrá muchos homenajes al autor de El sueño de los héroes, como tampoco fue recordado cuando se cumplieron diez años de su muerte en 2009. ¿Cuál es el legado de este porteño fantástico; por qué se le tiene en el olvido, como si viviera bajo la sombra de Borges? Alberto Chimal piensa que “no es considerado tan bien como se debería. Aún falta por analizar lo que tiene de diferente en relación con Borges. Es inevitable que se mencione a uno al hablar del otro, porque de cierto modo Bioy fue discípulo de Borges, pero no su clon”. Margo Glantz cree que no se le ha hecho justicia porque estaba muy relacionado con el autor de Historia de la eternidad, “Bioy era un gran escritor, pero Borges era la gran figura de la literatura latinoamericana que cambió la forma de escribir en español. No podemos decir que Bioy revolucionara el idioma. Hizo cuentos y novelas notables, al igual que Cortázar, pero Borges lo sobrepasa”. Fernando Iwasaki tiene la impresión de que su obra es importante porque nunca estuvo sometida a las modas o ismos vigentes. “Todo lo contrario, disfrutó de una enorme libertad por el hecho de que nadie esperaba políticamente nada de él. Hoy podemos releer a Bioy Casares y comprobar que aquella libertad mantiene la frescura y la osadía”. Lisa Block, quien conoció a Bioy, observa que hacía gala de un registro humorístico que relativizaba la importancia de sus dichos, de una conversación que convertía a quien lo escuchaba en un cómplice espontáneo de su generosa referencia. “Sabía vivir y contar su sabiduría”. L


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MILENIO

periodismo FOTO TOMADA DE: EL PUEBLO DE CHIHUAHUA

Lo ideal sería que el acervo de Víctor Hugo Rascón Banda quedara en una biblioteca de Chihuahua, con recursos para resguardarla y preservarla

Víctor Hugo Rascón Banda

Legado en el limbo

La incertidumbre legal afecta a una parte de la obra del dramaturgo, abogado y defensor de los derechos autorales fallecido en 2008: corre el riesgo de convertirse en un bien cultural de acceso limitado REPORTAJE Verónica Romero

A

seis años del fallecimiento del dramaturgo mexicano Víctor Hugo Rascón Banda (1948–2008), su obra permanece en un limbo legal: quien fuera presidente de la Sociedad General de Escritores de México (sogem) nombró herederos universales a sus padres. Sin embargo, el deceso de su progenitor y la omisión en su testamento de cada obra de teatro, guión y telenovela pusieron a la obra de Rascón Banda en un bache jurídico. La familia se encuentra a la espera de la adjudicación de la herencia. La falta del listado de obra no es el único inconveniente legal. A la muerte del padre, Epigmenio Rascón, ocurrida año y medio después de la de Víctor Hugo, la madre, Rafaela Banda, decidió que la sucesión testamentaria se diera a su hijo menor, Francisco, quien también murió al poco tiempo, sin dar paso firme en el proceso jurídico. “La sucesión testamentaria se ha entrampado por las defunciones de los herederos. También es una gran dificultad la falta de listado de obra en el testamento”, dice Lorena Serrano Rascón, sobrina del dramaturgo y secretaria de Servicios Jurídicos Legislativos del Congreso del estado de Chihuahua. “Con la muerte de su padre y de su hermano Francisco, se regresó al principio de cada trámite legal. Mi abuelita es la heredera universal y, por lo tanto, el legado cultural le pertenece a ella. Ahora no hay oportunidad de que la obra rinda algún fruto. Víctor Hugo era muy generoso y daba las obras de teatro sin cobrar regalías. Lo mismo hace su madre”. El contexto provoca que el material inédito de Víctor Hugo Rascón Banda, quien murió el 31 de julio de 2008, se encuentre varado. Es el caso de una telenovela titulada Días de fiesta, que tiene como escenarios el pueblo natal de la familia Rascón Banda: Uruachi, en Chihuahua. La telenovela se halla en la Biblioteca de las Artes del Centro Nacional de las Artes y forma parte de un comodato otorgado por la familia al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Es un material a disposición del público solo para lectura. No se permite el fotocopiado dada su condición en resguardo, y podrá haber trato con alguna televisora una vez que se defina la situación legal.

El 31 de julio se cumplieron seis años del deceso de Víctor Hugo Rascón Banda; el 6 de agosto habría cumplido 66 años. Fue uno de los escritores y dramaturgos mexicanos más importantes de su generación y destacó por la defensa de los derechos de los autores. Como dramaturgo escribió alrededor de 40 obras (La mujer que cayó del cielo, El deseo, La Malinche, Los niños de Morelia, entre otras), que se montaron en México, Estados Unidos, Centro y Sudamérica. También sobresalen sus guiones y argumentos (Días difíciles, Morir en el Golfo, Playa azul) que le concedieron premios como el Ariel y la Diosa de Plata. La palabra de Víctor Hugo Rascón Banda llegó incluso a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura: en 2006 escribió y leyó en París un mensaje con motivo del Día Mundial del Teatro. La vida de Víctor Hugo Rascón Banda transcurrió entre el teatro, el cine, su carrera como abogado (fue director adjunto de administración de Banca Cremi durante 26 años), su cargo como presidente de la Sociedad General de Escritores de México y su labor como miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Si bien hasta ahora la madre de Víctor Hugo Rascón Banda ha permitido que se monten sus obras sin cobrar regalías, en el área de telenovelas y guiones cinematográficos el panorama pinta distinto: “En

esos casos tendría que hacerse el contrato indicado. Sin embargo, para que esto ocurra debe concluirse el trámite de la adjudicación de la herencia. Hasta ese momento su madre estará en posición de firmar un contrato. La ventaja es que todos los derechos de autor se encuentran en orden y estamos a la espera de la adjudicación de bienes”. A la muerte de Víctor Hugo Rascón Banda, y en la apertura del testamento, la familia y los abogados se sorprendieron ante la ausencia de un listado de su obra. Lorena Serrano Rascón recuerda las expresión del abogado: “Una de las primeras cosas que dijo cuando leyó el testamento fue: ‘Bueno, Víctor Hugo, aquí no dice nada. ¿Y su legado, que es lo más valioso?’ Creo que mi tío no actualizó su testamento y al paso de los años creció su legado cultural”. El hecho sorprendió a la familia porque el dramaturgo no solo contaba con licenciatura, maestría y doctorado en Derecho por la UNAM; también era un infatigable defensor de los derechos de los escritores. Lo que también se encuentra en proceso de definición es el destino final del acervo que se encuentra desde agosto de 2010 en la Biblioteca de las Artes del Centro Nacional de las Artes y que consta de 3 mil 712 documentos (fotografías, libretos de teatro, guiones de cine y televisión, ponencias). Aunque por el momento se halla bajo custodia del Conaculta, al término del convenio la familia contempla trasladarlo al estado de Chihuahua, donde el gobierno local propone la creación de un pequeño museo en honor de uno de sus hijos predilectos. El recinto se enriquecería con la biblioteca, cuadernos de notas, bitácoras y objetos que pertenecieron a Víctor Hugo Rascón Banda y que ahora posee su familia. A decir de Lorena Serrano Rascón, “No hemos recibido propuesta del gobierno federal para que la obra se traslade a una de las bibliotecas de su competencia”. LA TELENOVELA Días de fiesta es una telenovela que, asegura Rocío Galicia, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli, se halló en el domicilio de Víctor Hugo Rascón Banda, y se encuentra en la Biblioteca de las Artes. Consta de alrededor de 180 capítulos, y es una historia que se ocupa de la tierra natal de Víctor Hugo Rascón Banda, Uruachi, en la Sierra Tarahumara. Pero no es lo único que se encuentra sin difundir; también existen guiones de cine y prólogos inéditos. “Por ejemplo —detalla la también biógrafa del dramaturgo—, existe una adaptación de la novela Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska. Hay ensayos, ponencias, críticas teatrales, entre otros materiales”. De cine, están los guiones originales de La rosa marcada, Triste recuerdo, Puerta del cielo, La rosa de California y Días difíciles. Algunos de ellos han sido llevados a la pantalla grande. “Hay 2 mil fotografías que revelan todo su proceso de vida como dramaturgo, abogado, funcionario… Ese material también es inédito. Lo ideal sería que el acervo de Víctor Hugo Rascón Banda quedara en una biblioteca de Uruachi, con recursos para resguardarla y preservarla por profesionales, y no por una cuestión de centralismo. Debemos tener acceso al estudio de la obra”, afirma Rocío Galicia. En el caso de las piezas de teatro, no existe el mismo problema legal porque ya fueron publicadas, aun El muchacho azul, que estaba perdida y finalmente apareció con el sello de la editorial Libros de Godot. L


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LABERINTO

en librerías

El Águila y el Gusano

París desaparece

Hugo Hiriart Penguin Random House México, 2014 348 pp.

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n país que bien podría ser México, y que no lo es a pesar de las apariencias, está a punto de ponerse en pie de guerra, o ya lo está y no se ha dado cuenta. Unos dicen una cosa, otros esparcen una versión distinta. Todo recibe la influencia de un clima menguado y soez. El lector tiene con esto para iniciar un viaje por una de esas realidades que tanto gustan a Hugo Hiriart, mezcla de comedia bufa y teatro de marionetas. Importa, en este caso, el género. Está equivocado quien diga que estamos ante una novela. No. Estamos ante una “acción en prosa”.

Catálogo de formas

Héctor Manjarrez Era/ Conaculta México, 2014 392 pp.

A

unque desde su circunstancia actual lo pareciera, tiene razón Héctor Manjarrez en aclarar que no es un nostálgico al retomar aspectos del pasado. Con tratamientos literarios diferentes, sus textos en los que un joven es el protagonista, como es el caso, muestran su educación sentimental; también podríamos considerarlos historias de formación. París, al igual que Londres, han sido espacios suyos como puede constatarse en Lapsus, su primera novela. Con una prosa que se supera libro a libro, consigue que el lector haga suyo el París de su dropout.

E

Toda una vida estaría conmigo Guillermo Sheridan Almadía México, 2014 391 pp.

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omenta el propio autor en el “Umbral” de este volumen que las memorias son del todo prescindibles pero, de cualquier manera, con estos textos se aproxima lo más que puede a ese género tan de moda en ciertos círculos y autores. Los textos que se reúnen en diez apartados (algunos publicados aquí y allá en diarios y revistas, y otros rigurosamente inéditos) componen un itinerario de experiencias coloridas y aprendizajes literarios. Crónicas, perfiles, experiencias, homenajes y comentarios librescos marcan el recorrido.

De Largo Aliento

n el mes mexicano por excelencia, el periódico cultural tiene como tema principal el albur, esa esgrima verbal de raíz popular. David Magaña Figueroa entrevista a Chaf y Queli, para quienes “es juego de pícaros, no de groseros”. Norma Irene Aguilar, por su parte, conversa con Lourdes Ruiz, campeona nacional de la especialidad quien sostiene que “el albur debe impartirse en las escuelas”. José Francisco Conde Ortega y Armando Ramírez completan la alineación. Se recuerda asimismo al poeta chileno Nicanor Parra en su centenario y a Batman por sus 75 años de vida.

ESPECIAL

Marita de Sterck (editora) Siruela Madrid, 2014 256 pp. Tumba del autor de Guerra y paz en Yasnaia Poliana

D

urante 25 años, la antropóloga y escritora de libros infantiles Marita de Sterck viajó por el mundo en busca de relatos orales que guardaran el momento en que una joven se convierte en mujer; seleccionó, dio forma y pulió 60, descubiertos en los cinco continentes. Los relatos conservan su argumento original y poseen una fuerza vital que solo encontramos en los ritos de iniciación. Son, en su mayoría, de naturaleza fantástica y, como aconsejan los contadores de historias, guardan una enseñanza. La tradición mexicana brilla por su ausencia.

Vuelo de voces Rodolfo Fonseca (antologador) Castillo México, 2014 152 pp.

E

specialista en proyectos de poesía para niños y jóvenes, Rodolfo Fonseca no quita el dedo del renglón y en esta Antología de poesía iberoamericana, además de poetas de nuestra lengua, ostenta la virtud de incluir a varios de Portugal y Brasil. Ilustrado por el español Jesús Cisneros, este vuelo de voces tiene a elementos de la naturaleza como personajes principales. José Gorostiza, por ejemplo, se refiere a la naranja; Xavier Villaurrutia al aire; César Vallejo a la araña, y Ramón López Velarde y Miguel Torga al mar.

Revista de la Universidad de México

México Septiembre 2014 40 pp.

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AMBOS MUNDOS

El despertar de la belleza

Nicolás Cabral Periférica España, 2014 98 pp. nsamblada mediante monólogos que se entrecruzan para componer lenta, sutilmente, una historia de amor, sexo, enfermedad y soledad, esta novela breve aprovecha para reflexionar, también, sobre la forma que el arte adopta (o proyecta) en nuestras vidas. El coro de voces acompaña los pasos del Arquitecto, el protagonista de una aventura estética y empeñosamente urbana (la identidad de la metrópoli aplicada a los dramas cotidianos), como una suerte de sombras testimoniales que, a su vez, también alteran el hilo conductor con sus propios relatos.

Buscando a Tolstoi

México Septiembre 2014 112 pp.

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na crónica olvidada y ahora recuperada de Elena Poniatowska, “Con Buñuel y Mutis en Lecumberri”; un ensayo de José Luis Martínez S. sobre los guiones que José Emilio Pacheco escribió en la década de 1960 para Cine Verdad, aquellas cápsulas producidas por Miguel Barbachano Ponce; y una entrevista de Xavier Quirarte a Nadine Gordimer son los platos fuertes de esta entrega que ofrece además un adelanto del estudio que Julio Ortega dedica a César Vallejo y un acercamiento minimalista de Ana Clavel a quien fue la madre literaria, ¡oh! Alice Liddell, de Lolita.

Santiago Gamboa Facebook: Santiago Gamboa–círculo de lectores

O

currió en la Semana Santa del año 2008, con el escritor Héctor Abad Faciolince, ambos invitados a Moscú por el Instituto Cervantes. ¿Buscar la casa de Tolstoi? A decir verdad yo ni siquiera lo había pensado, e incluso podría haberme contentado con una exquisita cena en un restaurante que, por esos años, funcionaba en el antiguo estudio de Mijaíl Bulgákov. Allí aplaudimos hasta rabiar a un grupo de violines gitanos, incluida una hermosa bailarina, y bebimos mucho, muchísimo vodka (¿cuánto vodka cabe en el espíritu de dos novelistas colombianos?). La cosa se prolongó hasta la madrugada, teniendo de anfitriona a alguien que venía a ser algo así como la primera dama del petróleo ruso. Con esa apoteótica simbiosis literaria yo ya me daba por satisfecho. Pero Héctor, más culto y sensible, me dijo al otro día: y ahora hay que ir a Yasnaia Poliana, a la casa de Tolstoi. Claro, le dije, preguntándome cómo diablos íbamos a ir hasta allá, pues según el mapa estaba a muchas verstas de Moscú. Él lo tenía resuelto, así que al día siguiente salimos con un chofer ruso que, en apariencia, hablaba español, pero que al referirse a mí con frases de dativo me llamaba Santiaga. Hacía aún bastante frío y llovía y el viaje, tres horas y media más o menos, nos mostró los campos y los pequeños pueblos rusos, campos roturados, cultivos de col y papa, una cierta frialdad que parece haberse inoculado en el alma de los mujiks, hasta

llegar al pueblo más pequeño, Yasnaia Poliana, la comarca sobre la que Tolstoi fue amo y señor, el mismo pueblo a cuyos campesinos otorgó varias veces la libertad y luego se las retiró, al son de su capricho o de sus cambiantes convicciones, y donde fornicó a tutiplén con jóvenes campesinas. Ahí estaba, por supuesto, su esplendorosa casa, la extraordinaria mansión de madera pintada de blanco y de techos verdes, con el lago en el que Sofía, celosa, intentó suicidarse varias veces. Paseando por ella comprendí que esa propiedad, con sus abedules que resuenan con el viento de la tarde, es el verdadero templo no solo de la literatura rusa, sino del alma decimonónica del viejo imperio. Allí está la tumba de Tolstoi, en medio del campo. Un sarcófago vegetal en uno de los lugares más apacibles y hermosos de la tierra, acompañado de esos árboles, muchos de los cuales él sembró, y por donde solía hacer sus paseos a caballo. Al referirse a la magnificencia del lugar, Héctor Abad escribió: “Me dieron ganas de estar muerto”. Es, en verdad, la tumba más hermosa que he visto. Recuerdo ese bello viaje por estas fechas, en el cumpleaños de Tolstoi. Si los seres humanos fuéramos inmortales él estaría cumpliendo esta semana 186 años. ¿Qué diría, por ejemplo, de esa peligrosa nostalgia imperial de Putin? Algo me dice que la aprobaría y que probablemente escribiera algo al respecto. Tal vez por eso la Naturaleza, en su infinita sabiduría, nos hizo vivir por periodos más breves. L


10 b sábado 13 de septiembre de 2014

MILENIO

teatro CORTESÍA PRODUCCIÓN

Cada rincón del país En Torre de marfil (piso 55) Guillermo León aborda las obsesiones de dos mujeres arrastradas por el torbellino del narcotráfico y a la vez presas en el castillo de la vanidad CRÍTICA Alegría Martínez alegriamtz@gmail.com

C

on distancia de algunas décadas, dos mujeres de pueblos distintos se encuentran por casualidad en la Ciudad de México, donde la indiferencia levanta muros entre los seres humanos. La historia de cada una expele violencia, sarcasmo, desconsuelo: la joven desde el terror que provoca la huida, desprovista de todo; la mayor en la cresta del alcohol y el dinero que deja la explotación de la amapola. Una y otra están sujetas a pesadillas nocturnas y a un frágil presente que arrastra una carga pesada. Un escenario mínimo abre su puerta al canto envuelto en lágrimas de la chica que recuerda su infancia, su tierra y la descomposición que ha sufrido desde unos años atrás hasta el momento en que decidió escapar de la muerte. Una atractiva mujer sentada de perfil escucha con la mirada al vacío, para hablar enseguida de costosas y finas bebidas, de viajes, de un lujo desconocido para la mayoría que escucha nombres de marcas, países, objetos prohibitivos que el ciudadano común solo puede tener cerca mediante anuncios, revistas, programas de televisión. Cada personaje acude por separado a recuerdos, sensaciones, memorias de su pasado que el espectador recibe a corta distancia. La joven sale del escenario al entrar la mayor y viceversa, hasta que el destino, la necesidad de protección, de una sonrisa, de hablar con alguien, vincula a las dos mujeres, opuestas en un mundo que se retroalimenta con la destrucción y los desechos que genera. Guillermo León, autor y director de Torre de marfil (piso 55), escribe un texto que mira de cerca las consecuencias del negocio del narcotráfico en la vida de sus dos personajes femeninos sin estrépitos, gritos ni persecuciones, desde el interior de un rascacielos, donde pareciera que la destrucción y la barbarie al acecho en cada rincón del país fueran parte de un espejismo. Mediante una narrativa poderosa y cercana, a un tiempo evocativa y cotidiana, el dramaturgo invita al espectador a una travesía por la vida de las dos mujeres. La habitación que contiene el escenario de muros negros posee como único mobiliario una especie de mesa de la que, al desplegar las gavetas, salen dos sillas, cajones y alguna copa, un vaso tequilero o una imagen oriental religiosa, elementos que adquieren valor propio en ese espacio que se inunda con imágenes provocadas por las actrices.

La obra de la compañía teatral Tequío México se presenta los lunes a las 20:45 horas en el Foro Shakespeare

La joven Priscilla Gómez, transparente en su honestidad actoral, está ahí donde se encuentra la mente de su personaje, en el pasillo de las estatuas que detonó su partida, en el pequeño camión al que se sube con solo reproducir el sonido de sus frenos, tanto como en el diminuto vehículo de cartón en que éste se convierte más tarde y que manipula, consigo dentro en la ficción para aludir a su viaje. Priscilla se planta con pureza en el escenario para que su personaje hable de la inmundicia, de las canciones de ancianos que transportan a la infancia, de la magia resquebrajada de su pueblo. La actriz, oriunda de Torreón, dota de verdad acciones y palabras de modo que la estructura del texto -basada en monólogos y posteriormente en breves diálogos-, el marcaje complejo por la falta

de elementos protectores en un breve espacio y la libertad que se toma el autor-director para viajar raudo por transiciones dramáticas y escénicas, se sostienen sin fractura alguna. Por su parte, Marisa Gómez, actriz experimentada, dota de peso biográfico al personaje de Doña Blanca en su torre de marfil, pétrea y ávida de una sonrisa que le devuelva algo vital a su existencia de deseos materiales resueltos. El trabajo de la compañía Tequío México (trabajo en común para el bien de las comunidades), de quienes hemos visto montajes como Quiela, es una propuesta que acerca el ojo y el corazón del espectador al ser humano inmerso en las contradicciones de nuestro país, sin amarillismo, con honestidad y hondura. L

LA PUERTA ESTRECHA ESPECIAL

Leonora Alicia Quiñones aquinonescontacto@gmail.com

U

na historia verdadera basada en mentiras, de Jennifer Clement, publicada por Anagrama en 2003 y reeditada este año por Penguin Random House, es el retrato de la joven Leonora a dos voces. Una de estas voces, en una especie de coro griego, de conciencia, nos da la poesía del dolor. La otra, de tono realista, nos presenta las crueldades de una familia empoderada que ha contratado a una adolescente educada como criada; y que ahora es maltratada por la señora O’Conner y seducida por el señor de la casa. Clement, en cada trabajo narrativo, nos habla desde la poesía, es decir, desde esa naturalidad de sorprenderse ante la felicidad, la inocencia y la desgracia: en La viuda Basquiat, Suzanne, después de sufrir la violencia, de vivir con la heroína, con engaños, con aspiraciones, con las luchas raciales y la pobreza, intenta cambiar su vida como si se acercara al último escalón antes de la muerte. Ladydi (Lumen, 2014) es el retrato de las mujeres–niñas mexicanas que pese a ser víctimas de trata, de ser explotadas sexualmente, aún tienen la capacidad de soñar.

En cada una de sus historias, Clement nos presenta esa mirada compasiva y desgarradora, que brilla, en parte, porque cada personaje es visto desde sus universos primigenios: el amor, la casa, los deseos. Leonora, de Una historia basada en mentiras, es hija de madre soltera. Vive de juntar ramas para fabricar las escobas que usan jardineros y barrenderos, hasta que su madre la envía a un convento donde la preparan para ser criada. Leonora es elegida por una familia, y a los dieciséis es seducida por el señor de la casa. Años más tarde, la voz que nos habla en Una historia basada en mentiras es Aura, una niña nacida de aquella seducción. Es justamente la oscuridad que vive Leonora lo que Ximena Escalante exploró en la pieza teatral Una mentira —basada en la novela de Clement—, estrenada en días pasados por la Compañía Nacional de Teatro. Escalante reconstruyó la historia linealmente, mientras que la novela goza de un ritmo muy particular, al jugar con los saltos de tiempo. El montaje, a cargo de uno de los directores mexicanos más importantes, Mauricio García Lozano, hace del complejo género del melodrama un cuadro realista e intimista de las mujeres latinoamericanas. García Lozano decidió darle un toque atractivo a la obra, al ubicar la historia entre las décadas de 1950 y 1970; aunque, la verdad sea dicha, no necesita de una temporalidad, no necesita justificarse en un tiempo gracias al tratamiento poético del drama de Leonora.

Escena de Una mentira

Sin duda, es un gusto y un acierto que este año la Compañía Nacional de Teatro esté presentando un mosaico de autores contemporáneos y clásicos; y que no se quede en el naturalismo alemán. Estas muestras de teatro contemporáneo dan mucha vida a la cartelera de la Compañía. La puerta estrecha se ha cerrado. L


sábado 13 de septiembre de 2014 b 11

LABERINTO

cine Asghar Farhadi

“No me permito filmar cualquier cosa” El pasado, el más reciente filme del director iraní, pone la mirada en los sentimientos y las emociones que provoca un divorcio CORTESÍA PRODUCCIÓN

las herramientas para trabajar muy de cerca con los actores. Antes de empezar el rodaje me gusta ensayar como si preparáramos una obra de teatro. Durante este proceso elimino cualquier exageración actoral para que el resultado sea lo más neutro y real posible. En este sentido, siento que su cine tiene un vínculo importante con Bergman. Me agrada que lo mencione porque es un cineasta muy importante para mí. Fue un director que reflexionó mucho sobre las relaciones entre seres humanos y creo que incluso llegó a conocer bastante de la condición humana. Pensemos, por ejemplo, en Escenas de un matrimonio; es una película que desborda gran sabiduría.

El pasado es una película en la que destaca su interés por involucrar al espectador; tan es así que plantea un final abierto. El espectador es muy importante. Por lo mismo, prefiero darle poca información. Confío en la inteligencia del público, por eso incito a que se deje llevar por la intuición y arme la película de acuerdo a una lectura personal. Es mejor dar señales o pistas para armar un rompecabezas. Si das todo digerido, obtienes una historia predecible y aburrida.

Los actores Bérénice Béjos y Ali Mosaffa

ENTREVISTA Carlos Jordán gonzalezjordan@gmail.com

D

espués de cuatro años de separación, Ahmad viaja de Teherán a París a petición de Marie, su esposa francesa, para firmar el divorcio. Durante su estancia, descubre la conflictiva relación entre madre e hija. Sus esfuerzos por mejorar esa relación sacarán a flote un viejo secreto. Luego de haber obtenido un Oscar y el reconocimiento mundial por su cinta Una separación, el realizador iraní regresa con El pasado, un filme que toma un problema familiar para reflexionar sobre temas universales. ¿Qué lo llevó a filmar El pasado? Es una película que vengo meditando desde hace años. Su origen se halla en el regreso de un conocido a Francia para tramitar su divorcio. Me

daban mucha curiosidad las conversaciones que podría tener con su esposa después de la ruptura. ¿Por qué le interesan los conflictos familiares? La familia es una muestra pequeña pero confiable de una sociedad. Cuando hablo de una familia, la gente puede imaginar el comportamiento de una comunidad o un país. Me parece una buena forma de tratar problemas sociales y cotidianos. En una familia también coexisten varias generaciones y eso abre el abanico de posibilidades para abordar un tema. ¿Los problemas de una familia son universales? Los sentimientos y las emociones entre los seres humanos son muy parecidos. No cambian tanto entre un país y otro. Lo que cambia, y eso depende de cada cultura, es la forma de manifestarlos. En términos dramáticos, su filme es muy contenido. Durante muchos años trabajé en teatro. La dramaturgia me dio

La película plantea un conflicto moral. ¿Cómo trabajar esto sin caer en lo doctrinario? No me interesa forzar mi juicio ni exponer mi opinión particular. Vuelvo a la pregunta anterior: prefiero que la gente haga su propia valoración. Mi trabajo consiste en tocar el tema y desarrollar una historia a su alrededor. Yo solo expongo un ejemplo real que haga pensar a la gente alrededor de determinado asunto para que saque su propia conclusión. ¿Por qué estructuró la película a manera de un thriller? Creo que si envuelves bien un secreto o una pregunta conseguirás llevar a buen puerto el sentido dramático y narrativo de la historia. Me gusta reflejar la figura del inspector en el espectador porque de alguna manera a él le toca resolver los dilemas. Es un ejercicio que adopté de la literatura. ¿Haber ganado un Oscar ha facilitado sus opciones para filmar? Como soy algo conocido, el rodaje y la producción son más fáciles de conseguir. La dificultad viene de mis películas: generan una mayor expectativa y ya no me puedo dar el lujo de filmar cualquier cosa. L

HOMBRE DE CELULOIDE ESPECIAL

Genealogía visual de Rodriguez Fernando Zamora @fernandovzamora

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lgo tiene Robert Rodriguez que a veces gusta y a veces no. Es como uno de esos platillos exóticos muy condimentados que, sin embargo, hay que probar. La segunda emisión de Sin City (aquella película que en 2005 además de barroca resultó inquietante por su retrato de la maldad) lleva el título de A Dame to Kill For. Y sí, la chica en cuestión es lánguida, pura y medianamente puta: flor de fango de esas que quieren salvar los adolescentes. La verdad es que desde el punto de vista narrativo, Rodriguez nunca ha tenido mucho que decir (no creo que ni siquiera El mariachi, aquella mítica película que lo llevó a la fama, sea narrativamente algo muy memorable); son sus ojos los que constatan que, si hay hombres que nacieron para hacer cine, él es uno de ellos. Por otra parte, puede que los fanáticos de los cómics se interesen en esta película solo porque es una adaptación (muy apegada al espíritu original, por cierto) del clásico de Frank Miller, quien es otro gran maestro de la imagen y dirige con Rodriguez. No es necesario ser adivino para saber que, al menos desde el punto de vista plástico, uno llegará en Sin City: A Dame to Kill For al estupor que produce el gran cine.

Toda la historia, el montaje y la película misma, son pretextos para las escenas en que sobre todo se exalta la belleza de una feminidad que, si uno lo piensa bien, hace mucho que no podíamos disfrutar sin un dejo de culpa. Y es que aquí la chica es frágil y el chico es rudo, estereotipos que hoy parecen viejos y que Rodriguez reproduce so pretexto de que éste es un mundo paralelo que poco tiene que ver con el mundo real. Sin City... recoge el imaginario estadunidense de la decadencia urbana que suele traer el progreso. La película podría suceder en Detroit o en la Ciudad de México; podría suceder en Hell’s Kitchen o en el barrio neoyorquino conocido como Alphabet City, ese lugar al sur de Manhattan en que, cuenta la leyenda, era imposible recitar el abecedario y llegar hasta la Z sin ser asaltado. Sin City... es la ciudad perfecta para la exploración artística de Robert Rodriguez que, lo dicho, creo que es ante todo visual. Lo es porque tiene referencias al gran arte que en Estados Unidos ha dado cuenta de la miseria del barrio urbano. Ese en el que la chica de cabellos rojos se pasea vendiendo placer obligada por las circunstancias. Hay que buscar las referencias de A Dame to Kill For sobre todo en el cine negro estadunidense; ese que escribieron Dashiell Hammett y Raymond Chandler, ese que dirigieron Rouben Mamoulian

Sin City 2: Una dama por la cual mataría (Sin City: A Dame to Kill For). Dirección: Frank Miller y Robert Rodriguez. Guión: Frank Miller basado en su propio cómic. Música: Robert Rodriguez y Carl Thiel. Fotografía: Robert Rodriguez. Con Mickey Rourke, Jessica Alba y Josh Brolin. Estados Unidos, 2014. y Howard Hawks, que actuaron Humphrey Bogart y Lauren Bacall, Gary Cooper y Sylvia Sidney. Es aquí donde encontramos las fuentes de un magnífico artista plástico que (genes mexicanos aparte) se alimenta de una tradición visual estadunidense tan frondosa que se remonta a las raíces de Edward Hopper y llega hasta las ramas en que Frank Miller ha dibujado estos cómics de tan hermosa oscuridad. L


12 b sábado 13 de septiembre de 2014

MILENIO

varia MARCEL DUCHAMP

ESPECIAL

¿Por qué no estornudar, Rrose Sélavy?

La nueva civilidad en la nueva polémica

Octavio Paz y el arte

ARCHIVO HACHE

GUÍA VISUAL

Heriberto Yépez hyepez.blogspot.com

L

as universidades norteamericanas han sido un eficiente laboratorio para probar nuevos métodos de control conductual de poblaciones intelectuales. Lo que ahí se ensaya luego se implementa en otros ámbitos dentro y fuera de Estados Unidos. Junto a la nueva etapa de militarización de su policía doméstica, una nueva lógica cultural se está perfeccionando en Norteamérica. Se busca fijar qué puede decirse (y cómo decirse) sobre la guerra (contra el terrorismo, el narco, etcétera) En agosto, el profesor Steven Salaita publicó opiniones sobre cómo el genocidio en Gaza organizado por el Estado de Israel continúa la lógica de exterminio de la ocupación de América a partir de 1492. Pronto Salaita fue notificado por la Universidad de Illinois de que su oferta de contrato (en el Departamento de Estudios Indígenas Americanos) había sido retirada. Se anunció como causa del castigo su falta de “civilidad” al expresar ideas. Nueva regla: durante esta guerra global, intelectuales, académicos, escritores, periodistas, artistas y activistas deben expresarse con “civilidad”. De no hacerlo, quedarán fuera del mercado laboral. En septiembre, el mismo término apareció en un comunicado del rector de la Universidad de California, Berkeley, indicando que la “libertad de expresión” debe ejercerse con “civilidad”. Vayamos al centro de esta noción (que será clave en esta década).

“Civilidad” significa no ofender a los grupos que conducen la guerra. “Civilidad” significa que tomes tu rol como “civil” y vigiles tu lenguaje y pensamiento para que no agreda al complejo militar– industrial que controla gobiernos y medios que controlan poblaciones. Veremos todo tipo de ajustes, represalias, estímulos, procesos para asegurar esta cultura de la expresión —la polémica en donde tú serás tu primer policía— desde las redes sociales hasta las clases informantes. Esta política ya se echó a andar en las universidades norteamericanas, la élite intelectual más privilegiada del mundo. De ahí pasará a países aliados, principalmente donde la opinión pública tiene amplios descontentos. Pasaremos de las artes visuales a las artes civiles; de las literaturas (post) modernas a la escritura creativa civil; de las redes sociales a las redes civiles (de lleno); de las Humanidades a las Civilidades. El civil es aquel que se (auto) vigila según los intereses de la policía y la guerra, ya que es empleado, residente y cliente, y no desea perder acceso a redes, hogar y mercado. “Seguridad”. Internet será de lo más difícil de controlar, pero serán las represalias del mercado laboral las que invitarán al civil virtual a auto–regular su libertad de re–expresión. En general, los ciudadanos desaparecerán para dar pleno paso a los civiles. L

Magali Tercero @magalitercero

E

l nombre de la extraordinaria exposición inaugurada el miércoles pasado en el Museo del Palacio de Bellas Artes, En esto ver aquello. Octavio Paz y el arte, fue tomado de un ensayo de Octavio Paz sobre el artista Rodolphe Bresdin: “la operación poética esencial: en esto ver aquello”. Lo cuenta Héctor Tajonar, curador de la muestra, y aunque no parece un título feliz para el oído, sí expresa la convicción del Nobel mexicano en torno a los vasos comunicantes entre arte y literatura. La muestra, con 228 obras, muchas no vistas en México, surge de la lectura atenta de dos tomos de crítica de arte que forman parte de las Obras Completas de Paz: Los privilegios de la vista. Fue realizada en colaboración con Miguel Fernández Félix, director del museo, en el marco de los 100 años del nacimiento de Paz y del cumpleaños 80 de Bellas Artes, y estará abierta hasta enero.

CRÍTICA DE ESCRITORES Hoy, la crítica de arte no es “traducción al lenguaje verbal del lenguaje plástico”, en palabras del poeta citadas por Fernando del Paso, novelista esencial, en un texto donde señala que, en los escritos de Paz sobre arte “tropezamos con contradicciones que nos deslumbran y nos confunden”. ¿Ningún arte es traducible, como Paz mismo lo escribió? Esta cronista se formó leyendo, entre otros, textos sobre arte de Paz, García Ponce, Elizondo y otros escritores para descubrir, años después, que los críticos más jóvenes rechazaban eso que consideraban la crítica “impresionista” de los literatos (quizá no comprendieron que funcionan desde un lugar hecho de contradicciones y no de certezas). Escribe Paz en el prólogo a esas obras: “He escrito y escribo movido por impulsos contrarios: para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener al instante y para echarlo a volar. En suma, para vivir y para sobrevivir”.

CONTRADICCIONES Paz sabía que “el gusto y el juicio —las dos armas de la crítica— cambian con los años y aun con las horas: aborrecemos en la noche lo que amamos por la mañana”. Como todo grande, partía de la duda y se interrogaba continuamente. ¿Estaría de acuerdo hoy con lo expuesto en su propio libro Apariencia desnuda: La obra de Marcel Duchamp? Quizá ya andaría corrigiendo la prosa deslumbrante de un libro cuyas ideas no convencen a muchos de los nacidos después de los sesenta del siglo XX. El mismo Del Paso considera intrascendentes las contradicciones de Paz. ¿Podemos decir, entonces, que esta exposición es una traducción visual de su obra y pensamiento, como se ha publicado? Lo responderá el lector, pero sin duda es un esfuerzo intelectual que nos acerca no solo a Paz sino a su mirada sobre pasado y presente. En 1990, en el desaparecido Centro Cultural Arte Contemporáneo (Fundación Televisa), fue exhibida Los privilegios de la vista, muestra también basada en los dos tomos mencionados. Ahora se exponen obras de 96 museos procedentes de 39 colecciones internacionales y 57 colecciones nacionales. Por ejemplo: arte de la India, arte prehispánico, arte erótico, arte decimonónico europeo, y arte moderno con Álvarez Bravo, Braque, Bresdin, Carrington, Chillida, Cuevas, Dubuffet, Felguérez, Gironella, Hopper, Kandinsky, Klee, Kahlo, Lam, J. C. Orozco, Miró, Mérida, Moore, Motherwell, Picasso, Pollock, Rivera, Rothko, Tamayo, Siqueiros, Soriano, Varo, Zárraga... Tajonar ha explicado que se buscó revelar no solo el pensamiento estético y poético de Paz, sino sus afinidades y afectos: “[Se] estructuró en forma modular, a través de dos grandes capítulos [once subtemas desplegados en tres pisos]: el arte moderno universal y el arte de México. El concepto clave es el diálogo porque hay una relación entre todas las piezas, los textos de Octavio Paz y el espectador. Se trata de [exhibir] muchísimas obras maestras para celebrarlo”. Por cierto, durante todo el año habrá conferencias impartidas por escritores, críticos y curadores alrededor de Octavio Paz. L