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Comercio Los productos ganaderos, agrícolas y mineros de Nueva España se distribuían mediante el comercio interno y externo. El mercado interno atendía las necesidades de los habitantes de Nueva España. La producción se distribuía gracias a los arrieros y las personas compraban en tianguis y plazas. Algunos productos, como el tabaco, el alcohol y los naipes estaban bajo el control de la Corona para evitar el contrabando y obtener el pago de impuestos, llamados alcabalas. En Nueva España había una intensa actividad comercial, por lo que se conformaron diferentes regiones especializadas en ciertos productos; revisa el mapa de la página 142 para que veas cuáles eran y los principales puertos de Nueva España. Los sitios con mayor actividad comercial eran los puertos, especialmente tres: Veracruz intercambiaba productos con España, así, a éste llegaban las disposiciones del rey y la correspondencia; a su vez, de él salían materias primas (productos de minería, grana cochinilla, palo de Campeche, vainilla, etcétera). Acapulco tenía rutas con destino a Asia, por lo que a éste llegaban mercancías de lujo (ropa, seda), especias, papel y pólvora. Finalmente, Huatulco mantenía intercambios con el virreinato del Perú, hacia donde se enviaban productos manufacturados (botas, escritorios, sillas de montar, espejos, guitarras, entre otros) y a él llegaba mercurio. Para la venta de ciertos productos era necesaria la autorización del virrey, así se podían obtener más beneficios para la Corona. A finales del siglo xvi, la Ciudad de México se convirtió en el centro de los negocios de Nueva España. El comercio aumentó tanto que el rey vio la necesidad de regularlo y autorizó la fundación del Consulado de
Varios objetos de uso cotidiano del siglo xviii: un reloj de bolsillo con imagen femenina; una medalla de plata, cuya cara visible reproduce la Nao de China para conmemorar el comercio filipino; un abanico, y un costurero con incrustaciones de carey que tiene pintado un paisaje mexicano.