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El テ]gel del Olvido

Nelson Damian Cabral

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El Ángel del Olvido

EL ÁNGEL DEL OLVIDO

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Cabral, Nelson Damian El ángel del olvido / Nelson Damián Cabral ; ilustrado por Nelson Damián Cabral. – 2da ed. - Corrientes : el autor, 2012. 124 p. : il. ; 21x14.8 cm. ISBN 1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. I. Cabral, Nelson Damián, ilus. II. Título CDD A863

Ilustrador Nelson Damián Cabral

ISBN Nº Editado por el autor y Marta Rosa Arabia Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier método. Impreso en .3400 Corrientes, Argentina

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EL ÁNGEL DEL OLVIDO Cuentos

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PRÓLOGO En el prólogo a la primera edición Nelson Cabral refiere

que el olvido sería lo que nos permite un tranquilo vivir coti-

diano, y aquello que desvalorizamos en la medida que lo hacemos responsable de algunos sucesos triviales. Irónicamente nos

advierte que sus historias solo representan un largo sueño, transcripto antes de que se lo arrebate el antiguo olvido. Aquí está hoy la segunda edición de “El ángel del olvido” y

este joven escritor, creyó que una amiga podría escribir un prólo-

go mejor. Yo creo que el escritor es en realidad quien con más autoridad nos puede hablar de su obra, pero voy a volcar aquí mis sensaciones sobre este libro.

En el sueño del autor un ángel del olvido, vive entre el

mundo real y el de la fantasía y veo a los personajes de sus narraciones como raros ángeles que también viven entre esos dos

mundos. Quiero aclarar que en varias oportunidades he escuchado a expertos decir que la existencia de esos dos planos no podría ser confirmada fácilmente.

Estoy lejos de compartir muchas de las afirmaciones de

Nelson Cabral, pero creo que tanto el lector como yo coincidire-

mos en las apreciaciones que hace sobre algunos de los personajes que pone en escena. Seres acorralados por los estereotipos dentro de los cuales sienten que han nacido y que no comprenden que el libre albedrío es su mejor arma de defensa para tener una verdadera vida.

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Por otra parte la cuestión de Malvinas es cara en muchos

sentidos a los argentinos y entiendo que es válida la diferente presentación que hace el escritor de ese tema.

Sueña a un reclutado Clemente, que regresa una y otra

vez al lugar que elegiría olvidar, enamorado de la esquiva ninfa

Esperanza, bella y desconcertante y a la que sin duda preferiría olvidar.

Encuentra al poseedor de un reloj que solo marca si es

tarde o temprano para caminar hacia los recuerdos o hacia el olvido definitivo.

Nos describe una maravillosa flor blanca creciendo sin

maldad entre las rocas. Fuertes simbolismos, aplicados a las vidas de los humanos.

Quizás en alguna páginas el lector se encuentre con imá-

genes muy fuertes y parecidas a las suyas, a aquellas que por

siempre llevará guardadas entre sus recuerdos y otras dolorosamente intensas, que ha preferido olvidar y en ese momento de la

lectura tal vez quiera aceptar la existencia de un ángel que custodia la pesada carga de todo aquello que elegimos olvidar. Un án-

gel que eligió dejar sus privilegios y comenzar a latir con un corazón de hombre.

Coincido totalmente con Nelson Cabral en que Hay re-

cuerdos que se pierden sin razón otros que permanecen sin sentido alguno, simples e innecesarios...

Marta Rosa Arabia Buenos Aires-Argentina

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Mi profundo agradecimiento a Marta Rosa Arabia por el gran labor de ediciテウn que ayudテウ a realizar窶ヲ

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CAPÍTULO I Un ángel de olvido

Hay recuerdos que se pierden sin razón y otros que permanecen sin sentido alguno, simples e innecesarios, como si el propio olvido se hubiera olvidado de ellos, sin ser perfecto, sin ser alabado, los sumimos en la indiferencia sin remembranza, por esto o quizás por aquello, que tallada yace en vieja y mohosa roca una poco visible frase “Clemente olvido de una esperanza”.

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Un comienzo olvidado…

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n aquel lejano suburbio de Stanley sobre claros días carecía de existencia y en noches de nostalgia se presentaba tangible entre arrabales y residencias, entre lujo y humildad por igual con simple caminar sin divinidad alguna como si de mortal se tratara pero poco notable. Solo, firme con pasos constantes y atuendo gris con finas casi imperceptibles líneas negras de ornamento, mirando siempre seguro, sin dudas, sin problemas. Así deambulaba aquel ángel del olvido eligiendo qué debemos olvidar. Aquella noche se dirigió a una de las más grandes casas de esa zona cuyas puertas desplegaban marcos grabados en antiguos tiempos. Un pasillo lleno de flores daba a la puerta principal de roble a color natural. Detrás de tan cuidada entrada un sinfín de esculturas y costosos cuadros antiguos, espectáculo de arte que no observó siquiera por segundo alguno como si de la más banales y simples cosas se tratara, dirigiéndose en forma directa al cuarto donde encontró a una mujer que desprendía lágrimas en constante sin emitir sonido alguno, a la vista estaba su trabajo, allí estaba ella. Sin perder demasiado se acercó y como era habitual la observó hasta el momento en que extendió su mano, no transparente, sino más bien imperceptible, rara cual trabajo de un ángel que en majestuoso no se nota y tomó un recuerdo, el de las rosas ensobradas, resaltando el epistolario que guardó en el bolsillo interno del pulcro saco gris y al son de gotas cayendo se fue como ingresó, en silencio, en invisible presencia. Trabajo largo, eterno, como tal la astucia se fue pero la práctica magna desde inmemorables tiempos lo hizo perfecto, instintivo, para ello fue hecho, para olvido su especialidad.

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Solo tomaba fragmentos de la memoria solo fragmentos que poco a poco caían en su poder o los tiraba para su destrucción. Tras salir se dirigió a una casa vecina donde un anciano de sombrero marrón oscuro que cubría su corto cabello canoso reposaba casi dormido en el sofá después de tomar el pequeño té que representaba el fin del mísero trabajo, aquel que tanto lo cansaba y el comienzo de un breve descanso allí en el sofá de la cálida casa con aroma canela. Tal cual lo hizo con la mujer se acercó esta vez sin tomarse el tiempo para observarlo solo tomó el recuerdo de parte del laborioso día y un recuerdo tan profundo que le costó tomarlo, un recuerdo pequeño pero quizás importante, un nombre, tan sólo un nombre que salió esforzadamente, luego tiró algunos recuerdos y guardó aquel nombre en su bolsa de color gris con un desproporcionado cierre en cobre oscuro para continuar con su nocturna rutina. Casa por casa lugar tras lugar en su radio, en su jurisdicción hasta una plaza poco iluminada, de poco esplendor más un lugar baldío que nadie cuidaba, era el extraño lugar donde aquel día sentado en uno de los bancos se encontraba un joven vestido de verde camuflaje con mochila de un lado y un cuaderno del otro, allí pensativo, como si hubiera esperado demasiado yacía en aquel banco de madera agrietado donde todo rastro de pintura se había desvanecido hacía tiempo. Sentándose a la diestra del mortal solo separado por una mochila de cuero ya gastada, se decidió a escudriñar los recuerdos entre los que encontró algunos del día que no le costó más que un movimiento de muñeca tirar junto con algunos antiguos nombres que solo desvaneció y el segundo día de abril, un recuerdo de una mañana, de tristezas y de noches recordadas a diario, aquel recuerdo de interminables contratiempos

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que debió pasar hasta llegar a aquella tarde donde conoció a Esperanza y aquella noche en que deseaba volver a tener su compañía. Retiró la cabeza unos centímetros extendió sus dos manos e intentó sacar aquel recuerdo una y otra vez sin embargo aquel día estaba demasiado arraigado en el joven por lo que intentó sacar el recuerdo por partes de nuevo sin éxito, solo pudo extraer un poco de la mañana y el aroma de Esperanza todo lo demás quedó intacto motivo por el cual enojado con un movimiento lo desvaneció solo un poco, solo un poco pudo, aquel joven tenía tal recuerdo muy fuerte para que fuera dado al olvido. Decidió dejarlo para otra noche guardando el aroma de Esperanza en el bolsillo para continuar su recorrido. En aquella misma plaza se recostó en el pastizal tras el fin de su labor, habiendo olvidado mucho y observado poco, allí en aquel pastizal se disolvió tal cual los recuerdos que caen a olvido o destrucción tal cual aquello que no podemos recordar, a misma forma de olvidar se fue sin que nadie lo vea o sienta para volver a aparecer en su turno de noble juicio a la noche siguiente. Sin ser visto y sin ser escuchado solo volvió cerca de la solitaria bahía que frecuentaba, punto cero de su radio de jurisdicción aquel que le asignaron desde tiempos remotos en acción olvidada. Entre las muchas casas del lado norte encontró a una mujer dormida, tapada con una fina sábana blanca en su cama de exótica caoba y cuidado relieve artístico como todo mueble fino, de la solitaria vivienda cuyo tamaño contrastaba con la única habitante, aquella mujer de rojo cabello y muy blanca piel.

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Tras caminar muy despacio en movimientos que revelaban cierta paciencia logró acercarse recostándose en el suave colchón que no se movió o aplastó en lo más mínimo como si su existencia no tuviera peso alguno, la miró y apreció su respirar tranquilo recordándole el sonido de las mareas en lejanas playas de su solitaria bahía, acercó su mano y entre muchos recuerdos que solo tiró extrajo un abrigo de tibia lana que pusieron es sus hombros una fría noche de invierno además de atenuar un “te extraño” y se retiró en un silencio abrumador con el recuerdo en su bolsa que ya parecía pesarle. Días después el mismo joven de verde con su misma mochila de cuero gastada lo volvía a encontrar en aquella olvidada plaza. Con una suave mueca se acercó al banco esta vez más pacientemente buscó recuerdos más cercanos en curioso afán por saber qué lo traía a tan horrible lugar, vió el trasporte nocturno que durante horas esperaba para ser llevado a su provisorio hogar. Frecuentemente aquel transporte se descomponía y otro tomaba su recorrido después de completar el propio, lo que retrasaba la llegada por horas, tras el descubrimiento volvió a intentar sacar ese 2 de abril sin éxito, esta vez ni siquiera pudo desvanecerlo, así con cierto deseo de venganza buscó en el recuerdo de Esperanza y se lo llevó con en el más brusco tirón posible su tibia voz, que puso en su bolsillo mientras se alejaba, dejando al pobre joven un poco desconcertado como si se le hubiera perdido algo pero no supiera qué. Entre adoquines, tierra, asfalto, nunca ensuciaba su vestimenta en pulcro y suave tono gris, por pertenecer al temerario ángel que la tierra no se anima a manchar, tan poderoso y de facciones tan malignas que de verlo hubiera provocado el miedo en el más malvado humano, haciéndolo un emblema digno de alas negras.

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Un anciano de aspecto cansado con una chaquetilla oscura (algo sucia) llevando muchas bolsas cruzó esa tarde justo frente a él, aprovechando la oportunidad miró entre los recuerdos y desistió de sacar alguno, ese hombre ya tenía pocos y todos ellos muy difíciles de sacar y que al final lo dejarían tan cansado como el mismo ser que los poseía, así que continuó por aquella calle sin fin aparente, siempre buscando… borrando… pensando… siempre… siempre… siempre. Ya tarde en la noche de ese mismo día una muchacha pasó caminando a su lado casi rozándolo en singular acto dilatado en el tiempo, como si alargara cada segundo en proporción a su acercamiento y este dispersara su aroma, un aroma que llevaba en su bolsillo, la siguió avanzando velozmente a paso lento como solo el olvido puede hacerlo, en su intento de asediar ahora a la joven Esperanza. No fue sino hasta cansarse que el olvido se acercó y hurgó entre los recuerdos pero impresionado no encontró los de aquel joven que en camuflaje verde aún poseía la fe en un nuevo encuentro. Si tanto trabajo le costó desvanecer algún recuerdo de ella en aquel joven ¿cómo pudieron arrancar de raíz los recuerdos de aquella cabeza que se aferraba a ellos tanto o más que el pobre muchacho? ¿Será que otro olvido le decretó su amnesia? Aun así siempre rastros quedan pensó confundido. El ángel se alejó pensativo, por primera vez cuestionaba su eficacia frente a la Esperanza que habitaba fuera de las islas de su jurisdicción y tan solo caía bajo su poder cuando cruzaba alguna frontera. Ansioso esperó por el joven que después de dos días sin aparecer se presentó en la plaza, en un rápido movimiento hurgó entre los recuerdos para sacar un nombre: “Clemente” Nelson Damian Cabral

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entre los tantos que lo mencionaban, cínico cruzó casi toda la ciudad hasta el punto donde ella entraba en jurisdicción. Expectante deseaba saber cómo sacaron los recuerdos de la joven Esperanza y quién lo hizo. Los ángeles realizaban su trabajo año tras año, década tras década casi sin problema alguno, sin curiosidad notable por lo menos hasta ahora en que preguntas como: ¿si habría un ser mejor que él? Se hacían cotidianas y persistentes. Tardó meses en volver a ver a Esperanza pero apenas la distinguió entre la multitud en un accionar apresurado sacó el recuerdo de la carta con la rosa, del bolsillo en la que, después de borrar los nombres se aseguró de escribir “de Clemente a Esperanza” e incrustó el recuerdo lo más firmemente que pudo en la mente y el corazón de la joven. Días han pasado para volver al mismo camino y notar a Esperanza pero no su recuerdo, su carta plagiada, esto enfureció al misterioso ángel casi obligándolo a incluir en un segundo intento de incrustar recuerdos falsos, algunas remembranzas imprescriptibles agregando también un tibio saco sobre sus hombros que llevaba en su bolso Buscando encontró la persistencia de un recuerdo que se aseguró de poner junto al nombre de “Clemente”, esta vez pegándolo con ilusiones que sacó de una pequeña caja rectangular cubierta con una tela aterciopelada negro mate con uniones en zafiro, sin dudas una caja que pocas veces sacó para su uso. Con risas se retiró algunos metros asintiendo con la cabeza y pensando que nadie era capaz de arrancar tan aferrados recuerdos más que el ángel del olvido, el creado para ese trabajo y que solo él podría incrustar. Días después al regresar a la isla Esperanza no tenía los recuerdos que le supo incrustar el olvido con su mayor esmero, algo increíble para aquel ser poderoso, solo bastaron días fuera

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de su jurisdicción para que algún otro le arrebatara esos recuerdos además de las ilusiones que atesoraba, trabajo de alguien más poderoso y ciertamente más hábil. Práctico y magno en todo aspecto, no podía caer en la banal y humana sensación del enfurecimiento y la inseguridad motivo por el cual decidió aplicar la paciencia necesaria, es el amo del olvido pero no del recuerdo, meses pacientes intentando sacar conclusiones pasaron, sin embargo nada era convincente. En cambio decidió dedicase a implantar recuerdos que habilidosamente adaptaba para las personas en las cuales tenían consecuencias inmediatas y parecían perdurar. Logró producir acciones que de otro modo no se producirían como casamientos entre desconocidos, compras de objetos a exorbitantes precios, incluso algo parecido al amor en fin casi todo lo que quiso hacer lo logró con estas personas, pobres víctimas manipuladas tan solo con pequeños recuerdos obtenidos con poco esfuerzo, ¿Por qué esto no funciona en Esperanza? Se volvía a preguntar. Indudablemente había algo más para que ella escapara a sus poderes ilimitados algo que no podía dejar sin descubrir, sin resolver, por eso aquella noche escudriñó los recuerdos de Clemente para ver que podía descubrir de aquel 2 de abril de antaño.

2 de abril…

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río de neblina que pronto el calor de la mañana se encargaría de disipar, dejando a la vista el portón verde a atravesar seguido de un camino de tierra... piedra… de

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adoquines e incluso con dispersos sectores con pastos duros a punto de extinguirse que darían a reflexionar su luchar por la vida y el celo de la naturaleza por brindarla. Tras este camino… tras el sendero... tras la dichosa caminata se encontraba la meta, que no significaba demasiado más que rutina y a mitad de la carrera no daba más entusiasmo que por la costumbre de obedecer y la pasión por la profesión militar. A la derecha de la entrada se encontraba el frío banco de espera, lugar donde un viento arremolinado se dejaba escuchar cual silbido tenue, e irónicamente a la vez estridente como pocos. Fue allí que en pos de una idea se encontraron en un banco frente a la mesa de entrada, entablando una conversación con pocos argumentos; pero en la vida tan dispar e incomprendida los argumentos sobran. Permanecen escondidos, implícitos en el sobre entendido de los no se dice, no se hace, un entendimiento que surge más allá del diálogo, de las acciones usuales y de nuestro sentido de la espiritualidad. Sin llegar a conclusión alguna, con solo pequeños detalles de vida, como si el habitual orden de prioridades se hubiera esfumado se miraban a los ojos, intentando ver más allá de los infinitos matices que los componen, para ser interrumpidos por un brusco llamado desde la mesa de entrada. Un grito agudo escuchado por un reclutado Clemente, quien al volver la mirada vió solo un banco vacío. Desde aquel día, de aquel 2 abril, todo pasó a componer un espacio de ensueños e inquietudes latentes.

Secreto al olvido…

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onfusos episodios que el magno ser no podía explicar ni siquiera atreverse a conjeturar , solo quedó tirado bajo la sombra de un gran eucaliptus, observando sus verdes hojas que silbaban en plena noche por el viento como preludio de la tormenta que no tardaría en llegar acunando relámpagos que no lo podrían iluminar e inclemencias que no atreverían a mojarlo. Una nueva sorpresa le ha planteado la frágil humanidad, plagada de miedos y rencores que ha sabido dar batalla a lo predecible a punto de glorificar su triunfo sin consciencia de ello. Ínfimos mortales han empezado a develar misterios que parecían no poseer o el ángel del olvido nunca pudo percibir, así llenándose de dudas y desconfianza sintió el frío en su espalda, provocado quizás por el gélido pero incorpóreo ambiente de incertezas. Estos seres de linaje inferior aun poseían actitudes extrañas y difíciles de comprender y un tenue aroma a potencial, incluso más allá de la fuerza divina que lo investía. Conforme con esos pensamientos su mirada pasaba de la indiferencia con la cual se mira a un ser inferior a la seriedad del que observa a un igual y viceversa dando la cruel sensación de que aquel sólido piso yacía sobre sísmicas tierras derribando aquello dado por hecho y aferrándose a una Esperanza en aquel olvido. Mientras, casi a diario un Clemente esperaba en aquel banquillo sin voz y sin aroma a Esperanza, con aquel recuerdo silencioso de un abril latente, en los claros ojos con todos… todos... sus infinitos matices en pos de la nostalgia. Ya por costumbre el ángel lo acompañaba en la nocturna espera, aún con el robado aroma en su saco, que desprendía fragmentos que aquel joven de uniforme verde podía sentir, tenue y casi imper-

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ceptible superado por el fresco aroma de las hojas movidas por el viento. Una de entre muchas noches encontró a Esperanza en una opaca oficina casi sin luz, donde desde una esquina observaba pensativa eligiendo el futuro color y en un instinto fugaz sacó su aroma, aquel robado a Clemente y lo incrustó en sus más antiguos recuerdos produciendo de inmediato un profundo suspiro que activó todo un sistema de búsqueda y contemplación. Esperanza nunca esperó recordar tan hermoso aroma, mágico, especial, irresistible, simplemente el más bello que pudiera existir, aquel aroma que la sumió bruscamente en el naufragio de recuerdos en busca de la fuente sin lograr victoria, alguna simplemente porque tal fuente no existía, aquel recuerdo implantado parecía provenir de su imaginación pero que tan claro y sintiéndolo en cada evocación contrastaba con todo lo imaginario que le fue posible. Ni siquiera ella reconocía su propio aroma. El ángel celestial no podía comparar los aromas pero algo era claro, si Esperanza no lo reconocía éste debía estar tan tergiversado que solo la mente de un ilusionado, de un soñador, la que creó tal recuerdo podía trasformar, los recuerdos se tornan a nuestro percibir y éstos están viciados con las falencias del hombre, las falencias de la humanidad, las falencias de un Clemente que idealizaba a una simple Esperanza, enalteciéndola en tales proporciones que solo el corazón puede provocar sin que la razón interfiera, sin que los motivos falten, una humana ya ninfa. A estas alturas lleno de paciencia y un toque de alegría por aquel nuevo dato continuó con su inmenso trabajo dando tiempo a la reflexión, pensando en incrustar la voz que está guardada en su bolsa y así observar lo que pasa dentro de esa Esperanza tan real con relación a la imaginada por Clemente.

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Abrió las puertas mohosas y al recordar que no debía, que ello podría delatar su presencia, miró hacia todos lados para ver si alguien lo había notado. En ese instante abrió los ojos extrañando su cara, frunciendo las cejas, acercando la mirada simulando que esa ráfaga fría de viento era la causa, tratando de ocultar su error. Una habilidad que no manejaba, una repetición de sus posibles fallas que nunca se había presentado, cuya presencia nunca fue necesaria, cuestionando la confianza que le delegaban y los poderes, que ocultos lo rodeaban acompañándolo, listos a actuar cuando la circunstancias lo requirieran. ¡En ese momento aquel olvido se sintió pequeño! Alzó la mirada pensado que alguien lo estaría observando, se acomodó el saco mirando de reojo y un poco tembloroso dijo en voz muy baja “hola” sin obtener respuesta y lo repitió una vez más sin otra respuesta que el constante fondo de lejanos bullicios opacados por el agudo silbar de los vientos fríos y húmedos que congelaban sus oídos… que mojaban sus manos. Existe más de lo que sabe y lo rodea más de lo que ve, pensamiento que entró en su conciencia por su descuido en la maltrecha oficina, donde a Esperanza la inundaban sentimientos parecidos. Siguió su camino con paso constante rodeando las islas de su jurisdicción, deteniéndose repentina y bruscamente, siempre mirando hacia el alba. Una de esas mañanas se animó a escapar del confinamiento hacia territorios en donde se debilitaban sus facultades celestiales... a cada paso se sentía más liviano de recuerdos, víctima de un homónimo… víctima de alguien que no lo reconocía por ser tan humano y tan banal. Breve recorrido. Por miedo a ser puro olvido emprendió apresurado retorno sin avistar aquellas manchas que por primera vez se plasmaron en su pantalón, ni las arrugas que llenaNelson Damian Cabral

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ron el traje tan delicado, tan fino, tan sedoso. A medida que regresaba las manchas iban desapareciendo paulatinamente y las arrugas se estiraban para volver pulcra nuevamente su vestimenta, que poco a poco se entibiaba. Ya dentro de sus límites detuvo su paso frente al añejo eucaliptus solitario recostándose sobre el pasto para observar en plena noche aquellos pequeños puntos luminosos que por doquier esperaban para ser vistos, pudiendo sentir el rocío de la noche, el frío del invierno desapareciendo como fantasma y a la vez presente en el consiente, como un recuerdo lejano opacado por aquel espacio que nos presentaba su humilde existir sin siquiera captarse de ello. Aquel interminable firmamento era cruzado por esporádicas nubes y la luna les brindaba un arrebolado color, en el instante mismo en que las nubes taparon el lucero, el ángel volvió a desvanecerse en un espléndido acto que infinitas veces ha realizado… que infinitas veces no fuera notado. Al alba de un nuevo día, de nuevas historias, de nuevas derrotas y fracasos entre algunos y muchos éxitos que aquel sol iluminaba en las almas de los mortales como señal clásica del comienzo de la rutina diaria, pero en cuya noche el ángel no visitó a Clemente ni pensó en Esperanza. Así las noches empezaron a retomar el ritmo habitual con la diferencia de que el olvido ya no se sentía como aquel gran administrador de seres inferiores sino como un trabajador más, cuyos jefes no sabían de su existencia como electricista de una gran corporación. Aquella visión un poco sombría le impedía la búsqueda de las razones y verdades que la muchacha podría ocultar, la humanidad es impredecible en su individualidad, tan errática, tan misteriosa, con celo cuida sus misterios y no revela fácilmente sus verdades.

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Entendió por sobre todo que los humanos eran prisioneros de sus recuerdos y él cautivo de sus olvidos, ellos sin poder escapar y él sin que le conviniera, se convertían en compañeros del mismo vejamen. Claramente hay razones para los hechos sin embargo como descubriera hace tiempo afuera de la opaca oficina hay más de lo que sabe y una buena razón para no saberlo, después de tanta vehemencia y pensar, aquello era claro: su jurisdicción era más que terrenal, era difusa y relativa, inmaterial y como tal no se podía pretender forzar límites o al destino que orgulloso se cierne por sobre toda fuerza del olvido, quizás, tan ignorante, tan engreído, como el propio ángel fue por demasiado tiempo. Trascurrieron algunas décadas de aquella epifanía que le forjó cierto carácter dándolo de a poco la casi-humana virtud de la comprensión más algunas gotas de sentimientos que sabiamente esconde tras su profunda mirada. Una tarde bajo un seco eucaliptus un tembloroso anciano con boina marrón acompañaba a su nieta, una joven que con paciencia y cariño tendía un mantel para lo que perecía un típico picnic, se apoyó en el frondoso árbol, una vez sentado la joven le comentaba las bondades de salir de la casa, observaciones que el anciano refutaba con argumentos sobre la seguridad y confort. Una discusión que continuó hasta que el olvido se acercó al ya conocido hombre… el ya muy viejo Clemente para devolverle lo que al olvido no le correspondía tener. Con suaves movimientos en el preciso momento en que aquel anciano se recostó sobre el árbol y su cabeza tocó la mohosa corteza, el ángel le acomodó sus recuerdos en un lugar que nunca fue ocupado por la voz de Esperanza, aquella que le habló durante horas en suave tono y en tibio susurro, fue allí que lloró todas las lágrima que había retenido durante tanto tiempo y que fueron enjugadas rápidamente por su nieta que Nelson Damian Cabral

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observó esto y atribuyó el milagro al árbol jurando regresar y acompañarlo cada día en pago por tan dulce regalo. Quizás un desvarío pensó la joven que sin comprender demasiado le siguió la corriente viendo allí una oportunidad para sacarlo de su encierro, sin siquiera tener la noción más remota de que en Clemente existía un lugar vacío que supo ocupar el más bello sonido compuesto por las más hermosas palabras robadas sin juicio, perdidas sin saberlo. Un sentimiento tan grande, tan humano que no es materia de dioses ni de ángeles sino más bien fragmentos de humanas almas que bajo su mortalidad esconden rarezas tan irracionales e incontenibles como las lágrimas. Ambos, ni Clemente, ni el ángel supieron que Esperanza ya había muerto, anciana por causas naturales luego de vivir por mucho tiempo fuera del alcance de todo olvido, destino aquel que no le tardaría mucho en llegar al propio Clemente en cuya mente vivía la ninfa y que moriría con él. Ya había muerto la Esperanza real y pronto moriría la Esperanza ninfa pero aún quedaría la inmortal inspiración de Esperanza que vivía en los olvidos y lejos de la vista de mortales, motivo por el cual la misma noche que murió Clemente, rompiendo reglas, forzando al destino talló en un roca incrustada entre las raíces de aquel árbol una simple frase que representaba quizás su parte humana, quizás su parte mortal “Clemente olvido de una Esperanza”. “Clemente olvido de una Esperanza”.

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CAPITULO II La reliquia

Aquello que esconde más de lo que en realidad es o cuenta más de lo que se puede descubrir, aquel objeto que tantos cuidan y atesoran con un afán irracional o quizás con un afán correcto pero con mirada equivocada, este fue el caso de un viejo reloj que sin funcionar era mirado cual si tiempo expusiera.

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Un sueño acorde, (1era parte) dormido…

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e dice que caminar erguidos es condición única de humanos, por un lado puramente estilizada, compleja y elegante por otro lado se basa en el mero caer controlado, una suspicacia que tanto bien nos hace si decidimos practicarla como ejercicio, no más recordemos que no siempre de autos se compuso el mundo y veremos que excusas para no caminar pocas queda. Así en la práctica cotidiana un anciano de cortos cabellos blancos salió a caminar, lo hacía por lo mucho que esta acción le costara viendo venir el tiempo en el que la ley natural se lo impediría, apurado detuvo su trote para preguntar la hora a un hombre de camisa azul y saco marrón que extrajo un viejo reloj de bolsillo y dijo: “aún temprano” con la mirada fija y ese aspecto peligroso que obligó al anciano a proseguir su camino sin más. Aquello lo dejó extrañado, por una parte sentía que aquel aún temprano era más acertado que la exacta hora que en ese momento buscó, efímeras y meras deducciones a qué atenerse cuando el sentido de orientación o sistematización nos acecha cual viento entre pastizales… cual calor en verano. Al llegar a su hogar cayendo rendido en un cómodo sillón tras el saludable ejercicio, su mente vagó entre sueños lejanos pensando si aún sería temprano para concretarlos, la deducción que afirma “ya es muy tarde”… “ya muy tarde”… contrasta con el sentimiento de “aún puedo” que esa mañana nació con el recuerdo de un antiguo reloj de bolsillo.

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Un sueño acorde, (2da parte) destinado Destino…

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ras tupidos montes la sonrisa macabra del justiciero destino tronaba al son de galopes del temerario ser, tan rápido como potente, franqueando las más altas vallas que se pudieran poner y rompiendo las más fuertes tranqueras que se tuvieran, aquel rostro que nadie conoce y la sonrisa que según se cree nadie ha podido, ver son el emblema de lo inevitable. Así se detuvo en el camino entre las sombras de un monte para mirar la hora en el opaco reloj que sacó del bolsillo interno de su bordada chaqueta en el finísimo hilo de incertidumbre para volver a guardarlo en cuidada manera. Proseguían los días como sus manecillas marcaban, sin prueba ni autoridad en contra sino solo por el simple destino que nos conduce, no a antojo ni con clemencia, sino a razón de las hojas de su menuda carpeta que con sus barras metálicas traspasan las hojas, asegurándolas exageradamente para que éstas no salgan y de ser así que éstas se rompan en esa acción. Cada uno tiene un destino y éste se cumple inexorable, aquel ente era un simple supervisor al que le gustaba merodear en busca de casos de interés y conflictos que debiera resolver, ese destino es inmodificable, por ello se esforzaba y enfurecido arremetía contra quien se atreviera a forzar su ya escrito destino en las opacas hojas las que decidían de inmediato y ejecutaban la rígida ley de aquel soberano que nadie conoce. Por las tarde, por las noches y en la inminente mañana, por doquier está presente sin dejarse ver, su efecto en el centro y motivo de todo. Al galope llegó a la cumbre de un risco cubierto muy tupidamente por pequeños pastos, empapado de fino rocío y sobretodo enloquecido por el silbido del viento

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pampero, en el que el destino de un pequeño joven decía en letra legible: que allí... allí mismo, caería en las garras de la muerte sin que en esa hoja de su vida figurara hado alguno que pudiera protegerlo. Contento, sádico, el destino se posó sobre un viejo y seco roble caído para ver más de cerca, para observar entre las acostumbradas risas el infortunio futuro del pequeño que moviendo sus piernas en aquel risco no sabía que allí, en aquel papel, en esa simple hoja opaca se describía como en ese pedazo de tierra desde donde miraba se desprendería… aquel cañón su tumba… aquel lugar sería su última página. A la hora programada en ese lugar predicho, ya cansado por la espera acentuó la mueca, preparando sus despreciables risas que pronto se convertirían en descontento. Aquel joven no cayó, tampoco cayó aquella parte del risco sino hasta después que el joven se alejara hacia su hogar. Sin comprender lo que había sucedido, maligno y vengativo envió a una serpiente para que le clavase sus colmillos e inoculase su veneno. El animal no había llegado siquiera a unos metros cuando un halcón tomó al reptil entre sus garras y en un tan violento como sangriento acto lo descuartizó para luego rozar al destino y con un agudo chillido desapareció entre los árboles. La parca programó la muerte de ambos animales ya que en el vuelo antes de morir la serpiente logró morder al halcón que agonizó en sufrido dolor, cerca de un ceibo, hasta la muerte… hasta las negras manos del propio Hades. Esto lo había visto muy pocas veces en su larguísima existencia, hay personas sin destino escrito, sin final dicho, aquellos mortales con aroma a dioses que pocos perciben, un resplandor los cuida, alguna virtud los protege, casi divinos, casi respetables para todo ente celestial, solo nacen con esa característica

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que los enaltece o mata según el azar, según decisión propia pero no destino.

Esto le recordó a una muchacha con la misma cualidad que ya hace tiempo murió y que fue olvidada, aquella Esperanza que forjando su destino, alguna vez supo engañar por completo al poderoso olvido. En el suelo entre pastos secos yacía la última página que le pertenecía al joven, ya destruida, ilegible, la última página del destino de aquel, que aún vivo, aún caminando, aún mortal se mostraba desafiando con su existencia, marcando su propio camino sin texto que lo preanunciara. El pequeño niño había marcado el límite que el destino no puede cruzar siendo su restricción y a la vez su afán. Rebelde, caprichoso, el destino con mirada seria acomodó su oscuro sombrero y volvió a sacar su reloj del bolsillo que a

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los pocos segundos volvió a guardar con la delicadeza que denota un gran aprecio por tan burdo instrumento. El destino no escapa al tiempo que trascurre constantemente poniendo su límite puntual, de manera precisa, marcando más que segundos, horas, días o meses, marcando un acontecer y una serie de oportunidades que no percibimos como tales sino como un suceso entre equívocos. El propio destino debe adecuarse a lo que el austero tiempo decide prestarle. Muy limitada es la información que los ángeles conocen, en ese plano celestial la información es de un valor tan alto que pocos tienen la fortuna de poseerla y el que la posee no la regala ni la presta, es un poder de los dioses que los ángeles codician. En tiempos pasados anteriores a los astros, a la humanidad y a la vida misma la información fue motivo del conflicto más grande visto, la batalla más feroz jamás luchada, los ángeles deseaban saber tanto como los dioses y éstos tan codiciosos como fuertes querían seguir siendo los únicos en omnisciencia. Todas las alas se mancharon de sangre y toda divinidad se impregnó en desprecio, tras eones los ángeles diezmados fueron vencidos, los dioses coronaron nuevos reyes y crearon el tiempo mismo y luego a los humanos, para que los ángeles los dirigieran y así darles la ilusión de algún poder, dividiéndolos y ocupándolos a tiempo completo para que no pudieran planear algo nuevo. A los pobres ángeles en un principio les negaron información clasificada solo disponible para la élite de dioses, luego los mataron a casi todos, por último los engañaron dándoles la ilusión de poder al designarles el cuidado de criaturas aún más débiles, aún más imperfectas para que tuvieran en que ocuparse.

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Aquella época en que los dioses y ángeles eran iguales ya desde antes del tiempo mismo ha quedado en un recuerdo tan inmemorial que en ocasiones al destino le parece haberlo imaginado, incluso el propio olvido no lo recuerda. Volviendo de tales recuerdos y pasada la medianoche, quizás por enojo, el destino provocó que vientos de tormenta en la fría noche derribaran violentamente una vieja tapera, los rayos de la misma inclemencia la incendiaron entre lluvias y ráfagas matando al longevo hombre que vivía bajo aquellos techos de paja entre vigas de frágil madera, sin embargo aquello no fue suficiente. Allí mismo bajo lluvia sacó su libro completamente mojado y escribió un cruel final para varias personas que a días sufrirían por su enojo asegurándose de que fueran de poca importancia y que los días que les restaban fueran pocos para no enfadar al mismo Hades, un ser tan cruel como poderoso, tan vil como macabro tan temible que incluso él respetaba aunque pocas veces entendía. Solo al Hades le corresponde escribir la última página del destino, solo él describe nuestro último suspiro. Bajo la tormenta, entre montes, entre cordura y demencia características del poco razonable destino observó tieso sin aparentar sentimiento alguno, solo asentía de vez en cuando con cabeza como señal inequívoca de una reivindicación que muchos considerarían despreciable. Sujeto a muchos causales y caprichos que ni siquiera él pudo prever pareciera ser el destino nuestro universo y espacio todo pero sólo desde la mísera perspectiva mortal que no puede ver más de lo que le ha sido permitido, una pequeña parte es “nuestro todo” que no tiene principio o final pero irónicamente significa una mínima parte todo aquello que no tiene explicación humanamente entendible.

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Limitados a una mínima parte de la que ni siquiera conocemos la totalidad, nuestros conocimientos son tan cercanos a la nada que para los omniscientes, verdaderos reyes del control, la totalidad misma es la simple nada y no representa amenaza alguna, es solo mero juego olvidado. De nuevo sacó su reloj que dejó centellar algún reflejo de los rayos que caían cerca para entrar en el recuerdo de una niña que miraba desde un lejano rancho de madera. Es raro lo que la gente recuerde o lo que de capricho el olvido deja, aquella niña llamada Consuelo recordó de por vida, en su ahora lejano futuro de grandes negocios y cierta fortuna algo más banal para el destino, en vez de recordar años después a aquel ser poderoso invocando rayos y tormentas entre las sombras que lo rodeaban, ella recordó el frío de aquella noche sin mantas en tan humilde vivienda, aquel frío que la obligó a permanecer despierta acompañando a sus padres en tan cruel vida cuyo final acababa de escribir el destino en contra de lo dispuesto.

Un sueño acorde, (3era parte) un reloj sin tiempo…

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ras dura batalla de ángeles y mínima molestia para los dioses se creó el tiempo que regiría a los ángeles por doquier, tan flexible y adaptable al servicio de los omniscientes actuaba bajo órdenes dando lo justo comportándose con austeridad. Los relojes marcan las horas pero nunca el tiempo se adapta a tan burdos instrumentos, tan solo las horas marcan una aproximación a los aconteceres tan efímeros como la humanidad misma, por ello aquel destino guardaba el reloj que solo funcionaba cuando el tiempo era tan escaso como para no

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tener suficiente, claro que aquel reloj para el destino nunca funcionó, desde el comienzo del tiempo mismo. Milenios y eones le hicieron pensar que quizás aquello representaba otra mentira otra burla del Hades que en persona le cedió el reloj sin tiempo ni espacio para la batalla más grande que fuera hecha y en un plano que los humanos no pueden comprender. La costumbre de los primeros milenios se arraigó tan fuerte que era imposible separarse de ella, el destino sacaba el reloj para observar si entraba en funcionamiento el estancado tiempo dentro del polvoriento reloj. En muchas ocasiones el tiempo fue infinito y tiesas estuvieron allí aquellas manecillas, en otras el tiempo fue tan escaso que no logró cumplir con su objetivo y en otras el tiempo pareciera haberse quedado estancado y una vez más aquellas manecillas en cobre pulido se quedaron sin movimiento como si estuvieran soldadas. Más que un siempre objeto que no sirve aquello representaba un acíbar que empapaba sus labios quizás fuera el motivo de su cruel comportamiento, el macabro aspecto que nadie pudo ver o de aquellas risas dignas del averno que nadie escuchó. Hace mucho que no esperaba que tal artefacto funcionara sin más que esperanzas perdidas e ilusiones sin nacer, destinado a mantener el tiempo constante, a la voluntad ajena, a un poder lejano con austeras connotaciones, en agonías infinitas son emblemas de causa ajena. Ningún mortal es consciente de ese plano, a tenor de ángeles en mando de dioses y vigilia de un Hades con mirada negra, alas grises, temor de ángeles, respeto de dioses.

Un sueño acorde, (4ta parte) Años a segundo… 38

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ños como segundos. Para el destino el tiempo parece tan lento por motivos que los humanos no pueden comprender y él incluso lo considera detenido.

Tras algunos de sus segundos encontró a un sin destino a raudo camino intocable in-tergiversable por debajo de las alas del Hades que lo sigue y lo mira con brusquedad entre fruncido y mirada enfurecida, por miedo, por cobardía el destino se disuelve para alejarse de esas fuerzas supra-celestiales. Repasando detalles pensó en silencio sin llegar a ninguna conclusión, ¿qué interés tendría el gran Hades en aquel “sin destino”? tan humano que ni siquiera representa un mínimo de interés sensato, nada para el mismo Hades al cual le tenían prohibido ser el motivo de la muerte de un in-destinado. Aquella lejanía humana era el crítico lugar abundante en ideas del destino, desdichado por dentro, cubierto de gloria por fuera. Mero administrador de poderes que lo sobrepasan y a cualquiera que los poseyera, tales poderes son de desdicha de un dueño que erguido posa, indignado pero sin queja, alma gris a la cual nadie comprendía, sin compañía alguna con desgracia eterna y un propio destino escrito a perpetuidad. Gran peso que aprendió a llevar, siempre existió pero antes fueron los que lo crearon, paradojas comprendidas solo por dioses, el destino cree no estar preparado pero en eso radica su preparación por lo cual su trabajo es la imperfección perfecta en justa medida y en la necesaria proporción entre subordinación y disciplina es la que requieren los dioses y sufren los humanos. Nuestras vida tan efímera nos limita a lo poco que podríamos experimentar sin embargo la repetida experimentación Nelson Damian Cabral

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cotidiana demuestra nuestra falta de talento o su falta de astucia quizás por cansancio o rencor, compartimos responsabilidad a causa de su imperfección. No es la preocupación la que nos abre puertas sino el intento ya escrito en hojas confirmadas por el destino y nuestras decisiones tomadas con anterioridad no son más que la posterior ilusión de libre albedrío, sin embargo algo no andaba bien y esta clásica certeza dejó de serlo. Tras unos cuantos años entre arbustos de hojas quebradas por el congelamiento encontró a un vagabundo hambriento a punto de morir de inanición y de frío, ambos factores a un límite tal que pudieran ser determinante de su último suspiro y recordó en su rostro, aunque ahora barbado y viejo al joven al que una vez quiso matar con una serpiente y al niño, ya adulto, que supo ser custodiado por el Hades que lo abandonó a un destino no dispuesto. Una nueva crueldad, ayudar a mejorar en la gloria diaria galardonándolo para que le duela más la caída, al parecer no era el único que odiaba a los sin destino, la muerte no podía disponer su fin, tan solo su sufrimiento quizás motivo por el cual lo enalteció para después dejarlo en manos de la humillación, de la tristeza. Habilidoso provocaba el castigo a los que por algún motivo escapan de sus poderes y que no debieran, símbolo tal vez de la debilidad de los ángeles que los dioses hacen notar para que tengan presente su inferioridad. Omniscientes, malvados o correctores según se viera, de modo tangible demarcan su categoría, linaje y discriminación. Somos castigo de los dioses para los ángeles que supieron ser dignos de nobleza que ahora enfurecidos, en ocasiones arremeten contras nosotros quizás contagiados de la crueldad humana.

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Todo eso le pasó por la mente al ver al recordado joven ya anciano, allí con frío, empapado por el rocío, sufriendo de una desdicha no escrita, temblando entre cartones tras un muro pintado con grafitis, la oscura noche y el fino rocío inundaban el lugar. Se sentó a su lado sin hacer nada más que esperar viéndolo agonizar. Las primeras horas tembló constantemente, después de críticos minutos lentamente dejó de temblar porque su cuerpo ya no lo necesitó, de qué sirve temblar intentando generar calor cuando el alma que es la que sufre ya no está… aquel pobre había muerto. Él no podía cambiar un destino no escrito y la muerte no lo podía matar a su placer así que lo unió a su propia destrucción, por alguna razón esa muerte la sintió como cercana, aquel joven fuera de su alcance fue como la muerte propia, hubo una dignidad en ello que él respetaba. Iba a retirarse cuando observó que en sus frías manos cerca de su pecho en ineficaz intentó por darse calor sostenía un papel al cual se aferró, un mojado y pequeño papel amarillo en el que escrito con carbón, un poco borroneado, apenas se leía un poema:

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Hojas de papel de lirios de metal Dulce delirio, provinciana sonrisa Obsequia a doquier Recalcitrante algarabía Llenándose de lozanía en pos de alegrar Bella sonrisa que no he de olvidar Digna eres de soñar En magno tiempo instantes pocos Donde en son crepitante Lirios intente trazar Pero de lirios tan dulces No se pueden inspirar No se deben pintar En hojas de papel en sueños de cristal Yace la sonrisa que todo soberano legisla soñar Entre correr y caminar Imagino el mejor lugar Constante sonrisa Por doquier pensar Dormitar de lirios en vigilia Dormir en sueños de trazo Perdido sin guía Perdido sin norte en ocaso Por corazón me guío Por ella me baso

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Al parecer el Hades fue más allá de lo que pensó, dejó un hombre sin alma y con un corazón tan lejos de su amada. La vida es cruel y condicionada pero nuestros corazones sobresalen cual grandioso y quizás único regalo digno de ángeles dado a mortales, sentimientos poderosos de grandeza que al usarlos nos pueden llevar desde los reinados más hermosos jamás hechos, a la muerte en el callejón más frío jamás descripto, dos muertes en aquel mismo lugar, el hades digno de la crueldad que lo investía aplicó al joven el tortuoso suspiro. Un simple roce es suficiente para acelerar palpitares incrementando suspiros a punto de vernos acomplejados sin motivo lógico, inyectados con una sobredosis de pensamientos y fantasías tan profundas que nos trasporta a un naufragio en hemisferios lejanos, simples roces que en casual circunstancia nos desestabilizan convirtiéndonos en otro sin saber cómo comportarnos en tal situación, fingiendo que nada ocurrió y pensando en si la otra persona habría sentido lo mismo o simplemente fue un roce que ni siquiera fue una puesta en foco, un mar de sentimientos en el corazón de uno sin saber qué pudiera significar en otro. Ejemplos de la extraña humanidad que ilusionada funciona y sorprende, cuantos mundos hemos abierto sin saber, sin sentir, no pertenecer a esos esquemas en que la correspondencia se hace terca y esquiva por pocos momentos son eternidades de segundos en un tiempo tan elástico, que el mismo destino supo presenciar en infinitos segundos que aún no trascurren dentro de milenios ya pasados, así como la mente y tan irreal como el amor mismo. Tal papel lo volvió a poner en las frías manos donde por el rocío se perdió lo que escrito estaba para derretirse en una mezcla de carbón y agua que se esparcía como tenue mancha negruzca en el pequeño perímetro de aquel trozo de hoja que Nelson Damian Cabral

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pronto se convertiría en una cuasi-pasta a la que nadie en la morgue prestaría atención. Días después como NN fue enterrado aún con restos de aquella masa en las uñas en su afán de aferrarse a lo que debió escribir en frío. Antes de morir tuvo la oportunidad de recordar momentos tan dulces y tan amargos que en cierto modo lo enaltecen a nivel de los infinitos segundos que siguen trascurriendo, aquella paradoja de las ilusiones de soñadores cual Clemente cual Esperanza, que supieron contemplar, o quizás no, pero eso quiso pensar el destino, sabiendo que el olvido no le regalaría la pérdida de ese horrible recuerdo. Tales finales son comunes pero las personas fuera de su jurisdicción son pocas y casi siempre terminan en un sombrío final, quizá aquel destino cruel no es más que la mejor mala opción disponible para muchos.

Un sueño acorde, (5ta parte) Despertando…

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ras el extraño momento se calzó los negros guantes dedo por dedo como haciendo tiempo mientras respiraba muy profundo, luego sacó su reloj por última vez y deslizándolo entre sus palmas lo dejó caer al piso, el que al tocar la superficie hizo un terrible estruendo. Con ese terrible sonido soñado se despertó, en su sillón, el anciano que esa mañana primero preguntó la hora y luego soñó la inmensidad. El sueño más real que soñaría alguna vez, tan real, tan complejo que cuesta creer que su mente lo diseñó en forma inconsciente como testigo de tales aconteceres, de tales vejáme-

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nes, solo le bastaba un mínimo esfuerzo para evocar nítidamente partes de aquel sueño. Tan mágico, tan real que provocó que aquel agnóstico se preguntara si estuvo destinado a soñarlo, mientras sin él lo notarlo el olvido salía de la habitación a paso firme con su bolsa demasiado liviana. Será que a veces los sueños se tornan tan reales y nítidos que pasan a componer la otra mínima y menoscabada realidad que aún en jurisdicción de la fantasía se nos impregna como realidades alternas las cuales podemos optar por elegir comienzos y finales que nos tocaron en esta realidad fija que dimos en llamar vida, después de todo hasta el destino a veces prefiere ese imaginario inconsciente que llamamos sueño. Los sueños muchas veces se nutren de deseos que terminamos viviendo como realidad hasta que el despertar nos marca la lejanía de estas vidas con la realidad consciente, aunque en opuesta perspectiva hubo ocasiones en que mis sueños me cobijaron en un esfuerzo por otorgarme la realización de aquellos deseos lejanos que preferí frente a aquella realidad fantasiosa que parece escapar al avaro destino y me otorga sin límites sueños y pesadilla como contrapeso de lo en él posible. El soñar no es un hecho simple y muchas veces nos intenta mostrar caminos no recorridos y constantemente nos susurra lo que nuestro consciente no pudo escuchar, al parecer el sueño es más importante de lo que nos puede parecer cuando ya despertamos.

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CAPITULO III Olvidando las certezas

No hay completa certeza, a veces ella solo es el relativo seguro en el cual confiamos a diario para no caer en la desconfianza irracional, aun asテュ nos aferramos a ella por la compleja necesidad humana de seguridad, miedosos de lo incierto, de allテュ que la certeza se afianza como reina de nuestros objetivos, meras ilusiones.

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Olvidando las certezas, (1era parte) Una metáfora perfecta…

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or las costas del Océano Atlántico a paso lento el olvido hurgaba entre pesqueros para alivianarlos de los recuerdos que no les sirviera conservar, en cierto modo es tan efectivo y necesario que damos por hecho su inmenso trabajo. Había olvidado hace mucho las certezas por el constante cambio que cubre la faz del universo todo desde las dispersiones de quarks (minúsculas partículas de materia) hasta cúmulos de galaxias con su propio tiempo y espacio, que se adaptan para demostrar la ilusión de lo que llamamos estable. Todo es tan exacto como su perspectiva lo muestra con relativa certeza y está la ilusión que se plasma siendo tan real como el propósito al que se adapte, el útil instrumento de mentirnos necesariamente. El olvido aún seguía yendo a la plaza aunque ahora, después de largo tiempo, ésta se encontraba renovada con luces y bancos en amarillo, con cuidado césped regado a diario, la ciudad se moderniza y con ella las costumbres que modifican el margen de conformismo. En estos días se persigue cada vez más la utopía exigiendo tanto que es común no cumplir con las expectativas de una sociedad no preparada para exigirla. Tras la necesaria renovación esa plaza iba tomando no solo color sino vida, dinamismo, ya no parecía aquel estancado lugar que abandonado supo ser sede del olvido y escena del brutal robo de un aroma, de una voz. Saliendo de la plaza encontró una muchacha que en un bar tomaba un jugo cítrico y miraba el asiento vacío frente a ella como acentuando la ausencia e incrementando la incertidumbre a cada sorbo, la rodeó lentamente para luego sentarse en Nelson Damian Cabral

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aquel lugar sin que ella lo viera o quizás viéndolo y olvidándolo a un tiempo. Allí cada sorbo era más lento que el anterior, aquel tercer vaso sería el último y la señal del regreso, certeza de abandono. Miró interesado sus dilatadas pupilas que escondían su iris azul apenas opacado por la bondad que mostraban y bañados en lágrimas, ni siquiera intentó ver en sus recuerdos, bien sabía que aquello debía confrontarlo sola pues las tristezas pasadas forjaron la bondad en sus ojos y quizás nuevas tristezas se graben en el alma, para ello no debe de olvidar su dolor. La vio deslizar generosas cinco libras esterlinas debajo del tercer vaso y alejarse dejando gotas de llanto en su camino, de allí el olvido describió a la certeza, como lo que vio en aquella mesa, dos vasos vacíos y un tercero con el último sorbo sin beber. Permaneció por horas en aquella silla pensando en los males que aquejan al humano y en los castigos que se les inculcan a los ángeles, ambos parecidos, pero de categorías diferentes, en espacios distintos e inmensidades contrastantes. Verdades que el olvido no posee son las de su deseo y su única avaricia, es la que lo tienta a traspasar límites que pueden costarle la sanción a su accionar prohibido. En esa silla de madera rústica pensó observando fijo los vasos de vidrio para luego dejar caer suavemente aquel vaso que aún contenía un último sorbo. Es difícil precisar por qué lo hizo, quizás quería señalar en un sentido metafórico el fin de la certeza o quizás quería llamar la atención de la camarera que pronto se acercaría a limpiar la mesa repartiendo sonrisas, las que percibía tan verdaderas como los propios olvidos que las posibilitaban o tal vez, solo tal vez, fue alguna señal de sus emociones más sesgadas.

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Apenas unos minutos después llegaron al lugar dos señores con trajes y cuidada apariencia, costoso reloj de muñeca, fina corbata, portafolio de exclusiva marca, por mencionar solo algunos de los objetos que denotaban un cierto estatus. Pusieron sobre la mesa los portafolios solo después de haber pedido café, durante la conversación dejaron oír palabras como corrupción, economía, finanzas y aunque los presentes en el bar no tenían idea de quienes se trataba, el olvido los conocía muy bien, ellos son el objeto de su gran trabajo, olvidan a menudo su familia, sus ilusiones, su nobleza pero por sobre todo su felicidad. Quizás el olvido nos brinda regalos y un plácido borrón y cuenta nueva, para volver a trazar caminos pero en ocasiones damos poca batalla para evitar que el olvido se nos lleve más de lo que le corresponde y sin que nos demos cuenta ya está allí sacando recuerdos, esperanzas e ilusiones transformándonos en simples máquinas sin sentimientos cual metal con poca vida útil. Serían reflexiones vagas pero en aquel bar había dos poderosos políticos, un habilidoso arquitecto y dos jóvenes parejas entre algunos otros sin embargo había un solo ser con vida feliz que al son de un llamado servía las mesas obsequiando una bella y provinciana sonrisa. Es irónico que la sociedad toda se vuelque a los supuestos de la masa persiguiendo metas que no tienen en cuenta la felicidad sino el capital como sinónimo de ella, aquella joven no sabría nunca que su dicha se debía a su sencillez y algún que otro olvido. Volviendo a centrar la mirada en aquellos dos políticos el olvido aún en la rústica silla escuchaba algunas mentiras y otras verdades convencido de que era difícil diferenciarlas por ser aquellos dos profesionales del mentir, expertos en engaños Nelson Damian Cabral

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que cual espadas blandían palabras, cual agresión plantaban silencio esgrimiendo causas sin necesitar motivos sino solo sus palabras que marcaban un don en lo seguro y su propia cadena en lo certero. Prisioneros de talento y víctimas de avaricia eran visitados por olvido, destino y tristeza tan a menudo, que a diario se cruzaban. Al parecer existe un cierto karma que se encarga del equilibrio que el humano se esfuerza por no respetar y por ello seremos obligados a responder por sus efectos, en proporciones dictadas por aquel mejor juez, aquella tercera persona del omnisciente. Irónicamente muchos intentaban seguir los pasos de esos dos señores buscando lo que ellos no poseían siendo todo esto parte del macabro sistema al cual debemos la civilización, cientos y miles buscando lo que quieren en lugares equivocados en los que favorecen a la masa sacrificando su felicidad, su paz en aras del materialismo que sustenta la vorágine consumista. Aquellos dos políticos tuvieron vidas similares y para ambos la política fue la única opción.

Olvidando las certezas, (2da parte) Mentiras Forzadas…

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s difícil juzgar gestiones de unas vidas tan intrincadas en personas tan frágiles que su firmeza es solo producto de la torsión de sociedad, de los empujones proporcionados por las erradas convicciones de la familia. Simplemente estar simplemente allí afrontando adversidades con la solución más fácil, la única definida por la genética, la única que en la familia es considerada prudente, solamen-

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te la única conocida, por contagio, por reflejo todo les llevaba a la política y al derecho de manera complementaria, a la respetabilidad por creerlo necesario, en los nuevos años nacen la nuevas ilusiones movidas al son de estas influencias tan malas pero proclamadas tan buenas, todo se relativiza en número de votos, a consenso, basándose en las amistades y contactos que pronto serán escalón de la ya conocida escalera. Algunos intentan escapar de este destino tan agotador pero este no es el caso, ya que no hubo intento de escapar de lo que no sabían que debían, de lo que pronto se convertirá en tangible y sufrible destino, que en pos de ganar quita la tranquilidad y acelera la vejez, los años en gobierno trascurren más rápido que el tiempo real. Dijo el mismísimo tiempo: tras cuatro años seis se habrán ido. Almas absorbidas por la penumbra del castigo que de inmediato se aplica sin ser reconocido, sin ser los alabados se sacrifican por corruptas monedas entregando sueños y revocando sonrisas que pronto absorberán las suyas mismas sin saber que el Hades no trabaja en pesos ni conoce divisas. En años lentos, en tiempos antiguos estos dos amigos, cuyas familias eran de renombre, respetables corruptas, una de las cuales negó los fondos para arreglar una olvidada plaza y la otra rechazó subsidios para los destruidos transportes, ambas familias ensalzadas por el poder y ambos niños enlazados por la amistad. En la juventud experimentaron sueños limpios y aspiraciones tachadas de banales que pronto a tenor de las familias que alentaron sus carreras políticas se fueron desvaneciendo hasta ser destruidos por el olvido que sin reparo las fue tirando disolviéndolos constantemente. Sin obsequiarles más opciones, ambos en familias diferentes, en circunstancias similares fueron llevados forzosamente por un camino que pensaron querer, peNelson Damian Cabral

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ro que eran sueños de padres inculcados a hijos, infelicidad de éstos derramada a la sociedad. Como un virus, como hanta para el alma serán afectados por decisiones ajenas que plasmarán en acciones propias. En algún punto de su crecimiento se fueron achicando hasta ser tan grandes y a la vez tan pequeños en dimensiones desiguales en conceptos diferentes, aquellos futuros representantes de un pueblo emergen sin siquiera poder representarse a sí mismos doblegados por la codicia implantada cuya vergüenza yace nueva aun sin salir de su empaque. Si se los describe se verán como crueles hombres sin merecer bondad alguna, sin embargo estas características les fueron impuestas y como tales no reflejan la noción de libertad, atrapados por débiles no tienen el coraje de salir del camino que les marcaron y que solo conocen por temor a lo incierto de los senderos que quizás pudieran brindarles más felicidad de la que creen posible, ya desde aquel punto continúan produciendo decisiones que les son aplaudidas y festejadas por intereses económicos. De forma natural casi sin notarlo se adentraron en carreras cuyo fin no termina y a los escalafones se sube por voto y se baja por tiempo, en ese ir y venir en luchando constantemente para mantenerse siempre los más alto posible, eran víctimas de olvidar lo que desean cambiándolo por lo que una vez les dijeron querer. Uno es nieto de un Clemente que yació olvidado en su amplia casa hasta morir al lado de un viejo eucaliptus; el otro es nieto de una cansada Esperanza que entre las innumerables flores de su rosal nunca encontró aquel aroma perfecto. Es difícil ver con anticipación la vida que misteriosa se tapa develando ciertas coincidencias que suceden más a menudo de lo que deberían ¿será que por allí trabajan manos invisibles

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bajo alas anónimas? Preguntas que no hicieron ninguno de los dos políticos, ni siquiera las personas del bar sino un ángel del olvido que sentado los observaba pensando durante horas en aquel segundo. Ya cansado del incómodo asiento diseñado para seres sin alas prosiguió su camino no sin antes regalar un temporal de olvidos y algunas dosis de recuerdos lejanos, que en la oscuridad de la noche en aquel bar hicieron nacer risas y lágrimas. Terminó así una segunda noche de aquel abril en que una feliz camarera no sintió la soledad. Así ya de madrugada, acompañado por el piar de algún gorrión notó que el rocío enfriaba la brisa y humedecía el pasto, se encontró con un indigente al que hace tiempo tildaron de loco quizás por su desagradable apariencia, anunciada desde lejos por la sucia y enmarañada barba. Ese era el motivo por el cual la gente no se le acercaba. Parecía ser la escoria de una sociedad poco ética, sin embargo en la mente de aquel vagabundo había pensamientos que vagaban sin rumbo cierto. A buscar entre sus recuerdos encontró muchos pensamientos complejos prudentes y hábiles, tenía una inteligencia innata pero era un incomprendido, posiblemente otra gran mente sin voz. Quizás en otra vida, en otro espacio u otro tiempo el folio del destino de aquel indigente le depare más que una vida de ignorado en un mundo de hipócritas, quizás le brinde alas, un mejor destino digno de aquellos humanos que parecen no encajar en el mundo que los concibió. Son especiales, diferentes, pero basta la mirada sincera para notar algún fugaz resplandor que los descubre como guardianes de misterios mayores. Fue así que ante la primera gota de lo que sería una tormenta alzó la mirada y como se disuelve ante la vista lo que no queremos ver, desapareció sin ruido, sin dejar rastros, sin siquiera ser notado. Pero esta vez no fue el ángel sino el indigenNelson Damian Cabral

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te el que desapareció entre personas que viendo tal sufrimiento lo olvidan sin más esfuerzo, con egoísmo sintiéndose el centro de su propia nada. Los helados vientos entraron de repente en ráfagas unidas a tal caudal de agua que se dejaron sentir y ver tan definidas que parecían trazadas por las manos de un mal artista. Arremetían con tal tenacidad y fuerza que algunas aves hallaron su fin y quizás un nuevo comienzo. Sin embargo aquel ángel sin mojarse y sin moverse estaba allí parado como si de una estatua se tratara, sus plumas no mostraban el efecto del viento ni su traje señales de la más mínima humedad, debido a su incomprensible e incorpórea presencia de memorias eternas y olvidos perpetuos. Aquel amanecer perdió los rayos de luz atrapados entre espesas nubes negras que hicieron de la mañana una larga noche donde el oscuro olvido reposaba quieto entre ráfagas y rayos tan atípicos, tan extraños que le permitieron percibir claramente al destino que posaba cerca de una incendiada tapera. Todo ocurre simultáneamente, ni las perspectivas ni el tiempo bastan, el tan complejo destino esgrimiendo fuerzas se encuentra en el punto mismo donde el olvido sucumbe, el mismo donde el destino se desvanece. Existen tanos controles que ninguno tiene poder total sino solo una ilusión. No sería difícil para los grandes pensadores notar tal ilusión pero ensalzados por el poder y la dicha del control no ven más allá de lo que les prometieron, cayendo en la arrogancia de una sesgada visión. La tormenta tardó en disiparse pero al hacerlo el firmamento se mostró en todo su esplendor regalando tibios rayos de luz que alentaron el canto de las aves. Pero ningún sol alentó a los recuerdos perdidos, que en jurisdicción del olvido espe-

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raban el dictamen para su destrucción o su caída en la bolsa cuyo fondo nadie recuerda haber visto. En tal bolsa se encuentran los recuerdos ajenos que degradados, transformados a su esencia misma y tergiversados, para cuando la situación lo amerite ser implantados en los sueños de los despiertos y en la imaginación de los ilusionados. Porque alguna vez habremos imaginado lo que no podemos crear, tantos matices, tanta esencia que sin definirse se plasman tan vívidamente que basta evocarlos para producir arritmias poco explicadas y tan comprendidas. Sería el factor de decisiones erradas y comportamientos ingenuos que da lugar a posibilidades que intentan huir del destino, que atareado deja escapar ciertas decisiones de los mortales ocultos tras las alas del olvido. Éste al bajarlas nos vuelve a exponer a las risas que nadie realmente escucha. De nuevo en sus andadas el olvido entró en una casa de estilo moderno en cuyo patio se limpiaba una piscina vacía, por momentos aquel hombre se retiraba a una de las esquinas para ver su progreso, arreglando imperfecciones e instalando nuevas agarraderas entre otras reformas, parecía concretar su trabajo muy concentrado. Las apariencias no muestran lo que hay más allá de nuestra imperfecta mirada. Aquel empleado tenía más en la mente que las refacciones, que incluso en su consciente ni siquiera estaba presente. Los años en la profesión le brindaban una forma de trabajo instintivo, casi automático que lo liberaba para surcar pensares vastos. Extrañamente aquel que ni siquiera terminó sus estudios primarios y fue criado en el campo es un complejo ingenuo de grandes pensamientos. En aquellas sombras de luces cambiantes provocadas por las nubes que cruzaban el cielo, el olvido notó que aquel hombre ese día no se dedicó a los típicos pensamientos que tenía a Nelson Damian Cabral

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diario, sino que se planteaba una duda pendiente, excluyente, que revoloteaba entre sus pensamientos. Duda que le sugería un sinfín de irónicas realidades plasmadas por él, curioso ignorante de poco ignorar. Aún atacado por las dudas continuaba su trabajo de manera profesional, realizando varias tareas a la vez de manera sorprendente, al parecer cuando dejamos el mando corporal al inconsciente éste realiza las labores mejor de lo que podríamos proponernos. El inconsciente de manera autónoma nos administra cuando las circunstancias nos sobrepasan y con mayor agilidad y sin el vicio de la conciencia trabaja sin más trabas que las marcadas por el propio cuerpo. En un trabajo perfecto con los pensamientos erráticos pero no del todo equivocados, aquel humano hacía frente a la mejor vida que pudiera elegir, irónicamente una que nunca elegiría. La felicidad y el goce están ligados al azar que tratamos de controlar con doctorados, prácticas, influencias o materialismo, que al momento juegan un rol pero no dan garantías. Sería aquel que bajo las manos del destino y nosotros sobre el emblema de lo dispuesto que al fin caeremos en una incerteza que pocas veces nos puede brindar más adelanto de lo que nos dicen tener. Así terminó el día, la luz, el trabajo, pero la mente de aquel extraño aún buscaba respuestas inexplicables para mortales tan efímeros como la verdad misma. Únicamente por eso aquel albañil en ese instante se convirtió en el ser más inteligente, para volver a caer en la mediocridad acostumbrada sin siquiera notarlo, solo por el olvido que aún lo recuerda. Frente a una lujosa casa quinta una plaza daba hogar a aves y recibía sus cantares. En el centro se encontraba una gran escultura sobre cuatro pilares, se erguía en recuerdo de un prócer, un héroe descripto en las hojas de la historia. A sus pies, a

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su sombra, se encontraban una muchacha de cabellos casi rubios, ojos marrones y aroma a café y un joven cuyo corazón al latir superaba sus palabras. ¡La joven era locutora y de su boca salían muchas palabras, quizás tanto habló y tan poco dijo! Solamente relleno, plasmado por la necesidad de mostrarse a sí misma dando la sensación de una conversación de uno y la ilusión de otro. El olvido se posó en lo alto sobre la gran escultura abriendo sus alas y dejando a cada uno bajo la sombra de un ala. Aquel joven tras un suspiro y una pausa como quien va a una batalla, con la mirada asustada actuó en contra de su innata timidez para decir algunas pocas palabras que no causaron ningún cambio por verlas venir, quizás por no tenían importancia para la joven. Circunstancia que el joven no imaginó entre las miles que no le sucedieron. Tras despedirse ella se fue llena de certezas y el joven se quedó inundado de dudas, tantas que no habría libros en la tierra que las respondiera todas. Sin embargo bastaría con un par de palabras de ella para despejarlas todas por completo. En este caso sería la certeza de unas pocas palabras y la verdad solo legítima en labios de una persona. En aquella ocasión fue del olvido el regalo de unos momentos para los seres que a la sombra de sus alas intentaban construir ilusiones paralelas habiendo tenido impresiones diversas. Su próxima reunión se posterga para caer en la realidad esquiva a su imaginación, por más que lo imagine no logra acercarse a la verdadera realidad, que en un juego macabro huye de su imaginación dejando el misterio sin develar, afrontando situaciones nuevas para las que toda preparación sería inútil. Será quizás la realidad un anticipo de próximos inmanejables para conciencias limitadas por sentimientos que corromNelson Damian Cabral

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pen la ya poca visión, a fin de tornarlos más manejables que los duros golpes del porvenir en los que aquella imaginación alcanza a la realidad que no le será favorable, escuchando duras palabras de un hecho imaginado y rememorados en el futuro por una salada gota y la más hipócrita mueca de una sonrisa. Los valores se pierden y en ocasiones jugamos con las personas sin siquiera darnos cuenta. Sería piedad golpearlos en esos momentos, sin esperar ni postergar dando agonías. Es algo que el olvido conoce y por ello no espera para robar dulces tesoros, pero sí en muchas ocasiones postergó el borrar duros momentos que considera maléficos en el presente y benévolos en el futuro. Engaños como gracias, certezas incumplidas repitió en voz baja aquel ángel cuyas alas ensombrecieron la valentía. “Engaños como gracias, en certezas incumplidas” dijo por última vez mientras recogía sus alas para desaparecer entre los últimos rayos de luz del ocaso tardío. Sería por entonces que a un joven le pareció vivir una noche en plena tarde dividido solo por un adiós que no fue escuchado.

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CAPITULO IV

Perdonando a la melancolía

En ocasiones odiamos tanto esa melancolía enaltecedora de recuerdos vagos, que nos dilapidan entre añejados pasares, creadora de las ilusiones de antaño como fuente de posible felicidad dejándonos ansiosos de algún sorbo más para saciar la sed recurrente. Pero debemos aprender a perdonarla al punto de entender que nuestro monótono presente es nuestro próximo virtuoso pasado.

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Una miserable revelación.

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a noche estaba calma y en los hombros se podía sentir la pesadez de una neblina más fría y hostil de los acostumbrado. Las nubes poco a poco cubrían con su espesura las estrellas del firmamento, allí mismo el destino observaba el único lugar dulce de aquel extenso mar salado. Rodeado de melancolía el destino se encontraba distraído por cierto pasado que no le fuera destinado. Se cuenta que en esos días alguien se atrevió a pelear su futuro y casi…casi ganó. Bajaban las mareas en la costa de Hipson, un lugarcito alejado de la cuidad donde los isleños tiraban sus redes a diario con al fin de pescar algo más que una ración, pero entre varias ocupaciones también ayudaban a los corsarios, así completaban las ganancias necesarias para la subsistencia. Los isleños eran una ayuda muy grande, apenas los navíos tocaban tierra ágiles y adiestrados se ocupaban del mantenimiento y resguardo de las naves hasta que la tripulación completa estuviera a bordo. Debo decir que una relación así entre isleños y corsarios pocas veces se concreta sin algún tipo de mando despótico y este caso no es la excepción. Sin embargo el despótico aquí no era una persona sino la necesidad de los isleños que llevan tan dura vida. Al mando del extraño navío Liberty II estaba el ex-pirata Sandoval Triezza, a quien algunos conocían con su verdadero apellido Dumont… Se decía que el malvado, era producto de un encuentro con un destino tan avaro que no reservó ninguna dicha al miserable.

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Al bajarse del barco la tripulación dió en la primera noche un banquete rústico con abundante pero mediocre comida que para los desnutridos navegantes pareció manjar digno de dioses. Al son de una guitarra criolla se dedicaron a beber con cierta mesura, después de todo el firme capitán exigía decoro aún fuera del navío. Después de la media noche Sandoval subió a descansar en su camarote, dejando a los marineros libres para demostrar su completa falta de disciplina y eso dió lugar a la típica ronda de historias. Conocedores de ésto los empleados del bar, daban pie a los corsarios para que historia por historia dieran rienda suelta a sus cuentos casi siempre exagerados. En la penumbra típica de un lugar iluminado por velas y con una con dos botellas de licor a mano empezaban las historias. Así el contramaestre Turner contó lo siguiente: -

Esto me recuerda una historia que escuche sobre nuestro capitán, el mismo que ahora duerme en su camarote. Hace mucho tiempo cuando Sandoval era no más que un simple cadete, el barco en el que navegaba encalló en las islas Malvinas. Por pedido de la tripulación, o por iniciativa propia, cosa que varía según la historias, él se internó en la extensa llanura de las islas. No pasó mucho hasta que una lluvia azotó la zona y el frio se convirtió en un fuerte enemigo. Según cuentan fue allí que Sandoval, sin rumbo por las planicies azotadas por rayos y dominadas por una espesa niebla, se cayó en el suelo enlodado y estuvo dispuesto a morir allí. Pero en lugar de ese final tenebroso, un supuesto ángel lo salvó entregándole un pesadísimo abrigo que lo protegió durante la tormenta. Todo regalo tiene un precio, se cuenta en un antiguo bar de bucaneros cercano a Dannose, que el destino o la mismísima muerte se sintió estafada por qué no se respetaba el final

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escrito en sus hojas, lo apuntó con su hoz y desde aquel frío día de misterios a Sandoval la vida ya no le regala alegrías y la muerte se niega a concederle el sueño eterno… por esa razón él es miserable. La fuerte voz del contramaestre más el odio de Sandoval dieron como resultado una revelación punzante: él era miserable. Aquella noche enojado se negó a aceptar esa conclusión, pero no tuvo excusas para oponer. Al día siguiente con la ayuda de las mareas altas y algo de viento Sandoval prosiguió su último viaje y al llegar a puerto Destino renunció con la expectativa de poder buscar otra cosa. Al bajar del barco quizás como símbolo, pequeño can blanco acompañó por un largo trecho sus pasos y por vez primera la tripulación vió como el capitán regalaba algunas sonrisas. Se cuenta que se fue al occidente en busca de una riqueza más valiosa que el oro y más brillante que el diamante. Ese valiente decidió cruzar el mundo en busca de un poco de felicidad que la vida quisiera obsequiarle. Nadie supo si la encontró pero lo cierto fue que en aquel maltrecho navío no estaba.

Aroma del último café…

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uchos años después y durante algún momento de olvido sucedió que aquel caminante de aroma frío cruzó su última calle. Aquella que siempre está llena de nieve y neblina que fue olvidada en Stanley para elegir otras nuevas, con luminarias renovadas. Sin embargo aquel caminante deseaba la soledad de aquella calle. El bullicio presente en el sendero concurrido no deja soñar despierto una última fantasía. Escapándose de la oportunista razón, con intachable prestigio,

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él lograba vender lógica por ilusiones, saturado de recuerdos inconscientes y evitando así la prudencia. En la esquina del juzgado, en el pequeño bar Sweetness preparaba siempre su café de día y de noche, la señorita de ojos marrón claro, que hacían recordar al ocaso bajo la sombra de las alas de un olvido. Recuerdos con aroma a café que se presentaban con tal fuerza, eran la razón de una sutil humedad en sus ojos acompañada de aquel acostumbrado temblor de sus manos. Un lugar repleto de impresiones equivocadas donde aquel aroma podía trasformar una simple infusión en el café del más exquisito sabor y una mirada pícara de la joven moza se transformaba sin excepción en la sonrisa de quien la recibiera...Un lugar donde la cafeína propiciaba algunas verdades reales como los vivaces recuerdos... ése fue el lugar alejado del mundo donde un juez perdió su juicio en presencia de una moza con ojos de extraño matiz, que le recordaban un amor antiguo unido por siempre a aquel aroma de café que aún le producía melancolía. Al observar esto el olvido recordó otros ojos con el mismo extraño matiz. Aquel recuerdo hizo temblar sus manos y enfriar sus alas, por develar un oscuro patrón que el humano nunca entendería. No faltó más que aquel instante para recordar eternidades en infinitos eones y ver los ojos de Esperanza entre las muchas tristezas olvidadas. El olvido acompañó al juez hasta su oficina en donde al ritmo de los pequeños sorbos del más exquisito café, borraba recuerdos de la abarrotada mente del letrado destinado a morir esa misma noche... después del último sorbo. Una pequeña pero considerada espera del Hades que le concedió ese último re-

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galo antes del ataque cardíaco que lo fulminaría silenciosamente. Por fin la pesada carga fue quitada, para caer en las manos del olvido que la guardó en su bolso, seguido por la mirada atenta del destino que selló la última hoja y un Hades que firmó al final. Un instante tan valioso que fue digno de las remembranzas del olvido. Saliendo de allí volvió a sacar el recuerdo de aquellos ojos para observar sus matices innumerables y el brillo perfecto, sería la más fina y única obra de arte, Pero encontró tantas como ilusiones mismas, el misterio de aquellos repetidos ojos que al verlos se convierten en inolvidables. Ser visto por ellos enaltece por tener la falsa certeza de creerse ser dignos de tal mirada. En proporción a los días que se sucedían, aquel recuerdo se hacía cada vez más pesado y producía el olvido de los miedos, para sentirse contenida hasta su curiosidad. Pero bajo la mirada de Esperanza se tornaba tan pesado que apenas lo podía soportar. Su peso lo obliga a caminar tan despacio... tan lentamente dentro de un infinito sin espacio y un tiempo sin espera logrando la evasión de lo que los humanos llamarían angustia. Al tercer día, primero entre muchos y siguiente entre tantos un olvido no recordaba sus trabajos por llevar tan pesada carga que no deja lugar a razonamientos ni abandonos. Lleva una bolsa cuya única carga la hace demasiado pesada como para moverla. Pero es tan importante que no se la puede destruir y una vez más el majestuoso olvido se siente pequeño, pero a la vez consciente de que es solamente porque se siente a la sombra de algo superior. Por primera vez siente angustia en el momento mismo que reconoce que tal peso ya no lo puede seguir llevando. ¡Hasta para el olvido, el recuerdo de esperanza es demasiado grande! Nelson Damian Cabral

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Distante deambulaba con sus pensamientos, asumía poco a poco la idea de que debía olvidar la pesada mirada de esperanza para progresar entre los olvidos eternamente diarios. En breves e imperceptibles instantes todos esos pensares cruzaron por olvido para matar su incertidumbre, marcando las angustias. Vió que debía afrontar la única solución que no le era grata y así sin más arrodillándose por vez primera, sintió el suelo con sus rodillas. En ese momento, con las alas extendidas y el corazón palpitante entregó el insoportable peso al destino que ya lo esperaba, para convertir aquel recuerdo en simples letras de infinitas páginas. Allí se pactó en silencio, sin que las palabras mediaran solamente por el comportamiento y acentuado por la mirada. Fue el pacto más grande del poder más noble. El olvido comprometido a olvidar de inmediato y el destino a dar a esas nuevas páginas otro sentido. Ambos censurándose, logrando que el olvido de un ángel tuviera al destino como garante. Así fue que el olvido olvidó todo lo hecho, visto, sentido y escuchado desde la muerte de aquel juez, comenzando así un nuevo segundo posterior…

Un muy lejano segundo posterior…

A

ún arrodillado sin saber el por qué, se ayudó con sus alas para salir de tan extraña posición. Rápidamente recobró la compostura y miró al lejano horizonte que lo rodeaba para confirmar su soledad en la tupida llanura. Una brisa cálida en sus pies y una ráfaga fría en su cabello daban la pauta de extraños aires que lo dejaron pensativo, como si le faltara algo pero no supiera qué. Esa inquietud lo acompañó en el constante ritmo de cada paso unida al aroma que le dejo el destino.

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Contemplando esta parte benevolente de los olvidos que en ocasiones quita algún peso tan pesado, que nos supera y aquella esperanza, que mientras dure es inolvidable, logró ver un contraste de equilibrio digno de orgullo para las manos que aún no han tomado el crédito. El olvido entonces se sintió débil y sin respuestas… se sintió frustrado y sin razón… se sintió inseguro…. humano. Quizás ni el olvido ni las infinitas hojas del destino pueden retener la mirada de una esperanza, porque mientras aquella dure es consuelo saber que nos pertenece tan legítimamente que es parte del humano y un derecho inalienable.

Recuperando el olvido…

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ucedió un décimo día, en que el ángel no se corporizó a la vista de los humanos ni a visión de los dioses, simplemente se desvaneció. Ya no estaba en plano alguno, invisible al tiempo... al destino... a todo dios y todo ser. La noticia provocó espanto en omniscientes que por definición debieran saber todo y ésto se les ocultó ¿cómo pudo el mediocre ángel escapar a dioses de supuesto total conocimiento? Él, simple ángel del olvido puso en duda el título ya falaz de aquellos peligrosos seres que acababan de descubrir el miedo. A la segunda hora y algunos segundos el olvido se corporizó pero no fue suficiente para calmarlos. El pobre ángel fue interrogado por los dioses, que querían saber qué había sucedido y solo pudieron encontrar un olvido en respuesta a la pura nada. Por ello enfurecidos con miedo de no tener repuestas decretaron al tiempo que eliminara esas horas. Todo otro ángel y Nelson Damian Cabral

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todo humano olvidaron las horas que ya no existían y después de eso el olvido esbozó una mueca de satisfacción por los intocables que al fin eran tocados por el enorme miedo de no saber. Nadie más que el seguro olvido conoció que el mismo ángel supo aprender aquello de olvidar a olvidarse, una inexistencia misma que escapa a toda fuerza y a todo decreto. Solo lo hizo en una ocasión, solo una fue necesaria para marcarles que nadie, en ningún plano del infinito concentra el poder absoluto siendo su límite solamente el casi y que la omnisciencia es un mito. Los días continuaron pero una duda post decreto en el destino arraigó: la inquietante certeza de su reloj marcando sus primeras dos horas y diez segundos, pero volviendo a permanecer quieto dejando a su corazón palpitante contrastando con su rostro de aspecto, tranquilo. Las sorpresas no sorprenden al destino pero esta epifanía estuvo muy cerca de ese humano sentimiento. En ocasiones nos sentimos pequeños en contraste al magno espacio en donde somos un ápice apenas notable. Quizás tenemos alguna chispa de ilusión que nos envuelve con una sutil presencia, mostrando que sólo la imaginación puede crear seres interesantes, volviéndolos tan reales como la ilusión de que existan. Somos los creadores de sombras dignas de ser nuestras. El olvido sin razones castiga con su sutil presencia, sin embargo no debemos olvidar que él es solo el complemento de lo necesario, Nos da motivos para valorar el esfuerzo de recordar y para aquellos que no puedan será ejemplo, enseñando que lo opuesto es una gracia y en lo contrario estaría el justo equilibrio. En montañas lejanas un alpinista llegaba a pocos metros de la cumbre pero su cansancio lo obligó a que en un pequeño

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declive, entre rojizas rocas se recostara en el más absoluto silencio, solo interrumpido por los lejanos chillidos de algún ave rapaz. Poco después dejó el silencio por sus aturdidores pensamientos, tan profundos que solo se pudieron dar en alturas solitarias. Pensó en todos los momentos que vivió, desde lo que lo llevó a escalar aquella montaña hasta su tierna infancia, todos tan especiales y dignos de ser recordados. ¿Qué ha sido de momentos cotidianos sin nada especial más que su data? ¿Meros olvidos? Tantos que son la gran mayoría, si de sus treinta años sólo recuerdos quedan para dar prueba de vida ante la muerte. ¿Qué sería de los que no rompieron la norma que inmortaliza el instante? Quizás de ellos surge la prueba de una vida en muchos años de poco valor. El alpinista decidió por vez mil escapar de lo cotidiano hacia las alturas, donde se deslumbró con esa idea, como con la más alta cumbre a ser escalada. Pensó que algún día podría enfrentar a la muerte proclamando que le puede quitar la vida porque ha vivido para recordar. No es raro que las personas tengan un momento de lucidez espiritual, lo extraño sería que esto superara años de pura monotonía del ser funcional. Años de adaptación a fines del sistema, como capital predecible, sin caer aquella lucidez en un olvido coherente a una ilusionaria dicha. No se sabe exactamente qué pasó en esa cumbre pero los del pueblo notaron que el alpinista al bajar encontró la dicha sin necesidad de nuevas cumbres.

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Un ignorante inglés…

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o fue sino más que una ilusión falsa lo que despertó a aquel provinciano inglés de un sueño en árabe que no comprendía, impulso que lo pudo motivar para salir de su abismal ignorancia y así comprender el sueño que solo alguien capaz de entender creerá que le dice algo. Áspero, terco e ignorante, eran características clásicas de su ser, pero también la nobleza y el orgullo eran símbolos de su personalidad. Se lo tildaba de burdo, solo era complejo, sin embargo tranquilo y aislado en su duro trabajo en la lejana granja de neblinas matinales y típicas ventiscas de madrugada. Un extraño hombre que era feliz solamente por existir. Fue una noche distinta solo por un sueño, uno simple pero que caló más allá de la imaginación. Soñó con la más bella dama que detrás de una azul burka, que apenas dejaban ver unos ojos celestes y temerosos, tenía el más suave y hermoso cabello jamás visto con entrelazados en negro y dorado. La dama le habló en lo que creyó árabe… un instante de noche... solo uno pero suficiente para destruir velozmente castillos de monotonía. Trascribió los confusos balbuceos de la dama pero no entenderla lo perturbó tanto que contrariamente a su costumbre, en su tiempo libre estudió el idioma árabe, comenzando con deteriorados libros conseguidos con dificultad. A medida que pasaban los días aprendió lo básico, después de casi dos años lo entendía perfectamente. Sin embargo aquellas hojas nada le decían, así que por ignorante decidió aprender latín, por ser casi español y saber los dos. Por su ignorancia consiguió ser trilingüe, aunque aún así los escritos nada le decían. Decidió entonces estudiar historia árabe y eso fue un punto de partida.

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Aquel ignorante inglés trascendió por fin la ignorancia para entrar en el mundo del saber. Aquel comienzo le despertó un apetito voraz por aprender, tanto así que se podría pensar en aquel sueño como una excusa para aprender lo que la sociedad y su duro vivir le negaron. Tal vez por eso en sus libros solía dejar a continuación de algún título esta sigla minúscula, casi imperceptible: m.s.t. Pocas imprentas podían realizar el trabajo y muchos le han preguntado su significado pero nunca ha brindado respuesta lo que hizo que se hicieran demasiadas conjeturas al respecto. A decir verdad eso constituía, para algunos un toque místico y para otros solo una curiosa insignificancia. Se decía que era una forma de comprobar la calidad de la imprenta y también que eran las iniciales de algún nombre. Quizás ambas ciertas, o ambas erradas, pero en definitiva una innegable marca, una impronta curiosa de tierras lejanas donde las neblinas marcadas en cada contratapa, recuerdan lo magnífico de cada libro. Cincuenta años pasaron de aquel sueño y solo como recuerdo guardó el papel en un viejo baúl, pues un hombre sabio comprende que aquel sueño no fue más que murmullo sin sentido. Después de su muerte sus objetos personales quedaron para su hijo, que ya adulto donó las hojas a la biblioteca local, que orgullosa las exhibió como símbolo junto a tantos libros que su padre, ya fuera de su ignorancia había escrito. Tras algún tiempo de la muerte del hijo, un extranjero mirando las enmarcadas hojas dijo que estaban en “walisiano” un antiguo idioma polinésico poco hablado. Casi nadie le creyó, y nunca se supo si aquello pudo ser verdad, pues aquel extranjero no regresó y el pueblo sin recursos económicos nunca tuvo un traductor. Aún así un joven que se enteró de la historia decidió creer en esos mágicos cuentos para comenzar a aprender “walisiano” y desentrañar los misterios del sueño de antaño. Nelson Damian Cabral

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Por curioso que parezca aquel complicado idioma que estudió solo lo comprendió lo suficiente como para traducirlo hasta un momento en que absorbido por tantos conocimientos, su sabia mente le indicaba que “no valía la pena el mínimo esfuerzo por aquella fantasía”. Por otra parte su corazón no estaba dispuesto a despegarse de la mágica y tan especial historia, que solo puede ser escrita en forma incomprensible por un idioma incierto, escondiendo por siempre el significado del viejo sueño de un siglo. El pueblo aun no lo sabía pero ese joven se convertiría en su próximo escritor de éxito y pensador de renombre y todo se lo debió a una ignorancia casi mágica, que le mostró una puerta de conocimiento que quiso traspasar. Él también dejaba detrás de cada título la misma imperceptible sigla: m.s.t . Habló alguna vez al respecto afirmando que de saber por qué lo hacía no tendría razón de ser. Algunos dicen que logró descubrir su significado y otros que se trataba de algún tributo al recordado escritor, pero son puras deducciones ya que nunca dijo qué significaban. Tiempo después nació su hija a la que puso Maira Sophie Tyler M.S.T. Se da en ocasiones que la vida nos muestra casos poco creíbles y como burdo juego nos demuestra que toda ley no es más que una tendencia y las oportunidades pueden surgir en las más áridas mentes en las que hasta la sabiduría puede ser impulsada por la pura ignorancia. Curiosos azares del destino no siempre deparan finales de este calibre pero les aseguro que siempre deparan maravillosos hechos que a veces son solo la pieza faltante para mostrar la extrañeza que cubre todo azar, como la dignidad de los indignos o la nobleza de los innobles. Sería así que podríamos decir que la inteligencia de poco sirve si no la complementamos con el conocimiento y éste a su

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vez con el accionar que en conjunto intentan lo grandioso. Aunque no lo logremos, el intento en sí es digno del verdadero respeto, si lo pensamos es bien tan escaso como valioso.

Sueños de elocuencia…

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ntre las villas cercanas a Stanley existía una casa pequeña y bastante cómoda que desde lejos se divisaba por su chimenea color naranja, producto de las sobras de pintura de la empresa donde trabajaba su propietario, un inglés o quizás argentino según se vea. Este hombre cumplía labores tan duras como profundo soñaba. Tenía una particularidad surgida, quizás por aburrimiento o tal vez debido a los esfuerzos que le exigía su trabajo, que lo arrastraba a dispersarse en contemplaciones y sueños nacidos en la penumbra de la pequeña casa. Detrás de las cercas crecía dificultosamente un pequeño pino recién trasplantado, luchando por vivir. Era digno de mención debido a los pocos árboles que en las islas se encuentran. Vida común con sueños tan particulares que son ironías quizás bien fundadas en la naturaleza misma de la sencillez de quien vive fuera del ajetreado estilo urbano desplegando la magnífica esencia del propio humano sin los controversiales lamentos de la ciudad. Este hombre que vivía en una cabaña lejana al pueblo soñó una noche que: Salía de su hogar durante una tormenta atravesando la helada noche con el viento silbando y una ligera lloviznanieve que se veía de color azul, por el reflejo del cielo nocturno, sobre un lejano risco, en la costa al este de las islas. Al llegar allí con las manos húmedas y violetas por el frío des-

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enterraba una caja de ébano de tamaño mediano y extrañas bisagras de bronce grabadas en relieve con motivos florales... Su corazón palpitaba rápido y su cuerpo temblaba cuando despertó con las manos frías y el corazón descontrolado, sin dudas un extraño sueño que sintió y vió real. Sin embargo era sólo un sueño realista hasta en los más inquietantes detalles. Algunos llaman a eso viaje astral, un raro acontecimiento durante el cual, según afirman expertos, el alma sale del cuerpo para surcar libre por remotos territorios sean estos fríos como las Malvinas o exóticos como la isla de Socotra. Ningún territorio concebido o por concebir es límite para este alma que en tiempo imposible de medir recorre años en segundos. Pero para este inglés era sólo un sueño... tan sólo otro sueño inglés. Al día siguiente volvió a tener el mismo sueño, y al siguiente, y al otro, hasta que pasó el invierno y el pobre calor del verano hizo más soportable la estadía y más propicio el intento de acabar con lo recurrente. Entonces un día cualquiera se levantó temprano y se dirigió al conocido risco, que estaba desierto y trató de recordar el lugar que había soñado. Allí con una pequeña pala cavó...cavó... sin hallar absolutamente nada, tal cual suponía. Simplemente un sueño dijo... y repitió insistentemente. Se sentó sobre la pila de tierra amontonada en los bordes de su gran pozo con las manos apoyadas en la pala clavada en el suelo. Entonces su mirada se clavó en una semilla de pino que estaba muy cerca de él, como dejándose ver para ponerse en evidencia. El hombre desconcertado se preguntó ¿Cómo llegó hasta aquí? Quien haya visitado las islas notará que casi no hay árboles por lo que es extraño encontrar una semilla y más aún que haya sido una semilla de pino, el mismo árbol que tenía en su hogar. La explicación obvia fue que de alguna forma alguien la

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transportó, pero él ¿Cómo? Le surgió la idea de lo imposible, ya ese árbol era muy joven y aún no daba semillas. También pensó que al momento de salir de su casa se había puesto una ropa ya gastada pero limpia y planchada, sería muy extraño que una semilla se hubiera mezclado con esa ropa. Esa pequeña semilla le causó un nuevo y extraño palpitar y hasta un cierto miedo por incertezas, pero de algún modo todo podía ser claro, bastaba pensarlo así: un pozo, una semilla una pala obviamente uno actúa sin más ni más. Tapó el pozo y plantó la semilla en el centro rodeada de la removida tierra sin malezas. Se dirigió a su hogar para tratar de averiguar por qué aquel atesorado pino se secó y para descubrir tiempo después que su semilla, ya pequeño árbol, crecía con fuerza. Se preguntaba si aquel lugar por razón alguna era perfecto para la vida de aquel pino, que a lo lejos se divisaba claramente. Más de una vez los navegantes se preguntaron ¿quién plantó tan simbólico árbol? que resulta más impactante que cualquier bandera de estado y se muestra como bandera de la naturaleza, aquella tan caprichosa vida. Aquel hombre ya no volvió a tener el sueño pero ahora orgulloso comenta a todos que aquel frondoso árbol que a lo lejos se divisa es fruto de una olvidada semilla que por raros sueños supo plantar y soñar su nombre... SOÑAR su nombre…

Un Inglés de mate, un argentino de té…

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a lejos de algún cálido pueblo y la fría ciudad, se encuentra Dunnose, un lugar poco conocido donde apenas habita la melancolía. En una humilde cabaña de roble que hace pensar en protección y durabilidad, para el inglés que la habitaba era un lujo imposible y no buscado. Sería su fortuna, placeres mínimos, ilusiones pequeñas. Algún aroma... algún Nelson Damian Cabral

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recuerdo... algo de suerte, nada más. Para esparcir permanentemente su característica mueca de sonrisa, dispuesta a relucir por doquier complementando su correcto saludo. Aquel inglés, por haber vivido largo tiempo en argentino rancho pampeano tenía la costumbre del criollo mate, que como imaginarán en tan fría zona es una confortable costumbre. Sorbo tras sorbo miraba al horizonte pensando en tiempos pasados y lugares distantes, siempre salpicado por una ligera llovizna producida por las olas mojando su canoa pesquera, aquella que aún mantenía algo de su color verde aunque deslucido, exhibiendo tramos de pura madera sin color. Grabado a babor se leía en relieve el nombre “Morality”. Cerca de allí vivía un argentino en vistosa casa que tenía el calor de su inglesa familia, conviviendo sin darse cuenta con la irónica realidad de ser el típico estereotipo inglés aún siendo un criollo argentino. Aunque estaba clara su sangre criolla parecía un mal chiste oír de su boca la perfecta habla inglesa de noble empresario. Un orgullo para el pueblo y quizás por eso no faltaban rumores y dudosas teorías sobre su supuesta genuina pertenencia inglesa. Al pueblo y a las personas en general les hace falta el respeto propio, la genuina autoestima, es por ello que buscan ratificar del modo que fuere su estatus de importantes, de victoriosos. Creen sin pensar demasiado que el pertenecer a un grupo de constantes victorias los legitima como dignos de respeto, siempre tratando de llevar a supuestos exitosos a su grupo, como si esto les diera algo de valor. No más observemos el deporte donde la camiseta de su elección les genera un total orgullo por goles que no realizaron, por puntos que no anotaron, por carreras que no corrieron. Se preguntó alguna vez el ángel ¿Cómo es posible que una persona se sienta orgullosa de lo que no hizo? y aún más,

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que sintiera que esto le vale premio. “Asado de ganadores dijo un barra mientras gastaba sus escasos ahorros”, es triste ver como en un principio los valores ya valían poco y ahora ni siquiera son valores lo que muchos valoran. Quizás por eso en Dannose no les faltaban excusas para hallar inglés al ya llamado Mr. Trigueño. Irónicamente en su tiempo ningún pampero halló argentino al inglés, quizás se deba a la cultura o quizás a su pobreza. Su poco éxito no le sumó hinchas sino cuantiosos críticos que miraron con malos ojos sus dos hectáreas de campo cultivado y una vaca, que ciertamente no es mucho pero que supo ser más de lo que esperó. Albergó allí sus pequeños sueños que hoy yacen expropiados en manos de nadie, con una muerta cabeza de ganado y la ya destruida tapera entre secos cultivos. Pareciera que en Argentina ser inglés significa ser contrario, ser maldito, ser cruel e irónicamente funciona exactamente al revés. No creo que toda familia argentina (a veces tan despreciada) ni todo aquel solitario inglés (tan difamado) hayan decidido la guerra ni mucho menos. Los propulsores de aquel error son pocos, algunos en Argentina ya presos, otros en Inglaterra ya próceres y por ellos pagamos tantos terceros que da vergüenza admitirlo. Somos un daño colateral tan grande que opaca toda la ganancia de los locos que se arriesgaron a tenerla. Es de pensar que aquel argentino explotó humildes recursos malvinenses, mientras un malvinense se sintió humilde mientras tomaba mate contemplando y recordando con melancolía las tierras argentinas, en la cima de una enorme roca acompañado sólo de su termo y su mueca de sonrisa cuando recuerda su felicidad de niño de la pampa. Así pensativo mirando a la lejanía y sacando cada tanto algún que otro trozo de escarcha del mate miraba su red y su

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vieja canoa, lista para pescar apenas el sol enfocara sus rayos en el mar en el nuevo amanecer.

El olvido lo solía visitar durante esta espera al alba cada vez regalándole el mismísimo sol y alguna pequeña ráfaga cálida para enfriar tanta melancolía. Se podría decir que el inglés y argentino son diferentes, pero aquel ángel del olvido sólo veía a dos personas, con sueños, fantasías, ilusiones y emociones tan iguales que son como dos gotas de agua en la tormenta. Quizás sea naturaleza de los pueblos la magna ignorancia o naturaleza del hombre el equívoco, pero a los ojos del ángel los hombres se juzgan por sus acciones y no por los equívocos ajenos. En la pampa malvinenses lágrimas, en Malvinas argentinos sueños, ambos fueron dados por circunstancias del destino a dos argentino malvinenses. Parecieran circunstancias contrarias pero coinciden, la del sueño de mejorar y la búsqueda de mayores felicidades no son búsquedas argentinas ni esmeros

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ingleses sino el mundial sueño, premisa de todo hombre en el real sentimiento humano. Es así que el ángel por más que se esfuerce no encuentra diferencias y al hombre por más esfuerzo que realice le es difícil encontrar similitudes. Por último antes de que el amanecer tocara las frías aguas costeras el ángel regaló al pescador, que ya empujaba su canoa Morality para navegar sin rumbo, el olvido de alguna melancolía y al argentino que con cariño acariciaba a su can, la omisión de algún feliz recuerdo para desvanecerse entre ventisca y nieve en dirección al risco que alberga un verde pino. Se cuenta por aquel lugar que en esa ocasión el olvido se dejó ver con la forma de algún soldado de pálido uniforme, quizás porque en antaña guerra había peleado con tanta fuerza y aún muchos permanecen olvidados. No olvidemos jamás que el olvido también supo ser guerrero proveniente de lejanas tierras cálidas, obligado a pelear en áridos dominios helados por quienes plasmaron una justa causa en la locura del irreverente emblema bélico.

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CAPITULO V Verdad cercana

No es de mortales la verdad absoluta, a lo sumo en casos extremos lo más cercano sería la lejana armonía de lo absoluto en la relativa ilusión de lo verdadero, que por nuestra incompetencia lo vemos como una sólida roca y que no es más que una endeble arenisca dispuesta a desmoronarse, y esto es compartido porque ni siquiera el olvido puede distinguir estas verdades quizás por ello las ignora o las olvida.

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Digno entre los dignos…

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ansado de caminar el anciano se acomodó en un banco cercano a la salada costa cuyas aguas y la tenue llovizna debilitaron aquel asiento de pino, para dejar que se oyera el chillido de la madera al sentarse en él. Solitario, acompañado de algún que otro cantar de aves próximas que poco a poco se acercaban a aquel extraño, que inmóvil esperaba aquello que ni el olvido sabía porque seguramente no estaba olvidado. Acomodaba su saco de paño y abrochaba botones a medida que por nuevos vientos el frío húmedo se dejaba sentir. En ese momento con las nubes que opacaban el sol el olvido se acerca para hacerle compañía, cambiando así los cantos de las aves por el olvido en gris traje que preguntó hosco: ¿qué espera? El hombre lo miró sin contestarle, quizás por no saber o quizás por convicción se decidió a no dar motivos al olvido, a no dar respuesta alguna al penumbroso ente, más bien se aferró a su saco y a su espera. Después de algún tiempo entró en un sueño calmo de brisas cálidas y poco antes de que aquel sueño se convirtiera en permanente, un par de aves cantoras lo arrullaron en su entrada al sueño de jamases despertares en la jurisdicción única de una muerte digna entre los dignos. Sean dignos los que enfrenten al olvido, los que escapen al destino los que luchen a muerte, ganen o pierdan sean dignos, como supieron ser algunos justos en las naciones. Desde época antigua se libra una lucha entre el concepto de patria y la teórica presencia del hombre digno como humano, sin distinciones partidarias o nacionalistas. El patriotismo suele compartir rasgos xenófobos, es que pienso al argentino como al inglés, al japonés como al boliviano, a todos aunados bajo las nobles alas del concepto de humano que siente, ama, y vive: Todos iguales con los sentimientos universales. Nelson Damian Cabral

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Quien ve pérdida en que un extranjero estudie en Argentina y ejerza su profesión en su país de origen es porque piensa en la boba patria proclamada por guerras que producen víctimas a las que llaman héroes para tapar su propia culpa. No vayamos a la regresión como salida copiando errores extendidos por doquier sino más bien prosigamos en actitud justa, aprendiendo por vez primera a ser verdaderamente solidarios y comprensivos para con los que nos es difícil comprender. El simple hecho de que vengan del exterior para estudiar en el país significa el sacrificio del confort familiar y cultural para adentrarse en la incertidumbre de un país nuevo. Implica enfrentar un sin fin de conflictos y todo para estudiar. No seamos injustos. Ellos anhelan ser capaces de mejorarse a sí mismos con los bajos recursos que desde un principio los impulsaron hacia la lejana, pero gratuita universidad Argentina. No veamos pérdida en que un médico formado en Argentina trabaje en África, ya que salvar vidas no es una pérdida en ningún lugar o tiempo. No lo veamos como una fuga de recursos sino entendámoslo como nuestro regalo al mundo y si otros países no nos siguen no retrocedamos, no discriminemos. Seamos los justos que ciertamente arriesgaron mucho pero sabiendo que es lo correcto, los problemas no son siempre los mismos pero siguen latentes como los de aquel tiempo, solo que ahora disimulados detrás del patriotismo y la burocracia. En el caso de tener falta de vacantes implementemos los filtros del esfuerzo y la dedicación, para asegurar un puesto al que lo merezca y no por patria o color, sin importar lo poco que éstos nos dejen, ya que a otros lugares llegarán expandiendo nuestro regalo como semillas de un árbol en la sabia naturaleza.

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Recordemos que los límites son imaginarios y a los países representativos no los pensemos como más reales que el respeto que le debemos al humano. Por sobre todo dejemos que aquellos sean el verde pino en risco lejano, solo dejemos que en ellos crezca la semilla del conocimiento para ser en algún momento nuestra lejana bandera. Espero que no dejemos al olvido ese poco de entendimiento del humano como persona que aún mantiene esta Argentina, al igual que aquel que supo resguardarse de olvidos, de destino y aún de muerte, Porque no murió su recuerdo, ni su valor, tampoco murió el afán tan solo el hábito del cuerpo mortal que ahora se despega del olvido. Quizás por ello encomendó en su entierro a diez aves canoras que en conjunto supieran cantar y que su maravillosa canción no es por el recuerdo sino por el olvido.

Lerdas palabras

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n las costas cercanas se escuchaban solitarias aves que resonaban como murmullos, allí donde se pierden las palabras y se extravía la vista entre fríos horizontes, allí mismo donde Soledad acampa en perpetua compañía. El olvido se acercó con pasos lentos a aquella Soledad que permanecía sentada observando el mar, desde la larga escalinata, aquella que en piedra refleja las marcas del tiempo y tendencias del olvido, para arroparla con el verde camuflaje digno de un óleo que el mismo olvido pintaría. Se cuenta que aquella es la historia de una mítica pintura de un artista anónimo que fue olvidado. No son más que retratos de la mente, sostienen algunos que detienen su mirada en la razón pero también es cierto que no todo se debe componer de razón, porque hay razones que no Nelson Damian Cabral

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valen la más mínima cuota de ilusión dichosa ni de fantasía, aquella que en el arte se contempla valiosa, quizás por ello el óleo enmarcado por la dicha subsiste en aquel antiguo pueblo. Una historia nunca escrita, por ello no es de extrañar que los rastros verídicos se encuentran borrosos en las mentes que las han escuchado, para volverlas a difundir con la variante de las ilusiones propias de aquellos que aportaron su escena en lo que aquí les presento como “lerdas palabras”… Se cuenta que el olvido en persona se aproximó a un Clemente para susurrarle, en suave tono apenas audible pero aún perdido entre lo consciente y la imaginación, la historia de un óleo tan único que no pudo ser olvidada su existencia. Hace mucho tiempo al alba, Soledad salió de la cabaña para fijar estrellas en la despejada noche y para su suerte se vió acompañada por auroras australes, que se notaban como un fenómeno digno de no abandonarse, un trozo de fantasía tan irreal que es difícil de creer y de ser pintado. En otros tiempos se pensaría como un simple desvarío de alguien que regresó loco del lejano Ártico. Fue una calma noche cuando una joven con el nombre de Soledad desistió de la quietud que acostumbraba, para caminar hacia el oriente contemplando la impactante aurora después de aquella noche estrellada. A medida que se acercaba a la costa con su abrigo azul noche empezó a sentir las salpicaduras de las olas llevadas por el fuerte viento, su larga y roja bufanda de lana se fue llenado de gotitas que reflejaban muy sutilmente la luz de un luna en cuarto creciente. El olvido temía que no aguantara el frío generado por los salados vientos de ese mar de embravecida corriente, por ello la cubrió con una cálida corriente de aire que se arremolinaba a su alrededor, así el olvido intentaba retener a Soledad allí donde

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pudiera verla y escucharla. Paso a paso se acercó pisando hojas que no crujían, mientras cruzaba las luces que no lo enfocaban como fantasma temeroso de mostrarse. Todo solo para sentarse un paso atrás y a la diestra de Soledad que sintió su presencia pero estaba tan sola y desprotegida que tuvo temor de mirar hacia atrás y no ver a nadie, confirmando su inmensa y aterradora soledad, por ello sin voltear dijo en voz alta -

calla, solo calla porque si sola estoy no quiero saberlo y si estoy en compañía no quiero verte partir.

Nunca supo si aquellas fueron palabras de Soledad o del mismo ángel porque aunque presas en sus mortales labios aún se podía escuchar la cadencia del olvido, después de todo es cierto que la mente de un ángel está a nivel de sus propios engaños, ilusiones y demencias y que en ocasiones resultan en la temida inexistencia de castigo, en alucinaciones y el comienzo de una solemne decadencia. Pero aun teniendo el dogma en contra del designio no pudo simplemente callar, buscó entre sus olvidos y empezó a susurrarle en suave tono con lerdas palabras, como si de su mente provinieran aquellos olvidados momentos felices. Tuvo la esperanza de alegrarla tanto que quizás se atreviera a mirar hacia atrás y ver de cerca su rostro, pero a medida que pasaban los minutos solo lograba entristecerla cada vez más. Todos los recuerdos felices son tristes por ser ya pasados, entonces desesperado le susurró los recuerdos tristes y solo había comenzado cuando escuchó el sonido de sus lágrimas. Su desdichada derrota, por más que lo intente el olvido, solo tristezas provoque y aquello fue un duro golpe para ambos. Solo entonces decidió callar emprendiendo un silencio de voz y para expulsar aquel grito del alma que pesaba sobre su ser sacó de su bolsa una pequeña lira negra con acabado mate y relieve áspero, una lira cuyas dos únicas cuerdas salían directamente Nelson Damian Cabral

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de la madera, lugar mismo desde donde nacían dos grabados en bronce opaco. Esperó algunos minutos y tocó la melodía suave de los vagos recuerdos… una melodía tan especial que se recuerda y olvida al unísono, arte mismo de un prodigio que podía con aquella lira imponer una extraña sensación de compañía. Ya en el alba soledad se levantó y al mirar tras de sí no vio ningún alma ni dios ni mortal o ángel, sin embargo a su diestra y un paso atrás estaba entre imaginarios escalones una pintura al óleo en colores vivos que en difusión perfecta mostraban con detalle la imagen casi fantástica de ella mirando al horizonte entre un cielo de estrellas y auroras. Estaba tan magnífica tan especial que logró sacarle una sonrisa. Al mirar al dorso en cuidada letra estaba escrito:

De Olvido para Soledad. Sería quizás este un cuento poco razonable pero encuentro yo aquí más verdades valederas que irracionalidades de ignorancia. Es por ello que en el desequilibrio ganancioso descubro un sinfín de argumentos que esgrimen ideas dignas de ser contadas pero más de ser entendidas. Escondido en fábulas y ángeles de olvido se encuentra el mortal sentimiento de impotencia frente a la soledad y eso es tan real que no se lo puede plasmar en papel alguno, sino como una simple referencia indigna. Es por eso que aquella Soledad es cosa seria del olvido pero por sobre todo es cosa seria de la misma vida, que dichosa a diario nos presenta fábulas que pocos vemos por no tener los sagaces ojos de los ángeles que en ocasiones envidian al humano olvido por tener dolido un corazón noble.

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Olvido militar

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s común saber que en Saunders Island se presenta por las noches de abril un soldado anónimo, descripto como fantasma de algún argentino. Descalzo, con traje verde gastado, abrigo en harapos, un facón y un viejo fusil fal que se distinguía de lejos por tener en la culata un trapo rojo. Su rostro mostraba los avatares que la dura guerra consecuencia de su vida militar, parecía el rostro mismo de la venganza. Los pesqueros en abril evitan las costas de esa isla, ya que el fantasma parecía ser la causa de un sinfín de hundimientos de pequeños botes. Se dice que si se lo llega a ver bastan solo unos pocos minutos para que algún desperfecto se deje notar y el bote termine hundiéndose y llevando consigo a muchos, que según aseguran los pescadores más supersticiosos son unidos por el mismo fantasma argentino que en las noches de tormenta o niebla regresa vengador. El olvido conocía la historia pero también sabía que a la muerte le gustaban esos macabros chistes, por ello no dudaba de su veracidad aunque él tenía su propia versión con la mismísima muerte como protagonista. Era 15 de abril, una noche de profunda neblina cuando el olvido caminaba por las costas de Saunders buscando temeroso a la supuesta muerte para así confirmar su hipótesis. Lentamente en la oscuridad sin notar presencia alguna, a paso lento y pensativo bajo un cielo sin estrellas, rodeado por espesas neblinas, no vió nada en el tenebroso lugar más que algunas aves en vuelo bajo. Las hojas se abrían a su paso y las ramas se acomodaban según avanzaba, fue así que vió muy cerca una canoa con dos hombres aterrorizados, que con precarios remos trataban de Nelson Damian Cabral

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alejarse de él, navegando contra la corriente desesperados al son de gritos. El olvido escudado en su supuesta invisibilidad se acercó aún más tratando de entender la razón de tanto miedo pero al intentar acercarse notó que aquellos hombres estaban al borde del colapso por la sencilla razón de ver al propio olvido. Aunque supuestamente era invisible... simplemente lo vieron y aunque decidió solucionar la cuestión con un olvido, el hecho le resultaba desconcertante. Al parecer en aquel lugar en el mes de abril, todo sobrenatural que pasa se hace visible para los mortales... los humanos todos. La comprobación produjo un terror brutal para el ángel. Volvió en un solo instante a la ciudad, para comprobar si aún permanecía visible, pero para su alivio de nuevo nadie lo nota aunque eso no satisface su duda, es cierto que el mundo no es perfecto y hasta los dioses, con ahora dudoso título de omniscientes, se equivocan. Los espacios, los poderes tienen límite y en aquella costa parecía haber uno aunque no explica suficientemente la presencia del supuesto fantasma. A la noche siguiente volvió a la costa esta vez escondido como simple mortal entre hojas y ramas que lo acogían convirtiéndolo en parte del mismo árbol, pero en un color blanco contrastante. Por cierto no fue el disfraz más sutil pero el olvido nunca necesitó disfraces y ese arte no es de su especialidad. No tardó mucho en ver a lo lejos alguien caminando a paso firme entre neblinas tan espesas que solo dejaban ver la figura como una sombra que dejaba ver el flameante trapo rojo colgando de su fisil. No hacía falta ver más, él era el fantasma al que todos temían incluso el ángel, por creer que era la misma cruel muerte de superior poder, pero no por ello se ocultaba sino en realidad por respeto a su trabajo.

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Al verlo apenas a metros se le presentó y por vez primera el ángel optó por las palabras dichas en un antiguo latín para decir lo que traducido seria: -Muerte, muerte, si sois vos dejad los juegos, los humanos son dignos de vuestro respeto y esa vuestra ley. -Muerte, muerte, escuchad los vientos, escuchad al mar, éstos no son para vuestro disfrute, sino para aquellos que llamamos mortales y la muerte y el olvido están a su merced solo que no a su control. -Muerte, muerte, no confundáis tu trabajo, no tenemos derecho a ser vuestra diversión o a satisfacer alguna vil maldad si ello implica romper las reglas. -Muerte, muerte, si no sigues lo que en humilde os digo caeréis en tinieblas más rojas que el harapo de tu arma y entre espinos más filosos que tu hoz. -Muerte, muerte, no habrá perdón si alguien más poderoso te encuentra y vos sabéis que es verdad lo que os digo. El fantasma lo miró fijamente y dijo también en latín. -Olvido, olvido, no soy la muerte soy otro simple olvido como recuerdo perdido. -Olvido, olvido, no soy más que un olvidado, víctima de la muerte perdida, no soy más que la triste alma que olvidaron llevar. -Olvido, olvido, si eres un ángel llévame donde debiera estar, llévame a descansar en paz, lejos de la noche, del frío, lejos del dolor de pies heridos y manos congeladas, del ruido de balas y el grito de amigos. Fue allí que el olvido dijo: -No es ese mi deber y quizás ese tu destino, cruel destino, sin duda cruel y despiadado pero qué puedo hacer yo el mero Nelson Damian Cabral

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olvido no es de mi poder llevar almas tan solo los simples recuerdos. -Os pido clemencia a mi ser, no lloréis, no supliquéis, ya nada puedo hacer como mero olvido tan solo os regalo los olvidos que puedo. El olvido entonces se acercó e intentó sacar los recuerdos traumáticos pero no pudo, no está vivo para que pueda actuar el poder del olvido, tan solo no olvida el que yace ya sin vida, el olvido se alejó un poco lo miró con cara triste y dijo: -os pido perdón, mis olvidos no abarcan tu injusticia, os suplico perdón para el cobarde que te haya abandonado, no hay justicia en estos mundos y los ángeles muchas veces no brillan por su decencia. El olvido se fue desvaneciendo con la cabeza baja y las alas plegadas mientras el fantasma observaba con los ojos llorosos como de nuevo se quedaba solo a merced de la niebla y el frío. El olvido regresaba de un nuevo fracaso para sentarse en el banco de la misma plaza de siempre, aquella que vió los días de esplendor en los que un olvido ignorante se creía rey de los mundos y fuerte entre los fuertes. Ahora pensaba que era de los más débiles. No se podría decir con certeza que esa afirmación fuera cierta, no es común que ángeles se encuentren y de ser así tienen poderes diversos para tareas muchas veces contrarias por lo cual no se podría decir si los recuerdos valen más que el tiempo o el destino. Muchos darían horas y meses por recuerdos felices y otros darían todo al olvido por tener otro destino. Quedó allí esperando que las supuestas dudas se disiparan pero en realidad esperaba más que eso, esperaba que el importante dolor que sentía por la injusticia se desvaneciera tan solo un poco. Después de algunas horas una señora muy mayor

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se sentó a su lado teniendo consigo a un pequeño cachorro blanco que puso a su lado. El olvido la miró y le preguntó ¿qué es lo que espera? y ella respondió: -Oh joven, tan sólo espero el colectivo, tan sólo eso, pero me atrevo a preguntar qué lo tiene tan angustiado porque eso es lo que su rostro deja notar, además usted es una persona tan bien vestida que supongo no es un problema económico. Y el ángel dijo: -No se deje engañar, este traje lo uso siempre, sólo tengo uno y ya es muy viejo, pero lo otro sí, no es económico mi problema, más bien siento que el destino me está jugando una mala pasada, tan mala y tan bien hecha que a veces dudo de que fuera él, pero tiene su cruel toque. La anciana respondió: -Pero olvídalo joven, el destino nos juega a todos malas pasadas pero debemos superarlas y olvidar aquellos días para poder disfrutar de los que nos quedan. El olvido se levantó y tras un cordial saludo se fue a paso lento, ya eran muchas ironías para ese naciente día. El pequeño can lo siguió con molestos ladridos, que al contrario de lo que se podría pensar disminuían en decibeles mientras más se acercaba. Ésto le llamó la atención tanto como para detenerse a ver qué pasaba y fue cuando estuvo a punto de alcanzarlo que el cachorro se desvaneció al igual que la anciana. Miró entonces como acto reflejo a su bolsa para notar que estaba rebosante con el cierre averiado por tanta presión y que dejaba gotear cada tanto algún que otro recuerdo, cosa que no notó sino hasta ese momento porque la presión hizo evidente su falla. Por donde caminaba derramaba recuerdos, como el de la anciana con su can, quizás como el del soldado y su fusil y Nelson Damian Cabral

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decidió que ya era hora de retomar su trabajo porque su negligencia le podría costar cara. Ya con cierta respuesta suspiró y extendió sus alas encomendando la bolsa de recuerdos a los dioses, que fugaces enviaron a un arcángel deteniendo el tiempo de mortales... nublando las calles... oscureciendo el mismo sol... para bajar molesto y sin mediar palabra destruir la bolsa del olvido junto con los recuerdos que guardaba y con un severo grito destruyó todo otro recuerdo que al olvido se le pudiera haber escapado. Así como la muerte jugaba con las vidas y el destino con lo que a mortales les ha sido dispuesto, el olvido sin notarlo jugaba su propio rol en lo injusto, se adueñaba de recuerdos que debiera destruir porque ese fue el mandato. El olvido no debe conservar y sobre todo no debe manipular las mentes tan solo debe instaurar los olvidos dictados. Arrepentido y temeroso recibió entonces una advertencia, no debía volver a jugar con los recuerdos de los mortales si lo hacía sería destituido de su cargo instaurándole además el castigo supremo. Tras aquella amenaza uno de los dos ángeles escoltas se le acercó y con brutalidad le arrancó las dos plumas más largas de sus alas como símbolo de lo que le podría ocurrir. Como consecuencia con el tirón sus alas se fue manchando con gotas de espesa sangre de color rojo oscuro casi negro. Poco después se fue dejando al olvido con la liviandad de haber podido liberar aquel supuesto fantasma que solo terminó siendo un mal recuerdo ubicado ahora en la nada, aunque se sentía extraño sin la bolsa que fue fiel testigo de los milenios. Por otra parte ahora contaba con una temible advertencia, que recordaba por un suave dolor en las puntas de las alas, como algún ligero corte que el humano sentiría como una molestia, Pero el olvido por ser un ángel lo sintió por vez primera y fue para él algo muy extraño y digno de los avernos.

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Vió allí en el suelo los pedazos quemados e irreconocibles de lo que fuera su bolsa y como un último adiós esparció con sus alas la tierra que yacía por debajo en un espléndido acto de poder, en obediencia a la misma naturaleza, para sepultarla como él pensaba se debiera. Solo después miró al horizonte donde el tiempo transcurría con la normalidad habitual, pero parecía ser más lento e incluso más vistoso con los rayos de luz que se filtraban entre las hojas de los árboles, al ritmo de los vientos. Pero el cambio no radicaba allí sino en el olvido que ahora ligero de peso en su conciencia caminaba hacia el alba.

En compañía del olvido

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ocos saben que España mediante las convenciones de Nutka logró la retirada de los ingleses de Malvinas dejando desde 1811 a 1820 a las islas casi desiertas, visitadas de vez en cuando por algún que otro barco ballenero y esta es la historia de uno de estos navíos. Fue en aquellas épocas, apenas un momento para el ángel de eterna existencia, que un barco llamado Triomphe de bandera francesa encalló en las costas rocosas. Como de costumbre algunos bajaron intentando desencallarlo con sogas y poleas, otros dirigidos por el carpintero del navío emprendieron la búsqueda de madera a fin de reparar las fisuras producidas por el encalle y uno, solamente uno fue enviado a avizorar desde el amanecer alguna señal de civilización. Aquel de poca suerte y no buena cordura que fue a buscar personas para que les prestaran auxilio se llamaba Ailan Dumont. Emprendió el viaje contento y animado en caminar, el barco ya no le hacía gracia y ésta sería una buena oportunidad pensó, para explorar y alejarse del duro trabajo que demandaNelson Damian Cabral

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ba el navío. Ávido por encontrar rumbos Ailan, apuntó un rumbo fijo en dirección oeste. No era de los que fácil se pierden pero las Malvinas nunca han sido fáciles y a veces parecen tener su propio humor malvado y enfadoso. Comenzaba a anochecer, las nubes cubrieron el cielo y acabaron con la luz del sol adelantando la noche y eso fue visto por Ailan como claro símbolo del regreso. Apenas a veinte kilómetros de allí los tripulantes con la ayuda de los nuevos vientos que anticipaban la tormenta, ya entrada la noche y caídas las primeras gotas, lograron desencallar llevando al navío hasta aguas profundas. Tiraron anclas y esperaron lo que se suponía el pronto regreso de Ailan, pasadas las horas el temor de que la hipotermia, la tormenta o los animales salvajes pudieran haber acabado con él, corría el rumor de proa a popa de que el pobre ya era olvido. A la noche del siguiente día, cuando apenas se disipaban las nubes, se divisó una figura acercarse a la costa eran Ailan que no esperó que fueran por él, sino que se arrojó al agua y nadó directo al navío desde el que con ayuda de sogas lograron subirlo para alegría de la tripulación por su regreso. Ya entrada la noche fue tiempo de dormir. En la cubierta alejados de los camarotes algunos marinos aún con algo de energía notaron el nuevo saco de Ailan, que apenas llegó se había puesto a dormir y excavando un poco más recordaron el no menor detalle de que el marino había salido seco del agua, trayendo ya consigo aquel fino saco negro. Las deducciones surgían por doquier y las supuestas respuestas eran de cualquier índole y cada vez más hombres quisieron despertarlo, incluso algunos propusieron armarse por si fuera el mismo diablo en el cuerpo de un amigo. Pero como no eran salvajes y de marinos tenían experiencia no iban a caer en tales irracionalidades, reconociendo que no era mala idea el

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despertarlo. Si se lo hace bien quizás ni se enoje, no serían más que algunas respuestas aquí y otras allá para devolverles la calma. Ya cerca de despertarlo y por el fugaz reflejo de un candelero notaron que Dumont aunque inmóvil permanecía despierto por lo que un poco fastidiados uno de ellos desde el fondo preguntó: - Queremos saber, queremos, que nos digas sin engaños de dónde sacaste aquel abrigo de extraña y pulcra tela. Ailan respondió con un largo relato y casi sin darse tiempo a respirar relató: - Amigos, amigos, temo contarles lo que no creerán, pero más temo ocultarles lo que debieran saber sobre estas islas. Amigos algo habita allí y se los digo yo. - Ya pasando unas colinas las nubes taparon como rareza en menos del cuarto de hora el celeste cielo apresurando la noche y dando señales de un pronto aguacero que por el clima de meros fríos y heladas serían daga para mi descuidada ropa, decidí correr en dirección al navío pero no llegué a quince o veinte pasos cuando recibí la fría agua nieve y miré por doquier sin avizorar refugio alguno, no me quedó más que seguir corriendo en dirección del navío, si a buen ritmo iba quizás podría llegar en algunas horas, suficientemente rápido, calculé para que la hipotermia no me convirtiera en su próxima víctima. - Más o menos a la hora de correr por las espesuras de las nieves y la entrada de la noche mi camino y toda la tierra visible se sumió en una penumbra que combinada con luz de relámpagos dieron a resultar en la esperanza de a momentos encaminar mi rumbo sin embargo la desesperación y el frío me hicieron apresurar el paso adentrándome en espesas nieblas que completaron mi estado de perdido.

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- Si me quedaba con la ropa mojada la lluvia, el hielo y el frío me matarían en esa isla desierta así que solo corrí en dirección cualquiera en búsqueda que cualquier cosa que pudiera darme refugio por precario que fuera, pero amigos, amigos míos, no encontré nada que se asemejara y mis piernas ya no podían dar paso seguido de mis brazos que colapsaban en temblores cayendo poco después casi sin resistencia al fangoso suelo que supuse sería el lugar de mi muerte - Es curioso pero con tanto frío el morir ya no parecía tan malo e incluso impaciente sumergí mi rostro en el charco lodoso donde caí intentando apresurar al Hades, fue cuando aquel agua se sintió caliente tanto que quemaba obligándome con últimas fuerzas a sacar la cabeza con un grito de compasión sumido en la ira para notar tras de mí la figura de un extraño ser en vestimentas negras, casi le pedí ayuda cuando noté sus alas y pensé que sólo alucinaba. - Aquel ángel caminó por los alrededores en círculos cada tanto cubriéndome con ráfagas tibias, no eran suficientes como para aliviar todo el frío sino tan sólo para no dejarme morir, entendí que si de alucinación se trataba esta era macabra y lo peor estaba a su merced pero ya que siquiera morir podía quise aferrarme a la vida, quise pedir y rogar como nunca con todas mis fuerzas pero de mis congelados labios solo salió algún “sálvame” en voz baja. - El ángel se detuvo y me dijo: - Víctima de un injusto, tantos como cualquier otro de los tantos miles que el cielo propone entonces por qué ha de ser diferente, por qué el celeste, el eterno debe darte excepción por bueno que fueras, por bueno que hayas sido o lo que prometas ser. Ailan, retomando un poco el aire y conteniendo una cierta angustia continuó así:

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- Amigos, quise decir: “si es así por qué tú, un ángel que no te muestras y a pocos te dignas en aparecer estás a mi lado ocultándome del Hades en la extensión de mi agonía debo entonces de valer más de lo que dices y mucho más de lo que creo” pero sólo me salió de nuevo un “sálvame” en baja voz ronca. -El ángel me respondió: - quizás no vales, pero contraje en tiempos olvidados una deuda con el humano por el cual en contra del dispuesto y en nulidad de tu defender aun debo actuar ya que no preferiste la muerte que ciertamente me hubiera librado de futuras consecuencias. - Me dio entonces su saco y antes que me lo pusiera dijo en son de advertencia que sería pesado tanto que me sepultaría en el piso hasta que la hora de ir llegue sólo entonces se alivianaría a punto tal de dejarme libre a mi voluntad para el regreso al navío, también dijo que de alejarse sufriente del saco se desgarrará y ese es el momento que debí prometer tirarlo al mar cosa que claro acepté, apenas me lo puse me abrigó tanto que parecía emanar tenues ráfagas cálidas que alejaban toda agua, toda humedad de hasta incluso el lugar que me rodeaba pero ciertamente quedé tirado en el piso casi aplastado por el peso, supuse podía salir escabulléndome por debajo tras algunas maniobras pero no era tan valiente como para volver a enfrentar ese frío y después de todo aquel peso era incómodo pero soportable ya que gran parte era soportado por el mismo suelo donde caí. - Pasaron horas o días no supe porque en partes me desmayaba, en algún momento como prometió el abrigo perdió su peso y aún confortable y cálido me dejó partir a su encuentro. Fue entonces que uno de los marineros le preguntó a Ailan por el abrigo y éste respondió que como aquel ángel dijo, en el momento justo de cruzar los altos picos de la última isla del archipiélago el saco se convirtió en harapos, indigno hasta de un ermitaño sin hogar. Por eso fue a babor donde lo tiró e inmediatamente se hundió como si de metal estuviera hecho. Nelson Damian Cabral

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Los marineros pensaron que el frío había afectado su cordura y lo dejaron descansar, cuando llegaron a tierra como gracia contaron su historia. Con el tiempo olvidaron su nombre, para algunos es Paulo, para otros Guillermo e incluso algunos dicen que fue una Madam Lucía, pero su historia se sigue recordando tan solo hay que buscar en algún antiguo bar de bucaneros.

Carta para olvidar

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acía la era moderna y con la imprenta aún joven y revolucionaria, cuando un adinerado beduino morador de los desiertos de Jordania, en busca de inspiración para culminar su libro, emprendió el viaje a América. Con una fuerte tripulación de valientes en su largo camino de aventuras en el mar y lugares inexplorados iba describiendo lo más preciso que podía, la fauna y flora pero sobre todo escribía de las personas y su trato. Como podrán imaginar en los primeros capítulos escribió de la propia Jordania, luego ya en el barco sobre su tripulación, el viaje, los contratiempos y peligros. También sobre algún que otro monstruo del mar, percibido durante las tormentas que parecían tragarse al navío. Cuando llegaron a tierra amarraron en las mismas Malvinas. Bajó sin el libro, confiado en su gran memoria que nunca le había fallado, entrenada en el desierto para recordar los detalles, para encontrar su camino, Era mejor y más seguro dejar el libro en el camarote donde no se perdería. Pasó varios meses en las islas disfrutando de la hospitalidad de su gente y grabando en la memoria los detalles de lo visto y oído. Sus formas, relieves, nombres, incluso el aroma. Todo eso alimentaría su gran libro cuando emprendiera el ago-

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biante camino de regreso, durante el que tendría tiempo suficiente para escribir tanto como quisiera. Era viernes bien temprano cuando el beduino junto con su tripulación reabastecida, levaron anclas rumbo a su ya nostálgica Jordania, Por la tarde a tintero lleno intentó escribir y para su sorpresa notó en la relectura que había olvidado casi todos los detalles. Pensó que no era posible pero había sucedido, su memoria le fallaba y no podía regresar sólo por eso, sería una locura, pero seguir sin aquellos detalles que le parecieron tan importantes sería una verdadera lástima. Mejor lástima que locura pensó y siguió escribiendo y olvidando detalles, no todos tan solo unos cuantos que para su prodigiosa memoria le parecieron miles y de los más importantes. Al día siguiente prosiguió su olvido aún después de numerosos intentos por recordar, en cada parte del barco allí donde estuviera pensó y trató pero esos detalles yacían perdidos. Finalmente sin esperanzas de recuperarlos se sentó enojado recostándose, en un relieve junto a la popa mirando fijo al horizonte y golpeteando despacio su anillo, de topacio pardo en la madera. Después de uno momentos hace traer allí mismo papel y tinta y escribe:

Sr. Olvido: He visto apenas bajé un flor blanca creciendo entre duras rocas de tallo verde oscuro y hojas anchas que hacían resaltar aún más sus pétalos en blanco nieve con bordes en degrade violáceo con un sutil aroma que parecía llamar a la paz y por sorpresa noté su única pequeña tímida espina blanduzca, claramente pobre, Era sorprendente que un dios le diera tan poco a tan bella flor para que se protegiera y solo pude pensar que para su mera protección era puro veneno pero ese fue mi error Me han contado después que aquella flor digna de observarse en el día y bañarse en su aroma en la noche no tenía gota de maldad sino más bien pura dulzura y tan extraña que solo una, sostienen los pedestales, Nelson Damian Cabral

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y la vi allí el primer día como recibiéndome digna de recuerdo, y yo ingrato olvidé su nombre porque tú me lo has robado. He visto luego, un muy verde pino creciendo en las áridas tierras de un risco y quizás árbol único de una isla que no los posee, cruzando a lo lejos lo divisé y el guía me contó una historia que no la creí pero el árbol es real sobreviviendo entre escarchas y vientos. Para notar su fortaleza basta ver como hasta los más duros pastos mueren donde él emerge, una cosa que sólo creerán los que los vayan a verlo pero en mi libro no puse la ubicación de aquel árbol porque yo con total falta de respeto lo he olvidado, tú me lo has robado. He visto después, en un lugar alejado, en mi camino al norte para cruzar a otra isla, tres pequeñas aves extrañas con plumaje brillante y unas cuantas líneas negras en las alas que volando desplegadas parecían ojos observando su arremeter en picada hasta el ras del suelo donde volvían a tomar altura en magnífica danza de una inigualable rareza, recuerdo haberme sentado en suelo húmedo por el abundante rocío de la mañana y ni notarlo por quedarme atónito de tanta grandeza de las aves que cerraron el espectáculo con un chillido en canto que hicieron desprender una lágrima por no tener en el desierto tal despliegue de vida, y yo en desprecio no recuerdo siquiera el son de su canto, tú me lo has robado. Te lo exijo, y cuando ello falle, te lo imploro, y si eso no basta, te lo suplico devuélveme cuanto puedas de eso que alguna vez fue mío. Firmado:

Abbas Bedaui

Firmó la carta y la arrojó al mar para no volverla a ver hasta que sus recordadas palabras entraran en el olvido y llegara al poder del ángel que las custodia, pasaron así veinte años hasta que la prodigiosa mente del beduino olvidó lo que decía

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y pasaron diez más hasta olvidar que escribió alguna vez esa carta. Pasados esos treinta años, una noche soñó que estaba sentado en una fina silla con apoya brazos en los que con golpecitos percutía la madera con su anillo, produciendo un sonido cada vez más fuerte. Dejó su mano quieta pero el sonido continuaba oyéndose, no originado por él sino por los pasos de un ángel, al que vió acercándose muy despacio como en cámara lenta. Quiso hablar pero no pudo, quiso entonces gritar pero tampoco lo logró. Entonces inmóvil solo escuchó el fuerte retumbar de aquellos pasos que se detuvieron cuando el ángel estuvo a metros y se presentó como el olvido diciéndole en un tono que parecía sincero que el árbol que vió es solo visible para quienes lo encuentran por sí solos, porque eso así ha sido dispuesto. Luego dijo que las aves que observó solo cantan para demostrar la grandeza del dios que los crea y cuyo son el humano no puede retener. Aunque admitió que el nombre de la flor fuera su robo, y lamentó ya no tener su recuerdo. Pero flor así solo hay una, es Fátima su nombre y con fuerza retumbaron sus pasos por última vez...despertándolo. Esa noche volvió a recordar lo que escribió en la popa de un navío que fue lo que le dio significado a su sueño. Después de tanto tiempo y de haber comenzado la carta como un mero ensayo sin esperanza de respuesta, no supo si aquel sueño solo era invención de la mente o fue algo real, pero lo cierto es que el beduino desde esa noche escribió Fátima como sinónimo de lo espléndido. Escribió su último libro antes de morir en el que reflexionaba sobre un conocido árabe que también conoció la más bella flor del mundo y por ello obsequió el nombre a una

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de sus hijas, titulando aquella obra póstuma como “la flor de Mahoma”. Aquel libro no tuvo éxito alguno y era de esperarse por que citaba un profeta del cual no hablaba... describía una flor que nadie podía ver... y plasmaba las fantasías de un delirante. Según le mismo se decía: no era más que un incomprensible texto que evocaba lo que parecieran metáforas incompletas. Pero he de decirles que aquel supuesto libro fue en realidad una nueva y última carta al olvido, por ello fue diseñado para que los mortales lo olvidaran fácilmente y el mensaje llegara al olvido porque el beduino no lo olvidaría jamás y también por ello lo cifró en un tramado de fantasía poética prácticamente imposible de recordar. Hoy en día en su tumba en Jordania, hay una lápida de mármol, adornada con la figura tallada de un flor desconocida con una sola espina, con el siguiente epitafio “fue regalo del destino su encuentro y del olvido su nombre”

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CAPÍTULO VI

Lo mejor que no hacemos

Las ocasiones son guías sutiles que nos marcan brusquedad el rumbo que terminamos siguiendo, es así que olvidamos sueños y no recordamos talentos innatos que permanecen sin despertarse para luego morir nosotros sin conocer sea para bien o para mal aquel potencial oculto que ha sido desperdiciado solo porque al destino no le fuera grato.

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La virtud como ninfa

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quella noche tan lejana para los contemporáneos y apenas ayer para el olvido, todo estaba cubierto de nieve. Un manto del más blanco color, escondiendo caminos y una fina capa como de seda empezaba a opacar en blanco todo otro color tanto de las cabañas como de los árboles, dando la impresión de monotonía tan dispar a lo normal que el olvido eligió posarse tierras altas. Desde ese lugar privilegiado y sobre una gran roca, miraba cómo la naturaleza se desplegaba en ese fastuoso espectáculo de ventiscas blancas. Tras de sí escuchó un saludo con aires de poder y calor de vientos, al voltear notó el inconfundible rostro de piel tersa, cabellera entrelazada entre negro y dorado, que apenas se dejaban ver tras su burka, era la ninfa de la mismísima virtud. Se contaba que esta ninfa tenía la desgracia de ser la más hermosa jamás creada, y ésto para ella que era amante de la razón y la inteligencia era lo que le impedía mostrarse tal cual. Una mujer tan hermosa provocaría en el hombre que la viera el sometimiento a la voluntad de la ninfa, cambiando la razón por el capricho irresistible del hombre y la envidia incontenible de toda otra mujer. Esa razón la convencía de permanecer con el manto de tela de colores tenues que la cubría en cuerpo entero solo dejando ver dificultosamente sus ojos y quizás algún que otro mechón de cabello. Así evitaba quitar virtud al que la observara. Como ángel desde el inicio de los tiempos sabía que una presencia así no era casual, ello sólo significaba que aquella ninfa le traería de voz propia, un recado necesario para el ángel. Debido a su mayor facilidad para callar que para hablar observó en silencio a aquella ninfa que lo miraba con sus ojos celestes vacilantes y brillantes, dándole pauta de que la duda o el temor estaban implícitos en su mirada. Nelson Damian Cabral

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Después de algunos momentos de silencio la ninfa dijo: - Tú, antaño ángel, eres del olvido señor con el proceder de nobleza que implica y te invistes del poder que controlas a tu modo, he de contarte que mis fuerzas se apocan y las virtudes se desvanecen, he de contarte que la crisis se adueña del poder que conservo. - Las virtudes no bastan para el que no las usa y en estos tiempos son miles los que ni siquiera se dan cuenta de lo que pueden, mis manos les conceden las capacidades que se les designan, pero ya pocos las descubren. - Son tiempos de crisis de virtudes y de abundancias de olvidos, son tiempos difíciles amigo ángel, ya son tiempos indignos para conservar el recuerdo. La bella miró fijamente el horizonte mientras veía caer la nieve cada vez más espesa, mientras la noche se acentuaba iluminada apenas por faroles de aceite, que a lo lejos se encendían como estrellas de tierra, adelantándose a las estrellas del cielo que tras espesas nubes aún no se dejaban ver. Luego de otro rato de silencio, por parte de ambos, ella continuó en voz baja… - Allí al fin de la colina en los límites del pueblo dentro de aquella pequeña casa está el mejor cantante, de voz más perfecta que pude conocer, pero él no canta, no conoce su propia virtud aquel es el desperdicio, hacia la izquierda de allí tras el lejano camino se encuentra trabajando la madera el más elocuente poeta que tras unos pocos párrafos tiró su pluma para continuar con la carpintería que le brinda tan pocos panes, en este caso no es que no pueda escribir sino que no confía en sus palabras. - Historias como éstas cientos, y yo no puedo interceder en ello, esta sociedad ha evolucionado para que la gente olvide sus virtudes a fin de adaptarse como súbditos en bien del sistema, no es culpa del humano porque es su naturaleza la búsqueda del bie-

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nestar y allí su debilidad, en busca de lo seguro y con miedo al hambre se convierten en voluntarios funcionales a la moneda que los ata olvidando así sueños que a menudo son acompañados por la virtud que se devalúa cuando las personas simplemente pierden la fe en su capacidad. - Recuerdo tiempos antiguos en los que poco era lo determinado y el humano era forzado a valerse por sí mismo y exploraba sus virtudes y cualidades cuanto podía, por ser solo esa su natural manera de sobrevivencia. Recuerdo que no había fama o fortuna duradera más allá de las capacidades propias , aquel límite era constante y ahora ya en tiempos modernos pareciera que el azar condiciona más que la virtud, el nacimiento suele designar una clase social desde donde es difícil caer o subir. Más bien es la tendencia que se posiciona a la mayoría por sobre toda cualidad por magnífica que sea, en otras palabras pierdo eficiencia en tiempos modernos y temo terminar siendo olvido. - Por eso vengo con la autoridad en materias de olvido por eso te busqué ángel en quien los recuerdos caen en abismo, donde las aves silencian su canto, donde las personas ya no circulan, allí en ese plano poco entendido donde habitas. El olvido la miraba de reojo para volver a enfocar su vista al horizonte aun teñido de blanco, en el que la luna daba ese extraño reflejo azul tan típico de lugares de encanto nocturno. Todo acompañado por un crepitar de ramas y unos pocos vientos rebeldes, fue allí mismo que el ángel le recordó el detalle de su olvido y dijo: - Brindas virtudes y no tiene discusión el bien que en ello radica pero no de puras virtudes se compone el ser, qué sería del poeta que llora tanto como sus escritos emocionan... que sería del cantante que extrañara otra voz... que sería del atleta que no encuentra más salidas que correr. No serían enteros seres sino el lamentar de quien los crea, la libertad tiene dos elementos tan subjetivos como los mortales, el que no te impidan y que no te lo impiNelson Damian Cabral

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das, parecieran habilidades desperdiciadas pero no es así cuando la capacidad radica en la elección. Lo que pides se traduce en ser mejor o ser libre, la respuesta no es sencilla, por eso caes aquí en inhóspito terreno. - Ser mejor conlleva el margen de referencia que no siempre es fiable, y eso sin pensar que pocas veces se piensa en forma seria el porqué de ser mejores, no siempre es bueno ser mejor a veces es mejor ser feliz, y esa es la ilusión de esta nueva sociedad que ya no entiendes. También me pasó, hace apenas algunos cientos de años me sentía con el poder del universo, incuestionable, admirable y poderoso pero fue una ilusión. - Los humanos tan endebles en cuerpo y alma poseen una libertad que nosotros no, ellos pueden nada menos que fallar, nosotros no tenemos esa posibilidad, por eso estamos limitados y envueltos en nuestro propio éxito forzado, despojando oportunidades de libre albedrío en función de una extraña esclavitud sin derecho a libertad de mortales. Aún así podemos de vez en cuando salirnos en un acto de escape pero tal cosa produce excepciones, demasiado pocas en tiempos infinitos. - Tú ninfa de las virtudes déjalos en libertad, dales virtudes a que fallar, déjalos ignorarte y por sobre todo si ellos recuerdan olvidarte tú no olvides recordarlos. - No creas que la virtud es un fin en sí, la felicidad es el fin en donde los demás son medios, algunos errados, obtusos o difíciles e incluso hay medios que nos alejan tanto de aquel fin que pareciéramos errar a sabiendas pero ten en cuenta que pagas si la virtud no sirve de compañía. - A veces la virtud se planta un paso atrás y para disfrutarla debemos retroceder. La virtud no es mala ni buena, solo es virtud. Cuando aprendas a soportar a quien no la tenga quizás envidies a los que aún así son felices.

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La ninfa, en un arrebato de furia y respirando agitadamente agregó: - ¡Tú qué sabes de virtudes!, Tú no sabes más que olvidar, por eso estás confinado a este desolado lugar. Inmediatamente la ninfa desapareció seguida por los vientos y la niebla que la cubría, el olvido alcanzó a decir adiós y suerte, antes de que un manto de neblina la ocultara por completo. No supo de ella por largo tiempo, aunque desde aquel momento empezó a ver más verdes las plantas... más vivaces las aves, incluso notó flores silvestres creciendo en las costas áridas y llenas de piedras y mareas cambiantes. Pensó que crecer allí era claramente una habilidad digna de distinguirse aunque aún les faltara mucho para ser flores notables. Pasaron algunos meses más y cuando se acercaba una tormenta por el atlántico y a lo lejos se avizoraban relámpagos, lluvias y mareas siente otra vez ese aire cálido que lo envolvía, al voltear vió nuevamente a la ninfa: - No pasó mucho tiempo cuando desistí de que tus palabras fueran mentiras, al parecer la virtud no es todo lo que el humano añora, además quizás las virtudes no son solo de humanos. - Vi en Nueva Guinea dos pequeñas aves del paraíso que extendían sus alas apareciendo solo allí las delicadas líneas negras que escondidas conformaban una intrincada figura ojos, cuando se acercaban al mismo tiempo que notabas la ilusión también empezabas a escuchar su canto, les dí la habilidad de llegar hasta aquí, son las últimas, solo esas dos habrá. - Observé en los Alpes una extraña y bella flor que crece entre rocas, única y en extinción, traje algunas de sus semillas y les dí fortaleza y perseverancia para que crezcan aquí. Fátima eran llamadas que del árabe significa “única”. Nelson Damian Cabral

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- Quizás no recuerden sus virtudes, pero quien puede negar las virtudes que la naturaleza muestra y en especial éstas que son producto del recuerdo. Apenas terminó de decir esas palabras la tormenta con granizo y vientos huracanados asoló las islas y cubrió de agua a la ninfa que desapareció naturalmente en la marea.

Don Cuento, Mr. Tale

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n tiempos anteriores al auge de las oficinas y el corporativismo como así de la información rápida y los pasatiempos sedentarios, por las costas del lado oeste de las islas, donde las aguas marinas ofrecían alimento generosamente, se podían ver pescadores que con cañas precarias pasaban el día. Muchos de ellos enseñando a sus hijos la profesión. Uno de esos pescadores era un hombre al que llamaban Don Cuento (Mr. Tale). Era un anciano amigable que vestía siempre con un sobretodo de paño con bordados negros en la solapa, imágenes de aves rapaces con alas que parecían ojos observando, entre innumerables garabatos que la ocultaban. Completaba su vestimenta con ropas raídas que contrastaba con el fino sobretodo. No tenía hijos pero los jóvenes se le acercaban cada vez que pescaba incluso había pueblerinos adultos que disimuladamente intentaban escuchar sus cuentos entre pesca y pesca. Todas sus historias eran mentiras burdas, incluso muchas con detalles tan inverosímiles como su casamiento con una sirena o el que su padre hubiera sido una estrella del firmamento. Con facilidad cualquiera podría comprobar científicamente la inexactitud de sus relatos, sin embargo nadie se atrevía a tal cosa porque el hombre era un verdadero contador de cuentos intrigantes. Todos los días estaba allí listo para comenzar con-

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tando muy seriamente un cuento nuevo. Tal su comportamiento que algunos decían que estaba loco y que realmente creía lo que contaba, pero en sus ojos se notaba cierta picardía del bromista que disfrutaba con buen humor del chiste serio. Ciertamente era un hombre con pasión por los cuentos y una habilidad innata para inventarlos aunque no todos pensaban que su actitud fuera admirable, un grupo de personas le tenía prohibido a sus hijos a escucharlo ni siquiera a acercársele. Estas personas tenían la noción quizás no tan equivocada, de que si sus hijos se juntaban con Don Cuento éste les llenaría la cabeza con meras fantasías poco productivas, además estaba el hecho de que los jóvenes que lo escuchaban eran reacios por las mañanas a ayudar a sus familias debido a la distracción que les ofrecía Don Cuento. Sólo contaba una historia por día aunque bastante larga de unas dos o tres horas y más tarde cuando el del sol despejaba toda la neblina juntaba el producto de su pesca y se iba en su canoa hacia el misterio. Todos alguna vez le preguntaron adónde iba después de pescar y él respondía siempre “a casa” pero cuando le preguntaban dónde quedaba, a cada uno le decía un lugar diferente y casi siempre los lugares salían de las historias que alguna vez contó. Se podría pensar que encontraban fastidioso el que nunca dijera la verdad pero los que lo escuchaban no buscaban verdades sino ni más ni menos que una fantasía bien contada. Cual mago que no revela sus secretos, quizás pensaba que el conocer datos verdaderos de su hogar o su nombre le quitaría la magia a los relatos, en verdad nadie quería restar intriga a las historias.

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Es curioso cómo la mente humana puede generar historias realistas sobre hechos que nunca ocurrieron y cómo aquel que al escucharlas puede imaginar. Son no más que trucos de la mente que intenta entender lo incomprensible. Un día Don cuento no regresó, quitando al pueblo la posibilidad de escuchar sus historias, supusieron que la niebla y la marea se lo habían llevado pero nadie supo que le pasó en realidad. Al principio los pescadores se seguían juntando en ese lugar pero pronto notaron que en esos pocos metros ya no había pesca, se dijo alguna vez que incluso los peces sólo se acercaban para escuchar sus historias. Los que lo conocieron siempre inventan historias sobre su desaparición, todas ellas fantásticas y de feliz final aunque lo más probable es que Don Cuento haya muerto ahogado. Muy anciano para nadar, las mareas pudieron ocasionar el vuelco de su canoa, sin embargo en el pueblo nadie cree ni quiere creer que haya muerto. Sesenta años antes… En Ivangorod (Rusia) el hijo joven de un zar se quedó dormido a orillas del río Narva después de leer medio libro, bajo un frondoso árbol cercano al castillo, fue allí que una rama se desprendió de la copa golpeándolo en la cabeza y provocándole traumatismos. Eso llamó la atención del ángel del olvido que por aquel entonces todavía tenía su bolso y conservaba su prepotencia vagando libre por el mundo entero. El olvido que por aquel entonces odiaba a los buenos lectores de poco olvidar, se le acercó y al verlo tirado inconsciente, sonrió y recogió todos y cada uno de sus recuerdos, para poner solo algunos en su bolsa y destruir el resto. Al voltearse para escapar con el botín, tuvo su primer encuentro con la dama más

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hermosa que hubiera visto, era la virtud que sin la burka que la cubriera dijo: - Ángel, no hagas abuso de tu poder, no quites todos sus recuerdos provocando en el pobre la amnesia porque en las hojas del destino así no está escrito. - No abuses de tu poder, o me obligarás a ponerte límites. El ángel no dijo palabra alguna y se desvaneció. La virtud enfadada fijó un límite dando a aquel joven la habilidad para crear las mejores historias a su antojo, así el olvido ya no podría quitarle lo que tiene en sus recuerdos y de intentarlo él podría inventar lo que se le hubiera perdido. Después de algunas horas su familia lo encontró tirado e intuyendo la gravedad del golpe lo llevaron a la casa donde no tardó mucho en reponerse y aunque sus recuerdos nunca volvieron no sintió que le faltara más que su imaginación para llenar esos espacios. Pasaron así varios años y aquel joven fue creciendo acostumbrado a la idea de no poder recuperar sus recuerdos y también descubriendo su nueva habilidad, la de contar cuentos de forma tan natural que le pareció haberlos contado desde siempre aunque no fuera así. El destino, amigo del olvido, se enteró de lo sucedido y como tormento para desafiarlo escribió tres páginas ilegítimas de la vida del joven. En ellas describió con detalle la muerte de su familia en manos de las tropas del rey y su posterior destierro. Terribles sucesos que no tardaron en ocurrir tal cual lo escribió el destino, ciertamente una brutal venganza para alguien que no tenía culpa de su virtud. Esto ocasionó la furia de la ninfa que al enterarse de ese comportamiento prohibido delató al destino y al olvido con los dioses, que dándole la razón dispusieron a otros ángeles para el Nelson Damian Cabral

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resto del mundo y condenaron al Olvido a las Malvinas como al Destino a la Soledad. Aquel joven fue conocido mucho tiempo después como Don Cuento, el que una tarde de abril antes de morir ahogado en las frías aguas malvinenses, fue rescatado por la virtud y el olvido en pago de su deuda. Para Don Cuento decretó el olvido el mismo Hades para que éste no lo busque completando así su última impericia, hoy en día Mr. Tale escribe los sueños de los dioses y cada tanto tira algunos a la tierra para que el afortunado sueñe la eternidad en un sueño acorde.

Fin de los trazos

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esde el mismo segundo que con el uso ilegítimo de sus olvidos ayudó a arrebatar a Cuento de las garras del Hades se sintió perseguido por sombras crueles que cada vez se acercaban más, intentando llevárselo a las tierras donde reinaban. Estas sombras no provenían de los avernos o de dominios maliciosos sino que como irónico toque provenían de las blancas zonas de la compasión. Los dominios prohibidos que no deben pisar los ángeles son los de los sentimientos humanos, porque tienen que permanecer ajenos a la influencia de una humanidad incapaz de comprender su abismal ignorancia sobre lo que la rodea y estas tierras son las mismas a las que estas sombras los arrastran. Sintió así por vez primera que podría burlar a la poderosa muerte y engañar al despiadado destino en favor de quienes así lo necesitaran, pero también sintió cómo sus alas empezaban a pesar en su espalda provocándole una presión que de a poco se convertiría en un dolor punzante en su corazón, que comenzaba a latir al ritmo humano.

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El olvido ciertamente se encontraba en una encrucijada de la cual no saldría sin angustia, él pensó que podría salvar a quienes el Destino le jugara pasos crueles o la Muerte un juego brutal, sin embargo eso conllevaría un daño irreparable a su propia estirpe. No solo pagaría él sino la humanidad entera y como muestra están las guerras, que fueron decretadas por los destinos en post de castigo a los ángeles que quisieron ayudar a los humanos, en contra de lo ordenado. Pasó algunos meses con aquel pesar, que aumentaba a medida que se veía obligado a abandonar a su destino a aquellos que podría proteger, o a su muerte a aquellos que no lo merecieran. Sentía la nueva impotencia de querer hacer algo pero que le era impedido por consecuencias tan adversas, que no valdría la pena aquello que salvara. Intentaba hacer su trabajo pero cada vez que se le cruzaba alguien podía ver cómo mejorar su vida y las consecuencias que esto provocaría de ser encontrado en tales infracciones. En esas ocasiones estas crueles sombras de bondad se aferraban a él produciendo que en su interior la sangre cambiara paulatinamente de su típico color oscuro a un rojo escarlata más típico de humanos que de ángeles. Así continuaron sus días. El aire se tornaba escaso y sus alas muy pesadas provocándole un caminar lento casi al ritmo mismo de la respiración profunda y lenta que ahora requerían sus débiles pulmones. El olvido después de todo aquello que vivió completó en el papel de las ilusiones los trazos más especiales de su extenso recuerdo, terminando aquel epistolario como las memorias firmadas por un olvido que quizás no desea ser recordado. Ya cansado de cargar el peso de las responsabilidades y los vicios del poder sus alas se tornaron más blancas para reflejar el matiz del cambio que sufría. Nelson Damian Cabral

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Ahora el ángel era asediado por lo que lo hacía más débil o más humano, sus sentimientos de bondad y empatía con una raza a la que no podía ayudar sin dañar. Se dirigió con el ánimo derrotado a su antigua plaza. Esa noche el lugar estaba vacío y algo oscuro, se sentó en su acostumbrado banco y recostó sus pesadas alas a los lados, sintiéndose cada vez más pesado e inmóvil y a la vez que más humano y libre. Miró hacia arriba y vió a un colibrí con colores en degradé de violeta que revoloteaba alrededor de una enorme flor que colgaba de la rama más fina de un árbol. Entusiasmado con ese despliegue de vida, regalado por la naturaleza, no notó que las puntas de sus alas se tornaban grises y agrietadas como cemento que se extendía para llegar a su cuerpo y convertirlo en una estatua. Al día siguiente el pueblo se congregó para ver la aparecida estatua de un ángel que sentado en el banquillo observaba la única flor roja que dio el árbol, asombrándose todos de la tan extraña aparición de una escultura que aún hoy perdura. Aquel ángel cuyo cuerpo ahora yace convertido en figura del más duro concreto no murió, solo abandonó aquel cuerpo para presentar su renuncia y volver a surgir como todo ángel con corazón humano vuelve a aparecer. El Olvido volvió a nacer como un humano que decidió olvidar todo para, desde ese momento, vivir con la posibilidad de ser feliz sin las pesadas alas y seguido siempre de la virtud que le rinde pleitesía y hace guardia a sus ilusiones…

Mis memorias. Firmado: El Olvido 120

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“No siempre podemos involucrarnos con un destino desprovisto de maldades e incertezas pero siempre podemos buscarlo aun cuando somos asediados por las innobles alas de la tragedia�.

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INDICE Prologo................................................................................................. 7 CAPÍTULO I: Un ángel de olvido ..................................................... 11 Un comienzo olvidado… ................................................................ 12 2 de abril… ........................................................................................ 19 Secreto al olvido… ........................................................................... 20 CAPITULO II: La reliquia .................................................................. 29 Un sueño acorde, (1era parte) dormido… .................................... 30 Un sueño acorde, (2da parte) destinado Destino… ..................... 32 Un sueño acorde, (3era parte) un reloj sin tiempo… ................... 37 Un sueño acorde, (4ta parte) Años a segundo… ......................... 38 Un sueño acorde, (5ta parte) Despertando… ............................... 44 CAPITULO III: Olvidando las certezas ............................................ 47 Olvidando las certezas, (1era parte) Una metáfora perfecta… .. 48 Olvidando las certezas, (2da parte) Mentiras Forzadas… .......... 52 CAPITULO IV: Perdonando la melancolía ...................................... 61 Aroma del último café… ................................................................. 65 Un muy lejano segundo posterior….............................................. 68 Recuperando el olvido… ................................................................. 69 Un ignorante ingles… ...................................................................... 72 Sueños de elocuencia… ................................................................... 75 Un Ingles de mate, un argentino de té… ...................................... 77 CAPITULO V: Verdad cercana .......................................................... 83 Lerdas palabras ................................................................................ 87 Olvido militar ................................................................................... 91 En compañía del olvido ................................................................... 97 CAPÍTULO VI: Lo mejor que no hacemos ..................................... 107 La virtud como ninfa ..................................................................... 108 Don Cuento, Mr. Tale .................................................................... 114 Fin de los trazos .............................................................................. 118

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Este libro se terminó de imprimir en En Corrientes, Argentina –

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