Orgaz, identidad local para un mundo global

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Orgaz; identidad local para un mundo global

Proyecto colectivo Verano 2008


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Orgaz; identidad local para un mundo global

Proyecto colectivo Verano 2008


Ă?ndice


Pr贸logo Introducci贸n

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Textos

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Equipo Agradecimientos

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PRÓLOGO


Como herederos de la posmodernidad, gracias a los múltiples cambios y progresos tecnológicos, nos hayamos inmersos en un nuevo y reordenado mundo globalizado que ejerce sobre las personas y sus identidades una transformación cultural. Por ello necesitamos reflexionar sobre dos conceptos: local/global. Es en esta ruptura de la frontera, geográfica, política y de pensamiento, provocada en cierta parte por las redes tecnológicas de comunicación mundial, es donde encontramos la novedad y riqueza de nuestro tiempo, pero también donde ponemos en riesgo nuestra cultura popular, aquella que no entiende de tendencias, modas, o estilos. Es por esto que hemos sentido la necesidad de investigar en nuestra identidad local, para entendernos a nosotros mismos dentro de la mundialización (para algunos), globalización (para otros), de la cultura contemporánea. Vivimos rodeados de propuestas de ocio y cultura, asociados al fenómeno global del consumo. Centros comerciales, parques temáticos, grandes competiciones deportivas, realitys televisivos, etc., nos alejan de una experiencia cultural real. Como cantos de sirena, nos seducen con su publicidad, vendiéndonos simples espectáculos como si de hechos culturales se trataran. Esta propuesta de simulacro cultural, que ya nos advirtió “Baudrillard”, llegó primeramente a los grandes núcleos urbanos, donde el mensaje hegemónico de los medios de comunicación de masas tiene mayor poder y visibilidad. En los últimos años estamos asistiendo a la llegada de estas nuevas propuestas “pseudo-culturales” a los núcleos rurales. Allí son acogidas desde un cierto complejo (que parte de la modernidad), hacia la cultura local y tradicional que ya citara el arquitecto castellanomanchego Manuel Fisac en su libro “Arquitectura Popular Manchega”, creando una suplantada falsa-identidad, basada en el acceso, mediante el consumo, a la sociedad del bienestar. Afrontando esta nueva era cultural, de la que somos participes, nos posicionamos a favor de una mundialización de la cultura, en la que cualquier individuo tenga la posibilidad de conocer las distintas realidades culturales del planeta, estableciéndose un rico diálogo 9


cultural. De esta manera, no somos partidarios de una globalización cultural, tal y como hoy se está dando, pues provoca la eliminación de toda vivencia cultural auténtica, carente de las riquezas, matices, experiencias y legados que nos hacen miembros de una misma humanidad diversa. Proponemos una mirada actual sobre nuestra identidad cultural local y tradicional, rescatando discursos, en la actualidad perdidos como: el pasado, el futuro, los horizontes y la vuelta a un papel activo del individuo en el ejercicio creativo del hecho cultural. Estamos seguros de que en algunos aspectos de nuestra identidad local podemos encontrar acertadas soluciones a los problemas que afectan a nuestro mundo posmoderno: derechos humanos, ecología, salud, violencia, justicia social, desarrollo, etc. Por esta razón nos hemos reunido este grupo de cuarenta jóvenes, con un denominador común: nuestra localidad: Orgaz, como ejemplo de identidad local. Poseemos diferentes inquietudes y sensibilidades, pero todos estamos interesados en aportar esta nueva mirada hacia una identidad local posible y necesaria para una experiencia cultural real en los inicios de la globalizada transmodernidad. El proceso de trabajo de este proyecto colectivo ha sido, en primer lugar, un análisis de la realidad que nos acontece, teniendo como fin la experiencia de aprendizaje y cómo plasmar esta realidad en nuestro proyecto. Después hemos pasado a la realización de fotografías como soporte a nuestro concepto. Para ello hemos recreado escenografías, en las que los personajes son protagonistas del lugar, estableciendo un vínculo entre lugar-personaje-tiempo, que nos hablan de este estado de búsqueda y rastreo que hemos vivido durante estos meses de trabajo. Posteriormente una vez obtenido el material fotográfico, hemos puesto especial énfasis en la unión de todo el resultado creativo, mediante textos que intensifican el significado abierto de las imágenes. Finalmente hemos elegido como soporte el libro, ya que es un objeto-vehículo que aglutina esta búsqueda creativa de la identidad local actual de Orgaz. > Orgaz, 20 de Enero de 2009

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Los seres que habitan tal villa tienen sonrisas encaladas que transportan a otro tiempo, uniendo tradición y modernidad: unos ojos acechantes tras los visillos o El Calero que atónito presencia una escena de amor adolescente, entre luces y sombras. Besos furtivos representantes de una generación. Todos participantes de un mismo juego, en el que las trampas están permitidas. Pero… ¡cuidado! Recuerda esos ojos acechantes tras los cristales… Embriagados por el resplandor selénico de la luna llena, los jóvenes ocupan el verdor del parque y sueñan con lejanías y cotidianeidad en una danza báquica de ideas. Los más románticos sueñan con cambiar el mundo. Los clásicos se pierden en la oscuridad de metáforas y silogismos existenciales que no siempre son resueltos. 13


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Imagina que las piedras se alían, como en un sueño de embriaguez… Y nuestros arcos, tan transitados, el Castillo, incluso la Iglesia se muestran no sólo protectores sino anfitriones… Ahora deja de imaginar. Nos reciben desde la distancia y desde “siempre” (hoy a nosotros, ayer a las generaciones anteriores). Al acercarnos a Orgaz distinguimos nuestros dos grandes monumentos y con ello sabemos que estamos cerda del hogar. A veces, cuando estamos algo perdidos en nuestras propias vidas, éstos se erigen más alto de lo normal, ascienden, ascienden y lucen hasta convertirse en verdaderos faros. Para guiarnos. Decirnos que no nos preocupemos o que lloremos tranquilos. Para que aprendamos que no estamos solos si estamos cerca de ellos, eso significa que estamos en casa. Que volvemos a pasar por sus arcos…

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Vivir en tu pueblo es saber adaptarte a su movimiento, a su vaivĂŠn de sonidos y aromas. Pero vivir en Orgaz es, sobre todo, camuflarte en sus tapias. Agarrarse a la vida como hacen nuestros mayores es agarrarse a las rejas de aquella ventana. Disfrutarla como sĂłlo nosotros sabemos es subir, bajar y volver a subir y bajar esa cortina pintada de verde. Ver la vida a travĂŠs de unos visillos, en definitiva, es descubrir la sorprendente perspectiva de la realidad cotidiana.

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¿Qué ocurriría si pudiéramos tocar el cielo? Si sintiéramos cada rincón y lugar como propio. Si descubriéramos que bajo nuestra piel no solo hay lo que nos han contado, solo músculos y sangre. Si nuestra piel guarda el aire que nos rodea. El aire que respiramos en nuestro pueblo…

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Cualquier lugar es habitable. Incluso piensa que las tejas no son el cierre (de nuestras habitaciones, de construcciones…) sino la gran puerta a otro ambiente. Somos como gatos nocturnos que también a la luz del día están dispuestos a trepar, siempre a ascender, sin sentir barreras. Gatos bohemios que hoy ascienden al tejado de la biblioteca para contemplar esas otras visiones, perspectivas escondidas que no podemos olvidar y dejar de disfrutar. Cualquier lugar es habitable si forma parte de uno mismo.

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Es considerado tradición (traditio –onis, entregar) aquello que nuestra generación hereda de las anteriores por considerarlo valioso. Así mismo nosotros debemos entregarlo a las generaciones próximas como testimonio de la sabiduría y riqueza cultural de nuestro pueblo. Las manos de nuestros mayores, que se muestran ágiles entre el esparto, representan las principales características de éste, en ellas mismas: resistencia y perdurabilidad.

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Dicen los que reivindican, que la calle es de todos. Pero no. La calle es de ellos. De los que salen y disfrutan de ella, en ella y entre ellos. La calle es de quien la crea con sus pisadas. Funde unas calles y otras con sus paseos. En Orgaz el suelo empedrado es de quien se atreve a pisarlo. De los tacones desafiantes, sin miedo al desequilibrio y de las fuertes botas de trabajo. En verano más que nunca la calle se vuelve escenario de las más hermosas representaciones. No hay telón que divida la zona de acción, por lo que siempre estás en escena. En cualquier momento eres tú el protagonista. Una partida de cartas en según qué guión, deja de ser un simple juego, para ser una fotografía atemporal, gracias a la cual las personas mayores del pueblo sienten que el tiempo ha pasado, pero que no todo cambia. ¿De verdad va todo mucho más rápido ahora? No lo creo. Tan sólo hay que buscar una situación y un espacio, como lo son estas calles de Orgaz, para ver que esa frase (en estos tiempos el mundo va demasiado rápido), es una excusa para que caigamos en esa velocidad inconsciente.

Las hileras dibujadas en relieve de las sillas de enea recorren nuestra piel (desnuda por la necesidad del pantalón corto) como aquellos surcos en la tierra… Más sutiles, más… ¿nuestros?... Si. En estas tardes de verano son la marca que nos define. 48


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Para disfrutar de la buena gastronomía manchega es necesario servirse, también, del ritual de la comida, sabiendo que comer no sólo es saciar el apetito. Tal proceso no empieza cuando el alimento está servido y en la mesa, sino antes. El comienzo está ya en el momento en el que se fijó la fecha para tal comida. Siguió con la elección del menú; para esta ocasión: un buen cocido, algo típico. Está en la compra de los mejores ingredientes y por supuesto después del trabajo entre hornillos, disfrutar de cada instante y de la compañía. Mejor dejar tiempo de sobremesa, de complicidad y comunión entre todos los comensales. Este es el verdadero ritual de la comida: dar tiempo a cada uno de los pasos que son necesarios, dar tiempo a la cocción y elaboración de los platos, así como dedicar un tiempo para la reunión y la conversación. Después de todo y si es verano, yo me inclino por la siesta. Hace demasiado calor aún para hacer nada. Más tarde, cuando pase un poco este bochorno, tal vez subamos al Socorro a jugar a los bolos… 62


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Las únicas miradas perdidas son aquellas que no son recibidas como merecen. Si hoy no te miro es porque no es necesario. Continuamente, y sin mirarte, te veo. Cuando corra buscando tu rostro, aún siendo de día; preocúpate. Entristece tus ojos, porque entonces te habré olvidado. 75


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No os diré ni mi nombre, ni mi edad. De dónde soy ya deberías saberlo… Sin embargo os voy a contar mi mayor secreto: la única reverencia que hice en mi vida, fue a un botijo. A hurtadillas lo robé de la despensa de mi propia casa. Acto seguido lo llevé, sin ser visto, a mi cuarto y allí, en la impunidad que dan las puertas cerradas lo introduje en mi mochila. Caminé y caminé hasta haberme alejado lo suficiente del pueblo (no era para tanto, en verdad, pero entonces mis piernas eran pequeñas y por ello mis pasos cortos). Llegué hasta una casaza, blanca por completo y de largas paredes que hicieron que me sintiera seguro para, por fin y con nervios, bajar la mochila de mi espalda y sacar aquel botijo. En esos momentos me pareció que era una luz única y preciosa la que caía sobre él. Tembloroso (ya no por lo arriesgado de la sustracción y de la obligada huída, sino por lo significativo y transcendental del gesto, del ceremonial que estaba a punto de llevar a cabo) asenté el botijo en el suelo. Me aclaré la voz a modo de carraspeo maduro y acariciándolo con mis dos manos lo alcé hacia el cielo de manera solemne. Entonces grité el discurso que había preparado días antes, a ratos en las clases de matemáticas y de algún que otro castigo sin recreo: -¡Oh Efecto Botijo! No nos abandones nunca. Déjanos, por siempre, disfrutar de tu mágico poder de enfriamiento, en el que el agua filtrándose por los poros de tu pura arcilla y en contacto con el ambiente exterior se evapora, dando lugar a tal refrescante resultado … Lo devolví al suelo y me arrodillé frente a él, cogido entre mis manos como estaba hice lo inevitable… bebí y bebí hasta que no podía más y las gotas de agua empezaron a descender por mi cuello. Las gotas a medida que más lleno me sentía iban creciendo. Ya no bebía y derramé toda el agua sobre mi cabeza y mi pecho. Cuando se hubo acabado el agua sonreí y miré hacia el Sol, le había engañado. Por unos segundos no había tenido calor.

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La historia que paso a relatar no es una historia cualquiera, como hubierais pensado. Y no es una historia normal por la sencilla y compleja razón de tratarse de una historia de amor. Las historias de pasión no son como nos las imaginamos, porque siempre hay algo que se nos escapa, que no llegamos a conocer, ya que hasta sus propios protagonistas desconocen tales secretos. Misterios sentimentales que fueron encerrados hace mucho, mucho tiempo en una vasija de abuelo cualquiera. Cuando digo vasija no intento hacer apología del arte de la cerámica, ya sea de barro, de loza o porcelana. También, y sólo en este caso, podríamos hablar de aquellos morteros metálicos, que en mi recuerdo aparecen bañados de un amarillo oro quiero-y-no-puedo. Allí decía, se depositaron amores. Amores que por darse entre cuatro paredes austeras (las de un pueblo manchego en según qué tiempos, como fue Orgaz) llegaban al corazón de una como ese torrente de luz que atraviesa toda la cámara proveniente del ventanuco. De la habitación entonces

solo se reconocen las motas de polvo que pululan por el espacio sin pedir permiso alguno y que irritan la visión humana. Así acababa el corazón de la pobre joven que en aquellos años era traspasada por el rayo ingenuo aún, del amor. ¡Que digo del amor! de una mirada o de una pretensión de alguno de los mozos del pueblo. Las manos gastadas y encalladas del duro trabajo en el campo, y una voz rota por la vergüenza del amor primero, era lo que estos muchachos podían ofrecer. Lo que significaba para ellas ¡toda una vida! Tan generosos eran... Todos tenemos en algún rincón de nuestras casas una máquina vieja de coser (que de pequeños ha sido tan zarandeada e investigada por nuestros ojos interrogantes), un baúl empapelado de pasillo (esos colores y esos floripondios…), una de estas vasijas o cualquier otro utensilio práctico que sin quererlo fue el mayor testigo de esas historias de amor. Las historias del amor de nuestros abuelos.

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Mi sombra dice que reírse es ver los llantos como mi llanto y me he callado, desesperado, y escucho entonces: la tierra llora. La era esta pariendo un corazón. No puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir en cualquier selva del mundo, en cualquier calle. Silvio Rodríguez, La era está pariendo un corazón. 85


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Entre una naturaleza seca y amarillenta te adentras para poder avistar esa otra perspectiva. Caminas descalza, dejando caer tus pies cansados entre piedras que abrasan y caminos desagradecidos que te reciben con ese polvo traidor, que lo encubre todo instantánea y efímeramente. Asciendes a los montes para encontrar esa otra manera de mirar, con la que consigues transmutar toda esta desolación en una nueva naturaleza plena y viva. Nuestra Naturaleza Muerta: -¡Álzate y dinos qué ves desde tus altos reinos! Cálidos, como son tus vestimentas hoy, serán los campos que adoramos. ¡Adviértenos tal suerte! Que tus cantos sean armoniosos, como… como el sonido de la lluvia, y no como esos cantos estridentes de sirena (que relatan algunos), pues el mar nos queda muy lejos. Adviértenos tal suerte…

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Se dice… que se contó que en un tiempo… Las gestas pasadas no simbolizan un final, pues continúan en la tierra que hoy pisas. Tiempo Absoluto y Caduco: tu huella (que creías insondable) se deshace con la fuerza del recuerdo.

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Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas fanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa, y aquellas intrincadas razones suyas le parecían de perlas; y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza». Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. […] En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles. Y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra

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A soledad y tinieblas de amor suenan los repiques de campana, hora tras hora, en el corazón de Jimena. Una villanía, piensa, proclamar el paso del tiempo con tamaña algarabía cuando significa tan poco como un susurro, tanto como la ausencia que deja el deber. Todo Orgaz, sin embargo, la acompaña en el llanto a cada toque, sin ella saberlo. Sufren las desgracias de su dama: Una Jimena sin Cid y sin castillo.

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Con paso firme y seco, protocolo de procesiones. Así avanza la banda de música. Serpentea los callejones del pueblo. Escondidos los trovadores entre la blancura de paredes de resonancia y de casas silenciadas. No puedes verlos allá donde tú estás, pero los sonidos ascienden hacia el cielo claro para inflamarse y dejarte conmovido una vez más. Por su rotundidad, por los ritmos marcados y los mofletes hinchados de unos jóvenes y no tan jóvenes que gritan de una manera elegante, en forma de pentagrama.

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Orgaz, con sus pololos bajo el refajo y sus piercing del último año, arruga el ceño y le dice al constructor: ¡De esta feria no pasa! ¡Quiero más plantas bajas y casas encaladas! ¡No quiero pisos calcados ni modernidades regidas por el dólar! ¡Sino el minimalismo de la casa manchega!

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Sólo necesito este momento con vosotras, mi gente, para poder disfrutar. Disfrutar de verdad, eso que se convierte en algo tan complicado hoy en día. Necesitamos internete, por supuesto chicos, salir de nuestras casas y comentar como nos dan la brasa cada una de nuestras madres. Los fines de semana se complican más aún: tendríamos que conseguir bebida, ¿pero quién nos la va a querer comprar si somos menores? Este viernes probamos en ese otro super, dicen que allí no te piden el carnet… En fin, la vida del adolescente, tan complicada… pero nosotras sabemos que en realidad somos este momento. Somos estas sonrisas cómplices y estas miradas. Toda nuestra realidad está en este instante. Porque la juventud tiene ese algo de inconsciencia, de eternidad (por ver el daño y la decadencia tan lejanos). Pero los adolescentes no queremos esa eternidad, que es tan sólo una barrera para la inseguridad, sino instantes tranquilos en los que sepamos que no estamos siendo juzgados. El Socorro, en estas tarde-noches de verano, es el mejor sitio para escapar. Huir hacia ese rincón de verdad, de realidad. Olvídense de los manidos tópicos de arriba. Todos nuestros gestos, nuestras acciones, incluso y con más razón las equivocadas, no muestran posibles carencias o defectos, nada tan extremo, sino el intermedio: ponen de relieve una continua y desesperada búsqueda. La búsqueda de un momento como éste: un instante así de luminoso en Orgaz y con vosotras.

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Bajo ese rostro hortícola el Sol era menos intenso y, aún siendo de verano, se mostraba poco impetuoso. El astro Sol (en su faceta Luz) se extiende sobre y entre nosotros. Juntos formamos intersticios corporales de sombra y oscuridad. Sol veraniego: Sol bulímico, vomitas rayos de luz para poder crear más y volver a propagarlos en un eterno y monótono girar de rueca vetusta que no encuentra fin.

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Atardece hoy bajo mis párpados. La lejanía, las distancias del día a día fuera de aquí, de mi hogar, han dejado marcas en mis ojos. Para reponerme vuelvo al pueblo por verano. Alzo la vista hacia el horizonte, para contemplar a lo lejos, las formas dibujadas de un pueblo… Poco a poco, para no verme cegada por la luz de esta tarde, voy abriendo los ojos y extiendo los brazos, para, en una mueca liberadora, tomar todo el aire del campo. Dejar que me acaricie como ya lo hizo en otro tiempo. Volver a Orgaz con la calidez del verano es… volver al hogar que acoge.

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Lo que el tiempo dej贸 seco, los pupilos de la vida moderna intentamos llenar. Que rebose el agua y con ella 隆la vida!

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Ciertos escritos de siglos pasados nos cuentan que no siempre los encuentros nocturnos fueron tan sencillos. Hubo historias de amor no comprendido. Amores que no tienen nombre, que no son protagonistas de grandes novelas, aunque bien pudieran serlo… Ésas son historias particulares, de sentimientos reales que fueron enclaustrados, encerrados entre las rejas de la cerrazón. No bastaba con amarse, si no tenías el consentimiento del entorno o de la propia familia. Así les ocurrió a cierta pareja. Ella era mora, y él cristiano: Él: Una noche más vuelvo a tu ventana, mi amor. La semana ha sido un tormento sin poder oír tu voz… con la incertidumbre, además, al pensar si hoy estarías junto a tu ventana. La ventana, que se ha convertido en todo lo que anhelo… Ella: Mil palabras tenía pensadas para recitar de memoria al llegar este momento. Y sin embargo, nada puedo decir una vez escucho tus lamentos, que también son los míos. Amo cada una de las ráfagas de aire que me traen tu voz. Pero es muy arriesgado lo que haces…

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Él: El único riesgo capaz de herirme es este día a día sin contemplar tu belleza. Peligro que ya sufro y que me desgarra a cada momento. Por ello, te pido, que por Dios no me niegues esta pequeña rendija que nos da la vida, para amarnos. Todos los lugares que pudieran ser compartidos por ambos nos son negados. Sólo puedo contemplarte desde aquí abajo, sólo desde allí puedes escuchar mis tristes lamentos. Que ya no son tristes, pues las mismas ráfagas que ascienden mis palabras hacia tus oídos, traen ahora, a mi piel, tus aromas exóticos. Ella: Tienes razón, mi amado. No es este momento de melancolía y sueños. Nuestro sueño es este momento y una semana más has cumplido tu promesa de volver junto a mí. Tan sólo se nos permite este momento, que buscamos a escondidas y debe alimentarnos por una semana. Pues sabes que éste es mi único alimento: ver que sigues vivo y tu amor intacto. Él: ¡Oh mi amor! Vuelvo por unas migajas de vida y tú me lanzas este torrente de plenitud y belleza… Pero… se oyen unos pasos fuertes… se van acercando… ¡debo marcharme! No me despido, pues dentro de una semana volverás a tenerme, solo tuyo y para siempre.


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La Penélope orgaceña cose y cose, pero nunca deshaciendo lo anterior. Ha aprendido a mirar su labor con franqueza y orgullo. El tiempo de esperar Ítacas soñadas acabó, pues sus esperanzas están con ellas y en ellas mismas…

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“Era 1928. Era el momento actual. Nadie se maraville de que Orlando tuviera un sobresalto, se llevara la mano al corazón y se pusiera pálida. ¿Qué revelación más aterradora que la de comprender que este momento es el momento actual? La conmoción no nos destruye, porque el pasado nos ampara de un lado y el porvenir de otro.” Orlando, Virginia Woolf

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CopyRight © de esta Edición, Grupo: Orgaz, identidad local. © de las fotografías: Álvaro Manzaneque Pérez-Cejuela Elena Ramos Martín-Delgado Rubén García–Castro Díaz © de los textos: María Isabel Ruiz de los Paños Jiménez Maqueta +Diseño rubengarcia-castro.com 2009


EQUIPO


FOTOGRAFÍA Álvaro Manzaneque Pérez-Cejuela Elena Ramos Martín-Delgado Rubén García–Castro Díaz TEXTOS María Isabel Ruiz de los Paños Jiménez

Inmaculada Ramos García-Calvo Raquel López–Ocón Martín Isabel Ruiz Pérez–Cejuela Ana Hernández Carrillo María Mora Gutiérrez María José López Romero-Salazar José Luis Ruiz de Los Paños Andrade

ESTILISMO Ángela Canosa Morón Gema Sánchez–Horneros Romero Lucía Canosa Morón PARTICIPANTES Nerea Soto Ramos Inma Ramírez Sánchez–Diezma Alicia de la Rica Sánchez Pablo Ramírez Sánchez–Diezma Antonio García–Calvo Pérez–Cejuela Javier García–Calvo Pérez–Cejuela José Luis Pérez–Cejuela Sánchez David García-Castro Díaz Dámaris Durán Laguna Maribel Morales Durán Luis Pérez–Cejuela Velasco Víctor Manuel Martín Gómez María Lorente López–Guerrero Fernando Arroyo Cano José Luis Bravo Ruiz Nazareth Bravo Mora Alberto Arce Guerra Diego García-Calvo Manzaneque Francisco Javier Ruiz Pérez-Cejuela María Manzaneque Gutiérrez María del Carmen de la Cuerda Rodríguez Rosa María Pina Sánchez de Castro Beatriz de la Rica Martín-Hervás María del Carmen Romero-Salazar Andrade Nuria Pérez-Cejuela Romero María Jesús Martín-Delgado Sánchez Alberto Martínez Verdejo María García-Calvo Manzaneque 155


AGRADECIMIENTOS


A las abuelas Petra y Francisca Lorente por su posado “al fresco” y sus “sillas de enea”. Al abuelo Manuel Pérez–Cejuela “Mané”, por enseñarnos una labor tan nuestra como es la del esparto. A Vicente Sánchez– Horneros por prestarnos los bolos de madera. A la abuela María Gª-Calvo de Arisgotas por abrirnos una de sus alcobas y prestarnos su “cojín de flores” de ganchillo. A los albañiles de “El Rubio” por prestarnos el “escobón de enjalbegar” para la foto del encalado. A Carmen y Martos, por prestarnos sus “cacharros de cerámica” y bicicleta. A los abuelos Remedios y Leandro por prestarnos su almirez, calderos, brasero, y el manojo de llaves de cobre. A la familia Ruiz de los Paños por prestarnos su colección de animales disecados y parte de su biblioteca. A Socorro Pérez–Cejuela, por abrirnos el Arco de Belén y su matacán. Al Excmo. Ayuntamiento de Orgaz, por prestarnos parte del material fotográfico y permitirnos escenarios tan sugerentes como las Ruinas del Monasterio Visigodo de los Hitos. A María Jesús y Mercedes por abrirnos la terraza y tejados de la Casa de la Cultura. A la familia Llopis por abrirnos el Castillo de los Condes de Orgaz con su patio de armas, estancias y almenas. A la Banda Municipal de Música de Orgaz por permitirnos usar el edificio de su Academia: las antiguas Casas Consistoriales. A “Mari” por abrirnos su floristería de la Plaza Mayor para las fotos nocturnas en los soportales. A la familia Guerrero por abrirnos su casa y patio populares de la calle Real, así como por prestarnos la báscula “romana”. A las vecinas de la calle Albaicid por permitirnos “invadir” su típico patio común. A la abuela Juliana Sánchez Mayoral por dejarnos la “cámara” de su casa de “la mina” con su luminoso ventanuco. A la familia de María José y Pancho, por abrirnos el patio y la “cocinilla” de su casa de “El Frontón”. A la asociación www.deorgaz.es por prestarnos algunas fotografías de su banco de imágenes sobre elementos etnográficos de Orgaz. A la cafetería “Beato”, por ser nuestra sala de reuniónes con wi-fi incluída.

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