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LA CIENCIA DEL PSICÓPATA

CONTENIDO

Directorio Gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León Licenciado Rodrigo Medina de la Cruz Director General Doctor Luis Eugenio Todd Subdirector Licenciado Juan Roberto Zavala Director Editorial Félix Ramos Gamiño Educación Profesor Ismael Vidales Delgado Ciencias Básicas y del Ambiente Doctor Juan Lauro Aguirre Desarrollo Urbano y Social Ingeniero Gabriel Todd Ciencias Médicas Doctor David Gómez Almaguer Ciencias Políticas y / o de Administración Pública Contador Público José Cárdenas Cavazos Ciencias de la Comunicación Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez La Ciencia es Cultura Licenciado Jorge Pedraza Educación Física y Deporte Doctor Óscar Salas Fraire Las Universidades y la Ciencia Doctor Mario César Salinas Carmona Redacción Licenciado Carlos Joloy Diseño Lindsay Jiménez Espinosa Javier Estrada Ceja Arte Gráfico Arquitecto Rafael Adame Doria Circulación Profesor Oliverio Anaya Rodríguez Asistente Editorial Licenciada Edith Flores

Editorial 3

Psicópata el uno por ciento de la población mundial

LA CIENCIA DEL PSICÓPATA 4

El lado oscuro de la personalidad Doctor Robert Hare

11

El cerebro del psicópata Doctora Feggy Ostrosky

15

Psicopatía y delincuencia Maestro Erick Gómez Tagle

20

No soy un psicópata Maestro Rodrigo Soto

24

Genética de la conducta psicópata Doctora María del Carmen Esmer

27

Neuroimagen de la psicopatía Maestro Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero

31

Lesiones cerebrales y psicopatía Doctor José Alfonso Ontiveros Sánchez de la Barquera

35

El psicópata ¿nace o se hace? Licenciado Mario Alberto Loredo Villa

39

Bases cognitivo emocionales de la psicopatía Doctor Ernesto O. López Ramírez

42

Comorbilidad del trastorno de personalidad antisocial (psicopatía) Doctor Daniel Ojeda Torres Doctor César González González Doctor Eduardo Ángel Madrigal de León

45

Factores de riesgo en adolescentes para el desarrollo de psicopatía Doctor Mario Cáceres Vargas

47

La conducta psicopática Doctor Javier Lugoleos Cano

Una de las características de los psicópatas, dice el doctor Robert Hare, es su falta de conciencia, su falta de remordimiento por dañar a sus semejantes, página 4; la psicopatía, sostiene la doctora Feggy Ostrosky, página 11, no es un trasstorno mental, sino un trastorno de la personalidad; en opinión del maestro Erick Gómez Tagle, página 15, muchos delincuentes padecen trastornos psíquicos, particularmente cuando se trata de delincuentes seriales o cuando actúan sin motivo aparente.

Científicos ingleses –cita el maestro Rodrigo Soto- página 20, han encontrado en sus investigaciones que psicópatas autores de asesinatos, de matanzas, de múltiples violaciones y estrangulamientos, entre otras barbaridades, tienen “baches” o lesiones en regiones críticas del cerebro; la conducta psicópata se caracteriza -sostiene la doctora María del Carmen Esmer-, página 24, por un daño severo a la capacidad afectiva, pero las manifestaciones y la magnitud de ellas son tan variadas, que probablemente no haya dos individuos psicópatas cuyos comportamientos anormales sean exactamente idénticos.


LA CIENCIA DEL PSICÓPATA

CONTENIDO

Consejo Editorial Presidente del Consejo de Ciencia y Tecnología de Nuevo León Ingeniero Juan Antonio González Aréchiga N. L. Gob. Licenciado Eloy Garza Director del Programa Ciudad Internacional del Conocimiento Ingeniero Jaime Parada Ávila CAINTRA Ingeniero Enrique Espino Barros Lozano ITESM M. C. Silvia Patricia Mora Castro UANL Doctor Mario César Salinas Carmona Doctora Diana Reséndez Pérez Doctor Alan Castillo Rodríguez Ingeniero Jorge Mercado Salas “CIENCIA CONOCIMIENTO TECNOLOGIA”, revista quincenal. Editor responsable: Dr. Luis Eugenio Todd Pérez. Número de Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2008052311205700-102. Número de Certificado de Licitud de Título: No. 14158 Número de Certificado de Licitud de Contenido: No. 11731. Domicilio de la Publicación: Andes No. 2722 Col. Jardín Obispado, Monterrey, Nuevo León. Imprenta: Milenio Diario de Monterrey, S.A. de C.V., con domicilio en Ave. Avena No. 17 Col. Granja Sanitaria Ixtapalapa, Estado de México. Distribuidor: Milenio Diario de Monterrey, S.A. de C.V. con domicilio en Ave. Eugenio Garza Sada Sur No. 2245 Monterrey, Nuevo León.”

51

La psicopatía y las adicciones Doctor Francisco Javier Rodríguez Lara

54

El poder a través del psicópata Doctor Javier Lugoleos Cano

58

Anomalía cerebral tras la conducta psicópata Horacio Salazar

61

¿Serán los psicópatas los hombres del futuro? Profesor Ismael Vidales

63

Psicópata el uno por ciento de la población mundial Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez

65

Causas o etiología familiar de la psicopatía Maestra Blanca Cecilia Martínez Núñez

68

Tratamiento integral para la psicopatía Doctor José Castillo Ruiz

70

Falla de los adolescentes ante las normas sociales de educación media superior Doctor Prisciliano de León Dávalos

73

Aspectos legales de la pericial psicológica en el psicópata Maestro José Héctor Cuello Sepúlveda

78

Jonrón Keith Raniere

83

Participan los 20 planteles CECyTENL en el Concurso Estatal Cívico

84

Celebra Nuevo León la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología

85

Presentan el libro Metanfetaminas: lo que los padres deben saber

86

Luce obra monumental de José Luis Cuevas en el Paseo Santa Lucía

88

Reconocimiento Licenciado Juan Roberto Zavala

Teléfonos en la redacción: 8346 7351 y 8346 7499 info@conocimientoenlinea.com Las opiniones expresadas en los artículos son responsabilidad exclusiva de sus autores.

Portada

La psicopatía, sostiene el maestro Roberto Mercadillo, página 27, se ubica en la categoría de Trastorno Antisocial de la Personalidad, que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV), se caracteriza por la ocurrencia de violaciones constantes de los derechos de los otros; Los pacientes con personalidad antisocial y los que exhiben conductas antisociales tienen una historia de conducta antisocial crónica y continua y de violación de los derechos de otros, asegura, página 31, el doctor José Alfonso Ontiveros.

El maestro Mario Alberto Loredo, página 35, es enfático: “no podemos atender un trastorno únicamente en el presente del paciente, sino que tenemos que subirnos al tren y viajar hacia su pasado para escudriñar las heridas emocionales que se le infirieron y que en el momento actual le están causando un grave problema de adaptación. En el individuo psicópata, el reconocimiento de emociones negativas es deficiente o nulo, y el patrón de activación cerebral ligado al reconocimiento de emociones positivas es minimizado y diferente al de una persona típica, cita el doctor Ernesto O. López Ramírez, página 39.


LA CIENCIA DEL PSICÓPATA

EDITORIAL

Psicópata el uno por ciento de la población mundial L as psicopatías en general, y el psicópata en lo particular, resultan un tema extraordinariamente complejo, pues ambos tienen que ver con el alma, prototipo espiritual de la metafísica, de modo que darle un enfoque científico resulta extremadamente difícil y aventurado. Sin embargo, se trata de un tema intrínsecamente importante, dado que los padecimientos psicopáticos afectan a un amplio sector de la población de nuestro país, por la gran tendencia a la depresión y a la ansiedad que caracterizan a la sociedad moderna. Y si consideramos la situación mundial, nos daremos cuenta de que el problema adquiere visos de gravedad, puesto que, según estimaciones de estudiosos de irreprochable prestigio y de capacidad intelectual y científica a toda prueba, a una de cada cien personas se le puede aplicar –por las características anormales de su comportamiento- el calificativo de psicópata. Esta conducta anormal de los individuos en relación con el entorno cultural o las circunstancias, ha obligado a estudiar los motivos de este comportamiento, y por ello nació la ciencia de la psiquiatría, que trata de encontrar procesos reproducibles en las llamadas enfermedades de la mente y / o del espíritu. Y por eso tales padecimientos han sido englobados en el término psicopatología. Desde luego, el tratamiento de las psicopatías ha registrado una notable evolución histórica, a partir del abordaje religioso y metafísico o diabólico que en sus inicios se daba al proceso. Gradualmente hemos llegado a territorios más racionales y más objetivos –pero también más humanos- con el avance científico en esta disciplina Desde los estudios de Charcot sobre las mujeres histéricas, o el análisis del subconsciente de Freud, para la comprensión psicológica de los individuos, hasta las actuales investigaciones sobre patología cerebral, flujos vasculares o bioquímica del comportamiento humano, que culminaron con el brillante estudio de Cricks, Premio Nobel de Medicina, se ha dado un trato diferente a las llamadas enfermedades del alma y a las personas que las padecen. Como corolario de lo que aquí describen diferentes autores, con amplia experiencia y conocimiento del ser humano, así como de las enfermedades del alma y su tratamiento, podemos concluir que el psicópata de los tiempos modernos plantea uno de los más grandes retos a la civilización contemporánea, y que para tratarlo y procurar alivio a sus males, debemos buscar el

“American Psycho”, Bret Easton Ellis

faro luminoso de la paz espiritual y de la satisfacción comprometida con el deber cumplido de dar y de amar, que es la única acción que nos acerca a la esquiva musa de la felicidad, que siempre buscamos como fin primario y fin último de nuestra existencia. Los temas que se abordan en esta edición constituyen una síntesis de los esfuerzos que se realizan globalmente por darles tratamiento racional, con base en una metodología científica, a los afectados por patologías diversas; todo lo cual, sin embargo, no representa una verdad absoluta, porque, como señalamos nosotros en alguna ocasión, la psiquiatría ha llegado tarde a la bioquímica del comportamiento humano; de allí nuestra profunda decepción.

Pienso, luego existo

DESCARTES 1596 a 1650

Todavía hay, en el campo de las enfermedades –y de los enfermos- del alma, gran cantidad de experiencias y tratamientos sin base científica, pero a muchos médicos les falta humildad para reconocer la ignorancia en esta área


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CONOCIMIENTO

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NOTA DE LA REDACCIÓN

El lado oscuro de la personalidad Robert D. Hare

E Robert D. Hare Doctor en Psicología Universidad de British Columbia y Darkstone Research Group, Vancouver contact@hare.org www.hare.org 1 Hare,2003a 2 Silver, Mulvey y Monahan, 1999, p. 244

n la película El último hombre, de 1996, Bruce Willis interpreta a John Smith, un asesino a sueldo muy aproximado a un psicópata. En una escena, Felina, interpretada por Karina Lombard, le dice: “Mi maldición es el miedo. ¿Cuál es la tuya?” Él responde: “Que no tengo conciencia”. ¿Verían los psicópatas de la vida real esa cualidad genética como una maldición o como una bendición? ¿O la tratarían con absoluta indiferencia? No sabemos la respuesta, pero es claro que carecer de conciencia tiene sus ventajas y sus desventajas. Por un lado, nos permitiría ir por la vida sin ningún “bagaje emocional” y sin tener que preocuparnos por los sentimientos, el dolor y el bienestar de los demás. También nos facilitaría planear y realizar cosas que a la mayoría de la gente le resultarían imposibles o muy difíciles de hacer: engañar, manipular, intimidar, dañar, dominar y controlar a otros. El dolor físico y emocional infligido a otros no sería para nosotros causa de mayor preocupación; sino más bien un “trámite”, una consecuencia indirecta de lo que realmente importa: la consecución de los propios fines e intereses. Para algunos, una vida sin preocupaciones por los demás, sin sentir culpa, remordimientos, recriminaciones o vergüenza, sería muy satisfactoria, incluso una “bendición”. Por otro lado, no tener conciencia podría ser

Agradecemos las esmeradas gestiones de Bonny Berger, cónsul y delegada comercial en jefe del Consulado General de Canadá en Monterrey, quien estableció la comunicación con el Dr. Robert D. Hare para su participación en este número. Agradecemos también al propio doctor Hare, quien modificó y actualizó este artículo, para la Revista CIENCIA, CONOCIMIENTO, TECNOLOGÍA; y a la Fundación Banco Santander, de España, por permitirnos la utilización de la traducción al español de este texto del doctor Hare.

considerada como una prescripción para cometer actos antisociales y delictivos, incluidas la agresión y la violencia 1 . En el peor de los casos, el individuo correría un gran riesgo de sufrir rechazo social y sanciones legales. Silver, Mulvey y Monahan (1999) han señalado que “las características distintivas de la psicopatía (…) establecen un vínculo conceptual directo entre la violencia y la psicopatía” 2 . Este vínculo es el tema de este artículo. AGRESIÓN Y VIOLENCIA La agresividad y la violencia interpersonales son resultado de complejas interacciones de factores genético-biológicos, psicológicos, sociales y del entorno. Sabemos lo suficiente sobre las correlaciones sociales y ambientales de la violencia individual o de grupo para, al menos, proponer estrategias preventivas, siempre y cuando contemos con la presión de la opinión pública y de la voluntad política. Aún nos falta mucho por aprender sobre las raíces biológicas y psicológicas de la violencia humana y las complejas formas en que interactúan con las fuerzas sociales y de otro tipo. No obstante, los últimos avances en la genética del comportamiento, la investigación sobre la evolución del desarrollo de la agresividad hasta la edad adulta y las técnicas de neuroimagen están empezando a llenar las lagunas de nuestro conocimiento.


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Puede ser que nunca tengamos una teoría unificada de la violencia. Sin embargo, creo que empezamos a vislumbrar los tímidos comienzos de lo que podría denominarse una “miniteoría” de la violencia predatoria humana, basada en las investigaciones clínicas y experimentales sobre la psicopatía. Podría argumentarse que buena parte de la agresividad y la violencia de los psicópatas es instrumental y se debe en la misma medida a su naturaleza y a las fuerzas sociales y ambientales que contribuyen a inducir la mayor parte de otros tipos de violencia. Antes de describir las últimas teorías e investigaciones sobre la psicopatía y la violencia, conviene señalar que la mayor parte de la gente se pregunta, con justa razón, por qué algunos individuos se muestran tan inclinados a la agresión, a la violencia y a la criminalidad. Pero otra forma de verlo sería preguntarnos por qué la mayoría de nosotros no encaja en esos comportamientos. ¿Qué factores, procesos y fuerzas reprimen o inhiben a la mayoría de los seres humanos de infringir gravemente las normas y reglas sociales y jurídicas? Es evidente que las razones son complejas y diversas, pero abarcan las normas y los valores sociales y culturales comunes, la influencia de la familia, los amigos, las escuelas y los grupos de iguales, los modelos y el aprendizaje social, factores socioeconómicos y las creencias religiosas y filosóficas. Muchas de estas influencias en nuestras creencias, actitudes y comportamientos evidencian el hecho de que somos, por naturaleza, animales sociales. Existen también varios rasgos de personalidad que ayudan a establecer vínculos sociales y emocionales y a inhibir el comportamiento antisocial. Entre ellos, se encuentra la capacidad de sentir un conjunto normal de emociones como la empatía, el amor, el miedo, la culpa y el remordimiento. Sin esta capacidad, podremos adquirir un conocimiento cognitivo de las reglas y expectativas de la sociedad, pero careceremos de los componentes emocionales necesarios para la formación de conciencia y el desarrollo y observancia de comportamiento prosocial. Al parecer, las personas a quienes denominamos psicópatas carecen de, o tienen muy menguados, estos componentes emocionales. PSICOPATÍA Para la mayor parte de la gente, el término psicópata evoca la imagen de asesinos en serie, asesinos, violadores y otros

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criminales violentos. En parte esto se debe a la aparición de crímenes escandalosos en los medios de comunicación y el consiguiente, y a menudo compasivo, retrato de estos individuos en la televisión y el cine. Si bien es cierto que muchos de estos individuos tienen rasgos psicopáticos, los asesinatos y la violencia no son comportamientos exclusivos de los psicópatas, ni todos los psicópatas son asesinos o violentos. De hecho, podemos encontrar a muchos de ellos en los organismos empresariales, gubernamentales, militares y de otra clase. 3 El concepto moderno de la psicopatía es el resultado de cientos de años de investigación clínica y especulaciones por parte de los psiquiatras y psicólogos europeos y norteamericanos.4 “La psicopatía fue el primer trastorno de personalidad que se identificó en la psiquiatría. El concepto tiene una larga tradición histórica y clínica y en la última década cada vez más investigaciones vienen a respaldar su validez”5 . La psicopatía también se ha descrito como “el que puede ser más importante concepto forense de principios del siglo XXI; el único y más importante y útil constructo clínico descubierto hasta ahora para las políticas de justicia en el sistema de derecho penal 6. Aunque la etiología, la dinámica y los límites conceptuales de este trastorno de la personalidad siguen siendo objeto de debate e investigación, existe una sólida tradición clínica y experimental con respecto a sus características afectivas, interpersonales y de comportamiento. Entre ellas, podemos hablar del engaño, la manipulación, la irresponsabilidad, la impulsividad, la búsqueda de estímulos, el poco autocontrol, la afectividad inapropiada o restringida, la carencia de empatía, culpa o remordimiento, la promiscuidad y un conjunto de comportamientos inmorales y antisociales. El concepto clínico de la psicopatía está comprendido y evaluado en la escala que contiene 20 características, Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R)7 o en las versiones posteriores u otros trabajos relacionados, como la escala de 12 características Psychopathy Checklist: Screening Version (PCL:SV), que he descrito en términos menos técnicos en Sin Conciencia 8 . Cada instrumento utiliza entrevistas e

3- Babiak y Hare, 2006 4- Hervé, 2007; Patrick, 2006 5- Millon, Simonsen, Birket-Smith y Davis, 1998, p. 28 6-Hare, 1996 7- Hare, 2003a; Moltó y Torrubia, 2000


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información colateral de archivos para señalar los elementos sobre la base de criterios explícitos. Los elementos de cada instrumento han sido agrupados en cuatro factores o dimensiones. Por ejemplo, las características contenidas en las distintas dimensiones del PCL:SV son: interpersonal (superficialidad, egocentrismo, tendencia a mentir); afectivo (ausencia de remordimiento, ausencia de empatía, no aceptar la responsabilidad de los propios actos); estilo de vida (impulsividad, ausencia de objetivos, irresponsabilidad) y antisocial (poco autocontrol, conducta antisocial en la adolescencia, conducta antisocial en la edad adulta). Cada una de las características se puntúa en una escala de tres calificaciones (0, 1, 2) en función del grado en el que se ajusten a un individuo. Las puntuaciones finales de la escala PCL-R oscilan entre 0 y 40 y las de la escala PCL:SV, entre 0 y 24. En todos los casos, la puntuación refleja el grado en el que un individuo se acerca al psicópata prototípico.

8- Hare, 2003b 9- Frick y Marsee, 2006; Lynam y Gudonis, 2005

CARACTERÍSTICAS DE LA PSICOPATÍA La psicopatía no puede entenderse únicamente, ni tampoco principalmente, en términos de las influencias y fuerzas sociales y ambientales. Los factores genéticos contribuyen de manera significativa a la formación de los rasgos de la personalidad y el temperamento considerados fundamentales para la psicopatía. Los rasgos y comportamientos que definen la psicopatía en

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la edad adulta comienzan a manifestarse en los primeros años de la infancia 9. Sin embargo la expresión del desorden a lo largo de la vida es producto de complejas interacciones de las pre-disposiciones biológico-temperamentales y de las fuerzas sociales. El uso de la tecnología de la neurociencia cognitivoafectiva y de neuroimagen han incrementado de manera notable nuestro conocimiento de la función que desempeñan las emociones en el desarrollo y el mantenimiento de la psicopatía. Existe nueva evidencia de que la psicopatía puede ser comprendida como parte de un modelo neural de cognición moral. La investigación mediante las técnicas de neuroimagen es demasiado amplia para abordarla aquí, pero sí pueden exponerse algunas conclusiones generales. En general, los descubrimientos son ampliamente consistentes con las proyecciones clínicas de los psicópatas como individuos sin profundidad o comprensión emocional, aparentemente asociadas con anomalías funcionales y estructurales (tal vez déficits) en las regiones del cerebro que intervienen en los procesos emocionales y en la integración de la cognición y la emoción. Ellos comprenden el significado cognitivo de un acontecimiento o experiencia mejor que su significado emocional. Para ellos lo que debería ser una experiencia emocional es apenas poco más que un acontecimiento cognitivo o intelectual. Ésta “pobreza” emocional es evidente (pero no exclusiva)


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en su lenguaje, lo que da lugar a expresiones tales como: “saben la letra pero no la música” y “de las palabras sólo saben el significado que viene en el diccionario”. En cierto sentido se parecen al personaje Spock de la Guerra de las Galaxias, sólo que la falta de emociones de Spock no va acompañada por, o relacionada con una imposibilidad de adaptarse a las normas y expectativas sociales. Un modelo más general, propuesto por Newman 10 , indica que la psicopatía resulta de la imposibilidad de responder automáticamente a los impulsos que normalmente guiarían o modularían el comportamiento. Los modelos basados en la psicología evolutiva ven la psicopatía menos como un trastorno y más como una estrategia “oculta” evolucionada para transmitir el acervo genético 11 . Algunos investigadores describen y explican la psicopatía en términos de los meca-nismos y procesos psico- dinámicos 12 . Otros consideran que la psicopatía es una variante patológica de la personalidad normal 13 . Este último planteamiento concuerda con las pruebas más recientes que muestran que el PCL-R mide una construcción dimensional 14 , y que los rasgos psicopáticos están repartidos por toda la población general 15. A pesar de la variedad de anomalías cognitivas y emocionales, la mayoría de las jurisdicciones consideran a los psicópatas legal y mentalmente sanos y en plena posesión de sus facultades. Comprenden las “reglas del juego”, pero deciden respetarlas o hacer caso omiso de ellas, en función de lo que se adecue mejor a sus propios intereses. Sin embargo, es posible que en el futuro próximo las cortes utilicen los descubrimientos de la neurociencia para determinar hasta qué punto los psicópatas son legalmente responsables de sus acciones. Éstas y otras consideraciones son objeto de importantes investigaciones y debates de parte de los científicos, juristas, moralistas y filósofos. PSICOPATÍA Y DELINCUENCIA En los últimos años se ha producido un cambio radical en la percepción y en el lugar que ocupa realmente la psicopatía en el sistema de derecho penal. Hasta ahora, la opinión generalizada era que los diagnósticos clínicos, como el de la psicopatía, eran de poca ayuda para entender y predecir los comportamientos delictivos. Sin embargo, muchas de las características importantes que inhiben

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el comportamiento antisocial, delictivo y violento (la empatía, los vínculos emocionales fuertes, el miedo al castigo o la culpa) no están presentes, o si lo están es de forma muy deficiente, en los psicópatas. Además, su egocentrismo, su vanidad, su necesidad de figurar, su impulsividad y su falta general de inhibiciones del comportamiento inevitablemente les provocan conflictos con la sociedad. Los psicópatas representan tan sólo el 1 por 100 de la población general, pero representan del 15 al 20 por ciento de la población penitenciaria. Les resulta fácil victimizar a los más vulnerables y emplear la intimidación y la violencia como herramientas para dominar y controlar a otros. Esta relación entre la psicopatía y el delito parece darse en hombres y mujeres, en distintos grupos étnicos y culturas y en contextos sociales, económicos y políticos diferentes. AGRESIVIDAD DEPREDADORA Y VIOLENCIA Muchas de las actitudes y los comportamientos de los psicópatas tienen un carácter depredador. Por ejemplo, Woodworth y Porter (2002) investigaron la relación entre la psicopatía y la naturaleza de los homicidios cometidos por varios agresores canadienses. Descubrieron que los crímenes cometidos por los psicópatas eran de naturaleza fundamentalmente instrumental (“a sangre fría”, sin despertar emociones o alterarse con especial intensidad), mientras que los cometidos por el resto de los agresores eran principalmente reactivos (muy alterados, “crímenes pasionales”, de reacción ante una amenaza). Esta violencia depredadora también se da en los maltratadores psicopáticos de sus parejas. Echeburúa y Fernández-Montalvo (2007) estudiaron a españoles que cumplían sentencia por una agresión grave contra su pareja. Describieron al maltratador psicopático como un “agresor a sangre fría que, sin muestras previas de inestabilidad emocional, agrede brutalmente, de forma cruel e insensible”. También descubrieron que este tipo de agresores tenía la misma probabilidad de matar a su pareja que otros maltratadores, un resultado que concuerda con los de otras investigaciones. La mayoría de los que mataron a sus parejas eran inestables emocionalmente, habían consumido drogas o alcohol o habían cometido la agresión en un ataque de ira o de celos (un crimen pasional).

10- P. ej., Newman, Brinkley, Lorenz, Hiatt y MacCoon, 2007 11- Harris y Rice, 2006 12- Véase Kernberg, 1984; Meloy y Shiva, en prensa 13- Hicklin y Widiger, 2005 14- Guay, Ruscio, Knight y Hare, en prensa 15- Coid et al., 2007; Neumann y Hare, 2006


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16- P. ej. véanse Monahan et al., 2001; Quinsey, Harris, Rice y Cormier, 1998 17- Vease Hare, 2003a, en prensa; Hervé y Yuille, 2007; Monahan et al., 2001; Patrick, 2006 18- Harris, Rice y Camilleri, 2004, p. 1070 19- Harris, Rice y Camilleri, 2004, p. 1072 20- Harris y Rice, 2006 21- Wong y Hare, 2005

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EL RIESGO DE DELINCUENCIA Y VIOLENCIA En otros trabajos se estudian en profundidad las teorías y metodologías de la evaluación del riesgo 16 . La última generación de métodos para evaluar el riesgo sustituye a los cálculos clínicos desestructurados que se empleaban anteriormente para hacer evaluaciones clínicas estructuradas o con conjuntos actuariales de variables derivados de la investigación experimental. Debido a su importancia en la evaluación del riesgo de la psicopatía, que las escalas PCL-R o PCL:SV se encargan de medir, se incluye en varios métodos clínicos estructurados y en métodos actuariales. Ofrecer una explicación detallada de la psicopatía en términos del riesgo de reincidencia y violencia excede los límites de este artículo 17 . Su relevancia como un importante factor de riesgo en la aparición de problemas en las instituciones, de reincidencia en general y de violencia en particular, está sobradamente demostrada. El valor predictivo de la psicopatía no sólo se aplica a los delincuentes varones adultos, sino también a las mujeres adultas, a los adolescentes y a los pacientes de la psiquiatría forense o civil. De hecho, en muchos casos la psicopatía es el mejor pronosticador de la reincidencia y la violencia. Harris, Rice y Camilleri observaron que incluso aunque la tasa base de psicopatía o de rasgos psicopáticos de una población sea relativamente baja, “los rasgos de personalidad asociados a la psicopatía se encuentran entre las causas más importantes de agresión” 18. Además, señalaron que el hecho de que “la psicopatía sea un pronosticador tan sólido de la violencia en todas las poblaciones, sugiere que los rasgos de personalidad asociados al trastorno psicopático se encuentran entre sus causas más importantes” 19.. AGRESORES SEXUALES En los últimos años se ha incrementado notablemente la atención pública y profesional prestada a los agresores sexuales, particularmente a aquellos que reinciden tras su puesta en libertad o la finalización de un tratamiento. Se ha admitido desde hace mucho tiempo que los agresores sexuales psicopáticos plantean problemas especiales a los terapeutas y el sistema de derecho penal. En general, la prevalencia de la psicopatía es mucho menor en los pederastas que en los violadores o en agresores con víctimas tanto infantiles como adultas. Quinsey, Rice y Harris (1995) concluyeron, a partir de su investigación, que la psicopatía funciona como pronosticador general de la reincidencia sexual y violenta. Las agresiones de los violadores psicopáticos no sólo suelen ser más violentas que las de otros agresores sexuales, sino que tienden a ser más sádicas también. En casos extremos, por ejemplo entre los asesinos en serie, la comorbilidad de la psicopatía y el sadismo es muy alta. Una de las combinaciones más fuertes que han revelado las últimas investigaciones sobre los agresores sexuales es la de la psicopatía asociada con las perversiones sexuales, definidas por una desviación del estímulo sexual, como con los niños o los impulsos de violación o de violencia no sexual. Los agresores que poseen esta combinación presentan un alto grado de riesgo de violencia sexual. TRATAMIENTO A diferencia de la mayor parte de los delincuentes, los

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psicópatas no ven nada malo en sus actitudes y comportamientos y sólo solicitan tratamiento cuando pueden utilizarlo en beneficio de sus intereses, para obtener la libertad provisional o condicional o cuando se les da a elegir entre ingresar en prisión o someterse a un programa de tratamiento comunitario. Los programas penitenciarios habituales no han demostrado ser muy eficaces con este tipo de personas, en especial los que tratan de desarrollar la empatía, la conciencia y las habilidades interpersonales. Es más, la terapia de grupo y los programas de terapia psicodinámica pueden ayudar a los psicópatas a perfeccionar los métodos para manipular, engañar y utilizar a las personas, pero sirven de poco para que se comprendan a sí mismos. Es difícil que los programas que no tienen en cuenta la naturaleza de los delincuentes psicópatas sean eficaces 20. Eso no significa que las actitudes y los comportamientos de los delincuentes y pacientes psicópatas sean inmutables o que “no funcione nada”, tan sólo que los programas que son eficaces con la mayoría de los delincuentes no son útiles con los agresores psicópatas. En lugar de desanimarnos, deberíamos hacer un esfuerzo conjunto para diseñar procedimientos nuevos orientados específicamente a los delincuentes psicópatas. Ya se dispone de una amplia serie de directrices para elaborar un programa diseñado específicamente para tratar las psicopatías 21. En resumen, proponemos que las técnicas de prevención de recaídas se integren con elementos de los mejores progra


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mas penitenciarios cognitivo-conductuales disponibles. El programa no está tan enfocado al desarrollo de la empatía y la conciencia o en modificar la personalidad, sino a convencer a los participantes de que son los únicos responsables de su comportamiento y que pueden aprender formas más prosociales de utilizar sus puntos fuertes y habilidades para satisfacer sus necesidades y deseos. Implica, además, una supervisión y un control estricto, tanto en la institución como durante la reinserción en la sociedad. Naturalmente, un programa de este tipo sería muy costoso y muchos centros no dispondrán de los recursos para ponerlos en marcha. Todavía queda por ver si serán eficaces para moderar la naturaleza violenta de los psicópatas. PSICOPATÍA COLECTIVA La mayoría de las investigaciones sobre la psicopatía se basan en delincuentes o pacientes de la psiquiatría forense, en gran medida por la prevalencia relativamente alta de este trastorno en estas poblaciones y por la facilidad de acceso a los datos de archivo y la información complementaria para realizar evaluaciones fiables. Sin embargo, hace tiempo que se ha admitido que la psicopatía no se circunscribe exclusivamente a los delincuentes sentenciados. 22 Existen varios trabajos acerca de las investigaciones recientes sobre la psicopatía y sus manifestaciones colectivas. 23

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El cerebro del psicópata la ciencia del psicópata

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Ilustración: Víctor Powell

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Feggy Ostrosky-Solís

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l concepto de maldad y los seres que lo personifican ha sido objeto de fascinación a lo largo de la historia. Todos nos hemos creado una representación real o imaginaria de un psicópata. Algunos piensan en personajes de películas, como Hannibal Lecter, caracterizado por Anthony Hopkinks, en el Silencio de los inocentes; otros evocan a genocidas históricos, como Adolfo Hitler, o recrean la imagen de criminales más actuales y locales, como Juana Barraza Samperio, la “Mataviejitas”, cuyos crímenes provocan horror, desafío y al mismo tiempo despiertan nuestra más morbosa curiosidad. Pero también hay quienes relacionan el término con algunas personas con las que interactúan cotidianamente, como su jefe, su socio e, incluso, su pareja. Lo más sorprendente –y espeluznante—es que probablemente no están del todo equivocados.

Aunque los psicópatas son personas muy trastornadas, no se puede afirmar que están “locos”, entendido el término en el sentido de no estar conectados con la realidad. Es decir, los psicópatas no presentan graves alteraciones en el pensamiento y la percepción, como pueden ser las alucinaciones y los pensamientos alterados que caracterizan a los esquizofrénicos. De tal manera, una primera e importante generalización es señalar que la psicopatía no es un trastorno mental, sino un trastorno de la personalidad. TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD La personalidad es nuestra manera de ser. La psicopatía es una forma de actuar en el mundo. Los trastornos de la personalidad son esquemas de comportamiento y relación con el ambiente, relativamente fijos, inflexibles y, lo más importante, socialmente inadaptables, lo que in

Doctora Feggy Ostrosky-Solís Directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología Facultad de Psicología Universidad Nacional Autónoma de México feggyostrosky@ gmail.com


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volucra una gran diversidad de situaciones. Los psicópatas pueden ser personas aparentemente normales, lo que los convierte en una amenaza psicológica para quienes se relacionan con ellos. Su frialdad, egoísmo y falsedad corroen sus relaciones sociales a todos los niveles. A pesar de estas características, pueden actuar con un gran encanto superficial que, aunado a su flexibilidad moral, y falta de remordimiento, les permite ser muy exitosos en la sociedad. El trastorno de personalidad que padecen los psicópatas se manifiesta en tres cauces a la vez: en sus relaciones con los demás, en su afectividad y en su conducta. En el primero de ellos, los psicópatas tienden a manipular y a engañar a los demás. En lo afectivo, adolecen de empatía: son incapaces de ponerse en el lugar del otro. En cuanto a la conducta, presentan un comportamiento antisocial. Doctor Hannibal Lecter.

A los psicópatas se les ha descrito coloquialmente como “humanos a los que les falta el alma”. Esta falta de calidad espiritual los convierte, por decirlo de alguna manera, en máquinas muy eficientes. Por estas características, es muy común encontrar una relación estrecha entre la psicopatía y el comportamiento antisocial. Aunque, como se dijo anteriormente, no todos los psicópatas caen en la delincuencia y la criminalidad, es un hecho que, cuando así sucede, se distinguen del resto de los criminales porque su comportamiento tiene un carácter terriblemente predador: ven a los demás como presas emocionales, físicas y económicas. ASESINOS EN SERIE Los psicópatas predominan entre los asesinos en serie, que planifican fríamente los asesinatos. Tienen gran habilidad para camuflarse (engañar y manipular); así como para acechar y localizar los “cotos de caza”, que suelen ritualizar sus asesinatos, con el toque final del trofeo de su víctima simbolizado en una prenda u otro objeto que toman como recuerdo. Un ejemplo es el patético caso de Luis Alberto Garavito, el asesino colombiano que mató a más de 200 niños, en la década de los noventa. Este pederasta y asesino serial solía llevarse como trofeo la fotografía de la ficha de identificación de los niños (que se utiliza en Colombia) y las coleccionaba dentro de una caja de madera. MARIDOS “ENCANTADORES Y EXITOSOS” Los psicópatas son responsables de mucha de la miseria que existe en nuestro entorno, puesto que alteran de manera negativa las vidas de las personas que los rodean. Un ejemplo clásico y desafortunadamente muy frecuente lo encarnan aquellos esposos que externamente son encantadores y exitosos en el trabajo, pero en el hogar son fríos y egoístas, sin mostrar interés en la vida de los hijos y la pareja. Muchos de ellos son figuras dominantes, que mantienen “encarceladas” a sus esposas, y las someten constantemente al abuso físico y psicológico. Las personalidades psicópatas pueden llevar una vida ordinaria. Trabajan, se casan y pueden ser prominentes profesionistas, aunque los rasgos de su personalidad impiden que su empleo y matrimonio sean duraderos. Se ha reportado que entre 25 y 30 por ciento de los maridos que maltratan a sus esposas de manera reiterada son psicópatas, y que en la actualidad están en un programa de tratamiento impuesto por un tribunal.

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Jack Nicholson, en su personaje de la película “El Resplandor”.


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ABUNDAN ENTRE LOS DELINCUENTES Pero, más allá de que se conviertan o no en asesinos seriales, lo cierto es que los psicópatas abundan entre los delincuentes. El estudio para la evaluación de riesgo de violencia de la fundación MacArthur, la investigación más amplia y exhaustiva que existe sobre el tema, reporta que su incidencia en la población normal es del uno al tres por ciento; mientras que, en la población reclusa, el porcentaje de individuos con psicopatía llega a ser hasta del 25 por ciento. Asimismo, investigaciones realizadas por Robert Hare de la Universidad de Colmbia Británica, en Vancouver, Canadá, muestran que entre los psicópatas la tasa de reincidencia criminal es muy alta. Esto es, antes de transcurridos seis años después de su puesta en libertad, más del 80 por ciento de los psicópatas, frente al 20 por ciento de los que no presentan este trastorno, reinciden en la violencia, una violencia llevada a cabo de manera fría y depredadora, y que parece aumentar de intensidad con la reincidencia. EMOCIONALMENTE SUBACTIVADOS Desde el punto de vista biológico, se considera que los psicópatas están fisiológicamente subactivados; esto es, que se trata de personas que experimentan menos miedo y ansiedad que el común de la gente. Así lo de-mostró el psicólogo Christopher Patrick, de la Universdad de Minnesota, quien realizó, junto con sus colaboradores, un experimento con sujetos normales y con psicópatas. En la investigación se obtuvo el nivel de activación de los sujetos a través del registro de la respuesta galvánica de la piel (RGP), la cual mide la activación de las glándulas sudoríparas de la piel asociada con el estado emocional (como cuando nos sudan las palmas de las manos en situaciones emocionales). Cuanto más activación de las glándulas, mayor es la RGP. Los participantes tenían que averiguar cuál de cuatro palancas encendía un foco verde. Sin embargo, si la persona accionaba una palanca equivocada, recibía como penalización un choque eléctrico. Patrick encontró que ambos grupos cometieron el mismo número de errores, pero el grupo sano presentó RGP muy amplias, y aprendió más rápido a evitar los choques, en tanto que los psicópatas, no presentaron esta respuesta y además les tomó mucho más tiempo lograrlo. Aparentemente, se encontraban subactivados; el castigo no provocaba respuestas emocionales, y justamente esta necesidad de emociones fuertes es la que provoca que el psicópata busque situaciones peligrosas. EL CEREBRO DE UN PSICÓPATA Las técnicas actuales de neuroimagen permiten estudiar con precisión milimétrica las estructuras cerebrales y los cambios que se producen en el cerebro, asociados al pro-cesamiento emocional. Con ellas se ha detectado que existen asesinos que cometen sus crímenes literalmente a sangre fría; esto es, despachan a la víctima experimentando poca o ninguna emoción. Este tipo de individuos contrasta con los asesinos apasionados y que podemos llamar “de sangre caliente”, que aniquilan a su víctima en un momento de emoción descontrolada. La pregunta aquí es si el asesino depredador posee un funcionamiento cerebral más regulado y controlado frente al

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asesino afectivo, que mata en un momento de pasión sin regulación y control cerebral. El profesor de psicología Adrian Raine, de la Universidad del Sur de California, utilizó las técnicas de neuroimagen para investigar si existen diferencias en la actividad cerebral entre estas dos formas de agresión. Dividieron a los asesinos estudiados en dos grupos: 15 depredadores y 9 afectivos. Es decir, el primer grupo estaba conformado por asesinos controlados que planificaban su crimen, carecían de afectividad y que habían atacado a personas extrañas. Los integrantes del segundo grupo eran asesinos afectivos, que actuaban de forma mucho menos planificada, bajo una emoción muy intensa, y principalmente lo hacían en el propio hogar. El psicólogo y sus colaboradores encontraron que la corteza prefrontal de los asesinos afectivos presentaba tasas de actividad bajas. Recordemos que precisamente en esta parte del cerebro se localiza el mecanismo encargado de controlar los impulsos agresivos. Por otra parte, las investigaciones arrojaron que los asesinos depredadores mostraban un funcionamiento prefrontal relativamente bueno. Así quedó corroborada la hipótesis de que una corteza prefrontal intacta les permite mantener bajo control su comportamiento, adecuándolo así a sus nefastos fines. Raine también concluyó que, en comparación con las personas normales, ambos grupos de asesinos presentaban mayores tasas de actividad en las estructuras que integran el “cerebro emocional”, incluidos la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo. Aparentemente, debido al exceso de actividad en estas estructuras, los asesinos de uno y otro grupo podían ser más proclives a comportarse agresivamente. No obstante, lo que distinguía a los depredadores era que tenían un funcionamiento prefrontal lo bastante bueno para regular sus impulsos agresivos y poder manipular a otros para alcanzar sus propias metas. En tanto, los asesinos afectivos, por carecer de control prefrontal sobre sus impulsos, tenían arranques agresivos, impulsivos e incontrolados. En este mismo estudio, también se descubrió que, en algunos casos, lo que se encontraba afectado no eran las estructuras del cerebro en sí, sino las fibras que las conectaban. Es decir, que existía una comunicación ineficaz entre las regiones prefrontales y las áreas “emocionales del cerebro”. COMUNICACIÓN CEREBRAL DEFICIENTE Esta deficiente comunicación cerebral podría ser la consecuencia del maltrato recibido en las primeras etapas de la vida. Algunas investigaciones, como la de Joan McCord, profesor de criminología de la Universidad Temple, en Pennsylvania, han señalado que la gran mayoría de los delincuentes violentos provienen de hogares en los que padecieron algún tipo de maltrato. Una hipótesis probable es que si, de forma reiterada, un bebé es zaran

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deado bruscamente, es altamente posible que las fibras blancas que ligan su corteza con las otras estructuras cerebrales se rompan, dejando así el resto del cerebro fuera del control prefrontal. Otros factores detectados que pueden propiciar esta misma ruptura de fibras y afectar la morfología cerebral del producto, son alcoholismo y drogadicción de la madre durante el embarazo. Por su parte, Candice Skrapace, profesora del Departamento de Criminología de la Universidad Estatal de California, ha relacionado los niveles de agresión con la concentración sanguínea de hormonas y neurotransmisores. En sus investigaciones, ha encontrado que algunos asesinos violentos muestran niveles altos de testosterona. La testosterona es una hormona que se relaciona con la extroversión y con las conductas de sociabilidad y la búsqueda de sensaciones y experiencias extremas, así como la huida de la monotonía. Aunque también se ha determinado que la testosterona en sí no es la responsable de que se actúe con agresión, se sabe que disminuye el umbral para que ésta se dispare. Asimismo, se ha encontrado que nuestro grado de impulsividad depende, en parte, de los niveles de serotonina que tenemos en el cerebro. La concentración de este neurotransmisor puede disminuir por el consumo de alcohol. A su vez, nuestra agresividad depende del nivel de testosterona en circulación. Este nivel se puede aumentar, por ejemplo, con el consumo de esteroides. Así, personas que abusan del alcohol y consumen esteroides y otras drogas, provocan que se altere la química cerebral. La combinación de los bajos niveles de serotonina que se encarga de accionar los “frenos” para no cometer actos violentos, junto con los altos niveles de testosterona, son una terrible combinación, que lleva a la persona a cometer conductas violentas. REGIDOS POR LA GÉNETICA Se han detectado otros casos cuyas acciones violentas tienen como origen ciertas alteraciones genéticas de la persona. En una investigación realizada por Michelle Gotz y colaboradores, del Departamento de Psiquiatría del Hospital de Edinburgo, en Gran Bretaña, se analizó a diversas familias integradas por varios criminales. El factor común entre ellos resultó estar asociado con la alteración en un gen que contribuye a la producción de una enzima conocida como monoamina oxidasa tipo A. Esta enzima es conocida por la regulación de la producción de neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, las cuales son muy importantes para la regulación del estado emocional. Las personas que presentan este tipo de alteración experimentan continuos estados de agresión explosiva. Otro estudio, realizado por la investigadora Terrie Moffitt, del Instituto de Psiquiatría de Londres, señaló que además de esta alteración, las personas violentas mostraban una historia de abuso infantil. Esto es, de manera aislada, con sólo poseer la alteración genética, lo que se generaba era individuos con una baja tolerancia a la frustración y que se enojaban fácilmente; sin embargo, en los asesinos violentos que analizó, además de la alteración genética, ex-

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istía una historia de abuso infantil. De acuerdo a los hallazgos de Moffit, la alteración genética o el abuso infantil de manera aislada resulta en individuos con personalidades explosivas, irritables y con poca tolerancia a la frustración, pero cuando los dos factores (genética y medio ambiente) están presentes, se generan personalidades peligrosamente violentas, incluidos asesinos y multihomicidas. NO TODO ES BIOLOGÍA Por supuesto que no todo está determinado por la química cerebral. Existen ciertos rasgos psicopáticos que se pueden observar desde la infancia. Por ejemplo, las crueldades hacia los animales o los otros niños; el desprecio por las jerarquías escolares, las aberraciones de conducta que suelen ser “amortiguadas” por los docentes y los familiares, con el pretexto de que se trata de “problemas emocionales” o “travesuras”. En este contexto, se han identificado una serie de factores medioambientales. Por ejemplo, algunos psicólogos, como Kenneth Levy, del Departamento de Psicología de la Universidad de Pennsylvania, señalan que los psicópatas pueden haber sido criados por padres que los sobreprotegían y, entonces, los niños aprenden a esperar un trato especial de todos y a lograr sin obstáculos lo que desean. Otras investigaciones, como las llevadas a cabo en ase-sinos seriales por el Departamento de Justicia Criminal de la Universidad de Carolina del Norte, afirman que se trata de niños deprivados o descuidados, que desarrollan un trastorno de personalidad como mecanismo protector para esconder su baja autoestima. En este caso, las condiciones que propiciarían el trastorno de la personalidad serían la privación de calor humano, el descuido por parte de los padres, que los obliga a depender de ellos mismos y aquellos problemas que afectan el apego emocional entre padres e hijo; ya sea por daño en el niño o por dificultades con los padres. MUNDO SIN AMOR De esta manera, el niño aprende que el mundo es frío, sin amor, y que, por tanto, él vive en un lugar vicioso. Para protegerse de este mundo hostil, desarrolla características de autoprotección, como la agresividad, las maneras beligerantes, el engaño, el resentimiento hacia la autoridad y la habilidad de “encender” y “apagar” su encanto. Irónicamente, estos rasgos repelen a los demás y así se confirma la visión del mundo como un lugar hostil. El resultado final de este círculo vicioso es la psicopatía. En resumen, para poder desarrollar una personalidad psicópata en el sentido estricto del concepto, es necesario sumar varios factores: las características temperamentales heredadas; deficiencias en el funcionamiento cerebral; la ausencia de control y aprendizaje emocional; experiencias de abuso durante la infancia; y una relación padre-hijo sin apego. Por su parte, el síndrome de criminalidad es producto de predisposiciones biológicas, incluidas las genéticas, para, por ejemplo, llegar a cometer acciones de tipo impulsivo y violento; así como de sus interacciones con factores psicológicos y sociales. Los procesos fisiológicos se encuentran en la base y delimitan el sustrato biológico sobre el cual el ambiente ejerce su influencia. Es como una mano de póquer: para llegar a ser un criminal, se han tener todas las cartas necesarias.

Para mayor información, consultar el libro Mentes asesinas. La violencia en tu cerebro. Feggy Ostrosky-Solis. Editorial Quo. 2008.


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De allí que las psicologías criminal y forense, adaptadas a ese tipo de variables, actúan en la actividad pericial, lo que se entiende como el “medio de prueba al que recurren, ya sean las partes en un juicio o el mismo juez, cuando, para asegurar la existencia de un hecho o su simple posibilidad, se requieren conocimientos técnicos, o cuando, siendo ésta la materialidad del hecho, es necesario para conocer su índole, cualidad o sus consecuencias, mediante un conjunto de conocimientos técnicos o científicos”. Siguiendo con esta línea comprensiva, el psicólogo puede participar en los juicios en dos posibilidades: la primera, como testigo de hecho, por ser responsable de la aplicación de un tratamiento determinado, en la que actúa como profesional; pero la información que le es solicitada se compone de sus observaciones directas y material proveniente de su trabajo sobre su paciente; la segunda, como experto (perito) con objeto de informar bajo juramento al juzgador sobre los puntos en litigio, en cuanto se relacionan con su especial saber acerca de un sujeto evaluado en un contexto judicial. Así pues, en el contexto del Derecho Penal, por ser éste el encargado de sancionar las conductas delictivas, la función del psicólogo es informar sobre el estado de salud mental de un acusado o de una víctima, lo que conlleva la precisión de dos cuestiones fundamentales: si conoce el valor moral y jurídico de sus actos y si, como consecuencia de su estado de salud mental, es capaz de actuar conforme a ese conocimiento, con lo que surgen las opciones de Imputablidad versus Inimputablidad, en referencia a su responsabilidad penal. También puede participar el psicólogo en la valoración del delincuente enfermo mental o el delincuente que enferma mentalmente. LLAMADO A PSIQUIATRAS Y PSICÓLOGOS Ahondando en la actividad interdisciplinaria, mientras que los juristas prestan atención a los discursos y a los actos, con objeto de juzgar el estado mental de un individuo, los jueces encargados, motu proprio o por medio de la promoción de alguna o ambas partes, tomando en consideración que existen errores de percepción y se requiere por tanto de conocimientos técnicos y profesionales, llaman a psiquiatras y psicólogos. Éstos, aunque con poca diversidad en las concepciones y herramientas teóricas y técnicas, ambos utilizan los mismos instrumentos taxonómicos, conocidos como Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), editado por la Asociación Psiquiátrica Americana, y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), emanada de la Organización Mundial de la Salud, los cuales fueron obtenidos de cuerpos colegiados donde previamente se pusieron de acuerdo más de un centenar de especialistas en la codificación de la problemática revisada. A partir de ello, los citados profesionales, para lograr su encomienda, se aplican a estudiar la fisonomía, las particularidades físicas y las psíquicas representadas especialmente en el modo de pensar y por la guisa de cómo se exteriorizan sus sentimientos, que habrán de explicar a los inmersos en el litigio.

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TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO En el mismo sentido, es necesario retomar la concepción de la forma dentro de un juicio como elemento preponderante. Cuando no se está de acuerdo con la resolución de un juez, el modo de agotar el procedimiento de continuidad hasta esferas superiores de revisión y decisión, se encuentra en la labor de tres magistrados, que se denominan “Tribunales Colegiados de Circuito”, o en su defecto la Suprema Corte de Justicia de la Nación, compuesta de once ministros, los cuales, de manera “colegiada”, deciden sobre las peticiones de los ciudadanos o de sus representantes legales. Por ende, la consideración doctrinaria de que más de uno tome la decisión, permite una uniformidad de criterios, lo cual, invocado por el Derecho, le proporciona al juez más elementos de convicción sobre su cometido.


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El actuar por interés no es sólo el de sospechosos y delincuentes, sino también el de padres que disputan la custodia de los hijos, víctimas que sufren las consecuencias de delitos, guardias encargados de la seguridad, así como los procesos que internamente experimentan los miembros del Poder Judicial, por citar ejemplos. El psicoanálisis y la psiquiatría también han contribuido al respecto, aunque desde enfoques diferentes. El primero, también llamado psicología profunda, fue iniciado por Sigmund Freud, el cual sostiene que la clave del actuar humano es el inconsciente, y el impulso de vida, la sexualidad. En el caso de la segunda, es un área de la medicina que se especializa en la prevención, evaluación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los trastornos de la salud mental. El tratamiento incluye psicofármacos, aunque puede recomendar psicoterapia. APROXIMACIONES SOCIOLÓGICAS AL COMPORTAMIENTO CRIMINAL La sociología estudia la producción y reproducción de la sociedad y de lo social, a través del análisis de sus estructuras y sistemas, así como de la forma en que interactúan con los individuos y los grupos. Al igual que la psicología, mantiene relación con otros campos del saber, como antropología, filosofía, trabajo social, y se divide en especialidades. La sociología criminológica investiga la criminalidad de una sociedad determinada, sus causas generales: variables demográficas, condiciones socioeconómicas; su relación con otros fenómenos: sociales, culturales, económicos, políticos, y la evolución de sus índices. La sociología de la desviación y del control social se encarga del análisis de las conductas calificadas como desviadas: parasociales y antisociales, en función de las exigencias institucionales: prescripciones normativas; de las expectativas sociales: preceptos morales, y de la falta de efectividad de los mecanismos de control: discurso ideológico del derecho y otras normas sociales. A diferencia de la sociología criminológica, se desarrolla en un nivel más teórico. UNIÓN DE ESFUERZOS: CRIMINOLOGÍA Elucidar los actos socialmente sancionados, por considerarlos moralmente graves y por ser contrarios a las normas institucionalmente establecidas, implica una lectura integral, amplia, tanto del sujeto trasgresor, como de la sociedad de la que forma parte. Una conducta desviada o divergente es la expresión comportamental de la disociación entre las aspiraciones culturalmente establecidas (vgr. éxito pecuniario, fama, poder) y los medios estructuralmente dados para arribar a ellas, por lo que sería simplista reducir la explicación a un problema de adaptación individual. El ambiente, como dominio generalizado de las relaciones sociedad-naturaleza, en el cual se incluye el campo material y abstracto de los entretejes de cultura, población, trabajo y mundo vital, es tan importante como la personalidad de cada uno; es decir, las pautas de pensamiento, percepción y comportamiento relativamente estables, pro-

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pias de cada sujeto. Visión de las personas como seres bio-psico-sociales que compartimos. Razones por las cuales la criminología es una ciencia sintética que busca la descripción, clasificación, explicación y reducción de las conductas criminales, tanto en lo general (criminalidad), como en lo relativo a casos concretos a través de la criminología clínica. Potencial analítico que le permite abarcar desde delitos en estados de emoción violenta hasta actos dolosos preparados con antelación. La violencia, pese a los estudios y tratamientos biológicos, cognitivos, neuroquímicos, psicodinámicos y sociales, persiste en amplio número de hogares. Hombres y mujeres participan en procesos distorsionados de interacción, donde las amenazas, las comparaciones, los insultos y los silencios prolongados son la constante. El estado psicológico y la salud mental de quienes agraden, por supuesto influye, pero no son suficientes para aclarar la selección de las víctimas, el escenario de la agresión, el confinamiento al ámbito privado, el encubrimiento y la justificación reiterada del castigo como el ejercicio de un derecho. En una interacción violenta, el comportamiento de uno sirve para justificar el del otro. Determinados mensajes, verbales y no verbales, interpretados como amenaza o rebeldía —independientemente de la intención del emisor—, determinan el pasaje al acto. Proceso interaccional y comunicativo que debe analizarse, considerando que la particular interpretación de los mensajes depende del universo cognitivo de quien lo hace; hecho por el que la cultura ocupa un lugar fundamental en las explicaciones, sobre todo si atestiguamos la heterodesignación de identidad y la socialización de género.


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EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS Las prácticas violentas no son naturales, sino aprendidas. En ocasiones, relacionadas con experiencias traumáticas durante la niñez y la adolescencia: transmisión intergeneracional basada en modalidades vinculares sustentadas en la agresión; conductas habituales u ocasionales que remiten a una tipología diferenciada del agresor: psicopáticos, hipercontrolados o cíclicos emocionalmente inestables.1 La distinción se basa en la acumulación de frustración, el afán de dominio, la existencia de “doble personalidad”, la falta de seguridad propia, la inhabilidad para expresar ideas (analfabetismo comunicacional), la introducción de justificaciones al maltrato, el manejo de los sentimientos, el nivel de autocontrol, los objetivos de la conducta, la posesividad, la posibilidad de mejora bajo tratamiento terapéutico, la presencia de sentimientos de culpa y la selectividad victimal. En la parte de discusión de los resultados, la criminología cuestiona las explicaciones psiquiátricas y psicológicas, cuando éstas, por sí solas, son insuficientes para explicar las distorsiones de tipo cognitivo asociadas con la construcción social del género, los escenarios de interacción, los problemas de comunicación y las relaciones víctima-victimario. Predisposición no es, por tanto, sinónimo de determinismo.

You and You, Dominika Timoszuk (Ben Heine).

LAS PSICOPATÍAS Pese a los factores ambientales y socioculturales señalados, sÍ hay trastornos específicos, de carácter dinámico, que descifran el comportamiento de quienes habitualmente quebrantan las leyes y las normas sociales. Una psicopatía es una enfermedad mental o más propiamente una anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social de quien la padece. Para Luis Barragán, en su Compendio de psicopatología criminológica, “Entre las personalidades psicopáticas tienen importancia desde el punto de vista criminológico, sobre todo los fanáticos, los amorales y los anormales sexuales”, cuestión a la que agrega: “Los psicópatas amorales o inmorales se pueden subdividir en dos grupos: los amorales impulsivos y agresivos, y los amorales fríos, áridos, e incapaces de la mínima simpatía humana y consideraciones sentimentales. Unos y otros, usualmente, manifiestan sus características de personalidad psicopática desde la infancia: inquietos, intolerantes a toda disciplina, prepotentes, ladronzuelos, torturadores de animales los primeros; egoístas, calculadores fríos y calumniadores de los demás los segundos. La vida, con sus exigencias de orden y de respeto social, no dilata en hacer emerger y acentuar estos caracteres”2. Disertar sobre “amoralidad” y “anormalidad sexual” resulta inquietante, por la carga axiológica de los vocablos, además del uso corriente, poco científico, que de los mismos se puede desprender. Etiquetar las sexualidades como anormales, desviadas, disidentes, diversas, perversas o transgresoras, implica sostener la heterosexualidad


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normada como único parámetro de lo sano, ignorando la variedad de expresiones comportamentales de la sexualidad. PSICÓPATAS SEXUALES En 1886, Richard von Krafft-Ebing escribió: Psychopathia sexualis. En él, los violadores, exhibicionistas, homosexuales y voyeuristas eran calificados de psicópatas sexuales. Su idea era que los agresores tenían apetito sexual desmedido. La moralidad “deficiente” y “depravada” se exhibía mediante la masturbación en edad temprana y con la violación, el incesto y los ataques en la adultez. En la actualidad, esas ideas están superadas y los especialistas optan por otras expresiones. Es el caso de las parafilias, referente a los comportamientos sexuales o excitaciones ante estímulos inapropiados, cuya intensidad, fijación, actos, sujetos u objetos de deseo son excéntricos y socialmente inaceptables. Algunas parafilias, que incluyen sujetos no conscientes: animales, cadáveres, niños, pueden ser imputables como delitos. ¿PSICÓPATAS, SOCIÓPATA O PSICÓTICOS? Abundemos en las psicopatías mediante la distinción de tres vocablos que a menudo se confunden: * El sociópata presenta comportamiento psicopático en algunas áreas de su vida, pero en otras no muestra dificultad para sentir emociones, característica propia del psicópata. Por ejemplo, un sicario puede parecer psicópata en la manera en que interactúa con sus víctimas, pero no cumple los criterios cuando se observa su conducta en la interacción con seres afectivamente más cercanos, como su madre o hermanos. Durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado era común utilizar este concepto en vez del de psicópata, aunque aparentemente se referían a lo mismo. En la actualidad, los psicólogos emplean más la acepción de psicópata, mientras que otras disciplinas optan por la de sociópata para referir los orígenes o contextos sociales que podrían explicar este proceder.3 * El psicópata padece una disfunción emocional, pues es incapaz de generar emociones empáticas y ponerse “en el lugar del otro”, aunque sí puede hablar al respecto, describir sentimientos e incluso decir que los experimenta, aunque éstos sean superficiales. Por sus características es peligroso, manipulador, mentiroso y adaptable socialmente. En torno a esta acepción, existe la clasificación de psicópatas integrados y marginales, así como la que los divide en primarios y secundarios. Esto obedece a los niveles de integración y funcionamiento sociales. En consecuencia, no debe considerarse sinónimo del trastorno de personalidad antisocial descrito en el Manual DSM IV, dado que un individuo con larga carrera delictiva podría satisfacer los criterios de diagnóstico de este trastorno sin cumplir con la principal axioma de la psicopatía que es la disfunción emocional. * Un psicótico es quien padece psicosis, la cual es una enfermedad caracterizada por delirios o alucinaciones, como la esquizofrenia y la paranoia. La confusión, la reiteración

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1 Whaley, Jesús Violencia intrafamiliar, México, Plaza y Valdés, 2001. 2 Barragán, Luis Compendio de psicopatología criminológica, México, Universidad de Colima, Plaza y Valdés, 2007, pp. 201-203.

Gómez Tagle Erick Derecho & Sociedad. Glosario de criminología y ciencias sociales, México, asesoríADN, BUAP, ISSPE, UCA, UPM, 2009. 3

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de pensamientos absurdos y la incoherencia son signos de lo antes descrito. El delirio paranoide, por ejemplo, es un síndrome atenuado de la paranoia representado por egolatría, manía persecutoria, suspicacia y agresividad. En el caso de las alucinaciones, son engaños mediante los cuales las personas creen percibir algo, pero cuyo contenido es relativo a su actividad cerebral. Es una sensación subjetiva que no va precedida de impresión en los sentidos. Verbigracia, quienes sufren de esquizofrenia pueden creer que alguien escucha sus pensamientos o controla sus sentimientos, acciones o impulsos. ¿LAS PSICOPATÍAS GENERAN INIMPUTABILIDAD? En materia jurídica, la imputabilidad es la posibilidad de responsabilizar penalmente a una persona, pues se considera que entiende, con base en su madurez y salud mentales, el carácter ilícito de un determinado hecho, y que es capaz de conducirse, de manera libre, conforme a ese entendimiento. Además, existe la imputabilidad disminuida, la disminución temporal de la imputabilidad y la inimputabilidad, cuestiones relacionadas con la culpabilidad, el cual es un presupuesto de la imposición de la pena, basada en la capacidad de una persona para actuar de modo no ilícito en una situación concreta. Un homicida serial, definido como quien comete dos o más asesinatos en forma secuencial, con periodos de enfriamiento emocional, suele ser imputable, debido a que es consciente de sus acciones, pese a no generar empatía con sus víctimas, lo que le permite actuar de forma inteligente, es decir, con “sangre fría”. La ausencia de culpa y de remordimiento puede convertir en serial a un violador o a un asesino. Clínicamente, pueden ser psicópatas y penalmente imputables: punto diferencial con los psicóticos, quienes por lo general son inimputables, aunque también hay excepciones. Aspectos para abundar en otra oportunidad.

Charles Manson, es un conocido criminal estadounidense, fundador y líder de “La Familia”, un grupo que perpetró varios asesinatos. Foto: LIFE

Maestro Erick Gómez Tagle Doctorando en Ciencias Penales y Política Criminal por el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE). Maestro en Estudios Políticos y Sociales, con mención honorífica, por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Diplomado en Historia y Cultura Contemporáneas en América Latina, así como licenciado en Sociología, con mención honorífica, ambos también por la UNAM. Profesor de tiempo completo y Coordinador de Investigación en la Universidad Pontificia de México (UPM). Docente en las Maestrías de Criminalística, Ciencias Penales, Criminología, Derecho Penal, Política Criminal y Procuración de Justicia Federal, así como en la Especialidad en Función Ministerial en el INACIPE. Profesor invitado en las Maestrías de Criminología y Ciencias Forenses en la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) y de Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad de Colima (UCol). Asimismo, en la Especialidad de Justicia Integral para Adolescentes en el Instituto Superior de Seguridad Pública del Estado de Sonora (ISSPE).

En licenciatura, ha sido docente en la UNAM, la Universidad del Pedregal (UDELP) y el Centro Universitario Incarnate Word (CIW). Capacitador invitado en la Escuela Libre de Derecho (ELD) y en Procuradurías de Justicia. Instructor en los diplomados: Bioética, Ciencias Penales, Derecho Procesal Penal, Diseños y Técnicas Normativas, Internacional en Psicología Criminológica, Investigación y Persecución contra la Delincuencia Organizada, Perfiles Criminológicos, Psicología Criminal y Temas Selectos de Derecho Parlamentario.

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Soy el guardián entre el centeno

No soy un psicópata… Tengo una lesión en mi amígdala y en mi córtex cerebral M

ark se encontraba en su habitación del hotel. Estaba acomodando ciertos objetos frente al mueble del espejo: una carta de recomendación por sus trabajo con los niños vietnamitas, su pasaporte, un par de fotografías de sus viajes por el mundo, la Biblia, una fotografía de la película del Mago de Oz, entre otros artículos. Se dijo a sí mismo: “Todo está listo para que, cuando alguien llegue: la policía o quien sea, quienquiera que desee saber quién y cómo era yo, lo sepa, y sepa también en qué me había convertido. Si me encuentran incapaz de hablar, esto les hablará por mí”. Poniéndose su gabardina negra, para soportar el frío neoyorquino, abrió el paquete que tenía escondido y envuelto en una toalla. Allí estaba su arma: un revólver 38, que introdujo en el bolsillo de su gabardina, para posteriormente practicar en repetidas ocasiones el desenfundarla lo más rápido posible, y amagar un disparo. Terminada esta acción, Mark se miró fijamente al espejo y dijo: “Yo soy Holden”. Mark creía realmente en Holden Caulfield, personaje del libro El Guardián entre el Centeno (The Catcher in the Rye), y lo que profesaba el mismo. Sobre todo, pensaba que la gente era falsa, y más que eso, pues sentía que él era el personaje Holden Caulfield en la vida real. Después pensó: “Me voy ahora… para convertirme en algo nuevo” y salió con rumbo a West 72 Street y Central Park, en la Ciudad de Nueva York. Hizo una parada en una librería y compró su libro favorito. Con su volumen de El Guardián entre el Centeno, y el álbum en “long play” de Double Fantasy, sintió que todo estaba listo y completo. Pero faltaba algo. Abrió el libro, y escribió en la página del título: “Para Holden Caulfield… De Holden Caulfield… Ésta es mi declaración”. Ahora pensaba en lo que, en su momento, le había dicho a su madre: “Yo sabía que iba a hacer algo grande; solamente que no sabía si iba a ser bueno o malo”.

Maestro Rodrigo Soto Consultor / Economía de las Ideas rsotomoreno@ yahoo.com

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EL ASESINATO DE JOHN LENNON Aquel 8 de diciembre de 1980, mientras volvía a su edificio llamado Dakota, Mark David Chapman disparó en cinco ocasiones contra John Lennon. Una leyenda de la música moría a manos de un fanático psicópata, que, según declararía años más tarde, mató a Lennon con el fin de robarle su fama mundial. Lo descrito anteriormente está consignado en la película Chapter 27, protagonizada por Jared Leto. El nombre de la cinta proviene de lo que, figurativamente, podría ser el siguiente capítulo de El Guardián entre el Centeno, pues el mismo termina en el capítulo 26, y este libro, según dijo Chapman, fue su inspiración para cometer el crimen. Aparte de una magnífica actuación de Leto, Chapter 27 nos muestra la lucha interna de Chapman consigo mismo, pues escucha voces que le dicen que no asesine a Lennon, aunque las mismas voces le decía en otras ocasiones que lo hiciera. El Guardián entre el Centeno muestra a Holden Caulfield, descrito por Wikipedia como un antihéroe que simboliza la rebelión adolescente. En un análisis más profundo, Caulfield tiene formas antisociales y una agresividad latente que invita a romper las reglas y paradigmas sociales establecidos. Lo más interesante del libro es cuando se explica por qué es Holden el guardián entre el centeno. La explicación ha sido tomada de Wikipedia: “lo único que a Caulfield le gustaría hacer en la vida es: estar en un campo de cen-


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teno, al borde de un precipicio. En el campo hay miles de niños jugando, y él evita que ellos caigan en el abismo. Él seria el guardián entre el centeno”. COMPORTAMIENTOS ADOLESCENTES ANTISOCIALES Volveremos a esta explicación; pero ahora centrémonos en que la mención de la novela anterior tiene un objetivo, y es el de identificar comportamientos adolescentes antisociales, agresivos, faltos de empatía humana, carentes de emociones normales de un adolescente, entre otros, pues de esa forma podremos, tal vez, identificar a futuros psicópatas. En el artículo de “The Violent Brain”, de Daniel Struebber y Monika Lueck, así como en nota de Reuters del 7 de agosto de 2009, por Kate Kelland, titulado “Psychopaths have faulty brain connections, scientist find”, se nos habla primero de cómo en un estudio de mil personas nacidas en Nueva Zelanda, a las que se les ha dado seguimiento durante 34 años, los investigadores Terrie E. Moffit y Avshalom Caspi, ambos del King´s College of London, de la Wisconsin – Madison University, han examinado comportamiento antisocial ligado a violencia física. Sus resultados son que los individuos que muestran comportamiento antisocial tienen edades de 13 a 15 años, y su nivel antisocial y de delincuencia decrece tan rápido como surge. Sin embargo, un reducido porcentaje muestra comportamientos antisociales desde los cinco años de edad, y éstos se siguen manifestando hasta la edad adulta. Es interesante señalar, como lo dice el estudio de Moffit y Avshalom, que el último grupo minoritario, que continúa desde los cinco años hasta la edad adulta con conductas antisociales, son hombres en su mayoría. EL VARÓN, DETONANTE DE VIOLENCIA Incluso las estadísticas mostradas por Struebber y Lueck señalan que el sexo masculino es un detonante importante para la violencia física, mientras que la mujer muchas veces muestra violencia de otro tipo: agresión indirecta y encubierta. Siguiendo las cifras, tenemos que, de acuerdo con el FBI (Federal Bureau of Investigation) el 90.1 por ciento de los arrestos por asesinato en el año 2004 fueron hombres, y el sexo masculino obtuvo también el 82.1 por ciento del total de crímenes violentos perpetrados. La violencia ligada a comportamientos antisociales que se traducen en psicópatas asesinos, ha abierto en fecha reciente una nueva puerta, como lo comenta Kelland, ya que investigaciones del doctor Michael Craig, del Institute of Psychiatry, del London´s King´s College Hospital, muestran que los psicópatas que asesinan y violan tienen conexiones defectuosas en el cerebro, conexiones que normalmente están ligadas a las emociones y que manejan nuestra parte impulsiva y de toma de decisiones. Científicos ingleses como Craig dicen que sus investigaciones han encontrado que psicópatas autores de asesinatos, de matanzas, de múltiples violaciones, y estrangulamientos, entre otras barbaridades, tienen “baches” o “lesiones” en regiones críticas del cerebro. Es decir, la amígdala, que procesa las emociones, y el córtex orbitofrontal, que maneja las emociones y los impulsos, son estructuralmente y funcionalmente diferentes en los psicópatas.

Jared Leto en “Chapter 27”.

AUSENCIA DE REMORDIMIENTO Podemos inferir que las lesiones en estas áreas son causa de que los perpetradores de estos hechos de violencia física, que terminan con la muerte de otro ser humano, no muestren remordimiento alguno por sus actos, pues la parte emotiva y racional de comportamiento no se encuentra activada en su cerebro. Es muy complicado identificar a un psicópata, y es por ello que diversos científicos están a favor de que se permita el uso de resonancias más potentes y precisas, como es el caso de la Imagen por Resonancia Magnética con Tensor de Difusión (DT-MRI), mencionada por Craig, y que ayudaría a detectar ciertas conductas psicópatas a tiempo, para poder prevenir que estos individuos antisociales y agresivos caminen entre nosotros sin que nos demos cuenta. La propuesta

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de Craig es sencilla: cuando se detecte un comportamiento antisocial agresivo en la edad temprana de un ser humano, se le debe someter a pruebas de DT-MRI, para escudriñar en su cerebro y poder, de manera estadística, predecir si el individuo analizado tiene tendencias de psicopatía, y prevenir que sus acciones terminen con la vida o vidas de otros seres humanos.Otros estudios llevados a cabo por Abigail Marsh, del National Institute of Mental Health, comentados por Bering, en su artículo “The problem with psychopaths. A fearful face doesn´t deter them”, han determinado que los psicópatas son catalogados como “crueles y sin sentimientos”. Marsh comenta que éstos padecen un déficit cognitivo muy importante: “tradicionalmente ellos tienen problemas para reconocer, procesar y responder normalmente a la expresión facial de miedo en otra persona”. La respuesta normal, de acuerdo con Marsh, sería ofrecer ayuda a la persona con miedo y calmarla. ¿QUÉ ES EL MIEDO? Incluso, consigna también el escrito de Bering, la psicóloga Marsh platica una anécdota con una colega, Essi Viding. Ella analizaba las reacciones de una asesina psicópata, a la que le mostraba rostros con diferentes emociones. Pero, cuando a la asesina le fue presentada la foto de una persona con miedo, la rayó y dijo: “no entiendo cómo se llama esa expresión, pero sé que es así como se ven las personas justo antes de que las acuchille”. Por increíble que parezca, las personas con daños en la parte de la amígdala y el córtex, donde procesamos emociones y toma de decisiones, parecen diferir en demasía respecto del sentimiento de solidaridad humana y compasión hacia nuestros semejantes que un individuo normal presentaría. Siguiendo con la psicóloga Abigail Marsh y el artículo de Bering , tenemos que en un afán de determinar el porqué para algunos individuos es complicado detectar una expresión de miedo y demostrar que es un problema neurológico, se llevó a cabo un estudio, publicado en el American Journal of Psychiatry. En él, Marsh y sus colegas analizaron a 36 niños de entre 7 y 10 años de

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edad. Se les fueron proyectando imágenes catalogadas como neutrales, expresiones de miedo y expresiones de agresividad, mientras que los niños estaban conectados a una imagen por resonancia magnética, para medir sus reacciones. Usando diferentes métodos de estudio, como el “Psychopathy Checklist” y el “Antisocial Screening Device”, los resultados que se obtuvieron fueron que 12 de los niños fueron catalogados como “crueles y sin sentimientos”, mientras que otros 12 fueron catalogados con el déficit de atención por desorden de hiperactividad (Attention Deficit Hyperactivity Disorder ADHD). Los niños restantes niños fueron catalogados como sanos o dentro de los estándares normales. Otro punto interesante del escrito de Bering es cuando comenta que un grupo de psiquiatras alemanes analizaron las respuestas emocionales de 25 prisioneros psicópatas, y encontraron que muchos de ellos carecían de miedo; es decir, no reaccionaban con desagrado, ni se inmutaban en algunos casos, cuando se les presentaba un estímulo desagradable. ASESINO FRÍO, CALCULADOR Es probable que por ello las películas siempre nos muestren a asesinos seriales, como lo ejemplifica Kelland, al estilo de Hannibal Lecter en el Silencio de los Inocentes, cuyo patrón de comportamiento es frío, calculador, inmutable a veces, retador, sin miedo, nada amigable, con aparente carencia de empatía humana y remordimiento por sus acciones. Estudios como el anterior deben utilizarse con mayor frecuencia para captar a individuos con comportamientos


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o patrones antisociales que puedan derivar en un futuro en psicópatas violentos. De nueva cuenta vemos que el mapeo cerebral, apoyado por la imagenología de la resonancia magnética, es una herramienta científica que nos permite conocer en específico el funcionamiento de nuestro cerebro. Volviendo al libro de El Guardián en el Centeno, que ha sido asociado a otros actos violentos, como el intento de asesinato contra el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, es común que una novela pueda ser un detonante de inspiración para cometer crímenes. Al final del día, estamos hablando de personas cuya realidad es otra y cuyas conexiones neuronales les mandan diferente información de lo que perciben a su alrededor. Creo que Bertrand Russell tiene razón al decir que el ser humano busca trascender a toda costa, Para el caso de los psicópatas, es más importante ser el Guardián en el Centeno, que aprieta el gatillo, como fue el caso de Chapman, que el trascender en la vida por obras de beneficio a la humanidad. IGNORAN QUE ESTÁN MAL Si analizamos todo lo descrito, nos daremos cuenta de que los psicópatas tal vez no entiendan que están mal. Sus lesiones cerebrales les hacen vernos como peones en un juego de ajedrez, sin algún valor especial y sin las herramientas psiquiátricas y psicológicas que nos ayuden. Como lo han comentado otros colaboradores de esta revista, podemos pensar que podemos haber convivido con un psicópata, ya sea en una tienda, en el ambiente de trabajo, en la escuela, con algún amigo. No lo sabemos, e incluso nosotros mismos podemos tener tendencias o predisposición a la psicopatía. Tal vez sólo nos falta encontrar nuestro Guardián en el Centeno. ¿No lo creen?

REFERENCIAS The Catcher in the Rye, http://en.wikipedia.org/ wiki/The_Catcher_in_the_Rye Chapter 27, http://es.wikipedia.org/wiki/ Chapter_27 Kelland, Kate. Psyhopats have faulty brain connections, scientists find, Reuters, 7 Agosto, 2009. Original Sinners?, Psychopathy, The Economist, May 26th 2009. Bering, Jesse. The Problem with psychopaths: a fearful face doesn´t deter them, Scientific American, September 30th 2009. Struebber, Daniel. Lueck, Monika. The Violent Brain, Scientific American Mind, December 2006 / January 2007.

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Genética de la conducta psicópata María del Carmen Esmer

Doctora María del Carmen Esmer Profesora Investigadora del Departamento de Genética de la Facultad de Medicina / UANL carmenesmer@hotmail. com

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…el ser humano no está hecho como si fuera una máquina donde pueda analizarse su conducta; en las viejas teorías sobre la conducta se presentaba al hombre como un autómata, visión influida por la visión de máquina que prevalecía en el siglo XIX, pero las cosas han cambiado. Si se tratara de una máquina, sólo lo sería en el sentido de un sistema muy complejo que se comporta de acuerdo a ciertos principios, pero que es de una complejidad extraordinaria” (Skinner, 1972). Las variaciones en el comportamiento del ser humano, al igual que cualquier otro rasgo biológico, están condicionadas por la interacción de factores ambientales y factores genéticos. Aunque la heredabilidad de la conducta ha estado clara desde los estudios realizados por Sir Francis Dalton en el siglo XIX, no ha sido sino hasta los últimos años cuando los avances en el conocimiento del genoma humano han permitido conducir investigaciones con el fin de establecer una relación entre los cambios en la secuencia de bases del ácido desoxirribonucléico y la psicopatología. DEFINIENDO LA ENFERMEDAD El comportamiento humano muestra complejidades que complican las conclusiones de los análisis de causalidad

genómica. En la definición del rasgo por estudiar, podría encontrarse la primera dificultad, dado que a menudo es difícil conceptualizar el comportamiento en cuestión. La conducta psicópata se caracteriza por un daño severo a la capacidad afectiva, pero las manifestaciones y la magnitud de ellas son tan variadas, que probablemente no haya dos individuos psicópatas cuyos comportamientos anormales sean exactamente idénticos. La inteligencia es un ejemplo clásico de las dificultades para definir un rasgo de comportamiento y luego concluir sobre los determinantes genéticos del mismo. ¿Es la inteligencia la capacidad para resolver un determinado tipo de problema?, ¿Es la capacidad de tener éxito en la vida diaria? ¿O sólo debiera definirse como “la capacidad de obtener una buena puntuación en una prueba de coeficiente intelectual?”. Durante el verano de 1999, un biólogo molecular de Princeton publicó resultados impresionantes de una investigación en la que insertó un gen en ratones, a los que hizo producir una proteína relacionada con la memoria en las células cerebrales. Debido a que los animales de experimentación se desempeñaron mejor que los controles en una serie de pruebas de aprendizaje tradicionales, la prensa llamó a este gen “el gen inteligente” y el “gen de


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CI”, como si mejorar la memoria fuera el punto central, o incluso el único el criterio para definir la inteligencia. La contraparte humana existe en el Síndrome de Asperger, en el que algunos de estos individuos podrían tener la capacidad de memorizar cantidades enormes de información, y, sin embargo, las limitaciones que tienen en su funcionamiento diario podrían ser tan importantes que no pueden salir sin un acompañante que les oriente sobre cómo llegar a un destino. Después de haber establecido una definición para fines de investigación, el investigador aún tiene que medir el comportamiento con grados aceptables de validez y fiabilidad. Y en ese punto se encuentran grandes dificultades para dimensionar o medir a la conducta psicopática ante la carencia de instrumentos confiables. LA CONDUCTA ES UN RASGO HEREDADO La evidencia en los seres vivos confirma que la conducta es un rasgo heredado entre miembros de la misma familia, de la misma camada o de la misma especie. Entre las aves, por ejemplo, los rituales de alimentación y apareamiento pueden llegar a ser tan específicos, que permitan distinguir especies estrechamente relacionadas. Los perros labradores heredan a su descendencia el instinto de recuperación de presas, así como los collies tienden a repetir la postura entre individuos con el mismo ancestro. El modelo de similitud conductual más dramático existe entre los chimpancés y los humanos. Genéticamente, la diferencia es del dos por ciento de las secuencias del ADN que determina que las conductas de cuidado de las crías, amamantamiento, apareamiento, comunicación, altruismo y expresividad facial se compartan en un grado importante. Hablando de trastornos psiquiátricos, como la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia y el trastorno bipolar, se ha demostrado agregación familiar entre padres e hijos y entre hermanos. HERENCIA DE LA CONDUCTA PSICÓPATA Los estudios de los genes y el comportamiento psicópata requieren del análisis de las familias y de las poblaciones

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para realizar comparaciones entre los que tienen el rasgo en cuestión contra los que no lo poseen. El resultado suele ser una declaración de “heredabilidad”, una construcción estadística que calcula la cantidad de variación en una población que es atribuible a factores genéticos. Entre los diseños más exitosos para demostrar la heredabilidad de la conducta psicópata, se encuentran los estudios de concordancia en gemelos. Los gemelos idénticos (monocigotos) muestran una concordancia en los niveles de criminalidad que no exhiben los dicigotos. El promedio de la concordancia es de un 50 por ciento para los monocigotos y de un 20,6 por ciento para los dicigotos. Aun en estudios realizados en gemelos que fueron dados en adopción y por lo tanto expuestos a ambientes familiares diferentes, la heredabilidad se mantiene. Mednick y col., en Dinamarca, estudiaron a 14 mil 427 niños adoptados antes de los dos años de edad (1927-1947). Al analizar 65 mil 516 expedientes jurídicos, se observó que cuando ambos padres –biológicos y adoptivosno son criminales y por consiguiente no habría influencia ni genética, ni ambiental, 13,5 por ciento de los adoptados tenían un registro criminal. Esta proporción subió a 14,7 por ciento cuando solamente los padres adoptivos eran criminales. Cuando los padres biológicos eran criminales, el nivel de condena ascendía al 20 por ciento, y cuando ambos padres, adoptivos y biológicos, eran criminales, la cifra de condenas ascendía a 24,5 por ciento. En el mismo estudio se observó que si los padres biológicos tenían numerosas condenas, aumentaban las condenas de los hijos adoptados. Otro trabajo sobre este tópico lo realizó Cloninger. El estudio incluyó a 862 individuos respecto de los cuales se analizaron antecedentes de criminalidad en los padres y el ambiente de la familia adoptiva. Cuando ambos factores: el hereditario y el ambiente nocivo estaban presentes, el 40 por ciento de los adoptados eran criminales, comparados con 12,1 por ciento cuando solamente los factores genéticos estaban presentes, 6,7 por ciento si sólo el ambiente era deletéreo, y 2,9 por ciento si ambas variables

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estaban ausentes. Resumiendo: igual contribuye una constitución genética predisponente que un ambiente familiar desfavorable al momento de crear una mente psicópata. GENES DE LA CONDUCTA PSICOPATA Las pruebas indican que el sistema nervioso del psicópata es distinto; experimenta menos miedo y ansiedad que el común de las personas, de tal manera que los principales genes candidatos son precisamente los que codifican para neurotransmisores, sus receptores, sus transportadores y las enzimas que participan en su metabolismo. En 1983, Brunner y colaboradores publicaron el estudio de una familia en la que varios miembros masculinos mostraban retardo mental limítrofe y conducta violenta, con estallidos de agresión, incendio intencional, intento de violación y exhibicionismo. El análisis de la orina demostró marcada alteración del metabolismo de las monoaminas, causada por deficiencia de la actividad enzimática de la monoaminoxidasa A (MAOA). En los hombres afectados, se demostró una mutación que cambió el codón de la glutamina (CAG) por un codón de paro (TAG) lo que causó que faltara un fragmento de la enzima. Posteriormente se realizó un estudio en que se introdujo esta mutación en una cepa de ratones CH3H, cuyos miembros se caracterizan por su mansedumbre. Los ratones transgénicos, con el gen MAO anormal, mostraron una conducta agresiva. Los niveles de serotonina en el cerebro de las crías transgénicas reveló que tenían siete veces más serotonina que los controles de la misma edad. También se observaron cambios estructurales en su cerebro. La corteza somato-sensorial perdía su estructura bien delineada en columnas y se observó que el tratamiento con drogas que inhiben la serotonina, restauraban la estructura normal de la región somato-sensorial. Los autores terminan por advertir que en el hombre el desarrollo del cerebro continúa largo tiempo después del nacimiento, y que las condiciones ambientales moldean un cerebro que mantiene su capacidad de plasticidad durante toda su vida. Las experiencias de la vida son importantes para moldear la mente, pero se necesitan herramientas y una de ellas es la MAOA. Nelson y cols., del Massachussets General Hospital, junto con investigadores del Johns Hopkins University, en una publicación de Nature de noviembre de 1995, crearon mutantes con una ausencia de la enzima sintasa del óxido nítrico (NOS) neuronal. El óxido nítrico es un neurotransmisor de alta densidad en las áreas que controlan la emoción, y las cepas mutantes, carentes de NOS, muestran un alto nivel de agresividad, rasgo común en el comportamiento psicópata. El sistema dopaminérgico es un sistema químico de gran importancia en la transmisión de impulsos en el cerebro, y que regula ciertos tipos de comportamiento. Este sistema establece la producción de dopamina, sustancia encargada de mantener nuestros pensamientos y percepciones de acuerdo con la realidad del medio que nos rodea. En particular se producen pequeños cambios en la secuencia de ADN del gen DRD2 con las adicciones y la conducta

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agresiva. De estas observaciones se desprende que no puede haber un solo “Gen Psicópata”. Necesariamente la predisposición hereditaria debe resultar de la interacción de una pluralidad de genes, algunos que activan y otros que inhiben. De tal manera que cuando el desarrollo de ciertas partes del cerebro es frenado por causas genéticas, y los padres del infante son abusivos, irresponsables o manipuladores, se han juntado todos los ingredientes necesarios para crear una mentalidad psicópata.


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Neuroimagen de la psicopatía Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero LA LOCURA MORAL principios del siglo XX, la psicopatía era comúnmente denominada la “locura moral” en diversas instituciones psiquiátricas de México y del mundo. Tal denominación se entendía bien, dado que los pacientes que padecían algún tipo de psicopatía manifestaban diversas actitudes antisociales, tales como despreocupación por los sentimientos y seguridad de los demás, quebrantamiento constante de las reglas y las obligaciones sociales, y propensión a causar daño a otros para satisfacer deseos propios. En la actualidad, la psicopatía se ubica en la categoría de Trastorno Antisocial de la Personalidad, que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV), se caracteriza por la ocurrencia de violaciones constantes de los derechos de los otros en al menos tres de los siguientes criterios:

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a) Fallas en acatar normas sociales y legales, que suelen conducir al arresto. b) Mentir y usar a otras personas en su beneficio. c) Impulsividad y fallas de planeación. d) Agresividad, asaltos y peleas violentas. e) Poco cuidado de la seguridad propia y ajena. f) Inestabilidad financiera. g) Falta de remordimiento.

Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero Maestro en Ciencias (Neurobiología) Docente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia Estudiante del Doctorado en Ciencias Biomédicas Universidad Nacional Autónoma de México xofiel@hotmail.com

Algunas manifestaciones obvias de este trastorno se ejemplifican con ofensores y quebrantadores de la ley, cuyos actos a la luz pública han denotado crueldad, planeación y falta de remordimiento. Me refiero a los casos de Juana Barraza Samperio, “La Mataviejitas”; José Luis Calva Zepeda, “El Caníbal de la Gue-rrero”, y Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”. En noviembre del año 2008, la distinguida académica de la UNAM, Feggy Ostrosky, señalo que cerca del uno por ciento de la población mexicana (aproximadamente 900 mil personas), muestran características psicopatológicas que podrían vincularse con el comportamiento antisocial.


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LA PSICOPATÍA, DIFÍCIL DE RECONOCER Estos datos han incrementado el interés por el estudio de la psicopatía, la cual, a diferencia de otros trastornos mentales, no es fácil de reconocer, debido a que quién la padece puede llevar una vida escolar, laboral y familiar aparentemente normal. De esta forma, la mayoría de los pacientes a quienes se les ha diagnosticado Trastorno Antisocial de la Personalidad, son cautivos una vez que han cometido una acción de tipo ilegal o criminal, pero difícilmente se les puede identificar durante su vida cotidiana. Debido a la dificultad para reconocer síntomas psicopáticos y, por tanto, aislar una muestra numerosa de estos pacientes, gran parte de los estudios académicos dirigidos a investigar sus bases biológicas no solamente han utilizado poblaciones a las que se les ha diagnosticado psicopatía, sino manifestaciones antisociales similares, tales como la criminalidad o la violencia. A continuación se describen algunos de estos hallazgos en el ámbito cognitivo y del comportamiento. COGNICIÓN Y COMPORTAMIENTO DE LOS PSICÓPATAS Por cognición se entiende la manera en que nuestros sistemas mental y nervioso procesan la información proveniente del medio exterior; por ejemplo, el espacio físico o las acciones de otros, y de nuestro medio interno; es decir, nuestra memoria, experiencia emocional y señales que provienen de nuestro cuerpo. En este ámbito, los pacientes psicópatas manifiestan reducida ansiedad y reacciones psicofisiológicas atenuadas ante estímulos que normalmente causan aversión o rechazo en los humanos. Por ejemplo, en comparación con poblaciones sanas, se ha reportado que los criminales varones no exhiben el reflejo de cerrar los ojos o mover la cabeza cuando observan escenas de victimización y de amenaza; tampoco muestran un incremento en el latido cardiaco frente a estas situaciones. También se ha reportado que tienen deficiencias para identificar expresiones faciales de otros, en particular cuando se expresa ira o enojo. Es curioso, sin embargo, constatar que no presentan dificultad en la habilidad de la teoría de la mente, necesaria para inferir los estados psicológicos otros. Es decir, conservan intacta la habilidad para suponer cuando otra persona se encuentra triste, alegre, enojada; o, bien, suponer sus intenciones y pensamientos. Para estudiar la cognición en la psicopatía, también se ha aplicado el paradigma Stroop (ver Figura 1). Éste consiste en una prueba computarizada, durante la cual se proyectan en una pantalla varias palabras que denominan colores. El individuo debe indicar el color en el que está escrita la palabra. Sin embargo, el color de la tinta y el color que denomina pueden ser diferentes. Por ejemplo, la palabra AZUL, puede estar escrita en tinta roja. Esta incongruencia provoca una interferencia cognitiva que lleva al sujeto a discriminar o seleccionar entre ambos tipos de estímulos. Los pacientes con psicopatía manifiestan una inadecuada ejecución de esta tarea, similar a la

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CONOCIMIENTO

que manifiestan los pacientes a quienes se les ha diagnosticado con el Trastorno por Déficit de Atención (TDA). TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN Esto es relevante, si se considera que un alto porcentaje de los pacientes con TDA también manifiestan conductas violentas y agresivas, así como falta de activación de la corteza anterior del cíngulo cuando ejecutan esta tarea. De esta forma, la atención puede constituir un proceso alterado en la psicopatía, ya que permite controlar la conducta y los impulsos emocionales, a partir de proyecciones neuronales entre el cíngulo, el sistema límbico y la corteza frontal. A partir de los datos mencionados arriba, es posible suponer que en la psicopatía se identifican alteraciones relacionadas con el control de impulsos y con el sistema afectivo, el cual permite experimentar emociones y reconocerlas en otros. Estos datos, sin embargo, son insuficientes para entender las bases biológicas de la psicopatía; es necesario vincular las funciones cognitivas con sus correlatos cerebrales normales, y posteriormente detectar alteraciones en las estructuras cerebrales y en sus funciones. Esto último es precisamente una de los objetivos de la neuroimagen, cuya descripción se plantea en los siguientes párrafos.

Figura 1. Diseño de la tarea Stroop y la corteza anterior del cíngulo.

IMÁGENES DEL CEREBRO ANTISOCIAL La neuroimagen se refiere a un conjunto de técnicas que permiten observar la forma y estructura del cerebro de un individuo, así como identificar la activación de algunos de sus grupos de neuronas durante la ejecución de alguna tarea; por ejemplo, la evocación del algún recuerdo o la resolución de tareas de memoria, de atención, de aprendizaje o de experiencias emocionales. Dos de las técnicas de neuroimagen más utilizadas en la actualidad son el análisis de morfometría por voxel y la resonancia magnética funcional. En el primero, se introduce al sujeto en un equipo de resonancia magnética, se obtiene una imagen anatómica de alta resolución de su cerebro y se comparan las medidas de algunas de sus regiones con las que presentan poblaciones sanas (ver Figura 2).


CONOCIMIENTO

Figura 2. Las técnicas de morfometría por voxel y de resonancia magnética funcional.

A partir de la técnica de morfometría por voxel, se ha reportado que los pacientes que manifiestan criterios de psicopatía presentan un volumen reducido de la amígdala y del hipocampo, dos estructuras localizadas en el centro del cerebro, cuya función cognitiva permite una adecuada experiencia de emociones y memoria de eventos aversivos (ver Figura 4). También presentan disminución en el volumen de la materia gris de la corteza cerebral en su región prefrontal y temporal. La corteza cerebral se refiere a la capa más superficial del cerebro, con un espesor de entre dos y tres milímetros. Las diferencias en el volumen de la corteza cerebral en los psicópatas es un dato de gran interés, ya que la región prefrontal ha sido relacionada con el aprendizaje de tipo social, ético y moral. De hecho, los individuos que presentan lesiones o alteraciones en esta zona, debidas a accidentes cardiovasculares o golpes severos, manifiestan conductas antisociales posteriores a la aparición de la lesión. Esta región mantiene proyecciones neuronales con la amígdala, con la corteza anterior del cíngulo, con el hipocampo y con la corteza temporal, lo cual permite controlar impulsos e integrar la información emocional a la de tipo moral; es decir, a la capacidad de valorar un acto como correcto o incorrecto, o bien, bueno o malo. Dicho de otra forma, la acción de la corteza prefrontal permite inhibir comportamientos que pueden causar daño a otros. En la Figura 3 se muestra la localización de la corteza prefrontal y algunas de sus conexiones neuronales. Por otro lado, a partir de la resonancia magnética funcional, se detectan las regiones de actividad cerebral con base en los requerimientos de oxígeno de las neuronas para mantenerse activas (ver Figura 2). En comparación con sujetos normales, los pacientes con psicopatía presentan menor actividad en la amígdala durante la ejecución de tareas que consisten en memorizar palabras que denotan significados o valoraciones negativas, tales como crimen, muerte o asesinato. También con el uso de esta técnica, se ha observado que los criminales violentos tienen una actividad cerebral disminuida en la corteza prefrontal (ver Figura 3).

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Figura 3. Localización y conexiones de la corteza prefrontal.

NEURONAS ESPEJO Un hallazgo de gran interés es el que muestra el sistema de neuronas espejo. Este sistema constituye una propuesta neurobiológica reciente, que se refiere a una red de regiones cerebrales formadas por diversos grupos de neuronas. Estas neuronas responden, o se activan, cuando la persona realiza un movimiento o experimenta una sensación corporal; por ejemplo, dolor. Pero también se activan cuando se observa que alguien más está realizando un movimiento o teniendo una sensación en su cuerpo. De esta forma, el sistema de neuronas espejo se ha propuesto como las bases neuronales de la empatía; es decir, la capacidad de entender (y en ocasiones contagiarse de) las emociones y sensaciones de otros. Para realizar experimentos bajo el sistema de neuronas espejo, las personas son colocadas en un equipo de resonancia magnética funcional, para registrar su actividad cerebral mientras observan videos con escenas que causan dolor. Por ejemplo, el video puede mostrar una aguja introduciéndose severamente en el brazo de una persona. Contrariamente a lo que podría esperarse, cuando los pacientes psicópatas observan este tipo de escenas, manifiestan una actividad cerebral normal de las neuronas espejo. Este hallazgo nos indica que los individuos psicópatas muestran un adecuado funcionamiento neuronal que les posibilita entender los sentimientos de los otros, de tal forma que la disfunción puede deberse no a la carencia de empatía en sí misma, sino a la integración de la experiencia empática con los juicios morales.

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Otra región cerebral que se ha observado afectada en la psicopatía es el núcleo caudado, que constituye un grupo de neuronas localizadas en el centro del cerebro, cuyas funciones se han vinculado principalmente con el control de movimientos, la empatía y la experiencia emocional de amor, en particular amor maternal. DEMENCIA FRONTO-TEMPORAL Finalmente, una fuente para entender el comportamiento antisocial proviene de análisis clínicos neurológicos en pacientes con demencia fronto-temporal. En términos generales, este tipo de demencia indica cambios en las actitudes y en el comportamiento de los pacientes, a partir de la disfunción de la dinámica cerebral en la corteza prefrontal, orbitofrontal y temporal. Las actitudes que manifiestan los pacientes son de tipo antisocial, y se caracterizan por la pérdida de empatía, de inhibición de normas sociales e inadecuados juicios de tipo moral. La Figura 4 ilustra las principales regiones cerebrales vinculas con la psicopatía y el comportamiento antisocial.

INTERPRETACIÓN DE HALLAZGOS Y SUS CONSECUENCIAS SOCIALES Las regiones cerebrales mostradas en la Figura 4 representan funciones cognitivas relacionadas con procesos emocionales y de empatía, que permiten entender los sentimientos y sufrimiento de otros, así como memorizar situaciones aversivas o dañinas. También participan en el aprendizaje de normas y códigos sociales que posibilitan la ejecución de juicios de tipo moral y legal. La interpretación de estos hallazgos no es fácil, ya que en ocasiones la disfunción de una región cerebral no implica necesariamente una alteración en su correlato cognitivo o en el comportamiento del individuo. Por ejemplo, aunque algunas de las regiones cerebrales se vinculan con el proceso de teoría de la mente y planeación a futuro, éstos son dos procesos que parecen estar intactos en los pacientes psicópatas. Entonces, aunque la “locura moral” se caracteriza por una distorsión en la interpretación o aplicación de los valores morales socialmente aprendidos, tal distorsión podría estar relacionada con una alteración de los vínculos entre el sistema afectivo y la valoración moral, más

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Figura 4. Localización de las principales regiones cerebrales relacionadas con la empatía.

que con una disfunción en los procesos cognitivos que subyacen al aprendizaje social y moral en sí mismos. El debate de los mecanismos neuronales que subyacen a la psicopatía es álgido, y no se ha llegado a un consenso al respecto. Sin embargo, independientemente de su explicación neurobiológica, los hallazgos indican alteraciones en el sistema mental y neuronal de los individuos psicópatas. Esto último conlleva discusiones que abarcan niveles legales, morales, criminológicos e incluso bioéticos. Las discusiones se centran en la manera en que el sistema institucional de justicia debe juzgar y tratar a estos pacientes. Es decir, si la psicopatía conforma un síndrome caracterizado por alteraciones neurológicas, ¿es viable atribuir culpabilidad a los ofensores, aun cuando éstos son conscientes de sus actos? Si bien la neurobiología ha aportado hallazgos referentes al comportamiento y bases biológicas de la psicopatía y el comportamiento antisocial, la decisión de la acción para identificar a estos individuos y la manera de actuar hacia ellos recaen en la sociedad en su conjunto y en la integración del pensamiento procedente de diversas áreas del conocimiento.

REFERENCIAS Anderson S, Bechara A, Damasio H, Tranel D, Damasio AR. 1999. Impairment of social and moral behavior related to early damage in human prefrontal cortex. Nature Neuroscience, 2(11): 1032-1037. Blair, RJ. 2003. Neurobiological basis of psychopathy. Brithish Journal of Psychiatry, 182: 5-7. Bufkin JL, Luttrell VR. 2005. Neuroimaging studies of aggressive and violent behavior: current findings and implications for criminology and criminal justice. Trauma, violence and abuse. 6(2): 176-191. Hoptman MJ. 2003. Neuroimaging studies of violence and antisocial behavior. Journal of Psychiatric Practice, 9(4): 265-278. Mercadillo RE, Díaz JL, Barrios FA. 2007. Neurobiología de las emociones morales. Salud mental, 30(3): 1-11.


CONOCIMIENTO

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José Alfonso Ontiveros Sánchez de la Barquera LA PERSONALIDAD ANTISOCIAL Y LAS CONDUCTAS ANTISOCIALES os pacientes con personalidad antisocial y los que exhiben conductas antisociales tienen una historia de conducta antisocial crónica y continua y de violación de los derechos de otros. Son incapaces de controlar sus impulsos y posponer gratificaciones inmediatas; muestran insensibilidad hacia las emociones de otros; son egocéntricos, egoístas y demandan en exceso. Frecuentemente no tienen ansiedad ni remordimiento.

L

Los síntomas del trastorno de personalidad antisocial (DSM-IV-TR) (1) incluyen: • Inicio después de los 18 años. • Evidencia de trastornos conductuales antes de los 15 años. • Un patrón persistente por violar los derechos de otros que ocurre desde los 15 años de edad y que es indicado por tres elementos de los siguientes:

Doctor en Medicina José Alfonso Ontiveros Sánchez de la Barquera Instituto de Información e Investigación en Salud Mental A.C. Doctor Enrique Peña 122, Col. Doctores, Monterrey N.L. CP 64710 ontiverosalf@gmail. com

Lesiones cerebrales y

psicopatía

1.

Falla para adaptarse a las normas sociales

2.

Irritabilidad y agresividad

3.

Consistente irresponsabilidad

4.

Impulsividad y falla en planear a futuro

5.

Deshonestidad

6.

Falta de cuidado en la seguridad de si mismo o de otros

7.

Falta de arrepentimiento

Algunas conductas antisociales se ven precipitadas por daño cerebral, secundario a traumatismo de cabeza o encefalitis. En este caso, el diagnóstico más apropiado es el de cambio en la personalidad, debido a una condición médica (Scully 1996) (2). CAMBIOS EN LA PERSONALIDAD POR CONDICIONES MÉDICAS Las alteraciones en la personalidad debidas a condiciones médicas pueden incluir labilidad en un amplio rango de alteraciones, entre las que se incluyen emotividad, pobre control de impulsos, agresividad y explosiones de ira, y apatía o suspicacia. La personalidad, como función cerebral, puede verse alterada por factores que modifican esta función en forma transitoria o permanente. El objeto de este artículo es revisar someramente la evidencia que sustenta la relación entre las lesiones cerebrales y la conducta psicopática. Este campo de la investigación neurofisiológica y neuropsiquiátrica pone de manifiesto el complejo origen de la personalidad y de las funciones morales y su sustento neurobiológico a través de sus alteraciones.


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PERSONALIDAD Y LÓBULO FRONTAL Desde hace más de un siglo el lóbulo frontal y sus funciones se han asociado con la personalidad. El lóbulo frontal y la región prefrontal (áreas 4 y 6 de Brodman) en relación con la superficie total de los hemisferios cerebrales, ocupa el 32.8 por ciento en el humano, y la superficie relativa del mismo es mayor que en otros primates. El lóbulo frontal se ha asociado con la capacidad intelectual y funciones motoras y premotoras complejas, con el lenguaje y socialización, por lo que no es sorprendente que también esté asociado con la personalidad (3). Localizar la personalidad en una región cerebral es una tarea difícil. Múltiples estructuras cerebrales parecen colaborar en la estructuración de los denominados rasgos de la personalidad. Diversos estudios han ayudado a localizar las funciones responsables del temperamento, inhibición e impulsividad. Se ha observado que la realización de una tarea predecible activa diferentes regiones del lóbulo frontal. Una tarea esperada secuencial activa la corteza prefrontal medial anterior y el estrium ventral, en tanto que una tarea impredecible incluye el polo prefrontal y el estrium dorsolateral (Koechlin et al 2000) (4). El razonamiento basado en el análisis social incluye la activación del giro frontal superior izquierdo y giro orbitofrontal. Esto se ha demostrado en estudios con resonancia magnética funcional, en los que se ha observado la activación de la corteza frontopolar y giro frontal medial al establecer juicios sin significado emocional, en tanto que los juicios morales activan regiones en la corteza temporal derecha, núcleo lenticular y cerebelo (Moll et al 2001) (5). Si bien el lóbulo frontal no es la única estructura encargada de las funciones de la personalidad, sí juega un papel esencial en ella y en especial en el razonamiento social y moral. Así, no es sorprendente que diversas patologías que lo afecten pueden dar lugar a conductas sociopáticas. SÍNDROMES DEL LÓBULO FRONTAL El efecto de las lesiones frontales en el humano no ha dejado de ser objeto de controversia. El daño bilateral de los lóbulos frontales en las áreas premotoras (áreas 9, 10 y 11 de Brodman), y su implicación en diversos cambios en la personalidad ha sido reconocido desde hace más de cien años. Los pacientes con lesiones frontales muestran cambios en la personalidad y en la conducta social. Es frecuente cierto grado de apatía, irritabilidad, pobre juicio, conducta social desinhibida, falta de motivación y de dirección conductual y euforia. El síndrome varía de paciente en paciente y se relaciona con la locación de la lesión frontal. En especial, los pacientes con lesiones en la porción basal orbital muestran desinhibición, agresividad y combatividad. También se ha observado desinhibición sexual e irritabilidad (6).

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CONOCIMIENTO

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Tabla I. Anormalidades observadas en pacientes con leucotomía prefrontal y lesiones de cualquier causa: Anormalidades Cambio en la personalidad

Falta de conciencia sobre las consecuencias de cualquier acción Indiferencia social Placidez Falta de agresión Falta de ansiedad Afecto depresivo Excitabilidad infantil (Moria de Jastrowitz) Bromas inapropiadas Inestabilidad emocional Superficialidad

Disminución leve intelectual

Falta de concentración Vacilación de la atención Inestabilidad en llevar y planear actividades Dificultad en cambiar de una tarea a otra Alteración leve de la memoria

Psicomotricidad

Falta de iniciativa Impulsividad Abulia Reducción en la actividad Retardo psíquico Akinesis o mutismo

Anormalidades motoras

Ataxia Rigidez paratónica Reflejo de prensión Reflejo de succión Incontinencia de esfínteres


CONOCIMIENTO

En 1978, Lezak (7) describió una serie de alteraciones en la personalidad, luego de traumatismo craneal severo: Falla en la perceptividad social. Falla en el autocontrol y auto-regulación. Conducta ligada al estímulo. Cambios emocionales. Falta de habilidad para aprender de la experiencia social. Estos cambios conductuales pueden pasar desapercibidos para el paciente y se muestran como un cambio narcisista o antisocial de la personalidad. Se ha discutido que conciencia o insight de las fallas conductuales es en realidad una agnosia (falla en reconocer la propia conducta) y en ocasiones se ha descrito como negación orgánica. Las lesiones graves del lóbulo frontal que pueden causar los denominados síndromes frontales incluyen malformaciones arteriovenosas, enfermedades neoplásicas y eventos hemorrágicos o lesiones quirúrgicas o traumáticas. Las lesiones orbitofrontales, luego de contusiones con daño del tejido neural contra la base anterior del cráneo, pueden sucederse en pacientes que han caído hacia atrás, golpeando el occipucio contra el suelo. Una disfunción leve en el olfato (nervio craneal I) puede detectarse luego de tal lesión y tal cambio suele acompañarse de alteraciones neuroconductuales, que incluyen impulsividad, euforia y síntomas maniacos. Hibbard y colaboradores (2000) (8) emplearon la entrevista SCID-II para trastornos de la personalidad del DSM-IV y encontraron que dos tercios de sujetos con lesiones cerebrales mostraban algún trastorno de la personalidad, independientemente de la severidad de la lesión, edad del sujeto y tiempo de evolución de la lesión. Es interesante señalar que traumas focales en los polos de lóbulos temporales, regiones orbitofrontales y convexidad del frontal pueden ocurrir sin evidencia neuro radiológica. Diversos estudios sugieren evidencia de la presencia de factores premórbidos de la personalidad para estos cambios postlesionales y, por tanto, una población de pacientes más vulnerables para anormalidades frontales luego de lesiones traumáticas (O´Shanick y O´Shanick 2005) (3). CAMBIOS EN LA PERSONALIDAD DE PACIENTES CON EPILEPSIA La epilepsia, en especial con origen en el lóbulo temporal, se ha asociado con cambios en la personalidad de los pacientes. Algunos de estos cambios incluyen conductas antisociales que merecen ser revisadas. El síndrome de Gastaut-Geschwind destacaba un grupo de cambios en la personalidad, que se creían asociados a la epilepsia del lóbulo temporal: emociones profundas, circunstancialidad, alteraciones religiosas, preocupaciones sexuales e hipergrafia (10, 11). Bear y Fedio (1977) (12) extendieron el denominado síndrome de la personalidad de Gastaut-Geschwind a 18 rasgos basados en la revisión de la literatura.

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Tabla II. Rasgos reportados por Bears y Fedio: Rasgo

Observación Clínica

Agresividad

Hostilidad abierta, ataques de rabia, crímenes violentos, asesinato

Alteraciones en el interés sexual

Falta de libido, hiposexualidad, fetichismo, trasvestismo, exhibicionismo, episodios de hipersexualidad

Disminución de la emotividad

Indiferencia emocional, falta de iniciativa, torpeza, hiperexcitabilidad

Dependencia, pasividad

Necesidad de ayuda, requerir siempre asistencia

Elación, euforia

Grandiosidad, humor exhilarante, diagnóstico de trastorno bipolar

Culpa

Tendencia al autoescrutinio y autorecriminación

Sobriedad y falta de humor

Preocupaciones sobregeneralizadas, falta de humor o ideosincracias

Hipergrafia

Hacer diarios extensos, notas detalladas, escribir

Hipermoralismo

Atención a las reglas con inhabilidad para distinguir el significado de infracciones menores, deseo de castigo

Hipomoralismo

Falta de atención a las reglas. Falla en entender el significado de bueno y malo

Aumento de emotividad

Emociones profundas, afecto intenso sostenido, aumento de la sensibilidad

Irritabilidad

Aumento de la irritabilidad, ira

Obsesividad

Ritualismo, orden, atención compulsiva a los detalles

Paranoia, celos

Sospecha, sobreinterpretación de motivos y eventos, diagnóstico de esquizofrenia paranoide

Intereses filosóficos

Metafísica naciente o especulaciones morales, teorías cosmológicas

Religiosidad

Creencias religiosas profundas, idiosincráticas, conversiones múltiples, estados místicos

Depresión

Desesperanza, descorazonamiento, autodepreciación, depresión, intentos suicidas

Sentido de un destino personal

Egocentrismo. Eventos personales cambiantes, guía divina descrita a muchos eventos de la vida personal

Viscosidad

Tendencia a la repetición, viscosidad de la personalidad


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Si bien aún existe controversia sobre la presencia de estos cambios con epilepsia del lóbulo temporal, puede observarse que muchos de estos cambios antagónicos en la personalidad de los pacientes con epilepsia parcial incluyen conductas agresivas, criminales, disminución de la percepción moral de la conducta, egocentrismo, indiferencia y alteraciones en la conducta sexual. Estos cambios en la personalidad de pacientes con epilepsia del lóbulo temporal pueden ser indistinguibles de los observados en lesiones del lóbulo frontal (11). EPILEPSIA DEL LÓBULO FRONTAL Los lóbulos frontales son importantes en la personalidad, y sus trastornos pueden afectar la personalidad, el juicio y las funciones ejecutivas. La corteza posterior orbitofrontal, y el giro cingulado anterior, dos áreas críticas paralímbicas del lóbulo frontal, intervienen en estas funciones. Los pacientes con epilepsia focal del cíngulo anterior pueden desarrollar psicosis, agresividad, conducta psicopática, desviaciones sexuales, irritabilidad, trastorno obsesivo-compulsivo y pobre control de impulsos. Las lesiones orbitofrontales producen hiperfagia, falla de ligas autonómicas para guiar la conducta, respuestas emocionales aberrantes, aumento de la agresividad, conducta social disfuncional, conducta desinhibida y confabulación (13). EPILEPSIA GENERALIZADA Los problemas de personalidad en la epilepsia no están restringidos a las formas de epilepsia parcial; ocurren en los síndromes de epilepsia generalizada, tales como la epilepsia mioclónica juvenil y las ausencias. En la epilepsia mioclónica juvenil, se han reportado rasgos de personalidad en los pacientes, que incluyen irresponsabilidad, falla en el control de impulsos, descuido de responsabilidades, exageración, desinterés personal, inestabilidad emocional, inconsideración, rabia súbita y distractibilidad. Janz (1969) (14) observó también que estos pacientes niegan tener problemas o conflictos sobre problemas de juicio evidentes. Se desconoce el origen de los cambios en la personalidad y en especial de aquellos relacionados con el control de la conducta social y percepción moral y por tanto de las conductas antisociales en pacientes con epilepsia generalizada. Estos cambios en la personalidad ponen de manifiesto la compleja tarea que implica estudiarlos y los retos futuros para la investigación neurobiológica. CONCLUSIONES La personalidad, como producto de las complejas funciones cerebrales, puede verse alterada en diversas patologías que afecten en forma transitoria o permanente su funcionamiento. Conductas antisociales y cambios antisociales de la personalidad se han observado en diversos trastornos neurológicos que afectan la función cerebral, como sucede en las epilepsias generalizadas y en especial en la epilepsia parcial con origen en los lóbulos temporales y frontales. Lesiones discretas del lóbulo frontal, en especial de la corteza posterior orbitofrontal y el giro cingulado anterior, y lesiones mayores en los denomina-

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CONOCIMIENTO

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Tabla III. Problemas psicosociales y de personalidad que ocurren más frecuentemente en pacientes con historia de epilepsia versus artritis reumatoide juvenil: Problemas Académicos

Requerir educación especial Bajo desempeño académico Repetir grado Falla en graduarse de preparatoria o carrera Retrasarse en la escuela

Psicosociales

Mala relación con hermanos Salir poco con amigos o compañeros Embarazo no deseado en adolescentes

Conducta

Historia de alto uso de alcohol Problemas conductuales reportados por padres y maestros Dificultades emocionales y psiquiátricas

Ocupacional

Pocos meses de empleo en el último año Alto grado de trabajo poco calificado Pobre satisfacción en el trabajo

dos síndromes del lóbulo frontal, han sido también extensamente asociadas con conductas antisociales. El campo de investigación de la conducta “moral” es promisorio, y esperamos que en un futuro próximo los frutos de la investigación neurobiológica se reflejen en los sujetos con trastorno de la personalidad antisocial primario y en aquellos debidos a condiciones médicas como las que acabamos de revisar.

REFERENCIAS 1. American Psychiatric Association. Diagnosis and Statistical Manual of Mental Disorders, 4th Edition. Text Revision. Washington DC, 2000 2. Scully J.H. Psychiatry 3d. Edition NMS. Williams & Wilkins. Honk Kong 1996. 3. O´Shanick GJ, O´Shanick AM. Personality Disorders. Siver JM, McAllister TW, Yudofsky SC (editors). Textbook of Traumatic Brain Injury. American Psychiatric Publishing Inc. Washington DC, London, 2005. 245-258 4. Koechlin E. Corrado G, Piegtrini P, et al. Dissociating the role of the medial and lateral anterior prefrontal cortex in human planning. Proc Natl Acad Sci 97: 7651-7656, 2000. 5. Moll J. Eslinger PJ, Oliveira-Souza R: Frontopolar and anterior temporal cortex activation in a moral judgment task: preliminar functional MRI results in normal subjects. Arq Neuropsychiatr. 59: 657.667, 2001. 6. Adams R, Victor M. Deragements of Intellect, Behavior, and Language due to diffuse and focal Cerebral Disease. En: Principles of Neurology 2d. Ed. McGraw-Hill Book Company, New York, 1997, 273-322. 7. Lezak MD: The problema of assessing executive functions. Int J Pyschol 17: 281-197, 1978 8. Hibbard y colaboradores (2000) (Hibbard MR, Bogdany J. Uysal S, et al. Axis II psychopathology in individuals with traumatic brain injury. Brain Inj 14: 45-61, 2000. 9. Meythaler JM, Peduzzi-Nelson J. Eleftheriou E. et al. Current concepts: diffuse axonal injury associated traumatic brain injury. Arch Phys Med Rehabil 82: 1461-1471, 2001. 10. Strub R, Black F. Organic Brain Syndromes. F.A. Davis Company. Philadelphia. 1981. 11. Trimble M. The Gastaut-Geschwind Syndrome. En The Temporal Lobe and the Limbic System. Ed. Trimble MR y Bolwin TG. Wrightson Biomedical Publishing Ltd, 1992, 137147 12. Bear DM Fedio P. Quantitative analysis of interictal behavior in temporal lobe epilepsy: Arch Neurol 1977; 34: 454-467. 13. Ritaccio AL, Devinsky O. Personality Disorders in Epilepsy. En Psychiatric Issues in Epilepsy. A practical guide to diagnosis and treatment. Ettinger AB, Kanner AM (editors). Lippincott Williams & Wilkins. Philadelpia PA 1001. 147-161 14. Janz D. Die epilepsie. Sturtgart: Georg Thieme, 1969 15. Wirrell EC, Camfiel CS, Camfield PR et al. Long-term psychosocial outcome in typical absence epilepsy. Sometimes a wolf in sheep´s clothin. Arch Pediatr Adolesc Med 1997; 151: 152-158)


CONOCIMIENTO

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¿Infancia es destino?

El psicópata nace o se hace?

? Mario Alberto Loredo Villa

D

entro de mi desarrollo profesional en la criminología y psicología clínica he llegado a la conclusión de que algunas de las perturbaciones mentales en la vida adulta tienen su origen en la infancia. No es mi deseo mostrar un perfil determinista o reduccionista; pero, en los 14 años que tengo tratando las dolencias psíquicas de mis pacientes, en la intimidad del consultorio privado, así como en las prisiones, determinando las causas de las conductas antisociales, he comprobado no en todos los casos pero sí en una mayoría significativa, que algunas personas traen consigo, en su pasado histórico, un niño o una niña herida, que está gritando en forma de actitudes su problemática. Hago la aclaración de que las intervenciones y revisiones que se realizan en lo privado y en el área carcelaria tienen una diferencia abismal. En el ambiente penitenciario he entrevistado a un centenar de sujetos, ya sea para un diagnóstico de peligrosidad, para determinar la crimino génesis o para mantenerlos en el tratamiento grupal e individual y encaminarlos de manera gradual y paulatina a la erradicación de los factores que los llevaron a cometer

la conducta que los tiene en cautiverio; labor difícil pero enriquecedora. Existe el mito de que todos los sujetos que están en prisión son psicópatas. La realidad es otra; me atrevo a escribir que hay presos que no deberían estar detrás de las bardas perimetrales de las penitenciarias, ya que no cuentan con una tipología criminal, y se les podría tratar de manera ambulatoria; pero hay otros que necesariamente tienen que estar en internamiento para su tratamiento; éstos son los psicópatas. PATRÓN GENERAL Pero, ¿quienes son los psicópatas? Sabemos que tienen un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás; carecen de capacidad para adaptarse a las normas sociales, específicamente de orden legal; son mitómanos, hedonistas, fácilmente irritables, agresivos, imprudentes con su seguridad y la de los demás, carentes de sensaciones de remordimiento o culpas; tendientes a la actuación, utilizan a los demás para lograr fines perso-nales; cuentan con una alta incapacidad de insight, un ego

Mario Alberto Loredo Villa Licenciado en Criminología. Licenciado en Psicología, con Especialidad en Violencia Familiar Estudiante de la Maestría en Psicología. Catedrático de la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL Psicoterapeuta Privado. loredovillam@ yahoo.com

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centrismo muy marcado, juicio irracional; son insensibles al dolor ajeno; carecen de capacidad para crear lazos afectivos duraderos, etcétera. Todas estas características de personalidad, muy marcadas, llevan al sujeto a cometer de manera compulsiva conductas delictivas, desde un robo hasta asesinatos seriales. Pero, la pregunta que nos hacemos al buscar una etiología de tal personalidad es: ¿El psicópata nace o se hace? Quiero mencionar en este apartado que en algunos pacientes que padecen; por ejemplo, de claustrofobia, he encontrado que tuvieron complicaciones muy severas en el momento de la concepción; se estaban asfixiando y estuvieron a punto de morir. Esto fue condicionante con otras causas ambientales que se presentaron durante la niñez temprana y adolescencia, para desarrollar tal fobia. En pacientes con alteraciones como bulimia y anorexia, he encontrado, al realizar un viaje retrospectivo a la primera infancia; ofensas verbales y sistemáticas en un periodo prolongado por parte de sus cuidadores (padres, hermanos, tíos, abuelos), con respecto a su apariencia física, lo que les genera una herida emocional tan grande que, combinada con otros factores ambientales, desemboca en estos trastornos de la alimentación. TEORÍA DE LA PERSONALIDAD A principios del siglo XX, Freud desarrolló su teoría de la personalidad, la cual enfatiza la importancia del desarrollo en la infancia temprana. La perspectiva psicoanalítica de Freud acerca del desarrollo del niño es evidente en su bien conocido análisis del caso del pequeño Hans, un niño cuya fobia a los caballos la atribuyó al complejo de Edipo. Con esto quiero dejar claro que no podemos atender un trastorno únicamente en el presente del paciente, sino que tenemos que subirnos al tren y viajar hacia su pasado para escudriñar las heridas emocionales que se le infirieron y que en el momento actual le están causando un grave problema de adaptación. En las entrevistas que realicé a sujetos con una psicopatía muy estructurada, encontré una niñez con ciertas características muy adversas; una de las primeras preguntas que les hago, cuando ya se ha establecido el contacto, es si recuerdan si fueron deseados por sus padres, y la respuesta en el mayor de los casos es que no. Esto se combinó con factores de privación material y afectiva dentro de los primeros 15 años de su vida, lo que culminó en una psicopatía. Es claro que nadie pasa de repente, a los 35 años de edad, de ser una persona perfectamente normal a tener un comportamiento profundamente malvado, disruptivo y homicida. Los comportamientos precursores del delito siempre han estado presentes y llevan mucho tiempo desarrollándose, desde la infancia. Los años infantiles se han olvidado; a pesar de ello, quedan, como en las ciudades perdidas, restos que sirven para reconstruir su arquitectura. Los recuerdos encubridores son una representación condensada, sintética y a menudo simbólica de los años infantiles olvidados. Freud señaló que el sujeto no recuerda nada de lo olvidado o

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reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo sino como acto.

Kardiner señala que los tipos de reacción más comunes no representan idiosincrasias, y, por lo tanto, no pueden atribuirse a diferencias genéticas, sino a las diferencias del proceso integrativo o de construcción que caracteriza a la personalidad humana; estos tipos están determinados por variaciones en las características específicas de los padres, por los usos y las costumbres y por las condiciones a las que el individuo debe adaptarse desde el nacimiento hasta la edad adulta. ENUNCIADOS BÁSICOS Uno de los hallazgos sobresalientes de la psicología contemporánea es la postulación de unos cuantos enunciados básicos: 1.- La conducta se encuentra motivada, consciente o inconscientemente. 2.- Los motivos generadores de conducta son fundamentalmente infantiles y se encuentran anclados en el pasado. 3.- En el curso de la vida infantil se estructuran modelos, los cuales constituyen fórmulas transactivas, particularmente funcionales en su época, operativas y económicas. 4.- En el curso de la evolución se estructuran sistemas defensivos que con frecuencia tratan de encubrir el modelo fundamental, el cual, sin embargo, emergerá ante cualquier situación de peligro que ponga en movimiento el modelo más estable y primitivo. De la misma manera que un sujeto elige unos cuantos recuerdos para poner encima de ellos toda la temática de su historia infantil, asimismo solamente elegirá algunos fragmentos de la realidad actual, mostrando una inatención selectiva, para todo aquello que no le permita la repetición sistemática, económica y automática de su modelo. Ejemplifiquemos: un sujeto recuerda un episodio, en él ve a su padre violento e iracundo señalándole que debe ser limpio. El modelo con el cual el sujeto manejó la emergencia ante el padre autoritario, fue la de someterse sumisamente y evadir sus reacciones de protesta y hostilidad. Este mismo sujeto, al que por otra parte le unían para con su padre sentimientos tiernos y de dependencia positiva, va a elegir aquellas personas que le permitan repetir la pauta aprendida: de las múltiples características de los seres con los cuales entre en contacto, solamente elegirá aquellas que le permitan repetir el modelo. Todas las que se le opongan serán omitidas o simplemente no las percibirá. En ocasiones, el manejo de las situaciones infantiles le permite al sujeto repetir su pauta o modelo, no simplemente a manera de calca, sino encubriéndola y revistiéndola en una forma por lo demás particular.


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La figura adulta más importante para un niño entre el nacimiento y los seis o siete años es la madre; y es durante este periodo cuando el niño también aprende lo que es el amor. Resulta que los psicópatas, en su mayoría, tuvieron una madre fría, distante, negligente y nada cariñosa. Para ellos hubo poco contacto físico, calor afectivo o aprendizaje de las formas en que los seres humanos normales se miman y demuestran su afecto e interdependencia. Estos niños carecieron de algo más importante que el dinero: el amor. Acabaron pagando por esa privación durante el resto de su vida, y no sólo ellos, sino también la sociedad, porque quitaron la vida a muchas personas y dejaron cicatrices permanentes en muchas otras.

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volvía, le tiraba un poco de comida y lo dejaba otra vez con el televisor hasta que regresaba a casa. Otro sujeto contó que durante su infancia, lo encerraban en su cuarto por la noche; cuando salía de su habitación e iba a la sala, lo mandaban a otra parte, porque la noche era el momento en que su papá y su mamá querían estar solos. El niño creció pensando que era un huésped indeseado en su propia casa. Estos niños se criaron en un ambiente que hacia caso omiso de sus actos, donde nadie ponía límite a lo que podían hacer. Una de las tareas de los padres es enseñarles a sus hijos la diferencia entre lo bueno y lo malo. Los psicópatas, sin embargo, llegaron a la edad adulta sin que nadie les hubiera enseñado que no se le debe introducir algo en el ojo a un cachorro, porque causa daño, o que destruir la propiedad ajena no esta permitido. SOCIALIZACIÓN DEL NIÑO El trabajo que deben llevar a cabo los padres durante los primeros seis años es la socialización del niño, enseñarle que vive en un mundo en el que también viven otras personas y que es importante interactuar bien con ellas. El niño cuya crianza lo encamina hacia el asesinato, interpreta el mundo en términos egocéntricos, porque sus profesores; y principalmente su madre, no ha impartido bien esta crucial asignatura. La calidad de los vínculos de apego con los otros familiares se considera el factor más importante a la hora de determinar cómo se relacionará el niño con los miembros de la sociedad que no son sus familiares, y cómo los valorará.

En su infancia sufrieron tanto maltrato físico como psicológico. Hasta cierto punto, la sociedad ha comprendido que el maltrato físico es un precursor de la violencia, pero el componente emocional puede ser de igual importancia. Una madre solía dejar a su bebé en una caja de cartón delante del televisor mientras se iba al trabajo; cuando

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Ahora bien, en las familias de los psicópatas, las relaciones con los hermanos y otros familiares; es decir, con las personas que podrían haber compensado la frialdad del padre o de la madre en estas situaciones, fueron igual de deficientes. Estos niños, criados de forma inadecuada en la primera infancia, no tuvieron a nadie a mano a quien poder recurrir. Por esta razón, fueron incapaces de formar vínculos de apego con los familiares más cercanos y crecieron en un ambiente cada vez más solitario y aislado. Es verdad que la mayoría de los niños que han tenido una infancia anómala no acaban matando o cometiendo actos antisociales violentos; ello se debe a que se salvan gracias a la intervención de una figura fuerte en la siguiente fase de la infancia, la pre-adolescencia. A los psicópatas nadie los salvó cuando se estaban ahogando; más bien, al contrario: se les empujó todavía más hacia el fondo. Entre los ocho y doce años, todas las tendencias negativas a las que han estado expuestos, se presentan exacerbadas y reforzadas. Lo que un niño realmente necesita en esta fase es a un padre, y es justamente en este momento cuando encontramos que esta figura desapareció: unos padres murieron; otros son encarcelados; otros se divorciaron, y otros, aunque físicamente presentes, se alejaron emocionalmente. ALGUNOS CASOS A manera de ejemplo, señalo lo siguiente:

mató a cinco de ellas, y lo hizo antes de cumplir 19 años. Sus padres se divorciaron cuando él tenia siete años de edad, y su madre se mudó en coche, de Virginia a California, llevándose a sus tres hijos. Monte era el hijo menor y lloró durante todo el viaje. Cuando lo entrevistaron en la cárcel, muchos años después, dijo que si le hubieran dejado ir con su padre en vez de con su madre, estaría en la Facultad de Derecho y no en la cárcel, condenado a cadena perpetua. Su conclusión es cuestionable, pero el sentimiento era real. Monte inició su vida como bebé RH. Es decir, le tuvieron que hacer una transfusión de sangre completa, pero después estuvo sano, aunque siempre fue bajito de estatura para su edad. Sus padres se pelearon durante varios años, hasta que finalmente se divorciaron. Monte afirmaba que sus hermanos mayores le hicieron probar la marihuana y el alcohol antes de los siete años. Su primera conducta disocial ocurrió a los nueve años. Su madre y su nuevo padrastro pasaban mucho tiempo a solas, dejando que los niños se supervisaran entre ellos castigándolos luego arbitrariamente si algo salía mal. En las entrevistas, Monte repitió varias veces que su padrastro no sabia educar y que eso se debía a que el hombre había trabajado en el ejército durante la mayor parte de su vida. Solía traer regalos para sus hijastros, en un intento de comprar su amor, pero era el único modo que conocía de relacionarse con ellos. Con tan sólo nueve años, Monte dio rienda suelta a su ira, disparando contra un familiar con una escopeta de aire comprimido que su padrastro le había regalado. Después del incidente, su padrastro rompió la escopeta y le propino una paliza con el cañón del arma. Cuando tenía doce años, el segundo matrimonio de su madre fracasó, y Monte pensaba que su hermana y él eran responsables de lo ocurrido. Entre los trece y quince años de edad fue detenido por diversas faltas y dos abusos sexuales. En este segundo ejemplo, observamos que el sujeto tuvo un inicio temprano en su carrera delictiva, y el desarrollo antisocial fue progresivo. LA INFANCIA Y EL FUTURO Preguntemos ahora: “¿El desarrollo de la niñez será condicionante de la conducta delictiva del futuro?”. Siempre es posible intervenir en la vida de un niño potencialmente peligroso, y existen modos de retrasar sus conductas delictivas hasta los doce años de edad. Puede aparecer un nuevo padrastro cariñoso, un maestro o un hermano mayor que ejerza una influencia positiva sobre él. O se puede precisar que la terapia psicológica llegue a la etiología del problema y lleve al niño a su cura. La problemática de la psicopatía viene desarrollándose desde la infancia. Estos sujetos nunca han sabido relacionarse adecuadamente con otros seres humanos. Una habilidad interpersonal tan básica no es algo que se pueda enseñar fácilmente en la cárcel. Hay que reeducarlos, y, aunque suene ilógico, enseñarles a sentir cariño por otros seres humanos, como individuos. Convertir a hombres enfadados, resentidos y agresivos en personas sensibles ¿será esta tarea imposible? No cabe duda que el criminólogo y psicólogo clínico tiene una consigna difícil, pero no imposible.

REFERENCIAS John Gacy.

1.- John Gacy mató a 33 varones jóvenes, y los enterró debajo de su casa, antes de ser detenido. Durante su infancia, su padre solía llegar a casa, bajar al sótano y sentarse a beber en un sillón; cuando ya estaba borracho, subía a cenar, provocaba conflictos y acababa agrediendo físicamente a su mujer y a sus hijos. 2.- Monte Ralph Rissell violó a una docena de mujeres,

Cullari S. (2001). Fundamentos de Psicología Clínica. México, Primera Edición: Editorial Pearson Educación. Ramírez S. (2006). Infancia es Destino. México, Vigésima Edición: Editorial Siglo XXi Editores. Ressler R. (2005). Asesinos en Serie Barcelona, Primera Edición: Editorial Ariel, S. A.


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Bases cognitivo emocionales I de la psicopatía

Ernesto O. López Ramírez

PERFILES DE UN PSICÓPATA magine por un momento, que usted, estimado lector, llegara a un estado de consciencia en el cual no siente remordimiento ni pena por actos inmorales que pudiera cometer o por el daño que usted comete o ha cometido en perjuicio de otros, sin importar cuán relacionadas estén con usted estas personas. En general, imagine que se le reconoce como a una persona de sangre fría, que no se deja llevar por sus emociones y que no se interesa en tener empatía con los demás.

Doctor Ernesto O. López Ramírez Profesor e Investigador Facultad de Psicología / UANL psicologoso@ hotmail.com

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Bien, muchos académicos podrían entonces clasificarlo a usted con rasgos de psicopatía (sociópata). Es curioso ver que la mayoría de las personas no entrenadas en el desorden de la personalidad reconocen este perfil conductual emocional como asociado a individuos disfuncionales, que cometen crímenes violentos y que probablemente acaben tras las rejas. En realidad, esto sucede con frecuencia, y podemos catalogar a este tipo de personas como sociópatas sin éxito social. Sin embargo, existen también los psicópatas socialmente exitosos. Martha Stout (2005) documenta casos de doctores, hombres de negocios y otros profesionistas sociópatas, e incluso se documentan casos de cómo personas del sexo opuesto encuentran sumamente atractivos estos rasgos de personalidad (Cleckley, 1988). Ni qué decir de películas o programas de televisión donde personajes despiadados, carentes de empatía ante el dolor humano ajeno, son idealizados como modelos deseables de éxito social (Hyat, 1994). En general, se reporta que, al menos en Estados Unidos, del 7 al 15 por ciento de la población que está en prisión son psicópatas, mientras que el uno por ciento de la población general que no está en prisión lo son también.

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zonas del cerebro que no integran actividad frontal (zona pensante, reflexiva) e incluye la activación de zonas primitivas del cerebro relacionadas con la agresión (Hoff, Beneventi, Galta, & Wik, 2009). INCAPACIDAD EMOCIONAL En sí, este cuadro señala que el psicópata posee incapacidad emocional para la codificación apropiada de aspectos de negatividad, y que, en conjunto con su incapacidad de sentir emociones sociales de empatía y gratitud, se constituye como un rasgo de personalidad disfuncional. Esto puede explicar por qué, cuando un psicópata evalúa una situación de conveniencia social, puede infligir dolor y sufrimiento a otros, sin preocuparse de los aspectos negativos morales o de remordimiento, ya que él en sí no es capaz de construir una perspectiva emocional negativa adecuada de otros individuos con los que se relaciona.

EL MUNDO COGNITIVO EMOCIONAL DEL PSICÓPATA

Muchos de los rasgos de personalidad que se les atribuyen a los psicópatas han sido relacionados con déficits en el sistema emocional de su cerebro. Por ejemplo, supongamos que a usted, amigo lector, se le sienta enfrente de una computadora y se le presentan rápidamente (en 250 milisegundos) las siguientes caras, una por una, al mismo tiempo que se le registra su actividad cerebral: El cerebro de una persona típica tiende a responder en cuestión de milisegundos al reconocimiento de las emociones, y seguramente sus registros cerebrales mostrarán el patrón de activación cerebral típico del reconocimiento facial de las emociones positivas y negativas (López, 2009). El caso del individuo psicópata es muy diferente. El reconocimiento de emociones negativas es deficiente o nulo, y el patrón de activación cerebral ligado al reconocimiento de emociones positivas es minimizado y diferente al de una persona típica (Deeley, Daly, Surguladze, Tunstall, Mezey, Beer, Ambikapathy, Robertson, Gianpietro, Brammer, Clarke, Dowsett, Fahy, Phillips & Murphy, 2006). Por otra parte, el reconocimiento facial emocional y de otros eventos sociales emocionales parece activar otras

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No es que él no entienda que está haciendo algo inmoral; de hecho, hay evidencia de que, en pruebas de juicio moral, tienden a salir más altos que los individuos típicos (Link, Scherer, & Byrne, 1977). Lo que pasa es que en realidad no les importa ni les afecta. Por otra parte, tampoco es el caso de que este tipo de personas no puedan sentir enojo, dolor o tristeza; es sólo que dicho repertorio emocional lo aplican exclusivamente en aspectos relacionados con ellos mismos, de tal forma que son muy sensibles a la humillación y la vergüenza, ante lo cual reaccionan rápidamente con enojo y agresión. LECCIONES SOBRE LA MENTE DEL PSICÓPATA Todos los individuos de la especie humana somos seres emocionales. En términos evolutivos, nos hemos desarrollado primero como entidades emocionales, y luego adquirimos aquellas habilidades intelectuales que nos tipifican como humanos: el pensamiento y el lenguaje. Esto es, somos seres emocionales con pensamiento, y, como tales, poseemos un cerebro que nos provee de un reper-


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torio emocional e intelectual que nos permite adaptarnos a la sociedad que nos circunda. En ocasiones, ciertos individuos usan estas capacidades intelectuales emocionales para comportarse como psicópatas, aun y cuando genéticamente no tienen la disposición como una forma de adaptación social. Existen ejemplos famosos de soldados y líderes que, durante la Segunda Guerra Mundial, exhibieron conductas antisociales, al grado de poder ser catalogados como sociópatas. Miles de individuos incurrieron en esta guerra en conductas sociópatas, y eran individuos que se asumían civilizados y capaces de vivir en armonía. PSICÓPATAS DE SEGUNDO ORDEN Este tipo de pseudo-psicópatas son también conocidos como psicópatas de segundo orden (Fagan, & Lira, 1980) y representan un mensaje claro de que ciertos contextos culturales favorecen la emulación de dichas conductas antisociales. Uno podría pensar de inmediato que la conducta de un psicópata de primer orden y la conducta antisocial de un psicópata de segundo orden son cosas diferentes, ya que los primeros son el resultado de un déficit de base genética. Sin embargo, los individuos normales pueden, ya sea de una forma directa o indirecta, poner su sistema emocional en estado de déficit y crear un sistema cognitivo intelectual cruel y antisocial. Esto es así porque los mecanismos cognitivo cerebrales que evalúan el sufrimiento de otros, y aspectos negativos de eventos sociales, no son fijos sino modificables… sobre todo en edades tempranas. De esta forma, niños o jóvenes que frecuentemente son expuestos a modelos de crueldad y violencia como estrategia de éxito, poseen altas probabilidades de actuar con base en dichos modelos, al grado de modificar sus mecanismos de procesamiento de información social emocional. ENORME DAÑO SOCIAL Si bien es cierto que no todos los individuos son cognitivamente vulnerables a esta influencia, ya que poseen habilidades para afrontar la constante perversa influencia de dichos modelos, (Alloy, & Riskind, 2006), también hay que entender que existen individuos que nunca tuvieron dichas estrategias de afrontar la influencia de estos roles sociales. Basta con unos cuantos, sobre todo si son psicópatas de segundo orden exitosos para causar un gran mal social.

REFERENCIAS Alloy, L.B. & Riskind, J.H. (2006). Cognitive vulnerability to emotional disorders. Mahwah, New Jersey: LEA . Cleckley, H. (1988) The mask of Sanity: An Attempt to Clarify Some Issues About the so-called psychopathic personality. Georgia, Mosby Medical Library. Deeley, Q., Daly, E., Surguladze, S., Tunstall, N., Mezey, G., Beer, D., Ambikapathy, A., Robertson, D., Gianpietro, V., Brammer, M.J., Clarke, A., Dowsett, J., Fahy, T., Phillips, M.L. & Murphy, D.G. (2006). Facial emotion processing in criminal psychopathy. The British Journal of Psychiatry, 189: 533-539. Fagan, T.J. & Lira, F.T. (1980). The primary and secondary sociopathic personality: Differences in frequency and severity of antisocial behaviors. Journal of Abnormal Psychology 89(3):493-496 Hoff. H., Beneventi, H., Galta, K. & Wik, G. (2009). Evidence of Deviant Emotional Processing in Psychopathy: A fMRI Case Study. International Journal of neuroscience, Vol. 116, No. 6, pags 857 – 878. Hyat, C.S. (1994). The psychopaths´ Bible. USA: New Falcon Publications. Link, N.F., Scherer, S.E. & Byrne, P.N. (1977). Moral judgement and moral conduct in the psychopath. Canadian Psychiatry Journal. Vol 22, No. 7, pags 341-346. López, R.E.O. (2009). Las emociones: La naturaleza cognitiva de las emociones humanas. México, D.F.: Trillas Stout, M. (2005). The sociopath next door. New York, Broadway Books. Wiers, R.W., Teachman, B.A. & Houwer, J.D. (2007). Implicit cognitive processes in psychopathology: An introduction. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, Vol 38, No. 2, pags 95-104.

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Doctor Daniel Ojeda Torres Médico Psiquiatra Director del Instituto Jalisciense de Salud Mental dojeda@ salmejalisco.gob. mx

Doctor César González González Médico Psiquiatra Jefe de Investigación del Instituto Jalisciense de Salud Mental Investigador asociado “A” de la Secretaría de Salud cesar_gonzalez_ gonzalez@msn. com

Comorbilidad del trastorno de personalidad antisocial (psicopatía) Daniel Ojeda Torres César González González Eduardo Ángel Madrigal de León

Doctor Eduardo Ángel Madrigal de León Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta Profesor Investigador Titular B Centro Universitario de Ciencias de la Salud / Universidad de Guadalajara Subdirector de Desarrollo Institucional Instituto Jalisciense de Salud Mental emadrigal@ salmejalisco.gob. mx

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INTRODUCCIÓN l trastorno de personalidad antisocial que en el desarrollo de este trabajo llamaremos psicopatía, se expresa tempranamente, a través de conflictos con las normas, la ausencia de remordimiento, la impulsividad, la búsqueda de la novedad, la mentira, la superficialidad de las relaciones interpersonales y el encanto superficial. La psicopatía puede tener diferentes grados de manifestación y funcionalidad; desde las personas abusivas, que no tienen trascendencia legal, hasta los grandes criminales; pero, en general, se trata de individuos condenados a la inadaptación. 1 La personalidad psicopática es la gran simuladora, ya que puede dar manifestaciones de múltiples trastornos mentales, sin llegar a constituir ninguno de ellos. Además de ser una gran simuladora, la psicopatía puede coexistir con un sinnúmero de conductas disrupti-

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vas y trastornos mentales que agravan la funcionalidad y el pronóstico de este trastorno de personalidad. El objetivo de esta revisión es brindar un panorama amplio de la comorbilidad psiquiátrica que sufren las personas con trastorno de personalidad antisocial o psicopatía. PSICOPATÍA Y CONDUCTAS DISRUPTIVAS Un aspecto importante que se debe considerar es la comorbilidad que presenta la psicopatía. No hay muchas dudas de que las personas que manifiestan un tipo de conducta psicopática también muestran otros tipos de conducta y, por eso, esta conducta es más versátil que especializada. 6,7 Un estudio de Cambridge demostró la frecuencia de otras manifestaciones conductuales que acompañan a la psicopatía. Por ejemplo, los jóvenes psicópatas sentenciados


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hasta los 18 años (por robo y hurto) eran más disruptivos que los delincuentes sentenciados después de esa edad. Los jóvenes sentenciados bebían más cerveza, se emborrachaban más a menudo y decían que el alcohol los hacía violentos. Fumaban y habían empezado a hacerlo a edad más temprana, y tenían más probabilidades de ser jugadores empedernidos. También tenían más probabilidades de haber sido encontrados culpables de delitos menores, de manejar en estado de ebriedad y de haberse lesionado en accidentes de tráfico. Fueron más frecuentes sus relaciones sexuales, especialmente con varias parejas y a partir de una edad temprana. A los 18 años, los delincuentes sentenciados ya tenían antecedentes laborales erráticos, con periodos de desempleo. Muchos vivían lejos del hogar familiar y reportaban no llevarse bien con sus padres. Era más probable que usaran tatuajes. Tendían a vagar en grupos de cuatro o más y se mezclaban en actos de vandalismo o violencia en grupo. Habían participado frecuentemente en riñas, iniciadas por ellos mismos; portaban armas, y las usaban en los pleitos. 5 FARMACODEPENDENCIA Y PSICOPATÍA No se ha identificado un tipo de personalidad especialmente vulnerable a la farmacodependencia. Sin embargo, el farmacodependiente tiene antecedentes significativos de impulsividad o ansiedad. Estos antecedentes se han relacionado con la etiología de la dependencia a través del refuerzo positivo y negativo. 6 Las personas impulsivas, lo son precisamente por su incapacidad para controlar los impulsos. Esta carencia se observa típicamente en el trastorno antisocial (psicópata) y por déficit de la atención. Algunos farmacodependientes presentan durante la infancia estos trastornos, pero entonces su impulsividad se manifiesta en las actividades propias de esta etapa de la vida. Con la llegada de la adolescencia se producen las primeras ingestas de alcohol y otras sustancias, y surge el deseo de consumir, por la euforia y el placer experimentados. Entonces, la impulsividad se manifiesta también en una insuficiente capacidad de control sobre el deseo de consumir alcohol u otras sustancias. 6,7 Las variables de personalidad que se han relacionado

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con el consumo de drogas, de acuerdo a Zavaleta (2001), son: búsqueda de sensaciones, conflicto de identidad, poca tolerancia a la frustración, rasgos antisociales (psicopatía), impulsividad, autoestima y autoconcepto inadecuados; sentimientos de culpa; miedo o temores irracionales; tensión; ansiedad asociada a sentimientos de inferioridad e inadecuación. RASGOS DESADAPTATIVOS DE PERSONALIDAD De Macedo (2006) encontró una elevada prevalencia de rasgos desadaptativos de personalidad entre los farmacodependientes; el 65 por ciento presentó seis rasgos o más 2. Los rasgos desadaptativos de mayor prevalencia en el grupo de farmacodependientes fueron: compulsivo (81.5 por ciento); antisocial o psicopático (78.7 por ciento); histriónico (71.3 por ciento), y agresivo sádico (70.4 por ciento) 2. En los sujetos jóvenes, la prevalencia de rasgos histriónicos y psicopáticos fue la más frecuente. 2 SUICIDIO Y PSICOPATÍA Las causas de la conducta suicida son complejas, tanto las que se refieren a la tentativa, como las relativas al suicidio consumado. Algunos individuos parecen especialmente vulnerables al suicidio cuando se ven enfrentados a sucesos ambientales o acontecimientos vitales difíciles, o cuando están expuestos a una combinación de distintos estresores. Así, los trastornos de personalidad representan un amplio campo de interacción entre el entorno y los factores biológicos que sitúan al individuo en un nivel de mayor riesgo de conductas suicidas. Es la interacción de los factores ambientales con la personalidad del individuo lo que determina el resultado final. 6,7 Las personalidades proclives al suicidio, en general expresan rigidez, inestabilidad y hostilidad (trastorno narcisista y borderline de la personalidad). Desde esta perspectiva, en los años sesenta se creía que los psicópatas eran inmunes al suicidio; sin embargo, Verona y Cols. (2001), hallaron una sustancial evidencia a favor de una correlación positiva entre conducta antisocial y actos suicidas. Franke y col. reportaron (2003) que el alcoholismo

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de internos de penitenciarías con personalidad psicopática se asociaba con episodios depresivos, trastornos de ansiedad, dependencia de la cocaína, y tentativas suicidas. 3 Lester y col. (1989), compararon 182 pacientes con psicopatía con otra muestra de 109 pacientes deprimidos con tentativas suicidas. El grupo de psicópatas registró puntuaciones similares en los inventarios de depresión. No obstante, las tentativas del grupo de psicópatas poseían menor intencionalidad suicida que las del grupo de pacientes diagnosticados con depresión, y poseían un mayor número de tentativas previas que los pacientes deprimidos. 3 TRASTORNO DEL CONTROL DE LOS IMPULSOS Y PSICOPATÍA Los trastornos del control de los impulsos incluyen el trastorno explosivo intermitente, la cleptomanía, la piromanía, el juego patológico y la tricotilomanía. 6,7 El trastorno explosivo intermitente se asocia con los trastornos de personalidad, aunque no hay estudios sistemáticos que avalen esta información. Wise y cols. (1996), ponen de manifiesto una extensa serie de factores asociados, entre los que destacan los orgánicos, los trastornos de personalidad y las adicciones. 6,7 En el caso del juego patológico, los trastornos de personalidad son muy frecuentes. Según Kruedelbach y cols. (2006), el 61.1 por ciento de los pacientes con juego patológico presentaban algún trastorno de personalidad. Los trastornos de personalidad llamados inmaduros son los que se asocian al juego patológico; el más frecuente es el trastorno narcisista de la personalidad (18.5 por ciento), seguido del trastorno límite de la personalidad (11.7 por ciento); el trastorno antisocial de la personalidad (psicópata), con el 9.9 por ciento, y el trastorno histriónico de la personalidad, (6.8 por ciento). 4 Por último, no se ha encontrado evidencia científica que asocie la tricotilomanía, cleptomanía y piromanía con los trastornos de personalidad, aunque en forma empírica se han observado conductas piromaníacas en algunos psicópatas. 6,7 TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN Y PSICOPATÍA El trastorno por déficit de la atención (TDAH) es un padecimiento caracterizado por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad que condiciona rituales de aprendizaje y conducta desadaptativos con una evidente alteración funcional. 1 Los niños con TDAH, cuyos síntomas persisten durante la adolescencia, tienen un riesgo elevado de desarrollar un trastorno de conducta. Aproximadamente un 50 por ciento de niños con trastorno de conducta desarrollan un trastorno de personalidad antisocial (psicopatía) durante la vida adulta. Los niños con TDAH y conducta disocial también tienen riesgo de desarrollar un trastorno relacionado con el consumo de sustancias. 6,7 SIMULACIÓN Y PSICOPATÍA La simulación se caracteriza por la presencia de síntomas

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físicos o psíquicos, producidos intencionadamente, o fingidos, motivados por la existencia de incentivos externos, no psicológicos, como puede ser evitar responsabilidades laborales o militares, evitar procesamientos penales, obtener tóxicos o conseguir pensiones. El paciente psicópata invariablemente se encuentra expuesto a estas encrucijadas, por lo que tiene que recurrir a la simulación, para evitar responsabilidades, penas, castigos, o para obtener beneficios adicionales en la interacción con los demás. 1,6,7 CONCLUSIONES La psicopatía es un trastorno de personalidad cuyas características de interacción social lo hacen muy desadaptativo en sí mismo, y que desafortunadamente no está solo, sino que tiene múltiples alteraciones de conducta asociados, y, lo que es peor, está acompañado por un sinnúmero de trastornos mentales que complican aún más la funcionalidad de los pacientes, y deterioran gravemente sus relaciones interpersonales.

Si desea contactar a estos autores puede escribir a: Instituto Jalisciense de Salud Mental Av. Zoquipan 1000 “A”, colonia Zoquipan Zapopan, Jalisco, C.P. 45170

REFERENCIAS 1.- American Psychiatric Association: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV TR), cuarta edición revisada, Barcelona, Masson, 2002. 2.- De Macedo N: Relación entre rasgos desadaptativos de la personalidad y farmacodependencia. Persona 2006; 9:171-178. 3.- Marco RG, Benítez M H, Morera A L: Conducta suicida en trastornos de personalidad. Rev Esp Sanid Penit 2006; 8: 108-111. 4.- Kruedelbach N, Walker H I, Chapman H A, Haro G, Mateu C, Leal C: Comorbilidad de trastornos con pérdida del control de impulsos: ludopatía, adicciones y trastornos de personalidad. Actas Esp Psiquiatr 2006; 34 (2): 76-82. 5.- Farrington D P: Análisis crítico de la investigación sobre el desarrollo de la conducta antisocial desde el nacimiento hasta la edad adulta, en: Stoff DM, Breiling J, Maser J: Conducta antisocial, causas, evaluación y Tratamiento. México, Ed. Oxford University, 2002. 6.- Sadock B.J., Sadock V.A.: Kaplan and Sadock’s Synopsis of Clinical Psychiatry, U S A, Lippincott William & Wilkins, 2005: 145-169. 7.- Vallejo Ruiloba J.: Introducción a la psicopatología y la psiquiatría. España, Ed. Masson, 2002.


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Factores de riesgo en adolescentes para el desarrollo de psicopatía Mario Cáceres Vargas

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rimero que nada, definiremos la adolescencia como la edad cronológica comprendida de los 12 a los 18 años; divididos en adolescencia inicial, de los 12 a los 14 años; adolescencia intermedia, de los 14 a los 16 años, y adolescencia tardía, de los 16 a los 18 años. La adolescencia se caracteriza por múltiples cambios físicos, endocrinológicos y sociales. El término psicopatía incluye diversas perspectivas, como la irresponsabilidad, impulsividad, falta de objetivos realistas a largo plazo, conducta sexual promiscua. Estos problemas suelen ocurrir desde temprana edad. Además, se caracterizan por un estilo de vida parasitaria, crueldad, falta de culpa o remordimiento, necesidad de estimulación y proclividad al aburrimiento, sensación de grandiosidad y elocuencia asociada a encanto superficial.(1) ABUSO DE SUSTANCIAS En Estados Unidos, la prevalencia del trastorno antisocial de la personalidad es del dos por ciento, común en ciu-

Doctor Mario Cáceres Vargas Médico externo, adscrito al Servicio de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia Departamento de Psiquiatría Hospital Universitario / UANL caceresmarioh@ hotmail.com


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dades grandes empobrecidas; la mayoría son varones, y existe una alta asociación con el uso y abuso de sustancias, así como con conductas criminales. En cuanto a la etiología de la psicopatía, existen factores biológicos de riesgo, como el temperamento, que puede ser fuerte, intrépido, agresivo; generalmente no respeta el castigo y es muy difícil de manejar. Cleckley menciona que los psicópatas carecen de capacidad innata para atender y expresar el significado de las experiencias emocionales y para la comprensión del lenguaje normal. CAMBIOS EN LA ACTIVIDAD CEREBRAL Otro aspecto biológico que se ha asociado a la psicopatía son los cambios en la actividad cerebral, en el área de los lóbulos frontales. También se ha encontrado que niveles bajos de serotonina se asocian al comportamiento agresivo y violento. El ambiente familiar también se ha correlacionado como factor de riesgo para la psicopatía, ya que se ha observado que un 60 por ciento de la conducta antisocial del adolescente puede ser causada por conducta parental negativa y conflictiva, dirigida especialmente al mismo; se ha observado que el rechazo materno temprano, la inconsistencia en el manejo de reglas, la violencia interfamiliar y el abuso físico y psicológico también juegan un rol importante en el desarrollo de psicopatías. Ambientes que fomenten el desapego en las relaciones y experiencias afectivas, así como las que favorezcan vínculos sádicos basados en la destructividad y poder también son factores de riesgo. Hay que considerar, asimismo, algunas condiciones médicas, psiquiátricas, como es el caso del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), con y sin atención, que es una entidad biológica caracterizada por una serie de síntomas por hiperactividad y de inatención e impulsividad, que al evolucionar sin tratamiento, encuentra una alta comorbilidad con conducta antisocial y abuso de sustancias. TOLERANCIA DE LA VIOLENCIA Otro factor asociado es el acoso escolar o “bullying”, en donde el victimario y los observadores desarrollan un aumento de tolerancia de la violencia en todas sus formas. Esas conductas han sido estudiadas ampliamente en países como Finlandia. Algunas otras condiciones psiquiátricas en la adolescencia, como la ansiedad y la depresión, evolucionan de manera crónica, y, sin tratamiento, pudieran llevar a trastornos de conducta por el abuso de sustancias. Finalmente, el uso y abuso de sustancias durante esta etapa tan importante parece ser un denominador común como factor de riesgo para el desarrollo de la psicopatía y criminalidad. Es importante señalar que la adolescencia es una etapa de reorganización psíquica, en la que, por un lado, se pueden reinternalizar y modificar aspectos disfuncionales previos o, por el contrario, permitir y fomentar la expresión de los mismos.

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REFERENCIAS 1. Gabbard, Psiquiatría Psicodinámica en la práctica clínica, 3ª. Edición, Editorial Médica Panamericana (2002).


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La conducta psicopática Javier Lugoleos Cano UN RETRATO HABLADO uan tiene 26 años; en su infancia fue un niño “difícil”, pero llegaba a caer bien cuando recién se le conocía, ya que tenía mucha labia y era atractivo físicamente; sin embargo, tendía a maltratar a ciertos compañeros de su clase, y tenía la costumbre de salir a la calle a matar pájaros y apedrear gatos. A los perros no les hacía nada, pues temía que lo mordieran. Su padre murió cuando él tenía seis años, por lo que su madre tenía que trabajar, y se ausentaba de la casa. Conforme Juan fue creciendo, se volvió terco y fanfarrón, aunque conservaba ese encanto superficial. A los 14 años empezó a usar drogas y a cometer robos en casa; comenzó a faltar a la escuela, por lo que su familia le consiguió un trabajo para hacerlo más responsable. Juan consideró que el empleo no estaba a su altura y lo dejó. Decidió dedicarse a la venta de drogas para hacer frente a sus gastos y mantener su consumo. A los 18 años ya había estado tres veces a disposición del Tribunal de Menores por robo en tiendas, daño a terceros en riñas con arma blanca y abuso sexual de una vecina, cargo este último que la madre logró negociar con la familia de la víctima y el juez, para atenuar la pena.

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Los vecinos afirmaban que era una persona muy resentida, con la que era imposible llevarse bien, y se sentían intimidados por su actitud provocadora y desafiante. A los 20 años, un conocido lo introdujo en la religión cristiana; intentó aprender valores, pero al final sólo terminó utilizando a sus compañeros, a los que robaba, así que aprendió a presentar una mejor fachada. A los pocos meses logró entrar a trabajar en la policía, por unos “favores” que hizo al golpear a unas personas. Ahí podía obtener ganancias, mediante la protección que brindaba a delincuentes. Sin embargo, era impulsivo, y varias veces fue denunciado por abuso de autoridad, hasta que salió por no poder encajar en el circulo de corrupción de la policía. Actualmente está detenido por haberse peleado con su vecino y por haber alterado el orden público. Aceptó acudir con el psicólogo para evitar la cárcel; pero, si lo van a “refundir”, mejor no va. Éste es sólo un retrato de los muchos que puede haber de un psicópata. Quizás sea de los más evidentes, pero hay algunos más difíciles de detectar.

Doctor Javier Lugoleos Cano Médico Psiquiatra, Psicoterapeuta Individual, de Grupo, Pareja y Familia jlugoleos@hotmail. com

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CRMINALIDAD Y CONDUCTA ANTISOCIAL Los términos “psicopatía”, “sociopatía” y trastorno antisocial de la personalidad” suelen emplearse como equivalentes. Gran parte de la literatura existente se ve limitada por el uso intercambiable de estas expresiones. La criminalidad es un concepto legal; la conducta antisocial es un concepto clínico psiquiátrico y critica al DSM, porque plantea la definición de la personalidad antisocial en términos de conducta criminal. El término tradicional para el tema que estamos tratando, era de persona psicopática. Luego fue reacción antisocial, y el término contemporáneo es personalidad antisocial. En este artículo lo referiremos como psicópata. En la persona antisocial, la maldad y la enfermedad mental parecen entremezclarse. En primera instancia, tendríamos que saber a qué nos referimos cuando hablamos de conducta psicopática. CONOCIMIENTO DEL PSICÓPATA Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), los psicópatas son personas que violan de manera flagrante y repetida los derechos de los demás; parecen carecer de conciencia; frecuentemente carecen de empatía, y tienden a ser insensibles, cínicos y a menospreciar los sentimientos, derechos y penalidades de los demás. El concepto que tienen de sí mismos los puede hacer arrogantes; la falta de empatía, el engreimiento y el encanto superficial son características que normalmente han sido incluidas entre las concepciones tradicionales de la psicopatía, y pueden ser especialmente distintivas del trastorno antisocial de la personalidad en el medio carcelario o forense, en el que los actos delictivos o agresivos probablemente son inespecíficos. Estos sujetos también pueden ser irresponsables y explotadores en sus relaciones sexuales. Pueden ser irresponsables como padres. Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad tienen más probabilidades que la población en general de morir prematuramente por causas violentas, como suicidio, accidente y homicidio. Estos individuos también pueden experimentar disforia, incluidas quejas de tensión, incapacidad para tolerar el aburrimiento y estado de ánimo depresivo. Pueden presentar, de forma asociada, trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, trastornos relacionados con sustancias, trastorno de somatización, juego patológico y otros trastornos del control de los impulsos. El maltrato o el abandono en la infancia, el comportamiento inestable o variable de los padres o la inconsistencia en la disciplina aumentan las probabilidades de que un trastorno disocial (en la infancia) evolucione hasta un trastorno antisocial de la personalidad. CONDUCTAS ANTISOCIALES Las conductas que observaríamos en el Trastorno Antisocial de la Personalidad, que son las del psicópata propiamente, serían las siguientes, según el DSM-VI-TR: 1. Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpe-

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trar repetidamente actos que son motivo de detención. 2. Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer. 3. Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro. 4. Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones. 5. Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás. 6. Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas. 7. Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros. Hay personas que pueden tener sólo “rasgos” de una personalidad psicopática, sin llegar a serlo; tener un trastorno antisocial propiamente, como aquellas personas que presentan algunas de las características antes descritas o que en determinado momento de su vida o ante determinadas circunstancias han cometido delitos, como el adicto a las drogas, que roba para conseguir la sustancia, pero que no es una personalidad antisocial propiamente. ENTENDIMIENTO DEL PSICÓPATA El psicópata actúa de acuerdo con su propia lógica, que no es la nuestra. Por eso no entendemos por qué hace lo que hace; por qué daña, sin pensar en las consecuencias, o, aun enterado de ellas, comete actos que el resto de las personas no haría. Y, si es impune, quizás promueva un mayor descaro o gravedad en sus actos antisociales. Las reglas sociales; los valores, como el respeto, el civismo, el trabajo en equipo, la honestidad, el sociópata los entiende de manera diferente. Los usa o manipula para obtener lo que desea, con sus intereses particulares al frente. Es una persona con relaciones interpersonales parciales; esto es, no llega a integrar un vínculo de amor o relación plena o total; está como partido o escindido, lo cual hace que al dar sólo partes de él, crea confusión.


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Tiende a armar problemas entre las personas; da sólo parte de la información, de tal manera que pueda mantener su estado de control sádico sobre las personas con las que convive. ATRACCIÓN Y VIOLENCIA Puede ser violento y atractivo; con amenazas o con seducción, mantiene a su pareja a su lado; la desgasta, como si fuera de su propiedad, una extensión de sí mismo, a la que puede manipular para lograr sus objetivos. Explota a su familia, conocidos o comunidades, y se vuelve un parásito de ellas. No toma a los demás como personas con derechos, sino como cosas. El psicópata siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Los psicópatas juegan como buenos histriónicos narcisos con la seducción inicial que envuelve, si tienen buena inteligencia lógico-matemática. En caso de tener menos recursos intelectuales, son burdos y no pasan de ser personas adictas, que cometen robos o están a las órdenes de otros psicópatas. CÓMO PIENSA EL PSICÓPATA “Si va en función mía, entonces lo acepto”, diría un psicópata. En esencia, la sociopatía es, dentro del espectro del narcisismo, el estado más patológico y dañino. El sociópata es un narciso maligno o negativo, para quien el arrepentimiento es cosa de otros, y cuando es capaz de reparar los daños, lo hace “para que no me vaya mal”, y no por la conciencia de la culpa empática. O lo hace, “para que no me pesquen y vaya a la cárcel” o “para que no me quiten mi dinero”, y nunca por: “como me hace daño el dolor de esta persona, quisiera que dejara de sufrir. ¿Cómo le puedo ayudar?”. El psicópata no anda pregonando su juego, sus piezas de juego, por una razón simple: los otros, pueden enterarse y arruinarle la partida. Tal vez pueda comentarlos una vez conseguidos sus objetivos, y con personas muy selectas. Cuando uno se da cuenta de contradicciones en la información, y lo confronta, normalmente hay una nueva explicación y todo parece claro. Muchas veces uno siente como que todo hace sentido, pero cuando nos alejamos nada hace sentido; hay un engaño sutil, crónico; y la confusión que crea gradualmente nos habla de estar frente a un psicópata. Si es sorprendido robando, dice que está muy triste y tiene tremendos remordimientos. Si le preguntáramos si ha tenido otras conductas antisociales, las negara, y después nos enteráramos, por medio de otras personas o familiares, que hubo, por ejemplo, otro robo importante hace un par de meses, y le hiciéramos ver que no dijo la verdad, quizás diga que se le olvidó, y muestre una contradicción entre la culpa expresada que es sólo hacia aquello que ya es conocido.

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Por carecer de capacidad para identificarse con la estructura moral interna de otras personas -en el caso anterior de darnos cuenta que no nos dijo la verdad- pensará que estamos enojados con él. No podrá entender que hay una reacción de tristeza o duelo en la persona engañada, y que no se trata de un ataque, sino de un sentimiento de pena por la pérdida de confianza en la persona. NIVELES DEL NARCISISMO Para conocer datos conductuales que presentaría un individuo en el aspecto narcisista, se describen los siguientes tres niveles: a) Rasgos narcisistas positivos o de menor disfuncionalidad. Como ejemplos, a este narciso le angustian el envejecer, la calvicie, las arrugas, las canas, el enfermar; cuando enferma, le es difícil pedir ayuda; le atrae la exhibición; tiene la necesidad de demostrar a su pareja una y otra vez su potencia; se complace hablando de sí mismo; se halla dominado por la culpa más que por la vergüenza; en él predomina el vínculo erótico; esto es, relaciones más cercanas a lo constructivo y al amor. b) Narcisismo patológico. Este problema se caracteriza por autorreferencia excesiva, grandiosidad, tendencia a superioridad exhibicionista, dependencia excesiva de admiración por parte de otros, superficialidad emocional, crisis de inseguridad, que alterna con la grandiosidad usual; tendencia a grandes cambios de ánimo; tendencia a estar regido por la vergüenza en vez de la culpa; el incurrir en actos antisociales. En este sentido, el temor a que lo pillen determina su honradez, y no el sentimiento de una moral interna. Quiere ser admirada (o), porque es la más rica, la que tiene más objetos, porque es la más bonita, la mejor vestida, en contraste por querer ser estimada por los valores más adultos. c) Narcisismo maligno y psicopatía. En este caso, se presenta conducta antisocial desde la infancia (mentir, robar, falsificar cheques, prostituirse, asalto, robo, asesinato, robo armado). Hay ausencia de una auténtica capacidad de sentimiento de culpa y de remordimiento. Esto es importante, porque el psicópata puede presumir de remordimientos, y una vez que lo han agarrado (no antes), puede aparentar sentido de culpabilidad y mostrarse arrepentido, simplemente para conseguir una atenuación de la pena.

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SER O NO SER… PSICOPÁTICO El rompimiento de las reglas o el conducirse psicopáticamente podría ir en función de aspectos culturales, narcisistas o grandiosos, o de rasgos psicopáticos. La diferencia estaría en la permanencia de las conductas, las circunstancias y el momento o etapa de vida y la capacidad de cambio y reparación de daño a través de la culpa generada o de la toma de conciencia.

Pensemos respecto de las siguientes conductas antisociales y delictivas: ¿hasta dónde llegaríamos o cuáles reglas ya hemos roto? 1. Comer el postre que está en el refrigerador sin preguntar, sin que se den cuenta. 2. Tomar, sin permiso, el automóvil del familiar. 3. Copiar en un examen. 4. Alborotar o silbar en una reunión, lugar público o de trabajo. 5. Salir sin permiso (del trabajo, de casa o del colegio). 6. Entrar en un sitio prohibido. 7. Ensuciar las calles/aceras, rompiendo botellas o volcando cestos de basura). 8. Decir “groserías” o palabras altisonantes. 9. Molestar o engañar a personas desconocidas. 10. Llegar tarde al trabajo, etcétera. 11. Hacer trampas 12. Hacer grafitti en lugares prohibidos. 13. Tomar frutas de un jardín ajeno. 14. Gastar bromas pesadas a la gente. 15. Llegar a propósito más tarde de lo permitido (a la casa, al trabajo, etcétera). 16. Arrancar o pisotear flores o plantas de un parque o jardín. 17. Comer cuando está prohibido. 18. Contestar mal a un superior o autoridad. 19. Negarse a hacer las tareas encomendadas. 20. Utilizar influencias económicas o políticas para obtener un beneficio, a pesar de no merecerlo o merecerlo menos que otra persona que ha trabajado para obtenerlo. 21. Meterse a la fila del cine u otro sitio.

Quizás muchos han roto reglas sociales, y han presentado conductas consideradas antisociales en algún momento de su vida, por distintos motivos, sin llegar al acto delictivo. Hay que tomar conciencia de que las personas que presentaron algunos rasgos psicopáticos en la infancia o adolescencia, y sus familias, deben recibir atención profesional, y tener claro que a veces es difícil de entrada saber que se está frente a un psicópata, y que, si lo hemos detectado, debemos protegernos, tomando en cuenta que, hasta el momento, no existen estrategias efectivas para ayudarlos a un cambio. Una adecuada rehabilitación carcelaria es una opción para limitar el daño, que sería uno de los objetivos principales ante la psicopatía. El psicópata no se ve enfermo, y cabe la pregunta: “¿Lo es?”. La realidad es que, donde hay un psicópata, hay una víctima o varias que, si necesitan ayuda, deberían tomarla, y son en quienes debemos enfocarnos, ya que están enfermas por la violencia y el desgaste de convivir con un psicópata.

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22. Pelear con otros. 23. Pertenecer a una pandilla que arma líos, se mete en peleas o crea disturbios. 24. Tomar el coche o la moto de un desconocido para dar un paseo, con la única intención de divertirse. 24. Forzar la entrada de un almacén, garaje, bodega o tienda de abarrotes. 25. Entrar en una tienda que esté cerrada, robando o sin robar. 26. Robar cosas de los coches. 27. Llevar algún arma, por si es necesaria en una pelea. 28. Planear de antemano entrar en una casa, apartamento, etcétera, para robar. 29. Tomar la bicicleta de un desconocido y quedarse con ella. 30. Entrar en una casa o apartamento y robar algo sin haberlo planeado antes. 31. Robar materiales o herramientas a gente que está trabajando. 32. Gastar frecuentemente en el juego más dinero del que se puede. 33. Robar ropa de un tendedero o cosas de los bolsillos de ropa colgada en un perchero. 34. Conseguir dinero amenazando a personas más débiles. 35. Destrozar o dañar cosas en lugares públicos. 36. Dañar a personas con armas en una riña. 37. Quitarle la vida a una persona en una riña. 38. Asesinar premeditadamente a una persona. 39. Dañar o asesinar personas por dinero. 40. Secuestrar a alguien y pedir rescate. 41. Planear un atentado terrorista.

REFERENCIAS Otto F. Kernberg. Agresividad, narcisismo y autodestrucción en la relación psicoterapéutica. El Manual Moderno. 2005. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Ed. Masson. 2002 Tratado de Psiquiatría. Robert E. Hales y otros. 3ª edición. Ed. Masson. Hernán Solís Garza. Los que se creen dioses. Plaza y Valdez Editores. 2000.


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La psicopatía y las adicciones Francisco Javier Rodríguez Lara

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xisten modelos en psiquiatría que describen una asociación entre rasgos de personalidad patológicos y el desarrollo del trastorno por uso de sustancias. Una teoría que habla sobre esto, nos dice que existe una vía patológica de desinhibición conductual que lleva hacia el abuso de sustancias y predice que aquellos individuos con rasgos de personalidad antisocial e impulsividad, tienen menos fortaleza para evitar desviaciones en la conducta, y recurren al abuso de alcohol y drogas. Existen numerosos estudios en la literatura que evidencian una asociación entre la presencia de trastornos de personalidad o rasgos de personalidad patológicos, sobre todo aquéllos con un problema en el control de los impulsos y el abuso de sustancias. TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD Por ejemplo, el estudio de Zimmerman y Coryell, en 1989, hecho en la población general, encontró que los individuos que presentaban un trastorno por uso de sustancias, tenían 17.2 veces más comúnmente un trastorno de personalidad antisocial que los que no tenían problemas con las drogas.

Algunos estudios longitudinales, como el de Caspi y colaboradores, en 1997: Clonninger y colaboradores, en 1998; Krueger y colaboradores, en 1996, entre otros, mencionan que encontraron como factores predictivos de abuso de drogas en la adolescencia y en la adultez temprana, a aquellos niños, particularmente varones, a quienes sus maestros puntuaron alto en cuanto a falta de capacidad de contención y reparación; bajo en evitación de daño; alto en falta de conformidad social; ser poco convencionales, ser antisociales y mostraban altos índices de agresión. El mismo patrón se observó en estudiantes universitarios, según dice el estudio de Sher y colaboradores, del año 2000. Un estudio reciente (Bahlman y colaboradores, 2002), encontró que el inicio de las características del trastorno antisocial de la personalidad venía precedido de la dependencia del alcohol, por aproximadamente cuatro años. La asociación entre la desinhibición de la conducta y el inicio temprano de la conducta adictiva es probablemente mediada a través de una socialización deficiente, fallas escolares, y la afiliación con compañeros desviados en la conducta.

Doctor Francisco Javier Rodríguez Lara Catedrático del Departamento de Psiquiatría Hospital Universitario / UANL www.edifam.com

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DEPENDENCIA DEL ALCOHOL El patrón de desinhibición de la conducta es asociado con el inicio temprano en el beber, un más rápido desarrollo de la dependencia del alcohol una vez que se empieza a beber, y síntomas más severos que en sujetos no antisociales. Una de las más complejas situaciones clínicas sucede cuando los jóvenes con trastornos de conducta empiezan a consumir sustancias psicoactivas en el contexto de otro tipo de comportamientos disfuncionales y perturbadores, tales como robos, mentiras, manipulación de los padres, evitación de responsabilidades y asociación delictiva con compañeros, entre otros. Esto lleva a graves daños a largo plazo para estos adolescentes, sus familias y los sistemas sociales involucrados. Estos muchachos generalmente parecen estar enojados y hostiles, con una severa negación del impacto de los trastornos de conducta en ellos mismos y los demás. Presentan escaso sentido de culpabilidad o, en la mayoría de los casos, ningún sentido de culpa, con tendencia a la proyección masiva contra el mundo adulto. Justifican comportamientos impulsivos de una manera muy convincente, a pesar de estar violando las convenciones sociales sobre cómo se debe interactuar con los demás y estar plenamente conscientes sobre los límites de lo aceptable y legal. Con argumentaciones y mediante la explotación de las inconsistencias parentales, logran evitar las consecuencias negativas del medio ambiente, lo que perpetúa el problema. PROBLEMAS DE CONDUCTA Y VIOLENCIA Una vez establecido el trastorno de personalidad antisocial, es común que estos sujetos se vean involucrados en problemas de conducta, que en muchos casos caen en la ilegalidad o la presencia de actos violentos. La violencia se define como el empleo de la fuerza con la intención de lastimar, ya sea a uno mismo o a otra persona o grupo. Puede comprometer las esferas, física, psicológica y social. Desde el punto de vista clínico, la intencionalidad, la conducta lesiva y la emoción definen in-

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ternamente a todas las conductas agresivas. Por ejemplo: a) Conducta agresiva reactiva: es una reacción a la provocación; se tiende a reaccionar en forma exagerada y sin control. Podríamos decir que es un mecanismo de defensa de la persona. b) Conducta agresiva preactiva: es una acción fría y calculada; se da como comportamiento antisocial. (Dodge K. 1991). Factores de riesgo en la generación de violencia pueden ser: *Condiciones personales: baja autoestima, pobre comunicación. Familiares: desorganización, violencia, drogas. Sociales: pobreza, racismo, eventos incitantes. Comunitarias: drogas, prostitución, etcétera. Las drogas contribuyen a crear o agravar las conductas desorganizadas, en muchos casos generadas por estos factores de riesgo. Las drogas, por sus propios efectos bioquímicos en el organismo o en la mente humana, no generan delitos, no hacen del hombre un delincuente. Las drogas no son sustancias que causen la violencia por su esencia, sino por el manejo que se hace de las mismas y por la multicausalidad de los factores predisponentes, muchos de ellos violentos, que llevan al consumo y de ahí a la dependencia o adicción. ALCOHOL Y ESTIMULANTES Es así como, en sujetos vulnerables, el alcohol y los estimulantes pueden incrementar características agresivas latentes. Algunas benzodiacepinas y la escopolamina, entre otras, pueden favorecer la ejecución de actos violentos, y, en muchos casos, son suministradas a terceros para que ejecuten actos de violencia. Un psicópata podrá desarrollar agresividad con la droga; pero, aun sin ella, delinque. El efecto de las drogas, aunado a las condiciones del entorno, genera comportamientos de violencia consigo mismo, con su entorno familiar y aun con su entorno social y comunitario. La estigmatización del drogadicto es tan severa, que se ve ante sí mismo y ante los demás como un delincuente, y así, rotas las pautas morales y jurídicas, resulta más fácil la idea de llegar al delito para lograr tóxicos, sea directa o indirectamente.


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Muchas personas que padecen un trastorno antisocial de la personalidad se ven involucradas no solamente en el consumo y dependencia de sustancias psicoactivas, sino también en la red de producción, distribución y venta de sustancias ilegales.

Sobre el autor El doctor Francisco Javier Rodríguez Lara cursó sus estudios de Licenciatura como médico cirujano y partero en la Universidad Autónoma de Nuevo León (1983-1989). Hizo estudios de especialización en Psiquiatría General, en el Hospital Universitario “Doctor José Eleuterio González”, de la UANL, en Monterrey, N.L., de 1991 a 1994, con subespecialización en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia en esta misma institución, de 1995 a 1997. Cuenta, además, con estudios en psiquiatría de enlace y psicoterapia de grupo, pareja y familia en esta misma institución, en los años 1994-2003. Tiene Maestría en Neurociencias, por la Universidad Oberta de Cataluña, Barcelona, España, así como Maestría Internacional en Pedagogía Médica por la Universidad de Castilla La Mancha, Albacete, España. (2004-2006); Diplomado de Psicopatología Infantil y de la Adolescencia, en la Facultad de Psicología, UANL, Monterrey, N.L.(2005).

REFERENCIAS: American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 4th Edition, Text Revision. Washington, DC, American Psychiatric Association, 2000. Bahlman M, Preuss UW, Soyka M. Chronological relationship between antisocial personality disorder and alcohol dependence. Eur Addict Res 8:195-200, 2002. Baistrochi, R, Fernández Labriola R. Manual de Adicciones. Buenos Aires: Gabas; 2004. Caspi A, Begg D, Dickson N, et al: Personality differences predict health-risk behaviors in young adulthood: evidence from a longitudinal study. J Pers Soc Psychol 73:1052-1063, 1997. Clonninger CR, Sigvardsson S, Bohman M: Childhood personality predicts alcohol abuse in young adults. Alcohol Clin Exp Res 12:494-505, 1988. Krueger RF, Caspi A, Moffit TE, et al: Personality traits are differentially linked to mental disorders: a multitrait-multidiagnosis study of an adolescent birth cohort. J Abnorm Psychol 105:299-312, 1996. Oldman J, Skodol A, Bender D. Textbook of Personality Disorders. Substance Abuse. The American Psychiatric Publishing 30:463-475. 2005. Sher KJ, Bartholow BD, Wood MD: Personality and substance use disorders: a prospective study. J Consult Clin Psychol 68:818-829, 2000. Zimmerman M, Coryell WH: DSM-III personality disorder diagnoses in a nonpatient sample: demographic correlates and comorbidity. Arch Gen Psychiatry 46:682-689, 1989.

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El poder

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a través del

psicópata La diferencia entre los hombres buenos y malos es que los primeros se conforman con pensar lo que los segundos actúan. Javier Lugoleos Cano

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Doctor Javier Lugoleos Cano Médico Psiquiatra, Psicoterapeuta Individual, de Grupo, Pareja y Familia jlugoleos@hotmail. com

Cómo ve la vida y su medio, un individuo que desprecia a otros seres, que los usa, que se cree cuasi Dios, que desconfía de los demás y asume en su locura que tiene un destino divino en la tierra y que a través de la política o buen destino económico accede a dirigir o gobernar desde una empresa hasta un pueblo o nación? Visualicemos al prototipo de “héroe” de novela, Robin Hood, o al astuto asesino en serie, Dexter, a quien pintan como el… “más justo” o ¿asesino bueno? ¿Se puede ser ladrón y asesino siendo buena persona, o incluso no ser sociópata? ¿Son entonces válidas las justificaciones que dan por sus actos o son meros romanticismos de aquéllos a quienes les gustan las historias. O visualicemos a políticos como Adolf Hitler, que, a través de idealizaciones nacionalistas y un sistema militar que representaban la grandeza expansionista “de la entonces Alemania de principios de siglo XX” sedujo a una nación para que le permitiesen cumplir con “su destino”. Dirigió enteramente el gobierno del autoproclamado Tercer Reich, y ejerció el poder durante un período de crisis económica, social y política, sumado a un descontento y frustración popular en Alemania. A lo largo de su mandato político, utilizó la propaganda estatal y su fuerte oratoria carismática para persuadir a las masas y protagonizar, junto a su pueblo, la Segunda Guerra Mundial y el exterminio sistemático y masivo de enemigos políticos y personas consideradas racialmente “inferiores” o “subhumanas” en el doloroso “Holocausto”.

Dexter


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INCONSCIENTE COLECTIVO ¿Es en verdad el inconsciente colectivo el que habló por estos hechos o fue la manipulación de mentes con trastornos narcisistas graves o malignos que, ante la vulnerabilidad de los sistemas sociales y su inmadurez, se dejan llevar por seres psicopáticos ante su vacío social o su apatía? La pregunta sigue ahí, pues ahora sigue ocurriendo lo mismo en diferentes empresas, pueblos y países. Una de las características de personas que llegan al poder político es su histrionismo y su facilidad para convencer a los demás; su inteligencia, que se apoya en la manipulación; y su falta de escrúpulos para hacer todo aquello que las lleve a lograr sus objetivos, por más daño que estos puedan causar a terceras personas. Las preguntas que surgen son si estos seres nacen o se hacen, y si podemos protegernos de situaciones semejantes a las que la historia nos remite una y otra vez. EL ACCESO AL PODER ¿Es válido limitar el acceso al poder, si lo identificamos, en personas con tendencias psicopáticas o trastorno antisocial de la personalidad? Shoko Asahra, japonés, líder de La Verdad Suprema; Jim Jones, norteamericano, premiado en varias ocasiones como ciudadano excepcional por su trabajo con los marginados sociales en California; David Koresh, norteamericano, líder de Los Davinianos. Predicaba la necesidad de armarse hasta los dientes para hacer frente al Estado. Éstos son sólo algunos de los líderes sectarios internacionales que han llevado a cientos a través del fanatismo y de sociedades en conflicto a la muerte o a actos degradantes, bajo la bandera de una causa que llenaba el vacío de muchos de ellos o se aprovechaba de sus debilidades o conflictos. Sin embargo, no todo aquél que está en o busca posiciones de poder es psicópata. Las posiciones de poder son buscadas, son atractivas para el psicópata, que las transforma en su propio beneficio. Usa cual pañuelo desechable a las personas que le rodean, para obtener sus fines. CARACTERÍSTICAS DEL LÍDER PSICOPÁTICO Varios seguramente reflexionamos en el término “líder psicopático, a raíz de las elecciones de 2006 en México, y a partir de la oleada de líderes en América Latina, que en fechas recientes han decidido perpetuarse en el poder, a pesar de que sus leyes lo prohibían al inicio de sus administraciones, sin darse cuenta de que su función era preservar el orden y seguridad de sus ciudadanos y crear o mantener bienes públicos y no adinerarse, compensar sus deficientes autoestimas, necesidades narcisistas y distorsiones de la realidad, con el control total del destino de un pueblo que, amenazado, no sabe cómo salir de las ya comunes dictaduras. 1. Una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo; actúa, puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez, porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo

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determinado. Y, cumplida su misión, se va. Al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No deja el poder, y mucho menos lo delega. Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría. (Hugo Marietan, entrevista La Nación). 2. Necesita ser reconocido como el salvador o el gran gobernante, provocando crisis. Vive en busca de sus enemigos, paranoides o perseguidos; por esto, aquéllos a quienes gobiernan les depara el destino la miseria en el conflicto constante. 3. La bandera que usa es sobrepersonal: no es por mí por el que van a luchar. Tenemos un enemigo exterior o una causa especial (pelear por la patria, ser la raza superior, exterminar a los pervertidores del espíritu nacional, una nación unida, por la ideas de alguna religión, un gobierno ilegítimo, por la democracia, etcétera). 4. Es especialista en fabricar conflictos. Vivir en crisis es esencial para perpetuarse en su posición; la necesita para justificar sus acciones. 5. Tiene poca tolerancia a la frustración. Cuando las cosas no salen bien, se desorganiza mentalmente; puede tener pobre control de sus impulsos, empezando una cadena de actos torpes y confusos. 6. Las “cosas”, para el líder político con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades. Utiliza el dinero como un elemento de presión, porque usa la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico es: “¿Cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio? 7. Utiliza a las personas para construir su propio poder: te doy y obtengo algo, pero como yo te lo pido, y así creo un compromiso personal para manipular a mi antojo. El psicópata es un maestro en crear incertidumbres, inseguridades y a su vez asomos de esperanzas, de ilusiones. 8. Nunca cambia a pesar de sus errores o de confrontaciones. El juego del psicópata es un juego de poder, juega con los otros bajo sus propias reglas. Mientras más carismático o atractivo sea el líder, mayor poder ejercerá sobre las masas y mayor será el grado de dependencia psicológica y peligrosidad del grupo. Al carisma del líder hay que adornarlo con las características de psicópata. Parece, a primera vista, muy normal, interesante e incluso encantador y humildad. Pero en realidad es violento y no soporta que se le lleve la contraria en nada. Es autoritario, al grado de que él mismo se constituye en la ley, y la puede violar porque está por encima de ella. De hecho, él es su creador.

Adolf Hitler


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MENTIROSO COMPULSIVO Este tipo de líder es un mentiroso compulsivo, adicto a la mentira; miente siempre, aun cuando no lo necesite. No le importa mentir, y lo hace con la mayor frialdad del mundo. Incluso cuando es obvio que miente, insiste tranquilamente en la mentira y la sostiene ante cualquier tribunal. El endiosamiento o divinización es otra característica común a todos los líderes sectarios. Por eso, parte de la fabricación de la mentira que sustenta el engaño se basa en autoproclamarse divino. Estos líderes tienen delirios de grandeza. Creen que son semidioses, mesías, ángeles, enviados o escogidos. Por eso es frecuente que acompañen sus nombres con epítetos como “Reencarnación de Juan el Bautista”, de “Jesucristo” o del mismo Dios. “El Mesías”, “El Profeta”, “El Vidente”, etcétera. Juran y perjuran que todo les pertenece por derecho propio, desde la verdad hasta las personas, a quienes consideran objetos personales para su consumo. EL DELINCUENTE DE GUANTE BLANCO Policías, agentes de tránsito y gobernantes se han conformado a través de la historia como los principales delincuentes de nuestra sociedad; pueden terminar como pseudotrabajadores al servicio de una comunidad; su posición de poder con el objetivo de hacer que se cumplan las leyes y se dé seguridad, facilita su transformación a delincuentes que pueden pasar sin consecuencias por mucho tiempo en un sistema de perversidad y colusión, donde el dinero pudiera ser el motor de su mantenimiento o en el caso de los gobernantes el endiosamiento de sus personas que implica poder económico, político, etcétera. ¿SE PUEDE HACER ALGO? Hagamos un breve ejercicio de reflexión. Visualicemos a un individuo que llega al poder político a través de su partido. Todo parece decirnos que es honesto, sus valores familiares son firmes, y su estructura de carácter lo perfila como una persona con conflictos promedio. Hasta aquí pensaríamos que seguramente alcanzó sus metas por su esfuerzo; que su capacidad de rechazar situaciones psicopáticas es factible, ante sus valores y calidad de culpa. Sin embargo, nos enteramos de que, en su adolescencia, tendía a maltratar animales, y llegó incluso a provocar daño físico severo a un compañero de escuela, y devaluaba a la muchacha que les ayudaba en su casa, sin ser limitado por sus padres, quienes promovían en él una actitud de soberbia. En ese momento, la situación cambia; las incongruencias aparecen; quizás no es el candidato ideal para gobernar, pero es agradable, de “buen verbo”; quizás, pensamos, fue una época de su vida y seguramente aprendió de ella y lo hizo más fuerte, así que lo consideramos un carácter narcisista e histriónico con antecedentes sociopáticos en la infancia y niñez que esperamos superados en la actualidad. YA EN EL PODER … Aquel prometedor gobernante hace negocios para aumentar la infraestructura del país; con muchos coludidos, obtiene beneficios económicos personales extras por el bien de la nación o del lugar que gobierna, entendiendo que esto puede darse desde el típico presidente municipal analfabeta o con apenas estudios medios o preparatorios, hasta el presidente de una nación. En este punto, el perfil nos cambia; ya encontramos francos signos de conductas antisociales, que pueden ser justificadas de distintas formas, desde “la filosofía personal” de que su puesto y responsabilidad le hacen merecedor de ganancias extras, hasta la creencia de que Dios le provee y él toma, entre tantas otras posibles, o como la clásica expresión de que: “el que no transa no avanza”. Como buen narciso, el político sociopata “nunca se equivoca”; esto es, no puede aceptar sus errores, y responsabiliza de ellos a sus subalternos, o busca guerras exteriores en pro de causas a veces poco justificadas, para dedicarse a

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lo que sí sabe hacer: señalar los errores de los demás y dar en qué ocupar la mente de la gente, como erradicar la pobreza o mejorar la infraestructura del país, hasta naciones intervencionistas que deben ser aplastadas, hasta imperios del mal, donde claro, ellos que representan al bien deben perpetuarse en el poder para luchar contra el mal de la gente pobre o de quienes por ejemplo, asumen, provocan el hambre mundial. NADIE MEJOR QUE ÉL Se convence, ya entrado en los años de su mandato, que nadie puede hacer las cosas mejor que él y decide lanzar un decreto para que pueda reelegirse un período más; además, los pobres le aclaman con el bono que les da quincenalmente; y deciden por voluntad propia votar un referéndum a su favor para otro período, sin quedar duda de que el pueblo es quién manda. Con los años se convierte en un hombre acaudalado, al que nadie puede cuestionar, pues hacerlo es ir en contra de los principios de la nación y el pueblo que él representa. Es cuando a la mayoría le cae el “veinte” de lo que pasa: que un psicópata los gobierna y que es necesario deshacerse de él. Así que se forman grupos de poder; periodistas y sociedad civil protestan e intentan diversas formas para que esto se acabe, incluso van ante los organismos internacionales, así que solo hay pocas opciones a este nivel pare tener la posibilidad de recuperar su libertad. El dice que hay golpe de estado y tiene que reforzar aún más la seguridad del pueblo, asentándose más en el control de la gente y fiscalizando del todo sus vidas. Y créanme que no me estoy refiriendo a nadie en particular, aunque tengamos muchos ejemplos que pueden venirnos a la mente.

Benito Amilcare Andrea Mussolini


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LA SOCIEDAD PSICOPÁTICA Las personas, por el hecho de vivir en sociedad, tienen valores y normas que les permiten la convivencia, y se ajustan a su entorno, aunque hay un rango de desajuste o tolerancia, aceptado, a sus normas. Estos márgenes, aunados a los principios personales, permiten un sistema de seguridad o resguardo. Un psicópata en el poder puede llegar a romper varias reglas, pero no todas, pues sería detectado y expulsado inmediatamente; sin embargo, puede sortear las normas y convertirse en un estafador, delincuente o revolucionario. Un cabeza de grupo psicopatita puede crear sistemas psicopáticos que, con el tiempo, se conviertan en parte de la sociedad como instituciones gubernamentales, la propia policía y tránsito, etcétera. LA MENTIRA, HERRAMIENTA “DE TRABAJO” DEL PSICÓPATA Recordemos que la mentira es una herramienta de trabajo en el sistema psicopático; entonces, si quieres pertenecer a este grupo, tienes que llevar “estas normas” o “aquéllas” “tú” y dejarme que yo me las salte; tú podrás hacerlo más adelante, sí yo consigo mi objetivo. Debemos buscar controles de calidad en quienes trabajan en posiciones de poder, y hablamos de todo tipo de poder, desde el sacerdote, que tiene un poder religioso; hasta el médico, que influyen en la salud y sustentan una posición de poder; y los terapeutas, directores de empresas, etcétera. No sólo hablamos de políticos. La calidad moral es un ingrediente fundamental en el desempeño de todos estos tipos de responsabilidades; si así como existen candados de calidad a la educación médica y su ejercicio, se hiciere lo propio con el resto de las altas responsabilidades políticas, se reduciría en gran medida la posibilidad de que accedieran a la direccióndel sistema social.

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Los antecedentes de una persona son importantes, así como la monitorización externa continua de sus funciones. Sí podemos evitar que esto siga pasando, empezando por entender nuestras propias necesidades narcisistas, de aprobación o de sobresalir, pensando en nuestro vacío interior con relación a la sociedad y de nuestra idea de necesitar dioses terrenales en quienes creer, en donde ver que nos resuelvan la vida, buscando “padres” omnipotentes, estas figuras que deben hacernos sentir protegidos y con sentido de vida, reyes, príncipes, etc., parece que en nuestro interior así es como lo queremos, en vez de crear figuras de responsabilidad en funciones específicas; desde la presidencia de la república o la dirección de una empresa con puestos de liderazgo donde nuestras cualidades como administradores o emprendedores se manifiestan, puestos públicos donde el narcisismo se compensa, favoreciendo el crecimiento personal y de quienes nos rodean, y no figuras de poder ciego, donde los que se creen dioses ven la oportunidad de recrear en la realidad terrenal sus fantasías y pervertir las que deberían ser funciones públicas o privadas. Se puede hacer mucho en la prevención de estos fenómenos sociales, bajo la conciencia de que la pobreza en todos sus sentidos (educativa, económica, de valores, etcétera) es caldo de cultivo para fomentar la psicopatía en el poder. EDUCACIÓN EN LOS VALORES Carlos Báez refiere, para evitar la proliferación de este tipo de individuos, que hay que volver a una educación de las personas en los valores del servicio público, de la ética, de la política, como una actividad de servicio dirigido al bien común, y no como una actividad mercantil anómala, dirigida al logro de riqueza, a obtener cada vez mayor poder personal discrecional y de honores y prestigio social, siempre a costa del bienestar de los ciudadanos y del interés público. Sin embargo, esa perspectiva ética no basta para frenar a esas personalidades malvadas. Hay que tomar medidas eficaces para evitar la acumulación de poder personal, y una de ellas, en sociedades con una institucionalidad democrática débil, con una sociedad civil no muy potente y poco articulada, es el desarrollo de contrapoderes políticos eficaces y la limitación legal de la prolongación en el poder. Entre ellos se encuentra, sin duda, la prohibición de la reelección sucesiva del presidente de la república.

REFERENCIAS www. victimasectas.com Adolf Hitler. Wikipedia Otto F. Kernberg. Agresividad, narcisismo y autodestrucción en la relación psicoterapéutica. El Manual Moderno. 2005. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Ed. Masson. 2002. Tratado de Psiquiatría. Robert E. Hales y otros. 3ª edición. Ed. Masson. Hernán Solís Garza. Los que se creen dioses. Plaza y Valdez Editores. 2000.

Adolf Hitler, propaganda Nazi.

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Hallan anormalidad anatómica en un haz de fibras que conecta dos regiones clave

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(Tomado de Milenio / Diario de Monterrey)

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na mente criminal, ¿nace o se hace? Esta pregunta siempre suscita serias discusiones, porque, según se responda, se descarga la responsabilidad de la delincuencia sobre los genes o los procesos sociales. De ahí que un nuevo estudio, hecho por científicos británicos seguramente causará polémica.


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Lo que lograron tres científicos, con una nueva técnica de captación de imágenes, fue probar una diferencia entre los cerebros de psicópatas y los de gente normal. Declan Murphy, Michael Craig y Marco Catani, del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres, encontraron daños en haces de materia blanca que conectan dos regiones cerebrales asociadas a emociones y su control. AYUDA PARA LA COMPRENSIÓN Los científicos aclararon que no están diciendo que el daño en estas fibras sea causa de la psicopatía, lo que tendría profundas consecuencias. Eso sí: la presencia del daño podría considerarse una forma de comprender por qué los psicópatas tienen conductas antisociales y carentes de sentido moral. Un psicópata es incapaz de controlar sus impulsos. En general es una persona que manipula y actúa de manera agresiva y aprovechada, sin sentir culpa o remordimiento por abusar de otros. Esta irresponsabilidad por la conducta se traduce a menudo en conducta criminal y reincidencias, y las fuerzas de la ley saben que si bien no hay una conexión directa entre psicopatía y crimen, siempre que están frente a un psicópata deben cuidarse.

Murphy y sus colegas reclutaron a nueve psicópatas que habían estado en prisión por crímenes que iban desde violaciones múltiples hasta asesinato, y compararon las imágenes de su fascículo uncinato con las de la misma franja tomada en personas normales.

El haz de fibras que aparece bordeando el centro de esta imagen es el fundamental fascículo uncinato. Foto: American Journal of Neuroradiology

El reporte debe ser confirmado, pues puede tener serias implicaciones

REGIONES SOSPECHOSAS Ya se había propuesto la noción de que, detrás de la conducta psicópata, seguramente había regiones disfuncionales del cerebro. Se creía, por ejemplo, que una zona particular podría ser la amígdala, vinculada con emociones muy primarias, como el temor y la agresión. Otra zona sospechosa era la llamada corteza orbitofrontal, puesto que a ella se le asocia no sólo cierto control sobre el modo en que la amígdala responde ante la agresión, sino también la toma de decisiones y las llamadas emociones sociales, como los celos, el orgullo, la culpa y otras. Si se creía que disfunciones en estas dos áreas pudieran estar detrás de la conducta psicópata, era natural que se sospechara del llamado fascículo uncinato, una franja de materia blanca que conecta la amígdala con la corteza orbitofrontal. Los fascículos son ramilletes de axones (que conectan unas neuronas con otras), haces de fibras envueltas en mielina. No había estudios concretos que vincularan este fascículo con la conducta psicópata. La razón es que la materia blanca no aparece bien en los equipos para capturar en vivo imágenes del cerebro, que usan la resonancia magnética nuclear. NUEVA TÉCNICA PARA CREAR IMÁGENES Pero en los últimos años se ha hecho común un equipo que usa el modo en que se difunde el agua para crear imágenes. La técnica, llamada resonancia magnética por tensor de difusión, o DT-MRI, permite capturar muy bien la estructura de los haces de fibras nerviosas en el cerebro.

Los científicos, que publicaron su estudio en Molecular Psychiatry, hallaron dos datos clave. El primero es que las partículas que conforman el fascículo uncinato de los psicópatas están dañadas; la estructura no está completa. El segundo es que el nivel del daño es proporcional al grado de psicopatía: el fascículo aparece más dañado en las personas a las que se diagnosticó una psicopatía más grave. “Tiene que haber una conexión entre estas dos áreas del cerebro, que manejan emociones y el control de emociones”, dijo el doctor Craig. “Si no funciona (la conexión), puede verse cómo ello podría conducir a problemas”. Y el profesor Murphy dijo que estos hallazgos ofrecen la más persuasiva evidencia a la fecha de que detrás de la conducta psicópata puede haber una anormalidad anatómica en el cerebro.

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ACTOR DE VARIOS ROLES Era de suponerse que una estructura que conecta dos regiones importantes apareciera en más estudios relacionados con anormalidades de la conducta. Y el fascículo uncinato parece ser ajonjolí de varios moles. Por ejemplo, un estudio demostró que anormalidades en esa estructura también pudieron ubicarse en pacientes con psicosis de primer episodio. Y es que los lóbulos frontal y temporal, también conectados por el fascículo, están fuertemente implicados en la esquizofrenia. Lo que hallaron los científicos que estudiaron esta anomalía fueron variaciones en la alineación de las fibras y su coherencia espacial dentro del haz. En otras palabras, es como si dentro de un ramillete hubiera muchos entrecruzamientos de los tallos. Otros científicos valoraron el papel del fascículo uncinato en el llamado deterioro cognitivo amnésico leve, un precursor del mal de Alzheimer. Este equipo usó la misma tecnología de imágenes por tensor de difusión, y encontró relación con dos problemas: el reconocimiento de expresiones faciales de temor y el desempeño de la memoria emocional. Se vio asociación con alteraciones microestructurales dentro del haz de fibras.

CLAVES / OPINIONES • El doctor Michael Craig dijo que el estudio pone de relieve el valor de las nuevas tecnologías de captura de imagen para entender más a fondo lo que hay detrás de la mente psicópata. • El experto del King’s College agregó: “La sugerencia de un déficit estructural claro en los cerebros de los psicópatas tiene profundas implicaciones para clínicos, científicos investigadores y el sistema de justicia criminal”. • Pero si se verifica la conexión entre psicopatía y alambrado cerebral, se abriría la perspectiva de usar análisis cerebrales como ayuda para diagnosticar a psicópatas, y daría ideas para desarrollar nuevas terapias. Monterrey • Horacio Salazar http://impreso.milenio.com/node/8619546

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Ismael Vidales Delgado

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¿Serán los psicópatas los hombres del futuro?

Profesor Ismael Vidales Delgado Director del Centro de Altos Estudios e Investigación Pedagógica ividales@att.net.mx

a psicopatía es un trastorno de la personalidad que consiste en una incapacidad importante para sentir emociones y empatía hacia los demás. Los psicópatas hacen lo que hacen sin complejo de culpa; no tienen aparato de censura, no tienen remordimiento. Miran a los demás como objetos; los utilizan y manipulan para conseguir sus objetivos, para satisfacer sus intereses personales. Un psicópata no es un loco; sabe que está haciendo daño al otro; pero, por no tener sentimientos, simplemente no comprende el daño que causa a otras personas. No se sabe exactamente cuál es el origen de este trastorno, aunque hay una o dos teorías al respecto. El psicópata tiene sus capacidades intelectuales normales, sin que alcance niveles de genialidad. DISFUNCIÓN CEREBRAL Noticias recientes informan que científicos ingleses han estudiado grupos de psicópatas que cumplían condenas por delitos como violaciones u homicidios, y descubrieron un mecanismo para comprender por qué algunas personas adquieren este trastorno, concluyendo que, al parecer el detonante del comportamiento psicópata es una comunicación defectuosa entre la parte del cerebro relacionada con las emociones y otra parte encargada de la toma de decisiones razonadas. Sin embargo, los mismos especialistas afirman que eso no es suficiente para diagnosticar la psicopatía, pues puede tratarse de otro desorden psíquico, pero contribuye a explicarlo. Dicen los expertos que en la realidad la cantidad de sicóticos como los muestra el cine -especialmente el norteamericano- es exagerada. El cine muestra al psicópata como asesino en serie. La realidad es que la mayoría de los psicópatas no son asesinos, y los asesinos no son necesariamente psicópatas. Ciertamente, en el mundo real hay muchas personas con comportamientos psicópatas en los grupos políticos, policiales, de negocios y religiosos. La mayoría de estas personas aman el poder y son mentirosos; manipulan a otros que son capaces de hacer verdaderas indecencias obsecuentes a favor de quien les ordena; se aferran al poder como verdaderos desequilibrados; mienten de manera deliberada. EL PODER TRANSFORMA El ejercicio del poder puede ir transformando a los políticos, policías, hombres de negocios y líderes religiosos en psicópatas funcionales; es decir, en individuos que pueden cometer cualquier tipo de abusos y tropelías sin que ello les represente algún problema moral o de conciencia. Estas personas apelan a la salvación de la ciudadanía común y corriente según sus propias ideas, y actúan “en el nombre de Dios”. Afirman que actúan inspirados por un mandato supremo; se asumen como salvadores de cuerpos y almas y del mundo. Lo peor de todo es que esta gente no tiene remedio.

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Existe un test, denominado Lista de Comprobación de la Psicopatía (PCL-R, en inglés) con 20 ítems, que trata de descubrir la falta de empatía con los demás como posible origen de la psicopatía. A través de una entrevista y con datos del historial de la persona, el médico obtiene una puntuación por cada ítem. Si es cero, no tendrá nada psicopático y si es dos, será un psicópata muy claro. Este instrumento psicométrico -con todo y la desconfianza que se da hacia los tests- ha mostrado que el 99.9 por ciento de los psicópatas no matan. Hay muchos en la política, la policía, los negocios y los grupos religiosos. Son insensibles como máquinas, sin emociones. Se calcula que alrededor del 15 por ciento de los asesinos encarcelados son psicópatas y el uno por ciento de la sociedad en general lo es, y que la prevalencia es mayor en los varones que en las mujeres. PSICOPATOLOGÍA Y POLÍTICA El investigador norteamericano Harold D. Lasswell, estudió en 1930 a un amplio grupo de políticos que tenían problemas psicológicos y psiquiátricos. Como producto de esa investigación, publicó su libro Psicopatología y política. En esta obra el autor escribe que algunas personas que se dedican a la política, cuando adquieren el poder, actúan de manera desquiciada; personas aparentemente normales se transforman con el poder y muestran una faceta de déspotas y dictadores. Estos individuos llegan a creerse únicos e insustituibles, incluso llegan a creer que son la reencarnación de otros personajes que han tenido mucho poder, y en fases de delirio, llegan a considerarse predestinados, convencidos de que su destino mesiánico es ser jefes o caudillos, por la “gracia de Dios”. El poder los convierte en verdaderos monstruos, insaciables de riqueza, de aduladores, y necesitados hasta límites enfermizos, de servidores incondicionales. EDUCACIÓN ÉTICA Para evitar la proliferación de este tipo de individuos -que pudieran ser una importante mayoría en el futuro cercano- hay que inducir la educación ética en los servidores públicos, en los políticos, en la policía, en los hombres de negocios, en los líderes religiosos, para que dimensionen su actividad como servicio dirigido al bien común, y no como una conducta anómala, dirigida al logro de poder, riqueza, fama, servidores incondicionales que les da cada vez mayor discrecionalidad, honores y “prestigio social”, siempre a costa del bienestar de los ciudadanos y del interés público. También hay que tomar medidas eficaces para evitar la acumulación de poder personal, y esto sólo puede ser a través de los valores de la democracia real; el establecimiento de un Estado de Derecho tangible; el desarrollo de contrapoderes políticos eficaces, y la limitación legal de la prolongación en el poder; esto es, la reelección. De lo contrario, los hombres del futuro estaremos a merced de un grupo cada vez mayor de psicópatas… y eso no está bien.

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Tesis del investigador Robert Hare

Psicópata

el uno por ciento de la población mundial Patricia Liliana Cerda Pérez

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on más de 150 millones de neuronas en el cerebro humano, es complicado tratar de comprender la mente del hombre y, más complejo aún resulta buscar entender la mente de un psicópata. La psicopatología, ciencia que estudia las conductas y ámbitos del comportamiento anómalo o enfermizo, desde los puntos de vista de la biología, la psiquiatría, la psicología y la sociología, revolucionó sus modelos y esquemas para erigirse, a lo largo de los últimos 30 años, en una de las disciplinas más dinámicas del siglo XXI.

Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez Coordinadora del Centro de Investigaciones FCC/UANL cerda35@hotmail. com

Caín y Abel

PSICÓPATAS EN TODOS LOS TIEMPOS Desde Hipócrates, considerado uno de los precursores en el diagnóstico de las enfermedades mentales; hasta filósofos como Platón, Aristóteles o Humes, quienes disertaban sobre la condición humana desde sus dogmas filosóficos; o grandes literatos, como William Shakespeare, las sociedades de todos los tiempos han enfrentado psicópatas o personalidades psicópatas que -diagnosticados o no- han sido descritas por la mismísima Biblia, con el famoso ejemplo de crímenes en familia, como es el caso de Abel y Caín.

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Los psicópatas han tenido diversos destinos, conforme la época y las sociedades en las cuales se desenvolvían. En la antigua Roma, los esclavos y los dementes eran devorados por los leones, para “divertir o entretener” a los ciudadanos libres; en la Edad Media, cuando las enfermedades mentales en Occidente se clasificaban como un síntoma de posesión demoniaca, a los enfermos no se les buscaba un alivio o cura; simplemente eran confinados en cárceles o quemados en la hoguera. Con excepciones honrosas, como Santo Tomás de Aquino, quien pensaba que la locura o los trastornos mentales se debían a daños en algún órgano, la demencia en general, entre el clero católico, estaba vinculada con demonios y posesiones, para lo cual se elaboraron manuales completos de demonología. ENVIADOS DE DIOS En contraparte, en Oriente, donde el profeta Mahoma afirmaba que los trastornados mentales eran enviados de Dios, a quienes había de cuidarse, se crearon hospitales psiquiátricos en pleno medioevo. No fue sino hasta el siglo XIX cuando surgieron las primeras ideas sobre la psicopatología, al asumirse que los desórdenes mentales tienen un origen anatómico, tesis enriquecidas posteriormente con el psicoanálisis. Hoy en día, los científicos y profesionales de este ámbito analizan las enfermedades mentales desde un modelo biopsicosocial, que incluye hasta tomografías para analizar la capacidad de empatía -a través del análisis de estímulos-, de quienes se sospecha tienen personalidad psicópata. LOS REMORDIMIENTOS, AJENOS AL PSICÓPATA Según los psiquiatras, los psicópatas tienen -entre otras-, conductas tales como utilizar a las personas como si fueran objetos, a fin de lograr sus objetivos; y esto lo hacen sin remordimiento o arrepentimiento, pues sólo sienten culpa cuando transgreden sus propios códigos morales y no los generalmente admitidos para el bienestar común. En una sociedad globalmente neocapitalista y utilitaria, la lista de conductas o comportamientos psicópatas tiende a multiplicarse. Sin embargo, el doctor Robert Hare, investigador sobre Psicología Criminal, quien define la personalidad psicopática con una lista de 20 características como base de su trabajo, estima que cerca del uno por ciento de la población mundial es psicópata. No nos limitemos a pensar que sólo los grandes asesinos son psicópatas. Existen personas que sin causar daños físicos, manipulan, engañan o chantajean, en pleno uso de su personalidad psicópata, sólo para imponer su voluntad o poder. El psiquiatra polaco Andrew M. Lobaczewski, inventó la ponerología, el estudio interdisciplinario de las causas de los períodos de injusticia social, donde el psicópata es un elemento central. En su libro Ponerología Política: Una Ciencia de la Naturaleza mal Ajustada a Propósitos Políticos, Lobaczewski concluye: “la patocracia es una enfermedad de grandes

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Robert Hare Robert Hare es Doctor en Psicología y profesor emérito de la University of British Columbia de Canadá. Lleva más de treinta años investigando sobre la psicopatía, y es el autor de la conocida escala PCL (Psychopathy Checklist) y su revisión (PCL-R), considerados los más precisos para estimar el riesgo de conducta violenta. Forma parte del CASMIRC (Child Abduction and Serial Murder Investigative Resources Center) perteneciente al FBI y creado en 1998. También ha formado parte del consejo de prisiones en Reino Unido, desarrollando programas de tratamiento para delincuentes psicópatas, además de pertenecer al International Criminal Investigative Analysis Fellowship (ICIAF). Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla de Planta del Centro Reina Sofía (España) en 1999.

Andrew M. Lobaczewski El Psiquiatra polaco Andrew M. Lobaczewski nació en el año de 1921. Trabajó en Polonia durante muchos años, lejos de centros políticos y culturales activos. Es allí donde llevó a cabo una serie de pruebas detalladas y de observaciones que serían combinadas con el propósito de producir una introducción global para la comprensión de la psicopatía en general. Autor del libro “Ponerología Política: Una Ciencia de la Naturaleza mal Ajustada a Propósitos Políticos”, obra donde expone que la Ponerología se revela a sí misma como una nueva rama de la ciencia, nacida de la necesidad histórica y las realizaciones más recientes de la medicina y la psicología. A la luz de un lenguaje objetivo, naturalísimo, estudia los componentes causales y procesos del génesis del mal, sin importar el último alcance social.

movimientos sociales, seguidos por sociedades enteras, así como por naciones e imperios. “Durante el transcurso de la historia de la humanidad, ha afectado a movimientos sociales, políticos y religiosos, al igual que a las ideologías que la acompañan... Y los ha convertido en caricatura de ellos mismos... Esto ocurrió como resultado de la participación de agentes patológicos en un proceso patodinámico similar”. “Esto explica por qué todas las patocracias del mundo son, o han sido, tan similares en sus propiedades esenciales”. (1) Si la tesis de este psiquiatra polaco es cierta, queda tan sólo preguntarnos si con los actuales niveles de injusticia social prevaleciente en el mundo, ese uno por ciento de psicópatas estimado por Hare, como operante en toda la población mundial, es una cifra que necesariamente debiera multiplicarse.


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Causas o etiología familiar de la psicopatía Jude

Blanca Cecilia Martínez Núñez

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a enfermedad mental -en este caso la Psicopatía- tiene un significado social y científico, y cuenta con una revisión histórica, lo que nos obliga a considerar su contexto y su implicación en forma integral. La salud social depende de la salud individual, dado que la sociedad no es sino una multiplicación masiva de personas, en donde interactuamos permanentemente, no siempre de forma adecuada, lo que nos lleva o nos puede llevar a la enfermedad. Un ambiente suficientemente bueno (la familia) facilita el desarrollo, lo cual puede significar un adecuado proceso de madurez desde la adaptación biológica; o sea, las necesidades básicas fisiológicas, (hambre, frío, calor, limpieza, confort, seguridad, etcétera) lo que facilita la adaptación al medio ambiente.

Por lo general, la persona que satisface estas necesidades es la madre o sustituto de ella, y a partir de ella y de la representación del padre, se inicia la construcción del aparato psíquico (inconsciente, preconsiente y consciente) del bebé, quien continúa su inserción en el sistema social, pues ya lo inició desde el deseo de la madre, a partir de la preconcepción. El psicoanálisis postula la importancia de los primeros años de vida de una persona, pues es cuando se forja su “destino “. Desde el momento del nacimiento; más bien, desde la preconcepción, se originan los cimientos de la personalidad; es decir, la base del comportamiento y desarrollo, como se aborda en el artículo de S. Freud: “Los tres ensayos de una teoría sexual”.

Maestra Blanca Cecilia Martínez Núñez Licenciada en Psicología con acentuación en Clínica Infantil Especialidad en Psicoterapia Psicoanalítica Maestría en Psicoterapia con Orientación Psicoanalítica Docente de la Facultad de Psicología desde 1981 Coordinadora del Departamento de Servicio Social Docente blanca_ psicosocial@ yahoo.com.mx

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CONSTRUCCIÓN DE LA PERSONALIDAD La construcción de esta personalidad se da a lo largo de las etapas del desarrollo psicosexual, en donde nos queda claro que las primeras son la base y los cimientos para dimensionar cómo será capaz el individuo de afrontar las situaciones conflictivas, duelos, manejo de frustración, nivel de tolerancia, pues las experiencias vividas en la infancia quedan como representaciones que se evocan en etapas posteriores, dependiendo de la forma de procesarlas. La importancia de la elaboración de los futuros duelos, tanto de la madre como del infante; las fantasías agresivas propias de la época pre genital en el niño, así como lo menciona M. Klein en su obra Desarrollo en Psicoanálisis, lo cual es registrado en su realidad interior, lo que le va a permitir o a limitar en sus recursos para los procesos de elaboración posterior y así lograr la integración de su “ Yo”, se da en función de la calidad del vinculo materno infantil. ¿A qué nos referimos por construcción del “ YO”? Es la instancia psíquica que se forma a partir de la percepción de la calidad en la relación con la “madre”, la cual debe ser lo suficientemente fuerte, pues va a regular la exigencias del yo; o sea, las necesidades de satisfacción y placer. Esto significa que la madre debe ser lo suficientemente sana para poder ayudar a controlar las emociones y su motricidad, y así su conducta esté dirigida por un proceso adecuado y maduro de pensamiento.

Las funciones del Yo son: PRUEBA DE REALIDAD: Distinguir entre los estímulos internos y los externos. JUICIO: Anticipar las consecuencias de la conducta. SENTIDO DE REALIDAD: Grado en que el sujeto ha desarrollado su individualidad, su yo corporal y autoestima. REGULACION Y CONTROL DE LOS IMPLULSOS: Eficiencia en la demora de los mecanismos de control. RELACIONES DE OBJETO: Grado, calidad, consistencia y tipo de relaciones personales e interpersonales. PROCESO DE PENSAMIENTO: Grado de adaptación en memoria, concentración, atención, conceptualización, lenguaje, y congruencia en la comunicación. REGRESION ADAPTATIVA AL SERVICIO DEL YO: Uso controlado del proceso primario del pensamiento. BARRERA DE ESTIMULOS: Umbral de sensibilidad a estímulos externos e internos, grado de adaptación, integración, organización a los estímulos sensoriales. FUNCIONAMIENTO AUTÓNOMO: Nivel de atención, concentración, memoria, aprendizaje, percepción, motricidad e intención. FUNCIONAMIENTO SINTÉTICO INTEGRATIVO: Grado de integración actitudes, valores, afectos, conducta, roles, sobre todo en la adolescencia; capacidad de dominio y competencia, grado subjetivo de lo que yo sé que domino, de lo que puedo ser capaz o no. FUNCIONES DEFENSIVAS: Funcionamiento adecuado y pertinente de las defensas: represión, proyección, negación, introspección, regresión, formación reactiva, aislamiento, desplazamiento, intelectualización, racionalización y sublimación.

“Mimetismo” Remedios Varo.

Para lograr que el YO se constituya de manera adecuada, madura, y alcance el funcionamiento neurótico, que sería lo esperado, es fundamental la ayuda del control asertivo y contenedor de las figuras reguladoras del YO, que son la madre en primera instancia, y de forma inmediata, a través de la madre, la figura del padre.

CONDUCTA PSICÓPATA Cuando el ambiente y la relación con la familia es hostil, agresivo o, por otro lado, negligente, distante o de desaprensión, se dificulta que las funciones del YO y sus mecanismos defensivos se instalen adecuadamente, de tal manera que la conducta disociada o psicópata se construye debido a la desintegración con respecto al tipo y calidad de vínculos con las primeras relaciones. Su prueba de realidad no le permite diferenciar entre lo interno y lo externo, lo que genera un problema en la interpretación del tiempo y el espacio; sucede lo mismo

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con la forma de procesamiento del pensamiento, pues su memoria, concentración, atención, lenguaje, y representación de la comunicación no le permiten conceptualizar adecuadamente, y esto afecta su percepción, lo que impacta en el manejo y regulación del control de impulsos, en donde su capacidad adaptativa no permite la recuperación adecuada ante estímulos desagradables. Está claramente afectado, pues la consistencia en las relaciones con los demás se evidencia como deficiente; su nivel de interlocución es deficiente; su mirada y contacto físico está afectado, pues representa las situaciones do


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lorosas de etapas primitivas que no se elaboraron adecuadamente, pues el Yo no está preparado para su buen funcionamiento. Una función fundamental que evidencia su nivel de deterioro es el JUICIO, pues no logra anticipar la consecuencia legal, social y emocional de la conducta manifiesta; no logra ser consciente de sus conductas; no armoniza emocionalmente con la realidad. Su realidad está construida desde adentro, sin diferenciar lo interno-externo. IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO ADECUADO Se debe considerar de forma determinante la importancia de un adecuado diagnóstico, basado en decisiones explicitas e implícitas referentes a una adecuada ruta para trazar el tratamiento pertinente, de acuerdo a las características (edad, gÉnero, motivo de consulta, tipo de familia, situación sociográfica, etcétera) propias de la persona evaluada en su contexto. El concepto de “elección de tratamiento” nos indica que dicha elección depende por un lado de la naturaleza de la enfermedad del paciente y, por otra parte, de las posibilidades de instrumentación de que se disponga en la sociedad. Es evidente que la posibilidad de “tratamiento” en el área de la psicopatía aparentemente ha aumentado, pues anteriormente se trabajaba con ellos sólo en un proceso como de custodia, algo así como de cuidadores de que sus conductas no irrumpan en el sistema familiar y social. Mas no es así, pues resultó y resulta difícil todavía, o, más bien complicado, comprender la trascendencia de la interacción de los procesos psicológicos de la persona y la dinámica de la familia, la cual tiene un impacto tremendo en esta estructuración, pues no escuchamos las expresiones de demanda que se gritan en forma de síntomas en nuestro sistema familiar y social. La forma de vincularnos, de escucharnos, de no marcar limites, o de ser intransigente con ellos en los primeros años de la vida de un ser humano, son determinantes en la construcción de la salud o de la enfermedad. Es importante comprender cómo los eventos a los cuales nos enfrentamos en nuestra vida, la forma de afrontarlos o de elaborarlos, depende de las huellas o representaciones almacenadas, y éstas están allí a partir de la forma en que, en etapas tempranas, fueron vividas, y actualmente nuestros recursos del YO nos permiten reunificarlas. PROCESO DE CONSTRUCCIÓN El diagnóstico en etapas tempranas o en niños es más elaborado y complicado, pues el niño está en proceso de construcción, en proceso de madurez, lo cual facilita que en ocasiones se pueda confundir cuándo una conducta es parte de esa etapa de transición del desarrollo, o es un rasgo de carácter. El diagnóstico debe evaluar y señalar los conflictos y ansiedades específicas, así como las capacidades sanas del Yo, en su proceso de adaptación y de desarrollo normal, entendido como una maniobra defensiva de retraimiento y como un intento de adecuación en ese proceso de construcción al servicio de la restitución y recuperación, considerando las relaciones entre y con los padres, dentro de un sistema familiar en su contexto. El ser humano aprende a ser creativo jugando; el juego es la primera actividad a través de la cual crea y descubre su universo interior, el mundo de los objetos primarios; y también expresa afectos y deseos relacionados con esos primeros objetos que se encuentran regularmente dentro del sistema familiar. Así va el hombre

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aprendiendo a no temerle a su mundo interno, como ocurre en el tratamiento psicoanalítico, en el cual se “construye” un espacio que propicia la manifestación de fantasías agresivas y/o sexuales dirigidas a los seres queridos (padres) y a otras figuras significativas, las cuales suelen ser dolorosas. Es en este campo ilusorio donde vamos construyendo otra realidad más sana; otra realidad que no está determinada o influenciada por dichas fantasías; esto es, a partir de las funciones del YO, éste es el camino de la salud, ciertamente similar al del juego y la creatividad. Recordemos que la salud y la enfermedad son constructos sociales.

“Ruptura” Remedios Varo.

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Tratamiento integral para la psicopatía José Castillo Ruiz

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n joven británico de 15 años asesinó a un amigo, asfixiándolo, y posteriormente colocó su cadáver en las vías del ferrocarril, para aparentar un accidente. Un mes después de este crimen, que conmocionó a toda Inglaterra, la policía siguió las pesquisas del crimen, y, con la ayuda de un informante anónimo, logró capturar al joven delincuente, el cual fue llevado a juicio, y declarado culpable un año después. Con ello inició un proceso de internamiento en una unidad de readaptación forense y psicológica en Gran Bretaña. Con el tiempo, debido a que el escándalo arruinó su reputación y su posible reincorporación a la sociedad, el equipo terapéutico de la mencionada clínica decidió un cambio de la identidad de esta persona, a fin de que, al término de su condena y de su tratamiento, se reincorporase a la sociedad. La historia anterior parecería ser un extracto de una novela de terror de Alfred Hitchcock. Sin embargo, es un caso real que ilustra la misión de los equipos multidisciplinarios de tratamiento de pacientes psicópatas. A continuación haré un resumen de lo que se considera un tratamiento integral para esta clase de pacientes. PACIENTES PSICÓPATAS Lynam, et al (2009), citando a Cleckley (1941) y Hare (2003), mencionan que, a pesar de que la psicopatía no se encuentra dentro de la nomenclatura de diagnósticos oficiales, sí es tomada en cuenta como un trastorno psicológico. Quienes presentan este trastorno se caracterizan por contar con una falta de remordimiento y de afectividad, así como por ser egocéntricos, manipuladores, impulsivos, irrealistas. Para el tratamiento del trastorno psicopático, en primer instancia se debe tomar en cuenta que sí es posible brindar dicho tratamiento a este trastorno, aun cuando años atrás se consideraba que no se podía intervenir con pacientes con este trastorno. (Benveniste, 1996) El tratamiento integral debe estar conformado por las siguientes modalidades: Hospitalización en caso necesario Psicoterapia Farmacoterapia (en ocasiones) Terapia Familiar Terapia de Grupo Doctor José Castillo Ruiz Director Médico de Clínica CASA, afiliado al Hospital Muguerza Director de Vida Nueva, A.C. josecastilloruiz@ terra.com.mx

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HOSPITALIZACIÓN La hospitalización en caso necesario debe realizarse en una unidad especial de tratamiento psiquiátrico, bajo las medidas dictadas por el código forense del país. Cada unidad cuenta con servicio de seguridad mayor al del hospital convencional, para prevenir incidentes frecuentes en este tipo de pacientes, tales como fugas, agresiones, intentos de suicidio, entre otros.

El tratamiento en estas unidades de internamiento forense, incluye personal multidisciplinario, como enfermeros, personal de rehabilitación, psicólogos, psiquiatras, personal de apoyo legal, a fin de brindar un tratamiento integral a estos pacientes.


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PSICOTERAPIA La aplicación de modelos de psicoterapia psicodinámica se basa en la gran aportación científica que Freud imprimió a su creación del psicoanálisis. Esta teoría, cuando es empleada en el tratamiento de pacientes psicópatas, intenta enfatizar la importancia de la estructura de la personalidad del individuo y del desarrollo a través de su vida. Asimismo, investiga las motivaciones instintivas y mecanismos de defensa de estos pacientes, haciendo conscientes sus motivaciones primarias e intentando gradualmente favorecer la instalación de un sistema de valores y conductas empáticas en su persona. Terapia Cognitiva En la Terapia Cognitiva, se intenta reconfigurar los esquemas mentales del paciente psicópata hacia una forma más congruente y realista de la vida. Esta psicoterapia está orientada a que la persona con este diagnóstico forme actitudes congruentes del yo, tales como lógica, sentido de la realidad, culpa reparatoria, valores, empatía, activación de las neuronas espejo -que promueven la adquisición de comportamientos con lógica y responsabilidad. Psicoterapia Conductual El tratamiento conductual enfatiza el empleo de la teoría del aprendizaje, a fin de que las conductas maladaptativas del paciente psicópata se conviertan en nuevas formas de actuar consigo mismo y con los demás. Otras técnicas conductuales se basan en terapias aversivas, sistemas de restricción y promoción de privilegios en función de cuál sea el grado de modificación conductual del psicópata. Dentro de este esquema conductual, el uso de mascotas, fomenta las funciones de empatía, responsabilidad y compromiso social en este tipo de pacientes. Psicoterapia de Grupo En esta modalidad de tratamiento, se fomenta que el paciente psicópata, a través de la educación y comunicación con los demás miembros del grupo, logre desarrollar confianza genuina, empatía, sentido comunitario y encuentre el valor de las redes sociales en su tratamiento. TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO Este tratamiento forma parte importante en el manejo integral del paciente psicopático. La Farmacoterapia sirve de gran utilidad cuando existen diagnósticos duales, incluyendo Trastorno por Déficiti de la Atención, Alcoholismo, Drogadicción, Psicosis, Trastornos del Afecto (Depresión y Bipolaridad). El rango de psicofármacos incluye antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos, y psicoestabilizadores (Anticonvulsivos y Litio). TERAPIA FAMILIAR EL enfoque de la terapia familiar involucra a la esposa y a los hijos, a fin de crear mejores lazos de afecto, comunicación y compromiso hacia un mejor horizonte de vida en los integrantes de este núcleo social.

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REFERENCIAS Benveniste, D. H. (1996) Diagnosis and Treatment of Sociopaths and Clients with Sociopathic. Oakland, CA: New Harbinger Publications. Lynam, D., Charnigo, R., Moffit, T., Raine, A., Loeber, R. & StouthamerLoeber, M. (2009) The stability of psychopathy across adolescence. Development and Psychopathology 21, 1133–1153

Doctor José Castillo Ruiz Cursó la carrera de Médico Cirujano y de Psiquiatría por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Obtuvo Maestría en Investigación, por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Realizó estudios de Especialidad en Psicofarmacología por la Facultad de Medicina de La Universidad de Harvard. Ha publicado artículos en revistas internacionales, tales como el American Journal of Psychiatry, Clinical Psychiatry, y el Journal of Psychopharmacology. Es autor de cuatro libros: Tú eres lo que te imaginas, El laberinto del Cerebro, Teoterapia: La Fé como Terapia y el Efecto Boyle Potts a Nivel Cerebral (este último en prensa). Actualmente es Director Médico de Clínica CASA, afiliado al Hospital Muguerza, Director de Vida Nueva, A.C. Co-Fundador de Ingenium, A.B.P. Médico Adscrito al Servicio Médico de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Profesor de Psiquiatría de la Universidad de Monterrey, Co-fundador y Apoderado Legal del Colegio de Médicos Psiquiatras de Nuevo León, A.C.

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Y estudio para la prevención de la psicopatía

Falla de los adolescentes ante las normas sociales de educación media superior (El presente es un avance de la investigación sobre evaluación del superyó, en una población de adolescentes en la zona metropolitana de Monterrey, en preparatorias públicas y privadas). Prisciliano de León Dávalos JUSTIFICACIÓN a adolescencia es la edad que se ubica entre la infancia, época en la que el niño es dependiente del adulto, y la edad adulta, etapa en la que se asume que el individuo es autosuficiente, consciente y responsable de sus actos. Suponemos que tal conciencia y responsabilidad se adquieren paulatinamente. ¿Es que entonces el adolescente ya es capaz de reconocer su lugar en la sociedad? ¿Cuándo lo hace? ¿Cómo percibe las normas sociales? Y, sobre todo, ¿cómo actúa ante las normas sociales y qué motiva tal conducta? Las investigaciones reportadas generalmente se dirigen a identificar las variables sociales de estos aspectos, mientras que a nosotros nos interesan las tendencias psico-sociales.

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Doctor Prisciliano de León Dávalos Médico Psiquiatra y Psicoanalista de niños y adultos priscileon@gmail. com

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LA VIOLENCIA, EN AUMENTO Por otra parte, existe en la sociedad actual una gran preocupación relacionada con el incremento de las diversas formas de violencia social: los delitos parecen ir en aumento, lo mismo que las diversas formas de delincuencia, sea llamada menor, organizada o juvenil. Éstos son ahora temas cotidianos en los diversos grupos sociales. El derecho penal de menores se ha ido modificando, influido por diversas corrientes teóricas y sociales. El menor delincuente fue sustraído del derecho penal común, con lo que se modificó de raíz la idea de punibilidad e imputabilidad de los delitos cometidos por niños o adolescentes, y se sustituyó el principio fundamental de culpa por el de peligrosidad. Un delito representa, por lo general, un ataque directo a los derechos individuales (integridad física, propiedad, etcétera) y siempre atenta contra los derechos del cuerpo social, por lo que, contravenir la ley es un atentado en contra del orden social regulado por la ley. DELINCUENCIA Y DELINCUENCIA JUVENIL La importancia de este estudio es que se han incrementado los actos delictivos y antisociales entre los jóvenes en este rango de gravedad, y no existe ningún estudio


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que tenga un propósito de identificación temprana y de pronóstico, como la presente investigación, con la aplicación de pruebas específicas para la detección temprana de conductas y o síntomas que se observan en personas identificadas como delincuentes o como delincuentes juveniles. En México, en el año 2002, existían 54 centros de internamiento para menores, que albergaban una población de cuatro mil 749 internos, de los cuales, cuatro mil 496 eran varones y 253 eran mujeres. Éstos son atendidos por los Consejos Tutelares, que tienen como base el principio de que la conducta antisocial de los menores de edad no necesita castigo, sino tratamiento. En esta investigación se busca la elaboración de un perfil de funciones superyoicas, en una población del norte de la republica mexicana, de adolescentes entre 14 y 18 años de edad, de ambos sexos. Ésta es una investigación que puede definir un perfil sobre funciones del superyó en relación con el control consciente de conductas delictivas y antisociales, a través de dos pruebas estandarizadas para la población mexicana, que son el “Inventario multifásico de la personalidad Minnesota para adolescentes” MMPI-A, y el “Cuestionario de Conductas Antisociales-Delictivas”, A-D, los que comparan los hallazgos, entre población escolar de nivel preparatorio y equivalente. Son de carácter público, privado y técnico.

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METODOLOGÍA Es una investigación transversal, descriptiva y correlacionada, que, a través del método inductivo, puede definir un perfil de actitudes y conductas de los adolescentes, estudiantes de nivel medio-superior ante las normas sociales, evaluado a través de dos pruebas psicológicas estandarizadas para la población mexicana, que son: el Inventario Multifásico de la Personalidad Minnesota para adolescentes (MMPI-A) y el Cuestionario de Conductas Antisociales y delictivas (A- D). POBLACIÓN El universo del estudio son tres preparatorias: una pública, una privada y una técnica pública. Se determinó una muestra de ambos sexos Se obtuvo una muestra de 281, y se descartaron 39 casos, por invalidez de pruebas y por salirse del rango de edad. Así, se seleccionaron 242 casos, de los cuales 108 son varones y 134, mujeres. La administración de las pruebas se realizó en las aulas de la escuela co-rrespondiente y estuvo a cargo de los propios autores, con el apoyo de un equipo de aplicación, integrado por colegas psicólogos, y con respeto a las normas de estandarización para la aplicación, revisión del material e interpretación de las pruebas. ESTRATEGIA DE ANALISIS

PROPÓSITO Y MÉTODO Se aplicarán dos pruebas a estudiantes de preparatorias privadas, públicas y técnicas, en una ciudad del norte de la república mexicana, en Monterrey, Nuevo León. Una de la hipótesis planteadas es sobre la pregunta de si existe un perfil de adolescentes identificable con los reactivos de conductas de las pruebas MMPI-A y [ (A- D)], que denota una falla en las funciones de control de conductas delictivas y antisociales. Se da por cierto, con los resultados de las encuestas y de su análisis, con las características como factores de prevención en los adolescentes. Algunas definiciones pertinentes: El Superyó es una construcción dentro de la teoría estructural tripartita (ello, yo y superyó) del psicoanálisis, para explicar el funcionamiento mental normal y patológico. El superyó es una de esas categorías teóricas. Las funciones conscientes del superyó son: • La regulación de la autoestima y de la autocrítica. • Control de impulsos. • La regulación del acatamiento a la norma. • La expresión de la sexualidad • La regulación empática con seres humanos y seres vivos. • La regulación de la identificación consciente de valores, religiosos, morales, étnicos, filosóficos y éticos. • La regulación de la culpa y de la reparación. • La veneración, idealización consciente y la actividad social. • La respuesta de defensa frente a la agresión.

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Para el análisis de los datos, se empleo el Statical Product and Service Solution (SPSS, version12), aplicando frecuencia y porcentaje, coeficiente de correlación, análisis factorial y comparación de dos variables nominales UD MAN, WHITNEY. RESULTADOS La aplicación se llevó a cabo con selección de variables de ambas, un constructo a investigar el Superyó consciente, en adolescentes de educación media, del norte de la república, a través de las pruebas de MMPI y de A-D, que son las siguientes. Generales (clave, número de casos, edad, sexo). De validez de las pruebas (INAVR = Invalidez, F1 = Infrecuencia, F2 = Infrecuencia 2, F =Infrecuencia), Clínicas Generales ( L = mentira K = Defensividad, D = Depresión, IS = aislamiento, M /F = Masculino Femenino,) Clínicas Específicas (Dp = Desviación Psicopática, IS = Aislamiento, BAE-A = Baja Autoestima Adolescente, ESC-A =Problemas Escolares Adolescente, ISO-A = Incomodidad Social Adolescente, ENJ -A = Enojo- Adolescente, DEP- A = Depresión Adolescente, FAM-A = Problemas Familiares Adolescente, CIN-A = Cinismo- Adolescente, PCO-A = Problemas de Conducta Adolescente, R-A = Represión, Antisocial, Delincuencia, Gpo. (Claves de identificación de grupos y escuelas, no publicadas para este documento.) Variables de validez F1, F2, F, L, K, D Claves de constructo: IS, D, Dp, CIN, ENJ, BAE, R-A y D Comparando contra: Esc - A, FAM- A, PSCO- A, ISO- A Y con prueba de conductas Antisociales y Delictivas; prueba de A y D. Se usó estadística descriptiva, Prueba de Confiabilidad de Alfa de Cronbach’s, Prueba de (distribución Normal) Kolmogorv Smirnov, Análisis factorial Pruebas estadísticas efectuadas, Tucky and Gabe Howie Kruskal Wall. S análisis de Factor variables con correlación de .6 a 1 Alpha Confiabilidad de .6 a 1 las lecturas de .77 Factor1, Ega Value de 1 o más Varimax, Kolmogor S. >.05 Distribución, Histograma Distribución Normal. Resultados del Análisis factorial: VARIABLES

FACTOR I

IS

.246

ISO

.232

D

.228

FACTOR II

CIN

.276

ENJ

.188

FACTOR III

Del

.421

A

.342

DP

.226

F/M

FACTOR IV

.410

Se agruparon con los siguientes conceptos: Factor I. Factor II. Factor III. Deficiencia del manejo de la conducta social adecuada y Factor de riesgo. Factor IV. Factor De Fragilidad del Superyó con relación al género, mas en el varón que en la mujer. DETERMINACIÓN DE LA MUESTRA Se seleccionó con la aplicación de fórmula estadística para muestra pequeña en función de la población, utilización de tablas aleatorias sobre listado de alum-

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nos, e invitación a participar bajo contrato de anonimato y que acepten participar libre e informadamente. CONCLUSIONES Se encontraron cinco agrupaciones estadísticas significativas con las siguientes variables: Is es aislamiento, ISO aislamiento Social, D depresión, CIN cinismo, ENJ enojo, DEL factores de delincuencia, conductas antisociales, desviación sicopática y la variable. Se definen como factor de segregación social la depresión el aislamiento afectivo y el aislamiento social, como factores pre-disponentes a la conducta antisocial y a la violación de normas escolares; la baja autoestima, la generación de envidia y resentimiento y la ira y la tristeza reprimida son factores que potencian la emergencia de impulsos destructivos, favorecen también el consumo de alcohol y drogas psicotrópicas. El segundo lo llamo el factor provocador de conductas delictivas y antisociales y se encuentran el enojo y el cinismo. Ambos nos hablan de impulsividad presente, que se potencia en grupo y con la ingesta de alcohol y drogas psicotrópicas, pero no son necesarias. Las pandillas, la violencia el robo, el maltrato y el abuso son ejemplos de la condición. El tercer grupo es un factor de riesgo, donde se abre claramente la inclinación al delito, y las funciones del Superyó se encuentran seriamente lesionadas o son inoperantes; son adolescentes que ya han transgredido las normas con plena conciencia y placer, así como la utilización de las ganancias secundarias del acto delictivo, como es la obtención del dinero y el poder del abuso y el sometimiento sin consideración a las personas, a las que se trata como sujetos de explotación, en un proceso de deshumanización hacia sus semejantes. El último grupo es la variable del género, donde se observa una mayor tendencia del género femenino de concentrarse más en los grupos de segregación social. El género masculino presenta una mayor debilidad de los controles internos y la impulsividad. Es de resaltar que si bien sabemos por la clínica que los factores depresivos son tierra fértil para el adolescente para iniciar el consumo tóxico de estimulantes psicotrópicos y alcohol, no da en un porcentaje alto en combinación con conductas como el cinismo. El cinismo es traducido por ellos a “me vale” o “poco importan los demás”, “falta de consideración hacia los demás” falta de respeto a la propiedad ajena, consciente y voluntariamente. Es un dato importante, y una información de alarma es que está asociada en todos los perfiles sociales, en todos los grupos y en ambos géneros, y es un indicador claro, junto con el enojo, de una deficiente integración del Superyó, y que esto facilita y potencia las conductas de bajo rendimiento escolar, abandono escolar, vandalismo, delitos menores, violencia, abuso, y la formación de pandillas.


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El actuar por interés no es sólo el de sospechosos y delincuentes, sino también el de padres que disputan la custodia de los hijos, víctimas que sufren las consecuencias de delitos, guardias encargados de la seguridad, así como los procesos que internamente experimentan los miembros del Poder Judicial, por citar ejemplos. El psicoanálisis y la psiquiatría también han contribuido al respecto, aunque desde enfoques diferentes. El primero, también llamado psicología profunda, fue iniciado por Sigmund Freud, el cual sostiene que la clave del actuar humano es el inconsciente, y el impulso de vida, la sexualidad. En el caso de la segunda, es un área de la medicina que se especializa en la prevención, evaluación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los trastornos de la salud mental. El tratamiento incluye psicofármacos, aunque puede recomendar psicoterapia. APROXIMACIONES SOCIOLÓGICAS AL COMPORTAMIENTO CRIMINAL La sociología estudia la producción y reproducción de la sociedad y de lo social, a través del análisis de sus estructuras y sistemas, así como de la forma en que interactúan con los individuos y los grupos. Al igual que la psicología, mantiene relación con otros campos del saber, como antropología, filosofía, trabajo social, y se divide en especialidades. La sociología criminológica investiga la criminalidad de una sociedad determinada, sus causas generales: variables demográficas, condiciones socioeconómicas; su relación con otros fenómenos: sociales, culturales, económicos, políticos, y la evolución de sus índices. La sociología de la desviación y del control social se encarga del análisis de las conductas calificadas como desviadas: parasociales y antisociales, en función de las exigencias institucionales: prescripciones normativas; de las expectativas sociales: preceptos morales, y de la falta de efectividad de los mecanismos de control: discurso ideológico del derecho y otras normas sociales. A diferencia de la sociología criminológica, se desarrolla en un nivel más teórico. UNIÓN DE ESFUERZOS: CRIMINOLOGÍA Elucidar los actos socialmente sancionados, por considerarlos moralmente graves y por ser contrarios a las normas institucionalmente establecidas, implica una lectura integral, amplia, tanto del sujeto trasgresor, como de la sociedad de la que forma parte. Una conducta desviada o divergente es la expresión comportamental de la disociación entre las aspiraciones culturalmente establecidas (vgr. éxito pecuniario, fama, poder) y los medios estructuralmente dados para arribar a ellas, por lo que sería simplista reducir la explicación a un problema de adaptación individual. El ambiente, como dominio generalizado de las relaciones sociedad-naturaleza, en el cual se incluye el campo material y abstracto de los entretejes de cultura, población, trabajo y mundo vital, es tan importante como la personalidad de cada uno; es decir, las pautas de pensamiento, percepción y comportamiento relativamente estables, pro-

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pias de cada sujeto. Visión de las personas como seres bio-psico-sociales que compartimos. Razones por las cuales la criminología es una ciencia sintética que busca la descripción, clasificación, explicación y reducción de las conductas criminales, tanto en lo general (criminalidad), como en lo relativo a casos concretos a través de la criminología clínica. Potencial analítico que le permite abarcar desde delitos en estados de emoción violenta hasta actos dolosos preparados con antelación. La violencia, pese a los estudios y tratamientos biológicos, cognitivos, neuroquímicos, psicodinámicos y sociales, persiste en amplio número de hogares. Hombres y mujeres participan en procesos distorsionados de interacción, donde las amenazas, las comparaciones, los insultos y los silencios prolongados son la constante. El estado psicológico y la salud mental de quienes agraden, por supuesto influye, pero no son suficientes para aclarar la selección de las víctimas, el escenario de la agresión, el confinamiento al ámbito privado, el encubrimiento y la justificación reiterada del castigo como el ejercicio de un derecho. En una interacción violenta, el comportamiento de uno sirve para justificar el del otro. Determinados mensajes, verbales y no verbales, interpretados como amenaza o rebeldía —independientemente de la intención del emisor—, determinan el pasaje al acto. Proceso interaccional y comunicativo que debe analizarse, considerando que la particular interpretación de los mensajes depende del universo cognitivo de quien lo hace; hecho por el que la cultura ocupa un lugar fundamental en las explicaciones, sobre todo si atestiguamos la heterodesignación de identidad y la socialización de género.


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De allí que las psicologías criminal y forense, adaptadas a ese tipo de variables, actúan en la actividad pericial, lo que se entiende como el “medio de prueba al que recurren, ya sean las partes en un juicio o el mismo juez, cuando, para asegurar la existencia de un hecho o su simple posibilidad, se requieren conocimientos técnicos, o cuando, siendo ésta la materialidad del hecho, es necesario para conocer su índole, cualidad o sus consecuencias, mediante un conjunto de conocimientos técnicos o científicos”. Siguiendo con esta línea comprensiva, el psicólogo puede participar en los juicios en dos posibilidades: la primera, como testigo de hecho, por ser responsable de la aplicación de un tratamiento determinado, en la que actúa como profesional; pero la información que le es solicitada se compone de sus observaciones directas y material proveniente de su trabajo sobre su paciente; la segunda, como experto (perito) con objeto de informar bajo juramento al juzgador sobre los puntos en litigio, en cuanto se relacionan con su especial saber acerca de un sujeto evaluado en un contexto judicial. Así pues, en el contexto del Derecho Penal, por ser éste el encargado de sancionar las conductas delictivas, la función del psicólogo es informar sobre el estado de salud mental de un acusado o de una víctima, lo que conlleva la precisión de dos cuestiones fundamentales: si conoce el valor moral y jurídico de sus actos y si, como consecuencia de su estado de salud mental, es capaz de actuar conforme a ese conocimiento, con lo que surgen las opciones de Imputablidad versus Inimputablidad, en referencia a su responsabilidad penal. También puede participar el psicólogo en la valoración del delincuente enfermo mental o el delincuente que enferma mentalmente. LLAMADO A PSIQUIATRAS Y PSICÓLOGOS Ahondando en la actividad interdisciplinaria, mientras que los juristas prestan atención a los discursos y a los actos, con objeto de juzgar el estado mental de un individuo, los jueces encargados, motu proprio o por medio de la promoción de alguna o ambas partes, tomando en consideración que existen errores de percepción y se requiere por tanto de conocimientos técnicos y profesionales, llaman a psiquiatras y psicólogos. Éstos, aunque con poca diversidad en las concepciones y herramientas teóricas y técnicas, ambos utilizan los mismos instrumentos taxonómicos, conocidos como Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), editado por la Asociación Psiquiátrica Americana, y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), emanada de la Organización Mundial de la Salud, los cuales fueron obtenidos de cuerpos colegiados donde previamente se pusieron de acuerdo más de un centenar de especialistas en la codificación de la problemática revisada. A partir de ello, los citados profesionales, para lograr su encomienda, se aplican a estudiar la fisonomía, las particularidades físicas y las psíquicas representadas especialmente en el modo de pensar y por la guisa de cómo se exteriorizan sus sentimientos, que habrán de explicar a los inmersos en el litigio.

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TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO En el mismo sentido, es necesario retomar la concepción de la forma dentro de un juicio como elemento preponderante. Cuando no se está de acuerdo con la resolución de un juez, el modo de agotar el procedimiento de continuidad hasta esferas superiores de revisión y decisión, se encuentra en la labor de tres magistrados, que se denominan “Tribunales Colegiados de Circuito”, o en su defecto la Suprema Corte de Justicia de la Nación, compuesta de once ministros, los cuales, de manera “colegiada”, deciden sobre las peticiones de los ciudadanos o de sus representantes legales. Por ende, la consideración doctrinaria de que más de uno tome la decisión, permite una uniformidad de criterios, lo cual, invocado por el Derecho, le proporciona al juez más elementos de convicción sobre su cometido.


CONOCIMIENTO

Otro aspecto por revisar en la concepción de la forma, se encuentra establecido en los artículos 251 y 234 de los códigos de Procedimientos Penales, del Estado y Federal respectivamente, que a la letra manifiestan: “Los peritos practicarán todas las operaciones y experimentos que su ciencia o arte les sugiera, y expresarán los hechos y circunstancias que sirvan de fundamento a su dictamen.” Para cumplir adecuadamente la labor, en el caso del dictamen pericial psicológico, éste debe seguir una argumentación propia; es decir, un proceso cognitivo especializado, que se realiza mediante la articulación de inferencias diagnósticas concatenadas con los datos de la causa judicial, coherentes, exhaustivas, basadas en la razón suficiente y con conocimiento idóneo sobre el caso de que se trata, para llegar así a conclusiones fundadas . PELIGROSIDAD SOCIAL En el ámbito de la legalidad, uno de los aspectos requeridos primordialmente al valorar a un sujeto activo de un delito, es la peligrosidad social. En respuesta a ello, con base en las operaciones que la ciencia sugiere, es menester la utilización de los manuales citados, puesto que revisan la presencia de un posible trastorno de la personalidad. Más aún, en la Psicología existen pruebas (tests) que detectan una infinidad de factores relacionados con el ser humano, entre ellas el

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nivel de peligrosidad, concebida ésta como la capacidad o probabilidad que una persona tiene para devenir actora de un delito o dañar o lastimar a otra. En este contexto, la peligrosidad del indiciado es la probabilidad de que una anormalidad mental o del comportamiento produzca alteraciones de la conducta que impliquen riesgo para quien los padece o para las personas u objetos que le rodean, incluida la posibilidad de cometer actos delictivos. Como herramientas en la consecución de estas determinaciones, la psicología cuenta con pruebas que miden los rasgos de personalidad, siendo una de las más utilizadas la denominada “Inventario Multifásico de la Personalidad Minnesota ” (MMPI, por sus siglas en inglés.). Dicho instrumento posee, además del establecimiento de rasgos de personalidad, la capacidad de diagnosticar la tendencia de los sujetos a falsear la prueba, o que los sujetos traten de representar rasgos diferentes a lo que en realidad es propio de ellos (mendacidad). Otro elemento es que dicha prueba ya puede ser aplicada sobre una computadora, cuyo software se encuentra encriptado, y proporciona la presunción legal y humana al juez que evita la posibilidad de que al ser revisados los datos se sospeche se hubiesen manipulado los resultados, puesto que la misma máquina revisa, interpreta y grafica los productos obtenidos, diferente a si ello es aplicado de manera personal sobre un formato simple y a mano.

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FUNDAMENTO DEL DICTAMEN Otra línea de revisión formal de los artículos citados se refiere a los “hechos y circunstancias que sirven de fundamento al dictamen”, bajo el fundamento de que, dentro de los juicios, la autoridad escucha a las partes, las cuales exponen sus manifestaciones, dependiendo del lado procesal desde el cual se sitúen, por ser doctrinariamente dos las partes comprometidas que se sitúan en su respectiva perspectiva: fiscalía y defensa. Por ello, la Psicología, utilizando las herramientas desarrolladas a través de los años y de la misma interdisciplinariedad, retoma las mismas afirmaciones en uno u otro sentido, con objeto de determinar técnicamente la veracidad o mendacidad, utilizando procedimientos de revisión, ya sean fisiológicos (dilatación pupilar, sudoración, espasmos musculares, etcétera); motores (posición corporal y cambios intempestuosos al responder, movimientos de las manos, ojos, etcétera); verbales (la comparación de lo dicho cuando se le repetía la misma pregunta en un momento posterior; reacción ante la interrupción brusca de una declaración, preguntando otras no relacionadas, omisiones, contradicciones, etcétera); y paralingüísticos: lapso de tiempo entre el fin de la pregunta y el principio de la respuesta, cambios de volumen en la voz, cambios en la velocidad de la declaración, etcétera). Habida cuenta de que, si dentro de la ciencia del Derecho el elemento básico de la desestimación de una declaración es la contradicción, dentro de la Psicología, además de la contradicción, las omisiones de información y las inconsistencias entre los referentes citados en el párrafo inmediato anterior son los que determinan la credibilidad de un sujeto sometido a valoración.

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Para el caso concreto, una prueba utilizada en psicópatas y que parte de datos proporcionados por el sujeto en una entrevista semi-estructurada, entre otras variables, es la denominada “Hare Psychopathy Checklist-Revised (PCLR)”, o su forma abreviada (PCL-SV) . Esta prueba, junto con información complementaria penal, personal y biográfica de un sujeto, permite evaluar el Trastorno Psicopático de Personalidad (TPP). Consiste en una entrevista que evalúa las respuestas de un sujeto y la información que se obtiene de los archivos disponibles. Consta de doce ítems que evalúan los rasgos conductuales de los trastornos de la personalidad psicopatológica (antisocial). Proporciona dos factores de psicopatía: Factor 1 (egoísmo, insensibilidad, ausencia de remordimientos) y Factor 2 (estilo de vida crónicamente inestable y antisocial). Con esta prueba se logra obtener su riesgo de reincidencia (o peligrosidad social), y sus limitaciones a la hora de seguir un tratamiento terapéutico. La simple aplicación de lo revisado no basta para convencer a un juez. Otro aspecto por revisar es que el psicólogo, dentro de su encomienda de tasación, al describir los resultados bajo la tesitura de hechos y circunstancias, independientemente de su forma especializada de representación, como lo sería la utilización de términos técnicos, debe comprometerse, según el precepto citado, a explicarlo de una manera tal de comprensión a los no inmersos en esa área del conocimiento invocada, como lo son los representantes legales y sobre todo el juez, puesto que de lo que se descubra dependerá la decisión y sobre todo la implicación de una responsabilidad penal, tal como en el caso del asunto que se está tratando en el presente articulo.


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CONFLICTO CON LA SOCIEDAD Una vez vistos algunos elementos de forma inmersos en los debates judiciales, pasemos ahora a entender la psicopatía. Ésta, bajo la lupa del Derecho Positivo, donde todo concepto por revisar debe tener una definición, se considera un trastorno de la personalidad, donde el sujeto presenta un conjunto de características y comportamientos que entran en conflicto con la sociedad, debido a que rechaza conformarse a las reglas establecidas; carece de sentido de lealtad y es incapaz de aprender de las experiencias . En el mismo sentido, esta conducta antisocial se ha usado para definir a una persona cuyo comportamiento no se ha ajustado a la normativa social o moral. De allí que su comportamiento se caracterice por estar inadaptado desde su interior, mas no por lo que refleja exteriormente ante los demás. Por tanto, una de las motivaciones de las que se parte para ser el psicólogo llamado a juicio, es que determine la denominada peligrosidad social. Esto es, la inclinación de un sujeto a delinquir. Si esta inclinación se manifiesta en ocasión de cometer un delito, se denomina peligrosidad criminal, y si se manifiesta aunque no se cometiera delito, se denomina peligrosidad social o pre-delictiva. Las formas de valorar se mencionaron en párrafos precedentes. INIMPUTABILIDAD Ahora bien, tomando como referencia que para acreditarse una psicopatía donde el resultado sea producto de la personalidad como un todo , y el acusado invoque una inimputabilidad o actio liberae in causa, lo que significa que pretenda demostrar una carencia de la capacidad de comprender el carácter ilícito del hecho o de determinarse de acuerdo con esa comprensión, tal y como lo establece tanto el Código Penal Federal en su artículo 15, párrafo VII; y la respectiva Codificación local en su primer párrafo del artículo 22, ¿cómo podría un psicópata apelar la inimputabilidad como argumento procesal de tal forma que lo excluyera de la pena corporal o pena de prisión respectiva? Tal respuesta se basa primeramente en la revisión del artículo 14 constitucional, donde se establece imperativamente que en el ámbito penal sólo se debe aplicar una pena decretada por el delito de que se trata. Interpretando lo anterior, significa que se debe encontrar una clasificación tal que reúna la categorización motivo del presente objeto de estudio en este artículo. Basado en esto y en concordancia con la Psicología, una de cuyas herramientas es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, tal y como se describió anteriormente, un aspecto de forma es el hecho que si bien posee la siguiente denominación: “Trastorno Antisocial de la Personalidad”, es en este rubro que no se contempla la psicopatía como comprendida en tal clasificación, lo que provocaría que el representante legal de un psicópata que fuera muy competente pero sin escrúpulos, o el mismo procesado, al momento de llamar a comparecer al perito psicólogo con el objeto de ratificar el dictamen emitido, lo interrogaría de tal forma que llegara éste

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a reconocer la no existencia de tal concepto en el manual citado, pudiendo promover un incidente en el juicio o planear estratégicamente un juicio de amparo donde se revise lo anterior. Afortunadamente lo anterior no acontece con la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 10), ya que en ésta sí se configura tal patología, con síntomas tales como: a) Cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatía. b) Actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligaciones sociales; c) Incapacidad para mantener relaciones personales duraderas; d) Muy baja tolerancia a la frustración o bajo umbral para descargas de agresividad, dando incluso lugar a un comportamiento violento. e) Incapacidad para sentir culpa y para aprender de la experiencia, en particular del castigo. f) Marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo, entre otros factores. Debido a la restricción metodológica espacial del presente trabajo, no es posible revisar los demás elementos relativos a esta problemática. Sin embargo, lo importante es que en todo caso dependerá de la capacidad práctica del perito psicólogo, al llevar a cabo las encomiendas judiciales, y sobre todo no caer en contradicciones al momento de ser llamado a comparecer ante la autoridad, en virtud de que, en la actualidad, los abogados, sin ser la excepción del resto de los demás profesionales, se han vuelto cada vez más competitivos y, por tanto, más perceptivos en su actividad facultativa.

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Jonrón

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por Keith Raniere

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ste artículo es de hecho la continuación de uno que publiqué en esta revista, sobre el mismo tema, hace más de 2 años. En aquel artículo intentamos, entre otras cosas, crear una experiencia de lo que sería pensar como un psicópata. Este artículo no será tan personalmente perturbador; intentaré examinar la lucha, que creo que muchos de nosotros tenemos, al relacionarnos con nuestras respuestas emocionales no tan nobles. También expandiré mi teoría del origen de la psicopatía. Creo que hay 7 niveles de respuesta moral demostrados por las personas. Cada nivel subsecuente se aleja más y más de la compasión: 1. El amor incondicional como libertad Este es el más compasivo y menos apegado. Muchos de nosotros experimentamos este ámbito esporádicamente en instancias aisladas; pocos de nosotros reciprocamos primordialmente desde este estadio. En esta modalidad, si un hombre choca accidentalmente conmigo en el elevador, estaré preocupado por su bienestar—no tendré sentimientos negativos asociados con esta particular intrusión en mi vida. Esto se extiende al más subconsciente de los niveles: no hay parte de mi que interprete este evento como una amenaza. Esta condición verdaderamente pacífica es mucho más poco común de lo que podría uno imaginarse. Es un estado de compasión en el que el “intruso” es experimentado íntimamente como el propio ser. En este nivel el amor es la moralidad que tiene por ética a la conducta correcta.

(Ilustración de www. rainbowserpent. co.uk)

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2. La responsabilidad como el fin de la ira, el miedo y el sufrimiento Ojalá que al menos algunas de nuestras reacciones del día con día residan aquí o en el nivel anterior. Aquí estamos al menos levemente conscientes de nuestra respuesta natural primitiva a una intrusión percibida. En el caso del hombre en el elevador nuestra fisiología, medida por instrumentos de laboratorio, registra una perturbación emocional, pero procesamos mentalmente nuestra emoción bruta con nuestro intelecto; sabemos que el hombre no pretendía lastimarnos; nos vemos a nosotros mismos como responsables de nuestra experiencia de la situación. Al nivel más profundo, primitivo y físico, sí percibimos momentáneamente que este hombre es un invasor de nuestro espacio y una amenaza; a nivel más intelectual reconocemos que este hombre está haciendo colisión con nosotros accidentalmente y sin hacernos daño—y nos rehusamos a ceder a impulso alguno de sufrimiento o violencia. También sabemos que es muy probable que hayamos cometido las mismas acciones que este hombre muchas veces. La base moral aquí es la felicidad con la equidad como guía ética. 3. Culpa y negación Muchas personas experimentan esta forma de interacción como estándar. Es idéntica a la anterior excepto que los riesgos percibidos de la responsabilidad o la honestidad emocional son demasiado atemorizantes para poderse soportar. Así que se inserta un nivel adicional de control– cognición a la mezcla. Este proceso de decepción adicionado permite la negación de incluso haber tenido impulsos primitivos. Un individuo atrapado en esta conducta quiere aparecer ya sea sin responsabilidad por las circunstancias, ó en paz incorruptible (para ser visto como una persona “muy amable”). Mientras más éxito tenga esta persona con estas estrategias, menos potencia tendrá sobre las circunstancias que crean estas emociones. Este es el nivel de la ira mal dirigida y el sufrimiento para experimentar cuidados. La felicidad se vuelve una mercancía cuya obtención depende del capricho de los demás; la felicidad tiene que ganarse por la fuerza o mendigarse mediante hacerse la víctima. En el peor y más contrahecho de los casos, una máscara falsa de actitud placentera, facilitada a través de la negación de los verdaderos sentimientos, cubre un “sufrimiento silencioso” o una “olla exprés de ira” invisible al observador casual. Aunque esta fachada puede ser un camuflaje socialmente efectivo, no engañaría a las mediciones fisiológicas cientí-


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ficas. En este nivel, como en los anteriores, tenemos compasión hasta cierto punto por nuestros semejantes y los vemos como a nosotros mismos. Es vital denotar, sin embargo: lo que sienten las personas por ellas mismas es lo que sienten—debido a la proyección—por los demás y viceversa. En este estado, la persona afligida está disminuyendo su capacidad de ser la fuente de sus emociones y humanizar a los demás.

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existencia, el ser humano es muy parecido a un animal en cuanto a motivación aunque las acciones y conductas pueden ser más complejas y socialmente integradas. En este nivel de moralidad, debido a la represión terminal de las emociones, la autoestima continúa disminuyendo hasta llegar a fin de cuentas al fondo del ámbito de la depresión y el auto-aborrecimiento. Los individuos en esta zona de la experiencia se retraen de las personas, con frecuencia escondiendo su estilo de vida para evitar ser observados. El hombre en el elevador no es visto como persona sino como un elemento perturbador en el universo. Si estamos atados a este dominio, temiendo la recriminación u otras consecuencias adversas, frenamos nuestros deseos básicos en base a una motivación no-compasiva. Esta es la primera categoría de conducta en esta jerarquía que es basada completamente en el miedo. El amor, la humanidad y la compasión están subordinadas a las corrientes del miedo, la envidia y la ira. Si nuestro torpe caballero del elevador es visto como un vehículo para el desahogo físico, puede incluso ser que llegue a resultar significativamente lesionado. Los sentimientos de placer y saciedad dictan la moralidad y la viabilidad es el único estándar ético. 5. Hostilidad Finalmente, conforme los prospectos de felicidad mueren y son reemplazados por placeres sensoriales, las monedas circunstanciales y anti-humanitarias de la ira, la venganza, el peligro, la perversión y el poder de destrucción se vuelven cada vez más placenteras en su intensidad—en un desierto estéril de supervivencia sin gozo, la “excitación” de estas dinámicas inspira una especie de vida oscura.

(Ilustración de Lee Youngheui).

Desde esta perspectiva, surgen las primeras técnicas de envidia, rencor y venganza. La resultante experiencia de la vida y de los demás, victimizada, árida y sin amor, conduce a una muy baja autoestima. Esto significa que el hombre en el elevador puede resultar empujado en represalia, dependiendo de las circunstancias, con posibles disculpas posteriores. La motivación moral es ahora el poder con la ética calibradora del control.

Si un individuo viaja por debajo de este nivel, su autoestima (creencia en su propia capacidad) aumenta dramáticamente, pero se basa en resultados negativos. Yo diferencio entre la autoestima de resultados positivos y la autoestima de resultados negativos al referirme a esta última como autoestima negativa. La única cosa que separa a una persona en esta abyecta condición de caer aún más es su conciencia; la lucha entre la tentación (y garantía) de un intenso placer y todo lo que la persona sabe intelectualmente que es correcto o bueno. La moralidad es controlada por la intensidad de los sentimientos pero la ética es mixta y en conflicto (y a veces incluso este conflicto es percibido como placentero): hacer cosas malas se siente bien, pero hacer el mal sin restricciones se siente mal. Este lazo final inesperado existe debido al vestigio restante de su conciencia.

4. Saciedad y retracción Con el suficiente rechazo continuo de los sentimientos emocionales, y la expansión de las estrategias y procesos de pensamiento de víctima, la vida se vuelve sombría y gris. Los únicos placeres se vuelven la saciedad del cuerpo a través de la gratificación de necesidades de supervivencia y la estimulación sensorial. Cualquier obstrucción a esta meta es vista como algo que temer o destruir. Este es el dominio de los saciadores, que no tienen sentido abstracto del amor o la humanidad. Bueno es aquello que resulte placentero a los sentidos, malo es todo aquello que interfiera con la indulgencia. En esta cuarta forma de

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6. Psicopatía básica Actualmente no se sabe si algunas personas nacen irrevocablemente en este sexto nivel de interacción humana. En este dominio, las demás personas han sido completamente convertidas en objetos—son vistas sólo como accesorios usados para ganar o conservar placeres—y no hay limitaciones impuestas por esa molesta (y ahora exterminada) conciencia. Sin remordimientos restantes, cortada la correa de la humanidad, se abre amplio un mundo de posibilidades. Removido para siempre el peso acumulado de la culpabilidad actual y potencial por acciones destructivas pasadas, una recién descubierta sensación de libertad, posibilidades, vivacidad y facilidad de vida brotan explosivamente en lo que podría describirse como una “catarsis negra”. ¿Regresaría alguna vez una persona así al ámbito de la conciencia?

Naturaleza o ambiente Yo conocí a una niña pelirroja de nombre Ann cuando estaba yo en tercer año. Supongo que este fue uno de mis primeros “enamoramientos” infantiles. Ella era tan bonita y pecosa; sospecho que yo me sonrojaba cada vez que ella me miraba en el patio de la escuela. Siempre acababa yo haciendo alguna tontería sólo para obtener su atención. Mi mamá insistía en que mis sentimientos eran lo que ella llamaba puppy love, (una especie de amor infantil) pero yo sabía que no era así. ¡No pasaba un día sin que yo sintiera mariposas en el estómago por mi emocional e intenso tesoro pelirrojo! De vez en cuando incluso comíamos juntos a la hora del lunch.

Yo creo que es virtualmente imposible. Ya que con cada premio logrado a través de este descubrimiento corrupto, una barrera más grande es construida separando al individuo de una vida con conciencia. Me imagino que la fuerza de este descubrimiento se auto-acelera y es virtualmente imparable—la intensa libertad, placer y autoestima obtenidos a través del poder destructivo. En este punto, la moralidad se basa en la intensidad de la sensación con una ética de máxima obtención. 7. Psicopatía desarrollada La práctica hace al maestro. Un verdadero psicópata no es tan fácil de detectar como uno se imaginaría. A veces se les describe como superficialmente calmos, de buen humor, con alta autoestima, y de trato placentero. ¿Porqué? Porque la mayoría de las cosas que conducen a los dilemas éticos, cuestiones de conciencia, o consideración del bienestar del prójimo les son irrelevantes; sin conciencia, ninguna de estas cosas aplican. Muchas dificultades y temores que enfrentan los individuos normales simplemente no tienen peso alguno para el psicópata. Al igual que con cualquier quehacer relacionado con la conducta, el psicópata pueden practicar y mejorar sus habilidades. Sospecho, que para algunos psicópatas llega el momento en que aprenden el valor de la paciencia. Actualmente se cree que la mayoría, si no es que todos los psicópatas, alcanzan este estado de enfermedad a muy temprana edad. Como tales, no habrían desarrollado aún el intelecto adulto. Conforme el niño psicópata crece y se acerca a la edad adulta—obteniendo los dones de pensamiento más abstracto y estratégico que otorga la pubertad—el valor de la paciencia y la planeación de largo plazo puede ser aprendido y aplicado a cuestiones de destrucción. Algunos psicópatas dominan muchas estrategias y tácticas de decepción, lo que les permite planear complicadas estratagemas destructivas. Las personas que han caído a este más bajo de los niveles de la condición humana han aplicado los beneficios de los procesos humanos de pensamiento a su motivación base de poder y destrucción. Ya no son gobernados por los impulsos a corto plazo de sus cuerpos y han hecho la transición a una posición estratégica superior en la vida. Comparados con las personas de conciencia, los psicópatas tienen más opciones de conducta. Pueden imitar a una persona de conciencia y también hacer cosas que una persona de conciencia jamás consideraría. Esto conduce a una superioridad innata en asuntos superficiales de relaciones, negocios, liderazgo y organización social. No es sorprendente que algunos psicópatas hayan vencido a millones para volverse líderes de vastas empresas, organizaciones o incluso países. Sólo recuerde, dadas iguales condiciones entre dos personas en una situación competitiva, la persona con más opciones tiene la mayor probabilidad de ganar. Sin conciencia, los psicópatas tienen más opciones de conducta.

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Al ir creciendo llegué a conocer a muchas pelirrojas de diferentes temperamentos. Parecía que la mayoría de ellas, aún en ambos extremos de la escala energética (ya fueran hiperactivas y eléctricas o tranquilas y flemáticas), seguían teniendo una variabilidad emocional atípicamente alta para su tipo energético. Me pregunto si esta aparente vicisitud emocional de las pelirrojas se relaciona con una característica genética. Por supuesto, hasta hace muy poco era mal visto declarar que cualquier atributo psicológico estaba relacionado con la genética. Un psicólogo norteamericano de nombre William Sheldon realizó un estudio fotografiando a unos 4,000 estudiantes universitarios a principios del siglo 20. Creó un sistema de clasificación por somatotipos y lo aplicó a las características de personalidad. Después de algunos de los problemas sociales enfrentados durante la Segunda Guerra Mundial, la reacción común ante cualquier intento de estereotipar la personalidad por raza, tipo de cuerpo o antecedentes genéticos era considerado incivilizado. A fin de cuentas, la compilación fotográfica de Sheldon fue destruida debido a este sesgo. ¿Me pregunto cuantos eran pelirrojos y qué descubrió de ellos?


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No está claro si la psicopatía tiene orígenes genéticos. Hay grandes mentes científicas (y estudios) en cada lado de este debate. Sospecho que naturaleza y ambiente forman un sistema, lo que significa que están co-involucrados en la creación psicopática. Es probable que haya ciertas características genéticas que den lugar a una mayor probabilidad de psicopatía. Esto no significa que un psicópata tenga que tener alguna de estas características genéticas; sólo que la presencia de tales características hace que la condición sea más probable. Igualmente, no hay condiciones ambientales estándar (más allá de posiblemente predicamentos que causen daño cerebral) que creen a un psicópata en todos los casos. Así que no hay condiciones de naturaleza o ambiente que sean ni necesarios ni suficientes para la creación de este síndrome.

Su ganancia mi pérdida ¿Porqué algunos de nosotros renunciamos a nuestra conciencia mientras que otros en circunstancias de crianza más adversas nos elevamos a los más altos estándares humanitarios? ¿Compartimos ciertas experiencias que puedan dar luz a la experiencia psicopática de la vida? Yo era un niño muy activo y atlético. Uno de los sentimientos positivos más memorables que tuve daría forma más adelante a mi forma de ver la acción violenta. Hay un juego infantil, común en las ciudades del norte de los Estados Unidos, llamado stickball (similar al béisbol, stick = palo, ball = pelota). El stickball no tiene liga formal y ni siquiera reglas que sean estándares de un vecindario a otro. Aunque hay principios generalmente aceptados, para el juego y el equipo considerado usual, cualquiera de estas cosas puede ser modificada o abandonada. El stickball es un juego infantil de la calle que se puede jugar donde sea, empleando las reglas que sean decididas en el acto, y utilizando cualquier entorno y equipo disponibles. Sólo hay 2 piezas requeridas de equipo: una pelota (preferiblemente suave y de caucho, pero en el peor de los casos hasta una piedra funciona) y alguna especie de palo con el que pegarle a dicha pelota (con frecuencia un palo de escoba). También, ojalá, se pueda contar con al menos dos jugadores (aunque juegos de una sola persona son ideados con frecuencia en tardes flojas y solitarias de domingo).

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Fue en una de esas sesiones, como incipiente jonronero, usando una viga de madera bastante pesada de casi un metro de largo, que cree una maravillosa sensación de desahogo. Era una de esas situaciones de stickball: jugando con niños mayores, un cierto tipo de pelota pequeña y pesada de hule, un pitcher veloz y una determinación inagotable. Era mi turno de batear y en ese día, en ese jardín, nadie había podido pegarle bien a la pelota. Yo era especialmente inepto debido a la falta de experiencia y a que enfrentaba a un pitcher 3 años mayor que yo. Bajo un sol ardiente en ese caluroso día de verano, con el sudor chorreando por mi frente, no había nada que yo quisiera más que pegarle, y digo pegarle bien, a esa molesta pelotita. Pero sin importar cuánto tratara, el abanicar con todas mis fuerzas sólo me ganaba las burlas de mis compañeros y aullidos de, “¡Qué buena brisa! Hace mucho calor, ¿puedes abanicarle más?”. No podía conectar esa pelota. Sentí la tensión acumulándose en mi cuerpo. Mientras más me lo proponía, menos ágiles eran mis intentos. Finalmente, respiré profundo y me relajé. Es interesante que al abanicar con todas nuestras fuerzas hay una especie de vacío insatisfecho y doloroso que nos deja con ganas de más oportunidades. Con el riesgo de dar un giro demasiado brusco y posiblemente caerme (con el probable resultado de adquirir un apodo vitalicio conmemorando el incidente) decidí abanicar tan fuerte como pudiera gritando mi frustración con la esperanza fantasiosa de atinarle a la pelota. Fue la experiencia física más increíble de mis seis años en esta tierra. Al girar el bate le pegó a la pelota justo en el lugar correcto, el peso de la pelota se sintió perfecto contra la forma del palo. Era como si toda mi energía y frustración acumuladas fueran transferidas a la pelota conforme iniciaba un magnifico vuelo (bueno, magnífico a los ojos de un niño de seis años) hacia la distancia. Jamás había sentido un desahogo así ni la resultante paz física conectada. Añoraba más. No fue sino hasta los catorce años que volví a pegarle a la pelota. Bueno, eso último es broma, pero pasaron muchas veces al bate antes de poder re-experimentar tal harmonía. Me imagino que así se ha de sentir, si hemos convertido completamente en objeto a otra persona y no tenemos conciencia respecto a violentamente forzarle a hacer nuestra voluntad o castigarle si actúa en contra de la misma— o demuestra voluntad propia. La fuerza de mi fortaleza desahogada realmente me inquieta. Pienso en las veces que he aplicado todo mi cuerpo a levantar un objeto pesado o romper algún obstáculo legítimo. Si tal ferocidad pudiera incluso ser dirigida hacia otro ser humano, con

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abandono, el resultado sería impensable. Sospecho que los psicópatas reciben un sentimiento de desahogo así cada vez que ejercen poder. Esto da miedo. Cuando ejerzo fuerza sobre otra persona, por ejemplo en una colisión accidental en la cancha de voleibol, inmediatamente me preocupa la posibilidad de haberle lastimado. Incluso en mis días de torneos de judo, durante las más extremas confrontaciones físicas, si vencía a mi oponente jamás lo hacía con imprudencia o un deseo de lastimarle. Si mi salvaguarda psicológica contra violentar a otras personas no existiera, puedo imaginarme capaz de cosas monstruosas.

Practicamos lo que repetimos Utilizo una experiencia adicional en mis intentos por armar el rompecabezas del funcionamiento de una persona con psicopatía (una forma más propia, sin embargo torpe, de demostrar que las personas son separadas de, y más grandes que, sus condiciones). Esta experiencia es lo que yo considero un evento raíz que conduce al schadenfreude (disfrute obtenido de las desventuras del prójimo). Recuerdo que mis padres organizaron una competencia de baile para mis amigos y yo en mi cuarto cumpleaños. Yo quería ser especial y, como era mi cumpleaños, me sentía con más derecho a ser especial. Pero ganar esta competencia de baile no estaba en mi futuro. Aún con sugerencias de mis padres yo no fui juzgado tan bueno como mi amigo. Recuerdo que con cada nuevo paso de baile suyo, yo sentía que sus logros me hacían menos especial. Durante un giro en particular, con exuberancia incrementada, él se cayó y mis padres comentaron que ese movimiento no era muy bueno.

Creo que este es el hábito más difícil de romper, porque es natural, y viene como reflejo de la creencia errónea de que nuestra felicidad, gozo, naturaleza especial y amor provienen del mundo exterior. Si aceptamos esta falacia, hemos tomado el primer paso para convertir a los demás seres humanos en esa pequeña pelota de hule. A toda costa debemos, como valor primario, construir la capacidad humanizante de la compasión—el experimentar el dolor y el gozo de los demás como propio. Debemos trabajar en esto como nuestra labor primaria de vida poniendo esfuerzos cada día en esta dirección. Si pasamos por la vida, sin el reconocimiento de la natural y triste tendencia del schadenfreude, podemos no sólo construir un hábito de gozar por el fracaso de los demás, podemos sentir ira o sufrimiento por sus éxitos. Y si nos permitimos sin freno estas indulgencias de falta de compasión, algunos de nosotros puede que llevemos a cabo la violencia del desahogo, en palabra o acción, contra nuestros semejantes convertidos en objetos. De cierta forma, estas son las acciones llevadas a cabo fácilmente por una persona con psicopatía; nosotros sólo estamos practicando.

Traducción del inglés por Farouk Rojas

En ese momento sentí felicidad acerca de su fracaso.

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Mujer con envidia obsesiva / Theodore Gericault

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Con la intervención de 514 alumnos

Participan los 20 planteles CECyTE-NL en el Concurso Estatal Cívico

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n total de 514 estudiantes de los 20 planteles del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos de Nuevo León (CECYTE) participaron en la octava edición del Concurso Estatal Cívico, el pasado 29 de septiembre, en el Gimnasio Nuevo León. ESCOLTAS En la competencia de Escoltas se contó con la representación completa de todos los planteles que conforman el sub sistema educativo en el Estado. En esta disciplina participaron 144 estudiantes, y la escolta del CECYTE Apodaca obtuvo el primer lugar; el grupo de Linares se colocó en el segundo puesto, y el de Zaragoza en tercero. HIMNO NACIONAL La interpretación del Himno Nacional fue la segunda disciplina, y la que contó con mayor participación, al registrar a 241 estudiantes de 13 planteles: Allende, Apodaca, Bustamente, Cadereyta, Escobedo, Estanzuela, García, Lampazos, Linares, Marín, Mier y Noriega, Sabinas Hidalgo y Salinas Victoria. El grupo del plantel Salinas Victoria se llevó el primer lugar, mientras que los representantes de los planteles Estanzuela y Apodaca alcanzaron el segundo y tercer lugares, respectivamente. BANDAS DE GUERRA La tercera disciplina evaluada en el concurso fue la competencia de Bandas de Guerra, evento en el que compitieron 129 jóvenes divididos en seis equipos, representativos de los planteles Apodaca, Cadereyta, García, Linares, Sabinas

Hidalgo y Salinas Victoria. Luego de la deliberación por parte del jurado conformado por elementos de la VII Zona Militar, se otorgó el primer lugar en el encuentro de Bandas al equipo del plantel Linares; el segundo, a los representantes del municipio de Apodaca, y el tercero fue para el plantel Marín. MARCO DISCIPLINARIO En el evento, el doctor Luis Eugenio Todd, director general de CECYTE Nuevo León, dijo sentirse orgulloso por la disciplina demostrada por los alumnos, tanto en este tipo de actividades, como en el nivel educativo. “Este evento representa –señaló- el marco disciplinario que la educación debe tener para alcanzar metas y objetivos concretos y darles a ustedes un mejor nivel de vida. Es evidente que sin tenacidad, disciplina, honestidad y autenticidad, los seres humanos se pierden en los rumbos inciertos de las adicciones, de las drogas, de los conflictos personales. Por eso es imperativo -y me da mucho gusto que estén aquí todos los directores de los CECYTESque la disciplina de nuestra tradición, que forma parte del emblema simbólico de un país grande como el nuestro, sea adscrita al proceso educativo del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos”. En el concurso estuvieron presentes también otras autoridades de la dependencia, como Lorena González, directora administrativa, y Roberto Méndez, director de Vinculación, además de los directores de los planteles participantes y público en general.

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n el marco de la realización de la Décima Sexta Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, del 26 al 30 de octubre, en Nuevo León se realizaron diferentes actividades en todo el sistema educativo, con la participación de instituciones de educación superior, museos, iniciativa privada y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Entre los trabajos más significativos destacó la realización de talleres y conferencias, particularmente los que se impartieron en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Universidad Autónoma de Nuevo León y en el Horno 3 del Parque Fundidora. Tan sólo cada uno de estos lugares recibió la visita diaria de unos 600 niños. Destacaron también el ciclo de conferencias que se impartió en los planteles CECYTE alrededor del Estado; las conferencias y talleres en la Universidad Valle de

300 mil personas en todo el país, mientras que en 2008 se registraron siete millones de participantes. “De manera coloquial, decimos que la Semana Nacional ya se ha convertido en un equivalente de la Semana Nacional de Salud, porque es un evento simultáneo donde todas las actividades que la semana trae se llevan a cabo en diferentes instituciones. El reto que tenemos es que llegue a más y más entidades y a los municipios y esto sólo se podrá lograr a través de la alianza que hemos venido fomentando y al apoyo que hemos recibido en el caso del Estado de Nuevo León”. Por su parte José Antonio González Treviño, secretario de Educación en el Estado, y director de la Unidad de Integración Educativa de Nuevo León, reiteró el compromiso que tiene el gobierno para promover la ciencia, la tecnología, la innovación y la creatividad.

Celebra Nuevo León la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología

México, así como las réplicas de los talleres de robótica que miles de niños realizaron en sus escuelas. Inició también un diplomado dirigido a los maestros en enseñanza de la ciencia que se realizó gracias a la coordinación de diferentes instituciones como el CINVESTAV y la Secretaría de Educación de Nuevo León. INAUGURACIÓN EN EL PLANETARO ALFA La inauguración formal de los trabajos de la semana se llevó a cabo el pasado lunes 26 de octubre, en el Planetario Alfa, donde jóvenes de diferentes escuelas mostraron los conocimientos que adquirieron durante el año en robótica, al presentar sus trabajos y avances en esta materia. En el evento, Óscar Vázquez Montiel. Director regional noreste del CONACYT, destacó la importancia de las actividades que se realizan como parte de esta semana, pero dijo que es necesario llegar a más gente. Como ejemplo, dijo que la participación en 1994, fecha en que se inició la semana nacional, fue de apenas

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“Que todas las actividades como las que se realizaron durante esta semana nos sirvan para inspirar a niños y a jóvenes, a las nuevas generaciones, para encontrar una oportunidad para que desarrollen su talento, su creatividad; y estas actividades constituyen una oportunidad muy importante para identificar todas las opciones que tiene una comunidad que aspira a mejorar su calidad de vida y que aspira, a través de la educación, a mejorar su desarrollo personal y profesional”, explicó el funcionario estatal. En el presidium estuvieron presentes también: Jesús Áncer Rodríguez, rector electo de la Universidad Autónoma de Nuevo León; Norma Patricia Saucedo Moreno, titular de la Oficina de Servicios Federales de Apoyo a la Educación en el Estado; Martha Leal González, directora de Impulso al Software; Julia Moreira, directora del Planetario Alfa y Juan Roberto Zavala Treviño, director de Cultura Científica de la Coordinación de Ciencia y Tecnología de Nuevo León, en representación del director general, Luis Eugenio Todd Pérez.


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Compilación del Centro de Integración Juvenil

Presentan el libro Metanfetaminas, lo que los padres deben saber

Metanfetaminas: lo que los padres deben saber” es una compilación publicada por los Centros de Integración Juvenil, A.C., que busca convertirse en una herramienta de prevención ante el consumo de este tipo de drogas. El libro fue compilado por Carmen Fernández Cáceres, directora general de CIJ y colaboradores. A lo largo de ocho capítulos, el texto reúne toda la información acerca de las metanfetaminas, explica qué son, cuáles son los problemas que producen, en México, quiénes las consumen, y cómo se puede detectar el uso de estas drogas. El texto incluye también información acerca de prevención en el consumo, y datos sobre el tratamiento, además de una sección de las preguntas más frecuentes que las personas puedan tener acerca de las mentanfetaminas. PRESENTACIÓN La presentación oficial del libro se llevó a cabo el pasado 14 de octubre, en el marco de la Feria Internacional del Libro Monterrey 2009. En el evento se contó con los comentarios de Otoniel Cárdenas Elizondo, director nacional de Tratamiento, de los Centros de Integración Juvenil. El especialista realizó una presentación a nombre de Carmen Fernández, y explicó capítulo por capítulo el contenido del volumen, además de brindar diversos ejemplos y anécdotas. Reiteró la importancia preventiva que el texto tiene en algunas zonas del país, como Nuevo León, en dónde el consumo de este tipo de drogas aún no ad-

quiere visos de gravedad. “Es del interés de CIJ, si podemos, cada año, hacer algún tipo de publicación para toda nuestra población objetivo, y procuramos que se vayan intercalando textos técnicos con textos que puedan ser usados por la población en general. En este caso, pretendemos que los padres de familia lo lean y, de ser posible, formen algún grupo y se discuta en círculos de lectura que ya hemos desarrollado durante mucho tiempo, y que sabemos que son los que tal vez tengan más éxito con los padres en las escuelas”. RESPÓNSABILIDAD DE LOS PADRES. Adriana Dávila Benavides, presidenta de la Asociación Estatal de Padres de Familia, ofreció también algunos comentarios acerca del libro, e insistió en que los padres tienen en sus manos la responsabilidad y oportunidad de prevenir el consumo de drogas por parte de sus hijos. “Es importantísimo que ustedes, que tienen en sus manos este ejemplar, lo revisen, lo analicen y lo compartan con quienes tengan oportunidad de hacerlo; en sus propias familias, con sus hijos, platiquen con ellos. Aquí hay consejos muy importantes que nosotros debemos tomar en cuenta. Debemos fortalecer la autoestima ante cualquier situación, de cada uno de nuestros hijos, para que sean capaces de resistir cualquier tentación y sean capaces de decir: “no, no lo quiero”. En la presentación del libro estuvo presente también María San Juana Covarrubias Salinas, coordinadora regional noreste de CIJ.

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Por gestiones de la directora de la Pinacoteca

Luce obra monumental de José Luis Cuevas en el Paseo Santa Lucía

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a Pinacoteca de Nuevo León cerró con broche de oro su ciclo administrativo 2008-2009, encabezado por la señora Elvira Lozano de Todd, al instalar la escultura monumental “Beatriz del Carmen y José Luis Cuevas”, obra de éste, en el Paseo Santa Lucía. El pasado 29 de septiembre, el ahora exgobernador, José Natividad González Parás, develó la pieza de la autoría de Cuevas en la Plaza de Acceso número 9 Norte del Paseo Santa Lucía. Frente a la escultura en bronce, que mide seis metros de altura y que pesa cinco toneladas, González Parás destacó los esfuerzos que se han realizado para que el paseo cuente con importantes expresiones artísticas que ofrecer a sus visitantes. “Hablamos de la posibilidad (con Cuevas) de que una de sus esculturas estuviera en Santa Lucía, y ahí es donde apareció Elvira Todd, que, como mujer ejecutiva que es”, hizo esfuerzos muy grandes en este sentido”, manifestó. Y así, “aun en época de crisis presupuestal, con la participación y con el apoyo de miembros de la comunidad que aportaron donativos adquiriendo réplicas pequeñas de esta escultura, y con la donación generosa de su autor a esta ciudad, hoy aquí estamos, develando esta muestra de arte, que va a ser admirada a lo largo de los tiempos por muchas generaciones de nuevoleoneses, de mexicanos y de extranjeros que vengan a pasear a Santa Lucía”.


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Exposición del CENTRO CULTURAL ALEMÁN

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lvira Lozano de Todd inauguró también la exposición “Paula Modersohn-Becker y los de Worspwede”, acompañada de Michael Greszus David, director del Centro Cultural Alemán, y Álvaro Ríos, director de Cultura de la misma institución. La exposición, que se presenta por primera vez en México, contiene 65 trabajos sobre papel, gráficas, fotografías y libros realizados entre 1895 y 1906 por varios artistas de origen alemán, encabezados por Paula Modersohn-Becker y Otto Modersohn. La muestra permanecerá abierta al público hasta el mes de enero de 2010, en la sala temporal de la planta baja de la Pinacoteca de Nuevo León.

CONJUNCIÓN DE VOLUNTADES A su vez, la señora Lozano de Todd destacó el esfuerzo de voluntades que se requirió para hacer realidad el sueño de tener esta pieza en el Paseo Santa Lucía, instalación que se llevó a cabo en coordinación con la Agencia de Planeación del Desarrollo Urbano de Nuevo León y la Secretaría de Obras Públicas del Estado. “Es muy significativo –señaló- que esta emblemática obra sea inaugurada durante la celebración de la segunda edición del Festival Internacional Santa Lucía. Queremos expresar nuestra gratitud a quienes colaboraron para hacer realidad esta obra; agradecemos profundamente a los benefactores de este proyecto cultural: empresarios, funcionarios y coleccionistas que, con su valiosa aportación y generosidad, hicieron posible la instalación de esta escultura monumental. “A todos ellos les decimos, a nombre de los nuevoleoneses,: muchas gracias. Enviamos un agradecimiento especial al arquitecto Alejandro Velasco, de la Ciudad de México encargado de realizar la fundición, el traslado e instalación de la obra”. APRECIO POR NUEVO LEÓN Por su parte, José Luis Cuevas, quien estuvo acompañado por su esposa, Beatriz del Carmen Bazán, comentó diversas anécdotas de vida con los asistentes, y concluyó su intervención recordando su aprecio por la gente de Nuevo León. “Quiero decirle a toda la gente de Monterrey que los quiero mucho, que tengo por todos ustedes un gran afecto; los quiero, los admiro; es (Nuevo León) un Estado que ha dado mucho a la cultura mexicana, abriendo museos. Elvira Todd ha sido una gran directora de museos, una mujer con un sentido de organización verdaderamente excepcional”, manifestó el artista. Sobre la pieza, dijo que se trata de un doble homenaje: en primer lugar para su esposa, Beatriz del Carmen, y, al mismo tiempo, una demostración de su amor por el Estado de Nuevo León y la ciudad de Monterrey.

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RECONOCIMIENTO la ciencia del psicópata

A personajes nuestros en el área de la psiquiatría Doctora Adelina Alcorta Garza

Con importantes investigaciones en las áreas de Medicina de Enlace, Psicometría y Educación, Psicooncología, Psicoanálisis, Salud Psicosocial y su correlación con el desempeño académico de los estudiantes de la Facultad de Medicina de la UANL, Adelina Alcorta Garza es actualmente jefa del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario de la UANL y autora de capítulos en libros; editora del libro Psicoanálisis en América Latina, publicado por Grafo Print Editores; editora de seis anuales y autora de más de 30 artículos publicados en revistas especializadas. En 1994 fue reconocida por Lippincott Williams & Wilkins por ser coautora del artículo más solicitado al Nursing Research. Es médico cirujano y partero por la UANL. Entre otras, hizo las especialidades de Psiquiatría General en el HU de la UANL y de Psicoanálisis de Adultos y Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, ambos del ARPAC. Tiene una Maestría en Pedagogía Médica, de la Universidad de Castilla-La Mancha, en España, y el Doctorado en Medicina, con especialidad en Psicometría, Perfiles de Salud Psicosocial y Educación, de la UANL.

Doctor Teodoro Brosig Herrera

Juan Roberto Zavala zavat_2004@yahoo.com.mx

Doctor Francisco Javier Rodríguez Lara

Nuevo León.

Dedicado desde hace varios años a la psicoterapia de grupo, de pareja, de familia; en psiquiatría y medicina de enlace y psicoterapia de adultos, el doctor Francisco Javier Rodríguez Lara es también experto en manejo psicofarmacológico de los trastornos mentales, entre los cuales están las diferentes modalidades de tratamiento de las drogo-dependencias. Actualmente es maestro en el Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario de la Universidad Autónoma de

Es médico cirujano, especialista en Psiquiatría General y en Medicina de Enlace y tiene dos maestrías: una en Neurociencias, de la Universidad Oberta de Cataluña, España, y otra en Pedagogía Médica, de la Universidad de Castilla-La Mancha. Hizo también el curso de grupo, pareja y familia en la UANL y el diplomado de Psicopatología Infantil y de la Adolescencia.

Doctor Ricardo Salinas Ruiz

Con un gran interés y experiencia en la docencia y en la práctica clínica hospitalaria, pues para 1974 era ya coordinador de la Sala de Hospitalización Psiquiátrica del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario de la UANL, Teodoro Brosig Herrera fundó, en 1977, con la colaboración de maestros, residentes y personal de enfermería y trabajo social, la Comunidad Terapéutica como modalidad asistencial, de enseñanza académica y de investigación, que es pionera en la República Mexicana.

Con una larga trayectoria como maestro de la Facultad de Medicina de la UANL, donde es decano, durante sus 55 años de trabajo se ha desempeñado en los departamentos de Alergias y Dermatología y continúa activo, pues actualmente es maestro de tiempo completo en el Departamento de Psiquiatría, Ricardo Salinas Ruiz fue fundador y primer subdirector de Educación Continua, y de 1983 a 1993, jefe del Departamento de Psiquiatría de la misma institución. Es autor de numerosos trabajos científicos y publicaciones, y practica la medicina privada.

Es médico cirujano partero por la UANL, y tiene la especialidad en Psiquiatría, con subespecialidad de Psicoanalista, así como Psicoterapeuta con entrenamiento en Grupo, Pareja y Familia. Actualmente es profesor de posgrado del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario de la UANL; director general de la Clínica ARPAC, y realiza práctica privada como psiquiatra.

Es médico cirujano y partero por la UANL, y tiene estudios de posgrado en Alergologías e Inmunología Clínica; Dermatología y Psiquiatría General y Psicoanálisis de Grupo, Pareja y Familia. Es miembro fundador y presidente de la Sociedad de Psicoterapia Sicoanalítica de SAGMO.

Doctor Javier Lugoleos Cano

Dedicado desde 1999 al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales, agudas y crónicas, como trastornos de la personalidad, adicciones y problemas de ansiedad, así como el cuidado del paciente hospitalizado en comunidades terapéuticas y de cuidados intensivos, Javier Lugoleos Cano es maestro de pregrado y posgrado en la Facultad de Medicina, y coordinador de los Servicios Clínicos Hospitalarios del Departamento de Psiquiatría, del Hospital Universitario de la UANL. Es médico cirujano y partero, y tiene una especialidad en psiquiatría, ambos grados académicos por la UANL. Su maestría en Pedagogía Médica es de la Universidad de Castilla-La Mancha y de la UANL. Es también terapeuta de grupo, pareja y familia, y psiquiatra de enlace por el Departamento de Psiquiatría de la UANL y médico psiquiatra en el Centro de Integración Juvenil. Es autor de numerosos artículos publicados en revistas indexadas y de divulgación.

Doctor Hernán Solís Garza

Uno de los más prestigiados psiquiatras de nuestra comunidad, quien ha realizado investigación en las áreas de cualitativa-hermenéutica en psicoanálisis, psicoterapia dinámica, literatura, parejas, familia e instituciones y psicoanálisis aplicado, el doctor Hernán Solís Garza es autor de las obras Los mexicanos del Norte, publicada por Editorial Nuestro Tiempo; Los que se creen dioses. Estudios sobre el narcisismo, de Editorial Plaza y Valdés; Los mexicanos del Norte. 30 años después, publicado por Ediciones Rebal y La pluma es lengua del alma, bajo el sello de CONARTE-CONALEP. Asimismo, es coautor de 14 capítulos en libros y de más de 192 artículos publicados en revistas especializadas. Es médico cirujano partero por la Universidad Autónoma de Nuevo León e hizo estudios de Posgrado en Psiquiatría en el Hospital Resurrección, en Chicago, y residencias en el Colorado State Hospital, de Búfalo, Nueva York. Es también egresado del Instituto de Psicoanálisis de la APN y doctor en Psicoterapia por la Asociación Psicoanalítica Mexicana/Secretaría de Educación Pública.



Revista Conocimiento 99