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staff SEGUNDA ÉPOCA (AÑO 5) NÚMERO 43

Mucho, poquito, nada... Nada, poquito, mucho… La arcilla siempre ha sido voz para la metáfora. Para este 2011 que despedimos, apelamos nuevamente a ella. Quizás porque se nos va un año complicado. Siempre apostamos a las transformaciones, las renovaciones, las revoluciones. Para el deporte y para la vida. Y 2011 venía difícil. Los meses en que asomaban fantasmas tan amarillos como oscuros, de incesantes oráculos que pregonaban, desde barrios elegantes, el giro a la derecha. Sin embargo, hay quienes construyeron desde abajo. Construían desde abajo. Modelando arcillas, trabajando más arcillas. Está bueno que el deporte menos profesionalizado haya sido más celebrado que el deporte mega-profesionalizado. Y mucho más que el fútbol, que bastante agotados nos tiene con sus carruseles de violencia y muerte, de despilfarros y clubes quebrados, de majestuosos señores de cuentas millonarias y horribles conducciones, genere de una vez por todas debates, cuestionamientos, rebeliones. Especialmente contra estos antidemocráticos de la AFA que en 2011 se la dieron de “festivos democráticos”. Si Un Caño se editara en Uruguay, repetiríamos con Artigas: “Los tiranos un día temblarán”. Especialmente uno, a quien bautizaron Julio Humberto. Una mayoritaria parte del país, aún con enormes contradicciones, se ha pronunciado por los cambios. Nada de posiciones conservadoras. Hacia allá parecemos ir en esta historia de ir arrimando y arrimando en la búsqueda de otro amanecer. Para el deporte las evaluaciones pueden ser muchas. Nos inclinamos por reconocer que se avanzó. Pero que falta. Hay unas cuantas arcillas esperando.

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Pablo Llonto

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ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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En 1892, Burslem Port Vale tenía un arquero con anteojos. Contra Seffield United, el 1 perdió sus gafas en el barro: se comió diez goles.

Un árbol, un hijo, un libro

Ya está. Tenemos libro. La redacción de Un Caño se complace en anunciar que ya se encuentra en las mejores y peores librerías del país, nuestro querido book. Hecho con la velocidad que nos caracteriza, para el verano que se viene, para que usted lo apile con la heladerita y la sombrilla, le dedicamos esta bonita obra. En cualquier momento le anunciamos dónde plantaremos el árbol de Un Caño. Y los hijos...Y la verdad que hasta nietos tenemos…

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na revista es mucho más que las palabras apiladas encima de una página. Más que los ejemplares terminados que salen a la calle. Mucho más que una marca y una tapa y un par de textos y un par de nombres que solemos leer. Para nosotros, que escribimos desde la pasión, desde el análisis y desde el compromiso, es un debate permanente, una reunión perpetua, un intercambio de ideas y la construcción de nuestra identidad a pesar de los distintos puntos de vista. Es la lucha por la supervivencia, es cada uno de los detalles cotidianos, los problemas de cierre y la satisfacción –a veces– del deber cumplido. Desde hace seis años y más de 40 números, Un Caño viene pregonando su ecléctico mensaje. Durante todo ese tiempo intentamos entregar un producto honesto, más allá de su calidad literaria o periodística. Confiamos en nuestros colegas más admirados, en jóvenes emprendedores y en los amigos que nunca fallan. Se ve que algo logramos: del otro lado surgió un público fiel, nuestros lectores de casi siempre. Para ellos, y para los que se fueron sumando con el correr de las ediciones mensuales, decidimos publicar el libro Un Caño – Primera Selección. Se trata de una antología de los mejores textos que supo dar la revista durante su atribulada existencia. Publicado por la editorial Galerna, allí podrán encontrar las firmas de los muchos que fueron pasando por nuestra redacción: Diego Capusotto, Matías Martin, Sebastián Wainraich, Mariano Hamilton, Gustavo Lombardi, Alejandro Fabbri, Fernando Pacini, Gustavo Veiga, Ezequiel Fernández Moores, Ariel Senosiain, Alejandro Caravario, Pablo Llonto… La lista sigue. Ya los conocen. Dividido entre una zona de Ficción y una de Realidad, el libro reproduce nuestras secciones favoritas (Hombres de

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Negro, Perfume de Varón, El Quinto Whisky, El Día en Que) y rescata las grandes crónicas, los relatos más llamativos y los Picados más memorables. Por allí también aparece un pequeño relato de la historia de la revista, desde su soñadora constitución hasta este presente ilusionado. También podrán encontrar un pequeño dossier llamado El factor Domenech, donde nuestro ilustrador estrella relata los secretos técnicos de sus dibujos, presenta varios bocetos preliminares de nuestras tapas y cuenta algunas historias relacionadas con el armado de cada dibujo según el tema de la revista. Víctor Hugo Morales y el escritor Eduardo Sacheri fueron lo suficientemente gentiles como para escribir un prólogo cada uno. Nosotros nos sonrojamos al leer que “en medio de la mugre, y a contrapelo de la corriente, pasan cosas como Un Caño. Una revista hecha por periodistas a los que les gusta el fútbol, pero a los que además les gusta decir la verdad que van encontrando a medida que la buscan”, como comenta Sacheri. O morimos de vergüenza al ver que Víctor Hugo escribe: “La diversidad y profundidad de los temas, el compromiso cero con los factores de poder, la independencia económica le dan una libertad en ocasiones dolorosa, como es la libertad misma”. En el libro también podrán encontrar las elogiosas palabras de Fabbri, Iutch, Pacini, Bonadeo, Veiga, Senosiain, Wehbe y Fernández Moores, quienes explican por qué decidieron colaborar con esta humilde publicación. No se trata de un ejercicio de auto-celebración. Es, más bien, un homenaje a los lectores. El libro resulta actual porque el paso del tiempo enriquece al periodismo cuando se trabaja con seriedad. Y sepan, muchachos, que no nos olvidamos: existimos gracias a ustedes. Lo que somos, hasta acá, entre todos, merecía quedar registrado.


Bayern Munich multó al arquero Oliver Kahn por haber concurrido a una discoteca mientras se encontraba lesionado.

Quisiera ser un pez

Hoy vive casi entre fantasmas. Pero en su momento fue gloria de la menor categoría del fútbol de la AFA (Primera D). El increíble club Piraña de Parque Patricios no se llama así por el querido habitante de los ríos latinoamericanos. ¿O sí? Lo cierto es que su historia merece un buen lugar en el rincón de la dignidad. Por SEBASTIÁN DE LA MATA

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uizás algunos recuerden al club Atlético Piraña, una de las instituciones que dejaron de figurar en el fútbol de la AFA pero que durante años fue símbolo de la categoría D. Nació en Parque de los Patricios, gracias a una curiosa circunstancia: su primer presidente fue Alcides Solçe, muy amigo de un enorme delantero de la década del ‘40 que brilló como goleador en Boca, Tigre, Ferro y Gimnasia y Esgrima La Plata, el español Jaime Sarlanga, quien tuvo su apogeo en Boca, donde convirtió 122 goles, y que con el tiempo quedaría en la historia como uno de cinco máximos goleadores de la historia xeneize. Pues a Sarlanga lo apodaban Piraña, el pez popularmente conocido por sus afilados dientes, fama de carnívoro y temible en los ríos de Sudamérica. Al presidente le resultó tan simpático el apodo de su amigo, y era tal el reconocimiento que fue el nombre que dio origen al club el 12 de septiembre de 1942. Piraña se afilió a la AFA en 1961; su camiseta era blanca con dos rayas oblicuas, una roja y la otra azul. El destino quiso que su debut oficial fuera con otro club que también recién nacía: Arsenal de Sarandí, fundado entre otros por Julio Grondona. Empataron 1 a 1. Ese día estuvo Sarlanga, quien siguió al equipo hasta su muerte a los 50 años, el 23 de agosto de 1966. Piraña también es recordado porque en 1965 tuvo en su plantel a un joven de 18 años que haría historia entre los goleadores argentinos: Héctor Casimiro Yazalde. En el club, lo recuerda un socio como “un pibe callado, pero un goleador implacable”. Con 64 goles convertidos, Yazalde jugó la final para ascender a la C ante un equipo de Avellaneda (General Mitre) que era presidido por quien luego sería titular de Independiente, Pedro Iso. Este hecho permitió que en aquel partido estuviera en la platea Julio Grondona, quien vio a Chirola Yazalde y lo comprase para Independiente por $2.000.000, tras arreglar en 6 UN CAÑO | DICIEMBRE 2011

forma casera con el presidente de Piraña, Carlos Radrizzni. Ese dinero sirvió para que Piraña construyera una pileta. Yazalde, en tres temporadas en Independiente, convirtió 72 goles y fue vendido al Sporting de Lisboa, donde fue Botín de Oro con 46 goles. Luego jugó el Mundial de Alemania, en 1974, en la Selección de Houseman, el Ratón Ayala, Perfumo, Carnevali... Se casó con la modelo que es conocida hasta hoy como Carmen Yazalde y falleció en 1997. Piraña, mientras tanto, hizo en 1978 una gran campaña bajo la conducción de Mario Colágero, y clasificó para la ronda final. Sacachispas presentó una protesta por infracción al reglamento (no podían jugar más de cuatro jugadores con 25 años) y la AFA, tras investigar la denuncia, le dio quince partidos por perdidos a Piraña y modificó otros seis resultados. A pesar de esa decisión, Piraña jugó la final en el viejo estadio de Argentinos el 6 de enero de 1979. Como regalo de Reyes, ascendió al golear 4 a 1 a Justo José de Urquiza. Ese día, los hinchas de Urquiza superaban en proporción de 9 a 1 a los de Piraña. En su andar por la C logró dos únicos triunfos en 38 partidos. El más valorado, cuando venció a Lanús, que dos años más tarde subiría a Primera B. De vuelta en la D, en 1980, pese a ganarle 1- 0 a Cañuelas, quedó último y fue desafiliado durante una temporada. Luis Ruitre, vecino de Parque Patricios recuerda que “era un equipo humilde y había poco dinero para afrontar un torneo como el de AFA; hubo que elegir entre seguir como club de barrio o jugar con riesgo de desaparecer. Aquella Comisión, creo que en forma inteligente, prefirió desvincularse y continuara como club barrial”. Pasar por la calle Elías 678 es volver al recuerdo. Todavía perduran en sus paredes los colores del club algo descuidados. La pileta, construida con la venta de Chirola Yazalde, está inhabilitada hace varias temporadas, y para sobrevivir Piraña alquila su cancha de papi-fútbol a equipos que juegan torneos de la FEFI.


Cuando River Plate y América de México jugaron en 2002 por la Libertadores, en ambos equipos hubo un jugador llamado Ricardo Rojas.

De tal Boca tal Alumni

Un llamativo Boca Alumni fue parte de la historia del fútbol argentino en los comienzos del siglo pasado. Especie de primo hermano de los actuales xeneizes, la historia de un club que llegó a jugar contra el Boca Juniors que conocemos merece al menos unas líneas. Por PABLO SEOANE

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ace más de un siglo, entre conventillos, inmigrantes y el Riachuelo, nacía otro Boca. Un Boca de cuya existencia dudan los pibes que aún levantan tierra en los pocos baldíos de La Ribera, adjudicándoselo a un cuento de viejos vecinos de la zona. No pueden creer que aquel equipo jugaba con los colores de River, ni que tuviera un extraño nombre compuesto, combinado con otro club ya desaparecido. Pero la historia no forma parte de ningún mito urbano: a poco tiempo de su fundación, los xeneizes tuvieron compañía, un tocayo llamado Boca Alumni. El primero de septiembre de 1907, en un bar de la calle Garibaldi, a metros de la Vuelta de Rocha, un grupo de muchachos entusiastas fundaba un club cuyo nombre denotaba su barrio de origen, sumado al del entonces exitoso Alumni. De ahí que su camiseta luciera como la que portaban los hermanos Brown. Sólo habían pasado dos años desde la fundación de Boca Juniors, y los jugadores del flamante equipo tenían pretensiones de generar un clásico con su homónimo. Pasaron varios años para que se enfrentaran con cierta frecuencia (con un saldo bastante negativo para los más nuevos, por cierto). En 1922, Boca Alumni logró el ascenso a la liga de la Asociación Argentina, una de las dos escisiones, la otra era la Asociación Amateur de Football. Llegó entonces el tan esperado momento de enfrentarse con los vecinos del barrio. El primer clásico del año fue un amistoso. El 26 de marzo, en la cancha que los xeneizes tenían en la calle Ministro Brin. El triunfo quedó en manos de los dueños de casa por 2 a 0. Sin embargo, pasaron unos pocos meses para que los de casaca albirroja lograran su primera, única y soñada victoria; con el valor agregado de haberla alcanzado por los puntos y de visitante. Cotta y Jenda con-

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virtieron los goles del antológico triunfo que terminó 2 a 1. El resto fueron todas derrotas de Boca Alumni. Y una de ellas tuvo un resultado récord para la historia de Boca Juniors en el amateurismo: 9 a 0. Al principio, Boca Alumni jugaba en Wilde. En 1917 se trasladó a Villa Domínico para recalar, finalmente, en la isla Maciel. El estadio, ubicado sobre la calle General Rivas, tenía sólo una tribuna lateral. Y para llegar a sus instalaciones, había que cruzar el Riachuelo a través de un puente o en un bote. No se sabe qué medio de transporte utilizaba, pero sí que hasta allí viajaba para jugar Francisco Larrosa, el padre de Omar, quien fuera campeón con la Selección argentina en 1978. El progenitor del ex Boca, Huracán e Independiente era un 8 con gol. De hecho, su hijo recuerda que “tenía muy buena pegada”. La estadía del “otro” Boca en Primera se extendió por cinco temporadas, desde 1922 hasta 1926. Mientras que su desempeño estuvo bastante alejado de ser brillante. Un noveno puesto, obtenido en el torneo de 1924, fue su mejor posición. Las estadísticas dicen que jugó 106 partidos, de los cuales ganó 30, empató 26 y perdió 50. Obtuvo 86 puntos, el 40% de los que estuvieron en juego. No obstante, el regreso a la Segunda División no fue por causas naturales, sino que, al unificarse las ligas de ambas asociaciones amateurs, se lo destinó al descenso. En 1926, al volver a la B, el club sólo contaba con 252 socios (River tenía 3661 y Boca, 3.022). Un dato que quizás, entre otros tantos, podría explicar el lento comienzo hacia su extinción, que se produjo en 1935. Una vida corta, pero intensa. Y con las anécdotas necesarias como para que los viejos lugareños de La Boca tengan una historia más para contar.


En 2002, para protestar un arbitraje que creían parcial, los jugadores de Olympique l’Emyrne de Madagascar marcaron 149 goles en contra.

NOU COMEN

El hombre que nunca pierde

Luego de perder contra Arsenal, Gabriel Schurrer se la agarró con Héctor Baldassi: “el árbitro va a tener una linda jubilación después de este torneo”, chicaneó. Innecesaria declaración del técnico de Lanús que, encima, después dijo: “el árbitro no tuvo nada que ver en el resultado”.

Puteá ahora

Reunión de los personajes del año (¡qué originales!) de la revista Gente. Un par de invitados: Fernando Cavenaghi y el Tano Pasman. Y bueno, vaya uno a saber qué méritos hay que hacer para ganarse un lugar en esa tapa. Y no lo decimos por el Torito, por supuesto. Cuando el Tano divisó al goleador de River quiso sacarse una foto con él, pero se encontró con un problema. Había invitados VIP y de los otros. Entonces, para llegar a Cavenaghi le pidió ayuda a una periodista, que se acercó al jugador y mantuvo con él este diálogo: –Fernando, ¿lo conocés al Tano Pasman? –Sí. –Le gustaría sacarse una foto con vos. –No me saco fotos con tipos que bardean a los futbolistas. Les debemos la reacción de Pasman al enterarse de la respuesta de Cavenaghi.

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Las gallinas son así No sabemos si fueron más impresentables los dirigentes de Boca por pedir la postergación de su primer choque por la Copa Argentina o los de la AFA por aceptar el pedido. Boca debió haber jugado el 30 se noviembre contra Santamarina de Tandil, pero adujo que en esa fecha no podía presentar un equipo acorde a la competición. Ejem... Ese posible equipo no acorde era el siguiente: Sebastián Sosa; Franco Sosa, Caruzzo, Sauro, Matías Giménez; Jesús Méndez, Erbes, Colazo; Gracián; Araujo y Cvitanich. O sea: envidia para más de un club de Primera. Los hinchas tandilenses, que tendrán que esperar hasta febrero para cumplir con este sueño, le mandaron un mensaje a sus rivales a través de un afiche: “Podrás ser súper campeón. Podrás ser la mitad más uno. Podrás ser uno de los mejores del mundo. Pero quedará para la historia que con nosotros arrugaste como este papel”. Y razón no les falta.

Apache en uno

“No sé qué está haciendo Tevez en Argentina”, decía Roberto Mancini en Manchester. Y si se le dio por meterse en Internet y ver las noticias del otro lado del Atlántico, seguro que obtuvo la respuesta: Carlitos estaba jugando... ¡¡¡al golf!!! Y dicen los que entienden que juega muy bien.


A fines del Siglo XIX, un futbolista amateur del club inglés Middlesbrough insistía en pagar su entrada al estadio para jugar.

Musshhhhhhhh

¡¡Pobre Teo!! Todo va tan rápido que tal vez algunos no recuerden el gol que se comió Mouche sobre el final del Boca-Racing. El que no se acuerde, se lo puede preguntar a un hincha de Boca, o a uno de de Racing. Los primeros lo tienen presente porque putearon al novio de Luli Fernández un rato largo. Y los segundos porque zafaron de perder. Consultado el delantero después del partido sobre si volvería a hacer lo mismo, si patearía más fuerte o se la daría a un compañero, el muchacho redobló la apuesta: “¿Qué pasa? ¿No me puedo errar un gol? Volvería a hacer lo mismo, pero patearía más fuerte”. Lo que confirma que su problema no pasa por tener las revoluciones a mil por hora.

Un fotógrafo de marca

Ya habrán visto las imágenes del taxista catalán que se animó a pedirle a Messi que le sacara una foto con Mascherano y a Mascherano que le sacara una con Messi. Pero mejor que esas imágenes fueron los pormenores que contó el tachero sobre la situación: “la verdad es que la foto que me hizo Messi salió muy bien, la clavó; en cambio, Javier me hizo la foto a contraluz y de más lejos, y no se ve muy bien”.

Aunque Racing explotó después de dar lástima en La Bombonera, las cosas ya venían mal desde unas semanas atrás. Por ejemplo: a Simeone los jugadores ya no se lo bancaban. Por actitudes varias, pero hubo una que los sacó de quicio. Toranzo faltó a una práctica con aviso, pero el entrenador lo hizo hacer doble turno durante la semana para compensar. Y después, cuando Teo Gutiérrez llegó sobre la hora al partido con Boca, el Cholo lo mandó a la cancha. Cuando se mide con distinta vara, los futbolistas te pasan la factura. Tras el 0 a 0 contra el líder, Teo mató a sus compañeros y al técnico, los compañeros le dieron a Teo, y Gabriel Hauche definió ese presente muy claramente : “esto parece un teatro de revistas”. Y como si todo esto fuera poco, por el mismo precio, el vicepresidente del club, Pablo Podestá, en una nota con nuestro compañero Ariel Senosiain por radio La Red le agregó nafta al fuego. ¿Cómo es Teófilo Gutiérrez?, le preguntaron. “Teófilo Gutiérrez es una persona de un gran corazón. Una muy buena persona, pero tiene una extracción social precaria, humilde. Yo lo sé porque estuve dos veces en Colombia, y conocí el lugar donde nació y donde vivió y es un lugar muy peligroso, muy precario, cuya cultura y educación son muy primarias. Y eso hace que por ahí él no pueda discernir qué es importante y qué no”. No más preguntas, señor Podestá.

Dios no hace milagros

Después de perder, perder y perder, a algunos jugadores de San Lorenzo y al cuerpo técnico se les ocurrió que en vez de trabajar en nuevas jugadas, o cambiar la táctica, era mejor ir a rezarle a la Virgen de Luján. La visitaron un jueves y el domingo. Y volvieron a perder. Pero la derrota no vino sola: también despidieron al Turco Asad. DICIEMBRE 2011 | UN CAÑO 11


COSECHA 2011

Mejor que decir es hacer A muchos de los deportistas que están en la tapa los celebramos por sus actuaciones, y a otros, por sus actitudes más bizarras. Sea como fuere, si excluimos al fútbol en la valoración, fue un buen año en lo deportivo para la Argentina. Varios equipos del Polideportivo cumplieron buenas actuaciones (hockey sobre césped masculino y femenino, básquet, vóley masculino, rugby, tenis, para citar algunos), opacando al fútbol, tanto a nivel Selecciones como en el ámbito local. Lo que pasó y también lo que se viene. Por MARIANO HAMILTON Ilustración SEBASTIÁN DOMENECH

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sta casi todo por verse en el momento que estamos cerrando esta edición de Un Caño. Y por eso muchos de los personajes elegidos no sólo son confirmaciones de lo que ya pasó, sino también expresiones de deseo de aquí a lo que falta de este buen 2011 en lo deportivo, siempre y cuando excluyamos al fútbol de la evaluación. Y si de fútbol hablamos, digamos que el espantoso y aburrido torneo Apertura tiene dueño (Boca). Pusimos en la fiesta de fin de año a Julio César Falcioni, porque más allá de que todo es chato y pobre, Boca fue el mejor equipo en esta segunda mitad del año. Se sabe, “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Bueno, en lo futbolístico, Boca fue un rey entre los tuertos. La primera mitad del año fue para el Vélez de Ricardo Gareca, y por eso el Burrito Martínez tiene su lugar en el brindis. Dudamos en ponerlo a Gareca, pero finalmente optamos por un jugador. Igual, nuestro reconocimiento al Tigre. Ah, y como yapa, Vélez, al menos, se metió en las semifinales de la Copa Sudamericana. El colombiano Teo Gutiérrez fue el antihéroe de este 2011: conflictivo con los compañeros, violento con los rivales y provocador para declarar. Arrancó para hacer historia como goleador, pero

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terminó desdibujándose un poco por lo que produjo en lo extradeportivo. Lionel Messi siempre debe estar en el festejo, más allá de que sus intervenciones en la Selección todavía no terminan de consolidarse. Por eso, con la camiseta del Barcelona, esta aquí, rodeado por el resto de los deportistas. Tal vez en algún momento lo podamos poner con la de Argentina, también. Marcelo Bielsa está coronando un excelente cierre de temporada con el Athletic de Bilbao. Sus condiciones como entrenador siguen recibiendo reconocimiento, ahora en el fútbol español. ¿Podremos volver a disfrutarlo en el fútbol argentino? ¿O ya es un profeta que estará por siempre lejos de su tierra? No podíamos dejar de recodar a Martín Palermo, retirado a mitad de año de Boca. Y lo hacemos como el año pasado, con un busto. Porque Martín ya está en el bronce. Tampoco podía dejarse de lado el

histórico descenso de River. Adalberto Román fue el elegido para hacerlo. Y también para abrir en el horizonte la posibilidad del regreso en el ya excelente torneo de la B Nacional, que entrega espectáculos mucho más entretenidos de los que podemos ver en Primera División. El partido entre River y Rosario Central, creemos, estará entre los mejores del año. Carlitos Tevez, caracterizado como un golfista, está en esta escena para recordar las desventuras de la Selección Nacional, que ahora conduce Alejandro Sabella. Al paso en falso de la Copa América (con derrota por penales en cuartos de final contra Uruguay) se suman los récords que cayeron este año: primera derrota de la historia contra Venezuela en Eliminatorias y primera vez que Bolivia se lleva un punto de la cancha de River, también por Eliminatorias. ¿Algún día podremos festejar un record positivo, o nos tenemos que

La Argentina estará en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y mucho tiene que ver con esta cuestión Luis Scola, la figura y la cara del equipo de básquetbol en el Preolímpico de Mar del Plata.


acostumbrar a ver como festejan nuestros rivales? En tenis, la Argentina cumplió una tarea casi heroica ante los españoles y estuvo a punto de conseguir el milagro de vencer a la Armada Roja. La Davis se escapó una vez más pero a todos nos quedó una sensación de ¨misión cumplida¨ vencer a Nadal es cosa de extraterrestres. En nuestras páginas interiores elegimos a María Gabriel Best para homenajear a los atletas panamericanos, quienes dieron para la Argentina una actuación histórica. Ya no se sabe cuál será el techo de la Argentina a nivel olímpico, siempre y cuando se sepa mantener el desarrollo actual, que está encabezado por Claudio Morresi en la Secretaría de Deportes de la Nación. En silencio y con eficacia, Morresi logró revertir varias décadas de retrocesos. Sergio Maravilla Martínez sigue sumando éxitos, y está a la espera de la pelea de su vida contra Floyd Maywea-

ther o contra Manny Pacquiao. Los que saben de las internas del boxeo sostienen que la más probable, en 2012, será la que lo enfrentará con Julio César Chávez Jr., que la de Mayweather puede ser y que jamás se encontrará con Pacquiao porque el filipino le escapa. Sea como fuere, ya está entre los grandes del deporte argentino. La Argentina estará en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y mucho tiene que ver con esta cuestión Luis Scola, la figura y la cara del equipo de básquetbol en el Preolímpico de Mar del Plata, desplazando de lo más algo del podio a jugadores como Ginóbili o Nocioni. Cuando se habla de Luis, quien no por nada es el capitán de la Selección, además hay que sumarle la voluntad que pone para estar en cada una de las presentaciones del equipo, mostrando una fidelidad pocas veces vista. Los Pumas jugarán, en 2012 –por primera vez en su historia, y por ahora por cuatro años–, el Rugby Cham-

pionship, ex Tres Naciones, algo que obtuvieron al revalidar su poderío en el Mundial, donde terminaron entre los ocho mejores equipos del Mundo. Mario Ledesma, ya retirado de Los Pumas, se lleva todo los aplausos y nuestro homenaje. Como hecho anecdótico quedó el video de Silvina Luna en unos campos de Miami. No vamos a entrar en detalles, porque suponemos que no es necesario. Sólo decimos que Silvina será recordada por siempre en nuestros corazones. Para el final dejamos el paso de baile que se produjo durante la elección para presidente de la AFA. El papelón de Vila y la demostración de fuerza de Julio Grondona contrastan con este presente entre paréntesis (poco y nada se sabe sobre el estado de salud del veterano dirigente), y ello abre el espectro a muchas especulaciones. Ah… Y por supuesto el homenaje a Doña Tota, la madre de Diego. La vamos a estrañar…

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COSECHA 2011

Súper Bochini y las fieras mediáticas

Messi tiene fanáticos, admiradores, hinchas, simpatizantes, curiosos y también detractores. En su defensa, con la pluma y el banderín del Bocha en las manos, nuestro querido Pablo puso primera y arrancó con esto que podemos llamar una bonita página pro-Messi o, sencillamente, “el alegato a favor del crack”. Por PABLO DE BIASE

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essi fue un huevo de oro, dorado pero excesivamente pequeñito, de la gran gallina nacional, exhausta de poner y empollar cracks, para verlos partir, ni proyectos de gallo, antes de oír sus primeros píos. Lo incubaron, pues, directamente en un corral de luxe, en Cataluña (la escuela de fútbol de alto rendimiento del Barcelona, La Masía, refundada por Johan Cruyff, a comienzos de los ‘80). Así, una vez superado el trauma del crecimiento con los euros que el Barcelona apostó al joven crack en su política de beneficios marginales, el joven rosarino prefirió, a nivel de Selecciones la marca, el significante de la celeste y blanca con el escudo de la AFA y las tres tiras que comparte con su main sponsor personal, que le diseña esos botines tan coloridos que se venden como pan caliente las 24 horas del día en la aldea global. Increíble, genial, el crack del Barcelona se convirtió en hombre, en súper crack planetario y en cuestión irresoluble para la mesa de fútbol en Buenos Aires o en Rosario (en otras ciudades tienden más a comportarse como en el resto del mundo y no cuestionan al mejor jugador argentino después de Maradona con tanta acritud). “Que juegue como en Barcelona”, vociferan los hinchas de tiempo completo, hinchas profesionales que portan micrófono. Los críticos de Messi, se ve y se oye, son muchos, muchos más de los que deberían ser, cuanto menos. Se concentran

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en las áreas urbanas más populosas y en las publicaciones y audiciones deportivas, y adolecen del defecto adicional de ser duchos en los versos y anécdotas del balompié criollo. Si Messi juega como en el Barcelona, no tiene traumas con el país ni su temperamento es frágil como una mariposa disecada, ¿por qué, entonces, no rinde como en el Barcelona? Principalmente, por dos motivos. El primero es que la Selección no juega como el Barcelona (que es un seleccionado internacional, con la base de la Selección de España, último campeón mundial) y difícilmente pueda hacerlo. El segundo merece algunas explicaciones adicionales.

Crack no es lo mismo que líder Las comparaciones son odiosas si hablamos de hijos o sobrinos. Ahora, cuando se trata de analizar las acciones de gentes públicas que viven, precisamente, de los grandes públicos, más allá de resultarles insoportables a algunos, las comparaciones suelen ser necesarias e instructivas

si se hacen con honestidad intelectual. Aclarado esto, hablar de Messi, por una serie de motivos fáciles de asociar, nos remite a Maradona y a las comparaciones posibles, las conceptuales. Messi pasó por la adversidad más dura en plena edad de los sueños. No saber si podría jugar al fútbol de alta competencia por su problema de crecimiento (lo que motivó su partida al Barcelona sin haber llegado a jugar en la octava de Newell’s). Una vez catalán, se dedicó a lo suyo, aislado de las adversidades. Incorporó conceptos colectivos y tácticos básicos, mientras lo alentaban a desarrollar su técnica en La Masia. De la escuela de fútbol de alto rendimiento más importante del planeta pasó a debutar en el mejor equipo del mundo actual (junto con el Real Madrid de Di Stéfano y Puskas, el Barcelona de Guardiola es el mejor equipo de la historia española y, sin dudas, uno de los mejores diez de todos los tiempos). Demostró ser un crack con logros que no vienen a cuento enumerar. Hoy es un súper crack, cuyo pase no tiene precio (la cláusula de recisión de su contrato es una

Messi no le pega como Maradona, pero intenta pegarle cada vez mejor. Su punto fuerte está en el dribbling, la pausa, la asistencia perfecta o el golazo propio.


“formalidad”: 250 millones de euros). Sin embargo, no es el líder que muchos quieren que sea en la Selección argentina. Difícil ser líder cuando se llegó a Primera haciendo jueguito en una alfombra roja. Mientras Diego surgió en Argentinos, un equipo chico en el que un crack de su envergadura, por mero desequilibrio de juego, se termina poniendo el equipo al hombro, y tuvo su pico deportivo en el Nápoli, un equipo relativamente chico en Italia, donde si bien tuvo grandes acompañantes, también debió jugar con varios caballos de la calesita (parecidos a los burros, y de madera). La necesidad vuelve líderes a los cracks. Messi, a diferencia de Diego, contó con compañía de lujo desde su debut en el profesionalismo en un equipo que siempre tuvo líderes empeñosos y aguerridos, además de una constelación de estrellas. Hoy, cuando generacionalmente comienza a ocupar la primera línea, intenta desarrollar las aptitudes de conducción que le permitan, entre otras cosas, apilar rivales para que jueguen sus compañeros, como una alternativa de juego. En Barranquilla, contra Colombia, sacó a relucir estas nuevas dotes, en el vestuario luego del primer tiempo, y en la cancha, en el segundo. Alguien que no tiene vocación de gloria no pega la corrida de contra que casi termina en el tercer gol de Argentina y se queda boqueando tres minutos apoyado en un cartel, sabiendo que le esperan aviones, aeropuertos y concentraciones sin un minuto de descanso. Distinguido por Diego como capitán y heredero está demostrando que la sociedad que formaron con el Kun Agüero en la Selección está llegando a su madurez. Fue campeón mundial Sub 20, a los 18, en Holanda 2005 (goleador y figura del certamen), medalla de oro en Beijin 2008 y figura del equipo que perdió en Cuartos con Alemania en Sudáfrica 2010, siempre formando una dupla letal con el ex jugador de Independiente. En su carrera de Selección, las semejanzas con Diego son notorias. En el 2014 tendrá 27 años, uno más que Diego en México 86 y, al igual que 28 años atrás, se habrá llegado a ese Mundial tras una clasificación dura y muy competitiva.

Un súper Bochini Maradona, con su zurda exquisita, hizo demasiados milagros con su inmenso talento para construir juego y enmudecer estadios. También hizo desastres con su fuerte tendencia autodestructiva, ésa que le impidió conocer su techo real, alto en el cielo, y que lo volvió, de a muchos ratos, más amigo de los micrófonos que de los balones. Messi no es Maradona, no ama los micrófonos ni es esclavo de su personaje. Claro, tampoco es infalible con la pelota parada, y nadie confundirá su figura con la de la patria, ni dentro ni fuera de la cancha. Afortunadamente, los tiempos que vivimos nos llevan a desear que los

Higuaín o a Agüero, para que definan, o a Zabaleta y Sosa (la lista es larga), para que hagan lo que puedan. Claro, a diferencia de Bochini (más allá de épocas y circunstancias), Messi es un goleador constante, un gran definidor. Es un súper Bochini. Muy habilidoso, definidor en partidos clave y, a la vez, habitante de su mundo silencioso. Me parece que lo que no soportan de Messi y su parecido (muy mejorado) con Bochini, los convidados de piedra de micrófono y Black Berry, no es que se parezca más al Bocha gambeteador que al Maradona de tranco medio, o que no tenga la personalidad de líder de Diego. Lo que no soportan es que su parecido con Diego se limite a ser muy talentoso y

jugadores estén en la cancha y los líderes políticos, abocados a reparar el daño que sufrió el pueblo argentino durante tantas décadas. Messi no le pega como Maradona, pero intenta pegarle cada vez mejor. Su punto fuerte está en el dribbling, la pausa, la asistencia perfecta o el golazo propio. Si se quiere (ya definido que es un crack y no un líder total), su estilo podría emparentarse al del Bochini más joven. Como Bochini, es un crack tamaño small, capaz de gambetear hasta en las nubes. Cuando gambetea, Messi parece flotar entre las piernas rivales, antes de ponerles pases increíbles, milimétricos a

su parecido con el Bocha incluya el amor por el silencio público y el recato sobre su vida privada. Les aseguro que si Lio se volviera, de golpe y porrazo, un bocón sin freno que opinara sin solución de continuidad sobre cómo rearmar la defensa de Nigeria, la estatura moral de los periodistas de farándula, el liderazgo continental de Chávez y el anacronismo de que en España haya reyes mientras sale de un boliche luego de una gira de tres días, las fieras estarían satisfechas. Tendrían pasto mediático premium para sus audiencias. Messi, como se imaginarán, está muy apenado por esto. ¡Dejemos de tirarle del bigote al tigre!

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La ley del deseo

Messi a veces nos decepciona. Sencillamente porque esperamos de él algo ajeno a su naturaleza, sus intereses y su genuina forma de ver el fútbol y hasta la vida. Ahora estamos tratando de convencernos de que nació para caudillo y capitán. No hay caso: su excelencia nunca será suficiente. Por ALEJANDRO CARAVARIO Fotos PHOTOGAMMA.COM

L

eonardo Faccio, periodista residente en Barcelona, llegó por encargo a una tarea titánica: escribir una biografía de Lionel Messi. Luego de reiterados viajes, de hablar con su familia, sus compañeros de cuarto en las concentraciones, algún que otro adulón y algún que otro intelectual, logró darle forma a un libro que acaba de publicarse, que no he leído ni leeré simplemente porque las promociones sólo consiguieron desalentarme. En la tapa del diario Perfil, por caso, un título que pretende acercarnos a la reciente obra de Faccio, nos dice, como si se tratara de una revelación estridente, que las dos únicas pasiones de Messi son el fútbol y la siesta. Así, sin más. Ni siquiera la madre, los amigos o el asado. Nada. El fútbol y la siesta. Se debe agradecer la sinceridad: algún cronista ansioso por entregarle a su editor un material de venta inmediata, acaso habría forzado algún escándalo, un vicio clandestino, peleas, romances espurios... En fin, periodismo puro, como le dicen por ahí. Sin embargo, Faccio se mantuvo fiel a la cosecha de su investigación, sin adulterar al personaje, aun a riesgo de que el relato resintiera su interés.

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El extranjero Lionel Messi es acaso el individuo menos propicio para abordar una biografía. No sólo por juventud, sino porque el horizonte de sus intereses apenas se aparta del oficio que ejecuta con maestría. No imagino doble fondo, ni ritmos cambiantes, ni aventuras, ni amores desquiciados, es decir los componentes más sabrosos de esta clase de libros. A Messi la idolatría no se le subió a la cabeza, sigue allí en sus pies. La razón de su poder surge de la destreza impar con que maneja la pelota. De sus logros deportivos, su palmarés bestial. No parece poco tal excepcionalidad aplicada al deporte más popular y rentable del planeta. Pero un ídolo moderno semejante debe desplegar una batería de subocupaciones indelegables. Debe ser, por ejemplo, un modelo. Una, cien marcas. Aunque Messi no sea lindo ni canchero como Cristiano Ronaldo, es Messi y, por lo tanto, todos lo veremos lindo y canchero. Y de no ser así, acep-

taremos que igual se merece todos los lugares y los roles. Sin embargo, cada tanto se nota la hilacha, la ropa incómoda, la ajenidad del hombre nacido para la pelota (ensimismado hasta la perfección o la locura), en un planeta extranjero al que le debe prestar el nombre y la cara. Del mismo modo, se espera que su talento lo convierta en un líder. Los entrenadores, que lo conocen más que las agencias de publicidad, también pretenden otro Messi. A ellos tampoco les alcanza y pretenden clonarlo capitán y caudillo, voz de mando. Ahí lo tenemos luciendo la cinta en la Selección de Sabella, en consonancia con el diagnóstico periodístico según el cual el rosarino ha madurado y expandido la influencia de su personalidad en los últimos años. ¿Necesidades, expresiones de deseo, interpretaciones desaforadas? Puede ser todo a la vez. La dimensión de Messi autoriza la proliferación de discursos, teorías y pronósticos. En general, orientados a consumar sueños colectivos. Un día los

Cada tanto se nota la hilacha, la ropa incómoda, la ajenidad del hombre nacido para la pelota (ensimismado hasta la perfección o la locura), en un planeta extranjero al que le debe prestar el nombre y la cara.


relatores lo verán volar y decretarán la muerte de las metáforas.

El equipo al hombro En tren de retorcer los hechos con voluntad optimista, muchos vieron a Messi “cargarse el equipo al hombro” en el partido que, un poco azarosamente, Argentina le ganó a Colombia, en Barranquilla, por las Eliminatorias. Observación que habría quedado archivada en caso de empate. Es decir, si alguno de los rebotes con los que se favoreció el equipo visitante hubiera tenido otro destino. La conducta de Messi no fue más contagiosa que en otras oportunidades. Claro, cuando su persistente apuesta por la gambeta seriada funciona, a los compañeros se les ilumina el rostro, el equipo se agranda. Pero eso sucede cuando uno tiene en sus filas al mejor futbolista del mundo. No al más sólido sostén moral. No habría que mezclar la fruta. Creo que inducir a Messi a socializarse en extremo es casi conspirativo. Lio no puede distraerse ordenando el equipo, dándole palmadas de aliento a Zabaleta o lanzando puteadas didácticas a los que aflojan en las difíciles. Messi reclama un coto sin filtraciones, el escenario solitario en el que se busca el trance. Él, de todas maneras, contempla la cancha entera. Déjenlo pensar, déjenlo encarar tozudamente desde cualquier latitud. Así responde al instinto. No se trata de egoísmo sino de peculiaridades de funcionamiento de alguien con capacidades superiores al resto. No le pidan a Messi el panorama controlador de los estrategas. Maradona era así; Maradona quería ser el dueño de los equipos, verificar toda la cadena de producción y corregirla de ser necesario. Messi, en cambio, es un matador. Y un matador pragmático. Si algo le dio el Barcelona en su paciente preparación del crack (además de la Hormona del Crecimiento Recombinante) es un sentido simple, geométrico, de las resoluciones del juego. A veces se asocia a La Masía, incubadora futbolera de los catalanes, con cierta prodigalidad romántica cuando Messi (basta con ver un video de sus goles) responde más a la eficacia de un sistema (incluso su propio sistema para gambetear y enfilar

hacia el arco) que al jogo bonito. Leo jamás se permitiría los firuletes del barroco playero tipo Ronaldinho. En lugar de ornamento, prefiere la adrenalina de los goles. Los goles de Messi (que se parecen bastante entre sí) recorren siempre el camino más práctico, claro que a la velocidad de la luz. Otros no podrían atreverse por allí. Messi, por propia decisión, está más cerca del récord que del arte. Sabe todo, pero, puesto a escoger, se queda con lo sencillo y directo. Como

buen pibe de barrio. No le pidan entonces capitanías ejemplares ni biografías rebosantes ni la cara perfecta para comerciar afeitadoras. Tampoco que en la Selección reproduzca al del Barcelona. Dejemos de esperar a Godot (tal vez el Kun Agüero nos depare más alegrías). Dejemos de hacer de Messi el mapa de nuestros deseos. Sólo nos aguarda la decepción o una falsa descripción de los hechos para sentir que teníamos razón.

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“Después de ganarle a Colombia, empieza una nueva etapa”

Cuando ya se hacían sentir las voces más quejosas contra la Selección Nacional, un resultado en Barranquilla frenó a multitudes de disconformes. Para la hora de un balance y también de una revisión personal de su carrera, nuestro compañero eligió al Kun Aguero. La figura del Manchester City nos deja sus inquietudes y da cuenta de los particulares momentos vividos en el 2011. Por FERNANDO PACINI

–¿Cómo te llevás con Inglaterra, con Manchester, con el idioma? –Bien, la verdad, tranquilo. Adaptándome de a poco, pero bien. Manchester es una ciudad muy linda. Estoy aprendiendo a conocerla mejor. Cuando podemos, tratamos de salir a ver nuevos lugares. Y en la vida de todos los días, normal. Eso sí, ya tomé recaudos con el tema de la carne: Pablo Zabaleta nos pasó un lugar donde podemos comprar cortes argentinos. Con la yerba es más complicado porque acá no la venden, pero sí en Londres, así que la compramos ahí. Y con el idioma, la voy llevando. Empecé tomando clases tres veces por semana con una profe. Pero ahora mismo, con esto de jugar entre semana Champions o Carling y con los viajes, se complica un poco, y a veces sólo puedo tomar una en la semana. Pero estoy aprendiendo, eh. Es como volver al cole (sonríe). Pero lo bueno es que acá lo puedo practicar hasta con mis compañeros. Creo que lo llevo bien, pero todavía me falta bastante. –A la distancia no es sencillo definir a Mancini. ¿Cómo es él, como entrenador y como conductor de grupo? –Es muy bueno. En lo personal me habla mucho en los entrenamientos. Me dice cómo moverme y que siempre trate de dar lo máximo, siempre. Yo me llevo bien, él me cuida. Después, cada entrenador tiene su estilo. Y creo que él lo tiene y lo sabe transmitir. –No debe ser fácil seguir la vida nor-

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mal de un grupo, luego de un episodio como el de Tévez y Mancini, ¿no? ¿Generó alguna crisis interna? –Ya dije que es una pena que haya pasado lo que pasó con Carlitos. Pero esto es fútbol, y son cosas que pasan. Ojalá se llegue a una solución. –¿Están en condiciones de pelear Liga y Champions? ¿O es demasiado ambicioso? –Bueno, éste es un equipo que ya venía jugando bien, y con una base sólida. Y creo que los que llegamos ahora estamos aportando para ayudar a que el equipo siga creciendo. Estamos muy bien en la Premier, y en la Champions pudimos remontar un comienzo no tan bueno. Pero todavía falta mucho. Creo que es un plantel con grandes jugadores, y cuando pasa eso, siempre hay más chances de avanzar. El tiempo dirá para qué estamos. Pero estoy seguro de que este equipo tiene hambre de gloria. No sé si eso se nota desde afuera, pero desde adentro te aseguro que es así. –Contame algo de Silva, de su técnica, de su pase... –Es un crack. La verdad no lo conocía mucho porque no es lo mismo verlo por televisión que tenerlo al lado. Y ahora que entrenamos y jugamos juntos, que lo veo todos los días, te das cuenta enseguida de que es un crack. La paciencia que tiene para encontrar el momento justo para hacer la jugada es tremenda, ¡y olvidate, los pases que mete! –¿Y Dzeko? Desde lejos, por TV, parece

que Dzeko y vos funcionan muy bien, que hay un entendimiento perfecto que se produce, más que por la costumbre de jugar juntos, porque tienen características distintas y complementarias. ¿Me equivoco? –No te equivocás. Es buen jugador. La verdad es que estamos funcionando muy bien. Por ahí, como yo soy chico y él grande, nos entendemos. Lo mismo pasa con Balotelli, que es otro de los delanteros grandes. Creo que con el correr de los partidos nos iremos entendiendo cada vez mejor. –¿Qué tiene de distinto jugar en Inglaterra, comparado con Argentina y España? –Bueno, ya es diferente jugar en la Argentina que en España. Y también es diferente jugar en Inglaterra que en España. Creo que acá el fútbol es más rápido y te obliga a estar más atento todo el tiempo. Se corre mucho más. Creo que ahí es donde más estoy aprendiendo; a estar más concentrado durante más tiempo. –¿Extrañás Madrid, el Calderón? –Se extraña, sí. Pero también se viven cosas nuevas que te ayudan a llevarlo mejor. También me pasó cuando dejé Argentina para irme a España. Tenía 18 años y deje a toda mi familia allá, pero lo pude hacer y crecer mucho como persona. Yo viví en Madrid cinco años y estaba totalmente adaptado a la vida de allá. Una vida que además me gustaba mucho. Hasta pude hacerme de muy buenos amigos, y ni que hablar de la gente del club, del Atlético de Madrid, desde los emplea-


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dos hasta mis compañeros. Y Ben nació allá. Pero creo, como dije cuando decidí salir, que necesitaba cambiar de aire, dar un paso adelante. Y cuando uno toma una decisión como ésa, siendo un futbolista profesional, está la posibilidad de tener que cambiar de país. Y se dio así. Ahora ya soy más grande, y además soy papá. Creo que el tiempo me está dando la razón en relación a que era hora de cambiar. Y no lo digo sólo porque me estén yendo bien las cosas. Es mucho más que eso. –La Selección ha sido muy inestable últimamente: tres entrenadores en menos de dos años, muchas críticas, un par de tropiezos deportivos… ¿Por qué ustedes (vos, Messi, etc.) siguen queriendo venir a la Selección? ¿Cómo lo explican? Si allá juegan en buenos equipos, andan fenómeno, la gente los adora… Sin embargo, ante cada llamado a la Selección, mueren por estar. –Para mí, la Selección es un sentimiento. El predio de Ezeiza es como una segunda casa para mí. Desde los 13 años que voy. Ahí aprendí a entender lo que es estar en la Selección. Me acuerdo de ver a los más grandes entrenar y pensar “ojalá alguna vez yo pueda estar ahí”. ¿Cómo no voy a querer venir siempre? A la Selección se la lleva en el alma. Bueno, al menos eso me pasa a mí. Aunque a veces se viajen miles de kilómetros y te toque entrar pocos minutos, no me importa. Yo siempre quiero estar. Es cierto que a todos nos gusta jugar siempre. Pero la cosa no tiene misterios: si uno anda bien en el club, hay más chances de que te convoquen. Y después, es cuestión de aprovechar los minutos y ganarse el lugar. Entonces, sí, es cierto, uno muere por estar en la Selección. –Si no se corrige un poco el rumbo, ¿vos creés que esa mística, esas ganas de estar siempre se pueden ir perdiendo en las próximas generaciones? –Ojalá que no pase eso. Para mí todo empieza desde chico, desde los juveniles. Ahí yo empecé a aprender eso que vos definís como mística. Yo tuve la suerte de jugar y ganar dos Mundiales juveniles y un campeonato olímpico, y es un sentimiento increíble. Pero también viví golpes muy

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duros, como el Mundial de Sudáfrica y la Copa América. Es decir, viví lo que es el triunfo y lo que es la derrota. Y eso te hace cada vez más fuerte. Eso es lo que digo que tenemos que transmitirles a los más pibes. Yo daría todo porque la Selección pueda ganar un título importante y darnos una alegría enorme a todos. Por eso creo que hay que volver a trabajar con los juveniles como hace un tiempo, como cuando yo era chico. Nunca voy a olvidar las enseñanzas de gente como Tojo y tantos otros. Me da la sensación de que se perdió un poco eso. Y estamos a tiempo de volver a retomar ese camino. –Algunos pensamos que la Selección tiene un plantel un poco asimétrico: muchos y en gran nivel en algunos sectores, y no tantos en otros puestos. ¿Estás de acuerdo con esta observación? –No siempre se tiene al mejor del mundo en tu equipo, ¿no? ¡Y nosotros lo tenemos! Lo digo por Lio, claro. Y si se compara, puede parecer que atrás tenemos menos. Pero hablando con mi viejo y con otra gente más grande, me dicen que en otras épocas, por ejemplo, había grandes enganches, que había una competencia enorme en ese puesto. Puede que pase eso, que sea una cuestión de épocas. Que en algunas salgan más atacantes que defensores. O al revés… Creo que hay que aprovechar bien las virtudes que hay en cada época. Y si hoy en la delantera estamos a full, bienvenido. Lo otro será cuestión del técnico, que pueda encontrar el equilibrio necesario entre las distintas líneas del equipo. –¿Qué impacto tiene el triunfo en Colombia? –Creo que fue importantísimo. Para nosotros, y para todos. Cuando llegué a la Argentina para estos partidos, dije que teníamos que hacer que nos vuelvan a

respetar. Y creo que con el partido de Barranquilla eso quedó claro. Falta mucho todavía. Pero la actitud y la entrega, las ganas y especialmente el fútbol que pusimos demuestran que tenemos un gran equipo. Ahora las cosas quedan más claras para adelante. Después de ganarle a Colombia creo que empieza una nueva etapa. Ojalá que esta victoria sea el inicio de un camino cada vez mejor para la Selección. Imaginate si no hubiéramos ganado de la manera que lo hicimos cómo se estaría hablando ahora. Y con siete meses por delante para el próximo partido... Me parece que esta victoria despeja algunas dudas que había. Y también pudimos cumplir con la gente. Se lo debíamos. Todos necesitábamos un partido así. Te decía en una respuesta anterior que teníamos que aprender a potenciar nuestras virtudes. Y si estamos bien los de arriba, hay que aprovecharlo. Con equilibrio y esfuerzo, eh, porque hoy en el fútbol si no ponés actitud, vas muerto. Pero también confiando en nosotros, en nuestro juego… Si logramos eso, creo que tenemos derecho a soñar con cosas grandes. –¿Cómo te imaginás que pueden jugar juntos vos, Higuaín y Messi? –Bueno, ya lo dijo Lio, y yo estoy de acuerdo: los buenos jugadores pueden jugar siempre juntos. Y lo mismo si le toca entrar a cualquiera de los otros muchachos. Las veces que jugamos juntos con Lio y Pipita nos sentimos muy cómodos. De hecho, antes en el Atlético de Madrid o ahora en el City, jugué y juego por todo el frente de ataque, con 9 de área al lado y otro más tirado atrás. Ahora todos los equipos juegan muy atrás, es todo muy físico. Reducen los espacios porque saben que si nos dan un metro podemos lastimar. Nuestro trabajo es aprender a hacernos esos espacios, aún cuando se

“Imaginate si no hubiéramos ganado de la manera que lo hicimos como se estaría hablando ahora. Y con siete meses por delante para el próximo partido… Me parece que esta victoria despeja algunas dudas que había”.


cierran tanto. Y no perder pelotas fáciles. Creo que ahí está la cuestión. –Cuando alguien recibe la pelota en el área, lo primero que quiere es rematar, que la jugada termine ya. Que termine en gol, claro, pero rápido. Vos, en cambio, cuando recibís, si la mejor opción no es el remate apurado, siempre te tomás el tiempo que haga falta. Y si es necesario amagar, o frenar, enganchar o lo que sea, lo hacés antes de definir. ¿No te da vértigo tanta paciencia? –Ojo, que si puedo meterla de una lo hago, eh. Es como te decía antes. El fútbol de hoy te obliga a buscar la mejor opción. Hay poco espacio, y entonces hay que intentar la jugada justa. Creo que los equipos que logran eso más veces en un partido son los que ganan. Pero, por mis características, puede que pase eso que decís. Pero no sé si es paciencia… Más bien me sale naturalmente, me encanta poder enganchar, o frenar. Claro que sin exagerar, porque no conviene hacer una de más. Si hacés una de más en el fútbol de hoy, olvídate: te comen. –En la materia “definición”, ¿qué importancia tiene el control? ¿Y la recepción, ya perfilándose para uno de los dos lados? –Y… Mucho me parece... Pero ojo que el control no es solo frenar la pelota. También es inclinar el cuerpo en el momento justo, o dejar pasar la pelota. Eso también es control. Pero depende de la jugada. Y si lo hacés bien, la definición resulta más sencilla. –¿Con qué entrenadores aprendiste más de tu oficio: secretos del puesto, desmarcaciones, diagonales? –Cuando era chico tuve varios que me hablaban de ese tema. Uno fue Cacho Barreiro, de Los Primos, que siempre me insistía con el tema de la definición, para que no me perdiera goles. Otro fue Jorge Rodríguez, al que tuve en la novena de Independiente, con la que salimos campeones. Tojo fue otro importante. ¡Si se habrá pasado horas hablándome de la importancia del desmarque! Y Menotti… Lo tuve poco tiempo pero me llegó mucho. Y sus prácticas con pelota eran excelentes. –¿Cuál es el sistema táctico qué más te gusta? –Y … No sé... Creo que me adapto

bien a todos. Es decir, cuando hay espacios, es más fácil. Y de contra tengo mucho espacio para lastimar. Pero me gusta llegar tocando, bajar a buscarla y armar la jugada. Y estando al lado de grandes como Lio o Silva, es más fácil hacer eso. –¿Cómo te imaginás después de los 30? ¿Volviendo a la Argentina? –Bien, eh. Siempre dije que me gustaría volver y terminar mi carrera jugando en Independiente. Ahí juegan ahora, en las Inferiores, mis dos hermanos más chicos. Pero a esa altura ya van a tener edad de Primera. No estaría mal jugar con ellos al lado, ¿no?

–Imposible no preguntarte qué tal le pega a la pelota Benjamín… –Cada vez mejor. Hay algunos que creen que uno le insiste con la pelota. Nada que ver. Es él solo. La agarra y, cuando me ve, quiere jugar. Pero será lo que él quiera cuando sea grande. Nosotros tratamos de que no tenga presiones. Pero parece difícil que no le guste el fútbol, ¿no? Eso sí, la camiseta de Independiente le encanta. Hace poco me mandaron una de regalo y no hubo forma de sacársela durante varios días. Lo lleva en la sangre.

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A Basile no lo escucharon

El Coco dio el alerta hace ya tres años, al renunciar a su sueño de revancha con la Selección en un Mundial. Aunque nunca se conocieron los motivos, se sospecha de la “poca colaboración” de los futbolistas. La misma que luego sufrirían Maradona, Batista y Sabella. Más allá de la lógica responsabilidad de los entrenadores, el problema es el mismo de siempre: en Argentina “todo pasa”. Pero siempre siguen el polémico autor de la frase, Bilardo y los jugadores… Por CHRISTIAN COLONNA Fotos PHOTOGAMMA.COM

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ecordemos cómo llegó Alfio Basile a su segundo ciclo en la Selección. Era el técnico de un Boca multicampeón y, con cinco victorias en cinco partidos, se encaminaba hacia otro título y le faltaba un triunfo para igualar el récord de trece consecutivos del San Lorenzo de Manuel Pellegrini. El Coco iba a despedirse de Boca en la sexta fecha del Clausura 2006: contra Gimnasia en el Estadio Único. Fue una despedida triste no sólo para Basile, sino para el fútbol. El árbitro Daniel Giménez denunció que Juan José Muñoz, aquel nefasto presidente del Lobo, lo había amenazado, y el partido se suspendió. El segundo tiempo pendiente se jugó un par de meses más tarde, ya con Ricardo La Volpe en el banco, y Boca transformó el 0-1 en un 4-1, ante un rival que jugó amenazado de muerte por sus propios hinchas, que querían que el equipo perdiera para no favorecer a Estudiantes, que peleaba el torneo con Boca. Esta perorata viene a cuento de que a Basile le costó dejar al Boca que ya tenía armado para reemplazar a José Pekerman tras Alemania 2006, pero el Coco siempre había confesado su deseo de revancha en la Selección después de lo sufrido en Estados Unidos. Y cuando ya creía que esa oportunidad no iba a aparecer, Grondona

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pensó en él. El sueño se hacía realidad. Dos años después, el propio Basile le dijo basta a su propio sueño. Fue luego de que su Selección se comiera un baile contra el Chile de Bielsa: el 1 a 0 en Santiago dice muy poco sobre las diferencias que hubo en el partido. El Coco, que ya tenía la decisión tomada, lanzó el dardo en la conferencia de prensa: “Parecían quince contra diez”. La descripción fue tan perfecta para explicar el desarrollo como contundente para destrozar los códigos futboleros que siempre respetó Basile. El técnico “jugadorista” les estaba cayendo a sus jugadores. Al día siguiente, de vuelta en Buenos Aires, Basile renunció. Sin declaraciones públicas del entrenador, sólo habló brevemente su representante, Norberto Recassens: “los jugadores no tuvieron nada que ver”. Con el paso del tiempo, el Coco se mantuvo fiel a su silencio y nunca se supieron, de su boca, los motivos de aquella renuncia. “Un hombre sabe por qué lo hace y no lo tiene que

andar explicando en los medios”, es la frase que usó el entrenador para no decir nada. Sin embargo, las palabras de Recassens, más que aclarar, oscurecieron. Y al día de hoy, la leyenda popular está más cerca de que los jugadores tiraron al bombo al Coco que de cualquier otra razón. ¿Para que lo reemplazara Maradona? El tiempo iba a demostrar que no. En realidad, la salida de Basile se habría producido por un par de factores. El Coco, al darse cuenta de que algunos futbolistas no jugaban como debían, había pensado en borrarlos. Pero como la limpieza incluía a nombres importantes, el técnico consultó a los dirigentes para saber si lo iban a bancar. Porque la que pretendía hacer era toda una movida. Al encontrarse con la negativa dirigencial, el Coco dijo adiós. Es decir: los hombres que creen manejar los hilos de la Selección (Segura, Crespi, Lerche, Contreras, ¡Nakis!) ya estaban al tanto de una de las necesidades del equipo nacional (aunque no todos estuvieran en el ciclo Basile). Pero, claro, cómo nos vamos a meter en líos si “todo pasa”. Y con el “todo pasa”,

Pasó Basile, pasó Maradona, pasó Batista y, por la forma en la que festejó una victoria rácana, estuvo a punto de pasar Sabella.


la frase de cabecera del que de verdad maneja los hilos de la Selección mientras usa a los dirigentes como títeres, es como se vive en el fútbol argentino. Y así como pasó Basile, pasó un 1-6 contra Bolivia, pasó un “que la sigan chupando”, pasó un “la tenés adentro”, pasó un 0-4 con Alemania en el Mundial, pasó Maradona, pasó un “la idea es jugar como el Barcelona”, pasó un 1 a 1 contra Bolivia por la Copa América en Argentina, pasó Batista pese a la clemencia de todo tipo que pidió, pasó un 0-1 contra Venezuela, pasó otro 1 a 1 con Bolivia, esta vez por las Eliminatorias, pasó un “la idea era no perder” en Colombia, pasó un “si no íbamos perdiendo, a Agüero no lo ponía” y, por la forma en la que festejó una victoria rácana, estuvo a punto de pasar Sabella. Los que no sólo no pasan y además siguen firmes son Carlos Bilardo y Julio Grondona. Y, no nos olvidemos, los jugadores. Porque si a un técnico no le gusta uno, le gusta al siguiente. Hay decenas de casos. Lo cierto es que ninguno de los entrenadores post Basile se atrevió a hacer cirugía profunda. Y, nombre más nombre menos, la Selección sigue penando con los mismos jugadores. Con los mismos jugadores que “colaboraron poco” en aquella triste noche de Santiago (y en algunos partidos anteriores). Los mismos que se fueron de Alemania sin pena ni gloria. Los mismos que en los dos primeros partidos de la Copa América y en el choque con Bolivia de Eliminatorias se ganaron la reprobación de la gente. Los mismos que rompen marcas por perder con Venezuela (más por la manera de caer que por el resultado) y empatar con Bolivia de local en partidos oficiales. Son jugadores que no se involucran, que están lejos del “todos para uno y uno para todos”. Se nota cuando cualquiera de ellos tiene la pelota. Los otros no se ofrecen, no se brindan, no la piden. Esto, precisamente, es “colaborar poco”. No es perder para que cambien al técnico. Es peor: a estos jugadores les da lo mismo. Basile cometió sus errores, como los

cometieron Maradona, Batista y ahora Sabella. Uno inventó laterales, el otro también los inventó y además jugó sin mediocampo contra Alemania, el otro puso a tres 5 en el medio y a tres 9 adelante, el último no se anima a elegir entre Gago y Mascherano y pone a los dos juntos o juega con tres en el fondo un día y con cinco al partido siguiente. Y esto por

nombrar las fallas más visibles, porque hubo y hay muchas más, en los cuatro casos. Sin embargo, hay un denominador común en esta historia. Sea cual fuere el librito de cada técnico (otro disparate de la AFA, desde Menotti a Bilardo pasa de calzoncillo a bombacha como lo más normal del mundo), en algo coinciden todos: “lo importante son los jugadores”.

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Es como el agua

Se dijo que la Selección ya no atrae en Buenos Aires, ni siquiera cuando juega Messi. ¿Será tan así? ¿O es que la repetida frase que circuló en noviembre (“la Selección debería jugar en las provincias”) es exagerada? Nada mejor que ir a las fuentes y preguntarle a nuestro colega cordobés sobre un hipotético hincha diferente en el país real. Por OSVALDO ALFREDO WEHBE

“Esa mina es como el agua, no hubo caso”. Una sentencia de alguno de los habitantes del tercer tiempo luego de un picado furioso de sábado por la tarde. “Pero está re-buena”. Comentario de uno que, tirado al costado de la cancha, va terminando con la gaseosa recargada. “¿Vos decís que es como el agua porque es transparente?”, preguntó otro. “No”, dijo el protagonista de la historia. “Parecía que iba a ser inolvidable, o por lo menos muy buena, pero terminó siendo insípida, inodora e incolora, como aprendimos en el cole”. Y ahí salió la frase matadora del petiso: “como la Selección”. Nos hemos preguntado en estos últimos tiempos qué le pasa a la Selección argentina respecto al público, a la gente, al hincha. Si es porque juega en Buenos Aires, si no será mejor que juegue en el Mario Kempes. Si es por el precio de las entradas, o por el horario. O, finalmente, porque ya hace un tiempo que el equipo nacional es una mina que no seduce, que no enamora, para nada apasionada y, lo que es peor, ni siquiera inteligente. Los que vivimos tierra adentro estamos seguros de que las canchas de Salta o Córdoba, para nombrar un par, hubiesen estado hasta las manos si Argentina jugaba allí por Eliminatorias. Pero no se debe confundir capacidad de asombro, entusiasmo y cariño previo con aguante incondicional ante un juego insulso, mediocre. Por estos lados se mimó mucho a Messi, y también al resto del equipo, en ocasión de la Copa América, cuando el partido con Costa Rica. Pero no crean que eso fue de la mano con

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una opinión fundamentalista a favor del jugador del Barcelona y sus capacidades. La decepción respecto a la Selección es igual en la Boca y Boedo, en Cuyo y la Mesopotamia. Algo que sucede desde hace un tiempo, aun con la reciente victoria en Barranquilla. La presencia de Messi hace que el equipo nacional sea mediático al extremo, sobre todo para los más pibes, que con asombro ven con la camiseta de la Argentina a ese símil de duende que juega cada fin de semana por la tele y para el Barcelona. Pero para “la perrada” (los grupos de amigos que hablan de fútbol en los bares o en otros sitios), la sensación es que cuando la corriente viene en contra, Lionel se sale del río y se va a la orilla a hacer pucheritos. No se discute que es el mejor. Pero en tiempos en donde los mejores son diferentes a los de otras épocas. Hoy, ni la Pulga ni Cristiano Ronaldo –que son el 1 y el 2 del fútbol del mundo– pueden hacer funcionar solos a sus combinados, cualquiera sea el escenario y la competencia. Y finalmente queda para contarles aquello que agregó el 5 de los sábados: “¿no les parece que en la Selección nadie habla?”. Y todos convenimos en que hasta aquí, y desde un tiempo a esta parte, el equipo dentro de la cancha es una suma de tímidos prolijos que no se enojan casi nada. Y como con la chica del comienzo, tan insípida, incolora e inodora como el agua, no dan ganas de pelear por él. Sólo cabe esperar a otra/o que nos caliente un poco. Para bien o para mal.


Para taparles la boca

La victoria de la Selección ante Colombia, la imagen de un Messi pleno en Barranquilla. Todo sirve ahora para seis meses de alivio antes las enloquecidas críticas que sobrevolaban a la Selección y al jugador del momento. ¿Asoma así el equipo todopoderoso? Por VÍCTOR HUGO MORALES

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liviadora fue la última de las incursiones de la Selección en las Eliminatorias. Tanto para el equipo como para Messi y, de paso, para los desencantados aficionados que, azuzados por un periodismo habitualmente implacable con la Selección, ya ni iba a la cancha. Messi servido en bandeja, y no iban. Y si lo hacían, más pronto que enseguida estaban elongando su disconformidad. Pero el partido ante Colombia fue una oportunidad no desperdiciada para un reencuentro que si no definitivo es, al menos, tranquilizador. Allí en Barranquilla, tras un primer tiempo que parecía ratificar el recelo de los hinchas, el equipo de Sabella decidió correr el velo incomprensible tras el que está atrapado su poderío. Lo bueno de esa interesante y promisoria labor es que su efecto será duradero. Pasarán varios meses antes del próximo partido, y la imagen que dejaron los albicelestes será perdurable y positiva. Aquella tarde, Messi le tapó la boca a medio mundo, reconquistó a los aficionados y asombró al público colombiano en la misma dimensión que ofrece por televisión cada fin de semana con la camiseta del Barcelona. El público cafetero vivió una frustración muy dolorosa, cambió su alegre semblante al cabo del primer tiempo por sombrías premoniciones respecto a su clasificación, pero íntimamente disfrutó de Messi. Lo ideal en esas situaciones es que el crack esperado exhiba sus documentos en regla, pero que sea derrotado. Debieron conformarse con el recuerdo imborrable que Messi les dejó, al mismo tiempo que en Buenos Aires hubo que acomodar muchos discursos, y las tontas maquinaciones sobre las reales condiciones de Messi dieron paso a la admiración y al orgullo.

No es bueno andar negando, de puro autodestructivos, que una vez más el mejor del mundo es un argentino. No es triste, no se aburre, no se desinteresa. Pelea como el que más, recupera pelotas como pocos delanteros, y cada vez que inicia una jugada es pensando instantáneamente en el arco rival. Aún si describe una curva en sus movimientos, o si se apoya en un pase lateral, todo en Messi es pasión ofensiva. Los partidos suelen andar con baja tensión, y basta con que la pelota vaya hacia Messi para que se iluminen las bombitas carnavaleras que el futbolero lleva adentro. El cronista sospecha que los detractores sólo se han replegado ante la evidencia. Que muchos esperaran futuros apagones del equipo para que esa imagen que la televisión muestra insistentemente de un Messi desconectado de la realidad reaparezca. Una digresión en la crónica: no es descabellada la sospecha de que es esa obsesión en la búsqueda de Messi la que promueve que la televisión se regodee con ese aire indiferente cuando el equipo no anda bien. Es que a Messi lo buscan las cámaras como a ningún otro jugador. La impaciencia del espectador al verlo parado con la derrota a cuestas los obnubila. Los hace injustos. De la mano de Messi hubo también una buena respuesta de Agüero, de Sosa, de Braña… Y fueron aplaudidos los zagueros de Estudiantes Fernández y De Sábato. Colombia terminó desconcertado como un boxeador que tiene todo controlado y, de pronto, recibe un par de golpes que lo ponen en un lugar muy diferente. Faltan meses para el próximo partido, y las fotos que quedaron son esas. La película no es tan ponderable, pero la imagen congelada del partido ante Colombia invita a una necesaria moderación en los análisis.

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Proyecto y carteles

En apenas unos meses, el discurso y la ética de trabajo de Marcelo Bielsa dejaron una traza profunda en la Liga de España. El DT más inexplicable del país es venerado por los hinchas y directivos del Athletic, que se enamoraron de su voluntad ofensiva y de sus excentricidades. Por PABLO CHEB TERRAB

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arcelo Bielsa ejecutó su primera excentricidad profunda como entrenador del Athletic Bilbao a través de un cartel. En un duelo de Europa League ante el Trabzonspor, colgó del banco de suplentes una hoja blanca lisa con letras negras de impresora que, en tres líneas, dejaba leer: “Ibe abnega. Madrid - Castro. Agosto 2011”. ¿Expresión culta? ¿Frase en latín? ¿En vasco? Nadie pudo solucionar el misterio. Satisfecho por el éxito de su mensaje codificado, apeló a otro: frente al Osasuna, también en San Mamés, las inscripciones se repitieron. Aunque, esta vez, el texto contaba con una palabra única: “Clarisa”. Pese a su pedido explícito y su gestual insistencia en contrario, el árbitro asistente le obligó a quitar los carteles. No lo hizo él, ofuscado, sino un delegado. Consultado por la prensa, fue críptico, como casi siempre: “Se trata de un asunto personal cuyo único objetivo tiene que ver con la generosidad. No me gusta explicitar las cuestiones privadas. Son poco trascendentes, pero lo que buscan es provocar felicidad”. Pero el periodismo, esta vez sí, logró desentrañar sus motivos. Según averiguó el diario La Tercera, de Chile, Bielsa visitó junto a su esposa el Monasterio de Santa Clara, ubicado en el pueblo de Gernika. “Al principio, no nos atrevimos a dejarlo pasar, porque no lo conocíamos”, contó la madre superiora María

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Teresa Gerrikabeitia. Marcelo les contó que era argentino y técnico del Athletic. Su encanto pudo con la madre superiora: “Quedamos sorprendidas y gratamente impresionadas. Él y su esposa nos parecieron una delicia de matrimonio”. La reunión entre el DT y las monjas duró una hora y media. “Nos contó que tenía una tía religiosa y que por ahí se potenció su fe en la oración. Nos pidió que rezáramos por el Athletic y por él. Y también nos dijo que estuviéramos atentas a la televisión”. Clarisa, entonces: un agradecimiento a sus benefactoras, las monjas Clarisas. El equipo de Bielsa ganó aquel partido post rezo, y Marcelo quiso comunicarse con el convento para agradecer. “En una semana nos llamó al menos diez veces. Pensó que no le queríamos contestar, pero lo que pasó fue que se descompuso el teléfono”. Locuras de un loco. Del Loco. El DT ya había enamorado a los hinchas con un video explicativo que, incluso antes de asumir, detallaba su trabajo de scouting con el club vasco. Un Bielsa locuaz parecía desnudar su ámbito privado para auto-promocionarse: mostraba planillas con el rendimiento de cada jugador del plantel y aseguraba haber visto dos veces todos los partidos

de la temporada. Incluso agregaba que, para conocer en detalle al único refuerzo, Ander Herrera, también había mirado dos veces cada juego disputado por el Zaragoza, equipo del que provenía el futbolista en cuestión. También había cerrado una conferencia de prensa inicial discursivamente fiel a su costumbre: “protagonismo antes que especulación, presencia en campo rival y no en el propio, posesión del balón antes que recuperación y el uso del reglamento como un recurso para mejorar el juego, no como un apartado para intentar obtener ventaja”, prometió en su asunción como DT. En esa misma charla aportó un detalle político que probablemente también haya resultado fundamental para ganarse a los extremistas de un club altamente politizado. “Ya me dijeron que no debo referirme al club como ‘el Bilbao’”, deslizó. La aclaración llegó porque, durante la dictadura de Franco, el Athletic se vio obligado a cambiar su nombre a “Atlético de Bilbao”. Decir “el Bilbao” es sentar posición política y retroceder a aquellos años que no caen bien en Euskadi. De hecho, en otra conferencia, un viejo periodista de derecha consultó a Bielsa con malicia: “Cuando yo era chico, el Bilbao era uno de los

Ante el Barcelona el juego del conjunto rojiblanco llegó a su máxima expresión. Bielsa plantó a su equipo para jugar de igual a igual.


clubes más odiosos y más odiados de España. ¿Usted cree que con esta nueva actitud que usted profesa se podrá cambiar esa imagen?”. El entrenador lo esquivó con un pase de magia dialéctico: “Entienda que en mi posición de recién llegado mal podría responder a su inquietud. Libéreme de esa responsabilidad”. Desde el principio, el argentino pareció inusualmente distendido. Lo hicieron sentir como en casa. Le gustó la filosofía del club, al que tildó como “romántico y señorial”. La revista oficial del equipo cuenta que llevó a España estampitas de la cancha de Newell’s –el estadio Marcelo Bielsa– para repartir con sus jugadores. Los hinchas dialogaron con él, particularmente alegre, en las prácticas y en la calle. Trascendió un intercambio particular que tuvo con un fanático. “Míster, Toquero tiene que jugar”, le rogó el hincha. Bielsa apeló al humor: “es lo que yo le digo, pero no parece muy dispuesto”. El arranque futbolístico de la temporada no fue el que se esperaba. De hecho, el DT consiguió un registro idéntico al que había cosechado con el Espanyol, en su único breve paso por España: tras seis partidos contaba con una victoria dos empates y tres derrotas. Nadie lo criticó.

Primó el entusiasmo. Primó la paciencia. Claro, el detalle es que el único triunfo ocurrió cuando debía ocurrir: en el clásico ante Real Sociedad. En aquel partido, Canal + hizo un seguimiento del entrenador que también reveló un par de curiosidades. En el entretiempo, por ejemplo, la cámara tomó a un Bielsa enardecido que gritaba a sus jugadores la incomprensible frase “¡El tono! ¡El tono!”, mientras sorbía café de un vasito de plástico. Sin cesto de basura a la vista, Bielsa apoyó el vaso en las escaleras que llevaban del vestuario al césped de Anoeta, y lo dejó allí mientras ingresaba a la cancha y pegaba otro alarido: “¡De entrada, eh! ¡De entrada!”. Con el pasar de los encuentros, el equipo fue tomando una identidad clara. Presión constante, propuesta ofensiva, asociación vertical. Salvo en un partido, línea de cuatro en el fondo. Ataques por las bandas, carrileros que buscan el fondo de la cancha. ¿Suena a Bielsa? Un informe de El País, tras la victoria frente a Osasuna, destacaba que el Athletic –a esa altura de la Liga– terminaba el 40% de sus jugadas con un centro al área, después de haber dirigido el juego hacia alguno de los costados. El Barcelona sólo finaliza el 15% de sus ataques con centros.

Justamente ante el Barcelona, el juego del conjunto rojiblanco llegó a su máxima expresión. Bielsa plantó a su equipo para jugar de igual a igual en un duelo que mereció ganar. Guardiola reconoció el mérito de ese DT, rival de turno, que tanto admira: “son unas bestias. Nunca había jugado contra un equipo tan intenso, tan agresivo, que te deja tan pocos espacios. Por eso es tan buen entrenador y ha conseguido un equipo tan suyo en muy poco tiempo”. Poco después, el club le ofreció renovar su contrato. Enamorado, el director deportivo José Mari Amorrortu declaró que “Bielsa es una enseñanza que hay que consolidar”. El argentino agradeció la confianza, pero negó educadamente y respondió como suele hacerlo: “Las evaluaciones parciales siempre son inconvenientes”. El Athletic ganó en Sevilla tras dieciocho temporadas. El Athletic acumuló once partidos invicto. Dice el técnico: “los elogios son desmedidos y exagerados. No se corresponden con lo que este equipo debe lograr, que es ganar con autoridad, sin dudas y con regularidad”. Pasó medio año. Bielsa sigue siendo Bielsa. Allí, en seis meses, volvió a generar su universo.

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“Perdí años de felicidad, pero volví a soñar” El renovado entusiasmo millonario tuvo –en la segunda mitad del año– varios nombres en su agenda, pero uno de ellos parece ser insustituible en estos días. Matías Almeyda, el entrenador, transita por el momento la buena senda del reconocimiento y las palmadas en la espalda. De aquel descenso a este presente, el joven DT repasa las buenas y las malas. Admite la terapia, el cigarrillo y ciertas ilusiones en que se produzcan algunos cambios. Por ARIEL SENOSIAIN Fotos PHOTOGAMMA.COM

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ice que pasó uno de los años más intensos de su vida. Que cierra los ojos y escucha las ovaciones de la gente en sus últimos partidos como jugador. Que vuelve a abrirlos y se encuentra “en una etapa distinta pero que me hace igual de feliz. La responsabilidad me hace feliz”. Si le piden un par de imágenes del 2011, Matías Almeyda no tarda en encontrarlas: “Las del descenso y las de mi primer partido como técnico. En las dos lloré mucho”. –¿Qué te aparece si te mencionan aquel 26 de junio? –La película entera, pasando a toda velocidad. Todo junto. Las horas previas, el partido sin poder jugarlo por las amarillas, los días anteriores, el final, los minutos que pasamos encerrados en la concentración sin poder salir por los incidentes de afuera, la tristeza de mis compañeros. Todo. Y en la del primer partido en el banco, aquel contra Chacarita en el Monumental, me acuerdo claramente la salida a la cancha. Me emocioné tremendamente. Sólo Amato se dio cuenta. –¿Cuánto tiempo antes supiste que ibas a ser el técnico? –Un mes antes lo habíamos hablado con Passarella. Desde ese día lo tuve claro. Y el día posterior al descenso, lo llamé yo a él. Le dije que no había podido dormir en toda la noche por el dolor, pero que ya había pasado la página. Que seguía queriendo ser el entrenador y me sentía preparado. Le conté que ya tenía en la cabeza mi cuerpo técnico. Hoy digo

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que ojalá River sea el único club que dirija en mi vida. –¿No hubiera sido preferible esperar, madurar la idea, hacer el duelo? –Para mí era un capítulo cerrado. Sucede también que habíamos tenido señales. Estábamos luchando contra muchas cosas externas. Desde aquel partido contra Boca, del que no se habló más, algunos nos dimos cuenta de que iba a se muy difícil. Hubo errores de árbitros en toda la temporada, arrancando por aquel gol anulado a Funes Mori contra Godoy Cruz. –¿A qué los atribuís? –No lo tengo claro… –¿No es muy parcial la lectura? ¿No creés que pudieron haber evitado el descenso desde lo futbolístico? –Nosotros tuvimos errores también, es obvio. Pudimos haber hecho dos goles más y nos salvábamos. Hicimos apenas quince, y con diecisiete nos salvábamos. Pero la última temporada fue buena, dentro de un contexto de crisis económica muy fuerte. Se suelta Almeyda. No llega a prender un cigarrillo, pero seguramente será la primera actividad cuando termine la nota: “Muchos me preguntan si volví a

fumar por River. ¡Nunca dejé! El cigarro más rico era el que fumaba antes de salir a jugar, como un adolescente que se mete en el baño del colegio. Lo disfrutaba, sabía que por las próximas dos horas no iba a poder fumar otro”. Se suelta de manera suficiente como para recordar, quizás por primera vez, las charlas con Passarella que lo depositaron en el banco. O para descargar sus sospechas, aunque frena después de tomar envión. Ya tendrá tiempo de criticar al gremio que lo critica. Pero habíamos quedado en la “crisis económica muy fuerte”, suficiente motivo para hablar de José María Aguilar, el presidente que firmó su regreso al fútbol profesional a mediados de 1999. –¿Te genera una contradicción que quien fomentó o por lo menos aprobó tu vuelta haya sido quien terminó siendo en la historia de River? –No. Así sería si yo me hubiera comprometido políticamente en el club. Y mi compromiso es desde lo afectivo, el más importante. Yo les estoy agradecido a Enzo Francescoli y Jorge Villazán, que fueron los que verdaderamente propiciaron mi vuelta. Después, si yo jugaba mal, seguramente los dirigentes no me iban a que-

“Así como en la vida, en el fútbol es necesaria la renovación. Esto incluye a todos los órdenes: jugadores y técnicos, pero también periodistas”.


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rer. Igualmente, el que crea que Aguilar es el único responsable del descenso habla muy de afuera o no conoce el club. –¿Te interesa ser un técnico de los intervencionistas, de esos que meten mano constantemente? –Por ahora soy feliz por poder ser lo que fueron los técnicos de Primera cuando nosotros debutamos. Por dar posibilidades a pibes y por transmitirles que cualquiera puede perder el puesto. Y por eliminar los pelotazos en el juego. Eso es algo que me inquietaba. Recién podré decir que el equipo tiene un sello característico cuando ganemos una serie importante de partidos seguidos. Hoy todavía no lo tenemos. La situación no favorece. Las urgencias, las presiones, la obligación no ayudan estando en la B Nacional. Y el periodismo tampoco. –¿Considerás que el periodismo debe acompañar, incluso ser condescendiente, o debe criticar y elogiar de acuerdo a los méritos? –No pido que sean condescendientes. Simplemente que no descalifique. Que si River tiene un pibe de 17 años en Primera, no se lo destruya. O que si cuenta con el futuro 5 de la Selección, lo apoyen un poco. No sé si será por los intereses de la oposición, por lo que genera Passarella como técnico o por otra razón... Lo que sí tengo claro es que no se remarcan las virtudes de este River. Antes convertíamos menos de un gol por partido, ahora hacemos un promedio de dos por encuentro. Actualmente, River propone, antes lo hacía poco. –No es la primera vez que hablás del periodismo. Ya habías pedido renovación. –Es verdad, pero no hice nombres ni quiero hacerlos. Sólo entiendo que así como en la vida, en el fútbol es necesaria la renovación. Esto incluye a todos los órdenes: jugadores y técnicos, pero también periodistas. Nos damos cuenta todos de que algunos yerran los nombres, por ejemplo. Y me extraña que entre los periodistas no se haga un sinceramiento a la hora de pedir renovación como se pide para nosotros. Tampoco veo por qué tenga que sorprender que un protagonista critique al periodismo.

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–Quizás sorprenda por poco común. –Es que la mayoría no habla por miedo a la crítica. Yo no. No me molesta la crítica, siempre y cuando tenga buena intención. Al malintencionado lo descarto. Por otro lado, no digo que “tal periodista no sabe nada”, o que “no puede hablar porque nunca tocó una pelota”. Apunto al cambio, simplemente. Y lo digo porque no tengo reparos en que después me la devuelvan. No me banco esos “arreglos” (él pide las comillas) entre uno de ustedes y uno de nosotros. El juego de “no me critiques que te paso información”. Es lo mismo que ocurre con el que compra un estéreo robado: hay que condenar al que

cresía, la falsedad, la conveniencia. Pero tengo claro que no puedo volver a caer. Tengo una familia muy linda y un trabajo que me encanta. Igual, sigue sin cerrarme buena parte de lo que sucede en la sociedad. No me acostumbro a que sea normal que maten a un nene de un martillazo en la cabeza. O que en la radio hablen de un asesinato y a los treinta segundos cambien de información como si no fuera demasiado importante lo que pasó”. –¿Qué te perdiste mientras estuviste deprimido? –Años de felicidad. Al pedo. Fui egoísta. Me encerré en mis preocupaciones, mis tristezas, y dejé de lado otras cosas. Había

lo roba y al que después lo compra. La mirada del técnico de River, como suele ocurrir en los expresivos, lo dice todo. A veces triste, en otras expansiva. Dependiendo del tema, gana terreno la sonrisa. Almeyda nunca tuvo problemas en admitir sus bajones anímicos, aquellos que lo llevaron a estar, según su definición, “menos diez”. Los temas que lo obsesionaban son los que lo obsesionan hoy, aunque con una diferencia que él mismo aclara: “hace años creía que podía cambiar lo que me molestaba. Hoy me sigue molestando pero entiendo que es parte del ser humano. Hablo de la hipo-

perdido el sueño. Y lo que nunca podemos hacer es dejar de soñar. Fue una experiencia. No nacemos sabiendo. El único diferente es Dios, y por algo vive tan lejos. –¿Sos creyente? –Muy. No hay día que no me tome unos minutos para rezar, hablar o analizar. Creo en Dios. Creo que dio la vida por nosotros. Por eso no odio ni tengo rencores. Sí tengo mis miserias. Todos tenemos malos pensamientos, mentiras, nos callamos en algún momento pese a saber verdades. –¿Seguís yendo a terapia? –Obvio. Si no, me encerrarían…


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“Nada es normal en mi vida”

María Gabriela Best ha llegado a viajar hasta cuatro horas por día para cursar kinesiología. Pero también es remera. A pesar de anunciar su retiro, brilló en Guadalajara y pretende no pasar inadvertida en Londres 2012. Por TOMÁS RODRÍGUEZ COUTO

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espués de años, el remo argentino está viviendo su momento de gran exposición. Fue el deporte que más medallas doradas entregó a la Argentina en los Juegos Panamericanos de Guadalajara y llamó la atención de quienes corren regatas promocionales en el Tigre cada fin de semana, y también la de aquellos a los que les cuesta diferenciar a esta disciplina del canotaje. Pero los pocos beneficios que brinda formar parte de la elite de este deporte (olímpico desde 1900) tienen sus complicaciones. Como ejemplo, una beca en la universidad caduca a los cinco años, coincidiendo justamente con el mejor momento del deportista. Más allá de ese meritorio convenio que aún mantiene la Asociación Argentina de este deporte, viajar a competir implica poner en riesgo el año académico. Y no formar parte del calendario internacional de la Selección argentina compromete ese lugar de privilegio. Y también la beca. No hay chances de mirar a un costado. La vida útil del deportista no dura cien años. “El que mucho abarca poco aprieta” no es un refrán factible en estos casos. Esta combinación no le sienta mal a María Gabriela Best: “en 2003 había dejado todo para dedicarme a remar. Fue el peor año de mi carrera, terrible… Lo único que hacía era entrenar. Me ponía mucha presión y no iba ni para atrás. Es muy importante tener la cabeza en otra cosa y salir del mundo del remo. Al estudiar, canalizo

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por otro lado. Siempre me funcionó así. En una época entrenaba a las siete de la mañana en Zárate, me tomaba el colectivo a las nueve y media y volvía a mi casa doce y media de la noche. Cursaba en Buenos Aires hasta cualquier hora. No sé cómo hacia, tengo el recuerdo de subir corriendo la barranca porque se me iba el colectivo”. Las luces de México aún no se habían apagado. Medios de comunicación que sólo imponen el fútbol en la agenda setting de la sociedad no dejaban de comunicarse con los repentinos dueños del éxito. Pero Best debió hacer una pausa: “por tres semanas me olvidé del remo. No hice otra cosa más que estudiar y hacer las prácticas así me recibo. Me faltan dos finales”. Cuando hace las veces de estudiante de kinesiología, poco importa que haya ganado cinco medallas panamericanas desde 2007 (dos de ellas fueron doradas en Guadalajara), o que en 2009 haya terminado novena en el Mundial de Poznan, Polonia, junto a María Laura Ábalo en el dos remos largos sin timonel (donde, a diferencia del doble par,

los dos tripulantes utilizan un solo remo cada uno; en la jerga del remo se lo llama “dos sin”). Mucho menos que hayan estado juntas en la puerta de la clasificación olímpica en el Mundial de septiembre, aún habiéndose enterado quince días antes que competirían, tras haber priorizado el entrenamiento de un bote bien distinto como el single scull para definir quién de las dos lo corría en Guadalajara. María Gabriela también puso en riesgo una clasificación individual a los Juegos Olímpicos por otra más compleja, para no pasar inadvertida cuando todos los ojos estén puestos en Londres 2012. “Si sabía de antemano que iba al Mundial, hubiera planificado un montón de otras cosas”, aclara. “El bote que nos alquilaron no me gustó, hubiese pedido un bote especifico, como el que después nos compraron para los Panamericanos, donde nos preguntaron qué bote queríamos, de qué peso y todas las especificaciones para comprar todo ‘joya’. Corrimos con los remos que había, y así y todo nos fue muy bien. No clasificamos a los Juegos

“Nunca un bote femenino hizo final olímpica. Tenemos muchísimas cosas por mejorar y tres segundos en seis meses se pueden limar tranquilamente”.


Olímpicos porque nos tocó un cruce muy difícil en el repechaje y quedamos afuera por un segundo con un tiempazo que en el otro repechaje nos hubiera permitido entrar tranquilas entre las doce mejores. Ese mismo día nos dimos cuenta de que estábamos para pelear”. La biografía deportiva de esta rosarina que en diciembre cumplirá 27 años tuvo su comienzo en el verano del ‘99 y amagó a su fin también en un verano, pero de 2011: “siempre me gustó la playa del Paraná, pero nunca del lado de la ciudad, siempre fui a la isla. Una amiga del colegio me dijo “dale, dejá de gastar plata en la lancha, con un bote vas adónde querés”; y entonces empecé a ir a la escuelita del club Regatas para cruzar a tomar mate y nada más. Me gustaba el río, pero no sabía lo que era el remo, no sabía quién era Alberto Demiddi, me enteré cuando llegué. Pero me re- enganché. Enseguida estaba en el equipo de competencia para entrenar. Y desde que me fui a vivir a Zárate, cada mes había una mejora. A medida que pasaba el tiempo me sentía mejor. No paré más, sal-

vo durante el intervalo de este verano”. –Se venían desafíos seductores, pero este año renunciaste a la Selección. ¿Por qué? –No me podía levantar a entrenar. Me quedaba dormida, era rarísimo. Si faltaba era porque realmente pasaba algo. Pero no podía con todo, estaba sobrepasada con muchas cosas personales. Necesitaba un tiempo. Me fui un mes y medio a Rosario y mandé la carta de renuncia. Toda la vida me quejé de los que remaban y seguían cobrando beca. Moralmente, no me parecía correcto dejar y seguir cobrando. Nadie se esperaba semejante decisión. Fue una sorpresa. Además me había comido cada una que justo en ese momento decir que no era medio raro. Con el ENARD cambió totalmente. Toda la vida nos quejamos de que no teníamos remos, botes, becas, de que nos pagaban tarde... De golpe y porrazo, para los ODESUR se compraron botes importados, y apareció un bote especialmente para nosotras, lo que ya era mucho. Aparecieron la obra social y un premio por las medallas ganadas. Toda la vida

esperamos este momento. Pero empezó a sonar el teléfono. Me llamaron Claudio Morresi, para preguntarme si necesitaba material o algún otro apoyo, y María Julia Garisoian (única remera argentina olímpica en dos ediciones, hoy miembro del COA), que me avisó que tomaban la decisión de no sacarme la beca y que tenía que ir a un psicólogo. Fui renegando, obligadísima, pero me fue abriendo la cabeza, me fui encaminando y volví de a poco. Me costó ser la excepción. –¿Qué aprendiste en Beijing 2008? –Que sola me manejo bien (se ríe). Lamentablemente, fui sin mi entrenador. Me tocó el de Santiago Fernández, que le puso un montón de ganas y estuvo conmigo, pero no es lo mismo. Me manejé sola en un montón de sentidos. Estamos muy lejos de ser como un país del Primer Mundo. Estamos a años de luz de Canadá, Alemania o Estados Unidos, que no por casualidad clasifican a casi todos los botes. La mayoría tiene prácticamente un entrenador por bote, y todos se mueven en bloque. Están uniformados todos los santos días, y esas co-

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sitas van sumando. Había entrenadores por todos lados para contener a los atletas que sólo se subían al bote y remaban. No tenían que pensar en otra cosa. Parece un Mundial más hasta el día de las finales. Los que van a ganar, van clasificando como siempre, especulando, y en la final cambia todo. En un Mundial las figuras sobresalen, y en la final olímpica, ese día, en esa regata, sienten el peso y la presión. En el single masculino, por ejemplo, Nueva Zelanda (Mahé Drysdale) ganó los mundiales de 2005, 2006 y 2007 y perdió en los Juegos Olímpicos. Justo ese día se enfermó o se dobló el tobillo, o no se alinearon los planetas… ¡Cómo puede ser! Te das cuenta de que los grossos son personas como todas. Podés ser campeón del mundo un millón de veces, pero ser campeón olímpico te pone allá arriba. En los Juegos se vive todo eso. –¿Qué puede pasar entonces si el ENARD se mantiene con el correr de los años? –En los Panamericanos de 2007 corrí con bote prestado. Lo conseguí yo. Un bote nacional que no era lo mejor. Por eso pasar a un bote alemán fue increíble. Quizás el resultado hace cuatro años cambiaba y el de ahora, también. Si te entrenás y te adaptás a un bote de calidad y estás cuatro años entrenando en el mismo bote, mejorás mucho. La beca del ENARD se paga en tiempo y forma, y te deja un poco más tranquilo para pensar

en entrenar. Eso suma. Las mejores remeras del mundo tienen hasta 40 años. Si el ENARD logra mantenerse de acá hasta Río 2016 sería muy estimulante: vivir del deporte y planificar bien. Todo depende de las condiciones. –¿Y por qué apuntás a Londres 2012 en dos sin timonel resignando el single? –La decisión fue de las dos. En marzo del año pasado seguro hubiese dicho que no, porque tengo mucha alma de singlista. Me cuesta mucho remar con otra persona, acoplarme a los horarios de otra persona, soy muy particular en ese sentido. De elegir un bote, elijo el single, pero eso no significa que sea el más competitivo a nivel mundial. Tengo que ser inteligente. Después de haber visto todos los resultados, sabemos que podemos estar entre los dos botes que restan clasificar a Londres, que podemos estar entre los seis mejores botes y tal vez un poquito más. Nos subimos al dos sin timonel y andamos como ningún otro bote. Es muy loco. Andamos mucho más rápido que en el doble par. Desde el primer día anduvo bien. ¿Por qué? No sé… Viendo la posibilidad de tener un bote que puede llegar a pelear una final olímpica todo es mucho más tentador. Sería hacer historia. Nunca un bote femenino hizo final olímpica. Tenemos muchísimas cosas por mejorar y tres segundos en seis meses se pueden

limar tranquilamente Motiva estar en la conversación y que al que le te toque Argentina deje de decir que lo pasa por arriba. En single, no tengo chances, pero poniéndome a full o no, le sigo ganando a Irak. No me sirve. Quería ir a un Juego Olímpico y estuve en Beijing. Ahora quiero competir, es mi próximo sueño. –¿Que Cristian Rosso y Ariel Suárez hayan clasificado en el Mundial, en la primera instancia, ayuda para ilusionarse? –Totalmente. Siempre el mejor bote de la Selección fue el de ellos, y después el nuestro. Que ellos estén clasificados nos motiva. Lo que más me asombra es que son dos singlistas. Juntar dos singlistas es muy complicado en el país. Y ellos se entendieron e hicieron caminar el bote. Ellos funcionan mucho como unidad. La decisión de ir a Río y competir para Vasco da Gama la tomaron entre los dos. La decisión de ir a entrenar a Francia la tomaron entre los dos. El trabajo en equipo es lo que te lleva lejos. Son un ejemplo. Ojalá este ejemplo sea útil. Ojalá María Gabriela Best sea terapista física muy pronto. Ojalá el Preolímpico en Lucerna tenga a su bote entre los dos primeros. “Nada es normal en mi vida. Pero tengo mucho carácter. Soy muy testaruda. Siempre trato de llegar al lugar adonde establezco el objetivo”. Ojalá Londres sea otro caso. Ojalá.


La habilidad es la destreza puesta bajo presión Año con ciertos optimismos en el rugby. Así al menos reflexiona nuestro veterano especialista, que palpa progresos y evidencias a la hora de jugar. Todo lo contrario de lo que pasa en el fútbol. Sobre el final, algunas advertencias acerca de reglamentos injustos. Por DIEGO BONADEO

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n poco a vuelo de pájaro, pareciera que en el mundo se juega cada vez mejor al rugby, en contraposición con el fútbol –excepción hecha, por supuesto del Barcelona y algunos pocos equipos más– que no solamente en la Argentina está soportando una arremetida casi inédita del “energumenismo” resultadista en detrimento del juego. Y es una lástima que no sean más quienes vayan entendiendo el juego. Aunque con algunos partidos exageradamente “cerrados”, el último Mundial de Rugby mostró enormes progresos, en especial en el juego de las formaciones móviles –mauls y rucks (antes se les decía montoneras y volantes)– y en Selecciones de países que hasta no hace tanto se contentaban, cuando mucho, con perder por cuarenta o cincuenta puntos con las grandes potencias. No es el caso de la evolucionadísima Samoa, pero sí el de Tonga. Si bien es cierto que Los Pumas no repitieron el gran desempeño que los llevó al tercer puesto en la Copa 2007, se sintió el recambio generacional y muy especialmente algunas ausencias por lesiones, sobre todo en el caso de Juan Martín Hernández, uno de los mejores jugadores de la historia del rugby argentino de los últimos cincuenta años. En el orden local, el común denominador fue también lo mucho que se mejoró en el juego de forwards –aunque no tanto en los line-outs– y en el manejo de la pelota. Como bien lo decía aquel gran hombre del rugby que fue Carlos el Veco Villegas, fallecido en un accidente de aviación en los ’80, “la habilidad es la destreza puesta bajo presión”, lo que, y por qué no, vale también para otros deportes con pelota. En ese sentido, los jugadores de los torneos locales evolucionaron notoriamente en algo que en el rugby es elemental: la posesión y el pase correcto de la pelota, lo que también es casi un patrimonio cultural del fútbol que juega Barcelona. Respecto de esto último, la gran excepción fue la final del seven a side de los Juegos Panamericanos, en la que el equipo argentino era notorio candidato para llevarse la medalla dorada.

Los errores garrafales en los pases permitieron intercepciones de los canadienses, que se terminaron llevando el título. En lo que hace a las formaciones móviles en los torneos locales, también se notó una mejoría, entre otras cuestiones porque los tres cuartos van comprendiendo que si volantean –o ruckean, como se dice por estos tiempos– estando caídos cerca de la pelota, todo será más fácil para su equipo. Respecto de las definiciones de los torneos argentinos, Duendes de Rosario le ganó bien al San Isidro Club por el Nacional de clubes, y el mismo SIC ganó en tiempo suplementario a Alumni –sin merecerlo– la definición del campeonato de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Alguna vez, seis décadas atrás, los campeonatos locales aceptaban títulos compartidos. O sea que si dos o más equipos llegaban al final de la temporada con la misma cantidad de puntos, los dos (o más) eran considerados campeones. Dada la paridad en el partido decisivo de esta temporada entre el San Isidro Club y Alumni, hubiera sido de toda justicia que compartieran el título.

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Abróchense los cinturones

Los periodistas Germán Beder y Alejandro Pérez publicaron El oro y el aro, un repaso detallado sobre la creación y consolidación de la Selección Argentina de básquet. Aquí les adelantamos este extracto de un capítulo que habla del período 2000/2001, la era del despegue para un grupo que permanecería una década en la elite mundial. Por GERMÁN BEDER Y ALEJANDRO PÉREZ

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a salida de Julio Lamas complicó a la dirigencia, que quedó sorprendida, con un buen proyecto a medio concluir y con la obligación de cubrir un lugar de no fácil reemplazo. Sin embargo, había que seguir adelante. Surgían dos alternativas concretas: Rubén Magnano, que había sido asistente de Garrone, Vecchio y del propio Julio, y Enrique Tolcachier, quien en ese momento dirigía a Ferro. El preferido era Magnano. Así que en marzo, antes de concluir su temporada como DT de Boca, tuvo su primer acercamiento con la CABB. Rápidamente, hubo acuerdo económico y en junio se anunció su contratación por cuatro años. “Antes no estaba sentimentalmente preparado para agarrar. Ahora es mi momento. Quiero mantener lo conseguido y elevar el nivel del básquet argentino en el mundo”, fueron sus palabras el día de la presentación. Había que aprovechar el margen de tiempo que brindaba el calendario, dado que el equipo había quedado afuera de los Juegos de Sydney 2000 y, por primera vez en años, no tenía actividad oficial. Era un momento perfecto para barajar y dar de nuevo. La CABB había firmado en 1998 un convenio con la cadena de televisión ESPN, que más allá de la transmisión de los partidos, algo que ya no era novedad, le permitía organizar un cuadrangular internacional, el Súper 4, que con el tiempo se consolidó en el calendario habitual de la Selección. Precisamente el debut de Magnano llegó en el primer Súper 4, or-

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ganizado en Buenos Aires en agosto de 2000. Los rivales eran Brasil, Eslovenia y España B y la Argentina terminó tercera, con un plantel con varias ausencias. Luego, el equipo participó en otro hexagonal, en Río de Janeiro, en el que se obtuvieron resultados que alentaban un progreso: victorias sobre Grecia y los locales y caídas ante Portugal y Rusia (dos veces, una en suplementario). Lo que sí parecía preocupante era el rubro bajas. Porque el escenario respecto de ese tema se planteaba espinoso. Un poco por la inestabilidad del país y otro poco por las facilidades que encontraban los jugadores para emigrar a Europa, se produjo un furioso éxodo masivo que debilitó la competencia interna y forzó al entrenador a tener que lidiar siempre con el dilema de las distancias, las presiones de los clubes y la falta de respuestas. Su postura al respecto parecía clara: “pelearé con los soldados que tenga y esos para mí serán los mejores. Tengo la ilusión de llegar al Mundial y clasificar a los Juegos”. No obstante, Magnano no era ignorante: “hay que saber mirar el vaso medio lleno, también: al menos los jugadores progresan en ligas competitivas como las euro-

peas. Y adquieren un roce internacional imposible de lograr acá. Como se mueven en ámbitos internacionales, eso los hace crecer en ese aspecto también”. Por allí pasaba el debate en un año muerto: ¿se repetirían las renuncias como en años previos, esta vez a escalas incalculables por tanto éxodo? ¿O se impondría el compromiso de la nueva camada que venía empujando en silencio? Hay años que quedan marcados por iniciar o cerrar etapas. El de 2001 quedará en la historia del basquetbol argentino por haber decretado tácitamente el despegue de la Generación Dorada. Porque si bien la mayoría de los integrantes del plantel ya habían compartido equipo en selecciones menores e, incluso, algunos ya estaban asentados en la mayor, fue allí cuando el grupo se consolidó y se adueñó definitivamente de la Selección. Después de un tiempo de gestión, la CABB había logrado adjudicarse la organización del Premundial, en una jugada política valorable. Era la gran oportunidad de demostrar ante el propio público que el crecimiento, que se diagnosticaba a gritos en el ambiente, podía concretarse. La sede escogida fue Neuquén, que

El 2011 quedará en la historia del basquetbol argentino por haber decretado tácitamente el despeque de la Generación Dorada.


ganó terreno sobre otras variantes, gracias a dos comodines: el estadio Ruca Ché, con capacidad para 4.654 personas, y la influencia del gobernador Jorge Sobisch, amante del básquet. Cada uno de los doce integrantes de aquel plantel final llegaba al torneo con brillantes antecedentes individuales en sus respectivos equipos. Repasemos algunos casos: Emanuel Ginóbili venía de ganar Liga y Copa de Italia y Euroliga con Kinder Bologna, Pepe Sánchez y Rubén Wolkowyski, de disfrutar sus primeras experiencias en la NBA y Fabricio Oberto, Andrés Nocioni y Lucas Victoriano, de lucirse en España. La base, obviamente, tenía su raíz en el plantel que había logrado el cuarto puesto en el Mundial sub 22 de Australia ‘97 (ocho jugadores). Pero también estaba, por ejemplo, Hugo Sconochini, quien, convencido por Magnano, aceptó el desafío y volvió a la Selección después de una inactividad forzada de más de cinco meses por un antidoping positivo de nandrolona. Para destacar fue el esfuerzo de Luis Scola. El bonaerense acababa de lograr la medalla de bronce en el Mundial de Japón (donde terminó como goleador),

pero cuando le comunicaron que había sido convocado, no dudó en posponer el inicio de sus vacaciones y sumarse inmediatamente: voló 12 mil kilómetros, con escalas en Toronto y San Pablo. Una travesía de 36 horas para llegar el mismo día del debut. La atmósfera positiva tenía justificativos tangibles: Argentina llegaba al Premundial tras ganar el Sudamericano en Valdivia, Chile, y festejar en el Súper 4 realizado en Ferro, donde venció a Lituania (bronce olímpico en 2000) ante una inusitada cantidad de público (hasta hubo gente que quedó afuera) que, tal vez, preveía lo que se venía. Pequeñas acotaciones sobre lo de Valdivia: se logró el título después de 14 años con un rendimiento parejo y ráfagas de brillantez. Allí Magnano aprovechó para concentrar a todos: a los que jugaban el torneo y a los que esperaban por Neuquén. Y bajó línea concreta: trabajo, disciplina, compromiso. Nadie alzó la voz. “Sonará exagerado pero, para mí, este equipo, hoy en día, está sólo por debajo de Estados Unidos y Yugoslavia”, avisaba el entrenador puertorriqueño Flor Meléndez. El tiempo le daría la razón.

La expectativa popular superaba cualquier vaticinio. Porque esta Selección realmente prometía. “Enfrentaremos un pequeño examen”, pronosticaba Ginóbili los días previos. Y lo fue. Por lo pequeño. La Selección arrasó y conquistó el título con un rendimiento que, claramente, excedió al certamen. Salvo por algunos pequeños sofocones ante Brasil en la primera fase (duelo que se ganó en suplementario 108-98), en todo el resto de los choques mostró una superioridad abrumadora: palizas sobre Uruguay (103-63), Estados Unidos (108-69), Venezuela (90-73), Islas Vírgenes (98-77), Panamá (115-87) y Canadá, dos veces (85-76 y 97-76). En la final volvió a cruzar con los brasileños, y tampoco hubo ningún tipo de equivalencias (78-59). El equipo, que tuvo un promedio de casi 23 puntos de diferencia en sus victorias, terminó invicto y estiró su racha de triunfos consecutivos a 26 partidos (contando juegos no oficiales). De esa manera, obtuvo por quinta vez consecutiva un lugar en un Mundial, que se realizaría un año más tarde en Indianápolis. Había sed de gloria.


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La batata mecánica

Mientras nos compara con Holanda o, apelando a la insolencia, con los años de la dulce espera racinguista, nuestro “hombre del tenis” nos obsequia interesantes apreciaciones sobre aquello que muchos llaman “la espectacular batalla con los españoles en Sevilla”. Poco afecto a los desmedidos elogios, el analista prefiere bucear en las radiografías de los jugadores y equipos. Por JUAN IGNACIO BELTRÁN

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omo aquel puestero del puerto de Mar del Plata que un día confirmó que sufría una enfermedad terminal y decidió agregar a su exhibidor el siguiente cartel pintado con letras de molde: “Vendo Pescado podrido”, permítanme retomar el postergado contacto con ustedes, avisados lectores, vendiendo esta nota casi con un tiro por la culata. Apenas recuperado de la contractura que me infligió Delpo por la tensión de seguir sentadito en un taburete –sin almohadilla y con un bebé en brazos– sendos culebrones de más de cuatro horas, tengo que empezar por decirles que si bien vamos a analizar todo el tenis de Sevilla, muy pocas ideas que no hayan leído por ahí o por allá de plumas mucho más prestas al lugar común y las perogrulladas saldrán en esta ocasión de la de este servidor. Prometo mejorar apenas tenuemente el coro: “Perdimos, pero dejamos todo”, que dicho sea de paso (¿vieron?) suele coronar cualquier actuación de Los Pumas, a quienes podríamos llamar “Los exonerados de siempre”, como si la

simple predisposición a soportar casi con jolgorio una doble fractura expuesta los eximiera habitualmente de rendir cuentas más deportivas. Para colmo, la temporaria reconciliación entre Del Potro y el siempre malévolo King David of Unquillo me deja poco margen para escarbar el flanco conventillo, siempre tan prolífico en el equipo nacional e ideal para descargar excusas a rolete. Los players, quedó claro, se concentraron para ganar el match con una dedicación digna de aplauso. La verborragia de Tito también fue esta vez modesta (ja), y en fin… ese “todos tirando para el mismo lado” nos perimetra (citando al Tano Fazzini) a los 23,77 metros x 8,23 del court de singles como único campo de análisis. Pero insisto con la advertencia: querer explicar esto es como agregarle una página al argumento de una película después del “fueron felices y comieron perdices”. No obstante, procedo a un rápido punteo de conclusiones antes de pasar a otras “rumiaciones” mucho más caprichosas.

• Si Nalbandian jugaba el primer día contra Rafa tampoco ganábamos. • Si Delpo le ganaba el cuarto set a Rafa tampoco ganábamos. • Si Menem les deseaba suerte a los españoles por videoconferencia… Creo que tampoco ganábamos. • Si Menem se tomaba un avión a Barajas y el AVE a Sevilla… Son mejores y punto, coño; que por algo están como están en el ranking ellos, y que por algo estamos como estamos nosotros. Un Nadal con las defensas un poco bajas hoy es más que Del Potro y Nalbandian motivados en polvo de ladrillo. Y Ferrer, módico técnicamente pero con esas ganas de luchar abrumadoras, se viene superando todos los años, aunque parezca que hace todo con tanta fuerza que un día se lo van a llevar en camilla con un pie roto y la rodilla inutilizada para siempre. El polvo de ladrillo pone a prueba los físicos como ninguna superficie, y en este tema los dos pingazos de Nadal y Ferrer son los mejores del mundo. De nuestro

Si lo de la medalla de plata es una condena a perpetua, una maldición a la que hay que empezar a tener en cuenta, lo sabremos el año que viene, ya que nos tocó un sorteo que es una invitación a renovar el empapelado de casa y las ilusiones.

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lado, uno difícil de mover (Delpo) y otro, cordobés, muy baqueteado por operaciones y tres puntos suspensivos. El juego termita de Rafa puso en evidencia este asunto en el memorable duelo contra Delpo. La táctica es generar un gran desgaste con ese top spin astronómico antiligamentos, obligar imperceptiblemente al otro a golpear en puntas de pie y reiteradamente, incluso bancándose algún vapuleo en el marcador, hasta encontrar en el cansancio rival los aires para facturar. Eso explica el 6-1 y casi 2-0 de Delpo que de pronto dio lugar a otra película, de terror. Eso explica también algunas alternancias groseras de pelotazos a los flejes con torpes tiros estampados en el medio de la red. Para Delpo ganarle a Nadal en polvo de ladrillo es una aventura posible, pero muy difícil, algo así como atravesar los médanos de Mar de las Pampas a bordo de un Chevallier doble piso. Poder se puede, pero las chances de quedarse son altísimas.

por ahí, jugando a la Play, Messi espera su turno para no ser campeón del mundo nunca jamás. Digo esto con mucha admiración y no poca envidia hacia España, que engendra deportistas increíbles y de una cortesía inverosímil para las fiebres del Río de la Plata. Nadal, Moyá, Ferrer, todos los chavales que ganaron el Mundial de Fútbol, Fernando Alonso… Sacrificados, cracks, ganadores y simples. Sin la sarasa de que ser un crack equivale a ser un personaje indomable y complicado. Los españoles lo resuelven tan naturalmente que, en serio, dan ganas de desearles una desgracia, de donarles una interna, de inyectarles ese individualismo que parece venir junto con el talento de este lado del océano, excepción hecha de nuestra Selección de básquet y, tal vez, de las chicas del hockey. Si lo de la medalla de plata es una condena a perpetua, una maldición a la que hay que empezar a tener en cuenta, lo sa-

bremos el año que viene, ya que nos tocó un sorteo que es una invitación a renovar el empapelado de casa y las ilusiones: comenzamos de visitante el 10 de febrero en Alemania, cuyos jugadores, además, ya dieron señales extremas de respeto eligiendo el polvo de ladrillo para recibirnos; después, Japón o Croacia acá, un trámite para llegar a las semifinales, donde la lógica indicaría Serbia en Parque Roca para luego, hazaña mediante, dar paso a otra final soñada en el país ante España, Francia, Estados Unidos o Rusia. Los que nos criamos viendo transpirar a Vilas tenemos a la Davis entre ceja y ceja. A esta altura, también, el deseo de tenerla es tan grande y abrasador que uno también empieza a pensar –consuelo o simple demencia– si no será mejor esto, la ñata contra el vidrio, el corazón rebotando como un puching ball, que ganarla un día cualquiera para dejar que toda esa adrenalina se derrame en la aburguesada reposera de los campeones.

¿Holanda hay una sola? Del doble no vamos a hablar porque para elogios está la prensa especializada, aunque sí tendremos la cortesía de recordarles que Nalbandian confirmó que es el mejor doblista argentino de la historia. Y hablando de la historia: tras las diversas mancadas a metros del disco (1981, 2006, 2008 y 2011), por no contar una bocha de semifinales, casi que podemos establecer que entre Argentina y Racing hay algo más que una convergencia cromática. Los fracasos se ponen en fila, y ésta ya se parece a la cola para renovar la visa en el consulado de los Estados Unidos. ¿Es que acaso somos la Holanda del tenis? ¿Que Cúper es el técnico que este equipo se merece? No seamos antipatria... Sí es cierto que nos podríamos candidatear al premio de “la nación del derroche deportivo”, con el tenis como bandera. Que de Vilas, Clerc, Nalbandian, Coria, Gaudio, Del Potro, Cañas y compañía no hayamos podido sacar ni una sola ensaladera es una prueba indiscutible. Equipos mucho menos provistos se la quedaron. Y volviendo a los derroches, por allá toca bocina el Lole Reutemann. Y más acá saluda Gaby Sabatini. Y

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Críquet nac and pop

Dos años atrás alguien comenzó un proyecto que aún suena tan enigmático como singular: formar un equipo de críquet con jóvenes de la villa 21-24 de Barracas en Capital. La experiencia de Caacupé, equipo que compite ahora en la Liga Nacional, visibiliza un nuevo capítulo de los intentos originales por sacar a determinados deportes de sus ámbitos de élite. ¿Será posible? Por JULIÁN LICHENE Fotos ALEJANDRO KIRCHUK/NUEVE 13


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aminan con sus bates, pelotas y el uniforme rojo que los distingue hacia el hábitat en el que viven. A la entrada de la villa 21-24 de Barracas, un vecino baja unas cortas escaleras de cemento y con tonalidad paraguaya grita en forma de aviso: “¡Ahí vienen los campeones, ahí vienen los campeones!”. Entonces, curiosos asoman sus cabezas por las humildes ventanas. El hombre de Prefectura, con anteojos negros, sonríe incrédulo. Los chicos representan al equipo de críquet de la villa, el Caacupé. Mosca, como le dicen ellos, es Fred, pero se llama Raúl Penayo. Forma parte del cuerpo técnico y es el encargado de organizar la caminata junto al entrenador, Daniel Juárez. Mientras avanzan, los pibes ríen, hacen chistes y hablan de fútbol. Van rumbo a una cancha de vóley a cielo abierto, donde las personas que la están usando la liberan para que los infantes boleen, bateen y puedan ser retratados. Es tal la cooperación que la gente que presencia la extraña escena le facilita al fotógrafo el acceso hacia una terraza para que enriquezca su cámara. Algunos miran sorprendidos, otros buscan asiento, como preparándose para ver un partido. Los chicos juegan desenvueltos. El momento es único y natural. El críquet es un deporte relacionado con la nobleza británica, y algunos investigadores afirman que hay que remontarse a la época medieval para conocer sus inicios. Hoy, es el segundo, detrás del fútbol, en seguidores y jugadores federados a nivel mundial. La razón radica en que es popular en países muy habitados que fueron colonias británicas y, por ende, conservan sus huellas culturales. India es el mayor ejemplo. Representa un octavo de la población mundial y mueve millones de dólares con este deporte. Obviamente, son millones también las personas que lo siguen por TV, y es común ver un estadio cubierto con capacidad para cien mil espectadores. Pakistán, Sri Lanka y Bangladesh son otros países donde este juego arrasa en convocatoria. En la misma Inglaterra y en Australia es el más seguido en verano.

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El críquet, del cual deriva el béisbol, se juega dentro de un campo equivalente a dos canchas de rugby. Enfrenta a dos equipos de once jugadores, donde uno bolea y el otro batea en parejas. Los bateadores, una vez que expulsaron la pelota, corren hacia las puntas del pitch, un rectángulo de 22 metros en medio del campo, para lograr carreras. El otro equipo debe devolver la pelota a las bases lo más rápido posible para generar out y así eliminar bateadores. Otra forma común de hacer uno es agarrar de aire una pelota bateada. Una vez que se eliminaron diez bateadores, se termina la entrada y los equipos cambian de roles. El que hace más carreras, o el que tuvo más bateadores no eliminados, gana. En el país, se juega en colegios bilingües y en clubes de origen inglés, como Lomas, San Jorge, San Albano, Hurlingham, Rosario, Buenos Aires y Belgrano. Para saber cómo y cuándo llega este deporte a nuestro país se puede acudir al libro Breve historia del deporte argentino, de Ezequiel Fernández Moores, quien cuenta: “El críquet, que jugó partidos informales cuando los británicos dominaron la ciudad en las invasiones de 1806 y 1807, celebró el primer partido oficial en 1819, en las actuales calles Bolívar y Perú”. Hoy, a quince minutos de allí, hay una historia que derrocha dignidad. Daniel Juárez es contador, jugador de Lomas y el ideólogo del proyecto

que hace dos años empezó a juntar al críquet con más de treinta chicos de entre 9 y 15 años provenientes de la villa. Hace tiempo que trabaja en la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, que brinda servicios sociales para la gente que habita las 66 hectáreas de la 21-24. Su idea tuvo la aprobación del Padre José María Di Paola, más conocido como Padre Pepe, quien debió irse a Santiago del Estero en diciembre pasado después de ser amenazado a raíz de su lucha contra el paco. Casualmente, al momento de la nota, apareció para saludar a los chicos. Daniel recibe a Un Caño en el gimnasio del centro de formación profesional perteneciente a la parroquia, donde los sábados se entrenan los chicos. Lo acompaña su socia Silvina Román, también entrenadora de críquet, y Hernán Ríos, preparador físico de alto rendimiento. Luego llega Mosca. –¿Cuál era el propósito del proyecto y cómo se dio que un deporte de clase alta llegue a niños pobres? –Pensamos utilizar este deporte no convencional para hacer un trabajo de reinserción y prevención social. La integración se dio doblemente. Por un lado, dentro del propio barrio, porque hay chicos que no pertenecen a la parroquia, y por el otro, con el exterior: cuando sale, el equipo parece que hubiese jugado toda la vida. Otra cosa buena es que los pibes de otros clubes

“Cuando voy a jugar con el Caacupé, me siento arriba de todos” (Agustín, a sus 13 años, quiere ser jugador profesional. Le gusta estar detrás del bateador para agarrar la pelota).


no hicieron notar que eran chicos de la villa cuando los enfrentamos. Es más, el club San Jorge, al ver que no tenemos un campo propio, quiere prestarnos la cancha para que nosotros hagamos de locales ahí. Este es un programa autónomo, subvencionado con donaciones y fondos nuestros. –¿Cuáles son los mayores inconvenientes? –No tenemos estructura ni recursos. Necesitamos transporte, porque cuando jugamos tenemos que contratar una combi. También una cancha a cielo abierto para entrenar, así podríamos integrar a más chicos; de hecho hay casi cincuenta en lista de espera, incluidas mujeres. Con esas dos cosas, el rendimiento sería el doble. Los chicos están escolarizados y no hay repetidores. Antes de los entrenamientos se habla con ellos y, cada dos

meses, se les pide el boletín. La Asociación de Cricket Argentino dio respaldo institucional, ya que autorizó al Caacupé a competir en el campeonato de la Liga nacional. Esteban Mac Dermott es el gerente de desarrollo y, al hacer mención al proyecto en la villa, dijo que lo de Caacupé es aire fresco: “la pelean de abajo y en cuanto a habilidad no hay diferencia. Es por eso que queremos repetir el proyecto en otros lados”. El afecto está presente en cada contacto entre los chicos y el cuerpo técnico. Al entrenador le brillan los ojos cuando habla de ellos. –¿Qué ventajas tiene que vengan de la villa? –Son pícaros, rápidos a nivel manual y tienen una carrera especial. Eso ayuda mucho, porque cuando uno les marca una tarea es muy rápida la asimilación. El preparador físico Hernán Ríos resalta dos cuestiones en la evolución

del grupo: “el pasaje de juego a actividad para tomar en serio fue fuerte. Iban acumulando prácticas y prácticas, pero cuando llegaron a la cancha, el hecho de verse vestidos como equipo produjo un cambio en sus cabezas. Y después está el tema del orgullo villero, bien entendido. Nosotros lo usamos como un valor agregado. Estamos hablando de chicos y, como formadores que somos, tratamos de que sea un plus, sobre todo los días de partido. Lo que por ahí para otros pibes es un simple juego, para ellos es competencia. Tratamos de potenciar las carencias con ese orgullo”. Maxi, con 9 años, les bateó a chicos de 15 del San Jorge y les hizo carreras, cuenta Juárez. Tiene una aptitud especial para este deporte, agrega. Su socia Silvina recuerda que dejó el fútbol para jugar al críquet. Maxi es retacón y tiene el rostro concentrado en todo momen-

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to. Llama la atención cómo ese cuerpo diminuto aplica la técnica del bateo de forma armónica. Jorge, de 14 años, es flaco y alto. Es tímido pero desenvuelto a la hora de bolear, inclusive cuando lo miran los vecinos en la villa. Se toma su tiempo y piensa en el gesto completo que termina con la pelota arrojada desde su brazo derecho extendido. Jorge integra la Selección Sub-15, aunque no pudo viajar a Perú, donde el seleccionado salió campeón en agosto. En abril pasado, la Selección Sub-13 disputó un campeonato sudamericano también en Perú. Salió subcampeona de críquet y campeona de críquet veloz, otra modalidad. El Caacupé aportó dos jugadores, Alexis Gaona y Lucas Aguilera. Alexis, de 11 años, sonríe constantemente. Se sabe uno de los mejores. La visera de la gorra le esconde sus ojos. Dice que el críquet es un deporte que lo divierte, más cuando tiene que bolear.

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Hoy el críquet es el segundo deporte, detrás del fútbol, en seguidores y jugadores federados a nivel mundial. ¿La razón?: es popular en países muy habitados, que fueron colonias británicas y por ende, conservan huellas culturales. India es el mayor ejemplo. –¿Es cierto que en el colegio mejoraste? Es que la concentración en el críquet me sirve cuando tengo que estudiar. Agustín, a sus 13 años, quiere ser jugador profesional. Le gusta estar detrás del bateador para agarrar la pelota y deja una frase que repite: “cuando voy a jugar con el Caacupé, me siento arriba de todos”. Franco también tiene 11 años. Cuenta que juega al fútbol de

arquero, y que eso le sirve para el boleo: “me gusta más jugar que entrenar”. Esa frase certifica aquella idea del Profe sobre lo competitivo que son los pibes, que buscan un futuro mejor y reciben en la práctica una frase de Pitágoras que utiliza como guía el entrenador: “educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. El Proyecto recibe ayuda y colaboraciones en el 4-241-8570


En Boca cerrada...

El campeón ya tiene corona, felicidad y una racha invicta para el recuerdo. Todos hablaron este año del poder defensivo de Boca. Nuestro especialista nos recuerda qué otros equipos tuvieron la misma fama de compactos, y de paso, lo analiza y compara con aquel exitoso Boca de Carlos Bianchi. Por ALEJANDRO FABBRI

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l fútbol argentino no consigue superar los dos goles de promedio por partido desde hace un tiempo. Es una cifra bajísima, tomando en cuenta que en las principales ligas mundiales, la media supera esa cifra con comodidad (españoles, italianos, ingleses, brasileños y franceses, por citar ejemplos). Este Boca campeón de Julio César Falcioni rompió un nuevo récord con su defensa, al recibir apenas cuatro goles en dieciséis fechas. Con un detalle: la dupla de zagueros integrada por el veterano Rolando Schiavi (38 años) y el duro chaqueño Juan Insaurralde apenas sufrió dos tantos cuando jugaron juntos, algo que se repitió durante más de treinta encuentros mientras ambos coincidieron en Newell’s. En los primeros cuatro años de los torneos cortos de diecinueve jornadas, se plantaron las defensas más difíciles de superar. Veamos: Boca recibió seis goles en el Clausura ’91, Vélez sufrió siete goles en el Clausura ’93 y Newell’s, apenas ocho en el Clausura ’92. En los tres casos, esos equipos ganaron los torneos, aunque Boca no se consagró campeón porque debió definir con los rojinegros rosarinos, que ganaron el primer Apertura, y perdió por penales en la mismísima Bombonera. Buenas defensas y ausencia de goleadores, un cóctel que ayuda a mantener arcos en cero. Cuando convertir un gol era más fácil que evitarlo, no existían los equipos invictos. Cuando los jugadores se planteaban como objetivo hacer más goles que

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el rival, la historia era sencilla: si vos me hacés un gol, yo te convierto dos. Si tenés el descaro de meterme dos, te encajo tres y a cantarle a Gardel, justamente. Durante el amateurismo, cuando las goleadas eran algo habitual en los campeonatos de Primera División, apenas se puede mencionar al poderoso Racing de 1915, que jugó veinticinco partidos y no perdió ninguno, ganándole la final al entonces futbolero Club Atlético San Isidro –el CASI del rugby– por 2-0 y despojándolo, al mismo tiempo, de la serie sin derrotas. Racing repitió en 1918 (fueron diecisiete victorias y dos empates) y en 1919, con trece victorias en otras tantas fechas. Boca consiguió su título invicto en 1924 (en la más modesta Asociación Argentina), en un torneo donde no participaban los clubes más importantes (salvo Huracán y Racing); y volvió a consagrarse campeón invicto en 1925, con quince triunfos y nueve empates. Boca hizo lo mismo con quince éxitos y dos pardas en 1926, mientras que Independiente fue el último invicto del amateurismo, al ganar el torneo de 1926 de la Asociación

Amateurs con veintiún triunfos y cuatro empates, con ¡¡setenta y cinco!! goles a favor y apenas catorce en contra. Los rojos, con aquella recordada delantera que formaban Lalín, Canaveri, Ravaschino, Seoane y Raymundo Orsi, hicieron cuatro goles más que el escolta San Lorenzo, a quien le ganaron el torneo por un punto. Entre 1926 y 1967 pasaron cuarentaiún años, y en el medio, ningún equipo de Primera División se quedó con el título sin perder algún partido. Quien más cerca estuvo fue Racing, aquel fenomenal equipo dirigido por Juan José Pizzuti que terminó último la primera rueda del torneo de 1965 y desde allí inició una enorme recuperación que lo llevó al quinto puesto. Siguió adelante al año siguiente y se quedó con el campeonato, a pesar de que dejó su invicto en el Monumental, cuando River –el subcampeón de 1966– lo venció por 2-0 con goles del uruguayo Cubilla y del Pinino Más. En aquel Racing de treinta y nueve partidos consecutivos sin derrotas, la mención destacadísima para los arqueros Luis Carrizo y Agustín Mario Cejas,

Cuando convertir un gol era más fácil que evitarlo, no existían los equipos invictos. Cuando los jugadores se planteaban como objetivo hacer más goles que el rival, la historia era sencilla: si vos me hacés un gol, yo te convierto dos.


para los defensores Roberto Perfumo, Alfio Basile, Rubén Panadero Díaz, Nelson Chabay, Oscar Martín y Miguel Ángel Mori. Y para Pizzuti, claro. Nadie imaginaba una racha semejante nuevamente, porque salvo San Lorenzo de 1968 –aquellos inolvidables Matadores del brasileño Tim–, ningún equipo se consagró invicto en un torneo que superase las dieciocho fechas. El único caso fue el poderoso Estudiantes de La Plata de Osvaldo Zubeldía, que llegó segundo detrás de Independiente en el primer Nacional de 1967, sin haber perdido ningún partido. Fueron quince fechas, y ese subcampeonato le permitió al Pincha clasificarse para jugar la Copa Libertadores de 1968, que ganaría en

tres finales ante Palmeiras de Brasil. San Lorenzo de 1968, invicto en veinticuatro partidos, no pudo jugar la Copa Libertadores, como tampoco pudo hacerlo Chacarita Juniors, campeón Metropolitano de 1969, porque los que se clasificaban eran los dos primeros del torneo Nacional. Y desde aquel torneo invicto de los Matadores azulgranas hasta los impresionantes cuarenta partidos del Boca de Carlos Bianchi, apenas hubo espacio para Ferro Carril Oeste, que conducido por Carlos Griguol ganó el Nacional de 1982 con una campaña espectacular: dieciséis victorias y seis empates, con cincuenta goles convertidos en veintidós partidos. Hubo espacio, además, para el Boca de Oscar

Washington Tabárez y su invicto en diecinueve fechas del Apertura de 1990, aunque luego perdió por penales en las finales contra Newell’s, conducido por un tal Marcelo Bielsa. Boca arrasó con todos los registros en la temporada 1998/99, con un cuarteto indiscutible: Carlos Bianchi en la dirección técnica, Juan Román Riquelme como conductor del equipo y una dupla letal adelante: Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo. Justamente, el máximo goleador boquense hizo estragos al convertir veinte tantos en diecinueve partidos, algo que parece inalcanzable. Hoy, el ciclo de Falcioni se estiró, pero sigue muy lejos todavía de la proeza de los muchachos de Bianchi.

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Morir en la orilla

Vélez estaba para mucho más, qué dudas caben, y aunque nuevamente quedó cerca de una final internacional, hay que sacarse el sombrero. Pese a la eliminación ante los ecuatorianos, sus buenas campañas y su equipo siempre comprometido con el respeto al juego limpio y superador, reafirman la vigencia de una institución que reclama lugar entre los grandes. Sin dudas, el 2011 debe aplaudir al club de Liniers. Por ROMÁN IUCHT

“El año no se terminó. Tenemos que jugar los tres partidos que nos quedan del Apertura y apuntar a lograr el subcampeonato. Vamos a poner lo mejor para terminar lo más arriba posible”. Cuando Ricardo Gareca, aún sumido en el dolor de la eliminación en la semifinal de la Copa Sudamericana, expresaba la idea de ir por más, cualquiera pudo darse cuenta, en donde está parte del secreto de la vigencia de Vélez. La idea de superación, la cuota de esfuerzo, con el plus anímico necesario para los grandes desafíos, y el instinto de supervivencia son valores que distinguen al personal de Liniers por encima de la media del fútbol argentino. El balance del año que se va invita a los hinchas velezanos a desempolvar la leyenda del optimista y el pesimista. De un lado del mostrador podrá objetarse que si bien se llegó a la mesa chica de cuatro gigantes de América en los dos torneos internacionales, en ningún caso se arribó a la intimidad de dos para definir el pleito y quedarse con la Copa. Del otro se pondrá a la permanencia como un elemento positivo, el título del pasado Clausura, la inagotable aparición de nuevos valores juveniles y el orgullo de ser el mejor representante del maltrecho fútbol argentino cuando se trata de cruzar las fronteras. Es lógico que Vélez haya perdido mucho con la partida

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de su trío mágico compuesto por Maxi Moralez, Santiago Silva y Ricky Alvarez. Negar que se trata de un gran equipo es tan necio como no aceptar que son las individualidades las que permiten con su brillo el tan ansiado salto de calidad. Sin ellos, el equipo morigeró algunas virtudes que le daban un grado de confiabilidad intangible, pero al mismo tiempo evidente. Maxi y Ricky garantizaban gambeta, manejo y gol. Uno con desplazamientos cortos y desde el comienzo, el otro con grandes zancadas y como revulsivo, ingresando en los segundos tiempos, destrababan partidos cerrados incluso ante defensas con oficio. En encuentros como el de la revancha ante la Liga por la Sudamericana, su fantasma sobrevoló por el Amalfitani. Ni que hablar de Santiago Silva. El oriental luchaba a brazo partido frente a ásperos zagueros, garantizaba la cuota goleadora y encendía la llama anímica del equipo. Su salida una vez comenzado el semestre fue como un golpe bajo para

la estructura del equipo. Nada para reprochar al jugador, que hizo uso de una cláusula de su contrato, y mucho menos a aquellos que intentaron reemplazarlo, pero la realidad terminó por demostrar que ni el mejor maquillaje logra pasar por alto el rigor impiadoso de un buen espejo. Ni Guillermo Franco ni David Ramírez pudieron darle al equipo un volumen de juego distinto, pero con el mismo grado de eficacia. Hay jugadores importantes y otros que son definitorios. Las tres estrellas que Vélez perdió en un par de meses hicieron que a pesar de seguir siendo un auto de alta gama, se quedara sin el turbo que le daba aceleración e impulso. Gracias a su oficio, a una defensa solvente con hábitos marcados y a las ráfagas de buen juego, el sueño de conquista le permitió llegar bastante lejos, pero al final, y luego de nadar incluso contra sus propias limitaciones, terminó ahogándose muy cerca de la orilla. El dolor fue profundo porque, especialmente en la Libertadores, la sensación

El surgimiento de nuevas joyas como Héctor Canteros, marca a las claras el éxito del modelo de Inferiores.


que quedó instalada fue que el equipo estaba para algo más; y ya se sabe que estar tan cerca de ganar suele ser tan doloroso como perder. El surgimiento de nuevas joyas como Héctor Canteros marca a las claras el éxito del modelo de Inferiores. La presencia de otros apellidos –como Rescaldani e Iván Bella– augura el protagonismo de una nueva camada que como siempre traerá sangre joven para renovar la competencia y oxigenar el grupo. Ni que hablar de los juveniles de Reserva, que mostraron su desfachatez ante la primera de Colón, y que no

se quedaron con el triunfo solo por su falta de pericia en los metros finales. Archívense los nombres de Federico Freire y Brian Ferreyra como futuras gemas que darán que hablar en un par de años. Vélez no es Suiza, y sus problemas para erradicar a su barra lo hacen tan “argentino” como el resto de los clubes de nuestra tierra, pero la idea de prolijidad, de orden y coherencia lo transforman en un ejemplo a seguir por unos cuantos. La unánime convicción de que son los proyectos lo que traen resultados y no lo contrario, le permitirá a su

flamante dirigencia profundizar un esquema cuyas respuestas están más que a la vista. Aunque aún duela el resbalón de Silva en el penal ante Peñarol por la Libertadores, aunque todavía sangre la herida por los goles de Hernán Barcos en la Sudamericana, por Liniers conocen perfectamente cuál es el camino. Nada cambia la satisfacción del éxito, pero es muy tranquilizador morir de pie, con el pecho inflado y la frente alta. El valor de la dignidad es mucho más que un simple premio consuelo. Y Vélez lo sabe.

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Ciclones del ciclón

Club endeudado, más de la mitad de los pases de sus jugadores no le pertenecen, jugadores ligados a la barra, pésima campaña deportiva… Sí, sí, señoras y señores: estamos hablando de San Lorenzo de Almagro. Entre la pésima conducción política y el caos interno, ¿alguien pagará o seguirá reinando la impunidad? Por PABLO DE BIASE Informes NICOLÁS PERRI Y MARINA PAZ Fotos PHOTOGAMMA.COM

“¿Qué tenés que hablar con ésos? –le dijo el defensor al arquero, cansado de la tensión que se vive el club–. Sos un chupapija de la barra” (Jonathan Botinelli estalló en el entrenamiento del miércoles 26 de octubre luego de que, concluida la práctica a puertas cerradas en la ciudad deportiva, algunos miembros de La Butteler, la fracción más dura y numerosa de la hinchada militante y combativa–, se quedaran conversando con Migliore y Ortigoza, mientras el técnico Asad se retiraba a un costado, anticipando su ida del club un par de semanas después). La conversación del vestuario se tornó performance de peleador callejero por parte de Migliore, quien con tres piñas lo sentó a Botinelli, dejándole un ojo en compota y, de paso e involuntariamente, lo surtió al pacificador Gigliotti, quien ligó un tortazo de refilón. Este episodio se volvió el ejemplo más claro de una decadencia que parece hacer metástasis: San Lorenzo luce como una nave varada cuyo casco se herrumbra y se pudre, casi siempre en zona de Promoción o fuera de ella por pocos décimos, con deudas astronómicas, presente pobre y futuro oscuro, falta de conducción política y con pocos mitos para reinventarse.

Y la nave no va Independiente y Racing no están mucho mejor, River está mucho peor y Boca, por default antes que por la pasión que despierta su juego, engorda como el gigante

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asimétrico de una patria del fútbol corroída por la corrupción, la ineficiencia y el miedo a enfrentarse a un anciano dictador que, al frente de la AFA, envía mensajes encriptados y amenazas mafiosas para los que se atrevan a no besarle su anillo de padrino. La colita sucia de las castas dirigenciales hace que todos los que conducen los clubes teman estas amenazas como un pozo sin fin al que se verán arrojados, y hacen cualquier cosa para evitar ser los que le pongan el moño a la caída. Se sabe, hace mucho que los capitanes de barco no se hunden con sus naves. Los últimos veinte años –con las secuelas profundas del neoliberalismo y las prácticas de supervivencia corporativa de los dirigentes– llevaron a este presente de ficción en el que los únicos que no tienen fines de lucro en el fútbol son los “giles” que pagan la entrada cada fin de semana. Por supuesto, el mainstream de la prensa deportiva, encabezado por Clarín, Olé, La Nación y las señales de cable deportivas más populares (que pertenecen a Clarín), sigue difundiendo mitos y estereotipos en un presente eterno, que nunca se sitúa en un contexto, que

no tiene historia y por lo tanto no critica ni se autocritica, sólo pontifica.

Los mitos de Clarín y un arquero taita “San Lorenzo se autodestruye en un presente negro en lo institucional y deportivo. Intenta tapar sus problemas, pero sus filtraciones son cada vez más grandes. Y la violencia llevó la actualidad hasta el escándalo (...). La duda surge rápidamente, entonces: ¿cómo ingresaron estos violentos hasta debajo de la Platea Norte? Simple: no había nadie de la seguridad privada y las puertas estaban abiertas para los barras” (Clarín.com, 27 de octubre). El textual del párrafo anterior es una muestra perfecta de cómo se miente a partir de prejuicios y mitos, cambiándole el sentido a la realidad, machacando y machacando, como solía hacer un ministro del Tercer Reich. Veamos un poco, si no. San Lorenzo no se autodestruye. Las “autodestrucciones” institucionales son la expresión de procesos históricos de saqueo, malversación de fondos y uti-

El último balance, ya en la gestión de Abdo, habla de una deuda que supera con creces los 30 millones de dólares. Como cuando se fue Miele.


lización política. En este caso, y simplificando, la dirigencia de los años ‘90 fue cómplice del proyecto de expropiación final de los clubes de fútbol que procuró llevar a cabo Menem, cuando intentó entregarlos a los grandes conglomerados financieros, los mismos que saltaron por los aires con los fondos tóxicos en los derrumbes de los mercados de Estados Unidos y Europa, en 2008 y 2009. La dirigencia de este siglo, en tanto, apostó al despilfarro, a que una Copa abriese las puertas del cielo, cuando hasta en el almacén más pequeño se sabe que un plan económico no puede sustentarse en la sola base de salir campeón para que funcione y no se termine endeudado hasta el cuello. Respecto de la barra brava, no es cierto que gobierne el club como expresión de la decadencia. A diferencia de otros clubes, en San Lorenzo, los hinchas pesados siempre fueron socios. Aquel miércoles, entonces, estaban en la ciudad deportiva varios socios que miraron la práctica, algunos de ellos eran de La Butteler. Pero la barra no tiene cargos políticos ni negocios en el predio. Es más, en varias fechas San Lorenzo aplicó el derecho de admisión

y sólo tres barras se quedaron afuera, el resto tenía su carnet al día. ¡Ah!, hay un vocal que perteneció a la “hinchada de los ‘90”, el Chivo De Simone, quien llegó a su cargo por su labor en distintas subcomisiones y no por su pasado tribunero. Por supuesto, la barra no es un coro de ángeles, pero en la lógica de la decadencia terminó siendo el último botín en disputa. La responsabilidad de esto recae principalmente en quienes protagonizaron esa disputa; el presidente Abdo, entre ellos, que a un año de haber sido electo tiene menos poder que el primer ministro de Grecia y, como éste, recurre a los culpables de la crisis histórica para que aporten las soluciones. El ex vicepresidente primero Carlos Datria intentó que sus hombres de la UOCRA se incorporaran a la barra, lo que terminó en una disputa con Abdo y la renuncia de Datria. En este contexto, Abdo se permitió sesionar sin quórum en el Consejo Directivo y tomar decisiones como hacer entrar un nuevo miembro por la ventana. Así, Pascual Paladino, ex tesorero con Miele y con Savino, pasó a ser miembro de la recientemente creada Subcomisión de Hacienda. Según los pe-

riodistas partidarios de De Boedo vengo, Paladino cumple la función real de “cajero” y “asesor político” del presidente. Sobre la pelea en el plantel que volvió más visible la crisis (¿terminal?) que atraviesan en el Bajo Flores, cualquier periodista de farándula sabe que Migliore, por decisión propia, reporta a la barra antes que a nadie. La amistad se selló el 7 de mayo del 2010, cuando La Butteler organizó una fiesta en el boliche Acqua, en Puerto Madero (propiedad del actual vocal Marcelo Moretti), para recaudar fondos para viajar al Mundial de Sudáfrica. En medio de la algarabía comenzaron algunas discusiones entre miembros de La Butteler y El Mástil (una facción disidente). Las discusiones por el reparto de esos fondos terminaron en pelea a puño limpio, y ahí Migliore se sumó a la Butteler, repartiendo piñas entre los de El Mástil.

Mini lecciones de historia azulgrana Dos presidentes son los grandes responsables de que el Ciclón ande con tos de tuberculoso y no pueda soplar más fuerte que una brisa. Son los que antece-

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dieron a Abdo: Fernando Miele (fue elegido cinco veces consecutivas en 1986, 1989, 1992, 1995 y 1998) y Rafael Savino (vice en 2001-04, y presidente en 2004-07 y 2007-10). Fernando Miele se dio el gusto de organizarle un partido de despedida a Menem en el ‘99, en el que el riojano jugó con una camiseta con los colores azulgrana. La concurrencia, muy elegida, aplaudió tímidamente. Miele fue el primer presidente de un club grande que propuso darle el manejo del fútbol a una multinacional de marketing e inversiones. Se trató de ISL, la empresa suiza que quebró hace unos años y cuyos negocios y negociados armarán un gran alboroto en el Congreso de FIFA que se reunirá en Tokio. Miele no logró gerenciar el fútbol, pero sí el resto del club, dándole la concesión a Nuevos Clubes Argentinos, emprendimiento del quebrado Banco Patricios (estuvo en Racing, Almagro e instituciones como la Asociación Bancaria). Fue así que se pudo ver más de una vez utilizando las instalaciones al ex presidente de Huracán y capo de los bancarios Juan José Zanola (actualmente preso por sus conexiones con la mafia de los medicamentos). Cuando Miele asumió, San Lorenzo tenía 25.000 socios, que pasaron a ser 11.000 cuando dejó la presidencia en 2001. La deuda era por entonces de 30 millones de dólares que, gracias a la pesificación de Duhalde, se vio reducida. Savino, apoyado por Grondona (sociedad que disuadió a los opositores a presentar lista), logró presentarse como único candidato en 2007, logrando la ridícula cantidad de 675 votos. Sobre esa sólida plataforma política creó la Comisión del Centenario, que integraron, entre otros, Marcelo Tinelli y el actual presidente Carlos Abdo (quien llegó a pedir la quiebra del club). Se contrató a Ramón Díaz como DT y vinieron figuras de alta cotización –D’Alessandro, Bergessio y Solari, entre los más notorios– y personajes como Félix Orode, un nigeriano que decía haber jugado en la selección de su país, pero cuyo único antecedente registrado en el fútbol profesional era el club que le vendió el pase (Unión San Felipe de Chile, propiedad del ex vocero de Menem, Raúl Delgado, y sede de muchas operaciones de triangulación en los pases para burlar

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controles y evadir impuestos). Entre su paso por San Lorenzo y la cesión a Chicago (el Ciclón se hizo cargo del 70% de su sueldo en Mataderos), Orode costó más un millón de dólares, mientras que sus dotes son comparables a las de cualquier vecino aficionado a jugar en una canchita de cinco los fines de semana. “El fútbol es un negocio deficitario en todos sus aspectos”, le aseguró Tinelli en un reportaje a Juan Alberto Badía. “Yo perdí mucha plata con San Lorenzo”. Con este paso de Tinelli (que posee porcentajes de los pases de Botinelli y Menseguez), el conductor de TV dejó en claro que dejó de ser el último recurso, el famoso fanático y salvador. La salvación de Tinelli se la fumaron en dos años.

y una situación deportiva alarmante que parece empujarlo al borde del descenso), en San Lorenzo hay una única utopía que genera alguna esperanza: la vuelta a Boedo. Unas palabras de la Presidenta de la Nación de aliento a la sanción de la Ley de Restitución Histórica, que expropiaría todo el predio en que estuvo situado el Gasómetro de Avenida La Plata y lo devolvería a la institución, le dio bríos a la acción de la Subcomisión del Hincha, donde vienen trabajando en serio por la recuperación de los terrenos de Avenida La Plata. De ahí a pensar que el actual estadio se desmontará como un rasti, pieza por pieza, para erigirlo en el viejo barrio hay un trecho inmenso. Más cerca de descender que de volver

El último balance, ya en la gestión de Abdo, habla de una deuda que supera con creces los 30 millones de dólares. Como cuando se fue Miele.

al barrio, los menos apasionados plantean que es una locura abandonar un estadio que tiene poco más de quince años y construir uno nuevo que, por lo menos, duplicaría la astronómica deuda. De todos modos, en un club en desastrosa situación deportiva, económica y política, la recuperación del predio histórico sería una muy buena noticia. Mucho mejor que la triste realidad que más de la mitad de los pases del plantel no pertenezcan al club (la empresa brasileña Traffic es dueña del 40%) o que uno de los médicos, que como la mayoría de los empleados no cobra desde hace varios meses, no deje de tener la cuota social al día.

Con B de Boedo Asomándose nuevamente al foso del descenso, sin respuestas a la crisis, Abdo pidió “calma y esperanza al pueblo sanlorencista” luego de que asumiera la conducción técnica Leonardo Madelón, un técnico itinerante de segundo orden que se recicla y gira por un circuito de clubes parecido al de Gorosito o al de Troglio. Frente a este panorama (endeudamiento inmanejable, un plantel desvalorizado


Precio de tapa

River fue ¿noticia? por un par de cuestiones extra-futbolísticas, y nuestro columnista, que supo estar del otro lado del mostrador, se pregunta si está bien que se publique lo que hacen los jugadores de fútbol en su tiempo libre. Entrá en la nota y debatí con él. Por GUSTAVO LOMBARDI

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras”. Bertrand Russell (1872-1970). Filósofo, matemático y escritor británico. En la pequeña cocina de una casa del conurbano bonaerense, una madre pone sobre la mesa la cena para su pequeño hijo recién llegado del entrenamiento. El chico, casi sin sentarse, dispara la frase tan espontánea como llena de seguridad e ilusión: “Mamá, mi sueño es salir en la tapa del diario”. El padre, poco aficionado a los deportes, sin sacar la vista del diario, deja caer también su opinión: “cuidado con lo que deseás, hijo, que se puede volver realidad”. Años más tarde, el deseo de uno y la advertencia del otro finalmente se cristalizan. La tan ansiada tapa llegó a todo color y con un título lo suficientemente polémico para que el teléfono comenzara a sonar desde temprano en aquella misma cocina donde todo había comenzado. Nada de fútbol había en aquella foto. Pero eso, a esta altura, ya no debería sorprendernos. Día a día, la aparición de deportistas (en especial, futbolistas) en las tapas de los medios no especializados o en los programas de chimentos es cada vez mayor; y pocas veces sus apariciones tienen que ver con logros deportivos. Hay algunos que buscan y disfrutan de tan alta exposición en ámbitos tan alejados del deporte, pero son la excepción.

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La relación entre periodismo y deportistas nunca fue sencilla. Como toda relación, depende mucho de cada una de las partes. El éxito o fracaso de la misma reparte, hacia un lado y el otro, méritos y culpas. Hasta dónde es correcto o ético que llegue un periodista en su afán de informar es una pregunta cuyas respuestas suelen dejarme francamente insatisfecho, tanto ayer, como sujeto analizable, como hoy, como sujeto analizador. Vamos, que ni de un lado ni del otro del mostrador puedo tener una certeza. Cualquier jugador que salga en una foto comprometida durante sus horas fuera del trabajo está convencido de que el límite fue superado. Que lo que haga fuera de un entrenamiento o un partido no tiene por qué ser noticia. Cualquier periodista que tenga una foto comprometida de un deportista fuera de sus horas de trabajo está convencido de que el límite de ninguna manera está superado. Que esa foto es noticia porque, entre otras cosas, el deportista es siempre deportista más allá del lugar donde se encuentre. La noticia, real o no, expone al jugador. Lo compromete con su familia, por

supuesto, pero también lo compromete ante sus compañeros, su entrenador, ante aquellos que le pagan su envidiado sueldo y, principalmente, lo expone ante sus hinchas. Ellos, como el fútbol, también han cambiado con el paso del tiempo. A diferencia de décadas pasadas, ya no les parece simpático que sus ídolos se paseen por los lugares de moda hasta altas horas de la noche en compañía de la chica del momento. Todo lo contrario, el fanático exige, en este fútbol súper profesionalizado, total compromiso con los colores, un deber sacerdotal a la profesión. La noticia, real o no, si no es publicada, expone también al periodista. Lo compromete ante su jefe, ante sus colegas, pero principalmente ante el público que lee su diario. Público, que como el fútbol, también ha cambiado con el paso del tiempo. A diferencia de décadas pasadas, ya no le alcanza con las noticias únicamente deportivas. Todo lo contrario, el lector exige también saber qué hace su ídolo fuera de la cancha, con que chica del momento sale, adónde la lleva y a qué hora se acuesta. Desde muy pequeños, estos jóvenes se

La relación entre periodismo y deportistas nunca fue sencilla. El éxito o fracaso de la misma reparte, hacia un lado y el otro, méritos y culpas.


preparan para ser los mejores en su profesión. Se preparan, entre otras cosas, para soportar la presión de estadios colmados, para soportar momentos de una tensión extrema. Pero para lo que nunca fueron preparados es para soportar la presión del éxito, de la popularidad, de la fama. ¿Recuerdan aquella publicidad de gaseosa donde un “recién llegado” Saviola le pedía consejos a Verón sobre qué hacer ahora que era famoso? El actual capitán de Estudiantes le decía: “Nada. Con la fama todo es más fácil! ¿Querés salir en los diarios? ¡Click! ¿Querés contratos de publicidad? ¡Click! ¿Querés mujeres? ¡Click! Lo que quieras”. Es cierto: en esos momentos lo que se desea se consigue con el simple chasquido de los dedos. Y lo que no, también. Eso no se lo dijo Verón al pequeño Saviola, que en aquel momento sólo quería una gaseosa. Tal vez no se lo dijo porque no lo sabía. Tal vez porque no le importaba. O tal vez porque no estaba en el guión. Pero lo cierto es que pocos están preparados para salir indemnes de la fama. Extrayendo quirúrgicamente sólo sus pedazos más sabrosos, dejando a un lado todo aquello que no nos da placer. El camino que lleva a esa popularidad se hace a través de los medios de comunicación. Que por algo se los denomina “masivos”. Y esa “masiva” popularidad que tanto aman y odian los deportistas, dependiendo de cómo les convenga, no siempre es alcanzada sólo por méritos deportivos. Me animaría a decir que nunca es alcanzada solamente por méritos deportivos. El protagonista disfruta, saca réditos, se presta al juego. Luego no podrá, como en el derecho civil, alegar desconocimiento de la norma como excusa para su obligatoriedad y cumplimiento. Este principio abstracto de eficacia normativa que rige entre medio masivo y protagonista es tan flexible, tan tolerable, tan abierto a la interpretación personal que es muy difícil de aceptar sin generar alguna mínima mueca de desagrado. Utilizo el caso que disparó la idea de esta nota como ejemplo: las dos tapas sobre River que salieron en primera plana, una muy cerca de la otra, a partir de supuestas fiestas en una pizzería y en

un barco de algunos de sus jugadores. Estos dos ejemplos me disparan varios interrogantes y nada cambiarían si los hechos fueran reales o simples falacias. ¿Está bien que se publiquen noticias de lo que hacen jugadores de fútbol en su tiempo libre? ¿Es casualidad que esas tapas coincidieran con un momento de gran cuestionamiento de parte del público hacia los jugadores por los primeros malos resultados obtenidos en la B Nacional? ¿Está bien que los jugadores dejen de hablar a partir de ese momento con toda la prensa a pesar de saber qué sector en particular había lanzado la polémica? Cuando algunos periodistas se indignan porque si los protagonistas no hablan es el hincha el que pierde, ¿piensan realmente en el público o temen que queden

expuestas sus propias limitaciones como periodistas? No tengo, como dije en el comienzo, ni una sola respuesta a estos interrogantes que me deje totalmente satisfecho. Hay, tal vez, una palabra que puede servir como comienzo de una búsqueda: ética, esa parte de la filosofía que trata de la moral de los actos humanos y que permite calificarlos como buenos o malos. Ética deberán tener los deportistas para saber cómo deben comportarse dentro de un campo de juego, pero mucho más fuera de él. Ética deberán tener los periodistas para saber cómo deben comportarse a la hora de informar al público. Ética deberá tener usted, amigo lector, a la hora de elegir qué medio de comunicación escoge para informarse.

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El Mundial EE.UU. 1994 fue el de mayor concurrencia de público a los estadios: 3.587.538 espectadores presenciaron sus 52 partidos.

Asunto: EL TEMA ES TEMPERLEY De Luciano Scordato

Soy lector de la revista desde la version 1.0. Y un hincha del sufrido y querido Club Atlético Témperley. En estos momentos el club es un desastre, política y deportivamente hablando. En fútbol, estamos por entrar en Promoción con la 1° C y en lo institucional, el nuevo gobierno, electo hace un año y medio, se maneja con una falta total de idoneidad y un desinterés y soberbia sorprendentes. No se informa de nada al socio, las decisiones se toman en una mesa chica de tres personas, en las cuales uno no es dirigente. Ya hubo marchas, convocando asamblea extraordinaria, también pedidos a la CD, pero nada cambio. Quería preguntarles a Uds.: ¿qué posibilidades habría de que aborden el tema? Un Caño: Lo tenemos en carpeta.

Asunto: LA VERGUENZA DE TUTTI De Mario Raúl Bordón Les vuelvo a escribir desde Concordia (Entre Ríos), tal como ya lo hice en un mensaje que ustedes tuvieron la gentileza de publicarme en esta misma Sección hace más de un año. En esta oportunidad me quiero referir a lo que yo considero que -parafraseando el título de un recomendable libro de vuestro Secretario de Redacción, Pablo Llonto- constituye la última gran vergüenza de todos los que nos sentimos vinculados (de muy diversas maneras) al deporte argentino en general y al fútbol argentino en particular: la nueva reelección de Julio Grondona para conducir los destinos de AFA. La especie humana es, afortunadamente, muy diversa. Ningún sector social ni grupo político podría arrogarse el monopolio de la ética. La contradicción es inherente a la condición humana. Pero difícilmente exista, en la actualidad, un dirigente social igual (o más) vergonzoso y vergonzante que Julio Grondona. A nosotros, sus contemporáneos, nos costará muchísimo (si es que podemos lograrlo) explicarle a las futuras generaciones el despropósito institucional que implican sus 32 años ininterrumpidos (más los que se agreguen de su nuevo mandato) al frente de la institución que nuclea a todos los actores del deporte mas masivo de Argentina. Aquí surge un aspecto insoslayable a la hora del análisis. La principal banca (y, acaso, la única) que sostiene -en este momento- a Grondona en el sillón presidencial de AFA es el 56 UN CAÑO | DICIEMBRE 2011

fuerte respaldo que le brinda el actual gobierno nacional que encabeza Cristina Fernández de Kirchner. Es impensable que Grondona pudiera mantenerse un solo instante al frente de AFA si la Casa Rosada le retirase ese respaldo. Nadie podría sostenerlo. Nadie querría sostenerlo. Ni siquiera la FIFA realizaría la muy temida desafiliación de AFA si Grondona es desplazado por el Estado argentino en la medida que -como es obvio- no se afecten los intereses de la multinacional del fútbol que preside Blatter. Porque, más allá de sus cargos institucionales en FIFA, Grondona tiene mucho menos peso dentro del fútbol internacional del que le atribuimos en Argentina. Solo resulta insustituiblemente funcional y estrictamente necesario -por ahora- para el gobierno que encabeza Cristina. Esta es la verdadera razón por la que los genuinos opositores a la reelección de Grondona dentro de la dirigencia del fútbol argentino (Raffaini, Gámez, Burgallo, Marón) decidieron dar un paso al costado y abstenerse de presentar una lista alternativa en la Asamblea Ordinaria de AFA realizada el 18 de octubre de 2011 y en la cual Grondona fue reelecto sin oposición visible. Nadie quiso avanzar (estatutaria y políticamente) porque enfrentarse con Grondona implicaba enfrentarse -en este momento- con el actual Gobierno Nacional. También es cierto que existen miedos adicionales en muchos dirigentes del fútbol argentino, especialmente en aquellos que no quieren continuar padeciendo a Grondona, debido a las brutales metodologías de disciplinamiento interno que siempre ha impuesto Don Julio. Se le teme a pitazos arbitrales deliberadamente desfavorables en partidos decisivos. Se le teme al retaceo de algún adelanto de dinero que permita superar alguna deuda urgente y asfixiante. Se le teme al bloqueo de algún pase internacional de algún jugador cuya transferencia pueda oxigenar las exhaustas arcas de los clubes. Pero estos no fueron los aspectos determinantes del retroceso del grupo opositor. La causa excluyente por la que muchos dirigentes del fútbol argentino decidieron no seguir avanzando contra Grondona se debió al fuerte respaldo que el actual Presidente de AFA tiene de un gobierno nacional que acaba de ser reelecto por una amplia mayoría de la sociedad argentina. Así de simple para su comprensión. Así de complejo para su resolución. Y aquí me quiero referir, con absoluta honestidad intelectual, a lo que yo pienso de la postura periodística de Un Caño ante este fenómeno. La línea editorial de esta revista es confesamente kirchnerista. Y esto me parece legítimo y respetable. Porque no existe nada más politizado y políticamente regresivo que el tramposamente reivindicado “periodismo independiente” y que el engañosamente declamado “apoliticismo deportivo”. Pero la postura periodística que viene adoptando Un Caño, especialmente en los últimos tiempos, deviene en un oficialismo acrítico en muchos aspectos. Y el más significativo de estos aspectos es, precisamente, el de omitir la evidente connivencia política que existe entre el actual gobierno nacional y Julio Grondona. Ustedes suelen referirse y presentar a toda la problemática que gira en torno de Grondona como un fenómeno totalmente ajeno e independiente al actual gobierno nacional. Y, en honor a la verdad, es todo lo contrario. La permanencia de Grondona como presidente de AFA se debe, exclusivamente, a una decisión política expresa del gobierno nacional. Porque Grondona es, actualmente, el gran puntero kirchnerista en el ámbito del fútbol argentino así como antes lo fue de la empresa Torneos y Competencias” y del multimedio Clarín. Acaso, la mejor prueba de ello la han brindado, paradójicamente, ustedes en el número anterior de Un Caño cuando nos hicieron saber que un mero llamado telefónico de la Pre-


En 1938, el inglés George Hall marcó tres goles en tres minutos y medio para la Selección de su país ante Irlanda, en Manchester.

sidenta de la Nación a Grondona fue suficiente para desplazar de la transmisión televisiva de Fútbol para Todos a dos impresentables dinosaurios del periodismo deportivo: Marcelo Araujo (quien había sido redimido por la propia televisión pública como “el relator del pueblo”) y Julio Ricardo. No cabe duda que Grondona sabe, perfectamente, cuál es la única gran fuente de poder que lo sostiene al frente de AFA. Sus opositores, también. Existe, por cierto, una larga lista de aspirantes a ocupar la Presidencia de AFA en las filas del kirchnerismo ortodoxo. Pero, a juicio de Cristina y su “mesa chica”, ninguno de ellos califica -todavía- para desplazar a Grondona. Porque ya constituye un secreto a voces (en todo el país) que Grondona es considerado “un mal necesario” por la cúpula del oficialismo. No es una estima personal ni dirigencial lo que hace que el actual gobierno nacional sostenga a Grondona. Es el modo de gestión de Grondona lo que le viene como anillo al dedo al kirchnerismo, que necesita un gran operador de estas características para manejar al mundo del fútbol. Solo hace falta que aparezca un “Grondona kirchnerista” para que el ferretero de Sarandí nos anuncie su “retiro voluntario”, lo cual ocurrirá, seguramente, mucho antes que culmine su nuevo mandato estatutario. Soy abogado y he podido comprender que las cuestiones políticas son, primero y ante todo, cuestiones de hecho y no de Derecho. Yo no soy kirchnerista. Nunca he votado (ni jamás votaría) al Frente para la Victoria. Pero eso no me impide reconocer que la decisión del actual gobierno nacional de implementar el Fútbol para Todos implicó un salto cualitativo democrático en el acceso a la emisión televisiva directa de todos los partidos del principal Torneo de AFA. No es poca cosa. Es un significativo logro social del cual difícilmente pueda haber retorno. El problema reside en que el dinero aportado por el Estado en concepto de derechos de televisión lo sigue distribuyendo, con igual discrecionalidad, el mismo Grondona que era socio (hasta hace, apenas, dos años) de Torneos y Competencias. El Estado no ha tomado siquiera la sencilla decisión de entregarles, directamente, a los clubes el dinero que les corresponde por sus derechos de televisión. Todo sigue pasando por Don Julio, quien sigue teniendo una amplia clientela cautiva. Y, a través de Grondona, el gobierno nacional tiene cautiva a toda (o a casi toda) la dirigencia de los clubes, aunque -nobleza obliga- los beneficios que reciben actualmente los clubes por derechos de televisión son muy superiores a los que recibían en la etapa del fútbol codificado por una señal privada. Grondona no ha sido una creación del kirchnerismo. Pero su nueva reelección como Presidente de AFA se debe, única y exclusivamente, al decisivo aval que, ahora, tiene del actual gobierno nacional. Apelando a un lugar común sólo les ruego que no contribuyan a que el árbol nos impida ver el bosque. No presenten al fenómeno Grondona como algo ajeno al gobierno nacional La permanencia de Don Julio al frente AFA es inescindible de la voluntad política de Cristina y su séquito. Al menos, por ahora. Más allá de mis diferencias políticas con ustedes, sigo pensando que Un Caño es una publicación que nos ha permitido acceder con una óptica diferente a muchos aspectos del deporte argentino. Y yo reivindico y me identifico con esta apuesta periodística. Compartimos mucho de lo que decís y por eso te sugerimos que leas mejor a Llonto y Hamilton, quienes en varias ocasiones dijeron que es un avergüenza que Grondona se siente a una mesa con Cristina Kirchner. Te lo graficamos bien clarito: muchos de los que hacen la revista son kirchneristas (no todos, por supuesto) pero no comemos vidrio. La próxima vez, por favor, escribí más corto, por respeto a tus compañeros lectores.

Asunto: CORRECCIÓN De Sebastián Ciapponi

Escribo para decirles que Román Iucht, en la nota “El valor de la paciencia”, puso que Martín Aguirre, el ahora jugador de River Plate, jugó el Clausura pasado en Godoy Cruz. En realidad, jugó para Olimpo de Bahía Blanca.

Asunto: SIGUE EL TEMA PASMAN De Sebastián Pérez

Es la primera vez que les escribo. Debo decirles que tengo serias diferencias ideológicas con ustedes. Sin embargo, es un producto de altísima calidad el que ofrecen. Me quiero referir, si me permiten, a la putrefacta carta de lectores (¡me indignó!) que envió la mujer del vomitivo, impresentable, patético, repugnante, vulgar, soez y asqueroso Tano Pasman. Es una obviedad decirlo, pero lo hago: los apoyo, estoy con ustedes ante el ataque miserable de la señora. Ella habla de amarillismo (que supuestamente hacen ustedes, postulado falso, claro), pero lo más probable es que Cristina y su familia miren a Jorge Rial o lean alguna publicación del amarillista y pro Proceso que dirige Editorial Perfil… Me parece que la señora se proyecta: lo que no acepta en ella, se lo encaja al otro. Hay una frase que dice que “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”. La reformulo: “detrás de un gran hombre estúpido (el Tano Pasman lo es), hay una gran mujer estúpida”. Además, la señora, muy primitiva ella, trata de ningunear a la revista. ¿Quién se cree que es? La que insulta, calumnia e injuria es ella, a los periodistas y a los lectores de Un Caño. También opino que en las líneas que redactó la mujer del unineuronal Pasman hay un tufillo dictatorial. Debería saber la mujer que llevar a un periodista o a un medio a la Justicia por una simple opinión está prohibido (la ley avala a la prensa y no a los planteos que hace la ignorante Cristina). La mujer quizás quiere volver a épocas nefastas, tal vez está a favor de censurar comentarios que no comparte. Seguro que si Videla leería la carta de la señora, se le escaparía un lagrimón, reivindicaría a la mujer y nostálgicamente le gustaría volver a aquellos viejos y oscuros tiempos. La herencia de la dictadura está, por ejemplo, latente hoy en día en la figura de Cristina Pasman. DICIEMBRE 2011 | UN CAÑO 57


UN CAÑO INVESTIGA

Por GUSTAVO VEIGA

El precio del poder

Refugiado en sus inmuebles de Puerto Madero, acosado por los problemas de salud y abandonado por alguno de sus ex amigos, Julio Grondona ve consumir sus días entre el manejo discrecional y desastroso del fútbol argentino y los recuerdos y expedientes que se deslizan, con nombres de aquellos que alguna vez le vendieron su alma al diablo.

D

os cosas son ciertas y señalan con nitidez el modo en que Julio Grondona atenderá los asuntos del fútbol en su, esta vez sí, último gobierno. La primera es que algo se rompió entre él y Eduardo Deluca, uno de sus laderos más antiguos y fieles. Ahora los separa una distancia que es igual a la que tomó el presidente de la AFA de aquellos que ya no hacen de la incondicionalidad una virtud. Grondona se aisló en su departamento de Puerto Madero, rodeado de sus afectos más cercanos: su mujer y sus tres hijos, con quienes comparte el mismo edificio. La segunda cuestión es que por ese motivo, alguien desempolvó la teoría del cerco en torno al presidente de la AFA. La misma que difundieron los Montoneros sobre Perón en pleno auge de José López Rega. Ahora lo mencionan como argumento –y lo susurran a los oídos– ciertos dirigentes que perdieron llegada al viejo patriarca de Sarandí, sobreviviente de un racimo de denuncias por corrupción, decenas de muertes en el fútbol, conspiraciones políticas en su contra pero, aún así, robustecido en ocho reelecciones sucesivas, desde la primera en 1983 a la última del 18 de octubre pasado. “Parece que la gota que colmó el vaso fue la denuncia con cámara oculta que Ávila (por Carlos) le hizo a Julio. A Eduardo lo hace quedar en el video como un vigilante. Eso los enfrentó”, cuenta una fuente que conoce tan de cerca a Grondona como a Deluca. Puede que eso ex-

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plique la discordia actual entre ambos. Pero hay más razones que lo volvieron refractario al ex vecino ilustre de Sarandí. Muy pocos directivos dieron la cara públicamente por él ante los embates mediáticos de Daniel Vila, y las sospechas de corrupción deslizadas a la ligera por Ávila tras su affaire con la cámara oculta difundida en América TV. Un fallo reciente del juez de Instrucción Jorge López fue lapidario con el ex dueño de Torneos y Competencias (TyC) y su denuncia contra el mandamás del fútbol criollo: los fundamentos –señaló su señoría– “carecen del mínimo apoyo probatorio y del menor sustento indiciario”. Y cerró el caso con la certeza de que “no afecta el buen nombre y honor de que gozaba” Grondona. Va aquí una digresión sobre el tema, si se permite. El también vicepresidente de la FIFA, aclamado por unanimidad en medio del escándalo que armó el empresario Vila a las puertas de la AFA, está persuadido de que su amigo –aho-

ra presuntamente caído en desgracia– es informante habitual de este periodista. Le atribuye al secretario general de la Conmebol (al cierre de esta edición todavía se mantenía en el cargo, pese a las versiones sobre su renuncia) una buena dosis de lo que aquí, en ciertas notas, se publica. Dos motivos lo inducen a caer en ese error. Uno personal, que ya había transmitido hace más de diez años, sentado en un despacho de la AFA que no era el suyo y cual maestro ciruela: sacó de un cartapacio una serie de artículos que le habían molestado y sintetizó su ira en esta pregunta/afirmación: “¿Por qué a mí me atacás siempre y a él no?”. La respuesta, que no lo ruborizó, fue: “yo no lo ataco, lo que ocurre es que usted es un dirigente mucho más importante”. Esa manía persecutoria de Grondona se acentuó con la edad. Deluca dialoga con Un Caño, como mucho, una vez por año. De más está decir que la segunda razón de su sospecha es un tanto banal. El secretario, su inseparable compañero des-

De Luca reconoció que hacia veinte días le había presentado su renuncia a Grondona en Buenos Aires. Y agregó que el paraguayo Nicolás Leoz estaba “en un brete” porque es amigo de los dos.


de los tiempos compartidos en el Ascenso con Arsenal y Defensores de Belgrano, es hincha y ex presidente del último equipo, por el que sufre este periodista. Supone empatías a partir de la misma camiseta. Vade retro, Don Julio, si tiene esa idea. Sería como suponer que Luis Barrionuevo es una fuente permanente de nuestro compañero Pablo Llonto porque los dos son de Chacarita. Aunque el gastronómico lo es bastante menos (más vieja es su pasión por Independiente). Explicado ha sido ese peligro que intoxica a Grondona. Pero hasta donde se sabe, no es la primera oportunidad en que estos dos pesos pesados del fútbol se distancian. En una larga entrevista, la única en tres décadas que el autor de estas líneas le hizo a Deluca, el 10 de diciembre de 2001 –hace exactamente diez años–, cuestionaba algunas políticas de su viejo colega y amigo: “se le fue la mano cuando hizo el arreglo con Futbolistas Argentinos Agremiados porque comprometió seriamente la economía de la asociación madre, que es la AFA”. Y “lo de ‘todo pasa’ es una cuestión de Julio. Todo pasa, pero siempre algo queda. Y Grondona lo sabe”. En el reportaje publicado, por el diario Página/12, Deluca hacía un vaticinio que no se concretaría: “cuando se cumpla el ciclo de Grondona, paralelamente se va a cumplir el mío. Esto lo empezamos juntos y lo vamos a terminar juntos”. Parece que no será así si finalmente José Luis Meiszner, el actual secretario ejecutivo de la AFA y ex presidente de Quilmes, es designado en la secretaría general de la Conmebol. “Es un cargo muy trascendente, porque sólo hay seis en el mundo, tantos como las seis confederaciones de la FIFA”, comentó ante el rumor que lo daba como el sucesor. Cuando dialogó con esta revista, la mano derecha de Grondona no salía de su asombro por una denuncia que le atribuye a su archienemigo Vila, con quien él y su hijo Andrés (director del Registro Nacional de Armas), mantienen dos litigios judiciales. La misma salió publicada en el diario Libre y sostiene que los Meisz-

ner tienen tres cuentas bancarias por 12.245.975,21 dólares en los paraísos fiscales de Suiza y las Islas Caimán. Con humor, dijo que si fuera cierto preferiría esa suma millonaria a la designación en la conducción de la Conmebol. En la ciudad de Luque, Paraguay, Deluca presentó el último sorteo de la Copa Libertadores 2012, a fines de noviembre. En la fastuosa sede de la Confederación vecina al aeropuerto desmintieron su alejamiento: “en realidad no se fue, en la reunión no se presentó ningún tipo de

(dijo que su objetivo es “seguir creciendo con la Confederación”), pero cuando Un Caño lo llamó a su celular, reconoció que hacia veinte días le había presentado su renuncia a Grondona en Buenos Aires. Y agregó que el paraguayo Nicolás Leoz estaba “en un brete” porque es amigo de los dos. Meiszner, quien disimula mal su interés en el puesto, ya habría recibido la promesa del presidente de la AFA de que será suyo. También es cierto que a Deluca lo afectan problemas de salud. Postergó una operación

renuncia y no pasó absolutamente nada. Esta es una situación que seguramente se va a aclarar. No se tocó el tema”, aseguró el presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), Juan Angel Napout. Desde Buenos Aires, Grondona negó su enfrentamiento con Deluca, pero aportó en simultáneo un dato que sembró más confusión en esta telenovela por entregas: “a Eduardo no lo veo desde hace unos quince días. El renunció el lunes por cuestiones de salud”. El secretario general de la Conmebol se hizo el desentendido en Asunción

porque un cuadro de estrés no le permite concretarla. Grondona, aquejado por las molestas derivaciones de una intervención en los intestinos, sufre más de lo que disfruta los primeros días de sus últimos años al frente de la AFA. Su entorno familiar lo protege, lo aleja de presencias irritativas, pero también lo cerca. Desearía hacer la plancha en su cargo, pero nada en aguas turbias rodeado de tiburones. ¡Pobre Don Julio! Ya bastante tiene con los periodistas que detesta, el dueto Ávila-Vila y las cámaras indiscretas.

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Más te quiero, más te pego

Sus historias serán inseparables, en la vida y en la muerte. El fallecimiento de Joe Frazier reflotó, de otras maneras, la sombra de Alí. De esta manera dos de los enormes boxeadores de todos los tiempos, permiten con sus odios mutuos que nuestro compañero lleve a fondo una recreación de los protagonistas de las verdaderas peleas del siglo. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

M

uhammad Alí recitaba su poema habitual, en 1971, en Nueva York, horas antes de la primera de sus tres peleas contra Joe Frazier. La mejor de todos los tiempos del boxeo, según muchos especialistas. “I’m gonna come out smokin / and I won’t be jokin” (Voy a salir echando humo / Y no estaré de broma). Lo que hería a Smokin Joe Frazier era otra cosa. “Voy a darte una paliza, Joe, y también les daré una paliza a todos esos blancos que te protegen”. Unos años antes, Frazier había pedido por Alí cuando el gobierno de Estados Unidos quiso enviarlo a prisión por negarse a combatir en Vietnam. Le dolía que ese hombre a quien él había apoyado le dijera ahora que él era un Tío Tom. Y le dolía todavía más que se burlara de su técnica inferior y de su discurso limitado, llamándolo con un despectivo “gorila”. “Habrá matanza en Manila, cuando me enfrente con el gorila”, fue el poema favorito de Alí antes de la tercera pelea en 1975, en Filipinas, acaso la más épica de la historia. Séptimo hijo varón entre doce hermanos, de los cuales cuatro murieron de

niños por enfermedades de la pobreza, precoz cosechador de algodón semi-esclavizado en los pantanos de Carolina del Sur, a 15 centavos la canasta, y casado a los 16 años con Florence, Joe Frazier vivió hasta su muerte bajo la sombra de Alí. Uno de sus once hijos encontró hace unos días un cofre donde Joe guardaba objetos muy personales. Estaba el póster de la primera pelea de 1971 con Alí, la única de las tres que él ganó. Aún hoy se la recuerda como la pelea de los 5 millones de dólares, cifra record para esos tiempos. El Wall Street Journal llegó a hablar de un negocio global de 40 millones. Alí y Frazier, en realidad, se quedaron con apenas 400.000 dólares cada uno. Destrozado tras haber sido golpeado como nunca antes, Alí asistió en el vestuario a una escena aún más increíble. Un hombre pequeño comenzó a guardar dentro de un bolso sus borceguíes, guantes y pantalón. “Estas prendas pertenecen a los promotores. Serán subastadas”, afirmó el hombre. “¡Los promotores ya han hecho millones! –replicó furioso Drew Bundini Brown, asistente de Alí– ¡Ya tienen a ‘El Más Grande’ (The Greatest) sangrando,

con la mandíbula rota, los labios cortados, los huesos doloridos! ¡Ha dado su sangre! ¿Qué más quieren de él ahora?”. La Norteamérica blanca y nacionalista saludó esa noche la derrota del rebelde y bocón. Alí, ya no el formidable bailarín de los ‘60, después de tres años y medio de suspensión, cree que jamás golpeó a un rival tantas veces en la cabeza como ese día. “Ahora sé que Joe es capaz de dejarse matar, antes que darse por vencido”, pensó tras el noveno round, cuando dio casi siempre en el blanco, le hinchó los ojos e hizo sangrar a Frazier. Pero Smokin Joe (Joe el humeante), lo tiró por primera vez a la lona (contaron hasta ocho en el último round), le destrozó las costillas, lo dejó sin piernas y ganó bien. “No hace falta ir a la cabeza; si los riñones y el hígado dejan de funcionar, el rival deja de moverse”, explicó una vez Frazier sobre su táctica de ir siempre hacia adelante, como la locomotora que echa humo. Frazier, que sólo medía 1,80m –bajo para la categoría–, aprendió su célebre gancho de izquierda jugando de niño a pelear contra su padre, que sólo usaba la

“Estoy orgulloso de que puedan ver el daño que le hice a ese hombre en la mente y en el cuerpo” (Joe Frazier sobre Alí). 60 UN CAÑO | DICIEMBRE 2011


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mano derecha, pues le faltaba el brazo izquierdo. Joe, quien pasó varias semanas en el hospital tras el combate, recibió sobre el ring el reconocimiento del propio Alí. La prensa del establishment imaginó a un Alí humillado. Fue todo lo contrario. Al día siguiente, mujeres y niños se empujaban por tocarlo en el hotel. Celebridades lo buscaban. “Con jurados que están más cerca de los veteranos de guerra que de un musulmán, con la gente que me despojó del título, es difícil, pero no me ganará la próxima vez”, dijo Alí. Un admirador le gritó “campeón”. Alí giró y le dijo “el campeón es Joe. Ahora sí podemos decirle campeón. No es un gran boxeador, pero es grande en lo que hace, el mejor golpeador con el que me enfrenté. Y es un buen compañero, todo lo que dije antes fue pura promoción”. Esa noche en el Madison Square Garden estaba Oscar Bonavena. Ringo ya había combatido con ambos. En la primera de sus dos peleas contra Frazier, en el Garden, en 1966, Bonavena derribó dos veces en el segundo round a Smokin Joe pero perdió en fallo dividido. Fiel a su estilo, que había aprendido justamente de Alí, Ringo promocionó el combate paseándose con un novillo por la Séptima Avenida. “Me robaron, para ganar allá hay que subir con un revólver”, le protestó al entonces periodista Juan Carlos Rousselot, por Canal 11. La segunda, en 1968, en Filadelfia, ciudad natal de Frazier, fue todavía más complicada. Las apuestas favorecían por supuesto al local. Los hermanos de Bonavena cuentan que Ringo sufrió un largo paseo en auto antes de la pelea y que le dijeron que su hija Adriana, que estaba

en el hotel con Dora, su madre, correría peligro si él ganaba. El drama dejó espacio a una de las anécdotas más divertidas de las tantas que se recuerdan sobre Bonavena. El primer round fue claro de Frazier, pero Ringo recibió aliento al llegar al rincón: “seguí así, que lo estás matando”. Lo mismo sucedió después del segundo: “dale, que vamos fenómeno”. Y también luego del tercero. “Bueno, che –cortó Ringo a sus asistentes–. Entonces miren al juez, porque acá arriba alguien me está cagando a palos”. Ringo soportó de pie acaso la paliza más dura de su carrera. Ganó fama de guapo. Por eso, los promotores de “El Combate del Siglo” (Alí-Frazier, 1971, en el Garden) enfurecieron contra Alí cuando se enteraron que éste, antes de la pelea, había acordado combatir contra Ringo, temerosos de que el duro Bonavena arruinara el negocio que se venía. Imposible olvidar esa pelea. Fue el 7 de diciembre de 1970. Casi 20.000 personas en el Madison Square Garden. Casi 80 puntos de rating por Canal 13. “¡Hice lo que no pudo hacer Joe Frazier, noqueé a Oscar Bonavena!”, se jactó Alí tras su triunfo en el último round. Pero Frazier le ganó al año siguiente a Alí, también en el Garden. La segunda pelea fue en 1974, otra vez en Nueva York. Es la menos recordada. Frazier (campeón de 1968 a 1973) ya había cedido el trono a George Foreman, quien lo tiró seis veces en dos rounds en Kingston, Jamaica. Y Alí venía de perder contra Ken Norton, quien le fracturó la mandíbula. Alí se tomó revancha y luego, contra todas las previsiones, le ganó a Foreman en un combate inolvidable en Kinshasha.

“¿Cómo es que creen que Frazier puede ganarme? ¿No saben acaso que vengo de vencer a Foreman?”, se preguntaba indignado Alí. Muchos le aconsejaban el retiro, pero en su entorno lo provocaron para animarlo a un tercer y millonario combate contra Frazier. Pocas veces se vio tanto sufrimiento sobre un ring. “Nunca experimenté algo así sobre un cuadrilátero, estoy al borde de la muerte”, pensó Alí en el noveno asalto. No tenía fuerzas para salir al décimoquinto y último. Angelo Dundee le señala que Frazier está peor. Su cara es una deformada masa sangrienta. Joe no sale, y Alí es otra vez el ganador. El último de los 41 rounds entre ambos. Esa noche, en una Manila de temperatura de infierno, Frazier declina la invitación del dictador filipino Ferdinando Marcos y, pese a la derrota, celebra una fiesta en el Hyatt Hotel. “¿La están pasando bien?”, pregunta. Y canta un rock para los invitados. Baila con su esposa Florence y con una de sus hijas. Le preguntan si ahora, sin más peleas contra él, podrá ser amigo de Alí. “Seguro que eso es lo que espero”, responde. Alí, en cambio, sí cena con Marcos, y el dictador le recuerda que antes del combate habían apostado con Frazier un millón de dólares. “No, Joe no me debe nada, y yo tampoco le debo nada. Nos pagamos todas las deudas que teníamos y que jamás tendremos el uno con el otro. Ahora los dos hemos quedado liberados”. Así, con esa escena, termina El Más Grande, la fabulosa autobiografía que Alí escribió junto con Richard Durham. Pero ese no fue el final. En el documental Thriller in Manila (2008), Frazier sigue enojado con Alí, ya enfermo de Parkinson

“No, Joe no me debe nada, y yo tampoco le debo nada. Nos pagamos todas las deudas que teníamos y que jamás tendremos el uno con el otro. Ahora, los dos hemos quedado liberados” (Alí sobre Frazier).

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desde hace varios años. “Todo lo que se permitió en su juventud volvió en la vejez para morderle el culo”. Y agrega: “Estoy orgulloso de que puedan ver el daño que le hice a ese hombre en la mente y en el cuerpo”. Daba su mano a un periodista y decía: “Todavía firme”. No temblorosa, como la de Alí. “Me trató como un blanco, lo ayudé y me llamó un Tom. Lo perdono, pero no lo olvido”, dijo una vez al periodista Dave Anderson. El inglés Mike Todd, un niño que en los ‘70 veía deslumbrado lo que significaba el boxeo en esos años en Estados Unidos, filmó un documental reciente, When the Smoke Clears, que busca rescatar la figura del Frazier que vivió casi toda su vida bajo la sombra de Alí. “El debate AlíFrazier –quién fue más estadounidense, quién tenía el corazón más ‘negro’– es

parte de una tradición: qué quiere decir ser un afroamericano en Estados Unidos”, escribió hace unos días William Rhoden en The New York Times. Joe Frazier murió fulminado por un cáncer de hígado. Lo enterraron hace unos días en su ciudad, Filadelfia, a sólo cientos de metros de donde se filmaron célebres escenas de Rocky. Sylvester Stallone imaginó a su personaje no después de la pelea de Manila, como muchos creyeron. Lo hizo inspirado en la resistencia de Chuck Wepner ante Alí, una masacre sobre el ring, en 1975. Wepner, que resistió unas 300 trompadas en su rostro en toda su carrera, “tenía más bolas que un arbolito de Navidad”, como llegó a describirlo Randy Neumann, uno de sus rivales. Filadelfia homenajea a Rocky con

una estatua en pleno centro de la ciudad. “Pero Rocky no era un campeón, y Joe Frazier sí lo era. Rocky es una ficción, Joe era real. Rocky jamás peleó contra Alí, Holmes o Foreman. Rocky jamás sintió el sabor de su sangre. En esta ciudad hay una estatua de Rocky, espero que erijan una dedicada a Frazier”. El reverendo Jesse Jackson, conocido luchador por los derechos civiles, hizo el pedido como orador principal durante el funeral de Joe. Jackson no se quedó allí, mientras Alí, sorpresiva presencia en la Iglesia bautista, lo escuchaba atento, detrás de sus anteojos negros. “Joe –dijo el reverendo– peleó con Alí en el ring y peleó por Alí fuera del ring. Peleó por la justicia, la libertad y la igualdad, igual que lo hizo Alí. Pero Joe siempre articuló mejor con sus puños que con sus palabras”.

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HOMBRES DE NEGRO

Por ALEJANDRO WALL Fotos FABIÁN MAURI

Un tal Juan en el confesionario

Fue árbitro internacional durante diecisiete años, y uno de los más recordados de aquellos hombres de silbato de los ’80 y los ’90. Colmado de anécdotas, escándalos y recuerdos sabrosos, Juan Bava repasa sus tiempos en la cancha y fuera de ella. En su última etapa, como comentarista de televisión, abundaron los entredichos y las agarradas con periodistas y ex jueces. Si usted buscaba historias ocultas, empiece por aquí.

U

n error persigue a Juan Bava desde hace más de veintidós años y no quiere soltarlo. Ocurrió durante el superclásico del 5 de febrero de 1989, en La Bombonera. Tiro libre para River. Lo pateaba Daniel Passarella. Mientras la pelota iba como flechazo hacia el arco, Bava tocó el pito. Jorge Higuaín, defensor de River, estaba adelantado. La pelota se clavó en el ángulo y, la verdad, Higuaín no tenía ninguna influencia en la jugada. Era un golazo. Bava se dio cuenta en el momento de lo que había pasado, y Passarella también: alzó los brazos sin entender nada. “Se me fue el pito y ya está”, dice Bava, como queriendo borrar la escena. El partido terminó en empate, y lo ganó River por penales, porque así se definían las igualdades en ese torneo. Fue el primer superclásico de Bava (dirigió once). Y aún se lo recuerdan. “Passarella todavía me lo echa en cara. Le pedí diez mil veces disculpas y cada tanto vuelve sobre el tema –dice el actual director del Instituto de Árbitros de la AFA que funciona en el club GEBA–. ¡Basta! Vamos a ser abuelos, no puede ser que siga con eso”. Passarella tampoco olvida que ese mismo año, cinco meses después, Bava lo expulsó de su último partido con River, también en un superclásico. Pero la espina es aquel gol, que hubiese sido el número cien del Káiser con la banda roja. “Me lo

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anuló porque era de Boca”, dijo el actual presidente de River tiempo después. “Desde los cuatro años soy de Boca. Me llevaron a la cancha de Boca y me hice hincha de ese club. ¿Qué tiene que ver? Passarella es hincha de Boca y, sin embargo, es presidente de River. ¡Y me parece muy bien!”, dice ahora Bava, en un intento más de cerrar de una buena vez por todas aquella polémica. –¿Esos errores te perturban mucho? –El problema es que cuando más te perturba el error, más errores cometés. Una condición que siempre damos como experiencia y enseñanza en el Instituto es que cuanto más rápido te sacás el error de la cabeza, más libertad tenés para ejercer la profesión. Quedarse con el error te lleva a compensar. Y lo que menos podes hacer es compensar. –¿Por qué fuiste árbitro? –De casualidad. Un novio de mi hermana dirigía en Primera y me invitó a hacer el curso. A mí me gustaba mucho el fútbol, iba a los torneos relámpago de Virreyes, el Bajo y San Isidro. La

bronca que le tenía al árbitro era mundial. Cuando me ofreció, le dije que no. Pero me corté el pelo y fui. Era 1972. El primer año ya iba a dejar porque no me gustaba ser asistente. Pero a fin de año me ascendieron a juez de línea de Primera. Y eso ya tenía otro gustito. –¿Cuál era el gustito? –Estar adentro, con los jugadores. Yo lo había visto siempre desde la tribuna. En ese tiempo dirigían Barreiro, Ithurralde, Pestarino… Ser línea de esos monstruos era ser parte del espectáculo. –¿Aunque sea el lugar más antipático? –Sí, pisar la cancha con el estadio lleno es una sensación única. –¿Vos a qué te dedicabas? –Tenía fábrica de calzado y un aserradero de leña de mis padres –¿El arbitraje no te daba plata? –No, yo hasta que llegue a Primera nunca tomé el dinero de AFA como algo sustentable para vivir. Era una propina, porque tampoco pagaban mucho. –¿Hay un momento de maduración de un árbitro?

“Desde los cuatro años soy de Boca. Me llevaron a la cancha de Boca y me hice hincha de ese club. ¿Qué tiene que ver? Passarella es hincha de Boca y, sin embargo, es presidente de River. ¡Y me parece muy bien!”.


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Sí, el árbitro llega hasta internacional y a los 45 años le sacan la chapa. Cuando termina de ser internacional por FIFA es lo mismo que ser general y pasar a ser sargento. Ya no sos lo mismo. –¿El corte es arbitrario? –Es por edad, una barbaridad. Porque hay árbitros que tendrían que dejar de serlo a los 40 y otros que puedan dar hasta los 50. –¿El retiro es difícil? –Es muy fuerte porque estás en la plenitud de la carrera. El árbitro no nace para ser árbitro, se hace. No creo que nadie tenga vocación de árbitro. Los que hablan de la justicia terminan abogados. No tenés vocación de árbitro, menos para que te insulten veinte mil personas. Es antinatural que te insulten. –¿Alguna vez reaccionaste? –En un Platense-Boca una vez me insultaron todos. “Bava, Bava compadre, la concha de tu madre”, era la música. Me puse a aplaudir porque toda la cancha me insultaba. Una linda música. Hasta yo la acompañaba. Para el árbitro es un problema cuando lo aplauden todos. Ahí estás haciendo mucha cagada. El insulto personal sí te molesta. A los dirigentes que después te doran la píldora en el vestuario los conocés a todos: jueces, arquitectos, abogados… Todos están ahí. Y son más barrabravas que los que están en la barra brava. –Vos dirigiste a varios pesados... –Antes teníamos tipos con ocho o diez años en un equipo. Defendían la camiseta y la sentían de una manera especial. Hoy, a los tres años están afuera. Había jugadores como Giunta o Alonso, que eran líderes. Nos conocíamos más, había un trato, había un código. –¿No era más difícil? –No, porque ellos ya sabían quién eras vos y quiénes eran ellos. Y la pasábamos bien porque éramos una familia. Cuando había que poner las cosas en su lugar, ellos sabían que la ponías en su lugar. A la hora de impartir justicia ya sabían que tenías toda la libertad del mundo. Otros no tenían libertad y los apretaban. El árbitro no es que acierte más o menos, simplemente tiene que ser creíble. Por más que no tengas aciertos, si sos creíble, el jugador te comprende, sabe que te equivocaste y punto.

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–¿Cómo se genera esa credibilidad? –Por naturaleza. A través de los años y los partidos se dan cuenta si vos arrugaste o no. Todos se dan cuenta enseguida de quién es quién. El árbitro se da cuenta de los jugadores y los jugadores del árbitro. –Alguna vez dijiste que “la camiseta del árbitro no se negocia”. ¿Qué significa? –Eso va mucho para los dirigentes y la gente del entorno. Muchos llevan y traen mercadería, compran y venden árbitros. Sigue pasando actualmente. Dicen “mirá, si vos querés ganar, tengo al árbitro”. Y nunca se produce esa relación. Yo he estado vendido en un partido Sarmiento de Junín-Chicago. Ascendió Chicago. Dirigí la final, le dí un penal a Chicago y después me encontré, a los pocos meses, con el tipo había puesto plata para comprarme. El tipo salió convencido de que yo estaba arreglado porque le dí un penal, así que puso con todo gusto la plata. Y a mí no llegó. –Hay empresarios, también. –Y ex jugadores, gente relacionada con el fútbol. Yo he hablado con presidentes y me han dicho de frente: “mirá, Juan, me han pedido tanta plata por vos”. –¿Y qué te pasaba cuándo te enterabas? –En algunos casos me enteré a los tres meses. Si me pasaba antes de dirigir, hablaba con los dirigentes. Una vez, Pedro Iso, gran dirigente de Independiente, me llamó para contarme que le habían pedido plata. “Don Pedro, por favor, soy árbitro internacional”. Fue en la final de Supercopa entre Independiente y Boca. Me lo tuvo que preguntar él. Yo no pongo las manos en el fuego por nadie, eh. Digo que hay personajes de esos. Como debe haber árbitros… –¿El mundo del arbitraje no es corporativo para hablar de estas cosas? –Antes éramos más. Hemos hecho varios paros. Una vez hicieron un paro por mí en Temperley, porque me quisieron

ahorcar cuando se fueron al descenso. Tuvimos que salir disparados de la comisaría porque la querían prender fuego. Temperley tenía que ganar para salvarse del descenso y jugaba con Huracán. Terminaron perdiendo uno a cero y la pelota no entraba. Y bueno, ellos creían que yo estaba arreglado. Tiraron la tribuna abajo. –¿Y ahora qué pasa? –Ahora saltan menos porque los gremios están divididos. Cuando salta uno no salta el otro. Yo creo que en algún momento el arbitraje se tiene que unir. Los árbitros somos débiles, somos el primer fusible que salta en este espectáculo. Primero salta el árbitro, después el técnico, después el dirigente, y por último, el jugador. –¿Los medios agigantan las polémicas? –Es el trabajo del periodista. Si hacés un programa cultural fijate cuánto rating tiene, y fijate cuánto tiene uno con chimentos de fútbol. Somos morbosos. Ustedes viven con el error, no con el acierto. Si te pregunto un acierto, no te acordás nunca. De los errores se acuerdan al pelo. –Vos participaste en televisión… –Sí, bravísimos programas: Polémica en el fútbol, Tribuna Caliente, y El Equipo de Primera. –A veces eran grandes circos. –No, no, no, circo nunca. Hubiera sido más negocio el entretiempo que el programa en sí. En los cortes nos agarrábamos, nos levantábamos, nos pegábamos… Pero piñas de verdad, eh. –¿Alguna que recuerdes? –Uh, no, tengo que dar nombres… A Cherquis lo he tenido levantado con las patitas colgando. “Pará, Ernesto, pará”, le decía. Y Ernesto es un periodista de raza. Con Elio Rossi, con el Chavo Fucks, con el que después nos hicimos grandes amigos. De entrada nos tirábamos piñas. Era muy difícil. Y en vivo, encima. Yo no estaba acostumbrado a la televisión. Ellos sí tenían pasta, nacieron para eso. Yo iba medio como un regalito. Y me lo hacían

“A los dirigentes que después te doran la píldora en el vestuario los conocés a todos: jueces, arquitectos, abogados… Todos están ahí. Y son más barrabravas que los que están en la barra brava”.


a propósito. Nimo, por ejemplo. –¿Te provocaba? –Un día me dijo: “vos estás a favor de Grondona porque te paga 600 pesos”. Lo levanté medio metro con la corbata y no me lo podían sacar de las manos. –¿En el corte? –En el corte, sí. “Te voy a matar, hijo de puta, te voy a matar”. No me lo podían sacar. –¿Y te gustaba hacerlo? –No, para nada, no me gustaba. El año pasado me llamaron para el programa de Fantino y les dije que no. Buena plata, eh, pero era bravo. –¿Te expone mucho? –Te expone, y yo soy el director de la escuela. Para mí Grondona es un líder total, que habrá tenido errores pero ha tenido miles de aciertos. Yo tuve toda mi carrera con él y nunca sentí presión de nada ni de nadie. Y cuando tuve algún problema lo denuncié y siempre tuve su total apoyo. Así que todas esas pelotude-

ces que dicen de que está arreglado, y que esto y que lo otro… Ojalá el fútbol lo maneje cien años más Grondona. –¿No es demasiado treinta y dos años al frente del fútbol argentino? –Lo va a demostrar el tiempo, vamos a ver cuántos son perdurables, cuántos le conocen el paño. Porque acá los dirigentes cada uno quiere sacar ventaja. Y este es un negocio que hay que saber administrar. No por nada Grondona maneja la FIFA y es el presidente más fuerte. –¿Cuántos años dirigiste? –Tuve diecisiete años de árbitro internacional. Y he tenido rollos grandes: de sacarme la camiseta, de ir a buscar a un jugador en el entretiempo. –¿Y con alguno te agarraste? –Me agarré y otros me han dado. La más conocida fue la de Pedro Monzón, con el que nos desafiamos a pelear en la cancha de Independiente y me vino a tocar la puerta del vestuario. “¿Donde nos encontramos?”, me preguntó. “¿Todavía

estás caliente?”, le digo. “No, no, usted me desafió a pelear”. Unos huevos bárbaros. Pero es la calentura. Nunca he visto a dos jugadores pelearse en la cancha. Yo he ido a buscar a tipos como Roberto Cabañas hasta la casa. –¿A la casa? –En un Boca-Independiente cobré un penal que no sé qué fue. Para mí era penal. Lo pateaba José Luis Villarreal. Recé tanto para que lo tirara afuera…Y lo tiró arriba del travesaño. Y terminó uno a uno el partido. Dos fechas después se definía el campeonato, y con ese partido era campeón Boca. Islas me dijo “zafaste”. –¿Y qué pasó con Cabañas? –Me llamó Horacio García Blanco: “¿escuchaste las declaraciones de Cabañas?”. “No, ¿qué dijo”. Y me las hizo escuchar. Decía que jugar en Boca era distinto porque ese penal que le había cobrado el otro día lo cobran nada más que en la cancha de Boca. Ahhhh… Lo llamé a Cacho Loustau, un amigo de la

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barra, y le pregunté dónde paraba Boca. En el Hindú. Me fui para ahí y no estaba. Me fui a la casa, a una cuadra del Hyatt. Toqué y me atendió la señora. No estaba. “Dígale de parte de Juan Bava”. A las dos horas me llamó. “Profe, ¿qué pasó?”. “No, no, no, no me digas profe ni nada, decime un lugar a cualquier hora, cualquier día”. “No, profesor”. “No me rompas las pelotas con profesor, decime a dónde te voy a buscar”. Llamó a mi mujer, a la señora que trabajaba en casa, les pidió disculpas a todos... Después me lo encontré en un partido de Mar del Plata, y salió del vestuario a saludar a mi señora. –En Colombia tuviste otros problemas, ¿qué te pasó allá? Era muy jodido ir a dirigir. En ese tiempo los carteles manejaban los clubes. Además, contrataban argentinos para dirigir los partidos locales. Habían matado árbitros. Y yo fui a una semifinal de Copa Libertadores, Atlético Nacional de Medellín contra Danubio de Uruguay. Fui con Carlos Espósito y Abel Gnecco. Tiraron la puerta abajo de la habitación, con armas, una valija llena de plata, arrancaron el teléfono… Saltaban arriba de la cama, me metieron el revólver en la cabeza a mí y dijeron “acá está la plata; ustedes tienen un precio acá y un precio en Argentina, y si no gana Atlético Nacional son boleta”. Eran las cinco de la mañana y Espósito fumaba y fumaba. Y le dije “no te hagas problema, que si hace falta lo hago yo de cabeza. Yo de acá me voy, ponele la firma que de acá me voy. Tengo dos chicos que criar”. –Era la Medellín de Pablo Escobar –¿Me iba a hacer el valiente? Espósito cuando empezó el partido parecía un témpano. Cobró el primer foul y estaba a cuarenta metros. Entré a la cancha para ver a uno que estaba lesionado y le dije: “Carlitos, movete algo porque estás duro”. En el camino del aeropuerto a Medellín ya nos habían dicho adónde habían matado a un asistente, a otro, adónde se habían prendido velas a la Virgen. A las doce del mediodía nos sacaron para visar los pasaportes. Nosotros estábamos apretados hasta las tetas y el tipo que nos recibía nos paseaba por Medellín. El partido era a las cinco de la tarde. –¿No denunciaron nada?

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–No, recién cuando llegamos acá. Pero lo de los pasaportes no era así, estaba todo cerrado. Nos sacaron a pasear para mostrarnos cómo estaba la gente en la calle. El coche nos dejó a diez cuadras. Íbamos caminando y nos palmeaban, nos pegaban, parecíamos borregos. –¿Y cómo terminó? –Ganó Nacional seis a uno. Después me encontré en el aeropuerto con los jugadores de Danubio y a ellos también le habían entrado al hotel. –¿No volviste a Colombia? –No, no fui más. El arbitraje te da eso. Es lindo, pero en algún momento hay

–¿Había antecedentes de un caso así? –No, no había. Pero hoy no lo suspendo. Hubiera esperado más. El utilero me había dicho que los de San Lorenzo siempre le afanan las pelotas. “Mirá que te voy a dejar cinco pelotas reglamentarias, cierro la utilería y me voy”. Entonces las pelotas se fueron yendo para la tribuna y no volvían. Cuando se fue la última esperé cinco minutos. “¿Cuánto vamos a estar acá?”, me preguntaba Ruggeri. “Espera un minuto, Cabezón”. Espere un minuto más y me tiraron una pelota partida al medio con un cuchillo. Ahí me agarro la locura. “Me voy”, dije. “¿A dónde?”, me pregun-

que tomar decisiones. Lo mismo me pasó cuando paré un partido porque faltaban pelotas. –Un Vélez-San Lorenzo. –Lo pienso ahora y me agarran escalofríos. Yo soy compadre de Plácido Domingo, y mi señora estaba con él en el Sheraton porque era su asistente. Me llama Plácido. “Juanillo, ¿qué pasó que paraste un partido porque no había pelotas?”. Mi señora estaba enojada porque había llegado tarde. A mi señora, lo que menos le gustaba era el fútbol. Los que te rodean odian al futbol. Mi hijo no quiso saber nada con ser árbitro. Un día lo llevé a un Ferro-River y me sacaron en un celular. Más trauma que eso… –¿Y Plácido Domingo? –Me llamó y le expliqué que no había más pelotas.

ta Ruggeri. “A casa”, le contesto. “Uy, qué quilombo se va a armar”, dijo él. –¿Y qué podías hacer? –Podía esperar. Cuando llegué al vestuario aparecieron treinta, cuarenta pelotas. Cuando ochocientos policías no habían encontrado una sola pelota en el momento en que las habían robado. Les dije “ahora es tarde, yo me voy para casa”. –¿Te retaron? –Sí, Grondona me dijo “te voy a rajar a la puta madre que te parió”. Me suspendieron porque había que tener ocho pelotas para empezar. A San Lorenzo lo multaron con entradas. Entonces yo dije que quería que me multaran con entradas a mí también. “Tomátelas de acá –me decía Grondona–. Ya hiciste demasiado quilombo”.


En 1998, los futbolistas de Frontera Rivera de Uruguay caminaron 90 kilómetros hasta una capilla para agradecer por su ascenso a Primera.

El club de la pelea

Siempre hay instituciones que llaman la atención en algún lugar del mapamundi. Presentamos a Sankt Pauli, club alemán cuya mayor parte de hinchas se declaran antifascistas, antihomófobos, antisexistas y antirracistas. Éxitos, más bien pocos. Principios, muchos. Por FERNANDO VERGARA

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uena la guitarra de Angus Young, inigualable. Los jugadores del Sankt Pauli salen a la cancha en el estadio Millerntor, y son recibidos con el ensordecedor Hells Bells, de AC/DC, venerando las campanas del infierno. Para muchos, este particular club alemán es el más rockero del mundo. Tradicionalmente han vivido bajo la sombra del Hamburgo, el club grande de la ciudad, la institución rica. Pero ellos son la antítesis. Diversidad cultural, okupas, bohemios, punks, homosexuales, artistas y la clase trabajadora componen el mix de seguidores de quienes no se destacan por sus títulos pero sí expresan su pasión de un modo singular. Los Piratas del Elba cuentan con once millones de seguidores en Alemania y unos doscientos clubes de fans en todo el mundo. No se sorprenda si alguna vez visita ese estadio y en las tribunas se encuentra con un gran número de prostitutas y gigolós. Asentados en las inmediaciones del puerto, se declararon públicamente como antifascistas, antihomófobos, antisexistas y antirracistas. Fundado en 1910, el club pasó la mayor parte de su historia en el Ascenso alemán. El 2002 resultó un punto de inflexión, ya que, tras algunas campañas desastrosas, casi desaparece. Pero llegó Corny Littman, el primer presidente de un club de futbol alemán abiertamente gay. Sabiendo qué tan lejos ir, comercializó con límites criteriosos y comenzó a reconstruir el estadio. Así, lo devolvió a la Bundesliga en la temporada 20102011. Contó con un sponsor particular: una empresa que fabrica condones. Fue a mediados de 1980 cuando empezó a convertirse en un club de culto. Los hinchas tomaron la famosa calavera pirata como su emblema, y en ligas regionales, cuando los demás equipos no juntaban doscientas personas en un estadio, Los Rebeldes del Norte abarrotaban con quince mil fieles. Y ya comenzaban a divisarse ban-

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deras con la imagen del Che Guevara. Lo llamativo, también, es la ubicación de su cancha (cerca de la célebre calle principal del distrito de Sankt Pauli, la Reeperbahn), enclavada en plena zona roja, considerada la “del pecado y la lujuria”. En los ‘60, unos jóvenes Beatles vivieron por dos años y medio en la zona, hasta que fueron deportados. Durante el Mundial de Alemania 2006, fueron anfitriones de una competencia paralela: la FIFI Wild Cup, torneo que alineó a selecciones no reconocidas por la FIFA, como Groenlandia, el Tíbet y Zanzíbar. En el Millerntor, los locales jugaron bajo el nombre de República de Sankt Pauli. Lo que se dice un club antisistema y con inquietudes no sólo futbolísticas: algunas pretemporadas las hicieron en Cuba, en señal de apoyo a Fidel Castro. El FC St. Pauli representa al pobre dentro de una ciudad rica. Con realidades económicas apremiantes, encontraron en Nike un respaldo, aunque en el convenio se comprometieron a que la ropa del club no sea elaborada por mano de obra infantil. Aún así, los fanáticos presionan para mantenerse al margen del capitalismo y los directivos intentan conservar sus raíces, su tradición: es uno de los pocos clubes de Alemania que no vendió el nombre de su estadio. Su fama peculiar los llevó al cine: este año se estrenó Gegengerade, nadie gana en el Millerntor, una película sobre sus hinchas. Esos mismos que realizaron visitas al campo de concentración de Neuengamme y organizaron mesas redondas con sobrevivientes de la persecución nazi. Tiempo atrás, con una campaña bajo el eslogan “Viva con agua de Sankt Pauli”, reunieron dinero para comprar dispensadores de agua para escuelas en Cuba. La última aventura en la elite (fue su octava campaña en Primera División) duró sólo un año. Poco les importa: prefieren, ante todo, la lealtad a sus principios.


Por la pésima campaña en la temporada 2000/1, el dueño del club inglés Brentford, Ron Noades, echó al técnico que era... ¡él mismo!

De Guatepeor a Guatemala

Histórico: primer triunfo en la historia de las Eliminatorias del equipo que siempre anda en el último lugar de la tabla mundial. Samoa Americana es una fiesta. Después de sus tan comentados 0-34 y 0-21 de unos años atrás, con esta victoria acaba de superar una pequeña mala racha de doce caídas, 129 goles en contra y dos a favor. ¡Vamos Samoa Americana todavía! Por EDGARDO IMAS

E

l peor equipo de fútbol del planeta concitó la atención en la última semana de noviembre. Esta vez, Samoa Americana no recibió ninguna goleada récord, como aquel catastrófico 31 a 0 en 2001 ante Australia. Todo lo contrario: los polinesios estuvieron a punto de pasar a la segunda ronda de Oceanía de las Eliminatorias del Mundial 2014. Eterna ocupante del último puesto –el 204– en el ranking de la FIFA, Samoa Americana consiguió algo histórico: por primera vez obtuvo un triunfo en una Eliminatoria mundialista, al ganarle a Tonga 2 a 1 el 22 de noviembre pasado. El partido correspondió a la primera fase de la zona de Oceanía, que se disputó en el estadio J. S. Blatter, en Apia, la capital de Samoa. Dos días más tarde, le empató 1 a 1 a Islas Cook, y el 26 de noviembre perdió sobre la hora 1 a 0 ante Samoa. En el minuto 81, un poste les negó el gol de la clasificación a los samoano-americanos. Será entonces Samoa quien jugará la fase siguiente en junio próximo con otras siete Selecciones. Samoa Americana, con el estatus de territorio no incorporado, pertenece a los Estados Unidos. Sus casi 70.000 habitantes ocupan el este de un archipiélago en el Pacífico Sur. El sector occidental pertenece a Samoa, un Estado independiente desde 1962 en el que una democracia parlamentaria convive con un gobierno monárquico. Entre los samoano-americanos los deportes más populares son el básquet y el béisbol. No obstante, el fútbol viene ganando adeptos y ya se juega en todos los colegios. La federación local data de 1984, aunque recién en 1998 se afilió a la FIFA. La presentación internacional futbolística tuvo lugar en 1983, en los VII Juegos del Pacífico Sur. No le fue tan mal: perdió con Samoa y Tonga, y venció 3 a 0 a Wallis y Futuna, un territorio francés de ultramar. Ésa era hasta hace un mes la única victoria, aunque la FIFA no reconoce como oficial a ese partido. La afiliación a la FIFA llevó a la participación en las Eliminatorias para el Mundial Sub-20 de 1999, donde debutó perdiendo 23 a 0 con Islas Salomón. En materia de eliminatorias para Mundiales de Selecciones mayores, Samoa Americana había participado previamente en tres, correspondientes a los Mundiales 2002, 2006 y 2010. Para Corea-Japón 2002, en Australia, perdió 31 a 0 ante los locales,

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13 a 0 con Fiji, 8 a 0 con Samoa y 5 a 0 con Tonga. No mejoraron las cosas en las dos siguientes, y arribó al histórico triunfo ante Tonga del 22 de noviembre pasado con doce caídas, 129 goles en contra y dos a favor, más una decepcionante performance en los recientes XIV Juegos del Pacífico Sur, sin goles a favor y 26 en contra en cinco partidos. Para la obtención de estos últimos resultados fue fundamental la llegada de un nuevo entrenador, el holandés Thomas Rongen, ex jugador del Ajax, radicado en Florida y DT del Sub-20 norteamericano que llegó a cuartos de final en el Mundial Juvenil 2007. Los futbolistas de la Selección trabajan o estudian. Uno de los protagonistas del primer triunfo oficial del seleccionado de Samoa Americana fue el defensor Johnny Saelua, un transexual nacido hombre, aunque se siente y actúa como mujer. Las normas de la FIFA le impiden jugar fútbol femenino. El arquero, Nicky Salapu, es el mismo que sufrió el fatídico 31 a 0 con los australianos y tantas otras goleadas aplastantes. Viene de atajar tres años en el SC Mauerbach, un club del Ascenso austríaco. Una vez finalizado el histórico partido con Tonga, Salapu, llorando, le confesó al DT Rongen: “ahora puedo decirles a mis hijos que soy un ganador”.


Un arquero para Gadafi

El uruguayo Luis De Agustini atajó para la Selección de Libia y compartió equipo con el hijo del líder asesinado en octubre pasado, al que recuerda como un dandy todopoderoso que tenía un león llamado Osama de mascota. Por TRAVERSARO

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uis de Agustini atiende su minimercado en Solymar, a veinticinco kilómetros de Montevideo. Es arquero, pero no tiene club. A los 35 años, en consecuencia, sopesa dejar el fútbol. Pero la historia de De Agustini no llama la atención por eso, sino porque atajó en la Selección de Libia y compartió equipo con un tal Saadi Gadafi. “Estaba jugando en Liverpool de Montevideo cuando un empresario me contó que el Al Ittihad estaba buscando un arquero porque el titular se había lesionado y el suplente se había ido de luna de miel por dos meses. Así fue que llegué a Libia”, le cuenta vía telefónica a Un Caño. –¿Cuánto sabías del club? –Nada. Ni del país. No sabía ni dónde quedaba. Tampoco sabía quién era Saadi Gadafi. Saadi Gadafi, que se refugia hoy en Níger y que tiene pedido de captura de Interpol, era el dueño y el nueve del Al Ittihad, equipo que contrató a De Agustini. Aunque Gadafi jugó (es un decir, porque apenas si completó un partido) en Perugia, Udinese y Sampdoria, De Agustini explica: “Y, muy bueno no era... Era egoísta. Pero como nadie se animaba a marcarlo, entraba con pelota y todo en el arco. Así terminó siempre como goleador. Pero también era una persona que quería aprender, mejorar. Un día contó que quería ser el más rápido del equipo y que había contratado a Ben Johnson para que lo entrenara”.

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–¿Qué pensabas cuando lo veías en la Serie A de Italia? –Que no lo hacía por capricho. Lo que se comentaba era que lo hacía para que se reconociera a Libia en el mundo. En Trípoli lo adoraban. En el único lugar en el que no lo querían era en Benghasi. Por eso cuando íbamos a jugar ahí, nos bajábamos del charter, jugábamos y volvíamos a subirnos al avión. –¿Cómo era él en persona? –Muy respetuoso. Y quería lo mejor para el equipo. A veces venía y nos decía: “muchachos, nos vamos de viaje”. Y allá íbamos. Una vez se le ocurrió que quería jugar contra el Barcelona en el Camp Nou y fuimos (el Barça, con Juan Román Riquelme y Javier Saviola en cancha, goleó 5-0; fue en 2003). Otra, que quería jugar con el San Pablo y de paso ir a Río de Janeiro, porque le gustaba la playa. –¿Con vos cómo era?

–Me hablaba mucho, aunque en inglés, porque yo de árabe no entendía nada. Un día vino y me dijo que el entrenamiento del día siguiente iba a ser a las cuatro, pero quería que yo llegara tres y media. Y él también fue tres y media. Se paró en la mitad de la cancha y me pedía que le tirara la pelota desde el arco. A él le gustaba mucho cómo le pegaba yo, plano, y me decía que así iba a aprender a pararla de pecho. –¿Cómo era en los entrenamientos? –Un tipo normal, que hacía los mismos ejercicios que nosotros. Aunque a veces el cuerpo no le daba y se quedaba parado. –¿Cómo te dabas cuenta de que era el hijo de Muammar Gadafi, entonces? –Bueno, porque llegaba en un Lamborghini. O un BMW. Porque iba a los entrenamientos con cuatro o cinco guardaespaldas que lo seguían a todos lados. Te cuento una: cuando estábamos

Gadafi llegaba en un Lamborghini. O un BMW. Porque iba a los entrenamientos con cuatro o cinco guardaespaldas que lo seguían adonde fuera.


en Río, los guardaespaldas se tenían que levantar a las siete y media, pero Saadi se levantaba a las siete y se escondía, y los tipos, cuando se daban cuenta, se volvían locos. –¿Y en la Selección, cómo era? –Tenía una relación normal con el entrenador, que era Giuseppe Dossena, un ex ayudante de campo de Cesare Maldini. Igual, obvio que Saadi jugaba siempre. O mejor dicho: cuando él quería. Por ejemplo, cuando jugábamos contra equipos fuertes de África, como Ghana, él no quería jugar porque no quería que le pegaran. –Pequeño detalle: ¿cómo llegaste a jugar en la Selección? –Mis compañeros del Al Ittihad siempre me preguntaban si no me gustaría jugar para Libia, y yo les respondía que

sí. Y un día vino Saadi y me preguntó si era cierto. Le dije que sí. A los tres días le pregunté qué tenía que firmar y me dijo “nada; acá tenés tu pasaporte”. –Ajá, ¿podríamos decir que eras amigo de Saadi? –No, amigo-amigo, no. Aunque una vez me invitó a jugar al fútbol cinco y a cenar a su casa en Trípoli, frente al Mediterráneo. Cuando llegué, vino, me saludó y me dijo “te voy a presentar a un amigo, a Osama”. ¡Me quedé duro! Caminamos por la casa, abrió una puerta y me dijo: ‘Luis, te presento a Osama’. ¡Era un león, su mascota! –¿No era, entonces, el sádico del que se escribe hasta el hartazgo? –No, o al menos no con nosotros. A mí hasta me prestó una casa, en Regatas, cerca de Trípoli y sobre el Medite-

rráneo cuando se enteró de que todavía estaba viviendo con mi señora y mi hijo en un hotel. –Amnistía Internacional denunció que Saadi torturaba, y hasta que asesinaba jugadores. –No, no. Jugué con él en el club y en la Selección y te puedo asegurar que nunca pasó nada. Es que cuando se habla de él, se exagera. Si yo hubiera visto algo, me habría ido. Y no tendría problema en contártelo. –¿Y a Muammar Gadafi lo conociste? –Sí. Lo vi una vez, en 2006. Estábamos por jugar un partido de la Copa África de Naciones y vino al vestuario a desearnos suerte. “Ah, y si pueden, ganen”, nos dijo. En Libia se vivía bien. Todavía me horroriza cómo lo mataron.

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PERFUME DE VARÓN Por CECILIA DI GENARO

Fotos ALEJANDRO KIRCHUK / NUEVE13

“En el fútbol se da la historia de David y Goliat”

Fanático de Argentinos Juniors, pero en vías de moderación, Gabriel Schultz intentará convencer a nuestra periodista de por qué es posible que un hijo no siga al mismo club que su padre. Con la ayuda del Diego. El periodista amigo de la casa, tiene mucho para reflexionar sobre los hinchas de esta parte del mundo. Y también sobre los sinsabores del descenso.

O

nce de la noche de un lunes feriado. El fotógrafo y la cronista que escribe esta nota esperan a Gabriel Schultz parados en la puerta del Multiteatro junto a cientos de pibes que aguardan que comience una nueva función de La venganza será terrible. El programa de radio de culto al que Alejandro Dolina lo convidó a participar allá por el 2009. Era un momento álgido en el que la corporación mediática había puesto toda la carne al asador para reforzar la falsa idea de una caída en picada del Gobierno, tras el conflicto del campo y las elecciones de junio. Se necesitaban voces con huevos, ideología y ganas de contagiar la convicción de que estábamos frente a un momento de transformación política y cultural en el que valía la pena involucrarse. Por eso, y más, es un gusto sentarse en las butacas de este teatro para escuchar a Schulz intelectualizar su enorme pasión por Argentinos Juniors. –¿Puede ser que hace unos años la mayoría de los tipos querían ser de Boca, de River o de algún equipo grande y hoy no? ¿Por qué es cool ser de All Boys, Atlanta? –Me parece que ahora es más fácil que un equipo chico salga campeón. El fútbol se emparejó, quizás para abajo, entonces es probable que a un pibe no le de vergüenza ser de un equipo chico. Incluso hay varios que salen campeones más seguido que los grandes. En épocas donde hasta los grandes se van a la B,

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ser de un equipo chico no está tan mal. Aparte, la sensación de victoria es muy personal, es muy especial el triunfo de estos equipos porque, si salen campeones, son pocos los que están contentos. Y eso da una sensación de pertenencia de una intensidad que con los grandes no se experimenta. –Es como “el triunfo de las minorías”. –Claro, el sueño de todo idealista es que las minorías triunfen, y eso es un poco lo que se vive cuando ganan lo equipos chicos. En el fútbol se da y está buenísimo. –Lo que no entiendo bien es cómo se construye la clasificación “equipo grande” o “equipo chico”. Hay equipos que nunca ganaron determinados premios o Copas y son considerados “grandes”. Y Argentinos Juniors, que sí ha ganado premios importantes, es considerado “chico”. ¿Quién decide qué equipos son grandes o chicos? –Tiene que ver con la cantidad de hinchas que tiene cada equipo. Después, con la cantidad de campeonatos; pero en la cantidad de campeonatos no importa de qué categoría son. San Lorenzo, por

ejemplo, tiene menos títulos internacionales que Argentinos y que muchos otros equipos. De hecho, Argentinos lo mandó a la B. El fútbol tiene eso de que puede emparejar al más grande con el más chico, y que el más chico gane... En el fútbol se da la historia de David y Goliat. En definitiva, creo que es una cuestión de cantidad de hinchas. El tema es convertir a un equipo chico en grande. –¿Pasa alguna vez? –Sí, es lo que logró Vélez. Hoy es casi un grande, quizás le falta la aprobación de los demás. Pero ellos se sienten así, y tienen todo el derecho. –¿Vos por qué te hiciste de Argentinos? ¿Por esto de las minorías, para sumarle hinchas y transformarlo en un grande? –No, lo mío es cien por ciento una cuestión de barrio, yo soy de La Paternal. De hecho, mi viejo es de Boca e intentó hacerme de Boca y no le salió. Si lo mirás de cierto modo, el barrio fue más fuerte que el amor por el viejo. Uno decide de qué equipo va a ser entre los ocho y los doce años, y a mí me tocó a esa edad tener a Maradona en el club. Era muy difícil

“El sueño del idealista es que las minorías triunfen, y eso se vive cuando ganan los equipos chicos”.


no ser de de Argentinos viviendo en La Paternal y teniendo a Maradona jugando para nosotros. –¿Cómo soportó tu viejo semejante traición? –No fue tan duro. A él también, al vivir en Paternal, le pasaba algo parecido. Me acuerdo que íbamos juntos a ver a Argentinos porque lo íbamos a ver a Diego. Lo aprobó no con resignación, sino con comprensión: “si este pibe es hincha de Argentinos, es lógico; vive a tres cuadras de la cancha y el equipo tiene al mejor jugador del mundo”. Te aclaro que aún no se sabía lo que iba a ser Diego, pero se veía venir. –Acá tengo mis machetes y, según mis averiguaciones, Riquelme también salió de ahí. –Sí pero nunca jugó en Primera en Argentinos. –Pero de todas formas, con lo que les gusta alardear a los hombres sus logros futbolísticos, me imagino que deben tirar el dato sobre la mesa todo el tiempo. –Sí, es un orgullo. Porque además no son los únicos. También salieron Redondo, Sorín, el Checho Batista, todos campeones del mundo. Nosotros nos autoproclamamos el semillero del mundo, y creo que es algo muy cierto, porque los jugadores aún hoy siguen siendo importantes para sus equipos. –¿Cuál es el partido de Argentinos Juniors que más recordás? –Son varios. El día que salimos campeones de la Libertadores en Paraguay, en el ‘85. La primera vez que salimos campeones en cancha de Ferro contra Temperley. Obviamente, el día que Diego le hizo los goles a Gatti en cancha de Vélez.

Fue un domingo a la mañana, y yo estaba del lado de Boca porque me había llevado mi viejo. Tenía diez años y creo que ese fue el día que mi viejo aceptó mi elección por la manera en que Diego lo boludeó a Gatti, después de que Gatti le dijera que era “un gordito”. Ese día mi viejo dijo “está bien, si tienen a este monstruo”. Después, el campeonato con Vélez en cancha de River, cuando salimos campeones con un gol de fuera del área del Checho. Y uno que perdimos que fue memorable fue la final de la Intercontinental con la Juventus. Perdimos por penales. El partido terminó 2 a 2 y todavía hoy hasta los que no son hinchas de Argentinos coinciden en que fue el mejor partido de la historia. –¿Cómo puede ser que el mejor partido de la historia para vos sea uno en el que perdieron? ¿No es que en el fútbol todo se trata de ganar? –Lo que pasa es que en ese momento en el Juventus había grandes jugadores de la historia. Platini, entre ellos. Y si bien en Argentinos estaba el Bichi Borghi, éramos un equipo mucho menor y le hicimos partido, e incluso casi les ganamos la Copa Intercontinental. –Volvemos a las minorías y su mística. –Sí, yo creo que eso le da mucha mística. El hecho de haber perdido por penales… Uno siente que el azar no quiso estar de nuestro lado, pero que fuimos merecedores de la victoria y, sobre todo, que estuvimos a la altura de las circunstancias. Eso le da un valor más épico a ese partido. –El hincha de un equipo que cambia de categoría seguido, ¿tiene alguna experiencia o sabiduría extra en relación

a los hinchas de equipos que nunca se movieron de la A? –No, no creo. A nadie le gusta descender, por más que sea del equipo más chico del mundo. Cuando estás en la A, querés seguir en la A toda la vida. El descenso es una mierda, y uno siempre lo siente injusto. No hay una manera de prepararse para eso ni te da ninguna sabiduría extra haberlo experimentado, nada que uno sienta como positivo. Desde que yo nací, Argentinos se fue al descenso dos veces, y uno nunca está preparado para eso. Aunque te la veas venir, esperás que algo milagroso lo salve faltando minutos. Y cuando no ocurre, sentís una tristeza muy grande. –¿No tiene ningún condimento épico irse y volver? –No, no, irse y volver es lo que uno desea cuando se fue. Pero hasta que no se fue, nadie quiere irse. Es lo mismo que cuando dicen “macho es el que probó y no le gustó”. ¡Mentira! ¡Prefiero seguir pensando que macho es el que no probó! Es mejor no irse al descenso, no me jodan… –¿Cuál es el clásico rival de ustedes? –Te diría que Platense. –Pero no está en la A hace rato, ¿no? ¿Los extrañan? –La enemistad concreta con Platense surgió a partir de un Nacional. Todavía Argentinos jugaba en su cancha, antes de todo el proceso de pasar por la cancha de Ferro por no tener dónde jugar. Con el empate clasificaba Argentinos, pero le hizo, creo, tres goles a Platense. La hinchada de ellos rompió el alambrado de la cancha y ahí empezó todo. Hoy es muy difícil hablar de esa rivalidad; no sólo no los extrañamos, sino que es complejo ex-

“Salir a festejar que alguien está en la mala a mí me parece muy miserable. Toda esa lógica futbolística se repite en muchos ámbitos de la vida cotidiana de los argentinos”.

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plicarle a la gente menor de 20 años que Platense es un equipo que alguna vez fue enemigo nuestro. Hay que ser viejo para acordarse de un Argentinos-Platense. –¿Por qué los tipos experimentan más placer cuando pierde el rival que cuando el equipo propio gana? –No somos todos, pero hay muchos que sí, que disfrutan más la derrota ajena que la propia victoria. Es miserable y triste. Sale campeón Boca y se lo dedica a River. Tiene cierta lógica, pero ¡disfrutá lo tuyo! Me da la sensación de que siempre es “para el otro, que lo mira por TV”. –No pasa sólo con el fútbol, forma parte de una cultura dentro de nuestra sociedad… –En política, pasa todo el tiempo. Fijate en las últimas elecciones. Gana Cristina por el cincuenta y cuatro por ciento y la gente grita: “es para Macri que lo mira por TV”. ¿Hace falta? A mí me gusta festejar por lo que conseguí yo, y quiero dedicárselo a los que quiero, no a los que odio. Lo peor de todo es que hay un deseo de que al otro le vaya mal.

–¿Dónde más lo ves? Además de los ámbitos del fútbol y la política, digo. –En la televisión pasa mucho. He visto festejar a gente porque a tal programa le iba mal, y ellos ni siquiera estaban en ese programa. Me pregunto: ¿qué ganaban? Algunos han festejado cuando censuraron a TVR en América. Hablo de personas dentro del canal. Yo me había quedado sin laburo. Entonces, ¿en qué consiste esa alegría? Me parece que en el fútbol eso se muestra crudamente y sin vergüenza. –¿Hay chance de modificar esa manera de sentir? –No creo, es parte nuestra. Está en la esencia del argentino. Fijate ahora, que a Grecia y a España les está yendo mal. Escuchás a muchos decir “ah, viste… ¡Y a nosotros nos va bárbaro!”. Por supuesto que cuando a uno le viven dando el ejemplo de cómo a los demás les va bien y de pronto comprobás que todo eso era un bluff, bueno, dan ganas de decir “ven que no tenían razón”. Pero de ahí a salir a festejar que alguien está en la mala, a mí me parece muy miserable. Toda esa

lógica futbolística se repite en muchos ámbitos de la vida cotidiana de los argentinos. –¿Vos qué tipo de hincha sos? –Un hincha apático, hoy por hoy. –El comportamiento de un hincha dentro de la cancha, ¿habla de cómo es afuera? –No, conozco gente muy seria que en la cancha es irreconocible. La cancha potencia hasta al más tranquilo. Personalmente, he logrado controlar mis impulsos, sobre todo cuando empecé a ir con mi hijo a la cancha. No quiero que él vea a un animal desatado. –¿Sos de los que insultan al televisor? –Soy más bien silencioso. Soy mucho más nervioso que en la vida, pero en silencio. Lanzo alguna puteada pero al aire. Trato de no insultar a los jugadores, aunque admito que lo he hecho. –¿Jugás a la pelota? –No, ya no juego más. Soy muy malo. –¡O sea que no podías putear a nadie! –No, por eso. No juego más por una cuestión de orgullo.

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s a b r e y s a r t O

I GENT O LIN R D N A EJ Por AL

MÚSICA

Hacele el aguante a Bjork Por ALEJANDRO LINGENTI

Bjork nunca da puntada sin hilo. Inquieta, creativa, siempre preocupada por estar a la vanguardia, la islandesa ahora reaparece en escena con Biophilia, disco que acaba de editarse en Argentina y que nació originalmente como una aplicación de iPad e iPhone en la que cada tema es la base para un juego educativo, una exploración musical interactiva. ¿Cómo es eso? Lo explica ella misma: “es sólo un disco; para mí, eso es lo más importante. Cuando comencé a componerlo tenía una aspiración: escribir música en horizontal, con una pantalla táctil. Era la consecuencia lógica de mis experimentos con instrumentos como el lemur. No existían los iPads en aquella época. Empecé a volcar mis sentimientos acerca de la musicología en una pantalla. Me forzó a escribir canciones de una nueva manera. Dos años después, salió el iPad, lo que fue toda una sorpresa. Nos permitió terminar y entregar un disco en el formato de la pantalla táctil, el mismo en el que fue concebido”. Explicaciones técnicas al margen, Biophilia es, seguro, un disco que devuelve a una Bjork más inspirada que en sus últimos trabajos. A sus acostumbradas pericias vocales, la celebrada artista, que visitará Chile a fines de marzo de 2012 –lo que abre la posibilidad de que también se presente

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en Buenos Aires–, suma intrincados ritmos electrónicos, coros, órganos, arpas y un pequeño arsenal de instrumentos nuevos o inusuales, lo que le confiere al repertorio una sonoridad realmente original. No conquista a la primera escucha, pero vale la pena hacerle al aguante.


En 1981, todos los torneos europeos fueron ganados por equipos italianos: Milan obtuvo la Champions, Sampdoria la Recopa y Juventus la UEFA.

LIBROS

Para el pueblo lo que es del pueblo Por PABLO LLONTO

Hay libros sobre fútbol, sobre equipos, sobre campañas, sobre tragedias, sobre íconos del deporte. Pero en general nuestros libros de “materia deportiva” olvidan la política. Son aquellas obras y aquellos autores que pregonan una tesis extravagante: no hay que mezclar el fútbol con la política. En su libro Academia Carajo, Alejandro Wall va por el lado contrario, y correcto... Desanda los caminos de diciembre de 2001, cuando el país tocaba nuevamente fondo, pero esta vez millones de argentinas/os (en especial, jóvenes) decidían tomar las calles y las plazas. Al decir de Viglietti (¿será hincha de Racing también?), en diciembre 2001 se podía cantar: “Si no se abren

las puertas / el pueblo las ha de abrir”. No es un libro para hinchas de Racing, pero ellos sí están obligados a tenerlo en sus manos. Es un libro de historia, de política y de fútbol. Para todos. Brillante para comprender momentos en que fuimos todos tan argentinos-latinoamericanos como argentinos-racinguistas. Bueno para comprender, también, que sigue la impunidad contra los asesinos de manifestantes. Hay historias nunca contadas (hasta un ex funcionario que delira), emociones personales de los sufridos locos por Racing, momentos que recordaremos todos... En fin, se trata de un libro con agregado: el del verbo disfrutar.

MEDIOS

Unos cráneos Por PABLO LLONTO

Una revista anuncia sus objetivos: “acompañar el proyecto político de transformación que se vive en el país y en América Latina”. Luego, quienes inventaron la publicación Kranear dicen que se trata de “un pequeño aporte al proceso de descolonización mental”. Caramba, ambas cosas parecen importantes. Pero de las revistas que se han trazado idénticos objetivos, Kranear se destaca por su calidad. El director se llama Lalo Recanatini Méndez. El editor responsable, Mariano Abrevaya Dios. De lo mucho que hay para leer en sus tres primeros números –Néstor Kirchner, Ley de Medios, derechos humanos, integración regional,

políticas sociales, gastronomía latinoamericana, literatura y peronismo, educación, narrativa y poesía–, dos cuestiones nos entusiasmaron más por originalidad y estilo para decir algo: la historia del diario Noticias, publicación de los ‘70 da la organización Montoneros, con una imperdible reproducción de una tapa sobre la sequía de títulos de River, y una nota sobre Getulio Vargas. Además, para fanas de las rarezas, de regalo va un póster con las figuritas de los luchadores latinoamericanos vestidos, justamente, de luchadores. La revista se puede pedir por correo a kranear@gmail.com

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El delantero católico de Partick Thistle Rod McDonald fue amonestado por persignarse en la cancha del protestante Rangers de Glasgow.

El Mudo Cassé, puteado con mímica Para los hinchas setentistas y ochentosos formó parte de sus vivencias. Héctor Cassé, el arquero que no podía hablar y que logró su gloria en Temperley. Buena gente, buen arquero. Todos lo querían, pero la hinchada de San Lorenzo no tuvo piedad con él. Por DANIEL RIERA

E

n su libro Historias insólitas de la historia argentina, Daniel Balmaceda da cuenta de un fugaz arquero manco que disputó un encuentro en Primera División. El hecho ocurrió el 26 de agosto de 1906 en el partido Reformer-Barracas Central y se debió a un accidente: tres jugadores de Barracas Central habían perdido el tren que los llevaba a Campana, donde el Reformer jugaba de local. Entre ellos estaba el arquero, Wolfredo Diggs. Barracas Central tomó una decisión extraña: el lateral derecho Winston Coe sería el encargado de custodiar el arco. Coe era el menos indicado para afrontar el problema: la ausencia de su brazo izquierdo le concedía una clara ventaja deportiva a sus rivales. El partido terminó 11 a 0, lo cual seguramente habrá llevado a realizar una autocrítica a los tres jugadores que perdieron el tren y a quienes tomaron la decisión de mandar al arco al pobre Coe, manco pero voluntarioso. Muchos años después, descolló en el fútbol argentino un arquero que tenía las dos manos, pero era casi sordo. Héctor Jorge Cassé estuvo internado como pupilo entre los tres y los trece años en el Instituto Oral Modelo. Sus padres lo visitaban dos veces por mes y él salía los fines de semana, así las cosas durante diez años. Su capacidad auditiva estaba limitadísima. Como no oía, le costó mucho aprender a hablar, y por principio detestaba el lenguaje de señas. Sus compañeros y el ambiente del fútbol lo apodaban el Mudo. Antonio Ubaldo Rattín lo había hecho debutar en Gimnasia en 1979, pero en 1980 pasó al equipo donde vivió los mejores momentos de su carrera deportiva: Temperley. Si les digo que en Temperley llegó a jugar con el Sordo De Marta, goleador, se sorprenderán, pero así fue. Cassé jugó 185 partidos en Temperley y atajó ocho penales, pero uno de ellos fue mucho más importante que todos los demás. El Mudo jugó el partido más emocionante de su vida

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el 21 de diciembre de 1982, cuando el Temperley que dirigía Carlos Pachamé disputó la segunda final por el ascenso ante Atlanta, en cancha de Huracán. Ese día, Atlanta ganó 1 a 0, fueron al alargue –donde no hubo goles– y luego a una extenuante definición por penales. Cada jugador convirtió el suyo –incluso el propio Cassé–, hasta que, cuando la definición estaba 12 a 12, Cassé contuvo el disparo de Enrique Hrabina (el penal número 25). Luego, Dabrowski convirtió el gol que faltaba. Temperley ganó 13 a 12 y logró el anhelado ascenso. En Primera, el Mudo mantuvo el mismo alto nivel de la B. Temperley llegó a las semifinales del Nacional 83. A Cassé lo pretendieron Independiente y Rosario Central, pero los dirigentes lo declararon intransferible. Atajador, de salir poco –en el estilo de su amigo, el Pato Fillol, que le había regalado uno de sus clásicos buzos Olympia–, Cassé se destacaba por su carácter sobrio y seguro. Alejandro Dolina solía contar que una vez la hinchada de San Lorenzo, en un sofisticado alarde de crueldad, hizo la mímica de putearlo, pero sin putearlo. Según la leyenda, Cassé advirtió el macabro chiste y aplaudió a los simpatizantes cuervos. En el Nacional de 1985, Cassé volvió a cruzarse con un viejo rival de aquella tarde de 1982. Alfredo Graciani, ahora en Boca, lo pisó. Y Cassé lo escupió, aceptó la tarjeta roja sin chistar y se fue de la cancha haciéndole gestos a la hinchada de Boca (era fanático de River). Lo suspendieron por seis fechas. Al año siguiente, Temperley lo dejó libre. Todavía le quedaba fútbol para dar: en 1986, fue el arquero del equipo de Quilmes que ascendió a Primera. Se retiró en 1994, aunque tuvo un fugaz regreso en 1997, defendiendo por pocos partidos el arco de Excursionistas. Murió en noviembre de 2003, a los 46 años. Era tan voluntarioso como Winston Coe, pero mucho mejor arquero.


Revista Un Caño - Número 43 - Diciembre 2011  

Cosecha 2011 - Los personajes y los momentos más destacados del año que termina.

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