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staff SEGUNDA ÉPOCA (AÑO 5) NÚMERO 40

La lujuria de la multitud ¿Era Hemingway quien hablaba de ello? Quizás. Cuando se refirió a ese deseo de los humanos por sentir algo especial, aún en situaciones horribles. El escritor de la barba blanca intentaba dar respuesta a su loca afición por las corridas de toros. Lujuria de la multitud. Quizás allí encontremos explicaciones para buena parte de nuestros hinchas, el tema de esta revista. Si por un desmedido afán antropológico alguien posara su mirada sobre estos seres, durante unas horas, estadio por estadio, bar por bar, living por living, quedaría sorprendido por las reacciones de estos personajes. Los observados, si advirtieran la presencia del fisgón, darían rienda suelta a su instinto de conservación. El extraño hincha argentino, el fanático, odia que lo califiquen, que lo analicen. Que lo caractericen. Mucho más cuando está entre los suyos, los del mismo equipo. En el acto siguiente, enojado con la prensa, pasaría el pulgar o cualquier otro dedo por el pescuezo. No todos son así. Sencillamente predominan. El esfuerzo de las páginas siguientes es “pensar los hinchas”. Esos hinchas que, cuando tengan sus rostros como cáscaras ajadas, el pelo esfumado y los dientes reducidos a la insignificancia, podrán decir, si alguien les muestra un video, un DVD o la digitalización de su pasado: “mirate; mirate cuando ibas a la cancha”; “mirate, mirate cuando estabas entre los plateístas”; “mirate, mirate ahora en la popular”. Dirán entonces que era la lujuria. La lujuria de la multitud. Pablo Llonto

CONSEJO DE DIRECCIÓN Alejandro Caravario Pablo Cheb Terrab Christian Colonna Pablo De Biase Sebastián Domenech Mariano Hamilton Pablo Llonto Fabián Mauri Matías Martin Víctor Hugo Morales Ariel Senosiain SECRETARIO DE REDACCIÓN Pablo Llonto DIRECCIÓN DE ARTE Alicia Sliwkin EDITOR DE FOTOGRAFÍA Fabián Mauri RETOQUE DIGITAL Anahi Morales CORRECCIÓN Alejandro Lingenti COLABORAN EN ESTE NÚMERO Ezequiel Acuña, Diego Bonadeo, Gabriel Casas, Agustín Colombo, Jorge Comadina, Sebastián De La Mata, Alejandro Fabbri, Maxi Failla, Alejandro Fernández, Ezequiel Fernández Moores, Dante Navarra, Edgardo Imas, Román Iucht, Emiliano Lasalvia, Julián Ezequiel Lichene, Gustavo Lombardi, Marcela Mora y Araujo, Fernando Pacini, Marcelo Rodriguez, Ulises Rodriguez, Pablo Seoane, Pablo Tesei, Gustavo Veiga, Fernando Vergara, Alejandro Wall, Osvaldo Alfredo Wehbe, Hernán Lopez Winne, Photogamma.com DEPARTAMENTO COMERCIAL info@sentidos.com - 5983.2700 www.revistauncaño.com.ar www.facebook.com/revistauncanio correodelectores@revistauncanio.com.ar IMPRESIÓN Kollor Press S.A. Uruguay 124 -Bs.As-4116-3598/3599/3601. DISTRIBUCIÓN EN CAP.FED Y GRAN BS.AS Sanabria S.R.L. Baigorri 103. Capital Federal. 4304-3510. DISTRIBUCIÓN EN INTERIOR Bertran SAC. Velez Sarsfield 1950. Capital Federal. Esta publicación es propiedad de EAMP S.A, Uruguay 1037 7º Piso. Prohibida su reproducción parcial o total. Registro de la propiedad intelectual, en trámite.

ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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Lo primero es la familia

Jean-Marie Pfaff ocupó durante casi una década el arco de la selección de Bélgica, jugó dos Mundiales y sufrió a Maradona en el ’86. Hoy, es una celebridad televisiva en su país. Un reality show que relata su vida cotidiana y la de sus parientes cercanos navega con éxito las crueldades del rating desde hace 8 temporadas. Por PABLO CHEB TERRAB

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los más jóvenes probablemente ni siquiera les suene el nombre, pero Jean-Marie Pfaff fue un auténtico arquero de época, uno de esos apellidos repetidos de la década del ’80. El hombre se lució durante casi diez años en la selección de Bélgica, fue subcampeón de Europa con su país en 1980, encabezó el equipo que le ganó a Argentina en el Mundial ‘82 y atajó en las semifinales de México ’86, un hito futbolístico para su país. En aquel partido, Pfaff sufrió a Diego y patentó una frase que se cansaría de repetir: “Perdimos 2-0 contra Maradona”. También dejó su marca a nivel clubes: tras 10 años en el arco del Bereven, emigró al Bayern Munich, ganó tres Bundesligas y dos Copas de Alemania en seis temporadas, y disputó una final de Copa de Europa. Hoy, sin embargo, transita su vida lejos de las canchas, y desde hace ocho años es protagonista de su propio programa de televisión: De Pfaffs (sencillamente: los Pfaff). Se trata de una emisión al mejor estilo reality show, en el que una cámara sigue día a día las peripecias de su familia inmediata y extendida. La idea surgió cuando la segunda hija del ex futbolista, Kelly, fue invitada a un programa cómico de la televisión belga. Suelta, bastante graciosa y lo suficientemente atractiva como para despertar el interés de un productor, la hija arrastró al padre hasta un estudio de grabación. Jean-Marie resultó ser el personaje ideal para llevar adelante la serie: hablador, elocuente y simpático, la gente todavía lo quería muchísimo por su rol de futbolista

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nacional. El programa se hizo, fue un éxito y transformó el apellido Pfaff en una auténtica marca televisiva. “Al principio, todos se reían de la idea. ¿Qué podía tener de interesante la vida de un ex deportista? Ahora tenemos 800 mil televidentes sólo en la región de Flandes (N de R: el 13,5 por ciento de la población) y llegamos a 1.200.000 espectadores en Holanda”, cuenta el ex arquero. Al principio, el programa relataba el pasar cotidiano de Jean-Marie, su esposa Carmen, sus tres hijas y su suegro. Las dos hijas menores se casaron y tuvieron hijos a su vez, con lo cual sus esposos y niños comenzaron a ser parte del show. El suegro falleció en la cuarta temporada, y el luto también apareció televisado. “No hay guión, no hay nada. Lo que pasa es lo que pasa, se muestra lo que somos, directamente”, aclara el ex arquero, como desligándose de cualquier talento actoral. Claro que, a partir de transformarse en una celebridad, él también recibió ofertas para participar en distintos programas. Por lo general, sus apariciones fueron cameos en los que él hacía de sí mismo. Sin embargo, en 2009 dio el salto al cine, y apareció en “Plop en de kabouterbaby”, una película de aventuras de su país, con el papel de levantador de pesas en un circo. Su discurso, a pesar de todo, no cambió. “Estamos muy contentos con nuestro éxito, porque creemos que ese éxito se basa en la sencillez del programa”, sostiene. Y cierra: “No hacen falta grandes explosiones, tramas complicadas o relaciones oscuras para generar interés. Sólo nos mostramos como somos. Y la gente responde”.


Montaño, Montaño, qué grande sos

A la hora de rescatar a los deportistas militantes, el nombre de Elio Montaño no podía faltar. Delantero de Newell’s, Boca y Huracán, fue de aquéllos que no renegó de su pasado peronista. Reconocido por el General, aquí recordamos algunas de sus anécdotas de la época en la que no era fácil nombrar a Juan Domingo. Por PABLO SEOANE

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Elio Rubén Montaño, el peronismo le caló hondo de chico. Proveniente de una familia humilde de Casilda, una ciudad agrícola-ganadera de Santa Fe, nunca olvidó a ese coronel que aprobó el Estatuto del peón y mucho menos la entrada al barrio del camión de la Fundación Evita. A partir de entonces, su corazón quedó marcado a fuego. Así lo demostraría luego: Con lealtad y valor frente a los gorilas. El Loco, apodo que se ganó, entre otras cosas, por relatar sus propias jugadas, debutó en Newell’s en 1949. Era un delantero con garra, escurridizo, astuto y goleador. En consecuencia, Boca se lo llevó en 1951. No tuvo suerte: Lo eclipsó Borello, un nueve bien de área cuyos goles ayudaron al xeneize a ganar un torneo después de una década. Aunque lo importante para el descamisado de Casilda fue que, gracias a una gira por Europa, el plantel se reunió con el presidente de la Nación. Según José Luis Ponsico, periodista de Télam y amigo de Montaño, el diálogo fue algo así: “General, yo vengo de una familia peronista”, le dijo el delantero; a lo que Perón le contestó: “por eso es que debe ser tan bueno”. Pocas palabras, pero una historia comenzaba. Luego Montaño pasó a Huracán y la rompió. Fue convocado para los Panamericanos de México ¿55. Un año, sin embargo, oscuro para él y para gran parte del pueblo: la autodenominada Revolución Libertadora había bombardeado la Plaza de Mayo y derrocado al Pocho. Aunque él aún no lo sabía, se acercaba un día soñado, un día peronista. En noviembre, Aramburu asumía la presidencia de facto en lugar de un Lonardi enfermo; eran tiempos en los que el fútbol cerraba la temporada hasta marzo. Llegaba entonces la gran oportunidad del Loco: el Globo salía de gira por Centroamérica e iba pasar por Panamá, donde estaba exiliado el General. Era 24 de diciembre, faltaba sólo un partido para el regreso del plantel. Montaño pidió permiso a los dirigentes para

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visitar a Perón, quien residía en Colón, una ciudad panameña ubicada a varios kilómetros. Pero no le importó: se gastó todo lo que le quedaba para pagar el taxi. Una vez frente a la casa donde paraba su líder espiritual, se anunció. “Cuando el General me vio, enseguida me reconoció: ‘¡qué sorpresa Montaño!’, dijo. Me preguntó cómo estaban las cosas por Argentina, cómo se vivía la situación política y social”, contó el propio Elio en Historia política del deporte argentino, de Víctor Lupo. A la gran bienvenida le siguió la charla y la invitación a pasar la Nochebuena. El Loco no dudó ni un segundo, pese a que tenía que volver con el plantel. En la cena estaban Ramón Landajo, la recién llegada Isabel y, entre otros, el animador televisivo Roberto Galán. Se fue al día siguiente gracias a que Perón le consiguió el pasaje de vuelta hacia Argentina. Eso sí, al regreso, lo esperaba un verdadero examen de resistencia. No bien llegó a Ezeiza, los servicios de Inteligencia de la dictadura lo detuvieron y lo llevaron a la Casa Rosada. La pregunta sólo era una, pero insistente: “¿qué le dio Perón en Panamá?”. Buscaban algún mensaje, pero Montaño no sabía de qué le hablaban. No obstante, la pregunta persistía, las horas pasaban y la tensión crecía. “¿Qué le dio Perón en Panamá?”, lo inquirían, ya a los gritos. De repente el Loco se acercó a uno de los militares, se le paró enfrente y lo abrazó. “Era verdad, yo había recibido un simple abrazo de Perón. Y para mí, era lo máximo”, explicó Montaño. Nunca supo cómo, pero lo dejaron ir. De ese encuentro tomaría nota todo el universo futbolístico. En la platea del Globo, para reprobarlo, le gritaban “andá a chuparle las medias a Perón”. Y la popular, para vivar sus aciertos, coreaba el nombre del ex presidente. Las repercusiones traspasaron las fronteras, y cuando Huracán lo vendió a Uruguay, el diario La Mañana de Montevideo tituló: “Peñarol trae a un delantero peronista”.


ME FUI A LOS CAÑOS Producción FERNANDO VERGARA

Bracamonte no cree en lágrimas

Héctor Bracamonte, ex jugador de Estudiantes de Rio Cuarto, Boca y Los Andes, camina hoy tierras rusas y chechenas. Y desde allí manda su carta desesperada, repleta de añoranzas pero abundante en buen humor cordobés. Excentricidades de los magnates de la zona.

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irmé para el FC Rostov, en Rostov del Don, una pintoresca ciudad ubicada cerca del mar, sobre el rio Don. Vine acá porque está como presidente quien me trajo en el 2003 al FC Moscow, Yuri Belous, y me pidió ayuda: el club está en zona de promoción y la situación no es cómoda. Hay otros cinco jugadores que ya habían jugado conmigo antes, y también eso ayudó en mi decisión. El Terek, mi club anterior, me quería retener, pero la forma de negociar no fue la indicada, así que enseguida decidí irme por menos dinero. Cuando les escribí por primera vez, hace unas semanas, estaba en Terek, el equipo de la capital chechena, Grozny. Muy conectado con el pueblo y la política chechena. Era como un ministerio más. El presidente del club es también el presidente de la República –Ramzan Kadirov–, y los dos vicepresidentes son el ministro de Deportes y el vicepremier. Era la ventana hacia Rusia y el honor de la República. La responsabilidad del equipo no sólo es deportiva. En Terek jugaba en un estadio nuevo, para 35.000 personas. Maradona y otras figuras (Francescoli, Ayala, Dida, Zamorano, Vieri, Figo) vinieron a inaugurarlo. Vivía y entrenaba en Kislovodsk, un pueblo que está a 500 kilómetros de Grozny, ciudad muy parecida a Merlo (San Luis), al pie de una montaña, con aire y agua puro y una vida muy pacífica. Muy lindo... Para los viejos, ja ja ja. Sigo bien acompañado con mis tres mujeres (Fernanda, Juliana e Isabella) y algunos familiares que nos visitan. En general, estoy haciendo una vida mucho más sedentaria y tranquila. El pueblo checheno en sí ha sido muy humilde y apacible. A pesar de la historia bélica que traen encima, a nosotros nos trataron de maravilla. Aunque no podíamos salir mucho, porque son muy fanáticos y a veces se ponen pesados con las fotos o los autógrafos. La ciudad estaba súper controlada: hay un militar armado cada cien metros y controles constantes de autos y bolsos. Si bien la guerra terminó, la zona del Cáucaso sigue en conflicto contra terroristas, y hay miedo en la gente. Sobre todo de que se repita la historia que aquí ya se vio: una ciudad totalmente destruida y miles de muertos. En Terek fui jugador-entrenador sólo por tres partidos, ya que echaron a Ruud Gullit por

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malos resultados y teníamos que salir de las últimas posiciones. Hicimos una dupla con un entrenador checheno. Yo no tenía la autoridad como para poner o sacar jugadores (aunque me puse a mí mismo). Entonces todo fue hablado entre todos, y sacamos adelante cuatro partidos geniales, sin recibir goles. ¡Así que mal no me fue! Me despedí invicto. De las anécdotas de Chechenia, la mejor ocurrió cuando casi mato al presidente en mi primer “día loco” en Chechenia. Íbamos en el auto, él al volante y yo de acompañante. Además, venía con nosotros un tipo de seguridad. En un momento, me dio algo para que tuviera en mis manos. Era dorado, con brillantes y piedras incrustadas: una metralleta. En mi vida había tocado un arma, y estoy en contra de ellas. Así que lo único que hice fue meter el dedo en el gatillo y, sin querer, estaba apuntando al presidente. El de seguridad me bajó la punta y me dijo: “no le apuntes al presidente”; y yo le respondí: “¿es de verdad, tira tiros?”. Kadirov sacó el cargador, me mostró las balas y me dijo: “claro”, y sonrió. Entonces le dije: “¿te reís? Casi te mato… ¿Quién me iba a pagar el sueldo si te mataba?”. Y ahí se empezó a reír todavía más. Kadirov tiene 34 años y es un caso de película. Multimillonario excéntrico, como todos los nuevos millonarios rusos, tiene un zoo propio, el caballo más caro del mundo, aviones y todos los autos de lujos que se les ocurran. Amante del fútbol y los deportes, hizo un partido para que jueguen sus amigos contra Brasil campeón 2002 (Cafú, Bebeto, Romario, Rai, Dunga, Denilson), y en su equipo jugaron Gullit y Lothar Matthäus. Hacía fiestas y traía artistas desde Moscú para que nos canten. De pronto, aparecía por el entrenamiento y armábamos un picado para que él jugara. Yo lo cagaba a patadas, y todos me pedían que lo tratase con más respeto. En fin, sigo por estas tierras. Aparte, en la Argentina no me quiere nadie, ja. Esperé hasta último momento a que se definieran algunos clubes (Banfield, por ejemplo), pero al final las ofertas se esfumaron. La vuelta esperará un año más, o dos, no lo sé… Acá me respetan mucho, y eso hace que a la hora de definir me incline por Rusia, más allá de los dólares, que sin duda hacen bastante fuerza, no voy a mentir.


NOU COMEN

Latorre Vs. Pons Pero el mejor comentarista que hoy en día tiene la TV, simplemente porque colabora con el televidente y le aporta cosas diferentes, debe seguir sufriendo mientras hace su trabajo. Acá va un ejemplo: le pusieron de relator al Bambino Pons, al que lamentablemente ahora hay que soportar también en el Fútbol Para Todos (que cada vez se parece más al Fútbol de los amigos de Araujo), en el partido clasificatorio para la Champions entre el Udinese y el Arsenal. En el equipo italiano juega uno de los mejores delanteros del Calcio: Antonio Di Natale. Y Pons criticó: “el Udinese deja arriba nada más que a Di Natale, que encima no es muy alto”. Exactamente un minuto después, el “petiso” Antonio metió un golazo de... cabeza. Y ahí llegó el contraataque mortal de Latorre: “cuánto mide, no; cuánto juega. Eso es lo que importa”.

Latorre Vs. Niembro Es increíble la pelea ideológica que se está bancando Diego Latorre en Fox Sports contra los muchos bilardistas que trabajan en la emisora. El último ejemplo se dio en el Mundial Sub20. Los partidos de Argentina, claro, los comentaba Fernando Niembro, quien hizo poco menos que una oda al juego de los de Perazzo. Mientras casi todo el mundo criticaba la forma de jugar del Juvenil, Don Niembra destacaba que estaba bien que Argentina se resignara a no tener la pelota y a regalar espacios porque “está golpeada por lo que viene de pasar en la Copa América”, pavada más, pavada menos. Latorre, que se agarraría la cabeza al escucharlo y se taparía las orejas para no seguir haciéndolo, le devolvía la pelota cada vez que le tocaba comentar un partido de la misma competencia. Tras el genial España-Brasil, Diego fue terminante con el mensaje (y no precisamente hacia los espectadores anónimos): “ésta es la manera de jugar”. 10 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2011

Las patas de Boca Una de las frases hechas del fútbol habla de que para que a un club le vaya bien tienen que funcionar bien tres patas: jugadores, cuerpo técnico y dirigentes. Si esta frase fuera cierta, Boca tendría que ir a hacerle compañía a River a la B Nacional. Dos ejemplos: 1) Los miércoles el plantel organiza un asado pero no invitan a Falcioni y compañía. 2) El cabaret de los dirigentes es abierto al público, y no hay horario de protección al menor. La última, al menos hasta nuestro cierre, porque seguro habrá más, fue en el Parque Independencia. Desde la dirigencia, salió un pedido para los de Newell’s: tres palcos. Uno para Ameal, otro para Beraldi y el último para Angelici. El presidente y dos que ya lanzaron su candidatura no pueden compartir ni un partido de su “querido” Boca.

Que no se diga, Grana

Más allá del exabrupto del Turco Asad, que destrozó a Lanús por el planteo de Schurrer en el Nuevo Gasómetro, la realidad es que los del Sur no regalan mucho. Como hay que mantener las formas, en los medios se dirá que Lanús se defiende bien, sabe elegir el momento preciso para atacar y es un equipo equilibrado. Para el que no sabe leer entre líneas, nos permitimos hacer de traductores: Lanús es un equipo chorro.


¿Vila solución?

Una bombita mediática: Daniel Vila tiene pensado poner a Fernando Niembro como Gerente de Deportes del Grupo América. Esto es, canal y radio (La Red). La vuelta de la tira deportiva radial de Niembro le abriría la puerta de salida a Mariano Closs, con quien compartió varias transmisiones, pero al que no alertó del tema.

El enano Passarella Buonanotte dice que entregó el 15% que le correspondía por su transferencia al Málaga. Passarella aseguró que Buonanotte “miente”. Con los antecedentes de ambos, no es muy complicado elegir de qué lado ponerse. Más allá de lo que cada uno piense, parece que la cosa va a llegar a la Justicia.

Milito, ¿No es un amor?

Dormi sin frazada

Guardiola le había hecho la cruz a Gabriel Milito a principios de año, luego de enterarse de que el defensor, a sus espaldas, estaba buscando club. Al técnico le gusta tener todo bajo control, y pretende que el jugador que esté disconforme, lo hable con él. El central eligió otro camino. “Yo estoy encantado y cuento con él”, declaró Pep sin revelar su fastidio en aquel momento. Aunque después agregó: “cada uno tiene que decidir lo que más le convenga, y entiendo que se quiera ir”. Milito, mientras, vendió otra cosa: “Guardiola me pidió que me quede, y como sé que voy a tener más minutos...”. Pero no hubo más minutos para Milito y le sacó el puesto... Mascherano. ¿Habrá vuelto a Independiente por el amor a la camiseta o porque no tenía otra opción?

Carlos Abdo se suele quejar por la herencia económica que le dejó Rafael Savino. Sin embargo, al presidente de San Lorenzo acaban de hacerle una linda jugarreta. Un grupo empresario pagó la cláusula de rescisión de Christian Chávez: 1.500.000 de dólares. Y después se lo vendió al Nápoli en 3 millones de euros. Un millón y medio de dólares son más o menos 6 millones de pesos (lo que pagaron por Chávez). Tres millones de euros son más o menos 18 millones de pesos (lo que recibieron del Nápoli). Ganancia de los empresarios en el pase de manos del jugador: 12 millones de pesos. ¿Le vendrán bien a la economía de San Lorenzo?

Pregunta para hinchas de River ¿No les dio un poco de cosita ver a Pavone con la camiseta de Lanús festejando el gol que le metió a Independiente sobre la hora como si fuera el gol de la salvación?


Para que escuche Piñera Ya era vox pópuli que Germán Lerche, el presidente de Colón, le había hecho la cruz a Sergio Batista porque cuando la Selección se concentró en Santa Fe, nada menos que en el hotel de Colón, el técnico no aceptó un pedido del dirigente para que sus amigos departieran un rato con los futbolistas. Impresentable lo de Lerche, que después aprovechó el fracaso para pedir por todos lados la destitución del Checho. El propio técnico lo blanqueó cuando rompió el silencio con varios medios: “un día antes de jugar con Uruguay, no dejé entrar a la concentración a cuarenta personas amigas de Lerche”. Más allá de la peleíta para Santiago del Moro (el nivel no llega ni a que le interese a Rial), el problema del entrenador es que cree que su equipo estuvo poco menos que fantástico en la Copa América. Acá va la única autocrítica que hizo: “como mi idea siempre fue pensar en la parte ofensiva, al jugar de esa manera te desprotegés atrás. Y la realidad es que la defensa no estuvo segura”. Claro, porque el ataque estuvo letal, ¿no? Sin contar el solteros contra casados de Costa Rica, Argentina metió ¡¡¡¡dos!!!! goles en tres partidos. Y a Uruguay no le pudo meter ni uno jugando con uno más e incluyendo el alargue. Batista ya no está por su inoperancia, ahora le toca a Lerche hacernos el favor.

Bienvenidas las figuras que se involucran en los asuntos sociales. Iván Zamorano, ante el conflicto que vive Chile porque el presidente Sebastián Piñera está en contra de la educación pública para todos, comentó: “en algo debemos estar todos de acuerdo: la educación en Chile necesita un cambio y debe ser mejor en calidad y en acceso igualitario. El aprendizaje al que acceden los niños y niñas más pobres es de muy mala calidad, y no les permiten adquirir todas las capacidades que requieren para desarrollarse al máximo”. Además, el ex delantero de Real Madrid y el Inter italiano agregó que “el financiamiento es un tema fundamental, porque no puede quedar un joven sin la oportunidad de estudiar o que tenga que salir de una carrera con una deuda que no le permitirá surgir como merece su esfuerzo y el de su familia”.

El cinismo de Araujo

Antes de empezar el Racing-Arsenal y una vez que se confirmó que los jugadores italianos, igual que los españoles, habían decidido hacer huelga por el incumplimiento en el pago de algunos clubes, el relator del pueblo (¿de qué pueblo?) hinchó el pecho y tiró: “en el fútbol argentino no pasa nada de eso porque Julio Grondona se encargó de distribuir el dinero como corresponde”. Ya en la primera fecha del campeonato Araujo se había despachado con un editorial incomprensible que vinculó dos palabras que no se pueden tocar: Grondona y transparencia. Le hacemos honor al nombre de esta sección: nou comen.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

El discurso esquizoide proveniente de los micrófonos celebra la “pasión” del hincha, que normalmente conlleva apreciables dosis de violencia. Por otro lado, los comentaristas se escandalizan con el maleducado que escupe a Riquelme. Seamos claros, muchachos: no apelemos a la racionalidad luego de entronizar a un energúmeno que insulta hasta a la hija mientras ve el partido por la tele. Por ALEJANDRO CARAVARIO Ilustración SEBASTIÁN DOMENECH

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uando Boca fue a jugar a Bahía Blanca frente a Olimpo, en la primera fecha del torneo en curso, la pobreza del partido fue olvidada gracias al paso de comedia a cargo de Riquelme y un hincha local. Al momento de ejecutar un córner, el exiguo espacio entre el jugador y el alambrado le permitió al barra acertarle una escupida. Quizás varias, cientos de escupidas. Pero hacer esta cuenta es difícil, toda vez que la televisión multiplica y confunde. No es cuestión de cantidad, dirá el lector, y ha de ser cierto, porque el salivazo agitó una discusión sobre las conductas del hincha, los riesgos de los jugadores, el flojo promedio de la educación pública y, desde ya, la conveniencia de echar mano del derecho de admisión. Como estaba el gran ídolo de Boca en el medio (quien, dicho sea de paso, minimizó el asunto), hubo mayor énfasis en la búsqueda del agresor, que, a la hora de ser identificado, ya había accedido holgadamente al cuarto de hora de masividad. Los dirigentes de Olimpo prometieron impedirle el regreso a la cancha, se disculparon con Riquelme y el incidente fue declinando en la minuta informativa cotidiana.

CIVILIZACION CON BARBARIE Suele suceder con los hechos en que surge la violencia en alguna de sus formas. Los medios elaboran diagnósticos de apuro en los que prevalece el escándalo, la impresión personal y cierto instin-

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to represivo. Porque el tema, además de derramarse de manera compleja hacia el tejido social –lo que demandaría la competencia de disciplinas diversas para una disección atinada, y un tiempo del que la TV no dispone–, exige cierto sinceramiento que atañe a las propias conductas de los denunciantes. Quiero decir: cuando glorificamos a las hinchadas y sus hábitos, cuando pedimos calor y condimento en la tribuna (algo que supone una considerable dosis de insultos, por lo menos), ¿no estamos borrando con el codo nuestros reclamos de “civilización”? Si aceptamos que el fútbol, para redondear un ritual satisfactorio, necesita una cuota de violencia, ¿por qué nos arrancamos las mechas de indignación cuando un señor le planta un gargajo en la cara al mejor jugador de los rivales? ¿O ciertas apretadas que profundizan la ajenidad del equipo visitante no forman parte de la picaresca deportiva por muchos años festejada? ¿No fue un entrenador argentino, todo un profesional adicto al éxito, el que contaminó el bidón del enemigo porque para ganar ningún recurso es impugnable? Sería de gran ayuda que admitiéramos nuestra tolerancia ante la violencia. Y especificáramos los límites.

HINCHADA NO HAY UNA SOLA Para Raúl Gámez, barrabrava y luego dirigente de Vélez, el límite son las trompadas. Acaso tienen –él lo sabe mejor que nadie– un tinte épico y acarrean daños menores. Serían parte de la catarsis aristotélica leve. En una de ésas, después de trenzarse a puño limpio, los muchachos se vuelven mejores. El hincha interpretado por Enrique Santos Discépolo en la película de Manuel Romero de 1951 entendía su espacio en el tablón como un puesto de lucha, donde “romperse los pulmones” gritando no siempre cosas agradables. No había aquí beligerancia, sino –por tomar prestada una palabra de la jerga tilinga– crispación. Y hasta ceguera, pero de índole romántica. Ese hincha –obstinado, radical, ruidoso, inculto y también dispuesto a irse a las manos pero sólo en defensa del honor de su institución- era un cruzado del amor puro. Un hincha idealista e idealizado. Un energúmeno bueno tratando de blindar la identidad. En su caso, la camiseta de los enemigos tiene el color del dinero y los destellos pérfidos de las luces del centro.

¿O ciertas apretadas que profundizan la ajenidad del equipo visitante no forman parte de la picaresca deportiva por muchos años festejada?


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Las escupidas desde el alambre, a las que agregaría los bautismos de orín (por lo general, en vasos plásticos) son un lenguaje habitual de las hinchadas con aquellos que tienen a mano. No hace falta que sean adversarios. Los fotógrafos podrían pasarse semanas hilvanando anécdotas sobre esta práctica repugnante y naturalizada como la presión que ejercen ciertas hinchadas en su casa. Claro que la plebe que agita las banderas es apenas la expresión más ostensible de una agresividad que los hombres y mujeres de la platea consienten. Al igual que muchos que observan el show desde la comodidad de su living. No deja de llamarme la atención que, mientras el morocho que escupió a Riquelme despertó el repudio unánime, un señor maduro, lobotomizado por el fútbol y cuyo léxico se reduce a la letanía de la puteada, se haya convertido en una celebridad.

orgullo, como el que exhibe las pruebas del amor, cuando debería carcomerlo la vergüenza. Me pregunto cómo lo soportan los hijos. Por qué no huyen cuando juega River. ¿O calcularon que la grabación enfrentaría a su padre con un espejo monstruoso y eso lo haría recapacitar? Años de cancha me llevaron a la hipótesis de que la función catártica es ajena a cualquier circunstancia. Es decir, no hace falta que el propio equipo juegue mal, que el árbitro se equivoque a menudo o que los rivales peguen patadas. La purificación a través del insulto sistemático (o la escupida, si la proximidad lo autoriza) es constitutiva del sábado o domingo en el estadio. Hay quienes incluso, por apego a las rutinas, por fidelidad,

Prefiero al hincha y no al consumidor de fútbol. Es decir, al tipo/a que pone en juego sus afectos en esa puja que es un partido o un torneo. Y que, movido por el interés, se adentra en cuestiones técnicas, en interpretaciones y debates. Que, si se quiere, exagera la dimensión del fútbol con voluntad creativa, entre científica y lúdica. A aquellos/as que compran camisetas para actualizar el diseño, que coleccionan estampas del galán del área, a quien no les importa ver jugar, los encuentro insufribles. La potencia de la industria también puede reducir a baratija un producto exitoso.

siempre persiguen al mismo futbolista. Y, al margen de sus cualidades y de su performance, descargan su batería de gritos. Con los árbitros sucede otro tanto: se los humilla por principio. Mi bautismo de fuego en estas arenas procelosas fue en cancha de Quilmes. Allí, una señora de clase media, en compañía de su hija, tomaba sol en la platea baja, junto al alambrado. Una desgracia para el marcador de punta de los visitantes (no recuerdo cuál era el equipo), veloz y aguerrido, que soportó un surtido de alaridos, en general de corte racista, que la mujer le disparaba sin demasiada convicción. Simplemente porque estaba en la cancha. Y en la cancha, aunque uno vaya a tomar sol, se martiriza a los futbolistas. Al igual que en el banco se respeta la cola que se forma frente a los cajeros.

Por qué se estimula la incapacidad crítica como componente genético del hincha. Como su certificado de originalidad. Si la expresión sentimental más acabada es el tumulto, el insulto y la apretada (escalones previos a las acciones drásticas que, curiosamente, sí se condenan con vigor), entonces me quedo con el clima de tertulia teatral de los partidos de tenis del Primer Mundo: aplauso sobrio, sólo en los momentos previstos. El resto del partido, “silencio por favor”. Estimados colegas y variados actores del bello planeta fútbol: no le demos chupetines al diabético. Dejemos la pasión para la alcoba y exaltemos el buen juego, la educación y el placer del espectáculo. De lo contrario, seamos claros: no apelemos a la racionalidad después de aplaudir al Tano Pasman.

CARIÑO Y CONSUMO

NACE OTRA ESTRELLA FUGAZ La actuación del Tano Pasman, la reciente figurita bizarra que nos ocupa, tiene al mediocre equipo de River como coartada para el ejercicio desaforado de una violencia que, es cierto, no excede las paredes de su casa ni –hasta donde vimos en YouTube– abandona el carácter verbal. Pero que, en paralelo a la risa, provoca estupor. No por casualidad, hasta que se hizo pública su identidad, muchos pensaban que se trataba de una simulación. Es que Pasman compone una sátira negra de sí mismo, es casi un personaje de Vittorio Gassman. Actúa una parodia cruel de los permisos que otorga el fútbol a quien lo vive con semejante “pasión” (siempre destructiva). Por caso, insulta a su hija cuando le ofrece un té. La escena podría seguir con una tunda a su mujer a la hora de dormir. Es algo de lo que Internet nos ha privado pero no cuesta imaginar. ¿Nos reiríamos también ante esas imágenes? En la conversión de Pasman en efímera personalidad virtual existe un velado elogio al componente “pasional” del fútbol. El efecto cómico nos distrae, pero la brutalidad de Pasman nos deja leer algo ejemplar. La transfiguración (modélica, platónica diría) del hincha. Trance espiritual del que se vuelve sin mácula ni remordimiento. De hecho, Pasman habla de sus desbordes con cierto retintín de

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Vacío de poder

La AFA no sancionó a River. La AFA anunció un torneo que finalmente no se va a hacer. La AFA decidió que los hinchas visitantes regresaran a las canchas en el Ascenso después de cuatro años. ¿Mejoró la situación? ¿Se trabajó en estos cuatro años en infraestructura? No. No se hizo nada. Todas son ideas de Grondona, que cada día deja más claro que su gestión vitalicia esta por terminar. Por MARIANO HAMILTON

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n el momento de empezar a escribir estas líneas estaba comenzando el partido entre River y Desamparados de San Juan, en la cancha de Huracán, sin público. Desde la televisión se empeñaban en decir que la sanción para River había sido impuesta por el Gobierno de la Ciudad, para tirarle el balurdo por la cabeza a Mauricio Macri. En realidad, la sanción había sido impuesta por el Comité de Seguridad del Gobierno de la Ciudad, ante la extrañísima inacción de la AFA y de su Tribunal de Disciplina, que dejaron pasar la ocasión de sancionar a River como hubiera correspondido, por los incidentes en el Estadio Monumental y por el apriete que sufrió en el entretiempo del partido con Belgrano el árbitro Sergio Pezzota por parte de la barra brava de River, y con la complicidad de dirigentes del club. La sanción para River finalmente fue de cinco fechas de suspensión de su estadio. De esas cinco fechas que jugará en la cancha de Huracán, deberá hacerlo en las dos primeras a puertas cerradas. ¿Habrá descuento de puntos? No, para nada. Nueva Chicago y Almirante Brown, agradecidos. A ambos clubes se les descontaron 18 puntos en 2007 por diferentes incidentes en partidos que definían sus descensos y ascensos, respectivamente. Flaco favor le están haciendo a River, además, algunos socios y dirigentes de segunda línea. En uno de los quinchos que posee el club cerca del estadio, fue herido de un cuchillazo José Serio, quien es representante de los socios en la Asamblea y miembro de MOCRI, una línea interna de la política de River. ¿El agresor? Supuestamente, Marcelo Fattori, un dirigente suplente del oficialismo. ¿Las razones? Viejas rencillas. Acusaciones de apretadas, de pali-

zas, de patotas que le pegan a la gente de bien, calenturas varias... Más de lo mismo en este River extrañísimo, tan violento y tan lejano de lo que uno imagina para un club como River. Todo este asunto es tan agotador que el Chori Domínguez se quejó en su Twitter: “viejo, nosotros dejamos la vida en cada partido; por favor, basta de esta mierda que perjudica a todos los que queremos a River”. Si a todo el entuerto que es el fútbol argentino le sumamos que el presidente de la AFA, Julio Grondona, está sufriendo de chochera aguda, poco queda para esperar. Su ya famosa cintura y su capacidad para anticipar problemas dieron paso, en los últimos tiempos, a comerse todos los amagues y a generar un conflicto tras otro. Ya lo hizo con el anuncio a destiempo de la modificación de los torneos, lo que le costó la reprimenda del gobierno nacional (a todo esto, ¿alguien sabe donde esta Ernesto Cherquis Bialo?). Y ahora sumó otra cucarda con el extemporáneo

anuncio del regreso de los hinchas visitantes a las canchas del Ascenso. ¿Qué cambió en estos cuatro años para que ahora se pueda revertir aquella medida tan impopular? ¿Qué obras se hicieron? ¿Cuánta plata se invirtió en infraestructura? ¿Cuántas campañas de concientización de realizaron? ¿Cómo se modificó la estructura de los estadios y se coordinaron los ingresos de espectadores? La respuesta es una sola, e indubitable: no se hizo nada. Hace cuatro años a Grondona se le antojó que los hinchas no fueran más a la cancha, y ahora se le antojó lo contrario. Entre una decisión y otra no medió ninguna acción para mejorar las cosas. Es más, después de cuatro años de abandono, muchas tribunas visitantes no están en condiciones de recibir gente. Esperemos que, pese a todos los desastres que se están haciendo, no tengamos que lamentar alguna tragedia. Ah… En el momento de terminar estas líneas, River le ganaba 2-0 a Desamparados al final del primer tiempo. La pelota seguía rodando como si nada.

El momento de River, camisetas antiviolencia y tribunas vacias.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

No necesitamos ninguna educación

Sergio Marchi, el capo del gremio de los futbolistas (¿?), pidió que Olimpo ponga acrílicos en vez de alambre para que a los jugadores no les lleguen las escupidas. Qué lindos quedarían los acrílicos si los hinchas siguen escupiendo igual, ¿no? Por CHRISTIAN COLONNA

“Es normal, uno ya está acostumbrado”, explicó Riquelme sobre lo anormal. Minutos antes, un hincha de Olimpo lo había escupido desde treinta centímetros, con el alambre de por medio. Riquelme y el hincha de Olimpo son apenas el último ejemplo. Podría ser cualquier futbolista y cualquier hincha de cualquier equipo. A los arqueros los escupen en todos los partidos. A los laterales. A los jueces de línea. A los fotógrafos... A cualquiera que ande cerca y no tenga la misma camiseta. Porque de eso se trata: de no tener la misma camiseta. Eso permite todo, autoriza el disparate por la maldita causa del ganar como sea. Por escupir a uno de los otros o a un neutral los hinchas creen que están jugando, que están haciendo algo para que a su equipo le vaya mejor. Y no se trata sólo de una escupida. Una escupida es tan aberrante como gritarle “borracho” a Ortega, “cornudo” a Simeone o “asesino” a Buonanotte. Eso no es folklore, es mala educación. Gritarle asesino a un chico que sufrió un accidente y perdió a tres amigos es ser mala persona. Y encima, después están las explicaciones: “Uno lo hace para achicar al rival”. Como dijo el hincha de Olimpo: “lo hice para hacerle sentir a Riquelme la localía”. Al menos reco-

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noció que a su madre le dio vergüenza verlo y que ella le dijo que no lo había educado de esa manera. Está claro que mucha gente en la cancha se transforma. Y por más que esto sucede desde hace muchísimo tiempo, es hora de pensar en cambiarlo de alguna manera. Por los que son parte del espectáculo y por los que simplemente van a ver ese espectáculo. Sin embargo, el mensaje que bajó Sergio Marchi, el capo de Futbolistas Agremiados, no ayuda a la causa. “Olimpo tiene que hacer lo que yo hace muchos años le pedí a Boca: poner los acrílicos en las tribunas para que esto no pase más”. Marchi pretende atar con alambre (o con acrílicos). ¿No vio cómo se fue Almeyda de la Bombonera en el último superclásico, por ejemplo? Los futbolistas tienen que plantarse de una vez. No puede ser normal que

Riquelme diga que es normal que lo escupan. No se puede aceptar. Ah, en la fecha siguiente que Olimpo jugó de local ya estuvieron los acrílicos pedidos por Marchi. Y a Riquelme lo escupieron en la cancha de Newell’s. Mientras el fútbol mundial apunta hacia la desaparición de los alambrados, en el argentino, dentro de poco, se verá el juego a través de vidrios. Hace cinco años, en un ZaragozaBarcelona, a Samuel Eto’o los hinchas locales le gritaban “uh, uh, uh”, tratándolo de simio. En un momento el camerunés no aguantó la agresión y le dijo al árbitro “no juego más”. El propio árbitro, Ronaldinho y Ewerthon (un brasileño de piel negra que jugaba en el Zaragoza) lo convencieron para que siguiera. Lo mismo había sucedido unos meses antes en el Calcio: Marco Zoro, un marfileño que jugaba en el Messina,

Por escupir a uno de los otros, o a un neutral, los hinchas creen que están jugando, que están haciendo algo para que a su equipo le vaya mejor.


decidió parar un partido contra el Inter por los insultos racistas que estaba recibiendo. En este caso fueron Adriano y Oba Oba Martins los que lo convencieron de que continuara jugando. Por supuesto, estos dos hechos aislados no solucionaron nada. Ni siquiera la multa de 9 mil euros que le cayó al Zaragoza. Tanto en España como en Italia se siguen escuchando insultos racistas. Y a veces no es necesario escucharlos, se los puede ver, como el gesto de Mourinho de “qué olor” al tener a Messi al lado en la última Supercopa. Que la Federación Española no sancione al técnico portugués (no lo había hecho hasta el cierre de este artículo) es un gesto. Pero también fue un gesto (de los buenos) lo que hicieron Eto’o y Zoro. Aunque no hayan cambiado nada, en el fondo, muy en el fondo de alguien, habrán generado algo. El que no ayuda a la causa es el Tribunal de Disciplina (léase la AFA). En la temporada pasada, dio buenas señales al solucionar un par de injusticias: a Galmarini (Tigre) y Teo Gutiérrez (Racing) les quitaron las amarillas que recibieron porque no correspondía que fueran amonestados. Sin embargo, todavía no se atreve a sancionar a futbolistas que cometen hechos graves sin ser advertidos por el árbitro. En la misma fecha en la que Riquelme fue escupido por un hincha, un jugador fue escupido por un rival en el medio de la cancha (no se trata de botonear al que fue porque no es el único ni será el último). La pelota andaba por otro lado, entonces el árbitro no pudo ver la agresión. ¿Y el Tribunal? Nada. Entonces parece que escupir está bien, si al que lo hace no le pasa nada. En Italia, las cámaras pescaron a Ezequiel Lavezzi escupiendo a un rival:

el ex jugador de San Lorenzo pagó con cuatro fechas de suspensión. Hasta hace poco, los árbitros debían detener el partido si escuchaban cantos racistas. Hasta que la hinchada de turno no dejara de hacerlo, el partido no seguía. Algo así como cuando la maestra habla y un par de alumnos en el fondo cuchichean: la maestra se queda callada esperando el silencio para continuar. El hincha argentino debe volver a los palotes del aprendizaje de la convivencia. Evidentemente, no es una tarea sencilla. La masa transforma a la gente. ¿El que le tira una piedra al arquero rival

o a un juez de línea lo haría si estuviese solito en una tribuna? Entonces, una solución más o menos rápida sería terminar con los hinchas apiñados y, a la vez, evitar la impunidad del anonimato. Como ya se propuso en ediciones anteriores, pedimos por butacas en toda la cancha. Y que se sepa quién está ubicado en qué lugar. Después estará en los organismos de seguridad o de disciplina (o hasta en los mismos responsables de los clubes) decidir qué se hace con los que atentan contra el show. Siempre y cuando entendamos que así el show no debe seguir.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

La opresión del consumo

Cómo sería el hincha si la sociedad argentina no fuese capitalista. Sobre esta mirada se construye una reflexión acerca del fanatismo y el prototipo del hincha al que nada le importa el humanismo. Desbocado, y a veces convertido en un proyectil en llamas, el hincha del que nos quejamos no sabe que ha quedado atrapado por unos grilletes. Y que debe luchar por su libertad. Por PABLO LLONTO Foto EMILIANO LASALVIA

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igamos que la cuerda está cortada. Que ya está. Que no hay forma de repararla. Tendremos que construir otra cuerda. Los hinchas argentinos (la cuerda) han sido víctimas de una opresión, como tantas otras. Son producto de una sociedad contaminada. Los ha contaminado primero el consumo, el afán desmedido por una adicción al triunfo. Y luego una marca, la de su camiseta. Los hinchas de los que hablamos ya no tienen salvación. Si hasta unos años atrás éramos parte del último optimismo, hoy sólo esperamos cada sábado, o cada domingo, una tormenta. Por razones inciertas que desvelan a los pocos sociólogos que se ocupan del tema, los hinchas del fanatismo manipulan a los otros hinchas y los arrastran hasta el indigno privilegio de putear juntos, de mofarse juntos, de agredir juntos. En general, actúan en masa (aunque solos también hacen lo suyo), y en la masa es que pierden la conciencia. O, en realidad, pierden la posibilidad de construirla. Acaso todo empieza cuando nada ha empezado. Es que el hincha recibe una identidad sin libertades. Los padres, por ejemplo, y en otros casos los tíos y hasta los padrinos, establecen desde el mismo momento de la primera ecografía cuál

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será el equipo del futuro niño. Las historias personales se van construyendo con los primeros pasos y con los primeros vueltos. La cartuchera del club, la campera, los botines, las medias, el encendedor… Luego siguen las palabras nuevas: aguante, botón, la concha de tu hermana, te vamo’ a matar… Y llega el momento de la primera relación. El sexo abierto, oral y público… con la publicidad. El hincha cambia entonces, cuando las condiciones del ambiente cambian. Yace en la cama una de tres rayas, la pipa, el puma… El consumidor dejó de ser consumidor. Ahora forma parte de un grupo de consumidores. Usando estas variables, el individuo es más fácil de controlar y de ser conducido hacia la guerra con el rival. Así como uno compra en repetidas ocasiones el champú de la publicidad

para tener cada vez más y más el pelo liso, el hincha compra cada vez más y más entradas, cada vez más y más TV, cada vez más y más viajes a Tokio, porque la publicidad ha dicho que hay cada vez más y más copas, recopas, torneos de verano, de invierno y de media estación. Al igual que la falsa felicidad de tener algo, el hincha fanático tiene la falsa felicidad de tener copas, títulos, medallas... Y entonces se hace bilardista, bielsista, carusista o lo que venga, con tal de que quien venga lo haga feliz… por tener algo en sus vidrieras. Ganar pasó a ser parte de un status. E irse al descenso, parte de un desclasamiento que da vergüenza. La misma lógica que lleva a la sociedad de consumo a cambiar el celular cada año, el auto cada dos y las zapatillas cada vez que se estrena un modelo conduce a los hinchas a reclamar con carajos

Al igual que la falsa felicidad de tener algo, el hincha fanático tiene la falsa felicidad de tener copas, títulos, medallas.


y mierdas que los entrenadores se vayan cada seis meses, luego de un campeonato fallido o, si es posible, cada seis partidos, después de una mala racha. El lector de un caño José Sherman se ha enojado con nuestro compañero Colonna porque el cronista ha reclamado que los estadios sean cómodos, confortables y bellos. Lo mismo ha reclamado respecto de tribunas donde te empujan, te codean y te mean. Dice Sherman que a él nadie lo coacciona al canto ni al aliento para el club. Buena frase la de Sherman, porque él debe ser la excepción que confirma la regla. La Argentina no tiene libertad de expresión en las tribunas; en general, se grita lo que gritan los capangas. Y los capangas, que nosotros sepamos, no son los buenos de la película. Tuvo la mala suerte, Sherman, de escribir minutos antes de que empezara el último clásico santafesino (Colón 0-Unión 2), y dijo: “en este momento acabo de ver la entrada de Colon: tres telones, papeles… Y por esas cosas vienen de todo el mundo a mirar los partidos de acá, porque en las tribunas se da el mejor show, que muchas veces supera el partido... ¿Tengo que ver gente pidiendo que se extermine todo eso? ¿Quieren hacerle el juego a Grondona? Por favor... Por algo leo esta hermosa revista, que en muchas ocasiones defendió el folclore y la pasión, y hace muchos años que deje de leer el Olé”. En los últimos minutos del partido, para pesar de Sherman, los jugadores de Unión eran protegidos por escudos y cascos cuando iban a patear un córner, y un hincha desproporcionado le sacaba el aire a la manga por la que debían irse los visitantes para que los jugadores quedasen a disposición de proyectiles, escupidas y furias y mofas de unos cuantos vivos plateístas.

¿Fue siempre así? Un memorioso nos recuerda una imagen que, de ser cierta, perturba cualquiera de las generalidades sobre las cuales ya no se discute en estas épocas. Cuando Racing se coronó Campeón del Mundo después del golazo del Chango Cárdenas, regresó a la Argentina con la Copa. Dio la vuelta en una cancha exhibiendo el trofeo y recibió el aplauso de… ¡todos los hinchas de Independiente que estaban en el estadio! ¿Soluciones? Primero, no hay un hada buena trabajando en el fútbol. Ni la habrá. Por eso,

ante semejante grado de compradores compulsivos, y de ganadores compulsivos, que han convertido a tanta gente en hinchas compulsivos, la única salida parece ser la ruptura con esta ortodoxia que nos apabulla desde al menos treinta y dos años. Las cadenas que nos han impuesto provienen de una maldad consciente. El hincha dominado por el dirigente, por el barra, por la tele, por la marca, por el resultado… Y de maldades conscientes sólo salen cosas malas. Por eso, cantemos a la libertad.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

Bienaventurados los hinchas

Acaso unos cuantos miles de hinchas merezcan el rescate para las páginas gloriosas. Sin dudas, entre ellos, los esforzados y militantes (asociados o no) que dieron batalla en los ‘90 y en la década siguiente para frenar la ola privatizadora que amenazaba comerse todo. Por PABLO DE BIASE Fotos PHOTOGAMMA.COM

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l hincha y los hinchas, pasados por el tamiz de los estereotipos y las clasificaciones en más de 120 años de fútbol, es un tema inagotable, con más entradas que un galán maduro. Miles de taxonomías se entrecruzan en la inevitable sociología popular que, lamentablemente, se construye sobre la base de la “intelectualidad” de los medios deportivos (penosa, aun vista desde el modesto rigor de la ley 1420 de enseñanza primaria libre, gratuita y obligatoria). La pedagogía barata acumulada en tantísimas décadas ha alumbrado un decálogo de lugares comunes, inconmensurablemente imbéciles, a los que la inmensa mayoría de los medios y los periodistas deportivos recurren cada vez que se cae un alambrado o se resfría un juez de línea. Por supuesto, el decálogo encontró su cenit en Clarín y retumba en las mesas y en las charlas de trabajo, mientras la sociedad (futbolera y no) argentina oscila entre considerar a una hinchada como una horda de torvos morenos salvajes –asociada no ya al malón de Mansilla y los indios ranqueles, sino a los marotes en frascos de formol de los paradigmas lombrosianos del crimen que José Ingenieros y Ramos Mejía hicieron conservar en el museo de la Morgue– y la caracterización de “los muchachos”, con

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una sonrisa cómplice y hueca, como si la sangre fuese transparente. Asumiendo que entre una y otra actitud existen 17 millones de variantes de tipologías posibles, intentaré hacer una defensa de “los hinchas argentinos” en un período particularmente trágico de la historia argentina, los años ‘90, cuando la sorda indiferencia para con el destino al que fueron condenados millones de compatriotas por parte de los que se “salvaban” terminó generando una reacción, en todos los frentes, que aún hoy hace sentir sus efectos positivos. UNA ORGÍA DE SANGRE EN LA ORGÍA MENEMISTA En ochenta años de profesionalismo se registraron unas 190 muertes en torno del fútbol. Esta cifra incluye las setenta personas fallecidas por asfixia en lo que

se conoce como “Tragedia de la puerta 12”, sucedida en un Superclásico de 1969, en cancha de River. De las 120 muertes restantes, 75 se produjeron en la década del ‘90, es decir más del 70%. Esta expresión de la violencia social e individual que anidaba en la sociedad neoliberal generó sus propios “anticuerpos”, y muchas verdades únicas fueron puestas en cuestionamiento y adquirieron nuevos sentidos. Simplificando, “la hinchada” dejó de ser una sola, y aquí y allí surgieron “hinchas militantes” que cuestionaban a la barra por su violencia y por su “militancia rentada”. Frente a los titubeos de muchos dirigentes, grupos como los Racing Stones, Los Narigones (de Independiente) y distintos nucleamientos de hinchas de Vélez, San Lorenzo y varias decenas de clubes más chicos le pusieron el pecho a los avances de los grupos financieros

Frente a los titubeos de muchos dirigentes, distintos nucleamientos de hinchas le pusieron el pecho a los avances de los grupos financieros transnacionales.


transnacionales (como Hicks, que logró la mayoría del paquete de TyC y de varios clubes en Brasil, Inglaterra y de países tan distintos como Portugal y Australia), apoyados por Carlos Menem y varios de sus cuadros (Raúl Granillo Ocampo y Carlos Melconian, entre los más notables) en una ofensiva que casi se impone entre 1998 y 1999. Estos grupos diferenciados o al menos disidentes debieron ser públicamente tolerados por las barras bravas oficiales ante su masividad. Fuera de la cancha, por supuesto, hubo infinidad de incidentes “correctivos” y otras formas de intimidación, pero públicamente, con su actitud de “poner para salvar al club” y no “pasar a cobrar para vivir del club”, así como “salvar al club de los buitres financieros”, estos hinchas empujaron a muchos dirigentes a ponerse duros. Por cien millones de dólares (inscriptos en un contrato y con una duración de diez años renovables), Alfredo Dávicce y un grupo importante de dirigentes de River estuvieron dispuestos a ceder el fútbol profesional. La actitud decidida del entonces verborrágicamente seductor Secretario General del club de Núñez fue decisiva para que el proyecto no llegara a

ser tratado por la CD. La presión de Granillo Ocampo, ministro de Justicia en la etapa final del gobierno de Menem, asesorado por Carlos Melconian (representante de unos cuantos grupos buitres), hizo que llegara al Senado un proyecto de ley que planteaba convertir en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) a todos los clubes del país. La actitud decidida de un grupo de dirigentes políticos y del fútbol (recuerdo, entre ellos, a Alfredo Bravo, Raúl Gámez, Carlos Heller y varios diputados de la UCR y el Frente Grande) paró el proyecto. Los verdaderos “héroes” de aquellos días fueron los grupos de hinchas que vencieron el miedo a los aprietes de gente muy pesada que estaba muy loca y enloquecida, además. Debemos recordar, para destacar la valentía de aquellos hinchas, que las barras, en los ‘90, funcionaban en torno a la distinción entre “jerarcas” y “pibes”, y que unos y otros, pero especialmente los últimos, funcionaban en base a combustible elaborado en una cocina de anfetaminas: cocaína y/o pasta base. Los “jerarcas” eran los dueños del cartel (La Doce, Los Borrachos) y hacían los grandes negocios. Los “pibes” se contentaban con delitos menores y venta

de drogas al menudeo. Los hinchas militantes, en tanto, ponían tiempo y cerebro para unirse contra el enemigo común. El abogado César Francis y diversos periodistas acompañaron esta movida, y “los clubes son de los socios” pasó a ser una bandera de lucha, junto a la de los docentes, la de los piqueteros y las de tantos más que habrían de ser protagonistas en la retirada de la derecha y la centroizquierda, fatalmente unidas por sus prejuicios y sus temores, aquí o en España. Por supuesto, así como los Racing Stones debieron sentarse en un sillón frente a Julio Grondona y exponer sin mucha experiencia sus inquietudes como socios de Racing para que su club no sucumbiera a la quiebra total, Los Narigones llegaron al poder en Independiente y adoptaron los mismos vicios que los dirigentes más venales e irresponsables. La huella dejada por la lucha de los hinchas a fines de los ‘90 debe seguir siendo rescatada, sin embargo. Imaginemos por un instante qué hubiera pasado si la mayoría de los clubes se hubieran convertido en SAD. Imaginemos en qué punto del debate estaríamos ahora, e imaginemos todos los juguetitos que hubieran pasado a manos de los magnéticos clarinistas.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

Hinchados de pasión

Alguna vez estudios sociológicos o antropológicos estudiarán a los hinchas de cada país del mundo y los comparará. Mientras tanto recurrimos a uno de nuestros compañeros, de sobrada experiencia en escenarios internacionales para qué nos explique si los argentinos somos o nos hacemos…los más especiales en una tribuna. Por GUSTAVO LOMBARDI

“El hincha es un eterno adolescente”. Leí la frase una vez, y aunque no recuerdo de quién es –como los buenos grafitti, sólo queda la leyenda– me parece que es una buena definición para muchos que ocupan las tribunas de los estadios argentinos. No todos, claro. Generalizar es siempre injusto. Del tipo de hincha que hablo es el que roza el fanatismo. Enajenado y extremista. Aquel de pasión desbordante, de alegría desmedida. Su contagioso fervor y su supuesta “pureza” conviven con su falta de filtro, su agresión contenida –y muchas veces desplegada– y su escasa claridad para ver las cosas en perspectiva. Un adolescente, en el mejor sentido de la palabra. Y en el peor, también. Un eterno adolescente es alguien que jamás crece. Que no alcanza su grado de madurez. Que se queda atrapado en esa instancia donde lo que prima es la inmediatez, la búsqueda de sensaciones nuevas y fuertes, la ilusión de que la vida

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es un eterno presente. Este tipo de hincha es el que un día se queda horas esperando el saludo de su ídolo bajo la lluvia, pero también es el que meses después lo insulta y escupe colgado de un alambrado porque el equipo va último. Pasar del amor al odio en cuestión de segundos. La satisfacción cumplida o truncada. No existe el término medio. En este contexto, la mirada del futbolista hacia ese personaje con el que convive a diario tiene una perspectiva muy particular. Reconoce en él rasgos de su propia personalidad, pero también de una vida ya pasada, porque el futbolista ha dejado de ser hincha para transformarse en un profesional, y la realidad es que mantiene una relación siempre tensa con el fanático del club. Porque el jugador que alguna vez alentó desde la tribuna a su equipo creció, maduró, superó esa etapa (y esto no siempre es algo positivo, perder una pasión no deja de tener un

aire de tristeza), abandonando a ese eterno adolescente para convertirse en un ya aburrido “adulto”; como sabemos, la relación entre los púberes y los mayores es siempre conflictiva, más allá de las muestras de afecto que puedan dispensarse. Hay tantas frases hechas en torno a los hinchas que cualquiera puede resultar tan cierta como falsa. Es que el complejo entramado social que asiste a un estadio es tan variable que dificulta la ecuación. ¿Pertenecen a esta tipología de hincha todos los que van a la cancha? Obviamente, no. Acotemos, simplifiquemos al máximo las posibilidades, y nos quedaremos con solo dos variables: hincha y simpatizante. Para diferenciarlos, digamos que el hincha es siempre simpatizante, y que el simpatizante no siempre es hincha. Los dos quieren los colores en igual medida, la diferencia es el modo de demostrarlo. El hincha jamás crece: el hincha siempre parece un niño. No importa la edad que acredite su


documento. Tal vez el ejemplo más reciente sea el Tano Pasman, que a pesar de su avanzada edad se comportó frente al televisor mientras River se jugaba su permanencia en Primera como un niño de 8 años a quien le habían quitado su bicicleta. El hincha encontró en el fútbol la alegría y el desahogo que otros ámbitos no le pueden dar. En la tribuna halló un espacio donde poder ejercer estas manifestaciones sin temor a ser restringido. Muchas veces, los estadios se transforman en “zonas liberadas” dentro de una sociedad reacia a la hora de permitir tanto la alegría como la tristeza. Por eso este tipo de hincha es también su circunstancia y su entorno. Difícil encontrarlo afuera de la Argentina. El hincha de estas tierras es hincha toda la semana. Es hincha cuando busca a sus hijos en la escuela, cuando hace las compras, cuando usa un overol o un traje en su trabajo. Por aquí, ser hincha es sinónimo de persona. No sólo alienta a un club, sino que pone en juego un “modo de ser”, una forma de ver el fútbol y la vida. Si salimos de nuestro ámbito y vemos qué pasa en otros lugares, comprobare-

mos que en España, por ejemplo, este tipo de simpatizante se limita a aparecer el día del partido. Casi que sólo esa tarde o esa noche se calza el traje de fanático por sus colores. Y en la gran mayoría de los casos lo hace con el exclusivo objetivo de pasar un buen rato con sus amigos de la peña. El fútbol como excusa para viajar por todo el país, para compartir, para disfrutar. Siempre observé con cierta envidia esta manera de vivir el fútbol. Manera que también fue la nuestra en algún momento, me cuenta mi padre, pero que cada vez se ve menos. Esto pasa en España, pero en Inglaterra ni eso... Para la gran mayoría, los excesos sentimentales por una camiseta de fútbol dura lo que un partido. Con el último pitazo, el árbitro no sólo finaliza un encuentro entre dos equipos, sino que pone punto y aparte al amor por el club, al menos hasta el próximo partido. Ya fuera del estadio, pocos se acercarán a la salida del vestuario para reclamar una foto o un autógrafo. El espectáculo terminó dentro del campo de juego, y fuera de él los protagonistas no merecen un trato diferenciado. Es lógico,

abajo de las tablas no son sino uno más entre nosotros. No sé si esa fría racionalidad es para envidiar. Como futbolistas, nos cansamos de declarar cuánto extrañamos cómo se vive el fútbol por estos lados. Extrañamos esa explosión que se siente en el medio del pecho al salir por el túnel. Extrañamos sentir cómo vibra el césped cuando 40.000 tipos saltan juntos en las tribunas. Extrañamos esa marea que se desborda las tribunas y te atrapa y te levanta por el aire cuando se logra un campeonato. Eso sí se extraña. La dicotomía aparece cuando salís del túnel y son los escupitajos los que te reciben, cuando es el micro que te lleva al estadio el que vibra por las piedras y palos que golpean, cuando esa marea desbordante irrumpe encapuchada desde las tribunas para increpar a los jugadores en medio de un partido. Igual que un adolescente, el hincha sufre en demasía por los vaivenes de su amor. Un amor incondicional, pasional y sincero, pero un amor que a lo largo de la vida seguramente le regalará más tristezas que alegrías.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

No han de ser tus caídas tan violentas

Nadie ignora, a esta altura, la importancia y la influencia de los medios de comunicación en nuestros días. Pero también nadie se ha puesto a estudiar el impacto de los periodistas sobre el hincha argentino. A modo de adelanto, nuestro compañero dice sus cosas desapasionadamente. Por PABLO CHEB TERRAB

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as primeras palabras que se escucharon de boca de Marcelo Araujo en el arranque de la temporada futbolística fueron algo similar a esto: “cuando se anunció que el torneo Clausura se llamaría Néstor Kirchner, muchos pensaron que Racing iba a ser campeón. Esto no fue así. Cuando River se vio obligado a jugar la Promoción ante Belgrano, muchos aseguraron que sería beneficiado y se salvaría del descenso. Esto tampoco ocurrió. Es más: Quilmes, el equipo del que es hincha el jefe de gabinete Aníbal Fernández, y Gimnasia, del que es simpatizante la madre de la presidenta de la Nación sufrieron un descenso. Todo esto demuestra la transparencia del torneo y la independencia que existe en la AFA que preside Julio Grondona”. La cita no es exactamente una cita, se trata de una aproximación en cuanto a contenido. Pero algo sí es exacto: la palabra “transparencia” apareció en la misma oración que las siglas “AFA” y el nombre “Grondona”. Parece un chiste malo, pero no lo es. El ex relator del pueblo cumple y dignifica sin importar cuál sea el poder que lo mueve. Se pasa de obediente, de obsecuente y de irracional. A la hora del dislate, su iniciativa es difícil de igualar. Pero lo más interesante es su perpetua capacidad para tomar al público como un destinatario indiviso, dócil, absolutamente imbécil e irreflexivo. Decir que la AFA es transparente porque no salió campeón Racing, ¿no se acerca mucho a una provocación? Dentro de la impunidad que ofrece el aire, este gesto de adoctrinamiento banal se

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repite en casi todas las transmisiones deportivas que ofrece la televisión argentina. No se trata, para nada, de un patrimonio del Fútbol Para Todos. A lo sumo es una herencia: la pesada herencia de cargar con lo más nefasto que los ‘90 supieron engendrar. La gente que está del otro lado no es considerada porque no se individualiza. No hay diferencias, son todos lo mismo, voy a ayudar bien a los míos, mirá la burrada que voy a decir. Sucede todo el tiempo, en todas partes. El público, esa masa que escucha, se transforma en un hincha fabricado por el ideario mediático: el hombre que deja a su esposa en el hospital, a punto de parir, para irse a ver a Almirante Brown. El que quiere a San Lorenzo más que a la vieja. El que no corre cuando hay tiros, porque banca los trapos. El que llora a mares con el descenso parado en la tribuna. Los mensajes que surgen de los diarios, las revistas, las radios y la televisión parecen armados para alimentar una pasión desmedida. Desmedida y ficticia, sobrealimentada, inflada con esteroides. Una pasión-negocio. Un estereotipo de la desmesura. Cuando buscamos las razones de la violencia, no podemos soslayar la responsabilidad de los comunicadores. Ni

siquiera se trata de un periodista en particular. El sistema genera legitimidad en ciertos temas. Y lo peor es que la gente muchas veces se amolda a las categorías que se le ofrecen, sea por convencimiento o por identificación. Se condena la mala conducta de “algunos inadaptados” porque está permitido, pero el molde más rígido no se rompe, ni siquiera se raja. Se habla mal de las barras, qué indignación, les pagan los viajes, les ponen los micros, venden drogas… Pero no se condena el mal mayor: el aguante, el folclore, te sigo a todas partes, por vos dejo todo, dejamos la vida, te vamo’ a matar. Navajas y pistolas y gente que decide quemar un tacho de basura porque su equipo perdió en el clásico. Un ejemplo reciente: cuando la AFA anunció la pena para River por los incidentes que se produjeron en Núñez durante la última Promoción, Leo Farinella aseguró en Olé que le parecía una sanción muy dura, ejemplar. Recordemos: cinco fechas de suspensión al Monumental, dos sin público. ¿Eso es ejemplar? Quizá Farinella no haya tomado verdadera dimensión de lo que generan sus palabras, o de lo representativo que es su discurso como director del único diario deportivo

¿De dónde sale ese ímpetu de relatores para levantar el espectáculo de a gritos hasta transformarlo en un drama?


del país. A lo mejor no tomó noción real de lo que había sucedido ese día en un barrio transmitido en vivo y tomado por la locura (legitimada, por supuesto: se perdió). A lo mejor sólo estaba pensando en el hincha: para la pasión, es más grave la suspensión del estadio que la rotura de un vidrio, de un semáforo, de un local, de cien butacas… La pasión no puede reemplazarse con ninguna otra cosa. Es el aliento por alentar, aunque no nos guste lo que vemos. Es pensar que si no nos gusta, el problema se resuelve en el insulto y la apretada: faltan huevos. Es ver colores y sólo colores o resultados, y no admirar calidad, modos, procesos, personas. Es quedarse afónico, parado, gritando. Es querer sin miramientos. Entregarse. Es cerrarse en una identificación purista y dibujar al oponente como un externo: el enemigo. Regresemos un segundo a las transmisiones de TV. ¿De dónde sale ese ímpetu de relatores para levantar el espectáculo de a gritos hasta transformarlo en un drama? ¿De dónde el optimismo maravilloso de los comentaristas, que se ríen en la cara del televidente y aseguran que se está jugando un duelo apasionante en lugar de un bodrio irremontable? ¿De dónde la tendencia irreversible de amar el espectáculo de las tribunas? “Ah, miren lo que es eso, la entrada de Racing, inigualable espectáculo”. ¿Eso es la pasión? La pasión, siempre, es la respuesta: emotivo duelo, con el corazón, sudor y lágrimas, una fiera, una batalla... El protagonismo mediático está desplazado. Se mira hacia fuera sin importar lo que suceda adentro. Si Oscar Ahumada o Christian Fabbiani deciden decir algo malo de River, hablan del silencio de la hinchada. ¡Oh, escándalo, no cantan, no gritan! Los medios se hacen eco: es el tema del día, del mes, del año. Un abogado de Boca le dice a un doctor de Newell’s: no te plantaste. No existe afrenta más cruel. En cambio, el elogio se abraza a la fidelidad, y los periodistas la resaltan: Lanús llena la cancha siempre, miren esas tribunas pese al frío, es impresionante el público que vino desde Bahía, el show esta noche está en la tribuna. Los jugadores compran ese mensaje y lo replican en los medios masivos: la gente es impresionante, tienen derecho a putear, ellos pagan su entrada, el públi-

co nos ayudó desde afuera, no es lo mismo jugar sin ellos. “Dejamos la vida en cada partido”, dicen sin la conciencia de lo obvio: si realmente dejaran la vida en un partido, no podrían jugar el siguiente. La noción implícita también es nefasta: transpiramos la camiseta, corrimos un montón. ¿Cómo jugaron? Ni siquiera importa. Incluso, quizá, jugaron bien. Pero no importa. Y si hay peleas dentro o fuera de la cancha, si se rompe el alambrado o alguien tira una bengala, aparece el micrófono de rigor: fue un momento de calentura, las revoluciones están a mil, por dos tarados pagamos todos. La publicidad es lo que menos ayuda. Miren con detenimiento los avisos de cualquier marca relacionada con el fútbol desde el Mundial para acá, sin importar el producto a promocionar: camisetas, botines, bebidas energéticas, figuritas, afeitadoras... Difícilmente se hable de juego. Es prácticamente imposible que se muestre una gambeta. El foco está puesto

en la pasión y en el mentadísimo amor a la camiseta. A partir de ahí, la industrialización de esa pasión y todo lo que genera. La venta está dirigida al público cautivo, la base narrativa es siempre la locura de los actos que surgen desde el amor innegociable. El hincha es bombardeado minuto a minuto con la misma cuestión: monotemática y apabullante. Es forjado como herramienta de este sistema funesto. Es estigmatizado por no ir a la cancha, es dejado de lado por no ser socio, es tratado poco menos que de traidor porque no se desgarra las vestiduras a la hora de perder. Es señalado porque no grita desaforadamente un gol. El medio (televisivo, radial, gráfico) legitima, propone y certifica una enfermedad violenta, sanísima y feroz. Una enfermedad proyectada sin oponente cercano, sin modelo alternativo. Una violencia futbolera que se queda cómoda, pese a la crítica liviana, en su perpetuidad.


EL HINCHA QUE NOS HINCHA

El mercado grande de la palabra Entre tanto análisis coyuntural, una teoría forjada por un académico: la violencia en el fútbol surge desde el lenguaje. Según nuestro licenciado en Comunicación Social, su germen se puede encontrar en las palabras que rodean al juego, naturalizadas y repetidas como clichés. Por HERNÁN LÓPEZ WINNE

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s sabido: el fútbol no es inocente. Cuando decimos “fútbol” no nos referimos a un deporte en el cual juegan dos equipos de once jugadores, sobre un territorio delimitado por líneas de cal, en un partido dirigido por un árbitro. “El fútbol es el deporte más lindo del mundo”, se suele sostener con firmeza. Jugadores, árbitros, periodistas, dirigentes, todos coinciden: nada hay, efectivamente, más bello que este maravilloso juego. Lástima, eso sí, el problema que todos consideran insoluble: la violencia. Y “los barras” que, como todos comparten también, ya están “enquistados” en la sociedad. Lo triste del caso es que en las preocupaciones compartidas por todo el ambiente futbolístico se esgrimen argumentos y se escuchan frases que siempre terminan siendo huecas repeticiones de palabras que carecen de todo sentido. “Antes no existían los barras”; “antes no había violencia”; “el problema es educativo”; “la violencia es social”. Para resolver esta coyuntura, las soluciones son generalmente muy semejantes a las propuestas de una plataforma política: “hay que eliminar la violencia de raíz”; “hay que cortar con los barras de cuajo”; “no tenemos trato con los barras ni sabemos quiénes son; estamos en contra de todo tipo de violencia”, etcétera. Un pincelazo de Roberto Arlt, y terminamos con la nostalgia: “estas barras son las que se encargan de incendiar los bancos de las populares, estas mismas barras son las que invaden la cancha para darle el ‘pesto’ a los contrarios, y en determinados barrios han llegado a

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constituir una maffia, algo así como una camorra, con sus instituciones, sus broncas a mano armada y las ‘cascarillas’ monumentales que le dan nombre, prestigio y honra”. La claridad de Arlt nos permite llegar a un punto esencial: el fenómeno de la violencia en el fútbol no es nuevo. Sólo que hoy, quizás más que nunca, reviste un carácter distintivo. Todo lo que podríamos englobar bajo la frase “violencia en el fútbol” (y son muchas cosas que no hace falta detallar), nos invade desde el lenguaje. El lenguaje, como ningún otro elemento, tiene la potencia de crear naturalidad allí donde no la hay, o donde no debería haberla. Entonces, en todos los programas de radio y televisión, diarios y suplementos deportivos, se habla de “barras”, de “hinchas caracterizados”, de un problema “insoluble”. Lo que se enuncia sobre el tema no es más que la afirmación de cuestiones que se presentan como indiscutibles. De esta forma, el problema nunca cambia: “los inadaptados de siempre”. Y la solución, como una profecía autocumplida, no existe ni existirá, porque “siempre” habrá “inadaptados”. Ahí tenemos nuestro problema insoluble.

El lenguaje, como dijimos, es tan potente que construye todo un mundo de naturalidad allí donde no la hay en absoluto. “El lenguaje saca a la luz aquello que una persona quiere ocultar de forma deliberada, y aquello que lleva dentro inconscientemente”, escribió Viktor Klemperer en un campo de concentración nazi. Para entender la violencia en el fútbol es importante, justamente, concentrarse en el lenguaje y en cómo es usado por los distintos personajes que intervienen en el “mundo del fútbol” a la hora de referirse a la violencia. Un rápido rastreo de terminología futbolera nos lleva a armar un repertorio más o menos acotado de palabras y frases pronunciadas por dirigentes, futbolistas, periodistas e hinchas. Si un equipo consigue ganar un partido que parecía perdido, se habla de “gesta”, o de una victoria “épica”. Los jugadores también pueden ser “héroes”. Los partidos pueden ser cuestión “de vida o muerte”, y un equipo puede intentar ganar heroicamente, “a matar o morir”. Se “ejecutan” penales, se “fusilan” arqueros, hay “disparos” al arco. Todos los términos que rodean las notas y los comentarios sobre fútbol llevan una carga de agresividad que,

Klemperer tenía muy claro que en tanto no desapareciera el lenguaje del nazismo, no desaparecería nunca el nazismo.


si se reflexiona sobre ella, de alguna manera preanuncia la violencia. Y lo que ocurre es que, como las palabras están naturalizadas e incorporadas al lenguaje habitual, la reflexión sobre ellas nunca se produce. El lenguaje establecido no se cuestiona. Sin embargo, esa violencia “enquistada” empieza en la palabra; el acto violento, como puede ser una pelea entre “barras”, o inclusive un suceso meramente futbolístico, como un superclásico “de vida o muerte”, antes de ser un hecho sangriento o relevante, es construido por la forma en la que es nombrado. ¿Cabe entonces la responsabilidad de la violencia solamente a “los violentos” o a los “barras”? Si realmente la solución residiera en “eliminar a los violentos”, el problema sería más bien fácil de resolver. Pero si los periodistas, que son los comunicadores, los que deben brindar la información, se mantienen en el plano del lenguaje naturalizado; si los jugadores de fútbol, protagonistas estelares del espectáculo, se empeñan en usar siempre las mismas palabras, convertidas ya en latiguillos, y en propinarse golpes y agresiones

indiscriminadamente dentro de una cancha para luego fuera de ella decir que “el fútbol es un juego”; si los dirigentes de los clubes repiten como loros que harán “lo imposible” para “desterrar a la violencia de las canchas”, pero tienen contacto con los “barras” (aunque lo nieguen), y apañan eso que desde el lenguaje dicen querer desterrar; en fin, si el lenguaje, en lugar de ser utilizado como una resistencia, como un instrumento de potencial lucha frente a los hechos, como un lugar de reflexión ante una situación dada, termina funcionando como un refuerzo, entonces sí, podemos decir que los intentos de alejar la violencia del fútbol serán en vano. Por supuesto, reflexionar sobre el lenguaje no hará desaparecer la mafia de los clubes de fútbol y la corrupción de los dirigentes, pero sí nos puede ayudar a encarar la situación actual desde otro enfoque. Volviendo a Klemperer y a su encierro, él tenía muy claro que en tanto no desapareciera el lenguaje del nazismo, no desaparecería nunca el nazismo. Podrían morir sus líderes, podrían incluso perder la guerra, o fracasar en sus intentos

de sojuzgar al mundo entero y limpiarlo de las impurezas; nada de eso tendría validez, sin embargo, sin una apropiada eliminación de toda forma lingüística. “El lenguaje del Tercer Reich parece tener que sobrevivir en algunas expresiones características; éstas se han introducido hasta tal punto que parecen haberse convertido en propiedad permanente de la lengua alemana”. Al fútbol le pasa eso mismo. Hay un lenguaje futbolero, una jerga especializada, que ya parece ser propia del fútbol. Y esa jerga, con su terminología específica, con sus metáforas y sus clichés, ya tiene incorporadas las raíces del lenguaje violento, el que afirma ciertas cosas para ocultar otras. Dentro de esas cosas que oculta está el último eslabón de la cadena: las canciones de las hinchadas. Porque si el germen de la violencia es el lenguaje, indudablemente las “canciones de cancha”, hoy más que nunca, cobraron una plena dimensión violenta de la cual nadie se ocupa ni parece querer ocuparse. ¿No será, acaso, que todo empieza cuando nos dicen “te vamo’ a matar”?


EL HINCHA QUE NOS HINCHA

Dame la E

El éxtasis (o ecstasy para ingleses) es algo más que una droga que causa alucinaciones y alegrías. Según algunos estudiosos del fenómeno de los hinchas violentos en Inglaterra, la sustancia tuvo algo que ver en la disminución de las agresiones de los hooligans. Creer o no creer. Nuestra colega en Londres, preparó el informe con todos los factores en danza. Por MARCELA MORA Y ARAUJO

I

nglaterra pasó de ser el país con el peor problema de violencia en el fútbol, sobre todo durante los ‘70 y los ‘80, a ser un país líder en materia de la erradicación de la violencia de las canchas. Una suma de factores contribuyó al nuevo panorama, a comienzos de los ‘90. Los cambios se dieron de la mano con la creación de la Premier League, una liga de élite que rompió records en sumas millonarias de comercialización y televisación. La cultura popular atravesó mutaciones. La emergencia de la nueva droga ecstasy tuvo un impacto impredecible. Se impuso un tipo de música nuevo, y una forma de fiesta clandestina al aire libre que duraba toda la noche, las raves. Esto, a su vez, tuvo varios efectos. Por un lado, estas fiestas debían ser organizadas sin el conocimiento de la Policía, y se apeló a quienes mejor sabían organizarse de esta manera: los hooligans comenzaron a actuar como seguridad informal de estos eventos. Gradualmente, los mismos grupos que hasta entonces se reunían en el centro de Manchester un sábado al mediodía para un combate, empezaron a reconocerse por haber pasado toda la noche del viernes y la madrugada del sábado bailando juntos, abrazándose bajo los efectos del éxtasis. De a poco no tuvieron más ganas de pelear. En las tribunas de Manchester aparecían bananas inflables gigantes. El público del futbol había cambiado. Numerosos estudios (Mark Grimson, de Lifeline) atribuyen el fin del hooliganismo al aumento del consumo de éxtasis entre los jóvenes. El uso de la droga es comúnmente asociada con una reducida agresividad y un aumento de empatía entre individuos bajo su influencia. Sobre todo en comparación con el alcohol, la sustancia tradicionalmente de mayor consumo entre el público futbolero. Pero hay otros factores que sucedieron también en torno al fútbol: las entradas a la cancha aumentaron de precio, desplazando a ciertos sectores. Si bien la demografía del hooligan nunca fue necesariamente de escasos recursos (muchos de ellos banqueros, o trabajadores de la city), es un hecho irrefutable que hoy en día ir a ver futbol de élite es prohibitivamente caro. Además, la venta de abonos por temporada superó la venta de entradas a partidos

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individuales, lo que permitió controlar mejor a los espectadores. Cambios que en su momento parecían impensables fueron implementados rápidamente. Los estadios cambiaron su estructura: no se permitió más publico parado: todos con su asiento. Se instalaron cámaras, la policía fue entrenada por los servicios de inteligencia, comenzaron a divulgarse operativos que utilizaban informantes –oficiales vestidos de civil infiltrando grupos organizados– y rigurosos archivos para identificar a los líderes de los grupos violentos organizados u otros elementos no deseables. Se implementaron prohibiciones y negativas de acceso al estadio de ciertos individuos. Se prohibió el consumo de alcohol en las tribunas. Queda claro que ni las políticas, ni las fuerzas de seguridad, ni la Policía, ni el éxtasis funcionaron como una cura. Hubo muchos niveles de cambio, y un entendimiento sociológico de la psicología subyacente que impulsaba a algunos jóvenes a buscar la violencia como programa (Dr. Clifford Stott, Universidad de Liverpool). En un panel reciente, Dougie Brimson, ex hooligan, sostuvo que a menudo es difícil explicar a quienes no conocen la experiencia la intensidad de la adrenalina durante los incidentes de violencia organizada. “Es sumamente excitante y estimulante; tremendamente divertido”, dijo Brimson. Si bien la violencia desapareció de la cancha en Inglaterra –y sobre todo de ciertas canchas, ya que existe aún cierto nivel de enfrentamientos en Inferiores, en partidos que no son televisados y en los centros de las ciudades con hinchadas mas “bravas” o “apasionadas”–, los incidentes de agosto demuestran que la búsqueda de límites. Y la necesidad de participar en actos disruptivos masivos sigue presente. Lo que más repulsión despierta en algunos es la aparente diversión con la que los jóvenes tomaron las calles, rompieron vidrieras y saquearon tiendas, incendiando autos y tachos de basura. El hecho de que es por gusto resulta indigerible. Y aquí nos vemos nuevamente frente al problema real al que debemos apuntar. La violencia como pasatiempo de los hombres jóvenes del mundo. Más allá del futbol. Algo que Inglaterra no ha solucionado.


El regreso de los filibusteros

De las tantas barbaridades que avalan nuestros dirigentes, la relación con las barras bravas parece formar parte de sus “prioridades”. Decidido a premiar a los violentos e intolerantes, Boca comete nuevamente la desgraciada tarea de recibirlos con brazos abiertos. Por DIEGO BONADEO

“Conceder patentes de corso y de represalias, y establecer reglamentos para las presas”. (Atribuciones del Congreso, artículo 64, inciso 22 de la Constitución Nacional). Trescientos años antes de que se sancionara nuestra Constitución, nacía Walter Raleigh, a quien, junto a Francis Drake entre otros, la muy poco graciosa majestad británica, Isabel l, otorgó lo que luego se entendió como “patente de corso”. En buen romance, “permiso para piratear”. Y así se fue expandiendo, fuera de los límites insulares, el imperio británico, allá por los siglos XVI y XVII. Raleigh vivió desde 1552 hasta 1618, y Drake desde 1540 hasta 1596. Entre nosotros, de hecho más que de derecho y en razón de la guerra por la independencia, también tuvieron prebendas varios de los prohombres ensalzados por la historia oficial -y no siempre injustamente, por cierto-. Algunos de ellos han dado sus nombres a pueblos, distritos, calles, plazas, escuelas y hasta clubes de fútbol y sociedades de fomento distribuidos por la Argentina. Y quizás un poco arbitrariamente, y a la luz de lo que en los últimos tiempos maltrata sistemáticamente al entorno del fútbol -que no al fútbol-juego, que lamentablemente se basta por sí solo para maltratarse-, asociar las “patentes de corso” con las libertades y prebendas con que son beneficiados los ilegales legalizados barrabravas no parece del todo disparatado. Las secuelas violentas del descenso de River fueron abordadas con exasperante ineptitud y cobardía por parte de quienes tienen el mandato y, por lo tanto, la obligación de decidir respecto de irregularidades. Y casi ha pasado inadvertido un caso clarísimo de lo que bien puede referirse como otorgamiento de “patente de corso” que, en este caso, involucra a Boca Juniors y a Rafael Di Zeo. Cuentan los memoriosos que la barrabrava de Boca Juniors, “la 12”, nació allá por 1969, y que su primer nombre fue “La barra de Cocusa”. Pocos años después, en 1973, aparece Quique El carnicero, cuyo negocio-glorieta quedaba a metros del estadio. Al poco tiempo empezaron las luchas por el poder, y poco a poco El carnicero se fue quedando sin apo-

yo de sus laderos, hasta que en 1981 José Barrita (El Abuelo) se quedó con el liderazgo a punta de pistola. Otro siniestro personaje cuyo alias era El Cuervo se enfrentó con Barrita en 1988 por denunciar que El Abuelo se quedaba con “vueltos” del dinero recibido por la dirigencia de entonces. Pero en 1994, tras un partido contra River, dos de sus hinchas fueron asesinados en una emboscada, tras lo cual El Abuelo y varios de sus cómplices fueron a parar a la cárcel. Por entonces comienza el liderazgo de Rafael Di Zeo, que también terminó preso por una gresca con hinchas de Chacarita en 1999. Con Di Zeo preso, un tal Mauro Martín pasó a ocupar su lugar. Pero siguieron los episodios sangrientos, como la gresca en Parque Lezama entre barras de Boca. En marzo de este año, un tal Williams Laluz Fernández alias El Uruguayo fue baleado en el cabaret Cocodrilo, en otro enfrentamiento interno entre inadaptados; y por estos días sigue internado y postrado en el hospital Rivadavia. Fernando Di Zeo, hermano de Rafael, fue denunciado por Fernández como su agresor. Mientras tanto, El Rafa parece haber recuperado parte de su anterior status, al ser reconocido por la Comisión Directiva de Boca como socio, y su carnet como tal, segura y lamentablemente, será otra vez su “patente de corso”.

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EL HINCHA QUE NOS HINCHA

La tierra de la B y de la T

Acostumbrados a los juicios generales elaborados desde la mirada de los porteños, también sobre los hinchas se habla como si fuesen todos porteños o bonaerenses. Bueno es saber cuáles son los misterios de los hinchas en cada provincia. Como no tenemos colegas que trabajen para la revista en todo el país (y pedimos disculpas por eso), al menos mostramos cuál es la sensación desde Córdoba. Por OSVALDO ALFREDO WEHBE

P

ara empezar, aún para un riocuartense, conocer el fútbol de Córdoba fue asombroso. Es que entre amigos cantábamos “dale Boca”, “sí, sí, señores, yo soy de River”, “Sanloreee, Sanloreeee”, “la Acadeeee” y “dale Rojo, dale Rojo”. Porque los de tierra adentro, allende el puerto de La Cañada, salvo excepciones cercanas a la Docta, tenemos una cultura muy afista. Nada que ver con el cordobés de la capital de la provincia. Pero nada que ver, eh... Un microclima. Un espacio increíblemente diferente para bien o para mal. De arranque, “la B” y “la T”. ¿Qué es eso? Para ellos, de toda la vida. Pero a Instituto no le dicen “la I”, o a Racing “la R”. No. “La B” y “la T” son Belgrano y Talleres. La Gloria es Instituto, eso sí. Por aquello de un tiempo en el cual, para simpatizantes y periodismo, era un equipo glorioso y perfumado. La Gloria… Pero le dicen Instituto. Como si a Argentinos Juniors le dijésemos “la Asociación”. Porque el club de Alta Córdoba es Instituto Atlético Central Córdoba. Es decir, sería “Central Córdoba”, si esto fuera normal. Pero ya lee usted que no es así. Es muy raro que un hincha cordobés capitalino sepa algo concreto sobre los conjuntos de la B Metropolitana, sobre el pasado y el presente del balompié argentino. Ellos saben de “la T”. Y de “la B”. Y de la Gloria. Y de Racing (de Córdoba). Es pertenencia, pero no es esa locura de Ñuls-Central, por ejemplo. Hay broncas, pero no odios ancestrales como los de Unión- Colón y Gimnasia-Estudiantes. Si hasta en el viejo torneo Nacional se usaba que si jugaba uno de ellos, había banderas de los otros apoyando a Córdoba toda. Hoy es impensado, pero en los ‘70 yo lo vi. No hubo radios, salvo Brizuela y donde él estuviera. En Córdoba, poco se escuchó a José María Muñoz y casi nada a Víctor Hugo. Brizuela y sus relatores. De lo demás, casi nada. Poca violencia hasta los ‘90 y pico, cuando la televisión los hizo partícipes de ese protagonismo que los del puerto tenían con el nombre de “barras bravas”. Hasta ahí, más mamados que otra cosa. Con vino en caja, cuando lo hubo. Después llegaría el fernet, para combinar con el cuarteto la identidad cordobesa que, en una época, fue patrimonio de revoluciones, doctores y peñas subversivas. La Mole Moli bailando y pegando y un tal Juez haciendo

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chistes en los medios cambiaron la escenografía de tiros libres del Daniel y la melena al viento de la Pepona Reinaldi, que se mezclaban con el discurso del Gringo Tosco y Atilio López. El hincha cordobés es menottista por agradecimiento. Por aquello de la Selección del interior. Por Valencia, por Oviedo, por Bravo y compañía. El guaso futbolero sabe bien quién es Grondona, aunque en general los medios no lo ataquen. Y no le gustaba que el termino “culiado” fuera usado en broma, porque si bien es una muletilla, también es una mala palabra. Ahora se acostumbró a que se globalice, “araujice” o “tinellice” la cuestión. El cordobés es muy hincha de la Selección, y le encantaría que juegue en el Chateau siempre. Y de tanto perder fue atropellado por generaciones que hoy salen a Colón y General Paz a festejar los títulos de Boca o River. Una afrenta para viejas generaciones. Pero es lo que hay, diría Cacho Buenaventura. Y lo que sí hay son miles de pibes tirando caños en el parque Sarmiento, en la Ciudad Universitaria y en los barrios en los que quedaron potreros. Son los que cada fecha van a alentar a “la T” , “la B” y los otros con la marcha peronista de partitura: “Viejo y glorioso Talleres de corazón sin igual / Tu barra te lo agradece y te alienta hasta el final… Dale ‘la B’ / Dale ‘la B’”.


HOMBRES DE NEGRO

Por ALEJANDRO WALL Fotos FABIÁN MAURI

Un grande del buen humor

Conocido por algunos gestos histriónicos en la cancha, fue uno de los íconos del arbitraje en los ‘70. Luis Pestarino conserva la sonrisa y da cuenta de los pases mágicos que lo llevaron a ser juez de Primera. En una recorrida por los jugadores de su época, certifica las anécdotas que no dejan bien parados ni a Merlo ni a Bilardo.

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n la mesa de un bar de Avenida La Plata y Metán, en el Boedo cuervo, Luis Pestarino cuenta una historia mística: “Y la tipa me clavó los ojos como quemándome”. Pestarino habla de una mujer que se encontró hace muchos años en el local de su cuñado, algo ocasional. “Y me dice ‘dígame, ¿usted es feliz?’. ‘¿Con mi señora? Al mango’. ‘¿Y en el trabajo?’. ‘Sí, soy segundo jefe de división en el banco’. ‘¿Usted juega al fútbol?’ ‘No, yo dirijo’. ‘Usted está muy triste con su carrera’. ‘Y… Yo veo que mis compañeros se fueron para arriba y yo sigo de línea...’. ‘Usted tiene en su camino una piedra para ascender. ¿Tiene fotos con los árbitros?’. Entonces se las di y las miraba, las miraba, las miraba… Y en un momento dice: ‘Ahí está, es la piedra’. Lo n o m bran a usted y éste lo bocha’”. –¿Y quién era? –El presidente del sindicato de árbitros. –¿Cómo se llamaba? –Que en paz descanse… “Bueno, vamos a hacer una cosa”, me dice la chica, “dentro de una semana va a tener novedades”. Y a los diez días asciendo de línea a Primera D; al poco tiempo, a Primera C; y luego, a Primera B. Hasta que llegué a Primera A. Ahí alcancé a mis compañeros: Goicoechea, Coerezza, Velarde, Duval Goicoechea… –¿Y no sabe qué hizo esa chica? –No la vi más, pero me sacó la

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piedra. Yo tenía un sistema para dirigir: “agua mansa que cae del cielo, fertiliza y da frutos; la que cae torrencialmente, destruye”. Con ese lema me ganaba a los jugadores sencillamente; les hablaba como un padre, sin levantar las manos, sin hacerles pasar vergüenza, y la tarjeta amarilla o la roja las sacaba como el sacerdote levanta la hostia. Pestarino tiene 83 años y un gran sentido del humor. Su nombre nos mete en un tubo y nos lleva al fútbol de los ’60 y los ’70. Fue árbitro internacional durante catorce años. Dirigió hasta 1979, el último año de la era AJG (antes de Julio Grondona). Sin embargo, atravesó la etapa del eterno presidente de AFA como dirigente de Independiente. “Eso era un garito. Puedo escribir dos tomos de todo lo que viví. (José) Epelboim era el representante de Independiente en AFA. Lo mandaban Herminio Sande y Víctor López, que era de Dock Sud. Un día, ese Víctor López me puso en el vestuario un sombrerito chiquito al que le decían

carajito. Y pregunto de quién era. Era de Víctor López. Lo agarré y lo tiré”. –¿Y qué significaba? –Ehhhhhh. Hay muchas cosas que mejor… Pero se equivocó conmigo. Mire, en este momento sólo le puedo decir que no le temo a la justicia de Dios por cómo me desempeñé en mi función como árbitro. –¿Y tuvo muchos intentos de eso? –Noooo, porque era muy querido. No lo intentaban. –Cuando usted empezó, los árbitros no estaban bien considerados... –Yo ingresé en 1953. Empezaba por primera vez el curso, porque estaba suspendido por los ingleses. Antiguamente, los árbitros eran designados por dirigentes de fútbol, y cada cual quería llevar harina para su costal. Fue un dirigente a Europa y contrató ingleses. Que no eran de las ligas europeas, sino de sindicatos –el minero, el ferroviario…– porque traer un árbitro de primera salía mucha plata. Los únicos eran Cox y Gibbs, pero duraron poco. –¿Y entonces usted empieza a estudiar? –Salió un aviso en el diario, y un com-

“Mostaza Merlo viene y me dice: ‘don Luis, ¿me deja pegar una patadita?’. Le contesto: ‘una y se terminó, una y se terminó’. ‘Sí, sí, gracias’. Va y le pega a Potente. ‘A usted se le acabó la cuota’, le dije”.


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pañero del banco me avisó y me lo propuso. Me insistió hasta que me convenció. Me dijeron ‘haga una composición’. Me preguntaron por qué quería ser árbitro. Y me mandé una carta larguísima. Yo me críe en el colegio Don Bosco, y cuando tenía 16 años estaba siguiendo la carrera de sacerdote, pero abandoné cuando mi mamá se quedó viuda y no tenía quién le tendiera la mano para comer. Y ahí dejé. –¿Con el arbitraje ganaba buen dinero? –No, era un refuerzo para comprarme un par de zapatos. Usted tenía muchas divisiones para dirigir, por ahí te tocaban tres o cuatro partidos. –¿Cómo era esa época? –Era el súmmum del fútbol. No me vengan con esto de ahora porque mejor no hablemos... En esa época había que dirigir todo. Ahora, un árbitro es internacional al año. Yo me tragué diez años para llegar. Y éramos nada más que siete, no diez, como hay ahora. Y la edad era hasta los cincuenta años. Pero, honestamente se lo digo, todo lo que hacía era por honor, y los demás se llevaban la guita. Los Juegos Olímpicos eran gratis. Nos daban diez dólares diarios para comer. En el Mundial de 1974, por todo concepto diario, me dieron cien dólares, igual que acá en el ‘78. Pestarino dirigió dos Mundiales y los Juegos de Munich en 1972. En la madrugada del 5 de septiembre dormía en la villa olímpica cuando ocho palestinos, miembros de la organización Septiembre Negro, ingresaron al complejo, asesinaron a dos atletas israelíes y secuestraron a otros nueve. Exigían la liberación de unos 230 palestinos detenidos en cárceles de Israel. El intento de rescate terminó en una masacre: murieron los deportistas,

cinco atacantes y un policía alemán. La película Munich, de Steven Spielberg, recrea esa cruenta historia. –¿Qué recuerda de ese episodio? –Nosotros estábamos hospedados en un edificio hermoso. Nos metieron a todos los referís, al Chato Velázquez, a Márquez, a mí… Había monstruos, como el belga Lodau, de Bélgica… De pronto, el Chato me dice “Luis, escuchá cómo disparan”. “Deben estar tirando tiro al blanco”, le respondo. Pero eran las cuatro de la mañana… Nos despertamos y vimos por la ventana. “No, están matando gente –me decía Velázquez–; no te acerques”. Y vi el momento que más me impresionó: un muchacho saltaba, para irse del edificio, sobre una ligustrina, y vi cómo lo calzaron”. –¿Y cómo reaccionaron? –Estuvimos charlando toda la noche porque no podíamos dormir. La culpa la tuvieron los alemanes, porque el lugar tenía distintas puertas. La distancia era de tres kilómetros por tres kilómetros. Eran todos departamentos, y la puerta principal estaba adelante. Entonces, ¿qué hacían los deportistas? Saltaban el alambrado para no caminar. Iban con el uniforme de sus países y, cuando los vigilantes los veían, no les decían nada. La Villa Olímpica había sido levantada en un campo donde se tiraban todos los escombros de la ciudad. Lo que ellos tenían que haber hecho si agarraban a uno saltando el alambrado era tomarle los datos, llevarlo con el cochecito y la próxima expulsarlo. No hicieron nada. Los palestinos vieron todo eso y se disfrazaron con los bolsos. Esperaron a que el guardia pasara, tiraron las armas y saltaron. Pero cometieron un error. Confundieron la bandera uruguaya

con la israelí, y cuando escucharon hablar español salieron disparando. Los israelíes se avisaron entre ellos y cerraron las puertas, pero con la ametralladora no podés hacer nada… –¿Cómo se vivieron los días posteriores? Los Juegos continuaron. ¿Y en la villa no se sintió en el golpe de lo que había sucedido? –¿Quiere que le diga la verdad? –Desde ya. –Bueno, hay un refrán que dice que a rey puesto, rey muerto. ¿Usted cree que los europeos le dieron cinco centavos de trascendencia al hecho en la ciudad olímpica? Los únicos que le dimos importancia fuimos los curiosos sudamericanos. Los otros estaban haciendo prácticas de remo, de tiro, les importaba tres pepinos... Estados Unidos y la Unión Soviética fueron a rendir honor a los muertos. Yo no fui, porque era una sinvergüenzada. Si ellos lo sabían... La mujer que hizo todo el complot estaba en Bonn. Otros opinaban que había que suspender los Juegos, y yo les decía: “pero si fueron ustedes los que lo hicieron”. Pero bueno, así se terminó, lo más campante… Queda el sello de la tristeza, de la amargura y de la inoperancia. –Dos años después volvió a Alemania para dirigir en el Mundial ’74. –Estuve de línea en el partido inaugural entre Yugoslavia y Brasil. Con Holanda, estuve un partido como juez de línea. Eran pocos los árbitros... Ahora ponen 400 líneas… Además, dirigí YugoslaviaSuecia. Hay mucha envidia entre los árbitros. ¿Usted sabe cómo asciende un árbitro? La barrita mía de amigos va a la esquina de Viamonte y empieza a decir “qué bien dirige Pestarino, qué barbaro”.

Estuve en un partido que fue vergonzoso entre la dos Alemanias. El Mundial 74 se jugaba por zonas y los de Alemania Occidental entregaron el partido. Ganó la Oriental 1-0.

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Mentira, es para que la bola de nieve se haga grande. Y en el Colegio de Árbitros empiezan a revisar mi legajo. En este momento hay una mediocridad impresionante en el arbitraje de todo el mundo. Antes eran reyes. Usted veía dirigir a Kurt Chencher, el alemán, y era increíble. Y al otro también, y al otro también... –¿Qué otra cosa recuerda de 1974? –Estuve en un partido que fue vergonzoso. Entre la dos Alemanias, en Hamburgo. El Mundial se jugaba por zona, y los de Alemania Occidental entregaron el partido. Ganó Alemania Oriental 1-0. –¿Cómo sabe que fue así? –Yo estaba como juez de línea. Si ganaba, Alemania Occidental tenía que ir a jugar con Holanda una fase eliminatoria. ¿Cuál fue la picardía? Que al perder se la encontró directamente en la final. ¿Usted se cree que somos santos? –No, claro. Después le tocó el Mundial ‘78.

–Ahí tuve una agarrada con el presidente de la FIFA, que me quería muchísimo. Yo tuve muchas satisfacciones. Tuve la satisfacción, por ejemplo, de charlar con Grace Kelly. Es que el árbitro en Europa era un gentleman. Nosotros estábamos en el palco. No como hicieron acá, en Argentina, que a los árbitros europeos los mandaron arriba de la tribuna. –¿Y qué pasó con el presidente de la FIFA? –Estando en el país Havelange y Abilio Almeida, vicepresidente de la CFB, me llaman a casa para invitarme a comer al Sheraton. Venía la elección de la Comisión Arbitral y tenían una duda entre Aurelio Bossolino y José Codesal, el mexicano. Le dije a Havelange: José Codesal. “¿Por qué no Bossolino?”, me respondió. “Menos averigua Dios y perdona”, le retruqué. Tiempo después, le dije a Havelange: “fui sincero con usted, pero usted conmigo no. En el Mundial ’74, todos

los alemanes dirigieron partidos de FIFA. Aquí, el único argentino fue Coerezza. El resto, juez de línea. No puede ser. A usted lo pasaron”. –¿Pero cree que lo podían pasar a Havelange? –Sí. Alfredo Cantilo, el interventor de la AFA, y Oyuela, que era del Colegio de Árbitros, hacían lo que querían. –¿Cómo fue la historia del hijo del dictador Roberto Viola que le tiró una bomba a su casa? –Claro, fue así, la tiró al balcón de mi casa. Era el jefe de la barrabrava de Atlanta. Después me dijeron que lo echaron a ese sirvengüenza. En un Atlanta-Chacarita, faltando diez minutos, le di un penal a Chacarita. Cuando vuelvo a casa, mi nena estaba con una amiga estudiando para un examen. Yo estaba en el otro comedor tomando mate con mi señora. Y de repente siento la explosión. Pensé en las chicas, pero cuando miré tenía la ventana

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prendida fuego. Mi señora quería irse de la casa, pero yo agarré un trapo de piso empapado y le pegué a la persiana hasta apagar el fuego. –¿Y cómo supo que era el hijo de Viola? –Era él. Me lo dijo una vecina, que había visto pasar un Fiat 600 blanco, que daba vueltas y vueltas hasta que, cuando ella se metió adentro, paró para tirar la bomba. Era una molotov. –¿Es cierto que Mostaza Merlo le pidió que lo dejara pegar una patada? –Fue en un River y Boca. El árbitro, cuando hace sonar el silbato para que la pelota avance, tiene poder total. Antes, tiene poder discrecional. Tiene que informar. Viene a ser dios, pero en minúscula. Mostaza Merlo viene y me dice: “don Luis, ¿me deja pegar una patadita?”. “Una y se terminó, una y se terminó”, le digo. “Sí, sí, gracias”. Va y le pega a Potente. “A usted se le acabó la cuota. ¿Me entendió?”, le dije. –River tenía otros jugadores bravos. –A Roberto Perfumo no había que

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mirarlo a la cara, sino a los tobillos. Los jugadores terminaban los partidos poniendo los pies en agua con sal. Pero era buen pibe. –¿Y el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía? –¿Sabés cómo le decía yo a ese equipo? –No. –Los criminales de Nüremberg. –¿Qué hacían? –Antes de un partido con River, en la época de Bilardo, Verón y Madero, en el tren que iba a La Plata digo “no, yo no voy a dirigir. Con estos no...”. El partido me ahogaba. Llegué a la estación City Bell y pensé en irme, en decir que me había descompuesto. Pero algo me dio una patada desde adentro y me dijo “seguí adelante”. Y en un córner, lo veo a Bilardo que se agacha. Voy y le digo “señor Bilardo, ¿me abre la mano?”. “No, no, no”. “¿Me abre la mano?”, insisto. Y la abre. “¿Y eso qué es?”. “Nada, una cábala que tengo”. Bilardo tenía tierra. En el córner se la tiraba al arquero. Pero afuera de la cancha eran

buenos muchachos. –San Lorenzo también tenía jugadores difíciles. –En un partido me pongo a contar los jugadores. Y le digo al línea: “hay diez en la cancha”. Llamo al capitán Albrecht y le comento eso: “perdóneme, señor, ustedes tienen diez jugadores, les falta uno”. Y Albrecht cuenta. Mira, mira, mira y faltaba Casas. ¿Sabés lo que le habían hecho los atorrantes de Veira, el Loco Doval y Cocco? Le habían atado el brazo izquierdo a una puerta. El único que tenía. ¡En el vestuario! Cuando vino, le pregunto “¿qué le pasó?”. “Nada, estos sinvergüenzas me ataron el brazo”. Esas cosas hacían. Pestarino se levanta de la mesa del bar. En la calle, el compañero Fabián Mauri le hace unas fotos. Camina lento, apoyándose en un bastón y acompañado de su hijo. “Lo tengo por las dudas, sin el bastón voy bien”, aclara. Y antes de llegar a la esquina, saluda y se ofrece para otras historias. Todavía tiene más.


La platita, la platita

Desde los “bajos fondos” acuden al llamado, prestan su servicio en la cancha, cobran y se van. Lo suyo puede ser controvertido, pero importantes funcionarios los necesitan para sus desafíos y jugadores profesionales renombrados los idolatran. ¿Estos son los que juegan por la camiseta? Por JORGE COMADINA

D

e lunes a lunes llegaron a jugar diez partidos, dos por día. La suma básica: 1.000 pesos por duelo. Dicen que ganan nueve y empatan el décimo. Ellos son Carlos Medina y los hermanos Rodrigo y Sebastián Puche Paz, protagonistas de una especie de criatura mitológica de la cancha chica. No tiene demasiada relevancia quién los acompañe, aunque la mayoría de las veces esos puestos son ocupados por incipientes futbolistas que recorren el conurbano. “Mucha gente nos iba a ver jugar y nos pedía. En el peor momento del país, nosotros vivíamos de eso, y los fines de semana teníamos 700 pesos” cuenta Carlos. El boca a boca hizo su trabajo. Los pedían en los destinos más diversos: Villa Fiorito, Once, Constitución, Tigre, González Catán, Santiago del Estero, Chaco, Corrientes... “Si juegan ellos, la movida no se hace”, llegan a decir algunos al verlos venir, prefiriendo perder una seña de 500 pesos. Y ellos, tranquilos, guardan su repartija en el bolsillo y se vuelven para el barrio. Se los conoce como “Los pibes de Laferrere”, aunque en aquellos tiempos, cuando todo empezó, se denominaban “Los Andes”, como la remisería de uno de los responsables de todo esto. “Casi veinte años atrás teníamos un equipito de La Matanza que empezó a jugar por 400 pesos, y de repente nos vio un vecino del barrio, el Gordo Roberto. La plata la ponía él y se repartía entre todos por igual” rememoran. Luego vinieron los campeonatos relámpago de 96 equipos con una inscripción de 300 pesos, donde tuvieron la oportunidad de ganar y empezar a escribir su nombre en el inconciente colectivo del ambiente. Por ese logro comenzaron a recibir propuestas. “La base era de 10 mil pesos, y afuera apostaban como 40 mil pesos más” recuerda Carlos, un reciente padre que gracias a esto construye su casa. En ese contexto, si salían vencedores, podían llevarse 2 mil pesos cada uno en sólo sesenta minutos y

practicando el deporte que más les gusta. Pero su fama trajo amores y odios. Un ejemplo oscuro fue la muerte de uno de sus acompañantes a causa de una emboscada, luego de un reto en Villa Albertina. “Eso nos hizo replantear la continuidad del grupo, tomar la decisión de dejar los intermediarios y evitar lugares inseguros”. Largo, como le decían, estuvo internado dos semanas y falleció tras una feroz golpiza. Conocieron a un rival duro y consolidado de Tigre que los quería enfrentar. Fueron seis encuentros donde no se sacaron ventajas, aunque siempre tuvieron que hacerlo de visitante (los del Norte no se animaban a dejar la localía). Esa relación hizo que los jugadores contrarios los tentaran con formar parte de un equipo muy importante. No era ninguno de la AFA, sino el team del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. “Nos dijeron que estaban jugando para Scioli y nos invitaron. Hasta llegamos a jugar en el Estadio Único”. Jugaron contra empresarios famosos de la carne, Selecciones de ex jugadores y hasta con los campeones latinoamericanos de Futsal, Pinocho, a los que vencieron. Muchos se preguntan por qué no están jugando en ningún club. Entre ellos, futbolistas reconocidos como Néstor Ortigoza, hoy en San Lorenzo de Almagro, quien por la televisión se refirió a ellos. “Que nos nombre Ortigoza es un orgullo. Él también jugaba con un equipo en Merlo, y así nació la amistad”, comentan los hermanos. Tal vez por holgazanería, quizás por preferir jugar un partido por plata y no someterse a una prueba o sólo por amor al potrero, estos mercenarios del fútbol suman algunas changas a su rutina de goles para progresar, poder construir su futuro y mantener a sus familias. Y ante la pregunta de cómo ven al fútbol profesional, sólo atinan a contestar: “cambió mucho, hoy ya no se juega por la camiseta”.

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Gran encuesta nacional II

Los lectores demostraron que están con muchas ganas de participar y se entusiasmaron con la encuesta de Un Caño. Entre el Facebook y el mail, redondeamos los 512 votantes, aunque no todos lo hicieron en todas las categorías propuestas. También llegaron propuestas de campeonatos. Pasen y vean qué opinan los hinchas de fútbol.

N

uevamente, tuvimos una muy buena respuesta de los lectores al convocar la encuesta. Esta vez las vías de comunicación fueron por Facebook y por mail, por lo que muchos de ustedes pudieron constatar los resultados parciales. En primer lugar, queremos aclarar que la propuesta de torneo que realizamos en la edición anterior había sido pensada teniendo en cuenta el parámetro que en aquel momento bajaba desde la AFA: la unificación de la Primera División y de la B Nacional. Si esa idea no se retoma, lo que por ahora parece ser lo más racional, convenimos como muchos lectores que lo mejor es volver a los torneos largos, tal como se jugaban históricamente, con el agregado de la Copa Argentina (una propuesta realizada por Un Caño en septiembre de 2009 y que ya se está disputando). Si nos atenemos exclusivamente a la opinión de los lectores, digamos que el 95,8% de los que votaron no está de acuerdo con la organización actual de los torneos. Apenas un 4,2% está conforme.

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¿Te gusta como están organizados los torneos en la Argentina? SI 4,2%

ferencia en las opiniones: algunos dicen que debe jugarse de marzo a noviembre, mientras que otros prefieren mantener el actual cronograma, unificado con Europa. El actual diseño de dos torneos cortos, de 19 fechas cada uno, le gusta al 8,8% de los simpatizantes que emitieron su voto.

¿Preferís un solo torneo largo por año o dos cortos? CORTO 8,8%

NO 95,8% Ahora bien, ¿qué es lo que quieren los hinchas, o al menos los lectores de Un Caño? El 91,2% va por el lado de los torneos largos, de 38 fechas, aunque hay di-

LARGO 91,2%


¿Te gusta la propuesta de Un Caño para un Torneo Federal? Los hinchas también se pronunciaron por el sistema de descenso. El 4,9% quiere que las cosas sigan tal cual como están, es decir con el sistema de promedios. Pero un abrumador 95,1% se pronuncia por el descenso anual.

¿Preferís descensos por promedios o puntaje anual? PROMEDIO 4,9%

La Promoción, para nuestra sorpresa, tuvo un voto rechazo más alto de lo que suponíamos. El 57,5% dijo que no la quiere más. Mientras que el 42,5% pidió que siguiera. De ese 42,5% se desprende la cantidad de promociones solicitadas: por dos, se inclinaron el 95,5% ; por tres, el 2,5%, y por cuatro, el 2% .

¿Querés que haya Promociones? SI 42,5%

ANUAL 95,1%

NO 57,5%

La cantidad de descensos es motivo de discusión. La mayoría se inclina por dos descensos (45,5%), algo que parece insuficiente si se elimina la Promoción. Por las tres pérdidas de categoría se inclinó el 35,5%. Por cuatro, el 17%, y hasta hubo gente (2%) que lanzó la idea de realizar seis descensos.

TRES 2,5%

CUATRO 2%

¿Cuántos descensos debería haber? CUATRO 17%

SEIS 2%

DOS 95,5% El tema más polémico, por supuesto, fue la propuesta de Un Caño que, pese a que quedó desactualizada, tuvo un extraño respaldo del 71,2%, mientras que el 28,8% estuvo en desacuerdo.

TRES 35,5%

NO 28,8%

SI 71,2% De las propuestas que llegaron, la mayoría se inclina por el torneo largo de 20 equipos, a 38 fechas. El primero es el campeón, y hasta el 5 puesto clasifican para la Copa Libertadores. Del 6° al 11° puesto se ingresa en la Copa Sudamericana, y descienden los tres o cuatro últimos, sin Promoción. Esta misma propuesta, en algunos casos, incluye la variante Promoción: dos descensos directos (19° y 20°) y dos promociones (17° y 18°). También se tiene en cuenta la necesidad de que se dispute la Copa Argentina, simultáneamente con el torneo de Primera. Llegaron otras propuestas más integrales, que hablan de federalizar el fútbol por completo, unificando la Primera con la B Nacional pero siguiendo el mismo criterio hacia abajo: unificar la Primera B, C y D con los torneos Argentino A, B y C. En este caso, se habla de regionalizar los torneos por una cuestión de costos, pero la propuesta, básicamente, habla de terminar con los equipos directamente afiliados a la AFA y con aquellos que no lo son. También se dice que los cambios deben ser graduales. Es decir, que deben tender a las unificaciones, pero con plazos más laxos que permitan que no haya un cambio tan brutal en la estructura de los torneos. Hubo muchas propuestas muy interesantes, pero es imposible publicar todas por un tema de espacio. Lo que proponemos es que las diferentes ideas las cuelguen en el muro de Facebook de la revista para que quede constancia de cada una de ellas e, incluso, para que se genere un debate enriquecedor en ese espacio.

DOS 45,5%

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El torneo que sueña un lector Muchachos de Un Caño, La verdad me parece espantoso el formato que proponen, creo que 38 equipos en una primera división no tiene razón de ser. El principal problema se ubica del Nacional B para abajo. La propuesta es:

Primera A Torneo de 20 equipos, largo, 38 fechas, todos contra todos. Del 1ro al 5to juegan la Copa Libertadores. Del 6to al 10mo la Sudamericana + el campeón de la Copa Argentina. Sin Promedio, descienden 2, 2 promociones (sin ventaja deportiva).

Asunto: ¿ENOJADO? NO, DESESPERANZADO De Juan Ignacio Isern

Todos somos iguales ante las leyes del fútbol: muy chicos. Salvo que seas de los cinco impunes, perdón, “grandes”. Cinco “hinchas caracterizados” (eufemismo con que se denomina a los participantes de las organizaciones delictivas que tienen como lugar de acción principal las tribunas de los estadios de fútbol) ingresan al campo de juego, en pleno partido, y agreden a algunos jugadores. El partido sigue. Aquí no ha pasado nada. Dos “hinchas caracterizados” son acompañados al vestuario del árbitro por dirigentes de la institución a la que dicen adherir en el entretiempo del partido para amenazarlo de muerte. El partido sigue. El árbitro cumple con el requerimiento de los amenazantes y, claro, aquí no ha pasado nada. Decenas de “hinchas caracterizados” e “hinchas dolidos y exaltados” destrozan las instalaciones del club al que dicen adherir, destrozan móviles policiales y, mayormente, destrozan todo lo que se cruzan. El partido ya había terminado, no sigue, pero, por las dudas, aquí no ha pasado nada. Dos hinchas del montón escupen a un jugador. Hay sanción. La AFA legalizó la invasión de cancha, los destrozos (siempre que el dolor de una derrota los justifique) y la amenaza de muerte a los árbitros. Ahora se puede amenazar de muerte a los árbitros, con apoyo de la dirigencia del club. Se puede. Está permitido. Siempre que tu equipo tenga el necesario rating. Pero no se puede escupir a un jugador. Siempre y cuando ese jugador sea una estrella destacada por los medios mal llamados nacionales (digo, si los producen en Capital, todos los que hablan ahí son porteños naturales o por opción –estos últimos son los peores–, y si hablan siempre de las cosas que sienten y hacen los porteños, ¿por qué habríamos de llamarlos nacionales? Ah, sí: porque culturalmente invaden toda la Nación, es verdad). Igual, ya está. Este texto no será leído en ningún medio porteño con llegada nacional, ni en ningún medio de otro rincón del país con llegada nacional (porque no existe). La impunidad asquerosa y flagrante no fue noticia. Casi nada se dijo del tema el día que se conoció la sanción. No hubo repercusiones. Un poco más de tratamiento tuvo la ejemplar reprimenda a “los inadaptados de siempre” que agredieron a nuestro gran baluarte nacional, Román (a la sazón, el empleado más caro que paga el Estado nacional.) Lo importante es que el show debe continuar. Que la pelota no se manche (de saliva) y que todo, pero todo, eh, una vez más, pase.

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Primera B Torneo de 20 equipos, largo, 38 fechas, todos contra todos. Ascienden los 2 primeros, 3ro y 4to promociones. Sin Promedio, descienden 2, 2 promociones (sin ventaja deportiva). Primera C Nacional 100 equipos divididos en 5 zonas de 20 equipos. La división de las 5 zonas se haría de acuerdo a las zonas geográficas. Se arman dos llaves, con los 3 mejores de cada zona y uno que sale de una mini liguilla entre los cinco “cuartos” Arrancan en 4tos, semis, final. Los ganadores de las 2 finales, ascienden, y los perdedores, juegan la promo. Al descenso se van los últimos 5 de la tabla acumulada. Primera D Nacional 100 equipos divididos en 5 zonas de 20 equipos. La división de las 5 zonas se haría de acuerdo a las zonas geográficas. El ganador de cada zona asciende Al descenso se van los últimos 5 de la tabla acumulada. Primera E Nacional 260 equipos divididos en ligas locales (se incluye la liga AMBA). Los ganadores juegan distintos playoffs hasta llegar a los 5 ascensos. Bruno De Simone

Asunto: NO AL TORNEO GRANDE De Diego Viarengo No apoyo la idea del torneo de 40 equipos y me parece una ridiculez. Me parece que el torneo federal es la Copa Argentina y no es necesario hacer el torneo “clásico” con 40 equipos. De hecho hay países más grandes que el nuestro, como Brasil (20 equipos) o Rusia (16 equipos), que no tienen una liga con tantos clubes. Hay equipos como Belgrano, Unión o Rafaela, que les costó mucho ascender, y ahora podría ascender cualquier equipo que salga a empatar todos los partidos. Además, no me parece que a clubes como Central, Gimnasia, Huracán y River les guste el ascenso de esta forma. Yo soy hincha de Boca y no me gustaría que si este año termina en zona de Promoción, no la tenga que jugar por este nuevo invento. Creo que unir la primera y segunda división no es “federalizar” el fútbol. Me parece que con que exista B Nacional el fútbol ya está federalizado y todos los clubes, tanto los del interior como los directamente afiliados, tienen la misma chance de ascender. Si aumentan los ingresos para los clubes de segunda división y los igualan a los de primera, no me parece mal, porque la AFA les da más herramientas para llegar a primera, pero lo que no está bien es que directamente lo suban sin ningún esfuerzo del equipo.


La música del azar

Definir revoleando una moneda no es lo más recomendable en el fútbol. Sin embargo, la historia argentina registra antecedentes. Uno de nuestros buscadores de historias extrañas realiza este rescate de las profundidades de un archivo. Por EDGARDO IMAS

E

n el fútbol, el azar ha estado siempre presente como una contingencia natural en el juego. Sin embargo, hubo un tiempo en que la FIFA lo introdujo en los reglamentos. Ni los penales ni la diferencia de gol aún tenían la última palabra. Un sorteo podía definir un título o una clasificación de importancia. Así se decidió la plaza que disputaban España y Turquía para el Mundial de 1954. En Estambul, los locales se recuperaron del 1-4 sufrido en Madrid y ganaron 1-0, forzando un tercer partido en Roma que terminó 2-2. Como no hubo goles en el alargue, se aplicó el reglamento: un niño con los ojos vendados eligió un sobre entre dos que contenían el nombre de cada país. De este modo, Turquía llegó a Suiza, el primero de los dos Mundiales que jugó en su historia. En el Sudamericano Sub-20 de 1967, la Argentina, con Perico Pérez en el arco, Quique Wolff y García Cambón, se consagró campeona por el azar, tras empatar 2-2 la final con Paraguay, el local. No hubo goles en el suplementario, por lo que el juez peruano Orozco arrojó una moneda de un sol al aire; el capitán argentino, el riverplatense Jorge Dominichi, eligió el número y no se equivocó. Igual que una semana atrás, cuando la Argentina había eliminado a Colombia gracias a la moneda, luego de igualar 0-0. Entre 1967 y 1970, cuando existían igualdades en las instancias eliminatorias del torneo Regional, clasificatorio para el Nacional, se resolvían tirando la moneda. Pero en los ‘80, cuando parecía que ya todo era a suerte y verdad en los penales, el Consejo Federal de la AFA reintrodujo el sorteo en la definición. Dos plazas para el Nacional 1983 se decidieron el 22 de febrero en la calle Viamonte: las bolillas extraídas favorecieron a Renato Cesarini (Rosario) y Andino (La Rioja), y dejaron afuera a Atlético de Rafaela y Estudiantes (San Luis). En 1962, las Selecciones de Mar del Plata y Necochea definieron una de las zonas bonaerenses del Campeonato Argentino. En Necochea, el 22 de julio, triunfó el local 3 a 1. Siete días después, jugaron la revancha en Mar del Plata. Los de La Feliz debían ganar por una diferencia de tres goles para seguir, ya que si ganaban sólo por dos habría tercer partido, y si vencían por uno quedarían eliminados. Pero la descabellada reglamentación también establecía que el cotejo no podía finalizar empatado y fijaba un alargue de 30 minutos que terminaría cuando uno de los equipos anotara un gol. Caso contrario, se ejecutaría una serie de cinco penales.

Los de Necochea ganaban 2 a 1, pero a los 94 minutos empató Fillol. Para el alargue, los necochenses decidieron que era más fácil hacerse un gol en contra: perderían 2-3 pero clasificarían por diferencia de gol. Entonces, se invirtieron los roles: necochenses pugnaban por batir su propia valla y los marplatenses por impedirlo. A los 4 minutos, el árbitro Amadeo Fredes suspendió ese “espectáculo deplorable porque era una burla al público”, según declaró a la prensa local. Dos semanas más tarde, la AFA resolvió que el 17 de agosto se jugaran a puertas cerradas en Tandil los 26 minutos faltantes, con gol de oro, pero si ganaba el equipo de Mar del Plata se debía jugar un tercer partido. Indignado, el titular de la Liga marplatense, Rodolfo Danza, renunció y dijo que “el fallo era un regalo a Mar del Plata”, ya que Necochea merecía pasar a la siguiente ronda. Sin duda, un caballero. La continuación del alargue duró poco: a los 11 minutos el delantero marplatense Osvaldo Natta puso el 3 a 2 y, como fijaba el reglamento, el partido finalizó. El tercer capítulo tuvo lugar el 19, también en Tandil. Una multitud presenció el 1-1 y un suplementario sin goles. En los penales, cada equipo convirtió cuatro y erró el restante. Casella, capitán necochense, cantó “cara” cuando el árbitro Roberto Fuster arrojó la moneda, que cayó con la efigie de la libertad hacia arriba. Y así Necochea avanzó a la siguiente ronda. El azar clausuraba un mes de incertidumbre y disparates.

Mundial del 54, un niño elige el sobre que clasificó a Turquía.

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Para la libertad

La gran prensa ha ignorado bastante a Javi Poves, el futbolista español que se retiró de las canchas a los 24 años pegando un portazo y con fuertes críticas al sistema del fútbol y al capitalismo en general. En buena hora, alguien de adentro dice las cosas que suceden en el no tan maravilloso mundo de la pelota. Un Caño fue por sus palabras. Por AGUSTÍN COLOMBO

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on pocos los futbolistas que se hacen conocidos por sus ideas políticas. Son pocos, también, los que conocían al español Javi Poves antes de agosto. Por aquí no sabíamos mucho sobre cómo o dónde jugaba. A decir verdad, tampoco nos interesaba demasiado. Pero advertimos quién era por lo que opinó –y opina– sobre la industria de la pelota. “El fútbol profesional sólo es dinero y corrupción. Es capitalismo, y el capitalismo es muerte”, les vomitó a varios diarios de su país cuando la noticia de su retiro comenzaba a rodar por el mundo: con apenas 24 años, y asqueado del circo deportivo, Poves se despidió del Sporting de Gijón y de las canchas. “No podía jugar sin ser feliz. Mi vida está en otro lugar”, señala ahora, entusiasmado con un proyecto para construir una escuela en una zona pobre del sur de Senegal. –Algunos de los manifestantes de Londres cuestionaron la cantidad de dinero que ganan los futbolistas en Inglaterra. ¿Estás de acuerdo? –Pienso que no tiene nada que ver el dinero que se gane, lo importante es la capacidad de compromiso del futbolista. Mucha gente cree que una persona se compromete porque dona dinero o visita algún hospital. Es un error. La verdad es que los futbolistas dejan bastante que desear en ese sentido. –¿Por qué? –Porque el futbolista, en general, no se compromete. Si se comprometiese, las cosas cambiarían en algo. Igualmente, yo no culpo sólo a los futbolistas, porque desde pequeños los educan para que no protesten, para que no se rebelen y sean

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corderitos bien pagados. Poves y sus compañeros nunca se entendieron. Aunque se comunicaran en el mismo idioma, no había manera. Antes y después de cada entrenamiento, él les hablaba de energía geotérmica o de huertas orgánicas para lograr la autogestión. Además de mirarlo como a un loco, le contestaban con lo último que obligaba a comprar la dictadura de la moda. –Vos te negaste a cobrar por transferencia bancaria y rechazaste un auto porque ya tenías uno. Debe haber sido difícil convivir en un ambiente donde casi siempre se hace apología de la ostentación y el lujo estéril, como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano. –Era muy complicado. En muchas ocasiones, cuando se hablaba de cosas como “mira el coche o el reloj que compré”, trataba de apartarme, porque no me van esos temas. Tampoco salgo por las noches de copas, porque me produce esa misma sensación, pero con el triste agregado de las botineras, como las llaman ustedes. –¿Qué inquietudes tiene el jugador de fútbol actual? –En España, el futbolista sólo piensa en llenarse los bolsillos, porque piensa que así estará más libre en el futuro, un error que la vida les enseñará algún día.

No digo que todos sean tontos. Simplemente, que la mentalidad que reina es la de acumular. –Bueno, ésa es una de las predicas del capitalismo: la acumulación, la codicia. ¿Concebís al fútbol como un reflejo de eso? –Sí, claro. Lo que pasa es que el fútbol está envuelto en un área diferente. El deporte de hoy en día es una competición salvaje, es la producción para crear plusvalía. Tiene todo lo peor del sistema, pero no se lo trata igual, o no se lo discute como a una empresa, porque el fútbol es la entrada de la pasión. –¿Pero para cambiar eso no era mejor dar pelea desde adentro? Es decir, siendo futbolista y buscando diferenciarte del resto, no retirándote. –No, porque los medios me transformarían e irían por mí. Además, yo no puedo jugar sin ser feliz. Por mucho que quieras, no se puede. Al final te das cuenta de que tu vida es otra, está en otro lugar. –¿Qué rol le atribuís a los medios de comunicación en el deporte? –Creo que la prensa, tanto deportiva como general, tiene un cáncer muy profundo que está, en estos momentos, rozando la metástasis. En el caso del fútbol, te das cuenta de que todo lo que muestran

“Desde pequeños los educan para que no protesten, para que no se rebelen y sean corderitos bien pagados”.


los medios no tiene nada que ver con lo que pasa en el juego, dentro del campo. La prensa está abocada a gilipolladas. –Al diario La Vanguardia le dijiste que el valor que le da la prensa al futbolista es un problema. –Sí, entre otros. El mundo del espectáculo lo tiene claro: “creación de ídolos cueste lo que cueste”. Donde el ídolo, con sólo pestañear, cree dinero y fama. Eso me da mucho asco. Porque la educación de los niños se basa en ese mito de idolatría falsa. –Luego de la repercusión de tu retiro, ¿recibiste alguna muestra de apoyo de parte de jugadores? –Recibí apoyo de algunos entrenadores que también están hartos de todo esto. De jugadores no recibí casi nada. Fueron, sobre todo, personas que han entrenado en Segunda Sivisión, o en Segunda B. Ellos saben, como yo, que el fútbol se ha convertido en un circo de payasos y leones. –¿Qué opinás de la huelga en la Liga española? –La huelga viene precedida de años de parsimonia por parte del sindicato de jugadores. O, mejor dicho, de sus representantes. Yo fui muy duro con el presidente cuando lo conocí, pero le di un voto de confianza. Por ahora lo cumple, porque está peleando por el dinero de muchos jugadores de inferiores y divisiones menores que no han cobrado ni un euro y que de esta manera no pueden sobrevivir. Todavía queda ver cómo se solucionará todo. –¿Te interesaría participar en el sindicato de jugadores? –Por ahora no, y creo que en el futuro tampoco. No sé de qué modo, pero yo sé que he nacido para ayudar a todos, no a un colectivo como el de los futbolistas –Entonces te interesaría participar en política. –No quiero pertenecer a ningún grupo. Ahora me centro en saber cada día más para poder luchar contra el sistema de un modo eficiente. La política es corrupta porque ansían el poder para un fin

perverso. El mundo tiene que acabarse tal y como lo entendemos. Si no, el futuro es oscuro. Gobernar hoy no es posible: los amos del dinero dictan, y el político obedece. –¿Pero no creés que existen matices? Europa –quedó claro con el caso de Grecia– parece subordinada al poder económico, es cierto, pero en América Latina existen experiencias contrarias. –Bajo mi punto de vista, en Sudamérica pasa lo mismo que en todos los sitios. Los poderes ocultos que prostituyen cada día a Sudamérica son los mismos que hacen que Europa se hunda. Esa gentuza no mira de qué país eres, sino cuánto te puede robar. El mundo está controlado de diferentes formas pero por las mismas manos. La Reserva Federal, el FMI, el Banco Central Europeo o el corrupto Grupo Inter-Alpha, dominado por la familia Rothschild, controlan todo.

–Hablando de dueños. Vos dijiste que los representantes son los verdaderos dueños del fútbol. ¿Cuál fue tu experiencia con ellos? –La mía fue buena. Yo siempre tuve el mismo, y nunca me ha engañado. Aunque sé que todos son de la misma calaña. Su trabajo se basa en el tráfico de influencias y el aprovechamiento del talento de otros. –¿Qué vas a hacer en el corto plazo, además de retomar la carrera de historia? –Veremos dónde acabo… Tal vez por hablar me metan un tiro, como a Kennedy. Ahora voy a Senegal, cerca de GuineaBissau, a crear una escuela para bebes y niños. Somos un grupo que no está financiado por nadie ni va por ninguna ONG. Hay un jovencito en el Sporting de Gijón que llegó en barcaza desde África y me ha presentado su proyecto. Ya lleva mucho tiempo buscando ayuda, y no he podido decirle que no. Estoy muy ilusionado. SEPTIEMBRE 2011 | UN CAÑO 45


UN CAÑO INVESTIGA

Por GUSTAVO VEIGA

La máquina de reelegir En septiembre, Julio Grondona cumple 80 años. Y en octubre, todo indica que será reelecto presidente de la AFA. Un sistema obsoleto y antidemocrático permite su entronización, con el aval y la complicidad de una dirigencia que habla mucho y hace poco. Los detalles de un entripado que nos avergüenza desde hace tres décadas.

“¡Estoy rodeado de viejos vinagres, todo alrededor! ¡Juventud, divino tesoro!” (Sumo) Aquella letra de la mítica banda liderada por Luca Prodan es un canto a la renovación. Un canto que en la AFA nunca se escuchará, al menos en la próxima elección. Puede decirse que nunca –aún si se mirara el futuro–, porque Julio Grondona lleva treintaiún años de poder ininterrumpido. O sea, nunca hubo cambios en siete votaciones consecutivas desde el 6 de abril de 1979 hasta hoy. Esto es posible porque existe un sistema demasiado aceitado donde cuarenta y nueve dirigentes votan con papelitos que colocan dentro de una urna de madera que puede comprarse en Mercado Libre a 150 pesos. Más o menos así es la cuadratura del círculo grondoniano que sus imperceptibles adversarios nunca han logrado descifrar. Siempre parecen más de los que en definitiva son… El único que se inmoló hasta ahora ni siquiera era un directivo surgido de los clubes. Teodoro Nitti, ya fallecido, había sido árbitro y perdió por paliza en 1991, cuando el presidente iba por su tercera reelección. Sacó un solo voto. Tal parece que el empresario mediático Daniel Vila seguirá su camino, aunque esta vez, con un poco más de plafón. Caminó el interior del país buscando adhesiones a su candidatura, aunque hasta el momento ninguno entre los cuarenta y nueve votantes se pronunció a su favor. Grondona tiene mandato hasta el 25 de octubre próximo, y todo indica que llegada esa fecha volverá a sentarse en la poltrona de la sala de sesiones de la AFA para que lo voten otra vez. Como el Papa ante sus cardenales, mirará a su alrededor que

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todo esté en orden y, si Vila se presentara, deberá someterse a la formalidad de los comicios. Una de dos. Si no hay candidato opositor, el también vicepresidente de la FIFA será proclamado por un nuevo período de cuatro años. Y si lo hay, aparecerá la vieja urna de madera que se conserva como una reliquia y, de a uno, los cuarenta y nueve asambleístas serán llamados a pasar por el cuarto oscuro improvisado al lado del estrado donde se sentará el Santo Oficio del fútbol. Acaso un cruce de miradas bastará para sentenciar la dirección del voto. En ese lugar secreto se colocarán papeles en blanco sobre una mesa, y cada dirigente anotará con una lapicera a quién votará. En 2007, durante la última elección y sin rival de Don Julio a la vista, los dirigentes metieron igual los papelitos en la pequeña urna. “Escribían ‘Grondona’, sin el nombre de pila, como si no hiciera falta ponerlo”, le contó a Un Caño un vicepresidente que siguió muy de cerca la elección. A este procedimiento de anotaciones un tanto rudimentarias, como quien elige al mejor compañero del curso, una fuente de la Inspección General de Justicia (IGJ) lo explicó con más detalle: “poner el nombre del candidato en un papel es un sistema muy antiguo que se utilizaba en las elecciones nacionales hace muchísimos años. Eso es lo que pasa en la AFA, no se imprimen boletas. Y pueden pasar dos cosas. Que alguien solicite el control de la elección o que la Inspección actúe de oficio. Lo que debemos garantizar nosotros es que el voto sea secreto si se presenta más de un candidato”. La urna de madera con los papelitos que en estos treintaiún años, y por abrumadora mayoría, dicen un solo apellido recuerda


a la caja de zapatos donde guarda los cheques el dueño de la ferretería de Sarandí. Dos métodos bien artesanales, fatto in casa. Con las elecciones muy próximas, la única manera que tiene Vila para que suspendan los comicios es una medida cautelar ante la Justicia Civil. Al fracasar el tratamiento del proyecto de una Ley del Fútbol en el Congreso que el dueño de América TV impulsaba junto al diputado tucumano por el Frente para la Victoria Gerónimo Vargas Aignasse, a los adversarios políticos de Grondona se les estrechó el margen de maniobra. El 18 de julio pasado, en una entrevista que le concedió a la página web Fútbol sin filtro, el empresario remarcó una dificultad estatutaria difícil de sortear: “para presentarte a una elección, tenés que conseguir siete avales de los cuarenta y nueve asambleístas que componen la AFA con cuarenta y cinco días de anticipación. Eso ya es una traba grande. Más, teniendo en cuenta que esos asambleístas son cuarenta y nueve voluntades que tiene Grondona compradas hace tiempo”. Campechano en su lenguaje como en sus modales, con cara de abuelito reblandecido, aunque consciente de su inmenso poder, el presidente también dijo lo suyo en sus esporádicas declaraciones de los últimos meses: “yo siempre soy candidato. Parece que habrá elecciones y me voy a presentar por otro mandato. Pero no voy a obligar a nadie. Si quieren que siga, yo sigo; y si no quieran que siga, entonces no sigo”. A Grondona no le haría ninguna gracia –aún si obtiene una victoria muy holgada contra Vila– que se repitiera lo que sucedió el 19 de octubre de 2007, cuando se produjeron dos abstenciones, las de Vélez e Independiente, representados en la asamblea por el actual presidente Fernando Raffaini y el vicepresidente Boris Lisnovsky, respectivamente. Este último voto fue el que más le dolió. Grondona gobernó en el club de Avellaneda entre 1976 y 1979, después de haberse mudado desde Arsenal. Sugestivamente, Boca, Racing y Rosario Central no se hicieron presentes. Era el último año de mandato de Mauricio Macri en su club, y la ausencia boquense abonó las habladurías de un distanciamiento con Grondona. Aquel día de octubre, Crónica TV transmitió en directo los comicios supervisados por la IGJ, que creó un área específica destinada al fútbol profesional dentro del Departamento de Asociaciones Civiles y Fundaciones. Desde allí deberían controlarse las próximas elecciones. Los cuarenta y nueve asambleístas que tiene la AFA se reparten así: veinte por la Primera División a razón de uno por cada club, ocho en representación de la B Nacional (la cantidad ya empieza a bajar un 60%), siete por la B Metropolitana, cuatro por la C y tres por la D. Se suman todos a los siete de las Ligas del Interior para llegar a cuarenta y nueve, sin contar que el Estatuto menciona: “el titular de la AFA es el Presidente natural de la Asamblea, del Comité Ejecutivo y del Consejo Federal”. Por lo tanto, podría votar en caso de desempate. Especialistas en estatutos de asociaciones civiles como los de las federaciones deportivas le dijeron a esta revista que el de la

AFA y su reglamento de comicios son distintos a los que tienen la mayoría de las organizaciones en otras disciplinas. “En el fútbol se vota por categoría, y no todas tienen un voto por la cantidad de clubes que las integran, salvo la Primera A. En las demás federaciones hay tantos votos como instituciones afiliadas. Es muy distinto a la AFA”. Un estudio comparado podría arrojar más de una sorpresa. Y es curioso que Vila, abogado de profesión, además de empresario multimedia, no haya tomado este tema como parte de su campaña. La asamblea es la autoridad suprema de la asociación y, entre otras atribuciones que tiene, elige “a los miembros del Comité Ejecutivo y al Presidente de la Institución”, considera “la Memoria, el Balance General, el Inventario y la Cuenta de Recursos y Gastos” y puede “disolver la AFA o modificar su estructura, de acuerdo a las leyes nacionales vigentes”. Se sabe que existen urnas de madera como la que utiliza la AFA, aunque tienen otro uso y no se desempolvan cada cuatro años para una votación. No parece que el poder de Grondona, un poder que ha cubierto cinco décadas (‘70, ‘80, ‘90, 20002010 y la que está en curso) pueda ser reducido a cenizas, como ocurre con los difuntos. El presidente cumple 80 años el 18 de septiembre, y su influencia en el mundo del fútbol continúa intacta. Qué importa si lo votan con papelitos o si él guarda otros papelitos en una caja de zapatos para depositar en un banco.

Abril de1979, La revista Goles celebra la llega de Grondona.

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No digan que no les avisamos

Un grupo de dirigentes ya arma reuniones para ver si puede hacerle frente a Grondona en las elecciones de octubre. “No somos parte de ninguna decisión y ligamos las críticas”, explican la razón de esta movida. Raffaini, el presidente de Vélez, todavía no se anima a dar el sí para ser candidato, pero dice: “hay mucho para cambiar en el fútbol argentino”. Por ARIEL SENOSIAIN

E

l tiempo parece haber llegado. Todavía no puede saberse cuánto avanzará la idea, menos si prosperará. Sí se puede asegurar que desde los propios dirigentes, acallados durante años, surgieron las ganas de cambiar la estructura del fútbol argentino. Ni grondonistas ni vilistas. Paradójicamente, la revolución se gestó en Puerto Madero. En el restaurante Happening, más precisamente. Allí estiró la noche del martes 23 de agosto un grupo de directivos de primera línea de All Boys, Vélez, Newell´s y Atlético de Rafaela, luego de la reunión de Comité Ejecutivo. El orden de los clubes no es casual: el más comprometido con la causa es el presidente de All Boys, Roberto Bugallo. Ya lo habían hecho, con más presencias, el martes anterior. Y quedaron en volver a hacerlo cada semana. Puede no estremecer el número ni la fortaleza de las instituciones. Pero alguien debe empezar. Y están convencidos, estos pioneros, que sumarán a otros. De hecho, las dirigencias de River, Independiente y Godoy Cruz prometieron su

presencia. Mientras todavía no saben qué papel jugará la de Lanús, las de Unión y Belgrano serán contactadas. En el primer encuentro también había concurrido uno de los principales hombres de la Comisión Directiva de Racing, más abocado luego a las elecciones en su club. El mismo panorama se vive en Estudiantes y Boca, lo que de alguna manera debilita el frente que se está armando. Aquel martes 23, la reunión de Comité no había sido una de esas en las que nada se cambia. Ese día se debatió la vuelta de los hinchas visitantes a la B Nacional (no al Ascenso entero, como equivocadamente se comunicó). En realidad, se debatió a la manera de la AFA. Julio Grondona fue muy crítico con sus cercanos de siempre: “háganse cargo ustedes, en estos años no hicieron nada. Los visitantes vuelven. Yo no me como más las puteadas”. Grondona está cada vez más pendiente de la resistencia popular. No casualmente anunció la marcha atrás del torneo de 38 equipos el día anterior a la manifestación que se estaba planeando en la puerta de la asociación que preside.

Los directivos de la categoría le pidieron un plazo de sesenta días, a lo que se negó. José Lemme, presidente de Defensa y Justicia y representante de la B Nacional, bajó la propuesta: “un mes, Julio”. Grondona le dejó claro el panorama: “¿no me entendés? Nada. Decisión tomada”. Luego también se hizo espacio para fustigar a Noray Nakis, que quedó balbuceando. De ese maltrato hablaron luego los que piensan en el cambio. “No podemos seguir permitiendo el miedo que genera”, concluyeron. Pero lo importante fue el pensamiento unánime de puntos a cambiar en el fútbol argentino. Lo define en intimidad uno de los integrantes de esa reunión: “no somos parte de ninguna decisión, y ligamos las críticas. No tenemos idea de cuánta plata entra, quizás haya un dinero para redistribuir que desconocemos”. Confían en empezar a prescindir de intermediarios para los contratos comerciales y los altos porcentajes correspondientes. No entienden por qué “el dinero de la TV ingresa al contado a la AFA y llega a los clubes a través de cheques

Roberto Bugallo, el presidente de All Boys, es el más comprometido con la causa y el que le hace la cabeza a su colega de Vélez para que acepte pelear contra Grondona.

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a tres meses”. Y quieren darle la importancia debida a la Selección Mayor y a la estructura de los Juveniles. A muchos les molestó haberse enterado la posibilidad de designar a Germán Lerche como secretario de Selecciones cuando ya había sido nombrado. “Lerche se cree agosto: piensa que viene después de Julio”, se divierten hace tiempo en el Comité Ejecutivo. Y recuerdan como anécdota que su hijo, en un palco durante un partido de Copa América, se refirió a “lo que hará mi papá cuando sea presidente de la AFA…”. En su sueño, el hombre de Colón no tiene consenso, igualmente. Como tampoco lo tiene Daniel Vila. Llegado el momento de elegir la cabeza del grupo, las miradas en esa mesa de Puerto Madero condujeron a Fernando Raffaini. Bugallo trató de convencerlo -sin obtener una respuesta- con frases de este tono: “no puede ser que Vélez sea ejemplo desde hace años a nivel dirigencial y nunca haya llegado nadie de ustedes a la AFA”. Raffaini ya anunció que no se presentará en las próximas elecciones en su club. El viernes 26 de agosto, consultado acerca de un eventual futuro en la AFA, ni desmintió ni ratificó la idea, aunque señaló que “hay mucho para cambiar en el fútbol argentino”. Advertidos de la movida, en los alrededores de Grondona llamaron a algunos de los participantes de estas reuniones. “Nos preguntan qué queremos hacer. Se lamentan. Nos dicen que sería una lástima que nos abramos”, aporta aquella fuente. Por ahora es una idea. Con cierto desarrollo. Con distintos criterios, también, sobre la fortaleza del grupo de cara a las elecciones. Todos saben que necesitan más apoyo para presentar una lista que en octubre compita con Grondona. Tienen en cuenta que se acordaron un poco tarde: “todo empezó con el torneo de 38 equipos; la falta de participación en la propuesta generó bronca, y las cuatro abstenciones nos dieron el impulso”. Cansados de levantar la mano sólo para aprobar, encararon lo que puede terminar rápidamente en el desencanto, o bien en lo que sólo Teodoro Nitti intentó a lo largo de tres décadas. Al momento de escribirse esta nota, se cruzaban llamadas entre ellos. Quizás haya novedades en el próximo número.

El anticipo del número pasado Hay varios directivos que, por lo bajo, están haciendo lobby para cerrar filas y llevar a un candidato que pueda derrotar a Grondona el 18 de octubre, día en que se realizará la Asamblea para elegir a las autoridades de la AFA por los próximos cuatro años. El hombre

elegido para llevar al sillón de Grondona es... Nos vamos a reservar el nombre hasta la próxima edición de Un Caño, ya que hace falta chequear con alguna fuente más lo que ya varios dirigentes nos comentaron en voz muy pero muy baja. (Publicado en Un Caño #39).

Fernando Raffaini no desmiente ni ratifica pero aclara: “hay mucho para cambiar en el fútbol argentino”.

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Boleto de vuelta

La maldición de los gerenciamientos y las privatizaciones llovió sobre el fútbol argentino en las dos últimas décadas. De sus secuelas, aún quedan huellas, como en Barracas. El Sportivo quedó en coma y con el nombre cambiado. Una historia para aprender que alguna vez debemos buscar soluciones en el barrio. Por JULIÁN EZEQUIEL LICHENE

S

portivo Barracas, El Arrabalero del sur de la ciudad de Buenos Aires, nació el 30 de octubre de 1913. Cuna de momentos históricos que componen el fútbol argentino. En especial, los vinculados al amateurismo, casi ignorados por los hinchas. En ese estadio que ya no está entraban más de 25.000 personas. Allí, entre Iriarte y Luzuriaga (hoy parque Fray Luis Beltrán), se jugaron todos los encuentros del Sudamericano en 1921, y Argentina lo ganó por primera vez, con el arquero Américo Tesorieri como figura. Allí, donde tres años más tarde Onzari le metió el gol olímpico a los uruguayos que venían de ganar la medalla en París. Allí, donde en 1925 Manuel Seoane volvía locas a las defensas contrarias para que la Selección ganara otro Sudamericano. Allí Barracas fue campeón amateur en 1932, un año antes de que en ese mismo lugar muriese por insolación Héctor Arispe, jugador de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Allí peleó Firpo contra el australiano Tracey y lo venció en el 4º round. Y, en la pista de atletismo, Juan Carlos Zabala corrió “como un ñandú” para ser campeón olímpico en el ´32. Fue el segundo club en hacer una gira europea exitosa, allá por el ´29, derrotando al Milan, Nápoli y Barcelona, entre otros. Es allí donde mucho tiempo después se metió el negocio. El mismo que ignora la historia porque el afán de lucro no puede mirar para atrás. Lo pasado, bien pisado. La de Sportivo Barracas es otra de las tantas historias de clubes del fútbol argentino que se entregaron a los brazos privatizadores. Y hoy vive circunstancias confusas.

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En el 2003, y ante una situación económica difícil y una posible desafiliación por bajo promedio, la entidad, comandada por el tucumano Rodolfo Paverini desde 1994, con el voto unánime de la Comisión Directiva y de toda la mesa directiva de la D, aceptó el gerenciamiento a través del GISA (Grupo Inversor Sociedad Anónima). El mismo estuvo liderado por el periodista deportivo oriundo de Bolívar –igual que Marcelo Tinelli– Enrique Sacco. En una segunda etapa se sumaron el agente de Bolsa Héctor Scaserra y el economista Orlando Ferreres, hombres que, ante la crisis económica que tiene en jaque al mundo, esperan ver qué ocurre con los bancos, grandes responsables de la debacle. Pero el puntapié inicial para privatizar el fútbol de los clubes se había dado unos años antes. En marzo del 2000, la misma AFA lo autorizaba como “plan de recuperación mediante inversiones privadas en el fútbol argentino”. Dice Sacco que “Grondona lo autorizó siempre y cuando estuvieran de acuerdo el club y toda la divisional. Mi modelo siempre fue el Manchester United”, agrega. Hoy el equipo inglés es manejado por el magnate estadounidense Malcom Glazer y tiene una deuda de cientos de

millones de euros. Cuentan que Grondona creía que Sportivo Barracas debía abandonar la Capital Federal para “revivir” su actividad futbolera. Lo increíble es que se cambió el color de la camiseta, ya que del diseño azul y blanco a rayas verticales se pasó al rojo, color que identifica a la Selección de esa localidad. También varió el escudo, y hasta el nombre: pasó a llamarse Sportivo Barracas Bolívar. El traslado abarcaba el fútbol de la Primera y las Inferiores. ¿Cómo harían los hinchas, tanto locales como visitantes, para ir hasta Bolívar? ¿Habrán pensado que estos cambios tendrían el beneplácito de socios? “La verdad es que nunca tuvimos una gran masa de hinchas”, dice el presidente Paverini a Un Caño para justificar la operación. “Igual, Sacco alguna que otra vez puso micros para socios”, completa. Una empresa de transporte cercana al grupo se iba a encargar de los viajes de los equipos que visitaran la ciudad. El objetivo final era hacer convenios con otros clubes y, ante venta de jugadores, hacer diferencia. Timba con el fútbol. Y, de paso, cotizar en Bolsa, cuestión que no pudo lograrse por tratarse de un equipo amateur. Al principio todo pintaba bien. El equipo había conseguido rápidamente

Cuentan que Grondona creía que Sportivo Barracas debía abandonar la Capital Federal para “revivir” su actividad futbolera.


el ascenso a la C y tenía el presupuesto más alto de la categoría. Con jugadores traídos de la D y otros incorporados de la liga bolivarense. Pero la cosa no siguió igual, los resultados no fueron los esperados y los números del negocio, parece, tampoco. Casi no se consiguió vender jugadores.

DOS BOLÍVARES En el 2007 ocurrió otro desaguisado más: por muchos medios de comunicación se habló de que Ricardo Bochini, con mas de 50 años, había jugado un tiempo en un partido del Argentino C y eso constituía un hecho digno de recaer en los libros Guinness. Lo que no se especificó tanto fue que el club era uno que habían inventado Sacco y compañía para la ocasión: Barracas Bolívar. O sea, inscribió un club con los mismos colores, escudo y nombre que el que estaba gerenciando y lo hizo participar de todo un campeonato. “Era para darle rodaje a muchachos que no tenían continuidad en Sportivo”, asegura ahora Sacco. ¡¡Dos Ba-

rracas Bolívar (aunque uno con el nombre Sportivo adelante y otra personería jurídica) compitiendo en AFA!! ¡¡Bingo!! Grondona había dado el OK. Una fuente le cuenta a Un Caño: “Sacco fletó un micro repleto de periodistas para cubrir el evento, con almuerzo y cena”. “Yo no tengo nada que ver con la deuda del club. Una cosa era el fútbol que manejábamos, y otra es lo institucional. Puedo presentar documentación”, remarca Sacco cuando Un Caño le pregunta por su responsabilidad en la actual situación económica del Arrabalero. Luego de la rescisión en julio del 2009, el club siguió jugando en Bolívar, ya en la D, hasta el año pasado empezó a jugar en cancha de Acassuso. Próximamente, lo hará en Fénix. Pero no volvió a sus viejos colores. Ahora tiene una camiseta naranja con la imagen del ex presidente Néstor Kirchner. Increíblemente, sigue portando el nombre de “Bolívar”. Amado Boudou estuvo en al presentación en marzo pasado. Paverini acompaña a la agrupación política del candidato a vicepresidente de la Nación. El club acarrea una deuda con el Go-

bierno de la Ciudad y con ex empleados. Algunos denuncian que se la han abonado con cheques sin fondos. También enfrenta juicios por la muerte de dos chicos, uno en la pileta del club. Además, está en venta parte de la sede. La deuda es cercana al millón y medio de pesos. A pesar de los problemas económicos, no se explica cómo la actual conducción tiene un convenio firmado con un club de Entre Ríos, el Universitario de Paraná, con una deuda de 70.000 pesos, para hacerse cargo del fútbol y la infraestructura. Los vecinos de Barracas y socios del club exigen explicaciones. Se vienen manifestando desde hace varios meses en la puerta del mismo con claros objetivos, como recuperar totalmente el club para el barrio, proteger el patrimonio y llamar a elecciones. No quieren saber nada con la venta de la sede. Saben que muy difícilmente volverán a ser tan grandes como fueron, pero la lucha colectiva parece estar en marcha. Y tal vez se pueda transformar en realidad aquella frase de Aníbal Troilo: “¿Quién dijo que me fui… Si siempre estoy volviendo?”.

Amado Boudou presenta la nueva camiseta de Sportivo Barracas con la imagen de Néstor Kirchner.

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Una que sepamos todos

Si en este número abundan interpretaciones sobre hinchas y demás cuestiones de la tribuna, aquí llegamos a las páginas sobre el fútbol. Porque no olvidamos que hay campeonatos, Equipos, jugadores… El torneo arrancó con algunos interrogantes que usted puede ayudarnos a responder. Como nos ayudó en esta oportunidad nuestro analista, siempre bien informado. Por ROMÁN IUCHT

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o se trata de canciones, pero son igual de clásicas. No estamos hablando de cuestiones que vayan a cambiar el mundo, pero son tema de charla en cada uno de los bares del país. Generan pasiones, despiertan angustias y producen discusiones acaloradas. Mientras el Apertura aún se despereza y se quita las lagañas, los compañeros de Un Caño me propusieron analizar el comienzo del campeonato, y esas preguntas que toman por asalto a la grey futbolera quizás nos ayuden a entender qué podemos esperar del torneo, o al menos en dónde deberíamos poner la lupa para destinar mayor atención.

¿Resistirá Vélez el éxodo de sus estrellas? La salida de Ricky Alvarez fue una pérdida importante para el plantel, pero como Vélez tenía bueno y variado, la sentimos más los espectadores neutrales, consumidores del buen fútbol. La ida de Maxi Moralez le quitó al equipo de Gareca explosión, cambio de ritmo, velocidad y gol, pero hasta allí todavía estaba en el umbral de lo tolerable. La sorpresiva partida de Santiago Silva ya hizo sonar las alarmas por Liniers. La ausencia del mejor delantero del fútbol argentino de los últimos dos años parece ser una herida grave que, sumada a las otras dos, resquebraja el potencial ofensivo de cualquier equipo, aún del mejor de todos. Con un mayor protagonismo de Ramírez, Vélez mantendrá el estilo, pero perderá velocidad. Con Franco de centrodelantero, tendrá menos potencia, pero la misma experiencia. Seguirán siendo vitales Augusto Fernández y Papa por los costados, y la gambeta del Burrito Martínez

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tendrá que aparecer en toda su dimensión. Si antes de comenzar el campeonato, el conjunto de Gareca era el gran candidato, las bajas pusieron en entredicho la contundencia de la afirmación. El tiempo hará su trabajo y expondrá hasta qué punto la fortaleza colectiva puede disimular la partida de las individualidades.

¿Se acoplarán Riquelme y Erviti? Román juega cómodo con Viatri. Riquelme está chocho con Cvitanich. El 10 saluda cada aparición de Clemente. Pero con el ex cerebro de Banfield, la conexión aún no es fructífera. Falcioni lo pidió casi hasta el capricho pero, desempeñándose en todas las posiciones de la mitad de la cancha, el zurdo jamás alcanzó una estatura similar a la de los tiempos en el Sur. Ni jugando por la banda, como ahora, en un sitio en donde no parece ser aprovechado de forma integral y pierde influencia dentro del juego, ni partiendo desde el centro junto al mediocampista de recuperación. Erviti no rinde en función de su potencial, y mucho menos en la combinación con Román. El perfil bajo de Walter y su aceptación de ser un “jugador de rol” no parece estar a la altura de sus posibilidades. Hasta el momento, no se vislumbra un lugar para los dos, y descartando quién lleva la batuta, será tarea del entrenador lograr que ambos sumen pero además se complementen. Que participen los dos en la cancha no significa que estén jugando. La solidez defensiva del arranque del torneo fue un dato positivo, tanto como las respuestas de Viatri y de Mouche viniendo desde el banco. El tema Erviti sigue siendo la asignatura pendiente.


¿Aprenderá Racing a manejar los tiempos? Los equipos de Simeone juegan como si tuvieran los dedos en el enchufe durante los 90 minutos. Ser verticales, directos y francos es una característica que define a los equipos del Cholo. Su impronta es evidente, y en la fortaleza de la idea está simultáneamente la debilidad. La materia “defenderse con la pelota” está previa desde siempre, y entender los distintos momentos de cada partido, para saber cuándo acelerar y cuándo frenar, es una pregunta que aún no encontró respuesta en sus equipos. Los partidos ante Tigre y Banfield sirven para ejemplificar el concepto. El retorno tan esperado del colombiano Giovanni Moreno quizás traiga esa dosis de pausa que veces se impone en distintos momentos de los partidos. El de La Academia es un equipo que acorta las transiciones con su presión alta. Asume riesgos y busca la victoria. Con Hauche, Teo Gutierrez, Toranzo y Lugüercio tiene fuego para lastimar. La incorporación de Pelletieri le garantiza equilibrio en el medio, y la de Castro, oxígeno por las bandas. Debe seguir madurando. Esa será su premisa básica. Puede crecer, pero necesita tiempo.

¿Podrán pelear San Lorenzo e Independiente? No tienen ni la cantidad ni la calidad de los otros aspirantes de la pelea grande, pero descartarlos tan rápido sería una falta de respeto. En el caso del Ciclón, las incorporaciones de Kalinsky y Gigliotti parecen haber dado respuestas inmediatas. El mediocampista es el complemento que necesitaba Ortigoza, y que no tenía desde el tándem con Mercier en Argentinos Juniors. El delantero es un tanque, pero se mueve con inteligencia y ya convirtió goles decisivos. En el Rojo, Gabriel Milito volvió para liderar al grupo en el vestuario antes que al equipo en la cancha, y el colombiano Marco Pérez es otra buena señal. No son candidatos, pero pueden sorprender. Tal vez no sean campeones, pero en una tarde de inspiración pueden hacerle perder el título a varios.

¿Se despertará Estudiantes? Abandonó su conservadurismo a la hora de las contrataciones y rompió el mercado con la llegada de buenas figuras. Sin embargo, el comienzo no pudo ser peor desde los números. En sus tres primeras fechas sólo logró un punto y fue incapaz de convertir un gol. Después empató con San Martín de San Juan de local y fue despedido con algunos silbidos. Como defensa, cabe decir que lo que se vio en la cancha no se correspondió con lo que mostraba la tabla, pero su falta de precisión en los metros finales se pagó cara con derrotas. Tiene la base del viejo plantel, pero aún extraña la salida de Enzo Pérez. La rapidez de Verón para recuperar su mejor forma, luego de la operación del tobillo, será clave para la estructura del equipo. La inserción de Boselli, Mariano González, Cellay y Villar en el arco no pueden dar otra cosa que buenos resultados. Le costó arrancar, pero todavía tiene tiempo para recuperar el terreno perdido.

¿Dejará Colón de ser el eterno seductor? La pregunta es la misma desde hace años, y la respuesta, también. Colón amaga conquistar pero al final siempre se queda en promesas. Esteban Fuertes lidera, con su evolución constante, a un grupo del que ahora ya no se espera nada novedoso. Quizás sin presión, la cosa marche mejor. Volvió Prediger con sed de revancha, tras su fallido paso por Europa y su fugaz experiencia en Boca, y Tomás Costa puede ser uno de los clásicos “tapados” de cada campeonato. El pibe Luque, con su velocidad y esa zurdita insinuante con la que se destacó en el Mundial Juvenil, puede ser otro aporte interesante. En un torneo repleto de equipos del resto del país, el Sabalero sueña con ser el mejor.

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Diga 33

Valeri, el Diego de Lanús, tiene la estirpe del 10, pero le escapa a la camiseta y prefiere identificarse con un número propio, homenaje al cristianismo. Religioso, futbolero al máximo, repasa los consejos que su madre le daba en las canchas de baby y habla de una trinidad de Selección: Maradona, Riquelme, Messi. Por MARCELO RODRIGUEZ y DANTE NAVARRA Fotos PHOTOGAMMA.COM

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aleri es Maradona. Hay huellas sincrónicas que explican una afirmación tan pretenciosa. Nació en Lanús, se llama Diego, es el mejor de su equipo, le dicen Pelusa y su partida de nacimiento lleva estampado como año 1986, el de la consagración de uno de sus ídolos. Pero Valeri, el Maradona del Granate, no quiere la 10. Para esta temporada, prefiere la camiseta con el número 33: “la edad de Cristo”, explica. Católico, estudioso (sabe inglés y alemán) y muy claro cuando habla, el chico etiqueta clase media igual rompe esa cáscara para definirse, ante todo, como futbolero. El vínculo es embrionario. “Con mi vieja hablo poco de otra cosa que no sea fútbol”, sorprende. La vieja no es la Tota sino Mónica, la mujer que le enseñó más trucos que algunos entrenadores: “gracias a ella le pego con las dos piernas”, repasa; y recrea la escena de los seis años en la que pateaba contra una pared repetidamente con zurda y derecha, observado por una verdadera formadora de cracks. –¿Tu mamá sabe de táctica? –Ella jugaba al fútbol con la destreza de un hombre, aunque sin la misma fuerza. Tiene dominio de la pelota, pero, además, conoce de fútbol, sabe lo que está diciendo. Ve muy claras las cosas, así que tácticamente me ayudó muchísimo. –¿Te dio consejos para jugar? –Sí, muchas veces. En el baby, ni hablar. Terminaba el partido y me daba sermones sobre lo que tenía que corregir. Ya de más grande me marcaba el hecho de terminar la jugada más rápido, de usar la pierna menos hábil; mi vieja me ayudaba a ganar tiempo. –¿Y en quién más, aparte del entrenador, te apoyás para mejorar? –La mayoría de los que estamos en Lanús miramos fútbol; en las concentracio54 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2011

nes y cada uno en su casa, también. Además, cuando estamos en competencia, el cuerpo técnico vuelca todas las semanas en un cuaderno las características de todos los rivales: cómo juegan, los posibles cambios... Es un plantel al que le gusta analizar al rival. No es de ahora, ya pasaba con Luis (Zubeldía). Son cosas que se fueron instalando y que forman parte del crecimiento del club en los resultados. Nosotros guardamos mucho en la mente. –¿Vos te mirás en DVD para ver cómo jugaste? –Siempre. Después de cada partido me analizo. El cuerpo técnico nos facilita la posibilidad de vernos. Yo soy de mirar todos los partidos: los miro tranquilo, ya sin la carga emocional. Para analizarlo bien, lo tenés que mirar después de que pasó la euforia de haber ganado o el duelo de haber perdido. En la semana, relajado, ahí lo miro. –¿Dejás que tus compañeros, quizás menos habilidosos, te critiquen? –Muchas veces un jugador que no es muy vistoso es el que más puede aportar, porque es el que mejor ve el fútbol o es más inteligente. Hay que tener la suficiente humildad para reconocer que otro lo puede ver mejor. –¿El rústico, por lo general, lo ve mejor? –Se da que los que están en posiciones más retrasadas ven mejor el juego, porque tienen toda la cancha de frente. El arquero, los defensores,

el 5 tienen un panorama diferente. Entonces, si tienen la inteligencia para verlo, te pueden ayudar más rápido a corregir cosas durante el partido. En ese sentido, un central rústico puede sumar más que un habilidoso. –¿Hablabas con los jugadores del plantel acerca de tu situación, cuando quedaste colgado? –Sí, claro. Y siempre les aclaraba que yo quería jugar en Lanús. Soy hijo de este club y por suerte voy a seguir acá. Nunca fue una cuestión de orgullo mi postura, hay cosas desde lo humano que tenían que cambiar. Más allá de River, Vélez u otra propuesta, mi idea siempre fue quedarme en Lanús. –¿Asumís que te equivocaste en la actitud? –No me equivoqué con lo que dije en su momento. Estaba convencido de que no merecía que se me tratara de esa manera. Era doloroso no poder jugar, y eso me tenía muy mal. Por suerte, el cambio de parte de la dirigencia me bastó para que llegáramos a un acuerdo. El Maradona de Lanús, que por su conflicto contractual debutó en este Apertura recién en la segunda fecha contra Independiente, se tuteó hace poco con el nuevo Maradona. Con Lionel Messi compartió plantel hasta que Sergio Batista hizo el recorte para la lista definitiva de Copa América, y él fue uno de los tres que se quedó afuera. De Messi, el que dice poco con la boca y mucho con los pies, no tomó consejos; le bastó verlo de cerca. –¿Cómo fue la relación con Messi en el tiempo que compartieron en la Selección?

“Mi madre conoce de fútbol. Ve muy claras las cosas. Tácticamente me ayudó muchísimo”.


–Normal. Solamente charlamos de cosas muy generales. Se generó una relación de respeto entre compañeros. –¿Te quedó la sensación de que es un tipo al que le resbala cualquier crítica que pueda recaer sobre él? –No sé si le resbala. De lo que estoy seguro es que es un tipo que tiene mucha seguridad de sí mismo. Y con esto no quiero decir que se crea el mejor del mundo, más allá de que yo pienso que lo es. Lo que digo es que él no va a dudar de sus condiciones porque juegue uno o dos partidos mal. Es imposible, en la carrera de cualquier futbolista, jugar siempre bien. Ni Maradona lo ha hecho. Si uno se pusiera a revisar la carrera de Maradona, seguro encontraría diez partidos en los que fue un desastre, me juego la cabeza. –¿Qué cosas te llamaron la atención de Messi en los entrenamientos que tuviste con la Selección? –Principalmente, me sorprende cómo lleva la pelota, siempre bien pegada al pie. Eso le suma más rapidez de la que tiene y lo hace más preciso aún. Muchas veces, él pasa la pelota como empujándola, y eso es porque la tiene tan pegada al pie que ni siquiera necesita darle un golpe. La arrastra. –¿Ya apreciabas esos detalles técnicos desde afuera o tuviste que compartir un campo de juego para darte cuenta? –Creo que desde la tribuna uno puede percibir esas cosas. Pero cuando lo tenés ahí, al lado, no podes creer lo que hace. Es muy difícil llevar así la pelota, y ni hablar a la velocidad que lo hace él. Esas son las cosas que lo hacen diferente, además de la pegada que tiene y de que, para mí, es el mejor definidor del mundo. Mano a mano con el arquero, es terrible, exquisito. En el Barcelona ha hecho goles que yo no vi hacer en la historia. –¿Intentaste copiarlo en alguno de estos aspectos técnicos? –En general, se intenta sacar lo mejor de cada uno y llevarlo a la práctica. En el caso de Messi, es muy difícil. Él nació así, con esas características, con esa rapidez. No son cosas que se ganen entrenando. Si no, todos seríamos rápidos. Hay cosas con las que se nace y muchas otras que se pueden aprender. Y al lado de jugadores así, aprendés seguro, si estás dispuesto a incorporar cosas, claro. Mucho antes de mirar el modelo Messi, a Valeri lo cautivó Juan Román Riquel-

me. También, como al niño de oro del Barcelona, le tocó mirarlo de cerca. Eran tiempos de la Selección de Marcelo Bielsa, en los que el habilidoso volante ensayó varias veces como sparring. –¿Qué recuerdos te quedan de esa experiencia? –Muchos, pero era chico. En esos días no me animé ni siquiera a hablar con Riquelme. Yo tenía, creo, 14 años, y ni me le acercaba... Muchos de los que estaban conmigo hasta le pedían ropa, camisetas, pero yo nunca me animé. Me llamó mucho la atención el juego de Román. Impresionante. –Y después de haber jugado con ambos, ¿cuál te sorprendió más, Messi o Riquelme? –Me sorprendieron los dos. Por ahí lo que siento por Riquelme es un aprecio, un gusto más personal. Me gusta la estética y la claridad que tiene para jugar.

Me gusta su forma de jugar, de cargarse al equipo y, desde una determinada posición, hacer jugar a todos. Por eso digo que me gusta más el estilo de juego de Riquelme. Porque me gustaría jugar como él. De Messi me sorprendió su capacidad natural para sacarse un tipo de encima, para activarse de cero a cien en segundos, de llevar la pelota tan pegada al pie. Son cualidades de un tipo que es de los mejores del mundo. –¿Lograste en tu equipo hacer algo de lo que le envidiás a Riquelme? –Me ha pasado sólo por momentos. En algunos partidos me he sentido en ese rol de conductor, de ser el que hace jugar al equipo, y en muchos otros, no. Reconozco que es muy difícil hacer lo que ha hecho Riquelme en Boca. No sólo por todos los títulos que ha conseguido. Lo más importante que logró es dejar su sello. SEPTIEMBRE 2011 | UN CAÑO 55


La pus del diablo

En noviembre habrá elecciones en Independiente y las diversas encuestas que realizan los medios partidarios entre hinchas y socios muestran con persistencia que quien encabeza la intención de voto es Javier Cantero, de la Agrupación Independiente Místico, núcleo partidario que surgió casi como un emprendimiento cultural. Quién es el hombre que preocupa tanto a Julio Grondona y a varios caciques sindicales. Por PABLO DE BIASE

A

pesar de que Javier Cantero no es conocido por un porcentaje importante de los encuestados, gracias al apoyo cerrado de toda la corporación periodística deportiva (privada o estatal), supera en intención de voto a Julio Comparada. Es que, más allá de la buena imagen de Cantero y de su desconocimiento por una parte considerable de hinchas y socios, la imagen de Comparada es altamente negativa. Desde Viamonte intentan rodearlo con “gente de confianza de don Julio”, como Espósito, antiguo socio de Grondona y de Comparada en una de esas tantísimas empresas fantasmas que tuvieron en los ‘90 y a principios de los 2000. Independiente Místico se presenta por primera vez en las elecciones, y su accionar destaca en el ámbito cultural. Sus miembros son fanáticos de la histo-

ria y de la mística del club, y sus aportes van desde contar con el historiador Claudio Keblaitis, que está realizando desde hace años y con muchísimos años en vista para la terminación de la obra, la historia sistemática de Independiente (con todos los hechos, por nimios que puedan parecer, del día a día de ciento y pico de años rigurosamente rescatados y comprobados). Keblaitis acaba de publicar el tercer tomo, Sangre roja 1931-1940. Cantero, en tanto, ha logrado recuperar imágenes de un valor inestimable para los fanáticos del Rojo. Consiguió, a través de una historia disparatada, el gol de Bochini a la Juventus por la Intercontinental ‘73 y varios minutos de las jugadas más significativas de ese partido. También se hizo de imágenes que se creían perdidas de Arsenio Erico y el

partido completo Gremio-Independiente por la Libertadores del ‘74 (una actividad mucho más relevante, desde cualquier punto de vista, que clausurar la biblioteca del club para convertirla en una sala de juegos y video). Cantero fue, además, uno de los impulsores de que se le pusiera Bochini a la calle Cordero, y piensa que el Bocha debería ser presidente honorario del club, al estilo de Di Stéfano en el Real Madrid.

TODO POR LOS RAMONES Mariano Asch es un productor de rock, fanático de Los Ramones y de Independiente. A través de él se consiguió lo que ya se conoce como La final robada, título de una novela que estaba escribiendo el periodista y escritor Daniel Riera sobre la visión de ese gol que

“Los jugadores de ahora están esperando llegar a la Reserva o Primera para después rajarse” (Claudio Keblaitis, historiador de Independiente).

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SANGRE ROJA

había sido escamoteada de la memoria visual de los hinchas del Rojo. La mitología que se está comenzando a tejer sostiene que Asch encontró la foto del gol de Bochini a la Juventus en la contratapa de un disco de Los Ramones. Consultado por Un Caño, el súper fanático explicó exactamente cómo fue que Riera se quedó sin novela para Selecciones del Reader Digest y los hinchas del Rojo, con imágenes que se creían perdidas para siempre: “de chico soy fanático de la música, y el grupo que más me cambió la cabeza fue Los Ramones”, se presentó Asch antes de contar una historia digna de otra novela. “Un día, Marky Ramone, el baterista de Los Ramones, sacó un DVD que se llamaba Ramones Raw. Venía con un extra, que era un recital en vivo de Los Ramones en Italia. Cuando lo vi, noté que la señal del video estaba tomada de la RAI. Vi el video de vuelta, y en los créditos agradecían a un chico que se llama Paolo Di Gaetano, con quien me carteaba hace veinte años. No lo conozco personalmente, y nunca habíamos hablado de otra cosa que no fueran Los Ramones”. “Le planteé el tema del fútbol y le conté de aquel gol que no ‘existía’”, entró en tema Asch. “Paolo me dijo que él era fana de la Juve y que había estado en la cancha ese día. Respecto de la filmación, me dijo que la única ayuda que podía darme era pasarme el correo electrónico de una mujer que trabajaba en la RAI. Le escribí a esta mujer, quien no me contestaba pero que terminó cediendo ante mi insistencia demoledora. Rompí tanto las bolas que logré que arreglaran un día para proyectarle directamente el fílmico a Paolo en la RAI. Sin embargo, lo dejaron plantado. Les mandé mails, mensajes de humo, los volví locos y terminaron pidiéndome la dirección. Pocos

Claudio Keblaitis, el historiador de Independiente Místico y el más serio que ha tenido el club, comenzó su obra hace unos lustros, pero nunca obtuvo ni una carta de agradecimiento. “Doné una copia del primer tomo –casi quinientas páginas dedicadas a los primeros diez años en el amateurismo– a la biblioteca del club y se lo robaron. Lo tuve que volver a donar en la presentación del libro, ante un centenar de personas, para que fuesen testigos de que había un libro de la historia de Independiente donado a la biblioteca. Hoy, la biblioteca Juan Miniaburu, fundada en 1933, desapareció. En su lugar construyeron un quincho. Todo lo que hice fue por fuera del club, tratando de aportarle al mismo. Yo me meto en Independiente Místico para, desde adentro, tratar de restaurar toda esta tradición histórica y gloriosa de Independiente. Colaboro aportando efemérides, publicaciones, recordando los jugadores que fallecieron, tratando de recordar un poco de lo glorioso que fue Independiente, y con la intención de que el día de mañana podamos contarles a

días después me llegó un sobre de la nada. Era de la RAI y lo único que tenía era un VHS todo negro, al que le habían pegado una cinta que decía “JuventusIndependiente”. Temblé antes de ponerlo. Estaba solo y me animé. El estado de la copia era perfecto, estaban el gol, un montón de jugadas de la Juventus, un tiro libre de Independiente, el penal que se erra Cucureddu…”. Las imágenes de la final se exhibieron públicamente por primera vez en el festejo de los cien años de Independiente y pueden verse actualmente en YouTube. Enfrentar políticamente con decisión

los chicos de Inferiores, y si es necesario también a los de Primera, qué significa ponerse esa camiseta roja. La intención es hacerlo desde que un chico llega a una división grande, que tenga por lo menos un sentimiento de pertenencia al club. Estos de ahora están esperando llegar a la Reserva o a Primera para después rajar. Hay un montón de jugadores que han nacido y muerto en Independiente. Esa falta del sentido de pertenencia muchas veces se refleja en el juego, en la actitud, en cómo se toman los partidos. Ha pasado de ver a los jugadores en boliches, en un bingo, en el casino… Y no puede ser, porque somos treinta mil hinchas que nos vamos llorando, sin ganas de hacer nada para nuestras casas, y ellos pelotudeando en el bingo”. A pesar de que su obra pueda servir para encender el fuego del asado de Comparada y sus amigotes, Keblaitis acaba de editar el tercer tomo de su saga, que no tendrá menos de diez. Alma Roja da cuenta de los años dorados de la primera década del profesionalismo, cuando brillaron Sastre, Erico, Zorrilla…

a poderes y podercitos, montados sobre capas y capas de corrupción, desfalco y vaciamiento, hace que el trato del poder para con los místicos cambie. “La barra rompe las revistas de Independiente Místico cuando se la distribuye, el club está dejando de ser de los socios. No puede ser que nadie sepa quién es el dueño de los pases de los jugadores”, se queja Cantero. No quiere fingir ingenuidad, y asegura que están tratando de prepararse “para encontrar la menor cantidad de sorpresas”, antes de rematar: “en Independiente, donde ponés el dedo, salta pus”. SEPTIEMBRE 2011 | UN CAÑO 57


“No puede haber más dirigentes con el lápiz en la oreja”

Agustín Orión se queja del poco profesionalismo de algunos de los que manejan el fútbol. No deja de sorprenderse por lo que es Boca (“los hinchas salen de debajo de las piedras”), y deja una sentencia triste: “con las barras bravas, no hay solución”. Por ARIEL SENOSIAIN Fotos PHOTOGAMMA.COM

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uca Orión tiene 4 años, pero le pide al padre que hable más bajo. Prácticamente, se lo exige. “Mi mujer siempre me dice que se nota que es un Orión”, cuenta Agustín, el padre, claro. –¿Es una forma de reconocer que sos bravo? –¿Bravo yo? De ninguna manera. Apenas puedo reconocer que soy rencoroso. –¿Te dio más amigos o enemigos el fútbol? –Amigos, en amplia proporción: 98 a 2, digamos. Soy muy amigo de la Gata Fernández, Santiago Hirsig, Adrián González. De Gustavo Campagnuolo, que me enseñó todo en los inicios: el día a día, que el entrenamiento es todo, pensar en la pelota que viene y no en la siguiente como un resumen de lo que es nuestro trabajo. De Javier Valdecantos, el preparador físico, un gran trabajador, tan sano que no parece de este medio. –¿Qué tiene este medio para que lo sano no pueda encajar? –El lobby, por ejemplo. Querer sobresalir a cualquier precio, buscar ser destacado, aprovechar lo importantes que son los medios hoy en día. No se imaginan cómo forman opinión ustedes. Yo a veces discuto con mis amigos porque no me creen cuando les digo que es mentira algo que escucharon de un periodista. –Volvamos a la proporción. ¿Entre los enemigos llegamos a encuadrar a Falcao después de aquella serie de Libertadores? –No tanto... Hay pelea cuando dos quieren, no cuando uno solo tiene ganas. –¿Él no quiso?

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–Puede ser… Siempre pensé mal de esos que se empujan en pleno campo de juego, delante de todas las cámaras. Si yo me peleo adentro, también voy a querer pelearme afuera. Pero ya está, ya pasó. –¿La de Ramón Díaz también? –También, sí. Se habló mucho de aquella noche en la que hablamos de los premios antes de jugar por la Copa contra la Liga. Que nos llevó buena parte de la madrugada, que nos sacó concentración para jugar al día siguiente... Fue a las 12 y media de la noche y duró cinco minutos nada más. De Ramón, lo único que me molesta a la distancia es que, siendo alguien ajeno a San Lorenzo como es, haya hablado mal de mí, que estuve veintidós años en el club. Boca no puede estar al margen de sus reflexiones. No hablará tanto sobre el equipo que promete desde la inversión realizada a comienzos de temporada. Sino de lo periférico, de lo atemporal, de lo que nunca va a cambiar, como punto de partida para otras cuestiones: “Boca me deslumbró por su popularidad. Salíamos del hotel en Barcelona y había gente esperándonos; en Londres, lo mismo. Ni hablar cuando terminamos un entrenamiento en Casa Amarilla. O por la calle. Desde afue-

ra, parece fácil imaginarlo. Desde adentro, supera lo pensado. Los hinchas de Boca salen de abajo de las piedras”. –¿Genera presión extra? –No pienso tanto en la presión. Sí en la expectativa. Eso es lo que me genera cada partido, lo que me generó el debut. Y lo que veo que genera todo en Boca. Se encierra en ese término: expectativa. –¿Llegan a molestar las consecuencias de jugar en un club tan popular? –No tienen que molestar. Yo soy fanático de la NBA desde hace años, desde cuando Adrián Paenza la impuso en la Argentina. Me gusta el deporte y me apasiona cómo muestran el producto, cómo lo promocionan, que constantemente generen ingresos... Apenas termina la temporada, los jugadores viajan a giras sin quejarse. Ya lo tienen firmado en el contrato. En las últimas semanas estuvieron en conflicto salarial, es cierto, pero eso ya es más un tema de los dueños de los equipos. Yo me refiero a la organización de la liga. A la atención a la prensa y al público. A que estrellas multimillonarias como Kobe Bryant dediquen tres horas de su tiempo a firmar autógrafos. Acá, a muchos les molesta regalar unos minutos.

“Estrellas multimillonarias como Kobe Bryant dedican tres horas de su tiempo a firmar autógrafos. Acá, a muchos les molesta regalar unos minutos”.


–¿Qué les falta a nuestros clubes? –Profesionalismo. Yo estoy de acuerdo con que sigan siendo sociedades civiles sin fines de lucro, pero algunos cargos deben ser rentados. No puede darse más lo del dirigente que hace las cuentas con el lápiz en la oreja. –¿Es parte de un mito eso o sigue ocurriendo? –Es increíble, pero todavía quedan algunos casos. –¿Qué opinás de Rafael Savino? De los clubes en los que estuviste, fue un presidente que, sin mala imagen durante su gestión, dejó graves problemas económicos a su salida. –Me cuesta sacarle la ficha a aquellos que están bien con Dios y con el Diablo. Además, antes de irse, Rafael les documentó la deuda a los jugadores de San Lorenzo y les dijo que no iban a tener problemas en cobrar. Los cheques rebotaron todos. Los jugadores lo llamaron y él les contestó que ya estaba afuera del club, que no podía hacer nada. Detrás de la máscara recia del hoy arquero titular de Boca, de su imagen aparentemente conflictiva, aparece el otro Orión. El que ya habló de uno de sus hijos, el que vigila al otro (Valentino, de 4 meses) y el que cuenta la relación con el padre: “me cansé de que trabajara mi viejo. Se resistía, pero al final por suerte pude convencerlo de que abandonara, de que parara con lo que había hecho toda su vida: levantarse a las 6 de la mañana y volver a las 8 de la noche. Lo explotaban, le pagaban en negro. Fue jefe de estación en Mercedes Benz. Tiene 59 años y hace dos que arreglamos que renunciara y que yo iba a seguir pagándole el sueldo. Hoy me acompaña, disfruta de los nietos y puede disfrutar la vida”. –¿Te interesa jugar en el exterior? –No me mueve ir a Racing de Santander o al Almería, por citar dos equipos al azar, sólo por una diferencia de 100, 200 mil dólares más de lo que puedo ganar acá. Ante todo, pregono estar en equipos que peleen campeonatos. Hasta ahora ju-

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gué en San Lorenzo, Estudiantes y Boca, siempre con pretensiones. Tuve ofertas, y todavía guardo los faxes para que no puedan acusarme de mentir. Hay muchos que dicen que les llegó una propuesta y es incomprobable. Pero fueron de equipos menores, desde los que además es muy difícil llegar a la Selección, que debe ser el sueño de todos. De equipos fuertes, no me llamaron. Esto es por plata, ojo. Después, cada uno elige. Es válido que alguien elija ir a Ucrania. Yo prefiero otra cosa. –¿Qué fue lo más loco que hiciste por Midland, del que sos hincha? –De pibe iba en el micro de la hinchada. No era uno de ellos pero sí viajaba con ellos. Alguna vez nos cruzábamos con otros y había que responder… –¿Volviste a pelearte en un partido de fútbol? –Cuando terminó Estudiantes-Inter, apenas quedamos eliminados en la Libertadores del año pasado. Pero las cámaras no lo agarraron y nadie lo vio. Así que no cuenta. Después se habló mucho del día de la final del 2008 entre Midland y Berazategui en la cancha de Lanús. Pero ese día no llegó a pasar nada. Estaba esperando que nos dejaran entrar mientras me insultaban y me escupían. Hasta que no me la banqué más. Me separó mi hermano. –Uno de los temas del último mes fue la vuelta de los hinchas visitantes a los partidos del Ascenso. ¿Tenías opinión formada? –No es tan fácil. Conozco las canchas. Algunas eran y siguen siendo complicadas. La de Deportivo Merlo y sus adyacencias, la de San Telmo... Además, los dirigentes desaprovecharon este tiempo. No les interesó hacer nada para que volvieran los visitantes. Prefirieron incorporar jugadores en cantidad para tratar de ser campeones, endeudándose, y que el problema lo resolviera la próxima Comisión. Eso pasa en Primera y en el Ascenso también. Y hay clubes que prometen, no firman nada porque son categorías amateurs y después faltan a la palabra. También es culpa nuestra, de los jugadores, que sabemos que no nos van a cumplir. Somos boludos. En el Ascenso está el ejemplo de San Miguel. No le paga a nadie y sigue incorporando jugadores todos los años. –Reconociste que estuviste cerca de los barras y que conocés el fútbol desde diversos ámbitos. ¿Cómo se puede lograr que los clubes tengan hinchada y no barra brava?

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“De equipos fuertes, no me llamaron. Esto es por plata, ojo. Después, cada uno elige. Es válido que alguien elija ir a Ucrania. Yo prefiero otra cosa”. –Es muy difícil. La verdad, no tengo la más puta idea. Es obvio que hay que dejar de darles un montón de concesiones. Pero a los barras los utilizan y ellos le sacan provecho, hacen un negocio. En cualquier hecho con detenidos y causas abiertas, aparecen barras implicados. No digo una novedad si pido que los que así lo merezcan vayan a la cárcel. Pero atentos: alguno

tomará la posta, siempre habrá un líder y siempre habrá una barra. Yo entiendo muchas veces a los dirigentes. Mi hermano es vicepresidente de Midland. Cuando Midland ascendió, se agarraron entre ellos en el festejo. Tuvimos que jugar en otra cancha y después sin público. La verdad, cuando pienso, llego a la conclusión de que en esto no hay solución.


Siempre que llovió...

Cada tanto, y seguramente cada año, las voces quejosas sobre la calidad del fútbol que vemos en la Argentina retornan cual golondrinas. Con los torneos en etapa de arranque, hay quienes sacan conclusiones. Pero, ¿será qué las impresiones están relacionadas con el resultado que obtengan nuestros equipos? Nuestro compañero se encarga de pensar en voz alta. O con la pluma alta. Por VÍCTOR HUGO MORALES

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uando se habla de lo bajo que está el fútbol -incomprobable juicio, si se considera que, entre otras ignorancias, se tiene la de no saber cuál es la medida a la que hay que someterse o el momento perfecto a partir del cual se puede constatar el deterioro-, es probable que influyan por un lado la cantidad de fútbol que hoy día se ve, y sobre todo la derrota casi constante de las mayorías. Descartemos la validez de una condena que siempre ha sido la misma. Desde que este cronista empezó en el periodismo, escuchó siempre lo mismo. Y participó, por supuesto, de ese desánimo en varias épocas, hasta que un día se pregunto con qué estaba comparando. Veteranos lectores de El Gráfico recordarán quejas nada menos que de Frascara, quien en el idealizado período que va del ‘45 al ‘50 añoraba el fútbol del ‘24. Así fue siempre. El puntero que no llega a la línea de fondo como “en otras épocas”. ¿Se frustra por sus carencias o por la superación de ese defensor que lo neutraliza? Es imposible saberlo. En consecuencia, de lo que hablamos es de una percepción. Y es en ella que hay una colaboración de, por lo menos, los supuestos mencionados: se ve demasiado futbol gracias al Fútbol Para Todos, y los grandes ganan poco. Esta tendencia, que tiende a corregirse en las últimas semanas, es una razón muy atendible para el desencanto. Nadie “ve” un buen espectáculo, salvo honrosas excepciones, cuando su equipo pierde. El 80% de los seguidores del fútbol ha vivido de derrota en derrota en los últimos años. Es un ciudadano altamen-

te insatisfecho. Un señor en queja permanente. Un abonado a la crítica y al desencanto. Y su revancha es matar al fútbol, aún si eso implica clavarse puñales. Pero, además, a ese recurrente malestar adhiere el fantástico beneficio de poder ver todo el fútbol que se juega. Así, asiste a la debacle de los suyos y observa equipos que no le van ni le vienen, con los que no tiene ninguna pertenencia; y eso lo convierte en un crítico ácido del espectáculo que no lo tiene como partícipe necesario. La primera fecha del campeonato fue una lágrima. Parecía que el futbol se moría una vez más. Les fue mal a los grandes que permanecen en Primera, y River no había debutado. Después de las

elecciones, al día siguiente, ganó Boca; el martes, River; el miércoles, Racing. Y el periodismo dominante encontró un gran pretexto para olvidar los resultados de las elecciones primarias. El “entusiasmo” se generalizó en el fin de semana siguiente, y de pronto el fútbol pareció resucitar. ¿Que había sucedido? ¿Los jugadores mejoraron de pronto? Es posible que el nuevo impulso se debiera a lo que antes era habitual y en los últimos años sucede muy de vez en cuando: ganaron los cinco grandes. El grito de gol, abandonar los estadios por calles bulliciosas con los compatriotas del club de sus amores, rectificó la impresión de que todo tiempo pasado fue mejor. PHOTOGAMMA.COM

Boca y San Lorenzo, otro clásico que a pesar de las expectativas, resultó aburrido.

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“El fútbol argentino está cada vez peor”

¿Habrá llegado la buena hora en la que los protagonistas empiezan con la autocrítica general? Algo de eso se desprende de las declaraciones del Turco Omar Asad. Repasar el mal juego, la actitud de los hinchas y la dirigencia y el miedo de los entrenadores no resultó una mala fórmula para la entrevista. El DT de San Lorenzo intenta alinearse en el delgado rubro de los “no especuladores”. ¿Podrá? Por GABRIEL CASAS Fotos PHOTOGAMMA.COM

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uando veía por televisión a Omar Asad en algunos reportajes, notaba enseguida que el tipo no andaba con vueltas a la hora de hablar. No se cuidaba ni medio, decía lo que pensaba. Allí estuvo, quizás, la razón para sugerir esta entrevista con el entrenador de San Lorenzo a los cráneos de Un Caño. Ahora que lo tengo enfrente en un hotel donde concentra con el plantel en la víspera de los partidos, confirmo plenamente esa sensación. Asad hojea el último número de la revista, que le acerqué a modo de presentación, y comenta sin filtros las notas que le llaman la atención. “Está buena la presidenta del club polaco, eh”. O “Scotta era tremendo ¿no?”, dice buscando complicidad, mientras este periodista maldice haberse olvidado de cambiarle las pilas al grabador que no quiere arrancar. Con el papelón ya indisimulable, le digo que voy al kiosco de enfrente a comprar pilas nuevas, y Asad hace una mueca y pone cara de “¡qué personaje me mandaron!”, pero se la banca y espera el regreso para someterse a las preguntas sin condicionamientos. –Tu carrera viene en ascenso. ¿Esperabas llegar tan rápido a un club grande? –No, sinceramente no. Creo que la campaña hecha en Godoy Cruz me catapultó. Hoy estoy en un lote de entre cinco u ocho técnicos que están capacitados 62 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2011

para dirigir a un grande. Se dio que me iba de Emelec después de ser campeón y se concretó, pero no lo esperaba tan rápido. –¿Es tan diferente dirigir a San Lorenzo que a tus clubes anteriores? –Sí, una palabra tuya retumba mucho. Ya te das cuenta en la cantidad de gente que arrastra, el estadio que tiene. Es un grande en serio, que te exige mucho. Por suerte, estamos trabajando tranquilos. Y el club se está portando como lo que es, un grande. Debe ser así para que vengan los éxitos pronto. –Con las urgencias de San Lorenzo, ¿lograrás que tu equipo juegue como Godoy Cruz? –Ésa es la mentalidad. Con los jugadores que se quedaron más los que pedimos, tenemos lo que quisimos para el armado del plantel. Con nuestra idea y estos futbolistas estamos capacitados para hacerlo. No entendemos otra que jugar bien, ése es mi mensaje. Por lo pronto, ya se vieron algunos detalles en estos primeros

partidos. Nosotros no esperamos. Salimos a buscar todos los partidos. Apuesto al Pipi Romagnoli, Ortigoza, Salgueiro y algunos chicos para lograr el último pase para la creación de desequilibrio. –¿Gigliotti es el Turco Asad de tu equipo? –(Se ríe) Tiene algunos movimientos, pero es distinto. Creo que tiene cosas del Turu Flores, también. Lo mío era pura potencia, se basaba mucho en el juego del equipo. Gigliotti tiene más condiciones naturales: es goleador, pero tiene técnica y gambeta. Yo tenía muy poca gambeta. Ojalá siga así y le dé muchas alegrías al club. –¿Los futbolistas de ahora son muy diferentes a los de tu época? –No son diferentes en el entrenamiento. Son diferentes en la cabeza. Al jugador se lo limita mucho. Está todo muy estructurado, y se aferran a una idea. Si no sale, seguimos igual, y para mí no es así. Yo soy versátil con el sistema, les doy libertad a los jugadores. Hasta a los defensores les pido que pasen al ataque.

“Estamos en una locura, una carnicería. Si ganás 1-0 y con el equipo metido atrás, festejan porque llegaste una vez y los vacunaste”.


Tal vez cambió por ahí. El futbolista está más físico, más entrenado y menos rebelde, en el buen sentido. –¿La falta de rebeldía es culpa de los entrenadores o de los jugadores? –Es un problema de los dos lados. Un ejemplo es el caso de Gabriel Méndez en el gol a Estudiantes. Lo había puesto por derecha y apareció de enganche para definir bárbaro. Eso me gusta: que rompan un poco con lo que yo les estaba pidiendo. Que le agreguen esa cuota de osadía, porque así van a incrementar su imagen, y eso es bueno para ellos y para el equipo. –¿Como jugador fuiste tan responsable como ahora les exigís a tus dirigidos? –Sí, viví para el fútbol. No me guardé nada nunca. Para entrenar, siempre llegaba una hora antes. Era uno de los primeros, junto con Bianchi, Chilavert, Pellegrino y Compagnucci. Si no estaba bien entrenado, yo no podía jugar nunca de titular. Vélez me exigió y yo le respondí. Ahora les exijo lo mismo a mis jugadores. –Se dice mucho que en el fútbol argentino no se juega bien. ¿Estás de acuerdo? –Creo que se podría jugar mejor. Hay miedo, un pavor absoluto a no sumar un punto, a un insulto. Veo mucha intranquilidad en la gente, no hay paciencia. Y eso hace que los equipos sólo quieran sumar como sea. Los técnicos quieren sumar

para mantenerse y cuidar su puesto. Creo que no miramos el espectáculo, que en definitiva es lo que nos mantiene vivos a todos. Así el fútbol se va muriendo. Hay que buscar esa frescura, esa improvisación del jugador en la cancha para que tenga un destello de genialidad y podamos apostar a la creación, algo que parece muy complicado y a lo que no hay que renunciar. Y no poniendo cinco delanteros, sino jugadores creativos con responsabilidad para que generen fútbol. –¿Por qué el enganche escasea en el fútbol? –La preparación física cambió mucho. Ese 10 no puede jugar más parado adelante del volante central, porque así le va a costar. Hoy, al jugador se lo pone en otro lado: de punta, segunda punta o volante por los costados. Según donde le convenga más al tipo de esas características. –Pero Vélez y Boca juegan enganches clásicos, como Ramírez y Riquelme. –Sí, pueden jugar tranquilamente. Siempre que cumplan con las responsabilidades que se les asignan. No se puede jugar como antes. Hay que tener dinámica, volver a un lugar para marcar, moverse para atacar. Son variantes que les da el técnico. –Te hizo debutar el Bambino Veira pero tu época de gloria fue con Bianchi. ¿Quién es tu técnico ideal?

–Carlos me dio y me enseñó mucho. Estuvimos en la época dorada de Vélez. Nos marcó mucho. Él y Bielsa fueron personalidades fuertes, dos ganadores. No me olvido de Piazza, quien continuó con el legado de Bianchi, ni de Eduardo Luján Manera. El Bambino Veira me mostró una parte del fútbol hermosa: jugar con enganche y tres delanteros, el fútbol espectáculo, ser siempre protagonista... De todos se aprende algo, pero de quien más aprendí fue de Bianchi. –¿Por qué se habla tanto de lo extrafutbolístico y tan poco del juego en sí? –Porque vende. No mostramos nada adentro y vende lo de afuera. Cuando le ganamos a Estudiantes, un triunfo bárbaro, al otro día se estaba hablando del kilombo entre Tula y el presidente. Sabemos de las reglas de juego. Tampoco entrenamos para que la prensa nos alabe. Entrenamos para ganar y para que la gente de San Lorenzo esté contenta. –¿Para vos el sistema está por encima de los jugadores o es al revés? –Al revés. Yo tengo una idea, y si llego a trabajar con un plantel a mitad de campeonato, me tengo que amoldar a lo que tengo. Ahora, si arranco de cero y armó lo que quiero, elijo a los protagonistas. Pero el jugador está por arriba de todo: del sistema y del entrenador.


–¿El hincha entiende verdaderamente de fútbol o sólo le importa que su equipo gane? –Entiende más ahora. No come más vidrio, y hoy en día tiene acceso a un montón de cosas. Recibe información, escucha, lee y aprende. Pero también le interesa ganar. Estamos en una locura, una carnicería. Si ganás 1-0 y metido atrás, festejan porque llegaste una vez y los vacunaste. Pero yo no estaría tan contento como entrenador, eso me deja vacío. Y el hincha es más pasional, no es tan racional. Piensa sólo que se llevó los tres puntos y le ganó al rival. –¿Qué opinión tenés del periodismo deportivo en general? –Creo que hay muchas ramas. Hay cero compromiso con la verdad. Se defienden cortinas de humo, se defienden intereses. Y nadie dice la verdad. O la dicen off the record. No tienen el coraje para decir las cosas como son. Hay también algunos que son muy serios, honestos y responsables, como Víctor Hugo Morales. En ese sentido, tenemos que mejorar todos: los periodistas, los entrenadores, los jugadores y los dirigentes. Empezar a ser más honestos con el fútbol. –¿Consideras que Grondona debería dar un paso al costado para que otro dirigente sea el presidente de la AFA, después de 32 años de ocupar el cargo? –Absolutamente. Lo digo sin pudor. Tiene que haber un cambio. El fútbol argentino cada está cada vez peor. No entiendo por qué no fue Bianchi a la Selección, y aunque me lo expliquen diez mil veces, no le voy a creer. ¿Todos los dirigentes quieren tener a Bianchi en su club y no en la Selección? Algo pasa… No salgan a decir que no es el perfil. Nos están mintiendo en la cara. –¿También es mentira aquello que dicen de “buscar un proyecto”? –Sí, no hay proyecto. Mirá que no tengo nada contra Sabella, eh. Me gusta como dirige, pero también va a ser uno más de la lista de lo que pasaron. Tiene que darse un cambio estructural en la Selección Mayor y en las Juveniles. Hay gente que quiere estar de paso por ahí. Y no es así, hay que formar, dejar una huella en los pibes. –¿Por qué la Selección Argentina no puede lograr que Messi rinda como en el Barcelona? –Tal vez por los intérpretes que tie64 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2011

ne al lado, que no son los mismos. No se trata de ir una semana a Barcelona para ver cómo entrena y ya está. Allá se generó toda una estructura, hace años, para que el club sea campeón de todo. Lleva tiempo conocerse. Ya no pasa que uno solo gane un partido. Fijate que hace unos días, ante el Real Madrid, para que Messi hiciera el gol, hubo taco, pecho, paredes con los demás. Hay una situación muy complementaria. Si ponemos a jugadores que sólo piensan en andar bien ellos, para que se hable bien y los demás piensen que son genios, estamos equivocados. Acá el genio es Messi, como en su momento lo fue Maradona. Hay que ponerse el traje de laburador para el genio. Tienen que estar todos detrás de él. –Imagino que tu sueño es dirigir algún día a la Selección. –Sí, pero no me vuelvo loco. En diciembre aparecieron posibilidades de dirigir a algunas selecciones de segunda de línea, pero no acepté porque eso implicaba irme de mi país. Sé que en cualquier momento puede llegar, pero no me desvela. –Ahora que ya estás encaminado

como entrenador, ¿seguís recordando como una frustración tu retiro tan joven por las lesiones? –No, lo recuerdo a veces, pero como parte del pasado. Recién cumplí 40 años... Largué a los 29. Tuve cosas muy lindas en el medio, con mi familia. Ya está, no hay forma de volver el tiempo atrás. Dios me mandó esta carrera, y ya estoy superando tranquilamente lo otro. –¿Te arrepentís de aquel incidente con Caruso Lombardi? –Sí, me dio vergüenza el mismo día. Yo llegué de Mendoza y estaba viendo otro partido. Estaba contento porque con la goleada a Tigre habíamos zafado del descenso y la promoción, habíamos quedado primeros solos. Llego y veo eso por televisión. Me quería morir... Me reía y me quería esconder. Porque no fue lindo verme así, insultando. Al otro día salí en todos lados a pedir disculpas. Estuve 48 horas pidiendo disculpas a toda la gente del fútbol. –¿Fue solo un momento de calentura? –Sí, pero no va a volver a pasar. Es más, nunca me habían echado de un campo de juego, ni en Inferiores.


Libro, mi buen amigo

Inspirado por los cuentos del inolvidable Gordo, diez años atrás se fundaba en Italia el Osvaldo Soriano Football Club. Con el tiempo también se creó una Liga de Escritores Europeos para armar desafíos y se terminó con el mito de que los intelectuales son unos pataduras. Por ULISES RODRÍGUEZ

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ace exactamente una década, durante un verano italiano, un grupo de escritores que armaba picados para divertirse y bajar la panza fundó el Osvaldo Soriano Football Club. “Las que nos incentivaron e insistieron fueron Silvia y Paola, dos jóvenes de Cesena (norte de Italia) que juntaron a treinta escritores con una consigna: “¿Juegan?”. Todos respondimos que sí. Un no hubiese sido como renunciar a una convocatoria a la Selección”, dice Beppe Servegnini, escritor y periodista del diario deportivo italiano La Gazzetta dello Sport. Empezaron entrenándose en el campo de deportes de una escuela, y hoy tienen una sede propia. Las apabullantes goleadas sufridas en los primeros partidos los obligaron a practicar una vez por semana. Al poco tiempo, Silvia y Paola les diseñaron una camiseta azzurra, como la de la Selección italiana, y con un escudo que lleva el dibujo que Daniel Paz hizo para la tapa de Página/12 aquel 29 de enero de 1997, cuando murió Osvaldo Soriano (caminando de espaldas con su gato). “Se trata de una Selección de escritores. Gente que sabe dónde poner un punto y una coma, pero que además tiene que meter la pelota en el medio. Aunque no me crean, en la cancha usamos más los músculos que el cerebro. En compensación, tenemos una visión literaria de las cosas, pero la tenemos para nosotros. Una Selección de escritores que cuenta cada pase con una linda frase sería una como una Selección de cantantes que tuviera un sonido para cada córner”, define poéticamente Servegnini. De la inventiva de Osvaldo Soriano salieron personajes como los técnicos Míster Peregrino Fernández y Orlando el Sucio, el hijo árbitro de Butch Cassidy, y hasta un penal que fue

el más largo del mundo; pero lo que el Gordo nunca imaginó fue que un día escritores como él fundarían un club y encima lo bautizarían con su nombre. Es que la sensibilidad futbolera de Soriano se tradujo a más de treinta idiomas –entre ellos, el italiano–, y muchos de los escritores que forman el O.S.F.C. llegaron al autor de No habrá más penas ni olvido por sus cuentos con una pelota al medio. “Lo amamos desde Pensar con los pies (libro que aquí se editó como Cuentos de los años felices). Tenemos un montón de libros sobre fútbol, pero sus historias son las mejores de todas. Soriano es un gran escritor, sensible e inteligente. Nos habla sobre hombres y mujeres en la esquina del mundo, sobre el sol en los ojos de un niño, sobre balones y tonterías, sobre cosas que están lejos pero sentimos cerca, sobre el misterio de la vida y el paso del tiempo y sobre lo poco que sabemos acerca de todo”, dice el escritor Enrico Remmert, uno de los defensores del equipo, que lleva el número 13 en su espalda. En el 2005 los sorianos fueron por más y fundaron la Writer’s League (Liga de Escritores) para incentivar a otros colegas de Europa a formar sus equipos y armar torneos de fútbol. La única condición que se exige es que los jugadores tengan al menos un libro publicado. Así, el O.S.F.C. disputó un partido por mes contra Selecciones de escritores de Inglaterra, Israel, Dinamarca, Hungría, Alemania y Suecia. Todos los encuentros fueron a beneficio de una escuela, un hospital o un orfanato. “Quizás porque somos escritores es que estamos muy bien organizados en el campo, pero no somos tan rápidos para el juego. Perdemos seguido, pero estamos acostumbrados, quizás porque somos escritores”, remata Remmert.

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Al gran mal, gran remedio

Si River, como se piensa, ha formado un equipazo, todo indica que su trayecto por la B Nacional será breve y que no debería tener problemas. Pero, se sabe, el fútbol es imprevisible. Pacini confecciona un sesudo análisis del River de las primeras fechas. Suficiente para comprender que, si bien hay un plantel que mete respeto, lo mejor es el famoso paso a paso. Por FERNANDO PACINI Fotos PHOTOGAMMA.COM

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uponer que la B Nacional es un torneo hostil con los buenos equipos es una idea que, por mucho repetirla, no se ha interpelado adecuadamente. En principio, hay un par de razones incontrastables para desmentir semejante enunciado: la B Nacional es un campeonato largo y por lo tanto más justo con la regularidad. El otro dato objetivo es que en la B Nacional juegan equipos inferiores a los de Primera División, algo que suele perderse de vista, acaso para ponerle suspenso a la llegada de River a la categoría, anunciándole que el camino es escabroso y lleno de complejidades. Desde luego, River necesita hacer los méritos suficientes para ascender, pero lo que resalta a primera vista es que tiene un equipazo. Tal vez nadie quiera decirlo abiertamente por el temor de quedar expuesto a una serie de malos resultados que provoquen alguna crisis. Mientras tanto, es evidente la superioridad de River en la calidad de su plantel. Si estamos de acuerdo en que la B Nacional no es un campeonato imposible de jugar, que además tiene equipos inferiores a los de Primera y, por

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último, que River tiene un plantel y un equipo que está muy por encima del que descendió, la conclusión inevitable es suponer un buen paso de los millonarios por la divisional. Tampoco el entorno será tan diferente al de costumbre. Los estadios donde jugará River le resultarán en su mayoría conocidos y con dimensiones habituales (Mendoza, Rosario Central, Gimnasia, Huracán, Minella, Alta Córdoba, Jujuy, Bicentenario de San Juan, Chacarita, Quilmes, Ferro…). Otros, no tanto: Defensa y Justicia, Deportivo Merlo, Patronato, Boca Unidos, Almirante Brown, Puerto Madryn… En todo caso, nada muy extraño ni decisivo. Si hasta la estética de la TV en alta definición para este River de la B Nacional se parece a la de Primera. Lo importante, finalmente, está en el fútbol, en la capacidad de un equipo para imponerse a las exigencias de

una competencia demandante. El primer objetivo es recuperar algo de tranquilidad. La paciencia es esencial para un equipo que procura buena calidad de juego. Sin esa atmósfera de calma, la confianza se vuelve imposible y la precisión, infrecuente. Almeyda sabe que, además de refuerzos, para el diseño de su plantel precisa poner a prueba sus facultades de conductor. Tarea nada sencilla para un club que aún duerme con los fantasmas del descenso. Los triunfos en el comienzo del torneo (especialmente el de Mendoza, frente a Independiente Rivadavia, con remontada incluida) ayudan a fijar a ideas. Cuando hay paz, se piensa mejor. Ya se advierte el perfil del equipo que pretende su entrenador. Los trazos gruesos más reconocibles son: intensidad para recuperar y prolijidad para jugar, con los cuidados de cada caso. La intensidad debe tener límites, para no caer en la fricción permanente. La prolijidad,

Ya se advierte el perfil del equipo que pretende su entrenador. Intensidad para recuperar y prolijidad para jugar, con los cuidados de cada caso.


debe romperse en el cambio de ritmo y los desmarques, para evitar ser predecible y tedioso. La composición defensiva devela varias intenciones. Para empezar, la inclusión de Abecasis en el lateral derecho provee al inicio del juego de una salida adecuada para un equipo que pretende empezar el proyecto ofensivo desde la primera línea. Un 4 que se integre al mediocampo y al ataque naturalmente, y un 3 (Juan Manuel Díaz) que cierre para comportarse como tercer central son muy útiles. Cuando eso sucede, las cosas fluyen mejor. Cuando Díaz sube, la posesión se resiente; Díaz es mejor marcador que iniciador. Alayes, más allá de su capacidad como central y su potencia en el juego aéreo, pone una vital cuota de oficio, voz y orden. Ese aporte puede mejorar a Maidana, a González Pires o a Pezzella, dependiendo de quién se instale como compañero de zaga. Ferrero, que aparece como la otra alternativa, posiblemente haya perdido el escaso terreno que conservaba para ocupar establemente un lugar. En el mediocampo, Almeyda dispone de muchas y buenas variantes. Domingo y Aguirre, partiendo como mediocentros, coordinan eficientemente la presión. Si la defensa respalda con su adelantamiento y los atacantes despliegan su esfuerzo, ellos conducen el tramo decisivo de una presión cuyo objetivo es recuperar rápido y en campo rival. De momento, se advierten algunos defectos en la ejecución de la acción, pero eso no los ha desalentado en el intento. Los ajustes, son imprescindibles para presionar correctamente. La presión, cuando es arriba, bien alta en el campo, debe ser decidida, sin temores, y con reaseguros. De lo contrario, los riesgos de exponerse con mucho campo a las espaldas aumentan. Es como el anticipo: si se falla, se entrega pelota y terreno. Pero el anticipo es una acción individual, y la presión, un ejercicio colectivo para el que hace falta pensar y correr con criterio. Esencialmente, los futbolistas deben acostumbrarse a revertir un hábito natural cuando se pierde el balón: en lugar

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de retroceder, que es lo que manda el instinto de conservación, hay que adelantarse; y no se cambia una conducta de hoy para mañana. Carlos Sánchez y Ocampos también aparecen en sintonía. El ex jugador de Godoy Cruz, sabe que cuenta con un lateral derecho que va a abrirle el juego, permitiéndole respetar su naturaleza más central. Ocampos, en cambio, va más contra la banda. River ha mostrado con frecuencia en sus primeros partidos un ataque integrado por seis jugadores: Abecasis, Sánchez, Aguirre, Ocampos, Domínguez y Cavenaghi. El segundo gol en Mendoza es una muestra de esta idea, con Abecasis terminando de 7 y Ocampos de 9. César González, Pereyra, Ledesma, Mauro Díaz, Cirigliano y Affranchino completan un abanico de alternativas muy versátiles para el entrenador. En todos los casos, sin resentir la posesión, que aparece como una prioridad de este River versión B Nacional. Cavenaghi no está aún en su mejor forma. Necesita tomar mejor ritmo para que podamos hacer una evaluación más exacta. Hoy, es prematuro juzgar su tarea, puesto que no ha jugado regularmente en las ultimas dos temporadas (Burdeos, Mallorca, Inter de Brasil), de modo que es imposible que ya haya conseguido su puesta a punto. Si River llega al ascenso en esta temporada, habremos de resaltar mil virtudes y podremos destacar muchos aspectos de la conquista: la intención de jugar al piso, la incidencia de Sánchez, la potente aparición de Ocampos, etcétera. Pero sin dudas, si eso pasa, en gran parte será por Alejandro Domínguez. De no ocurrir ningún contratiempo, es “el jugador”. Luego de seis años en Rusia (Zenit y Rubin Kazán), algunos problemas de vestuario le impidieron jugar en Valencia. Decidió dejar Europa, mucho dinero y dos años de contrato para venir a River. El Chori es un jugador de Champions jugando la B Nacional. Un lujo. Hace poco tiempo, antes de llegar a Valencia,

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tuvo en jaque a todo Barcelona en el mismísimo Camp Nou y fue la figura del Rubin en aquella victoria rusa que recorrió el mundo. Desde hace tiempo que no es aquel wing rapidito y habilidoso de Quilmes. A sus 30 años, es un futbolista más completo, capaz de mejorar a todo el equipo. Uno de sus secretos está en el control, en la capacidad para recibir de espaldas, orientar ese control y perforar defensas. Si hay que rebotar, lo hace, pero si advierte que su marcador va a buscar por un lado, sale hacia el otro y encamina el ataque. En los costados, donde están sus orígenes, también suele detectar los espacios para recibir y procurar el desborde. En el uno contra uno, sigue siendo decisivo. Puede ser 10, 7, 11 y hasta comenzar al lado del 5. A su dinámica en el juego le agrega

un remate sensacional en las detenidas (especialmente, en forma de centro). Si River sabe aprovecharlo, y él se siente a gusto, Domínguez confirmará que no sólo es un jugador magnífico para este momento de River, sino para instancias superiores. Para jugar en la B Nacional, River ha conformado un plantel como para disputar el título de Primera División. Responder a las expectativas es un desafío. La angustia se desactiva con fútbol y pareciera estar en ese camino. Y si eventualmente la curva de rendimiento bajara, la seguridad y la paciencia deberán reencausar la nave. Para ser candidato y confirmarlo, se piden muchos requisitos. River aspira a completar la planilla lo más rápidamente posible, prolijamente y empezando por el principio.

La conclusión inevitable es suponer un buen paso de los millonarios por la divisional.


“En Inferiores, River es campeón de todo” Con 139 goles (al cierre de esta edición) y 17 años, en cualquier publicación del mundo le harían una nota. Bueno, pues disculpen el lugar común, pero quizás estemos ante un futuro crack, y no está mal eso de rescatar talentos. Nuestro espíritu democrático continuará, pero qué tal si le prestamos atención a este pibe. Federico Andrada, la promesa millonaria. Por PABLO TESEI Fotos MAXI FAILLA

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l algún hotel del DF mexicano estaba con el Flaco, los dos sentados en una habitación delante de una notebook, buscando la señal online menos congestionada para ver uno de los partidos más importantes en la historia de River. Aquel del viaje triste a la B Nacional. El 26-J deportivo del Millonario. Cada tanto, asomaba la cabeza Lucas Pugh: “ya está, en nuestra cancha, con toda la gente a favor, ahora lo damos vuelta”, dijeron cuando Mariano Pavone metió el gol a los siete minutos. Después sufrieron por el penal no cobrado a Leandro Caruso, y se quisieron meter en el monitor cuando el Tanque no pudo meter el suyo. El Flaco es Lucas Ocampos, el mismo que, luego de una gran pretemporada bajo el mando de Matías Almeyda, debutó como titular en el primer partido en la B Nacional contra Chacarita. El otro protagonista de esta historia es Federico Andrada. Junto con Pugh y tres chicos más, los representantes de River en la sub-17 que jugó el Mundial en México y se volvió en octavos después de perder por penales con Inglaterra. “No podíamos más. Alguien hacía mal una jugada y queríamos meternos en la cancha y hacer algo, ayudar; unas ganas de jugar tremendas, las mismas de ahora. Por suerte al Flaco se le dio. Encima, afuera nos esperaban los chicos de Boca, como Bruno Galván, y los de Racing o Independiente. Casi nos agarramos a piñas con todos”, cuenta Fede Andrada, el pibe que destronó a José Pepe Sand como top score de las inferiores, con 139 goles, y que, con 17 años, se proyecta como una de las mejores promesas de la cantera. En efecto, en septiembre de 2010 la dirigen70 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2011

cia le preparó un primer contrato especial: con una cláusula de rescisión de 15 millones de euros. –¿El record y el contrato millonario generan una presión extra? –Ser el máximo goleador de las Inferiores implica que cuando me toque jugar en Primera tenga que demostrarlo. Lo mismo con el contrato que me hicieron: tengo que demostrar que valgo los 15 millones que pusieron, o más… La presión va a estar siempre, pero también depende de cómo uno se maneje, sin record ni contrato, yo me esforzaría de la misma manera que lo hago ahora. –¿Y con los rivales? –Te buscan más. Mirá, a mi me hacen el contrato en septiembre de 2010, y en octubre jugamos el clásico con Boca. Por esas cosas que tienen los técnicos, me pusieron de suplente, cuando en siete partidos anteriores, a Boca le había hecho seis goles. Cuando entré en el segundo tiempo, los dos centrales se decían entre ellos “mirá, ahí está el pibe de los 15 millones. ¡15 millones de patadas en cada pierna te vamos a dar! Se callaron cuando cabeceé un centro y casi fue gol, pegó en el palo... O si no, cuando me operaron de una rotura de meniscos externos. Como la noticia salió en algunos medios, los primeros tres partidos que jugué después de la

operación se repartían para pegarme ahí, ¡hasta me abrieron los puntos! Tuve que parar dos partidos porque se me llenaba de líquido la rodilla. Por esta operación, Andrada, El Tanque de Carapachay, se perdió la posibilidad de disputar el Mundial sub-17 en México, luego de ser una de las figuras del sudamericano, aunque viajó con el grupo para apoyar desde afuera. Llegó a River hace diez años, cuando tenía siete y jugaba baby en el club Drysdale junto a un jugador que tenia dos años más que él y ya pintaba para crack: Erik Lamela. Allí lo vieron dos reconocidos detectores de talentos, Pepe Morales y Titi Montes, y una prueba en Núñez alcanzó para que lo ficharan. “Era chiquitito, no entendía nada, y ya estaba jugando en River”, recuerda. En una década, su carrera se resume así: campeón en Infantiles (87 goles), en Novena (16 goles), en Séptima (13 goles), y subcampeón de la Octava (16 goles). Desde hace varios meses alterna entre la Sexta, donde ya gritó siete veces, y la Reserva. Y todo eso sin contar los tantos convertidos con la Selección argentina. –¿Que significó romper el record de Sand? –Al principio no lo pensaba, era chico. Antes de pasar a Octava hice el gol 100, pero no me había dado cuenta; creo

“Tengo que demostrar que valgo los 15 millones que pusieron, o más... La presión va a estar siempre, pero también depende de cómo uno se maneje”.


que mi viejo tenía la cuenta, pero en realidad fueron los de Olé los que comenzaron con la cuenta regresiva. Ya en Novena me puse la meta de pasarlo porque pensé que era importante para mi carrera. Me puse las pilas y estuve con 99 goles ocho partidos, sin poder meterla, hasta que me destapé con Belgrano en Ezeiza, con cuatro goles. Poder pasarlo a Sand y tener el título de máximo goleador es algo inolvidable y único; muy pocos lo pueden tener, estoy muy contento. –Antes hablábamos de la presión al enfrentarte a los contrarios. ¿Cómo te imaginas jugando en Primera? –Es más duro jugar en Inferiores que en Primera. No hay tanta gente mirando, no hay cámaras, los cruces son muchos más fuertes, las canchas son peores… –Está bien, pero una cosa es tener enfrente a un chico de tu edad y otra muy distinta a, por ejemplo, Hugo Barrientos… –Si, pero en Primera se cuidan todos mucho más. Hay cámaras por todos lados, y te puedo asegurar que los jugadores se controlan más. Eso en Inferiores no pasa. –Tus referentes son Batistuta y Cavenaghi, dos delanteros con estilos diferentes de juego. ¿Cómo te definís como jugador? –En iInfantiles era más de área, pero después siempre me tiré un poco más atrás para jugar, y fui aprendiendo a intercalar las jugadas, una de área y una de atrás. Cavenaghi es uno de mis ídolos. Me tocó ver de cerca su debut, y miro mucho su forma de jugar. Ahora que volvió lo crucé un par de veces, pero no me animé a contarle que es mi referente. Y Batistuta es un monstruo: cuando se daba vuelta, ya sabías que era bomba al arco. –Se viene diciendo últimamente que la cantera de River no es como la del pasado, cuando aparecían jugadores como Ortega, Gallardo, Crespo, Saviola, Aimar… ¿Es así? –Para nada. En Inferiores, River es campeón de todo. Creo que es una cuestión de momentos. Por ejemplo, si a Lamela lo ponías en el equipo que fue campeón de todo, seguro que la rompía. O si a Saviola lo ponés ahora, o en el equipo que jugó el torneo pasado, capaz que pasaba sin pena ni gloria.

–¿Te da miedo que te pase como otros juveniles, que se quemaron en los últimos tiempos? Lanzini, por ejemplo, o Funes Mori. –Quiero hacer las cosas bien. Me parece que a Manu le faltaba experiencia, casi no pasó por la Reserva y saltó directamente de la Sexta a la Primera, y es importantísimo ese paso de jugar con público, con jugadores más grandes, más conocidos. Fijate lo que pasó, otra vez, con Lamela. Casi sin jugar en Reserva, jugó con (Néstor) Gorosito un torneo de verano y después desapareció casi un año

y medio. En ese tiempo, jugó en Reserva, la rompió, volvió a Primera mucho mejor y mirá dónde está ahora (en la Roma, de Italia; lo compró por 12 millones de euros). –Con la Selección jugaste Sudamericano y te perdiste el Mundial por la lesión, pero estuviste con el grupo. ¿Qué jugador viste como el futuro crack mundial? –El ocho de Francia (Soualiho Meite, del Auxerre). Jugó con la experiencia de un tipo de 35 años. Aparte es grandote… La paraba de pecho, distribuía con las dos piernas, con panorama... ¡Una bestia!

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Suban, empujen, jueguen, bajen

La llegada del Burrito Ortega a Defensores de Belgrano forma parte de la historia de grandes ídolos que no mancharon su trayectoria con alguna campaña en las divisiones de Ascenso. Corbatta, Houseman y otros han sido pioneros. Además de unos cuantos que surgieron de las categorías menos conocidas. Al final de cuentas, la gambeta es la gambeta. Por ALEJANDRO FABBRI

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i uno tuviese que hacer una rápida lista de jugadores que han dejado algo en la historia del fútbol argentino, esa nómina veloz iría tropezando y volviéndose cada vez más lenta. Es que hay nombres y apellidos de todas las épocas, futbolistas que no deben quedar en el olvido por la simple razón de haber actuado en otros años menos televisivos y glamorosos. En el recuerdo de los punteros derechos, hay tres wings que tienen cosas en común y llenan los casilleros del autor para el propósito que tiene esta nota. Orestes Omar Corbatta, René Orlando Houseman y Ariel Arnaldo Ortega. Tres carreras similares. Marcando con su habilidad, su desparpajo y su jerarquía momentos históricos del fútbol nacional. Los tres jugaron Mundiales, los tres salieron campeones, los tres enloquecieron al defensor de turno a puro amague, gambeta y desborde. Los tres ayudaron a convertir goles pero también los hicieron. Pensar que a Corbatta lo echaron de Estudiantes de La Plata cuando se iniciaba en las divisiones inferiores, que Houseman no pasó el filtro

de un técnico que no le daba minutos en cancha en su querido Excursionistas y que al Burrito Ortega le bajaron el pulgar en Gimnasia y Esgrima de Jujuy… Los tres optaron por despedirse en el Ascenso. Corbatta lo hizo en San Telmo, después de su desafortunada excursión por Colombia, donde –a pesar de sus rendimientos irregulares en Medellín– sufrió el abandono de su mujer y la pérdida de casi todo su dinero. A los 32 años, aquel fenomenal wing dejó su estela en Los Candomberos de la Isla Maciel en el torneo de Primera B de 1970. A su misma edad, el Hueso Houseman dejó el profesionalismo, dándose el gustazo de ponerse por un solo encuentro su querida camiseta de Excursionistas. Fue en 1985, trece años después del debut y título de Primera C con el rival –Defensores de Belgrano– que lo catapultó al famoso Huracán del ´73, campeón y dueño de un estilo incomparable bajo la conducción del Flaco Menotti. Orteguita llegó a Defensores de Belgrano cerrando un ciclo deportivo excepcional. Tuvo rendimientos brillantes en River Plate y en la Selección; no pudo

triunfar en el exterior y tampoco brilló en Independiente Rivadavia y en All Boys. A los 37 años, se hace lo que el físico permite, más allá de las intenciones. Es el físico, también, el que pasa factura por los errores cometidos, y Ortega lo sabe. Pero prestigiará el torneo de la Primera B Metropolitana como antes lo hicieron el Loco Corbatta y Houseman. Es interminable la lista de grandes jugadores que pasaron por el Ascenso. Algunos, incluso, lo hicieron en las categorías más pequeñas: José Omar Pastoriza jugó el torneo de Primera C con la camiseta de Colón, a comienzos de los años ´60. En esa misma época, Sacachispas tuvo como arquero a un joven Alberto Poletti y al lateral Eduardo Luján Manera, después figuras en Estudiantes de La Plata. En esa misma Primera C, Osvaldo Negri había ganado el torneo de 1956 con su amado Colegiales. Al poco tiempo hizo una enorme carrera en el Racing Club, siendo titular en 1958 y 1961 cuando La Academia se quedó con el campeonato. El argentino que más goles hizo en la historia de la Primera A, Ángel Labruna,

El argentino que más goles hizo en la historia de la Primera A, Ángel Labruna, eligió despedirse en Platense, durante la temporada 1961 del Ascenso. Angelito se iniciaba como entrenador y no pudo con su genio: quiso jugar algunos partidos.

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eligió despedirse oficialmente en Platense, durante la temporada de 1961 del Ascenso. Angelito se iniciaba como entrenador y no pudo con su genio: quiso jugar algunos partidos. No lo hizo bien: en el libro que escribió el historiador Jorge Sepiurca sobre Platense se cuenta que “hubo cancha colmada ante la presencia de Labruna contra Tigre, en Manuela Pedraza y Crámer. Fue empate a uno. La otra actuación del ex crack fue ante Central Córdoba en Rosario, perdiendo 2-1. Su sinceridad de hombre de fútbol que no se puede engañar a sí mismo: ´no agarré una´”. Antes, otros nombres con historia de equipos grandes y Selección argentina habían surgido ahí abajo. Pedro Dellacha –campeón con Quilmes en 1949– y Federico Sacchi –surgido en Tiro Federal de Rosario en los ‘50– fueron dos figuras albicelestes en esos tiempos, aunque no pudieron encontrarse defendiendo juntos la camiseta académica. En esos años ya existía, y daba pelea en la categoría más chica del Ascenso, el modesto Arsenal de Llavallol: de allí habían surgido chicos con futuro de éxito como Humberto Maschio, Antonio Valentín Angelillo, el Polaco Vladislao Cap y un muy pequeño Ángel Clemente Rojas. Maschio y Cap fueron tentados por Quilmes y luego triunfaron en Racing. Angelillo se fue di-

recto a Racing en 1955, pasó a Boca tras una temporada y se fue al fútbol italiano tras consagrarse en el torneo Sudamericano de 1957 en Lima. Angelillo y Maschio formaron parte de la recordada delantera apodada Los carasucias que comandaban Corbatta y Enrique Omar Sívori. Junto con ellos dos, el propio Sívori partió a tierras italianas. Fue un golpe fuerte para la Selección argentina, ya que ellos se nacionalizaron y pasaron a ser jugadores de la Selección itálica. En los últimos veinte años, vale la pena mencionar a Javier Zanetti, surgido de Talleres de Remedios de Escalada, que hoy milita en la cuarta categoría. Pedro Catalano, el mítico arquero del Deportivo Español, nació en Villa Dálmine, en la Primera C, lo mismo que José Horacio Basualdo y el interminable José Luis Calderón, que rompió redes con la camiseta rojas del modesto Defensores de Cambaceres, su primer y su último club. Hoy, una larga nómina de futbolistas los muestra en Primera A, pero con pasado de Ascenso. Tigre subió de tercera a segunda con Campestrini, Castaño, el Chino Luna y Galmarini, por ejemplo. Francisco Panchito Maciel es otro ejemplo: comenzó a jugar en Yupanqui, club de Primera D. Se fue al Deportivo Español y su camino continuó en Almagro y des-

pués en Racing. Trepó peldaños ayudado por su polifuncionalidad y criterio a la hora de jugar. Mientras Juan Mercier disfruta de su profesión de futbolista en Arabia Saudita, muchos ignoran que arrancó en las inferiores de Villa Dálmine, que dejó el fútbol porque el dinero no alcanzaba y, cuando ya era albañil hecho y derecho, una propuesta de Flandria lo tentó. Después vinieron Deportivo Morón, Tristán Suárez, la consagración en Platense y su pase a la A con Argentinos Juniors, donde ganó el campeonato. De Alfredo Graciani –goleador en aquel Atlanta sabatino de comienzos de los ‘80–, de Garrafa Sánchez –ídolo de Laferrere y El Porvenir antes que brillar en Banfield– y del Ropero Roberto Díaz –tanque goleador de Estudiantes de Buenos Aires y San Miguel– hay recuerdos recientes. La historia puede seguir hasta el infinito. A veces, la camiseta de la infancia tira y el protagonista vuelve a su primer amor. En otras, la decadencia no deja otro camino que jugar donde se pueda, para despuntar el vicio. En todos los casos hay ejemplos para resaltar y entender que en la categoría que esté, un jugador se siente eso, justamente: un futbolista, aunque sean cien y no veinte mil los ojos que lo miran.


A la vuelta de la página

Luego de los quince minutos de fama que el club Yupanqui logró gracias a un aviso de TV, todo volvió a la normalidad. Pero Un Caño igual le rinde homenaje a una de las instituciones más jóvenes e ignoradas del país, contando una curiosidad que enorgullece a sus hinchas: el nombre salió de… ¡la búsqueda en un diccionario! Por SEBASTIÁN DE LA MATA

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a mañana del domingo 12 de octubre sería distinta para Alfredo Gibaut. Descansaba bajo la copa de un árbol mientras pasaba las páginas de un viejo diccionario (Campano ilustrado, de M.González de la Rosa, Edición Garnier Hermanos-París). Estaba a punto de tomar una decisión que lo incluiría en la breve y sencilla historia del fútbol de abajo: elegir el nombre de su club. Alfredo seleccionaba ideas al detenerse en algunas expresiones. Hasta que llegó a la Y. Ahí encontró, al fin, lo que buscaba: una palabra, un nombre que sonaba fuerte, “Yupanqui”. Leyó luego el significado: “de ti hablará la prosperidad”. Lo propuso a sus pares, los socios de la institución que había sido creada hace poco. Sus amigos no entendían nada. El nombre que Alfredo había seleccionado los superaba. Pero lo votaron en forma unánime, y así nació, el 12 de octubre de 1935, el Yupanqui Básquet Club. En 1937, el club concretó por cuatro años el arrendamiento de unos terrenos cerca de la cancha del club, en Guaminí 4515, barrio de Villa Lugano. Cerca de la Navidad de 1940, un regalo de Papá Noel llegó de la mano de un vecino y fanático, Pablo Miguel Vera. El hombre había ganado el Gordo de Navidad de ese año, con el número 16003, y donó parte de su fabuloso premio al club para que pudiera comprar los terrenos. La adquisición del inmueble se llevó a cabo El club vivió una noche triste el 28 de febrero de 1961, luego de que se festejara el carnaval hasta el amanecer. Cuando todos los socios y directivos se fueron a dormir, llegó la tragedia. Un incendio arrasó con todas las instalaciones. Milagrosamente, algunos héroes lograron rescatar de las llamas valiosa

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documentación y fichas de socios que, de haberse quemado, habrían impedido conocer registro sobre la fundación de la institución. Veinte años después, gracias a la solidaridad de socios y vecinos, se logró reconstruir lo quemado, y hoy es una sede con teatro, natatorio, sala de cultura y confitería. Como todo club de reflejos rápidos, dos anécdotas sobresalen del libro de los recuerdos, y sus hinchas se encargan de remarcarlas: Maxi Anselmo, director creativo de la empresa Agulla y Bacetti (dedicada a la publicidad), buscó por Internet al equipo de fútbol de Argentina que menos recaudaba, y así se encontró con las flojas performances recaudatorias de Yupanqui. Fue entonces cuando los publicitarios se reunieron con el presidente del club, Omar Perrú, y le hicieron la propuesta: se filmó un aviso que fue exitoso y le reportó al club dinero para obras. La publicidad instaba a consumir Coca Cola. Mucho antes del momento gaseoso, allá por la década del ’60, Perrú había conocido a su esposa, María Luisa, en uno de los numerosos bailes de tango que se hacían en todo el Gran Buenos Aires. Ocurrió bajo la luna del salón donde la orquesta de Aníbal Troilo hacía bailar a una multitud. Lo más curioso es que el disc jockey de esa noche era fanático de Atahualpa Yupanqui y pensaba ponerlo, pero por respeto al tanguero, el disco nunca fue escuchado en ese lugar. La hinchada de Yupanqui no llena las canchas, pero sus seguidores más fieles siempre son el comentario de los rivales: se trata de apenas una decena de fanáticos que van a todos lados. Pero lo más curioso es que un hincha, Adrián Salomita, es el encargado de llevar las banderas, que casi siempre son veinticinco. Es decir, más que la cantidad de gente que sigue al equipo cuando le toca ser visitante.


Un grito en el cielo

La revista La Garganta –en cuyo staff figura como “Redactor Jefe” Rodolfo Walsh–, llevada adelante por compañeras y compañeros de La Poderosa, logró un anhelo de miles de periodistas: una exclusiva con Maradona. Publicación que no tiene publicidad comercial, se financia con la venta de cooperativas de distribución, también villeras. Uno de los integrantes de su staff cuenta aquí la cocina del reportaje en el que Maradona dijo tantas cosas como para que usted deba ir ya mismo al kiosco a comprarla. Por ALEJANDRO FERNÁNDEZ

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loré. Claro que lloré. Temblé. Y lo amé, con un abrazo que todavía no terminó. Soñé ese día tantas veces, con mi viejo... Por años, hice fuerza apretando contra el pecho la misma bronca y los mismos sueños que Diego tenía en Fiorito. Todavía sin techo, unos meses atrás, creí sentirlo a través de un vidrio, mirándolo dirigir un Mundial, desde los televisores de otros, desde las vidrieras de las casas de electrodomésticos, en la calle Florida. Pero, por fin, esta vez lo encontré, lo alcancé, lo toqué. Y mis lágrimas no fueron solamente mías. Pisé la Luna, un domingo cualquiera, gracias al barrilete cósmico. Ya hacía años que yo venía participando del colectivo La Poderosa, desde las asambleas de familias en situación de calle... Pero esa mañana, por fin, me presentaban como nuevo redactor en nuestra revista de cultura villera, La Garganta, en la calle Che Guevara del barrio Zavaleta. Y entre todos los nervios, me cayó una bomba en las manos: “Diego nos espera en su casa”. Pensé que era un chiste, pero los ojos de mis compañeros me decían que no. Todos estaban contentos, llorosos, emocionados, mientras tirábamos preguntas y más preguntas para que, fuera quien fuera el elegido para hacer la nota, pudiera llevar la voz de los demás. Yo estaba simplemente sorprendido, no entendía nada. Y estaba seguro de que no sería el designado para la entrevista, porque jamás había hecho una. Pero entonces, la generosidad de Ayelén, una compañerita de 15 años, escribió un boleto con

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mi nombre al paraíso: “para mí tiene que ir Ale, porque yo no sé tanto de fútbol”, dijo. Y el resto aplaudió. Junto con Paola, redactora de la villa 21, y Romi, fotógrafa de Zavaleta, me tocó salir a la cancha, para mi primer partido, nada más y nada menos que frente al 10. Viví en la calle. Cuando mi viejo se murió, en 2006, desbarranqué. Con sólo 14 años, quedé solo en el mundo y en el infierno. Pero desde ahí, empecé a remar. Y hoy, que tengo la sonrisa tatuada por haber estado con Maradona, sólo me pone triste pensar que mi papá nunca lo pudo ver ahí, en persona. Aquel día que íbamos a la cancha, hubiera sido su primera vez, pero justo se descompuso y ya no volvió. Le quedó un poquito de fuerza para asegurarme que alguna vez yo iba a estar con el Diego. Y no me mintió. Pero antes rodé. Tuve que pasar un montón de noches oscuras, hasta que careteé un mate en la vereda; me lo cebó una compañera y me subí al bondi de La Poderosa. Solo, no hubiera podido. Solo, no tendría sentido. Qué tendrá que ver todo eso con la nota a Maradona, ¿no? Mucho, todo, porque si el Diego estaba ahí, esperándonos

en Devoto, no fue por plata ni porque fuéramos los mejores periodistas, sino por nuestra historia y nuestra lucha. Por eso, un jueves mis compañeros le mandaron un mail. Un sábado lo respondió. Y un domingo, ese domingo, nos recibió en la casa de Claudia, una diosa, con Dalma, Giannina y Benjamín. Los minutos previos, los pueden imaginar: ¡alto cagazo! Pero llegó la hora. Subimos por el ascensor y, de pronto, se escuchó su voz… Nos abrazó, lloró, nos aconsejó... Por un rato, fuimos su familia, su familia villera, porque así lo sentimos todo el tiempo. Es nuestro. Dice “nosotros” cuando habla con bronca de lo que se inventa sobre nuestros barrios. Y dice “ellos” cuando manda a “cerrar el orto” a los periodistas que arman terribles discursos de las villas pero nunca las pisan, porque les gusta ensuciar, pero no ensuciarse los zapatos. La Garganta vino a dar ese grito. Para contar la realidad que duerme en la calle. Para describir lo bueno, sin esconder lo malo. Para denunciar a los hipócritas. Desde 2004, La Poderosa se organiza desde las villas para hacerle frente a los que tiran mierda. Y en 2009, cuando Facundo Pastor hizo un informe trucho so-

Diego nos abrazó, lloró, nos aconsejó. Por un rato, fuimos su familia, su familia villera, porque así lo sentimos todo el tiempo.


bre Zavaleta, usando imágenes de ficción como si fuesen reales, aunque yo todavía estaba en la calle, mis compañeros ya estaban en la puerta del canal América, dispuestos a mostrarle las cosas lindas que se olvidó de contar. Todo el barrio se movilizó, con tortas fritas y alegría, pero sólo un diario publicó esa terrible movida, y entonces la mentira pudo más. Algunos vecinos se quedaron sin trabajo por vivir “ahí”. A Leyla la mató un auto que pasó sin frenar por Iriarte, “porque donde parás, te roban”. Y las ambulancias del SAME no entraron más. Desde entonces, las asambleas de La Poderosa en distintas villas resolvieron que era necesario tener voz propia. Y entendimos que, si nunca hubo periodistas villeros, no fue por casualidad. Ahora, amigos, los hay, y los hay organizados en una cooperativa que no vende su opinión, ni una sola de sus letras, porque siente que si falta publicidad, falta justamente para todos esos que no pueden pagarla. ¿Qué loco, no? Y en el medio de todo esto, ¡el Diego! Todavía no lo puedo creer. Por si acaso, todo el día, todos los días, tengo puesta mi remera de Arsenal, el equipo del me hizo hincha mi viejo, en Sarandí. Y que ahora lleva la firma del 10. Cada vez que la miro, vuelvo a ese lugar, a ese minuto, a ese comedor del piso siete, donde Romi le hacía las fotos, mientras a mí me temblaban las piernas. Y creo que se ve en la foto que estoy junto a él, pelota de por medio: no podía mirarlo a los ojos, de la emoción, de los nervios, del cagazo. Y él mismo rompió el hielo, como poniéndose el equipo al hombro: “tienen más producción que Susana Giménez”, tiró. Y nos reímos todos. Ya estábamos más relajados, pero la victoria de Mauricio Macri lo tenía fastidioso al Diego. Y entonces, su primera respuesta a la propuesta de pegar un grito para la tapa, como es tradición en La Garganta, fue un seco “no”. ¡Qué momento! Nos miramos y, sin hablar, encontramos la solución ahí, a un costado, pateando contra la pared. “Si no lo convence el nieto, no lo convence nadie”, pensamos.

Y sí, lo logramos: “Benjaááááá”, gritó durante dos minutos, una y otra vez. “A este Diego, lo conozco”, pensé. Y el cagazo ya no volvió más. Fuimos al sillón. Y arranqué la entrevista, como si no lo tuviera delante a él. Pregunté y escuché. Y escuché, y escuché. Dijo de todo. Pero aunque haya hablado mal de muchos, y con razón, lo más lindo fue escucharlo decir que “cuando jugás a la pelota en la villa, te late el corazón más fuerte”. En un pequeño silencio, tuve miedo de no poder cumplir otro de mis sueños: hablar con Maradona sobre fútbol, tranquilos. Y cuando ya empezaba a sentir que llevábamos mucho tiempo y que quizás estuviera cansado, él me ganó de mano: “¡Basta! Últimas… Quince preguntas”, dijo cagándose de risa y dándonos luz verde para seguir hablando otra hora más. Tremendo alivio. Y tremendo lo que dijo de Grondona, de Blatter y de los que se robaron toda la plata en River. “¿Por qué aceptaste atender a un grupo de villeros?”, le preguntamos al final. “Por eso”, nos contestó. Y sí. No necesitamos contarle lo que él vivió. Ni las privacio-

nes, ni el desprecio, ni la discriminación, ni los días del niño sin regalos, ni los sacrificios de los padres, ni el reclamo hacia quienes se cagan en la cultura villera y en la igualdad. Recién cuando se terminaron las preguntas me animé a contarle que cuando vivía en la calle, no me entusiasmaba ver a la Selección tanto como verlo a él dirigiéndola. Y ahí vino el abrazo, que no terminaba y no terminaba. Nunca voy a olvidar que al oído me dijo despacio, sólo para mí: “rescatate, no bardees más, ya perdiste demasiado”. Un segundo después, Claudia, cuando nos acompañó a la puerta, le dijo a mis compañeros: “cualquier cosa que pase con Ale, me llaman. Que habla Diego con él y listo”. Me reí, y ya no pude parar. No puedo. Quisiera que esto dure para siempre. Y que todos pudieran sentir lo que sentimos nosotros, cuando salimos de ahí, abrazados en ronda, gritando en el medio de la noche, saltando en el medio de la calle, después de compartir cuatro horas de mate con Dios. No fue un sueño. O quizá, sí: el sueño de toda mi vida. SEPTIEMBRE 2011 | UN CAÑO 77


FULBOTECA Por EZEQUIEL ACUÑA

El Rey León, sin Disney Para el hincha de Estudiantes o para el fanático del fútbol, la película sobre el Pincha y aquel partido final ante Barcelona en 2009 será un viaje al pasado para constatar qué cerca se estuvo de lograr la hazaña. Las idas y vueltas de aquel momento quedan reflejadas en un documental que homenajea a un equipo derrotado pero muy digno.

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studiantes de La Plata tiene su película. No se trata de un resumen de su rica historia cargada de hazañas, de leyendas o de equipos discutidos por su forma de jugar. Aunque en este documental se hable de “mística” en algún momento y aparezca de fondo alguna imagen rápida de “El teatro de los sueños” (Old Trafford), la película es del Estudiantes modelo 2009, más allá de que se cuelen nombres que unen generaciones y etapas ganadoras del club (la de Verón por un lado, la de Sabella por otro). La epopeya del León es un documental de “observación” que cautiva por la distancia y no por la intromisión ni por el didactismo; es decir, lo “hipnótico” toma lugar: uno lo sigue visualmente y auditivamente, aunque no de la manera clásica y previsible del documental televisivo didáctico. El film narra los días previos (del día cero al octavo) a la final del Mundial de Clubes frente al Barcelona español. Desde la salida de Buenos Aires rumbo a Dubai hasta la vuelta al país, en los últimos días de diciembre. Y a pesar de que la narración trans-

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curre como un diario de viaje, Ariel Rotter, quien ya había sido un sobrio observador en su largometraje El otro (2007), aquella película de detalles con Julio Chávez reafirmando lo que el director ya mostrara en su ópera prima, Sólo por hoy (2000), donde uno de sus jóvenes personajes, Morón, usaba una cámara para encontrar no sólo su vocación de cineasta, sino también para registrar “imágenes, testimonios o momentos de la gente”. El mérito de Rotter es mostrar y no subrayar. Es cierto que aparecen testimonios (el cocinero, el utilero, un médico y alguno más), pero no son los que llevan el hilo del documental. Su rol es ayudar a pintar con precisión el

profesionalismo de esos jugadores, lo que le otorga una pausa a la narración. En otro tipo de documental seguramente los evitaría, pero en La epopeya del León son incluidos sin que hagan ruido en la unidad de la película. Después están los apuntes personales: por un lado, Sabella, otro que observa y que anota como en su época de River, al lado de Passarella y Gallego; el que pide comer sin sal y el que fuma fuera del hotel con Julián Camino, su ayudante, anotando y planificando lo que puede suceder. Por otro, el capitán y emblema, Verón, con su liderazgo, su status de estrella, su rol en la conducción del grupo (sorprende ver a jugadores que estaban

“Pase lo que pase, me importa un carajo el resultado, me quiero ir sabiendo que dejamos todo en cada tramo, cada metro y en cada centímetro de la cancha” (arenga de Verón antes de empezar la final).


dando o estaban a punto de dar un salto, como Marcos Rojo, Matías Sánchez y Fede Fernández, escuchándolo atentamente). Verón lleva la palabra y es el faro de este equipo. Fotografiada de una manera impecable por Bill Nieto (uno de los mejores fotógrafos y camarógrafos del cine argentino), La epopeya del León no se olvida de lo que sienten los protagonistas, esa espera del partido final mostrada a ritmo de cumbia, de mates y de entrenamientos tres veces al día. También los detalles: los tatuajes, las cadenas, las fotos familiares, el horario y los viajes en micro que unen un grupo… Los contrastes son otro punto alto de este documental: por un lado, en un cuarto, están la nobleza de Braña y la presencia de Alayes y Desábato, quienes no tienen miedo a decir sobre el Barcelona: “son un gran equipo, pero no se la van a llevar de arriba”; y no lo dicen con

soberbia, sino con compromiso y seguridad; por el otro, fuera de la habitación, Verón, el Chino Benítez y José Sosa con la pelota en los pies. Practican tiros libres, y da gusto verlos armar una barrera con muñecos y pensar que son casi perfectos en su pegada. Las palabras de Verón en aquel momento exponen los sueños de entonces: “hoy, el mundo habla de Estudiantes; hoy, el mundo habla de este grupo”. Entre risas, nervios, entrenamientos y el fuera de campo que es el Barcelona (observado por el plantel casi como un grupo de extraterrestres), se observa cómo Messi es un mero póster en un habitación y se muestran como una estampa las marcaciones que los jugadores pinchas tuvieron asignadas: Clemente/Henry, Díaz/Messi, Verón/ Xavi, Boselli/Piqué y así hasta llegar a los 22 protagonistas. Y las palabras, tanto al principio como al final, como en el cine clásico,

donde se empezaba y terminaba en un mismo espacio, incluso con el mismo plano. La voz de Verón contagia y emociona: “hombro con hombro, dejando la vida, disfrutemos de lo que va a quedar en la memoria de cada uno de nosotros cuando en un tiempo nos juntemos y hablemos de esto”. Y ahí la obvia conclusión de entender por qué Estudiantes estuvo tan cerca de ganarle al mejor del mundo: porque cuando la unión está, se puede con todo y con todos, y cuando las palabras motivan (y no son de reality) y traspasan lo meramente deportivo, el mensaje se hace emoción y el honor vuelve a tener un significado único. Lo termina diciendo Verón, minutos antes de salir a la cancha: “pase lo que pase, me importa un carajo el resultado, me quiero ir sabiendo que dejamos todo en cada tramo, cada metro y en cada centímetro de la cancha”.

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s a b r e y s a r t O

MÚSICA / MORIS Y ANTONIO BIRABENT

Juntos a la par Por FABIÁN MAURI

Hace algunos meses, mientras tomábamos un café con leche en un bar de esos de antes, Antonio me contó la novedad: “estoy haciendo un disco con papá y no vamos a grabar ningún cover”. La grata sorpresa no terminó ahí. Me invitó a participar del proyecto, me propuso hacer las fotos para el arte de tapa. Nos pusimos a pensar, como siempre, en algo artesanal, de bajo presupuesto. Dar con el concepto de la imagen fue más que sencillo. Basta conocer la obra de MORIS y la de Antonio para entender que el común denominador de sus poéticas es resultado de la observación casi antropológica del tipo que está solo y camina la ciudad con su guitarra al hombro. Esas crónicas piadosas y elegíacas de los personajes, y las geografías de Buenos Aires, Madrid o Montevideo están en las canciones que siempre tocaron, cada uno por su lado. “Quiénes fueron estas dos personas y porque se juntan justo ahora”, se pregunta Antonio en Thomas y Lacroze, segundo corte del álbum que regresó a su padre, después de muchos años, a la íntima ceremonia del estudio de grabación.

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Ellos también se juntan ahora, justo ellos, dos solistas empedernidos que con la excepción fundacional de MORIS con Pajarito Zaguri en Los Beatniks, siempre transitaron solos por los escenarios. De la reunión padre-hijo, del intercambio de músicas y líricas, nacieron diez canciones. Antonio asegura que “siempre estuvieron ahí, en algún rincón de la casa”. Y la verdad es que ya suenan como si fueran clásicos. La profunda voz de MORIS, intacta, ataca tanguera mientras la suntuosa voz de Antonio le responde en los contrapuntos. Una afinidad ancestral parece sintetizarlos cuando cantan al unísono esas melodías que no ocultan ni la influencia beatle, ni la milonga, ni el candombe. Paisajes urbanos, precisiones geográficas dignas de la guía Filcar, personajes que deben ser amigos de Pato y del muchacho del taller y la oficina. Camiones, más camiones. Fábricas. Un poeta que de chico escuchaba a Manal y una canción de amor a Buenos Aires de Antonio que va a quedar en la historia. De eso van la letras.


MÚSICA

Buena música, buena causa Por ALEJANDRO LINGENTI

Un auténtico seleccionado de artistas participa en Red Hot + Rio Volumen 2, álbum aparecido en la Argentina hace apenas unas semanas. La organización Red Hot (www.redhot.org) trabaja recaudando fondos para la lucha contra el HIV desde 1989 (ya ha aportado para la causa cerca de 10 millones de dólares), y ha encontrado una manera creativa de llevar adelante su cometido: el Red Hot + Rio Volumen 1, lanzado en 1996, fue un suceso; y ahora, nombres como los de Beck, David Byrne, Devendra Banhart, Caetano Veloso, Marisa Monte, Bebel Gilberto y John Legend auguran resultados parecidos. Se trata de un disco doble, acompañado de un arte de tapa notable y que tiene momentos realmente muy logrados, como la intervención mínima pero de exquisito buen gusto del norteamericano Scott Herren, buceador del hip hop y la electrónica que embellece la ya de por sí magnífica Terra, canción que abre el álbum Muito (1978), una de las tantas obras maestras de Caetano, o la fleiz sociedad psicodélica entre Os Mutantes y la banda estadounidense Of Montreal.

TELEVISIÓN

La historia del rock nacional sintetizada Por ALEJANDRO LINGENTI

Todos los viernes a las 22,30 el canal Encuentro emite Quizás porqué, programa en el que Palo Pandolfo, el ex líder de Los Visitantes y Don Cornelio, hace las veces de conductor y, al final de cada envío, acompaña a un músico especialmente invitado para recrear un tema de alguno de los verdaderos protagonistas del ciclo, artistas que han escrito a lo largo de los últimos cuarenta años la rica historia del rock argentino. Entre los homenajeados aparecen Luca Prodan, Fito Páez, Litto Nebbia, Federico Moura, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, Javier Martínez y Pappo. El objetivo es hacer foco en la carrera de cada uno de esos músicos sin dejar de lado el marco social y político en el que desarrollaron su obra. La idea es muy buena, pero la brevedad de cada programa impide un resultado óptimo. El material de archivo es, en buena parte de los casos, bastante conocido, y la selección de los testimonios hubiera merecido un criterio más elaborado. Para los fans, será poco. Para los neófitos, una buena introducción.

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Todo es historia

El rugby tiene un papel importante en la historia deportiva argentina, y poco sabemos del origen de este deporte que, de tanto en tanto, conmueve. Más allá de nuestras discusiones sociológicas sobre la ovalada y todo aquello que la rodea, no está mal un cacho de cultura. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES “Un muchacho de nombre Ellis, Williams Webb Ellis, un chico de la ciudad, que a la edad de nueve años entró en la escuela… Era, yo creo, un preceptor, mientras que jugaba en Bigside al football en esa mitad de año, tomó la pelota entre sus brazos”. Esto dice un tramo clave de una célebre carta sobre la cual se basa la historia del origen del rugby. Fue escrita por Matthew Bloxham, alumno de la Escuela Inglesa de Rugby entre 1813 y 1820, publicada en 1876 en la revista The Meteor, y cuenta también que Ellis, en pleno partido en 1823, “desatendió por primera vez” la regla que obligaba a usar el kick y “de repente acometió con la pelota en sus manos hacia la meta opuesta”. La carta se hizo historia, y la historia da su nombre al trofeo del Mundial que Los Pumas juegan este mes en Nueva Zelanda, la Copa William Webb Ellis. Los ingleses, se sabe, se apropiaron de unas cuantas cosas hace tiempo. En el deporte, simplemente pusieron reglamentos a juegos que ya existían. Y así la historia les dio chapa de inventores. La historia, sin embargo, suele ser algo más compleja. Bloxham no fue testigo de esa supuesta corrida. El hecho, dijo, le fue relatado por “alguien”. En 1895 se formó una comisión para establecer los orígenes del rugby. Bloxham había muerto siete años antes. Y Ellis, que se hizo obispo anglicano, había muerto en 1872. Muertos sus dos principales actores, la comisión decidió que Ellis, “con toda probabilidad”, fue el “innovador” al correr hacia adelante con la pelota. ¿El primero que lo hizo? Ellis, cuentan algunos libros, simplemente podría haber copiado el juego del Caid, que observó de niño en Irlanda, cuando su padre fue soldado. Mucho antes, habían corrido en el Imperio Romano, copiando a su vez 82 UN CAÑO | SEPTIEMBRE 2011

juegos de China, Japón o de la Antigua Grecia. Y en la ciudad de Rugby, que se llamaba Rokeby en el 1200, los vikingos invasores corrían por entonces con una pelota jugando al “knattleir”. Ellis, y mucho menos su corrida, no aparecen ni siquiera mencionados en Tom Brown’s Schooldays, un libro escrito en 1857 por Thomas Hughes, un alumno de Rugby en 1830. Ese libro tuvo cincuenta reimpresiones y fue citado como lectura imprescindible por el ex presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt. Refleja los valores de la Inglaterra victoriana, del juego que formaba “verdaderos hombres” y del director de la escuela de Rugby, Thomas Arnold, cuya idea de educar y disciplinar a través del deporte influyó en el barón de Coubertin, el creador de los Juegos Olímpicos de la era moderna. El reglamento de rugby buscó en realidad ordenar un juego que era puro salvajismo entre los alumnos, en una escuela que, como dice el libro de Hughes, no veía mal la amenaza y la intimidación

contra los alumnos “afeminados”. Esos reglamentos se expandieron en las escuelas de elite hasta que los clubes del norte, con jugadores más proletarios, hicieron en 1895 su liga profesional (National Rugby League) cuando la RFU (Rugby Football Union) reglamentó el amateurismo. La RFU no temía a la masificación, pero sí quería que su rugby sirviera para que los trabajadores tomaran “los valores morales de las clases medias”, supuestos “gentleman” que practicaban el “fair play”. El “fair play” de la Inglaterra victoriana tuvo un momento de crisis en pleno partido de 1869 entre las selecciones de Inglaterra y Nueva Zelanda. El juego se paró un momento porque el neocelandés Andrew Stoddart debía cambiarse el pantalón. El inglés Frank Evershed aprovechó y anotó un try. Los neocelandeses estallaron en protestas. Pero el try fue convalidado por Rowland Hill, un árbitro que, cuenta la leyenda, fue el más célebre estandarte del amateurismo en los tiempos del Imperio.



Revista Un Caño - Número 40 - Septiembre 2011