Mayo de 2016, un sábado común en Concepción y la invitación era a una nueva versión de SofarSounds. Uno de esos eventos a los cuales no hay que ir con expectativas claras, más bien con la intención de encontrar algo. En una pequeña sala de ensayo, ambientada para ser un escenario digno de cualquier banda, se llevaban a cabo un par de charlas y, luego de varios minutos, vino la bienvenida a quienes darían identidad propia a Inarbolece. Inmediatamente, la atención fue capturada por un trío de hombres –que luego sabríamosvenían de Carampangue y que no sólo tenían la intención de mostrar su música, sino de regalar una completa performance al humilde público que ese día se congregó.
“Son de Carampangue y la polola del vocalista les diseña los trajes”, me comentó Elisa, una de las organizadoras de Sofar a quien me presentaron luego de preguntar quiénes eran. Ahora tenía que identificar a qué sonaban. Hace tanto tiempo Concepción estaba esperando una propuesta de música visceral. Esto había que tomárselo en serio. Las túnicas de colores, el maquillaje con destellos y la corporalidad de cada uno hacían rememorar a Florcita Motuda, pero las frases que desgarraba desde su garganta José, desechaban cualquier teoría al respecto. Sonaba Calostro:“No estoy bien, no me digas que esté bien, cuando sabes que memientes”, gritaba.