Skip to main content

28_2012: El fin del mundo

Page 6

6 ESTE MES Uno de los problemas relacionados con el fin del mundo es que no tiene fecha. Hacer una aproximación más o menos precisa requiere de un gran conocimiento y de una especialización notable. Evita los pasos en falso y la deshonra pública. Ahí está el caso de Joaquín de Fiore (1135-1202), uno de los más afamados profetas del fin del mundo, protegido por tres papas, de una fama tan grande que fue visitado por el rey Ricardo Corazón de León. Su vida, contada magníficamente en el libro El tiempo del Apocalipsis, de Gian Luca Putestà, habla de las laboriosas mediciones que hizo de Fiore para llegar a la conclusión de que el mundo se terminaría en 1260. Todavía es demasiado temprano para afirmar por cuántos años falló este abad medieval. Ahora nos gusta más pensar en zombies o en extraterrestres. De ahí el éxito de Zombi: Guía de sobrevivencia, donde aparecen los medios para defenderse de un posible ataque de zombies. Debo confesar que desde hace muchos años, cuando camino solo por la calle, sobre todo altas horas de la noche, comienzo a elaborar mentalmente rutas de escape en caso de que me ataque un muerto viviente. En Confesiones de un artista de mierda, de Philip K. Dick, magnífico autor de ¿ciencia ficción?, la fecha del día del Juicio es sometida a sorteo. El Elegido mete la mano en una bolsita con papeles doblados, revueltos previamente, y saca la fecha precisa, el día en que descenderán los extraterrestres para decidir sobre nuestros destinos. ¡Ah, los extraterrestres! También se están tardando. Antes nos destruiremos entre nosotros. No somos serios ni para eso. Quienes se suicidan en grupo al menos tienen la certeza de que, para ellos, el mundo se ha terminado. Son personas serias, aunque es notorio que no tienen mucha dosis de resistencia al ridículo. Lo cierto es que no se dedican a hablar, sino a hacer algo a favor del Apocalipsis.

EL FIN DEL FIN DEL MUNDO POR PÁVEL GRANADOS

ZOMBI GUÍA DE SOBREVIVENCIA Max Brooks DeBOLSILLO

SALTO MORTAL Kenzaburo Oé SEIX BARRAL

Este ingrato mundo ha hecho quedar mal a todos sus profetas. Desde hace miles de años, a cada ratito, ha debido de terminarse y no se termina. Media humanidad está convencida de que le tocará ver El Fin de los Tiempos. Qué desilusión. Hace poco se iba a acabar de nuevo: todo mundo lo sabía. Hasta en Facebook. En varias partes del mundo empezaron a repartir volantes. En Indonesia, incluso, el gobierno prohibió que se pegaran carteles. Unos, de plano, dilapidaron la herencia de sus hijos. Otros les dijeron a sus vecinos: Adiós para siempre, me voy al campo a esperar el fin del mundo, y regresaron semanas más tarde, completamente avergonzados porque el mundo los hizo quedar mal. Creemos que la obra de teatro terminará y que ya vamos a salir, todos contentos, a platicar de qué se trató la Historia del Mundo. Aquí seguimos sentados en nuestra butaca. Somos apocalípticos sin remedio. Nada nos encanta más que planear lo que vamos a hacer el día del Juicio Final. Nos gusta pensar qué cara van a poner los demás cuando se anuncie el Apocalipsis. Lo más bonito es que nos va a dar mucho gusto sobrevivir a todos. De pronto nos embarga la tristeza: ¡Qué feo que todo se acabe, nos vamos a quedar tan solos, nos vamos a aburrir tanto! Siempre hay modas. Depende de los gustos personales: uno tiene debilidad por tal o cuál manera de que se acabe el mundo. A veces, los mayas tienen sus 15 minutos de fama. Otras, los egipcios con sus predicciones fatídicas. El Apocalipsis de San Juan ha tenido sus grandes momentos, pero comparado con la Era de Bush, sus cuatro jinetes son como una bonita historia para dormir a los niños. Frente a la película Presunto culpable, el Juicio Final presenta aspectos agradables porque nos hace pensar en la existencia de la Justicia.

LA RATESA Günther Grass ALFAGUARA

APOCALIPSTICK Carlos Monsiváis DEBATE

En Salto mortal, novela de Kenzaburo Oé, los que están convencidos del fin del mundo deciden ayudar a Dios haciendo volar una central nuclear. No se debe dejar de lado La ratesa, de Günther Grass: el fin del mundo llega a causa del desastre ecológico; sólo sobreviven una anciana de 105 años y un joven astronauta que da vueltas a la Tierra en su cápsula. Por alguna razón, todas las culturas tienen su versión del fin del mundo. Lo explica Mercedes Sebastián en su libro Las profecías y el fin del mundo, un breve recuento de los principales vaticinios, desde los griegos hasta los grandes profetas actuales. Muchos de ellos casi le atinan, dice. Por eso, los profetas hablan siempre en un lenguaje críptico, susceptible de interpretarse. Más divertido, pero no menos profético es El mundo del “fin” del mundo, donde Rius, el mismo que nos volvió ateos y vegetarianos, nos arroja al mundo de la credulidad. Cree, por ejemplo, en todas las profecías de la pirámide de Keops: la construcción egipcia que, según muchos, tiene marcas exteriores que significan hechos históricos comprobables que terminan en el año 2000. A los apocalípticos les gustará este dato: en este libro escrito en 1986, se dice que la gran pirámide pronostica que el mundo se acabará el 17 de septiembre de 2001. ¡Seis días de error y una completa sobreestimación de los poderes apocalípticos de Bin Laden! Aunque muchos dicen que el Apocalipsis se dará por igual en todo el mundo, nuestro patriotismo nos lleva a pensar que en México tendrá un color local especial. Ya en 1984, el profeta Krishna viajó a nuestro país para darnos un mensaje en un libro lamentablemente agotado, Las últimas profecías terribles de Krishna. De él extraemos una de sus aterradoras predicciones: Desaparecerá casi por completo el servicio doméstico y sólo los muy ricos podrán darse el lujo de tener una sirvienta. El paisaje post-apocalíptico de nuestro país está documentado en Apocalipstick, libro póstumo de Carlos Monsiváis. Cuando ya nada tiene sentido, se dan gracias a Google, se abandonan las esperanzas, se vota por el retorno del PRI, se hace un recuento de las causas que nos llevaron al Fin del Mundo y, finalmente, se profetizan las fiestas luctuosas del Bicentenario de la Desaparición de la Humanidad. Libro indispensable para leer en la sala de espera del Juicio Final. +


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook