Revista El Cruce - Marzo 2012

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Marzo 2012 REVISTA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LOMAS DE ZAMORA

AÑO 4 - Nº20

El largo camino a Malvinas A 30 años del enfrentamiento bélico con Gran Bretaña, Argentina intensifica las acciones diplomáticas para abrir una negociación con el objetivo de recuperar la soberanía sobre las islas usurpadas en 1833.

La manipulación de los medios

El imperio contraataca

Las heridas que siguen abiertas

Soldaditos de plomo Escribe Víctor Heredia

ADEMAS: El sistema ferroviario, en debate I Irán en la mira de Estados Unidos I Alimentos que dan alergia I El boom del teatro independiente I Tato Contissa, el recuerdo de un grande.


Publicación mensual de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

Sumario

Director: Daniel Miguez

Editorial

Pag. 3

A 30 años de la guerra

Pag. 4

Salvavidas neoliberal

Pag. 10

Crónica de un viaje a Malvinas

Pag. 14

Cicatrices del combate

Pag. 16

El informe Rattenbach

Pag. 20

Entre los héroes, los canallas

Pag. 22

La marcha de la bronca

Pag. 24

La manipulación mediática en 1982

Pag. 26

Diego Pérez Andrade

Pag. 28

La cultura post Malvinas

Pag. 32

En el medio, un Mundial

Pag. 36

Debate sobre el ferrocarril

Pag. 44

EEUU-Irán, con malos augurios

Pag. 54

Alimentos que dan alergia

Pag. 56

El teatro independiente pisa fuerte

Pag. 58

Consejo de Redacción: Leonardo Castillo Adrián Figueroa Díaz Gustavo Naón Pablo Romano Eduardo Videla Martín Voogd

Escriben en este número: Mariana Aquino Natalia Arenas Soledad Arréguez Manozzo Horacio Raúl Campos Adrian Cioffi Cecilia Díaz Germán Ferrari Yanina Fuggetta Gabriela Granata Rocío Magnani Matías Quercia Leonardo Rossi Elizabeth Sadanouski Pablo Sieira Martín Silles

Diseño: Pamela Royo

Contratapa y retiración: Rubén Ortiz

Fotografía: ARGRA Escuela Télam

Servicio periodístico: Agencia Universitaria de Noticias y Opinión www.auno.org.ar

Tato Contissa, el recuerdo de un grande Pag. 60 Contacto: elcruce@auno.org.ar TE: 4282-8172 /6006 Dirección: Camino de Cintura y Juan XXIII, Llavallol, provincia de Buenos Aires (CP: 1836) ISSN, en trámite Derechos de propiedad intelectual, en trámite.


EDITORIAL Por Daniel Miguez

La historia, según Sarlo y sus muchachos Cada vez hay más consenso mundial en que las Islas Malvinas son argentinas. Se sostiene en pilares históricos y geográficos. Fueron usurpadas en 1833 por Gran Bretaña y hoy es uno de los pocos enclaves colonialistas que persisten. A contramano de los intereses del país y de esa corriente internacional que favorece la posición de Argentina, un grupo de intelectuales del establishment –encabezados por la crítica literaria Beatriz Sarlo, Marcos Aguinis y Juan José Sebreli- emitieron un documento en el que postulan que las Malvinas tendrían que pertenecerle a los británicos que viven en las islas. Sarlo y sus seguidores, en más de un pasaje del documento, asocian la postura de que las Malvinas son argentinas al “patrioterismo”. Es como si quienes reivindican la soberanía argentina sobre las islas los acusaran a ellos de vendepatrias. En esa lógica binaria de patrioterismo –entendiéndose éste como el nacionalismo vacuo, el chauvinismo- o vendepatrias, no hay lugar para los patriotas. Para Sarlo y equipo no hay patriotas. El núcleo del documento postula que las islas deben pertenecer no a la Argentina sino a los isleños, en virtud del principio de autodeterminación de los pueblos. Dicen que los argentinos debemos “abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean”. Este postulado se sostiene en una falacia que deviene de confundir el concepto de

autodeterminación de los pueblos. Desde hace siglos la humanidad se ha organizado en estados nacionales. Y el concepto de autodeterminación es en defensa del pueblo que integra ese estado, cuando, por ejemplo, un país con mayor poderío quiere imponerle condiciones. Ningún estado nacional permite el desmembramiento de su territorio para hacer honor al concepto de autodeterminación de los pueblos. En el caso de las Malvinas fue Gran Bretaña quien les impuso “una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean” a los argentinos que vivían en las islas cuando ellos las invadieron en 1833. Luego el Gaucho Rivero las recuperó y Gran Bretaña volvió a usurparlas. Sarlo y los suyos invierten los hechos históricos y le atribuyen esa acción a la Argentina. De allí a decir que las Malvinas son inglesas, sólo hay matices leguleyos. Los firmantes del documento no se atreven a decir con todas las letras que las Malvinas deben ser inglesas. Lo dicen de otro modo: que deben ser de los malvinenses, como si no fueran ingleses. Es más: sostienen de un modo que sería infantil e inocente si el documento no fuera suscrito por gente que no tiene nada de inocente, que si la soberanía pasara a manos de los ingleses que viven en las islas podríamos compartir con ellos la explotación de las riquezas de Malvinas. Ese sería el gran beneficio de resignar los reclamos de nuestra soberanía en las islas. Según Sarlo y sus muchachos los ingleses que viven en las islas, de consti-

tuirse en nación independiente compartirían esas riquezas con la Argentina y no con Gran Bretaña. Pero incurren, además, en otros errores históricos. La argumentación se sostiene en que para ellos –como para Bartolomé Mitre, fundador del diario para el que trabaja Sarlo- la Nación argentina se constituye a partir del derrocamiento de Juan Manuel de Rosas en 1852 y la sanción de la Constitución nacional en 1853. Para ese entonces las Malvinas estaban en manos de los ingleses. De la Revolución de Mayo en adelante la Argentina no era un país, estaba en una suerte de limbo. ¿Será que para Sarlo y sus acompañantes la Independencia declarada el 9 de julio de 1816 es apenas un lejano precedente de nuestra nacionalidad? Por último, un pequeño detalle de cómo relaciona la elite porteña a la Patria con sus antepasados. En un párrafo dice el documento: “… no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros”. Deberíamos agradecer que los ancestros de Sarlo no llegaron al país, por ejemplo, en 1960, y que los ingleses no hayan ocupado, por ejemplo, la provincia de Salta en 1959, porque sino ella y su grupo estaría reclamando hoy la autodeterminación de los salteños.


LOS CAMINOS HACIA LAS MALVINAS A 30 Aテ前S DE LA GUERRA

Puentes sobre aguas turbulentas Por Pablo Sieira


Después de la acción militar irresponsable, los gobiernos democráticos transitaron por distintas estrategias para abrir una negociación con el Reino Unido. Desde la seducción de los ’90 hasta la ofensiva diplomática y la búsqueda de la solidaridad continental y mundial. El camino es lento, pero los apoyos logrados muestran de qué lado está la razón.

A 30 años del intento más frustrante para recuperar las Islas Malvinas, el reclamo de la soberanía sobre ese territorio sigue estando entre las prioridades de la agenda diplomática argentina. El tema parece haber adquirido mayor importancia aún bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que aplica una estrategia de presión sostenida y encauzada por canales políticos y comerciales, con el fin de forzar a la administración británica a dialogar para encontrar una salida negociada al conflicto, tal como lo recomienda la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). Pero el valor geopolítico de las islas y su potencial como fuente de recursos petroleros asoman como el principal


obstáculo a todas las políticas puestas en marcha por la Argentina. Desde la ocupación de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, en 1833, se ensayaron diferentes estrategias para recuperarlas. La dictadura militar pretendió

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El plan Terragno El ex senador radical Rodolfo Terragno ofreció al Gobierno una estrategia alternativa que, según estimó, serviría para refutar jurídicamente el argumento británico sobre la “autodeterminación” de los habitantes de las islas. La propuesta que el dirigente de la UCR le acercó al canciller Héctor Timerman plantea incluir en la discusión una ley sancionada por Gran Bretaña en 1983, que declaró a los isleños ciudadanos británicos. “Si son británicos, no representan un pueblo en los términos establecidos por Naciones Unidas y, por lo tanto, no tienen derecho a la autodeterminación. En consecuencia, el gobierno del Reino Unido debe discutir la soberanía de las islas directamente con la Argentina, sin un tercer actor”, explica Terragno. Recuerda al respecto que en 2007 la Cámara alta aprobó por unanimidad la resolución 1079/07 que “instaba a la Cancillería a analizar esa ley británica como prueba para presentar ante la ONU”. Sin embargo, el Gobierno rechazó la estrategia planteada por Terragno por entender que se trata de una jugada arriesgada. Fuentes oficialistas precisaron a El Cruce que la ley a la que alude el dirigente radical -la British Nationality (Falkland Islands) Act 1983- tomó como base la inexistencia de una ciudadanía previa para los isleños, es decir, que no eran británicos pero tampoco argentinos. Por ello, el Gobierno considera que si esta ley entra en la discusión por la soberanía de las Malvinas, existe el riesgo de que surja un planteo independentista por parte de los isleños y la situación se vuelva mucho más pantanosa.

sin éxito tomarlas por la fuerza. Los gobiernos democráticos, en cambio, siempre optaron por la vía pacífica y buscaron que el Reino Unido cumpliera la resolución 2065 de la ONU, que “invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones” por la soberanía de las islas. Pero la Corona británica desoye esa convocatoria desde su aprobación en 1965 y, ante los reclamos argentinos, insiste en que los isleños quieren ser parte de Gran Bretaña y su país respeta el “derecho de autodeterminación de los pueblos”, consagrado por Naciones Unidas en 1976.

El mismo fin, distintos medios El intento de recuperar las Malvinas por la vía militar no fue más que el manotazo de ahogado de la dictadura que por entonces encabezaba el teniente general Leopoldo Galtieri, quien buscó contener el creciente descontento social con una pretendida gesta patriótica (ver nota aparte). La Argentina fue llevada a una guerra suicida que la alejó aún más de cualquier posibilidad de recuperación del archipiélago, al congelar los canales diplomáticos. “La guerra arruinó todo”, sentencia el periodista y analista internacional Jorge Elías. Consultado por El Cruce, Elías revela que “antes de la guerra, hasta había una intención del Reino Unido de deshacerse de enclaves coloniales”. Esta postura, asegura, “la planteó el vicecanciller de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher ante la Cámara de los Comunes, en 1980, pero fue abucheado por los diputados porque ya en ese entonces se preveía que podía haber riquezas en las islas”. No obstante, el analista pone de relieve que había un atisbo para negociar y que antes de la guerra incluso “hubo compañías británicas que propusieron buscar y encontrar petróleo en Malvinas, llevarlo a Puerto Madryn para refinarlo y exportarlo desde allí”. Con un acuerdo de este tipo “ganaban todos”, según Elías, pero la guerra cerró esas ventanas que parecían abrirse lentamente.

El distanciamiento entre ambos países generado por el conflicto bélico se rompió en 1999, bajo el gobierno de Carlos Menem, cuando el ex canciller Guido di Tella firmó con su par británico Robin Cook un acuerdo que reestableció los vuelos entre la Argentina y las islas. Poco antes, Di Tella había ensayado una política de seducción a los isleños que quedó en la historia por el envío de un regalo muy particular para cada familia de Malvinas: un libro de Winnie the Pooh. El gobierno de la Alianza le dio continuidad a este tipo de medidas, al realizar una traducción al inglés del Martín Fierro para su exportación. A partir de 2003, la Argentina dio un giro a las relaciones bilaterales con Gran Bretaña. La política de recuperación de las Malvinas se tornó más confrontativa, con reclamos constantes ante todos los foros internacionales, acompañados con la prohibición establecida por el ex presidente Néstor Kirchner de los vuelos charter que realizaba la empresa LAN en verano. La gestión de Cristina Fernández profundizó este tipo de medidas: decretó en 2010 que los barcos que provengan de las islas y pretendan cruzar por aguas argentinas necesitan autorización del Gobierno nacional; logró que los países del Mercosur prohibieran el ingreso a sus puertos de barcos con bandera de las Malvinas, y consiguió respaldo internacional de las naciones agrupadas en la Unasur, OEA, Mercosur, la Cumbre América del SurÁfrica (ASA), la Cumbre de países Sudamericanos y países Árabes (AFA) y el Grupo de los 77 más China. Luego pidió a 20 empresas argentinas que dejaran de importar insumos británicos, pero, casi simultáneamente, anunció la intención de aumentar de dos a tres los vuelos semanales a las islas, con la estatal Aerolíneas Argentinas. Para Elías, la política de seducción de las gestiones de Menem y de Fernando de la Rua “no alcanzaron para modificar la postura de Gran Bretaña, porque siempre donde hubo guerra se genera desconfianza”, a lo que se le suma el hecho de que “los mismos malvinenses hacen lobby en Londres” para impedir una negociación


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Opinión

Razones que cualquiera puede entender Por Jorge Argüello*

Dicen, desde Pascal, que el corazón tiene razones que la razón no comprende. No es así en el caso de las Islas Malvinas argentinas. Cuando a los argentinos se nos habla de Malvinas lo primero que se nos mueve es el corazón, se agita y queda alerta por un injusto despojo sin resolver. Pero éste es uno de los casos en que los motivos del corazón nacen de la razón y los puede entender cualquiera. La justicia del reclamo de soberanía argentino sobre las Malvinas y demás archipiélagos del Atlántico Sur apropiados por Gran Bretaña está sostenida por razones históricas, jurídicas, políticas y hasta ecológicas que todo el mundo va comprendiendo. Sólo algunos simulan no entender esas razones. Repasemos las principales: *Hace medio siglo, la Asamblea General de la ONU aprobó la “Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos coloniales”, que rigió todo el proceso descolonizador a favor de pueblos subyugados y territorios usurpados. En 1965, la “Cuestión Malvinas” pasó a ser un caso “especial y particular”: en las islas no hay un pueblo sujeto a la dominación o explotación extranjera, sino un territorio usurpado por un poder colonial que desalojó la población nativa e implantó por la fuerza una nueva población. *Londres reclama “autodeterminación” para los isleños, pero ellos no son un pueblo al que hay que liberar de la opresión colonialista: la mitad de la población está constituida por soldados que están allí, más que para defender la colonia, para sostener la exploración y explotación ilegal de recursos en las aguas del Atlántico Sur y resguardar los intereses estratégico-militares de la Corona británica. *La Guerra de las Malvinas en 1982 es un episodio que el Reino Unido esgrime como parte de su resistencia a negociar. Como dijo nuestra Presidenta, ese conflicto armado fue responsabilidad de la más terrible dictadura argentina de la que se tenga memoria y de la cual fuimos víctimas los propios argentinos. Pero el juzgamiento hasta estos días de aquellos responsables de crímenes y genocidios ha sido un ejemplo en el mundo. *Además, los estados miembros de la UNASUR hemos declarado a toda Sudamérica una “zona de paz”, basada en principios como el respeto irrestricto a la soberanía, la integridad territorial y la autodeterminación de los Estados, el pleno funcionamiento de las instituciones democráticas, la solución pacífica de controversias como el método preferido para resolver los conflictos y el respeto de los principios y normas del derecho internacional. *Diez resoluciones de la Asamblea General de la ONU han convocado al Reino Unido de Gran Bretaña y a la Argentina a sentarse y a negociar, a conversar sobre la cuestión de la soberanía de las islas. Hay otras 29 resoluciones del Comité de Descolonización, 11 resoluciones y 8 declaraciones de la OEA. Durante los últimos años, Argentina ha reactivado un sostenido esfuerzo político y diplomático para abrir negociaciones que provocan un creciente aislamiento de Gran Bretaña en su posición. Siguiendo a la UNASUR, a fines de 2011 el Mercosur acordó tomar “todas las medidas susceptibles de ser reglamentadas para impedir el ingreso a sus puertos de los buques que enarbolen la bandera ilegal de las Islas Malvinas”. Simultáneamente, llegaba el compromiso de China de mantener una “posición invariable” a favor de negociaciones. Entonces, a la mañana siguiente, el primer ministro David Cameron abrió los periódicos y pudo leer en un editorial del prestigioso The Guardian: “La verdad es que la música de fondo ha cambiado. Los países latinoamericanos ya no piden consejos a Europa ni a los Estados Unidos. Crecieron y hacen lo suyo. El sentido común sugiere que los dos países deben reunirse para negociar una solución”. Un año antes, Cameron había repetido casi rutinariamente el libreto británico sobre la autodeterminación de los actuales isleños y su negativa a negociar. Pero esta vez, se declaró “muy preocupado” por la prohibición del Mercosur a barcos con bandera malvinense. Agotados los argumentos para disfrazar la explotación indebida de recursos petrolíferos y pesqueros, con riesgo para el medio ambiente, lo que acusa Londres es el peso neto de las razones argentinas. Y se lo empiezan a hacer notar sus socios de la Unión Europea. Nuestro país, arropado por la comunidad sudamericana, ha sabido mantenerse firme en su estrategia: crear las condiciones políticas propicias para la negociación de la soberanía. Y lo que preocupa a Gran Bretaña es que no haya ya organismo internacional donde no afronte la elemental demanda de negociar. En vísperas de los 30 años del conflicto armado de 1982, es imperioso mantener el mismo espíritu, ése donde nuestro corazón y nuestra razón entienden lo mismo, pero actúan con la paciencia y la inteligencia de quien sabe que más pronto que tarde, con todo el mundo al tanto de la verdad del asunto, la Historia pondrá en su lugar al único que no se da por enterado. Y no precisamente por razones sentimentales. *Embajador argentino en los Estados Unidos

con la Argentina. Para estos cabildeos, los kelpers tienen “una Casa de Malvinas en Westminster (ciudad que alberga al Parlamento y a la sede del gobierno británico), que tiene más presupuesto que la Embajada argentina y, desde luego, más llegada a los representantes políticos del Reino Unido”, según detalló el analista.

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Daniel Filmus, evalúa que “de 1983 a esta parte, la Argentina ha tenido siempre una política de solución dialogada y pacífica”, pero hubo “matices”. En este sentido, el senador advierte que durante la gestión del ex canciller Di Tella “se enfatizaron las relaciones

carnales con Estados Unidos y se buscó sin éxito el respaldo de las potencias europeas, en lugar de buscar el apoyo en la región y concentrar esfuerzos en América del Sur”. Respecto de la política actual, las fuentes consultados coinciden en que tienen un efecto más contundente sobre la cuestión


Malvinas. Para Filmus, hubo “mayores avances por el apoyo de la región, de los países africanos y del G-77 más China”. Además, considera que “una de las medidas más importantes fue la de no dejar entrar buques con bandera de las Malvinas” en los puertos de los miembros del Mercosur. En la misma línea, Elías afirma que la decisión de esos países “llevó a plantear la discusión como algo más serio”, porque “el Reino Unido no quiere enemistarse con todo un continente y la relación bilateral, dejando de lado el tema Malvinas, es buena”. Sobre las políticas implementadas a partir del gobierno de Kirchner, opina que fueron “más activas en cuanto a que se cumpliera lo que pedía Naciones Unidas”.

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Soberanía y autodeterminación La rectora de la Universidad Nacional de Lanús (UNLA), Ana Jaramillo, autora del libro Malvinas en la Historia, explica a El Cruce que “cada estrategia de recuperación de las Malvinas tuvo origen en distintos momentos históricos, las ha habido militaristas, de negociación o de seducción” pero, según precisa, “siempre se ha descartado el concepto de la autodeterminación, porque los isleños son parte del Estado británico”. En efecto, la Argentina nunca consideró a los malvinenses -o kelpers- como tercera parte en conflicto. Los reconoce como habitantes de las islas que se encuentran en territorio argentino pero viven bajo el gobierno central del Reino Unido y, por lo tanto, considera que la negociación debe darse con esa administración. “No estamos de acuerdo con el principio de la autodeterminación en este caso, porque no estamos hablando de población originaria”, indica Filmus. “La Argentina tiene, desde los ‘90, la posición de mantener y mejorar los intereses de quienes viven en Malvinas, porque así lo marca la Constitución Nacional”, destaca el legislador oficialista a El Cruce. Jaramillo sostiene que “se descarta la autodeterminación de los pueblos porque

los malvinenses son parte de un Estado y, además, porque la mitad de ellos son militares británicos”. La académica apuntó que, no obstante, si la soberanía fuera reconocida a la Argentina, los kelpers “gozarían de todas las libertades, incluso podrán votar, algo que hoy allí no se hace”.

Lo que está en juego “Cada vez que se levantan los decibeles por Malvinas se habla de petróleo”. Así resume Elías una de las trabas más importantes para el reconocimiento de la soberanía Argentina por parte del Reino Unido. El potencial de esa zona como fuente de recursos hidrocarburíferos es al mismo tiempo un obstáculo para la negociación y un botín muy valioso para quien tenga potestad sobre las islas. En 1993, una serie

de estudios entre los que se encuentran el del British Geological Survey anunciaron la posibilidad real de extraer petróleo en una zona de 200 mil kilómetros cuadrados alrededor de las islas. “Se estima que pueden extraerse 60.000 millones de barriles”, apunta Elías. Filmus considera que, además de su potencial como fuente de recursos “petroleros e ictícolas”, el territorio tiene un gran valor geopolítico. “Las Malvinas permiten una proyección importante hacia la Antártida. En esto radica, también que la demanda haya dejado de ser sólo local y sea regional”, asegura el titular de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Y afirma que, además, para Gran Bretaña son importantes porque representan “una base militar en el Atlántico Sur”. Elías, por su parte, advierte que las islas


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Opinión

El paciente camino de la diplomacia Por Gabriel Profiti*

“siempre han sido caras, en el sentido de que demandan una gran cantidad de recursos en relación con la cantidad de habitantes que tiene, alrededor de tres mil”, pero su valor para el Estado que las gobierne es “estratégico”, precisamente, por su “proximidad con la Antártida”. Albert Einstein sugirió alguna vez que no es posible hacer siempre lo mismo y obtener resultados distintos. Esta premisa encuentra su excepción en el caso Malvinas, donde la Argentina ha variado sus estrategias pero llega siempre al mismo resultado: la negativa tajante de Gran Bretaña. La salida de este entuerto todavía se ve lejana. Dependerá del incansable esfuerzo argentino y de la voluntad del Reino Unido acortar esa distancia para hallar una solución definitiva a una disputa que ya lleva 118 años.

A tres décadas de la guerra y luego de una etapa diplomática sedentaria se puede decir que el histórico reclamo argentino por la soberanía de ese territorio insular recogió algunos frutos en la arena internacional durante los últimos años. El apoyo de países caribeños, algunos históricamente ligados al Reino Unido, y el paso de la solidaridad verbal a los hechos por parte del Mercosur son ejemplos de esos progresos conseguidos durante el kirchnerismo. Sin embargo, más allá de lo que la Argentina pueda avanzar por su cuenta, las mejores noticias sobrevendrán del proceso de cambio de la gobernanza global. Hoy China, India y Brasil están llamados a equilibrar la balanza de poder que dejó la Segunda Guerra Mundial con Estados Unidos y Europa a la cabeza. De aquellos, China es un aliado estratégico argentino por Malvinas y a Brasil, que aspira a liderar la región, le inquieta que Londres tenga presencia militar en el Atlántico Sur, donde además explora hidrocarburos y desde donde se afirma para avanzar sobre la Antártida. A fines de 2010 visitó la Argentina el entonces titular del Comité Especial de Descolonización de las Naciones, Donatus Keith Saint Aimee, oriundo del pequeño estado caribeño de Santa Lucía. Saint Aimee pronunció una frase que me quedó grabada: “Los planetas se están alineando para la Argentina en esta pelea”. ¿Esto significa que las Malvinas volverán a estar bajo dominio argentino en el corto o el mediano plazo? Claramente no, pero es positivo que el tema siga en el candelero para el momento en que a Londres le resulte conveniente o no le quede otra que sentarse a negociar con la Argentina como hizo antes de la guerra. *Jefe de Política de la agencia Noticias Argentinas (NA).


UN CONFLICTO A LA MEDIDA DE LOS INTERESES BRITANICOS

Salvavidas para el modelo neoliberal Por Rocío Magnani

El triunfo militar de 1982 le ayudó a Margaret Thatcher a revertir la mala imagen generada por su impopular política económica y le permitió la reelección a pesar de los dos millones de desempleados. Una utilidad similar le encontró David Cameron 30 años después. Pero las razones británicas van más allá del marketing electoral: apuntan al petróleo, la pesca y los

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derechos sobre la Antártida. Recesión, ajustes, la tasa de desempleo más alta de las últimas décadas. No hay esquina del Reino Unido que se salve de la crisis económica. No son buenos tiempos para la política en el Viejo Mundo y nada mejor que una buena causa patriótica para desviar la atención de los problemas internos. Entonces, el primer ministro británico, David Cameron, tilda de colonialista el reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas, desoye una vez más las resoluciones de Naciones Unidas y se compromete a defender la libre determinación de los isleños. Envía al príncipe de uniforme y al submarino nuclear por si, acaso, hubiera que rechazar un ataque enemigo. Demuestra, así, su férrea entereza de líder, mientras el asunto de las

islas roba un par de páginas a las dificultades domésticas. El estreno de The Iron Lady (La Dama de Hierro) -Film que recrea la vida de Margaret Thatcher- le pone una cuota de historicismo y el trigésimo aniversario de la “Falkland’s war” se convierte en el broche de oro. Homenaje a los ingleses caídos. Fin. Créditos. Pero Gran Bretaña no se guía sólo por intereses cortoplacistas. La causa Malvinas puede tener hoy el buscado efecto de escapismo mediático, como pasó en 1982, cuando Inglaterra hacía debutar en su territorio las teorías neoliberales: retiro del Estado de Bienestar, fuertes quitas de subsidios, cierre de fuentes de empleo estatal. Los analistas coinciden en señalar que el conflicto armado con Argentina fue

una de las claves para que Margaret Thatcher recuperara su imagen y consiguiera un nuevo mandato en 1983. Pero, más allá, el Reino Unido es un país con cultura colonial, abanderado de 11 de los 16 territorios no autónomos que aún quedan en el planeta. Y tiene el horizonte en las riquezas naturales, como el agua dulce y el petróleo, como así también en la importancia estratégica de tener a Malvinas como base militar en esa zona. A tres décadas de la guerra anglo argentina, El Cruce habló con expertos para entender qué pretende Inglaterra hoy y qué motivó que en 1982 se embarcara en esa batalla, en la que murieron 255 británicos y 649 argentinos.

Estrategias para la manipulación Enero de 2012. Parlamento británico. El primer ministro Cameron responde preguntas a los legisladores. El tema es la crisis económica. “Estamos de vuelta en los `80”, le achaca el líder de la oposición, el laborista Ed Miliband. Se refiere a la cantidad de desempleados y a la recesión en el crecimiento del mercado. Pero el mandatario, paradógicamente, retoma su exposición sobre la necesidad de reforzar militarmente la seguridad sobre Malvinas. Marcelo Justo, corresponsal argentino en


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Margaret Thatcher, ex Primera Ministra británica.

Londres, observa con cuidado la escena. “El tema de Malvinas en Inglaterra no deja de ser un tema secundario: es una guerra rara, porque constituye una victoria para celebrar, pero –usando términos futbolísticosArgentina no es (en lo militar) un equipo de primera división”, explica a El Cruce. “En los diarios, el conflicto no ocupa más de media carilla y nunca en las páginas centrales. Nadie cree que Argentina constituya realmente una amenaza militar”, agrega. No obstante, “el tema es conveniente”, plantea Justo. Inglaterra atraviesa una de las peores crisis de su historia. El desempleo alcanza el 8,3 por ciento. Es el más alto de los últimos 15 años y afecta a más de 2,5 millones de personas. La economía tuvo por segunda vez un crecimiento negativo en el último semestre de 2011, lo que se traduce en recesión. Los jóvenes, que sufren los duros recortes en educación, se “indignan” en protestas y saqueos. La industria se vio golpeada por la crisis del euro y de la propia contracción del mercado interno. Y el Gobierno, en vez de convertirse en motor de recuperación, anunció que el plan de austeridad contempla una reducción de unos 140 mil millones de dólares en el gasto fiscal del período 2011-2015. En ese marco, “la escalada diplomática con Argentina le permite a Cameron

presentarse como un líder fuerte ante las amenazas a Gran Bretaña”, para contrarrestar su baja imagen por el manejo de la crisis económica, profundiza Justo. Es una oportunidad que ningún político rechazaría, dice. “Si le conviene, Cameron va a tratar de llevar a su molino toda el agua que pueda.” De todos modos, “no se puede perder de vista que para cualquier primer ministro sería suicidio político hablar de la entrega de Malvinas. Si alguien propusiera algo así se le echarían encima los medios y los veteranos de guerra. Pasaría a la historia como un vendepatria. O un vendeimperio. Además, acceder a una mesa de diálogo, como pide Argentina, le daría un rédito diplomático internacional mínimo. Hong Kong fue distinto, no les quedó otra, porque había una relación equilibrada de

fuerzas con China. Aquí no la hay.” Mientras más “ocupado” en problemas sin importancia real, mejor, ha dicho Noam Chomsky. El mecanismo de distracción es la primera de las Diez Estrategias de Manipulación Mediática planteadas por el lingüista. Es un elemento de control social para desviar la atención de los problemas importantes. No porque Malvinas no sea un tema relevante, sino porque al gobierno de Cameron le es más útil ser encasillado como defensor del Reino Unido ante las amenazas del exterior, que como un conservador sin brillo, incapaz de lidiar con la economía interna.

Thatcher y los enemigos útiles Enero de 1982. La Dama de Hierro lleva tres años en el poder. Asumió bajo la


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promesa de invertir la negativa situación económica y reducir el papel del Estado en la economía. El suyo fue el primer Gobierno democrático en romper con las recetas keynesianas y salir victorioso. En marzo de ese año, días antes del conflicto con Argentina y a más de un año de las elecciones previstas para diciembre de 1983, el 75 por ciento del electorado tenía una opinión negativa sobre su gestión. La desocupación superaba los 2 millones, como en la actualidad. Había más de 200 quiebras semanales, huelgas de los trabajadores de la salud y otros sectores públicos, cuyos presupuestos habían sido recortados salvajemente. ¿Cómo entonces pudo obtener, no uno, si no dos nuevos mandatos? El factor Malvinas tuvo bastante que ver. “El neoliberalismo se empieza a discutir con fuerza en los ‘70 y en dos frentes: en el teórico, Milton Friedman empieza con la demanda y la oferta monetaria como principal elemento del mercado, la mano invisible que logrará evitar las crisis; en el plano político, esas hipótesis tienen su correlato en Estados Unidos con las ‘reaganomics` y en Inglaterra con Thatcher”, explica a El Cruce Lorenzo Donohoe, director de Estudios Económicos del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales (CEPES). En Estados Unidos, afirma el especialista, “es más sencillo desregular la economía porque allí la hegemonía cultural es la del esfuerzo personal, y el que no zafa es porque no se lo merece. La intervención estatal siempre apuntó a sostener el gasto militar. Pero el Estado norteamericano no juega con manejar la economía. Y la gente está muy acostumbrada al ahorro individual. Por eso, existe esta cultura del ahorro para mandar a sus hijos al colegio, para comprar su casa, para ir a la universidad. Y hay una postura reacia a la presencia estatal.” En cambio, la Europa de la postguerra estuvo signada por el flagelo del hambre, y con la presencia del Partido Comunista que inquietaba a los gobernantes. “El PC en Italia no era un chiste. Había que contrarrestar la ideología marxista. Entonces, Estados Unidos intervino con el Plan Marshall y mientras los países recuperaban su estabilidad, el pueblo comenzó a ganar beneficios, como la salud pública y la educación pública. El Estado de Bienestar

quedó afectado por la Crisis del Petróleo en 1973. A los gobiernos se les comenzaba a dificultar sostener ciertos gastos sociales. Sin embargo, la idea de retrotraer todo eso con ajustes neoliberales parecía bastante costoso en términos políticos”, explica Donohoe. La primera prueba de las teorías de la Escuela de Chicago fuera de Estados Unidos se implementó en Chile, con el golpe de Augusto Pinochet. “En una América latina de gobiernos populares -dice Donohoe-, la única forma de instaurar políticas neoliberales era a través de una dictadura, es decir, por el terror. Los pueblos latinoamericanos se hubieran rebelado si hubiera sido de otro modo.” Naomi Klein relata en La Doctrina del Shock un episodio interesante. En 1981, un pensador neoliberal le cuenta a Thatcher de su paso por Chile y le recomienda aplicar lo que Klein llama una “terapia de shock”, es decir, ir con todo el peso posible para lograr instalar las políticas neoliberales. La Dama de Hierro responde que conoce el “extraordinario éxito” de las medidas económicas de ese país, pero que “dadas las instituciones democráticas británicas y la necesidad de alcanzar un elevado consenso” no serían adecuadas para el Reino Unido. La reforma debía ser más progresiva, aunque “pueda parecer exasperantemente lenta”. Lo cierto es que al año siguiente, con las medidas en marcha, su gobierno tenía un nivel de aceptación del 25 por ciento, el más bajo en la historia británica. Durante los tres primeros años de su gobierno la cantidad de desempleados y la tasa de inflación se habían duplicado. Thatcher venía introduciendo las reformas liberales a cuentagotas y con mucha resistencia desde la otra parte. Dice Klein: “A un año de las siguientes elecciones generales, el thatcherismo estaba a punto de tocar un temprano e ignomioso fin, mucho antes de haber logrado sus objetivos más ambiciosos: la privatización en masa y la quiebra de los grandes sindicatos obreros”. Estaba a punto de hundirse el Titanic del neoliberalismo europeo, con todas sus recetas encima. Y, entonces, aparece el desembarco argentino en Malvinas. “Es un tema que le viene perfecto para tomar aire. Que su ejército arrolle a un enemigo siempre es bienvenido por la cultura de un pueblo

imperial. Y, para Thatcher, que era vista como una mandataria antiobrera, Malvinas fue la gloria. Le permitió ser reelecta en 1983”, sostiene Donohoe. El segundo mandato de Thatcher ya no tuvo medias tintas. “Se enfrentó de forma abierta con los mineros por el cierre de minas no rentables – agrega el economista del CEPES-. La lógica era `si la extracción del carbón es cara, luego chau carbón; cerremos todas las minas y los empleados ya serán acomodados por la mano invisible del mercado’. Thatcher tiene una frase que es brillante desde la perspectiva de ella: `El colectivo más grande es la familia’. ¡Explica tan bien lo que significa Inglaterra para su gobierno! La destrucción del gremialismo, de la política”

Lo que esconden las islas Hay un abanico de intereses que se abre sobre la cuestión de la soberanía del archipiélago. En ese contexto, la escalada diplomática no hace más que reflejar la tensión entre quienes lo disputan, Argentina e Inglaterra. Francisco Pestanha, escritor y coordinador académico del Observatorio de Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLA), explica que el actual gobierno británico se sirve del conflicto. “El Reino Unido vivía en 1982 una coyuntura similar a la actual, con problemas sociales producto de una crisis política y económica. El actual no hace más que repetir la estrategia. Sin embargo, la persistencia inglesa por conservar los territorios en disputa no responde a una sola causa. Los intereses británicos sobre esta región son permanentes, y en este momento coinciden con los de un gobierno que atraviesa una crisis.” Para el ensayista, no hay que perder de vista que el Reino Unido “se autoconsti-


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tuyó como imperio marítimo persiguiendo un objetivo central: garantizarse los recursos que permitieran su desarrollo industrial”. Por más de que hoy el británico sea un “imperio reducido” que conserva una decena de las 60 colonias que supo poseer, “ha mantenido por todos los me-

este sistema.” Algunos ejemplos de este régimen semicolonial pueden rastrearse a comienzos del siglo pasado en los resortes de la economía argentina que llegaron a estar en manos británicas como la energía eléctrica, los bancos, los ferrocarriles. “La división internacional del

dios estas islas y el mar adyacente, que le permite establecer un sistema de abastecimiento para sus buques comerciales y militares”. En ese marco, las Islas Malvinas resultan vitales para el control del paso interoceánico. “Malvinas constituye el resabio de un colonialismo que aún no concluyó –afirma Pestanha-. Si bien la Argentina en 1806 y 1807 rechazo dos invasiones inglesas, fue constituyéndose desde la segunda mitad del Siglo XIX hasta las primeras décadas del Siglo XX, desde el punto de vista económico y cultural, en una semicolonia. El primer peronismo vino a terminar con

trabajo –sigue Pestanha- ubico a nuestro país como simple exportador de materias primas. En cambio, en Malvinas, no se estableció una semicolonia, sino que fue una ocupación total, funcional a los intereses geopolíticos.” En 1982, señala Pestanha, “el objetivo fundamental del crimen de guerra, es decir, el hundimiento del crucero General Belgrano, fue consolidar una presencia militar en Malvinas”. Hasta ese momento, afirma, existía una pequeña guarnición del país anglosajón con la que no podían ejercer un control serio del paso interoceánico. “El imperio necesitaba justificar una base militar

de las características que tiene hoy”. Pero Malvinas no es solamente un enclave, una base para el control militar del Atlántico Sur. Existen allí riquezas naturales de alto valor estratégico. En primer lugar, el petróleo, estimado por algunas empresas británicas en unos 70 millones de barriles de calidad de comercialización, aunque podría haber mucho más. Desde el punto de vista productivo, la ganadería ovina no supera el consumo interno pero los recursos pesqueros tienen un peso económico incalculable. El objetivo central está un poco más vedado. “Cuando hablamos de Malvinas no estamos hablando de dos pequeñas islas —dispara Pestanha-. Es un extensísimo territorio marítimo e insular con proyecciones hacia el sur. En menos de 20 años, en 2041, la comunidad internacional va a tener que definir el tratado Antártico. Argentina reclama, en base al derecho de continuidad geográfica aproximadamente 1 millón de kilómetros cuadrados del continente blanco. Los ingleses intentan obtener reconocimiento de la soberanía de Malvinas por el falso argumento de autodeterminación, para luego reclamar casi el mismo tamaño del territorio antártico que nosotros.” Eso está en discusión. “La soberanía antártica tiene una importancia vital porque las reservas de agua limpia y dulce se empiezan a agotar y se vuelve más costoso obtener ese recurso: en cien años los países sin reservas tendrán problemas para abastecerse”, concluye. Por eso, a pesar del apoyo regional e internacional que ha recibido Argentina, el Reino Unido parece lejos de ceder. Hay demasiado en juego, tanto a corto como a largo plazo.


CRONICA DE UN VIAJE A MALVINAS

Con pasaporte Por Gabriela Granata

En 2009, una colaboradora de El Cruce acompañó, junto a un grupo de periodistas argentinos a los familiares de los caídos en las islas, que visitaron el cementerio de Darwin. Un relato en primera persona de ese contacto con los

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recuerdos y el dolor.

Llegar a las Islas Malvinas conmociona. La memoria adolescente de la guerra fue perfeccionada por tres décadas de curiosidad histórica y por una y media de ejercicio de la profesión periodística. Los cuarenta y cinco minutos de vuelo que separan el continente argentino del archipiélago son breves para la expectativa; y las miradas se alargan tras las mezquinas ventanillas para tamaño deseo de ver. Al desembarcar, es imposible no conectar la memoria con la guerra. El vuelo de LAN llega a un aeropuerto militar con nombre inglés, Mount Pleasant, que los veteranos de guerra y los familiares eligen llamar por el español Monte Agradable. Y la aridez del paisaje aparece interrumpida por el relieve de un avión de guerra que se utilizó en 1982, a pocos metros de un cartel imponente que explicita: “British For-


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ces. South Atlantic Islands. Mount Pleasant Complex”. El viaje está teñido por el dolor y los recuerdos. Centenares de familiares de los soldados muertos en el conflicto bélico están llegando -muchos de ellos por primera vez- hasta el confín de los recuerdos. Es octubre y es ineludible vincular el frío y el viento impiadoso que azota el cuerpo aún con varias capas de abrigo, con el de aquel invierno de 1982, con ropa inadecuada en una guerra impropia. Un acuerdo entre los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña hizo posible ese viaje histórico para la inauguración del cenotafio de cemento y mármol del Cementerio de Darwin, donde están inscriptos los nombres de los 649 soldados que perdieron la vida en los combates en tierra y en el hundimiento del crucero General Belgrano. Y en el aeropuerto militar, es difícil eludir la amable invitación a subir a los vehículos verdeoliva -hecha en un aséptico inglés- para recorrer el camino de ripio surcado de alambres de púa que conduce hasta el cementerio de Darwin. Recién allí

habrá un cartel en castellano anunciando a dónde se está por ingresar. Más fácil en cambio es entender la necesidad de los familiares de reencontrarse con el dolor de la pérdida. Entran silenciosos en fila a pesar del enorme espacio y sortean la pequeña cerca blanca para ingresar a la tierra donde están ubicadas las cruces, también blancas, con flores de plástico que soporten la impiedad del clima, con rosarios blancos y celestes. Rodilla en tierra, mirada en alto, llanto silencioso o conversación con el ausente, cada uno encontró su forma de expresar la tristeza. Es curioso ver en la primera fila, escuchando el servicio religioso en castellano, a las autoridades militares isleñas silla pegada con los familiares de los soldados argentinos. La fractura con las autoridades británicas -amables y comprensivas- se dará en las charlas posteriores cuando, se refieren a la capital malvinera como Port Stanley, que será replicado con un “sí, claro, Puerto Argentino”. Hecha la salvedad, casi todos optamos por el impersonal y

genérico “Islands, Islas”. Fue en 2009. Varios vuelos especiales acordados por los dos gobiernos permitieron multiplicar el rito emotivo de conocer la tierra donde están enterrados muchos de los soldados. Y están recordados todos los que murieron. No estaba aún presente el fervor del debate alimentado por la cercanía de un aniversario de tres décadas, como ahora; ni la escalada verbal y de acciones en ambos lados del Atlántico, ni posiciones públicas contundentes de los países de la región y de personalidades con peso en la opinión pública. La dimensión humana, hasta de encuentro, dominó la estadía. Todos pensamos en los largos años de ausencia argentina en las islas, en las políticas de juguetería del gobierno de Carlos Menem y en la llegada ahora, en grupo, a esta extensión, donde las autoridades británicas se desenvuelven como anfitriones. Y en el sobresalto emocional, en la impotencia que significa, a la hora de entrar y salir de las Islas, tener que mostrar el pasaporte.


LA SITUACION DE LOS EX COMBATIENTES

Cicatrices del combate Por Mariana Aquino

Los soldados que regresaron tras la derrota sobrevivieron al frío y las balas, pero se encontraron con otro enemigo: la indiferencia y el olvido por parte del Estado y gran parte de la sociedad. Recién en los últimos años recibieron el merecido reconocimiento político y social que les permitió cambiar el dolor de la derrota por el orgullo de su protagonismo. Aquí,

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algunos testimonios.


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A tres décadas, los reclamos históricos de los soldados que combatieron para “recuperar” la soberanía de un territorio en manos inglesas desde 1833, rondan en la ausencia de políticas profundas de parte del Estado ya en democracia, la apatía de una porción considerable de la sociedad y la ineptitud indolente de las Fuerzas Armadas, antes, durante y después. Lo que dejó como saldo que la cantidad de casos de suicidios en el período de posguerra se iguale a los caídos en combate. “Todos se lavaron las manos, el Ejército, la Marina, el Estado, en aquel momento. No fueron capaces de ayudar y contenernos, por eso tantos compañeros muertos después”, relata a El Cruce Ariel Sánchez, tripulante del buque Almirante Irízar, que funcionó como hospital durante la guerra. Según datos oficiales suministrados por la Fundación Veteranos de Guerra de las Islas Malvinas, de los 14.800 soldados que llegaron al territorio durante el conflicto bélico, 649 murieron en combate, de los cuales 323 perdieron la vida a raíz del

hundimiento del el Crucero General Belgrano. Pero la cifra de víctimas después de la guerra, fallecidos bajo diferentes circunstancias, es similar a la etapa que va desde el 2 de abril al 14 de junio de 1982: 468 muertos, de los cuales, al menos, 350 fueron producto de suicidios. “Al principio no se hablaba del tema. Nos sentíamos mal, habíamos perdido la guerra. Pero en ese momento, al menos yo, no era consciente de que aún íbamos a perder mucho más, como ocurrió con los compañeros que se suicidaron, y los que todavía padecen algún problema psíquico o físico”, sostiene Sánchez. Los soldados venían de todas las latitudes del país y pocos sabían qué pasaba realmente en Malvinas, cuando desembarcaron para defender las islas. Y casi sin comprender las dimensiones del término, ya estaban allí, “peleando por la Patria”. Muchos de ellos, con menos de 20 años, nunca antes habían visto un arma de fuego. Después de 30 años, Sánchez le reserva un lugar crítico en su relato a las Fuerzas

Armadas, a la que pertenecía. “Después de la guerra me alejé, me sentí decepcionado por todos y por todo. Tuvieron un comportamiento injusto con los soldados, con los que sabían de qué se trataba y sobre todo con los chicos que no tenían mucha idea de lo qué pasaba. Sentí rechazo por la indiferencia y me fui.” Por su parte, el coordinador y presidente de Veteranos de Esteban Echeverría, Jorge Sabbagh, se muestra conforme con el trabajo que las organizaciones de ex combatientes llevaron adelante durante las últimas tres décadas. “Ya no somos los loquitos de la guerra. Finalmente, la sociedad nos respeta. Eso lo ganamos nosotros solos, aunque el rol del Estado es fundamental. Necesariamente, debe acompañar nuestra lucha”. “Todo cambió bastante. Volvimos de la guerra por la ventana y hoy nos reconocen como veteranos. La Fuerza, el Estado y, lo más importante, la sociedad. Nos llena el pecho de orgullo hacernos presentes en alguna fiesta patria y que nos aplauden


con emoción. Eso es gratificante después de tantos años”, coincide Sánchez.

Ocultar Malvinas “A mí me costó mucho asimilar que estuve en Malvinas, que era yo y no otro el que vivió esa experiencia única, que sin dudas marcó mi vida, y la de todos. Recién hace tres años que empecé a hablar del tema. Antes no quería hablar de pibes llenos de vida que volvían al continente heridos o muertos”, relata Marcos Villalba, otro ex combatiente, en diálogo con El Cruce. “Estuve mucho tiempo sin conseguir un buen trabajo. Tenía la sensación, y muchas veces no me equivocaba, de que debía ocultar Malvinas, borrarlo de mi vida. Pero lo que negás te atormenta de noche, y así

de duras eran las imágenes que se hacían presentes”, sostiene Villalba, quien recién 25 años después de la guerra tomó la decisión de acercarse a una organización de Veteranos y hoy trabaja como auxiliar de un jardín de infantes en la localidad de 9 de Abril. Ahora cambió ese prejuicio inicial por orgullo. “Nuestro sueño es trascender. Que nuestros hijos tomen la posta y sigan haciendo nuestro humilde trabajo en la comunidad –dice-. Mi hijo y los hijos de varios compañeros están con nosotros y van a seguir. Imaginarme a los pibes manteniendo nuestro recuerdo vivo me llena el alma, y a ellos también”. La decisión política de calificar el reclamo por la soberanía de las islas como una causa latinoamericana y la denuncia ha-

Retrato de un héroe

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Por Marina Pandolfi

A Marcelo Daniel Massad le apasionaba el fútbol: jugaba en la 5ª división de Banfield. En el verano de 1982, después de terminar la escuela secundaria, se anotó en Ciencias Económicas de la UBA. Pero tuvo que suspender todos los proyectos cuando lo convocaron para el servicio militar. Solo había tenido unas pocas semanas de entrenamiento cuando, el 14 de abril, desembarcó en Puerto Argentino. Desde allí, escribió la primera carta a sus padres: “Parece mentira, es como si estuviera en Inglaterra. Todo es tan distinto” Pasaron treinta años desde aquel día. Una gran foto de Marcelo junto a su madre cuelga en la pared del living de la casa de los Massad. “La gente me decía que no tenga miedo, que esto iba a terminar rápido”, cuenta ahora Osvaldo. La guerra finalizó pronto, pero el final no fue el esperado. El 14 de junio, el mismo día en que el dictador Leopoldo Galtieri anunció la rendición, Osvaldo y su mujer fueron hasta Campo de Mayo. “Era una noche de invierno y no se le veía la cara de nadie. Yo estaba a los gritos llamando a mi hijo y no recibí ningún eco de él. Por eso, me acerqué al portón, le pregunté a un oficial por Marcelo y me dijo que estaba volviendo en otro barco, que me quede tranquilo y que vuelva al día siguiente.” Tal como le habían indicado, Osvaldo se preparó para regresar a buscar a su hijo, pero una noticia lo detuvo. “En la puerta de mi casa -relató- un soldado que había llegado de Malvinas me preguntó para dónde iba. Y me dijo: ‘Coco, Marcelo se quedó allá. Cayó en Malvinas.’ Se me cayeron las lágrimas, los ojos, todo”, recuerda con dolor. Osvaldo rogó que esa información fuera equivocada. Viajó hasta el Regimiento de Infantería en La Plata. “Estaba tan desesperado que un superior me llevó aparte y me dijo: ‘Massad,

cía el Reino Unido por la “militarización” del Atlántico Sur, son tan celebradas por la mayoría de los ex combatientes como el anuncio de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, sobre la construcción de un hospital para el tratamiento de diversas problemáticas que padecen los sobrevivientes de la guerra. “Esa es una de las deudas pendientes del Estado con sus veteranos de guerra. Aunque llega algo tarde porque a muchos de los nuestros se les dio la espalda y se fueron, todavía quedamos nosotros, que lo necesitamos”, reconoce Villalba. El ex soldado participa además de trabajos comunitarios que organiza la fundación Veteranos para “brindarle al pueblo argentino algo de lo que les debemos hace 30 años”.

su hijo cayó en combate. Lo único que le puedo decir es que lo felicito por el hijo que ha tenido; murió como un héroe.”. Con la confirmación oficial sobre la caída de su hijo, regresó a su domicilio. “La casa estaba llena de amigos, familiares y vecinos que venían a darnos su apoyo. Después de eso, no salí por más de diez días.” “Los ocultaron. Nadie nos avisó”, sentencia Osvaldo. “Los soldados, recién llegados de Malvinas, salían por el portón principal de Campo de Mayo como las vaquitas que van al matadero. El Ejército no se ocupó de nada, ni siquiera de darles un micro para llevarlos a sus casas, nada. Ellos ya venían locos de la guerra. Muchos quedaron internados en Campo de Mayo, otros salieron a la calle”. Marcelo murió el 11 de junio de 1982, tres días antes de la rendición de las tropas argentinas. “Al grupo de Marcelo le habían dado el aviso de retirada. Él sabía que tenía camaradas detrás de él y pensó ‘Si nos retiramos, nos retiramos todos’. Entonces, volvió para avisarle a sus compañeros y fue ahí cuando una ráfaga de ametralladoras le atravesó el cuerpo”, recuerda su padre. “Todos volvían y se querían cubrir, nadie pensó en el otro. Pero él pensó en sus amigos primero”, dice la madre y comenta que por eso el Ejército considera que murió como un héroe. “Dar la vida por la patria es lo más sagrado y sublime que puede tener un hombre”, destaca. Después de 30 años, Marcelo sigue presente en muchos rincones de Banfield. En el club, una sala de vestuarios lleva su nombre. En la confitería Tiara hay una placa que lo recuerda. Y, el 5 de abril del año pasado, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, le rindió homenaje al bautizar con su nombre la Terminal de Colectivos de la estación. Y en su casa, perdura en la memoria y el cariño de sus padres y sus hermanas y en ese cuarto que la familia mantiene tal como Marcelo lo dejó.


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“El deporte me salvó la vida” Por Matías Quercia Hay recuerdos que son preferibles no registrarlos en la memoria. Quizás eso es lo que piense Omar De Felippe cada 2 de abril en el momento que se conmemora otro año de lo que fue la Guerra de Malvinas. Sin embargo, el ex futbolista y actual entrenador es un protagonista recurrente al que se acude cuando la fecha está cerca. A 30 años del conflicto, no es la excepción. Puntual, sin grandes estridencias ni palabras de sobra. Firme el pulso a la hora de hablar y explicar sus sensaciones en torno a lo que fue su estadía en las islas en el instante más álgido de la crisis. “Es algo que te cambia la vida para siempre. Desde que sos partícipe de un acontecimiento así, toda la vida cotidiana se te modifica rápidamente”, asegura quien vestía la camiseta de Huracán en aquel 1982, año en el que ya había terminado la conscripción, y aún así lo llamaron para viajar al Atlántico Sur. Así cuenta cómo se enteró: “Un soldado vino a mi casa. Eran como las 5 de la mañana. Llevaba una citación para que en una hora me presente en el Regimiento 3 de La Tablada. Mi vieja me despertó llorando. La realidad es que había terminado el servicio militar en diciembre anterior y a lo que pretendía abocarme en ese momento era únicamente a debutar en Huracán. Pero para mí la historia cambió”. Sin obstáculos ni remordimientos, frío en cada declaración, sin embargo no deja de erizar la piel de quien lo escucha cuando relata su realidad en el marco de la guerra. “Estuve allá desde el 9 de abril hasta el 14 de junio cuando Argentina firmó su rendición. Ese período está en mi retina, se mantiene con fuerza y cada vez que se acerca la fecha de recordatorios, se torna de una forma especial”, puntualizó. Y agregó: “Es difícil de explicar con palabras las sensaciones que se cruzan cuando estás en un conflicto armado. El peligro es constante y uno se encuentra parado en un lugar inhóspito, desolado, en el que se mezclan los olores, el miedo, la angustia, la desazón y a su vez la necesidad de mostrar valor para poder

sobrellevar esa travesía”. Esa osadía la tuvo que poner a prueba el 1º de mayo cuando Inglaterra lanzó su primer ataque. Allí estuvo De Felippe y así cuenta su experiencia traumática. “Fue un día terrible, que es imposible dejar atrás porque todos los que estábamos ahí sentimos un estruendo impresionante. En sí, hacíamos guardias durante la madrugada, cuando los ingleses aún no habían arribado, pero pasadas las 4.30 percibimos con mucha fuerza las hélices de un avión y al poco tiempo una explosión que hizo temblar todo”, señaló. Y continuó: “Cuando volvimos a la normalidad después del polvo que se esparcía, nos vimos todos los integrantes de mi grupo tirados cuerpo a tierra sin poder creerlo. Y la bomba había caído a quince kilómetros de distancia”. Desde ese instante, el mundo para el futuro futbolista que ya era veterano de guerra, se trastocó. “El grupo de pertenencia que en principio son miles, confiados, tranquilos, con calma, termina

transformándose en uno minúsculo de cinco o seis personas a las que te aferrás para sobrevivir”, remarcó. Pasada la guerra, con la rendición a cuestas y la bronca que sostiene aún De Felippe, su viaje como prisionero tuvo una pequeña dosis que iba a marcar por qué el fútbol salvó su vida. Argentina le ganaba su segundo partido del grupo a Hungría en el Mundial de España. Un 4-1. Los soldados se enteraron, gritaron, festejaron, expresaron y canalizaron su ira con la algarabía de los goles, desafiantes. Y los ingleses se mostraron sorprendidos y aturdidos. A la vuelta al país, llegaba el momento más difícil. “Había que reinsertarse de la sociedad, era una guerra contra uno mismo porque no se sabe cómo iba a reaccionar la gente y la propia autoestima. En mi caso, me concentré rápidamente con el plantel de Huracán, me contuvieron, me dejaron focalizarme en el fútbol. Por eso, sin lugar a dudas, el deporte me salvó la vida”.


EL INFORME RATTENBACH

La verdad oculta de la guerra Por Germán Ferrari

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó la divulgación del informe realizado por la “Comisión de Análisis y Evaluación de Responsabilidades por el Conflicto del Atlántico Sur”, elaborado por las propias fuerzas castrenses. El documento, por omisión de políticos y militares, se mantuvo en

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secreto desde entonces.

La sociedad comenzó a transitar un saludable camino de reparación histórica cuando el 25 de enero pasado la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció la divulgación del informe realizado por la “Comisión de Análisis y Evaluación de Responsabilidades por el Conflicto del Atlántico Sur”, conocido por el apellido de su titular, Benjamín Rattenbach, un teniente general retirado cuya labor ha sido elogiada desde diversos sectores. A

muchos argentinos les costó recordar de qué se trataba aquel trabajo encomendado por la dictadura cívico-militar a dos integrantes de cada fuerza castrense para evaluar las decisiones adoptadas antes y durante la guerra de Malvinas y que pedía penas severas para la jerarquía del régimen y otros funcionarios, que debía ser juzgada por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, de acuerdo con el Código de Justicia Militar.

El “Informe Rattenbach” había trascendido en una primera versión abreviada en agosto de 1983, en el último tramo del gobierno del dictador Reynaldo Bignone. “Las FF.AA. dicen por qué se perdió en Malvinas”, anunciaba en su titular principal el diario La Voz y, bajo las fotografías de Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya, Basilio Lami Dozo, Roberto Alemann, Nicanor Costa Méndez y Mario Benjamín Menéndez, se preguntaba: “¿Son ellos los únicos responsables?”. Aquellos eran tiempos de campaña electoral. El fin del autodenominado “Proceso” y el retorno de la democracia eran vividos por los argentinos como una esperanza sin límites. Las elecciones de octubre estaban muy cerca. En La Voz, la revelación sobre la contienda en el archipiélago austral compartía espacio con la conformación de la fórmula presidencial peronista Luder-Bittel. Otros títulos de tapa –“Crece lainquietud obrera”, “Enérgicos reclamos políticos” – marcaban el clima de la época. Al día siguiente de la publicación en el diario fundado por el dirigente peronista Vicente Saadi, el resto de los periódicos reprodujo la noticia.


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La Presidenta firma el decreto, acompañada por el coronel Augusto Rattenbach, hijo del militar que presidió la comisión.

“Es cierto y es completo; es lo único que puedo decir hasta que me autoricen las autoridades militares”, afirmó Benjamín Rattenbach al dar crédito a la versión completa del borrador que La Voz divulgó el día después de la primicia, en un suplemento de ocho páginas. Hacia fines de noviembre, poco antes de asumir la presidencia el binomio radical Alfonsín-Martínez, la revista Siete Días difundió en dos ediciones consecutivas lo que anticipaba como el “informe final de la Comisión Rattenbach sobre Malvinas”. La noticia sorprendió a todos por la dureza de las conclusiones reveladas: a Galtieri y Anaya les cabría la pena de muerte, y a Lami Dozo, la de reclusión por tiempo indeterminado. El capitán Alfredo Astiz, ya por entonces acusado de participar en la represión, debía ser sometido a un sumario por su desempeño en el desembarco en las islas Georgias, donde se rindió sin disparar. En total, catorce militares y un civil (Costa Méndez) eran pasibles de cargos. La guerra había sido una “aventura militar”, según el texto publicado. La levedad en el trato hacia la Marina sembró las sospechas

sobre su autenticidad. Dos años más tarde, en 1985, una investigación del semanario El Periodista denunciaba que “para eximir de responsabilidad” a Astiz y “atenuar la de la Armada y la Junta Militar, fueron sustituidas subrepticiamente tres fojas del informe de la primera investigación”. El coronel Augusto Rattenbach, hijo del teniente general que presidió la comisión, respaldó la noticia y reveló que su padre había constatado la manipulación. Recientemente, el coronel retirado José Luis García, quien colaboró con Benjamín Rattenbach en la Comisión, destacó la falsedad del escrito difundido. Tras aquellas divulgaciones periodísticas, poco antes de la reconquista democrática, el “Informe Rattenbach” sufrió un ocultamiento sistemático, beneficiado por el silencio de políticos y militares, y de la sociedad civil. Ese escamoteo se vio reflejado durante el juicio por la guerra de Malvinas que llevó adelante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. En mayo de 1986 Anaya fue condenado a catorce años de prisión, Galtieri a doce y Lami Dozo a ocho. El resto de los acusados fue absuelto. Dos años más tarde, la Cámara Federal

porteña unificó las penas en doce años para cada uno, además de la destitución. Al asumir la presidencia Carlos Menem, los tres condenados fueron beneficiados con el indulto. Pocas voces se alzaron para desocultar el texto. En tiempos en que se llevaba a cabo el juicio contra los ex comandantes de la dictadura, el capitán retirado José Luis D’Andrea Mohr, un crítico del régimen autoritario, sostuvo: “Resultaría útil que se dieran a conocer las conclusiones del ‘Informe Rattenbach’. Sus opiniones, en cuanto a educación y evaluación de quienes llegan a ejercer las jerarquías de mayor responsabilidad de las fuerzas armadas harían comprender mejor lo que ocurre en el juicio a las juntas”. A pesar de las tibias declaraciones en favor de dar a conocer el “Informe Rattenbach”, la última dictadura rotuló el análisis como “secreto de Estado”. Debían pasar cincuenta años para su difusión. Ya pasaron treinta. El anuncio presidencial de enero pasado sustenta la esperanza de desarticular el deseo de los jerarcas del régimen y que los veinte años restantes de espera no se cumplan.


REPRESORES Y CARAPINTADAS EN MALVINAS

Entre los héroes, los canallas Por Adrian Cioffi

“No se puede ser héroe en la guerra si se participó en la dictadura” afirma Ernesto Alonso, del Centro Ex-Combatientes Islas Malvinas (CECIM), en referencia a los represores y a los

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futuros golpistas que actuaron en el conflicto bélico.

Entre las filas de los militares que participaron en la defensa de la soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas ante la ocupación inglesa se cuentan más de cien, entre oficiales y suboficiales, que fueron juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad, o por haber atentado, luego de la guerra, contra los sucesivos gobiernos democráticos. Entre los primeros resuenan los nombres de Alfredo Astiz, Pedro Giachino, Mario Benjamín Menéndez, Julio César Binotti y Horacio Losito, quienes participaron en calidad de medios y altos mandos. Del segundo grupo, denominado “carapintadas” y en el que también se cuentan varios condenados por represión ilegal, fueron cabecillas Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín. La historia echaría por tierra, tras años de lucha de los organismos de derechos humanos,

cualquier pretensión de heroísmo que la conveniencia política pretendió asignarles a estos oscuros personajes. Una organización que desde hace más de dos décadas trabaja para hacer justicia sobre la actuación de las Fuerzas Armadas en el conflicto es el Centro Ex-Combatientes Islas Malvinas (CECIM). Entrevistado por El Cruce, el secretario de Relaciones Institucionales, Ernesto Alonso, es contundente: “No fue un ejército sanmartiniano, fueron los mismos que años antes habían torturado y matado en la dictadura, tanto en la Fuerza Aérea, en la Marina o en el Ejército”. Alonso coincide en destacar a Alfredo Astiz como el caso más “emblemático y vergonzante”, quien estuvo al frente en Malvinas del grupo “Los Lagartos”, que ocupó una guarnición en el archipiélago Georgias del

Sur, recordado como el que se rindió“sin disparar un sólo tiro”. Luego, participó en la firma de la rendición. Su historia personal está signada por la aberración. Se infiltró entre los familiares de desaparecidos que se reunían en la iglesia de Santa Cruz, del que participaba la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor. Torturador y secuestrador comprobado, participó del traslado de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Además, secuestró a la sueca Dagmar Hagelin, y la llevó a la ESMA. En octubre de 2011, tras 22 meses de juicio, el Tribunal Oral Federal Número Cinco de Comodoro Py lo condenó a cadena perpetua. Otro caso que redimió en forma simbólica una injusticia histórica fue la quita de la foto del capitán Pedro Giachino del Concejo Deliberante de la ciudad de Mar del Plata, de donde era oriundo. Giachino fue la primera baja argentina de la guerra y condecorado como “héroe”. Alonso remarca que “fue un ícono para la Marina, y seguramente fue el primero que murió en la guerra, es cierto, pero también actuó en la ESMA, y fue torturador en Mar del Plata… Y no se puede ser héroe en la guerra si se participó en la dictadura”. Unido a su tío Luciano por lazos de sangre


las la Compañía de Comandos 602, bajo la cual fue herido y cayó prisionero. Recibió tres condecoraciones: “Del Congreso a la Campaña de Malvinas”, “Herido en Combate” y al “Mérito Militar”. Más tarde, sería procesado por la masacre de Margarita Belén, en la que fueron asesinados 22 presos políticos en 1976. Además, participó de las rebeliones carapintadas. Indultado por el ex presidente Carlos Menem, fue agregado militar en Roma, pero fue relevado en 2003 por orden del entonces presidente Néstor Kirchner. En 2008 fue condenado a 25 años de prisión en la causa “Nicolaides y otros”, pena que cumple en una cárcel común.

Camuflados contra la democracia Otro caso paradigmático fue el de los levantamientos “carapintadas”, liderados en el 87 y 88 por Aldo Rico, y nuevamente en el 88 y luego en el 90 por Mohamed Alí Seineldín. “La democracia fue condicionada, después, por estos falsos íconos de las Malvinas. Con la bandera de las Malvinas, y pregonando una renovación del Ejército, atentaron contra la democracia”, sostiene Alonso. En marzo de 1987, las tropas al mando del

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y de espanto, el general de brigada Mario Benjamín Menéndez fue gobernador de las Malvinas durante el conflicto y protagonizó la rendición. Desde enero de 1979 fue jefe del área 460, por consiguiente, responsable de todos los secuestros, asesinatos y demás delitos cometidos en esa jurisdicción. Hoy está condenado a prisión perpetua. Por su parte, oriundo de Santiago del Estero, el oficial Julio César Binotti, que fue apresado por los ingleses, recibió luego la condecoración en Argentina “por su gran valor y serenidad al conducir a sus hombres”. Su lado oscuro: fue jefe de los sectores de operaciones y de logística del GOEA (Grupo de Operaciones Especiales de la Armada), nueva denominación del grupo de tareas entre 1982 y 1983, y sospechado de participar del operativo de secuestro de René Haidar, sobreviviente de la masacre de Trelew, todavía desaparecido. Fue acusado del estaqueamiento de soldados y está preso en Marcos Paz. El secretario de CECIM remarca que, como el caso de Binotti, “son muchos los que están siendo juzgados en una causa en la que nosotros somos querellantes por vejámenes cometidos a los soldados. Caso emblema es el de Losito”. En calidad de coronel, Horacio Losito integró en las is-

teniente coronel Rico se amotinaron en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, en repudio a las acciones judiciales impulsadas, con respecto a los responsables de los delitos y violaciones a los derechos humanos cometidos durante la Dictadura. El motín fue disuadido por el presidente en persona, acción que fue leída como un acto de debilidad política. Otro levantamiento a su mando fue el Monte Caseros, en el 88. “Alfonsín acuerda con los carapintadas. Cuando él dice que eran héroes de Malvinas, nosotros, que participábamos en los comités de defensa de la democracia, bajamos la bandera y nos fuimos de la Plaza puteando. Luego de eso, consiguieron la ley de Obediencia Debida”, recuerda Alonso. En el caso de Seineldín, fue a hacia fines del 88 que al mando de unos 45 oficiales de un cuerpo de elite de la Prefectura Naval saqueó el arsenal de la Prefectura en Zárate para trasladarse luego a la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, donde coparon el cuartel. En diciembre de 1990, reincidiría con un asalto a instalaciones militares, contra el gobierno de Menem. El motín sólo duró un día y tuvo un saldo de 13 muertos (cinco eran civiles). Seineldín, fallecido el 2 de septiembre de 2009, estuvo detenido entre 1990 y 2003, hasta que Eduardo Duhalde lo indultó argumentando “razones humanitarias”. Sobre su actuación en la guerra, Alonso relata que “sólo entró en combate una fracción de su regimiento (25) en San Carlos, pero Seineldín estaba con el grueso del regimiento en la proximidades del puerto Argentino cerca del aeropuerto, así que nunca entró en combate directo con ninguna fracción británica. Además, hay varias denuncias de soldados por torturas”. En ambos casos, represores o carapintadas mantienen una contradicción: habiendo sido instruidos para defender a la Nación torturaron y asesinaron ciudadanos y/o atentaron contra los gobiernos elegidos por la voluntad popular. Alonso es claro: “En Malvinas se pone en juego la razón de ser FFAA. Tenían como hipótesis de conflicto el enemigo interno, y se apropiaron de una causa nacional y popular que toca el ADN de nuestra sociedad, que está muy metida en nuestra identidad como pueblo. Trataron de tapar una guerra sucia con una guerra ‘limpia”. Así las cosas, ninguna actuación heroica en guerra, de haberla habido, hubiera mitigado tales infamias.


EL REGIMEN COMIENZA A TAMBALEAR

La marcha de la bronca Por Leonardo Castillo

Tres días antes del intento de recuperación de las Islas, la CGT marchó a Plaza de Mayo para repudiar la política económica de la dictadura militar. Un síntoma del estado de malestar imperante en la población contra un régimen que se había

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quedado sin consenso social. Tres días antes de que los efectivos de la Armada desembarcaran en Malvinas dando comienzo a la recuperación de las islas, un hecho de masas evidenció el creciente descontento de la ciudadanía hacia el régimen militar que gobernaba el país desde hacía seis años. El 30 de marzo de 1982, una masiva concentración organizada por la CGT desafió a una dictadura que, a partir de entonces, asumió que no tenía otra opción más que intentar fugarse con una aventura bélica que le permitiera retener el poder que se le erosionaba. Bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”, unas quince mil personas se congregaron en la Plaza de Mayo aquel martes de principios de otoño, en abierto desafío a la Junta Militar. El gobierno del general Leopoldo Fortunato Galtieri prohibió la concentración con un dispositivo que incluyó el despliegue de 4.000 efectivos policiales en el centro de Buenos Aires. El saldo fueron unos 2.000 trabajadores detenidos. Movilizaciones similares y de carácter masivo también tuvieron lugar ese día en Rosario,

Mar del Plata, Neuquén, Tucumán y Mendoza, donde un jubilado murió como consecuencia de una bala disparada por las fuerzas represivas. En Córdoba, sede del Tercer Cuerpo de Ejército, se desarrolló un despliegue de tropas por el centro de la ciudad de tal envergadura que disuadió cualquier atisbo de protesta. Como sucedió en otros momentos de la historia argentina, la CGT se encontraba divida. Una era la denominada como Azopardo, que tenía su sede en el histórico edificio de la central, ubicado sobre esa calle, y que representaba al sector más dialoguista encabezado por Jorge Triaca. La otra fracción, la Brasil, la más combativa y comandada por el dirigente cervecero Saúl Ubaldini, fue la entidad organizadora de esta protesta obrera. Ya en febrero de 1982, el sector liderado por Ubaldini -respaldado por Lorenzo Miguel, el histórico dirigente de los metalúrgicos-, lanzó un plan de lucha contra el gobierno de Galtieri, que bajo la conducción económica de Roberto Alemann había

congelado los salarios y había aplicado un fuerte aumento en las tarifas de los servicios públicos. El malestar reinante determinó la convocatoria a una movilización para el 24 de marzo, aniversario del golpe que había derrocado a Isabel Perón, pero para evitar que el llamamiento fuese visto como una provocación, la cúpula sindical decidió marchar seis días más tarde. “Se va acabar/ Se va acabar/ la dictadura militar”... Era la consigna que resonó ese día por las calles porteñas, mientras la infantería de la Federal arremetía contra las columnas de trabajadores y los oficinistas que espontáneamente se sumaron a la multitud. Gases lacrimógenos, balazos de goma y automóviles sin identificación que circulaban levantado gente, eran parte de un escenario de abierta confrontación. Situación que dirigentes políticos como Luis León (UCR), Deolindo Bittel (PJ) y Oscar Alende (Partido Intransigente), nucleados en torno a la Multipartidaria, calificaron como “un verdadero estallido social” en un comunicado difundido tras la movilización.

Una dictadura en crisis Pero aquella concentración que desafió la prohibición oficial decretada en el marco de un estado de sitio imperante, constituyó el punto más alto de una crisis económica y social que tenía más de un año de vigencia. En marzo de 1981, el general Roberto Viola asumió la presidencia en reemplazo de Jorge Rafael


Lo que dejó en claro la movilización

Videla. El nuevo dictador llegó al poder justo cuando las políticas de dólar barato, alto endeudamiento, ajuste fiscal y apertura económica diseñadas por José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía de Videla, se encontraban agotadas. Los tiempos del deme dos y la plata dulce habían terminado. Lorenzo Sigaut asumió la cartera de Hacienda y pronunció una frase paradigmática en el comienzo de su gestión: “El que apuesta al dólar pierde”. Pero tres meses después de haber jurado como ministro, propició una devaluación del peso del 30% y otra en junio por el mismo porcentaje. Se creó un mercado cambiario oficial y otro paralelo, la divisa estadounidense, que en abril se cotizaba en 3 mil pesos, trepó hasta los 10 mil pesos en octubre. Comenzaron entonces a producirse algunas manifestaciones de descontento. En junio, un paro del gremio mecánico de la SMATA dejaba un saldo de más de mil detenidos, mientras las principales automotrices anunciaban despidos y suspensiones. Por esos días, Viola fue silbado en la cancha de River y 49 personas arrestadas tras entonar la marcha peronista durante un partido que Nueva Chicago disputaba en Mataderos. La crisis económica provocó que la Junta Militar removiera a Viola en diciembre, aduciendo razones de salud, y nombró como presidente a Galtieri, Jefe del Ejército, que contaba con el explícito respaldo del presidente estadounidense de Ronald Reagan. Washington veía con buenos ojos al ex comandante del segundo cuerpo, fundamentalmente por el rol activo

que había jugado en elenvío de asesores argentinos a Honduras y El Salvador. La influyente revista Time definió incluso al militar como “un general majestuoso”, durante una visita que realizó por Estados Unidos antes de asumir. Elogios y avales que quizá le hicieron creer a Galtieri que contaba con luz verde de parte de la Casa Blanca como para desembarcar en las Malvinas. Algo que meses después iba a quedar desmentido con el decisivo apoyo logístico que Estados Unidos le otorgaría al Reino Unido en la contienda del Atlántico Sur.

Los desaparecidos, un reclamo creciente A principios de 1982, el reclamo para que el gobierno difundiera información sobre el paradero de los desparecidos comenzaba a propagarse. Solicitadas firmadas por periodistas, intelectuales y dirigentes políticos se publicaban en los diarios de mayor circulación, pidiendo datos sobre los ciento de miles de argentinos que faltaban. El jueves 18 de marzo, unos 2 mil manifestantes recorrieron las calles céntricas pidiendo “información sobre los desaparecidos y respeto a los derechos humanos”. Un fuerte operativo policial impidió que la marcha llegara a la Plaza de Mayo. No hubo detenidos, pero quedó en claro que el reclamo era un problema que ya no podría acallarse con el simple ejercicio de la represión o la censura. “Cuando se ignora la Ley y se establece el terror de Estado y sucede lo que pasó en este país, se arrasa con la Constitución y se

El panorama político del jueves 1 de abril del diario Clarín sostenía que el respaldo a la marcha de la CGT “había sorprendido” a la cúpula militar. “No notaron en el gobierno que muchos de los asistentes a la convocatoria de la CGT son en realidad trabajadores afectados por la crisis, que desean trabajar”, señalaba el periodista. En cambio, el diario Ámbito Financiero sostenía en un editorial que “seis años de paz han encontrado a la Policía y a sus cuadros antimotines sin la suficiente capacidad como para restablecer el orden de forma eficaz”. Más allá de las distintas visiones, lo concreto es que la Junta Militar necesitaba producir un hecho que el otorgara legitimidad, y si bien la recuperación de las Malvinas era algo planificado con meses de antelación, el malestar evidenciado ese 30 de marzo terminó por convencer a los integrantes de la dictadura que un despliegue en las islas era el único camino que tenían para mantenerse en el poder. Aunque resulte paradójico, varios de los dirigentes sindicales que marcharon en marzo contra Galtieri, convalidaron el accionar de la dictadura al viajar Malvinas por invitación del gobierno que habían repudiado días atrás, integrando una comitiva que incluyó también a dirigentes políticos y personalidades sociales. Sin embargo, el 15 de junio, un día después de la rendición de las tropas argentinas en Malvinas, cientos de ciudadanos concurrieron a Plaza de Mayo con distintas motivaciones. Algunos para repudiar la decisión de no proseguir con la batalla, otros para repudiar a un régimen que había mentido ostensiblemente sobre el curso de la contienda o simplemente para pedir el fin de ese nefasto ciclo político. Y esa noche, en el corazón de Buenos Aires, en medio de los disturbios, la represión y los gases, se escuchó una vez más ese cántico, emblema de la resistencia y la lucha popular contra el autoritarismo: “Se va acabar/ se va acabar/ la dictadura militar”.

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agrava la situación mediante el uso indiscriminado de la represión… Lo cual nos lleva a la conclusión de que el único régimen compatible con la dignidad del ser humano es la democracia”, escribía Ernesto Sábato en una columna de opinión publicada en el diario Clarín, el 21 de enero.


EL PAPEL DE LA PRENSA

Medios de manipulación masiva Por Natalia Arenas

La mayor fuente de información en el país eran los comunicados de la dictadura. La censura impedía conocer datos que se difundían en el exterior. A eso se sumaron las operaciones que quisieron convencer sobre una victoria fácil sobre Gran Bretaña. Un análisis crítico del rol de los periodistas y también de

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quienes compraron ese mensaje.

Tal vez el título “Estamos ganando” en mayúsculas y amarillo rabioso, propiedad intelectual de la revista Gente, sea el más recordado por los argentinos contemporáneos a la Guerra de Malvinas. La inventiva de los editores de esa publicación no se detuvo y al consecuente “¡Seguimos ganando!” le siguieron titulares como “Vimos rendirse a los ingleses” y suplementos con “Las fotos que nadie vio”. Pero Gente no fue el único medio en recurrir a la manipulación de la información como herramienta de complicidad con la Dictadura. Clarín hizo de las suyas con los sugestivos “Inminente recuperación de las Malvinas” y “Euforia popular por la recuperación de las Islas Malvinas”. Crónica tradujo la bajada de línea oficial y en

su tapa estampó un título tan estridente como falaz: “Argentinazo: ¡las Malvinas recuperadas!”. A la cruzada belicista se sumaron los diarios La Razón, Convicción y La Nación, así como la revista Siete Días y las crónicas en ATC del periodista Nicolás Kazanzew, único corresponsal de la televisión argentina en las islas, entre otros medios. Sin embargo, no todos los medios de comunicación cubrieron los hechos con la sospechosa objetividad antes mencionada. Unos pocos chequearon la información oficial y se hicieron de otras fuentes. Es el caso de la revista cultural El Porteño”, que no sólo publicó en tiempos de guerra -mayo del ’82- una entrevista al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel,

sino que además supo despacharse con informes sobre la cobertura en Malvinas de los medios de comunicación de la época. Como corolario a esta contrainformación, adquirió los derechos de la memorable entrevista que la periodista italiana Oriana Fallaci le hiciera a Leopoldo Galtieri en pleno conflicto, días antes de la derrota, en la que el dictador reconoce que nunca previó una respuesta militar de Gran Bretaña. Fue el único medio argentino en reproducirla sin recortes ni censuras, en agosto de ese mismo año. Gabriel Levinas, fundador y director de El Porteño, reconoce que en aquella época fue muy difícil comunicar. “La información era completamente manipulada y no sabíamos cuál era la verdad”, recuerda. Incluso dentro del staff de la revista que él dirigía, un gran sector quería manifestarse a favor de la operación militar. Levinas y algunos pocos más clamaban por la paz. “Pensábamos en ese momento que ir de la mano de esos milicos, que habían matado gente, más todo el desastre que habían hecho, no tenía ningún sentido”, y que la guerra “tenía la obvia intención de desviar la crisis económica y social que ellos habían generado y se vivía en ese momento”, explica. La situación tensa dentro de El Porteño duró el poco tiempo que la fracción “beli-


Sacar conclusiones

cosa” del staff entendió que aquella era una derrota encubierta de la propia dictadura.

Fervor popular Con la misma efusividad que marchó a Plaza de Mayo el 30 de marzo de 1982 para protestar contra el modelo político, económico y social, ya moribundo, del gobierno de facto, gran parte de la sociedad colmó, días después, esa emblemática plaza, esta vez, para vitorear al dictador Galtieri y festejar el desembarco en Malvinas. “En el mes anterior, en marzo del ‘82, cuando Galtieri decide ocupar las Islas Georgias y Sandwich del Sur, ya en ese momento, los principales medios acompañaron la decisión, señalando que el gobierno militar comenzaba a endurecer su posición en el plano geopolítico con Gran Bretaña y esta cuestión se agudizó a partir del 2 de abril”; aporta Martín Becerra, doctor en Comunicación, investigador independiente del Conicet y docente. “La estrategia militar, como queda muy claro viéndolo retrospectivamente, sirvió, desde el punto de vista de la edición de los medios de comunicación, para frenar o tapar las protestas populares contra la dictadura”, completa. En cuanto a ese fervor popular y el apoyo a la acción militar en Malvinas, Becerra

lo reconoce pero advierte que “también la intelectualidad y buena parte del sistema político, con excepción de Raúl Alfonsín, apoyaban la invasión a Malvinas de una dictadura militar”, aunque aclara que “esto no significa que apoyaban a la dictadura, pero al apoyar la invasión a Malvinas hecha por la dictadura…”. El silencio plasmado en esos puntos suspensivos completa la frase. “Sería injusto decir que la sociedad argentina no estaba a favor de la invasión a Malvinas, que fue engañada por los medios de comunicación y por eso manifestó su apoyo a Galtieri”, agrega Becerra. En contrapartida, cree que “el ánimo de la sociedad argentina y de los medios dio un vuelco tremendo a partir de la derrota y, con el diario del día después, en una reacción muy similar a la que ambos tuvieron con las violaciones a los derechos humanos, salieron a decir ‘Nosotros no sabíamos, fuimos engañados y manipulados”. Para Becerra “es muy fácil echarle la culpa a los medios, lo que no significa que los medios hayan actuado bien, todo lo contrario, fueron unos cretinos, pero los argentinos no fueron menos cretinos que los medios”, dispara. Con él coincide Levinas, y está convencido de que quienes apoyaban la guerra creían que Argentina iba a ganarla. Es que

El Observatorio Malvinas –una iniciativa de la Universidad Nacional de Lanús y la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas- y la agencia Télam, firmaron un convenio para realizar un relevamiento y análisis del material periodístico producido por los trabajadores de prensa de ese medio en la cobertura del conflicto y dar cuenta de las manipulaciones que sufrieron por parte de los responsables editoriales. “Relevamos el archivo fotográfico de Télam y luego elaboramos una muestra que comenzó presentándose en la agencia misma y después recorrió varios municipios del país”, cuenta a El Cruce Julio Cardoso, director del Observatorio. “Télam en Malvinas” (tal es el nombre de la exposición) es el resultado de las imágenes captadas por el equipo periodístico de la agencia en los días de la guerra: muchas de ellas no fueron publicadas jamás. Este trabajo exhibe tanto la tragedia como los momentos de calma y de camaradería entre los jóvenes soldados. “En paralelo, hicimos un trabajo de recuperación testimonial de quienes participaron en ese trabajo, para intentar sacar una fotografía de cómo fue trabajar en las islas, cuáles fueron las dificultades de censura que tuvieron, de qué manera pudieron obtener la información que enviaban y cuáles eran las dificultades para luego procesar, en la sede, esa información y compararla con lo que finalmente se publicó”, explicó Cardoso. Se trata de un compromiso que incluye la producción de dos libros y tres trabajos de investigación. El primero de ellos (ya en marcha) cuenta la experiencia de los periodistas que cubrieron la guerra en las Malvinas y en Buenos Aires, con el análisis de los cables emitidos. El objetivo es rastrear la forma en la que circuló la información, dónde hubo interferencias en la comunicación y por qué.

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pareciera que en esa visión “futbolera”, de “a ver quién la tiene más grande”, se construye parte de la identidad nacional. “Del mismo modo que los montoneros y el ERP pensaron que le podían ganar a los militares, también pensamos que los argentinos les podíamos ganar a los ingleses”, concluye.


DIEGO PEREZ ANDRADE, CORRESPONSAL EN MALVINAS EN 1982

“La primera víctima de toda guerra es la verdad” Por Cecilia Díaz

La censura militar a la prensa durante la guerra tuvo una expresión flagrante en las presiones que recibió durante su trabajo el enviado de la agencia Télam a las islas. En una entrevista con El Cruce, cuenta que, por orden militar, no podían informar sobre bajas ni reveses, y tenían prohibido hablar del hambre y otros

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padecimientos de los soldados.


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Tras el desembarco del 2 de abril, los únicos periodistas que podían ir a las islas eran los de medios oficiales. Por eso, la agencia Télam tuvo allí su enviado especial. El elegido fue Diego Pérez Andrade quien, no obstante, llego allí de manera fortuita: estaba en Río Gallegos y era el único que sabía hablar en inglés. Así y todo, no le fue fácil llegar. Ni trabajar, en medio de la estricta censura militar. En una entrevista exclusiva con El Cruce, Pérez Andrade recuerda aquellos días, cuando tuvo que transmitir desde un sauna, en el continente, trasladarse de un punto a otro de las islas en helicóptero y trabajar en medio de los bombardeos británicos. -¿Cómo y cuándo se enteró que iba a ser corresponsal en la guerra de Malvinas? -Fue el 23 de abril de 1982, en Río Gallegos, un día que hacía un frío despiadado. Yo había viajado a la capital de Santa Cruz el 5 de ese mes, porque en Télam central me mandaron a reforzar la corresponsalía de la agencia. Teníamos un corresponsal que, como la mayoría de nuestros hombres en el interior, tenía dos trabajos. Y Omar Ubierna, que de él se trata, era el gerente del hotel Santa Cruz, el más importante de la ciudad. La recuperación de las islas, el 2 de abril,

había provocado que las ciudades patagónicas cobraran una importancia inusitada. Ubierna se desbordó de laburo y dejó en banda la corresponsalía. Para la agencia, Río Gallegos era un lugar clave, ya que Ubierna tenía a su cargo un transceptor de banda lateral única (BLU), que es un aparato de radioaficionado. La importancia de ese chisme estaba dada porque los primeros hombres de Télam en llegar a las islas llevaron un aparato similar pero de muy baja potencia, así que no llegaban a comunicarse con Buenos Aires. Debían transmitir a Río Gallegos y de ahí se retransmitía a Télam central y al revés. Ubierna, que era algo paranoico con la posibilidad de que espías chilenos captaran el tráfico de radio, había instalado el aparato dentro del

sauna del hotel, así que yo podía estar a la escucha sólo cuando no había en su interior ningún pasajero ansioso de quitarse la borrachera con el calor húmedo. -¿Cómo se vivían esos momentos en el sur? -Toda la Patagonia era un hervidero de versiones sobre el peligro chileno, ya que muchos pensaban que si íbamos a la guerra con Gran Bretaña nuestros vecinos se aliarían con Londres contra la Argentina. Y eran algo más que rumores. De hecho, y esto es poco conocido, las mejores tropas argentinas estaban desplegadas sobre la cordillera en prevención de un ataque de los vecinos. Oficiales de comandos, grandes unidades de batalla con artillería pesada, tropas de montaña con experiencia


en la Antártida, más de cuatro regimientos de caballería blindada estaban diseminados en el este de Chubut y de Santa Cruz. Fue por ese grosero error de planeamiento estratégico que las tropas que fueron a las islas, en cambio, no eran las mejores. -¿Cuál fue el primer contacto suyo con las islas? -Estaba yo en el sauna del hotel Santa Cruz cuando por la radio, desde Buenos Aires, me ordenaron que les pidiera a los malvineros de Télam que les hicieran reportajes a los kelpers, en los que éstos hablaran bien de la ocupación argentina. Un delirio. Los malvinenses lo que querían eran arrojarnos al mar, como mínimo. Carlos García Malod, que era el cronista que estaba a cargo de la corresponsalía de Puerto Argentino, se rió y recordó a la madre de cada uno de los militares que manejaban Télam. En mi respuesta fue que las notas estaban en marcha, que ya llegarían. Pasaron los días y nada. Las expresiones de fastidio del coronel De Piano, presidente de Télam, me llegaban a diario. Hasta que un día me habló De Piano en persona, quien amenazó con echar a los periodistas de Puerto Argentino. Y a mí también, ya que estábamos. Ahí dejé de solidarizarme con estos últimos y les saqué la careta. Mi instinto de supervivencia fue más fuerte y le confesé al coronel la verdad. Ninguno de los hombres de Télam en las islas hablaba inglés, así que mal podían reportear a los kelpers, que hablan un dialecto del bajo escocés que resulta muy difícil entender. “Pero hijos de puta, ellos dijeron que sí sabían inglés”, me contestó. “¿Y ahora cómo hago para encontrar a un periodista que sepa inglés y que pueda saltar a las islas mañana mismo?”, se preguntó. “Ha dado usted con la persona adecuada”, retruqué, y le conté que había estudiado inglés norteamericano. “Mañana mismo le mando por fax la autorización del Estado Mayor Conjunto para viajar a las islas y se me va volando para Comodoro Rivadavia. Ah, y cuando llegué a Puerto Argentino se hace cargo de la corresponsalía y me lo manda de regreso

a García Malod, que ha sido destituido”. -¿Cómo hizo para llegar a las islas? -Terminada mi conversación radial con el coronel De Piano saqué el pasaje aéreo para Comodoro Rivadavia para la mañana siguiente, sábado 24 de abril. Una vez allí, y gracias a los contactos de Ubierna, conseguí alojarme en el hotel Comodoro, que estaba atestado de periodistas que esperaban y desesperaban por saltar a las islas. Eran todos argentinos, ya que a los extranjeros se los había confinado en la Capital Federal. Me reencontré con viejos conocidos, que en rigor no eran amigos míos sino de mi padre, Julio Pérez Andrade, ya fallecido, quien estaba acreditado por Télam ante el Comando de la Fuerza Aérea, en el edificio Cóndor. La Junta Militar había establecido que en las islas Malvinas sólo podían residir los periodistas de medios del Estado, esto es, ATC y

Télam. Y no había excepciones. Los colegas me acercaban papelitos con pedidos de souvenirs de las islas, moneda británica y banderines. Pero en el aeropuerto, el comodoro Crespo, que era el jefe, me dijo: “¡No voy a autorizar el viaje de ningún civil más a Malvinas, y mucho menos si es periodista!“. Balbuceé algo sobre que la autorización del Estado Mayor Conjunto, pero él desde lejos me dijo que “ese papelito me lo paso bien por las bolas”. Abochornado, arrastré mis valijas hasta el hotel. La farsa de la despedida y los buenos deseos de mis colegas volvió a repetirse la mañana del 25 de abril, que además era el día en que cumplí 29 años. Fui al aeropuerto a esperar un milagro, y lo conseguí. Mientras leía los diarios en un café vi pasar un rostro familiar enfundado en el uniforme de combate de un piloto de la


Fuerza Aérea, que llevaba el casco en una de sus manos. Me miró extrañado y me reconoció. “Perecito, ¿qué hacés vos por acá?”. Era el vicecomodoro Angel Toribio, que en épocas de paz era el jefe de Prensa de la Aeronáutica, y que era amigote de mi viejo. Rápidamente le relaté mis desventuras y le mostré la autorización del EMC. “Quedáte por acá que en media hora paso a buscarte y nos vamos”, me dijo como si fuera lo más natural del mundo. Y así fue como pude viajar a las islas. -¿Tenía preparación para cubrir una guerra? -No tenía preparación alguna para ir a la guerra. Me enviaron de forma accidental al saberse que los primeros corresponsales en Malvinas no sabían inglés. Yo no había hecho el curso de corresponsales de guerra. Y menos mal, ya que en operaciones, los corresponsales de guerra tienen estado militar, grado y obligación de ves-

tir uniforme. Y están sujetos a los códigos militares de obediencia al superior. O sea que sólo pueden hacer los que se les manda o autoriza. Ninguno de nosotros era corresponsal, lo que lógicamente enfurecía a las autoridades castrenses de las islas. Nos ordenaban cosas y nosotros no les dábamos bola. Antes de ir a Malvinas yo era cronista de información general en el turno de la madrugada en Télam, de 22 a 6, por lo que habitualmente cubría accidentes, policiales e incendios. El hecho de ser civiles en las islas nos permitió movernos con soltura por todo el territorio insular. Para esos desplazamientos nos vino de perillas el bombardeo de la flota inglesa del 10 de abril. Una granada naval de 300 libras voló el galpón donde se alojaban los helicopteristas del Ejército, distante unas tres cuadras de nuestra casa. Los pilotos empezaron a buscar dónde alojarse entre el vecindario, y a nuestra puerta golpeó Eduardo Anaya, un teniente que pilotaba un Huey, de los que se usaron en Vietnam y que se pueden ver en acción en el filme Apocalipse Now. Anaya se quedó a vivir con nosotros y nos llevaba colados en la mayoría de sus misiones, era como tener un vehículo propio. Y cuando no íbamos a bordo nos comunicábamos a través de la radio y él nos relataba sus movimientos. Era información de primera mano, claro. Nunca me cayeron bien los corresponsales de guerra –mi viejo era uno de ellos- en particular porque ninguno estuvo en una guerra de verdad en su vida. Y encima, cuando volvimos al continente tras la rendición, hicimos una gestión ante el Círculo de Corresponsales de Guerra, para que, ya que habíamos estado en la única guerra del siglo XX, nos diplomaran honoris causa. No nos dieron bola. -¿A qué cosas se tiene que acostumbrar un periodista que trabaja cubriendo un enfrentamiento bélico? -Lo primero con que te encontrás en una guerra es con la censura de prensa por parte de los militares. Sobre todo en una guerra donde tu país está en uno de los dos bandos. No se puede nombrar a las unidades de combate intervinientes, ni,

por supuesto, a los oficiales que están a cargo. Tampoco es permitido dar la ubicación geográfica de las tropas, ni su número de integrantes. El gobierno militar argentino nos advirtió que no podíamos hablar de bajas propias, y que estaba estrictamente prohibido describir acciones donde la Argentina llevara la peor parte. Y en rigor, no podíamos contar casi nada, ya que la guerra la empezamos a perder desde el primer día de hostilidades, el 1° de mayo. Y esto no era patrimonio argentino solamente. Escuchábamos diariamente el noticiero de la BBC, y se mandaban unos bolazos impresionantes. Un día dijeron que Puerto Argentino estaba sitiada no por los británicos sino por el hambre, y que era frecuente que soldados argentinos murieran por desnutrición y sus cadáveres aparecieran en las calles de la ciudad. Para ahorrar esfuerzos, los muertos eran arrojados al mar. En una palabra, la primera víctima de toda guerra es la verdad. -¿Cómo funcionaba el tratamiento de fuentes en la cobertura? -Nuestras fuentes eran los oficiales de Estado Mayor de la mayoría de los Regimientos desplegados en las islas Soledad y Gran Malvina, a las que llegábamos frecuentemente en helicóptero. Todos ellos, como también los soldados, estaban deseosos de contar sus vivencias y necesidades. Aunque no sabían que sus relatos jamás saldrían publicados. En Télam nos habían advertido que en Malvinas ningún soldado pasaba hambre, ningún cuadro estaba sucio y desaliñado ni con la moral baja por no poder bañarse en dos meses ni tener uniforme de recambio. Es decir, nada, la verdad nunca salió al servicio a través de los despachos de la agencia. Hablábamos casi a diario con el gobernador militar, general Mario Benjamín Menéndez, pero sus declaraciones tampoco salían al servicio porque se daban de patadas con lo que decía Galtieri. Salvo los kelpers, que no nos hablaban, todas las tropas argentinas eran nuestras fuentes. Pero en Malvinas se cumplió el viejo axioma periodístico: La mejor nota es la que nunca se publica.


LA CULTURA DE LA POSTGUERRA

No bombardeen Buenos Aires Por Elizabeth Sadanouski

El rock y el folklore fueron los primeros en tomar la bandera de la cultura nacional, ante el resquicio que abrieron los límites a la música en inglés. La literatura y el cine abordaron sobre todo el drama de los chicos que sufrieron la guerra. Historiadores y ensayistas delinearon narraciones, análisis e interpretaciones

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del conflicto que fue otra tragedia argentina.

El enfrentamiento bélico primero y la postguerra después, abrieron un capítulo en la cultura nacional que aún no se cerró. Primero fue el renacimiento de la música con letras en español; luego el fin de la censura y las críticas a la dictadura. Más tarde la literatura y el cine abordaron el tema, con el foco puesto en el drama de los soldados que fueron a combatir y su valor frente a la adversidad. Y finalmente las investigaciones periodísticas y los ensayos trazaron análisis y explicaciones para la aventura militar que terminó en derrota. Trabajos que buscaron digerir decisiones políticas, adhesiones y rechazos, complejos y frustraciones. Tras la única guerra del siglo XX que la Argentina libró con una potencia militar,

los ciudadanos tuvieron así algunas herramientas para encontrar respuestas y plantear nuevos interrogantes acerca de lo sucedido. Así fue creciendo un entramado social con grietas que, hasta nuestros días, aún brega por la construcción de nuestra memoria colectiva.

La guerra y el cine Desde el cine nacional, la búsqueda de respuestas a la crueldad del conflicto bélico desencadenado en plena dictadura militar contra Gran Bretaña fue emergiendo lentamente. Las inquietudes de los cineastas argentinos por Malvinas, con el advenimiento de la democracia, fueron representadas por medio de documenta-

les y películas de ficción. Ya en 1984, dos años después de la guerra, Bebe Kamin llevaba a la pantalla grande Los chicos de la Guerra, recordada hasta nuestros días por ser la primera película en relatar el drama del conflicto militar. Según su director, más de 750 mil espectadores fueron a ver el film realizado sobre la novela homónima del escritor Daniel Kon. Muchos años más tarde, se rodarían otras películas de ficción como: El visitante (Javier Olivera, 1999); Fuckland (José Luis Marques, 2000); Vamos ganando (Ramiro Longo, 2001), Iluminados por el Fuego (Tristan Bauer, 2005); 1982, Estuvimos ahí (César Turturro y Fernando Acuña, 2006); Los últimos (Miguel Mirra, 2007), Cartas a Malvinas (Rodrigo Fernández, 2009), y también podrían nombrarse otras producciones como Un cuento chino (Sebastián Boresztein, 2011) que relata someramente lo acontecido en Malvinas, a través de su personaje principal, un ex combatiente. Todas producciones cinematográficas que trataron de narrar desde distintos puntos de vista la tragedia de una guerra decidida por un gobierno ilegítimo, que no tuvo reparos en llevar a miles de jóvenes aventura despiadada. Muchas de ellas resultaron premiadas pero la más destacada fue Iluminados por el fuego con la actuación de Gastón Pauls


como protagonista, que obtuvo el Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana. Cuantitativamente, es aún mayor el número de documentales que se realizaron sobre Malvinas. En 1984 salió al ruedo Malvinas, historia de traiciones (Jorge Denti, 1984), que relata los motivos políticos, económicos y sociales que llevaron a la Argentina a la guerra. Años después se lanzaron Hundan al Belgrano (Federico Urioste, 1996); Malvinas, historia de dos islas (Diego Alhadeff, 1999), El refugio del olvido (mediometraje, Diego Alhadeff, 2002); Operación Algeciras, (Jesús Mora, 2003); Malvinas, lo que quedó de la guerra (Hernán Caballero, Ignacio Cossar, Alexis Menna y Emiliano Stur, 2004); No tan nuestras, (Ramiro Longo, 2005), Locos de la Bandera, (Julio Cardoso, 2005), contestimonios de los familiares de los caídos; y Malvinas, la lucha continúa, (Fernando Cola, 2007). Ramiro Longo, un director de cine joven, realizador de la ficción Vamos ganando (2001) y del documental No tan nuestras (2005), explica a El Cruce que el germen de sus producciones nació a partir de su “ignorancia sobre el tema”. “Malvinas fue algo tremendo para nuestra historia y yo sentía que le había sido indiferente”, reflexiona al recordar su adolescencia, en

los años 90. “Años de quiebre social, y desapego de la imagen Nación”, resume. Fue así como ese interés supremo por revisar la historia lo llevó a realizar infinidad de investigaciones, leer libros, mirar películas, y entrevistar a los testigos de la guerra. En ese recorrido, conoció a Sergio Delgado, un ex combatiente que él describe como poseedor de una “sensibilidad inusitada, y compañero clave”, que luego se transformó en la pieza vital de sus dos producciones cinematográficas sobre lo acontecido en 1982. Longo, al hablar de la función del cine en temas que conciernen a lo histórico, político y social, es taxativo: considera que “es una función orgánica de las artes observar y dialogar con nuestro pasado reciente desde todos los géneros y puntos de vista posibles”. Con varios premios ganados en Argentina y en el exterior, Vamos Ganando y No tan nuestras cumplieron con su deseo, “establecer el tema y tomar contacto con el espectador”. “Cuando estaba en los festivales, reinaba en mi la ansiedad de contarle a todo el mundo la historia de Sergio, quién era, quería presentarlo a mis amigos, y soñaba con mostrar el documental en los colegios”, recuerda. A diferencia de lo que dijo alguna vez Bebe Kamin sobre el déficit de producciones cinematográficas que aborden la te-

mática de Malvinas, Longo considera que en los últimos años hubo una camada de nuevas obras sobre el conflicto. Pero asume que, en relación al material existente sobre las muchísimas aristas del proceso, “pueden ser inferior en cantidad”. De todos modos, ante esta realidad, el cineasta tiene una mirada optimista. “En definitiva, tampoco hay fecha de vencimiento para que nazcan nuevas opiniones, nuevos cruces que atraviesen al tema con nuevas miradas”, concluye.

Reescribir la historia Los escritos perduran en el tiempo y construyen memoria. En ese sentido, la literatura argentina abordó Malvinas a través de informes periodísticos diversos, novelas de ficción y documentos que reabrieron el debate. Con ese fin, cientos de libros fueron escritos por historiadores, escritores, músicos, y hasta por los propios ex combatientes. Un libro de mucha repercusión fue Malvinas: la trama secreta, publicado un año después de finalizada la guerra por Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo Van der Kooy. A su vez, la primera novela sobre la guerra fue Los Pichiciegos, de Rodolfo Fogwill (Sudamericana –Planeta, 1983) de gran resonancia y con varias

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Película: Iluminados por el fuego


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reediciones recientes. Otros libros que representan historias vinculadas con la temática de la guerra son: Así lucharon, de Carlos Túrolo (Sudamericana, 1985); A sus plantas rendido un león ,de Osvaldo Soriano (Seix Barral, 2008); Las Islas, de Carlos Gamerro (Norma, 2007), y Partes de guerra, de Graciela Speranza y Fernando Cittadini (Edhasa, 2005). Federico Guillermo Lorenz, historiador y escritor de diversos libros sobre Malvinas afirma que al momento de escribir su primer libro Las guerras por Malvinas (Edhesa, 2006) se dio cuenta de que “había un hueco muy importante en la producción historiográfica” sobre las islas. “Se daba la paradoja de que existía una gran cantidad de libros testimoniales, de ensayo e investigación sobre la guerra de 1982, para los que no encontraba -y no se encuentra aún hoy- un correspondiente interés académico, como por ejemplo sí sucedía con otros temas de la historia reciente, como la represión ilegal, o la lucha armada”. Este panorama, lo condujo a reabrir una discusión que para él había quedado cerrada a finales de la década del ´90. “En ese cierre confluyeron militares y civiles democráticos en el lugar común de la ´guerra sagrada´ contra el imperialismo, y por la patria”, explica con vehemencia. Una situación que no sucedía en los ´80, cuando, según Lorenz, se discutía si en nombre de la Patria se podía hacer cualquier cosa. La publicación de Las guerras por Malvinas lo llevó a interesarse cada vez más, y a investigar intensamente con el objetivo de incorporar mayor cantidad de información, lo cual motivó a una segunda reedición con más datos que aportaron muchos de sus lectores. “Mientras más te metés en la historia, hay que prestar más atención a los matices, a los grises, que en general no nos gustan porque dificultan tomar posiciones duras”, asegura. En ese tren de intentar mostrar las distintas huellas de Malvinas, publicó en 2007, junto a María Laura Guembe, Vueltas de Malvinas, un libro de fotos extraordinarias, muchas inéditas, que se obtuvieron por parte de los ex combatientes, familiares y hasta ofi-

ciales del Ejército. Al año siguiente logró viajar a las islas y publicó Fantasmas de Malvinas (Eterna Cadencia, 2008). Un libro de viajes, donde a través de la crónica, se vinculó con otra forma de abrir la discusión. “Tomar la guerra de Malvinas como objeto es elegir una forma de intervención”, asume Lorenz quien continúa escudriñando desde todas las aristas posibles el conflicto bélico de 1982. En 2009 editó Malvinas. Una guerra argentina (Sudamericana), una historia de la guerra más clásica,

Una oportunidad a la paz Con el comienzo de la democracia, muchos de los artistas exiliados volvieron al país, las letras censuradas comenzaron a escucharse, y los músicos salieron de la resistencia. Pero 1982 es un año clave para el renacimiento del rock en la Argentina. El conflicto bélico derivó en la prohibición de difundir música en inglés, y en las radios sólo se podía escuchar a los artistas que cantaban en español. En ese contexto, empezaron a surgir muchos músicos que comenzaron a ser escuchados, y reconocidos por sus letras de protesta, mientras otros se perfilaban por lo lírico. León Greco, con “Sólo le pido a Dios”; Charly García, con “No bombardeen Buenos Aires”, Raúl Porchetto, con “Algo de Paz” y Reina madre”, y “La Isla de la buena memoria”, de Alejandro Lerner, fueron las primeras en salir a la luz. También el tango tuvo su exponente en “Son y Serán Argentinas” de Osvaldo Pugliese. Y se escuchó la olvidada “Vuelta de Obligado”, interpretada por Alberto Merlo. Ya en aquellos tiempos, los recitales se consolidaban como formas de manifestación social para expresarse contra lo que hace un tiempo estaba y permanecía aún en el terreno de lo prohibido. El músico Miguel Cantilo, testigo legendario los primeros años del rock nacional recuerda de 1982 “mucha repercusión, mucho público, salas llenas, gente eufórica cantando ´se va a acabar la dictadura militar´. Una gran revancha”. Para Cantilo, autor del último libro Qué circo- Memoria y presente de medio siglo

de rock argentino (Editorial Galerna), el rock fue y es un “testigo permanente” de la historia argentina. “Escuchando canciones de rock podemos decodificar nuestra historia de fines de los sesenta para acá mucho más que lo que pudo hacerse con otros géneros anteriormente. Los soldados de Malvinas escuchaban nuestro rock y en muchos casos, según me contaron, esas canciones eran las que les levantaban la moral”, reflexiona.


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Un tema de su autoría, “La Marcha de la Bronca”, escrito en 1969, tuvo gran resonancia en los meses de la guerra. Cantilo sostiene que la canción tuvo tan diversas lecturas en la sociedad que “es imposible sintetizar”. “Por un lado los militantes que creían en la violencia se sentían arengados, aunque les molestaba el final sin fusiles y sin bombas; por otro lado, los pacifistas se sentían identificados con los dos dedos en ve, signo que John Lennon

había adoptado para reforzar su concepto de darle una oportunidad a la paz. Hasta los chiquitos se identificaban con ella como una canción infantil. Es una canción imprevisible y lo sigue siendo”. Como si fuera ayer nomás, recuerda que en los ´80, el día en que volvió a presentarse junto a Jorge Durietz (su compañero en el dúo Pedro y Pablo), en un recital en Obras, fue justo cuando levantaron la interdicción de los partidos políticos, aunque “la censura no había desaparecido del

todo, pero se avanzaba con convicción en las libertades y derechos”, explica. De aquel día muchas son los recuerdos que jamás se borrarán de la mente del músico. “Sentí una intensa fuerza colectiva que coincidía en una idea, y esto pasó pocas veces desde que estoy en el planeta”. En suma, a 30 años del conflicto, la causa Malvinas es una herida que no termina de cicatrizar y, en ese camino, la cultura argentina no ha concluido su tarea. Aún ha de hallar respuestas.

Opinión

Un ejército popular Por Víctor Heredia

La letra de “Aquellos soldaditos de plomo” (1983) la escribí a causa del desencanto por la pérdida de nuestros símbolos nacionales, degradados por los hechos aberrantes cometidos por las Fuerzas Armadas durante la dictadura y el intento de sostener y afianzar el gobierno de facto con la excusa insostenible de una guerra por Malvinas. En ambos casos la sangre y las lágrimas fueron del pueblo. La sociedad necesitaba hacer un análisis sincero sobre sí misma, sobre todo en su forma de leer nuestras realidades políticas y sociales. Porque la ceguera manifestada años después por distintos sectores de la ciudadanía, respecto a la locura militarista de Malvinas y su “desconocimiento” de los crímenes que se cometieron entre 1976 y 1983, expresa, como mínimo, mala información pero también abulia y desinterés por el destino del otro, del compatriota. Creo que los partidos políticos de la democracia debieran haber ayudado más enfáticamente al esclarecimiento de estas cuestiones. Intuyo que el peligro de nuevas asonadas militares y el silencio de medios de comunicación masivos, afines a los intereses de esos sectores ultra conservadores, hizo muy difícil esa tarea. Por eso la actual ley de medios es tan importante para el presente y futuro de Argentina. La recepción de la canción por parte del público fue tremenda, y emocionante. Aún hoy cuando canto ese tema la gente se conmueve hasta las lágrimas. No era sencillo en el ´83 soñar un ejército popular, acompañando a su pueblo en el camino de la democracia. El desprestigio era muy serio y nadie podía pensar en esa posibilidad, mucho menos en un futuro sin roces. El gobierno de Raúl Alfonsín tuvo que soportar fuertes presiones militares y civiles, y la democracia tembló. Por eso “Aquellos soldaditos de plomo” es para mí una de mis mejores canciones, porque cuenta un momento esencial de la vida de los argentinos y la utopía que planteaba parece comenzar a cumplirse en estos últimos años. El rol de los artistas ante los sucesos de la historia es pintar la realidad, comentar el entorno. Los que opinan que el arte no debe rozar lo político y lo social, se olvidan cuánto esfuerzo se debe realizar para ello. Nadie puede darse el lujo de escribir dentro de una caja de cristal. El artista es parte de la sociedad, incluso aquellos que pretenden ignorar su tiempo. Allá ellos. Ser parte de la historia es inevitable, evadirse es perder una buena parte de nuestra humanidad.


LA SELECCION ARGENTINA EN ESPAÑA `82

... y mientras, se jugaba un Mundial Por Matías Quercia

En pleno conflicto bélico, la Selección de Menotti se preparaba para disputar la Copa del Mundo de España. Osvaldo Ardiles, que para colmo jugaba en la Liga de Inglaterra, acababa de perder a su primo José Leonidas en combate en el Atlántico Sur. Los protagonistas cuentan sus sensaciones de dolor e

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incertidumbre a la distancia.

2 de julio de 1982. Un joven Maradona, en la ciudad española de Barcelona, que tiempo después disfrutaría de sus lujos y se apenaría de sus dolores, era carcomido por la impotencia. La sensación crecía con el correr de los minutos. El fútbol en su máxima potencia estaba enfrente y vestía de amarillo. Con Zico como estandarte, Brasil se erigía como candidato al título y vencía 3-1, sin problemas, al equipo que conducía César Menotti. Argentina quedaba eliminada, y el Diez, su mayor promesa, que no había demostrado todo lo que se esperaba de él en su primer Mundial, se iba del certamen cabizbajo. Una patada descalificadora era la estampa. Una imagen que definía el sentimiento de un equipo que fue a defender el trofeo obtenido cuatro años antes pero que se vio absorbido en forma permanente por cuestiones ajenas a la pelota. 13 de junio de 1982. La expectativa es infinita. En España se abría una nueva Copa del Mundo y en el encuentro inaugural, Argentina debía revalidar condiciones de favorito y campeón vigente. Pero la sorpresa fue mayor cuando al concluir el compromiso, una tenaz Bélgica festejaba el 1-0. La mínima diferencia había bas-


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tado para comprender que aquel torneo que congeniaba a los experimentados del 78’ con los futuros ganadores del 86’, no iba a ser un paseo triunfal. El problema era que la cabeza de cada jugador estaba del otro lado del océano, donde los militares argentinos firmarían un día después la rendición. Así lo escribe Eduardo Galeano en su libro “El Fútbol a sol y sombra”: “En la primera jornada, el equipo argentino, campeón mundial, cayó derrotado en Barcelona. Pocas horas después, muy lejos de allí, en las Islas Malvinas, los militares argentinos fueron vencidos en su guerra contra Inglaterra. Los atroces generales, que en varios años de dictadura habían ganado la guerra contra sus propios compatriotas, se rindieron mansamente ante los militares ingleses. La televisión transmitió la imagen: el oficial de Marina Alfredo Astiz, violador de todos los derechos humanos, inclinaba la cabeza y firmaba el documento de la humillación”. Dos postales unificadas. Para los memoriosos, aquellos que se dedican a dividir el tiempo de acuerdo a determinadas circunstancias, es una imagen verificada. En la crueldad de las fechas, la mente divaga

entre combates armados o crisis sociales. En la inocencia del calendario, la cabeza deambula entre competencias con la pelota en los pies. Así funcionan y se distancian los recuerdos de los chicos y los adultos. O incluso una misma persona en el transcurso de su vida. Hoy la ironía del lenguaje los amalgama para considerar a ambas vertientes, bien distintas, muy diferentes, como una misma idea. Y entonces al entrar a la cancha un equipo “va a la guerra”… Y al salir al campo de juego hay que “matar o morir”. Y si se gana es un héroe. Y si se pierde es un mártir. Y si desciende es la muerte… Por lo pronto, 1982, literal, dejó las metáforas de lado y redujo en un mismo año a dos acontecimientos que quedaron patentados en el inconsciente colectivo de los argentinos. En continuado, dos factores que transcriben la historia reciente del país.

Sensaciones encontradas “Fue un momento difícil de explicar pero sin lugar a dudas imposible de olvidar. A ese Mundial, que en los papeles íbamos como uno de los máximos candidatos a

revalidar el título conseguido en casa, se lo llenó de presiones que estaban totalmente alejadas de lo estrictamente deportivo.” Así comienza su relato Ubaldo Matildo Fillol. Arquero del combinado albiceleste, el “Pato” expresó sus sensaciones en torno a un certamen que vislumbraba un trajín mucho más enigmático que la certeza del juego. “Nuestro rol estaba en entrar a la cancha y jugar, hacer lo mejor posible para que la Selección consiguiera triunfos y avanzara en el campeonato. Sin embargo, la realidad nos marcaba otra cosa. Se vivían momentos muy delicados acá y nosotros estábamos en Europa tratando de ganar partidos. Si se lo piensa detenidamente es algo que genera amargura porque por un lado se buscaba dar una alegría a nuestra manera y a su vez se podría considerar una irresponsabilidad de nuestra parte jugar en ese contexto”. Allí está el puntal de la discusión para comprender qué surcaba por la mente de los futbolistas en el instante que debían hacer uso de su profesión inmiscuidos en un rol que iba más allá del deporte. Su compañero de pieza por esos días era un colega en el puesto, Nery Pumpido.


Arquero titular cuatro años después cuando dio la vuelta olímpica en el Azteca, en las jornadas españolas era el tercero en la lista. Sin embargo, pese a no salir a la cancha, entendía a la perfección lo que sucedía en el seno del plantel. “Yo siempre digo que hay que jugar hasta las últimas consecuencias, que el futbolista debe dejar todo en el campo de juego, ir a cada pelota a muerte, y de repente la realidad te demuestra que es simplemente un deporte y existen cuestiones mucho más crudas que dejan en un plano totalmente secundario al fútbol y a cómo se habla de él”, comentó el actual DT de Godoy Cruz de Mendoza. Y continuó: “En esos momentos era muy difícil mantener una unión en el grupo, permanecer concentrados. Era necesaria una fuerte dosis de hombría para poder estar en aquel lugar”.

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En carne propia Quien lo vivió mucho más de cerca que cualquier otro fue Osvaldo Ardiles. Estrella del Tottenham inglés previo al conflicto bélico, estaba entre las opciones para ser nombrado el mejor jugador de la liga en aquella temporada. Pero la irrupción de las armas modificó considerablemente el panorama del ex mediocampista, pues también formó parte de aquel plantel que condujo Menotti en tierras españolas. Por si acaso esos condimentos no fueran suficientes para explayar el morbo, su primo, José Leónidas Ardiles, primer teniente, murió el 1º de mayo en medio de la crisis en las Islas. Contundente, Ardiles sentenció: “Mi mundo entero colapsó”. Los registros oficiales de la Fuerza Aérea Argentina sostienen que el avión Dagger C-433 que conducía José, de tan sólo 27 años, fue derribado por el Sea Harrier inglés piloteado por Bertie Penfold. Según consigna el periodista Ezequiel Fernández Moores, el padre de José, tío de Osvaldo Ardiles, pasó largo tiempo buscando precisiones sobre lo sucedido. Es que creyó que su hijo podría estar vivo. Hasta que un piloto británico, autorizado por su Ministerio de Defensa, le notificó que eso era imposible. Le contó que él mismo hizo ex-

plotar el Dagger en el Atlántico Sur. Con ese panorama fue como Ardiles “jugó” al fútbol en el Mundial que arrancaría pocos días después. Con aquella atmósfera disuelta en la mente, presionando, hostigando, complicando cualquier paso. El pequeño microclima que envolvía al futbolista se reprodujo en las sensaciones de los demás, absorbidos por una realidad que era más fuerte que su capacidad de abstracción para evadirse de los problemas. Elegante y simple para dialogar, el ex DT de Racing y Huracán no tuvo obstáculos para rememorar su visión previa a la guerra, pues, paradojas del destino, a Ardiles jugar en tierras inglesas horas después de que el presidente de facto Leopoldo Galtieri determinara su decisión de incentivar la recuperación de las Malvinas. Un día había pasado del “si quieren venir que vengan que le presentaremos batalla” y el 3 de abril de 1982 el Tottenham se medía con Leicester City por la semifinal de la F.A Cup. Los silbidos, abucheos e insultos fueron una constante desde que el argentino tocó la pelota. El “England, England” retumbaba en el estadio de Aston Villa. Su familia tuvo que ser custodiada a cada paso que daba. El clima era hostil pero el fútbol consigue reacciones que ni la política es capaz de entender. Los hinchas de su club, en respuesta, no vacilaron y cada vez que un pase provenía de los pies de Ardiles, lo que se escuchaba con fuerza era el “Argentina, Argentina”. Su significante dentro de la cancha era más importante que cualquier otra circunstancia que se llevase a cabo a kilómetros de distancia. Tottenham ganó 2-0. “Me sentí extraño, muy raro, como si estuviese de buenas a primeras dividido en dos, sin poder responder a lo que me pedía el momento. La verdad es que toda la tranquilidad que tenía en la vida se desmoronó en pocos instantes. Una bomba cayó sobre todo lo que tenía organizado”, destacó. Coherente en medio de la incoherencia, la plataforma futbolística no aplacó el sinsabor de Ardiles, quien se veía obnubilado por una crisis en la que intervenían el país que lo vio nacer

y aquél que le permitió llegar a ser una estrella reconocida del deporte. “Lo que pasaba por mi cabeza era indescriptible. Cuando llegué para preparar junto a la Selección el Mundial de España sentía mucha impotencia. Un mes antes todo estaba en perfectas condiciones, todo marchaba sin problemas, y en de un momento a otro eso se modificó. Los dos países que más amo estaban entrando a una guerra.” Aquellos días los vivió con angustia. Sin embargo, mucho tiempo después puso en consideración un atisbo de luz en esas oscuras jornadas a partir de su actuación en el fútbol inglés en dúo con su compañero de equipo, Ricardo Julio Villa. “Fuimos los primeros en saltar a la cancha en Gran Bretaña y demostramos que podíamos como sudamericanos estar en esa liga. Por eso también se siente una pena muy grande al entender que pese a los esfuerzos por unir sentimientos, la


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guerra iba camino a ser una realidad”, remarcó. Una frase que sirve para ejemplificar la incómoda situación salió de la boca de Keith Burkinshaw, quien fuera el director técnico de Ardiles en el Tottenham, poco

después de aquella semifinal de F.A Cup. “¿Quiénes somos nosotros para decir que estamos en lo correcto y que ellos están equivocados?”. Villa, el otro argentino en cuestión, también lo pone en palabras: “Es muy dificultoso explicar hoy en día lo que ocurrió en ese entonces, pero estando tan arraigado al fútbol inglés, uno no se puede despegar. A cada partido en ese período de guerra, hablaba con los jugadores rivales y eran claros cuando sostenían que éste no era un conflicto entre nosotros, sino entre gobiernos. La frase habitual en la cancha era: que se arreglen ellos”.

Ser o no ser Por lo pronto, el Mundial se jugó, Argentina siguió su marcha con la pelota en los pies y pese a la “cierta irresponsabilidad” que indicó Fillol, los jugadores llegaron a España con la supuesta certeza de que la guerra “se estaba ganando”, según lo explicaban los medios de comunicación. “Uno no tenía muchas más posibilidades para hacer desde este lado en ese momento. El equipo salía a jugar, a hacer lo mejor posible en la cancha y lograr triunfos que le dieran alegría a la gente. Aun así, creo que ese Mundial tuvo muchísima más trascendencia que cualquier otro, más allá de los resultados obtenidos. Era una situación distinta, más compleja, que involucraba a todos, que no dejaba nada librado al azar. Quedamos marcados por el

contexto y el fútbol quedó en otro plano”, señaló el arquero. Pumpido está en sintonía: “Es imposible medir si lo que estábamos haciendo era bueno o malo. Lo puntual es que ese año nos marcó la consciencia. Fue un antes y un después para cada uno de los jugadores que conformamos aquel plantel y seguramente para cada argentino. Es parte de nuestra historia y hay que llevarla consigo con el correr de los años”. La angustia, la desazón, la derrota lejana a los puros términos deportivos se traducía en el aire. Los partidos se sucedían. Argentina, con una gran actuación de Maradona goleaba a Hungría mientras los combatientes ya eran prisioneros; derrotaba sin problemas a Honduras y se clasificaba para la segunda fase. Allí, quedó eliminada a manos de una sólida Italia y un brillante Brasil, quedaba eliminada y el fútbol, que en otro momento sería entendido por fanáticos y detractores como el fiel reflejo del patriotismo, era una causa más para que aquel 1982 provocara un enorme vacío en las sensaciones de los argentinos. 22 de junio de 1986. A la par del día, Diego Maradona corría por el campo de juego en el estadio Azteca y tras superar a varios rivales, su trayectoria, que se inició poco después de la mitad de la cancha, terminaba en lo que sería considerado el mejor gol de la historia de los mundiales. Era el 2-0 definitivo. Poco antes había inmortalizado, rozando con los dedos la ilegalidad, la “Mano de Dios”. Aquella tarde que se derrotó al combinado inglés para alcanzar las semifinales del campeonato, una pequeña gran dosis de revancha se tornaba en las caras de los jugadores de la Selección y se trasladaban a miles de kilómetros al Atlántico Sur. Sin armas ni muerte. Sin sangre ni guerra, el impacto generaba una alegría difícil de traducir. Imposible de comparar, pero mucho menos olvidar.


EL GOBERNADOR HASTA LA USURPACION BRITANICA

La controvertida intervención de Vernet Por Horacio Raúl Campos

Fue comandante político y militar argentino en las Malvinas hasta 1833. Cometió una serie de errores estratégicos que favorecieron

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la decisión británica de invadir las islas.

El 10 de junio de 1829 el Gobierno de Buenos Aires designa por decreto a Luis María Vernet. En ese año gobernaba en forma interina el unitario Martín Rodríguez como fruto del golpe de Estado que había dado junto al general Juan “Espada sin cabeza” Lavalle contra Manuel Dorrego, quien fue fusilado. El mito de la historia le atribuye a Vernet, que había nacido en el norte de Alemania en una familia de origen francés y falleció en San Isidro en 1871, haber sido el primer gobernador de las Islas Malvinas. En realidad, el nombre oficial del cargo era Comandante político y militar. Sin embargo, luego de producida la Revolución de Mayo los españoles que ocupaban las islas las abandonan en 1811 y es posible que a raíz de la Guerra por la Independencia recién se haya resuelto designar a un comisionado en 1820. El cargo recayó en el marino David Jewett, un corsario norteamericano radicado en Buenos Aires. Además de la lógica predisposición polí-

tica a tomar posesión de un territorio que pertenecía y pertenece a la Argentina, la decisión de nombrar comisionados o comandantes militares se debía también a razones geopolíticas y económicas porque en el decreto de designación de Vernet firmado también por el secretario de Gobierno, Salvador María del Carril, (ideólogo del golpe contra Dorrego), dice en el artículo tercero: “El Comandante político y militar hará observar por la población de dichas islas, las leyes de la República y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios”. “Hechos inmediatos emprendidos por Vernet demostraron que su elección no se ajustaba a las necesidades y objetivos propuestos por el Gobierno. No estuvo a la altura de las circunstancias. No era un colonizador, ni un político ni un militar, tampoco comprendió la acción colonialista de norteamericanos e ingleses”, escribe J. R.Lallemant (1983). Destaca ese historiador que el primer

error de Vernet está relacionado con la lengua. Es el primero que a las Islas Malvinas las denomina ‘Falkland’. Luego hará lo que harán muchos gobiernos argentinos. Hace una estimación geológica de las tierras y las divide en categorías y subcategorías para adjudicárselas totalmente a extranjeros: norteamericanos, ingleses, alemanes, escoceses y holandeses. “Entre esas adjudicaciones comete un error mayor: una la otorga a William Langdon, oficial de la marina británica, quien de inmediato dio comunicación al ministerio británico respectivo, ya que se trataba de un agente del servicio activo de inteligencia y capitán del buque Thomas Laurie”, advierte ese mismo historiador.

Grandes ganancias Las andanzas de Vernet continuaron porque en una carta que le manda el 21 de junio de 1829 al cónsul general inglés en Buenos Aires, Woodbine Parish, le propone una sociedad para la explotación de las Malvinas: “Yo creo que si Vd. Entrara en el negocio obtendría grandes ganancias lo mismo que yo. Le ofrezco una parte de mis empresas en las Islas Falkland, que no sea mayor que la mitad ni menor de la cuarta parte”. Un entreguista. Luego le da más muestras de su acrecen-


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Colonia de Puerto Luis, en la Isla Soledad. Historia de la Patagonia, Tierra de Fuego, é Islas Malvinas. Barcelona, 1841.

tada genuflexión para que al británico no le quedasen dudas: “Vd. puede hacer más que nadie por su prosperidad, puesto que no tiene más que puntualizar a su gobierno las ventajas que obtendrían sus barcos de guerra que dan la vuelta al Cabo de Hornos con tocar en las islas en vez de hacerlo en los puertos de Brasil”, escribe Ricardo Caillet-Bois (1952). No es seguro que Vernet no haya comprendido el accionar colonialista de las potencias o que su conducta se haya debido a “errores”, como dice Lallemant. Y en otra carta del 29 de junio de 1831 citada por este escritor le dice Vernet a Langdon: “Le he concedido con placer un sector de tierra a perpetuidad de diez millas cuadradas, una cuarta parte del beneficio derivado de todas las enajenaciones de tierras realizadas después de ese período y una tercera parte del producido de todas las ventas de tierras hechas con anterioridad al 1 de enero de 1833”. ¡Era una forma de insertarnos en el mundo! Vernet no tenía embarcaciones armadas para perseguir a los depredadores y parece ser que ante esa carencia esperaba en el puerto a los infractores. Pero arregla con los infractores para que sigan pescando mientras durase el juicio que le había iniciado a uno de ellos en Buenos Aires y de paso comparte beneficios. Una con-

ducta muy conocida. ¡Cómo no se iban a perder las Malvinas! El gobierno unitario de facto tuvo una gran responsabilidad en haber mandado a una persona de esas características porque sembró la semilla que dio lugar a la usurpación británica de 1833.

David Jewett Jewett había nacido en North Parish, Nueva Inglaterra, el 17 de junio de 1772, escribe el argentino José Antonio da Fonseca Figueira, en David Jewett; una biografía para la historia de las Malvinas (1985). Todos los historiadores coinciden en que este comisionado fue el primero que izó la bandera argentina en las Islas, en noviembre de 1820. Había llegado a Buenos Aires el 22 de junio de 1815 a bordo de un bergantín de su propiedad de 440 toneladas de desplazamiento, 180 hombre y 20 cañones, entre otro armamento del navío. Fue designado comisionado en Malvinas en el contexto del año ’20. Un tiempo llamado por la historiografía oficial en forma deficiente como de la ‘anarquía’. En realidad, es cuando comienzan las guerras entre unitarios y federales, cuando los caudillos del litoral llegan a Buenos Aires, cuando los porteños llaman desesperadamente a Ro-

sas para que ponga “orden” con sus Colorados del Monte y San Martín prepara su misión a Perú. Ese mismo ex marino y escritor escribe que Jewett partió en la nave del Estado “Heroína” hacia fines de marzo de 1820 a Malvinas y en el trayecto hubo motines y enfermos de escorbuto, que llegó a Puerto Soledad el 27 de octubre de ese año y que el 6 de noviembre siguiente hizo un acto con parada militar e izamiento de la bandera argentina en presencia de ciudadanos norteamericanos y británicos, todos balleneros y loberos que estaban allí con sus respectivas embarcaciones. El hecho tuvo repercusión mediática local, en Europa y Estados Unidos. “La corona británica, que recién reconocería nuestra independencia en 1825, y que aún hoy esgrime pretensiones de soberanía sobre ese territorio, sobre el que pesa una ocupación de facto desde el 3 de enero de 1833, no formuló reclamos ante nuestros gobernantes. Tampoco objetó el acto posesorio registrado en Puerto Soledad ni registró reclamaciones a los representantes diplomáticos destacados en Gran Bretaña”, advierte Da Fonseca Figueira. Jewett, en tanto, termina su misión allí en 1821 y extrañamente luego sirve a la marina de Brasil y luego combate contra la Argentina.


LAS GARRAS COLONIALISTAS

Scalabrini Ortiz y la diplomacia del imperio Por Horacio Raúl Campos

En el libro “Política británica en el Río de la Plata”, escrito por Raúl Scalabrini Ortiz en 1936 como parte de los cuadernos de Forja, se detallan con absoluta vigencia las claves de la política exterior inglesa y el daño provocado según sus propósitos

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estratégicos que llevan siglos de práctica. “La diplomacia inglesa es el instrumento ejecutivo que en su relación con el extranjero tiene la necesidad de expansión y la voluntad de dominio del Imperio de la Gran Bretaña. Donde hay un pequeño interés presente o futuro, la diplomacia inglesa tiende sus redes invisibles de conocimiento, sondeo, de preparación o de incautación”, escribe Raúl Scalabrini Ortiz en Política británica en el Río de La Plata. En ese libro, publicado en plena Década Infame, en 1936, como parte de los Cuadernos de Forja, Scalabrini Ortiz dar con las claves de la política exterior inglesa. El mérito del libro es que enseña con quiénes nos enfrentamos cuando se habla del imperio británico, que todavía tiene vigencia. Porque pese a haber perdido predicamento internacional, Gran Bretaña conserva el oficio y las mañas para hacer daño según sus propósitos estratégicos que llevan varios siglos de práctica. Al analizar la metodología de la política exterior británica, Scalabrini escribe que “la diplomacia inglesa no descuida lo pequeño y circunstancial, pero vela ante todo por la grandeza permanente del imperio en que lo británico halla amparo”. “Más influencia y territorios conquistó

Inglaterra con su diplomacia que con sus tropas o sus flotas. Nosotros mismos, argentinos, somos un ejemplo irrefutable y doloroso. Supimos rechazar sus regimientos invasores, pero no supimos resistir a la penetración económica y a su disgregación diplomática”, puntualiza en la primera parte del libro. Esta astucia llevada a cabo durante varios siglos es la que hizo posible, entre otros factores, mantener usurpadas las Islas Malvinas. El relato sobre el tema va de lo general a lo particular. Es decir, del papel internacional de la diplomacia inglesa a la aplicación precisa al caso de la Argentina. Señala que “la historia contemporánea es en gran parte la historia de las acciones originadas por la diplomacia inglesa. Ella está seccionando, instigando rivalidad, suscitando recelos entre iguales, socavando a sus rivales posibles, aunando a los débiles contra los fuertes eventuales, en una palabra, recomponiendo constantemente la estabilidad y la solidez de su supremacía”. Más claro imposible. ¿Habrá estado o está este libro en los programas oficiales con los que estudiaron o estudian los diplomáticos argentinos? No parece. Al seguir desovillando las prácticas con-

cretas de la política exterior de ese país, Scalabrini destaca otra de las premisas fundamentales de los procedimientos que lleva adelante para colonias o semicolonias o hacia cualquier otro país y pone algunos ejemplos de la historia de la Argentina. “La diplomacia inglesa no reconoce amigos ni la cohíben los agradecimientos naturales. Quien se apoye en ella para medrar pagará muy caro el apoyo”, advierte. Entre las hazañas de la diplomacia británica, resalta, se encuentra la de haber destruido a Bernardino Rivadavia, “un prócer que en nuestra tierra facilitó en mucho la tarea diplomática de Inglaterra”. “Cuando Rivadavia vio al final de su presidencia que la compulsión inglesa lo había arrastrado hasta la más terrible impopularidad y se sintió precipitar al vacío irremediablemente –recuerda-, aprovechó las últimas energías para vengarse e instruir al país en los peligros de la diplomacia inglesa”. Scalabrini advierte también que “las normas habituales de caballerosidad no amilanan a la diplomacia inglesa. El arma más terrible que blande para dominar pueblos es el soborno. Así fue como se inició su grandeza y han sido fieles a la tradición”. Otra de sus características más temibles “es la de operar a largo plazo. Asombra conocer los planes ingleses trazados a principio del siglo pasado (por el siglo XIX) y comprobar la meticulosidad con que se han llevado a cabo”. Ante esa aseveración, es posible conjeturar que la necesidad de incursionar por estas tierras los ingleses tal vez lo venía planeando desde finales del XVIII o antes y recién se dio la ocasión de hacerlo en los primeros años del XIX.


Las fotos de esta página pertenecen a la muestra “Télam en Malvinas”, organizada por la agencia de noticias estatal, la Comisión de Familiares de los Caídos en Malvinas y el Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús, en homenaje a los reporteros gráficos, cronistas y técnicos que trabajaron en las islas durante la guerra.

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Télam en Malvinas


EL DEBATE SOBRE EL MODELO FERROVIARIO

Señales para un cambio de vía Por Soledad Arréguez Manozzo

Después de la tragedia de Once, los expertos coinciden en la necesidad de que los ferrocarriles vuelvan a ser gestionados por el Estado a corto o mediano plazo. Reconocen que en los últimos años se revirtió la tendencia a la desinversión, pero sostienen que eso no fue suficiente: los privados manejaron en

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forma arbitraria cualquier forma de subsidio.


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La tragedia ferroviaria en la Estación Once marcó un punto de inflexión. El saldo de 51 pasajeros muertos y centenares de heridos en la ex Línea Sarmiento reabrió el debate sobre la necesidad de repensar el actual sistema ferroviario: qué hacer con ese servicio aquejado por demoras y hacinamiento de pasajeros, producto de la falta de inversión por parte de las empresas concesionarias y controles ineficientes del Estado. Frente a este cuadro de situación, especialistas en la materia consultados por El Cruce consideran que, tarde o temprano, la red debería volver a la esfera del Estado, con una perspectiva integral que atienda las necesidades de cada región. “Todo el sistema de concesiones basado exclusivamente en la ganancia del mercado llegó a su tope y el Estado debe pensar en otro sistema de transporte mucho más integrado”, asegura Jaime Sorín, ex decano de la Facultad de Arquitectura de la UBA e integrante de Carta Abierta. La discusión gira en torno a las posibilidades que puede otorgar un modelo disminuido en su capacidad a partir de las políticas que estimularon el desarrollo de la industria automotriz y el transporte automotor. En su esplendor, en la década del sesenta, la red ferroviaria alcanzó los 42 mil ki-

lómetros de vías, que se podían recorrer a 60 kilómetros por hora con corredores que permitían llegar a los 120. Sobre esos rieles que se extendían por todo el país se movía el 14 por ciento del total de la carga nacional. “El presupuesto de Ferrocarriles Argentinos era de 300 millones de dólares anuales y generaba 600 millones de dólares de beneficio público. Después de las privatizaciones, de 120 mil agentes quedaron 14 mil, sobrevivieron alrededor de 7 mil kilómetros de vías y gran parte de ese recorrido se puede hacer apenas a 20 kilómetros por hora, porque se abandonó y se deterioró”, apunta Norberto Rosendo, de la ONG Salvemos al Tren. A pocos días de la tragedia de Once, advierte que una de las principales deficiencias del sistema es la falta de mantenimiento: “Hay muchas reparaciones mal hechas, por lo que la probabilidad de que ocurra otro accidente es muy alta.” La lógica del proceso de privatización en los ‘90 se basó en el desmantelamiento del sistema ferroviario: se suprimió gran cantidad de servicios, cientos de pueblos quedaron aislados y se deterioró el servicio público. “Hubo consecuencias nefastas para el país: se cerraron 37 talleres, quedaron más de 85 mil trabajadores en la calle y se cerraron los trenes de pasaje-

ros del interior. Quedaron 1200 pueblos fantasma, 236 de ellos, en la provincia de Buenos Aires”, enumera Juan Carlos Cena, ex secretario general de la Asociación del Personal Técnico de Ferrocarriles de la Capital Federal. En este contexto, la discusión gira en torno de las posibilidades de recuperar la red para brindar un servicio de calidad. ¿Es posible? El ferrocarril debería volver a manos del Estado, en el corto o mediano plazo. Esa es la conclusión a la que llegaron los especialistas consultados por El Cruce, al enfatizar el gran beneficio público que arroja este medio de transporte. “Se necesita una decisión política fuerte para determinar que el ferrocarril no es un objeto comercial, de ganancia económica, sino una herramienta estratégica para el desarrollo de una Nación”, reflexiona Elido Veschi, ex titular de la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos (APDFA), uno de los gremios que resistió las privatizaciones. Roberto Badell, especialista en transporte urbano de la Fundación Instituto Argentino del Ferrocarril, coincide en que la recuperación del servicio depende de una fuerte voluntad política. “Lo más importante es el servicio que presta a la comunidad y el beneficio que produce a ella. Desde la economía social, el ferrocarril es lo más conveniente, pero no lo para la economía de empresa privada”, asegura. Y agrega que es uno de los sistemas más relegados en las últimas décadas. Antes era una red integrada, pero ahora se encuentra desintegrada, cediendo protagonismo al transporte automotor. Es que con la llegada de las ideas desarrollistas –durante el gobierno de Arturo Frondizi- se puso en marcha el Plan Larkin, un programa de racionalización ferroviaria. Así se fomentaron las inversiones de empresas multinacionales fabricantes de camiones y automotores y el consiguiente achicamiento del ferrocarril. La reactivación de la red necesitaría de grandes inversiones para revertir el abandono en que cayó el sistema a partir de esos años. “Si el Estado decide ser operador, antes tendrá que hacer un inven-


tario importante para ver cuál es la responsabilidad de aquellos que estuvieron a cargo, en qué condiciones devuelven lo que entregó el Estado”, advierte Sorín. Por esa razón, para Badell, poner el ferrocarril en condiciones “llevará tiempo y dinero, ya que las empresas privadas dejaron que se deteriore todo”. “Afrontar eso es mejor que seguir así. La pérdida ocurre día a día”, subraya. “El enfoque debe ser que el ferrocarril sea una herramienta estratégica para un plan de desarrollo nacional. Luego hay que comparar los inventarios –de lo que se entregó a las empresas concesionarias – y seguir la ruta de los subsidios. No hay posibilidad de enmendar sino de cambiar la situación”, coincide Veschi. La estatización puede generar demandas de los concesionarios por el incumplimiento de los contratos vigentes. Salvo que se llegue a la conclusión de que los que incumplieron los contratos fueron los privados. Y que haya causales para la rescisión. Luego, el plan de recuperación debe involucrar una mirada global del sistema para que se adapte a las necesidades de estos tiempos: el transporte de carga, por ejemplo, en la práctica ya no responde a las condiciones actuales del país. El transporte ferroviario, explican los especialistas, diseñado en forma de mano que termina en el puerto de Buenos Aires, ya no responde al movimiento real de la carga.

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Privados de ferrocarril Las empresas estatales fueron privatizadas con la idea de que los privados brindarían un mejor servicio. Al menos ése fue el argumento que se le dio a la ciudadanía, para aprobar la Ley 23.696 de Reforma del Estado. En ese proceso se descapitalizó el Estado y aparecieron las empresas concesionarias, operadoras de la red ferroviaria –las familias Cirigliano, Romero, Pérez Carmona, entre otras-, que hoy se encuentran bajo la sospecha de desviación de fondos estatales. “El sistema de concesiones permite a los privados tomar los bienes del Estado y aprovecharlos en beneficio propio, sin dejar nada al país. Eso hay que cambiarlo. El transporte tiene serios déficit. Todavía no ha podido recuperarse de las políticas de destrucción del Estado. Evidentemente, no se han hecho los controles necesarios, no se trabajó para subsanar el error y obligar a los con-

cesionarios a solucionarlo”, señala Sorín. Desde Salvemos al Tren denuncian que el mecanismo de concesión genera un “enorme paquete de corrupción”. En sintonía, Veschi critica que “no hay un control serio del dinero que el Estado le transfiere al concesionario en concepto de subsidios. Y cuando se hace algún mantenimiento, se hace con sobreprecios descomunales, lo que indica un circuito de corrupción que habría que investigar”. Según explicaron desde la ONG, “los privados inflan los presupuestos de mantenimiento hasta un 500 por ciento: por

ejemplo, un vagón que se repara en 500 mil pesos, le cuesta al concesionario 100 mil”. De modo que lo que vale un peso es multiplicado por cinco. “Hay que volver a hacer la empresa del Estado, con un fuerte control por parte de sus usuarios y trabajadores”, dice Rosendo. Los especialistas coinciden en que existen graves fallas de mantenimiento en muchos servicios. Y estiman que para recuperar algunas de las vías en desuso habría que invertir entre 200 y 300 mil dólares por kilómetro. Para entender el proceso de deterioro, Rosendo explica que a partir del

Una propuesta de reconstrucción “Tren para todos” es el nombre del proyecto impulsado por organizaciones sociales para reconstruir el ferrocarril. La iniciativa propone la reconstrucción de 18 mil kilómetros de vías: “7 mil para trenes de pasajeros y de carga y 11 mil más sólo para trenes de carga. Unas 300 locomotoras, 900 coches de pasajeros y 15.000 vagones para carga”. La propuesta apunta a que los trenes lleguen a todas las zonas del país, por lo que “cientos de pueblos que volverían a conectarse con las grandes ciudades, bajando costos de transporte y reactivando las economías regionales”. El Movimiento Tren para Todos estima que es necesaria una inversión de 3.100 millones de dólares. La propuesta contempla la utilización de tecnología nacional, lo cual reimpulsaría la industria ferroviaria local en la construcción de vagones, el ensamble de locomotoras y la producción de repuestos, generando puestos de trabajo, entre otros beneficios.


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subsidios sino que no se controla adonde fue ese dinero. Las empresas se han aprovechado de esos subsidios, y lo utilizaron para lucro en lugar del desarrollo del sistema. Es responsabilidad de los que debían controlar”, argumenta.

Por un tren soberano Pensar en la recuperación del ferrocarril es además trazar políticas de Estado a largo plazo. “Hoy el sistema está sumamente deteriorado, se necesita una renovación y mantenimiento importante. Se requiere una gran inversión. No se puede estatizar inmediatamente lo que sufrió años de destrucción. El Estado está mejor que hace diez años atrás, pero antes hay que pensar cuál va a ser la política general y cuál es la capacidad de inversión y la situación del parque ferroviario”, sugiere Sorín. En esta tarea, la clave –dice- es el diseño de un nuevo sistema pensando un país integrado norte-sur y este-oeste. Es que el ferrocarril es considerado el medio más seguro, más ecológico y más económico. Se estima que es de 8 a 10 veces más barato que el automotor, ya decreto de Emergencia Ferroviaria, dictado por el ex presidente Eduardo Duhalde, “las empresas están eximidas de pagar canon al Estado por usar las infraestructuras, y la CNRT pierde la potestad de cobrar multa a las empresas”. Por lo que las empresas, con los años, dejaron el mantenimiento preventivo por el correctivo. Un caso paradigmático es el de las líneas que fueron gerenciadas por Sergio Taselli (Belgrano Sur, y Roca). El ex presidente Néstor Kirchner rescindió la concesión de esas líneas tras violentos incidentes registrados en la Estación Constitución por las recurrentes demoras del servicio. El accidente en Estación Once, por otra parte, reavivó el debate sobre la inversión del Estado y la entrega de los subsidios a las empresas privadas. Badell reconoce que “en el último período se revirtió lo que en la década del ‘90 significó cero inversión para el ferrocarril. Con respecto a gobiernos anteriores, se destinaron fondos”. En ese sentido, Sorín reconoce que hubo inversiones, pero la prioridad fue la de mantener el servicio. “Se invirtió más en los subsidios que en el desarrollo del sistema. Los subsidios eran necesarios. Pero no se trata de la cantidad de

que una formación arrastra la carga de 50 camiones. La única manera de solucionar la problemática, sostiene Cena, es que el ferrocarril vuelva a la esfera del Estado, con la participación de trabajadores y usuarios. Para ello, lo primero es “intervenir a las concesionarias, hacer una auditoria técnica-contable, ver los inventarios, y después tener un estado de situación. A partir de ahí, implementar un plan de emergencia y después un proyecto a corto plazo. No se puede diseñar un ferrocarril en un país abstracto”. Para Cena, el ferrocarril va a volver de forma irremediable. “Va a venir de la mano de la cultura, de la sublevación de los pueblos, con los jóvenes a la cabeza”, vaticina. Por esa razón, los especialistas reconocen la necesidad del debate público, con la participación de toda la ciudadanía. “Tenemos que ser capaces de sentarnos a discutir por qué se llegó a esta situación, cuáles son las responsabilidades y qué se puede hacer. Si lo hacemos, vamos a ver renacer una empresa que se ha destruido”, concluye Veschi.

Una oportunidad para redefinir el esquema Por Guillermo Ángel Velásquez *

Los ferrocarriles deberían volver al Estado. El proceso de recuperación tendría que ser lo más rápido posible, porque quedó a la vista que este esquema de concesiones -que se lo declamaba como una solución para tener un servicio eficiente- fue un fracaso estrepitoso. La receta que se adoptó terminó agravando los problemas preexistentes. En los últimos años, el Estado hizo un gran esfuerzo en invertir dinero para dar viabilidad a las empresas. Pero da la impresión que los privados lo tomaron como un “negociado”: hay sospechas de que utilizaron los subsidios como un mecanismo rentístico asegurado para absorber recursos del Estado y desviarlos a otras actividades. Las empresas van a tener que demostrar qué hicieron con el dinero que el Estado transfirió en subsidios. Y habría que cobrarles por aquello que no se ha cumplido. Hay que tratar de ir más allá de la lógica del corto plazo. El Estado puede desarrollar políticas de mediano y largo plazo. La inversión debería ir de lo más simple a lo más complejo. Habría que replantearse si se debería volver al esquema de antes o intentar partir desde otro punto, pensar en redefinir la red ferroviaria. Es decir, intentar utilizar el ferrocarril no sólo como reflejo de un esquema preexistente sino como algo activo, que intente modificar la lógica territorial y regional argentina. Hay que pensar cuál es el costo económico de que una localidad esté incomunicada, qué incidencia tiene sobre la matriz energética argentina el consumo de combustibles, cuál es el costo de mantener autopistas. Hay una sobredimensión del transporte automotor en detrimento sobre todo de los trenes. Si ellos no tienen apoyo del Estado, librados al mercado, están complicados. La cuestión de los ferrocarriles requiere ser visto desde una perspectiva global, más allá de los intereses sectoriales. *Doctor en Geografía, especialista en Desarrollo Urbano, investigador principal del Conicet.


DEBATE SOBRE LOS ALCANCES DE LA LEY ANTITERRORISTA

Nosotros y los miedos Por Leonardo Rossi

La aprobación de la norma, a fines de 2011, despertó críticas de la oposición al gobierno e incluso de algunas organizaciones cercanas al oficialismo. El principal cuestionamiento apunta a que uno de sus artículos podría ser utilizado para criminalizar protestas. Desde el Gobierno responden que el texto señala taxativamente que están excluidos de su alcance los hechos “que tuvieren lugar en ocasión del ejercicio de derechos

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humanos y/o sociales o cualquier otro derecho constitucional”.

El fantasma surgió el 10 de febrero, en el pueblo catamarqueño de Tinogasta. Y si bien, la represión a los asambleístas que expresaban su rechazo a la minería a cielo abierto no arrojó procesamientos por la flamante Ley Antiterrorista, para algunos sectores la desconfianza que irradiaba la norma (ya desde antes de su aprobación) lejos está de esfumarse. Esa ley, cuya sanción fue propuesta por el Poder Ejecutivo en octubre, supo cosechar el apoyo mayoritario del kirchnerismo y el rechazo de varias organizaciones políticas y sociales, incluso algunas de ellas cercanas al oficialismo, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Carta Abierta y el CELS, entre otros. La ley, vigente desde el 28 de diciembre, duplica las penas a quien incurra en cualquier acto tipificado en el Código Penal cuando éste sea “cometido con la finalidad de aterrorizar” a civiles, autoridades o agentes internacionales. Aunque en su artículo 3° aclara: “Las agravantes previstas en este artículo no se aplicarán cuando el o los hechos que se traten tuvieren lugar en ocasión del ejercicio de derechos humanos y/o sociales o cualquier otro derecho constitucional”. Aún así abogados y especialistas en Derecho Penal consultados para esta nota


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sostienen que se trata de “una definición abierta” que habilitaría a detenciones de manifestantes sociales a manos de jueces proclives a criminalizar la protesta. Para acotar un eventual margen de discrecionalidad de jueces locales el artículo 7 de la norma coloca en la órbita de la justicia federal los casos comprendidos por esta ley. Desde el Gobierno aseguran que en la letra de la ley está garantizada la no criminalización de la protesta, y justifican la necesidad de esta norma como un imperativo del Grupo de Acción Financiero Internacional (GAFI), para poder permanecer con la tarjeta de acceso al G-20. Pero las voces críticas coinciden en que la modificación choca con las políticas de derechos humanos, iniciadas en 2003, y proponen su anulación. El presidente del bloque kirchnerista en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi sostuvo, en cambio, que “cualquier acción desarrollada en defensa o en reclamo del cumplimiento de algunos de los derechos previstos en nuestra Constitución, y específicamente en derechos humanos y sociales, quedan fuera de éste agravamiento de penas” (ver recuadro). “Entiendo que hay razones políticas por las cuales la Presidenta, que es quien decide la estrategia, ha pensado que esto es

conveniente”, dijo a El Cruce el diputado Carlos Raimundi, que si bien no estaba de acuerdo con la ley, contribuyó a introducirle modificaciones que ofrecían ciertas garantías y finalmente votó a favor (ver recuadro). “La línea argumental del ministro de Justicia es que los países que forman parte del GAFI Sur pidieron al país que diera una señal en su legislación, y al mismo tiempo le daban apoyo a la Argentina para no abastecer a los barcos con bandera de Malvinas”, explicó Raimundi. Julián Axat, defensor oficial en la justicia bonaerense y miembro del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CAIJ) tiene una opinión diferente. “Existen paquetes legales, digamos franquicias normativas, que pululan por el mundo y se incorporan por presiones. Es decir, la legalidad se negocia para que le pongan al país una mejor nota. Así es el lobby financiero: legislar por chantaje; que el Congreso no discuta”. Las calificaciones a las que hace mención son puestas en este caso por el GAFI, un organismo de segundo nivel que opera bajo la red del FMI y el Banco Mundial. En resumidas cuentas, es un ente que evalúa (no siempre con la misma vara) a los países como seguros o no para las inversiones y libres o viciados de mecanismos

que favorezcan el lavado de dinero. Hugo Blasco, secretario de Derechos Humanos de la fracción de la CTA opositora al Gobierno, pone el foco en que una institución nacida “desde el poder económico concentrado a nivel global” no tiene por objeto “actuar en beneficio de nuestro pueblo”, y “no le pide lo mismo a países como Francia”. Por su parte, el abogado de Abuelas de Plaza de Mayo Alan Iud sostiene que “hay políticas de burócratas que piensan que se puede legislar igual para todo el mundo, por lo que al GAFI no le va a interesar si se criminaliza la protesta social” en Argentina.

“Anarquía interpretativa” El alma de la ley sancionada es la incorporación al Código del artículo 41, inciso quinto: “Cuando alguno de los delitos previstos en este Código hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, la escala (penal) se incrementará en el doble del mínimo y el máximo.” A ese párrafo se agregó una aclaratoria so-


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“La protesta social o la libertad de expresión, quedan fuera de los alcances de esta ley”

bre la no aplicación del artículo cuando la acción a juzgar sea una manifestación de derechos humanos o reclamo social. La definición sobre qué es aterrorizar está en “un marco abierto, impreciso, y muy subjetivo”, apunta Ramiro Fresneda, abogado del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI). Este defensor trabaja con cientos de campesinos procesados por usurpación de tierras, una figura que tiene una pena de seis meses a tres años de prisión. Curtido en la cuestión, Fresneda sabe de “jueces que son la herramienta más sofisticada para consolidar el agronegocio” a expensas de hostigar al campesinado, que pasa de víctima a victimario. Bajo este nuevo marco penal, si algún juez federal entiende que el acto de defensa territorial puede tener un fin terrorista, todos estos campesinos procesados podrían quedar privados de su libertad, ya que las penas dejarían de ser excarcelables. Coincide Alan Iud en que esta ley “da el argumento jurídico a los jueces y fiscales de mirada reaccionaria que entienden que las manifestaciones sociales, como los cortes de calle y toma de fábricas, deben abordarse desde el Código Penal”. Es que, en otras palabras, “tipificar el concepto terrorismo es criminalizar actos con sentido político” y “siempre remite a la persecución de un enemigo”, evalúa Axat, quien se ha dedicado a estudiar el recorrido de las legislaciones antiterroristas en Argentina, y leyes del mismo tipo aplicadas en América Latina y el mundo. La definición de qué es aterrorizar “no se puede dejar librada a la interpretación de cualquier juez”, advierte Blasco. Fresneda enfatiza que esa indefinición “es de una gran gravedad institucional”. Y desde la técnica jurídica -sostiene Axat- “es un absurdo y una sobrecarga al Código”, debido a que los tipos penales “son más simples” y por contrario este artículo tiende a la “anarquía interpretativa”. Sin embargo, para Raimundi, la ley sancionada “no va a determinar ni mayor ni menor criminalización de la protesta” ya que el Gobierno “facilitó el camino para una Corte Suprema y un Tribunal de Casación más democráticos”, que pueden

El presidente del bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi, explicó que en la ley queda claramente establecido que “la protesta social o la libertad de expresión o de prensa”, no forman parte de la tipificación de delitos expuestos en la norma. “Lo que hemos hecho es tomar un camino procesal al definir el delito de terrorismo. No hemos querido hacer una definición cerrada de terrorismo, para crear un nuevo delito, sino que nos hemos basado en el siguiente criterio: sobre los delitos existentes, que están en la parte general del Código Penal, aquellos delitos que cometen y que generan algún tipo de desestabilización en el funcionamiento de las instituciones en Argentina, pueden ser incluidos dentro de la categoría de terrorismo”, sostuvo el diputado. Rossi también señaló que en la ley hay una cláusula que no deja lugar para la polémica respecto a la posibilidad de que la ley sea interpretada para criminalizar la protesta. “Tomamos un camino que es abierto y que tiene una cláusula que para nosotros es absolutamente taxativa: cualquier acción desarrollada en defensa o en reclamo del cumplimiento de algunos de los derechos previstos en nuestra Constitución, y específicamente en derechos humanos y sociales, queda afuera de éste agravamiento de penas”. “Entonces claramente la protesta social o la libertad de expresión o de prensa, quedan absolutamente afuera de cualquier tipo de calificación de estas características. Lo que no queda afuera es algún tipo de delito económico”, agregó el jefe de la bancada kirchnerista en Diputados.

hacer una interpretación garantista de la ley y “en caso de que un juez interprete la quema de un neumático como un acto terrorista, están los mecanismos para entablarle juicio político”.

Motivaciones locales ¿Cómo leer la apurada sanción de esa norma? Fresneda cree que “sólo se puede entender por la presión del GAFI”. En sintonía, Axat, dice que no hay otros motivos para la sanción que “darle seguridad a los organismos internacionales”. Por ejemplo, el nuevo marco habilita extradiciones inmediatas en casos como el del ciudadano vasco Lariz Iriondo, acusado por hechos terroristas, residente en Argentina y finalmente no extraditado a España, por entender la Corte --en un fallo de 2005-que para la normativa argentina el hecho a juzgar (ocurrido en 1984) había prescripto. Esta modificación del Código, “está en línea con lo que pide Estados Unidos”, y busca acelerar el traslado de terroristas, y “evitar que los casos prescriban”. Para el investigador del CIAJ, nada tiene que ver el contexto político de esta sanción con el que se vivió entre 1992 y 2001, cuando estas normativas en América Latina “actuaban como freno a la protesta social”. Otra percepción tiene Blasco: “Argentina atraviesa un período de altísima conflictividad”. Conflictos con los traba-

jadores estatales, cortes de ruta contra la megaminería, reclamos indígenas y campesinos por sus tierras. Frente a este panorama esta ley “puede operar como una herramienta disuasiva ante la protesta”. Si bien reconoce que desde la gestión presidencial de Néstor Kirchner se delineó una política para las fuerzas de seguridad nacionales que las instó a no reprimir la protesta social, lo que marcó un quiebre en ese aspecto, “hay muchos casos de criminalización (de las manifestaciones) a instancias de jueces y fiscales, y del impulso de intendentes y gobernadores”, señala el abogado de Abuelas. Es frente a esta realidad que le parece “preocupante” que se sancione esta ley cuando queda claro que “no alcanza con una política del gobierno nacional”.

Dar marcha atrás ¿Argentina carecía de normas para perseguir el terrorismo y su financiamiento? Hay un convenio de Naciones Unidas, de 1997, para reprimir los atentados con bombas, de los pocos en la materia que determinan una figura precisa: comete un atentado terrorista “quien ilícita e intencionadamente entrega, coloca, arroja o detona un artefacto o sustancia explosivo u otro artefacto mortífero en o contra un lugar de uso público, una instalación pública o de gobierno, una red de transporte público o una


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instalación de infraestructura”. Argentina adhirió a ese convenio y a otros tantos como la Convención Interamericana Contra el Terrorismo (2002), que fija sistemas de cooperación entre países, y retoma otros protocolos y convenios internacionales para delimitar los actos terroristas. Además, “nuestro país ya contaba con leyes contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, por lo que ya existía legislación suficiente para reprimir estos hechos”, responde Axat. Con la norma en vigencia, Alan Iud propone una revisión legislativa dados los “graves defectos que presenta desde el punto de vista constitucional”. Blasco comparte la idea y pide la “pronta anulación”, que debe

ser retroactiva, a diferencia de la derogación. Otra opción, sugiere Fresneda, es que la Corte Suprema evalúe la inconstitucionalidad de la ley. Si bien acepta que la ley “no es buena”, Raimundi relativiza sus efectos: “No creo que cambie la actitud de los jueces; los que ya reprimían lo hacían sin esta ley.” En el otro extremo, Blasco entiende que la Ley Antiterrorista puso a prueba “hasta dónde los gobiernos democráticos y populares tienen margen para avanzar en políticas que mejoren la vida de la población. Y esta norma marca un límite”. La misma línea traza el abogado del MNCI, quien reconoce “avances importantes en estándares de derechos humanos desde 2003”, pero subraya que “esto es un retroceso”.

“Le incorporamos una modificación sustancial” “El ministro de Justicia (Jorge Alak) se comprometió a enviar a lo largo de este año un proyecto integral de reforma del Código Penal que incluya mejorar este punto”, afirma a El Cruce Carlos Raimundi, diputado por Nuevo Encuentro, quien pese a ser crítico de la ley, votó a favor después de haber logrado cambios en su redacción. -¿Por qué su bloque, que es crítico de la ley, finalmente la aprobó? -La denominada Ley Antiterrorista es un proyecto enviado por el Ejecutivo en un paquete de leyes muy positivas como la desmonopolizar el papel prensa, la ley de limitación de venta de tierras a extranjeros, el Estatuto del Peón. En medio de esa línea aparece un proyecto con el que no estábamos ni estamos de acuerdo por varias razones. Por ejemplo, un país que ha cuestionado a la OEA, al FMI, bien podría cuestionar al GAFI. Coincido con la posición del doctor Raúl Zaffaroni, que señaló que la ley es un chantaje de ese organismo, pero al mismo tiempo debo entender que hay razones políticas por las cuales la presidenta, que es quien decide la estrategia, haya pensado que esto es conveniente. Ante eso, dijimos que el proyecto original, tal como estaba, no podíamos acompañarlo, por el compromiso con las organizaciones sociales y de derechos humanos. Tuve más de una reunión con el ministro de Justicia, Julio Alak, y de forma muy trabajosa se llegó al proyecto sancionado, que no nos conforma, pero al cual logramos incorporarle una modificación que es sustancial: la aclaratoria sobre el ejercicio de derechos humanos o sociales. -¿Qué cambia con ese agregado? -Ese agregado tiene un fin político que es mostrar nuestra disconformidad con el proyecto. Cualquier juez sabe que esta excepción no tiene valor jurídico pleno, pero entiende que está puesto con un sentido para la interpretación. Además, el juez debe interpretar la exposición de motivos del proyecto, que no fue enviado con la finalidad de reprimir la protesta social. El oficialismo tenía mayoría, y hubiera votado un proyecto peor. Una vez puesta la reforma, el oficialismo nos dice ´ustedes la tienen que votar´. Se barajó la posibilidad de la abstención, pero después de la reforma que impulsamos no nos podíamos abstener. -Cree, entonces, que la ley no va a ser usada para criminalizar la protesta? -La ley no va a determinar ni mayor ni menor criminalización de la protesta. En nuestro caso, siempre que hubo represión de una protesta fuimos los primeros que estuvimos en contra. También hay que decir que la crítica que hace el grueso de la sociedad a este Gobierno, no la que hace cierta militancia que siempre va tratar encontrar alguna cosa para denostarlo, tiene que ver con que cuatro personas pueden cortar una autopista, y que este Gobierno a nivel nacional nunca reprime la protesta social. Insisto, no nos gusta la ley, no es buena. Pero no creo que cambie la actitud de los jueces; los que ya reprimían lo hacían si esta ley. -¿Por qué cree que el gobierno impulsa una ley como esta? -La línea argumental del ministro de Justicia es que los países que forman parte del GAFI Sur pidieron al país que diera una señal en su legislación, y al mismo tiempo le daban apoyo a la Argentina para no abastecer a los barcos con bandera de Malvinas.

“El problema es quién aplica la ley” “Estamos estudiando una estrategia para que la Corte Suprema declare la inconstitucionalidadde esta ley”, dice Rubén Giustiniani, senador por el Frente Amplio Progresista, ante una consulta de El Cruce -¿Por qué se opuso a esta ley? -Me parece que el Código penal tiene suficientemente tipificados los delitos y las penas como para agregarle más cosas en este sentido. Además, esta norma tipifica el delito de terrorismo de manera absolutamente imprecisa y abierta, lo cual contradice todo lo que se recomienda en la cuestión penal, es decir, que toda tipificación debe ser precisa y expresa. Hablar de terrorismo en términos genéricos, y expresar que hay acciones que pueden aterrorizar a la población se presta a la criminalización de la protesta social. -En 2007 también se opuso a la anterior Ley Antiterrorista -Fui el único senador que hace cuatro años votó en contra de la otra norma antiterrorista. Y ésta insiste en las mismas cuestiones que fueron criticadas por mí hace cuatro años, pero es mucho grave que la anterior. Me parece positivo que esta vez muchas más personas hayan tomado nota de esta situación. - ¿Qué cree que motivó al Ejecutivo para impulsar esta ley? -El oficialismo reconoció explícitamente que el Congreso dictó una ley porque se lo exige un organismo internacional. Pero no es el GAFI el que debe decirnos a nosotros qué tiene que decir nuestro Código Penal. -El oficialismo dice que la ley no se utilizará para criminalizar la protesta -Estamos ante una herramienta que habilita a que determinados jueces puedan interpretar el Código de manera que se criminalice la protesta social. El debate que plantea el oficialismo, cuando dicen ´no vamos a criminalizar la protesta social´ no es real. Porque el problema es que es el Poder Judicial el que aplica la ley, no el Gobierno. Y dentro de la justicia federal hay de todo. -¿Dónde ubica esta ley dentro de las políticas del kirchnerismo para con las manifestaciones sociales? -Esta norma es un claro retroceso, un paso atrás, en las políticas de derechos humanos que impulsó el Gobierno, y que nosotros acompañamos. -¿Analiza algún recurso para que se dé marcha atrás? -Estamos estudiando una estrategia para que la Corte Suprema declare la inconstitucionalidad.


COLOMBIA

Una oportunidad para la paz Por Leonardo Castillo

Las FARC anunciaron el final de la práctica de los secuestros como método de financiación y presión política al Estado. La reacción del arco político fue dispar. Si bien se espera que sea el disparador de una salida pacífica al conflicto, la creciente intervención militar de Estados Unidos en el territorio puede convertirse en una nueva traba. Ecuador

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El perdón de Correa El presidente de Ecuador, Rafael Correa, decidió indultar a los directivos y un articulista del diario El Universo, quienes fueron condenados a tres años de prisión por el delito de injurias, debido a una nota de opinión que hace un año publicó una nota de opinión en la que acusaba al mandatario de “Criminal de lesa humanidad”. La condena sobre los hermanos Carlos, César y Nicolás Pérez, propietarios de El Universo, y el editorialista Emilio Palacio fue ratificada por la Corte Nacional, la máxima instancia jurídica del país, al igual que la imposición de una indemnización de 40 millones de dólares, que Correa había anticipado que donaría al proyecto ecológico Yasuní ITT. “Se perdona, pero no se olvida”, anunció Correa el pasado 27 de febrero al presentar el indulto contra los directivos de este diario, el más importante del país, cuya mayoría accionaria está en poder de una sociedad de capitales estadounidense radicada en las Islas Caimán. En una nota escrita por Emilio Palacio, El Universo afirmaba que durante el intento de golpe de estado orquestado por elementos policiales el pasado 30 de septiembre, Correa había ordenado disparar de “forma indiscriminada sobre la multitud” que se congregaba en torno al hospital donde el jefe de Estado se encontraba rodeado por las fuerzas facciosas. Uno de los condenados, Carlos Pérez, se encontraba asilado en la Embajada de Panamá, en Quito, a la espera de obtener asilo de parte de la nación caribeña. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la organización Periodistas sin Fronteras (PSF) saludaron la decisión de Correa, aunque criticaron que haya tardado un año en producirse.

Con la liberación de los últimos 10 rehenes que mantenía cautivos, las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) anunciaron que ponen fin a la práctica de los secuestros como método de financiación y presión política sobre el Estado colombiano, con el que mantienen un conflicto armado que lleva ya 48 años. De esta forma, la organización reconoce haber escuchado el clamor de la población del país, al afirmar en una página de internet que dejará de “retener” particulares. “Ponemos fin a esta actividad en nuestra actuación revolucionaria”, rezaba el comunicado que difundieron. La reacción del arco político colombiano fue dispar. Mientras el presidente, Juan Manuel Santos, consideró como “insuficiente” el anuncio, los partidos de centroizquierda ponderaron la decisión de la guerrilla. “Valoramos que la decisión de renunciar al secuestro, es un paso importante y necesario, pero no suficiente en la dirección correcta”, afirmó Santos a través de su cuenta de Twitter. En cambio, el legislador, del Polo Democrático Alternativo (PDA), saludó la iniciativa como “una no-


ticia alentadora en términos de voluntad de paz”. “Creo que, con este anuncio, las FARC están dando un paso significativo hacia la búsqueda de la paz en Colombia”, destacó Cepeda, que forma parte del colectivo Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP), al que los insurgentes le entregaron en los últimos años una veintena de rehenes, entre políticos y uniformados. La ex senadora Piedad Córdoba, titular de CCP intervendrá en la liberación de los últimos diez cautivos, en poder de las FARC desde 1998 y 1999, se trata de policía y militares que fueron hechos cautivos en distintos puntos de las montañas colombianas. En el pasado, Venezuela y Brasil prestaron apoyo logístico y diplomático para concretar el regreso a la vida civil de otros rehenes que permanecían en poder de la guerrilla. Es más, la cúpula de la organización manifestó su beneplácito con el ofrecimiento que realizó la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, de mediar para encontrar una salida pacífica al conflicto colombiano. Ahora, la pelota está en el terreno del Poder Ejecutivo colombiano. Desde hace tiempo, el gobierno de Santos, y con an-

terioridad Álvaro Uribe reclamaron la liberación de los rehenes en poder de las FARC como paso previo para iniciar una negociación de paz. Pero la creciente inversión militar en la que realizó el país, en el marco del Plan Colombia, diseñado por Estados Unidos, puede

constituir un serio obstáculo para avanzar hacia un proceso de paz. Habrá que ver qué prioriza la administración de Santos, si el vínculo con Washington, que construyó siete bases militares en el país, o iniciar el camino que permita poner fin a un enfrentamiento que lleva casi medio siglo.

Chile

Aysen, la lucha de un pueblo Cansado del olvido de las autoridades centrales, la población de la provincia de Aysen, en el Sur de Chile se encuentra movilizada desde febrero pasado. Organizaciones sindicales, sociales y políticas reclaman una serie de medidas económicas que posibiliten mejorar la calidad de vida de los habitantes de esta región, una de las más postergadas del país trasandino, pese a la riqueza de sus recursos naturales. Como parte de las protestas, los manifestantes tomaron la intendencia de Aysen, la Gobernación el aeropuerto de Villa O’Higgins e instalaron un piquete sobre el puente Presidente Ibáñez, que fue duramente reprimido por el cuerpo de Carabineros. Las organizaciones sociales demandan una baja generalizada de los combustibles, estabilidad laboral, salud de calidad y subsidios al transporte de mercancías. En Aysen, al igual que en toda la Patagonia chilena, el costo de la vida duplica al de los habitantes de Santiago, pero el nivel de ingresos de la población es una de los más bajos del país. En la zona, justamente, se construye HidroAysen, un sistema de represas hidroeléctricas con el que se pretende abastecer de electricidad al resto del país, mientras a sus habitantes pagan costosas tarifas por ese servicio.


MUNDO

Un escenario montado para la guerra Por Leonardo Castillo

Estados Unidos, Israel y Occidente denuncian la existencia de un plan nuclear iraní. Pero los organismos internacionales aún no pueden confirmarlo. El argumento de las armas de destrucción masiva, utilizado para justificar la invasión a Irak, resuena

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una vez más.

Los vientos de la guerra soplan una vez más sobre el Golfo Pérsico y Medio Oriente. Como si tratara de una especie de fatalidad, la ocurrencia de una conflagración entre Estados Unidos e Irán parece algo inexorable y, a juicio de varios analistas, sólo resta saber cuándo y cómo se desatará este nuevo conflicto bélico, que envolverá a una región de por sí convulsionada a raíz por los cambios políticos que se vienen produciendo en varios países islámicos. Por estos días, el bloque occidental e Israel dan por sentado que existe una amenaza nuclear de parte de Irán, pues el país ha iniciado un programa de enriquecimiento de uranio, el paso previo para la elaboración de armas atómicas.

En enero pasado, el régimen de los ayatolás testeó exitosamente un nuevo misil de largo alcance, el Shabah 3, capaz de tocar blancos a 2.400 kilómetros de distancia, es decir que podría llegar a Israel y golpear la base que la Quinta Flota estadounidense posee en el emirato petrolero de Bahrein. De esta forma, Irán demuestra que tiene la capacidad de bloquear el estrecho de Ormuz, la salida del Golfo Pérsico, con lo que podría paralizar la navegación de los buques hacia las monarquías petroleras de la península arábiga. Una medida que el régimen teocrático estaría en condiciones de llevar a cabo si Occidente bloquea las exportaciones del crudo iraní. ¿Pero representa realmente Irán una

amenaza nuclear para sus vecinos, Israel y las naciones occidentales? ¿Tiene el estado persa la capacidad de construir una bomba atómica? Interrogantes que parecen remitirse a la situación creada en 2003, por el gobierno de George Bush hijo. Entonces, se afirmaba desde Washington que Irak poseía un programa de armas de destrucción masiva, pretexto que entonces se utilizó para justificar el derrocamiento de Saddam Hussein y los posteriores 8 años de ocupación. Una acción bélica que una coalición liderada por Estados Unidos y Gran Bretaña emprendió sin una resolución de la ONU que la justificara. Por aquellos días, la opinión pública estadounidense se encontraba extrema-


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Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos

damente sensibilizada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Antes del comienzo de la Guerra de Irak, el 71 por ciento de la población no sólo creía que Saddam tenía armas de destrucción masiva, sino que además consideraba que el dictador estaba involucrado en el derrumbe de la Torres Gemelas. Las armas de destrucción masiva nunca pudieron ser encontradas, por la sencilla razón de que Irak no las tenía, y tampoco pudo establecer alguna vinculación entre el régimen de Saddam y la organización Al Qaida, que se adjudicó la autoría de los ataques del 11-S. Hoy, frente a la cuestión iraní, se verifica una reacción similar de parte de la opinión pública de la primera potencia mundial. Según los sondeos, siete de cada diez estadounidenses creen que Irán posee armas nucleares, y nueve de cada diez están convencidos de que en un futuro cercano el régimen de Teherán las tendrá. Sin embargo, no existen hasta ahora evidencias oficiales que certifiquen la existencia de armar nucleares en Irán. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIET) no pudo asegurar aún que el país persa esté desviando materiales para la construcción de ojivas atómicas. La

Mahmoud Ahmadinejad, Presidente de Irán.

CIA, en su Cálculo Nacional para la Inteligencia -un informe sobre las amenazas potenciales que debe afrontar EE.UU en el mundo- sostiene que Irán dejó de intentar la fabricación de armas nucleares en 2003. Es más, el secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, afirmó recientemente que no se cuenta con evidencia en torno a la existencia de un programa nuclear iraní con fines militares. Según la misma OIET, Irán está enriqueciendo uranio a un 20% y necesitaría hacerlo en un 90% para llegar a producir una bomba atómica. Así y todo, demoraría unos tres años en lograrlo. Sin embargo, como hace ocho años atrás, la Casa Blanca sigue agitando el fantasma de una amenaza letal, proveniente de un enemigo feroz dispuesto a causar un gran daño. Algo similar se está diciendo actualmente sobre Siria, aliado de Irán en la región y donde se lleva a cabo desde hace un año un estado de conmoción interna que se asemeja a una guerra civil entre opositores y partidarios del gobierno de Basher Al Assad. La revista “Foreing Policy”, una influyente publicación sobre asuntos diplomáticos de los Estados Unidos, afirma en su última edición que el Departamento de Estado envió una misión diplomática a

Medio Oriente, advirtiéndoles a los vecinos de Siria en relación al programa de armas químicas que mantiene Damasco. Una excusa, la de las armas químicas, que Occidente ya utilizó en 2011 para justificar la intervención en Libia, al asegurar que el régimen de Muammar Kadafi estaba en condiciones de usar un arsenal de este tipo contra de los rebeldes que finalmente terminaron conquistando el poder gracias a la ayuda de la OTAN. Una vez más, el escenario parece montado como pretexto de una intervención militar contra un régimen duro, que más allá de su autoritarismo, es renuente a someterse a los intereses occidentales. Otra vez, el recurso de la guerra aparece veladamente como el mecanismo a través del cual se abrirán mercados y se saldarán las recesiones económicas. ¿Pero podrá Estados Unidos someter a una nación con 80 millones de habitantes resueltos a combatir, mientras libra una campaña en Afganistán y mantienen un contingente de tropas en Irak? ¿Tolerará la opinión pública estadounidense --más allá de un respaldo inicial-- otra contienda prolongada? Preguntas que intentan despejarse mientras sueñan los tambores y se velan las armas, una vez más.


ALIMENTOS QUE PRODUCEN ALERGIAS

Tu comida me hace mal Por Martín Silles

El problema afecta entre el 2 y el 4 por ciento de la población, aunque cada vez se detectan más casos. Investigadores y profesionales trabajan en una Plataforma Alérgenos en Alimentos para sistematizar la información y ponerla a disposición de los usuarios. Proponen rotular los productos

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envasados que contienen sustancias que producen alergias Investigadores y profesionales de organismos oficiales junto a organizaciones civiles y representantes de la industria alimenticia, trabajan en un foro multidisciplinario con el objetivo de investigar y sistematizar la información disponible sobre los alimentos que producen alergias, y poner esos datos a disposición de los distintos usuarios. Se trata de la Plataforma Alérgenos en Alimentos que, según sus promotores, está destinada a “actuar como nexo entre las instituciones de salud, ciencia y tecnología, la industria, la población en general y los organismos de control” y proveer de información y guías para la gestión de alérgenos. La Plataforma también presentó una propuesta de revisión del Reglamento Técnico del Mercosur para que en la rotulación de los alimentos envasados se incluya de manera obligatoria la declaración de alérgenos en las etiquetas, como ya es obligatorio en muchos países. Hay más de doscientos alimentos que pueden producir alergias al consumirlos,

pero el 90 por ciento son generadas por ocho productos: la leche, el huevo, el pescado, los mariscos, el trigo, la soja, las frutas secas y el maní. Participan del proyecto el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Instituto Nacional de Alimentos, la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Red Inmunos, que agrupa a padres de chicos con alergias alimenticias. Esa plataforma podrá ser usada por los pacientes que presenten trastornos en el consumo de alimentos, pero sobre todo servirá para la consulta de los médicos que las tratan y a empresas de la industria de la alimentación: en los laboratorios de los organismos podrán realizarse los análisis de alérgenos cuando se lo solicite alguna de las compañías que integran la red. Para detectar el nivel de alérgenos presentes en los alimentos, los investigadores recurren al test Elisa, una técnica inmunoenzimática capaz de identificar a las proteínas que producen el desenca-

denamiento de las reacciones alérgicas a muy bajos niveles de concentración. Hasta el momento no existen datos sobre la cantidad de personas que sufren estas alergias en el país pero se estima que entre el 2 y el 4 por ciento de la población tiene algún tipo de alergia alimenticia aunque no todas están diagnosticadas. En tanto, cerca del 6 por ciento de los menores de 6 años tienen alguna alergia alimenticia y la más común es la que genera la leche de vaca. María Cristina López, del INTI Cereales y Oleaginosas, explica a El Cruce que “para lograr un tratamiento multidisciplinario de las alergias a los alimentos y una mejor calidad de vida de los pacientes, en la plataforma participan médicos, biólogos, bioquímicos, técnicos en alimentos y químicos, entre otros profesionales, por lo que el trabajo es multidisciplinario”. Julio Bai, jefe del departamento médico del Hospital de Gastroenterología Bonorino Udaondo, estima que “solo hay diagnosticado el 5 por ciento de las personas con este tipo de problemas”. El problema, según el profesional, es que “cuando no se presentan síntomas claros pero se tiene la patología, los pacientes pueden tener muchas complicaciones”. La “sensibilidad a un alimento” se define como una respuesta fisiológica anormal a un comestible determinado, cuya ingestión no ocasiona problemas a la mayoría de los consumidores. Estas sensibilidades pueden dividirse a su vez en alergias e intolerancias alimenticias. Las alergias alimenticias constituyen una


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falla o respuesta anormal del sistema inmunológico a determinados componentes de los alimentos. Se dividen en reacciones de hipersensibilidad inmediata, en las que está involucrado el sistema inmune “humoral” y en reacciones de efecto retardado. Todos los alérgenos presentes en los alimentos capaces de producir una reacción de hipersensibilidad inmediata son proteínas. Estas reacciones se caracterizan por una primera etapa de sensibilización, en la cual el individuo alérgico ingiere por primera vez el alimento que contiene el alérgeno. Aquí es cuando se estimula la producción de anticuerpos específicos. La reacción alérgica ocurrirá cuando el individuo vuelva a ingerir un alimento que contenga el alérgeno. Se producirá entonces la interacción antígeno-anticuerpo que conduce a la liberación de grandes cantidades de mediadores, como la histamina, dando lugar a la reacción alérgica inmediata. Estas reacciones pueden involucrar la ca-

vidad oral, la piel, nariz, mucosas, garganta, tracto gastrointestinal, aparato respiratorio o aparato circulatorio. La gravedad de la respuesta puede variar en un rango muy grande, desde una leve molestia hasta un shock anafiláctico (falla inmunitaria abrupta), que puede causar la muerte de la persona si ésta no es atendida en tiempo y forma. Las reacciones alérgicas de efecto retardado, en cambio, responden a una falla en el sistema inmune celular. La más estudiada es la enfermedad celíaca. En este caso los alérgenos son determinadas proteínas que se encuentran en el trigo, la avena, la cebada y el centeno. Por otra parte, las intolerancias alimenticias son sensibilidades a un alimento que no involucran la activación de mecanismos inmunológicos: son en realidad trastornos metabólicos, como la intolerancia a los lácteos, que obedece a la deficiencia en la enzima que metaboliza la lactosa. Este trastorno puede presentarse de dos manera diferentes: desde el nacimiento,

por la insuficiencia de la enzima que degrada la lactosa en glucosa y lactosa (en ese caso es permanente); o cuando se da en los adultos (adquirida), presuntamente originada en la disminución del consumo y el rechazo posterior que se produciría al reanudar la ingesta. El aumento del número de casos producido en los últimos 15 o 20 años es motivado en parte, porque “en este período se aprendió mucho de estas enfermedades y de la celiaquía en particular, por lo que hay mas posibilidades de diagnóstico”, dice Bai a El Cruce. Aunque no hay estadísticas oficiales, se estima que en este período el número de pacientes con este tipo de enfermedades se duplicó, más allá de la mejoras en las posibilidades de diagnóstico. Según Bai, esto “podría tener que ver con la redimensión de nuestra inmunidad por lo cambios higiénicos desde el siglo pasado, por lo que nuestra inmunidad es distinta”. “Otra teoría --continúa Bai-- tiene que ver con los cambios en los cereales que permiten resistencia a plagas, por lo que se modifican elementos que integran el gluten”. Para Martín Bozzola, alergista pediátrico del Hospital Británico de Buenos Aires y ex presidente de la Asociación Argentina de Alergia, este tipo de patologías es un espectro de enfermedades que no tiene una sola expresión clínica porque se puede presentar en la piel, en el sistema gastrointestinal pero además, hay factores que pueden actuar sobre el sistema inmunológico, por lo que “una persona no tiene una única enfermedad, sino que tiene un espectro de enfermedades”. Para el profesional las manifestaciones que se presentan en los distintos pacientes “nunca son iguales ni en lo clínico, ni en lo fisiopatológico, ni en su evolución”. Según Bozzola el problema se presenta con el procesamiento de estos alimentos, cuando durante el mismo se incorporan elementos que pueden provocar alergias y por eso “hay que buscar otros alimentos que se puedan consumir aunque éstos siempre son más caros y no siempre están disponibles”. Para el alergista pediátrico del hospital Británico, “todavía no estamos en presencia de una epidemia pero estamos cerca de ese estado” en lo que respecta a las alergias alimenticias en menores.


TEATRO INDEPENDIENTE

Arte sin límites Por Yanina Fuggetta

Por fuera de la variada cartelera comercial y de la oferta que llega desde las salas oficiales, el teatro autogestivo pisa cada vez más fuerte en la Ciudad de Buenos Aires. Con una innumerable cantidad de propuestas, los espectadores puede encontrarse con una altísima y diversa calidad creativa en

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espacios escénicos no convencionales. Caminar por los alrededores de El Abasto un viernes por la noche implica observar largas colas de gente. Esperan en las puertas de las tanguerías, apostados junto a turistas extranjeros que ansían disfrutar de un argento espectáculo musical de tango. Aguardan para entrar a un bodegón a degustar el clásico asadito, vino tinto mediante, o también para paladear alguna obra de teatro off que ofrece ese circuito turístico. Cada vez son más las obras de teatro independiente que el público elige como una opción diferente al teatro comercial de la calle Corrientes y al oficial del Teatro Cervantes o el Centro Cultural San Martín. Las más de ochenta salas distribuidas en la ciudad de Buenos Aires devienen alternativas de lo más diversas para espectadores que hoy día se orientan a la calidad creativa y espacios escénicos no convencionales. No hay una definición exacta del teatro independiente, pero tal vez sí una explicación que arroja ARTEI, la Asociación Argentina de Teatro Independiente. Se trata

de una organización civil sin fines de lucro que busca la difusión e interacción entre los actores que integran esta actividad, donde priman las producciones de contenidos artísticos por sobre los comerciales en los lugares menos frecuentes: una sala puede funcionar en una casona, en una ex carpintería y hasta en un sótano. Además de ARTEI, existe otra entidad que luchó desde sus inicios por la protección legal de las salas, ya que para subsistir debían protagonizar largas diatribas con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para su habilitación. Desde ESCENA, Espacios Escénicos Autónomos, un colectivo organizado nacido en 2010, el director y dramaturgo Martín Seijó detalla cómo se reunieron unas 20 salas que respondían a características similares de exhibición y difusión. Incluso armaron su propio festival de artes escénicas en 2011. “Con ayuda de Juan Manuel Beati, del Ministerio de Cultura del GCBA, y el apoyo unánime de la Comisión de Cultura de la Legislatura porteña, se sancionó la Ley

3707, que nos dio un poco de aire respecto de nuestro funcionamiento legal. Es decir, la ley fue el medio para desatar las potencias creativas de todos nuestros asociados”, cuenta Seijó en diálogo con El Cruce tras explicar que esta normativa legal les permite a los teatros trabajar con solo iniciar su trámite de habilitación. Sin embargo, ¿cómo funcionan estos espacios autogestionados? ¿Qué limitaciones y libertades tienen? Soledad Tester, Gabriela Irueta y Alejandra Carpineti tienen entre 24 y 25 años y son amigas desde hace tiempo. Sus semblantes transmiten juventud, entusiasmo y una multitud de proyectos que se intercalan entre sus diálogos. Estudiaron actuación en el teatro escuela Andamio 90 y Timbre Cuatro, y en 2010 adquirieron una vieja carpintería ubicada sobre la calle Jean Jaures al 800, a dos cuadras del Abasto Shopping. Después de seis meses de trabajos de reforma, el teatro comenzó con su programación ininterrumpida de jueves a domingo con “Nada del amor me produce envidia”, de Santiago Loza, y “Centésimo Mono”, de Osqui Guzmán. “El teatro under trasciende cada vez más. Hay espectadores de todo tipo, de todos los nivel etáreos. Desde estudiantes, público de 30 y 40 y hasta señoras paquetas que gustan del teatro. Además el hecho de elegir obras nos marca como artistas, tenemos libertad de hacer nuestras propias cosas en nuestro espacio”, reconocen las jóvenes y agregan que la solvencia económica se basa en la “sala llena” de cien espectadores ya que con los subsi-


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Andrea Garrote Foto: Luis Tenewicki

dios pueden cubrirse sólo un 15 por ciento de gastos. En el teatro Beckett del mismo barrio la situación es similar. Sobre la calle Guarda Vieja al 3500, en 2005 se levantaron estas dos salas de la mano del director y actor Miguel Guerberof -fallecido en 2007- y sus amigos. Eruditos en toda la obra de Samuel Beckett, desde un principio trabajaron con el montaje de espectáculos sobre sus textos para dar lugar luego a nuevos trabajos de dramaturgos nuevos argentinos y clásicos. Paulo Ricci se sumó al equipo en 2006 y actualmente está a cargo de la artística y la programación del teatro. Destaca como virtud de su teatro que desde un sus orígenes nunca hubo restricciones para recepcionar proyectos de autores de diversos géneros: “Si bien para la autogestión los momentos complicados son todos porque no tenés nada garantizado desde el vamos, sí tenés libertades que te permiten imaginar e ir armando el trabajo como querés”. “Tratamos de abrir el espacio a gente con trayectoria a la gente del circuito teatral en Buenos Aires que es muy importante y con eso tratar de armar una propuesta global que sea interesante, que le permita a la sala tener un nombre. Lo importante es sumar fuerzas y gente con ganas y proyectos, ser receptores de ellos y hacer lo

posible para que ellos crezcan también”, sostiene. Al igual que las chicas de “La Carpintería teatral”, Ricci coincide en que el principal sustento económico está en la taquilla y en la boletería. Las restricciones económicas que limitan la actividad, pero en esa dificultad reside la adrenalina de trabajar con la autogestión y así poder darle rienda suelta a la libertad creativa.

“El teatro tiene la necesidad de generar inquietudes” La relación de Andrea Garrote con los dispositivos teatrales siempre fue enriquecedora. Desde chica, disfrutaba de los juegos que no tenían regla. Para ella era como una suspensión de la moral establecida, algo similar a lo que le sucedió después con el teatro. Hoy, con 39 años, esta actriz, directora y dramaturga pisa fuerte sobre los escenarios argentinos e internacionales. Es que no sólo actuó en más de veinte obras, sino que también escribió y las dirigió combinando los tres roles: “Pocas veces los combiné, pero siempre fueron experiencias muy felices”, recuerda. La primera vez fue con Rafael Spregelburd, otro dramaturgo con quien fundó la compañía teatral “El patrón Vázquez”. Allí adaptaron una serie de cuentos del escritor estadounidense Raymond Carver, muy

poco explorado sobre las tablas hasta ese momento. Así llegó su paso por el Esportivo Teatral, un espacio de formación para actores y junto con ello sus propias creaciones, la sitcom “Mi señora es una espía”, en el extinto canal Ciudad Abierta, y las piezas teatrales “Todo”, y “Niños del Limbo”. Ahora se la puede ver como protagonista en 4D Óptico, en el Teatro Nacional Cervantes. -¿Cuál es la función del teatro? -Como docente, siempre es necesario que el teatro produzca motivadores, creatividad. Ni el teatro ni el arte tienen que dejarte un mensaje, sino que tienen que generarte preguntas más filosóficas sobre el tiempo, la muerte, el sistema de relaciones entre grupos. No debe producir respuestas. A veces estamos más llenos de mensajes que de cuestionamientos. El teatro siempre tiene la necesidad de generar inquietudes. -¿Y la de los dispositivos autogestionados? -El teatro independiente tiene necesidades. Es difícil manejar una sala, porque no siempre es fácil mantener un cierto nivel de ingresos, pero lo que sí es cierto es que día a día crecen los espacios con su público, hay gente que gusta de este tipo de teatro, y es un público variado. Lo bueno es mantener la vocación y no bajar la guardia.


UN EMBLEMA DE LA UNLZ

Se fue Tato Contissa, pero dejó su marca en muchos Fue un maestro en todas las líneas. Periodista, docente, poeta, ensayista. Había nacido el 28 de agosto de 1954 en Ingeniero Jacobacci. Apasionado, digno, generoso, inteligente, son adjetivos que, aunque insuficientes, ayudan para definir a Néstor “Tato” Contissa en pocos trazos. Murió el 27 de enero. En este primer número de El Cruce de 2012 lo recordamos con textos de algunos de sus amigos.

“Amador”

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Por Santiago Aragón*

Amador. Así te tendrías que haber llamado. Y ningún gitano se hubiese ofendido. Quisiste todo y a todos. De a uno en uno a todos. El barro de la pasión te comprometió con todo lo que amaste y todo lo que amaste te agradecerá eternamente tu compromiso y tu talento. Lo que no te traía quilombo no te interesaba. A contramano y plantado le quijoteabas a la realidad; y ganabas vos, siempre. De tan fácil que fue quererte se va a hacer difícil no saberte más. No encontrar tu risa gigante, que empezaba o terminaba cualquier discusión. No encontrar tu inteligencia embanderando las causas justas, evangelizando con tu fe macha los gruesos silencios de ideas que asaltan a veces a los cagones y a los canallas. “Castigue Tato” parecía decirte una voz que nunca supimos oír y vos empezabas a argumentar, a meter tus filigranas en todas partes y nosotros sabíamos que estábamos a salvo, porque tu voz nos defendía de tanta mierda. Pierna fuerte, cabeza levantada, así te conocí, así viviste, así acertaste y te equivocaste, así quisiste. Supiste demasiado y no supiste que hacer con todo eso. Se te cayó de los bolsillos, de los cuadernos, todo ese amor que pusiste en cada cruce con la vida. Si te tuviera acá te preguntaría de donde carajo se sacan las palabras

cuando el mundo se te anuda y los ojos se te nublan. Cuando inexorablemente se te empieza a extrañar y tu voz es un cacho de viento, severo y cabrón. Con el único que no podías era con vos, al resto lo amasabas debajo de la suela. Pero vos no, viejo, vos te la hacías difícil. Siempre una pelea más, siempre el pero. De tanto querer no ser, fuiste el mejor. Un maestro es ese que tiene la respuesta a una pregunta que a uno ni se le ocurrió todavía. Vos nos dabas las respuestas y nos corregías las preguntas. A todas las palabras del mundo les van a sangrar las rodillas de rasparse contra tu ausencia. Se van a confundir, te van a llorar, se van a quedar mudas, para hacer juego con esta noche en que tu risa sólo contagia desde el recuerdo y tu voz nos florece en los adioses. Son dos caminos, uno el de pensar en la pena con la que nos castiga tu raje, el otro es saber que tu vida nos deja la evidencia de que tipos como vos son posibles, están, existen. Tu recuerdo pesa como tu ausencia pero engorda más rápido. La muerte no entra en corazón tocado por amor, así lo soñó Macedonio y al lado de tu estampa la huesuda se vuelve chiquita, desdibujada, imperfecta. Los sueños son los que van pariendo grandezas, el resto son pequeñeces. Fuiste grande, Tato, seguí soñando con nosotros que le vamos a sacar lustre a las penas hasta volverlas una sola alegría, redentora. Y ahí sí, todo tu amor, todo tu amar, va a librar desde donde nos cuides, para todos los compañeros.


Por Alberto “Beto” Asurey

En los mostradores, las mesas de redacción, en los estudios de radio, en los bodegones y en cada uno de nosotros va a faltar desde hoy la ternura, la iracundia, el coraje y la pasión de Tato Contissa. Se nos fue el Tato y con el perdemos un Argentino y un Peronista de los que ya quedan pocos. Independiente pierde un hincha furioso y el pensamiento nacional un hombre que no midió riesgos en la defensa de la Patria. Compartir con Tato una conversación obligaba a quien participara en ella a ir al caracú de las cosas. Ser prudente o especulativo era peligroso si el interlocutor era Tato. En cuanto descubría que uno estaba calculando o ahorrando coraje era inmediatamente mandado a la mierda sin más miramientos. Desde los primeros tiempos de la revista Movimiento hasta las últimas ediciones de “Condenados al éxito” y “Días como flechas” Tato siempre fue Tato.

La estéril discusión entre periodistas independientes y periodistas militantes siempre le resultó digna de desprecio. “Acá no se trata de militancia o ecuanimidad, acá se trata de ser digno y verdadero, o ser un cagatintas y un cipayo”. Así de simple eran las cosas para Tato. Perro adentro o perro afuera. Dejó obra como para hacer dulce. Fue ensayista, poeta, novelista y escritor de guiones cinematográficos. No hay que raspar mucho para encontrarlo en sus trabajos. Hoy muchos de los que se le atreven a Clarín y a la corpo periodística, tomaron prudente distancia de Tato cuando escribió “El juego del ahorcado” y “Salven a Clark Kent”. Solo con los cojones de Contissa se podía pensar en meterse con empresas periodísticas y periodistas empresarios que hacían gala de su poder y su decisión sobre vidas y hacienda en la Argentina de fines de los noventa y principios del dos mil. En sus “Macanas Puras” el Tato feroz y combatiente de las crónicas políticas dejaba lugar a un aguafuertista amoroso. El amor a sus amigos, a las calles de Buenos

Aires y el Cono urbano, a los personajes que las habitan, a las mujeres que las transitan cobraban toda su dimensión. Con “A Latina” nos dejó a todos con la boca abierta. En ese ciclo de televisión la poética y el periodismo se juntaron para parir verdades a lo bestia. Como toda la obra de Tato no fue fácil conseguir aire para su emisión. Demasiado peronista decían algunos, muy jugado dirían otros. Y Tato ante esos comentarios como en la segunda parte de Matrix, atacó con la segunda batería de programas con un Contissa recargado. Si lo buscaban lo encontraban y si no, el se encargaba de buscarlos. Sus asados eran obras de arte, la terraza de su casa un mirador desde donde se disparaban canciones, charlas, poesías y sueños. Hoy se fue Tato Contissa, si alguien sabe en qué frecuencia transmiten desde el cielo pasen el dato, ni en pedo me perdería el programón que deben estar armando con el Negro González. Entre muchas cosas que supimos compartir estuvo el amor y la admiración por Miguel Hernández, entonces Tato acá va mi despedida; A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero / que tenemos que hablar de muchas cosas/ COMPAÑERO DEL ALMA COMPAÑERO.

Otros testimonios “La Cultura ni se imagina al grosso que despidió. No solo por lo sutil y refinado de tu pluma, sino también por ese pensamiento de anticipación. (…) Necesitabas sentir las alas bien al viento para desplegar tu talento en cada lugar que la militancia te exigía: radio, televisión, novelas, ensayos, columnas, aguafuertes, cartas abiertas, cartas a pedido o discursos a pedido. Todo. Y en esa parada, talló lo honesto que eras con Vos mismo. Talló la del convencido, la del empecinado. La del que no confunde valor y precio Y en esa fuiste además un ejemplo, para nuestra admiración y para muchos. (…) Y le digo al de Arriba: atento Barba con uno que llegó hace poquito (y que debe andar en yunta con un negro bajito con cara de gitano de Toledo), porque ese, a la larga o a la corta te va a convencer de que desde toda la eternidad fuiste peronista!”. (José Daniel “Corcho” Contissa, hermano de Tato). “Tato, un grande de verdad, sin la consabida promoción que, generalmente le escamotean a los grandes. Se los ningunea por envidia, por incomprensión, por la perversidad de la disidencia ideológica. (…) A sus convicciones las pobló de valores, pasiones, lealtades, y servicio hacia el semejante. El sabía que solamente se era peronista si actuaba en consecuencia con el pensar. (…) Tenía un enorme talento y lo puso al servicio de la argentinidad”. (Alfredo Carlino). “Están los buenos tipos, los jodidos, los leales, los traidores, los generosos y los mezquinos. Existen los que dejan una huella y los intrascendentes. Pero pocos son llamados a ser inolvidables…y Tato lo es”. (Diego Olave). “Un amigo con el que poder hablar de la vida. Un compañero con el que se podía hablar de política, reflexionando, sin temores, sin tapujos, sin prejuicios, con libertad y rigor filosófico, ideológico, doctrinario. Con sensatez. (…) Entendía lo sutil con ferocidad. Lo veía claro, lo decía claro. Con cancha, con “carpeta” como dicen los uruguayos. Con tristeza, si cabía. Con pasión. Su poesía era popular, sutil, sensible. Inteligente como él. Difícil decir boludeces cuando uno sufre la realidad y todo importa, y todo duele, y todo me hace humano”. (Martín García). “Jugué la fútbol en el mismo equipo que ese nueve inteligente, aguerrido y veloz. Y desde allí siempre estuvimos en el mismo equipo. Mientras hablábamos de los dos colores que compartíamos (Independiente y Los Andes), me insuflaba peronismo. Mientras me regalaba el primer libro de Jauretche que tuve, hacíamos la revista Alternativa Cultura y organizábamos recitales para financiarla, allá por 1981. Con Tato siempre aprendías, con Tato siempre te reías. Emanaba amor, talento, coraje. Era calentón, leal, bueno. “¿Me podrás reservar una silla? Por la quimio no puedo estar tanto tiempo de pie”. Era Tato en el teléfono diciéndome que esa noche iba a ir a la presentación de un libro mío. Fue el último de los tantos ejemplos que me dio de amistad, humildad, valentía y amor por la vida. Una vez más: gracias Tato. (Daniel Miguez)

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El coraje y la pasión de Tato


HECHO EN CASA Por Hugo Almeida*

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De un simple cable de agencia a un fugaz revuelo local Cuándo. Eran los 90, primeros años del primer gobierno de Menem y apenas asomaba la convertibilidad de lata de Coca a un peso un dólar en el bufet de Sociales. A la salida del bufet la escalera llevaba al primer piso y un largo corredor comunicaba con dos aulas grandes con un cartel pegado en el vidrio de la puerta --AUN--, impreso en papel troquelado de la única computadora del lugar. De manera que siguiendo ese camino pasé del “Necesitan gente...” escuchado a la pasada, al “buenasss...” de la primera visita a la redacción. Y parece que la necesidad de cronistas era cierta. Porque fue llegar y enseguida sumarme al equipo que cubría Almirante Brown, coordinado por Raúl Campos (a) El Riojano. Temas a desarrollar: todos; entrevistas a realizar: todas; cables a redactar: todos (los que se pudieran) Cómo. Al interminable periplo del 54 (el bondi amarillito con bandas rojas) que fatigaba el Camino de Cintura de ida y vuelta, se sumaba un viaje en tren de tres estaciones de Lomas a Adrogué. Luego de la estación a la plaza central a través de calles empedradas y frentes con ligustrinas cuidadosamente cortadas con formas geométricas. Había que aprovechar la mañana para buscar material. Un amplio recorrido geográfico y temático que desembocaba en alguna de las máquinas de escribir de la agencia que, carbónico mediante, daban paso al despacho. Un intento teórico que a fuerza de edición esperaban los diarios, radios y revistas locales para completar sus producciones. Quizás el relato sobre las posibilidades técnicas de la época revelen más mi edad que las limitaciones presupuestarias de esos años, pero creo que la referencia resume un poco las dos cosas. La edición de las dos de la tarde siempre estaba puntual a las tres. Y “el de la moto”,

anónimo y misterioso como un personaje de Titanes en el Ring del estilo “el hombre de la barra de hielo”, partía raudo luego de tomar el manojo de cables. Dónde. “¿De dónde viene?”. No por repetida la pregunta siempre sonaba a “y vos de dónde saliste” Y por la cara que ponían tras la respuesta, creo que la mayoría no entendía la mecánica o el funcionamiento de la agencia. Tal fue el caso de un dirigente gremial que comentó sobre un conflicto entre la comuna y la empresa de recolección de residuos. Era porque el municipio había reemplazado una parte del recorrido con un servicio propio. Y los trabajadores que corrían detrás de los camiones lo hacían por bolsones de comida -hoy planescomo única remuneración. De regreso a la agencia los datos fueron volcados a un cable. Hasta ahí un camino casi sin consecuencias. Pero tras la publicación de la noticia en la tapa del diario local, las cosas cambiaron. Qué. “¿Qué dicen? ¿Cómo que se paga con planes?”, preguntaron las autoridades. “¿Qué les pasa? ¿De dónde sacaron semejante cosa?“, se quejaron desde los mostradores del gremio. “¿Qué cantidad de trabajadores está en esa situación?”, se interesaron dos concejales de la oposición. Es que la tapa del diario local y el título “Basura por comida en Almirante Brown” de Diario Popular habían trasformado un simple cable de agencia, que intentaba responder a alguna de las cinco preguntas de la noticia, en un fugaz revuelo local. La historia se completó con desmentidas oficiales y aclaraciones de los dirigentes que negaron lo que había quedado grabado en un casete Deltachy (oferta de la estación de Lomas: tres por dos pesos). De esta manera fui transitando los primeros pasos de este oficio. Cargado de puras

pretensiones noticiables. Hoy, en tiempos en los que la opinión cotiza más que los datos o el comentario está por encima de la fría y aburrida pirámide invertida, es bueno volver a repasar los momentos en que el objeto de análisis era el hecho y las cinco preguntas aparecían en un horizonte no tan lejano. Pero pongo punto final a estas líneas porque como decía un contemporáneo coordinador riojano esto “es una agencia y no un anuario”. Quién. Al recorrido del 54 que me llevó a la facultad le faltaron algunos viajes para completar la licenciatura en periodismo, pero al mismo tiempo me condujo hacia otros rumbos profesionales. Primero en el ámbito local en Lomas de Zamora y alrededores. En diarios como La Unión o emprendimientos autogestionados como Estación Sur, pasando por radios de la zona, algunos medios gráficos y con penúltima estación hoy en Radio Nacional en la jefatura del informativo.




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