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Diciembre 2011 REVISTA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LOMAS DE ZAMORA

AÑO 3 - Nº19

A 10 años del infierno En diciembre de 2001 la Argentina entró en la peor crisis de su historia. Corralito, saqueos, 38 muertos en la represión de las protestas y 5 presidentes en dos semanas. Fue el desenlace de 25 años de economía de mercado y ausencia del Estado, que dejó a millones de argentinos en la miseria.

ERNESTO LACLAU “Estamos llegando a un nuevo equilibrio”

CAMILA VALLEJO La líder estudiantil que sacude a Chile

HORACIO FONTOVA Entre la música, el cine y la política


Publicación mensual de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

Sumario Editorial

Pag. 3

Jorge Benedetti Leonardo Castillo Adrián Figueroa Díaz Gustavo Naón Pablo Romano Eduardo Videla Martín Voogd

Los días que vivimos en peligro

Pag. 4

La represión provocó 38 muertes

Pag. 10

El fin de una ilusión

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Escriben en este número:

Vivir del trueque

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Neoliberalismo

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Pag. 21

La herencia de los cacerolazos

Pag. 23

El legado de las asambleas

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Empresas recuperadas

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La crisis en el campo

Pag. 31

La cultura salió a la calle

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Y Racing gritó campeón

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Entrevista a Ernesto Laclau

Pag. 40

Reportaje exclusivo a Camila Vallejo

Pag. 44

Cuando el medio es el mensaje

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Las dificultades de ser celíaco

Pag. 50

Pag. 54

Entrevista a Horacio Fontova

Pag. 58

Carla García Nowak, hecha en casa

Pag. 62

Director: Daniel Miguez

Consejo de Redacción:

Mariana Aquino Natalia Arenas Soledad Arréguez Manozzo Atilio Borón Horacio Raúl Campos Noelí Cristti Ana Julia Foti Yanina Fuggetta Alejandro Giuffrida Carlos Lamiral Julián López Perdiz Rocío Magnani Matías Mazzocchi Marina Pandolfi Carla Perelló Matías Quercia Marcelo Rielo Leonardo Rossi Nicolás Sagaian Pablo Sieira Martín Silles María Daniela Yaccar

Diseño: Pamela Royo

Contratapa y retiración: Rubén Ortiz

Las cuasimonedas

Fotografía: ARGRA Escuela Télam

Servicio periodístico: Agencia Universitaria de Noticias y Opinión www.auno.org.ar

Contacto: elcruce@auno.org.ar TE: 4282-8172 /6006 Dirección: Camino de Cintura y Juan XXIII, Llavallol, provincia de Buenos Aires (CP: 1836) ISSN, en trámite Derechos de propiedad intelectual, en trámite.

La patria deportista


EDITORIAL Por Daniel Miguez

2001, estación final del ajuste ¿Qué nos pasó a los argentinos para llegar a los dramáticos días de diciembre de 2001? En este número especial de El Cruce buceamos en las respuestas. Pero hay un hilo conductor incontrastable: nos pasó (por encima) el neoliberalismo, donde la política y los pueblos quedan bajo el yugo del inasible mercado. Fueron 25 años, con escasas treguas, de esa política económica, de ese discurso único, que los publicistas de la dictadura militar sintetizaron tan bien con aquel eslogan que repetía: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”. El ajuste sobre el ajuste hasta que no queda nada para ajustar. Cualquier argentino con sensatez, honestidad y memoria les hubiera dicho a los españoles “¡no voten a Mariano Rajoy”!; a los italianos “¡no voten Mario Monti!”; a los griegos “¡no voten a Lukas Papadimos!”. Ya los votaron. Cada uno de esos países tiene ahora a su propio Domingo Cavallo, a su obediente economista del FMI. Al menos se ahorraron el paso intermedio de elegir a un De la Rúa que designe luego su Cavallo. Llegarán más rápido al subsuelo. Eso es lo que creemos en El Cruce. Otros medios sostienen lo contra-

rio. Por ejemplo, el diario La Nación festejó eufóricamente la elección de Rajoy. También, que haya conseguido mayoría legislativa absoluta para poder hacer el ajuste sin molestias. Afortunado Rajoy, que La Nación no considere para España que una mayoría legislativa es sinónimo de cuasi dictadura, como sí lo hace cuando el presidente electo con amplio respaldo legislativo no tiene en sus planes hacer ajuste, pongamos por caso, Cristina Fernández de Kirchner. Ese ajuste que significa congelamiento salarial, rebaja en los haberes de los jubilados, menos salud pública, menos educación pública, menos consumo, menos producción, menos empleo, más mano de obra barata, es el mismo ajuste que les piden los bancos a Rajoy, Monti y Papadimos. Un detalle: los tres jefes de Estado están ligados al mundo financiero, lo que les ahorra indefiniciones y sentimientos de culpa. Los argentinos ya sabemos cómo termina eso: con más desocupación, inseguridad y violencia. Pero también debemos preguntarnos ¿qué nos pasó a los argentinos para que apenas diez años después sintamos tan lejana aquella realidad? Nos pasó que como emergente de la

consigna “que se vayan todos” apareció un político nuevo para la mayoría: Néstor Kirchner, que tomó el rumbo contrario al neoliberalismo, el que ahora mismo podría evitarle tantos sufrimientos a Europa. El camino de la producción en vez del de la especulación financiera; el camino de la inclusión en vez del de la exclusión; el camino del proteccionismo en vez del librecambismo; el camino de la industria, del valor agregado, en vez del mero exportador de materias primas; el camino de la generación de empleo en vez del de la desocupación; el camino de los derechos laborales en vez del de la flexibilización. Se sabe que hay muchos poderes tratando de que abandonemos esa senda. Basta leer los grandes diarios o escuchar las radios de mayor audiencia, que todos los días nos compelen a comprar dólares, a que generemos inflación, a que tengamos menos ingresos, a que perdamos derechos. Puede que lo logren. La historia está hecha de tropiezos. Pero habremos dado un gran paso si un día perdemos y somos conscientes de que estamos perdiendo. No como les ocurre hoy a muchos votantes europeos que están celebrando una derrota.


A 10 años del estallido

CINCO PRESIDENTES EN DOS SEMANAS

Los días que vivimos en peligro Por Pablo Sieira


El descontento popular ante el ajuste económico y la corrupción se llevó puesto al gobierno de la Alianza, y el poder se convirtió en una brasa difícil de tomar. La reacción social quedó como una marca en el inconciente colectivo de la clase política, que determinaría el rumbo de las próximas gestiones.

La experiencia más traumática que vivió la Argentina desde el regreso de la democracia fue catalogada por la historia popular como “la semana de los cinco presidentes”, aunque duró un poco más que eso. Fueron 14 días en que los dirigentes se pasaban el bastón de mando como un hierro caliente imposible de sostener. Las políticas de ajuste, las privatizaciones voraces, el abandono y la desfachatez de la corruptela estatal llevaron, finalmente, a la eclosión de un movimiento social que superó cualquier pretensión clasista y que mostró al menos dos caras: los saqueos y los cacerolazos. Desde la renuncia de Fernando de la Rúa, el 20 de diciembre de 2001, hasta la asunción de Eduardo Duhalde, el 2 de enero de 2002, se sucedieron reuniones y conversaciones que


A 10 años del estallido

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apuntaban a consolidar un gobierno que pudiera tomar nuevamente las riendas del país. Todo ello, al calor de las disputas internas del Partido Justicialista (PJ). El 6 de octubre de 2000, cuando el vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez renunció, poco imaginaba De la Rúa que su gobierno tenía los días contados. La Alianza había llegado al poder en un escenario adverso, con la mayor parte de las provincias gobernadas por el justicialismo -incluida Buenos Aires-, una ajustada mayoría en la Cámara de Diputados y un Senado en minoría, dominado por el PJ. “Me da mucha vergüenza que un joven de dieciséis o diecisiete años sienta que la política es igual al delito”, apuntó Álvarez al dejar su cargo, en alusión al escándalo por el pago de coimas para la aprobación de la polémica Ley de Reforma Laboral. A esa debilidad política se le sumaban las protestas cada vez más frecuentes en

reclamo de trabajo y justicia social, que parecían no ser escuchadas por la Casa Rosada, dado el empeño en recortar el gasto público a fin de sanear el déficit y pagar los intereses de la deuda externa, de acuerdo a las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Todas las recetas del Gobierno sólo sirvieron para agravar la enfermedad. El resultado de las elecciones legislativas de octubre de 2001 fue la última advertencia para la administración de De la Rúa. La Alianza sólo ganó en cinco provincias y, paradójicamente, en la Capital Federal, hogar de un electorado que tan sólo dos meses más tarde saldría a las calles a reclamar “que se vayan todos”, bajo el estruendo de las cacerolas. A partir del 10 de diciembre de ese año, el gobierno convivió con un Congreso absolutamente opositor. El mensaje de las urnas era contundente: cambiar el rumbo económico del país.

Pero nada de eso ocurrió. La restricción impuesta por Cavallo a los retiros de efectivo de las cajas de ahorro, cuentas corrientes y plazos fijos, en una medida que se conoció popularmente como “corralito”, terminó de marcar la suerte del endeble gobierno. El descontento de las clases medias comenzó a entremezclarse con la desesperación y el enojo de la mayoría, más necesitada y desprotegida.

El derrumbe Tras las elecciones legislativas, el PJ se acomodó en el lugar indicado para atajar a un gobierno sentenciado a caer y, haciendo uso de su mayoría, avanzó sin miramientos hasta la línea de sucesión, el terreno más fértil para cultivar su regreso al poder. El bloque de senadores que presidía el actual gobernador de San Juan, José Luis Gioja, impuso al misionero Ramón Puerta como presidente provisional de la cámara, lo que lo convertía en virtual vicepresidente de la Nación. Las acusaciones de golpismo por parte de la UCR no hicieron mella y en un hecho inédito, la oposición ocupó la línea de sucesión. El fantasma de la conspiración atravesó un sinfín de versiones y elucubraciones. Mientras el sol abrasante de diciembre resplandecía en la cúpula del Congreso, en el conurbano bonaerense el calor comenzaba a exacerbar la molestia. Sin trabajo, sin comida, ni esperanzas, las clases populares dijeron “basta”. Los saqueos comenzaron en General San Martín, Avellaneda, Merlo, Quilmes y Berazategui. No tardaron en sumarse las ciudades más grandes del interior del país. La entrega de bolsones de alimentos por parte del Gobierno no lograba contener la demanda. Arreciaba la represión policial que dejaría un trágico registro de 38 muertos en todo el país. En la Capital Federal, la Plaza de Mayo se convirtió en la vidriera del caos. La declaración del estado de sitio no fue más que otro desatino de un gobierno impotente, la última cachetada a una población que reclamaba al son de un tamborileo, como en el preludio de una ejecución, con el


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golpe seco de las cacerolas. El enojo ya no le apuntaba sólo al Gobierno, sino a toda la clase política. En los pasillos del Congreso recuerdan que cualquier persona que osara salir del edificio era recibida con insultos, huevazos y agresiones. Los manifestantes incluso ensuciaban con materia fecal las manijas de los autos estacionados en las entradas del Parlamento. En el interior, diputados y senadores comenzaron a votar proyectos a toda velocidad, casi sin debate, con el fin de mostrar que se intentaba responder a las demandas sociales. Entre esas iniciativas, figuraba el recorte de las facultades delegadas por el Congreso (los famosos superpoderes) en el ministro de Economía, Domingo Cavallo, que se convirtió en el blanco de todos los discursos. La noche del 19 de diciembre, Cavallo se enteró por los noticieros y los cables de agencia de su renuncia. Y es que la salida del ministro fue anunciada a los medios incluso antes de que el mismo De la Rúa la firmara. Ante la noticia, la Plaza de Mayo festejaba, pero no se conformaba: el Presidente también debía irse. Acorralado, el 20 de diciembre De la Rúa manoteó la posibilidad de un gobierno de coalición. Convocó a todos los partidos con “responsabilidad de gobierno” a “acordar con el Poder Ejecutivo” los pasos a seguir y remarcó que era “necesaria” una “pronta respuesta del justicialismo”. La respuesta no tardó en llegar. En el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, frente a un numeroso grupo de periodistas, el presidente del bloque de diputados del PJ, Humberto Roggero, sentenció: “El peronismo va a seguir ejerciendo el rol de oposición y no va a participar de ningún cogobierno”. Con todo su gabinete renunciado, sin ningún tipo de apoyo político ni presupuesto aprobado, De la Rúa no tuvo más opción que enviar su renuncia al Congreso. Derrotado, se disponía a retirarse de la Casa de Gobierno cuando le advirtieron que la seguridad para su salida por tierra no estaba garantizada. La imagen del helicóptero partiendo de la terraza de la Rosada hacia la quinta de Olivos fue la postal que

inmortalizó el derrumbe.

El regreso del justicialismo El presidente provisional del Senado, Ramón Puerta, se encontró en el ejercicio del Poder Ejecutivo. Si bien algunos de los gobernadores justicialistas reclamaban una convocatoria a elecciones lo más rápido posible (el cordobés José Manuel de la Sota y el santacruceño Néstor Kirchner, entre ellos), el misionero les comunicó que no se quedaría más allá de uno o dos días en la Presidencia. Ya tenía decidido de antemano dar un paso al costado y apegarse al límite legal de 48 horas para convocar a la Asamblea Legislativa que debería designar a un presidente. Debido a la controversia que generó su nombramiento en la línea de sucesión, el senador temía quedar atrapado en posibles conspiraciones. El sábado 22 de diciembre por la noche, los diputados y senadores se reunieron en Asamblea con tres temas a tratar: la aceptación de la renuncia de De la Rúa, la designación del gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, como presidente, y la convocatoria a elecciones para el 3 de marzo de 2002. Estos últimos dos puntos de la agenda habían sido fijados y acordados con

anterioridad por el PJ. Los esfuerzos del titular de la Cámara baja, Eduardo Camaño, para impulsar la candidatura de Duhalde no habían prosperado, en parte, debido al visto bueno del bonaerense Carlos Ruckauf para la postulación del puntano, que finalmente fue elegido con 169 votos a favor y 138 en contra. Rodríguez Saá asumió el 23 de diciembre y en su primer discurso oficial sorprendió con el anuncio de la suspensión del pago de la deuda externa. El flamante presidente prometió además un plan de empleo con el que se crearían “un millón de puestos de trabajo” y fijar un tope de 3.000 pesos para los sueldos de los funcionarios públicos. Si bien las medidas fueron bien recibidas en su momento, el nuevo Gobierno debió enfrentar nuevas protestas cuando informó que el ex intendente de la Ciudad de Buenos Aires Carlos Grosso, con numerosas denuncias de corrupción en su haber, había sido nombrado asesor. Para los manifestantes, esto era “más de lo mismo”. Además, el puntano lidiaba con los recelos que su presidencia despertaba en el interior del PJ, donde se empezaba a sospechar que tenía intenciones de quedarse en el cargo más allá del límite prefija-


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do. Y es que Rodríguez Saá intentó aceitar los contactos con las Madres de Plaza de Mayo y con la CGT encabezada por Rodolfo Daer, luego de haber sumado el apoyo del líder camionero Hugo Moyano. Esos movimientos fueron interpretados por los gobernadores del PJ como un intento de construir una base de poder que le permitiera, llegado el momento, exceder el plazo acordado y atornillarse a la Presidencia hasta 2003. Duhalde, De la Sota y Kirchner, entre otros, comenzaron a criticarlo públicamente.

por cadena nacional. Otro presidente se iba, mientras el año nuevo se acercaba con un signo de interrogación al frente.

“Yo no vuelvo” El 30 de diciembre por la tarde, mientras Rodríguez Saá viajaba en el avión presidencial hacia San Luis, donde daría su discurso de renuncia, los legisladores comenzaron a buscar a Puerta para que volviera a ejercer el Poder Ejecutivo, en su calidad de presidente provisional del

todo del Senado (en la sesión del 4 de enero de 2002) que en aquel momento se encontraba en Apóstoles, su pueblo. Otras versiones lo ubican en Uruguay. El Estado se encontraba en una situación de acefalía inédita en su historia: el presidente electo, su vice, el designado por el Parlamento, y el titular del Senado, habían abandonado sus cargos. Con Puerta fuera de escena, el ejercicio del Ejecutivo y la facultad de reunir al Congreso para elegir jefe de Estado recaía en Eduardo Camaño, titular de la Cámara de Diputados y hombre del riñón duhaldista fogueado en el Conurbano bonaerense. Sin embargo, durante algunas horas la Argentina no tuvo presidente.

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El año nuevo de Camaño

Con las protestas que no daban tregua y los desplantes de gran parte del justicialismo, Rodríguez Saá convocó a una cumbre de gobernadores en la residencia presidencial de Chapadmalal para calmar los ánimos y buscar una solución a la crisis política. Del cónclave participaron el bonaerense Carlos Ruckauf, el salteño Juan Carlos Romero, el formoseño Gildo Insfrán y el riojano Ángel Maza. Todos los demás pegaron el faltazo. El PJ le había soltado la mano al presidente. La noche del domingo 30 de diciembre de 2001, Rodríguez Saá anunció su renuncia

Senado y titular de la Asamblea Legislativa. Sin embargo, el misionero no aparecía por ningún lado. Un senador justicialista recuerda, una década después, en diálogo con El Cruce, aquellas horas. Según relató, levantó el teléfono de su oficina y llamó al celular de Puerta: -Hola, Ramón. ¿Dónde estás? -Me estoy yendo... no estoy. -¿Cómo? ¿Dónde estás? Dejate de joder. Tenés que venir para acá. Alguien tiene que hacerse cargo de esto. -No, yo no vuelvo. Días después, el misionero contó ante

Apenas amanecía ese 31 de diciembre cuando los periodistas comenzaron a hacerle preguntas a Camaño, que todavía no tenía respuestas. No se atrevía a dar por sentado que se haría cargo de la situación sin antes hablar con otros dirigentes para recibir indicaciones. Duhalde y Puerta lo anoticiaron de que había llegado su momento. Le advirtieron que Carlos Menem, rival interno de su padrino político, tenía chances de regresar al poder. El ex presidente todavía conservaba influencias en los resortes del Estado o, al menos, en los dos que quedaban: el Congreso y la Corte Suprema, presidida por Julio Nazareno. “Si vos no agarrás, asume Nazareno”, fue la advertencia que escuchó el diputado del otro lado del teléfono para terminar de entender que el máximo tribunal aguardaba pacientemente a que la dirigencia política fracasara para alzarse sobre la Casa Rosada y servirla al retorno del menemismo. Pero quedaba una traba para Camaño: la renuncia de Rodríguez Saá todavía no había llegado. Iba a ser un lunes muy largo. Las protestas no habían menguado y el país continuaba a la deriva. Era imperioso que alguien asumiera el Ejecutivo lo antes posible y convocara a la Asamblea Legislativa. Pero antes de que Camaño pudiera


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llegar siquiera a la puerta de la Casa Rosada -según fuentes de su entorno- la jueza electoral María Servini de Cubría lo atajó: “Si asume antes de que llegue la renuncia de Rodríguez Saá, lo voy a tener que meter preso”. Pasadas las 17, una vez presentada la renuncia de Rodríguez Saá, Camaño prestó juramento ante el escribano general de la Presidencia, Natalio Etchegaray. Con los votos garantizados para Duhalde, el presidente de Diputados en ejercicio del Ejecutivo dejó convocada a la Asamblea Legislativa.

El último llamado de la crisis El 1 de enero, con 262 votos a favor y 21 en contra, la Asamblea Legislativa eligió a Eduardo Duhalde como nuevo Presidente. El Congreso acordó que no se convocaran a elecciones anticipadas y que el ex gobernador bonaerense concluyera el mandato de De la Rúa. Al día siguiente, en una ceremonia corta y sin discursos realizada en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, Duhalde prestó juramento. En aquella jornada se destacó la ausencia de Menem, quien jamás superó su rivalidad con el bonaerense, y la presencia del ex presidente Raúl Alfonsín. Los votos del radicalismo, ese día, sumaron para el candidato justicialista. El 2 de enero de 2002, Duhalde asistió al Congreso para dar su discurso de apertura del año. Unas 14 mil personas se concentraron frente a la casa legislativa con carteles que exhibían leyendas como “Banqueros chorros, devuelvan la plata del pueblo” y “El trabajo dignifica, la especulación nos mata”. Ante los diputados y senadores nacionales, el flamante presidente admitió que la situación del país era crítica. “La Argentina está quebrada”, soltó Duhalde, al tiempo que admitió que no había “un peso para afrontar las obligaciones de salarios, jubilaciones y medio aguinaldo del Estado Nacional”. Allí, anunció el fin de la paridad 1 a 1 con el dólar, al señalar que “la propia esencia de este modelo perverso terminó con la convertibilidad”. Sin embargo, aseguró

a los afectados por el “corralito” que no iban a ser “víctimas del sistema financiero” y realizó la promesa incumplida más recordada de la historia reciente: “El que depositó dólares recibirá dólares, el que depositó pesos recibirá pesos”.

Ocho cacerolazos masivos, 38 muertos, y las ruinas de un modelo económico que carcomió la estructura social del país fue el saldo que dejó la crisis más desastrosa desde el restablecimiento de la democracia. La Argentina había tocado fondo.

Claudicación ante el neoliberalismo Por Atilio Borón El fenómeno del kirchnerismo y las innovaciones que llevó adelante, como la renovación de la Corte Suprema y la quita de los bonos de la deuda externa, tal vez no hubieran sido posible de no mediar el recuerdo de la movilización del 19 y 20 de diciembre. Si bien fue decisivo el proceso de descomposición de la Alianza que se inició con la renuncia de “Chacho” Álvarez, el gobierno de Fernando de la Rúa se debilitó, principalmente, a causa de la adopción de un esquema de política económica neoliberal que le restó las simpatías que había recibido en las elecciones de 1999. Un ejemplo fue el corralito y otro la designación de Ricardo López Murphy como ministro de Economía, con un criterio empresarial ante el que la gente reaccionó como se esperaba. Frente a esa realidad, se desencadenaron las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre. Si bien los saqueos comenzaron antes en el conurbano bonaerense y en el interior del país, el tiro de gracia fueron esas manifestaciones, que tuvieron como epicentro la Ciudad de Buenos Aires, pero se desarrollaron como expresión de un malestar generalizado. Es cierto que el justicialismo jugó un papel importante y que su fuerte presencia en el Congreso fue un factor que influyó en este proceso traumático, pero estuvo lejos de ser lo que precipitó las cosas. De hecho, la gravedad de la crisis política fue tal que hubo tres justicialistas en la línea de sucesión y ninguno se quedó más de un par de días. Fue la torpeza en el manejo político, lo que hizo que De la Rúa no se diera cuenta de la gravedad de la situación social y económica. La claudicación ante el neoliberalismo terminó de destruir de las posibilidades del gobierno.


A 10 años del estallido

LA REPRESION PROVOCO 38 MUERTES

La sangre derramada Por Nicolás Sagaian

La represión ordenada desde el Estado y la ejecutada por personal de seguridad y comerciantes dejó un saldo trágico en los días del estallido. La mayor cantidad de víctimas se dio en la Ciudad de Buenos Aires y en Santa Fe. Sólo dos de los casos fueron esclarecidos, con condenas a los responsables. Uno ya tiene fecha de juicio y el resto espera el lento tránsito

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de los tribunales. El clima de tensión se palpaba en el aire de esos días sofocantes de diciembre. La temperatura en la calle venía en alza desde hace tiempo, con un intenso ardor que se reflejaba en cada movilización, cada protesta social y cada lucha popular desparramada por todo el país. El ambiente estaba caldeado en aquellas últimas semanas de 2001, pero casi nadie imaginó que los vientos de pueblada tomarían tintes de rebelión, marcando a sangre y fuego algunas de las páginas más resonantes

del libro grande de la historia argentina. El levantamiento general -espontáneo y no- de columnas poco organizadas, colmadas de jóvenes, mujeres, militantes, desocupados, empleados, familias, ancianos y chicos fue impresionante. La saña y la represión de las fuerzas de seguridad, también. Antes y después del decreto 1682/01, que implantaba el estado de sitio en todo el territorio nacional, el accionar de la Policía Federal y la Gendarmería fue brutal, sanguinario, indiscriminado, ilegal y

coordinado. El saldo final y difuso de esas jornadas arrojó miles de detenidos, innumerable cantidad de heridos y una cifra tan categórica como inolvidable: 38 muertos.

Vía libre para tirar Sin dudas hubo un plan, hubo organización y hubo orden para salir a matar. Esa conclusión sostenida a las pocas horas de los hechos por la jueza María Servini de Cubría se fue confirmando con el tiempo, aunque todavía quedan hechos por desenmascarar ante la Justicia. El caso del humilde albañil Juan Alberto Delgado (28) puede dar cuenta de ello: 19 de diciembre. 16.55 horas. Lugar: Pasco y Necochea, la esquina de Rosario donde se levantaba el supermercado Meridian. Hacia allí comenzaron a acercarse lentamente los vecinos, porque alguien en el barrio “había corrido la bola” de que repartirían bolsones de comida a cinco pesos. Tranquilo, a un costado, Juan se encontraba parado porque las entregas, en general, se las hacían a las mujeres. Pero


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el tiempo pasaba y no sucedía nada. Había un extraño tufillo allí. Como si estuviese escrito, el mal augurio se confirmó. Estaba en marcha una emboscada: llegó un camión, pero no traía comida, sólo policías. De inmediato, aparecieron seis patrulleros disparando para todos lados. En la estampida, Delgado recibió el impacto de balas de goma y cayó herido. Por si fuera poco, lo remataron en el piso, con una Itaka, a menos de un metro de distancia. “Seis perdigones se le incrustaron en el cuerpo”, informaron los médicos, después de la necropsia. Los movimientos de los grupos de tareas parecían estudiados en un pizarrón. Como para demostrar que no hubo imprevisión, en Villa Gobernador Gálvez la estrategia policial fue muy similar, casi calcada. Lo puede contar Mónica Cabrera, amiga y testigo principal del crimen de Graciela Acosta (35), que vio perfectamente cómo el sargento Luis Armando Quiroz aprovechó el tumulto de personas, a metros del supermercado La Gallega, para disparar, rodilla en tierra, con una precisión homi-

cida. “Ella estaba conmigo buscando a sus hijos que andaban entre la gente, hasta que empezaron los disparos. Ahí no más de su departamento cayó, mirando al norte, con un agujero en el pecho, mientras le brotaban chorros de sangre”, recuerda, en diálogo con El Cruce, su compañera del Movimiento Territorial Liberación. La bala 9 milímetros, veloz, encontró un orificio de salida. Por esas cosas de la vida quedó en manos de Cabrera, cuando intentaba sostenerla por la espalda en uno de los pasillos del barrio. En esas jornadas trágicas, en Santa Fe fallecieron también Walter Campos (17), Rubén Pereyra (20), Ricardo Villalba (16), Yanina García (18), Miguel Pacini (15) y Claudio “Pocho” Lepratti (35). Esa provincia, por entonces conducida por Carlos Reutemann, fue uno de los territorios donde más muertes ocurrieron, después de la Ciudad de Buenos Aires, donde perdieron su vida 18 personas: Alberto Márquez (57), Diego Ávila (24), Hernán Flores (15), Gustavo Daniel Benedetto (23), Rubén Aredes (24), Damián Ramírez (14), Ariel Maximi-

liano Salas (30), Pablo Guías (23), Víctor Enríquez (21), Carlos Manuel Spinelli (25), Sandra Ríos (19), Cristian Legembre (20), Agustín Gramajo (19), Mariela Rosales (28), Carlos Almirón (24), José Vega (19), Diego Lamagna (26) y Gastón Marcelo Riva (30). Uno a uno fueron engrosando una lista que en los primeros días no se creyó tan numerosa. Entre esas muertes, la de Riva se recuerda como una de las primeras en territorio porteño. El motoquero, a bordo de su Honda CG 125, formó parte de aquella reconocida “caballería de los manifestantes”. En el centro, durante un tramo importante de la tarde, él y otras motos guapearon contra la Policía, a cara pelada, en la extendida batalla que se libró entre el Congreso y la Plaza de Mayo. La formación, dividida en flancos, dio todo para resistir la represión: aceleró, pisó el freno, abrió brechas, trasladó ciudadanos y hasta guió a los manifestantes para ocupar la calle con cuidado. “Vamos, vamos”; “Guarda”, “Por ahí, sí”; “Por ahí, no”, eran algunos de los gritos que repicaban al


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aire. Pero, en uno de esos intensos viajes, mientras circulaba por Avenida de Mayo, con Daniel Guggini de copiloto, Riva recibió un tiro en el corazón. “Lo mataron a la altura de Tacuarí. Lo vi en la tele y lo reconocí por su contextura física y su remera… pero no le podía ver la cara, entonces no lo quería creer”, comentó su esposa, María Mercedes Arena. La mujer recién lo volvió a encontrar en la morgue del Hospital Argerich, cuando caía la noche. Para ese entonces, en el libro de guardia desde hacía horas rezaba que, tras las tareas de resucitación, Marcelo había “fallecido a las 16.30”, justamente, mientras los noticieros pasaban su imagen por la televisión.

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Detrás del argentinazo Detrás de las postales desparramadas por el “Argentinazo” descansan infinitas historias de vida. Entrecruzadas en un terreno áspero, cubierto con piedras, gases y palazos, esas estampas, a su manera, confluyen, algunas por extraña casualidad, otras por mera coincidencia contextual. El caso de hombres que habían salido a luchar contra el neoliberalismo expulsivo del gobierno de Fernando de la Rúa, se mezcla con el de quienes no tenían otra idea que seguir los hechos por radio o TV. O el caso de quienes todavía mantenían un trabajo, se cruza con el de aquellos que no tenían nada. En Corrientes, prácticamente no hubo manifestaciones el 19 y el 20 después de la masacre del Puente Belgrano, en la que habían muerto Mauro Ojeda y Francisco Escobar a principio de esa semana. El clima en la ciudad era de tensión y, como no podía ser de otra manera, fue igual en el humilde Barrio Nuevo, conglomerado de casitas habitadas por numerosas familias de bajos recursos. A metros de su “rancho”, en la esquina de la peatonal Ramos Mejía, Ramón Alberto Arapí (22) estaba charlando y tomando tereré con uno de sus ocho hermanos, Cristian Alexis, y dos amigos. Eran las tres de la mañana y no había noticias de saqueos a comercios ni a supermercados. Estaba todo tranquilo. Sin embargo, algo cambió

de un momento a otro “cuando asomó la Policía que andaba como loca”, le cuenta a El Cruce, Norma Arapí, la hermana de Ramón. “La Ford F-100 bordó de la Comisaría 13° (sin patente ni leyendas identificatorias) entró al barrio. De la camioneta bajaron tres policías con chalecos antibala, como para hacer una razzia, pero estaban descontrolados”, señaló. Asustados por la situación, Ramón y Cristian corrieron. Cristian escapó. Ramón se escondió en el jardín de una vecina, detrás de un muro. Dos de los policías lo vieron, lo obligaron a pararse, el más alto lo golpeó y el otro, “bajito, retacón”, identificado como el cabo Juan Vallejos, lo remató a 60 centímetros de dos disparos. Uno de ellos le entró por el pecho y le salió por la espalda. Las dos vainas quedaron servidas en el lugar y luego fueron encontradas. El flaco, como lo llamaban, era un tipo

tranquilo. Trabajaba como “changarín municipal” y era beneficiario de un Plan Trabajar, comenta Norma. “Era laburante, familiero y siempre tenía una mano para ofrecer y otra para ayudar a quien lo necesite”, detalla. Como tantos otros, Arapí sufrió la saña de la Policía en los barrios de la periferia. La represión fue mucho más dura contra los pobres. Juan Delgado vivía en esa condición, se las rebuscaba. Era albañil y, cuando la cosa andaba mal, cartoneaba para sobrevivir. Ya “estaba afuera” de esos “vicios” que lo habían arrastrado hasta distintas comisarías de joven; esos que quedaron estampados como “antecedentes”, usados el 19 de diciembre de 2001, como justificativo del accionar policial (robos, hurtos y desacato a la autoridad). “Hacía de todo para darles lo mejor a sus tres hijos, dos nenas y un varón”, recordó su hermana mayor, Catalina, ya sin temor de ser amenazada


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nica, amiga de Graciela, que los crió hasta que la rotura del lazo se hizo insostenible. La testigo principal del caso conoció a Graciela dentro del MTL, movimiento del Partido Comunista, que trabajaba en el predio del Fondo Nacional de la Vivienda donde vivían. Las dos, solas, cabezas de familia, encontraron ahí la posibilidad de sobrevivir de manera colectiva. “Hasta último minuto de su vida, la Negra se ocupó proteger bajo su ala a sus pibes. De hecho murió así”, sostiene Mónica. Hoy, de los siete, el más grande, Rubén tiene 26 años; vive en Empalme y anda con un carrito con el que sale a cirujear. José y Marcelo formaron familias y se quedaron en Gobernador Gálvez. César es el más complicado. Dejó el grupo familiar y decidió vivir en la calle, en el Parque a la Bandera, en diagonal al Monumento, donde todos lo conocen por “Josecito”. “No fue fácil para él, como para los demás, perder a su madre, que era el sostén de la familia. Como lo hacen Carla y Katriel –los más chicos-, cada uno lo va asimilando a su manera”, evalúa Alejandra. La esposa de Gastón Riva, lo sobrelleva. Pese a todo, se muestra entera y habla con voz firme, aunque reconoce que al cumplirse diez años de la muerte de su marido “todo se hace muy difícil”. Como en las “viejas épocas”, cuando las heridas estaban abiertas, quizá le cueste comer y dormir, pero cuando lo recuerda, se le llenan los ojos de un brillo especial: “Era un tipo muy dado. Para los que quería, se

últimos sus encargos, cuando entregó un sobre por la zona de Diagonal y 9 de Julio. “Ahí se encontró con la manifestación y se sumó porque en el fondo tenía idea de hacer algo. De hecho, la noche anterior, durante la cena había dicho que teníamos que salir a hacer un poco de ruido”, relata María. Masticando la bronca de todo un país, el joven, robusto, hincha de Boca, con su bolso lleno de papeles, se lanzó a la calle sin pensarlo demasiado. Como en cada viaje de reparto, puso el cuerpo y se jugó la vida, a bordo de su Honda CG 125, esa que le hacía compañía cuando no podía compartir tiempo con sus hijos, Camila, Agustina y Matías. La aceleró a fondo y encaró para el lado de Plaza de Mayo. Recorrió casi 50 metros. En ese momento, Gastón no había advertido a ese grupito de cuatro policías de camisa blanca y gorra, parados a un costado, con el arma desenfundada, dispuestos a disparar a mansalva.

La Justicia en deuda La reconstrucción de los hechos otorga múltiples pruebas para esclarecer la verdad. Pero, hoy, a diez años de una de las represiones más feroces que se hayan visto en el país, son la excepción los casos que tienen sentencia firme e imputaciones para los responsables materiales y cómplices. En Santa Fe, el único policía condenado que aún permanece detenido es el sargento Luis Quiroz. El autor ma-

por hablar de Juan pidiendo “justicia”. Las intimidaciones y los aprietes se transformaron una constante durante los primeros años para los familiares de los caídos. No para todos, pero sí para la gran mayoría. Por eso, no sorprendió que a Alejandra Echeverría, hermana Ella estaba conmigo buscando a sus hijos que andaban de Graciela Acosta –caída entre la gente, hasta que empezaron los disparos. Ahí nomás en villa Gocayó, mirando al norte, con un agujero en el pecho. bernador Gálvez- la llamaran para decirle que se “deje de joder” brindaba sin pensarlo. Para que en esos terial del crimen de Graciela Acosta, en con eso de internar descubrir “la verdad” tiempos difíciles no nos faltara nada tra- 2007 fue condenado a 11 años de prisión, porque en el medio estaba la policía. En bajaba de mensajero hasta media tarde y luego que el Tribunal de Alzada hiciera principio temió por sus sobrinos –admi- después hacía repartos para una pizzería lugar al fallo de la Cámara de Apelaciote-, pero después lo vivió como “una típi- a la noche”. Prácticamente laburaba 16 nes de Rosario que revocó la absolución horas, con un descanso en el medio, para dictada por del Juez de Sentencia Ernesto ca estrategia de desgaste”. “Mal que bien los pibes siempre estu- llegar siempre lúcido a su casa, en el ba- Genesio por “falta de pruebas”. vieron a resguardo”, dice. Hasta hace un rrio de Flores. El asesino de Claudio “Pocho” Lepratti está tiempo, algunos de ellos vivían con Mó- Fue mucho antes de ese recreo, en uno de libre. Luego de cumplir dos tercios de su


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A 10 años del estallido

condena a 14 años de prisión, el integrante del Comando Radioeléctrico de Arroyo Seco Esteban Velázquez, ya trabaja como auxiliar en la Escuela José María Serrano y por la noche atiende un carrito de comidas rápidas, que “guarda en la comisaría local, beneficio del que no gozan otros presos que cumplen salidas laborales o libertad condicional”, según denunciaron desde la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe. Por si fuera poco, los cinco policías que iban en el móvil 2270 junto a Velázquez - Marcelo Arrúa, Rubén Pérez, Roberto de la Torre, Daniel Braza y Carlos Alberto de Souza- en abril pasado fueron absueltos por la Sala II de la Cámara de Apelaciones por el beneficio de la duda. Mientras, permanecen impunes los crímenes de las otras seis víctimas de esa provincia: Juan Delgado, Yanina García, Walter Campos, Rubén Pereyra, Miguel Pacini y Ricardo Villalba. “Con todo esto, de la Justicia santafecina no esperamos nada. Llegamos a otro aniversario sin que nuestro reclamo se haya atendido. Tiene que haber justicia para todos los asesinados en 2001”, señala Catalina, la hermana de Juan con un dejo de desesperanza, aunque sin bajar los brazos. Pasa el tiempo y no pasa nada. La causa de Ramón Arapí está trabada en la Cámara Criminal II, tras innumerable cantidad de idas y venidas. En 2009, el proceso oral y público que juzgaba al agente de la Comisaría 13° Juan Vallejos por homicidio y a los policías Juan Carlos Díaz, Esteban Blanco, Ramón Leiva, Alberto Alfonzo y Raúl Piris por encubrimiento calificado fue anulado y remitido nuevamente al Juzgado de Instrucción N° 1 por un pedido del fiscal Gustavo Schmitt, quien solicitó volver a “foja cero” porque existía abierta una investigación encarada por la defensa de los policías, a raíz de un supuesto falso testimonio de Marcelo Arapí, hermano de la víctima. Con ese recurso se pretendió invalidar una de las pruebas significativas del caso. Luego de reclamos judiciales y marchas, ahora, a más dos años de esas instancias, la jueza Norma Agraso le puso

final a la etapa investigativa y procesó nuevamente a los imputados. Los familiares están a la espera. “Si bien es cierto que la causa está elevada nuevamente y esto genera expectativa, no sirve lo suficiente para mitigar el dolor que significa la pérdida de alguien querido,

quez, militante del Partido Justicialista de San Martín que cayó abatido de un disparo en la plazoleta de Cerrito y Sarmiento. Esto abre la puerta para elevar a juicio oral también, las causas de Gastón Riva, Petete Almirón, Diego Lamagna y Gustavo Benedetto. En este último caso, el ex

Los policías lo vieron, lo obligaron a pararse, el más alto lo golpeó y el otro, bajito, retacón, lo remató a 60 centímetros de dos disparos. asesinado con la complicidad del Estado provincial que nunca colaboró en nada”, advierte la hermana del correntino asesinado en el Barrio Nuevo, a metros de su hogar. Los procesos son así, muy lentos. La Justicia Federal recién hace poco más de un mes, a través del Tribunal Oral N° 6, fijó para el 11 de junio de 2012 el comienzo del primer juicio por la sangrienta represión en la Ciudad de Buenos Aires. Esa fecha se sentarán en el banquillo Carlos José López, Eugenio Figueroa, Roberto Juárez y Orlando Oliverio, cuatro oficiales de Asuntos Internos de la Policía Federal, imputados por la muerte de Alberto Már-

mayor del Ejército Jorge Varando estuvo a punto de ser enjuiciado en 2007 por homicidio agravado, pero luego se le cambió la calificación por “abuso de armas”. Ahora, las causas por esas cinco muertes fueron unificadas pero la investigación aún no se cerró. Algo parecido ocurre en otros trece casos: uno de Ciudad Oculta, los otros del Gran Buenos Aires (ver recuadro). En su mayoría se produjeron en situación de presuntos saqueos. Cinco de esos casos no prosperaron por falta de datos. En el resto, hay diez imputados, tres de ellos con condena. A diez años, la espera y el pedido de justicia continúa vigente.


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Víctimas suburbanas Diego Ávila: asesinado de un tiro en la cabeza en el supermercado “Family” de Villa Fiorito. El dueño del local, Kuin Lein Gain, estaba armado. Algunos testigos aseguran que disparó. Sin embargo, el fiscal Daniel Gualtieri, de la UFI 2, sobreseyó al comerciante en mayo de 2002. Hernán Flores: Había llegado al mercado Angelito, negocio de su tío donde trabajaba de repositor, Lo mató un balazo anónimo, después de un tiroteo. La Fiscalía 3 de Morón imputó por los delitos de “homicidio simple y robo agravado en poblado y en banda” a Mario Choke, Ángel Guardia y Claudio Castro. Estaba el pedido de elevación a juicio y .Sin más datos. Rubén Aredes: Recibió cuatro tiros por la espalda en una protesta en Ciudad Oculta. Como la policía de la comisaría 48 estaba reprimiendo en esa zona y no dejaba salir a nadie del barrio, Rubén se refugió en su casa hasta que los vecinos lograron romper el cerco policial. En una parada de colectivos esperó una ambulancia del SAME que la Policía nunca llamó. Finalmente un remis lo llevó hasta el Santojani donde murió a la medianoche. La familia quiso unificar su caso en la causa federal que investiga los otros cinco muertos de la Ciudad y no pudo. Los sospechosos son policías; pero nunca se encontraron pruebas fehacientes. Damián Ramírez lo mataron por un disparo de 9 mm que le atravesó el pecho. El tribunal condenó al custodio Bernardo Alonso Joulie, retirado de la Prefectura, a seis años de cárcel por “homicidio en riña”. César Enrique Mauicha estuvo imputado por ambos hechos pero quedó absuelto. Maximiliano Salas: A Salas lo mataron de un escopetazo cuando bajaba del colectivo 180. Treinta perdigones le encontraron en el cuerpo. Según el Tribunal Oral 3 de San Justo, el autor material de ese asesinato fue el “Tano” Luis Mazzi, condenado a 15 años de prisión. Pasó un tiempo en la cárcel de Campana, pero presentó un recurso de amparo en la Cámara de Casación y goza de prisión domiciliaria, “sin pulsera”, según denuncia Pablo Pimentel de la APDH de La Matanza. Pablo Guías: Murió en un saqueo a un supermercado en San Francisco Solano víctima de un disparo. Por el hecho está imputado Nicolás Damiko por “homicidio simple”. Sin más datos. Víctor Enríquez: Murió en la vereda del autoservicio Arca Noé del barrio Don Orione en Claypole. Por este episodio fue detenido el dueño del local Ángel Villanueva que tenía una escopeta calibre 12,70 y una pistola. Carlos Manuel Spirelli: Lo fusilaron con armas reglamentarias desde un Gol blanco sin identificación en Pablo Nogués. La causa no prosperó por falta de datos. Sandra Ríos: Asesinada en Avellaneda. Sin datos. Cristian Legembre: Estaba en la puerta del supermercado Steffi de Merlo y fue asesinado por Miguel Angel Lentini, que en principio estuvo prófugo y luego se presentó ante la justicia. El Tribunal Oral N°3 lo encontró culpable de homicidio y le dio diez años y ocho meses de prisión. Pero le concedió la libertad hasta que la sentencia quede firme porque la defensa de Lentini apeló a la Cámara de Casación. Agustín Gramajo: Fue baleado cuando la Policía dispersaba a los tiros un grupo que había ingresado al autoservicio “Nico” de Almirante Brown. Varios testigos afirman haber visto cómo la Policía le disparó: desde una obra en construcción había dos policías en las columnas. Uno de los policías disparó con balas de goma para lograr la retirada, mientras que el otro, escondido en la tercera columna, sacó el arma reglamentaria y efectuó tres o cuatro tiros. Uno de ellos le atravesó la cabeza a Gramajo, pero en la causa no hay detenidos. Según denunció al CELS Diego Ismael Tauil, abogado patrocinante de la familia Gramajo, desde el 19 de diciembre de 2001 hasta el 2 de enero de 2002, el fiscal interviniente no adoptó ninguna medida de investigación relevante. La causa no avanza por falta de pruebas. Mariela Rosales: Fue asesinada en Villa Centenario, en Lomas. En la investigación está imputado el dueño del supermercado “Hola”, Víctor Lepore, de 68 años, a quien le secuestraron un revolver y una escopeta. José Vega: el dueño del supermercado “Oriente”, ubicado en el cruce de ruta 12 y Yepes de la localidad de Moreno, lo mató de un disparo cuando querían saquear su comercio. Condenado.


A 10 años del estallido EL FIN DE UNA ILUSION

Acorralados por la convertibilidad Por Alejandro Giuffrida

A una década del corralito, la medida que volcó a gran parte de la sociedad a las calles y forjó el mítico cacerolazo, El Cruce analiza las razones económicas que derivaron en el estallido de diciembre de 2001. Ajustes, privatizaciones y extranjerización son la contracara de una sociedad que terminó hundida en la pobreza, con altísimos niveles de desocupación y una

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alarmante deuda externa que limitó la soberanía nacional.


Todavía faltaban 20 meses y tres días para que el 19 de diciembre de 2001 pasara a ser “el 19”. En el medio, se sucederían tres ministros de economía, piquetes y cacerolas, corralitos y saqueos. Ni siquiera había llegado el tiempo en que José Luís Machinea anunciara que el año 2000 se despediría con un “blindaje financiero” auspiciado por el Fondo Monetario. De hecho, todavía restaba pasar el invierno. Era otoño en Buenos Aires pero por las noches ya parecía invierno -sólo para algunos-. Esa mañana, a tres o cuatro cuadras del Congreso, cinco personas montaron guardia frente a la Casa del Pueblo con lo único que tenían: colchones. Dormían allí -o simulaban que podían hacerlo-, mientras el rumor corría ágil entre los sin techo porteños. En los días previos, el INDEC había informado que entre Capital y Gran Buenos Aires había más de 3,5 millones de personas bajo la línea de pobreza y, a nivel nacional, la suma totalizaba la vergonzante cantidad de 15 millones. El 40 por ciento de la población. Para comienzos de mayo de 2000, la tenue protesta ya llevaba casi dos semanas ininterrumpidas, acumulando presiones

políticas, pero sobre todo reclamos y colchones. La avenida Entre Ríos desbordaba: cerca de 600 indigentes se habían sumado a la manifestación. El gobierno de Fernando de la Rúa, en un reflejo torpe (uno más), lanzó la orden de desalojar el asfalto. Y los caballos avanzaron con el respaldo de ciertos sectores de la sociedad que todavía no habían sido financieramente acorralados. Tras la represión, quedó en el paladar cierto gustillo profético -una especie de presagio- en esa polvareda policial que venía a interrumpir la metafórica siesta indigente, desplazando a los sin techo que reclamaban -casualmente- un mero techo.

Al corral Para la academia de la lengua castellana, la palabra corralito es el diminutivo de un “sitio cerrado y descubierto que sirve habitualmente para guardar animales”... Al menos en este caso, es difícil negar que la reciente historia argentina favorece la tradición lingüística rusa (en desmedro de la corriente saussuriana) que postula la imposibilidad de comprender la magnitud y significación profunda de un término o

concepto sin situarlo en su contexto social y temporal. Cuanto menos, para esta generación rioplatense, el corralito refiere a la restricción para poder acceder libremente al dinero depositado en los bancos, ya sea en plazos fijos, cuentas corrientes o cajas de ahorros, que anunció el 2 de diciembre de 2001 el ministro de Economía, Domingo Cavallo, pocos días antes de renunciar empujado por la presión popular. “Hemos tenido que adoptar una medida transitoria de limitación a la extracción de dinero en efectivo”, oficializaba, compungido, el ex funcionario de la dictadura y del menemismo, por cadena nacional, despertando de la siesta a cierta clase media que encontró la respuesta en las cacerolas. La medida, según la opinión de casi todos los economistas, era inevitable, porque las corridas bancarias terminaron por demostrar que el charquito de reservas que tenía el Banco Central y los organismos financieros jamás iba a dar abasto para responder a la demanda de dólares que los ahorristas exigían. Se ponía así en evidencia que el sistema de convertibilidad estaba llegando a


A 10 años del estallido su fin, con una estructura productiva de la economía real que nada tenía que ver con la proclamada paridad cambiaria de 1 peso 1 dólar. Leal al establishment y a sus gigantes corporaciones, los voceros políticos se ocuparon de alertar sobre la proximidad del corralito a las grandes empresas extranjeras, quienes desde hacía semanas venían fugando millonarias sumas a sus casas matrices, con el ya conocido (y siempre reciclado) discurso de “remisión de utilidades”. El economista Miguel Teubal, en un extenso artículo publicado recientemente por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), condensó la magnitud del proceso de fuga de capitales en números: los depósitos en el sistema bancario a comienzos de 2001 eran de 87.000 millones de dólares, y para abril de 2002 habían caído a 19.400 millones. Un análisis un tanto más desagregado de esta salida de divisas durante 2001, que bien pone en evidencia el economista Eduardo Basualdo, comprueba que casi el 90 por ciento de las remesas al exterior correspondió a empresas, en su gran mayoría integrantes del núcleo de las 200

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Sin gesto patriótico Convencido ya de que la crisis era casi inexorable, Fernando de la Rúa juntó a todos los gobernadores y les pidió un “gesto patriótico”. Sí, el neoliberalismo ha sido impecable en la instrumentación de eufemismos. En este caso, el gesto escondía la firma de un pacto fiscal y el compromiso de congelar por cinco años los gastos de sus provincias, garantizando un quiebre todavía más severo de las economías regionales. El acuerdo fue firmado, sin quejas, el 18 de noviembre de 2008 por 22 de los 23 mandatarios provinciales. Sólo el gobernador santacruceño Néstor Kirchner evitó poner su nombre y firma, pese a las sucesivas presiones de la Casa Rosada y el Fondo Monetario. Con el tiempo, esta actitud recobrará sentido y se enmarcará en una destacada línea popular.

firmas más importantes de la Argentina. Así, los únicos animales que quedaron guardados en este sitio cerrado y descubierto fueron los ahorristas de la clase media, algún sector industrial sobreviviente y una capa de comerciantes con media suela ya sobre el precipicio.

El neo-backstage La mecha había comenzado a consumirse mucho antes. Desde el día cero quizá. Pero la bomba estalló definitivamente con los episodios de diciembre 2001, que incluyeron el asesinato de decenas de militantes populares: una herida jamás sanable y mucho menos negociable. Concluyó allí un proceso que había iniciado el golpe militar de 1976 al instaurar un modelo económico netamente favorable a grandes grupos económicos y agentes financieros; los mismos actores que en 1989 volvieron a tirar sus puños contra la democracia mediante un temblor económico que indujo a la masiva fuga de capitales, seguida por devaluaciones torpes y fiebres hiperinflacionarias. Luego, el plan de ajuste estructural que el menemismo logró hacer figurar como el Arca de Noé incluyó una rigurosa dieta de privatizaciones, desregulaciones (sobre todo en el mercado laboral), endeudamiento con organismos internacionales de crédito y la apertura desmedida a los intereses financieros mundiales. Para cuando De la Rúa huía en helicóptero, la desocupación alcanzaba a más de un cuarto de la sociedad; uno de cada dos argentinos estaba por debajo de la línea de pobreza; y seis de cada diez ganaban menos de 500 pesos mensuales. Concentración, extranjerización, desindustrialización, inequidad distributiva. Las aguas del neoliberalismo volvían al mar de la globalización y en la arena argentina sólo quedaron sus resabios. El proceso económico y social había tocado todos los rincones de la población, metafórica y literalmente. En el plano financiero, por ejemplo, cuando Martínez de Hoz impuso la Ley de Entidades Financieras en 1977 operaban en el país exactamente unas 725 entidades, de acuerdo a un relevamiento del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de

El fracaso del neoliberalismo Mario Rapoport* Para la Argentina, la crisis de 2001 parecía -a todas luces- terminal. Fue una situación traumática como nunca vivió nuestro país. El endeudamiento externo había alcanzado el 175% del Producto Bruto, había desinflación, muchísima desocupación, un nivel ínfimo de reservas monetarias, una industria paralizada, desmonetización de la economía (suplida parcialmente por las monedas paralelas) y, desde ya, una situación social insostenible. Frente a este panorama, la salida de la convertibilidad era inevitable, dado que no se correspondía con la realidad de las reservas monetarias, ni tampoco con el poder adquisitivo del peso frente al dólar. Así como también fue inevitable el corralito, lo cual no implica que haya sido una buena medida, porque básicamente la gente vio cómo se perdían sus ahorros. Es que técnicamente era imposible que los que habían depositado dólares pudieran recibirlos, porque la economía argentina no tenía ni de cerca los dólares suficientes para eso. Sin embargo, sí hubo muchos sectores, especialmente empresas multinacionales, que retiraron anticipadamente divisas del país - advertidas de esta situación- alegando que tenían que remitir dividendos: una magnífica fuga de dólares. La crisis económica se acrecentaba todavía más por los planes de ajuste, exigidos por el Fondo Monetario y otros organismos internacionales, que incluían rebajas de salarios y jubilaciones; situación que de hecho es comparable con la crisis europea actual, y particularmente con Grecia. Las teorías neoliberales nos habían llevado a un panorama insostenible. El Estado se achicaba cada vez más, así como también el consumo, la inversión, el empleo, provocando un espiral infernal. Fue el cierre de un ciclo, que había comenzado esencialmente en los años setenta a nivel mundial, y en el que la Argentina fue precursora con la dictadura militar del ‘76. Implica también el fracaso del neoliberalismo en nuestro país, en nuestra región y en el mundo entero. Hoy, a diez años de aquella crisis, podemos celebrar que la situación argentina ha cambiado radicalmente respecto de ese 2001, en contraposición a otras naciones que continúan con profundos problemas económicos y en las que la Unión Europea se empaña por seguir aplicando esas políticas de ajustes y endeudamiento.

* Licenciado en Economía Política, Doctor en Historia.


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la Argentina (CEFID-AR), mientras que para comienzos del siglo XXI ese conglomerado se había achicado drásticamente y alcanzaba apenas algo más de 80 entidades. La década menemista se ocupó de entregar a capitales privados los activos estatales más diversos. Se privatizaron desde áreas como telefonía y comunicaciones, hasta compañías aéreas, pasando por industrias petroquímicas, explotaciones de petróleo, cerca de 10.000 kilómetros de autopistas –es de decir, dos veces la ruta 40 que recorre de Ushuaia a la Quiaca-, ferrocarriles y otros sistemas de transporte, la distribución de gas natural, electricidad, agua, industrias del hierro y el acero, carbón, compañías del área de defensa, represas hidroeléctricas, operadoras televisivas, hoteles, puertos, silos, hipódromos. A precio de remate, el Estado había conseguido para fines de 1994 unos 27.000 millones de dólares mediante estas privatizaciones. Se suma a un endeudamiento brutal, que llevó a la Argentina a deber al exterior para fines de la década del noventa 145.300 millones de dólares, siendo que para antes del 24 de marzo de 1976 el país adeudaba menos de 7.000 millones. Naturalmente, tremendo caudal de fondos (más el desembarco de la inversión extranjera directa promovida por la liberalización plena del flujo de capitales) sirvió para colorear los espejitos que buena parte de la sociedad accedió a comprar. Deme dos, por favor. Ah, y un viaje a Miami no vendría nada mal.

¿Y luego qué? Cuando el gobierno de la Alianza terminó de hundirse, flexibilización laboral y recorte de salarios mediante, en el país hubo voces que hasta llegaron a proponer directamente dolarizar la economía. El efímero Adolfo Rodríguez Saá declaró el default de la deuda externa y luego, a principios de 2002, Eduardo Duhalde puso fin al régimen de convertibilidad y devaluó la moneda, lo que significó una inmediata pérdida del poder adquisitivo (sí, todavía más) del sector trabajador. Al cumplirse una década de la aplicación del corralito, Domingo Cavallo (quien, además de la ingeniosa medida, también fue el que nacionalizó las deudas privadas

al cierre de la dictadura militar y luego uno de los ejecutores del proceso de privatización y los planes de ajuste del imperio menemista) consideró oportuno reaparecer en los medios de comunicación masiva. Ya no para dar anuncios, desde ya, sino para dejar en claro que él no se arrepiente de las decisiones adoptadas en el fatídico diciembre de 2001. Simplemente, reconoció que le faltó “inteligencia y sagacidad política” en ese momento. Que las palabras de Cavallo (fiel operador de los servicios financieros internacionales), así como la de tantos otros gurúes de la economía que todo el tiempo buscan desestabilizar el proceso que vive la Argentina, no encuentren lugar donde hacer mella no es una casualidad del destino,

sino un logro político verdaderamente destacable, que plantearía –aparentemente- un horizonte de cierta madurez social esperanzadora. En estos últimos diez años, la Argentina ha atravesado un proceso político, económico y social profundo, que estuvo y está marcado por las heridas y enseñanzas que el estallido de 2001 dejó en el pueblo. Las asambleas populares, las más de 200 empresas que fueron recuperadas por los trabajadores, la resistencia a los desalojos, el florecimiento de nuevas formas de organización política, el reconocimiento en procesos latinoamericanos, y la profundización en los debates y reclamos son el balance de una década refundacional para el pueblo argentino.

La salida: un proyecto productivista Por Guillermo Wierzba* Los acontecimientos del año 2001 constituyeron un momento de ruptura en la vida nacional. A partir de allí, el país cambiaría en todos sus planos. El neoliberalismo había sido aplicado en su forma más cruda durante el fin del siglo XX: 25 años de estancamiento del producto por habitante (1976-2001) y una tasa de desempleo que superaba los 20 puntos fueron consecuencias sobresalientes de las políticas que exigían el FMI, los organismos multilaterales de crédito y el establishment internacional de banqueros. Se sumaba a una profunda concentración económica y una desarticulación industrial, que tuvo su contrapartida en la reprimarización productiva y políticas de ajuste de variadas raigambres, pero siempre antipopulares. La crisis de proporciones significó el final de la convertibilidad y el comienzo de una transición dolorosa que duraría casi dos años, desordenada y con un diseño de políticas que, como la pesificación asimétrica, condujeron a un empeoramiento de las condiciones distributivas mientras se transitaba una profunda recesión. El período contó con el ascenso del descontento popular, la pérdida de la hegemonía de los postulados del Consenso de Washington, y una creciente organización y movilización social. Con la presidencia de Néstor Kirchner, la Argentina comienza otra etapa cuyos rasgos son opuestos al patrón de valorización financiera que se iniciara con la dictadura terrorista de estado y explotara con la crisis y las rebeliones populares de diciembre de 2001. A partir de 2003 se desplegó un proyecto productivista en el país, con distribución progresiva del ingreso, enérgicas políticas de inclusión social y racionalidad macroeconómica. A su vez se recuperó, y esto fue la clave, el papel de la política en la economía erradicando la idea del reinado absoluto del mercado. La recuperación de las convenciones colectivas de trabajo, el pago al FMI y la autonomización respecto de sus exigencias de medidas de ajuste, la reestructuración de la deuda externa con quita inédita, la implementación de una política de administración cambiaria con tasas múltiples (por efecto de las retenciones), el abandono del proyecto del ALCA, marcaron un nuevo rumbo anclado en el latinoamericanismo y el paradigma del desarrollo con inclusión. Más tarde vendrían la Asignación Universal por Hijo, la reestatización de la administración de pensiones y jubilaciones, las cooperativas del plan Argentina Trabaja. El 54% de los votos obtenidos por el gobierno son el símbolo del respaldo ciudadano a una política de raíz democrática, nacional y popular. Un piso sólido para profundizar los cambios acentuando el signo del proyecto en curso.

*Economista y director del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (CEFID-AR)


A 10 años del estallido

Remotos orígenes de una oscura ideología

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Por Horacio Raúl Campos

En 2001 explotó la Argentina en todos los frentes: político, económico, laboral, social, industrial y cultural. Producto de la sobredosis de neoliberalismo aplicado a toda la vida nacional. La aplicación de esa sombría visión de mundo se remonta en nuestro país al menos hasta 1975 con las medidas conocidas como ‘rodrigazo’, que fue algo así como un banco de pruebas para lo que después realizaron el cerebro de la dictadura cívico y militar, Alfredo Martínez de Hoz, y el Grupo Perriaux, proveedor de teoría al Proceso. En el caso de la Argentina, la dictadura aplicó de modo sistemático lo que el almirante Isaac Rojas expresó en 1955: “Para que desaparezca el peronismo deberán desaparecer las chimeneas”. Es decir, volver a ser una desventurada granja pastoril. Y si es posible, volver a la Argentina de 1910 o, peor todavía, a la segunda mitad del siglo XIX para tener un país exportador de cueros y cecina. En esa misma línea se expresaba el ministro del Interior de la dictadura Albano Harguindeguy, que señaló en 1976: “El proceso de Reorganización Nacional vino para devolver a la Argentina al 3 de junio de 1943”. La derecha siempre tiene las metas muy claras. Los que no suelen tener claro el rumbo son las pequeñas burguesías académicas de izquierda o asalariados de clase media, oficinistas, periodistas, etc., que por lo general son pensados por otros. Respecto de lo que conocemos como neoliberalismo, los historiadores coin-

ciden en señalar que el origen teórico de esa doctrina es el libro del austríaco Federico Augusto de Hayek (1899-1992), titulado Camino de Servidumbre, escrito en 1944. Así fue como el credo neoliberal permaneció en teoría por más o menos dos décadas. El cambio lo provocó la llamada crisis de 1973, expresada en el aumento de los precios del petróleo. A partir de entonces, el neoliberalismo pasó a ganar terreno con críticas al Estado de bienestar en los países europeos que, de a poco, abandonaron el bienestar y ahora son víctimas de la extorsión financiera internacional. La ideología neoliberal no se reduce sólo a una doctrina económica. También es un modo de vida, una visión de mundo. Tirar abajo edificios históricos para hacer cuevas de treinta metros o hacer un shopping en una escuela son algunos de los tantos efectos decadentes de esa ideología. Son sus símbolos últimos. Y en la Argentina, donde esa ideología fue llevada a la práctica hasta sus últimas consecuencias, el proceso de los noventa debe ser examinado como una fase superior de un ideario que se prefigura en la Argentina con el gobierno pseudoperonista de Isabel Martínez y en aquellos antecedentes mencionados que se registran a partir del ’55.

Civilización o neoliberalismo Si la civilización tiene elementos como

escuelas, derechos, trabajo registrado, libros, cultura, el neoliberalismo es todo lo contrario de eso: es la barbarie cantada como teoría económica. Porque los difusores del neoliberalismo, que por estos años parecen agazapados, no se presentan a sí mismo como ideólogos ni que tienen ideología. Aunque después del 23 de octubre intentan condicionar con un golpe de mercado el gobierno de Cristina Fernández, como ocurrió en 2003 con Néstor Kirchner. El azaroso camino del neoliberalismo en la Argentina significó prensa a favor de privatizaciones de empresas clave de la economía nacional, desregulación laboral, apertura de mercados, inversiones extranjeras, disciplina presupuestaria, reforma fiscal regresiva, desindustrialización, desguace ferroviario y apertura al flujo de capitales financieros, entre otras desgracias. Ello generó altísimas tasas de desocupación, nula investigación científica, fuga de cerebros, marginalidad, cartoneros (recuérdese que en 1973 en la Argentina no había cartoneros), piqueteros, inseguridad, dependencia de la extorsión financiera internacional y hasta casi se llegó a la balcanización territorial. Este cóctel explotó en el rostro de los argentinos en 2001, ocasión en que gobernaba el radicalismo, que se mostró una vez más inepto para juntar poder y para hacer frente a otros poderes de variada índole.


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Del peso fuerte a las cuasimonedas Por Carlos Lamiral A mediados de 2001, luego de un año de ajustes y recortes de gastos a nivel nacional, la desfalleciente economía argentina comenzaba a dar claras muestras de agotamiento. El 21 de julio de ese año el Senado de la provincia de Buenos Aires aprobaba una ley que, vista a una década de distancia, significó el primer impacto serio bajo la línea de flotación del Plan de Convertibilidad. La norma ponía al principal estado de la Argentina en emergencia económica y administrativa y contemplaba la creación de la primera cuasimoneda de las 16 que llegaron a circular en el país: el patacón. El gobernador Carlos Ruckauf decidía de

El viejo patacón Además del famoso bono implementado por el gobierno de Ruckauf, el patacón fue una serie de monedas de plata emitida entre 1881 y 1883 en Argentina. Entonces se acuñaron cuatro valores: 1 peso moneda nacional (25 gramos y 900 milesimos de plata), 50 centavos (12,5 gramos y 900 milesimos de plata), 20 centavos (5 gramos, 900 milesimos de plata) y 10 centavos (2,5 y 900 milesimos de plata). También se había acuñado el argentino de oro, equivalente a 5 pesos moneda nacional o 5 patacones y el ½ argentino de oro. Por ese entonces, luego del exterminio de pobladores originarios llevado adelante por Julio Argentino Roca y su campaña al desierto, los estancieros argumentaban que los tehuelches eran holgazanes y no servían como mano de obra. Por eso, ofrecían un patacón a cambio de cada par de orejas de los nativos. Una forma nefasta de continuar con la salvaje matanza. Como reza la letra de Aoniken, del cantautor Hugo Giménez Agüero: “Pero llegaron / otros hombres / con un regalo y otra voz / para ganarse tu confianza / te sumergieron al alcohol / después te llamaba borracho / el mismo ser que te enseñó / al mismo tiempo que ofrecía / por tus orejas un patacón”.

esa manera imprimir sus propios “billetes” para pagar sueldos y proveedores, ya que de la Nación poco podía esperar. La coparticipación federal de impuestos era inexistente. El patacón se emitía en dos series y pagaba 7 por ciento anual a un año. La primera moneda paralela ponía así al desnudo la real situación de insolvencia financiera de la Argentina, escuálida de dólares producto de la fuga de capitales. Apenas un par de semanas después, el gobierno de Fernando de la Rúa, con otro acto administrativo, comenzaba a reconocer ante “los operadores del mercado” que ya no tenía dinero. El 9 de agosto sancionaba el decreto 1004 que creaba las Letras de Cancelación de Deudas Provinciales (Lecops), la moneda paralela de la Nación que ni siquiera llegaba a representar un empréstito tomado por la Tesorería del Ministerio de Economía, porque era en rigor un crédito contra un Fondo Fiduciario administrado por el Banco Nación. La idea era tirarles esos papeles a las provincias a cambio de que estas le mandaran sus propios papeles a la Nación. O dicho de otro modo, un mecanismo para evitar que se diseminara el ejemplo del bonaerense Patacón. Las Lecops tenían prevista una emisión de 3.300 millones de pesos, pero el cálculo quedó corto. Estimaciones privadas indican que llegaron a circular monedas paralelas al peso por más de $ 6.000 millones, lo que llegó a equivaler a la mitad del dinero circulante de la economía nacional. Pero cuando la Nación salió con sus Lecops, ya era demasiado tarde. Quince jurisdicciones de las 24 empezaban a emitir moneda propia. Córdoba, las Lecor; Entre Ríos, el Federal (también conocido como Bono Federal o Bofe); Corrientes, el Cecacor; Tucumán, el Bocade; Mendoza, el Petrom y los Petrobonos, como Chubut y Río Negro; Misiones, el Cemis; San Juan, el

Huarpes; Chaco, el Quebracho; Formosa, el Bocafor; Catamarca, Bono 4748; Tierra del Fuego, las Letras; Chubut y Río Negro; Jujuy, el patacón 1 y La Rioja, el Bocade. El descontrol monetario de la Argentina siguió hasta diciembre de 2003, fecha en la que el programa de rescate implementado por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna terminaba de sacar de circulación al último de los bonos y cancelaba deudas con los gobernadores. Empleados públicos de las provincias, la Nación y las universidades estuvieron dos años percibiendo por el total o en parte sus salarios en cuasimonedas, bonos que circulaban mucho más rápidamente que los pesos, debido al amargo recuerdo del empréstito 9 de Julio de Alvaro Alsogaray, quien como ministro de Economía en 1962 fue el precursor de las cuasimonedas. Quienes cobraron salarios con aquellos títulos perdieron, porque nunca se aceptaron al valor nominal, sino hasta un 30 por ciento por debajo. Los bonos provinciales del 2001 al 2002 pusieron en evidencia la total y absoluta situación de insolvencia del Estado, que desencadenó en la crisis de diciembre. De la ilusión neoliberal de tener una de las monedas más duras del mundo, el país pasó a contar con más de una docena de diferentes denominaciones. Pero más allá del desorden y el caos monetario, lo bonos provinciales sirvieron en su momento para que no se cortara la cadena de pago a los proveedores del Estado y los empleados públicos, lo cual hubiera potenciado aún más la depresión económica.

La moneda que no fue El desquicio político de la Argentina había llevado a que el ex gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, en su breve lapso como presidente –apenas una semana-designara al frente del Banco Nación a un oscuro periodista económico llamado Eduardo Espósito, quien a minutos de entrar en el cargo anunció un programa bimonetario. Rodríguez Saá pensaba crear una nueva moneda, el Argentino, paralela al peso convertible. La primera, evidentemente, era devaluable, y la segunda, no. Pensaba hacer una emisión de 15.000 millones de argentinos. Como tantos de sus anuncios, quedó solo en proyecto.


A 10 años del estallido ESTRATEGIAS DE SUPERVIVIENCIA

Vivir del trueque Por Rocío Magnani

Cuando faltó el dinero, la sociedad buscó sistemas ancestrales de intercambio. Bienes y servicios pudieron llegar a los usuarios a través de la extensión de los clubes del trueque, surgidos a mediados de los ’90. Sus promotores estiman que, de una manera u otra, llegaron a participar unos seis millones de personas. Las redes continúan hoy, pero en forma mucho

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más limitada Conseguir un turno con el odontólogo, un auto usado, dos pares de zapatos. Ir al teatro, hacer un curso de computación, inglés o portugués. En medio de la crisis del 2001 y con un país patas arriba, millones de argentinos acorralados por el sistema financiero adoptaron al trueque como modo de intercambio. Los tickets circulaban en todos los tamaños y colores, mientras que los nodos de reunión se multiplicaban desde La Quiaca a Ushuaia. “La experiencia constituyó una fotografía muy íntima de la crisis”, evalúa a diez años del fenómeno Rubén Ravera, uno de los ideólogos de la Red Global del Trueque. Por primera vez, la actividad se volvía masiva, ocupaba las calles, las plazas, los clubes. Según el impulsor de la agrupación, “convocó más de 6 millones de personas” a principios del milenio, para sobrevivir hasta el día de hoy en un puñado de activistas. Ahora en Grecia, al igual que en otros estados europeos que hacen pagar a la población los costos de la crisis, el trueque surgió como alternativa económica. “Nadie se tomó todavía el tiempo de investigar todo lo que significó el trueque para la sociedad del 2001, hablamos de unas 6 millones de personas según nues-

tros registros que de pronto se sumaban a la actividad, muchos de ellos para comer”, explica Ravera, que participa de un centro de reuniones, todos los viernes, en La Boca. La Red Global del Trueque, una de las tantas que funcionan en el país, fue fundada el 1º de mayo de 1995 como un laboratorio de una treintena de porteños que prescindieron del dinero con el objetivo de consolidar vínculos más fuertes del comercio local. “Siempre fue una actividad doméstica, puertas hacia adentro”, explica Ravera. Para el 2001, la profundización de la crisis en todos sus niveles empujó a torrentes de desempleados, amas de casa, gente de todos los estratos sociales y lugares del país, a ingresar al sistema de intercambio de bienes y servicios, ganando los espacios públicos, en un boca a boca imparable. No sólo se trataba de cambiar una remera por una docena de empanadas. El mercado se organizó en base a los créditos. “No eran una moneda en el sentido actual de la palabra, había más de 2500 tipos que circulaban en un volumen de 40 millones”, especifica Ravera. En San Luis, por ejemplo, se llegó a vender un terreno de 270 mil pesos con 270 mil créditos. Se calculaba por entonces que los tickets constituían la

tercer moneda en uso. Hasta las Madres de Plaza de Mayo habían abierto un nodo de intercambio. “El ingreso de prosumidores (en lugar de consumidores) modificó todo el funcionamiento de la red -explica Ravera-, hubo que acelerar algunos procedimientos, especialmente en cuanto a la capacitación, porque eran tan grandes las necesidades que fuimos disminuyendo al mínimo los requisitos de participación. Los clubes de trueque habían adquirido el formato de una feria.” Luego, con la recuperación de los niveles económicos y el establecimiento en 2003 de los planes de ayuda como el Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, la población de la red de trueque disminuyó hasta volver a su conformación anterior. “Algunos medios periodísticos quisieron instalar que el trueque ha muerto, pero eso no es así, simplemente volvió al plano autogestivo individual y de puertas adentro”, afirma el activista. Hace pocos meses fue invitado a Grecia para contar la experiencia que también surgió allí como alternativa ante la crisis internacional de 2008 y los ajustes posteriores. “Se produjo una fiebre del trueque tal como aquí”, evalúa. Entonces, ¿qué fue y qué es el trueque? La síntesis de Ravera es que se trató de “un experimento a cielo abierto, social y superador, que no ha sido totalmente esclarecido por la revisión histórica”. “El periodismo lo ubicó como fenómeno de supervivencia y en 2001 resultó así, porque era el factor que determinaba que una persona comiera o no, se vistiera o no. Pero, al mismo tiempo, el trueque persiste de forma silenciosa en las comunidades, es la economía humana dispuesta a dar respuestas en las horas críticas, cuando el resto de los resortes económicos, políticos y sociales fallan.”


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LA HERENCIA DE LOS CACEROLAZOS

“La mayoría eligió un proyecto que sostenía esa demanda” Por Natalia Arenas

Una multiplicidad de nuevos sentidos y significaciones parecía emerger de cada repiqueteo entre cuchara y cacerola, en diciembre de 2001. Una década después, El Cruce consultó a la periodista y escritora María Moreno, cronista de los episodios de aquellos días, autora de La comuna de Buenos Aires, sobre el significado de aquella explosión y lo que queda de ella.

Las imágenes en-vivo-y-en-directo de los flashes informativos horrorizaban a cualquiera. El fantasma de fines de los ’80 comenzaba a merodear los pasillos de los supermercados del conurbano bonaerense y se colaba también en el hastío insoportable de una crisis que se había desatado hace rato, pero explotó (¿o implotó?) el 19 de diciembre de 2001. Otra vez los saqueos. Ante un escenario colmado de incontrolables actores, Fernando de la Rúa anunció el estado de sitio. Y, en una clara desobediencia indebida, miles de personas hicieron exactamente lo contrario: en lugar de quedarse en sus casas, salieron a ocupar el espacio público. Los primeros clan clan clan comenzaron a resonar afuera. Otros, se les sumaron desde ventanas y balcones porteños y, en cuestión de minutos, se acoplaron a los precursores y, juntos, se apropiaron de ese ícono que es la Plaza de Mayo. La consigna era hacer ruido. Y ese baru-


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llo de instrumentos varios se verbalizó, después, en el anárquico “Que se vayan todos”. Una frase que, paradójicamente, vino a romper con la literalidad. Porque, a 10 años de los cacerolazos, todavía se discute el significado real de aquella exigencia. Mientras que por aquellos revoltosos años el pedido parecía ser la renovación de la clase política, hoy, varios personajes del pasado siguen rondando y ocupando bancas y lugares de poder. Los cacerolazos como fenómeno de manifestación social en la Argentina quedaron allí. En ese 19 y 20 de diciembre. El fervor cacerolero multitudinario (y no exactamente popular) se transformó, después, en asambleas barriales. Pero lo que parecía ser un despertar de una clase media ahorrista a los reclamos sociales y, por qué no, a la participación política, se quedó en la queja por lo propio y el apoyo volátil a los primerísimos piquetes. Diez diciembres más para acá, la memoria nacional retiene la insoportable levedad

de un fenómeno que tuvo una intentona de resurgimiento en 2008, en algunos barrios acomodados de Buenos Aires y provincias del interior, en defensa de los ruralistas y en contra de la famosa “125”. “Porque un Premio Nobel había dicho que el tintinear era el aplauso de las cosas, cada cual fue con su cacerola por su pequeña Bastilla”, escribió la periodista María Moreno en su libro La comuna de Buenos Aires . Allí compila una serie de crónicas y entrevistas, algunas de ellas publicadas, por entonces, en el diario Página/12. El material fue seleccionado en 2002 pero recién se publicó este año. A pesar del significativo paso del tiempo, la autora no retocó nada y sólo se limitó a agregarle un “A 10 años”, a modo de prólogo. Allí recoge opiniones e hipótesis sobre el futuro de la sociedad, de personajes como Horacio González, Nicolás Casullo, María Rachid, Martín Caparrós y Diana Sacayán, entre otros, con la imprevista actualidad.

En diálogo con El Cruce, la periodista hizo un análisis de aquellos hechos. -En la elección del título de su libro hay una referencia obvia y directa a La comuna de París: ¿Cree que los hechos de 2001 son comparables, en cuanto a su importancia y trascendencia histórica, a los sucedidos en París en el siglo XIX? -Es una comparación que hace Horacio González, pero también un juego asociativo mío más inocente o perezoso, de los típicos que hace el periodismo. Pero las dos comunas- no comparo, relaciono-, creo que fueron derrotadas pero dejaron innumerables e incapitalizables huellas históricas. -¿Qué significado le atribuyó, en el momento de los hechos, a la serie de símbolos que confluyeron y se generaron a partir de los cacerolazos? (desde las propias cacerolas hasta el “que se vayan todos”) ¿Cuáles les asigna hoy?


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-”Que se vayan todos” combina con que “vino una” y siempre digo en broma que las cacerolas también permitían vislumbrar a Cristina en cuanto a símbolo femenino más erótico que doméstico. -¿Leyó los hechos como una primera aproximación a la política y a la protesta social de un sector que estaba ajeno a ellas? ¿Cómo los lee hoy? -Los veo como un acontecimiento con una cantidad de herencias, no sólo la de una pérdida de la virginidad política para muchos. -¿Cuál es su apreciación de la cobertura que le dieron los medios de comunicación a los hechos del 19 y 20 de diciembre? -La de cualquier cobertura; cada cronista leía de acuerdo a la ideología del medio en que estaba. No existe el periodismo independiente. No recuerdo crónicas ejemplares en cuanto a estilo, quizás el acontecimiento arrasa con la retórica. O la empobrece en el mero realismo.

-¿Cuál cree que es el vínculo entre los cacerolazos, la posterior formación de asambleas barriales y la proliferación de fábricas recuperadas? ¿Hubiese podido darse alguno de ellos sin los otros? -Hubiera, decía Sartre, es un verbo que no existe. De hecho los unos se dieron con los otros. La epopeya de las trabajadoras de (la empresa recuperada) Brukman fue muy sostenida por las asambleas. -¿Con qué otra movilización o protesta social pueden compararse los cacerolazos de 2001? -No me gusta hacer profecías, ni siquiera hacia atrás. -Uno de los slogans, por aquellos tiempos, fue “Que se vayan todos”. ¿Cree que la clase política pudo, en algún momento, en estos 10 años, interpretar ese pedido? ¿Y la propia sociedad? -No lo interpretó la clase política, la mayoría de una sociedad eligió un proyecto que sostenía esa demanda.

El primer cacerolazo latinoamericano: la génesis y la paradoja El germen cacerolero no es argentino, por mucho que nos pese. El fenómeno, en América latina data de 1971 y tiene su origen en Chile. El primer cacerolazo, que se llamó “Marcha de las cacerolas vacías”, se realizó como una protesta de la derecha opositora al gobierno de Salvador Allende. Allende fue derrocado por un golpe militar en 1973 y, paradójicamente, sus seguidores retomarían la cacerola para manifestarse en contra del dictador Augusto Pinochet. Hace unos meses, los chilenos volvieron a hacer sonar sus cacerolas, esta vez para apoyar al movimiento estudiantil.


A 10 años del estallido LA ORGANIZACION POPULAR

El legado de las asambleas Por Carla Perelló y Marina Pandolfi

Emergieron en el medio de la crisis en busca de respuestas que desde el Estado no brindaban a los ciudadanos. Diez años después, algunas se disolvieron pero otras persisten como centros culturales, multisectoriales o cooperativas que unen a los actores del barrio. Más cerca de la política que de los partidos, debaten con la misma esencia con la que se crearon:

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sin jefes, en forma horizontal. Como un llamado a la conciencia popular, el estallido que se expresó en los cacerolazos del 19 y 20 de diciembre de 2001, como respuesta a la declaración del estado de sitio, se plasmó luego en organizaciones barriales y políticas: las asambleas populares. Detrás de esa carta de presentación, grupos de vecinos se reencontraron con sus orígenes. A diez años de aquel movimiento, esas organizaciones devinieron en espacios culturales, entidades en defensa del barrio y promotoras de actividades solidarias, pero en otros casos, simplemente, se disolvieron. Las que continúan mantienen la misma estructura con la que se crearon: el debate horizontal. Como legado, las asambleas constituyen “el recurso que quedó instalado para cuando hay alguna necesidad

de organización en la sociedad”, sostiene Néstor Escudero, que integró la asamblea de Parque Avellaneda, reconvertida en la organización La Alameda. Jorge Iglesias, en diálogo con El Cruce, intenta rememorar cómo se conformó por esos días la asamblea de Palermo Viejo, que ya no existe: “Fue una noche en que comenzaron a sonar las cacerolas. En ese momento teníamos un bebé de menos de un año, así que agarramos el carrito junto con las ollas y cucharas y salimos a marchar”, relata. “Comenzamos a juntarnos, a conocer las necesidades de cada uno y a ayudarnos. Fue una época en la que había actividad comunitaria y se trabajaba codo a codo”, reseña Iglesias. Los hechos se dieron en respuesta al individualismo predominante, herencia del menemismo,

que había resquebrajado los lazos sociales e inoculó el sistema neoliberal cuanto se cruzó en su camino. Las asambleas se convirtieron en espacios totalmente novedosos como forma de participación social. Surgieron como cuestionamiento a la política tradicional, cuyo fracaso parecía quedar de manifiesto en los síntomas del naufragio. El “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” fue su expresión más fiel. Pero en su seno también se discutían estrategias políticas, con un sistema de democracia horizontal. Reconocidas alrededor del mundo como un “fenómeno” signado por la espontaneidad y necesidad de la gente de organizarse de alguna manera. “Es el recurso que quedó instalado”, estima el referente


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de La Alameda. Desde su visión se trata de “una forma de organización que está fresca en el imaginario colectivo” y es por esa

rizaron con los estratos más bajos. “Tomamos en nuestras manos los asuntos” a los que los funcionarios no les presta-

“Los que desarrollamos un trabajo territorial un poco más consistente somos los que pudimos tener continuidad. Néstor Escudero razón que cada vez que el pueblo quiere manifestarse opta por la denominación y la estructura asamblearia. Tal como sucedió con los padres y las víctimas de Cromañon, por ejemplo. Agustín Salvia, doctor en Sociología e investigador del Conicet, sostiene que las asambleas “funcionan como grupos de intereses y de presión ante los legisladores o los jueces, por ejemplo, para obtener una reivindicación”. Su actividad, analiza, está “más asociada al protagonismo de ciertos de vecinos, de sectores de la clase media, que a la militancia política”. Salvia explica que las agrupaciones vecinales construyeron nuevas formas de organización: “Son menos politizadas y más proclives a convertirse en grupos de interés y de actividades específicas a favor de los vecinos. Al mismo tiempo, no suscitan un compromiso demasiado fuerte ya que, en 2003 cuando la economía se fue recuperando, las legitimidades se fueron dando en un espacio que no era el de la asamblea, sino el electoral o partidario”. Para Escudero, la clave para establecer lazos fuertes con la comunidad y perdurar a lo largo de la década fue buscar un eje consistente, como el barrio, la vivienda, el trabajo, la alimentación de los sectores más desfavorecidos a través de comedores, ollas populares y las cooperativas. “En definitiva, los que desarrollamos un trabajo territorial un poco más consistente somos los que pudimos tener continuidad”. Miguel Angrisano, de la Asamblea de Floresta, evoca el comienzo de esa organización vecinal. “Estaba todo patas para arriba. Había una necesidad de empezar a operar sobre la realidad”, recuerda. Ante un Estado ausente, que no brindaba respuestas, las clases medias se solida-

ban atención, sostiene Graciela Gurvitz, integrante de la asamblea de Villa del Parque. “Era revertir lo generado en los años ’90, que habían formado ciudadanos interesado en sí mismo, encerrado en su cotidianidad”, define Iglesias. En el período entre 2002 y 2003 fueron varias las razones que contribuyeron a que cada asamblea determinara su futuro, continuara con su trabajo o se disolviera. Algunas se orientaron hacia una veta cultural, como la Estación de los Deseos, un espacio artístico que funciona desde 2002 en la Playa de Cargas de Caballito. “Con un grupo de artistas que participaban de la asamblea de Flores y Caballito, recuperamos uno de los galpones ferroviarios abandonados y allí construimos un espacio cultural donde hasta hoy se siguen incubando proyectos artísticos”, dice Fernando Dahini, uno de los responsables del lugar. Otras asambleas optaron por la actividad social y cooperativa. Algunas, incluso, se vieron afectadas por merma en la movilización popular, alentada sobre todo durante la presidencia provisional de Eduardo Duhalde por efecto de la represión o el desalojo de espacios recuperados.

En el caso de Palermo Viejo, la convivencia con los autoconvocados fue pacífica. Sin embargo, no sucedió lo mismo en Parque Avellaneda, Floresta y Villa del Parque, entre otros, según cuentan sus protagonistas. “En nuestro caso hubo mucho rechazo. Tenían otro objetivo, que no era el de la asamblea y por eso terminaron dejando”, cuenta Gurvitz. En consonancia, Angrisano los responsabilizó de haber hecho un “uso bastante malo de la situación, quisieron digitarlo y de ahí en más se produjeron fracturas”. En los suburbios de la capital, en Villa Mitre, Leonardo Pinotti relata la historia de la asamblea homónima que integra. “Nació el 2 de febrero del 2002. Había muchos teóricos pero a la hora de trabajar éramos pocos. Lo que más se discutía era la ausencia de los partidos políticos, de cómo habían fracasado”. Hoy se limitan a la recuperación de espacios públicos, como la plaza ubicada en Juan B. Justo y Guayaquil en donde todos los fines de semana hay festivales familiares. Además, están involucrados en la denuncia de irregularidades en fábricas u otros establecimientos del barrio que atentan contra el medio ambiente. En medio del caos desatado por la crisis económica y social de hace diez años, se engendró una forma de organización que, de otra manera, no hubiera sido posible. Si bien las asambleas ya no se ocupan de los problemas de aquella época, lo que se mantiene intacta es su organización horizontal, la recuperación del debate, el protagonismo de los actores sociales y la

Recuperamos uno de los galpones ferroviarios abandonados y allí construimos un espacio cultural donde hasta hoy se siguen incubando proyectos artísticos. Fernando Dahini En algunos casos, la participación de militantes de partidos de izquierda enriqueció el debate, pero en otros generó la dispersión de sectores independientes.

toma de la palabra, adecuadas a las necesidades del contexto social. “No volverán a surgir en tanto el Estado no pierda credibilidad”, concluye Salvia.


A 10 años del estallido

EMPRESAS RECUPERADAS

Cómo resistir y no morir en el intento Por Mariana Aquino

Las fábricas autogestionadas surgieron a partir de la crisis de 2001, como un recurso para mantener la fuente de trabajo. Hoy ya son más de 200 en manos de trabajadores organizados que luchan contra diferentes obstáculos. El Cruce dialogó con algunos de los protagonistas de ese fenómeno, que plantea el

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desafío de una nueva forma de gestión sin patrones. La historia de una empresa recuperada por sus trabajadores empieza mucho antes de que pueda ser denominada como tal. Las deudas externas e internas, los conflictos económicos reales o intentos de vaciamiento por parte de sus dueños son el comienzo que da fin a una compañía administrada de forma privada. En el país se dieron varios casos aislados en los primeros años de la década del ’90, pero la tendencia de empresas reconquistadas por sus trabajadores se consolidó al calor del estallido social de diciembre de 2001. Fue el germen y el resultado a la vez de una crisis que interpeló al sistema convencional para resolver casos de empresas en quiebra.

Con el auge de las importaciones, las fábricas argentinas profundizaron su caída durante el segundo período del menemismo. En ese marco, las patronales no estaban dispuestas a sostener negocios que empezaban a dejar de serlo. El cierre de empresas dejó –a fines de los ’90- a miles de trabajadores en la calle. En muchos casos sin indemnización, o con deudas de salarios, aguinaldos y vacaciones. La recuperación de empresas entra por la ventana a la historia argentina reciente como una tendencia en alza, tan innovadora como revolucionaria en cuanto al rol del obrero: el desafío de producir desde otra óptica para el mercado competitivo de siempre y la distribución de tareas en-

tre pares sin jerarquías. El término “recuperar” en la Argentina de 2001 no es más que la intención de los trabajadores de tomar las riendas de la fábrica con el sólo fin, en principio, de no perder su trabajo. Las empresas que resurgieron de sus propias cenizas lo hicieron desde situaciones tan caóticas como excepcionales. Ninguna historia se parece por completo a la otra. No obstante, todas las empresas recuperadas desde 2001 tienen en su origen un denominador común: la necesidad de mantener las fuentes de trabajo, ya no desde la dependencia de un patrón si no desde la autogestión. “Si bien ya se habían dado algunos casos, la novedad fue que por primera vez la producción estaba en manos de los trabajadores. Fue la primera experiencia de la clase obrera argentina donde el objetivo principal era quedarse y retener el trabajo, y lo sigue siendo para ellos”, asegura a El Cruce Natalia Polti, coordinadora del Centro de Documentación de Empresas Recuperadas del programa Facultad Abierta. “Cada recuperada es un mundo. Por eso uno se queda, porque todo el tiempo surge algo que aporta un condimento diferente”, señala la antropóloga, que lleva más de


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seis años estudiando la problemática.

Diferentes formas de autogestión Para comprender la diversidad del fenómeno, El Cruce dialogó con referentes de empresas recuperadas tan disímiles en sus comienzos como en el rumbo que tomaron en los últimos años. En 2002 el Taller Gráfico Gaglianone se declaró en quiebra, una estrategia “fraudulenta” que los empleados detectaron rápidamente. En abril de ese año, de los cincuenta trabajadores quedaban sólo ocho y se les adeudaba más de año de sueldo. Decididos a no perder su fuente de trabajo, y tras ser advertidos de que el dueño de la imprenta iba a llevarse las máquinas, ocuparon el taller durante ocho meses. Durante ese tiempo el taller de Chilavert al 1.100, en el barrio de Pompeya, permaneció cerrado y custodiado por la policía. Los trabajadores -no más de 15- recibieron el apoyo de los vecinos y otras empresas recientemente recuperadas. Y después de dos intentos de desalojo, comenzaron a producir en forma clandestina. El primer libro que imprimieron en esas

condiciones fue pasado a través de un hueco hecho en la medianera hacia la casa de un vecino, un ex empleado de la imprenta, que lo distribuyó mientras la policía custodiaba el frente del taller. “Al caer la empresa el dueño quiso vaciarla, pero la gente reaccionó. Se metieron adentro, se quedaron para que no se llevaran las máquinas, las protegieron con sus vidas. Porque también hubo lío con la Justicia y la policía que intentaba desalojar a cualquier precio, pero hubo vecinos y algunos políticos que apoyaron la lucha en el peor momento”, recuerda Raúl Herrera (50), que se sumó a la imprenta en 2005, después estar cuatro años desocupado. “De los miles de lugares donde fui a pedir trabajo en este me lo dieron y me quedé. Y acá estoy, trabajando. Aquí predomina otra mentalidad. No hay exigencias de horarios, ni un patrón, pero tampoco es una anarquía”, agrega. Chilavert es la primera empresa recuperada de Ciudad de Buenos Aires en obtener la expropiación. La lucha de los obreros de la fábrica Cristalux, de Avellaneda, comenzó un año y medio después de que sus dueños cerraran definitivamente la majestuosa estructura de varias manzanas, sobre la en la avenida Pavón, en diciembre de 2000.

El 25 de mayo de 2002 cerca de 100 operarios se reunieron en la puerta de la empresa. Recién dos meses después pudieron ingresar a las “ruinas” de lo que había sido la fábrica, lejos ya de su histórico slogan, “Durax para toda la vida”. Tras recuperar el predio y poner en funcionamiento algunos de los hornos que funden el vidrio, los 50 trabajadores que se mantuvieron adentro debieron sostener una producción que no llegaba a costear los sueldos y las deudas con la empresa de gas natural que permanentemente amenazaba con cortar el servicio. Hoy, a 9 años del primer encuentro en las puertas de la fábrica, la cooperativa de trabajo Cristal Avellaneda cuenta con 130 trabajadores en carácter de asociados, dos maquinas en funcionamiento y utiliza el 60 por ciento de la planta para producir Durax, la popular línea de vajillas azules. “Estábamos tan ansiosos de entrar y cuando lo logramos se nos vino el mundo abajo. Cuando vimos lo destruido que estaba todo no lo podíamos creer. Sentí desilusión, ganas de llorar. Creo que todos pensamos en ese momento que nos habíamos acordado demasiado tarde”, cuenta Rubén Sánchez, secretario del consejo de la Cooperativa Cristal Avellaneda. En principio un centenar de operarios desocupados de la extinta Cristalux decidió retornar a la fábrica. Meses después quedaron menos de 50 que, como Sánchez, seguían apostando a la recuperación. “Nos costó mucho hacer algún peso. Recién después de dos años nos llevamos a casa los primeros 200 pesos. Mucho esfuerzo, mucho trabajo y las cosas no salían. Los que tenían familia se empezaron a ir. Yo me quedé, porque me tira mucho esto. Fue el primer trabajo que tuve y quiero a la fábrica. Esto también es mi familia y si salíamos de ésta, tenía que estar acá, junto a los míos”. Sánchez recuerda que tuvo tres oportunidades de ir trabajar a otros lugares, pero prefirió quedarse. “No ganaba nada, pero me quede nomás”, destaca Sánchez. El consejo de la cooperativa está compuesto por el presidente, un secretario, un tesore-


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ro y dos vocales. El dato más peculiar radica en que desde diciembre de 2010 Cristal Avellaneda posee una gerencia, aporte del gobierno nacional, que permanece al frente con el aval de los trabajadores. “Desde que contamos con un gerente la producción mejoró. Sin ese respaldo no estaríamos hoy en la fábrica. El Estado nos pagó las cuentas que era nuestro mayor problema, nos ayudó a administrar lo que producíamos. Eso nos salvó”, admite Sánchez.

Los números que cierran Según el relevamiento de empresas recuperadas por sus trabajadores, realizado en 2010 por el programa Facultad Abierta , en Filosofía y Letras de la UBA, actualmente están en pleno funcionamiento 230 empresas recuperadas a lo largo de todo el país. La base de datos que manejan desde el Centro de Documentación del programa destaca una tendencia ascendente

en cuanto a la cantidad de empresas que fueron recuperadas por sus trabajadores en la etapa 2002-2011. De 60 empresas en la primera fase, en 2004 ya eran 160. “Al principio pensaban que los trabajadores no se la iban a bancar. Pero al final se tuvieron que tomar muy en serio a las recuperadas. Ahora hay alguna perspectiva en el Estado. Conocen la realidad de la que estamos hablando, tienen vinculación, bajan al campo. Aunque todavía falta mucho por hacer”, evalúa Natalia Polti, en referencia al Programa de Trabajo Autogestionado que promueve el Ministerio de Trabajo. Según afirman desde la cartera dirigida por Carlos Tomada, el objetivo del programa es “contribuir a mejorar la sustentabilidad de las pequeñas empresas autogestionadas, mediante la implementación de acciones de asistencia técnica y capacitación” para los más de 15 mil obreros que trabajan en empresas de distintos rubros que califican como recuperadas para

el Ministerio. Al ocupar, en algunos casos, debieron resistir a un dueño que no se reconocía afuera de la empresa, a las fuerzas policiales, las embestidas judiciales y la indiferencia del poder político en años de alta ebullición social. Varias de estos puntos continúan en pie a la espera de respuestas concretas. Eso se suma a las internas que se generaron en el movimiento durante estos años. Hoy, en muchas de las empresas funcionan centros culturales y hasta escuelas de formación con una clara orientación cooperativista. Desde lo discursivo, se sigue apostando a la inclusión y la solidaridad entre pares.

Dos historias que ganaron la calle Algunas empresas despertaron el interés de los medios de comunicación con mayor facilidad que otras. Es el caso de la cooperativa Fasinpat (ex Zanón), donde a mediados de 2001 los obreros recuperaron el sindicato de ceramistas en Neuquén para recién después ir por la fábrica que había cerrado sus puertas un tiempo antes. La experiencia de la empresa neuquina es un paradigma del movimiento de recuperadas en el país por las dimensiones del proyecto –trabajan allí más de 450 obreros- , la lucha ante la Justicia, en las calles y el incansable pedido de expropiación, y el desarrollo a nivel educativo, cultural y político. En la misma línea, los operarios de la textil “18 de diciembre” (Brukman) de Capital Federal tuvieron una cobertura mediática considerable cuando se hicieron cargo de la fábrica, tras el abandono de sus dueños que, algunos meses después, decidieron reclamar la propiedad y encontraron ya un grupo organizado de trabajadores (en su mayoría mujeres) dispuesto a resistir. Después de ocho meses acampando en la esquina de la fábrica, en 2003 lograron la expropiación que les permitió volver a trabajar, esta vez bajo el amparo de la ley. A pesar de que la ecuación es más compleja, en el imaginario colectivo Zanón y Brukman fueron la chispa que encendió el resto de las recuperaciones.


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LA CRISIS EN EL CAMPO

La rebelión de los chacareros Por Leonardo Rossi

Campesinos y pequeños productores rurales no fueron ajenos a las puebladas. Diezmados por las políticas de los ’90, primero se organizaron las mujeres para luchar contra los remates. A fin de la década, en Misiones chacareros y obreros rurales hicieron paros, cortes de rutas, y masivas movilizaciones contra el abandono por parte del Estado. Hoy, el sector sigue afectado por la concentración de la tierra y el monocultivo. Octubre de 2001. Un tractorazo se adueñaba de Posadas, capital de Misiones. La protesta, impulsada por pequeños productores yerbateros, reclamaba más Estado, más regulación, tras una década de libre mercado pleno que se había llevado puestos a los chacareros, con un costo social aún mayor: miles de obreros rurales quedaron sumergidos en la indigencia. Dos meses después el país explotaba, y en urbes como Rosario, la pequeña burguesía rural se plegaba al “piquete y cacerola”. El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha, símbolo del freno a los remates de chacras familiares en la Pampa Húmeda durante los ´90, acompañó la pueblada. Habían pasado entonces diez años desde que el secretario de Agricultura de la Nación, Jorge Ingaramo, pidiera

la desaparición de “200.000 productores agropecuarios por ineficientes”. El saldo fue peor aún: “El neoliberalismo de los años ´90 expulsó a más de 300 mil familias campesinas, agudizando el éxodo rural a las zonas marginales de nuestras grandes ciudades”, dice el Movimiento Nacional Campesino Indígena. En la década menemista, las expresiones de resistencia al neoliberalismo surgidas de los sectores rurales de base y medios tuvieron como enemigo simbólico al decreto de Desregulación del Estado (2281/91) cuyo objetivo, entre otros, era concentrar la producción agropecuaria en pocos (y grandes) actores. En una investigación sobre ese proceso, la socióloga Karina Bidaseca remarca que esa medida del gobierno de Carlos Menem “tendió a di-

solver todos los organismos reguladores”, que sostenían un cuadro en el que el 75 por ciento de las explotaciones agrarias eran de menos de 200 hectáreas.

Esas mujeres “Del remate del patrimonio público empiezan a venir por lo más chico: las chacras”, recuerda en diálogo con El Cruce Ana María Riveiro, una de las fundadoras del MML-Santa Fe. El movimiento, nacido en 1995 en la localidad pampeana de Winifreda, llegó a detener a lo largo de la década alrededor de 500 remates. Principalmente en las zonas próximas a las más de 20 filiales establecidas en Río Negro, La Pampa y Santa Fe. La metodología era simple: presentarse en los juzgados, cantar el himno nacional, y rezar a todo volumen. Tras “superar la vergüenza de ser deudoras”, apunta Riveiro, las mujeres chacareras se hicieron visibles. Con los hombres enfermos, en situación de depresión y con algunos casos de suicidios, fueron sus compañeras las que pusieron el cuerpo a “la usura de bancos, escribanías, mutuales, casas de crédito”. Para acceder a insumos y maquinaria agrícola, los pequeños chacareros habían tomado créditos de los que desconocían sus tasas de interés y condiciones de pago. Los niveles de deuda fueron en aumento a


A 10 años del estallido simple antojo de un sector prestamista, bendecido por el menemismo, que poco a poco empezó a liquidar hipotecas. Las mujeres planteaban entonces revisar la legitimidad de las deudas y refinanciarlas a veinte años. En ese marco, se unieron con mujeres en situaciones similares, con otros colectivos rurales y urbanos, y hasta llegaron a articular con organizaciones de otros países como el Movimiento Sin Tierra de Brasil y El Barzón de México. “El Banco Nación llegó a tener 17 millones de hectáreas hipotecadas”, dice Riveiro sobre la dimensión del problema que ponía en jaque la vida de los chacareros. Y según un informe oficial de Santa Fe, entre 1988 y 2002 -años de Censo Nacional Agropecuario-, esa provincia pasa de tener 102.960 personas que residen en el medio rural a reportar 82.106. Es decir, en 14 años más de 20.000 sujetos, de los cuales “8.600 son productores”, migran a las ciudades.

Entre la miseria y la nada El caso misionero está estudiado como “la primera movilización masiva que reclama

más regulación del Estado, en un contexto de hegemonía del neoliberalismo más avasallante”, señala Víctor Rau, sociólogo que abordó la conflictividad rural en Misiones durante la década del ´90. Los sucesivos paros de los productores yerbateros durante 2000 y 2001, y el tractorazo de octubre de ese año sobre la capital provincial se inscriben como luchas referenciales de los pequeños y medianos productores. En algunos casos, estas acciones son acompañadas por los tareferos (cosecheros), que ante la liberalización total de la producción y comercialización de la yerba mate fueron cayendo en una situación de “pauperización e indigencia”. Asegura Rau que la medida adoptada por los propietarios para reclamar una mejora en el precio de la hoja verde cosechada fue entendida por muchos obreros “como un lockout”. De todas formas, en algunos lugares como Jardín América los tareferos organizaron ollas populares junto a los colonos que estaban al costado de las rutas. Allí “la movilización de asalariados fue más grande que la de los productores”. Es que pensaban que “mejor precio de yerba

equivalía a mejor salario”, añade Rau. El decreto 2281 se había encargado de pulverizar a la Comisión Reguladora de la Yerba Mate, que desde 1935 supo controlar la concentración y los niveles de producción para mantener estables los precios del sector. Con el paso de la década, la medida devino “en un fuerte proceso de expulsión de pequeños productores que arrastró a los tareferos”, sostiene Rubén Ortiz, del Movimiento Social Misionero, y residente de la ciudad de Montecarlo. Rau describe en su investigación que la mecanización en la cosecha y el secado de té -rubro que empleaba tareferos en contraestación al trabajo en los yerbatales-, y la aplicación de agroquímicos y nueva tecnología para desmalezamiento expulsó a personas que, producto del trabajo, históricamente residieron en áreas rurales. Un mercado laboral que solía demandar obreros de otras provincias pasó a tener sobreoferta, que se manifestó en las villas que poco a poco surgieron en las pequeñas ciudades misioneras. Allí, los contratistas –nuevos actores de esta película- encontraron la posibilidad de reclutar mano de obra barata. “El fraude en la forma de pago y la informalidad” son los términos que están a la orden del día, dice. “En 2001 no había ni un tarefero en blanco en Montecarlo y sólo 1500 sobre 21.000, en toda la provincia, estaban registrados”, grafica Ortiz. Asimismo, el crecimiento de la pobreza se manifestaba con “un 70 por ciento de desocupación en una ciudad de 40 mil habitantes”. Esa es la pintura de Montecarlo en aquellos días en que toda una sociedad estaba a punto de estallar.

Algo nuevo aflora El fin de año de 2001 se vivía en Montecarlo como “un momento de esperanza”, evalúa Ortiz. La gente salía a la calle, se juntaba en la iglesia, se organizaban ollas populares. Muchos pasaron la Navidad en las puertas de la municipalidad, pidiendo comida de forma colectiva. Productores ganaderos carneaban sus vacas para repartir entre un pueblo que “pasaba hambre en serio”. Ese panorama de movilización popular duró muchos me-


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ses. Algunos colonos yerbateros -cuenta Rau- “luego del 19 y 20 de diciembre se acercaron a Buenos Aires”, para coordinar con otros actores sociales y demandar un nuevo marco legal para el sector. Lejos de la tierra colorada, campesinos del norte cordobés fueron “sorprendidos gratamente” por las puebladas de diciembre. Rubén Santillán, miembro de la Asociación de Productores Noroeste de Córdoba (Apenoc), fundada en 2000, explica que en Paso Viejo no salieron a las rutas en el 19 y 20, pero se mantuvieron en “contacto permanente con los compañeros de los movimientos de desocupados” de las grandes ciudades. En los meses previos y sobre todo en los que siguieron a la rebelión de 2001, desde Apenoc-MNCI realizaron “numerosas movilizaciones a las ciudades” para expresar dos problemáticas centrales que se habían agudizado al extremo: “Ausencia total del Estado y conflicto por la tenencia de la tierra”. Mientras, en el Monumento a la Bandera, en Rosario, miembros del MML se sumaban a las organizaciones sociales, partidos de izquierda y gente de a pie al grito de

“Que se vayan todos”. Con el correr de los años esas alianzas transversales fueron “disolviendo”, relata Riveiro.

A diez años: continuidad y ruptura Diciembre de 2011. La gran mayoría de las deudas contraídas por pequeños y medianos chacareros con el Banco Nación fueron renegociadas durante la gestión kirchnerista. Ante ese triunfo y un panorama bien distinto, el MML quedó dividido. A diferencias de años se sumó la resolución 125, que puso a Lucy de Cornelis, aquella mujer de Winifreda que fundara la organización, más cerca del Gobierno. Riveiro y otras referentes como Ana Galmarini estuvieron junto a la Federación Agraria, y su posición de segmentar las retenciones. Al margen del conflicto, ambas partes siguen propugnando por frenar la concentración y extranjerización de la tierra. A entender de Riveiro “hoy sigue la desaparición de los pequeños productores pero ya no por remates sino por la propia estructura agraria”, que favorece a los pooles de

siembra y lleva inexorablemente a que los chacareros deban arrendar sus campos. “Las políticas de Estado no han cambiado y el modelo agroexportador ha crecido”, es el balance de estos diez años que hace Rubén Santillán. Las familias campesinas mantienen “en un ochenta por ciento” el nivel de irregularidad de tenencia de la tierra, presionados por el modelo sojero y el corrimiento de la frontera ganadera. En 2003, los yerbateros lograron la creación del Instituto Nacional Regulador de la Yerba Mate (INYM). “Fue arrancarle un ente regulador al Estado, pero en la práctica está lejos de controlar la concentración del sector”, asegura Ortiz, quien explica la situación con números: “En 1999 la cooperativa de yerba mate de Montecarlo empleaba a 2160 tareferos, hoy quedan 780”. La principal diferencia es que ahora “hay planes sociales para contener el hambre”. Ortiz está convencido que de no modificarse la matriz productiva agraria, es decir, “si no se favorecen las economías regionales en vez del monocultivo de pino”, que actualmente inunda la provincia, “la situación de los obreros rurales continuará agravándose”.

La crisis en la ciencia Por Martín Silles La crisis de 2001 también afectó a la investigación científica. La falta de un rumbo claro sobre dónde orientar los escasos fondos destinados al desarrollo de la ciencia provocó alarma en el mundo académico. Como lo dijo expresamente un editorial de la revista Ciencia Hoy, de enero de 2001: “Para muchos, las restricciones presupuestarias más que causa son consecuencia y prueba objetiva de la falta de interés oficial por el desarrollo científico.” Al principio de la gestión del gobierno de la Alianza, el cambio de órbita desde el Ministerio de Educación al de la Presidencia de la Nación generó expectativas que no se cumplieron. Uno de los principales anuncios de los funcionarios del área había sido que el objetivo central de su gestión sería lograr el ingreso definitivo del país en la sociedad de la información, mediante la promoción activa del uso de internet en las escuelas y por parte de la población en general. Si bien los investigadores reconocían la importancia de esa herramienta para la educación, no lo consideraban esencial para el desarrollo de la ciencia. De todas maneras, el gobierno nunca implementó ese plan. “Nada ha aparecido en su reemplazo, cosa que tal vez no sea tan mala noticia después de todo, pues ya nadie está de hu-

mor para otra iniciativa que intente sostenerse sobre pies de barro. Pero ello significa que la actividad científica nacional está ahora transcurriendo como en un sopor, relegada a un mundo sin sentido de su futuro”, editorializaba la revista especializada. Por otra parte, el lanzamiento de un programa para el financiamiento y organización del sistema de ciencia y técnica, elaborado sin consulta con el sector, no fue interpretado como un proyecto de reorganización sino de “destrucción del sistema científico”, ya que, formulado en medio de las graves restricciones fiscales que afectaban al Estado, se sospechaba como parte de un ajuste financiero, de acuerdo con los compromisos adquiridos con los organismos internacionales. La incertidumbre generada era mayor en la comunidad de jóvenes que habían elegido la carrera científica y estaban desarrollando su formación en el país o en el exterior: todo les indicaba que no habría futuro dentro de las fronteras. Se abría paso así a una nueva fuga de cerebros. Este fenómeno comenzó a revertirse ahora, cuando el desarrollo científico aparece entre las prioridades del Estado, en una gestión que, además, está concretando el sueño de que todos los estudiantes tengan acceso a Internet.


A 10 años del estallido ARTE Y ESTALLIDO

La cultura salió a la calle Por María Daniela Yaccar

Las manifestaciones artísticas no escaparon a la crisis: sus protagonistas ocuparon el espacio público y participaron de hechos creativos junto a otros sectores de la sociedad. El arte callejero, los documentales, las intervenciones

urbanas

surgieron

como

expresiones de reclamo político y social, de las que hoy quedan importantes huellas. Tres intelectuales analizan el fenómeno para

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El Cruce. Andrea Giunta, Eduardo Grüner y Pablo Russo toman su panorámica de aquél período que tan bien retrata el documental La crisis causó dos nuevas muertes. En ese entonces el arte cristalizaba una relación que, sin embargo, nunca había dejado atrás. Arte y política. “Los artistas salieron a las calles, ocuparon plazas, participaron en acciones junto a las asambleas, realizaron performances que se adueñaban con ironía de la situación reinante”, analiza Giunta, doctora en Filosofía y Letras, ensayista y profesora de Arte Latinoamericano. Aquella relación se materializaba en el espacio público, cuya apropiación es, según Grüner - sociólogo, ensayista y docente de la UBA- el efecto

más interesante de la época. Russo -periodista, investigador e integrante de la Comisión por la Memoria y la Justicia de La Paternal y Villa Mitre- grafica radicalmente el auge de la creación colectiva, pero no sólo en el interior de los grupos que surgían o crecían: “Si algo marcó el período fue que la creatividad no fue patrimonio de los artistas, sino de la sociedad.” El Cruce convocó a los tres intelectuales para repasar las particularidades de aquella época -hecha del renacer de colectivos artísticos como Escombros (La Plata), Urbomaquia (Córdoba), Grupo de Arte Callejero (Ciudad de Buenos Aires) e intervenciones emblemáticas, como el ¡Mierdazo! del Grupo Etcétera--; pero el aniversario es también una excusa para pensar la actualidad. -Los cambios en el arte provocados por la crisis ¿se notaron más en alguna disciplina artística en particular? Andrea Giunta:- Señalaría tres cambios: el abandono del taller por la calle, la colectivización de las prácticas artísticas y el reemplazo tecnológico. En lugar de ir hacia tecnologías sustitutivas pautadas por los ritmos del cambio tecnológico, las prácticas fueron para atrás, hacia lo que en ese momento se llamó “low tech”: ¿Cómo seguir haciendo arte cuando ya no se podían comprar los insumos que se importaban en los noventa? Esto permitió una exploración poética en torno a la tecnología en desuso. Pablo Russo:- Las disciplinas que se modificaron estaban relacionadas con la posibilidad de interactuar en el espacio público: cine, teatro, fotografía y artes visuales. En el caso del cine, por ejemplo, resurgieron una cantidad considerable de grupos que tomaron el audiovisual como herramienta de lucha, tal como lo habían hecho Pino Solanas y Raymundo Gleyzer.


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Errorista) y, a fines de los noventa, el Grupo de Arte Callejero (GAC). Pero también podemos considerar “arte” a la poesía de Los Redonditos: la pluma del Indio Solari no me parece para nada light.

Fotos: gentileza Arde! Arte

-¿Podría decirse que lo fundamental fue que se cristalizó la relación arte-política, que obviamente ya existía? Eduardo Grüner:- En los noventa había expresiones subterráneas que siguieron existiendo. Se generalizaron. Cuando digo subterráneas lo digo respecto de la hegemonía. Lo fundamental en el 2001 fue la gran búsqueda de nuevas formas del arte político, con las intervenciones urbanas. A.G.:- Se cristalizó una nueva intensidad. Lo característico es que muchos artistas que no conocían la “genealogía” del arte político local (artistas del pueblo, Tucumán Arde, el siluetazo) se lanzaron a las calles a trabajar. Esto provocó algunas reacciones curiosas de los artistas políticos establecidos que les recriminaban no reconocer el origen. P.R.:- La relación arte-política se hace por momentos más evidente y necesaria. Esto no solamente tiene que ver con la necesidad de los artistas con inquietudes políticas, sino con una “demanda” por parte de la sociedad. También se da una socialización de prácticas. -Para algunos investigadores, los noventa fueron la época del arte liviano, light. ¿Opina lo mismo? A.G.:- No todo fue lo que se llama arte light. Hubo muchos otros artistas que activaban los circuitos más renovadores y que no estaban en ese grupo. Sin embargo, sin duda, los artistas denominados light son los que han capitalizado la relación con los años noventa, afectados por el menemismo, al cual se los asoció, vínculo que considero problemático y cuestionable. P.R.:- Depende de qué consideremos “arte”. En la calle se producían cosas muy interesantes, por ejemplo en los escraches de HIJOS, en los que participaba el Grupo Etcétera (hoy Internacional

-¿Hoy hay una vuelta a lo institucional? De ser así, ¿a qué se debe? E.G.:- Hay un fuerte retorno sobre lo institucional. En buena medida está teñido de conformismo. Es contradictorio: se ve poca búsqueda de ruptura en la institución del arte y, por otro lado, hay un renovado interés por el arte político. Es una especie de tensión, salvo que uno identifique lo político con lo institucional. El conformismo no es un problema local sino mundial. Las formas de arte en las últimas décadas han sido cooptadas por el mercado o la industria cultural, en palabras de Adorno. No se puede hablar de ninguna vanguardia. Pero nuevamente hay que tomar en cuenta el contexto: estamos en medio de una enorme crisis del capitalismo mundial y es posible que el arte esté reaccionando frente a esto. A.G.:- Sí, hay una vuelta a lo institucional. Incluso quienes hacían de la crítica institucional el rasgo más fuerte de su discurso (no me refiero sólo a los artistas, sino también a quienes escriben sobre arte) hoy celebran a las instituciones y colaboran con sus programas. P.R.:- En algunos casos hay una vuelta a lo institucional, que tiene que ver con la coyuntura política (de las asambleas y los cortes de ruta se pasó a las urnas como modo de participación masiva), con la necesidad concreta de financiación de cada grupo o artista, y también con que la institución se interesó en este tipo de obras colectivas o militantes desde el principio y las cooptó. -Si se piensa en los juicios a los represores, es de destacar el acompañamiento del arte a la hora del reclamo. Hoy, a diez años del estallido, el arte político ¿está más en el reclamo que en la satisfacción de la demanda? P.R.:- En relación al estallido del 2001, podríamos pensar que algunos de los que estaban en la calle actuando en ese contexto, hoy no sienten la misma necesidad ya que coinciden, en términos generales, con el gobierno nacional. Por otro lado, es interesante observar que desde grupos militantes oficialistas también hay una utilización de la calle como escenario de la lucha: el trabajo del Colectivo Político Ricardo Carpani es un ejemplo. E.G.:- Hay muchas formas de arte. Lo que uno clásicamente podría llamar “arte autónomo” es el que intenta vincularse a lo nuevo: como dijo un artista, poner en el mundo algo que no está. En el caso de los juicios, creo que la demanda no está satisfecha plenamente. Claro que no desconozco lo que se hizo, pero eso no implica que el tema esté agotado. Falta juzgar a los responsables intelectuales, del poder económico y mediático. El arte todavía tiene mucho por hacer.


A 10 años del estallido UNA GAMBETA A LA CRISIS

Y Racing gritó campeón Por Matías Mazzocchi y Matías Quercia

La Academia llevaba 35 años esperando una vuelta olímpica. Y el destino quiso que ese ansiado título llegara en los convulsionados días de diciembre de 2001. Con Reinado Carlos Merlo como entrenador, paso a paso, Gustavo Barros Schelotto y José Chatruc rememoran para El Cruce cómo vivieron aquel

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final de campaña mientras el país estaba en llamas. Fue un día de inmensa alegría para muchos de los que se vistieron de celeste y blanco aquel jueves 27 de diciembre. Gabriel Loeschbor ya había marcado su gol. Poco después, el empate de Mariano Chirumbolo puso una cuota de incertidumbre al resultado definitivo. Sin embargo, el pitazo final del árbitro Gabriel Brazenas desató la euforia. Con el 1-1 contra Vélez, Racing se convertía en el campeón del Apertura 2001 y daba una vuelta olímpica en el ámbito local luego de 35 años de sinsabores. Un estadio colmado en Liniers festejaba junto a los futbolistas que habían transpirado la camiseta a lo largo de todo el certamen. En esa última fecha, el empate de visitante bastó para sacarle la distancia suficiente a River. Otra cancha, en Avellaneda, con una enorme cantidad de hinchas desperdigados por el campo de juego y las tribunas repletas, demostraba su felicidad entre llantos y sonrisas, a puro abrazo, mientras se observaba por una

pantalla gigante lo que sucedía a escasos kilómetros de allí. En ambos lugares se oía como un estruendo el “dale campeón” que varias gargantas tardaron en reconocerse en el pasado para repetir. La réplica no se hizo esperar en distintos puntos del país. Era un oasis, una manifestación que se distinguía de la realidad que la circundaba y le daba marco. La trama alrededor era completamente distinta. Mientras el equipo que conducía Reinaldo Merlo se coronaba como el mejor, corría la semana de presidencia de Adolfo Rodríguez Saá. Siete días antes, la renuncia de Fernando de la Rúa fue el desenlace de dos jornadas negras, que despuntaron como escenario principal a la Plaza de Mayo pero que dejó un tendal de muertos a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Los conceptos se amontonan. Se abroquelan y sirven para sintetizar las sensaciones de lo que ocurrió hace una década. En el amplio espectro que puede abarcar

el mote de crisis de 2001, se suman palabras que no necesitan contextualización para su comprensión ni jerarquización para su facilidad de entendimiento. Corralito. Cacerolazo. Estado de sitio. Represión. Fuga de capitales. FMI. Megacanje. Saqueo. Desabastecimiento. Que se vayan todos… Un fin de año intenso, complicado, inolvidable. Entre toda esa maraña, Racing fue campeón, y aquí se cuenta, paso a paso, esa historia. ¿Cómo se vivió desde adentro esa conquista deportiva que incluso hizo que el fútbol no se suspendiera pese a que el país estaba colapsado? ¿De qué forma se festejó un título que tuvo el papel ambivalente de llevar un puñado de buenos momentos para sus hinchas y contrastar con la desesperante actualidad? La explicación corre por cuenta de sus protagonistas. El Cruce dialogó con José Chatruc y Gustavo Barros Schelotto, dos puntales en el mediocampo de La Academia en su camino para ganar el torneo. Ambos cuentan sus sensaciones surcadas por la alegría del logro obtenido y la desazón que generaba la incertidumbre de la crisis argentina. “Es algo imposible de explicar con cla-


ridad para nosotros”, se ataja el Mellizo. Sabe, medido en sus declaraciones, la trascendencia de lo que consiguió junto a sus compañeros. Pero, a su vez, le es complejo distanciar la vida del futbolista en relación al ciudadano que lo conforma. Si es sencillo en determinadas circunstancias estipular la diferencia de roles, en este caso el eslabón que los une no se puede romper. “Lo cierto es que le dimos a mucha gente una alegría desbordante. Fue algo impresionante que por la importancia de Racing se magnificó. Y creo que en medio de todo lo que se vivía, con problemas políticos, económicos y sociales de variada índole, los festejos fueron un alivio, un aire fresco que no sólo necesitaba el público, sino también los propios jugadores”, asegura. Ya retirado de la práctica profesional, el hermano de Guillermo está en funciones del otro lado de la línea de cal y del otro lado del Rio de la Plata. Ayudante de campo de Gregorio Pérez, su actual equipo es Peñarol de Uruguay. Pero no se olvida de que hace diez años vivió una de las experiencias más importantes de su carrera. “Ser campeón es lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista y aquel torneo fue

un antes y un después para todo el plantel”, señala. Chatruc, en tanto, hace hincapié en el porqué de ese cisma que bifurcó la trayectoria de los integrantes del equipo de Avellaneda. “Fue un torneo completo en el que se sufrió a lo largo de cada fecha por la presión que se generaba ante cada victoria. Pero si fue especial el título mucho tuvo que ver la culminación”, sostiene y toma envión para afirmar: “Por más que quisiéramos hacer todo lo que estaba a nuestro alcance para abstraernos de lo que pasaba afuera, era imposible poner la cabeza sólo en el juego. La última semana fue una locura porque no se sabía lo que podía ocurrir. El futbolista juega, pero antes que todo es una persona. Y cada uno padeció en carne propia los problemas”. Sonrisa permanente, el ex San Lorenzo, Platense y Banfield, entre otros equipos, recuerda con especial soltura la campaña del Racing versión 2001. Sin embargo, pese a su humor a flor de piel y la capacidad para verter un chiste en los momentos menos propicios, el aspirante de cocinero que hoy despunta el vicio de columnista deportivo en ESPN se pone serio a la hora de tratar el tema de la crisis que rodeó

los festejos. “Uno no podía hacer como que no pasaba nada. Ignorar esa realidad era imposible. Las protestas de los días previos nos habían sacudido el ánimo, la concentración, las ganas. Era difícil. Pero a su vez, éramos profesionales que teníamos una responsabilidad y nuestro objetivo fue dar un poco de felicidad de la mano del fútbol”, explica. Barros Schelotto coincide. “Nos teníamos que encargar de cumplir con la meta que nos habíamos propuesto. El campeonato fue duro, complicado, con momentos delicados en extremo. Y en el final había que continuar. Desde el momento que se decidió jugar la última fecha pese a las dificultades sociales durante esa semana, no quedaba otra que salir y tratar de ganar para dar la vuelta olímpica”, enfatiza. Aunque también dejó lugar para la crítica. “Realmente es cuestionable el papel preponderante y a veces ilimitado que tiene el fútbol, que incluso sobrepasó a la política y a la economía y se posó como eje principal por aquellos días”, argumenta. El cuestionamiento del Mellizo tiene plafón. Le abre paso a lo que sucedió. La última jornada del Apertura no se disputó íntegramente. Sólo se jugaron los dos


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A 10 años del estallido

encuentros que decidían al futuro campeón. Vélez-Racing y River-Central eran los emparejamientos clave. El resto de los compromisos se afrontó durante la primera semana de febrero del año siguiente. La pauta era evidente y así lo hacía saber el gobierno provisional que tomó las riendas post salida en helicóptero de De la Rúa, pues el fútbol moviliza estados de ánimo de forma concisa y permanente. Algo que, se supone, no se puede evitar. De esa forma, y con la premisa de mover la pelota a como dé lugar, las autoridades optaron por destrabar el conflicto latente que llevaba la definición a esperar dos meses. La idea era prioritaria: en una tarde se volatilizan unas cuantas angustias acumuladas. Dicho y hecho. Después de ver las imágenes críticas siete días antes y con una Navidad de por medio, había que salir a la cancha. River goleó 6-1 a su rival sin inconvenientes en el Monumental, y una derrota de Racing hubiese llevado la definición a un desempate el domingo 30, un espectáculo digno del surrealismo. ¿Más datos que abonan la teoría de esa rama artística? Ese día para el cual estaba pactada la supuesta final, finalmente iba a renunciar Rodríguez Saa, aduciendo que no tenía apoyo político suficiente como para manejar los hilos del gobierno en esa época de transición. El fútbol prefirió no darle un mayor grado de angustia a los hinchas de La Academia. Loeschbor y compañía empataron 1-1 y el punto de distancia alcanzó para festejar el mismo jueves 27. Diego Maradona, opinólogo oficial, aclaró la jornada previa a que el equipo de Avellaneda diera la vuelta olímpica: “Racing tiene que ser el campeón porque lo necesita la gente”. Y el público, fiel a las explosiones pulsionales que brinda este deporte, gritó, alentó, se sacó el peso de encima. “Fue un instante de exaltación, de necesidad de expresar todo en un segundo, de tener al menos un rapto de alegría”, recuerda Chatruc. Y continua: “Cuando hablábamos con los periodistas en los días previos al partido contra Vélez, los conceptos pasaban por estar concentrados, no perder nunca la calma, tratar de controlar la ansiedad en

un duelo tan importante, ser efectivos en el campo contrario y tratar de mantener la solidez defensiva. Pero la verdad que eso poco interesaba. Lo fundamental era conseguir el punto que necesitábamos para festejar y darle un rato de felicidad a los hinchas”. La mayoría estuvo a favor de Racing y se puso feliz ante esa chance concretada. Quizá por la angustia continuada de 35 años, a puro pulmón, que cimentó campañas entre regulares y malas, con la mayor expresión de dolor en el descenso de 1983, que llevó al equipo a militar en Primera B durante dos temporadas, en el momento que el país recién se desperezaba de la dictadura. Tal vez por las amar-

guras de un manejo nefasto que concluyó con un gerenciamiento a partir de un vaciamiento de las arcas y que tuvo su punto más álgido el 5 de marzo de 1999, cuando la jueza Liliana Ripoll sentenció: “Racing ha dejado de existir”. Quién sabe, por esas cuestiones de analogía, todos se vieron reflejados una década atrás en las sensaciones ambivalentes de los hinchas de Racing. Sumergido en una profunda crisis de la que iba a tardar en volver a estabilizarse, con los mismos colores, el país se sustrajo de la realidad aquel 27 de diciembre y ubicó su mirada sobre los fanáticos de La Academia, esos que después de tanto sufrimiento, festejaron, paso a paso…


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San Lorenzo tuvo que esperar... Las casualidades que involucran al azar caratulan al deporte. Y el fútbol no está exento. Posiblemente sea un mero dato para robustecer la biblioteca del más prolijo estadístico, pero lo cierto es que la Copa Mercosur del 2001 tuvo su peculiar particularidad: San Lorenzo logró su primer título internacional al vencer por penales al Flamengo brasileño, mismo rival con quien casi seis meses antes había abierto, en el Nuevo Gasómetro, su participación en el certamen. “Fue la mejor manera para comenzar un año muy complicado”, asegura Sebastián Saja. Sí. El arquero apunta su memoria al 24 de enero de 2002, noche en la que alzó la copa, 36 días después de la fecha en la cual estaba estipulado que se debía afrontar la revancha de la final del torneo. A punto de decretarse el estado de sitio en Argentina, la Confederación Sudamericana de Fútbol optó por cancelar el juego que se iba a llevar a cabo el 19 de diciembre. Esa misma jornada se vislumbraron en Plaza de Mayo los primeros incidentes que decantarían en la posterior salida de Fernando de la Rúa como presidente, 24 horas más tarde. “La situación era de tanta incertidumbre que en el medio de un compromiso tan importante para el club, todo quedaba reducido a la mínima expresión ante la crisis”, considera Bernardo Romeo, goleador de aquel campeonato con diez tantos, que esta temporada volvió al club de Boedo. San Lorenzo estaba en las puertas de su primer título internacional, un deseo añejo y postergado que se iba a hacer realidad poco después. Sin embargo, la realidad política y económica le ganó el protagonismo de la escena. “No podíamos evadirnos de los problemas. Fuimos parte de una crisis que nos arrastró a toda la sociedad y el fútbol no tenía por qué estar ajeno a todo”, remarca el atacante. Su ex compañero, hoy en Racing, enfatiza: “Lo nuestro era un pequeño detalle. En Argentina se hicieron presentes unas dificultades que no se podían evadir, y hubiese sido una locura salir al campo de juego en esas circunstancias. Somos personas que cumplimos el rol de futbolistas, no jugadores que de a ratos nos vestimos de ciudadanos”. Con el país convulsionado y un gobierno que pendía de un hilo en el poder, la Conmebol comunicó que “no estaban dadas las condiciones para que el partido se disputara” debido a la situación de violencia desatada por los numerosos saqueos a supermercados y comercios en Buenos Aires y otros puntos del país y las movilizaciones populares contra la política económica. Cuando la calma pareció volver a su cauce, cerca de un mes después, San Lorenzo y Flamengo afrontaron la final. Tras el empate en los 90 minutos, desde los doce pasos, Saja fue figura, convirtió un penal y el tanto definitivo de Diego Capria le dio al Ciclón su logro más buscado. “Fue una de las alegrías más intensas de nuestras carreras”, remarca el arquero. Seis meses de trayecto entre aquel duelo inicial y el final con los mismos intérpretes. Un lapso que si en el fútbol se resume en goles, tarjetas amarillas o rojas, victorias, empates y derrotas; en la política se vivencia de otra forma. Aquel 28 de julio, los dirigidos por el chileno Manuel Pe-

llegrini cayeron 2-1 ante su rival de turno. Una semana antes, el mundo se convulsionaba por la muerte del activista antiglobalización Carlo Guiliani mientras en la hermética reunión del G-8 en Génova, Italia, el entonces primer ministro Silvio Berlusconi ponderaba la cumbre por su “alma humanitaria y corazón generoso”. En el medio del segmento estipulado arbitrariamente por la pelota, se cayeron las Torres Gemelas de Nueva York. Pero no todo es desastre en el planeta. Para los lectores de revistas como la gente, también hay datos blandos: unos días luego de la final de la Mercosur mencionada, Máxima Zorreguieta se casó con Willem Alexandre y se convirtió en princesa de Holanda. ¿Y en Argentina? En julio se avecinaba la tormenta, si no es que ya se estaba bajo ella, ciclón incluido. Hasta el San Lorenzo campeón pasaron cinco presidentes. El último eslabón recaló en Eduardo Duhalde. Previo al debut del equipo de Boedo, con déficit presupuestario, Ricardo López Murphy duró una quincena en el Ministerio de Economía, y la responsabilidad de restaurar el sistema recayó en Domingo Cavallo. Un mes y medio antes del 1-1 en el Nuevo Gasómetro con posterior definición en penales, el funcionario que había instaurado la paridad peso-dólar en 1991, le dio un nuevo significado a la palabra corralito, y los resultados están a la vista. Saja, con ese panorama a una década de distancia, es contundente: “El fútbol, a veces, sino en la mayoría de las oportunidades, es una de las pocas facetas de la vida pública que mejor sabe darle alegrías a la gente. En aquel entonces fue una vía de escape ante tanta angustia”. Frase que las estadísticas, por más frías que sean, avalan…


ENTREVISTA A ERNESTO LACLAU

“Tenemos una democracia social más pronunciada” Por Noelí Cristti y Marcelo Rielo


En una charla con El Cruce, el filósofo político delineó las diferencias entre el peronismo y el kirchnerismo. “Estamos llegando a un nuevo equilibrio social entre el momento institucional y el de la ruptura populista que hay que consolidar. La constitución de nuevas formas de organización es el punto central”, dijo. Además se refirió a la actualidad del país, de América, de Europa y a la posibilidad de la reelección indefinida.

En los últimos ocho años en la Argentina se produjo una revisión del papel de los intelectuales y de su compromiso con la realidad social y lo político. Desde entonces, en las universidades se volvieron a leer pensadores del campo nacional como Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Leopoldo Marechal o Rodolfo Kusch, que sólo eran reivindicados en espacios de resistencia académica. “Ha habido todo un pensamiento nacional que ha quedado al margen de la intelectualidad oficial”, sostuvo Ernesto Laclau en diálogo con El Cruce. El filósofo político visitó la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora para encabezar la conferencia “América Latina, entre el institucionalismo y el populismo”, en la que se refirió al kirchenerismo y su relación con el movimiento peronista. -Algunos ubican al kirchnerismo como una continuación directa del peronismo, mientras que otros consideran que conserva los principios fundamentales, pero se diferencia en otros, ¿cuál es su postura?

-Las sociedades actuales se enfrentan con problemas diferentes a los que se enfrentaba la gente en la época del peronismo histórico, en plena época de sustitución de importaciones, con una economía adaptada a esa realidad. Hoy estamos en una época de globalización donde los problemas del modelo económico son muy distintos. En ese sentido, la respuesta del modelo kirchnerista es distinta a la del peronismo histórico: va a haber regulación estatal, pero no van a tener todos los instrumentos estatales con los que contaba Perón. En su libro “La razón populista”, Laclau diferencia entre dos momentos que atraviesan las sociedades: el institucionalismo y el populismo. El primero consiste, en sus formas más extremas, en la sustitución de la política por la administración. Se trata de crear un régimen tecnocrático en el que el accionar de las masas y los movimientos de base se ve reducido a un mínimo y en el cual los expertos toman todas las decisiones claves. Como contrapartida, el populismo extremo sería una forma de movi-


lización radical en la cual el momento institucional desaparece. Juan Domingo Perón también distinguió el momento populista del institucionalista. A comienzos del primer período peronista, la figura dominante era la del descamisado, hacia el final esta figura se eclipsa y Perón empieza a hablar de la comunidad organizada. Esa forma de equilibrio entre institucionalismo y populismo no se logró durante ninguno de los gobiernos peronistas. “Perón tenía el deseo de que hubiera un tránsito del populismo al institucionalismo. Las revoluciones pasan por tres etapas: la primera es la preparación ideológica (Vladimir Lenin), la segunda es la toma del poder (León Trotsky) y la tercera es la institucionalización de la revolución (Joseph Stalin). Perón decía que el peronismo tenía que pasar de la segunda a la tercera”, explicó el filósofo. -Si pensamos en el peronismo como un proceso trunco, ¿usted cree que el kirchnerismo viene a completar ese momento en el que el movimiento llega a la institucionalización? -Yo creo que es distinto porque no es que el kirchnerismo complete al peronismo. El kirchnerismo está empezando una experiencia de tipo nuevo en el que el momento rupturista y el momento institucional se dan de manera diferente. Perón creía en su momento en la posibilidad de que el país, a través de un triunfo peronista, entrara en una forma de institucionalidad nueva, pero estaba pensando en el paradigma histórico del peronismo clásico. -¿Cuál es esa experiencia diferente que está encarando el kirchnerismo en torno al momento de la ruptura populista y al momento institucionalista? -Hoy el problema de la institucionalización debe plantearse de un modo mejor, porque para Perón era el pasaje hacia una institucionalización total. Creo que lo que estamos viendo es un doble proceso en el cual empiezan a emerger demandas de tipo nuevo, y éstas impiden una institucionalidad total, pero al mismo tiempo la institucionalidad puede ir operando a través de ella. O sea que hay una mezcla de dimensiones que es más compleja, que Perón no las pensaba y el kirchnerismo entiende bien.

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-En ese sentido, ¿en qué se enmarca la definición de que el kirchnerismo está en vías de encontrar un equilibrio entre el momento populista y el institucionalista? -Las tendencias ultralibertarias entienden que el momento del Estado es un momento que no se plantea. Pero todos los populismos latinoamericanos pasan a través de la modificación del rol del Estado, no es que hacen una pura democracia de base. Yo creo que eso se está logrando hoy día. A través del kirchnerismo estamos llegando a un nuevo equilibrio social entre el momento institucional y el momento de la ruptura populista, y este equilibrio hay que consolidarlo. Para eso es necesario que la democracia no sea sólo parlamentaria, sino que sea social de bases. Por lo que la constitución de nuevas formas de organización es el punto central. -¿Considera entonces que es necesario modificarlas institucio-

nes actuales? -Si nosotros queremos un proceso de cambio social en una dirección progresiva, necesariamente va a chocar con las formas institucionales vigentes, porque las instituciones no son neutras, representan la cristalización de la relación de fuerza entre los grupos. Formas políticas nuevas van a tener que ser intentadas. El kirchnerismo está avanzando en esa dirección. Tenemos una democracia social más pronunciada. Si vamos a fortalecer una democracia de tipo nuevo, es necesario crear nuevas organizaciones militantes.

El miedo a la reelección y la falsa democracia Muchas de las plumas que hoy escriben para el establishment lanzaron una señal de alarma en nombre del “republicanismo” para advertir que el triunfo de Cristina en octubre traería aparejada una reforma de la Constitución que posibilitaría la reelección indefinida de la mandataria. Estos mismos pensadores afirmaron que los textos de Laclau son el sustento teórico de la presidenta para “perpetuarse en el poder”. En este punto, el filósofo es claro: “Si es así no será por su culpa sino porque la oposición no está haciendo su tarea. No es un problema de eternizase en el poder, sino de ganar una elección o perderla. Si se ganan las elecciones el poder se va a ir manteniendo indefinidamente, pero eso no es algo que vaya contra un régimen democrático”, sostuvo y agregó: “Perpetuarse sería hacerlo a través de métodos no democráticos, impidiendo que la voluntad popular se exprese”.

Profesor Honorario en la UNLZ Ernesto Laclau fue designado docente extraordinario con categoría de honorario de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) a través de una resolución del Consejo Académico. El anuncio se realizó en la conferencia “América Latina: Entre el institucionalismo y el populismo” que encabezó el politólogo en la casa de estudios. “Junto a sus capacidades profesionales, el doctor Laclau exhibe las propias de una calidez y sensibilidad humana que lo convierten en el maestro indispensable para la formación de los jóvenes en el campo de las ciencias sociales, políticas y humanas”, expresa el documento. “Laclau constituye la talla de un intelectual latinoamericano, significa la síntesis de los tiempos que vivimos, significa que la técnica se tiene que poner al servicio del proyecto nacional para la consolidación de un proyecto de país”, destacó el decano de Sociales, Santiago Aragón. “Su actividad académica nos han facilitado la reflexión posterior: entender que no hay ética que no sea emancipadora, que toda reflexión técnica debe estar puesto en función de una causa determinada”, sostuvo Aragón en agradecimiento al filósofo. “Su esfuerzo ha hecho que podamos reivindicar la categoría intelectual desde la categoría política”, concluyó.


modelo de Margaret Thatcher casi sin modificaciones. Lo que les molesta es algo que esté rompiendo con el modelo neoliberal, les perturba por cuestiones intelectuales. -Situados en el contexto europeo, ¿cómo ve estos movimientos de indignados que surgieron a raíz de la crisis? -Es muy difícil a esta altura hacer un vaticinio acerca de lo que va a ocurrir con esto. Porque hasta este momento son protestas poco orgánicas, todavía no se ha desarrollado una política a partir de estas movilizaciones. Pero de todos modos estas manifestaciones están expresando que los modelos institucionales que existen en Europa o en Estados Unidos en este momento no responden a las actuales exigencias. -¿Por qué no hubo contagio de esos movimientos en América Latina? -Lo empieza a haber en algunos países, como en Chile. La movilización estudiantil es simplemente un síntoma de una movilización más general que se está dando en toda la sociedad. -¿Cuáles son los pasos siguientes en cuanto a la integración regional latinoamericana? -Evidentemente hay que fortalecer el Mercosur y la Unasur, y es necesario crear el Banco del Sur. -¿Cómo ve a los partidos de izquierda en el país? -Yo creo que la izquierda en Argentina es el kirchnerismo. Hay una izquierda marginal de pequeños grupos, como el Partido Obrero y otros similares, pero eso no representa realmente nada. La opción real de cambio en una dirección progresiva es el kirchnerismo en todos los frentes. -Sin embargo, el libro de Cristian Castillo “La izquierda frente a la Argentina kirchnerista” considera al oficialismo como una continuidad del menemismo. -No he leído ese libro, pero si dice eso es un disparate. -También se le critica al oficialismo haberse aliado con ciertos personajes que sí representan a la derecha. -Evidentemente el kirchnerismo no es un partido ideológico puro. Viene de una matriz histórica que es el peronismo. Ha avanzado en ciertas direcciones, pero al mismo tiempo, ese proceso no es completo, es un proceso en el cual resabios históricos de todo tipo de movimientos están presentes allí. La Cámpora y todas esas organizaciones son organizaciones que van por un proceso de cambio más radical. -Se habla de un reemplazo nominal, del paso del kirchnerismo al cristinismo. ¿Cómo ve ese cambio? -No sé si el nombre “cristinismo” se va a imponer, no creo que a Cristina le guste mucho que se hable en esos términos. Pero si hay algo que caracteriza a la posición que ella ha tomado en el último año es que ha dado impulso a todas las organizaciones juveniles nuevas. Eso es claramente un cambio que ha tenido lugar y que está produciendo resultados positivos.

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-¿Por qué cree que las corporaciones mediáticas, como ciertos sectores de la sociedad, no interpretan la posibilidad de la elección indefinida desde la fortaleza de un líder? -En Europa, en primer lugar, hay toda una izquierda que finalmente ha aceptado el modelo neoliberal. Tony Blair siguió el


REPORTAJE EXCLUSIVO A CAMILA VALLEJO

“Los grandes cambios ocurren cuando toda la sociedad lucha por los mismos objetivos” Por Soledad Arréguez Manozzo

La titular de la Federación de Estudiantes de Chile explica a El Cruce cómo hicieron los estudiantes chilenos para lograr el apoyo de amplios sectores de la población, pese a las fuertes campañas de “desinformación” lanzadas desde la prensa local. Sostiene que la educación gratuita en su país es posible, si se lleva a cabo una “reforma tributaria” que la garantice.

Jeans, piercing y pañuelo al cuello. Con tan solo 23 años, Camila Vallejo se convirtió en ícono del movimiento estudiantil por una reforma integral del sistema educativo en Chile. Hija de militantes comunistas y nieta de un ex integrante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), se puso al frente del debate y logró poner en evidencia la crisis del modelo neoliberal en la educación: impulsó discusiones sobre el rol público de la universidad y la necesidad de hacer reformas para alcanzar una educación de calidad y gratuita para todos los ciudadanos. En los últimos meses, el reclamo logró la adhesión de profesores, trabajadores y familias enteras cansadas de hipotecar su futuro para que sus hijos tengan un título. Las protestas prolongadas provocaron un fuerte cimbronazo en el gobierno de Sebastián Piñera, que aún busca una salida del conflicto. “La educación gratuita para Chile es posible. Hay estudios hechos por destacados economistas nacionales y por los mismos estudiantes que acreditan que a partir de una reforma tributaria podríamos asegurar los recursos necesarios para que eso ocurra”, remarca la joven, egresada en Geografía de la Universidad de Chile y presidenta de la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios (FECh), en un reportaje exclusivo concedido a El Cruce. -¿Por qué las protestas surgieron durante el gobierno de Sebastián Piñera, y no en gestiones anteriores? -Los problemas del sistema educacional que hoy se ponen en evidencia se vienen arrastrando desde hace mucho tiempo, en particular desde la dictadura. cuando en 1980-1981 se dictó una legislación educacional que revertía por completo el proyecto de los


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gobiernos anteriores, que eran de carácter social. Hubo diferentes movimientos para recuperar la educación pública, los que lamentablemente no ha podido materializarse. Por eso, seguimos articulándonos año a año para conseguirlo, generando un proceso de acumulación que hoy se ve plasmado en la intensidad y magnitud de las demandas como de las movilizaciones. El hecho de que durante el gobierno de Piñera las movilizaciones sean tan fuertes responde principalmente a la intención ofensiva del gobierno y su interés en consolidar el mercantilismo en la educación, así como privar el posible desarrollo de la educación pública. Ante esto, los estudiantes no podíamos hacer menos que negarnos a dichas reformas y, más aún, tomar una actitud propositiva para instalar las demandas que creemos necesarias para transformar profundamente la educación. -¿Cuál es el camino para la resolución del conflicto? -La educación gratuita para Chile es posible. Hay estudios hechos por destacados economistas nacionales y por los mismos estudiantes que acreditan que a partir de una reforma tributaria podríamos asegurar los recursos necesarios para que eso ocurra. Sin embargo, el obstáculo más grande para eso es la falta de voluntad política y la barrera ideológica que el gobierno ha puesto, pues ellos tienen el poder y los recursos para satisfacer

esa necesidad del pueblo de Chile, pero sus principios políticos van absolutamente en contra de que ello ocurra, y no van a transar. Es claro que el escenario se ve muy complejo para avanzar en reformas de fondo. Los parlamentarios tienen hoy la gran responsabilidad y la posibilidad, de legislar en favor de las demandas sociales modificando los proyectos de ley que el Presidente envíe, por lo que no olvidamos que el Congreso es un factor que no podemos dejar de lado. -El gobierno no ha dado todavía una respuesta satisfactoria a sus demandas. ¿Qué le parece la actuación que ha tenido sobre sus propuestas? -Me parece absolutamente errática la actitud del Presidente respecto del manejo político de este y de la mayoría -si no de todoslos conflictos que ha enfrentado. Es insólito que el gobierno sea incapaz de responsabilizarse por los propios actos y culpe constantemente al anterior, eso le quita seriedad y nos hace dudar si realmente tiene la capacidad de autocrítica necesaria para gobernar en sintonía con la gente. Más allá de las imprecisiones de Piñera, gran parte de los personeros de gobierno y de los partidos políticos de la coalición gobernante han calculado muy bien los pasos a seguir, sopesando a consciencia lo que significa tener el nivel de rechazo que tienen, a cambio de mantener y profundizar


un sistema afín a su ideología neoliberal.

-Los medios de comunicación de Chile son un actor importante en el conflicto. ¿Cómo evalúa su rol en el tratamiento del reclamo? -¿Considera que el movimiento estudiantil se consolidará como -Lamentablemente, en Chile, los medios de comunicación son una fuerza más en la escena política de Chile? un bastión más del gobierno y de las élites dominantes. La -Creo que es imposible de prever, porque nadie tiene la certeprensa escrita y la televisión principalmente han sido una herramienta de desinformación de la población respecto de temas muy relevantes en este proceso de El hecho de que durante el gobierno lucha por la educación. Suelen tergiversar hechos e incluso inventar falsedades. En ese sentido, ahora de Piñera las movilizaciones sean tan los medios tradicionales cubren nuestras noticias, fuertes responde a su interés en consolidar porque venden, pero suelen hacerlo de mala manera. Afortunadamente, internet ha constituido un el mercantilismo en la educación. canal de contra información y además una fuente más directa y dinámica para quienes desean inza de cómo evolucionará o terminará este proceso. Sin embargo, formarse de lo que realmente pasa en el movimiento, o de como ya tenemos relativamente claro que el gobierno actual no las cosas que ningún medio oficial informa, como las torturas. dará su brazo a torcer en lo próximo, sí tenemos proyectado seHemos tenido que saber conjugar una táctica comunicacional guir movilizados de manera permanente. Creo que seremos un lo suficientemente clara como para que no se tergiverse, y a actor político presente, en la medida que sea necesario, para no la vez hemos tenido que diversificar nuestros canales de inabandonar la lucha que hemos iniciado y en la que tenemos tanformación para llegar a un espectro lo más amplio posible de tas esperanzas puestas, no sólo nosotros sino casi todo un país. público.

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-Muchos jóvenes deben emigrar a la Argentina para poder estudiar, ya que les sale más barato que pagar una carrera en Chile. ¿Cómo evalúan esta situación? -Sin duda es lamentable que deba ocurrir algo así por lo cara y precaria que es la educación en Chile. Ojalá la decisión de estudiar en otro país fuese por motivos que no consideraran lo económico, sino lo cultural o las propias perspectivas profesionales, pero la migración estudiantil a causa de la falta de recursos en Chile es una realidad. Por la experiencia de muchos compañeros, sabemos que la recepción a los estudiantes autodenominados “exiliados” por la educación en Argentina es muy buena y fraterna.

-El reclamo encontró eco en diversas partes el mundo. ¿Cuánto influyeron las nuevas tecnologías en esto? -Las redes sociales claramente permiten tener un alcance y una inmediatez en la producción y distribución de la información que en otros tiempos eran impensables. A escala internacional, Internet sin duda nos ha posibilitado crear redes. A diferencia de lo que algunas personas plantean, en relación a que hoy las redes sociales podrían venir a reemplazar la política que se hace cara a cara, creo que la tecnología nunca van a suplantar aquella labor que tiene la organización política y social a través de las asambleas, los debates y las discusiones que se realizan de manera real, porque eso constituye, además, una manera de ver la vida y de ver el propósito transformador de la política. Los estudiantes nos organizamos para luchar por un país más justo, más fraterno y más humano. Debemos actuar en pos de cultivar esos valores de manera concreta, ya que muchas veces las he-

-¿Qué opinión tiene sobre el sistema educativo en la Argentina? -En lo particular, creo que es un sistema que está muy adelantado respecto del nuestro: la educación es gratis, de considerable calidad y su método de acceso no es restringido como el nuestro. En varios asLa educación argentina constituye un pectos, la educación argentina constituye un horizonte para nosotros. Sin embargo, horizonte para nosotros, aunque tenemos claro, también tenemos claro, por experiencia por experiencia de los propios compañeros de los propios compañeros argentinos, que no todo es perfecto, y que aún existen argentinos, que allí no todo es perfecto. problemas en cuanto a la elitización de los planteles, la falta de presencia de los sectores más vulnerables de la sociedad, y otros problemas sociarramientas tecnológicas parecieran acercarnos a quien está muy les estructurales con los que se enfrentan constantemente. Sin lejos, pero alejarnos de quien está más cerca. duda son necesidades complejas y su resolución implica pasos que en Chile aún no hemos dado. -A pesar de los intentos mediáticos por desacreditar al movimiento, se logró convocar a cientos de ciudadanos a las calles


¿Por qué considera que se generó gran adhesión? -Creo que como estudiantes tuvimos la conciencia de entender que los grandes cambios sociales que afectan a todo el país y a las generaciones futuras, ocurren cuando la sociedad en su conjunto está de acuerdo y conforma una mayoría que luche por los mismos objetivos. Los estudiantes no queríamos quedarnos en la lucha gremial, sino recoger lo que toda la sociedad tuviese

raciones o hubiese algún mal entendido, la prensa y los políticos podrían tergiversar mis intenciones y eso le traería costos al movimiento estudiantil. Tomo este cargo con mucha responsabilidad y seriedad, implica representar el esfuerzo de miles de estudiantes que hoy se movilizan por la educación.

-La protesta en Chile fue tema de debate en varios congresos de estudiantes. ¿Le parece que es posible generar un movilatinoamericano para pedir mejoras en la educaLa prensa escrita y la televisión miento ción en toda la región? han sido una herramienta de desin- -Este año ha servido para incentivar la unidad estudiantil regional e incluso mundial. Sin embargo, creo que hay formación de la población respecto de que atender a las diferencias que existen en cada país, y a las necesidades y realidades locales que podrían confitemas muy relevantes en este proceso gurar un eventual movimiento estudiantil a gran escala, porque existen diversos escenarios y la actitud y demande lucha por la educación. das del estudiantado no va a ser la misma en cada espacio. Eso no quita que debamos trabajar imperiosamente que decir respecto de la educación. Entonces, la gente se sintió en construir redes de solidaridad internacional que nos permitan llamada a dar su visión de cómo debe ser la educación en Chile, avanzar en temas comunes a todos los estudiantes. lo cual es un ejercicio democrático que el Estado hoy no fomenta ni mucho menos garantiza. A partir de las movilizaciones de -¿Le gustaría seguir una carrera política? este año se puso en evidencia las numerosas falencias de nues-Esa es una pregunta que me hacen constantemente. Hoy no tro sistema democrático, fuertemente coartado y limitante de tengo los elementos para saber si mi participación en política la capacidad de injerencia de la ciudadanía, lo cual nos hemos será necesaria en el futuro. Como militante, nunca voy a descarencargado de denunciar, y a la vez hemos propuesto modificatar la posibilidad de participar de alguna manera en próximas ciones como el plebiscito o asamblea constituyente, demandas elecciones para disputar algún cargo, pero esa decisión será tohistóricas del movimiento social desde la dictadura. mada de forma colectiva con mi organización, atendiendo a mis capacidades y posibilidades, siempre en miras de un proyec-“Se mata la perra, se acaba la leva”. Esa frase de una funcioto colectivo. Mi participación en política no es movida por un naria chilena es una de las tantas críticas y ataques que sufrió afán individual, y no tiene otra justificación que no sea el tratar durante la profundización del reclamo. ¿Le parece que el hecho de contribuir a la construcción de un país más justo de manera de ser mujer influye a la hora de hacer política? mancomunada. -Por ser mujer y tener el pensamiento político que tengo, efectivamente no han faltado las personas que han intentado desvalidarme a fin de no reconocer la importancia de nuestras demandas o de la legitimidad de nuestro movimiento. Afortunadamente, la mayor parte de la ciudadanía hoy está apoyando a los estudiantes, porque siente que nuestras demandas son también suyas; la gente de verdad opina que el sistema educacional actual debe tener un cambio estructural y que no es sólo un antojo de los estudiantes. Entonces, en ese sentido agradezco que no se le preste mayor atención a los argumentos que tratan de desvalidar nuestro movimiento sino que se atienda a la importancia y justeza de nuestras demandas. -Para muchos jóvenes, sobre todo mujeres, usted se convirtió en un modelo a seguir, ¿siente responsabilidad por ese hecho? -Por supuesto. Siento una enorme responsabilidad al ocupar el cargo de presidenta de la FECh y vocera de la CONFECh, porque al tener tanta exposición, si cometiera algún error en las decla-


COMUNICACIÓN ALTERNATIVA Y AUTOGESTIVA

Cuando el medio es el mensaje Por Yanina Fuggetta

La lógica de los medios de comunicación hegemónicos comienza a ser cuestionada por el surgimiento y el afianzamiento de múltiples espacios de divulgación de información alternativa, que escapan de la agenda que procuran imponer las corporaciones e intentan establecer una nueva forma de ejercer la profesión. Desde las bases, a través de proyectos horizontales y cooperativos, el periodismo retoma las fuentes y

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procura legitimar la diversidad de opiniones. En Ciudadano Kane, la inoxidable película de Orson Welles de 1941, el relato que imperaba era el de una industria cuya tarea fundamental consistía en direccionar ideologías afines a las corporaciones, a través de la manipulación de los hechos y la pérdida de competitividad de los más pequeños. Una situación tan antigua y tan actual que setenta años después se repite. Sin embargo, por estos días, la lógica de los medios masivos se pone en tela de juicio. El motivo: el surgimiento y establecimiento de múltiples espacios dedicados a la comunicación alternativa que escapan de la agenda que intentan imponer los gigantes conglomerados multimediáticos. No se trata de considerar la noticia como una mera mercancía y a la información con una fuerte impronta comercial, sino de situarla como una fuente productora

de análisis, crítica y como un motor de lucha contra las hegemonías informativas. Y allí surge una saludable inquietud: ¿cómo definir al periodismo? El periodismo actual puede ser definido como una geografía de grandes grupos empresarios, pero también como un colectivo de profesionales que intenta construir una mirada de la realidad independiente de la que ofrecen los medios hegemónicos. En ese intento, los comunicadores batallan contra las agendas oficiales y el amarillismo, contra la primera versión y la única historia. En aquellas hendiduras donde los multimedios no llegan, sí lo hace la comunicación alternativa. Ahora bien: ¿qué significa la comunicación alternativa? Una de las premisas principales en las teorías de la comunicación reside en la circulación de información plural dentro de la

sociedad. Así se estimula la democracia y se legitima la diversidad de opiniones, algo que la concentración mediática procura erosionar. La alternatividad consiste en un distanciamiento del modelo hegemónico y la búsqueda de otras voces. “Se ven medios comerciales cada vez más débiles, medios que viven de la caja del Estado que en cuanto cambie de mano se caen sin remedio y medios que estamos con posibilidades de cruzar la línea media e ir por más. Estamos en un momento de transición, intermedio, en el sentido histórico del proceso de transformación de la comunicación. Lo que debemos justificar, entonces, es sí estamos a la altura de ese desafío, porque lo que está en juego es si la comunicación que viene necesitará o no periodistas profesionales“, analiza la periodista Claudia Acuña, fundadora de la cooperativa de comunicación La Vaca. Acuña prefiere hablar de “comunicación autogestiva” y no “alternativa”. “Me parece peyorativa. Esta definición es hija de los diarios recuperados -que pasaron por el proceso de ocupar, resistir y producir- y que define con ese proceso de tres eslabones todo un plan de acción: ocupar nuestros propios espacios de comunicación, resistir los modelos que se forjan a partir de paradigmas comerciales y producir nuestra propia comunicación de acuerdo a las necesidades sociales”, define. Y va más allá: “Construir una mirada propia es un proceso grupal, de mucho esfuerzo. El principal es saber quién sos como me-


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dio. La identidad es la clave. Si sabés quién sos y podés hablar con tu propia lengua, sin repetir guiones ni copiar moldes, tu mirada sobre la realidad es original porque es única, verdadera. Decirlo es fácil, pero lograrlo es una tremenda tarea”. Si un medio de comunicación elige ser alternativo en su mensaje también puede elegir su formato: la autogestión implica que la posesión del medio es compartida por los trabajadores. Allí no hay empleados ni empleadores, hay compañeros que desarrollan sus proyectos. No lo hacen bajo un estricto sentido lucrativo, sino como una manera de originar contenidos colectivos y democráticos. Ejemplos sobran: Mu, La Vaca, THC, Teatro al Sur y Barcelona, entre muchos otros. Acuña también es una de las impulsoras de AReCIA, la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina, que nuclea los proyectos editoriales independientes en todo el país. “AReCIA nació luego de un proceso de trabajo conjunto del sector de más de un año, en el que mantuvimos reuniones mensuales para pensar juntos los problemas y las posibilidades del sector. Se formalizó así el trabajo de ese espacio, de cara a dos interlocutores: el Estado y el mercado. Como una herramienta para demandar políticas hacia el sector y para lograr acuerdos marco que permitan mejores condiciones de negociación comercial“, explica.

Banca oficial Franca Venturi es la coordinadora del Programa Trabajo Autogestionado del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Social de la Nación. El proyecto nació en 2004 para brindar financiamiento y asistencia técnica a empresas recuperadas por sus trabajadores, como en el caso de los medios de comunicación que se presentaron en quiebra, o personas que busquen trabajar de manera autogestionada en distintas áreas. En ese contexto, desde que se inició el programa, participan más de 300 cooperativas periodísticas autogestionadas en Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Neuquén, Mendoza y La Rioja. “Para acceder al apoyo técnico y económico del programa, cada grupo de comunicadores que quiera comenzar con su proyecto periodístico autogestionado en una cooperativa, debe presentar una pro-

puesta. Allí los trabajadores darán cuenta de cuál es su historia y su situación actual, de su proyecto, de sus fortalezas y debilidades. Un dato no menor es que es necesario contar con la personería jurídica al menos en trámite”, detalla Venturi. Además, destaca que los medios asistidos por el programa disponen de una “interesante” heterogeneidad, en la medida en que conviven empresas periodísticas de distinto tipo con una “considerable” afluencia de jóvenes que ven en la comunicación autogestionada una nueva alternativa profesional que estimula el desarrollo de su trabajo. “Los profesionales que se organizaron como una cooperativa de trabajo, como el caso de muchos diarios de las provincias, lograron recuperar su fuente laboral y adoptaron esta forma para continuar con su actividad, con los valores del cooperativismo para manejar su propia empresa. La autogestión asociativa en este caso periodística tiene mucho valor. En el caso de la comunicación es inventar situaciones nuevas, buscarlas, difundirlas”, remarca Venturi. Los trabajadores que impulsan sus proyectos participaron en septiembre pasado del primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado, organizado por el Ministerio de Trabajo y la Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina (Fadiccra) en el Hotel Bauen, en la Ciudad de Buenos Aires. Más de mil periodistas, estudiantes y comunicadores de todo el país y del exterior asistieron a los talleres de radio, televisión, sitios de internet y a las conferencias dictadas por profesionales de la comunicación, la tecnología, la educación y la filosofía. Juan Diego Turraca, presidente de Fadiccra, expresó que el periodismo autogestionado es la energía que puso en práctica un derecho, el de la comunicación: “Esto es algo nuevo, el congreso habló de información, de mucha energía, trabajo y experiencias entre trabajadores. Este congreso sirvió para definir la línea editorial de nuestros medios, distribuir equitativamente los ingresos, exigir proyectos de ley a medios gráficos y una ley de fomento a la comunicación autogestiva. Y, sobre todo, para trabajar en una labor periodística alternativa los monopolios”. En ese sentido, enfatiza: “La autogestión es democratizar la información, es libertad de elegir, que puedan

definirse los trabajadores de prensa como periodistas autogestionados y no como simple empleados”. Según Venturi, el congreso sirvió para visibilizar un sector que es “ignorado” por los medios masivos y también publicitar sus tareas con el objetivo de resaltar su trabajo cotidiano. De acuerdo con sus palabras, el periodismo autogestionado debe conocerse, expresar sus problemas -como el acceso al papel-, posicionarse para plantear demandas y una agenda pública, entre otros puntos. También debe multiplicar sus voces, las voces que hasta hace poco tiempo estaban perpetuamente condenadas a los pequeños márgenes que les dejaban los tentáculos de los gigantes mediáticos. De eso se trata la libertad de expresión. El periodismo autogestionado procura dar cuenta de ello.

Experiencias de la autogestión Son numerosas las experiencias de periodismo autogestionado que pueden observarse en la Argentina. Desde el diario El independiente, de La Rioja, pasando por la revista Cítrica, realizada por los ex trabajadores del diario Crítica, hasta la editorial cooperativa Eloisa Cartonera. Todas, a su modo, plantean una nueva modalidad de comunicación alternativa. “Somos diez personas y nos dedicamos a fabricar libros con un sistema sencillo y alternativo que es con tapas de cartón de la calle que le compramos a los cartoneros. Los textos se imprimen en una imprenta”, cuenta María Gómez, que trabaja en Eloísa Cartonera desde sus inicios, en 2003. El catálogo editorial cuenta con 200 títulos repartidos entre poesía, cuentos y novelas breves de Alan Pauls, Fabián Casas, Andrés Caicedo y Washington Cucurto, entre otros. Fernando González trabaja desde hace ocho años en el diario El independiente y cuenta que se trata de una empresa recuperada y que es el único medio autogestionado de La Rioja: “Es un diario que se fundó en 1961, en donde trabajamos 61 personas –relata-. Se hace con mucha lucha y sacrificio, somos todo terreno, tenemos una web y una radio. Estoy feliz de ser autogestionado y poder trabajar con libertad, como en una familia. Se establecen lazos solidarios que no se dan en una empresa privada.”


PROBLEMAS PARA LA APLICACION DE LA LEY

Las dificultades de ser celíaco Por Soledad Arréguez Manozzo

La celiaquía es la intolerancia permanente al gluten, una proteína presente en el trigo, avena, cebada y centeno (TACC) y productos derivados, que padecen unos 400 mil argentinos. Este año se reglamentó una ley, vital para la detección temprana, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. Sin embargo, los pacientes se encuentran con trabas en las obras sociales y prepagas a la hora del cumplimiento de la cobertura en la provisión de los alimentos, que en algunos casos cuestan

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el 300 por ciento más que los comunes.

Una dieta libre de trigo, avena, cebada y centeno (TACC) es la fórmula rigurosa y permanente que siguen las personas celíacas para alcanzar una mejor calidad de vida. La alimentación correcta es la base de su tratamiento. Por eso, la Ley Celíaca, sancionada a fines de 2009, establece que las empresas de prestación médica deben brindar cobertura de las harinas y las premezclas libres de gluten. Con la reglamentación de la ley en mayo de este año se convirtieron en derechos muchas demandas de pacientes que padecen de la intolerancia al gluten, una proteína que se encuentra en los alimentos con TACC. Sin embargo, aún hay obstáculos en el camino. Falta que la mayoría de las provincias adhieran a la normativa nacional, hay pacientes que deben presentar amparos para que la ley se cumpla, hay prestadores que no brindan la cobertura y en otros casos todo depende de la buena voluntad de la empresa, según contaron las asociaciones de pacientes consultadas por El Cruce. La reglamentación de la Ley Celíaca fue celebrada por las personas que padecen esa enfermedad. Pero lograr que los prestadores médicos cubran lo establecido por la norma puede convertirse en un


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Algunas prepagas, presionadas por recursos de amparo, establecieron algunas normas: responden, pero de forma limitada y no otorgan grandes beneficios”, cuenta Gail, que es paciente celíaco. “Con las leyes que tenemos hemos cubierto mucho las expectativas del celíaco, pero necesitamos del Estado para que se cumplan”, apunta Silvia Vera Tapia, presidenta de la Asociación Celíaca Argentina (ACA), en diálogo con El Cruce. “Agradecemos a la Presidenta que reglamentó la ley, pero quisiéramos avanzar. El conflicto sigue estando. Ahora tenemos un inconveniente: nos llegan notificaciones para preguntarnos qué hacer a aquellos que quieren anotarse en la obra social IOMA, pero le niegan la inscripción por tener una enfermedad preexistente. A los celíacos les siguen negando la entrada en algunas obras sociales”, denuncian desde la ACA.

El juego de las diferencias

largo peregrinar. “El desafío por delante es lograr la adhesión de todas las provincias a la ley nacional. Esto hace que la sanción de la norma sea limitada y sean muy pocas las cosas que efectivamente sean un beneficio en la vida diaria de cada uno de nosotros”, asegura Rolando Gail, miembro del Grupo Promotor de la ley, que reúne a unas 2.500 familias. De las 24 provincias, solamente La Pampa, Corrientes, San Luis, Santa Fe, Jujuy y Mendoza se adhirieron. “En el resto del país todo se torna mucho más difícil porque la ley no tiene vigencia. Hay un vacío legal en ese

sentido”, precisa. Algunos distritos sancionaron leyes propias y lograron avanzar en ese sentido. Sin embargo, en otros casos, por ejemplo, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tienen normativa particular, pero no está reglamentada, ni tienen la adhesión a la ley nacional. No están en vigencia y los celíacos se quedan sin cobertura local ni nacional. Esto provoca algunos inconvenientes a la hora de la prestación médica. “En IOMA, desconocen absolutamente todo. Para ellos, la ley no rige. Entonces, no están obligados a nada.

Quizás el artículo más complejo de la ley es el que establece que las obras sociales, las entidades de medicina prepaga y las entidades que brindan servicios médicos deben pagar el 70 por ciento de la diferencia entre el valor de la dieta común y una para un paciente celíaco. Las personas celíacas dependen de lo que comen. Y seguir la dieta implica muchas veces tener que hacer cuentas por la diferencia de valores: el kilo de harina común cuesta entre 2 y 3 pesos, pero la que es apta para celíacos cuesta entre 18 y 23. Por eso, es clave que las prestadoras médicas cumplan con lo establecido por la ley. “Hay que conseguir que el Ministerio de Salud, junto al INAL (Instituto Nacional de Alimentos), complete la reglamentación indicando la letra chica: cómo se implementa en la práctica, y cantidad y calidad de alimentos que entran en la cobertura”, asegura Gail. Al cierre de esta edición, el INAL había realizado un estudio técnico al respecto que esperaba la aprobación oficial. “Estamos esperando. Todo sigue igual. No sabemos cuáles son los alimentos que


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se agregaron como ‘saludables’ a la ley -como parte de los productos de la dieta de un paciente celíaco-”, agrega Alicia Greco, presidenta de Asistencia al Celíaco de la Argentina (ACELA), entidad con 66 filiales en todo el país. Según pudo averiguar El Cruce, también hay negativas frente al pedido de cobertura de los alimentos. Las respuestas son de lo más variadas: “Todavía no bajaron directivas de la central”, “La ley todavía no está totalmente reglamentada” o directamente “Nuestra provincia no adhirió”, enumeran pacientes celíacos. En ese sentido, la empresa Medicus explica a sus clientes que el INAL “aún no ha establecido las cantidades de harinas y premezclas que deben consumir las personas celíacas (artículo 9 del Decreto 528/2011 del Ministerio de Salud)”. Frente a este panorama, muchas familias comienzan la vía judicial, con la presentación de amparos para que se cumplan sus derechos. “Algunas personas encuentran inconvenientes cuando quieren que la obra social le cubra esa diferencia de costos de las harinas y premezclas especiales, que en algunos casos cuestan el 300 por ciento más de una harina común. Cada particular exige y depende de cada prestador lo que le pueda ofrecer y ahí es donde encontramos el problema”, detalla Vera Tapia. “Estamos trabajando en una mirada más amplia de este punto, para que abarque harinas y premezclas libres de gluten, y que además incluya alimentos ya elaborados de consumo habitual por parte de cualquier persona (prepizzas, panes, fideos) para mayor facilidad al consumo. Hicimos un modelo de dieta muy genérico, con un concepto más integral que reemplazar la harina tradicional por la libre de gluten. Este trabajo lo compartimos con la Sociedad Argentina de Nutrición. El trabajo final está avalado. Esta es la primera pata de lo que pide la ley, la segunda parte es establecer cúal es el 70 por ciento de la diferencia. El área Economía de la Salud hizo el análisis de precios, para ver cuál es el costo. Esto está terminado. Ahora está en proceso administrativo, para dar marco

legal a este trabajo para que las obras sociales lo implementen. Está muy avanzado”, explica Matías De Nicola, director del INAL, organismo dependiente del ANMAT, que se dedica al control de alimentos. Voceros de la Dirección Médica de Swiss Medical Group explicaron que la cobertura de la prepaga incluye estudios y diagnósticos: endoscopía, biopsias, anticuerpos, entre otros. Y en cuanto al tratamiento, harinas y premezclas libres de gluten aseguraron a El Cruce que la empresa “reintegra mensualmente a los pacientes el 70 por ciento de la diferencia de costo en las harinas y premezclas”, como marca la ley. Desde el Grupo Promotor señalan que hay desinformación sobre el tema en algunas prestadoras, ya que “en algunas obras sociales y prepagas se reintegra, y algunos incluso pagan el 70 por ciento del costo” y no de la diferencia. Según las cifras que se manejan desde la Asociación Celíaca Argentina, hay más de 400 mil argentinos que padecen celiaquía, aunque unos 25 mil desconocerían su enfermedad. Con la sanción de la ley, se incorporaron al Programa Médico Obligatorio (PMO) análisis para la detección de la enfermedad celíaca a través del marcador sérico IgA y la biopsia del duodeno proximal. A su vez, el Ministerio de Salud entrega kits de diagnósticos en 95 hospitales

de todo el país, y guías nacionales para el diagnóstico y tratamiento, que describen la enfermedad, los síntomas, cómo diagnosticarla, el tratamiento a seguir, consejos sobre alimentación y precauciones a tener en cuenta a la hora de preparar alimentos o comer fuera de la casa.

¿Qué comemos? Todos los productos alimenticios que se comercialicen en el país y que cumplan con los requisitos para celíacos deberán llevar impresos en sus envases la leyenda “Libre de gluten” y el logo oficial. Pero, por ahora, ir de compras sigue siendo complicado. “Si se recorre la góndola, en plaza se reconoce un solo producto que adoptó el nuevo logo. El Ministerio no puso plazos claros, quedo medio indeterminado. Seguimos dependiendo de la buena voluntad de las empresas, algunas han empezado a rotular por iniciativa propia”, apunta Gail. Al respecto, De Nicola especifica el rol del estado. “La ley prevé establecer una metodología de análisis de alimentos para dar seguridad a los celíacos: se modificó el Código de Alimentos y se establecieron nuevas formas para identificar cuando un alimento es apto para celíacos y cuando no lo es. Este estudio se hizo a través de


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la CONAL (Comisión Nacional de Alimentos) y salió publicado en el Boletín Oficial”, puntualiza. Y profundiza: “Otro punto es la identificación de los productos. Esto ya se hizo, se determinó un símbolo que obligatoriamente deben llevar los alimentos libres de gluten, y también pueden incorporar los de las asociaciones de pacientes celíacos. La modificación prevé un período de transición de 180 días para entrar en vigencia: las empresas tienen que adecuar a los nuevos rótulos, y muchas empresas ya están trabajando en el tema.” De Nicola también explica cómo se trabaja desde el INAL para controlar las buenas prácticas de elaboración industrial de los alimentos, con la premisa de evitar todo tipo de contaminación con gluten. “Se desarrollaron manuales de buenas prácticas de manufacturación. Se está acordando un criterio común de control y elaboración de los productos libres de gluten. Este asunto todavía no está cerrado, pero está próximo a publicarse. Es importante, porque las provincias tienen poder de policía en su territorio, el control lo ejerce el ministerio de cada provincia. El código alimentario --los estándares y procedimientos-- es una ley nacional y todas adhirieron a él. La decisión del Ministerio de Salud es de proveer de equipamiento para detectar gluten a los laboratorios de análisis de alimentos, para que en todas las provincias haya un equipo. Esto está muy avanzado, está en proceso. Es una apuesta al control para dar mayor seguridad a los celíacos”.

Oferta y demandas “Otro punto es que para que una empresa pueda comercializar un producto debe registrarlo en un organismo de competencia, eso lleva un trámite y arancel. Una medida de incentivo es poner un arancel cero a los trámites que se hagan en el INAL. Queremos que haya más oferta. En el interior del país, no hay mucha oferta, así lo manifiestan las asociaciones de pacientes. En las grandes ciudades, hay más ofertas. Estamos en contacto permanente con las organizaciones, hemos compartido muchas cosas con ellos: metodología,

límites, logos y hasta la diagramacion de las dietas. Por otro lado, tenemos un canal abierto con las industrias de alimentos, ellos tomaron el tema con compromiso, están informando sobre productos por salir. Pero también hay un margen de transición. Las empresas tienen que readecuar alimentos e ingredientes, lineas de productos y proveedores, para asegurar que sea seguro. Lo que nos comentan es que muchas empresas están en ese proceso para desarrollar nuevos productos. Esperamos verlos pronto en el mercado”, se esperanza De Nicola. Las asociaciones de pacientes coinciden

que en estos últimos años hubo mayor difusión de la enfermedad. Hasta no hace mucho “había personas que no sabían de qué se trataba la celiaquía, pero hoy es algo conocido”, dice Vera Tapia. En ese sentido, Gail concluye: “En la sociedad hay mas gente informada. Ya no te miran como a un marciano. Por lo menos, en la ciudad, si van a un restaurante saben de qué se trata. Hay un resultado palpable”. La sanción y posterior entrada en vigencia de la ley resultó fundamental para que la lucha dejara de ser silenciada. Ahora sólo queda que escuchen -y cumplan- los que no quieren oír.


LA PATRIA DEPORTISTA

La llama está encendida Por Ana Julia Foti y Matías Quercia

Luego de años de oscuridad, el deporte argentino de alto rendimiento comenzó a dar saludables señales de vida en los Panamericanos de Guadalajara y se ilusiona con seguir creciendo con la mira puesta en los Juegos Olímpicos de Londres. La creación del Enard y su consecuente aporte de recursos económicos resultan fundamentales para que los atletas tengan más y mejores herramientas para competir a ni-

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vel internacional. Muchos de los deportistas que recalaron en Guadalajara durante octubre sabían que su oportunidad de tomar el último tren a Londres se definía en tierras mexicanas, Panamericanos mediante. Es que en varias disciplinas se buscó no sólo obtener el primer puesto en el podio, con su consecuente medalla de oro, sino que además se disputó la clasificación directa para los Juegos Olímpicos. Por eso, algunos deportistas argentinos celebraron mucho más que un título continental. La presea fue el reflejo de una felicidad que no brillaba colgada al cuello. Más bien era la expresión de un sentimiento infinito que cruzaba el océano Atlántico y se posaba en Inglaterra, capital mundial del deporte en 2012. El Cruce dialogó con atletas y funcionarios que integraron la delegación nacional

modelo 2011, que remarcaron la importancia de tener a Londres como “el principal propulsor del mejoramiento de la actividad deportiva en el país a corto plazo”. El planeamiento de objetivos con miras al horizonte se modifica o se continúa de acuerdo con las variables que se cruzan en el camino y confirman el buen andar o insinúan la necesidad de un cambio. Por lo pronto, para el presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), Gerardo Werthein, la idea es seguir el trayecto trazado de antemano. “El próximo año tiene que ser la profundización de un crecimiento que viene siendo paulatino, pero que a su vez mostró gran parte de su esplendor en Guadalajara”, remarcó. Y agregó: “Los resultados no marcan las pautas, pero sí las orientan. Y en México, Argentina tuvo un papel destacado dentro de los parámetros

que se manejaban previamente. Desde esa base se debe trabajar para ensanchar la pirámide de los deportistas que ingresan en competencia mundial y a su vez, estirar la cúspide de aquellos que ya son parte de una elite de atletas”. El dirigente es claro: “Londres es lo que necesitamos para fundamentar lo realizado hasta el momento”. Desde una mirada más general, sin tanto afán por el futuro inmediato y sí por el pasado cercano, es destacable lo conseguido en los Juegos Panamericanos, pues la cosecha fue superior en comparación con las anteriores competencias continentales. En Río de Janeiro 2007, los argentinos obtuvieron 60 galardones en total, mientras que de Guadalajara se subieron a 75 podios. Una evidencia de las mejoras que se insinúan en el deporte de alto rendi-


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miento de nuestro país. Es cierto, todavía quedan lejos aquellos Panamericanos iniciales de Buenos Aires 1951, en los que la Argentina fue potencia y quedó en lo más alto del medallero, incluso por encima de Estados Unidos. Hoy, luego de haber tocado fondo, el crecimiento en relación con los Juegos precedentes es una certeza. Y la clave estuvo, fundamentalmente, en la unión de grupo. “En México no se notó qué deporte practicaba cada uno, sino que todos los atletas se apoyaban mutuamente en cada competencia. Más allá del incentivo en la renovación técnica, la clave pasó por la mística que hubo”, había fundamentado Werthein apenas finalizados los Panamericanos de Guadalajara. Tiempo después, con la mente fría, más sereno pero sin ocultar su alegría por los objetivos cumplidos, el dirigente explica

que Argentina tuvo a disposición, para poner un ejemplo, “tuvo la flota más moderna de los Juegos en remo”, y todo esto fue consecuencia del trabajo realizado desde la creación del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard), y con ella la “la apertura de una nueva etapa” en el deporte argentino. El Enard está destinado a gestionar y coordinar apoyos económicos específicos para la implementación y desarrollo de las políticas de alto rendimiento a través la administración de los recursos asignados por la Ley Nº 26.573, que es el producto del cargo del uno por ciento aplicado sobre el precio del abono que las empresas de telefonía celular facturen a sus clientes. “Cada ciudadano tiene la chance de ser sponsor de cada atleta y cada atleta cuenta con la oportunidad de, simplemente, ser

igual a sus competidores. Comenzamos a torcer una historia de desencuentros con una historia de encuentros. Había que trabajar en conjunto porque el deporte es un estamento muy importante para la imagen del país y especialmente se requería darle la importancia que se merece a todos los deportistas. Es trascendental darle prioridad y relevancia a los que compiten”, agrega el presidente del COA.

Hasta las manos Suena la corneta final y todos corren a abrazarse. Algunos lloran, otros sólo ríen. Cantan, saltan, se saludan, pero no caen todavía en que competirán en los Juegos Olímpicos. Ellos se desempeñan en distintas disciplinas, las reglas del deporte de su pasión son diferentes, pero todos


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llevan la misma camiseta, todos se entrenaron desde hace mucho tiempo en equipo y con el mismo objetivo: llevar al país al nivel más alto posible. Los seleccionados masculinos de handball y de hockey sobre césped no eran favoritos en Guadalajara. Al primero porque no lo ayudaba la historia. Sin participaciones en Juegos Olímpicos, la caída con Brasil en la final era una figurita repetida para el combinado albiceleste. El segundo entendía que la rivalidad con Canadá era pareja, pero que en la actualidad la balanza se inclinaba hacia el Norte. Sin embargo, ambos sacaron a relucir la fuerza de voluntad, el ímpetu y el hambre de gloria, y pese a tocarles jugar el encuentro definitivo con los equipos más complicados, la hazaña se consumó. Fue la medalla dorada. Fue el pasaporte a Inglaterra. Fueron, las dos, las historias más emotivas de estos Panamericanos. Es que con sus resultados consiguieron la atención de un público desacostumbrado a verlos. Y luego de la consagración, ambos planteles conmovieron a todos. “Argentina salió a buscar lo que estuvo esperando durante mucho tiempo”, des-

taca Eduardo Gallardo, el entrenador del seleccionado de handball. “La final fue un partido soñado. Habíamos comenzado abajo en el marcador, lo empatamos y nos pusimos arriba con un gol de Federico Pizarro que fue de otro partido. Luego ganamos con contundencia”, recuerda. En ese sentido, y en consonancia con Gallardo, Werthein opina que de todas las medallas obtenidas a lo largo de los Juegos, las de hockey masculino y handball fueron “las más emotivas”. Su explicación anuló el privilegio de las estadísticas. “Hay distintas formas de analizar el medallero general: deporte por deporte o según la evolución” de cada disciplina”, puntualizó. Y sigue: “El triunfo del handball era una asignatura pendiente. Además, fue impresionante el marco en que se dio: contra Brasil, con un clima espectacular. Los chicos llegaron a los Panamericanos muy presionados por el gran Mundial que hicieron en Suecia. Y la verdad que lo superaron con maestría”. Los Gladiadores, como se los denomina desde la última Copa del Mundo, le ganaron a Brasil en la final y participarán por primera vez en una competencia olímpica. En cuanto a la fórmula del éxito, Gallardo sostiene: “Cuando tenés el respeto por los jugadores, el equipo anda solo. La mayoría de ellos tiene una gran riqueza táctica y destreza individual. El gran secreto es saber construir una identidad y no salirse de esos parámetros que se generan entre los jugadores y el cuerpo técnico. Siendo leal, yendo de frente, así se logran los objetivos”. ¿Qué lograron? “Ser un equipo con el espíritu amateur y la mentalidad profesional. Esta idea viene trabajándose desde que nos hicimos cargo de los juveniles en

2006 y los jugadores lo tienen claro y dejan todo por la camiseta. El apodo de Gladiadores es el que mejor le queda a este grupo. El sacrificio, la entrega, la lucha y el ser un equipo para todo constituyó esos resultados positivos que conseguimos”, resume el entrenador.

Una bocha Desde una posición similar, pero utilizando el palo y la bocha, los varones del hockey también festejaron en Guadalajara. Jugaron con Canadá, el favorito del certamen, sorprendieron y se subieron a lo más alto del podio con el pasaje a Londres bajo sus brazos. De paso, vengaron la sorpresiva caída de Las Leonas, que mordieron el polvo de la derrota ante Estados Unidos y se quedaron sin el oro esperado y con la incógnita –más tarde resuelta- de su participación en la cita olímpica. Luego de unos días de descanso, los dirigidos por Pablo Lombi volvieron a las canchas y ya están pensando en todos desafíos que tienen por delante. Lucas Rey, capitán del equipo, reflexiona: “Conseguimos lo más importante, pero lo que se viene es más duro que lo que pasamos. Habrá mucho más entrenamiento y sacrificio para poder llegar a los Juegos Olímpicos de la mejor manera posible”. “Hicimos una preparación como nunca antes para un torneo. Fueron muchos meses de entrenamiento en doble turno y, sobre todo, muchos viajes y giras que nos permitieron sumar experiencia. Llegamos a jugar el Panamericano con 25 o 30 partidos internacionales previos, y eso es un montón”, comenta Juan Manuel Vivaldi, arquero del seleccionado.


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Además de la medalla dorada, la clasificación para los Olímpicos y todo el esfuerzo realizado, ambos jugadores coinciden en destacar el apoyo que recibieron durante la preparación para los torneos. “Tuvimos cien por ciento de apoyo en la preparación. Estamos cobrando las becas al día y gracias al Enard pudimos realizar todas las giras y viajes previos al Panamericano”, destaca Vivaldi. Y Rey coincide: “Ahora se le está dando un impulso y un apoyo al deporte que es muy necesario para poder obtener resultados”. Así también lo entiende Werthein cuando declara que lo principal fue conseguir el “bienestar” de todos los deportistas, “devolverle la dignidad”. El actual titular del Comité Olímpico Argentino es, además, el primer presidente del Enard desde hace un año y medio. Esta iniciativa empezó “sólo con una oficina” y es la que ahora genera el respaldo oficial de los atletas argentinos brindándoles entrenadores, becas, alojamiento y sponsors. “Al principio éramos únicamente nosotros. Teníamos una recaudación mínima. No había un empleado. Creíamos que debíamos ser austeros. Y hoy tenemos una organización que funciona, preparada técnicamente:

movilizamos once mil personas en trece meses entre atletas y entrenadores a competir por el mundo”, cuenta el funcionario. Pero no todo está dicho, porque si bien los cambios son positivos y se reflejan a través de los resultados, aún hay cuestiones que deben reformarse. “Si pienso en lo que hay que mejorar sería la infraestructura de entrenamiento. Sobre todo con las canchas de hockey. En Argentina hacen falta muchas más superficies de agua para elevar todo el nivel de este deporte en general y no sólo el de los jugadores de la Selección”, considera Vivaldi. “Si bien notamos los cambios, faltan mejorar muchas cosas que con el tiempo y la competencia se van a ir dando. Pero creo en el último tiempo nos dieron un impulso importantísimo para los deportistas en general. Poder competir y estar continuamente midiéndote con rivales de nivel internacional hace que uno vea sus errores y vaya creciendo”, evalúa Rey. Así lo indican los protagonistas. Pasó Guadalajara y dentro de cuatro años el objetivo será Toronto, en Canadá. Allí volverán a ubicarse las ilusiones y sueños de los deportistas argentinos. Previamente estará en las cabezas la idea fija: Londres.

Integrar lo social con el alto rendimiento Osvaldo Arsenio, director nacional técnico deportivo de la Secretaría de Deportes, dialogó con El Cruce y realizó un balance sobre los resultados de los Juegos Panamericanos de Guadalajara. ¿Qué balance se hizo a partir los resultados obtenidos en Guadalajara? Estamos realmente conformes y muy contentos con lo realizado en los Panamericanos, pero en general con todo el deporte nacional durante esta temporada. Hicimos un trabajo silencioso pero eficaz. Las medallas, es cierto, son una buena forma de medir el desempeño, pero también deberíamos ponderar la inclusión social en los últimos siete años. Los deportistas afirman que las mejoras también llegaron desde el apoyo brindado por el Enard y las becas entregadas. ¿Quiénes las reciben? Hay muchas becas con distintas variedad que dependen de meritos deportivos, de los niveles, las necesidades. Por ejemplo, en las de Iniciación o Proyección, se eligen a atletas desde los 13 años aproximadamente que las Federaciones nos recomiendan porque consideran que tienen un gran futuro deportivo por delante. Creo que con ese incentivo se ha conseguido que el deporte social se vuelva de alto rendimiento. Un claro ejemplo es Braian Toledo, último campeón olímpico juvenil, que salió de los Juegos Evita y logró el bronce en Guadalajara. Estamos viendo cómo comienzan a integrarse las cuestiones sociales y las exigencias que requieren un alto nivel deportivo. ¿Qué otras iniciativas destaca dentro de estos años de trabajo? Una de las actividades más importantes, sin dudas, son los Juegos Evita, donde participan un millón de niños. También los Juegos Regionales y, en general, todas las actividades que la Secretaria de Deportes apoya. Además, está la Escuela Media que ofrece a los alumnos becas integrales -abarcan alojamiento, alimentación y entrenamiento, atención médica y psicológica y acompañamiento permanente- de donde salieron deportistas que también triunfaron en los últimos Panamericanos, como por ejemplo Luz Vázquez en lucha libre. ¿Disfrutó más de alguna medalla que de otra? No, no hay medallas más importantes o menos importantes. Medimos a todos los deportes por igual y valoramos el esfuerzo que han realizado todos los deportistas argentinos. De todas formas, puedo decir que los triunfos de los chicos de handball y de hockey fueron muy emotivos, pero por sobre todo muy importantes por su clasificación a Londres 2012.


ENTREVISTA A HORACIO FONTOVA

“El proyecto crisnerista sigue avanzando” Por Marcelo Rielo y Julián López Perdiz

El Negro recibió a El Cruce en su casa de Villa Crespo. Habló de sus expectativas por Aballay..., la película argentina nominada al Oscar, en la que trabajó como actor. Anunció su próximo disco, una recopliación de música de su infancia, y expresó su fiel compromiso con el proyecto

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nacional que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Llegar a Villa Crespo en ese extraño limbo que se suele denominar “hora pico” significa traspasar la polisémica y políglota zona de Palermo y llegar a un barrio cuyo paisaje variopinto saluda con sus talleres, lavaderos de autos, casas de techos bajos y pinturas descascaradas, chicos jugando en las calles y vecinos tomando mate en la vereda hasta entrado el atardecer. “Un barrio bien barrio”, expresa con sentimiento el músico y actor Horacio “Negro” Fontova -ahora autoproclamado El Nigger o Don Negro, según la ocasión- para definir el sitio donde vive. “No sabés, boludo, estoy con la lengua hecha mierda”, se queja el Negro y explica cómo se la mordió la noche anterior, lo que se transforma en un impedimento para que pueda cebar esos famosos mates que prepara. Sin embargo, su lengua herida no es una traba para que el “negrito quilombero del Pellegrini” reciba a El Cruce en su cálida casa y deje suelto su filoso lunfardo para recorrer desde sus distintas variantes artísticas hasta su nueva e

“intransigente conciencia política”. -¿Cómo fue trabajar en Aballay, el hombre sin miedo? -Acá el género que representa Aballay... fue un género que tuvo su impacto con películas como La Guerra Gaucha y Juan Moreyra. Hubo una bocha de películas de este tipo. Con Spiner ya había laburado, y él siempre había sido muy bizarro, muy para un determinado público particular que pocos entienden. Esta vez se jugó en una para todo el público y es fantástico, sin dejar de tener ese estilo maravilloso, bizarrísimo de él. Pero se mandó en algo muy interesante, por ejemplo a nivel fotografía y acción. -El personaje que usted encarna parece haber sido creado casi a pedido. -Sí, Fernando me ofreció eso y me gustó de entrada. Aprovechando el pelo largo, el personaje es un chamán cordobés


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amigo de Moro, el personaje femenino de la película. Además, siempre fui fanático de Caja Negra y Don Juan, y demás temas relacionados con la chamanería y la cosa brujera, entonces me encantó y le dije que sí. Sobre todo porque trabajamos un grupo de amigos, como lo somos con Pablito Cedrón, el Puma Goity y Luis Ziembrowski. Y me encantó Nazareno Casero, un tipo humilde, todo un señorito. -¿Qué pasó por su cabeza cuando se enteró de la nominación al Oscar para competir como mejor película extranjera? -Y la verdad que me cagué de alegría. Me pareció rarísimo, toda una banda de truhanes ahí en Hollywood. -El Nigger -como dice usted, no en sentido despectivo sino revitalizador- les va a pisotear la alfombra roja. -La verdad es que no me veo, pero si me llega la invitación obviamente iría y les haría alguna. Podría aparecer Sonia Braguetti, porque detesto a los gringos. No se puede criticar toda la historia estadounidense, como ciertas cosas artísticas respetables que tienen, pero alguna les haría... -También trabajó en el doblaje de la voz de un personaje de Metegol, película animada dirigida por Juan José Campanella basada en un cuento de Roberto Fontanarrosa. ¿Cómo fue la

experiencia? -La verdad que maravillosa, Campanella es un tipo jodón y distendido, un rufián como uno mismo, chistoso, buen compañero. Sobre todo sabe dirigir. Este proyecto de Metegol es algo nuevo para él también, pero no improvisado, teniendo en cuenta que utilizó un método de animación por el cual se filma y se graban las voces, y sobre eso se dibuja pensando en los gestos y los movimientos de los actores. Es un proceso más orgánico. -¿Y su personaje? -La historia trata de personajes de un metegol que cobran vida, son jugadores que cobran vida, y mi personaje se llama El Loco, un tipo muy filósofo que hace unos razonamientos muy raros, que de repente, en medio del quilombo, de puteadas y demás, se pone a reflexionar con pensamientos, todo un metafísico. -¿Qué hubiese sido de Fontova si no se dedicaba a la actividad artística? -Hubiese sido boquetero. Discípulo del gordo Valor, ladrón de guante blanco. Para más información, ver la película Rififí. -Ya que eso, de alguna manera, sería inventar una nueva vida, si se pudiera abducir por un momento y viajar en el tiempo, ¿cuál sería ese momento?


-Tendría que elegir poder ver y tocar con Los Beatles. Yo hice la colimba en el 67, en Azul, y había que hacer guardias a cualquier hora. Un día estaba haciendo guardia, y de repente escuché “Lucy in the sky with diamonds”. Me agarró un ataque de locura en medio del campo, pegaba saltos, me revolcaba. Para mí fue

Néstor y El Nigger

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“Fue en Mar del Plata, parábamos en el mismo hotel y yo sabía que Néstor iba a venir. De repente, aparece él con Cristina y Alberto Fernández. Me vio, me agarró de la frente y me dio un beso. La verdad casi me muero. Y después en el Salón Blanco, cuando fui a tocar, me dijo ‘¿cómo te ves sentado acá)?’. Era el sillón de Rivadavia. Me senté y él me hizo de edecán, de ahí sale la famosa foto con él detrás. Un tipo maravilloso”. “También tengo una anécdota con Néstor que da cuenta de su simpleza. Yo me llevo bien con la tecnología, aunque algunas cosas me parecen de mandinga, muy buenas pero muy locas. ¿Cómo puede ser? Me pregunto cómo han llegado a esto, es alucinante. Y él dentro de su despacho tenía lapiceras Bic y anotadores, cuadernos espiral, no tenía mucha tecnología, no había compu, sólo papeles”. “En otra oportunidad, cuando fuimos por la Ley del músico, Litto Nebbia lo bombardeó a e-mails diciéndole que esa ley era una mierda. Finalmente, Néstor nos dio una audiencia. Me acuerdo que cuando nos enteramos de la ley estábamos con Andrés Calamaro y Fito Páez en Rosario haciendo “¿De quién es el portaligas?”. En un momento estábamos leyendo el diario en el hotel, durante el desayuno, y Fito me pregunta: “¿Vos escribís música?”. Y le digo que no. y Andrés dice “no, yo tampoco”. Entonces ninguno de los dos éramos músicos. El día que nos recibió, Néstor nos dijo: “Discúlpenme, muchachos, si a mí me viene el sindicato de músicos, con músicos, yo no puedo estar en todos lados, para eso tengo a los asesores, y a mí me dijeron que eso tenía que ser así”. Así es que delante nuestro Néstor anuló esa ley. Un tipo que tuvo ángel y huevos”.

una genialidad total. Lo mismo me pasa con el modo de expresar la soledad en “Eleanor Rigby”. La imagen en que recogen el arroz del casamiento es terriblemente expresiva. -El viaje por el tiempo sigue, ¿en qué proyectos a futuro está trabajando? -Estoy preparando un nuevo disco, llamado “Extracto de Fontova”, en el que voy a recopilar todas esas músicas que marcaron mi vida de pequeño, canzoneta italiana, rock, folclore, líricos, un popurrí de esas melodías que me marcaron. Va a ser una producción independiente. -Se podría decir que se trata de un disco popular. ¿Qué es para usted la cultura popular? -La cultura popular es muy difícil de definir, pero es lo que nace en cada lugar, desde un grupo de amigos que tiene sus códigos hasta llegar a la idea de un país. Pero la cultura popular está hecha en base a consignas, se crea en base a la amistad. -¿Por qué piensa que se está volviendo a hablar de lo popular? -Porque ahora hay más olor a que el pueblo es querido. Hasta el último orejón del tarro está siendo considerado, y todo eso es el pueblo. Ya no está invisibilizado. Hay mas percepción, se ha permitido crear diferentes espacios culturales. Por ejemplo, hay una orquesta en la Villa 31, como también se puede hablar de La Colifata o la revista La Garganta Poderosa. -¿A qué se debe que se vean menos trabajos suyos en los medios de comunicación hegemónicos? -Los que pasaron fueron, justamente, los medios de comunicación, porque en estos últimos tiempos fue cuando más hemos trabajado. Soy muy polifacético, charlas, libros, música, cine. Más comprometido políticamente y también, por consiguiente, menos publicado por algunos. El Nigger Fontova, poco a poco, se va metiendo más y más en el terreno de lo político. Y así también se percibe en su rostro el incremento de la pasión al expresarse. -En este sentido, ¿qué opinión le merece la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual? -Son los representantes de las grandes corporaciones que dominan este sistema occidental cristiano los que se oponen, el verdadero “Big Brother”. Hasta me parece que son tan opacos en sus ganas de dominar, que se vuelven caprichosos, no son inteligentes. Los tipos son unos boludos, porque hasta me parece que es una ley que podría beneficiarlos. “Ay, no quiero, no quiero”, parecen decir, la rechazan solamente porque la hizo “la yegua”. Me parece que este oligopolio de mierda se hunde solo, por eso Cristina va a seguir arrasando. No son inteligentes en su actitud, más bien son unos pelotudos.


-¿Cree que “Clarín” está dejando de ser el medio hegemónico que era? -Es simple, se van cayendo las máscaras gracias a los compas como Cristina o como Gabriel Mariotto, que son los que hacen el laburo como para lograr desenmascarar. Como también el programa “6,7,8”, un programa muy poderoso, por más que se lo critique. Recuerdo aquella convocatoria a Plaza de Mayo que hizo la gente que ve el programa. Eso, y de esa forma, sólo lo pueden hacer “6,7,8” y Los Redondos. En su época más esplendorosa yo decía que El Indio (Solari) era el personaje más poderoso de la Argentina. -¿A qué se debe que las figuras del espectáculo y la cultura salgan a apoyar públicamente a la presidenta y al proyecto de país propuesto? -Eso es una continuación de un movimiento cultural que se parió en los 70, después se cortó con la dictadura y los 30 mil chupados. Cuando volvió la democracia no revivió la militancia sino los fenómenos culturales, la libertad de expresión, etcétera, los viejos militantes todavía no salieron. Después de la flojera de Alfonsín, que perdonó a los genocidas, vinieron los 90 con el hijo de puta de “Méndez” y se volvió todo marketing, todavía los militantes estaban guardados. ¿Y qué pasó? Aparece Kirchner, loco, y revivió la militancia. Yo siempre fui hippie y anarco, con lo que más había contribuido fue siendo director de arte de la revista “Expreso imaginario”, pero no había tenido grandes experiencias de militancia. Cuando apareció el Flaco, me surgió una conciencia política impresionante, de apoyar con todo, de una forma intransigente, de decir “tomá, soy tuyo”. -¿Y Cristina Fernández de Kirchner? -Cristina es más ordenada que Néstor, más cautelosa, mientras que él era un guerrero, un arrasador. Cuando ella ganó en 2007, en el búnker estábamos junto con ella, Juan Leyrado y la Tigresa Acuña. Subimos a festejar con los dos. Les toqué el piano, me saqué fotos agarrándola de la cintura. Así como Néstor es un león, Cristina es una tipa encantadora. Es al mismo tiempo simpática y tierna, pero cojonuda. -Entonces no es muy difícil hacer un paralelo entre Cristina y Evita. -Para nada, son casi iguales, nunca leyeron ningún discurso, son cuadros intelectuales que tienen cosas en común. Fíjense que los gorilones más abyectos las detestan por igual, con sus frases llenas de odio, como “viva el cáncer” o “maten a la yegua”. Muchos critican a Cristina porque dicen que la quiere imitar a Evita, pero no, no es así porque son la misma cosa. Cristina está muy bien preparada para ser presidenta, encabeza foros de todos los temas más diversos y la tipa está ahí al frente de la mejor manera. El proyecto crisnerista, como a mí me gusta llamarlo, sigue avanzando. -¿Y qué opinión tiene de la oposición?

Nació en Buenos Aires el 30 de octubre de 1946. Por sus venas corre desde siempre sangre de artista: hijo de una madre concertista de piano y un padre cantante lírico y productor cinematográfico, nieto de un violinista y bisnieto de un actor catalán descripto, según sus propias palabras, como un “total anarco”. Cursó sus estudios primarios en el colegio católico La Salle, que era solamente para varones, lo que generó un ambiente dominado por la censura, los valores religiosos y la moral. Allí, llegó al cuadro de honor en su curso. Cuando pasó al secundario en el colegio Carlos Pellegrini, con la educación mixta y sin la visión dominante de la Iglesia sobre él, surgió el genio artístico inspirado por obras de Ray Bradbury, Julio Cortázar y Héctor Oesterheld. Terminó sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. La década del 70 lo encontró en la escena teatral capitalina al ser parte de las obras “Hair” y “Jesucristo superstar”. En los 80 lanzó su primer álbum “Fontova trío”, adoptando estilos de salsa, candombe, blues y folklore. En 1985 hizo un concierto en Obras junto al músico uruguayo Leo Maslíah que se llamó “Maslíah– Fontova: Bienvenidos a la Argentina”. En los 90 incursionó en la televisión en el programa “Peor es nada” -junto a Jorge Guinzburg- con su personaje Sonia Braguetti, que le valió un premio Martín Fierro. Además, reemplazó a Daniel Rabinovich con los Les Luthiers durante la gira por España de Grandes Hitos. Con el álbum “Fontova-2004-NEGRO”, obtuvo el premio Carlos Gardel 2005 en el rubro Mejor Album Artista Canción Testimonial. En cine, formó parte de los elencos de varias películas, entre ellas Adiós querida Luna (2003), ¿De quién es el portaligas? (2007), Aballay el hombre sin miedo (2011), y en 2012 se estrenará Metegol, dirigida por Juan José Campanella.

-Querrás decir la deposición o la aposición. Están atomizados, son la diáspora de la política argentina. No existen, no tienen unión, van y vienen, pelean y se reconcilian. Y están todos detrás de Héctor Magnetto. -Por otro lado está la reacción de algunas figuras del espectáculo, como Mirtha Legrand y Susana Giménez, que se posicionan contra el oficialismo, remarcando temas como la inseguridad o la consideración de que el pueblo votó a Cristina “por el bolsillo”. -Son monigotes, muñequitos, que están a merced del capricho de los grandes. Son figuras que no tienen ni importancia ni grandes ideas, están adornando la torta. Su discurso es chato. Una anécdota muy graciosa que muestra quién es Mirtha: cuando yo era pibe, era muy pajero, me gustaba ver minas en pelotas. Y me encantaba Mirtha Legrand, entonces una vez había hecho un collage de una mina en pelotas con la cara de Mirtha. En un almuerzo se lo conté en el corte y cuando vuelve el aire, ella dice: “A ver, Negrito, contale a la gente eso que me estabas diciendo en el corte”. Y me lo hizo contar. Se cagaron de risa todos. Por eso digo que Mirtha es un aparato funcional que sirve para cualquier cosa. Si la tuviéramos de este lado sería fantástico, pero no le da, la ubicaron en otro lugar.

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Todoterreno de las tablas


HECHO EN CASA Por Carla García Nowak

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“Aprender con las manos en la masa” Recuerdo esos años en Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ como un momento de búsqueda. Cuando ingresé a la carrera de Comunicación Social, en 1995, estaba desorientada, síndrome de muchos de los egresados de una escuela que comenzaba a manifestar síntomas de degradación y falta de norte. Solo sabía que quería vincularme con la investigación de las sociedades y el modo en que ellas se comunican. Pero entre las materias de aquel plan de estudios aparecieron las unidades en que se abordaba el periodismo gráfico. Descubrí en esas horas cátedra un excepcional grupo de docentes capaces de hurgar en nuestras capacidades y de proponernos el desafío de convertirnos en profesionales capacitados tanto en lo teórico como en lo práctico. De todo ellos una mención especial requiere mi gran maestro y editor de la sección Ciencia y Tecnología en AUNO, Eduardo Videla. El me dio la mano, me acompañó en el hallazgo del periodismo que yo estaba buscando, el periodismo científico. Sabía que con tenacidad iba a poder llegar a donde quería y que no hacía falta ‘tener un conocido’ para poder transitar más tarde por redacciones de medios nacionales, canales de televisión y radios. Todo dependía de mí. Sé que el aprender con las manos en la masa me dio la posibilidad de hacer una pasantía en Télam, en la agencia DyN, colaboraciones en medios locales y nacionales y que luego esas experiencias me abrieron la puerta para entrar a un lugar impensado para mí: Científicos Industria Argentina, el pri-

mer ciclo televisivo que abordó la divulgación científica, que se emite por Canal 7 y conduce Adrián Paenza. Ser productora periodística de ese programa fue una experiencia magnífica e impulsora ya que otra vez me lanzaba ante nuevos desafíos, como por ejemplo, una serie de documentales de ciencia y tecnología en el Canal Encuentro y el impulso y formación junto a mis colegas de la Red Argentina de Periodismo Científico, de la que hoy formo parte. Todos estos años fueron revolucionarios. Creo que más allá de lo que hoy reviso acerca de mi formación me gustaría acentuar que la UNLZ fue también un lugar en el que nos fundimos como personas, donde aprendimos el modo de hacer y de ejercer

nuestra profesión. Luego de esos años en Buenos Aires, me animé a otro cambio. Hoy vivo en Esquel. Que mejor reto el de intentar hacer radio, algo que nunca había hecho. P+R+P, preguntas y respuestas de ciencia y tecnología, es mi columna en FM Kalewche 90.9 (la radio comunitaria de Esquel), en la que participan investigadores y técnicos de la región y del resto del país para tratar de responder aquellos interrogantes que todos alguna vez nos hicimos, así como generar nuevas preguntas. Justamente, porque de eso se trata la construcción del conocimiento, y porque no, la construcción de nuestras vidas. Es posible, solo hay que involucrarse, probar, equivocarse, acertar y volver a empezar.



El Cruce- Diciembre 2011