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Brujas y feminidad subversiva

05–06_2018 Gratis\Doan

Emil Ferris \ Alan Moore \ Mark Fisher Agnès Varda \ Ainara LeGardon Conciertos de hologramas \ SLAM! Lorenzo Montatore \ Paula López Droguett


Cactus #29 mayo/ junio 2018 La cabecera de la revista es obra de Miriampersand Han colaborado en este número José Blázquez, Roberta Vázquez, María Sánchez, Francesc Miró, Yahvé M. de la Cavada, Ros Boisier, Eva Cid, Bárbara Alca, Mikel Gil, Klari Moreno, Lorenzo Montatore.

Un proyecto de Sandro Gomato, Koldo Gutiérrez, Elizabeth Casillas

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¡Hola! Resulta curioso. Sin habérnoslo propuesto, más que un número preveraniego nos ha quedado una revista de lo más oscura, más propia de Halloween que de las fechas en las que nos hallamos. Lo que más me gusta son los monstruos es uno de los mejores cómics que hemos leído en mucho tiempo. El debut de Emil Ferris nos presenta a una curiosa niña-lobo que decide investigar un asesinato. En el ensayo Lo raro y lo espeluznante, su autor reflexiona sobre los motivos que provocan que ciertas novelas y películas nos aterroricen, y las compara con el mundo real. Para terror, el nuevo fenómeno de los conciertos con hologramas de cantantes muertos, como Dio, Michael Jackson o

Frank Zappa. Y para rituales paganos y ocultistas, los de Alan Moore. El libro de la serpiente recoge varias performances que el autor de cómics y sus amigotes llevaron a cabo en Londres en los 90. Además de brujos, también tenemos nuestra ración de brujas, como podéis ver en la colorida portada ilustrada por Bárbara Alca. Hablamos sobre los orígenes del mito y su distorsionada representación en la cultura popular. También sobre la libertad de la mujer (o la ausencia de ella) trata el fotolibro que presentamos en nuestra sección habitual. Un relato feminista contra la autoridad del patriarcado a partir de fotografías

Los conciertos de Ainara LeGardon también tienen algo de ritual. La cantante bilbaína lleva dos décadas combinando rock, música experimental y performance, y la mejor prueba de ello es su nuevo disco, así que hemos aprovechado para hablar con ella sobre su particular carrera. La filmografía de Agnès Varda también es muy original, especialmente centrada en los documentales, lo que le convierte en una rara avis no sólo en Francia, sino en todo el mundo. Celebramos su 90º cumpleaños como se merece. Al igual que ella, las protagonistas del cómic Slam! también se tienen que abrir paso a golpes, pero en sentido literal; son jugadoras de roller derby, un deporte de patines que aúna punk y feminismo. Pero el de Agnès Varda no es el único cumpleaños que tenemos en este número; nuestros amigos del Ambigú cumplen 15 años dando cobijo (y cerveza) a la escena cultural de Bilbao y lo conmemoran con una fiesta por todo lo alto el 9 de junio. Zorionak, chavales!

halladas en un centro de estética argentino.

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La estratosfera Por José Blázquez @balazkez

Todas las guerras que nos quedan por perder

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l enemigo se le vence combatiéndolo, no quejándose de sus abusos, es lo que diría mi abuelo si todavía viviera hoy en día. Mi abuelo, que estuvo en el lado de los que iban a ser ejecutados en un pelotón de fusilamiento algún día de finales de 1936 y que fue salvado en el último segundo por el patrón de la tierra en la que trabajaba, jamás se lamentó de que aquella mañana un requeté falangista hubiera estado a punto de asesinarlo, a él y a otros dos compañeros anarquistas de la CNT-Agraria. Si lo hubieran hecho, solía decir, ahí habría acabado mi historia y punto y final. Usando la terminología de guerra con la que él solía argumentar sus ideas y vivencias de aquella época, diría que la cosa fue tan fácil como que eran “ellos” contra “nosotros”, y que una vez que con las palabras no hubo manera de solucionar nada, todo el mundo dio por buena la salida de una guerra, aunque fuera una guerra civil, entre hermanos, tal y como él la definía. Y decía más, me contaba que para nosotros, nosotros éramos los buenos, y para ellos, nosotros éramos los malos, es decir, que los dos bandos éramos, al mismo tiempo, los buenos y los malos. Porque en una guerra, lo primero es reconocer al otro como un igual, otorgándole la legitimidad que ha de tener el enemigo. Y lo segundo, equipararnos, tanto ellos como nosotros, en un mismo común denominador, en un idéntico fin: imponernos, vencer, eliminar las ideas del otro. Supongo que fue el contexto mismo de haber vivido en el violento y sanguinario siglo XX el que terminó construyendo a sus habitantes en la crudeza, cualidad forjada tanto en su vida como en su pensamiento, y mi abuelo, en este sentido, y más allá de su ideología libertaria, lo fue, como tantos otros; un hombre duro y austero. Una vez le pregunté sobre las exhumaciones de las cunetas y se rió en mi cara y me respondió que así son las reglas de una guerra, reglas que no pueden ser juzgadas ni cambiadas por las leyes hechas en tiempos de paz. Pero es por recuperar la dignidad de las víctimas, le rebatí. Tonterías, sentenció, eso de la dignidad es una invención; en la guerra no hay dignidad, en ninguno de los bandos, ni en ninguna de las personas que matan, ni, por supuesto, en ninguna de las personas que mueren.

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Ellos ganaron, nosotros perdimos, no hay más que hablar, solía zanjar en estos términos las conversaciones. Pero yo quería seguir hablando, con la insistencia de un adolescente que andaba por los quince años. ¿Pero no es de justicia que las familias recuperen los restos de sus familiares? No seas ingenuo, no se puede hablar de justicia cuando se habla de las consecuencias de una guerra. No le des más vueltas. Además, imagínate que a mí me matan los falangistas; me habrían enterrado allí mismo, en una tumba improvisada; pues ni más ni menos que aquel tendría que haber sido el fin de mi relato, y aquel sitio tendría que haber sido el lugar donde se pudriera mi carne y donde tenían que haber permanecido mis huesos. ¿Tan difícil es asumir que puedes perder?; claro que en una guerra luchas por ganar, pero en todo momento tienes presente la posibilidad del fracaso, y el fin indeseado de la confrontación total y de la extinción de tu propia vida… ¿Entiendes? No mucho. ¿No entiendes que la reivindicación familiar de recuperar los huesos se corresponde con una idea de propiedad privada?; ¿acaso los huesos de un hombre pertenecen a su familia?; no, los huesos de un hombre ya no son de nadie una vez que ese hombre está muerto; ¿no es una forma de recrearnos en la derrota adquirir los vicios propios de los vencedores?; ¿quién entierra a los muertos según la manera burguesa?, yo te lo diré, los católicos, los conservadores, los reaccionarios, los malos… ¿entiendes? Si ellos vencieron no es porque ganaron la guerra, sino porque lograron imponer su paz, y con ella, la supremacía de sus ideas. No, nunca oí a mi abuelo quejarse de las acciones opresoras del enemigo. Porque al enemigo se le vence combatiéndolo, no quejándose de sus abusos, que es lo que diría él. Tampoco, en ninguna entrevista, escuché o leí a Luis Buñuel quejándose de la censura franquista, porque él la combatía con sus películas, a pesar del estricto control; y lejos, por ejemplo, de lamentarse por no poder hacer, hizo Viridiana en 1961. A veces pienso que si ambos se dieran una vuelta por el siglo XXI, descubrirían que ya no hay esperanza, en tanto que los que teníamos que ser combatientes en 2018, ya sea en la guerra como en el arte, no somos más que tristes plañideras, cuyo llanto estéril solamente contribuye a un espectáculo penoso que no lleva a victoria alguna.


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Muladar Por María Sánchez @MariaMercromina

La necesidad de una genealogía

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er las manos de mi abuela ahora se ha convertido en algo totalmente diferente a lo que era hace unos años. Antes, no suponían nada. Solo veía unas manos llenas del paso del tiempo, de historias de las que muchas no llegaré a conocer y vida, muchísima vida. A veces, he imaginado los objetos que han pasado por ellas: azadas, semillas, patatas, paños bordados, calcetines, remiendos, pequeñas postales... y les he intentado dar una historia, pero nada más. Crecí rodeada de hombres. Mi padre, mis maestros, mis hermanos, los escritores y artistas a los que admiraba. No es que no hubiera mujeres, es que ellas no eran las importantes. No eran las protagonistas, las que tomaban decisiones, las que traían el sustento a casa. Me enfadaba tanto con ellas... con mi madre, con mis abuelas, con mis tías... yo no quería ser como ellas. Quería convertirme en otra cosa. Ser como mi abuelo, mi padre, mi tío, como todos esos grandes hombres que han escrito siempre la historia. Pertenezco a una generación que creció solamente rodeada de hombres, una generación en la que el espejo en el que quería reflejarse solo tenía cabida para el género masculino. Quizás por eso, hace unas semanas, en una librería de Salamanca rebuscando libros de segunda mano con un amigo, me di la vuelta y sonreí cuando escuché a una niña de no más de doce años decirle a su padre que vaya libro más machista. El libro, en cuestión, era una especie de manual para señoritas de los años 40. Me dio mucha alegría ver cómo el padre le daba la razón a la hija y se reían juntos. Fue esperanzador, bonito, me atrevo a decir que hasta mágico. Menos mal que la vida da muchas vueltas y entretanto nos despierta de esta forma de hibernación en la que nos ha tenido tanto tiempo. Lo que ahora vemos como algo normal era impensable hace no muchos años. Cada día, menos mal, descubrimos a mujeres que hicieron historia pero que no salieron nunca de la sombra. Invisibles, calladas, apartadas, obviadas. Escritoras, científicas, historiadoras, políticas, filósofas,

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directoras de cine, pintoras, poetas, creadoras. Al menos nuestras niñas de hoy parten con un mañana diferente, con más luz, tienen unos referentes donde poder sentirse reconocidas que nosotras pensamos inalcanzables, simplemente, porque creímos que no existían. Hoy vuelvo a las manos de mi abuela mientras escribo. En ellas, y en las de tantas mujeres que han sostenido y sostienen nuestro medio rural sin ser reconocidas como merecen. Todas esas mujeres que han trabajado en la aceituna, jornaleras, pastoras, ganaderas, agricultoras... y cómo no, amas de casa a la vez. Campo y familia siempre hacia delante y ellas en la sombra. Qué equivocadas hemos estado siempre... Las manos que nos cuidan y nos sustentan a todos son ramas del mismo árbol, esas que cuidan a sus crías para que no caigan del nido antes de tiempo, que sacan tiempo y esfuerzo de donde no lo hay para seguir, seguir siempre hacia adelante. Me hizo gracia cuando dije en un periódico hace poco que sin las mujeres el campo no existiría, la avalancha de tuits que recibí de hombres indignados replicando que eran ellos los que trabajaban en el campo. Me equivocaba cuando pensé que era algo tan obvio que no habría ni que nombrarlo, que ya estaba más que dado por hecho. Ay, estos hombres del campo, que no caen en quiénes son las que les tienen preparada la comida, la ropa impecable y recién planchada, la casa siempre lista, los niños arriba y abajo... el árbol que de verdad sustenta y tira de la familia. La que nunca para para que los demás puedan descansar cuando terminan su jornada. Siempre ellas, las manos que cuidan. Por eso ya no veo solo años en las manos de mi abuela. Veo coraje, valentía, tiempo, necesidad. Pongo sus manos sobre las mías, y la veo sembrando patatas, recogiendo huevos del gallinero, aceitunas, preparando conservas y ollitas de barro para las largas jornadas de mi abuelo en el campo, las acaricio y siento la cal tan blanca y tan fría de todas las casitas del pueblo siempre preparadas, siempre limpias, llenas de vida tras las fachadas. Las aprieto y veo a mi madre, a mi tío, a mis hermanos... a mí misma. Al fin me veo a mí misma.


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Harm(onics) Por Yahvé M. de la Cavada @YahveMC

La cultura transgénica

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o es una sensación nueva ni exclusiva. Jorge Manrique ya la popularizó en un verso a finales del siglo XV, y no es aventurado suponer que atribuir más virtudes a los días pasados que a los presentes —no sin cierto halo místico— es una de esas fantasías inherentes a la estúpida, pomposa y egoísta especie humana, que recita generación tras generación su propio “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Eso no quita que, echando un vistazo a unas cuantas cosas que suceden a nuestro alrededor, surja la tentación de coincidir en que el verso tal vez se ajuste a la realidad actual más de lo que nos gustaría. No cabe duda de que frases tan características —habituales entre carcas y cincuentones— como “esto antes no pasaba”, “las cosas ya no se hacen como antiguamente” y el inmortal clásico de abuelo cebolleta “¿te acuerdas, hace años…?”, siempre envuelto entre suspiros y aspavientos, se han enunciado durante siglos en cada capítulo de la formación de nuestra sociedad. Por nostalgia, por apreciación o incluso, en ocasiones, por una amarga combinación de ambas. Pero hoy en día, debido a miles de cuestiones, esa nostalgia de tiempos pasados se desata con demasiada facilidad. Por mucha promoción que se le dé a la vivienda nueva y a los avances de la automoción, hay cierto consenso en que ni las casas ni los coches se construyen como antes: las comodidades, los accesorios y los “extras” han sustituido en muchos casos a la calidad o fiabilidad como reclamo. Lo mismo ocurre con los electrodomésticos, los muebles, la ropa... Antes las cosas se arreglaban; hoy se tiran, porque resulta insultantemente fácil comprarlas de nuevo. Hace siglos, los libros —porque aquí somos muy de libros— se encuadernaban para durar, precisamente, siglos; ahora, suerte tiene uno si un ejemplar editado hace una década no se ve afectado por la otoñal maldición de la caída de hojas, o cualquier defecto por el estilo. Los bienes ya no son apreciados porque la mayoría son rápida y fácilmente reemplazables. No sólo es una cuestión cultural, sino que se diseñan así: al ciudadano se le insta a consumir, tirar y volver a consumir, hasta el punto que expresiones como “vale más la pena comprar otro que reparar este” se aplican recurrentemente a decenas de artefactos presentes en nuestro día a día. El motor de muchas industrias es vender una y otra vez

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lo mismo, siempre con (supuestas y discutibles) mejoras respecto al producto anterior y, siempre también, con una esperanza de vida menor. Al comprar la versión 6, te preguntas cómo será la 7; y, sin saberlo aún, lo que sí sabes, en cambio, es que quieres tenerla. ¿Es todo esto aplicable a la cultura? Resulta difícil pensar que no. La cultura mueve pocas cosas por sí misma; hoy, más que nunca, es la industria de la cultura la que atrae y mueve a la gente. Algunos hablan de industria del ocio, reservando el concepto de cultura para museos, subvenciones, clases altas y minorías intelectualoides, pero ¿acaso no son lo mismo? Hablemos de creación, entonces, para evitar zonas grises o reacciones acomplejadas. Y me pregunto de nuevo: ¿no es aplicable a la creación artística lo expuesto anteriormente? Si el creador quiere rentabilizar su obra, debe venderla; y, si dispone de intermediarios para ello, aprenderá rápido que —desde hace décadas, sí, pero cada día más— es mucho más importante cómo lo vendes que lo que vendes. Como en casi todo, la creación actual se diseña para ser amortizada, para ser vendida, consumida y reemplazada, basándose en un impacto inmediato, pequeño y olvidable para el espectador/receptor. Así, podemos escuchar la misma música una y otra vez, ver la misma película, la misma producción teatral o leer el mismo libro, con nombres, detalles y autores diferentes, pero casi siempre cortados por el mismo patrón. Atrincherados en el tópico de que ya está todo hecho y de que la sorpresa y la originalidad en la creación artística se extinguieron hace décadas, los canales de venta de la cultura, del ocio, así lo exigen. No importa lo que escribas, lo que toques o lo que crees, ya sea bueno, malo, transgresor o tradicional. Importa lo que se pueda vender, y la manera de hacerlo. Y todo ello con el beneplácito, voluntario o no, de una sociedad que evoluciona e involuciona a la par. Como ocurre con los alimentos transgénicos, es difícil combatir al mercado, y más aún con tantas ventajas sobre la mesa: mejor conservación, mayor control sanitario, producto más barato, etc. ¿Qué importa que no sepa a nada si le llena a uno la panza?


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Por Roberta Vรกzquez

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Por Elizabeth Casillas Un cómic:

Martha y Alan

EMMANUEL GUIBERT (SALAMANDRA GRAPHIC, 2018) El funcionamiento de la memoria es algo fascinante y sus imprevisibles virajes siempre son fuente de inspiración para Emmanuel Guibert. En Martha y Alan, el dibujante francés continúa explotando los recuerdos de Alan Ingram Cope, el combatiente estadounidense que presentó en la trilogía La guerra de Alan (2000 — 2008) y al que continuamos conociendo en La infancia de Alan (Sins Entido, 2013), en un nuevo ejercicio cargado de nostalgia y sensibilidad. Una revisitación a la California de la Gran Depresión, al primer amor y a su posterior pérdida que funciona, a su vez, como una oda a la amistad. Guibert se acomoda en las ilustraciones a página completa, que funcionan como fotografías de la memoria, acompañadas de una paleta de color que evoca melancolía.

Por Koldo Gutiérrez Un videojuego:

Thumper DROOL (2016)

Definido por sus creadores como un juego de “violencia rítmica”, Thumper es el mejor título musical en muchos años. Aunque se trata de la ópera prima del estudio, sus fundadores pasaron más de una década en Harmonix, artífices de Amplitude y la saga Rock Band. Su debut recuerda a otras geniales experiencias musicales como el sinestésico REZ, pero aquí vamos sobre raíles a toda pastilla, derrapando y enfrentándonos a jefes finales con una contundencia y violencia que resultan tan gratificantes como agotadoras. Su apabullante diseño artístico e impactante banda sonora lo hacen ideal para disfrutar a tope de MDMA hasta que nos suden las manos y comiencen las taquicardias.

Un magacín:

El bloque

(CANAL EL BLOQUE, YOUTUBE, 2018) Desde La 3 de la Sala Apolo llega El bloque, un magacín que pretende recuperar un formato hoy en día olvidado de la televisión: los programas musicales. Se aprovechan de los medios de comunicación del siglo XXI, con un canal de YouTube en el que poder ver el programa completo y un uso muy inteligente de Instagram, para reivindicar las músicas urbanas, las músicas de bloque. La primera entrega cuenta con Yung Beef, Silvia Cruz, Fakeguido y Cecilio G como invitados, y Bad Gyal será la protagonista del segundo programa. Dirige y presenta Alicia Álvarez junto a Madjody.

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Un monólogo:

Ricky Gervais: Humanity RICKY GERVAIS (NETFLIX, 2018)

El humorista británico es un hombre muy ocupado: entre sus series de televisión, sus papeles como actor, sus trabajos como doblador, y su labor como director y guionista, había dejado de lado una de sus facetas más estimables. Tras siete años de ausencia, Gervais ha vuelto a realizar un show de stand-up comedy, titulado Humanidad, de la que dice no ser un gran fan. El comediante habla sobre corrección política en tiempos de redes sociales y, como era de esperar, no deja títere con cabeza. Gervais apunta contra todo y contra todos, incluido él mismo, al tiempo que se ríe de la fama, la muerte y la estupidez humana. Y de las niñas alérgicas a los cacahuetes.


Una sección hecha por los editores de la revista y un invitado distinto cada número, totalmente subjetiva y que no atiende a razones temporales ni de género. Recomendaciones a gogó. Sólo buena mierda.

Por Sandro Gomato Una película:

Most beautiful island ANA ASENSIO (2017)

El debut de la madrileña Ana Asensio es notable por una buena cantidad de motivos, entre ellos, porque consigue crear una obra poderosa y con personalidad desdoblándose como directora y actriz y con un presupuesto más bien limitado. Most beautiful island es un paseo por las pesadillas de ese Nueva York subterráneo y oculto a la vista (aunque podría ser cualquier otra gran urbe) donde suceden cosas que son ajenas al trasiego de la vida cotidiana. Sus protagonistas, dos emigrantes que intentan sobrevivir en la ciudad de todas las ciudades. Otro golpe al sueño americano con un acto final realmente espeluznante. Un disco:

Solpor

BAIUCA (RASO ESTUDIO, 2018) Por aquí nos reconocemos muy fans de los experimentos musicales que buscan acercar el folclore tradicional a los sonidos y ritmos más vanguardistas. Por eso, celebramos la irrupción de Baiuca, el nombre con el que el compositor conocido artísticamente como Álex Casanova nos trae esta propuesta que aúna la música popular gallega y la electrónica. Solpor es el resultado de su pasión por ambas disciplinas (a los 10 años empezó a tocar la gaita, aunque lo abandonó después), nueve temas en los cuales las flautas, gaitas, conchas de vieira y voces tradicionales se mezclan con sintetizadores y cajas de ritmo para crear sonidos bailables, eso sí, lejos esta vez del estilo jotero. Una preciosa atmósfera de morriña y saudade digitales ideal para bailar muñeiras de club.

Por Lorenzo Montatore Un concierto:

David Byrne BBK LIVE / CRÜILLA, 2018 David Byrne va a estar tocando en el BBK Live el próximo 13 de julio y en el festival Crüilla de Barcelona el 14, y la puesta en escena que ha preparado para esta gira, más la cantidad de canciones de Talking Heads que va a tocar, prometen mucho. No obstante, ya destacaban por sus innovaciones visuales en los 80. Por no hablar del temazo de su último disco, American Utopia: Everybody’s coming to my house, que es de lo mejor que ha hecho el artista escocés en años. Un libro:

Vicio propio

THOMAS PYNCHON (TUSQUETS, 2009) Se trata de una novela negra ambientada en los psicodélicos años 60, sin gabardinas ni whisky, donde el protagonista es un detective hippy fumeta en sandalias. El libro está lleno de situaciones y personajes delirantes, tan propios de Pynchon. La novela fue adaptada al cine en 2014 por Paul Thomas Anderson bajo el título Puro vicio, con Joaquin Phoenix en el papel protagonista y Katherine Waterston como Shasta.

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Mujeres en cuerpos ajenos o la dificultad de ser Texto Ros Boisier

Paula López Droguett propone en su primer fotolibro un relato feminista contra la autoridad del patriarcado a partir de fotografías halladas en un centro de estética de Buenos Aires, en las que el cuerpo femenino se reduce a mera carne antes y después de ser manipulada

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uando pensamos en la imagen del cuerpo femenino y su construcción social advertimos, muy a pesar nuestro, que se impone un ideal normativo que afecta a la identidad de la mujer. La publicidad y los medios de comunicación imponen un patrón de belleza femenina sesgado y elitista que periódicamente es actualizado acorde a las tendencias de moda. Se trata de una lucha de poder por controlar estos cánones e influir en la norma estética en vigor. Los mensajes publicitarios son claros. Abundan las propuestas estereotipadas sobre un supuesto físico perfecto, donde el rol que se le atribuye al cuerpo femenino es una valoración objetual de admiración y deseo sobre el que se ejerce una violencia simbólica que produce empatía y rechazo entre mujeres y hombres. El elitismo marca distancia entre mujeres que cumplen o no con los requisitos físicos de la imagen perfecta, aunque algunas no entendamos cuál es el propósito social para reafirmar esta diferencia, por ser ilógica, injusta y superficial, en la que la mayoría de las mujeres nos quedamos lejos de estos requerimientos físicos de manera natural y sin complejos. Sin embargo, aumentan las demandas, y a su vez, la confianza puesta en manos de la cirugía estética para perfilar cuerpos “perfectos”. Empero, esto no es más que la imperceptible punta de un iceberg que constata las consecuencias contemporáneas de un agravio social sistemático. Este cuerpo no es mío (1621 Editores, 2015) es el primer fotolibro de Paula López Droguett (Santiago, Chile, 1987). En él, la autora propone un relato feminista que critica la autoridad dominante del patriarcado y su totalitarismo altanero


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La autora propone un relato feminista que critica la autoridad dominante del patriarcado y su totalitarismo altanero sobre la mujer

Este cuerpo no es mío 1621 Editores, 2015

sobre la mujer: el machismo. López Droguett utiliza fotografías halladas en un excentro de estética en la ciudad de Buenos Aires, son imágenes apropiadas que fueron parte de un archivo de cuerpos fotografiados antes y/o después de su intervención quirúrgica. Fragmentos de cuerpos, imágenes que se reducen a mera carne, una herramienta de trabajo empleada como apuntes de una labor médica, representaciones de un modelo plástico y testimonios de un quehacer quirúrgico: una fotografía de un brazo extendido, la piel colgante que parece estorbar, es una mujer de entre cincuenta y sesenta años que desea extirpar lo sobrante; o la imagen de un abdomen posiblemente marcado por la maternidad, un cuerpo aparentemente joven solapado por esferas engrapadas que simulan la piel lisa; o el torso bronceado de una mujer. Parece el registro de una sesión posoperatoria. Senos sometidos a una evidente intervención completa, las huellas en su piel son signo de las llagas inherentes al sacrificio. Una serie de casos reales de mujeres que acudieron a la ciencia médica para solucionar la “imperfección” que aquejaba a su cuerpo. Fotografías amateur como retazos de piel, mezclas que proponen un confuso collage taxonómico de cuerpos femeninos. El relato se inaugura con el libro cerrado que comunica sin prejuicios, con una imagen sugerente, armónica y cálida, el preludio de una historia actual: una fotografía de un cuerpo joven, femenino y semidesnudo, y el título del libro, anclado en las costillas, en letras mayúsculas que reafirman su categórico mensaje. Una cubierta atrayente que no nos deja indiferente. La puesta en página funciona como un collage que en solitario o en conjunto (mosaicos, dobles páginas, pliegues) remiten a las grapas que modelan un cuerpo nuevo y a las cicatrices que quedan al extraer el hilo que contienen las heridas. Una propuesta dinámica e imprevisible que reclama con agudeza nuestra atención. El sometimiento físico de los cuerpos fotografiados es violento y rotundo a pesar de la razón por la cual han sido intervenidos, por ello la autora plantea un tenso diálogo entre las imágenes, fragmentos corpóreos dolientes en los que se percibe la esperanza del éxito posoperatorio.

Para López Droguett la crítica sobre el machismo y la reivindicación del feminismo, fundada en la idea básica de igualdad y respeto entre mujeres y hombres, está presente con fuerza y diversidad en su obra, expone a través de ésta su pensamiento y quehacer profesional ante todo como mujer. Desde el arte y la docencia establece estrategias para contribuir a la concienciación del feminismo, no sólo como un movimiento social (que también), sino como una actitud incuestionable frente a la herencia machista que impera en la mayoría de las sociedades. Este cuerpo no es mío es un proyecto con el que su autora se aproxima a lo corpóreo con la óptica crítica de los roles impuestos sobre la mujer, en los que el inconformismo físico ha sido determinante como estrategia de sometimiento: ¿presiones sociales?, ¿juicios y burlas?, ¿qué será lo que ha motivado a las mujeres representadas en Este cuerpo no es mío a cambiar algo de su cuerpo? ¿Puede una operación de cirugía estética garantizar las expectativas de las mujeres que acuden a ella para verse/ sentirse más atractivas?, ¿cuáles son los límites de la obsesión por la belleza? La cirugía plástica se entendió como la posibilidad de extirpar un problema complejo a través de la modelación del cuerpo, pero derivó en un bien de consumo que apela al sentido de pertenencia y aceptación social como imagen, como un cuerpo que encaja en un modelo social específico: “la belleza física”. Paula López Droguett lleva a las páginas de un libro su voz y su discurso. Reinterpretando las fotografías domésticas de un antiguo centro de estética remueve la insondable herida social ocasionada por el machismo. La herencia nociva de mujeres y hombres. Una manera de entender la vida tan arraigada en la sociedad global que ha sido patológicamente normalizada. Todos hemos tenido actitudes machistas, las tenemos o las tendremos; es una certeza que nos incomoda. Por eso, trabajos como Este cuerpo no es mío son tan directos que nos confrontan con una realidad que protagonizamos pero de la que nada sabemos. @

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Dos nuevas caras del miedo Texto Sandro Gomato

Algunas novelas y películas que nos aterrorizan tienen, además, una cualidad extra que hace que nos inquietemos sin saber muy bien por qué. El escritor y crítico cultural Mark Fisher la diagnostica y establece su conexión con los temores de nuestro presente en Lo raro y lo espeluznante, un paseo por varios productos de la cultura popular que ya no seremos capaces de mirar con los mismos ojos.

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ark Fisher tuvo siempre una sensibilidad especial para detectar grietas en la realidad por las que se cuelan ciertos discursos, determinados aspectos que al resto de los mortales nos suelen pasar desapercibidos. Así lo demostró a lo largo de toda su carrera como crítico cultural en The Wire o The Guardian y en ensayos como Realismo Capitalista (Caja negra, 2016), en el que luchaba por enterrar la sagrada idea de que el sistema que tenemos es lo mejor a lo que podemos aspirar y que el liberalismo tan sólo responde a un orden natural inviolable, ya sabes, “el mercado, amigo”. Fisher se suicidó en enero de 2017, entre un complejo historial depresivo, dejándonos una última muestra de esa sensibilidad tan particular: Lo raro y lo espeluznante (Alpha Decay, 2018), un viaje por grandes obras de la cultura popular para acercarnos a dos conceptos ideales para ayudarnos a entender por qué sus visionados, lecturas o escuchas nos ponen los pelos de punta. El autor británico confiesa que se ha visto fascinado por las manifestaciones de estos dos conceptos desde que tiene uso de razón, aunque no fue hasta hace diez años, tras dos simposios universitarios, cuando empezó a moldear un ideario teórico alrededor de estas dos ideas. El culpable indirecto de aquello no es otro que uno de los autores más estudiados en la actualidad: H.P. Lovecraft, gran señor de lo raro, el concepto en el que se centra la primera parte del libro de Fisher. Lo raro se formula como una presencia indebida, surge cuando aparece

algo donde (o cuando) no debería haber nada. En el caso de la obra de Lovecraft, lo raro responde a una «presencia exorbitante, algo que sobrepasa nuestra capacidad de representación». Las historias del escritor de Providence nos muestran a personajes fascinados, asombrados, sin capacidad de respuesta y sin posibilidad de interpretar con las estructuras lógicas del conocimiento humano las aberraciones indescriptibles a las que se enfrentan. Esa fascinación es compartida por nosotros, los lectores, y ahí reside una de las características fundamentales de lo raro, un código que trasciende la intencionalidad de la obra y que más bien subyace, que se escapa por las rendijas de su ser. Por eso, el horror de Lovecraft encaja a la perfección en lo raro pero no pasa lo mismo con toda la mitología de literatura de terror que conocemos. En uno de los ejemplos más reveladores del ensayo, Fisher cuenta cómo Cthulhu tiene mucho más que ver con algo que pertenece al mundo “real” como un agujero negro que con una criatura fantástica como un hombre lobo o un vampiro, por muy terrorífica que puedan llegar a ser. La clave está en la sensación de extrañeza que son capaces de evocarnos ambas entidades. Tenemos «una serie de protocolos para interpretar y situar al vampiro y al hombre lobo», explica, pero nos desconcierta el poder del agujero negro, tan ajeno a nuestra experiencia mundana. El crítico británico dedica uno de los capítulos más interesantes a David Lynch en dos de sus creaciones más angulosas

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Lo raro y lo espeluznante Alpha Decay, 2018


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Nunca condescendiente con el capitalismo y sus voraces derivas, Fisher no ha ocultado el rastro de su carácter en este ensayo y difíciles de tratar, Mulholland Drive e Inland Empire, sobre las que nos plantea una posibilidad que normalmente nosotros, como espectadores, nos negamos a considerar: puede que todos los esfuerzos por entender de manera lógica sus enrevesadas tramas sean en vano, una forma de engañarnos a nosotros mismos. ¿Y si estuviésemos ante la ilusión de un misterio, algo pretendidamente incongruente, un enigma sin solución? El periplo de lo raro que propone Fisher continúa por un relato de H.G. Wells, la fantasía de Tim Powers, las sorprendentes conexiones entre Fassbinder y Philip K. Dick y se extiende hasta la escena musical en otro interesante capítulo dedicado a la banda punk The Fall, autora de temas que redefinen lo grotesco, llenos de ruidos ajenos a los instrumentos y de letras extrañas y fragmentarias, en un acercamiento de Fisher al carácter nihilista que impregna toda su obra. Capitalismo espeluznante La segunda parte del ensayo está dedicada a lo “eerie”, traducido aquí como lo “espeluznante”. Si lo raro hacía alusión a una especie de realidad deformada que no debería ser así, lo espeluznante responde a lo desconocido. Mientras que el primero se basa en el concepto de “presencia”, el segundo está marcado por la ausencia: algo donde no debería haber nada; nada donde debería haber algo. Se trata, quizá, de un concepto más complejo, más difícil de definir, ya que sus raíces tienen más que ver con pensamientos filosóficos que con la materia. O, mejor dicho, con la dualidad entre ambas cosas. Fisher establece como ejemplo de manual para explicar lo espeluznante el relato de Daphne Du Maurier Los pájaros, en el cual está basada la popular película de Alfred Hitchcock, y en el cual las aves se rebelan de repente contra los humanos sin que estos, sumidos en el desconcierto, sean capaces de encontrar una explicación, una causa a semejante suceso. Es ahí, en la ausencia de explicación, de un origen, donde

reside lo espeluznante. Stonehenge tiene ingredientes de lo espeluznante porque nadie conoce a qué objetivos responde su construcción. Algo similar ocurre en Under the skin, la película que Jonathan Glazer adaptó en 2013 de la novela de Michel Faber empapándola en un barniz espeluznante: si en la novela, los orígenes y los objetivos de la protagonista extraterrestre estaban definidos, la película despojó a la historia de toda explicación y le añadió un escenario tan perturbador como la interzona negra en la que tienen lugar las “absorciones”. Con Glazer comparte capítulo Resurgir de Margaret Atwood, pero además Fisher detecta ecos de lo espeluznante en el cine de Kubrick, Tarkovski y Nolan y sus conexiones, o en la singular novela Picnic en Hanging Rock de Joan Lindsay. Estamos ante una sensacional recopilación de obras de la cultura popular, la materia en la que siempre Fisher se ha sentido más a gusto, ya desde k-punk, su blog, pionero en internet, de análisis y crítica cultural. Nunca condescendiente con el capitalismo y sus voraces derivas, el escritor británico no ha ocultado el rastro de su carácter en este Lo raro y lo espeluznante que, por momentos, destila tanta belleza y lucidez como pesimismo, pero que nos ayudará a sentirnos menos solos si también tenemos esa sensibilidad que hace percibir el mundo a veces como algo extraño, terrorífico e inexplicable. «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo», reza el título del capítulo primero de Realismo Capitalista, citando la ya célebre frase de Fredric Jameson. Podría parecer que Lo raro y lo espeluznante se sitúa a años luz de la premisa de aquel ensayo en cuanto a su materia de estudio; sin embargo, una de las primeras cosas que hace Fisher allí es establecer un símil entre el capitalismo y la cosa de la película homónima de John Carpenter para dejárnoslo claro: al fin y al cabo, el miedo es el arma más potente que el monstruo tiene contra nosotros. @

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Brujas, una historia de feminidad subversiva

Texto Eva Cid

Ilustración Bárbara Alca

Desde el origen del mito hasta las representaciones Disney, la figura de la bruja ha constituido un icono cultural en directa relación con las lecturas políticas que la sociedad ha hecho de las mujeres.

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ensemos un instante, desde nuestros esquemas mentales criados en la imaginería cultural de Occidente, en la imagen que nos viene a la cabeza cuando hablamos de las brujas. La bruja de los cuentos, de las leyendas, de las películas Disney. Tampoco hace falta imaginar mucho, es suficiente con hacer una búsqueda en Google imágenes y, cribando todos esos disfraces sexys de Halloween, es fácil comprobar que se repite un tipo de perfil muy específico. Una señora mayor desaliñada, envuelta en andrajos, con el pelo estropeado o medio calva, arrugas y alguna que otra verruga facial, gorda o muy delgada, y de expresión perversa. Desde un punto de vista estético, esta estampa representa todo aquello que es detestable y temido en una mujer: la fealdad, la vejez, un aspecto descuidado, y un semblante poco compasivo o sumiso. Más allá del mero aspecto físico hay una serie de rasgos que caracterizan la imagen popular de las brujas.

Normalmente son mujeres que viven apartadas de la sociedad, en bosques remotos o pantanos inmundos, o que conviven con el resto de miembros de una determinada comunidad (esa casa de la que los niños huyen asustados) pero envueltas siempre en un halo de aislamiento y ocultando en todo momento su verdadera naturaleza. En ambos casos, el común denominador es que estas brujas viven solas, o con otras de su misma calaña. De nuevo ostentan otra cualidad tradicionalmente poco deseable para el género femenino: la independencia. La vida alejada de los hombres. Una existencia que se desmarca por completo del papel de la mujer como ente doméstico, materno, y esencialmente familiar. El germen de la figura de la bruja, hasta llegar a sus representaciones más actuales, es tan antiguo como la tradición clásica sobre la que reposa nuestra cultura. Y en todas sus manifestaciones, desde su origen, parece que subyacen

dos ideas constantes: el miedo y el desprecio por las mujeres no sometidas a una serie de cánones estéticas y roles pragmáticos, y la asociación de las mismas con la esfera de lo salvaje, lo desconocido, lo incivilizado. Esa bruja que come niños y altera el orden natural de las cosas con sus malas artes es un ejemplo que habla por sí solo: la mujer torcida que no es madre de hijos se los come, la mujer que vive fuera del sistema familiar manipula lo que es ordenado y normal con sus funestos conocimientos. Ya en la literatura griega clásica muchos autores defienden la dicotomía hombre-mujer en términos de civilización-incivilización. Según esta tradición, el hombre era el paradigma de la civilización, el ser humano perfecto. Y la ciudad, la polis, el espacio público donde los hombres ejercían sus funciones públicas en términos de igualdad con otros hombres, era el culmen de esa civilización, el espacio humano por excelencia. Las mujeres, por su parte, 17


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En la figura clásica de la bruja subyacen el miedo y el desprecio por las mujeres no sometidas a una serie de cánones estéticas y roles pragmáticos

se consideraban seres inferiores, sin civilizar, asociadas a la imprevisibilidad de las fuerzas naturales. Por ello debían vivir toda su vida custodiadas por el brazo civilizador de sus padres, y posteriormente de sus maridos, recluidas en un espacio de contención: la casa. La mujer como metáfora de un campo salvaje que tiene que ser domado y sembrado por el hombre tuvo un amplio calado en el pensamiento griego. De diosa a bruja Como afirma Pilar Pedraza en su ensayo Brujas, sapos y aquelarres (2014), «las brujas vuelan desde la antigüedad (…), y son capaces de quebrantar las leyes de la naturaleza y de los dioses». Pedraza señala la figura de la diosa griega Hécate, reina de los muertos y las sombras, y posteriormente adoptada por Roma como la diosa lunar e infernal, como la

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divina precursora de nuestras brujas. Hécate además se asociaba con las zonas salvajes, los bosques y los cementerios, con animales como las serpientes y los sapos, y a ella se consagraba el arte en la elaboración de brebajes y venenos. Una serie de rasgos perfectamente reconocibles en la figura de la bruja que pervive hasta nuestro días. Todas estas cualidades, entre otras muchas, elevaban la feminidad de Hécate, según Pedraza, «a un rango esotérico que va más allá de la fecundidad y del cuidado del hogar, insinuando un imperio sobre las regiones tenebrosas que infunden temor incluso a las dioses». Esta figura, y el paquete básico de sus rasgos más característicos, no ha cambiado mucho a lo largo de la historia, aunque sí ha cambiado su repercusión en función de los intereses de la ideología dominante. Durante

los primeros siglos del cristianismo todo lo relativo a las brujas se seguía ligando a los vestigios del paganismo, que pervivía en más esferas de las que la Iglesia consideraba deseables, pero como algo ajeno a la religión verdadera, al fin y al cabo. Hasta que los problemas sociales y políticos de una sociedad a medio cocer entre una cultura clásica agonizante y un cristianismo plagado de contradicciones fueron la excusa perfecta previa al estallido de la caza de brujas. Señala Pedraza en su ensayo que hasta el siglo XIII se mantuvo una tendencia racionalista que negaba la existencia de las brujas y la brujería, pero ésta fue paulatinamente barrida y sustituida por la oportuna creencia de que las deidades paganas eran en realidad emisarias de las tentaciones del diablo. Una circunstancia muy oportuna que fue la excusa perfecta para la persecución de las “brujas” por parte de la Inquisición. Silvia Federici, en su Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2010), habla sobre la quema de brujas en la Europa de los siglos XIV-XV al XVIII y de su correlación con la instauración de un nuevo modelo económico, más allá de un triste episodio fruto de supersticiones rurales y religiosas. De nuevo, el paso del tiempo cambia el contexto, pero la figura de la bruja sigue asociada a una determinada praxis, eminentemente femenina, que debe ser contenida por parte del sistema para consolidar su poder. Alcahuetas y seductoras Cada iteración de la figura de la bruja, y su inserción en la cultura popular, es extrapolable a las diferentes cualidades detestables que se nos han señalado desde la antigüedad hasta nuestros


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La diosa griega Hécate, reina de los muertos y las sombras, fue adoptada por Roma como la diosa lunar e infernal, y es la divina precursora de nuestras brujas

días, según el contexto social, cultural y religioso de cada época. Si dejamos atrás todas esas atribuciones ligadas a la esfera de lo salvaje, las propiedades esotéricas y las influencias demoníacas, llegamos a formas más modernas de misoginia. Concretamente, las encarnadas en la vieja bruja alcahueta y la bruja seductora. Ambas figuras usan sus habilidades para, de nuevo, hacer el mal entre los pobres incautos que osan tropezarse en su camino, alterando el orden de lo que es normal y aceptable. Esta vez, por medio de la sexualidad y la manipulación psicológica. El primer ejemplo nos remite irremisiblemente a Celestina, una especie de bruja híbrida que si bien vive rodeada de brebajes y ungüentos de dudosa procedencia, y se dice que conjuraba con el mismísimo Satán, hilaba sus conjuros con un dardo bastante más poderoso: su verborrea. Pero Celestina, como todas las brujas, es también un personaje tremendamente subversivo. Su móvil, más allá de la codicia, es el apetito sexual, que satisface ya sea presenciando, ya sea promoviendo el goce carnal entre terceras personas. Las consecuencias de estos deseos impropios son, efectivamente, terribles. Por su parte, el origen de la bruja seductora posiblemente se encuentre en varias de las figuras que aparecen en La Odisea de Homero. El pobre Ulises, que vio retrasada su vuelta al hogar por las malas artes de Calipso y poco después por, sorpresa, las malas artes de la hechicera Circe, fue advertido por esta última de que las sirenas son «las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro

canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca». En ambos casos, Celestina y señoras homéricas, se configura la actuación de estas figuras femeninas, su agencia y sus apetitos sexuales, como algo que perturba el curso normal de las cosas, una interferencia en esa civilización que los hombres han construido: un orden fundamentado en la circunscripción de las mujeres al rol de esposas y madres. Toda mujer que ostente un papel fuera de este esquema acaba asociada a la dimensión de lo esotérico, se la considera producto de fuerzas sobrenaturales, y además acaba desencadenando todo tipo de calamidades. La historia de las brujas, y del resto de figuras similares en nuestra tradición, puede entenderse, desde la distancia y aplicando con mucha prudencia la lente del rigor histórico, como la historia de las mujeres que no han querido amoldarse a los sistemas creados por los hombres que escribieron la historia. Resulta tremendamente inverosímil que hayamos desempeñado papeles eminentemente pasivos sin despegarnos del calor del hogar, pero que el inmenso legado cultural que tenemos esté plagado de figuras femeninas capaces de perpetrar tales proezas. El hombre, luz civilizadora y ser humano superior, tantas veces azuzado por la perfidia femenina hasta caer en desgracia. Sin duda, desplazar todas estas cualidades de nuestra naturaleza, revestirlas de malignidad, ligarlas a fuerzas sobrenaturales, y usarlas para apuntalar nuestra supuesta inferioridad ha sido una estrategia tremendamente oportuna. @

SAN FRANCISCO, 9 [BILBAO] 19


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De niñas-lobo detective y otros monstruos menos imaginarios Texto Elizabeth Casillas

Lo que más me gusta son los monstruos (Reservoir Books, 2018) es el debut de la dibujante Emil Ferris, la historia de una niña-lobo con visos de detective que está llamada a ser la novela gráfica de la década.

«Se me alargaron los huesos y adoptaron formas nuevas, como Larry Talbot en El hombre lobo. La piel y los ligamentos se me endurecieron. Me crecieron los dientes y quedaron serrados»

K

aren Reyes echó la cabeza atrás y… ¡Awoooooooooo! La pequeña había abandonado su forma humana para convertirse esa noche en una niña-lobo. Estaba feliz, hasta que escuchó a la ciudad de Chicago salir en masa de sus casas al grito de «¡Matad al monstruo!». Sin embargo, lo peor viene al día siguiente. Al volver del colegio, su madre le confirma que su bella y enigmática vecina, Anka Silverberg, ha sido asesinada en misteriosas circunstancias. Karen no duda en colocarse sobre su piel de lobo la gabardina de detective y ponerse a investigar el crimen.

Este es el punto de partida de Lo que más me gusta son los monstruos, el diario gráfico de una niña de diez años en la Chicago de finales de los sesenta, obsesionada con los monstruos, las películas de terror de serie B y las revistas pulp. Ópera prima de Emil Ferris (Chicago, 1962), está llamada a ser la mejor novela gráfica de la década, y no sin razón. La dibujante ha conseguido con su primera obra crear una narrativa sin precedentes donde las dicotomías entre lo personal y lo político, y lo presente con lo pasado se van entrelazando de forma orgánica y poderosa.

Dibujado a bolígrafo sobre papel de cuaderno rayado, habrá quien recuerde sus largos días en el pupitre de la escuela. Pero Ferris tiene un trazo tan bello y preciso que funciona igual de bien para dibujar obras clásicas de la pintura como las horripilantes criaturas de las revistas pulp. E incluso cuando su dibujo se diluye, cuando las líneas se relajan, nos da igual. Consigue crear la atmósfera exacta que necesita para narrar lo que quiere contar. «La masa piensa: «nunca hemos visto monstruos, por lo tanto no pueden existir». Hay muchas cosas que no vemos y que tenemos delante de las narices, como los microbios o la electricidad y tal vez los monstruos también existan» Charlie Fox escribía también en su primer

libro, Este joven monstruo (Alpha Decay, 2017), que «la ficción gótica y de terror son las formas a las que recurrimos para dar rienda suelta al miedo que sentimos de que nuestro cuerpo se deforme o lo infecten seres extraños» y continuaba explicando en su introducción cómo para que un monstruo se cree, algo tiene que fallar al comienzo de la historia. Estas afirmaciones se pueden aplicar a las obras que parten de una mentalidad adulta, pero cuando son las voces de los niños las que hablan, lo monstruoso cobra otra dimensión. «Hay niños que se identifican con monstruos para explicarse a sí mismos.

Los adultos son inescrutables, los demás niños son crueles, pero los monstruos son también inadaptados y forman una pandilla ideal de amigos imaginarios», expone Fox . Es en este punto donde se encuentra Max, el protagonista del clásico infantil de Maurice Sendak Donde viven los monstruos, y también Karen, la pequeña protagonista de la novela gráfica que nos atañe. Emil Ferris pone sobre el papel precisamente todos estos temas: desde la aceptación del yo al acoso, pasando por el despertar de la sexualidad o las relaciones familiares. Hay un momento en el libro en el que Deeze, el hermano mayor de Karen, la coloca sobre un espejo y le pregunta qué ve. Ante el silencio, él responde: «Tal vez necesite que le laven la boca con jabón, pero es una ¡niña! ¡Una niña! ¡No Larry Talbot transformado en el puto ¡hombre lobo!». Desafiante, Karen le rebate que él siempre dice que la gente debería poder ser quien quiere y no quien dicen los demás. Karen ha decidido representarse como un monstruo, se acepta como es, y no dista mucho de la imagen distorsionada que los adultos crean de ellos mismos. Uno puede creerse Casanova, pero ser un simple mujeriego a los ojos del resto del vecindario. Explicaban Raquel (Lucas) Platero y María Rosón en su artículo De ‘La parada de los monstruos’ a los monstruos de lo cotidiano: la diversidad funcional y sexualidad no normativa que lo 21


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monstruoso evidencia lo que el orden social oculta y reprime, adviertiendo así del peligro intrínseco que existe en el orden de la diferencia. La sexualidad no normativa forma parte de la diferencia y por tanto de lo reprimido, como es latente en todo el cómic. Por ejemplo, Karen pasa una mañana en el museo con Franklin, un vecino afroamericano al que intuimos homosexual y que Ferris dibuja a semejanza de la criatura creada por Mary Shelley.

el personaje creado por H.G. Wells el hombre invisible, pero la madre de Karen no es sometida a ningún juicio. Así, la unidad familiar está formada por Karen, su madre y su hermano mayor, que hace a la vez de figura paterna. Son una familia rota, pero no disfuncional. Sus piezas permanecen unidas de la misma forma que el kintsugi arregla las fracturas de cerámica, sus roturas forman parte de la historia de la familia y deben mostrarse en lugar de ocultarse.

Franklin aparece por primera vez en una escena en la que la creadora constata la crueldad atroz de los niños de la escuela. Desde las primeras páginas de la novela gráfica a Karen le tachan en el colegio de loca, rara o ridícula, haciendo hincapié en su olor. La pequeña niña-lobo parece mostrar cierta resignación, al fin y al cabo es, por decisión propia, una bestia. Sin embargo, no todo es acoso verbal y Karen sufre un episodio de acoso sexual que no sólo nos abre los ojos sobre el bullying, sino también ante una sociedad machista que concibe el cuerpo de la mujer como un objeto sexual de libre acceso.

Emil Ferris se preocupa de situar la historia en su correcto espacio-tiempo volviendo así a esa dicotomía entre lo personal y lo privado. Parte de la unidad familiar, pero no se olvida de presentar a todo el vecindario: un barrio de clase baja donde conviven los monstruos buenos, lo que Karen imagina, y los malos, aquellos que forman parte del hampa y que se pueden pasear a plena luz del día porque sus formas son sutiles y se mimetizan con el resto de la población.

Hay un elemento común en gran parte de las películas de terror que giran en torno a la maternidad como motivo central: la mayoría de las madres están solas y de la ausencia del padre se termina normalmente culpabilizando a la madre, independientemente del motivo real que le haya conducido a esta situación. En Lo que más me gusta son los monstruos también hay un padre ausente, que se representa como

También muestra una fecha concreta, el 4 de abril de 1968, día en el que Martin Luther King fue asesinado por un segregacionista blanco, momento que aprovecha para reforzar el mensaje contra el racismo que forma parte también de la obra. Otro ejemplo de ello es el personaje de Anka Silverberg, su vecina asesinada, superviviente del Holocausto y de quien conoceremos toda su historia casi del mismo modo que conocimos en Maus (Art Spiegelman, 1991) la vida de Vladek, aunque en este caso se trate de una ficción.

Ferris tiene un trazo tan bello que funciona igual para dibujar obras clásicas de la pintura que las horripilantes criaturas de las revistas pulp

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Lo que más me gusta son los monstruos Reservoir Books, 2018


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Tras contraer el virus del Nilo Occidental, Ferris se vio forzada a un largo periodo de reaprendizaje del que nace esta novela gráfica

«Así que tú ves algo y te viene a la cabeza un olor… ¿Y luego te recuerda a un cuadro que habías visto? Yo a eso lo llamaría «sopa de pistas» Apuntaba también Fox que los monstruos dan problemas, subvierten definiciones y cambian la idea que tenemos de nosotros mismos. «Todo eso es valiente, y además se parece a la tarea del arte». Emil Ferris mantiene también una estrecha relación con el arte, a lo largo de la novela gráfica recurre varias veces a grandes obras de la pintura para expresarse y es precisamente La tentación de la magdalena de Jacob Jordaens una de las piezas clave. Karen, literalmente, se mete en ellas para comprenderse, pero también para buscar pistas sobre su inexplicable presente. Al igual que Ferris Bueller, el carismático protagonista de la película de John Hughes Todo en un día (1986), la pequeña licántropa encuentra descanso en el Instituto de Arte de Chicago, y también lo hace la autora. Cuando Emil Ferris contrajo en 2001 el virus del Nilo Occidental, cuyas complicaciones la dejaron paralizada de cintura para abajo y perdió la movilidad de la mano con la que dibujaba, se vio forzada a un largo periodo de reaprendizaje hasta terminar matriculándose, precisamente, en esa misma institución. Fue allí donde aprendió la técnica de dibujo y texturas con bolígrafos con la que ha planteado todo el libro, al que Ferris considera una parte vital en este proceso de resucitación artística y al que atribuye el poder sanador del arte. Así se explica cómo Ferris se convierte de forma tardía en dibujante de cómics, y ese poder sanador se materializó en las 400 páginas de Lo que más me gustan son los monstruos, que se duplicarán con la salida de la segunda parte de la obra a finales de año. @

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¡Despertemos a la serpiente! Los rituales paganos de Alan Moore Texto Koldo Gutiérrez

La Felguera recopila y publica por primera vez en castellano El libro de la serpiente, las cinco performance que Alan Moore y sus amigos llevaron a cabo en distintos puntos de Inglaterra entre 1994 y 2001. Unas acciones artísticas-ocultistas que hablan sobre el pasado del espacio donde tenían lugar y que combinaban misticismo, esoterismo, historia, filosofía, astronomía y magia, y que influyeron en las obras posteriores del autor.

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n el cuarto capítulo de From Hell, uno de los más recordados, celebrados y enigmáticos del cómic y de toda la historia del medio, el protagonista Sir William Gull, médico masón de la reina Victoria de Inglaterra que a la postre resulta ser el mismísimo Jack el Destripador, recorre las calles de Londres en una carroza acompañado por un desconcertado cochero deteniéndose en ciertas zonas. Mientras cruzan los barrios de la capital de la Pérfida Albión, el sofisticado médico real explica la historia de la ciudad a través de su arquitectura, formada en gran parte por iglesias, monumentos y otros elementos urbanos que habitualmente pasan inadvertidos para el común de los mortales. El denso soliloquio de Gull es una auténtica master class en la que combina historia, política, arqueología, religión, misticismo y chascarrillos de los bajos fondos, ante la que su anonadado chófer reacciona como los propios lectores: aturdido y confuso, sin apenas mediar palabra ante lo que acaba de presenciar. El viaje de varias horas, condensado en la totalidad de las 36 páginas del episodio, marca un punto de inflexión en la novela gráfica sobre los asesinatos de Whitechapel, y más importante aún, en la carrera de su autor, Alan Moore.

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Ese complejo análisis es un gran ejemplo de psicogeografía, una disciplina que propone la exploración de entornos urbanos basada en los efectos y formas del ambiente geográfico, así como en sus emociones, los hechos ocurridos allí en el pasado y en el comportamiento de sus habitantes. Esta idea, inspirada en el situacionismo de Guy Debord, sostiene que todos esos elementos no sólo están interconectados, sino que de alguna manera contribuyen a configurar lo que está por venir. Cuando Alan Moore terminó de publicar From Hell junto al dibujante Eddie Campbell, hacía tres años que había decidido convertirse en mago. Fue durante la fiesta por su 40 cumpleaños, en 1993, cuando el escritor de Northampton se lo anunció a sus amigos. Como él mismo reconoce, estaba bastante borracho, pero al día siguiente, al despertarse resacoso, pensó: «Dios mío, si no lo hago pareceré estúpido, y si lo hago, probablemente también». Sin embargo, el autor de Watchmen nunca ha tenido miedo a los retos ni al qué dirán, así que inició en ese momento una inmersión en un terreno hasta entonces desconocido para él, pero que en realidad no le era tan ajeno conociendo sus intereses, influencias e ideología. La Felguera acaba de recopilar y publicar

por primera vez en castellano, bajo la supervisión del propio escritor, los textos pertenecientes a su Gran Teatro Egipcio de las Maravillas de la Luna y la Serpiente. El Libro de la Serpiente: los libros iluminados de Alan Moore recoge varios artículos que utilizó como base para diversas performances que desarrolló en diferentes puntos de Inglaterra inicialmente junto a sus amigos artistas y músicos David J y Tim Perkins: Gran Teatro Egipcio de las Maravillas de la Luna y la Serpiente, El Amnios Natal, El ritual de Highbury, Serpientes y Escaleras y Pasaje de ángel. Psicogeografía y marihuana El relato que da título tanto al conjunto como al colectivo artístico-ocultista, The Moon and Serpent Grand Egyptian Theatre of Marvels, fue el primero de todos los actos que llevaron a cabo, en 1994. En él aún se intuye la profunda influencia de From Hell, que no terminaría de publicarse hasta un par de años más tarde. La atmósfera oscura y el tono lúgubre beben de la historia protagonizada por Jack el Destripador. Pero, sobre todo, recuerda al mencionado capítulo. En el prólogo de la edición en castellano se describe el proceso gracia al cual Moore pudo dar lugar a ese fascinante proceso mental y narrativo. El guionista recorrió el mapa


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El famoso paseo en carroza del capítulo 4 de From Hell marca un punto de inflexión en la carrera de Alan Moore.

Los relatos recogidos abarcan siete años de constante evolución en la vida de Alan Moore, en plena efervescencia creativa, siempre reinventándose y evitando repetirse

secreto de Whitechapel con Iain Sinclair, un escritor y experto psicogeógrafo, y recuerda cómo fueron esos paseos nocturnos: «Se quedaba pensativo frente a un edificio o una calle mientras yo le contaba su historia oculta. A veces me pedía que esperase, y entonces sacaba una gran caja de marihuana. Cuando ya lo tenía liado, me decía tranquilamente: “Ya puedes continuar”». Eso, además de encajar plenamente con la imagen que Moore se ha labrado a lo largo de las décadas gracias a su afición a las drogas, deja patente su proceso creativo, su interés por la experimentación y por abrir la mente propia (y las ajenas) más allá de lo evidente y tangible. Con un lenguaje a medio camino entre lo circense y lo espectacular, el maestro de ceremonias nos invita a despertar a la serpiente. Se refiere a Glycon, un antiguo Dios egipcio al que los miembros de la Orden rinden total pleitesía. El relato incluye desde rezos, hasta febriles descripciones de lugares redactadas con pomposidad, pasando por referencias a algunos personajes concretos, como el inefable Rupert Murdoch. Se detiene en la figura de Nicholas Hawksmoor, el gran arquitecto británico cuyas obras sirven de hilo conductor en From Hell, y lo conecta con los asesinatos de Ratcliff Highway que se produjeron en la ciudad casi ochenta años antes que los de Jack el Destripador. En sus propias palabras, recorremos los «callejones metafísicos más siniestros de este Londres ficticio y fantasmal», acompañados por algunos de los reyes del hampa, como los populares gemelos Kray que controlaban la mafia de los 60, y uno de sus amantes, David

Litvinoff, un misterioso personaje que trabajaba como asesor en el mundo del cine gracias a sus oscuras conexiones. La invocación a Glycon incluye una frase en enoquiano, el idioma que ángeles y humanos empleaban antes de la Torre de Babel. El alquimista, filósofo y ocultista británico John Dee inventó esta lengua en 1581 junto a su compañero Edward Kelley. En El libro de la copulación añade a la ecuación toques científicos, con el Big Bang, Heisenberg, Einstein o el recientemente fallecido Stephen Hawking. Habla sobre planetas, constelaciones, estrellas y hasta sobre Automatic for the people, el inmortal disco de R.E.M.

El Amnios Natal fue la segunda acción llevada a cabo por el trío ocultista. Tuvo lugar el 18 de noviembre de 1995 en Newcastle. Una asociación artística de la ciudad les había invitado a desarrollarla en una escuela local, pero finalmente la celebraron en un mucho más impresionante juzgado victoriano. El resultado se basó en los recuerdos y sentimientos de la infancia y adolescencia de los protagonistas. Para el propio Moore tenía un significado especial, ya que ese día era su cumpleaños y pocos meses antes había fallecido su madre. Así que el título de la performance era una referencia evidente a ella, claro. «Encontrar el amnios natal entre sus pertenencias fue como encontrar la pieza que faltaba de un rompecabezas, una pieza que iba a formar parte de nuestra próxima representación, fuera cual fuese. Aún no había conexión con nuestro juzgado, que yo supiera, pero parecía que todo iba saliendo correctamente», confesó en una entrevista. Ese texto adquiere, 25


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pues, un carácter más autobiográfico, algo con lo que el autor apenas había coqueteado hasta entonces en obras menores. Él mismo lo definió como «un Atlantis personal», lo que da buena cuenta de lo íntimo y enrevesado que resulta. A lo largo de cinco breves capítulos, Moore se refiere al amnios natal, presente en la placenta, como un mapa de la humanidad y que históricamente ha sido tomado como elemento de buena suerte. Analiza las conexiones entre lenguaje, identidad y nuestra percepción del mundo, en un constante viaje en el tiempo que le lleva de la edad adulta a su adolescencia, infancia e incluso antes de nacer en busca de un primitivo estado de conciencia previo al lenguaje. Todo este material le sirvió a su vez de inspiración para su primera novela, La Voz de Fuego, publicada ese mismo año y que acaba de reeditar en España Roca Editorial. El ritual fue grabado en CD. Al escucharlo Eddie Campbell, con quien acababa de concluir From Hell tras siete largos años, quedó tan fascinado que le pidió que le dejara realizar una interpretación pictórica de sus palabras. ¿Quién mejor que él para entender y plasmar en dibujos la intrincada mente del genio de Northampton? El resultado se publicó como libro ilustrado en 1999. Rituales subterráneos El 20 de noviembre de 1997 parieron El ritual de Highbury: una sesión de espiritismo beatnik. Entre los organizadores estaba un amigo del grupo KLF, a quien el autor había conocido en un pase privado del documental donde la banda aparecía quemando un millón de libras, que precisamente pasa por ser la mayor performance de la historia, con permiso del 11-S. Para

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la ocasión, Moore contó también con la colaboración de la bailarina Paule van Wijngaarden. El mago se centró en investigar las implicaciones y la memoria del territorio donde acontecía el evento en el pasado y presente de la zona: el estadio de fútbol del Arsenal, el metro de Londres, la vida del poeta romántico Samuel Taylor Coleridge, sin olvidar los crímenes ocurridos en el lugar. También menciona al empresario contracultural Joe Meek, Phil Spector, los hermanos Chang y Eng que dieron lugar al término “siamés” y a Aleister Crowley y Oscar Wilde, que no por casualidad ya tenían una breve participación en From Hell. En Serpientes y Escaleras: una distracción para tardes lluviosas, el Sacerdote estuvo acompañado por una troupe mayor de lo habitual, incluido un tragafuegos. Se celebró el 10 de abril de 1999 en Conway Hall, esquina Red Lion Square, en Holborn (Londres), para la Orden Hermética Golden Dawn. La acción

El alquimista, filósofo y ocultista británico John Dee realiza un experimento ante la reina Elizabeth I y su corte en un cuadro de Henry Gillard Glindoni del s. XIX.


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Estos textos influyeron profundamente en las obras posteriores del autor, como Promethea, Los Ángeles Fósiles, Providence o Jerusalén

exploraba las conexiones locales con la magia, poniendo el foco principalmente en Oliver Cromwell, el enigmático militar y político británico, en la artista y poeta Elizabeth Siddal y en las visiones del místico escritor Arthur Machen. La última actuación del colectivo ocultista, titulada Pasaje de Ángel, se produjo el 2 de febrero de 2001 en un centro cultural de Londres y estuvo dedicada a William Blake, quien no necesita presentación. El libro de la serpiente es una obra compleja, densa, fascinante y cautivadora. Los cinco relatos recogidos abarcan siete años de constante evolución en la vida de Alan Moore, en plena efervescencia creativa, siempre reinventándose y evitando repetirse. Puede resultar demasiado críptico y poético para quienes no estén familiarizados con el Moore más esotérico, aquellos que sólo le conozcan por Watchmen y V de Vendetta. Sin embargo, lejos de un simple gamberro delirio lisérgico entre amigotes, el autor emprendió aquí un camino sin retorno y su estilo ha empapado todas sus obras posteriores. Una de sus sagas más alabadas, Promethea, recupera varios de los temas y la inspiración místico-religioso tratada en sus performance. Al iniciar su interés en la figura de H.P. Lovecraft, realizó un profundo homenaje al escritor a través del tríptico The Courtyard, Neonomicon y Providence, donde, además de servir de inspiración para True Detective,

recuperó conceptos psicogeográficos que ya había tratado en From Hell, pero esta vez en tierras norteamericanas e inspirado en su mitología. Los Ángeles Fósiles, escrito en 2002 y publicado en España por La Felguera en 2014, profundiza en su amor por la magia e incide en ciertos temas aquí presentes en un magnífico ensayo mucho más accesible y con cierto sentido del humor. Incluso su segunda novela, editada en 2016, que publicará Planeta a finales de año, y que contiene un millón de palabras, tiene un título que hace referencia a un poema de su admirado Blake: Jerusalén. Hace unos meses, el canal ARTE dedicó un documental a Alan Moore dividido en varias partes. Además de comics, política y contracultura, el genial escritor habla también, como no podía ser de otra forma, sobre magia: «Considero que el lenguaje, el arte, la consciencia y la magia son cuatro facetas del mismo fenómeno. Para mí la creatividad y la magia son casi intercambiables. Nuestra cultura, hoy día, hunde sus raíces totalmente en los diversos componentes de la magia». Ahonda en esos conceptos, lo conecta con la ciencia moderna y sus orígenes en la alquimia y hace proselitismo de sus ideas y explica por qué Northampton es el centro del país. Pese a las complejas reflexiones que predica, lo resume todo en una sencilla frase: «La magia es política, social y cultural. La magia es básicamente todo». @

El libro de la serpiente La Felguera (2018)

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De Arlette a Agnès: tu vida en el cine de Varda

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Noventa años no son nada pero significan algo en el cine de la realizadora más grande del cine francés

Texto Francesc Miró

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«

Cada rostro tiene una historia», dice su voz sin edad. A sus noventa años, Agnès Varda ha unido fuerzas con el artista JR para rodar juntos Caras y lugares: un documental único en el que ambos recorren paisajes, conocen gentes, hacen intervenciones artísticas y comparten reflexiones en torno al significado de la imagen y del arte desde una perspectiva intergeneracional.

Ambos tienen una conexión que va más allá de los años que les separan, de las vivencias que les han hecho ser quienes son y de lo que les llevó a dedicarse al arte. JR recuerda cada uno de los rostros de los films de Varda. Es incapaz de olvidarlos. A veces se le aparece el rostro desolado, lleno de dudas por la proximidad de la muerte, de Corinne Marchand en Cleo de 5 a 7. Agnès, por su parte, recuerda la primera vez que vio los ojos de las afueras de Valenton, una ciudad suburbial de París en cuya depuradora de agua JR imprimió dos fotografías de

dos ojos enormes de 15 metros de altura por 28 de anchura para dar la bienvenida a quienes se internasen en la urbe. Paisaje y rostro. Naturaleza sin personajes y fotografías con protagonistas absolutos. Tú y el tiempo que te ha tocado vivir. O el tiempo que se vive sin ti. El cine de Agnès Varda está lleno de personajes que son algo más que ellos mismos. Son significados, metáforas, pedazos de vida. Entre unos y otros se puede leer el pasado y el presente de la realizadora francesa más importante del cine galo. Viajando por su filmografía, saltando aquí y allá, descubrimos que sus personajes son su vida y su forma de entenderla. Que todo comenzó una noche en un puerto de Córcega. O quizás antes. De niñez sin infancia «Siempre he pensado que si viésemos el interior de las personas, descubriríamos paisajes», explica la propia Varda en el documental Las playas de Agnès, «si me abrieran a mí encontrarían playas». Agnès fue concebida en Arlés, ciudad del sur de Francia culpable de que sus progenitores la bautizasen Arlette. Nació en una pequeña casa de la Rue de l’Aurore en Ixelles, Bruselas, el treinta


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Cleo de 5 a 7 1962 Ulysse 1982

Viajando por su filmografía descubrimos que sus personajes son su vida y su forma de entenderla

de mayo de 1928. Fue la tercera de cinco hermanos y hermanas y siempre se sintió cómoda sin ser ni la mayor ni la menor. Siendo “la de en medio” de un núcleo familiar que funcionaba a su pesar. Su padre nunca les dijo que era un refugiado griego pero tampoco disimuló su querencia constante por el mar. Cada vez que podía llevaba a su familia a alguna ciudad costera en la que pudiese mojar los pies y mirar al infinito. También dilapidar la escasa economía familiar. A través de su cine, la niñez se radiografía siempre en un entorno definido por un drama que los pequeños obvian o combaten con la omisión voluntaria de ciertos hechos. En Ulysse, cortometraje documental realizado en 1982, Varda bucea en los recuerdos de un niño que sufre de una deformación de la cadera llamada “coxa plana”. Él, sin embargo, no recuerda nada de su enfermedad. En Jacquot de Nantes, maravilloso drama de 1992, evoca la infancia de su marido y también realizador Jacques Demy en el entorno de hambre y horror de la Segunda Guerra Mundial. Pero también sigue los pasos de un niño apasionado por el arte que consigue comprar un cámara con la que descubrirá su vocación. «Todo hombre que mira al mar es un Ulises que no quiere volver a casa», diría ella misma en Ulysse. Por eso, los recuerdos de infancia de la realizadora están llenos de castillos de arena como los que construía en la playa de De Panne, a las puertas de un casino en el que dice que perdió a su padre. Eugene-Jean Varda dilapidó la economía

familiar en un casino de playa. Llevó a la ruina a su familia y nunca la apoyó. Intentado buscarle una explicación, Varda quiso sentir lo que sintió su padre haciendo que Jane Birkin fuese una croupiere que la desplumaba en una escena de Jane B. por Agnès V. en 1988. Birkin, Ulysse y Demy sintetizan la infancia de Arlette Varda. Reflejos de una niñez rodeada de dolor que no fue, sin embargo, una niñez triste. Fueron los años en los que descubrió su pasión. De hacerse adulto sin ser consciente Arlette pasó su adolescencia en Sète, ciudad del litoral francés a la que habían llegado huyendo de la guerra. Creció entre barcos, calles mojadas, pescadores y noches en casas ajenas. Entre ellas la de la familia Schlegel cuya hijas, Andrée y Souzou, despertarían en la joven una temprana pasión por la música, las artes y la libertad. Con ellas, 29


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la joven descubriría lo que significaba la sororidad. Con ellas aprendió a pescar, a navegar y a sentirse querida. No tan lejos de allí, la guerra tocaba a su fin. A los dieciséis se matriculó en Bellas Artes en l’École du Louvre, en París. La misma época en la que descubriría que el despertar sexual de sus compañeros de clase iba más acelerado que el suyo. «Conocía a pocos hombres. Era nerviosa, reservada, todo me intimidaba. Tenía que resolver el problema de cómo abordar el mundo de los hombres que me asustaba, me intimidaba», explicaba la realizadora en Las playas de Agnès. Su miedo adolescente también se reencarnaría en su cine. En 1975 tomaría el rostro de France Dougnac que interpretaría, en un largo televisivo llamado Nausicaa, a una joven que estudiaba Bellas Artes en el mismo sitio que Arlette. Directo trasunto de sí misma, la joven protagonista se enfrentaba con hombres que la cuestionaban y minaban su autoestima, entre ellos un jovencísimo Gerard Depardieu. Más tarde aquel miedo volvería dividido en los personajes de Jane Birkin, Mathieu Demy y Charlotte Gainsbourg en Kung-Fu Master (1988): la historia sobre una mujer adulta que se enamora de un compañero de clase de su hija adolescente. El sexo se presentará como el gran temor, un fantasma, un problema que se escondía detrás del desarrollo de cada personaje. En 1946, cumplidos los dieciocho años, Arlette fue a los juzgados de París dispuesta a cambiarse el nombre. Desde aquél día se llamaría Agnès Varda, un nombre dado por ella para ella. ´Era la edad de las preguntas, de no saber qué quería, de descubrir lo que no quería. Escapar sin decirle a nadie dónde iba

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me pareció indispensable», diría años después. Con su nueva identidad y su mayoría de edad vendió todas sus pertenencias para comprarse un billete en tercera a Marsella y otro para ir en barco hasta Córcega. Al llegar al puerto de Ajaccio, sin saber muy bien qué hacer, la joven se sentó a ver pasar los barcos y empezó a desenredar una red de pesca que acababa de encontrar. Necesitaba poner en orden sus ideas, sus voluntades. Eran tantas las cosas que le pasaban por la cabeza que se le hizo de noche y tuvo que dormir en el puerto. Despuntaba el sol cuando un pescador la despertó para preguntarle si había desenredado ella aquella red. La joven le contestó que sí, que se había criado en Sète entre pescadores y conocía bien el mundillo. Entonces el

Kung-Fu Master 1988


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hombre, un corso parco en palabras, le ofreció trabajo saliendo a pescar. Agnès pasó un verano entero pescando con él y su experiencia con aquel primer trabajo supuso una revolución en su interior. Tradición y ruralismo se daban la mano con unas ansias de modernidad irrefrenables que también chocarían con su cine: su primer largomentraje. Arlette no volvería jamás de Córcega. A París volvería Agnès que, decidida a dedicarse al arte, empezó a estudiar fotografía por las noches en l’Ècole de Vaugirard dónde conocería a Jacques Demy, su futuro esposo, y al director de teatro Jean Vilar, recién casado con su amiga Andrée Shlegel. Vilar le conseguiría otro trabajo como fotógrafa en la Théâtre National Populaire gracias al cual pudo costearse, en 1954, su primer largometraje: La pointe courte. En él, Philippe Noiret y Silvia Monfort interpretan a una pareja sin nombre a los que conoceremos como Elle y Lui. Ambos son Agnès Varda. Tras haber prometido encontrarse en Point Courte, barrio obrero de Sète, Lui recoger en la estación a Elle. Le cuenta que se ha criado allí, que le gusta la tranquilidad de ese mundo. Elle le dice que ha aceptado ir hasta allí para poder decirle que su relación se ha acabado. Elle quiere mucho más, Lui quiere mucho menos. Un debate que se gestaba en el interior de Agnès justo cuando filmaba aquel film. Su pasado y su presente. Su entorno y su voluntad. «El corazón nunca tiene suficiente, ¿verdad?», pregunta al espectador Silvia Monfort.

Alain Resnais montó La pionte courte

gracias a una cooperativa de voluntarios que se estaba gestando en París. Allí se había mudado Varda –exactamente en el mismo lugar en el que vive hoy, el nº 14 de la Rue Daguerre-, que pronto volvió a ser “la de en medio”, rodeada de hermanos con otros apellidos: Truffaut, Godard, Resnais, Chabrol y Demy. La familia de la Nouvelle Vague. De memoria y juventud Desde que se había establecido en París, Varda notaba que su vida se había acelerado en demasía. Se había casado con el director teatral Antoine Boursellier, había sido madre -Rosalie Varda nació en 1958-, se había divorciado y había batallado por criar a su hija sin renunciar a su carrera artística. Había convertido su estudio en su casa y se codeaba con la élite intelectual de la época, pero no tenía ni para comprar carbón con el que calentar casa en invierno. Sus ingresos nunca estaban a la altura del talento que sus compañeros decían que tenía. La casualidad quiso que Al final de la escapada (1960) fuese un éxito y que el productor Georges de Beauregard le preguntase a Jean-Luc Godard si no tendría él más colegas que hiciesen films no muy caros pero sorprendentes que le hiciesen ganar dinero. Godard le presentó a Jacques Demy, a quien Beauregard produjo Lola (1961). Entonces el productor repitió la jugada con su último fichaje ante lo

Sus recuerdos de infancia están llenos de castillos de arena como los que construía en la playa a las puertas de un casino donde perdió a su padre

cocina alcahueta

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que Demy contestó: «No conozco a más hombres capaces de hacerlo pero conozco a una mujer: se llama Agnès Varda». Así nació Cleo de 5 a 7, el primer gran éxito de su carrera. Formalmente, Cleo de 5 a 7 se nos presenta como una reflexión en torno al tiempo. Varda plantea un montaje que persigue atrapar el sentimiento de urgencia Cleo, una joven que cree que va a morir y para la cual el reloj fluye de forma distinta. Esas dos horas en las que todo se precipita también son los años que Varda acababa de vivir, sumida en una vorágine a la que aún no se había acostumbrado. Sin embargo, Cleo de 5 a 7 también se puede leer como la primera película de una Agnès Varda consciente de sí misma. Una realizadora de legado inconmensurable que resulta imprescindible para entender la historia del cine desde una perspectiva feminista. Sus personajes en films como Una canta, la otra no (1977) o Sin techo ni ley (1985) son ejemplos de un cine que se han encargado de borrar del mapa. La prueba es que ninguna de las dos se puede ver en una plataforma de VOD española, ni tampoco comprar físicamente. No se puede decir lo mismo de sus compañeros masculinos, ¿verdad? En el mismo avance de Caras y lugares, Varda confiesa por qué decidió unir fuerzas con el artista galo: «JR fotografía las rostros que encuentro para que no se pierdan rápidamente entre los agujeros de mi memoria». Nosotros también podemos combatir el olvido, el nuestro y el de los demás, volviendo sobre la filmografía de una realizadora infinita para encontrar huellas de su pasado. Para vernos reflejados en su infancia ajena al drama, en su búsqueda de identidad adolescente y en su lucha feminista adulta. Para descubrir que somos lo que vemos y, a veces, también vemos lo que somos. @

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Entrevista

Ainara LeGardon:

Rock experimental vasco Texto Koldo Gutiérrez

Lleva veinte años moviéndose en el underground como pez en el agua, gracias a su combinación de rock, música experimental y performance. Su alianza con Xabier Erkizia ha dado como fruto un nuevo disco que lleva su nombre, donde canta en castellano por primera vez y en el que ha aumentado su apuesta por la improvisación sonora. El año pasado coescribió el libro SGAE: El monopolio en decadencia, sobre derechos de autor, tema en el que es una experta. Ahora participará en una exposición de Itziar Okariz en Tabakalera, mientras prepara conciertos en Berriz (25 de mayo), DabaDaba (26 de mayo), Urretxu (3 de junio) y BilbaoArte (15 de junio).

¿Cómo definirías la música experimental a grandes rasgos? Para mí es un campo en el que se puede investigar, ser quien uno es y buscar cosas sin miedo al riesgo que entraña el poder caerse y hacerse daño de vez en cuando. Ahí surge un abono para hacer que crezcan flores en otros géneros, en mi caso la parte más experimental y de improvisación alimenta de tal forma el rock y de músicas convencionales a las que me dedico. Es un I+D sonoro.

Precisamente, en la descripción de tu nuevo disco hay una frase que me gusta mucho: «Animo a no reparar lo que está roto, sino a aprovechar su belleza y singularidad». Es algo que siento no sólo en el mundo de la música, sino también a nivel personal; cada uno tenemos nuestras particularidades que forman parte de nuestra identidad, nuestras 32

cicatrices, imperfecciones, roturas… En la música para mí es un signo distintivo. Encontrarte con algo que no entra dentro de los cánones de belleza, que en principio está roto y aparentemente no valdría, y sacarle el máximo partido y la belleza… Yo lo entiendo y practico así, al igual que Xabi Erkizia, quien me ha acompañado en todo este proceso. Cuando le mandé un audio de un armonio, que fue el primer instrumento que me regaló mi madre con cinco años, y que está totalmente roto, le pregunté qué le parecía y le dije que si quería podía arreglarlo. Él me respondió: «No lo arregles, tráelo roto porque lo vamos a grabar así».

¿Cómo sabes cuándo parar, que la canción ya está “bien” así? [Risas] El mérito es más de Xabi, porque para eso está el productor artístico de un disco. Me he dejado guiar totalmente por

él, porque cuando estás trabajando en algo tan dentro, pierdes la perspectiva. En cualquier proceso creativo necesitas ese ojo externo que te vaya diciendo: «Basta, ya está, cambia, pasa a otra cosa». Xabi tiene una visión espacial y tridimensional del sonido que es increíble. Su ayuda ha sido indispensable.

¿Cómo es tu proceso creativo? Este disco ha tenido un proceso muy diferente a los anteriores. Al haber estado ocupada en otros proyectos, había dejado de lado el trabajo compositivo que durante años he ido haciendo poco a poco. Llevaba dos o tres años sin hacerlo y la propuesta de Xabi de grabar algo llegó tras el ERTZ 2016, un encuentro de músicas raras de Bera donde participa mucha gente de Audiolab. El tema de ese año eran los pliegues de la voz y estuvimos El Niño de Elche, Maialen Lujanbio, Beñat Achiary, Amorante…


Foto: Álvaro Sanz

«El silencio es la herramienta más poderosa a la hora de crear música»

Estuvimos una semana trabajando en estudio y Xabi me propuso que fuera a grabar un disco allí. Yo estaba luchando en aquella época por la confluencia de mi faceta de rock con la experimental y no conseguía hacerlas converger por mí misma, pero Xabi veía clara esa vía intermedia latente. Acepté su propuesta, pero le dije que no tenía ninguna canción. Me dijo: «Vale, tú ven y lo vamos viendo». Recuerdo que entregué el borrador del libro a Consonni y al día siguiente ir al estudio con un montón de amplificadores y guitarras, ponerlo todo a todo volumen, empezar a encontrar sonidos y él dijo: «Bueno, yo le doy al REC y tú vas tocando». Hace diez años habría sido impensable hacerlo así, porque yo no tenía las tablas para afrontar el proceso así. Por el camino descubrimos que tenía bocetos de canciones que en discos anteriores no se acababan de desarrollar, recuperamos algunas ideas de hace diez o quince años con muchas variaciones para dar lugar a una nueva obra que ya está grabada. Esto es una primicia. Se trata del rescate y reinterpretación del archivo propio de una artista. ¡A veces ni me reconozco en esas viejas cintas!

De no haber sido por Xabier Erkizia, ¿este disco no existiría? Probablemente habría grabado otro disco por mi cuenta, pero habría sido muy distinto. Pensé en firmarlo como “Ainara LeGardon y Xabier Erkizia”, pero él es muy humilde en ese sentido. Es un disco co-compuesto con él, y por supuesto el trabajo de Héctor, Rubén y Hannot también está ahí. Siempre digo lo mismo: es el disco que se llama como yo, pero menos mío es. Ellos me han ayudado a sacar la Ainara que es más Ainara de todas las que ha habido hasta ahora.

Eso dice mucho de su labor como estudioso de la música y demuestra que conoce bien tu obra y tu estilo. Me di cuenta de que era la única persona que podría haber hecho eso, porque conocía tanto mi faceta en el rock, como la experimental. ¿Y quién mejor que él para unirlas? Él es ese caleidoscopio de información y sabiduría. Habíamos colaborado puntualmente en el pasado, en algún proyecto para Artium y Azkuna Zentroa, pero no habíamos quedado del todo satisfechos y se nos quedó la espinita clavada de volver a hacer algo juntos. Además de encontrar artísticamente un compañero, también es un amigo. Y eso es un hallazgo muy potente.

¿Cómo consigues trasladar parte de esa experimentación e improvisación a los conciertos en directo? 33


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«La música experimental es un I+D sonoro que me permite alimentar al rock y las músicas convencionales a las que me dedico»

Foto: Juan MaRe

Puede ser algo parecido al disco, pero siempre es distinto. Partiendo de la base de que tenemos varios formatos: quinteto, cuarteto, trío, dúo y solo, ya son cinco maneras de ver e interpretar esas canciones. Ya no concibo repetir siempre el mismo concierto. Necesito que la música esté viva y que se alimente esa “organicidad”, por decirlo de alguna manera. Me gusta tratarla como un ser vivo, alimentarla con cosas diferentes y vestirla de manera distinta. Nuestras canciones son flexibles y su estructura es orgánica para poder emplear distintos formatos. El que más practicamos es el trío: Héctor a la batería, Rubén al bajo y yo a la guitarra y voz, ahora también con el set de ruido. Cuando también están Hannot y Xabi es ya una fiesta. Pero cuando voy sola a hacer alguna improvisación también me aporta mucho. Me gusta lo que aporta la soledad a todos los niveles; tener que exprimirte un poco más para salir de ciertas situaciones y disfrutar de la soledad. Así es distinta la relación con el público.

Me llama la atención que apenas se ha mencionado que es la primera vez que cantas en castellano. A mí también me ha sorprendido, para bien. Eso quiere decir que el cambio ha sido bastante natural, por eso no lo destacan como algo negativo. En las reseñas apuntan que, conociendo mi obra, no se debe a razones comerciales. Cuando le envié el máster del disco a un amigo para saber su opinión, me dijo: «Parece que jamás te hubiera oído cantar en inglés antes». Ese fue el mejor halago. Ha sido un proceso en el que Xabi también me ha apoyado y que me ha supuesto el mayor esfuerzo artístico por mi parte. Cantar en otro idioma supone cambiar muchas cosas de tu técnica, porque debes cambiar tu manera de trabajar: la respiración, la longitud de las palabras… Al principio pareces otra persona, es como cambiar de instrumento.

Tras tu anterior disco en 2014 te centraste mucho tiempo en escribir el ensayo SGAE: El monopolio en decadencia. ¿Echabas de menos volver a componer y actuar en directo? Mucho. Fue un periodo doloroso en ese sentido, aunque he disfrutado mucho escribiendo. Me encanta componer y tocar, es lo que más me llena. Tuve que renunciar a todo eso y para compensarlo en 2017 me metí en varios proyectos musicales: bandas sonoras en danza y teatro, el nuevo disco... Tampoco descarto escribir un segundo libro, porque hay material suficiente para 34


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«Ya no concibo repetir siempre el mismo concierto, necesito que la música esté viva y que se alimente esa “organicidad”»

hacer otro sobre el mismo tema. A veces bromeamos con ello, pero de momento lo dejo en la recámara. Nosotros hablábamos de la rueda de las televisiones, un tema que llevaba denunciado tres años, y la justicia siguió su curso. Tuvimos ese golpe de suerte y atendimos multitud de entrevistas en los medios para hablar de ello porque estalló el asunto justo cuando estábamos de promoción. Salimos en todos los medios y yo llegué a saturarme. Recientemente han salido nuevas noticias y la SGAE está en la cuerda floja.

La compositora Aránzazu Calleja me habló sobre la importancia del silencio en la música. Tú sueles referirte a “modelarlo” o “morderlo”. Siempre está presente. Xabi es el maestro en hablar sobre el silencio y transmitir todo lo que puede significar. Para mí es la herramienta más poderosa a la hora de crear música. El silencio y la música no son cosas distintas; el silencio conforma la música. Y sin él, la música no existiría, como tampoco existiría la comunicación. Lo busco activamente en muchos momentos de mi vida, por eso que te decía antes sobre la soledad.

Empezaste en los 90 con una banda indie de Salamanca, Onion. ¿En qué momento decidiste que eso no era lo tuyo y optaste por un camino distinto? En 1997 empecé a componer ciertas canciones que mi instinto me decía

que ya no eran para Onion. Compaginé cinco años Onion con una de proyecto en solitario. Fui reservando algunos temas para el proyecto que surgió en 2001. Tuve contacto con Chris Eckman, productor de los Walkabouts, y yo pensaba que ese sería mi primer y último disco en solitario, algo puntual, pero debía hacerlo con mucho mimo. Por eso traje de Estados Unidos a Joe Skyward, bajista de los Posies, y también estaban Gaizka, Ager y Hannot de Audience, y Carlos Torero a la batería. Creé mi propio sello para editarlo, porque tenía claro que la autogestión era el mejor camino para sacarlo a la luz. Onion seguía su trayectoria por otro lado, pero yo empecé a desvincularme poco a poco. Después el resto de músicos me dijeron que Onion se acababa, así que terminó una etapa y empezó otra que ya ha dado lugar a seis discos.

También colaboras en obras de teatro y danza. Ahí me tengo que poner al servicio de una dramaturgia, de una narración y una historia que se quiere contar. Es un aprendizaje, como cuando he compuesto bandas sonoras para pequeños documentales. Quien te pide ese trabajo sabe hasta dónde puedes llegar. Yo no soy una intérprete versátil; soy lo que soy y tengo un sello personal muy marcado, para lo bueno y para lo malo. En el caso de Eva Guerrero y de Fernando Bernués, que es el director de la obra La casa de la llave, ya conocían mi trabajo perfectamente.

Sabían lo que podía aportar y buscaban concretamente una parte de mi lenguaje propio para acompañar esas piezas. He tenido confianza total por su parte y han aceptado la mayoría de mis propuestas. En ambos casos he asistido a los ensayos como si fuera una bailarina o actriz más. He estado creando desde fases iniciales de ambos proyectos y todo se va impregnando, lo que ha dado lugar a nuevos momentos escénicos que no estaban previstos inicialmente. Así que esta experiencia me permite intervenir en procesos de creación colectiva, hacer algo que no había hecho hasta ahora (en el caso del teatro) y me aporta una dosis de adrenalina por hacer algo por primera vez. Son nuevos retos que asumir.

Antes has mencionado el Audiolab de Arteleku. Por allí pasaron varios artistas que han hecho de la experimentación sonora su fuerte, como el propio Xabier Erkizia, Josetxo Anitua, Mursego o tú misma. Aunque ya no exista, parece que su legado sigue vigente. Allí asistí a talleres y encuentros que han sido puntos de inflexión a la hora de entender la música y el arte. He conocido a personas que se han convertido en colaboradores y amigos. Fui poco porque vivía en Madrid, pero era una suerte poder asistir a cualquier charla que se hacía allí. Tanto Audiolab como los ERTZ que se organizaban allí me han aportado experiencias que no se pueden vivir en otros sitios, o al menos yo no he encontrado. Además, compartirlas con gente que está en un camino similar al tuyo, lo que es importante. Hillel Schwartz impartió un taller en Tabakalera y dijo una frase muy bonita que se me quedó grabada y describe bien todo esto: «Asumir riesgos conjuntamente con otras personas». Esa asunción de desafíos compartidos tiene una potencia muy grande a nivel artístico. @

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La invasión de los rockeros muertos Texto Mikel Gil

En pleno 2018, un Ronnie James Dio que falleció hace ocho años se va de gira mundial. Ya son varias las empresas que, en medio de una marejada legal, se están valiendo de la tecnología para revivir a artistas del pasado.

L

a cultura vive tiempos conservadores. En el cine, la mayoría de proyectos que merecen la calidad de superproducción son todo tipo de secuelas, remakes, reboots, “recuelas” y adaptaciones de cómics y best-sellers de digestión rápida. En la literatura, el género negro ya ha obtenido sección propia en las librerías, mientras en lo artístico lleva un puñado de décadas sin apenas variaciones y experimentación. Ese soltar el acelerador es algo que también se puede ver en la industria de la música, donde un género como el reggaeton, tan monocorde en texturas y ritmos, lleva en lo alto de las listas quince años. En tiempos pasados, completos imperios del sonido habrían caído y renacido varias veces durante ese intervalo. 36

En su expulsión del mainstream y los hitazos, la música rock mira hacia lo que ya fue en elpasado, y los únicos que llenan estadios ya lo hacían hace treinta o cuarenta años. Por suerte para ellos, el rock no entiende de jubilados. Pero la ambición de los que sacan tajada en el negocio es que en el futuro próximo tampoco entienda de muertos. En Blade Runner 2049, hay una secuencia que transcurre en una deshabitada Las Vegas. El androide protagonista irrumpe en un casino abandonado y polvoriento, donde lo único que funciona es una renqueante proyección musical de un Elvis Presley holográfico que se arranca con Suspicious Minds y culmina con Can’t Help Falling in Love. El de Tupelo hace después rememorar a Deckard lo que se le pasó por la cabeza al conocer a Rachel con una canción que, según la época de ambientación del universo de Blade Runner, se acercaría a los cien años de antigüedad. En ese mismo universo, Elvis ha sobrevivido, en cierta manera, a la ciudad a la que cantaba vivas. Ese afán de encapsular lo anterior, de revivir a los mortales, es un deseo que

para la próxima década tiene pinta de estar más que cumplido en nuestro mundo. De momento no será en las tres dimensiones del holograma ideal, pero ya está aquí. En 2010 murió Ronnie James Dio, eterno duende del metal y uno de los vocalistas que fundamentaron los arquetipos del género. En 2018, Dio está de gira. De hecho, en diciembre, ‘Dio Returns’ pasó por Barcelona y Santander. Ya había precedentes esporádicos: Tupac Shakur en el Coachella de 2012, o Michael Jackson en los premios Billboard de 2014. Aquellas fueron actuaciones puntuales, no shows completos. Lo de Dio también empezó como pequeño homenaje cuando renació como holograma para cantar We Rock en el macrofestival alemán de metal Wacken, en 2016. El público dejó por un momento de mirar lo que estaban capturando con sus móviles para observar la gran pantalla en el centro del escenario. Un Dio bidimensional les alentaba, les sacaba los cuernos, les ofrecía el micro. Era la primera vez que un artista actuaba como holograma junto a una banda en directo.


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Dio era el truco y su ilusionista tiene nombre: Eyellusion, una empresa californiana surgida en los laboratorios de efectos digitales para Hollywood, pero que ha puesto el enfoque en el espectáculo musical. En realidad, si nos ponemos técnicos, lo proyectado en el escenario no es exactamente un holograma. Tampoco lo eran los súper abdominales de Tupac en 2012. La artimaña que entonces diseñó la compañía Rezin8 lleva inventada desde el siglo XIX. Es una técnica llamada “fantasma de Pepper”, que se vale de la propiedad que tiene el cristal de ser transparente y reflejante a la vez. Jugando con los ángulos, se pueden conseguir, por ejemplo, los fantasmas danzantes de la mansión encantada de Disneyland, de finales de los años sesenta. O las letras de un simple teleprompter para presentadores de televisión.

Frank Zappa será el siguiente en convertirse en holograma, aunque sus cuatro hijos mantienen complejas disputas legales entre sí

de Dio nunca será Dio. Como la pipa de Magritte, «ceci n’est pas une pipe»; o sea, la representación de una idea no es la idea en sí misma. Aun así, lo de Dio parece ir varios pasos más allá del fenómeno del holograma musical en Japón, donde goza de mayor popularidad. En el país de las ‘waifus’ virtual idols animadas como Hatsune Miku cautivan audiencias con su jpop chicloso. Éstas son unas Milli Vanilli de consenso, pero hologramas como el de Dio representan a personas que existieron de verdad. La mánager y viuda del cantante americano, Wendy Dio, es la que ha dado luz verde al proyecto de Eyellusion y la que afirma taxativamente que esto es lo que su marido habría querido. Hace falta algo más que declaraciones para convencer a todos los fans. Pero lo cierto es que no hay manera de saber si el deseo del cantante hubiera sido perdurar, aunque fuera en proyección, en los escenarios de los que fue apartado solo por un cáncer de estómago letal. Evidentemente, a las cuestiones morales se le añaden las legales, que pueden complicarse. Cuando un artista muere, su derechos de propia imagen y de nombre pueden variar respecto a cuando estaba vivo. Si además el holograma se recrea en base a imágenes de terceros, también es obligatorio adquirir esos derechos. Y faltan por añadirle capas al traje: están las cuestiones legales de derechos de actuación, de composición de la música y de marca.

Aunque revivir a estrellas de la música que fingen interpretar canciones es una forma mucho más cara de este truco, porque aquí es donde el CGI visto en películas como El curioso caso de Benjamin Button entra en juego. Se rastrea material de archivo y fotografías y luego se crean modelos que se preparan para animar digitalmente. Así lo explica el consejero delegado de Eyellusion, Jeff Pezzuti. El modelaje en bruto es tridimensional, pero la proyección no. Como cuando vemos aquello de «ayúdame, Obi Wan Kenobi, eres mi única esperanza» en la pantalla plana del televisor. La decisión de revivir a Dio no ha estado exenta de críticas. Argumentos en contra no faltan. Ya sabemos cómo de estricto es el mundo del rock y del metal en cuanto a la música en directo. Los playbacks y los trampantojos no son tolerados con facilidad, y una grabación 37


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Zappa es el siguiente Aun con todos los escollos, el negocio de los conciertos holográficos no tiene pinta de parar. Eyellusion comenzó a finales de 2017 la producción de un nuevo espectáculo con Frank Zappa y planean actuaciones para este mismo año. A la proyección del excéntrico artista americano, desaparecido en 1993, se le sumarán algunos de los músicos que formaron parte de sus Mothers of Invention, entre ellos, Steve Vai. En cambio, Adrian Belew, guitarrista que también tocó con David Bowie, ha dicho que no quiere saber nada, pese al entusiasmo con el que Ahmet Zappa se le acercó.

La artimaña es una técnica llamada “fantasma de Pepper”, que se vale de la propiedad que tiene el cristal de ser transparente y reflejante a la vez

Porque la gestación del proyecto para revivir a Frank da para culebrón. Tras la muerte de su viuda, Gail Zappa, a finales de 2015, la entidad fiduciaria que gestionaba los derechos de copyright del artista pasó a ser controlada por los cuatro hijos de la pareja. Pero no de manera equitativa; los hermanos pequeños, Ahmet y Diva, pasaron a poseer cada uno el 30% del Zappa Family Trust, mientras que Moon y Dweezil se quedarían con el 20%. Ahmet, el más emprendedor de ellos, afirmó en los medios que habrían estado dispuestos a ceder el 5% que desequilibraba la balanza. El caso es que no lo han hecho, y Ahmet ha dejado muestras de su poder de decisión, entrando en conflicto con Dweezil, el más músico de ellos. En 2016, al primogénito le llegó una carta de aviso de que se vería en un litigio si tocaba la música de su padre bajo el nombre «Zappa plays Zappa», porque se apropiaba así de activos que deberían ser compartidos por toda la familia. Así que la gira fue renombrada a 50 Years of Frank: Dweezil Zappa Plays Whatever

CERVEZA ARTESANA Y GASTRONOMÍA

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the F@%k He Wants. Es aquí donde surge la paradoja: Ahmet ha aceptado con ganas el proyecto de un holograma que haga perdurar la obra de su padre, mientras veta el espectáculo de su hermano, que tiene la misma intención. Ahmet se jacta de las posibilidades de un concierto holográfico que rompiera moldes, no solo por dar vida a Frank, sino por todo lo que podría acompañarlo durante el espectáculo. Por ejemplo, animar un pie gigante irrumpiendo sobre el escenario mientras suena Stink-Foot, o recuperar el musical de la ópera rock Joe’s Garage, con Frank Zappa como protagonista. De momento,


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el material de archivo para animar al Frank holográfico está siendo extraído de una actuación inédita de los años 70 grabada en multicam. El gran reto para Eyellusion es que, además de cantante, Frank Zappa también era guitarrista en sus directos. Otro aspecto más a suplantar virtualmente. Como sucede con Wendy Dio, Ahmet Zappa se muestra seguro de que pasar a ser un holograma es lo que su padre habría deseado. Es más, dice que «Frank era un futurista, alguien que miraba hacia delante». En la página web de Eyellusion se encuentra un archivo PDF en el que está escaneado un extracto del capítulo 18 de The Real Frank Zappa Book, su autobiografía. En él, el músico rescataba ideas de varios sueños estériles: inventos con sus respectivos planes de negocio que nunca llegaron a prosperar. Uno de ellos era una especie de tecnología de reproducción de imágenes en 3D para uso doméstico y teatral, que «desplegara» las imágenes en 2D existentes «prediciendo» su tercera dimensión. Era una forma de reinventar la televisión por cable. De ahí a interpretar que le gustaría dar conciertos convertido en holograma —y, para su desgracia, proyectado en 2D—, hay un trecho. La música de los muertos Hay una ventaja fuerte de los conciertos virtuales que no hay que pasar por alto. A medida que el pop ha relegado a la música clásica a un estatus de masturbación intelectual, no ha acabado de encontrar la solución a un problema que la propia música moderna ha generado. Por resumirlo en una pregunta: ¿Quién tocará nuestra música cuando hayamos muerto? En el pasado, los compositores, tanto del folklore como los academicistas, creaban

La pregunta que surge es: ¿Quién tocará nuestra música cuando hayamos muerto? su obra para que fuera interpretada por otros, con un poco de suerte, por los siglos de los siglos. Ello ha otorgado inmortalidad a la obra de los que cincelaron el desarrollo de la música en occidente. Hoy por hoy, la cosa ha cambiado tanto que el copyright impide que el grupo más importante del siglo XX, The Beatles, pueda escucharse en YouTube. De seguir así, ¿será el cuarteto de Liverpool tan escuchado dentro de cincuenta años como lo es ahora? La única certeza es que el uso de la tecnología virtual irá a más en el mundo de la música y el espectáculo. De manera paralela a los conciertos con hologramas, se están desarrollando otras opciones que eliminan los dilemas morales que puedan surgir. Los VR Live Pass de Samsung invierten la situación: el falso no es el artista, sino el espectador. Mediante el uso de un aparato de realidad virtual, los

usuarios pudieron ver durante meses desde el salón de su casa el concierto de Coldplay en Chicago el pasado 17 de agosto. La imagen estaba en 360 grados y el sonido estéreo diseñado de tal manera que variaba la percepción según se cambiara el punto de vista. De cara al futuro, seguramente más artistas grabarán los conciertos de esa forma. En cuanto los del pasado, el material de archivo 2D y la ayuda del CGI son las únicas herramientas de trabajo. Con todo, es probable que el Elvis de Blade Runner 2049 suceda, y menee las caderas para audiencias futuras. O un David Bowie, andrógino y delicado. Un Freddie Mercury que pasee su pie de micro y que intente emular una centésima del carisma del original. O un Kurt Cobain desdeñoso, condenado a la eterna fama. It’s evolution, baby: nuestros zombis tocarán nuestra música cuando hayamos muerto. @

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Pamela Ribon y Veronica Fish se han unido para crear SLAM! (Fandogamia, 2018), una historia de amistad y corazones rotos con el roller derby como hilo conductor.

Texto Elizabeth Casillas

Las chicas que patinan juntas pelean juntas

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ennifer Chu es estudiante de máster de geología, vive obsesionada con los terremotos, es la chica más solitaria del gimnasio y prefiere estudiar duro antes que salir de fiesta. Masie Huff está convencida de que es una mierda, pasa sus días en pijama y está demasiado delgada por la dieta basada en lágrimas y cabreo que sigue desde que su prometido la dejó. Knockout y Creok Puedo son las mismas chicas, pero ahora también son freshies o, lo que es lo mismo, jugadoras novatas de roller derby. Ya no tienen miedo a nada, están empoderadas. Necesitaban el roller derby tanto como el derby las necesitaba a ellas.

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La guionista Pamela Ribon junto a la dibujante Veronica Fish —quien ha trabajado, entre otras cosas, en la serie Archie o The Wendy Project— ha creado SLAM!, un cómic sobre la amistad y el empuje empoderador del roller derby, deporte creado a principios del siglo XX en Estados Unidos y popularizado a partir del XXI en el que las mujeres patinan, se hacen daño y lucen orgullosas su moratones. Es precisamente en una prueba de iniciación para novatas de las Eastside Roller Girls donde Jennifer y Maisie se conocen e instintivamente saben de forma inmediata que serán más que simples amigas. Sin embargo, la rivalidad que nace al ser seleccionadas en distintos equipos y la complejidad de sus respectivas vidas privadas hacen tambalear la relación. Las Pushy Riots, el equipo de Jennifer “Knockout”, son conocidas por su agresividad, su precisión y su estrategia


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«El roller derby te dará a tu mejor amiga y te dará una enemiga mientras te muestra cosas que jamás te creíste capaz de hacer»

mientras que Meteorfights, el equipo de Masie “Creok Puedo”, se caracteriza por hacerlo todo juntas y poner la amistad y diversión por encima de todo. Escribe Ribon que el roller derby «te dará a tu mejor amiga y te dará una enemiga mientras te muestra cosas que jamás te creíste capaz de hacer. Pero lo mejor de todo, el roller derby te mostrará quién eres en realidad», y sobre esta frase sustentan las cuatro grapas que componen este volumen. «No hay “lo siento” en roller derby» Ribon sabe de lo que está escribiendo, cuenta con un pasado como jugadora, y Veronica Fish ha sabido captar a la perfección el espíritu de un deporte en el que impera la sororidad y la diversidad: no hay cuerpos homogéneos ni estándares atléticos. Lo personal se entrelaza con lo deportivo, el movimiento con los moratones, y se aúna lo anecdótico con lo didáctico. SLAM! conforma una guía práctica de iniciación al roller derby, reglas y glosario incluido. En el color de Brittany Peer, con Laura Langston en el tercer capítulo, reside otro de los puntos fuertes del cómic al haber

percibido la paleta de color que tiñe exactamente este deporte: verdes lima, fucsias, amarillos vibrantes, todos unidos para ensalzar el poder de los patines. SLAM!, publicada en Estados Unidos por BOOM!, está en sintonía con otras obras creadas por el mismo estudio en el que la amistad femenina copa el papel protagonista y cuya proliferación hace latente la escasez de referentes con los que se contaba hasta ahora. Es el caso de Leñadoras (Sapristi, 2016), una de las mejores series para adolescentes que se puede leer ahora misma creada por Noelle Stevenson junto a Ellis, Watters y Allen, donde se narra la historia de cinco chicas que acuden a un campamento de verano con siniestros acontecimientos. O Giant Days (Fandogamia, 2017), serie escrita por John Allison y dibujada por Lissa Treiman y Max Sarin sobre tres universitarias que se convierten en mejores amigas y que funciona como una sitcom fresca y natural que huye de convencionalismos y de lo políticamente correcto en la 41


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Latour—, en SLAM! la fuerza reside en potenciar los valores del deporte en equipo. Y, a pesar de ser uno deporte de contacto, en la deportividad: nada de patadas, codazos, agarrones o puñetazos, aquí se saca culo y se va al choque.

«Saca culo, dale a alguien» El roller derby se refundó con valores de empoderamiento y de superación, no solo individual sino también colectiva, y manteniendo una estrecha relación con el underground, el punk, el feminismo y las riot grrrl. De ahí que en los partidos, además de poder adquirir camisetas y sudaderas para apoyar al equipo, también sea habitual ver puestos de fanzines, cómics o ilustraciones relacionadas con este movimiento. De hecho, la segunda edición de ¡Hostia un libro!, festival madrileño literario-deportivo en el que participa cualquier iniciativa editorial no vinculada a grandes grupos de comunicación, se hermanó precisamente con este deporte. Pedro Toro, uno de los organizadores del festival, declaraba en Diagonal que les apetecía trabajar con el equipo Black Thunders y que estuvieran en el festival porque «son deportistas que las pasan canutas. No tienen apoyo institucional, se están pegando para que les dejen las pistas municipales. Lo suyo es muy punk». La historia no dista mucho tampoco de cualquier editorial independiente que se tiene que dar tortas para abrir un hueco en las estanterías.

El roller derby se refundó con valores de empoderamiento y con una estrecha relación con el underground, el punk y el feminismo que caben las fiestas universitarias, pero también las denuncias de sexismo que se viven en los campus. Tan relevante como la amistad es el deporte en sí, no por nada es el hilo conductor, y los valores que transmite. Acostumbrados como estamos a la versión sufridora y competitiva de otros deportes, como ha plasmado de forma extraordinaria Tillie Walden en Piruetas (La Cúpula, 2017) haciendo hincapié en la disciplina y la competitividad insana, o a la testosterona imperante —y se viene a la mente rápidamente el Paletos cabrones de Jason Aaron y Jason 42

Si bien SLAM! es uno de los primeros cómics que han llegado a las librerías, no ha sido el único. El pasado mes de abril Maeva Young publicaba Sobre patines, un cómic destinado al público infantil, en la línea de Sonríe de Raina Telgemeier, creado por Victoria Jamieson en el que Astrid y Nicole, amigas inseparables, se enfrentan al verano más duro de sus vidas cuando la primera se apunta a un campamento de roller derby y la segunda a uno de ballet. Inédito en nuestro país continúa Trish Trash: rollergirl from Mars de Jessica Abel, una historia de ciencia ficción sobre una joven que ansía convertirse en la mejor jammer —la jugador más rápida, encargada de dar la vuelta a la pista y conseguir puntos— ¡de Marte!. E incluso Drew Barrymore se puso tras las cámaras en Whip it (2009), adaptación de la obra de Shauna Cross Derby Girl, en la que Ellen Page interpreta el papel de una joven que cambiaba los concursos de belleza por los patines y los culazos. @


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Su nombre artístico lo deja bastante claro. El arquitecto, influencer y cantante Chenta Tsai se ha apropiado de un insulto que tristemente estaba acostumbrado a recibir en el colegio. Nació en Taiwán, pero reside en Madrid, así que además de comentarios homófobos, ha sufrido también el racismo. A través de sus delirantes letras y pegadizas melodías, Putochinomaricón reivindica el orgullo gay e inmigrante al tiempo que se ríe de los abusones. Su discurso crítico resulta de lo más rompedor, como queda patente en Gente de mierda.

Putochinomaricón

LGTB+

EL MOVIMIENTO

EJEMPLOS PARA CONOCER MEJOR...

La escritora activista y psicóloga Meg-John Barker se alió con la dibujante Julia Scheele para explicar la teoría queer a través de un cómic. En sus páginas cuestionan varias suposiciones populares que la mayoría tenemos asumidas sobre sexo, género e identidad. Las autoras dejan claro conceptos como heteronormatividad mediante ejemplos ilustrados para que cualquiera pueda llegar a entenderlos. Una obra divulgativa divertida e imprescindible.

MEG-JOHN BARKER Y JULIA SCHEELE (MELUSINA)

Queer. Una historia gráfica

Robert Yang tiene todas las papeletas para acabar marginado: es gay, de origen asiático y hace juegos indies. Sin embargo, desde el underground más absoluto se ha convertido en el principal abanderado de los juegos queer. Yang apuesta por una homosexualidad totalmente explícita, lo que le ha llevado a ser censurado en algunas plataformas, pero tras esa estética epatante se hallan obras complejas que reflexionan sobre multitud de temas, como Cobra Club, donde nos dedicamos a sacar fotopollas para entender cómo funciona la privacidad hoy día. Hurt Me Plenty trata sobre el BDSM, Rinse and Repeat no sitúa en los baños de un gimnasio masculino mientras que Stick Shift nos incita a masturbar a un coche gay.

Los videojuegos de Robert Yang

Fundada en 2013 por dos periodistas, la editorial madrileña está especializada en autores y temas LGTB+. Entre sus libros publicados destacan V y V: Violación y Venganza o A Virginia le gustaba Vita, ambos de Pilar Bellver; El amante alemán, de Julián Martínez Gómez; El sonido de los cuerpos, de Fernando J. López; Una barba para dos, de Lawrence Schimel o La vida de Kostas Venetis, de Octavian Soviany.

Editorial Dos Bigotes

El colectivo Gaymer.es se dedica desde 2015 a reivindicar los derechos de la comunidad LGTB+ en el mundo de los videojuegos con una nutrida web donde elaboran artículos, análisis y entrevistas. Por tercer año, el 19 de mayo celebrarán en BilboRock la MaricCon, un encuentro con juegos queer, ponencias y música que apostará por la diversidad. Uno de sus colaboradores es el creador de De Fobos y Deimos, un RPG protagonizado por un chico gay que sufre bullying por su condición sexual.

GAYMER.ES

MaricCon Bilbao (19 de mayo, BilboRock)

El 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, y el 28 de junio es el dia del Orgullo LGTB+. Parece mentira que en el año 2018 aún tengamos que recurrir a este tipo de reivindicaciones para acabar con comportamientos y actitudes trogloditas que deberían estar tan erradicadas como los mamuts, las hombreras o Luis del Val, y de paso celebrar la libertad sexual en una sociedad que consideramos moderna y abierta de mente.


Agenda Cactus

mayo / junio 2018

>Cursos, talleres, encuentros... G8360

ZAWP y hACERIA

Fernández del Campo, 13. Bilbao. 944 36 13 95

Ribera de Deusto, 47. Bilbao

SÁB 19 MAY CURSO DE CORONAS DE FLORES CON MIOTA

TODOS LOS SÁB, MAY TALLER INFANTIL: 12:00-14:00 KREATIBO 10€ TODOS LOS DOM, MAY UKEDADA: 17:00 ENCUENTRO Y TALLER MUSICAL 5€ VIE 18 MAY TALLER: 19:00- 21:00 SALIR CON ARTE 35€

>Conciertos, exposiciones, proyecciones... Ambigú

Residence café

San Vicente, 5. Bilbao. 944 24 23 43

Barrainkua, 1. Bilbao

SÁB 5 MAY FLOW LABKID (MÁLAGA) VIE 11 MAY CLAP KENT (MADRID) SÁB 12 MAY DISCO BAMBINOS (DONOSTI) VIE 18 MAY L.A. WOMAN DJ (BIO) SÁB 19 MAY SATIBA (FRANCIA) VIE 25 MAY AK DJ (BILBAO) SÁB 26 MAY DE NIRO (ZARAGOZA)

TODOS MIÉ 21:00 IRISH FOLK SESSIONS

ZAWP y hACERIA Ribera de Deusto, 47. Bilbao SÁB 5 MAY 21:00 CONCIERTO FLAMENCO: ROCÍO AGUILA 10€ DOM 6 MAY 19:00 TEATRO EL ESPÍRITU BURLÓN 10€ DOM 6, 13, 20 Y 27 MAY EL BAZAR DE ZAWP 11:00-15:00

G8360 Fernández del Campo, 13. Bilbao. 944 36 13 95

DEL 4 AL 30 MAY EXPOSICIÓN EXPOSICIÓN DE LA ACUARELISTA LETICIA GONZÁLEZ

VIE 11 MAY CONCIERTO: GOSPEL BILBAO SÁB 12 MAY 19:00 DANZA: BASABI-BAKUN 10€ DOM 13 MAY 19:00 TEATRO: ¡MARX LO HIZO! 10€ VIE 18 MAY 21:00 JAZZ: MATHEXIS TRIO 8€

Café La Granja Plaza Circular. Bilbao

DEL 5 AL 26 MAY 10:30 a 21:00 (LUN-SÁB) EXPOSICIÓN La Galería 8360 organiza una exposición de ION FIZ en La Granja. Inauguración el 5 de mayo a las 12:00 con presencia del diseñador

Café La Granja

SÁB 19 MAY 21:00 CONCIERTO: DAVID AMBROSIO TRIO FT. LOREN 8€

Klubba Cosme Echevarrieta, 3. Bilbao. SÁB 5 MAY FOSBURY CLUB FEAT. MANCI (ESPIRAL) & DEU WAS

Plaza Circular. Bilbao

VIE 11 MAY FRANCOIS DEL MUNDO #WAVE + XABI #FUNK & SOUL (BIARRITZ/PARÍS) + IÑAKI ABÁSOLO

SÁB 5 MAY DÍA DEL CÓMIC GRATIS

JUE 17 MAY PIGS IN THE CORNER FEAT. ELEKTRIK REKORDS SHOWCASE; ALEX TC & ELEKTRIK-O

SÁB 19 MAY 100 PELIS PARA VER Y DARLE AL COCO TALLER INFANTIL CON BORJA CRESPO Y JUAN DÍAZ-FAES JUE 24 MAY 19:00 CLUB DE LECTURA DE NOVELA GRÁFICA Mi experiencia lesbiana con la soledad, de Kabi Nagata

SÁB 19 MAY FOSBURY CLUB FEAT. JULSS & DEU WAS VIE 25 MAY GONZALO MRB & DAS LEBEN + ALAIN ELEKTRONISCHE #NUDISCO, HOUSE & ELECTRÓNICA SÁB 26 MAY HIRIAN AFTER PARTY FEAT. WALDORF & STATLER + SPECIAL GUESTS


Cactus #29  

Número 29. Mayo/junio 2018.

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Número 29. Mayo/junio 2018.

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