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Contenido 4- EDITORIAL: Feria del Libro. 5.– ZAGUÁN: ARENILLA: El Cristo de todos los días. 6.– PATIO: Galería. Jan Van Bijlert, en Comitán. 12.– BALCONES: Casa de Citas Placer y dolor de vivir. Autor: Héctor Cortés Mandujano. 22.– CORREDORES: Quebec 2011. 27.– SITIO: ENTREVISTA CON: Noé Espinosa Villatoro. Entrevistadora: Dora Patricia Espinosa Vázquez. 41.– ACTUALIDADES.

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EL LUGAR IDEAL PARA DISFRUTAR LO MEJOR DE LA VIDA CENTRO TURÍSTICO LOS ROBLES CHUCUMALTIC

Kilómetro 3.5 Carretera que conduce al Balneario San Francisco Uninajab. Informes: TELS: 01 963 63 2 28 74 Y 9635963006

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Un día después que finalizó la FIL (Feria Internacional del Libro, de Guadalajara), en Comitán, de manera modesta, se efectuó la PRIMERA FERIA DEL LIBRO, organizada por la Universidad del Grijalva, Campus Comitán. En la FIL acudieron más de mil quinientas editoriales de todo el mundo; acá apenas concurrieron tres expositores. En la FIL, más de seiscientas mil personas visitaron la feria; acá, no más de mil estudiantes de bachillerato, universidad e invitados. Tales estadísticas no permiten una comparación. La FIL ya se posicionó como la segunda feria del libro más importante del mundo (apenas detrás de la Feria de Frankfurt). De las ferias de lengua hispana ya se constituyó en la número uno. Y esto mueve a reflexión porque México es un país del que se dice no lee. Tal vez quienes no leen son los políticos (ya vimos los casos patéticos del candidato del PRI y del precandidato del PAN a la Presidencia de la República). Si 600 mil personas acuden a la convocatoria del libro tal vez las estadísticas nos mienten. Mienten porque basta salir a las calles, caminar las plazas y sentarse en los parques para observar jóvenes que leen. Falta que los adultos acerquen los libros a los niños y jóvenes para que ellos sean tocados por la luz del conocimiento y de la imaginación. Por esto es relevante que la UVG haya dado un primer paso, tímido, si se quiere, pero ya abrió camino.

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A mis lectores pido un favor: vean la foto y díganme qué ven. ¡Sí, yo veo lo mismo! Mariana no vio la foto porque estábamos ahí, en el lugar de la foto. Estábamos, como dicen los clásicos, in situ. Y cuando la mujer se retiró (tal como se ve en la foto), ella dijo: “Mirá, Cristo se bajó de la cruz”. Lo dijo así como suena, con parsimonia, como si ella, también, fuese Cristo y caminara sobre el agua como los demás caminamos por la tierra. ¡Dios mío, Mariana me pone ante la puerta del aire y me asfixio! Titubeé y quise decir algo, pero ella se adelantó: “Ya, ya sé, tontito, ahora vas a decir que Cristo es hombre y no mujer. Lo que pasa es que vos sos como Santo Tomás, a todo le tenés que meter el dedo para sentir el hueco”. La mujer se perdió en el camino de entre árboles. Nos dejó solos en ese espacio donde Mariana, hincada, descubría figuras en el túmulo de piedra que sostiene la cruz. Yo quería ver, entre las hendiduras de las piedras, alguna figura que fuese como una señal, pero sólo veía caminos por donde el viento caminaba ignorando mis pensamientos. Mariana dice que no soporta los crucifijos católicos donde Cristo sigue con los brazos abiertos y la mirada triste. “Están jodidos los católicos, Cristo ya se bajó y anda caminando entre nosotros”. Si entendiéramos lo que ella dice ¡el mundo ya sería otro!


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¿Dónde me dijo tía Licha que me pusiera “el chiqueador”.

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¡Ya, ya, tranquilo! Este tattoo te quedará de lujo.

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¡Ay, señor, ésta no se ha dado cuenta que con tanto zangoloteo ya se le cayó el chichero!

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¡Señor, señor, las fichas están acá abajo!

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¡Yo no brindo por mi madre, bohemios, yo brindo por Luis Ignacio que va a ser el bueno!

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Me llama la atención el nombre de un negocio en Bachajón: Funerales “El Triunfo”. No sé si el dueño tenga sentido del humor o simple ignorancia. Todos moriremos, todos llegaremos a ese triunfo sin ningún mérito especial. Triunfar, se supone, es una distinción que pocos alcanzan, aunque cada cual pueda erigirse triunfador de batallas pírricas, de guerras minúsculas. Tal vez, desde el punto de vista de quien bautizó la funeraria, vivir sea la batalla y morir, el triunfo. En fin. En un velorio de presencia ineludible (el muerto era mi amigo y también lo eran su hija, su yerno, varios de los que estuvimos por allí) me enteré de algo que me ha hecho cambiar de opinión respecto a mi idea de ser incinerado cuando muera. Yo decía que, una vez quemado mi cuerpo, no se conservaran mis cenizas, sino se usaran, por ejemplo, para lavar platos o para bruñir los trastos finos o para sacar el terco sarro de las tazas de baño. En todo caso, no me interesaba estar en una urna eterna sobre el borde de una chimenea o presidiendo, Dios no lo quiera, un santuario en mi recuerdo. Pero me encontré con un especialista en la materia que derrumbó mi idea de convertirme en un montoncito de

polvo gris. De entrada, me dijo, no se queman los huesos, porque son muy duros, ni toda la carne. El cadáver queda un poco en sancocho y hay que extraer los fragmentos pegados a la osamenta y ésta hay que molerla con una maquinaria especial. Es una lata, me informó. Hay que utilizar mucha fuerza y gastar mucho tiempo; por eso, me dijo el canalla, hay algunos que sacan los huesos (sin volverlos polvo) y, con la discreción del caso, los tiran el cualquier basurero. La imagen me llegó de pronto: una de mis tibias en el hocico de un perrito de la calle, un antebrazo limpiado a conciencia por un zopilote, mis huesos repartidos y un poquito de mis cenizas quién sabe dónde. No creas, me asestó, que las cenizas que se entregan son necesariamente del cadáver cremado; queda demasiada de la que hay que deshacerse (se tira a la basura, claro) y a los deudos sólo se les entrega una parte mínima. El adorado polvo muerto, me dijo, tal vez ni siquiera sea del cadáver que se venera. —Eres un cerdo, le dije, has destruido mi idea de zafar del mundo con prontitud. En el entierro común tardaré mucho tiempo en desaparecer. De cualquier manera, es mejor que me en-

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tierren. Ya puesto en el tema, fui informado de que las cajas lujosísimas encapsulan el calor y los cadáveres se van volviendo una masa sanguinolenta, un caldo putrefacto que no sale del féretro. Un cuerpo muerto tarda muchísimos años en volverse nada. Quizá ya haya muerto el bisnieto y el difunto, en su caja de lujo, aún, arrugado y vuelto casi calavera, tiene forma humana, porque la ropa que todavía lo viste tarda siglos en corromperse. Si te quieres integrar a la tierra con cierta rapidez es mejor que tu cajón sea de pino y vayas lo menos bien vestido posible (mejor “casi desnudo, como los hijos de la mar”, como dice Machado). Prendas de algodón, ropa orgánica. Te volverás abono y sí, como dicen los poemas cursis, quizá nazca de lo que fuiste una planta, un árbol, un espinal. Veo la versión cinematográfica que sobre el Hamlet, de Shakespeare, hizo Laurence Olivier (ganó varios Oscar con ello). Que el espíritu del asesinado rey Hamlet se le aparezca a los guardias, pero sólo decida hablar con su hijo, me recuerda el misterio de las comunicaciones que de los dos mundos guardan los milagros: Moisés oye solo

la voz divina, lo mismo que Jesús; a Juan Diego se le aparece la virgen en soledad. En solitario, parecen decir estas historias legendarias, es donde podemos hallar las respuestas. A lo que iba. En la escena donde Hamlet conversa con el enterrador, pregunta cuánto tiempo tarda en corromperse un cadáver y el alegre cavador de tumbas le contesta que entre ocho y nueve años. Sin embargo, le muestra la calavera de Yorick, el bufón, que Hamlet se pone frente a sí, rememorándolo, y le explica que ese hombre tenía 23 años de enterrado. Cuánta eternidad para volvernos nada… *** Anoche soñé que oía a Dios, gritándome: ¡Alerta! Luego era Dios quien dormía, y yo gritaba: “¡Despierta!” Antonio Machado Soñé que soñaba (como dicen los proverbios de Machado). Me vi acostado, con los ojos cerrados, y poco a poco entré en el sueño de mi sueño: estaba sobre la cinta asfáltica de una carretera solitaria y alguien decía mi nombre, con una clara advertencia de peligro.

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La voz venía del monte, de entre los matorrales. Nadie. Volví la vista hacia una de las vías: ¡tres autos de carrera, a toda velocidad, venían sobre mí! El susto hizo que gritara y que, en lugar de intentar la huida al choque inminente, no pudiera moverme. Sentí eso que llaman quedarse atado, inmóvil. Los coches, uno detrás de otro, pasaron a milímetros de mi miedo. La sensación me despertó. Estaba en un cuarto cuyas paredes eran sólo cortinas. Mi mujer ya se había despertado; la intranquilizaron mis movimientos y, quizás, los gemidos de susto que traspasaron la frontera del sueño. Le comenté lo raro que me parecía el modo en que estaba organizada la habitación. —¿Por qué, para qué tantas cortinas? —¿A qué vienen esas preguntas a estas horas? Así ha estado el cuarto por mucho tiempo. ¿Tuviste una pesadilla? —Soñé que casi me arrollaban tres autos deportivos. —Tú y tus sueños extraños. Cierra de nuevo los ojos, vuélvete a dormir, anda. En mi sueño cerraba los ojos y lentamente quedaba dormido; en el otro sueño, el más cercano a la realidad, el

sueño que soñaba un sueño, lentamente me desperté y abrí los ojos. *** Abuelo, padre e hijo viven en la misma casa. El primero es racista, el segundo no tanto y el último está situado en el extremo contrario: tiene amigos negros. Padre e hijo son policías y compañeros de trabajo en El pasado nos condena (Monter´s Ball, dirigida por Marc Foster). No se llevan bien. El hijo (Heath Ledger) es débil y se comporta como quinceañera cuando le toca hacer de duro en una ejecución. Vomita. El padre (Billy Bob Thornton) lo golpea hasta que los separan. En la casa, el hijo está en el cuarto cuando irrumpe el padre y de nuevo intenta golpearlo. Aquel ya no lo permite y, no sólo eso, sino lo encañona y lo arrastra hasta la sala para hacer la escena frente al abuelo. Apunta a su padre, en el piso, y le ordena que se ponga de pie. Cuando ya lo ha hecho, sin dejar de apuntarle le pregunta: —¿Me odias? ¡Respóndeme! El padre medita la respuesta. Decide ser sincero y contesta sin violencia: —Sí, te odio. Siempre te odié. —Yo siempre te quise —dice el

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hijo, y se da un balazo en el corazón. El padre renuncia a la policía y se enamora de una mulata maravillosa (Halle Berry, quien ganó un Oscar por esta interpretación). El abuelo casi hace que la mujer lo abandone y, entonces, el padre lo lleva a una casa hogar. Insiste ante la encargada con la pregunta de si lo van a cuidar bien. —Claro que sí, le contestan, es usted un buen hijo, quiere mucho a su papá. —No, contesta él, nunca lo he querido. Me gustaron estas dos escenas porque yo no creo en el amor familiar impostado y firmado a perpetuidad. Familias, criadero de alacranes: como a los perros dan con la pitanza vidrio molido, nos alimentan con sus odios, dijo Paz en su célebre “Pasado en claro”. Tuve una relación más o menos cortés con mi mamá, a quien le agradezco haberme traído al mundo, pero no sé dónde la enterraron, por ejemplo. Amé a mi padre, pero nunca he visitado su tumba ni le he construido un altar en mi memoria. No tengo casi ninguna relación con mis hermanos de padre y madre, salvo con María, mi hermana

completa (a algunos tiene más de 20 años que no los veo; de los que sólo son de padre o de madre simplemente nada sé), porque me da flojera tratar con gente cuyo único punto de contacto es que compartimos el mismo vientre o pasamos por la misma uretra. Me dan lástima los que aceptan el vasallaje, el abuso, la grosería de alguien sólo porque es su hermano, su tío, su dizque amigo o su papá. Las mesas largas de familia que en el fondo se detesta me provocan náuseas. Lo mismo me ocurre con “los amigos de toda la vida” que dicen cosas horribles el uno del otro con quien sea. Y de eso tengo mil ejemplos. Sólo acepto cerca de mí a quien quiero, sin importarme si tengo o no con él o ella una relación sanguínea. No busco ni a tíos (me asombra a veces saber que alguno ha muerto) ni a primos, nomás porque lo sean. Quiero mucho, en cambio, a algunos amigos cercanos (y no siempre los veo con frecuencia) que han decidido, también, estar cerca de mí y a los que he decidido conservar (Ricardo Garibay decía que no hay ninguna necesidad de tener amigos a largo plazo, y yo estoy de acuerdo, practico esa idea). Tampoco son muchos, porque no me gustan las multitudes ni es fácil

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hablar sin tapujos con cualquiera. No intento ser, es obvio, condescendiente ni conmigo. Decir que no quiero o que quiero a alguien, en mi caso, es un asunto de sinceridad y eso sólo puede hacerse con un reducido número de gente. En sus Memorias (Ediciones El Milagro -Conaculta, 2004), Ludwik Margules habla de cómo llegó a México desde su Polonia natal y de cómo aquí, a partir de aprender el español y de dedicarse al estudio y la lectura (sin dejar los trabajos de supervivencia), se convirtió en el indiscutible maestro de escena que fue. A Rodolfo Obregón cuenta su vida y éste escribe en el prólogo, a propósito de estos asuntos de iconoclasta funeraria, que (p. 10) “la muerte de su esposa Lydia […] coincidió con el proceso de montaje de Antígona de Nueva York, en 1998. “Esa tarde habíamos invitado a los alumnos del Foro de Teatro Contemporáneo y a unas cuantas personas cercanas a presenciar el ensayo en el Teatro Julio Prieto. Por la mañana, cuando me enteré que Lydia había fallecido, me dirigí a su casa y ahí estuvimos algunos de sus amigos acompañando a Ludwik y sus hijas. Cerca de me-

diodía me preguntó: “¿Me llevas al ensayo?” ’ Algo similar hice cuando murieron, con años de distancia, mi padre y mi madre.

Contactos: hectorcortesm@hotmail.com

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http://issuu.com/revista10/docs/yo_tambi_n_me_llamo_vincent_-_novela__breve.

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Ana se acercó a la fotografía la tarde que vio a su padre con una kodak, muy sencilla. Desde ese día fue la encargada de tomar las fotos en los paseos familiares. Otra tarde descubrió que no sólo el paisaje era motivo artístico sino también la gente; se dedicó a hacer retratos de sus padres. Algo de esas miradas la sedujo, como si descubriera que su vocación estaba definida desde entonces. Por ello, cuando tuvo que elegir vocación no lo pensó dos veces: decidió estudiar Ciencias de la Comunicación. Ahora cree, fervientemente, que esa es una carrera que abarca muchas disciplinas. Piensa que lo ideal serían carreras profesionales especializadas. ¿Existe en el mundo la profesión de Licenciado en Fotografía? Por fortuna, el destino la puso frente al Maestro en fotografía Olaf Ruiz y él la guió por el camino de la luz. En el estudio, en medio de lámparas, de ampliadoras y de fijadores, Ana descubrió el secreto de volver eterno el instante. Ha realizado algunas exposiciones individuales y participado en Colectivas; ha trabajado como reportera cultural y documentando campañas políticas. Como integrante de la CASA DEL ARTE, en Comitán, captó cientos de imágenes de los actos que ahí se realizaron. El pasado 13 de octubre participó en la Exposición Colectiva Quebec 2011, en Canadá. Participó con la serie Los Rostros Tojolabales de Chiapas. Ana tiene un bazar en la ciudad de Comitán, lugar donde entrena el ojo y da alpiste al canario de su creación. Desprecia el photoshop porque trata de que sus fotografías tengan la misma pureza de aquellas fotos que conseguía con la kodak sencilla de su papá.

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Plaza Las Flores - Local 34 Servicio a domicilio: Tel.: 108-90-44


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Don Noé Espinosa Villatoro es un hombre robusto de 76 años, curioso e inteligente, ama profundamente a la tierra que lo vio nacer; lugar pequeño y hermoso: ¡Cajcam! Recuerdos, anécdotas, sufrimientos, alegrías, tristezas; el paso del tiempo se le nota en la mirada. Doña Maty, su esposa, con agilidad precisa coloca las tortillas de maíz en el comal, mientras decenas de pichones se oyen revolotear por encima de la casa, regresan a sus nidos, la noche está por caer. Sentado en una vieja silla, Don Noé cierra los ojos y de sus labios brotan las palabras mágicas para retroceder el tiempo y volver a la infancia, a la juventud: tol, agutzú, chucubacal, tultush, jachub… Con la amabilidad y el buen sentido del humor que lo caracterizan responde las siguientes preguntas: ¿A qué se dedicaban los jóvenes en 1950? Nosotros vivíamos sin escuela. Yo nada mas estudié el segundo grado de primaria. Nos ocupábamos al trabajo, a la agricultura, cargando leña, cuidando borregos, chivos, toros. En esos tiempos, ni siquiera se veían por acá las carretas. ¿Cómo eran las primeras carretas de Cajcam? Se llamaban carretas de madera porque las hacían de trozos de ocote, después ya eran las carretas de fierro, carretas de llanta les decimos. ¿Cuál era la actividad principal para sostener a la familia? Cuando yo era niño no se vendía maíz como ahora, aguantábamos mucha hambre, los papás iban a traer maíz en Margaritas y en cuanto regresaban lo desgranábamos y lo molíamos para el pozol y las tortillas. El pichulej para hacer sombrero era lo que mero trabajaba la gente. Nosotros íbamos a traer la palma en Tierra Caliente, por donde está el Velo de Novia, palma real, nos llevaba un día para llegar y un día para regresar. Teníamos que traerlo cargado con mecapal. Las mujeres hacían el pichulej, siete brazadas. Los de Comitán, cuando había muchas salidas de sombrero, venían a alcanzar a medio camino; les decían atajadores. Y las mujeres con más ganas a trabajar y con puro candilito, todavía no había luz. Lo vendíamos a veinticinco centavos y con diez pesos íbamos a Comitán y traíamos de todo, carne, pan, chicharrón. También llevábamos a vender a Comitán zacate ver-

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de, donde está la terminal de La Independencia antes era un hospedaje de Doña Elvira Carboney y daba posada para carretas, caballos y yuntas; y los dueños después iban a comprar el zacate con nosotros. ¿Cómo se transportaban a los lugares aledaños? Nosotros no usábamos zapatos. Siempre teníamos que viajar a pie; era muy difícil, se sufría mucho; pero era muy bonito ir a Comitán. ¿En qué momento o en qué circunstancias decidían ir a Comitán? Íbamos a Comitán para comprar algunas cosas, o alguna medicina, principalmente íbamos para vacunar a los niños, los llevábamos montados en un burrito, teníamos que ir hasta allá porque solo ahí podíamos vacunarlos. Nos íbamos a pie desde las siete de la mañana y regresábamos a las cinco o seis de la tarde. El viaje lo hacíamos cada quince días o si había mucha necesidad cada ocho días. También íbamos a Comitán cada veinte de febrero, cada cuatro de agosto, o cuando era día de San Sebastián, esos eran días especiales para ir a la feria, para ir a divertir a los niños. ¿Las ferias han cambiado? Si, en algunas cosas. Por ejemplo, el carrusel era sin motor, se empujaba como un trapiche y así que se encarrilaba nos subíamos; no tenia motor. Lo que ahorita ya no es igual son las muñecas, porque en esos tiempos hacían las muñecas de trapo, las piernitas de doblador, su sombrerito era un pedazo de tela, no había plástico, pintados los cachetitos de orchilla, se miraba bonito. ¿Cuándo llega la luz eléctrica a Cajcam y de qué forma transformó la vida? Vivimos mucho tiempo sin luz. Las mujeres molían el maíz en molinito de mano. Cuando queríamos tomar atol, o teníamos alguna fiesta, ellas, caminaban más de dos kilómetros para ir a La Independencia o aSan José; solo ahí había molino. Aquí nos alumbrábamos con candilitos de petróleo. La luz eléctrica llegó en 1978, la comunidad dio la mano de obra, y lo demás lo puso el gobierno; después ya pu-

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sieron aquí un molinito de nixtamal de motor, y todo cambió, se mejoró. Hablemos de los yaguales. El yagual es un traste, porque antes no había vitrinas, trasteros o refrigeradores aquí, para que las señoras guardaran sus cositas. Hacían un aro con palo de membrillo y lo tejían con ixtle, como una red y le ponían tres lacitos en la rueda y lo colgaban con otro lazo en la viga de la casa y ahí echaban sus cosas, carne, chorizo, queso, para que no lo comiera el gato, el perro, o las ratas. ¿Cómo se vivió la llegada del radio y la televisión a Cajcam? Era una gran emoción. Oíamos decir a los viejitos desde más antes, que llegaría el momento en que los hombres hablarían y estarían muy lejos y no los íbamos a ver, era la radio. Fui uno de los primeros en tener uno, con muy buenas estaciones de Tuxtla, Tapachula, México; aquí venían los familiares a escuchar los programas, era una gran admiración. Después dijeron que veríamos a las personas por medio de una pantalla; y no lo creíamos, de repente llegó la televisión en Tuxtla, después llegó a Comitán y con la instalación de la luz, pues ya llegó en todas las comunidades. Además de dedicarse a la agricultura; platíquenos de los viajes a las fincas a las que iban a trabajar. Nos íbamos a trabajar a las fincas cafeteras unos dos o tres meses. Hacíamos nuestra milpa aquí, tapiscábamos en diciembre y después nos íbamos a pie aquí por la sierra, a cortar café. nos íbamos como cuatro o cinco días caminando, llevábamos una bolsa de ciento cincuenta tostadas para comer esos días de camino; también llevábamos panela; en ese tiempo no había azúcar; café, tomate y chile para hacer la salsita y llevábamos nuestro pozol que le llamaban virringue. El virringue se hace como el pozol, sólo que el maíz molido se pone a asolear, después lo remuelen en piedra entonces ya quedaba un polvito y ese lo llevábamos en una bolsita; para tomarlo se le ponía un poco en una tacita y luego agua caliente, era un pozol bien sabroso. Puede estar varios años y no se echa a perder.

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¿Cómo era la forma de conquistar a la novia? Como no había agua potable, tomábamos agua del cielo, de los jagüeyes. Las muchachas tenían que salir por el agua. Hacían dos viajes en el día, si no había agua en los jagüeyes teníamos que ir a traer agua con cántaros en el rio de San José. Ahí llegaban los muchachos a conquistar a las muchachas, las chamaqueaban mientras iban por el agua, de ahí, si llegaban a un acuerdo, ya pedían permiso con los papás y ya llegaban a visitar cada domingo. La mamá tenía que estar escuchando lo que platicaban. El muchacho no podía estar abrazando a la muchacha. ¿Y la pedida de mano? Cuando llegaban a un acuerdo, la familia del muchacho hablaba con los papás, llevaban una caja o canasto con pan, azúcar, chocolate; y se pasaba de mano en mano con cada integrante de la familia de la muchacha (abuelos, primos, tíos), de esta forma todos sentían el peso de la caja e imaginaban lo que había adentro. Era como un ritual y desde esa noche la muchacha reconocía a sus suegros como papás. Después de casarse seguía el agradecimiento, se le llama chacabal, es lo último, los padres de la muchacha tenían que prepararse con una cena, tamales, chocolate o alguna comida. Si la muchacha se fugaba, en lugar de pedir la mano iban a pedir perdón; tenía que ir una comisión de la familia del muchacho a pedir una disculpa; los padres que eran comprensivos les daban entrada y hasta tamaliza hacían; otros por el coraje no los dejaban entrar y no recibían nada, solo buscaban la oportunidad para chicotear a la hija. ¿Cuáles son las leyendas más conocidas en Cajcam? Se dice que por las noches andan los malos espíritus. Tenemos el caso del Calpul, se dice que es gente que sale a andar a la media noche. Ahora ya no se oye mucho, pero antes se decía que llegaban a sacar a las personas de sus casas, les abrían la barriga, sacaban los intestinos para cocerlos en un perol y comérselos. Los calpules, se reúnen para sus rituales, cada uno tiene su territorio, se respetan entre ellos. También se habla de La llorona que ronda por la carretera que viene de Kompatá; dentro del monte se oye el llanto y risadas. Son pocos los que la ven y regresan pa-

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Profr. Jorge Gordillo Mandujano (amigo y contemporáneo de don Noé) y Dora Patricia Espinosa Vázquez (entrevistadora y nieta de don Noé). Foto tomada en el pozirón.

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ra contarlo; se dice que un muchacho se iba a robar a la novia y la fue a esperar, salió la mujer pero no era la novia, ¡era la llorona! y decía - ¡vamos ya, vamos ya! porque se va a despertar mi familia- el muchacho la siguió y llegaron a un lugar que no conocía; al otro día cuando él se despertó no sabía dónde estaba y vio que tenía abrazado un esqueleto de caballo. Como pudo regresó, pero todo zonzo, lo atarantó la llorona. ¿Y el Cajchoj? El Cajchoj es un espíritu que vuela por los cerros, tiene una luz en la frente, yo nunca he visto nada. Está también el Cadejo, y los que lo han visto dicen que es un animal parecido al perro, pero mucho más grande, de color blanco, con los ojos rojos; después de que pasa, en las calles queda un olor muy fuerte a azufre. Don Noé es un hombre fuerte y trabajador; de carácter enérgico y reservado. A pesar de los achaques que ha sufrido en su vida, nunca se ha dejado vencer. No son pocos los años que ha vivido, y es por eso que su experiencia y sabiduría se convierten en faro para los habitantes de Cajcam. La abuela se aventura en el viaje: tutím, choistat, chogol, yashnal, yagual… sus miradas se cruzan y comienzan a reír. Es una maravillosa combinación entre nostalgia, alegría, pero sobre todo, agradecimiento a Dios.

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Estamos llenos de cultura.

¿Cuándo venís a Comitán a llenarte de luz?

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Honorable Ayuntamiento de Comitán y Universidad Mariano N. Ruiz ¿Te gusta escribir? El Centro Comiteco de Creación Literaria es ¡para vos! Ser parte del Centro no tiene algún costo económico. Lo auspicia el Honorable Ayuntamiento de Comitán 2011-2012. Sesionamos los miércoles, a las 5 de la tarde, en la sede del Centro, frente al Santuario del Niñito Fundador.


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Programa del martes 6 de diciembre de 2011. ¿Cómo en un país que se dice no lee, asisten más de 600 mil personas a la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara? Crónicas de Adobe, como feliz pretexto, dedicará un programa al mes para hablar de libros, escritores y lectores. El primer programa fue dedicado, precisamente, a la FIL y a la Primera Feria del Libro que organizó la UVG, campus Comitán. Crónicas de Adobe también se escucha por Internet. www.imer.gob.mx Tema del programa del martes 13 de diciembre: “El Archivo de Comitán y la importancia de su existencia” Los martes, de 3 a 4 de la tarde, hora del centro de México.

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Recital de fin de curso 2011. Alumnos del Taller de piano “Casa de la Cultura Rosario Castellanos”. Maestro: Caralampio Alfaro Reyes. Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. Fecha: 9 de diciembre de 2011. Hora: 6 de la tarde.

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Exposición de pintura. Autor: Julio César Aguilar Argüello. Corredores de la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. Inauguración: 9 de diciembre de 2011. Estará abierta todo el mes de diciembre.

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Atenta invitación para interesados en el proceso de creación literaria. Un logro de Comitán para Comitán, con el auspicio del Honorable Ayuntamiento de Comitán 2011-2012.

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REVISTA DIEZ, NÚMERO 104