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Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, Sin el previo permiso escrito del editor. Todos los derechos reservados.

Título original: Resident Evil: Apocalipsis Traducción: Marc Montesinos Tarrés (Arkanus) Raúl Enrique Oñate Veas (Lt-Raúl) Cristian Melis (josue007) Ignacio (feelipeeh) Carlos Javier Rodríguez López (karleon) Rogelio Pimentel Ramírez (Albert Valentine) Anabella Camille Rizzo (Anny Wesker) Ricardo Enrique Martínez Martínez (leon_x_claire)

Primera edición en esta presentación: febrero de 2011

© Davis Films / Impact (Canadá) Inc. / Constantin Film (UK) Limited, 2004

© Resident Evil Center, 2001-2011 www.residentevilcenter.net


Para Marcos, por razones que estoy dispuesto a admitir en público‌


Resident Evil: Apocalypse Keith R. A. DeCandido

“Hay algo ahí fuera.” Alice habló con una seguridad y firmeza que preocupó a Jill. “No tenemos tiempo para esta mierda.” Peyton pasó junto a Alice y accedió por el callejón. “No,” Alice comenzó, pero Peyton no la escuchó. Así como Jill estaba a punto de acompañarlo, el sonido de docenas de tiros abriendo fuego a la vez, golpearon en los oídos de Jill. Así como el sonido de los tiros golpeaba en el cuerpo de Peyton. La sangre salpicó y las balas atravesaron su cuerpo, fue cuando voló hacia atrás. Estaba muerto antes de que golpeara el suelo, quedando alejado a unos dos metros de donde estaba parado. “¡Peyton! ¡No!” Jill miró cómo una figura salió de las sombras. “Figura” no era la palabra adecuada. Esa persona medía por lo menos dos metros de altura, con enormes músculos, tubos corriendo por dentro y por fuera de su cuerpo, llevaba 9


cargando una gran arma del tamaño de Texas, y usaba un lanzacohetes cruzado en su espalda. “Nemesis.”

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Uno El comandante Timothy Cain no tomaba ninguna mierda. Él había nacido con un nombre diferente en Berlín, atrás cuando la ciudad fue separada por un largo muro. Era el tercero de cuatro hijos, y el chico más joven, tenía la mala fortuna de estar en el lado equivocado de la ciudad. Al poco tiempo de que su madre muriera, cuando tenia dieciséis años, su padre había encontrado la forma de que pudieran emigrar a los Estados Unidos. Al llegar, su padre le tenía preparado un nuevo nombre, Cain — una anglizacion de su nombre en alemán — Así como hizo con Timothy, les dio nuevos nombres a sus otros hijos. Ahora ellos eran Michael, Anthony, Timothy y Mary, su padre les dijo que esos sonaban como nombres americanos. Si ellos usaban sus nombres alemanes, les golpearía hasta que le diera la gana. Como no eran tontos, los niños aprendieron rápidamente sus nombres pensando en como iban a ser sus identidades. Dando las gracias por su nuevo hogar, Timothy se enlistó en la armada en su cumpleaños número dieciocho. Al poco tiempo fue enviado a pelear en la Guerra del Golfo. El padre estaba muy feliz de que su hijo tomara ese camino. Michael, que era tres años mayor que Timothy, fue a Chicago y se convirtió en oficial de Policía. Anthony se movió a San Francisco perdiendo contacto con el resto de la familia. Y por último Mary, aunque las mujeres podían servir, no tenia interés en hacerlo, prefiriendo una carrera en negocio. Timothy Cain estaba vivo en el desierto. Siempre había tenido éxito en lo académico, era un estudiante brillante, 11


pero nunca había tenido mucho entusiasmo por eso. Los dos años de escuela tras emigran fueron difíciles, Timothy hablaba con un marcado acento alemán, lo que lo hizo blanco de burlas, haciendole muy difícil el tener un tipo de disfrute en su experiencia de aprendizaje. Combatir, pensó, disfrutaba de eso, especialmente cuando el combate era en contra de los enemigos de Estados Unidos. Y en el desierto a nadie le importaba su acento, a excepción de unos pocos idiotas, que se callaban una vez que veían a Timothy Cain en acción. No le tomó mucho tiempo destacar, estaba al frente de los soldados solo habiendo entrado unas semanas atrás, y estos lo seguían a donde fuera. Tenía un carisma natural, y una actitud para las tácticas, y en especial una buena habilidad para matar soldados de Saddam. Como era lo usual en el ejército siempre había tiempo para los motes, y él no iba a ser menos, rápidamente se dio a conocer como Cain “El fuerte”, porque no importaba que tan mala fuera la misión, no importaba cuan ridículo fuera el plan, no importaba lo que necesitaras para acabar, si disponías en tus filas del Sargento Timothy Cain, las cosas siempre iban bien. Cain aprendió muchas cosas en el desierto, pero lo más importante que aprendió era lo contrario a lo que su padre le había enseñado, la vida no es ni apreciada ni sagrada. La vida era, de hecho, barata. Si la vida fuera tan gloriosa, magnifica, una cosa maravillosa, no seria algo tan fácil quitarla del camino.

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Si la vida fuera un gran regalo, entonces no hubiera sido capaz de matar a tantos humanos con una mano, como lo hizo en el Golfo Pérsico. Cuando su viaje terminó, fue a la escuela oficial para tener su comisión. Después de muchos años como oficial, Cain descubrió otra importante verdad: No había más en la vida de los militares. Esa verdad no venía del arado del desierto o del enemigo. Algo de lo que él sabia con franqueza. No, esta verdad venia de los caballeros con traje que trabajaban para la Corporación Umbrella, estos lo reclutaron para estar en la división de seguridad. Cain “El fuerte” había servido a este país; en cierto sentido lo seguía haciendo. Para Umbrella había muchos contratos en el gobierno y proveía servicios para América donde fuera. La principal diferencia fue que ahora seria recompensado con un obsceno montón de dinero. Habiendo alcanzado el rango de líder, Cain dice sí a la proposición de Umbrella, aunque insistió que todavía se hacia referencia a su rango. Fue capaz de comprar una casa para su padre en Florida. Cuando a Michael le dispararon en la línea de guardia, tiempo después de eso lentamente se volvió loco en el escritorio de su trabajo. Timothy le hizo jefe de las oficinas de Umbrella en Chicago. Localizó a Anthony en una casa de crack en Berkeley y le ayudó, pagando por su desintoxicación. (Un poco después saltó del Golden Gate Bridge, pero difícilmente fue culpa de Timothy Cain.)

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Cuando Mary se enteró de que su esposo la engañaba, Cain pagó por el abogado para el divorcio. Una vez que el divorcio terminara y de que Mary le quitara todo lo que tenía el bastardo, Cain localizó al ex esposo — viviendo en un pequeño estudio apartamento de mierda en South Bend, Indiana —Y este le disparó en la cabeza. La vida era, después de todo, fácil de tomar. Pero era tan satisfactorio destruir a alguien primero. Ahora Cain estaba fuera de la mansión. Situada en el vecindario de Foxwood Heights, dos millas fuera de los límites de Raccoon City, la mansión lucia como si fuera de esas películas británicas presumidas que él odiaba tanto, en lugar de una estructura actual fuera de una pequeña ciudad americana. Esta también fue comprada por Umbrella Corporation, usándola como punto primario de entrada a la Colmena. Quinientos hombres y mujeres empleados de Umbrella vivían y trabajaban en la Colmena, un enorme complejo subterráneo donde se hacia el trabajo más delicado de la corporación. La existencia de la Colmena no era un secreto — era imposible secuestrar a quinientos empleados, muchos de ellos escalones superiores en sus respectivos campos, sin que alguien avisara que estaban perdidos— aunque no se haya publicado ampliamente tampoco. Umbrella mantenía sus cuarteles públicos en el centro de la ciudad, donde todo el mundo podía ver: la cara publica de la compañía que provee la mejor tecnología en computación y productos de cuidado y servicios en el país. 14


Desafortunadamente, algo salió horriblemente mal en la Colmena. El edificio tenía un sofisticado sistema de inteligencia artificial —llamado Reina Roja —que en silencio, activó las alarmas de seguridad, por lo que ahora la Colmena estaba sellada. Cain envió a un grupo por ser el mejor en operativos de seguridad, a un veterano de las Fuerzas Especiales quien fue recomendado por el nombre One, para averiguar que diablos había pasado. De hecho, parecía que había fallado su plan de contingencia—sellar la Colmena—era la medida. Eso solo en el caso de que el equipo fuera incapacitado o asesinado. Cain reunió a un grupo de médicos y personal de seguridad fuera de la mansión como refuerzo para One. Basándose en el protocolo que la Reina Roja había usado, aparentemente, la crisis era bioquímica por lo que la Reina Roja sintió la necesidad de activar la cuarentena. Entonces todo el equito se vistió con trajes especiales llevando equipos de diagnostico, había un pasillo en forma de tubo en la entrada para esterilizarlos junto con un helicóptero que los esperaría en la entrada de la mansión para llevarlos de vuelta a los cuarteles de Umbrella en Raccoon City. Observando la unión de las cámaras de seguridad situadas a través de la mansión en su PDA, Cain y su equipo esperaron a ver si salía alguien de la Colmena. Solo dos personas lo hicieron. La primera era el líder de seguridad de la Colmena, Alice Abernathy, una persona de la confianza de Cain. El otro era un hombre pero Cain no lo reconocía. No había señales de vida de One y de su equipo de seis personas. 15


Eran malas noticias. No solo porque One era uno de los mejores hombres de Cain, sino por el equipo que se llevó, la élite de Umbrella. Bart Kaplan, Rain Melendez, J.D.Hawkins, Vance Drew, y Alfonso Warner eran lo mejor de lo mejor, y Olga Danilova que era un talento en el campo de la medicina. Si ellos estuvieran muertos… Aun así, Cain no sentía temor, porque no lo sentía desde que se enlistó en el ejército. Como adolecente, claro, sintió temor todo el tiempo — con los pelos de punta, y luchando con el lenguaje, tenia dificultades con las chicas — pero una vez que se llegó al desierto, nunca sintiría miedo por nada más. Porque sabía el secreto. La vida era barata. Así Cain miraba en la pantalla de su PDA, Abernathy y el hombre llegaron hasta el vestíbulo dentro de la mansión al frente de la puerta principal.

El hombre tenía tres rasguños en su hombro y lucían como si fueran causados por garras gigantes. Cain instantáneamente sabía lo que había ocurrido. Alguien — probablemente la jodida computadora — había soltado a un maldito Licker. Esto se había convertido en una putada de proporciones épicas.

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Abernathy estaba tirada en el piso. Ella cargaba una maleta de metal, que había arrojado. Cain se preguntaba qué habría en su interior. Abernathy estaba llorando. ¿Llorando? ¿Qué diablos había pasado allá abajo para hacer que una profesional como Abernathy estuviera llorando? La cámara tenia sistema de audio, y Cain la encendió. La voz de Abernathy sonaba tímida en el parlante de su PDA. “Fracasé. A todos ellos. Les fallé.” Cain se agarró la cabeza. Parecía que todos habían muerto. Una de las personas de seguridad le preguntó, “¿debemos transladarlos, señor?” Espera un momento, dijo Cain, “todavía no.” “Escucha,” el hombre desconocido decía, “No hay nada que puedas hacer por ellos. La corporación tiene la culpa, no tú.” Él indico la maleta que Abernathy había arrojado. “Y tenemos finalmente las pruebas”. Eso quiere decir que Umbrella no se saldrá con la suya — Se cortó a si mismo, viéndose con mucho dolor. Cain sonrió. Este individuo era algún tipo de infiltrado. Cómo diablos logró infiltrarse en la Colmena, era una cosa de la que Cain se preocuparía después. Como lucían las cosas, este imbécil estaba apunto de encontrar qué significaban esas. 17


El idiota sigue hablando “— sal de aquí con eso. No podemos—” De nuevo, se cortó a si mismo. “¿Qué es eso?” pregunto Abernathy. El hombre gritaba, sintiéndolo hasta su espalda. “Estás infectado. Vas a estar bien — No voy a perderte.” Cain había visto suficiente. “Vámonos.” Dos miembros de seguridad abrieron la puerta y entraron. Abernathy cerró sus ojos por la luz brillante y segadora que llegaba al vestíbulo. “¿Qué esta pasando? ¿Qué estáis haciendo?” Un guardia fue a por ella, mientras que otro, seguido por unos médicos, se arrodillaron frente al hombre, que convulsionaba en el suelo. “¡Alto!” gritó ella. Cain respiró viendo cómo ella peleaba con el guardia dándole unos golpes bien puestos. Obviamente algo había pasado allá abajo que la había hecho un profundo cambio en su personalidad — Pero eso no hizo que ella perdiera efectos en su habilidad de pelea. Ella seguía siendo la mejor. “¡Matt!” 18


Entonces ese era el nombre del tipo. Cain miró a Matt, vio cómo le crecían tentáculos a través de los rasguños de su hombro. Definitivamente el Licker. Y esta podía ser la oportunidad de encontrar lo que estaban buscando. “Está mutando. Lo quiero en el Programa Nemesis,” dijo Cain. Tal vez podamos salvar alguna cosa de esta escoria. Les tomó el doble de tiempo del que debió haberles tomado, pero los guardias, con un poco de ayuda de una buena jeringa de sedantes, finalmente lograron poner a Abernathy en el suelo. Ella seguía gritando el nombre de Matt. De nuevo, Cain se preguntó qué cojones había ocurrido allá abajo. Agarró la maleta que Abernathy había arrojado. Esta tenía espacio para cuatro muestras del Virus-T y del antivirus, pero la mayoría de muestras se habían perdido. Eso no predecía nada bueno después de todo. “La quiero en cuarentena. Manténganla en observación y tomen muestras de sangre. Vamos a ver si está infectada. Cógenla y llévenla al edificio de Raccoon City, luego reúnan a un equipo. Reabriremos la Colmena. Quiero saber qué ocurrió allí abajo.”

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Uno de los médicos, un pequeño imbécil cuyo nombre Cain no tuvo suficiente tiempo para aprenderlo, dijo, “Señor, no sabemos qué tipo de—” Cain no tenía tiempo para esto. Necesitaba información, la única forma de obtenerla era ir hasta la Colmena. “Solo háganlo”. Abernathy y esta persona Matt fueron transladados hasta el helicóptero, el cabecilla de los miembros de seguridad, un ex marine llamado Ward, recogió a su gente. “Listo cuando usted lo esté, señor,” dijo Ward, sonando singularmente sin entusiasmo. “¿Algo te molesta soldado?” “No se supone que debería estar aquí hoy.” La cara de Ward estaba escondida detrás de el espejo de plata del casco de su traje Hazmat, pero Cain podía oír la risa forzada en su voz. “Vaya mierda. One está allí abajo en alguna parte, y le toca a usted saber qué pasó con él.” “Con el debido respeto, señor — Si One sigue abajo, tiene las posibilidades de una bola de nieve en el infierno. Tenemos que movernos, señor”, se adelantó rápidamente. Solo las tres últimas palabras lo salvaron de una reprimenda. Ward podía ser una verdadera molestia, pero hacia su trabajo. Todos y cada uno de los días Cain tenía que aguantar cada una de sus costumbres.

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Armados con MP5K y todos luciendo sus trajes blancos Hazmat, el equipo de siete personas se movía a través de las altas habitaciones de la mansión. Uno de ellos— probablemente Schlesinger, ese pequeño punk siempre iba lento — manteniendo un paso y medio de distancia de los otros seis. Cain los llevó hasta la parte trasera. Ward señaló a una de sus personas— Osborne, la cabecilla en tecnología del equipo, reconocible por su bolsa estéril llena de trucos junto al cinturón de su traje— una vez llegaron a un espejo gigante que se encontraba en la sala de estar. La chica abrió un panel con dos interruptores de mando, revelando un zócalo. Buscando en su bolsa, encontró un enchufe y lo insertó. El espejo se deslizó abriendo y revelando una escalera. Osborne sacó una microcomputadora y comenzó a escribir en el teclado con guantes en sus manos. “Señor, sigo sin tener acceso a la Reina Roja. Debería cablear en este momento.” “Inténtalo de nuevo.” Osborne escribió más claves.”Nada, señor.” Ella miraba hacia arriba, por su espejo visor mirando el visor blanco de Ward. “La única forma de que esto esté pasando es que la computadora se halla freído totalmente.” “Se supone que el equipo de One desconectaría la computadora y removería la memoria.” “Ellos tenían que hacer eso — si lo hubieran hecho, podría ser capaz de reiniciarla al menos de un limitado modo. Pero no hay nada para encenderla. La Reina Roja está muerta.” 21


Cain apretaba sus dientes. Definitivamente una gran putada. Le lanzó un gesto con la cabeza a Ward, y éste señaló a su equipo las escaleras hasta la parte inferior, donde el camino estaba bloqueado por una puerta gigante. Cain sabía que este era el plan de contención en acción. Y estaba a punto de ponerlo en marcha. “Ábranlo” Ward se movió, luego le mandó un guiño a Osborne, quien insertó más claves a su microcomputadora. Un segundo después, la puerta se abrió. Ward y Schlesinger preparados accedieron, sus MP5K estaban listas. El resto del equipo los siguió, con Osborne y Cain al final de la fila. Dos segundos después, Cain escucha unos gritos. Tras esos gritos se podían escuchar pasos. No se había dado cuenta que eran pasos al principio, eran tan rítmicos que asumió que eran el ruido de las operaciones de la Colmena al fondo. Pero no, estos pies se movían lentos y meticulosamente. Osborne sacó de su bolsa una linterna y apuntó hacia donde venían los sonidos de un arma de fuego, justo delante de Cain. 22


Ward estaba disparando a un puñado de gente. Al lado de él, Schlesinger tirado en el suelo, su casco desapareció, y un enorme trozo de carne se desgarró de su garganta. Como siempre, Schlesinger fue extremadamente lento. Ward seguía disparando, pero incluso cuando los cuerpos caían, seguían viniendo más. Parecía que había un suministro eterno de zombies. “¿Qué carajo son esas cosas?” Osborne preguntó. Cain no dijo nada, pero él simplemente los miró. Todos ellos estaban usando trajes oscuros o batas blancas de laboratorio. Dicha ropa estaba sucia y tenían mucus incrustado, pero la ropa seguía siendo reconocible como conformaban los estrictos códigos de vestimenta de los empleados de Umbrella. Eso no respondía a la pregunta que Osborne había hecho, pensó. No, esas no eran sus caras. Como mucho, ellos eran blancos y sin expresión. Lo peor, es que habían perdido partes de sus cuerpos. Una persona tenía el cuello en un ángulo imposible. Otro tenía la garganta casi completamente perdida, solo un hueso expuesto de la columna mantenía la cabeza pegada al cuerpo. Otro tenía ambos ojos perdidos. Otro estaba sin una mejilla. 23


Muchos de ellos tenían heridas en sus cuerpos— algunos marcas de dientes, agujeros de balas otros. Los cuatrocientos noventa y dos empleados que trabajaban y vivían en la Colmena estaban todos muertos. Habían muerto por el Virus-T, esa era la razón por la que no paraban de vagar por los alrededores de la Colmena. Habían sido exactamente las predicciones que muchos de los científicos de Umbrella habían hecho de lo que tal vez pudiera pasar en la Colmena. Especialmente después de todos esos experimentos en los bosques de las montañas Arklay. Umbrella había logrado echar tierra a esa pesadilla en particular, y movió los proyectos aquí abajo en la Colmena, para que pudiera contener un accidente en caso de desastre. Al menos en teoría. Incluso cuando Ward y Clark llegaron abajo, abrumados por la marea de empleados muertos de Umbrella, Cain se preguntaba cómo podía haber pasado esto. Más bien, cómo algún imbécil ambicioso había decidido robar el Virus-T y el antivirus. ¿Abernathy y su amigo Matt, tal vez? Imposible estar seguro. Los disparos continuaron, sin embargo los que habían disparado al comienzo de la pelea se volvían a levantar. Uno de ellos se abalanzó hasta Shannon y le dio un mordisco en su brazo derecho atravesando su traje. Heddle, entró en pánico, y les disparó a ambos, a Shannon y aquel que lo atacaba, ambos cayeron. El que atacaba a Shannon se echó para atrás y se abalanzó contra Heddle, como también una mujer de cabello castaño con una bata de laboratorio.

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Osborne sacó de su bolsa una Beretta y corrió hacia la multitud, disparando. Una perdida de tiempo. Por su parte, Cain se dio la vuelta y caminó por la escalera. El equipo de Ward mantendría ocupadas a las criaturas lo suficiente para que Cain lograra evacuar. Nunca le pareció que Abernathy fuera oportunista, pero tal vez alguien le hizo una oferta a la que no podía negarse. Dios sabía que había bastante gente fuera que quería poner las manos encima del Virus-T. Cain escuchó los gritos del equipo, todos ellos murieron uno a uno. Parella, Kassin, y finalmente Osborne, todos ellos cayeron. Habían servido para un propósito. Cain ahora sabía lo que había ocurrido en la Colmena. Eso era todo lo que importaba. La vida, después de todo, era barata.

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Dos El aire acondicionado sigue sin funcionar. Randall Coleman, era el nuevo director de Raccoon 7 news, pensó que no era demasiado pedir que funcionara el aire acondicionado. Cierto, este se había estropeado, pero todo el equipamiento que había en la habitación de control necesitaba estar frio. Pero cuando el AC se estropeó la semana pasada, no logró hacerlo una prioridad, dada la época del año. Entonces llegó la ola de calor. Era de locos. Obtuvieron temperaturas que no se veían registradas desde la época de los cincuenta. La mitad del personal del Canal 7 estaba enfermo, y todo gracias a la jodida intemperie. Sin embargo, ellos lo estaban controlando. El asistente de Randall, Loren Bills, había hecho algunos arreglos en la habitación de control, los cuales mantendrían el aire opresivo en movimiento y significaría que al menos algunos de los equipos posiblemente siguieran funcionando. Afortunadamente, el equipo era de buena calidad. Raccoon 7 no era completamente independiente a la afiliación de red que llevaban. No como esos imbéciles del Canal 9, quienes pensaban que eran guays solo porque tenían una afiliación a UPN, pero mayormente usaban eso 26


como excusa para reducir costos de personal, además de usar equipos de baja calidad. El Canal 7, pensaba que no era la estación local mas vista en Raccoon City, y tampoco tenia una afiliación importante como los otros seis canales. Ellos eran de verdad independientes. Lo que hacia que a Randall le gustara tanto. Dirigir las noticias de la mañana en Raccoon 7 era solo un escalón de paso para Randall, pero era uno importante. El Canal 7 tenía audiencia, era uno de los canales independientes mas respetados en el país, y era bien conocido por producir excelentes técnicos. Aquí Randall podía aprender la cofradía de producir y dirigir. Debajo de la línea, podía trabajar con los cables de redes, y eventualmente seria capaz de ir independiente y dirigir episodios de series de TV actuales — o incluso películas. Cierto, lo que hacía era básicamente ser director de cámaras — Cámara 1 en Sherry Mansfield, Cámara 2 en Bill Watkins, Cámara 3 la toma de los dos, Cámara 4 el clima. Pero algún día él seria capaz de irse, quizás ser director de una comedia de enredos, o uno de esos dramas policiales. Randall amaba los dramas policiales. Tendría un descanso, para después pasar a las películas. Y luego quizás, finalmente, seria capaz de llevar una obra maestra a la gran pantalla. 27


Porque sabía que nadie vería su magnifico guión, Scales of Dragon, en estos momentos. Por aquel momento era un don nadie, un tipo que dirigía las noticias de la mañana en una estación independiente de una pequeña ciudad. Pero Randall era paciente. Tan pronto como trabajara estaría en la cima. Tan pronto sería capaz de escribir su propio boleto, y luego Scales of Dragon seria producida. No importaba lo que mamá dijera. Justo ahora, la cámara 4 estaba en Terri Morales haciendo el tiempo. Terri tenía una sonrisa resplandeciente. Ella lucia genial en cámara. ¡Igualito que el falso paisaje en la mesa de presentadores! Su voz era muy vivaz cuando venia a través de los parlantes del monitor en frente de Randall. “Son las seis y diez A.M y la temperatura ya ha alcanzado unos masivos noventa y dos grados, esto es debido la ola de calor que continua asediando.” Secándose el sudor de la frente, Randall creía que había más bien unos ciento dos grados en la habitación de control. “¿Por qué la gente dice A.M, todo el tiempo?” Randall miró a su asistente. “Loren no estoy de humor.” “No, de veras, es decir, ¿Por qué lo ponen? ¿Qué le hace ese aviso a la oración, excepto quizás darle un poco de barniz? 28


“Cielos claros, baja humedad, y una ligera brisa proveniente del oeste. Y, también un bono especial solo para ustedes, tenemos una ola de polen de tan solo siete puntos.” “Solo para ustedes,” dijo Loren, “cierto. Como si el destino nos reuniera y nos dijera, oigan, vamos a mantener la cuenta de polen baja solo para la gente que está viendo a Terri Morales.” “Loren, cierra la jodida boca y ponme en la cámara 3.” “¡Así es — cero punto siete! Y eso es todo un record para esta época del año. Bunas noticias para los que sufren de fiebre y ataques de asma. Después de todo, tendremos un hermoso día.” Loren levantó su cabeza.” Está ardiendo esta mañana.” “Si, qué mal que no dan Emmy por el clima. Ve a la cámara 3.” Como Loren cambio a la toma de dos en el escritorio de presentadores, le pregunto, “Oye, ¿Piensas que alguna vez le den el trabajo de presentadora? Ella tiene suficiente.” Randall se echó a reír. “No en mi tiempo de vida”. Sherry y Bill fueron terminando. “Quédense con nosotros — después de la publicidad estamos de vuelta buscando los lugares más cálidos para vacacionar.”

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“Se quedan quietos — vamos con el corte en tres…dos…uno…y estamos fuera.” “Volvemos en sesenta” agregó Loren. Tan pronto la palabra “fuera” salió de la boca de Randall, vio cómo la cara de Terri Morales cambiaba por el monitor de la cámara 4 de alegre y sonriente a agravarse y fruncir el seño. “¡Alguien me puede traer un jodido cappuccino antes de que vomite!” Incluso uno de los asistentes de cámara aterrorizado corrió por lo que ella pedía, Terri buscó en su bolsillo y sacó una caja de píldoras. Randall sabia que estaba llena de un surtido de estimulantes, tranquilizantes, relajantes y otras pastillas, ninguna de esas se podían tomar juntas por una persona racional, una persona cuerda. Sin embargo, nadie nunca culpaba a Terri Morales de ser una persona racional, una persona cuerda. Una persona racional, cuerda no habría ido adelante mostrando imágenes de un concejal de la ciudad tomando un soborno que ella dijo explícitamente que no saldría al público hasta tener una fuente confiable. Ella dijo que tenia una y lanzó las imágenes al aire, solo para que más tarde la mentira fuera rebelada, y las imágenes quedaran como falsas. Instantáneamente la exposición del concejal Miller como un bastardo corrupto, fue cambiada haciéndolo lucir bien culpando a los medios de TV como no confiables. Ese era el gran ojo negro de Raccoon 7, el cual tenía el prestigio de las noticias y reportajes. 30


La único que permitió que Terri siguiera como empleada fue la publicación del Raccoon City Times que expuso al concejal Miller la semana siguiente. Tomar sobornos fue solo una escupida en el océano de corrupción del hombre, eso cambió las cosas, si bien eso no exoneraba a Terri por lo que hizo, al menos la dejaba en una mejor situación. Después de todo, la única persona perjudicada por lo que hizo ahora enfrentaba docenas de acusaciones. Aun así, las cosas no lucían bien. Una de las razones de que a Randall le gustara el Canal 7 era que el personal de la estación eran periodistas con seriedad e integridad. Tal vez ellos no podían despedir a Terri sin arriesgarse a una reacción violenta — o que la competencia la contratara — pero ellos podían demolerla. Cortando la duración a la chica del tiempo de Raccoon 7. Eso también hizo que su currículo luciera mal para otros empleos. Randall de veras iba a disfrutar cuando se movieran a cosas más grandes y mejores en Hollywood mientras que Terri Morales seguiría contando el volumen de polen en Raccoon City. “¿Recuerdas cómo solía ser?” Randall miró un comercial que corría en el monitor. Mostraba a una hermosa mujer del tipo que Randall sabia que no existían en la vida real levantándose de su cama. El baño era increíblemente limpio y elegante — uno de esos a los que Randall aspiraba tener.

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“¿Esa cara fresca que nunca veías en el espejo por la mañana?” La mujer seca la condensación del espejo del baño rebelando una hermosa cara. “Si, cierto,” dijo Loren, “como si alguien luciera así de bien en la mañana. Oh lo siento, en A.M.” Por una vez Randall estaba de acuerdo con él. Incluso las súper modelos deben lucir una mierda cuando despiertan. “Antes de que las preocupaciones del mundo bajen” Ahora era la misma toma, pero la mujer era más vieja. Incluso el baño lucia un poco más decrépito — más como un baño real. Por lo demás la mujer lucia más real: patas de gallo, unas cuantas arrugas, ojeras. “¿Quieres retroceder el tiempo? Bueno, ahora con Renew Cream, tú puedes. Aplicándola como crema hidratante diaria, esta tiene la única formula T-cell que rejuvenece el cansancio y las células muertas.” Esto era acompañado de un simple gráfico que mostraba cómo la crema era absorbida por el cuerpo, con brillantes y coloreadas células que remplazaban las células muertas. “Joder, ¿eso es lo mejor que pueden hacer?” dijo Loren “puedo hacer una mejor animación que esa con mi jodida Mac” “Loren cierra la jodida boca.” Randall habló fuera del reflejo. 32


La hermosa, pero no real versión de la mujer volvió. “Trayéndote tu cara, joven y fresca de vuelta a la vida.” “Cierto, por todos los cielos por la jodida suerte que de hecho, ya sabes, luces tú edad.” “Loren, ¿qué parte de cierra la jodida boca no entiendes?” Una acelerada voz que sonaba para Randall como el álbum de Alvin y las ardillas que sus sobrinos le hacían escuchar decía “Renew es una marca registrada de Umbrella Corporation.” Siempre consulte a su doctor antes de empezar el tratamiento. Algunos efectos secundarios pueden ocurrir. Randall frunció el seño. “¿No se supone que hay una lista de efectos secundarios? Loren resopló. “Sí, claro.” “No en serio, se aprobó una ley o algo así, ¿lo hicieron?” “¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Raccoon City, jefe? Loren sonrió. “Ya debes saber que Umbrella vive con sus propias reglas.” Randall no podía negarlo. Umbrella era dueño de todo en Raccoon City. Diablos, es uno de los subsidiarios dueños de una pieza del Canal 7. No era la mayoría, pero algo era, Randall sabia, suficiente de más de una gestión para matar una investigación o uno de los subsidiarios de Umbrella. 33


Comenzando a pensar en eso, una de esas investigaciones fue hecha por Terri Morales, en el pasado. El último comercial empezó. “Volvemos en treinta,” dijo Loren. Reorientando su atención al show, Randall señaló la cámara 3, y comenzó a pensar en el día cuando Scales of Dragon se realizara.

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Tres "Ey Jeremy, ¿por qué se llama el puente de Raven's Gate?" Jeremy Bottroff juró que iba a matar a sus padres. No, eso no era justo. No fue culpa de ellos - diablos, habían sido lo suficientemente amables para dejarle volver a casa después de lo que le pasó. Realmente necesitaba matar a Mike. Pero claro, antes tenía que encontrarle. "¿Jeremy?" Ignorar a Greg no parecía ser suficiente para que su hermano pequeño se fuera y le dejara en paz, así que finalmente contestó a su pregunta. "En un pequeño parque en nuestro lado del puente solían vivir un montón de cuervos. Cuando Raccoon City se expandió hasta este lado del río, necesitaron un nombre para el vecindario. Como había tantos malditos cuervos, lo llamaron Raven's Gate. Y el puente recibió ese nombre cuando lo construyeron." Mientras Jeremy hablaba fue reduciendo la velocidad de su viejo Volkswagen Golf hasta llegar al peaje. Por suerte sus padres le habían dejado un pase especial para evitarlos, 35


cosa que le facilitaría dejar a Greg en clase, dar la vuelta, volver a casa -bueno, a casa de sus padres- y meterse en la cama. Entonces podría intentar averiguar cómo arreglar el desastre vida que llevaba. En realidad, el desastre de vida en la que Mike le había metido. Jeremy deseaba que, dondequiera que estuviera Mike, éste muriera por culpa de alguna enfermedad. Como estaba en un país donde el seguro médico de Estados Unidos no cubría las enfermedades, al menos existía esa remota posibilidad. Además, Mike nunca había prestado mucha atención a lo que comía. Al contrario que Jeremy, que nunca prestó atención a la economía del pequeño negocio que él y Mike Jones empezaron en San José hace dos años. No te preocupes del colapso de las páginas punto-com, había dicho Mike. No te preocupes por la reducción de Silicon Alley, había dicho Mike. No te preocupes por la disminución de nuestros clientes, había dicho Mike. No te preocupes cuando robe lo poco que tenemos y me vaya a algún país extranjero dejándote a ti el marrón, no había dicho Mike. Jeremy no se había preocupado por todo eso, y entonces sucedió. 36


La empresa cayó en bancarrota, y el Business Week atribuyó tal suceso a la crisis económica del nuevo milenio, así que Jeremy tuvo que volver a su antiguo hogar en Raccoon City. Un año antes, había sido un empresario con dinero. Tenía todo un equipo de empleados a su cargo, un lujoso apartamento con unas vistas magníficas y una novia descerebrada llamada Shawna con unas tetas enormes y un apetito sexual insaciable. Entonces Mike desapareció con todo el dinero, y en poco tiempo Jeremy lo perdió todo: los empleados, el apartamento y la novia. ¿O quizás perdió a Shawna antes que el apartamento? Todo sucedió muy deprisa. Al menos no había sido tan tonto como para pedirle a Shawna que se casase con él. Ahora era otro pobre desgraciado sin negocio, viviendo en casa con mamá y papá y obligado a llevar a su hermano pequeño a clase mientras veía el amanecer desde la ventana del coche. Considerando lo ocurrido, no pudo negarse cuando sus padres le pidieron que le hiciera de chófer a Greg. Después de todo, le dejaban vivir de gorra en su casa y le daban de comer. Sin embargo, las cosas iban mejorando -o al menos no empeoraban. Tuvo una entrevista concertada con el departamento de recursos humanos de Umbrella. Tardó un mes en conseguir hacer dicha entrevista. Por alguna razón, el mayor proveedor de tecnología informática del país no lo veía como un hombre que había caído en la bancarrota. Ahora lo único que quería era dejar a Greg en clase y dormir un poco. Aunque la culpa era suya por quedarse hasta las tantas viendo películas y bebiendo tequila. ¿Pero qué más podía hacer con su vida? "¿Por qué lo llaman Raven's Gate?" preguntó Greg. "Quiero decir, no parece una puerta."

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"Pero lo es. Es la puerta que da a este lado del río, y está llena de cuervos." Jeremy sonrió. "Quisieron llamarlo Raven's Haven, pero el consejo de la ciudad dijo que sonaba muy raro." "Estás de coña." "Qué, ¿no me crees?" "No." "¿Entonces por qué demonios me has preguntado?" "Porqué me aburría." "La madre que te..." "Dejémoslo." Jeremy suspiró aliviado cuando pasó por el peaje y comprobó que el pase que le habían dado sus padres tenía suficiente dinero. Cuando Greg decía "Dejémoslo", por lo general la conversación acababa allí. Y eso que Jeremy no había empezado... Aún era temprano y casi no había coches en el puente. Pasado el peaje los conductores aceleraban y se perdían de vista rápidamente, dejando el puente desierto. En veinte minutos el puente estaría a rebosar de vehículos, mayormente todoterrenos. Como los de esos tíos. Jeremy parpadeó incrédulo. ¿Qué cojones...? Cuando los vio por el retrovisor, Greg preguntó: "¿Qué es ese ruido?". Como la ventana de Greg estaba bajada, así que éste sacó la cabeza y miró el cielo. "¡Hay un helicóptero ahí arriba! Seguro que son del Área 51." "El Área 51 están en Nuevo México, idiota." 38


"Le diré a mamá que has dicho una palabrota." Jeremy volvió a mirar por el retrovisor, y esta vez vio una docena de todoterrenos negros como los de antes cruzando el puente. Por lo menos iban a 70 km/h. "Yo ya soy mayor, Greg, y puedo decir lo que me salga de las narices." El Golf apenas pasaba de los 65km/h, por lo que los todoterrenos lo adelantaron enseguida. Jeremy notó que todos llevaban las lunas tintadas, lo que, según tenía entendido, era completamente ilegal. Echó un vistazo al cielo, y comprobó que el helicóptero iba justo encima de los coches. ¿Qué coño estaba pasando? El último coche pasó y Jeremy contó 15 vehículos en total. Además pudo verle la matrícula, pero en lugar de las típicas letras y números había una especie de código: UC 15. Jeremy también notó que el logo de la Corporación Umbrella estaba grabado en la placa. Cuando llegaron al lado del puente que daba a Raccoon City, los todoterrenos se dirigieron hacia el centro de la ciudad, todavía en perfecta línea recta. Mientras cruzaban el puente, Jeremy Bottroff se concentró en la entrevista que tenía aquel mismo día.

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Cuatro "¿¡Quieres dejar de hacer eso, joder!?" le dijo Mike Friedberger a su compañero. "¡¿Hacer qué?!" preguntó Peterson inocentemente mientras conducía el todoterreno a través de las calles de Raccoon City. "Hacer burbujas con el chicle. Odio cuando las haces estallar, joder." Peterson se encogió de hombros mientras doblaban una esquina e iban a parar a una calle vacía. A Mike no le gustaba que su compañero se encogiera de hombros mientras conducía, al igual que odiaba cuando mascaba chicle. "Mira," dijo Peterson. "Quizás si no dijeras tantos tacos no te molestaría con el chicle." "Venga ya, dame un jodido respiro." "No te hará ningún mal dejar de decir palabrotas durante un rato." "Joder, ¿y qué más da? ¿Estoy molestando a alguien?" Peterson esbozó una de esas sonrisas que molestaban tanto a Mike y dijo: "A mí, y por eso yo te molesto con el chicle." 40


"Claro, pero la jodida diferencia es que el sonido que hace el chicle al estallar me pone de los nervios, joder." "Y a mí me pone de los nervios que uses tan frecuentemente la palabra joder, ¿pero me paso el día quejándome?" "Venga, no exageres." "Hemos llegado." "¿Qué?" Mike se giró y miró el GPS. Un satélite de Umbrella les enviaba un mapa de la zona. Un pequeño dispositivo situado en la carrocería del coche enviaba una señal a dicho satélite, y éste enviaba los datos de la ubicación del coche al GPS, mostrándolo como un punto intermitente de color rojo. Lo mismo ocurría con su destino, pero con un punto de color azul. Al final, la bromita de los transmisores y todo el equipo necesario había salido por un millón de dólares. Mike miró por el cristal tintado y vio la casa del Dr. Charles Ashford. El ordenador mostraba que Ashford era un empleado de nivel 6 perteneciente a la rama científica. Eso quería decir que tenía máxima prioridad durante una evacuación. Todo eso ya lo sabía Mike, pero no, Umbrella tuvo que gastarse una millonada en esos aparatejos. A eso se dedicaban las grandes empresas. Pero mientras él cobrara su sueldo, le daba igual en lo que Umbrella se gastara el dinero. Y a poder ser que le cambiasen de compañero. Odiaba a Peterson y sus chicles.

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Peterson aparcó delante de la casa de una forma impecable. A pesar de sus defectos, era conductor de primera. "Por cierto, ¿quién es este tío?" preguntó Peterson mientas bajaba del coche. "Es uno de los altos cargos de la rama científica." "¿Y en qué se diferencia de nosotros?" "En que es más listo, gana un porrón de dinero y si le cabreamos nos puede contagiar con una de las raras enfermedades que investiga en su laboratorio." Peterson rió por lo bajo. "Entendido." "¿Sabes esas jodidas cremas rejuvenecedoras que anuncian a todas horas? Son un maldito timo." "Sí, los veo. Y deja de decir tacos." "Qué eres, ¿mi padre? No puedo decir joder ni ningún taco, ¿entonces qué cojones quieres que diga? Peterson explotó una burbuja de chicle de forma ruidosa y dijo: "Di lo que quieras." Caminaron hacia la casa y Mike llamó al timbre. "A propósito, sabelotodo, ¿sabías que este tío es el creador de esa crema?" sonrió. "Ah sí, ¿te acuerdas de ese ordenador central de la Colmena?" "¿Cuál? ¿El del holograma de la niña?" 42


Mike asintió. "Es la hija de este tío." "¿En serio?" "Sí. Es una mierda, a decir verdad. Quiero decir, ¿no da rabia hablarle a una niña cada vez que usas el jodido ordenador? "¿Nos llevamos también a la niña?" Suspirando, Mike le preguntó: "¿Has leído el maldito informe? Claro que no, Bob y Howie se ocupan de eso, ¿verdad?" Mike no envidiaba a su hermano Bob al haber escogido esa misión. El compañero de su hermano, Howie Stein, era un buen tío. No mascaba chicle en el coche como Peterson. Finalmente la puerta se abrió. Al principio Mike pensó que era automática, hasta que bajó la mirada y vio al Dr. Ashford en una silla de ruedas. ¿!Millones de dólares gastados en los aparatos que tenían en el coche y un exhaustivo informe y no podían haber mencionado que el doctor iba en una jodida silla de ruedas!? Mike cambio su expresión a una más seria y se dirigió al doctor. "Disculpe señor, ha ocurrido un incidente." Ashford los miró extrañado. "¿Qué?" "Tiene que venir con nosotros." añadió Peterson. "¿Qué demonios ha pasado?" preguntó Ashford, ahora cabreado. 43


"Por favor, señor." La verdad es que Mike no tenía ni idea de qué había ocurrido, él sólo acataba órdenes. Miró a Peterson y le hizo una señal con la cabeza. Milagrosamente Peterson lo entendió y comenzó a empujar la silla de ruedas hasta el coche. Lo bueno es que no tenían que insistir mucho con el doctor ya que no estaba en condiciones de negarse. "Pero mi hija está en el colegio." protestó el doctor. "Nos ocuparemos de ello." Mike estaba hartándose de las quejas del doctor, y pensó que quizás Bob había acabado recibiendo la misión más sencilla. Mientras Peterson llevaba al doctor hasta el coche hizo estallar otra burbuja de chicle. Ashford hizo una mueca de disgusto. "¿Podría dejar de hacer eso? Es muy irritante." De pronto a Mike le empezaba a caer bien el doctor Ashford.

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Cinco Ángela Ashford odiaba su salón de clases casi tanto como odiaba ser llamada Angie. Desafortunadamente, ella tenía que soportar ambas cosas todos los días. Todos la llamaban Angie como si fuese una especie de niña tonta, y no lo era. Ella era una gran jovencita y también inteligente. Odiaba su clase. Su salón de clases era principalmente molesto porque Bobby Bernstein estaba en él. Todo lo que este chico siempre hacia era tirar de su cabello, reírse de ella con sus amigos y llamar inválido a su padre. Y ella odiaba eso. Especialmente la parte sobre la discapacidad de su papá. No era su culpa ser discapacitado. O de Ángela haberlo sido alguna vez. Él había tratado de ayudarla. Ella todavía recordaba esa conversación que su papá había tenido con aquellos hombres de la compañía para la que él trabajaba. Ángela no debía estar escuchando, pero ella había salido de su habitación para ir al baño y escuchó sonar molesto a su papá. 45


A Ángela no le gustaba que su papá estuviese molesto. No pudo oír todo, porque ella estaba escaleras arriba y su papá estaba abajo en su estudio, pero ella escuchó lo suficiente como para asustarse. “Ustedes han pervertido mi investigación”. Decía su papá. “Las células T podrían infectar al mundo entero”. Ángela no sabía lo que la palabra “pervertido” significaba. Pero ella estaba bien segura de que era algo malo. “En ese caso, ¿quién firmaría su cheque, Doctor?”, preguntó uno de los otros hombres. Más tarde, esa misma noche, había oído a su papá llorar en su habitación. Pero aun así él la había ayudado. Su papá la había mejorado. Para este año, el maestro de Ángela era un hombre estúpido llamado el señor Strunk. Llevaba una peluca en su cabeza, pero él siempre decía que era real y tenía un gran bigote que era todo gris y negro. Todos los demás niños lo llamaban el señor apestoso, pero eso era porque todos esos niños eran también estúpidos. A Ángela no le gustaba demasiado el señor Strunk porque él nunca hizo nada para que Bobby Bernstein y los otros chicos dejaran de tirarle del cabello, pero ella tampoco creía que estuviese bien llamarle el señor apestoso. 46


El señor Strunk estaba haciendo los anuncios de la mañana, Ángela trataba de prestarle atención, pero Dana Hurley estaba susurrando con Natalie Whitaker justo detrás de Ángela, por lo que ella no podía escuchar nada. A Ángela le gustaba mucho más la maestra que había tenido el año pasado, la señora Modzelewski. Ella los sentaba por orden alfabético guiándose por los apellidos, por lo que Ángela siempre estaba sentada al frente en la primera fila, justo detrás de Carl Amalfitano, delante de Tina Baker y al lado tenía a Ann Marie Cziernewski. Carl y Tina eran niños tranquilos y Ann Marie era amable con Ángela. Bobby Bernstein se sentaba en la última fila, bien lejos de Ángela. De repente, la puerta del salón de clases se abrió, lo cual sorprendió a Ángela. Aparentemente, también sorprendió al señor Strunk, quien dejo caer el portapapeles donde estaba leyendo los anuncios para la clase. Al caer hizo un ruido que sobresaltó a Ángela por segunda vez. Ella tomó su fiambrera del Hombre Araña. Su papá se la había dado después de curarla. A Ángela le gustaba el Hombre Araña porque siempre ganaba, aún cuando parecía que no podía o cuando le sucedían desgracias. Su papá le dijo cuando le dio la fiambrera que sería para ella porque era su pequeña heroína. Sin embargo, no puso su almuerzo dentro. Le dejó algo mucho, mucho más importante. 47


La última cosa que su papá siempre le decía todas las mañanas antes de que subiera al autobús de la escuela era siempre lo mismo. “Nunca vayas a perder de vista tu fiambrera cariño” Y ella siempre le respondía lo mismo. “No lo haré papá” Y nunca lo hizo. Así que cuando vio entrar a esos dos hombres vestidos con trajes grises, lo primero que hizo fue tomar su fiambrera. “Lo siento señor”. Dijo uno de los hombres de traje gris. “Pero me temo que debemos retirar a la señorita Ángela Ashford de clase” “¿Qué pas…ja, Angie?” Preguntó Bobby Bernstein, cambiando palabras para que la pregunta sonara algo grosera. El resto de niños se echaron a reir. Ángela realmente odiaba a Bobby Bernstein. También tenía miedo de que algo hubiese ocurrido en su casa. Estos hombres de traje gris lucían igual que los otros hombres de gris. Los que trabajaban para la misma compañía que su padre. 48


No le gustaban demasiado. “¿Qué está sucediendo aquí?”. Preguntó el señor Strunk agachándose para recoger su portapapeles. “Hemos sido enviados por el padre de Angie, señor. Nos han dado instrucciones de retirarla del colegio”. “¿Pasa algo malo con papá?” Ángela preguntó. Uno de los hombres de traje gris miró a Ángela y luego le tendió la mano. “Por favor Angie, tienes que venir con nosotros” Ángela odiaba ser llamada Angie, especialmente por gente adulta. “¿Está bien papá?” Bobby Bernstein puso una voz estúpida y dijo: “¿Está bien papá?” Sus estúpidos amigos rieron aun más. “Tu padre está bien Angie, pero tienes que venir con nosotros ahora mismo” Ángela comenzó a levantarse tomando su fiambrera. El otro hombre vestido de gris le dijo: “No necesitas tu almuerzo, Angie” 49


“No iré sin mi fiambrera”. “Muy bien, como quieras”. Dijo el primer hombre. “Solo ven con nosotros por favor” El señor Strunk dio un paso adelante. “Miren yo no puedo permitir que unos extraños entren en mi clase y se lleven a uno de mis alumnos” El segundo hombre metió su mano dentro del bolsillo de su chaqueta gris y sacó un pedazo de papel, para entregárselo al señor Strunk. El señor Strunk lo leyó, su bigote parecía caer mientras lo hacía. “Correcto, entonces”. Dijo el maestro entregándole el papel nuevamente al segundo hombre de traje gris. El primer hombre todavía tenía su mano tendida hacía Ángela. “Vamos, Angie tenemos que irnos”. “Seeee, Angie. Nos tenemos que ir”. Dijo Bobby Bernstein. Sus amigos rieron de nuevo. Ángela murmuró. “Ojala te mueras, Bobby Bernstein” Lo dijo lo suficientemente bajo como para que nadie pudiera oírla. Excepto por Dana, quien le sonrió a Ángela. A Dana tampoco le gustaba Bobby Bernstein. 50


Presionando su fiambrera contra su pecho salio del salón de clases junto a los hombres de traje gris, que la acompañaron al pasillo. Ángela les preguntó. “¿Dónde vamos?” “Ya lo verás Angie” Ángela no creía que eso fuese una respuesta. Salieron fuera de la escuela por la puerta principal, la cual supuestamente debería estar cerrada una vez que las clases comenzaban. Pero si estos hombres pertenecían a la misma compañía para la cual su papá trabajaba, no debía ser la primera vez que hacían algo que no debían. De hecho, supuestamente no podían sacarla de clases de la manera en que lo hicieron, pero el señor Strunk les había permitido hacerlo. Sostuvo su fiambrera más fuerte contra su pecho. Un coche grande y negro estaba estacionado al frente de la escuela, justo debajo de un letrero rojo que decía “NO ESTACIONAR”. El coche no tenía ninguna multa. Ángela sabía que algo malo estaba pasando.

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¿Estará papá enfermo? ¿Estará papá enfermo? ¿Habrán averiguado algo malo sobre papá? ¿O era algo aun peor? El segundo hombre de traje gris abrió la puerta del lado del acompañante. El coche era tan grande que Ángela tuvo que subir como si fuera una escalera de mano. Casi dejó caer su fiambrera. Se sentó en el asiento de atrás, mientras que los dos hombres se sentaron adelante. “Bailemos”. Dijo el que estaba sentado en el asiento del lado del pasajero. “¿Por qué siempre dices eso?” “¿Decir qué?” “¡Bailemos!”. Es estúpido. “Podrías simplemente conducir el maldito coche”. “Ey, cuida tu lenguaje. Hay una niña en el asiento de atrás.” “Bien, muy bien. ¿Podrías entonces simplemente conducir el jodido coche? Sheesh.” El gran auto negro partió desde la Avenida Hudson, pasando por la Avenida Robertson y dirigiéndose a la Calle Principal. El nombre de la calle lo decía todo. Era la calle principal de Raccoon City. En realidad había muchas calles 52


importantes en Raccoon City, pero su papá le había explicado que en los viejos tiempos la única gran calle era esa, “La Calle Principal”. Hoy había muchas otras grandes calles como el Boulevard Shadeland, la Avenida Johnson y la calle Mabius. Pero la calle principal seguía siendo la más importante de todas. El hombre de traje gris que estaba conduciendo continuaba hablando mientras transitaba por la Avenida Hudson. “Dime, ¿has bailado alguna vez en tu vida?” “¿Por qué seguimos teniendo esta conversación?” “Bien. ¿Pero lo has hecho?” “Dios, Howie, es una expresión. ¿Nunca has usado una expresión en tu vida?” “Seguro. Pero me gusta usar aquellas expresiones que están basadas en algo real, ¿entiendes?” “Si tiene una base en la realidad. El baile es un tipo de movimiento. Es una variante a decir…pongámonos en marcha” “Entonces por qué simplemente no dices…pongámonos en marcha” “Porque…bailemos…tiene menos sílabas”. “Oh, ya entiendo. Eres un miembro activo de la sociedad para la prevención del uso excesivo de sílabas. ¿Ya has pagado la cuota de este mes?” 53


“Sabes, cuando mi esposa se pone así, yo sé que es porque está con el período. ¿Cuál cojones es tu excusa?” El conductor casi se acercaba al gran cartel rojo que estaba en la esquina entre Hudson y la Calle Principal, sin embargo, no disminuía la velocidad. “Yo solo no puedo entender, qué tiene que ver “Bailemos” con lo que nosotros hemos estado haciendo, especialmente si tú no bailas” “Y cómo demonios sabes tú que yo no bailo. Has estado conmigo en alguna situación en la cual yo pudiese estar bailando.” Ángela miró por la ventanilla a su derecha. Vio venir a un gran camión por la Calle Principal. Venía a gran velocidad. El hombre de traje gris que estaba conduciendo continuaba hablando sobre el baile. No se había detenido en la señal que decía “STOP”. Probablemente había pensado que no tenía que hacerlo. Después de todo, no había seguido la regla que decía que Ángela tenía que estar todo el día en el colegio. No había seguido la regla que decía que la puerta del frente de la escuela debía permanecer cerrada mientras los alumnos estaban en clase. No había seguido la regla que decía que no debía estacionar al frente del colegio. Así que probablemente pensó que tampoco tenía que detenerse ante una señal de tránsito que le obligaba a detenerse. Sin embargo, el camión no disminuía la velocidad. 54


Tampoco lo hacía el hombre del traje gris. Hasta que vio al enorme camión. “Jesucristo” Después de eso, todo sucedió muy rápido. Ángela no pudo ver nada excepto la parte posterior de su asiento que estaba justo en frente de ella. Fueron solo sonidos. Escuchó un chirrido. Después un sonido como el golpe de un martillo contra la pared. Fue entonces cuando oyó otro sonido como de un papel arrugado. Oyó gritos. También sentía cosas, como si estuviera en una montaña rusa. No importa lo que pasaba, ella sujetaba firmemente su fiambrera del Hombre Araña. Cuando escuchó otro sonido, un chirrido como el que hacen las uñas sobre una pizarra pero mucho, mucho más fuerte, se preguntó si alguna vez volvería a ver a su papá de nuevo.

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Seis Lloyd Jefferson “L.J” Wayne había sido arrestado tantas veces que prácticamente era capaz de esposarse a si mismo. Era casi un ritual semanal. Lo podían encerrar por haberse involucrado en alguna mierda, o bien alguna otra persona se había implicado en algo similar, por lo que cuando el R.C.P.D. quería saber aclarar los hechos, capturaban el trasero de L.J y lo mandaban a la comisaría, con algún cargo encima para intimidarlo. L.J no era ningún inútil, normalmente eran cargos menores. Todo era parte del mismo juego. Él sabía bien que era de poca monta. Le gustaba que fuese así. Los policías lo arrestaban, pero nunca era por mucho tiempo. Joder, únicamente había estado en prisión una vez, y solo fueron seis meses. Siempre enredado a los delitos leves, unas mierdas de delitos, y todo para estar de vuelta en casa en poco tiempo. Había hecho un buen dinero, tenía un techo sobre su cabeza y era su propio jefe. Joder, L.J si que valoraba eso. Estaba vendiéndole droga a unos gilipollas blancos que no lo pasaban tan bien como L.J –perdían sus trabajos y todo eso, compraban heroína con su indemnización porque la vida para ellos apestaba.

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Hoy, sin embargo, no era un día para estar pudriéndose en la jaula del R.C.P.D.. Hoy, algo andaba realmente mal, y ese era el último lugar donde L.J quería estar. Todo el maldito día habían ocurrido un montón de cosas raras, la gente andaba caminando a tumbos por las calles, como si formaran parte de una maldita película de terror, sin mencionar, que mordían. Al principio, L.J pensó que era una especie de festejo idiota por parte de los blancos, hasta que vio a Dwayne. Dwayne era un punk que se creía el negro más duro del patio, ya que había estado en un correccional juvenil. Al menos, eso era lo que él decía, L.J nunca compró ese cuento ni por un segundo, pero le dejaba contar su historia siempre y cuando pagara por la mercadería. Pero hoy, Dwayne vino tumbándose al juego de cartas de L.J. L.J estaba corto de dinero, y era fin de mes, eso significaba que Bunk Junior debía andar dando vueltas asegurándose de que todos hubiesen pagado los envíos del mes. L.J le debía dos grandes a Bunk Junior, tampoco contaba con que los malditos Colts perdieran contra los malditos Saints, por lo que tenía que encontrar la manera de obtener algún beneficio de los turistas. Puso un cartel en la esquina de Hill y la Avenida Polk, tomó su juego de cartas de la suerte, que había robado de un quiosco en la estación de autobuses, y comenzó a barajar.

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¿Y qué fue lo que pasó? Había conseguido sacarles algo de dinero a dos bobos blancos, incluyendo a un desgraciado que decía conocer “todos los trucos que gente como él tiraba” y fue entonces cuando Dwayne vino muy lentamente y mordió a Gomer y a su esposa, volteando la caja de cartón donde L.J estaba maniobrando las cartas. Lo que a L.J le llamó la atención fueron los ojos de Dwayne. Sus ojos estaban muertos. Por dios, también estaba muy blanco – su piel parecía más gris que marrón. Dwayne se marchó arrastrándose, los dos bobos blancos salieron gritando - con su dinero – y L.J se tuvo que quedar limpiando el maldito desastre. L.J vio más acontecimientos de estos durante una hora, antes de descubrir que uno de los desgraciados que estaba junto a él con lo de las cartas, resultó ser un maldito policía. Lo que le jodió más es que esta iba a ser su última partida. Todavía estaba corto de lo que necesitaba – pero Bunk podía besarle el trasero, lo único que L.J quería era estar en su casa y con sus metralletas hechas especialmente para él, sin embargo, ahora estaba en manos de la policía. Este detective blanco estaba arrestándolo por un delito menor cuando la ciudad estaba llena de zombies y demás mierdas. Una locura, como eran en este momento las calles, no era nada comparado con lo que se veía en la estación de policía. Rondell, un primo de L.J, solía hablarle del maldito lío que eran las comisarías en Nueva York, pero eso no sucedía en Raccoon City. Hasta hoy. 58


Policías alrededor del maldito lugar, gritando por teléfono, corriendo para todos lados, gritándose unos a otros. L.J no podía entender ni una sola palabra de lo que estaban diciendo – todo era como un muro de puro ruido. “¿Pero vamos?” L.J le decía al policía que lo arrastraba hacía adentro. “¿Piensas que alguien le va a prestar atención a mi trasero justo ahora? Mira alrededor” El detective simplemente le respondió lo mismo que cuando le leyó sus derechos en el momento en que lo arrestó en la calle Polk. “Cállate” Cuando llegaron al despacho del Sargento Quinn, el detective dijo: “Arrestado a las trece catorce” “¡Ustedes deben estar fuera de sí! Mirenme – ¡Yo soy un hombre de negocios!” L.J miró alrededor de la comisaría. Vio a dos uniformados, un muchacho blanco llamado Duhamel y otro tipo negro llamado Cooper, trayendo a un robusto chico que lucia más blanco que la leche. Tenía los mismos ojos muertos que Dwayne. “Ahora échenle un vistazo al desgraciado de Hernan Munster, que está intoxicado. Es vuestra obligación”. 59


Duhamel y Cooper si que lo estaban pasando mal tratando de mantener inmóvil a Hernan Munster. Duhamel le gritó al sargento. “Échanos una mano aquí. Este chico está totalmente loco” Quinn caminó al otro lado de su despacho, moviendo a L.J a un lado hacía un banco que había en el lugar. “¡Jesús!” L.J giró su cabeza para ver qué sucedía – era Cooper, quien ahora estaba sosteniendo su brazo y haciendo gestos como si estuviera muy dolorido. “Me mordió”. Cooper estaba gritando. “El hijo de puta me mordió” Duhamel, como el típico blanco desgraciado que era, empezó a golpear a Hernan con su porra. Malditos policías, siempre van por el maldito palo cuando las cosas no funcionan a su manera. Quinn esposó a L.J en el banco, luego corrió para ayudar a Duhamel y Cooper. Hernan estaba recibiendo una paliza, pero eso parecía no funcionar para nada, él permanecía firme en el mismo lugar. Todo aquello no le empezaba a hacer gracia a L.J.

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“¡Yo! No puedes dejarme simplemente aquí Quinn! Tienes que darme un poco de ayuda para defenderme, ¡Hombre!” Quinn lo ignoró por completo y sacó su propia porra para usarla con Hernan. Había solo una mujer – vestida como una prostituta. Probablemente lo era. Joder, si andaban tras el trasero de L.J, lo más seguro es que estuvieran trayendo a las rameras de la calle Harbor también. Era fin de mes, no solo Bunk quería las cuentas claras. Los policías también debían responderles a los muy imbéciles – malditas cuotas, por ello arrestaban a legítimos trabajadores como L.J y honestas prostitutas como – Joder, L.J a esta mujer la conocía, no podía ver bien su rostro porque estaba con la cabeza hacía abajo, prácticamente hundida en sus senos. Y si que había mucho lugar allí para esconderse, particularmente por eso L.J la reconocía. “¿Rashonda?. Maldita sea, ¿eres tú mujer?” Pero Rashonda no dijo ni una sola palabra. Era como si se hubiese quedado dormida o algo así. Con su brazo libre, L.J le dio un codazo en las costillas. Así por lo menos él tendría algo de compañía. “Ahora no digas que no me reconoces” 61


Ella levantó la vista. Fue recién entonces que L.J pudo ver que su hombro estaba sangrando. Se veía como si alguien la hubiese mordido. Y sus ojos estaban muertos como los de Dwayne y Hernan, y como los de todos los malditos zombies que él había estado viendo durante todo el día. “Demonios, mujer. ¿Con quien diablos has estado follando?” Tras esto, su boca se abrió tan grande, mucho más grande de lo que cualquier boca podía abrirse. Los dientes de Rashonda eran todos negros – y trataba de morder a L.J. “¡MIERDA!”

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Siete Ellos tomaron a Jill Valentine por loca. Dijeron que estaba rumoreando, y que de hecho todo lo que contaba era verdad, pero en el mundo de los videojuegos y las películas de acción, no en la vida real. Que veía cosas, que estaba equivocada, y sobreactuaba. Y luego la suspendieron. Todo por presentar un informe de algo que había visto con sus propios ojos, y disparado con su propio arma. O, mejor dicho, con la del departamento que le quitaron junto con su placa cuando la suspendieron. Aparentemente, haber sido una oficial condecorada durante toda su carrera no significaba nada. Tampoco haber ayudado a salvar la vida de la alcaldesa cuando era una uniformada. Bueno, ¿por qué debería?, esa alcaldesa ya no estaba a cargo, incluso si lo estuviese los políticos tenían poca capacidad de atención. Tácticas Especiales y Escuadrón de Rescate no valía nada. Debería. Su palabra tendría que haber significado algo ya que S.T.A.R.S. tenía un perfil alto.

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Esas cosas que ella había visto en el bosque de las montañas Arklay eran reales. Esas cosas asesinaron a las personas. Y Jill realmente apenas había podido escapar con vida. Pero ellos también Corporación Umbrella.

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Una cosa que Jill Valentine aprendió trabajando para la R.C.P.D.: no jodas a la Corporación. Ellos se apropiaron de la ciudad, demonios, eran dueños de medio país. No arruines algo que ellos no quieran que arruines. Entonces, en lugar de hacer caso a las palabras de una de sus más condecoradas oficiales y hacer algo para proteger a la ciudadanía de esos cadáveres vivientes sacados de una película monstruosa, la R.C.P.D. escogió, o más precisamente, fue forzada a condenarla como una loca y suspenderla por presentar un informe falso que era 100% verdadero. Y ahora el infierno se estaba desatando en Raccoon City. Justo como Jill les había advertido que sucedería. Se puso un tube top azul y unos pantalones cortos. Ese otoño, la temperatura era como en la década de los noventa. Entonces, después de pensar un momento, se puso sus botas altas. A primera vista, parecía una bebé corredora de unos veintialgo. En realidad, podía moverse libremente así vestida, y sus botas podrían derribar a cualquiera con un golpe bien puesto. 64


Y Jill Valentine sabía muy bien donde ubicar sus golpes. La siguiente parada era su sala de video. Cuando entró, tomó el control remoto, curiosa por ver lo que las noticias de la TV informaban sobre el hecho de que, los mismos monstruos que ella había visto en el bosque, estaban ahora acechando las calles de la ciudad. Estaba especialmente intrigada por oír alguna declaración de Umbrella. La pantalla se encendió, mostrando la feliz pero preocupada cara de Sherry Mansfield. “-guimos sin explicaciones a esta cantidad de misteriosos asesinatos que están azotando toda la ciudad. Maridos matando esposas, niños asesinando padres, extraños atacándose entre sí. Una ola de crímenes mortales sin motivación que pareciese no tener fin. Sin pistas. Justo como lo imaginé. Jill se preguntaba si Umbrella estaba cubriéndolo todo. Miró alrededor del cuarto. Una pared sostenía muchos estantes llenos de trofeos. La mayoría eran por puntería, los demás por competencias de billar. Entonces sus ojos se dirigieron hacia la mesa de billar, su palo de la suerte apoyado diagonalmente a lo largo del verde fieltro, la bola blanca y el ocho seguían situados en la parte superior a su lado. Ella había estado golpeando las bolas esa mañana en otro inútil intento de relajarse. 65


Por encima de la mesa de billar había un letrero de neón de Budweiser. Era un regalo de Eamonn McSorley, el propietario del bar donde ella había pasado gran parte de su juventud mal gastada, presionando hombres que cometían el error de pensar que esa bonita morena adolescente era un blanco fácil. Una vez que entró a la Academia, le dijo a Eamonn que presionar en el billar no era algo que ella quisiera seguir haciendo, entonces no volvería jamás al Bar y Parrilla de McSorley. Eamonn le dio el letrero, la cantidad de dinero que ella había invertido en el lugar, y dijo que era lo mínimo que podía hacer. Pronto comenzaron a correr los rumores de que una explosiva adolescente no podía perder al billar, y cada idiota de la ciudad quería ser el que la venciera. Las dos largas paredes del salón de juego estaban repletas de agujeros de bala. Jill había tenido la intención de cambiar las cosas. Ahora, sin embargo, eso no tenía mucho sentido. El capitán Henderson le había quitado su placa y su arma del departamento, pero eso no la imposibilitaba de poder defenderse. Caminó hacia el armario en la pared de los trofeos, sacó una funda de hombro y su confiable automática. Era la misma arma que había utilizado para matar a uno de los monstruos en el bosque, después que su arma oficial se quedara sin municiones, y luego de darse cuenta que la única manera de detener a esas cosas era con un tiro en la cabeza. 66


Afortunadamente, Jill era buena disparando a la cabeza. Enfundando la automática, tomó el control remoto, y calló la voz de Sherry Mansfield. Salió y lo único que vio fue caos. Jill era propietaria de una casa de piedra rojiza que había heredado de su tía. La sala de video estaba en el sótano que tenía una puerta que daba al exterior. Cuando salió y cerró la puerta, vio en la acera de enfrente de su escalinata, una mujer mordiéndole el brazo a un hombre, mientras este gritaba. Desenfundó el arma y le disparó a la mujer en la cabeza haciéndola caer al piso. El hombre seguía gritando, luego miró a Jill y corriendo cruzó la calle. Jill consideró dispararle también, pero se estaba moviendo muy rápido, y no quería desperdiciar una bala en caso que no estuviese infectado. La mujer había mordido la manga de su camisa, por lo que era posible que la infección no se hubiese transmitido. Por supuesto, era probable que alguien lo hubiese mordido en poco tiempo. Cuando ella caminó hacia su Porsche, vio a Noel en su lugar habitual, en el hueco entre la casa de piedra cerca de Jill y la bodega en la esquina. Normalmente, Jill lanzaría una moneda en el sombrero que Noel tenia en frente de sus piernas cruzadas. Hoy, sin 67


embargo, el sombrero no estaba allí, y Noel parecía estar dormido. “¿Noel?” El indigente la miró. Sus ojos azules estaban cubiertos por una película blanca. También tenía un mordisco en la mejilla izquierda. Sin vacilar, Jill le disparó en la cabeza. “Tú, perra, ¿por qué demonios haces eso?” Jill se volvió y vio un chico punk que llevaba un gorro de lana, a pesar de ser un día caluroso. Sus ojos se veían normales, y hablaba, por lo que en definitiva no estaba infectado. Mierda. “Él ya estaba muerto” dijo Jill, “solo estaba terminando el trabajo”. “Perra, estás jodidamente loca.” “Eso es lo que dicen” Ella sacó las llaves de su bolsillo e hizo sonar la alarma, destrabando las puertas de su flamante auto rojo. Después de entrar, encendió el motor y echó un vistazo al espejo retrovisor. El chico de la gorra estaba hurgando los bolsillos de Noel, en busca de dinero. 68


“Un ladrón de tumbas llamándome loca” murmuró cuando manejaba hacia la calle. “Si esto continua, comenzaré a hablar sola”. Raccoon City estaba cayéndose a pedazos. En un minuto vio una escena de caos total; al siguiente, las calles estaban tan vacías como un pueblo fantasma. Aquí, un Café estaba siendo invadido por mozos zombies que tratan de comerse a sus patrones. Allí, un zombi arrastrando sus pies a través de un micro que se había estrellado contra un escaparate. Allá, una manada de muertos vivientes vagando por un vestíbulo de un edificio de oficinas. Jill tomó una decisión. Dejó el departamento para ir a la comisaría con la intención de ayudar. Ellos la habían llamado loca e ignoraron su testimonio. Le habían dicho que ya no podría seguir haciendo su trabajo. Al carajo con ellos. No querían que ella sirviera y protegiera. De todos modos, seguía en el estacionamiento principal de la R.C.P.D.. Tenía que buscar algunas cosas. Dentro, todo era un desastre, los escritorios volcados, rateros y policías servían como prueba del crimen. Zombies por doquier, algunos con esposas, otros uniformados. Vio a Duhamel y Cooper atacando a Borck y Abromowitz. Un borracho viejo estaba agrediendo a 69


Fitzwallace. El sargento se las había arreglado para seguir con vida hasta ahora, pero Quinn estaba luchando con un hombre obeso que trataba de comérselo. Sacudiendo su cabeza, Jill retomó su papel. Diez ruidosos segundos después, todas las criaturas en la habitación cayeron al suelo, con balas en sus cuerpos. Quinn miró el cadáver del hombre obeso, luego a Jill. “Encantado de verte nuevamente en servicio, Valentine”. Jill bufó y se dirigió a su escritorio, que era uno de los pocos que quedaron intactos y en posición vertical. “¿Qué carajo estás haciendo?” Suspirando, Jill ignoró la voz familiar del capitán Henderson, quien salió corriendo de su oficina. Estaba sorprendida de que realmente hubiese tenido las pelotas para abrir la puerta. “¡Valentine! ¡Estás en suspensión!” Como si eso importase. De nuevo, Jill suspiró. Abrió el cajón de su escritorio y tomó su automática de repuesto, la correa de cintura, y más clips. “Te lo dije, apunta a la cabeza” dijo Jill. “¿Por qué estas todavía aquí, Valentine?” Que pregunta. Como si ya no fuese verdaderamente una policía.

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Bueno, tal vez ya no lo era, al menos, no en una ciudad controlada por una corporación multinacional a la que no le importaba un cuerno la vida humana. O en una fuerza policial donde los capitanes no se arriesgaban por su gente, solo las dejaban injustamente en suspensión sin una buena razón excepto la de cubrir el trasero de una corporación. “Solo limpiando mi escritorio”. Se abrochó la correa, luego enfundó la segunda arma y por último colocó las municiones en los bolsillos de su pantalón. Sin limitarse a echar un vistazo a Henderson que, francamente no se lo merecía, Jill siguió su camino atravesando el escritorio del sargento. Quinn siempre había sido amable con ella. “¿Estás bien?” preguntó Jill. Quinn se echó a reír. “Iba a hacerte la misma pregunta. Estoy pensando que debería haber tomado la jubilación anticipada al igual que Sheila. Florida se vería muy bien ahora.” “¿Mi consejo? Ve a la casa de Sheila, y luego salgan de la ciudad. Sacudiendo su cabeza, Quinn dijo, “No hay oportunidad. Mi turno no ha terminado todavía”. Jill suspiró por tercera vez. Quinn había estado trabajando allí hace al menos treinta años. Su padre y tía habían estado en R.C.P.D., al igual que su abuelo. Él siempre fue un poco dedicado. Pero ella no podía culpar su lealtad. 71


Por parte de Jill, lealtad era algo que ella no tenía razones de seguir teniendo con la R.C.P.D.. “En ese caso, Sargento, apunte a la cabeza. Es la única manera de detener a esas cosas”. Quinn asintió con la cabeza. “Buena suerte, Valentine”. “Igual para ti, Sargento”. Cuando pasó por el escritorio de Quinn, ella vio una zombie prostituta tratando de morder a un ratero muy abrigado que estaba esposado a una mesa. “¡Aléjate de mí!” el ratero gritaba, mientras que la prostituta se le acercaba. “¡Rashonda, detente! ¡Ayuda!” Jill apuntó a la cabeza de Rashonda. Esta se desplomó en la mesa. Luego volvió su arma hacia el abrigado ratero. “¡Oh, mierda, no a mi!” Ella apretó el gatillo. Las esposas, y la parte de la mesa a la que estaba atado, se astilló y se rompió. Una vez que se dio cuenta que era libre, el ratero abrigado se levanto de un salto y se alejó lo más que pudo de la mesa. 72


“¡La rara puta culo retorcido trató de comerme!” Luego miró a Jill. “¡Y tú! ¡Dios mío! ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! “¿Llevas un arma?” ella preguntó. El ratero resopló. “Desearía”. “Deberías conseguir una” Luego ella se dio vuelta y miró a Quinn, Henderson, y los otros policías que seguían vivos. “Me voy de la ciudad, les sugiero que hagan lo mismo”. Sin otra palabra, se volvió y continuó su camino. Cuando llegó a la puerta, oyó la frenética voz de un uniformado en el despacho de radio. Jill estaba segura que era Wyms. “Despacho, necesitamos refuerzos, inmediatamente a Rose y Main. ¿Despacho? Adelante, despacho. Estamos siendo invadidos. Hay oficiales heridos. Retirada. Ayúdennos, maldición. Necesitamos ayuda. ¡Despacho! ¡Por favor! Mientras las peticiones de Wyms se hacían cada vez más frenéticas, perdieron de vista a Jill, quien se dirigía hacia su auto. Ellos tuvieron la oportunidad de detener todo esto, y la estropearon. Tomaron a Jill Valentine por loca. 73


Y ahora la ciudad entera estaba pagando el precio.

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Ocho De todas, estas fueron las peores vacaciones en la vida de Carlos Olivera Había comenzado su estadía en la fuerza aérea apenas terminó la escuela secundaria, y renuncio cuando la Corporación Umbrella le hizo una oferta que no pudo rechazar. Sí, la USAF era mejor que las calles del este de Texas donde creció, pero Umbrella era mejor que la USAF. Mejores sueldos, horas y menos oportunidades de recibir un disparo. Hasta hoy, de todos modos. Se encontraba descansando en una cabaña en los bosques cuando una camioneta se detuvo con dos zánganos de Umbrella vestidos de traje, y lo llevaron a un claro donde un helicóptero lo esperaba. Lo único que le dijeron fue que tenía que reagrupar a su equipo. “Estoy de vacaciones” les dijo. “Dejen que el equipo de Uno se encargue”. “El equipo Uno está fuera de juego” acotó el hombre de traje. “¿Y Ward? preguntó, refiriéndose al otro líder de los tres equipos. 75


“Fuera de juego también”. Los ojos de Carlos se agrandaron en un estado de shock por el eufemismo. De todos los equipos de comando empleados por la División de Seguridad, Uno tenía lo mejor de lo mejor. Esa era la razón por la que logró salirse con la suya, haciéndose llamar por el nombre de un código tonto. Y Ward era un ex marino que podía manejar casi cualquier situación. Si lo que sea con lo que estuviesen lidiando pudo eliminar a Uno y Ward, sin mencionar a Meléndez, Hawkins, Schlesinger, Osborne, y los demás miembros de sus respectivos equipos, enfrentarlo no era algo que tuviese a Calos muy entusiasmado. No tenía otra opción. Ahora estaba sentado en uno de los muchos helicópteros Darkwing, sobrevolando una Raccoon City que se había ido al infierno con muchas decenas de encestadas. Aparentemente, algo que se escapó de la Colmena estaba suelto en la ciudad: un virus que era el componente central de la milagrosa crema antiarrugas de Umbrella estaba matando gente, pero manteniendo sus cadáveres estúpidamente animados y en busca de algo que comer. Cuando Carlos era un niño, su familia se mudaba bastante seguido mientras papi buscaba trabajo. Durante un tiempo, vivieron en Lubbock. Allí había un viejo cine venido a menos que sólo pasaba películas de monstruos. Carlos y Jorge, su mejor amigo en ese momento, pasaron muchas noches mirando el monstruo Frankenstein, hombres lobo, momias, insectos mutantes, alienígenas, vampiros, y cada criatura que quería destruir a la humanidad. Incluyendo a los zombies. 76


La última noche que estuvo en Lubbock, antes de que Carlos, mami, papi, y su hermana mayor, Consuela, empacaran y se dirigieran a San Antonio, Carlos y Jorge vieron una función doble: Abbott y Costello contra la Momia, y El Amanecer de los Muertos. Él siguió recordando esta noche con total claridad, especialmente el dialogo posterior, ya que esa era la última vez que Carlos y Jorge volverían a hablarse. Carlos siempre fue aficionado de las momias, de hecho amaba las dos últimas imágenes, en especial la del tipo cool de pelo largo y barba. Pero Jorge pensaba que los zombies eran aterradores. Mirando hacia abajo desde la Darwing a las cosas arrastrando los pies, caminando por las calles de Raccoon City, que parecían completamente humanas y, sin embargo, no lo eran en lo más mínimo, Carlos decidió que Jorge estaba en lo cierto. Volvió la mirada hacia su equipo. Nicholai Sokolov, el segundo al mando, estaba sentado enfrente suyo, con una expresión sombría en su rostro. El resto del equipo estaba sentado en los asientos del frente de la Darkwing, todos usando auriculares que les permitían hablar entre sí por encima del ruido de los rotores. J.P. Askegren, el ex policía de Virginia, que siempre llevaba un palillo de dientes a un lado de su boca. Jack Carter y Sam O´Neill, quienes fueron, al igual que Carlos, reclutados para la USAF, tuvieron que renunciar para unirse a Umbrella, y así poder continuar en equipo. Yuri Loginov, colega rusa de Nicholai, una ex agente de la KGB en los días antes de la caída de la Unión Soviética. Y su médica, Jessica Halprin, 77


quien se había retirado del Cuerpo Médico de la Marina y se unió a Umbrella. Parecían dispuestos a todo. Carlos se preguntó cómo realmente podrían estar listos para esto. Su imbécil supervisor, el intendente Caín, les había informado con que se encontrarían antes de enviarlos allí. La conclusión era que tenían que contener el peligro. Si alguien presentaba señales de infección, tenía que ser contenido. Si se demostraba que habían muerto, la única manera de detenerlos era provocándoles un traumatismo craneal o espinal. Si Caín tenía alguna consideración por la gran cantidad de vidas humanas que se sacrificaron por la incompetencia de Umbrella, porque nada menos que la incompetencia total podría explicar un desastre como este, no lo demuestra el desalmado hijo de puta. Por otra parte, si habría sido Caín quien lo hubiese reclutado para la fuerza aérea en lugar del sirviente corporativo que se le había acercado hace tantos años atrás, Carlos probablemente hubiera rechazado la oferta de Umbrella. Gente como Cain enfermaba a Carlos. De hecho, era la presencia de las personas como Cain lo que provocaba que Carlos quisiera renunciar a las fuerzas armadas por pensar que el mundo seria menor cruel con la seguridad de la corporación. Al parecer había calculado mal en varios frentes.

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Carlos se volvió hacia la puerta lateral abierta de la Darwing, que ahora estaba sobrevolando el techo de un edificio. La terraza tenía un pequeño acceso de escaleras, y la puerta estaba abierta. Carlos vio a dos personas, un hombre y una mujer corriendo hacia la entrada. Cuando el hombre cruzó la puerta, la cerró de un portazo, trepó por la cornisa y se perdió de vista. Tal vez allí había una escalera de incendio que pudo utilizar, o quizá sólo planeaba subir por la fachada. Entonces la puerta se abrió bruscamente, y la mujer salió corriendo, perseguida rápidamente por un mar de zombies. Una de las cosas que preocupó a Carlos durante la conferencia fue si seria capaz de distinguir entre alguien vivo y un cadáver viviente. De repente ya no sintió más preocupación. Incluso desde esta distancia, era bastante obvio que la mujer estaba muy viva y sus perseguidores no lo estaban tanto. Poniendo su mano en la oreja, Carlos dijo al piloto "¡Lipinski, bájanos!” La voz de Lipinski sonó en su auricular. "No puedo". Carlos no estaba dispuesto a tolerar esto. "¡Bájanos!" “¡El viento sopla demasiado fuerte! ¡Voy a perder el control del helicóptero! " "Maldición." Él no iba a dejar que la mujer muriese. 79


Carlos buscó debajo del asiento y sacó un cable de alta resistencia. Ató un extremo en su cintura, y entregó el otro a su segundo al mando. Nicholai todavía tenía una mirada sombría en su rostro. Por supuesto, el gran hombre siempre la tenía cuando estaban en servicio. Carlos sabía que era una afección. Por alguna razón, Nicholai estaba decidido a cumplir con el estereotipo de la pesimista rusa. Incluso mantuvo su acento marcado, a pesar de que él y su familia habían emigrado a Estados Unidos cuando tenía tres años. Sin duda tenía un efecto en la gente bajo sus órdenes. Respondían a él, a su acento, a su rumbo, y a su tamaño que lo hacia aun más temible que Carlos, que no se dejaba intimidar cuando se lo proponía. Pero Carlos conocía muy bien a Nicholai, quien solía alterar a la gente hasta teniendo uno o seis Vodkas encima. Entonces, su camisa se aflojaba. De hecho, se podía ver cuantos vodkas había tomado midiendo que tan lejos estaba la camisa fuera de sus pantalones. Luego su acento vacilaba y sonreía, a veces hasta se echaba a reír. “Sujétame, Nicholai.” Nicholai claramente no estaba riéndose ahora. “¿Qué?” Carlos no se molestó en contestar. Él sólo desenfundó sus Colts .45 gemelas y saltó por la puerta lateral hacia la azotea. No iba a dejar morir a la mujer.

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El vozarrón de Nicholai se escuchó en su auricular y por encima del ruido de los rotores de la Darwing. "¡Carlos! ¡Jesucristo! " El viento golpeaba su cara, y el techo estaba cada vez más cerca. Por un segundo se sintió preocupado de que Nicholai en realidad no lo sujetara. Entonces oyó maldecir en ruso a través de su auricular, y la única palabra que Carlos distinguió fue "chyort". Sabía que todo estaba bien. Antes de que la línea se tensase, comenzó a disparar. Las Colts golpeaban contra sus muñecas con cada disparo, pero las balas encontraron sus objetivos, matando un zombie tras otro. El cable se tensó alrededor de seis pies por encima del techo. Sintió como si alguien le hubiera perforado el intestino, pero lo ignoró. Deteniéndose sólo lo suficiente para liberarse rápidamente de su cinturón, cayó al piso de la azotea, poniéndose de pie inmediatamente. Haciendo caso omiso de los dolores punzantes que su aterrizaje le había enviado brevemente hasta las pantorrillas, reanudó los disparos, ahogando el ruido de los rotores de la Darwing y la lista de palabras vulgares en ruso a través de su auricular. Ambas Colts se vaciaron al mismo tiempo. Ahora, las únicas personas que quedaban en el techo eran Carlos, la mujer que intentaba rescatar, y un zombie. Cuando su familia vivía en Dallas, Carlos tomó clases de artes marciales. Nunca llegó a terminarlas, pero si hay algo 81


que había aprendido era girar y golpear con el talón al adversario. Después de haber visto a alguien hacerlo en una de las viejas películas que Jorge y él vieron en Lubbock, decidió aprender a hacerlo. Entonces en las clases fue lo primero que aprendió, y perfeccionó la técnica antes de que papi cometiera el último error que hizo necesario mudarse a Austin. Una de las patadas derribó al zombi, rompiendo su cuello con un sonido satisfactorio. En su auricular, oyó a Nicholai enviando al resto del equipo, que estaría con él en un minuto. Se volvió para ver si la mujer estaba bien. Ella estaba sosteniéndose un brazo con el otro y parada peligrosamente cerca del borde de la terraza, no lejos de donde el hombre le había cerrado la puerta en la cara, y bajo. "Estarás bien," dijo lentamente. "Aléjese del borde." El viento seguía soplando fuertemente. Carlos pudo notarlo porque Lipinski no quería aterrizar la Darwing y sintió miedo de que una ráfaga se lleve a la mujer hacia el otro lado. Sin embargo, la mujer no se movió. Se volvió para mirar sobre borde del techo. Había por lo menos veinte pisos más abajo, una caída sin duda la mataría. Hubo suficientes muertos por hoy en Raccoon City, Carlos no veía ninguna razón para agregarla a la cuenta. "De un paso hacia mí", dijo. "Todo está bien." 82


“No” dijo la mujer con voz temblorosa, "No lo está." Ella le tendió su brazo. Carlos pudo ver las marcas de mordeduras en el antebrazo y la muñeca, y sintió un nudo en el estómago. "He visto lo que sucede una vez que te muerden. No hay vuelta atrás" Detrás suyo, Carlos pudo oír al resto de su equipo descendiendo de la Darwing, como esperaba. "Podemos ayudarla." trató de sonar tranquilizador, pero no estaba seguro de poder lograrlo. Su objetivo en la misión era contener a cualquier persona que estuviese infectada, pero no en estado de zombie. Con Caín, no podía estar un cien por ciento seguro de que fueran tratados amablemente, pero al menos tendrían una oportunidad. La mujer negó con la cabeza y dio un paso hacia atrás. Carlos se encontró a si mismo corriendo en cámara lenta. La mujer se movió engañosamente rápido dando un paso atrás que lo tomo por sorpresa. Pero no importaba que tan rápido corriera, ya era demasiado tarde. Llego al bode de la azotea apenas un segundo más tarde, pero bien pudo haber sido una hora si no fuera por lo bien que lo hizo. Miró del otro lado del precipicio para ver el cuerpo destrozado de la mujer cuya vida pensó que había salvado. Y ni siquiera conocía su nombre. 83


“Dios mío” Era la voz de Nicholai. El gran hombre estaba de pie al lado de Carlos, y su expresión sombría fue reemplazada por una de terror. Askegren estaba justo detrás de él, con su palillo de dientes resbalando de su boca abierta. Carlos supuso que la misma expresión estaba plasmada en su propio rostro. “Definitivamente no son unas buenas vacaciones” murmuró. “¿Qué es eso?” preguntó Nicholai. Sacudiendo la cabeza, Carlos dijo, “Nada. Andando”

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Nueve Por segunda vez en la historia, Alice Abernathy despertó desnuda. Aunque esta vez, en lugar de una cortina de baño, estaba cubierta con una fina bata de hospital que apenas lograba cubrir su cuerpo. También esta vez, recordaba, quién y qué era, y lo que le había sucedido. En vez del agua de la ducha, estaba siendo atacada por otra cosa. No, no atacada, conectada a algo. Cables. Ellos le habían puesto cables conectados. Estaban en sus piernas, su torso, sus brazos y su cabeza. Se sentó. ¡DOLOR! Un terrible dolor, un dolor punzante que adormecía su mente y que causaba estragos en cada fibra de su ser. Ella quitó uno de esos cables de su brazo izquierdo. El proceso de arrancarlo hizo que el dolor fuese infinitamente mayor. Pero luego se alivió. 85


Eso le dio ánimos para arrancar también los de su brazo derecho. Sucedió lo mismo: un dolor terrible al principio, luego siguiendo un proceso casi tolerable. Finalmente se quitó los dos cables que estaban conectados a ambos lados de su cabeza. Tan terriblemente malo, como el dolor que sufrió apenas despertó, pero esta vez, el dolor que sintió cuando se quitó los cables de la cabeza se multiplicó. Para el momento en que la agonía se había atenuado a un profundo dolor punzante, trató de dar una mirada a su entorno. Se había despertado en una cama de exámenes con media docena de luces brillando sobre ella. Ahora, sin embargo, estaba en el suelo delante de la cama. No podía lograr mover sus piernas. Mirando alrededor, vio que cada uno de los cables que ella había quitado de su cuerpo estaban conectados al techo. Aparte de las luces, la única puerta, los cables y la mesa de exámenes, la habitación estaba blanca y vacía, salvo por un espejo. Alice estaba completamente segura de que eso era algún tipo de ventana. 86


De alguna manera se las arregló para ponerse de pie. Sus piernas parecían no recodar cómo funcionar correctamente. Tropezando sobre el espejo/ventana, lo golpeó de un puñetazo. Pidiendo ayuda. Si alguien llegó a oírla, no dio indicios de haberlo hecho. Se preguntaba cuánto tiempo había estado inconciente en la cama. Se preguntaba dónde estaría Matt. Se preguntaba si había oído correctamente a Cain, y si él estaba lo suficientemente loco como para re abrir la colmena después de que tantas personas murieran allí. Ahora, Alice Abernathy lo recordaba todo. Recordaba haber leído acerca del Virus-T. Recordó haber pensado en algo que necesitaba hacerse. Recordaba su reunión con Lisa Broward y haber acordado entregarle la información sobre el Virus-T para que ella pudiera contactar a las personas que expondrían la participación de Umbrella en esta actividad despreciable. Rememoró haber tenido relaciones sexuales con Spencer, para luego despertar y ya no encontrarlo. Se acordaba de haber entrado en la ducha, luego haber sido atacada con gas nervioso, evocó haber despertado en estado amnésico y haber acompañado a One y a sus comandos, junto con un igualmente amnésico Spencer y un policía R.C.P.D. llamado Matt Adison dentro de la Colmena. Recordó también la revelación de que Spencer era quien había liberado el Virus-T y que Matt no era un policía sino el contacto de Lisa afuera, y que formaba parte de una 87


organización dedicada a destruir a la compañía Umbrella. Recordó haber visto cómo One y todo su equipo fueron asesinados: el mismo One, Danilova, Warner y Vance por el sistema de seguridad, Kaplan y Spencer por el Licker, J.D y Rain por los muertos vivientes que era todo lo que quedaba de los empleados de la Colmena. Ella recordaba haber escapado con Matt después de matar al Licker, solo para ser capturados por Cain. Y se acordó de algo más también. Una nota que había escrito a Cain señalándole un defecto en el mecanismo lector de tarjetas que abren las puertas de seguridad de toda la compañía Umbrella: una punta afilada bien ubicada podría interrumpir los circuitos y hacer que se abrieran las puertas. Cain nunca le había dado crédito a la nota. Alice podría apostar que ni siquiera se había molestado en solucionar el problema. Cain era un idiota arrogante. Alice tomó uno de los cables cubiertos con sangre que había estado recientemente conectado a su cuerpo. Lo deslizó en el mecanismo de tarjetas magnéticas, y lo movió hasta que la puerta estuvo abierta. No, nunca había resuelto el problema. ¡Imbécil! Caminó los pasillos de lo que ella ahora reconocía como el hospital de Raccoon City, el área donde había sido concedida por Umbrella, y la utilizaban para sus propios fines con bastante frecuencia. 88


El pasillo estaba desierto por completo. Ni doctores, ni enfermeras, tampoco pacientes. Nada ni nadie. El silencio era ensordecedor. No solo no había ningún signo de actividad humana, tampoco había señales de posible actividad humana. Pasó por un armario y tomó una chaqueta de un médico de laboratorio y se la puso sobre la fina bata que llevaba. Finalmente se encontró frente a la puerta principal y salió. Lo que ella vio afuera le hizo parecer como si la Colmena fuese un día en el parque. Todo estaba abandonado, coches destrozados, autobuses, bicicletas, motocicletas, camionetas de noticias, el pavimento roto, contenedores de basura, edificios dañados, vidrios rotos, frentes agrietados, basura esparcida por doquier, humo y hogueras. Sangre por todos lados. Pero ningún cuerpo. Poco a poco moviéndose con cautela con los pies descalzos, tratando de evitar lo peor del pavimento destruido, piedras y vidrios rotos, caminó por la calle.

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En un quiosco cercano aparecían varias copias con la última edición de la tarde del periódico “Raccoon City Times”. En el titular de la primera página se leía “LOS MUERTOS CAMINAN”. Los malditos habían vuelto a abrir la Colmena y dejaron libres a los trabajadores infectados. Idiotas. Sin embargo, Alice no veía personas, vivas o muertas. O muertos vivientes. Pero ella sabía que eso no duraría demasiado. Dos de las docenas de vehículos abandonados y destrozados eran patrullas R.C.P.D.. Inspeccionó dentro de una de ellas, y luego en otra, la segunda le brindó lo que quería. Una escopeta. La revisa para asegurarse de que está completamente cargada. Lo estaba. Alice sostuvo firmemente la escopeta.

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Diez “Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos”, Jill Valentine murmuró a sí misma cuando abandonó su coche. Su frase, de Dickens fue inspirada en “Historia de dos ciudades”, algo de lo que ella había sido testigo en su marcha desde la estación hasta el puente Ravens, o mejor dicho, las proximidades a dicho puente. Algunas partes de Raccoon City todavía estaban repletas de gente, muchos de ellos tratando de salir o defenderse del ataque de los zombies. En cambio, otras zonas de la ciudad daban la impresión de un pueblo fantasma con coches abandonados, edificios abandonados, y los significativos daños colaterales para ambos. Jill apenas pudo ser capaz de conducir el Porche por algunos sectores de la ciudad, y por primera vez deseaba haber tenido una camioneta todo terreno. Sin embargo, sólo los idiotas conducen vehículos todo terreno en la ciudad. Por supuesto, el mundo, como ella bien lo sabía, estaba lleno de idiotas. La parte más cercana al puente era un embrollo de coches abandonados. No había manera de que Jill pudiese pasar. 91


Por suerte ella no tenía razón alguna para no abandonar el vehiculo. Era un lindo coche como el Porche, solo eso. El mismo tío que le había dejado la casa de piedra rojiza y el Porche también le había dejado lo suficiente en su cuenta bancaria para que ella pudiera comprar objetos nuevos. Las únicas cosas que le importaban eran las dos pistolas automáticas en su hombro y las fundas en su cadera, el paquete de cigarrillos en su bolsillo, que había encontrado en la guantera de su Porche, y las tarjetas en su billetera que le permitían el acceso a su dinero. Todo lo demás - su ropa, sus premios, su mesa de billar, sus discos, y, si, su placa – eran eminentemente reemplazables. Mientras que un lado del puente de Raccoon estaba atascado con vehículos, incluyendo, para una irónica frustración de Jill, docenas de camionetas todo terreno, el otro lado del puente estaba también atascado con personas, las cuales estaban tratando de salir de la ciudad. La respuesta a la gran duda de Jill de por qué todo se estaba retrasando tanto fue respondida en cuanto ella le dio un vistazo a la Terminal a un lado del portón del puente Ravens. Un gran muro había sido construido del otro lado, cubierto de alambres de púas y era custodiado por personas con trajes especiales y otras portando armas de gran tamaño. La única salida a través del muro, parecía estar hecha de hormigón y era por medio de una estrecha puerta en el puente carretera. Para el disgusto de Jill, las personas de trajes especiales, y con armas, todas llevaban el logo de la Compañía Umbrella. 92


Naturalmente. No, espera, todos no. A medida que se abrió paso hacia delante, vio unos cuantos uniformes R.C.P.D. cooperando en el área. Pero era obvio que su trabajo era únicamente de apoyo. Umbrella estaba llevando la batuta. ¿Por qué molestarse en tener una fuerza policial? ¿O un gobierno? Dejen que la Corporación Umbrella maneje todo. Si su experiencia después de los hechos ocurridos en Arklay no la hubiera adormecido, ahora habría sentido el impulso de vomitar ante este burdo abuso de poder. Pero por ahora, solo quería salir de ese infierno, en retrospectiva, ella debió haber dejado Raccoon en el momento en que la suspendieron. Después de todo, un policía no podría sobrevivir si no podía confiar en sus propios compañeros. Henderson y el resto de los R.C.P.D. no la habían apoyado, la dejaron a merced de los lobos de elegantes trajes, endulzados por los beneficios de la Corporación Umbrella. Ella no les debía nada. Así que se fue. Todo lo que tenía que hacer era abrirse paso entre la multitud. Un puesto médico se había instalado donde un doctor revisaba a las personas a medida que se acercaban a la 93


puerta, custodiado por los matones de Umbrella y un hombre vestido con el uniforme de los S.T.A.R.S. “¡Peyton!”, gritó Jill, pero no podía hacerse oír por encima del estruendo de la gente que estaba impaciente esperando su turno para ser examinados y poder salir. A medida que pudo abrirse camino entre la multitud que se dirigía a la puerta, pudo ver al médico que realizaba los exámenes. Hombre blanco, de casi 30 años, pero con una mirada en los ojos que Jill reconocía muy bien –principalmente en los policías de homicidios, en su tercer día con un gran caso en sus manos, en su sexto turno sin dormir, sobreviviendo gracias al café, los cigarrillos y los restos destrozados de su fortaleza. Este doctor parecía que estaba a punto de caer, pero seguía adelante. Jill admiraba su dedicación. Si la compartiera. En ese momento, el doctor estaba revisando a una mujer, un hombre y un niño, probablemente eran una familia. “Ellos están limpios”, Jill le oyó decir con la voz demacrada de un hombre de tres veces su edad. “Déjenlos pasar” Dos de los matones de Umbrella acompañaron al trío a la puerta. “El siguiente”, dijo el doctor. Una marea de personas se abalanzó hacia delante, apenas se mantuvo controlada por los matones y los policías.

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Jill se dejo llevar por esa ola, que la llevó más cerca de su jefe. Peyton Wells era el supervisor inmediato de Jill, y a diferencia de su propio supervisor, esa comadreja carroñera de Henderson, él si había permanecido al lado de Jill después del incidente en Arklay. “Jill Valentine no está mintiendo”, fueron sus palabras exactas sobre el incidente. Siempre había estado allí para su gente, y su gente siempre lo había respaldado. Tú necesitas esa lealtad para sobrevivir en un lugar con tanta presión como lo es el escuadrón S.T.A.R.S. Era ese profundo desprecio - o tal vez falta de comprensión- a esa lealtad lo que había herido tanto a Jill. “¡Peyton!” – gritó Jill de nuevo, ahora que estaba más cerca, mientras los guardias acercaban a un anciano y a una adolescente a la puerta. Esta vez Peyton la escuchó. Hasta entonces, el había tenido esa dura expresión en el rostro, pero al verla, se sintió más relajado. “¡Valentine!” la señaló observando a uno de los matones de Umbrella. “Déjenla pasar, ella es R.C.P.D., es un miembro de S.T.A.R.S. El matón de Umbrella frunció el ceño. “No está con su uniforme”

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Peyton giró sus ojos. “Correcto, porque cuando estoy fuera de servicio y veo muertos vivientes destrozando el pueblo, lo primero que voy a hacer es preocuparme por mi armario… ¿La va a dejar pasar por favor?” Jill sonrió mientras los matones le abrían el camino para poder reunirse con Peyton. “Me alegro que estés aquí”, le dijo. “Podrías echar una mano” Ella se abstuvo de decir que no estaba contenta de estar allí y que no tenía ningún interés en darles una mano. Peyton merecía algo mejor. Pero antes de que ella pudiese decir nada, el hombre mayor que el doctor estaba examinando se desplomó. “Oh, Dios mío”, se lamentó la joven. “¡Papá!” Mientras los guardias y el doctor permanecían de pie alrededor, la joven se arrodilló y comenzó a aflojarle la camisa. Qué patético era todo eso, pensó Jill, que esta niña tuviera más sentido común que los llamados profesionales entrenados. “¡No está respirando!, es su corazón – tiene un corazón débil” Esto, para Jill explicaba su reacción rápida, ella posiblemente había pasado antes por este tipo de cosas. 96


Sin embargo, tan pronto como empezó a hacerle la respiración boca a boca, el médico entró en pánico. “Aléjate de él” Ignorándolo, la chica continuó con la rutina de primeros auxilios, boca a boca y masajeando su corazón, todo eso. El doctor miró a Peyton. “Aléjala de él” Dejando escapar un gruñido de fastidio, Peyton se agachó y separó a la chica de su padre. Jill estaba disgustada. Esa chica estaba tratando de salvar la vida de su padre, ¿y así es como la trataban? Jill necesitaba salir de ese basurero ya mismo. La chica luchaba en los brazos fuertes de Peyton – “No, déjame ir, tengo que ir…” De repente, los ojos del anciano se abrieron. Cuando había caminado hasta la puerta sus ojos eran marrones, pero ahora eran de un color blanco lechoso. Oh, demonios. Moviéndose a una velocidad que Jill nunca hubiese esperado de un hombre de su edad, el anciano mordió a Peyton. “¡Aaaaahhhhhh!” Esto no ayudó a calmar a la multitud. Ahora se lanzaron contra las pocas barricadas de guardias y avanzaron frenéticamente al ver como Peyton era mordido. 97


Jill sacó su pistola y puso una bala en la cabeza del anciano. La adolescente gritó. "¡Noooooo! ¡Papá! ¡Papá! ¡Lo has matado! “Ya estaba muerto”, dijo Jill. La muchacha entró a correr derribando a uno de los matones de Umbrella. Otro matón entró en su lugar para mantener a raya a la multitud, pero este alboroto solo iba a empeorar. Jill se dio cuenta de que cuando el matón cayó, también su auricular había caído. Se agachó a recogerlo y estaba a punto de entregárselo mientras el matón sacudía su cabeza, fue cuando ella escuchó voces a través del auricular. Una voz joven: “¿Señor?” La siguiente voz hablaba con un acento alemán: “Está aquí. Llegó al portón” Una tercera voz, parecía pertenecer a un oficial: “Muy bien, entonces. No tenemos otra opción. Debemos mantener esto contenido”. Un muchacho joven: “¿Señor?” El hombre alemán: “Cierre las puertas” El muchacho joven: “Pero nuestros hombres están todavía allí” Hombre alemán: “Solo hágalo” 98


Jill miró hacia la pared y vio como la puerta empezaba a cerrarse. "¡Mierda! Esto duele.” Dándose la vuelta Jill vio que nadie se había molestado en vendar la herida de Peyton. En realidad, el doctor había desaparecido. Tal y como se lo figuró. Jill tomó un kit de primeros auxilios que estaba allí abandonado y rápidamente vendó la herida de Peyton. Que aquel hombre anciano hubiese sido capaz de morder, romper el pantalón y arrancar un pedazo de carne de la pierna de Peyton era algo impresionante. A medida que le ajustaba el vendaje, Jill le dijo: “Maldita sea Peyton, deberías haber salido de aquí cuando tuviste la oportunidad”. “Esta es nuestra gente Jill”. Jill resopló y sacudió la cabeza. Fiel hasta el final. Ambos él y Quinn. Los dos probablemente obtendrían medallas póstumas. Como si fuera gran cosa darles a ellos algo así. “¡Fuera de mi camino! Soy una celebridad, ¡maldita sea!” Sorprendentemente, estas palabras funcionaron, ya que los asustados ciudadanos de Raccoon City le abrieron paso a una mujer vivaz. 99


Jill la reconoció como una reportera de un canal de televisión, pero no recordaba cual. ¿Tammy Morehead? ¿Theresa Morehouse? Algo así era. Fue entonces cuando una voz resonó por encima de todos. Jill miró hacia arriba y vio a uno de los rufianes de Umbrella sosteniendo un megáfono. “Esta es una zona de riego biológico en cuarentena” La voz pertenecía al tipo alemán. “¿Qué está pasando aquí?”, gritó la mujer reportera hacia la pared de donde provenía la voz. Ignorándola –o tal vez él no podía oírla- el alemán repitió sus palabras: “Esta es un área de peligro biológico en cuarentena. Debido al riesgo de la infección, no se le puede permitir a nadie salir de la ciudad”. “De qué esta hablando”, preguntó la reportera. Jill casi le gritó que no podía oírle pero pensó que el esfuerzo no valía la pena. “Se están tomando todas la medidas apropiadas. La situación está bajo control. Por favor regresen a sus hogares”. Si esto no hubiese sido tan colosalmente estúpido Jill se hubiese largado a reír. De todos modos casi lo hace, ya que la risa era la única alternativa a suicidarse con su propia arma. 100


Regresar a sus hogares. Correcto. Raccoon City era un cementerio, con nuevas tumbas siendo excavadas cada segundo. Al cerrar las puertas, este maldito alemán había sentenciado a muerte a todos. Lo que era aun peor. Jill sospechaba que el alemán lo sabía y no le importaba. Típico de Umbrella. Los ciudadanos estaban, comprensiblemente, un poco desilusionados tras oír estas instrucciones. “¿Volver a nuestras casas?” “¿Estás loco?” “¿Qué hogares?” “¡Déjenos pasar!” La gente comenzó a marchar hacía adelante. Los policías y matones no los podían controlar, ya que la desesperación movía el accionar de los ciudadanos. O tal vez la situación estaba debilitando a los rufianes y a los policías, pensó Jill. Después de todo ellos estaban atrapados igual que los demás. “Esta es una zona de riego biológico. Regresen a sus hogares”.

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Jill se preguntaba si el alemán tenía una cuerda que le tiraban de la espalda, que le hacía repetir esa frase una y otra vez. Miró a Peyton que trataba de mantener a la gente atrás y mantener la calma, incluso con su pierna herida. Ella pensó en Quinn, quedándose detrás de su escritorio. “Esta es nuestra gente Jill” “Mi turno no ha terminado todavía” ¡Maldición! Gritó Jill a la pared. “¡Hay personas heridas aquí! ¡Necesitan atención médica! Como respuesta, el alemán bajó el megáfono y levantó un arma ante la vista de lo que sucedía. Disparó doce tiros al aire. Ante el ruido el movimiento de gente se detuvo. Levantando el megáfono nuevamente, el alemán dijo: “Tienen quince segundos para dar la vuelta y volver a la ciudad” Seis nuevos matones tomaron posiciones en la pared alrededor del alemán. Jill se preguntaba cuál sería el joven que ella había oído por el auricular. Ellos también estaban armados.

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El alemán le pasó el megáfono a un hombre que estaba a su lado, quien habló por medio de él. “El uso de armamento de guerra ha sido autorizado” Si - este era el hombre que había escuchado por el auricular. “¡No se puede disparar a la gente!” dijo la mujer periodista. Terri Morales, ese era su nombre. Jill había hablado con ella varias veces cuando era reportera, antes de que ella arruinara una exposición del concejal Miller. Después de eso la pusieron a dar el pronóstico del tiempo - eso no era lo que merecía. Cualquiera que fuese capaz de arruinar una exposición de ese bastardo no merecía estar en las noticias dando el reporte del tiempo. En cuanto a lo que se había dicho, Jill no estaba preocupada. Estos eran matones corporativos. Las corporaciones eran crueles, si, a veces feroces, a menudo indiferentes. Pero nunca fueron sádicos. “Quince...catorce…trece…doce…” El alemán les hizo una seña a los matones en la pared. Todos levantaron sus armas. “Once…diez…” Peyton miró a Jill. “No está bromeando” 103


“Nueve…ocho…” Jill no lo podía creer. “No dispararán a la multitud” “Siete…seis” “Llévalos atrás” Por alguna razón Peyton Wells estaba seguro que iban a disparar contra la multitud. Peyton había confiado en el sano juicio de Jill cuando nadie más lo hizo. Ella no podía hacer menos por el ahora. “Cinco…cuatro…” Además si el alemán había autorizado el cierre de las puertas, ¿por qué no iba a abrir fuego contra una multitud de personas inocentes? Ya estaban muertos de todos modos. “¡Muévete!” gritó Jill. “¡Aléjate de la pared!” Peyton hizo lo mismo, al igual que los otros policías R.C.P.D.. “Tres…dos...” Después de un momento también lo hicieron los matones de Umbrella. Trataron de forzar a la gente de ir hacia atrás, moverlos lejos de la pared. “Uno…” Lo siguiente que Jill escuchó fueron los disparos de varios rifles de asalto provenientes de la parte superior de la pared. 104


Once Sí Timothy Cain hubiese escuchado los gritos de la gente que ordenó fusilar, él no lo hubiese hecho mientras caía el estuche metálico que le tomó a el y a Giddings bajando al campamento. En vez de eso, habló en su auricular. “La compuerta de Raven está segura, pero perdí el contacto con los escuadrones uno y dos, que estaban en la ciudad. Los escuadrones del tres al siete confirmaron su retirada” “¿Hay posibilidades de contención?” “No señor, las medidas de supresión fallaron. No podemos contenerlo. La propagación del virus es más rápida de lo que habíamos anticipado” “Eso está más que claro” El hombre al otro lado suspiraba casi inaudible “Está bien, tendremos que activar Nemesis, por medio de tu recomendación. Cambio y corto” Cain cabeceó un poco y se dirigió hacia Giddings. Estaban acercándose hacia una de las varias docenas de talleres inflables que fueron rápidamente construidos una vez que el perímetro de la base se había fijado. Cada una tenía como distintivo una U del logo corporativo blasonado hacia un lado. De sus días en el Golfo, Cain recordaba muchas de las operaciones que había planeado y ejecutado de manera 105


perfecta, pero seguía fallando en algo que había acontecido en el desierto. El desierto era, literalmente, una fuerza de la naturaleza, y los planes de los hombres no siempre funcionan bajo aquellas circunstancias. De vuelta a sus tiempos de soldado recién iniciado, su primer teniente siempre le decía “Algunos días, el desierto siempre gana” Hoy, el desierto estaba ganando. La operación iba tal como estaba planeada, pero el Virus-T se había descontrolado. Le decía a Giddings “Prepara el C89 y échalo a volar. La activación del programa Nemesis fue confirmada” Giddings movía su cabeza y se retiraba. Cain se dirigía hacía el helipuerto, sólo para ver la silueta de la silla de ruedas del Doctor Charles Ashford. Ashford fue una de las razones principales por las cuales se llevó a su casa un suculento cheque. Muchos de los contratos más lucrativos –y de alto nivel secreto- estaban relacionados con el brillante trabajo viral de Ashford. Pero, sin duda, era el desastre de hoy. Pese a ello, Ashford era tratado al nivel de la realeza. Los superiores de Caín se lo habían dejado claro que él era mucho más importante que cualquier persona que se encontrara en Raccoon City, incluyendo a Caín. Eso era porque él, junto al resto de los principales científicos de Umbrella, habían sido evacuados durante la mañana. Justo 106


antes de cerrar las compuertas, Caín fue ordenado a que los llevara a millas del lugar hacia alguna parte segura. La ciudad no era segura, y estos eran recursos que debían ser protegidos a toda costa. Justo en este momento, Caín expresaba cierta molestia y Ashford lo notaba. “¿Doctor Ashford?” “¿Por qué fue el tiroteo?” “Para asuntos que al Departamento Científico no le conciernen. ¿No debería estar en el helicóptero?” “No iré” Caín no dejaría expresar su enojo. Esto, no lo necesitaba. Miró hacia los SUV’s estacionados cerca del lugar –uno de los cuales brillaba por su ausencia. “Doctor: se me ordenó llevarle a usted y a los otros científicos fuera de esta zona. Es muy importante para Umbrella como para ponerle en riesgo.” “No me iré, no hasta que vea a mi hija” Y así fue. Como Caín sospechaba de Stein y cualquiera de los hermanos Friedberger –Caín nunca pudo corregirloshabían fallado en llegar con Angie Ashford, la hija del discapacitado seguía dentro de la ciudad. Lo que significaba que ella estaba muerta. Pero tratando de explicarle eso a un padre. 107


“Lo siento, pero la ciudad está completamente cerrada. Sí ella estuviera viva, no podría dejarla salir. No por ahora – el riesgo de infección es muy alto, debe entenderlo” “No entiendo cómo sucedió todo esto. ¿Cómo pudo haber empezado el brote?” Caín sacudía su cabeza “No lo sé” Todo eso era la verdad. Las únicas cosas que eran posibles de determinar eran que cuando el Virus-T fue liberado de la Colmena, Alice Abernathy estuviera tomando una ducha en aquel momento. Ellos sabían esto debido a que las cámaras de seguridad de la mansión habían logrado salvarse del daño catastrófico causado por la Reina Roja, por lo que fueron recuperables. La inocencia de los Abernathy hizo multiplicar las preguntas. Caín observaba que todos habían abordado el helicóptero a excepción de Ashford. “No hay nada que pueda hacer aquí Doctor” “Me quedaré” Caín había sido sobrepasado por una urgencia de tomar a Ashford y meterlo dentro del helicóptero, pero evitó pensar más en ello. Ya que sí lo hacía, Ashford informaría sobre el suceso y Caín saldría sin un penique a cambio. Sí Ashford quería quedarse, lo haría. Pero Caín no permitiría que se escapara. 108


Le señaló al piloto que despegara, y después llamó a Giddings. “¿Si Señor?” “Lleva a Ashford al área de trabajo D” Era una de las tiendas. Tenía un lugar para trabajar, un computador de Umbrella que se encontraba conectado con un satélite de la compañía, una litera y un escritorio. Esto permitiría mantener ocupado al doctor, incluso terminar algún que otro trabajo, mientras esperaba en vano a su hija. “Manténgalo a salvo en este lugar” “Si Señor” Giddings llevaba al doctor al lugar en cuestión. Un momento después, salió y selló la tienda, para después llamar a uno de los comandos, un novato llamado Noyce. “Vigílalo” Le ordena Giddings “Él no puede salir” “Señor,” Noyce dice al instante. Giddings asiente la cabeza en señal de afirmación. Con esto, se dirigió hacia el centro de operaciones que habían dispuesto tras el helipuerto. Habían perdido ya buena parte de la población, después a One, Ward y a su equipo, y cerca de quinientos empleados de Umbrella, componiendo esto con dos equipos que no se sabía su ubicación, lo que empezaba a irritarlo.

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Umbrella tendrĂ­a que desembolsar mucho dinero para cubrir todo este suceso.

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Doce La ciudad se veía diferente para Alice Abernathy – más allá de lo obvio. Los colores eran más acentuados. Los detalles eran más fáciles de distinguir. Las formas eran más distintivas. Y, también, ella podía ver más allá de lo normal. Los mal nacidos habían hecho algo en ella. En algún momento, entre que ella fue sedada en la mansión y cuando había recuperado su conciencia en el hospital, fue cuando ellos habrían hecho algo en ella. No sabía qué, pero la había cambiado. Conociendo a Umbrella, no habría sido nada bueno. Mientras caminaba entre las calles, había logrado ver muy poca gente. Algunos seguían vivos –fácil de identificarlos, eran los únicos quienes gritaban dentro de sus destrozadas mentes- los otros eran muertos caminando. A veces, veía a uno de ellos envuelto en una pelea contra otro. Sí estaban cerca de uno, Alice podría haberle gritado al vivo para desnucar al muerto, o si estuviera armada, apuntar hacia la cabeza. Sí no se encontraban cerca de ella, Alice sólo tomaría la escopeta que tomó de la patrulla del R.C.P.D. para volarles el cráneo. 111


Los vivos raramente se mostraban agradecidos. Normalmente corrían escapando endemoniadamente. Alice no podía culparlos. Una mujer en el hospital acarreando una escopeta no era exactamente alguien con quien podrías caminar a su lado y tener una charla. Caminando entre las destruidas calles de Raccoon, se encontró personalmente disgustada con la forma de la avaricia. La avaricia había creado esta pesadilla: Primero, la avaricia de Umbrella en crear el Virus-T, como crema base para las arrugas, usada para alimentar el ego de los estúpidos, y tal vez como algo para vender al mayor postor como bio-arma de terrorismo. Y la avaricia de Spence Park que lo llevaba a robar el virus con su antígeno para así venderlo al postor más interesado, de esta manera infectar la Colmena por completo y condenar a quinientas personas a muerte para ocultar sus pasos. Recordando, Alice sabía que esto se veía venir. Spence no se había tomado molestia con su avaricia desde el momento que se encontró con ella, y fueron enlazados como la falsa pareja asignada a cuidar la mansión. Él dijo que abandonaría su trabajo en el Departamento Policial de Chicago sin dudar debido al pago que se le entregaría por trabajar en la División de Defensa de Umbrella. Pero Alice no había prestado atención hacia el más allá de cuan bueno era en la cama que compartieron y en cuán bien había hecho su labor como compañero. Incluso a través de 112


su entrenamiento, instintos, su descripción de trabajo que la hacían requerir para mirar sólo la fachada del asunto. ¿Qué habría pasado si ella hubiese dicho “no”? “No juzgues a un libro por su cubierta. Primera regla de la División de Seguridad” Los instintos de Alice han sido de mucha utilidad en varias ocasiones, pero han fallado con Spence. Ahora Spence está muerto, también los empleados de la Colmena, Rain y el Equipo de One también, la mitad de Raccoon más su otra mitad empezando a tomar los mismos cargos, ella no tenía idea de lo que había ocurrido con Matt –y todo esto fue causa de la avariciaEso, y la estupidez. Ella conocía a Caín, y éste tenía sus huellas digitales por donde se viera. Para todo él hablaba sobre eficiencia, sus operaciones colmadas de errores y carentes de rectitud. Nunca consideró las consecuencias, y siempre terminaba todo herido y bajo las peores situaciones. Eso fue claramente en este caso. La última cosa que escuchó de Caín fue que había reabierto la Colmena, cosa que fue el acto más imbécil que pudo haber realizado bajo aquellas circunstancias. Alice había pensado para si misma en dirigirse sin razonar hacía el centro de Raccoon, pero en cuanto doblaba la esquina, sabía que tenía un lugar al cual llegar, pero sólo en su inconciencia. Había caminado hacia un edificio con un pórtico de 10 pasos que lo dirigía hacía una entrada con 3 puertas, dos de 113


ellas dirigían hacia escaparates que encaminaban a la planta baja, un puesto de periódicos y un puesto más. La tercera puerta llevaba al lobby de departamentos. Adyacente al pórtico había otra escalera, que encaminaba hacía un modesto letrero blasonado con las palabras CHE BUONO. La última vez que Alice había estado en Raccoon fue cuando llevó a Lisa Broward a comer. Alice había descubierto que Lisa, la persona a cargo del mantenimiento de la seguridad de la red computacional de la gran Reina Roja, había tenido una vendetta contra Umbrella debido a la muerte de uno de sus compañeros de trabajo. Por lo que Alice la había reclutado para que la ayudara a revelar a los creadores del Virus-T, quienes estaban violando las leyes nacionales, internacionales y un sinnúmero de tratados que Estados Unidos había firmado por años. Sin que lo supiera Alice, Lisa había sido integrada a Umbrella por su hermano, Matt Addison, quien era parte de un grupo secreto dedicado a exponer a Umbrella como la mierda que son. La avaricia de Spence también lo hizo ser partícipe de ese grupo. Lisa había sido dispuesta para que le entregara el Virus-T a Matt, que la vería en la mansión. En vez de eso, Matt se había encontrado en la pesadilla que Spence causó. Alice había encontrado Che Buono por primera vez durante un San Valentín. Ella estaba paseando apenada por estar sin compañía durante esa fecha que se celebraba el emparejamiento. Che Buono – un restaurante dirigido por una pequeña familia, los Fliglia, que habían emigrado desde Italia para abrir un restaurante en Estados Unidos- era el único lugar donde había una mesa libre, y así Alice tuvo la mejor comida de su vida. 114


Ella bajó cautelosamente las escaleras para ver si los Figlia se encontraban bien. Adentro todo era un desastre. Las seis mesas estaban tiradas, las sillas esparcidas por doquier, la mayoría rotas. Las fotografías de Italia que estaban en las paredes se encontraban ladeadas, y muchas de ellas dañadas. Lo peor de todo, la pintura del Puente Vecchio de Florencia que era la pieza maestra del local, estaba cubierta en sangre. Alice no veía cuerpo alguno. Se preguntaba si era una buena o mala señal. Entonces fue cuando escuchó un ruido. La puerta de la cocina se abrió y cuatro personas salieron arrastrando los pies. Anna Figlia, la mujer de edad que servía como la maestra de la sala. Su hijo, Luigi, y su esposa, Antonia, quienes eran los encargados de cocinar. La hija de Luigi y Antonia, Rosa, era la garzona. Como si fueran uno, se movieron hacia Alice, con ojos lechosos, con las mandíbulas suficientemente abiertas para mostrar dientes negros que estaban dirigidos hacia el cuello de Alice. Una vez, la mirada de estos cuatro era un refugio. Ir al Che Buono había sido un resguardo de la creciente frustración de trabajar con gente indeseable que la hacían realizar cosas indeseables para causas despreciables. Ella había traído conscientemente a Lisa porque sabía que sacaría lo mejor de ella por si misma, y mostrarle a Alice si era alguien de confianza. Recordaba en su mente la cara de Lisa cuando había probado por primera vez un parmeggiano, dejando en claro 115


que era de lejos uno de los platos italianos más finos desde su infancia cuando su familia había ido a Nueva York. Con lágrimas en sus ojos, Alice tomó su escopeta y tiró del gatillo cuatro veces. Después se retiró y se fue del Che Buono por última vez. Chocó con el dintel de la puerta mientras se retiraba, un poco de dolor recorría su antebrazo cuando se había dado cuenta que tenía un corte. Sin hacer caso de la herida, seguía caminando entre las calles. Una tienda llamó su atención: SURPLUS AND MORE. Era una muy buena tienda de bodagas de ropa militar tanto actual como antigua. Justo el lugar para hacer las compras después del Apocalipsis. Como si nada, se había quedado sin munición. Mientras se movía dentro de la tienda calculaba mentalmente las cosas que podría acarrear y que necesitara versus lo que pudiera llevar fácilmente, cuando de repente sufrió una convulsión. Espasmos de dolor recorrieron su cuerpo. Sintió algo raro en sus brazos, y observó en ellos un efecto de ondulación –como sí algo se moviera bajo su piel. Horrorizada, recordó cuando había tenido una situación similar: en el brazo herido de Matt Addison, justo antes de que fuera tomado por Caín y su grupo en la mansión. 116


Entonces fue cuando ella se percató de algo más: el corte en su brazo había sido totalmente curado. Otra ola de dolor la invadió, que casi la tira al suelo. Esto era peor que el dolor que la despertó en el hospital, peor que cuando se tuvo que sacar los metales de su cuerpo. Dios, ¿Qué estaba ocurriendo en ella? El dolor empezaba a retirarse. Observó alrededor de la tienda buscando un espejo, que cuando encontró uno corrió hacia el. Sus pupilas se dilataron en shock. Los mechones de pelo artificiales que fueron colocados en su cabeza se retiraban tras haber sido rapados por haber puesto los metales y ahora el pelo crecía con normalidad, como también habían sido curadas las heridas. Se miraba a sus pies. Desde que dejó el hospital, estuvo caminando descalza sobre vidrio roto y pavimento, pero no había rasguño alguno en sus pies. Los mal nacidos tuvieron que haberle hecho algo. Entonces escuchó un ruido. Sacando su escopeta, giró hacia un grupo de zombies que arrastrándose, se dirigían hacia ella a través de la puerta principal. Pero antes de acercarse, se detuvieron. Mirándola con sus ojos emblanquecidos.

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Alice tenía su escopeta apuntando hacia el zombie que estaba en la parte principal, en el caso que no tuviera duda en disparar o apuntar a otros en el momento. Pero no lo hizo, tampoco ellos se movieron. Caminaron a su lado, ignorándola. Eso no tenía sentido…si, esos bastardos le habían hecho algo a ella. Pero la pregunta era, ¿Qué? Entonces fue cuando escuchó otro ruido, el motor de una motocicleta. Ella se movió para observarla. Había una Harley enfrente. Y no estaba frenando. Incluso ella que estaba buscando protección en la caja del local, la motocicleta pasó más allá de la ventana de la tienda, chocando con un sonido que Alice había encontrado más ruidoso de lo normal- más que nada porque el lugar estaba silencioso, pero también, porque se había dado cuenta que su audición estaba más aguda de lo normal. Se puso de pie para ver la moto, se había detenido tras parar con una góndola repleta de uniformes. Un hombre gigante con una chaqueta de cuero se desplomó en las manillas, con su cara cubierta de pantalones verdes. En cuanto ella se acercó, el motociclista se puso de pie. No pudo ver sus ojos tras los lentes de sol que tenía, pero la forma en la que se le cayó su boca era sin error alguno. 118


Alice tranquilamente agarró su cara, con cada mano en cada lado de la cara y giró, desnucándolo. Entonces lanzó al ciclista al suelo, cayendo de tumbo. Encontró la ignición y apagó el motor, sacando la moto del lugar y dejándola parada en la caja. Ahora tenía una forma más eficiente de viajar por la ciudad. Mientras que el grupo de zombies caminaba alrededor de ella, ignorándola, Alice continuó su Tour de Shopping, la lista de las cosas que podía llevar había aumentado notablemente.

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Trece Si le hubieras preguntado a Jill Valentine cómo se las arregló para escapar del caos del puente de Raven Gate, no podría habértelo dicho. Hace un minuto, ella estaba gritando a todo el mundo para que volviera. Un instante después, disparos. Al momento después de aquello, un mar de humanidad corriendo hacia distintas direcciones. Lo siguiente que sabía, que estaba corriendo por las calles de Raccoon City, apoyando al herido Peyton Wells y acompañada por Terri Morales. Si la situación hubiera sido diferente – es decir, Morales herida y Peyton en buena forma- Jill no podría haberse permitido bajar la velocidad por una persona herida. Pero ella no estaba dispuesta a abandonar a Peyton. Una vez que hubieran sobrevivido al tiroteo de Umbrella en la puerta de Gate Raven lograrían ponerse al otro lado del puente de Raccoon, hecho esto, se dispersaron a los cuatro vientos. Jill eligió una dirección, tres de ellas eran como un vacío comparándolas con cualquier cosa. Ella se figuraba zombies que podrían tender hacia las concentraciones de gente, por eso mientras la mayoría se dirigía hacia la ruta 22 o el Boulevard occidental, Jill y Peyton – y Morales, quién se pegaba a ellos como una sanguijuela- bajaron por el menos 120


transitado Dilmore Place, que dio lugar a una zona de decadencia residencial. A medida que más bajaban Dilmore, Jill miraba a Peyton, cojeando con su brazo izquierdo amarrado al cuello. Él estaba pálido y sudoroso, aunque esto último podría haber sido a causa del calor, que no había disminuido con la puesta del sol. La mayoría de las farolas no funcionaban, pero un montón de hogueras y coches ardiendo iluminaban el camino. Jill divisó una gran iglesia al final de la carretera donde Dilmore terminaba con la calle Lyons. ¿Qué mejor lugar para tomar refugio? Intentó tranquilizar a Peyton. “Vamos a decansar pronto.” “No te preocupes por desesperadamente sonar miserablemente.

mí,” firme

dijo, intentando pero fallando

Aquello más que otra cosa mostraba lo enfermo que estaba Peyton. En general no tuvo problemas para hablar firmemente. Morales, que había estado misericordiosamente tranquila hasta entonces, de repente le estallaron un montón de palabras. “¿¡Qué diablos está pasando!? ¡Están disparando a gente inocente! ¡Gente inocente! ¡Por qué no hiciste algo, eres policía!” La ex-reportera tenía su límite. Después de todo, no era que Umbrella tuviera ninguna posición en la ley o en la agencia militar. No obstante, las palabras de aquel chico en la pared 121


eran que no podía “autorizar” el uso de munición como si fuera un campo de tiro real. Últimamente, la única persona con autoridad real era quien sostenía el arma más grande. En ese caso, Umbrella. Sin embargo, Jill no tenía ni el interés ni la paciencia para explicárselo a la meteoróloga de la Raccoon 7. Cuando llegaron a la puerta de la iglesia, Jill dijo, “Adentro. Vamos a cubierto.” La iglesia era una enorme estructura gótica que se parecía algo a lo que Tim Burton le había pedido a Fran Lloyd Wright cuando estuvieron borrachos. La arquitectura de funky y gárgolas gigantes fueron lo suficientemente espeluznantes en la oscuridad iluminada por el fuego exterior, pero al parecer tampoco había electricidad en el interior. El techo era alto, las largas sombras, las pocas fuentes de luz distantes entre sí. Sobre la puerta había una ventana enorme de vidrio que representaba a Lucifer siendo expulsado del cielo al infierno – que Jill reconoció por la lectura de ‘El paraíso perdido’, en la Universidad de no cualquier formación religiosa. Una enorme cruz colgaba sobre el altar. Al igual que Jill estaba empezando a cuestionarse si aquella era una idea candente, una voz sonó desde una de las sombras. “¡Eso es! ¡No te me acerques!” Una figura apareció. Era un hombre blanco desalineado, probablemente de unos treita años, sosteniendo una 122


Magnum .357 que se veia tan comoda en su mano como lo estaria en la de Morales. Jill había visto esa expresión en el rostro del hombre decenas de veces a lo largo de los años desde que se había unido a los S.T.A.R.S., por lo general en los tomadores de rehenes y en los secuestradores: la mirada única y loca de alguien que no tenía nada que perder, llevaba un arma de alto calibre. Poniendo su mejor voz de negociador – y deseando que Goldblume, su real negociador, estuviera allí – Jill dijo, “Está bien. No somos esas cosas.” “¡Este es mi lugar! ¡Yo lo encontré! ¡Me estoy escondiendo aquí!” Morales topetó secamente. “Creo que es lo suficientemente grande para todos.” El hombre comenzó a agitar la 357. “¡Vas a atraerlos! ¡Sal de aquí!” Para sorpresa de Jill, Morales hizo bien en plantarle cara al hombre. Ella tenía las pelotas de acero o era muda como un poste. O ambas cosas. El dinero de Jill apostaba sobre ambas cosas. “¡No vamos a volver a salir! ¿Lo pillas?” El hombre apuntó el arma directamente al rostro de Morales. “No me digas-““Está bien, ¡tranquilo! ¡Baja el arma!” Ambos se retrajeron por la orden de Peyton, que se hizo eco en los altos techos. 123


Jill sonrió. Aparentemente Peyton todavía podía sonar duro. El hombre bajó el arma. Caminando hacia él y tendiéndole la mano, Jill dijo, “Es posible que quieras dármela” “No lo creo”. El hombre todavía estaba agitado, pero sonaba un poco menos chiflado. Peyton miró a Morales. “Y tú tranquilízate.” Jill hizo lo mismo. “Hay muchas maneras de ser asesinado aquí sin necesidad de suicidarse” Morales no dijo nada en respuesta. En cambio, ella miró su mano. Sólo entonces Jill se dio cuenta de que ella sostenía algo pequeño y metálico. Había dado con algo parecido a una mierda de Terri Morales, quizás podría haber preguntado qué era. En su lugar, se sentó en uno de los bancos y sacó un cigarrillo. Un destello de la preocupación de que estaba profanando un lugar sagrado se apoderó de ella, pero pasó rápido. Los zombies estuvieron caminando por las calles, las corporaciones estaban disparando a personas inocentes, si había un Dios, él no había estado en Raccoon City últimamente. Después de tomar una calada, Jill se dio cuenta de que Morales la estaba observando.

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“Jill Valentine, ¿verdad? ¿Me recuerdas? Cubrí algunos casos antes de tu suspensión.” Ella extendió una mano. “Terri Morales, Raccoon 7.” Sin molestarse en devolver el saludo ofrecido, Jill soplaba el humo del cigarrillo en la cara de Morales. “He visto todo su trabajo.” Morales sonrió. La expresión no funcionaba en su cara. “Un fan.” “En realidad no. ¿Ahora haces el tiempo, verdad?” La sonrisa se esfumó. Jill disfrutó con aquella broma. Indicó a Peyton, que también estaba sentado en el banco. “El sargento Peyton Wells.” Señalando al artículo de la mano de Morales, Peyton le preguntó: “¿Qué es eso que llevas ahí?” Morales sostenía el objeto: una pequeña video-cámara de mano. La luz roja de grabación le hizo sospechar a Jill que había estado grabando desde que Morales llegó al puente. “Mi Emmy,” dijo ella con otra sonrisa. “Alguno de nosotros sale”. Señaló a la lente derecha de la cámara en Peyton. “Así que, ¿el Departamento de Policía de Raccoon City tiene una idea acerca de estas cosas?” “El juez” La voz no era de Peyton – se hizo eco en los altos techos, pero Jill se dio cuenta rápidamente de que se trataba del altar. 125


Se dio la vuelta para ver para ver a un sacerdote o un ministro o lo que fuera, estaba caminando hacia ellos. Su collar de perro estaba sucio, sus ropas habían visto mejores épocas, y su pelo no había sido peinado desde la administración de Clinton. “Mirad, yo traeré el mal a este pueblo, el fruto de sus pensamientos, porque ellos no han escuchado mis palabras, ni mi ley, pero lo rechazaron.” “¡Despertad y cantad, moradores del polvo, porque tu rocío de hierbas, y la tierra dará la muerte.” Los muertos caminan entre los vivos y nos trae la condena con ellos!” En el momento en que lo dijo, se había unido a ellos en la parte delantera de la iglesia. “Esto si es un verdadero discurso”, dijo Jill sin expresión. “Jeremías,” el hombre de la 357. Murmuró. “La primera parte, de todos modos. Después era de Isaías. No estoy seguro sobre el último trozo.” Morales sonrió, su cámara apuntaba a la derecha del sacerdote. “Sí, eso es hacer un corte final.” Un repentino ruido detrás del altar sobresaltó a todos ellos, excepto al sacerdote. “¿Qué es eso?.” Preguntó Peyton. “No es nada.” Jill resopló. No había tal cosa en otro lugar más que en Raccoon City. Tomó una línea recta hacia el altar, 126


caminando detrás de la sacristía. Sus ojos estaban empezando a acostumbrarse a la penumbra, pero todavía caminaba con cautela, con miedo a tropezar con un rosario de repuesto u otra cosa. No, espera, eran los católicos quienes utilizaban los rosarios, directamente no pensó que esto fuera una iglesia católica. Jill no había prestado atención a esas cosas. Su padre era un vencido Episcopal, su madre un poco judía. Si fuera presionada, Jill podría describirse como una indiferente agnóstica. Hoy, sin embargo, no sabía en qué creer. La sacristía estaba iluminada por una única lámpara de mesa, que todavía, gracias a un pequeño espacio lo hizo con mejor iluminación que la parte principal de la iglesia. Varias mesas y sillas fueron volcadas, que parecía se parte del curso para cualquier habitación en Raccoon City en la actualidad. Lo más notable fue la raya de sangre en la pared. Debido a su mentalidad de policía entrenada por la academia, era rocío arterial. No era el tipo de cosas que quería ver en el santuario de un sacerdote. Delante de ella, había una mujer en una silla, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, con la cabeza baja. “¿Estás bien?” preguntó Jill. Una voz repentina detrás de ella le dijo, “¿Qué estás haciendo?”

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Jill casi saltó de su piel. ¿Dónde demonios había aprendido un sacerdote a moverse de esa manera sobre un oficial entrenado de S.T.A.R.S.? Probablemente era mejor preguntar dónde había aprendido una oficial de S.T.A.R.S. a dejar sus instintos embobados. La respuesta: el día de los zombies en Raccoon City se hizo a cargo de aquello. “¿Qué pasa con ella?”, preguntó Jill, sospechando de la respuesta. “Es mi esposa. Ella… no está bien.” Mientras Jill trataba de acercarse a la mujer, el sacerdote le cortó el paso. “¡No!” “Fuera de mi camino.” “Ella no está bien, te lo dije.” “Tal vez pueda ayudar.” Jill no se sentía demasiado culpable por aquella mentira. Además, no era del todo una mentira. Si la esposa era otra de aquellas criaturas, un tiro en la cabeza sería suficiente para ayudarla. Apartando al sacerdote, se dio cuenta de que la mujer estaba atada en la silla con un cable eléctrico. Esto tanto verifica sus sospechas por la falta de iluminación. Entonces la mujer alzó la vista, y Jill vio la sangre alrededor de su boca. “Oh, Dios mío.” 128


La mujer comenzó a temblar hacia adelante y hacia atrás en la silla, luchando contra sus ataduras. “Estás enfermo.” Le dijo Jill al sacerdote. “Solamente váyase.” Contestó, sonando entre enfadado y triste. Jill no sabía si compadecerse o pegarle un tiro. O ambas cosas. “¡Fuera de mi iglesia!” exclamó el sacerdote. “Yo puedo ayudarla. Exorcizar esta cosa fuera de ella.” Jill quizás hubiera creído que era sincero, justo hasta que tropezó y casi se cayó al suelo. Mirando hacia abajo, vio a medio cadáver devorado. Esto explica la sangre sobre la pared y la sangre en la boca de la mujer. Ella miró al hombre con terror. “¿Qué has estado haciendo?” “¡Sólo déjanos en paz!” gritó el sacerdote. Mientras, ella miraba a la mujer sacudirse, de adelante a atrás, tirando con todas su fuerzas contra el cable eléctrico, Jill se dio cuenta que no era una forma más de morir en aquella ciudad. Entonces la mano derecha de la mujer se liberó. Jill desenfundó una de sus automáticas. “¡No!” El sacerdote se abalanzó hacia ella, desperdiciando su disparo. Pero lo que tenía de pasión, carecía de fortaleza, y 129


fue un momento de trabajo para Jill para tirarlo fuera de los brazos de su esposa. Justo cuando se liberó de los nudos restantes. Ella agarró con sus brazos ahora libres a su esposo, se inclinó, y le mordió de lleno en el cuello. Los gritos del sacerdote hicieron eco a través de la pequeña sacristía. Jill imaginó que podrían haber llegado hasta el final de la calle Dilmore. Hasta que ella le disparó en la cabeza. Cuando él cayó, le hizo lo mismo a su esposa. Sin un segundo vistazo, ella volvió a la parte trasera de la iglesia. Basado en los rostros de las miradas de Peyton, Morales, y el hombre de la .357, ellos habían oído los gritos. “¿Qué pasó allí?” preguntó Peyton. Jill solamente sacudió la cabeza.

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Catorce Angus McKenzie no quería a esas personas monstruosas en su iglesia. Más bien, técnicamente no era su iglesia sino la del pastor. Pero después de oír el sonido de esas cosas, ya no tuvo nada de que preocuparse. Hubo dos disparos, por lo que probablemente esos demonios regresaron a por el pastor. Al igual que regresaron a la oficina. Él no iba a permitirles que lo capturaran. Angus Mckenzie no había viajado desde Escocia hasta los Estados Unidos para ser devorado por un demonio. Ahora bien. El telemarketing no era exactamente la profesión más glamorosa del mundo, pero ponía la comida en la mesa, ¿verdad? Y él era bueno para eso. El jefe dijo que era el énfasis lo que siempre tenía a la gente interesada. Hacerles creer, que es exótico de alguna manera. La gente busca lo exótico, especialmente los americanos. En opinión de Angus, la mayoría no tenía ninguna historia sangrienta, y eso no existía ni aquí ni allá. Pero entonces todos comenzaron a volverse locos. La difunta esposa de Angus, Flora, habría dicho que el diablo había llegado para hacerles pagar sus pecados. Flora era una gran pecadora. 131


Ella había muerto temiendo ir al infierno. En cuanto a Angus, no tenia nada porque preocuparse. Ella iría al cielo, de eso él no tenia ninguna duda. Angus tenía otra historia. Sin embargo, por nada de lo que había hecho en su vida merecía ser devorado vivo por demonios. Ni siquiera por haber abandonado a Marla con esas criaturas. Se había equivocado al hacerlo, lo sabía, pero no pudo evitarlo. Cuando corrieron hacia el techo para escapar de los demonios, en los que sus propios colegas se habían convertido, él tuvo que cerrarle la puerta en la cara. Era la única manera de salvarse. Probablemente significaba que ella moriría, pero al menos él seguiría vivo, ¿no? Mientras descendía de la azotea, oyó la conmoción de los demonios intentando comer a Marla. Y la había visto morir. Pero eso no importa, ¿verdad? Él seguía vivo. Había encontrado a un negro muerto con una pistola de alto calibre en la cintura. Probablemente algún narcotraficante. Esos negros siempre traficaban drogas y se mataban unos con otros. Angus pensó que era una vergüenza. 132


Menos vergonzoso que condenar a un colega, ¿permitir que una chica inocente muriera? Se deshizo de sus pensamientos. Había encontrado refugio en una casa del Señor. Es cierto que no era la iglesia católica apropiada, sino que una de esas abominaciones protestantes. Un papista de principio a fin. Angus normalmente nunca hubiera puesto un pie en una de esas estructuras heréticas manipuladas por el diablo. O, en este caso, por los demonios. Que estaban por todas partes. Aquí, estaría a salvo. En los brazos del Señor. O cerca, de todos modos. Por lo tanto, para Angus McKenzie esta era su iglesia. Hasta que un policía, la joven Morales de la televisión y una chica con dos pistolas aparecieron, más tarde el pastor. Era uno de los paganos sangrientos. Estaba loco. Pero una vez que se oyó el sonido de esa cosa, las dos pistolas de la chica se ocuparon del pastor. Ella probablemente también era policía, ya que siempre permiten que las jóvenes formen parte de la guardia civil en este país de locos. Ahora Angus tenía que encontrar la manera de que los otros tres abandonaran su iglesia.

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De repente, algo se movió en el techo. Angus miró hacia arriba, pero no pudo distinguir nada en la penumbra del lugar. Malditas estatuas, con sus escondrijos y recovecos, una loca arquitectura mal iluminada. El policía llevaba una linterna. La encendió e iluminó el techo de piedra. Partículas de polvo y escayola brillaron bajo su luz. Al igual que las tres marcas de garras en la piedra. ¡Jesucristo! “¿Qué diablos es eso?” “Por ahí” dijo la chica de las dos pistolas, apuntando hacia la otra parte del techo. Angus siguió la luz de la linterna que iluminó el lugar donde la mujer había señalado. Todo lo que alumbró fue más marcas de garras. “¡Allí!” ahora era la joven Morales quien les estaba indicando. Esta vez, la linterna captó lo que se estaba moviendo entre las sombras. A fin de cuenta, Angus deseó que la cosa no se haya molestado. 134


“¡Jesús!” Era algo sacado de una pesadilla. Simbólicamente, tenía forma humana: dos brazos, dos piernas, pero su columna vertebral estaba encorvada por lo que podía caminar en cuatro patas. Parecía como si estuviese despellejado, con los músculos en carne viva y los huesos a flor de piel. Sin embargo lucia duro, como si tuviera la piel curtida de un rinoceronte. Sus dedos y pies terminaban en enormes garras, lo que explica las marcas. La cabeza, sin embargo, fue lo que llamó la atención de Angus. La posición ofensiva de su boca era suficientemente mala. Una boca repleta de dientes afilados y una lengua completamente ensangrentada. Angus había visto ranas con lenguas proporcionalmente más pequeñas que la de esta cosa, cuya lengua retorcía fuera de su boca. Pero lo que hizo que Angus considerara seriamente que fuera a ensuciar sus pantalones eran los ojos de la criatura. No los tenía. El monstruo se alejó del alcance de la luz de la linterna tras un segundo. Eso fue más que suficiente para Angus. Echó a correr. “¡Espera!” gritó la chica de las dos pistolas, pero Angus la ignoró y corrió hacia la parte trasera de la iglesia. 135


Estaría a salvo allí. “Lo encontraré” dijo la estupita chica. Al doblar una esquina, Angus se topó con una zona cerrada, separada del resto de la iglesia por una pantalla de madera. Vio una pileta grande como del tamaño de una bañera, y se dio cuenta que era el bautisterio. Varios asientos más pequeños estaban postrados cerca de allí. De repente, un candelero que colgaba en la pared lateral cayó. Angus saltó y casi apretó el gatillo de su arma. No la había usado hasta ahora, pero estaba listo para hacerlo. No vio nada. Un sonido como si algo estuviera arañando la madera llegó desde la zona donde estaban los pequeños asientos. Pero aún así no logró verlo. Maldita sea. Con un golpe contundente, la fuente del bautisterio cayó al suelo. El derrumbe produjo un eco que llegó hasta el techo, y el agua bendita se derramó sobre sus pies. Apuntó su arma hacia el suelo donde había caído la fuente. Sin embargo, no encontró nada allí. ¿Dónde estaba la criatura? ¿A que esta jugando? Angus solo deseaba vivir. 136


¿Era mucho pedir? Quitó su vista del bautisterio, y se encontró cara a cara con la criatura sin ojos que había visto antes. La lengua saltó de su boca y se enroscó alrededor del cuello de Angus. Y luego lo apretó. Angus intentó desesperadamente levantar el brazo para así poder disparar su arma, pero estaba teniendo problemas para respirar, por lo que no podía hacer que las partes de su cuerpo pudieran responderle correctamente. La lengua comenzó a contraerse, tirando de él más de cerca. Angus observó, curiosamente, que el monstruo tenía un aliento miserable. En cuanto Angus estuvo lo suficientemente cerca, la criatura lo agarró. Con sus garras extendidas. Angus nunca había sentido un dolor tan grande en su vida como cuando el monstruo, literalmente, lo despedazó. El único consuelo fue que eso no demoró mucho tiempo.

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Quince Jill Valentine oyó un sonido gorgoteante mientras caminaba detrás de la pantalla de madera hacia una zona cerrada de la iglesia. Había oído un ruido allí, y pensaba que quizá el idiota había vuelto. O tal vez fue esa cosa que Peyton había visto pasar por delante de su linterna. Jill se dio cuenta de que ni siquiera sabía el nombre del idiota. Se concentró en eso, porque centrarse en todo lo demás era demasiado en este punto. Los zombies caminando por los bosques de Arklay era lo suficientemente malo. Luego todo quedo en silencio, suspendido. Entonces, los mismos zombies acecharon las calles de Raccoon City, dando lugar a que los matones de Umbrella dispararan contra gente inocente después de bloquear su único medio de escape. Ahora ella y Peyton estaban atrapados en una iglesia con un zombie, un sacerdote loco, un lunático con una 357, una periodista de dolor de trasero, y algo salido de una mala película de terror. Había agua alrededor de sus botas. Miró hacia abajo y vio que se había hecho un charco al lado de una fuente que había sido derribada, “¿Para bautismos, tal vez?” 138


Ella se dio cuenta de que era probable que fuera agua bendita. Eso podría resultar útil si se encontrara con vampiros, una idea que parecía mucho menos descabellada que hace 24 horas atrás. Lo que sea. Que el agua se haya derramado, no era la fuente del goteo que estaba oyendo. Entonces se dio cuenta de que uno de los bancos estaba roto. Vio algo debajo de los escombros. Al acercarse, notó una mancha roja mezclada con la madera, que goteaba de las astillas del banco. Sangre. Mirando por encima, vio lo que quedaba del idiota con el arma. Lo que sea que la linterna de Peyton había alumbrado, tenía la habilidad de desgarrar pequeños trozos de un cuerpo humano. Jill Valentine había sido oficial de policía durante toda su vida adulta. Había visto un montón de cadáveres. Los primeros la hicieron estremecer, ella creció acostumbrándose a la mirada, al olfato y al tacto de la muerte. Tenia que hacerlo si quería hacer su trabajo correctamente. Pero esto, nada que haya visto en todos sus años en el R.C.P.D. la había preparado para este nivel de insulto a la forma humana. Ella supuso que podría haber buscado los restos para identificarlo, para poder por lo menos saber cual fue el 139


nombre de este hombre, pero Jill no tenía estomago para ello. Pero una vez que lo hizo, se forzó por tenerlo. Con cautela buscando entre los restos, tomó la 357 que seguía siendo sujetada por una mano que había sido cortada descuidadamente a la altura de la muñeca. El arma estaba cubierta de sangre. Jill se volvió y corrió nuevamente hacia la parte principal de la iglesia. Ellos definitivamente necesitaban permanecer juntos por si había algo que podrían hacer más que merodear. Algunas preguntas aparecieron en su mente. “¿De dónde vino esa cosa?” No era como cualquier animal con el que Jill estuviera familiarizada, ni siquiera tenía un parecido. “¿Podría Umbrella haber hecho esto? ¿Era posible?”. Joder, los zombies no eran algo que ella consideraba posible hasta que llegó a Arklay. Si la Corporación quisiera hacer una verdadera película de terror, ¿por qué aquí? Solo cuando estuvo enfrente de la iglesia se dio cuenta que esta estaba tranquila y vacía. ¿Dónde diablos están Peyton y Morales? Una mano sujetó su boca, otra la amarró por la cintura y la arrastró hacia dentro de un nicho detrás del altar. Jill se soltó y se volvió, empuñando la 357 empapada de sangre, hasta que se dio cuenta de que era Peyton quien la 140


había sujetado. Morales estaba de pie a su lado. Peyton lucía enojado, y la periodista estaba obviamente asustada. “Peyton…”, comenzó a decir Jill enfadada, pero el sargento la hizo callar con una mirada. Le señaló el estrado. Jill se volvió y vio a la criatura encaramada sobre el, pareciéndose a un buitre a punto de saltar, agitando su lengua en el aire. Justo cuando Jill estaba por preguntar por qué se escondían aquí si la criatura estaba tan cerca, Peyton señaló la puerta de la iglesia. Otra de las criaturas colgaba de la pared en la entrada como una especie de lagartija. ¡Cristo!, son dos. “Nos tienen encerrados”, susurró Peyton Morales levantó la vista. “¿Qué es eso?” Siguiendo su mirada, Jill vio que el demonio del infierno estaba posado en el cristal manchado de la puerta, que comenzaba a brillar. En ese momento, ella no le prestó atención. Jill casi saltó de su piel cuando una tercera criatura pasó enfrente suya. El número de veces que habían sido sorprendidos el día de hoy estaba empezando a aumentar sus nervios. Por alguna razón, la criatura no los había notado. Tal vez era porque no tenía ojos. De todos modos, Jill no contaba con que duraran mucho tiempo. La mejor opción era quedarse 141


quietos y en silencio, que ella y Peyton tanto sabían instintivamente. Si solo lo mismo pudieran haber dicho de Morales. Jill no podía culpar a Morales por haber encendido su video cámara. Ella no había estado bromeando acerca de que el material valía un premio Emmy. Dios, tal vez un Pulitzer, si es que salían de esta con vida. Joder, si Jill hubiera tenido la documentación en video de lo sucedido en Arklay, ella nunca habría sido suspendida. Desafortunadamente, la cámara hizo un pitido cuando comenzó a grabar, un ruido que resonó como un disparo en la tranquilidad de la iglesia. La criatura se volvió hacia ellos. Peyton había desenfundado su arma antes de que Jill respirara. “¡Corre, ahora!” gritó cuando comenzó a disparar contra la cosa. La criatura fue demasiado rápida, pensó. Se precipitó desde el techo. Cuando este lo hizo, la otra criatura que se encontraba sobre la puerta, haciendo su improvisación de lagartija, saltó hacia ellos. No, hacía Jill. Antes de que pudiera desenfundar su 357, la criatura se estrelló contra ella, golpeándola de frente y enviándola directamente al suelo. El arma ensangrentada resbaló de sus manos, produciendo un sonido que interrumpió el silencio de la iglesia, y terminó debajo de un banco. 142


Jill quedó sin aliento, y se arrodilló, buscando a tientas una de sus automáticas. Cerca de allí, Peyton trató de disparar a la criatura que la había derribado, pero su lengua se agitó como la de una serpiente, y alcanzó el arma de su mano. Entonces Peyton miró hacía arriba. Jill siguió su mirada. El brillo en los cristales era más intenso, y se podía oír el sonido de un motor. No, no de cualquier motor, el de una Harley. Jill sonrió. “¡Abajo!” gritó Peyton, pero Jill ya la estaba esquivando. Con un ruido que resonó en toda la antigua iglesia, como una bomba atómica, el teñido cristal se rompió en mil pedazos, víctima de una motocicleta Harley Davidson a gran velocidad. La moto golpeó a la criatura, haciéndola perder el equilibrio y arrojándola volando por la iglesia. Un dolor en el pecho sacudió a Jill, quien aún tenia problemas para respirar, mucho más poniéndose de pie. Mientras luchaba por recobrar el aliento, intentó echar un vistazo a su salvador. Pero no era lo que Jill esperaba. Para empezar, él era ella. Por lo general las Harleys son montadas por los grandes, los hombres blancos de mediana edad. En general, la variedad más delgada pesa más de 300 libras, y sus conductores tienen el cabello peinado hacia atrás, vestidos con chaquetas y bien afeitados. Pero esta Harley era conducida por una mujer blanca de aspecto atlético, de pelo rubio sucio, con una escopeta en una funda a su espalda, una UZI niquelada en cada lado de su cadera, y una Colt 0.45 en una pistolera de hombro. 143


Estaba vestida con una bata de hospital, y sobre ella una bata blanca de laboratorio. Si hubiera sido otro día, a Jill le habría parecido extraña. La mujer de ojos azules le dio una fría mirada a Jill y dijo solo una palabra. “Muévete” Sin duda Morales no necesitaba que se lo digan dos veces. Ella corrió hacia la puerta principal como un murciélago huyendo del infierno, Peyton iba cojeando detrás, mientras que Jill todavía estaba luchando por ponerse de pie. Que resultó ser un enorme error táctico. Del otro lado de las puertas que Morales había abierto, había una masa repleta de zombies, todos queriendo entrar y comer a los pocos que quedaban vivos. Peyton fue a su rescate, y un par de ellos golpeó las puertas cerradas. La puerta principal no era ciertamente una opción. Mientras tanto, la motociclista aceleró su Harley, traspasando la línea roja, para luego ponerla en marcha, pero con los pies descalzos apoyados en el suelo. La moto salió disparada de entre sus piernas, derecho hacia una de las criaturas. Otro gesto que Jill no pudo distinguir. Tanto la criatura como la Harley salieron volando por los aires. 144


La motociclista desenfundó su Colt y disparó un solo tiro. Justo cuando Jill se estaba preguntando cómo esta mujer pensó que con solo una bala iba a detener a la cosa, vio que ésta golpeó el tanque de gas de la Harley. Y luego la moto explotó, destruyendo a la criatura, una buena parte del altar, el estrado, el atril y las velas. La tercera criatura cayó del techo, pero la motociclista estaba preparada también para esto. Desenfundando sus dos Uzis, descargó decenas de balas contra la criatura al caer. Y cuando esta cayó, no volvió a levantarse. Jill sintió su respiración bajo control. Empezó a levantarse. Habían pasado quizá 10 segundos desde que la Harley se había estrellado contra los vidrios. La primer criatura, la que había sido derribada por la llegada de la Harley, se levantó acercándose a la motociclista por detrás. Antes de que Jill pudiera, con voz entrecortada, advertirla o desenfundar su automática, la motociclista dio una patada a uno de los bancos. Jill había abierto la boca para advertirle, pero quedó boquiabierta con estupor al ver cómo el banco volaba por la iglesia directamente hacia la criatura. Lo que había hecho la motociclista hasta ahora eran las mejores opciones, ese tipo de habilidad con una moto, un buen disparo y tan rápido ataque, eran las cosas que Jill había encontrado en la vida real. Joder, Jill era tan buena disparando como esa mujer, sino mejor. ¿Pero golpeando un banco aferrado al suelo, 145


cruzando la habitación con un solo golpe? Eso era imposible. Por supuesto, como así también lo eran los cadáveres paseándose, seres sin ojos, sin piel, con lenguas del tamaño de una boa constrictora. Dichas criaturas tenían también un buen instinto de supervivencia, por lo que la cosa saltó por los aires y cayó sobre el banco. De todos modos, la motociclista dio un tiro preciso. Desenfundó la escopeta que llevaba a su espalda, la tomó y disparó a la criatura justo en el pecho. Cuando la criatura voló contra la pared, Jill se puso de pie pero no hizo nada, solo se limitó a disfrutar del espectáculo. La motorista enfundó la escopeta y sujetó su Colt. Ninguno de los disparos hirió a la criatura. Después de un segundo, Jill, una tiradora con todas las palabras, se dio cuenta de que la mujer había dado en el blanco a todo lo que estaba apuntando. La criatura se levantó, a pesar de la herida en su pecho, se abalanzó sobre la motociclista. Por su parte, la mujer recargó la Colt, y dio la espalda a la criatura. Cuando la criatura se abalanzó sobre ella, la cruz que había colgada sobre el altar, hasta que la motociclista disparó contra su soporte, se desplomó en el suelo, empalándola. 146


Sorprendentemente, eso no la mató, al menos no de inmediato. La criatura rugió y chasqueó la lengua contra la motorista. Fresca como el pepino proverbial, ésta sacó su escopeta y disparó nuevamente a la cosa en la cara. Jill finalmente encontró su voz. “¿Quién coño eres?” “Mi nombre es Alice. No estamos a salvo aquí. El fuego se propagará.” De alguna manera, Jill se contuvo de señalar que si esta mujer, Alice, no hubiese volado la Harley, en primer lugar, no se hubiese producido el incendio. Peyton murmuró “No, mierda” gritó “Soy el sargento Peyton Wells de S.T.A.R.S. Ella es una de mis mejores hombres, la oficial Jill Valentine.” “Estoy impresionada de que se hayan quedado en la ciudad” Jill decidió no compartir su historia de vida. “Proteger y servir, eso es lo que hacemos” Alice miró a Jill. “¿No te suspendieron?” “Si. He visto zombies en las montañas del bosque Arklay. Todo el mundo pensó que yo estaba loca.” En ese momento Peyton dijo: “Todos estamos un poco locos” y señaló a Morales, quien estaba tomando algunas pastillas de un pequeño frasco que llevaba consigo. “El caso en cuestión: Terri Morales, la chica del clima de Raccoon 7, y… caso perdido”. 147


Alice apenas percibió la presencia de Morales. En su lugar, enfundó su Colt y se trasladó con rapidez, con gracia hacia la parte posterior de la iglesia. Jill se acercó a Peyton y le ofreció su brazo. El sargento lucía incluso más pálido. “Te ves como la mierda, Peyton”. “Bien” dijo Peyton, tomándole el brazo. “No me gustaría sentirme de esta manera y mandarme la parte”. Cuando Jill terminó de ayudar a Peyton a trabar la parte trasera de la iglesia, se volvió y miró a Morales. Ella estaba filmando los restos en llamas de la Harley. “¿Vienes, chica del clima?” “Si, si.” Dijo Morales. “Esta va a ser una historia de mil demonios”.

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Dieciséis Desde que sacó su Harley de Dilmore Place, Alice pensó que lo único por lo que tenía que preocuparse era por las criaturas, que eran muertos vivientes. Entonces detectó a los lamedores. Las monstruosidades de ingeniería genética se encontraban en los tanques, en un cuarto en la Colmena, que las especificaciones oficiales designaron como un comedor. La ironía no se había perdido en Alice: las cosas dentro de la sala comerían casi cualquier cosa. O, mejor dicho, a cualquiera. La Reina Roja había liberado a uno de los lamedores como una copia de seguridad en caso de que no pudiera contener el Virus-T. La cosa había matado a Spence (quien se lo merecía) y a Kaplan (quien en realidad no) antes de que Alice y Matt experimentaran lo mismo, a duras penas. Pero desde que sintió la presencia de las otras tres cosas en la iglesia, no creía que alguno de los otros saliera con vida. Tampoco tenía idea de que ella pudiera detectar sus presencias. Una vez más, se preguntó que coño le habían hecho después de que se la llevaran junto con Matt. Sin mencionar lo que le había pasado a Matt. 149


Como si los muertos vivientes no fuera suficiente. Después de haberlos protegido, ella se encontró con que había más gente a la que cuidar. Sin embargo no podía permitir que Valentine, Wells, y Morales murieran. Entonces, se los llevó a la parte trasera del cementerio. La iglesia se incendiaria en poco tiempo. “¿Cómo terminaron aquí?” preguntó Alice. “Bueno, tratamos de salir de la ciudad, pero Umbrella selló la puerta Raven’s Gate” dijo Valentine. “Pusieron un muro grande para mantener cercada a la chusma. Cualquiera que se acercase a la pared recibiría un disparo. Y así repetitivamente”. “¿Entonces vinieron a la iglesia?” Valentine se encogió de hombros. “No teníamos muchas alternativas. Pensamos que estaríamos seguros allí, pero nos equivocamos”. “¿Y qué coño hacemos aquí?” preguntó Morales, mientras tomaba un incontable número de pastillas que no debería estar tomando juntas. “Hola, ¿alguien lo ha notado?, estamos en un cementerio, gente”. Alice supuso que ese agudo poder de observación se debía a que era una periodista. Pero no dijo nada. Valentine y Wells, al menos serían de ayuda, siendo entrenados. Morales era peso muerto. Entonces comenzó a llover. 150


Un mes atrás, Alice había sido la jefa de seguridad de la Colmena, vivía una buena vida, con un buen pasar, compartiendo una casa con un marido falso con el que tenía relaciones sexuales excelentes. Sí, ella trabajó para los hijos de puta, aunque buscaba la forma de lidiar con eso. Por lo menos sabía que su posición era más o menos segura y que su vida tenía más o menos sentido. Ahora se encontraba caminando por un cementerio lleno de barro bajo la lluvia, vestida solo con una bata de hospital y una bata de laboratorio sobre ella. Con municiones suficientes como para formar un escuadrón del ejército, frente a frente contra los ciudadanos zombies de Raccoon City y un montón de monstruosidades de ingeniería genética. Curioso como puede cambiar todo en tan sólo un mes. El cementerio estaba cercado por tres lados con una valla de hierro forjado, y el cuarto por la propia iglesia. El fuego probablemente mantendría ese cuarto lado seguro, y los dos a los costados estaban despejados, pero cada vez más muertos vivientes golpeaban contra la valla del lado de la calle Lyon. Tarde o temprano la romperían. Morales se acercó a Alice, la lluvia provocó que se le corriera el maquillaje. El apelmazamiento del rimel le dio un look que coincidía con el nombre de animal que le habían dado a la ciudad. “¿Cuál es el plan?” preguntó la periodista. “Mantenernos vivos”. Morales parpadeó. “¿Eso es todo?” 151


“Eso es todo” La periodista negó con la cabeza. “Buen plan, ¿debería pintar un ojo de buey en mi cara?” “Haz lo que quieras” “Tenemos que detenernos por un momento” dijo Valentine detrás de ellos. Alice se volvió para ver que Wells apenas podía caminar con la herida en su pierna. Había sido vendada, pero de todos modos, no se veía bien. “No creo que sea una buena idea” dijo Morales. “Puede haber más de esas cosas”. Sacudiendo la cabeza, Alice dijo: “Cazan en grupos, si hubiera más ya tendríamos que haberlos visto” Morales se dio vuelta para mirar a Alice con sus ojos de mapache. Su comportamiento era ahora el de una periodista inquisitiva. “¿Entonces sabes lo que son?”. No había razón para ocultarlo. “Armas virales, de los laboratorios de Umbrella bajo la ciudad”. “¿Cómo es que sabes tanto de Umbrella?” preguntó Valentine, sonando comprensiblemente sospechosa. “Solía trabajar para ellos antes de aprender de mis errores”. Antes de que Valentine pudiera decir más, Wells gritó de dolor. “¡Maldita sea!”. 152


La herida comenzó a sangrar de nuevo. Alice dejó escapar un largo suspiro. “Estás infectado”. “No te preocupes por mí”. No era por Wells por quien Alice estaba preocupada. Inmediatamente desenfundó su Colt. Moviéndose más rápido de lo Alice hubiese creído, Valentine tomó sus pistolas y apuntó derecho a su cabeza. “¡Alto!” Wells sacó su arma y apuntó hacia Alice. Alice sacó una de sus Uzis y apuntó a Valentine. Morales, naturalmente, sacó su cámara para asegurarse de tener todo grabado en la cinta. Alice no podía culparla. ¿Qué periodista podría resistir en primera fila de un buen enfrentamiento mexicano pasado de moda? “¿Qué crees que estás haciendo?” preguntó Valentine. Fue probablemente la cosa más estúpida que pudo haber dicho. “Está herido” dijo Alice lentamente. “La infección está avanzando”. “Estoy bien” dijo Wells. Sonaba tan horrible como Rain cuando ella insistió en que todavía estaba bien. Había muerto en el tren cuando estaban por escapar. Matt había tenido que dispararle en la cabeza.

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Alice miró a Valentine. “Ahora deberías hacerte cargo de él”. Casi agregó: Como yo no cuidé de Rain cuando tuve la oportunidad. “Él es mi amigo” Valentine aún no había bajado la pistola. “Entiendo” dijo Alice, lo decía de todo corazón. “Pero será mas difícil a medida que pase el tiempo. Tú lo sabes”. Luego ladeó su Colt. “¡No!” gritó Valentine, haciendo lo mismo. “Si se convierte en eso, cuidaré de mi misma” Espontáneamente, Alice pensó de nuevo en el tren, justo antes de que el lamedor los atacara, cuando ella, Matt, Kaplan y Rain pensaron que estaban a salvo. “No quiero ser una de esas cosas” había dicho Rain. “Vagando sin alma. Cuando llegue el momento te encargarás.” Valentine y Wells tenían que hacer cumplir la ley como agentes del orden. Alice había visto eso durante su tiempo fallido en el Departamento del Tesoro, antes de que el sexismo de la agencia del gobierno la condujera a la espera de Umbrella, y sus muy valiosas armas. Entonces bajó sus armas. “Como desees”. Solo después de que Valentine las bajara, Alice se volvió hacia Wells. “No es nada personal. Pero en una hora, quizá dos, estarás muerto. Luego, minutos más tarde, serás uno de ellos. Pondrás en peligro a tus amigos, intentarás matarlos, tal vez con éxito. Lo siento, pero así son las cosas.” 154


Antes de que en shock, Wells pudiera responder, fueron sorprendidos por el sonido de un metal desgarrándose. Los zombies estaban rompiendo el cerco. Morales, por supuesto, estaba filmando todo con su cámara. Alice observó con cierta astilla de diversión que la cámara había sido fabricada por uno de los súbditos de Umbrella. Afortunadamente, los zombies realmente no los habían notado, y se movían ridículamente lentos. Era la mejor ventaja de la vida: la velocidad. Entonces Morales gritó. Alice vio que la periodista esta siendo arrastrada en el barro por uno de los ocupantes de las tumbas. El Virus-T se había filtrado por la tierra. Valentine liberó a Morales mientras Wells desenfundaba su pistola. Alice apoyó una mano en su brazo. “Guarda tus municiones”. Luego abatió al zombie con una patada en la cabeza, rompiéndole el cuello. “Estas cosas perciben el sonido. Si usan sus armas solo atraeremos a más de ellos”. “¿De verdad piensas que eso importa?” preguntó Valentine, mirando más allá de donde se encontraba Alice. 155


Decenas de muertos venían desde la calle Lyon. Otras decenas más salieron de sus tumbas. Luego Alice se movió. Valentine derribó un par, y Wells había acabado solo con uno. Morales filmó todo. Alice aniquiló al resto. Fue una sensación extraña, algo así como el Zen y el arte de matar zombies. Ella en realidad no necesitaba pensar en lo que estaba haciendo, simplemente dejó que sus instintos tomaran el control. Lo que sea que los matones de la ciencia de Cain habían hecho con ella, llevó su atletismo natural y sus años de entrenamiento a un nivel superior. Mientras ella rompía el cuello de un zombie con sus brazos, sus piernas se plantaron en el suelo para dar una vuelta en el aire rompiendo la espina dorsal de otro. Luego su mano se estrelló contra la garganta de un tercero, a continuación, rompió la pierna de un cuarto y le fracturó el cuello. Todo eso en el lapso en que Valentine tardó en lanzar un puñetazo. Cuando tan solo quedaba uno zombie a la izquierda, Alice le rompió la cabeza con una lápida, donde decía: DESCANSE EN PAZ. Valentine le dio a Alice una mirada furiosa y curiosa. Sin embargo, por el momento, lo único que hizo fue indicar la última víctima de Alice y las palabras en la lápida: “Tuve demasiada ironía para un solo día”. Alice esbozó una leve sonrisa. 156


“Vámonos” Había una puerta en la parte oculta que llevaba hacia Killiany, una pequeña calle lateral que desembocaba en Swann Road, una calle más ancha y por lo tanto más fácil para defenderse. Al menos no estarían tan ocupados como cuando estuvieron hasta arriba de zombies. La lluvia había cesado y el cielo estaba despejado. Se veían tres cuartos de luna, y junto con un oportuno coche en llamas, era la única iluminación mientras emprendían su camino hacia Swann. “¿A dónde vamos?” preguntó Morales. Alice echó un vistazo a su alrededor, dándose cuenta de que este era, tal vez, el camino equivocado. Sobre la esquina de Killiany y Swann, en un edificio de ladrillo había un cartel grande tallado en piedra sobre la entrada principal: MORGUE DE LA CIUDAD. En respuesta a la pregunta de Morales, Alice dijo, “Salgamos de aquí”. Doblaron por Swann. Alice se quedó en medio de la calle, los otros la siguieron. “No hay señal” Alice se volvió para ver a Wells tratando de usar un teléfono celular. Luego se lo llevó al oído y a continuación miró con atención a la pantalla. Ella casi se echó a reír. “No hay recepción en absoluto” 157


“Alguien la interfiere” dijo Alice. “¿Quién?” “Umbrella. Ellos quieren ocultar la noticia de lo que está sucediendo aquí. No quieren que escapemos.” “No si tengo algo que decir al respecto”, murmuró Morales. Se acercó a la acera para filmar uno de los edificios saqueados. “Quédate en el medio de la calle” dijo Alice. “Mantente alejada de los espacios cerrados. La mayoría de esas cosas son lentas. Estaremos mejor en los espacios abiertos.” Para sorpresa de Alice, Morales la escuchó. Supuso que patear traseros de zombies le había hecho ganar algo de respeto. Ella negó con la cabeza. Alice patea traseros, había sido su apodo en la División de Seguridad. Realmente ahora parecía que se lo había ganado. Morales sacó otro frasco de píldoras. Esta vez, Alice se apiadó de ella, además, si iban a salir de esto, necesitaba que todos tuvieran bien sus facultades mentales. Alice no estaba preocupada en lo mas mínimo por Valentine, y Wells no duraría mucho tiempo. Si Valentine no pudiese matarlo, Alice lo haría. Pero Morales debería estar para cuando sucediera, por su bien. Entonces Alice vertió el frasco de pastillas en el pavimento mojado.

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“No tomes esto. No son buenas para ti” ella sonrió. “Conozco un par de cosas sobre productos farmacéuticos.” Morales la miró aturdida por un instante, luego asintió con la cabeza. “Sí, por supuesto, estoy bien” Alice se volvió para seguir adelante. Detrás suyo Valentine la miraba con una de sus miradas furiosa-curiosa. El hecho de que Alice no necesitase ver para saber la asustaba. Otro punto para el historial de Cain. “¿Qué estás mirando?” preguntó. “No estoy segura” Valentine tropezó y calló al lado de Alice. “Esos fueron buenos movimientos. Soy buena, algunos dirían que soy la mejor, pero no soy tan buena.” “Deberías estar agradecida por eso” dijo Alice en voz baja. “¿Qué quieres decir?” “Ellos me hicieron algo” Para empezar, Alice se dio cuenta de que eso era todo lo que realmente podía decir. No tenía problemas para confiar en Valentine, después de todo lo que habían pasado, y que probablemente estarían muertas por la mañana. Realmente no sabía lo que Cain y sus secuaces le habían hecho. Al pasar por un teléfono público, este comenzó a sonar. “Sigamos adelante antes de que el sonido atraiga algo” dijo Alice retomando el ritmo. 159


Valentine se mantuvo a su lado, Morales y Wells iban detrás. El sonido se detuvo tan pronto como se alejaron del teléfono público. Raro. Entonces, al pasar por una fiambrería saqueada, el teléfono público ubicado al lado de su puerta de entrada sonó. “Sigamos” dijo Alice, disgustada por eso. Una vez más, el sonido se detuvo al alejarse. “¿Soy yo…” dijo Morales, “…o esto es un poco extraño?” Alcanzaron una intersección, y de repente eran como las campanadas del Big Ben en el sonar de los teléfonos: cada teléfono público, a la vista, sonó. Después de 3 o 4 sonares, todos se detuvieron. A excepción del que estaba al lado de un restaurante incendiado. No dejaría de sonar. “Llámenlo una corazonada” dijo Valentine, “Pero creo que alguien quiere hablar con nosotros”. Alice estuvo de acuerdo. Se acercó con cautela y cogió el teléfono. Junto a ella, Valentine desenfundó su pistola. “¿Hola?”

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“Pensé que nunca fueras a responder” dijo una voz masculina del otro lado. “¿Quién eres?” “Puedo sacarlos de la ciudad. A los cuatro” Alice tapó el auricular con una mano y le dijo a Valentine “Puede vernos” El hombre continuó. “Pero primero tenemos que llegar a un acuerdo. ¿Estás lista para hacer un trato?” Valentine de inmediato comenzó un chequeo sistemático de la zona para ver dónde se escondía el hombre. Alice admiró la eficiencia, pero fue un desperdicio. Una mirada al otro lado de la calle revelaba cómo el hombre podía verlos. “¿Estás lista para hacer un trato?” repitió el hombre. “¿Tenemos otra opción?” Una risa amarga sonó a través del auricular. “No si quieres pasar de esta noche”. Valentine había finalizado su búsqueda. Entonces pronunció las palabras: “No hay nadie allí”. Señalando al otro lado de la calle, Alice indicó la cámara de vigilancia en la intersección. Se usa principalmente para controlar las infracciones de tránsito. La red de cámaras había sido instalada por Umbrella hacia tres años bajo contrato con el R.C.P.D.. “¿Cuál es tu respuesta?” preguntó el hombre. 161


Por lo que Valentine le había contado, salir de la ciudad sería casi imposible. Umbrella tendría todas las salidas cerradas, y fue Cain quien les había dicho a sus hombres que usaran la fuerza letal contra gente inocente. Imbécil. Como le había respondido el hombre, no tenían otra opción. “Cuéntame más”.

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Diecisiete Carlos Olivera nunca en su vida vio algo como esto. Hasta dudó que fuera a ver algo parecido si viviera cien años más. Pero ahora, su lucha por sobrevivir, aunque sea hasta el amanecer, se veía extremadamente dudosa. Jorge estaba en lo cierto: los zombies eran aterradores. Especialmente cuando cientos de ellos arrastraban sus pies hacia él y su equipo, en una casi perfecta coreografía al unísono. Decenas de cadáveres, enfermos, pálidos, de ojos llorosos y dientes negros, sin un solo pensamiento. Salvo sentarse a comer a Carlos y a su gente. A Askegren lo habían asesinado cuando saltaron a la calle desde la azotea donde Carlos intentó salvar, sin éxito, a la mujer rubia. A Carter lo hirieron cuando uno de los zombies le mordió el brazo, pudiendo apenas sostener su MP5K. Carlos, Loginov, O’Neill y Nicholai intentaban dispararle en la cabeza a las criaturas, pero había demasiadas… Incorporándose y cesando los disparos, Carlos gritó: “¡Retrocedan! ¡Retrocedan!” Tan pronto como volvieron a la calle principal, otro grupo de zombies salió de un callejón, separando a Loginov del resto. 163


“¡Maldita sea, Yuri!” Carlos corrió hacia la maza de zombies. Ya había perdido a un hombre, no quería perder a nadie más. Al igual que cuando estuvo en la azotea, Carlos descargó sus Colts contra la maza de zombies que quería comerse vivo a Loginov. Eliminó suficientes, permitiéndole rescatar al herido Loginov de la multitud y llevarlo de regreso con resto del equipo. De pie en su camino se encontraba Askegren. La sangre proveniente de la gran herida en su cabeza, que lo había matado, le cubría la cara. Pero aparentemente, cualquiera que fuera la parte de su cabeza que el Virus-T había activado, estaba intacta. J.P Askegren había sido un oficial del Departamento de Policía del Condado del Príncipe George. Pero como siempre bromeaba: había renunciado porque pasó el examen de coeficiente intelectual. Así era el sentido de humor de Askegren, demasiado sureño en el borde particular del estado, o al menos en la oficina policial, y se cansó de lidiar con gente cuya más alta meta era ver cuantos negros podían joder antes del almuerzo. Seis meses después, renunció. Su mujer recibió una oferta de trabajo en una compañía de Raccoon City, y se mudaron. Cain lo contrató y designó a la unidad de Carlos. Él era un buen hombre, un adorable marido, y estaba a tres meses de ser padre. 164


O, al menos, lo estaba hasta esta mañana. Ellos no tenían idea de lo que le había pasado a la mujer embarazada de seis meses. Y ahora, Carlos tenía que dispararle en la cabeza. “Definitivamente las peores vacaciones de mi vida” susurró Carlos. Alcanzó al resto del equipo justo cuando Carter se transformó y mordió el cuello de O’Neill. Cualquier otro día, Carlos los hubiera amonestado por las demostraciones de afecto en público. Hoy, solo significaba que uno de ellos estaba muerto, y el otro lo estaría muy pronto. Antes de que Carlos pudiera hacer algo más, O’Neill tomó la cabeza de su amante y le rompió el cuello. “Carajo” dijo ella, poniéndose la mano en el cuello, y luego miro si esta tenía sangre. Sin vacilar, sacó su Beretta y puso el caño en su boca. “¡No!” gritó Carlos, pero ya era demasiado tarde. La sangre y el cerebro de Sam O´Neil se esparcieron por la pared y su cuerpo cayó a los pies de Jack Carter. Carlos miró a su alrededor y vio que no quedaban zombies, solo estaba Nicholai de pie. “¿Dónde está Halprin?” Nicholai apuntó al suelo, donde Halprin estaba acostado con la cabeza en un ángulo imposible. 165


“Jack fue detrás del médico primero. Ella lo empujó, él cayó y se rompió el cuello.” Loginov, un devoto católico, que fue por lo cual dejó la Unión Soviética veinte años atrás, hizo la señal de la cruz. "Por lo menos ella no volverá. No como una de esas cosas." "Eso no sirve de mucho consuelo.” Carlos miró por la calle. Más zombies se concentraban y cercaban su camino. "Vámonos." Maniobrando entre los abandonados coches, la quema y el pavimento agrietado, Carlos llevó a los dos rusos a un callejón, donde un tranvía se había descarrilado y estrellado contra una pared. Cuando llegaron al interior, asegurándose de que no hubiera zombies escondidos, Carlos echo un vistazo a la herida de Loginov, y tomó una venda que llevaba en los bolsillos de su uniforme. En unos minutos, ya lo había vendado. "He dejado de sangrar." Alzó la vista para ver que Loginov estaba perdiendo la conciencia. “¡Hola! Ey! Mantente despierto. Tienes que permanecer consciente, ¿entiendes?” “Sí” dijo Loginov pero todavía estaba perdido. Carlos espetó. "¡Preste atención, soldado!" 166


Entonces los ojos de Loginov recobraron su enfoque. "Lo entiendo. Estoy bien, estoy bien." Él no lucia bien. Parecía como si estuviera a punto de desmayarse y morir. Pero al menos estaba despierto. "Bien". "Gracias por regresar." "Harías lo mismo por mí." Carlos casi agregó que debería haber salvado a alguien hoy, pero no lo logró. Sonaría como una locura. "Ahora bien, mantén la concentración, ¿entendido?" Loginov esbozó una sonrisa entrecortada. "Sí, señor." Nicholai, mientras tanto, estaba tratando de dar con alguien en la radio. "Equipo Alfa a la base, este es el equipo Alfa a la base. Adelante, base. Adelante, base. “ “¡Maldita sea!”, miró a Carlos. "¿Por qué no responden? No nos pueden dejar aquí. ¿Por qué no nos evacuan?” Carlos siempre ha sido honesto con su gente, y no veía ninguna razón para no serlo ahora. Así que en lugar de dar algún tipo de basura tranquilizadora que sonara convincente como respuesta, simplemente dijo, "no sé". "¿Por qué nos enviaron aquí?"

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Nicholai empezó a pasearse por el tranvía, más agitado de lo que Carlos lo había visto, de hecho, más agitado de lo que Carlos lo creyó capaz. "Nunca tuvimos una posibilidad. ¡No estábamos preparados para esto, nadie ha sido entrenado para esto! Nunca fuimos-” "Espera." Carlos interrumpió el monólogo de Nicholai después de escuchar un sonido familiar. Se puso de pie. "¿Qué?" preguntó Nicholai. "Escucha". Era un helicóptero. Lipinski había recibido instrucciones de regresar a la base después de dejarlos, pero terminaron atrapados en este lío sin ser evacuados. Tal vez ahora, pensaron, serian rescatados. "¡Gracias a Dios!" Nicholai se movió más rápido que de lo que Carlos lo había visto moverse alguna vez, y salió corriendo por la calle. "Vinieron por nosotros. ¡Gracias a Dios!" Carlos siguió a un ritmo más lento, al igual que Loginov, para encontrar a un hombre grande agitando los brazos con una C89 por encima de la cabeza. El helicóptero y varios otros parecían como si hubieran sido comprados del gobierno ruso por Umbrella, y ahora estaban empapelados con el logo estilizado de la empresa. "¡Aquí abajo! ¡Estamos aquí! ¡Aquí abajo!" 168


Pero el helicóptero siguió su camino. Nicholai miró a Carlos. "¿Qué están haciendo?" Carlos, sin embargo, mantuvo sus ojos en el helicóptero. "Aterrizaran allí." Sin ni siquiera tener que consultarse entre sí, cada uno de ellos tomó uno de los brazos de Loginov y lo colgó en sus hombros. El trío entonces cojeó en la dirección en la que el helicóptero se estaba moviendo. Al doblar la esquina principal hacia la avenida Johnson, Carlos se dio cuenta de que el helicóptero probablemente iba hacia: el Hospital de Raccoon City. La empresa había donado un ala del hospital, y lo utilizaba para algunos de sus trabajos médicos. Nicholai estaba tratando de animar a su compañero. "Todo va a salir bien, Yuri. Saldremos, y luego nos vamos a emborrachar. Vamos a festejar." Carlos soltó un bufido. Yuri Loginov podría ser un devoto católico, pero tenía los hábitos alcohólicos de un musulmán devoto, nada inteligente. Igualmente, no faltaron los intentos por parte de Nicholai, por supuesto. Justo cuando llegaron al hospital, sin ser vistos, Carlos notó que el helicóptero revoloteaba sobre el atrio del hospital, alumbrando una de las ventanas. Nicholai empezó a saludar de nuevo, dejando apoyado a Loginov solo sobre Carlos. "¡Estamos aquí!" 169


Alguien en el interior del helicóptero arrojó dos maletas de vuelo de alta resistencia a través de una de las ventanas. El ruido de los cristales fue apenas audible sobre los rotores del helicóptero, que luego se volvió y salió volando. "¡No! ¡No nos dejen! "Nicholai estaba saltando, todavía agitando los brazos. "¡Estamos yendo! ¡Estamos aquí abajo!" Una vez que el helicóptero se perdió de vista, Nicholai se volvió furioso hacia Carlos. "Dejaron caer algo en el interior del hospital. ¿Has visto?" Carlos asintió con la cabeza. "¿Tal vez una radio? ¿Una que funcione?" "Vale la pena ir a mirar", dijo Carlos. "Vamos." Entraron en el hospital, Nicholai y Carlos una vez más sosteniendo a Loginov herido. El lugar estaba desierto. No había doctores, ni enfermeras, ni pacientes. Por lo menos el lugar poseía energía, los propios generadores del hospital probablemente seguían funcionando, incluso si la red de Raccoon estuviera en su mayoría con problemas. Se abrieron camino hacia el atrio. En medio de las palmeras, helechos gigantes y otras especies de plantas horribles que alguien inexplicablemente pensaba que podría tranquilizar a los enfermos, había dos maletas de armas pesadas. Grandes maletas de armas pesadas. 170


Apoyaron a Loginov, quien iba a perder la conciencia, contra una de las palmeras. "¿Qué diablos es esto?" preguntó Nicholai. “Las maletas estaban vacías.” "Parece que las maletas son de armas. ¡No necesitamos armas, necesitamos una evacuación!" "Esto no es para nosotros." Carlos miró a Nicholai. Alguien ya había abierto las maletas y tomado todo lo que estaba dentro. Alguien que probablemente todavía estuviera allí. Instintivamente, Carlos levantó la vista. Por un breve instante, vio una enorme silueta que parecía un tanque sobre piernas. Luego se fue. Carlos miró a Nicholai. Nicholai miró a Carlos. A continuación, Carlos sintió un inmenso dolor, al igual que Yuri Loginov, o mejor dicho, el cadáver de Yuri Loginov mordiéndole el hombro. Carlos golpeó a su subordinado en la cara, lo que hizo que dejara de morderlo. Luego, agarró la cabeza de Loginov y la retorció.

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El chasquido de huesos se oyó un segundo más tarde. El ruso cayó al suelo sobre un montículo, retorcido. Nicholai miró tristemente el cadáver. "Creo que no lo emborracharé." "Vamos", dijo Carlos. "Es una lástima. Apuesto a que habría sido una buena borrachera". Con más urgencia, Carlos repitió: "Vámonos." "Voy a tener que emborracharme por los dos." Poniéndole una mano en su segundo hombro, Carlos dijo: "¡Nicholai! ¡Concéntrate! Estamos en un hospital, debe haber un botiquín de primeros auxilios o tres, sería mejor que nuestro botiquín de campo. Vamos a encontrarlo antes que me desangre aquí, ¿de acuerdo?" "Sí, sí, claro, por supuesto." Nicholai meneó la cabeza. "Vamos". No pasó mucho tiempo en que llegaran a la entrada de ambulancias y empezaran a rebuscar suministros en una ambulancia abandonada. La mayoría de los suministros en el hospital habían sido robados, dañados o contaminados. Pero este ambón, al menos, estaba intacto. Carlos estaba agradecido por ello. Por desgracia, nada de lo que hizo para detener el sangrado, donde Loginov le había mordido, parecía hacerle bien. La herida no coagularía.

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Lo que significaba que había una probabilidad muy alta de que el propio Carlos fuera a convertirse en uno de los zombies que tanto asustaban a Jorge. Definitivamente unas vacaciones de mierda. "No dejará de sangrar", dijo, para conversar con Nicholai más que nada. "¿Cómo pudieron habernos perdido?" preguntó Nicholai. “¿Qué?" "El piloto. Estábamos allí, en la calle, enfrente del hospital. ¿Cómo no nos han visto?" Carlos suspiró y dijo en voz alta lo que tanto temía admitir hasta ahora. "Nos vieron." "¿Qué quieres decir?" De pie y poniendo su mano ilesa en el hombro de Nicholai, Carlos dijo: "Somos bienes, Nicholai. Bienes sustituibles. Y acabamos de ser sustituidos." Antes de comenzar a discutir, el teléfono público en la entrada de las ambulancias, un teléfono celular abandonado en el asiento del pasajero del ambón, y varios teléfonos en la ventana rota de una tienda “Motorola” cruzando la calle, empezaron a sonar todos al mismo tiempo . Carlos miró a Nicholai confundido.

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Dieciocho Némesis activado. Todos los sistemas se encendieron uno tras otro. El flujo de drogas cesado. Su cabeza despejada. Abrió un ojo, luego el otro. Némesis tanteó a sus alrededores. Mientras lo hacía, intentaba recordar quién era. Un minuto, eso era ridículo. Sabía quién era: Némesis. Todo lo que necesitaba ahora eran las instrucciones de sus maestros de la Corporación Umbrella. Lo habían construido, y lo controlaban. ¡No! Una voz gritó en su mente. La voz era familiar, pero totalmente desconocida. ¡No soy una herramienta de Umbrella! ¡Intento destruirlos! ¿Destruirlos? ¡Qué idea absurda! Él era Némesis. Su única función en la vida era cumplir las órdenes de la Corporación Umbrella.

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Némesis se levantó de su cama. Miró la sala a su alrededor, identificándola como un hospital. Además de los habituales colores y texturas, él podría determinarlos cómo algo caliente o frío, y cualquier radiación ultravioleta era suficiente para permitirle distinguir las formas. Dios mío, ¿cómo es posible? Tengo visión infrarroja y ultravioleta. Una vez más, Némesis estaba confundido. Esta voz se encontraba todavía en su mente, pero él no la reconoció. ¡Soy Matthew Addison! Se suponía que debía encontrarme con mi hermana, Lisa Broward. Ella me iba a proporcionar información que podría exponer las actividades ilegales de la Corporación Umbrella. En su lugar, me vi envuelto en un escenario de pesadilla. Todo un complejo subterráneo de Umbrella, incluyendo quinientas personas, fue destruido. Vi personas muertas, también me mataron, y terminé infectado con el mismo Virus-T que mató a los empleados de Umbrella. No recuerdo qué sucedió después de eso. ¿Qué hicieron conmigo? Némesis hizo caso omiso de la voz. No tenía sentido. En el display de la pantalla a un rincón de la sala, al alcance de su vista, apareció un texto. TODOS LOS SISTEMAS ACTIVADOS. Entonces Némesis recibió más instrucciones. Ninguna palabra vino hacia él, simplemente sabía lo que tenía que hacer a continuación. 175


Cristo, ¿están transmitiendo directo a mi cabeza? Némesis se acercó a la puerta. Una gran mano giró el picaporte. Dios mío, ¿cómo conseguí que mi mano fuera tan grande? ¿Y qué coño son estos tubos y cables? Caminando pesadamente, sintió como si forzara la capacidad del suelo con su peso, Némesis procedió al atrio, conociendo la ruta más directa desde el carril de Umbrella, a pesar de que nunca había puesto un pie en este hospital antes. De hecho, nunca había puesto un pie en ningún lugar antes. No recordaba nada de lo sucedido antes que despertara en el hospital. ¡Maldita sea, eso no es cierto! ¡Soy Matt Addison! ¡Soy un ser humano, maldita sea, y no pueden tomar mi cuerpo, arrancarme la vida! ¡Sáquenme de aquí! Némesis se dio cuenta de que se trataba de algún residuo del modelo. O tal vez un programa fantasma en el núcleo de su memoria. De todos modos, él lo ignoraría, hasta que se fuera. Al pasar por una ventana rota, Némesis encontró dos maletas de gran envergadura en el piso del atrio. Se agachó y abrió una de ellas. Jesús, eso es un gran lanzador de cohetes. Nunca he visto nada tan grande. ¿Cómo puede alguien sostenerlo?

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Némesis recogió el lanzador de cohetes. Alrededor de siete pies de largo, tenía una correa de hombro. Se lo colgó al hombro con tanta facilidad como una mochila. ¿Qué carajo hicieron conmigo? La segunda maleta contenía un cañón de riel. Esa es una de esas cosas que se montan en helicópteros. Némesis lo recogió con una mano gigante. Luego se dirigió a la salida. DIRECTIVA: PROCEDER A TRAVÉS DE RACCOON CITY. Némesis vio algunas personas en el hospital, pero no despedían calor, por lo que eran obviamente zombies que habían sido animados por el Virus-T. No eran amenazas, y tampoco había recibido ninguna directiva para aniquilarlos. Así que los ignoró. Brevemente divisó a dos hombres que están siendo atacados por un tercero. Los dos hombres estaban vivos, el tercero no. Pero nuevamente no recibió ninguna directiva, por lo que no les hizo caso y siguió por las calles. ¿Qué mierda está pasando? Esos hombres vestían los mismos trajes que Rain, Kaplan y el resto de ellos. Habrán sido parte de la cuadrilla de matones de Umbrella. Némesis salió a la calle. 177


Vio varios vehículos abandonados, motores dañados de varios modelos, que van desde camiones a vehículos utilitarios deportivos, autobuses, combis, y motocicletas, entre otros. Muchas ventanas estaban rotas, y vidrios cubrían las calles, al igual que la sangre. Miró a su alrededor y no encontró indicios de vida, solo una o dos ratas. ¡No puedo creerlo! Los hijos de puta abrieron la copia de seguridad de la Colmena y dejaron a los zombies llevar su trabajo a cabo. Justo cuando pensaba que Umbrella no podría ser más despreciable... Némesis continuó por la calle. Los obstáculos, sin importar su tamaño, eran descartados o destruidos. Nada se interponía en su camino. Tampoco podrían. El era Némesis. Creado por la Corporación Umbrella para ser una máquina perfecta de combate. Dobló la esquina de la avenida Johnson hacia la calle principal. A lo lejos, vio a varias personas muertas, pero animadas por el Virus-T. También podía oír una voz humana hablar. "Ven y tómalo". Uno de los zombies fue golpeado por una bala disparada por una escopeta. "Suficiente para todos”. 178


Otro zombie fue alcanzado por otra bala. A ninguno le quedaba mucha cabeza. "Vamos, amontónense, amontónense." Némesis encontró la fuente de la voz mediante la triangulación del sonido con las trayectorias de las balas. Era un hombre de pie sobre el techo de un establecimiento llamado Grady’s Inn. Su uniforme lo identificaba como miembro de las Tácticas Especiales y Escuadrón de Rescate de la Policía de Raccoon City, aunque también llevaba un gran sombrero de cowboy de diez galones que no era oficialmente parte del uniforme. A pesar de que Némesis se acercó al francotirador de los S.T.A.R.S., este también lo vio. "¿Qué carajo es eso?" ¡Jesucristo, imbécil, baja del maldito techo antes de que te mate! ¿Y por qué coño estás ahí arriba jugando a disparar a los zombies como patos? ¿Esta es tu idea de proteger y servir? No puedo creer que pretendías ser uno de ellos, R.C.P.D. chupaculos. Némesis detectó señales de calor en una tienda cercana llamada Mostly Colt, un emporio que se especializaba en la venta de armas de mano. Mientras caminaba, vio que la mayoría de ellos también llevaba el uniforme de S.T.A.R.S. Una bala de fusil le golpeó en el pecho. Mierda. Acabo de recibir disparos, pero se sintió como un toque suave en las costillas. ¿Qué carajo hicieron conmigo? 179


"Debo de haber errado", dijo el francotirador desde su punto de vista. "Nunca yerro." ¡No lo hiciste imbécil, ahora sal de ahí! DIRECTIVA: BUSCA Y MIEMBROS DE S.T.A.R.S.

DESTRUYE

A

LOS

Joder, no. No me hagas hacer esto. Podía oír el proyectil siendo colocado en la recámara, el clac de metal sobre el metal cuando francotirador cargaba la nueva munición. "¡Hijo de puta! ¡Vas a caer!" Némesis levantó el cañón de riel, sosteniendo el arma de destrucción masiva como si fuera un revólver. Es como que no pesa nada. Dios... El francotirador vaciló al ver el cañón de riel apuntando hacia él. Sí, estoy jodido, también. "¡Mierda!" Cientos de proyectiles estallaron en todo el techo de Grady’s Inn. Pero Némesis todavía detectaba el calor que despedía el francotirador. Él aún estaba vivo y estaba a cubierto detrás de la cabina de acceso al techo. Némesis continuó disparando el cañón de riel con una mano.

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Con la otra, y sin vacilar en descargar el arma, levantó el lanzador de cohetes sobre su hombro y disparó un misil contra el techo de Grady’s Inn. Un momento después, toda la posada era una masiva señal de calor, luego de explotar tras el impacto del misil. Némesis bajó sus armas, después de haber cumplido su última directiva. “Oh, Dios...” Y luego se volvió hacia Mostly Colt.

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Diecinueve “¿Qué tenemos?” le preguntó Cain a Johanssen. El joven técnico levantó la vista a medida que se acercaba su superior. Karl Johanssen era uno de los técnicos a la cabeza del proyecto Nemesis, y la única persona con la que Cain toleraba hablar. Johanssen había prestado servido en dos expediciones en la Marina de los Estados Unidos antes de empezar a trabajar para la Corporación Umbrella. En realidad este chico era un pusilánime de mierda, pero esto también hacia que fuese más fácil hablar con él, que con los demás idiotas que estaban a cargo del proyecto Nemesis y que eran aun peores. Sin embargo, ninguno de ellos lo irritaba tanto como Ashford, porque mientras que Cain debía ser amable con Ashford, no tenia la misma obligación para con los técnicos, científicos y demás operarios en esa nube de imbéciles. Johanssen por otro lado, comprendía cosas como la cadena de mandos y sabía cómo acatar una orden. Por lo tanto él era el enlace entre el programa y el mismo Cain. Con Nemesis ahora en marcha, Cain le había ordenado a Johanssen estar a cargo del programa mientras este estuviera activo. Pero el Director del programa Nemesis, ese infeliz irritante llamado Sam Isaacs, se opuso a esto, señalando que él debía estar a cargo, ya que conocía el programa mejor que nadie, y aunque tenía el mayor de los respetos al señor Johanssen, 182


realmente tenía mucho más sentido que él mismo ejecutara el programa. Cain mandó a Isaacs al diablo, y le dio las instrucciones a Johanssen para ejecutar el programa. Esto significaba que Johanssen tenia acceso a la vista de Nemesis por medio de la pantalla, y también a lo que Nemesis oía, reflejado en un monitor de altavoces de la firma PerryMyk (otra empresa subsidiaria de Umbrella), los signos vitales aparecían en otra pantalla y su cerebro era monitoreado por una terminal de computadora con un teclado adaptado que enviaba comandos directamente dentro de su corteza cerebral. En este momento el monitor mostraba una tienda de armas y varias señales de vida. Debido a que los muertos vivientes no aparecían en infrarrojo, eso significaba que eran seres vivos. En repuesta a lo que Cain le había preguntado, Johanssen dijo: “Una docena de hombres armados, bien organizados” Cain movió su cabeza. “Me sorprende que todavía halla alguien con vida ahí afuera” “Ellos son S.T.A.R.S.”, dijo Johanssen. “básicamente son el equipo de Fuerzas Especiales de Raccoon City”. “Son los mejores”

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“Los mejores”, resopló Cain. “One y su equipo eran los mejores, estos chicos fueron solo glorificados por jugar con juguetes delicados. Ahora vamos a ver qué tan buenos son”. Johanssen asintió con la cabeza. Esa era otra razón por la que a Cain le gustaba Johanssen- entendía perfectamente lo que le decía sin necesidad de que se lo explicara docena de veces. Y no anteponía ningún prejuicio moral. Cualquiera que todavía estuviese en Raccoon City ya estaría muerto. Si el Virus-T no los eliminaba, la limpieza que se llevaría a cabo por la mañana lo haría. ¿Y qué más daba como murieran? La vida era, después de todo, poca cosa. “Alterar protocolos” con estas palabras Johanssen giró su silla al teclado y comenzó a escribir los comandos. La señal para enviar directivas apareció en la pantalla del sistema, y Johanseen escribió “BUSCAR Y DESTRUIR A LOS MIEMBROS DE S.T.A.R.S.” Mientras lo hacía, Cain miraba el monitor. El equipo había identificado a la mayoría de las personas en la tienda por su uniforme R.C.P.D. Había un hombre vestido de civil, era Ryan Henderson, el capitán a cargo de las operaciones de los S.T.A.R.S. Los otros dos eran probablemente oficiales que estaban fuera de servicio cuando se desató el infierno, o tal vez eran civiles que estaban siendo protegidos. Nemesis encontró después a un francotirador en el tejado de un edificio cercano. Cain se acercó al monitor para ver la identificación del sujeto que Johanssen ponía en la pantalla. El francotirador era un miembro de S.T.A.R.S. llamado Michael Guthrie originario de Texas –lo que explicaba el 184


sombrero de vaquero que llevaba, que no era parte de su uniforme- este hombre había sido amonestado en cuatro ocasiones por el uso de fuerza excesiva. Como era de esperar, Guthrie le disparó a Nemesis apenas lo vio. Así como era previsible, ese disparo no tuvo ningún efecto que se pudiera apreciar en Nemesis. O tal vez, si hubo daño, pero eso solo Cain lo sabía por medio de lo que mostraban los otros monitores en frente de él. Verificando la información, Johanssen dijo: “cero uno por ciento de daño, regenerando a nivel celular” Cain asintió con la cabeza, tal y como Isaacs le había dicho, el metabolismo de Nemesis estaba lo suficientemente sobrecargado que podía regenerar el tejido para curar cualquier herida. Johanssen miró a Cain. “Directiva secundaria establecida, ahora Nemesis atacará a cualquiera que reconozca vistiendo el uniforme de S.T.A.R.S.” Johanssen titubeó un momento: “Señor, eso significa que no atacará a las otras dos personas en la tienda, a menos que demuestren ser una amenaza para él” “Está bien hijo”, dijo Cain con una sonrisa irónica, “Yo diría que hay una gran probabilidad de que ocurra esto último, ¿no crees? “Sí señor”.

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A pesar de estas dos últimas palabras que Johanssen pronunció, el monitor mostraba a Nemesis levantando su ametralladora. ¡Qué vista tan impresionante era verlo! Aunque, estrictamente hablando, el cuerpo de Nemesis originalmente había pertenecido a un idiota alborotador llamado Matt Addison, dicho cuerpo hoy era apenas reconocible como suyo. Sin embargo, por alguna razón, el ADN de Addison era particularmente susceptible a las modificaciones requeridas para el programa Nemesis. Varias docenas de sujetos de prueba – todos prisioneros provenientes de la comisaría de Raccoon City, quienes se habían ofrecido voluntariamente debido a la promesa de libertad condicional si ellos sobrevivían (esto último, por supuesto, no era mencionado en dicho ofrecimiento)- todos habían tenido reacciones fatales cuando se intentaron las modificaciones. Pero cuando Addison fue atacado por uno de los Lickers en la Colmena, había respondido de manera muy diferente a lo esperado. Su cuerpo servía tanto vivo como muerto, por eso Cain no vio razón alguna para no ponerlo dentro del programa Nemesis y ver qué se podía hacer. Como bonus extra, ellos pudieron obtener información acerca de la organización a la que Addison pertenecía, una colección de liberales millonarios fracasados, y otros desperdicios de la sociedad que estaban tratando de destruir a la Corporación Umbrella. Cain ya había tomado las medidas necesarias para asegurarse que Aaron Vricella y el resto de los amigos de 186


Addison fuesen bien atendidos. Mientras tanto, Addison estaba sirviendo a la causa de la Corporación a la que erróneamente trató de poner fuera de servicio. Si el proyecto Nemesis funcionaba,-y todo parecía indicar que si- entonces ellos tendrían un súper soldado, que Cain sabía muy bien, sería de gran interés para sus antiguos compañeros en las fuerzas armadas. Nemesis medía más de dos metros y medio de alto, con músculos aun más grandes que los de un físico culturista. Cables y conductos adicionados reforzaban con electrónica y cibernética a su ya considerable fuerza y resistencia, así como también a cuatro de sus cinco sentidos (el gusto era la excepción, ellos no lo consideraron, ya que un agudo sentido del gusto sería un impedimento en el campo de batalla), y también tubos alimentaban su torrente sanguíneo con una variedad de estimulantes. En un brazo diseñado en rojo madera, llevaba una ametralladora como si no pesara nada, en el otro, llevaba un lanzacohetes especialmente modificado que pocos podrían levantar incluso usando las dos manos. Nemesis lanzó el lanzacohetes, incluso mientras continuaba disparando con la ametralladora. Momentos después, el techo del edificio y Michael Guthrie se desintegraron en llamas, lo que puso a Timothy Cain inmensamente orgulloso. Nemesis volteó y se encaminó hacia la tienda de armas.

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Veinte Después de que esa linda perra loca del top azul le disparara a Rashonda, L.J había conseguido sacar su trasero fuera de la estación de policía. Era más seguro estar en la calle que allí. Aunque no del todo, de eso podía estar bien seguro. Esa perra tenía razón. L.J podría haber nacido y crecido en Raccoon City, pero esto era demasiado. De ninguna manera iba a mantener su trasero en este pueblo. Si quería ver zombies, se iría a alquilar una maldita película. ¡Ni hablar! se iba a otro lugar donde un negro pudiese vivir. L.J llegó a su morada, movió su trasero tan rápido como pudo, tomó sus metralletas y su anillo de la suerte. No lo había estado usando ya que era demasiado pesado para cuando maniobraba las cartas. En el anillo dorado estaba inscripta la palabra AMOR, ya que L.J era todo amor. También metió en su bolsillo el CD de Rick James. Nunca debería dejar la casa sin sus armas, el anillo y Rick. Joder, esa probablemente fue la razón por la cual lo arrestaron. Ahora solo necesitaba un vehículo. 188


La cosa era, que el automóvil de L.J fue robado cuando Bunk Junior decidió no permitirle tres días más de retraso en el pago. Eso y que L.J le había dicho a Bunk que necesitaba ajustar mejor su medicación. Aquel desgraciado si que no tenía sentido del humor, y eso significó que el Chevy de L.J terminara en el desarmadero de Bunk. Ahora mismo el motor estaba en Baltimore, la batería en Seattle, el radiador en Nueva York y el armazón en el maldito Japón. Pero L.J siempre había caído de pie, y tan pronto como salió por la puerta encontró un hermoso Chevrolet Camaro color rojo prácticamente regalado en el medio de la calle. L.J miró a su alrededor pero no vio a nadie. Cuando se acercó pudo ver que aun seguía en marcha, miró por la ventanilla y efectivamente, la llave estaba allí. Vaya, joder, un negro nunca va a decirle que no a algo que le regalan. La puerta del lado del pasajero estaba abierta y L.J vio algo de sangre en el suelo, pero qué cojones, su Chevy también tenía sangre en el suelo. Esa porquería nunca sale con nada, L.J ya estaba acostumbrado a eso. Seguramente el coche había pertenecido a alguno de esos malditos zombies. Este Camaro hasta tenía reproductor de CD. Tan pronto como L.J entró en el coche y se sentó en el asiento del conductor, un joven de piel blanca saltó sobre el capó del auto, dándole un gran susto a L.J. Tenia los ojos blancos y esos horribles dientes. 189


“¡Mueve tu trasero de ahí, cabrón!” L.J presionó el acelerador, condujo el coche y luego apretó los frenos. No solo el maldito zombie cayó del capó, sino que cuando lo hizo, la otra puerta del lado del acompañante se cerró. Ahorrándole a L.J la maldita molestia. Después de atropellar al zombie, L.J condujo el coche y puso el CD en el reproductor. Todo lo que L.J quería era sacar su trasero de Raccoon City. Para todos lados que miraba encontraba un maldito zombie. Fue entonces cuando vio a la mujer del parquímetro arrastrando su trasero por la calle con un brazo que le colgaba al lado de su cuerpo. Cuando todavía tenía el Chevy esta mujer estaba siempre tras su trasero dejándole multas y toda esa basura. L.J nunca dejaba monedas en el parquímetro- era un hombre que llevaba billetes, el no llevaba nunca consigo una maldita moneda o cambio, tenía su propio teléfono móvil así que tampoco necesitaba esas pequeñas mierdas para hacer llamadas. Así que se desvió hacia la mujer y le pasó por encima con el coche. “¡G.T.A hija de puta! Diez puntos, payasa. ¡Besame el culo!” Riendo y cantando junto a Rick James –después de todos estos años Rick seguía siendo “El Hombre” – L.J dobló en la esquina y entró en la calle Harbor. 190


Esta era la calle que él realmente iba a extrañar cuando sacase su trasero del pueblo. El Club Playa estaba aquí. Más de una noche había pasado poniendo dinero en los pechos de alguna mujerzuela, dándoles veinte por un baile, y algunas veces si tenia suerte y también billetes más grandes también podía llevarse alguna de ellas al callejón. Su favorita era LaWanda- esa chica si que podía moverseera mercadería que él no podía dejar y los mejores senos que el dinero pudiese comprar. Y allí estaba ella ahora, tambaleándose por la calle con sus zapatos de plataforma, vistiendo un top blanco y una minifalda negra de cuero y con un gran agujero en su pierna. Por un lado L.J sentía pena por ella porque ahora estaba muerta y por el otro ella aún lucia bien guapa. “Joder, mujer zombie”. Le gritó a la mujer. “Todavía estás muy buena” No llevaba ropa interior debajo de su top blanco. L.J dedujo, que zombie o no zombie, aquella mujer era toda un pivón. A continuación el air bag le explotó en la cara, al mismo tiempo que sintió un dolor punzante en la espalda. Le tomó unos minutos pero al fin pudo sacar su cabeza del maldito air bag y trató de abrir la puerta. Esta no se movía. Le dio con el codo a la maldita cosa y entonces esta hizo un chirrido como el de las uñas sobre una maldita pizarra. L.J cayó fuera del auto y vio que el Camaro estaba destrozado, principalmente porque había estado tan ocupado viendo los 191


encantos de aquella mujer que no vio el capó de un Ford abandonado en el medio de la calle. El Camaro estaba perdido. Además que L.J no iba a conducir sin airbag. Esa porquería era débil. Cuando pudo ponerse de pie, se encontró rodeado de malditos zombies: la mujer del parquímetro, la prostituta, y un montón de personas más. “¡Oh, mierda!” ¡Corrió! Algo bueno acerca de estos malditos zombies era que no podían correr rápidamente por lo que L.J no tuvo ningún problema en llegar a la intersección de la calle Harbor con la avenida principal. Al doblar y entrar por esta avenida se encontró con mas de esos desgraciados zombies caminando por la calle. “Maldita sea, parece que estuviera en un maldito video de Michael Jackson” Un edificio todavía tenía las luces encendidas y señales de vida. Vida real. El lugar era Mostly Colt. L.J conocía el lugar –algunos de sus hermanos obtenían sus armas allí, pero L.J no. El dueño del lugar era un hombre blanco sureño llamado Lance Halloran. L.J no le compraba mercadería a ningún amiguito blanco. Hoy, sin embargo, no había tiempo para ser tan malditamente exigente. 192


Se introdujo en el edificio casi al mismo tiempo que alguien trataba de cerrar la puerta. “Espera”. L.J gritó. “Espera” Al instante en que cruzó la puerta, miró a su alrededor. Policías. Peor aun, todos ellos eran S.T.A.R.S. ¡Dia...bl...os! Los únicos dos hombres que estaban adentro y no llevaban ese maldito uniforme de los S.T.A.R.S. eran Halloran y otro maldito hombre blanco más viejo que llevaba puesta una corbata. Debía ser un policía también. “Tal vez estaba más seguro afuera - todo esto se veía como una maldita supremacía blanca.” Todos lo miraban como si fuera un maldito loco. Bueno a este punto, L.J estaba bastante loco. Especialmente después de ver que estaba rodeado de toda esta gente blanca. “Ustedes saben que no están heredando el reino de la Tierra, desgraciados ¿verdad?” Un policía vestido con ropa lisa estaba apuntándole con una escopeta. Este hombre la levantó- L.J se estremeció, pero luego se la entregó a L.J en sus manos. “Toma” 193


Un maldito tipo blanco le da un arma a un negro, habrá que marcar este día en el condenado calendario. Pero no necesitaba ninguna caridad de ningún hombre blanco, abrió su chaqueta y les enseño sus metralletas. “Por favor, hombre. Las mías son mandadas a hacer” “Por supuesto, L.J” –dijo Halloran. “Yo no vendo esa basura aquí”. “Claro Halloran, tú solo le vendes a esos malditos niños blancos que van a cazar bambis con escopetas y toda esa pavada” El policía volvió a mirar a Halloran: “Usted conoce a este idiota, Lance” “L.J Wayne. Es la inmundicia habitual que hay en las calles.” L.J tomó una de sus metralletas y lo miró. “Cuidado con lo que dices Halloran. Yo soy una inmundicia callejera excepcional ¿sabes por qué? -¿Por qué? Preguntó el policía riendo. “Porque yo estoy respirando y no soy un maldito zombie, por eso” “Eso es correctísimo”-dijo el policía. “Yo soy el Capitán Henderson. Tú quieres quedarte aquí, haz lo que te diga, cuando te lo día. De otra forma te dispararé yo mismo. ¿Entendiste?” 194


“Como a la maldita mugre, Capitán. Liquidemos a esos desgraciados zombies.” Henderson sonrió, luego se volvió hacia Halloran. “Mantenga cerradas las persianas.” “No hay problema”, dijo Halloran dándole una mirada a L.J. “Allá voy”. Tan pronto como Halloran llegó a la ventana y comenzó a cerrar las persianas L.J dijo. ¿Qué carajo es eso?” L.J había visto mucha basura en su vida- había visto un montón de basura hoy mismo, pero nunca nada como esto. Parecía un tipo blanco como de dos metros de altura por lo menos. Tubos y otras mierdas por dentro de sus manos, unos músculos que harían ver al maldito Arnold Schwarzenegger como el maldito Arnold Palmer. Esto no era ningún zombie. Esto era algo mucho peor. Y L.J jamás creyó que podría llegar a haber algo peor que los zombies. La gran cosa esa llevaba dos grandes piezas de armamento. La primera de ellas era una de esas armas que llevan en los helicópteros – excepto que este maldito la llevaba encima. En su otra mano llevaba un lanzacohetes. L.J pensaba que debía haber tomado el CD de Rick James que había quedado dentro del destruido Chevrolet Camaro. Ahora si que necesitaba de toda la suerte del mundo. 195


Luego el enorme chico comenzó a dispararle con la gran ametralladora a uno de los edificios de al lado. “Demonios” – gritó uno de los policías. “Allí es donde esta Guthrie” Antes de que Henderson comenzara a hablar de lo idiota que Guthrie era, la cosa esa gigante levantó el lanzacohetes y voló el edificio donde antes había estado disparando. Mirando a Halloran, que estaba tomándose todo el tiempo del mundo con las persianas, Henderson le gritó. – “Apresúrate” L.J todavía estaba en estado de shock. “Por todos lo demonios -miren a ese maldito gigante”. La última persiana se cerró tal y como se cerraban esos malditos portones en esos castillos de porquería que tenían en Europa y toda es basura. “No hay manera de que ese hijo de puta entre aquí” – dijo Halloran. Pero que, ¿pueden ser tan idiotas estos policías? El tipo traía consigo un lanzacohetes, hombre. Todos vamos a explotar aquí dentro. “Cúbranse”- gritó Henderson. Todos los policías tomaron sus lugares detrás de los mostradores y estanterías. L.J se había dado cuenta de que era el único que permanecía en el medio de la tienda y eso no le gustaba nada. Corrió y se escondió detrás del mostrador donde Henderson estaba. 196


Por si las dudas, era mejor quedarse con el maldito que estaba a cargo. El sonido que vino después fue tan ensordecedor que L.J tuvo que soltar sus metralletas para taparse los oídos. La cosa esa gigante estaba utilizando la ametralladora que usan los helicópteros en frente de la tienda. Era como cuando un personaje de dibujos animados atravesaba un maldito muro y se forma un agujero con la silueta del personaje. L.J tomó su metralleta y apuntó a la puerta. Ningún maldito gigante con un lanzacohetes va a hacer caer a L.J Wayne, de ninguna manera. Le esperó. Esperó. Y esperó. ¿Dónde rayos estaba esa cosa? Fue entonces cuando escuchó un fuerte golpe, L.J empezó a toser. La cosa esta entró por el maldito techo y L.J estaba tragándose todo el polvillo. El tipo gigante comenzó a disparar su ametralladora gigante, así como los policías también le devolvían el fuego. L.J se escondió tras el mostrador, estaba congelado como un maldito cono de helado. De ninguna manera iba a moverse, estaba demasiado ocupado rezando, y rogando que no hubiese sido tan malo como su mamá siempre solía decir que él era. Uno de los policías apareció disparando por detrás, el tenia una pistola automática y la disparó completamente contra la criatura. 197


La cosa esta ni siquiera se inmutó. Solo se dio la vuelta y disparó su ametralladora contra el policía. L.J miró a su derecha y vio que Henderson tenía más agujeros que un maldito queso suizo. Observó a su alrededor y vio que había otros policías muertos también. -¡Joder! La única cosa con vida en Mostly Colt era L.J además de la gran cosa esa y Halloran, quien se puso de pie detrás del mostrador sosteniendo su escopeta. Y si que ese maldito lucia enfadado. “Púdrete”, le gritó apuntándole con su escopeta y comenzando a disparar directo al estomago de esa gran cosa. Nada. El tipo grande ni siquiera reaccionó. Nada de nada. Hasta que levantó su arma y le disparó a Halloran. L.J no era ningún necio, y sabía perfectamente bien que no debía apuntarle a un tipo de más de dos metros que acaba de arrasar con una habitación llena de policías. Arrojó sus metralletas. “Mis respetos” –dijo rápidamente y cerró los ojos esperando que aquel tipo gigantesco enviara su negro trasero directamente al infierno. “Paz, hombre, paz”. La única cosa por la que L.J sentía pena era de no haberle pedido perdón a su madre por haberla involucrado en aquella estafa fraudulenta. Le llevo años a ella poder pagar 198


la multa. La hubiera ayudado, pero él tenia sus propios problemas. Después de que pasaran unos segundos, L.J no estaba muerto. Abrió los ojos. El tipo grande salía de la tienda a través de los agujeros de los personajes de dibujos animados en la persiana. Dia…bl…os Tal vez llevar solo el anillo daba suerte.

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Veintiuno Jill Valentine observaba mientras miraba a la mujer llamada Alice dejaba ver su arsenal de armas. A primera vista, Alice no parecía algo increíble. Ah, claro, ella tenía el cuerpo de una súper-modelo, pero tenía un físico ordinario- en forma, pero no se veía diferente a cualquier civil que se ejercitara todos los días. Pero lo que Jill había visto ese día no era humano. Entonces otra vez, Raccoon City parecía estar atestada de cosas que no eran humanas esa noche. Después de que Alice recibiera una misteriosa llamada telefónica, guió a Jill, Peyton y Morales hasta un automovil abandonado en un callejón de la Avenida Swann para informarles sobre todo lo que ella sabía. Jill logró mantenerse calmada por fuera a pesar de todo lo que ocurría allí, principalmente porque tenía que estarlo. Peyton abandonaba la batalla contra la pérdida del conocimiento, y Morales era como una jodida canasta de pan. Ya casi terminaban de cruzar todo el trayecto cuando Alice habló, si esto continuaba así Jill iba a empezar a sentir un complejo de inferioridad. “Su nombre” Dijo Alice, “Es Dr. Charles Ashford. Él maneja la investigación de la Genética Avanzada y División viral de Umbrella.” Morales parpadeo “¿Trabaja para ellos?” 200


“Así es.” “¿Qué quiere él de nosotros?” Preguntó Jill. El hecho de que este Ashford trabajara para Umbrella era evidente- No había otra manera de entrar en las cámaras del R.C.P.D. Uno pensaría eso como reportera – bueno, ex reportera- Morales sabia qué preguntas eran relevantes y cuáles estúpidas. Por ello una vez más, era una ex reportera. Alice respondió a la pregunta de Jill. “Su hija Ángela está atrapada en la ciudad. Necesitamos encontrarla y él nos sacará del perímetro.” “No hay trato” Dijo Peyton en un tono fuerte. “Yo digo que encontremos un edificio, con muros en buen estado, puertas resistentes y formemos una barricada. Una vez allí nos sentamos a esperar por ayuda.” Jill sacudió su cabeza. Bajo las circunstancias, ella estaba de acuerdo con el plan de su jefe. Pero tenía el presentimiento de que eso no sería tan fácil. Alice confirmó ese presentimiento. “No va a venir nadie a ayudarnos. De acuerdo a Ashford, Umbrella sabe que no puede contener la infección. Así que al amanecer, Raccoon City será esterilizada.” Morales se puso pálida “¿Esterilizada?” “Un dispositivo táctico nuclear -medio megatón de poder. Destruirá la infección y todo rastro de ella.” A pesar de que esperaba recibir una respuesta a esas palabras, Jill se encogió de hombros. Morales estaba 201


inmóvil. Peyton estaba lo mas paralizado posible, dándole un tono más blanco a su piel dada la palidez y la manera de sudar. “No me lo puedo creer.” Dijo Peyton. “Es decir, ¿Cómo van a librarse de ésta? Si estallan la ciudad, saldrá en todas las noticias.” “La excusa para cubrir la noticia está siendo preparada, esa es la única razón por la cual están esperando hasta el amanecer. Un error en la planta nuclear, un trágico accidente.” Peyton movió su cabeza en forma de negación “Ni siquiera Umbrella es capaz de esto.” Jill recordó su situación. Umbrella había hecho desaparecer un bosque gigantesco infestado de zombies y logró convencer al R.C.P.D. que despidiera a una de sus mejores oficiales –Ella-. También fueron capaces de crear ésta situación en primer lugar. ¿Por qué hacer desaparecer una ciudad? Volteo su mirada hacia Alice. “Tú conoces a estos tipos¿Qué piensas al respecto?” Sin vacilar ni una vez, Alice respondió, “Pienso que deberíamos salir de aquí antes del amanecer.” Como para establecer su punto, puso un cargador en una de sus Uzis. “Bien,” dijo Jill, “entonces manos a la obra.” Ella ya había cargado y enfundado ambas pistolas automáticas. Le ayudó a Peyton a ponerse de pie. “¿A dónde vamos?” 202


“Ashford dijo que su hija se refugió en su escuela- está entre Hudson y Robertson.” “¿Cómo puedes estar tan seguro?” “La ciudad está llena de cámaras de vigilancia. Él tiene acceso a ellas.” “Genial. Eso no quiere decir que confiemos en él.” “No tenemos que hacerlo.” Jill sacudió su cabeza. La situación estaba paralizada, pero la verdad es que todo el día había sido así. Al menos ahora ellos están haciendo algo. Además a Jill no le agradaba la idea de una pequeña niña atrapada en semejante pesadilla infernal. Incluso si su padre es un alto mando de Umbrella. “¿Qué pasa si no hay manera de salir de la ciudad?” Le preguntó a Alice mientras salían del coche hasta llegar al final del callejón. Alice se encogió de hombros. “¿Tienes otros planes para esta noche?” Jill respondió quisquillosa. “No, siempre me visto de esta manera.” Cuando Alice le devolvió la sonrisa-Una verdadera, no la media sonrisa que generalmente utilizaba- Jill se dio cuenta que era la primera vez que veía a esa mujer hacer una 203


expresión facial. Todavía tenía ese estilo de una mujer con agallas-Como una katana japonesa, elegante e indestructible- pero la sonrisa la hizo parecer un poco más humana. Entonces la sonrisa se detuvo cuando Alice dejó de caminar. “Esperad.” Aún estaban en el callejón, justo al lado de una patrulla del R.C.P.D. Alice observó a través del callejón hasta la calle Swann algo que la dejó sin palabras. “¿Qué sucede?” Preguntó Jill. Pero Alice seguía mirando a través del callejón. Peyton empezó a caminar junto a Alice, pero ella lo detuvo poniéndole la mano en su hombro. “No.” Quitándose la -no deseada- mano, Peyton casi rugió “El amanecer no va a esperar.” “Hay algo ahí fuera.” Alice habló con un tono que hizo que Jill se angustiara. Jill no veía nada- ni un movimiento, nada. Parte de ella quería creer que Alice estaba diciendo la verdad, pero ella no sabía nada sobre esta mujer. Por otra parte, Alice ya había demostrado que podría matar a ellos tres fácilmente, y no lo había hecho-Además de que no mostró piedad con los monstruos en la iglesia y los 204


zombies en el cementerio. Eso era al menos un buen motivo para confiar en ella. Pero Jill todavía no lograba ver nada al final del maldito callejón excepto el final de este mismo. “No veo nada.” Dijo Peyton en un tono irritado. “Eso no cambia el hecho de que haya algo ahí fuera.” Una vez más el tono de Alice fue con mucha seguridad. “No tenemos tiempo para esta mierda.” Peyton continúo a través del callejón. “No” Alice comenzó a hablar pero Peyton la ignoró. Jill estaba a punto de unírsele cuando el ruido de una docena de balas siendo disparadas perforaron sus oídos- mientras esas balas caían en el cuerpo de Peyton. La sangre salpicaba mientras las balas atravesaban su cuerpo, y salió volando hacia atrás. Él ya estaba muerto antes de que ni siquiera pudiera tocar el suelo, ya que salió volando seis metros lejos desde donde se encontraba parado. “¡Peyton! ¡No!” Jill miró mientras una figura salía desde las sombras. “Figura” era un término inadecuado en realidad. La persona era de al menos dos metros y medio de altura, con músculos gigantes, tenia tubos recorriendo su piel por dentro y por fuera; además de portar un arma del tamaño de Texas, y 205


tener un lanzamisiles de la misma manera que Alice porta su escopeta a través de su espalda. Cómo demonios este tipo había logrado esconderse en las sombras sin que Jill se diera cuenta. Morales parecía que se había cagado hasta en sus calcetines. “¿Qué es eso? Alguien que me diga ¿Qué coño es eso?” “Nemesis.” Jill volteó la mirada hacia Alice, quien había susurrado esa palabra. Luego miró hacia el cadáver de Peyton Wells. Al contrario de sus superiores del R.C.P.D., Peyton siempre había confiado en Jill-es más, siempre confió en Jill. No todos estaban al cien por ciento ligados en un escuadrón con una mujer bella en los S.T.A.R.S. el hecho de que ella fuera una buena tiradora e inteligente oficial, además de haberle salvado la vida al superior, era secundario el hecho de ser una hermosa mujer, era imposible que no fuera lo suficientemente buena como para entrar en los S.T.A.R.S al menos que la cagara mientras iba en ascenso. Peyton les enseñaba su lección a cualquiera que la irrespetara- No es que ella necesitara la ayuda, ya que ella se podía defender sola ante un par de imbéciles, pero aun así ella apreciaba el apoyo. Peyton incluso explotó ante Henderson cuando Jill fue suspendida, casi ganándose una suspensión para él mismo. Ahora yacía muerto en un callejón. 206


Jill Valentine había visto muchos cadáveres ese día, muchos más de los que había visto en toda su carrera como policía. Pero de todos los cadáveres que ella había visto, ese era el primero que le importaba. Lo siguiente que supo, fue que le estaba apuntando sus dos automáticas a Nemesis. Todos los disparos dieron en el blanco. Nemesis ni siquiera parpadeó a los disparos que dio. Aunque, eso sí, levantó el brazo con su gran arma. Mientras Jill saltó queriendo esconderse detrás de un cubo de basura, con sus automáticas aún disparando, se dio cuenta que la “Handgun” que cargaba Nemesis era en realidad una ametralladora gigante, si tan solo una bala lograba darle, le atravesaría todo el cuerpo como si solo fuera de papel. Así como le ocurrió a Peyton. Ambas de sus automáticas quedaron vacías cuando aterrizó detrás del cubo de basura. Las balas de ametralladora dieron en el cubo de basura un milisegundo después de que cayera, sin embargo ninguna logró penetrarle. Aun así. Jill cargando su arma y preguntándose cómo iban a salir de ésta. Cada uno de sus disparos dieron en el blanco-Jill jamás había fallado antes, y no los iba a fallar ahora. 207


Pero al parecer Nemesis era a prueba de balas. Genial, lo único que faltaba. Entonces se detuvieron los disparos. Jill levantó la mirada sobre el cubo. Nemesis mirando a Alice. Alice mirando a Nemesis. Detrás de ellos, Morales grabando todo lo que ocurría. Más fama para ganar su maldito Emmy. ¿Qué demonios está pasando ahora? “Tenéis que iros,” Dijo Alice sin mirar a Jill. Ella y Nemesis estaban sumergidos entre sus miradas. “¡Ahora!” Involuntariamente, Jill miró el cuerpo de Peyton. Lo único que podía decir, era que definitivamente estaba muerto. Tenía más hoyos en su cuerpo que el mismísimo Julio César. Por alguna loca razón, ella confiaba en Alice. Por alguna loca razón, Alice iba a enfrentarse a Nemesis ella sola. Estaban agradecidas la una a la otra. Jill salió corriendo fuera del callejón. Lo primero que notó fue un “Pick-up” abandonado justo en medio de la calle Swann entre las líneas amarillas. 208


La puerta del copiloto estaba abierta. Jill se fue corriendo hacia el “Pick-up”, se tiró bajo el panel de ignición y lo abrió para poder encender el coche mediante el choque de cables. Para sorpresa de Jill, Morales se subió en el asiento de pasajero. “¿Qué?,” Pregunto Jill sin mirar a la reportera, “¿No vas a grabar la gran pelea?” “Al carajo con eso. Yo solo quiero salir de aquí. Ese hombre Ashford quiere que encontremos a su hija para poder irnos. Así que aceptó el trato. No voy a quejarme como tu amigo Wells.” Jill hizo un chirrido con sus dientes, pero no dijo nada, seguía en lo suyo. “Además -está loca. No podrá contra esa cosa.” El motor se encendió. Jill agradeció en su mente a su padre por todas las habilidades que le enseñó de pequeña, se levantó, salió para acomodarse y luego sentarse en el coche. Solo para encontrarse con la cara ensangrentada, y deformada por las balas de Peyton Wells. “¡Peyton!” Las partes de su cara que no estaban cubiertas de sangre, estaban pálidas y sus ojos perdidos. Jill desenfundó una de sus automáticas, mientras Peyton trataba de morderle el cuello. 209


Le dio una patada que lo mandó lejos, y le apuntó su arma a la cabeza. Pero no podía presionar el gatillo. Entonces Peyton lanzó un rugido. Morales gritó. Jill recordó sus propias palabras que le dijo a Alice en el cementerio: “Si se convierte en eso-yo mismo me encargaré de eliminarlo.” Presionó el gatillo. La cabeza de Peyton se fue hacia atrás del impacto de la bala. Entonces su -ahora totalmente muerto- cuerpo cayó sobre los brazos de Jill. Asqueada, Jill saltó dentro del Pick-up, dejando caer el cuerpo de Peyton al suelo. “Jesús joda toda esta mierda Cristo.” “Amén.” Pronunció silenciosamente Morales. “Vamos,” Dijo Jill, “tenemos que rescatar a una pequeña niña.” Cerró la puerta, se puso su cinturón de seguridad, encendió el coche, y continúo a través de la calle Swann. Entonces una figura apareció frente al auto.

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Veintidós Alice observó a Nemesis. Ella sabía del proyecto, por supuesto-Como jefa de seguridad, ella tenía que saber acerca de ello. Pero hasta donde ella sabía, el proyecto no había ido bien. Todos los intentos anteriores de crear una súper-maquina habían fallado miserablemente. Aun así, ella estaba cara a cara con un logro. Uno muy jodidamente alto también. Alice se maldijo a si misma por tomarse las cosas muy despacio. Se había hecho la idea de que Lisa Broward le ayudaría a revelar a los bastardos de Umbrella un par de semanas atrás, pero ella tenía que proceder con cautela. Primero tenía que asegurase de que Lisa era la indicada para el trabajo. Luego habría que reclutarla, lo cual hizo después de un almuerzo en el Che Bouno. Entonces, ¿Qué ocurrió? El mismo día que inició el plan, ese mismo día Spencer liberó el Virus-T en las instalaciones. Si ella hubiera iniciado su plan un día antes, nada de esto hubiera pasado. Continúo observando a Nemesis. 211


Algo en sus ojos le resultaba familiar. No, era algo más que eso- había algo muy familiar en Nemesis. No solo el cuerpo, sino el concepto, por más loco que sonara. Su corazón latía fuertemente. Desde que despertó del hospital de Raccoon City, ella se había dado cuenta de lo alto que eran los latidos de su corazón, pero este era mucho más fuerte que cualquier otro. Después de un momento se dio cuenta del por qué. Ella no solo escuchaba su corazón- sino también el de Nemesis. Y estaba en perfecta sincronía con el de ella. Entonces Nemesis dio un paso adelante. Lo mismo hizo Alice. Desenfundó sus Uzis. Nemesis levantó la ametralladora. Alice le disparó con ambas Uzis. La criatura ni se detuvo mientras las balas caían sobre su pecho. Ambos corrieron a taclearse el uno al otro como si fueran dos toros, justo tres pasos antes de chocar, se detuvieron.

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Entonces Alice saltó por los aires, sobrepasando a Nemesis y aterrizando justo detrás de él. Antes de que Nemesis pudiera darse la vuelta, ella corrió hacia la cancha de baloncesto que se encontraba detrás del callejón. Alice cerró la rendija detrás mientras corría hacia la cancha, pero eso, predeciblemente, no detuvo a Nemesis. Sin embargo, para sorpresa de Alice, Nemesis no solo atravesó la rendija, sino, subió a un coche del R.C.P.D. y saltó sobre la rendija. Cuando Nemesis aterrizó en la cancha, le hizo una grieta al pavimento donde cayó. Entonces alzo un gran puño, y golpeó. Si Alice no hubiera rodado, ni se hubiera apartado del camino, ese puño hubiera hecho añicos todo su cuerpo. Ella continúo moviéndose, jamás dándole una oportunidad a Nemesis de golpearla, corriendo por toda la cancha de baloncesto. Lamentablemente, estar en un área cerrada no ayudaba nada. Su mayor ventaja era la velocidad y agilidad, y necesitaba espacio para eso. Por unos momentos, la tenia acorralada. Entonces corrió hacia arriba de la rendija cruzándola por arriba, cayendo efectivamente de pie en el otro lado. Eso le daría un par de segundos de ventaja. Si tenía suerte, eso sería más que suficiente. 213


Corrió fuera de la calle Swann, atravesando la calle hasta llegar a un edificio de oficinas en la esquina de la calle Cleveland. De hecho la puerta estaba en la esquina de la calle Cleveland, y ahí había una ventana en perfecto estado. Alice corrió, saltó, y atravesó la ventana cubriéndose la cara con sus manos. Mientras lo hacía, escuchó los disparos de la ametralladora. Mierda. El dolor recorrió todo su brazo y hombros mientras pedazos de vidrio cortaban su piel, seguido inmediatamente por un dolor fuerte en su brazo izquierdo. Una bala de la ametralladora le había dado. Lo increíble es que solo ese tiro había logrado darle. Girando a través el suelo, ahora cubierto de vidrios rotos, Alice se puso de pie y continuó corriendo, ignorando la sangre y el dolor. Detrás de ella venia el sonido de la maquina monstruosa genética de más de dos metros, caminando a través de una pared y convirtiéndola en añicos. Alice esperaba con todo su corazón que él no tuviera un arma de reserva. La única razón por la cual la velocidad de Alice no ayudaba en el escape, era por los pasos gigantes que daba Nemesis. El monstruo ya se le acercaba en distancia, así que Alice continuo corriendo sin importarle hacia donde iba. 214


Esto resultó ser un error. Por unos segundos, ella se encontró con un callejón sin salida, encontrándose frente a ella con un muro cubierto por una puerta de metal, sin haber salida excepto yendo hacia atrás. Pero atrás estaba Nemesis con sus dos armas gigantes. Sin vacilar ningún segundo, levantó ambas Uzis y comenzó a disparar al metal de la puerta, entonces tacleó de la misma manera como había pasado las ventanas momentos antes, esperando que su fuerza superior y la fuerza de las balas, fueran suficiente como para penetrar la puerta. Por suerte, ella tenía razón. Atravesó la puerta, del impacto el dolor llegó hasta sus huesos, derribando el metal. El pequeñísimo hueco de metal. Era imposible que Nemesis cupiera en ese espacio tan pequeño, tampoco la estructura le daba alguna oportunidad de hacer el espacio más grande. La única manera por la cual podría perseguirla, sería que saliera del edificio y diera la vuelta. Alice cayó en el sótano en unos segundos. Diez pies a su derecha se encontraba un contenedor de metal-El cual ella esperaba que detuviera su caída- Destruido y hecho pedazos. Mientras se ponía de pie, el dolor y ardor le recorría todo el brazo izquierdo. Se había dislocado el hombro al atravesar el agujero de la puerta de metal, le habían disparado en los bíceps, y se quebró dos dedos al aterrizar. Sin mencionar todas los cortes causados por el vidrio. Después de recorrer la habitación, se topó con un muro, muy lejos de la única entrada a la habitación, y detrás de ella, más contenedores de metal. Con suerte, Nemesis no la vería 215


salir por la única puerta que hay. Con una mano, se puso un torniquete de un pedazo de tela que arrancó de los contenedores dañados, utilizándolo para detener el sangrado de la herida del disparo. Un par de años atrás, cuando ella todavía estaba en el departamento de tesorería, Alice se vio envuelta en una pelea con un ladrón que la había confundido por una mujer solitaria y sin ayuda caminando por una calle oscura de Washington D.C, Alice neutralizó a ese rebelde pero no antes de que le diera un cuchillazo con una navaja que cargaba. Alice todavía cargaba la cicatriz de esa pelea, pero más importante, ella recordaba el dolor y la agonía que sintió cuando recibió ese cuchillazo, y el dolor continuo mientras iba curándose poco a poco. Pasaron semanas antes de que pudiera volver a usar su brazo completamente-creando un gran problema, ya que de hecho Alice, era zurda, lo que sufría en ese momento era el trauma de la herida de ese cuchillazo-aun así el dolor no estaba ni de cerca de debilitarla. Intelectualmente, ella sabía que normalmente se hubiera desmayado del golpe o de la pérdida de sangre. Pero no ocurrió. Al contrario, ella devolvió su hombro y ambos de sus dedos a su posición normal. A pesar de que el dolor era insoportable, ella solo lo sentía intelectualmente. No la debilitaba. 216


Le atribuyó esto a todas las cosas que la Corporación Umbrella le había hecho. Mirando todo su brazo, notó que los cortes causados por los vidrios ya se habían curado. Satisfecha de que sería capaz de continuar, siguió su camino. Su pierna izquierda, la cual había notado débil después de aterrizar en el sótano, ahora estaba bien. Y no había señales de Nemesis. Así que se arriesgó a continuar a través de la única puerta. Todavía les faltaba rescatar a una pequeña niña.

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Veintitrés Todo lo que Jill Valentine quería era salir de Raccoon City. Si era realmente honesta con sí misma…..-¿y qué mejor momento que ahora mientras manejaba un coche por las calles muertas de la ciudad, justo después de dispararle a uno de sus mejores amigos en la cabeza tras convertirse en zombie?...- eso había sido el peor momento desde que la suspendieron. Todo lo que le había importado era llegar a ser una policía del R.C.P.D. El mejor momento de su vida fue al graduarse de la academia, unido al gran honor de ser requerida por los S.T.A.R.S. Pero ahora la ciudad se había vuelto loca y estaba muriendose. No, olvida eso, está muerta. Murió en el momento en que Umbrella empezó a hacer experimentos con zombies. Eso condució a la suspensión de Jill – daño irreparable para su carrera en éste lugar – y al desastre del día de hoy. Toda su vida se ha reducido a una sola oración: ¡Sal de Raccoon City! Ahora eso significa encontrar a Angela Ashford para que su padre les de la via de escape. Y si su padre se negaba a cumplir con el trato, Jill no tendría problema en usar a Angela como rehén para conseguir lo que desea. Se agachó para ver sus manos que aún tenían la sangre de su amigo Peyton. 218


Cuando alzó la vista vio a un hombre saltando y agitando las manos enfrente del auto y en mitad de la calle. Instintivamente Jill frenó rápidamente. Algo le resultaba familiar sobre ése sujeto. Entonces lo recordó- era el hombre que casi fue mordido por la mujer zombie en la comisaría-No parecía tener mordeduras a la vista, por lo tanto no había sido infectado.....al menos aún. El sujeto se dirigió a la ventana del lado del conductor sólo para encontrarse con el cañón del arma de Jill en su cara. Alzando sus manos, dijo- ¡tranquila, oficial, tranquila, no soy uno de ellos, no me han mordido! Para probarlo, sacudió su ropa, que estaba un poco sucia pero definitivamente sin herida alguna. Indicando el asiento adjunto a Jill, le dijo- sube a bordo-. -Mierda, creí que era la última persona viva, pero cuando escuché los disparos vine corriendo enseguida- contestó el hombre. Se sentó enfrente de Morales y le estrechó la mano. -Soy Lloyd Jefferson Wayne pero pueden llamarme L.J debido a lo informal de la situación. -Terri Morales- le dijo. L.J brincó del asiento exclamandoeres una total celebridad… la que da el tiempo ¿no?-Sí, esa soy yo- dijo Morales.

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Jill apretó los dientes. Peyton estaba muerto y Alice estaba arreglándoselas con aquel monstruo. ¿Y con quién estaba ella? Con un desconocido y con la chica que daba el clima en el noticiero Racoon 7. La idea de dispararse a sí misma en la cabeza le parecía cada vez mejor. -Esto es genial, Terri eres de lo mejor-Gracias L.J, es gratificante tener a alguien que me aprecieAunque por el otro lado a Jill le gustaba mucho más la idea de dispararles a Morales y a L.J en la cabeza. Mientras daba la vuelta hacia la avenida Hudson, L.J dijo¿a dónde diablos nos dirigimos? Porque éste no es el camino para salir de la ciudad y no hay ningún lugar a donde ir ¿me entiendes?-Necesitamos encontrar a una niña llamada Ángela Ashford. -¿Y cómo se supone que encontraremos a una niñita en ésta ciudad? -Sabemos donde está, cuándo la encontremos su padre nos sacará de aquí- dijo Jill. -Bien, me parece bien. He visto cosas feas en éste día. Si me puedes llevar a un lugar donde no hay zombies o monstruos que les disparan a policías- comentó L.J. -¿Qué acabas de decir? -¿Decir de qué? 220


-¿Quién le disparó a policías? -Un ser grande con armas mató a un tal Handerson y a un montón de policías más. -Te refieres a los S.T.A.R.S- dijo Jill exaltada. -No lo sé, el punto es que cuanto más pronto salgamos de aquí será mejor. -Entiende algo imbécil, si nos ayudas también saldrás de aquí, pero si te interpones en nuestro camino o eres mordido pondré una bala en eso que tu llamas cerebro. ¿Entiendes?Dijo Jill cabreada. -Tranquila, tranquila, tú eres la jefa- Dijo L.J. alzando las manos. Mientras ella manejaba seguía pensando en Handerson y Robertson y los demás que estaban con ellos, quizás Markinson y Wyrnowsky. Y si estaban en la tienda de Armas seguramente Guthrie también estaba allí, pero era difícil de creer que todos estuvieran muertos. No fue difícil encontrar la escuela, ya que era la única que aún tenía unas cuantas luces encendidas. Jill se preguntó si esa era una mala o una buena señal. Se estacionó frente a la escuela y desde ahí pudo ver un vehículo que parecía ser del R.C.P.D. pero no estaba segura de cuál división aunque no era tan importante como para ponerse a investigar. Tenían que encontrar a una niña. Mientras tanto L.J seguía preguntando- Terri Morales, ¿es difícil? ¿Salir en televisión y eso? 221


-Sólo necesitas mucho trabajo y determinación- exclamó Terri. Y Jill apenas pudo contenerse de golpearla. Jill abrió la puerta y L.J no volvió a abrir la boca después de tres largos segundos sin hacerlo, lo más que había durado. Frente a ellos había un largo y oscuro pasillo lleno de lockers y puertas de salones. -Tendremos que separarnos para recorrer todos los lugaresdijo Jill. -¡Ni lo pienses!, no iré a ningún lado sola, ni siquiera tengo un arma- dijo Morales. -L.J tú ve al lado este y Terri tú ve al oeste- dijo Jill dándole una de sus pistolas. -Pero Jill, yo nunca he disparado un arma antes-Es fácil, solo apunta y dispara y vuelve a hacer lo mismo, procura darles en la cabeza- dijo Jill conteniendo las ganas de dispararle. Si no salían de Raccoon City al amanecer, su buena fortuna de seguir vivos en ese lugar llegaría a un abrupto final. Necesitaban encontrar a Ángela, y rápido. Jill se dirigió al sótano pensando que el lugar más probable en que una niña se escondería sería allí. Mientras bajaba las escaleras escuchó a la incompetente de Morales decir – Es fácil, solo apunta, dispara y vuélvelo a hacer.

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Si es que tenía algo de suerte, Jill encontraría a la niña pronto y se largaría de allí antes de que se dieran cuenta, pero de algún modo no le parecía justo, ellos merecían al menos una oportunidad de sobrevivir. El sótano tenía bastantes conductos de refrigeración, tubos de calefacción y una pésima iluminación. Tenía una linterna la cual apenas atravesaba la oscuridad. Cualquier cosa podría estar escondiéndose ahí.

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Veinticuatro Tarareando una canción de la cual no sabía ni una sola palabra- L.J atravesó los oscuros pasillos de la escuela. Mientras casi todos en la ciudad estaban muertos, L.J estaba vivo y eso le parecía genial, además ahora estaba en una misión para rescatar a una pequeña niña. Después de sobrevivir a la masacre en la armería Halloran lo mejor de todo era haber conocido a Terri Morales, nada mal para un perdedor como él. L.J entró en la primera puerta que vio, parecía como una de esos laboratorios llenos de mesas, grifos y mecheros de bunsen y……. ¡MIERDA!, contra la pared había todo tipo de frascos de agua sucia y animales muertos. No le parecía extraño que el mundo se estuviera volviendo loco si es que dejaban a los niños jugar con esas porquerías. En el otro extremo de la habitación había una puerta de cristal esmerilado, era probable que ahí se guardasen los órganos de repuesto y….- ¡Jesús!- exclamó L.J al ver algo pasar por la ventana. Su primer instinto fue salir corriendo pero por alguna razón se detuvo. -Había sobrevivido a la estación de policía que se convirtió en “la noche de los muertos vivientes”.-Había sobrevivido a ser comido por una maldita zombie224


-Había sobrevivido a un accidente de cocheY lo mejor de todo –Había sobrevivido a la masacre en la habitación llena de policías. Así que sobrevivir ahora no debería ser ningún problema. ¡Se acercó a la puerta, puso su mano en la chapa, nuevamente resistió el impulso de huir, empuñó su pistola dorada listo para patearle el trasero a un zombie! Del otro lado de la puerta había un esqueleto colgado de un gancho, como los que solía usar en la escuela para colgar trajes. L.J estaba enfadado pero feliz al mismo tiempo, no había tenido que enfrentarse a ningún zombie, y si no llegaba a hacerlo se sentiría como un inútil. Al menos a Terri no le pareció un tonto. Cuando se dio la vuelta vio a un maldito zombie con bigote, seguramente un profesor por la forma en la que estaba vestido, justo delante de él. De repente se le abalanzó para morderlo pero afortunadamente y como si fuera respuesta a sus oraciones, alguien agarró del cuello al zombie y se lo rompió tirándolo al suelo. Quien lo salvó llevaba puesto un uniforme negro y en su espalda decía OLIVERA. El hombre se agachó para recoger el arma de L.J- Creo que esto le pertenece a usted- dijo. Aturdido, L.J tomó la pistola y observó por un momento a Olivera, parecía un soldado de primera, pero estaba sudando bastante y sus ojos parecían estar inyectados de sangre. -¿También recibieron la llamada?-preguntó Olivera. 225


-¿Qué?-¿Estás aquí por la niña?-Sí, estamos buscando a la niña Ashford, la cual nos sacará de aquí- respondió L.J. L.J creía que Ashford no había hecho un trato con alguien más, pero no le quedaba de otra más que aceptar a Olivera como un compañero, aunque creía no necesitar ayuda alguna. L.J se dio cuenta de que Olivera lo estaba mirando fijamente, lo cual le parecía extraño ya que solo los que estaban infectados lo hacían de ese modo. -Está bien socio, continuemos, pero no le digas a nadie sobre mi descuido con el arma.- dijo L.J. -Mis labios están cerrados, vámonos.-

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Veinticinco “Apunta, dispara, recarga” Todo era culpa de D.J. McInerney. “Apunta, dispara, recarga” Fue D.J. quien le había suministrado a Terri Morales las imágenes del Concejal Miller. Fue él quien le había asegurado que eran auténticas, que no necesitaba corroborarlas. “Apunta, dispara, recarga” Si no le hubiese dado esa mierda a Terri, ella todavía estaría reportando las noticias. Joder, probablemente se hubiera mudado a una bonita ciudad, en lugar de este basurero remanso, haciendo reportes investigativos en lugares interesantes como Baltimore, San Francisco o Dallas. Incluso tal vez en Nueva York o Chicago. “Apunta, dispara, recarga” O en Los Ángeles. “Apunta, dispara, recarga” Ese era su verdadero sueño, por supuesto. Los Ángeles, la ciudad de las luces. “Apunta, dispara, recarga” 227


¿O era Paris? Lo que sea, si no hubiese sido engañada por D.J, ella estaría ahora mismo en alguna ciudad decente informando sobre alguna noticia en vez de vagar por los pasillos de una escuela abandonada, en una ciudad llena de zombies en busca de una niña, diciendo: “Apunta, dispara, recarga”, como si fuese una especie de ayuda memoria. Y con una pistola. Terri odiaba las armas. Tal vez no tendría que usarla. Abrió la puerta de una de las aulas. El lugar era un desastre. Las mesas estaban volcadas, y los papeles y libros esparcidos en el suelo. Más o menos como el resto de la ciudad. Sigilosamente filmó la sala con su cámara, que se sentía más cómoda en su mano derecha que la estúpida pistola que le había dado la oficial Valentine, que llevaba en la izquierda. ¿Qué demonios estaba pensando la mujer dándole un arma? Era una locura. Claro, ella se había quejado de que no tenía una, pero eso fue porque en realidad deseaba un acompañante armado. Ella dejó la violencia para matones como Valentine. Eso era para lo que le pagaban. A Terri le pagaban por dar las noticias. O el tiempo. 228


Gracias a D.J, ese hijo de puta. Lo que especialmente le molestaba era que D.J. no necesitó falsificar las imágenes. Miller era sucio, todo el mundo lo sabía, era cuestión de tiempo para que la cagase y lo descubrieran. De hecho, fue descubierto la semana pasada por un maldito periodista de revista. Si un idiota podía acabar con Miller, cualquiera podría. Seguramente Terri habría podido si hubiese tenido una fuente decente. Su error fue pensar que D.J. lo era. D.J. desapareció después que la cinta se expuso como un pedazo de falsificación digital avanzada. Eso molestó a Terri por dos razones. La primera era que quería vengarse de la pequeña mierda por arruinar su carrera. Y la segunda era que probablemente él ya no estuviera en la ciudad, ya que había escapado a la suerte de la mayoría de los ciudadanos en Raccoon City. Si alguien merecía convertirse en zombie y recibir un balazo en la cabeza, ese era D.J. McInerney. Sin embargo, ella sabía que iba a salir de este pozo con el tiempo. Seguía siendo famosa, después de todo. Incluso la calle de los Punks, como L.J, sabía quien era. Y el clima podría conducirla hacia una carrera decente, como a Al Roker. Ella comenzó a correr cuando oyó algo. Sonaba como un gemido. 229


“¿Ángela?” Avanzando hacia el sonido, Terri encontró a una niña encogida en un rincón. Parecía que la niña sostenía algo entre sus brazos, algo como una muñeca. La pobre chica. “Esta bien, cariño. No temas. Estamos aquí para llevarte a casa.” Terri se dio cuenta que no tenia idea de cómo era Ángela Ashford. Por todo lo que sabía, esta era otra niña. Aunque no fuera la hija de Ashford, era mejor rescatarla que no. La niña estaba de espaldas a Terri. Bajando la cámara por un momento, tocó el hombro de la niña para voltearla. No era buena idea apuntar con un arma a un niño. Un horrible rostro la miró. Lo primero que Terri notó fueron sus labios rojo sangre, coloreados como lo eran, en efecto, cubiertos de sangre. Luego, vio los ojos color blanco leche. Ambos contrastaban extrañamente con la pálida piel. La niña estaba muerta. Terri dio un paso atrás. “Oh, Dios mío” 230


No era la mirada de la niña lo que realmente le daba miedo, pensó. Era la muñeca. O mejor dicho, no era una muñeca, sino otra niña, de la cual se estaba alimentando. Terri tenía un estómago resistente, había conseguido pasar el día sin vomitar. Ahora, sin embargo, viendo a una niña alimentándose de otra, su estómago se tambaleó. Tropezó con algo. Primero pensó que era uno de los escritorios, pero cuando se dio vuelta vio que era un niño. Otro cadáver deambulando. Dando un vistazo al salón de clases, vio que había decenas de ellos. Todos eran niños. Todos estaban muertos. Todos con sangre en sus labios. Todos dirigiéndose a ella. Literalmente la habían acorralado. No había manera de salir de la habitación. De todos lados llegaba el ejército de los niños muertos. Uno la agarró del brazo derecho y la mordió. Terri gritó. 231


Otro le agarró la pierna. Un tercero mordió su cadera. El dolor era abrumador, ya que cientos de pequeños dientes rasgaban su carne. Podría haber usado su arma, pero ¿cómo podría disparar contra niños? En cambio, gritó más fuerte, y la pistola cayó al suelo. Sus cansadas piernas ya no podían soportar su peso. Cayó al suelo, y los niños cadáveres se agruparon a su alrededor, encorvados. Lo último que vio fue su cámara, que estaba tendida en uno de los escritorios en un ángulo extraño, mientras continuaba grabando. Su último pensamiento fue que la única manera en que ella conseguiría ese Emmy sería en la otra vida.

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Veintiséis Ángela Ashford había visto por primera vez un zombie. De hecho, había visto dos esta mañana. Después del accidente automovilístico. El gran camión se había estrellado contra la camioneta conducida por dos hombres, quienes la habían retirado de clase. Los hombres habían muerto en el accidente. Ángela lo sabía aunque nunca había visto un cadáver, porque había intentado despertarlos, pero no estaban respirando ni se movían, y estaban cubiertos de sangre. El tercer cadáver era el conductor del camión, quien olía mal. Ángela aprendió en la clase de ciencia que los cuerpos olían mal después de estar muertos por un tiempo. Él también tenía un gran agujero en su pecho. La única razón por la que Ángela estaba viva era porque se había colocado el cinturón de seguridad. Su pecho estaba lastimado desde que el cinturón la retuvo en el asiento durante el choque, pero por lo menos no había sido expulsada por el parabrisas como uno de los hombres, o estrelló contra el techo como le sucedió al otro.

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Fue difícil salir del vehículo, pero lo logró. Ella aún estaba aferrada a su fiambrera de Spider-Man. Ella sabía que eso era lo más importante de todo. Volvió a la escuela. El Sr. Strunk sabría qué hacer con el accidente. Y si no, el director Armin lo sabría. El conductor del camión la siguió mientras regresaba a la escuela. Lo que no tuvo sentido, ya que estaba muerto. La verdad era que Ángela nunca había visto cadáveres hasta hoy, pero los vio en televisión y películas, además de haber prestado atención en la clase de ciencias. Si no estuvieras respirando y tuvieras un agujero en el pecho, estarías muerto. Lo que significaba que se había convertido en un monstruo. El conductor del camión, quien era un hombre grande con piernas largas, volvió a la escuela más rápido que ella. La vice-directora, la Sra. Rosenthal, estaba hablando con su secretaria, la Srita. García, en el pasillo cuando este apareció. Ángela estaba apenas detrás de él. “Disculpe señor, no puede estar a--” La Sra. Rosenthal quedó asombrada al ver el gran agujero en el pecho del conductor. Ángela gritó cuando este mordió a la Sra. Rosenthal en el cuello. La Srita García huyó. 234


El director Armin salió de su oficina. “¿Qué está sucediendo aquí?” Luego vio al camionero. “¡Oh!, Dios mío”. Cuando el conductor se dirigió hacia él, dijo una mala palabra. Entonces lo mordió también. La Sra. Rosenthal despertó un segundo más tarde. Vio todo muy raro. El conductor la había convertido en un monstruo. Ángela camino hacia ella y le pregunto si estaba bien. Pero la vice-directora no contestó ni le prestó atención. Enseguida, ella y el conductor caminaron juntos por el pasillo. A continuación, el director Armin los siguió. Para las horas siguientes la cosa empeoró. El director entró en la clase del Sr. Strunk y lo mordió. Los alumnos entraron en pánico, pero el conductor y la Sra. Rosenthal, uno de los conserjes y dos hombres de traje gris, todos ellos eran monstruos ahora, tomaron su camino y comenzaron a morderlos. En clases, Ángela le había contado a Bobby Bernstein que deseaba que ella muriera. Por la madrugada, ella vio que sucediera. Los otros chicos trataron de esconderse en el sótano, pero pronto los monstruos los encontraron y los convirtieron en más de ellos. Ahora los monstruos superaban en número a los niños. Pero ellos dejaron a Ángela sola. Sin embargo, ella no lo comprendía. 235


¿Qué tenía ella de especial? ¿Era por lo que papi le había hecho para que nunca más fuera minusválida? En un momento del día, un camión chocó contra la escuela. El escrito a un costado decía que pertenecía a la Unidad Canina del Departamento de Policía de Raccoon City. El camión estaba trasladando un manojo de perros. Eran monstruos también. Al caer la noche, los chicos, los profesores, los conserjes, y los perros estaban vagando por la escuela. Los perros estaban en su mayoría merodeando alrededor de la cafetería, con los otros monstruos acechando el resto de la institución. Ellos seguían dejando a Ángela sola. Después de un momento ella se dio cuenta del por que: lo que sea que su papi había usado para curarla, también era responsable de lo que había sucedido hoy aquí. No estaba segura de cómo lo sabia, pero lo estaba más de eso que de cualquier otra cosa. Además, eso explicaba porque los monstruos no la tocaban. Porque ella también era una de ellos. Los monstruos no dejarían a las otras cinco personas que vinieron después. Había dos hombres de negro, dos mujeres y un hombre vestido ridículamente. Ángela los vio desde donde estaba escondida en el techo, aforrada a su fiambrera. Luego de un minuto, decidió bajar y ver si ellos podían ayudarla o si ella podría ayudarlos, impidiendo que se convirtiesen en monstruos. 236


Ángela vio como se llevaron a una de las mujeres. Era demasiado tarde para salvarla. Otra mujer, que vestía una remera azul, entró después de que los monstruos se llevaran a la primera mujer. Esta mujer llevaba un arma. “No puedes ayudarla. No ahora”. La mujer se volvió, apuntando con el arma. “He visto lo que hacen”. Bajando el arma, la mujer preguntó: “¿Eres Ángela?” Ángela asintió con la cabeza. “Deberíamos apurarnos antes de que regresen”. La mujer vio algo en el piso y lo tomó. Lucia como un tipo de video cámara. Ángela supuso que le pertenecía a la otra mujer. Ella sería un monstruo pronto. “Mi nombre es Jill. Tu padre me envió para encontrarte”. Ángela se sintió aliviada. Sabía que papi encontraría la manera de salvarla. Jill la llevó fuera del corredor. “Ángela Ashford. Bonito nombre de adulto para una niña”. “Tengo 9 años, y no soy una niña” 237


“Ya veo” Ángela refunfuñó, “Todos me llaman Angie”. “Angie. Me gusta eso”. Normalmente Angie odiaba eso cuando los adultos la llamaban así, pero cuando Jill lo dijo, le gustó. Ellas se volvieron hacia la cafetería. Angie se detuvo. “No podemos pasar por allí”. “Esta bien, cariño. Este es el camino más rápido”. “¡No! Esas cosas están allí”. Jill tomó la mano de Angie. Se sentía calida y aliviada. “Son lentos. Podemos esquivarlos corriendo”. “Seguramente cuando entremos a la cafetería, habrán monstruos deambulando”. Ellos observaron cuando ella y Jill entraron. Pero eso no era lo que preocupaba a Angie. No, no ellos. Ella apuntó a uno de los perros monstruos. A ellos. El perro estaba todavía encamarado sobre otro cadáver. Era la Srta. Modzelewski. Ángela habría llorado por su maestra favorita, pero se había quedado sin lágrimas desde hacia horas atrás. 238


Con un gruñido, el perro se abalanzó sobre Jill. Jill sacó su pistola y disparó contra el monstruo, pero este chocó contra ella. Jill cayó y su pistola fue rebotando contra el suelo hasta la cocina. Aunque el moviéndose.

perro

había

sido

baleado,

continuaba

Ángela corrió para cubrirse. Ella no quería ver. Ya había visto demasiada gente morir, no quería hacerse una nueva amiga y verla morir, también. Luego oyó un sonido como de mil toques de tambor. Después de un minuto, se dio cuenta de que eran disparos de ametralladora, como en las películas. Una voz profunda con un acento gracioso dijo; “Pensé que necesitarían una mano”. Entonces Jill dijo: “Trabajas para Umbrella”. Esa era la compañía de papi. “Solía hasta que nos dieron por muertos en este lugar. Ahora me considero independiente. Nicholai Sokolov, a su servicio”. Este debe de haber sido uno de los dos hombres de negro. Luego Ángela oyó muchos otros ruidos, gritos y ladridos. Ella corrió el riesgo de echar un vistazo. El Sr. Sokolov estaba siendo despedazado por los perros. Jill esta bien, pensó. 239


Ángela corrió a toda prisa y agarró su pierna. Tan pronto como los perros se concentraron en el Sr. Sokolov, ellas podrían escapar. “¡Vamos!. ¡Por aquí!” Ángela la llevó a la cocina. Allí había más lugares donde esconderse, y la mayoría de los perros estaban fuera, en la cafetería. Además, la pistola de Jill estaba allí. Había sólo 2 perros en la cocina, ambos estaban del otro lado de la cocina, que Jill había elegido para esconderse. Jill puso un dedo en sus labios. Ángela asintió con la cabeza. Ella sabía como ser silenciosa. Con algo de suerte saldrían, y ella vería a papi pronto. Se acercaron bastante a la pistola. Hasta ahora, los perros no las habían visto. Pero si fuera a por el arma, estaría en el blanco. Jill vaciló. Ángela estaba asustada. Entonces la Sra. Gorfinkle, la cocinera, se abalanzó sobre Jill. Ángela no la había visto venir. La Sra. Gorfinkle ahora era un monstruo también, por supuesto. Todas las personas que habían sido atacados por un monstruo se convertían en uno de ellos. Pero Jill en vez de eso, tomó la cabeza de la Sra. Gorfinkle e hizo algo que produjo un horrible crujido. La Sra. Gorfinkle cayó al suelo. “¿Estás bien?” Jill le susurró a Ángela. 240


Ángela asintió con un gesto de la mano. Le gustaba mucho su nueva amiga. Estaban agachadas detrás de una de las cocinas. Desafortunadamente, uno de los perros estaba parado encima de la pistola de Jill. Jill miró las cocinas. Y entonces sonrió. Encendió cada una de las hornallas. Ángela podía oír el soplido del gas, y podía olerlo también. El perro comenzó a olfatear el aire. Ángela sabía de la clase de ciencias que los perros tienen mejor olfato que los humanos, y se dio cuenta que los monstruos lo tenían, también. Si ella podía oler el gas, desde luego que el perro lo haría. Jill metió la mano en su bolsillo y sacó una caja de fósforos. Luego sujetó el brazo de Ángela y salieron corriendo por la cafetería. Mientras corrían, Jill encendió uno de los fósforos sin quitarlo de la caja y la arrojó detrás suyo. Ángela miró hacia atrás mientras corrían. Papi siempre le enseñó que era peligroso encender un fósforo cerca de la hornalla de una cocina, porque podía provocar un incendio. Pero ahora, Jill deseaba provocarlo para detener a los perros. La caja de fósforos estaba en llamas. Voló por los aires. Los perros se dirigían hacia ellas. 241


Los fósforos se apagaron antes de hacer contacto con el gas. Los perros continuaron avanzando. Ángela oía un leve silbido. Miró hacia arriba y vio un cigarrillo volando por el aire, lo que era raro, ya que no estaba permitido fumar en el edificio. Una mujer rubia estaba parada en la puerta del pasillo. Ángela pensó que nunca la había visto antes, pero de alguna manera le parecía familiar. La mujer tomó a Ángela para protegerla entre los pliegues de la capa que llevaba. Ángela sintió el calor de la explosión a través de la capa, oyó el sonido del estallido dentro de sus oídos. Después de un momento, la mujer retiró la capa. “Gracias” dijo Ángela a su salvadora. Jill estaba en el suelo, lo que era raro, porque la mujer rubia había logrado mantenerse de pie. “Es usted muy amable por haber venido, Alice” dijo Jill. “Se te está haciendo un hábito aparecer en el momento justo para salvar mi trasero”. Pero la mujer, Alice, no la estaba escuchando. Se quedó contemplando a Ángela. Ángela le devolvió la mirada. De alguna manera, con la misma claridad con la que sabía que los monstruos la ignoraban, Ángela sabía que Alice era como ella. “¿Papi la había ayudado también?” 242


“¿Ustedes dos se conocen?” preguntó Jill. “Ella está infectada” dijo Alice. “En un alto nivel” Jill frunció el ceño. “¿Cómo podrías saberlo?” Ángela respondió la pregunta. “Porque ella lo está también. No te preocupes. Sé lo extraño que se debe sentir”. Girando hacia Alice, Jill comenzó a gritarle: “Espera un segundo, ¿estás infectada? ¿Y cuándo me lo ibas a contar?” Alice continuó ignorándola, lo que Ángela no pensaba que fuera muy bueno. Al instante, ella miró la fiambrera de Ángela. “Déjame ver”. Alice se la quitó de las manos. “¡No!” Papi le había dicho que nunca se alejara de ella. Pero Alice la tomó de todos modos, tironeándola de las manos de la niña. Rápidamente abrió la caja para revelar lo que Ángela llevaba consigo todo este tiempo. Una especie de espuma gris ocupaba la mayor parte del interior, protegiendo 4 lujosas agujas. Papi las llamaba jeringas, y también las creía realmente importantes. “Este es el antivirus” dijo Alice. “La cura para el Virus-T.” “¿Hay una cura?” preguntó Jill. Alice asintió con la cabeza y miró a Ángela. “¿no es cierto?” Ángela no contestó. 243


“¿Cómo lo has conseguido?”. Al principio, Ángela no dijo nada. Entonces Alice cerró la fiambrera y se la devolvió. Al tomarla, decidió contarles toda la historia. Jill dijo que Papi la había enviado, después de todo, y ambas salvaron su vida. “Mi papi, mi papi lo hizo por mi. Él está enfermo y algún día lo estaré yo también. Él solo quería detenerlo. Cuando era pequeña, tenía que usar muletas. Dijeron que nunca mejoraría, solo empeoraría. Luego estuve en silla de ruedas, como papi. Pero él encontró la forma de hacerme fuerte.” Jill ladeó su cabeza. “El Virus-T.” Ángela asintió. “Pero ellos le quitaron su invento. Los hombres de Umbrella. Lo he escuchado llorar, en las noches, cuando pensaba que nadie estaba escuchando. Pero lo escuché. No es un hombre malo, verás. El no quería que nada de esto sucediera. Honestamente.” Y luego las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. Pensó que ya no podía llorar más, pero dado que finalmente iba a ver a su papi… Ángela se derrumbó a los brazos de Alice. “Te creo” dijo Alice. “Está bien, todo va a estar bien”. Entonces Ángela oyó el sonido de una puerta abrirse abruptamente. De repente, Alice estaba sosteniendo una pistola y apuntándola hacia la puerta. Pero había también una luz roja brillando en el pecho de Alice. 244


Ángela miró al frente de la habitación y vio un hombre sosteniendo una gran pistola que tenía una luz roja. El hombre estaba usando el mismo uniforme negro que el Sr. Sokolov. “No me apuntes a menos que tengas la intención de dispararme”. Él habló, no era un monstruo. “Es interesante” dijo otra voz. El hombre que vestía graciosamente y que llegó con Jill y la otra mujer, quien estaba muerta ahora, caminó detrás del hombre que tenía el arma. “El hizo un pacto con el Sr. Perdición, al igual que tú”. Jill miró al hombre de negro. Ángela podía ver su nombre en una etiqueta pegada al pecho que decía: OLIVERA. “¿Cuántos de tus hombres hay?” “¿A qué te refieres?” preguntó Olivera. Luego el Sr. Olivera vio el cadáver del Sr. Sokolov, quien había perdido la cabeza. “Nicholai...” susurró. Ángela estaba cansada de ver cadáveres. Quería a su papi. “¿Cuándo te mordieron?” preguntó Alice. Ahora Ángela miró al Sr. Olivera más de cerca. Este se veía pálido y enfermo. 245


“Hace dos horas”. Ángela se aferró a su fiambrera de Spider-Man. Alice sonrió. “Es tu día de suerte”. “Nadie tiene un día de suerte en esta ciudad hoy, Alice” dijo el Sr. Olivera. “No sé si me recuerdas… Carlos Olivera”. Miró a Ángela. “Me pregunto si este es el paquete que fuimos enviados a recoger” “Parece que al Dr. Ashford obviamente le gusta ocultara sus logros”. “Él trabaja para Umbrella, por supuesto que está escondiendo sus logros” Entonces Jill Umbrella?”

preguntó

“¿No

trabajan

ambos

para

Alice y Olivera respondieron al unísono “Solíamos”. Ángela sintió ganas de reír. “Lo que sea, vayámonos a la mierda. Tengo un camión estacionado afuera, podríamos dispararles desde allí.” “Escuché eso” dijo el hombre vestido graciosamente. “Solo tenemos que encontrar a la hermosa chica de la televisión”. “La ‘hermosa chica de la televisión’ está muerta” dijo Jill.

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“¿Qué? ¡Pura mierda! ¡Ella no puede estar muerta, es una celebridad!” “Lo lamento” Jill sacó la cámara de video de su bolsillo. “Todo lo que tenemos es su legado” “Maldición. Ahí va mi oportunidad en el estrellato”.

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Veintisiete Charles Ashford se preguntó cuándo, exactamente, había perdido la motivación y los ánimos. ¿Fue un proceso gradual?, se preguntó, ¿o era culpa de la Corporación Umbrella, que lo había estado exprimiendo cual naranja? Había sido un hombre ambicioso, por supuesto. Había tantas cosas por aprender, tantas cosas por descubrir... Pero para eso, uno necesitaba recursos. Umbrella era la empresa más rica del mundo. Sólo financiaba investigaciones que fueran de su interés y que le aportara algún descubrimiento. Éste podría aplicarse como solución a los problemas del mundo real, en lugar del típico "¿No sería genial si pudiéramos hacer esto?" que Ashford pronunciaba continuamente con tono frustrado, hasta que fue contratado por Umbrella. Ashford nunca entendió por qué, en un mundo donde Stephen Hawking fue el mejor científico mundial, un hombre en silla de ruedas tenía tantos problemas para conseguir que le financiaran su investigación. En multitud de ocasiones le habían sido denegadas un montón de subvenciones y no habían aceptado sus proyectos por el mero hecho de tener una discapacidad. Era desesperante. Pero más desesperante era ver que su hija sufría su mismo mal. El Virus-T iba a ser su mejor creación. Se usaría en una crema para las arrugas, algo así como una prueba para ver si surtía efecto. Pero también sería la clave para la curación de muchas enfermedades. Especialmente para la que sufrían 248


Ashford y su hija. Angie podría llevar una vida normal. O, al menos, eso es lo que Ashford pensaba. Ashford supo que algo iba mal cuando trasladaron la investigación del Virus-T a la Colmena y lo sacaron del proyecto. En su lugar pusieron a esos dos jóvenes descerebrados, Mariano Rodríguez y Anna Bolt. Como científicos tenían un futuro prometedor, pero eran jóvenes y muy impulsivos. Y, tal como comprobó Ashford en poco tiempo, fácilmente manipulables. Ahora todo se había ido al garete. Y no había nada que él pudiera hacer al respecto. Lo único que podía hacer era salvar a su hija. Esa fue su única meta a partir de entonces. Sabía que no podía hacer nada para evitar que Caín y sus compinches empeoraran la situación en Raccoon City. Ashford estaba bien protegido debido a los contactos que tenía con los jefazos de Umbrella, pero eso no parecía suficiente para detener a Caín. Condenado de por vida a estar sentado, Ashford había pasado gran parte de su tiempo delante de un ordenador. A pesar de que no se consideraba un hacker profesional, conocía tan bien el sistema que, dado que tenía acceso a la red central de Umbrella, podía navegar con total impunidad. Eso a menudo incluía conectar su portátil a las cámaras que Umbrella tenía repartidas por la ciudad que, en teoría, sólo eran para uso policial. Ashford sabía que Umbrella las usaba cuando y para lo que quería. Ahora mismo él las estaba usando para salvar a su hija. Caín había pinchado las líneas de telefonía móvil de Verizon, pero no las de telefonía fija. Ashford consiguió conectar un satélite a las cabinas de teléfono de la ciudad. También sabía que, incluso en medio de ese completo desastre que había azotado Raccoon City, tenían que haber supervivientes. Entre ellos estaban Alice Abernathy y Carlos 249


Oliveira, ambos miembros de las fuerzas de seguridad Umbrella, así como también la oficial Jill Valentine, perteneciente a la unidad policial S.T.A.R.S. En realidad, sólo le inspiraba confianza la agente Valentine, pero sabía que todos se movían por su fuerte deseo de sobrevivir a ese horror. Umbrella los había abandonado a su suerte, pero Ashford quería ayudarles. No parecía que fueran a rendirse todavía. Sin embargo, no había cámaras cerca de la escuela, así que se vio obligado a vigilar la esquina de la calle Hudson con Robertson. Finalmente, después de una larga espera, Ashford vio a la oficial Valentine, a Alice y a Oliveira, seguidos por ese tipo negro... ¡y Angie! ¡Lo habían conseguido! "¡Gracias a Dios!", exclamó Ashford. Se dio cuenta de que ni la reportera ni Sokolov estaban con ellos, pero ahora lo que le importaba era recuperar a su hija. Después de trastear un poco con el satélite, Ashford conectó con la cabina cercana al patio de la escuela y llamó. En el monitor observó como Alice y compañía iban hacia allí. Tan pronto como Alice descolgó el auricular, Ashford dijo: "Déjeme hablar con mi hija". "Primero díganos cómo demonios salir de aquí". Enfadado, Ashford dijo: "No está en posición de negociar, señorita". Alice colgó, y Ashford parpadeó incrédulo. ¿A qué demonios jugaba esa mujer? ¡Les estaba ofreciendo una oportunidad para sobrevivir mientras el resto de la 250


ciudad se iba al garete! ¿Cómo osaba tratarle como una especie de asesino? Ashford parpadeó de nuevo. Aunque, ¿acaso no era ya un asesino? Después de todo, ser cómplice de un asesinato era delito, y con la creación del Virus-T se había convertido en uno. Quizás la ley no lo habría tratado como tal -Umbrella se hubiera encargado de contratar a los abogados que hicieran falta para evitar que sus empleados acabaran en Chirona por algo así- pero eso no cambiaba nada. Ashford llamó otra vez. Alice lo dejó sonar varias veces antes de descolgar. "¿Va a decirnos cómo salir de aquí o no?" "Hay un helicóptero preparándose para despegar. Saldrá en Ashford comprobó la hora en su ordenador- 47 minutos. Será la última oportunidad de salir de Raccoon City." "Y supongo que ese helicóptero no está siendo preparado para nosotros, ¿verdad?" Ashford sonrió. "No, su propósito no es precisamente ese." "¿Dónde está situado?" "Primero quiero hablar con mi hija".

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Esta vez, y para sorpresa de Ashford, Alice aceptó y le pasó el teléfono a Angie. "¿Papá?" Al escuchar la voz de su hija, Ashford se alegró de verdad por primera vez en años. Quizás era la primera vez desde que su mujer había fallecido. "Estoy aquí, cariño". "¿Cuándo podré verte?" "No creo que sea pronto", pensó Ashford, pero no quería desanimar a su hija. "No te preocupes, cariño. Esta gente te traerá conmigo. Nos veremos muy pronto." "Vale, papá. Quiero presentarte a mis nuevos amigos." Ashford se estremeció. No quería que su hija se relacionase con gente como ésa. Por otra parte, aún seguían vivos en medio de todo ese caos. Es normal que se encariñara con ellos, y además iban a llevarla con su padre. "Angie, ¿puedes pasarme a la señorita de antes?" "Vale, papá. Te quiero." "Yo también, cariño." Alice cogió el auricular. "¿Y bien?" 252


"El helicóptero está en el ayuntamiento. Pero deberéis daros prisa, sólo os quedan 43 minutos, aunque no creo que haya mucho tráfico", dijo Ashford sonriendo. "Ya nos veremos, doctor", dijo Alice como respuesta. Y colgó. Con una sonrisa en la cara -gesto del que no se creía capaz una hora antes- observó cómo se dirigían hacia una furgoneta, y momentos después ya se habían puesto en marcha hacia el ayuntamiento. Ashford los iba siguiendo con las cámaras instaladas en las carreteras. Acto seguido, la pantalla del portátil parpadeó y el aparato se apagó. "¡¿Pero qué dem...?! Apretó varias teclas, pero no hubo respuesta. Había perdido la conexión. "Ordenadores", oyó decir a alguien con acento alemán. "No puedes fiarte de ellos. Igual que las personas." Era Caín. Ashford giró su silla y vio que Timothy Caín sostenía un cuchillo y el cable de red cortado. "¿Creía que no me daría cuenta de sus jueguecitos?". "No es ningún juego, sólo quiero recuperar a mi hija", dijo Ashford con rabia. "Su hija es una víctima. Lo fue desde que cerramos las puertas del puente. Es una pena que su hija vaya a morir, doctor. Es una pena. Pero parece que usted ha firmado su propia sentencia ayudando a esa gente". 253


Ashford no pudo evitar reírse entre dientes. "¿Qué le parece tan gracioso, doctor?". "Nada en especial. Sólo que, hasta que le conocí, no pensaba que las personas hablaran así." Caín cogió la silla de Ashford y lo sacó de la tienda. "Aún le falta mucho por aprender sobre las personas, doctor. Y ahora va a recibir una lección bastante desagradable...".

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Veintiocho Una vez que el camión se puso en marcha, Alice, que estaba sentada en el angosto asiento trasero junto a Carlos y Angie, le pidió a la niña su lonchera. “Tengo que inyectarle el antivirus a Carlos.” Angie asintió con la cabeza y se la entregó. “Gracias” dijo Alice con una cálida sonrisa. No confiaba mucho en el padre de la niña. Después de todo, él fue el primero en diseñar el Virus-T. Todo lo que sabía del proyecto era que había sido sacado de su envase antes de tiempo, y sus consecuencias más reprobables, (que hacían al Virus T lo suficientemente atractivo como para que Spence Parks lo robara) no habían entrado en juego hasta después de eso, pero nada cambia el hecho de que él era su creador. A pesar de todo, Alice se alegraba de tener, por lo menos, la posibilidad de reencontrar a Angie con su padre. Todos deberían tener la misma suerte. Carlos se arremangó la manga de su camisa, revelando un cuchillo de combate que llevaba para el caso que tuviera que usarlo en alguna emergencia. “¿Qué es eso?”

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Alice respondió mientras le frotaba el brazo y preparaba la jeringa. “El Virus-T promueve el crecimiento celular. Puede reanimar las células muertas, convirtiéndote en un muerto viviente. En vida, puede causar mutaciones incontrolables. O en una niña minusválida," agregó mirando a Angie. “puede ayudarla a caminar de nuevo. Si el virus se mantiene controlado." Frunciendo el ceño mientras Alice clavaba la aguja en su brazo, Carlos dijo, “¿Esa niña esta infectada?” Alicia asintió con la cabeza. “Esa es la razón por la que los muertos vivientes en la escuela no la tocaron. Esta infectada con el Virus-T, al igual que todos ellos”. Señaló la jeringa. “Pero esto mantiene el virus bajo control. El crecimiento celular es suficiente para mantenerla en pie, pero no lo suficiente como para provocarle una mutación”. Valentine conducía. Sentado a su lado se encontraba L.J. Wayne empuñando una pistola. Alice no había tenido tiempo de escuchar su historia, pero se veía como el típico punk ignorante que de alguna manera sobrevive a las calles de las ciudades, gracias a una combinación de actitud y pura suerte. Entonces Valentine preguntó, “¿y te infectaron con ese Virus-T, también?” “Si” Carlos la miró shokeado. Ella continúo, “Ellos me convirtieron en uno de sus pequeños monstruos”. 256


“Entonces si estas infectada…”dijo Valentine, “¿Por qué esas criaturas te atacaron en el cementerio?” “No lo hicieron" sonrió Alice con ironía. "Los atacaban a ustedes. Yo solo me interpuse en sus caminos. Entendí que no tenían ningún interés en mí. Mientras vagaba por las calles, antes de encontrarlos en la iglesia, me topé con un montón de esas cosas, pero no me hicieron nada. Incluso el motociclista, al que le tomé prestada la Harley, no me atacó.” Carlos se bajó la manga, se guardó el cuchillo y dijo algo impresionado. “Esa si que es una historia” Angie contestó, “Pero si también estás infectada, ¿porque no tomas alguna medicina?” Alice negó con la cabeza. “No lo se”. “Aquí” Al oír a Valentine, Alice vio que esta le estaba ofreciendo un pequeño objeto de metal. Al tomarlo, Alice se dio cuenta que era la pequeña video cámara de Terri Morales. Ella la llevaba siempre consigo a donde quiera que fuera. Era probablemente el mejor registro de los acontecimientos del día. Verificando la grabación, Alice vio que las últimas imágenes eran la muerta de la propia Terri. Sacudiendo la cabeza, Alice miró a Valentine echar un vistazo al espejo retrovisor. 257


“Veré si se le puede dar un buen uso”. Entonces Alice comprendió. Valentine era policía, y todo policía piensa en términos de pruebas para ser presentadas ante un tribunal de justicia. La evidencia por lo general tiene dos formas: las pruebas materiales y los testimonios presenciales. Aunque las pruebas materiales eran buenas, no siempre eran suficientes, sobre todo si pudiera haber dudas con respecto a su autenticidad. Valentine quería el testimonio, su confesión. Y Alice era la única que podía proporcionársela. Apuntando la grabadora hacia su propia cara, presionó el botón Record y comenzó a hablar. “Mi nombre es Alice Abernathy. Trabajaba para la Corporación Umbrella.” Vaciló, y luego agregó, "La entidad comercial más grande y poderosa en el mundo." Para que todo el mundo supiera que estaba muy consciente de a quien, precisamente, estaba jodiendo. Y que a ella no le importaba en lo más mínimo. Y era demasiado grande. "Yo era jefa de seguridad en las instalaciones de alta tecnología de Umbrella, llamada la Colmena. Un gigantesco laboratorio subterráneo que desarrollaba, entre otras cosas, armamento viral experimental." Alice dudó. ¿Quería agregar a la lista la malversación de Spence? 258


No, eso no tenía mucho sentido. Spence estaba muerto, y la identidad de su posible comprador o compradores había muerto con él. No había nada que ganar al culparlo, cuando ya había pagado el precio más alto. Además eso distraería la parte importante. “Pero hubo un accidente. El virus escapó y todos en el laboratorio, quinientas personas, todos empleados de la Corporación Umbrella, murieron” Vaciló de nuevo. Independientemente del número de veces que lo había presenciado, desde que vio por primera vez a los cadáveres reanimados arrastrando los pies hacia ella en el “comedor” de la Colmena”, aún tenía problemas para creérselo. “Pero no permanecieron muertos. El Virus-T reanimó sus cuerpos. Trajo a los muertos a la vida, y los dejó con un hambre terrible por la carne de los vivos. " Dios, sonaba como la copia barata de un DVD de una película B de los 50s. Sin embargo, era la verdad. Y la verdad era lo que tenía que decir, no podía darse el lujo de no ponerle énfasis al caso. “Descubrí el infierno, vi cosas que no puedo describir” Inesperadamente, las imágenes de su estadía en la Colmena regresaron a su mente. Desde los láseres cortando a Uno, Drew, Warner y Danilova en pedazos, los enjambres sin fin de muertos vivientes persiguiéndolos a través de las salas de la Colmena, el conducto en el que el Lamedor agarró al pobre Kaplan y rasguñó a Matt, quien se vio obligado a 259


dispararle a Rain en la cabeza, hasta que las calles de Raccoon City se convirtieron en un gran cementerio. “Pero sobreviví junto con alguien más. Un hombre llamado Matt Addison. Cuando salimos del laboratorio, fuimos capturados por los científicos de Umbrella. Matt y yo nos separamos". Suspiró. "Pensamos que todo había terminado. Que habíamos sobrevivido al horror. Pero nos equivocamos. La pesadilla acababa de empezar." Otra duda, y esta vez alzó la vista para ver las expresiones en los rostros de Carlos y Angie. Hasta el momento, ellos no conocían la verdadera dimensión de lo que había sucedido en la Colmena. Alicia se preguntó si habría sido mejor que no se enteraran. Especialmente la pobre Angie, quien ya había vivido más de lo que cualquier niña de nueve años debería. Pero necesitaban la confidencia. “Lo grabado aquí son imágenes tomadas por Terri Morales de Raccoon 7 antes de que, también, fuera asesinada. Todo lo que puedo decir es, no los escuchen. Son responsables de esto. Millones de personas ya han muerto a causa de su negligencia. Deben detenerse”. Alice pulsó el botón Stop.

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Desde la parte delantera del camión, Wayne dijo: "A la mierda con esos hombres." Carlos refunfuñó. "Sí, lo que él dijo." Una vez más, el silencio invadió el interior del camión. Entonces Angie se inclinó y abrazó a Alice. Cerrando los ojos y dejando escapar un suspiro, Alice agradecidamente le devolvió el abrazo. “Estamos llegando al ayuntamiento”, dijo Valentine. “Vamos a detenernos” Estacionó el camión a una cuadra del ayuntamiento que parecía una ruina humeante. Carlos llevaba un par de binoculares. Se subió al techo de la camioneta y miró a través de ellos. "Ahí está. Un C89 en la plaza, justo al lado de la fuente. Está rodeado por tres guardias, y un vallado, probablemente para evitar a la chusma. Diablos, debe ser la valla de plastiglás diseñada por Umbrella. Antibalas y probablemente antizombies, también.” Bajó los binoculares. "ligeramente protegidos. Bien". Wayne alzó su Uzi. "Cuatro de nosotros, tres de ellos." "En realidad…", dijo Carlos, "cuatro de ellos. No veo a nadie más, pero estoy seguro de que hay un francotirador en el techo. Siempre hay uno." 261


“Al carajo, man. Vamos a patear algunos traseros.” "¡Abajo, hombre!", dijo Valentine a Wayne, y luego miró a Carlos. "¿Cómo están armados?" “Con MP5Ks” "Probablemente con una carga completa de munición. Tenemos un montón de armas de juguete en comparación, y estamos empezando a agotarnos. Terminaremos entregando nuestras cabezas.” “Me encargaré de ellos” dijo Alice. “Oh, ¿lo harás?” Valentine sonó escéptica. Incluso luego de lo sucedido en la iglesia y la escuela, no había apreciado realmente lo buena que era Alice. “Si, lo haré. No habrá un solo disparo." De hecho, Alicia no estaba del todo segura de lo buena que era. Fuera lo que fuera que Umbrella le había hecho, ella iba a hacerlo bien una vez más, desfigurándoles sus rostros miserables. Minutos después, Alice caminó hacia lo que quedaba del techo del ayuntamiento. Como Carlos había predicho, había un francotirador posicionado allí, con un equipo completo de rappel en caso de que necesitara huir rápidamente por las calles. 262


Y a punto de ser sumamente útil. Lo primero que Alice hizo fue eliminar al francotirador. Justo a tiempo, mientras este apuntaba a la cabeza de Carlos, que se estaba acercando a la plaza junto con Valentine. Wayne se había quedado atrás para proteger a Angie hasta que le dieran la señal. Wayne se había opuesto a esta parte del plan con determinación, hasta que Valentine le describió, con lujo de detalle, lo que le haría a su hígado si no se callaba y hacia lo que decían. A Alice realmente le comenzaba a gustar Jill Valentine. Una vez que acabó con el francotirador, Alice desenrolló el cable y lo arrojó hacia la plaza, entre el C89 y los tres guardias. Los guardias no se dieron cuenta. Su atención estaba, como era de suponer, enfocada en otra parte. Allí era donde estaba el verdadero peligro, después de todo. Donde las legiones de muertos vivientes llegaban arrastrando sus pies, siendo retenidos por las vallas de plastiglás. Alice colocó un gancho en el cable, y luego lo sujetó a su abrigo. Dejando sus armas enfundadas, se deslizó por el cable, deteniéndose poco antes de la plaza. Los guardias se volvieron al oír el sonido del gancho de acero deslizándose por el cable metálico. Pero antes de que tuvieran la oportunidad de reaccionar, Alice fue a ellos. 263


Primero, rompió el cuello de uno de los guardias. Luego llevó la palma de su mano izquierda hacia la nariz del segundo, rompiéndola y enviando fragmentos de cartílago y hueso hacia el cerebro, matándolo instantáneamente. Por último, aplastó la garganta del tercero con su mano derecha. El tercero murió antes de que el primero pudiera tocar el suelo. En el momento en que el tercero cayó, Carlos y Valentine llegaron. Después de pasar entre dos vallas de plastiglás, Carlos rápidamente sacó su cuchillo de combate y lo arrojó detrás de Alice. Girando hacia atrás, Alicia vio que el segundo guardia no estaba tan muerto como se suponía que debería estar. No se había convertido en un muerto viviente. Sus ojos eran claros, y llego a decir: "¡Joder!" cuando el cuchillo de Carlos se clavó en su pecho. Al parecer, los fragmentos del cráneo no habían penetrado en su cerebro tan profundamente como ella había pensado. “Fallaste con uno” dijo Carlos con una sonrisa. Encogiéndose de hombros, Alicia dijo: "Tuve que dejar algo para que hicieras." Valentine llamó su atención. "Ustedes dos pueden bajarse los pantalones y comparar sus tamaños más tarde”. Llevándose sus dos dedos meñiques a la boca, silbó. 264


Alice se estremeció. El ruido perforante del silbido recorrió sus oídos, ahora ultra sensibles. Segundos más tarde, Wayne y Angie llegaron corriendo. "Buen trabajo", dijo Wayne. "Vamos", dijo Alice rápidamente. No quería que Angie se quedara cerca de los muertos vivientes. Más de lo que ya había estado. Entraron en el área de carga del helicóptero, y Alicia se encontró inmediatamente abrumada por una sensación de déjà vu. Ubicadas en el centro había dos camas largas de diagnostico. Una de ellas era la viva imagen de aquella en la que se había despertado en el hospital de Raccoon City. La otra se parecía a la primera, sólo que con un problema pituitario. Instintivamente, Alice sabía para quién estaba destinada: A Nemesis. Ashford nunca le había contado lo que iban a transportar. Ahora lo sabía: era para sacarla junto con Nemesis de la ciudad antes de que fuera bombardeada. “¿Qué es todo esto?” preguntó Valentine. 265


"Tenemos que darnos prisa", era todo lo que Alice diría en respuesta. Si Umbrella quería sacarlos de la ciudad, significaba que Nemesis podría estar aquí en cualquier momento. Ella apenas había escapado con vida la última vez que lo enfrentó; no tenía ninguna esperanza de tener suerte esta vez. "Está bien", dijo Carlos, mirando al cielo. “El amanecer estaba a unos veinte minutos. Aún tenemos tiempo, vamos a hacerlo". Alicia miró por la puerta de carga abierta. Sin ni siquiera tener que pensar en ello, sabía dónde mirar. Señaló una terraza a lo lejos. “No, tenemos que apresurarnos.” Los demás siguieron su mirada para ver lo que había visto. Era una figura gigante de pie en la azotea con un cañón de riel. Nemesis. A Wayne casi se le salían los ojos. “¿Estamos molestando su viaje?” “¡Mieeeeerda!” “Despegaremos” Alice desenfundó su Colt .45 y se dirigió a la cabina del piloto. 266


Al abrir la puerta corrediza, vio a un hombre con el mismo uniforme negro de Umbrella que llevaban Carlos, Uno, Rain, Kaplan y los demás. “Laguémonos de aquí” El piloto no se movió. Alice puso la boca de la Colt en su cabeza. “Ahora”. El piloto sonrió, pero no se movió. “Dije, ¡ahora!” "¿Cuál es la prisa?" Alice se dio la vuelta, sosteniendo en alto la Colt. Era Cain. Llevaba un arma, una Glock presionada contra la cabeza de Angie Ashford. “Ven conmigo, por favor”. Alice notó que Caín no le había pedido que arrojara sus armas. Eso no importaba. No iba a hacer nada mientras la vida de Angie estuviera en peligro. Se había ido por unos segundos, pero en ese momento la gente del equipo de seguridad de Cain se había desplazado y atrapado a Valentine, Carlos y Wayne. 267


Estaban de rodillas en la plaza del ayuntamiento, junto con un hombre de mediana edad que Alice no reconoció. Angie, sin embargo, lo hizo. “¡Papi!” Cain quitó el arma de la cabeza de Angie, y esta corrió hacia su padre. Ambos con ojos llorosos, se abrazaron. Ashford permanecía de rodillas. “Angie.” “Sabia que no me abandonarías”, dijo Angie entre sollozos. “Nunca, bebe, nunca” “¿Te lastimaron?” "No" Ashford estaba mintiendo, Alice podía decirlo con tan solo mirarlo. “No. Estoy bien, bebe”. Alice vio la sigilosa Darwing que había llegado sin que ella lo notase. Era el mismo tipo de helicóptero que Uno había utilizado para llegar a la mansión poco después de que Alicia despertara amnésica del desastre que había ocurrido en la Colmena. La gente de Caín estaba esposando a Valentine, Carlos, y Wayne. 268


Como el último fue esposado, este murmuró, "Mierda, hombre, maldito déjà vu”. Quien estaba esposando a Valentine, preguntó “¿Qué hacemos con ellos, señor?” Alicia oyó el sonido de fuertes pisadas acercándose. Nemesis estaba viniendo. "Ninguna maldita cosa", dijo Cain. "Estarán muertos muy pronto. Sólo el tiempo suficiente para que terminemos nuestro pequeño experimento." Mientras Caín hablaba, Nemesis entró en la plaza, saltando por encima del plastiglás que contenía un creciente número de muertos vivientes. "El brote viral, algo lamentable, proveyó un excelente escenario de prueba para el Programa de Nemesis". Alice miró a Cain. Lo conocía lo suficiente como para estar conciente de hasta que punto era reprobable un hijo de puta como él. Pero llamar “lamentable” a los acontecimientos del día había sobrepasado los límites. Caín, mientras tanto, señaló a Nemesis con un gesto casi teatral. "El soldado perfecto." Ahora estaban frente a frente, Alice y Nemesis. Ninguno se movió. Por segunda vez, Alicia sintió algo más al ver a Nemesis, los latidos de sus corazones estaban sincronizados. “Ambos demostraron ser prometedores”, Cain continúo zumbando. A él siempre le había gustado el sonido de su 269


propia voz. “Pero tenemos que verlos en acción. Y en lo asombroso en que se han convertido”. Miró a cada uno de ellos. “Esta bien, ¿pueden sentirlo?” Vacilante, Alicia dijo: "Siento..." Se interrumpió, incapaz de pensar en la manera de considerarlo. Caín terminó la frase por ella: "...el parentesco. Son como hermano y hermana. Con mayor velocidad, fuerza, y agilidad. El mismo instinto asesino.” Sonrió, “solo que en un envase más atractivo. Pero bajo la piel, son casi idénticos. Líneas paralelas de investigación. Y ahora descubriremos quien es superior. " Mientras tanto, Nemesis había permanecido inmóvil, como una estatua de dos metros de altura. El único movimiento era, de vez en cuando, el parpadeo de sus ojos azules. Ojos azules. Algo andaba mal, de alguna manera. Eran muy familiares después de todo. Alicia desvió la mirada hacia Valentine y los otros. Ella y Carlos se miraron a los ojos por un momento. Casi imperceptiblemente, Carlos asintió con la cabeza. Bien. Mientras las tropas de Umbrella tomaban las armas de mano, ellos no tenían mucho que buscar. Él aún tenía, 270


literalmente, algo en su manga: el cuchillo recuperado del cuerpo del guardia que había matado anteriormente. Cain, por su parte, se volvió hacia Nemesis. “Arrojen sus armas” El sonido de Nemesis dejando caer el lanzacohetes y el cañón de riel en el pavimento hizo eco en el plastiglás. “Ahora mátala” Tardaría menos de un segundo. En primer momento, Nemesis permaneció inmóvil como una estatua, y al siguiente comenzó a atacarla. Pero Alice era más rápida que él. Esquivó el golpe frontal con poca dificultad. Él atacó de nuevo. Ella lo esquivó otra vez, pero no le devolvió el golpe. Continuó así durante varios minutos. Alice solo necesitaba ganar tiempo hasta que Carlos pudiera tomar su cuchillo y liberarse. Caín, sin embargo, estaba comenzando a molestarse. “Pelea contra él” "No" Alice no tenía ninguna intención de lastimar a Nemesis si podría evitarlo. Quienquiera que él fuese, era tan víctima como ella. Desenfundando su Glock, Cain dijo, “lucha contra él, o ellos se mueren”. 271


Mierda. Alice debía haber previsto que Cain cambiaria su táctica. Pero él no sabía lo mucho que a ella le importaba un modo u otro. Así que intento engañarlo. "¿Qué te hace pensar que me importa?" Sin siquiera dudarlo, Caín apretó el gatillo. Ashford cayó al suelo, y la sangre se acumuló alrededor de su cabeza. Angie gritó, "¡Papá!" Cain apuntó la Glock hacia Valentine "Él era un recurso valioso para la empresa. Ni siquiera me importan estas personas." Rechinando los dientes, Alice asintió con la cabeza y se movió para enfrentar a Nemesis. Bajando su arma, Caín dijo: "Comiencen". Cuando Alicia empezó a tomar los cursos de artes marciales como una adolescente en Columbus, Ohio, su instructor le había dicho que los verdaderos grandes luchadores entraban en un trance en el que visualizaban todo menos sus propios movimientos. "Uno no piensa, simplemente actúa. Estos grandes luchadores, no obstante, son exóticos. Tal vez exista uno en un millón.”

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Le había dicho eso, dijo, porque había visto en ella una grandeza que le permitiría, algún día, llegar a ser uno de esos luchadores. Pero con la ayuda de la alteración de Umbrella, Alice se había convertido en más que eso. La noche anterior, había estado a punto de entrar en trance: ello fue en el cementerio detrás de la iglesia en Dilmore Place, donde los muertos vivientes salieron de sus tumbas. Y ahora, esa sensación había regresado. Reaccionó. De los daños colaterales a la plaza, Alice era totalmente inconciente, aunque vagamente sabía que debían ser tremendos. La fuerza de Nemesis era descomunal, y cada golpe que erraba, derribaba una estatua, un coche, el pavimento o algún kiosco. De los espectadores, también era inconsciente, aunque estos probablemente sospechaban que ella estaba perdiendo a medida que sus movimientos se volvían más y más defensivos. Nemesis la arrimó contra una pared. Ahora estaba acorralada. Un inmenso puñetazo fue directo a su cabeza. En el último segundo, Alice se agachó, corrió hacia el pecho de Nemesis, giro sobre sus talones y le proporcionó una 273


patada en la cara, enviándolo de espalda directamente al suelo. A cualquier otra persona se le hubiese roto el cuello. Nemesis, sin embargo, no era cualquier otro. Aturdido, agarró una varilla de metal de tres metros. Enfocada en ella, Alice no tenia idea de su procedencia. Tal vez era una viga de soporte, vestigio de una estatua, algún desecho de vehiculo, lo que sea. Lo que importaba era que Nemesis la esgrimía como una espada. Alice volvió a agacharse para esquivar la primer estocada, apenas por unos centímetros. La segunda fue directa a la cabeza en el momento en que quedó arrodillada a sus pies. Alzando sus manos, Alice juntó sus palmas, sujetando la varilla y deteniéndola a la altura de su cabeza. Su fuerza le impedía a Nemesis proporcionarle el golpe mortal, y la de este la imposibilitaba de llevar la improvisada espada hacia su pecho. Al principio… Alice perdió el enfoque del que hablaba su instructor, pero la invadía su ira. Desde que despertó desnuda en la ducha de la mansión que conducía a la Colmena, había visto morir a muchas personas: a Lisa Broward, Rain Meléndez, Bart Kaplan, Terri Morales, Peyton Wells, y Charles Ashford. 274


Desató su ira contra un mundo infame que había dejado morir a gente buena como Lisa, Rain, Kaplan, Wells y los demás, permitiendo que el maldito Timothy Cain viviera; y concentró todo eso en su enorme fuerza. Y luego lo empujó. Nemesis tropezó hacia atrás, y una vara lo empaló en el pecho. Aprovechando la ventaja, Alice comenzó a golpear a su adversario caído. Cada puñetazo era en venganza por Kaplan, Rain, Wells y los cientos de otros que ella no conoció pero que habían muerto porque Umbrella tenía que conseguir su súper virus, y Spence, su buena paga… …Alice y Nemesis intercambiaron sus miradas. Entonces ella supo porque esos ojos azules le eran tan familiares. ¡Matt!

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Veintinueve Matthew Adisson había intentado durante horas dominar a Nemesis. La programación de Umbrella era buena. Ellos habían acallado su personalidad en la medida en que pudieron, pero no lograron eliminarla por completo. Sin embargo, cada intento por recuperar el control de su propio cuerpo había fracasado. Cuando ellos llegaron al ayuntamiento y Matt vio a Alice una vez más, su espíritu se estremeció. Sabía que el principal objetivo de Nemesis era encontrarla y destruirla. Lo había intentado una vez, y solo el ingenio y el pequeño tamaño de Alice impidieron que tuviera éxito. Esta vez, sin embargo, Matt iba a intentar algo diferente. Recuerdos. Nemesis sólo conocía su programación, pero Matt sabía de donde ésta provenía. Intentó enviar imágenes de su propia mente a Nemesis… Las veces que se había encontrado con la Corporación Umbrella durante su trabajo en el Servicio de U.S. Marshalls.

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Su creciente frustración por ser incapaz de justificar las actividades ilícitas que llevaba adelante. Aaron Vricela reclutándolo a la organización secreta dedicada a hundir a Umbrella. Los años de mayor frustración cuando su grupo y el de Aaron no progresaban, mientras que la influencia y el poder de Umbrella crecían. La culpa por haber usado a su hermana Lisa, quién tenia su propio rencor hacia Umbrella, para infiltrarse en la compañía y así encontrar la evidencia que necesitaban. La destrucción de la Colmena, el mismo día en el que Lisa le entregaría la evidencia, gracias a la avaricia de un idiota llamado Spence Parks. La estancia de Matt en los restos devastados de la Colmena: primero como el prisionero de los matones a sueldo de Umbrella, luego como uno de los pocos sobrevivientes de los frutos de la codicia de Spence: 500 criaturas muertas vivientes. El ataque del lamedor en el tren, hiriéndolo y comenzando el proceso de mutación. Colapsando en el vestíbulo de la mansión, y siendo atado por los doctores de Umbrella vestidos con trajes de protección. Siendo material de experimento de un hombre llamado Sam Isaacs, la cabeza programa de Nemesis y su superior, un total bastardo llamado comandante Timothy Cain. Habiéndosele adulterado el ADN, un proceso agonizante, peor aún incapacitado para gritar. 277


Sus propios pensamientos, sometidos a una serie de instrucciones programadas, escritas por Isaacs y supervisadas por Cain, forzándolo a pensar que ellos son sus maestros. Saber que la mismísima Corporación a la que había dedicado su vida para destruirla, lo había convertido en su última arma. Cerca de él, en todo el proceso, estuvo Alice sufriendo el mismo experimento. Pero, mientras Isaac convertía a Matt en un monstruoso Frankenstein, Alice mantuvo su forma. Ella no había cambiado físicamente, por lo menos por fuera. Y entonces, Matt lo logró. Nemesis se debilitó. Justo a tiempo para que Alice lo apuñalara en el pecho, y finalmente reconociera con quien había estado luchando todo este tiempo. Con la misma mirada de agonía que Matt había visto en su cara cuando Rain le había pedido que la matara si mutase, Alice susurró, "Lo siento, Matt". “Acábalo”. Era la voz que Nemesis reconocía de uno de sus maestros, pero Matt sabía que era de Cain. "No", Alice se levantó y dio un paso hacia el maestro. Hacia Cain. Tú eres Matt Adisson, no Nemesis. Muchos de los matones del maestro, de Cain, levantaron sus armas, pero él hizo que las bajasen con un gesto de la mano.

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"No, no, está bien", Cain miró a Alice. "¿No entiendes lo importante que eres para nosotros? Esa criatura es una cosa, ¿pero tú? Eres algo muy, muy especial. De alguna manera has asimilado el Virus-T en un nivel celular. Lo has adaptado, cambiado. Te has convertido en algo magnífico." Eso, Matt se dio cuenta, era por lo que ella no había cambiado mientras él se transformó en lo que Cain tan francamente llamó: una criatura. "Me convertí en un fenómeno" dijo Alice. No, quería gritar Matt. Yo soy el fenómeno, no ella. "No, lejos de eso" dijo Cain, y por única vez en su vida Matt coincidió con él. "No eres mutación, eres evolución". La mutación es parte de la evolución, ¡que estúpido ignorante! Pero Matt continuaba sin poder controlar sus propias cuerdas vocales. "Piénsalo. Nos tomó 5 millones de años salir de los árboles. Alcanzaste la siguiente etapa en menos de 5 días. Con nuestra ayuda, solo piensa lo que podrías lograr. Ahora, ¿quién puede entender eso? , ¿Quién puede apreciar eso? Nosotros, nadie más. ¿Dónde más podrías ir? ” "¡A cualquier lugar que tenga conciencia! Por eso es que he tratado de destruirlos, ¡Bastardos arrogantes!” "¿Y que hay de él?" preguntó Alice, señalando a Nemesis.

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Cain solo se encogió de hombros. "La evolución tiene sus finales mortales. Ahora acaba con eso. Toma tu lugar a mi lado" Mi Dios, no es solo un idiota de una Corporación, es un maldito megalómano. "Entiendo" dijo Cain, "él era tu amigo", y desenfundó su Glock ofreciéndosela a Alice. "Toma, hazlo limpiamente". Alice miró el arma, luego a Nemesis. A Matt. "Es lo que él quiere…", dijo Cain. “…como el infierno, ser rescatado de su miseria". No, idiota. Te quiero a ti fuera de mi miseria. Por el amor de Dios, Alice, ¡No lo hagas! Alice tomó el arma. "Si". Luego se volvió, apuntó el arma hacia Cain y apretó el gatillo. ¡Sí! Pero todo lo que salió del arma fue un clic seco. Vacío. ¡No! Cain sonrió, y mostró las municiones de la Glock en su mano. "Toda esa fuerza, sin deseos de ser utilizada, ¡qué desperdicio! Eres una decepción para mi". 280


"No tienes idea lo feliz que me hace". Matt podía notar desprecio en la voz de Alice. "Muy bien" Cain suspiró y se volvió hacia el piloto del helicóptero. "Prepárate para despegar". Matt quería más que cualquier otra cosa levantarse y borrarle la sonrisa de la cara a Cain. Para su sorpresa, sus piernas y su cuerpo respondieron a ese pensamiento descendiendo hacia sus pies. ¡Oh, mierda! Luego quitó la barra de metal de su pecho. Cain seguía zumbando. "Tú tendrías que ser la guerrera suprema…" le dijo a Alice, "…pero él es el soldado superior. Él por lo menos sabe cómo seguir las ordenes". Eso lo veremos, idiota. Mirándolo, Cain dijo, "Mátala". Matt no se movió. "Dije ¡Mátala!" Matt dio un paso hacia Alice, lo que parecía complacer a Cain. Luego continuó su camino pasando cerca de Alice, hacia donde Nemesis había arrojado el cañón de riel. "¿Qué estas haciendo?" Lo que quise hacer desde que me ataste en la mansión, hijo de puta. 281


Cain se dio cuenta lo que Matt estaba haciendo tan pronto como él fue a por el cañón de riel. “¡Cúbranse!” y mientras gritaba, con acción le dio sentido a su palabra. Matt tomó el cañón de riel y comenzó a disparar a las tropas. Algunos de ellos se zambulleron en busca de refugio. Otros intentaron responder a los disparos, pero los que lo alcanzaron no lograron causarle ningún daño. Umbrella había hecho su trabajo demasiado bien. Matt no tenía idea cual de los prisioneros era quien había llegado con Alice, pero uno de ellos, el negro mal vestido quien había sido el único sobreviviente en la tienda de armas, gritó: “¡Maldita sea! ¡Se cambió de equipo! ¡Ve, grandote hijo de puta, ve!” Mientras él estaba alentando a Nemesis, Matt vio uno de los guardias de pie apuntando a Alice. Matt estaba a punto de lanzar su arma para derribarlo, cuando otro de los prisioneros, uno vestido con el uniforme de Umbrella, dio un salto y derribó al guardia. Obviamente él ahora estaba desarmado. Entonces la mujer del tube top azul como el tipo de Umbrella tomaron las armas del suelo y se unieron a Matt disparando contra los matones de Cain. “¡Soy Cain, inicien el procedimiento de lanzamiento de misiles, inmediatamente!” Él continuaba sin poder verlo, pero Matt oyó la voz del bastardo claramente. 282


Cain había ordenado el bombardeo. Muy pronto, Raccoon City se convertiría en una gran masa de fuego. Luego el sigiloso helicóptero despegó y comenzó a perseguir a Alice. Ella estaba un paso delante de ellos, pero eso no duraría mucho. Incluso Alice tenía sus límites. Entonces Matt corrió y tomó el lanza cohetes. Se volvió y se dirigió hacia el edificio frente al ayuntamiento donde el helicóptero perseguía a Alice. En el momento en que llego al edificio, Matt vio a Alice con una Colt .45 luchando cara a cara contra las ventanas antibalas del helicóptero y los cañones de 50 mm. Matt tuvo que admirar su tenacidad, pero ni siquiera ella podría vencer las posibilidades. Al menos, no con esa arma. Con un poderoso salto, Matt se interpuso entre las bocas de los cañones del helicóptero y Alice. Entonces alzó el lanza cohetes y abrió fuego. Cuando Nemesis había hecho volar la posada donde estaba posicionado el francotirador de S.T.A.R.S, Matt gimió de dolor al verse obligado a matar a un policía que no había hecho nada malo, pero él estaba atrapado en una situación de pesadilla. Ahora, sin embargo, recibió solo satisfacción por haber cumplido su tarea. El helicóptero se incendió y explotó. 283


Observó con calma como el rotor de cola se separó del resto del helicóptero y se desplomó a su lado. Oh, mierda. Aunque Alice y él eran rápidos, no pudieron esquivar el rotor, o el resto de los pedazos del helicóptero justo a tiempo. Tal vez sea mejor así. Una bola de fuego se estrelló contra la tierra, enterrando a Matt entre los escombros, fundiendo el metal, encendiendo combustible, y destruyendo el pavimento. Ahora, al menos, todo se acabó.

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Treinta Timothy Cain sabía cuando era hora de retirarse. Al parecer ellos tendrían que regresar a la mesa de diseño con el programa Nemesis, y él tendría que explicarles a sus superiores la razón por la cual Charles Ashford no había salido de Raccoon City con vida. Por supuesto, culparía al buen doctor diciendo que inútilmente había intentado regresar a la ciudad para rescatar a su hija. Ellos se lo creerían. Ashford estaba obsesivamente dedicado a esa niña idiota. El concejo de directores lo había aprobado, permitiendo que la chica sirviera como modelo holográmico para la inteligencia artificial de la Colmena, una decisión que desconcertó a Cain sin propósito. Aún así, ellos habían aprendido mucho, y la próxima vez no cometerían los mismos errores. Probablemente lo más importante era encontrar la manera de erradicar totalmente la personalidad del anfitrión del cuerpo de Nemesis. Eso había sido el fracaso de ambas partes del experimento. La individualidad de Abernathy había demostrado ser demasiado problemática, pero Adisson había logrado superar la programación. También les tomaría un tiempo reemplazar a los líderes de las tropas que habían perdido. Los soldados no eran un problema. Como asesinos a sueldo valían una docena de monedas de diez centavos, fáciles de conseguir combinando las fuerzas armadas, los departamentos de policía y las 285


cárceles de todo el mundo. Ellos eran casi recursos renovables. No, eso serían hombres como Olivera, Ward, y Uno a quien sería difícil reemplazar. Junto con Ashford, ellos eran los únicos por los que Cain había hecho algo parecido a lamentar su perdida. Pero incluso podrían ser reemplazados en cualquier momento. La vida, después de todo, era barata. Se subió al C89. Montgomery, el piloto, ya había puesto el helicóptero en marcha. Gritando por encima del sonido de los rotores y el motor encendido, Cain exclamó “Despeguemos”. Detrás suyo pudo oír el intercambio de disparos entre su gente y Olivera junto a una mujer vestida con un tube top azul, quienquiera que fuese. Basado en lo poco que había visto, ella era una excelente tiradora. Ella al igual que Olivera, con cuya habilidad Cain ya se había familiarizado, había hecho mucho más que resistir contra casi una docena de soldados elegidos a dedo por Cain. También oyó a la mujer gritar “¡Se está escapando!” No, pensó, ya había escapado. Él iba a sobrevivir, porque eso era lo que Timothy Cain mejor sabía hacer. Sobrevivió a todo lo que el mundo le había arrojado, desde la pesadilla de ir a la escuela secundaria como un recién llegado inmigrante alemán, hasta los riesgos del Golfo Pérsico y estos últimos días en Raccoon City. 286


Y no solo sobrevivió, sino que también se volvió más fuerte. Por eso era el mejor. Había estado de pie en el área de carga del helicóptero durante varios segundos, pero el piloto no se había movido. Enojado, se dirigió hacia la cabina. “¿Por qué no hemos despegado?” reclamó. “Porque no sé qué carajo estoy haciendo” No era la voz de Montgomery. El hombre en el asiento del piloto se volvió, revelando ser el negro punk del equipo de Olivera y la mujer del tube top azul. Para el caso, él había estado junto al personal de S.T.A.R.S en la tienda de armas, pero obviamente al no haber sido una amenaza, Nemesis le perdonó la vida. Cain se dio cuenta que había cometido un error táctico. Cuando tomó su Glock, el negro perforó el lado derecho de su cara. Aturdido, Cain cayó al suelo. “La pequeña cosa que aprendí en la escuela primaria” Cain veía todo nublado. Él no había sido golpeado tan brutalmente desde su adolescencia. Intentó levantarse, pero no consiguió que sus piernas le respondieran. 287


Confundido, se dio cuenta que Montgomery estaba tirado boca abajo de igual manera a su lado en el suelo de la cabina. Lo siguiente que supo fue sentir unas manos amarrándolo por el pecho. “Lev...te” No pudo oír bien. Su visión se aclaró. Vio a la mujer con el tube top azul. Comprendió que ella había dicho, “levántate”. Pero continuaba sin poder mover sus piernas. Entonces la mujer lo arrastró y lo arrojó dentro del área de carga. El frío metal del cañón de su pistola presionó la carne de su cuello. Parpadeando unas pocas veces, vio a la hija de Ashford de pie, aferrada a una lonchera, de todas las cosas para salvar sus vidas. Olivera también estaba allí, sosteniendo a Abernathy, quien tenía una horrible herida en su pecho. Sin embargo sanaría. Ella era fuerte físicamente, incluso si estuviese débil mentalmente. Se preguntó qué le había sucedido a Nemesis. Ahora era su momento para negociar. Aún podía salir de esta.

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“No tienes idea lo que podría hacer por ti. No cometas un error.” “¡Cállate de una puta vez!” dijo la mujer del tube top. Detrás suyo, oyó la voz del negro diciendo, “Despeguemos, ahora. No me obligues a golpearte de nuevo, perro.” Él obviamente estaba hablándole a Montgomery. “Yo podría darte lo que desees” dijo Cain “Podría...”. Abernathy se lo quedó mirando con sus fríos ojos azules. Timothy Cain el capaz se había enfrentado a los horrores de una guerra desértica sin miedo. Había estado a punto de morir en cientos de ocasiones. Ni una vez durante toda su gira tuvo miedo. Diez años después, frente a una solitaria mujer herida, en el área de carga de un helicóptero en medio de una ciudad a punto de ser bombardeada, Timothy Cain estaba asustado. Las tropas de Saddam habían querido matar al enemigo. No era nada personal; ellos estaban cumpliendo su deber, como lo hacía Cain cuando los asesinó. Alice Abernathy quería a Cain muerto porque él era Timothy Cain. Por primera vez, Cain se dio cuenta que la vida no era nada barata. Era preciosa, y quería conservarla. “Por favor” dijo. “¿Qué van a hacer conmigo?” Alice se alejó de Olivera y se acercó a él. Lo agarró de la camisa, al igual que lo había hecho la mujer del tube top. 289


“Ni una maldita cosa”. Y luego lo arrojó fuera del área de carga. Cayó al suelo, pero el daño fue relativamente mínimo. El helicóptero aún no había despegado. Él había estado peor en su tiempo. Ahora el C89 comenzaba a despegar. Cain intentó ponerse de pie, pero algo lo sujetó. Hasta el material a prueba de balas sucumbe ante demasiada presión, y aunque el nuevo plastiglás de Umbrella fuese bueno, se rompería si el armamento suficientemente poderoso lo golpease. Entre el cañón de riel y el tiroteo entre Olivera junto con la mujer del tube top azul y su gente, las vallas que retenían a los cadáveres vivientes de invadir el ayuntamiento, habían colapsado. Venían en multitud. Con el helicóptero despegando, y las únicas personas en el ayuntamiento muertas, dejaban a los zombies con un único objetivo. Cain. Disparó contra el primero que agarró su pierna, y luego al de atrás. Ambos fueron disparos a la cabeza que acabaron con ellos, pero eso no cambiaba la situación. Había cientos de zombies, algunos eran sus propios soldados ahora revividos por el Virus-T impregnado en el aire. Pronto, Cain se dio cuenta que ya no le quedaba ninguna oportunidad. Había cientos de ellos, y solo faltaba él. Este 290


no era el desierto; no podía contar con el resto de su pelotón o sus refuerzos. Estaba solo. Y se iba a morir. Si ese fuera el caso, entonces por lo menos lo haría en sus propios términos. Se puso el cañón de la Glock en la cabeza. Apretó el gatillo. Se oyó un clic seco, sin munición. Luego el cadáver del Dr. Charles Ashford, intacto pero con una enorme herida de bala, lo agarró y lo mordió en el cuello. Timothy Cain gritó. Otros lo agarraron y lo mordieron también, desgarrando la carne arrancada de su cuerpo con sus dientes ennegrecidos. Cain agonizó durante un largo tiempo antes de que muriera, y aprendiera en cuan barata su propia vida se había convertido.

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Treinta y uno Alice nunca antes había disfrutado ver morir una persona. Pero sintió una gran alegría al ver cómo una horda de muertos vivientes se abalanzaban sobre el Mayor Cain y se lo comían vivo. De todas las cosas que Umbrella –y Cain –le habían hecho a ella, esta era probablemente la peor, haberla convertido en alguien que disfrutaba ver morir horriblemente a una persona. El helicóptero despegó, el piloto había sido convencido de la urgencia de salir de Raccoon City antes de que todos murieran. Alice, y toda su fuerza, se derrumbaron. La hélice del helicóptero que Nemesis –Matt - había destruido se había clavado en su pecho. Tenía suerte de estar viva. O no, según el caso. Matt parecía haber sido enterrado bajo los restos ardientes del helicóptero. Aun si él estaba todavía con vida, no había manera de que hubiese podido escapar a tiempo. Él iba a morir una vez que llegaran los misiles. 292


A medida que se derrumbaba en la cubierta del C89, vio las señales de los misiles que se acercaban más y más cerca de la ciudad. Alice esperaba que el C89 fuese más veloz de lo que parecía. Matt merecía algo mejor que esto. Diablos, ellos habían hecho mucho, pero Matt había hecho mucho más que todos ellos. Excepto, tal vez Lisa, quien al menos había muerto pronto. Sí, ella luego fue reanimada por el Virus-T, pero Alice había sido capaz de hacer el servicio de matarla rápidamente después de eso. Dios. Un servicio. Pero todo lo que Matt había querido hacer era detener a la corporación que había sido imprudente, inescrupulosamente ilegal y habían sido los peores asesinos. Ella se movió más adentro de la cabina maldiciendo el nombre de Spencer. Si hubiera esperado un día más, Lisa le hubiera dado a Matt las pruebas del Virus-T, Matt hubiera dado a conocer la información a la prensa, y tal vez la Colmena hubiese sido clausurada. Mientras que Raccoon City no sería hoy un pueblo fantasma.

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Era una pena que ella ya no tuviese la oportunidad de matar a Spencer por segunda vez. O una tercera vez. La sangre todavía brotaba de su herida. Si ella fuese una persona normal, ya estaría muerta, pero aun con sus extraordinarias habilidades, no creía que fuese a durar mucho. Levantó la vista para ver a Angie en uno de los asientos del helicóptero. De alguna manera, logró sacar una sonrisa. “El cinturón de seguridad cariño” Angie lucia muy asustada, pero de alguna manera lograba controlar su miedo, a pesar de todo. A Alice le hubiera gustado tener el coraje de esa pequeña. “¿Vas a estar bien?” preguntó la niña. “No lo creo” Alice podía oír sus propios latidos. Se estaba desvaneciendo. El C89 estaba mas allá de los límites de la ciudad, pero ellos aun estaban mucho más cerca de lo que a Alice le hubiese gustado. Carlos les gritó. “Sujetaros” Entonces ella lo escuchó. 294


La explosión fue el sonido más fuerte que había oído en su vida. Fue la cosa más ardiente que ella había sentido. El C89 empezó a agitarse, alcanzado por la onda expansiva de la explosión. Raccoon City, ella lo sabía, había muerto. No, ya estaba muerta. Había muerto en el momento en que Cain – aquel maldito, idiota, desgraciado- había reabierto la Colmena. Todo lo que los misiles habían hecho era realizar una cremación. Valentine exclamó: “Nos caemos” El helicóptero se desplomó en el aire. Alice sintió nauseas. Luego vio una pieza del C89 despegarse de la nave y venir directo hacía Angie. Esto iba a impactar directo en la niña. “¡No!” Reuniendo toda la fuerza que aun le quedaba en su moribundo cuerpo. Alice saltó dentro de la cabina –tal y como Matt lo había hecho por ella – y se puso entre Angie y la amenaza. Por segunda vez en diez minutos, Alice había sido empalada por una pieza de metal afilada. 295


Un final perfecto para un dĂ­a perfecto.

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Treinta y dos Había días en que el Doctor Isaacs realmente odiaba su trabajo. Justo en este momento, Isaacs anhelaba tener un día bueno. Mientras observaba, vestido con su traje especial, a varios técnicos, también usando trajes especiales, investigar los restos del helicóptero que se había estrellado en las montañas Arklay, poco tiempo después de que Raccoon City fuese totalmente arrasada por los misiles, él pensaba en una de las buenas noticias que había recibido hoy. Timothy Cain había muerto. En realidad, Isaacs no se regocijaba por el hecho de que Cain hubiese muerto, pero por lo menos eso significaba que ya no sería más su jefe. El hombre era un completo imbécil con delirios de grandeza. Peor aun, no había tenido en cuenta uno de los principios más importantes de la ciencia, que es controlar el experimento. En vez de eso, permitió que el Virus-T escapara de la Colmena –un lugar perfectamente controlado- y luego decidió usar los campos de muerte en que se había convertido Raccoon City para probar el programa Nemesis. 297


Esto sacaba a Isaacs de sus casillas. Nemesis había sido un proyecto de años, y ahora que finalmente había tenido un avance. Abernathy y Addison habían sido los sujetos de prueba perfectos – Addison comenzó a mutar como un pez en el agua y Abernathy incluso había dado un paso más adelante. ¿Le hubiera permitido Cain a Isaacs hacer su trabajo y perfeccionar el proyecto? No, él los dejó libres en la ciudad y organizó una especie de lucha idiota a muerte entre ambos. Ahora los dos sujetos estaban tan muertos como Cain, e Isaacs tendría que empezar de nuevo. No es que eso fuese la más alta prioridad de la corporación en estos momentos, después de todo ellos tenían una seria cantidad de asuntos que tratar. Isaacs no sabía qué estaban planeando para manejar la situación – hacer desaparecer una ciudad entera no era algo que se pudiese esconder bajo la alfombra – pero ese tema no era específicamente su problema. Lo único que sabía, basándose en el último reporte de Ian Montgomery antes de que este muriera al estrellarse, era que Cain estaba muerto y Abernathy estaba en la nave cuando esta despegó fuera de la ciudad. Si había algo –cualquier cosa – para salvar, Isaacs la necesitaba. Entonces uno de los técnicos movió un pedazo de los restos del helicóptero y allí estaba el cuerpo entero de Abernathy. Intacto. 298


Bueno, casi intacto-una larga pieza de metal estaba incrustada en la región toráxica, pero podía ser removida. Y el estudio de su cadáver sería muy beneficioso. “Llamen al equipo médico”, le dijo a uno de los técnicos. “Señor. Está muerta” “Haga lo que le digo”. Qué idiotas eran estos técnicos. “¿Alguna señal de los otros?” Otra técnica negó con su cabeza. “No señor. Hay restos calcinados en el asiento del piloto –ese era probablemente Montgomery. Pero no hay ninguna otra señal de otros restos. Mi conjetura es que Olivera, los dos civiles y la niña Ashford, lograron salir con vida. Isaacs movió su cabeza. “Imposible”. El súper soldado, genéticamente diseñado, no lo logra, ¿pero gente normal y una niña si?” La técnica se encogió de hombros. “Es un mundo jodido, señor” “Eso es muy crudo, pero correctísimo”. Suspiró Isaacs. “Sigan investigando, por si acaso”. “Si señor” Isaacs vio cómo se acercaba el equipo médico y comenzaban a mover el cuerpo de Abernathy de los restos del helicóptero. 299


Jill Valentine observaba todo desde un punto específico en la cima de una montaña donde ella se encontraba. Jill, Carlos, Angie y L.J habían pasado horas trepando esa montaña, tratando de alejarse lo más lejos posible de los restos de la nave –y de la influencia de Umbrella. Todo esto era bastante irónico, para Jill todo había empezado en esos montes, no muy lejos de allí, fue cuando ella vio a los zombies. Cuando ella lo reportó, Umbrella se encargó de trabajar horas extras para desacreditarla y lograr que la suspendieran. Ahora ella estaba de vuelta en las montañas Arklay. La ciudad donde ella había crecido, donde había pasado toda su vida, en la que había hecho su juramento de proteger y servir, había desaparecido. Carlos, quien llevaba a Angie Ashford sobre sus hombros, dijo: “Van a venir después a por nosotros”. Jill metió su mano en el bolsillo de su chaqueta. “Será su error” A diferencia de la última vez, Jill esta vez tenía evidencia” No van a poder esconder todo esto esta vez. “Yo. ¿No deberíamos desaparecer?” L.J dijo.

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Jill miró a L.J. Se preguntaba cómo este imbécil había logrado sobrevivir cuando Peyton no lo había hecho. L.J era una cucaracha.

Pero en fin, las cucarachas también tienen su método para sobrevivir. “Tenemos que seguir adelante. Además, hay un montón de gente muerta que necesita que alguien hable por ellos. Peyton, el papá de Angie, el Capitán Henderson. Morales.” “Rashonda.” L.J agregó. “Dwayne” “Y Alice. Y también Nemesis” Angie habló entonces. “Alice no está muerta” Jill y L.J la miraron, estaba sobre los hombros de Carlos. “¿Qué dijiste?” “Alice no está muerta” “Cariño”. Comenzó a hablarle Jill. “Fue apuñalada en su pecho. No creo que…” “Yo se lo que piensas”. Dijo Angie enfáticamente. “Pero yo se que no está muerta”. Jill sintió escalofríos en su espalda. En parte a la idea de que Alice había sido tan jodida por Umbrella que ni siquiera la muerte podría detenerla. 301


Y por otra parte, porque si ella estaba viva, todav铆a estaba bajo los restos del helic贸ptero. Lo que significaba que Umbrella la iba a encontrar.

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Treinta y tres “…informes sin confirmar del desastre en Raccoon City…” “…esas imágenes impactantes de personas enfermas caminando por las calles…” “…una misteriosa plaga o un brote viral parece haber avanzado repentinamente…” “…en un eco de la epidemia SARS en Asia central y Canadá, eso parece haber sido algún tipo de propagación de la enfermedad extendiéndose por toda la ciudad…” “…implicando a la Corporación Umbrella en la muerte de ciudadanos inocentes mientras intentaban escapar de las fronteras de la ciudad a través de la puerta de Ravens’ Gate. Se desconoce en este momento porque Umbrella, en lugar de las autoridades gubernamentales, se encargó de la selección del personal y porque abrirían fuego contra la gente. Algunos se preguntan incluso porque Umbrella tiene una fuerza de seguridad armada, mientras que otros piensan que esas cuestiones son menos pertinentes a la luz de los acontecimientos posteriores... " “…la cinta al parecer, obra de la ex periodista Terri Morales de Raccoon 7, quien trasmitía desde el departamento de meteorología en los últimos meses. Las imágenes nos cuentan una historia espeluznante... " “...nueva evidencia desacredita los informes anteriores como nada más que una broma de mal gusto…” 303


“…el video falso ahora esta totalmente desacreditado. La mujer responsable de la grabación, Terri Morales, fue removida de su posición en Raccoon 7 desde el momento en que salieron al aire las imágenes falsas de un concejal de la ciudad, y tal parece que sus tendencias han continuado…” "... nada más que un elaborado engaño, jugando con la verdadera tragedia que abruma a Raccoon City a principios de esta semana... " "... el reactor de la central nuclear fue crucial en las primeras horas...” "... haciendo de este el peor desastre de la energía atómica desde el incidente de Chernobyl en 1986...” “…el personal de la Corporación Umbrella se ha puesto en marcha para prestar asistencia humanitaria, enfrentando esta abrumadora tragedia humana, a pesar de que la propia corporación sufrió grandes pérdidas. La principal sede central de Umbrella en Raccoon City se perdió, al igual que casi un millar de empleados…” “…el gobernador personalmente extendió su agradecimiento a la Corporación Umbrella por sus rápidas acciones en colaboración con el FBI, la Guardia Nacional, y los Centros para el Control de Enfermedades... " “…este estudio televisivo gustaría pedir disculpas por la angustia que pudo haber causado los informes falsos de un brote viral…” "... de acuerdo con un vocero de la Corporación Umbrella, Terri Morales se encontraba en Raccoon City cuando ocurrió el accidente, pero los autores de la broma, Jill 304


Valentine y Carlos Olivera, ahora están siendo buscados para ser interrogado por el FBI. Valentine es una ex oficial de policía del departamento de Raccoon City. En efecto, ella formaba parte de la elite de Técnicas Especiales y Escuadrón de Rescate, o S.T.A.R.S., antes de ser suspendida. Los detalles de la suspensión no se conocen, pero una fuente de Umbrella ha indicado que tenía que ver con la comisión de un engaño similar. En cuanto a Olivera, él es un ex empleado de Umbrella, que fue despedido poco antes del accidente, y fue visto por última vez en una cabaña en los bosques. Es posible que tuviese rencor contra Umbrella. Estaba trabajando junto a Valentine para desacreditar a la empresa, y con Morales como su mártir... "

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Treinta y cuatro Despertó desnuda con la sensación de haber vivido la misma situación antes. Pero no lograba recordar cuándo, cómo o por qué. O quién era. Estaba en un tubo, lo sabía muy bien. También estaba mojada. Había algo en su rostro. Fuera lo que fuera, le permitía respirar bajo el agua. Varios tubos alimentaban su cuerpo, lo que le hizo preguntarse si también le proporcionaban el alimento. El tubo vertical en el que estaba inmersa se encontraba en el laboratorio de algún tipo. Dos personas estaban hablando, un hombre y una mujer. Estaban entre las decenas de personas en el laboratorio, y eran los únicos cuyas palabras ella pudo distinguir. No los reconoció, aunque sintió que debería. Ambos llevaban ropa blanca. No entendía como podía saber tanto, pero aun así no recordó mucho más, ni siquiera su propio nombre. La mujer dijo al hombre: "No está tomando casi ningún nutriente del sistema. La regeneración parece casi 306


espontánea. Es como si estuviera absorbiendo la energía del aire. " No tenia idea de lo que eso significaba. A excepción de “aire” por lo que asumió que a el no tenía acceso, ya que estaba rodeada de agua. El hombre la miró. "¿Puedes oírme? ¿Entiendes lo que estoy diciendo? " La cosa en su boca le permitía respirar, pero no hablar. Recordó que asintiendo con la cabeza iba a funcionar en este caso, y así lo hizo. "Bien." El hombre se volvió a una de las otras personas en el laboratorio. ”Comience el proceso de depuración”. Oyó un ruido extraño. Momentos después, el agua había bajado hasta su cabeza, luego hasta el cuello, el pecho, y así sucesivamente hasta que el tubo quedó vacío. El aire caliente la invadió por unos segundos, secándola. Entonces el tubo se abrió, y una de las personas en el laboratorio quitó los tubos y la cosa alrededor de su boca. Ahora podía caminar libremente. Comenzó a explorar la sala, disfrutando de las vistas, los sonidos y las texturas, de los diferentes colores de todas las piezas de los muebles y prendas, el zumbido de las diversas piezas de equipo, la frialdad del suelo contra sus pies descalzos. "Su recuperación es notable." Una de las personas de blanco estaba hablando de algo, probablemente de ella. "La regeneración de los órganos y tejidos está simplemente fuera de la escala. Y sus poderes, tanto físicos como mentales, 307


parecen estar desarrollándose a un ritmo geométrico. Mejor de lo que podríamos haber esperado. " Una de las personas de blanco, estaba sentada y tenía un palillo y algún tipo de trozo de papel. Otra de las personas, el que parecía estar a cargo de todo, preguntó “¿Sabes lo que es esto? Ella sólo lo miro fijamente. No tenía idea. El hombre a cargo lo tomó del otro y empezó a imitar sus movimientos. “Bolígrafo. ¿Ves?” Él tomó su mano, lo apoyó en ella y lo guío hacia el trozo de papel. “Un bolígrafo” repitió. El hombre a cargo le soltó la mano, y ella comenzó a utilizarlo por su cuenta. No podía hacer mucho con el; apenas había descubierto lo que era. Reconoció que lo que estaba haciendo era una tontería. Tan tonto, de hecho, que sonrió. “Así es” el hombre a cargo dijo, “bolígrafo”. Por primera vez desde que la sacaron del tubo, intentó hablar. “¿Qu…” El sonido salió áspero. Lo intentó de nuevo. 308


“¿Donde...” El hombre a cargo continúo…“¿Dónde estas? Ella asintió con la cabeza. “Estás a salvo. ¿Recuerdas algo? ¿Recuerdas tu nombre? ¿Qué era eso?” “¿Tu nombre? dijo nuevamente el hombre a cargo. “¿Nombre?” preguntó ella. “Así es” “Mi-nombre-es...” El concepto produjo un cosquilleo en la parte posterior de su mente. Ella sabia lo que era un nombre, estaba bastante segura de ello, pero el no vendría a ella. Suspiró. El encargado se volvio hacia las otras personas. “La quiero en observación las veinticuatro horas. Quiero un juego completo de análisis de sangre, químicos y electrolitos para el final del día”. Entonces, de repente, recordó. “¿Cuál es tu historia? El lugar esta plagado con ex oficiales quienes terminaron aquí porque es una mierda estar en todas partes. Tiene que haber una historia…”.

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"No juzgues un libro por su portada. Primera regla de la División de Seguridad. " “He llegado hasta donde estoy porque le presto atención a las cosas que me dan mala espina. Así que te tuve vigilada. Fue entonces cuando me di cuenta de algo.” “Una vez me di cuenta de que al-Rashan y tú erais compañeros de trabajo y amigos, todo encajó. Buscar un trabajo en la misma compañía que fue la responsable de la muerte de tu amigo, hasta el punto de mudarte de la ciudad donde has permanecido toda tu vida, un cambio al que te negaste seis años atrás…Claro que existían circunstancias que explicaban todo eso, pero no que intentaras con tanto afán echarle un vistazo a un material que no te esta permitido.” “Es un Virus-T, y tienes razón, no es natural en absoluto. Te lo creas o no, su origen tuvo lugar en un proyecto para crear algo que retrasara el envejecimiento celular, una especie de pomada que impidiera que las células de la piel envejeciesen.” “Puedo ayudarte a conseguir el virus. Tengo acceso a los planes de seguridad, a los códigos de vigilancia, y a los laboratorios de investigación” "Escúchame. Quiero saber quienes son, y qué está pasando aquí. Ahora. " "¡Kaplan, darte prisa, tienes que ayudarlos!" "¡Por Dios, Kaplan, algo les esta matando allí adentro!" "Tú no eres policía, ¿verdad?" 310


"Esa perra homicida puede ser nuestra única forma de salir de aquí." “¿Rain? ¡Rain! Tenemos que hacer algo con tus heridas” "¡Kaplan, resiste! Vamos a por ti. Cortaremos este alambre, y te lo tiraremos. Entonces podrás salir. ¡Aguanta!" "Azul para el virus, verde para el antivirus. Hay una cura" “Yo era el contacto de tu hermana”. “¿Es así como pensabas que todos mis sueños se harían realidad? “No sé lo que éramos, pero se acabo.” "El antídoto está ahí mismo, en la plataforma. ¡Está ahí mismo!" “Rain, por favor, levántate” “Realmente te voy a extrañar” “¡Eh, nadie más va a morir!” "Te besaría, mala bruja". “Les he fallado. A todos ellos. Les he fallado.” “Estás infectado, pero te pondrás bien. No pienso perderte.” “Mi nombre es Alice. No estamos seguros aquí. El fuego se propagará” 311


“Cazan en grupos. Si hubiese más, ya los habríamos visto.” “Solía trabajar para ellos, hasta que aprendí de mis errores.” "No es nada personal. Pero en una hora, quizá dos, estarás muerto. Luego, minutos más tarde, serás uno de ellos. Pondrás en peligro a tus amigos, tratarás de matarlos, tal vez tengas éxito. Lo siento, pero así son las cosas.” “Umbrella. Ellos quieren ocultar lo que esta sucediendo aquí. No quieren que salgamos.” "Su hija Angela está atrapada dentro de la ciudad. Si la encontramos, él nos ayudará a abandonar el perímetro. " "No habrá ninguna ayuda. Según Ashford, Umbrella sabe que no puede contener la infección. Así que al salir el sol, Raccoon City será completamente desinfectada”. “Él esta muerto. Puedes unirte a él, o puedes hacer lo que digo”. “Ella esta infectada. En un alto nivel”. “Ellos me convirtieron en uno de sus pequeños monstruos” “Mi nombre es Alice Abernathy. Trabajaba para la Corporación Umbrella”. “Descubrí el infierno, vi cosas que no puedo describir” “Me convertí en un monstruo” “¡Señor!” 312


Era uno de los doctores del laboratorio, cuyo nombre Alice recordó, era Cole. El había notado algo en el indicador de patrón de ondas cerebrales y estaba intentando llamar la atención del hombre a cargo. El Dr. Samuel Isaacs. Era el hombre que había experimentado en Alice y Matt Addison, bajo la dirección de Timothy Cain, y todo en beneficio de la Corporación Umbrella. Isaacs, sin embargo, no estaba prestando ninguna atención en Cole o en la mismísima Alice. “La avanzada prueba de reflejo es también una prioridad. Quiero los impulsos eléctricos monitoreados y su…” “¡Señor!” Era Cole otra vez. Sonando molesto, Isaacs preguntó, “¿Qué sucede? Ella no le dio la oportunidad de responder. “Mi nombre es Alice. Y lo recuerdo todo”. Isaacs se puso pálido. Señaló uno de los guardias de pie junto a la puerta, un joven llamado Doyle. Antes de que él pudiera desenfundar su arma, Alice se abalanzó sobre Doyle con el bolígrafo, que aún sostenía, directo a su ojo. Congelado en estado de shock Doyle no se movió, a pesar de que Alice se detuvo sólo un milímetro cerca de su córnea. El golpe lo mataría, después de todo, pero Alice no tenía 313


ningún interés en matar a un joven que estaba haciendo su trabajo. Además, su esposa estaba esperando un bebé, y no era justo para ella. En cambió, ella lo derribó. Dos asistentes llegaron de la nada para abatirla. Ella los derribó en dos segundos y medio. Luego agarró el brazo de Isaacs. A él quería matar. Pero no, eso no seria justo. Si él moría, no podría empezar a pagar por lo que le había hecho. Así que le rompió el brazo. Dejando que sintiera dolor por un tiempo. Eso comenzaría a compensar el dolor que había sufrido tanto en sus manos como en las de Cain. Entonces lo arrojó de cabeza dentro del tanque en el que ella había estado. Un dardo Taser le golpeó la carne desnuda y envió miles de voltios a través de su sistema. Ella se echó a reír. Eso le produjo cosquillas. La habían diseñado muy bien. Tan bien que ni ellos podían detenerla. Quitándose el dardo, lo arrojó de vuelta hacia el guardia que lo había disparado. Él no se rió. No le causaba cosquillas, sino que lo dejó inconsciente en el suelo. 314


Los otros técnicos, enfermeros, y los científicos huyeron del laboratorio. Eran inteligentes. Al final del pasillo, Alicia sabía, aunque no estaba segura cómo, que un guardia llamado Daellanbach la observaba desde una cámara de vigilancia y gritaba a través del teléfono. “Esta es la Central, solicitó copia de seguridad inmediata, máxima reacción. El experimento Nemesis está suelto. Repito, el experimento Nemesis….” Alice quería que dejara de hablar. Entonces él se detuvo, cayendo al suelo con la nariz ensangrentada, gritando de agonía como si algo rebanara su mente. Sin nada con que enfrentarse, abandonó el laboratorio y se dirigió hacia la puerta principal. Ella estaba en la sede corporativa de Umbrella en San Francisco, que ahora recordaba era el lugar donde se habían trasladado después del desastre de Raccoon City. También sabía que algunos amigos la estaban esperando en las afueras de un estacionamiento porque podía sentir la presencia de uno de ellos. Angie Ashford. A pesar de que ella se había quedado con Carlos y Jill, que ahora eran fugitivos, ellos se habían arriesgado a venir, porque Angie sabía que Alice estaría aquí el día de hoy. 315


Efectivamente, una camioneta estaba estacionada donde ella esperaba que estuviese. Carlos estaba conduciendo, con Jill y Angie detrás. “¿Dónde has estado?” dijo Jill con una sonrisa. "Hemos estado esperándote toda la noche." “Tomaste un gran riesgo en venir hasta aquí” dijo Alice mientras guardaba el arma en el asiento al lado de Carlos. "Nos gusta vivir en peligro", dijo Carlos. "Angie dijo que estarías aquí, así que vinimos. Nos damos cuenta que vale la pena el riesgo. " "Suponiendo que..." agregó Jill, "…todavía puedas hacer todos los trucos de magia que hiciste en Raccoon City." "Y más", dijo Alicia en voz baja. Umbrella había pensado que cuando se las arreglaron para ocultar el desastre de Raccoon City, todo había terminado. Estaban equivocados. Hace ya varias vidas atrás, Alice se había acercado a Lisa Broward con el propósito de revelar al público en general la existencia del Virus-T, con la esperanza de desacreditar a la Corporación Umbrella y obligándola a hacer frente a sus actividades ilegales e inmorales. Ahora Lisa estaba muerta, Raccoon City había sido destruida, y Umbrella había caído bien parada, creyéndole todos y cada uno de los ciudadanos que esta es una corporación de beneficencia. 316


La determinación de Alice de cambiar había crecido sola. Y las herramientas con las que lo haría serian las habilidades mejoradas que Umbrella y sus científicos le habían dado. Para ellos, la pesadilla recién comenzaba.

Continuará en… Resident Evil: Extinción.

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Resident Evil Apocalipsis  

Libro de la película traducido al castellano por colaboradores de Resident Evil Center.

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