La foto de la izquierda retrata parte de la serie del artista en Nueva York. Invader ha convertido en un arte la selección del lugar ideal. Arriba, una de sus 1,026 piezas de París.
“Estaba buscando un lugar para poner una obra”, recuerda. “Lo llevé al techo de un edificio en Place de la Bastille”. Si bien hace mucho que el trabajo de ese artista desapareció, el de Invader sigue ahí para que todos lo admiren, diez metros más abajo. Reconoce en un susurro, “esa vez tenía mucho miedo”. Ese es el precio de hacer arte urbano y lo que lo hace tan valioso. Si no fuera por los riesgos, ¿Zevs, Faile y Bast seguirían usando las paredes de Notting Hill o Brooklyn como lienzos? Probablemente no. Invader tampoco. “El riesgo que hay en cada invasión es en parte lo que lo hace tan emocionante. Podría ser solo una caída fatal y ahí quedaría todo. ¡Game over!” O una noche tras las rejas, algo menos trágico. El parisino cuenta más de veinte de esas noches en aquellos viajes que lo han llevado alrededor del mundo seis veces y lo han visto poner cerca de dos millones de azulejos. ¿Cuántos lugares ha descubierto en París en diez años de trabajo? Hasta ahora, 1,026. Se puede ver la mayoría de ellos en L’invasion de Paris 2.0, una compilación de 500 obras que ha colocado en la capital francesa en los últimos ocho años.
Ya han destrozado algunas de ellas, otras las han robado o simplemente ya no existen. Invader comenta, “un día podrán abrir el libro y redescubrir un París de días pasados a través de cada una de las obras, un poco como sucede con las fotos de Robert Doisneau”. Y esto deja un poco más claro el plan maestro del artista pixelado: una “invasión” tras otra, noche tras noche. Invader busca la inmortalidad. Entra al universo del artista y encuentra más información del libro L’invasion de Paris 2.0 en www.space-invaders.com
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