RED INFORMACIÓN - Edición N°20 Julio 2020

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TABLA DE CONTENIDOS

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Planificación desde lo local – Melissa Santamaria Acosta

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Memorias de una falda Emely L. Cofresí Valerio

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El reto de la educación ante el espejismo de la participación ciudadana en

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Cambio generacional en la política pos covid Enyel Asencio

Juventud hacia dónde vamos - Lisbeth Arias

México - Ma. Antonia

Carranza Arroyo

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NOTA EDITORIAL Entendiendo la importancia del rol de los partidos políticos y las organizaciones sociales en el fortalecimiento democrático y aprovechando el impacto y el alcance de las Nuevas tecnologías, RED INNOVACIÓN facilita oportunidades para intercambios claves con el objetivo de contribuir al fortalecimiento de las organizaciones políticas. De igual forma, permite compartir con reconocidos líderes y prestigiosos académicos de la región mediante diferentes medios presenciales y virtuales para abrir un espacio de debate e intercambio de experiencias y buenas prácticas aportando a la resolución de problemas y el fortalecimiento de la democracia. La revista RED INFORMACIÓN es un esfuerzo institucional para construir un pensamiento democrático, hacer un aporte al análisis de los partidos sobre sus retos, sus procesos y avances.

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Edición N° 20. Julio 2020

PLANIFICANDO DESDE LO LOCAL Una mirada al proceso de desarrollo comunitario mediante el uso de herramientas que mejoren la gestión y articulan los territorios.

Actores sociales Barrio Chimbacalle, Quito-Ecuador, Foto desde la izquierda: Diana, Edison, Alexander, Melissa, Fabián, Fernando, Mishell, Walter, Bryan y Nelson. Fotografía por: Habitar Colectivo.

Melissa Santamaria Acosta Co-Fundadora y actual presidenta de Fundación Habitar Colectivo. Vicepresidenta del frente de Jóvenes Pichincha del Movimiento Político Creo 21. Quito - Ecuador.

L

a participación de la ciudadanía en la planificación constituye un tema de gran interés y

complejidad y se refiere al conjunto de teorías, métodos y prácticas que introducen de forma interactiva la comunidad 6


en los procesos de toma de decisión. La comunidad desempeña un papel importante en relación con el Estado y el mercado.” (Fracasso, 2000). El desarrollo comunitario, se asume como un proceso que tiende a fortalecer la participación y organización de la población, en la búsqueda de respuestas propias para mejorar su localidad, se busca que estos sean bajo los principios de cooperación, ayuda mutua y colectividad. Este consenso busca fortalecer la participación, recuperar la identidad y el sentido de pertenencia hacia sus comunidades. Dentro de este contexto surgen como propuesta para aumentar las capacidades institucionales y colectivas en la esfera local con el fin de hacer frente a los desafíos urbanos y promover sociedades más participativas y consientes de las realidades que se vive localmente. De esta manera se

hace referencia al termino de gobierno abierto, desde donde se puede generar nuevas formas de participación e inclusión ciudadana, este se cataloga como un eje rector para el acercamiento del desarrollo local desde lo colectivo, en donde la participación ciudadana se ve como una manera para incidir la inteligencia colectiva en la población y estos gocen de una certera participación ciudadana en espacios para generar innovación en los territorios y de esta manera enfatizar la generación de datos abiertos participativos, con lo cual se busca mejorar las herramientas para la gestión y articulación de los territorios. La participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones públicas puede promover una mayor comprensión de los problemas públicos y una coresponsabilidad en la búsqueda de soluciones, promoviendo así

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una implementación con mayor grado de legitimidad.

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La forma más utilizada para impulsar la co-creación colectiva ha sido mediante la generación de laboratorios de innovación cívica o pública. Los laboratorios ciudadanos, buscan ser espacios físicos para la innovación, el intercambio de ideas y la incubación de proyectos, en los que se proyecta nuevas formas de crear valor público y generar soluciones a las problemáticas locales. Estos espacios no tendrían ninguna finalidad sin la participación de la población y mucho menos serian útiles a un nivel máximo si estos no promueven el conocimiento y el intercambio de ideas entre los participantes, quienes a través de sus ideales e ingenio desarrollan una inteligencia colectiva. Sin lugar a dudas, el gran objetivo de aprovechar ésta sabiduría es la generación de una inteligencia colectiva (IC) que permita razonar, aprender, crear y tomar

decisiones en grupo a partir del conocimiento que emerge de las interacciones entre individuos (Rey, 2017), es así como estos espacio de encuentro se convierten en verdaderos laboratorios de la ciudad que buscan profundizar en la inteligencia colectiva como un desafío de diseño, y cómo concebir arquitecturas participativas eficaces y eficientes que respondan a la sociedad local y sus necesidades.

Dentro de este contexto surgen como propuesta para aumentar las capacidades institucionales y colectivas en la esfera local con el fin de hacer frente a los desafíos urbanos y promover sociedades más participativas y consientes de las realidades que se vive localmente.

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Es un espacio articulador con las nuevas formas de organización ciudadana y agrupaciones autoorganizadas que, mediante procesos informales de práctica ciudadana, modifican de forma resiliente y adaptativa los entornos que habitamos. A su vez, trabaja colaborativamente por el empoderamiento urbano de la ciudadanía y desarrollan procesos críticos sobre las ciudades actuales.

debate entre expertos y una gran variedad de definiciones según lo qué entiende cada cual por “inteligencia” y por “hecho colectivo”, Pero se puede entender como un proceso de incidencia ciudadana en donde todos los actores se encuentran en un momento de generación y toma de decisiones que concierne a un grupo en común para la búsqueda de un beneficio colectivo.

Por lo anterior, la apertura de la información y el uso de las tecnologías de la comunicación, han ganado un importante papel de cambio en el diseño y construcción de acciones colaborativas y participación ciudadana, en donde se ha permitido involucrar a la ciudadanía y a los sectores productivos de cada país en la búsqueda de soluciones creativas de problemas públicos.

En este contexto, es que los laboratorios aparecen como una nueva forma de reconstruir esa relación entre ciudadanos e instituciones, capaces de reconfigurar las interfaces de participación pasando de una actitud pasiva a una activa, donde no medie la burocracia entre quienes proponen y los que deben toman decisiones, donde podamos poner a prueba y fallar para escalar en grande, donde la creatividad de las personas esté en el centro de la estrategia abriendo el manejo vertical de las

No es fácil acotar la Inteligencia Colectiva (IC) a un concepto universal y definitivo. Hay mucho

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instituciones para que sean más permeables, dinámicas y pasen a formar parte de un modelo horizontal; cambiando de esta forma para siempre la relación tradicional que estas mantienen con sus ciudadanos.

La apertura de la información y el uso de las tecnologías de la comunicación, han ganado un importante papel de cambio en el diseño y construcción de acciones colaborativas y participación ciudadana, en donde se ha permitido involucrar a la ciudadanía y a los sectores productivos de cada país en la búsqueda de soluciones creativas de problemas públicos

En la era digital, los laboratorios de innovación pueden ser la fuente de una nueva generación de derechos, comenzando por el derecho a innovar, a generar nuevas tecnologías, nuevos

campos de conocimiento, esferas económicas, sociales, culturales y junto a ellos nuevas responsabilidades colectivas. Los laboratorios podrían responder a la hipótesis propuesta llevar la participación ciudadana del “decidir con” al “hacer con”, ya que los actores involucrados no solo están ideando acciones, sino que también proponen cómo se las puede llevar a cabo, es así que se logra desarrolla alternativas de la propia comunidad que está más apegada a su territorio. Durante los últimos años, hemos sido testigos de un aumento del co-diseño, desarrollo y uso de tecnologías para conectar a residentes con sus gobiernos locales u organizaciones civiles. Esto se debe a la expansión de las tecnologías digitales que están abriendo opciones de construcción de conocimientos compartidos y hace posible construir las ciudades de código abierto, y será un hecho que una de las medidas más acertadas pos 10


pandemia será el incremento de uso de las tecnologías como una metodología para construir comunidades virtuales y mantenernos más cercanos y conectados. Es un hecho que vivimos en un mundo digital. En América Latina, 440 millones de personas (el 67% de la población) usan internet. La revolución digital ha cambiado nuestras vidas personales de múltiples maneras y de una forma muy acelerada. Nuestra forma de ver películas, viajar, comunicarnos, acceder a servicios o adquirir información es muy distinta a lo que era hace sólo diez años, el modelo globalizado del capitalismo ha permitido avanzar mucho en este proceso global que ahora en una mirada general se está enfocando mucho más en atender las necesidades locales para impulsar una nueva era global, sin embargo, esta revolución no ha impactado de la misma manera a todos los habitantes o

en todos los sectores por igual. Hay quienes no han sido capaces de adaptarse a los rápidos cambios que la tecnología está haciendo posibles. La falta de acceso al entorno digital agudiza la desigualdad que ha caracterizado a nuestra región desde hace décadas. El trabajo que tenemos por delante es desmitificar la tecnología, entenderla como una herramienta que puede facilitar nuestras actividades cotidianas, generar información o articular la acción colectiva. La tecnología tiene el potencial de cambiar la forma en la que la ciudadanía interactúa con diferentes sectores, fortaleciendo nuestras comunidades y nuestros accionar como ciudadanos. Por otro lado, la sociedad civil organizada y la ciudadanía históricamente ha atendido los vacíos que el Estado deja, constantemente liderando los esfuerzos para encontrar respuestas, proveer servicios 11


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básicos, exigir transparencia, visibilizar casos de corrupción, el cual es un trabajo necesario que en muy pocas ocasiones se alinea o conecta con los esfuerzos gubernamentales.

El trabajo que tenemos por delante es desmitificar la tecnología, entenderla como una herramienta que puede facilitar nuestras actividades cotidianas, generar información o articular la acción colectiva. La tecnología tiene el potencial de cambiar la forma en la que la ciudadanía interactúa con diferentes sectores, fortaleciendo nuestras comunidades y nuestros accionar como ciudadanos.

Como rescata la Organización para la cooperación y el desarrollo económico (OCDE) en su informe, “La participación ciudadana y de la sociedad civil es fundamental para desarrollar,

mantener e implementar las reformas de gobierno abierto, pero la participación, sobre todo en la fase posterior del ciclo de políticas públicas, está siendo una excepción que la norma. A pesar de que la mayoría de gobiernos involucran a los ciudadanos y a la sociedad civil en cierta medida en el ciclo de políticas públicas, en la mayoría de casos se parece más a una consulta que a una colaboración’’. Con el desarrollo comunitario se busca mejorar las condiciones de vida de la población, desde el punto de vista social, territorial, económico, cultural, político y ambiental, promoviendo una nueva mirada, buscando superar las brechas y potenciar las oportunidades del territorio. Se viene una nueva era en donde desde ya destaca la participación activa de la misma ciudadanía lo cual mediante una correcta articulación con organizaciones de la sociedad civil se podrá subir 12


un escalón más en la constante lucha por alzar la voz de quienes han sido invisibilizados por mucho tiempo. Bibliografía: Fracasso, L. (2000). Planificación comunitaria y participación en os procesos de decisión: Categorias de analisis y argumentos. Revista

Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Gonzalo , M., & Buelga, S. (s.f.).

Desarrollo comunitario y potenciación. Obtenido de https://pdfs.semanticschola r.org/6767/4ba035391888d e9cee6d2920896d674ab7d 8.pdf

Marchioni, M. (s.f.). Comunidad,

participación y desarrollo. Madrid: Editorial Popular. Rey, A. (2017). Inteigencia Colectiva. Obtenido de https://www.amaliorey.com /tag/inteligencia-colectiva/ Reyes, R. M. (s.f.). Desarroll

comunitario. Procedimiento metodológico para su impementación en las comunidades. Obtenido de http://xn--caribea9za.eumed.net/wpcontent/uploads/planeacio n.pdf Risler, J., & Ares, P. (2013).

Manual de mapeo colectivo. Buenos Aires: Tinta Limon.

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CAMBIO GENERACIONAL EN LA POLÍTICA POS COVID

Enyel Asencio Bachiller en Contabilidad, egresado de la Universidad Nacional de Cajamarca, especializado en Gestión Pública. Ex dirigente estudiantil de la universidad y escritor de columnas de opinión política y económica - Perú

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ara muchos y en un país como el Perú con pésimas o casi nulas políticas públicas vinculadas a

mejorar la calidad de su población en educación o salud, no es coincidencia que hoy por hoy el sistema político estatal se encuentre en una crisis 15


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sumamente complicada, donde los partidos políticos en lugar de sumarse a generar acciones consensuadas, maquinan planes desalmados como traerse abajo a ministros, o contradecir sin mayor sustento cada una de las disposiciones del gobierno de turno. Pero tal como reza la popular frase: “luego de la tormenta siempre sale el sol” – expresión que toma fuerza por

El SARS-CoV-2, mejor conocido como “Covid-19”, ha demostrado que las políticas de los congresistas tradicionales en nuestro país, han acarreado por décadas mínimas iniciativas legislativas en presupuesto para promover el fortalecimiento en cuanto a infraestructura, equipos y profesionales en los campos de la salud, educación, agricultura, etc. sí sola en el actual contexto–, estas cuestionables acciones

nos demuestran que la renovación política no solo es el punto de debate, sino que es una medida que se debe asumir de manera urgente e inmediata.

Los jóvenes en nuestro país representamos casi siete millones de electores en el padrón del Jurado Nacional de Elecciones – JNE, 6 937 424 electores para ser exactos. Un fortísimo 27,97% de población con capacidad de tomar las riendas del país no solo en lo que a decisiones se refiere, sino también en lo que respecta a representación. La pregunta es, ¿cuánto cambiará nuestro país luego de la cuarentena? y, ¿por qué ninguna política de Estado de los antiguos padres de la patria, o autoridades locales ayudó a contener la crisis sanitaria por la cual atravesamos?, porque el retorno a la normalidad no 16


puede significar un regreso hacia lo mismo –hago referencia a lo mismo en cuanto a cómo se ha venido gobernando un país con un crecimiento económico adulado a nivel mundial, un país con vastos recursos en diversos sectores económicos, pero con un colapsado sistema público en salud, si solo queremos hacer referencia a éste dada la coyuntura–. El SARS-CoV-2, mejor conocido como “Covid-19”, ha demostrado que las políticas de los congresistas tradicionales en nuestro país, han acarreado por décadas mínimas iniciativas legislativas en presupuesto para promover el fortalecimiento en cuanto a infraestructura, equipos y profesionales en los campos de la salud, educación, agricultura, etc. Este inoperante trabajo parlamentario ha venido de la mano de una crisis política

que concluyó con la disolución del Congreso peruano, que hoy en día es la espada de Damocles sobre la cabeza del poder ejecutivo. Ante estas deficiencias en la política peruana, sin partidos políticos fuertes, sin ninguna estructura de organización real –más allá de lo electoral–, cabe preguntarnos sobre cuál será el papel que desarrollará la juventud en la próxima apertura de las urnas este 2021. Porque ya no es cuestión de cuánto se puede apoyar desde lo logístico en caravanas o equipos de campaña, sino más bien apuntar hacia cuál debería ser la voz y propuesta dentro de un país que necesita rostros e ideas nuevas, y –en el mejor de los casos– nuevos partidos políticos. Si hacemos un rápido recuento de la juventud peruana y su participación en el último

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proceso eleccionario, a finales de enero de este año –

Ante estas deficiencias en la política peruana, sin partidos políticos fuertes, sin ninguna estructura de organización real –más allá de lo electoral–, cabe preguntarnos sobre cuál será el papel que desarrollará la juventud en la próxima apertura de las urnas este 2021. elecciones complementarias para el Congreso–, según el JNE encontramos que de 2338 candidatos inscritos a nivel nacional, solo 210 fueron jóvenes menores de 30 años, y de éstos solo el 14% fueron mujeres. Como vemos, todavía la juventud es tomada como el furgón de cola en las listas electorales de los partidos políticos tradicionales. Aunque la participación ha crecido del

6% al 9% del total de candidatos, aún es una cifra muy baja para un sector de la población que busca escuchar sus propuestas y/o exigencias en cuanto a iniciativas legislativas en materia de educación, trabajo, etc., desde el Parlamento. Y es que la política en el Perú ha sido reducida al financiamiento o poder adquisitivo de cada uno de los candidatos. A ello se suma las interminables y escandalosas formas de hacer política de las generaciones fundadoras de los partidos políticos tradicionales del país. Esto ha generado que la militancia joven de estos partidos, vaya entendiendo – poco a poco– que su vida partidaria, su dirigencia, y mística sacrificada, no les asegura en lo más mínimo una candidatura por su partido. Las malas formas de hacer 18


política pública y partidaria han compelido a la juventud a nivel nacional a no tomar ninguna posición política, y con mayor razón a evitar ingresar a las filas de un partido político en específico. Es así como lo que debería ser una apertura de formación de nuevos dirigentes e interlocutores de cambio político, se convierte en una cadena de inmadurez política a la hora de elegir o ser elegido. Cuánta falta hace una reforma en iniciativas cívicas que hagan comprender a este sector la importancia que tiene la política cuando toma un papel útil para la sociedad. Pero, ¿qué hacer cuando el

ímpetu de los jóvenes militantes, tanto de izquierda como de derecha, es absorbido casi en su totalidad por la lucha interna contra las malas prácticas en sus partidos? Así, se advienen debates internos –

interminables en algunos casos– de cómo sus partidos se han convertido en pequeños espacios familiares, y la toma de decisiones lo acaparan aquellos caudillos dirigentes que añoran un sillón dirigencial en las oficinas de sus partidos. Estos debates se centran en su mayoría en la política de renovación interna que utópicamente anhelan estos dirigentes jóvenes. Hay que hablar de cambios desde la apertura de un máximo de representación en cada una de las listas postulantes. Asimismo, de la reducción de edad para que ingresen nuevos aires en el Parlamento. Finalmente, una real paridad y alternancia no solo de caras, sino de generación. Los jóvenes de hoy deben entender que sería erróneo no creer que una cuota joven del 40%, con un mínimo de edad de 20 años, y

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con listas paritarias, no son solo el inicio de una renovación política a nivel nacional, es sobre todo una necesidad, y para ello se requiere de la unidad de todas las organizaciones, a fin de que la reforma electoral joven sea una realidad. Por lo mismo, se debe evitar el –mal usado– voto preferencial, que facilita el ingreso de las viejas guardias – muchas, que no han estado en el ojo público en los últimos años, ya amenazaron con volver–. El nuevo sujeto histórico que nuestro país necesita es aquel que inicia con una generación millennial y generación zeta, las que han vivido etapas tan grotescas como la renuncia de un presidente, un Congreso inmoral, la disolución de ese mismo Congreso, y las actuales fechorías partidistas de desestabilización del Estado en plena pandemia. Si esto no es

señal de que existe un vacío político al cual representar, entonces esta generación no ha entendido nada, y seguirá en los debates interminables al interior de sus partidos, donde

Hay que hablar de cambios desde la apertura de un máximo de representación en cada una de las listas postulantes. Asimismo, de la reducción de edad para que ingresen nuevos aires en el Parlamento. Finalmente, una real paridad y alternancia no solo de caras, sino de generación. en algunos casos todavía se niega a aceptar que, tanto la paridad como la representación de la mujer, es una necesidad en la política peruana. La creación de un nuevo sujeto histórico parte de la dimensión utópica del nuevo país que 20


añoran todas las juventudes partidarias y políticas a nivel nacional. Para eso es necesario actualizar la forma de hacer política, empezando por acercar más a los partidos políticos a las redes sociales, lo que implica desenmascarar las conocidas “fake news”, que solo alejan al pueblo de la política. Porque no solo es necesario cambiar las cosas que se hacen mal, sino que también se deben generar políticas partidarias y de opinión que ayuden a cambiar las ideas que se impusieron en las últimas décadas sobre los partidos políticos y la política en general. Con iniciativas legislativas en el Congreso peruano sobre reforma política partidaria, con debates en paridad y alternancia, eliminación del voto preferencial e incremento de la

cuota de género, las urnas electorales del 2021 pos Covid19 deben abrirse a nuevos cuadros de representación. Por lo mismo, se deben concatenar esfuerzos por un cambio real y permanente para que la política no se centre en familias o un grupo cerrado de amigos que lograron constituir un partido. Nuestra generación debe entender que la dimensión utópica de cambio, puede abrirse paso a la ruptura generacional de lo viejo por lo nuevo, de nuevas prácticas –que de ser el caso– den paso a la formación de nuevos partidos políticos donde la juventud no solo sea el eje dinámico de éste, sino el hilo conductor de los cambios en políticas públicas, acordes a las nuevas necesidades que un país golpeado y en crisis como el Perú necesita.

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MEMORIAS DE UNA FALDA

Emely L. Cofresí Valerio Estudiante de Licenciatura en Derecho en la UASD, presidenta y fundadora del grupo estudiantil Defensa Jurídica Estudiantil (DEJUES) y, coordinadora política juvenil. – República Dominicana

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nmediatamente imaginamos a una mujer con aquella prenda de vestir, que consiste en una tela que se ajusta en su cintura y cubre las piernas o parte de ellas; la imaginamos o la percibimos de diferentes colores, diferentes diseños y en diferentes estereotipos de mujer, de esta

manera se convirtió en el símbolo femenino. La inclusión de las faldas en la sociedad y en la política no fue tan fácil, transitar en la histórica antigüedad del mundo y de nuestro país, nos permite visualizar a la mujer desde un punto estático, sin participación,

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sin educación, sin voz y voto; su función era servir en todo momento al hombre y en algunas actividades religiosas para disfrutar de cierto protagonismo. Aquella introducción a la participación política y al trabajo social de la mujer dominicana pertenece a la independencia de la República en aquel 1844, cuando las doncellas también se consideraban independentistas, como lo hizo María Trinidad Sánchez, cuando decidieron aportar desde sus conocimientos, confeccionando la bandera, como lo hizo Concepción Bona y de cuando imaginaron que sus faldas eran pantalones y que sus manos merecían un arma para pelear por la democracia del país, como lo hizo Yolanda Guzmán sin importar que un disparo abriera sus pechos. Desde ese entonces, el hombre, el país y la sociedad se dieron cuenta de que en la

historia se aludía el nombre de una mujer. Han concurrido muchos años luego de estos sucesos, pero las faldas y aquellos pintalabios carmesí no han dejado de lucir, haciendo presencia en los típicos asuntos y lugares de hombres y Estado. Es una realidad, pues ya se cuenta con la lista de las mujeres más poderosas de República Dominicana, las que forman parte de las tomas de decisiones entre el sector público y el privado, siendo agentes de cambio, innovación, dispuestas a dejar su trono de ama de casa,

Han concurrido muchos años luego de estos sucesos, pero las faldas y aquellos pintalabios carmesí no han dejado de lucir, haciendo presencia en los típicos asuntos y lugares de hombres y Estado

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para ocupar un cargo de representación pública o privada, tras sentirse comprometidas con el desarrollo sostenible, la paz y la justicia de su comunidad y país.

Los partidos políticos sin duda alguna han sido la brecha, el impulso y los que le han dado la oportunidad de una formación diplomática, hoy en día contamos con una gran cantidad de mujeres políticas, activistas, líderes, fundadoras, ministras, presidentas, periodistas, docentes, estudiantes, militares, entre otros cargos y funciones, mencionar un ejemplo en específico se podría considerar una falta de respeto y sé que mientras leías cada cargo, te imaginaste a una mujer, lo que evidencia que los tacones no han parado de lucírselas, ya forman parte de lo que un día era una fantasía como el de pertenecer a los juzgados, e incluso en los

tribunales superiores como lo es el Tribunal Constitucional. En fin, la inclusión se convirtió en una realidad justa e igualitaria, se convirtió de un “yo quiero” a un “yo puedo”. El privilegio de elegir y ser elegida, ha tenido un alcance supremo estipulándose así en la Constitución Dominicana en su artículo 39, el cual reza en su numeral 5 lo siguiente:

“El Estado debe promover y garantizar la participación equilibrada de mujeres y hombres en las candidaturas a los cargos de elección popular para las instancias de dirección y decisión en el ámbito público, en la administración de justicia y en los organismos de control del Estado”. Todo esto ha creado una nueva sociedad, cabe resaltar que, si bien es cierto que, dentro del manejo para la asignación laboral de ciertos cargos públicos o 25


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privados, han querido practicar el abuso y discriminación hacia la falda, ésta no lo ha permitido y lo ha llevado hasta sus últimas consecuencias, lo imposible no existe para la mujer, solo que en algunos asuntos se le toma tiempo en conseguirlo. Sin ánimos de abandonar su esencia, la falda que va ajustada sobre aquella mujer de cabellera larga, corta de forma lisa o con ondas, de piel canela, mestiza, oscura o blanca, no importa el estereotipo, lo que importa es que la mujer se consideró y se considera humana, con alma, razón y corazón para trabajar con dedicación y liderazgo en cualquier escenario y de igual forma dominar grandes masas; el giro político social ha sido la causa de esta oportunidad, la intención no ha sido ser la principal opositora del hombre, siempre ha sido demostrar que también llevan pantalones, que

pueden mantener estabilidad, pueden ser imparcial, y pueden ser fría. Contar con un país libre, soberano e independiente, con respeto y garantía a la igualdad y libertad de expresión, construye en su trayectoria, memorias de faldas.

Todo esto ha creado una nueva sociedad, cabe resaltar que, si bien es cierto que, dentro del manejo para la asignación laboral de ciertos cargos públicos o privados, han querido practicar el abuso y discriminación hacia la falda, ésta no lo ha permitido y lo ha llevado hasta sus últimas consecuencias, lo imposible no existe para la mujer, solo que en algunos asuntos se le toma tiempo en conseguirlo.

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JUVENTUD HACIA DÓNDE VAMOS.

Lisbeth Arias Miembro activo del Comité de Asesoría Juvenil en IREX Guatemala

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onsidero que hay tres cosas elementales dentro del espectro de lo político, que son relevantes cuando se habla acerca de política en la juventud. Primero el hecho de que se puedan autoidentificar como jóvenes y reconocer su diversidad; segundo, que se puedan reconocer como sujetos

de derechos, ejercerlos, vivirlos y exigirlos; tercero, es deconstruir prejuicios sociales a través de nuevas narrativas para generar un cambio en el imaginario de la sociedad. Ahora ¿por qué es importante reflexionar acerca de esto?

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El reconocimiento de la juventud es elemental en la esfera de la participación política, esta brinda amplitud y enriquecimiento. Como individuos todos y todas vivimos, sentimos, comprendemos la política de una forma diferente y en un espacio de tiempo distinto, entonces ¿cómo podemos reconocer ese aporte diverso de la juventud en lo político? Para desarrollar la participación política, la juventud deberá autoidentificarse, porque desde ahí, encontrarán aquellas características que le permitan reconocerse, pero no desde la lógica de prejuicios marginadores que la criminalizan y se apropian de ella. La globalización provee a la juventud de grandes cantidades de información, que funcionan como un distractor, exponiéndolos a diferentes ideas, culturas, que podrían dificultar el establecer su identidad, sumado a eso los prejuicios que la

sociedad pretenden

construye, que decirnos quienes

Hay tres cosas que son relevantes cuando se habla acerca de política en la juventud. Primero el hecho de que se puedan autoidentificar como jóvenes y reconocer su diversidad; segundo, que se puedan reconocer como sujetos de derechos, ejercerlos, vivirlos y exigirlos; tercero, es deconstruir prejuicios sociales a través de nuevas narrativas para generar un cambio en el imaginario de la sociedad. somos, como actuamos y por qué deberíamos estar en donde estamos. Los prejuicios son entonces, una de las barreras grandes para la juventud, estos pueden visibilizarse interpelando la cotidianidad y observando los espacios en donde aparece accionando la juventud. 29


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Lo más valioso de este momento sería el desaprender aquellos prejuicios de los cuales socialmente todos y todas hemos sido construidos; y pensar en la identidad como algo amplio desde una visión multidimensional, que permita autoidentificarnos y ser un sujeto de derechos.

Los países democráticos poseen una característica importante “la representatividad”. Para la juventud, la política tradicional no es suficiente para lograr una verdadera representatividad, por lo cual ampliar el significado de lo político es necesario. Es un error ver el cuerpo separado de lo político, puesto que son aquellos cuerpos quienes se nombran juventud, que se autoidentifican y logran verse como sujetos de derecho, dentro de un territorio que es en

donde habitan, estos exigen no solo vivir, ejercer derechos, si no también representar y se enfrentan a una problemática, la cual es, que no existe un espacio en la esfera política al que puedan tener acceso. Los países democráticos poseen una característica importante “la representatividad”. Para la juventud, la política tradicional no es suficiente para lograr una verdadera representatividad, por lo cual ampliar el significado de lo político es necesario. Parte de cambiar la forma de hacer política es dialogando. ¿Qué espera la juventud diversa al llegar al poder? Buscará generar un cambio transversal o buscará solamente un espacio. Puede que la juventud encuentre nuevas herramientas de dialogo, que les permitan construir nuevos modelos sostenibles económicos, productivos, ecológicos, etc., todo esto a partir de su identidad, contexto, características y 30


necesidades. En generar nuevas herramientas de dialogo, sería un ejemplo de buena práctica democrática, permitiendo avanzar en colectividad. La juventud deberá ser sabia en realizar una transición de todo aquello que ha formado, para que la nueva generación, comprenda que no se trata de pelear con lo viejo y lo nuevo, sino en recuperar esas propias formas de vida, sistemas de justicia, económico y comunitario. Para que no se pierdan en las organizaciones de

jóvenes esa conexión, misma que les permita realizar movimientos políticos más vinculados con las realidades sociales y estas puedan visualizar un mismo horizonte. Es importante reconocer que es en el espacio de la representación política en donde también se pueden cambiar realidades y es necesario llegar ahí para abordar también esa agenda política de una forma más incluyente, consciente, vinculada con la ciudadanía y a las realidades sociales.

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EL RETO DE LA EDUCACIÓN ANTE EL ESPEJISMO DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN MÉXICO.

La consulta ciudadana fortalece al Poder Judicial porque retroalimenta su quehacer y permite una mejor comunicación y coordinación de acciones con la sociedad civil.

L.C Ma. Antonia Carranza Arroyo Colaboradora del Grupo Lumicolor Material Eléctrico y columnista en el portal Política Comunicada - México

U

na de las grandes promesas del Gobierno Federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador fue otorgar en su gestión como Presidente una participación

activa de toda la ciudadanía en aquellos temas que de propias palabras del presidente fueran “del pueblo y para el pueblo” impulsando así las ya famosas “Consultas ciudadanas”.

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La primera consulta que se realizó de mayor relevancia, fue en diciembre del 2019, la cual decidiría de “voz del pueblo indígena” la construcción del tren maya al sur del país que según resultados arrojaron un 88.9% de votos a favor y sólo 6.6% en contra. Si bien el punto de incentivar la participación ciudadana es un gran acierto para la integración de la sociedad civil con los poderes del estado, es

importante recalcar que en México no se tienen lineamientos ni jurídicos ni sociales que nos permitan reconocer los temas que pueden ser de interés social y colectivo y aquellos que deben ser tratados con mayor precisión y conocimiento en materia. El asumir el poder debe responder a reconocer que las decisiones tienen un estándar de conocimiento y valoración, es decir; no puede ser lo mismo consultar a la población sobre un

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tema como la percepción del funcionamiento de las instancias gubernamentales y el cómo responder a una crisis económica y de salud como la que actualmente atravesamos. Esto no quiere decir que las consultas ciudadanas sea una mala elección o que no sea apropiada, al contrario, bien establecidas son un buen mecanismo para responder de forma positiva a las peticiones y necesidades de la población que también fortalezcan a las instituciones.

México ha formado una brecha importante en relación de una participación activa y la percepción de la imagen y trabajo de los servidores públicos y el sistema político en general. Un reto que el presidente Andrés Manuel vio como el pretexto perfecto para solventarlo con una participación “activa” pero desvirtuando a aquellos conocedores de materia. La segmentación apropiada de los diferentes rubros que se pueden someter a consultas ciudadanas representarían de una manera más objetiva la toma oportuna de decisiones. Cuando menciono a los conocedores en materia, me refiero a encausar de una forma más apropiada a quienes puedan emitir un voto informado, es decir; que aquellos temas que requieran del juicio de especialistas y profesionales sean tomados a través de las 35


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diferentes organizaciones sociales que congregan a dichos profesionales, tal como lo hacen los sindicatos y colegios en México. No se desvirtúa en ningún momento los conocimientos de los ciudadanos ni mucho menos se hace distinción de género, clase social o raza, sino más bien el principal interés de nuestro sistema político debería considerar y sobre todo fortalecer una participación social equilibrada y objetiva. Para la construcción del tren maya se dijo que a la par de la consulta general se iba a realizar una segunda consulta que incluiría a las comunidades indígenas1, una vez más bajo el argumento de que los derechos de estos grupos actualmente son un tema atado y rezagado por la constitución mexicana, pero si tomamos en cuenta que según un estudio realizado en 2019 por

el INEA2 (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos) en México hay 3 millones 704 mil 998 personas adultas que no saben ni leer ni escribir y pertenecen a sectores altamente vulnerables como adultos mayores, jornaleros agrícolas, madres solteras e indígenas.

El principal interés de nuestro sistema político debería considerar y sobre todo fortalecer una participación social equilibrada y objetiva. Si tomamos estos datos, un porcentaje importante de las personas que participan en dichas consultas no conocen de los temas sometidos a consulta y su posible impacto social, económico y cultural. Por lo cual la posible catástrofe en un escenario extremista de un declive o fracaso podría

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sustentarse bajo el argumento de que fue un error colectivo. Uno de los principales temas en este gobierno es formar una sociedad inclusiva y con participación activa en todos los temas de interés social, sin embargo, es importante reconocer que para que esta proyección sea posible se debe trabajar en hacer una sociedad informada, con un sistema educativo que permita en un largo plazo adaptarse a los desafíos de un mundo globalizado y digitalizado para poder responder de una forma más responsable a esta brecha de educación y participación responsable. Lo cual ayudaría a mejorar indiscutiblemente la imagen y relación entre ciudadano y servidor público. El tema sociedad debería educada,

no debería ser una inclusiva, mas bien ser una sociedad que permita lograr por

consecuencia la integración natural de todos los sectores de la sociedad.

Es importante reconocer que para que esta proyección sea posible se debe trabajar en hacer una sociedad informada, con un sistema educativo que permita en un largo plazo adaptarse a los desafíos de un mundo globalizado y digitalizado para poder responder de una forma más responsable a esta brecha de educación y participación responsable. Los términos empleados tanto en campaña del actual presidente así como de sus comitivas y colegas en todo el país responde a la psicología humana de las emociones pero no de los hechos y las consecuencias de ellos. Generan empatía con la cual pretenden fomentar una integración inorgánica de ellos 37


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con los ciudadanos, la cual se viene abajo al responder a las malas decisiones son por consecuencia error colectivo ya que los ciudadanos participaron en ello, tal es el caso de la alcaldesa del estado de Puebla, Claudia Rivera Vivanco. Si bien la alcaldesa electa realizó un buen despunte en su campaña bajo el lema morenista de la “sociedad incluyente” su desaprobación por parte de los poblanos no tardó en hacerse notar al no tener claro no sólo

como hacer realmente una tarea de inclusión si no de ignorar por completo como responder a las situaciones de crisis que implican una toma de decisión más objetiva y no tan polarizada por su equipo de colaboradores, dando la imagen de que únicamente responde a las necesidades de sus allegados e ideales y no a las necesidades de la ciudadanía en general. Siendo pues más prioritario conformar una sociedad realmente educada no solo en

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temas de interés social sino en la educación básica que responda a bajar los índices de analfabetismo en México que pueda conjugarse con la inclusión de un sistema educativo que permita generar de forma orgánica como ya lo mencionamos la integración de participación ciudadana responsable y el buen ejercicio y funcionamiento de las instituciones.

Referencias:  https://lopezobrador.org.m

x/temas/consultaciudadana/ 

https://www.google.com/a mp/s/www.forbes.com.mx/a lfabetizacion-una-de-lasprioridades-globales/amp/

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El Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales - NDI es una organización internacional no partidista y sin fines de lucro, con oficinas en más de 50 países, cuya misión es contribuir a promover y fortalecer la democracia a nivel mundial. El NDI ofrece asistencia técnica a líderes de partidos políticos y de la sociedad civil que promuevan valores, prácticas e instituciones democráticas. Editores

Francisco Herrero Director NDI

Andrea Fernández Oficial del Programa Red Innovación.

Diana Cárdenas Asistente del Programa Red Innovación Créditos

Diana Cárdenas Diseño y Diagramación Bogotá, D.C. Colombia. Edición No. 20, Julio 2020

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