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Liahona Noviembre 2011

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reyes, el Dios del cielo levantaría un reino que no sería jamás destruido… pero que despedazaría” y consumiría a todos estos reinos. “y permanecería para siempre” 1. Ahora vayamos a tiempos más recientes. El ángel Moroni se apareció primero a José Smith en 1823 y le dijo que “Dios tenía una obra para [él], y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría [su] nombre para bien y para mal” 2. El mensaje de Moroni seguramente debió haber asombrado a José, que tenía sólo 17 años. En 1831, el Señor le dijo a José que las llaves del Reino de Dios habían sido nuevamente “entregadas al hombre en la tierra”. Dijo que el “… Evangelio [rodaría] hasta los extremos de la tierra, como la piedra cortada del monte, no con mano … , hasta que llene toda la tierra” 3, tal como Daniel le había dicho a Nabucodonosor. En 1898 el presidente Wilford Woodruff contó una experiencia que tuvo como recién converso en 1834, en una reunión del sacerdocio en Kirtland. Él relató: “El Profeta llamó a todos los que poseían el sacerdocio para que se reunieran en una pequeña cabaña que servía de escuela. Era una casa muy pequeña, quizás de unos 4 metros cuadrados. …Cuando nos reunimos, el Profeta pidió a los élderes de Israel …que dieran testimonio de esta obra. …Cuando concluyeron, el Profeta dijo: ‘Hermanos, he sido grandemente elevado e instruido con sus testimonios esta noche, pero quiero decirles ante el Señor que, concerniente al destino 12

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de esta Iglesia y este reino, ustedes no saben más de lo que sabe un bebé en brazos de su madre. No lo comprenden. …Esta noche sólo ven aquí a un puñado de hombres con el sacerdocio, pero esta Iglesia se extenderá por América del Norte y del Sur, cubrirá todo el mundo’” 4. Esas profecías, de que: • el reino de Dios, como una piedra cortada del monte llenaría la tierra; • el nombre de José Smith sería conocido a través del mundo, y • la Iglesia cubriría las Américas y el mundo; debieron parecer algo absurdo hace 170 años. El pequeño grupo de creyentes, que apenas sobrevivía en la Montevideo, Uruguay

frontera inhabitada de los Estados Unidos y que se desplazaba para escapar de la persecución, no lo vio como la fundación de una fe que cruzaría límites internacionales y que penetraría los corazones en todas partes. Pero eso es precisamente lo que ha sucedido. Permítanme darles un ejemplo: En el día de Navidad de 1925, en Buenos Aires, Argentina, el élder Melvin J. Ballard dedicó toda Sudamérica para la predicación del Evangelio. Para agosto de 1926, un pequeño grupo de conversos había sido bautizado. Ellos fueron los primeros miembros bautizados de toda Sudamérica de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Eso fue hace 85 años, en el tiempo de vida de muchos que escuchan la conferencia hoy. Hay 23 estacas de Sión en Buenos Aires hoy en día, con docenas de estacas y decenas de miles de miembros de la Iglesia, en ciudades y pueblos a lo largo y ancho de Argentina. Hoy hay más de 600 estacas y varios millones de miembros de la


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