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Periódico Quequi Quintana Roo

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QUeQUi › Domingo 13 de Marzo de 2011

› RepoRtaje

El hombre milagroso de Dziuché Jorge Gómez Leslie, El Brujo, detonó la economía del poblado y curó a enfermos terminales.

Por Carlos Hernández Báez Quequi Quintana Roo

iLustración: aLExis roBLEs

D

ziuché es una población de menos de 4 mil habitantes ubicada a menos de 20 kilómetros de la cabecera municipal, la catedral de la fayuca en los años ochenta y testigo de una de las historias más increíbles y surrealistas de las que se tenga memoria en esta geografía municipal. No hay un morelense que se diga serlo que no conozca la historia del famoso “Brujo de Dziuché”, aquel hombre que con curaciones casi milagrosas logró devolver la salud a cientos, tal vez miles de pacientes que a diario se arremolinaban, y reactivar también la agonizante economía del pueblo, que tras la firma del Tratado de Libre Comercio con los vecinos países del norte veía desplomar su principal actividad: la fayuca. Jorge Gómez Leslie mejor conocido como “Brujo de Dziuché”, fue el hombre clave que detonó la economía de aquel lugar al grado de que la mayoría de las actividades a finales de los ochenta y hasta su muerte en el 2003 giraba en torno a él. Los comerciantes de importaciones vivieron un segundo auge, los tricicleros no se daban abasto -al grado de que seleccionaban sus pasajes-, y muchos invirtieron en construir im-

provisadas casas de asistencia, como hotelitos, comedores y retaurancitos. El doctor era un hombre grande, de voz profunda, un mulato imponente que hablaba fuerte y a mentadas de madre a sus colaboradores. Insultaba a los hombres, y llamaba madrecitas a las mujeres. sU lleGaDa, el aUGe Y MÚltiples MilaGRos La presencia de don Jorge en la villa fue clave para la vida económica del lugar. Su llegada a Dziuché prácticamente fue inadvertida, durante un par de años el “negro” vendió de puerta en puerta todo tipo de chucherías, acompañado por su entonces esposa Paula Pech Tziu, mujer acostumbrada al trabajo diario, a quien la misma necesidad la orilló a migrar a la ciudad capital, Chetumal, donde conoció y se casó con don Jorge. Lilia Hernández Noh, vecina de Paula y don Jorge, recuerda con cierto dejo de nostalgia la primera vez que el afamado brujo mostró el poder prodigioso que aquel misterioso hombre poseía en sus manos. Doña Ben –relata-, nuestra vecina, estaba muy enferma, no tenía dinero para ir al doctor, lo cual llegó a oídos de don Jorge, quien enseguida mandó llamarla. Pidió un huevo de patio

que rompió en un vaso transparente, el cual contenía agua. Miró fijamente la yema y la clara caer y dio el diagnóstico: piedras en el riñón. Hay que operarla –dijo ante los ojos sorprendidos de los testigos-, sacó un bisturí entre sus pertenencias, le cubrió los ojos a la vecina y pidió que todos se retiraran. Lo que sigue es la historia que se repitió miles de veces: dos cortes en forma de cruz en la zona de operación, la herida se ungía con isodine y se vendaba. Al cabo de unos días la primera paciente estaba completamente sana. Cuenta doña Lilia que don Jorge les pidió que lo que vieron no lo divulgaran, pero ya para eso el incidente ya había trascendido y en la casa de don Jorge se empezaban a formar las primeras colas de gente que acudían a él en busca de recuperar su salud. Al cabo de unos meses autobuses repletos de gente originarios de todas partes del país e incluso de Centroamérica llegaban con el mismo propósito. El auge económico había iniciado. Durante quince años “el brujo” se dedicó en cuerpo y alma a curar a cuanto cristiano acudía a él, se hizo amigo de políticos y artistas, entre los que se cuenta a Joan Sebastián (a quien curó de cáncer), Gaspar Enaine, “Capulina”, Cruz Lizárraga, fundador de la banda El Recodo, Mario Marín (el “gober precioso”) y Mario Villanueva, quien, aseguran, tras curar a su difundo padre en agradecimiento le dio el título de doctor, lo que le permitía recetar medicamentos de patente y desempeñar su actividad sin ser molestado. MURiÓ Él… Y el pRoGReso Dziuché llegó a tener fama de ser el centro de distribución de productos importados en casi todas las comunidades del sur y centro de Yucatán. De hecho, toda la vecina entidad representaba un potencial dinamizador de la economía de esa fronteriza villa, cobró fama nacional e internacional gracias a los poderes curativos del “Brujo”. Hoy día la situación es diametralmente opuesta, él ha muerto y el comercio languidece y se requieren otras actividades productivas. Uvaldo Kú Chí, uno de los muchos tricitaxistas que pacientemente esperan pasaje en el centro de Dziuché, recuerda que por aquellos años era fácil sacar para la comida, bastaba trabajar por la mañana para llevar a la casa 100 pesos o más. Hoy eso no es posible, la mayoría tiene que combinar sus actividades agrícolas con la


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