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La Procrastinación: una epidemia de nuestros días o cómo la costumbre de postergar, evitar, y dejarlo todo para mañana está afectando a nuestra sociedad

Ignacio Lirio Barajas


1. Introducción 1.1 Una epidemia de nuestros días 1.2 Qué NO es la procrastinación 1.3 Qué SÍ es la procrastinación 1.4 ¿Es algo malo, doctor? 1.5 El ciclo de vida a las tareas 2. Porqué procrastinamos 2.1 Los mecanismos de recompensa del cerebro 2.2 La “ecuación de la procrastinación” 2.3 La procrastinación y el transtorno de déficit de atención (TDAH) 2.4 Predicciones erróneas del futuro 3. Las personalidades procrastinadoras 3.1 Depresión y pesimismo 3.2 Creatividad de la “mente voladora” 3.3 Perfeccionismo 3.4 Autoconfianza y Autojustificación 3.5 Miedo al éxito y al fracaso 4. Los amigos de la procrastinación 4.1 Interrupciones y distracciones 4.2 Maximicismo 4.3 Abstracción y Complejidad Artificial


4.4 Verbosidad 5. ¿Se puede hacer algo para curarla? 5.1 Vida saludable 5.2 El co-working: no trabaje a solas 5.3 ¡Cállese sus intenciones! 5.4 La Simplicidad Tecnológica 5.5 El factor de Continuidad 5.6 Gestión del tiempo (G.T.D.) 5.7 Terapias psicológicas y farmacológicas Epílogo.


1.  Introducción: Una epidemia de nuestros días Al día siguiente de investigar qué significaba (en lengua inglesa) la palabra “procrastination”, me percaté de que era algo casi omnipresente en la sociedad y de forma impulsiva escribí un artículo para mi blog de aquel entonces Society of 2000 (www.societyof2000.org) titulado “La procrastinación: una epidemia de nuestros días”. Desde ese día dicho artículo es el más visitado con diferencia de todos los que alberga este blog y el que acumula más comentarios (más de seiscientos a fecha de hoy, Marzo 2011). A menudo con el tiempo uno suele sentir cierto desapego o incluso rechazo hacia las obras que escribe, ya que le parecen que plasman ideas erróneas, que estaban mal planteadas o incluso mal redactadas. Es algo normal y afecta con bastante frecuencia a los creadores de cualquier índole. Sin embargo este artículo es de los pocos que, a pesar de sufrir cierta erosión temporal, sigue teniendo cierta vigencia y por eso ocupa un lugar destacado dentro del nuevo blog monotemático sobre la Procrastinación (procrastinacion.org), que vino años después. Aún hoy sigue sirviendo, desde su vieja localización de siempre, para despertar conciencias a ambos lados del océano atlántico sobre este problema social.

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La procrastinación: Una epidemia de nuestros días

1.1 Una epidemia de nuestros días ¿Por qué es “una epidemia de nuestros días”? Cada vez que explico a alguien, sobre todo en el cara a cara, en qué consiste la procrastinación, la gran mayoría de personas reacciona asintiendo con la cabeza y en no pocos casos abriendo sus ojos como platos, lanzando al aire una palmada espontánea y exclamando “¡Ése soy yo!”. Por si esta suerte de encuesta empírica —prueben ustedes mismos a hacerla— no les parece suficiente, más adelante van a poder leer los resultados de un sondeo que realizamos entre los visitantes del blog procrastinacion.org donde resulta notorio que esto de la procrastinación no es algo aislado que afecte a una minoría de la población. En este punto el lector debe estar pensando que deje ya este suspense innecesario y defina, sin más dilaciones, qué demonios es eso de la procrastinación. No es fácil, pero allá voy. Y para ello, emplearé una definición ligeramente retocada con respecto a la que surgió en el célebre artículo inicial: “La procrastinación es un trastorno crónico de la conducta que lleva al individuo que lo padece a evitar o postergar sistemáticamente todas aquellas tareas que debe realizar pero que no le gustan, motivan, o reportan una recompensa inmediata, ocupándose en su lugar de otras tareas de menor importancia.” Quizá en este momento más de un lector se haya empezado a sentir identificado, a pesar de la relativa formalidad de la 6


Introducción: ¿qué es la procrastinación?

definición. Es por esta razón que quizá también convenga abordar la cuestión por otro camino no menos directo. A continuación figuran una serie de preguntas que el lector debería hacerse en primera persona y responderlas mentalmente. No se trata de ningún test, únicamente de interpelaciones que se deben responder íntimamente en un ejercicio de honestidad personal, a saber: ¿Tengo en algún rincón de mi casa o de mi of icina una pila de papeles o carpetas con asuntos que debería haber f inalizado hace tiempo pero que los voy aplazando y que a día de hoy me da pavor si quiera acercarme a ellos? ¿Dejo intencionadamente cada día algunos mensajes de correo electrónico sin contestar (a pesar de que son urgentes) porque pienso que al día siguiente estaré en mejores condiciones para responderlos adecuadamente? De todos los proyectos interesantes o 'ideas geniales' que se me han ocurrido... ¿cuántos he concretado o f inalizado? De todas los proyectos o encargos que he conseguido solucionar satisfactoria o incluso brillantemente... ¿cuántos han sido trabajados la noche antes con un elevado grado de stress? 7


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¿Cuántas veces he inventado excusas rocambolescas para justif icar a personas que esperaban un encargo de mí la tardanza o sencillamente la no cumplimentación de dicho encargo? ¿Cuántas veces he pasado una noche en vela por la excitación de una idea creativa recién surgida, he trabajado a toda velocidad en ella y al día siguiente la dejé abandonada 'temporalmente' pero jamás la volví a retomar? ¿Cuántas veces me he propuesto f irmemente empezar a hacer ejercicio o comer de manera más saludable, y he fracasado en el intento? La lista de preguntas introspectivas sería larga, pero sospecho que no es necesario escribir más para que el lector sepa con más precisión en qué consiste la procrastinación y haya empezado a evaluar si está presente o no en su vida, y en caso afirmativo si supone un problema o no. De hecho, si analizamos etimológicamente (del latín) la palabra procrastinación, vemos que está compuesta del prefijo pro (“para”) seguido de cras (“mañana”). ¿Es realmente una epidemía de nuestros días? Parece ser que sí, y no es una simple hipótesis o elucubración aislada sin más. Además de toda el boom de información que últimamente se puede encontrar por los medios digitales (le invito a que busque en Google ‘procrastination’ o ‘procrastinación’) sobre este tema, la literatura científica o de divulgación sobre el 8


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tema, y los miles de comentarios acumulados en los años que llevo investigando este fenómeno, en su día —Enero de 2012— llevé a cabo un pequeño trabajo de investigación a partir del blog de procrastinacion.org. Consistía en un sondeo en el que se preguntaba a los visitantes del blog cuál era su grado de conocimiento, percepción y asimilación de la procrastinación. La idea era hacer un poco de análisis estadístico a partir de las primeras cien o cientocincuenta respuestas. La sorpresa fue que a los pocos días ya se habían acumulado más de trescientascincuenta respuestas al sondeo, la mayoría además adjuntando jugosos párrafos con opiniones y testimonios personales, y añadiendo además nombres, lugares de procedencia y dirección de correo electrónico (cabe decir que el cuestionario preguntaba así mismo si se estaba de acuerdo en la recogida de dichos datos, que eran de introducción opcional). La lectura de los resultados resultaba cada vez más reveladora. En dicho sondeo, se preguntaba a los lectores del blog algunas cuestiones básicas como “¿Se considera ud. una persona procrastinadora?”, “¿Conocía este término antes de realizar esta encuesta?” o “¿Ha buscado ayuda profesional para solucionar su problema de procrastinación?”. De todas las respuestas recolectadas y procesadas, y cuyos resultados están así mismo publicados en el blog, se pudieron extraer las siguientes conclusiones, a saber: • El 60% de las personas se declaraban absolutamente procrastinadoras, mientras solamente un 6% se declaraban poco o nada procratinadoras. • El 73% declaraban trabajar bien solamente bajo presión 9


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• El 75% respondió que nunca había pensado en acudir a una ayuda especializada para resolver su problema con la procrastinación • La mayoría (un 60% aproximadamente) declaró que nunca o casi nunca le tachaban de vago o perezoso.

Figura 1.- Algunos de los resultados del sondeo realizado desde el blog de procrastinacion.org 10


Introducción: ¿qué es la procrastinación?

Obviamente en esta encuesta —como en todas— existen una serie de sesgos que hay que tener en cuenta antes de integrar estos datos de los resultados. Para empezar, el cuestionario estaba situado dentro del blog sobre procrastinación, por lo que es lógico pensar que las personas que visitaron dicho cuestionario fue por interés sobre el tema en cuestión, y dicho interés se deduce también lógicamente porque esas personas deben tener algún tipo de problema o relación con la procrastinación. Otro de los sesgos a no menospreciar es el cultural: tanto el cuestionario como el blog tienen un ámbito lingüístico determinado (el español) con lo que la demografía de las respuestas coincidía de manera más o menos precisa con la demografía de las visitas al blog. Es decir, una mayoría Latinoamericana seguida de una proporción casi igual de importante española. Más adelante en este libro abordaremos esta cuestión, sobre la universalidad de la procrastinación o su adscripción a una determinada cultura o zona geográfica. Por último, existe un sesgo un poco más sutil pero no por ello menos obvio: el cuestionario se podía encontrar solamente a partir de una página web; qué decir sobre este entorno (la web) como foco favorito de distracción del procrastinador... Además de los fríos datos estadísticos, han sido muchas y muy variadas las opiniones adjuntas a las respuestas que todos los usuarios del blog tuvieron a bien remitir, y cuya publicación daría para un addendum de este libro, si no para otro libro exclusivamente para ello. Entre ellas, se pueden encontrar los habituales lamentos vitales sobre cómo la procrastinación ha truncado carreras profesionales, estudios, familias, etc. y también interpretaciones personales sobre qué era la procrastinación o cómo había influido en la vida de cada quien. A veces era miedo al éxito, otras al fracaso, otras 11


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reconocimiento de simple pereza, falta de hábitos, raíces educativas familiares, etc. Pero si una cosa parece evidente es que la procrastinación, conociendo o no su nombre, es un fenómeno que está muy presente en la sociedad, que es un fenómeno común pero que asombrosamente todavía no está tratado con la importancia que quizá merecería. Y eso hace que sea una especie de enfermedad oculta, maldita... y que esas vidas desperdiciadas (citando ahora a Zygmunt Baumann) son invisibles. ¿Qué es pues, la procrastinación? Con todo, y a pesar de la definición provista anteriormente, a día de hoy no tengo nada claro qué es realmente la procrastinación: si un comportamiento normal, un trastorno, una enfermedad o un sencillamente un sofisticado eufemismo para que se conoce comúnmente como PEREZA. Ante la imposibilidad de definir con precisión diáfana qué es exactamente la procrastinación, o si realmente merece la pena sacar del cajón un “palabro” para ello, podemos aventurarnos a trabajar en una aproximación al fenómeno, que ahora sí sin lugar a dudas, existe, es real. Quisiera hacer esta aproximación mediante una serie de proposiciones de afirmación o negación sobre qué se supone que es la procrastinación.

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Introducción: ¿qué es la procrastinación?

1.2 Qué NO es procrastinación Quizá al lector le suenen algunas de estas sentencias figuradas de la vida cotidiana: “Llevas años apuntado a tu doctorado y no has presentado ni una tesina, ¡eres un vago!” “Le encargamos esos diseños desde hace días, dijo que los tendría al día siguiente... ya pasó una semana y no hemos visto nada, ¡es usted una persona perezosa!” “Mírate, llevas días con cara embobada delante de una hoja en blanco...¡nunca vas a escribir ese libro, eres un vago!” Lamentablemente supongo que este tipo de frases o similares nos ha tocado a todos escucharlas alguna vez, puesto que todos padecemos de procrastinación en mayor o menor medida. Esto no es algo grave, no somos máquinas perfectas que siempre realizan con eficiencia el trabajo que les encomiendan, nos guste o no. Lo grave son los efectos perniciosos que tiene la acusación de vago en la persona que la recibe.... y que no lo es (vaga, perezosa). Si hay algo que he tenido claro desde el inicio de mis investigaciones sobre el tema, es que no es lo mismo un procrastinador que un perezoso. Por lo tanto, la frecuente 13


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acusación de pereza a un procrastinador es sencillamente injusta. ¿Por qué? Un vago evita el esfuerzo. Intenta “torear” sus obligaciones con el mínimo esfuerzo posible o, directamente, sin ningún esfuerzo. O también, a ser posible, encargárselo a otra persona. Y todo esto sin sentir ningún remordimiento especial. En cambio, un procrastinador no evita el esfuerzo, simplemente selecciona la tarea a la cual dedicarle su esfuerzo y ganas, y se dedica a ella con denuedo. El problema es que con mucha frecuencia esta tarea (que se acaba completando a menudo brillantemente) NO COINCIDE con la que se supone que debería estar haciendo, por obligación. Entonces, podemos descartar que la procrastinación sea igual a pereza, ya que no lleva a una conducta abúlica si no a una evitación de las tareas pendientes (en primera instancia) y a una evasión y enfoque de las energías en otras actividades alternativas e irrelevantes (después). Por otro lado, también sería fácil sentenciar que la procrastinación es un mero fenómeno de distracción. A pesar de que la distracción es un elemento muy presente en la mayoría de perfiles de personas procrastinadoras, incluyendo las que padecen el síndrome de déficit de atención (TDAH, como se mencionará en el capítulo 2.3), se trata en cualquier caso de un efecto periférico. La raíz fundamental de la procrastinación es la evitación, no la distracción. Es decir, alguien que no vacila en ponerse manos a la obra en sus tareas pero que al poco rato le cuesta se distrae y por lo tanto retrasa la finalización de su tarea, no tiene un problema de procrastinación si no más 14


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bien de atención. Por otro lado, alguien que conscientemente posterga la fecha y la hora de trabajar en esa tarea y en su lugar decide trabajar de manera concentrada en otra tarea que le resulta más placentera, sí está procrastinando.

1.3 Qué SÍ es procrastinación Al igual que en apartado anterior, a continuación voy a transcribir una serie de situaciones figuradas pero basadas en las experiencia cotidiana: “Son las diez de la mañana. Estoy sentada ante una hoja de papel en blanco, he de escribir un guión. Pero soy incapaz siquiera de comenzar ¡tengo tantas ideas en la mente que se entrelazan, que es imposible! Voy al bar a tomarme un café para despejarme...” “Hoy en la of icina se me ha ocurrido una idea de negocio estupenda que podría desarrollar cuando llegue a casa, ¡estoy ansioso por hacerlo! Durante el camino a casa, se me ha ocurrido un plan para hacer un pequeño viaje este f in de semana, mejor me ocupo de ello y más tarde me pongo a desarrollar la idea. Al encender la computadora, se me ha encendido la lucecita creativa y me he puesto f inalmente a escribir en mi blog acerca de una frase que escuché en el tren que me hizo reflexionar... f inalmente tras dos semanas ni he empezado a hacer mi plan de negocio ni he 15


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planeado el viaje. Ya pasó demasiado tiempo, no me apetece retomar esos temas...” “Hoy ya tengo todo el material, voy a empezar a pintar mi primer cuadro. Sé que quiero dibujar, expresar... toda mi familia siempre me dijo que tenía talento para la pintura, ¡así que tiene que salir perfecto! A las pocas horas me empiezo a desesperar con un detalle que no ha salido perfecto, y siento que no avanzo en mi cuadro, pero no puedo dejar ese detalle así. Al día siguiente me percato que realmente debo continuar el f in de semana siguiente. Finalmente lo dejé a medias porque no merece la pena invertir más tiempo en esto si no va a salir perfecto” “Acaban de asignarme una tarea en la escuela, un trabajo de 30 páginas, a entregar de aquí a cinco semanas. Al llegar a casa me pongo a ello. Realmente parece una tontería, esto lo puedo escribir en una tarde, así que mejor me voy con mis amigos a jugar y echar más horitas en mi trabajo a tiempo parcial para hacer un dinero interesante. 16


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Cuando me quiero dar cuenta estoy en el día de antes, retomo el trabajo... ahora no recuerdo casi nada de lo que iba a escribir, ¡y realmente se trata de una tarea dif icil! Al f inal tuve que pasar la noche en vela, sometido a unos nervios y un estrés increíbles. Aún así, he sacado una nota más bien buena. ¡¡Podría haber sido excelente si hubiera tenido un día más para trabajarla!!” “Son las nueve de la mañana. Mi esposo ya se fue a trabajar, los niños a la escuela, y yo debería ponerme a planchar una hora y luego salir a hacer la compra para tener el resto del día para mí. Pero no me apetece nada, siempre la misma tarea tediosa, y estoy sola y triste. Lo haré luego, tomaré algo del refrigerador para comer y me tumbaré un ratito en el sofá a ver la tele.” Quizás también el lector o lectora se haya sentido identificado con alguna de estos testimonios ficticios. A excepción del cuarto y último, el resto no refleja un perfil de persona perezosa, que abandona sus tareas para hacer nada o simplemente descansar. Sin embargo, en todos los casos tenemos un denominador común: la postergación intencionada de las tareas que deberían hacer y su sustitución por otras, no menos entretenidas pero sí mucho menos imperiosas: eso es la procrastinación. Una persona procrastinadora puede realmente ser alguien muy eficaz, incluso brillante, pero en las tareas que elige a su antojo según sus gustos e impulsos, no en las que tiene asignadas por otros o por él mismo para realizar porque 17


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son las que realmente “toca” hacer en ese momento. El procrastinador esquiva consciente y sistemáticamente esa tarea obligatoria y la reemplaza por otra que requiere no menos agilidad o esfuerzo, pero que le proporciona más satisfacción y recompensa. Y todo ello a pesar de que sabe racionalmente que esa sustitución, que esa postergación de la tarea necesaria para realizar la placentera le supondrá un problema real en el futuro. Si a estas alturas del libro usted se siente identificada como una persona procrastinadora, debería despojarse de cualquier sentimiento de culpa por creer que es una persona perezosa. Ese tipo de sentimientos negativos son inútiles porque son básicamente un obstáculo para cualquier proceso de transformación personal hacia un estado mejor. Pero tampoco hay que caer en la trampa del polo opuesto: como se qué tengo, tiene un nombre exótico y no es pereza, puedo relajarme en la auto-indulgencia y la auto-complacencia y no esforzarme en iniciar ese proceso de transformación y evolución que me conduzca a, sencillamente —¡y tan difícil a la vez!— ser mejor persona.

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1.4 ¿Es malo, doctor? A la hora de evaluar la procrastinación, existen corrientes de opinión que consideran que no solamente no es una enfermedad o un trastorno, si no que, al contrario, la procrastinación es una peculiaridad de algunas personas de la que se puede sacar provecho. Es lo que se ha venido en denominar la “procrastinación productiva”. Esta mentalidad es optimista y en cierto modo loable, ya que trata de pensar en positivo y ver en los supuestos defectos potenciales virtudes. No entraré —de momento— en esta discusión. En un plano más tangible, en una realidad que cada uno de los lectores de este libro puede contrastar en su entorno, podemos observar a diario las consecuencias de la procrastinación. No de las actitudes procrastinadoras puntuales, leves, que se manifiestan en una abrumadora mayoría de nosotros, si no en cómo ha influido en aquellas personas en las que la procrastinación ha jugado un papel intenso, clave, omnipresente en sus vidas. Así, podríamos realizar un breve listado de fenómenos visibles en la sociedad que podrían ser achacados en mayor o menor medida a la procrastinación, a saber: • Obesidad localizada debida a la dejadez, al descuido de la dieta y la falta de constancia en el ejercicio físico. • Carreras profesionales y/o académicas truncadas o abandonadas. • Proyectos artísticos inacabados • Trabajos en equipo arruinados • Grandes ideas que llegan tarde 19


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• Dificultad en abandonar el tabaquismo • Ineficacia en las administraciones públicas • Baja productividad en las empresas y así podríamos continuar este listado algo más. Visto así, está claro que la procrastinación es un mal que debería erradicarse de la sociedad, o al menos mitigar sus efectos. La gran mayoría de los lectores de procrastinacion.org se expresan en esa línea, manifestando retiradamente su pesar y lamentándose de los estragos que ha hecho su actitud procrastinadora en sus proyectos vitales. A cambio, los argumentos que se esgrimen en favor de la procrastinación no están faltos de razón. No son pocos los que afirman que grandes obras fueron creadas en momentos lúcidos de procrastinación de sus autores: artistas, científicos en potencia o en ejercicio que en un arranque de libertad creativa supieron postergar o abandonar sus tediosas pero útiles tareas y dar rienda suelta a sus ideas. Realmente esto es cierto en algunos casos, notables o anónimos. Podríamos mencionar por ejemplo el de Alexander Fleming, que gracias a que procrastinaba la limpieza de sus placas de microscopio descubrió la penicilina (que no era el proyecto de investigación en el que estaba centrado cuando lo hizo). Una curiosa muestra de este tipo de visión optimista de la procrastinación sería la del profesor de filosofía norteamericano  John Perry, con su idea de la Procrastinación Estructurada. En su breve artículo, Perry expone que los procrastinadores, lejos de ser meras personas perezosas, son ciudadanos útiles a la sociedad, ya que se entregan con eficiencia y devoción a sus tareas, mientras éstas no sean las importantes. Es decir, si el procrastinador se arma con la tradicional agenda o lista 20


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de tareas (por supuesto ordenadas según su importancia) la usará para centrarse en las últimas tareas de esa lista. La idea de Perry es que el procrastinador, para sentirse cómodo, buscará centrarse en tareas secundarias. Entonces, el “truco” de la procrastinación estructurada consistirá en engañarse a sí mismo y, para cuando se acerque la fecha límite de la tarea realmente importante a realizar, imponerse una nueva aparentemente más importante. Así, el procrastinador evitará esta nueva tarea y tendrá más probabilidades de dedicarse a la secundaria (que es la que realmente se busca completar). Esta teoría, aún basándose en experiencias reales de procrastinadores (el propio Perry se confiesa como uno de ellos) no se ha podido obviamente contrastar de una manera sistemática. Quizá ello sea la causa de que en el año 2011 se le concediera un premio Ig Nobel. Creo que ambas “corrientes de pensamiento” (la procrastinación como calamidad o como oportunidad) no son mutuamente excluyentes y que complementándolas podemos estar en la vía de una “especie de “solución de compromiso” para el problema de la procrastinación. Como veremos más adelante, todo parece indicar que erradicar la procrastinación del cerebro humano como si se tratara de un quiste molesto es una quimera, y que tenemos que aprender a vivir con ella en un proceso nada sencillo de domesticación. En ese sentido sí se podrían hacer paralelismos con algunas enfermedades mentales catalogadas, que requieren de terapia psicológica prolongada y/o tratamiento farmacológico. Aprender a reconocer la procrastinación no como una enfermedad si no como un handicap que está ahí pero que no tiene porqué acabar amargándonos la vida es un 21


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reto asequible para la mayoría de los procrastinadores y una posible ventana abierta para su superación.

1.5 El ciclo de vida de las tareas “Vaya, la jornada está a punto de concluir y al f inal no he enviado ese presupuesto que me habían solicitado por la mañana. Si lo envío ahora, el cliente de todos modos no lo leerá hasta mañana, así que lo dejo para mañana por la mañana.” (al día siguiente:) “El día empezó con una emergencia inesperada y al f inal está a punto de f inalizar la mañana y todavía no he enviado ese dichoso presupuesto. Ya es la hora de almorzar, de todos modos no lo leería ahora, lo haré por la tarde...” (ese mismo día por la tarde:) “¡Demonios! se me ha vuelto a pasar el día y al f inal no le mandé el presupuesto. Bueno, si pudo esperar un día y no ha reclamado, podrá esperar otro. Mañana por la mañana a primera hora lo redacto y se lo envío” 22


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(al cabo de una semana:) “¡Madre mía, qué despiste! Tenía que haber enviado un presupuesto hace una semana... ahora tengo un rato para hacerlo, me pongo a ello. Si ha esperado siete días, esperar uno más no hará mucha diferencia. Pero ahora ya casi no me acuerdo de qué solicitaba, y me da reparo llamarle ahora para preguntárselo... así que si lo empiezo ahora en estas condiciones, me quedaré atascado y sin poder f inalizarlo fácilmente, así que mejor voy a repasar los e-mails de ayer por la tarde que eso sí lo tengo fresco...” “Acabo de cambiar de trabajo, y se avecinan las vacaciones de Navidad, así que voy a tener que dejar de acudir a las clases de la auto-escuela durante unas pocas semanas. A mediados de Enero lo retomo...” (a f inales de Enero:) “¡Vaya! ya estamos casi en Febrero y no he vuelto a poner un pie en la auto-escuela. Además me acabo de enterar de que han cambiado al profesor y será casi como empezar de nuevo... bueno voy a esperar una semana más para mentalizarme y retomarlo con más ganas...” 23


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(a mediados de Febrero:) “¡Qué días tan atareados! Estoy dejando el tema de acudir a la auto-escuela abandonado, los compañeros con los que solía ir ya aprobaron su examen y si regreso ahora estaría sola... ¡qué contratiempo! Y ahora mismo me encuentro demasiado cansada y agobiada por el trabajo y la familia, voy a tomarme un tiempo de descanso y reflexión...” (a f inales de Abril:) “Bueno, ahora me encuentro un poco más relajada, pero me da bochorno volver ahora a la auto-escuela, que he ido pagando todo este tiempo... creo que mejor a partir de esta misma noche estudiaré mi libro y lo prepararé por mi cuenta...” En una situación como las hipotéticas (pero frecuentes) descritas más arriba, lo más habitual es que la tarea que quema en las manos durante tanto tiempo acabe en el olvido, abandonada. Y es que cuanto más se deja de lado una tarea perentoria, cuanto más se aplaza un proyecto, más probabilidades tiene de que sea el primero en volver a aplazarse en un futuro.

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“Cuanto más de aplaza una tarea, más posibilidades tiene de volver a ser aplazada en el futuro” Los proyectos y las acciones o tareas que las componen tienen un ciclo de vida, que se correspondería aproximadamente al dibujado en el siguiente gráfico, donde se representa la “vitalidad” de una tarea versus el tiempo transcurrido desde su inicio o planteamiento:

Figura 1. Gráfico que muestra cualitativamente la evolución de la motivación o "frescura" de una tarea a medida que pasa el tiempo. A partir del momento que cruza el "umbral de abandono" la probabilidad de retomar dicha tarea será mínima.

Cuando un proyecto o tarea se inicia, ésta nace con un cargamento de motivación que se desvanece exponencialmente con el tiempo. A este efecto desmotivante hay que sumarle 25


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otros factores que contribuyen a restar “frescura” a esa tarea, como la sensación de bochorno de tener que afrontar una tarea que parece tener personalidad propia y a la que tememos que, cuando la volvamos a abrir, nos apunte con su dedo acusador preguntándonos: “¿Por qué me has abandonado?” Ante semejante circunstancia, nuestro cerebro reacciona de la prácticamente única manera que sabe: protegiendo nuestro Ego y por lo tanto poniendo en marcha ese poderoso mecanismo de defensa llamado la autojustificación. Así, se generan toda clase de argumentos que nos van convenciendo de que realmente no estamos haciendo mal, que no estamos abandonando esa tarea, que incluso esa tarea tenía algo defectuoso y que a la postre es ella misma la culpable de su propio abandono. Lamentablemente, al ser ésta la reacción más común y natural, acaba siendo la más habitual, se realimenta a sí misma y acaba condenando a ese proyecto o a esa tarea al olvido, al abandono o en el mejor de los casos a un limbo de indefinición. Obviamente ninguna de estas situaciones se pude considerar exitosas, a menos que realmente ese proyecto o tarea sean verdaderamente innecesarias, accesorias y por tanto sea una buena decisión haberse deshecho de ellas a tiempo. Una tarea o proyecto inicia su caída de motivación o “frescura” rápidamente a medida que pasa el tiempo justo después de su concepción, encargo o inicio. Así, tarda relativamente poco en cruzar su umbral de motivación. A partir de ese momento, la tarea se degrada aún más rápidamente y pasa a pertenecer a otra categoría, la de “cosas que ya haré cuando pueda”. Más allá de este estadio y a medida que el tiempo sigue pasando, la velocidad de degradación se relaja, ya que parece que un día más de postergación, en comparación con el tiempo que lleva aplazada, no va a añadir mucho más daño. Sin embargo este 26


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mismo efecto induce otro más perverso: como ya ha pasado mucho tiempo desde que tuvo que haberse realizado, esa tarea cada vez más nos va a reportar menos recompensa a cambio de completarla, así que no parece muy útil invertir demasiada energía en ella. De este modo se cierra el círculo vicioso y la tarea pasa al siguiente estadio que es el de pre-abandono o directamente abandono. “Una tarea pierde rápidamente su frescura justo después de haberse originado, y la energía necesaria para retomarla aumenta exponencialmente con el tiempo” En resumen, y en términos relativos en una escala arbitraria de tiempo, cuando dejamos una tarea en suspenso el doble de tiempo del previsto, la energía (motivación) que necesitaremos para retomarla será el cuádruple y la recompensa que nos proporcionará completarla será la mitad. Una manera práctica y efectiva de evitar estas “espirales del abandono” de los proyectos podría consistir en revitalizarlos artificialmente, mientras se esté a tiempo de ello. Debido a que las ideas tienen, de manera natural, un crédito de motivación que surge al inicio y que solo se puede administrar a medida que se va apagando, los sucesivos “empujes” que habría que proporcionar para evitar que el paso del tiempo las atrape ya por debajo del umbral de motivación mínimo para desbloquearnos y hacer que pasemos a la acción y pongamos manos a la obra, se han de considerar necesariamente como artificiales. Esto no tiene que tomarse como algo negativo, solo ha de ser útil para ser conscientes de que tendremos que 27


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tener a mano siempre una especie de caja de herramientas de automatismos que se encarguen de inocular la necesaria y suficiente frescura a nuestros proyectos. Y me refiero a ello como automatismos precisamente para evitar que se acabe postergando la tarea de refrescar una tarea postergada (un “inferno” procrastinador). ¿Qué métodos son éstos? ¿Qué podemos hacer para refrescar una idea, un proyecto, una tarea? ¿Qué técnicas pueden resultar efectivas para ello? Evidentemente, no existe una fórmula mágica o estándar que se pueda aplicar universalmente para este problema. A continuación se plantean algunas que pueden ser útiles, o que al menos se pueden someter fácilmente a la práctica o al sentido común para verificar su efectividad: Cambiar el entorno y la interfaz de la tarea abandonada. ¿Qué significa esto? A menudo cuando se decide (internamente a regañadientes) retomar una tarea afectada por el abandono, uno de los primeros impulsos de huída que podemos padecer se produce al reconocer el entorno sensorial que acompaña a dicha tarea. El mismo papel, el mismo archivo, software, lugar de trabajo, hora del día, etc. que parece haber estado ahí esperando de manera perversa a que nuestro derrotado ego regrese humillado a postrarse a sus pies. Pues bien, cambiemos entonces ese entorno sensorial, a fin de cuentas es el contenido de la tarea lo que tenemos que afrontar y no sus circunstancias. 28


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Así, los ejemplos hipotéticos presentados anteriormente (el presupuesto y la autoescuela) se podrían haber revitalizado cambiando su entorno, a saber: se puede escribir ese documento con una nueva herramienta, o incluso solamente con un nuevo aspecto o tipografía: algo que represente una novedad lo suficientemente estimulante como para que no nos recuerde el aspecto que tenía esa tarea cuando la iniciamos y por lo tanto no nos recuerde su falta de frescura. También se podría vencer la sensación de bochorno solicitando ayuda a un compañero para que contactara al cliente afectado por el “abandono” a propósito de otro asunto y aprovechara para retomar el tema del presupuesto y presentarlo como si se tratara de algo nuevo y relacionado (poniendo así “a cero” el contador de tiempo de nuevo). En el caso del abandono a la asistencia a la autoescuela se puede también solicitar la ayuda de amistades que quizá les interese en ese momento iniciar sus propias clases (obteniendo así nuevos compañeros “frescos” que nos ayudarán a tirar del carro de nuevo), se puede incluso reiniciar el proyecto en una autoescuela distinta (a menos que ello suponga una pérdida de dinero notable), para asociar ese proyecto a un nuevo entorno más estimulante y desprovisto de sensaciones o pensamientos negativos que nos inciten a la huida. Dedicar periódicamente y de manera obligatoria un tiempo solamente a tareas o proyectos “viejos”. Ésta es una medida que puede resultar muy efectiva sin embargo es también la más controvertida, por varios motivos. El primero es que los consejos para el procrastinador expresados en términos de “ponerse obligaciones” suelen caer en saco roto, ya que esas mismas imposiciones acaban inexorablemente cayendo devoradas en el remolino de la procrastinación una 29


La procrastinación: Una epidemia de nuestros días

y otra vez. Por otro lado, revivir proyectos “viejos” tiene una serie de riesgos asociados que no se pueden despreciar. Para empezar, hay que evaluar de la manera más objetiva posible si esos proyectos siguen mereciendo la pena antes de invertir cualquier energía en ellos. Es muy probable que el fruto de esas tareas ya no sea interesante (ha pasado de moda, el cliente se buscó otra solución alternativa...) y aunque resulte doloroso es algo que hay que encajar y contabilizar en la cuenta de nuestros irremediables fracasos, e integrarlos de la manera más positiva posible. De manera análoga, a menudo nos podemos sorprender de la capacidad de resurrección que pueden llegar a tener esos proyectos y lo agradecidos que son las tareas aplazadas una vez retomadas con firmeza. Esto es algo sin duda positivo pero no podemos olvidar que cualquier proyecto es una fuente inagotable de nuevas tareas que irán naciendo con fuerza y que requerirán de nuestra atención, y que se añadirán a nuestra larga lista de tareas pendientes; cada una de ellas con su ciclo de vida de perfil descendiente. Esto puede causar una notable sensación de estrés, por lo que antes de programar sistemáticamente una cita (semanal, por ejemplo) dedicada a retomar temas que se habían enfriado, hay que mentalizarse y afrontar esos temas con una clara estrategia de simplificación para que las tareas revividas no lo hagan paradójicamente con una vitalidad exacerbada. Así mismo, ese momento que dediquemos sistemáticamente a retomar asuntos pendientes “viejos” ha de ser un momento especial cuidadosamente preparado para la ocasión. Ese momento tiene que estar rodeado de todo tipo de inputs positivos y motivantes. Por ejemplo, puede ser un viernes con la perspectiva de un fin de semana de descanso, escuchando música que nos guste (pero que no sea la misma que solemos escuchar habitualmente) y en general rodeado de cierto 30


Introducción: ¿qué es la procrastinación?

ambiente lo suficientemente distendido como para quitarle cualquier aroma de tiranía pero lo suficientemente desprovisto de distracciones como para considerarlo un momento de ocio. Así pues, del mismo modo que al principio de este apartado se narraban situaciones hipotéticas de personas atrapadas en la trampa de sus tareas abandonadas, podríamos narrar situaciones similares en las que sus protagonistas están en la vía de desbloquearlas, a saber: “Hace tiempo que empecé a pintar un cuadro para regalar a un buen amigo mío pero hace meses que está a medio hacer, me siento mal cada vez que quiero retomarlo. Cada viernes por la tarde suelo juntarme con él para tomar unas copas y charlar. Sin embargo, este viernes le he llamado con una excusa para no quedar y a cambio voy a estar con él dedicando la tarde a seguir acabando su cuadro. Para ello, me llevaré el lienzo y unas pinturas nuevas que acabo de comprar a casa de otro amigo, para concentrarme en la pintura en un entorno nuevo mientras este otro amigo mío trabaja al lado mío en el guión de su propia película.” “Hace muchos meses que en la empresa estamos aplazando un curso de formación vital para el reciclaje tecnológico de los empleados porque tenemos mucha faena que sacar adelante en el día a día, pero si no nos reciclamos nuestro futuro está hipotecado. Vamos a organizar un f in de semana especial, donde todos los empleados puedan acudir 31


La procrastinación: Una epidemia de nuestros días

con sus familias a una residencia en el campo y organizar allí la formación, libres de llamadas telefónicas y mientras combinan momentos de relax con aprendizaje y confraternización con el resto de la plantilla” Evidentemente estas dos situaciones hipotéticas han de producirse en el contexto adecuado para que puedan prosperar, y a menudo requieren del concurso de una tercera parte, de un colaborador necesario para poder materializar dichas ideas. En el segundo ejemplo, si no existen una serie de empresas de servicios encargadas de ofrecer soluciones atípicas como la planteada, las ideas se pueden que dar en solamente eso. En resumen, merece la pena reconectar con nuestras ideas, nuestros proyectos, nuestras tareas... dándoles frescura y revitalizándolas, limpiándolas de aquellos aspectos que las hagan presentarse ante nosotros como feos lastres que nos impulsen a huir de ellas. Es posible que descubramos en la mayoría de casos que ya no merecen la pena pero también es posible que dándoles una nueva oportunidad éstas puedan acabar condensándose en brillantes realidades de consecuencias positivas sorprendentes.

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La procrastinación: capítulo 1  

Muestra del primer capítulo de lo que será el libro "La procrastinación: una epidemia de nuestros días", del autor Ignacio Lirio (Publicar E...

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