Prosofagia 15, abril 2012

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Número 15. Abril 2012 Colaboradores

Dirección Elisabet Com ité editorial Boris Rudeiko, Elisabet, Esther, pepsi Editores Boris Rudeiko, Elisabet, Esther, Gabi, Gothian, pepsi Diseño e imagen

Secciones . Hu mor Gr á f ico . Nelo . S e a bu e n Alba ñil . Boris Rudeiko . Liter at ur a y Tecnologí a Digita l . zoquete

pepsi y Plásido P ubl ic id ad y comu n ic ac ión

. S obr e l a L i t e r at u r a . Elisabet

Esther

La Redacción no se hace responsable de las opiniones expresadas por los colaboradores.

Se prohíbe la reproducción de las imágenes y los contenidos publicados sin el consentimiento de su autor. Para la reproducción total o parcial de algún texto o imagen, se ruega contactar con la Redacción a:

© Prosofagia, 2011

prosofagia@prosofagia.com

Daniel Seller Suárez, José Luis Jaime Cortés, José Manuel Solana, Mayca Cruz Pedraza (Mycure11) (Fotografía) Mariano Mandil (Randal) (Crónica) Francisco Expósito, Natalia Rubio Losada (Natts), Rosa Gil, Xavier Carrascosa (Artículos) Sergio José Martínez Valls (Valls) (Reportaje) Edgardo Benítez, Felipe Fernández Sánchez, Manuel Jorques Puig, María José Schamun, (Cuentos y Poesías) Ángel Vela (Palabras), Félix Morales Hidalgo, Javier Sosa Garduño, «Colectivo Sevilla Escribe». Ángela Puigdueta, Azucena Izquierdo, Dolors Arró, M. Carme Gallo «Grupo Les Anàstasies». (Dossieres) A g radecimientos Hernán Casciari


E D I TOR I A L El 23 de abril del año 1616 murieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Gómez Suárez de Figueroa, apodado el Inca Garcilaso de la Vega. La Unión Internacional de Editores propuso a la unesco tomar la fecha como Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, que se celebra cada año desde que la Conferencia General de la unesco la aprobara en París, en noviembre de 1995. Prosofagia, fiel a nuestra cita con los lectores, hubiera querido celebrar esa fiesta publicando el número 15 el mismo día 23 de abril, pero por razones que se escapan a nuestra voluntad lo hacemos con unos días de retraso, felices de haber cumplido tres años desde aquel número 1, de abril de 2009. En este número 15 incluimos como tema central «Las Tertulias Literarias», tema apasionante del que tanto se ha escrito y sobre el que aún se podrían escribir varios tomos, como indica nuestra compañera Esther en uno de sus dos artículos. Además de nuestras habituales secciones de Humor ­gráfico, Literatura, Sea buen albañil, Literatura y Tecnología Digital y otros artículos varios, publicamos una selección de relatos y poesías de colaboradores externos, que llegaron a nuestra redacción, con el objetivo de brindar una oportunidad a aquellos autores noveles que desean dar a conocer su obra más allá de sus propios blogs. Sin más, esperamos que disfruten de nuestras páginas y que hayan tenido un feliz Día del Libro.

L a R ed a cc ió n


Índice de Contenidos

Secciones

(Pág. 6)

•Humor Gráfico (Pág. 8)

Recién nacido

por Nelo (Manuel Pérez Recio)

•Sea B uen A lba ñ i l Las comillas y el punto por pepsi

(Pág. 10)

Los diálogos en narrativa

(Pág. 16)

por Gothian (Fernando Castellano Ardiles)

• Literatura

y

Tec n o lo g í a D i g i ta l

Books y ebooks: sobre precios, necios y valor

(Pág. 22)

por Natts (Natalia Rubio Losada)

•Sobre

la

Literatura

Leyendo a Barthes: Análisis del relato II

(Pág. 30)

por Elisabet

Entrevistas y artículos

(Pág. 36)

Crónicas mínimas por Randal (Mariano Mandil)

(Pág. 38)

Reportaje Necroslogía: the making-of por pepsi y Valls

(Pág. 44)

Entrevista a Hernán Casciari por Elisabet y Esther

(Pág. 58)

Se admiten adultos por Rosa Gil

(Pág. 66)

Cómo engañar a un lector editorial por Xavier Carrascosa

(Pág. 70)

Por qué escribir ciencia ficción por Elisabet

(Pág. 76)

prosofagia - número 15 - abril 2012


Índice de Contenidos

Cuentos y poesías

(Pág. 84)

Memento mori por Manuel Jorques Puig

(Pág. 86)

Al cruzar la calle por Felipe Fernández Sánchez

(Pág. 90)

Organización por María José Schamun

(Pág. 94)

Reflejo de arena por Jonatan Jorge Guille

(Pág. 96)

Los suicidios del tiempo por Edgardo Benítez

(Pág. 100)

Tertulias Literarias Sevilla escribe: un colectivo literario

(Pág. 104) (Pág. 106)

por Félix Morales Hidalgo y Javier Sosa Garduño

«Amor hipermoderno» por Félix Morales Hidalgo «Ian» por Javier Sosa Garduño «Para el papá de Laurita» por Ángel Vela (Palabras)

(Pág. 111) (Pág. 112) (Pág. 113)

Comunidades literarias I por Esther

(Pág. 116)

Comunidades literarias II por Esther

(Pág. 124)

Les Anastàsies por Azucena Izquierdo «Te espero amor» por Ángela Puigdueta

(Pág. 132) (Pág. 137)

«Haikus» y «Desamparo» por Azucena Izquierdo «Dos haikus» por Dolors Arró

(Pág. 138)

«Tres haikus y un poema» y «Ay, niña» ­

(Pág. 140)

por M. Carme Gallo

Un poco de historia por Francisco Expósito

(Pág. 139)

(Pág. 142)

número 15 - abril 2012 - Prosofagia


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prosofagia - número 12 - febrero 2011

Palacio de Comares, La Alhambra, Granada, España. Foto de José Manuel Solana


Secciones

nĂşmero 12- febrero 2011 - Prosofagia 7

Revista Literaria prosofagia - nĂşmero 15 - abril 2012


Revista Literaria PROSOFAGIA

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prosofagia - nĂşmero 15 14 - abril diciembre 2012 2011


humor gráfico Manuel Pérez Recio (Nelo) Escritor. O el sueño de un idiota con un lápiz en la mano. número número 14 - diciembre 15 - abril 2012 2011 - Prosofagia 9


Revista Literaria PROSOFAGIA

Revista Literaria PROSOFAGIA

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prosofagia - número 15 - abril 2012

El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria, España. Foto de Daniel Seller Suárez


Las comillas y el punto

comillas y el punto

pepsi

Porque si una imagen vale mil palabras, me parece muy poco no mirar una palabra menos de dos veces.

sea buen albañil

Las

T

iene la página del libro una imagen, esa mancha mágica que podemos leer. Nuestro hábil cerebro es capaz de extraer del negro de la tinta y de los blancos del papel todo el color de las historias que imagina el escritor. Y la belleza de sus letras, de su arte de escribir nos llega a través de los mínimos letragramas que pican cada línea y que generan esa ficción proyectada en nuestra mente. Letras que se abren, suben o rascan la línea inferior, se unen y luego juntas se alejan, ponen comas de por medio o puntos que envalentonan y hacen crecer a la siguiente letra que buscará también su palabra. Algunas de estas palabras son tan discretas que se refugian en los paréntesis, o porque no son plenamente aceptadas por las que las preceden, a otras les gusta ser destacadas en las comillas o decirnos, a veces ellas mismas, que vienen de diferente lugar, quizá de un periódico local o de un exótico libro, o de alguien que dijo por ahí… Sin dudar, al leer lo sabremos de la misma forma que identificamos un cambio de escena por su fundido en negro, perdón, de párrafo por su sangre en blanco, o sea: por lo que no vemos. Mejor dicho, por lo que no repa­ ramos en ver pero está. Y es cuando escribimos cuando se nos plantean las mil y una preguntas sobre lo que tantas veces hemos visto. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 11


Las comillas y el punto ¿Cómo cierro esa frase entrecomillada al final de un enunciado? Parece casi el título de un thriller. ¡Y yo que quería escribir una historia de amor! Rebobinando en la memoria, visionaremos frases finales entrecomilladas que ter­ minan con su punto dentro y otras, no menos finales, con el punto fuera. Nada me­ jor que someter mis oraciones a un careo en modo plano/contraplano para captar sus diferencias. Os propongo resolver conmigo el extraño misterio de los pomelos rosados: Llamé esta mañana a Lucas y le dije: «Cuando vengas a casa, no te olvides de traerme las recetas de la farmacia. También un kilo de naranjas para zumo». Frente a:

Ana me llamó a la oficina, cree que soy su esclavo: «Cuando vengas a casa, no te olvides de traerme las recetas de la farmacia. También un kilo de naranjas para zumo» (yo también había pensado en comprar, no naranjas, sino pomelos rosados que me gustan más que las putas naranjas). «Pero no piensas volver.» De lo primero que podemos echar mano es de la socorrida comisaría, o de la ­Ortografía de la lengua española, en la que nos toparemos con este cartel en el capí­ tulo del uso del punto con los signos dobles: Advertencia Nunca debe escribirse un punto de cierre de enunciado delante de un signo de cierre de comillas, paréntesis, corchetes o rayas.

Pero como buenos investigadores privados o escritores habituados a documen­ tarse no podemos conformarnos, y buscamos también en las funciones de los sig­ nos dobles: «Los paréntesis son un signo ortográfico doble que se usa generalmente, aunque no de manera exclusiva [subrayemos mentalmente esta observación como indicio de algo más que deberíamos investigar, la rae en su ortografía nos está acos­ tumbrando a “desentrañar” más que leer de corrido]1, para insertar en un enunciado una información complementaria o aclaratoria». Parece que la ortografía usual se nos queda escasa. Podríamos sumergirnos en la gramática, a buen seguro encontraremos cumplida respuesta a nuestras dudas, aunque también es cierto que la gramática no se puede ver en un capítulo sino como un estudio continuado de todos los elementos del lenguaje y sus combinaciones. Algo así como acudir con nuestras comillas al Tribunal Supremo a repasar toda la jurisprudencia. ¿No podrá existir alguna técnica aplicada de la ortografía para exculpar mis fra­ ses? Entonces me acordé de la ortotipografía. Una especie de csi de los libros. Ca­ paz de diseccionar todas sus partes, desde el mismo soporte físico a la clasificación y separación de sus partes tipográficas y gráficas. Marchemos, pues, tal vez por ­Horatio Caine… Mejor en pos de José Martínez de Sousa (v. Wikipedia) y hagamos un resumen de su informe oficial sobre la situación de las comillas y el punto (lo mismo que el paréntesis o el corchete y el punto) cotejando con el drae y la orae (ib.) nos encontramos: 12

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Las comillas y el punto La Academia en la ortografía trata el tema por primera vez en orae99 y mantiene en la actual (orae2010) que el punto se coloca siempre detrás de las comillas, corchetes o paréntesis, puesto que son signos delimitadores de inciso o segundo discurso, pero no contempla esos signos dobles como signos autóno­ mos en esa concreta determinación so­ bre el punto.

Que el punto que utiliza el cita­ dor nunca es de la copia (Melús y Millá, ­Martínez Sicluna, Ramos Martínez, ­Mejía, Lasso de Vega, Martínez de Sousa…).

La Academia determina el punto como el signo ortográfico con el que se indica, entre otras Como signo de puntuación, la función princosas, el fin del cipal del punto consiste sentido gramati­ en señalar el final de un —que no sea cal y lógico de un enunciado interrogativo o exclamatiperíodo o de una vo—, de un párrafo o de un texto. Lo complementa sola oración, tan­ en esta función delimitadora la mayúscula, que to en su definición marca siempre el inicio de (desde drae92) estas unidades. El correlato del punto en la cadena como en sus nor­ oral es una pausa de exmas de escritura: tensión variable, pero en

Lasso de Vega (1976): Si las comillas comienzan en párrafo, han de terminar­ lo y, por lo tanto, el punto ha de ir den­ tro de ellas; si no lo comienzan, tampoco han de terminarlo y las comillas se colo­ can antes del punto.

todo caso muy marcada (orae2010).

[…] con lo cual, si el texto entrecomillado no forma una oración por sí mismo sino que es parte de otra oración, o si, formándola, es parte de un período, este no queda cerrado si el punto no va después de las comillas, puesto que el texto entrecomillado no es el todo (el período), sino una parte del todo. Por ello cuando el texto entrecomillado o colocado entre paréntesis es independiente o autónomo (empieza y termina dentro de las comillas, los paréntesis o los corchetes), el punto va dentro de los respectivos signos de cierre (J. M. de Sousa).

sea buen albañil

Una teoría soste­ nida por algunos tra­ tadistas tipográficos (Melús y Millá [1940], Martínez Sicluna [1945], Mejía [1973]) según la cual si el punto «es de la copia», debe ir dentro de las comillas, cualquiera que sea la forma en que estas comienzan.

Las reglas prácticas para poner el punto dentro o fuera, serían: a. si el texto entrecomillado comienza a principio de párrafo o después de punto o signo que haga sus veces, el punto ha de colocarse dentro de las comillas (es decir, que estas abren y cierran el texto); b. si el texto entrecomillado comienza después de dos puntos, coma, puntos suspensivos (no equivalentes a punto) u otro signo que no ejerza funciones de punto o en ausencia de signos de puntuación, el punto ha de colocarse después de las comillas de cierre (es decir, que estas no han abierto el período o la oración y, por lo tanto, tampoco lo cierran) (J. M. de Sousa). número 15 - abril 2012 - Prosofagia 13


Las comillas y el punto Del interrogatorio a las frases se desprenderá la declaración anterior de Sousa: «No quiero volver a verte.» Después cerró de golpe la puerta de su casa. (Creo que estaba muy enojada.) —¿Es usted una oración independiente? —Sí, vengo sola, y aunque me dijo Ana al pie de la letra no me confundan con: «No quiero volver a verte», me dijo Ana. —Bien, firme aquí que se declara texto entrecomillado a principio de párrafo, que ha abierto y cerrado su propio período, le garantizamos que no perderá sus derechos de cita textual.

Sus palabras fueron estas: «No quiero volver a verte». Después cerró de golpe la puerta de su casa (creo que estaba muy enojada).

—¿Y usted? —Yo vengo con: Sus palabras fueron estas:… —Para que conste, la oración sospechosa declara: «Que siendo entrecomillada comenzó después de dos puntos», y que su mayúscula inicial es propia de su naturaleza de cita textual. Prueben a interrogar igualmente a los paréntesis.

Para completar y resolver otro problema que puede plantearse con el uso de las comillas, paréntesis y corchetes en concurso con los signos de puntuación: ¿debe añadirse punto si el texto entrecomillado termina con un signo de entonación (inte­ rrogación o exclamación)? Naturalmente, el punto debe colocarse, además del que ya llevan estos signos, ya que, aunque estos normalmente ejercen oficio de punto final, pierden esa cualidad cuando después de ellos aparece otro signo que neutraliza esa función. De hecho, si ese punto no se colocara, la oración o el período así puntuados carecerían de punto final, razón por la cual, aunque a algunos les parezca redundante (no lo es), debe colocarse el punto final (J. M. de Sousa).

Veamos el caso con el que Martínez de Sousa nos lo esclarece: Aquel texto lo expresaba así: «¿Se acuerdan de las pintadas que decían “¡Basta ya de ‘pintadas’!”?». Si, como en este caso, el entrecomillado con comillas latinas comienza después de dos puntos, el punto debe ponerse, ya que ni el punto de la exclamación ni el de la interrogación ejercen funciones de punto, al haber sido neutralizados, el primero por las comillas inglesas, y el segundo por las latinas. Es indudable que se da una acumulación de signos poco habitual, pero cada uno de ellos cumple su función y ninguno es eliminable (J. M. de Sousa).

Respecto al misterio de los pomelos, caso resuelto: «Es que había mucho tráfico y todas las farmacias estaban cerradas», me dijo y no le creí («¿por qué habrá vuelto siquiera?»). Así que le contesté: «Pues te quedas fuera como el punto de estas comillas». (Los pomelos rosados sí entraron con el punto.) Recomendamos a Lucas, si quiere entrar, que sustituya las comillas por un ramo de rosas y una sentida declaración de amor. O por unos diamantes, como signo doble no tienen parangón. pepsi 14

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Las comillas y el punto

referencias bibliográficas Martínez de Sousa, José: Ortografía y ortotipografía del español, 2.a ed., corregida. Ediciones Trea, Gijón, 2008. Ortografía de la lengua española. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Espasa Libros, Madrid, 2010. Diccionario de la lengua española, 22.a edición, versión en línea (http://buscon.rae.es/draeI/), Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2011.

El Capricho de Gaudí, Comillas, Cantabria, España. Foto de Daniel Seller Suárez

sea buen albañil

notas 1 Es lógico este modo de lectura y no una crítica a un trabajo bien hecho. El español no es un lenguaje cargado, sobrecargado de normas, como pudiera creerse erróneamente. Precisamente es la minimización de una forma estricta (frente a la que pueden usar otros idiomas) la que predispone, muchas veces, a una interpretación particular, a errores (algunos, sostenidos en el tiempo), incluso a una «rebeldía» del usuario de la lengua cuando no encuentra una regla tajante establecida. La nueva Ortografía de la lengua española [Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010] da un paso al frente en la defensa, esta defensa, con una «ortografía razonada» para nuestra lengua.


Revista Literaria PROSOFAGIA

Revista Literaria PROSOFAGIA

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Escalera, Palacio de Carlos V, La Alhambra, Granada, España. Foto de José Manuel Solana


Los diálogos en narrativa

diálo g os narrativa Gothian

(Fernando Castellano Ardiles)

E

scribir diálogos es un reto, todo escritor lo sabe. Hay quienes los evitan como a la peste negra y otros que abusan de ellos. Una narración impecable se empaña si los diálogos son forzados, inverosímiles, no se entiende quién interviene o todos los personajes hablan igual. Una línea mal dicha, perdón, escrita, rompe la dinámica de la lectura y el castillo de naipes se viene abajo.

sea buen albañil

Los en

El buen escritor de diálogos consigue con una simple frase lo que en narración podría llevar párrafos enteros. No es sencillo. Muchas veces se requiere construir diá­ logos que sobrepasan a la experiencia personal del autor. ¿Cómo voy a interpretar a un personaje con desequilibrio mental si no padezco dicho mal ni soy psicólogo, por poner un ejemplo? O bien, ¿cómo voy a interpretar al miembro de una tribu africana si nunca he conversado con uno? La puerta trasera, y el mejor aliado de los escrito­ res, es la imaginación. Pero la imaginación no siempre es suficiente: invariablemente habrá psicólogos y trotamundos para desenmascararnos. El buen dialoguista debe ser capaz de interpretar a cualquier persona sin importar su clase social, nivel educativo, edad o condición mental y salir bien librado; y con salir bien librado me refiero a tres cuestiones: 1) Coherencia con el perfil del personaje. Mejor aún: potenciar ese perfil. 2) Verosimilitud con el entorno y la escena descrita. Y aquí considero importante aclarar algo. Muchos de ustedes habrán escuchado que la realidad supera la ficción. Es cierto y, hasta cierto punto, las cosas deben seguir así, por nuestro bien. Una per­ sona que cae desde una altura de diez pisos puede sobrevivir; no obstante, si sucede en una novela no creo que sean muchos los lectores que lleguen al final. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 17


Los diálogos en narrativa 3) Realidad Virtual. Sí, usted leyó bien, realidad virtual: ningún diálogo puede ser exactamente como lo es en la vida real. Necesitamos construir diálogos fluidos que no empantanen la lectura y que ayuden al lector a la mejor interpretación de lo que queremos expresar. Esto es un diálogo real: —Hola, José, ¿cómo te va? —Muy bien, ¿y a ti? —También. —¿Qué has hecho? —Nada, ¿y tú? —Tampoco. —Bien. —Bien. —¿Y la familia? —Bien, gracias. El día que encuentre en una novela un diálogo con estas características dejo de leerla al instante. Sin embargo, he mantenido conversaciones similares muchas veces. ¿Y quién no? So far, so good. Afinemos la criba. Existe una herramienta para ajustar hasta la tuerca más fina del diálogo: el inciso del narrador. Aquello que escapa a los parlamentos en sí mismos, todo lo que sucede y que el narrador nos hace conocer. El qué y el porqué, es decir, la intención del autor, sobrepasa por mucho los límites de este artículo, así que me limitaré a dar algunos ejemplos que, espero, constituyan un buen marco de referencia. El buen dialoguista puede expresar con un gesto o acción lo que siente, piensa o hará el personaje. No es necesario explicar que alguien está enojado o asustado, bas­ ta con mostrarle al lector que lo está. Ejemplo de un diálogo desnudo: —Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado. —No pude ir. —Ya sé que no pudiste ir. —Lo siento. El diálogo no deja entrever con claridad las emociones o sentimientos del amigo de Julio. El único indicador que encuentro, que revela molestia, es: «Me cansé de llamarte». Algo es algo, pero ¿es suficiente? El amigo de Julio, por ejemplo, ¿estará molesto o furioso? Con ese diálogo no podemos asegurarlo. Agreguemos un inciso del narrador: —Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado. —No pude ir. —Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, apretando los dientes. —Lo siento. Ahora sabemos que Manuel está más que molesto y no fue necesario que el na­ rrador lo explicitara; nos limitamos a describir una acción que expresa, por sí misma, el enojo. No está mal: hemos creado una imagen que acompaña al sonido; una imagen que, aunque simple, aporta volumen. Y utilizando apenas tres palabras. En literatu­ ra es importante la eficiencia y eficacia de las palabras, pero cuidado: la economía 18

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Los diálogos en narrativa

—Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado. —No pude ir. —Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, enojado. —Lo siento. Repitamos: no debo usar adjetivos... Ya me zumban los oídos. Está bien, podemos usarlos, pero con el mismo criterio que los paramédicos aplican un torniquete: solo si no hay otra opción (a menos que pretendamos conseguir un efecto muy específico). Para quitar el mal sabor del ejemplo anterior: —Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado. —No pude ir —Julio miraba el suelo, con las manos en los bolsillos. —Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, apretando los dientes. —Lo siento. O bien: —Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado. —No pude ir. Julio miraba el suelo, con las manos en los bolsillos. —Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, apretando los dientes. —Lo siento. Mucho mejor. El show don’t tell aplicado al diálogo. ¡Bravo! Existen escritores que abogan por no incluir ningún inciso del narrador (Rubio, Nata­ lia (Natts); «El jardín de Demócrito», Prosofagia N.º 5, diciembre de 2009 [p. 28]); sus argumentos son sólidos y he leído algunos diálogos desnudos excelentes. Abogo por la versatilidad, el buen artesano tiene una herramienta específica para cada labor, y encuentro un punto débil: algunas frases, o incluso palabras, pueden ser interpretadas de diferente manera por diferentes personas de diferentes nacionalidades de diferentes culturas de diferentes épocas de...

sea buen albañil

de palabras no es un fin y puede ser contraproducente. Me explico. Economizando todavía más:

Afinemos la criba un poco más: uso correcto de la raya en los diálogos. Según el dpd la raya es: Signo de puntuación representado por un trazo horizontal (—) de mayor longitud que el correspondiente al guion (-), con el cual no debe confundirse.

No, no deben confundirse, son signos diferentes y usarlos indistintamente equivaldría a intercambiar la «ñ» con la «n» según el humor. Aclarado el punto, contiñuemos. Para escribir la raya, pues no hay una tecla para hacerlo a diferencia del guion, basta con pulsar: alt+ 0151 Lo primero a tener en cuenta es no dejar espacio entre la raya de apertura del parlamento y la primera palabra de este. Por ejemplo, es incorrecto escribir: — No te creo, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer. La forma correcta es: —No te creo, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 19


Los diálogos en narrativa Lo segundo: —No te creo —dijo Manuel—, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer. El inciso del narrador se aísla entre dos rayas, tal que el lector no confunda qué expresa el narrador y qué dice el personaje. La única excepción es cuando el inciso del narrador se encuentra al final; en este caso no es necesaria la raya de cierre y, por lo mismo, se omite: —No te creo, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer —dijo Manuel. Obsérvese que en el parlamento se omitió el punto final y que el inciso inicia con minúscula. Cuando, como en este caso, el inciso del narrador empiece con un verbo de habla (decir, preguntar, susurrar, mentir, gritar, afirmar, añadir, terciar, etc.) siem­ pre se escribirá con minúscula. En cambio, cuando el inciso del narrador no tiene relación directa con el parla­ mento debe iniciar con mayúscula. El parlamento finalizará con punto o signo equiva­ lente al punto. Ejemplo: —No te creo, ayer me llamó por teléfono. —Se detuvo en seco y lo miró a la cara—. Vendrá al anochecer. Lo tercero: ¿qué hacer con los signos de puntuación del parlamento cuando el inciso del narrador se inmiscuye justo donde deberían aparecer? Tomemos uno de los ejemplos anteriores: —No te creo —dijo Manuel—, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer. Si eliminamos el inciso la frase es: «No te creo, ayer me llamó por teléfono». Al quedar interrumpida por el inciso, la coma se colocará después de la raya de cierre. Esto es válido para todos los casos: coma, punto, punto y coma o dos puntos se escri­ ben luego de la raya de cierre del inciso y pegados a ella. ¡Nunca antes!

Tip: Una

buena forma de saber si estamos utilizando correctamente los signos

de puntuación es quitar el inciso de la frase. Si la frase permanece grama­ ticalmente correcta vamos por buen camino.

Sin embargo, hay dos excepciones a esta sencilla regla: a) —No te creo, ¿estás seguro? —dijo Manuel—. Pensé que vendría al anochecer. El signo de interrogación es uno de los signos que equivale al punto. No obstante, igual se coloca el punto detrás del inciso para afirmar que el parlamento está cons­ tituido por dos oraciones independientes. Por supuesto, si eliminamos el inciso, nos queda una expresión incorrecta gramaticalmente: «No te creo, ¿estás seguro?. Pensé que vendría al anochecer.» b) Retomando un ejemplo anterior: —No te creo, ayer me llamó por teléfono. —Se detuvo en seco y lo miró a la cara—. Vendrá al anochecer. 20

prosofagia - número 15 - abril 2012


Los diálogos en narrativa Si eliminamos el inciso del diálogo el resultado también será incorrecto: En este caso el primer punto se coloca porque el inciso iniciará con mayúscula (no inicia con verbo de habla). El verdadero punto final de la oración se coloca, como dijimos antes, detrás de la raya de cierre del inciso. Ahora que tenemos algunas herramientas para escribir diálogos podemos decidir qué hacer con ellas. Para pintar la fachada de una casa puedo usar una brocha, un rodillo, un cepillo de dientes, puedo arrojar la pintura o usar las manos. Depende de qué quiera lograr. ¿Quiero rapidez, estética, acabado rústico o solo matar el tiempo? En cada caso habrá que tomar una decisión.

Gothian

sea albañil seabuen buen albañil

«No te creo, ayer me llamó por teléfono.. Vendrá al anochecer.»

número 15 - abril 2012 - Prosofagia 21 Alcazaba de la Alhambra, Granada, España.

Foto de José Manuel Solana


Revista Literaria PROSOFAGIA

Revista Literaria PROSOFAGIA

de Dos Hermanas los 22 Sala prosofagia - número 15a- Sala abrilde 2012

Ajimeces al Mirador de Daraxa, La Alhambra, Granada, España Foto de José Manuel Solana


Books, ebooks: sobre precios, necios y valor

Natts (Natalia Rubio Losada)

Identidad confusa «Cuanto más cambian las cosas, más siguen igual.»1 Estimado lector: Quizá pienses que pagaste un precio alto por mí, pero he llegado para quedar­ me siempre contigo. Resulta difícil pensar en mí como un bien imperecedero, eter­ namente presente en tu vida, cuando los tiempos te han enseñado a sustituir las viejas historias por otras nuevas, cada vez más deprisa. Aquí estoy, sin embargo, dispuesto a ser lo que tú quieras: un objeto de museo, un sujetapapeles, un puñado de páginas, un puñado de bytes. Un libro. Una historia. Piensa, Humano, ¿quién soy y por qué has pagado por mí?

Reflexión inicial de una lectora impenitente Adoro leer en papel y vivo rodeada de libros. Libros de cuando era pequeña, no­ velas de ahora, tomos de la facultad… No sería improbable que cualquier día quedara sepultada si me cayese encima alguna estantería de mi habitación. Ocurre, sin embar­ go, que desde hace algún tiempo creo que los libros tal y como los conocemos son tremendamente caros. Sí, lo confieso: leo en papel, pero también dispongo de un Kindle que me costó lo que cuatro novelas de tapa dura, y los libros con que suelo equiparlo cuestan entre 3 y 5 euros, o menos. Esto no quiere decir que todos los ebooks sean baratos o gratuítos. Sería mentira, aunque exista un pequeño universo en que ocurra: el de las lecturas Indie, o de clásicos fuera de los derechos de autor. Además, he seguido con alegría el éxito virtual de amigos con los que he compartido el largo camino de la publicación. Ahora por fin disfruto sus novelas, y también las de otros que se las arreglan para dis­ tribuirlas a precios significativamente bajos. Tengo un Kindle, pues, porque no puedo permitirme comprar libros impresos al ritmo que los devoro, dados los precios actuales. Pero ¿y el resto de lectores? ¿Han

literatura y tecnología digital

Books, ebooks: sobre precios, necios y valor

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Books, ebooks: sobre precios, necios y valor ­ ercibido ellos algún cambio en el mundo editorial? Dejando a un lado la competencia p entre formatos, carente de sentido, ¿qué les hace optar por papel o digital? ¿Qué avan­ ces, ventajas y desventajas presenta este último tipo de libro frente al tradicional? Y por último, pero no menos importante, ¿qué está ocurriendo con los precios de la literatura?

Un cambio gradual «Por primera vez estoy dudando si comprar un ebook o el libro de papel…». (David Moro, Twitter.) «A learned behavior spreads instantaneously from one group of monkeys to all related monkeys once a critical number is reached.»2 Hasta hace poco más de un año el ebook hacía cola en la lista de nuevas tenden­ cias tecnológicas sin que se tuviera muy claro si algún día podría ocupar un lugar sig­ nificativo en el mercado editorial. Lo cierto es que, en España, en 2011 se registró un 40 % más de títulos en formato digital que el año anterior, y aunque por el momento solo el 3,9 % de los españoles entrevistados en la Encuesta de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de 2011 dice tener un dispositivo de lectura electrónico, son cada vez más las editoriales del país que han emprendido un proyecto digital. Y es que los ebooks están de moda. Amazon, recientemente establecida en España, empezó a comercializar en diciembre de 2011 su lector Kindle3, además de miles de obras disponibles para su descarga inmediata. La Casa del Libro también ha dado el paso con el dispositivo Tagus4 en plena campaña navideña. Aún es pronto para conocer la cuantía de sus ventas, que en el caso de Kindle se aventuran cerca del medio mi­ llón, pero su impacto ya se ha hecho notar en los hábitos y opiniones de los españoles5. Las previsiones para las industrias electrónica y editorial son alentadoras: los lec­ tores de contenidos digitales (desde periódicos, blogs, revistas digitales hasta quizás los muros de Facebook) han aumentado un 75 %, mismo incremento registrado en la venta de dispositivos ebook, aunque sobre una cantidad menor. Además, según se afirma, estos lectores leen más que quienes lo hacen en papel. El fenómeno es cosa de jóvenes: una media del 73 % de la población entre 14 y 45 años son lectores en soporte digital, con porcentajes más modestos en lo referido exclusivamente a libros digitales (6,8 %), siendo la tendencia de un rápido crecimiento. Ante estos datos, podemos decir que la industria digital del libro arroja, si no sus primeros frutos, sí unas primeras flores. No obstante, la digitalización se encuentra con una serie de obstáculos: el 73 % de los lectores españoles entrevistados confie­ san obtener los contenidos a través de descargas ilegales en Internet, y solo el 36,9 % aseguran bajárselos previo pago. Las editoriales alegan que las fuertes inversiones en digitalización no se compensan por una demanda aún débil, y sobre todo en las ­principales novedades editoriales los precios del ebook se mantienen en niveles simi­ lares a los de la edición impresa. Parte del debate se relaciona entonces con el bolsillo: ¿deberían ser tratados de la misma manera los libros físicos y electrónicos?

¿Es el papel lo que soporta el valor? «¿No se gasta la gente muchísimo dinero en un cuadro de Arroyo? Pues la litera­ tura también es arte.» (Mario Möchnik, editor.) 24

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Books, ebooks: sobre precios, necios y valor

Cuando adquirimos un libro electrónico, no palpamos la obra, ni esta pasa a ocupar un hueco en nuestra estantería. La intangibilidad del formato digital ha abierto la Caja de Pandora sobre la cade­ na de valor del libro. La obra en sí parece más bien lejana, alojada en la memoria de nuestro dispositivo, visible solo durante la lectura y que se diluye en cuanto pulsamos el interruptor. Es inevitable atribuir un menor valor a este formato, aunque incluya muchos de los costes reales del libro, desde las múltiples correcciones hasta el proce­ so de maquetación. Son muchos los que prefieren sentir las páginas, pensando que el utilizar soportes digitales no alcanza a ser un sustitutivo de lo que tradicionalmente se ha considerado como lectura. Algo más que papel: el libro es el souvenir del sueño que uno vivió mientras leía. Hablemos del libro impreso como una experiencia que incluye el disfrute de la his­ toria, pero también el peso, el tacto, los subrayados a lápiz, las dedicatorias o firmas en la cubierta. Un ente material donde los personajes dormitan hasta que volvemos a abrirlo. Todas estas características lo dotan de una fuerte carga física, inherente al formato y que se enreda con el contenido durante la lectura. Por otro lado, la era digital trae consigo sensaciones totalmente distintas. En mi caso las primeras lecturas fueron muy duras: ¿qué hubo con el peso? ¿Y cómo estaba eso de leer siempre la hoja impar? Daba vueltas a la pantalla sin saber bien cómo rete­ nerla, pero creo que finalmente conseguí sumergirme y no prestar atención al soporte, porque la historia, la esencia, cobró todo el protagonismo. A pesar de las nuevas posibilidades que los ebooks traen consigo, como la com­ pra instantánea de títulos o el compartir subrayados y párrafos favoritos en las redes sociales, es esta una lectura más primitiva, de formatos austeros y poco engalanados, Ese carácter inmaterial influye decididamente en la elección y compra del libro en pa­ pel o electrónico, y la diferencia de precios se convierte en el argumento que puede zanjar la discusión. Por eso me pregunto: ¿el precio del libro electrónico es significati­ va y generalizadamente más bajo que el del libro en papel?

Caro, barato, valioso «Antes, algunos libros los prohibía el gobierno o la inquisición. Ahora los prohíbe el precio.» (Andrés Moncada, Twitter.) Frente a las cada vez más frecuentes protestas por el desembolso que supone la compra de literatura, es posible que conocer el destino de cada céntimo nos ­ayude a entender la resistencia de las editoriales a ofrecer los precios notablemente bajos que el lector común intuye como razonables, al margen de posicionamientos ­estratégicos.6

literatura y tecnología digital

Existen ediciones impresas que son un auténtico lujo: encuadernaciones cuida­ das, portadas llamativas, hojas suaves y resistentes... Luego están las ediciones de bolsillo, manoseadas, de páginas translúcidas y palabras que compiten por el espacio. En algún punto intermedio queda la esencia: el contenido, la historia. No cabe duda sobre la importancia del soporte físico en volúmenes ilustrados sobre arquitectura o fotografía, pero para el género netamente literario, ¿cuál es realmente el valor del libro en papel? ¿Se trata de un soporte físico, de contenido, o de una mezcla entre ambos?

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Books, ebooks: sobre precios, necios y valor Comencemos por los orígenes: el libro físico. Al adquirir un ejemplar, los diferen­ tes partícipes de su creación perciben una parte del precio. En el gráfico se recoge, de forma sencilla, una aproximación al reparto.

Según la Federación de Gremios de Editores, como media el precio del ebook es un 70 % del de su homólogo en papel7. Es claro que el nuevo formato trae consigo ven­ tajas en costes: desaparece la necesidad de impresión, almacenaje físico y transporte hasta el punto de venta. Es común pensar que dicha disminución de costes debería re­ percutir en el precio, sin embargo, la edición digital trae consigo nuevas necesidades, como un distribuidor web (en el caso de Amazon, este exige una comisión del 30 % sobre el precio). Por otro lado, las editoriales se quejan de que la demanda es dema­ siado baja, y los precios también bajos no se verían compensados por un aumento del volumen en las ventas. No olvidemos, además, que el libro de papel se grava con un 4 % de iva en España, mientras que el electrónico, inexplicablemente, tributa al tipo de los bienes de lujo, el 18 %.

Book vs ebook «Señores de las editoriales: cuando venden el libro de tapa blanda al mismo pre­ cio que el ebook, dan ganas de comprar el físico y bajarse el digital.» (Runixo, Twitter.) Dispuesta a comprobar las diferencias de precios, he realizado un pequeño cua­ dro comparativo, con novedades y títulos ya consolidados, así como autores noveles y otros mundialmente reconocidos. También encontramos novelas disponibles solo en formato digital, mientras otras, aunque recientes, se encuentran únicamente en papel. Son llamativas las diferencias en los precios, pero también en las estrategias de publicación. En la tabla se ponen de manifiesto concepciones diversas del negocio editorial: desde la apuesta por el libro impreso hasta el ebook, pasando por combinaciones de ambos formatos que atienden las necesidades de diferentes tipos de lectores. 26

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Books, ebooks: sobre precios, necios y valor

Los mismos títulos podían encontrarse en Amazon.es, en algunos casos con precios significativamente más bajos8.

Por otro lado, merece destacarse la aparición de autores autopublicados en for­ mato digital que escogen Amazon como plataforma de despegue para sus obras. La relación entre autor y punto de venta se vuelve, pues, más estrecha, y la eliminación de intermediarios posibilita precios que en muchas ocasiones no superan el euro, lo que a su vez atrae lectores. Autopublicarse no es algo nuevo, pero sin duda nunca se había contado con tan­ tos medios para hacerlo sin emplear una fortuna, ni para llegar a tantos lectores como permite el ebook. En ee. uu., Amazon ha servido para descubrir nuevos talentos y abrirles paso en el mundo editorial. En España el fenómeno empieza a replicarse con lo ocurrido en Ediciones B, que ha decidido respaldar a cinco autores cuyas novelas ocupan los primeros puestos en este portal9. ¿Pueden estos autores ofrecer la calidad de aquellos cuyas obras han sido supervisadas y corregidas por expertos? ¿Qué se está perdiendo de la cadena de valor del libro? ¿Se pondrán en evidencia tales carencias?

La reacción editorial «La justicia de usa demanda a Apple y a casas editoriales por conspirar para au­ mentar precio de ebooks. Sí, Jobs.» (Eduardo Varas C., Twitter.) En el caso de esta muestra, que por su tamaño no resulta representativa, el precio del ebook es menor que la media detectada por la Federación de Gremios de Editores, sin embargo, en los títulos más novedosos llama la atención lo próximos que se en­ cuentran los precios en tapa dura y formato digital. Es en estos casos donde el lector se muestra realmente escéptico e incapaz de concebir que el ebook aporte un valor superior al papel, y por tanto no está dispuesto a adquirirlo a un precio tan similar. ¿Supone esta política de precios un freno para evolucionar hacia un modelo de nego­ cio alternativo a la piratería? La Federación de Gremios de Editores, por su parte, aporta una perspectiva com­ plementaria al debate de los precios de los libros nada más entrar en su web10:

literatura y tecnología digital

Fuente: lacasadellibro.com, marzo de 2012

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Books, ebooks: sobre precios, necios y valor Es preciso estar muy embotado por la cantidad y el corto plazo para no advertir que aunque no son negocio para nadie, hay libros necesarios de los que sin embargo sólo se venden 700 u 800 ejemplares. El mundo sería peor sin ellos. […] Mal que bien, este frágil entramado sobrevive gracias a la ley del precio fijo. Su desaparición significaría la condena a muerte del librero vocacional, del editor raro, del lector insobornable, del distribuidor heroico y de géneros minoritarios como la poesía o el ensayo.

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Sin duda la validez del arranque de este mensaje, escrito en el año 2000, mantiene toda su vigencia. Más dudas razonables plantea la conclusión en estos tiempos de Inter­ net, donde se utilizan las librerías online y en particular Amazon como ejemplo muy grá­ fico de la célebre teoría de la larga estela (en el original en inglés The Long Tail), o la via­ bilidad de mantener en catálogo una gran variedad de títulos a priori muy minoritarios. Aferrarse a la ley del precio fijo, o mantener precios artificialmente altos mediante prácticas monopolísticas, como parece haber hecho Apple, han sido algunas de las reacciones entre los gigantes editoriales. Otros han optado por subirse al carro de la digitalización, fichar a escritores autopublicados que ya cuentan con el respaldo de los lectores o sencillamente ofrecer literatura a precios más ajustados, sin importar el formato. De todas maneras, en el presente ambiente de transición los casos del sector disco­ gráfico o de la enseñanza frente a la irrupción de las tic presentan suficientes y contun­ dentes evidencias como para quedarse a la expectativa. Aunque manidos, estos símiles son inevitables: o las editoriales toman nota de los cambios o, simplemente, perecerán.

Un nuevo «papel»

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Usted, como lector, no debería mantenerse ajeno al debate. Ahora más que nunca se está solicitando su participación. El consumidor de libros de antaño, a tenor del jui­ cio de críticos especializados y «prescriptores» a sueldo de las editoriales, está cedien­ do paso al individuo que reclama determinadas obras, porque las disfruta y expone sus comentarios en la red11. Este fenómeno se da, fundamentalmente, entre la gente joven. Abandonan el rol de «borregos» seducidos por los best seller y adoptan un papel más crítico frente a los trabajos que les llegan, en ocasiones sintiéndose legitimados para interactuar con el autor y reclamar desarrollos alternativos en las sagas de varios vo­ lúmenes que tanto furor están causando. Prueba de ello es que en los últimos años se

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Vista panorámica de La Alhambra, Granada, España. Foto de José Manuel Solana


Books, ebooks: sobre precios, necios y valor

Identidad compartida Estimado lector: Aquí estoy, de nuevo. ¿Ya sabes qué quieres hacer de mí? Acariciar mis hojas, en­ lazarme, twittearme, subrayarme, megustarme, sentir mi peso, leerme. Decidas lo que decidas, he venido para quedarme siempre contigo.

Natalia Rubio Losada (Natts)

«Siempre me ha gustado viajar. Si no puedo coger un avión, encuentro algún libro que me lleve. Y si ningún situio me parece atractivo, lo escribo y voy allí cuando quiero.»

notas 1 «Plus ça change, plus c’est la même chose», por Jean-Baptiste Alphonse Karr (Les Guêpes, enero de 1849). 2 Hundredth monkey effect (última visita 11/3/2012). 3 Tienda Amazon, dispositivo Kindle (última visita 16/1/2012). 4 Tienda Casa del libro, dispositivo Tagus (última visita 13/2/2012). 5 Barómetro de hábitos de lectura, 2011 (última visita 17/3/2012). «Impacto en el mercado de lectores de libros electrónicos» (PublicónUlzama, 9/2/2012). 6 «El alto precio de los eBooks, ¿culpa de Apple?» (Diario Expansión, 13/3/2012). 7 «Por qué no despega el ebook en España» (Alas de papel, 17/6/2011). 8 «Guerra abierta por el precio del libro» (El País, 8/1/2012). 9 «A la caza del “best-seller” digital español» (El País, Cultura, 1/2/2012) 10 Federación de Gremios de Editores de España (última visita 13/3/2012) 11 «Un blog, el mejor prescriptor para adolescente lectores» (El País, Papeles Perdidos, 18/2/2012)

literatura y tecnología digital

han multiplicado el número de blogs, grupos en Facebook, foros y twitteros dedicados a la crítica literaria. Pero el fenómeno no se limita al análisis de novelas: basta echar un vistazo a las referencias del presente artículo para comprobar la cantidad de reaccio­ nes que han suscitado los recientes cambios en el panorama editorial.

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Revista Literaria PROSOFAGIA Revista Literaria PROSOFAGIA

Ventanal del claustro de La Seu Vella - Lleida-Lérida. Foto de Mayca Cruz Pedraza, Mycure11

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Leyendo a Barthes: Análisis del relato II

Análisis del relato II

Elisabet En el artículo anterior —publicado en el número 14 de Prosofagia—, comentando el ensayo de Roland Barthes, Análisis del relato, vimos que todo relato se puede estu­ diar en tres niveles: el de las funciones, el de las acciones y el de la narración. Me detuve a comentar el primer nivel, el de las funciones, tal como lo desgrana Barthes. La función vendría a ser la unidad mínima narrativa, o el bloque con que se construye el edificio del relato. Dentro de las funciones también vimos que hay varios tipos. Las cardinales son el esqueleto de la historia, el sostén de la trama, pero las otras funciones ―indicios, catálisis― no son un mero adorno, sino que constituyen, por así decir, la pulpa, la piel y la salsa del relato, contribuyendo a darle su estilo pro­ pio y a suscitar un impacto concreto en el lector. Hoy nos adentraremos en el segundo nivel, el de las acciones.

sobre la literatura

Leyendo a Barthes:

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Leyendo a Barthes: Análisis del relato II

Claustro de Santes Creus, Tarragona, España. Foto de Mayca Cruz Pedraza, Mycure11

Los personajes Es curioso ver cómo la percepción de los personajes y su relevancia en la obra literaria han ido variando en el transcurso del tiempo. Cito a Barthes: «En la Poética aristotélica, la noción de personaje es secundaria y está enteramente sometida a la de acción: puede haber fábulas sin “caracteres”, dice Aristóteles, pero no podría haber caracteres sin fábula». Posteriormente, como leemos en el ensayo, «[…] el personaje [...] tomó una consistencia psicológica y pasó a ser un individuo, una “persona”, en una palabra, un “ser” plenamente constituido [...]; el personaje ha dejado de estar subor­ dinado a la acción, ha encarnado de golpe una esencia psicológica». Sin embargo, Barthes nos recuerda que el análisis estructural «se resistió fuerte­ mente a tratar al personaje como una esencia». Es decir, se esquiva el plano psicoló­ gico para centrarse solamente en el papel funcional de los caracteres en el relato. En ese rechazo de la psicología para ceñirse a la pura funcionalidad del personaje, varios autores lo han definido como «participante», «actante» o «agente». Propp, por ejemplo, clasifica a los personajes en función del rol y las acciones que les toca cumplir en el relato: el héroe, el malo, el dador del talismán, el ayudador... Bremond afirma que cada personaje es agente y protagonista de su propia secuencia. Todorov sostiene que los personajes se definen por sus relaciones. Las básicas son: amor, comunicación, ayuda. Y están regidas por dos tipos de reglas: de derivación y de acción. No intenta clasificar los personajes pero sí lo que ellos hacen. Greimas, en esta línea, propone clasificar a los personajes «no según lo que son, sino según lo que hacen». Los tres grandes ejes semánticos de la frase (sujeto, obje­ to, complemento de atribución o circunstancial) definen estas relaciones básicas. Un 32

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Leyendo a Barthes: Análisis del relato II

El problema del sujeto Barthes no deja de ver los problemas y posibles incoherencias de una clasificación aparentemente tan clara. Todo sistema de clasificación acaba mostrando sus limita­ ciones cuando se confronta con los relatos reales. Pues, amigos, nos encontramos con que un personaje puede desempeñar distintas funciones. Dice Barthes que «la verdadera dificultad [...] es la ubicación del sujeto en la ma­ triz actancial». El sujeto, para entendernos, es el héroe del relato. A él remiten los restantes personajes. Y de nuevo nos encontramos que en la mayoría de relatos hay un protagonista, pero también son frecuentes las parejas y los duelos de adversarios, que establecen un juego entre sí. En las últimas décadas nos hemos acostumbrado a una mayor complejidad, la de las novelas «corales», con múltiples protagonistas. Pero incluso estas complejidades pueden llegar a analizarse de forma estructural: «[...] también el juego es una frase». Para concluir, sostiene Barthes que la clave del nivel accional nos la darán, no la psicología de los personajes, sino las categorías gramaticales de la persona. Y estas categorías no se pueden entender sin referirnos a un nivel aún superior al de las acciones: el de la narración. O sea, el del relato entendido como un acto de comunicación entre el autor y los receptores de la historia.

Resumiendo Así como las funciones se refieren a los hechos ―el qué―, las acciones están ligadas a los personajes. En torno a cada actor ―quién― se establecen una serie de acciones. Las acciones se pueden clasificar en: —— lo que piensan los personajes, a menudo vinculado al deseo, —— lo que dicen, expresión de su comunicación, —— lo que hacen, relativo directamente a la acción.

sobre la literatura

personaje puede ser sujeto, objeto o complemento, e incluso desempeñar varias de estas funciones, simultáneas o cambiantes, a lo largo del relato. Así como las funciones se podían clasificar, también las acciones pueden clasificarse en tres grandes grupos, que según Barthes se articulan en torno al desear, al comuni­ car y al luchar. En otros términos, podríamos hablar de pensamiento, palabra y acción.

El sujeto o héroe es clave, pues en él convergen los nudos de la trama. Un sujeto puede desempeñar más de una función en el relato. También se puede jugar con gru­ pos de personajes y sus relaciones.

Divagando… Prescindir de aspectos tales como la psicología de los personajes es el resultado de la separación entre gramática y semántica para poder desmenuzar bien el objeto de estudio. No hay que mezclar niveles ni dimensiones, eso es poco riguroso desde una perspectiva analítica. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 33


Leyendo a Barthes: Análisis del relato II Pero a veces esta separación me rebela un poco. Tengo la impresión de que es como intentar analizar una pieza musical atendiendo solamente a su partitura, a su ritmo, a sus silencios y a su distribución. En un análisis así descubriré aspectos muy interesantes y quizás insospechados, pero no tendré una percepción de la obra en su globalidad. Conoceré su entramado interno descrito en un lenguaje codificado, pero no escucharé la riqueza del conjunto: el sonido, la tonalidad, la resonancia, la vibra­ ción de cada nota, el impacto auditivo y emocional de la obra entera. Quizás el puro sonido y el matiz de los instrumentos no me ayuden a explicar cómo es la geometría de la composición, pero me aportarán otra información que me permitirá compren­ derla mejor. Concretando más: como autora, ¿de qué me sirve una clasificación de los per­ sonajes? Por ejemplo, puede resultar útil para crear un relato coherente, una trama perfecta donde cada uno cumple el papel que le toca. Puede ayudarme a buscar «re­ cetas», combinaciones atractivas de personajes en su entramado. Ahora bien, ¿y si un personaje cambia de un rol a otro? ¿Y si es contradictorio? ¿O si, como señala Barthes, asume varios roles a la vez? Desde el punto de vista meramente estructural esto cons­ tituye una irregularidad, un bucle, una complejidad... ¿Fallo narrativo o señal de un estilo maduro y más artístico? ¿Y si planteamos la construcción de un relato en torno a un personaje o un grupo de personajes como vertebradores del conjunto de acciones? Bien, hablaríamos en­ tonces de un relato indicial, psicológico… Aunque no necesariamente. Un personaje puede tener suficiente entidad, no solo psíquica, sino funcional, como para sostener una narración entera. Y aquí me viene a la memoria aquel dicho de Miguel Delibes: «Un hombre, un paisaje, una pasión», mencionando los tres pilares que, para él, cons­ tituían una novela. Por supuesto, no dejan de ser divagaciones subjetivas… ¡y totalmente abiertas a discusión! Hablamos, de nuevo, de saltar de un nivel a otro. No se puede entender una obra en su globalidad si no se tienen en cuenta los tres niveles. Para el próximo número saltaremos al tercer nivel, la narración, y ganaremos perspectiva. Nota bene: Todas las citas pertenecen al ensayo de Barthes: Análisis del relato, en su edición del Centro Editor de América Latina, 1977.

Elisabet Licenciada en Filología Inglesa. Escritora de ensayo y ficción. 34

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Leyendo a Barthes: Análisis del relato II

sobre la literatura

Claustro de Santes Creus, Tarragona, España. Foto de Mayca Cruz Pedraza, Mycure11

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prosofagia - número 12 - febrero 2011

Cuatro Torres Business Area, Madrid, España Foto de José Luis Jaime Cortés


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Revista Literaria prosofagia - número 15 - marzo 2012

Entrevi sta s y A rt ículos


Revista Literaria PROSOFAGIA

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Mariano Mandil (Randal)

Nagakort, Nepal Foto de Mariano Mandil

crónica artículo

Cró n i cas mínimas Nagarkot, Nepal (2009). La excur­ sión tenía como destino un viejo ­t emplo. El guía subía y bajaba las mon­ tañas explicándonos los detalles de los cultivos, papa en la mayoría de los casos, nos enumeraba los nombres de los pueblos, y hablaba de su religión: hinduismo. Esa mañana habíamos ­v isto aparecer el sol por detrás de los ­H imalayas. Un pico muy chico, lejano, era el monte Everest. Costaba hablar por la altura, con lo cual nos limitamos a escuchar. Para preguntar, o pedir que repitiese algo que el inglés traba­ do no nos dejaba entender, debíamos detenernos. Cuando el guía comenza­ ba la respuesta los tres retomábamos la marcha. En una bajada, vimos venir a una mujer muy anciana. Aparentaba unos ochenta años, aunque en Nepal las edades suelen ser una ilusión y se confunden. Llevaba a sus espaldas una enorme bolsa de arpillera repleta que la doblaba en tamaño. Muy encorvada avanzaba por el sendero hacia nues­ tro encuentro. Por su postura, de cara al piso, recién nos vio cuando nos

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Crónicas mínimas

Nagarkort, Nepal c­ orrimos para darle paso. Se detuvo. El guía y ella cruzaron unas palabras en nepalí, rió y mostró unos pocos dientes. Me dirigió unas palabras. El guía intercedió, respondió y luego comentó que ella quería un cigarrillo. La con­ vidé. Pidió fuego. Le acerqué la llama de mi encendedor, y al tener su cara ­c erca, sus arrugas se intensificaron. Fumó en silencio, salvo algún comentario al guía. Los cuatro quedamos suspendidos en el camino, junto a una ladera lis­ ta para otra cosecha como lo venía haciendo por miles de años. Finalizado el cigarrillo dijo algo corto y suave al guía. Y en unos movimientos ágiles volvió a cargar la bolsa a sus espaldas para continuar. Unos pasos más abajo giré para observarla, pero la anciana ya había desaparecido en una curva.

Makesh, Mariano y el padre de Makesh

Varanasi, India (2009). Comencé las clases de tabla siguiendo unos carteles que decían Saaz Music ­Center. Cerca de Assi Ghat. Mi profesor, Makesh, tenía veintiséis años. Me costó entablar una relación con él. De hecho no lo logré. Siempre mantuvo distancia. Igualmente tuvimos unas cuantas charlas. ­D urante 40

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la única clase que presenció mi no­ via él estuvo incómodo. Nos atendió muy bien y nos convidó el chai de ri­ gor, pero evité hacerlo pasar por la misma situación otra vez. En las si­ guientes clases se refirió a ella como your wife y nunca le dije la verdad. Inventé que estábamos en nuestra luna de miel para despejar sus sos­ pechas. Un día me animé y pregunté cuándo se casaría. Respondió que su padre ya estaba ocupándose del tema. Cuando insinué si no le gus­ taba ninguna compañera de la fa­ cultad (estudiaba ­p eriodismo) hizo como si no entendiera. Se escudó en esas confusiones que teníamos a diario por mi falta de un nivel de inglés más avanzado y por su pro­ nunciación tan característica. Pensé en mis salidas ­a dolescentes, con el


Crónicas mínimas

crónica artículo

Varanasi, India

único objetivo de encontrar una noviecita aunque fuera por esa noche. En mi primer beso. Mi primera desilusión. La primera ruptura dolorosa. Los sábados a la noche de Makesh distaban más de los que habían sido los míos a su edad que los kilómetros que separaban nuestros países. En la última clase me habló de su hermano muerto. Había sido un gran maestro de tabla en Varanasi y él seguía con la escuela en su honor. Ese día nos sacamos una foto, justo entraba su padre a la casa y salió en el fondo de la imagen mirando a cámara.

Río Ganges, Varanasi, India Fotos de Mariano Mandil número 15 - abril 2012 - Prosofagia 41


Crónicas mínimas

Chaltén, Argentina (2010). En el cruce de la Ruta 40, para entrar al camino que termina en el pueblo de montaña, levanta­ mos a una pareja, muy joven, que hacía dedo. Él llevaba la mochila que contenía las pertenencias de ambos. Su tamaño y soledad no dejaban dudas. Subieron a la caja descubierta de la camioneta y se abrigaron ante mis advertencias. Frenamos unos kilómetros más adelante para sacar fotos del Fitz Roy y del ­G laciar ­V iedma. Ellos nos imitaron e intercambiamos unas palabras. Eran nosotros quince años atrás. Él sacó más fotos del Glaciar y su blancura imposible. Yo, del pico vertical que tentaba a los escaladores de todo el mundo por su dificultad. Nuestras novias se convidaron mate. En el pueblo los volvimos a cruzar varias veces. Nos sa­ ludamos siempre, por más que fuera la segunda o tercera vez que nos veíamos en el día. Una vez los cruzamos en ­P oicenot. Yo había tenido una mala no­ che en la carpa. Había nevado, y el dolor por mi desgarro abdo­ minal se intensificó con el frío. Ellos venían de subir el mirador del cerro Torre y pensaban su­ bir de un tirón a la Laguna de los Tres. Era una pequeña proe­ za accesible. Hablamos un rato los cuatro y no nos vimos más.

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Chaltén, Argentina

En la Laguna de los Tres, Chaltén, Argentina


Crónicas mínimas

crónica artículo Chaltén, Argentina Fotos de Mariano Mandil

Mariano Mandil (Randal) Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1974. Estudió Sociología y Administración de empresas, es músico y escritor. ­Trabaja en publicidad, actividad en la que ganó premios nacionales e internacionales. Acaba de terminar en Casa de Letras el Programa de Formación Narrativa y actualmente es parte del taller literario de Alejandra Laurencich. Los lados B de sus escritos caen en su blog personal: payasosblancos.blogspot.com. Los lados A siguen en cautiverio personal. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 43


Revista Literaria PROSOFAGIA

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artículo

Introducción

un buen dua que compromete a ar a es pr em a un es ro Hacer un lib escritores que blamos de un grupo de ha si s; ale ion es of pr de te, hacer número a corregirse mutuamen o sin , bir cri es a lo , so se lanzan, no r el soporte, publicar... ge co es a, rm fo r da ar, los anti­ fotos, dibujar, maquet sanal plena, al modo de te ar or lab a un de o ­ nd estamos habla apenas queda un recuer día en y ho e qu los de tual, y guos ­talleres de gremio ar tesano» es además vir blo ue «p tro es nu e qu os do. Si agregam r y España y con ico, Argentina, El Salvado éx M e sd de os im un locos? re s en él no t, ¿creerán que estamos ne er Int a ind br s no e qu s las herramienta e el trabajo en damos testimonio de qu ién mb ta Y s. mo ta es lo nforman Sí, je y el compañerismo co iza nd re ap el , ión ac nic ­ equipo, la comu tas son las verdaderas cla es Y . les cia so s de re la gicas. En la más satisfactoria de to: no hay fórmulas má ec oy pr r uie alq cu er et o ves para acom claves, hemos preparad as es de to ien cim no co bajo». nuestro caso, en el re os nuestro «banco de tra am str mo e nd do je rta po el siguiente re

pepsi y Valls número 15 - abril 2012 - Prosofagia 45


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Y todo nació con una idea loca... Necroslogía, the making-of Lo bueno de quienes pertenecemos a Latribu11 es que nos gusta lo que hacemos y esta es la premisa para concluir un silogismo del tipo: Nos gusta lo que hacemos. Para tener éxito te debe gustar lo que haces y trabajar. Luego si trabajamos tendremos éxito. Pero vayamos por partes. En el fondo propongo un proyecto pero construido desde la base, humildemente. Tenemos los recursos, recursos humanos, recursos técnicos. No descubro nada que no sepamos. Lo importante de lo que planteo es la ilusión que generará. Y la ilusión junto con el gusto por lo que hacemos es lo más importante. Segundo silogismo: Tenemos ilusión. Para abrir expectativas hay que tener ilusión. Se nos abrirán expectativas. Plásido Lo que veo es el entusiasmo desbordante de cada uno de ustedes. Las palabras convencen, pero Creo que la idea es viable el ejemplo arrastra. Siempre digo: «Cuenten conmigo». si se planifica bien y se ¿Qué debo hacer? asume que llevará su tiempo Edgardo implementarla, y como tiempo me refiero a algunos meses. No creo que se pueda hacer de un día para otro con una probabilidad racional de éxito, aunque sea un éxito reducido, pero éxito. A mí no me asusta el planificar para varios meses; Prosofagia se pensó durante un año antes de iniciarla y los concursos el doble de tiempo. La cuestión es madurar las ideas, darles el tiempo para madurarlas y convencerse de que se pueden hacer y cómo se pueden hacer. En principio, y sin tener nada en claro, pero por si las moscas, diría lo siguiente: a) ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a hacernos responsables de una aventura como esta? Teniendo en cuenta que no es cosa de «aparezco si tengo tiempo o ganas», porque ya es asumir un compromiso de tipo laboral, aunque no sea a jornada laboral, el compromiso es de esa naturaleza. ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos, pensando en que no ganaremos dinero para resarcirnos de ese compromiso y trabajo? b) ¿Cuántos de nosotros no estamos dispuestos a asumir la responsabilidad, pero sí a apoyar ya sea con manuscritos o bien en la difusión, sostenimiento, compras de libros, etc.? c) ¿Qué tareas hay que emprender, qué aspectos hay que tener en cuenta? ¿Qué puede hacer cada uno? No todos tenemos las mismas potencialidades, virtudes y defectos. Habría que listar las tareas, ver qué tenemos en conocimiento y qué nos falta, ponernos a revisar información, estudiar… Y, eventualmente, dividirnos las tareas. Pongámonos a ello. ¿Quién puede aportar? ¿Qué puede aportar cada uno? ¿Por qué no empezamos a lanzar ideas concretas y a discutirlas? ¿Qué número de cuentos, extensión del libro...? ¿quién hace qué? Yo estoy dispuesto a aportar cuentos o micros, a revisar y sugerir correcciones. Boris Rudeiko

Este proyecto exige mucha dedicación, que por mi parte estoy dispuesto a asumir. Creo que es una buena manera, además, de comprobar si de verdad somos una piña, una tribu, o no, pudiendo ocasionar su desaparición. Pero lo enfoco como algo positivo, porque pasara lo que pasara sería necesario. Valls Bueno, me gusta... Tú solo dime la extensión, el tema, etc. y yo me pongo a trabajar. Así nomás. Gothian ¡¿Por qué no?!... Me anima a participar el hecho de saber que colaboro con compañeros, que el libro llegará a muchas manos, y también que ser -una buena promoción para los autores. El equipo huma46 podrá prosofagia número 15 - abril 2012 no es una herramienta inmejorable. Nelo

Esther


Necroslogía, the making-of Hola, tribu, ¡cuánta vida! ¡¡Y cuántas

pepsi

es suya, pero la sabe hacer suya, incluso diría que la mejora:

o ia: por el poc Hola fa mil limitadas itud con la q ue n á st e s e nt ion a vuesMis aportac q ue dispongo y la le lgo, pongo alizado. a l e e d d e o v p r m si e tie o q ue he r ero si les escribo, p ción el poco trabaj pe dro tra disposi

Hemingway tiene un pasaje memorable en Fiesta cuando alguien le pregunta a Mike Campbell cómo se arruinó. Lo único que consigue decir es: Gradualmente y luego de repente. Así es como aparece la depresión, te despiertas una mañana con miedo a vivir.

La cita no es muy positiva que digamos, pero quisiera que también lo tomáramos a la inversa. A menudo, las grandes cosas en la vida suceden poco a poco, de forma imperceptible, hasta que llega un momento en que sus efectos surgen con toda una vehemencia imposible de frenar.

reportaje artículo

vital ideas!! trabajar Lo q ue es os, poder nt ju r Después de leerlo todo, creo que mi ja ue meq lo en es traba da uno ir ca ed y m aportación podría ser, en muy modesta po de ui a trat en eq da sepa. No se medida... jor sea o ponibles, sino q ue ca e es tiempos dis ejor de sí mismo en ue m Elisabet o q ar cl ón m uno dé lo q ue ner un ti te de Y do . du po m no tie grupo. Yo r En Prozac Nation, basada en la coordine al capaces de consegui os m n a u obra autobiográfica de Elizabeth ér os fu m is si m os nosotr Wurtzel, una prometedora escrito, será por y para de calidad arlo » to ra interpretada por Christina Ricci, uc od «pr ic bl pu o el hay una frase brutal que, personalo! viable lueg ar al mund il nd mente, me gustó mucho. De hecho, no ca en ¡y

Sí necesitaríamos ahora una mínima organización. En primera instancia, las acciones a tener en cuenta son: 1. Elaborar un documento único zoquete que refleje los objetivos de esta publicación y/o de las siguientes. 2. Con respecto a la antología en sí misma: *Definir qué clase de antología se pretende, qué características tendrán los cuentos. *Quiénes participarán con una obra suya. *Cómo se seleccionará o revisarán los textos para su edición definitiva. *Si se incluirá curriculum de los autores, reseñas de obras publicadas en el caso que corresponda, fotografías personales o imágenes ilustrativas. *Prólogo, contratapa, solapas. *Qué carácterísticas tendrá el diseño. *Quiénes serán los editores de la obra (La Tribu, los propios cuentistas, lo que fuese). 3. Con respecto a la publicación: No necesitamos ninguna ayuda externa para maquetar y lograr una buena obra publicable. Ahora, ¿cómo la publicaremos?: *E-book, en papel. *Si es en papel, por tirada o impresión a demanda; envíos a cargo nuestro o a cargo de una empresa que se dedique a ello. *Por nuestra cuenta o recurriendo a Lulu, Bubok, u otros. 4. Con respecto a los costos que tendrá la obra: Asumiendo que no cobraremos por nuestro trabajo de armar el libro, la situación más sencilla es publicar solo en e-book y descarga gratuita. En esta opción no tenemos que preocuparnos del flujo de dinero. Si no pensamos en ganar dinero pero queremos que se publique en papel, entonces necesariamente habrá que venderla, para salvar los gastos de impresión y envío. 5. Con respecto a la difusión y el marketing: hay muchas posibilidades a tener en cuenta y que no son mutuamente excluyentes; desde promocionar en blogs, foros, redes sociales, hasta usar las herramientas a disposición en la Red. 6. Con respecto a la segunda etapa: ir analizando el qué, el cómo y el para qué. 7. Organización: necesitaremos un plan de trabajo, con plazos y responsables. Considerar ambiciosos proyectos es motivación para comenzarlos. Comenzaría con un instrumento con el propósito de llegar a tocar bien. Me enfrentaría a cualquier reto cuya meta me aliente, por inalcanzable que parezca.

Esther

Rafa

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Un tema de antología... Necroslogía, the making-of ¿De dónde proviene la palabra ‘antología’?

Artículo extraído de la revista Algarabía: número 61, año IX, pág. 73

* * * * * * * * * *

«Aquí tengo un ramillete de flores escogidas; no hay nada mío en él, sino el cordón que las ata.» Michel de Montaigne

antología

En alguna parte leí que, si se conoce la etimología de una palabra, se retiene mejor el significado y es casi imposible olvidarlo. Exactamente eso fue lo que me sucedió cuando conocí el origen de la palabra antología: del griego antología, de ántos, ‘flor’, y légein, ‘recoger’; de ahí que signifique «recoger flores». El término se acuñó en Grecia, en el siglo I a. C., cuando Meleagro de Gadara llamó antología —que equivaldría a «ramillete de flores» o «guirnalda de flores»— a una recopilación de composiciones poéticas actualmente conocidas como epigramas —es decir, versos cortos que, con precisión y agudeza, expresan un solo pensamiento, comúnmente festivo o satírico. En sus inicios, antología sólo se refería a recopilaciones poéticas, pero con el transcurrir de los siglos llegó a convertirse —según el drae— en una «colección de piezas escogidas de literatura, música, etcétera». Y este etcétera incluye desde cuentos, canciones, frases y recetas de cocina, hasta otras más sutiles, de valor sentimental, como describe aquel poema de Pablo Neruda: «Cada uno de ellos fue una victoria. / Juntos fueron para mí toda la luz. / Ahora, una pequeña antología de mis dolores.» Si hoy se pueden «antologar» dolores, se debe a que la palabra antología, de significar un lindo pero simple florilegio, se convirtió en sinónimo de recopilación, selección o colección; hoy es el acto de compilar aquello digno de ser destacado. No olvidemos la frase «digno de antología».

Gothian

Un título de ¡ la muerte! Claro que elegir un ramillete de flores está bien, pero cómo llamar a un ramillete de muertos... ¿«necroslogía»? Boris Rudeiko

Y a trabajar

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¿Cómo se escribe un cuento para Necroslogía ?

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Primero pensé que podía usar un relato que ya tenía listo; abordaba el tema de la muerte, pero no era el eje central. Escribí otro que al principio tenía sus tintes cómicos. No me gustó del todo. Pero trabajé un poco más en él, eliminé más de la mitad del relato y conseguí algo decente... Escribir sobre la muerte es algo natural para mí. Es común que me pregunten por qué hay tantos muertos en mis escritos; no lo sé, simplemente se me mueren -los personajes. prosofagia número 15 - abril 2012 Gothian

Escribir sobre un tema concreto no fue un problema para mí. De hecho, hace unos años, yo seguía un programa de radio en el que un famoso escritor proponía a los oyentes (o escuchantes como dicen muchos ahora) que escribieran relatos a partir de una palabra o un tema determinado. Las posibilidades son enormes. Dependiendo de las vivencias de cada autor, surgen varias ideas, algunas pueden ser buenas, otras no. Él decía que la primera idea siempre hay que desecharla, pues se le ocurre a todo el mundo. Mi relato, como casi todo lo que escribo, tiene una parte de la realidad que he vivido y otra de la fantasía. Escribir sobre algo tan normal como la muerte no me parece difícil. En muchos de mis relatos aparece la muerte de una manera o de otra. Conseguir un buen relato es otra cuestión. En este sentido, creo que los quince relatos publicados en Necroslogía son todos excelentes. Boris Rudeiko


Necroslogía, the making-of

Elisabet

«Al matrimonio y al agua fría hay que tirarse de repente porque si no te arrepientes», y así lo hice. El cuento s ­urgió a medida que iba escribiendo sin una idea ­ concreta en la cabeza, solo la idea de un enfrentamiento con la muerte, que no podía ganarse. No, definitivamente no me resulta ­ difícil. Ya he escrito sobre ella en un plató de televisión, en un bufete de abogados e incluso en ­ la noche de ­ todos santos. Me gusta el tema, tiene mucha garra. clarinete

Como escritores debemos conocer todos los aspectos relacionados a la elaboración de un libro.

Gothian

En mi caso la meditación es necesaria para propiciar la imaginación. A la hora de escribir un cuento suelo hacer uso de más de un elemento, y la muerte solo podía ser uno de ellos, pues se trataba de escribir una historia, no escribir lo que uno piensa de la muerte, aunque, por supuesto, consideré lo que la muerte quiere decir para mí antes de comenzar a escribir. Para mí escribir es siempre difícil, casi diría que se trata de hacerlo difícil, proponerse algunos obstáculos. Si es sencillo de escribir, para mí no es bueno. Rafa

E s c r i b i r, l e e r y c o r re g i r e n u n m i s m o l i b ro . . . La crítica y la corrección ayudan a la escritura en por lo menos dos formas. Una: en el aprendizaje del escribir. Otra: un buen escritor no es solo el que deja correr la pluma bajo la inspiración creativa; es el que, además de eso, es capaz de revisar y corregir su propia obra con la mente fría de un crítico o un editor.

reportaje artículo

Partí de una historia real que me contaron. Los personajes son inventados, pero uno de ellos está inspirado en alguien que conocí. El entorno es típicamente badalonés, cualquier lector de la ciudad podría reconocer lugares y escenarios. Luego uní a esto la idea, un tanto sacramental, de comerse para darse vida, la idea del amor eterno que supera la muerte y que lo que está muerto puede dar vida, como digo en una frase del cuento. Me pareció idóneo mezclar la cocina con el tanatorio, muerte y vida enlazadas, ¡en un ciclo perfecto!

Esther

... es un e n e quipo

t ra b a j o

Como trabajo de equipo lo valoro muy positivamente. Los distintos puntos de vista ayudan siempre a mejorar tu trabajo. Creo que el acto de escribir es una tarea individual, íntima, pero, dicho eso, me parece de suma importancia la crítica. Los comentarios de otros escritores siempre que aporten y sean constructivos son siempre bienvenidos, claro. El resultado de Necroslogía ha sido fantástico. No me refiero a ventas y todo eso, al fin y al cabo no estaba en nuestros planes ganar dinero, pero desde el punto de vista personal, como autor y como miembro de un equipo que ha elaborado totalmente la obra, me siento muy satisfecho. Boris Rudeiko

Estoy muy feliz. De acuerdo en que la escritura es algo íntimo, individual; pero en este caso no se rompió esa premisa, ya que cada escritor abordó su relato de forma individual. Fue como armar un rompecabezas.

Gothian

Scherezade? ¿Y si ponemos como narrador al Chamán, como hilo conductor de las narraciones? Que reuniera cada noche alrededor de la hoguera a la tribu para que los poetas contaran sus experiencias con la muerte, o en una sola noche al calor de a la hoguera fuera introduciendo a los cuentistas y estos leyeran sus cuentos. Plásido Ese introito es la tabla salvadora. Es como el presentador en un show en vivo. Es una tarea vital. El fuego, la gente, el chamán, la noche. Me gusta, me agrada. Pienso que la introducción que haga el chamán debe ser buenisima. Edgardo

El Chamán lleva un libro entre las manos, concretamente Seis propuestas para el próximo milenio de Ítalo Calvino. Es un chamán de la contracultura, e imaginénúmero una reunión neohippie 15 - abril 2012 - Prosofagia 49 en Stonehenge... Plásido

número 15 - abril 2012 - Prosofagia 49

Podría venir Scherezade a contar los cuentos...


Una tribu artesanos Necroslogía, the de making-of

Alex: cuentista de Necroslogía. Abogado, lector empedernido y escritor aficionado; escribe porque cree que la fantasía de un individuo es tanto o más legítima que el apetito de un millón de hombres. Boris Rudeiko (Manuel Navarro Seva): cuentista de Necroslogía. Empecé a escribir tarde, como una manera de ocupar el tiempo disponible, en un momento en que lo tenía. Un día se me ocurrió escribir un cuento. Desde entonces no he dejado de escribir, aunque no me dedico plenamente a ello. Para mí es solo una afición. De momento. En libros solo he publicado un cuento, además del que aparece en Necroslogía. También he publicado un par de cuentos en la revista Panace@ y otros dos en Prosofagia. Por supuesto, en mi blog he publicado una treintena. clarinete (Jesús García Lorenzo): cuentista de Necroslogía. Cuando los cuentos que contaba a mis hijas al irse a dormir se me acabaron comencé a inventarme otros y los tenía que escribir para que no se me olvidaran (tengo memoria de pez). Para mí, escribir es una afición. ­ He publicado, además de en Necroslogía, en la revista Prosofagia, y en mi blog. Edgardo (Edgardo Benítez): cuentista de Necroslogía. Escribo lo que pienso y siento. Estoy identificado con algunos de mis personajes que narran entrañables pasajes de mi vida. Elisabet (Montse de Paz): cuentista de Necroslogía. A los siete años comencé a inventar mis propios cuentos y leía todo cuanto caía en mis manos. Estudié Filología Inglesa, pero una decisión personal me llevó lejos del mundo literario y académico para dedicarme a trabajar en dos asociaciones humanitarias. La pasión por la escritura resurgió cierta noche de verano… He publicado varios libros, he participado en algunos foros literarios y, por fin, con un grupo de amigos, me lancé a la aventura de editar la revista Prosofagia. Esther (Esther González): cuentista y coordinadora editorial de Necroslogía. Comencé a escribir cuentos porque un día, por puro azar, me caí dentro de un foro literario virtual. No era mi intención: tropecé con una página web y me caí. En otras condiciones, me gustaría dedicarme plenamente a ello; como es imposible, lo tomo como una afición… Aunque es una afición con ciertos rasgos de obsesión. En formato libro he publicado solo en Necroslogía. El resto ha sido en blogs, foros y revistas. Gothian (Fernando Castellano Ardiles): cuentista de Necroslogía. Nunca abordé la escritura como una simple afición. Aunque antes escribía solo lo que me pasaba, el día que decidí escribir una historia me prometí que no me detendría hasta que viera un libro mío publicado. Tengo más metas, pero primero debo cumplir esta. 50

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Necroslogía, the making-of

Nelo (Manuel Pérez Recio): cuentista e ilustrador de Necroslogía. Al cumplir los 18 gané un par de concursos de dibujo. Creí que ya no podía mejorar mucho mi técnica (carbón y plumillas), que había llegado a la cumbre y era mejor retirarse en la cima... Qué adolescente más capullo. Cabe destacar que era un apasionado del cómic de terror y los cuentos de Poe, Kafka, Lovecraft... Así que decidí empezar como guionista, ilustrando mis propios cómics; de ahí al relato y del relato a la novela hay un salto casi lógico. Pedro: cuentista de Necroslogía. Nací en Canarias, tan al sur de España que está fuera de su mapa, entre senderos que sortean volcanes y caminos que se pierden en horizontes de mar; cerca del corazón de la tierra, y de nubes que se pueden tocar. Colaborador ocasional de Prosofagia. Plásido (Plácido Fernández González): cuentista, fotógrafo y relator de Necroslogía. Tengo un libro de poemas, uno de holemas, una novela escrita y otra en proceso; eso sí, no he publicado en solitario nunca. Fotografiar siempre es una gran experiencia, sea en un cementerio o en una plaza pública, siento la mirada extrañada de la gente, como que piensan algo así: «Este bicho raro haciendo fotos».

reportaje artículo

Harvey (Antonio Romero): cuentista de Necroslogía. «Eres una persona muy aburrida a la que le gusta reír», así me definió una notaria de Logroño. Ando lento, pierdo paraguas, me medico lo indispensable y, como toda la buena gente, le tengo cogido cariño al Coyote y al pan con aceite.

pepsi: cuentista y maquetadora de Necroslogía. Yo no digo no. ¿Puede ser? Puede. Lo que puede ser puede ser muy bueno. Rafa (Rafael Homar Ferragut): cuentista de Necroslogía. Empecé a escribir canciones y de allí salieron algunos poemas e historias. En esa misma libreta, hace más de veinte años, empecé a desarrollar una historia fantástica que todavía no he terminado. Tengo otras aficiones, por lo que, aunque pudiera, no me dedicaría de lleno a escribir. También quiero vivir. Solo he publicado en mi blog, foros y en tiendas virtuales que aceptan a cualquiera. Valls (Sergio José Martínez Valls): cuentista y fotógrafo de Necroslogía. Mi afición por la fotografía no ha ido más allá del uso de una cámara digital cualquiera, más por ignorancia que por desinterés en ir más lejos. Siempre me encantó la fotografía, pero al estar ocupado con otras muchas cosas aún no ahondé en ella. Desde hace un par de añitos mi interés va en aumento gracias a algunos amigos fotógrafos, y ahora estoy esperando a poder tener mi primera réflex para reanudar mi afición y profundizar en ella. Después de escribir y leer, es lo que más deseo hacer. zoquete: cuentista e ilustrador de Necroslogía. Desde chico dibujaba como respiraba, incluso cuando no llevaba ningún lápiz conmigo, garabateando en el aire. Es un placer que no me planteo, una emoción que no racionalizo. Hace ya tiempo que lo tengo abandonado, quizás por ello a menudo me domina la asfixia. Monki & Monke: unidos por Necroslogía. Monki apareció un día en La Tribu; creímos que se iría después de calentar sus manitas en la fogata, pero lo que le gusta es bailar alrededor y se quedó. Tiene mucho miedo a la Muete (sic). Monke es el hermano gemelo de Monki, valiente y callado. Aficionado a leer. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 51

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Necroslogía, the making-of

Coordinación editorial ¿Cómo se coordinan quince autores, quince cuentos bajo un tema común: la muerte?, ¿se busca unidad o todo lo contrario? Esta obra es múltiple desde ¡múltiples puntos de vista! Múltiples latitudes, múltiples lugares de trabajo y solo uno general: la Red. Ni siquiera la realización del soporte físico del libro estaba a mano... ¿Hay diferencias ­ culturales-locales o pesan más las propias de cada autor? Pesan ambas diferencias, la social y la individual. ¿En qué medida? No lo sé. No creo que sea posible generalizar: existe una matriz cultural en la que se insertan las historias particulares de cada autor. Se podría buscar la unidad, claro. No fue lo que hicimos; y en lo personal creo que no tiene sentido organizar una antología entre autores con historias de vida y literarias tan diferentes para luego tratar de «uniformarlos»; se perdería la riqueza de esa variedad. Por eso, decimos claramente en la contratapa: este es un libro para lectores que gustan finalizar un cuento sin saber cómo será el que sigue a la vuelta de la página. No todos los lectores gustan de esta variedad. Aunque quienes estamos acostumbrados a la forosfera y la blogosfera hemos incorporado, naturalmente, la costumbre de saltar, relato a relato, de autor, estilo y tema... El libro está dividido en varias horas en las que aparece el Chamán, esos grupos de cuentos en cada hora ¿son casuales o siguen algún esquema? El Chamán actúa como doble hilo conductor: por un lado, introduciendo, en los diferentes momentos de la noche del solsticio de invierno, distintos grupos de cuentos; por el otro lado, hay una lectura a hacer de las lecturas que él hace del libro que tiene en sus manos. Hasta dónde el Chamán cumple su función, y si existe o no una cierta organización en los grupos de cuentos… Creo que la percepción de cada lector puede llevar a respuestas distintas. Valoración del trabajo: lo bueno, lo malo, las sorpresas. Me gustó mucho ver crecer los relatos y el libro. No me gustó nada la revisión de los detalles formales de la maqueta, cuestión bastante aburrida (si el nombre de cada autor es exactamente el mismo en todos los sitios donde aparece, si no existen errores en el índice, si no se «escaparon» cursivas al maquetar, etc.). No tuve muchas sorpresas con la hechura del libro, pues básicamente la experiencia es similar a la de la edición de Prosofagia. Por eso, quizás lo único que me representó una sorpresa fue el que tuviéramos que organizar de nuevo los textos de las solapas porque las dimensiones que nos exigían en Bubok no se compadecían con las tradicionales. ¿Cuántas horas lleva hacer un libro? Muchas horas. Aun en el caso de disponer de amplia experiencia y que sea de autor único lleva mucho tiempo. Un libro no es úni­ camente su contenido; es también un objeto que posee, en sí mismo, un valor estético y cultural independiente de su contenido. Se requiere, entonces, tener en cuenta y cuidar un sinnúmero de detalles. Esto es lo más interesante, a mi juicio, del proceso de elaboración de Necroslogía como libro —o sea, más allá del valor literario de los relatos—: el constatar, en la práctica, que el lento, a veces creativo y divertido y a veces desesperante trabajo de pensar, elaborar, ajustar, re-elaborar, es necesario para producir un libro que, cuando lo tienes en tus manos, se siente, se palpa como un libro y no como una sumatoria de entradas de blog o de archivos word. Esther

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Las fotos ¿Cómo se hace la portada de una antología de la muerte?

Valls Es una foto difícil en un lugar en el que no se puede cambiar el atrezzo. El fotógrafo, Valls, nada puede colocar o quitar, es un instante «robado». Lo bueno es la atmósfera que empapa la imagen, el momento y el encuadre ­ que eligió. Lo malo son los detalles a ocultar o retocar, como una zona oscura al lado de unas flores, recortar el protagonismo del árbol para que no resultara demasiado lúgubre. Pero siempre considerando la concepción original de las fotos, y también con

respeto a la realidad de los difuntos y sus familias (borrado de los nombres en las lápidas). Para toda la cubierta extendida le dimos una textura de papel kraft (como el fondo de este reportaje) para unir las superficies y como toque distintivo, ya que en las imprentas bajo demanda no hay variedades de papel para escoger, solo cartulina brillante, y queríamos resaltar la idea de artesanía del proyecto. pepsi

reportaje artículo

Siempre intento usar elementos del entorno como marco de las fotografías que hago: una farola de pared, un balcón... En este caso, el árbol me facilitaba el marco derecho, subiendo por la esquina y cubriendo con las ramas y la sombra la parte superior. El conjunto sumía en sombras los nichos. Los bancos solitarios me producen una impresión de personalidad única. Son íntimos, reflejan al pensativo, al escritor y al lector; también me causan como una tristeza, una nostalgia de tiempos mejores/peores, distintos. Asocio los bancos de madera con el otoño y el caer de las hojas de los falsos plátanos. No sé por qué. Quizás me recuerdan a mi abuelo.

¿Y la contraportada? Una técnica fácil de realizar y muy efectiva es la «selección de color», hay que seleccionar muy bien el motivo y extraer un área específica, que interese. El fondo acompaña al motivo resaltándolo, disminuyendo su presencia la foto queda más redonda. En esta foto la rosa estaba espléndida, y ella, la rosa que representa la belleza, el alma, el sueño, el amor, lucía junto a cruces, símbolos de la muerte, ese era el momento. El motivo era la rosa, la resalté para significar que la vida es más que la muerte, sin vida, sin alma no habría muerte, la muerte viene después de la vida, al revés no, la vida no viene después de la muerte, aunque también pensé que había resucitado, en forma de rosa, el que estaba enterrado junto a ella. Plásido

número 15 - abril 2012 - Prosofagia 53

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Hablan los ilustradores ¿En qué se inspiraron para las ilustraciones de Necroslogía? En el proceso de pensar los dibujos me impactaron varias frases de mis compañeras y compañeros. Clarinete, por ejemplo, dice: «La muerte es el fin de la juventud y la liberación de la vejez». Me fue inevitable, entonces, imaginarme a esa señora encorsetada en las obligaciones sociales, en su propia historia personal, en sus deberes e imagen que, al morir, rompe tantas cadenas liberando un espíritu libre y, por lo tanto, alegre. Algo así se esconde en la imagen del personaje que se descompone en maripositas, primavera siempre presente tras toda descomposición, o eso me gustaría pensar. zoquete Viendo la serie The Walking Dead, se me ocurrió la ilustración de la mano saliendo de la tierra, y el ojo asustado tras ella. La muerte que renace ante la aterrada mirada de un ser vivo. Y el ángel sobre la lápida. Recuerdo una escultura similar en un cementerio y me pareció una bonita imagen, poética, desgarradora incluso, sobre la que caben múltiples interpretaciones. No me juzguen por lo que voy a decir, pero me encanta pasear por los cementerios; es una extraña sensación: se puede sentir tanta paz en medio de una multitud… Respecto al beso de la muerte: como todo buen pervertido que se precie, imaginar a una hermosa mujer besando un cráneo vacío y frío me resulta morboso y hasta excitante; esa rendición incondicional, el efecto de la dominación por sugestión... Me crié con el vampus, el sos, el creepy… en la adolescencia, y ese tipo de escenas me resultan atractivas. En dicho dibujo, inspirado en la foto que subió zoquete, se conjugaban un compendio de ideas y sensaciones afines. Nelo Esta estatua se encuentra en el cementerio de Poblenou de Barcelona y fue creada en el taller de esculturas de mármol de Jaume Barba. Parece haber sido realizada por Joan Fontbernat. La estatua fue encargada por la familia Llaudet hacia 1930, tras perder un hijo, y pretende representar los siguientes versos de Mossèn Cinto: Mes son cor jovenívol no pot més; en ses venes la sanch s’atura y glaça y l’esma perduda amb la fe s’abraça sentint-se caure de la mort al bes.

(Mas su joven corazón no puede más; en sus venas la sangre se detiene y se hiela y el ánimo perdido con la fe se abraza sintiéndose caer al beso de la muerte.)

La muerte se presenta aquí con alas, lejos de otras figuras más tradicionales, en una posición más sensual que tétrica, donde el último aliento se transforma en beso. Es una obra muy representativa del cementerio y ha sido expuesta en diversas muestras de arte mortuorio de toda Europa. (Extraído y traducido del blog &Piscolabis Librorum)

Y una noticia en primicia:

zoquete

Un educador infantil vio la escena del ángel caído en miniatura y accedió a Necroslogía por un link de mi web. Le gustó el aspecto del libro y se atrevió a contactarme. Está implicado en un proyecto educativo que incluye un cuento y nueve libros de texto. Me preguntó si podía hacerle unas láminas, le mostré mi estilo en una servilleta de bar y le pareció aceptable. Serán unos 15 dibujos infantiles a color. No pretendo dedicarme a dibujar, pues los márgenes de beneficio son muy bajos y ya tengo un trabajo en el que me desarrollo profesionalmente y por el que percibo un salario decente, pero confieso que me resulta divertido embarcarme en ese proyecto, aunque implique un importante cambio de registro... Nelo 54

prosofagia - número 15 - abril 2012


Necroslogía, the making-of

Un prólogo de lujo Mi primer recuerdo, junto a la escritura, es la lectura. De muy niño, leyendo el Quijote y la Biblia, los dos libros de casa de mis padres. He publicado un par de novelas, varios poemarios y he participado en antologías de relatos y poesía. Codirijo la revista Ágora, papeles de arte gramático y desde hace un año, la edito junto a Fulgencio Martínez. ¿Será la primera vez que Francisco Javier haya prologado un libro? No lo parece, a tenor de su buen hacer... Sí, he prologado varios libros. Me parece un honor inmerecido que autores o autoras me pidan que les prologue su obra, a lo que no puedo negarme. He prologado, hasta el momento, obras de poesía, de novela, de ensayo, de relatos... ¡Y estoy deseando que alguien me pida que le prologue una obra de teatro! La labor de escribir un prólogo para un libro, que además reúne a diferentes relatos/diferentes autores, debe ser una difícil tarea que precisa del esfuerzo de una lectura muy atenta pues obra también como una presentación hacia el lector, ¿cómo se aborda una tarea así?, ¿qué punto de vista se adopta?, ¿qué es lo más fácil, y lo más difícil?

reportaje artículo

Francisco Javier Illán Vivas: prologuista de Necroslogía.

Lo primero que suelo hacer es leer la obra, casi de pasada en el sentido de sin interrupciones, si es posible, lo que hice con Necroslogía. Después suelo coger el rotulador para subrayar aquellos aspectos que me parecen más interesantes, ideas, momentos brillantes, incluso negativos. Por último suelo pasar esas notas al papel y me dispongo a escribir. Dedico alrededor de un mes al prólogo, dejando reposar esas ideas que he tomado, como semilla, que finalmente florece. En el caso de Necroslogía me pareció todo sencillísimo, como caminar cuesta abajo, en una leve pendiente, todo un placer que espero disfruten los lectores de este libro. ¿Lo más difícil? Comprimir todas las ideas que había tomado en tan poco espacio, ya que no se trataba de que el prólogo fuese más extenso que los relatos, esa es la tarea más difícil ante una obra tan sencilla y agradable de leer como Necroslogía. Acantilados de papel, 396: Necroslogía (El comentario del prologuista en su blog de Diario Druida.) Otros sitios webs de Francisco Javier: http://lacoleradenebulos.blogspot.com/ Revista Ágora, papeles de arte dramático

as n Viv á l Il vier co Ja is c n Fra

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Necroslogía, the making-of

Ya tenemos el libro

¿Qué fa lta ?

Lo ha dicho Monki: maquetar el libro. Fue un proceso también de equipo, de artesanos. Elaboramos varias pruebas de diseño una vez calculado el tamaño de papel, la extensión de los cuentos, la mancha de texto, los márgenes, los estilos de párrafo, las sangrías... Escogimos la tipografía, adaptamos la letra, el interlineado, los tipos numéricos, las versalitas, el estilo de capitulares, cómo serían las portadillas, la paginación, dónde irían las ilustraciones, etcétera. Fue un trabajo divertido, aunque también muy largo pues teníamos que conjugar formatos de impresión en papel, de lectura en pdf y de web, y lo que funcionaba bien en papel luego no se veía bien en la página web, y viceversa. En este punto quiero mencionar que el ánimo es algo fundamental, a veces te sientes frustrado por tener que rehacer tareas; por suerte en nuestro gremio artesano tenemos a Valls, incansable. Siempre implicado y siempre optimista, animando al grupo. Ya maquetado el libro, a repasar y repasar, a corregir las ladronas, saltos, cortes... Y las erratas. Esther dice que no le gusta esta parte del trabajo, yo más bien creo que tensiona mucho porque estás ya al final del libro, son tantas horas echadas atrás y te parece que nunca terminas, que siempre quedan cosas. Pero nuestros cuentos merecían como todas las obras lucir, ser resaltados, y en eso pusimos el empeño, porque entendemos que los cuidados ortográficos y ortotipográficos son parte del compromiso con la escritura y con la lectura.

Valoración de la impresión

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Con todas las ventajas que ofrece un servicio de impresión bajo demanda, este conlleva muchas limitaciones (no tanto porque sea una impresión digital, sino porque las posibilidades que se ofrecen hasta ahora en la Red para esta modalidad son escasas) y nos tuvimos que adaptar. Siendo además online nadie estaría presente en la imprenta, fue un acto de imaginación y previsión extra, y también de fe. Aun así, el resultado ha sido satisfactorio, los colores como debían ser, y la «masa de tinta» no desmerece de la de una impresión en offset. pepsi

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Pero queremos saber un poco más...

Es una princesa monki, venida de lejanas tierras para narrar los cuentos de Necroslogía. Al final, fue el Chamán (como ya sabemos) quien obró de hilo conductor con la creatividad de Plásido y la presencia de Ítalo Calvino (Ver vídeo-trailer de Plásido con la música original de Gothian y las ilustraciones de Nelo y zoquete). Pero Scherezade no hizo el viaje en vano. Surgió la chispa del amor y hoy en día es la novia de Monki.

¿Y Monke? Es el hermano gemelo de Monki. Separados al nacer, Monke fue robado por el circo gitano del terrible Kodiak, obligado a hacer equilibros en el alambre y al hurto al descuido de los espectadores. Para escapar se enroló en la Legión Extranjera, luego en los Lanceros Bengalíes, y es en la India donde conoció a Scherezade. Necroslogía ha cambiado su mala vida, pasando de ser un novio de la muerte a proteger a Monki de la Muete. Creemos, aunque él no lo dice, que está enamorado de Scherezade.

reportaje artículo

¿Qué pasó con Scherezade?

Y entonces... ¿Quién es la Muete? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Cuando elegimos el tema de la antología, Monki nos dejó una nota. Poco después, apareció este personaje extraño del que huye Monki.

Todos los detalles del libro en: http://necroslogia.blogspot.com/ Podéis seguir las andanzas de Monki en Monki-Town Y también leer la historia apócrifa de Necroslogía

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La vida siempre se a bre ca mino


Revista Literaria PROSOFAGIA


entrevista

HernĂĄ n Ca scia ri

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Hernán Casciari Corría el año 1982. Desde la ventanilla del tren era fácil identificar la estación de Mercedes: una amplia playa ferroviaria, altos silos, y más allá la ciudad, desplegada bajo un denso cielo de antenas de televisión. Mercedes, tan cerca del conglomerado urbano del Gran Buenos Aires como para que muchos mercedinos viajaran todos los días a su trabajo en las cercanías de la Capital, estaba, empero, recostada en los campos, el río y los parques boscosos, y su condición de ciudad importante no impedía que los vecinos se conocieran de toda la vida ni tampoco las siestas lentas del interior de la provincia. En ese año y en Mercedes Hernán Casciari y Chiri editaron su primera revista. Ambos tenían once años y estaban en sexto grado de la escuela primaria. Según cuenta Hernán, pese a que repartieron los veinte ejemplares en el aula, «la crítica fue indiferente». Treinta años después, desde Saint Celoni, cerca de Barcelona, hicieron temblar los cimientos de lo aceptado con una revista que planificaron tomando las reglas de la industria para hacer todo lo contrario, que vendió 10 000 ejemplares antes de que apareciera el primer número y que para el segundo ya era mítica: Orsai.

—A los once años, vos y Chiri editaron su primera revista, y siguieron haciéndolo durante toda la escuela, a razón de una por año. ¿A los once años te sentías lector, escritor, periodista, o todo eso junto? ¿Y ahora? —A los once años queríamos hacer reír a los compañeros de clase con esas revistas. Leíamos mucho más que el resto, eso seguro, y no soñábamos con ser periodistas porque teníamos una grabadora y una máquina de escribir. Lo éramos. Salíamos a la calle a hacerle reportajes a los vecinos. Lo único que recuerdo es que nos divertíamos mucho. Y ahora es exactamente igual. —Obtuviste tu primer premio literiario con apenas veinte años: 1.er Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991), con Subir de espaldas la vida. ¿Qué significó para vos? En ese momento, ¿era tu objetivo dedicarte a la escritura de ficción? ¿O deseabas ser periodista? —A los 20 años me pasó una cosa horrible: quise ser escritor. Y desde esa edad, y hasta los 30, escribí muchísimo y muy mal. Tuve algunos reconocimientos en certámenes literarios, y eso fue peor, porque me certificaron en un camino horrible. Pretendía ser inteligente, todo lo que escribí en esa época era malísimo y yo lo sabía. De verdad lo sabía. Algunas veces me salía algo bien, pero en general era todo muy malo. Sin embargo, no encontraba otra manera de hacerlo. —En tus inicios, ¿cómo aprendiste a escribir literatura? ¿Escribes diferente desde que comenzaste a incursionar en la Red? —Creo que de los 17 a los 20 escribí muy bien, con la frescura necesaria. Después ya no, porque de repente me empezó a parecer un oficio importante. 60

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Hernán Casciari

—¿Qué de Mercedes, tu ciudad natal, ha hecho que no sea fácil discernir hasta qué punto eres un argentino que siente nostalgia viviendo en España y hasta qué punto un mercedino que siente nostalgia viviendo en España? —No, definitivamente mi nostalgia es de personas, no de porciones geográficas. Durante los últimos años tuve la suerte de que muchos de mis amigos de la infancia se vinieran a vivir conmigo a Sant Celoni y no sentí ninguna melancolía. —Sin dudas, eres uno de los pioneros de la blog-novela. Hoy, es una forma de hacer literatura que parece «normal»; no era ese el caso en el 2003, cuando iniciaste tu blog sobre las andanzas de Mirta Bertolotti, la señora gorda de Mercedes. En ese momento, ¿eras consciente de que estabas innovando en las formas de hacer literatura? —Cuando conocí la existencia de los blogs pensé, con toda la naturalidad del mundo, que todo el mundo lo estaba usando para escribir cuentos. ¿Qué más, si no? Cuando me puse a escribir mi cuento de la mujer gorda yo pensaba que sería un cuento más entre miles.

entrevista

Cuando me vine a vivir a España desistí de ser escritor y empecé a escribir en Internet para nadie, con la frescura aquella del principio.

—¿La blog-novela es una verdadera innovación en el campo literario? ¿O es el aplicar tecnologías modernas al viejo folletín, ese con el que en el siglo xix se expandió la novela como género literario? —La verdadera innovación es la velocidad de conexión entre un autor y sus lectores. Lo demás serán siempre 27 letras, tu talento y tu suerte. —¿Por qué crees que la historia de Mirta Bertolotti tuvo tanto éxito? Existen muchas blog-novelas… Y no todas son exitosas. —Yo creo que estuve ahí, sin saberlo, en un momento propicio. Alguien iba a ocupar ese lugar cinco minutos más tarde, si me hubiera quedado dormido. ―El día que una editorial como Plaza & Janés te contactó para publicar tu blog-novela, ¿qué pensaste? —Fui muy feliz. Yo pensé que el sueño de vivir de la literatura se había muerto tres años antes, cuando desistí de ser escritor. Me pareció casi una lección con moraleja. ―Lograste el sueño de todo escritor novel, sin casi proponértelo: publicar por cuenta ajena con una editorial de prestigio. Y continuaste publicando con editoriales. Sin embargo, unos años después, rechazaste seguir en la rueda del mundo editorial convencional. Lo has explicado en muchos lugares, pero… ¿qué es lo que te indignó especialmente, y que te llevó a continuar la aventura por tu cuenta? —Hubo de todo. Pero lo que más me sacó siempre de quicio es que no me distribuyeran bien en Argentina. —¿Qué se necesita para que una idea trasnochada, romántica, ridícula, arriesgada y divertida —como definiste la idea de hacer Orsai— se convierta número 15 - abril 2012 - Prosofagia 61


Hernán Casciari en una realidad concreta y palpable? ¿Qué, de todas las cualidades anteriores, perdura o puede perdurar cuando se concreta la idea en un hecho? —Se necesita tener una comunidad de lectores fieles, primero que nada. Es imposible salir a gritar que necesitas gente para llevar a cabo una idea, y que del otro lado haya solamente seis personas. Y para perdurar en esa idea hay que mantenerse amateur todo lo posible. —Cuéntanos por qué llegó Comequechu a Sant Celoni, y qué está sucediendo con el bar abierto en Buenos Aires. —Comequechu vino a hacernos unas pizzas muy ricas que nos hacía en ­Mercedes cuando, con Chiri, dirigíamos un periódico allí. Puso una pizzería en Sant Celoni con capital de Orsai. Y cuando nos dimos cuenta que en Buenos Aires había muchos más clientes que en Sant Celoni, mudamos la pizzería para allá. Y junto a la pizzería, mudamos la redacción completa. Hoy en día, soy el único que está en España: el staff está en Buenos Aires. Y el bar funciona muy bien, ya es un clásico. ―En la editorial de la primera revista hablas del olor del papel, del ansia con que nuestros abuelos esperaban una publicación impresa y la tomaban, la abrían con cariño y aspiraban el olor a «celulosa y a tinta». También hablas de honradez y de una relación íntima y directa, de tú a tú, entre los autores y los lectores. Cito: «Ojalá que cuando pase el tiempo y huelas estas páginas ―que estarán ajadas y viejas― el olor te recuerde que había una cierta honestidad en el aire, y que se podía soñar con una revista. Que te recuerde una época, muy intensa y rara, en la que diez mil ochenta lectores y veinticuatro autores se comunicaron con alegría. Sin nadie por medio». Toda una declaración de intenciones… ¿Quieres comentárnosla un poco? —Yo creo que lo digo muy clarito en ese párrafo. Me gusta el siglo xix y me gusta el siglo xxi. Al que odio bastante es al de en medio. —¿Qué es, para vos, «cultura libre»? Una literatura inscripta en la idea de cultura libre, ¿implica que los autores u otros actores de la cadena del libro deben resignar el obtener beneficios económicos por su actividad? —Cultura libre es que nadie tenga que quedarse fuera de un hecho artístico por falta de monedas. No significa que los autores deban resignar sus beneficios. Significa que, después de percibir sus beneficios, tienen el deber moral de liberar su obra. —¿Tienes tiempo para seguir escribiendo ficción? —Hace un año y medio estoy escribiendo una novela. La trama es así: dos amigos que se conocen desde toda la vida, y que hicieron revistas amateurs desde los once años, llegan un día a los cuarenta y renuncian a todo lo que estaban haciendo para intentarlo de nuevo. Llaman a un viejo amigo pizzero, lo invitan a esa aventura, y ocurren cosas en el medio. La escribo todos los jueves en el blog. Creo que a finales de este año la termino. ―¿Qué distancia hay entre el Hernán Casciari de carne y hueso y el narrador de tus historias? —Véase respuesta a pregunta anterior. 62

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Hernán Casciari

―¿Cuáles son los nuevos proyectos asociados con el «proyecto Orsai»? ¿Tienes planes de futuro? ¿Otras ideas rompedoras, en lo literario, que vayan más allá de la revista? —Supongo que nos encaminamos sin remedio a gestar una editorial en donde cinco mil lectores eligen los libros que quieren leer. Estamos trabajando mucho en la concepción informática de ese proyecto, mientras esperamos a esos cinco mil lectores que paguen por la experiencia (nos faltan mil, creo que a finales de marzo empezamos). ―Hernán, ¿qué le recomiendas a un autor novel que arde en deseos de publicar su obra? —Que arda sin miedo, pero no por publicar. Que arda por ser leído.

entrevista

—Tus historias, a partir de Más respeto que soy tu madre, son conocidas, leídas, traducidas y de fácil acceso. Mas, ¿qué sucedió con las obras que te valieron premios antes de la blog-novela? ¿Nos podrías resumir su esencia, o su intención, en un par de frases? —Me avergüenza mucho esa etapa, pero sé que me sirvió para soltar la mano. Si un escritor tiene que escribir necesariamente 1 000 páginas malas para empezar a escribir la primera página buena, yo las escribí en esa década.

—Prosofagia es una revista literaria que nació hace tres años, asociada con un foro literario virtual, sin publicidad, sin fuente alguna de ingreso, de distribución gratuita en la Red, y que tiene como política editorial buscar la calidad a través de un camino poco convencional: ofrecer un punto de encuentro entre escritores y otros actores sociales del libro, de reconocida trayectoria y prestigio, y escritores o articulistas noveles o con escasa experiencia. ¿Crees que un proyecto de esta naturaleza es sustentable en el tiempo? —Si hay pasión, y paciencia, tiempo y espacio son lo de menos. Muchas gracias por tu tiempo, y que orsai, con todo el proyecto que hay detrás, tenga una larga vida.

Elisabet y Esther número 15 - abril 2012 - Prosofagia 63


Hernán Casciari

Hernán Casciari nació en Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, en marzo de 1971. Escritor y periodista, ha saltado a la fama por aunar la literatura con Internet.

En su juventud formó parte de la redacción de varias revistas y periódicos (La Ventana, Protagonistas, El Domingo). Ganó el 1.er Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires en 1991, con la obra Subir de espaldas la vida, y en 1998 obtuvo el Premio Juan Rulfo, en París, con Nosotros lavamos nuestra ropa sucia. En el año 2000 se afincó en España. Comenzó a escribir en varios blogs y poco a poco llegó a tener miles de seguidores. Su blog-novela http://mujergorda.bitacoras. com/index.php fue publicada por Plaza & Janés en 2005, con el título Más respeto, que soy tu madre y posteriormente por Editorial Sudamericana con el título Diario de una mujer gorda. También en Plaza & Janes publicó en 2007 otro libro basado en su experiencia como inmigrante: España, perdiste. Sus libros más recientes son El pibe que arruinaba las fotos y El nuevo paraíso de los tontos. Ha colaborado con el diario español El País y el argentino La Nación. Desencantado del mundo editorial y de la prensa, en 2010 deja de escribir en ambos periódicos y se lanza a una nueva aventura por libre, con un grupo de amigos: la edición y publicación, en versión impresa y bajo demanda, de una revista literaria, Orsai. Sin publicidad alguna, y autofinanciada por sus sucriptores, sus primeros números han rebasado los diez mil ejemplares y se distribuyen por todo el mundo. Hernán Casciari en Wikipedia Revista Orsai: http://editorialorsai.com/ Libros de Hernán Casciari: http://orsai.bitacoras.com/libros

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Hernán Casciari

entrevista número 15 - abril 2012 - Prosofagia 65

La Torre Eiffel - París, Francia. Foto de Daniel Seller Suárez


Revista Literaria PROSOFAGIA Revista Literaria PROSOFAGIA

La Noria - Plaza de la Concordia, París, Francia. Foto de Daniel Seller Suárez

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artículo

S admiten e

Rosa Gil - Foto Lluis Miquel Palomares

Se admiten adultos

adultos

Rosa Gil

Leímos Harry Potter y nos gustó. Y no nos da pudor confesarlo. La sombra de los best seller juveniles proyecta su magia hacia los lectores adultos.

L

a crítica literaria los llama libros crossover. Se trata de un término, al parecer, hereda­ do de la música clásica, que designa a determinadas piezas que han alcanzado mucha popularidad. En el ámbito editorial se refiere a libros dirigidos al público juvenil que, sin embargo, los adultos adoran. Su estrella empezó a ascender cuando la editorial Bloomsbury, que publica la saga de Harry Potter en Gran Bretaña, se dio cuenta de que mu­ chos adultos compraban las peripecias del niño mago y que forraban los libros para poder leerlos sin pudor en el metro y en el autobús. Pensando en ellos, Bloomsbury lanzó el quinto libro de la serie con dos portadas: una clara­ mente infantil y otra más sobria, que no avergonzara a los lectores «serios» en lugares públicos. La idea tuvo un éxito tremendo. El 15 % de Harry Potter y la Orden del Fénix se vendió en edición adulta; el 23 % de Harry Potter y el misterio del príncipe; el 40 % de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 67


Se admiten adultos Actualmente, Bloomsbury calcula que el 60 % de los lectores de la saga son mayores de 18 años. Y el niño mago no es el único que ha logrado este efecto. El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, o El curioso incidente del perro a medianoche (ambos de Salamandra), de Mark Haddon, son también best seller escritos para jóvenes y apreciados en todos los segmentos de edad. Incluso han surgido sellos específicos para albergar este subgénero. Seix Barral lanzó en 2010 «Biblioteca furtiva» y Siruela lleva años publicando crossover en su colección «Las tres edades». Curiosamente, el fenómeno no ha atraído especial atención de los medios, que sí se han volcado con entusiasmo en modas más centradas en el contenido (vampiros, zombis, ángeles, cuentos de hadas). Algunos críticos engloban la tendencia en el fenómeno kidult (mayores de edad que disfrutan con videojuegos, juguetes y cómics) y hablan de la infantilización de los gustos adultos. Pero, francamente, con la misma lógica simplista podríamos hablar de la «adultización» de los gustos de nuestros niños y congratularnos porque sean capaces de dis­ frutar con literatura menos condescendiente de lo habitual. Por supuesto, hay libros crossover que no merece la pena leer (en el top ten de esta lista, para mí, está el fenómeno de ventas Crepúsculo). Pero los que reúnen cierta calidad combinan códigos reconfortantemente familiares con un segundo nivel de lectura más elevado que les da ese «algo más» que necesitan los adultos. La materia oscura (Ediciones B), de Philip Pullman, puede parecernos una trilogía juve­ nil con magia, viajes iniciáticos y universos alternativos. Pero en ella no hay nada de inocuo. Cuenta con un trasfondo furibundamente iconoclasta y una enmienda a la totalidad a cual­ quier religión organizada. Y ningún pelo en la lengua. Condena a todas las iglesias por reprimir cualquier impulso natural en los seres humanos, nos presenta a un Dios chocheante subordi­ nado a un grupo de ángeles inmisericordes, y a un fanático miembro de la Iglesia absuelto pre­ ventivamente de cualquier asesinato que pueda cometer en su «misión divina». Por supuesto, la adaptación cinematográfica de la primera entrega de esta trilogía, La Brújula Dorada, omitió los aspectos más polémicos del libro. Y, por dar solo dos ejemplos, pobres de quienes aborden Nada (Seix Barral), de la danesa Janne Teller, con espíritu condescendiente, porque su existencialismo sin final feliz nos dejará clavados al asiento y listos para ponernos, acto seguido, con La carretera, de Cormac McCarthy. Seguramente, los más jóvenes no captarán toda la profundidad de estos libros y recorda­ rán, más bien, la peripecia de los protagonistas. Pero precisamente estos libros «crecederos» son los que conservamos a nuestro lado durante toda la vida, los que releemos y redescu­ brimos constantemente. La historia interminable (Alfaguara) puede ser una bonita novela de fantasía, pero contiene también abundantes reflexiones sobre la identidad, el deseo, las con­ secuencias de nuestros actos, el amor y la amistad, todas ellas desde un punto de vista antro­ posófico; y la ya mencionada La materia oscura, a pesar de sus osos acorazados y sus brujas, es una reescritura a la inversa de El paraíso perdido de Milton. La crítica literaria, de hecho, no tiene reparos en premiar un libro juvenil cuando su cali­ dad es indudable. La tercera entrega de La materia oscura fue el primer libro infantil en alzarse con el Premio Whitbread y en quedar finalista para el Booker, en 2001. Al año siguiente, por cierto, el Booker fue para Vida de Pi (Destino), de Yann Martel, un crossover con todas las le­ tras. Y en 2008 J. M. G. Le Clézio, un autor que piensa que la literatura infantil debería jugar en el campo de la gran literatura, se alzó con el Nobel. Tal vez los que minimizan la literatura infantil piensan que las historias con niños como pro­ tagonistas tienen que ser para niños; eso es como decir que solo los desequilibrados pueden disfrutar del Quijote o que solo los enfermos de tuberculosis deberían leer La montaña mágica. Y, si logramos interesarnos por las andanzas de caballeros manchegos y enfermos filósofos, con mucha más razón deberíamos sentir curiosidad por los vericuetos de la psique infantil. Sobre todo, si el niño en cuestión es el hijo de un oficial nazi que descubre solo a medias la realidad de 68

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Se admiten adultos

artículo

Auschwitz, como el protagonista de El niño con el pijama de rayas; un autista de grandes capa­ cidades matemáticas como el que narra El curioso incidente del perro a medianoche o un joven cartógrafo obsesionado por el detalle como el de Obras escogidas de T. S. Spivet (Seix Barral). Por otra parte, por mucho que la crítica y los medios disfruten etiquetando y clasificando géneros, la literatura crossover es tan antigua como..., bueno, como la literatura en sí. Dado que el género infantil es, como corresponde, muy joven (nació en el xvii), durante siglos fue­ ron los niños quienes hicieron el viaje hacia textos no pensados para ellos: relatos mitológicos, fábulas, cuentos de tradición oral, los textos artúricos... La cosa empezó a cambiar a finales del xviii, cuando la lectura en la infancia dejó de tener un objetivo exclusivamente educativo o moralizante y se abrió al placer de leer por leer. Grandes au­ tores como Mark Twain (Huckleberry Finn, una de las primeras grandes novelas juveniles, es tam­ bién un libro crossover de manual) o Lewis Carroll (solo un matemático podría haber creado la ló­ gica absurda y atinada de Alicia en el País de las Maravillas) dieron la vuelta a tan triste concepción de la literatura. No siempre de forma deliberada, ojo: Los viajes de Gulliver se escribió pensando en adultos y El Hobbit, en niños, pero lo cierto es que ambos admiten lectores de cualquier edad. Y, dicho todo esto, ¿por qué deberíamos tomarnos la molestia de acercarnos a estos libros? ¿Qué encontraremos en ellos que no tengan los textos exclusivamente para adultos? Cada uno de los libros mencionados en este artículo puede responder por sí mismo esta pregunta, pero se me ocurren dos buenas razones generales. La primera es que nos ofrecen un espacio compartido con nuestros hijos, una lectura que podemos comentar en igualdad y disfrutar sin­ ceramente. No importa que los niveles de lecturas sean diferentes: a los adultos, estos libros nos proporcionan una reconfortante sensación de retorno al hogar; a los jóvenes, una satis­ facción aspiracional, la sensación de estar leyendo algo que está casi al límite de su capacidad. La segunda razón es que las novelas juveniles suelen contar con una gran virtud casi olvidada en otros géneros literarios. En ellas, lo importante no es un estilo innovador, una estructura sofisticada ni un punto de vista múltiple: prescinden de todo artificio para proporcionarnos lo primero que nos hizo enamorarnos de la lectura cuando éramos niños: una buena historia. Rosa Gil

Cádiz y se aficionó desde pequeña a los libros y tebeos. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y ha trabajado para diversas editoriales y medios de comunicación. Redescubrió su fascinación por la narrativa juvenil gracias a su trabajo como redactora en revistas infantiles y escribió su primera novela: Bruno Dhampiro (2008, Espasa). Actualmente busca editorial para el segundo tomo de las aventuras de Bruno.

Foto Rosa Gil

Rosa Gil (Madrid, 1975) creció en

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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Estadio Olímpico de Munich, Alemania. Foto de José Luis Jaime Cortés


Cómo engañar a un lector editorial

artículo

Cómo engañar a un lector editorial Xavier Carrascosa

H

e leído con interés el artículo sobre lectores editoriales escrito por Melusina en la revista Prosofagia, número 13. En él, esta lectora da buena cuenta de los entramados del oficio y lo explica desde su punto de vista profesional. Te­ niendo este texto melusino como guía para lo que voy a contar a continuación, advertiré que yo no soy —ni mucho menos— un lector que trabaje para editorial alguna, ni siquiera un crítico literario ni nada que se le parezca. Así pues, ¿qué puedo contar? ¡Casi nada! Pero como aspirante a escritor publicable me zambullí en sendos cursos de lector y crítico literario que me han ayudado enormemente a pulir mis propios textos, en base a lo que en ellos aprendí. Y este pequeño manual «a prueba de lectores» es lo que ofrezco en este artículo.

¿Qué se publica? Dijo Adlai Stevenson que «un editor es alguien que separa el trigo de la paja y publica la paja». No seré yo quien le contradiga, aunque cabría matizar la frase. El editor publica lo que demanda el mercado, esto es, el grueso de los lectores. Si a la gente le ha dado por leer novela histórica, pues allá que te va, el editor publicará sucedáneos de códigos da vinci. ¿Que se pone de moda el rollo vampírico? Pues ahí ataca de nuevo el editor, publicando los deva­ neos bobalicones de chupasangres en plena edad del pavo. Y no solo se fija nuestro amigo en el género, la trama o el estilo; va aún más allá, también cobra importancia el sexo del es­ critor, que no es como el de los ángeles, sino que resulta de vital importancia habida cuenta del mayor número de lectoras que de lectores. Afortunadamente no todos son así; el escritor Enrique ­Vila-Matas, en su novela Dublinesca, nos presenta a ese editor devastado que aban­ dona el mundo de las letras por no querer plegarse a los designios del mercado. Su personaje principal, Rivas, se me antoja el último editor inocente, puro, amante sincero de sus escritores. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 71


Cómo engañar a un lector editorial Pero vamos a entrar en materia, porque todo lo anterior no te habrá servido para pulir mejor tu obra si eres —por desgracia— un escritor novel con una novela policíaca bajo el brazo, o cualquier otra novela que no encaje según las demandas del mercado. Sabiéndose en tamaña desgracia en el mundo editorial, un escritor novel —con una novela policíaca bajo el brazo— llamado John Locke se autopublicó en Amazon y «que sea lo que Dios quiera» debió pensar. Y Dios —o el santo de turno— quiso que vendiera un millón de copias de sus libros, por lo que ahora se lo rifan en las editoriales. ¿Qué quiere decir esto? ¡Que te lances, que confíes en ti! Pero ¡ay!, si no eres vendible el lector lo pondrá en su informe; las editoriales no apuestan por alguien en balde. Por muy bien que escribas te darás contra el muro editorial si tu obra no goza de una supuesta capacidad comercial que la pueda convertir en un best seller; y el que tiene que ponerle nota a este fundamental aspecto de tu libro es el lector editorial. Luego, una vez publicado, ya te lo destripará el crítico literario, pero esa es otra raza en este mundo para la cual no tengo palabras. Depende de ti cómo quieras venderte, pero recuerda: el lector valora de forma diferente al John Locke desconocido que al John Locke del millón de ventas.

Informe del buen lector Hay distintos lectores editoriales, pero nos vamos a centrar en el peor de los casos: un lector editorial hastiado que ya solo soporta novelas cortas de final trágico. Ha leído mucho y no se deja impresionar por nada, cree que en literatura todo está ya dicho y todos los estilos están ya explorados. Nuestro manuscrito será uno más de los cientos que ha leído y no le va a sorprender; de hecho, hasta es posible que lo odie antes de leer la primera página. Lo primero que hace es preparar el esquema de su informe, que es el siguiente: • • • • • • • • • • • •

Título original (añadir entre paréntesis el número de páginas). Autor. Impresión general (aquí se nos permite ser más subjetivos). Argumento y temas destacados (sinopsis, número de capítulos, tema principal y ­secundario). Personajes (tratamiento, personalidad, cualidades, identificación del lector). Lenguaje y técnica literaria (añadir comparaciones con otros autores si es necesario). Factores positivos que destacan. Factores negativos que destacan. Valoración literaria (puntuar del 1 al 10 y justificar). Valoración comercial (puntuar del 1 al 10 y justificar). Público objetivo (a quién va dirigido principalmente). Sugerencias para la cubierta (opcional).

El esquema puede variar mucho de un lector a otro —hay leyendas de un tal Only you que despachaba manuscritos con solo una palabra: ¡o sí o no!— pero básicamente el editor lo que pide es esto, un panorama de fácil lectura que le ponga al corriente de la obra que le han propuesto publicar. Te propongo que hagas un informe de lectura de tu novela en base al esquema anterior, y que seas lo más honesto posible. ¿Cuál sería tu valoración? Mira tu novela, léela. Otra vez. ¿La publicarías? Observa ese episodio que da el giro a la historia. ¿Cambiarías algo? Piensa sobre el sentido de tu novela. ¿Cuál es su punto fuerte? Acuér­ date de las novelas que has leído que se parecen a la tuya. ¿Hay alguna sorpresa? Habla con tus criaturas. ¿Crees que los personajes principales tienen la suficiente fuerza? ¿Crees que los personajes secundarios son imprescindibles y relevantes? ¿Te sientes identificado con algún 72

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Cómo engañar a un lector editorial

El lector, el personaje Tal vez te estés preguntando cómo hacer esos poderosos personajes capaces de enga­ tusar a nuestro hastiado lector editorial. Lamento advertir que no hay subterfugios para ello. Como mínimo, intenta que tus personajes sean lo que hacen, no lo que dicen. Chéjov sabía mucho de esto. Encuentra la voz de tus personajes, haz que sus diálogos estén acordes a su carácter, a lo que se espera de ellos. Tus personajes tienen una vida antes y después de la novela que has escrito para ellos, sus defectos y virtudes son importantes, así como sus grandezas y flaquezas, sus matices y claroscuros. Lo de menos suele ser la historia a la que se enfrentan; la estructura básica se repite en los cientos de manuscritos que ha leído nuestro lector, esta es: un personaje tiene una dificultad, intenta resolverla y la vence (o fracasa). Si tu novela sigue esta estructura, haz que se explique algo más de lo aparente a través de los personajes. Un ejemplo perfecto de esto podría ser la actual saga de Juego de Tronos, donde los personajes son el verdadero interés de toda la trama. Esta máxima no la digo porque sí —yo no soy nadie para dar consejos—, pero mis propios textos han mejorado muchísimo cuando he tenido en cuenta las pasiones de mis personajes. En el fondo todos ellos son partes de mi personalidad; son versiones de mí mismo que viven y mueren en un mundo cualitativamente distinto al mío; al real. Mis otros yo viven en mi otro mundo particular, formado por mi imaginación y mi experiencia, ¿podrán ser entendidos, o mejor dicho, vividos, por otras personas? Dependerá de tu paciencia y buen hacer con tu forma de escribir, tu manera de contar las cosas, en definitiva: tu literatura. No es tan importante la historia sino lo que se intenta expresar con ella y de qué manera: lo que quieres contar con esa historia, que no es propiamente la historia. Así se despierta el interés del lector; así lo hacían ya los clásicos: Ovidio, Virgilio, Cátulo, Petronio y Apuleyo, por nombrar algunos. Si no los has leído, puede que de su lectura aprendas tanto o más que con cualquier taller de escritura.

artículo

­ ersonaje? ¡No dejes que tus personajes flaqueen! Ellos son el motor que hace funcionar la his­ p toria y el lector editorial les presta especial atención, puesto que el público se identifica con ellos.

El lector, ni editor ni corrector Una cosa que hay que tener clara es que el lector no es en último lugar el que decide la publicación o no de tu novela. Esa tarea recae en el editor; el lector solo valora en base a las directrices de la línea editorial para la que trabaja. Un lector no dirá —o no debe decir nunca— que tal o cual novela no debe publicarse. Si lo hace, probablemente sea un mal lector (esto es lo que nos dijeron en el curso, al menos). Su influencia es enorme, pero no tiene la última palabra. Puede percatarse de tus faltas de ortografía, de sintaxis y de gramática; puede reparar en que tenemos un léxico muy pobre y abundan las repeticiones; puede notar que los personajes ha­ blan todos igual; puede observar que cambiamos de primera a tercera persona sin razón; puede darse cuenta de que hay varios deus ex máchina inaceptables y que la novela no tiene ni pies ni cabeza. Pero no dirá al editor: «no se te ocurra publicarla»; será el editor quien lo decida y se manche las manos; pero deberías tener muy en cuenta que el lector va a ver esos gazapos y su valoración irá acorde con el tiempo que te hayas entretenido en corregir la novela y, por supuesto, en aprender a escribir. Es menester, por tanto, que en tu novela no abunden los adverbios (en especial los forma­ dos con el sufijo -mente, que tanto aburren y entorpecen el ritmo de la narración); que haya riqueza léxica (si no eres Vargas Llosa, cómprate un diccionario de sinónimos); que la riqueza número 15 - abril 2012 - Prosofagia 73


Cómo engañar a un lector editorial léxica de la obra sea el resultado natural de la que posee el autor y no una imposición artificial (tira el diccionario de sinónimos que compraste y siéntate a leer mucha buena literatura) y que haya ricas descripciones con multitud de sensaciones, colores, sabores, olores y objetos ­(Umberto Eco sabe mucho de esto y por eso habla de listas). Tal vez así el hastiado lector profesional, que no se ilusiona por ningún nuevo texto, arquee una ceja y sonría con nuestra novela, tal vez logremos engancharle con nuestros personajes y sus vicisitudes, tal vez logremos —¡al fin!— engañar al lector, es decir: contarle lo mismo con distintas palabras.

Xavier Carrascosa Fragmentos. Apostillas hpertextuales

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Cómo engañar a un lector editorial referencias bibliográficas

artículo

CASSANY, Daniel: Afilar el lapicero. Guía de redacción para profesionales. Anagrama, Barcelona, 2007. ECO, Umberto: Confesiones de un joven novelista. Lumen, Barcelona, 2011. FONT, Carme: Cómo escribir sobre una lectura (Guía práctica para redactar informes editoriales). Alba [Colección Guías del escritor], Barcelona, 2007. MELUSINA: «El lector editorial», Revista Literaria Prosofagia, núm. 13. Septiembre, 2011.

Galerías Lafayette, Berlín, Alemania.

Foto de José Luis Jaime Cortés número 15 - abril 2012 - Prosofagia 75


Revista Literaria PROSOFAGIA Revista Literaria PROSOFAGIA

Postdamer Platz - Berín, Alemania. Foto de José Luis Jaime Cortés

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Por qué escribir ciencia ficción

ci enci a ficción

artículo

Po r q u é escrib i r

Elisabet

Ciencia ficción: pasado, presente y más... allá

E

l pasado 16 de marzo, en el Campus de letras de la Universitat Rovira Virgili, de T­arragona, tuvo lugar un encuentro académico de… ¡aliens! Sí, habéis leí­ do bien, no es broma. Al menos así se definen algunos de los participantes, amantes de la literatura y concretamente de la ciencia ficción, bichos raros que quieren explorar y ahondar en este género desde una perspectiva académica. En un ambiente distendido y amistoso, durante varias horas se sucedieron las po­ nencias sobre los temas más variopintos relativos al género. Hubo intervenciones de profesores universitarios, de alumnos de postgrado y también de aficionados…, así como una pequeña charla de una escritora invitada, que se sintió de lo más privilegiada al poder estar ahí. Como dato curioso, diré que el organizador, Pere Gallardo, profesor de la Universi­ dad Rovira Virgili y antiguo profesor mío de la Universidad de Lérida, lanzó una convo­ catoria a todos los departamentos de literatura inglesa de las universidades españolas, para saber quiénes estaban investigando o desarrollando algún trabajo en este campo. Obtuvo la respuesta de unas veintitantas personas ―no parece mucho, ¿no?— lo cual confirma la tesis de que la ciencia ficción sigue siendo una marginada en los estudios literarios. Pero, de todas estas personas, dieciocho estuvieron presentes en la jornada. En este sentido, ¡fue todo un éxito! número 15 - abril 2012 - Prosofagia 77


Por qué escribir ciencia ficción

De dioses y hombres Me permito parafrasear el título de este largometraje para resumir algunos temas recurrentes que afloraron a lo largo de la jornada. La ciencia ficción, tarde o temprano, acaba yendo a parar a la eterna pregunta: ¿qué significa ser humano? Y alrededor de ella surgen muchas otras sobre la identidad, la existencia, o no, de un alma y de un mundo espiritual, los límites de la conciencia, la eterna juventud, la muerte, la delgada frontera entre lo humano y lo que podría serlo, ya sea animal o artificial… Una de las afirmaciones que más me llamó la atención fue la de Bill Phillips, profesor de la Universidad de Barcelona: «La ciencia ficción es una narrativa teológica». Después, en la pausa para el café, comentaba con humor que él se define como ateo, pero que siempre anda metido en temas religiosos… ¿Otra manera de reflexionar sobre los límites y el potencial desconocido del hombre? No faltaron disertaciones sobre el cariz político de la ciencia ficción, un género que puede ser utilizado para reforzar cierta propaganda: desde la afirmación de la identidad nacional, algo que ha teñido la literatura y el cine norteamericano desde sus orígenes, hasta el fomento de una mentalidad de alerta y desconfianza hacia el «forastero» ―y por forastero 78

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entiéndase enemigo, extranjero, extraño, alien o adversario político o militar. Por supuesto, han surgido voces en contra de esta tendencia, especialmente entre las mujeres que han cultivado el género, como Octavia Butler, cuyos temas y obras fueron tratados por una ponente. También pude observar que la ciencia ficción inglesa europea, de la que Bill Phillips nos dio unas buenas pinceladas, parece preocuparse más por la exploración del potencial humano, la inteligencia artificial y los límites de la investigación que por los temas políticos y bélicos, que suelen ser preferidos en la imaginería norteamericana. Pero esta apreciación particular puede ser errónea ya que, evidentemente, solo se trataron algunos aspectos de las mil facetas de este género que extiende sus manos hacia disciplinas múltiples. Conversando de manera informal, Pere Gallardo explicaba que la ciencia ficción en humanidades siempre ha sido y sigue siendo una hermana pobre, poco valorada. Pero en otros campos, como en ingeniería, se está desarrollando con entusiasmo, quizás desde una perspectiva mucho más tecnológica. Para los de ciencias, comentó, los de humanidades nos planteamos una ciencia ficción un poco light, o quizás demasiado filosófica para su gusto. Cuando salí de allí, iba meditando que lo asombroso es que un género literario que aborda cuestiones tan hondas y fascinantes, y a menudo tan universales como los eternos temas de la literatura, siga siendo considerado como una especie de refugio para frikies. En este enlace podréis visitar el sitio del evento: Ciencia ficción: pasado, presente y más allá. Está en inglés, pues lo organizó el departamento de estudios ingleses. Y aquí podéis ver el resumen de varias de las ponencias. A continuación os ofrezco, traducida, mi exposición en esta jornada.


Por qué escribir ciencia ficción

artículo Museo bmw, Munich, Alemania. Foto de José Luis Jaime Cortés

¿Por qué escribir ciencia ficción? Cuando Pere Gallardo me invitó a dar esta charla, me dijo: explica por qué escribes ciencia ficción, cuáles son tus motiva­ ciones, por qué cultivas este género y qué te llevó a escribir tu novela Ciudad sin estrellas. ¿Por qué escribo ciencia ficción? Soy una escritora de fantasía, y considero la ciencia ficción como un género dentro de la amplia familia de lo fantástico. Y escribo fantasía por tres motivos, principalmente. En primer lugar, por la libertad. La fantasía me permite con­ tar las historias que quiero y de la forma que quiero. En segundo lugar, porque la mayoría de mis novelas son re­ latos iniciáticos. Cuentan la historia de personajes que crecen, Ciudad sin estrellas, Premio Minotauro 2011 afrontan grandes desafíos en su vida y alcanzan la madurez a ­través de experiencias duras. Y, finalmente, porque la fantasía, y más concretamente, la ciencia ficción, son gé­ neros fabulosos para expresar algunas ideas con un trasfondo filosófico y para abordar algunos temas conflictivos de nuestro mundo.

Concretamente, ¿por qué escribí esta pequeña distopía? La ciencia ficción y las distopías son fruto de una época de cambios veloces. En tiem­ pos de crisis parece natural desarrollar estos géneros para dar cauce a las inquietudes, miedos y esperanzas de la sociedad. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 79


Por qué escribir ciencia ficción Cuando oímos hablar de ciencia ficción, casi de inmediato pensamos en el futuro. Los autores de ciencia ficción, se nos dice, toman tendencias y situaciones del presente y las desarrollan en un futuro imaginario, donde alcanzan un extremo. Pero, de hecho, los novelistas de ciencia ficción hablan del presente. Ursula K. Le Guin, en su introducción a La mano izquierda de la oscuridad, lo expresa bellamente: […] aunque la extrapolación es un elemento de la ciencia ficción, la cuestión de fondo no es esta en absoluto. Es demasiado racionalista y simplista para satisfacer la mente imaginativa, tanto la del escritor como la del lector. […] Este libro no es una extrapolación. […] Puedes leerlo […] como un experimento mental […] La finalidad de un experimento mental no es predecir el futuro, […] sino describir la realidad, el mundo actual.

Así, el fin de un autor de ciencia ficción no es convertirse en un adivino o en un agorero, sino suscitar una reflexión sobre el presente utilizando ciertos recursos litera­ rios, como el de inventar un mundo imaginario en el futuro. Esto forma parte del tan comentado rol profético que se atribuye a algunos novelistas de ciencia ficción: explicar la «verdad sobre el mundo», como dice Le Guin, para alertar al público. Orson Scott Card, en su prólogo a la versión definitiva de El juego de Ender, dice: Pienso que la mayoría de nosotros lee todas estas historias que no son verdad porque estamos hambrientos de esa otra verdad: la verdad mítica sobre la naturaleza humana en general, la verdad particular sobre aquellas comunidades que definen nuestra identidad, y la verdad más específica de todas: nuestra propia historia personal. La ficción, al no tratar sobre alguien que ha vivido en el mundo real, siempre alberga la posibilidad de tratar sobre nosotros mismos.

En mi caso, es obvio que estoy hablando de un presente que podemos identificar fácilmente. Ziénaga es similar a nuestras grandes ciudades y a nuestra sociedad urba­ na. Por supuesto, en mi novela hay elementos exagerados, como el aislamiento y la autarquía de estas enormes metrópolis, las zonas B, y la estrechez mental de la pobla­ ción, educada en un rígido sistema de disciplinas tecnológicas y convenciones morales. He tomado algunos aspectos de la sociedad occidental que especialmente me pre­ ocupan. Son estos: el materialismo, el individualismo extremo, la ausencia de vínculos duraderos entre las personas, la ruptura con el pasado ―con la historia, con las raí­ ces―, la alienación respecto a la naturaleza, el adoctrinamiento a través de los medios de comunicación y la educación pública y la falta de libertad, inconsciente, bajo un sistema de poder que podríamos llamar «tiranía de seda», casi invisible, pero presen­ te en todas partes. Podríamos resumir todo esto en una palabra: deshumanización.

Varios temas en Ciudad sin estrellas Recuerdo que, en su primera clase del curso de Utopía, en la Universidad de L­ érida, Pere Gallardo nos explicó que los escritores de utopías trataban tres conflictos ­principales: —— el hombre frente a la naturaleza, —— una especulación sobre las consecuencias y los límites del progreso, —— el hombre frente al hombre. Mi novela contiene los tres ingredientes, en proporciones diversas. 80

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Por qué escribir ciencia ficción

artículo

El hombre frente a la naturaleza. La naturaleza es excluida de las superpobladas zonas B, o bien está controlada artificialmente. No hay árboles, no hay agua natural, no hay animales ―las mascotas vivas son una rareza carísima. Las plantaciones están controladas y muy lejos de una imagen rural e idílica. En la novela subyace una añoran­ za de la naturaleza y un deseo de recuperar los instintos naturales y el vínculo entre el hombre y la tierra. El progreso. Mi visión del futuro en esta novela va solo un poco más allá de nues­ tro mundo presente. Las zonas B son muy parecidas a las grandes metrópolis del pla­ neta. La tecnología domina la sociedad. Internet y la vida virtual son esenciales. Pero también se da una involución: el conocimiento es muy limitado, no hay rastro de explo­ ración espacial ni de la posibilidad de colonizar otros mundos. La vida está restringida a unas áreas muy concretas del planeta. El mundo es pequeño y cerrado, tanto como el pensamiento. La libertad es una ficción. En este sentido, hay un claro retroceso de la civilización humana. El hombre frente al hombre. Hay una rebelión contra una sociedad hedonista que fracasa a la hora de saciar las aspiraciones más profundas de algunos individuos: per­ sonas que anhelan conocer más sobre su pasado, sobre el mundo exterior, sobre sí mismos. No son felices en su paraíso artificial y su eterno presente. El ideal del Carpe diem no es suficiente. El rol político de los ciudadanos ha desaparecido. Son simples consumidores y, en cierto modo, vasallos mimados. Viven bajo una dictadura suave, que les permite un grado de confortable libertad mientras no amenace el orden público. Cada cual puede elegir qué hacer, qué comprar, cómo divertirse en su tiempo libre, pero nadie puede sobrepasar ciertos límites. Saber demasiado y sentir demasiado es peligroso. En Ciudad sin estrellas, quizás la nota distintiva sea el sentido religioso. Hay una lu­ cha solapada entre el individuo y el sistema, entre la libertad y el poder, pero también hay una búsqueda espiritual, una busca de respuestas que ni la ciencia ni las doctrinas sociales pueden aportar. La cuestión religiosa es tan importante como la política. Aquí, entiendo por religión no tanto un sistema de creencias y de rituales, sino que la tomo en su sentido genuino y etimológico como un medio de re-ligare, de establecer víncu­ los: con la divinidad, con la naturaleza, con los demás, con uno mismo. En el mundo que describo el sentido de lo sagrado se ha perdido y, si asoma un poco, es reprimido. La religión en las zonas B se convierte en un elemento subversivo porque echa por tierra el individualismo y puede desafiar el orden social y los dogmas de esta cultura. Pero hay un hambre de lo sagrado, un hambre de infinito, como lo expreso en la novela. Perseo es el hombre desarraigado que busca estos vínculos perdidos. Su aven­ tura es la historia de un anhelo, de una sed, la historia de un caminante solitario en una noche sin estrellas.

¿Hay algo nuevo bajo el sol? Jean Baudrillard afirma que, después de Phillip K. Dick y James Ballard, la ciencia ficción ha alcanzado su cima y no tiene nada nuevo que ofrecer. Tras explorar las con­ secuencias del progreso, la tecnología, la globalización, la explotación del hombre por el hombre, la manipulación de la realidad… ¿Qué más puede ofrecer la ciencia ficción a los lectores del siglo xxi? Y, más concretamente, ¿puede mi novela aportar a los lectores algo que no haya sido tratado por los autores clásicos? ¿Podemos los novelistas de ciencia ficción ofrecer algo nuevo? número 15 - abril 2012 - Prosofagia 81


Por qué escribir ciencia ficción La respuesta no es fácil. Los temas que trato, concretamente, son universales y están presentes en muchas obras literarias. En este sentido, mi novela no es muy ­original. Pero creo que cada autor tiene su propia voz, su propia visión, su sensibilidad y sus circunstancias vitales propias. Y estas, aunque puedan parecer muy comunes, en cierto modo son únicas. Los escritores podemos aspirar a inquietar a nuestros lectores y hacerles pensar sobre el mundo. Kakfa emplea un poderoso símil: según él, un buen libro es aquel que penetra en nuestras mentes dormidas, un puñetazo en el cráneo, un hacha rompiendo el hielo. Creo que esta es la aspiración de muchos escritores. Al menos, aunque muy mo­ destamente, es la mía: llegar a escribir un libro-hacha que remueva, emocione, provo­ que y cautive al lector, dejando una huella en su memoria.

Montse de Paz (Elisabet) Licenciada en Filología Inglesa. Escritora de ensayo y ficción.

referencias bibliográficas K. Le guin, Ursula: The left hand of darkness, Scott Card, Orson:

Introduction. Ace Books, N. York, 2000.

Ender’s Game, Introduction. Tor Books, N. York, 1994.

«Baudrillard, una sociología de ciencia ficción», Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. Núm. 47.

Francescutti, Pablo:

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Por qué escribir ciencia ficción

artículo

Museo bmw, Munich, Alemania. Foto de José Luis Jaime Cortés

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prosofagia - número 12 - febrero 2011

Escalera, CaixaForum, Madrid, España Foto de José Manuel Solana


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Revista Literaria prosofagia - número 15 - abril 2012

Cuentos y P o e s í a s


Revista Literaria PROSOFAGIA

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Recubrimiento, La Geoda, la Ciudad de la Ciencia, París, Francia. Foto de Plácido Fernández (Plásido)


Memento mori

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cuento

Memento mori Manuel Jorques Puig

onte en mi lugar, Bruno, y dime si tú no hubieras hecho lo mismo que yo. Que al recibir la llamada no habrías acudido a la cita sin pensarlo y que, al tener delante de ti el dinero, no habrías aceptado el encargo en un santiamén. Ambos conocemos al tuerto y sabemos que es un tipo de fiar. Y no están los tiempos para andarse con milongas; un buen pellizco permite a la gente como tú y como yo desaparecer por un tiempo de la circulación. Si hubieses estado allí, te habrías dado cuenta de que los detalles eran sencillos; nada que no hubieras hecho ya antes. Te marcharías convencido de lo fácil que te iba a resultar el asunto. Así que por qué no un par de copas antes de ponerse manos a la obra. Nosotros somos anárquicos en el tema de los bares; nos gusta meternos en el primero que se cruza en nuestro camino. Si hubieses pisado ese antro de mala muerte habrías advertido que fue una pésima decisión. Me senté directamente en la barra, ansioso por tomarme el primer coñac del día. Ni siquiera me fijé en que el tipo que estaba a mi lado era el Muñecas, coño. ¿Qué harías tú si te toparas con el Muñecas de improviso? Pues golpearle duro, sin darle un respiro. Cuando me levanté del suelo tenía entre los dedos un mechón de su cabello, tieso y tirante como un manojo de alambre. A mi alrededor se congregaron tres o cuatro tipos de mala catadura. Debí largarme en ese momento, tenía la puerta a unos pocos pasos de mí, pero me di la vuelta, Bruno, y tiré de cuchillo al primero que se me arrimó; no sé por qué tuve ese pronto, pero bien que la cagué. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 87


Memento mori Entre lo que tardé en darles esquinazo y recoger mis cosas de la pensión se me fue la mañana entera. Los tipos que salieron tras de mí corrían como gamos, los muy jodidos. Cogí el tren por los pelos y me planté en el punto de encuentro con el corazón todavía dándome saltos en el pecho. ¿Qué jodida mierda es esta?, me dijo Pereira cuando me vio aparecer. Estás hecho un asco, tío. Me entregó el paquete y desapareció refunfuñando. Me llevó el resto de la tarde recuperar el resuello. Al anochecer, me aposté en el lugar elegido para dar el tiro: una azotea mugrienta de apenas cinco pisos de altura. Tuve que hacer de tripas corazón y resignarme a echar a perder mi traje recién comprado sobre aquella película de lodo y mierda que lo cubría todo. Dime si no es verdad que en cuanto tienes en el punto de mira al puto objetivo, no te recreas un poco en observarlo. Cómo anda, cómo se mueve, cómo y con quién está hablando, si gesticula o tiene la mirada perdida en el infinito. A veces te preguntas quién coño es ese tipo al que tienes que liquidar, qué es lo que ha hecho para merecer perder un pedazo de cabeza en cuanto aprietes el gatillo. Pero eso solo sucede durante un instante, y jamás te condiciona. La vida y la muerte no son de tu incumbencia. Tú te concentras en hacer lo que tienes que hacer y lo haces, sin más. Ya ves que se trataba de un trabajo simple. Pero lo complicado vino a continuación. Yo no contaba con que el tipo del bar no era un borracho de tres al cuarto, como era de imaginar. Me lo sopló el tuerto en cuanto fui a recoger el resto de la pasta. No sé qué coño has hecho exactamente, pero la has liado bien gorda, me dijo. Dediqué un tiempo a hacer mis propias averiguaciones y caí en cuenta de la magnitud del problema. Me refugié en un hotelito discreto, a salvo de miradas y murmuraciones, y estuve un buen rato reflexionando sobre la conveniencia o no de largarme de la ciudad, tal como tenía previsto. El hijoputa la había palmado y el cabronazo del Muñecas se había ido de la lengua. Ya sabían quién era y, posiblemente, dónde me escondía. En esta mierda de trabajo abundan los pusilánimes como ese maricón al que me tenía que haber cargado hace mucho tiempo. Opté por un cambio de planes. No tenía más remedio, Bruno, para qué huir si tarde o temprano tendría que enfrentarme al problema y aceptar la solución. A partir de ahora, Bruno, sé lo que va a pasar: tendrás una cita en el sitio de costumbre, un encargo, un buen fajo de billetes, un arma limpia que te facilitará Pereira. Si yo estuviera en tu lugar, seguro que me diría que el trabajo es pan comido, y me tomaría un par de copas en el primer bar para celebrarlo, y cogería el tren con tiempo de sobra y al llegar a la azotea prevista, me preocuparía de no ensuciarme el traje y también, si eso fuese posible, en cuanto te tuviera en la mira telescópica me preguntaría qué coño habrá hecho ese fulano para terminar así, qué estará pensando ahí sentado en el camastro junto a la mochila recién preparada, tan quieto y tan resignado a desaparecer, esta vez para siempre, de la puta circulación.

Manuel Jorques Puig 88

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Memento mori

Manuel Jorques Puig

Asimismo, ha publicado cuentos y poesías en diversas antologías y revistas: vv. aa. Primera antología de poetas universitarios. Colección de poemas. Comisión de cultura. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Alicante, 1989. vv. aa. Cuentos e historias del campus. Relato «Fútbol». Universidad de Alicante. Editorial Aguaclara, 2002. Revista Hebe Magazine. Cuento «Mi libro favorito». Número 1, 2009. Revista La Botica. Cuento «Zapatos». Número 15. Vitoria-Gasteiz, julio 2010. Revista Ágora, papeles de arte gramático. Cuento «Hablar en sueños». Número 24 Junio-Julio 2011. Jorques Puig, Manuel. Hablar en sueños (libro de relatos). Ediciones Lulú, 2011.

cuento

Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, ciudad donde reside y trabaja en el área de marketing empresarial. En su trayectoria literaria ha obtenido diversos premios: Primer Premio de relatos «El mirallet». Barcelona. Primer Premio II Certamen de narrativa Universidad de Alicante. Alicante. Premio Local «Reinventa la pasión» de cartas de amor. Alicante. Accésit I Premio Hebe Plumier de Relato Corto. Ibi (Alicante).

La Trama, lateral de edificio en la Ciudad de la Ciencia, París, Francia. Foto de Plácido Fernández (Plásido)

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Revista Literaria PROSOFAGIA

The Dancing House, Praga, República Checa Foto de José Luis Jaime Cortés

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Al cruzar la calle

Al cruzar la calle

cuento

H

Felipe Fernández Sánchez

e salido a por pan. Voy de transeúnte por la acera de mi ciudad en agosto. Busco una panadería y un semáforo en rojo me dice: no se pasa. Es agosto. No hay coches en la calle, están en la playa. Miro a un lado y a otro. Para qué esperar. Cruzo la calle con el semáforo en rojo. Con la habilidad que me caracteriza he sacado un cigarrillo del bolsillo y lo acerco a mis labios. Un golpe en las piernas y estas salen volando en un impresionante salto mortal carpado, con posibilidad de incluir medio tirabuzón. Las piernas en el aire por encima de mi cabeza. ¿Cómo han ido a parar ahí? Mi cabeza invertida, los pies al aire, quiero decir arriba, aunque también al aire, las sandalias se fueron. ¡Adiós! Mi cráneo impacta contra el parabrisas del coche desconocido, frena mi cabeza, acentuando el giro de las piernas rotas, por lo que veo desde mi posición las piernas están rotas, eso debe de doler, la que me espera. Todo sucede tan rápido que mi cerebro no ha recibido avisos de dolor de ninguna parte, pero por rigurosa deducción es evidente que el aviso llegará y si nada lo impide me dolerá. El giro me lleva a sobrepasar el largo coche desconocido que me está atropellando, voy descendiendo directo al asfalto, detrás del coche. Y veo. Un coche pasado de frenada. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 91


Al cruzar la calle Un cuerpo detrás sobre el alquitrán. Ha sido mi primer salto mortal, además carpado, con medio tirabuzón; no fue considerado por los jueces de silla, por la carencia de jueces en Agosto y en la calle. A pesar de la gravedad de la situación, antes de perder al completo la consciencia o la vida, pues no sé aún cómo terminará el sucedido, me he dado cuenta de dos cosas, primero y por poner orden: la fuerza de la gravedad existe, ha hecho su trabajo con la eficacia que la caracteriza, un giro más o menos elaborado encadenado a la inercia, velocidad y esas otras fórmulas de matemáticas aplicadas, aplicadas al incidente. Segundo: mi cara no está preparada para impactar con el asfalto, con el negro, sucio, granulado asfalto, en el camino de coches. En definitiva: es peligroso sacar un cigarrillo mientras cruzas la calle. Tengo que dejar de fumar. En estos momentos me doy cuenta de mi incoherencia y paso a un fundido en negro.

Felipe Fernández Sánchez

Felipe Fernández Sánchez Soy Bibliotecario, es decir «funcionario», y no tengo la culpa de la crisis. He cumplido 56 años. Remedando ciertos lenguajes diré: soy natural de Madrid y vivo en la capital del Reino. Escribo en un discreto blog para mis amigos: http://inverosimilfelipe.blogspot.com/

Acaban de publicarme en la revista Sci·Fdi: Revista de ciencia ficción, 2011, dec 26; (5), el relato «Por un anillo». Pero como me gustaría que me leyese más gente, me adentro en la aventura de enviar colaboraciones. 92

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Al cruzar la calle

cuento

The Dancing House, Praga, República Checa. Foto de José Luis Jaime Cortés

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Revista Literaria PROSOFAGIA

Calleja de las Flores,

con la Mezquita de Córdoba al fondo, Córdoba, España Foto de José Manuel Solana 94

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Organización

Organización

C

cuento

María José Schamun

ada cosa está en su lugar, cada pequeña partícula. Todo está limpio, ni una gota de polvo o tierra o grasa. La comida hecha espera en el horno, mantiene el calor. Todo está perfecto. Uno diría. Pero no. Ella quiere que él tarde en irse por las mañanas, que llegue temprano por las tardes y, para eso, hace falta algo más. Lo sabe. Entonces, una a una, separa las partes de su cuerpo y las ordena: la cabeza, en el estante de los trofeos; las vísceras, en un tapper en la heladera; el pecho vacío, en el armario; y los brazos y las piernas, junto a la puerta de entrada. Ahora sí. Uno cree. Pero cuando él llegue, notará la pequeña gota de sangre al pie de la heladera que, por haber dejado la cabeza en primer lugar, ella no pudo ver. --------------------Al llegar, lo irritó la gota roja junto a la heladera que ella no vio cuando guardó su corazón, porque había dejado antes la cabeza.

María José Schamun Nació en la provincia de Buenos Aires, Argentina, en el otoño de 1981. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y actualmente se dedica a la enseñanza. Sus publicaciones incluyen artículos de análisis literario sobre textos de Gonzalo Celorio, Roberto Bolaño, José Carlos Somoza y Cervantes, así como traducciones de material académico y comercial. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 95


Revista Literaria PROSOFAGIA

Cruce de caminos Foto de Daniel Seller

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Reflejo de arena

Es la voluntad de la desolación un íntimo lamento, que sin dejar irme masca todas las derrotas. Yacen sus huellas en la almohada del arte sin consentimiento; y me sabe a deshora la otra cara Tuya … .. . --espejo del alma-. .. … Mía era la gana; y quién sabe ahora besarte con sentimiento, si nacen dueñas de la alambrada las firmes marcas en mi espalda que denotan la densidad de la tentación en aquel último intento.

Poesía

reflejo de arena

Jonatan Jorge Guille número 15 - abril 2012 - Prosofagia 97


Reflejo de arena

Jonatan Jorge Guille Nacido en Vigo (Pontevedra) el 29 de abril de 1988, y es licenciado en Derecho, rama Económico-Empresarial (Universidad de Vigo). Ha obtenido diferentes reco­nocimientos: segundo premio del Certamen de Poesía ies Alexandre Bóveda, 2006; primer premio del III Concurso de ­Redacción y Poesía a. v. v. San Roque, 2010, Categoría Adultos; y preseleccionado entre los mejores autores del XLIV Certamen Literario Cooperativo de Poesía y Narrativa Breve Escritura Sin ­Frontera por Ediciones Raíz Alternativa de Buenos Aires. Ha publicado poemas tanto a nivel autonómico (revista O Meu Barrio de la Asociación de Vecinos San Roque, número 4; revista Miscelánea Literaria, número 18; Cuaderno de poesía y relato del grupo literario Formas Difusas, números 57 y 58; colaboraciones en la plataforma del grupo poético Brétema) como a nivel nacional (en los poemarios Palabras al Viento y Caminos Inciertos, —pertenecientes al Centro de ­Estudios Poéticos de Madrid—; en la comunidad Nosotros, los poetas —concerniente a la Editorial Poesía Eres Tú— y en la revista literaria número 7, de la plataforma cultural Raíces de Papel). En 2011 decidió dar un paso más en su carrera literaria destapando su primera «gran» obra poética de cara al público: Gris Presente (Ediciones Cardeñoso); ratificando de ese modo su profundo amor por tal género, amor que comparte con otra de sus pasiones: la música. Como tenor en el Coro Universitario de Vigo, en 2010 fue uno de los solistas en el primer movimiento de la obra del concierto homenaje a Miguel Hernández: Villancico Extrafino; y en 2011 mediante la interpretación vocal de poemas de escritores de la talla de Alfredo Brañas o ­A ntonio Fernández y Morales entre otros. Además, pertenece también al Coro de Cámara Gli Appassionati (con adaptaciones de poemas como, por ejemplo, Te Quiero, del gran Mario Benedetti..

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Reflejo de arena

PoesĂ­a nĂşmero 15 - abril 2012 - Prosofagia 99


Revista Literaria PROSOFAGIA

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Vista interior de la Alcazaba de la Alhambra, Granada, España Foto de José Manuel Solana


Los suicidios del tiempo

Poesía

Los suicidios del tiempo

Edgardo Benítez

No, no eras tú, la certeza me asiste, era el tiempo que agonizaba... Expiraba tendido, sobre las riberas de la infamia, después de dar tumbos y tumbos de luz y granate, relumbraba al estilo de aquel suculento esbirro en fuga. ¿Recuerdas quién...? ¿Lo recuerdas...? Rodaba y rodaba por el ceremonial rostro de la invencible montaña. No, tampoco era yo; ¡te equivocas! era el tiempo quien sucumbía, de hinojos ante el sol con las manos agrietadas y temblorosas, se desgarraba a tirones el pecho para arrancar su corazón estrangulado de congoja, ¿te acuerdas cómo enmudecía al verte explayar las alas nuevas que lograste en España?, ocurría mientras alzabas el aliento en revoloteo pleno, rumbo al infinito. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 101


Los suicidios del tiempo

No, mi amor, no eras tú, ¡ni yo! ¡te equivocas!, era el tiempo que llegaba a su fin. Nos concedía una lágrima y media, al escuchar lo inútil de nuestros gritos lúgubres y tenebrosos, al despeñarnos por el recóndito abismo de la desventura. De nada le sirvieron tus alas nuevas, ni rodar como esbirro por el ceremonial rostro de la invencible montaña. No, mi amor... no fuimos nosotros, fue el tiempo que murió.

Edgardo Benítez

Edgardo Benítez Escribo lo que pienso y siento. Estoy identificado con algunos de mis personajes que narran entrañables pasajes de mi vida. Para mí, un poema es un instante de la vida, captado en una letra que ha sido colocada en el firmamento para ser observada detenidamente por un transeúnte como tú… Mi nombre es Edgardo Benítez, y soy salvadoreño, por principio. http://pasionporlaverdad-loboherido.blogspot.com/ 102

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Los suicidios del tiempo

Poesía número 15 - abril 2012 - Prosofagia 103

Vista exterior de la Alcazaba de la Alhambra , Granada, España Foto de José Manuel Solana


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Foto de José Luis Jaime Cortés

Cúpula del Reichstag, Berlín, Alemania

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Revista Literaria prosofagia - nĂşmero 15 - abril 2012

Te rt u l i a s Literarias

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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Estación de Oriente, Lisboa, Portugal Foto de José Manuel Solana


Sevilla escribe: un colectivo literario

un colectivo literario

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Sevilla escribe: Javier Sosa y Félix Morales, tras una tarde de charla sobre cualquier cosa menos el tema que nos ocupa, dan una perspectiva particular y sesgada sobre qué es esto de Sevilla Escribe.

¿Qué es Sevilla Escribe? Básicamente, y en primer lugar, somos un grupo de personas que compartimos la inquietud por escribir, lo cual nos lleva a reunirnos de vez en cuando a hablar de ello. Al igual que ha ocurrido en la preparación de estas líneas, nuestros encuentros termi­ nan por ser charlas de café entre amigos en las que la literatura es un tema de fondo que no siempre se trata, pero, generalmente, sirve como catalizador de ideas. Dicho esto nos preguntamos, ¿somos un colectivo literario? ¿Qué es un colectivo literario? ¿Cuál es su función? Si alguien lo sabe, agradeceríamos de todo corazón que nos lo comunicase. Sería un desastre, después de llevar casi cinco años en esto, enterarnos ahora de que no estamos siendo un colectivo literario como Dios manda. Sabemos seguro que hablar de las chorradas que escribimos nos sirve de mo­ tivación para seguir en el ajo. De vez en cuando, hemos conseguido hacer algo en grupo con ­resultados bastante simpáticos. Logramos que la Ecoagenda de 2011 de la Junta de Andalucía fuese plagada de microrrelatos nuestros. Publicamos un par de antologías grupales que invitamos a los lectores a degustar; llevan por título Tenebrae y Para mí tu carne, a modo de ejemplo de nuestras presuntas virtudes literarias. La primera fue nominada para el prestigioso premio Ignotus tanto en conjunto como por uno de sus relatos, El cazador de tigres, de Ernesto Fernández. Actualmente estamos número 15 - abril 2012 - Prosofagia 107


Sevilla escribe: un colectivo literario t­ rabajando en algunos proyectos con la esperanza de sacar adelante otra nueva. Por ahora no vamos a decir nada más sobre esto, manténganse a la expectativa. Todo buen escritor debe saber escanciar el suspense con habilidad. Tenemos un blog (http://sevillaescribe.blogspot.com), ¿quién no tiene un blog?, un ­Facebook, un Twitter de esos, que no sabemos exactamente qué es lo que pueda ser, y un foro. Tenemos de todo, vaya. Pero tampoco es que nos mate la necesidad de aparecer en la Red continuamente y mantener estos medios alimentados a diario. Son una forma de hacernos visibles, pero no un fin en sí mismos. Aunque es cierto que en el pasado nos hemos tomado más en serio el blog. En 2010 quedamos los segundos en la categoría de blogosfera en los Premios 20 Blogs, por delante de unos cuantos cientos de blogs más. Lo mismo un día de estos nos da por ponernos otra vez a saco con esto. En tiempos pretéritos, durante una buena temporada, Sevilla Escribe fue un nido de personas picadas con todo tipo de concursos literarios, quien resultaba ganador de alguno tenía que invitar a café y pasteles. Casi mejor que ganasen los demás. Pero lo más divertido son las sesiones de control a los escritos de los compañeros, en las que el cariño, las palabras suaves y afectuosas, la empatía o el apoyo brillan por su ausencia, siendo sustituidos por la crítica feroz, lenguaraz, salvaje y desmedida donde nadie se corta e incluso se premia ser más desagradable que el anterior en opinar. Nos queremos de un modo bastante extraño. Lo mejor es que tras soportar el chaparrón, las correcciones son muy interesantes. Lo mismo por eso, en un par de ocasiones, hemos sido convocados como jurados para esos concursos que antaño le quitaban el sueño a alguno de nuestros miembros.

¿Quiénes son Sevilla Escribe? Lo primero que parece increíble de nuestro colectivo es que contamos con va­ rios miembros malagueños, a pesar del antagonismo que parece ser que existe entre nuestras ciudades. De hecho, existe un Málaga Escribe que siguió en el tiempo a la aparición de Canarias Escribe, que a su vez continuó la estela de Madrid Escribe, todos ellos inspirados por nuestras personitas. Algo debemos estar haciendo bien. Entre los malagueños, por seguir por donde hemos empezado, contamos con Vanesa Benítez, Raelana Dsagan y nuestro experto en zombis Alejandro Castroguer —recomendamos con especial cariño su La Guerra de la Doble Muerte. A pesar de la distancia, gracias al foro son miembros muy activos e importantes en nuestra peque­ ña comunidad. Pero no termina aquí la nómina de miembros foráneos. Contamos con Oscar Torres, inquietante escritor y dibujante postpunk de Vigo, director durante un tiempo de su propia revista Manifiesto Parapsipunk. Juan de Garduño, a este seguro lo conocéis por su obra Y pese a todo, que pronto esperamos ver en la gran panta­ lla. Pedro Escudero, desde Valladolid, que coordinó con el anterior la antología Para mí tu carne y tiene un interesante catálogo con libros como Zombi Kindergarten o Esa bella melodía. Además tiene una editorial, Saco de Huesos, junto a Juan Ángel ­Laguna y ­Miguel Puente, miembros poco activos pero miembros a fin de cuentas. Su más reciente proyecto es la web www.reseña.org, y es que Pedro incluso sale en la wikipedia. Fernando Martínez Gimeno, desde tierras mañas, es uno de los más vora­ ces lectores de toda España y parte de Iberoamérica; sus comentarios son siempre agudos y llenos de buenos consejos. Virginia Pérez de la Puente, desde Madrid, es de sobras ­conocida por La elegida de la muerte. Finalmente, no queremos olvidarnos de la increíble Ángeles Mora, desde Huelva, gran relatista y mejor compañera, de la 108

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Sevilla escribe: un colectivo literario

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que nos faltan palabras y espacio para deshacernos en elogios; ella coordinó nuestra presentación a la Ecoagenda de 2011 que tan buenos frutos nos permitió recoger. Los sevillanos, culpables del nacimiento de este engendro, formamos un grupo tan heterogéneo que hasta alguno no es ni escritor, como el inefable señor Nogales que es un magnífico dibujante y nuestro ilustrador de cabecera cuando las circunstan­ cias lo permiten (paseen por http://qq-proyecto.blogspot.com/ para ver una mues­ tra). Ángel Vela, el gran oso amoroso, triunfador indiscutible en concursos de cartas de amor, es uno de los miembros fundadores de este asunto, junto a Manuel Mije, cuyos relatos se pueden encontrar diseminados en múltiples antologías, y ­Ernesto ­Fernández, otra pluma afilada y envidiable. Fran, de apellido Franco, es otro de los miembros estrella de la facción sevillana, a más de uno de los más agrios comentaris­ tas de relatos ajenos. Los suyos tienen un toque de humor muy particular. También contamos con Salvador Navarro, prolífico autor, nuestro particular Guadiana, cuyo No te supe perder ha sido llevada al cine por Manuel Benito del Valle, y que opina que so­ mos la vanguardia literaria de Sevilla. No vamos a dejar de lado, por interés personal, a los que están perpetrando esto que amablemente lees, Javier Sosa, indescriptible autor de relatos delirantes e ideas inexplicables y Félix Morales, cuyos textos tienen siempre un trasfondo que solo unos pocos elegidos son capaces de descubrir. Nuestras más recientes adquisiciones son Carlos Pérez Jara, relatista minucioso y filósofo materialista, y Adrián Castro, cultivador del jugoso arte del microrrelato de temática zombi. Nos dejamos seguro a alguien en el tintero, pero somos casi cuarenta miembros y hemos hablado de los más activos dentro del colectivo.

Conclusiones Se puede decir, y hay quien lo dice, que Sevilla Escribe es un polígono con muchas facetas que en función de donde pongas el foco brilla de un modo u otro. Fundamen­ talmente es un punto de encuentro que nos motiva en la siempre solitaria tarea de escribir, y donde nos ayudamos a mejorar pues nunca se es lo suficientemente bueno ni se sabe todo cuanto es posible aprender. Sin contar con que ante cualquier relato puede aparecer la visión de un compañero que arroja una luz nueva que, miopes ante el amor que le profesamos a nuestros hijos, no supimos ver. Los compañeros vienen y van, cada uno por sus historias personales, todo el mun­ do tiene una vida y unos proyectos, literiarios o no, que lo llevan por rutas diferentes de la marcada por el colectivo en su conjunto. Manuel Mije está a medio camino de volver, Miguel Cisneros desapareció en combate, Luisfer Romero parece ir por el mis­ mo camino, y muchos más que irán o vendrán. Sevilla Escribe seguirá aquí para los que tengan interés en sentarse delante de un café, una cerveza, un anís o cualquier otro bebedizo para embrujar a las musas y que sus proyectos de negro sobre blanco lleguen a buen puerto. Y, además, de vez en cuando, incluso hacemos algo como grupo que nos hace mirar a nuestros «hijos literarios» con legítimo orgullo.

Félix Morales Hidalgo y Javier Sosa Garduño número 15 - abril 2012 - Prosofagia 109


A lg u nos relatos del colectivo Sevilla Escribe

A

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Á n g e l Ve l a R o d r í g u e z ( Pa l a b ra s )


Sevilla escribe: un colectivo literario

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Amor

S

hipermoderno

e conocieron como se conoce la gente, por casualidad, y se amaron intensamente. Sintieron sus cuerpos, palparon sus emociones y pensaron que nunca antes habían vivido nada igual. Encontraron placeres carnales y espirituales de siempre a los que les dieron una nueva dimensión, la del amor que llaman verdadero. Lo creyeron eterno. No sabían que sería la historia de un encuentro en ciento cincuenta palabras, un amor hipermoderno, que huye hacia delante, veloz y vehemente. Así, entre orgasmos y ternura, delicados susurros a oscuras y besos desesperados, gritos de agónico deleite y cálidas confidencias, suaves abrazos postcoitales y violentos espasmos de gozo, su escaso tiempo se agotó. Cada uno fue por su lado. Solo, muy de tarde en tarde, cada vez que vuelven a enamorarse, piensan en ello, para comparar, para constatar que nunca hay mayor amor que el actual, que el amor en presente continuo. Félix Morales

Félix Morales (Sevilla, 1976), licenciado en Psicología, comparte su pasión por la escritura con la de hacer música, lo que le deja poco tiempo para ambas. Pertenece al colectivo Sevilla Escribe y al equipo de edición de la revista pulp Los zombis no saben leer. Ha publicado relatos y artículos en diversas revistas online, así como en las ecoagendas de 2011 de la Junta de Andalucía y en la antología Para mí tu carne. Actualmente está puliendo su primera novela, La senda del hipopótamo, y tratando de llevar al día su blog de cuentos Cuentos del barrio de las Putas siempre que el resto de sus múltiples obligaciones y aficiones se lo permiten. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 111


Sevilla escribe: un colectivo literario

I

Ian

an era un irlandés típico. Su pelo rojo brillante y esa mirada perdida en las brumas del whisky siempre habían divertido a los vecinos de la pequeña población costera. Un buen día, uno de sus vecinos lo contrató para arrancar las hierbas y acondicionar las ruinas celtas que se encontraban en su propiedad. Tras unos meses preparando el terreno se abrió la colina a las visitas de grupos guiados. La idea de que los restos del antiguo templo del dios de la guerra celta pasaran a ser otro punto en el recorrido de los turistas atormentaba la conciencia de Ian, pero necesitaba el trabajo y era tan descansado. Los flashes de las cámaras se introdujeron en todos los secretos del templo, nada, ni las habitaciones más consagradas, quedó a salvo de semejante asalto. Noche tras noche, Ian recorría sala tras sala su adorado templo recogiendo colillas, pipas y otros restos que los turistas abandonaban sin respeto alguno por el sagrado lugar que visitaban. Finalmente, ayer los invasores traspasaron todas las líneas; mientras recogía sus restos, una maldición brotó de sus labios al encontrar un condón usado en una de las habitaciones consagradas. Hace dos horas que ha amanecido. Ian ha pintado su rostro con ceniza blanca y sus ojos siguen brillando con la misma ira que anoche; un par de hachas afiladas parecen una prolongación de sus musculosos brazos y sus pies descalzos muestran el respeto que todo seguidor debe tener a su dios. Un grupo de japoneses se acercan sonrientes; ellos aún no lo saben, pero servirán para volver a consagrar el templo… Francisco Javier Sosa Garduño

Francisco Javier Sosa Garduño (Sevilla, 1966), es uno de los miembros fundadores del colectivo literario Sevilla Escribe. Ha publicado diversos relatos y artículos en páginas web, e-zines, antologías y otros medios. También ha colaborado como jurado en algunos concursos de Internet. 112

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Sevilla escribe: un colectivo literario

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Edificios del centro de Lisboa, Portugal. Fotos de José Luis Jaime Cortés

Para S

el papá de La ur ita

aludos, señor. Usted no me conoce, pero yo a usted sí. Me llamo José Luis Suárez Sánchez y tengo seis años. Soy compañero de Laurita en el cole, aunque nos conocemos hace mucho, desde la guarde. Ella y yo siempre fuimos muy amigos, pero desde el día 10 de octubre de 2009 somos novios. Ella no quiere que lo sepa nadie. Dice que tiene que ser un secreto y se enfada mucho conmigo cuando le digo de contarlo. Sí se lo dije a mi mamá, aunque ella no lo sabe, pero porque yo a mi mamá se lo cuento todo; y le pareció muy bien. Todos los días cuando llego del cole mi mamá me pregunta por lo nuestro, entonces la acompaño a la cocina y mientras hace el almuerzo le hablo de nosotros. Ella siempre me escucha muy atenta y con una gran sonrisa y me pregunta muchas cosas. Se ve que está muy feliz porque seamos novios. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 113


Sevilla escribe: un colectivo literario Sé que es pronto, pero nos llevamos tan bien que ya hemos decidido casarnos. Todo está hablado. Solo discutimos por los niños (yo quiero tener cuatro y ella dice que mejor siete). Hablé de eso con mi mamá y me dijo que tendría que estudiar mucho y Laurita también para encontrar buenos trabajos y poder mantenerlos. Dice que la cosa está muy mala. A veces, al rato de acostarme, escucho hablar a mis papás en el salón y también discuten por eso. Mi mamá quiere tener más niños pero mi papá dice que no se puede, porque él no tiene trabajo. Y dice que es por culpa de la crisis. Al enterarme, le expliqué a Laurita que si no queríamos tener problemas con la crisis, algo malo que solo te deja tener un hijo, tendríamos que estudiar mucho para que nos diesen un buen trabajo y le pareció bien. A mí estudiar no me gusta, prefiero jugar al futbol y esas cosas, pero quiero que Laurita sea feliz y ella dice que para ser feliz tiene que tener siete hijos. Ahora estudiamos juntos en el recreo todos los días y nuestras notas mejoraron, aunque no sé si bastante, la verdad. Yo no soy tan listo como Laurita y ella me tiene que ayudar mucho. El otro día le pregunté a don Ramiro, nuestro profe, si con mis notas encontraría de mayor un buen trabajo y si podría tener siete hijos. Se rió mucho, aunque no sé por qué, y me dijo que si quería tener siete hijos tendría que estudiar un montón y ser ministro. Así que ahora estudio para ser ministro, aunque no sé qué es eso. Le pregunté a mi mamá y me lo explicó, pero creo que no lo entendí bien... El lunes en clase Laurita estaba muy rara. Ella siempre mira hacía atrás, buscándome, y me sonríe, porque como se llama Álvarez de apellido está sentada delante. Pero el lunes no se volvió para mirarme ni una sola vez. Pensé que estaba enfadada conmigo por la pregunta que me hizo don Ramiro. Me preguntó si el tomate era una fruta o una verdura y respondí mal. Y era algo que habíamos estudiado. Luego en el recreo se me acercó y muy seria me dio una foto suya en la que sale muy guapa con un vestido de flamenca y montada en un caballo muy grande. Yo me puse muy contento y pensé en comprarme una cartera, como la que tiene mi papá. Pensé que lo nuestro ya no era secreto y que podría decírselo a todo el mundo. Sacar mi cartera, como hace mi papá, y decirle a mis amigos: mirad qué mujer más guapa tengo. Y todos me dirían, como le dice a mi papá el tito Julián, que «soy un tonto con suerte». Pero cuando vi que detrás de la foto había escrito «No me olvides» me asusté. Al preguntarle me explicó que usted tampoco tenía trabajo, como mi papá, y que por eso tenían que volver al pueblo. Yo le dije que iría a verla todos los días en bici, pero me dijo que está demasiado lejos. Me dijo que era imposible. Al saberlo me puse muy triste y lloré mucho. Cuando mi mamá me vio llegar a casa llorando se puso muy triste también y me preguntó qué pasaba y yo se lo conté. Ella me dijo que tuvo otros novios antes de mi papá y que también lloró mucho, pero que hoy se alegra. Me dijo que tendría otras novias y que con el tiempo la olvidaría. Pero yo no quiero otras novias, yo quiero a Laurita. Le he pedido a mis papás que nos fuéramos a vivir también a ese pueblo. Les dije que allí no había crisis y que usted había encontrado 114

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Sevilla escribe: un colectivo literario

Semifinalista del

vi certamen

Ángel Vela (palabras) de Cartas y Poemas de Amor rumayquiya

Ángel Vela Rodríguez (Sevilla, 1976) es miembro fundador del colectivo literario Sevilla escribe. Ha publicado relatos, reseñas, artículos y columnas de opinión en revistas, e-zines y páginas web. Además de ganar algunos concursos y participar como jurado en otros tantos, ha conseguido publicar en antologías colectivas. En la actualidad está dando las últimas puntadas a una novela ambientada en México. Aunque bastante abandonado desde hace un tiempo tiene su Tenderete de palabras, donde, salvando las cartas y algunos microrrelatos, se pueden encontrar algunos textos de su autoría bastante antiguos.

dossier

trabajo. Pero me dijeron que no podía ser, que no tenían dinero ni sitio donde vivir allí. Ayer viernes hablé con Laurita por última vez y me dijo que seguiría siendo mi novia. Pero cuando pienso que no la voy a ver lloro mucho y me da mucho miedo de que en su cole nuevo encuentre un niño que le guste más que yo. Por eso le escribo esta carta. Por favor, señor. ¿No hay otra solución? ¿De verdad tienen que irse?

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Revista Literaria PROSOFAGIA Revista Literaria PROSOFAGIA

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Edificio de Puerto Madero, Buenos Aires, Argentina. Foto de José Luis Jaime Cortés


Comunidades literarias. Parte I

Parte I

Esther

artículo

Comunidades literarias

No hablaré de culturas que se pierden. La constancia de vida, la duradera continuidad de la vida, es una certidumbre de arte. Inquisiciones (Jorge Luis Borges) ¿Escribir y leer son actos individuales, personales, íntimos? Mmm… Si es así, ¿qué es una tertulia literaria y para qué existen? Recurro, cómo no, a la infaltable Wikipedia: Una tertulia es una reunión informal y periódica de gente interesada en un tema o en una rama concreta del arte, la ciencia o la filosofía, para debatir e informarse o compartir ideas y opiniones. Por lo general, la reunión tiene lugar en un café o cafetería y suelen participar en ellas personas del ámbito intelectual. Es una costumbre de origen español y se mantuvo arraigada hasta mediados del siglo xx en las colonias independizadas del imperio español. A los asistentes se los llama «contertulios» o «tertulianos».1

Parece ser una buena descripción de qué es una tertulia. Aclara algunas cuestio­ nes. Deja otras a oscuras, porque ¿qué relación existe entre tertulias y salones, clubes, círculos, talleres, ateneos, colectivos, foros, kedadas… ? ¿Algunos son informales y otros formales? ¿Unos aceptan solo a intelectuales y otros a cualquier vecino? ¿Una tertulia que no se realice en un café no es una tertulia? Abundan los términos acu­ ñados para describir comunidades literarias, pero los límites parecen ser imprecisos entre unos y otros y los objetivos y características de cada grupo en particular son variables. En algunos casos se trata de compartir lecturas de obras clásicas, en otros de compartir los propios escritos y mejorar la calidad en la escritura, o bien debatir sobre aspectos del campo literario. Habitualmente el interés literario corre paralelo al artístico o político. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 117


Comunidades literarias. Parte I

La Menina, escultura de Manolo Valdés. ctba, Madrid, España. Foto de José Luis Jaime Cortés

Madrid bien vale un café «¡Qué lástima! —pensaba yo—. En la calle hay una verdad mayor, más trituradora que la que yo he escrito en mis cuartillas. Y me metía en un café y comenzaba un nuevo género.» Automoribundia, Ramón Gómez de la Serna

Sinceramente, no sé si las tertulias son de origen español. Sé que en Europa las reuniones literario-artísticas comenzaron a desarrollarse hace siglos en los salones de la nobleza y la realeza, reuniones que no estaban exentas de las intrigas palaciegas y las disputas políticas. Claro, hablar de poesía en un palacio Real es una cosa y hacerlo en un café de mala muerte es otra. Y los cafés abundaban en el Madrid decimonóni­ co. Hacia 1830 la tertulia El Parnasillo convocaba a escritores, pintores, dramaturgos y oradores en el Café del Príncipe, y es allí donde se gestó y campeó a sus anchas el Romanticismo español. Aunque, según parece, era el peor lugar que podían encontrar para sus reuniones; Mesonero Romanos narra, en su Memorias de un setentón: De todos los cafés existentes en Madrid por los años 1830 y 31, el más destartalado, sombrío y solitario era, sin duda alguna, el que, situado en la planta baja de la casita contigua al teatro del Príncipe, se pavoneaba con el mismo título […] Pues bien, a pesar de todas estas condiciones negativas, y tal vez a causa de ellas mismas, este miserable tugurio, sombrío y desierto, llamó la atención y obtuvo la preferencia de los jóvenes poetas, literatos, artistas y aficionados, que a la sazón andaban diseminados en los varios cafés de aquella zona.2 118

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Comunidades literarias. Parte I

Había tertulia que era un muestrario de tipos raros, que se iban sucediendo: literatos, periodistas, aventureros, policías, curas de regimiento, cómicos, anarquistas; todo lo más barroco de Madrid pasaba por ellas.3

Eso sí, en el abigarrado mundo de las tertulias de café estaban todos… siempre y cuando fueran hombres. Pocas fueron las mujeres que asistían. Curiosamente, los sa­ lones habitualmente tuvieron anfitrionas y no anfitriones. Supongo que esta diferen­ cia no fue más que la expresión intelectual de aquello de que «la mujer, de las puertas de la casa para adentro…».

artículo

No todos los cafés eran tugurios como el del Príncipe; los había de ambientes cómodos cuando no lujosos: revestimientos de caoba, espejos, alfombras y cocina de primera categoría. De la misma forma no todos los tertulianos eran bohemios casi muertos de hambre, aunque para muchos el café era el sitio donde se podía disfrutar de una estufa cálida en los días invernales, o donde era posible escribir sin el llanto de los niños y el griterío del conventillo o sostener conversaciones animadas durante horas por el módico precio de un único café. Pero, en realidad, había tertulianos de todas las clases y razones. En sus Memorias, Pío Baroja cuenta que:

Pero, sea como fuesen los cafés, lo cierto es que en ellos se cocinaron a fuego vivo los movimientos literarios de la Edad de Plata de la literatura española: las Generaciones del 98, del 14 y del 27. Atravesadas no solo por la literatura y el arte sino también por la política, las guerras y las noticias del día a día, en esas tertulias se discutía de todo, se hacían amistades y enemistades, y si el intelecto estaba presente también lo estaba la pasión. Ramón del Valle-Inclán pagó cara esta pasión. Él supo ser tertuliano hasta la médula; su personalidad fuerte, fervor desbordante e ingenio impertinente y su afecto a la controversia y a la polémica lo convirtieron en el enfant terrible que comandaba tertulias en distintos cafés. En una riña en la tertulia del Café Nuevo de la Montaña sufrió una herida en un brazo; nada grave, una simple cortadura; pero aquellas eran otras épocas, la herida se gangrenó y fue necesario amputarle el brazo . Hubo otro Ramón que también supo ser tertuliano hasta la médula; me refiero a Ramón Gómez de la Serna, fundador de la famosa tertulia del Café y ­Botillería de Pombo, que fue, entre 1914 y 1936, el centro neurálgico de las vanguardias. Bajo el estricto lema de «Prohibido hablar de política, toros y fútbol», los sábados a la noche se respiraban los sueños de la revolución estética en «La Sagrada Cripta del Pombo» . Su paisaje desbor­ daba vida, una vida desenfadada, caótica, brillante. Citando un artículo de Rigaborda4: Todo allí era literatura, pero a diferencia del resto de tertulias, allí no se hablaba sobre literatura, se practicaba. No se cultivaba allí la cultura, sino el ingenio, la ironía, el juego de palabras, la metáfora audaz, todos ellos elementos claves de la literatura de vanguardia, porque por encima de todo, Pombo era un documento oral de las vanguardias.

Borges, quien conoció el Ultraísmo en esos años y en los ambientes literarios lide­ rados por Cansinos-Assens y Gómez de la Serna, y luego lo introduciría en Argentina, escribe, en 1925: Entre ambos hombres y mejor aún entre ambos espíritus, vaciló durante algún tiempo la mocedad literalizada de España. En la ajustada y casi carcelaria botillería de Pombo estableció Gómez de la Serna su conventículo, en tanto el sevillano [Cansinos-Assens] número 15 - abril 2012 - Prosofagia 119


Comunidades literarias. Parte I juntó a los suyos en el Colonial, café de espejos abismáticos que lejos de deformar la vida, la aceptan y repiten y comentan con insistencias generosas de salmo. Ambas reuniones se realizaban el sábado, ya superada la ritual media noche: circunstancia propicia al fervor y a las divagaciones y achacable no a prestigio alguno de hechicería sino a la gran costumbre nocharniega del vivir español y a la provechosa y aprovechada ociosidad del consecutivo domingo. Ambas tertulias eran privativas; quien frecuentaba la una era exclaustrado religiosamente de la contraria y sólo el admirable Eugenio Montes logró, mediante una destreza intelectual que fue voceado escándalo entre sus compañeros, alternar su discutidora presencia en ambas banderías.5

Madrid, en aquellos años, no solo gozó de tertulias en los cafés. En 1876 se fundó la Institución Libre de Enseñanza; posteriormente, la Junta para Ampliación de ­Estudios e Investigaciones Científicas (1907), por la cual se creó la Residencia de Estudiantes (1910) y el Centro de Estudios Históricos (1910). A menudo los estudiantes residentes y estudiosos e investigadores también asistían a los cafés y los tertulianos de café a los espacios institucionales. Si bien fue el azar el que reunió a los jóvenes García Lorca, Buñuel y Dalí en la Residencia, también es cierto que el ambiente creativo que surcaba estas instituciones, con sus conferencias, exposiciones y tertulias, entrelazado con el ambiente creativo que surcaba por los cafés madrileños, fue el perfecto caldo para cultivar su genio.

Buenos Aires no duerme Buenos Aires heredó la costumbre europea de alumbrarse con cafés l­iterario-artísticos. Se cuenta que fue en las mesas del Bar Británico donde ­S abato pensó y escribió parte de Sobre Héroes y Tumbas; y, decididamente, Abaddón el Exterminador, la novela con la que cierra la trilogía, es en cierta forma una geo­ grafía de los cafés de la ciudad, por la que deambula el personaje Sabato de la mano del escritor Sabato. De todos, el Café Tortoni, fundado a mediados del siglo xix, es el más antiguo de los cafés literario-artísticos que todavía continúan con sus puertas abiertas. En la década del veinte el pintor Quinquela Martín decidió traer a Buenos Aires un cachito de las costumbres francesas e inauguró una peña, Agrupación Gente de Artes y ­Letras. De las mesas del Café La Cosechera pasaron a las del Tortoni; y cuando el lugar quedó chico, el dueño simplemente mudó la vinería a otro lado y les dejó la bodega. Quinquela diría, más tade: «Tuvimos la suerte de que el dueño del Café Tortoni sustentara otras ideas con respecto al negocio cafeteril. Los artistas podrán gastar poco, pero dan lustre y fama a un establecimiento público. Así debía pensar C. Curutchet, el propietario del ­Tortoni, que como buen francés, sabía ser práctico y romántico a la vez»6. En esos años, en el Tortoni —que permanecía abierto veinticuatro horas al día— se dieron cita Alfonsina Storni, Conrado Nalé Roxlo, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, entre muchos otros. Aunque la Peña dejó de existir en 1943, su impronta fue tal que no tardaron en ocupar su lugar nuevas generaciones de escritores, músicos y artistas, y así sigue siendo en la actualidad. Mientras buscaba información para este artículo encontré una entrevista a ­ belardo Castillo que me gustó especialmente. En esta entrevista él habla de la revista A El Escarabajo de Oro, que fundaron con Liliana Heker en 1961: 120

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Comunidades literarias. Parte I

Imaginé la escena, vívida, clara, maravillosa, entusiasta. Y me dije que en 1961 Abelardo Castillo, con sus veintipico de años, aún no era uno de los más grandes escri­ tores argentinos. Liliana Heker era casi una adolescente. Por supuesto, no sabían que El Escarabajo de Oro se constituiría en una revista referencial en la historia literaria argentina. Me dije que aunque sea tentador repasar las tertulias de otras épocas bajo el influjo de los escritores prestigiosos que participaron de ellas, es bueno recordar que muchos de ellos no eran prestigiosos en el momento en que participaron. Me dije que las preguntas interesantes surgen justo de la mirada inversa: ¿hubieran llegado a ser lo que fueron sin la posibilidad de participar en estos espacios de sociabilidad intelectual?

artículo

El Tortoni —comenzó diciendo Castillo— era la redacción de El Escarabajo de Oro. Era el living de la casa que ninguno de nosotros tenía en aquel momento. Era el lugar donde prácticamente hacíamos todo. Ahí se leían los cuentos y se decidía qué era lo que se iba a publicar. En esas viejas mesas discutíamos los editoriales de la revista, y redactábamos hasta el más pequeño suelto. Nos reuníamos en el reservado de la izquierda todos los viernes. Éramos como una especie de horda, que llegaba y ocupaba varias mesas, que componían de esa forma una más larga. Nadie podía permanecer cerca conversando normalmente, porque nosotros vociferábamos incesantemente acerca de los problemas de la literatura, o si no estábamos criticándonos con dureza los textos que traíamos.7

Conexiones Apenas si he mencionado algunos nombres, algunas citas, algunas anécdotas. Ni los cafés son o han sido los únicos lugares de encuentro literario-artísticos, ni Madrid o Buenos Aires las únicas ciudades en los que brillaron, ni aparecen recién a media­ dos del siglo xix, ni las tertulias dejaron de existir, ni… En fin, se podría escribir un voluminoso tratado sobre el tema sin riesgo de agotarlo. De hecho, se han escrito ya. Tampoco he dilucidado hasta dónde la descripción de «tertulia» que hace la Wikipedia es correcta. Lo más interesante, para mí, fue que a poco de ponerme a leer sobre los cafés madrileños comencé a sentir un cierto desasosiego. Cada frase parecía abrir nuevos horizontes y los horizontes se multiplicaban como si hubiera espejos; los tertulianos también se multiplicaban y, lo que es peor, se entrecuzaban, no se quedaban quietos; con desparpajo los escritores españoles aparecían en las tertulias de Buenos Aires, los chilenos en las de Madrid y todos, tarde o temprano, en las de París. Viajaban, to­ dos viajaban, por razones familiares, por búsquedas artísticas, por exilios impuestos: viajaban de una ciudad, un país o un continente a otro. Lentamente fui comprendien­ do mi error inicial: pensar en términos de tertulias localizadas en un sitio o en otro, cuando más bien se trató de un entramado de caminos que conducían de una a otra, saltando fronteras políticas y geográficas, saltándose incluso el océano. Y por esos caminos circulaban escritores, filósofos y artistas, conectados entre sí por un infinito de tertulias en cafés, casas particulares, redacciones de periódicos, salas teatrales, ateneos, encontrándose y des-encontrándose aquí o allá. Qué mezquina la visión, me dije, esa, la de los viejos libros escolares, con biografías puntillosas, cada una bien se­ parada de la otra, no vaya a ser que nos confundamos el año de nacimiento de tal con el de la muerte de tal otro, y definiciones lanzadas como metralla, a esto se lo llama número 15 - abril 2012 - Prosofagia 121


Comunidades literarias. Parte I r­ omanticismo, a esto costumbrismo, a esto modernismo… No, no: se trató de una Red, de una inmensa Red que conectó las historias particulares en un entresijo apasionado, fervoroso, una Red donde se respiraba la literatura y el arte a pleno pulmón y se vivía la vida también a pleno, y en esa complejidad caótica se creaba sin tapujos ni miedos ni fronteras. El genio de Valle-Inclán, García Lorca, Borges o Rubén Darío no dependió de esa Red. Pero fue la matriz cultural en la que lo desarrollaron.

Epílogo Boris Rudeiko escribió un muy interesante artículo para el número 4 de ­Prosofagia, haciendo una semblanza, en paralelo, de su experiencia actual en foros literarios vir­ tuales y las antiguas tertulias en el madrileño Café Gijón. En un fragmento cuenta: Para mí el Café Gijón representa el pasado de una literatura de estilográfica, mientras que los llamados foros literarios son el presente de esos otros escritores que utilizamos un teclado de ordenador e intentamos aprender el oficio de la creación literaria, o abrirnos camino en el mundo editorial o, simplemente, dar a conocer nuestras obras, pues sentimos la necesidad de escribir y ser leídos, de saber qué opinan otros de lo que hemos escrito.

Comparto lo que expresa. Los espacios vir­ tuales que abrió Internet permiten que accedan a comunidades literarias personas que no viven en las grandes ciudades. Permiten, también, que todos «viajemos» y nos conectemos en esos espacios virtuales con personas de otras ciudades, países o continentes. La Red nos ofrece oportunidades magníficas para leer y escribir y aprender a leer y a escribir y difundir qué hacemos. Mas, ahora me pregunto, ¿esta Red virtual tendrá la capacidad de crear espacios para con-vivir la literatura con la devoción, el genio y la pasión de aquella otra Red, la que se hizo sangre, hueso y carne en las tertulias de los cafés? No lo sé. Quizás habrá que esperar dos o tres décadas para saberlo.

Esther 122

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Comunidades literarias. Parte I

2

Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid (Madrid, 1880). Mesonero Romanos, Ramón de.

3

En: Ciencia y cultura en Madrid, siglo xx. Edad de Plata, tiempo de silencio y mercado cultural. Web de Luis Enrique Otero Carvajal. Profesor titular de Historia Contemporánea. Universidad Complutense. Madrid, España.

4

«Pombo: aromas de vanguardia». Ribagorda, Álvaro. En: Boletín Ramón N.º 11 ( 2005), pp. 78-84.

5

«La traducción de un incidente». En: Inquisiciones (1925). Borges, Jorge Luis.

6

En: «Tortoni, el café más antiguo de Buenos Aires». Salas, Héctor. Revista Paralelo 35.

7

«Una legendaria tertulia». La Jornada Semanal. Entrevista a Abelardo Castillo.

artículo

notas 1 Tertulias.

otras referencias bibliográficas La vida de los cafés madrileños durante el primer tercio del siglo xx. En: web de Luis

Enrique Otero Carvajal. Profesor titular de Historia Contemporánea. Universidad Complutense. Madrid. España. «Ramon Gómez de La Serna y Salvador Bartolozzi: del Café Universal a la Tertulia de ­Pombo (II)». Vela Cervera, David. En: Boletín Ramón N.º 12 (2006), pp. 68-82. Residencia de Estudiantes. Wikipedia. Buenos Aires, ciudad ideal para la inspiración artística, 11/09/11. En: Clarín.com Café Tortoni. Wikipedia. «La Revista Oral, ¿un gesto conservador en las vanguardias porteñas?» Villanueva,

María, Revista Lis (letra, imagen, sonido) N.o 1 (2008).

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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El Obelisco y Avenida 9 de Julio, Buenos Aires, Argentina. Foto de José Luis Jaime Cortés


Comunidades literarias. Parte I

Parte II

artículo

Comunidades literarias Esther

Los textos literarios inician producciones de significado en lugar de formular realmente significados en sí. Jerome Bruner Decía, en la primera parte de este artículo, que las definiciones quedan estrechas ante la diversidad de las comunidades literarias y el carácter difuso de sus límites. Y, aunque pueda parecer que todo lo importante de ellas ya fue inventado hace mucho, la realidad es que no es así. Hace treinta años se inició en la Escuela de Personas Adultas La Verneda-Sant ­Martí (Barcelona) la práctica de una particular clase de tertulias literarias: las tertulias dialógicas. Hoy se llevan a cabo en distintos países, en escuelas para adultos, primarias, secundarias, espacios vecinales, de padres, cárceles1, 2, 3. La confapea (Confederación de Asociaciones de Participantes en Educación de Personas Adultas) coordina el proyecto «Las Mil y Una Tertulias Literarias Dialógicas», con el propósito de, justamente, llegar a crear una red de mil tertulias dialógicas en el mundo4. Se han seleccionado como una de las actuaciones de éxito en el Proyecto Integrado Europeo includ-ed (2006-2011)5. ¿Cuál es la importancia de estas tertulias? ¿Cómo se llega, desde un edificio ocu­ pado por los vecinos de un barrio de extrarradio a una tesis doctoral en la Universidad de Harvard? número 15 - abril 2012 - Prosofagia 125


Comunidades literarias. Parte II La caída del mito En la década de los setenta el barrio de La Verneda era un barrio obrero, con caren­ cias de distinta naturaleza. Los vecinos luchaban para obtener mejoras en su calidad de vida, y dentro de estas, claro está, aparecía la educación como una conquista fundamen­ tal. Ocuparon un edificio municipal con el objetivo de llevar adelante un proyecto cultu­ ral y el quinto piso se destinó a una escuela para adultos. Es en este punto donde apare­ ce otro actor en escena: la Universidad de Barcelona, y surge el proyecto de la Escuela de Personas Adultas La Verneda-Sant Martí como una Comunidad de Aprendizaje. Allí se constituyeron tertulias como espacios de lectura y debate de obras clási­ cas. Lo que resultó llamativo fue que, en este contexto, adultos recién alfabetizados leían, disfrutaban y analizaban críticamente obras de autores clásicos como Cervantes, ­Kafka, Joyce, García Lorca o Sófocles. Como decía antes, desde 1980 hasta hoy la experiencia de La Verneda-Sant Martí ha sido replicada no solo en esa Escuela sino en muchos otros sitios y con grupos ter­ tulianos diferentes. Los resultados también se replican una y otra vez, derrumbando el viejo mito de que la literatura clásica es para intelectuales, para personas especiales que poseen inteligencia o aptitudes o conocimientos superiores a la media. Aquello, tan repetido, tan común de decir y escuchar, aquello de que se necesita tener un bagaje cultural o un cierto desarrollo intelectual para entender a los clásicos parece ser mito puro. Kafka no es patrimonio de un cenáculo de intelectuales, Joyce no requiere de lectores expertos.

¿Cuáles son las claves del éxito? Creo, sinceramente, que una de estas claves es el origen de las tertulias dialógicas. No nacieron como resultado de una idea aislada o de un proyecto basado únicamente en la buena voluntad y el entusiasmo. Nacieron de la encrucijada entre la realidad de un vecindario decidido a mejorar su calidad de vida y la investigación académica, que aportó un marco teórico sólido. Este marco teórico, desarrollado en el hoy Centro Especial de Investigación en Teorías y Prácticas Superadoras de Desigualdades (crea) de la Universidad de Barcelona6, toma en cuenta las línea de pensamiento de Paulo Freire, Habermas, Bathkin y otros. De él se desprenden los principios básicos de las tertulias dialógicas: diálogo igualitario, inteligencia cultural, transformación, dimen­ sión instrumental, creación de sentido, solidaridad e igualdad de las diferencias No es objeto de este artículo tratar la teoría*, así que solo me referiré brevemente a un par de sus presupuestos. Las tertulias dialógicas se basan en el diálogo igualitario entre los participantes; los actos de comunicación se definen más por las relaciones de diálogo (la validez de las posiciones depende de los argumentos) que por las relaciones de poder (la validez de las posiciones depende de la condición de autoridad). En otras palabras: la razón argumentativa prima sobre el conocimiento experto, la edad, clase social, sexo, profesión o cualquier otro parámetro que pueda socialmente otorgarle autoridad a un individuo per se e independientemente de la validez de sus argumentos. En estas condiciones, en las tertulias se ponen en juego distintos puntos de vista, que surgirán de las diferentes experiencias per­ sonales aunque desde una óptica crítica, ya que se requiere argumentar las opiniones. No * Nota de autor: Tampoco es objeto de este artículo tratar las diferencias entre este marco teórico y las teorías del estructuralismo y el decontruismo.

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Comunidades literarias. Parte II

artículo

necesariamente habrá un punto de vista mejor que otro: simplemente serán diferentes. Y el del moderador de la tertulia no tendrá por qué ser mejor que el de los otros participantes… No se considera que el significado de la lectura está en el texto. Tampoco en el lector. Ni siquiera en la interacción texto-lector: está en la interacción de distintos lec­ tores y el texto. Hablamos, entonces, de una comunidad que crea significados a partir del diálogo conjunto sobre un texto. Pero, cuestión vital, se admite ese diálogo como un acto donde la palabra es un compromiso con un proceso de transformación, tanto interna del individuo como externa, en beneficio de todos. Así, la reflexión de cada uno se expresa en el marco del grupo, y se traduce en una acción de transformación de la realidad del propio individuo y de su entorno.

Carretera bajo techo, París, Francia. Foto de Daniel Seller Suárez

Desde Zola a Borges «Para Manuel, la cuestión de fondo es si la literatura tiene algo que ver con las vidas y culturas de toda la humanidad o si, por el contrario, es únicamente una actividad de las élites que hasta ahora la han venido monopolizando.» Compartiendo palabras. El aprendizaje de las personas adultas a través del diálogo. Ramón Flecha. Confieso haberme sorprendido cuando supe de estas tertulias. ¿La metamorfosis de Kafka como libro favorito de adultos recién alfabetizados? ¿Antígona, de Sófocles? También confieso que al analizar un poco la teoría y práctica me pregunté por qué me había sorprendido. ¿Por qué creer que se requiere sí o sí un cierto bagaje cultural para leer a Kafka? Pues… porque uno piensa que hay que leerlo inteligente. Que es un autor serio, y a los autores serios hay que leerlos con esfuerzo y ser intelectuales en la número 15 - abril 2012 - Prosofagia 127


Comunidades literarias. Parte II lectura. No están al alcance de todos. Vaya, ¡si no estamos seguros de que algunos de estos autores estén al alcance de uno, y eso que uno hasta intenta escribir literatura! Es fácil reconocer —¿reconocerse?— en el librero mencionado en la siguiente cita6: Esto se traduce en relaciones de poder fruto de prejuicios y estereotipos discriminatorios transmitidos por la estructura social. Estas relaciones de poder impregnan los actos comunicativos cotidianos. Así es como por ejemplo encontramos el caso de una mujer no académica participante de la tertulia, María, que al ir a comprar en una tienda la obra Ulises de Joyce, el librero le responde que ese libro no es para ella. Analizando esta situación comunicativa, vemos cómo el librero, supuesto experto de literatura universal, tiene una concepción determinada de quién puede leer y entender dichas obras clásicas y quién no. […] María llevaba tiempo participando en una tertulia literaria dialógica, donde había leído conjuntamente con otras compañeras y compañeros decenas de obras clásicas de la literatura universal. Sabía perfectamente que esas obras podían ser leídas y analizadas críticamente por personas como ella.

Confundimos los tantos. Shakespeare, ¿para quién escribió? ¿Para los filólogos? No, no, ¡si la mayor parte de su público debía de ser analfabeto! Confundimos los tantos: la lectura es cuestión académica únicamente para los académicos. Si nos libe­ ramos de estas confusiones, si nos desembarazamos de prototipos y arquetipos, se trata, simplemente, de leer. Leer literatura no es estudiar literatura: son cosas diferen­ tes. Y aquí aparece otro presupuesto fundamental de las tertulias dialógicas: la acep­ tación de que existe una inteligencia cultural que todo adulto posee, nutrida por sus experiencias de vida. Cuando uno deja de lado la obligación de ser intelectual leerá a Alejo Carpentier y a Balzac a partir de la propia experiencia y podrá disfrutar de sus obras porque podrá encontrarle significados propios. Mientras leía sobre tertulias dialógicas recordé mi experiencia con Borges. Ten­ dría unos catorce años cuando leí por primera vez a Borges: El Aleph, nada más y nada menos. Mala elección. Concluí que Borges era un insufrible intelectual que hacía gala —insufriblemente— de su sapiencia. Lo abandoné al rincón de los autores que no me gustaban. Años después volví a él… y concluí que era uno de los más grandes escrito­ res de los que tenía noticia. Sigo leyéndolo y releyéndolo sin cesar. Es evidente que a los catorce años no estaba preparada para El Aleph. Y, recuer­ do, alrededor mío había toda una atmósfera de que «Borges es difícil». Ahora pienso que, si en vez de haber leído por las mías el libro lo hubiera hecho como integrante de una tertulia dialógica, no hubiera devorado el libro —como devoraba todos los libros en esa época— sino leído de a pocas páginas por vez, debatiendo con otros sobre lo que leía. En Prosofagia 13 Margarita Holzwarth expresaba que: Entendemos que no se llega a ser lector a la fuerza. Daniel Pennac en su libro Como una novela menciona que hay verbos que no admiten el modo imperativo, no se puede ordenar ¡ama!, ¡quiere!, tampoco ¡lee!, pues leer es una invitación que debe prepararse, disfrutarse y presentarse de manera tal que el convidado a la Fiesta no pueda resistirse a ella.

Y expuso que en la formación de lectores aparece, como figura clave en la histo­ ria lectora de cualquier persona, la del mediador de lectura. Recordé sus palabras y 128

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Comunidades literarias. Parte II

Ramón Flecha, director de crea hasta hace poco, trata, en el libro ­Compartiendo experiencias, los principios de las tertulias dialógicas8. Es un libro particular: el de­ sarrollo de cada capítulo se centra en un tertuliano. La cita que abre este apartado corresponde al capítulo de Manuel. De niño cuidó cabras en Andalucía y a los ocho años emigró con su familia a Barcelona. Aprendió a leer y escribir ya adulto, en la Escuela de Verneda-Sant Martí. En las tertulias no quería leer a García Lorca por­ que lo consideraba un señorito elegante; en cambio, amaba a Miguel Hernández, el poeta-pastor, con el que podía identificarse. Las Nanas de la cebolla le hablaban de lo que Manuel conocía muy bien: el hambre. Al igual que sus compañeros de tertulia se entusiasmó con Germinal, de Zola y El siglo de las luces, de Carpentier, novelas que podían interpretar desde su propia realidad. Sin embargo, en el transcurso del tiempo las posiciones fueron variando: ya no se trataba de identificarse con el autor sino de leer la obra en sí misma. Interpretar la obra de Borges pasó a ser más impor­ tante que juzgar a Borges. Creo que esta es la parte más interesante del proyecto, el desarrollo efectivo de un proceso de transformación que implica partir de las pro­ pias vivencias para llegar a otras realidades, distintas y más abstractas. Cuando los tertulianos debaten entre sí La peste de Camus porque hay quienes defienden una lectura literal y quienes defienden una lectura metafórica me pregunto, si yo fuera Camus, ¿no ­estaría feliz como unas pascuas, allá en el cielo de los escritores? Bien, claro que no sé qué opinaría Camus, ni siquiera sé si existe un cielo para los escri­ tores. Pero si existe, y estuviera allí, y una novela escrita por mí es leída y discutida con fervor en ambientes no académicos, ¡entonces estaría feliz como unas pascuas!

artículo

c­ oncluí que en las tertulias dialógicas es todo el grupo el que hace de mediador. Con un mediador así, ¡seguro que me hubiera encantado El Aleph!

Epílogo ¿Por qué una obra llega a ser clásica? Porque se sostiene en el tiempo. La literatu­ ra clásica es aquella que sigue siendo validada pese al paso de las décadas o los siglos. Es una literatura que atraviesa a las sociedades tanto en el espacio como en el tiempo. Mas ¿por qué? ¿Qué razones vuelven a una novela clásica y a otra no? No sé cuál será la respuesta a esta pregunta; apenas aventuro una razón, aunque es una razón en la que creo firmemente: la literatura que perdura es aquella que es capaz de exponer a la sensibilidad del lector el desgarro interior del Homo. Es la que nos hace ver los gozos y las sombras de nosotros mismos y de las sociedades que creamos. Por eso, creo que si las tertulias dialógicas no se hubieran intentado con obras clásicas no hubieran tenido éxito. Siempre habrá un lugar desde donde es posible leer, interpretar y entusiasmarse con La metamorfosis, sea cual sea la historia de vida par­ ticular. No sé si se puede decir lo mismo de la literatura «para pasar el tiempo». Ania Ballesteros, con sus jóvenes diez años de edad, explica con una diáfana clari­ dad por qué es emocionante leer a los clásicos. Si no me cree… escúchela en su expo­ sición en la conferencia final de includ-ed.

Esther número 15 - abril 2012 - Prosofagia 129


Comunidades literarias. Parte II notas 1 Escuela de Personas Adultas La Verneda Sant Martí. 2

La casa de Tomasa.

3

Gurea! (2010) Revista de los internos de la prisión de Nanclares de Oca. N.º 0, pp. 44-45.

4

Las mil y una Tertulias Literarias, Musicales Dialógicas por el Mundo.

5

includ-ed. Strategies for inclusión and social cohesión in Europe from Education.

Proyecto perteneciente al vi Programa Marco de Investigación Europea. 6

crea.

7

Pulido, Cristina y Zepa, Brigita, 2010: «La interpretación interactiva de los textos a través de las tertulias literarias dialógicas», Revista Signos. Estudios de Lingüística. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Número Especial Monográfico N.º 2, pp. 295-309.

otras referencias bibliográficas Entrevista a Ramón Flecha, Videoteca práctica docente, cep de Granada. «Los sueños son posibles, mejorar la realidad sin sueños es imposible. Entrevista a Ramón Flecha.» Extraida de la revista Escuela en la edición de su número 3718 (1074) del 28 de diciembre de 2006.

Loza, M., 2010: «Las tertulias literarias dialógicas. Leer en comunidad.» Revista padres y madres de alumnos y alumnas.

ceapa.

N.º 106.

Alonso, M.a José; Arandia, Maite y Loza, Miguel (2008): «La tertulia como estrategia metodológica en la formación continua: avanzando en la dinámicas dialógicas.» ­reifop, Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 11, pp. 1-7. Valls, Rosa; Soler, Marta y Flecha, Ramón (2008): «Lectura dialógica: interacciones que mejoran y aceleran la lectura.» Revista Iberoamericana de Educación 046, pp. 71-87.

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prosofagia - número 15 - abril 2012


Comunidades literarias. Parte II

artículo número 15 - abril 2012 - Prosofagia 131

Cúpula del Salón de Lectura, Hotel Palace, Madrid. número 15 - España. abril 2012 - Prosofagia 131 Foto de José Manuel Solana


Revista Literaria PROSOFAGIA

132 prosofagia - número 15 - abril 2012 Pabellón de la Secesión, Viena, Austria.

Foto de José Luis Jaime Cortés

Revista Literaria PROSOFAGIA


Les Anastàsies

Anastasia es un nombre griego que significa resurrección. Es el nombre, también, del patrón de Badalona, san Anastasio. Y se ha convertido en el nombre y símbolo de un colectivo femenino cuya primera voluntad fue, preci­samente, la de ‘resucitar’, resur­ gir, ocupar su lugar en la sociedad y dar una dimensión nueva, más profunda y ­plena, a sus vidas.

dossier

Les A nastàsi es Un grupo, una misión El 15 de abril de 2010, después de un largo tiempo de gestación y actividad previa, la Plataforma Anastàsies Bdn se da a conocer a la ciudadanía. Se vertebra en torno a tres ejes: mujer, cultura y Badalona. Más que una asociación o un grupo de mujeres, Anastàsies es una plataforma reivindicativa de la cultura de las mujeres de la ciudad y la transmisión de la historia y la memoria a las generaciones futuras. Se trata de un espacio librepensador abierto a todos los ciudadanos. De hecho, queremos que marque un punto de inflexión y reflexión para el colec­ tivo de mujeres, marginado por su condición durante siglos. Queremos reivindicar la historia de las badalonesas y su implicación en la construcción de la ciudad. Desde sus inicios hasta ahora, Anastàsies ha promovido y difundido una pedagogía de pen­ samiento feminista, el conocimiento de las vidas anónimas de las mujeres a lo largo del tiempo y su visualización. Al mismo tiempo, participamos en el mundo cultural de la ciudad, siempre con la perspectiva de género. El equipo de dirección, por así decir, lo formamos unas quince mujeres, pero lle­ gamos a reunirnos de treinta a cincuenta en función de las actividades. El perfil es diverso, en edades y procedencia, pero todas somos sensibles a las letras. Nuestra inquietud es que nos lleguen a ver como mujeres creadoras, activadoras y agitadoras de la cultura en nuestra ciudad. Nuestra agenda cultural, con actos abiertos a todo el mundo, ha sido muy variada. Como colaboradoras, hemos promocionado la música clásica femenina con el Kássia Grup; la novela negra con el Grup Bateneu; hemos sido pregoneras de la llegada de la antorcha del Canigó, coordinadoras de una exposición cedida por el Institut Català de la Dona y colaboradoras habituales de la radio y la televisión local en los programas Nines Russes y Ciutat Oberta.

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Les Anastàsies

Plataforma Anastàsies Bdn

Como creadoras, hemos presentado jornadas culturales a través de pequeños trabajos de investigación, aulas culturales de verano, otoño e invierno, confe­ rencias, presentaciones literarias y, cada trimestre, hemos organi­ zado cenas temáticas. También hemos formado una compañía de teatro ―Anastàsies Teatre― con la que hemos representado lecturas dramatizadas de poesías y una performance sobre textos de Maria Aurèlia Campmany.

¿Cómo es un día en el taller de Anastàsies? Cada quince días nos reunimos para poner la agenda al día, hacer y recibir nuevas propuestas. Las actividades son básicamente conferencias a cargo de profesionales, de cariz cultural y siempre desde una perspectiva de género. Los temas, variados: his­ toria contemporánea, arte, literatura… Cuando las invitadas representan a una institu­ ción ―Institut Català de la Dona, Biblioteca Nacional de España― nos han explicado el funcionamiento de las mismas. Si se trata de una mesa redonda, hablamos de temas de mujer y ciudad. Las y los participantes siempre tienen un espacio de intercambio de impresiones con las y los invitados. Si tuviera que describir el ambiente, podría decir que se da una mezcla de curiosi­ dad y necesidad de conocimiento. Pienso que el hecho de que las mujeres, histórica­ mente, han estado excluidas del activismo social y el mundo del saber, nos ha desper­ tado una necesidad vital de conocimiento… Somos como pequeños Sherlock Holmes.

Actividades literarias Las actividades literarias que organizamos son básicamente presentaciones de libros de otros autores. En el grupo hay algunas escritoras aficionadas, tanto de poesía como de narrativa, y con el tiempo queremos organizar un taller de escritura y editar una re­ copilación de cuentos y textos para poder hacer, algún día, nuestra propia presentación. En la organización de las actividades, lo primero que hacemos es contactar con algún escritor o escritora, casi siempre a través de amistades. Leemos previamente una obra del autor que vamos a presentar y preparamos la jornada de presentación. Esta puede ser exclusiva del autor o bien puede formar parte de una serie de eventos en nuestras aulas culturales, que se celebran cada tres meses. Antes del evento, contactamos con los medios locales ―radio, televisión, prensa digital y escrita― para informar sobre el acto e invitarlos a entrevistar al autor. El día del evento presentamos un pequeño documento elaborado por las ­Anastàsies. Leemos algún fragmento del libro o poemario e iniciamos un espacio de interacción entre el autor y el público, para profundizar en el libro. Finalmente, ponemos el libro a disposición de los asistentes para que lo puedan adquirir y el autor o autora lo firme. 134

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Les Anastàsies

Nuestro teatro Anastàsies Teatre ha representado tres espectáculos: Escrit amb el cos, pintat amb la paraula (Escrito con el cuerpo, pintado con la palabra); Parlàvem d’amor però el sexe ens ha pres la llengua (Hablábamos de amor, pero el sexo nos quitó la lengua) y Sis cartes impertinents (Seis cartas impertinentes). El segundo espectáculo es una varian­ te del primero y ambos son poemas de amor y sexo escritos por mujeres, recitales de poesía dramatizados y acompañados de coreografía. El último rinde homenaje al libro Cartes impertinents, de la Campmany. El director de la compañía es Paco Escudero, un verdadero artista, y la promoción la hacemos nosotras mismas. La experiencia es muy positiva: el mejor trabajo de empoderamiento es quizás el que se hace sobre un escenario. Puede parecer petulante, pero la calidad es nuestro lema y es lo que nos motiva. Si no es así, no hacemos nada; pensamos mucho las cosas antes de llevarlas a cabo, pues sabemos que las iniciativas culturales realizadas por mujeres no están muy valoradas.

dossier

Posteriormente, celebramos una reunión del grupo para valorar y analizar el acto, recoger opiniones y ver qué puntos se pueden mejorar. El éxito de estas actividades literarias es grande, tanto por la calidad de la partici­ pación como por la afluencia de público y el impacto en la ciudad. La celebración de estos eventos nos ha permitido recibir propuestas de otras entidades culturales para colaborar en proyectos, además de invitarnos a formar parte del Consejo Cultural de la ciudad. Las participantes nos sentimos bien, porque conseguimos uno de los objeti­ vos del grupo, que es ser dinamizadoras culturales en Badalona, siempre con la pers­ pectiva de género que creemos necesario aportar en el mundo de la gestión cultural, a menudo muy masculinizado.

Azucena Izquierdo Presidenta Plataforma Anastàsies Bdn (Dona-Cultura-Badalona) http://facebook.com/anastasies.bdn

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Les Anastàsies

Algunos poemas de Les A nastàsies

Te

e s p e r o

,

a m o r

Ángela Puigdueta

H

a i ku s

Azucena Izqu ierdo

Desa

m pa r o

Dos

h a i ku s

Azucena Izqu ierdo

Dolors A rró

Tres

h a i ku s

y

u n

p o e m a

M. Carme Gallo

Ay,

n i ñ a

M. Carme Gallo

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Les Anastàsies

dossier Pabellón de la Secesión, Viena, Austria. Foto de José Luis Jaime Cortés

Te

espero, amor

En el mar se agitan las olas, traen ecos de tu nombre, diciéndome que me amas de verdad y para siempre. Ven a mí, amado, pues espero con ardor el beso tan deseado. No tardes, te espero, amor. Lejos están nuestros cuerpos, mas nuestras almas unidas por corazones ansiosos, del encuentro que tu ansías. Contigo quiero vivir, ya no consuela soñar; en vano cierro los ojos y no te puedo olvidar. Ángela Puigdueta número 15 - abril 2012 - Prosofagia 137


Les Anastàsies

Haikus Esos olivos, ahora míos, nuestros, fueron tuyos, suyos, de nadie. Esos olivos que te acogieron, te acompañaron y te cedieron su lecho, hoy me ofrecen tu dormir eterno.

Desamparo Sin aguantar la madrugada, escapaste. Qué liberación para ese cuerpo hundido, cuánto esfuerzo al final del camino. Tú, la incansable, la dócil, la eterna sonrisa de brazos abiertos, la hija, la hermana, la esposa, la madre, la abuela …la fértil Deméter.

Azucena Izquierdo 138

prosofagia - número 15 - abril 2012


Les Anastàsies

dossier Pabellón de la Secesión, Viena, Austria. Foto de José Luis Jaime Cortés

Dos

haikus

Silencios rotos, recuerdos que vuelven callad, callad. Frío, soledad, silencio, llanto, vuelve, amor.

Dolors Arró número 15 - abril 2012 - Prosofagia 139


Les Anastàsies

Tr e s

haikus y un poema

Lágrimas de sal surcan el rostro dolor de tu ausencia. Redonda, fría luna, con cara de hueso, sueño de los muertos. Gota de rocío brota de mis entrañas al sol de la vida.

Ay,

niña

Noches de cálida luna, cuando vagas por la playa con tu ondulante cuerpo, compitiendo con las olas, que temerosas te besan en su lamento. La luna se enreda en los rizos de azabache de tu pelo. Si tu mirada de miel se posara en mis ojos, me endulzara los sentidos me embriagara los sesos y mis labios esperaran la rosa de dulces besos. Yo quisiera adormecerme entre tus turgentes senos. ¡Ay caracolas al viento! Mis manos en cimbreante cintura, recorriendo temblorosas los caminos de tu cuerpo, la luna envidiosa de ver como yo te quiero. Ay niña, ¡te estoy queriendo! entre olas temerosas y caracolas al viento. M. Carme Gallo 140

prosofagia - número 15 - abril 2012


Les Anastàsies

dossier

Plataforma Anastàsies Bdn

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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prosofagia - número 15 - abril 2012

Cuatro Torres Business Area, Madrid, España Foto de José Manuel Solana

Revista Literaria PROSOFAGIA


Un poco de historia

Francisco Expósito

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Un poco de historia N

uestra tertulia literaria no tiene nombre, nunca se nos ha ocurrido ­ponérselo. Todo comenzó hace dieciocho años en el mes de febrero de 1994: una panda de amiguetes, conocidos del barrio de Carabanchel y de la adoles­ cencia, solíamos juntarnos los fines de semana con muy diversos propósitos, es decir, salir a comer a la sierra con niños incluidos, o tomar unas cañas en algunos bares aleda­ ños o tirarnos toda una tarde jugando a las cartas mientras otros leían o comentaban los últimos acontecimientos tanto locales como internacionales o se ponían a charlar sobre lo divino y lo humano, o dándonos un largo paseo en plan peripatético. En una de estas veces a alguien se le ocurrió, ya que a la inmensa mayoría le gusta­ ba leer, reunirnos una vez al mes, un viernes (para que no se nos solapara con el sába­ do o el domingo, que ya los teníamos ocupados), en algún bar del barrio o de Madrid, con el fin de comentar un libro previamente leído. La idea pareció buena y se formó un grupo (o subgrupo) de unas doce personas para vernos ese día, comer y beber un poquito y, luego ya en los postres (un poco colocados, todo hay que decirlo) desparra­ mar todo lo que se pueda, es decir, hablar por los codos sobre el texto en cuestión, utilizando nuestra verborrea asaz luenga. Hemos estado mucho tiempo sin reunirnos en un bar fijo, así es que hemos correteado un poco por esos baretos de Madrid durante años y años. Últimamente hemos recalado en uno situado en las proximidades de Atocha y por allí andamos desde hace unos meses. No tenemos moderador, cada cual habla cuando le parece, incluso interrumpiendo al que en esos momentos está exponiendo, pues no se trata de imitar al Congreso de los Diputados, sino de establecer una tertulia de bar: solo se escucha al que se impone por encima de los demás, lleve o no lleve la razón. En definitiva, siempre abordamos la época y la vida del autor, las circunstancias de todo tipo a que hace mención el texto (económicas, políticas, sociales…) y damos nuestra opinión al respecto, que suele ser dulce por parte de algunos, ácida por parte de otros, pero siempre crítica, evaluando hasta la editorial o el traductor. Por supuesto, también se hace crítica literaria (¡no faltaba más!), se sopesan la forma, la estructura del escrito, su accesibilidad, las sensa­ ciones que nos produce. número 15 - abril 2012 - Prosofagia 143


Un poco de historia Cada uno de nosotros (no es obligatorio) propone un libro o dos o tres como lec­ tura para el próximo encuentro, se da una pequeña idea de por dónde va el tema que aborda cada uno de ellos y luego los votamos uno por uno. El libro que más votos ob­ tiene es el que todos deben leer para el siguiente mes. En concreto, en marzo leímos Libertad de Jonathan Franzen, que es un tocho de casi 700 páginas; normalmente pro­ ponemos textos de 200 o 300 páginas. A lo largo de nuestra historia hemos leído textos de diferentes épocas y autores, desde ­Jenofonte a Delibes, desde García Márquez a Joseph Conrad y hemos tocado casi todos los palos de la literatura: novela, cuento corto, teatro, poesía, ensayo. Seguimos siendo casi los mismos que cuando comenzamos y esto es debido a que nos une un vínculo que para sí quisieran muchos: el de la amistad; ¿y qué mejor situa­ ción en la vida que charlar de literatura mientras nos apretamos entre pecho y espalda unas croquetas con un buen ribera? ¡Ah!, y no somos machistas ni feministas pues hay tantos hombres como mujeres, pero a veces nos salen unos ramalazos extraños que, bien analizados, pueden pecar de lo uno o de lo otro. En fin, no somos perfectos; al contrario, somos tan imperfectos que entre nosotros hay cada elemento que puede dar lugar a pensar, por ejemplo, tenemos a un escultor, a un médico, varios maestros, algunos físicos, una enfermera, e incluso contamos con algunos que ¡trabajan!1 Lo que sí es curioso es constatar que a ninguno de nosotros nos ha dado por es­ cribir, excepto al que esto suscribe, que lo hace solo cuando le da la vena o cuando se lo pide algún amigo como en este caso. Bueno, escribir, lo que se dice escribir, solo algunos cuentecillos y alguna que otra poesía. Una cosa que me llama la atención de esta vieja tertulia es que le damos cera al más pintado, porque han caído bajo nuestra ácida oratoria hasta premios Nobel o algún best seller que otro. Por ejemplo, se me ocurre ahora mismo, lo que escribió Cervantes en su Coloquio de los perros cuando uno de ellos, Cipión, comienza de esta manera: «[...] donde podremos gozar sin ser sentidos de esta no vista merced que el Cielo en un mismo punto a los dos nos ha hecho». Vamos a ver, Cervantes, ¿no se po­ dría haber escrito sencillamente «[...] donde podremos gozar de esta merced que el Cielo nos ha hecho»? ¿A qué viene tanto circunloquio, tanto rodeo? A lo mejor es que le pagaban por palabras, como hoy a los periodistas. De todas maneras, castigamos a nuestro insigne Cervantes a permanecer arrodillado y de cara a la pared durante el tiempo que dure la lectura de El coloquio de los perros (el cual recomendamos para solaz y recreo de cualquier lector). Y para terminar, sabiendo que la vida nos da una de cal y veintiocho de arena, hemos tenido la desgracia de perder a uno de nuestros mejores contertulios, iróni­ co él, sagaz como ningún otro, inteligente y creativo, pues no solo le daba a la len­ gua, sino que también esculpía la madera, pintaba acuarelas y óleos que tene­ mos en nuestras casas y de vez en cuando le daba la vena y escribía algunas pági­ nas luctuosas (homenaje al sereno de Vallecas, por ejemplo); le recuerdo todavía con su sonrisa abierta, su mirada directa, su pelo canoso, su actividad incesante... Lo mejor que tiene esto es que la viuda sigue asistiendo a nuestras citas, partici­ pando con tesón y sin desaliento.

Francisco Expósito (1) No pongo ningún nombre por deseo expreso de los tertulianos. 144

prosofagia - número 15 - abril 2012


Un poco de historia

Aunque soy una persona de Ciencias, siempre me he visto atraído por las Letras en general. Recuerdo cuando con catorce años tenías que decidir entre estudiar el bachiller de ciencias o el de letras, encaminándote ya, de esta manera, hacia unos estudios concretos, eliminando otros. Pues bien, yo estudié los dos (¡no los hice a la vez, por supuesto!) porque no estaba seguro de si me gustaba más una área u otra. Mi vida profesional se ha desarrollado en las Ciencias pero mis gustos personales se orientan a gozar con las manifestaciones artísticas. Por último, me gustaría hacer una observación sobre una frase que me ha hecho pensar mucho a lo largo de toda mi vida, y que está grabada en el frontispicio del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo». ¡Qué sabiduría! ¿No creéis? Si no estáis de acuerdo, os desafío a debatirlo en la calle con cualquier transeúnte.

Cuatro Torres Business Area, Madrid, España. (detalle) Foto de José Manuel Solana

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Francisco Expósito

número 15 - abril 2012 - Prosofagia 145