QUÉ HACER SI...
Te arruinan el cabello en la peluquería o estética Los estilistas y peluqueros están para cuidar la belleza –o por lo menos, la imagen– de sus clientes, pero a veces comenten verdaderos atentados contra tu apariencia, y estás en todo tu derecho de reclamar
| REVISTA DEL CONSUMIDOR | MAYO 2015
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rase una vez a fi nales de 2013, en un lugar muy lejano del DF, que una hermosa consumidora, a quien llamaremos Rapunzel, asistió a un prestigiado salón de belleza, al que nombraremos “Leona Bella”, a que le realizaran un servicio de coloración de extensiones de cabello tan elegantes y largas como las de una reina, por el que pagó la nada despreciable cantidad de $19,000.00. Imagina su desconcierto cuando en menos de una semana aquellos costosos mechones se desprendieron por completo de su cabellera. Como es de esperarse, de inmediato se apersonó en el salón en cuestión a reclamar el reembolso de tal fortuna; pero los estilistas la trataron como plebeya y se negaron a responderle como ella exigía, por lo que Rapunzel, con su cabellera hecha trizas, presentó una queja en contra de “Leona Bella” ante Profeco. Ambas partes (Rapunzel como consumidora y “Leona Bella”, proveedor) acudieron a cinco audiencias consecutivas porque no se ponían de acuerdo. El proveedor propuso primero colocarle unas nuevas extensiones a Rapunzel, pero ella no aceptó; posteriormente ofrecieron proveerle de manera gratuita otros servicios, como tratamientos, cortes gratis, etcétera, pero tampoco estuvo conforme: ella quería la devolución de su dinero. Tras varias sesiones de “estira y afloja”, el salón “Leona Bella” accedió a devolver el dinero a la cuenta de tarjeta de crédito con la que se había hecho la compra. Y colorín colorado, este cuento –verídico– se ha acabado.
EL ENREDO
A todos seguramente nos ha pasado alguna vez que vamos a una estética, peluquería o salón de belleza y en vez de quedar más atractivos, salimos como si un burro nos hubiera arrancado el pelo a mordidas, fuéramos a audicionar para ser un personaje de Plaza Sésamo o de plano luciendo como Troll de lo maltratado y quemado que quedó el cabello. Por supuesto que dan ganas de salir del lugar cubierto con un pasamontañas. La buena noticia es que el cabello crecerá; la mala, es que mientras eso sucede, llevarás ese look como un estigma o, en el mejor de los casos, tendrás que ir con otro estilista o peluquero, al que obviamente le tendrás que pagar nuevamente, a que resuelva los daños que provocó el anterior. Vanidades y cuentos de hadas aparte, tu imagen es importante en el día a día, por eso pagas a estos profesionales para mantenerla bien.