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Agradecimientos A todas nuestras maravillosas traductoras, les damos nuestro inmenso agradecimiento, su trabajo es maravilloso. Muchas gracias tambien al increíble equipo de corrección. ¡Chicas todas ustedes son lo máximo! Y Un agradecimiento a todos los lectores que paso a paso nos siguieron incansablemente de inicio a fin, ustedes nos dan el ánimo necesario para seguir trabajando en nuevos libros.

Moderadoras: Susanauribe sooi.luuli

Traductoras: Aciditax aLexiia_Rms Dyanna Hanna Josez27 LizC Maia8

Musher Sooi.luuli Susanauribe Rodoni caami guillugi LuluAlle

Correctoras: Maia8 Aciditax tamis11 hanna rodoni lavi

Recopilación: Maia8 Hanna

Diseño: Rodoni

LadyPandora Violeta Jut Katie Gee Julieta_arg Musher

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Índice Sinopsis………………………… Página 4

Capitulo 27.…………………… Página 149

Capitulo 1.…………………….. Página 6

Capitulo 28.…………………… Página 156

Capitulo 2.…………………….. Página 9

Capitulo 29.…………………… Página 163

Capitulo 3.…………………….. Página 15

Capitulo 30.…………………… Página 166

Capitulo 4.…………………….. Página 20

Capitulo 31.…………………… Página 173

Capitulo 5.…………………….. Página 24

Capitulo 32.…………………… Página 178

Capitulo 6.…………………….. Página 31

Capitulo 33.…………………… Página 184

Capitulo 7.…………………….. Página 38

Capitulo 34.…………………… Página 189

Capitulo 8..………………..….. Página 41

Capitulo 35.…………………… Página 194

Capitulo 9.…………………….. Página 45

Capitulo 36.…………………… Página 203

Capitulo 10.…………………… Página 48

Capitulo 37.…………………… Página 209

Capitulo 11.…………………… Página 53

Capitulo 38.…………………… Página 214

Capitulo 12.…………………… Página 58

Capitulo 39.…………………… Página 218

Capitulo 13.…………………… Página 64

Capitulo 40.…………………… Página 223

Capitulo 14.…………………… Página 70

Capitulo 41.…………………… Página 233

Capitulo 15.…………………… Página 76

Capitulo 42.…………………… Página 239

Capitulo 16.…………………… Página 81

Capitulo 43.…………………… Página 243

Capitulo 17.…………………… Página 85

Capitulo 44.…………………… Página 249

Capitulo 18.…………………… Página 90

Capitulo 45.…………………… Página 252

Capitulo 19.…………………… Página 93

Capitulo 46.…………………… Página 258

Capitulo 20.…………………… Página 100

Capitulo 47.…………………… Página 265

Capitulo 21.…………………… Página 105

Capitulo 48.…………………… Pagina 266

Capitulo 22.…………………… Página 118

Capitulo 49.…………………… Pagina 273

Capitulo 23.…………………… Página 124

Capitulo 50.…………………… Pagina 280

Capitulo 24.…………………… Página 131

Sobre la autora.……………… Pagina 288

Capitulo 25.…………………… Página 137

Destroy Me.…………………… Pagina 291

Capitulo 26.…………………… Página 141

Unravel Me.…………………… Pagina 292

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Sinopsis Traducido por sooi.luuli Corregido por hanna

J

uliette no ha tocado a nadie en exactamente 264 días.

La última vez que lo hizo, fue un accidente, pero el Restablecimiento la encerró por asesinato. Nadie sabe por qué el toque de Juliette es mortal. Siempre y cuando no hiera a nadie más, a nadie le importa. El mundo está demasiado ocupado cayendo a pedazos como para prestarle atención a una chica de diecisiete años. Enfermedades están destruyendo a la población, la comida es difícil de encontrar, los pájaros ya no vuelan, y las nubes son del color equivocado. El Restablecimiento dijo que su manera era la única para arreglar las cosas, así que metieron a Juliette en una celda. Ahora que tanta gente ha muerto, los sobrevivientes están susurrando guerra—y el Restablecimiento ha cambiado de opinión. Tal vez Juliette es más que un alma atormentada metida en un cuerpo venenoso. Tal vez ella ahora es lo que necesitan. Juliette tiene que tomar una decisión: Ser un arma. O ser una guerrera.

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“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, Yo tomé el menos transitado, Y eso hizo toda la diferencia.” —ROBERT FROST, "El Camino No Elegido”

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Capítulo 1 Traducido por sooi.luuli Corregido por Maia8

H

e estado encerrada por 264 días.

No tengo nada, además de un pequeño cuaderno y un bolígrafo roto y los números en mi cabeza que me hacen compañía. 1 ventana. 4 paredes. 14 metros cuadrados de espacio. 26 letras de un alfabeto que no he nombrado en 264 días de aislamiento. 6,336 horas desde que he tocado a otro ser humano. —Vas a tener un compañero de celda compañero de cuarto —me dijeron. —Esperamos que te pudras hasta que mueras en este lugar Por buena conducta — me dijeron. —Otro psicópata como tú No más aislamiento —me dijeron. Ellos son los subalternos de el Restablecimiento. La iniciativa que debía ayudar a nuestra sociedad en vías de extinción. La misma gente que me sacó de la casa de mis padres y me encerró en un manicomio por algo fuera de mi control. A nadie le importa que no supiera de lo que era capaz. Que no supiera lo que estaba haciendo. No tengo idea de dónde estoy. Sólo sé que fui trasladada por alguien en una furgoneta blanca que condujo 6 horas y 37 minutos para traerme aquí. Sé que fui esposada a mi asiento. Sé que fui amarrada a mi asiento. Sé que mis padres nunca se molestaron en despedirse. Sé que no lloré cuando fui llevada. Sé que el cielo cae todos los días. El sol se deja caer en el océano y esparce marrones y rojos y amarillos y naranjas en el mundo del exterior de mi ventana. Un millón de hojas de cientos de ramas diferentes se zambullen en el viento, revoloteando con la falsa promesa de volar. La ráfaga atrapa sus atrofiadas alas sólo para forzarlas hacia abajo, olvidadas, abandonadas para ser pisoteadas por los soldados ubicados justo debajo. No hay tantos árboles como los había antes, es lo que los científicos dicen. Dicen que nuestro mundo solía ser verde. Nuestras nubes solían ser blancas. Nuestro sol siempre tenía la clase correcta de luz. Pero tengo muy débiles recuerdos de ese

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mundo. No recuerdo mucho de antes. La única existencia que conozco es la única a la que fui determinada. Un eco de lo que yo solía ser. Presiono la palma de mi mano contra el pequeño panel de vidrio y siento al frío apretar mi mano en un familiar abrazo. Ambos estamos solos, ambos existiendo como la ausencia de algo más. Agarro mi cercano e inútil bolígrafo con la muy poca tinta que he aprendido a racionar todos los días y la observo. Cambio de opinión. Abandono el esfuerzo que toma escribir cosas. Tener un compañero de celda podría ser bueno. Hablar con un ser humano real podría facilitar las cosas. Practico usando mi voz, dándole forma a mis labios alrededor de las familiares palabras desconocidas para mi boca. Practico todo el día. Me sorprende recordar cómo hablar. Hago de mi pequeño cuaderno una bola que lanzo contra la pared. Me incorporo sobre los muelles cubiertos de ropa sobre los que me he forzado a dormir. Espero. Me mezo una y otra vez y espero. Espero por demasiado tiempo y me duermo. Mis ojos se abren a 2 ojos 2 labios 2 orejas 2 cejas. Contengo mi grito y urgencia de correr para que pase el terror paralizante absorbiendo mis miembros. —Tú eres un chi-chi-chi-chi... —Y tú eres una chica. —Levanta una ceja. Se aleja de mi rostro. Sonríe abiertamente, pero verdaderamente no está sonriendo, y quiero llorar, mis ojos desesperados, aterrorizados, lanzándose hacia la puerta que he intentado abrir tantas veces que había perdido la cuenta. Me encerraron con un chico. Un chico. Dios Santo. Están intentando matarme. Lo han hecho a propósito. Para torturarme, atormentarme, evitar que nunca más duerma por la noche. Sus brazos están tatuados, desde sus antebrazos hasta sus codos. Su ceja sin un piercing que deben haber confiscado. Ojos azules oscuros, cabello marrón oscuro cortado hasta la línea de la mandíbula, una pronunciada constitución delgada. Hermoso Peligroso. Aterrorizante. Terrible. Él se ríe, y caigo de mi cama y me escabullo hacia la esquina. Evalúa la precaria almohada sobre la cama de más que ellos metieron en el espacio vacío esta mañana, el miserable colchón y la gastada manta apenas lo

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suficientemente grande como para soportar su mitad superior. Mira mi cama. Mira su cama. Las junta con una mano. Usa su pie para empujar las dos estructuras de metal hacia su lado de la habitación. Se despliega sobre los dos colchones, agarrando mi almohada para ahuecar debajo su nuca. He comenzado a temblar. Muerdo mi labio e intento enfrascarme en la oscura esquina. Él ha robado mi cama, mi manta, mi almohada. No tengo nada excepto el piso. No tendré nada excepto el piso. Nunca contraatacaré, porque estoy tan muerta de miedo, tan paralizada, tan paranoica. —Entonces tú estás... ¿qué? ¿Loca? ¿Es por eso que estás aquí? No estoy loca. Él se eleva lo suficiente para ver mi cara. Se ríe de nuevo. —No voy a herirte. Quiero creerle No le creo. —¿Cuál es tu nombre? —pregunta. No es asunto tuyo. ¿Cuál es tu nombre? Escucho su irritada exhalación. Lo escucho darse la vuelta sobre la cama que solía ser medio mía. Me quedo despierta toda la noche. Mis rodillas flexionadas hasta la altura de mi mentón, mis brazos envueltos con fuerza alrededor de mi pequeña constitución, mi largo cabello marrón, la única cortina entre nosotros. No dormiré. No puedo dormir. No puedo escuchar esos gritos de nuevo.

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Capítulo 2 Traducido por sooi.luuli Corregido por Maia8

H

uele como lluvia en la mañana.

La habitación está pesada con el aroma de piedra húmeda, tierra respingona; el aire es frío, húmedo y terroso. Tomo una profunda respiración y ando de puntillas hasta la ventana sólo para presionar mi nariz contra la fría superficie. Siento a mi aliento empañar el vidrio. Cierro mis ojos ante el sonido de un suave golpeteo precipitándose a través del viento. Gotas de lluvia son mi único recuerdo de que las nubes tienen un latido. Que yo tengo uno, también. Siempre me pregunto acerca de las gotas de lluvia. Me pregunto acerca de cómo están cayendo siempre, tropezando con sus propios pies, rompiendo sus piernas y olvidando sus paracaídas mientras caen justo fuera del cielo hacia un incierto final. Es como que alguien estuviese vaciando sus bolsillos sobre la tierra y no pareciera importarle dónde caen los contenidos; no parece importarle que las gotas de lluvia revienten cuando golpean el suelo, que se destruyan cuando caen al piso, que la gente maldiga los días en que las gotas se atreven a dar golpecitos en sus puertas. Soy una gota de lluvia. Mis padres vaciaron sus bolsillos de mí y me dejaron evaporar en un bloque de hormigón. Las ventanas me dicen que no estamos lejos de las montañas y definitivamente cerca del agua, pero todo está cerca del agua por estos días. Sólo no sé en qué lado estamos. A qué dirección estamos orientados. Echo un vistazo a la luz de las primeras horas del día. Alguien levantó el sol y lo sujetó al cielo de nuevo, pero todos los días cuelga un poco más bajo que el día anterior. Es como un padre negligente que sólo conoce una mitad de lo que eres. Nunca ve que su ausencia cambia a la gente. Cuán diferente somos en la oscuridad. Un repentino crujido quiere decir que mi compañero de celda está despierto. Me doy vuelta como si hubiera sido sorprendida robando comida de nuevo. Eso sólo ocurrió una vez y mis padres no me creyeron cuando dije que no era para mí.

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Dije que sólo estaba intentando salvar a los gatos extraviados que vivían a la vuelta de la esquina, pero no creyeron que fuera lo suficientemente humana como para preocuparme por un gato. No yo. No algo alguien como yo. Pero entonces, nunca creían nada de lo que decía. Ese es exactamente el por qué estoy aquí. El “Compañero de celda” me está estudiando. Se durmió completamente vestido. Está usando una remera azul marino y pantalones caqui de camuflaje metidos en botas negras que llegan hasta la espinilla. Yo estoy usando algodón muerto en mis miembros y rubor de rosas en mi rostro. Sus ojos escanean la silueta de mi estructura y el lento movimiento hace que mi corazón lata aceleradamente. Agarro los pétalos rosa mientras caen de mis mejillas, mientras flotan alrededor de la constitución de mi cuerpo, mientras me cubren en algo que se siente como la ausencia de coraje. Deja de mirarme, es lo que quiero decir. Deja de tocarme con tus ojos y mantén tus manos en tus costados y por favor y por favor y por favor... —¿Cuál es tu nombre? —La inclinación de su cabeza agrieta la gravedad por la mitad. Estoy suspendida en el momento. Pestañeo y envaso mi respiración. Él se mueve y mis ojos se rompen en miles de pedazos que rebotan alrededor de la habitación, capturando un millón de instantáneas, un millón de momentos en el tiempo. Imágenes titilantes que se desvanecieron con el tiempo, pensamientos congelados flotando peligrosamente en un área de espacio muerto, un torbellino de recuerdos que cortan mi alma. Él me recuerda a alguien que solía conocer. Una respiración jadeante y me sorprendo de volver a la realidad. No más ensueños. —¿Por qué estás aquí? —pregunto a las grietas en la pared de cemento. 14 grietas en 4 paredes, miles de sombras de grises. El piso, el techo: todo el mismo bloque de piedra. Las estructuras de la cama patéticamente construidas: erigidas a partir de viejos caños de agua. El marco de una ventana: tan delgado como para romperse. Mi esperanza está exhausta. Mis ojos están poco focalizados, y doloridos. Mi dedo está trazando un lento camino sobre el frío piso. Estoy sentada en el suelo que huele como hielo y metal y suciedad. El “Compañero de celda” se sienta frente a mí, sus piernas dobladas debajo de él, sus botas un poco demasiado lustrosas para este lugar. —Tienes miedo de mí. —Su voz no tiene forma.

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Mis dedos encuentran su camino hacia un puño. —Me temo que estás equivocado. Podría estar mintiendo, pero eso no es asunto suyo. Él resopla y el sonido hace eco en el aire muerto entre nosotros. No levanto mi cabeza. No encuentro los ojos con los que él está perforando en mi dirección. Saboreo el viciado y desaprovechado oxígeno y suspiro. Mi garganta está apretada con algo que me es familiar, algo que he aprendido a tragar. 2 golpes en la puerta asustan a mis emociones devolviéndolas a su lugar. Él está erguido en un instante. —No hay nadie allí —le digo—. Sólo nuestro desayuno. —264 desayunos y yo aún no sé de qué está hecho. Huele a muchos químicos; una masa amorfa siempre entregada en extremo. A veces demasiado dulce, a veces demasiado salada, siempre repugnante. La mayoría de las veces estoy demasiado muerta de hambre como para notar la diferencia. Lo escucho vacilar durante sólo un instante antes de dirigirse hacia la puerta. La abre un poco y se esfuerza por ver a través, hacia un mundo que ya no existe. —¡Mierda! —Lanza la bandeja a través de la abertura, deteniéndose sólo para darse una palmadita en su remera—. Mierda, mierda. —Curva sus dedos en un puño apretado y aprieta la mandíbula. Se ha quemado la mano. Le hubiera advertido, si él hubiera escuchado. —Deberías esperar al menos tres minutos antes de tocar la bandeja —le digo a la pared. No miro las cicatrices apenas visibles que adornan mis pequeñas manos, las marcas de quemaduras que nadie me pudo haber enseñado a evitar―. Creo que lo hicieron a propósito —agrego tranquilamente. —Oh, ¿así que hoy me vas a hablar? —Está enojado. Sus ojos brillan antes de que aparte la mirada y me doy cuenta de que él está más avergonzado que cualquier otra cosa. Es un chico fuerte. Demasiado fuerte como para cometer estúpidos errores en frente de una chica. Demasiado fuerte como para mostrar dolor. Aprieto mis labios y miro por el pequeño panel de vidrio a lo que ellos llaman una ventana. No hay muchos animales abandonados, pero he escuchado historias de pájaros que vuelan. Tal vez un día conseguiré ver uno. Las historias están intercaladas tan desordenadamente por estos días que hay muy poco para creer, pero he escuchado a más de una persona decir que han visto realmente a un pájaro volar en los últimos años. Así que miro la ventana. Habrá un pájaro hoy. Será blanco con reflejos de oro como una corona encima de su cabeza. Volará. Habrá un pájaro hoy. Será blanco con reflejos de oro como una corona encima de su cabeza. Volará. Habrá un…

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Una mano. Sobre mí. 2 puntas de 2 dedos rozan mi hombro cubierto de ropa durante menos de un segundo y cada músculo, cada tendón en mi cuerpo está cargado de tensión y hecho nudos apretando mi espina dorsal. Me quedo muy quieta. No me muevo. No respiro. Tal vez si no me muevo, este sentimiento durará para siempre. Nadie me ha tocado en 264 días. Algunas veces pienso que la soledad en mi interior va a destruir mi piel y algunas veces no estoy segura de si llorar o gritar o reír por la histeria que nada solucionará en absoluto. A veces estoy tan desesperada por tocar para ser tocada y sentir que estoy casi segura de que me voy a caer de un acantilado hacia un universo alternativo donde nunca nadie será capaz de encontrarme. No parece imposible. He estado gritando durante años y nadie nunca me ha escuchado. —¿Estás hambrienta? —Su voz ahora es baja, un poco preocupada. He estado muerta de hambre durante 264 días. —No. —La palabra es apenas una respiración cortada cuando escapa de mis labios y me volteo y no debería, pero lo hago y él está mirándome. Estudiándome. Sus labios están apenas separados, sus miembros flojos en sus costados, sus pestañas parpadeando con confusión nuevamente. Algo me perfora el estómago. Sus ojos. Algo en sus ojos. No es él no es él no es él no es él no es él. Cierro el mundo a la distancia. Lo encierro. Giro la llave con demasiada fuerza. La oscuridad me entierra en sus pliegues. —Hey... Mis ojos se abren con fuerza. 2 ventanas rotas llenando mi boca de vidrio. —¿Qué es eso? —Su voz es un intento fallido de monotonía, un intento ansioso de apatía. Nada. Me concentro en el panel transparente metido entre la libertad y yo. Quiero estrellar este mundo definido contra el olvido. Quiero ser más grande, mejor, más fuerte.

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Quiero estar enojada enojada enojada. Quiero ser el pájaro que vuela lejos. —¿Qué estás escribiendo? —dice de nuevo el “Compañero de celda”. Esas palabras son vómito. Este bolígrafo de trazo poco firme es mi esófago. Esta hoja de papel es mi bola de porcelana. —¿Por qué no me vas a responder? —Él está tan cerca tan cerca tan cerca. Nadie nunca estuvo lo suficientemente cerca. Contengo mi aliento y espero a que se vaya como todo lo demás en mi vida. Mis ojos están centrados en la ventana y en la promesa de lo que podría ser. La promesa de algo más espléndido, algo más increíble, alguna razón para la locura construida en mis huesos, alguna explicación por mi incapacidad de hacer algo sin arruinar todo. Habrá un pájaro. Será blanco con reflejos de oro como una corona encima de su cabeza. Volará. Habrá un pájaro. Será... —Hey... —No puedes tocarme —susurro. Estoy mintiendo, es lo que no le digo. Él puede tocarme, es lo que nunca le diré. Por favor tócame, es lo que quiero decirle. Pero cosas ocurren cuando la gente me toca. Cosas raras. Cosas malas. Cosas muertas. No puedo recordar la calidez de ninguna especie de abrazo. Mis brazos duelen por el ineludible hielo del aislamiento. Mi propia madre no podía sostenerme en brazos. Mi padre no podía calentar mis manos congeladas. Vivo en un mundo de nada. Hola. Mundo. Me olvidarás. Toc toc. El “Compañero de celda” salta sobre sus pies. Es hora de ducharse.

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Capítulo 3 Traducido por sooi.luuli

L

Corregido por Maia8

a puerta se abre a un abismo. Sin color, sin luz, sin la promesa de algo, excepto el horror en el otro lado. Sin palabras. Sin dirección. Sólo una puerta abierta que significa siempre la misma cosa.

El “Compañero de celda” tiene preguntas. —¿Qué demonios? —Me mira desde la ilusión de escapar—. ¿Nos están dejando salir? Ellos nunca nos dejarán salir. —Es hora de ducharse. —¿Ducha? —Su voz pierde entonación, pero aún está ensartada de curiosidad. —No tenemos mucho tiempo —le digo—. Tenemos que apurarnos. —Espera, ¿qué? —Él agarra mi brazo, pero yo me aparto. —Pero no hay luz... ni siquiera podemos ver a dónde vamos... —Rápido. —Enfoco mis ojos en el piso—. Agarra el dobladillo de mi camisa. —¿De qué estás hablando...? Una alarma suena a la distancia. Unos murmullos zumbando más cerca de cada segundo. Pronto toda la celda está vibrando con la advertencia y la puerta se desliza de vuelta en su lugar. Agarro su camisa y lo empujo en la oscuridad hacia mi lado. —No. Digas. Nada. —Per... —Nada —bufo. Tiro de su camisa y le ordeno que me siga mientras siento mi camino a través del laberinto de la institución mental. Es una casa, un centro para jóvenes con problemas, para chicos abandonados por familias destruidas, una casa segura para el perturbado psicológicamente. Es una prisión. Ellos nos alimentan con nada y nuestros ojos nunca se ven los unos a los otros, excepto en los raros estallidos de luz que se apropian de su camino a través de las grietas de vidrio que aparentan ser ventanas. Las noches perforadas por gritos y sollozos, gemidos y

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llantos de tormento, los sonidos de la carne y el hueso rompiéndose por la fuerza o por voluntad, nunca lo sabré. Pasé los primeros 3 meses en compañía de mi propio hedor. Nadie nunca me dijo dónde se encontraban los baños y las duchas. Nadie nunca me dijo cómo el sistema funcionaba. Nadie te habla a menos que vayan a dar malas noticias. Nadie nunca te toca en absoluto. Chicos y chicas nunca se encuentran los unos con los otros. Nunca, excepto ayer. No puede ser coincidencia. Mis ojos comienzan a reajustarse en la capa artificial de la noche. Mis dedos sienten su camino a través de los corredores en mal estado, y el “Compañero de celda” no dice una palabra. Estoy casi orgullosa de él. Es casi 30 cm. más alto que yo, su cuerpo fuerte y sólido con el músculo y la fuerza de alguien cercano a mi edad. El mundo no lo ha destruido aún. Semejante libertad en ignorancia. —¿Qué... ? Tiro de su camisa un poco más fuerte para evitar que hable. No hemos aún pasado los corredores. Me siento curiosamente protectora con él, esta persona que posiblemente podría destrozarme con 2 dedos. Él no se da cuenta de cómo su ignorancia lo hace vulnerable. No se da cuenta de que ellos podrían matarlo sin ninguna razón en absoluto. He decidido no estar asustada de él. He decidido que sus acciones son más inmaduras que genuinamente amenazantes. Él se ve tan familiar tan familiar tan familiar para mí. Una vez conocí a un chico con los mismos ojos azules y mis recuerdos no dejarán que lo odie. Tal vez me gustaría un amigo. 2 metros más hasta la pared que va desde lo áspero a lo liso y entonces giramos a la derecha. 50 cm. de espacio vacío antes de que alcancemos una puerta de madera con una manija rota y un puñado de astillas. 3 latidos aseguran que estamos solos. 30 cm. hacia delante para avanzar hacia el interior de la puerta. 1 suave crujido y la ranura se ensancha para revelar nada, excepto lo que imagino por cómo se ve este espacio. —Por aquí —susurro. Tiro de él hacia la fila de duchas y hurgo el piso en busca de pedazos de jabón alojado en el desagüe. Encuentro 2 pedazos, uno igual de grande al otro. —Abre tu mano —le digo a la oscuridad—. Es viscoso. Pero no lo dejes caer. No hay mucho jabón y tenemos suerte hoy. Él no dice nada por unos segundos y yo me comienzo a preocupar.

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—¿Estás aún allí? —me pregunto si esta era la trampa. Si este era el plan. Si tal vez fue enviado para matarme bajo la cubierta de la oscuridad en este pequeño espacio. Nunca en verdad supe lo que ellos iban a hacerme en el manicomio, nunca supe si pensaban que encerrarme sería lo suficientemente bueno, pero siempre pensé que podrían matarme. Siempre pareció como una opción viable. No puedo decir que no lo merecería. Pero estoy aquí dentro por algo que nunca quise hacer y a nadie parece importarle que fuera un accidente. Mis padres nunca intentaron ayudarme. No escucho a las duchas correr y mi corazón se detiene en su lugar. Esta habitación particular está raramente llena, pero usualmente hay otras, si sólo 1 o 2. He vuelto a darme cuenta de que los residentes del manicomio tampoco están legítimamente locos y no pueden encontrar su camino a las duchas, o simplemente no se preocupan. Trago con fuerza. —¿Cuál es tu nombre? —Su voz rasga el aire y mi flujo de conciencia en un movimiento. Puedo sentirlo respirar más cerca de lo que estaba antes. Mi corazón está latiendo aceleradamente y no sé por qué no puedo controlarlo—. ¿Por qué no me vas a decir tu nombre? —¿Está abierta tu mano? —pregunto, mi boca seca, mi voz ronca. Él se mueve hacia delante y yo estoy casi asustada de respirar. Sus dedos rozan la almidonada tela del único conjunto que alguna vez tendré y logro respirar. Siempre y cuando él no esté tocando mi piel. Siempre y cuando él no esté tocando mi piel. Este parece ser el secreto. Mi fina camisa ha sido lavada en el agua despiadada de este edificio tantas veces que la siento como un saco de arpillera contra mi piel. Dejo caer el pedazo de jabón más grande en su mano y ando de puntillas hacia atrás. —Voy a abrir la ducha para ti —explico, ansiosa por no levantar mi voz por miedo a que los otros me escuchen. —¿Qué hago con mis ropas? —Su cuerpo aún está demasiado cerca del mío. Pestañeo 1.000 veces en la oscuridad. —Tienes que quitártelas. Él ríe algo que suena como un suspiro divertido. —No, lo sé. Quiero decir, ¿qué hago con ellas mientras me ducho? —Intenta no mojarlas.

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Él toma una respiración profunda. —¿Cuánto tiempo tenemos? —Dos minutos. —Jesús, ¿por qué no dijiste alg... ? Abro su ducha al mismo tiempo que abro la mía y sus quejas se ahogan bajo los orificios rotos de los grifos que apenas funcionan. Mis movimientos son mecánicos. He hecho esto tantas veces que ya he memorizado los métodos más eficaces de restregar, enjuagar, y racionar jabón tanto para mi cuerpo como para mi pelo. No hay toallas, así que el truco es no intentar mojar ninguna parte de tu cuerpo con demasiada agua. Si lo haces nunca te secarás bien y pasarás la próxima semana casi muriéndote de pulmonía. Lo sabía. En exactamente 90 segundos he estrujado mi pelo y me estoy deslizando de vuelta a mi conjunto destrozado. Mis zapatillas de tenis son la única cosa mía que está aún en bastantes buenas condiciones. No hacemos muchas caminatas por aquí. El “Compañero de celda” hace lo mismo casi de inmediato. Estoy agradecida de que aprenda rápido. —Agarra el dobladillo de mi camisa —le indico—. Tenemos que apurarnos. Sus dedos rozan la parte baja de mi espalda por un lento momento y tengo que morder mi labio para contener la intensidad. Casi me detengo en mi lugar. Nadie nunca pone sus manos en ningún lugar cerca de mi cuerpo. Tengo que apurarme hacia delante de tal manera que sus dedos caigan nuevamente. Él tropieza para mantener el ritmo. Cuando finalmente estamos atrapados en las 4 familiares paredes de claustrofobia, el “Compañero de celda” no deja de mirarme. Me hago un ovillo en la esquina. Él aún tiene mi cama, mi manta, mi almohada. Olvido su ignorancia, pero tal vez es demasiado pronto para ser amigos. Tal vez fui demasiado rápida en ayudarlo. Tal vez en verdad está sólo aquí para hacerme miserable. Pero si no me caliento voy a enfermarme. Mi pelo está demasiado húmedo y la manta en la que usualmente me envuelvo está aún en su lado de la habitación. Tal vez estoy asustada de él. Respiro con demasiada brusquedad, levanto la vista demasiado rápido en la apagada luz del día. El “Compañero de celda” ha dejado caer 2 mantas sobre mis hombros. 1 mía. 1 suya.

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—Perdón por ser semejante imbécil —susurra a la pared. Él no me toca y estoy decepcionada feliz de que no lo haga. Desearía que lo hiciera. No debería. Nadie nunca debería tocarme. —Soy Adam —dice lentamente. Se aleja de mí hasta que ha pasado sin impedimentos por la habitación. Él usa una mano para empujar la estructura de mi cama de vuelta a mi lado del espacio. Adam. Un nombre tan lindo. El “Compañero de celda” tiene un lindo nombre. Es un nombre que siempre me ha gustado, pero no puedo recordar por qué. No pierdo el tiempo en subir a los muelles apenas ocultos de mi colchón y estoy tan exhausta que apenas puedo sentir los rollos de metal amenazando con pinchar mi piel. No he dormido en más de 24 horas. Adam es un lindo nombre, es la única cosa en la que puedo pensar antes de que el agotamiento paralice mi cuerpo.

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Capítulo 4 Traducido por sooi.luuli Corregido por Maia8

N

o estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. No estoy loca. El horror rasga mis párpados, abriéndolos. Mi cuerpo está empapado de sudor frío, mi cerebro nadando en inolvidables olas de dolor. Mis ojos se fijan en círculos de negro que se disuelven en la oscuridad. No tengo idea de cuánto tiempo he dormido. No tengo idea de si he asustado a mi compañero de celda con mis sueños. A veces grito fuerte. Adam está mirándome. Estoy respirando con dificultad y me las arreglo para levantarme en posición vertical. Tiro de las mantas más cerca hacia mi cuerpo sólo para darme cuenta de que he robado sus únicos medios para calentarse. Nunca siquiera se me ha ocurrido que él podría estar congelándose tanto como yo. Estoy temblando en mi lugar, pero su cuerpo está inmutable en la noche, su silueta una robusta forma contra el telón de fondo negro. No tengo idea de qué decir. No hay nada qué decir. —Los gritos nunca se detienen en este lugar, ¿o sí? Los gritos son sólo el comienzo.

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—No —modulo casi en silencio. Un ligero rubor se extiende por mi rostro y estoy feliz de que esté tan oscuro para él como para notarlo. Debe de haber escuchado mis sollozos. Algunas veces desearía que nunca tuviera que dormir. Algunas veces pienso que si me quedo muy, muy quieta, si nunca me muevo completamente, las cosas cambiarán. Pienso que si me congelo, puedo congelar el dolor. Algunas veces no me muevo durante horas. No me muevo ni un centímetro. Si el tiempo se detiene, nada puede ir mal. —¿Estás bien? —La voz de Adam suena preocupada. Estudio los puños cerrados a sus costados, el fruncimiento enterrado en su ceja, la tensión en su mandíbula. Esta misma persona que robó mi cama y mi manta es la misma persona que se las arregló sin ellas esta noche. Tan arrogante y descuidado hace unas pocas horas; tan cuidadoso y tranquilo ahora. Me asusta que este lugar pudiera haberlo destrozado demasiado rápido. Me pregunto lo que él escuchó mientras yo estaba durmiendo. Desearía poder salvarlo del horror. Algo se rompe; un sollozo atormentado suena a la distancia. Esas habitaciones están enterradas profundamente en cemento, con paredes más delgadas entre los pisos y techos combinados para evitar que los sonidos escapen demasiado lejos. Si puedo escuchar la agonía, debe ser insuperable. Cada noche me pregunto si soy la siguiente. —No estás loca. Mis ojos vuelan hacia arriba. Su cabeza está inclinada, sus ojos fijos y claros a pesar del sudario que nos envuelve. Toma una profunda respiración. —Pensé que todos aquí dentro estaban locos —continúa—. Pensé que me habían encerrado con una psicópata. Tomo una brusca inhalación. —Divertido. Yo también. 1 2 3 segundos pasan. Él se rompe en una sonrisa tan amplia, tan divertida, tan estimulantemente sincera que es como un trueno a través de mi cuerpo. Algo pincha mis ojos y me quiebra las rodillas. No he visto una sonrisa en 265 días. Adam está de pie. Le ofrezco su manta.

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Él la toma sólo para envolverla mejor alrededor de mi cuerpo y algo de repente está encogiéndose en mi pecho. Mis pulmones están ensartados y encadenados y justo he decidido no moverme por una eternidad cuando él habla. —¿Qué está mal? Mis padres dejaron de tocarme cuando era lo suficientemente grande como para gatear. Los profesores me hacían trabajar sola para que no hiriera a los otros chicos. Nunca he tenido un amigo. Nunca he conocido la comodidad del abrazo de una madre. Nunca he sentido la ternura del beso de un padre. No estoy loca. —Nada. 5 segundos más. —¿Puedo sentarme a tu lado? Eso sería estupendo. —No. —Estoy mirando a la pared de nuevo. Aprieta y afloja la mandíbula. Pasa su mano por su pelo y me doy cuenta por primera vez que no está usando una camiseta. Está tan oscuro en esta habitación que solamente puedo notar las curvas y los contornos de su silueta; a la luna se le permite sólo una pequeña ventana para iluminar este espacio, pero veo cómo los músculos en sus brazos están apretados con cada movimiento y de repente estoy en llamas. Las llamas están machacando mi piel y hay un estallido de calor abriéndose camino por mi estómago. Cada centímetro de su cuerpo está vulnerable con poder, cada superficie de alguna manera luminosa en la oscuridad. En 17 años nunca he visto nada como él. En 17 años nunca le he hablado a un chico de mi propia edad. Porque soy un monstruo. Cierro mis ojos hasta que los he cosido. Escucho el chirrido de su cama, el crujido de los muelles mientras él se sienta. Descoso mis ojos y estudio el piso. —Debes de estar congelándote. —No. —Un fuerte suspiro—. En realidad, estoy quemándome. Estoy de pie tan rápido que las mantas caen al piso. —¿Estás enfermo? —Mis ojos examinan su rostro en busca de signos de una fiebre, pero no me atrevo a acercarme más—. ¿Estás mareado? ¿Te duelen tus articulaciones? —Intento recordar mis propios síntomas. Estuve encadenada a mi cama por mi propio cuerpo durante una semana. No podía hacer nada más que arrastrarme hasta la puerta y caer de cara en mi comida. Ni siquiera sé cómo sobreviví.

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—¿Cuál es tu nombre? Él ya ha hecho la misma pregunta 3 veces. —Podrías estar enfermo. —Es todo lo que digo. —No estoy enfermo. Sólo estoy caliente. Usualmente no duermo con mis ropas puestas. Las mariposas prendieron fuego en mi pecho. Una inexplicable humillación está achicharrando mi carne. No sé a dónde mirar. Una profunda respiración. —Fui un estúpido ayer. Te traté como mierda y lo lamento. No debería haber hecho eso. Me atrevo a encontrar su mirada. Sus ojos son la perfecta sombra de cobalto, azules como una herida floreciendo, limpios y claros y decididos. Su mandíbula está apretada y sus rasgos están tallados en una expresión cuidadosa. Ha estado pensando en esto toda la noche. —Está bien. —¿Entonces por qué no me vas a decir tu nombre? —Él se inclina hacia delante y yo me congelo. Me descongelo. Me derrito. —Juliette —susurro—. Mi nombre es Juliette. Sus labios se suavizan en una sonrisa que parte en dos mi espina dorsal. Él repite mi nombre como si la palabra le divirtiera. Lo entretuviera. Lo deleitara. En 17 años nadie ha dicho mi nombre así.

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Capítulo 5 Traducido por sooi.luuli

N

Corregido por Aciditax o sé cuándo comenzó. No sé por qué comenzó. No sé nada de nada, excepto por el griterío.

Mi madre gritando cuando se dio cuenta de que ya no podía tocarme más. Mi padre gritando cuando se dio cuenta de lo que le había hecho a mi madre. Mis padres gritando cuando me encerraron en mi cuarto y me dijeron que debía estar agradecida. Por su comida. Por su trato humano ante esta cosa que posiblemente podía no ser su niña. Por la vara con que solían medir la distancia que necesitaba mantenerme lejos. Arruiné sus vidas, es lo que solían decirme. Robé su felicidad. Destruí para siempre la esperanza de mi madre de tener otros hijos. No podía ver lo que había hecho, es lo que me habían preguntado. No podía ver que había arruinado todo. Intenté tanto arreglar lo que había arruinado. Intenté todos los días ser lo que ellos querían. Intenté todo el tiempo ser mejor, pero nunca en verdad supe cómo. Ahora sólo sé que los científicos están equivocados. El mundo está sin vida. Lo sé, porque fui lanzada enseguida al borde y he estado intentando aguantar durante 17 años. He estado intentando volver a subir durante 17 años, pero es casi imposible superar a la gravedad cuando nadie está dispuesto a darte una mano. Cuando nadie quiere correr el riesgo de tocarte. Hoy está nevando. El cemento está congelado y más duro de lo usual, pero prefiero esas temperaturas bajo cero a la humedad sofocante de los días de verano. El verano es como una olla eléctrica de cocción lenta llevando el mundo todo a la vez a 1 grado de ebullición. Promete un millón de adjetivos felices sólo para verter el hedor y aguas residuales en tu nariz a la hora de la cena. Odio el calor y el viscoso y sudado desorden dejado atrás. Odio el displicente hastío de un sol demasiado preocupado consigo mismo

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para notar las infinitas horas que pasamos en su presencia. El sol es una cosa arrogante, siempre dejando el mundo detrás cuando se cansa de nosotros. La luna es una fiel compañera. Nunca nos deja. Siempre está allí, mirando, firme, conociéndonos en nuestros momentos de luz y en nuestros momentos oscuros, cambiando para siempre tal y como lo hacemos nosotros. Cada día es una versión diferente de sí misma. A veces, débil y pálida, a veces, fuerte y llena de luz. La luna entiende lo que significa ser humano. Insegura. Sola. Marcada por imperfecciones. Miro por la ventana durante tanto tiempo que me olvido de mí misma. Extiendo mi mano para agarrar un copo de nieve y mi puño se cierra en torno al aire frío. Vacío. Quiero hacer pasar este puño adjunto a mi muñeca a través de la ventana. Sólo para sentir algo. Sólo para sentirme humana. —¿Qué hora es? Mis ojos revolotean por un momento. Su voz me empuja de vuelta a un mundo que sigo tratando de olvidar. —No lo sé —le digo. No tengo idea de qué hora es. No tengo idea de qué día de la semana es, en qué mes estamos, o siquiera si hay una estación específica en la que se supone que estemos. En verdad ya no tenemos estaciones. Los animales están muriendo, los pájaros no vuelan, los cultivos son difíciles de conseguir, las flores casi no existen. El tiempo es inestable. A veces los días de invierno alcanzan los 92 grados. A veces nieva por ninguna razón en absoluto. Ya no podemos cultivar suficiente comida, ya no podemos sustentar la suficiente vegetación para los animales, y no podemos alimentar a la gente que lo necesita. Nuestra población estaba en vías de extinción a un ritmo alarmante antes de que el Restablecimiento tomara el mando y nos prometiera que tenían una solución. Los animales estaban tan desesperados por la comida que estaban dispuestos a comer cualquier cosa y la gente estaba tan desesperada por la comida que estaba dispuesta a comer animales envenenados. Nos estábamos matando a nosotros mismos por intentar mantenernos vivos. El tiempo, las plantas, los animales, y nuestra supervivencia humana están íntimamente ligados. Los elementos naturales estaban en guerra los unos con los otros porque abusábamos de nuestro ecosistema. Abusábamos de nuestra atmósfera. Abusábamos de nuestros animales. Abusábamos de nuestro prójimo.

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El Restablecimiento prometió que arreglarían las cosas. Pero incluso aunque la salud del humano haya encontrado un poco de alivio bajo el nuevo régimen, al final más gente ha muerto por un arma cargada que por un estómago vacío. Se está volviendo progresivamente peor. —¿Juliette? Mi cabeza se levanta rápidamente. Sus ojos están cautelosos, preocupados, analizándome. Aparto la mirada. Él se aclara la garganta. —Entonces, uh, ¿ellos sólo nos alimentan una vez al día? Su pregunta manda a nuestros ojos hacia el pequeño panel en la puerta. Llevo mis rodillas a mi pecho y balanceo mis huesos en el colchón. Si me mantengo muy, muy quieta, casi puedo ignorar el metal clavándose en mi piel. —No hay sistema para la comida —le digo. Mi dedo traza un nuevo diseño sobre el áspero material de la manta—. Usualmente hay algo en la mañana, pero no hay garantías para nada más. A veces... tenemos suerte. —Mis ojos se mueven rápidamente hacia el panel de vidrio perforado en la pared. Rosas y rojos se filtran en la habitación y sé que es el inicio de un nuevo comienzo. El comienzo del mismo final. Otro día. Tal vez moriré hoy. Tal vez un pájaro volará hoy. —¿Así es esto? ¿Ellos abren la puerta una vez al día para que las personas hagan sus necesidades y tal vez si tenemos suerte nos alimentan? ¿Es eso? El pájaro será blanco con reflejos de oro como una corona sobre su cabeza. Volará. —Eso es. —¿No hay... terapia de grupo? —Casi se ríe. —Hasta que llegaste, no había hablado una sola palabra en doscientos sesenta y cuatro días. Su silencio dice demasiado. Puedo casi alcanzar y tocar el sentimiento de culpa creciendo en sus hombros. —¿Por cuánto tiempo estás aquí? —pregunta finalmente. Para siempre. —No lo sé. —Un sonido mecánico chirría/cruje/maniobra en la distancia. Mi vida

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es de 4 paredes de oportunidades perdidas que se arrojaron en moldes de hormigón. —¿Qué hay de tu familia? —Hay un dolor serio en su voz, casi como si él ya conociera la respuesta a esa pregunta. Aquí está lo que sé sobre mis padres: no tengo idea de dónde están. —¿Por qué estás aquí? —hablo con mis dedos para evitar su mirada. He estudiado mis manos tan meticulosamente que sé exactamente dónde cada corte y moretón ha hecho estragos en mi piel. Manos pequeñas. Dedos delgados. Los hago un puño y los aflojo para perder la tensión. Él aún no ha respondido. Levanto la vista. —No estoy loco. —Es todo lo que dice él. —Eso es lo que decimos todos. —Ladeo mi cabeza sólo para sacudirla una fracción de centímetro. Muerdo mi labio. Mis ojos no pueden evitar echar vistazos a hurtadillas por la ventana. —¿Por qué sigues mirando hacia afuera? No me interesan sus preguntas, en verdad no. Sólo es extraño tener a alguien con quien hablar. Es extraño tener que emplear energía para mover mis labios y así formar las palabras necesarias para explicar mis acciones. Durante mucho tiempo a nadie le ha importado. Nadie me ha visto lo suficientemente cerca como para preguntarse por qué miro por la ventana. Nadie nunca me ha tratado como un igual. Así y todo, él no sabe que soy un monstruo, mi secreto. Me pregunto cuánto tiempo durará esto antes de que él esté corriendo por su vida. Me he olvidado de responder y él aún está estudiándome. Meto un mechón de pelo detrás de mi oreja sólo para cambiar de opinión. —¿Por qué miras tanto? Sus ojos son cautelosos, curiosos. —Me imaginaba que la única razón de que me encerraran con una chica era porque estabas loca. Pensaba que estaban intentando torturarme al ponerme en el mismo lugar que una psicópata. Pensaba que eras mi castigo. —Eso es por qué robaste mi cama. —Para ejercer su poder. Para replantear una demanda. Para luchar primero. Baja los ojos. Aprieta y afloja sus manos antes de frotar su nuca. —¿Por qué me ayudarías? ¿Cómo sabrías que no te heriría? Cuento mis dedos para asegurarme de que aún están allí.

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—No lo hice. —¿No me ayudaste o no sabías si podía herirte? —Adam. —Mis labios se curvan alrededor de la forma de su nombre. Me sorprendo descubrir cuánto amo la fácil y familiar manera en que el sonido sale de mi lengua. Él está sentado tan quieto como yo lo estoy. Sus ojos se relajan con un nuevo tipo de emoción que no puedo reconocer —¿Sí? —¿Cómo es? —pregunto, cada palabra más suave que la anterior—. ¿Afuera? —En el mundo real—. ¿Es peor? Un dolor estropea los rasgos de su rostro finamente esculpido. Le toma unos latidos responder. Él mira por la ventana. —¿Honestamente? No estoy seguro de si es mejor estar aquí o allá fuera. Sigo sus ojos hasta el panel de vidrio separándonos de la realidad y espero a que sus labios se separen; espero para escucharlo hablar. Y entonces intento prestar atención cuando sus palabras dan saltitos alrededor en la bruma de mi cabeza, empañando mis sentidos, vaporizando mis ojos, nublando mi concentración. ¿Sabías que fue un movimiento internacional?, me pregunta Adam. No, le digo. No le digo que fui arrastrada de mi casa hace 3 años. No le digo que fui llevada a rastras exactamente 7 años después de que El Restablecimiento comenzara a predicar y 4 meses después de que tomaran el control de todo. No le dije cuán poco sé de nuestro mundo. Adam dice que El Restablecimiento tuvo en sus manos a cada país, listo para el momento de llevar a sus líderes a una posición de control. Él dice que la tierra inhabitable dejada en el mundo ha sido dividida en 3.333 sectores y ahora cada espacio está controlado por una Persona de Poder diferente. ¿Sabías que nos mintieron?, me pregunta Adam. ¿Sabías que El Restablecimiento dijo que alguien tenía el control, que alguien tenía que salvar a la sociedad, que alguien tenía que restaurar la paz? ¿Sabías que dijeron que matar a todas las voces de la oposición era la única manera de encontrar la paz? ¿Sabías esto?, es lo que Adam me pregunta. Y aquí es donde asiento. Aquí es donde digo que sí. Esta es la parte que recuerdo: El enojo. Los disturbios. La furia. Mis ojos se cierran en un esfuerzo inconsciente por apartar los malos recuerdos, pero el esfuerzo fracasa. Protestas. Mítines. Gritos por la supervivencia. Veo a

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mujeres y chicos muriéndose de hambre, casas destruidas y enterradas entre los escombros, el campo es un paisaje quemado, su única fruta la carne podrida de las víctimas. Veo el color rojo y el granate y el marrón de muerte muerte muerte y la sombra más rica del lápiz labial preferido de tu madre todo corrido en la tierra. Tanto que todo, todas las cosas murieron. El Restablecimiento está luchando por mantener su control sobre la gente, dice Adam. Dice que el Restablecimiento está luchando por librar una guerra contra los rebeldes que no consentirán a este nuevo régimen. El Restablecimiento está luchando por arraigarse como una nueva forma de gobierno sobre todas las sociedades internacionales. Y entonces me pregunto lo que le ha pasado a la gente que solía ver todos los días. Qué ha sido de sus casas, de sus padres, de sus chicos. Me pregunto cuántos de ellos han sido enterrados bajo el suelo. —Están destruyendo todo —dice Adam, y su voz de repente es un sonido solemne en la distancia—. Todos los libros, artefactos, restos de la historia humana. Están diciendo que es la única manera de arreglar las cosas. Dicen que necesitamos comenzar de nuevo. Dicen que no podemos cometer los mismos errores de las generaciones anteriores. 2 golpes en la puerta y ambos estamos sobre nuestros pies, abruptamente sorprendidos, nuevamente en este mundo sombrío. Adam enarca una ceja hacia mí. —¿El desayuno? —Espera tres minutos. —Le recuerdo. Somos tan buenos en enmascarar nuestra hambre hasta que los golpes en la puerta paralizan nuestra dignidad. Nos privan de comida a propósito. —Sí. —Sus labios forman una suave sonrisa—. No querría quemarme. —El aire se mueve mientras da un paso adelante. Soy una estatua. —Aún no lo entiendo —dice, tranquilamente—. ¿Por qué estás aquí? —¿Por qué me haces tantas preguntas? Él deja menos de un metro de distancia entre nosotros y yo estoy a diez centímetros lejos de la combustión espontánea. —Tus ojos son tan profundos. —Ladea la cabeza—. Tan relajados. Quiero saber lo que estás pensando. —No deberías. —Mi voz titubea—. Ni siquiera me conoces.

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Él se ríe y la acción le da vida a la luz en sus ojos. —No te conozco. —No. Él sacude su cabeza. Se sienta en su cama. —Cierto. Por supuesto que no. —¿Qué? —Estás en lo cierto. —Contiene su aliento—. Tal vez estoy loco. Doy dos pasos atrás. —Tal vez lo estés. Él está sonriendo de nuevo y me gustaría tomar una fotografía. Me gustaría mirar la curva de sus labios por el resto de mi vida. —No lo estoy, ya sabes. —Pero no me dirás por qué estás aquí —desafió él. —Y tampoco tú. Caigo de rodillas y tiro de la bandeja a través de la ranura. Algo inidentificable está echando vapor en dos tazas de estaño. Adam se dobla sobre el piso delante de mí. —Desayuno —digo mientras tiro de su ración hacia delante.

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Capítulo 6 Traducido por Maia8

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Corregido por Aciditax palabra, 2 labios, 3 4 5 dedos de 1 puño. 1 esquina, 2 padres, 3 4 5 razones para esconderse.

1 niño, 2 ojos, 3 4 17 años de miedo. Un palo de escoba roto, un par de caras salvajes, enfadados susurros encerrados en mi puerta. Mírame, es lo que quería decirte. Háblame alguna que otra vez. Encuéntrame una cura para estas lágrimas, realmente me gustaría exhalar por primera vez en mi vida. Han pasado 2 semanas. 2 semanas con la misma rutina, 2 semanas de nada, sino rutina. 2 semanas con mi compañero de celda quien ha estado muy cerca de tocarme, quien no me toca. Adam se está adaptando al sistema. Nunca se queja, nunca ofrece voluntariamente demasiada información, continúa haciendo demasiadas preguntas. Es simpático conmigo. Me siento por la ventana y miro la lluvia, las hojas y la nieve colisionar. Se toman turnos para bailar en el viento, representando rutinas coreografiadas para confiadas masas. Los soldados entran y salen pisando fuerte a través de la lluvia, arrugando hojas y nieve caída bajo sus pies. Sus manos están abrigadas con guantes envueltos alrededor con armas que podrían poner una bala en un millón de posibilidades. No se molestan al ser molestados por la belleza que cae del cielo. No entienden la libertad en el sentimiento del universo en su piel. No se preocupan. Deseo poder meter algo en mi boca llena de gotas de lluvia y llenar mis bolsillos al tope de nieve. Deseo poder trazar las venas de una hoja caída o sentir al viento pincharme en la nariz.

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En vez de eso, ignoro la desesperación que mantiene mis dedos juntos y miro al pájaro que he visto sólo en mis sueños. Los pájaros solían volar, es lo que las historias dicen. Antes que la capa de ozono se deteriorara, antes que los contaminantes mutaran las criaturas en algo horriblemente diferente. Dicen que el clima no fue siempre tan impredecible. Dicen que había pájaros que solían elevarse a través del cielo como aviones. Parece extraño que un pequeño animal pudiera logar nada tan complejo como la ingeniería humana, pero la posibilidad es demasiado atrayente como para ignorarla. He soñado con los mismos pájaros volando a través del mismo cielo durante exactamente 10 años. Blancos con mechones de oro como una corona en lo alto de su cabeza. Es el único sueño que tengo que me trae paz. —¿Qué estás escribiendo? Echo una mirada a su fuerte estatura, la fácil sonrisa de su cara. No sé cómo se las arregla para sonreír a pesar de todo. Me pregunto si puede resistir esa forma, esa curva especial de una boca que cambia vidas. Me pregunto como se sentirá en 1 mes y estremezco ante el pensamiento. No quiero que él termine como yo. Vacío. —Hey... —Aparta la manta de mi cama y se agacha junto a mí, sin perder tiempo envuelve la fina tela alrededor de mis cada vez más huesudos hombros—, ¿estás bien? Intento sonreír. Dedo evitar su pregunta. —Gracias por la manta. Se sienta a mi lado y se apoya contra la pared. Sus hombros están tan cerca, demasiado cerca, nunca los suficientemente cerca. Su cuerpo me calienta más de lo que la manta alguna vez lo hará. Algo en mis articulaciones duele con un agudo anhelo, una desesperada necesidad con la que nunca había sido capaz de cumplir. Mis huesos mendigaban por algo que no puedo permitirme. Tocarme.

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Él echa un vistazo a la pequeña libreta colocada en mi mano, al bolígrafo partido agarrado por mi puño. Cierro la libreta y hago una bola con ella. La empujo con un crujido en la pared. Estudio el bolígrafo en mi mano. Sé que me está mirando. —¿Estás escribiendo un libro? —No. —No estoy escribiendo un libro. —Quizás deberías. Me giro para encontrar sus ojos y arrepentirme inmediatamente. Hay al menos 3 centímetros entre nosotros y no puedo moverme porque mi cuerpo sólo sabe cómo congelarse. Cada músculo, cada movimiento se endurece, cada vértebra de mi columna vertebral es un bloque de hielo. Estoy conteniendo mi respiración y mis ojos se amplían, encerrados, capturados por la intensidad de su mirada. No puedo mirar hacia otro lado. No sé como retirarlos. Oh. Dios. Sus ojos. Me he estado mintiendo a mi misma, decidida a negar lo imposible. Le conozco. Le conozco. Le conozco. Le conozco. El chico que no me recuerda. Solía conocerlo. —Van a destruir la lengua inglesa —dice, su voz cuidadosa, tranquila. Lucho para capturar mi respiración. —Quieren recrear todo —continúa—. Quieren rediseñar todo. Quieren destruir todo lo que podría haber sido la razón de nuestros problemas. Piensan que necesitamos un nuevo idioma universal. —Baja su voz. Decaen sus ojos—. Quieren destruir todo. Cada lengua existente. —No. —Mi respiración se dificulta. Manchas nublan mi visión. —Lo sé. —No. —Eso no lo sabía.

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Me mira. —Es bueno que estés escribiendo cosas. Un día lo que estás haciendo, será ilegal. Empiezo a temblar. Mi cuerpo está de repente luchando contra un remolino de emociones, mi cerebro infestado por el mundo que estoy perdiendo y sintiendo dolor por este chico, quien no me recuerda. El bolígrafo tropieza en su camino al suelo, y me aferro a la manta tan fuerte que temo que se vaya a desgarrar. El hielo rebana mi piel, el horror se coagula en mis venas. Nunca pensé que el Restablecimiento llevaría las cosas tan lejos. Están incinerando la cultura, la belleza de la diversidad. Los nuevos ciudadanos de nuestro mundo serán reducidos a nada, excepto números, fácilmente intercambiables, fácilmente removibles, fácilmente destruidos por desobediencia. Hemos perdido nuestra humanidad. Envuelvo la manta alrededor de mis hombros hasta que estoy aislada de los temblores que no pararán de aterrorizar mi cuerpo. Estoy horrorizada por mi falta de autocontrol. No puedo recomponerme aún. Su mano está de repente en mi espalda. Su toque es abrasador en mi piel a través de la capa del tejido e inhalo tan rápido que mis pulmones colapsan. Me atrapo en una colisionante corriente de confusión, tan desesperada, tan desesperada, tan desesperada de acercarme, tan desesperada de alejarme. No sé como apartarme de él. No quiero apartarme de él. No quiero que él esté asustado de mí. —Hey. —Su voz es suave, tan suave, tan suave. Sus brazos son más fuertes que todos los huesos de mi cuerpo. Él empuja mi ceñida cintura cerca de su pecho y yo me hago añicos. Dos mil, tres mil, cuatro mil, cinco mil fragmentos de mis sentimientos me apuñalan en el corazón, derritiéndome en gotas de tibia miel que calman las cicatrices de mi alma. La manta es la única barrera entre nosotros y me empuja más cerca, más apretado, más fuerte hasta que oigo los latidos tarareando profundos dentro de su pecho y el acero de su brazo alrededor de mi cuerpo rompe todas las ataduras de tensión en mis miembros. Su calor derrite los carámbanos, apuntalándome desde dentro hacia fuera y me descongelo, me descongelo, me descongelo, mis ojos revoloteando rápidos hasta que caen cerrados, hasta que las

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lágrimas silenciosas desbordan mi rostro y he decidido que la única cosa que me congela es su armadura sujetando la mía. —Está bien —susurra—. Estarás bien. La verdad es una amante celosa y viciosa que nunca duerme, es lo que no le cuento. Nunca estaré bien. Toma cada roto filamento de mi ser alejarle de mí. Lo hago porque tengo que hacerlo. Porque es por su propio bienestar. Alguien está pegando tenedores en mi espalda mientras me aparto. La manta se enreda en mis pies y estoy a punto de caer antes de que Adam me sujete de nuevo. —Juliette... —Tú no puedes tocarme. —Mi respiración es poco profunda y difícil de tragar, mis dedos se mueven tan rápido que los apretó en un puño—. Tú no puedes. Él se incorpora. —¿Por qué no? —Sólo no puedes —susurro a las paredes. —No lo entiendo, ¿por qué no me hablas? Te sientas en la esquina todo el día y escribes en tu libreta y miras todo menos mi cara. Tienes tanto que decir a un trozo de papel, pero estoy aquí, de pie, y ni siquiera me reconoces. Juliette, por favor... — Alcanza mi mano y me giro—, ¿por qué al menos no me miras? No voy a hacerte daño. No me recuerdas. No recuerdas que fuimos a la misma escuela durante 7 años. No me recuerdas —No me conoces. —Mi voz es incluso plana; mis miembros se entumecen, amputados—. Hemos compartido un espacio durante dos semanas y crees que me conoces, pero no sabes nada de mí. Quizás estoy loca. —No lo estás —dice a través de los dientes apretados—. Sabes que no lo estás. —Entonces quizás lo estás tú —digo cuidadosa y lentamente—. Porque uno de nosotros lo está

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—Eso no es verdad… —Dime por qué estas aquí, Adam. ¿Qué estás haciendo en un manicomio si no perteneces aquí? —Te he estado haciendo la misma pregunta desde que llegaste aquí. —Quizás preguntas demasiado. Oigo la cruda exhalación de su respiración. Se ríe, una risa ácida. —Prácticamente somos las dos únicas personas quienes están vivas en este lugar, y ¿quieres mandarme a callar también? Cierro mis ojos y me concentro en respirar —Puedes hablarme. Sólo no me toques. 7 segundos de silencio se unen a la conversación. —Quizás quiera tocarte. Hay 15,000 sentimientos de incredulidad perforando mi corazón. Estoy tentada por la imprudencia, el dolor, el dolor, el dolor, desesperada para siempre por lo que nunca puedo tener. Le doy la espalda, pero no puedo evitar las mentiras que se derraman de mis labios. —Quizás no quiera tocarte. Él hace un duro sonido. —¿Tanto te disgusto? Me doy vueltas, así que sorprendida por sus palabras, me olvido de mí. Me está mirando, su rostro duro, su mandíbula tensa, flexionando los dedos por los costados. Sus ojos son 2 cubos de agua de lluvia: profundos, frescos y claros. Duele. —No sabes de que estás hablando. —No puedo respirar. —No puedes contestar una simple pregunta, ¿no? —Niega con su cabeza y se gira hacia la pared.

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Mi rostro es proyectado en un molde neutro, mis brazos y piernas llenas de yeso. No siento nada. No soy nada. Estoy vacía de todo lo que no se moverá nunca. Estoy mirando una pequeña grieta cerca de mi zapato. Voy a mirarla por siempre. Las mantas se caen al suelo. El mundo se desvanece fuera de mi atención, mis oídos externalizan todos los sonidos a otra dimensión. Mis ojos se cierran, mis pensamientos van a la deriva, mis recuerdos me patean el corazón. Lo conozco. He intentado tan duramente dejar de pensar en él. He intentado tan duramente olvidar su cara. He intentado tan duramente conseguir sacar esos ojos azules, azules, azules, de mi cabeza, pero lo conozco, lo conozco, lo conozco. Han pasado 3 años desde la última vez que lo vi. Nunca podría olvidar a Adam. Pero él ya me ha olvidado.

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Capítulo 7 Traducido por Maia8

R

Corregido por Aciditax ecuerdo los televisores y las chimeneas y los lavamanos de porcelana.

Recuerdo las entradas de las películas y los estacionamientos y los SUVs. Recuerdo las peluquerías y las vacaciones, las persianas de las ventanas y los dientes de león y el olor de las calzadas recién pavimentadas. Recuerdo a los anuncios de pasta de dientes y a las damas en sus tacones y a los hombres mayores en trajes de negocios. Recuerdo a los carteros y las bibliotecas y las bandas de chicos y los globos y los árboles de Navidad. Recuerdo tener 10 años, cuando no podíamos ignorar más la escasez de alimentos y las cosas se pusieron tan caras que nadie podía permitirse el lujo de vivir. Adam no me está hablando. Quizá es lo mejor. Quizá no hay razón en esperar que él y yo podamos ser amigos, quizá es mejor que piense que no me gusta a que me gusta demasiado. Está escondiendo algo que podría ser miedo, pero sus secretos me aterran. No me contará porque está aquí. Aunque yo tampoco se lo he dicho. Y aún, y aún, y aún. La noche pasada, el recuerdo de su brazo sobre mí fue suficiente para espantar los gritos. El calor de un alivio amable, la fuerza de sus manos firmes sujetando todas mis piezas juntas, el consuelo y la liberación de tantos años de soledad. El don que me ha dado no puede ser regresado. Tocar a Juliette es casi imposible. Nunca olvidaré el horror en los ojos de mi madre, la tortura del rostro de mi padre, el miedo grabado en sus expresiones. Su hija era un monstruo. Poseída por el demonio. Maldita por la oscuridad. Terrible. Una abominación. Las drogas, los exámenes, las soluciones médicas fallaron. Las evaluaciones psicológicas fallaron. ―Ella es un arma andante para la sociedad―, es lo que dijeron los profesores. ―Nunca hemos visto nada como esto―, es lo que dijeron los médicos. ―Ella debería ser removida de su casa―, es lo que dijeron los oficiales de policías.

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―No hay problema en absoluto―, es lo que dijeron mis padres. Yo tenía 14 años cuando finalmente se deshicieron de mí. Cuando dieron un paso atrás y vieron que era arrastrada por un asesinato que no sabía que podía cometer. Tal vez el mundo es más seguro conmigo encerrada en una celda. Tal vez Adam esté más seguro si me odia. Está sentado en la esquina con los puños en la cara. Nunca quise herirle. Nunca quise herir a la única persona que nunca quiso herirme La puerta choca al ser abierta y 5 personas pululan en la habitación, con fusiles apuntando a nuestros pechos. Adam está erguido y yo soy de piedra. He olvidado respirar. No he visto a tanta gente durante tanto tiempo, estoy estupefacta por un momento. Debería estar gritando. —¡MANOS ARRIBA, SEPAREN LOS PIES, CIERREN LA BOCA! ¡NO SE MUEVAN Y NO DISPARAREMOS! Aún estoy congelada en mi lugar. Debería moverme, debería levantar los brazos, debería extender mis pies, debería recordar respirar. Alguien está cortando mi cuello. Las únicas órdenes ladradas cierran de golpe la culata de la pistola en mi espalda y mis rodillas se doblan mientras caigo al suelo. Finalmente consigo oxígeno y dejo a un lado la sangre. Creo que Adam está gritando, pero no es una agonía aguda rasgando mi cuerpo, a diferencia de cualquier cosa que haya experimentado antes. Estoy totalmente inmovilizada. —¿Qué es lo que no entiendes acerca de mantener la boca CERRADA? —Miro de reojo para ver el cañón de la pistola a 2 centímetros de distancia de la cara de Adam. —LEVÁNTATE. —Unas botas con punta de acero me dan una patada en las costillas, rápida, dura y hueca. No trago nada, sino los suspiros de asfixia que ahogan mi cuerpo—. Dije “LEVÁNTATE”. —Otra bota más dura, más rápida, más fuerte en mi estómago. Ni siquiera puedo llorar. Levántate, Juliette. Levántate. Si no lo haces, le dispararán a Adam. Me elevo, tirando de mis rodillas y caigo de nuevo sobre la pared detrás de mí, tropezando hacia adelante para recuperar el equilibrio. Levantar las manos es más tortura de la que sabía que podía soportar. Mis órganos están muertos, mis huesos se han roto, mi piel es un tamiz, pinchada con alfileres y agujas de dolor. Finalmente han venido a matarme. Es por eso qué pusieron a Adam en mi celda.

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Porque me iré. Adam está aquí, porque me voy, porque se olvidaron de matarme a tiempo, porque mis momentos han finalizado, porque mis 17 años eran demasiados para este mundo. Me van a matar. Siempre me pregunté como sucedería. Me pregunto si esto hará felices a mis padres. Alguien se está riendo. —Bueno, ¿no eres tú la pequeña mierda? Ni siquiera sé si me están hablando a mí. Difícilmente me puedo concentrar en mantener los brazos en alto. —Ni siquiera está llorando —añade alguien—. Las chicas normalmente mendigan clemencia en este momento. Las paredes están comenzando a sangrar en el techo. Me pregunto cuánto tiempo puedo aguantar la respiración. No puedo distinguir palabras, no puedo entender los sonidos Estoy escuchando la sangre corriendo por mi cabeza y mis labios son 2 bloques de cemento en los que no puedo abrir una grieta. Hay una pistola en mi espalda y yo estoy trastrabillando hacia delante. Los suelos se están cayendo hacia arriba. Mis pies se están arrastrando en una dirección que no puedo descifrar. Espero que me maten antes.

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Capítulo 8 Traducido por Maia8

M

Corregido por tamis11

e toma 2 días abrir mis ojos. Hay una lata de metal y una lata de comida colocada al lado, e inhalo los fríos contenidos con mis manos temblorosas, un sordo dolor crujiendo a través de mis huesos, una desesperada sequía sofocando mi garganta. Nada parece estar roto, pero una mirada debajo de mi camisa prueba que el dolor es real. Los cardenales son descoloridas flores de azul y amarillo que me torturan al tocarlos y curan lentamente. Adam no está en ningún lugar. Estoy sola en un bloque de soledad, 4 paredes de no más de 3 metros en cada dirección, el único aire se mueve sigilosamente a través de una pequeña ranura en la puerta. Acabo de comenzar a aterrorizarme con mi imaginación cuando la pesada puerta metálica se abre. Un guarda con 2 rifles colgando a través de su pecho me mira de arriba abajo. —Levántate Esta vez no dudo. Espero que Adam, al menos, esté seguro. Espero que no vaya a finalizar de la misma manera que yo. —Sígueme. —La voz del guarda es densa y profunda, sus ojos grises ilegibles. Luce sobre los 25 años de edad, el pelo rubio se recorta cerca de su coronilla, las mangas de su camisa enrolladas hasta sus hombros, tatuajes militares serpenteando su antebrazo hacia arriba, justo como el de Adam. Oh. Dios. No. Adam entra por la puerta detrás del rubio y hace un gesto con su arma hacia la estrecha pared. —Muévete.

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Adam está apuntando un arma hacia mi pecho. Adam está apuntando un arma hacia mi pecho. Adam está apuntando un arma hacia mi pecho. Sus ojos me resultan extraños, perdidos y distantes, muy, muy lejos. No soy nada, sino novocaína1. Estoy entumecida, un mundo de nada, todo sentimiento y emoción se ha ido para siempre. Soy un susurro que nunca existió. Adam es un soldado. Adam quiere que muera. Le observo abiertamente ahora, cada sensación amputada, mi dolor un grito distante desconectado de mi cuerpo. Mis pies se mueven hacia delante según su petición; mis labios permanecen cerrados porque nunca habrá palabras para este momento. La muerte sería una bienvenida liberadora de estas alegrías mundanas que he conocido. No sé cuánto tiempo he estado caminando antes de que otro golpe me paralice. Parpadeo contra la luminosidad de la luz que no he visto en tanto tiempo. —Juliette Ferrari. —Una voz detona mi nombre. Hay una pesada bota presionada en mi espalda y no puedo levantar mi cabeza para distinguir quien está hablándome—. Weston, atenúa las luces y libérala. Quiero ver su cara. —El comandante es sereno y fuerte como el acero, peligrosamente relajado, poderoso sin esfuerzo. La luminosidad es reducida a un nivel que soy capaz de tolerar. La impresión de la bota es tallada en mi espalda, pero no se establece por más tiempo en mi piel. Levanto mi cabeza y observo. Soy inmediatamente golpeada por su juventud. No puede ser mucho mayor que yo. Es obvio que está a cargo de algo, aunque no tengo idea de qué. Su piel es impecable, sin manchas, la línea de su mandíbula afilada y fuerte. Sus ojos son la más pálida tonalidad de esmeralda que he visto. Es bello. Su deshonesta sonrisa es calculadamente malvada. Está sentado en lo que él imagina que es un trono, pero no es nada más que una silla delante de una habitación vacía. Su traje está perfectamente planchado, su pelo expertamente peinado, sus soldados, los guardaespaldas ideales. Le odio. 1

Novocaína: polvo blanco derivado de la cocaína, muy soluble, que se emplea como anestésico.

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—Eres tan terca. —Sus ojos verdes eran casi translúcidos—. Nunca quieres cooperar. Ni siquiera jugarías con tu compañero de celda. Me encojo sin pretenderlo. La quemadura de la traición enrojece mi cuello. “Ojos verdes” se ve inesperadamente divertido, y yo, de repente, mortificada. —Bueno, ¿no es esto interesante? —Chasquea sus dedos—. Ken, te adelantarías, por favor. Mi corazón detiene su latido cuando Adam aparece en escena. Kent. Su nombre es Adam Kent. Ardo en llamas de la cabeza a los dedos de los pies. Adam flanquea a “Ojos verdes” en un instante, pero sólo ofrece un seco asentimiento de su cabeza como saludo. Quizás el líder no es tan importante como piensa. —Señor —dice él. Demasiados pensamientos se están enmarañando en mi cabeza y no puedo desatar la locura que los anuda juntos. Debería haberlo sabido. Había oído rumores de soldados viviendo entre la gente en secreto, denunciando a las autoridades si veían cosas sospechosas. Cada día desparecía gente. Nadie volvía nunca. Aunque aún no puedo entender por qué Adam fue enviado para espiarme. —Parece que has dejado una profunda impresión en ella. Entorno los ojos más cerca hacia el hombre de la silla, sólo para darme cuenta de que su traje ha sido adornado con diminutos parches de colores. Méritos militares. Su último nombre está grabado en la solapa: Warner. Adam no dice nada. No mira en mi dirección. Su cuerpo está rígido, 1,80 metros de maravillosos músculos magros, su perfil fuerte y estable. Los mismos brazos que sostuvieron mi cuerpo son ahora pistoleras para armas letales. —¿No tienes nada qué decir? —Warner mira a Adam sólo para inclinar su cabeza en mi dirección, sus ojos bailando a la luz, claramente divertidos. Adam tensa su mandíbula. —Señor. —Por supuesto. —Warner está de repente aburrido—. ¿Por qué debería esperar que tuvieras algo que decir? —¿Vas a matarme? —Las palabras escapan de mis labios antes de que tenga la oportunidad de pensarlas y el arma de alguien se cierra de golpe sobre mi columna de nuevo. Caigo al suelo con un roto gimoteo, resoplando en el mugriento suelo.

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—Eso no era necesario, Roland. —La voz de Warner está saturada de un fingido desagrado—. Supongo que te estarás preguntando la misma cosa que si yo estuviera en tu posición. —Una pausa—. ¿Juliette? Me las arreglo para levantar mi cara. —Tengo una proposición para ti.

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Capítulo 9 Traducido por Maia8 Corregido por tamis11

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o estoy segura de estar oyéndole correctamente. —Tienes algo que quiero. —Warner está todavía mirándome. —No lo entiendo —le digo.

Él toma una profunda respiración y se levanta para pasear a lo largo de la habitación. Adam no ha sido despedido todavía. —Eres el tipo de proyecto personal mío. Warner se sonríe. —He estudiado tus grabaciones durante mucho tiempo. No puedo soportar sus pomposos y autosatisfechos aires. Quiero romper la sonrisa de su cara, Warner para de caminar —Te quiero en mi equipo. —¿Qué? —Un roto susurro de sorpresa. —Estamos en medio de una guerra —dice un poco impacientemente—. Quizás puedas resolver el rompecabezas. —Yo no... —Conozco tu secreto, Juliette. Sé por qué estás aquí. Toda tu vida está documentada en grabaciones hospitalarias, quejas a las autoridades, desordenados pleitos, demandas públicas para tenerte encerrada. —Su pausa me da el tiempo suficiente para ahogar el horror atascado en mi garganta—. Lo he estado considerando durante mucho tiempo, pero quería asegurarme de que de verdad no fueras una psicótica. El aislamiento no fue exactamente un buen indicador, aunque te valiste por ti misma bastante bien. —Me ofrece una sonrisa que dice que debería estar agradecida por su alabanza—. Envié a Adam a quedarse contigo como precaución final. Quería asegurarme de que no fueras volátil, de que eras capaz de la interacción y comunicación humana básica. Debo decir que estoy bastante satisfecho con los resultados. Alguien está rasgando mi piel.

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—Adam, según parece, hizo su parte bastante excelentemente. Es un buen soldado. Uno de los mejores, de hecho. —Warner le dispara una mirada antes de sonreírme—. Pero no te preocupes, no sabe lo que eres capaz de hacer. No todavía, de todas maneras. Detengo el pánico, me trago la agonía, me suplico no mirar en su dirección, pero fallo, fallo, fallo. Adam encuentra mis ojos en la misma fracción de segundo que encuentro los suyos, pero mira hacia otro lado tan rápidamente que no estoy segura de si me lo imaginé. Soy un monstruo. —No soy tan cruel como piensas —continúa Warner, con un timo musical en su voz—. Si eres tan cariñosa en su compañía, puedo hacer esto... —Hace señas entre Adam y yo—... un trabajo permanente —No —exhalo. Warner curva sus labios en una despreocupada sonrisa. —Oh, sí. Pero se cuidadosa, chica linfa. Si haces algo mal... tendrá que dispararte. Hay cortadores de alambre tallando agujeros en mi corazón. Adam no reacciona a nada, dice Warner. Él está haciendo su trabajo. Soy un número, una misión, un objeto fácilmente reemplazable; no soy ni un recuerdo en su mente. No soy nada. No esperaba que su traición me enterrara tan profundo —Si aceptas mi oferta, —Warner interrumpe mis pensamientos—, vivirás como yo lo hago. Serás una de nosotros, y no una de ellos. Tu vida cambiará para siempre —¿Y si no acepto? —pregunto, atrapando mi voz antes de que se raje por el miedo. Warner se ve genuinamente decepcionado. Sus manos son estrechadas con consternación. —Realmente no tienes elección. —Presiona sus labios juntos—. Pero, ¿y si eliges desobedecer? Bueno, creo que te ves bastante más bonita con todas las partes de tu cuerpo intactas, ¿no lo crees? Estoy respirando tan fuerte que mi cuerpo se está moviendo. —¿Quieres que torture a gente para ti? Su cara rompe en una brillante sonrisa. —Eso sería maravilloso. El mundo está sangrando.

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No tengo tiempo para formular una respuesta antes de que se gire hacia Adam. —Muéstrale lo que se está perdiendo, ¿lo harías? Adam responde un latido demasiado tarde. —¿Señor? —Es una orden, soldado. —Los ojos de Warner están dirigidos hacia mí, sus labios se mueven ligeramente con un reprimido divertimento—. Me gustaría romper esta. Ella es un poco demasiado luchadora para su propio bien —No puedes tocarme —suelto a través de mis dientes apretados. —Incorrecto —dice con voz cantarina. Le tira a Adam un par de guantes negros—. Vas a necesitar estos. —Eres un monstruo. —Mi voz es incluso llana, mi cuerpo llenado con una repentina rabia—. ¿Por qué sólo no me matas? —Eso, cariño, sería un desperdicio. —Camina hacia delante y me doy cuenta de que sus manos están cuidadosamente enfundadas en guantes de cuero. Lleva mi mentón hacia arriba con un dedo—. Además, sería demasiado vergonzoso perder una cara tan bonita. Intento apartar mi cuello de él, pero las mismas botas con punta de acero se cierran de golpe sobre mi columna y Warner atrapa mi cara en su agarre. Reprimo un grito. —No te retuerzas, mi amor. Sólo harás las cosas más difíciles para ti. —Espero que te pudras en el infierno. Warner flexiona su barbilla. Sujeta una mano para detener a alguien de dispararme, pateando mi bazo, abriéndome el cráneo a grietas, no tengo ni idea. —Eres una luchadora en el equipo equivocado. —Se levanta, erguido—. Pero podemos cambiar eso. Adam —llama—, no le permitas estar fuera de tu vista. Está a tu cargo ahora. —Sí, señor.

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Capítulo 10 Traducido por rodoni

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Corregido por hanna dam se pone los guantes, pero no me toca. ―Déjala arriba, Roland. Me encargo desde aquí.

La bota desaparece. Lucho por mis pies y miro a la nada. No voy a pensar en el horror que me espera. Alguien patea la parte trasera de mis rodillas y estoy a punto de tropezar en el suelo. ―Ponte en marcha ―gruñe una voz por detrás. Miro hacia arriba y me doy cuenta que Adam ya está caminando. Se supone que debo seguirlo. Sólo una vez que estamos de vuelta en la ceguera familiar de los pasillos del asilo, deja de caminar. ―Juliette. ―Una palabra suave y mis articulaciones están hechas de aire. Yo no le contesto. ―Toma mi mano ―dice. ―Nunca. ―Me las arreglo entre bocados y bocados de oxígeno―. Jamás. Un profundo suspiro. Lo siento moverse en la oscuridad y pronto su cuerpo está demasiado cerca demasiado desarmado cerca del mío. Su mano está en lo bajo de mi espalda y me guía por los pasillos hacia un destino desconocido. Cada centímetro de mi piel se ruboriza. Tengo que mantenerme en posición vertical para evitar caer hacia atrás en sus brazos. La distancia que caminamos es mucho más larga de lo que esperaba. Cuando Adam finalmente habla, sospecho que estamos cerca del final. ―Vamos a ir al exterior ―dice cerca de mi oído. Tengo cerrados mis puños para controlar las emociones que tropiezan en mi corazón. Estoy casi demasiado

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distraída por la sensación de su voz para comprender el significado de lo que está diciendo―. Pensé que debías saberlo. Una gran bocanada de aire es mi única respuesta. No he estado fuera en casi un año. Estoy dolorosamente emocionada, pero no he sentido en mi piel la luz natural en tanto tiempo que no sé si voy a ser capaz de manejar la situación. No tengo otra opción. El aire me golpea en primer lugar. Nuestra atmósfera tiene poco que presumir, pero después de tantos meses en un rincón concreto, incluso el oxígeno de nuestra Tierra muriéndose sabe como a cielo. No puedo respirar lo suficientemente rápido. Puedo llenar mis pulmones con el sentimiento, me paro entre la brisa ligera y agarro un puñado de viento que teje su camino a través de mis dedos. Dichosa diferencia a todo lo que he conocido. El aire es fresco y frío. Un refrescante baño tangible y nada más que las picaduras de mis ojos y los gritos de mi piel. El sol está alto hoy en día, cegador como si reflejara pequeñas manchas de nieve, manteniendo la tierra congelada. Mis ojos son empujados hacia abajo por el peso de la brillante luz y no puedo ver a través de las dos ranuras, pero los cálidos rayos lavan mi cuerpo como una chaqueta equipada a mi forma, como el abrazo de algo más grande que el de un ser humano. Podría detenerme en este momento para siempre. Por todo un segundo, me siento libre. El toque de Adam me devuelve a la realidad. Estoy a punto de saltar de mi piel y me agarro de la cintura. Tengo que rogarle a mis huesos que dejen de temblar. ―¿Estás bien? ―Sus ojos me sorprenden. Son los mismos que recuerdo, azules y sin fondo, como la parte más profunda del océano. Sus manos son suaves tan suaves a mí alrededor. ―No quiero que me toques ―mentí. ―No tienes otra elección. ―Él no me miraba. ―Siempre tengo una opción. Se pasa la mano por su pelo y traga nada en la garganta.

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―Sígueme. Estamos en un espacio en blanco, un vacío acre lleno de hojas secas y árboles muriendo que toman pequeños sorbos de la nieve derretida en el suelo. El paisaje ha sido devastado por la guerra y abandonado y aún así es la cosa más hermosa que he visto en mucho tiempo. Los soldados que entran se detienen para mirar como Adam abre la puerta de un auto para mí. No es un auto. Es un tanque. Me quedo mirando el masivo cuerpo de metal e intento subir por mí misma por un lado cuando Adam de repente se para detrás de mí. Me iza por la cintura y yo jadeo mientras me sienta en el asiento. Pronto estamos conduciendo en silencio y no tengo ni idea de hacia dónde nos dirigimos. Estoy mirando todo por la ventana. Estoy comiendo y bebiendo y absorbiendo cada detalle infinitesimal de los escombros en el horizonte, en las casas abandonadas y pedazos rotos de metal y el vidrio que rocían en el paisaje. El mundo se ve desnudo, despojado de vegetación y calor. No hay señales de la calle, no hay señales de stop, no hay necesidad de cualquiera. No hay transporte público. Todo el mundo sabe que los coches son fabricados por una sola empresa y se venden a una ridícula tasa. A muy pocas personas se les permite una vía de escape. Mis padres La población en general se ha distribuido a través de lo que queda del país. Edificios industriales forman la columna vertebral del paisaje: altas cajas rectangulares de metal repletas de maquinaria. Las máquinas destinadas a fortalecer el ejército, a fortalecer el restablecimiento, a destruir en masivas cantidades la civilización humana. Carbón/Fuego/Acero Gris/Negro/Plata Humeantes colores manchados en el horizonte que gotean en el lodo que solía ser la nieve. La basura se amontona en pilas desordenadas en todas partes, manchas amarillentas de hierba se asoman por debajo de la devastación.

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Casas tradicionales de nuestro viejo mundo han sido abandonadas con ventanas rotas, techos colapsados, pintura roja y verde y azul borrada en tonos apagados para adaptarse mejor a nuestro brillante futuro. Ahora veo los compuestos descuidadamente construidos en la tierra devastada y empiezo a recordar. Recuerdo cómo se suponía que tenía que ser temporal. Recuerdo los pocos meses antes de que estuviera encerrada cuando habían iniciado la construcción de estos. Esos cuartos pequeños y fríos que serían suficiente sólo hasta que descubrieran todos los detalles de este nuevo plan, es lo que el Restablecimiento había dicho. Sólo hasta que todos estuvieran sometidos. Sólo hasta que la gente dejase de protestar y se diera cuenta de que este cambio era "bueno" para ellos, "bueno" para sus hijos, "bueno" para su futuro. Recuerdo que había reglas. No más imaginación peligrosa, no más medicamentos recetados. Una nueva generación formada por sólo los individuos sanos que se sostienen. Los enfermos deben ser guardados bajo llave. El viejo debe ser desechado. La problemática se debe dar a los asilos. Sólo los fuertes deben sobrevivir. Sí. Por supuesto. No más lenguas tontas y estúpidas historias y estúpidas pinturas colocadas por encima de las estúpidas chimeneas. No más Navidad, no más Hanukkah, no más Ramadán y Diwali. No hablar de religión, de creencias, de convicciones personales. Las convicciones personales fueron las que casi nos mataron a todos, es lo que ellos dicen. Convicciones, prioridades, preferencias, prejuicios e ideologías nos dividen. Nos engañan. Nos destruyen. Necesidades egoístas, pertenencias y deseos necesarios deben ser borrados. La codicia, el exceso y la gula tenían que ser borradas de la conducta humana. La solución estaba en el autocontrol, en el minimalismo, en las condiciones de vida dispersas; un lenguaje sencillo y un diccionario nuevo lleno de palabras que todo el mundo entendería. Estas cosas nos salvarían, salvarían a nuestros niños, salvarían a la raza humana, es lo que dijeron.

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Restablecer la igualdad. Restablecer la Humanidad. Restablecer la esperanza, curación y felicidad. ¡NOS SALVARÁ! ¡NOS UNIRÁ! ¡RESTABLECER LA SOCIEDAD! Los carteles seguían pegados en las paredes. El viento azota sus restos destrozados, pero los signos están decididamente fijos, ondeando contra las estructuras de acero y hormigón a las que están pegados. Algunos todavía están pegados a los postes de la derecha de la tierra, los altavoces ya colocados en la parte superior. Altavoces que alertan a las personas, sin duda, de los peligros inminentes que les rodean. Pero el mundo está inquietantemente tranquilo. Los peatones pasan, deambulando a lo largo del frío tiempo gélido para trabajar en la fábrica y encontrar alimento para sus familias. La esperanza en este mundo sangra por el cañón de una pistola. En realidad, nadie se preocupa por el concepto nunca más. La gente solía buscar la esperanza. Creían que las cosas podían mejorar. Querían creer que podían volver a preocuparse por los chismes y vacaciones e ir a fiestas en las noches de los sábados, por lo que el Restablecimiento prometía un futuro demasiado perfecto para ser posible y la sociedad estaba demasiado desesperada para no creer. Nunca se dieron cuenta que estaban renunciando a sus almas por un grupo de planificación que aprovechó su ignorancia. Su miedo. La mayoría de los civiles están demasiado petrificados para protestar, pero hay otros que son más fuertes. Hay otros que están esperando el momento oportuno. Hay otros que ya han comenzado a luchar. Espero que no sea demasiado tarde para defenderse. Puedo estudiar todas las ramas temblando, cada soldado imponente, todas las ventanas que puedo contar. Mis ojos son 2 carteristas profesionales, captando todo lo posible para guardarlo en mi mente.

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Pierdo la noción de los minutos que pisoteamos. Nos detenemos a una estructura 10 veces más grande que el asilo y desconfiadamente cerca de la civilización. Desde fuera parece un edificio anodino, discreto en todos los sentidos, salvo por su tamaño, las losas grises de acero que comprenden 4 paredes planas, ventanas agrietadas y rotas en los 15 pisos. Es triste y no tiene ninguna marca, ninguna insignia, ninguna prueba de su verdadera identidad. Un cuartel general político camuflado entre las masas. El interior del tanque es un complicado lío de botones y palancas en el que estoy perdida como para operar, y Adam está abriendo mi puerta antes de que tenga la oportunidad de identificar las piezas. Sus manos están en su lugar alrededor de mi cintura y mis pies están firmemente en el suelo, pero mi corazón late con tanta fuerza que estoy segura de que él lo puede oír. No se ha permitido alejarse. Miro hacia arriba. Sus ojos están apretados, la frente fruncida, sus labios sus labios sus labios son 2 piezas de frustración forjados juntos. Doy un paso atrás y 10,000 pequeñas partículas se rompen entre nosotros. Baja la mirada. Se da vuelta. Inhala y 5 dedos de una mano forman un puño voluble. ―Por aquí. ―Él asiente hacia el edificio. Lo sigo al interior.

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Capítulo 11 Traducido por Rodoni

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Corregido por tamis11

stoy tan preparada para el horror inimaginable que la realidad es casi peor.

El dinero sucio gotea de las paredes, un año de suministros de alimentos desperdiciados en el suelo de mármol, cientos de miles de dólares en ayuda médica vertidos en muebles de lujo y alfombras persas. Siento el calor artificial que entra por las rejillas de ventilación y pienso de los niños gritando por agua limpia. Me acerco a través de lámparas de cristal y escucho a las madres pidiendo clemencia. Veo un mundo superficial existente en el de la aterrorizante realidad y no puedo moverme. No puedo respirar. Muchas personas debieron haber muerto para sostener este lujo. Así que mucha gente tuvo que perder sus hogares, a sus hijos y sus últimos 5 dólares en el banco por promesas, promesas, promesas tantas promesas para salvarlos de sí mismos. Nos lo prometieron, el Restablecimiento nos prometió la esperanza de un futuro mejor. Dijeron que iban a arreglar las cosas, nos dijeron que nos ayudarían a volver al mundo que conocíamos, el mundo con salidas al cine y bodas en primavera y baby showers. Dijeron que iban a devolvernos nuestras casas, nuestra salud, nuestro futuro sostenible. Sin embargo, lo robaron todo. Se lo llevaron todo. Mi Vida. Mi futuro. Mi cordura. Mi libertad. Llenaron nuestro mundo con armas destinadas al frente y sonrieron mientras disparaban 16 velas directamente a nuestro futuro. Mataron a los suficientemente fuertes para luchar y encerraron a los fanáticos que no pudieron cumplir sus expectativas utópicas. La gente como yo. Aquí está la prueba de su corrupción. Mi piel suda frío, mis dedos tiemblan con el disgusto, mis piernas no pueden soportar los residuos los residuos los residuos los egoístas residuos en estas 4 paredes. Estoy viendo el color rojo por todas partes. La sangre de los cuerpos

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salpicada contra las ventanas, derramada a través de las alfombras, goteando desde las lámparas de araña. ―Juliette... Me rompo. Estoy de rodillas con mi cuerpo agrietado por el dolor que he tragado tantas veces, agitada por los sollozos que ya no puedo reprimir, mi dignidad se disuelve en lágrimas, la agonía de la semana pasada me rasga la piel a tiras. Ni siquiera puedo respirar. No puedo captar el oxígeno a mi alrededor y estoy agitando mi camisa y oigo voces y veo caras que no reconozco, susurros de palabras maliciosas perdiéndose por la confusión, pensamientos revueltos tantas veces que no sé si estoy aún consciente. No sé si oficialmente he perdido la mente. Estoy en el aire. Soy un saco de plumas en sus brazos y él está apartando a los soldados agrupados alrededor para echar un vistazo a la conmoción y por un momento no me importa que no quiera esto más. Quiero olvidar que se supone que debo odiarlo, que me ha traicionado, que está trabajando para las mismas personas que están tratando de destruir lo poco que queda de la humanidad y mi cara está enterrada en el suave material de su camisa y mi mejilla se aprieta contra su pecho y él huele como a fuerza y valentía y un mundo ahogado en la lluvia. Yo no quiero que nunca nunca nunca nunca deje de lado mi cuerpo. Me gustaría poder tocar su piel, me gustaría que no hubiera ninguna barrera entre nosotros. La realidad me golpea en la cara. La mortificación enturbia mi cerebro, la desesperada humillación nubla mi juicio, el rojo pinta mi cara, sangra a través de mi piel. Me agarro a su camisa. ―Tú puedes matarme ―le digo―. Tienes armas. Estoy retorciéndome en su agarre y él aprieta su sujeción alrededor de mi cuerpo. Su rostro no muestra ninguna emoción, sino un esfuerzo repentino en la mandíbula, una tensión inconfundible en sus brazos. ―Sólo puedes matarme ―declaro. ―Juliette. ―Su voz es sólida con un borde de desesperación―. Por favor. Soy insensible de nuevo. Indefensa otra vez. Fusionándose desde dentro, la vida se filtra fuera de mis extremidades.

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Estamos de pie delante de una puerta. Adam tiene una tarjeta llave y la desliza contra un panel negro de vidrio provisto en el pequeño espacio junto al mango, y la puerta de acero inoxidable se desliza fuera de lugar. Entramos en el interior. Estamos solos en una habitación nueva. ―Por favor, no me sueltes bájame ―le digo. Hay una cama doble en el centro del espacio, una exuberante alfombra adorna el piso, un armario empotrado en la pared, lámparas brillantes en el techo. La belleza está tan contaminada que no puedo soportar verla. Adam gentilmente me baja al suave colchón y da un pequeño paso hacia atrás. ―Te estarás quedando aquí por poco tiempo, creo. ―Es todo lo que dice. Aprieto los ojos cerrados. No quiero pensar en la inevitable tortura que me espera. ―Por favor ―le digo―, me gustaría que me dejaran sola. Un profundo suspiro. ―Eso no es exactamente una opción. ―¿Qué quieres decir? ―Me giro hacia él. ―Tengo que verte, Juliette ―Él dice que mi nombre como un susurro. Mi corazón mi corazón mi corazón―. Warner quiere que entiendas qué te está ofreciendo, pero sigues siendo considerada… una amenaza. Él te ha puesto a mi cargo. No me puedo ir. No sé sí estar encantada u horrorizada. Estoy horrorizada. ―¿Tienes que vivir conmigo? ―Vivo en el cuartel al extremo opuesto de este edificio. Con los otros soldados. Pero, sí ―Se aclara la garganta. No me está mirando―, me mudaré Hay un dolor en la boca de mi estómago que es corrosivo por los nervios. Quiero odiarlo y juzgarlo y gritar por siempre, pero estoy cayendo porque todo lo que veo es un chico de 8 años, que no recuerda que él solía ser la persona más amable que he conocido. No quiero creer que esto está sucediendo. Cierro los ojos y meto mi cabeza en mis rodillas.

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―Tienes que vestirse ―dice después de un momento. Levanto mi cabeza. Parpadeo hacia él ya que no puedo entender lo que está diciendo. ―Estoy vestida. Se aclara la garganta otra vez, pero trata de ser silencioso al respecto. ―Hay un baño por aquí. Él señala. Veo una puerta conectada a la sala y estoy repentinamente curiosa. He oído historias acerca de personas, con baños en sus habitaciones. Supongo que no son exactamente en el dormitorio, pero están lo suficientemente cerca. Me deslizo fuera de la cama y sigo su dedo. En cuanto abro la puerta, vuelve a hablar: ―Puedes ducharte y cambiarte aquí. El baño… es el único lugar donde no hay cámaras ―añade, su voz apagándose. Hay cámaras en mi habitación. Por supuesto. ―Puedes encontrar ropa allí. ―Asiente hacia el ropero, de repente, se ve incómodo. ―¿Y no te puedes ir? ―pregunto. Se frota la frente y se sienta en la cama. Suspira. ―Hay que prepararse. Warner te estará esperando para la cena. ―¿La cena? ―Mis ojos son del tamaño de la luna. Adam se ve sombrío. ―Sí. ―¿Él no va a hacerme daño? ―Estoy avergonzada por el alivio en mi voz, la tensión inesperada que he puesto en libertad, el miedo que no sabía que albergaba―. ¿Va a darme una cena? Me muero de hambre mi estómago es un torturado pozo de hambre Tengo tanta hambre tanta hambre tanta hambre que no puedo ni siquiera imaginar cómo debe saber la verdadera comida. La cara de Adam es inescrutable otra vez. ―Debes darte prisa. Puedo mostrarte cómo funciona todo.

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No tengo tiempo para protestar antes de que esté en el baño y le sigo a su interior. La puerta sigue abierta y está de pie en medio del pequeño espacio, de espaldas a mí y no puedo entender por qué. ―Ya sé cómo usar el baño ―le digo. Yo vivía en una casa normal. Solía tener una familia. Se da la vuelta muy, muy lentamente y me entra el pánico. Por fin, levanta la cabeza, pero sus ojos se están lanzando en todas direcciones. Cuando me mira con sus ojos como flechas, su frente está apretada. Su mano derecha se curva en un puño y la mano izquierda levanta un dedo a los labios. Me está diciendo que me calle. Cada órgano de mi cuerpo cae al suelo. Sabía que algo iba a venir, pero no sabía que sería Adam. No creía que fuera a ser el que me hiciera daño, me torturara, me haría desear la muerte más que antes. Ni siquiera me doy cuenta de que estoy llorando hasta que escucho un gemido y siento el flujo de las lágrimas en silencio por mi cara y estoy tan avergonzada tan avergonzada tan avergonzada de mi debilidad, pero a una parte de mí no le importa. Estoy tentada a rogar, a pedir misericordia, a robar su arma y a dispararme a mí misma primero. La dignidad es lo único que me queda. Parece registrar mi histeria repentina, porque sus ojos se abren y su boca se cae al suelo. ―No, Dios, Juliette, no soy… Jura en voz baja. Golpea su puño contra la frente y se aparta, suspirando profundamente, caminando en la longitud del pequeño espacio. Jura de nuevo. Sale por la puerta y no mira hacia atrás.

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Capítulo 12 Traducido por Rodoni Corregido por LadyPandora

C

inco minutos completos en las tuberías de agua caliente, dos pastillas de jabón que olían a lavanda, una botella de champú destinada sólo para el pelo, y el toque suave de las toallas de felpa, me atrevo a envolverlas alrededor de mi cuerpo y empiezo a comprender. Ellos quieren que me olvide. Ellos piensan que pueden lavar mis recuerdos, mis lealtades, mis prioridades con alguna comida caliente y una habitación con vistas. Creen que soy fácilmente adquirida. Warner no parece entender que crecí con nada y no lo odio. No quería ropa o zapatos perfectos o una costosa vida, nada. No quería ser envuelta en seda. Lo único que quería era llegar y tocar a otro ser humano, no sólo con mis manos, sino con mi corazón. Vi el mundo y su falta de compasión, su duro juicio, sus juzgamientos, y sus ojos fríos y resentidos. Lo vi a mí alrededor. Tuve mucho tiempo para escuchar. Para mirar. Para estudiar a las personas, lugares y posibilidades. Todo lo que tenía que hacer era abrir los ojos. Todo lo que tenía que hacer era abrir un libro, para ver las sangrantes historias de página en página. Para ver los recuerdos grabados en papel. Pasé mi vida metida entre las páginas de los libros. En ausencia a las relaciones humanas, formé vínculos con los personajes del papel. He vivido el amor y la pérdida a través de los artículos enlazados en la historia, experimenté la adolescencia por asociación. Mi mundo es una red entretejida de palabras, tendida de rama a rama, cada hueso con tendones, pensamientos e imágenes de todos los puntos. Soy un ser compuesto de letras, un personaje creado por sentencias, producto de la imaginación formado a través de la ficción.

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Ellos quieren eliminar todos los puntos de puntuación de mi vida en esta tierra y no creo poder permitir que eso suceda. Me pongo de nuevo mi ropa vieja y entro de puntillas en el dormitorio sólo para descubrir que lo abandonaron. Adam se ha ido a pesar de que dijo que se quedaría. No lo entiendo, no entiendo sus acciones, no entiendo mi decepción. Ojalá no me gustara la frescura de mi piel, la sensación de estar perfectamente limpia después de tanto tiempo, no entiendo por qué todavía no me he mirado en el espejo, por qué tengo miedo de lo que voy a ver, por qué no estoy segura si voy a reconocer la cara que puede mirarme. Abro el armario. Está lleno de vestidos, zapatos, camisas, pantalones y ropa de todo tipo, colores tan vivos que me lastimaban los ojos, de material que sólo he oído hablar, del tipo que tengo casi miedo de tocar. Los tamaños son ideales, demasiado perfectos. Han estado esperando por mí. El cielo está lloviendo ladrillos directamente a mi cráneo. He sido descuidada al abandonar el ostracismo y arrastrarme de mi casa. Me han empujado, probado y lanzado a una celda. He sido estudiada. He estado muerta de hambre. He estado tentada con la amistad solo para ser traicionada y dejada atrapada en esta pesadilla de la que esperan que esté agradecida. Mis padres. Mis maestros. Adam. Warner. El restablecimiento. Soy prescindible para todos ellos. Ellos piensan que soy una muñeca que pueden vestir y cambiar de postura. Pero se equivocan. ―Warner te está esperando. Doy la vuelta y caigo de nuevo contra el armario, empujándolo a cerrarse en la locura del pánico agarrando mi corazón. Me fijo y plego mi miedo cuando veo a Adam de pie en la puerta. Su boca se mueve por un momento, pero no dice nada. Finalmente, da un paso adelante tan cerca que casi esta tan cerca como para tocarlo. Llega más allá de mí para volver a abrir la puerta que oculta cosas que me da vergüenza saber que existen. ―Todo esto es para ti ―dice sin mirarme, los dedos tocando el dobladillo de un vestido púrpura, de un color ciruela lo suficientemente buena para comer. ―Ya tengo ropa. ―Mis manos suavizan las arrugas en mi traje sucio y andrajoso.

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Finalmente, decide mirarme, pero cuando lo hace sus cejas se levantan, sus ojos parpadean y se congelan y sus labios se abren por la sorpresa. Me pregunto si hubiera lavado una cara nueva para mí y me ruborizo con la esperanza de que no esté disgustado por lo que pueda ver. No sé por qué me importa. Deja caer su mirada. Toma una respiración profunda. ―Voy a estar esperando afuera. Me quedo mirando el vestido púrpura con las huellas dactilares de Adam, estudio el interior del armario durante sólo un momento antes de abandonarlo. Trazo ansiosos dedos a través de mi pelo mojado y me armo de valor. No soy propiedad de nadie. Y no me importa como Warner quiere que luzca. Salgo fuera y Adam me mira por un pequeño segundo. Se frota la parte posterior de su cuello y no dice nada. Sacude la cabeza. Empieza a caminar. No me toca y no lo debería notar, pero lo hago. No tengo ni idea de qué esperar, no tengo ni idea de lo que será mi vida mientras esté en este nuevo lugar y estoy siendo clavada en el estómago por cada adorno exquisito, todos los lujosos accesorios, cada pintura superflua, piezas fundidas, la iluminación, la coloración de este edificio. Espero que todo se prenda fuego. Sigo a Adam por un largo pasillo alfombrado a un ascensor hecho enteramente de vidrio. Pasa la misma tarjeta llave que utilizó para abrir mi puerta y damos un paso al interior. Ni siquiera me doy cuenta de que había tomado un ascensor para llegar a estos pisos. Me doy cuenta que debí haber hecho una escena horrible cuando llegué y estoy casi feliz. Espero decepcionar a Warner en todas las formas posibles. El comedor es lo suficientemente grande como para alimentar a miles de huérfanos. En cambio, hay 7 mesas de banquete cubiertas por la habitación, de seda azul propagándose a través de los tableros de la mesa, jarrones de cristal llenos de orquídeas y lirios Stargazer y copas de cristal llenas de gardenias. Es encantador. Me pregunto de dónde sacaron las flores. No debe ser real. No sé cómo podría ser real. No he visto flores verdaderas en años. Warner se coloca en la mesa directamente en el centro, sentado a la cabeza. Tan pronto como él me ve a Adam se pone de pie. Toda la sala se para a su vez.

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Me doy cuenta casi de inmediato que hay un asiento vacío a ambos lados de él y no tengo intención de dejar de moverme, pero lo hago. Hago un inventario rápido de los asistentes y no puede contar con cualquier otra mujer. Adam cepilla la parte baja de mi espalda con 3 dedos y los empujo fuera de mi piel. Me apresuro hacia adelante y Warner hacia mí. Él saca la silla por su izquierda y me hace un gesto para que me siente. Lo hago. Trato de no mirar a Adam mientras se sienta frente a mí. ―Sabes…. hay ropa en tu armario, querida. ―Warner se sienta junto a mí, la habitación en sí se sienta y se reanuda con un flujo constante de charla. Se han vuelto casi en su totalidad hacia mi dirección, pero de alguna manera la presencia de la cual sólo soy consciente está directamente enfrente de mí. Me concentro en el plato vacío a sólo 2 centímetros de mis dedos. Dejo caer mis manos en mi regazo. ―Y no tienes que usar esas zapatillas sucias nunca más ―continúa Warner, robándome otra mirada antes de verter algo en mi copa. Se ve como agua. Tengo tanta sed que podía sorberla de una sola vez. No me gusta su sonrisa. El odio se parece a todo lo demás hasta que sonríe. Hasta que se da vuelta y se encuentra con los labios y los dientes tallados en la apariencia de algo muy pasivo para marcar. ―¿Juliette? Aspiro con demasiada rapidez. La tos se ahoga en el globo de mi garganta. Sus brillantes ojos verdes miran en mi dirección. ―¿No tienes hambre? ―Palabras sumergidas en dulzura. Su mano enguantada toca mi muñeca y estoy a punto hacerme un esguince por la prisa de alejarme de él. Me podría comer a todas las personas en esta sala. ―No, gracias. Se lame el labio inferior en una sonrisa. ―No hay que confundir la estupidez con valentía, amor. Sé que no has comido nada en días.

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Algo en mi paciencia se rompe. ―Realmente preferiría morir antes que comer tu comida y escuchar que me llames amor ―le digo. Adam suelta el tenedor. Warner evita una rápida mirada y cuando mira en mi dirección otra vez sus ojos se han endurecido. Sostiene la mirada durante unos segundos infinitamente largos antes de que saque una pistola del bolsillo de su chaqueta. Dispara. La habitación entera grita a la vez. Mi corazón está batiendo las alas en contra de mi garganta. Vuelvo la cabeza muy, muy lentamente para seguir la dirección de la pistola de Warner sólo para ver que le ha disparado directamente a una especie de carne a través del hueso. El plato de los alimentos ligeramente se evapora por la habitación, la comida se acumula a menos de un metro de distancia de los invitados. Disparó sin mirar siquiera. Podría haber matado a alguien. Necesito toda mi energía para permanecer muy, muy quieta. Warner deja caer el arma en mi plato. El silencio le da espacio para resonar por todo el universo y regresa. ―Elije tus palabras con mucha sabiduría, Juliette. Una palabra mía y tu vida aquí no será tan fácil. Parpadeo. Adam empuja un plato de comida delante de mí, la fuerza de su mirada es como un atizador al rojo vivo contra mi piel. Miro hacia arriba y él mueve su cabeza el más mínimo milímetro. Sus ojos están diciendo, por favor. Recojo mi tenedor. Warner no se pierde nada. Se aclara la garganta un poco demasiado fuerte. Se ríe sin humor mientras corta la carne en su plato. ―¿Tengo que traer a Kent para que haga todo el trabajo por mí? ―¿Cómo dice?

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―Parece que es el único al que vas a escuchar. ―Su tono es un poco ventoso, pero su mandíbula se establece sin lugar a dudas. Se gira hacia Adam―. Me sorprende que no le dijeras que se cambiara de ropa, como te pedí. Adam se sienta más derecho. ―Lo hice, señor. ―Me gusta mi ropa ―le digo. Me gustaría darle un puñetazo en el ojo, no es como si no se lo diría. La sonrisa de Warner se desliza de regreso en su lugar. ―Nadie te preguntó lo que te gusta, amor. Ahora come. Necesito que te veas lo mejor posible cuando estés parada junto a mí.

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Capítulo 13 Traducido por Rodoni

W

Corregido por LadyPandora arner insiste en acompañarme a mi habitación.

Después de la cena, Adam desapareció con algunos de los otros soldados. Desapareció sin decir una palabra o dar una mirada en mi dirección y no tengo ni idea de lo que esperar. Por lo menos, no tengo nada que perder, salvo mi vida. ―No quiero que me odies ―dice Warner, mientras hacemos nuestro camino hacia el ascensor―. Sólo soy tu enemigo si quieres que lo sea. ―Siempre vamos a ser enemigos. ―Mi voz se rompe en astillas de hielo. Las palabras se funden en mi lengua―. Nunca voy a ser lo que quieres que sea. Warner suspira mientras presiona el botón del ascensor. ―Realmente creo que vas a cambiar de opinión. ―Me mira con una pequeña sonrisa. Una pena, realmente, esa sonrisa fugaz no debería ser desperdiciada en un ser humano tan miserable―. Tú y yo, Juliette, ¿juntos? Podríamos ser imparables. No voy a mirarlo, aunque sienta su mirada tocar cada centímetro de mi cuerpo. ―No, gracias. Estamos en el ascensor. El mundo está susurrando junto a nosotros y las paredes de vidrio nos convierten en un espectáculo para todas las personas en cada piso. No hay secretos en este edificio. Me toca el codo y me alejo. Dings ―Lo podrías reconsiderar ―dice en voz baja. ―¿Cómo te diste cuenta? El ascensor suena abriéndose, pero no me muevo. Finalmente, me giro hacia él, porque no puedo contener mi curiosidad. Estudio sus manos, tan cuidadosamente enfundadas en cuero, las mangas gruesas, crujientes y largas. Incluso el cuello es alto y majestuoso. Está impecablemente vestido de la cabeza a los pies y cubierto

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por todas partes, excepto la cara. Incluso si quisiera tocarlo no estoy segura de si sería capaz de hacerlo. Está protegiéndose a sí mismo. De mí. ―¿Tal vez una conversación mañana por la noche? ―Él levanta una ceja y me ofrece su brazo. Finjo no darme cuenta a medida que caminamos por el ascensor y el pasillo―. Tal vez podrías usar algo bonito. ―¿Cuál es tu nombre? ―le pregunto. Estamos de pie ante mi puerta. Se detiene. Sorprendido. Levanta el mentón de manera casi imperceptible. Enfoca sus ojos en mi cara hasta que empiezo a arrepentirme de mi pregunta. ―¿Quieres saber mi nombre? No lo hice a propósito, pero mis ojos se redujeron un poco. ―Warner es tu apellido, ¿verdad? Estuvo a punto de sonreír. ―¿Quieres saber mi nombre? ―No me di cuenta que era un secreto. Da un paso adelante. Sus labios tiemblan. Sus ojos caen, sus labios dibujan una respiración fuerte. Deja caer un dedo enguantado por la manzana de mi mejilla. ―Te diré mi nombre, si me dices el tuyo ―susurra, muy cerca de mi cuello. Retrocedo. Trago saliva. ―Ya sabes mi nombre. No está mirándome a los ojos. ―Tienes razón. Debo expresarlo de otro modo. Lo que quise decir es que te diré el mío, si me muestras el tuyo. ―¿Qué? ―Estoy respirando demasiado rápido. Comienza a quitarse los guantes y me entra el pánico. ―Muéstrame lo que puedes hacer.

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Aprieto mi mandíbula demasiado fuerte y mis dientes me empiezan a doler. ―No voy a tocarte. ―Eso está bien. ―Tira fuera el otro guante―. No necesariamente necesito tu ayuda. ―No. ―No te preocupes ―dice sonriendo―. Estoy seguro de que no les harás daño a todos. ―No ―susurro―. No, no lo haré... No puedo... ―Bien ―chasquea Warner―. Eso está bien. No quieres hacerme daño. Estoy completamente halagado. ―Casi gira sus ojos. Se va por el pasillo. Ve a un soldado. Le atrae―. ¿Jenkins? Jenkins es rápido para su tamaño y está a mi lado en un segundo. ―Señor. ―Inclina la cabeza una pulgada a pesar de que él es claramente más alto que Warner. No puede tener más de veintisiete años: corpulento, robusto, empaquetado en grandes cantidades. Me dirige una mirada de soslayo. Sus ojos marrones son más calientes de lo que esperaba que fueran. ―Voy a necesitar que acompañes a la Señorita. Ferrar a las escaleras. Pero cuidado, es muy poco cooperativa y tratará de liberarse de su agarre. ―Sonríe con demasiada lentitud―. No importa lo que diga o haga, soldado, no puedes dejarla ir. ¿Queda claro? Los ojos de Jenkins se amplían, parpadea, sus fosas nasales se hinchan y flexiona los dedos a los lados. Toma una respiración corta. Asiente con la cabeza. Jenkins no es un idiota. Empiezo a correr. Estoy girando por el pasillo y corro más allá, ante una serie de soldados aturdidos demasiado asustados para detenerme. No sé lo que estoy haciendo, por qué pensé en correr, dónde podría ir. Estoy tratando de alcanzar el ascensor aunque sólo sea porque creo que ganaré tiempo. No sé qué más hacer. Los comandos de Warner están rebotando en las paredes y noto la explosión en mis tímpanos. No es necesario que me persiga. Está poniendo a otros a hacer el trabajo por él. Los soldados están alineándose frente a mí.

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A mi lado. Detrás de mí. No puedo respirar. Estoy girando en el círculo de mi propia estupidez, presa del pánico, dolida, petrificada por el pensamiento de lo que voy a hacerle a Jenkins en contra de mi voluntad. Lo que él va a hacerme en contra de la suya. Que pasará con los dos a pesar de nuestras mejores intenciones. ―Ve tras ella ―dice Warner en voz baja. El silencio se ha metido en todos los rincones de este edificio. Su voz es el único sonido en la habitación. Jenkins da un paso adelante. Mis ojos están inundados y los aprieto cerrados. Lentamente, los abro. Parpadeo a la multitud y encuentro una cara familiar. Adam me está mirando, horrorizado. La vergüenza ha cubierto cada centímetro de mi cuerpo. Jenkins me ofrece su mano. Mis huesos comienzan a doblarse, romperse en sincronía con los latidos de mi corazón. Me desplomo en el piso, doblándome como una crepe de endeble. Mis brazos están tan dolorosamente al descubierto en esta desigual camiseta. ―No. ―Tengo una mano tentativa, rogando con los ojos, la mirada fija en el rostro de este hombre inocente―. Por favor, ¡no! ―Mi voz se rompe―. Tú no quieres tocarme. ―Nunca dije que lo haría. ―La voz de Jenkins es profunda y constante, llena de remordimientos. Jenkins, quien no tiene guantes, ni protección, ni preparación, sin posible defensa. ―Esa fue una orden directa, soldado ―ladra Warner, sacando una pistola de su espalda. Jenkins agarra mis brazos. NO NO NO. Se me corta la respiración. Mi sangre está creciendo a través de mis venas, corriendo por mi cuerpo como un río embravecido, olas de calor chapoteando contra de mis huesos. Puedo escuchar su angustia, puedo sentir la energía salir de su cuerpo, puedo percibir los latidos de

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su corazón en mis oídos y mi cabeza da vueltas con la descarga de adrenalina que fortalece mi ser. Me siento viva. Desearía que me dañase. Me gustaría que me mutilase. Me gustaría rechazarlo. Me gustaría odiar la poderosa fuerza envolviéndose alrededor de mi esqueleto. Pero no lo hago. Mi piel está pulsando con la vida de otra persona y no lo odio. Me odio a mí misma por disfrutar de ella. Me gusta la forma en que se siente estar llena de más vida, más esperanza y poder humano de lo que sabía que fuera capaz de hacer. Su dolor me da un placer que nunca pedí. Y él no está dejándome ir. Pero no está dejándome ir porque no puede. Porque tengo que ser uno para romper la conexión. Debido a que la agonía lo incapacita. Porque está atrapado en mis trampas. Porque soy una Venus atrapamoscas2. Soy mortal. Me hecho sobre mi espalda y lo pateo en el pecho, deseándolo lejos de mí, disponiendo su peso en mi pequeño cuerpo, su cuerpo inerte se desploma contra el mío. Estoy de repente gritando y esforzándome por ver más allá de la hoja de lágrimas que oscurecen mi visión, estoy hipando, histérica, horrorizada por la mirada congelada en la cara de este hombre, los labios paralizados en silenciosas exclamaciones a través de sus pulmones. Me libero y tropiezo hacia atrás. Un mar de inertes soldados están detrás de mí. Cada rostro está escrito con el asombro y el miedo puro y sin adulterar. Jenkins está tumbado en el suelo y nadie se atreve a acercarse a él. ―¡Que alguien le ayude! ―grito―. ¡Que alguien le ayude! Necesita un médico, necesita ser llevado, necesita, él, oh, Dios… ¿Qué he hecho?... 2

Venus atrapamoscas: Planta carnívora en la un insecto atraído por el olor que desprende un néctar

gelatinoso de sus hojas coloreadas, se coloca sobre una de ellas y la hoja "trampa" se estimula inevitablemente. Esta minúscula planta reaccionará y cerrará su hoja sin darle oportunidad a escapar.

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―Juliette. ―No me toques, no te atrevas a tocarme… Los guantes de Warner están de vuelta en su lugar y está tratando de acercarme a él, está tratando suavizar la situación, está tratando de enjugar mis lágrimas y yo quiero asesinarlo. ―Juliette, necesitas calmarte. ―¡Ayúdalo! ―suplico, cayendo de rodillas, con los ojos pegados a la figura que yacía en el suelo. Los otros soldados finalmente se pisan los talones, prudentes, mientras piensan que podría ser contagioso. ―¡Por favor! ¡Tiene que ayudarlo! Por favor. ―Kent, Curtis, Soledad… ¡Encárguense de esto¡ ―grita Warner a sus hombres antes de recogerme en sus brazos. Todavía estoy pateando cuando el mundo se vuelve negro.

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Capítulo 14 Traducido por Rodoni

E

Corregido por LadyPandora l techo se está desvaneciendo dentro y fuera de mi visión.

Mi cabeza está pesada, mi visión borrosa, mi corazón tirante. Hay un sabor diferente a pánico presentándose en algún lugar debajo de mi lengua y estoy luchando para recordar de dónde viene. Trato de sentarme y no puedo entender por qué estaba acostada. Las manos de alguien están en mis hombros. ―¿Cómo te sientes? ―Warner está mirándome. De repente, mis recuerdos arden en mis ojos y la cara de Jenkins nada en mi conciencia y estoy balanceando mis puños y gritando para que Warner se aleje de mí y tratando de zafarme de su agarre, pero sólo sonríe. Se ríe un poco. Muevo mis manos al lado de mi torso. ―Bueno, al menos tú estas despierta ―suspira―. Me tuviste preocupado por un momento. Trato de controlar mis temblorosas piernas. ―Quita tus manos de mí. Mueve sus dedos enguantados en frente de mi cara. ―Estoy todo cubierto. No te preocupes. ―Te odio. ―Tanta pasión. ―Se ríe otra vez. Se ve tan tranquilo, tan genuinamente divertido. Me mira con ojos más suaves de lo que esperaba que fueran. Me doy la vuelta. Se pone de pie. Toma una respiración corta. ―Aquí ―dice, alcanzando una bandeja en una mesa pequeña―. Te he traído comida.

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Tomo ventaja del momento para sentarme y mirar a su alrededor. Estoy acostada en una cama envuelta en medallas de oro de damasco y sombras borgoñas de la sangre más oscura. El suelo está cubierto de una alfombra gruesa, rica en el color de un sol naciente de verano. Hace calor en esta habitación. Es del mismo tamaño que la que ocupo, su mobiliario es lo suficientemente estándar: cama, armario, mesas de noche y lámparas brillantes en el techo. La única diferencia es que hay una puerta adicional en esta sala y una vela encendida en silencio sobre una pequeña mesa en la esquina. No he visto el fuego en tantos años que he perdido la cuenta. Tengo que reprimir el impulso de avanzar y tocar la llama. Me apoyo contra las almohadas y trato de fingir que no me siento cómoda. ―¿Dónde estoy? Warner se da la vuelta con un plato con pan y queso. Su otra mano agarra un vaso de agua. Mira a su alrededor, como si lo viera por primera vez. ―Este es mi cuarto. Si mi cabeza no fuera a estallar en pedazos, me sentiría tentada a correr. ―Llévame a mi propia habitación. No quiero estar aquí. ―Y, sin embargo, aquí estás. ―Se sienta a los pies de la cama, a pocos metros de distancia. Empuja el plato delante de mí―. ¿Tienes sed? No sé si es porque no puedo pensar con claridad o si es porque estoy realmente confundida, pero estoy luchando para reconciliar las polares personalidades de Warner. Aquí está, ofreciéndome un vaso de agua después de que me obligase a torturar a alguien. Levanto mis manos y estudio mis dedos, como si nunca los hubiera visto antes. ―No entiendo. Ladea la cabeza, inspeccionándome como si me hubiera dañado seriamente a mí misma. ―Sólo te pregunté si estas sedienta. Eso no debería ser difícil de entender. ―Una pausa―. Bebe esto. Sujeto la copa. La miro fijamente. Lo miro fijamente. Miro fijamente las paredes. Debo estar loca. Warner suspira.

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―No estoy seguro, pero creo que te desmayaste. Y creo que probablemente deberías comer algo, aunque no estoy del todo seguro de eso, tampoco. ―Hace una pausa―. Es probable que hayas hecho demasiado esfuerzo en tu primer día aquí. Mi error. ―¿Por qué eres bueno conmigo? La sorpresa en su cara me sorprendió aún más. ―Porque me preocupo por ti ―dice simplemente. ―¿Te preocupas por mí? ―El entumecimiento en mi cuerpo está empezando a disiparse. Mi presión arterial se eleva y la ira se está abriendo camino directamente de mi conciencia. ―¡Casi mato a Jenkins por tu culpa! ―No lo mataste... ―¡Tus soldados me golpearon! ¡Me mantienes aquí como una prisionera! ¡Me amenazas! ¡Me amenazaste con matarme! ¿No me das ninguna libertad y dices que te preocupas por mí? ―Estuve a punto de tirar el vaso de agua en su cara―. ¡Eres un monstruo! Warner me da la espalda, así que estoy mirando su perfil. Junta las manos. Cambia de opinión. Esta llega a sus labios. ―Sólo estoy tratando de ayudarte. ―Mentiroso. Él parece considerar eso. Asiente con la cabeza, sólo una vez. ―Sí. La mayoría de las veces, sí. ―No quiero estar aquí. No quiero ser tu experimento. Déjame ir. ―No. ―Se pone de pie―. Me temo que no puedo hacer eso. ―¿Por qué no? ―Porque no puedo. Yo sólo… ―Tira de sus dedos. Se aclara la garganta. Sus ojos tocan el techo por un breve momento―. Porque te necesito. ―¡Me necesitas para matar personas! No responde de inmediato. Se acerca a la vela. Se quita un guante. Cosquillea la llama con los dedos desnudos.

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―Tú sabes que soy muy capaz de matar personas por mí mismo, Juliette. En realidad soy muy bueno en eso. ―Eso es asqueroso. Se encoge de hombros. ―¿De qué otra forma crees que alguien de mi edad es capaz de controlar tantos soldados? ¿Por qué mi padre me permitiría hacerme cargo de todo un sector? ―¿Tu padre? ―Me siento, de repente curiosa, a pesar de mí misma. Él hace caso omiso a mi pregunta. ―La mecánica del miedo es bastante simple. Las personas se sienten intimidadas por mí, por lo que escuchan cuando hablo. ―Agita una mano―. Las amenazas vacías valen muy poco en estos días. Aprieto los ojos cerrados. ―Así que matas gente por poder. ―Como lo haces tú. ―¿Cómo te atreves? Se ríe, fuerte. ―Eres libre de mentirte a ti misma, si te hace sentir mejor. ―No estoy mintiendo. ―¿Por qué te tomó tanto tiempo romper tu conexión con Jenkins? Mi boca se congela en su lugar. ―¿Por qué no luchaste de inmediato? ¿Por qué le permitiste tocarte durante tanto tiempo como lo hizo? Las manos me empiezan a temblar y las agarro con fuerza. ―No sabes nada de mí. ―Y sin embargo, tú dices que me conoces tan bien. Aprieto la mandíbula, no confió en mí para hablar. ―Por lo menos soy honesto ―añade.

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―¡Acabas de aceptar que eres un mentiroso! Él levanta las cejas. ―Por lo menos, soy honesto acerca de ser un mentiroso. Golpeo el vaso de agua en la mesita. Dejo mi cabeza en mis manos. Intentando mantener la calma. Tomo una respiración estabilizadora. ―Bueno ―pregunto―, ¿por qué me necesitas, entonces? ¿Si eres un excelente asesino? Parpadea y la sonrisa se desvanece de su rostro. ―Un día te daré una respuesta a esa pregunta. Trato de protestar, pero me detiene con una mano. Coge un trozo de pan del plato. Lo sostiene bajo mi nariz. ―Casi no comiste nada en la cena. Eso no puede ser saludable. No me muevo. Deja caer el pan en el plato y deja caer el plato junto al agua. Se vuelve hacia mí. Estudia mis ojos con tal intensidad que estoy momentáneamente desarmada. Hay tantas cosas que quiero decir y gritar, pero de alguna manera me he olvidado de las palabras que esperaban pacientemente en mi boca. No puedo mirar hacia otro lado. ―Come algo. ―Sus ojos me abandonan―. Luego ve a dormir. Volveré por ti por la mañana. ―¿Por qué no puedo dormir en mi propia habitación? Él se pone de pie. Sacude sus pantalones sin ninguna razón real. ―Porque quiero que te quedes aquí. ―¿Pero por qué? Ladra una carcajada. ―Tantas preguntas. ―Bueno, si me dieras una respuesta directa. ―Buenas noches, Juliette. ―¿Vas a dejarme ir? ―le pido, esta vez en voz baja, esta vez con timidez.

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―No. ―Toma seis pasos hasta la esquina con la vela―. Y tampoco voy a prometer hacerte las cosas más fáciles, tampoco. ―No hay arrepentimiento, remordimiento, ninguna simpatía en su voz. Podría estar hablando sobre el tiempo. ―Podrías estar mintiendo. ―Sí, podría. ―Asiente con la cabeza, como para sí mismo. Apaga la vela. Y desaparece. Trato de luchar. Trato de mantenerme despierta. Trato de encontrar mi cabeza, pero no puedo. Me derrumbo de puro agotamiento.

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Capítulo 15 Traducido por Josez57

¿P

Corregido por Rodoni or qué simplemente no te matas?, me preguntó alguien en la escuela una vez. Creo que era el tipo de pregunta destinada a ser cruel, pero era la primera vez que yo había contemplado esa posibilidad. No

sabía qué decir. Tal vez era una locura pensar en ello, pero yo siempre esperaba que si era una chica lo suficientemente buena, si lo hiciera todo bien, si dijera las cosas correctas o no dijera nada… pensaba que mis padres cambiarían de opinión. Pensé que por fin me escucharían cuando tratara de hablar. Pensé que me iban a dar una oportunidad. Pensé que por fin podrían amarme. Siempre tuve esa estúpida esperanza. —Buenos días. Mis ojos se abren de un sobresalto. Nunca había sido de tener sueño pesado. Warner está mirándome, sentado a los pies de su cama con un traje nuevo y botas perfectamente lustradas. Todo en él es meticuloso. Prístino. Su aliento es fresco y dulce en el aire de la mañana fresca. Lo puedo sentir en mi cara. Me toma un momento darme cuenta de que estoy enredada en las mismas sábanas en las que Warner ha dormido. Mi rostro de pronto se enciende como el fuego y estoy buscando a tientas librarme. Estuve a punto de caerme de la cama. Yo no lo reconocía. —¿Has dormido bien? —pregunta. Miro hacia arriba. Sus ojos son como una sombra extraña de color verde cristal brillante, claros y penetrantes de la manera más alarmante. Su pelo es grueso, la más buena porción de oro, su cuerpo es delgado y modesto, pero su agarre es fuerte

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sin esfuerzo. Me he dado cuenta por primera vez que usa un anillo de jade en el dedo meñique izquierdo. Me atrapa mirándolo y se levanta. Se desliza sus guantes y aprieta sus manos a la espalda. —Es el momento para que vuelvas a tu habitación. Parpadeo. Asiento con la cabeza. Me pongo de pie y casi me caigo. Me agarro de un lado de la cama y trato de frenar el constante vértigo en mi cabeza. Oigo el suspiro de Warner. —No comiste la comida que te dejé para ti ayer por la noche. Agarro el agua con las manos temblorosas y me obligo a comer un poco de pan. Mi cuerpo se ha acostumbrado tanto que no sé como reconocer el hambre. Warner me lleva a la puerta una vez que encuentro el equilibrio. Sigo sosteniendo un pedazo de queso en la mano. Estuve a punto de caerme cuando salí al exterior. Hay soldados, incluso más de los que hay en mi piso. Cada uno está equipado con al menos 4 tipos diferentes de armas de fuego, algunas colgadas del cuello, algunas atadas a sus cinturones. Todos ellos revelan una mirada de terror al ver mi cara. Destello dentro y fuera de sus características tan rápido que podría haberlo pasado por alto, pero es bastante obvio: todos aprietan sus armas un poco más mientras paso por ahí. Warner parece contento —Su miedo trabajará a tu favor —susurra en mi oído Mi humanidad está tumbada en un millón de piezas en este piso alfombrado. —Nunca quise que me tengan miedo. —Deberías. —Se detiene. Sus ojos me están llamando idiota—. Si no te temen, te cazan. —La gente caza cosas que temen todo el tiempo. —Por lo menos ahora saben a lo que se enfrentan. —Él vuelve a caminar por el pasillo, pero mis pies están cosidos en el suelo. El entendimiento es frío como agua con hielo y está chorreando por mi espalda.

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—¿Me hiciste hacer eso, lo que le hice a Jenkins? ¿A propósito? Warner ya está 3 pasos por delante, pero puedo ver la sonrisa en su rostro. —Todo lo que hago es a propósito. —Querías hacer un espectáculo de mí. —Mi corazón se acelera en mi muñeca, pulsando en mis dedos. —Estaba tratando de protegerte. —¿De sus propios soldados? —Estoy corriendo para alcanzarlo ahora, ardiendo de indignación—. A expensas de la vida de un hombre. —Entra Warner ha alcanzado el ascensor. Él sostiene las puertas abiertas para mí. Lo sigo dentro. Aprieta los botones correctos. Las puertas se cierran. Vuelvo a hablar. Él me arrincona. Estoy apoyada en el borde más alejado de este recipiente de vidrio y de repente estoy nerviosa. Sus manos están sujetando mis brazos y sus labios están peligrosamente cerca de mi cara. Su mirada está bloqueada en la mía, sus ojos brillantes; peligrosos. Él dice una sola palabra: —Sí. Me toma un momento encontrar mi voz. —Sí, ¿qué? —Sí, de mis propios soldados. Sí, a expensas de la vida de un hombre —Se le tensa la mandíbula. Habla a través de sus dientes—. Es muy poco lo que entiendes acerca de mi mundo, Juliette. —Estoy tratando de entender… —No, no lo estás —me interrumpió. Sus pestañas son como hilos individuales de oro hilado encendidos con fuego. Casi tengo ganas de tocarlas—. No entiendes que el poder y el control se pueden resbalar de tu alcance en cualquier momento e

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incluso cuando crees que estás más preparada. Estas dos cosas no son fáciles de ganar. Son aún más difíciles de conservar. —Trato de hablar y me corta—. ¿Crees que no sé cuántos de mis propios soldados me odian? ¿Crees que no sé que les gustaría verme caer? Tú crees que no hay otros que le encantaría tener la posición que trabajé tan duro para tener… —No te elogies a ti mismo… Él cierra los últimos centímetros entre nosotros, y mis palabras caen al suelo. No puedo respirar. La tensión en todo su cuerpo es tan intensa que es casi palpable, y creo que mis músculos se han empezado a congelar. —Eres una ingenua —me dice, su voz ronca, baja, un susurro tejido contra mi piel— . No te das cuenta que eres una amenaza para todos en este edificio. Tienen toda la razón para hacerte daño. No ves que estoy tratando de ayudarte a… —¡A hacerme daño! —exploté—. ¡A herir a los demás! Su risa es fría, carente de alegría. Se aleja de mí, de repente disgustado. El ascensor se desliza para abrirse, pero no salgo. Puedo ver mi puerta desde aquí. —Vuelve a tu habitación. Lávate. Cámbiate. Hay vestidos en tu armario. —No me gustan los vestidos. —No creo que no te gusten si todavía no los has visto… —dice con una inclinación de su cabeza. Sigo su mirada para ver una sombra descomunal frente a mi puerta. Me dirijo a él para obtener una explicación, pero no dice nada. Él está recompuesto de pronto, sus características limpiaron la emoción. Toma mi mano, aprieta mis dedos y dice: —Volveré por ti en exactamente una hora. —Y cierra las puertas del ascensor antes de que tenga la oportunidad de protestar. Empiezo a preguntarme si es una coincidencia que la única persona sin miedo de tocarme sea un monstruo. Di un paso adelante y me atreví a mirar más de cerca el soldado de pie en la oscuridad. Adam. ¡Oh!, Adam. Adam, que ahora sabe exactamente de lo que soy capaz. Mi corazón es un globo de agua explotando en mi pecho. Mis pulmones están colgando de mi caja torácica. Me siento como si cada puño en el mundo hubiese

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decidido darme un puñetazo en el estómago. No debería preocuparme tanto, pero lo hago. Él me odiará por siempre ahora. Ni siquiera me mira. Espero que me abra la puerta para mí pero no se mueve. —¿Adam? —me atrevo, tentativa—. Necesito tu tarjeta de claves. Lo veo tragar saliva y tomar un respiro pequeño y de inmediato tengo la sensación de que algo está mal. Me acerco más y veo un rápido movimiento, la rigidez de su cabeza me dice que no. No toco a la gente No me acerco a la gente Soy un monstruo. Él no me quiere cerca de él. Por supuesto que no. Nunca debí olvidar mi lugar. Me abre la puerta con inmensa dificultad y me doy cuenta de que alguien lo ha herido donde no puedo ver. Las palabras de Warner vuelven a mí y yo reconozco su aireado adiós como una advertencia. Una advertencia que rompe todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Adam será castigado por mis errores. Por mi desobediencia. Quiero enterrar mis lágrimas en un cubo de arrepentimiento. Salgo por la puerta y miro hacia atrás a Adam una vez más, incapaz de sentir ningún tipo de triunfo en su dolor. A pesar de todo lo que él ha hecho, no sé si soy capaz de odiarlo. No es Adam. No es el chico que yo conocía. —El vestido color púrpura —dice, su voz rota y entrecortada como si le doliera un poco al respirar. Tengo que retorcerme las manos para no salir corriendo con él—. Lleva el vestido morado —tose—. Juliette. Yo seré el maniquí perfecto

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Capítulo 16 Traducido por Rodoni Corregido por tamis11

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an pronto como estoy en la habitación abro el armario y tiro del vestido púrpura fuera de la percha antes de recordar que estoy siendo observada. Las cámaras. Me pregunto si Adam fue castigado por decirme acerca de las cámaras, también. Me pregunto si está corriendo cualquier otro riesgo conmigo. Me pregunto por qué lo haría. Toco el rígido material moderno del vestido púrpura y mis dedos encuentran su camino hasta el borde, al igual que Adam lo hizo ayer. No puedo evitar preguntarme por qué le gusta tanto este vestido. Por qué tiene que ser exactamente este. Por qué siquiera tengo que usar un vestido No soy una muñeca. Mi mano se detiene en el pequeño estante de madera por debajo de los colgadores de ropa y una desconocida textura roza mi piel. Es dura y extraña, pero familiar al mismo tiempo. Me acerco al armario y me escondo entre las puertas. Mis dedos sienten su forma alrededor de la superficie y una sobrecarga de sol se precipita a través de mi estómago hasta que estoy segura de que estoy llena de esperanza y sentimiento, y una fuerza de estúpida felicidad tan fuerte que me sorprende que no hayan lágrimas corriendo por mi cara. Mi cuaderno. Él salvó mi libreta. Adam salvó la única cosa que tengo. Agarro el vestido morado y meto la almohadilla de papel en sus pliegues antes de robarlo e ir hacia el baño. El baño donde no hay cámaras. El baño donde no hay cámaras. El baño donde no hay cámaras. Él estaba tratando de decírmelo, me doy cuenta. Antes, en el baño. Estaba tratando de decirme algo y yo estaba tan asustada que lo espanté.

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Yo lo asusté. Cierro la puerta detrás de mí y me tiemblan las manos mientras despliego los familiares papeles unidos por pegamento viejo. Doy la vuelta a las páginas para asegurarme que todas están allí, y mis ojos aterrizan en la más reciente entrada. En la parte inferior hay un cambio. Una nueva oración no está escrita con mi letra. Una nueva frase que debió haber venido de él. No es lo que piensas. Estoy completamente inmóvil. Cada centímetro de mi piel está tirante por la tensión, llena de sentimiento, y la presión aumentando en mi pecho, golpeando más duro y más rápido y más fuerte, compensando mi quietud. No tiemblo mientras estoy congelada en el tiempo. Entreno a mis respiraciones para llegar más lentas, cuento cosas que no existen, hago números que no existen, hago como si el tiempo fuera un reloj de arena roto sangrando segundos a través de la arena. Me atrevo a creer. Me atrevo a esperar que Adam esté tratando de llegar a mí. Estoy tan loca como para considerar la posibilidad. Arranco la página de la libreta y la pongo cerca, vivamente tragando la histeria cosquilleando en todo momento en mi mente. Puedo ocultar la libreta en el bolsillo del vestido de púrpura. El bolsillo donde Adam debió haberla deslizado. El bolsillo que debió haberse caído. El bolsillo del vestido púrpura. El bolsillo del vestido púrpura. La esperanza es un bolsillo de posibilidades. La estoy sosteniendo en mi mano. Warner no llega tarde. No llama, tampoco. Me estoy poniendo los zapatos cuando entra sin decir una sola palabra, sin siquiera un esfuerzo por dar a conocer su presencia. Sus ojos están cayendo por todo mi cuerpo. Mi mandíbula se tensa por cuenta propia. ―Lo lastimaste ―me encuentro diciendo. ―No debería importarte ―dice con una inclinación de su cabeza, haciendo un gesto a mi vestido―. Pero es obvio que lo hace.

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Tenso los labios y ruego que mis manos no estén temblando demasiado. No sé dónde está Adam. No sé qué tan malherido esta. No sé lo que Warner va a hacer, hasta dónde va a ir en búsqueda de lo que quiere, pero la perspectiva de Adam sufriendo es como una mano fría agarrando mi esófago. No puedo respirar. Me siento como si estuviera luchando por tragar un palillo de dientes. Si Adam está tratando de ayudarme, le podría costar la vida. Puedo tocar el trozo de papel escondido en el bolsillo. Respiro. Los ojos de Warner están en mi ventana. Respiro. ―Es hora de irse ―dice. Respira. ―¿A dónde vamos? Él no contesta. Salimos por la puerta. Miro a mi alrededor. El pasillo está abandonado; vacío. —¿Dónde está Adam todos…? —Me gusta mucho ese vestido —dice Warner mientras desliza un brazo alrededor de mi cintura. Me aparto, pero me arrastra, me guía hacia el ascensor—. El talle es espectacular. Ayuda a distraerme de todas tus preguntas. —Pobre de tu madre. Warner casi tropieza con sus propios pies. Sus ojos son grandes, alarmados. Se detiene a unos pocos pies de nuestro objetivo. Gira alrededor. ―¿Qué quieres decir? Mi estómago cae. La expresión de su rostro: la presión desatendida, el inmutado terror, la repentina detención de sus rasgos. Estaba tratando de hacer una broma, pero no es lo que le diría a él. Lo siento por tu pobre madre, es lo que iba a decirle, porque ella tenga que lidiar con un hijo tan miserable y patético. Pero no digo nada de eso. Coge mis manos, mira mis ojos. La urgencia está latiendo en sus sienes.

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—¿Qué quieres decir? —insiste. —Na-nada —tartamudeo. Mi voz se rompe por la mitad—. No quería... era sólo una broma. Warner suelta mis manos como si lo quemaran. Mira hacia otro lado. Entra al ascensor y no espera por mí. Me pregunto qué es lo que no me está diciendo. Sólo una vez que bajamos varios pisos y hacemos nuestro camino por un extraño pasadizo hacia una extraña salida finalmente me mira. Me ofrece 4 palabras. —Bienvenida a tu futuro.

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Capítulo 17 Traducido por Josez57

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Corregido por lavi

stoy nadando en la luz del sol. Warner mantiene abierta una puerta que da directamente al exterior y estoy tan desprevenida por la experiencia que apenas puedo ver con claridad. Él agarra mi codo para mantenerme en equilibrio durante el camino y lo miro. —Vamos afuera —digo, porque tengo que decirlo en voz alta. Debido a que el mundo exterior es un regalo que tan pocas veces me ofrecen. Porque no sé si Warner está tratando de ser agradable de nuevo. Miro de él a lo que parece un patio de cemento y de regreso a él—. ¿Qué estamos haciendo afuera? —Tenemos algunos asuntos que atender. —Él tira de mí hacia el centro de este nuevo universo, y me estoy separando de él, llegando a tocar el cielo como si estuviera deseando que se acuerde de mí. Las nubes son de color gris como lo han sido siempre, pero son escasas y sin fantasías. El sol está alto, alto, alto, descansando contra un telón de fondo, apuntalando sus rayos y reorientando su calor en nuestra dirección. Me paro de puntillas y trato de tocarlo. El viento se pliega en mis brazos y sonríe contra mi piel. Fresco, sedoso, trenza una suave brisa a través de mi pelo. Este patio cuadrado podría ser mi salón de baile. Quiero bailar con los elementos. Warner me coge la mano. Me doy la vuelta. Él sonríe. —Esto —dice, señalando al mundo frío y gris debajo de nuestros pies—, ¿esto te hace feliz? Miro a mi alrededor. Me doy cuenta de que el patio es un techo, ubicado en algún punto entre dos edificios. Me acerco hacia la cornisa y puedo ver la tierra muerta, los árboles desnudos y los compuestos esparcidos que se extienden por kilómetros. —El aire frío huele tan limpio —le digo—. Fresco. Completamente nuevo. Es el olor más maravilloso del mundo.

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Sus ojos lucen divertidos, interesados, preocupados y confundidos a la vez. Sacude la cabeza. Desliza su mano por la chaqueta y llega a un bolsillo interior. Él saca un arma con una empuñadura de oro que destella con la luz del sol. Tomo una bocanada de aire. Él inspecciona el arma de una manera que no entendería, probablemente para comprobar si está o no lista para disparar. Él se la desliza en la mano con su dedo preparado directamente sobre el gatillo. Se vuelve y finalmente lee la expresión en mi cara. Casi se ríe. —No te preocupes. No es para ti. —¿Por qué tienes un arma? —Yo trago, duramente, apretando mis brazos firmemente sobre mi pecho—. ¿Qué estamos haciendo aquí? Warner desliza la pistola en el bolsillo y camina hacia el extremo opuesto de la cornisa. Hace señas para que lo siga. Me arrastro más cerca. Sigo sus ojos. Miro por encima de la barrera. Cada soldado en el edificio está de pie a menos de 15 metros más abajo. Distingo casi 50 líneas, cada una perfectamente alineada, perfectamente separadas, tantos soldados de pie en una sola fila que pierdo la cuenta. Me pregunto si Adam se encuentra en la multitud. Me pregunto si puede verme. Me pregunto lo que él piensa de mí ahora. Los soldados están de pie en un espacio cuadrado casi idéntico al que Warner y yo ocupamos, pero ellos son una masa organizada de negro, pantalones negros, camisas negras, altas botas negras, ningún arma de fuego a la vista. Cada uno está de pie con su puño izquierdo apretado a su corazón. Congelados en el lugar. Negro, gris y negro y gris y negro y gris y sombrío. De repente, soy muy consciente de mi atuendo poco práctico. De repente, el viento es demasiado cruel, demasiado frío, demasiado doloroso mientras corta al pasar por la multitud. Me estremezco y no tiene nada que ver con la temperatura. Busco a Warner, pero él ya ha tomado su lugar en el borde del patio, es obvio que antes ha hecho esto muchas veces. Saca un pequeño cuadrado de metal perforado de su bolsillo y lo presiona contra sus labios, cuando habla, su voz se traslada a la multitud como si hubiera sido amplificada. —Sector 45. Una palabra. Un solo número.

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Todo el grupo se altera: los puños izquierdos liberados caen a un costado; los puños derechos plantados en su lugar en sus pechos. Son una máquina engrasada, en coordinación perfecta entre sí. Si yo no fuera tan aprensiva, creo que estaría impresionada. —Tenemos dos cuestiones que tratar esta mañana. —La voz de Warner penetra en la atmósfera: nítida, clara, insoportablemente segura—. La primera está de pie a mi lado. Miles de ojos vuelan en mi dirección. Me siento flaquear. —Juliette, ven aquí, por favor. —2 dedos se doblan en 2 lugares invitándome a seguir. Yo me asomo a la vista. Warner desliza su brazo alrededor de mí. Me estremezco. La multitud se inicia. Mi corazón está fuera de control. Estoy muy asustada para apartarme de él. Su arma está muy cerca de mi cuerpo. Los soldados parecen asombrados de que Warner esté dispuesto a tocarme. —Jenkins, de un paso al frente, por favor. Mis dedos están corriendo una maratón por mi muslo. No puedo estar quieta. No puedo calmar las palpitaciones que se estrellan en mi sistema nervioso. Jenkins sale de la línea, lo detecto inmediatamente. Él está bien. Dios mío. Él está bien. —Jenkins tuvo el placer de conocer a Juliette anoche —continúa. La tensión entre los hombres es casi tangible. Al parecer nadie sabe dónde se dirige este discurso. Y nadie, al parecer, ha escuchado la historia de Jenkins. Mi historia—. Espero que todos ustedes la saluden con el mismo tipo de bondad —agrega Warner, con los labios riendo sin hacer ruido—. Ella estará con nosotros durante algún tiempo, y será un activo muy valioso para nuestros esfuerzos. El Restablecimiento le da la bienvenida. Yo le doy la bienvenida. Ustedes deben darle la bienvenida. Los soldados dejan caer sus puños a la vez, todos exactamente al mismo tiempo.

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Ellos se mueven como si fueran uno, cinco pasos hacia atrás, cinco pasos hacia delante, cinco pasos de pie en su lugar. Levantan en alto su brazo izquierdo y cierran sus dedos en un puño. Y caen sobre una rodilla. Corro hacia el borde, desesperada por conseguir una mirada más cercana de una rutina extrañamente coreografiada. Nunca he visto nada igual. Warner les hace permanecer en ese estado, inclinados así, con sus puños levantados en el aire. Él no habla por lo menos durante 30 segundos. Y entonces lo hace. —Bien. Los soldados se levantan, bajan sus puños y descansan el derecho sobre el pecho de nuevo. —La segunda cuestión que nos ocupa es aún más agradable que la primera — continúa Warner, aunque parece que no se alegra de decirlo. Sus ojos se agudizan en los soldados de abajo, fragmentos de esmeraldas parpadeando como llamas verdes sobre sus cuerpos—. Delalieu tiene un informe para nosotros. Pasa una eternidad mirando simplemente a los soldados, dejando que sus pocas palabras naveguen en sus mentes. Dejando que sus propias imaginaciones los conduzcan a la locura. Dejando a los culpables entre ellos temblar de angustia. Warner no habla durante mucho tiempo. Nadie se mueve durante mucho tiempo. Empiezo a temer por mi vida a pesar de sus garantías anteriores. Empiezo a preguntarme si tal vez yo soy la culpable. Si tal vez el arma en su bolsillo está destinada a mí. Por fin, me atrevo a girar en su dirección. Él me mira por primera vez y no tengo ni idea de cómo leerlo. Su rostro muestra 10.000 posibilidades al mirar a través de mí. —Delalieu —dice, sin dejar de mirarme—. Puede dar un paso adelante. Una especie de hombre delgado y calvo en un traje un poco más adornado sale del frente de la quinta línea. No parece del todo estable. Agacha la cabeza una pulgada. Su voz gorjea cuando habla. —Señor.

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Warner finalmente deja de mirarme a los ojos y asiente con la cabeza, casi imperceptiblemente, en dirección al hombre calvo. Delalieu recita: —Tenemos una denuncia contra Private 45B-76.423. Fletcher, Seamus. Los soldados están todos congelados en línea, congelados de alivio, congelados por el miedo, congelados por la ansiedad. Nada se mueve. Nada respira. Hasta el viento tiene miedo de hacer un sonido. —Fletcher. —Una palabra de Warner y varios cientos de cuellos se mueven en la misma dirección. Fletcher sale de la línea. Parece un hombrecito de jengibre. Cabello color jengibre. Pecas color jengibre. Labios rojos casi artificiales. Su rostro está blanco de todas las emociones posibles. Nunca he tenido más miedo de un extraño en mi vida. Delalieu habla de nuevo. —Private Fletcher fue encontrado en terrenos no reglamentados, confraternizando con civiles, presuntos miembros rebeldes del partido. Él había robado alimentos y suministros de las unidades de almacenamiento dedicadas a los ciudadanos del sector 45. No se sabe si reveló información confidencial. Warner nivela su mirada en el hombre de jengibre. —¿Niega usted estas acusaciones, soldado? Las fosas nasales de Fletcher aletean. Tiene la mandíbula tensa. Su voz se quiebra al hablar. —No, señor. Warner asiente con la cabeza. Toma una respiración corta. Lame sus labios. Y le pega un tiro en la frente.

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Capítulo 18 Traducido por hanna

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Corregido por Aciditax adie se mueve.

La cara de Fletcher está grabada con el horror permanente mientras se desmorona en el suelo. Estoy muy impresionada por la imposibilidad de todo esto, tanto que no puedo decidir si estoy o no soñando, no puedo determinar si estoy o no estoy muriendo, no puedo determinar si desmayarme es una buena idea. Los miembros de Fletcher están doblados en ángulos extraños en el frío piso de cemento. La sangre está agrupándose a su alrededor y aun así nadie se mueve. Nadie dice una sola palabra. Nadie revela una sola mirada de miedo. Sigo tocando mis labios para ver si mis gritos se han escapado. Warner mete la pistola en el bolsillo del saco. ―Sector 45, pueden marchar. Cada soldado cae sobre una rodilla. Warner desliza de nuevo el dispositivo de amplificación de metal en su traje y tiene que dar un tirón para liberarme del lugar donde estoy pegada al suelo. Me tropiezo sobre mí misma, mis piernas están débiles y adoloridas a través del hueso. Siento náuseas, estoy delirante y soy incapaz de mantenerme en posición vertical. Sigo tratando de hablar, pero las palabras se pegan a mi lengua. De repente, estoy sudando y, de repente, estoy congelándome y, de pronto, estoy enferma, por lo que veo manchas que nublan mi visión. Warner está tratando de llevarme a través de la puerta. ―Realmente, tienes que comer más ―me dice. Estoy boquiabierta con los ojos, boquiabierta con mi boca, y boquiabierta de par en par, porque siento agujeros en todas partes, perforando en el terreno de mi cuerpo. Mi corazón tiene que estar sangrando en mi pecho.

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Miro hacia abajo y no puedo entender por qué no hay sangre en mi vestido, por qué el dolor en mi corazón se siente tan real. ―Lo mataste ―me las arreglé para susurrar―. Sólo acabas de matarlo… ―Eres muy astuta. ―¿Por qué lo mataste? ¿Por qué lo mataste? ¿Cómo pudiste hacer algo así…? ―Mantén tus ojos abiertos, Juliette. Ahora no es el momento de conciliar el sueño. Agarro su camisa. Lo detengo antes que me lleve dentro. Una ráfaga de viento me golpea en la cara y me siento de repente con control de mis sentidos. Lo empujo con fuerza, golpeando su espalda contra la puerta. ―Me repugnas. ―Miro fijamente en sus ojos fríos de cristal―. Me repugnas… Él se retuerce, sujetándome contra la puerta, donde yo lo detuve. Toma mi cara entre sus enguantadas manos, manteniendo mis ojos en su lugar. Las mismas manos que acababa de utilizar para matar a un hombre. Estoy atrapada. Paralizada. Un poco aterrorizada. Su pulgar cepilla mi mejilla. ―La vida es un lugar sombrío ―susurra―. A veces tienes que disparar primero. Warner me sigue a mi habitación. ―Probablemente debas dormir ―me dice. Es la primera vez que ha hablado desde que salimos de la azotea―. Voy a enviar comida a tu habitación, pero aparte de eso, me aseguraré que no te molesten. ―¿Dónde está Adam? ¿Está seguro? ¿Está saludable? ¿Vas a hacerle daño? Warner se estremece antes de encontrar la calma. ―¿Por qué te importa? Me he preocupado acerca de Adam Kent, desde que estaba en tercer grado.

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―¿No se supone que estaba vigilándome? Porque él no está aquí. ¿Significa eso que vas a matarlo, también? ―Me siento estúpida. Me siento valiente, porque me siento estúpida. Mis palabras no usan paracaídas, a medida que salen de mi boca. ―Yo sólo mato gente si lo necesito. ―Que generoso. ―Más que la mayoría. Me río con una sonrisa triste, compartiéndola sólo conmigo. ―Puedes tener el resto del día para ti. Nuestro verdadero trabajo comenzará mañana. Adam te llevará a mí. ―Sostiene mis ojos. Suprime una sonrisa―. Mientras tanto, trata de no matar a nadie. ―Tú y yo ―le digo, la ira corriendo por mis venas―, tú y yo no somos iguales… ―Realmente no creo eso. ―¿Crees que puedes comparar mi, mi enfermedad, con tu locura…? ―¿Enfermedad? ―Se abalanza hacia adelante, abruptamente apasionado, y lucho por mantener mi posición―. ¿Crees qué tienes una enfermedad? ―grita―. ¡Tienes un don! ¡Tienes una habilidad extraordinaria que no te preocupas por comprender! Tu potencial… ―¡No tengo ningún potencial! ―Estás equivocada. —Me mira. No hay otra manera de describirlo. Casi podría decir que él me odia a mí en este momento. Me odia por odiarme a mi misma. ―Bueno, tú eres el asesino ―le digo―. Así que debes estar en lo correcto. Su sonrisa está rodeada de dinamita. ―Vete a dormir. ―Vete al infierno. Aprieta su mandíbula. Camina hacia la puerta. ―Estoy trabajando en ello.

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Capítulo 19 Traducido por Maia8

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Corregido por Rodoni

a oscuridad está asfixiándome.

Mis sueños son sangrientos y sangrantes y la sangre está sangrando alrededor de mi mente y no puedo dormir más. Los únicos sueños que solían alguna vez traerme paz se han ido y no sé como conseguirlos de vuelta. No sé como encontrar el pájaro blanco. No sé si volará otra vez. Todo lo que sé es que ahora cuando cierro mis ojos no veo otra cosa, sino devastación. Fletcher está siendo disparado una y otra y otra vez y Jenkins se está muriendo en mis brazos y Warner le está disparando a Adam en la cabeza y el viento está cantando en el exterior de mi ventana, pero es agudo y desentonado y no tengo corazón para decirle que pare. Me estoy congelando a través de mis ropas. La cama debajo de mi espalda está llena de nubes rotas y nieve frescamente caída; es demasiado suave, demasiado cómodo. Me recuerda demasiado a dormir en la habitación de Warner y no puedo soportarlo. Me da miedo deslizarme debajo de las mantas. No puedo evitarlo, sigo preguntándome si Adam está bien, si alguna vez volverá. Si Warner va a herirle cada vez que yo desobedezca. En realidad, no debería preocuparme mucho. El mensaje de Adam en mi libreta podría ser sólo una parte del plan de Warner para conducirme a la locura. Me arrastro al duro suelo y paso mi puño por la arrugada pieza de papel que he estado agarrando durante dos días. Es la única esperanza que me ha mantenido y ni si quiera sé si es real. Se me están acabando las opciones. —¿Qué estás haciendo aquí? Reprimo un grito y me tropiezo, hacia arriba, hacia todos los lados, casi cercando de golpe a Adam donde está tumbado en el suelo a mi lado. Ni siquiera pude verle. —¿Juliette?

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No se mueve ni un centímetro. Su mirada fija en mí; relajada e impasible, 2 cubos de agua que riegan la medianoche. Me gustaría llorar en sus ojos. No sé como decirle la verdad. —No podía dormir aquí. ÉI no me pregunta por qué. Se empuja hacia arriba y tose un gruñido y me acuerdo de cómo ha sido herido. Me pregunto qué clase de dolor hay en él. No hago preguntas mientras agarra una almohada y la manta fuera de mi cama. Pone la almohada en el suelo. ―Túmbate. ―Es todo lo que me dice. Tranquilamente, es cómo me lo dice. Todo el día, cada día, para siempre, es cuando quiero que me lo diga. Son sólo dos palabras y no sé por qué estoy enrojeciendo. Me tumbo a pesar de las sirenas alterando mi sangre y descanso mi cabeza en la almohada. Él desliza las mantas sobre mi cuerpo. Le dejo hacerlo. Observo mientras sus brazos se curvan y flexionan en la sombra de la noche, con el brillo de la luna echando un vistazo a través de la ventana, iluminando su figura en un resplandor. Se tumba en el suelo dejando tan sólo unos pocos metros de espacio entre nosotros. No necesita mantas. No usa almohada. Aún duerme sin camisa y he descubierto que no sé cómo respirar. Me he dado cuenta de que probablemente nunca exhalé en su presencia. —No necesitas gritar más ―susurra. Cada respiración de mi cuerpo se me escapa. Curvo mis dedos ante la posibilidad de Adam en mi mano y dormir más profundamente de lo que lo he hecho en mi vida. Mis ojos son 2 ventanas rajadas abiertas por el caos de este mundo. Una fría brisa sobresalta mi piel y me siento, frotando el sueño de mis ojos, y me doy cuenta de que Adam ya no está a mi lado. Parpadeo y avanzo lentamente hacia la cama, donde reemplazo la almohada y la manta. Miro fijamente la puerta y me pregunto qué me está esperando al otro lado. Miro fijamente la ventana y me pregunto si volveré a ver un pájaro volando por ella. Miro el reloj y me pregunto qué significa estar viviendo de acuerdo a los números de nuevo. Me pregunto lo que las 6:30 de la mañana significan en este edificio.

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Decido lavar mi cara. La idea me regocija y estoy un poco avergonzada. Abro la puerta del baño y capto el reflejo de Adam en el cristal. Sus rápidas manos empujan su camisa hacia abajo antes de que tenga la oportunidad de entrar en detalles, pero vi lo suficiente como par ver lo que no podría ver en la oscuridad. Ha cubierto sus cardenales. Mis piernas se sienten rotas. No sé cómo ayudarle. Desearía poder ayudarle. —Lo siento —dice rápidamente—. No sabía que estabas despierta. —Tira del borde de su camisa como si fuera el momento para fingir que soy ciega. Asiento ante nada en absoluto. Miro a las baldosas bajo mis pies. No sé que decir. —Juliette. —Su voz abraza las letras de mi nombre tan suavemente que muero 5 veces en ese segundo. Su cara es un bosque de emoción. Mueve su cabeza—. Lo siento —dice, tan tranquilamente que estoy segura de que ciertamente lo imaginé— . No es... —Aprieta su mandíbula y lleva una nerviosa mano a través de su pelo—. Todo esto, no es... Abro la palma de la mano para él. El papel es una arrugada bola de posibilidades. —Lo sé. El alivio recorre cada rasgo de su cara y de repente sus ojos son el único consuelo que alguna vez necesitaré. Adam no me traicionó. No sé por qué, o cómo o qué o nada de nada, excepto que es todavía mi amigo. Está todavía de pie delante de mí y no me quiere muerta. Camino hacia delante y cierro la puerta. Mi boca abierta para hablar. —¡No! Mi mandíbula cae. —Espera —dice con una mano. Sus labios se mueven, pero no hacen ningún sonido. Me doy cuenta de que en la ausencia de cámaras podría todavía haber micrófonos en el baño. Adam mira alrededor y deja de mirar. La ducha son 4 paredes de burbujeante cristal y él está abriendo el cristal antes de que tenga idea alguna de lo que está pasando.

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Él gira el aerosol a plena potencia y el sonido del agua se apresura, retumbando a través de la habitación, ahogando todo lo que truena en el vacío que nos rodea. El espejo está ya empañado a causa del vapor y del mismo modo creo que estoy empezando a entender su plan, me tira en sus brazos y me eleva en la ducha. Mis gritos son vapor, jirones de suspiros que no puedo entender. El agua caliente está encharcando mi ropa. Está diluviando mi pelo y corriendo por mi cuello, pero todo lo que siento son sus manos alrededor de mi cintura. Quiero gritar por todas las razones equivocadas. Sus ojos me mantienen en mi lugar. Su urgencia enciende mis huesos. Riachuelos de agua serpentean su camino hacia los planos pulidos de su rostro y sus dedos me presionan contra la pared. Sus labios sus labios sus labios sus labios sus labios. Mis ojos están luchando por no latir con fuerza. Mis piernas han ganado el derecho a temblar. Mi piel se chamusca en cada parte dónde no me está tocando. Sus labios están tan cerca de mi oído que soy agua y todo y nada y la fusión en un deseo tan desesperado que se quema mientras lo trago. —Puedo tocarte —dice, y me pregunto por qué hay colibríes en mi corazón—. No lo entendí hasta la otra noche —murmura, y estoy demasiado borracha para digerir el peso de cualquier cosa además de su cuerpo flotando muy cerca del mío. —Juliette. —Su cuerpo se presiona más cerca y me doy cuenta de que estoy prestando atención a nada más que a los dientes de león soplando deseos en mis pulmones. Mis ojos se abren súbitamente y se lame el labio inferior durante el segundo más pequeño y algo en mi cerebro estalla a la vida. Me corta la respiración. Me corta la respiración. Me corta la respiración. —¿Qué estás haciendo...? —Juliette, por favor… —Su voz es ansiosa y mira detrás de él como si no estuviera seguro de que está solo—. La otra noche… Aprieta los labios juntos. Cierra los ojos durante la mitad de un segundo y me maravillo de la caída la caída la caída de gotas de agua caliente atrapadas en sus pestañas como las perlas forjadas a partir del dolor. Sus dedos a centímetros de los

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lados de mi cuerpo como si estuviera luchando para mantenerlos en un único lugar, como si estuviera luchando por no tocarme por todas partes, por todas partes, en todas partes y sus ojos están bebiendo el metro sesenta de mi cuerpo y yo estoy tan yo estoy tan yo estoy tan atrapada. —Por fin lo entiendo ahora —dice al oído—. Ya sé…ya sé por qué te quiere Warner. —Sus dedos son 10 puntos de electricidad matándome con algo que nunca he conocido antes. Algo que siempre he querido sentir. —¿Entonces por qué estás aquí? —susurro, rota, muriendo en sus brazos—. ¿Por qué...? —Uno, dos intentos de la inhalación—. ¿Por qué me estas tocando? —Porque puedo. —Casi quiebra una sonrisa y casi me brotan un par de alas—. Ya lo tengo. —¿El qué? ―Parpadeo, de repente poniéndome seria—. ¿Qué quieres decir? —Esa primera noche en la celda —suspira. Él mira hacia abajo—. Estabas gritando en tu sueño. Espero. Espero. Espero por siempre. —Toqué tu cara —habla en la forma de la oreja—. Tu mano. Rocé la longitud de tu brazo... —Se tira hacia atrás y sus ojos descansan en mi hombro, camino a mi codo, aterrizan en mi muñeca. Estoy suspendida en la incredulidad—. No sabía cómo despertarte. No te despertabas. Así que me senté hacia atrás y te observé. Esperé a que dejases de gritar. —Eso. Es. Imposible. —Tres palabras son todo lo que puedo manejar. Sin embargo, sus manos se convierten en brazos alrededor de mi cintura, sus labios se convierten en una mejilla presionada en mi mejilla y su cuerpo está al ras contra el mío, su piel me toca me toca me toca y no está gritando no se está muriendo, no está huyendo de mí y yo estoy llorando. Me ahogo. Estoy sacudiéndome temblando astillándome en lágrimas y me está sujetando de la forma en que nadie me ha sujetado antes. Como si me quisiera.

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—Voy a sacarte de aquí —dice, y su boca se mueve contra de mi cabello y sus manos están viajando a mis brazos y me estoy inclinando hacia atrás y él está buscando en mis ojos y debo estar soñando. —¿Por qué…por qué tú no…yo no...? —Estoy moviendo la cabeza y temblando, porque esto no puede estar pasando y sacudiendo las lágrimas pegadas a mi cara. Esto no puede ser real. Sus dulces ojos, su sonrisa desquician mis articulaciones y me gustaría saber el sabor de sus labios. Me gustaría tener el coraje para tocarle. —Me tengo que ir ―dice—. Tienes que estar vestida y abajo a las ocho. Me estoy ahogando en sus ojos y no sé qué decir. Se despega la camisa, y no sé dónde mirar. Me descubro en el panel de vidrio y presiono los ojos cerrados y parpadeo cuando algo revolotea muy cerca. Sus dedos están un momento de mi cara y estoy empapada en el ardor de la anticipación. —No tienes que mirar hacia otro lado —dice. Lo dice con una sonrisa del tamaño de Júpiter. Echo una ojeada a sus rasgos, a la sonrisa torcida que quiero saborear, al color de sus ojos que usaría para pintar un millón de imágenes. Sigo la línea de la mandíbula desde el cuello a la cima de la clavícula, memorizo las colinas y los valles esculpidos de sus brazos, la perfección de su torso. El pájaro en el pecho. El pájaro en el pecho. Un tatuaje. Un pájaro blanco con vetas de oro como con una corona sobre su cabeza. Está volando. —Adam —trato de decirle—. Adam —trato de explicarle—. Adam —trato de decirlo tantas veces y fallo. Trato de encontrar sus ojos sólo para darme cuenta de que ha estado mirándome estudiarlo. Las piezas de su rostro se presionan en las líneas de emoción tan profundas que me pregunto si debo parecerme a él. Él toca con 2 dedos mi mentón, inclina mi cara hacia arriba lo suficiente y estoy viva en el agua.

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—Voy a encontrar una manera de hablar contigo ―dice, y sus manos me están rodeando y mi cara está presionada contra su pecho y el mundo de repente es más brillante, más grande, más hermoso. El mundo de repente significa algo para mí, la posibilidad de la humanidad significa algo para mí, el universo entero se detiene en su lugar y gira en la otra dirección y yo soy el pájaro. Soy el pájaro y estoy volando.

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Capítulo 20 Traducido por Aciditax Corregido por Rodoni

S

on las 8:00 de la mañana y yo estoy usando un vestido del color de bosques muertos y latas de estaño.

El talle es más estrecho que cualquier cosa que he usado en mi vida, el corte moderno y angular, casi caprichoso; el material es rígido y grueso, pero de alguna forma respirable. Miro fijamente mis piernas y me maravilla que tenga un par. Me siento más expuesta de lo que me he sentido en toda mi vida. Durante17 años me he entrenado en cubrir cada centímetro de mi piel expuesta y Warner me está forzando a desconchar cada capa. Sólo puedo asumir que lo está haciendo a propósito. Mi cuerpo es una flor carnívora, una planta venenosa, un arma cargada con un millón de gatillos y está más que preparado para disparar. Tócame y sufre las consecuencias. Nunca ha habido excepciones para esa regla. Nunca, hasta Adam. Me deja parada y empapada en la ducha, disfrutando de un torrencial aguacero de tibias lágrimas. Miro a través del cristal borroso mientras él se seca y se desliza en su uniforme estándar. ¿Por qué él me ayuda? ¿Él me recuerda? Mi piel aún está humeante. Mis huesos están vendados en los pliegues apretados de esta extraña vestimenta, el cierre es lo único que me mantiene unida. Eso y las posibilidades de algo. Yo siempre nunca me he atrevido a soñar con eso. Mis labios siempre estarán sellados con los secretos de esta mañana, por siempre, pero mi corazón está tan lleno de confianza y admiración y paz y posibilidades ahora, que está a punto de estallar, me pregunto si rasgará el vestido.

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La esperanza me abraza, manteniéndome en sus brazos, secándome mis lágrimas y diciéndome que hoy y mañana y dentro de dos días estaré bien, estaré tan delirante y me atreveré a creerlo. Estoy sentada en un salón azul. Las paredes están empapeladas en tela del color de un cielo perfecto de verano, el suelo escondido bajo una alfombra de 5 centímetros de grosor, todo el salón estaba vacío, excepto por dos sillas de terciopelo con patrones de una constelación. Cada tono cambiante es como un moretón, como un hermoso error, como un recuerdo de lo que hizo Adam por mí. Estoy sentada sola en la silla de terciopelo en una sala azul usando un vestido hecho de aceitunas. El peso del cuaderno en mi bolsillo se siente como si estuviera balanceando una bola de boliche en mis rodillas. —Te ves preciosa. Warner se agita en la habitación como si flotara en el aire de por vida. No está acompañado por nadie. Mis ojos involuntariamente miran hacia mis zapatos deportivos y me preguntó si he roto algunas reglas por evitar los tacones en mi armario. Estoy segura que no son para los pies. Miro hacia arriba y él estaba parado frente a mí. —El verde te queda genial —dice con una estúpida sonrisa—. Realmente realza el color de tus ojos. —¿De qué color son mis ojos? —pregunté al muro. Se ríe. —No hablas en serio. —¿Cuántos años tienes? Él para de reír. —¿Qué te importa? —Soy curiosa. Toma asiento a mi lado. —No responderé tus preguntas si no me miras cuando te hablo.

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—Me quieres para torturar a las personas contra mi voluntad. Tú quieres que sea un arma para tu guerra. Me quieres convertir en un monstruo para ti —me pausé—. Mirarte me da ganas de vomitar. —Eres más terca de lo que yo pensaba. —Estoy usando tu vestido. Comí tu comida. Estoy aquí. —Desvié mis ojos para mirarlo y él estaba mirando fijamente hacía mí. Momentáneamente, fui sorprendida por el poder de su mirada. —No has hecho nada por mí —dijo tranquilamente. Estuve a punto de reír a carcajadas. —¿Por qué lo haría? Sus ojos peleaban con sus labios por el derecho de hablar. Miré para otro lado. —¿Qué estamos haciendo en este salón? —Ah. —Tomó un profundo aliento—. Desayunemos. Luego te daré tu horario. Presiona un botón en el brazo de su silla y casi instantáneamente, carros y bandejas están rodando hacia el salón por hombres y mujeres que claramente no son soldados. Sus expresiones son duras y agrietadas y demasiado delgadas para ser saludables. Rompe mi corazón justo por la mitad. —Usualmente comía solo —continúa Warner, su voz como un témpano perforado en la superficie de mis recuerdos—. Pero me imaginé que tú y yo deberíamos conocernos perfectamente. Especialmente, desde que estamos pasando tanto tiempo juntos. Las sirvientes personas que no son soldados, se van y Warner me ofrece algo en una fuente. —No estoy hambrienta. —Eso no es una opción. Miro hacia arriba y me doy cuenta que él está muy, muy serio. —No tienes permitido pasar hambre hasta matarte. No comes suficiente y te necesito saludable. No tienes permitido suicidarte. No tienes permitido hacerte daño. Tú eres demasiado valiosa para mí.

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—No soy tu juguete. —Casi le escupí. Retiró su plato hacia el carrito rodante y me sorprendió que no lo estallara en pedazos. Aclaró su garganta y en realidad podía sentir miedo. —Este proceso podía ser más fácil si tú solamente cooperarás —dijo articulando cada palabra. Cinco cinco cinco cinco cinco latidos. —El mundo está asqueado por ti —dijo moviendo sus labios con humor—. Todos los que te han conocido te han odiado. Han huido de ti. Te han abandonado. Tus propios padres te entregaron y ofrecieron tu existencia para renunciar a la autoridad. Estaban tan desesperados por deshacerse de ti, por convertirte en el problema de alguien más, de convencerse de que la abominación que ellos criaron, no era de hecho su hija. Mi cara ha sido cacheteada por unas cien manos. —Y todavía. —El ríe abiertamente ahora—. Insistes en ponerme como el chico malo. —Encuentra mis ojos—. Estoy tratando de ayudarte. Te estoy dando una oportunidad que no cualquiera te ofrecería. Estoy dispuesto a tratarte como un igual. Estoy dispuesto a darte algo que siempre has querido, y por encima de todo, puedo poner poder en tus manos. Puedo hacerlos sufrir por lo que te hicieron. —Se inclina lo suficiente—. Puedo cambiar tu mundo. Está equivocado, tan equivocado, está más equivocado que un arco iris al revés. Pero todo lo que dice es correcto. —No te atrevas a odiarme tan rápidamente —continúa—. Podrías encontrarte disfrutando esta situación un poco más de lo que previste. Por suerte para ti. Estoy dispuesto a ser paciente. —Sonríe. Se inclina hacia atrás—. Pensándolo ciertamente, no lastima que seas tan alarmantemente hermosa. Estoy empapando de pintura roja la alfombra. Es un mentiroso y un horrible, horrible, horrible ser humano y no sé si preocuparme por que tenga la razón o por que esté equivocado, o por que estoy desesperada por algo de reconocimiento de este mundo. Nadie me ha dicho algo como eso antes. Me hace querer mirarme en el espejo. —Tú y yo no somos tan diferentes como podías esperar. —Su sonrisa es tan falsa que quiero retorcerla en mi puño.

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—Tú y yo no somos tan similares como podías esperar. Sonríe tan ampliamente que no estoy segura de cómo reaccionar. —Tengo diecinueve, por cierto. —¿Disculpa? —Tengo diecinueve años —aclara—. Soy un modelo bastante impresionante para mi edad, lo sé. Recojo mi chuchara y la empujo en la materia comestible en mi plato. Ya no sé que es comida. —No tengo ningún respeto por ti. —Podrías cambiar de opinión —dijo fácilmente—. Ahora apúrate y come. Tenemos mucho trabajo que hacer.

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Capítulo 21 Traducido por sooi.luuli Corregido por Rodoni

M

atar el tiempo no es tan difícil como suena. Puedo lanzar unos cientos de números por mi pecho y verlos sangrar en puntos decimales en la palma de mi mano.

Puedo copiar los números de un reloj y ver a la manecilla de la hora marcar su tac final justo antes de dormirme. He estado asesinando minutos durante horas y a nadie parece importarle. Ha pasado una semana desde que no he dicho una palabra a Adam. Me volví hacia él una vez. Abrí mi boca sólo una vez, pero nunca tuve una oportunidad de decir algo antes de que Warner me interceptara. —No tienes permitido hablarle a los soldados —dijo—. Si tienes preguntas, puedes encontrarme. Soy la única persona de la que necesitas preocuparte mientras estés aquí. “Posesivo” no es una palabra lo suficientemente rara para Warner. Él me escolta a todos lados. Me habla demasiado. Mi programa consiste en reuniones con Warner y en comer con Warner y en escuchar a Warner. Si está ocupado, soy enviada a mi habitación. Si está libre, me encuentra. Me cuenta sobre los libros que han sido destruidos. Los artefactos que están preparando para que se quemen. Las ideas que tiene para un nuevo mundo y cómo seré de una gran ayuda para él tan pronto como esté lista. Tan pronto como me dé cuenta de cuánto quiero esto, cuánto lo quiero a él, cuánto quiero esta vida nueva, gloriosa, poderosa. Está esperando que aproveche mi potencial. Me dice cuán agradecida debería estar por su paciencia. Su amabilidad. Su disposición a entender que esta transición debe ser difícil.

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No puedo mirar a Adam. No puedo hablarle. Él duerme en mi habitación, pero no puedo verlo. Él respira tan cerca de mi cuerpo, pero no separa sus labios en mi dirección. No me sigue al baño. No deja mensajes secretos en mi cuaderno. Me estoy empezando a preguntar si me imaginé todo lo que me dijo. Necesito saber si algo ha cambiado. Necesito saber si estoy loca por mantener esta esperanza floreciendo en mi corazón y necesito saber lo que el mensaje de Adam quería decir, pero cada día que él me trata como una extraña es otro día que comienzo a dudar de mí misma. Necesito hablarle, pero no puedo. Porque ahora Warner está mirándome. Las cámaras están mirando todo. —Quiero que saques las cámaras de mi habitación. Warner deja de morder la basura de comida/porquería/desayuno en su boca. Traga con cuidado antes de inclinarse hacia atrás y mirarme a los ojos. —Absolutamente no. —Si me tratas como una prisionera —le digo—, voy a actuar como una. No me gusta ser observada. —No puedes ser confiada a tu propia cuenta. —Agarra su cuchara de nuevo. —Cada respiro que tomo es monitoreado. Hay guardias ubicados en espacios de 2 metros en todas las entradas. No tengo siquiera acceso a mi propia habitación — protesto—. Las cámaras no van a hacer una diferencia. Una extraña especie de diversión baila en sus labios. —No estás exactamente estable, ya sabes. Eres responsable de matar a alguien. —No. —Aprieto los dedos—. No… yo no lo haría… yo no maté a Jenkins. —No estoy hablando de Jenkins. —Su sonrisa es un tanque de ácido que penetra en mi piel. Él no va a dejar de mirarme. De sonreírme. De torturarme con sus ojos.

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Esta soy yo, gritando silenciosamente en mi puño. —Eso fue un accidente. —Las palabras salen de mi boca tan silenciosamente, tan silenciosamente que ni siquiera sé si realmente he hablado o si realmente aún estoy sentada aquí o si realmente tengo catorce años de nuevo de nuevo de nuevo y estoy gritando y muriendo en una piscina de recuerdos que nunca nunca nunca parece que pueda olvidar. La vi en la tienda de comestibles. Sus piernas estaban cruzadas en los tobillos, su hijo estaba con una correa que ella pensaba que él pensaba que era una mochila. Pensaba que era tan mudo/tan joven/tan inmaduro para entender que la cuerda tirando de él hacia su muñeca era un dispositivo diseñado para atraerlo a su desinteresado círculo de autosimpatía. Ella eea demasiado joven para tener un hijo, para tener esas responsabilidades, para estar enfrascada con un hijo que tiene necesidades que no se acomodan a las suyas. Su vida es tan increíblemente inaguantable, tan inmensamente multifacética, tan glamorosa para el legado de la correa de su costado como para entender. Los niños no son estúpidos, era lo que quería decirle. Quería decirle que su séptimo grito no quería decir que él estaba intentando ser desagradable, que su advertencia decimocuarta en la forma de mocoso/tú eres un gran mocoso/me estás avergonzando, pequeño mocoso/no me hagas decirle a papi que estabas siendo un mocoso que estaba fuera de lugar. No quería mirar, pero no podía evitarlo. Su rostro de 3 años se frunció con dolor, sus pequeñas manos intentaron deshacer las correas que había amarrado sobre su pecho y había ajustado tan fuerte que cayó y lloró y ella le dijo que se lo merecía. Quería preguntarle por qué haría eso. Quería hacerle tantas preguntas, pero no las hice porque ya no hablamos con las personas porque decir algo sería más extraño que no decirle nada a un extraño. Él cayó al suelo y se retorció hasta que yo había dejado caer mis manos y cada rasgo en mi rostro. Lo lamento, es lo que nunca le dije a su hijo. Pensaba que mis manos ayudaban. Pensaba que mi corazón ayudaba. Pensaba tantas cosas.

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Nunca. Nunca. Nunca. Nunca. Nunca pensé. Maté a un pequeño. Estoy clavada en mi silla de terciopelo con cerca de un millón de recuerdos y estoy obsesionada por un horror que mis manos desnudas crearon y me recuerda en cada momento que soy no deseada por alguna razón. Mis manos pueden matar gente. Mis manos pueden destruir todo. No debería tener permitido vivir. —Quiero —jadeo, luchando por tragar el puño depositado en mi garganta—, quiero que quites las cámaras. Quítalas o voy a morir luchando contigo por el derecho. —¡Finalmente! —Warner se pone de pie y estrecha sus manos como si fuera para felicitarse a sí mismo—. Me estaba preguntando cuándo te despertarías. He estado esperando por el fuego que sé que debe estar comiéndote todos los días. Estás enterrada en el odio, ¿no? ¿Enojo? ¿Frustración? ¿Con ganas de hacer algo? ¿De ser alguien? —No. —Por supuesto que sí. Igual que yo. —Te odio más de lo que alguna vez entenderé. —Vamos a hacer un excelente equipo. —No somos nada. Tú no eres nada parecido a mí… —Sé lo que quieres. —Se inclina, deja caer su voz. —Sé lo que tu pequeño corazón siempre ha esperado. Puedo darte la aceptación que buscas. Puedo ser tu amigo. —Me congelo. Titubeo. Fracaso en hablar.

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—Sé todo sobre ti, amor. —Sonríe ampliamente—. Te he querido por un largo tiempo. He esperado por siempre que estés lista. No voy a dejarte ir tan fácilmente. —No quiero ser un monstruo —digo, tal vez más por mi bien que por el suyo. —No luches contra lo que naciste para ser. —Agarra mis hombros—. Para de dejar que todos los demás te digan qué está bien y qué está mal. ¡Haz un reclamo! Te encogiste cuando podías conquistar. Tienes mucho más poder del que eres consciente y yo estoy francamente demasiado ―Sacude su cabeza— fascinado. —No soy tu fenómeno —digo bruscamente—. No actuaré por ti. Aprieta su agarre alrededor de mis brazos y no puedo librarme de él. Se inclina peligrosamente cerca de mi rostro y no sé por qué, pero no puedo respirar. —No te temo, querida —dice suavemente—. Estoy absolutamente encantado. —O sacas las cámaras o encontraré y romperé cada una de ellas. —Soy una mentirosa. Estoy mintiendo por mis dientes, pero estoy enojada y desesperada y horrorizada. Warner quiere transformarme en un animal que se aprovecha de los débiles. De los inocentes. Si él quiere que luche por él, va a tener que luchar conmigo primero. Una lenta sonrisa se extiende en su rostro. Toca con los dedos enguantados mi mejilla e inclina mi cabeza hacia arriba, atrapando mi mentón en su agarre cuando me echo hacia atrás. —Eres absolutamente deliciosa cuando estás enojada. —Lástima que mi gusto sea venenoso para tu paladar. —Estoy bullendo con disgusto de la cabeza a los dedos del pie. —Ese detalle hace a este juego mucho más atractivo. —Estás enfermo, tan enfermo… Él se ríe y libera mi mentón sólo para hacer el inventario de las partes de mi cuerpo. Sus ojos dibujan un vago recorrido por la longitud de mi cuerpo y siento la repentina urgencia de romper su bazo. —Si saco tus cámaras, ¿qué harás por mí? —Sus ojos son perversos.

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—Nada. Él sacude su cabeza. —No se hará. Podría aceptar tu propuesta si aceptas una condición. Aprieto la mandíbula. —¿Qué quieres? La sonrisa es más grande que antes. —Esa es una pregunta peligrosa. —¿Cuál es tu condición? —aclaro, impaciente. —Tócame. —¿Qué? —Mi grito es tan fuerte que se queda en mi garganta sólo para correr deprisa por la habitación. —Quiero saber exactamente de lo que eres capaz. —Su voz es firme, sus cejas tirantes, tensas. —¡No lo haré de nuevo! —exploto—. Viste lo que me hiciste hacerle a Jenkins… —Que se joda Jenkins —escupe—. Quiero que me toques… quiero sentirlo yo mismo… —No… —Estoy sacudiendo mi cabeza tan fuerte que me hace marear—. No. Nunca. Estás loco… Tú no vas a… —Tú lo harás, realmente. —No… —Tendrás que… trabajar… en un punto o en otro —dice, haciendo un esfuerzo por moderar su voz—. Incluso si tuviste que renunciar a mi condición, estás aquí por una razón, Juliette. Convencí a mi padre de que serías un recurso para El Reestablecimiento. Que serías capaz de dominar a cualquier rebelde que nosotros… —Quieres decir torturar…

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—Sí. —Sonríe—. Discúlpame, me refiero a torturar. Serás capaz de ayudarnos a torturar a cualquiera que capturemos. —Una pausa—. Infligir dolor, ya ves, es un método increíblemente eficiente de obtener información de cualquiera. ¿Y contigo? —Echa un vistazo a mis manos—. Bueno, es barato. Rápido. Efectivo. —Sonríe más ampliamente—. Y tanto como te mantengamos viva, estarás bien por al menos unas décadas. Es de mucha suerte que no estés operando con baterías. —Tú…tú… —espeté. —Deberías agradecerme. Te salvé de ese agujero enfermo de asilo… te conduje a una posición de poder. Te he dado todo lo que podías posiblemente necesitar para estar cómoda. —Dirige su mirada hacia mí—. Ahora necesito que te focalices. Necesito que renuncies a tus esperanzas de vivir como todos los demás. No eres normal. Nunca lo has sido, y nunca lo serás. Adopta quien eres. —Yo… —trago—. Yo no soy… no soy… yo… —¿Una asesina? —NO… —¿Un instrumento de tortura? —DETENTE… —Te estás mintiendo a ti misma. Estoy lista para destruirlo. Ladea la cabeza y fuerza de vuelta una sonrisa. —Has estado al borde de la locura toda tu vida, ¿o no? Tanta gente te llamaba loca que tú comenzaste a creerlo. Te preguntabas si estaban en lo cierto. Te preguntabas si podías manejarlo. Pensabas que si podías sólo intentarlo un poco más duro, ser un poco mejor, más lista, más amable… pensabas que el mundo cambiaría de opinión sobre ti. Te culpaste a ti misma por todo. Jadeo. Mi labio inferior tiembla sin mi permiso. Apenas puedo controlar la tensión en mi barbilla. No quiero decirle que está en lo correcto.

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—Has suprimido toda tu rabia y resentimiento porque querías ser querida —dice, ya sin sonreír—. Tal vez te entiendo, Juliette. Tal vez deberías confiar en mí. Tal vez deberías aceptar el hecho de que has intentado ser alguien que no eres durante mucho tiempo y que no importa lo que hiciste, esos bastardos nunca estarán felices. Nunca estuvieron satisfechos. Nunca dieron una mierda, ¿o sí? —Me mira y por un momento parece casi humano. Por un momento quiero creerle. Por un momento quiero sentarme en el piso y llorar el océano alojado en mi garganta. —Es hora de que dejes de fingir —dice, tan suavemente—. Juliette… —Toma mi rostro en sus manos enguantadas, tan inesperadamente gentil—. Ya no tienes que ser amable. Puedes destruirlos a todos ellos. Puedes derribarlos y apropiarte de todo este mundo y… Una máquina de vapor me golpea en el rostro. —No quiero destruir a nadie —le digo—. No quiero herir a las personas… —¡Pero lo merecen! —Se aleja de mí, frustrado—. ¿Cómo podrías no querer vengarte? ¿Cómo podrías no luchar de vuelta? Me pongo de pie lentamente, sacudiéndome con enojo, esperando que mis piernas no colapsen debajo de mí. —Crees que porque soy no deseada, porque estoy abandonada y… y deshecha… — Mi voz se eleva lentamente más con cada palabra, las emociones desenfrenadas de repente gritando a través de mis pulmones—. ¿Crees que no tengo un corazón? ¿Crees que no siento? ¿Crees que porque puedo infligir dolor, que debería? Eres igual que todos los demás. Crees que soy un monstruo igual que todos. No me entiendes en lo absoluto… —Juliette… —No. No quiero esto. No quiero su vida. No quiero ser nada para nadie sino yo misma. Quiero tomar mis propias decisiones y nunca he querido ser un monstruo. Mis palabras son lentas y firmes cuando hablo. —Valoro la vida humana mucho más de lo que tú lo haces, Warner.

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Abre la boca para hablar antes de detenerse. Se ríe fuerte y sacude su cabeza. Me sonríe. —¿Qué? —pregunto antes de poder detenerme. —Acabas de decir mi nombre. —Sonríe incluso más amplio—. Nunca antes te has dirigido hacia mí directamente. Eso debe significar que estoy progresando contigo. —Te acabo de decir que no… Me interrumpe. —No estoy preocupado sobre tus dilemas morales. Sólo estás ganando tiempo porque estás en la negación. No te preocupes —dice—. Lo superarás. Puedo esperar un poco más. —No estoy en la negación… —Claro que lo estás. No lo sabes aún, Juliette, pero eres una chica muy mala —dice, agarrándose el corazón—. Justo mi tipo. Esta conversación es imposible. —Hay un soldado viviendo en mi habitación. —Estoy respirando con dificultad—. Si quieres que yo esté aquí, necesitas sacar las cámaras. Los ojos de Warner se oscurecen por sólo un instante. —¿Dónde está tu soldado, de todas maneras? —No lo sé. —Espero por Dios que no me esté ruborizando—. Tú me lo asignaste. —Sí. —Se ve pensativo—. Me gusta observarte sufrir. Él te incomoda, ¿no? Pienso en las manos de Adam en mi cuerpo y sus labios tan cerca de los míos y la esencia de su piel empapada por un aguacero húmedo que nos absorbía a los dos juntos y de repente mi corazón late con fuerza en mis costillas que demandan escape. —Sí. —Dios—. Sí. Él me pone muy… incómoda. —¿Sabes por qué lo elegí? —pregunta Warner, y soy atropellada por un remolque.

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Adam fue elegido. Por supuesto que lo fue. Él no era cualquier soldado enviado a mi celda. Warner no hace nada sin razón. Él debe de saber que Adam y yo teníamos una historia. Él es más cruel y calculador de lo que le daba crédito. —No. —Inhalo—. No sé por qué. —Exhalo. No puedo olvidarme de respirar. —Él se ofreció como voluntario —dice Warner sencillamente, y estoy estupefacta por un momento—. Él dijo que había ido a la escuela contigo hace muchos años. Él dijo que probablemente no te acordarías de él, que se ve mucho más diferente ahora de lo que lo hacía entonces. Armó un caso muy convincente. —Un latido de aliento—. Dijo que estaba emocionado de escuchar que habías sido encerrada. — Warner finalmente me mira. Mis huesos son como cubos de hielo entrechocando, refrigerándome hasta mi corazón. —Estoy intrigado —dice, inclinando su cabeza mientras habla—. ¿Lo recuerdas? —No —miento, no estoy segura de que esté viva. Estoy intentando desentrañar la verdad de lo falso de los supuestos de las postulaciones, pero siguen oraciones que se retuercen en mi garganta. Adam me conocía cuando entró en la celda. Él sabía exactamente quién era yo. Él ya sabía mi nombre. Oh Oh Oh Esta era toda una trampa. —¿Esta información te… enfada? —pregunta, y yo quiero coser sus labios en una mueca permanente. No digo nada y de alguna manera es peor.

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Warner está sonriendo. —Nunca le dije, por supuesto, el por qué fue que has sido encerrada… pensé que el experimento en el manicomio debería continuar sin contaminación de información adicional… pero él dijo que siempre fuiste una amenaza para los estudiantes. Que todos siempre fueron advertidos de mantenerse lejos de ti, aunque las autoridades nunca explicaron por qué. Dijo que quería tener una mirada más de cerca del fenómeno en que te has vuelto. Mi corazón se rompe. Mis ojos destellan. Estoy tan herida tan enojada tan horrorizada tan humillada y ardiendo de indignación tan injusta que es como un fuego ardiendo dentro de mí, un fuego arrasador de esperanzas diezmadas. Quiero romper la espina dorsal de Warner en mi mano. Quiero que él sepa lo que es herir, lo que es infligir semejante agonía insoportable en otros. Quiero que conozca mi dolor y el dolor de Jenkins y el dolor de Fletcher y quiero herirlo. Porque, tal vez, Warner esté en lo cierto. Tal vez la gente lo merezca. —Sácate tu camisa. Por toda su postura, Warner se veía genuinamente sorprendido, pero él no pierde el tiempo en desabotonarse su chaqueta, sacarse sus guantes, y quitarse la camiseta de algodón fino aferrándose más cerca de su piel. Sus ojos son brillantes, asquerosamente ansiosos; no oculta su curiosidad. Warner deja caer sus ropas al piso y me mira casi de manera intimidante. Tengo que tragarme la repulsión burbujeando en mi boca. Su cuerpo perfecto. Sus ojos tan duros y hermosos como gemas congeladas. Me repulsa. Quiero su exterior para encajarlo con su interior negro y destrozado. Él camina hacia mí hasta que hay menos de un pie de distancia entre nosotros. Su altura y contextura me hace sentir como una rama caída. —¿Estás lista? —pregunta, arrogante e idiota. Considero romper su cuello. —Si hago esto sacarás todas las cámaras de mi habitación. Todos los micrófonos ocultos. Todo.

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Da un paso más cerca. Baja su cabeza. Está mirando mis labios, estudiándome de una manera completamente nueva. —Mis promesas no valen mucho, amor —susurra—. ¿O te has olvidado? —45 centímetros hacia delante. Su mano en mi cintura. Su aliento dulce y cálido en mi nuca—. Soy un mentiroso excepcional. La comprensión se precipita en mí como 200 golpes de sentido común. No debería estar haciendo esto. No debería hacer tratos con él. No debería estar considerando torturar. Dios mío, estoy perdiendo la cabeza. Mis puños se aprietan en mis costados y estoy temblando por todos lados. Apenas puedo encontrar la fuerza para hablar. —Te puedes ir al infierno. Estoy sin fuerzas. Tropiezo hacia atrás contra la pared y me desplomo en un montón de inutilidad; desesperación. Pienso en Adam y mi corazón se desinfla. Ya no puedo estar más aquí. Me muevo deprisa hacia las puertas dobles que están de cara a la habitación y las abro de un tirón antes de que Warner pueda detenerme. Pero en su lugar me detiene Adam. Está de pie justo afuera. Esperando. Vigilándome a donde quiera que vaya. Me pregunto si escuchó todo y mis ojos caen al piso, el color borrado de mi rostro, mi corazón en piezas en mi mano. Por supuesto que escuchó todo. Por supuesto que ahora sabe que soy una asesina. Un monstruo. Un alma despreciable metida en un cuerpo venenoso. Warner hizo esto a propósito. Y estoy parada entre ellos. Warner sin camiseta. Adam mirando su arma. —Soldado —habla Warner—,llévala de vuelta a su habitación e inhabilita todas las cámaras. Puede almorzar sola si quiere, pero la esperaré para la cena. Adam se queda en blanco por un momento demasiado largo. —Sí, señor.

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—¿Juliette? Me congelo. Mi espalda está hacia Warner y no me volteo. —Espero que mantengas la parte de tu trato.

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Capítulo 22 Traducido por sooi.luuli Corregido por lavi

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os toma 5 años llegar hasta el elevador. 15 más subir. Tengo un millón de años para cuando entro a mi habitación. Adam está quieto, en silencio, perfectamente armado y mecánico en sus movimientos. No hay nada en sus ojos, en sus miembros, en los movimientos de su cuerpo que indique que él sabe mi nombre. Lo veo moverse deprisa, rápido, con cuidado alrededor de la habitación, encontrando los pequeños dispositivos destinados a monitorear mi comportamiento y desactivándolos uno por uno. Si alguien pregunta por qué mis cámaras no están funcionando, Adam no se meterá en problemas. Esta orden vino de Warner. Esto lo hace oficial. Esto hace posible para mí tener algo de privacidad. Pensé que necesitaría privacidad. Soy una idiota. Adam no es el chico que recuerdo. Yo estaba en tercer grado. Me acababa de mudar al pueblo después de que me expulsaran pidieran que dejara la escuela. Mis padres siempre se mudaban, siempre se escapaban de los desastres que hacía, de las citas para jugar que había arruinado, de las amistades que nunca tuve. Nadie nunca quiso hablar sobre mi “problema”, pero el misterio que rodea mi existencia de alguna manera empeoraba las cosas. La imaginación humana es frecuentemente desastrosa cuando se la deja para que se las arregle sola. Sólo escuchaba trozos y partes de sus susurros. —¡Fenómeno! —¿Escuchaste que ella... —Qué perdedora.

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—... fue expulsada de su antigua escuela? —¡Psicópata! —Ella tiene algún tipo de enfermedad... Nadie me hablaba. Todos miraban. Era lo bastante joven para todavía llorar. Almorzaba sola, cerca de una valla metálica y nunca miraba en el espejo. Nunca quería ver el rostro que todos odiaban tanto. Las chicas solían patearme y escaparse. Los chicos solían arrojarme piedras. Aún tengo cicatrices en algunas partes. Veía el mundo pasar a través de esas vallas metálicas. Miraba a los autos y a los padres dejando a sus hijos y los momentos de los que nunca sería parte. Esto fue antes de que las enfermedades se volvieran tan comunes que la muerte era una parte natural de conversación. Esto fue antes de que nos diéramos cuenta de que las nubes eran del color equivocado, antes de que nos diéramos cuenta de que todos los animales estaban muriendo o estaban infectados, antes de que nos diéramos cuenta de que todos íbamos a morir de hambre, y rápido. Esto fue cuando todavía pensábamos que nuestros problemas tenían soluciones. Entonces, Adam era el chico que solía caminar a la escuela. Adam era el chico que se sentaba a tres hileras en frente de mí. Sus ropas eran peores que las mías, su almuerzo inexistente. Nunca lo vi comer. Una mañana, él vino a la escuela en coche. Lo sé porque lo vi siendo empujado hacia afuera desde allí. Su padre estaba borracho y conducía, gritando y agitando los puños por alguna razón. Adam estaba de pie muy quieto y miraba al suelo como si estuviera esperando algo, preparándose para lo inevitable. Vi a un padre darle una bofetada a su hijo de ocho años en el rostro. Vi a Adam caer al suelo y quedarse allí, inmóvil mientras era pateado en las costillas repetidas veces. —¡Todo es tu culpa! Es tu culpa, tuya, pedazo de mierda —gritaba una su padre y otra vez hasta que vomité ahí mismo, sobre todo un parche de dientes de león. Adam no lloró. Se quedó acurrucado en el suelo hasta que su padre se dio por vencido, hasta que se fue. Sólo una vez que se aseguró que todo el mundo se había ido su cuerpo irrumpió en tumultuosos sollozos, su pequeño rostro embadurnado en la tierra, sus brazos aferrados a su abdomen. No podía apartar la mirada. Fue entonces cuando comencé a prestarle atención a Adam Kent. —Juliette.

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Contengo mi aliento y desearía que mis manos no estuvieran temblando. Desearía que no tuviera ojos. —Juliette —dice de nuevo, esta vez incluso más suave y mi cuerpo es una licuadora y yo estoy hecha de pasta. Mis huesos duelen, duelen, duelen por su calidez. No me daré vuelta. —Siempre supiste quién era —susurro. No dice nada y yo estoy de repente desesperada por ver sus ojos. De repente, necesito ver sus ojos. Giro mi cara para mirarlo a pesar de todo sólo para verlo mirar sus manos. —Lo siento. —Es todo lo que dice. Me echo hacia atrás contra la pared y cierro mis párpados. Todo fue una actuación. Robar mi cama. Preguntar mi nombre. Preguntarme sobre mi familia. Él estaba actuando para Warner. Para los guardias. Para quién sea que estuviera observando. Ya ni siquiera sé qué creer. Necesito decirlo. Necesito sacarlo. Necesito romper mis heridas abiertas y sangrar fresca para él. —Es verdad —le digo—. Sobre el pequeño. —Mi voz está temblando mucho más de lo que pensé que lo haría—. Yo hice eso. Él está en silencio por un rato. —Nunca lo entendí antes. Cuando escuché sobre eso por primera vez. No me di cuenta hasta ahora de lo que tuvo que haber pasado. —¿Qué? —Nunca supe que podía parpadear tanto. —Nunca tuvo sentido para mí —dice, y cada palabra me patea en el vientre. Él levanta la vista y se ve más angustiado de lo que alguna vez quise que lo esté—. Cuando escuché sobre eso. Todos escuchamos sobre eso. Toda la escuela… —Fue un accidente —suelto, esperando no fracasar—. Él… e-él se cayó… y yo estaba intentando ayudarlo… y yo sólo… no… pensé… —Lo sé. —¿Qué? —jadeo tan alto que me trago la habitación entera en un aliento. —Te creo —me dice.

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—¿Qué?... ¿por qué? —Mis ojos parpadean las lágrimas, mis manos temblorosas, mi corazón lleno de esperanza aprensiva. Él se muerde su labio inferior. Aparta la mirada. Camina hasta la pared. Abre y cierra su boca varias veces antes de que las palabras salgan volando. —Porque te conocía, Juliette… yo… Dios… yo sólo… —Cubre su boca con la mano, deja caer sus dedos a su cuello. Se frota la frente, cierra los ojos, frunce los labios. Los fuerza a abrirse—. Ese era el día en que iba a hablarte. —Una extraña especie de sonrisa. Una extraña especie de risa. Se pasa una mano por su pelo. Levanta la vista al techo. Me da la espalda—. Finalmente, iba a hablarte. Finalmente, iba a hablarte y yo… —Sacude su cabeza con fuerza, e intenta otra risa de pena—. Dios, no me recuerdas. Cientos de miles de segundos pasan y yo no puedo dejar de morir. Quiero reír y llorar y gritar y correr y no puedo elegir cuál hacer primero. Confieso. —Por supuesto que te recuerdo. —Mi voz es un susurro estrangulado. Presiono mis ojos hasta cerrarlos. Te recuerdo siempre, todos los días, en cada momento destrozado de mi vida—. Fuiste el único que alguna vez me vio como un ser humano. Nunca me habló. Nunca me dirigió ni una sola palabra, pero era el único que se atrevía a sentarse cerca de mi valla. Él era el único que me defendía, la única persona que luchaba por mí, él único que le había dado un puñetazo a alguien en su rostro por arrojar una piedra en mi cabeza. Ni siquiera sabía cómo agradecerte. Él era lo más cercano a un amigo que nunca tuve. Abro mis ojos y está de pie justo en frente de mí. Mi corazón es un campo de lirios floreciendo bajo un panel de vidrio, repiqueteando a la vida como una carrera de gotas de lluvia. Su mandíbula está tan dura como sus ojos, tan apretada como sus puños, tan dura como la tensión en sus brazos. —¿Tú siempre lo has sabido? —Tres palabras susurradas y él ha roto mi presa, abierto mis labios y robado mi corazón una vez más. Apenas puedo sentir las lágrimas corriendo por mi rostro. —Adam. —Intento reír y mis labios disparan un sollozo ahogado—. Reconocería tus ojos en cualquier lugar del mundo. Y eso es todo.

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Esta vez no hay autocontrol. Esta vez estoy en sus brazos y contra la pared y estoy temblando en todas partes y él es tan gentil, tan cuidadoso, tocándome como si estuviera hecha de porcelana y yo quiero hacerme pedazo. Está recorriendo sus manos por mi cuerpo, recorriendo sus ojos por mi rostro, corriendo vueltas con su corazón y yo estoy corriendo maratones con mi mente. Todo está en llamas. Mis mejillas, mis manos, la boca de mi estómago y yo me estoy ahogando en olas de emoción y en una tormenta de lluvia fresca y todo lo que siento es la fuerza de su silueta contra la mía y que nunca jamás, jamás, jamás quiero olvidar este momento. Quiero fijarlo en mi piel y guardarlo por siempre. Él toma mis manos y presiona mis palmas en su rostro y sé que nunca supe la belleza del sentimiento humano antes de esto. Sé que aún estoy llorando cuando mis ojos revolotean cerrados. Susurro su nombre. Y él está respirando con más fuerza que yo y de repente sus labios están en mi cuello y yo estoy jadeando y muriendo y agarrando sus brazos y él me está tocando, me está tocando, me está tocando y yo soy el trueno y el rayo y me estoy preguntando cuándo diablos me voy a despertar. Una vez, dos veces, unas cientos de veces sus labios saborean mi nuca y me pregunto si es posible morir de euforia. Encuentra mis ojos sólo una vez para ahuecar mi rostro entre sus manos y me estoy ruborizando a través de esas paredes de placer y dolor e imposibilidad. —He querido besarte durante mucho tiempo. —Su voz es ronca, desigual, profunda en mi oído. Estoy congelada con anticipación, con expectación y estoy tan preocupada de que me bese, de que no me bese. Estoy mirando sus labios y no me doy cuenta de cuán cerca estamos hasta que somos separados. 3 chirridos electrónicos distintos reverberan alrededor de la habitación y Adam mira más allá de mí como si por un momento no pudiera entender dónde está. Pestañea. Y corre hacia el intercomunicador para presionar los botones adecuados. Me doy cuenta de que está respirando con dificultad. Estoy temblando en mi piel. —Nombre y número —demanda la voz del intercomunicador.

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—Kent, Adam. 45B-86659. Una pausa. —Soldado, ¿es consciente de que las cámaras en su habitación han sido desactivadas? —Sí, señor. Me dieron órdenes estrictas de que desmantele los dispositivos. —¿Quién dio esta orden? —Warner, señor. Una pausa más larga. —Verificaremos y confirmaremos. La manipulación no autorizada de dispositivos de seguridad podría resultarle una expulsión deshonrosa inmediata, soldado. Espero que sea consciente de eso. —Sí, señor. La línea se silencia. Adam se desploma contra la pared, su pecho subiendo y bajando. No estoy segura pero podría haber jurado que sus labios se curvaron en la más diminuta sonrisa. Cierra los ojos y exhala. No estoy segura de qué hacer con el alivio que cae en mis manos. —Ven aquí —dice, sus ojos aún cerrados. Voy de puntillas hacia delante y me atrae hacia sus brazos. Respira el aroma de mi pelo y besa el costado de mi cabeza y nunca he sentido algo tan increíble en mi vida. Ya ni siquiera soy humana. Soy mucho más. El sol y la luna han emergido y la tierra está al revés. Siento como si pudiera ser exactamente quien quiero ser en sus brazos. Él me hace olvidar el terror que soy capaz de hacer. —Juliette —susurra en mi oído—, tenemos que largarnos de aquí.

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Capítulo 23 Traducido por Susanauribe Corregido por Aciditax

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engo 14 años de nuevo y estoy mirando la parte posterior de su cabeza en un pequeño salón de clases. Tengo 14 años y he estado enamorada de Adam Kent durante años.

Me aseguré de ser extracuidadosa, de ser extrasilenciosa, de ser extracooperativa porque no quería mudarme de nuevo. No quería dejar la escuela con el único rostro amigable que había conocido. Lo miré crecer un poco más cada día, un poco más alto cada día, un poco más fuerte, un poco más rudo, un poco más callado cada día. Por fin, se volvió lo suficientemente grande para golpear a su padre, pero nadie en verdad sabe qué le pasó a su madre. Los estudiantes lo rechazaron, lo perseguían hasta que él peleaba en defensa, hasta que la presión del mundo finalmente lo rompió. Pero sus ojos se quedaron igual. Siempre los mismos cuando me miraba. Amables. Compasivos. Desesperados por entender. Pero él nunca hacía preguntas. Nunca me presionó por una palabra. Sólo se aseguró de estar lo suficientemente cerca para asustar a todos los demás. Pensé que tal vez yo no era tan mala. Tal vez. Pensé que él tal vez vio algo en mí. Pensé que tal vez yo no era tan horrible como decían que era. No había tocado a nadie en años. No me atrevía a acercarme a las personas. No lo podía arriesgar. Hasta que un día lo hice, y arruiné todo. Maté a un niñito en un supermercado simplemente al ayudarlo a ponerse de pie. Al tomar sus pequeñas manos. No entendía por qué él estaba gritando. Fue mi primera experiencia tocando a alguien por un periodo de tiempo tan largo y no entendí que me estaba pasando. Las pocas veces que había puesto mis manos en alguien accidentalmente siempre las había retirado. Las retiré cuando recordé que no se suponía que tocara a alguien. Tan pronto como escuché el primer grito escapando de sus labios.

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El pequeño era diferente. Quería ayudarlo. Sentí como una ola de odio repentino hacia su madre por su negligencia ante su llanto. Su falta de compasión como madre me devastó y me recordó mucho a mi madre. Sólo quería ayudarlo. Quería que supiera que alguien más estaba escuchando… que a alguien más le importaba. No entendí porque se sintió tan extraño y excitante tocarlo. No sabía que estaba drenando su vida y no pude comprender por qué él se había vuelto sin vida y callado en mis brazos. Pensé que tal vez la oleada de poder y sentimiento positivo significaba que había sido curada de mi terrible enfermedad. Pensé tantas cosas estúpidas y lo arruiné todo. Pensé que estaba ayudando. Pasé los tres años siguientes en hospitales, oficinas de abogados, centros de detención juvenil, y sufrí por las píldoras y terapias de electroshock. Nada funcionó. Nadie ayudó. Aparte de matarme, encerrarme en una institución era la única solución. La única forma de proteger a la población del terror de Juliette. Hasta que se paró en mi celda, no había visto a Adam Kent en tres años. Y lucía diferente. Más fuerte, alto, fuerte, formado, tatuado. Está musculoso, maduro, callado y rápido. Es como si no pudiera permitirse estar relajado, suave o lento. No podía hacer nada excepto ser musculoso, nada menos que fuerza y eficiencia. Las líneas de su rostro son suaves, precisas y talladas en forma por los años de vida dura, entrenando y tratando de sobrevivir. Ya no es un chico pequeño. No tiene miedo. Está en el ejército. Pero no es tan diferente, tampoco. Todavía tiene los ojos azules más inusuales que he visto. Oscuros, profundos y empapados de pasión. Siempre me pregunté cómo sería ver el mundo por unos ojos tan hermosos. Me pregunté si el color de tus ojos significaba que veías el mundo de manera diferente. Si el mundo te veía diferente como resultado. Debería haber sabido que era él cuando apareció en mi celda. Una parte de mí murió. Pero traté muy fuerte de reprimir los recuerdos de mi pasado que me rehusé a creer que era posible. Porque una parte de mí no quería recordar. Una parte de mí estaba muy asustada de ilusionarme. Una parte de mí no sabía si había ninguna diferencia en saber que era él, después de todo. A menudo me pregunto cómo me veo.

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Me pregunto si sólo soy una sombra perforada de la persona que era antes. No me he mirado en el espejo en tres años. Estoy tan asustada de lo que veré. Alguien toca la puerta. Soy catapultada por la habitación por mi miedo. Adam pone su mirada en mí antes de abrir la puerta y yo decido retirarme en la esquina lejana de la habitación. Agudizo mis oídos sólo para escuchar suaves voces de murmullo, tonos bajos, y alguien aclarándose su garganta. No estoy segura de qué hacer. —Iré en un minuto. —Adam dice un poco fuerte. Me doy cuenta de que están tratando de terminar la conversación. —Vamos, amigo, sólo quiero verla. —Ella no es un jodido espectáculo, Kenji. Sal de aquí. —Espera… sólo dime esto: ¿enciende cosas con su mirada? —Kenji se ríe y yo me encojo, cayendo al suelo detrás de la cama. Me hago una bola y trato de no escuchar el resto de la conversación. Fallo. Adam suspira. Puedo imaginarlo frotándose su frente. —Sólo sal de aquí. Kenji lucha por amortiguar su risa. —Demonios, ¿eres sensible de repente, huh? Hombre, salir con una chica te está cambiando. Adam dice algo que no puedo escuchar. La puerta se azota al cerrarse. Alzo la mirada desde mi escondite. Adam parece avergonzado. Mis mejillas se vuelven rosas. Estudio los hilos entrelazados del fino tapete de lana debajo de mis pies. Toco el trapo y espero a que él hable. Me pongo de pie para mirar por el pequeño cuadrado de la ventana sólo para encontrar el crudo telón de fondo de una ciudad destruida. Recuesto mi frente contra el vidrio. Cubos de metal están agrupados en la distancia: complejos albergando civiles envueltos en múltiples capas, tratando de encontrar refugio del frío. Una madre sosteniendo la mano de un pequeño niño. Soldados de pie encima de ellos, quietos

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como estatuas, rifles en posición y listos para disparar. Montones y montones y montones de basura, peligrosos trozos de metal y acero brillando en el suelo. Solitarios árboles, moviéndose con el viento. La mano de Adam se desliza alrededor de mi cintura. Sus labios están en mi oído y no dice nada en absoluto, pero me derrito hasta que soy un puñado de mantequilla caliente chorreando por su cuerpo. Quiero comer cada minuto de este momento. Me permito cerrar mis ojos contra la verdad afuera de mi ventana. Sólo por un ratito. Adam toma una profunda respiración y me acerca aun más. Estoy moldeada en la forma de su silueta; sus manos rodeando mi cintura y su mejilla está contra mi cabeza. —Se siente increíble. Trato de reírme, pero parece que se me ha olvidado cómo se hace. —Esas son palabras que nunca pensé escuchar. Adam me da la vuelta así que estoy frente a él, y de repente estoy mirando y no mirando a su rostro, estoy abrazada por un millón de llamas y trago un millón más. Me está mirando como si nunca me hubiera visto antes. Quiero lavar mi alma en la profundidad azul de sus ojos. Él inclina su frente hasta que descansa contra la mía y nuestros labios no están lo suficientemente cerca. Susurra: —¿Cómo estás? —Y quiero besar cada hermoso latido de su corazón. ¿Cómo estás? Dos palabras que nadie me ha preguntado. —Quiero salir de aquí. —Es todo en lo que puedo pensar. Me aprieta contra su pecho y me maravillo ante el poder, la gloria, el asombro en un movimiento tan simple. Se siente como un bloque de fuerza de 1.80 metros de alto. Cada mariposa del mundo ha migrado a mi estómago. —Juliette. Me inclino hacia atrás para mirar su rostro. —¿Estás segura acerca de irte? —me pregunta. Sus dedos acarician un lado de mi mejilla. Mete un mechón de cabello detrás de mi oreja—. ¿Entiendes los riesgos?

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Tomo una profunda respiración. Sé que el riesgo real es la muerte. —Sí. Él asiente. Sus ojos y voz bajan. —Las tropas se están movilizando por una especie de ataque. Ha habido un montón de protestas de grupos que antes estaban callados, y nuestro trabajo es arrasar con la resistencia. Creo que quieren que este ataque sea el último —añade en voz baja—. Algo enorme está sucediendo, y no estoy seguro de qué es, no todavía. Pero lo que sea, tenemos que estar preparados para irnos cuando lo estén ellos. Me congelo. —¿Qué quieres decir? —Cuando las tropas estén listas para partir, tú y yo deberíamos estar listos para huir. Es la única forma de salir que nos dará tiempo para desaparecer. Todos estarán muy concentrados en el ataque, nos comprará algo de tiempo antes que noten que no estamos o podríamos conseguir a mucha gente buscándonos. —¿Pero… quieres decir… vendrás conmigo? ¿Estarías dispuesto a hacer eso por mí? Él sonríe con una sonrisita pequeña. Sus labios se mueven como si estuviera tratando de no reírse. Sus ojos se suavizan mientras estudian los míos. —Hay muy pocas cosas que no haría por ti. Tomo una profunda respiración y cierro mis ojos, tocando su pecho con mis dedos, imaginando el pájaro volando por su piel, y le hago la pregunta que más me asusta. —¿Por qué? —¿Qué quieres decir? —Da un paso hacia atrás. —¿Por qué, Adam? ¿Por qué te importa? ¿Por qué quieres ayudarme? No lo entiendo, no sé por qué estarías dispuesto a arriesgar tu vida… Pero entonces sus brazos están alrededor de mi cintura, y me sostiene tan cerca y sus labios están en mi oído y dice mi nombre, una, dos veces y no tenía idea de que podía prenderme tan rápido. Su boca está sonriendo contra mi piel. —¿No? No sé nada, es por eso que le diría que no tengo idea de cómo hablar. Él se ríe un poco y se mueve hacia atrás. Toma mi mano y la estudia.

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—¿Recuerdas en cuarto grado —dice—, cuando Molly Carter se inscribió para el viaje escolar muy tarde?, ¿y todos los asientos estaban llenos, y se quedo afuera del bus, llorando porque quería ir? No espera mi respuesta. —Recuerdo que saliste del bus. Le ofreciste tu asiento y ella ni siquiera te dijo gracias. Te observé de pie en la acera mientras nos íbamos. Ya no estoy respirando. —¿Recuerdas en quinto grado? ¿Esa semana que los padres de Dana casi se divorcian? Ella venía a la escuela todos los días sin su almuerzo. Y le ofrecías el tuyo. —Hace una pausa—. Tan pronto como la semana terminó volvió a fingir que no existías. Todavía no respiro. —En séptimo grado, Shelly Morrison, fue atrapada copiando de tu examen de matemáticas. Ella seguía gritando que si reprobaba, su padre la mataría. Le dijiste al profesor que tú eras la que estaba copiando de su examen. Obtuviste un cero en el examen, y detención por una semana. —Levanta su cabeza, pero no me mira—. Tuviste moretones en tus brazos durante al menos un mes después de eso. Siempre me pregunté de dónde venían. Mi corazón está latiendo muy fuerte. Peligrosamente fuerte. Flexiono mis dedos para evitar que tiemblen. Aseguro mi mandíbula y limpio mi rostro de emociones pero no puedo ralentizar el golpeteo en mi pecho sin importar cuan fuerte trato. —Un millón de veces —dice, su voz ahora es callada—. Te vi hacer cosas como esas un millón de veces. Pero nunca dijiste nada a menos que te forzaran. —Se ríe de nuevo, esta vez del tipo de risa fuerte y pesada. Está mirando a un punto justamente encima de mi hombro—. Nunca le pediste nada a nadie. —Sus ojos finalmente me encuentran—. No tienes idea de cuanto he pensado en ti. Cuantas veces he soñado… —Dejó escapar una tensa respiración—. Cuantas veces he soñado con estar así de cerca contigo. Se mueve para pasar una mano por su pelo antes de cambiar de pensamiento. Mira hacia arriba. Mira hacia abajo. —Dios, Juliette, te seguiría a cualquier parte. Eres la única cosa buena que queda en este mundo.

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Me estoy rogando por no romper a llorar y no sé si está funcionando. Estoy completamente rota y pegada de nuevo y sonrojándome en todas partes y apenas puedo encontrar la fuerza para encontrar su mirada. —Tenemos tres semanas máximo —dice—. No creo que puedan controlar la turba por más. Asiento. Pestañeo. Descanso mi cabeza contra su pecho y pretendo que no estoy llorando. 3 semanas.

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Capítulo 24

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Traducido por Susanauribe & sooi.luuli Corregido por Aciditax.

semanas pasan. 2 semanas de vestidos, duchas y comidas que quiero lanzar por la habitación. 2 semanas de Warner sonriendo y tocando mi cintura, riendo y acariciando mi espalda, asegurándose de que luzca bien y camine junto a él. Él cree que soy su trofeo. Su arma secreta. Tengo que ahogar la urgencia de romper sus nudillos en el concreto. Pero le ofrezco 2 semanas de cooperación porque en 1 semana me iré. Con suerte. Pero entonces, más que todo lo demás, he encontrado que no odio a Warner como pensé que lo hacía. Siento lástima por él. Encuentra cierto consuelo en mi compañía; él cree que me puedo relacionar con él y sus nociones perversas, su cruel educación, su ausente y simultáneamente demandante padre. Pero él nunca dijo nada sobre su madre. Adam dice que nadie sabe sobre la mamá de Warner, ella ni siquiera ha sido discutida y nadie tiene idea de quién es. Dice que Warner es sólo conocido por ser la consecuencia de un despiadado padre, y un deseo frío y calculado por el poder. Odia a los hijos felices con sus padres felices viviendo sus felices vidas. Creo que Warner cree que lo entiendo. Que lo entiendo a él. Lo hago. Y no lo hago. Porque no somos iguales. Yo quiero algo mejor. Adam y yo tenemos poco tiempo juntos, excepto en la noche. E incluso entonces, no tanto. Warner me observa más de cerca cada día; inutilizar las cámaras lo hizo más reticente. Siempre está entrando a mi habitación inesperadamente, llevándome en tours innecesarios por el edificio, hablando sobre nada más que sus planes y sus planes para hacer más planes y cómo juntos conquistaremos el mundo. No finjo que me importa.

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Tal vez soy yo quién está haciendo esto peor. —No puedo creer que Warner en verdad accediese a quitarte las cámaras —me dijo Adam una noche. —Él está loco. No es racional. Está enfermo en una forma que nunca entenderé. Adam suspiró. —Está obsesionado contigo. —¿Qué? —Casi me parto el cuello de sorpresa. —Eres de lo que él siempre habla. —Adam estuvo en silencio un momento, su mandíbula demasiado apretada—. Escuché historias sobre ti incluso antes de que llegaras. Es por eso que me involucré, es por eso me que ofrecí de voluntario para ir por ti. Warner pasó meses recolectando información sobre ti: direcciones, registros médicos, historias personales, relaciones familiares, certificados de nacimiento, exámenes de sangre. Todo el ejército estaba hablando sobre su nuevo proyecto: todos sabían que estaba buscando a la chica que mató al pequeñito en el supermercado. Una chica llamada Juliette. Contuve mi aliento. Adam negó con su cabeza. —Sabía que eras tú. Tenías que serlo. Le pregunté a Warner si podía ayudar con el proyecto, le dije que había ido a la escuela contigo, que había escuchado sobre el niñito, que te había visto en persona. —Se rió con una risa fuerte—. Warner estaba emocionado. Pensó que haría el experimento más interesante —añadió, asqueado— . Y supe que si quería reclamarte como una especie de proyecto enfermizo… — Vaciló. Apartó la Mirada. Pasó una mano por su cabello—. Sólo sabía que tenía que hacer algo. Pensé que podía intentar ayudar. Pero ahora se está volviendo peor. Warner no deja de hablar sobre lo que eres capaz o cuán valiosa eres en sus intentos y cuán emocionado está por tenerte aquí. Todos están empezando a notarlo. Warner es despiadado, no tiene piedad de nadie. Ama el poder, la emoción de destruir a las personas. Pero él está empezando a romperse, Juliette. Está tan desesperado por tenerte… porque te le unas. Y por todas sus amenazas, no quiere forzarte. Quiere que lo quieras. Que lo escojas a él, de todos modos. —Miró hacia abajo, tomando una tensa respiración—. Está perdiendo el control. Y cuando veo su rostro siempre estoy a dos centímetros de hacer algo estúpido, me encantaría romper su mandíbula. Sí. Warner está perdiendo el control. Está paranoico, aunque con buena razón. Pero es paciente e impaciente conmigo. Emocionado y nervioso al mismo tiempo.

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Él es un oxímoron andante. Desactiva mis cámaras, pero algunas noches le ordena a Adam que duerma fuera de mi puerta para asegurarse de que yo no escape. Dice que puedo almorzar sola, pero siempre termina convocándome a su lado. Las pocas horas que Adam y yo tendríamos juntos nos son robadas, pero pocas noches a Adam se le permite dormir en mi habitación, así que me las arreglo para pasarlas acurrucada en sus brazos. Ambos dormimos en el suelo ahora, envueltos en el otro por calor incluso con la sábana cubriendo nuestros cuerpos. Cada vez que me toca es como una oleada de fuego y electricidad que enciende mis huesos en la manera más asombrosa. Es la clase de sensación que desearía que pudiera sostener en mis manos. Adam me cuenta sobre nuevos sucesos, susurra lo que ha escuchado de otros soldados. Me dice como hay múltiples sedes por lo que queda del país. Cómo el padre de Warner está en la capital, cómo deja a su hijo a cargo de todo este sector. Dice que Warner odia a su padre, pero ama el poder. La destrucción. La devastación. Él acaricia mi cabello y me cuenta historias y me arropa cerca como si tuviera miedo de que fuera a desaparecer. Pinta dibujos de personas y lugares hasta que me quedo dormida, hasta que me estoy ahogando en una droga de sueños por escapar a un mundo sin refugios, sin alivio, sin liberación excepto sus consuelos en mi oído. Dormir es la única cosa que ansío en estos días. Apenas puedo recordar por qué solía gritar. Las cosas se están volviendo tan cómodas y yo estoy comenzando a entrar en pánico. —Ponte esas —me dice Warner. El desayuno en la habitación azul se ha vuelto rutina. Como y no pregunto de dónde viene la comida, ya sea o no que los trabajadores estén pagados para que la hagan, cómo este edificio se las arregla para mantener tantas vidas, bombear tanta agua, o usar tanta electricidad. Ahora espero mi momento. Coopero. Warner no me pide que lo toque de nuevo, y yo no me ofrezco. —¿Para qué son? —Miro los pequeños trozos de tela en sus manos y siento una punzada nerviosa en mi estómago. Él sonríe con una lenta y furtiva sonrisa. —Un examen de aptitud. —Agarra mi muñeca y deposita el bulto en mi mano—. Me daré la vuelta, sólo por esta vez. Estoy demasiado nerviosa como para estar disgustada con él

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Mis manos se sacuden mientras me cambio al conjunto que resulta ser un diminuto top y shorts más diminutos. Estoy prácticamente desnuda. Estoy prácticamente convulsionándome de miedo por lo que esto pueda significar. Me aclaro la garganta con el más ligero indicio y Warner se da vuelta. Se toma demasiado tiempo para hablar; sus ojos están ocupados viajando por la hoja de ruta de mi cuerpo. Quiero hacer pedazos la alfombra y coserla en mi piel. Él sonríe y me ofrece su mano. Soy granito y piedra caliza y vidrio de mármol. No me muevo. Él deja caer su mano. Ladea la cabeza. —Sígueme. Warner abre la puerta. Adam está de pie afuera. Se ha vuelto tan bueno en enmascarar sus emociones que apenas registro la mirada de shock que entra y sale de sus facciones. Nada excepto la tensión en su frente, la tensión en sus sienes, lo delata. Él sabe que algo no está bien. Él en verdad voltea su cuello para mantener mi apariencia. Se pone en blanco. —¿Señor? —Continúe dónde está, soldado. Me la llevaré de aquí. Adam no contesta no contesta no contesta... —Sí, señor —dice, su voz de repente ronca. Siento sus ojos sobre mí mientras me dispongo por el pasillo. Warner me lleva a algún lugar nuevo. Estamos caminando por corredores que nunca he visto, más oscuros y sombríos y estrechos mientras paso. Me doy cuenta de que nos estamos dirigiendo hacia abajo. Hacia un sótano. Atravesamos 1, 2, 4 puertas de metal. Soldados por todas partes, sus ojos en todas partes, evaluándome con miedo y con algo más que preferiría no considerar. Me he dado cuenta de que hay muchas mujeres en este edificio. Si alguna vez hubiera un lugar para estar agradecida de ser intocable, sería este. Es la única razón de que tenga asilo de los ojos predadores de cientos de hombres. Es la única razón por la que Adam se está quedando conmigo, porque Warner cree que Adam es un cartón recortable de regurgitaciones de vainilla. Piensa que Adam es una máquina aceitada de pedidos y demandas. Piensa que Adam es un recuerdo

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de mi pasado, y lo usa para incomodarme. Nunca imaginaría que Adam podría descansar un dedo en mí. Nadie lo imaginaría. Todos con los que me encuentro están absolutamente petrificados. La oscuridad es como un lienzo negro perforado por un cuchillo sin filo, con rayos de luz mirando a través. Me recuerda demasiado a mi antigua celda. Mi piel se tensa con miedo incontrolable. Estoy rodeada de armas. —Ahora entras tú —dice Warner. Soy empujada hacia una habitación vacía que huele ligeramente a moho. Alguien golpea un interruptor y luces fluorescentes parpadean para revelar paredes color amarillo pastoso y la alfombra del color de la hierba muerta. La puerta se cierra de golpe detrás de mí. No hay nada excepto telarañas y un gran espejo en esta habitación. El espejo es de la mitad del tamaño de la pared. Instintivamente sé que Warner y sus cómplices deben de estar observándome. Sólo que no sé por qué. Hay secretos por todas partes. No hay respuestas por ninguna parte Tintineos/crujidos/chirridos mecánicos y desplazamientos sacuden el espacio en el que estoy. El suelo retumba a la vida. La celda tiembla con la promesa del caos. Clavos de metal están de repente por todas partes, esparcidos por la habitación, perforando cada superficie en todas las diferentes alturas. Cada varios segundos desaparecen sólo para reaparecer con una sacudida repentina de horror, cortando el aire como agujas. Me doy cuenta de que estoy de pie en una cámara de tortura. La estática y la retroalimentación de los altavoces son más viejas que mi corazón muerto chirriando a la vida. Soy un caballo de carreras galopando hacia una línea final falsa, respirando con dificultad por el triunfo de alguien más. —¿Estás lista? —Hace eco por la habitación la voz amplificada de Warner. —¿Para qué se supone que esté lista? —grito en el espacio vacío, segura de que alguien puede escucharme. Estoy calmada. Estoy calmada. Estoy calmada. Estoy petrificada. —Teníamos un trato, ¿recuerdas? —responde la habitación. —¿Qué…?

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—Desactivé tus cámaras. Ahora es tu turno de mantener tu parte del trato. —¡No te tocaré! —grito, girando en el lugar, aterrorizada, horrorizada, preocupada por que tal vez me desmaye en cualquier momento. —Eso es correcto —dice él—. Voy a enviar a mi remplazo. —La puerta se abre chirriando y entra un niño como un pato, usando nada excepto un pañal. Está con los ojos vendados y con sollozos, estremeciéndose de miedo. Un alfiler pone mi existencia en la nada. —Si no lo salvas —Las palabras de Warner crepitan a través de la habitación—, nosotros no lo haremos, tampoco. Este chico. Él debe de tener una madre, un padre, alguien que lo ama este chico este chico este chico tropezando hacia delante con terror. Él podría ser lanzado a través de una estalagmita de metal en cualquier segundo. Salvarlo es simple: necesito agarrarlo, encontrar un espacio seguro de suelo, y mantenerlo en mis brazos hasta que el experimento termine. Hay un único problema. Si lo toco, podría morir.

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Capítulo 25 Traducido por Rodoni Corregido por Aciditax

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arner sabe que no tengo opción. Quiere forzarme a otra situación donde pueda ver el impacto de mis capacidades, y no tiene problema en torturar a un niño inocente para obtener exactamente lo que quiere.

En estos momentos no tengo opciones. Tengo que tener una oportunidad antes de que este niño dé un paso en la dirección equivocada. Rápidamente memorizo todo lo que puedo de trampas y maniobras/saltos/flechas para evitar los picos hasta que estoy tan cerca como me sea posible. Tomo una profunda y temblorosa respiración y me centro en las extremidades temblantes del niño en frente de mí y pido a Dios que esté tomando la decisión correcta. Estoy a punto de jalarme la camisa para usarla como una barrera entre nosotros cuando me doy cuenta de la ligera vibración en el suelo. El temblor que precede al terror. Sé que tengo un medio segundo antes de que los picos corten a través del aire y aún menos tiempo para reaccionar. Lo tiro hacia arriba y en mis brazos. Sus gritos perforan a través de mí como si yo estuviera disparando una bala por segundo hasta la muerte. Él está arañando mis brazos, mi pecho, pateando mi cuerpo tan duro como puede, gritando de dolor hasta que el dolor lo paralizo. Él se debilita en mis manos y me estoy rompiendo a pedazos, mis ojos, mis huesos, mis venas todas borbotando fuera de su lugar, todo girando en mí para torturarme por siempre con el recuerdo del horror del que soy responsable. El dolor y el poder están sangrando a través de su cuerpo hasta el mío, sacudiendo a través de sus miembros y chocando contra los míos hasta que estuvieron a punto de caer. Es como volver a vivir una pesadilla que he pasado 3 años tratando de olvidar.

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―Absolutamente increíble ―suspira Warner a través de los altavoces, y me doy cuenta que tenía razón. Él debe estar mirando a través de un espejo de dos vías―. Brillante, amor. Estoy muy impresionado. Estoy muy desesperada como para ser capaz de concentrarme en Warner en estos momentos. No tengo idea de cuánto tiempo va a durar este juego enfermizo, y lo que necesito es disminuir la cantidad de piel que estoy exponiendo al cuerpo de este niño. Mi escaso atuendo tiene tanto sentido ahora. Lo reorganizo en mis brazos y me las arreglo para agarrar el pañal. Lo estoy sosteniendo con la palma de mi mano. Estoy desesperada en creer que no pude haberle tocado lo suficiente como para causar graves daños. Suelta un hipo, y su cuerpo se estremece de nuevo a la vida. Podría llorar de felicidad. Pero entonces los gritos empiezan de nuevo otra vez, ya no llora por la tortura, sino de miedo. Está desesperado por escapar de mí y yo estoy perdiendo mi agarre, mi muñeca está a punto de romperse por el esfuerzo. No me atrevo a quitarle la venda. Prefiero morir que permitirle ver este espacio, ver mi cara. Cierro la mandíbula tan rápido que temo haberme roto los dientes. Si lo pongo abajo, empezará a correr. Y si comienza a correr, estará acabado. Tengo que seguir sosteniéndolo. El rugido de un viejo silbido mecánico revive mi corazón. Los picos caen al suelo, uno por uno hasta que todos ellos han desaparecido. La habitación es inofensiva una vez más con tanta rapidez que me temo que pude haberme imaginado el peligro. Dejo caer al chico en el suelo y me muerdo los labios para tragar el dolor que brota de mi muñeca. El niño empieza a correr y accidentalmente se tropieza con mis piernas desnudas. Él grita y se estremece y cae al suelo, acurrucado sobre sí mismo, sollozando hasta que considero destruirme a mí misma, librarme de este mundo. Las lágrimas están fluyendo rápidamente por mi cara y no quiero nada más que llegar a él y ayudarlo, abrazarlo de cerca, besar sus hermosas mejillas y decirle que yo me encargaré de él para siempre, que vamos a huir juntos, que voy a jugar con él y leerle cuentos de noche y sé que no puedo. Que nunca podré. Yo sé que eso nunca será posible. Y de repente el mundo se desplaza fuera de foco.

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Me invade una rabia, una intensidad, una ira tan potente que casi me eleva del suelo. Estoy hirviendo de odio ciego y disgusto. Ni siquiera sé cómo mis pies se mueven en el instante siguiente. No entiendo a mis manos y lo que están haciendo o cómo se decidieron volar hacia delante, con los dedos extendidos, cargando hacia la ventana. Sólo sé que quiero sentir el cuello de Warner completamente entre mis manos. Quiero que él experimente el mismo terror infligido por él a un niño. Quiero verlo morir. Quiero verlo pedir misericordia. Me catapulto a través de los muros de hormigón. Aplasto el vidrio con 10 dedos. Estoy agarrando un puñado de grava y un puñado de tela del cuello de Warner y hay 50 armas diferentes apuntando a mi cabeza. El aire está cargado de cemento y azufre, los cristales rotos en una sinfonía agónica de corazones destrozados. Golpeo a Warner contra la corroída piedra. ―No te atrevas a dispararle —susurra Warner a los guardias. No he tocado su piel aún, pero tengo la extraña sospecha que podía aplastar su caja torácica hacia su corazón si presiono un poco más fuerte. ―Debería matarte. ―Mi voz es una respiración profunda, una exhalación sin control. ―Tú. ―Trata de tragar―. Tú acabas… Tú acabas de romper el cemento sólo con tus manos. Parpadeo. No me atrevo a mirar detrás de mí. Pero sé sin mirar hacia atrás que no está mintiendo. Debo haberlo hecho. Mi mente es un laberinto de imposibles. Pierdo la concentración por un instante. Las armas. Click Click Click. Cada momento esta contado. ―Si alguno de ustedes le hace daño les dispararé yo mismo ―ladra Warner. ―Pero, señor… ―BAJE EL ARMA, SOLDADO…

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La rabia se ha ido. La repentina ira incontrolable se ha ido. Mi mente se ha entregado a la incredulidad. Confusión. No sé lo que he hecho. Yo, obviamente, no sé de lo que soy capaz, de por qué no tenía ni idea de que podía destruir cualquier cosa y de repente estoy tan aterrada, tan atemorizada de mis propias manos. Tropiezo hacia atrás, aturdida, y Warner me agarra y me mira con avidez, con entusiasmo, sus ojos de esmeralda brillantes, con fascinación juvenil. Está casi temblando de emoción. Hay una serpiente en mi garganta y no puedo tragarla. Me encuentro con la mirada de Warner. ―Si alguna vez me pones en una posición como esta otra vez, te mataré. Y lo disfrutaré. Ni siquiera sé si estoy mintiendo

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Capítulo 26 Traducido por sooi.luuli y Susanauribe

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Corregido por lavi dam me encuentra hecha un ovillo en el suelo de la ducha.

He estado llorando por tanto tiempo que estoy segura de que el agua caliente está hecha de nada más que de mis lágrimas. Mis ropas están pegadas a mi piel, húmedas e inútiles. Quiero tirarlas. Quiero ahogarme en la ignorancia. Quiero ser estúpida, tonta, muda, completamente desprovista de cerebro. Quiero cortar mis propios miembros. Quiero deshacerme de esta piel que puede matar y de esas manos que destruyen y de este cuerpo que ni siquiera sé cómo entender. Todo se desbarata. —Juliette... —Presiona su mano contra el vidrio. Apenas puedo escucharlo. Cuando no respondo, él abre la puerta de la ducha. Es rociado con gotas de lluvia rebeldes y se saca sus botas antes de caer de rodillas en el suelo de azulejos. Se acerca para tocar mis brazos y el sentimiento hace que esté más desesperada por morir. Él suspira y me atrae hacia arriba, justo lo suficiente para levantar mi cabeza. Sus manos atrapan mi rostro y sus ojos me buscan, me registran hasta que aparto la mirada. —Sé lo que ocurrió —dice suavemente. Mi garganta es un reptil, cubierto de escamas. —Alguien debería matarme —grazno, rompiéndome con cada palabra. Los brazos de Adam me envuelven hasta que me tira hacia arriba y yo me tambaleo sobre mis piernas y ambos estamos en posición vertical. Entra en la ducha y desliza la puerta tras él. Jadeo. Me sostiene contra la pared y no veo nada excepto su camiseta blanca empapada, nada excepto agua bailar por su rostro, nada excepto sus ojos llenos de un mundo del que muero por ser parte.

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—No fue tu culpa —susurra. —Es lo que soy —me ahogo. —No. Warner está equivocado sobre ti —dice Adam—. Él quiere que seas alguien que no eres, y no puedes dejar que te destroce. No dejes que entre en tu cabeza. Él quiere que pienses que eres un monstruo. Él quiere que pienses que no tienes elección más que unirte a él. Quiere que pienses que nunca serás capaz de vivir una vida normal... —Pero nunca viviré una vida normal. —Me trago un hipo—. Nunca... Yo n-nunca... Adam sacude la cabeza. —Tú la vivirás. Vamos a salir de aquí. No dejaré que esto te ocurra. —¿C-cómo es posible que te preocupes por alguien... como yo? —Apenas estoy respirando, nerviosa y petrificada pero de alguna manera mirando sus labios, estudiando la forma, contando las gotas de agua cayendo sobre las cuestas y los valles de su boca. —Porque estoy enamorado de ti. Trago mi estómago. Mis ojos no dejan escapar la oportunidad de leer su rostro pero soy un desorden de electricidad, zumbando de vida y relámpago, calor y frío y mi corazón está errático. Estoy temblando en sus brazos y mis labios se han separado sin razón en absoluto. Su boca se suaviza en una sonrisa. Mis huesos han desaparecido. Estoy girando de delirio. Su nariz está tocando la mía, sus labios a un respiro de distancia, sus ojos ya devorándome y soy un charco sin brazos ni piernas. Puedo olerlo por todas partes; siento cada punto de su figura presionada contra la mía. Sus manos en mi cintura, agarrando mis caderas, sus piernas pegadas a las mías, su pecho dominándome con fuerza, su cuerpo construido de ladrillos de deseo. El sabor de sus palabras perdura en mis labios. —¿En serio...? —Tengo un susurro de incredulidad, un esfuerzo consciente por creer lo que nunca se ha hecho. Estoy mojada por mis pies, llena de todo lo tácito. Él me ve con tanta emoción que casi me quiebro por la mitad. —Dios, Juliette... Y él me está besando.

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Una vez, dos veces, hasta que he tenido una prueba de su sabor y me doy cuenta de que nunca tendré suficiente. Él está por todas partes, en mi espalda y sobre mis brazos, y de repente me está besando con más fuerza, profundamente, con una necesidad ferviente y urgente que nunca antes he conocido. Él se interrumpe en busca de aire sólo para enterrar sus labios en mi cuello, a lo largo de mi clavícula, por mi barbilla y mejillas y yo estoy jadeando en busca de oxígeno y él me está destruyendo con sus manos y estamos empapados de agua y de la belleza y de la alegría de un momento que nunca creí que fuera posible. Él me empuja hacia atrás con un bajo gruñido y yo quiero sacarle su camiseta. Necesito ver el pájaro. Necesito decirle sobre el pájaro. Mis dedos están tirando del dobladillo de sus ropas húmedas y sus ojos se amplían por sólo un segundo antes de deshacerse del material por sí mismo. Agarra mis manos y levanta mis brazos por encima de mi cabeza y me inmoviliza contra la pared, besándome hasta que estoy segura de que estoy soñando, absorbiendo mis labios con los suyos y él sabe a lluvia y almizcle dulce y yo estoy a punto de explotar. Mis rodillas se chocan y mi corazón está latiendo tan rápido que no entiendo por qué aún estoy funcionando. Está haciendo desaparecer con besos el dolor, la herida, los años de odio a mí misma, las inseguridades, las esperanzas frustradas por un futuro que siempre imaginé como obsoleto. Me está prendiendo fuego, quemando la tortura de los juegos de Warner, la angustia que me envenena todos los días. La intensidad de nuestros cuerpos podría romper estas paredes de vidrio. Casi lo hace. Por un momento sólo nos estamos mirando el uno al otro, respirando con dificultad hasta que me sonrojo, hasta que él cierra los ojos y toma un irregular y firme respiro y coloco mi mano en su pecho. Me atrevo a trazar el contorno del pájaro alzándose sobre su piel, me atrevo a arrastrar mis dedos a lo largo de su abdomen. —Tú eres mi pájaro —le digo—. Tú me vas a ayudar a echar a volar. Adam no está para cuando salgo de la ducha. Él se sacó sus ropas y se secó y me concedió privacidad para cambiarme. Privacidad que no estoy segura de que me importe más. Toco con 2 dedos mis labios y saben a él por todas partes. Pero cuando entro en la habitación no está por ningún lado. Tenía que reportarse abajo.

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Miro las ropas en mi armario. Siempre elijo un vestido con bolsillos porque no sé dónde más guardar mi cuaderno. No lleva ninguna información incriminatoria, y el único trozo de papel que lleva la letra de Adam ha sido destruido y arrojado al inodoro, pero me gusta mantenerlo cerca de mí. Representa mucho más que unas palabras garabateadas en papel. Es una pequeña prueba de mi resistencia. Meto el cuaderno en un bolsillo y decido que finalmente estoy lista para enfrentarme a mí misma. Tomo una profunda respiración, alejo los mechones mojados de cabello de mis ojos, y camino hacia el baño. El vapor de la ducha ha empañado el espejo. Estiro una mano tentativa para limpiar un pequeño círculo. Sólo lo suficientemente grande. Un rostro asustado me mira. Toco mis mejillas y estudio el reflejo, estudio la imagen de una chica que es simultáneamente extraña y familiar para mí. Mi rostro está más delgado, más pálido, mis pómulos más altos de lo que recordaba, mis cejas encima de dos ojos grandes no verdes ni azules sino en un punto intermedio. Mi piel está enrojecida por el calor y algo llamado Adam. Mis labios son demasiado rosa. Mis dientes están inusualmente derechos. Mi dedo está recorriendo mi nariz, trazando la forma de mi barbilla cuando veo un movimiento en la esquina de mi ojo. —Eres tan hermosa —me dice él. Estoy rosa, roja y marrón todo al mismo tiempo. Me agacho y me alejo del espejo solamente para que él me atrape en sus brazos. —Había olvidado mi propio rostro —susurro. —Sólo no olvides quien eres —dice él. —Ni siquiera lo sé. —Sí, sí lo sabes. —Él levanta mi cabeza—. Yo lo sé. Miro la fuerza en su mandíbula, en sus ojos, en su cuerpo. Trato de entender la confianza que él tiene en quién cree que soy y me doy cuenta que su consuelo es lo único me detiene de lanzarme a la piscina de mi propia locura. Él siempre ha creído en mí. Incluso silenciosamente, él peleó por mí. Siempre. Él es mi único amigo. Tomo su mano y la llevo a mis labios.

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—Te he amado siempre —le digo. El sol sale, descansa, brilla en su rostro y él casi sonríe, casi no puede encontrar mis ojos. Sus músculos se relajan, sus hombros encuentran alivio en el peso de una nueva especie de maravilla y él exhala. Él toca mi mejilla, toca mis labios, toca la punta de mi barbilla y pestañeo y él está besándome, él me está atrayendo a sus brazos y hacia el aire y de alguna manera estamos en la cama y enredados el uno en el otro, estoy drogada con emoción, drogada por cada tierno momento. Sus dedos acarician mi hombro, bajando por mi silueta, descansando en mis caderas. Él me acerca más, susurrando mi nombre, depositando besos en mi garganta y luchando contra la tela de mi vestido. Sus manos están temblando ligeramente, sus ojos rebosantes con sentimiento, su corazón latiendo con dolor y amor y quiero vivir aquí, en sus brazos, en sus ojos por el resto de mi vida. Deslizo mis manos por debajo de su camisa y él ahoga un gemido que se convierte en un beso que me necesita y me quiere y tiene que tenerme tan desesperadamente que es como la forma más aguda de tortura. Su peso está presionado contra mí, encima de mí, infinitos puntos de sensación por cada terminación nerviosa de mi cuerpo y su mano derecha está detrás de mi cuello y su mano izquierda está recorriéndome y sus labios están cayendo por mi camisa y no entiendo por qué no necesito usar más ropa y en mi existencia cumulonimbo de trueno, relámpago y la posibilidad de explotar en lágrimas en un momento inoportuno. Dicha Dicha Dicha está latiendo en mi pecho. No recuerdo qué significa respirar. Yo nunca jamás jamás supe qué significaba sentir. Una alarma está sonando por las paredes. La habitación emite pitidos y brama a la vida y Adam se tensa, se retira; su rostro colapsa. —Esto es un CÓDIGO SIETE. Todos los soldados deben reportarse al Cuadrante inmediatamente. Esto es un CÓDIGO SIETE. Todos los soldados deben reportarse al Cuadrante inmediatamente. Todos los soldados deben reportarse al Cuadran…

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Adam está de pie y empujándome hacia arriba y la voz sigue gritando órdenes por el sistema de altavoces instalado en el edificio. —Ha habido una infracción —dice él, su voz rota y agitada, sus ojos revoloteando entre la puerta y yo—. Jesús. No puedo simplemente dejarte aquí… —Ve —le digo—. Tienes que ir, yo estaré bien. Pasos están retumbando por los pasillos y los soldados se están gritando tan fuertemente que puedo escucharlo por las paredes. Adam sigue de servicio. Él tiene que actuar. Tiene que mantener una apariencia hasta que podamos irnos. Sé esto. Él me sostiene cerca. —Esto no es una broma, Juliette, no sé qué está pasando, podría ser cualquier cosa… Un click metálico. Un movimiento mecánico. La puerta se desliza abierta y Adam y yo saltamos 10 metros lejos de cada uno. Adam se apresura hacia la entrada justo cuando Warner entra. Ambos se congelan. —Estoy bastante seguro de que la alarma ha estado sonando durante al menos un minuto, soldado. —Sí señor. No estaba seguro de qué hacer con ella. —De repente, él esta recompuesto, una perfecta estatua. Él asiente hacia mí como si yo fuera una idea de último momento, pero sé que él sólo está demasiado tenso en los hombros. Respirando demasiado rápido. —Por suerte para ti, estoy aquí para encargarme de esto. Debes reportarte a tu oficial al mando. —Señor. —Adam asiente, gira en sus talones y sale por la puerta. Espero que Warner no notase su vacilación. Warner se voltea para enfrentarme con una sonrisa tan calmada y casual que comienzo a cuestionar si el edificio en verdad está en caos. Él estudia mi rostro. Mi cabello. Miras las sábanas arrugadas y siento como si hubiera tragado una araña. —¿Tomaste una siesta? —No pude dormir anoche. —Te rasgaste el vestido.

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—¿Qué estás haciendo aquí? —Necesito que él deje de mirarme, necesito que deje de beber los detalles de mi existencia. —Si no te gusta siempre puedes elegir uno diferente, tú sabes. Los he elegido yo mismo para ti. —Eso está bien. El vestido está bien. —Miro al reloj por ninguna razón real. Ya son las 4:30 de la tarde—. ¿Por qué no me dices qué está pasando? Él está demasiado cerca. Está de pie demasiado cerca y me está mirando y mis pulmones están fallando al expandirse. —En verdad deberías cambiarte. —No quiero cambiarme. No sé por qué estoy tan nerviosa. Por qué él me está volviendo tan nerviosa. Por qué el espacio se está cerrando tan rápidamente entre nosotros. Él mete un dedo en la abertura cerca a la cintura baja de mi vestido y yo reprimo un grito. —Esto simplemente no funcionará. —Está bien… Él tira tan fuertemente de su dedo que la abertura abre la tela y crea una hendidura por el lado de mi pierna. —Eso está un poco mejor. —¿Qué estás haciendo…? Sus manos suben por mi cadera y sujeta mis manos en lugar, y sé que tengo que defenderme, pero estoy congelada y quiero gritar, pero mi voz está rota rota rota. Soy un aliento irregular de desesperación. —Tengo una pregunta —dice él, trato de patearlo en este vestido despreciable y él sólo me aprieta contra la pared, el peso de su cuerpo presionándome en lugar, cada centímetro de él cubierto en ropa, una capa protectora entre nosotros—. Dije que tenía una pregunta, Juliette. Sus manos se deslizan en mi bolsillo y tan rápidamente me toma un momento darme cuenta de lo que ha hecho. Estoy jadeando contra la pared, temblando y tratando de componerme. —Tengo curiosidad —dice él—. ¿Qué es esto?

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Está sosteniendo mi cuaderno entre dos dedos. Oh Dios. Este vestido es demasiado apretado para ocultar el contorno de un cuaderno y yo estaba muy ocupada mirando mi rostro para revisar mi vestido en el espejo. Todo es mi culpa todo es mi culpa todo es mi culpa todo es mi culpa no puedo creerlo. Todo esto es mi culpa. Debería haber sabido mejor. No digo nada. Él inclina su cabeza. —No recuerdo haberte dado un cuaderno. Ciertamente, no recuerdo concederte el permiso de cualquier posesión tampoco. —Lo traje conmigo. —Mi voz se quiebra. —Ahora estás mintiendo. —¿Qué quieres de mí? —Me entra pánico. —Esa es una pregunta estúpida, Juliette. El suave sonido de metal ligero saliendo de su lugar. Alguien ha abierto mi puerta. Click. —Quita tus manos de ella antes de que entierre una bala en tu cabeza.

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Capítulo 27 Traducido por caami Corregido por Aciditax

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arner cierra los ojos muy lentamente. Da un paso lejos muy lentamente. Sus labios tiemblan en una sonrisa peligrosa. —Kent.

Las manos de Adam son estables, el cañón de su pistola presiona en la parte posterior del cráneo de Warner. —Vas a guiar nuestra salida de aquí. Warner realmente se ríe. Abre sus ojos y saca una pistola del interior de su bolsillo, sólo para apuntar directamente a mi frente. —La voy a matar en este mismo momento. —No eres tan estúpido —dice Adam. —Si ella se mueve siquiera un milímetro, le pegaré un tiro. Y entonces te rasgaré en pedazos. Adam se desplaza rápidamente, golpeando la culata de su pistola contra la cabeza de Warner. Los tiros del arma de Warner fallan y Adam agarra su brazo y tuerce su muñeca hasta que su control sobre el arma vacila. Agarro la pistola de la mano inerte de Warner y la golpeo en su cara. Estoy anonadada por mis propios reflejos. Nunca sostuve un arma antes, pero supongo que hay una primera vez para todo. Apunto a los ojos de Warner. —No me subestimes. —Mierda. —Adam no se molesta en ocultar su sorpresa. Warner tose a través de una risa, se estabiliza, y trata de reír mientras se limpia la sangre de su nariz. —Yo nunca te subestimé —me dice—. Nunca lo he hecho.

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Adam sacude la cabeza por menos de un segundo antes de que su rostro se divida en una enorme sonrisa. Me mira radiante mientras aprieta el arma más fuerte en el cráneo de Warner. —Vamos a salir de aquí. Agarro las dos bolsas de lona guardadas en el armario y le tiro una a Adam. Hemos estado empacando durante una semana ya. Si quiere hacer una pausa antes de lo esperado, no tengo ninguna queja. Warner tiene suerte de que le estemos mostrando misericordia. Pero tenemos suerte de que todo el edificio haya sido evacuado. Él no tiene nadie en quién confiar. Warner se aclara la garganta. Está mirándome directamente a los ojos cuando habla. —Le puedo asegurar, soldado, que su triunfo será de corta duración. Puedes matarme ahora, pero cuando te encuentre, disfrutaré profundamente la destrucción de cada uno de tus huesos. Eres un tonto si piensas que puedes salirte con la tuya. —No soy tu soldado. —La cara de Adam es de piedra—. Nunca lo he sido. Has estado tan atrapado en los detalles de tus fantasías que fallaste en notar los peligros que estaban justo en frente de tu cara. —No podemos matarte, sin embargo —agrego—. Tienes que sacarnos de aquí. —Estás cometiendo un gran error, Juliette —me dice. De hecho, su voz se suaviza— . Estás tirando un futuro entero —suspira—. ¿Cómo sabes que puedes confiar en él? Echo un vistazo a Adam. Adam, el chico que siempre me ha defendido, incluso cuando él no tenía nada que ganar. Sacudo la cabeza para despejarme. Me recuerdo que Warner es un mentiroso. Un lunático. Un asesino psicótico. Nunca trataría de ayudarme. Eso creo. —Vámonos antes que sea demasiado tarde —le digo a Adam—. Sólo está tratando de frenarnos hasta que los soldados regresen. —¡Ni siquiera se preocupa por ti! —explota Warner. Me estremezco antes la intensidad repentina, incontrolada de su voz—. ¡Él sólo quiere salir de aquí y te está usando! —Da un paso adelante—. Yo podría amarte, Juliette… Te trataría como una reina.

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Adam lo pone en una llave de cabeza rápidamente y apunta la pistola en su sien. —Obviamente no entiendes lo que está pasando aquí —dice con mucho cuidado. —Entonces edúcame, soldado —resuella Warner. En sus ojos bailan las llamas; peligroso—. Dime qué no entiendo. —Adam. —Estoy sacudiendo la cabeza. Él se encuentra con mis ojos. Asiente. Se gira hacia Warner. —Haz la llamada —dice, exprimiendo su cuello un poco más apretado—. Sácanos de aquí ahora. —Sólo mi cuerpo muerto le permitirá a ella salir por esa puerta. —Warner maniobra su mandíbula y escupe sangre en el suelo—. Me matas por placer —le dice a Adam—. Pero Juliette es la única que quiero para siempre. —No soy lo que tú quieres. —Estoy respirando demasiado fuerte. Estoy ansiosa por salir de aquí. Estoy enojada porque no para de hablar, pero tanto como me gustaría romper su cara, no es bueno para nosotros que esté inconsciente. —Podrías amarme, ya lo sabes. —Él se ríe con un extraño tipo de sonrisa—. Seríamos inseparables. Podríamos cambiar el mundo. Yo podría hacerte feliz —me dice. Adam luce como si quisiera romperle el cuello. Su rostro está tan tirante, tan tenso, tan enojado. Nunca lo había visto así antes. —Tú no tienes nada que ofrecerle, bastardo enfermo. Warner presiona sus ojos cerrados por un segundo. —Juliette. No te apresures. No hagas una decisión precipitada. Quédate conmigo. Seré paciente contigo. Te voy a dar tu tiempo para adaptarte. Me preocuparé por ti… —Estás enfermo. —Mis manos tiemblan, pero sostengo la pistola hacia su cara otra vez. Necesito sacarlo de mi cabeza. Necesito recordar lo que él me ha hecho—. Tú quieres que yo sea un monstruo por ti… —¡Quiero que estés a la altura de tu potencial! —Déjame ir —digo en voz baja—. No quiero ser tu criatura. No quiero lastimar a la gente.

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—El mundo ya te ha herido —contesta—. El mundo te puso aquí. ¡Estás aquí gracias a ellos! ¿Crees que si te vas te van a aceptar? ¿Crees que puedes huir y vivir una vida normal? Nadie se va a preocupar por ti. Nadie se acercará a ti…¡Serás una paria como siempre lo has sido! ¡Nada ha cambiado! ¡Me perteneces! —Ella me pertenece a mí. —La voz de Adam podría cortar el acero. Warner se estremece. Por primera vez, parece comprender lo que creí que era obvio. Sus ojos están muy abiertos, horrorizados e incrédulos, mirándome con un nuevo tipo de angustia. —No. —Una risa corta, enloquecida—. Juliette. Por favor. Por favor. No me digas que te ha llenado la cabeza con ideas románticas. Por favor, no me digas que caíste en sus falsas proclamaciones… Adam golpea su rodilla contra la columna vertebral de Warner. Warner cae al suelo con un golpe sordo y una aguda ingesta de respiración. Adam lo tiene totalmente controlado. Siento que debería estar aplaudiendo. Pero estoy demasiado ansiosa. Estoy demasiado suspendida en la incredulidad. Soy demasiado insegura para tener confianza en mis decisiones. Tengo que reponerme. —Adam… —Te amo —me dice, sus ojos tan serios como los recuerdo, sus palabras tan urgentes como deberían ser—. No dejes que te confunda… —¿Tú la amas? —Warner prácticamente escupe—. Tú alguna vez… —Adam. —La sala se desplaza dentro y fuera de foco. Miro fijamente la ventana. Miro hacia él. Sus ojos tocan sus cejas. —¿Quieres saltar? Asiento. —Pero estamos a quince metros de altura… —¿Qué opción tenemos si él no coopera? —Miro a Warner. Ladeo mi cabeza—. No hay ningún Código Siete, ¿no es así? Los labios de Warner se contraen. No dice nada. —¿Por qué hiciste eso? —le pregunto—. ¿Por qué tirar una falsa alarma?

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—¿Por qué no le preguntas al soldado que es repentinamente tan cariñoso? — xhasquea Warner, asqueado—. ¿Por qué no te preguntas por qué estás confiando tu vida a alguien que ni siquiera puede distinguir entre una amenaza real y una imaginaria? Adam jura en voz baja. Cierro los ojos con él y me tira su arma. Sacude la cabeza. Jura de nuevo. Aprieta y afloja el puño. —Era solamente un simulacro. Warner realmente se ríe. Adam mira la puerta, el reloj, mi cara. —No tenemos mucho tiempo. Estoy sosteniendo la pistola de Warner en mi mano izquierda y la pistola de Adam en mi derecha, ambas señalando a la cabeza de Warner, hago lo mejor por evitar los ojos que están perforando en mi dirección. Adam utiliza su mano libre para excavar por algo en su bolsillo. Saca un par de bandas de sujeción de plástico y patea a Warner su espalda justo en la unión de sus miembros juntos. Las botas y guantes de Warner han sido desechadas en el suelo. Adam mantiene una de sus botas presionada sobre su estómago. —Un millón de alarmas se activarán en el minuto en que saltemos por la ventana — me dice—. Vamos a tener que correr, así que no podemos arriesgarnos a romper nuestras piernas. No podremos saltar. —Entonces, ¿qué podemos hacer? Se pasa la mano por el pelo y se muerde el labio inferior y por un momento delirante todo lo que quiero hacer es probarlo. Me fuerzo a volver a enfocarme. —Tengo la cuerda —dice—. Vamos a tener que bajar. Y rápido. Se pone a trabajar, sacando un rollo de cuerda conectada a una pequeña ancla parecida a una garra. Yo le había preguntado un millón de veces para qué demonios lo necesitaba, por qué lo guardaría en su bolsa de escape. Ahora, casi me dan ganas de reír. Se vuelve hacia mí. —Voy a bajar primero así podré atraparte en el otro lado…

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Warner se ríe fuerte, demasiado fuerte. —No puedes atraparla, bromeas. —Él se retuerce en sus grilletes de plástico—. Ella no está vistiendo casi nada. ¡Te matará y se matará a si misma en la caída! Mis ojos se mueven entre Warner y Adam. No tengo tiempo para seguir entreteniendo a Warner con sus charadas. Tomo una decisión apresurada. —Hazlo. Estaré justo detrás de ti. Warner parece enloquecido, confuso. —¿Qué estás haciendo? Lo ignoro. —Espera… Lo ignoro. —Juliette. Lo ignoro. —¡Juliette! —Su voz es más apretada, más alta, mezclada con ira y terror y negación y traición. La comprensión es una nueva pieza en su mente confundida—. ¿Él puede tocarte? Adam está envolviendo su puño en una sabana. —¡Maldita sea, Juliette, respóndeme! —Warner está retorciéndose en el suelo, desquiciado, de una manera que nunca pensé posible. Se ve salvaje, sus ojos están incrédulos, horrorizados—. ¿Te ha tocado? No puedo entender por qué las paredes son de repente el techo. Todo se tambalea hacia todos lados. —Juliette… Adam rompe el cristal con una rápida grieta, un puñetazo sólido, e instantáneamente la habitación se llena con el sonido más histérico, como ninguna alarma que haya oído jamás. La habitación está haciendo ruidos bajo mis pies, pasos están tronando por los pasillos, y sé que estamos a un minuto de ser descubiertos. Adam lanza la cuerda por la ventana y arroja su mochila en su espalda.

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—¡Tírame tu bolsa! —grita y apenas lo oigo. Arrojo mi mochila y la atrapa justo antes de deslizarse por la ventana. Corro a unirme con él. Warner trata de agarrar mi pierna. Su intento falla, casi me caigo, pero me las arreglo para tropezar mi camino a la ventana sin perder mucho tiempo. Echo un vistazo a la puerta y siento los latidos acelerados de mi corazón a través de mis huesos. El sonido de los soldados corriendo y gritando está cada vez más cerca, más fuerte, más claro por cada segundo. —¡Date prisa! —me está llamando Adam. —Juliette, por favor… Warner golpea mi pierna otra vez y grito tan fuerte que casi lo escucho a través de las sirenas rompiéndome los tímpanos. No voy a mirarlo. No voy a mirarlo. No voy a mirarlo. Balanceo una pierna por la ventana y el pestillo en la cuerda. Mis piernas desnudas van a hacer de esto un suplicio insoportable. Ambas piernas atravesadas. Mis manos en su lugar. Adam me llama desde abajo, y no sé cuán lejos está. Warner está gritando mi nombre y alzo la vista a pesar de mis mejores esfuerzos. Sus ojos son dos tiros verdes perforando a través del cristal. Cortando a través de mí. Tomo una respiración profunda y espero no morir. Tomo una respiración profunda y acomodo mi bajada por la cuerda. Tomo una respiración profunda y espero que Warner no se dé cuenta de lo que acaba de suceder. Espero que él no sepa que me acaba de tocar la pierna. Y no pasó nada.

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Capitulo 28 Traducido por Caami Corregido por Aciditax

M

e estoy quemando.

El cable está rozando mis piernas en un fuego masivo tan doloroso que me sorprende que no haya humo. Contengo el dolor porque no tengo otra opción. La histeria masiva del edifico está arrasando mis sentidos, llueve peligro alrededor de nosotros. Adam me grita desde abajo, diciéndome que salte, prometiendo que me va a atrapar. Estoy demasiado avergonzada para admitir que tengo miedo a la caída. Nunca he tenido la oportunidad de tomar mi propia decisión. Los soldados ya fluyen en lo que solía ser mi habitación, gritando y confundidos, probablemente sorprendidos de encontrar a Warner en una posición débil. Fue realmente muy fácil vencerlo. Me preocupa. Me hace pensar que hicimos algo mal. Unos pocos soldados asoman la cabeza fuera de la ventana rota y estoy desesperada por la oscilación de la cuerda, pero ya se están moviendo para destrabar el ancla. Me preparo para la sensación nauseabunda de la caída libre sólo para darme cuenta de que no están tratando de tirarme. Están tratando de acarrearme al interior. Warner debe estar diciéndoles qué hacer. Echo una mirada hacia Adam debajo de mí, y finalmente, cedo a sus llamadas. Aprieto los ojos cerrados y me dejo ir. Y caigo derecho en sus brazos abiertos. Colapsamos en el suelo, pero la respiración es eliminada de nosotros sólo por un momento. Adam toma mi mano y luego estamos corriendo.

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No hay nada más que un espacio vacío y estéril que se extiende por delante de nosotros. Asfalto roto, pavimento irregular, caminos de tierra, árboles desnudos, plantas que mueren, una ciudad amarillenta abandonada a los elementos que se ahogan en las hojas secas que crujen bajo nuestros pies. Los compuestos civiles son cortos y rechonchos, agrupados juntos en ningún orden en particular, y Adam se asegura de estar lo más lejos de ellos posible. Los altavoces ya están funcionando en nuestra contra. El sonido de una joven y suavemente mecánica voz de mujer ahoga las sirenas. —El toque de queda está ahora en efecto. Todo el mundo debe regresar a sus

hogares inmediatamente. Hay rebeldes sueltos. Están sueltos y listos para abrir fuego. El toque de queda está ahora en efecto. Todo el mundo debe regresar a sus hogares inmediatamente. Hay rebeldes sueltos. Están sueltos y listos para abrir fu... Mis costados están acalambrados, mi piel está firme, mi garganta seca, desesperada por agua. No sé cuán lejos hemos corrido. Todo lo que sé es el sonido de las botas golpeando el pavimento, el chirrido de los neumáticos descamándose fuera de las unidades de almacenamiento subterráneo, alarmas gimiendo a nuestro paso. Miro hacia atrás para ver a la gente gritando y corriendo en busca de refugio, esquivando a los soldados que se precipitan a sus casas, golpeando las puertas para ver si hemos tomado refugio en algún lugar del interior. Adam me aleja de la civilización y se dirige hacia las calles abandonadas en una década anterior: viejas tiendas y restaurantes, estrechas calles laterales y patios de juegos abandonados. La tierra irregular de nuestras vidas pasadas ha estado estrictamente fuera de los límites. Es territorio prohibido. Todo está cerrado. Todo está roto, cerrado, oxidado, cerrado, sin vida. Nadie está autorizado a invadir aquí. Ni siquiera los soldados. Y estamos de carga en estas calles, tratando de mantenernos fuera de vista. El sol se desliza por el cielo y pasa ligero por el borde de la tierra. La noche vendrá pronto y no tengo idea de dónde estamos. Nunca esperé que tanto sucediera tan rápido, y no esperaba que todo esto sucediera el mismo día. Sólo tengo la esperanza de sobrevivir, pero no tengo la menor idea de a dónde nos estamos dirigiendo. No se me ocurrió preguntarle a Adam dónde podemos ir. Nos lanzamos en un millón de direcciones. Volviendo abruptamente, yendo adelante unos pocos pasos, sólo para regresar al camino opuesto. Mi mejor conjetura es que Adam está tratando de confundir y/o distraer a nuestros seguidores tanto como sea posible. No puedo hacer nada, sino tratar de seguir el ritmo.

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Y fallo. Adam es un soldado entrenado. Está construido exactamente para este tipo de situaciones. Él sabe cómo huir, cómo mantenerse discreto, cómo moverse silenciosamente en cualquier sitio. Yo, por el contrario, soy una chica rota que no se ha ejercitado por mucho tiempo. Mis pulmones están quemando por el esfuerzo de inhalar oxígeno, respirando silbante con el esfuerzo de exhalar el dióxido de carbono. De repente, estoy jadeando tan desesperada que Adam se ve obligado a tirar de mí a un lateral de la calle. Estoy respirando un poco más fuerte que lo usual, pero he adquirido un trabajo de tiempo completo atragantándome con la debilidad de mi cuerpo inerte. Adam toma mi cara entre sus manos y trata de enfocar mis ojos. —Quiero que respires como yo, ¿de acuerdo?

Resuello un poco más. —Concéntrate, Juliette. —Sus ojos están tan decididos. Infinitamente paciente. Se ve sin miedo y yo envidio su compostura—. Calma tu corazón —dice—. Respira

exactamente como yo. Toma 3 respiraciones pequeñas, las mantiene durante unos segundos, y las libera en una larga exhalación. Trato de copiarlo. No soy muy buena en eso. —Está bien. Quiero que mantengas la respiración como… —se detiene. Sus ojos se

mueven hacia arriba y alrededor de la calle abandonada por una fracción de segundo. Sé que tenemos que movernos. Unos disparos rompen la atmósfera. Nunca me había dado cuenta de lo fuerte que son o lo mucho que el sonido rompe cada hueso que funciona en mi cuerpo. Un escalofrío helado se filtra a través de mi sangre, y sé de inmediato que no están tratando de matarme. Están tratando de matar a Adam. De repente, estoy asfixiada por un nuevo tipo de ansiedad. No puedo dejar que le hagan daño. No por mí. Pero Adam no tiene tiempo para mí, para que recupere el aliento y encuentre mi cabeza. Me tira encima de él y en sus brazos y sale en una carrera diagonal a través de otro callejón. Y estamos corriendo.

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Y estoy respirando. Y él grita. —¡Pon tus brazos alrededor de mi cuello! —Y libero el asimiento que tengo en su

camiseta y soy lo suficientemente estúpida como para sentir vergüenza mientras deslizo mis brazos a su alrededor. Me reajusta contra él, así que estoy más alta, más cerca de su pecho. Me lleva como si pesara menos que nada. Cierro los ojos y presiono mi mejilla contra su cuello. Los disparos están en algún lugar detrás de nosotros, pero hasta ahora puedo decir que el sonido está demasiado lejos y demasiado lejos en la dirección equivocada. Parece que estamos momentáneamente superándolos. Sus autos no pueden ni siquiera encontrarnos, debido a que Adam ha evitado todas las calles principales. Parece tener su propio mapa de esta ciudad. Él parece saber exactamente lo que está haciendo como si lo hubiese estado planeando durante mucho tiempo. Después de inhalar exactamente 594 veces, Adam me deja caer en mis pies delante de un tramo de valla metálica. Me doy cuenta de que está luchando para tragar el oxígeno, pero él no jadea como yo. Sabe cómo regular su respiración. Sabe cómo calmar sus impulsos, calmar su corazón, mantener el control de sus órganos. Sabe cómo sobrevivir. Espero que me enseñe, también. —Juliette —dice después de un momento sin aliento—, ¿puedes saltar la valla?

Estoy tan entusiasmada de ser más que un bulto inútil que casi me echo hacia arriba y sobre la barrera de metal. Pero soy imprudente. Y demasiado precipitada. Prácticamente rasgo mi vestido y rasguño mis piernas en el proceso. Me estremezco contra el dolor punzante, y en el momento que llego a abrir mis ojos, Adam ya está de pie junto a mí. Mira hacia abajo a mis piernas y suspira. Casi se ríe. Me pregunto lo que debo parecerle, hecha jirones y salvaje en este vestido destrozado. La raja que Warner creó ahora se detiene en el hueso de mi cadera. Debo parecer un animal enloquecido. A Adam no parece importarle. Él también ha reducido la velocidad. Nos estamos moviendo en una caminata a paso rápido ahora, no estamos ya acorralados por las calles. Me doy cuenta de que debemos estar cerca de algo semejante a un lugar seguro, pero no estoy segura de si debo hacer preguntas ahora, o guardarlas para más adelante. Adam responde a mis pensamientos silenciosos.

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—No serán capaces de rastrearme aquí afuera —dice, y me doy cuenta de que todos

los soldados deben tener algún tipo de dispositivo de seguimiento en su persona. Me pregunto por qué nunca tuve uno. No debería ser tan fácil escapar. —Nuestros rastreadores no son tangibles —explica. Doblamos a la izquierda en otro

callejón. El sol apenas se sumerge por debajo del horizonte. Me pregunto dónde estamos. A cuánta distancia de los asentamientos del Restablecimiento debemos estar, ya que no hay gente aquí. —Es un suero especial que se inyecta en la sangre —continua—, y está diseñado para

funcionar con procesos naturales de nuestro cuerpo. Se sabría, por ejemplo, si yo muriera. Es una excelente manera de llevar un registro de los soldados perdidos en combate. —Me mira por el rabillo de su ojo. Sonríe en una sonrisa torcida que quiero besar. —Entonces, ¿cómo confundes al rastreador?

Su sonrisa se hace más grande. Agita una mano alrededor nuestro. —¿Este espacio donde estamos? Se utilizó para una planta de energía nuclear. Un

día, todo el conjunto explotó. Mis ojos son tan grandes como mi cara. —¿Cuándo sucedió eso? —Hace unos cinco años. Lo limpiaron con bastante rapidez. Lo ocultaron a los

medios de comunicación, de la gente. Nadie sabe realmente lo que pasó aquí. Sin embargo, la radiación por sí sola es suficiente para matar. —Hace una pausa—. Esto ya lo tiene. Deja de caminar. —He estado atravesando esta área un millón de veces ya, y no he estado afectado

por ella. Warner solía enviarme aquí para recoger muestras del suelo. Quería estudiar los efectos. —Se pasa la mano por el pelo—. Creo que tenía la esperanza de manipular la toxicidad en un veneno de algún tipo. La primera vez que vine aquí, pensé que Warner había muerto. El rastreador está relacionado con todos nuestros sistemas de procesamiento principales, una alerta se apaga cada vez que se pierde un soldado. Él sabía que había un riesgo al enviarme, así que no creo que estuviese demasiado sorprendido al oír que había muerto. Estaba más sorprendido al verme volver. —Se encoge de hombros, como si su muerte hubiera sido un detalle insignificante—. Hay algo aquí acerca de los productos químicos que contrarresta la

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composición molecular del dispositivo de rastreo. Así que, básicamente, en estos momentos todo el mundo piensa que estoy muerto. —¿Warner no sospecha que puedes estar aquí? —Tal vez. —Entrecierra los ojos hacia la descolorada luz del sol. Nuestras sombras son largas e inmóviles—. O podría haber recibido un disparo. En cualquier caso,

nos compra algo de tiempo. Toma mi mano y me sonríe antes de que algo choque contra mi consciencia. —¿Y yo qué? —pregunto—. ¿No puede esta radiación matarme? —Espero no sonar

tan nerviosa como me siento. Nunca en mi vida he querido tanto estar viva. No quiero perder todo tan pronto. —Oh… no. —Sacude la cabeza—. Lo siento, me olvidé de decirte, ¿una de las razones

por las que Warner quería que yo recogiera las muestras? Es porque eres inmune a ello, también. Te estaba estudiando. Dijo que encontró la información en tus registros de hospitales. Has sido estudiada… —Pero nadie… —…probablemente sin tu conocimiento, y pese a las pruebas del dispositivo de

rastreo, estabas completamente compuesta, biológicamente hablando. No había nada inherentemente malo en ti. No hay nada inherentemente malo en ti. La observación es tan descaradamente falsa que en realidad me echo a reír. Trato de reprimir mi incredulidad. —¿No hay nada malo en mí? Estás bromeando, ¿verdad?

Adam me observa tanto tiempo que me ruborizo. Toma mi barbilla hacia arriba así que me encuentro con sus ojos. Azul azul azul taladrando en mí. Su voz es profunda y constante. —No creo que alguna vez te haya oído reír.

Eso es tan terriblemente correcto que no sé cómo responder, salvo con la verdad. Mi sonrisa se esconde en una línea recta. —La risa proviene de vivir. —Me encojo de hombros, tratando de sonar indiferente—. Yo nunca antes he vivido realmente.

Sus ojos no han titubeado de su enfoque. Me mantiene en el lugar con la fuerza de una poderosa atracción que viene de lo profundo de él. Casi puedo sentir su

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corazón latiendo contra mi piel. Casi puedo sentir sus labios respirando en contra de mis pulmones. Casi puedo probarlos con mi lengua. Toma un suspiro tembloroso y me jala cerca. Besa la cima de mi cabeza. —Vamos a casa —susurra.

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Capítulo 29 Traducido por Rodoni

H

Corregido por Aciditax

ogar. Hogar. ¿Qué quiere decir?

Abro mis labios para hacer la pregunta y su sonrisa furtiva es la única respuesta que recibo. Estoy avergonzada y emocionada y ansiosa e impaciente. Mi estómago se llena de tambores que golpean en sincronía con mi corazón. Estoy casi tarareando con los nervios electrificados. Cada paso es un paso a lo sagrado, lejos de Warner, lejos de la futilidad de la existencia que siempre he conocido. Cada paso es porque lo quiero. Por primera vez en mi vida, camino hacia adelante porque quiero, porque siento la esperanza y el amor y la alegría de la belleza, porque quiero saber lo que es vivir. Podría saltar para atrapar una brisa y vivir en sus formas para siempre. Me siento como si hubiera estado preparando mis alas. Adam me lleva a un galpón abandonado a las afueras de este campo salvaje, invadido por la pícara vegetación y tentáculos de arbustos, enloquecidos y horribles, probablemente infestados de veneno. Me pregunto si esto es donde Adam quiere que nos quedemos. Entro en el espacio oscuro y entrecierro los ojos. Un esquema viene a la luz. En el interior hay un auto. Parpadeo. No sólo un auto. Un tanque. Adam casi no puede controlar su ansiedad. Él mira mi cara por una reacción y parece contento con mi asombro. Sus palabras salen. ―Convencí a Warner de que había conseguido romper uno de los tanques que traje aquí. Estas cosas están diseñadas para funcionar con electricidad, así que le dije

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que la unidad principal se freía en contacto con trazas de químicos. Fue corrompida por algo en la atmósfera. Él consiguió un coche para entregarme y recogerme después de eso, y dijo que debería dejar el tanque donde estaba. ―Estuvo a punto de sonreír―. Warner me enviaba aquí en contra de los deseos de su padre, y no quería que nadie supiera que había roto un tanque de 500 mil dólares. El informe oficial dice que fue secuestrado por los rebeldes. ―¿No pudo alguien más haberse presentado y visto el tanque estacionado aquí? Adam abre la puerta del pasajero. ―Los civiles se quedan lejos, muy lejos de este lugar, y no hay otro soldado que haya venido hasta aquí. Nadie más quería correr el riesgo a la radiación. ―Ladeo la cabeza―. Es una de las razones por las que Warner te confió a mí. Le gustaba que yo estuviera dispuesto a morir por mi deber. ―Nunca pensó que te pasaras de la raya ―murmuro, comprendiendo. Adam sacude la cabeza. ―No. Y después de lo ocurrido con el suero de seguimiento, no tenía ninguna razón para dudar de que las cosas locas eran posibles aquí. Desactivé una unidad eléctrica del tanque por mí mismo, en caso de que lo quisiera ver. ―Asiente con la cabeza de vuelta al monstruoso vehículo―. Tuve la sensación de que sería útil algún día. Siempre es bueno estar preparado. Preparado. Él siempre estaba preparado. Para correr. Para escapar. Me pregunto por qué. ―Ven aquí ―dice, su voz notablemente más suave. Llega a mí en la penumbra y yo pretendo que sea una feliz coincidencia el que sus manos rozaran mis piernas desnudas. Pretendo que no se siente increíble tenerlo luchando con los rasgones en mi vestido mientras me ayuda a meterme en el tanque. Finjo que no puedo ver la forma en que me mira mientras el último rayo de sol cae por debajo del horizonte. ―Tengo que cuidar de tus piernas ―dice, un susurro contra mi piel, electrizando mi sangre. Por un momento, ni siquiera entiendo lo que quiere decir. Ni siquiera me importa. Mis pensamientos son tan poco prácticos que me sorprendo. Nunca he tenido la libertad de tocar a nadie antes. Ciertamente, nadie ha querido mis manos sobre ellos. Adam es una experiencia completamente nueva. Tocarlo es todo en lo que quiero pensar.

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―Los cortes no son tan malos ―continúa, las puntas de sus dedos corriendo por mis piernas. Apesto en mi respiración―. Pero vamos a tener que limpiarlos, por si acaso. A veces es más seguro ser cortado por un cuchillo que rayarse por un trozo de metal al azar. No quieres que se infecte. Él mira hacia arriba. Su mano está ahora en mi rodilla. Estoy moviendo la cabeza y no sé por qué. Me pregunto si estoy temblando en el exterior tanto como en el interior. Espero que esté demasiado oscuro para que no pueda ver que tan roja está mi cara, lo vergonzoso que es que él no pueda tocarme la rodilla sin que me vuelva loca. Tengo que decir algo. ―Probablemente, debemos irnos, ¿verdad? ―Sí. ―Él toma una respiración profunda y parece que vuelve a sí mismo―. Sí. Tenemos que irnos. ―Se asoma a la luz del atardecer―. Tenemos algo de tiempo antes de que se den cuenta que todavía estoy vivo. Y tenemos que usarlo a nuestro favor. ―Pero una vez que salgamos de este lugar, ¿no verán que el tanque funciona otra vez? ¿No sabrán que no estás muerto? ―No. ―Él salta hacia el lado del conductor y busca a tientas por el encendido. No hay ninguna llave, sólo un botón. Me pregunto si reconoce la huella digital de Adam como autorización. Un pequeño chisporroteo y la máquina ruge a la vida―. Warner tenía que renovar mi suero de seguimiento cada vez que volvía. ¿Una vez que se ha ido? Se ha ido ―dice sonriendo―. Así que ahora podemos realmente desatar el infierno aquí. ―Pero, ¿dónde vamos? ―pregunté finalmente. Se pone en marcha antes de responder. ―A mi casa.

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Capítulo 30 Traducido por guillugui Corregido por hanna

―¡T

ienes una casa? ―Estoy demasiado sorprendida para los modales.

Adam se ríe y sale del campo. El tanque es sorpresivamente rápido, veloz y sigiloso. El motor se tranquiliza hasta ser sólo un zumbido suave y me pregunto si esa fue la razón por la cual cambiaron el motor de combustible a electricidad. Era ciertamente menos notable de esta manera. ―No exactamente ―responde―. Sin embargo, una especie de hogar. Sí. Quería preguntar y no quería preguntar y necesitaba preguntar y nunca querer preguntar. Tenía que preguntar. Me acerque. ―Tu padr…. ―Ha estado muerto desde hace tiempo. ―Adam ya no sonreía. Su voz estaba tirante con algo que yo sólo quisiera colocar. Dolor. Amargura. Furia. ―Oh. Manejamos en silencio, cada uno absorbido en sus propios pensamientos. No me atrevo a preguntarle qué había pasado con su madre. Sólo me pregunto como había salido tan bien a pesar de tener un padre tan despreciable. Y también por qué se unió al ejército si lo odiaba tanto. Ahora mismo, soy demasiado tímida como para preguntar, no quiero violar sus límites emocionales. Dios sabe que yo tengo millones. Me asomo por la ventana y fuerzo mi mirada para ver por donde estamos pasando, pero no puedo ver más allá que los tristes tramos de tierra desierta a la que me había acostumbrado. No hay civiles en donde estamos: bastante lejos de los asentimientos restablecidos y los compuestos civiles. Noto otro tanque patrullando a no más de 30 metros, pero creo que no nos vio. Adam está manejando sin las

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luces delanteras encendidas, probablemente para atraer la menor atención posible hacia nosotros. No sé como hace para manejar, la luna es nuestra única luz en el camino. Está inquietamente tranquilo. Por un momento le permito a mis pensamientos volver hacia Warner, preguntándome qué estaría haciendo ahora, cuántas personas deberían estar buscándome, qué tan lejos iría él para recuperarme. Quiere a Adam muerto. Me quiere a mí viva. Él no se va a detener hasta que este atrapada a su lado. No puede nunca nunca nunca saber que no lo puedo tocar. Sólo me puedo imaginar lo que haría si tuviera acceso a mi cuerpo. Suelto un rápido, fuerte, tembloroso aliento y contemplo a Adam para decirle lo que pasaba. No. No. No. No. Cierro mis ojos con fuerza y considero que tal vez había juzgado mal la situación. Era caótica. Mi cerebro estaba distraído. Tal vez me lo había imaginado. Sí. Tal vez me lo había imaginado. Era ya demasiado extraño que Adam pudiera tocarme. La posibilidad de que hubiera dos personas en este mundo inmunes a mi toque no parecía posible. Es más, cuanto más lo pienso, más decidida estoy en que he cometido un error. Podría haber sido cualquier cosa rozando mi pierna, tal vez un pedazo de la remera que Adam abandonó luego de usarla para golpearla a través de la ventana. Tal vez una almohada que se había caído de la cama o los guantes de Warner tirados en el piso. Sí. No hay manera de que me hubiera tocado, porque si lo hubiera hecho, hubiera llorado de agonía. Como cualquier otra persona. La mano de Adam se desliza silenciosamente en la mía y tomo sus dedos con ambas manos, de repente desesperada por asegurarme de que sea inmune hacia mí. De repente, estoy desesperada de beber cada gota de su ser, saborear todo momento que no había conocido antes. De repente, estoy preocupada por que este fenómeno tuviera fecha de vencimiento. Un reloj marcando las doce. Un carruaje de calabaza. La posibilidad de perderlo. La posibilidad de perderlo.

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La posibilidad de perderlo son 100 años de soledad que no me quiero imaginar. No quiero que mis brazos sean arrancados de su calidez. Su tacto. Sus labios. Dios, sus labios, su boca en mi cuello, su cuerpo envuelto en el mío, sosteniéndome junto con él como para afirmar que mi existencia en este mundo no es para nada. La comprensión es un péndulo del tamaño de la luna, no para de pegarme. ―¿Juliette? Me trago la piedra de mi garganta. ―¿Sí? ―¿Por qué estás llorando…? ―Su voz es casi tan gentil como su mano mientras la libera de mi agarre. Toca las lagrimas corriendo por mi cara y yo estoy tan humillada que casi no sé que decir. ―Me puedes tocar ―digo por primera vez, reconociéndolo en voz alta por primera vez. Mis palabras se transforman en un susurro―. Me puedes tocar. Te importo y no sé por qué, eres amable conmigo cuando no tienes por qué serlo. A mi propia madre no le importaba demasiado como par-pa-…―Mi voz se quiebra y aprieto mis labios. Los frunzo y me fuerzo a estar quieta. Soy una roca, una estatua, un movimiento congelado en el tiempo, el hielo no siente nada. Adam no contesta, no dice ni una sola palabra hasta que se sale del camino en dirección a un estacionamiento bajo tierra. Supongo que hemos llegado a algo de civilización, pero esta muy oscuro bajo tierra. No puedo ver más allá de nada y me vuelvo a preguntar cómo Adam puede manejar. Mis ojos cayeron en la pantalla iluminada en su tablero para darme cuenta que el depósito tenía visón nocturna. Claro. Adam apaga el motor. Lo escucho suspirar. Apenas puedo distinguir su silueta antes de sentir su mano en mi muslo y su otra mano tropezando por mi cuerpo hasta encontrar mi cara. Una calidez se extiende por mis miembros como lava caliente, las puntas de los dedos de mis pies y de mis manos están hormigueando a la vida y me tengo que morder el temblor para mantener fuerte mi cuerpo. ―Juliette ―suspira y me doy cuenta de cuán cerca está de mí. No estoy segura de cómo no me había evaporado en nada todavía―. Siempre hemos sido tú y yo contra el mundo ― dice―. Siempre ha sido así. Es mi culpa que haya tardado tanto en hacer algo sobre eso. ―No. ―Sacudo mi cabeza―. No es tu cul...

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―Sí lo es. Me enamoré de ti hace mucho tiempo atrás. Sólo que nunca había tenido valor para actuar. ―Porque te podría haber matado. Se ríe con una risa silenciosa. ―Porque no creía que te mereciera. Soy un trozo de asombro forzado a existir. ―¿Qué? Él toca su nariz con la mía, se inclina hacia mi cuello, enreda un mechón de mi pelo entre sus dedos y no puedo, no puedo, no puedo respirar. ―Eres tan… buena ―susurra. ―Pero mis manos... ―Nunca han hecho nada para lastimar a alguien. ―Estaba a punto de protestar cuando se corrige por sí solo―. No a propósito. ―Se echa atrás. Apenas lo puedo ver frotándose el lado de su cuello―. Tú nunca te defendiste ―dice, luego de un momento―. Siempre me pregunté el por qué. Nunca gritaste o te enojaste o trataste de decirle algo a alguien ―dice y sé que ambos estamos de vuelta en el tiempo en tercer, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno grado de nuevo―. Pero, demonios, debes haber leído un millón de libros. ―Sé que está sonriendo cuando lo dice. Una pausa―. No molestabas a nadie, pero eras un blanco en movimiento todos los días. Te podrías haber defendido, podrías haber lastimado a todos si hubieras querido. ―No quería herir a nadie. ―Mi voz es menos que un suspiro. No puedo sacarme la imagen de un Adam de ocho años de edad tirado en el piso, roto, abandonado, llorando en la tierra. Las cosas que la gente hace por poder. ―Ese es el por qué de que nunca serás lo que Warner quiere que seas. Estoy mirando a un punto en la oscuridad, mi mente repasando todas las posibilidades. ―¿Cómo puedes estar tan seguro? Sus labios están tan cerca de los míos. ―Porque aún te importa una mierda el mundo.

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Yo jadeo y él me besa, de manera profunda, poderosa y sin restricciones. Sus brazos envuelven mi espalda, tirando de mi cuerpo hasta que estoy casi horizontalmente y no me importa. Mi cabeza está en el asiento, su figura sobre mí, sus manos agarrando mis caderas por debajo de mi vestido hecho jirones y estoy siendo quemada por un millón de llamas por querer esto tan desesperadamente que no puedo ni respirar. Él es un baño caliente, un largo respiro, cinco días de verano comprimidos en cinco dedos escribiendo historias en mi cuerpo. Soy un desastre embarazoso de nervios que colapsan en él, controlados por una corriente de electricidad corriendo por mi cuerpo. Su olor nubla mis sentidos. Sus ojos. Sus manos. Su pecho. Sus labios están en mi oreja cuando susurra. ―Estamos aquí, por cierto. ―Estaba respirando mas fuerte ahora que cuando estaba corriendo por su vida. Sentí su corazón latir contra mis costillas. Sus palabras son un susurro roto―. Tal vez deberíamos ir adentro. Es más seguro. ―Pero no se mueve. Casi no entiendo de lo que estaba hablando, solamente asiento, mi cabeza moviéndose sobre mi cuello, hasta que recuerdo que no me puedo ver. Trato de recordar cómo respirar, pero estoy concentrada en los dedos corriendo por mis muslos como para formar una oración. Hay algo en la oscuridad absoluta, sobre no poder ver qué es lo que está pasando que me hace sentir borracha con un delicioso mareo. ―Sí. ―Es todo lo que puedo decir. Me ayuda a ponerme en una posición sentada, inclinando su frente sobre la mía. ―Lo siento ―dice―. Es demasiado difícil detenerme por mi propia cuenta. ―Su voz es peligrosamente ronca; sus palabras estremeciendo mi piel. Le permito a mis manos deslizarse por debajo de su remera y lo siento ponerse rígido, tragar. Trazo las perfectas líneas esculpidas de su cuerpo. No es nada más que magro músculo. ―No tienes que hacerlo ―le digo. Su corazón late tan rápido que no puedo distinguirlo del mío. Hacía cinco mil grados en el aire entre nosotros. Sus dedos están apenas debajo del hueso de mi

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cadera, burlándose del pequeño pedazo de tela que me mantiene medianamente decente. ―Juliette… ―¿Adam? Mi cuello se gira con sorpresa. Miedo. Ansiedad. Adam deja de moverse, congelado en frente de mí. No estoy segura de si respiro. Miro a mi alrededor, pero no puedo encontrar una cara que se una con la voz que llamó su nombre y empiezo a asustarme antes de que Adam abra de un golpe la puerta, saliendo antes de escucharla de nuevo. ―Adam… ¿eres tú? Es un niño. ―¡James! El sonido sordo del impacto, dos cuerpos chocando, dos voces tan felices para ser peligroso. ―¡No puedo creer que seas tú! Quiero decir, bueno, pensé que eras tú porque creí escuchar algo y en un principio pensé que no era nada, pero luego decidí que probablemente debería echar un vistazo sólo para saber porque tal vez era tú y…―Hace una pausa―. Espera… ¿qué estás haciendo aquí? ―Estoy en casa. ―Adam se ríe ligeramente. ―¿De verdad? ―pregunta James―. ¿Estas en casa de verdad? ―Sí ―suspira―. Dios, es bueno verte. ―Te extrañé ―dice James, tranquilo de repente. Una respiración profunda. ―Yo también, chico. Yo también. ―Así que… ¿has comido algo? Benny me acaba de dejar mi paquete con la cena, y podría compartirlo conti... ―¿James? Hace una pausa. ―¿Sí?

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―Hay alguien que quiero que conozcas. Mis palmas están sudorosas, mi corazón en mi garganta. Escucho a Adam caminar de vuelta al tanque y no me doy cuenta de que su cabeza ya estaba dentro hasta que no activa un botón. Una ligera luz de emergencia ilumina la cabina. Pestañeo un par de veces y veo a un joven niño parado a más o menos 1,50 metros, sucio pelo rubio enmarcando su cara redonda, con ojos azules que me eran demasiado familiares. Él frunce sus labios con concentración, mirándome. Adam abre mi puerta y me ayuda a pararme, apenas capaz de contener una sonrisa en su cara y yo estoy sorprendida por el nivel de mi propio nerviosismo. No sé por qué lo estoy, pero Dios, estoy nerviosa. Ese niño obviamente es importante para Adam, y no sé por qué que este momento es importante para mí también. Estoy tan nerviosa de que vaya a arruinarlo. Trato de arreglar las partes rotas de mi vestido, trato de suavizar las arrugas de la tela, me paso los dedos por mi pelo… No tiene sentido, es inútil. El pobre chico está petrificado. Adam me guía hacia delante. James es unos centímetros mas bajo que yo, pero es obvio en su cara que es joven, su honor no manchado, no tocado por la dura realidad del mundo. Quería disfrutar de la belleza de su inocencia. ―¿James? Ella es Juliette. ―Adam me mira―. Juliette, este es mi hermano, James.

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Capítulo 31 Traducido por hanna Corregido por Musher

S

u hermano. Trato de quitarme de encima los nervios. Trato de sonreír al muchacho estudiando mi cara, estudiando las patéticas telas que apenas cubren mi cuerpo. ¿Cómo no sabía que Adam tenía un hermano? ¿Cómo nunca lo he conocido?

James se vuelve hacia Adam. ―¿Esta es Juliette? Estoy aquí de pie como un insignificante bulto. No recuerdo mis modales. ―¿Sabes quién soy? James se vuelve de nuevo en mi dirección. ―Oh, sí. Adam habla mucho de ti. Me sonrojo y no puedo dejar de echar un vistazo a Adam. Él está mirando fijamente un punto en el suelo. Se aclara la garganta. ―Es realmente un placer conocerte ―me las arreglo. James ladea la cabeza. ―Entonces, ¿siempre vistes de esa manera? Me gustaría morir un poco. —¡Eh, chico! ―interrumpe Adam―. Juliette se va a quedar con nosotros por un tiempo. ¿Por qué no vas a asegurarte de que no tienes nada de ropa interior tendida en el suelo, eh? James luce horrorizado. Corre en la oscuridad sin decir una palabra.

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Todo está tranquilo por tantos segundos que pierdo la cuenta. Escucho algún tipo de goteo en la distancia. Tomo una respiración profunda. Muerdo mi labio inferior. Trato de encontrar las palabras adecuadas. Fallo. ―No sabía que tenías un hermano. Adam duda. ―¿Está bien... que lo tenga? Todos vamos a estar compartiendo el mismo espacio y yo... Mi estómago cae sobre mis rodillas. ―¡Por supuesto que está bien! Yo sólo… me refiero… ¿estás seguro que está bien… por él? ¿Si estoy aquí? ―No hay ropa interior en ningún lugar ―anuncia James, marchando hacia la luz. Me pregunto dónde desapareció, dónde está la casa. Me mira. ―Así que, ¿te vas a quedar con nosotros? Adam interviene. ―Sí. Ella va a quedarse con nosotros durante un tiempo. James mira de mí hacia Adam y a mí otra vez. Extiende su mano. ―Bueno, es bueno conocerte al fin. Todo el color fluye de mi cara. Mi corazón late con fuerza en mis oídos. Mis rodillas están a punto de romperse. No puedo dejar de mirar su pequeña mano extendida, ofreciéndomela. ―James ―dice Adam un poco cortante. James se echa a reír. ―Sólo estaba bromeando. ―Deja caer su mano. ���¿Qué? ―Apenas puedo respirar. Mi cabeza da vueltas, confundida. ―No te preocupes ―dice James, sin dejar de reír―. No voy a tocarte. Adam me contó todo acerca de tus poderes mágicos. ―Pone los ojos en blanco. ―¿Adam… dijo… él… qué?

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―Oye, tal vez deberíamos entrar. ―Adam se aclara la garganta un poco demasiado fuerte―. Sólo voy a tomar nuestras maletas realmente rápido… ―Y se va fuera, hacia el tanque. Me quedo mirando a James. Él no oculta su curiosidad. ―¿Cuántos años tienes? ―me pregunta. ―Diecisiete. Asiente con la cabeza. ―Es lo que dijo Adam. Me enfado. ―¿Qué otra cosa te dijo Adam de mí? ―Dijo que no tienes padres, tampoco. Dijo que eres como nosotros. Mi corazón es una barra de mantequilla, derritiéndose imprudentemente en un caluroso día de verano. Mi voz se suaviza. ―¿Cuántos años tienes? ―Voy a tener once el próximo año. Sonrío. ―¿Así que tienes diez años? Cruza los brazos. Frunce el ceño. ―Voy a tener doce en dos años. Creo que ya me gusta este chico. La luz de la cabina se apaga y por un momento estamos inmersos en la oscuridad absoluta. Un suave clic y un leve resplandor circular iluminan la vista. Adam tiene una linterna. ―¿Oye, James? ¿Por qué no abres el camino para nosotros? ―¡Sí, señor! ―Patina deteniéndose frente a los pies de Adam, nos ofrece un saludo exagerado, y corre tan rápido que no había manera posible de que lo siguiera. No puedo evitar la sonrisa en mi cara.

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La mano de Adam se desliza en la mía a medida que avanzamos. ―¿Estás bien? Aprieto los dedos. ―¿Le dijiste a tu hermano de diez años sobre mis poderes mágicos? Él se ríe. ―Le digo un montón de cosas. ―¿Adam? ―¿Sí? ―¿No es tu casa el primer lugar donde Warner irá a buscarte? ¿No es esto peligroso? ―Lo sería. Pero de acuerdo a los registros públicos, no tengo casa. ―¿Y tu hermano? ―Sería el primer objetivo de Warner. Resulta más seguro para él estar donde puedo mantener un ojo sobre él. Warner sabe que tengo un hermano, sólo que no sabe precisamente dónde. Y hasta que se lo imagine, que lo hará, tenemos que prepararnos. ―¿Para luchar? ―Para luchar. Sí. ―Incluso a la tenue luz en este extraño espacio puedo ver la determinación que tenía al mismo tiempo. Me dan ganas de cantar. Cierro los ojos. ―Bien. ―¿Qué les lleva tanto tiempo? ―James grita a lo lejos. Y nosotros vamos. El estacionamiento se encuentra debajo de un viejo edifico abandonado enterrado en las sombras. Una salida de emergencia lleva directamente hasta la planta principal. James está tan emocionado que está saltando arriba y abajo en las escaleras, corriendo hacia adelante unos pocos pasos para correr de regreso y quejarse de que no vamos lo suficientemente rápido.

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Adam le coge por detrás y lo levanta del suelo. Él se ríe. ―Te vas a romper el cuello. James protesta, pero solamente a medias. Está muy feliz de tener a su hermano. Una aguda punzada de una especie distante de emoción me golpea en el corazón. Me duele de una manera agridulce que no puedo ubicar. Me siento extrañamente cálida y adormecida, al mismo tiempo. Adam golpea un código de acceso en el teclado junto a una puerta de acero macizo. Un suave clic, un pitido corto, y se dirige al mango. Estoy sorprendida por lo que veo en el interior.

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Capítulo 32 Traducido por Caami Corregido por hanna

E

s una sala de estar completa, abierta y de lujo. Una gruesa alfombra, sillas suaves, un sofá que se extiende a través de la pared. Matices verdes y rojos y naranjas, calientes lámparas que suavemente iluminan el gran espacio. Se siente más como una casa que lo que haya visto nunca. Los recuerdos fríos y solitarios de mi infancia ni siquiera se pueden comparar. Me siento tan segura que de repente me da miedo. ―¿Te gusta? ―Adam sonríe abiertamente hacia mí, divertido sin duda por la expresión en mi cara. Me las arreglo para recoger mi mandíbula del piso. ―Me encanta ―le digo, en voz alta o en mi cabeza no estoy segura. ―Adam lo hizo ―dice James, orgulloso, hinchando su pecho un poco más de lo necesario―. Él lo hizo para mí. ―Yo no lo hice ―protesta Adam, riendo entre dientes―. Sólo… lo limpié un poco. ―¿Vives aquí solo? ―le pregunto a James. Se mete las manos en los bolsillos y asiente. ―Benny se queda conmigo un montón, pero sobre todo estoy aquí solo. Tengo suerte, sin embargo. Adam deja caer las bolsas en el sofá. Pasa las manos por su pelo y veo cómo los músculos de su espalda se doblan, apretados, juntándose. Veo como exhala la tensión de su cuerpo. Se por qué, pero pregunto de todos modos. ―¿Por qué tienes suerte? ―Porque tengo un visitante. Ninguno de los otros niños tienen visitas. ―¿Hay otros chicos aquí? ―Espero no verme tan horrorizada como me siento.

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James está asintiendo tan rápidamente que su cabeza se tambalea sobre su cuello. ―Oh sí. Esta calle entera. Todos los niños están aquí. Yo soy el único con mi propia habitación, sin embargo. ―Hace un gesto a todo el espacio―. Todo esto es mío porque Adam me lo compró. Pero todos los demás tienen que compartir. Tenemos escuela, más o menos. Y Benny me trae mis paquetes de alimento. Adam dice que puedo jugar con los otros niños, pero no puedo traerlos dentro. ―Se encoge de hombros―. Está bien. La realidad de lo que dice se extiende como veneno en la boca de mi estómago. Una calle dedicada a niños huérfanos. Me pregunto cómo murieron sus padres. No me pregunto hace cuánto tiempo. Hago un inventario de la habitación y noto una pequeña nevera y un microondas pequeño encaramado en lo alto, ambos ubicados en una esquina, veo algunos de los gabinetes establecidos a un lado para el almacenamiento. Adam trajo todas las cosas que pudo, todo tipo de alimentos enlatados y no perecederos. Ambos trajimos nuestros artículos de tocador y varios conjuntos de ropa. No guardamos lo suficiente como para sobrevivir por lo menos un rato. James saca un paquete de papel de aluminio de la nevera y lo mete en el microondas. ―Espera…James… no. ―Trato de detenerlo. Sus ojos están muy abiertos, congelados. ―¿Qué? ―El papel de aluminio… no puedes… no puedes poner metal en el microondas. ―¿Qué es un microondas? Parpadeo tantas veces que la habitación gira. ―¿Qué…? Saca la tapa del contenedor de papel de aluminio para revelar un pequeño cuadro. Se parece a un cubo de caldo. Señala el cubo y luego asiente hacia el microondas. ―Está bien. Siempre pongo esto en el Automat. No pasa nada. ―Toma la composición molecular de los alimentos y la multiplica. ―Adam está de pie junto a mí―. No añade ningún valor nutricional extra, pero te hace sentir más lleno, por más tiempo.

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―¡Y es barato! ―dice James, sonriendo abiertamente mientras pega de nuevo el artilugio. Me asombra lo mucho que ha cambiado. La gente ha llegado a estar tan desesperada que falsifica el alimento. Tengo tantas preguntas que estoy obligada a estallar. Adam aprieta mi hombro, suavemente. Susurra: ―Vamos a hablar más tarde, lo prometo. ―Pero soy una enciclopedia con demasiadas páginas en blanco. James cae dormido con su cabeza en el regazo de Adam. Habló sin parar una vez que terminó su comida, me dijo todo sobre su tipo de escuela, y sus tipos de amigos, y Benny, la anciana que cuida de él porque “creo que a ella le gusta Adam más que yo, pero ella me cuela el azúcar algunas veces así que está bien”. Todo el mundo tiene un toque de queda. Nadie más que a los soldados se le permite salir después del atardecer, cada soldado armado e instruido para abrir fuego a su propia discreción. ―Algunas persona tienen más comida y otras cosas que otras personas ―dijo James―, pero eso es porque se ordena a la gente en función a lo que puede proporcionar al Restablecimiento, y no porque son seres humanos con el derecho a no morir de hambre. Mi corazón se agrietaba un poco más con cada palabra que el compartía conmigo. ―A ti no te importa que te hable mucho, ¿huh? ―Se mordió el labio inferior y me estudió. ―No me importa en absoluto. ―Todo el mundo dice que hablo mucho. ―Se encogió de hombros―. Pero, ¿qué se supone que tengo qué hacer cuando tengo tanto que decir? ―Oye… sobre eso… ―interrumpió Adam―. No le puedes decir a nadie que estamos aquí, ¿está bien? La boca de James se detuvo a medio movimiento. Parpadeó un par de veces. Miró fijamente a su hermano. ―¿Ni siquiera a Benny? ―Nadie ―dijo Adam.

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Por un instante infinitesimal, vi algo que parecía como entendimiento en bruto en sus ojos. Alguien con 10 años de edad en quien se puede confiar absolutamente. Él asintió una y otra ves. ―Está bien. Nunca estuvieron aquí. Adam cepilla los mechones rebeldes del cabello de la frente de James. Está mirando el rostro dormido de su hermano como si estuviera tratando de memorizar cada pincelada de una pintura al óleo. Estoy mirándolo fijamente mientras mira fijamente a James. Me pregunto si él sabe que está sosteniendo mi corazón en su mano. Tomo una respiración entrecortada. Adam me mira y yo miro hacia abajo y los dos estamos avergonzados por diferentes razones. Susurra: ―Probablemente, debería ponerlo en la cama. ―Pero no hace un esfuerzo para moverse. James suena suena suena profundamente dormido. ―¿Cuándo fue la última vez que lo viste? ―pregunto, cuidando tener mi voz baja. ―Hace unos seis meses. ―Una pausa―. Pero hablé mucho con él por teléfono ―sonríe un poco―. Le dije mucho acerca de ti. Enrojezco. Cuento mis dedos para asegurarme de que todos están allí. ―¿Warner no controlaba tus llamadas? ―Sí. Pero Benny tiene una línea imposible de encontrar, y yo estaba siempre manteniendo eso como una información oficial, solamente. En cualquier caso, James ha sabido de ti desde hace mucho tiempo. ―¿En serio…? ―Odio tener que saberlo, pero casi no puedo ayudarme a mi misma. Soy una maraña de mariposas. Él mira hacia arriba, mira hacia otro lado. Bloquea los ojos conmigo. Suspiros. ―Juliette, he estado buscándote desde el día en que te fuiste. Mis pestañas viajan a mis cejas, mi mandíbula cae en mis manos. ―Estaba preocupado por ti ―dice en voz baja―. No sabía lo qué iban a hacerte.

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―¿Por qué? ―jadeo, trago, me tropiezo con las palabras―. ¿Por qué posiblemente te importaría? Se recuesta en el sofá. Traza una mano libre por encima de su cara. Las estaciones cambian. Las estrellas explotan. Alguien está caminando en la luna. ―¿Sabes que todavía recuerdo el primer día que te presentaste en la escuela? ―ríe con una risa suave y triste―. Tal vez era demasiado joven, y tal vez no sabía mucho sobre el mundo, pero había algo sobre ti que me atrajo inmediatamente. Es como si yo quisiera sólo estar cerca de ti, como siempre has tenido esta… esta bondad que nunca encontré en mi vida. Esta dulzura que nunca encontré en casa. Sólo quería oírte hablar. Quería que me vieras, que me sonrieras. Todos y cada uno de los días me prometí que hablaría contigo. Quería conocerte. Pero todos los días era un cobarde. Y un día simplemente desapareciste. ―Había oído rumores, pero sabía la verdad. Sabía que nunca habías hecho daño a nadie. ―Mira hacia abajo. La tierra se abre en una grieta y me estoy cayendo en la fisura―. Sé que parece una locura ―dice finalmente, tan silenciosamente―. Pensar que me importabas tanto sin haber hablado contigo ―duda―. Pero no podía dejar de pensar en ti. No podía dejar de preguntarme a dónde fuiste. Qué sería de ti. Tenía miedo de que nunca hubieras luchado. Hace un silencio por tanto tiempo que quiero morder mi lengua. ―Tenía que encontrarte ―susurra―. Pregunté por todas partes y no obtuve ni una respuesta. El mundo seguía cayendo a pedazos. Las cosas fueron empeorando y yo no sabía qué hacer. Tenía que cuidar de James y tenía que encontrar una manera de vivir y no sabía si unirme al ejército ayudaría, pero nunca me olvidé de ti. Siempre tuve la esperanza ―vacila―, de que un día te viese otra vez. Me he quedado sin palabras. Mis bolsillos están llenos de cartas que no se pueden ensartar y estoy tan desesperada por decir algo que no digo nada y mi corazón está a punto de estallar a través de mi pecho. ―¿Juliette…? ―Me encontraste. ―5 sílabas. 1 murmullo de asombro. ―¿Estás… molesta? Miro hacia arriba y por primera vez me doy cuenta que está nervioso. Preocupado. Incierto a cómo voy a reaccionar a esta revelación. No sé si reír o llorar o besar cada centímetro de su cuerpo. Quiero dormir con el sonido de los latidos de su corazón en la atmosfera. Quiero saber que está vivo y bien, inhalando y dejándolo ir, fuerte y sano y saludable para siempre.

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―Tú eres el único que alguna vez me importó. ―Mis ojos se llenan de lágrimas y las parpadeo lejos y siento la quemadura en mi garganta y me duele todo todo todo. El peso de todo el día se estrella contra mí, amenazando con romper mis huesos. Quiero gritar en la felicidad, en la agonía, en la alegría y la ausencia de justicia. Quiero tocar el corazón de la única persona que le importara. ―Te amo ―susurro―. Mucho más de lo que nunca sabrás. Sus ojos son un momento de la medianoche llena de recuerdos, las únicas ventanas en mi mundo. Su mandíbula está apretada. Su boca es estrecha. Mira hacia arriba y trata de aclararse la garganta y sé que necesita un momento para recuperarse. Le digo que probablemente debe poner a James en su cama. Él asiente. Sostiene a su hermano contra su pecho. Se pone de pie y lleva a James al armario de almacenamiento que se ha convertido en su dormitorio. Lo veo alejarse con la única familia que ha dejado y sé por qué Adam se unió al ejército. Sé por qué sufrió por ser el chico expiatorio de Warner. Sé por qué se ocupó de la horrible realidad de la guerra, por qué estaba tan desesperado por huir, tan dispuesto a correr tan pronto como fuera posible. Por qué estaba tan decidido a luchar. Él está luchando por mucho más que él mismo.

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Capítulo 33 Traducido por Musher Corregido por hanna

—¿P

or qué no le hecho un vistazo a esos cortes?

Adam está de pie delante de la puerta de James con sus manos metidas en los bolsillos. Está usando una oscura camiseta roja que abraza su torso. Sus brazos están diestramente cincelados, pintados profesionalmente con tatuajes que ahora sé cómo reconocer. Él me atrapa mirándolo. —Realmente no tenía otra opción. —Examinando ahora las consecutivas franjas negras de tinta gravadas en sus antebrazos—. Teníamos que sobrevivir. Este fue el único trabajo que pude obtener. Me reúno con él cruzando el cuarto, toco los diseños en su piel. Cabeceo. —Entiendo. Casi se ríe, casi sonríe. Sacudiendo su cabeza justo un milímetro. —¿Qué? —Muevo mi mano. —Nada. —Sonríe. Desliza sus brazos alrededor de mi cintura. —Sólo continúa golpeándome. Estás realmente aquí. En mi casa. El calor se precipita arriba, hacia mi cuello y desemboca en una carrera absorbiendo el rojo de una brocha mojada. Los elogios son cosas que no sé cómo procesar. Me muerdo el labio. —¿De dónde sacaste el tatuaje? —¿Este? —Mira sus brazos otra vez. —No. —Echo mano a su camiseta, tirando de esta hacia arriba tan infructuosamente, que él casi pierde el equilibrio. Tropieza con la espalda contra la pared. Yo empujo el material hacia su cuello. Lucho contra el rubor. Toco su pecho. Toco el pájaro.

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—¿De dónde sacaste esto? —¡Oh! —Me está mirando, pero pronto estoy distraída por la belleza de su cuerpo y los pantalones de carga colocados algo demasiado bajos en sus caderas. Comprendo que es necesario agarrar su cinturón suspendido. Fuerzo a mis ojos a subir. Dejo mis manos caer hacia abajo por sus abdominales. Él toma una respiración fuerte. —No sé —dice—. Sólo... me quedé soñando acerca de este pájaro blanco. Los pájaros acostumbran a volar, sabes. —¿Sueles soñar con eso? —Sí, todo el tiempo. —Sonríe un poco, exhala un poco, recordando—. Era agradable. Se sentía bien... esperanzado. Necesitaba tenerlo en la memoria porque no estaba seguro de si duraría. Así que lo hice permanente. Cubro el tatuaje con la palma de mi mano. —Yo solía soñar acerca de esta ave todo el tiempo. —¿Este pájaro? —Sus cejas podrían tocar el cielo. Cabeceo. —Este exactamente. —Algo así como diapositivas de realización en su lugar—. Hasta el día que te presentaste en mi celda. No he soñado con él desde entonces. — Lo miro. —Estás bromeando. —Pero sabe que no lo estoy. Suelto su camisa y dejo caer la cabeza en su pecho. Respiro su aroma. Él no pierde el tiempo, tirando de mí más cerca. Apoya su barbilla en mi cabeza, con sus manos en mi espalda. Y estamos así hasta que soy demasiado vieja para recordar un mundo sin su calor. Adam limpia mis cortes en un cuarto de baño colocándose un poco de costado en el espacio. Este es una miniatura de cuarto con un inodoro, un lavamanos, un pequeño espejo y una diminuta ducha. Amo todo esto. En el momento que salgo del cuarto de baño, finalmente me cambio y me arrastro a la cama, Adam está esperando por mí en la oscuridad. Hay mantas y almohadas tendidas en el suelo y parece igual al cielo. Estoy tan agotada que podría dormir unos pocos siglos. Me escurro junto a él y él me ahueca entre sus brazos. La temperatura es significativamente baja en este lugar y Adam es un perfecto horno. Oculto mi rostro

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en su pecho y él tira de mí apretándome. Arrastro mis dedos por su espalda desnuda, sintiendo los tensos músculos bajo mi contacto. Descanso mi mano en la cintura de sus pantalones. Encorvando mi dedo en la curva del cinturón. Pruebo el gusto de la palabra en mi lengua. —Lo dije en serio, ya sabes. Su respiración es un latido más lenta. Su corazón, un latido más fuerte. —¿Significa que...? —Aunque él sabía exactamente qué significaba. Me siento tan tímida tan repentinamente. Tan ciega, tan innecesariamente intrépida. No sé nada acerca de en lo que me estoy aventurando. Lo único que sé es que no quiero las manos de nadie en mí, excepto las de él. Para siempre. Adam se inclina hacia atrás y sólo puedo distinguir el contorno de su cara, sus ojos siempre brillando en la oscuridad. Me quedo mirando sus labios cuando habló. —Nunca te pedí que te detuvieses. —Mis dedos descansan en el botón que sujetaba sus pantalones juntos—. Ni una sola vez. Me está mirando, su pecho subiendo y bajando un par de veces por segundo. Parece casi paralizado por la incredulidad. Me inclino sobre su oído. —Tócame. Y estaba íntimamente desabrochado. Mi cara está entre sus manos y mis labios están en sus labios y él esta besándome, yo soy oxígeno y él está agonizando por respirar. Su cuerpo está casi sobre la cima del mío, con una mano en mi cabello, la otra trazando un camino hacia abajo por mi silueta, deslizándose detrás de mi rodilla, para tirar de mí más cerca, más intenso, más apretado. Deja caer besos por mi garganta como el éxtasis, con la energía eléctrica endureciéndose dentro de mí, instalándome sobre el fuego. Estoy al borde de la combustión desde la pura emoción de cada momento. Quiero profundizar en su ser, experimentar con él todos los 5 sentidos, ahogarme en las olas de maravilla que envuelve mi existencia. Necesito saborear la visión de su cuerpo. Él coge mis manos y las aprieta contra su pecho, girando mis dedos hacia abajo como una estela por la longitud de su torso antes de que sus labios encuentren los míos una y otra y otra vez, narcotizándome dentro de un delirio del que nunca necesitaré escapar. Pero no es suficiente. Todavía no es bastante. Quiero fundirme

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en él, trazar la forma de su cuerpo sólo con mis labios. Mi corazón se acelera a través de mi sangre, destruyendo mi autocontrol, girando todo en un ciclón de intensidad. Él se interrumpe por aire y yo tiro de él sosteniéndolo, sufriendo, desesperada, muriendo por su contacto. Sus manos trepando hacia arriba por mi camiseta, bordeando mis costados, tocándome como nunca se atrevió antes y mi top está casi encima de mi cabeza cuando una puerta chirría abriéndose. Ambos nos congelamos. —¿Adam... ? Él apenas pudo respirar. Intenta bajarse a la almohada a mi lado, pero aún puedo sentir su calor, su figura, su corazón latiendo con fuerza en mis oídos. Estoy conteniendo un millón de gritos. Adam ladea su cabeza hacia arriba justo un poco. Intentando sonar normal. —¿James? —¿Puedo dormir aquí contigo? Adam se sienta. Está respirando fuerte, pero súbitamente alerta. —Por supuesto que puedes. —Una pausa. Su voz retardada, blanda—. ¿Tienes pesadillas? James no responde. Adam está de pie. Oigo el hipo sordo de 10 años de edad desgarrado, pero apenas puedo distinguir el contorno del cuerpo de Adam junto a James sujetándolo. —Pensé que habías dicho que esto estaba mejorando. Lo escucho susurrar, pero sus palabras son amables, no acusatorias. James dice algo que no puedo oír. Adam le coge, y me doy cuenta de lo pequeño que James parece en comparación. Desaparecen en el dormitorio sólo para regresar con ropa de cama. Sólo una vez que James se mete seguro en su lugar a pocos centímetros de Adam es que realmente cede a la fatiga. Su pesada respiración es el único sonido en la habitación. Adam se vuelve hacia mí. Soy un trozo de silencio, golpeada, conmovida, cortando el abismo de este recordatorio. No tengo idea de lo que James ha sido testigo a una

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edad tan tierna. No tengo idea de lo que Adam ha tenido que soportar dejándole atrás. No tengo idea de cómo vive la gente todavía. Como sobreviven. No sé que ha sido de mis padres Adam roza mi mejilla. Me escurro entre sus brazos. Dice: —Lo siento. —Y le beso, la disculpa fuera. —Cuando sea el momento adecuado —le digo. Traga saliva. Se inclina hacia mi cuello. Inhala. Sus manos están debajo de mi camisa. En lo alto de mi espalda. Me muerdo sosteniendo un grito sofocado. —Pronto.

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Capítulo 34 Traducido por Maia8 Corregido por LadyPandora

A

dam y yo nos forzamos a apartarnos 1 metro la otra noche, pero de alguna manera, desperté en sus brazos. Él está respirando suave, constante y regularmente un zumbido caliente en el aire matutino. Parpadeo, mirando a través de la luz del día sólo para ser recibida por unos grandes ojos azules en un rostro de diez años de edad.

—¿Cómo es que lo puedes tocar? James está de pie junto a nosotros con los brazos cruzados, de espalda al obstinado muchacho que recuerdo. No hay rastro de miedo, ni indicio de lágrimas que amenacen con extenderse por su cara. Es como si la noche anterior nunca hubiese ocurrido. —¿Y bien? Su impaciencia me asusta. Salto lejos de la descubierta mitad superior de Adam con tanta rapidez que le despierto. Un poco. Él llega a mí. —¿Juliette...? —¡Estás tocando a una chica! Adam se sienta tan rápido que se enreda con las sábanas y vuelve a caer sobre los codos. —Jesús, James... —¡Estabas durmiendo junto a una chica! Adam abre y cierra la boca varias veces. Me mira. Mira a su hermano. Cierra los ojos y finalmente suspira. Pasa la mano por su pelo matutino.

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—No sé qué quieres que diga. —Pensé que habías dicho que no podía tocar a nadie. James me está mirando ahora, receloso. —Y no puede hacerlo. —¿Excepto a ti? —Exacto. Excepto a mí. Y a Warner. —Ella no puede tocar a nadie excepto a ti. Y a Warner. —Correcto. —Parece terriblemente conveniente. James entorna los ojos. Adam se ríe a carcajadas. —¿Dónde aprendiste a hablar así? James frunce el ceño. —Benny lo dice que mucho. Dice que mis excusas son “terriblemente convenientes” —Hace comillas en el aire con dos dedos—. Dice que eso quiere decir que no te creo. Y no te creo. Adam se pone de pie. Con los primeros filtros de la luz del alba a través de las pequeñas ventanas en un ángulo perfecto, el momento perfecto. Está bañado en oro, con los músculos tensos, los pantalones todavía un poco bajos en las caderas y tengo que esforzarme por pensar con claridad. Estoy sorprendida por mi propia falta de autocontrol, pero no estoy segura de que supiera cómo contener esos sentimientos. Adam hace que tenga hambre de cosas de las que nunca supe que podía tener. Puedo ver como lleva un brazo sobre los hombros de su hermano antes de agacharse para encontrarse con su mirada. —¿Puedo hablar contigo acerca de algo? —dice. —¿En privado?

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—¿Sólo tú y yo? —James me mira con el rabillo de sus ojos. —Sí. Sólo tú y yo. —Está bien. Veo a los dos desaparecer en la habitación de James y me pregunto lo que Adam va a decirle. Me toma un momento darme cuenta de James debe sentirse amenazado por mi repentina aparición. Finalmente, ve a su hermano después de casi 6 meses sólo para que vuelva a casa con una chica extraña con locos poderes mágicos. Estuve a punto de reírme de la idea. Si sólo fuese la magia la que me hacía de esta manera. No quiero que James piense que estoy alejando a Adam de él. Me pongo de nuevo bajo las sábanas y espero. La mañana es fresca y enérgica, y mis pensamientos comienzan a vagar hacia Warner. Tengo que recordar que no estamos seguros. Todavía no, tal vez nunca. Tengo que recordar que nunca me acomode demasiado. Me incorporo. Llevo las rodillas a mi pecho y envuelvo mis brazos alrededor de los tobillos. Me pregunto si Adam tiene un plan. La puerta de James chilla abriéndose. Los dos hermanos salen con el más pequeño por delante. James se ve un poco de color rojo y apenas puede encontrar mis ojos. Parece avergonzado y me pregunto si Adam lo castigó. Mi corazón deja de funcionar por un momento. Adam palmea a James en el hombro. Aprieta. —¿Estás bien? —Sé lo que es una novia... —Nunca he dicho que no lo supieras... —¿Así que tú eres su novia? James se cruza de brazos, me mira. Hay 400 bolas de algodón atoradas en mi tráquea. Miro a Adam, porque no sé qué más hacer. —Oye, tal vez deberías estar preparándote para la escuela, ¿eh?

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Adam abre el refrigerador y alcanza un nuevo paquete de papel de aluminio a James. Supongo que es su desayuno. —No tengo que ir —protesta James—. No es como una escuela de verdad, nadie tiene que... —Quiero que vayas —lo interrumpe Adam. Se vuelve de nuevo hacia su hermano con una pequeña sonrisa—. No te preocupes. Voy a estar aquí cuando vuelvas. James duda. —¿Me lo prometes? —Sí. —Otra sonrisa. Asiente con la cabeza sobre él—. Ven aquí. James corre hacia adelante y se aferra a Adam como si temiera que fuera a desaparecer. Adam coloca la comida envuelta con papel en el Automat y presiona un botón. Revuelve el pelo de James. —Hay que cortarse el pelo, muchacho. James arruga su nariz. —Me gusta. —Es un poco largo, ¿no te parece? James baja la voz. —Creo que su pelo es muy largo. James y Adam miran fijamente hacia mí y me fundo en una Play-Doh3 roja. Me toco el pelo sin quererlo, de repente consciente de mí misma. Miro hacia abajo. Nunca he tenido una razón para cortarme el pelo. Ni siquiera he tenido las herramientas. Nadie me ofrece objetos punzantes. Por casualidad, hecho un vistazo y veo que Adam sigue mirándome. James está mirando el Automat. —Me gusta su pelo —dice Adam, y no estoy segura de a quién está hablando. Puedo ver a los dos mientras Adam ayuda a su hermano a preparase para ir al colegio. James está tan lleno de vida, tan lleno de energía, tan emocionado por tener a su hermano alrededor. Esto me hace preguntarme lo que debe ser para un 3

Play-Doh: marca comercial de una pasta para modelar utilizada por los niños para realizar proyectos de

arte y manualidades.

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niño de 10 años, vivir por su cuenta. Lo que debe ser para todos los niños que viven en esta calle. Tengo ganas de levantarme y cambiarme, pero no estoy segura de lo que debo hacer. No quiero ocupar el baño en caso de que James lo necesite, o si Adam lo necesita. No quiero ocupar más espacio del que ya tengo. Se siente tan privada, tan personal, la relación entre Adam y James. Es el tipo de vínculo que nunca he tenido, que nunca tendré. Pero estar con tanto amor ha conseguido descongelar mis partes congeladas en algo humano. Me siento humana. Como si tal vez pudiese ser parte de este mundo. Como si tal vez no hiciera falta que fuera un monstruo. Quizás no soy un monstruo. Tal vez las cosas pueden cambiar.

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Capítulo 35 Traducido por Maia8 Corregido por LadyPandora

J

ames está en la escuela, Adam está en la ducha, y yo estoy mirando a un tazón de granola4 que Adam dejó para que me lo comiera. Se siente tan mal comer este alimento cuando James tiene que comer la sustancia no identificable que contiene el papel de aluminio. Pero Adam dice que a James se le asigna una cierta porción de cada comida, y que es obligada a comer por ley. Si es encontrado desperdiciándola o desechándola, podía ser castigado. Todos los huérfanos esperan comer la comida que va en papel de aluminio en su Automat. James afirma que «no sabe tan mal». Me estremezco un poco ante el aire fresco de la mañana y paso mi mano por el pelo, todavía húmedo por la ducha. El agua aquí no es caliente. No es ni siquiera tibia. Está congelada. El agua caliente es un lujo. Alguien está golpeando la puerta. Me levanto. Me giro. Escaneando. Asustada. Nos encontraron, es la única cosa que puedo pensar. Mi estómago es un crepé débil, mi corazón, un pájaro carpintero que rabia, mi sangre, un río de ansiedad. Adam está en la ducha. James está en la escuela. Estoy absolutamente indefensa.

4

Granola: alimento formado por nueces, copos de avena mezclados con miel y otros ingredientes naturales.

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Revuelvo en la bolsa de lona de Adam hasta que encuentro lo que estoy buscando. 2 pistolas, 1 para cada mano. 2 manos, por si acaso las armas fallan. Por fin, estoy usando el tipo de ropa que se siente cómoda para combatir. Tomo una respiración profunda y pido a mis manos que no tiemblen. El latido se hace más difícil. Apunto con las armas hacia la puerta. —¿Juliette...? Me giro para ver a Adam, mirando a las armas de fuego, a la puerta, a mí. Su cabello está mojado. Sus ojos están muy abiertos. Asiente con la cabeza hacia el arma extra en mi mano y me acerco a él sin decir una palabra. —Si se tratara de Warner no estaría llamando —dice, a pesar de que no bajaba el arma. Sé que tiene razón. Warner habría derribado la puerta, utilizado explosivos, matado a un centenar de personas para llegar a mí. Desde luego, él no esperaría a que yo abriese la puerta. Algo se calma dentro de mí, pero no voy a permitirme sentirme cómoda. —¿Quién crees...? —Podría ser Benny, normalmente comprueba a James... —¿Pero no sabría que estaría en la escuela en este momento? —Nadie sabe donde vivo... Los golpes se están debilitando. Más lentos. Hay un sonido bajo y gutural de agonía. Adam y yo cerramos los ojos. Un golpe más agitándose en la puerta. Un desplome. Otro gemido. El ruido sordo de un cuerpo contra la puerta. Me estremezco. Adam rastrilla una mano por el pelo. —¡Adam! —alguien llora. Tose—. Por favor, hombre, si estás ahí... Me quedo paralizada. La voz suena familiar.

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La columna vertebral de Adam se endereza en un instante. Sus labios se separan con sus ojos asombrados. Da un puñetazo en el código de acceso y abre el pestillo. Apunta con su arma hacia la puerta mientras la abre con facilidad. —¿Kenji? Un silbido corto. Un gemido ahogado. —Joder, tío, ¿qué te tomó tanto tiempo? —¿Qué diablos estás haciendo aquí? Click. Apenas puedo ver a través de la pequeña abertura de la puerta, pero está claro que Adam no está feliz de tener compañía. —¿Quién te ha enviado aquí? ¿Con quién estás? Kenji jura unas cuantas veces más bajo. —Mírame —exige, a pesar de que suena más como una súplica—. ¿Piensas que he venido aquí para matarte? Adam se detiene. Respira. Duda. —No tengo ningún problema en poner una bala en tu espalda. —No te preocupes, hermano. Ya tengo una bala en la espalda. O en mi pierna. O algo de mierda. Ni siquiera lo sé. Adam abre la puerta. —Levántate. —Está bien, no me importa si arrastras mi culo dentro. Adam agarra su mandíbula. —No quiero tu sangre en mi alfombra. No es algo que mi hermano necesite ver. Kenji tropieza y se tambalea en la habitación. Había oído su voz una vez antes, pero nunca había visto su rostro. Aunque este probablemente no es el mejor momento para las primeras impresiones. Sus ojos están hinchados, inflamados, morados y hay una enorme herida a un lado de su frente. Su labio está hundido, sangrando un poco, su cuerpo desplomado y roto. Él se estremece, toma respiraciones cortas mientras se mueve. Su ropa está hecha trizas, con la parte superior del cuerpo cubierta por nada más que una camiseta de tirantes con sus bien desarrollados

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brazos rasgados y magullados. Me sorprende que no se congelase hasta la muerte. No parece notarme hasta que lo hace. Trata de reír. —Amigo, estás loco... —El baño es por aquí. Adam está petrificado. Kenji se mueve hacia delante, pero mira hacia atrás. Apunto con la pistola a su cara. Se ríe más fuerte, se estremece, jadea un poco. —Tío, ¡te escapaste con la chica loca! ¡Te escapaste con la psicótica! —Está gritando tras Adam—. Pensé que hacía esa mierda. ¿En qué diablos estabas pensando? ¿Qué vas a hacer con la psicótica? No me extraña que Warner te quiera muerto... OH, TIO, qué infiernos... —Ella no está loca. Y no es sorda, idiota. La puerta se cierra detrás de ellos y sólo puedo distinguir su discusión ahogada. Tengo la sensación de que Adam no quiere que oiga lo que tiene que decir a Kenji. O eso, o son los gritos. No tengo ni idea de lo que Adam está haciendo, pero supongo que tiene algo que ver con extraer el proyectil del cuerpo de Kenji y, en general, curar las demás heridas lo mejor que pueda. Adam tiene un amplio suministro de primeros auxilios y manos fuertes y constantes. Me pregunto si adquirió estas habilidades en el ejército. Tal vez para cuidar de sí mismo. O tal vez de su hermano. Tendría sentido. El seguro médico era un sueño que perdimos hace mucho tiempo. He estado esperando con esta arma en la mano durante casi una hora. He estado escuchando gritar a Kenji durante casi una hora y sólo lo sé, porque me gusta contar los segundos mientras pasan. No tengo ni idea de qué hora es. Creo que hay un reloj en la habitación de James, pero no quiero entrar en su habitación sin permiso. Me quedo mirando la pistola en la mano, el metal liso y fuerte, y estoy sorprendida de encontrar que me gusta la forma en que se siente entre las manos. Como una extensión de mi cuerpo. Ya no me asusta más. Me asusta más que yo pueda usarla.

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La puerta del baño se abre y Adam sale. Tiene una pequeña toalla en sus manos. Me pongo de pie. Me ofrece una pequeña sonrisa. Alcanza la pequeña nevera, llegando a la diminuta sección del congelador. Coge un par de cubitos de hielo y los deja caer en la toalla. Desaparece en el baño de nuevo. Me siento en el sofá. Hoy está lloviendo. El cielo llora por nosotros. Adam sale del cuarto de baño, esta vez con las manos vacías, todavía solo. Me levanto de nuevo. Se frota la frente, la parte de atrás de su cuello. Se encuentra conmigo en el sofá. —Lo siento —dice. Mis ojos están muy abiertos. —¿Por qué? —Por todo —suspira—. Kenji era una especie de amigo en la base de la mina. Warner lo había torturado después de que nos fuimos. Para obtener más información. Me trago un jadeo. —Él dice que no dijo nada, realmente no tiene nada que decir, pero quedó en mal estado, bastante mal. No tengo ni idea de si sus costillas están rotas o simplemente magulladas, pero me las arreglé para sacar la bala de la pierna. Tomo su mano. Aprieto. —Le dispararon huyendo —dice Adam después de un momento. Y algo choca contra mi conciencia. Entro en pánico. —El sistema de seguimiento de sueros. Adam asiente con la cabeza, los ojos pesados, angustiado. —Creo que puede ser disfuncional, pero no tengo manera de saberlo con seguridad. Sé que si funciona como debe, Warner ya estaría aquí, ahora. Pero no podemos correr el riesgo. Tenemos que salir, y tenemos que deshacernos de Kenji antes de irnos. Estoy sacudiendo mi cabeza, atrapada entre las corrientes de choque de incredulidad.

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—¿Cómo llegó incluso a encontrarte? La cara de Adam se endurece. —Él comenzó a gritar antes de que pudiera preguntar. —¿Y James? —susurro, casi con miedo a preguntar. Adam deja caer su cabeza entre sus manos. —Tan pronto como llegue a casa nos iremos. Podemos utilizar este rato para prepararnos. —Se encuentra con mis ojos—. No puedo dejar atrás a James. No es seguro para él estar aquí. Toco su mejilla y se inclina en mi mano, mi mano se sostiene contra su cara. Cierra los ojos. —Hijo de perra. Adam y yo nos apartamos. Me sonrojo por delante de mi línea del cabello. Adam se ve molesto. Kenji se inclina contra la pared en el pasillo del cuarto de baño, sujetando la improvisada bolsa de hielo en la cara. Mirándonos. —¿La puedes tocar? Quiero decir, mierda, acabo de ver que la tocas, pero ni siquiera es... —Tienes que irte —le dice Adam—. Ya has dejado una huella química que conduce directamente a mi casa. Tenemos que irnos, y no puedes venir con nosotros. —Oh, hey, espera. —Kenji tropieza en la sala de estar, haciendo una mueca mientras se ejerce presión sobre la pierna—. No estoy tratando de retrasaros, hombre. Conozco un lugar. Un lugar seguro. Al igual, un lugar fiable y superseguro. Puedo llevaros. Puedo mostraros cómo llegar allí. Conozco a un tipo. —Mierda —Adam está todavía enojado—. ¿Cómo me encontraste si quiera? ¿Cómo te las has arreglado para llegar hasta mi puerta, Kenji? No confío en ti... —No lo sé, hombre. Te juro que no recuerdo lo que pasó. No sé hacia dónde corría después de cierto punto. Estaba saltando vallas. Me encontré en un campo enorme con un viejo cobertizo. Dormí allí por un tiempo. Creo que me desmayé en un momento dado, ya sea por el dolor o el frío, hace frío como el infierno aquí, y la siguiente cosa que sé es que algún tío me llevaba. Dejándome en tu puerta. Me dice que me calle acerca de Adam, porque Adam vive aquí. —Sonríe. Trata de guiñar—. Supongo que estaba soñando contigo en mi sueño.

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—Espera, ¿qué? —Adam se inclina hacia adelante—. ¿Qué quiere decir que un tipo te llevaba? ¿Qué tipo? ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo sabía mi nombre? —No lo sé. No me lo dijo, y no es como si tuviera la presencia de ánimo para preguntar. Pero el tío era enorme. Quiero decir, tenía que serlo, si iba cargando con mi culo encima. —Honestamente, no esperes que te crea. —No tienes elección. —Kenji se encoge de hombros. —Por supuesto que tengo elección. —Adam está de pie—. No tengo ninguna razón para confiar en ti. No hay razón para creer una sola palabra que salga de tu boca. —¿Entonces por qué estoy aquí con una bala en mi pierna? ¿Por qué no te ha encontrado Warner todavía? ¿Por qué estoy sin armas...? —¡Esto podría ser parte de tu plan! —¡Y me has ayudado de todos modos! —Kenji se atreve a levantar la voz—. ¿Por qué no me dejaste morir? ¿Por qué no me disparaste hasta la muerte? ¿Por qué me ayudaste? Adam se tambalea. —No lo sé. —Sí lo sabes. Sabes que no estoy aquí para arruinarte. Recibí una maldita paliza por ti... —No estabas protegiendo ninguna información mía. —Bueno, mierda, hombre, ¿qué demonios quieres que te diga? Iban a destrozarme el culo. Tuve que correr. No fue culpa mía que algún tío me dejase en tu puerta. —Esto no es sólo acerca de mí, ¿no lo entiendes? He trabajado muy duro para encontrar un lugar seguro para mi hermano y en una mañana arruinas años de planificación. ¿Qué diablos se supone que debo hacer ahora? Tengo que huir hasta que pueda encontrar una manera de mantenerlo a salvo. Es demasiado joven para tener que lidiar con esto... —Somos todos demasiado jóvenes para tener que lidiar con esta mierda. —Kenji respira con dificultad—. No te engañes, hermano. Nadie debería tener que ver lo que hemos visto. Nadie debería tener que despertarse por la mañana y encontrarse cadáveres en la sala de estar, pero esa mierda ocurre. Lidiamos con ello, y encontramos una forma de sobrevivir. Tú no eres el único con problemas.

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Adam se hunde en el sofá. 40 kilos de preocupado peso sobre sus hombros. Se inclina hacia delante con la cabeza entre las manos. Kenji me mira fijamente. Retiro la mirada. Él sonríe y se inclina hacia adelante. —Sabes, eres muy sexy para ser una chica psico. Click. Kenji está dando marcha atrás con las manos en el aire. Adam está presionando una pistola en su frente. —Muestra algo de respeto, o te fundiré el cráneo. —Estaba bromeando... —Como el infierno que lo estabas. —Maldita sea, Adam, deja al infierno en paz... —¿Dónde está el “lugar superseguro” al que nos puedes llevar? Estoy de pie con el arma aún sujeta en la mano. Me muevo junto a Adán. —¿O mentías? Kenji se enciende. —No, eso es real. Muy real. De hecho, puedo o no haber mencionado algo acerca de ti. Y el tipo que dirige el lugar puede o no estar ridículamente interesado en conocerte. —¿Crees que soy una especie de monstruo que puedes mostrar a tus amigos? Bloqueada. Cargada. Kenji se aclara la garganta. —No un monstruo. Sólo... interesante. Apunto mi arma a su nariz. —Soy tan interesante que te puedo matar con mis propias manos. Un destello apenas perceptible de miedo centellea en sus ojos. Se traga unos galones de la humildad. Trata de sonreír.

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—¿Seguro que no estás loca? —No. —Levanto la cabeza—. No estoy segura. Kenji sonríe. Me mira de arriba a abajo. —Bueno, maldita sea. Pero haces que lo loco suene bueno. —Estoy a 15 centímetros de romperte la cara —le advierte Adán, con su voz como el acero, el cuerpo rígido por la ira y los ojos entrecerrados, inquebrantable. No hay toque de humor en su expresión. —No necesito otra razón. —¿Qué? —Se ríe Kenji, sin inmutarse—. No he estado tan cerca de una chica desde hace mucho, hermano. Y loca o no... —No estoy interesada. Kenji se vuelve hacia mí. —Bueno, no estoy seguro de si te culpo. Me veo como el infierno ahora mismo. Pero voy a tener buen aspecto. —Intenta una sonrisa—. Dame un par de días. Puedes cambiar de opinión. Adam le golpea con el codo en la cara y no se disculpa.

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Capítulo 36 Traducido por Susanauribe Corregido por KatieGee

K

enji está maldiciendo, sangrando, quedándose sin palabras y tropezando hacia el baño, sosteniendo su nariz. Adam me empuja hacia la habitación de James.

—Dime algo —dice él. Mira hacia el techo, toma una profunda respiración—. Dime cualquier cosa. Trato de enfocarme en sus ojos, agarrar sus manos, gentil gentil gentil. Espero hasta que me mira. —Nada va a pasarle a James. Lo mantendremos a salvo. Lo prometo. Sus ojos están llenos de dolor como nunca antes los he visto. Abre sus labios. Los presiona. Cambia de pensamiento hasta que sus palabras caen en el aire entre nosotros. —Él ni siquiera sabe sobre nuestro padre. —Es la primera vez que reconoce el asunto. Es la primera vez que reconoce que yo no sé nada al respecto—. Nunca quise que él supiera. Inventé historias para él. Quería que tuviera la oportunidad de ser normal. —Sus labios están derramando secretos y mis oídos están derramando tinta, manchando mi piel con sus historias—. No quería que nadie lo tocara. No quiero joderlo. No puedo… Dios no puedo dejar que pase —me dice. Suavemente. Silenciosamente. He buscado en el mundo por todas las palabras adecuadas y mi boca está llena de nada. —Nunca es suficiente —susurra él—. Nunca puedo hacer lo suficiente. Todavía se despierta gritando. Llora para dormirse. Ve cosas que no puedo controlar. — Pestañea un millón de veces. —Tantas personas, Juliette. Contengo mi respiración. —Muerta.

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Toco la palabra en sus labios y él besa mis dedos. Sus ojos son dos piscinas de perfección, abiertas, honestas, humildes. —No sé qué hacer —dice él, y es como una confesión que le cuesta mucho más de lo que puedo entender. El control se está deslizando fuera de sus dedos y está desesperado por aferrarlo. —Dime qué hacer. Puedo escuchar los latidos en el silencio entre nosotros. Estudio la forma de sus labios, las fuertes líneas de su rostro, las pestañas por las que cualquier chica mataría, el profundo azul oscuro de los ojos en los que he aprendido a sumergirme. Le ofrezco la única posibilidad que tengo. —El plan de Kenji vale la pena considerarse. —¿Confías en él? —Adam se inclina hacia atrás, sorprendido. —No creo que mienta sobre saber un lugar al cual podemos ir. —No sé si eso es una buena idea. —¿Por qué no…? Algo que no puede ser una risa. —Podría matarlo antes de que incluso llegáramos a allí. Mis labios se mueven en una sonrisa triste. —No hay un lugar en el cual podemos escondernos, ¿verdad? El sol está girando alrededor de la luna cuando él responde. Niega con su cabeza. Una vez. Rápido. Tenso. Aprieto su mano. —Entonces, tendremos que intentarlo. —¿Qué rayos están haciendo aquí? —grita Kenji desde la puerta. La golpea unas cuantas veces—. Quiero decir, mierda, hombre, no creo que nunca haya un mal momento para desnudarse, pero ahora tal vez no es el mejor momento para un evento. Así que a menos que quieran ser asesinados, les sugiero que traigan su trasero aquí afuera. Tenemos que prepararnos para irnos. —Podría matarlo ahora mismo —cambia de opinión Adam.

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Tomo su rostro en mis manos, me pongo de puntillas y lo beso. Sus labios son dos almohadas, tan suaves, tan dulces. —Te amo. Él está mirando en mis ojos y mirando mi boca y su voz es un susurro ronco. —¿Sí? —Absolutamente. Los tres tenemos todo empacado y estamos listos para irnos antes de que James regrese de la escuela. Adam y yo recogimos las necesidades básicas más importantes: comida, ropa, y dinero que Adam ahorró. Sigue mirando el lugar como si no pudiera creer que lo perdió tan fácilmente. Sólo puedo imaginar cuánto trabajo puso en él, cuando intentó que fuera un hogar para su hermanito. Mi corazón está en trozos por él. Su amigo es una especie completamente diferente. Kenji está cuidando sus nuevos moretones, pero parece un espíritu razonable, emocionado por razones que no puedo descifrar. Él es extrañamente fuerte y animado. Parece imposible desanimarlo y no puedo evitar admirar su determinación. Pero él no deja de mirarme. —¿Cómo es que puedes tocar a Adam? —dice después de un momento. —No lo sé. Él resopla. —Mierda. Me encojo. No siento la necesidad de convencerlo que absolutamente no tengo idea de cómo es que soy tan afortunada. —¿Cómo supiste que podías tocarlo? ¿Una especie de experimento enfermizo? Espero no estar ruborizándome. —¿Dónde está ese lugar al que nos estás llevando? —¿Por qué estás cambiando el tema? —Está sonriendo. Estoy segura de que está sonriendo. Me rehusó a mirarlo sin embargo—. Tal vez también puedes tocarme. ¿Por qué no lo intentas? —No quieres que te toque.

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—Tal vez sí quiero. —Definitivamente, está sonriendo. —Tal vez la deberías dejar en paz antes de que vuelva a poner esa bala en tu pierna —ofrece Adam. —Lo siento, ¿no sé permite que un hombre solitario haga una jugada, Kent? Tal vez estoy interesado de verdad. Tal vez deberías callarte la puta boca y dejar que hable ella misma. Adam pasa una mano por su cabello. Siempre la misma mano. Siempre por su cabello. Está nervioso. Frustrado. Tal vez incluso avergonzado. —Todavía no estoy interesada —le recuerdo, con un filo en mi voz. —Sí, pero no olvidemos que esto —Señala su rostro estropeado— no es permanente. —Bueno, estoy permanentemente desinteresada. Quiero tanto decirle que no estoy disponible. Quiero decirle que tengo una relación seria. Quiero decirle que Adam me hizo promesas. Pero no puedo. No tengo idea de lo que significa estar en una relación. No sé si decir “Te amo” es un código para “mutua exclusividad” y no sé si Adam hablaba en serio cuando le dijo a James que yo era su novia. Tal vez era una excusa, una cubierta, una respuesta fácil para una complicada respuesta. Deseo que él le diga algo a Kenji, deseo que le diga que estamos juntos oficialmente, exclusivamente. Pero no lo hace. Y no sé porqué no lo hace. —No creo que debas decidir hasta que la hinchazón baje —continúa Kenji con realismo—. Es sólo justo. Tengo un hermoso rostro espectacular. Adam se ahoga con tos que pienso que era que se estaba riendo. —¿Sabes? Solía jurar que estábamos bien —dice Kenji, nivelando su mirada hacia Adam. —No puedo recordar porqué. Kenji silba. —¿Hay algo qué quieras decirme?

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—No confío en ti. —¿Entonces por qué sigo aquí? —Porque confío en ella. Kenji se voltea para mirarme. Se las arregla para hacer una sonrisa tonta. —Aw, ¿confías en mí? —En cuanto tenga un tiro despejado. —Aprieto el agarre en el arma que tengo en mi mano. Su sonrisa es torcida. —No sé porqué, pero medio me gusta cuando me amenazas. —Eso es porque eres un idiota. —Nah. —Niega con su cabeza—. Tienes una voz sexy. Hace que todo suene tan travieso. Adam se pone de pie de repente y casi tumba la mesa de café. Kenji rompe a reír, resollando contra el dolor de sus heridas. —Cálmate, Kent, demonios. Sólo estoy bromeando con ustedes, chicos. Me gusta ver a la chica psicópata ponerse intensa. —Me mira, bajando su voz—. Quise decir eso como un cumplido, porque, tú sabes… —Mueve una mano caótica en mi dirección—. El tipo psicótico te sienta bien. —¿Qué demonios está mal contigo? —Adam lo ataca. —¿Qué demonios está mal contigo? —Kenji cruza sus brazos, molesto—. Todos están tan tensos aquí. Adam aprieta el arma en su mano. Camina hacia la puerta. Camina hacia atrás. Está paseando. —Y no te preocupes por tu hermano —añade Kenji—. Estoy seguro de que estará aquí pronto. Adam no se ríe. No deja de pasear. Su mandíbula se mueve. —No estoy preocupado por mi hermano. Estoy decidiendo si dispararte ahora o después. —Después —dice Kenji, colapsando en el sofá—. Todavía me necesitas ahora.

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Adam trata de hablar pero se le acaba el tiempo. La puerta hace click, un beep y se alza el pestillo para abrirse. James estรก en casa.

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Capítulo 37 Traducido por Susanauribe Corregido por KatieGee

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e alegra que te lo estés tomando tan bien, en verdad lo estoy, pero James, esto en verdad no es algo por lo cual emocionarse. Estamos corriendo por nuestras vidas.

—Pero lo estamos haciendo juntos —dice por quinta vez con una enorme sonrisa sobre poblando su rostro. Tuvo una afición por Kenji casi demasiado rápido, y ahora el par de ellos están conspirando para que el apuro fuera una especie de misión elaborada—. ¡Y puedo ayudar! —No, no es… —Por supuesto que puedes… Adam y Kenji hablan al mismo tiempo. Kenji se recupera primero. —¿Por qué no puede ayudar? Diez años es la edad suficiente para ayudar. —Esta no es tu llamada —dice Adam, cuidadosamente controlando su voz. Sé que se está calmando por el bienestar de su hermano—. Y no es tu asunto. —Finalmente puedo ir contigo —dice James, sin inmutarse—. Y quiero ayudar. James tomó las noticias con calma. Ni siquiera se estremeció cuando Adam explicó la verdadera razón por la que estaba en casa, y porqué estábamos juntos. Pensé que ver a Kenji con moretones y con el rostro magullado lo asustaría, pondría nervioso, instalaría una sensación de miedo en su pecho, pero James estaba completamente impasible. Se me ocurrió que él había visto cosas mucho peores. Adam toma unas profundas respiraciones antes de voltearse hacia Kenji. —¿Cuán lejos? —¿A pie? —Kenji parece inseguro por primera vez—. Al menos unas cuantas horas. Si no hacemos nada estúpido, deberíamos estar allí al anochecer.

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—¿Y si vamos en auto? Kenji pestañea. Su sonrisa se disuelve en una enorme sonrisa. —Bueno, mierda, Kent, ¿por qué no lo dijiste más rápido? —Cuida tu lenguaje cerca a mi hermano. James pone sus ojos en blanco. —He escuchado cosas peores todos los días. Incluso Benny usa malas palabras. —¿Benny? —Las cejas de Adam se suben hasta su frente. —Sip. —¿Ella que tiene que... —Se detiene. Cambia de parecer—. Eso no significa que está bien que lo escuches. —¡Casi tengo once! —Hey, hombrecito —interrumpe Kenji—. Está bien. Es mi culpa. Debería ser más cuidadoso. Además, hay señoritas presentes. —Kenji me guiña. Aparto la mirada. Miro alrededor. Es difícil para mí dejar esta casa humilde, así que sólo puedo imaginar lo que Adam debe experimentar en este momento. Creo que James está demasiado emocionado por la peligrosa carretera que se avecina para darse cuenta de lo que está pasando. Para comprender verdaderamente que nunca va a volver a este lugar. Todos somos fugitivos huyendo por nuestras vidas. —Entonces, ¿qué? ¿Robaste un auto? —pregunta Kenji. —Un tanque. Kenji se echa a reír. —Genial. —Un poco sospechoso para el día, sin embargo. —¿Qué significa sospechoso? —pregunta James. —Es un poco… notable. —Adam se encoge. —Mierda. —Kenji se tambalea para ponerse de pie.

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—Te dije que cuidaras tu lenguaje… —¿Escuchaste eso? —¿Escuchar qué? Los ojos de Kenji se disparan en todas las direcciones. —¿Hay otra forma de salir de aquí? Adam está de pie. —James. James corre al lado de su hermano. Adam revisa su arma. Estoy lanzando mochilas encima de mi espalda, Adam está haciendo lo mismo con su atención desviada hacia la puerta delantera. —Apresúrate. —¿Cuán cerca? —No hay tiempo. —¿Qué… —Kent, corre. Y estamos corriendo, siguiendo a Adam hacia la habitación de James. Adam arranca la cortina de una pared para revelar una puerta oculta justo cuando hay 3 beeps en la sala. Adam le dispara al seguro en la puerta de salida. Algo explota a no más de 4 metros detrás de nosotros. Los sonidos destrozan en mis oídos, vibran por mi cuerpo. Casi colapso por el impacto. Los disparos están en todas partes. Pisadas reverberan en la casa, pero ya estamos corriendo por la salida. Adam arrastra a James hacia sus brazos y estamos volando por el repentino estallido de luz cegadora y haciendo nuestro camino por las calles. La lluvia ha cesado. Los caminos están enlodados y manchados. Hay niños en todas partes, brillantes colores de pequeños cuerpos de repente gritando por nuestro acercamiento. Ya no tiene punto ser discretos. Ya nos han encontrado.

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Kenji está quedándose atrás, cojeando por la última de su ataque de adrenalina. Cuando volteamos en un estrecho callejón, él cae contra la pared. —Lo siento —jadea—, no puedo… pueden dejarme aquí. —No podemos dejarte —grita Adam, mirando a todas partes, absorbiendo los alrededores. —Eso es dulce, hermano, pero está bien. —¡Te necesitamos para que nos muestres a donde ir! —Bueno, mierda. —Dijiste que nos ayudarías… —Pensé que dijiste que tenías un tanque… —Si no lo has notado, ha habido un cambio de planes inesperado… —No puedo continuar, Kent. Apenas puedo caminar… —Tienes que intentarlo… —Hay rebeldes en fuga. Están armados y listos para disparar. El toque de queda está en marcha ahora. Todos regresen a sus casas inmediatamente. Hay rebeldes en fuga. Están armados y listos para dispa… Los altavoces suenan alrededor de las calles, atrayendo la atención hacia nuestros cuerpos acurrucados en el estrecho callejón. Unas cuantas personas nos ven y gritan. Las botas se están volviendo más fuertes. Los disparos se están volviendo más salvajes. Me tomo un momento para analizar el edificio que nos rodea y me doy cuenta de que no estamos en un complejo. La calle donde vive James es un césped no reglamentado: una serie de edificios de oficinas abandonados atiborrados, sobras de nuestras viejas vidas. No entiendo porqué no está viviendo en un complejo como el resto de la población. No tengo tiempo para descubrir porqué sólo veo dos grupos de edades representados, porqué los viejos y los huérfanos son los únicos residentes, porqué han sido tirados en terrenos ilegales con soldados que no se supone que estén aquí. Estoy asustada de considerar las respuestas a mis propias preguntas y entro en pánico en el momento que temo por la vida de James. Giro alrededor mientras corremos viendo su pequeño cuerpo liado en los brazos de Adam. Sus ojos están cerrados tan fuertemente que estoy segura de que duele.

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Adam maldice en voz baja. Patea la primera puerta que encontramos en un edificio desierto y grita para que lo sigamos dentro. —Necesito que te quedes aquí —le dice a Kenji—. Y estoy loco, pero necesito dejar a James contigo. Necesito que lo cuides. Están buscando a Juliette, y me están buscando a mí. Ni siquiera esperaban encontrarse con ustedes dos. —¿Qué vas a hacer? —pregunta Kenji. —Necesito robar un auto. Luego volveré por ustedes. —James ni siquiera protesta mientras Adam lo baja. Sus pequeños labios están blancos. Sus ojos abiertos. Sus manos temblando—. Volveré por ti James —dice Adam de nuevo—. Lo prometo. James asiento una y otra vez y otra vez. Adam besa su cabeza, una vez, rápidamente, fuerte. Deja caer nuestras bolsas en el suelo. Se voltea hacia Kenji. —Si dejas que algo le pase, te mataré. Kenji no se ríe. No frunce el ceño. Toma una profunda respiración. —Cuidaré de él. —¿Juliette? Él toma mi mano y desaparecemos en las calles.

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Capítulo 38 Traducido por hanna Corregido por Jut

L

as carreteras están llenas de peatones tratando de escapar. Adam y yo ocultamos nuestras armas en las cinturas de los pantalones, pero nuestros ojos salvajes y movimientos bruscos parece que nos delatan. Todo el mundo se mantiene lejos de nosotros, entrando en direcciones opuestas, algunos chillando, gritando, llorando, dejando caer las cosas de sus manos. Pero en todo el pueblo, no veo un sólo coche a la vista. Deben ser difíciles de conseguir, especialmente en esta área. Adam me empuja hacia el suelo cuando una bala vuela más allá de mi cabeza. Derriba otra puerta y corremos a través de las ruinas hacia la otra salida, atrapados en el laberinto de lo que solía ser una tienda de ropa. Los disparos y los pasos nos siguen de cerca. Debe haber al menos un centenar de soldados detrás de nosotros a través de las calles, agrupados en diferentes grupos, dispersos en diferentes zonas de la ciudad, listos para capturarnos y matarnos. Pero sé que no me van a matar. Es Adam quien me preocupa. Trato de mantenerme lo más cerca a su cuerpo, porque estoy segura de que Warner les ha dado órdenes para que me lleven viva. Mis esfuerzos, sin embargo, son débiles en el mejor de los casos. Adam tiene la altura y el músculo suficiente para empequeñecerme. Cualquier persona con excelente puntería sería capaz de orientar el disparo. Podían disparar a la derecha en la cabeza. Justo frente a mí. Él regresa dos tiros. Uno queda corto. Otro provoca un grito ahogado. Estamos en marcha aún. Adam no dice nada. No me dice que sea valiente. No me pregunta si estoy bien, si tengo miedo. No me ofrece aliento o me asegura que vayamos a estar bien. No me dice que lo deje atrás y me salve. No me dice que cuide de su hermano en caso de que muera.

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No es necesario. Ambos comprendemos la realidad de nuestra situación. Adam podría ser disparado en estos momentos. Podría ser capturado en cualquier momento. Este edificio pronto podeía explotar. Alguien podría haber descubierto a Kenji y a James. Todos podemos morir hoy. Los hechos son evidentes. Pero sabemos que tenemos que correr el riesgo de la misma manera. Debido a que moverse hacia delante es la única manera de sobrevivir. La pistola se está volviendo resbaladiza en mis manos, pero me aferró a ella de todos modos. Mis piernas están gritando por el dolor, pero las empujo más rápido de todos modos. Mis pulmones están cortando mi caja torácica por la mitad, pero me obligo a procesar oxígeno de todos modos. Tengo que seguir adelante. No hay tiempo para las deficiencias humanas. La escalera de incendio en este edificio es casi imposible de encontrar. Nuestros pies golpean el suelo de baldosas, nuestras manos buscan a través de la sombría luz algún tipo de salida, algún tipo de acceso a las calles. El edificio es más grande de lo que esperábamos, masivo, con cientos de direcciones posibles. Me doy cuenta de que debe haber sido un almacén y no sólo una tienda. Adam se agacha detrás de un escritorio abandonado, tirando de mí hacia él. —¡No seas estúpido, Kent… solo no puedes correr por tanto tiempo! —grita alguien. La voz no está a más de cinco metros de distancia. Adam traga. Aprieta la mandíbula. Las personas que tratan de matarlo son los mismos con los que solía comer. Entrenar. Vivir. Conoce a esos tipos. Me pregunto si ese conocimiento hace que sea peor. —Sólo tienes que entregar a la chica —añade una nueva voz—. Sólo danos a la chica y no dispararemos. Vamos a fingir que te has perdido. Te vamos a dejar ir. Warner sólo quiere a la chica. Adam respira con dificultad. Agarra la pistola en la mano. Extrae la cabeza por un segundo y dispara. Alguien cae al suelo, gritando. —Kent, hijo de… Adam utiliza el momento para huir. Saltamos detrás de un mostrador y volamos hacia un hueco en la escalera. Los disparos nos pasan por milímetros. Me pregunto si estos dos hombres son los únicos que nos siguen en el interior.

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La escalera de caracol nos lleva al aire hacia un nivel inferior, un sótano de algún tipo. Alguien está tratando de apuntar a Adam, pero los movimientos erráticos hacen que sea imposible. La posibilidad de que él me golpee es demasiado alta. Está desatando una gran cantidad de improperios a nuestro paso. Adam golpea las cosas mientras corremos, tratando de crear cualquier tipo de distracción, cualquier tipo de riesgo para frenar al soldado detrás de nosotros. Veo un par de puertas para tormenta de la bodega y me doy cuenta que esta área debe haber sido devastado por los tornados. El tiempo es turbulento, los desastres naturales son comunes. Los ciclones han arrancado esta ciudad. —Adam… —Tiro con fuerza de su brazo. Nos escondemos detrás de un muro bajo. Señalo nuestra única posible vía de escape. Él aprieta mi mano. —Buen ojo. —Pero no nos movemos hasta que el aire pasa a nuestro alrededor. Un paso en falso. Un grito sordo. Es una oscuridad casi cegadora, es obvio que la electricidad fue desconectada hace mucho tiempo. El soldado ha saltado en uno de los obstáculos que Adam ha dejado atrás. Adam tiene la pistola cerca de su pecho. Toma una respiración profunda. Da la vuelta y hace un disparo veloz. Su puntería es excelente. Una explosión incontrolada de malas palabras lo confirma. Adam toma una respiración difícil. —Sólo estoy disparando para deshabilitarlo —dice—. No para matar. —Lo sé —le digo. A pesar de que no estaba segura. Corremos hacia las puertas y Adam se esfuerza por quitar el seguro. Está casi cerrada por el óxido. Nos estamos desesperando. No sé cuánto tiempo va a pasar hasta que seamos descubiertos por otro grupo de soldados. Estoy a punto de sugerir que le dispare para abrirla, cuando Adam finalmente se las arregla para dejarnos libres. Patea las puertas para abrirlas y tropezamos hacia la calle. Hay tres coches para elegir. Estoy tan feliz que podría llorar.

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—Ya era hora —dice. Pero no fue Adam quién lo dijo.

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Capítulo 39 Traducido por Aciditax Corregido por hanna

H

ay sangre por todas partes.

Adam está en el terreno, agarrando su cuerpo, pero no sé dónde ha sido herido. Hay soldados pululando a su alrededor y yo estoy arañando los brazos que me retenían, pateando en el aire, llorando en el vacío. Alguien me estaba arrastrando lejos y no podía ver qué le habían hecho a Adam. El miedo se apodera de mis miembros, entorpeciendo mis articulaciones, rompiendo cada uno de los huesos de mi cuerpo. Quiero chillar hasta el cielo, quiero caer sobre mis rodillas y sollozar en la tierra. No entiendo por qué la agonía no está encontrando escape en mis gritos. Por qué mi boca está cubierta con la mano de alguien. ―Si te dejo ir, tienes que prometerme que no gritarás ―me dijo. Está tocando mi cara con sus manos desnudas y no sé dónde solté mi arma. Warner me arrastra hacia a un edificio aún en funcionamiento y patea una puerta para abrirla. Golpea un interruptor. Luces fluorescentes parpadean con un pálido zumbido. Hay pinturas tapando las paredes, arcoíris de alfabetos engrapados a las pizarras de corcho. Pequeñas mesas diseminadas a través del salón. Estamos en un salón de clases. Me pregunto si este era el colegio al que James iba. Warner suelta mi mano. Sus vidriosos ojos verdes están tan encantados y me petrifico. ―Dios, te extrañé ―me dice―. ¿Realmente pensabas que yo te dejaría ir tan fácilmente? ―Le disparaste a Adam. ―Eran las únicas palabras en las que podía pensar. Mi mente está confusa con incredulidad. Sigo mirando su hermoso cuerpo estrujado en el terreno, rojo rojo rojo. Necesito saber si está vivo. Tiene que estar vivo. Los ojos de Warner destellan.

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―Kent está muerto. ―No. Warner me regresa a la esquina y me doy cuenta que nunca he estado tan indefensa en mi vida. Nunca tan vulnerable. He pasado 17 años deseando que mi maldición se fuese, pero en este momento estoy más desesperada que nunca por tenerla de regreso. Los ojos de Warner se calientan de improviso. Sus constantes cambios emocionales son difíciles de anticipar. Difíciles de contrarrestar. ―Juliette ―dice. Toca mi mano tan gentilmente, eso me sobresalta―. ¿Te diste cuenta? Parece que soy inmune a tu don. ―Estudia mis ojos―. ¿No es increíble? ¿Lo notaste? ―pregunta nuevamente―. ¿Cuándo trataste de escapar? ¿Sentiste…? Warner el que no se pierde absolutamente de nada. Warner el que absorbe cada detalle. Por supuesto que sabe. Pero estoy impresionada por la ternura en su voz. La sinceridad con la cual él quiere saber. Él que es como un animal salvaje, enloquecido y salvaje, sediento de caos, adolorido por reconocimiento y aceptación. Amor. ―Realmente podemos estar juntos ―me dice sin inmutarse por mi silencio. Me empuja más cerca, demasiado cerca. Estoy congelada en quinientas capas de miedo. Aturdida por el dolor, por la incredulidad. Su mano se extiende a mi cara, sus labios a los míos. Mi cerebro está ardiendo, listo para estallar por la imposibilidad de este momento. Me siento como si estuviera viendo lo que sucede, distante a mi propio cuerpo, incapaz de intervenir. Más que cualquier otra cosa, estoy impresionada por sus gentiles manos, por sus serios ojos. ―Quiero que tú me escojas ―dice―. Quiero que escojas estar conmigo. Quiero que tú quieras esto. ―Estás loco ―me contuve―. Estás psicótico. ―Sólo estás asustada de lo que eres capaz de hacer. ―Su voz es suave. Fácil. Lenta. Aparentemente persuasiva. Nunca me había dado cuenta de lo atractiva que era su voz―. Admítelo ―dijo―. Somos perfectos el uno para el otro. Quieres el poder. Amas sentir un arma en tu mano. Estás… atraída por mí.

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Trato de oscilar mi puño, pero él atrapa mis brazos. Sujetándome a su lado. Presionándome contra la pared. Es mucho más fuerte de lo que parece. ―No te engañes a ti misma, Juliette. Vas a regresar conmigo lo quieras o no. Pero puedes escoger quererlo. Puedes escoger disfrutarlo… ―Nunca lo haré ―respiré, lastimada―. Eres un enfermo, eres un enfermo y retorcido monstruo. ―Esa no es la respuesta correcta ―dijo, y parecía genuinamente decepcionado. ―Es la única respuesta que obtendrás de mí. Sus labios se acercaron. ―Pero te amo. ―No, no me amas. Sus ojos se acercan. Apoya su frente contra la mía. ―No tienes idea de lo que me haces. ―Te detesto. Sacude su cabeza muy lentamente. Hundiéndose. Su nariz cepilla mi nuca y yo reprimo un escalofrío horrible que él malinterpreta. Sus labios tocan mi piel y yo realmente gimoteo. ―Dios, amaría tan sólo poder morderte. Noto el destello de plata dentro del bolsillo de su chaqueta. Siento un estremecimiento de esperanza. Un estremecimiento de horror. Me preparo para lo que debo hacer. Paso un momento de duelo por la pérdida de mi dignidad. Y me relajo. Él siente la tensión filtrándose por mis extremidades y responde a cambio. Sonríe, aflojando su abrazo en mis hombros. Desliza sus brazos alrededor de mi cintura y me trago el vómito que está a punto de ceder. Su chaqueta militar tiene un millar de botones. Me pregunto cuántos voy a tener que deshacer antes de que pueda tener en mis manos el arma. Sus manos están explorando mi cuerpo deslizándose por mi espalda para sentir la forma de mi figura y es todo lo que puedo hacer para prevenir que haga algo imprudente. No soy

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lo suficientemente hábil como para dominarlo y no tengo idea de por qué es capaz de tocarme. No tengo ni idea de por qué fue capaz de estrellarse con el cemento ayer. No tengo ni idea de dónde proviene esa energía. Hoy tiene todas las ventajas y no es el momento de delatarme. No aún. Coloco mis manos en su pecho. Presiona la curva de mi cuerpo. Ladea su barbilla para encontrarse con mis ojos. ―Va a ser bueno para ti ―susurra―. Va a ser demasiado bueno para ti, Juliette. Lo prometo. Espero que no sea visible que estoy temblando. Y me besa. Hambrientamente. Desesperadamente. Deseoso de destaparme y probarme. Estoy tan aturdida, tan horrorizada, tan encerrada en la demencia que me olvido de mi misma. Me quedo congelada, disgustada. Mis manos se deslizan a su pecho. Todo lo que puedo pensar es en Adam y su sangre, en Adam y en el sonido de los disparos y en Adam muriendo en una piscina de sangre. Esty cerca de empujarlo fuera de mí. Pero Warner no se desalentaría. Él rompe el beso. Susurra algo en mi oído que suena como una tontería. Ahueca con sus manos mi cara y esta vez recuerdo que pretendo. Tiro más, agarro un puñado de su chaqueta y lo beso tan duro como puedo, mis dedos ya tratan de liberar el primer botón. Warner agarra fuertemente mis caderas y permite a sus manos conquistar mi cuerpo. Sabe como a hierbabuena, huele a gardenias. Sus brazos son fuertes a mí alrededor, con los labios suaves, casi dulces en contra de mi piel. Hay una carga eléctrica entre nosotros que no había previsto. Mi cabeza está dando vueltas. Sus labios están en mi cuello, saboreándome, devorándome, y me obligo a pensar con claridad. Me obligo a entender la perversión de esta situación. No sé cómo conciliar la confusión en mi mente, mi repulsión vacilante, mi reacción química inexplicable con sus labios. Necesito terminar con esto. Ahora. Alcanzo los botones. Y él innecesariamente se ha animado. Warner me levanta por la cintura, me iza contra la pared, con las manos excavando mi espalda, obligando a las piernas para envolver a su alrededor. No se da cuenta que él me ha dado el ángulo perfecto para alcanzar su chaqueta.

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Sus labios encuentran mis labios, sus manos se deslizan debajo de la camisa y está respirando con dificultad, aumentando la presión a mi alrededor, y yo prácticamente puedo rasgar y abrir su chaqueta por desesperación. No puedo dejar que esto pase por mucho tiempo más. No tengo idea de qué tan lejos Warner quiera llevar las cosas, pero no puedo seguir animando su locura. Lo necesito para inclinarme hacia adelante tan sólo un centímetro más… Mis manos se envuelven alrededor de la pistola Lo siento congelarse. Tiro hacia atrás. Miro su rostro pasar a través de marcos de confusión/miedo/angustia/horror/ira. Me tira al suelo mientras mis dedos aprietan el gatillo por primera vez. El poder y fortaleza de la arma es el desarme, el sonido fue más fuerte de lo que había anticipado. Los ecos están vibrando a través de mis oídos y todos los impulsos de mi cuerpo. Es una dulce clase de música. Una pequeña clase de victoria. Porque esta vez la sangre no era de Adam.

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Capítulo 40 Traducido por LuluAlle Corregido por Julieta_arg

W

arner cayó. Estoy de pie y huyendo con su arma.

Necesito encontrar a Adam. Tengo que robar un coche. Necesito encontrar a James y a Kenji. Tengo que aprender a conducir. Necesito ponernos a salvo. Tengo que hacer todo en exactamente ese orden. Adam no puede estar muerto. Adam no esta muerto. Adam no estará muerto. Mis pies golpeaban el pavimento a un ritmo constante, mi camisa y cara estaban salpicadas de sangre, mis manos aún temblando ligeramente con la puesta del sol. Una fuerte brisa azotaba a mi alrededor, sacudiéndome de la loca realidad en la que parecía estar nadando. Tomé una respiración profunda, entrecerré los ojos al cielo, y me di cuenta que no tenía mucho tiempo antes de perder la luz. Las calles, por lo menos, desde hace rato que han sido evacuadas. Pero tengo exactamente cero idea de dónde podrían estar los hombres de Warner. Me pregunto si Warner tiene el suero rastreador también. Me pregunto si ellos sabrán si él estuviera muerto. Me agacho en las oscuras esquinas, tratando de leer las calles por pistas, tratando de recordar dónde cayó al suelo Adam, pero mi memoria es muy débil, también distraída, mi cerebro está demasiado roto para procesar este tipo de detalles. Ese horrible momento es un desorden de locura en mi mente. No puedo ponerle ningún sentido y Adam podría estar en cualquier parte. Podrían haberle hecho cualquier cosa. Ni siquiera sé lo que estoy buscando. Puedo estar perdiendo mi tiempo.

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De repente, escucho movimiento y me precipito al lado de la calle, apretando mis dedos alrededor del arma rápidamente con mis manos. Ahora que incluso he disparado un arma de fuego, me siento más segura con ella en mis manos, más consciente de lo que esperar, cómo funciona. Pero no sé si debo sentirme feliz u horrorizada por estar tan a gusto y tan rápidamente con algo tan letal. Pasos. Me deslizo hacia arriba contra la pared, con brazos y piernas extendidas contra la áspera superficie. Espero estar enterrada en las sombras. Me pregunto si alguien ha encontrado a Warner ya. Veo a un soldado caminar a la derecha delante de mí. Él tiene fusiles colgando de su pecho, una especie más pequeña de arma automática en la mano. Miro hacia abajo a la pistola en mi mano y me doy cuenta de que no tengo idea de cuántos diferentes tipos hay. Lo único que sé es que algunas son más grandes que otras. Algunas tienen que volverse a cargar constantemente. Algunas, como la que estoy sosteniendo, no. Tal vez Adam me pueda enseñar las diferencias. Adam. Aspiro mi aliento y me muevo tan sigilosamente como puedo a través de las calles. Veo una particular sombra oscura en un tramo de la acera delante de mí y hago un esfuerzo para evitarla. Pero a medida que me acerco me doy cuenta de que no es una sombra. Es una mancha. La sangre de Adam. Aprieto mi mandíbula cerrándola hasta que el dolor ahuyenta los gritos. Tomo cortas, pequeñas, y demasiadas rápidas respiraciones. Necesito concentrarme. Tengo que usar esta información. Tengo que prestar atención... Necesito seguir el rastro de sangre. Quienquiera que arrastró a Adam lejos todavía no ha vuelto a limpiar el desorden. Hay un constante goteo salpicado que lleva lejos de las carreteras principales a las calles mal iluminadas. La luz es tan tenue que tengo que agacharme para buscar los puntos en el suelo. Estoy perdiendo de vista a dónde conducen. Hay menos aquí. Creo que han desaparecido completamente. No sé si las manchas oscuras que estoy encontrando son sangre o viejos chicles manchando el pavimento o las gotas de vida de la carne de otra persona. El rastro de Adam ha desaparecido. Retrocedo varios pasos y vuelvo sobre la línea.

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Tengo que hacer esto 3 veces antes de darme cuenta de que debieron haberlo llevado dentro. Hay una vieja estructura de acero con una vieja puerta oxidada que parecía nunca haber sido abierta. Parece que no la han utilizado en años. No veo ninguna otra opción. Muevo la manija. Está cerrada. Desplazo mi peso completo para romperla, golpeándola abierta, pero sólo consigo un hematoma en mi cuerpo. Podría dispararle al igual que he visto hacer a Adam, pero no estoy segura de mi objetivo ni de mi habilidad con el arma, y no estoy segura de poder permitirme el ruido. No puedo hacer saber mi presencia. Tiene que haber otra manera de entrar al edificio. No hay otra manera de entrar al edificio. Mi frustración es cada vez mayor. Mi desesperación es paralizante. Mi histeria me amenaza con romperme y me dan ganas de gritar hasta que mis pulmones colapsen. Adam se encuentra en este edificio. Él tiene que estar en este edificio. Estoy de pie justo delante del edificio y no puedo entrar. Esto no puede estar pasando. Aprieto los puños, tratando de hacer retroceder la enloquecedora inutilidad que me envuelve en su abrazo, pero me siento enloquecer. Salvaje. Demente. La adrenalina se esta desvaneciendo, mi enfoque se está escapando, el sol se pone en el horizonte y me acuerdo de James y Kenji y Adam Adam Adam y las manos de Warner sobre mi cuerpo y sus labios en mi boca y su lengua saboreando mi cuello y toda la sangre en todas partes. Por todas partes Por todas partes Y hago algo estúpido. Golpeo la puerta. En un instante, mi mente se pone al día con mi músculo y me preparo para el impacto del acero en la piel, lista para sentir la agonía de todos los huesos del brazo derecho romperse. Pero mi puño vuela a través de los 30 centímetros de acero como si estuviera hecho de mantequilla. Estoy sorprendida. Aprovecho la misma energía volátil y pateo con mi pie a través de la puerta. Usando mis manos para

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extraer los pedazos de acero, arañando mi camino a través del metal como un animal salvaje. Es increíble. Estimulante. Totalmente salvaje. Esta debe ser la forma en que rompí el hormigón en la cámara de tortura de Warner. Lo que significa que aún no tengo idea de cómo rompí el cemento de la cámara de tortura de Warner. Subo por el agujero que he creado y me deslizo en las sombras. No es difícil. El lugar entero está envuelto en la oscuridad. No hay luces, ni sonidos de máquinas o electricidad. Sólo otro almacén abandonado en manos de los elementos. Reviso los pisos, pero no hay ninguna señal de sangre. Mi corazón se eleva y cae en picado, al mismo tiempo. Lo necesito para estar bien. Lo necesito para estar viva. Adam no está muerto. No lo puede estar. Adam prometió a James que volvería por él. Él nunca rompería esa promesa. Me muevo lentamente, al principio, cautelosa, preocupada de que pueda haber más soldados alrededor, pero no necesito mucho tiempo para darme cuenta de que no hay un sonido de vida en este edificio. Decido correr. Meto la precaución en un bolsillo y espero poder alcanzarlo si es necesario. Estoy volando a través de las puertas, girando alrededor de las curvas, bebiendo de cada detalle. Este edificio no era sólo un almacén. Era una fábrica. Viejas máquinas atestan las paredes, cintas transportadoras congeladas en su lugar, miles de cajas de inventario apiladas precariamente en altos montones. Oigo un pequeño suspiro, una tos ahogada. Paso a través de un conjunto doble de puertas giratorias, buscando el débil sonido, luchando por concentrarme en los más mínimos detalles. Esforzando mis oídos y escuchar de nuevo. Pesada, una entrecortada respiración. Cuanto más me acerco, más claramente puedo oírlo. Tiene que ser él. Mi pistola está lista y apuntando al fuego, mis ojos están cuidadosos ahora, anticipándose a los atacantes. Mis piernas se mueven rápidamente, fácilmente, en silencio. Estuve a punto de dispararle a la sombra de unas cajas echadas en el suelo. Tomo un respiro tranquilizador. Rondo otra esquina.

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Y estoy cerca de colapsar. Adam está colgando de las muñecas atadas, sin camisa, ensangrentado y magullado por todas partes. Su cabeza está inclinada, el cuello flácido, su pierna izquierda bañada en sangre a pesar del torniquete envuelto alrededor de su muslo. No sé cuánto tiempo el peso de su cuerpo ha estado colgando de sus muñecas. Me sorprende que no se haya dislocado los hombros. Él todavía debe estar luchando por aguantar. La cuerda que esta envuelta alrededor de sus muñecas esta adjunta a una tipo de barra de metal que atraviesa el techo. Miro más de cerca y me doy cuenta de que la varilla es parte de una cinta transportadora. Que Adam está en una cinta transportadora. Que esto no es más que una fábrica. Es un matadero. Estoy demasiado necesitada para permitirme el lujo de la histeria en este momento. Tengo que encontrar una manera de bajarlo, pero temo aproximarme. Mis ojos buscan en el espacio, seguros de que hay guardias por aquí en alguna parte, soldados preparados para este tipo de emboscadas. Pero entonces se me ocurre que tal vez nunca se me consideró realmente una amenaza. No, si Warner conseguía arrastrarme lejos. Nadie esperaría encontrarme aquí. Me subo en la cinta transportadora y Adam intenta levantar la cabeza. Tengo que tener cuidado de no mirar demasiado cerca sus heridas, no dejar que mi imaginación me paralice. No aquí. No ahora. —¿Adam...? Su cabeza se mueve bruscamente con un repentino estallido de energía. Sus ojos me encuentran. Su rostro esta casi ileso, hay sólo unos pocos cortes y contusiones para tener en cuenta. Enfocándome en lo familiar me da un mínimo de calma. —¿Juliette? —Necesito cortar… —Jesús, Juliette, ¿cómo me encontraste? —Tose. Jadeando. Toma una respiración fuerte.

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—Después. —Alcanzo a tocar su cara—. Te voy a contar todo más tarde. Primero, tengo que encontrar un cuchillo. —Mis pantalones. —¿Qué? —En —traga—, en mis pantalones. Llego a su bolsillo y sacude la cabeza. Miro hacia arriba. —¿Dónde? —Hay un bolsillo dentro de mis pantalones. Prácticamente, le arranco la ropa. Hay un pequeño bolsillo cosido en el forro de sus pantalones de carga. Deslizo mi mano en el interior y recupero una navaja compacta. Un cuchillo mariposa. He visto esto antes. Son ilegales. Empiezo a apilar cajas en la cinta transportadora. Subiendo a mi manera y esperando a que Dios yo sepa lo que estoy haciendo. El cuchillo está muy afilado, y funciona, deshaciendo rápidamente las ataduras. Me doy cuenta un poco tarde de que la cuerda que lo sostenía junto es la misma cuerda que usamos para escapar. Adam es cortado libre. Bajo, repliego del cuchillo y lo meto en mi bolsillo. No sé cómo voy sacar a Adam fuera de aquí. Sus muñecas están en carne viva, sangrando, y su cuerpo golpeado es una sola pieza de dolor, con la pierna ensangrentada por la bala. Casi se cae. Trato de sostenerlo con tanta ternura como me es posible, tratando de mantenerlo lo más cerca y mejor que puedo, sin hacerle daño. No dice una palabra sobre el dolor, trata tan duro de ocultar el hecho de que está teniendo problemas para respirar. Hace una mueca contra toda la tortura, pero no susurra una palabra quejándose. —No puedo creer que me encontrases —es todo lo que dice. Y sé que no debería. Sé que ahora no es el momento. Sé que es poco práctico. Pero lo beso de todos modos. —No vas a morir —le digo—. Vamos a salir de aquí. Vamos a robar un coche. Vamos a encontrar a James y Kenji. Y luego vamos a ponernos a salvo.

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Me mira fijamente. —Bésame otra vez —dice. Y lo hago. Toma toda una vida llegar de nuevo a la puerta. Adam había estado enterrado en lo profundo y recóndito de este edificio, y encontrar nuestro camino al frente es aún más difícil de lo que esperaba. Adam está intentándolo tan duro, moviéndose tan rápido como puede, pero aún no es rápido en absoluto. —Ellos dijeron que Warner quería matarme él mismo —explica—. Que me disparó en la pierna a propósito, sólo para incapacitarme. Le dio la oportunidad de arrastrarte lejos y volver más tarde por mí. Al parecer, su plan era torturarme hasta la muerte. —Hace una mueca de dolor—. Me dijo que quería disfrutar de ella. No quería precipitarse a matarme. —Una risa dura. Una tos corta. Sus manos sobre mi cuerpo sus manos en mi cuerpo sus manos sobre mi cuerpo. —¿Así que simplemente te ataron y te abandonaron aquí? —Dijeron que nadie podría jamás encontrarme. Dijeron que el edificio está hecho totalmente de cemento y reforzado en acero y nadie puede forzar la entrada. Warner debía volver por mí cuando estuviera listo. —Se detiene. Me mira—. Dios, estoy tan feliz de que estés bien. Le ofrezco una sonrisa. Trato de evitar que mis órganos caigan. Espero que los agujeros en la cabeza no sean visibles. Hace una pausa cuando llegamos a la puerta. El metal es un destrozado enredo. Se ve como si un animal salvaje lo hubiera atacado y perdido. —¿Cómo hiciste? —No lo sé —admito. Tratando de encogerme de hombros, indiferente—. Sólo la golpeé. —Sólo la golpeaste. —Y le di una pequeña patada. Él sonríe y quiero sollozar en sus brazos. Tengo que concentrarme en su rostro. No puedo dejar que mis ojos se dirijan a la parodia de su cuerpo. —Date prisa —le digo—. Vamos a hacer algo ilegal.

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Dejo Adam en las sombras y me precipito hasta el borde de la carretera principal, buscando vehículos abandonados. Tenemos que viajar a 3 diferentes calles, hasta que finalmente encontramos uno. —¿Cómo lo llevas? —le pregunto, con miedo de oír la respuesta. Aprieta los labios. Hace algo que se parece una cabeceada. —Está bien. Eso no es bueno. —Espera aquí. Es de tono negro, sin una sola lámpara en la calle a la vista. Esto es bueno. También malo. Me da una ventaja extra, pero me hace vulnerable a un ataque adicional. Tengo que tener cuidado. Voy de puntillas hasta el coche. Estoy completamente preparada para romper el vidrio, pero compruebo primero la manija. Por si acaso. La puerta está desbloqueada. Las llaves están en el encendido. Hay una bolsa de comestibles en el asiento trasero. Alguien debió entrar en pánico por el sonido de alarma y el inesperado toque de queda. Debieron abandonarlo todo y correr a esconderse. Increíble. Esto sería absolutamente perfecto si tuviera alguna idea de cómo conducir. Corro de nuevo a Adam y le ayudo a cojear hasta el lado del pasajero. Tan pronto como se sienta puedo decir exactamente cuánto dolor tiene. Doblando su cuerpo de ninguna manera en absoluto. Colocando presión sobre sus costillas. Esforzando sus músculos. —Está bien —me dice, mintiéndome—. No puedo estar de pie por mucho tiempo. Meto la mano en la parte de atrás y hurgo en las bolsas de supermercado. Hay comida real dentro. No sólo esos extraños cubitos de caldo diseñados para entrar en los Automats, sino de frutas y verduras. Incluso Warner nunca nos dio una banana. Le entrego la fruta amarilla a Adam. —Cómete eso.

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—No creo que pueda comer. —Hace una pausa. Mira a la forma en sus manos—. ¿Es esto lo que creo que es? —Creo que sí. No tenemos tiempo para procesar la imposibilidad. Peleo abriéndola. Alentándolo a tomar un pequeño bocado. Espero que sea una buena cosa. He oído que las bananas tienen potasio. Espero que él pueda contenerlo. Trato de concentrarme en la máquina bajo mis pies. —¿Cuánto tiempo crees que vamos a tener hasta que Warner nos encuentre? — pregunta Adam. Tomo unos cuantos bocados de oxígeno. —No sé. Una pausa. —¿Cómo conseguiste alejarte de él...? Miro fijamente por el parabrisas cuando respondo. —Le disparé. —No. —Sorpresa. Temor. Asombro. Le muestro el arma de Warner. Tiene un grabado especial en la empuñadura. Adam se queda aturdido. —Así que él esta... ¿muerto? —No lo sé —admito finalmente, avergonzada. Dejo caer mis ojos, estudiando las ranuras en el volante—. No lo sé con seguridad. —Me tomó demasiado tiempo apretar el gatillo. Era más rígido de lo que esperaba que fuera. Más difícil sostener el arma entre mis manos de lo que me había imaginado. Warner ya se me estaba abalanzando cuando la bala voló a su cuerpo. Estaba apuntando a su corazón. Espero por Dios no haber fallado. Los dos estamos demasiado tranquilos. —¿Adam? —¿Sí?

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窶年o sテゥ cテウmo manejar.

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Capítulo 41 Traducido por sooi.luuli Corregido por Julieta_arg

—T

ienes suerte que esto no tenga una caja de cambios —¿Caja de cambios? ―Transmisión manual. —¿Qué es eso?

—Un poco más complicado. Me muerdo el labio. —¿Recuerdas cuando dejamos a James y Kenji? —Ni siquiera quiero considerar la posibilidad de que se hayan ido. De que hayan sido descubiertos. Nada. No puedo entender la idea. —Sí. —Sé que él está pensando exactamente lo mismo. —¿Cómo llego allí? Adam me dice que el pedal derecho es para acelerar. El izquierdo es para frenar. Tengo que moverme en D para manejar. Uso el volante para girar. Hay espejos que ayudan a ver por detrás de mí. No puedo encender los faros y voy a tener que depender de la luna para iluminar mi camino. Enciendo el motor, presiono el freno, cambio a tracción. La voz de Adam es el único sistema de dirección. Libero el freno. Presiono el acelerador. Casi choco con una pared. Así es como finalmente volvemos al edificio abandonado. Acelerador. Freno. Acelerador. Freno. Demasiado acelerador. Adam no se queja y es casi peor. Sólo puedo imaginar lo que mi conducción le está haciendo a sus heridas. Estoy agradecida de que al menos no estemos muertos, no aún.

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No sé por qué no nos ha notado nadie. Me pregunto si tal vez Warner en verdad está muerto. Me pregunto si todo está en caos. Me pregunto si ese es el porqué de que no haya soldados en esta ciudad. Todos han desaparecido. Creo. Casi olvido poner al auto en posición de estacionar cuando alcanzamos el destruido edificio vagamente familiar. Adam tiene que acercarse y hacerlo por mí. Lo ayudo a efectuar una transición en el asiento trasero y él me pregunta por qué. —Porque estoy haciendo la tracción de Kenji, y no quiero que tu hermano tenga que verte así. Está tan oscuro que no verá tu cuerpo. No creo que deba tener que verte herido. Él asiente después de un infinito momento. —Gracias. Y estoy corriendo hacia el edificio destrozado. Abriendo la puerta. Apenas puedo distinguir a las dos figuras en la oscuridad. Parpadeo y entran en foco. James está dormido con su cabeza en el regazo de Kenji. Los bolsos de viaje están abiertos, las latas de alimento desechadas en el piso. Están bien. Gracias a Dios que están bien. Podría morir de alivio. Kenji levanta a James y lo retiene en sus brazos, moviéndose un poco con dificultad bajo el peso. Su rostro es suave, serio, inmutable. No sonríe. No dice nada estúpido. Estudia mis ojos como si ya los conociera, como si ya entendiera el porqué nos llevó tanto tiempo volver, como si hubiera una única razón por la que deba verme ahora como el infierno, por la que tenga sangre por toda mi ropa. Probablemente en mi rostro. Toda sobre mis manos. —¿Cómo está él? Y casi lo pierdo allí. —Necesito que conduzcas. Respira con fuerza. Asiente varias veces. —Mi pierna derecha aún está bien —me dice, pero no creo que me importase, incluso si no lo estuviera. Necesitamos llegar a su lugar seguro y mi conducción no va a llevarnos a ningún lado.

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Kenji instala a un James dormido en el lado del pasajero y estoy tan feliz de que no esté despierto en este momento. Agarro los bolsos de viaje y los llevo al asiento trasero. Kenji se desliza adelante. Mira por el espejo retrovisor. —Es bueno verte vivo, Kent. Adam casi sonríe. Sacude su cabeza. —Gracias por preocuparte por James. —¿Confías en mí ahora? Un pequeño suspiro. —Tal vez. —Aceptaré un tal vez. —Sonríe. Pone en marcha el auto—. Salgamos como el infierno de aquí. Adam está temblando. Su cuerpo desnudo está finalmente quebrándose bajo el clima frío, las horas de tortura, el esfuerzo de mantenerse unido por tanto tiempo. Estoy luchando con los bolsos de viaje, buscando un abrigo, pero todo lo que encuentro son camisetas y suéteres. No sé cómo ponerlas en su cuerpo sin causarle dolor. Decido cortarlas en pedazos. Llevo la navaja mariposa hacia algunos de sus suéteres y los abro, cubriendo con ellos su figura como una manta. Levanto la mirada. —Kenji… ¿este auto no tiene un calentador? —Está encendido, pero es demasiado malo. No está funcionando muy bien. —¿Cuánto falta hasta que lleguemos? —No mucho. —¿Has visto a alguien que podría seguirnos? —No. —Hace una pausa—. Es raro. No entiendo por qué nadie ha notado un auto pasando rápidamente por estas calles después del toque de queda. Algo no está bien. —Lo sé.

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—Y no sé qué es, pero obviamente mi suero rastreador no está funcionando. A cualquiera de ellos le importó una mierda, o es legal que no funcione y no sé por qué. Un pequeño detalle se encuentra en las afueras de mi consciencia. Lo examino. —¿No dijiste que dormiste en una cabaña? ¿Esa noche que huiste? —Sí, ¿por qué? —¿Dónde estaba…? Él se encoge de hombros. —No lo sé. En algún campo enorme. Era raro. Cosas locas crecían en ese lugar. Casi comí algo pensando que era fruta, antes de que me diera cuenta de que olía como mierda. Contengo el aliento. —¿Era un campo vacío? ¿Estéril? ¿Totalmente abandonado? —Sí. —El campo nuclear —dice Adam, una consciencia naciente en su voz. —¿Qué campo nuclear? —pregunta Kenji. Me tomo un momento para explicar. —Mierda Santa. —Kenji agarra el volante—. ¿Así que podría haber muerto? ¿Y no lo hice? Lo ignoro. —¿Pero entonces cómo nos encontraron? ¿Cómo averiguaron dónde vivías…? —No lo sé —suspira Adam. Cierra los ojos—. Tal vez Kenji está mintiéndonos. —Vamos, hombre, qué demonios… —O —interrumpe Adam—, tal vez compraron a Benny. —No —jadeo. —Es posible.

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Todos estamos en silencio por un largo momento. Intento mirar por la ventana, pero es casi inútil. El cielo de la noche es un tanque de alquitrán sofocando al mundo que nos rodea. Me volteo hacia Adam y lo encuentro con su cabeza echada hacia atrás, sus manos apretadas, sus labios casi blancos en la oscuridad. Envuelvo los suéteres con más fuerza alrededor de su cuerpo. Ahoga un estremecimiento. —Adam… —Saco un mechón de pelo de su frente. Su pelo se ha vuelto un poco largo y me doy cuenta de que nunca realmente le he prestado atención. Ha estado muy corto desde el día en que entró a mi celda. Nunca habría pensado que su cabello oscuro sería tan suave. Como chocolate derretido. Me pregunto cuándo dejó de cortárselo. Flexiona su mandíbula. Fuerza a sus labios a abrirse. Me miente una y otra vez. —Estoy bien. —Kenji… —Cinco minutos, lo prometo… estoy intentando acelerar esta cosa… Toco sus muñecas, trazo la delicada piel con la punta de mis dedos. Las cicatrices sangrantes. Beso la palma de su mano. Él toma un profundo respiro. —Vas a estar bien —le digo. Sus ojos aún están cerrados. Intenta asentir. —¿Por qué no me dijiste que ustedes dos estaban juntos? —pregunta Kenji inesperadamente. Su voz es llana, neutral. —¿Qué? —Ahora no es el momento para estar ruborizada. Kenji suspira. Noto un vislumbre de sus ojos en el espejo retrovisor. La hinchazón casi se ha ido por completo. Su rostro se está curando. —Tendría que estar ciego para perderme algo así. Quiero decir, demonios, sólo la manera en que te mira. Es como que el chico nunca haya visto a una mujer en su vida. Como poner comida en frente de un hombre muerto de hambre y decirle que no puede comerlo. Los ojos de Adam se abren de repente. Intento descifrarlo, pero no me mira. —¿Por qué no me dijiste? —dice Kenji de nuevo.

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—Nunca tuve una oportunidad para decirte —responde Adam. Su voz es menos que un susurro. Los niveles de su energía están cayendo rápido. No quiero que tenga que hablar. Él necesita conservar su fuerza. —Espera… ¿me estás hablando a mí o a ella? —Kenji nos devuelve la mirada. —Podemos discutir esto más tarde… —intento decir, pero Adam sacude su cabeza. —Le dije a James sin preguntarte. Hice… una suposición —se detiene—. No debería haberla hecho. Deberías tener una elección. Deberías tener siempre una elección. Y es tu decisión si quieres estar conmigo. —Oye, entonces, sólo voy a pretender como que ya no puedo escucharlos, ¿sí? — Kenji hizo un movimiento al azar con su mano—. Sigan y tengan su momento. Pero estoy demasiado ocupada estudiando los ojos de Adam, sus labios suaves. Su ceño fruncido. Me inclino hacia su oído, bajo mi voz. Susurro las palabras de tal manera que solamente él pueda escucharme. —Vas a mejorar —le prometo—. Y cuando lo hagas, voy a mostrarte exactamente qué elección he hecho. Voy a memorizar cada centímetro de tu cuerpo con mis labios. Él exhala de repente, tembloroso, irregular. Traga con fuerza. Sus ojos están atravesándome. Se ve casi febril y me pregunto si estoy empeorando las cosas. Me echo hacia atrás y él me detiene. Descansa su mano en mi muslo. —No te vayas —dice—. Tu toque es la única cosa que evita que pierda la cabeza.

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Capítulo 42 Traducido por Rodoni Corregido por Maia8

―E

stamos aquí, y es de noche. Así que según mis cálculos, no debemos haber hecho algo estúpido.

Kenji se desplaza al parque. Estamos bajo tierra de nuevo, en una especie de elaborado garaje. En un minuto, estábamos sobre el suelo, al siguiente, habíamos desaparecido en una zanja. Casi imposible de localizar, y mucho menos de ver en la oscuridad. Kenji estaba diciendo la verdad acerca de este escondite. He estado muy ocupada tratando de mantener a Adam despierto durante los últimos minutos. Su cuerpo está luchando contra el cansancio, la pérdida de sangre, el hambre, un millón de diferentes puntos de dolor. Me siento tan inútil. ―Adam tiene que ir directamente al ala médica ―anuncia Kenji. ―¿Tienen un ala médica? ―Mi corazón está en paravelismo5 en la primavera. Kenji sonríe. ―Este lugar tiene todo. Hará volar tu maldita mente. ―Llega a un interruptor situado en el techo. Una tenue luz ilumina el viejo sedán. Kenji sale por la puerta―. Espera aquí. Voy a conseguir a alguien que traiga una camilla. ―¿Qué pasa con James? ―Oh. ―La boca Kenji se retuerce―. Él, eh, va a estar dormido por un largo tiempo. ―¿Qué quieres decir. . . ? Se aclara la garganta. Una vez. Dos veces. Suaviza las arrugas de la camisa. ―Yo, eh, puede ser o no que le haya dado algo... para aliviar el dolor de este viaje. 5

Paravelismo o paranavegación: actividad recreacional donde una persona es sujetada a la parte trasera de

un vehículo (usualmente un bote) mientras se es atado a un paracaídas especialmente diseñado para este deporte.

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―¿Le diste a un niño de diez años una pastilla para dormir? ―Me temo que voy a romperle el cuello. ―¿Preferirías que estuviera despierto para todo esto? ―Adam te va a matar. Kenji mira los párpados caídos de Adam. ―Sí, bueno, supongo que tengo suerte de que no será capaz de matarme esta noche. ―duda. Entra en el coche para deslizar sus dedos por el cabello de James. Sonríe un poco―. El chico es un santo. Va a estar perfectamente por la mañana. ―No puedo creer que... ―Oye, oye. ―Levanta las manos―. Confía en mí. Él va a estar bien. Simplemente no quiero que esté más traumatizado de lo que tiene que estar. ―Se encoge de hombros―. Infiernos, tal vez Adam esté de acuerdo conmigo. ―Voy a matarte. ―La voz de Adam es un murmullo suave. Kenji se ríe. ―No pierdas la cabeza, hermano, o creeré que no era en serio. Kenji desaparece. Miro a Adam, animándolo para que permanezca despierto. Dile que está casi a salvo. Toco con mis labios su frente. Estudio cada sombra, cada contorno, cada corte y hematoma en su cara. Sus músculos se relajan, sus rasgos pierden su tensión. Exhala un poco más fácilmente. Beso su labio superior. Beso el labio inferior. Beso sus mejillas. Su nariz. Su barbilla. Todo sucede tan rápido después de eso. 4 personas salen fuera del auto. 2 mayores que yo, 2 mayores que ellos. Un par de hombres. Un par de mujeres. ―¿Dónde está? ―pregunta la mujer mayor. Todos están mirando a su alrededor, ansiosos. Me pregunto si me pueden ver mirándolos. Kenji abre la puerta de Adam. Kenji no está sonriendo. De hecho, parece... diferente. Más fuerte. Más rápido. Alto, incluso. Él tiene el control. Una figura de autoridad. Estas personas lo conocen.

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Adam es elevado en la camilla y lo evalúan de inmediato. Todo el mundo está hablando a la vez. Algo sobre costillas rotas. Algo sobre pérdida de sangre. Algo acerca de las vías respiratorias y la capacidad pulmonar y ¿que ocurrió con sus muñecas? Algo acerca de cómo comprobar el pulso y ¿cuánto tiempo ha estado sangrando? El hombre y la mujer joven miran en mi dirección. Todos llevan trajes extraños. Trajes extraños. Todo blanco con franjas grises en el borde. Me pregunto si se trata de un uniforme de médico. Se están llevando a Adam lejos. ―Espera. ―Salgo del auto―. ¡Espera! Quiero ir con él... ―Ahora no. ―Kenji me detiene. Suavemente―. No puedes estar con él para lo que tienen que hacer. No ahora. ―¿Qué quieres decir? ¿Qué van a hacer con él? ―El mundo se enfoca y se desenfoca, las formas grises parpadeando como forzados cuadros, con movimientos rotos. De repente, nada tiene sentido. De repente, todo me confunde. De repente, mi cabeza es un pedazo de pavimento y estoy siendo pisoteada hasta la muerte. No sé dónde estamos. No sé quién es Kenji. Kenji era amigo de Adam. Adam lo conoce. Adam. Mi Adam. Adam, quien está siendo llevado lejos de mí y no puedo ir con él y quiero ir con él pero no me dejan ir con él y no sé por qué... —Ellos van a ayudarlo, Juliette. Te necesito concentrada. No puedes venirte abajo justo ahora. Sé que ha sido un día de locos, pero necesito que te quedes tranquila. —Su voz. Tan constante. Tan de repente articulada. ―¿Quién eres tú... ? ―Estoy empezando a sentir pánico. Quiero agarrar a James y correr, pero no puedo. Ha hecho algo con James y aunque supiera cómo despertarlo, no puedo tocarlo. Quiero arrancarme las uñas―. ¿Quién eres tú...? Kenji suspira. ―Estás muerta de hambre. Estás agotada. Estás procesando una conmoción y un millón de emociones en este momento. Se lógica. No voy a lastimarte. Ahora estás a salvo. Adam está a salvo. James está a salvo. ―Quiero estar con él. Quiero ver lo que van a hacer con él... ―No puedo dejar que hagas eso.

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―¿Qué vas a hacer conmigo? ¿Por qué me has traído aquí...? ―Mis ojos están muy abiertos, lanzándose en todas direcciones. Estoy girando, varada en el medio del océano de mi propia imaginación y no sé nadar―. ¿Qué quieres de mí? Kenji mira hacia abajo. Se frota la frente. Busca en su bolsillo. ―Realmente no quería tener que hacer esto. Creo que estoy gritando.

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Capítulo 43 Traducido por aLexiia_Rms

S

Corregido por LadyPandora

oy una vieja escalera chirriante cuando me despierto.

Alguien tuvo que lavarme. Mi piel parece de satén. Mis pestañas están suaves. Mi cabello está liso, sin nudos, brillando en la luz artificial, un río de chocolate lame la orilla pálida de mi piel, como ondas suaves en cascada alrededor de mi clavícula. Mis articulaciones duelen, mis ojos queman por un agotamiento insaciable. Mi cuerpo está desnudo bajo una sábana pesada. Nunca me he sentido tan primitiva. Estoy demasiado cansada como para molestarme por ello. Mis ojos somnolientos hacen un inventario del espacio en donde estoy, pero no hay mucho que considerar. Estoy en una cama. Hay 4 paredes. 1 puerta. Una pequeña mesa junto a mí. Un vaso de agua sobre la mesa. Las luces fluorescentes zumbando sobre mí. Todo es de color blanco. Todo lo que he conocido está cambiando. Alcanzo el vaso de agua y la puerta se abre. Me subo la sábana tanto como puedo. —¿Cómo te sientes? Un hombre alto con gafas de plástico. Monturas negras. Un jersey sencillo. Pantalones ajustados. Cabello rubio cayendo en sus ojos. Sostiene un sujetapapeles. —¿Quién eres tú? Agarra una silla de la que no me había dado cuenta en la esquina. La empuja hacia adelante. Se sienta al lado de mi cama. —¿Te sientes mareada? ¿Desorientada? —¿Dónde está Adam?

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Sostiene su pluma en una hoja de papel. Escribe algo. —¿Tu apellido se escribe con dos erres? ¿O sólo una? —¿Qué hiciste con James? ¿Dónde está Kenji? Se detiene. Me mira. No puede tener más de 30 años. Tiene la nariz torcida. Barba de un día. —¿Puedo por lo menos asegurarme de que estás bien? Luego contestaré a tus preguntas. Te lo prometo. Sólo déjame hacer el protocolo básico. Parpadeo. ¿Cómo me siento? No lo sé. ¿Tuve algún sueño? No lo creo. ¿Sé dónde estoy? No. ¿Creo estar a salvo? No lo sé. ¿Recuerdo lo que pasó? Sí. ¿Qué edad tengo? 17. ¿De qué color son mis ojos? No lo sé. —¿No lo sabes? —Para de escribir. Se quita las gafas—. Puedes recordar exactamente lo que sucedió ayer, ¿pero no sabes el color de tus propios ojos? —Creo que son de color verde. O azul. No estoy segura. ¿Por qué es importante? —Quiero estar seguro de que puedes reconocerte. Que no te has perdido de vista. —Sin embargo, nunca he sabido de qué color son mis ojos. Sólo me he mirado en el espejo una vez en los últimos tres años. Me da una mirada extraña, los ojos arrugados de preocupación. Finalmente tengo que apartar la vista. —¿Cómo me tocaron? —pregunta. —¿Disculpa? —Mi cuerpo. Mi piel. Estoy muy… limpia. —Oh. —Se muerde el dedo pulgar. Marca algo en sus papeles—. De acuerdo. Bueno, estabas cubierta de sangre y mugre cuando llegaste, y tenías algunos pequeños

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cortes y contusiones. No queríamos correr el riesgo de que se infectaran. Perdón por violar tu espacio personal, pero no podemos permitir que nadie traiga ese tipo de bacterias aquí. Teníamos que hacer una desintoxicación superficial. —Eso está bien… entiendo —respondo rápidamente—. Pero, ¿cómo? —¿Cómo? —¿Cómo me tocaron? —Seguramente lo sabía. ¿Cómo no podía saberlo? Dios, espero que sepa. —Oh. —Asiente con la cabeza, distraído por las palabras que está escribiendo en la hoja. Me mira de reojo—. Látex. —¿Qué? —Látex. —Me mira por un segundo. Ve mi confusión—. ¿Guantes? —Acertado. —Por supuesto. Guantes. Incluso Warner los usó cuando lo descubrió. Cuando lo descubrió. Cuando lo descubrió. Cuando lo descubrió. Reproduzco el momento una y otra y otra vez en mi mente. La fracción de segundo que tardé demasiado en saltar por la ventana. El momento de vacilación que lo cambió todo. En el instante en que perdí todo el control. Todo el poder. Cualquier punto de la dominación. Nunca va a parar hasta encontrarme, y todo por mi culpa. Necesito saber si está muerto. Tengo que esforzarme para estar quieta. Tengo que esforzarme para no temblar, estremecerme o vomitar. Tengo que cambiar de tema. —¿Dónde está mi ropa? —Juego con la perfecta sábana blanca que esconde mis huesos. —Ha sido destruida por la misma razón por la que necesitabas ser esterilizada. — Agarra sus gafas. Se las pone—. Tenemos un traje especial para ti. Creo que va a hacer tu vida mucho más fácil. —¿Un traje especial? —Lo miro. Con la boca abierta de sorpresa. —Sí. Vamos a llegar a esa parte un poco más tarde. —Hace una pausa. Sonríe. Tiene un hoyuelo en la barbilla—. No me vas a atacar como a Kenji, ¿verdad? —¿Ataqué a Kenji? —Me estremezco.

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—Sólo un poco. —Se encoge de hombros—. Por lo menos ahora sabemos que no es inmune a tu toque. —¿Lo toqué? —Me siento con la espalda recta y casi olvido agarrar conmigo la sábana. Me estoy quemando de pies a cabeza, ruborizándome en mi mente, me aferro a la sábana como si mi vida dependiera de eso—. Lo siento mucho… —Estoy seguro de que disfrutará con la disculpa. —El Blondie6 está estudiando sus notas religiosamente, de pronto fascinado por su puño y letra—. Pero está bien. Hemos estado esperando algunas tendencias destructivas. Tuviste una semana del infierno. —¿Eres un psicólogo? —Más o menos. —Se quita el cabello de su frente. —¿Más o menos? Se ríe. Hace una pausa. Juega con la pluma entre sus dedos. —Sí. A todos los efectos, soy un psicólogo. A veces. —¿Qué se supone que significa eso…? Abre su boca. La cierra. Parece considerar responderme, pero me examina en su lugar. Se me queda mirando durante tanto tiempo que siento que me ruborizo. Comienza a garabatear frenéticamente. —¿Qué estoy haciendo aquí? —le pregunto. —Recuperándote. —¿Cuánto tiempo he estado aquí? —Has estado dormida durante casi catorce horas. Te dimos un sedante muy poderoso. —Mira su reloj—. Parece que lo estás haciendo bien —duda—. Te ves muy bien, realmente. Impresionante, de verdad. Tengo un puñado de palabras revueltas en mi boca. Mi cara se empieza a ruborizar. —¿Dónde está Adam? Toma una respiración profunda. Hace hincapié en algo en sus papeles. Sus labios tiemblan en una sonrisa.

6

En español, rubiecito.

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—¿Dónde está? —Recuperándose. —Finalmente, me mira. —¿Está bien? Asiente con la cabeza. —Está bien. Lo miro. —¿Qué significa eso? Dos golpes en la puerta. El desconocido con gafas no se mueve. Vuelve a leer sus notas. —Adelante —dice. Kenji camina adentro, un poco indeciso al principio. Me ve de reojo, sus ojos están cautelosos. Nunca pensé que estaría tan feliz de verlo. Pero mientras es un alivio ver un rostro reconocido, mi estómago se retuerce de inmediato en un nudo de culpabilidad, golpeándome desde el interior. Me pregunto como le habré lastimado. Da un paso adelante. Mi sentimiento de culpa desaparece. Lo miro más de cerca y me doy cuenta que está perfectamente sano y salvo. Su pierna está funcionando bien. Su rostro ha vuelto a la normalidad. Sus ojos ya no están hinchados, su frente está lisa, suave e intocable. Él tenía razón. Tiene una cara espectacular. Una línea de la mandíbula desafiante. Cejas perfectas. El color de sus ojos del mismo tono negro que su cabello. Elegante. Fuerte. Un poco peligroso. —Hola, preciosa. —Lo siento, casi te maté —dejé escapar. —Oh. —Se sobresalta. Mete las manos en sus bolsillos—. Bueno. Me alegro de que saliéramos de tu camino. Me doy cuenta de que lleva una camiseta gastada. Vaqueros oscuros. No había visto unos vaqueros cualquiera en un tiempo tan largo. Uniformes del ejército, ropas básicas de algodón, y vestidos elegantes es todo lo que he conocido últimamente.

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Realmente no puedo mirarlo. —Me entró pánico —traté de explicar. Junto y separo mis manos. —Me di cuenta. —Levanta una ceja. —Lo siento. —Lo sé. Asiento con la cabeza. —Te ves mejor. Forma una sonrisa. Se estira. Se apoya contra la pared con los brazos cruzados en el pecho y las piernas cruzadas en los tobillos. —Debe ser difícil para ti. —¿Cómo dices? —Mirarme a la cara. Darte cuenta de que yo tenía razón. Saber que tomaste la decisión equivocada. —Se encoge de hombros—. Te entiendo. No soy un hombre orgulloso, lo sabes. Estaría dispuesto a perdonarte. Me quedo boquiabierta, sin saber si reír o lanzarle algo. —No me obligues a tocarte. Sacude la cabeza. —Es increíble cómo alguien puede verse tan bien y sentirse tan mal. Kent es un bastardo afortunado. —Perdonen… —El hombre-psicólogo se pone de pie—, ¿pero ya terminaron? —Mira a Kenji—. Pensé que venías con un propósito. Kenji se separa de la pared. Se endereza. —Correcto. Sí. Castillo quiere verla.

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Capítulo 44 Traducido por Rodoni Corregido por Aciditax

―¿A

hora? ―Blondie está más confundido de lo que yo estoy―. Pero no he terminado de examinarla. Kenji se encoge de hombros.

―Él quiere verla. ―¿Quién es Castillo? ―pregunto. Blondie y Kenji me miran. Kenji mira hacia otro lado. Blondie no. Él ladea la cabeza. ―¿Kenji no te dijo nada sobre este lugar? ―No ―respondo segura, mirando a Kenji, que no me mira―. Nunca me explicó nada. Dijo que conocía a alguien que tenía un lugar seguro y pensó que podía ayudarnos a… Blondie se queda boquiabierto. Riendo tan fuerte que resoplaba. Se detiene. Limpia las gafas con el borde de su camisa. ―Eres todo un imbécil ―le dice a Kenji―. ¿Por qué no sólo le dices la verdad? ―Nunca hubiera venido si le hubiese dicho la verdad. ―¿Cómo lo sabes? ―Ella casi me mató. Mis ojos están lanzándose desde una cara a otra. De pelo rubio a pelo negro y viceversa. ―¿Qué está pasando? ―demandé―. Quiero ver a Adam. Quiero ver a James. Y quiero un conjunto de ropa…

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―¿Estás desnuda? ―Kenji estudia mi sábana de repente y sin molestarse en ser sutil al respecto. Me sonrojo a pesar de mis mejores esfuerzos, nerviosa, frustrada. ―Blondie dijo que destruyeron mi ropa. ―¿Blondie? ―El hombre rubio se sintió ofendido. ―Nunca me dijiste tu nombre. ―Winston. Mi nombre es Winston. ―Ya no está sonriendo. ―¿No dijiste que tenías un traje para mí? Frunce el ceño. Mira su reloj. ―No vamos a tener tiempo para eso ahora ―suspira―. Consíguele algo para usar temporalmente, ¿está bien? ―está hablando con Kenji. Kenji, quien todavía está mirándome. ―Quiero ver a Adam. ―Adam no está listo para verte todavía. ―Blondie Winston mete su pluma en el bolsillo. ―Te haremos saber cuando esté listo. ―¿Cómo voy a confiar en cualquiera de ustedes si no me dejan ni verlo? ¿Si no me dejan ver a James? Ni siquiera tengo mis cosas básicas. Quiero salir de esta cama y necesito algo para usar. ―Ve a buscar algo, Moto. ―Winston está reajustando su reloj. ―No soy tu perro, Blondie ―lanza Kenji―. Y te dije que no me llames Moto. Winston pellizca el puente de su nariz. ―No hay problema. También le diré a Castillo que es tu culpa que ella no esté con él en este momento. Kenji murmura algo obsceno en voz baja. Va afuera. Casi tira la puerta. Transcurren unos segundos en una especie de tenso silencio. Tomo una respiración profunda. ―Entonces, ¿qué significa Moto?

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Winston gira los ojos. ―Nada. Es sólo un apodo. Su apellido es Kishimoto. Se enoja cuando lo cortamos por la mitad. Se pone sensible al respecto. ―Bueno, ¿por qué lo cortan por la mitad? Él resopla. ―Porque es tan difícil de pronunciar como el infierno. ―¿Cómo es eso una excusa? Frunce el ceño. ―¿Qué? ―Te enojaste porque te llamara Blondie y no Winston. ¿Por qué no tiene derecho de estar enojado porque lo estés llamando Moto en lugar de Kenji? Murmura algo que suena como: ―No es lo mismo. Me deslizo hacia abajo un poco. Apoyo la cabeza en la almohada. ―No seas un hipócrita.

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Capítulo 45 Traducido por Susanauribe Corregido por LadyPandora

M

e siento como un payaso en estas ropas grandes. Estoy usando la camisa de alguien más. Los pantalones de pijama de alguien más. Las pantuflas de alguien más. Kenji dice que

también tuvieron que

destruir la ropa de mi bolsa de lana, así que no tengo ni idea sobre de quién es el atuendo que está colgando de mi figura. Prácticamente estoy nadando en el material. Trato de hacerle un nudo a la tela que sobra y Kenji me detiene. —Vas a dañar mi camisa —se queja. Dejo caer las manos. —¿Me diste tu ropa? —Bueno, ¿qué esperabas? No es como si sólo tuviéramos vestidos de más tendidos por ahí. ―Me dispara una mirada, como si debiera estar agradecida de que incluso esté compartiendo. Bueno. Supongo que es mejor que estar por ahí desnuda. —Así que de nuevo, ¿quién es Castillo? —Él está a cargo de todo —dice Kenji—. El cabecilla de todo este movimiento. Mis oídos se agudizan. —¿Movimiento?

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Winston suspira. Parece tan tenso. Me pregunto por qué. —Si Kenji todavía no te ha dicho nada él mismo, deberías esperar a escucharlo del mismo Castillo. Prometo que vamos a responder todas tus preguntas. —¿Pero qué pasa con Adam? ¿Dónde está James…? —Wow. —Winston pasa una mano por su cabello desarreglado—. Simplemente no vas a rendirte, ¿eh? —Él está bien, Juliette —intervino Kenji—. Necesita un tiempo más para reponerse. Tienes que empezar a confiar en nosotros. Nadie va a hacer daño a James ni a Adam. Ambos están bien. Todo está bien. Pero no sé si bien es lo suficientemente bueno. Estamos caminando por toda una ciudad subterránea, pasadizos y corredores, suaves suelos de piedra, burdas paredes sin tocar. Hay discos perforados en el suelo, brillando con una luz artificial cada ciertos metros. Veo computadoras, toda clase de artilugios que no reconozco, puertas abiertas revelando habitaciones llenas con nada más que maquinaria tecnológica. —¿Cómo encuentran la energía necesaria para mantener este lugar? Miro mucho más de cerca las maquinas sin identificar, las pantallas parpadeantes, los inconfundibles sonidos de cientos de computadoras construidas en la estructura del mundo subterráneo. Kenji tira de un mecho de mi cabello. Me doy la vuelta. —La robamos. —Sonríe. Asiente hacia un camino estrecho—. Por aquí. Personas jóvenes y viejas, de todas las formas diferentes y etnias se mezclan dentro y fuera de las habitaciones, en la extensión de los pasillos. Muchos de ellos miran, otros están muy distraídos para notarnos. Algunos están vestidos como los hombres y la mujer que se apresuraron hacia nuestro auto anoche. Es una extraña especie de uniforme. Parece innecesario.

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—¿Entonces… todos se visten así? —susurro, señalando a los extraños que pasamos tan poco sospechosamente como es posible. Kenji rasca su cabeza. Tomándose su tiempo para responder a la pregunta. —No todos. No todo el tiempo. —¿Qué pasa contigo? —le pregunto. —Hoy no. Decido no mimar sus tendencias crípticas, y en vez de eso hago una pregunta más directa. —¿Alguna vez vas a decirme cómo sanaste tan rápido? —Sí —dice, sin inmutarse—. Vamos a decirte un montón de cosas, en verdad. — Hacemos un abrupto giro hacia abajo en un pasillo inesperado—. Pero primero… Kenji hace una pausa en una enorme puerta de madera. —Castillo quiere conocerte. Él es quien te solicitó. —¿Solicitó? —Sí. —Kenji parece incómodo sólo por un segundo de flaqueo. —Espera… ¿qué quieres decir? —Quiero decir que no fue accidente que terminara en el ejército, Juliette — suspira—. No fue accidente que apareciera en la puerta de Adam. Y no se supone que me dispararan o fuera golpeado hasta casi morir, pero pasó. Sólo que no fui arrojado por un chico al azar. —Casi sonríe—. Siempre he sabido dónde vivía Adam. Era mi trabajo saberlo. —Una pausa—. Todos hemos estado cuidando de ti. Mi boca está descansando en mis rótulas. —Adelante. —Kenji me empuja hacia adentro—. Él saldrá cuando esté listo. Buena suerte. —Es todo lo que Kenji me dice.

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En 1,320 segundos camino dentro en la habitación antes de que él lo haga. Se mueve metódicamente, su rostro es una máscara de neutralidad mientras pone caprichosos rizos en una cola y se sienta en el frente de la habitación. Es delgado, en forma, vestido impecablemente en un simple traje. Azul oscuro. Camisa blanca. Sin corbata. No hay líneas en su rostro, pero hay una raya de gris en su cabello y sus ojos confiesan que ha vivido al menos 100 años. Debe estar en sus 40. Miro alrededor. Es un espacio vacío, impresionante en su escasez. Los techos y paredes están construidos de ladrillos puestos cuidadosamente. Todo se siente extraño y antiguo, pero de alguna manera la tecnología moderna mantiene el lugar vivo. La luz artificial ilumina las dimensiones cavernosas, pequeños monitores están construidos en las paredes de piedra. No sé qué estoy haciendo aquí. No sé qué esperar. No tengo idea de qué clase de persona es Castillo pero después de pasar tanto tiempo con Warner, estoy tratando de no elevar muchos mis expectativas. Ni siquiera me doy cuenta de que he dejado de respirar hasta que él habla. —Espero que estés disfrutando tu estancia hasta el momento. Mi cuello vuela hacia arriba para encontrar sus ojos oscuros, su voz suave, sedosa y fuerte. Sus ojos están brillando con genuina curiosidad, una noción de sorpresa. He olvidado como hablar. —Kenji dijo que quería conocerme. —Es la única respuesta que ofrezco. —Kenji tenía razón. Se toma su tiempo respirando. Se toma su tiempo moviéndose en el asiento. Se toma su tiempo estudiando mis ojos, escogiendo sus palabras, tocando sus labios con dos dedos. Parece haber dominado el concepto de tiempo. Impaciencia, posiblemente, no es una palabra en su vocabulario. —He escuchado… historias. Sobre ti. —Sonrisas—. Simplemente quería saber si eran verdad.

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—¿Qué ha escuchado? Sonríe con unos dientes tan blancos que parece como si la nieve estuviera cayendo de los valles de chocolate de su rostro. Abre su mano. La estudia por un momento. Alza la mirada. —Puedes matar a un hombre con nada más que tu piel desnuda. Puedes machacar cinco metros de hormigón con la palma de tu mano. Estoy escalando una montaña de aire y mis pies siguen deslizándose. Necesito agarrarme de algo. —¿Es verdad? —pregunta. —Los rumores son más propensos a matarle que yo. Me estudia durante demasiado tiempo. —Me gustaría mostrarte algo —dice después de un rato. —Quiero respuestas a mis preguntas. Esto ha ido demasiado lejos. No quiero ser arrullada por una falsa sensación de seguridad. No quiero asumir que Adam y James están bien. No quiero confiar en nadie hasta que tenga pruebas. No puedo pretender que algo de esto está bien. —Quiero saber que estoy a salvo —le digo—. Y quiero saber que mis amigos están a salvo. Había un niño de diez años con nosotros cuando llegamos y quiero verlo. Necesito estar segura de que está sin daños y saludable. De otra manera, no cooperaré. Él me inspecciona durante unos minutos más. —Tu lealtad es reconfortante —dice, y lo dice en serio—. Lo harás bien aquí. —Mis amigos… —Sí. Por supuesto. —Está de pie—. Sígueme.

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Este lugar es mucho más complejo, mucho más organizado de lo que pensé que sería. Hay cientos de diferentes direcciones en las cuales perderse, casi tantas habitaciones, algunas más grandes que otras, cada una dedicada a propósitos diferentes. —El comedor —me dice Castillo. —Los dormitorios. —En el ala opuesta. —Las instalaciones para entrenar. —Bajando por el pasillo. —Las habitaciones comunes. —Justo por aquí. —Los baños. —En el otro extremo del piso. —Los salones de reunión. —Justo pasando esa puerta. Cada espacio está abarrotado con cuerpos, cada cuerpo adaptado a una rutina particular. Las personas miran hacia arriba cuando nos ven. Algunas saludan, sonríen, con alegría. Me doy cuenta de que están mirando a Castillo. Él asiente su cabeza. Sus ojos son amables, humildes. Su sonrisa es fuerte, tranquilizadora. Es el líder de todo el movimiento, es lo que dijo Kenji. Estas personas están dependiendo de él por algo más que básica supervivencia. Esto es más que su refugio de lluvia. Esto es mucho más que un lugar para esconderse. Hay una meta más grande en mente. Un propósito mejor. —Bienvenida —me dice Castillo, haciendo un ademán con una mano—, a Punto Omega.

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Capítulo 46

—¿P

Traducido por hanna Corregido por Jut

unto Omega?

La última letra del alfabeto griego. El desarrollo final, el último de la serie. —Se detiene frente a mí, y por primera vez me doy cuenta del símbolo de omega cosido en la parte posterior de su chaqueta—. Somos la única esperanza que nuestra civilización ha tenido. —Pero, ¿cómo… con tan pequeño número… cómo pueden esperar a competir…? —Hemos estado construyéndolo desde hace mucho tiempo, Juliette. —Es la primera vez que dice mi nombre. Su voz es fuerte y estable—. Hemos estado planeando, organizando, trazando nuestra estrategia desde hace muchos años. El colapso de nuestra sociedad humana no debe ser una sorpresa. Nosotros lo trajimos hacia nosotros mismos. —La cuestión era si las cosas se desmoronaban —continúa—. Sólo cuando. Era un juego de espera. Una cuestión de quién iba a tratar de tomar el poder y cómo iban a tratar de usarlo. El miedo —me dice, volviendo por un momento, sus pasos en silencio contra la piedra—, es un gran motivador. —Eso es patético. —Estoy de acuerdo. Lo cual es el porqué parte de mi trabajo es revivir corazones estancados que han perdido toda esperanza. —Atravesamos otro pasillo—. Y también decirte que casi todo lo que has aprendido sobre el estado de nuestro mundo es una mentira. Me detengo en mi lugar. Casi me caigo. —¿Qué quieres decir? —Me refiero a que las cosas no son tan malas como el Restablecimiento quiere que pensemos que son. —Pero no hay comida… —Sólo la que ellos te permiten el acceso.

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—Los animales… —Se mantienen ocultos. Genéticamente modificados. Criados en los pastizales secretos. —Pero el aire… las estaciones… el tiempo… —No es tan malo como nos hacen creer. Probablemente es nuestro único problema… pero es causada por las perversas manipulaciones de la Madre Tierra. Las manipulaciones realizadas por el hombre aún podemos arreglarlas. —Se vuelve hacia mí. Enfoca mi mente con una mirada firme—. Todavía hay una oportunidad de cambiar las cosas. Podemos proporcionar agua potable a todas las personas. Podemos hacer que los cultivos no estén regulados con fines de lucro, podemos asegurar que no hayan sido genéticamente alterados para beneficiar a los fabricantes. Nuestra gente está muriendo porque estamos dándoles de comer veneno. Los animales están muriendo porque los estamos obligando a comer los residuos, lo que les obligó a vivir en su propia suciedad, jaulas juntas y abusar de ellos. Las plantas están marchitas debido a que se están deshaciendo de los productos químicos en la tierra lo que es peligroso para nuestra salud. Pero esas son cosas que podemos arreglar. —Estamos hartos, porque están creyendo que nos hace débiles, vulnerables y maleables. Esto nos paraliza. Crea cobardes en nuestro pueblo. Los esclavos de nuestros hijos. Es hora de que luchemos. —Sus ojos son brillantes, con sentimiento, con los puños apretados por el fervor. Sus palabras son muy poderosas y pesadas en convicción, elocuentes y significativas. No tengo ninguna duda que ha influido a muchas personas con pensamientos tan extravagantes. La esperanza de un futuro que parece perdido. La inspiración en un mundo sombrío, sin nada que ofrecer. Es un líder natural. Un orador talentoso. Tengo dificultades para creer en él. —¿Cómo puedes saber con certeza que tus teorías son correctas? ¿Tienes pruebas? Sus manos se relajan. Sus ojos se calman. Sus labios forman una pequeña sonrisa. —Por supuesto. —Casi se ríe. —¿Por qué es tan gracioso? Sacude la cabeza. Sólo un poco. ―Me divierte tu escepticismo. Lo admiro, en realidad. Nunca es una buena idea creer todo lo que oyes.

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Atrapo el doble sentido. Reconociendo esto. —Touché, señor Castillo. Una pausa. —¿Eres francesa, señorita Ferrar? —Mi madre, tal vez. —Miro para otro lado—. Entonces, ¿dónde está la prueba? —Este movimiento entero es una prueba suficiente. Sobrevivimos a causa de estas verdades. Buscamos los alimentos y los suministros de los complejos de almacenamiento que el Restablecimiento ha construido. Hemos encontrado sus campos, sus granjas, sus animales. Tienen cientos de hectáreas dedicadas a cultivos. Los campesinos son esclavos, trabajando bajo la amenaza de muerte para ellos mismos o sus familiares. El resto de la sociedad es asesinada o encerrada en los sectores, divididos para ser monitoreados, estudiados cuidadosamente. Puedo mantener mi cara en blanco, suave y neutra. Todavía no he decidido si creerle o no. —Y, ¿qué necesitas de mí? ¿Por qué te importa si estoy aquí? Se detiene en la pared de cristal. Puntos a través de la habitación contigua. No contesta mi pregunta. —Tu Adam se está recuperando gracias a nuestra gente. Estuve a punto de pasar sobre él en mi prisa por verle. Presiono mis dedos contra el cristal y por pares en el espacio iluminado. Adam está dormido, su rostro perfecto, pacífico. Ésta debe ser el ala médica. —Fíjate bien ―me dice Castillo―. No hay agujas conectadas a su cuerpo. No hay máquinas manteniéndolo con vida. Llegó con tres costillas rotas. Los pulmones al borde del colapso. Una bala en el muslo. Sus riñones estaban molidos junto con el resto de su cuerpo. Ruptura de la piel, las muñecas ensangrentadas. Un esguince en el tobillo. Había perdido más sangre de la que la mayoría de los hospitales podría reponer. Mi corazón está a punto de caer fuera de mi cuerpo. Quiero romper el cristal y acunarlo en mis brazos. —Hay cerca de 200 personas en Punto Omega ―dice Castillo—. Menos de la mitad de los cuales tienen algún tipo de don.

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Doy vueltas alrededor, aturdida. —Te he traído aquí —me dice con cuidado, en voz baja—, porque aquí es donde perteneces. Debido a que necesitas saber que no estás sola.

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Capítulo 47

M

Traducido por hanna Corregido por Violeta

i mandíbula cuelga de mi zapatilla. ―Serías de gran valor para nuestra resistencia ―dice. ―¿Hay otros… cómo yo? ―Me cuesta respirar.

Los ojos de Castillo simpatizan con mi alma. ―Fui el primero en darme cuenta de que mi aflicción no podía ser sólo mía. Busqué a los demás después de los rumores, de escuchar historias, de leer los periódicos para detectar anomalías en el comportamiento humano. Al principio sólo fue por compañía. ―Hace una pausa―. Estaba cansado de la locura. De creer que era inhumano, un monstruo. Pero luego me di cuenta de que lo que parecía una debilidad realmente era una fortaleza. Que juntos podíamos ser algo extraordinario. Algo bueno. No puedo inhalar. No veo mis pies. No puedo toser, ante la imposibilidad atrapada en mi garganta. Castillo espera mi reacción. De repente me siento tan nerviosa. ―¿Cuál es tu… don? ―pregunto. Su sonrisa desarma mi inseguridad. Extiende la mano. Ladea la cabeza. Oigo el crujido de una puerta lejana. Una mezcla entre el sonido del aire y metal. Doy la vuelta hacia el sonido sólo para ver algo lanzarse a toda velocidad en mi dirección. Me agacho. Castillo ríe. Lo toma en su mano. Jadeo. Me muestra la llave atrapada entre sus dedos. ―¿Puedes mover cosas con tu mente? ―No sé dónde encontré las palabras para hablar.

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―Tengo un imposible avanzado nivel de telequinesis. ―Tuerce los labios en una sonrisa―. Así que sí. ―¿Hay un nombre para eso? ―creo que chillé. Intento controlarme. ―¿Para mi condición? Sí. ¿Para la tuya? ―Hace una pausa―. No estoy seguro. ―¿Y los otros… qué… son…? ―Puedes conocerlos, si quieres. ―Yo… Sí, me gustaría ―tartamudeo emocionada, como una niña de cuatro años que aún cree en las hadas. Me congelo ante un repentino sonido. Pasos golpean el suelo. Escucho una respiración forzada. ―Señor… ―grita alguien. Castillo se adelanta. Calmado. Gira alrededor de la esquina dirigiéndose al corredor. ―¿Brendan? ―¡Señor! ―resopla otra vez. ―¿Hay noticias? ¿Qué has visto? ―Escuchamos algo en la radio ―comienza, sus palabras son entrecortadas con un espeso acento británico―. Nuestras cámaras capturaron más tanques patrullando la zona habitual. Creemos que pueden acercarse más… Se escucha energía estática. Electricidad estática. Ilegibles voces llegan a través de la débil línea del radio. Brendan maldice en voz baja. ―Lo siento, señor… generalmente no está tan distorsionado… No he podido controlar las cargas últimamente… ―No te preocupes. Sólo necesitas práctica. ¿Tu entrenamiento va bien? ―Muy bien, señor. Casi lo tengo totalmente bajo control. ―Brendan hace una pausa―. En su mayor parte.

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―Excelente. Mientras tanto, quiero saber si los tanques están más cerca. No me sorprendería escuchar que están un poco más atentos. Intenta escuchar si mencionan algún ataque. El Restablecimiento ha estado intentando localizar nuestro paradero desde hace años, pero ahora tenemos a alguien particularmente valioso para sus esfuerzos y estoy seguro de que lo quieren de regreso. Tengo la sensación que las cosas van a desarrollarse más bien rápido a partir de ahora. Hay un momento de confusión. ―¿Señor? ―Hay alguien que me gustaría que conocieras. Silencio. Brendan y Castillo caminan alrededor de la esquina. Entran a la vista. Tengo que hacer un gran esfuerzo para impedir que mi mandíbula se desencaje. No puedo dejar de mirar fijamente. El compañero de Castillo es blanco de pies a cabeza. No sólo su extraño uniforme, que es una cegadora cortina blanca brillante, su piel también es más pálida que la mía. Incluso su pelo es tan rubio que sólo puede ser descrito como blanco. Sus ojos son impresionantes. Son de un ligero tono azul que nunca he visto. Penetrante. Prácticamente transparentes. Luce de mi edad. No parece real. ―Brendan, te presento a Juliette ―me presenta Castillo―. Llegó ayer. Le estaba dando una visión general del Punto Omega. La sonrisa de Brendan es tan brillante que casi retrocedo. Estira la mano y estuve a punto de entrar en pánico antes de que frunciera el ceño. Se aleja diciendo: ―Eh, espera… lo siento… ―Flexiona las manos. Aprieta los nudillos. Algunas chispas salen de sus dedos. Estoy atónita. Se encoge. Sonríe un poco avergonzado. ―A veces electrocuto a la gente por accidente. Algo en mi pesada armadura se desprende. Se derrite. De repente, me siento comprendida. Sin temor a ser yo misma. No puedo detener mi sonrisa.

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―No te preocupes ―digo―. Si me das la mano, puedo matarte. ―Caray. ―Parpadea. Me mira fijamente. Espera que me retracte. ―¿Hablas en serio? ―Mucho. Se ríe. ―Entendido. No tocar. ―Se inclina unos centímetros y baja la voz―. Tengo un pequeño problema con eso, sabes. Las chicas siempre están hablando de electricidad en su romance, pero al parecer, ninguna realmente es muy feliz siendo electrocutada. Es malditamente confuso, es lo que es. ―Se encoge de hombros. Mi sonrisa es más ancha que el océano Pacífico. Mi corazón está lleno de alivio, comodidad, aceptación. Adam tenía razón. Tal vez las cosas pueden estar bien. Tal vez no tengo que ser un monstruo. Quizás realmente tengo una opción. Creo que gustará estar aquí. Brendan me guiña un ojo. ―Fue muy agradable conocerte, Juliette. ¿Te veré luego? Asiento. ―Creo que sí. ―Genial. ―Me sonríe otra vez. Se gira hacia Castillo―. Le aviso si me entero de algo, señor. ―Perfecto. Y Brendan desaparece. Me acerco a la pared de cristal que me separa de la otra mitad de mi corazón. Presiono la cabeza contra la fría superficie. Ojala se despertara. ―¿Quieres decirle algo? Alzo la vista y miro a Castillo, que sigue estudiándome. Siempre me analiza. De alguna manera su atención no me incómoda. ―Sí ―digo―. Quiero decirle hola.

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Capítulo 48

C

Traducido por Susanauribe Corregido por Jut

astillo usa la llave en su mano para abrir la puerta. —¿Por qué el ala médica tiene que estar bloqueada? —le pregunto. Se gira hacia mí. No es muy alto, me doy cuenta por primera vez.

—Si hubieras sabido dónde encontrarlo, ¿hubieras esperado pacientemente detrás de esta puerta? Miro hacia el suelo. No respondo. Espero no estar ruborizándome. Trata de ser alentador. —Sanarse es un proceso delicado. No puede ser interrumpido o influenciado por emociones erráticas. Somos afortunados al tener dos sanadores entre nosotros, unos gemelos, de hecho. Pero lo más fascinante es que cada uno se enfoca en un elemento diferente; uno en las incapacidades físicas y el otro en lo mental. Las dos facetas deben ser usadas, de otra manera la curación estaría incompleta, débil, insuficiente. —Gira el pomo de la puerta—. Pero creo que Adam está a salvo para verte. Entro y mis sentidos casi de inmediato son asaltados por la esencia de jazmín. Busco en el espacio flores pero no encuentro ninguna. Me pregunto si es un perfume. Es intoxicante. —Estaré justo afuera —me dice Castillo. La habitación está llena de una larga hilera de camas, simplemente hechas. Todas, las 20 o algo así, están vacías excepto por la de Adam. Hay una puerta al final de la habitación que probablemente lleva a otro lugar, pero estoy muy nerviosa para ser curiosa en este momento. Saco una silla extra y trato de ser tan silenciosa como puedo. No quiero despertarlo. Sólo quiero saber que está bien. Sujeto y suelto mis manos. Soy demasiado consciente de mi corazón agitado. Sé que probablemente no debería tocarlo pero no puedo detenerme. Cubro mi mano con la suya. Sus dedos están calientes. Sus ojos

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se mueven sólo por un momento. No se abren. Él toma una repentina respiración y yo me congelo. Casi colapso en lágrimas. —¿Qué estás haciendo? Mi cuello se alza bruscamente con el sonido de la voz de pánico de Castillo. Dejo caer la mano de Adam. Me alejo de la cama con los ojos muy abiertos, preocupada. —¿Qué quieres decir? —¿Por qué estás… simplemente… puedes tocarlo? —Nunca pensé que vería a Castillo tan perplejo, tan confundido. Casi pierde su compostura, un brazo medio extendido en un intento por detenerme. —Por supuesto que puedo to... —me detengo. Trato de mantenerme calmada—. ¿Kenji no te lo dijo? —¿Este jovencito tiene inmunidad por tu toque? —Las palabras de Castillo son susurradas, atónito. —Sí. —Miro de él hacia Adam, todavía suena dormido. También Warner. —Eso es… increíble. —¿Lo es? —Mucho. —Los ojos de Castillo están brillantes, tan impaciente—. Ciertamente no es una coincidencia. No hay coincidencias en esta clase de situaciones. —Hace una pausa. Camina. —Fascinante. Tantas posibilidades, tantas teorías… —Ya ni siquiera está hablándome. Su mente está trabajando demasiado rápido para seguirle el paso. Toma una profunda respiración. Parece recordar que sigo en la habitación. —Mis disculpas. Por favor, continúa. Las chicas saldrán pronto, están asistiendo a James en el momento. Debo reportar esta información tan rápido como sea posible. —Espera. Mira hacia arriba. —¿Sí?

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—¿Tienes teorías? —le pregunto—. Tú… tú sabes por qué estas cosas están pasándome… ¿a mí? —¿Quieres decir nosotros? —Castillo me ofrece una sonrisa gentil. Trato de no ruborizarme. Sólo logro asentir. —Hemos estado haciendo investigaciones durante años —dice—. Creo que tenemos una buena idea. —¿Y? —Apenas me las puedo arreglar para respirar. —Si decides quedarte en Punto Omega, tendremos esa conversación muy pronto, lo prometo. Además, estoy seguro de que probablemente este no es el mejor momento. —Asiente hacia Adam. —Oh. —Siento mis mejillas arder—. Por supuesto. Castillo se da la vuelta para irse. —¿Pero crees que Adam…? —Las palabras salen de mi boca demasiado rápido. Trato de calmarme—. ¿Crees que es como nosotros, también? Castillo pivotea para darse vuelta. Estudia mis ojos. —Creo —dice cuidadosamente—, que eso es muy posible. Jadeo. —Mis disculpas —dice—, pero en verdad debo irme. Y no quiero interrumpir su tiempo juntos. Quiero decir sí, claro, por supuesto, absolutamente. Quiero sonreír, despedirlo con la mano y decirle que no hay problema. Pero tengo tantas preguntas, creo que podría explotar; quiero decirle que me diga todo lo que sabe. —Sé que esto es mucha información para asimilar al mismo tiempo. —Castillo se detiene en la puerta—. Pero tendremos montones de oportunidades para hablar. Debes estar exhausta y estoy seguro de que te gustaría dormir. Las chicas cuidarán de ti, te están esperando. De hecho, serán tus nuevas compañeras de habitación en Punto Omega. Estoy seguro de que estarán felices de responder cualquier pregunta que puedas tener. —Agarra mis hombros antes de irse—. Es un honor tenerte con nosotros, señorita Ferrar. Espero que estés considerando seriamente unirte a nosotros en una base permanente. Asiento, aturdida.

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Y él se va. ―Hemos estado haciendo investigaciones durante años ―dijo él―. Creo que tenemos una buena idea ―dijo―. Tendremos esa conversación pronto, lo prometo. Por primera vez en mi vida, finalmente podré entender lo que soy y no parece posible. Y Adam. Adam. Me sacudo yo misma y tomo mi asiento junto a él. Aprieto sus dedos. Castillo podría estar equivocado. Tal vez todo esto es una coincidencia. Tengo que concentrarme. Me pregunto si alguno ha oído de Warner últimamente. —¿Juliette? Sus ojos están medio abiertos. Me está mirando como si no estuviera seguro de que soy real. —¡Adam! —Tengo que concentrarme en quedarme quieta. Él sonríe y el esfuerzo parece agotarlo. —Dios, es bueno verte. —Estás bien. —Agarro su mano, resistiéndome a lanzarme en sus brazos—. En verdad estás bien. Su sonrisa se ensancha. —Estoy tan cansado. Siento como si pudiera dormir por unos cuantos años. —No te preocupes, el sedante desaparecerá pronto. Giro alrededor. Dos chicas con los mismos ojos verdes nos están mirando. Sonríen al mismo tiempo. Sus cabellos castaños son gruesos y lisos cogidos en colas de caballo altas en sus cabeza. Están usando monos grises a juego. Zapatos de ballet dorados. —Soy Sonya —dice la chica de la izquierda. —Soy Sara —añade su hermana. No tengo idea de cómo diferenciarlas. —Es un placer conocerte —dicen al mismo tiempo. —Soy Juliette —me las arreglo para decir—. Es un placer conocerlas también.

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—Adam está casi listo para salir —me dice una. —Sonya es una excelente sanadora —replica la otra. —Sara es mejor que yo —dice la primera. —Él debería estar bien para salir en cuanto el sedante se agote en su organismo — dicen juntas, sonriendo. —Oh, eso es genial, muchísimas gracias. —No sé a cual mirar. A quién responderle. Miro otra vez a Adam. Él parece completamente sorprendido. —¿Dónde está James? —Está jugando con los otros niños. —Creo que es Sara la que dice eso. —Lo acabamos de sacar en un descanso para el baño —dice la otra. —¿Te gustaría verlo? —De regreso con Sara. —¿Hay otros niños? —Mis ojos son tan grandes como mi rostro. Las chicas asienten a la misma vez. —Lo traeremos —dicen en coro. Y desaparecen. —Parecen agradables —dice Adam después de un rato. —Sí, parecen. —Todo este lugar parece agradable. Las chicas regresan con James, que parece más feliz de lo que lo haya visto nunca, casi más feliz que cuando vio a Adam por primera vez. Está emocionado de estar aquí. Emocionado de estar con otros niños, emocionado de estar con, “las chicas hermosas que cuidan de mí porque son agradables y hay tanta comida y me dieron chocolate. Adam, ¿alguna vez has probado el chocolate?” Y tiene una cama grande y mañana a va ir a clase con los otros niños y ya está emocionado. —Estoy tan feliz que estés despierto —le dice a Adam, prácticamente saltando hacia arriba y abajo en su cama—. Dicen que te enfermaste y estabas descansado y ahora estás despierto así que eso significa que estás mejor, ¿verdad? ¿Y estamos a salvo? En verdad no recuerdo lo que sucedió de camino a aquí —admite, un poco avergonzado—. Creo que me quedé dormido. Pienso que Adam está ansioso por romperle el cuello a Kenji en este punto.

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—Sí, estamos a salvo —le dice Adam, pasando una mano por su desordenado cabello rubio—. Todo está bien. James corre de nuevo hacia la habitación de juegos con los otros niños. Sonya y Sara inventan una excusa para irse para que podamos tener un poco de privacidad. Me gustan más y más. —¿Alguien ya te ha dicho sobre este lugar? —me pregunta Adam. Se las arregla para sentarse. Sus sábanas se deslizan hacia abajo. Su pecho está expuesto. Su piel está perfectamente curada, apenas puedo reconciliar la imagen que tengo en mi memoria con la que está frente a mí. Olvido responder su pregunta. —No tienes cicatrices. —Toco su piel como si necesitara sentirlo por mí misma. Él intenta sonreír. —No son muy tradicionales en sus prácticas médicas aquí. Levanto la mirada, perpleja. —¿Tú… sabes? —¿Ya conociste a Castillo? Asiento, perpleja. Se mueve. Suspira. —He escuchado rumores sobre este lugar mucho tiempo. Me volví muy bueno en escuchar los susurros, especialmente porque estaba cuidándome a mí mismo. Pero en el ejército oímos cosas. Cualquier y toda clase de amenazas enemigas. Posiblemente embustes. Hubo una charla sobre un movimiento subterráneo inusual desde el momento que me enlisté. La mayoría decían que era mierda. Que era una clase de basura inventada para asustar a las personas, que no había forma de que fuera real. Pero siempre esperé que tuviera una dosis de verdad, especialmente después de que me enteré de ti, esperé que fuéramos capaces de encontrar a otros con habilidades similares. Pero no sabía a quién preguntarle. No tenía conexiones, ni manera de saber cómo encontrarlas. —Niega con su cabeza—. Todo este tiempo, Kenji estaba trabajando encubierto. ���Él dijo que estaba buscándome. Adam asiente. Se ríe. —Al igual que yo estaba buscándote. Así como Warner estaba buscándote.

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—No lo entiendo —murmuro—. Especialmente ahora que sé que hay otros como yo, más fuertes incluso, ¿por qué Warner me quería a mí? —Él te descubrió antes de que Castillo lo hiciera —dice Adam—. Se sintió como si te hubiera reclamado hace mucho tiempo. —Se inclina hacia atrás—. Warner es muchas cosas, pero no estúpido. Estoy seguro de que sabía que había algo de verdad en esos rumores, y estaba fascinado. Porque tanto como Castillo quiere usar sus habilidades para el bien, Warner quiere manipularlas para su propia causa. Quería convertirse en una clase de superpoder. —Una pausa—. Él invirtió un montón de tiempo y energía estudiándote. No creo que quisiera dejar que ese esfuerzo se desperdiciara. —Adam —susurro. Él toma mi mano. —¿Sí? —No creo que él esté muerto.

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Capítulo 49 Traducido por LizC Corregido por Violeta

—N

o es él Adam se gira. Frunce el ceño ante la voz. —¿Qué estás haciendo aquí?

—Vaya. Qué saludo, Kent. Procura no rasgarte un músculo agradeciéndome por salvar tu trasero. —Tú nos mentiste a todos. —De nada. —¡Sedaste a mi hermano de diez años! —Aún así de nada. —Hey, Kenji. —Lo reconozco. —Mi ropa se ve bien en ti. —Da un paso un poco más cerca, sonriendo. Pongo los ojos en blanco. Adam examina mi conjunto por primera vez. —No tenía nada más que ponerme —explico. Adam asiente un poco más lentamente. Mira a Kenji. —¿Tienes un mensaje qué entregar? —Sí. Se supone que debo mostrarte dónde vas a quedarte.

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—¿Qué quieres decir? Kenji sonríe. —Tú y James serán mis nuevos compañeros. Adam maldice en voz baja. —Lo siento, hermano, pero no tenemos suficientes habitaciones para ti y Manos Calientes por aquí para que tengan su propio espacio privado. —Me guiña el ojo—. Sin ánimo de ofender. —¿Tengo qué irme ahora mismo? —Sí, hombre. Quiero ir a dormir pronto. No tengo todo el día para esperar tu perezoso trasero. —¿Mi perezoso…? Me apresuro a interrumpir antes de que Adam tenga oportunidad de defenderse. —¿Qué quieres decir, con que quieres ir a dormir? ¿Qué hora es? —Son casi las diez de la noche —dice Kenji—. Es difícil decirlo bajo tierra, pero todos intentamos estar al tanto de los relojes. Tenemos monitores en los pasillos, y la mayoría tratamos de usar relojes. La pérdida de la pista del día y la noche nos puede joder con bastante rapidez. Y ahora no es momento de ponerse demasiado cómodo. —¿Cómo sabes que Warner no está muerto? —pregunto, nerviosa. —Sólo lo vimos en la cámara —dice Kenji—. Él y sus hombres patrullan muy fuertemente esta zona. Me las arreglé para escuchar un poco su conversación. Resulta que a Warner le dispararon. Mi respiración se atoró, intentando silenciar los latidos de mi corazón. —Por eso fue que tuvimos suerte anoche… al parecer, los soldados llamaron a la base porque pensaron que Warner estaba muerto. Hubo un cambio de poder por

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un minuto. Nadie sabía qué hacer. Qué órdenes seguir. Pero luego resultó que no estaba muerto. Sólo muy mal herido. Su brazo estaba todo vendado y en un cabestrillo —agrega Kenji. Adam encuentra su voz antes que yo. —¿Qué tan seguro es este lugar de un ataque? Kenji se ríe. —Es seguro como el infierno. No sé ni cómo se las arreglaron para llegar tan cerca como lo hicieron. Pero nunca serán capaces de encontrar el lugar exacto. Incluso si lo hicieran, nunca serán capaces de forzar la entrada. Nuestra seguridad es casi impenetrable. Además, tenemos cámaras en todas partes. Podemos ver qué están haciendo antes de que siquiera lo planeen. —Aunque, realmente no importa —continúa—. Porque están buscando pelea, nosotros también. No tenemos miedo de un ataque. Además, no tienen idea de lo que somos capaces. Y hemos estado entrenando para esta mierda por una eternidad. —Tú… —Hago una pausa. Me ruborizo—. Puedes… quiero decir, ¿tienes un... don, también? Kenji sonríe. Y desaparece. Realmente se ha ido. Me pongo de pie. Intento tocar el espacio en el que estaba de pie. Reaparece justo a tiempo para saltar fuera de mi alcance. —Oye, espera, cuidado, sólo porque soy invisible no significa que no puedo sentir nada… —¡Oh! —Me aparto hacia atrás. Tiemblo—. Lo siento… —¿Puedes volverte invisible? —Adam se ve más irritado que interesado.

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—Te enloqueció, ¿verdad? —¿Cuánto tiempo has estado espiándome? —Adam entorna los ojos. —Tanto tiempo como lo necesitaba. —Pero su sonrisa es picara. —¿Así que eres... corporal? —pregunto. —Mírate, usando grandes palabras bonitas. —Kenji se cruza de brazos. Apoyándose contra la pared. —Quiero decir… no puedes, como, atravesar las paredes o cualquier otra cosa, ¿verdad? Resopla. —No, no soy un fantasma. Sólo puedo... mezclarme, creo que es la mejor palabra. Puedo mezclarme con el fondo de cualquier espacio. Cambiar para coincidir con mi entorno. Me tomó mucho tiempo averiguarlo. —Vaya. —Solía seguir a Adam a casa. Así fue como supe dónde vivía. Y así fue como fui capaz de escapar… porque no podían verme. De todos modos intentaron dispararme —añadió, amargo—. Pero por lo menos, me las arreglé para no morir. —Espera, ¿por qué estabas siguiendo a Adam a casa? Pensé que me estabas buscando a mí —pregunté. —Sí… bueno, me enlisté poco después de enterarnos del gran proyecto de Warner. —Asiente en mi dirección—. Hemos estado intentando encontrarte, pero Warner tenía más control de seguridad y acceso a más información que nosotros; estábamos teniendo muchos problemas para rastrearte. Castillo pensó que sería más fácil tener a alguien en el interior prestando atención a toda esa loca mierda que Warner planeaba. Así que cuando me enteré que Adam era el hombre principal implicado en este proyecto en particular y que tenía una historia contigo, envié la información a Castillo. Él me dijo que me cuidara de Adam, también, ya sabes, en

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caso de que Adam fuera igual de psico que Warner. Queríamos asegurarnos que no fuera una amenaza para ti o para nuestros planes. Pero no tenía idea que tratarían de huir juntos. Me jodieron por completo. Todos estuvimos en silencio un momento. —Entonces, ¿cuánto me espiaste? —preguntó Adam. —Bueno, bueno, bueno. —Kenji ladea la cabeza—. ¿El señor Adam Kent de repente está sintiéndose un poco intimidado? —No seas idiota. —¿Estás ocultando algo? —Sí. Mi pistola… —¡Hey! —Kenji aplaude—. ¡Entonces! ¿Estamos listos para salir de aquí, o qué? —Necesito un par de pantalones. Kenji repentinamente se ve molesto. —¿En serio, Kent? No quiero oír esa mierda. —Bueno, si no quieres verme desnudo, te sugiero que hagas algo al respecto. Kenji le dispara una mirada asesina a Adam y se aleja, gruñendo algo sobre prestarle toda su ropa a las personas. La puerta se cierra detrás de él. —Realmente no estoy desnudo —dice Adam. —Oh —jadeo. Levanto la mirada. Mis ojos me traicionan. Él no logra contener la sonrisa esta vez. Sus dedos acarician mi mejilla. —Sólo quería que nos dejara en paz un segundo. Me sonrojo. Buscando a tientas algo que decir. —Estoy tan feliz de que estés bien.

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Dice algo que no escucho. Toma mi mano. Me empuja a su lado. Se inclina y me estoy inclinando hacia delante hasta que prácticamente estoy encima de él y me desliza entre sus brazos, besándome con un nuevo tipo de desesperación, un nuevo tipo de pasión, una necesidad ardiente. Sus manos se enroscan en mi cabello, sus labios tan suaves, tan necesitados contra los míos, como fuego y miel estallando en mi boca. Mi cuerpo entero está humeante. Adam se aleja un poquito. Besa mi labio inferior. Lo muerde apenas un segundo. Su piel está cien grados más caliente de lo que estaba hace un momento. Sus labios presionan mi cuello y mis manos viajan por la parte superior de su cuerpo y me pregunto por qué hay tantos trenes de carga en mi corazón, por qué su pecho es como una armónica rota. Estoy trazando el pájaro atrapado para siempre en el aire en su piel y me doy cuenta por primera vez que me ha dado alas por mi propia cuenta. Él me ha ayudado a volar y ahora estoy atrapada en el movimiento centrípeto, alzando a la derecha en el centro de todo. Atraigo sus labios de vuelta a los míos. —Juliette —dice. Una respiración. Un beso. Diez dedos jugando en mi piel—. Necesito verte esta noche. Sí. Por favor. Dos fuertes golpes nos hacen separar. Kenji abre la puerta de golpe. —¿Se dan cuenta qué esta pared es de vidrio, no? —Parece que hubiera mordido la cabeza de un gusano—. Nadie quiere ver eso. Le lanza un pantalón a Adam. Asiente hacia mí.

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—Vamos, te llevaré con Sonya y Sara. Ellas te acomodarán esta noche. —Se gira hacia Adam—. Y jamás me devuelvas ese pantalón. —¿Qué pasa si no quiero dormir? —pregunta Adam, descaradamente—. ¿No estoy autorizado para salir de mi habitación? Kenji presiona sus labios. Y entorna los ojos. —No uso esta palabra a menudo, Kent, pero por favor no intentes ninguna elegante mierda secreta de escabullirte a escondidas. Tenemos que regular las cosas aquí por una razón. Es la única manera de sobrevivir. Así que hazle un favor a todos y mantén los pantalones puestos. La puedes ver en la mañana. Pero mañana se siente como un millón de años a partir de ahora.

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Capítulo 50 Traducido por LizC Corregido por Violeta

L

as gemelas aún están dormidas cuando alguien llama. Sonya y Sara me mostraron dónde están los baños de las chicas para que tuviera oportunidad de ducharme la noche anterior, pero todavía estoy usando la

ropa holgada de Kenji. Me siento un poco ridícula cuando me dirijo a la puerta. La abro. Parpadeo. —Hola, Winston. Me mira de arriba abajo. —Castillo pensó que te gustaría cambiarte esa ropa. —¿Tienes algo para ponerme? —Sí… ¿recuerdas? Te hizo algo personalizado. —Oh. Vaya. Sí, eso suena muy bien. Me deslizo afuera en silencio, siguiendo a Winston por los oscuros pasillos. El mundo subterráneo es tranquilo, sus habitantes aún duermen. Le pregunto a Winston por qué estamos levantados tan temprano. —Pensé que te gustaría conocer a todos en el desayuno. De esa manera puedes saltar a la rutina regular de las cosas por aquí, incluso empezar a trabajar en tu formación. —Mira hacia atrás—. Todos tenemos que aprender a aprovechar

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nuestras capacidades de la forma más eficaz posible. No es bueno no tener control de tu cuerpo. —Espera, ¿también tienes una habilidad? —Hay exactamente cincuenta y seis de nosotros que las tienen. El resto son miembros de nuestra familia, hijos, o amigos cercanos que ayudan en todo lo demás. Así que sí, soy uno de los cincuenta y seis. Igual tú. Casi estoy pisándole los talones en un esfuerzo por mantenerme al día con sus largas piernas. —Entonces, ¿qué puedes hacer? No contesta. Y no estoy segura, pero creo que se sonroja. —Lo siento… —Doy marcha atrás—. No fue mi intención presionar… no debería haber preguntado… —Está bien —me interrumpe—. Sólo creo que en cierto modo es estúpido. —Lanza una risa corta y dura—. De todas las cosas que debería ser capaz de hacer — suspira—. Por lo menos puedes hacer algo interesante. Dejo de caminar, aturdida. Horrorizada. —¿Crees qué esto es una competencia? ¿Para ver qué truco de magia es más retorcido? ¿Para ver quién puede infligir mayor dolor? —Eso no es lo que quise decir… —No creo que sea interesante ser capaz de matar a alguien por accidente. No creo que sea interesante temer tocar a un ser vivo. Su mandíbula se tensa. —No quise decir eso. Yo sólo... me gustaría ser más útil. Eso es todo. Cruzo los brazos.

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—No tienes que decirme si no quieres. Pone los ojos en blanco. Se pasa la mano por el cabello. —Sólo soy… soy muy... flexible —dice. Me toma un momento procesar su admisión. —Como si… ¿puedes doblarte cómo un pretzel? —Por supuesto. O estirarme si lo necesito. Lo miro sorprendida con la boca tan abierta que debería sentirme avergonzada. —¿Puedo verlo? Se muerde el labio. Reajusta sus gafas. Mira a ambos lados del pasillo vacío. Y envuelve un brazo alrededor de su cintura. Dos veces. Estoy boquiabierta como un pez muerto. —Vaya. —Es estúpido —se queja—. E inútil. —¿Estás loco? —Me inclino hacia atrás para mirarlo—. Eso es increíble. Sin embargo, su brazo ha vuelto a la normalidad y está caminando de nuevo. Tengo que correr para alcanzarlo. —No seas tan duro contigo mismo —intento decirle—. No es nada de qué avergonzarse. —Pero no me está escuchando y me pregunto cuándo me convertí en una oradora motivacional. Cuándo cambié de odiarme a aceptarme. Cuándo se volvió bien que yo eligiera mi propia vida. Winston me lleva a la habitación en la que lo encontré. Las mismas paredes blancas. La misma cama pequeña. Sólo que esta vez, Adam y Kenji están esperándome. Mi corazón se pone en marcha y de repente estoy nerviosa.

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Adam está de pie. Está por su cuenta y se ve perfecto. Hermoso. Sano y salvo. No hay una sola gota de sangre en su cuerpo. Camina hacia adelante sólo con una ligera molestia, me sonríe sin ninguna dificultad. Su piel está un poco más pálida de lo normal, pero completamente radiante en comparación con su tez la noche que llegamos. Su bronceado natural compensa un par de ojos de un tono azul como el cielo de medianoche. —Juliette —dice. No puedo dejar de mirarlo. Maravillada ante él. Asombrada por lo increíble que se siente saber que está bien. —Hola. —Me las arreglo para sonreír. —Buenos días a ti también —interviene Kenji. Me asusto. Estoy más rosada que un atardecer de verano, y encogiéndome con la misma rapidez. —Oh, hola. —Agito una mano inerte en su dirección. Resopla. —Está bien. Terminemos con esto, ¿de acuerdo? —Winston camina hacia una de las paredes, que resulta ser un armario. Hay un estallido de color en su interior. Lo saca de la percha. —¿Puedo, eh, tener un momento a solas con ella? Winston se quita las gafas. Y se frota los ojos. —Tengo que seguir el protocolo. Tengo que explicar todo… —Lo sé… está bien —dice Adam—. Puedes hacerlo después. Sólo necesito un minuto, te lo prometo. Realmente no he tenido oportunidad de hablar con ella desde que llegamos aquí. Winston frunce el ceño. Me mira. Mira a Adam. Suspira.

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—Está bien. Pero luego, regresaremos. Tengo que asegurarme que todo encaje y tengo que comprobar la… —Perfecto. Eso suena muy bien. Gracias, amigo… —Y los está empujando hacia la puerta. —¡Espera! —Winston golpea la puerta para abrirla de nuevo—. Por lo menos haz que se ponga el traje mientras estamos afuera. De esa manera no será una completa pérdida de mi tiempo. Adam se queda mirando el material en la mano extendida de Winston. Él se frota la frente y murmura algo acerca de la gente siempre malgastando su tiempo, y Adam suprime una sonrisa. Me mira. Me encojo de hombros. —Está bien —dice, agarrando el traje—. Pero ahora tienes que irte… — Y los empuja de nuevo al pasillo. —Estaremos justo afuera —grita Kenji—. Como a cinco segundos de distancia… Adam cierra la puerta detrás de ellos. Se gira. Sus ojos arden en los míos. No sé cómo calmar mi corazón. Intento hablar y fallo. Él encuentra su voz primero. —Nunca he tenido oportunidad de agradecerte —dice. Dejo caer la mirada. Pretendo que el calor no está luchando su camino hacia mi rostro. Me pellizco sin ninguna razón real. Él da un paso adelante. Se inclina. Toma mis manos. —Juliette. Levanto lentamente la mirada hacia él. —Tú salvaste mi vida.

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Me muerdo el interior de la mejilla. Me parece tan tonto decir “de nada” por salvar la vida de alguien. No sé qué hacer. —Estoy tan feliz de que estés bien. —Es todo lo que logro decir. Él está mirando fijamente mis labios y me duele en todas partes. Si me besa en este momento no creo que vaya a dejar que se detenga. Toma una bocanada de aire. Parece recordar que está sosteniendo algo. —Oh. ¿Tal vez debería ponerte esto? —Me entrega una pieza ceñida de algo púrpura. Se ve muy pequeño. Igual que un mono que podría quedarle a un niño pequeño. Su peso es menos que nada. Le doy a Adam una mirada en blanco. Dice sonriendo: —Pruébatelo. Lo miro de otra manera. —Oh. —Salta hacia atrás, un poco tímido—. Cierto… yo sólo… sólo me giraré… Espero hasta que está de espalda hacia mí antes de exhalar. Miro a mí alrededor. No parece haber ningún espejo en esta sala. Me libero de la ropa holgada. Coloco cada pieza en el suelo. Estoy aquí de pie, completamente desnuda, y por un momento estoy demasiado petrificada para moverme. Pero Adam no se voltea. No dice una palabra. Examino el brillante material púrpura. Imagino que se supone que es flexible. Lo es. De hecho, es inesperadamente fácil deslizarse en él, como si estuviera diseñado específicamente para mi cuerpo. Tiene un forro incorporado donde se supone que va la ropa interior, un apoyo adicional para mi pecho, un cuello que va justo hasta mi cuello, mangas que tocan mis muñecas, piernas que tocan mis tobillos, una cremallera que lo une. Examino el material ultra fino. Se siente como si no

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estuviera usando nada. Es del más rico color púrpura, ajustado a mi piel pero no apretado en absoluto. Es transpirable, extrañamente cómodo. —¿Cómo se ve...? —pregunta Adam. Suena nervioso. —¿Puedes ayudarme a subir el cierre? Se gira. Abre los labios, vacila, y me da una increíble sonrisa. Sus cejas están tocando el techo. Me sonrojo tanto que ni siquiera sé a dónde mirar. Da un paso adelante y me doy la vuelta, muy deseosa de esconder mi rostro, las mariposas corren a través de mi pecho. Adam toca mi cabello y me doy cuenta que recorre prácticamente toda mi espalda. Tal vez es hora de que lo detenga. Sus dedos son tan cuidadosos. Empuja las ondas por encima de mi hombro para que no queden atrapadas en la cremallera. Traza una línea desde la base de mi cuello hasta el comienzo de la costura, hasta la inclinación en mi espalda baja. Casi no puedo mantenerme en pie. Mi columna está conduciendo electricidad suficiente para abastecer una ciudad. Se toma su tiempo subiéndome el cierre. Recorre con sus manos mi silueta. —Dios, te ves increíble. —Es lo primero que me dice. Me giro. Está presionando su puño en la boca, intentando ocultar su sonrisa, intentando evitar que las palabras salgan de sus labios. Toco el material. Decido que probablemente debería decir algo. —Es muy... cómodo. —Sexy. Levanto la mirada. Está moviendo la cabeza. —Es sexy como el infierno. Da un paso adelante. Me desliza entre sus brazos.

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—Me veo como una gimnasta —murmuro. —No —susurra, cálido, caliente, ardiente contra mis labios—. Te ves como un superhéroe.

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Epílogo Traducido por Rodoni Corregido por Aciditax

T

odavía estoy hormigueando cuando Kenji y Winston irrumpen de nuevo en la habitación. ―Entonces, ¿cómo es este traje que se supone que hará mi vida más fácil? ―pregunto sin nadie que responda.

Sin embargo, Kenji se congela en su lugar, mirando sin pedir disculpas. Abre su boca. La cierra. Mete las manos en sus bolsillos. Winston da un paso adelante. ―Se supone que ayuda con el tema conmovedor ―me dice―. No tienes que preocuparte sobre ser cubierta de pies a cabeza en este clima impredecible. El material está diseñado para mantenerte fresca o mantener el calor según la temperatura. Es ligero y transpirable, por lo que no te sofoca la piel. Asimismo, te mantendrá a salvo de hacerle daño a alguien sin querer, pero te ofrece también la flexibilidad de tocar a alguien... intencionalmente. Si alguna vez lo necesitas. ―Eso es increíble. Él sonríe. Mucho. ―No hay de qué. Estudio el traje más de cerca. Dándome cuenta de algo. ―Pero mis manos y los pies están totalmente expuestos. ¿Cómo se supone que…? ―Oh, dispara ―interrumpe Winston―. Casi se me olvida. ―Corre hacia el armario y saca un par de botines negros sin tacón y un par de guantes negros que se detienen justo antes del codo. Me los entrega. Estudio el cuero de los accesorios y me maravillo con la flexibilidad elástica de los botines. Podría hacer ballet y correr una milla en estos zapatos. ―Estos deberían quedarte ―dice―. Ellos completan el equipo.

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Me los pongo y me paro en la punta de mis dedos del pie, disfrutando del lujo de sentir mi nuevo equipo. Me siento invencible. Realmente me gustaría tener un espejo por primera vez en mi vida. Miro de Kenji a Adam a Winston. ―¿Qué piensan? ¿Está… bien? Kenji hace un ruido extraño. Winston mira su reloj. Adam no puede dejar de sonreír. Él y yo seguimos a Kenji y Winston fuera de la habitación, pero Adam hace una pausa para quitarme el guante izquierdo. Toma mi mano. Entrelaza sus dedos. Me ofrece una sonrisa que se las arregla para besar a mi corazón. Y miro a mi alrededor. Flexiono mi puño. Toco el material abrazando mi piel. Me siento increíble. Mis huesos se sienten rejuvenecidos, mi piel se siente vibrante, saludable. Tomo una gran bocanada de aire y saboreo el gusto. Las cosas están cambiando, pero esta vez no tengo miedo. Esta vez sé quién soy. Esta vez he tomado la decisión correcta y estoy luchando para el equipo adecuado. Me siento segura. Confiada. Emocionada, incluso. ¿Por qué esta vez? Porque estoy lista

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Sobre la autora Tahereh Mafi es una chica. Tiene 24 años. Nació en una pequeña ciudad en algún lugar de Connecticut y actualmente reside en el Condado de Orange,

California,

donde

bebe

demasiada cafeína y encuentra el tiempo para ser un poco demasiado perfecta para su gusto. Cuando no se la puede encontrar en un libro, se encuentra leyendo

envoltorios

de

caramelos,

cupones y viejos recibos. Shatter Me es su primera novela. Los derechos extranjeros se han vendido en 22 territorios hasta la fecha y los derechos cinematográficos fueron adquiridos por la 20th Century Fox. Su obra está representada por Jodi Reamer de Writers House, LLC.

Serie Shatter Me: 1. 1.5 2. 3.

Shatter Me Destroy Me (16/10/ 2012) Unravel Me (5/2/2013) Sin titulo (otoño 2013)

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DESTROY ME

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En Shatter Me de Tahereh Mafi, Juliette se escapó del Reestablecimiento seduciendo a Warner - y luego poniendo una bala en su hombro. Pero ella aprenderá en Destroy Me, que no es tan fácil deshacerse de Warner.... De vuelta en la base y recuperándose de su casi fatal herida, Warner tiene que hacer todo lo posible para mantener a sus soldados bajo control y suprimir cualquier mención de rebelión en el sector. Aun obsesionado con Juliette como siempre, su primera prioridad es encontrarla, traerla de vuelta, y disponer de Adán y Kenji, los dos traidores que la ayudaron a escapar. Pero cuando el padre de Warner, el comandante supremo del Restablecimiento, llega para corregir los errores de su hijo, es claro que tiene mucho planes diferentes para Juliette. Planes que Warner simplemente no puede permitir. Ajustada después de Shatter Me y antes de su próxima secuela, Unravel Me, Destroy Me es una novela contada desde la perspectiva de Warner, el despiadado líder del Sector 45.


Unravel Me (Shatter Me #2) - Tahereh Mafi

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293 Addition Books Traducido, corregido y diseĂąado en el Foro The Dark Side http://thedarkside.forogratuito.net

ÂĄTe esperamos!


Shatter me de tahereh mafi