Page 1


PRESENTACIÓN

E

n Medellín y el Valle de Aburrá históricamente han sido atendidos 5.564 desmovilizados, de los cuales 1.226 se desmovilizaron individualmente de grupos guerrilleros (FARC – ELN) y 4.338 lo hicieron colectivamente en el marco de las negociaciones con el Gobierno Nacional (AUC). Esta población se atiende de manera integral gracias al convenio marco de cooperación entre Alcaldía de Medellín y la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración, ACR, quien determina la Política Nacional de Reintegración. Dentro del proceso ha sido vital el acompañamiento psicosocial al desmovilizado, su familia y su comunidad, construyendo caminos de reconciliación con su entorno y facilitando en él el desarrollo de competencias ciudadanas, sociales, académicas y laborales. Los resultados son a todas luces alentadores, desde los logros obtenidos tanto en la intervención psicosocial como en los índices de educación y ocupacionales de los participantes. Es así como a octubre de 2010, 3.446 participantes continúan en el proceso, asistiendo regularmente a las actividades de acompañamiento y recibiendo los servicios de manera integral. Así mismo, superando el 70% de analfabetismo funcional que se encontró en el momento de la desmovilización, hoy un total de 1.932 desmovilizados se encuentran vinculados a procesos de formación académica; 581 adelantan estudios de nivel complementario; técnico y/o tecnológico; 53 personas cursan carreras universitarias y 1.079 se encuentran trabajando o vinculadas a una actividad que les genera ingresos en la legalidad, siendo Medellín el único lugar del país que concentran a tan elevado número de desmovilizados activos en el mundo laboral. Medellín, a través del Programa Paz y Reconciliación, es también el único lugar del país que cuenta con un centro de formación especializado en la atención de población afectada por el conflicto. Al Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación, CEPAR, asisten en promedio 1.400 estudiantes, entre desmovilizados, víctimas, personas en riesgo de violencia, pospenados y comunidad, para cursar primaria y secundaria hasta 9° grado, con un modelo pedagógico especializado en el que el aprendizaje más importante es la superación de diferencias, la convivencia y la reconciliación. El Programa Paz y Reconciliación continúa implementando iniciativas tendientes a generar espacios de convivencia en la ciudad, con la certeza de que a este propósito se unen cada día más voces y se afianza el compromiso institucional y empresarial, para que abriendo nuevas oportunidades a esta población, se dé paso a la consolidación de proyectos de vida constructivos en la legalidad.

Créditos Alta Consejería Presidencial para la Reintegración Alcaldía de Medellín Programa Paz y Reconciliación Comité Editorial Paulo Adrés Serna Gómez Juan Pablo Estrada Hernández Lina María Álvarez Saldarriaga Alejandro Roldán Bernal Corrección y Estilo Gladys Osorio Soto Diseño y Diagramación María Isabel Arango Franco Impresión Litografía Impregón S.A. Fotos Archivo Programa Paz y Reconciliación

La humanidad en la intervención Por Paula Cardona Psicóloga Programa Paz y Reconciliación Como psicólogos y profesionales del área psicosocial nos sentimos en la obligación de referirnos a los procesos de intervención desde una teoría que avale lo que decimos. Sin embargo, hoy haré una apuesta desde lo intuitivo, lo sensorial y perceptivo, pues estoy convencida de la importancia de estos aspectos en la intervención. Hace algunos años no imaginé que pudiese relacionarme con personas tan equivocadas, como lo estuvieron alguna vez los desmovilizados. Hoy en día mi experiencia dicta otra cosa. La relación es un pilar fundamental en los procesos exitosos y en la empatía con esta población. No pretendo decir con esto que no ha habido dificultades y situaciones límite que nos hacen dudar en la continuidad de nuestro proceder, pero no es fortuito que sigamos en esta labor. Fortalecer una relación positiva con los participantes y paralelamente conservar el límite necesario es, en definitiva, todo un arte, entendido como la expresión de la creatividad que ponemos al servicio de la intervención; además de la claridad en los conceptos que la enmarcan. Asumo además que no es suficiente ser psicólogo o trabajador social; es necesario y fundamental ser una persona integral, valiente y perseverante; una persona que sea referente para quienes desean ser considerados ciudadanos ejemplares. Por ello, me siento orgullosa de todos los compañeros y compañeras que día a día dedicamos buena parte de nuestras vidas a soñar con transformar, no sólo a personas, sino también a una ciudad que deposita su confianza en nuestro saber y nuestro ser. Finalmente me propongo nunca ser sólo una psicóloga, sino más bien un ser humano con deseos de cambio para sí mismo, los participantes y esta ciudad a la que tanto respeto.

2


El cadáver inteligente o... El que piensa pierde

Por Alejandro Roldán B. Psicólogo e Investigador Programa Paz y Reconciliación

E

n los encuentros de discusión1 con los coinvestigadores del proyecto Promoción de las Relaciones No Violentas, la producción de metáforas2 ha sido uno de los elementos que con mayor sorpresa y agrado hemos podido presenciar los profesionales que integramos dicha investigación.

En uno de estos encuentros emergió de manera insospechada la expresión “cadáver inteligente”3, enmarcándose en la más profunda contradicción, puesto que si algo carece de inteligencia es un objeto inanimado tal como lo es un cadáver, pero además el adjetivo inteligente sólo puede aplicarse a la manifestación de grandes habilidades para la vida o al menos para la supervivencia propia. Por ello resonó particularmente fuerte esta expresión que se encontraba anudada a la siguiente anécdota: Al pasar todos los días por la esquina con mis cuadernos -dice el coinvestigador participante-, una barrita de amigos siempre comentaban lo tonto que era mi interés por los libros y por el estudio. Yo seguía normal, a mí desde pequeño me gustó estudiar, pero un día un amigo de este grupo que tanto se burlaba de mí, me dibujó una calavera y me puso: “es que a Carlos le gusta estudiar, porque quiere ser un cadáver inteligente”. En esta escena de infancia que cobra valor cada vez que se recuerda el proceso de reintegración de Carlos, reconocemos diferentes aspectos en torno a la antigua lucha entre el Eros y el Tanatos4, entre Bios y Tanatos. El joven Quijote que pasa con su armadura de letras se enfrenta a los violentos vientos de los Molinos que, en la esquina del barrio, buscan hacer perder el rumbo del aventurero. Éste siente una ruta escrita en los textos que tanto ate-

1 2 3 4

Actividad de convivencia, barrio Popular 1

sora, pero que además palpitan de vida a pesar de ser una futilidad para los hombres Molinos, que sólo piensan en la guerra y en cosas importantes de los adultos, como el dinero y la muerte, primos hermanos de la primera. Ante este descrédito en el que cae la posibilidad del estudio, la lectura y la cultura en general; en un entorno como el nuestro de desigualdades sociales aberrantes, del imperio de lo urgente, del mandato que se pone en la voz del disparo; se cree que no tiene ningún sentido adentrarse en el mundo de la lectura puesto que ello no lo salvará de la vida. Sin embargo, la eficiencia de la justicia poética ha sido demostrada y el joven que dibujó la calavera en el cuaderno de nuestro pequeño Quijote está vivo y le ha confesado que de haber sabido que viviría tanto tiempo, hasta hubiera estudiado. Cómo no sentir que la fuerza de los grandes hermanos de la humanidad -los libros, verdaderos cofres del tesoro

Esta experiencia de los espacios de discusión de textos, se han implementado como parte de la metodología del proyecto, que busca en la fase inicial, realizar un proceso de preparación de los coinvestigadores que son participantes del Programa de Paz y Reconciliación, en herramientas investigativas, con el objetivo de permitir la asunción del rol de investigador, resaltando las implicaciones éticas y emocionales que ello conlleva. Paráfrasis de la definición encontrada en el diccionario de la RAE del término metáfora: Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; p. ej., Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones. Expresión extraída del diario de campo de los coinvestigadores y de las actas de reunión. Nombre griego del Dios de la muerte.

3


humano-, se ha manifestado en la lucha del Quijote que, tal como Ulises vaga por el océano de la violencia durante muchos años, retorna a Itaca5 fortalecido y con la experiencia de saber que el canto de las sirenas es el engaño del dinero fácil y que tener los pies en la tierra es lo que permite avanzar al hombre. Otra frase de este calibre, valga la expresión bélica pues tal como las balas estas frases se apuntalan en el corazón de la cultura, puede ser encontrada en cualquier momento, su cotidianidad la ha hecho casi imperceptible y es por ello que se torna tan efectiva y determinante en el ideario colectivo, pues cuando escucho la expresión tristemente célebre de “el que piensa pierde”, no puedo más que sorprender en ella al duendecillo de la violencia, la ignorancia y la corrupción características de nuestro pueblo. El que piensa pierde, como frase que se deja caer en todos los escenarios de la vida cotidiana local, no discrimina edades ni condiciones sociales, es un verdadero juguete semántico del ideario local, puesto que todos juegan al pensar es perder. Es posible que esto tenga un correlato filosófico más profundo del que quisiera proponer, pero lo que pretendo denotar es la importancia y el impacto que tienen figuras semánticas, diremos más aún, prisiones semánticas6 como las que nos encontramos cada día en la esquina de nuestros barrios, o en el paradero de buses, para encontrar el cómo y el porqué nuestra sociedad cada vez se agrieta más. Sólo detengámonos unos instantes en esta expresión. Si por alguna razón el acto de pensar, tomar posición, reconocer, analizar y reflexionar, significa perder algo vital, incluso perder la vida misma, es hasta tal punto indeseable que se terminará por evitar toda actividad que implique pensar. Por ello al estudioso se le considera un ñoño, un desocupado, un débil e incluso se le tacha de afeminado. Las cualidades que caracterizan al hombre en un entorno como el nuestro se presentan aliadas al riesgo, a la fuerza, a la acción, a la violencia, al poder, al dinero, al tener. Todas en detrimento de la mesura, la reflexión, el amor, el ser y el sentir, cualidades que comparten aquellos que han accedido al universo de los libros. La ley del fierro ha hecho de nuestros cuerpos instrumentos de metal que no sienten ni piensan, sólo actúan, ha hecho de ellos escenarios de

5 6

4

guerra que sólo buscan la muerte como el seguro final, el descanso eterno, el gran remanso de paz. Si articulamos las dos prisiones semánticas a las que nos referimos: cadáver inteligente y el que piensa pierde, reconoceremos la impactante presencia de la muerte en nuestro discurso cotidiano. Pero no sólo la muerte como un hecho connatural a la existencia humana, sino como un hecho violento, que asecha con la pérdida de todo lo que se ha logrado obtener y que de manera caprichosa lleva su acto final al lecho de cada uno. La calle, la esquina y la cuadra son decoradas con insignias de la muerte que se anida en nuestros dichos. Con esta reflexión ofrezco una lectura de la relación entre el dicho y el hecho. Comúnmente se plantea la relación entre el acto y el dicho violentos como una relación causal, puesto que se infiere que el acto predice el dicho. Pero lo que ha sido posible observar es que la dinámica de repetición que se establece en los actos de violencia de nuestra ciudad, está basada en la eficacia que tienen -en el ideario colectivo- estas prisiones semánticas que incorporamos en el discurso cotidiano y a partir de las cuales nos permitimos medir el valor de la existencia del otro. Finalmente, resalto la importancia que tiene dialectizar estos dichos cada vez que aparecen en nuestro espacio auditivo. Como agentes de reconciliación reconocemos en estas prisiones semánticas verdaderos enemigos de nuestro quehacer. Si concebimos que la realidad se configura de las representaciones cristalizadas a lo largo del tiempo en los grupos humanos, podemos dar cuenta de cómo sobre tales cristalizaciones se edifican las acciones violentas que podemos observar, tanto en el interior de los hogares como en el ambiente local al que estamos todos expuestos. Por ello al identificar el tono general que se imprime sobre las manifestaciones de la cultura, la educación que la soporta y los libros que la guardan, debemos fortalecer nuestra posición en contra de estas expresiones; pero más aún, frente a lo que éstas generan, es decir, frente a la inercia mental, al hacer sin pensar, a la violencia como única forma de resolución de conflictos, y por sobre todo, a la muerte en el discurso cotidiano como fantasma que imposibilita los sueños y deseos de cada uno de los pobladores que componen esta sociedad.

Isla mítica de la cual parte Odiseo o Ulises, y a la cual llega luego de veinte años de ausencia. Expresión utilizada por el escritor británico Aldous Huxley en su texto “La Condición Humana”


De los grandes héroes a los ciudadanos de a pie

Por Sergio Velásquez Silva Psicólogo Programa Paz y Reconciliación Especialista en Psicología Social Aplicada

U

n pueblo que necesite de grandes héroes es un pueblo que ha desvirtuado su capacidad de resolver pacíficamente sus conflictos.

Bajo esta premisa expongo a continuación los aprendizajes que emergen de la experiencia vivida en la interacción comunitaria, y la manera en que ésta puede develar un derrotero que oriente la ardua tarea de re-pensar la metodología que fundamenta la intervención desde los diversos ámbitos de las ciencias sociales y cómo a partir de allí fomentamos la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Es primordial reconocer que la interacción continua con el contexto, a través del trabajo de campo, se convierte en la base sobre la cual emergen las posibles rutas para construir ciudad, apuntando conscientemente a una reconstrucción subjetiva de las formas en que nos relacionamos con el otro a través del lenguaje y la comunicación interpersonal. En este sentido, la psicología nos reporta un marco de referencia para nuestra intervención en procura de reducir la brecha entre institucionalidad y comunidad, partiendo de un objetivo claro: la organización y la participación comunitaria.

personas a la hora de reflexionar sobre sus dinámicas relacionales y sobre sus prácticas cotidianas y que lo conceptúa uno de los mayores representantes de esta disciplina, argumentando que “son los problemas reales de los propios pueblos, no los problemas que preocupan otras latitudes, los que deben constituir el objeto primordial de la psicología social2”.

“Si queremos que la psicología realice algún aporte significativo a la historia de nuestros pueblos, si como los psicólogos queremos contribuir al desarrollo de los países latinoamericanos, necesitamos replantearnos nuestro bagaje teórico y práctico, pero replanteárnoslo desde la vida de nuestros propios pueblos, desde sus sufrimientos, sus aspiraciones y luchas1.

Por esta razón no es suficiente con aquellos grandes héroes contemporáneos que procuran vendernos los medios de comunicación, pues su tarea consiste en pensar-hacer por aquellos que pretende proteger, excluyendo inconcientemente la capacidad que posee cada ser humano de convertirse en su propio héroe, de encontrar en últimas, las habilidades que le permitirán enfrentarse a sus miedos y conflictos cotidianos. De lo contrario, ¿qué pasaría cuando el “gran héroe” deje de existir? En este sentido, los aprendizajes encontrados con las comunidades que atendemos en el Programa Paz y ReIntegración comunitaria 2010.

Es indudable que para el trabajo comunitario, a través de las políticas públicas, es de gran importancia el recurso económico. Sin embargo, a partir de las experiencias que he compartido con diversas poblaciones dentro del Programa Paz y Reconciliación, puedo concluir que no basta el dinero para la solución de los problemas de las comunidades más vulnerables y que la importancia también radica en la cualidad en que se destina el recurso. Es decir, que el acompañamiento y la construcción colectiva de las posibles soluciones deben circunscribir a las comunidades mismas y de esta manera promover la inclusión social y el empoderamiento de quienes participan en dicho proceso. La psicología social ha denominado a este movimiento como la capacidad de auto-determinación que tienen las 1 2

MARTÍN-BARO, Ignacio. Hacia una psicología de la liberación (2006). Revista electrónica de intervención psicosocial y psicología comunitaria. Pag. Ibíd.

5


y buscar creativamente las posibles vías de solución a sus propias dificultades -y por qué no de sus potencialidades-, originando de esta manera y desde el mismo colectivo, nuevas formas de pensarse en conjunto.

Evento de familia.

conciliación, nos muestran que los grandes héroes son sencillamente las personas con quienes compartimos cotidianamente en los espacios creados para construir la ciudad que queremos, es decir; los desmovilizados comprometidos con su proceso de reintegración, las víctimas del conflicto armado, las instituciones, las políticas públicas, los lideres barriales y las organizaciones que trabajan por un objetivo común. Esto es promover la cultura de la legalidad. Por su parte, lo que nos muestra la experiencia en los barrios, más allá de la construcción de proyectos, son las formas en que se pueden generar espacios para la convivencia, para la resolución pacífica de los conflictos, para el diálogo constructivo y necesariamente para la articulación entre las diversas personas e instituciones que intervienen en un contexto determinado. Esto es lo que conceptualizamos como aquellos espacios para la re-significación subjetiva de las condiciones desesperanzadoras que fundamentan actualmente las relaciones con la otredad, con la diferencia, con el conflicto emergente de la interacción social y que nos permiten consecuentemente romper con las tradiciones egoístas, cíclicas y viciosas que impiden a los individuos auto-determinarse

3

6

Ibíd., Pág. 11

Es en esta vía que cobran sentido las palabras expuestas al inicio de la reflexión, ya que para la transformación social de los pueblos -de las comunidades-, es indispensable trascender la demagogia que sustenta las relaciones instrumentales, aquellas que paralizan ese gran objetivo de las personas de a pie de sentirse parte importante de algo, para transitar posteriormente sobre caminos que involucren aquel conocimiento popular que se ha visto invisibilizado por los discursos imperantes de la época y de esta manera lograr “la exigencia de que las personas adquieran control sobre su propia existencia y sean capaces de orientar su vida hacia aquellos objetivos que se propongan como valiosos, sin que mecanismos inconcientes o experiencias concientes les impidan el logro de sus metas existenciales y de su felicidad personal”3. Actividad comunitaria, barrio San Blas.


Lo normal y lo patológico en la intervención psicosocial

Por Grupo de Estudio de Casos Programa Paz y Reconciliación

E

l Programa Paz y Reconciliación procura mejorar cada vez más la intervención psicosocial con los desmovilizados. De ello surgen inquietudes orientadas al diagnóstico diferencial y tratamiento terapéutico individual y grupal que se debe realizar a través de diferentes actividades. Con este fin, busca fortalecer aspectos de la intervención como la claridad en la estructura psíquica, procesos de pensamiento, signos, síntomas y diagnóstico entre otros; que son necesarios para una mayor precisión conceptual y evitar apreciaciones emocionales. Es decir, que no se pierda de vista la objetividad profesional en el vínculo que se establece con el participante desmovilizado. Generalidades “La psicopatología es todo aquello que se desvía de la normalidad, es decir, (un rasgo de personalidad, una capacidad intelectual, una actividad mental, un comportamiento, una emoción, un afecto, etc.) que resulta poco frecuente, que no entra en los límites de la distribución normal de la población que nos sirve de referencia. Los elementos constitutivos de la psicopatología se hallan presentes en la normalidad, pero constituyen una exacerbación, por exceso o por defecto, de esa normalidad. De modo que las diferencias entre lo normal y lo patológico son de naturaleza cuantitativa. Este salto conceptual desde la idea de infrecuencia estadística a la de anormalidad ha permitido, además, que el criterio estadístico pase de ser considerado únicamente como parte del contexto del descubrimiento (por utilizar el término de Reichenbach, 1964) a ser utilizado también como parte del contexto de la explicación y la justificación. De una naturaleza diferente son los criterios que podríamos denominar, genéricamente como sociales. Uno de ellos es el que H.S. Sullivan denominó consensual para señalar que la definición de las psicopatologías es una cuestión de normativa social, es decir, del consenso social que se alcance al respecto en un momento o lugar determinado. Lo psicopatológico no es más que una “construcción social” y una “convención” que la comunidad adopta en un momento…. Cierto es que, en muchas ocasiones, la investigación transcultural ha demostrado que este modo de argumentar no es, en absoluto, una estupidez, y que lo que en un contexto cultural, social o histórico es normal, se torna patológico en otros. Sin embargo la solución no está en negar su existencia, ni en ignorarla, ni en proclamar ingenuamente que no existen psicopatologías

1

ni personas que las padezcan, muy al contrario, cualquier solución pasa necesariamente por estudiar y definir del modo más preciso posible esas normas y los supuestos en que se fundamentan, con el fin de evitar al máximo que nuestra actividad clínica se deja llevar por los prejuicios y la falsa moral. La adaptación a los modos de comportamiento esperables, habituales y sancionados como correctos por el grupo social al que una persona pertenece, se ha esgrimido también como un criterio para la presencia o ausencia de psicopatología, y de hecho se encuentra en la base del criterio legal de normalidad mental vs. psicopatológica. A medida que una persona se comporte, piense o sienta como lo hacen sus congéneres, o como éstos esperan que lo haga, será catalogada como normal, así la adecuación al rol social y personal al que se nos adscribe constituye muchas veces al marco de referencia imprescindible para la catalogación de normalidad”.1 Nuestro interés es hacer un acercamiento a la definición de estos conceptos (normal y anormal) vistos a la luz de la realidad con la que los desmovilizados afrontan y afrontaron su contexto de infancia, posiblemente determinante para decidir ingresar a un grupo armado al margen de la ley. Hablar de individuos normales y anormales en una sociedad en la que se tiene cierta incertidumbre sobre los límites de lo bueno y malo, adecuado e inadecuado, y donde las oportunidades de “salir adelante” están directamente relacionadas con esta dualidad y sujetas a las condiciones sociales y económicas, no es cuestión de un análisis únicamente social, psicológico o político. Debe encaminarse a entender la realidad individual y colectiva en el “aquí y el ahora”, nunca olvidando la obligación con los derechos fundamentales que nos rigen como seres humanos en esta sociedad, pero sí leyendo e interpretando de qué manera estos derechos resultan siendo el negocio de otros en un mundo paralelo al “normal”. Para esto se comenzará definiendo los conceptos de normalidad y anormalidad: “El concepto de normalidad es fácil de establecer, ya que en general varía en relación con el medio socioeconómico, político y cultural... He señalado en otra oportunidad que la normalidad se establece sobre las pautas de adaptación al medio y que no significa sometimiento al mismo, sino mas bien la capacidad de utilizar los dispositivos existentes para el logro de las satisfacciones básicas del individuo en una interacción permanente que busca modificar lo displacentero o lo inútil a través del logro de sustituciones para el individuo y la comunidad. Por su puesto que como lo destaca J.A. Merloo, la personalidad bien integrada no es siempre la más adaptada, pero tiene, sí, la fuerza interior como para advertir el momento en que una aceptación temporaria del medio puede estar

Belloch Amparo, Sandin Bonifacio, Ramos Francisco. Manual de psicopatología. volumen 1, Pág. 51-55.

7


en conflicto con la realización de objetivos básicos, y puede también modificar su conducta de acuerdo con sus necesidades circunstanciales”2. Tomando testimonios de los participantes del Programa Paz y Reconciliación, se observa que en algunos su niñez y adolescencia se desarrollaron en un medio social y familiar hostil y conflictivo; y para otros el ambiente familiar fue su mejor experiencia pero su entorno, drogas, injusticias, anhelo de poder y posibilidades económicas, fueron factores predisponentes para entrar en aquella dualidad entre lo adecuado e inadecuado,” bueno” o “malo”, que al inicio se menciona. Tomando como referencia a Aberasturi, si la normalidad habla de “no sometimiento al medio” y de la capacidad para luchar contra lo displacentero a favor del logro de las satisfacciones básicas a través de los dispositivos con los que se cuenta, podríamos pensar que las personas que se involucran en guerras barriales y delincuencia con el objetivo de sobrevivir, estudiar, comer y vestirse, están utilizando los dispositivos que la sociedad les permite ejercer para sobrellevar la escasez de oportunidades y luchar a favor de su supervivencia y la de su familia. Ejemplo de ello es el siguiente testimonio: “…mi madre quedó sola y tuvo que comenzar a trabajar y yo me fui a las calles, conocí muchos amigos unos buenos y otros malos y al ver que lo que mi mamá conseguía no alcanzaba sino para pagar el arriendo y escasamente para comer, comencé a delinquir y conocí a mucha gente que trabajaba robando, me volví un delincuente…” Sin embargo, esa teoría también nos pone a pensar sobre aquello que no menciona: los mecanismos psicológicos para soportar y manejar las dificultades y cómo estas personas eligen dentro de un abanico de posibilidades psíquicas, soluciones que se orientan y nacen del acto, la intolerancia y la violación a la norma; más que en la formación, la tolerancia, el respeto por el otro y la legalidad. Estos abanicos de opciones de vida o pensar, están mediados por épocas, religiones y políticas, como lo menciona Elkin Ramírez en su obra “ordenes de hierro”: “El síntoma social se deriva del entrabe del funcionamiento de un sistema de poder que permite formas colectivas del tratamiento del goce, reflejadas en la imposibilidad de una justicia distributiva del goce en todos los ciudadanos. Esto es lo que encontramos en la actualidad bajo nuevas envolturas de la violencia rural y urbana, propia del desarrollo de la sociedad occidental en diversas partes del mundo y en manifestaciones fenomenológicas... Una de las características de la sociedad contemporánea es la declinación del Nombre del Padre, verificada en la familia, el estado, la iglesia y los entes que antes representaban un anudamiento del deseo a la ley. Pero esa exclusión radical del nombre del padre en lo simbólico, hace que

8

2 3

retorne de modo catastrófico en lo real social, dando lugar a los fenómenos aquí interpretados. La delincuencia juvenil organizada en bandas dedicadas al crimen no es un fenómeno privativo de las urbes colombianas. Ella se encuentra en todas las grandes ciudades del mundo bajo otros nombres: “pandillas, “maras”, “bandas”, etc.”3. De acuerdo con el autor, dentro de cada cultura, sistema político o religión, la figura del Otro se encuentra en conflicto con el sujeto, pero este conflicto desde el pensar psicológico tiene varias explicaciones, entre ellas la decadencia de la figura simbólica que regula y media entre el Otro y el goce: “El Nombre del Padre”. También es de revisar cómo la representación que tienen estas personas de sus experiencias tempranas define rasgos de su personalidad y la respuesta que dan frente a las exigencias de la sociedad, familia, religión y psiquis. Hasta el momento se ha tratado de dar diferentes puntos de análisis y se han generado preguntas para profundizar en el estudio psicosocial de la población que nos convoca. Independientemente de la corriente teórica que el profesional maneje, utilizará como instrumento para el diagnóstico el manual DSM IV-R y/o el CIE-10, que permiten claridad acerca de las representaciones y/o organizaciones psíquicas que definen los rasgos de personalidad. La personalidad representa pautas duraderas de percibir, pensar y relacionarse con el mundo y con uno mismo, manifestándose en un amplio abanico de situaciones cotidianas importantes (Pelechado, De miguel y Hernández, 1995). Los trastornos de personalidad por el contrario, se corresponden con pautas inflexibles no adaptativas y conducen a limitaciones graves (sociales y laborales), a una dificultad en el aprendizaje de nuevas estrategias de afrontamiento ante las situaciones cotidianas y en último término, a un aumento en el malestar subjetivo, (Sarason y Sarason, 1996, Vásquez, Ring y Avia, 1990). La reflexión de lo normal y lo patológico en la intervención psicosocial con desmovilizados, surge como un deseo de hacer lecturas psicológicas serias en tratar de no perder el vigor de toda intervención social, la mirada clínica; ya que permite y facilita procedimentalmente acciones como el diagnóstico individual/grupal, tipo de intervención/tratamiento y cura (garantía de no repetición). Nos permite además realizar aproximaciones diagnósticas rigurosas desde la psicología social y psicología clínica a participatnes desmovilizados y sus familias, como una muestra ética ante las ciencias sociales y humanas de evidenciar “procesos psicológicos” en la intervención psicosocial con desmovilizados.

Aberasturi armina y knobel Mauricio, el síndrome de la adolescencia normal, Cáp. 2, pagina 40-41. Ramírez, Mario elkin. Ordenes de hierro, ensayos de psicoanálisis aplicado a lo social. La carreta psicoanalítica. Pág. 20, 21.


Grupo de estudio de básica primaria

“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad.” Diego Luís Córdoba

Por: Jhon Fredy Gonzalez, Maria Elena Serna, Ferney Hernan Rincón, Natalia Arboleda Gloria Duque, María Elena Ricardo, Luisa Rios

E

l grupo de estudio del CEPAR es un espacio académico de reflexión acerca de las condiciones socioculturales, neurológicas y psíquicas de los estudiantes de niveles iniciales y sus implicaciones en el proceso educativo, ya que desde la experiencia en el aula de clase evidencia que especialmente en estos niveles, los estudiantes presentan un ritmo de aprendizaje lento frente al proceso lecto-escritor y al desarrollo del pensamiento lógico matemático, todo lo anterior ajustado a su deprivación socioeducativa. El ejercicio del pensamiento, especialmente del pensamiento reflexivo, no es una tarea fácil para muchos, pero sí debe convertirse en una tarea permanente del maestro, a fin de    analizar, comprender,    evaluar y  desarrollar estrategias que conduzcan a una mejor calidad de la educación, en este caso la educación que se ofrece en el CEPAR.

Estudiantes del CEPAR.

El quehacer del docente debe entonces superar la tarea de transmitir unos conocimientos previamente determinados como requisito dentro de una propuesta educativa, estandarizados por directrices que se piensan convenientes a la hora de educar. Así, se hace oportuno establecer nuevas prácticas que si bien buscan atender unas necesidades del orden formativo-pedagógico, a su vez deben estar valoradas desde diversos escenarios que inciden directamente en el aprendizaje de los individuos. Diversas variables entran en juego a la hora de establecer prácticas educativas con los estudiantes, en especial con aquellos que cursan los niveles de básica primaria (niveles A, B y C), con quienes el grupo de estudio ha venido indagando y estableciendo mecanismos de orientación pedagógica acordes a sus características, determinadas por sus estilos de vida de acuerdo a su contexto cultural, social y familiar. Dentro de las características que se han encontrado en ellos sobresale la no vinculación a un proceso educativo normal desde su infancia, requisito indispensable en el desarrollo evolutivo no sólo a nivel cognitivo sino de

Estudiantes del CEPAR.

“Si queremos que la psicología realice algún aporte significativo a la historia de nuestros pueblos, si como los psicólogos queremos contribuir al desarrollo de los países latinoamericanos, necesitamos replantearnos nuestro bagaje teórico y práctico, pero replanteárnoslo desde la vida de nuestros propios pueblos, desde sus sufrimientos, sus aspiraciones y luchas1.

9


Estudiantes del CEPAR.

10

formas de vida en un contexto determinado y en relación a los demás, poniéndolos en desventaja ante los otros.

comunes frases como “es que loro viejo no aprende a hablar” ó “si en tanto tiempo no he podido es bobada”.

Desde el campo neurológico se han podido establecer grandes diferencias entre los sujetos que han tenido un proceso educativo desde su infancia y aquellos que, como nuestros estudiantes, han presentado múltiples dificultades en este campo. Por ejemplo, se han determinado una arquitectura cerebral distinta, un desarrollo diferencial del lenguaje, limitaciones en la aptitud para el cálculo, memoria a corto plazo más limitada, entre otros, lo cual hace mucho más difícil la asimilación y el análisis de conceptos que por simples que parezcan, son complejos para ellos.

Esta intolerancia a la frustración se convierte necesariamente en un reto no sólo para el estudiante sino para el docente, quien debe asumir un papel de motivador, sensibilizándolo para que reconozca la importancia de la educación y se asuma como un ser capaz de afrontar el reto de aprender.

Por lo tanto, en estos estudiantes que por primera vez en su vida entran en un proceso permanente de formación académica, se evidencia un alto grado de desmotivación causada en gran parte por el no logro de metas desde lo académico. Un ejemplo claro es el de aquellos que al no aprender a leer y escribir fácilmente se muestran escépticos en el avance de su ruta educativa. De ahí que sean

El grupo de estudio le apuesta entonces, a partir de la reflexión permanente y el reconocimiento de las causas que generan en nuestros estudiantes un estancamiento en el avance académico, a asumir como equipo docente una mirada distinta donde emerjan propuestas desde la investigación y se generen modos, formas, estrategias y metodologías que apoyen verdaderamente el avance de los estudiantes en su proceso de formación académica, consolidando procesos de educación pertinentes para el CEPAR, donde su impacto, más que novedoso, posibilite prácticas educativas encaminadas a la obtención de los objetivos que se plantean para esta población.


Verdad, Justicia y Reparación como obligación moral

Por Sergio Velásquez Psicólogo Programa Paz y Reconciliación

B

ajo la conciencia de los conceptos de verdad, justicia y reparación, el Programa Paz y Reconciliación a través de su metodología de acompañamiento psicosocial ha venido adelantando procesos en los que los participantes han ido adquiriendo la capacidad y la voluntad de reconstruir y narrar sus propias historias del paso por la guerra, más aún, han querido dar información sobre la ubicación de fosas comunes. Estas diligencias se han realizado de la mano de la Fiscalía General de la Nación y hasta la fecha han arrojado un balance de 5 fosas comunes en las que se encontraron 32 víctimas del conflicto. Actualmente este proceso se encuentra en la etapa de corroboración de ADN con los familiares para posteriormente entregar los restos plenamente identificados. Es de notar que los desmovilizados “rasos” no tienen obligación por ley de brindar este tipo de información, sin embargo y como lo veremos en el siguiente texto, existe una responsabilidad moral que pretendemos promover con los participantes, no sólo para evidenciar una verdad que es nuestra, sino también para transitar por la reconciliación como camino en una sociedad que debe recuperar el sentido de la “otredad” y la empatía, de lo contrario el círculo vicioso en el que llevamos más de 50 años, se convertiría en un remolino que destruye todo desde adentro.

11


Elementos de discusión sobre la reparación simbólica

Por Alejandro Roldán Bernal Psicólogo Investigador del Programa Paz y Reconciliación

A

l ser la reparación simbólica una expresión tan utilizada por quienes trabajan con la población vulnerable de nuestro país, se requiere del establecimiento de ciertas coordenadas comunes de análisis para que ingrese de manera amplia y directa dentro de la praxis que se realiza en la intervención comunitaria, este es pues, el objetivo del siguiente artículo. El texto establecido por las naciones unidas para la reparación de víctimas del conflicto, deja por sentado que este derecho comprende tres tipos de medidas: a) Medidas de restitución, cuyo objetivo debe ser lograr que la víctima recupere la situación en la que se encontraba antes. b) Medidas de indemnización que cubran los daños y perjuicios psíquicos y morales, así como pérdida de oportunidades, daños materiales, ataques a la reputación y gastos de asistencia jurídica. c) Medidas de rehabilitación: atención médica y psicológica o psiquiátrica. Estas medidas deben ser articuladas por el Estado, es decir, el conjunto de instituciones que garantizan la dignidad del ciudadano y regulan la vida dentro de un país, puesto que contiene en sí “el monopolio de la violencia legítima” (Weber, 1919) La medida de restitución presentada por la ONU, lleva consigo la idea de que la víctima puede recuperar el estado o situación en la que se encontraba antes del agravio, asunto que materialmente no puede realizarse, puesto que la gran mayoría de los reconocidos como víctimas, más allá de un bien material señalan como pérdida la imposibilidad de retornar a la vida a los seres queridos asesinados o desaparecidos en actos de violencia armada.

12

La indemnización está ligada a la retribución monetaria que debe tener la víctima por los actos que han vulnerado sus derechos. Este es un asunto de gran dificultad, puesto que sólo a las instancias jurídicas les corresponde cifrar el

Activiidad Proyecto de promoción de las relaciones no violentas.

dolor y daño moral que un individuo o comunidad han experimentado, estableciendo un monto diferencial para cada caso. Por ello dejamos de lado este aspecto de la reparación, puesto que no se encuentra en nuestra competencia la facultad de establecer una relación entre lo moral y lo monetario. La tercera medida toca de manera directa un saber que se precia del cuidado (terapia) y la búsqueda del bienestar del otro, tal como las psicologías y el trabajo social lo evidencian. Allí hemos de entender que la intervención de estos saberes dentro del contexto comunitario, tal como lo expresa Amalio Blanco en su texto intervención psicosocial, debe ser un saber “sin adjetivos, que orilla sus diferencias reales o interesadas para concentrar toda su energía en ayudar a la gente a que se sienta bien consigo misma…” (Blanco,


2007). Es decir, un saber que no se sesga en los discursos académicos sino que se orienta a restablecer y consolidar el bienestar del individuo en la comunidad. La reparación simbólica Antes de adentrarnos en las implicaciones de la expresión reparación simbólica, debemos despejar dudas que podrían entorpecer la discusión sobre el tema. La primera pregunta que en este breve recorrido nos hacemos, indaga sobre lo que se espera reparar y cuáles son los actos que han producido el daño que se debe reparar. El contexto de violencia y conflicto armado de nuestro país evidencia que el daño por tanto tiempo sufrido por las personas que en él habitan, por efecto de las muertes, desapariciones, secuestros, humillaciones y violaciones de derechos, ha dejado un rastro de muerte que produce la corrupción de ciertos elementos fundamentales en la constitución de un estado, e incluso de una cultura. Planteamos el término cultura en el sentido más amplio, tal cual lo definen ciertos antropólogos al hablar de ésta como “la serie de soluciones de problemas, acumuladas y retransmitidas” (Bayes, 1969). Al señalar la definición notamos que detrás de la serie de soluciones que conforman una memoria, se encuentra un grupo de hombres y mujeres que las realiza, enfrentando el cotidiano vivir con las herramientas que su contexto cultural les ofrece. A partir de ellas los sujetos responden a preguntas que emergen desde lo más básico, como: ¿cómo sobrevivo?, Actividad Proyecto de Promoción de las relaciones no violentas.

Celabración del Día Mundial de la Paz.

¿de qué manera me protejo y protejo a los míos de las amenazas y riesgos?; hasta las que contienen en sí la búsqueda por un sentido de la existencia: ¿quién soy yo para el otro?, ¿existe una función especial para mi existencia que le dé razón a continuar viviendo? Estas preguntas se responden por medio de los referentes culturales de las comunidades, como una serie de soluciones acumuladas y retransmitidas. El primer elemento de la discusión puede situarse en tales representaciones sociales que funcionan a modo de coordenadas para el individuo inmerso en una comunidad, donde debemos pensar los daños producidos por los efectos del conflicto armado y los restos de corrupción que de él se derivan, y por lo tanto asentar nuestra discusión acerca del término reparación simbólica. Recordemos cómo Serge Moscovici define el concepto de representación social, para orientar la discusión acerca de la reparación simbólica: La representación social es una modalidad particular del conocimiento, cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos. La representación es un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación. (Moscovici, 1979 pp 17 – 18) Moscovici establece los elementos desde los que los individuos se articulan dentro de un entramado de repre-

13


sentaciones, elaborando sus comportamientos y las formas particulares de realizar sus intercambios. Es a partir de estos intercambios que una comunidad estructura la realidad social que integra a los individuos e influencia la percepción del mundo que los rodea. A partir de la definición anterior, hemos de concebir la realidad de nuestras comunidades determinada por estos corpus de conocimiento, que se articulan y manifiestan en el saber popular de cada una de ellas. Pues bien, hemos observado que en el saber de las comunidades afectadas por el conflicto armado, ha quedado inoculada la semilla de la violencia que se manifiesta constantemente. Si bien la estela de muerte que produce el conflicto armado desencadena una ruidosa y dolorosa reacción de la comunidad, es en la memoria donde se asientan a largo plazo las consecuencias del daño constante. Podemos decir que las representaciones sociales son lo que los habitantes de las comunidades utilizan para dar cuenta de su mundo,y que en nuestro caso teje una memoria de violencia que influencia los comportamientos de los individuos. Es impactante escuchar cómo, al hablar de los grandes capos, los hombres y mujeres se refieren a ellos con respeto, denotando su inteligencia para burlar la legalidad, por encima de los actos de barbarie que cometieron. Pero en un plano aún más cotidiano, las formas en que los habitantes de nuestras comunidades enfrentan la solución de sus problemas se ligan cada vez más a expresiones nefastas y mortíferas como las que la guerra ofrece. En el trabajo comunitario observamos cómo cada vez que un joven se encuentra en conflicto con otro, un adulto se siente maltratado, o un niño enfrenta una frustración dentro de su juego, emergen expresiones aterradoras, como: “te voy a mandar a quebrar”, “yo lo devuelvo en bolsas”, “a este me lo lambo”, entre otras mil formas de amedrentar al otro, asesinándolo simbólicamente para equilibrar el desencadenamiento de ira que produce el conflicto. Las consecuencias de estos referentes culturales se evidencian en el terror que persigue a nuestras comunidades, pero existen otras consecuencias igualmente importantes que nos ubican en el lado simbólico.

14

Es claro que la idea de reparación simbólica supera lo que se restituye materialmente. Ésta depende de que el entramado simbólico ha sido dañado y debe repararse, puesto que las representaciones desde las cuales se teje, se tornan hostiles al mismo hecho del vínculo social, a la amistad, al amor y a la familia.

La expresión reparación simbólica es definida por la Ley 975 de justicia y paz, y enunciada por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación de la siguiente manera: Se entiende por reparación simbólica toda prestación realizada a favor de las víctimas o de la comunidad en general que tienda a asegurar la preservación de la memoria histórica, la no repetición de los hechos victimizantes, la aceptación pública de los hechos, el perdón público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas. (Art 8, Ley 975 de 2005) En principio, la definición expresa la prestación de un servicio que asegura a la víctima la preservación de la memoria histórica, por medio de la respuesta a cuatro preguntas clave: ¿qué pasó?, ¿por qué?, ¿quién fue el responsable?, ¿cómo evitar que se repita? Estas preguntas son el eje de la reconstrucción de memoria de las comunidades afectadas por el conflicto, que en la medida en que sean articuladas por las víctimas e incorporadas las respuestas posibles, podrán permitir la no repetición y la aceptación pública de los hechos. Queda por pensar el restablecimiento de la dignidad de las víctimas. Activiidad Proyecto de promoción de las relaciones no violentas.


Para Kant, en su texto Fundamentación de la metafísica de las costumbres, la dignidad humana se vuelve un imperativo categórico cuando plantea: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”. (Kant, 1974) La restitución de la dignidad de las víctimas es un proceso que debe considerar el respeto integral de los derechos humanos y que sólo puede ser planteado por medio de la reconstrucción del tejido social en el que se soporta la existencia de la víctima. Tal como lo han realizado la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación y otras entidades, uno de los ejes fundamentales del proceso de reparación simbólica es efectivamente el trabajo con el símbolo, pero sobre todo con los significantes que estructuran las lógicas de vida comunitaria. No es el hecho de elevar un busto a la memoria, no debe ser el objetivo construir un parque allí donde se encontraban las fosas comunes, sino identificar las estrategias que las comunidades tienen para repararse a sí mismas desde sus referentes simbólicos y potenciarlas. Lo simbólico de la reparación La identificación de referentes simbólicos requiere situar con precisión las dimensiones de lo simbólico dentro de la reparación. Para ello es necesario diferenciar lo emblemático de lo significante, puesto que son términos que se confunden dentro del concepto de lo simbólico. Emblemático significa adorno superpuesto. Significante se reconoce, desde el curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure, como aquella parte del signo lingüístico que designa algo, es decir, es un elemento que se hace efectivo por medio del idioma de un pueblo. Por eso los procesos de reparación simbólica deben apuntar más al reconocimiento de significantes en la estructura de representaciones de la comunidad afectada, que a la superposición de emblemas en los espacios de memoria; a la identificación de los elementos que en la lengua de la comunidad no han sido reconocidos pero que afectan a los individuos de la misma. Graciela Guilis, en su texto Concepto de reparación simbólica, pone en discusión el concepto de simbólico en dos vías: por un lado propone que es simbólica en tanto no es el objeto perdido el que se recupera, sino un representante

de él, el que se ofrece en pro de la reparación. Por otro lado piensa este apelativo como aquello que expone al sujeto a la significación subjetiva del objeto perdido, es decir que enfrenta a la víctima con el hecho de la pérdida y además con las constelaciones psíquicas que a ella se ligaban. Con ello queremos decir que el acto reparatorio abre un trabajo de simbolización que, siendo íntimo y singular, no depende exclusivamente del accionar de la justicia ni es determinado por ella. En la subjetividad, el símbolo (reparación) no mantiene una relación unívoca y fija con lo simbolizado (aquello que se ha perdido y cuya pérdida debe repararse). La reparación simbólica abre un proceso subjetivo, que en la singularidad de la víctima remodelará al símbolo, le asignará un sentido, lo transformará (Dayeh, 2004). Por lo tanto, la reparación simbólica es polisémica y está abierta a la significación que de ella haga la víctima que la recibe. (CELS, 2006). Por ello la reparación simbólica tiene la posibilidad de restituir la condición del sujeto en la cual se encontraba antes del acto, permitiendo que se enfrente la pérdida, se viva el duelo y desde allí se restituya la dinámica psíquica que ha sido alterada. Esto sólo puede lograrse con la posición ética que la víctima puede o no elegir. Es en este punto que los procesos de reparación simbólica colectiva que realiza el Estado encuentran su límite, pues el sujeto puede elegir repararse o no por medio de las herramientas que el Estado le provee. En Colombia la impunidad frente a actos de lesa humanidad se ha presentado como una constante perversa de la aplicación de justicia. En este sentido, su efecto produce la descomposición del tejido social en la medida que rompe el velo fantasmático, necesario para el sostenimiento de una expectativa esperanzada frente al futuro. Este rompimiento del velo en las comunidades afectadas por la impunidad, ha producido escepticismo frente a las garantías que el Estado debe proveerles, entre ellas la dignidad y el respeto por la vida. El asunto marca la realidad social y política de nuestro entorno y por lo tanto, debe ser objetivo de la reparación simbólica la reconstrucción de esta trama fantasmática que se teje por medio de las representaciones psíquicas, en constante interlocución con las representaciones sociales que integran a una comunidad. Haber sobrevivido o la sensación de no haber cuidado lo suficiente de sus seres queridos afectados por la violencia, son algunas de las autoincriminaciones que realizan las

15


víctimas frente a los hechos que las han vulnerado. “La aceptación de la responsabilidad permite a la sociedad a través de sus leyes y mecanismos de justicia, culpabilizar legalmente para que la culpa no circule inconscientemente en todos sus miembros. (Equipo de Salud mental del CELS, 1998) Por ello es importante reconocer que el solo hecho de la eficacia en la administración de justicia ofrece condiciones para la reparación simbólica, puesto que, permite que las víctimas dediquen su tiempo no a la lucha constante por los actos de justicia, sino en la reelaboración y restitución de las condiciones psíquicas en las que se encontraba antes del hecho traumático. A modo de conclusiones La violencia en nuestro país ha afectado la confianza de los ciudadanos y entre los ciudadanos. Es decir, la confianza individual en las potencialidades; las estrategias; la capacidad de resolver los conflictos inherentes a la convivencia más allá de la fuerza, la agresión y la violencia. Pero además de esto, las relaciones de vecindad, amistad, comadrazgo y compañerismo entre los ciudadanos toman un halo hostil de desconfianza, que sólo promueve su configuración sustentada en el interés monetario. Siempre que se piense en la reparación simbólica, deberemos dedicar el tiempo que sea necesario a identificar los referentes simbólicos (significantes) que estructuran la lógica de la comunidad afectada, para comenzar a prestar las medidas de rehabilitación individual y/o colectiva. La situación en la que habitualmente se propone la discusión preserva la polarización victima-victimario como un hecho connatural al conflicto armado. Sin embargo, considerando la violencia como una construcción cultural que afecta a todos los actores que en ella se ven involucrados, debemos superar dialógicamente esta polarización. Reparar simbólicamente debe ser un acto que involucre a todos los individuos vecinos de un país que haya sido afectado por la violencia; debe ser la responsabilidad de quienes consideran que el tejido de representaciones que los une debe ser mejorado, sofisticado y requiere un mantenimiento constante para prevenir la repetición de actos que se encuentran en contra de la dignidad humana.

16

Por ello, reparar los símbolos que nos identifican como nación requiere la construcción de nuevos mitos, nuevos héroes, nuevas formas de intercambio entre los ciudadanos, que privilegien la honestidad, por encima de la “vive-

Activiidad Proyecto de promoción de las relaciones no violentas.

za”, la amistad por encima de la servidumbre, la educación y sofisticación de los modos de expresión ante la chabacanería y despropósito en el uso de nuestra lengua. Estas conclusiones señalan la necesidad de un debate constante, serio y académico, con un fuerte baño de realidad social y comunitaria, frente a lo que implican los actos de reparación simbólica y los alcances que éstos puedan tener en la configuración de una nación más equitativa, diversa, responsable y sincera. Bibliografía • • • • • • • •

Bayes, R. (1969). Socialización y aprendizaje - Dialnet. Recuperado el 12 de junio de 2010, de Dialnet: http://dialnet. unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2942121 CELS, E. d. (2006). Concepto de reparación simbólica. Campo Grupal , 2 - 4. Kant, E. (1974). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. México: Editora Nacional. Ley. (25 de junio de 2005). Ley de justicia y paz 975. Bogotá, Colombia. Naciones Unidas, C. d. (1997)). 49 período de sesiones (E/ CN.4/Sub.2/1997/20) 02/10/1997: C. Pereña, F. (1998). Formación discursiva, semántica y psicoanálisis. En J. M. Gutiérrez, Métodos y Técnicas de investigación en ciencias sociales (págs. 465-489). Madrid: Sintesis. Rodríguez, A. B. (2007). Intervención psicosocial. Madrid, España: Pearson Educación S.A. Weber, M (1919) La política como vocación Documento digital.


Pequeños cuerpos, grandes corazones El CEPARCITO como experiencia significativa en el aprendizaje de la paz

Por Gloria María López Arboleda Profesional Área Educación Paz y Reconciliación

E

l Centro de Formación Infantil para la Paz y la Reconciliación -Ceparcito-, creado el 1 de Abril de 2008, nace como respuesta a la necesidad de atender a los hijos de los participantes del Programa Paz y Reconciliación que asistían a las aulas de clases del CEPAR con sus hijos, generando dificultades académicas. Además ha permitido la vinculación de mujeres, quienes en muchas ocasiones no se vinculan a las actividades académicas por dedicarse al cuidado de sus hijos. El Ceparcito brinda un espacio pedagógico, lúdico y recreativo a sus hijos entre las edades de 3 meses a 4 años, a través de la teoría de aprendizajes significativos, que permite la participación de los menores en el proceso de enseñanza – aprendizaje, promoviendo el desarrollo de las habilidades sociales. De igual manera ayuda en el proceso de formación e integración de la familia de los participantes como estrategia de prevención de actitudes violentas en su entorno familiar y social.

crianza en el contexto del Centro de Formación para la Paz y Reconciliación (CEPAR)”, trabajo conjunto con la Fundación Universitaria Luis Amigó y las familias del Ceparcito, que mostrará resultados en el año 2011 y que pretende proponer acciones específicas en formación pedagógica para las familias de contextos vulnerables.

Inmersos en las múltiples actividades que la rutina nos propone, a veces olvidamos el valor de las cosas sencillas: la risa de un niño, la ternura de una mirada, el valor de jugar, la importancia de compartir el alimento. Todo esto, y más, lo rescata el Ceparcito, espacio infantil por excelencia de la ternura, la solidaridad y el aprendizaje de la paz.

¿Qué hemos aprendido con el Ceparcito? •

No basta saber hablar, leer o caminar… para un niño el afecto cumple un papel fundamental a la hora de aprender y desarrollarse como ser humano.

• Las relaciones violentas se configuran desde la base familiar y se reflejan en el juego social de los niños; de ahí que una exitosa intervención abarque las direcciones familiar y grupal a través del juego social.

Conscientes de que las niñas, niños y familias del Ceparcito hacen parte de un contexto inmerso la mayoría de las veces en ambientes relacionales de violencia, el Ceparcito propende por la formación en valores y la construcción de ambientes familiares y sociales encaminados a la paz y la reconciliación, constituyéndose en un referente ambiental de pertenencia que cobra vida para el niño, pues allí amplía su marco de socialización y construye un espacio vital e inmediato para su desarrollo. Para impactar positivamente en la educación infantil es necesario proponer una pedagogía educativa con pertinencia cultural. El proceso pedagógico debe reconocer una historia de vida y significaciones en cada uno de los niños que acuden al Ceparcito, así como en sus familias, y a partir de ellas iniciar el proceso buscando aprendizajes significativos y su articulación con las tendencias actuales que sustentan científicamente la práctica educativa, con el objeto de hacerla óptima. Consecuencia de lo anterior, el Ceparcito participa actualmente en la investigación “Familia y prácticas de

17


Hoy el Ceparcito atiende a hijos de participantes y beneficiarios de diversos programas de atención a población vulnerable de la Alcaldía de Medellín que estudian en el Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación – CEPAR -

La mayoría de las veces, los problemas motrices y de leguaje de los niños y niñas son resultado de una inadecuada estimulación por parte de los padres, quienes por desconocimiento, asumen como normal el retraso en sus hijos. Con el Ceparcito hemos comprobado que una adecuada estimulación, unida a manifestaciones sinceras de amor y respeto, aumentan el potencial infantil y aceleran su desarrollo. La necesidad de formación y atención no es sólo de los niños, sino también de los padres. Fruto de esta necesidad, las Escuelas de padres han sido espacios de aprendizaje oportunos y claros, que han permitido a los padres un acercamiento profundo al mundo infantil de sus hijos. Con éstas, más de 40 familias se han beneficiado en la formación de temas como estilos de autoridad en la familia, resiliencia, nutrición, higiene y cuidado de los niños, ser mujer y madre, la comunicación, la importancia del afecto, relaciones no violentas, formar en familia, aprendiendo juntos a convivir en paz, entre otros. El Ceparcito se constituye en un espacio de socialización vital para los niños, por cuanto allí se acude en búsqueda de experiencias significativas que la cotidianidad de la vida familiar y comunitaria por sí mismos no proporcionan. Ha sido -y es- un espacio en el cual han aprendido a hablar y a caminar, a diferenciar los colores y las figuras, Celebración día de niños, Ceparcito.

pero también y por encima de todo esto, los niños, niñas y padres han aprendido la importancia de abrazar, de dar un beso y de invitar a la ternura en el hogar; han aprendido a compartir con otros que parecen diferentes pero que en última instancia son iguales porque los une el sentimiento de ser padres, la responsabilidad de formar un hijo o una hija y la posibilidad de formarse también como padres en lo académico y en lo humano. El complemento nutricional (MANÁ) que se proporciona en el Ceparcito es la excusa para el compartir el alimento que nutre el cuerpo, pero también los cuidados que nutren el alma. Con el complemento nutricional hemos obtenido disminución en la tasas de desnutrición y mala alimentación con las cuales llegan los niños al Ceparcito y los padres han adquirido buen manejo de temas nutricionales para sus hijos e hijas, lo que se ha reflejado en las escalas de desarrollo aplicadas por la psicóloga a los niños/as. La intervención multidisciplinar permite grandes avances en cuanto al desarrollo infantil, que se evidencian en experiencias significativas. Ejemplo de ello es Diego Fernando Bermúdez, el primer niño en ingresar al Ceparcito el 1º de Abril de 2008 y egresar satisfactoriamente en Abril de 2010 con logros importantes en adquisición de lenguaje, habilidades sociales secuendarias, expresión de afecto, control de esfínteres, juego social, aceptación de pares. Diego no es el único, como él muchos niños y niñas han pasado por el Ceparcito; son estas experiencias, unidas a los testimonios que diariamente los padres y madres dan, lo que impulsa al Cepar a seguir cultivando este pequeño gran corazón, que es la semilla de la paz para todas la familias del Cepar y ejemplo de integración y tolerancia para contextos a los que aún no llega la paz. AÑO

TOTAL

2009

47

2008 2010

TOTAL ATENDIDOS

18

15 53

115

Desmovilizados

38

Fuerza Joven

9

Postpenados

1

Víctimas

5

Total

53


De la mano de los niños elevamos los sueños El NOSOTROS como mediador de procesos de reparación

“...De parte y parte [actores

ecientemente asistí a una actividad de reparación simbólica denominada De la mano de los niños elevamos sueños. En este breve escrito quiero resaltar como llama mi atención la dinámica relacional entre participantes, profesionales y personas de la comunidad, para lo cual me remitiré a un proceso de construcción de memoria histórica del conflicto urbano que se realizó entre el 2007 y 2008, del que participé desde mi rol de profesional de acompanamiento psicosocial.

Conociendo las versiones sobre el del conflicto] se ha hecho conflicto que tejen tanto víctimas un esfuerzo concertado como victimarios me atrevo a plan- y consciente no sólo por tear que, contrario a lo que piensan mantener la polarización social, sino por extenderla algunos profesionales sobre la im- y profundizarla… Unos posibilidad del hacer psicosocial en y otros se han presentado la neutralidad, he entendido el hacer mutuamente como la psicosocial como una apuesta polí- encarnación del mal, como tica por el bienestar de los ciudada- “el enemigo” al que hay que eliminar” nos, independientemente de cuál sea el grupo de pertenencia. Ya esto es (Martin Baró. 1985) una apuesta que no se polariza entre buenos y malos, víctimas y victimarios, sino en la posibilidad del encuentro entre unos y otros a través de objetivos que posibiliten espacios de convivencia y erradicación de la violencia como forma de acción social.

Considero pertinente reflexionar sobre la dinámica de relación con los participantes del proceso de reintegración desde la percepción que ellos tienen sobre desplazados de un barrio vecino con los cuales habían tenido interacciones violentas, traducidas en un conflicto armado intervecinal y que comienza a emerger constantemente en los espacios de encuentro grupal facilitados por el proceso de Reintegración.

Vásquez Sixto (2001) plantea que la memoria “es un proceso y producto construido a través de las relaciones y prácticas sociales, donde el lenguaje y la comunicación ostentan un papel fundamental …la memoria está definida por su carácter social, es decir, por ser proceso y producto de los significados compartidos engendrados por la acción conjunta de los seres humanos en cada momento histórico”.

Ante las evidencias en el lenguaje, proyecté la necesidad de comprensión por ellos mismos de qué fue lo que pasó, y desde mi curiosidad investigativa orienté las conversaciones hacia la elaboración grupal de cómo se había configurado dicho conflicto, qué los había motivado a vincularse y cómo desde el proceso de reintegración social, percibían y actuaban sobre ese pasado conflictivo.

De esto se podría afirmar que la construcción de memoria grupal en el que los participantes cuestionan su responsabilidad como victimarios, expresada en frases como “si no hubieran llegado ellos nos hubiéramos matado entre nosotros mismos”, los ubica en un lugar subjetivo de restablecer el

Por Pedro Juan Peláez Psicólogo Programa Paz y Reconciliación

R

Actividad comunitaria, sector La Honda

Un antecedente es la relación construida con ellos entre 2005 y 2006, cuando acompañé la elaboración de un plan de desarrollo para aquel barrio con el que se habían enfrentado antes. Cuando me presenté ante los participantes del Programa ya era identificado y en uno de ellos surgió la pregunta que sirvió para encuadrar la relación: ¿Está usted de parte de ellos o de nosotros? No se me ocurrió otra cosa para decir que no podría estar de lado de nadie, pues sólo conocía una versión de los hechos, por lo que les proponía a ellos que me compartieran sus comentarios sobre lo que había sucedido, para que aquello que yo ignoraba, me pudiera dar bases hacia una comprensión de la dinámica del conflicto armado en la ciudad.

19


tegración, qué joven del programa de prevención del reclutamiento y qué persona de la comunidad sabe qué es el concepto de reparación?, ¿qué importan estas diferencias cuando lo que se quiere es trabajar por la convivencia?

Actividad comunitaria, sector La Honda

daño ocasionado a quienes fueron víctimas de sus acciones violentas, y que se hace desde ese mismo lugar por el cual algunos de los participantes han atravesado en su historia de vida: “esa pelea fue como cuando nosotros estábamos pequeños y nos tocó la violencia contra la gente de nuestra comunidad” Ahora bien, si nos quedamos con el nombre de las personas y grupos implicados en un conflicto como víctimas o victimarios, minamos nuestras capacidades de cuestionar los discursos para permitir elaboraciones en las cuales se valore el presente. Esa fue la pregunta hecha al grupo de desmovilizados: ¿ahora que están vivos y en un proceso de reintegración a la sociedad, cómo y qué se va a hacer para que el conflicto no se repita?. Desde este presente de ellos como sobrevivientes, creo que surge la iniciativa por la actividad de reparación y quisiera señalar al respecto lo que ese día observé. Había una distribución logística que implicaba el saber hacer desde la experiencia de vida de cada sujeto. Uno de los participantes me decía que elevar cometas había sido una de sus mejores diversiones en la niñez hasta que se había iniciado el conflicto y no lo había vuelto a hacer, “ahora me siento como niño elevando cometas con otros niños” Desde los profesionales hasta los participantes del proceso de reintegración social, pasando por jóvenes del programa de prevención de reclutamiento Fuerza Joven, la comunidad y los espectadores -en quienes la desconfianza no deja de ser una forma de relación-, quiero cuestionar un lugar que permite el reconocimiento de lo que cada uno de ellos sabe, y que estar abierto a esa posibilidad de aprender facilita la interacción no violenta, porque inclusive desconocer o desacreditar lo que el otro sabe es una forma sutil de violentar la relación. ¿Qué profesional, de los que estaban allí presentes, sabe hacer cometas o ha vivido el conflicto armado en forma intensa y directa?, ¿qué participante del proceso de rein-

20

Quizá en ocasiones puede ser soñador e ingenuo, pero no encuentro otra forma de emprender acciones que permitan a otros volver a soñar. Es en ese punto, donde nos encontramos unos con otros, en el que es posible una ciudad menos violenta, que permita cumplir los sueños de sus ciudadanos y en la cual interactuemos desprovistos de nuestros prejuicios para interrogar y aprender de ese otro desconocido. De lo contrario, si se hubieran naturalizado expresiones como “cuando se está en la guerra, uno cree que va a tener enemigos para toda la vida” no se hubieran cuestionado, no se hubiera llegado a un punto crucial de construcción de conocimiento con este grupo de desmovilizados y no hubiera sido posible que ellos nombraran, cuestionándose a ellos mismos, “enemigo es otra persona, que como yo, había estado dispuesto a hacerle daño a otros”. Por último, una vez más deteniéndonos en que “De la mano de los niños elevamos sueños” se puede evidenciar la construcción de un nosotros en el cual están implícitos los profesionales del programa, los participantes del proceso de reintegración y la comunidad receptora. Al mencionar esta realidad no quiero llegar a conclusión alguna, simplemente marcar los alcances de acción psicosocial que se tienen cuando la vida misma se historiza. Y dejo un asunto abierto para cuestionar aquella frase socavada en el común de las personas de nuestra sociedad que dice que “el que es no deja de ser” y si aceptamos esto, entonces ¿qué nos queda sobre otras posibilidades de sociedad, hacia dónde queremos llegar? Bibliografía • • • • •

MARTIN BARO, I. La desideologización como aporte de la Psicologia social al desarrollo de la democracia en Latinoamérica. AVEPSO, boletín, 8, 3.9. 1985. MONTERO, M (2000). El Sujeto, el Otro, la Identidad. Akademos 2, 11-30. OPS. La victimación por violencia urbana. En :Revista Panamericana de salud pública. Vol 16 No. 5. 2004. TAJFEL, H. Grupos humanos y categorías sociales. Barcelona: Herder, 1984. 225p. VASQUEZ Sixto, Félix. La memoria como acción social editorial : Paidòs. Barcelona. 2001. 128p


Una reflexión ética de la psicología clínica con población en proceso de reintegración social y económica

Por Wilson Villa Hernández Psicólogo Programa Paz y Reconciliación

E

l quehacer de una práctica psicológica individual permite un lugar particular en el que psicoterapeuta y paciente –participante- logran establecer una confianza para hablar de sí o de situaciones límite que involucran la vida psíquica, con el fin de analizar, estudiar, diagnosticar, ayudar hacia la reelaboración, reeducación, prevención y tratamiento de fenómenos psíquicos y/o mentales que afectan al participante. Para esta labor, es necesario aferrarse a apuestas virtuosas (la templanza, la prudencia); además de facilitar, mediante un lenguaje claro y sencillo desde la primera sesión, un buen encuadre, instrumento metodológico necesario en la intervención. La ética, vocablo proveniente del griego Éthos, residía en el concepto de la morada o lugar donde se habitaba. Éthos significa carácter, que se logra mediante el hábito y no por naturaleza. Dichos hábitos nacen “por repetición de actos iguales, son el sentido intrínseco de los actos, que acuñamos en el alma”. (Ética estética y hermenéutica. Michel Foucault). La ética estudia qué es la moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar ésta posteriormente a distintos ámbitos de la vida social. En toda práctica psicológica es necesario que se dé una apuesta ética, una ética de la vida, de la virtud, del bienestar, del deber ser, del hacer, del conocer, del cuidado de sí. Sea cual fuese el enfoque de cualquier escuela o pensador filosófico, lo importante es tener claro una posición que permita y facilite el trabajo orientado a los logros y/o esclarecimientos terapéuticos. El contexto social como variable significativa en la interpretación, como la intervención psicosocial, requieren de una morada: “en una sociedad signada por diversión, consumo, impunidad y exclusión parecería que no hay espacio para reflexionar acerca de nuestro deseo y su confrontación racional con los poderes y las verdades vigentes, que son condición de posibilidad de la ética”. Estas preocupaciones teóricas ocuparon las últimas investigaciones de Michel Foucault, para quien la ética es una relación consigo mismo y la política una relación con los demás. (Genealogía de la moral. Michel Foucault. 1926 – 1984) En la práctica de la psicología clínica con población desmovilizada es de anotar que la ética es el punto de partida y de

llegada en la intervención. La psicología clínica se encarga de la investigación, evaluación, diagnóstico psicológico, apoyo a la recuperación y prevención de factores que afecten la salud mental y puedan generar malestar y sufrimiento al individuo humano. Según Freud “es el campo que rige el estudio, diagnóstico o tratamiento de problemas o trastornos psíquicos que impliquen alteración en la adaptación y el yo; se dedica al bienestar humano y se enfatiza en la búsqueda del conocimiento y el inconsciente”. (Acto psicoanalítico teoría y clínica. Juan David Nasio. 1984) Cabe resaltar que quien dice “psicoterapia” presume la necesidad de explicar racionalmente la experiencia que se desarrolla entre el paciente y su terapeuta. Para el caso particular que nos ocupa, pensar una psicología clínica desde el deseo institucional, en un contexto en el que el participante – paciente – recibe una ayuda económica para asistir a su propia recuperación, puede conllevar juicios apresurados, como el interrogante: ¿es posible una psicoterapia con sujetos de esta población? Ante esto es preciso responder que sí es posible, puesto que existen en el individuo un sinnúmero de variables psíquicas que así lo ameritan, como el hecho de haber presenciado y participado en actos de guerra y/o de lesa humanidad. Muchos participantes llegan remitidos por los psicólogos sociales y otros por iniciativa propia, y muchos de ellos se sostienen en el tratamiento psicoterapéutico sin pensar en el dinero. Se resalta además que el ejercicio de la psicología clínica desde el Programa Paz y Reconciliación es facilitado por una intervención interdisciplinaria, puesto que permite avances en los procesos de reintegración social de los participantes en tratamiento. Tanto la formación como el trabajo personal psicoterapéutico resultan importantes para la intervención individual, ya que en el establecimiento del vínculo terapéutico, no deben develarse algunos asuntos que dificulten su manejo, además de reconocer que el trabajo individual o psicoterapéutico facilita avances importantes en el proceso de reintegración de un participante.

Bibliografía • • • •

Genealogía de la moral. Michel Foucault. 1926 - 1984. Ed. Paidos. Buenos Aires. 1994 La moral y la vida. Federico Nietzsche. Ed. Gedisa. Barcelona. 1995 Acto psicoanalítico teoría y clínica. Juan David Nasio. 1984. Ética estética y hermenéutica. Michel Foucault. Ed. Paidos. Barcelona, México, Buenos Aires. 1994

21


Intervención de la comunidad terapéutica

Alternativa para disminuir el consumo de sustancias psicoactivas

Por William González Psicólogo Paz y Reconciliación

L

a intervención de los participantes con dificultades de consumo de sustancias psicoactivas, mediante la modalidad de comunidad terapéutica, se circunscribe en proyectos educativos y sociales sobre la base del reconocimiento, la participación, el trato digno y la equidad. Su esfuerzo se orienta a diseñar estrategias y metodologías para que los participantes generen procesos de emprendimiento a partir de sus fortalezas, la identificación de su falencias y la concientización de que poseen un lugar social protagónico, que aunque ha sido negado por su enfermedad, es posible transformar a través del empoderamiento social y asumiendo un rol productivo, en aras de desarrollar múltiples capacidades y potenciar la autonomía necesaria para construir sus propios proyectos de vida. A nivel operativo, este tipo de intervención se ha dividido en tres fases que se realizan de manera interdependiente y que incluyen un proceso de sensibilización en desarrollo humano y social; una capacitación en emprendimiento empresarial y personal; y un adiestramiento en artes, técnica y ocupación, específicamente para la reintegración. El modelo de tratamiento se ha estructurado bajo la premisa de espacio micro social con una serie de normas y valores que delimitan la convivencia y ofrecen los elementos necesarios para que el participante, en interacción con sus compañeros de grupo, construya y lleve a la práctica su nuevo proyecto de vida libre de adicción, teniendo en cuenta que es el protagonista de su propio cambio, responsable de su proceso y gestor de sus acciones en las diversas áreas de su existencia. Esta realidad con el sí mismo se impone y los participantes lo introyectan como valor nuevo fundamental: ser conscientes de su cambio. El proceso de recuperación y su permanencia en él, son de libre elección. Por lo tanto, es decisión del sujeto si se integra al tratamiento con miras a entender y modificar sus comportamientos, evidenciar sus conflictos y aspectos vulnerables y fortalecer las potencialidades de su personalidad básica.

22

Actividad de siembra de árboles, barrio Enciso.

En este modelo de intervención la persona con problemas de adicción se compromete en el trabajo intensivo de su problemática y se sirve del dispositivo terapéutico (individual, grupal, valores, normas) para encontrarse a sí mismo. Lo relacional es lo que permite el cuestionamiento de su subjetividad, el grupo retroalimenta constantemente, interroga las defensas del sujeto y a la vez le contiene ante el dolor y el malestar que le genera el encuentro consigo mismo. Este es un principio del proceso de tratamiento: “la autoayuda y la ayuda mutua”, ser responsable consigo mismo y con el otro. Así mismo, se dirige la prevención de su enfermedad y promoción de salud a fortalecer un enfoque integral en el contexto socioeconómico, político, jurídico y cultural; el ambiente grupal y familiar; y el desarrollo individual del participante. Resultados Para quienes han terminado su tratamiento e incluso para aquellos que sin terminar llevan mínimo cuatro meses en el mismo, lo más significativo ha sido reconocer sus capacidades sociales, personales y laborales, pues para ellos es más fácil posicionarse socialmente cuando logran independencia económica y emocional, que redunda en una independencia sobre su propio cuerpo.


Un logro muy significativo ha sido establecer en los participantes un estilo de vida proyectado a la comunidad, a sus compañeros de barrio y familiares, generando en aquellos que los observan deseos de cambio. Éstos a su vez posibilitan un nexo entre el barrio, el Programa y la comunidad, difunden la importancia de este tipo de intervención y conforman grupos de apoyo en los que se mantiene la cohesión grupal aprendida en comunidad terapéutica. El proceso terapéutico les brinda las herramientas necesarias para que puedan reestructurar sus vínculos desde áreas vitales de su personalidad, desarrollar actitudes y cualidades como la autonomía, la honestidad, la responsabilidad, la confianza en sí mismo, el respeto, el amor y el servicio, lo cual fomenta una sana transformación subjetiva como ser relacional.

Otro impacto de la intervención es la relación con la familia. En la última fase del proceso es muy importante que el usuario, su familia y su entorno laboral tomen conciencia de las oportunidades, fortalezas, debilidades y amenazas que lo rodean. Por lo tanto, cobra validez el trabajo de problemas residuales y la generación de una red de apoyo que sirva de contención. Se debe tener en cuenta como prioridad el monitoreo de esta red de apoyo haciendo énfasis en aspectos como la utilización del tiempo libre, la dinámica familiar, el desempeño laboral y social. Su objetivo es generar espacios de intervención familiar que permitan la identificación de conflictos en la dinámica de esta, de tal manera que se pueda comprender el porqué y el para qué de la problemática adictiva en la estructura de la familia, elaborando nuevos y mejores vínculos en la convivencia.

Grupo reflexivo comunidad tetapéutica Génesis.

23


Dificultades del Aprendizaje

En los participantes del Programa Paz y Reconciliación

Por Julián Andrés López Arenas Neuropsicólogo Paz y Reconciliación

L

as dificultades del aprendizaje (DA) se presentan en personas que no aprenden de la misma manera que otras a pesar de estar vinculadas en su proceso de desarrollo al ámbito académico. El centro de reflexión de este artículo son las personas que presentaron conductas delictivas en algún momento de su vida y no lograron acceder a una educación normal; con el fin de responder si las dificultades del aprendizaje de los participantes del Programa Paz y Reconciliación podrían afectar su proceso de reintegración social.

Aplicación de pruebas neuropsicológicas.

Para Beltran & Santuiste (1987) el aprendizaje es un proceso de adaptación complejo que debe ser comprendido desde una dimensión bio-psico-social, por tanto un individuo con DA no sólo presenta problemas psicológicos como trastornos de personalidad o alteraciones emocionales y cognitivas, sino también biológicos y sociales asociados. Según Etchepareborda, (1999) el proceso de aprendizaje incluye funciones cognitivas como la atención, la memoria, los sistemas lingüísticos y visoespaciales y las funciones ejecutivas. Sin embargo es de señalar que para Luria (1969) en diversos estudios con adultos, las acciones académicas no pueden ser el resultado del trabajo de alguna zona cerebral particular, sino de diversas zonas territorialmente lejanas que participan en su realización. Es decir que el objeto de estudio no sería la memoria o la atención como funciones cognitivas independientes, sino los sistemas de lectura, escritura y cálculo en los que participan varias funciones superiores. Las DA son definidas como “un término genérico que se refiere a un grupo heterogéneo de desórdenes que se manifiestan en dificultades para atender, hablar, leer, escribir, razonar y habilidades matemáticas. Estos desórdenes son intrínsecos a la persona y se presume que son debido a una disfunción cerebral. Aunque el problema específico ocurra a la par con otras condiciones incapacitantes no es el resultado de esas condiciones o influencias” (Hammill, Leigh, Mc Nutt & Larsen, 1981) En el Programa Paz y Reconciliación se han evaluado alrededor de 25 participantes, 8 de ellos con dificultades del aprendizaje identificadas, manifiestas en problemas de lecto-escritura, habla y aprendizaje matemático; pensamiento concreto; no diferenciación de conceptos; no reconocimiento de operaciones; no automatización de los mecanismos de la lectura y dificultades para el deletreo. En las evaluaciones neuropsicológicas de algunos participantes se encontraron características comunes observadas a partir de la valoración de la escala de inteligencia Wechsler III, como que la capacidad intelectual se encuentra dentro de niveles psicométricos normales, aunque con un rendimiento inferior a la media. El CI Manipulativo se mantiene estable, mientras que el CI Verbal presenta un descenso más acentuado. En los subtests del WAIS se obtienen

24

El cerebro no es un vaso que se llena, sino una lámpara que se enciende. (Plutarco)


peores resultados en relación a la Información, Aritmética y Dígitos en la Escala Verbal, y Figuras Incompletas en la Escala Manipulativa. McCue &col (1986) postula la existencia de una correlación positiva entre el Cociente Intelectual y el número total de años de escolarización del sujeto. Es decir, se podría explicar que algunos participantes del programa tendrían dificultades para aprender debido a una descompensación conceptual, al no estar vinculados de manera permanente a la escuela. Igualmente el autor señala que el perfil de los adultos es similar al de los niños con DA, ya que los síntomas persisten en el tiempo aunque sus manifestaciones son distintas según la fase del desarrollo y las necesidades del individuo. En las pruebas de atención (tachado de cuadros o dígitos en progresión) se evidenció que varios participantes

tarea (procesos metacognitivos). Sin embargo se observa una capacidad para planear y solucionar problemas que exijan un pensamiento concreto (memoria de trabajo). Otro aspecto común en los participantes con DA son las alteraciones en el lenguaje, observándose en los resultados de pruebas como el token, el subtest de vocabulario del WAIS III o la prueba de escritura, dificultades para la comprensión de algunos conceptos, no logran asociar términos, no codifican adecuadamente, no leen de forma mecánica y presentan retraso lector. No logran abstraer las ideas de un texto, comparar o generalizar conceptos. En algunos casos se han encontrado participantes con problemas motivacionales para el aprendizaje, haciendo que su rendimiento en las actividades y su proceso académico se vean truncados por reincidentes fallas para pasar de nivel y deserción del contexto académico. Para Mateer (2003) este tipo de alteraciones a nivel cognitivo tienen efectos emocionales y comportamentales que inciden en las habilidades adaptativas, afectando el proceso de reintegración social de algunos participantes, porque limitan el acceso a diferentes empleos y afecta el autocuidado, propiciando el aislamiento social y algunos trastornos afectivos.

Aplicación de pruebas neuropsicológicas.

presentan déficit principalmente en la dificultad para inhibir y seleccionar estímulos irrelevantes durante las actividades (atención selectiva), y dificultad para focalizar y mantener la atención por periodos largos de tiempo en un objeto determinado (atención sostenida). Presentan problemas para pasar de una tarea a otra principalmente cuando son de carácter complejo y no presentan un volumen atencional amplio, lo que afecta la capacidad para registrar y codificar la información. En el funcionamiento ejecutivo a través de pruebas como el Wisconsin o el Stroop se evidencian algunas dificultades para analizar situaciones complejas, flexibilizar, regular el pensamiento y automonitorear la ejecución de la

Es importante promover modelos de neuro-rehabilitación contextuados en el proceso de reintegración social que no sólo se centren en el déficit cerebral, ya que éstos no logran aprehender la complejidad del fenómeno ni responder a las necesidades del participante y sus familias. Trabajar desde un modelo contextualizado implica dejar de lado las líneas médicas, además de un cambio cultural en la mentalidad de quienes intervienen en los procesos de reintegración, abarcando aspectos psicológicos, cognitivos, familiares y sociales Bibliografía • • • • • •

Beltrán, J., García-Alcañiz, E., Moraleda, M., G. Calleja, F. y Santiuste, V. (1987). Psicología de la educación. Madrid: Eudema. Etchepareborda. M.C. (1999). Epilepsia y Aprendizaje: Enfoque Neuropsicológico. Revista de neurología. Hammill, D.D., Leigh, J.E., McNutt, G., & Larsen, S.E. (1981). A new definition of learning disabilities. Learning Disabilities Quarterly Luria. A. R. (1969). Las funciones corticales superiores del hombre. Moscú. Universidad estatal de Moscú. López-Ibor Aliño, Juan J. & Valdés Miyar, Manuel (dir.) (2002). DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado, Barcelona: Masson Mateer (2003). Introducción a la rehabilitación cognitiva. Avances en la psicología clínica latinoamericana.

25


Una experiencia

de respuesta a la inclusión “Alguien hizo un círculo para dejarme fuera, yo hice uno más grande para incluirlos a todos” Nativo americano desconocido Por Luisa Fernanda Ríos López Profesional Área Educación

E

l artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales está dedicado a la educación, reconociendo que toda persona tiene derecho a ella y que ésta debe ser disponible, accesible, aceptable y adaptable. La Constitución Política de Colombia dedica el artículo 67 a la educación, definiéndola como un servicio público que tiene una función social. En aras de velar por este derecho, desde hace varios años el Ministerio de Educación Nacional desarrolla diferentes estrategias para establecer acciones que permitan hacer efectivos los derechos a la educación, la participación y la igualdad de oportunidades para todos los niños, jóvenes y adultos, sin importar sus condiciones individuales, sociales, económicas o culturales. Hablar de igualdad de oportunidades independientemente de las características de cada persona, es hablar de inclusión, que desde las políticas educativas nacionales tiene un enfoque reciente, ya que se empieza a nombrar a partir de la Revolución Educativa adelantada desde el año 2002.

Atención necesidades educativas especiales.

A partir de allí, el concepto es entendido como la igualdad de oportunidades para el acceso a la educación y se resalta como una actitud que engloba escuchar, dialogar, participar, cooperar, preguntar, confiar, aceptar y acoger las necesidades de la diversidad. Concretamente tiene que ver con las personas, en este caso, las personas con discapacidad, pero se refiere a las personas en toda su diversidad, pues “incluir implica dejar participar y decidir a otros que no han sido tomados en cuenta.¨� En esta perspectiva y en aras de responder a las propuestas del Ministerio de Educación, el programa Paz y Reconciliación a través de su Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación, CEPAR, adelanta una estrategia incluyente, coordinada, interdisciplinaria y cooperativa en la que priman las necesidades individuales de los estudiantes, con el fin de ofrecer un proceso educativo que apoya, acompaña y orienta de manera pertinente e integradora. Dicha estrategia llamada Grupo de Necesidades Educativas Especiales identifica a los participantes que pueden presentar discapacidad y/o dificultades cognitivas y requieren ser evaluados interdisciplinariamente desde las áreas de psicología, pedagogía, trabajo social, fonoaudiología y neuropsicología. Luego determina su condición para emprender una intervención particular que le permita al estudiante descubrir y aprovechar sus capacidades, desarrollar su autonomía, afianzar la confianza en sí mismo y adquirir aprendizajes que le proporcionen competencias para la vida. A la fecha se han recibido 185 remisiones de estudiantes que presentan algún tipo de alteración en factores cognitivos, físicos, sensoriales, emocionales y psicosociales. De ellos se ha evaluado a 147 personas, de las cuales 12 presentan discapacidad cognitiva; 25, discapacidad física; 30, ritmo de aprendizaje lento por deprivacion socioeducativa; 40, alteración de dispositivos básicos; 10, problemas de farmacodependencia; 10, diferentes patologías psicológicas y 20 presentan trastornos mixtos del aprendizaje que son trabajados desde el aula con acompañamiento pedagógico.

26

Actualmente están siendo valorados y tratados 19 participantes por neuropsicología; 18 más inician terapia de fonoaudiología ya que presentan trastornos de lenguaje; 50 reciben acompañamiento psicopedagógico a través de talleres individuales y grupales orientados al fortale-


Clase básica primaria Cepar.

cimiento de los dispositivos básicos del aprendizaje y la identificación, por parte del estudiante, de su estilo y su ritmo para que pueda potencializar las habilidades que favorecerán su productividad.

Registro de atención Necesidades Educativas Especiales: Remisiones

185

Con el fin de mejorar las condiciones de los estudiantes y buscando ser cada vez más un centro de formación incluyente, actualmente se gestiona el apoyo de otras instituciones de la ciudad. Entre ellas, la Secretaria de Bienestar Social de Medellín por medio del proyecto Ser Capaz, la Institución Educativa Francisco Luis Hernández y la Institución Guillermo Vélez, a fin de ofrecer a los estudiantes una atención más integral y pertinente.

Evaluados

147

Discapacidad Físico

25

Discapacidad Cognitiva

12

Ritmo de aprendizaje lento

30

Alteración de Dispositivos

40

Farmacodependencia

10

Con la atención de Necesidades Educativas Especiales el Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación, CEPAR, sigue siendo un espacio incluyente en el que los estudiantes se benefician de un proceso de enseñanza adaptado a sus particularidades. A su vez, este proceso ha trasformado las prácticas docentes en la medida que se asume una actitud de aceptación, respeto y valoración de la diferencia, procurando una educación más comprensiva y solidaria.

Patologías a nivel Psicológico

10

Trastornos mixtos del aprendizaje

20

En valoración y tratados por Neuropsicología

19

En terapia de Fonoaudiología

18

En acompañamiento psicopedagógico

50

27


Análisis al estado inactivo de participantes del Programa Paz y Reconciliación

Por Martha Darys Benítez Henao Profesional Área de Acompañamiento Psicosocial Programa Paz y Reconciliación

D

urante el año 2010 el Núcleo de Salud e Investigación del Programa Paz y Reconciliación adelantó un proceso de investigación con el fin de hacer seguimiento a la población que se registra como inactiva del proceso de reintegración social y económica que se adelanta en la ciudad de Medellín. Para ello, se aplicó una encuesta con los apartes de datos personales, nueva ubicación y motivos de abandono del proceso, a 250 participantes que representan el 30% de las 859 personas que aparecen como inactivos en las bases de datos. Gracias a la disposición y confianza de los participantes entrevistados se obtuvo la información que da respuestas a interrogantes como: ¿dónde están ubicados?, ¿a qué beneficios tuvieron acceso?, ¿qué los motivó a retirarse del proceso?, ¿cuáles son sus condiciones socioeconómicas? ¿es cierto que continúan delinquiendo?. Esta información es base también para hacer recomendaciones a próximos procesos de reintegración social y económica de personas desmovilizadas de grupos armados ilegales. Antes de abandonar el proceso los participantes, hoy inactivos, se ubicaban en su mayoría en la ciudad de Me-

dellín, con un registro de 193 (77%) y predominaban quienes habitaban en las comunas 3, 1 y 4. Igualmente 53 (23%) participantes se ubicaban en otros municipios. Luego de retirarse del proceso la ubicación se da en el siguiente orden: permanecen en Medellín 189 (76%); en otros en municipios de Antioquia, 22 (9%); en otros departamentos del país, 20 (8%); y en el exterior, 2 (1%). La ubicación desconocida de 17 (7%) obedece a que en algunos casos no fue posible establecerla por la desaparición forzada o desplazamiento por razones de seguridad que obligaron a sus familias a no dar información reciente. El Programa Paz y Reconciliación brinda a sus participantes los beneficios de atención psicosocial, educación, orientación a servicios de salud, asesoría jurídica y asesoría en generación de ingresos. Los resultados de la investigación revelan que 169 (68%) personas tuvieron acceso a formación académica, especialmente en los ciclos 3 y 6; y 81 de ellas (32%) no accedieron a este. Tuvieron acceso a formación para el empleo, 22 (9%) y sin acceso a este servicio, aparecen 228 (91%). Existen reportes de 114 participantes inactivos en las bases de datos del área de salud. Éstos muestran que de los, 90 (79%) aparecen todavía registrados en el sistema de salud; 10 (9%) están desafiliados; 2 (2%) no aplican; 9 (8%) están retirados y 3 (2%) están suspendidos. En cuanto a su tipo de vinculación aparecen 38 (33%) en el régimen contributivo y 76 (77%) en subsidiado. Jurídicamente se encontró que se trataron casos por comisión de delito posterior en 73 (21%) de los participantes inactivos, clasificados así: 56 por fabricación, tráfico

Grafico 1 Ubicación previa de los participantes inactivos vs Grafico 2 Ubicación posterior de los participantes inactivos 1% 0% 0%

Fuera del país

7% 75% 78%

0%

9% 8%

28

22%

Ubicación anterior Ubicación posterior

Desconocida Resto del país Municipios de Antioquia Medellín

0% 0% 4% 6% 4% 10% 19% 3% 6% 12% 7% 6%

Participantes Otros Ex Bloques

63% 86% 74%

Participantes inactivos Ex Bloque Héroes de Granada


Ciclo 6 Ciclo 5 Ciclo 4

20%

2%

11%

Ciclo 3 Ciclo 2 Ciclo 1

9%

19%

9%

Sin acceso Acceso a... Sin acceso a FA

91%

9%

32%

Grafico 3. Acceso a formación académica y formación para el empleo de los participantes inactivos.

68%

Acceso a FA

No aplica 2%

Retirado 8%

Suspendido 2%

Desafiliados 9%

Activos 79%

Grafico 4. Acceso al beneficio de salud de los participantes inactivos.

y porte de armas de fuego o municiones; 16 por hurto; 15 por tráfico, fabricación o porte de estupefacientes y; en porcentajes menores, por extorsión, homicidio, falsedad marcaria y defraudación a los derechos patrimoniales (gráfico 5). 1

Sin dato Extorsión Homicidio Falsedad marcaria Defraudación a los derechos... Hurto Tráfico, fabricación o porte de... Fabricación, tráfico y porte de... Otros Ex Bloques

0 0 0 0 0 0 0 0

1

2 2

1 1 1 1

3 3

4 4

Ex Bloque Héroes de Granada

8 8

11

22

Ex Bloque Cacique Nutibara

Grafico 5. Descripción por Ex Bloques de delitos posteriores cometidos por los participantes inactivos.

29


Otro factor que incide en el registro de participantes inactivos es el ausentismo a las actividades por la comisión de delitos, que conllevan a que algunos participantes permanezcan en la ciudad de Medellín en situación de cárcel, o en otros municipios de Antioquia y centros penitenciarios del país. Se suman además las dificultades de seguridad que tienen otros participantes que se ven abocados al desplazamiento intraurbano o el traslado a otros departamentos del país; incluso el exterior (gráfico 6).

que tras desaparecer se encuentran en otros lugares del país; pero esta información aún está por confirmar.

El análisis del porcentaje de participantes que abandonaron el proceso por consumo de sustancias psicoactivas disminuyó a medida que se contactaba a la población. Frente al consumo de SPA la familia es quien acoge al participante consumidor y opta por regresarlo al proceso de reintegración o por inscribirlo en comunidades terapéuticas. El consumo de SPA ha conducido según las expresiones de los familiares y los participantes inactivos a tener dificultades de seguridad, detenciones o fallecimientos. Algunos de los participantes registrados como inactivos fueron asesinados, otros fallecieron en accidentes de tránsito, contrajeron enfermedades graves por hábitos de vida poco saludables o se suicidaron por motivos familiares.

Es mayor la tendencia a la vinculación laboral de los participantes inactivos como lo muestran los siguientes porcentajes 131 (52%) que están laborando y 25 (10%) participantes en centros penitenciarios por comisión de delitos.

Según las familias, las desapariciones de sus familiares -participantes inactivos del programa- les generan incertidumbre y dolor, además de temor por haber sido testigos de cómo fueron obligados a salir de sus casas y luego se les informó su fallecimiento y la imposibilidad de reclamar sus cuerpos. En otros casos las familias presumen

Los perfiles descritos y la información anterior responden de forma parcial a las dudas que subsisten sobre la reincidencia en actos ilegales por parte de los participantes inactivos. Dar respuesta es crucial no sólo para el Programa Paz y Reconciliación, sino también para la ciudad y el país.

Se encontró además que tras el velo que cubre a los participantes inactivos se esconden condiciones y circunstancias innegables, cuyo ocultamiento da pie al desconocimiento de los fallecimientos, las detenciones, las desapariciones de las cuales son víctimas y lo más importante su vinculación laboral. Recomendaciones Revisar de forma regular la afectación positiva o negativa que tienen las exigencias del proceso de reintegración social y económica en el proyecto de vida del participante, monitorear de forma constante las condiciones de seguridad que le ofrece el entorno, fortalecer el acompañamien-

42%

13% 3%

7%

Consumo SPA

11%

16%

20%

24%

33%

28% 17%

24%

17%

9%

9%

8%

0% Delito posterior

Desmotivación Dificultades de seguridad

Ex Bloque Cacique Nutibara

Laboral

2%

Razones desconocidas

Ex Bloque Héroes de Granada

2% 3%

0%

Desaparición

0%

3%

9%

Fallecimiento

Otros Ex Bloques

Grafico 6. Distribución porcentual de los motivos que conducen al abandono del proceso de reintegración social y económica discriminada por Ex Bloques.

30


to diferenciado a los participantes que laboran, considerar el apoyo a las unidades productivas de las familias de participantes porque es allí donde encuentran la posibilidad no sólo de trabajar, sino de superar las situaciones de inseguridad personal y/o dificultades que ofrecen otras instancias del mercado laboral.

Las recomendaciones presentadas anteriormente son uno de los resultados de la investigación y permiten no sólo potencializar las capacidades del participante, sino que también contribuyen a disminuir los factores de riesgo que conducen a la desvinculación de procesos de reintegración social y económica en la ciudad de Medellín.

Perfil socioeconómico de los participantes inactivos Desmovilizado del Ex Bloque Cacique Nutibara: tiene una edad promedio de 30 años y habitaba en las comunas 1, 6 ó 10 de Medellín. Estuvo vinculado al Programa aproximadamente 44 meses, periodo en el que accedió a formación académica en ciclos que iban de 3 al 6 y en algún momento a formación para el empleo. Pudo haber egresado del proceso por diferentes motivos como dificultades de seguridad (ante estas circunstancias no siempre abandona la ciudad), desmotivación o el consumo de sustancias

Al retirarse no siempre opta por emplearse y si tiene alguna vinculación laboral lo hace en las actividades propias de la economía informal como el comercio, la fabricación de alimentos o alistamiento de buses.

psicoactivas. Desmovilizado del Ex Bloque Héroes de Granada: tiene una edad promedio de 30 años, se ubicaba en las comunas 3, 1 ó 4 de Medellín. Permaneció en el proceso por 39 meses, recibió formación académica por parte del programa en ciclos 3 ó 6 y accedió en algunos casos a formación para el empleo. Puede haberse retirado del proceso por desmotivación, dificultades del horario laboral, y en último caso por dificultades de seguridad.

Prefiere quedarse en la ciudad y elige emplearse en actividades del sector servicios (alquiler de lavadoras, vigilancia, mensajería etc.) o al sector de la construcción en el cual considera que ya ha tenido experiencia aún antes de desmovilizarse.

Desmovilizado de otros Ex Bloques: tiene una edad promedio de 31 años. Vivía en las comunas 4, 8, 3 ó 2 de Medellín y al retirarse del proceso, luego de un promedio de vinculación de 39 meses, es muy probable que se traslade a otro municipio de Antioquia o departamento del país.

Tuvo acceso a formación académica en ciclos 1 ó 2 y probablemente no haya accedido a formación para el trabajo. Se ausenta del proceso porque prefiere laborar, por desmotivación o por comisión de delito posterior a la desmovilización. Prefiere laborar en los sectores de construcción, servicios o quizás el del transporte. No es muy probable que haya reincidido en la fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.

31


El arte hace posible una manera tranquila de estar en el mundo...

... ya que en él se encuentran valores como el sacrificio, la entrega y la perseverancia, aspectos que terminan siendo vitales para que una persona pueda ejercer su ciudadanía de forma responsable y respetuosa con el otro. El arte y la cultura han demostrado ser una alternativa legítima de expresión para oponerse a los estragos de la guerra. Muchos hemos sentido la necesidad de hacer algo para contener tanta violencia. Y muchos lo han hecho, como los jóvenes de las comunas 8 y 13, que el pasado 6 de noviembre vivieron el Concierto Exprésate por la Vida, como un intercambio cultural y unión de voces por la paz y la reconciliación.

Programa Paz y Reconciliación Alcaldía de Medellín Alta Consejería Presidencial para la Reintegración Centro de servicios Medellín - Centro Antioquia

32

Carrera 64C # 72 - 58 Primer piso Barrio Caribe Teléfono 445 79 43 Fax: 445 78 55 Email: pazyreconciliacion@medellín.gov.co Medellín - Colombia

Revista Paz y Reconciliación  

www.pazyreconciliacion.gov.co

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you