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Índice

Introducción Alfonso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 Una época de subversión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17

La sublevación de Jaca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48 La visión desde Madrid Un anodino viernes de diciembre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50 Nada se mueve en Madrid . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53 Sábado de crónicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67 Domingo de fusilamientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81

La visión desde Jaca Lo sucedido en Jaca y Ayerbe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 86 Primera fase: Toma de Jaca. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89 Segunda fase: La proyección . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98 Días de inquietud . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108 Los Consejos de guerra de marzo de 1931. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126 Radia la prensa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134

Loores por una gesta Los héroes de la Segunda República . . . . . . . . . . . . . . . . 150 Los libros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158 Notas épicas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163 Teatro y cine . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166 Iconografías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171

Los años convulsos (1923-1936) . . . . . . . . . . . 180 Las fotos de Alfonso


La visión desde

Lo sucedido en Jaca y

n

adie sospechaba en Jaca la inminencia de acontecimientos como los que se han desarrollado a partir de la madrugada del vienes. Desde luego, puede asegurarse que casi ningún vecino de la ciudad sabía lo que se preparaba, escribía Heraldo de Aragón. Sin embargo, la acción llevaba tiempo gestándose, justo desde que el capitán Galán llegó a Jaca destinado en junio.


Jaca

Ayerbe

Alcalde, paisanos y militares sabían de su pasado y de su tendencia política. Personajes de ideas progresistas e izquierdistas, locales de reunión, domicilios particulares y habitaciones de hotel atestiguaban su dinamismo instigador. El ¡Viva a España! con que contestó al ¡Viva al Rey! que dio el gobernador militar Urruela en la fiesta de la patrona de la Infantería el 8 de diciembre, manifestaban su determinada actitud y corroboraba las expectativas que había despertado entre los compañeros por haber sido uno de los involucrados en la “sanjuanada” (1926) y, desde entonces, ser condenado y encerrado en Montjuich.


Primera fase: Toma de Jaca En octubre Fermín Galán había viajado a Madrid con el pretexto de acompañar a su madre tras la visita que le realizó en Jaca. En la capital castellana tendría ocasión de contactar con el comité revolucionario, para lo que bien pudo valerse de sus relaciones masónicas. Durante el mes siguiente el Gobierno tuvo constancia de su participación revolucionaria, al enterarse Mola, por confidencias, de que era el responsable de agitar Jaca y de que pretendía sumar elementos civiles y militares al movimiento. Para eso necesitaba activar una célula cívico-militar absolutamente dispuesta a la acción con la que iniciar el estallido revolucionario, lo cual consiguió a través de algunos militares (capitán Sediles y tenientes Marín y Mendoza), y de varios reconocidos paisanos izquierdistas, entre ellos Antonio Beltrán, el “Esquinazau” y Alfonso Rodríguez, el “Relojero”. De que el ramal subversivo jacetano era viable e interesante para los propósitos del movimiento es ejemplo que subieran elementos civiles madrileños a la ciudad altoaragonesa a partir del 8 de diciembre. Con el pretexto del deporte y de establecer algún negocio de maderas, estudiantes universitarios de filiación izquierdista, algunos de ellos miembros del equipo de Rugby de la agitadora Federación Universitaria Española (FUE), se dispusieron a comenzar la temporada deportiva “patinando” sobre la nieve. Con esta intención superficial pasaron desapercibidos en la población así como las numerosas conferencias telefónicas que efectuaron:“fácil es darse cuenta de que la terminología empleada para hablar del tiempo ofrecía una magnífica clave para entenderse los de Madrid y los de Jaca”, opinaría Heraldo de Aragón. Aún más, a las 5 horas de la madrugada del viernes 12 se presentaron otros seis compañeros en un auto y todavía faltaban un par de vehículos. Prevenida, por lo tanto, la célula conjurada durante el día 11; reunida en la madrugada del 12 en lugares distintos a los cuarteles y asumido el conjunto de las acciones a desarrollar, se van a disponer las primeras medidas. La misión: hacerse con los cuerpos de guardia, levantar a la tropa, atraer a los suboficiales y repartir material, armamento y munición. Llueve, y en una localidad como Jaca, dada la concentración de puntos críticos en su casco, todos los hechos se realizarán con rapidez y proximidad pero sin muchos contactos visuales entre las distintas partidas a causa de la enrevesada conformación urbana, lo que dará protagonismo a los ecos de los disparos y de las voces. Cuando a las 6’30 horas sale el tren con destino Huesca, los oficiales conjurados parten en busca de los afectos que viven por la ciudad y luego se dirigen al cuartel de “La Victoria”, sede del regimiento “Galicia”, para tomarlo. Se recluye al oficial de guardia, se despierta a la tropa, arengada por Galán, y se establece el puesto de mando en la sala de Banderas. Acto seguido marchan tres grupos mixtos de militares y civiles con parecida misión: Sediles ha de alzar su unidad, el batallón “La Palma”, que se encuentra disminuido pues una compañía de veteranos está en Madrid reforzando al regimiento “Wad-Ras”; el capitán disponible Salinas, artillero, hará lo mismo con la batería; el también capitán Gallo debe dominar la Ciudadela y la población. Sediles, con la oposi-

Arriba: El alcalde jaqués José María Campo fue el gran ausente del histórico día de Jaca. Se encontraba en Madrid realizando gestiones administrativas y dijo sorprenderle la actitud de los alzados. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008). Páginas anteriores: El capitán Fermín Galán Rodríguez, en retrato del fotógrafo local Francisco de las Heras, archivada por Alfonso para su tratamiento. Así encontró el fotógrafo madrileño Jaca en la jornada del 14 de diciembre, cuando todavía no se habían apagado los ecos de la sublevación republicana. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

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Algunos de los paisanos participantes en la insurrección.

Semblantes alegres y confiados durante su encarcelamiento de los protagonistas civiles alzados. Fueron ellos quienes transformaron una militarada en una insurrección. Ahí están el doctor Aransay, Pío Díaz, el abogado Rico Godoy, Slvador Roldán, Aurelio Allué, el doctor Pastoriza, Clemente Baras, Antonio Jarne, Garrido Blaya, Rafael Rodriguez, Isidro Callaved y Luis Duch. La sensación de haber participado en un hecho relevante, multiplicada por el seguimiento que hicieron los medios de comunicación y el apoyo del sector social más dinámico (el republicano e izquierdista), les hizo ocupar un lugar en la epopeya. Nótese la habitual técnica gráfica del fotomontaje y del resaltado o difuminado de líneas para el mejor ajuste de las figuras.

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ción de los sargentos (a los que encierra), pero con la suma de toda la tropa, lo consigue y forma a unos 200 soldados con quienes, tras dejar un retén que vigila a los no adheridos, va en columna a “La Victoria” (el cuartel). Salinas, junto a los tenientes Marín y Mendoza lo tiene más fácil pues los 40 artilleros se disponen sin problemas tras ser arengados por aquellos y luego por Galán. Gallo se encarga de lo que será el segundo momento de la insurrección: el golpe de mando o la usurpación del poder a las autoridades militares que lo ostentan. Y como casi todas se encuentran repartidas en domicilios por la ciudad (algunos mandos se alojan en los cuarteles o en la Ciudadela), es menester ir recogiéndolos uno a uno y llevarlos al punto de concentración: el Ayuntamiento. El resultado: absoluta sorpresa en los jefes y oficiales objeto de las retenciones (algunos en uniforme, otros en ropa de casa); puntuales forcejeos y, junto a los que por sí mismos se presentaban en sus unidades para comenzar la rutinaria actividad de un viernes castrense, todo el cuadro de mandos no implicado en la operación es detenido y una parte trasladado a la


Casa Consistorial, que ya ha sido ocupada por un núcleo cívico-militar. El golpe se ha efectuado sin más trascendencia. El tercer momento, del que también se responsabiliza Gallo, consiste en la toma de la ciudad incidiendo en dos dimensiones: las comunicaciones y la seguridad pública, teniendo en cuenta además que hoy es día de mercado y habrá trasiego. En cuanto a aquellas, la estación de ferrocarril, Teléfonos y Telégrafos son centros clave que se intervienen por un sargento con 9 hombres y dos paisanos (la estación), y por el sargento Burgos con once soldados y dos paisanos (las centralitas). De éstas, la telegráfica queda inutilizada y la telefónica controlada, pues dejan a un operario que sólo permitirá las llamadas del Ayuntamiento y del cuartel de “La Victoria”. Mas Burgos, como también Galán, olvida un hilo: el que une Canfranc con Huesca, independiente de los que tienen nodo en Jaca.

Cruentos sucesos “Sobre las 7’45 horas del día 12 de diciembre se oyeron disparos de arma de fuego por las calles de Jaca. Apercibido de ello el sargento comandante del Puesto Demetrio Gallego López, salió del cuartel con el guardia Lorenzo Álvarez Orós, dirigiéndose a una casa de lenocinio por creer que en ella se habían producido los disparos; pero al observar la presencia de tropa hostil por las calles, regresaron al cuartel, siendo tiroteados desde unos porches por una patrulla de las fuerzas sublevadas pertenecientes al regimiento de infantería de Galicia, armada con fusiles, mandada por un sargento de dicho regimiento apellidado Burgos, que empuñaba una pistola resultando muerto de herida de bala el sargento Gallego”. Así describía la memoria de la Comandancia de la Guardia Civil de Huesca la baja del jefe del puesto de Jaca en la refriega que tuvo lugar entre los soportales y los aledaños de la Plaza de la Catedral, de la que poco distaba la casa-cuartel. Su cadáver será retirado por la dotación de la Benemérita hacia el cuar-

Entrada al batallón “La Palma” (cuartel de los Estudios).

El capitán de esta unidad, Salvador Sediles, arengó a la tropa y se topó con la inicial negativa de los sargentos para unirse a la acción. Sin embargo, sus palabras calaron hondo en los jóvenes soldados, que junto a los paisanos se hicieron con el batallón. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

Entrada y cuerpo de guardia del cuartel de “La Victoria”, sede del regimiento “Galicia”.

En el último momento de la madrugada del 12 de diciembre, el portón fue abierto al capitán del regimiento, Galán, y a varios acompañantes. Directamente se presentaron al oficial de la guardia: se iniciaba la rebelión. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

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Los arcos, soportales y la Catedral, marco del primer choque cruento entre rebeldes y guardias civiles. En este cruce entre las calles Mayor y El Carmen se produjo el enfrentamiento entre los sublevados y los carabineros Ballestín y Montero, que acabó con sus vidas. Alfonso la fotografió dos días después. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

“Al salir del Hotel Mur a la plaza del Mercado contemplaron la torre de la catedral, grande, pesada, con ventanas.Vieron los dos atrios, la lonja grande y la lonja chica, con sus puertas románicas. Una de ellas tenía columnas delgadas pintadas de negro, con capiteles complicados”. Pío Baroja. El cabo de las tormentas


telillo. El suboficial Acín, que tras incorporarse ha ayudado al arrastre del muerto, toma el mando y se propone defender el recinto con seis guardias más un sargento del Ejército y dos soldados; estos tres militares, hijos de dos números. En el cuartel de Carabineros que manda el teniente coronel Rodríguez Mantecón y donde también se aloja el comandante ayudante del general gobernador militar, se tiene noticia de la anormalidad por una trabajadora doméstica. El jefe manda a una pareja (Sabiñano Ballestín y Manuel Montero) avisar a la diseminada fuerza que habita la ciudad, lo que ambos efectúan, pero cuando alcanzan la esquina de la calle Mayor con la de El Carmen, en plena arteria principal y a escasos metros del Ayuntamiento, son avistados por la patrulla del sargento Burgos que, atendiendo las indicaciones de un alférez, rodean a la pareja y les piden el armamento. Acto seguido se produce un forcejeo con intercambio de disparos, resultando los dos carabineros muertos y herido leve un paisano de la patrulla. Desde la casa cuartel de los de este Cuerpo se percibe la tensa situación y los avisados se recluyen en ella con el resto de la fuerza.

A la izquierda, el sargento Demetrio Gallego, jefe del puesto de Jaca, primer muerto en los enfrentamientos. En el centro, dos instantáneas del carabinero Montero y a la derecha, el carabinero Ballestín. La pareja de carabineros cayó en un confuso lance en la calle Mayor. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

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La revolución exige la implantación de un nuevo orden amparado en el dispositivo armado rebelde que rija los destinos de la sociedad. Esto ha de concretar el correspondiente estado jurídico, que en este caso de Jaca partirá de un bando firmado por el capitán Galán en el que advierte del fusilamiento a quienes se opongan a la insurrección. De su impresión se encarga Alfonso Rodríguez el “Relojero”, quien ordena a la imprenta Abad la tirada de 40 ejemplares; de su difusión se responsabiliza un núcleo armado que dirige el capitán Gallo y otro que proporcionará solemnidad y anuncio al régimen naciente, compuesto por el cornetín de órdenes y la banda de música militar (pese a la oposición que manifestó su jefe). A la vez, el nuevo espíritu delega el control civil en personas de este sector. No habrá intromisión militar como la ha habido desde 1923 en España y por eso se llama a Pío Díaz, declarado republicano y propietario, “una persona de solvencia y prestigio”, según los insurrectos, para que encabece el poder local, a quien auxiliarán en sus funciones otros republicanos, también notables contribuyentes, más algunos de quienes componían el Ayuntamiento antes del golpe de estado primorriverista.


Ayuntamiento de Jaca, vuelta a la normalidad.

Aspecto que presentaba la calle Mayor el domingo 14 de diciembre cuando Alfonso llegó a Jaca. El Ayuntamiento de Jaca, edificio donde se certificó el triunfo de una revolución política gestada desde una rebelión militar apoyada por un núcleo de paisanos; en definitiva, por una insurrección que cedió el poder castrense encarnado por el capitán Galán al civil, desempeñado por Pío Díaz. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

El bando dictado por el capitán Galán.

Un único artículo; escueto, contundente e inflexible, firmado por el titulado Delegado del Comité Nacional para un nuevo orden en Jaca.

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El salón de plenos del Ayuntamiento de Jaca, lugar de concentración de los principales jefes y oficiales considerados desafectos por los rebeldes. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

“Mientras el capitán Galán arengaba al pueblo de Jaca desde el balcón del Ayuntamiento, los militares y paisanos que estaban dentro trataron de arrancar un retrato colocado en la presidencia del salón de sesiones. El marco se rompió y un trozo de cristal hirió en una mano a Manuel Valseca. Aunque la sangre manaba abundante, todos lo tomaron a broma. El capitán Galán, pálido y sereno como estuvo hasta la hora de su muerte, se acercó a ofrecerle su pañuelo, y le dijo: -Bravo, chico; eres el primero que da su sangre por la República; ójala seas el único.” Josefina Carabias, Crónicas de la República

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Mientras se mantiene el orden por patrullas que protegen bancos y centros religiosos, y que se sitúan en las entradas, salidas, esquinas y puntos críticos de la ciudad, se conforma un ambiente de sorpresa, precaución, expectación, dolor y festividad en la ciudadanía, según los colectivos implicados y la asunción de los hechos que están ocurriendo. Y en ese ambiente de trascendencia se iza en la Casa Consistorial una bandera republicana, confeccionada para el aniversario de la muerte de Pablo Iglesias, a la vez que se lee el bando, se pega en la pared y se interpreta el Himno de Riego, que es saludado por una sección militar y el descubrimiento de los paisanos. Cuando el capitán Piaya grita ¡”Ciudadanos de Jaca, Viva la República”, queda proclamado el cambio revolucionario y constituida la Junta Provisional que regulará la vida política, cuyas iniciales preocupaciones atenderán al normal abastecimiento ciudadano y al control de viajeros mediante salvoconductos30. Acto seguido todo el grupo continúa por la calle cumpliendo el mismo ritual y fijando el bando de Galán. Son las 11.30; la primera fase insurreccional ha sido un éxito, pero deja tres muertos y dos heridos.

Centro logístico en “La Victoria” El regimiento “Galicia” se ha convertido en el foco que absorbe toda la actividad operativa de la segunda fase y la más importante desde el punto de vista estratégico: la proyección hacia Huesca. En cuanto a las fuerzas, hacia las 7’30 horas ya están reunidos sublevados de “La Palma” y la batería artillera. Respecto a lo logístico se preparan raciones de comida en caliente y dobles en frío para la marcha que viene, siempre previendo cenar en Huesca. En referencia al transporte, van concentrándose sin orden los automóviles que están siendo requisados o los que voluntariamente se unen a la revolución. De recabarlos y de asignar conductores se responsabiliza el paisano Antonio Beltrán “El Esquinazau”, que asimismo dirige el imprescindible repostaje en la única toma de gasolina de la ciudad, un garaje-taller. Como los 2100 litros que almacena no son suficientes, se dirige al Monopolio de Combustible, cercano a la estación del ferrocarril, donde se hace con 22 bidones de 250 litros que luego traslada al citado garaje. El suministro a la ya larga hilera de vehículos combinará la máquina y lo manual y consumirá tiempo. A las once horas, tres después del inicio de la operación, se cuentan unos 30 autos pero son necesarios más; Beltrán los busca entre el vecindario. Mientras, Galán atiende personalmente varias vicisitudes, reparte ánimos, contacta con afectos, recibe novedades y advierte a la Guardia Civil, pero asimismo le pide excusas, como también al puesto de Carabineros.Y observa que la insurrección progresa con la toma de los cuarteles y la activación logística de una fuerza disminuida en suboficiales, que se compensa con la ani-


mada cantidad de tropa más la voluntariedad de los civiles madrileños y locales. Entre las alegrías contará Galán la visita que le hace la recién instaurada Junta civil. Sin embargo, surgen oscuros condicionantes. Uno de los momentos críticos es cuando se entera de las muertes del guardia civil y de los dos carabineros, pues se rompe el ideal de la revolución incruenta (el “guante blanco”) y asume ya el futuro que le espera en caso de no triunfar: no sólo se ha levantando sino que ha causado sangre irreparable en el empeño; la pena, derrotado, está clara. Y por si esto no fuera un golpe trascendental se le suma otro, cuestionante de su decisión: se le presenta un paisano que llegó ayer sobre las 23 horas, previa parada en Huesca para cenar, y que se alojó en el hotel “La Paz” con otro, gallego. Es Graco Marsá, quien desde Madrid y junto a Casares Quiroga subió para dar al capitán un aviso de importancia respecto al movimiento revolucionario que se gestaba: el retraso de la acción al lunes día 15. Al levantarse el 12 y advertir sorprendido el panorama en la ciudad, Graco informará a Galán sobre la misión que le trajo, y cuando regrese al hotel se encontrará a un Casares que rechaza toda responsabilidad como emisario y la del futuro Gobierno Provisional en la adelantada acción de Jaca. Según él, Galán ha salido a la calle sin órdenes expresas.

El cuartel de “La Victoria”, referencia de mando y organización revolucionaria en los aledaños de la ciudad.

Volverá a ser protagonista en marzo de 1931 al acoger los juicios contra quienes, el 12 de diciembre, activan la segunda fase de la insurrección: la marcha hacia Huesca. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

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La Casa Cuartel de la Guardia Civil de Jaca será símbolo de resistencia por su dotación, y de acuerdo entre la Benemérita y la fuerza rebelde para evitar más sangre de la habida en la mañana del 12 de diciembre. La actitud de encierro de guardias civiles en sus casas-cuartel durante momentos de tensión es todo un fenómeno sociológico: con antecedentes en los cercos sufridos por las de Ciudad Real y Miguelturra durante los sucesos de enero de 1929, les acompañarán en este momento de diciembre la de Gallur y el cuartelillo de Ayerbe. (Alfonso.VEGAP, Huesca 2008).

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A estos dos golpes para el capitán se unen las ya previstas indecisiones o desafecciones de los cuadros de mando. Así, surgen dudas entre oficiales y sargentos en distintos lugares, quienes deciden entrevistarse con Galán. De ello resulta la suma de algunos, el arresto de otros, el despido de varios a sus domicilios particulares o la unión a la situación de los arrestados, yendo voluntariamente al Ayuntamiento o a la Ciudadela para sufrir las consecuencias. Un grupo de los sargentos que en principio se negó en “La Palma” a seguir a Sediles finalmente se le adhiere. Y queda pendiente la situación de los reductos de las Fuerzas de Seguridad. Por un lado son retenidos hasta siete guardias civiles que iban de escoltas en dos trenes (el Expreso de Arañones y el Correo de Zaragoza), más individuos aislados. Galán ordena a las 11’45 que vayan con vigilancia a la casa cuartel, frente a la que se sitúa una ametralladora con un pelotón mixto, y emplaza por teléfono al suboficial Acín para que deponga la actitud. Como éste se encierra con su fuerza (menos de 20 defensores incluyendo los militares hijos de los guardias), se mantiene el cerco. Por otro lado, la actitud del jefe de los Carabineros, que está dentro de su dependencia a sabiendas de la muerte de dos de sus subordinados, deja Jaca en absoluta mano de los alzados.Ya no hay oposición.

Segunda fase: la proyección Para la marcha sobre Huesca, de donde no se poseen datos fiables de que haya pasado algo similar a lo de Jaca, forman más de 350 soldados del “Galicia”, paisanos locales y llegados de Madrid, y los cuadros de mando, todos con armamento ligero y dos morteros. A las 14 horas parte, entre júbilo de integrantes y vecinos, la columna compuesta por automóviles civiles y oficiales, autobuses, furgones y camiones militares que, frenando, parando, reiniciando el movimiento con frecuencia y con muy mala climatología, avanzará lentamente y consumirá tiempo vital para él éxito y también ánimo para mantener la exultante moral de la mañana. Así, la costosa subida por el puerto de Oroel, las averías, los accidentes, la redistribución del personal o la sorpresa de encontrarse con elementos en dirección contraria, como una camioneta de Telégrafos que había salido de Huesca a las 12 para intentar solucionar las anomalías que al parecer ocurrían entre Jaca y Canfranc –o el coche con dos agentes de Policía mandado por el gobernador civil a sugerencia del director general de Seguridad Mola, y que se integra en la columna– van reteniéndola cuando no forzándola al alto. Aunque según Graco Marsa, Galán apostaba por encontrarse en tres horas en la capital oscense, donde “daremos rancho caliente, requisaremos camiones y continuaremos”, la realidad muestra todo lo contrario. Esto mellará el ánimo y el estado físico de la fuerza.


Pasadas las 17 horas el autobús blanco modelo “Hispano” de vanguardia y su vehículo de apoyo que manda el capitán García Hernández se topa con tres automóviles en sentido inverso, que se detienen en la zona del barranco de Izarbe. De estos desmontan varios personajes con uniformes militares (dos) y de beneméritos (los más). Es el núcleo del general gobernador Las Heras, al que hacen huir a tiros, capturando al teniente coronel Martínez Cajén y al herido capitán Minguez, pero cuya actitud alerta a los sublevados sobre la posibilidad de que en Huesca no esté triunfando el levantamiento. Esta sensación motiva una marcha más preventiva y acorde al espíritu bélico de la que se mantenía hasta ese momento, por lo cual se multiplican los altos para efectuar reconocimientos y se aplican las medidas de discreción o el apagado completo de las luces. Resultado: se limita aún más la escasa velocidad de crucero que lleva la agrupación, pero como se pretende llegar cuanto antes a la capital oscense, el convoy apenas si se detiene en Anzánigo al ver a un teniente coronel de la Guardia Civil con su fuerza en la casa cuartel, y no repara en cortar el cable telefónico de la Central Eléctrica por el que ese jefe avisará. Madrid está al tanto.

La travesía de Jaca a la altura del Paseo Alfonso XIII fue el punto de partida de los sublevados en su camino a Huesca.

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Revolucionarios en tren El segundo elemento ejecutor de esta acción proyectiva es la unidad que al mando de Sediles avanzará sobre un tren. Este capitán ha quedado como máximo responsable de Jaca y mientras se preparan máquinas y vagones, ultima los aspectos del control urbano por la mínima fuerza revolucionaria (apenas una compañía) que quedará en guarnición, y que tendrá como objetivos prioritarios efectuar los servicios de vigilancia y mantener la neutralización de los carabineros y guardias civiles. El apoyo de los paisanos afectos aliviará la carga. El puente sobre el pantano de la Peña. Vital para el objetivo de llegar a Huesca, nadie –ni sublevados ni gubernamentales– lo controlaron, fruto de la imprevisión en unos y de la confusión en otros. Cruzado éste en dirección a la capital, había de atravesarse la tierra de los mallos (Riglos, Agüero y Murillo) para luego ir descendiendo hacia Ayerbe. (Alfonso. VEGAP, Huesca 2008).

Tras solucionar las tensiones con los de la Benemérita, con la que se llega al acuerdo de que no salgan de la casa cuartel y dejen todo el armamento en una habitación vigilada por militares alzados (exactamente lo que ocurrió dos años antes en Ciudad Real), Sediles embarca con 174 hombres jaleados por unos 200 paisanos en un convoy que irá precedido por una máquina aislada en función de reconocimiento. La decidida colaboración de los ferroviarios alienta un ambiente pletórico de moral que tras partir a las 16 horas pasa después por Sabiñánigo, donde al hacer un alto es recibido por un curioso, animado y entregado público obrero al que los viajeros dedican unas palabras exhortadoras (“un capitán habló un poco de España”), y pueblo donde el nuevo estado político en Jaca será difundido por el sereno. Después el convoy atraviesa las estaciones obligadas, en las se detendrán bien para dejar vía libre a trenes en dirección contraria previo desarme de las parejas de la Guardia Civil que incorporan, bien para recabar información y asumir la pérdida de la sorpresa en Huesca. El movimiento se ralentizará notoriamente a partir del alto en Anzánigo, hacia las 21 horas, y se detendrá finalmente al llegar al obstáculo preparado por el Gobierno: el levantamiento de la vía por la zona de Riglos.

Ayerbe, “que siempre se distinguió por sus ideas avanzadas” Ayerbe, villa con ayuntamiento de 2.518 habitantes de hecho y 2.716 de derecho; a 29 kilómetros de la capital. Carretera de Madrid a Francia por Canfranc. Produce vino, trigo, hortalizas, frutas, aceite y almendras (12 cosecheros; 7 exportadores). Cría ganado lanar, cabrío, mular y asnal; abunda la caza.31

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Si en Jaca hay un sector civil que participa junto al militar en el proyecto subversivo, toma parte activa en la ocupación de la ciudad y en su reorganización política, colabora en la marcha hacia Huesca y sufre el encuentro de Cillas; en Ayerbe, población sin guarnición, intermedia y clave en la ruta, se vivirá una noche y un día excepcionales y revolucionarios. Este pueblo servirá como centro logístico, punto de convergencia de las dos columnas rebeldes y marco de la frustración y del fin de la aventura. Serán 24 horas en las que se pasará de la euforia a la decepción, y que robarán protagonismo a Jaca y Huesca en la atención periodística. Durante esos momentos, la ciudadanía de izquierdas, cuyo dinamismo es generado por el Centro Obrero Republicano, es la que se determina a tomar la localidad y la que da apoyo a los alzados. En esa primera función vigilará la casa cuartel de la Guardia Civil; interceptará y dominará la vía férrea, las carreteras y las comunicaciones telefónicas y telegráficas; localizará y retendrá a los representantes públicos del Gobierno y a adversarios políticos; dictará bandos, animará a los indecisos y colgará la bandera republicana en el Ayuntamiento.Todo, una vez llegados los levantados de Jaca. En la segunda función repartirá combustible y víveres, y acogerá a los ateridos rebeldes. Asimismo, el sector revolucionario de la población se sumará a estos recogiendo 50 fusiles y todas las armas particulares disponibles. Por si fuera poco, en la tarde del 13, cuando se vuelven las tornas, deshace lo realizado aunque mantiene ese papel de centro logístico: 300 derrotados más la reconquistadora agrupación Dolla tendrán de nuevo a las dos plazas de Ayerbe como escenario de la consumación de un hecho histórico.Y en la casa cuartel, el preludio del fin de la insurrección jaquesa: el primer presidio, por unas horas, del jefe de la rebeldía. Aproximadamente a las once de la noche del 12 de diciembre entraba con todas las precauciones la columna motorizada procedente de Jaca, que se distribuyó entre las dos plazas y el Círculo y se dispuso a interrumpir las comunicaciones y a neutralizar a la Guardia Civil. En cuanto a aquellas, las centralitas de teléfonos y telégrafos, que operaban dos mujeres, son intervenidas y roto el cuadro de la Telefónica. Hasta el mismo momento de la irrupción de soldados y paisanos ambas han estado informando a Huesca de lo que sucedía en el pueblo. Respecto a la casa-cuartel, el teniente jefe de línea acuerda con un grupo cívico-militar recluirse dentro del edificio y renunciar a la intervención de la Benemérita en la evolución de los sucesos. Pasa lo mismo que en Jaca y además, el teniente acogerá el cuerpo del ya fallecido capitán Mínguez, herido en la refriega de Anzánigo. A la agrupación que ya ha entrado se le une la que desmontó del tren: los casi 200 hombres de Sediles que han marchado a pie durante 9 kilómetros al encontrar la vía levantada y que, a pesar de la caminata, se encuentran menos fatigados que los que viajaron en vehículo. Desde ese instante, el protagonismo de los vecinos afectos tomó relevo al que había tenido la unidad rebelde, que se dedicó a descansar. Así, “parecían ser los paisanos los más exaltados, que prorrumpían en vivas y exclamaciones de alegría. El vecindario permaneció en actitud expectante, siguiendo con curiosidad el cuadro de animación que presentaban las dos plazas del pueblo”. Este ambiente de euforia general vio también alguna discrepancia en el campo revolucio-

La plaza de Ayerbe se convirtió en un escenario familiar para los españoles. Reproducida hasta la saciedad en toda la prensa de la época, simbolizó el éxito efímero y el fracaso de la intentona insurreccionista.

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Piezas artilleras gubernamentales en la mañana de la jornada siguiente a los sucesos testimonian, bajo la atmósfera de Ayerbe, el retorno a una tensa calma tras la magnitud de los acontecimientos vividos durante la noche del 12 de diciembre en esta misma plaza. El Palacio de los Marqueses y la Torre del Reloj han sentido el ilusionado encuentro de dos columnas rebeldes proyectadas hacia Huesca y el posterior desasosiego y la desbandada de sus componentes; la insurrección local contra la Monarquía y la recuperación del orden por las tropas afectas al régimen. Poco tiempo después acogerá los fastos oficiales por su recuperación mediante el homenaje a dos funcionarias de los servicios de Teléfonos y Telégrafos. Indudablemente Ayerbe será el olvidado símbolo de lo acontecido. (Alfonso. VEGAP, Huesca 2008).

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nario, personificada en el “veterano” republicano Monreal, pues argumentando que no sabía nada de ese “complot” ni que tampoco quería sumarse a “un movimiento de origen militar”, se negó a aceptar la presidencia de la Junta naciente. Sin demasiada premura, Galán organiza la columna definitiva con el problema de tener que montar la unidad de Sediles. Las consecuencias: sobrecargar los ya sufridos camiones y rechazar a vecinos voluntarios. Sobre la una y media un vehículo da parte tras efectuar un reconocimiento por la carretera de Huesca: no hay novedad, si bien no pasó de Plasencia del Monte (17 kilómetros de distancia desde Ayerbe). Y a esta noticia incompleta se sumarán las que proporcionen un coche procedente de Jaca y otro de Pamplona en el que viaja el director de El Diario de Navarra, pues advierten de la tranquilidad general en todas partes y que se han activado fuerzas de Zaragoza para combatir a los insurrectos. Con estas prevenciones, hacia las 3 horas, unas 14 después de la ilusionada salida de Jaca y tras haber avanzado sólo 70 kilómetros, los alzados abandonan el pueblo entre vivas a la República. Les aguardan 30 kilómetros para llegar a Huesca, el destino final. Mientras, en esa madrugada del sábado la Junta de Ayerbe saca un bando en el que, subrayando “¡Ciudadanos, a las armas!” y amenazando de muerte a quien no obedeciere, exigía al vecindario que entregara el armamento particular y llamaba a los varones mayores de dieciocho años para que se pusieran al servicio revolucionario antes de las siete de la mañana; “y al efecto algunos iban pidiendo, mejor dicho, exigiendo la firma” según Montearagón. Asimismo fueron encarcelados tres significados personajes leales al Gobierno y en el Ayuntamiento “hicieron trizas el retrato de su majestad el Rey”. Tras cruzar sin novedad Plasencia del Monte, la unidad rebelde hace alto y dos camiones inician un reconocimiento a vanguardia. Se avanza hacia Bolea donde se vuelve a parar; hay disparos contra animales que se confunden con desertores o contrarios. A la vista de Cillas los exploradores dan con una zanja abierta en la carretera y localizan tropas en las lomas.Tras notificar aquellos a Galán, contactan luego con un comandante que se encuentra adelantando a esa posición gubernamental, quien captura al teniente que mandaba el vehículo. Al no regresar, se genera confusión e intercambio de opiniones entre la plana mayor sublevada, por lo que son enviados tres emisarios (dos capitanes –Salinas y García– y un civil, Beltrán) en otro coche; aquellos portan enseña blanca; en el vehículo, dos pañuelos en sus antenas que había colocado un capitán.Ya ha amanecido; son alrededor de las siete de la mañana. El trío habla con el comandante Jiménez de la Orden, que mandaba la avanza-


dilla posicionada y que capturó al teniente Muñiz, diciéndole que iban a parlamentar con sus compañeros. Jiménez les ordenó que viesen al órgano superior gubernamental pero como pasara tiempo infructuoso, el capitán García manifestó que habían de volver dando cuenta del fracaso de su gestión “empeñando su honor de que regresarían para darse prisioneros”. Sin embargo, el comandante los retuvo y entonces, “conducidos a la presencia del general Dolla, éste les increpó duramente y ordenó fuesen fusilados, mandando a su columna romper el fuego contra los rebeldes, como así se hizo”. Este general, en los partes que dará sobre lo sucedido, “silencia en absoluto la condición de parlamentarios de los capitanes Salinas y García Hernández” y afirmará que el fuego lo rompieron los rebeldes32. Comienza la refriega de Cillas.

Ayerbe de nuevo

Las plazas y calles de Ayerbe fueron testigos mudos de la llegada de las tropas gubernamentales tras el fracaso en Cillas de la insurrección antimonárquica. Fueron horas de éxtasis e inquietud; un sentimiento de ambivalencia que se reforzaría durante las jornadas posteriores. El fotógrafo Alfonso captó todos los detalles de aquella jornada en Cillas y Ayerbe.

Finalizado el choque en las cercanías de Huesca, desde las 9 horas y durante toda la mañana varios vehículos de los pertenecientes a la agrupación insurrecta cruzaron el pueblo en dirección a Jaca. Luego, y por diversos medios, entraron rebeldes aislados o reunidos, como los que consiguieron ordenar algunos tenientes en el campo de lucha para acogerse en la población pasadas las 15 horas. La disposición fue la de abatimiento; el espíritu revolucionario se había apagado en Cillas tras el inesperado enfrentamiento con las tropas monárquicas atrincheradas desde los primeros rayos de sol. A las 16’30 horas la Junta dejó de actuar: el pregonero difundió un bando firmado por el

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Una de las dos heroínas de Ayerbe para el Gobierno y, desde luego, la más profusamente retratada: Anita Torrero En agradecimiento, y en la misma plaza testigo de los sucesos que agitaron la localidad, serían homenajeadas tiempo después con sendos regalos del presidente del Gobierno.

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capitán general. Tiempo antes casi todos los miembros se daban a la huida y los voluntarios levantaban los puestos de vigilancia, siendo el último el cuartel de la Guardia Civil, que una hora más tarde comunicaba el aparente retorno de la normalidad urbana. “Esta noche de la derrota tiene una inmensa tristeza sobre Ayerbe, que en la noche anterior se entregó tan jubilosamente a la causa republicana. A la alegría ruidosa del viernes, cuando llegaron las fuerzas procedente se Jaca, sucede ahora un silencio de depresión. Las calles y las plazas están desiertas. Sólo el patrullar de los soldados rompe el enorme silencio que pesa –losa de vencimiento– sobre Ayerbe en esta noche del sábado 13 de diciembre…”33. Así escribía Montero la disolución del espejismo revolucionario en el pueblo tras la realidad que impusieron la entrada de jinetes al grito de ¡Viva el rey!, más las posteriores órdenes de entrega de las armas requisadas o recogidas durante la madrugada. Con tiempo muy duro, sobre las 18’30 horas, penetraban los de Caballería y desde ese instante las plazas, la central de Telégrafos y el citado cuartel de la Guardia Civil, fueron los escenarios clave de la operación de reconquista gubernamental. En aquellas se va a clasificar a los prisioneros, confiscar el armamento y arengarles, y se oficializará la vuelta al orden institucional. Desde Telégrafos se informará a Madrid de las distintas incidencias que van ocurriendo (entrega de los rebeldes, aviso de que el capitán Galán se ha entregado en Biscarrués, posterior detención de éste, progresión hacia Jaca). El cuartel de Ayerbe aumentaría su protagonismo en estos sucesos revolucionarios. El día anterior, a las 16 horas, había sido testigo de las directrices del general Las Heras procedente de Huesca; 45 minutos después, de las del teniente coronel Cerdeño, que le seguía; en torno a las 18 horas saldrían unos números para acompañar a unos operarios a levantar las vía férrea; durante toda la tarde estuvo contactando con los gobiernos civil, militar y la Comandancia; y hacia las 24 horas sería el marco de un acuerdo entre su dotación y los insurrectos, momento desde el cual ya no transmitiría. Hoy, tras el abandono de la actitud hostil, será otra vez nodo de comunicación, ahora entre la columna Dolla y el Gobierno; recibirá la orden de enviar parte de los guardias a detener al capitán Galán, y servirá de local para su primera custodia. Pese a la tensión que hubo de prolongarse tras la lucha en Cillas, la prensa no reflejó incidentes durante la “reconquista” de Ayerbe.Todos, eso sí, resaltarían el espíritu de formal sometimiento de los alzados que allí estaban y la confraternización entre las tropas de uno y otro bando, con el cigarrillo como nexo de camaradería y apaciguamiento de los espíritus (“no se consideraban como enemigos sino como hermanos”). Además hubo una alocución o arenga, según el


punto de vista, de adoctrinamiento del general Dolla a los rebeldes en el conocido “Kursaal” o salón-teatro-cinematógrafo del Casino Independiente, situado en la plaza de Pi y Margall. El general les habló “al corazón encareciendo a oficiales y soldados que se consideraran en todo momento como padres e hijos, y como tales se trataron mutuamente”.

La efímera república de Jaca Mientras, la ciudad referencia de la insurrección permanecía tranquila y a la espera de acontecimientos y noticias. Estas van llegando en forma de avisos a la estación de ferrocarril, la marcha real en la radio, informaciones por viajeros y luego por los testimonios de quienes se presentan en Jaca a lo largo del sábado tras haber dejado Cillas y Ayerbe. La situación en España es normal y la acción ha sido derrotada. Entonces, el teniente coronel jefe de Carabineros toma la iniciativa y contacta con la Junta provisional y con los cuadros de oficiales sublevados quienes, al asumir progresivamente el fracaso de la tentativa, proceden a disponer la entrega de la plaza al Gobierno. La Junta, en un rasgo cívico, decide por sí misma ante la proposiciones de aquel jefe para el abandono del estado político revolucionario. Finalmente, el carabinero se hace dueño de la situación, se presenta a las autoridades militares retenidas y envía un telegrama a Madrid. El gobernador Urruela, una vez liberado, difunde un bando en el que se ordena el depósito de todas las armas que circulan en la población, y al mediodía del día 13 Jaca vuelve al ambiente institucional del día 11, a la espera de la entrada de fuerzas navarras de artillería y de Cazadores más la vanguardia de Dolla. Este se presentará al atardecer.

La normalidad retorna a Jaca. 14 de diciembre de 1930.

El sábado 13, después de los sucesos de Cillas, los cuadros de mando militares gubernamentales y carabineros se hacen con la situación en Jaca. El gobernador militar, Fernando Urruela, dicta un bando en el que se ordena el depósito de todas las armas que circulan en la población. Su bando sustituye en las calles de Jaca al emitido por Galán tan sólo dos días antes. Abajo: El interior de la Ciudadela con unidades artilleras leales. Normalidad absoluta en Jaca jornadas después.

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Tropas llegadas de Navarra estabilizan definitivamente la situación en Jaca: marcha hacia la Ciudadela y prácticas de tiro en su proximidad. 15 de diciembre de 1930 Como había advertido Fermín Galán al resto de implicados en el movimiento revolucionario, las inminentes nevadas invernales del Pirineo no permitían más demoras en la insurrección. No se equivocaba. El lunes 15, nueva fecha propuesta para el levantamiento, Jaca estaba aislada por la nieve. Alfonso seguía en la ciudad para captar con su cámara la jornada de duelo. (Alfonso. VEGAP, Huesca 2008). “La Ciudadela tenía un patio grande; en las ventanas bajas aparecían algunos presos del movimiento de diciembre. En el patio se veían cañones antiguos, obuses de treinta o cuarenta años, de marca Krupp, dos todavía útiles sobre cureñas muy altas.” Pío Baroja, El cabo de las tormentas


Los años convulsos