el eslabón | sociedad
bra, y describiendo de manera intimidatoria las consecuencias que ocasionaría si algo de lo que ella nos hacía saliera a la luz”. Y sigue: “Así fue, al parecer, como todas guardamos silencio… todas soportamos los abusos, manoseos, de alguien descontrolado que parecía poseído por el mismísimo demonio. Todas no, las elegidas, las que acudían en diferentes horarios a meterse en su cama, o al lugar determinado, en un horario estipulado, como corderitos, llevados al matadero”. Otra de las novicias que declaró ante un notario eclesiástico durante una investigación interna de la congregación relató en su denuncia: “En una oportunidad, me llamó a una habitación que estaba desocupada, diciendo que necesitaba hablar conmigo, y me besó en la boca, mientras me tocaba los pechos y me empujaba contra la pared con descontrol”. La denuncia señala que “durante ese año, la situación se fue haciendo para mí insoportable (…) me hacía bajar una escalera del aspirantado y me llevaba al sótano de la escuela. Allí era lo más terrible, porque se desencajaba, me besaba con furor, me metía la mano en la ropa y se frotaba contra mí. Me asustaba y me enojaba. Yo me sentía culpable e impotente. Y ella repetía siempre: «Vos tenés la culpa de esto, porque tenés la piel de porcelana» y cosas así”.
sábado 23 de diciembre de 2017 | página 13
VIOLENCIA DE GÉNERO
“Que la Justicia nos diga qué pasó” Los familiares y amigos de Violeta Abregú marcharon este jueves pidiendo que se esclarezca la muerte de la joven. Aseguraron que, contrario a lo que trascendió, ella no se suicidó, y apuntaron a su ex pareja. ANDRÉS MACERA
El silencio A pesar de las denuncias internas, la congregación guardó silencio sobre los abusos, a modo de negación. Si no se conoce, no ocurre. En 2010, y luego de haber abandonado los hábitos, Sandra trabajaba en un colegio de la congregación en Lanús. “Cuando viene la Madre General de Roma, en 2011, me dice: «Por qué no te vas a tu casa, te pagamos un tratamiento psicológico, te conservamos el trabajo, pero ándate a tu pueblo”, recuerda sobre la invitación al olvido. “Me fui y me siguieron pagando el sueldo como si yo estuviera ahí, durante dos años. Cuando yo me pongo a trabajar en el libro, me dijo «esto no te va a convenir ni a vos ni a mí». Cuando me dijo así, lo edité y lo publiqué”, dijo Sandra. La respuesta no fue la contención a un víctima de abuso. “Me echaron”, contó la mujer. Desde entonces mantiene un pleito laboral, y también por daños y perjuicios, única huella judicial de sus padecimientos juveniles. Pero no todo fue inacción. Según Migliore, el encubrimiento continuó una vez publicado el libro. La hermana Bibiana dejó su congregación y desapareció. “Alguien la ayudó a irse a otra congregación, nadie puede cambiar por sí mismo, también cambió el nombre, se hacía llamar Victoria en vez de Bibiana”, contó, sobre la huida de Fleitas a Venezuela, donde aún la alcanza la impunidad. El silencio sigue siendo la única respuesta de una institución que juzga los actos de sus feligreses y ahorca los propios. “Todas las autoridades de la congregación, desde que esta mujer ingresó a violar a y abusar, todas las provinciales supieron lo que pasaron y no dijeron nada”, dice Sandra. Y más: “La superiora provincial de San Lorenzo se llama Lucila Rodríguez, ese es el nombre de monja, se llama Juana Bautista Rodríguez en el DNI, ella fue provincial en la época que la monja violaba a las chicas, era superiora de la casa, luego fue provincial, ella también lo sabía”.
Por Laura Hintze
V
IOLETA ABREGÚ TENÍA 20 AÑOS y una hija de 3. Las dos vivían en Granadero Baigorria. El 3 de diciembre pasado, Violeta murió de un balazo en la cabeza: un disparo efectuado en la nuca, detrás de la oreja, tal como señalan los familiares. Eso es lo concreto. Muchos dicen que estaba en la puerta de su casa discutiendo con su pareja. Tanto él, un joven de 23 años que estaba cumpliendo prisión domiciliaria, como su familia, aseguraron que en medio de la discusión, Violeta entró y se suicidó. El joven la llevó al hospital Eva Perón, pero la muerte era irreversible. La familia de Violeta, sin embargo, pide que se profundice la investigación: no sólo no creen posible la decisión de Violeta, sino que aseguran que la relación que sostenía con su pareja era violenta y que la chica de 20 años vivía amenazada. De hecho, en la Fiscalía de Violencia de Género hay una denuncia realizada por ella en septiembre de este año. La familia espera que la Justicia investigue y determine qué pasó realmente. Pero hasta el momento sólo hay incertidumbre. “Ni siquiera nos mienten. Directamente no nos dicen nada”, dijo un familiar que prefirió permanecer en el anonimato, en la puerta de los Tribunales provinciales. El jueves pasado, una concentración y una marcha saca-
ron a la calle la pelea por esclarecer la muerte de la joven. El jueves amaneció nublado. A las 10 de la mañana, sin embargo, un nutrido grupo de personas, sobre todo jóvenes y mujeres, se encontró en los Tribunales de Balcarce y Montevideo. La convocatoria fue tan tranquila como necesaria: se pintaron carteles, se acercaron las muestras de solidaridad, de acompañamiento, se cebaron mates, se acompañó. Por la tarde, el nombre de Violeta volvió a la calle. A ese grupo de personas se le sumaron movimientos sociales, estudiantiles y feministas, partidos políticos, espacios culturales, y se movilizó desde la plaza San Martín hasta la 25 de Mayo. Todos y todas coincidían en un sólo reclamo: justicia por Violeta. “Nosotros estamos reclamando Justicia. Queremos hacer ruido para que se investigue de una vez y saber qué es lo que pasó. Pero queremos que lo diga la Justicia”, explicó un familiar de la joven. Ni el hombre ni ninguna otra persona cercana a Violeta se animó a dar su nombre o a hablar frente a las cámaras. La cautela prima en este caso: todos y todas, dicen, tienen miedo de entorpecer la causa. El familiar que dialogó con los medios aseguró que por el momento no hay nada claro. Que mientras su pareja asegura que ella se suicidó, hay “personas que dicen que él la mató” y familiares que aseveran que ella estaba muy
deprimida. Lo que este hombre remarcó es que el joven de 23 años la tenía amenazada: “Le decía que si lo dejaba, la iba a matar”. También señaló que desde que salía con él, Violeta perdió contacto con muchas personas. “Ella era muy valiente, una luchadora de siempre que hacía todo por su hija”, remarcó. Tal vez, entonces, sí hay algo claro: la incertidumbre. A nadie le cierra que Violeta haya tomado la decisión de suicidarse. El caso está en manos del fiscal de Homicidios Dolosos, Pablo Pinto. Desde el Ministerio Público de la Acusación remarcaron que la mecánica de la muerte de Violeta no está clara. Por lo pronto, confirmaron que el 18 de septiembre de este año la víctima había realizado una denuncia por violencia de género sin lesiones constatadas, pero que no volvió a instar la acción penal y la causa quedó sin curso. En el marco de la muerte de la joven, la Fiscalía solicitó una pericia para determinar la distancia desde donde se realizó el disparo y se pidió ampliación del informe de autopsia. La semana pasada, además, se hizo una cámara Gesell con la hija de la víctima, pero no arrojó, en principio, dato concreto. Cabe destacar que el jueves 14 de diciembre se hizo audiencia de revisión de cautelar y se le revocó la prisión domiciliaria a la ex pareja de Violeta, que estaba imputado por robo. El joven de 23 años cumple ahora una prisión efectiva sin plazo.