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La oveja negra, el escritor feliz Augusto “Tito” Monterroso nació en Tegucigalpa en 1921 y desde 1944 se exilió en México. A los 11 años de edad decidió ser autodidacta. Trató de pasar desapercibido en la literatura a pesar de que su excepcional obra fue reconocida con premios como el Xavier Villaurrutia, el Juan Rulfo y el Príncipe de Asturias. Narrador y ensayista, autor de fábulas y microcuentos, en su obra analiza Hojas al aire, a la complejos temas sociales y psicológicos deriva, con vocación y con un lenguaje sumamente sencillo y convicción, quiere cosechar y quizá demasiado conciso. Es conocido sembrar, reclamar un espacio principalmente por uno solo de sus para la literatura que se encuentra relatos: “El dinosaurio”, pero escribió al margen del canon institucional varios libros de ensayos, fábulas, y de las modas. Cosechar con la aforismos, cuentos, microcuentos, una recuperación de la literatura novela -Lo demás es silencio- e incluso desperdigada en los puestos de una autobiografía que llega hasta los 15 las calles, en las librerías de años de edad, es decir, el fin de la viejo, y sembrar con nuevos infancia. Murió escribiendo la segunda textos de escritores ya olvidados, parte, de los 16 a los 22. “De mí sé decir que cuando en 1959 salió a la luz… mi libro Obras completas ( y otros cuentos), me costó mucho trabajo acostumbrarme a la impresión que me produjo verme… convertido en autor, posibilidad que durante largo tiempo había pospuesto, y lo que sólo movido por solicitaciones ajenas a mí me atreví a hacer, como pensando en otras cosas, algo tardíamente, cerca ya de los cuarenta. (continúa, p.2)

aún vivos. Un esfuerzo más por difundir una semilla pequeña de literatura, pero rebosante de nuevos bríos.

No.2


(viene de la portada) El día en que eso sucedió me desasosegué tanto que me sumí en otro silencio de diez años antes de decidirme a repetir la experiencia… y en otro enmudecimiento más, esta vez de tres, para llegar al tercero... he terminado por publicar nueve libros en cincuenta y siete años, a partir de la tarde en que entregué en un periódico mi primer cuento”.

La fe y las montañas Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía. La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

Hoja al aire. No. 02.

Textos de Augusto "Tito" Monterroso Editores: Leonardo Carabel Abraham Peralta Vélez

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Monólogo del mal Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó: "Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago al Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal,


y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no despreciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él si hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Bien está bien y lo que hace el Mal está mal." Y así el Bien se salvó una vez más. Textos de Augusto "Tito" Monterroso El mundo Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso. De las librerías de viejo UN HOMBRE CÉLEBRE Y OTROS CUENTOS Joaquim Machado de Assis (Río de Janeiro, 1839-1908)

Ilustración de Papel Cometa

Un hombre reconocido por la música popular que escribe sufre por no poder componer como los clásicos, una distinguida mujer se resiste a aceptar el matrimonio de su hija, un tío avaro acepta casar a sus dos sobrinas por unas cuantas monedas y un hombre enfermo pide como última voluntad ser enterrado en un cajón elaborado por el peor carpintero de la zona. La función del narrador en este libro pareciera fácil: dar cuenta de los motivos que obligaron a cada una de estas personas a actuar así, pero éstas son tan peculiares que la labor se va complicando conforme avanzan las páginas. En algún momento el narrador tiene que aceptar la dificultad: “¡Ay de mí, yo no soy Séneca, no paso de un Suetonio que contaría diez veces la muerte de César si él resucitase diez veces, pues no retornaría a la vida sino para volver al imperio”.

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Al empezar a leer los cuentos que componen este libro se siente uno como el pez que mira el anzuelo: el autor tira la carnada y desde el inicio nos sentimos atrapados. Los hechos ya están ahí, el narrador no parece contarnos una historia, sino explicarnos por qué los protagonistas hicieron lo que hicieron; he ahí el anzuelo que picamos. Para esto, Joaquim Machado de Assis hace gala, en unas pocas páginas, muchas de ellas de gran valor literario, de una admirable capacidad narrativa y de exploración de la psicología humana que le valió ser reconocido como el padre del realismo en Brasil, y que lo llevó a convertirse en el primer presidente de la Academia Brasileña de Letras. Así, nos ofrece algunos fragmentos que valdría la pena recordar por mucho tiempo: “Las estrellas le parecían otras tantas notas musicales fijadas en el cielo a la espera de alguien que las fuese a despegar, ya llegaría el día en que el cielo habría de quedar vacío, pero entonces la tierra sería una constelación de partituras”. Un hombre célebre y otros cuentos forma parte de la colección Alianza Cien, una coedición de CONACULTA y Alianza Editorial que se proponía “poner al alcance de todos las mejores obras de la literatura y el pensamiento universales en condiciones óptimas de calidad y precio e invitar al lector al conocimiento de los autores más renombrados… una ambiciosa iniciativa cultural para el fomento de la lectura”, y vaya que recopiló textos esenciales de la literatura, entre ellos de Borges, Wilde, Nabokov, Camus, Pérez Galdós, Freud, etcétera. También, en cuanto al precio, cumplió su propósito: hallé el ejemplar en una Joaquim Machado de Assis pequeña torre de libros que se ofrecían por sólo 10 pesos, entre muchos otros títulos interesantes, en la librería Posada, ubicada afuera del metro Escuadrón 201, una librería de viejos singular por la gran cantidad de títulos que se pueden encontrar en muy poco espacio, desde textos clásicos de la literatura y best sellers hasta libros especializados de diversas disciplinas.

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El volado

LA POESÍA PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN INTERNACIONAL Leo Magnino En nuestra época que ve cómo el triunfo de la tecnología y la civilización de las computadoras se va afirmando cada vez más en la vida cotidiana, podrá parecer extraño, sino francamente anacrónico, que se hable aún de poesía: sin embargo yo creo que el valor de la poesía en el mundo contemporáneo es esencial y de vital importancia. El fin de la poesía significaría el fin de la humanidad. Los poetas a través de sus versos, proponen una nueva visión de la vida y son, bajo ciertas circunstancias, los intérpretes genuinos de los más íntimos sentimientos del espíritu humano y, al mismo tiempo, los mediadores entre el mundo real en el cual nos vemos obligados a vivir, y el mundo de los sueños que es en parte fundamental de nuestro yo. La poesía nos permite escapar del engranaje kafkiano del cual ninguno puede sustraerse hoy en día. Pero los poetas no son solamente los interpretes del mundo contemporáneo, sino además quienes nos anticipan el mundo del mañana. Los poetas como todos los artistas, son los únicos que pueden todavía salvar a la humanidad de aquella “planetarisación” de la cual nos habla Tillard de Chardin, que nos quiere llevar al borde de la completa disolución espiritual. La poesía constituye además, a mi parecer, el mejor antídoto contra el veneno del mundo en el que vivimos, contra el smog espiritual en el cual nos vemos obligados a respirar y que inevitablemente nos lleva al colapso moral. Santo Tomás escribe que la poesía es un milagro en cuya meditación se calman mil deseos, mil instintos y las capacidades de nuestra vida. La poesía, afirma Jean Cocteau, tiene el gran mérito de enviar ondas que simbolizan al individuo; la poesía no es una forma de utilizar el lenguaje, es una lengua que se hace presente y aquellos que la hablan pueden hablar también lenguas diferentes y no obstante la comprenden. Juan Cervera Sanchís, el ilustre escritor andaluz y de muchos años residente en la Ciudad de México, escribe justamente que vivir sin poesía no es vivir; la poesía es la razón de ser de la vida ya sea en el hombre, en los animales o en los vegetales. No hay amor sin poesía -continúa Cervera- así como no hay poesía sin amor. La humanidad es un antiguo poema siempre joven, es un raro misterio insoluble, es el “no saber sabiendo” como nos recuerda San Juan de la Cruz. 5


La poesía como la música habla un lenguaje universal: es ésta la universalidad de la poesía, de la verdad, de la auténtica poesía, siempre actual y siempre válida en todos los tiempos y en todos los países, aun los más lejanos geográfica o espiritualmente. Un crítico japones, que también es un gran poeta, afirmaba que toda poesía por ser verdaderamente tal debe ser una especie de iluminación. El espíritu humano -escribíaanda a tientas en las tinieblas, en la oscuridad ya que cambia el atributo por la materia y las mismas enseñanzas ético-religiosas son tal vez engañosas en cuanto muestran apariencia por realidad: muchas veces la poesía lucha por romper esta oscuridad en una ansia irrefrenable por penetrar en el misterio y en la continua búsqueda de nuestro Yo. La poesía, si es verdaderamente poesía, debe interpretar los estados de ánimo del individuo, de sus aspiraciones, de sus desilusiones, de sus fatigas, de su inútil lucha contra el desencadenamiento de las fuerzas adversas. La poesía no quiere ser solamente una simplista manifestación literaria, en el sentido que nosotros damos comúnmente a esta palabra, sino también y sobre todo es una filosofía de vida, un modo de ser, un mensaje espontáneo del poeta dirigido a toda la humanidad. Ya Pirandello, maestro de la vida y supremo filósofo, antes que gran dramaturgo, afirmaba la convicción de la espontaneidad vital del arte. La universalidad del arte nace, entonces, de este “afflatus” humano y divino, al mismo tiempo que el poeta, a través de su lírica -como el artista a través de su cuadro o a través de su escultura, o el músico a través de la música- logra crear en un esfuerzo supremo, dirigido a expresar a los hombres de todos los países y de todas las creencias, aquello que el espíritu le dicta. La poesía, como la fe, se vive, se intuye, no se aprende y menos se puede enseñar. Cada poesía deberá tender a liberar al pensamiento de los cepos, en los cuales todas las formas de la conciencia buscan encadenarlo: esto deberá ser el concepto inspirador que debe guiar al poeta en su creación. La poesía en definitiva nos debe impedir llegar a ser una rueda de un engranaje, nos debe impedir renunciar a nuestra humanidad; nosotros seguimos siendo el sujeto que se refleja en la expresión poética. La poesía nos puede ayudar a superar el enajenamiento que nos amenaza a todos. Leamos poesía para no llegar a ser un objeto mecánico, similar a aquellos imaginados por la fantasía de Orwell.

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La poesía constituye, por tanto, una forma de amortiguador para la humanidad de hoy así como para la de mañana. Tal vez ésta es una de las explicaciones del hecho de que hoy son muchos más de cuanto se cree los jóvenes que escriben poesía o se dedican a la lectura de poesía. Hay en el hombre contemporáneo y especialmente entre los jóvenes, más de lo que parece, un gran anhelo a la poesía, al amor, a la amistad, a la


colaboración fraterna y a la comprensión recíproca, para reaccionar contra una sociedad que parece decidida a contaminar irremediablemente nuestra conciencia, a destruir al hombre para hacerlo un robot, automatizar cada una de sus acciones, cada una de sus actitudes espontáneas a través de los denominados medios de comunicación de masas y de los slogans que nos llegan cotidianamente del radio, de los periódicos y de la política. La poesía puede verdaderamente contribuir a consolidar sólidos vínculos de amistad y cimentar sentimientos de amor, de paz y de fraternidad. Éste es el compromiso que se debe pedir a la poesía; si se habla de poesía comprometida, pero comprometida en volver a dar al hombre su libertad de pensamiento, de juicio, de voluntad. Todos los demás compromisos son únicamente disfraces de la verdad y, al mismo tiempo, del arte verdadero, que es también y sobre todo, espontaneidad y amor. Escribe Breck: “al partido marxistaleninista no le incumbe organizar la producción de la poesía como la de un gallinero, si no la lírica se parecería entre sí como un huevo a otro”. Si se quiere ejercer una influencia positiva en el campo de la poesía, es necesario, sobre todo, dar curso a aquellos valores inmortales que deberán ser la base de la vida y de la conciencia de cada individuo y de cada pueblo. Porque el arte verdadero tiene este fin supremo, que se parece al de la religión, de aliviar la pena de la humanidad y de levantar nuestro espíritu “a un aire más respirable”. Leo Magnino, escritor italiano. Director de la revista La cultura nel mundo que se publicaba en la ciudad de Roma.

Traducción de Enrique Ezeta Gómez Portugal, novelista mexicano, autor, entre otras novelas, de Así es.

Los nuevos olvidados Estoy cansado de oír por todas partes mentiras, si es que la verdad existe ¿en dónde estará escondida?

HAIKU Veo, de pronto, un colibrí y sospecho eternidades.

Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda

Abraham Peralta Vélez

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APARECES

HTEBAZILE

-Mi mente ebria de recordarte crea fantasías... Las más profundas- F.L.J

Sí, tuve ganas de morir cuando olvidé tu nombre.

De la nada apareces turbia en el horizonte hipnotizando mis sentidos Está tu mirada indiferente llena de sensualidad

También tuve ganas de morir cuando tu sonrisa se difuminó en mi arcoíris.

Reclamo a mi piel el capricho de estremecerse al verte Mis labios desbocados se entumen sangran quieren tu cuerpo tu calor tu alma Bálsamo extraño que sana mi ser.

De morir tuve ganas cuando me perdí en paraísos bizarros llenos de belleza. Fallecí el día que te perdí jugando al colibrí. Dos poemas de Fabián López Jiménez -El poeta de Tepito-

FUEGOS A ciencia cierta la vida es un milagro. Existen escritores de mucho premio y pocas nueces. La ciudad provoca una enfermedad incurable: la improvisación a lo bestia. Sin embargo, surgen dientes león, como leones callejeros, que se resisten a ser improvisadas creaciones.

Si quieres colaborar: Se reciben cualquier tipo de textos, poesía, ensayo, narrativa, diálogos... que puedan caber en estas Hojas al aire, es decir, no más de dos cuartillas, Times New Roman, núm. 12. Con nombre del autor, fecha de nacimiento y lugar de procedencia. E-mail: <hojaalaire@gmail.com> Si quieres, lector o colaborador, imprimir estas páginas en casa y regalarlas a quien gustes, serás aire de esta literatura. El propósito es crear una red cada vez más amplia, con los recursos posibles.


Hojas al aire, No.2