Panorama del sector Camping - 180

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d Opinión EL RELATO DE UN EMPRESARIO DE CAMPING

La autocaravana El autor de esta satírica e irónica, pero real reflexión, Fernando Ahijón, es —como escribe en estas líneas— propietario de camping… que ha sido campista, caravanista y ocasionalmente autocaravanista. Por tanto, conoce a la perfección todas las facetas del sector camping-caravaning. Quizá su mensaje reconciliador pueda servir de acicate a los colectivos de autocaravanistas y empresarios de camping. 6 Fernando Ahijón

(camping Arco Iris, Madrid)

C Fernando Ahijón es el propietario del camping madrileño Arco Iris.

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Panorama

UANDO pienso en todo el recorrido que mi familia y yo tenemos en el mundo del camping, me aflora un sentimiento placentero y seguramente —no me veo— una estúpida sonrisa. Comencé con la tienda canadiense y no siempre había camping o dinero para pagar las 1,50 pesetas más por persona que costaba entonces (tengo 61 años: ya lo habían deducido ¿verdad?).

[Panorama Camping] Nació mi primer hijo y, aunque no tenía aún caravana, cuando el pequeño cumplió los dos meses hicimos la primera excursión con él a Peguerinos (Ávila, en la sierra, cerca de Madrid). Una de las noches rondaron los 10º bajo cero pero, afortunadamente teníamos un buen saco de dormir, cogimos al niño y lo metimos entre mi mujer y yo, y así sobrevivimos. Durante unos meses tuve también un carrotienda, que cambié por una caravana, la cual vendí casi sin usarla porque cometí la locura de mi vida: me construí un camping. Digo «me construí», no «me construyeron», ni «me hice construir», no: ¡me construí! (¡qué pasa!, ¿ustedes nunca han estado locos…?). No pude disfrutar mucho de la caravana porque he estado más de 25 años trabajando de lunes a domingo, muchas más de 10 horas al día. Ahora continúo trabajando duro, pero me he propuesto sacar tiempo para viajar y creo que lo estoy consiguiendo. Por supuesto que no me apartaré del camping, viajaré por Europa de bungalow en bungalow (o sea, de camping en camping) o en autocaravana. Un amigo me ha prestado una buena autocaravana un par de veces, quince días cada vez. La sensación y la experiencia han sido buenas en general —con matices que después describiré— y particularmente rejuvenecedora. El vehículo, muy bien; el habitáculo, bajo: o andas agachado o, como yo, cabeceas techo, armario y demás muebles colgados; tanto, que yo miraba con recelo por si quedaban evidencias del maltrato que mi cabeza había hecho de su autocaravana… Pero lo peor no fue esto, sino las paradas (por lo general en camping, pero alguna vez en parajes extraordinarios, o por cansancio paramos en áreas de descanso). Cuando paras y te agrupas noté que, afortunadamente, aún quedan restos de la extraordinaria cortesía y acogida tradicional del camping, «pero»… Como la primera vez, que en una parada preciosa con la serranía de Ronda de fondo, diez o doce autocaravanas, estupenda noche primaveral, cinco parejas españolas compartiendo merienda-cena a la que después de cenar se unieron dos parejas holandesas y una francesa; les preguntas «¿de dónde sois?», «¿cuánto tiempo hace que tenéis autocaravana?»… Pero, amigo, llega la hora de las profesiones: jubilado, jubilado, informático, impresor, aparejador, y me toca por turno decir la mía: empresario o propietario de camping. Miren, nadie se fue, pero sus caras eran un poema; imagínense que hubieran tirado una enorme bomba


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