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OLVIDOS

DE LA MEMORIA

Antología de textos del Curso de literatura y escritura creativa. Vol. 5 Instituto Cervantes de Dublín (junio 2013)


Coordinación: Patricia García Edición: Patricia García, Vicky Puche, Carmen Sanjulián Ilustraciones de: Alejandro Ferrer Gil Autores de los textos: Mary Crowley, Agnès Girod, Julia Janiszewska, David Mac Maoláin, Seán Ó Fearghail

INSTITUTO CERVANTES DE DUBLÍN Lincoln House - Lincoln Place - Dublin 2 2

Dublín: Febrero 2013


Prólogo

“OLVIDOS DE LA MEMORIA” Antología de textos del Curso de literatura y escritura creativa. Vol. 5 Instituto Cervantes de Dublín (junio 2013) *** En esta quinta edición del Curso de literatura y escritura creativa en el Instituto Cervantes de Dublín os presentamos la selección que los alumnos han realizado de su trabajo. Esta vez, además de contar con la ardua labor de las editoras, Carmen Sanjulián y Vicky Puche, también tenemos el placer de incorporar los extraordinarios dibujos de Alejandro Ferrer Gil. El tema protagonista de este curso ha sido el recuerdo y el olvido. En nuestro recorrido por el paso del tiempo, hemos empezado con el personaje perdido de “La memoria tramposa” de José María Merino. Después nos hemos adentrado en la mente amnésica a través del relato “Ausencia” (Cristina Fernández Cubas) y de Piano Man, noticia real sobre un hombre hallado hace unos en Inglaterra sin datos que identificaran su identidad, más allá de su virtuosidad para tocar el piano. De la amnesia, hemos pasado a la capacidad sobrehumana para el recuerdo de “Funes el memorioso” (Jorge Luis Borges). Salvador Dalí nos ha inquietado con su cuadro “La persistencia de la memoria” y las “Instrucciones para dar cuerda a un reloj” de Julio Cortázar nos han recordado que el ser humano es esclavo del tiempo. En música, Ismael Serrano nos ha cantado el paso del tiempo y los sueños irrealizados en “Papá cuéntame una vez”. Inspirados por el Día del Libro dedicado a Cervantes, hemos construido personajes copiando el principio de Don Quijote de la Mancha. Estos personajes han ido viajando de la mano de los alumnos, quienes han ido añadiendo partes a lo escrito anteriormente por sus compañeros hasta hilvanar una historia. En poesía, nos hemos acercado a Luis Cernuda con “Donde habite el olvido” y Pedro Salinas con su poema “Muertes” indicaba que todo olvido también es muerte. Finalmente, hemos cerrado este ciclo de relatos, pinturas y poemas sobre la memoria con la melodía de “Se me olvidó que te olvidé” (Bebo y El Cigala). Sin duda, este ha sido uno de los temas más complejos trabajados en clase no ha faltado el debate filosófico sobre la (im)posibilidad de la memoria, el pasado y la historia. A continuación, os presentamos nuestro monográfico con la intención de que así estos textos no caigan en el olvido. Patricia García (profesora del curso)

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Índice Ejercicio: “Un recuerdo cotidiano” 1. NO PASÓ NADA (DE LAS CRÓNICAS DE OFICINA), Julia Janiszewska 2. NOS OLVIDAMOS DE MISTER MARSHALL (DE LAS CRÓNICAS DE OFICINA), Julia Janiszewska Ejercicio: “Conversación de padre e hijo” 3. SOLTANDO LA MANO, Seán Ó Fearghail Ejercicio: “La persistencia de la memoria”, Salvador Dalí 4.

PERSISTENCIA DE LA MEMORIA,

David Mac Millan

5. LA ENFERMEDAD FATAL DEL MUNDO, Julia Janiszewska Ejercicio: “La memoria tramposa” 6. CAMINO DE VUELTA, Agnès Girod Ejercicio: “Amnesia” 7. MEMORIA DE ELEFANTE, Agnès Girod 8. EL PIANO MAN, Mary Crowley Ejercicio: “El personaje itinerante” 9. LA PRINCESA (PRIMERA PARTE), David Mac Millan 10. LA PRINCESA (SEGUNDA PARTE), Seán Ó Fearghail 11. LA PRINCESA (TERCERA PARTE), David Mac Millan 12. LA EMPERATRIZ DE PARAGUAY (basado en un texto de Mary Crowley), Seán Ó Fearghail 13. BELLEAME (PRIMERA PARTE), Agnès Girod 14. BELLEAME (SEGUNDA PARTE), Mary Crowley

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EJERCICIO: ESCRITURA LIBRE SOBRE UN RECUERDO COTIDIANO

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NO PASÓ NADA (DE LAS CRÓNICAS DE OFICINA) No pasó nada. No siento nada. Ignoro mis sueños. Olvido de locura maldita cada día. *** Era mi primer trabajo. ¡¿Cómo se puede olvidarlo?! Una fiesta con familia, una con amigos y con enemigos y una para darme la bienvenida como nuevo miembro del departamento. “Tan joven y tiene un trabajo maravilloso. ¡Qué suerte!” – me repetían todos. Y me siento afortunado. El primer día me presentaron a mi jefa, Carmen: una mujer pequeña con mucha energía. Me parecía muy simpática. Un minuto después de estrechar las manos Carmen me dio dos pilas de documentos para leer. Me prometió que discutiríamos cada página y empezamos mi formación. Era mucho para recordar. La misma mañana mi jefa me dio el diario y me pidió que escribiera las fechas de todos nuestros encuentros, un montón de ellos, pero si era necesario… Estaba un poco aturdido pero era “joven” y “afortunado”. Cansado, fui a mi escritorio. Toda la gente estaba muy ocupada. Nadie me preguntó nada. De repente eché de menos a mis amigos de estudios…, pero tenía “un trabajo maravilloso. ¡Qué suerte!” Encencí mi ordenador usando por primera vez la primera contraseña que me dieron. Fui a la página web de mi compañía usando la segunda contraseña, abrí mi cuenta de correo electrónico con la tercera y ya tenía dos e-mails de mi jefa. Uno enviado tres días antes de haber empezado mi trabajo. Dos minutos después y recibí un nuevo correo de Carmen con la lista de asuntos. Cinco minutos después y me preguntó si había tenido oportunidad de hacer lo que me había pedido. “Es normal que me sienta un poco aturdido por los nuevos materiales, el nuevo ambiente, las cosas nuevas, no soy rápido todavía y por eso todo me parece demasiado caótico” – me dio una palmadita en la espalda. Siempre repetía las mismas palabras cuando alguien me preguntaba cómo iba mi “trabajo maravilloso”. “Ya sabes, es normal que me sienta un poco aturdido. Todo es nuevo y no soy suficientemente rápido todavía y por eso todo me parece demasiado caótico.” De encuentro a encuentro, posponiendo reuniones, planeando y llamando para organizar nuevas, me pasé tres meses en mi primer trabajo. Mi jefa corría de su oficina a la mía produciendo documentos y papeles que golpeaban la basura un minuto después de que fueran impresos. Todo tenía que estar acabado inmediatamente. Ella estaba sentada conmigo y al mismo tiempo trabajaba con dos personas más. Pero solo conmigo pasaba muchas

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horas. No podía trabajar solo como otra gente, siempre estaba obligado a trabajar con Carmen. Era dependiente, estaba controlado, sofocado… “Yo puedo trabajar solo. Soy joven y afortunado, no necesito más la ayuda. Déjame en paz” – me gritaba a mí mismo pero era mejor no decir nada. Ese verano era sofocante. Lo recuerdo. El primero así. No estaba bien. Me dolía la cabeza. Mis ojos estaban rojos de fatiga. Pasé nueve meses en mi primer trabajo. Mi jefa me pidió ayuda para imprimir miles de copias. Fuimos juntos a la habitación con fotocopiadora. Era grande. Mi jefa no podía estar en el mismo lugar. Corría por la habitación buscando nuevas tareas, chequeando su correo electrónico e interrogándome cuando planeaba finalizar mi última tarea. Estaba muy mal. Su voz hería mi cabeza. Yo tenía mucho calor. Podría ser fiebre. Mi vista estaba cansada. Pensaba que iba a desmayarme. -

Estoy muy mal. ¿Puede pararse? – dije en voz muy débil.

Se paró pero no acabó de hablar. Comentaba mi estado. Me ordenó que me sentara. No podía escuchar sus órdenes, no podía aguantar más. La cabeza me dolía insoportablemente. De repente la fotocopiadora cayó encima de Carmen quitándole la vida. No sabía qué hacer. Todo ocurrió inesperadamente. Mi cabeza se mantenía con un dolor horrible. La gente de otras oficinas apareció y me preguntó qué pasaba pero no podía lanzar las palabras. Olvidé casi todas. Solo repetía en amok “fue un accidente, fue un accidente”. Todos me creyeron. *** Soy un pobre tipo. Hace diez años que no trabajo. No recuerdo nada. No pasó nada. No siento nada. Ignoro mis sueños. Olvido de locura maldita y de lo que yo hice en el pasado. Nunca voy a regresar al trabajo. Julia Janiszewska

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NOS OLVIDAMOS DE MISTER MARSHALL (DE LAS CRÓNICAS DE OFICINA) Era abril cuando nuestra jefa anunció que iba a auditarnos el Jefe Mayor de los Estados Unidos: un hombre fuerte, exigente, un poco temible. Le llamábamos el Jefe de los Jefes o alternativamente el Dios. Todos sabíamos que iba a visitarnos el primer día de mayo y ese día nadie podía estar de vacaciones. El objetivo de la visita de Dios era “controlar los papeles”. Un minuto después de recibir un correo electrónico de Él nuestra jefa nos llamó. Todos teníamos que participar. La jefa tenía una lista con las tareas y nombres con “quién hace qué”. Teníamos que dejar todos nuestros asuntos previos e imprimir los papeles para el Jefe de los Jefes. El verbo se hizo carne y el colectivo saltó a la fotocopiadora. Imprimimos pilas de papeles, los de la lista presentada por la jefa y los otros que de repente se convirtieron en necesarios. Cada detalle era importante. Recogíamos los documentos en una habitación separada. Mis compañeros y yo teníamos que poner nuestras pilas en un lugar designado, luego cada día aparecían en el escenario dos gerentes que transferían los papeles de pila a pila, después la jefa observaba las pilas con atención. Dos días antes de la llegada más importante del mundo, todos perdíamos el sentido de lo que hacíamos. Mirábamos los edificios de papeles producidos sin comprensión pero creíamos que todos eran indispensables. La vigilia de la llegada trabajamos hasta la noche. Queríamos estar seguros de que todo estaba en orden. Cansados, volvimos a casa. Debido a las muchas horas de trabajo en los últimos días, la mañana de la visita de Dios nadie de mi oficina oyó la alarma del reloj. Nos despertamos demasiado tarde, incluso nuestra jefa. Retrasados y asustados aparecimos en la oficina. Esperamos a Mr. Marshall hasta las cinco de la tarde, pero sin éxito. Fuimos a casa pensando en el pobre Mr. Marshall. Si fue recibido por la puerta cerrada cuando nosotros dormíamos como bebés o si no vino porque no vino. Julia Janiszewska

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EJERCICIO: “CONVERSACIÓN DE PADRE E HIJO” DESPUÉS DE ESCUCHAR LA CANCIÓN DE ISMAEL SERRANO “PAPÁ, CUÉNTAME UNA VEZ”, IMAGINA UNA CONVERSACIÓN ENTRE UN PADRE Y SU HIJO ACERCA DE UN EVENTO PASADO.

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SOLTANDO LA MANO -

Agárrate, te cogeré la mano, digo.

Ha sido un camino más difícil de lo normal, aunque es bien conocido. Esta vez él sugirió tomar este cambio de ruta que no habíamos intentado antes. Siempre yo tenía miedo de no poder hacerlo, miedo de que fuera demasiado escarpado y rocoso. Sin embargo, hasta ahora se ha manejado muy bien. Durante los últimos meses yo podía ver que él tenía más confianza en sí mismo: siempre pedía que yo le mostrara dónde estábamos en el mapa, me preguntaba los nombres de los ríos y riachuelos que podíamos ver en la distancia, siempre quería saber la orientación con la brújula hasta el pico lejano, exigía que fuéramos a nuevos lugares donde nunca habíamos estado antes. Hace dos semanas discrepó conmigo sobre el tiempo que necesitaríamos para llegar al coche, ¡y tenía toda la razón! Comenzaba a preocuparme que quisiera seguir saliendo conmigo después del fin de año. Ya había habido veces en que yo no podía seguirle el ritmo. Sin embargo él nunca está cansado al final del día, a pesar de la longitud o la dificultad del sendero, incluso los días en que yo no puedo hacer más que conducir a casa y adormilarme delante de la televisión. Su habilidad y su energía ahora están casi al mismo nivel que las mías. Además su entusiasmo y su curiosidad exceden los míos, y me parece claro que él quiera aprender más sobre las montañas, más de lo que puedo enseñarle. No obstante tenía solo once años. Hace casi un año su madre dejó de caminar con nosotros, dijo que tenía demasiado trabajo, que tenía que ponerse al día con las tareas de casa, o simplemente que estaba cansada después de unas reuniones que habían durado hasta demasiado tarde. Le dije que tenía que rechazar más (emprender menos) trabajo, aunque en realidad sabía que buscaba excusas para no venir con nosotros. Estas excursiones se le hicieron demasiado difíciles, la dejaban agotada en lugar de restaurada para las mañanas de lunes. Ahora me voy de la misma manera, ¿podré continuar andando con él en algunos meses más? Será un alivio cuando podamos olvidarle algún domingo y cuando nosotros dos, solo yo y su madre, demos una vuelta pausada como solíamos hacer. No tenemos que demostrarnos nada el uno al otro, podremos hacer una parada para una comida campestre relajada cuando haga buen tiempo, o volver a casa temprano cuando haga malo. Podremos parar y tomar una bebida en el camino a casa como hacíamos, y pasar unas horas tranquilas juntos. Eso sería bueno. Pero cuando él venía con nosotros, había siempre la presión incesante de ascender el pico siguiente para ver la vista, para poder decir que habíamos caminado más que la vez anterior, para continuar porque todavía no estábamos cansados. Pero me canso. Hace poco se ha inscrito en un grupo local de niños exploradores que organiza caminatas por las montañas. Caminan por estas y por otras montañas

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y pasan algunos fines de semana acampando, y le he visto estudiando el programa de excursiones. Será genial para él salir con gente nueva, gente joven de su propia edad que nunca se cansa, en lugar de caminar por estas montañas siempre con su padre, cuando puede hablar con ellos como iguales. Con su experiencia, será de gran valor al grupo: en pocas palabras, será un líder y les guiará a lugares que conoce bien. Enseñará algunas de sus habilidades a los miembros jóvenes. Otros miembros del grupo tienen habilidades y conocimientos que podrán compartir con él. Sí, debo animarle a salir con ellos. El último tramo era muy escarpado, tenía que examinar con mucho cuidado donde ponía los pies y al mismo tiempo intentaba mirarle también. Casi tenía miedo de mirar abajo, la altura me daba mareo, además tenía miedo de desplazar piedras hacia él. La última escalada difícil sobre la gran roca en la cima me agotó, en ese momento temí deslizarme hacia el espacio, sin buen sostén para agarrarme en la roca. ¿Tenía él el mismo miedo? Parecía que él, como una cabra, tenía confianza total en los pies y las manos. Nunca debía buscar un lugar para agarrarse, de vez en cuando miraba abajo, a la ruta que habíamos tomado para admirar la vista, miraba de vez en cuando arriba para comprobar que todavía yo estaba allí. ¿Él miraba arriba para confirmar que yo estaba bien? ¡Eso era que no tenía miedo! Estiro el brazo abajo para ayudarle a través de la gran roca, extiendo mi mano y mi brazo todo lo posible. Se estira hacia arriba. Su mano toca la mía, pero entonces continúa hacia una grieta en la roca, a un ancla segura y sólida, más sólida que mi mano, y salta hacia arriba. Le dejo ir. Seán Ó Fearghail

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EJERCICIO: LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA OBSERVA EL CUADRO DEL PINTOR SALVADOR DALÍ, LA PERSISTENCIA DE LA (1931). ¿QUÉ EJERCICIOS DE ESCRITURA CREATIVA SE PODRÍAN ELABORAR? ¿QUÉ TE SUGIERE?

MEMORIA

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PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

El cuadro, como la mayoría del arte moderno, me inquieta bastante. No es de los peores que he visto. Sin embargo, resulta curioso que una simple pintura pueda causar inquietud, si no molestia y ofensa. La representación del tiempo en la forma de los tres relojes no me gusta. Los relojes se han deformado como si hubieran sido calentados. Sus formas se han hecho blandas y siento rechazo a tal imagen. La representación de la persona que está situada debajo de uno de los relojes me gusta aún menos. Me parece grotesca. Su forma está mal puesta y desfigurada. La única parte de la obra que es buena, en mi opinión, son las montañas y el mar al fondo. Quiero escapar de las imágenes del tiempo y de la persona y correr hacia el mar. La necesidad de huir de lo monstruoso de la pintura aumenta mucho por la sequía cercana – la evidencia de la cual es la falta de agua y el árbol muerto – y el mar al fondo – el mar es refrescante en sí y su color azul, tranquilizante. Hablando de lo monstruoso, es interesante leer la definición de esa palabra en el diccionario: que es contrario al orden de la naturaleza, que es feo, que se debe condenar o aborrecer por ser contrario a las leyes de la razón o de la moral. Hay que recordar, además, que fui yo quien elegí esa palabra para describir la parte del cuadro que a mí no me gusta. Así que el cuadro es contrario a mi percepción de lo que es el orden natural y a las leyes de mi razón o de mi moral. Por lo tanto, el cuadro me enseña algo de mí mismo. Me demuestra que yo sentiré rechazo a lo aparentemente no natural y si va en contra de lo más fundamental de mis creencias – las leyes de mi propia razón - ¿qué remedio hay? Habrá que dialogar con el artista y explorar mis propios pensamientos para entenderlo mejor y conocerme a mí mismo a la vez. David Mac Millan

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LA ENFERMEDAD FATAL DEL MUNDO Quieres huir pero la batalla no vale la pena. El enemigo es fuerte, lo único que es seguro. El tiempo pasa por tus manos como el agua: a veces pura, a menudo oscura, pero nunca la misma. Nunca. Deseas captar un momento pero es blando. Se derrite en la memoria, desaparece un segundo después de la aparición. Tu alma quiere gritar pero no tiene fuerza. Está vacía como un árbol sin vida o sin partícula de esperanza. Te sientes como un transeúnte que sin energía cae al suelo y, con su cuerpo en estado de descomposición, yace y espera la inevitable visita del huésped no deseado. Cierras los ojos para evitar la confrontación. Te desilusionas porque no te vaya a notar. Te desilusionas porque no te vaya a tocar. A veces te pones de pie por aburrimiento de la espera. Tú finges que no piensas, no recuerdas, no sabes de qué o de quién se trata. Te metes en las cosas y la gente, buscas distracciones, buenas y malas, pero miras un reloj y otra vez lo miras y ya lo sabes. Ya lo sabes. El tiempo corre y no hay un atleta suficientemente apto para alcanzarlo, entonces renuncias después de un paso. Las cosas, las que no soñaban ni los filósofos, no son para ti. No son para nadie. Paso a paso, exhausto de enfermedad, sacas la mano y agarras la única cosa que existe: el Axioma. Perdiste antes del comienzo del juego. El nacimiento: la enfermedad fatal del mundo. Julia Janiszewska

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EJERCICIO: LA MEMORIA TRAMPOSA SIN CONOCER EL FINAL REAL DEL RELATO, INVENTA UNA CONCLUSIÓN PARA “LA MEMORIA TRAMPOSA” (2004) DE JOSÉ MARÍA MERINO

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CAMINO DE VUELTA El regreso de Marcelo siempre lo alojamos en nuestra memoria como un sueño. Un breve momento en el que se reunió la familia finalmente. Hablar de ese día no podría ser más difícil para nuestra madre. Cada vez, se preguntaba quién era Emilina y, aún más importante, lo que podría haber ocurrido en Australia. Sabíamos que sólo había unos pocos amigos de mi hermano en el momento de dejar este país, pero no conocía a nadie en su nuevo país. Gracias a Internet, hemos tratado de buscar información en el periódico o en las redes sociales. Esta vez, de nuevo, no hubo éxito. La partida de nuestro querido hermano nos dejó con un sabor amargo para todos nosotros. El nombre y la imagen de Marcelo fueron prohibidos en nuestra familia. Días tras días, mes tras mes, el nombre de esta desconocida hermana Emilina parecía un recuerdo lejano. Nadie sería capaz de explicar lo que sucedió ese día en la cabeza de mi hermano. Siempre he querido que la trampa de su mente desapareciera un día y, naturalmente, mi hermano se uniera a nosotros una vez más para disfrutar de un viaje a mi casa. Agnès Girod

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EJERCICIO: AMNESIA ‘PIANO MAN’ FUE UN NÁUFRAGO AMNÉSICO ENCONTRADO EN LAS PLAYAS NADIE, NI ÉL MISMO, SABÍA SU HISTORIA PASADA. BASÁNDOTE EN ESTA INCREÍBLE NOTICIA RECONSTRUYE LA IDENTIDAD DE ESTE PERSONAJE.

INGLESAS.

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MEMORIA DE ELEFANTE Destinatario : Capitán de la Dolce Vita De: Policía de Medway, Inglaterra -

Stop. Al inspector Keith Jones de la policía inglesa de Medway le gustaría tener el archivo de uno de los músicos que participaron en su crucero en el Mediterráneo durante la primavera de 2005, en su programa sobre música clásica. Semanas atrás, un individuo fue encontrado y creímos que podría ser un pianista de uno de sus cruceros. Él no recuerda nada, sólo era un talentoso pianista.

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Stop. La investigación ha sido larga y ha fracasado hasta que su sede en Jersey envió un informe sobre un empleado que desapareció, un músico.

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Stop. Con el fin de comprobar su identidad, a los médicos y a mí nos gustaría tratar de tenerlo de vuelta en su entorno familiar con el fin de provocarle un shock.

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Stop. Esperando saber su repuesta y resolver el misterio de Piano Man.

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Stop. Agnès Girod

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EL PIANO MAN Nació en Finlandia y cuando tenía 11 años su familia se trasladó a Bélgica. Tras sus estudios en la Universidad de Lovaina fue a estudiar música en Viena. Aprovechaba la escena musical de Viena. Se encontraba a gusto en el entorno musical hasta el desafortunado día en que le avisaron de la muerte de sus padres en un accidente. Su alter ego: “El evento trágico te dejó aturdido”. A pesar de que asistió al funeral y tenía el apoyo absoluto de su familia extensa, no podía aceptar que ahora estaba solo. Su alter ego: “Eres hijo único y huérfano” Abandonó sus estudios musicales, no podía concentrarse y estaba totalmente desconcertado. Pasó a formar parte del personal en una agencia de viajes; su tío era el director de la agencia. Su alter ego: “Es difícil motivarte. Solamente reaccionas automáticamente. Te dejas llevar por la corriente la mayor parte del tiempo”. Dentro de poco se hizo patente que no tenía aptitud para la rutina exigente de la empresa y le sugirieron tomar un puesto en un crucero de la misma agencia. Allí le podría ser útil su habilidad de tocar música para entretener a los pasajeros. El puesto era de acompañante de la orquesta. El puesto nuevo le había distraído un rato de la angustia. Sus colegas eran amistosos y sociables. No obstante, los únicos momentos en los que estaba en paz consigo mismo era cuando tocaba el piano. Su alter ego: “Es como si el cielo se hubiera despegado.” Desgraciadamente las horas de tocar el piano estaban limitadas. La vida real le llamaba y le estaba resultando difícil hacerle frente. Su alter ego: “Has adquirido una conciencia de volverte introvertido. Con frecuencia estás hablando solo. No lo puedes remediar”. Tenía unas escenas retrospectivas a su juventud. Eran días y tardes alegres en el jardín de su hogar en Finlandia, donde jugaban con los vecinos y sus primos. Se oía la música por la ventana mientras su mamá practicaba para un concierto. Siempre sonaba el familiar compás de la música. A veces pensaba que no podía con el trabajo y que había perdido contacto con la realidad. Su alter ego: “¡Contrólate!” A pesar de la idoneidad del puesto, decidió desertar. Cuando el crucero atracó en Southampton, desembarcó. Huyó de inmediato y subió al tren para Londres. Todavía no recuerda cómo llegó al hospital en Dartford. Mary Crowley

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EJERCICIO: EL PERSONAJE ITINERANTE EN UN LUGAR DE..., DE CUYO NOMBRE NO QUIERO ACORDARME, VIVÍA... INVÉNTATE UN PERSONAJE COPIANDO EL PRINCIPIO DE

EL QUIJOTE Y PÁSALO A

OTRO ALUMNO PARA QUE SIGA CON SUS AVENTURAS

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LA PRINCESA (PRIMERA PARTE) En un lugar del mundo nuestro, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo vivía una princesa. Ella, siendo mayor de edad, ya había leído todas las novelas necesarias para poder dirigir su futuro reino. La infanta entendía su lugar en el mundo, lo que ella esperaba y lo que se esperaba de ella. Así que mientras ella esperaba el desarrollo de su vida real, como Dios mandaba, decidió viajar por su reino para conocerlo mejor, bueno, si eso fuera posible. Se fue al palacio veraniego con doscientos caballeros, trescientos caballos y la mitad de los cocineros, mayordomos y doncellas de la casa real. Allí, preparaba todo para sus padres, los reyes, para que pudieran pasar el verano juntos. Dado que había un imperativo por el que la familia real debía dar a luz a los futuros reyes del reino, la infanta organizó una cena para el cuerpo diplomático. “Quizás mi futuro marido esté allí”, dijo, hablando consigo misma en el espejo. Su majestad la infanta era muy simpática y cristiana, además. A ella le gustaba dar permiso a sus doncellas para que hablaran “libremente, pero siempre tomando en cuenta las normas y costumbres de la Santa Madre Iglesia”. Un día, antes de la cena con el cuerpo diplomático, paseaba por el jardín. Mientras pensaba en la belleza de la naturaleza, oyó, por casualidad, un comentario de una doncella suya cuando aquella hablaba con uno de sus caballeros de más confianza. “El mundo es injusto” - reclamó la joven. “Un hombre puede ser caballero cuando quiera pero una mujer no puede ser nadie sin el permiso de su padre” - añadió. joven!

La princesa empezó a sentirse fatal. ¡Tanta falta de alegría en alguien tan

David Mac Millan

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LA PRINCESA (SEGUNDA PARTE) De repente las flores perdieron sus aromas, los pájaros dejaron de cantar, ya no veía la belleza de los colores de la naturaleza. Volvió a su habitación, ahora tan oscura y fría, para pensar, pero no podía pensar. Su pasado y su porvenir desaparecieron, para ella dejaron de existir y en su lugar el papel de la princesa le apareció con claridad total. No había nacido para ser feliz, o para complacer a otra gente. Estaba en el mundo para asegurarse de que el poder y el reino de su padre continuaran, o quizás aumentaran, después de su reinado. Su labor era producir un heredero, no para ella, ¡sino para su padre y su marido! Las novelas que había leído no le prepararon para este choque. Había soñando con su príncipe azul, con quien iba a vivir para siempre comiendo perdices. Ahora vio el propósito de la cena para el cuerpo diplomático. Ahora entendía por qué su padre había sugerido que debía celebrar tal fiesta. Entendía claramente por qué su padre le había animado a ir al palacio veraniego con tan gran séquito. De hecho esta excursión había sido sugerida por su padre también. Entendía por qué él, ¡no ella!, quiso que ella ofreciera la gran cena. “Mi futuro marido no estará allí” - espetó, desolada. Sería una actriz en la escena para que todos los diplomáticos la observaran: su aspecto, su confianza, su eficiencia, su discreción al tratar con hombres poderosos, ¡por supuesto, sólo hombres! Enviarían informes detallados a sus propios reyes para valorar la aptitud de la princesa para aparearse con sus príncipes. Después de esos informes y el subsiguiente apareamiento, haría que algún reino extranjero tuviera una alianza más fuerte con su padre, o quizás lucharía contra su padre en una guerra encarnizada. Le recordaba a la cría de caballos de premio. “¡Y yo seré la yegua!” - suspiró entre sollozos. A pesar de ser el único hijo de sus padres la dignidad del reino no estaría en sus manos, sino en las manos de un hombre desconocido hasta ahora, que quizás permaneciera un desconocido incluso después de que fueran unidos en los lazos sagrados del matrimonio. ¿Debía seguir organizando la cena? A pesar del golpe súbito, después de dos días sola en su habitación la conmoción empezaba a desvanecerse y poco a poco recuperaba su determinación. Sí, si eso era su deber, entonces debía hacerlo. Nació para hacer esto y siempre lo supo para sí, aunque nunca lo había admitido a nadie, ni siquiera a ella misma. Se había engañado con sus novelas pero ahora sabía lo que tenía que hacer. “¡Ojalá que hubiera nacido niño!”. Pero su nacimiento había sido voluntad de Dios. Era princesa y su deber estaba claro para ella, lo cumpliría con todas sus habilidades. La cena se llevaría a cabo. Ella haría todo lo necesario. Preguntaría a su confesor, un hombre de muchos años y de mucha sabiduría que ya había sido 24


confesor de sus padres - y sus padres anteriormente - sobre los verdaderos atributos que necesitaría, no sólo por la cena sino por su labor futura también. Sería una fiel princesa y una majestuosa reina aunque, si su papel fuera escondido y ella no fuera el sol, brillaría como la vela más brillante de la noche. Pero eso estaba en el porvenir – “Por el momento habrá una cena, una gran cena digna de alguien que algún día será una gran reina”, afirmó, saliendo de su habitación con paso seguro. Seán Ó Fearghail

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LA PRINCESA (TERCERA PARTE) Aunque había salido de su habitación comprometida en cumplir con su deber, empezó a dudar otra vez cuando oyó por casualidad una conversación entre su madre y su confesor. Fue verdaderamente decepcionante. La princesa había salido de su alcoba para pasear por el jardín. Quería tomar el aire y disfrutar de nuevo el aroma de las flores y la luz del sol. Al ver la belleza de la naturaleza, se dijo a sí misma “ánimo, su majestad, ánimo”. Pero en este momento exacto, oyó la voz de su confesor mientras él hablaba con su madre, la reina: “ánimo, su majestad, ánimo” - dijo él – “todo se resolverá y en muy poco tiempo”. La pobre princesa (si se puede decir tal cosa), enfadada y llorando, se fue del palacio veraniego. Estaba sola, es decir, con solo veinte caballeros y diez doncellas. En poco tiempo, sus padres sabían que su hija, la princesa, había huido. Decidieron actuar. La madre se fue primero para estar con su hija, la princesa. Luego vendría su padre para acompañarles en el viaje al palacio veraniego. No era necesario que la princesa explicara nada. Su madre ya podía ver lo que estaba pasando. Claro, “hace pocos años que nació mi hija” - pensó su madre – “y hace muy poco tiempo que llegó a ser licenciada por la escuela real y poco después, se hizo adulta”. Todo había pasado demasiado rápido y ahora tiempo no había. Su madre le explicó que quería lo mejor para su hija. A la vez, entendía que su hija tendría que tomar las decisiones por sí misma, incluidas algunas decisiones erróneas. “Una de las cosas más seguras del mundo” – dijo – “es que aprendemos de nuestros errores. Equivocarnos es lo más natural de la vida pero el precio de algunas equivocaciones puede ser altísimo, incluso para la gente a tu alrededor”. “Alguien tiene que decirte cuando te equivoques que te has equivocado – añadió – o que te estás equivocando. Por favor, no dudes de que te quiero”. FIN David Mac Millan

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LA EMPERATRIZ DE PARAGUAY [Basado en la biografía de Eliza Lynch (1833-1886) y en un texto de Mary Crowley] No existe bestia tan feroz que no sienta alguna piedad. Pero no siento ninguna, luego no soy una bestia. (Shakespeare, Ricardo III)

No había mucha gente que se diera cuenta de que había muerto. Si hubieran podido celebrar el día de su muerte lo habrían hecho. Pero ¿cómo se debía recordar a tal persona que no dejaba nada atrás salvo muerte y destrucción? No había mucha gente que todavía viviera y que recordara el día de su llegada a Asunción. A todo el mundo se le ordenó presentarse y saludar al hijo mayor del presidente al regresar de su gira por Europa, y todos sabían que sería considerado un insulto si no estaban allí. Todo el mundo sabía las consecuencias de semejante insulto. Ella llegó con Francisco Solana López, con cajas y cajas de ropa y joyas. Él vino con cajas de armas y balas. Ella debía sentirse decepcionada al ver Asunción. Había sido engañada haciéndole creer que Paraguay era el país más poderoso y rico de América del Sur y que Asunción era capital de un gran imperio. ¡Cómo había sido confundida! Asunción no era Paris: no había palacios, ni teatros, ni bibliotecas, ni una alta sociedad. Su casa era el primer edificio de dos plantas en la ciudad, y las calles eran de barro. Sin embargo ella creía que estaba viniendo para ser emperatriz de Paraguay, si no ¿por qué estaba con Francisco Solana López?, un hombre gordo y repulsivo que se enjuagaba la boca con aguardiente todo el tiempo para aliviar el dolor de los dientes podridos negros. La población podía aceptar a la ramera irlandesa mientras que el padre de Francisco todavía era presidente, ella no era una amenaza, simplemente una peineta de oro más entre las otras que Francisco usaba, aunque tuviera una fuerte influencia en él. No obstante Francisco era temido, en particular por cualquier familia con hijas hermosas. Todo el mundo sabía de Pancha Garmendia, quien rechazaba sus avances. Su familia fue torturada y ejecutada, mientras que ella fue enviada a la cárcel y cada día de su vida sufría cincuenta azotes y era violada por los soldados. Ella sobrevivió y la mataron sólo en los últimos días de la guerra. Pero si el pueblo temía a Francisco antes de ser presidente, tenía más razones para temerle - y a ella - después. Él estaba débil, pero ella era fuerte. No pasaba nada contra la voluntad de ella. Entonces la gente no se atrevía a llamarle la ramera irlandesa, ni a su rostro ni en privado. Cada persona era espía, impulsada por el miedo. No había privacidad, incluso en el confesionario los sacerdotes estaban forzados a informar de todas las dudas relacionadas con la infinita sabiduría y justicia del Presidente al obispo Palacios, un sacerdote

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analfabeto que cenaba todas las noches con ella, pero más tarde sería torturado hasta la muerte por orden de ella. Y nadie salió de la cárcel, nunca. Ella pervirtió la mente de Francisco, en realidad no era difícil. Lo convenció de que podía ser emperador de Paraguay y gobernador de toda la América del Sur como un segundo Napoleón. Y creía en ella. Cada hombre era reclutado en el ejército, y muchas mujeres también. Cuando invadió Brasil y luego Argentina, pensaba que por fin se había descubierto el verdadero heredero de Napoleón. ¡Qué equivocado estaba! Los soldados luchaban valientemente, pero no podían ganar: si se retiraban los ejecutaban, si los capturaban sus familiares eran torturados hasta la muerte y sus propiedades eran confiscados por ella. Se dice que al fin de la guerra ella era la mayor propietaria de tierras en América y que tenía un territorio más grande que su tierra natal. Si un soldado resultaba herido, lo dejaba morir, pero si podía andar lo obligaba a seguir luchando. Por lo menos ella era valiente. Se la veía a menudo en el campo de batalla, siempre tomando el control y asegurándose de que nadie dejara de luchar hasta que todos estuvieran muertos. En cuanto a él, era cobarde. El gran Napoleón nunca tomó parte activa en una batalla salvo la última, aunque creía todo lo que ella le decía y que iba a ser el líder más grande en América del Sur. ¿Y por qué no le creía? Nadie se atrevía a decirle algo diferente. El número de personas que se enviaba a la cárcel, los muertos de hambre, torturados, azotados hasta la muerte - o fusilados si tenían suerte - por expresar cualquier duda, era incontable. Incluso al llegar al fin, ella nunca perdía su codicia de poder, incluso después de que todos los hombres se hubieran matado en batalla y el ejército consistía en combatientes de doce años, todavía ella empujaba a Francisco encendido en sus creencias. Mientras que la gente se moría de hambre, su familia seguía cenando los mejores alimentos y champañas, incluso en la retirada última al oeste. Pocos dictadores logran su gran ambición, porque si el país no es capaz de los grandes retos que el dictador exige, entonces no merece existir y debe de ser destruido, al tiempo que las ambiciones del dictador se destruyen. Eliza Lynch logró está ambición. Sin embargo, era casi única pues de entre todos esos dictadores ella misma sobreviviría otros dieciséis años después de la destrucción de su país de adopción y de la gente. Seán Ó Fearghail

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BELLEAME (PRIMERA PARTE) En un lugar de amarguras, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo, vivía una persona sin alma. Esta descripción parecía muy viva, fuera quien fuera el ser humano que no tenía alma, sería una tontería para algunos o una pesadilla para los cristianos. La población de esta insignificante comarca tenía miedo de ella, no solo a causa de su apellido extranjero sino de su apariencia física tan rara. BelleAme era su identidad, pero su piel tan blanca, su delicadez casi cadavérica y su tristeza incrustada en su cara hizo que todos la temieran. Únicamente una mantis religiosa anidaba en su hombro. En la cultura popular, este insecto representa el temor, la muerte o el diablo. Justamente, el aspecto físico de BelleAme y la agresividad de su amuleto de la suerte amplificaban la antipatía entre ella y la gente. Al contrario, BelleAme admiraba a su pequeña amiga, su color verde tan fuerte, su veracidad en matar otros insectos y el vínculo raro que existía entre ella y su raza. Las palabras “relación”, “entrevista”, “amigo”, “amor”, “cortejo” habían sido ocultadas de su vida. Como el Quijote, BelleAme se comunicaba con los molinos de viento y con su fiel compañera: una mantis que una temporada tras otra regresaba de los muertos. Los ojos de un viajero juzgarían este tipo de vida con adjetivos más negativos: inútil, depresiva, sin sentido, absurda. Sin embargo a ella le gusta su vida sin acontecimientos, sin ritmo rápido, sin sorpresas. De hecho, BelleAme vivía al ritmo de las comidas, las estaciones y el calor del pueblo. De piel clara, evitaba al máximo el sol y caminar en las llanuras áridas y secas. Así que prefería permanecer en el refugio de su casa, en particular en su favorito: la biblioteca. Ninguna otra casa tenía una habitación tan elegante, techos altos, molduras, filas de libros puestos en estanterías de madera preciosa, de seguro ébano a causa del color negro de la madera. El tesoro más precioso estaba en esta habitación: libros, cientos, tal vez miles de libros que abarcan siglos de conocimientos, diferentes idiomas y estilos de escritura.

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La historia del mundo se encontraba en una habitación bonita, pero ciertamente nadie se aprovechaba de esta fuente de conocimiento. Los habitantes de la comarca eran hostiles a BelleAme, la veían como una pobre alma que vivía encerrada en su casa. La mantis contribuyó al malestar que había existido desde su llegada. Sin saberlo, deteniéndose a la mirada de BelleAme, el pueblo podría beneficiarse del saber, oculto en esta casa. Todo el mundo en el pueblo vivía en condiciones difíciles, nadie era capaz de mejorar su vida cotidiana. Viviendo en un ambiente solitario, también ignoraba el sufrimiento de sus vecinos. A lo largo de los años, un muro invisible había construido lo que era ahora insalvable. Agnès Girod *** ¿O lo era? Para bien o para mal un evento imprevisto ocurrió en el pueblo. Una noche cuando el calor de la región había llegado a lo más intenso, llegaron las lluvias. Al despertar, el pueblo se dio cuenta de que el río estaba crecido. Algunas de las casas de los vecinos incluso la de BelleAme estaban rodeadas por las inundaciones cuando el río desbordó su cauce. BelleAme se despertó por el hecho de que su casa había quedado aislada por el agua. Se hizo presa del pánico. No sabía qué hacer. Por la ventana abierta gritó pidiendo ayuda. No estaba segura de que alguien la oyera. Esperaba inútilmente mientras el agua subía. Pero la mantis religiosa no podía aguantar más. La corriente del agua llevó una abundancia de insectos. Escapó por la ventana abierta para devorar la “comida suculenta”. ¡Qué horror! BelleAme miró sin poder hacer nada. La inundación tenía demasiada fuerza para la mantis religiosa. BelleAme lanzó un grito de dolor por la desaparición de su pequeña amiga. Desconsolada, regresó a la biblioteca en donde se refugiaba del horror de afuera. Echó un vistazo alrededor: sus adorados libros, la habitación elegante donde había pasado horas incontables, leyendo, documentándose y escribiendo. Todos esos libros no le eran de utilidad en ese momento. Lo que necesitaba era gente, alguien que la ayudara cuando más lo necesitaba. De repente cayó en la cuenta de que no tenía ni un solo amigo en el pueblo, había estado tan absorta en sí misma que les tenía abandonados. Nunca había ayudado a sus vecinos. No creía que eso fuera necesario. Pero ahora, ¿qué haría? ¿Había que resignarse a encontrar la muerte? A pesar de todo, no perdió la calma. Por la ventana podía ver que seguía lloviendo. Ya se había inundado la cocina y el porche. ¿Cuánto tiempo tardaría en llegar a la biblioteca? No se atrevió a calcular. Daba vueltas por la habitación. ¡Si por lo menos tuviera alguien con quien hablar! El griterío de afuera la interrumpió en sus 30


pensamientos. Corrió de prisa hasta la ventana. Reconoció dos de los vecinos en una almadía. Tenían sacos de arena y ofrecieron ponerlos al pie de las puertas. Se lo agradeció mucho y los invitó para tomar algo de beber y de comer. Se lo agradecieron pero rechazaron la invitación. Tenían prisa por ayudar a otros vecinos. En unos días bajaron las inundaciones y todo volvió a la normalidad. BelleAme y los vecinos hicieron una limpieza general. Ella fue a los hogares de sus ayudantes para invitarlos con sus familias a su casa. Preparó una comida sabrosa para ellos. Con timidez entraron los vecinos en la casa de BelleAme. No estaban acostumbrados a tanta grandiosidad. Los niños fueron los primeros en notar la ausencia de la mantis religiosa. Después lo contaron a los padres con impaciencia. Hubo mucho chismoso en el pueblo en los días siguientes. Ese fue el principio de muchas visitas de los vecinos a BelleAme. Ella empezó a tomar parte en la vida del pueblo. Compartió su saber con ellos y les invitó a utilizar la biblioteca con su ayuda. El muro invisible había sido eliminado.

Mary Crowley

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FIN

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Olvidos de la memoria  
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