Los países están avanzando en crecimiento verde, pero se requiere más determinación para integrar las prioridades ambientales en los programas económicos Cuatro años después de la publicación de la Estrategia de crecimiento verde, las administraciones han dado pasos importantes. La mayoría de los países han puesto en práctica medidas para empezar a ponerle precio a la contaminación y a ofrecer incentivos para el uso eficiente de los recursos, como instrumentos tarifarios, medidas regulatorias y subvenciones. En torno a un tercio de los países de la OCDE y algunos de sus países socios han adoptado el marco de indicadores de la Estrategia de crecimiento verde (o lo están haciendo) para evaluar y controlar los avances hacia los objetivos nacionales de crecimiento verde. Hay que seguir insistiendo para integrar como es debido las prioridades ambientales y las económicas. Con vistas a estimular el crecimiento verde, los gobiernos deberían integrar los desafíos ambientales en el proceso de toma de decisiones, vinculando las prioridades de la reforma económica y de la reforma medioambiental en un conjunto de objetivos coherente. Los ministerios de Economía y Finanzas tienen un peso importante en ese sentido. En algunos países ya se han tomado medidas relevantes, como el desarrollo de estrategias de crecimiento verde y la creación de comités interministeriales para coordinar elementos de política de crecimiento verde. En los Estados Unidos, por ejemplo, encontramos varias políticas de crecimiento verde que destacan las ventajas del liderazgo tecnológico, y en China, el 12vo Plan quinquenal plantea asimismo un desarrollo respetuoso con el medio ambiente. Portugal, por su parte, con su Compromiso de crecimiento verde, establece trece objetivos de crecimiento verde que deberán alcanzarse entre 2020 y 2030. En Irlanda, el marco por el desarrollo sostenible se centra en la transición hacia un futuro con capacidad de adaptación ante cambios climáticos, con bajas emisiones de carbono y un uso eficiente de los recursos, y otro ejemplo es la Iniciativa por el Crecimiento Verde del Consejo Nórdico de Ministros, que pretende mejorar la infraestructura de crecimiento verde regional y aumentar el tamaño del mercado. Ahora bien, de momento ningún país ha relacionado exhaustivamente las prioridades de reforma económica y medioamAún queda trabajo por hacer para biental, y la cuantificación sigue siendo un obstáculo considerable: demostrar las oportunidades numerosos países no disponen de datos sobre periodos suficientes económicas y las compensaciones para valorar sus políticas de forma eficaz. del crecimiento verde La valoración de la OCDE desde 2011 constata que la transición es un proceso que sigue activo. Desde 2011 las consideraciones sobre crecimiento verde se han integrado en el asesoramiento estratégico sobre políticas a los países. Los desafíos más claros atañen a la implementación de instrumentos de mercado para ponerle precio a la contaminación y al uso de los recursos naturales; la orientación de los sistemas fiscales para avanzar con el crecimiento verde; el diseño de subvenciones adecuadas desde el punto de vista medioambiental, y la orientación de las políticas sectoriales hacia el crecimiento verde. Al respecto, véase el gráfico 1. Estos desafíos no son exhaustivos y no tienen por qué afectar a todos los países, pero señalan importantes oportunidades para mejorar la eficacia de la política de crecimiento verde en los distintos países. Para avanzar es fundamental conocer las oportunidades y las compensaciones de las políticas de crecimiento verde. Si los gobernantes no tienen claras las oportunidades económicas de la política de medio ambiente —o las posibles repercusiones de los daños ambientales en el crecimiento del PIB—, se hace difícil coordinar las prioridades económicas y medioambientales para establecer objetivos de crecimiento verde. Desde 2011 se ha hecho una labor importante, pero aún queda trabajo por hacer para demostrar las oportunidades económicas del crecimiento verde y la mejora de los resultados ambientales tras la aplicación de políticas específicas. Los gobiernos deberían
huir de las políticas habituales que no tienen en cuenta los costes medioambientales y poner en práctica políticas de crecimiento verde reconociendo que el rendimiento económico y el medioambiental son indisociables a largo plazo, y entender mejor cómo se complementan y se compensan los objetivos económicos y medioambientales, con vistas a diseñar mejor el marco de prioridades de la reforma económica y medioambiental.
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