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15.09.13


Prólogo 24 de mayo de 2003 – Lleida


Una escandalosa noche de mayo, entre risas, conversaciones y celebración, se conocieron dos personas que desconocían, días atrás, que esa fecha iba a marcar un antes y un después en el resto de sus vidas.

Era 24 de Mayo de 2003, y Lleida rebosaba alegría. Parecía que la ciudad se había vestido de fiesta porque intuía que, ese día, iba a ser especial en el calendario de dos personas. Eran las fiestas de primavera de la ciudad catalana y, durante tres días, se celebraba la fiesta del Aplec del Cargol, una fiesta gastronómica reconocida a nivel nacional en la que se consumían hasta más de 12 toneladas de caracoles. El recinto ferial lo conformaban un centenar de peñas compuestas por un total de doce mil peñistas de todas las edades. Desde el viernes por la tarde hasta el domingo, se desarrollaban en la


ciudad una gran cantidad de actividades, muchas de carácter gratuito; desde conciertos hasta exhibiciones de danza y castellers, pasando por concursos o divertidos pasacalles. Una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional.

Y fue en ese ambiente festivo, en el que Marcos y Alicia se conocieron. Marcos estaba en la peña El Puntazo, ya en el momento postcena, cuando entre copa y copa Oscar, su mejor amigo, introdujo a dos nuevas personas en el grupo: Ignacio y Alicia, dos hermanos a quienes les separaban sólo dos primaveras. Él, tenía 27. Ella, 25, la misma edad que Marcos. Alicia había terminado, recientemente, su carrera de derecho. Marcos, también, con la diferencia de que él la había estudiado en Barcelona. Esa coincidencia fue lo que les invitó a continuar la conversación durante toda la noche. Hablaron de sus vidas, de sus metas, de sus sueños, y entre conversación y


conversación, decidieron gastar un poco de su dinero en las ferias. Todo el grupo de Marcos, junto con los dos nuevos inquilinos, se dirigieron hacia el complejo en el que, lo que más destacaba, era la gran novedad que podía apreciarse desde casi cualquier punto de la ciudad: la noria. Decidieron inaugurarla subiendo de dos en dos.

En lo alto de la atracción, ya a altas horas de la madrugada y con unas cuantas copas de más, Marcos se atrevió a besar a Alicia. Su primer beso fue eso: el primero de todos los que vendrían a partir de entonces. Alicia correspondió a Marcos desde el primer momento. Y lo que al principio pensó que quizás podría ser una de las mejores aventuras de su vida, se convirtió en algo mucho más real el día en el que se dio cuenta de que él era la persona que había estado esperando durante tanto tiempo.


Hasta entonces nunca había tenido una pareja oficial, pero Marcos había llegado a su vida para romper toda estadística. Y es que Alicia, se dio cuenta de lo importante que iba a ser ese chico el día en que éste vio la cicatriz que ella tenía en el vientre. Una cicatriz debida a la operación de apéndice que tuvo que sufrir cinco años atrás. Una cicatriz que le había hecho sentir muchos complejos. Sin embargo, cuando Marcos la vio, le dijo que esa cicatriz era marca DESIGUAL, como todo lo que había conocido de ella, puesto que cada nueva cosa que descubría, era única y original. Ese día, y 15 días después de haberle conocido, Alicia supo que Marcos había marcado la diferencia. Lo que había sido una debilidad para Alicia, Marcos lo había convertido en una fortaleza.


Por su parte, Marcos no necesitó 15 días para percatarse de lo que había encontrado. Él lo supo desde el momento en el que sintió deseos de besarla. Y es que Marcos, a pesar de ser un chico muy extrovertido, últimamente, le interesaban muy poco las mujeres. Había pasado por una relación complicada hacía dos años y no se sentía con fuerzas para volver a comenzar nada con ninguna otra chica. Por este motivo, cuando se le removieron las emociones al conocer a Alicia, se dio cuenta de que algo acababa de cambiar en él.

Los años de noviazgo fueron magníficos. Durante los tres primeros se veían siempre que podían. Ambos vivían en casas diferentes y compartían piso con otras personas. Los dos trabajaban como abogados en bufetes distintos. Sin embargo, tras esos tres primeros años decidieron que había llegado el momento de compartir una parte más importante de sus vidas, aquella que tenía que ver con la convivencia. Así que buscaron un piso económico en la ciudad, y allí trasladaron sus


temores, emociones, expectativas, dudas e ilusiones. Una mezcla de emociones encontradas que no hizo más que disiparse en el momento en el que comenzaron a convivir. Los miedos desaparecieron. Habían tomado una buena elección.

Uno de los recuerdos más bonitos que Alicia conservaba de esos años de relación, fue su primer viaje juntos a Nueva York. Se trataba de un sueño que ella había mantenido desde pequeña, un viaje que todavía no había tenido la oportunidad de realizar.

Sin embargo, cuando en su segundo aniversario Marcos le regaló ese viaje, Alicia no pudo contener la emoción. Por fin podría hacer uno de sus sueños realidad, y al lado de la persona que había traído magia a su


vida. Otro de los momentos que, para Alicia fue clave, se produjo a los tres años de noviazgo y poco después de haberse mudado al piso que iba a compartir con Marcos. Estaba muy preocupada porque estaba teniendo un atraso importante en su período y aunque muchas veces habían fantaseado con la posibilidad de, en un futuro no muy lejano, tener hijos, ese todavía no era el momento. La sorpresa fue cuando Marcos, tras hacerse eco de la preocupación de su pareja, llegó a casa con dos regalos: un par de patucos rosa y otro par azul. “Por si es niño, o por si es niña”, añadió Marcos, ilusionado. Alicia no pudo contener las lágrimas. De una preocupación, él había creado una ilusión, una oportunidad. Era único en hacer desaparecer los problemas y en convertir la vida en un viaje muchos más fácil y sencillo. Otro momento memorable fue cuando un 23 de abril Alicia no pudo coger el tren para ir a Barcelona a pasar la diada de Sant Jordi como desde que tenía uso de razón había


hecho. Ese era un día muy señalado que cada año celebraba con especial cariño. El primer 23 de abril que recordaba se remontaba a su infancia cuando su padre la llevó a la ciudad Condal a pasar el día rodeada entre rosas y libros. Sin embargo, llegó un año en el que no pudo coger ese tren. Estaba enferma, en cama, y la fiebre la obligó a quedarse en casa, descansando. No obstante, Marcos se encargó, mientras ésta dormía, de convertir la habitación en la que Alicia reposaba, en una pequeña Barcelona. Llenó la habitación de rosas y la decoró con cartulinas recortadas en las que venían dibujados los edificios y monumentos más importantes de la ciudad. Además, a la sorpresa le añadió un par de libros que le había comprado.

Cuando Alicia despertó, la realidad superaba las expectativas. Fue el mejor Sant Jordi en Barcelona de su vida, y sin haber estado en Barcelona.


Marcos, por su parte, recordaba con emoción el día en el que Alicia, en uno de sus primeros aniversarios, le preparó una yincana por toda la ciudad de Lleida. Pasaron un día estupendo, yendo de un lado al otro, Marcos como detective y Alicia riendo a carcajadas durante todo el día. También recordaba con cariño su viaje a Nueva York. Especialmente el musical que, tras 4 horas de cola para conseguir las entradas, tuvieron la oportunidad de ver en Broadway. Ambos, aficionados a los musicales, habían hablado mil y una veces sobre lo espectacular que sería poder, algún día, asistir a uno en Nueva York. Una fantasía que se hizo realidad en su viaje a la ciudad de los sueños. Y aún más especial para Marcos fue el día en el que descubrió que Alicia quería casarse con él. De hecho, era algo que su novia nunca supo que Marcos había descubierto. Y es que en una lista que Alicia había escrito sobre las 50 cosas que quería hacer antes de


morir, una de ellas era casarse con su novio. Y Marcos, que había ido adrede a curiosear sus secretos para poder hacer alguno de ellos realidad, fue quien recibió la mayor de las sorpresas.

Era 26 de mayo de 2012 y Marcos había insistido en subir a la misma noria en la que sólo habían subido juntos en una ocasión anterior: el día en que se conocieron. Eran las fiestas de Lleida y, debido a la fiesta gastronómica del Aplec del Cargol, había colas y ajetreo en cada parte de la zona. Estaban en lo alto de la noria cuando, de repente, ésta se detuvo. Marcos y Alicia quedaron en lo alto y antes de que Alicia pudiera preguntarse qué sucedía, el gesto pícaro de su novio le avanzó que eso tenía algo que ver con él. “Mira hacia abajo” le dijo Marcos “y observa lo pequeño que es todo”. Marcos continuó: -A pesar de ser todos tan pequeños, tan ínfimos y poca cosa, tú me has hecho sentir la persona más grande del planeta. Y, por esto, quiero estar con la persona que multiplica por cien cualquier alegría y felicidad, y así poder devolverle lo mismo.


A continuación, Marcos sacó de su bolsillo un pequeño estuche azul marino y lo abrió ante Alicia. En su interior, había un anillo. -Alicia, ¿quieres casarte conmigo?


Cuatro gotas de lluvia 18:00 pm


Lo que al principio parecía una recreación de su sueño anterior, parecía estar convirtiéndose en una broma del destino. O eso, es lo que pensó Alicia en el momento en el que los calurosos rayos de Sol que azotaban la ventana de su habitación unos segundos atrás, comenzaron a transformarse en gotas de lluvia amenazando derrumbar sus ánimos. No obstante, tras unos 10 minutos de reflexión en los cuales pasó desde la desesperación a la calma, decidió que nada ni nadie iba a entorpecer uno de los días más esperados en la historia de su vida. Y ya que el día se había dignado a llegar, cuatro gotas de lluvia no iban a tirar tanto esfuerzo e ilusión por tierra. Alicia se dirigió hacia la mesita de noche en la que su móvil descansaba plácidamente, cosa poco habitual en el teléfono de Alicia. Sin embargo, parecía que ese domingo 15 de septiembre de 2013 todos se habían puesto de acuerdo en no molestarla. No obstante, su sorpresa llegó cuando vislumbró un leve parpadeo en su fiel acompañante que indicaba haber recibido un mensaje.


Desbloqueó su teléfono y abrió el mensaje recibido. “¿Qué son cuatro gotas de lluvia comparadas con el día más feliz de nuestras vidas?” Alicia se esforzó por que esas cuatro gotas de las que hablaba en el mensaje no rodaran pero por sus mejillas. Siempre estaba en todo. No sabía cómo ni por qué, pero con él, había encontrado la última pieza de su puzle. Sin saber si lo merecía, sin saber si lo había buscado, había encontrado ese príncipe azul del que todos hablaban. Ese príncipe en el que tantas personas habían dejado de creer. Ese príncipe, al que tantas personas intentaban manchar. Pues existía, lo había encontrado y, lo mejor, era que lo tenía a su lado.

Siempre conseguía intuir sus pensamientos, sus preocupaciones y cualquier atisbo de emoción que no se atrevía a expresar con claridad.


Allí estaba él para hacer claro lo difuso, y para convertir en fácil lo complicado. Intuyó que Marcos estaría en casa de sus padres, ultimando los detalles finales, y a punto de salir con su madre hacia la finca. Sus pensamientos no lograban imaginar con nitidez a su novio. No tenía ni idea de qué tipo de traje había escogido y de cómo éste iba a lucir en el cuerpo de su futuro marido. Había soñado con ese momento mil y una veces, pero ahora que la realidad se acercaba para triunfar sobre sus sueños, estaba tan emocionada que era incapaz de imaginarse como “esposa de”.


Un viaje en familia 18:50 pm


Cogió la mano de Ignacio, el mismo al que unos días antes Marcos y ella habían bautizado como chófer. No había mejor conductor que él y tampoco mejor hermano. Y es que Ignacio era el hermano de Alicia, y tampoco se le había ocurrido mejor idea que la de que él fuese quien la acompañase, junto a su padre, hasta el lugar que iba a provocar una importante diferencia no sólo en sus DNI’s, sino en el resto de sus vidas. Ignacio ayudó a padre e hija a salir del coche nupcial, un Citroën negro traction avant, uno de esos coches a los que les encaja a la perfección la palabra “carroza”, y los que por su fachada e historia, visten de elegancia cualquier ocasión en la éstos están presentes.

Un

coche

revestido

tímidamente de adornos florales que durante el trayecto se habían atrevido a ondear toda la felicidad de los pasajeros al viento.


Alicia plantó su zapato de tacón de 13 centímetros en el asfalto. Esos zapatos forrados con cuero blanco y elegante lacito central que temía no soportaran todas las horas que aún le quedaban por delante. Pero la ocasión merecía cualquier molestia, dolor o incluso herida posterior. Delante de sus ojos asomaba el amplio terreno convertido en un hermoso jardín, por el cual ya todos los invitados habrían pasado para dirigirse a la capilla de la que disponía la finca.

La finca Prats, ubicada en los alrededores de la ciudad catalana de Lleida. La finca en la que Marcos y Alicia celebraron su primer fin de año juntos en compañía de unos amigos. La finca que iba a ser testigo del día de su boda.


Ésta cogió a su padre del brazo, quien lucía un sastre clásico negro, acompañado de una camisa blanca y una corbata de seda tono pastel. El estilo en la vestimenta de su padre hizo que Alicia tuviera su primera pista de cómo iba a ir vestido su marido. -¿Estás preparada? –preguntó Juan, su padre. Alicia asintió, entre nerviosa y emocionada. Juan le hizo un gesto a Ignacio, el hermano de la novia, para que éste abandonara el lugar donde habían dejado el coche y donde padrino y novia esperaban el momento de entrar por la puerta de la capilla de la finca. Ignacio pasó sus dedos entre los mechones rubios de pelo que le caían por encima de los ojos, respiró hondo y se despidió con un leve saludo y una sonrisita nerviosa que dirigió, especialmente, a su hermana. Una sonrisa que pretendía transmitirle a Alicia sus mejores deseos para ese momento tan especial.


Cuando Juan y Alicia vieron desaparecer el traje de Ignacio por la puerta, miraron el reloj al unĂ­sono y las 19.00 de sus relojes marcaban el gran momento.

El momento en el que la novia tenĂ­a que entrar por la puerta de la capilla. El verdadero inicio del gran momento. El principio del resto de su vida como, oficialmente, la esposa de su marido.


Canon en Re de Pachelbel 19:00 pm


Marcos clavó los ojos en Alicia al mismo tiempo que los músicos comenzaban a tocar el Canon de Pachelbel. Alicia, del brazo de su padre, comenzaba a avanzar lentamente hacia él atravesando con elegancia el presbiterio, la nave de la amplia capilla. La novia, a su lado, dejaba el rastro de los suspiros de asombro de los invitados, quienes la miraban embelesados. Marcos contuvo las lágrimas, y a medida que Alicia se iba acercando, contempló con el tiempo que le sobraba cada detalle de su cuerpo, cada detalle del vestido que ésta había decidido lucir para él, para el gran día. Y al ritmo de la delicada melodía que sonaba, observó esos ojos verde esmeralda y esos labios rosados maquillados con sutileza para transmitir la naturalidad que tan bien le sentaba. Un par de mechones castaños ondulados caían del recogido que llevaba. Un recogido que sostenía un precioso velo de tul que se fundía con la larga cola del vestido.


El vestido, por su parte, tal y como a él le gustaban. Sencillos. Un vestido blanco de tela de encaje, largo, y con un escote al que, por ella, sabía que le llamaban corazón. Los únicos detalles que en ese vestido marcaban la diferencia eran los bordados que, a veces, se confundían con los del velo.

Un envoltorio precioso para una novia de cuento. Un vestido que no necesitaba más espectacularidades porque lo extraordinario iba dentro de él. Alicia iba acercándose al altar, caminando y dejando a ambos lados los bancos de la capilla, los cuales estaban adornados con ramilletes de flores decorados con follaje verde. La decoración floral iba en sintonía con el ramo que su novia llevaba. Un ramo estilo bouquet con rosas rosas, blancas y lilas. Una mezcla de colores pálidos en el ramo y en la decoración floral de la capilla que le daba a la ceremonia un aire clásico y romántico.


Marcos observó cómo Alicia llegaba hasta el altar, y cómo el padrino quedaba de pie al lado de su novia. Ya estaban todos. Juan, Alicia, Marcos y Raquel. Y es que a pesar de que los trámites oficiales de su enlace religioso se habían llevado a cabo un día antes en la iglesia y sin ceremonia, Marcos y Alicia habían decidido celebrar el día de su boda en la capilla de esa finca, pues de ese modo se les había permitido personalizar mejor ese importante evento. -Estás preciosa. –le dijo Marcos a Alicia, en voz baja.


Marcos y Alicia se miraron antes de que el oficiante comenzara. En esa mirada, sólo ellos podían comprender el significado que se escondía en lo que no se decían.


Un nudo en la garganta 19:15 pm


Clara, la hermana de Alicia, cogió aire, dejó un pañuelo al alcance de su mano, y comenzó a leer el texto que había preparado para la ocasión. -Hoy es un día muy especial para mí, porque la persona que siempre ha sido la referencia de mi vida, se casa. […] Estoy tranquila porque tengo total seguridad de que la elección de los dos es la acertada. […] Durante mis 25 años de vida he visto a pocas parejas quererse como lo hacen ellos. […] Hoy quiero deciros, Marcos, Alicia, que cuidéis lo que lleváis cuidando desde hace 10 años. Que continuéis poniéndole las mismas ganas, el mismo amor y cariño que le habéis puesto hasta ahora. […] Que sois un ejemplo para todos, y que toda la familia está muy orgullosa de cada paso que habéis dado. […] Y a ti, Alicia, mi eterna hermana mayor, sólo quiero darte las gracias por todo lo que me has enseñado, y por lo mucho que siempre me has querido. Te querré siempre. […] Os deseo mucha felicidad uno al lado del otro. A Alicia le resbalaban las lágrimas por las mejillas, y a su hermana también. Cruzaron una intensa mirada de complicidad y agradecimiento, y a medida que Clara, con su


bronceado de verano, su vestido violeta y sus zapatos plateados se reubicaba en uno de los bancos de la capilla, la música acompañó ese dulce momento para enmarcarlo mejor en la memoria de los presentes. Tras la lectura y la explicación de los textos bíblicos del Antiguo Testamento, de las Cartas apostólicas y del Evangelio, el oficiante dio paso a la celebración del matrimonio, momento en el que todos los presentes se pusieron en pie. Y, tras preguntar a los novios si su decisión de contraer matrimonio era libre, se comenzó con los votos matrimoniales, momento en el cual Marcos y Alicia unieron sus manos. -Marcos, ¿quieres recibir a Alicia como esposa y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?


A Marcos se le hizo un nudo en la garganta. Observó a Alicia, quien recibió su nerviosismo con otra sonrisa nerviosa y con un brillo en los ojos que delataba las lágrimas que se estaba aguantando. Un carraspeo resonó en la capilla. El padre de Marcos se estaba esforzando por contener la emoción desde el banco. La madrina, situada al lado de Marcos, ya había hecho uso del pañuelo y esperaba impaciente la respuesta de su hijo.

-Sí, quiero. –sentenció Marcos, clavando sus ojos en la mujer más bonita que existía en su vida. -Alicia, ¿quieres recibir a Marcos como esposo y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

-Sí, quiero. –dijo Alicia.


Otro primer beso 19:45 pm


-Alicia, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti. A continuación, Marcos colocó el anillo en el dedo angular de la mano izquierda de Alicia. -Marcos, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti. Tras la entrega de las arras, la oración de los fieles y la bendición de los esposos, rezaron el Padrenuestro que acercaba la ceremonia a su final.

-Puedes besar a la novia. –dijo el oficiante. Marcos y Alicia se fundieron en un beso. En uno de aquellos a los que ya estaban acostumbrados. Uno de los tantos que se habían dado ya. Pero esta vez, el beso sabía a algo diferente.


Y es que era un beso que sellaba una ceremonia. Un beso que sellaba un “para siempre�.


El primer brindis 19:50 pm


Marcos apretó con fuerza la mano de su mujer. Acababan de estrenar, no sólo sus vestidos, sino también dos palabras “marido” y “mujer”. Los invitados, tras la última bendición en la capilla, habían salido con prisa de ésta para esperar a la pareja fuera. Y es que cuando los novios salieron, todos los presentes comenzaron a tirar al cielo pétalos de rosas rosa, que además iban a juego con el ramo de la novia.

-¡Vivan los novios! –vitoreaban. El cielo azul –pues ya no quedaba rastro alguno de las nubes que provocaron esas “cuatro gotas de lluvia”- se cubrió de pétalos que caían incesantemente entre Marcos y Alicia, quienes se cubrían tímidamente las cabezas al mismo tiempo que disfrutaban, sonrientes, de ese momento.


Algunos de los invitados les sacaban fotos, otros se las hacían con ellos y, mientras tanto, la cita con el fotógrafo les estaba esperando. Alicia, feliz, observó lo guapo que estaba su marido, con un traje negro, clásico también, camisa blanca de seda, un chaleco liso y un ramillete parecido al que ya le había visto a su padre. Se fijó también en los zapatos de punta y de cordones que calzaba su esposo.

-Estás guapísimo. –le dijo Alicia, entre foto y foto y cientos de pétalos de rosas cayendo por sus cabezas. -Te quiero. –contestó Marcos, mirándola encantado. Unos minutos más tarde, los novios se encontraban ya con el fotógrafo, quien estaba dispuesto a ampliar el repertorio de imágenes de las que ya disponía. Las fotos iba a sacarlas en los diferentes espacios que los jardines de la finca tenía, mientras los


invitados disfrutaban un cóctel antes de entrar en el recinto en otro espacio del jardín habilitado para ellos. Eran las 20.00 y el tiempo, finalmente, se había portado bien. Comenzaba el Sol a despedirse y se notaba en la piel la frescura con la que se anticipaba el final del verano. Ese fresco que provocaba que las invitadas fueran a sus coches a buscar ligeras y elegantes chaquetitas y, las que ya lo llevaban, se abrigaran con el chal. Unas cuantas mesas adornaban el exterior de la finca, tentando el paladar de los invitados para que éstos probaran los aperitivos que se ofrecían. Entre ellos había pan relleno con sorpresa, canapés, crudités y hojaldres al horno. Para beber se ofrecía cava, bebidas con alcohol, zumos, refrescos y, también, agua con y sin gas. La abuela de Marcos, la señora Dolores, recibía la ayuda de la madrina Esperanza, quien la ayudaba a coger asiento en una de las sillas del jardín. A sus 88 años le costaba mantenerse en pie más de lo necesario. Madre e hija, ambas vestidas de azul, hablaban


cariñosamente mientras la madrina le acercaba algún tentempié. Intercambiaban impresiones acerca del lugar y acerca de la ceremonia. Esperanza, le dio un beso a la abuela Dolores, y la emoción de Dolores terminó en lágrimas, seguramente de felicidad. Y es que Marcos era el único nieto de Dolores, y también el único hijo de Esperanza. Era el niño de los ojos de esa parte de la familia. Además, según decían, siempre había sido muy buen chico. Muy buen estudiante y, finalmente, muy buen abogado. Era el orgullo de la familia y se les llenaba la boca de halagos. Mientras tanto, el padre de Marcos –David- se encontraba brindando con los padres de Alicia. David, Juan y María bebieron un sorbo de cava a la salud de los recién casados. La música jazz que la pareja había escogido para el “momento cóctel” añadía al escenario un toque elegante y tranquilo a esa instantánea.


-¿Y cómo se conocieron? –preguntó la dulce voz de una niña de 15 años, en otra parte del jardín. Era la sobrina de Alicia. Esa pequeña muñequita con lacitos que aguantaban ricitos de oro se llamaba Amanecer, y llevaba un vestido rosa con zapatitos blancos. Era la hija del hermano de Alicia –Ignacio- y su mujer –Ana-. Ignacio y Ana intercambiaron miradas, divertidos, e Ignacio respondió: -Pregúntaselo después a la tita Ali. La música jazz se iba apagando a medida que los invitados comenzaban a ponerse de acuerdo para ir entrando en el salón de la finca donde iba a tener lugar el banquete. No obstante, antes que los familiares más cercanos de los protagonistas del día desaparecieran por esa puerta, el fotógrafo aprovechó el último momento fuera en el que observó a Marco


Tú serás para mí 21:00 pm


El salón era amplio y con capacidad para 200 personas. No obstante, los invitados de su boda sólo alcanzaban la mitad. Por ello, la distribución de las mesas redondas en el espacio disponible fue más fácil, y entre mesa y mesa había suficiente espacio para que invitados y camareros se movieran con facilidad. El lugar del banquete tenía forma rectangular, las paredes eran blancas y la luz, en esos momentos, comenzó a atenuarse alrededor de los invitados, para centrar la atención en uno de los focos de luz que alumbraban la puerta principal de entrada en el salón. Las voces se fueron apagando hasta que sólo unos cuantos murmullos resultaban audibles. Y, por fin, cuando se hizo el silencio y todo el mundo permanecía expectante a la entrada, sucedió. Marcos hizo su entrada en el salón al ritmo de una canción que a todos les resultaba familiar. Luciendo unas gafas de sol y sin la chaqueta del traje, comenzó a mover las caderas siguiendo el compás de “Tú serás para mí” la versión en español de la mítica


“You’re the One that I Want”, de Grease. Y, cuando la letra comenzó a sonar, Marcos empezó a mover sus labios efectuando el playback que tantas veces había ensayado.

“No lo ves, te estoy esperando. He perdido el control. Un calor me está quemando. ¡Me está electrizando! ¡Woow!” Marcos tiró al suelo una servilleta de tela que llevaba en la mano y con la que se ayudaba para acompañar sus movimientos seductores de cadera. Y, a medida que se iba acercando al centro del salón, iba girando su cintura para centrarse, de nuevo en la entrada principal. Movía su pie derecho derecha-izquierda, siguiendo el ritmo de la canción. Los invitados le animaban y aplaudían.


“Despídete ya, y resígnate, ¡porque no te escaparás! Despídete ya, muchacho, ¡entérate! ¡Yo no pienso fingir más!” Alicia hizo la segunda entrada triunfal del momento, también con gafas de Sol. Pero ésta, además, llevaba un complemento diferente: ¡una chupa de cuero! La novia iba acercándose al novio, seductora, divertida, y bailando también al ritmo de Grease, a medida que el novio iba retrocediendo. El baile que en tantas ocasiones todos habían visto en televisión o en un musical, esta vez, se reproducía en el Salón de la finca Prats.

“Tú serás para mí. (Tú serás para mí) Ooh oh oh. Nena” Los invitados, tras los primeros segundos y las primeras sorpresas de esa noche, comenzaron a animarse, a levantarse de sus sillas y a bailar también desde sus puestos. Otros daban palmas siguiendo el ritmo de la canción.


“Si tu amor es sincero, no te eches atrás. Aquí estoy, yo te espero. Ya verás.” “Voy a despertar, me resignaré.” “Resígnate, porque no te escaparás.” “Esta vez sí, es de verdad.” “Tú serás para mí. (Tú serás para mí) Ooh oh oh. Nena.” “Te quiero a ti, y sólo a ti.” En el último momento una sorpresa más se añadió al baile. Unos cuantos amigos en común de la pareja se colocaron detrás de Marcos y Alicia y todos, al unísono,


terminaron la canción con los mismos movimientos. Chicos y chicas emparejados, cada uno con su pareja correspondiente. Ellos, chulescos. Ellas, seductoras.

“¡TÚ SERÁS PARA MÍ!” La canción terminó, y los invitados comenzaron a aplaudir estrepitosamente. Marcos y Alicia se fundieron en un beso, y los amigos se abrazaban y chocaban palmas entre ellos. ¡Les había salido redondo!


Dale al play 21:05 pm


Entre aplausos se dirigieron hacia la mesa presidencial, y allĂ­, de pie y con la mesa a sus espaldas, se colocaron frente a todos los invitados. Dos personas del catering se acercaron a ellos, una mujer sosteniendo una bandeja circular con dos copas vacĂ­as, y un hombre con una botella de champan para servirles.

Las cĂĄmaras de los invitados se preparaban de nuevo, el fotĂłgrafo se camuflaba alrededor de la pareja, y muchos de los presentes silbaban, vitoreaban y expresaban su alegrĂ­a.

Marcos y Alicia se miraron, entrelazaron sus brazos y bebieron el champan de las copas que acababan de servirles. Sellaron el momento con un beso y con los aplausos de la gente.


Los padres de ambos esperaban de pie tras las sillas de la mesa presidencial. Una mesa rectangular, situada al fondo del Salón, y visible para todos los invitados. Once mesas redondas ataviadas con manteles blancos llenaban el lugar. Para romper el color blanco que bañaba el lugar en el color de las paredes y los manteles, los lazos de las fundas blancas que cubrían las sillas eran de color rosa pastel. Por otra parte, en el centro de cada mesa se elevaban tres globos blancos, sujetados en su base gracias a un pequeño tiesto relleno de piedrecitas que combinaban diferentes tonos negros y grisáceos. Como toque final de color, en el plato de cada comensal se encontraba la servilleta enrollada y recogida con un lazo de cuerda natural al que iba enlazada una pequeña flor de un color rosa un poco más intenso que el color pastel de los lazos de las sillas. Un contraste original de colores que no acababa en las mesas de los invitados, sino que se intensificaba en la mesa presidencial. En ésta la decoración principal a la vista recaía


en una combinación de velas blancas, pompones de flores frescas -también blancas- y pétalos blancos y rosa esparcidos por la mesa. Sus sillas también contaban con una decoración distinta, pues en lugar de lazos había telas rosa pastel que llegaban hasta el suelo y de las que colgaba un cartelito de madera rústico en el que ponía el nombre de cada uno de sus comensales. De izquierda a derecha, en la mesa presidencial, se sentaban David, Esperanza, Marcos, Alicia, Juan y María. Una vez sentados, Alicia echó un rápido vistazo al salón para ubicar a la gente. Sin embargo, se vio interrumpida por los invitados, quienes comenzaron a reclamar un beso de los novios. -¡Que se besen! ¡Que se besen! Marcos y Alicia se dieron un tímido beso, entre sonrisa y sonrisa, y los invitados aplaudieron. Pero fue Marcos quien, de repente, gritó un:


-¡Viva la novia! A lo que Alicia, rápidamente, añadió:

-¡Viva el novio! Toda la sala respondió con un alegre “¡Viva!” acompañado de más aplausos. Tras dos o tres minutos de espera, cuando ya la gente estaba inmersa en conversaciones con sus vecinos de mesa, los camareros comenzaron a sacar los primeros platos. Los del aperitivo. Éste estaba compuesto por verbena de ibéricos de Güijuelo, fileteado de jamón serrano de bodega, carpaccio de salmón y bacalao y, por último, acompañamiento de pan tostado caliente.


Entre degustación y picoteo, los recién casados intercambiaban muestras de cariño. Además, se percibían las emocionantes miradas de emoción y complicidad entre padres e hijos. La emoción de unos padres orgullosos, satisfechos y tranquilos por la decisión que sus hijos acababan de tomar. Tras el aperitivo y las tapas calientes, el maître se acercó a los novios y éstos desaparecieron con él hasta la entrada de la cocina. Al cabo de unos minutos, Marcos y Alicia aparecieron de nuevo con una cajita. Se dirigieron hacia la zona de la mesa presidencial y, con gestos, hicieron salir a todos los padres. Fue entre la madrina y el padrino quienes desenvolvieron el papel de regalo de la cajita que en su interior guardaba un mando. -Cuando queráis, tenéis que darle al PLAY y mirar hacia allí. –dijo Alicia, señalándoles el botón y, a continuación, el lugar al que tenían que prestar atención.


Cerca de la mesa presidencial, en una esquina, se alzaba una cortina blanca que, hasta entonces, había pasado desapercibida por su función decorativa. Sin embargo, ésta albergaba otra función en ese día. Los padres de los novios los miraron sorprendidos, y los invitados comenzaban a moverse en sus sillas nerviosos, expectantes. Todos lanzaban sus miradas hacia el mismo lugar, esperando a que alguno de los padres, diese al PLAY. Cuando pulsaron el botón, la luz del salón se atenuó y en la cortina blanca comenzó a desfilar una sucesión de imágenes y la música empezó a sonar. Fotografías intercaladas de una pareja y de la otra. Fotografías en las que se recogían sus historias de amor. Fotos que habían rebuscado entre las memorias de cada uno de ellos, y ahora invitaban a recordar algunos de los mejores momentos de sus vidas. Imágenes que recorrían desde sus primeros días juntos hasta la actualidad. Fotografías de pareja, en familia, de viaje, en restaurantes, etc. No se salvaba ninguna de sus épocas vividas, como tampoco ningún momento especial o anecdótico vivido en cada una de esas dos familias. Dos


minutos de fotografías y canciones ambientaron el salón, y con cada “Ooooh” de los invitados, a alguno de los padres se le perdía una lágrima. La presentación del vídeo terminó con el siguiente párrafo:

“Gracias por cada aliento en el camino, por haber allanado todas las dificultades, por haber dulcificado nuestros fracasos y haber aplaudido nuestros triunfos. Gracias por ser los mejores testigos de nuestro amor y por formar parte de nuestra felicidad. Nosotros, podíamos haber sido mejores, pero no nuestros padres.” Y a medida que el párrafo iba desapareciendo, comenzó a sonar la canción de los Pecos, “Madre”.


I’ll be there for you 22:15 pm


A María y Esperanza no les dio tiempo a secarse las lágrimas por el vídeo que acababan de ver, ya que Alicia aprovechó ese tiempo para ir a recoger otra sorpresa que tenía preparada especialmente para ellas.

“Madre, quisiera conseguir en esta tarde las fuerzas necesarias para darte los años que luchaste para mí.” Y mientras la canción de los Pecos sonaba, las luces volvieron a su posición y la oscuridad del Salón desapareció. Alicia avanzaba hacia su madre y hacia la de Marcos con dos ramos muy parecidos al que había lucido ella durante la ceremonia. Dos ramos que tenían menor tamaño al original, pero que causaban una impresión similar. Alicia se fundió en un abrazo con ambas, quienes emocionadísimas no podían dejar de llorar. Un abrazo que se alargó unos segundos más cuando los brazos fueron los de su madre. -Y también hay para vosotros. –dijo Alicia sonriendo, dirigiéndose a los padres. A continuación, hizo un gesto a Marcos para que éste diera el siguiente paso.


Marcos, de sus espaldas, sacó los dos presentes que estaba escondiendo. Dos botellas de vino de reserva con una funda de saco en la que iba bordada la fecha de la boda. Los padres estaban muy emocionados también, y les dieron las gracias a la pareja por ese detalle. El fotógrafo enmarcó el momento tomando una fotografía. Volvieron todos a la mesa presidencial, tomaron asiento, y entre los aplausos de la gente y la canción que iba apagándose, los camareros reaparecieron para iniciar un siguiente capítulo en la carta del menú. Traían gambas frescas hervidas y gambas frescas a la plancha, para compartir entre todos los comensales. Alicia observó a su alrededor. Todas aquellas personas importantes en su vida y en la de Marcos juntas. Familiares y amigos, todos unidos para celebrar lo mismo. La unión oficial de dos personas que habían decidido comprometerse a pasar el resto de sus vidas uno al lado del otro. Un evento formal lleno de sorpresas que primaban antes que


el protocolo. No podía contener su emoción ni mantener sus lágrimas a raya al contemplar esa estampa. Y es que las lágrimas estaban tomando mucho protagonismo en su día. Pero la importancia y el significado de lo que estaba sucediendo, y las emociones con las que vivían cada momento, no podían desenlazar de forma diferente. Eran lágrimas de felicidad y satisfacción. Eran sensaciones incontrolables, que sobrepasaban los límites en los que las emociones solían mantenerse reprimidas.

El día de su boda, todo reposaba a flor de piel. El ir y venir de los camareros interrumpió ese momento. Éstos servían marisco incesantemente a cada mesa en la que las cáscaras superaban lo aún comestible. Los comensales parecían disfrutar, y los novios lo hacían aún más viendo a sus seres queridos satisfechos con las elecciones de los novios.


Cuando ya llevaban más de 15 minutos concentrados pelando cáscaras, la luz volvió a atenuarse y, esta vez, fueron los novios quienes intercambiaron

una mirada de

sorpresa. Se dieron cuenta de que había muchas sillas vacías en el salón y que ni si quiera se habían percatado mientras comían. No les dio demasiado tiempo a pensar en el motivo, puesto que el espacio se llenó de luces de colores que se intercambiaban entre unas y otras a modo de sala de discoteca.

I’ll be there for you, la banda sonora de Friends, interpretada por The Rembrandts comenzó a sonar. Esta vez la sorpresa iba especialmente dirigida a la novia. Los amigos y amigas más íntimos de Alicia, incluso los que entre ellos no se conocían, se habían puesto de acuerdo para coordinar ese momento y poder convertirlo en algo inesperado y emocionante.


Alicia se puso en pie, boquiabierta. Pablo, su mejor amigo de la Universidad de Derecho. Marta, su mejor amiga de toda la vida. Cristina, otra de sus mejores amigas de Lleida. Sus amigas del colegio y con las que aún compartía trozos de su vida, Anna y Belén. Las del trabajo, Montse y Paula. Sus amigos del Erasmus, el que quedaba ya tan lejos, Inés, Joaquín, Sebas, Míriam, Lucía y Diego. Fueron apareciendo poco a poco desde la puerta principal del Salón. Al ritmo de la canción y con muy divertidas coreografías, iban entrando uno por uno. Todos sujetaban algún objeto. Alicia, riendo y aplaudiendo, fue recibiendo a todos los que iban llegando hasta su mesa, con grandes abrazos y calurosos besos. Alicia desprendía felicidad y sus amigos también. Dejaron los objetos encima de la mesa, y con la música aún sonando y los


invitados dando palmas, la novia salió de su sitio y se colocó junto a todos sus amigos para descubrir con qué la estaban obsequiando. Un gran marco de fotos albergaba en su interior un collage de fotos y trozos de texto en el que se relataba brevemente los mejores momentos de los amigos vividos con Alicia durante los años de relación que los unían. A cada texto le acompañaba una imagen y un titular. Los demás regalos fueron dos entradas para el único concierto que Beyoncé iba a dar en España al año siguiente, dos vales canjeables por un día de aventura en Catalunya, una caja con artículos eróticos a disfrutar entre dos, dos muñecos que recreaban a los novios, un ebook, velas aromáticas, inciensos y un CD con canciones chill-out.

La novia se fundió en un abrazo colectivo, y entre lágrimas les dio las gracias a todos, uno por uno, sintiéndose la persona más afortunada del


mundo por las relaciones tan sinceras e increíbles que había logrado mantener en su vida. Marcos se levantó también para dar las gracias a los amigos de la novia que, a esas alturas, también formaban parte de sus mejores amigos. Además, los regalos los iban a disfrutar los dos.

Los invitados vitoreaban, cantaban y aplaudían. Cuando la canción terminó, y con un cúmulo de emociones que no daba tregua a ninguno de los novios, volvieron a sus puestos para que los camareros sirviesen de nuevo con facilidad, esta vez, el segundo plato: Cordero horneado o solomillo de ternera con guarnición.


Tesoro 22:45 pm


La gente parecía estar saboreando cada plato. El pequeño Roberto, sobrino de Alicia, ya no soportaba un segundo más tener el culo pegado en la silla de la mesa, y corría de punta a punta de la sala, acaparando las sonrisas y miradas de algunos. A otros, ya se encargaba de robárselas adrede, pues iba directamente a interrumpir el bocado que se disponían a tomar. Marcos y Alicia estaban terminando ya sus solomillos, cuando de nuevo, sucedió lo mismo que un rato atrás y una canción tomó la atención de todos los presentes. La mayor parte de los mejores amigos de Marcos, entraron por la misma puerta principal del salón por la que habían entrado las amigas de Alicia, y también los novios en su momento. Marcos comenzó a reír tímidamente cuando se percató de que eso iba dirigido a él. Se puso en pie, y mientras zarandeaba la cabeza de un lado a otro sin poder creerse que era el objetivo, la sonrisa se convirtió en carcajadas cuando sus amigos, todos a la vez, entraron rápidamente para situarse en medio del Salón y bailar una muy sincronizada coreografía.


La canción de Treasure, de Bruno Mars, estaba sonando. Una canción con mucho ritmo y movimiento al que, parecía, sus amigos estaban adaptándose muy bien. En esta ocasión, muchos más invitados se pusieron en pie y, desde sus puestos, bailaron al ritmo de la música. Carlos, su compañero del bufete. Óscar, su mejor amigo desde que tenía uso de razón. Gustavo, el mejor compañero de piso con el que pudo coincidir en Barcelona. Cristian, amigo incondicional de la Universidad. Carlos y Jordi, con quienes solía salir en bicicleta cada fin de semana. Víctor, hijo del mejor amigo de su padre. Siete incondicionales para Marcos. Siete imprescindibles en su vida. Y allí estaban, todos con chaquetas rojas improvisadas, y combinando el estilo del baile ochentero original, con pasos de baile que, seguramente, Cristian habría organizado


para la ocasión. Y es que Cristian, además de ser su amigo de la Universidad, era un reconocido bailarín entre los de su círculo más cercano. Una gran virtud que aún no había querido rentabilizar.

La coreografía, era asombrosa. La sorpresa fue cuando, al final, sacaron un baúl a modo de tesoro (igual que el nombre de la canción que acababan de bailar) y se acercaron a la mesa presidencial cuando la música ya llegaba a su final. Cuando se hizo el silencio y las luces volvieron a su modo estándar, el Salón estalló en aplausos. Fue una sorpresa con mucho éxito, y con una coreografía que invitaba a bailar.


Los amigos de Marcos indicaron a éste que no se moviera de la mesa presidencial. Fueron ellos quienes se acercaron con el baúl. Cristian tomó la palabra y anunció a los novios que ése era el regalo de todos sus amigos y respectivas parejas. Los novios se acercaron el baúl y, al abrirlo, la sorpresa fue encontrar una mezcla de monedas y billetes reales con monedas y billetes falsos. Unos eran auténticos, los otros eran comestibles. -Aquí sólo hay 1000€. Los 3000€ restantes, vais a tener que sudarlos. –explicó Cristian, compartiendo risas con los demás amigos de Marcos- Vais a tener que rebuscar entre los billetes y las monedas de este baúl para encontrar los números correspondientes y su orden de la cuenta que os hemos abierto en el banco. Lo mismo vais a tener que hacer para saber cuál es el PIN que os permitirá sacar dinero de esa cuenta… -…Con estas tarjetas. –añadió Víctor, mostrándoles dos tarjetas del Banco Santander.


Marcos y Alicia rieron y, maldiciéndoles muy poco en serio, comenzaron a rebuscar entre el baúl para poder terminar cuanto antes esa ardua tarea. Cada vez que encontraban un número de la cuenta o del PIN, toda la gente del Salón se sincronizaba para hacerles la ola, una por mesa, vitoreando un “Ooooooooleeee”. A medida que iban completándola, los invitados iban dejando de hacer la ola puesto que una por cada número que formaba la cuenta y los cuatro del PIN, iban a hacer mella en su energía y los invitados aún la necesitaban para el resto de la noche.

Fue cuando la completaron cuando todos decidieron finalizar el reto con aplausos y más vítores. Por último, un “Vivan los novios” selló el momento y también parte de lo que llevaban de menú.


El padrino 23:00 pm


Antes de que los camareros comenzaran a servir el postre, volvió a sonar una canción para dar paso a los novios y a los regalos que éstos tenían aún por entregar. Marcos y Alicia –ésta con el ramo entre sus manos- se dirigieron, bailando la famosa canción YMCA, de los Village People, hacia la mesa en la que estaba el resto de familia de la novia. Alicia clavó la mirada en su hermana, quien estaba atendiendo a su pequeño Roberto, por lo que apenas se dio cuenta de que la novia estaba acercándose a ella con el ramo. La emoción y el “Oooh” de la abuela fue lo que hizo que Clara levantase la vista. Clara se ruborizó, se echó las manos a la cabeza y, a continuación, se cubrió la boca, emocionada, moviendo la cabeza de un lado a otro. -Sí, sí. ¡Levántate, que esto es para ti! –dijo Alicia.


Clara cogió el ramo, emocionadísima, y al borde de las lágrimas abrazó a su hermana. El discurso de la ceremonia se había visto premiado con el ramo oficial del día. Clara le enseñó el ramo y sus flores al pequeño Roberto, quien parecía querer olerlas una por una. Clara le dio dos besos también a su cuñado, Marcos, como muestra de agradecimiento. A continuación, Alicia se sacó la liga lentamente y se dirigió hacia otra mesa cercana, pues allí es donde estaba su prima, Lucía, a quien había decidido regalársela. El protocolo fue el mismo. Repartió también unos bonitos broches en forma de muñequita a todas aquellas amigas íntimas que unos minutos antes habían protagonizado el momentazo I’ll be there for you. Todas recibieron sus detalles encantadas y, por sus caras, inesperados.


Marcos y Alicia se dirigieron, esta vez, a los amigos del novio. A los mismos que se habían aliado para sorprenderles con aquella espectacular coreografía. A cada uno de ellos los obsequiaron con un estuche individual en el que podían encontrar un botellín de vino tinto Don Luciano Tempranillo. Pareció tener mucho éxito. Repartieron besos y abrazos. Después, volvieron a la mesa presidencial a recoger más regalos y fueron hacia los dos niños de la sala, los dos sobrinos de Alicia: Roberto y Amanecer. A cada uno le regalaron un cuento con pegatinas y un cono relleno de chucherías. Por último, repartieron los detallitos comunes para todos los invitados. Repartieron, mesa por mesa, un imán personalizado con un dibujo de los novios, sus nombres, la fecha de ese día, y un “gracias” con el que pretendían agradecer la asistencia de todos a esa celebración tan especial.


Cuando Marcos y Alicia regresaban hacia la mesa presidencial, el padrino se levantó y, a la vista de todos, reclamando la atención de los presentes con unos golpecitos de la cuchara en su copa, dijo: -Amigos y amigas, me gustaría esta noche dedicar unas palabras a la mujer más valiente que he conocido nunca: mi hija. Es verdad que siempre ha sido cabezota, y que mientras los niños en preescolar seguían a pies juntillas todo lo que sus papás y mamás les decían, yo ya tenía que ir corriendo tras la mía porque había decidido volvernos locos, a su madre y a mí. Pero porque siempre fue así: valiente. Siempre fue a contracorriente, y por mucho que le dijeran A, si ella creía que era B, nadie podía hacerle cambiar de opinión. Lo que al principio nos molestaba, pues no teníamos manual de instrucciones para “domar” a ese bicharraco, más adelante nos enamoró. Teníamos la oveja negra en casa. Fue la primera, marcó un antes y un después en nuestras vidas, y nos enseñó qué era aquello por lo que debíamos preocuparnos y por


lo que no. Y aunque siempre fue tremendamente extrovertida, kamikaze con sus ideas y dispuesta a luchar por todo, nunca la vimos luchar por un hombre. De hecho, su madre y yo llegamos a pensar que quizás nos estábamos equivocando de acera y que igual nos habíamos perdido algún capítulo en la vida de Alicia. La sorpresa fue cuando hace 10 años, ya con sus 25 primaveras, decidió contarnos que había conocido al hombre de su vida. Así, como si de repente nuestra guerrera se hubiera transformado en una princesa de cuento hablando. Supimos que iba en serio, y que lo que decía, lo sentía de verdad. Nunca antes nos había hablado de otros chicos, y mucho menos del amor de su vida. Y por mucha rabia que en ese momento me cogiera, debo reconocer que ninguno de los dos pudo acertar más. Es la niña de mis ojos, pero también la niña de los de Marcos. Y la forma en la que la mira, y el modo en el que mi hija lo corresponde, no deja lugar a dudas de que juntos es como tienen que estar. Hoy quisiera brindar por mi hija, mi nuero y toda la vida que les queda por delante. Enhorabuena por el camino que habéis decidido tomar.


La sala estalló en aplausos de nuevo. Los familiares más cercanos de ambos lloraban. La madre de Alicia no podía si quiera pronunciar palabra de la emoción. Los novios se levantaron, los padres de ambos también. Brindaron conjuntamente al mismo tiempo que todos los invitados les imitaban y brindaban entre ellos.


La noria 23:05 pm


Las luces se atenuaron de nuevo. Se hizo el silencio en la sala. Un silencio que anticipaba otro de los momentos más esperados de la celebración. Comenzó a sonar tímidamente una música lenta, una canción conocida por la mayoría de los presentes. Las palabras ya de todo un mito en la cultura catalana: Serrat. Su canción, Boig per Tu, acariciaba dulcemente los oídos de los invitados, que ya dirigían sus miradas hacia el lugar por el que, esperaban, iba a salir la tarta nupcial.

“En la terra humida escric, nena estic boig per tu… Em paso els dies, esperant la nit.” Un pastel rosa degradado en tonos pastel, redondo a cuatro niveles y adornado con detalles florales apareció en el Salón y se dirigió, con la ayuda de los camareros, hacia el lugar donde los novios ya estaban de pie, esperando.


En ambos rostros se distinguían destellos de felicidad y emoción a los que, la canción que retumbaba en la sala, no hacía más que intensificar. En lo alto de la tarta, además, se apreciaba un detalle que marcaba la diferencia de ese instante. Y es que no se trataba de cualquier tarta, sino de una especialmente personalizada para la ocasión. Un pastel que iba acorde con los colores que la novia había llevado en su ramo y con los que las flores adornaban los espacios. Pero, el matiz más especial se lo llevaba la figura que coronaba la tarta: una noria en miniatura.

Igual que la que había sido testigo tiempo atrás de momentos muy especiales en la historia de su relación: su primer beso y la pedida de mano.


Las luces se restablecieron de nuevo y maître se acercó a ellos para recordarles el protocolo. A continuación, Alicia tomó la espada y dirigió el primer corte. A medida que iba sucediendo, la silueta de los novios recibía todo el protagonismo de los flashes de los invitados y del fotógrafo. Alicia acercó la espada con el trozo de tarta a la boca de su marido, quien se dispuso a probarla mientras intercambiaban sonrisas y miradas de complicidad. Después llegó el turno de Marcos, quien reprodujo los mismos movimientos de Alicia con la espada. Después, Alicia cogió la noria, se la entregó al maître y, tras que éste la limpiara, regresó a sus manos. Y es que la noria se había convertido ya en un símbolo de su historia de amor, y no se les había ocurrido mejor idea que la de sustituir los tradicionales muñecos de la tarta por ese nuevo elemento que, para ellos, tenía mucho más significado.


A continuación, y tras las fotos de protocolo, todos volvieron a sus sitios y los camareros comenzaron, de nuevo, a pasearse por el Salón, esta vez para repartir el último plato de la carta: el postre. Éste consistía en una transparencia de Ferrero y panacota de queso con frambuesas. Esos trozos de tarta eran diferentes a la tarta oficial, la cual permanecería en el recuerdo como la tarta simbólica. Y a pesar de que la mayoría de los invitados habían alcanzado el límite de almacenamiento en sus estómagos, sólo las excepciones pudieron resistirse a ese apetecible postre: los niños. Éstos, estaban echándole mano al cono de chucherías que unos minutos antes los novios les habían entregado. Marcos y Alicia dejaron el postre a medias, y fueron a dedicar parte de esos minutos restantes a los invitados, quienes recibían encantados la visita de los novios a sus mesas.


Como brillan las estrellas 23:15 pm


Los novios comenzaron a avisar a los invitados de que, en breve, iba a tener lugar el primer baile. Por ese motivo, Marcos y Alicia se dirigieron hacia uno de los espacios principales del Salón. En esa parte del comedor era donde habían decidido que iba a producirse el baile nupcial y el resto de la fiesta, puesto que era uno de los espacios más amplios de la sala y una zona que no había quedado saturada por sillas, mesas o decoración. Los novios se colocaron en medio de la pista y, cuando los presentes rodearon el lugar y el fotógrafo encontró su posición, la música inició ese momento. Marcos y Alicia estaban uno frente al otro cuando los acordes del vals del Danubio Azul, de Johann Strauss, inundaron el lugar. Una música tradicional para una de las estampas clave en el día de una boda. Ambos inauguraron el baile con un ritmo lento que, progresivamente, fue cogiendo velocidad. La pose erguida y elegante de los primeros segundos del vals, se transformaron en movimientos de hombros, brazos y caderas cuando el Danubio Azul se fusionó con otra conocida canción que no tenía


nada que ver con la precedente. Accidentally in Love, una de las canciones de la banda sonora de la famosa película de Shrek tomó protagonismo y Marcos y Alicia empezaron a bailar con una coreografía muy divertida, claramente ensayada y de un modo muy teatral, pues ambos interpretaban la canción a modo de diálogo cantado. De vez en cuando, Alicia recogía su cola para no entorpecer los pasos.

Los invitados vitoreaban y silbaban, alegres y sorprendidos por el giro que los novios le habían dado al protocolo una vez más. Además, les acompañaban con palmas. Los novios, hacia el final de la canción, se dieron un romántico beso antes de animar a padres y suegros a que se sumaran con ellos. Y ese fue el momento en el que un popurrí de canciones conocidas comenzó a sonar, una tras otra, con la alegría de todos los presentes protagonizando el ambiente.


Y fue en ese instante en el que el inicio del fin de esa celebración comenzaba a culminar y, al mismo tiempo, el momento en el que el principio de algo nuevo recién empezaba. A Marcos y a Alicia les esperaba una vida tan eterna como la que durara el amor que se habían prometido oficialmente. Una vida tan eterna como la capacidad que ambos tuvieran de hacerse sonreír el uno al otro en su día a día. Una vida tan eterna, como el respeto que se profesaran durante su convivencia en pareja. Y es que el amor, además de ir un paso por delante de la amistad en la escala de etiquetas, también recoge la capacidad de admiración. Sin unos ojos que miren a los otros con fascinación y asombro, el amor se extingue tan rápidamente como el interés hacia alguien cuando no hay nada en ella que nos sorprenda.


No obstante, en los ojos de Marcos y Alicia, ese día, rebosaba la luz de las estrellas. Aquella luz que, todos sabemos, perdura en el firmamento años y años. Una luz que brilla, incluso, cuando las estrellas… ya no están.

FIN


Epílogo ENTREVISTAS


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