ANIMALES: CONCIENCIA Y DERECHOS

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Elideth Fernández Villegas nació en la Ciudad de México, cursó la licenciatura en Historia del Arte en el Instituto de Cultura Superior. Trabajó como guionista y productora en diversos programas culturales para la televisión. Fue fundadora del Centro de Cultura Casa Lamm, establecimiento del cual se separó tempranamente por razones de índole ideológico, lo que la motivó a incursionar en la fotografía. Realizó sus estudios de fotografía y artes visuales con reconocidos fotógrafos como Jaime Enrique León Macías, Francisco Mata, Gabriel Figueroa, Saúl Serrano y Rogelio Cuéllar, entre otros. A lo largo de los años, ha obtenido más de 30 reconocimientos y premios por concursos fotográficos convocados por diversos medios e instituciones públicas y privadas, tanto nacionales como internacionales, y ha participado en múltiples exposiciones colectivas e individuales, con temas diversos, con especial énfasis en aquellos que refieren a la justicia social. Abandonó la fotografía para adentrarse en el tema de la Liberación Animal y profundizar en lo que ella considera el « movimiento social más importante de este siglo ». Hace dos años, decidió regresar a la labor fotográfica y comenzar a trabajar en este libro sociodocumental, teniendo como objetivo motivar a las nuevas generaciones de artistas visuales a contemplar en su trabajo los Derechos de los Animales, no sólo desde la perspectiva de la creación, de la crítica y de la documentación, sino principalmente en la del compromiso personal por la causa y la labor activista plena.


En memoria de Fernando Fernández Villegas Dedico este ensayo fotográfico sobre los Derechos de los Animales, con el fin de motivar a un nuevo género documental que coadyuve a la reflexión y a la justicia, a Javier Fernández Villegas, por mostrarme en cada oportunidad, los senderos de la equidad que debe prevalecer por el prójimo e impulsarme invariablemente, en cada etapa de mi vida… coautor de estas imágenes por acompañarme, siempre, en los momentos de miedo, soledad e impotencia cuando llevaba el embalaje de la cámara de fotos y la conciencia a cuestas. Gracias Javier por haberme otorgado el privilegio de haber tenido un hermano incomparable. He sido afortunada. ¡Hasta pronto! Con especial cariño para mis padres Guadalupe Villegas y Salvador Fernández y con todo mi amor para Fernanda y Miguel Angel Arrechea.


© 2016 Editorial Digital Movimiento Consciencia - Fundación Internacional por el Reconocimiento de la Consciencia y de los Derechos de los Animales. www.movimientoconsciencia.com Diseño Editorial: Maria José Padilla Muñoz de Cote / mariajosepadilla08@gmail.com


GÉNEROS FOTOGRÁFICOS Y DERECHOS DE LOS ANIMALES (Enrique Villaseñor) Testimonios del dolor. El pequeño chivo aguarda el momento de ir al matadero como culminación de un sufrimiento previo; está en la antesala del paso final hacia la muerte después de haber sido separado de su madre. La mirada angustiosa del cerdo, hambriento, sediento y lastimado, a través de los barrotes de la jaula que lo transporta a su encuentro con el matancero. El famélico caballo que finalmente desfallece en medio de la basura ante la imposibilidad de continuar recorriendo los crueles e interminables senderos de su esclavitud vitalicia al frente de un enorme remolque con desperdicios. Estas y muchas otras son imágenes demoledoras y desgarradoras realizadas y editadas acuciosamente por la fotógrafa documental mexicana Elideth Fernández atendiendo, tal vez desde el inconsciente, a las distintas funciones o atribuciones que la fotografía ofrece y a la constante transformación que la define como un eficaz medio de expresión, creación o comunicación de mensajes. Su discurso trasciende desde lo íntimo o desde el testimonio punzante hacia el valor del compromiso individual, la denuncia y la acción política. Cuando experimentamos el tormento de los animales retratados por ella, somos testigos de la ignorancia, la inconciencia o el sadismo del hombre que produce ese daño y presume ante la cámara su obscena sonrisa; o cuando nos golpea la imagen de lo brutal como representación de la naturaleza humana, arribamos a una posición solidaria como necesidad compartida en la conciencia colectiva: el impulso de evitar o aliviar el sufrimiento de todas esas criaturas. Fotografía y militancia. La obra de esta autora ya es icónica. Retomando algunos conceptos enunciados por Alfredo Cid, podríamos definirlo como un proyecto documental realizado desde la observación compartida y el registro de los rasgos sobresalientes de las situaciones de violencia y crueldad que testifica. Sus fotos tienen la fuerza y la posibilidad de motivar, inducir o derivar en actitudes y posiciones de militancia y acción. Esa es su principal virtud. Las imágenes de esta destacada fotodocumentalista son denotativas e inducen a una lectura ideológica, cultural y ética. Los discursos son claros. Están determinados por un proceso de codificación y síntesis de lo retratado: desde la indefensión hasta la conciencia y la necesidad urgente de brindar auxilio. El sufrimiento del animal, la agonía, el enclaustramiento cruel, la mutilación y el tormento interminable son el hilo conductor de su proyecto. Al documentar el hecho, el triste suceso, la impotencia, la indefensión,


la fragilidad y el dolor de las víctimas, delinea enérgicamente la exigencia de crear conciencia y obtener respuestas de transformación por parte de la sociedad. Si intentáramos clasificar su obra podríamos hacerlo a partir del testimonio o el ensayo, que parten del conocimiento y el compromiso con un objetivo transformador y concientizador. Un legado testimonial sustentado en su opinión como fotógrafa y como ser humano, así como en la riqueza discursiva y visual de sus obras. La narrativa de esta artista visual es una tesis de autor derivada de la investigación, el análisis, la generosidad, el talento y la valentía que demuestra al incursionar en lugares y entornos peligrosos y hostiles. Todo ello respaldado por un conocimiento profundo del tema, una investigación iconográfica congruente con sus puntos de vista, con la carga connotativa e ideológica de sus opiniones y con su intención transformadora. En los linderos del arte. La autora parte de la necesidad de generar actitudes, acciones y cambios utilizando magistralmente como herramientas visuales: la información, la forma, el fondo y finalmente, su trascendencia hacia los terrenos del arte. En este sentido sus imágenes son, a la vez que dolorosas en lo social y en la percepción intelectual, muy bellas en su contenido. Hermosas en su composición. Tanto así que, aunque ésta no es su principal cualidad, quedan insertas en la fotografía artística con valores estéticos complejos derivados de la retórica visual. Una expresión comprometida inmersa en los terrenos del arte. Un proyecto que parte del documento testimonial hacia el pensamiento abstracto. Aportación genérica. Mas allá de imágenes desvinculadas o aleatorias, la búsqueda y realización de este proyecto puede enmarcarse claramente en la clasificación genérica. Es congruente con los géneros fotográficos definidos por Valérie Picaudé como imágenes que poseen cualidades comunes y una categoría mental según la cual se regula su percepción. Aunque comparten entre sí características formales, técnicas, temáticas y expresivas y confluyen mas allá de una clasificación descriptiva no rigorista, sus fotografías individuales, series o el conjunto en sí, arriban a significados genéricos universales, a signos compartidos colectivamente presentes para fines militantes, didácticos y expresivos mas allá del momento, el lugar o la circunstancia en la que fueron realizados.


Estamos ante una comunicadora enérgica en el lenguaje de su discurso, en los fines sociales que persigue y en una escrupulosa realización técnica en blanco y negro. El mensaje concebido a partir de las imágenes contiene elementos fundamentales para constituirse en un género claramente delimitado. Una categoría fotográfica abordada, definida y enmarcada en la solidaridad, el compromiso ético y la búsqueda de ayuda para los animales maltratados. Para todos esos seres vivos desvalidos que no piden compasión ni imploran ayuda pero necesitan urgentemente de nuestra acción. Una propuesta testimonial emanada de las posibilidades de utilización de la técnica fotográfica hacia la defensa de los animales. Un género que en el caso de ella integra todos los elementos necesarios para trascender mas allá de una simple clasificación – citando a Jacob Bañuelos – hacia una fotografía concebida desde la interpretación, a través de valores, criterios y discursos retóricos, hacia significados, y posibilidades universales. Violencia, abuso, indefensión y crueldad como elementos colectivos, temáticos, estéticos y políticos considerados y abordados hacia la conformación de una categoría fotográfica perfectamente delineada que gracias a las aportaciones de Elideth Fernández podría ser utilizado por grupos comunitarios, espacios educativos, culturales o solidarios como un género fotográfico documental y artístico hacia la defensa de los derechos de los animales.

Ciudad de México, 18 Julio de 2016.


El 7 de julio de 2012, en la « Declaración sobre la Conciencia » (de los animales) presentada en el marco del Memorial Francis Crick de la Universidad de Cambridge, fue reconocida oficialmente la conciencia de los animales por los más eminentes neuro-científicos del mundo en todas sus ramas de estudio. En esta ocasión histórica, iniciadora de un nuevo paradigma, el distinguido grupo internacional, convocado por el Dr. Philip Low y encabezado por el renombrado científico Stephen Hawking, estuvo conformado por neuro-científicos cognitivos, neurofarmacólogos, neuro-fisiólogos, neuro-anatomistas y neuro-científicos computacionales, quienes anunciaron al mundo el resultado de sus descubrimientos en el estudio y análisis de los substratos neurobiológicos de experiencia consciente y comportamientos relacionados en animales y seres humanos. Al término de la simposio, su conclusión y mensaje para el mundo fue claro y conciso: los animales – a saber todos los mamíferos, las aves, « y muchos más » hasta los cefalópodos (pulpos, calamares, sepias etc.), además de ser seres sintientes y pensantes capaces de sufrir física y psíquicamente, dotados de sensibilidad, de inteligencia en diversos grados, de sentimientos, son poseedores de plena conciencia. Esto significa, en palabras del propio Low, citamos: « que son conscientes de su propia existencia ». En una palabra, que son individuos. Hace dos siglos, el poeta, escritor y pensador francés Víctor Hugo afirmaba que « Torturar a un toro por el placer, para la diversión, es mucho más que torturar a un animal, es torturar a una conciencia ». Hoy, como colofón a las revelaciones de « Declaración sobre la Conciencia » de Cambridge, Low advierte que « Ya no se puede decir que no lo sabíamos.

Fundación Internacional por el Reconocimiento de la Consciencia y de los Derechos de los Animales.




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Animales: conciencia y derechos. Tatiana Espinasa Yllades El momento detenido, el gesto paralizado, el movimiento del dolor contenido; la infinita soledad, la indiferencia absoluta, asĂ­ como la sensaciĂłn de poder que da el ejercicio del sufrimiento, son algunas de las cosas que estas fotografĂ­as nos muestran.


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Intentar plasmar en ellas un mensaje para concientizar acerca del sufrimiento animal es una labor aún más difícil y comprometida, que sobrepasa la pura condición de espectáculo y de exposición.


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La defensa de los derechos de los animales es una tarea que nos ha sido encomendada porque, de alguna manera, un cierto tipo de persona, porque no todos los seres humanos son sensibles ante este problema, no ha podido resistir su sufrimiento mudo, su terrible abandono solitario, este ejercicio de crueldad infligido sin ninguna razรณn ni sentido. Creemos, defendemos, esta presencia muda


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como uno de los reclamos más importantes y de mayor exigencia en los días que transcurren, en estas horas cargadas de tantos otros reclamos y un número similar de olvidos…


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El ruego silencioso, el dolor evidente, nos hace alzar la voz en su nombre, poner nuestros recursos a su servicio e intentar, desde el lugar que ocupamos, hacer algo para lograr su bien y escribir unas lĂ­neas en la utopĂ­a de su, nuestra, salvaciĂłn.


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Defender al reino animal de la barbarie que los “otros animalesâ€? hemos hecho con ellos y de ellos, no es una invitaciĂłn ni una propuesta, es, claramente, un deber.


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El ejercicio de responsabilidad que propone este libro es, necesariamente, el camino por el que tenemos que transitar si queremos ir hacia una nueva realidad.


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Realidad nueva, sĂ­, donde quizĂĄ podamos darle respuesta a todas estas inquietudes y sinrazones que plantea el sufrimiento vano, la falta de respeto gratuita, la injusticia permanente.


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17 Unir en una misma lucha la defensa de todo lo vivo con el respeto a lo vivo nos llevará, eso creemos, a un mundo mucho más pleno de riqueza creadora y de sentido fraterno. La convivencia pacífica de muchos mundos, de varios puntos de vista y posiciones distintas, es la gran enseñanza animal.


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Quien no la admira, puede vivir tranquilo, quien la defiende, puede sentir que conoce la solidaridad, quien la destruye, comete un crimen.


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Lastimar a los dÊbiles no es sino un signo de ignorancia, de falta total de autoestima y dignidad; el maltrato animal habla del nivel cultural de un pueblo, de un país, del mundo. Luchar contra Êl es intentar, de alguna manera visualizar, nuestra completa barbarie‌


23 Bienvenido sea, pues, este libro. Bienvenido su gesto cรณmplice que se niega a ver pasar la tragedia como si ella no existiera o como si no fuera parte de nuestra vida cotidiana. Que este gesto solidario se replique en cada uno de sus lectores y logremos poner las bases de un mundo mรกs justo donde, la vida, la vida toda, todo lo vivo, pueda vivirse sin crueldad, sin prepotencia, sin lastimar al vencido.


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LA VACA DE LAS EMOCIONES Y LAS IMÁGENES DE LA PROFUNDIDAD MORAL Francesca Gargallo Celentani Mediados de 1995, en el norte de Jalisco, muy cerca de Mexquitic. Mi hija estaba por cumplir un año y yo la había amamantado a libre demanda hasta ese momento. Iba a seguir haciéndolo, pero acompañando la leche materna con leche de vaca y alimentos sólidos. Ella era lo suficientemente grande como para pasar de la teta a la leche bronca.


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De eso estaba segura, de todas formas nunca pero nunca yo iba a comprar fórmula (era y soy una vegetariana tercamente naturista). En el rancho todos me dieron la razón, además. Y don Mateo fue a su corral para buscar una buena vaca y ordeñarla.


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Hasta ahĂ­ la historia es comĂşn: una madre humana pretende darle leche animal a su hija humana, cosa que se ha hecho por siglos en todas las culturas que pastorean ganado vacuno, ovino y camellar.


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La historia cambió cuando la vaca al ser separada de su becerro empezó a quejarse. Se lamentaba, berreaba, mugía con sonidos estremecedores cual si gritara “no, no, no”. Y yo empecé a sufrir con ella y a pedir a gritos a don Mateo que no separara la vaca de su becerro.


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SentĂ­ en el grito de esa rumiante el grito que yo misma lanzarĂ­a si alguien me arrancara de los brazos a mi hija, la impotencia de la madre frente a la maquinaria de la industria de la guerra, de la industria cĂĄrnica, de la industria de la muerte: la desesperaciĂłn del alejamiento indeseado.


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El “muuueeehhh” de la vaca calaba en las emociones de la tragedia griega: era el alarido de Clitemnestra al ser separada de Ifigenia, el dolor de Hécuba convertida en perra por los dioses que oyeron su aullido al enterarse de la muerte de sus hijos.


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Como buena nieta de griega, yo no aguanto la tragedia. Decidí que en el rancho no le daría leche a mi hija, sino frijoles, calabacitas, chicharos, tortilla, cualquier cosa que no separara a la vaca de su becerro. Aunque, sin darme cuenta del sinsentido de lo que hacía, seguí comprando el delicioso queso añejo de la zona. Años después les contaba a mis alumnos y alumnas


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esa anécdota de total identificación entre una madre humana y una madre vacuna. Les decía que no tengo ninguna seguridad científica acerca de los sentimientos animales; no obstante, puedo reconocer mis sentimientos de empatía no sólo hacia otro ser humano sino hacia otro ser vivo y que ese sentimiento de empatía me ayuda a tomar decisiones éticas. He sido por décadas profesora de filosofía y sé que la ética exige primeramente una actitud de interés y


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43 conocimiento. Informarse sobre los hechos es el primer paso para no actuar de forma que, consciente o inconscientemente, provoque daĂąo o consecuencias dolorosas innecesarias. Una acciĂłn ĂŠtica nos pone ante la oportunidad de escoger el mayor bien posible reconociendo la amoralidad del tormento, la violencia y


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la insensibilidad. En el campo de la ĂŠtica, sin embargo, la filosofĂ­a se refiere a las costumbres y el trato entre seres humanos y evita cuestionarse sobre las emociones, el pensamiento y el dolor de los animales. Pensar la esclavitud animal, por ejemplo, habrĂ­a impedido uncir dos bueyes a un arado, montar a caballo o criar ovejas para tejer abrigos y cobijas.


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Gran parte de la actividad humana histórica quedaría manchada de amoralidad si tan sólo la ciencia aceptara que los animales sienten emociones. De ahí que el arte juegue un papel de sensibilización fundamental para acceder a un conocimiento más profundo que el de la mera utilidad. Las fotografías de


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animales, verdaderos retratos de la ansiedad, el cansancio, el miedo, la irritación o la tristeza de mandriles y caballos, de toros en la arena y puercos tras las rejas, de cabras y terneras amándose y muriendo a mano del hombre verdugo, se asemejan a la voz poética de los pueblos pre-agrícolas que en sus mitos y cantos reconocían a los coyotes y los conejos, las zarigüeyas y las tuzas, las serpientes y los jaguares voz, entendimiento, características individuales y trato con las fuerzas sobrenaturales. Las fotografías de quien ve en los animales a seres con derechos y sentimientos, como las que capta la lente de Elideth Fernández, sacuden fuertemente el proceso de deshumanización que quienes “ya no queremos ver” (las


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53 y los amorales, deshumanizados, derrotados por la violencia ecocida que fĂĄcilmente se vuelve genocida en las fronteras cerradas y las guerras de todo tipo). El rostro del chimpancĂŠ, el ojo entornado del becerro, el beso de la oveja al cordero, el gesto de la lechuza nos comunican la emociĂłn de otro ser.


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Los retratos expanden nuestra humanidad y nos reconducen a esas leyendas que revelan la relación de conciencia que los animales tienen entre sí y con los seres

humanos. Quizá ver en una vaca a una madre nos ayudará a ver en otro ser humano su derecho a una vida


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sin violencia, a la libre expresiĂłn, al placer de circular a la hora que sea. Rehumanizarnos serĂĄ el arte que no violentar a los animales nos enseĂąe.


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¿Pero cómo, Jambi, fuiste a dejar esa cara de niño malo, de viejo bueno en una galera de Chapultepec? ¿Quién te trajo a la ciudad? ¿Quién te dio tanta inútil ciudad? ¿Es cierto, Jambi, que si yo me hubiera acercado a ti habrías estado a punto de decirme eso que siempre se te olvidaba? ¿Quién te arrojó, Jambi, tantas bocanadas de ciudad? ¿Quién te disparó tantos dardos de ciudad envenenada? ¿Ahora qué hacemos con tu bola de pelos, Jambi? Haremos una apretada madeja y tejeremos un columpio que ondee desde aquí hasta el fin del mundo... FILIBERTO CRUZ OBREGÓN


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el siglo de los Noés ecológicos Homero Aridjis En la crónica de defunciones y nacimientos humanos, las especies vegetales y animales que han desaparecido de la faz de la tierra deberán estar presentes. En ese cementerio natural hallaremos a muertos ilustres como la paloma Dodo, el buitre pintado, el tigre de Bali y a numerosos mamíferos, reptiles, aves y peces, y a grandes bosques de América Latina, África, Asia y Europa. A los organismos que se extinguieron silenciosa e inadvertidamente, no los podremos nombrar,


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porque ni siquiera los conocimos de nombre. Frente a este vasto cementerio natural, el siglo XXI va a ser el siglo de los NoĂŠs


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ecológicos, de los hombres y mujeres que tienen el complejo de salvar en un arca biótica a los ecosistemas y a las especies que se desvanecen en el diluvio de la extinción. Semejante al personaje de Sophie’s Choice quien tiene que decidir a quién de sus dos hijos salva, el dilema moral de este homo ecologicus será en qué lugares y a qué criaturas escoger, con qué bases de conocimiento y sabiduría podrá hacerlo, y bajo qué condiciones sociales y económicas, y bajo qué intereses podrá hacerlo: ¿biológicos, científicos, económicos, estéticos, morales? y ¿cuál será su poder ante los otros hombres para conservar la vida?


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¿Quién es el homo ecologicus para decidir sobre el destino y sobre el derecho a la existencia de otras criaturas y formas vivientes, cuyo misterio rebasa su inteligencia y capacidad de acción y reflexión? ¿Acaso no se perderá en el laberinto de la escatología, esa doctrina de las “cosas últimas”, o de los sucesos finales, como se han perdido tantos autores y visionarios antes de él en el ejercicio de su arte o de su religión? No basta que individuos sobrevivientes de especies sobreexplotadas se conserven en jardines botánicos o en parques zoológicos, es necesaria su conservación en el lugar donde nacen, se reproducen y se sustentan. Su hábitat debe ser su santuario. Las especies terrestres, desde los puntos de vista natural y moral,


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no son propiedad de nadie ni de ningún país, y ningún grupo o nación debe determinar ni condicionar su derecho a la vida. Invocar la soberanía nacional y el dominio territorial para justificar crímenes contra la naturaleza es pueril y deshonesto, como se ha dicho ya sobre los depredadores de la Amazonia y la Lacandonia, sobre los que matan ballenas, tortugas marinas, delfines y talan los bosques de la mariposa monarca.


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LA VIDA DE LOS ANIMALES ES TAMBIEN LA DE LOS SERES HUMANOS Elena Poniatowska No hay en otro ser vivo con tanta nobleza y agradecimiento como en un animal. En la casa, el labrador Shadow mueve la cola y brinca para hacernos saber que es feliz, agradece su comida y sus caminatas matutinas y vespertinas, le gusta la casa y le caemos muy bien Martina y yo. Monsi y Váis, los gatos, se acurrucan a los pies de las visitas y aguantan con estoicismo largas jornadas frente a la computadora. Lolo, el loro, saluda en la madrugada y es fácil reconocer su “¡Cotorrito!” casi humano, así como su “perico perro” que nos hace sonreír.


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En 2015, en el entonces Distrito Federal se aprobó una ley

Universal, la psicoterapeuta Nelly Glatt declara que “El

que protege la vida de los animales. Su objetivo: vigilar

maltrato animal es, a la vez, un factor que predispone a

que “los animales de compañía” vivan dignamente, que

la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia

no se la pasen tatemándose en una azotea, que no les

de la misma.” El abusador sufrió violencia en alguna

caiga una tempestad, que no los amarren y los alimenten

etapa de su vida y proyecta estas acciones hacia los seres

con tortillas duras mojadas en agua.

más débiles, apunta.

Con esta ley es posible sancionar a quienes maltraten a

Al menos el 70% de los ciudadanos han manifestado

perros, gatos y otras especies. Los animales de carga, que

el deseo de que termine la fiesta de los toros, afirman

aún se ven en la ciudad de México, como mulas, burros y

asociaciones como MUPRA • México Unido Por el

caballos no están protegidos y se busca librarlos de tareas

Respeto a los Animales, “Entrelacemos las Garras”

demasiado duras para ellos.

y Movimiento Consciencia, así como decenas de asociaciones más.

La extraordinaria fotógrafa Elideth Fernández lucha con su trabajo para que las corridas de toros se prohíban en

Sin embargo, las corridas continúan celebrándose

el país.

a pesar de que las organizaciones de protección a los animales presionan tanto a los legisladores como a la

No es una empresa fácil, ya que muchos consideran al

sociedad, ya que muchos veterinarios han demostrado

toreo como un “arte”. ¿Qué clase de arte puede haber

que los toros sufren terriblemente porque comparten el

en una acción que implica el sufrimiento de un animal?

mismo sistema nervioso central que un ser humano y,

En Veracruz y Michoacán, se consiguió, a través de la

al igual que él, saben lo que significa tener miedo.

organización Movimiento Consciencia, a la cual ella

Proteger a los animales es protegernos y proteger el

pertenece, que los niños no sean admitidos en una plaza

futuro de nuestros hijos.

de toros.

Los ganaderos de toros de lidia dicen que cuidan el

En un texto publicado el 31 de enero de 2009 en El

medioambiente a través de las enormes hectáreas


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dedicadas a la crianza de toros. Varios estudios demuestran lo contrario. Una ganadería contamina más (de ser posible) que la industria automotriz; esos terrenos enormes dedicados a los toros de lidia rompen con el ecosistema. Los ganaderos devastan bosques para sus pastizales y el toro vive supuestamente maravillosamente bien (según ellos) durante cuatro años para terminar masacrado en 20 minutos. A pesar de que en la Ciudad de México se cuenta con la Ley de Protección a los Animales, publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 26 de febrero de 2002, la situación de los animales en México es pésima. ¡Si no lo cree, querido lector, vaya al rastro a ver cómo matan a los animales! Apoyar la causa de Elideth es sensibilizarnos y volvernos seres dignos de ser llamados “humanos”.


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Derechos animales, ¿para qué la conciencia si en la ley no viene nada? Julio Ortega Fraile Cuando los muertos en nombre de la ignorancia, la superstición y el oscurantismo eran seres humanos, los responsables de aquellos cruentos y absurdos sacrificios le decían a un pueblo atenazado por el miedo a la persecución, al martirio y a la ejecución: “Es la ofrenda a los dioses, es el castigo a la impureza y la herejía, es por el bien de la raza. Preocupaos por aplacar su ira, por la salvación de vuestras almas o por la supremacía racial antes que por la envoltura carnal”. Sin embargo, aquellos motivos de los verdugos no hacían desaparecer su terror. ¿Quién podría sentir alivio esperando su turno para morir? Ahora que las víctimas principales de los asesinatos legales (pena de muerte o invasiones por la “libertad” aparte) son animales no humanos, los sayones y su cohorte de siervos nos exhortan a que dirijamos el dolor hacia los males de los miembros de nuestra especie.


95 ¿Y es que alguien podrá embadurnar conscientemente su lengua con la mentira acusándonos de no sentirlo? Seguramente lo hacemos más que ellos consagrados como están a seguir dando por buena la violencia. Pero ayer al igual que hoy, las razones para justificar los crímenes más cobardes amparados por un derecho degenerado, para poner freno a la resistencia ante su comisión y amordazar las bocas queriendo obtener la aquiescencia a través del silencio impuesto por la fuerza o el engaño, se basan en la pretendida inferioridad (toros por ejemplo) o naturaleza dañina (caza por nombrar un caso) de los seres asesinados. Motivos de antaño para que sigan cayendo nuevos inocentes.


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97 El hombre, único depredador por codicia, sadismo o entretenimiento

su carne descuartizada, su explotación en circos, su cría y venta, la

mantiene tal cual su antigua capacidad para someter, explotar y matar.

experimentación, vivisección o cualquier otra actividad científica, lúdica

Sólo ha variado las apariencias formales y legales para cobijarse bajo la

o mercantil: la historia de tu vida contiene el relato del dolor y la muerte

evolución y el progreso, pero conservando en el fondo intacta la esencia

de multitud de criaturas. También la nuestra, es cierto, pero tú jamás

voraz y homicida y llevándola a la práctica.

aceptaste detenerte para escuchar los lamentos de las víctimas ni miraste hacia atrás para contemplar sus cadáveres. No parece importarte el precio

Dicha estrategia acaso servirá para renovar sus coartadas pero jamás para

que otros pagan por ti y por eso es difícil, muy difícil, que admitas que te

entender desde la razón y no por medio de la interpretación torticera

puedes estar equivocando.

cómo abrir un libro de historia, aún de la más lejana, es situarse frente a un espejo para escuchar idénticos gritos y contemplar la misma sangre que

Y te dará igual lo que digamos. También te piensas superior a nosotros, a

nuestra especie no se cansa de derramar en nombre de mil aberraciones.

todos los “idiotas infelices” o “peligrosos antisistema” que nos ponemos en el lugar de un perro, un toro o un cerdo; a los que nos embadurnamos

¿Que nos preocupemos de las personas? Eso hacemos cada vez que

con pintura roja o nos introducimos en jaulas. ¿Y sabes por qué lo haces?

luchamos por desterrar la violencia del comportamiento humano. Sois

Porque siendo capaz de edificar tu propia libertad sobre el padecimiento

vosotros, que la amparáis bajo ese burdo disfraz de piadosos, los que

de otros seres estás absolutamente negado para aceptar la suya – una

entonces como ahora os sentís a salvo porque nunca estáis en el grupo

libertad vital – en igualdad de condiciones y sin que interfieran entre sí.

de las víctimas. No es vuestra compasión ni solidaridad la que habla sino

Lo contrario es una perversión y abrazado a ella pasas tus días. Hablamos

un profundo y repugnante cinismo. Con esa actitud hipócrita buscáis la

de su derecho a vivir o a no ser torturados ni encerrados. Muy poco

simpatía de terceros para hacerles cómplices de la brutalidad con animales.

comparado con lo que tú tienes, pero para ellos todo. No necesitan más

Pero el más simple análisis os deja al descubierto. Nosotros abominamos

y hasta eso les robas.

de cualquier tipo de violencia, ¿podréis decir lo mismo? Por tal razón continuarás como actor participando en la explotación y No somos diferentes sino distintas versiones de una misma naturaleza. Son

muerte de seres vivos. “Animales” – los llamas –, y ese término contiene

similares nuestro origen y entorno pero evolucionamos de forma desigual.

para ti los anestésicos que precisas para no sentir empatía, lástima ni

Vosotros, con vuestra conciencia de ser superior, tan rebosante de derechos

remordimientos con su angustia. Prácticamente para no verlos. Y es que

sobre los que consideras inferiores y tan carente de obligaciones hacia

quizás prefieras no hacerlo porque te da miedo enfrentarte a sus miradas

ellos. Nosotros, de vuestra misma especie y si quisiéramos tan legitimados

y a las preguntas mudas que en ellas habitan.

legalmente para mostrar esa conducta, no logramos ya sin embargo encontrar las justificaciones morales para hacerlo. Y es que no las hay.

Somos nosotros los que hemos cambiado, es verdad. Antes estábamos

Las que existen se las inventaron, nos las enseñaron y las asumimos por

entre los vuestros y los otros eran minoría. Hoy nos veis crecer en número

conveniencia. Es un simple contrato suscrito con la ignorancia cómoda.

porque muchos escogimos detenernos a escuchar y observar el rastro

No nos creemos mejores que vosotros, tampoco más inteligentes, sensibles

de sangre que íbamos dejando. Y no os gusta, sabemos que os perturba

o dignos, pero sin duda sí menos dañinos. Cazador, torero, empresario que

esa progresiva inversión en la correlación de fuerzas. Pero el respeto al

te lucras con el sufrimiento de los animales a través de su piel arrancada,


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bienestar de las víctimas pesa más que vuestro malestar al comprobar cómo se estrecha el cerco a la impunidad de la que gozáis para maltratarlas y acabar con ellas cazándolas, lidiándolas, desollándolas, alanceándolas, estabulándolas, diseccionándolas en vivo... Mil nombres para un mismo sufrimiento. Violencia ejercida contra mujeres, niños, colectivos marginados, pueblos que encarnan a los parias de la tierra, animales de todas las especies... ¿Alguien puede dudar que sea cual sea su forma, detrás de esos actos no existe siempre un origen común? Se llama codicia, material o pasional pero en cualquier caso jamás se ve satisfecha porque quienes la utilizan, careciendo del filtro de la empatía y de la conciencia moral, buscan infructuosamente llenar lo que es un agujero insondable en su existencia, y en ese sentido, variando el objeto de deseo que se pretende obtener a cualquier precio, no lo hace la mezquindad nacida de un sistema que alimenta la competitividad y el observar al resto de los seres como rivales, instrumentos o pertenencias. El grito de una mujer al sentir en su espalda la primera cuchillada de aquel que jura amarla; el llanto de un niño en contacto con la piel sudorosa y lasciva de un miserable babeante; el olor a carne quemada de un indigente ardiendo con sus cartones dentro de un cajero; comunidades sometidas a los métodos terroristas de unas leyes fascistas para robarles su riqueza, su cultura, su libertad, su dignidad; la soledad, la eterna soledad de las criaturas que padecen y mueren en calles, ruedos, granjas, circos, zoológicos, laboratorios... ¿Cuál es la diferencia


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entre las víctimas?, ¿su color, su voz, su pelo, su nombre? ¿Y entre sus verdugos? Ninguna. Un último apunte: una objeción con la que a menudo nos encontramos en el movimiento animalista por parte de quienes piensan que los animales no pueden ser poseedores de derechos encaminados a protegerlos es que antes de preocuparnos de esas criaturas hemos de resolver los problemas humanos. Tal planteamiento nos sugiere que esperemos a que se acabe con el hambre, las guerras, la falta de atención sanitaria, la delincuencia, el analfabetismo o la pobreza, entre otras lacras que afectan al ser humano, para ocuparnos de los animales. Como afirma el filósofo norteamericano Tom Regan está claro que tal postura sólo serviría para aplazar los derechos de los animales para el resto de la eternidad porque siempre existirá algún problema humano por solucionar. La solidaridad no es excluyente y somos tan perfectamente capaces de gritar “No a la guerra” como de exigir que mejoren el alumbrado de nuestra calle o de pedir el fin de la tauromaquia. Más bien, quienes ponen esta disculpa para no hacer nada por los animales, tampoco suelen estar seriamente implicados en alguna actividad dirigida a resolver problemas humanos y como mucho limitan su activismo a realizar alguna vez una donación en metálico. ¡Conciencia lavada! Albert Schweitzer, médico y filósofo alemán llamó “ética limitada” a la que sólo se manifiesta en la relación humano – humano. Freud denominó como “Ilusión de privilegio” a la potestad absoluta que el ser humano se otorga sobre el resto de las especies como artífice de las leyes, que en vez de respetarlas y protegerlas le valen para amparar todo tipo de desmanes con los animales. Y la respuesta del porqué de tanta humillación y crueldad hacia las víctimas nos la dio posiblemente Franz Stangl, comandante de Treblinka en una entrevista que le realizaron en 1971 en la prisión de Dusseldorf: “para acondicionar a quienes tienen que poner en práctica esas políticas, para hacer posible que se comporten como se quiere que lo hagan”.


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Toros Sí, toreros No Eduardo del Río (RIUS) En los últimos meses se ha desatado en México una fuerte polémica por la prohibición que se ha decretado de tener animales en los circos. En general, la medida se ha aplaudido, dado el lamentable estado en que los cirquitos y circotes mantienen a los animales que « trabajan » en ellos.


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Realmente daba pena ver a los pobres leones desdentados y drogados, a los nobles elefantes dados a la desgracia por las enfermedades, a los changos maromeros y hasta a los nobles caballos, soportando una vida de privaciones y explotación. Dado este paso por las autoridades, debe llegar enseguida la medida, que todos los que amamos a los animales estamos esperando desde hace años: la prohibición de las corridas de toros, que son, comparadas con las funciones circenses, un verdadero crimen. En los circos privaba la explotación y el maltrato, en los ruedos campea el asesinato descarado. En las arenas de la plazas de toros se demuestra que aquellos que se dicen seres humanos son más animales que los pobres toros. Acabemos de una vez con esa negación de la cultura humana: « Toros Sí, toreros No »


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« … Los fotógrafos son comúnmente acusados de querer protagonizar, colocarse en evidencia, pero son testigos; muchas veces, los únicos testigos en el lugar. Esos dramas, queramos o no, son el espejo de la sociedad, y los fotógrafos llevan ese espejo a todos lados.” Sebastião Salgado. « …no existe un fotógrafo activista que no haya recibido la influencia de Salgado… » El motivo de este proyecto de imágenes inéditas de animales y su entorno pretende ser un espejo para mirarnos sin tapujos, Por lo que, sin sentido, hemos consentido, y que pulula en todos los ámbitos. Son nuestra cotidianidad desde la infancia en un sistema de aprendizaje que nos ha dejado tuertos; deambulamos indiferentes ante la súplica de una mirada o disimulamos no percibir los gritos tras los muros. Estas imágenes nos contarán historias, y pocas de ellas serán susceptibles de denuncia, sencillamente porque el legislador careció de ética y una colectividad dormida las permitió. En este esquema muestro a individuos que sin misericordia son masacrados, destazados, un sinnúmero de ellos aún, con vida, solos, desamparados… otros esclavizados sin ninguna esperanza de conocer la libertad o de retornar a ella; sólo por la veleidad de algunos de sentir una piel que no nos pertenece y mucho menos necesitamos, por un sabor que con el tiempo nos corroe las entrañas, un divertimento comunitario que el aburrimiento íntimo de un autómata depravado exige, o por el deseo de « experimentar » sobre el otro y ratificar así el poder que reclama la mezquindad de una concepción antropocéntrica pervertida. A los que les hemos cortado las ramas y devastado su hogar. Éstas imágenes están destinadas al gran público, al entorno, aquel que juzga por custodiar los intereses de la vida y salvaguardar la dignidad de nuestra especie que se corrompe a causa de la compasión extraviada. A aquéllos que protegen a los que entran a los cosos taurinos a fin de disfrutar de una orgía de sangre a la vez que criminalizan a los indignados e « insoportables » gritones que claman afuera. Sólo hurgando en la conciencia podremos sembrar menos crueldad y cosechar menos violencia. Elideth Fernández.


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AGRADECIMIENTOS Agradezco a la organización Entrelacemos las Garras, particularmente a su fundadora, quien en el 2010, a los 14 años de edad, presentó un proyecto en el marco de la Iniciativa México: «…implementar una materia escolar interdisciplinaria que contemple a los animales desde la ética y el derecho, estructurada en los principios de la filosofía y el arte, en todos los niveles del Sistema Educativo Nacional», dado que «…una persona sensibilizada en la inteligencia de la naturaleza toma decisiones más justas en beneficio de otros». Desde luego, la iniciativa fue ignorada por los organizadores; pero NO por mí, por eso me encuentro aquí ahora. A MUPRA • México Unido Por el Respeto a los Animales, por su amistad, lealtad, por su sabiduría y apoyo académico, sin igual, en la lucha por los Derechos de los Animales. A todos los que conforman hoy el Movimiento Consciencia, activistas de punta por su ética, convicción y profesionalismo. A los intelectuales, artistas y académicos que confiaron en mí y han prestado su voz para que los animales sean escuchados. A mi amigo Filiberto Cruz Obregón, un gran poeta y maestro que se cruzó en mi camino durante mi juventud y fue determinante en la formación de mis valores. Al Instituto de Cultura Superior; nunca tuve la oportunidad de agradecerles, particularmente al Prof. Ricardo Mena, el haberme permitido cursar la licenciatura de Historia del Arte en el instituto. A Jaime Enrique León Macías por motivarme en mis primeros intentos de querer «hacer» fotografía…