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MONTERREY ORIGEN Y DESTINO


MONTERREY ORIGEN Y DESTINO La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administraci贸n municipal Adela D铆az Roberto Lara

Municipio de Monterrey


Lic. Adalberto A. Madero Quiroga Alcalde de Monterrey Ing. Ramón de la Peña Manrique Secretario de Desarrollo Humano Lic. José Antonio Olvera Sandoval Director de Cultura Lic. Ernesto Castillo Ramírez Editor

Museo Metropolitano de Monterrey Zaragoza y Corregidora, Zona Centro, Monterrey, N.L. Tel. (81) 8344-2503 Fax. (81) 8344-1971 dicultura@monterrey.gob.mx Consulta electrónica en: http://encicloregia.monterrey.gob.mx

Primera edición, 2009 Municipio de Monterrey

Impreso en Monterrey, México Printed in Monterrey, México


ÍNDICE INTRODUCCIÓN Citas bibliográficas

9 12

CAPÍTULO I Una aproximación demográfica y de urbanización Citas bibliográficas

13 32

CAPÍTULO II Las relaciones de poder político en el municipio de Monterrey Citas bibliográficas

35 49

CAPÍTULO III Tránsito de una sociedad religiosa a una sociedad secular: las fiestas cívicas y la construcción de una historia de héroes Citas biliográficas

51 67

CAPÍTULO IV La Intervención francesa en Monterrey (1864-1867). Generalidades y particularidades Anexos Citas bibliográficas

69 119 125

CAPÍTULO V La hacienda municipal: un balance de ingresos y egresos de 1855 a 1900 Citas bibliográficas

133 161

CAPÍTULO VI El mercado de la carne, el mercado de la ciudad y la feria anual de Monterrey Citas bibliográficas

196

CAPÍTULO VII El contrabando fronterizo y la inseguridad pública: salteadores, bandidos e indígenas bárbaros Citas bibliográficas

201 235

CAPÍTULO VIII La higiene y la salud en Monterrey

239

165


Citas bibliográficas

262

CAPÍTULO IX Divisones públicas y espacios de socialización en Monterrey Citas bibligráficas Referencias bibliográficas

267 278 280

Índice de Fotografías

285

Directorio

290


Monterrey: origen y destino

INTRODUCCIÓN Hablar del siglo XIX mexicano remite inevitablemente a las constantes y costosas acciones bélicas. La segunda mitad de este siglo se caracterizó por las pugnas entre las facciones políticas liberales y conservadores, quienes pasaron de la trinchera política al campo de batalla, convirtiendo el conflicto en una aferrada contienda civil (1858-1860); seguida de los enfrentamientos contra aquellos mexicanos y extranjeros que soñaban con un segundo imperio (1862-1867). La segund a m itad del siglo decimonono destaca por el trabajo en materia legislativa propia del periodo de la Reforma. La búsqueda de la secularización y la conformación de una sociedad con aspiraciones basadas en el desarrollo económico y en la industrialización, en la que el individuo adquiere derechos y obligaciones ciudadanos. A pesar de la distancia con el centro del país, donde preferentemente se efectuaron

gran cantidad de luchas, esta realidad nacional no fue ajena al Estado de Nuevo León ni al municipio en cuestión; si bien la dinámica socioeconómica en la entidad continuó con el ritmo ordinario, en materia política y militar se mantuvo una relación, en momentos más estrecha que otros, con algunos protagonistas de la guerra civil y de la Intervención francesa. Incluso nuestro estado fue proveedor de militares prestigiados en diversas contiendas. La secularización de las fiestas populares que tiempo atrás se hacían con fines religiosos, ahora se transformaban en fiestas cívicas, en conmemoración a héroes o hechos patrios de principios de siglo o para el momento reciente (como la Intervención francesa); esto como parte de un proceso de conformación de un Estado nacional que impulsaba una memoria histórica. Por otra parte, el municipio de Monterrey, predominantemente agrícola y ganadero, adquiría una mayor complejidad económica y urbana. Realidad palpable en los procesos administrativos del propio Ayuntamiento.

Positivismo y progreso

Bandera de México (siglo XIX).

Para entender la complejidad del siglo XIX hay que mencionar algunos elementos clave. Desde una perspectiva general, hablar del siglo decimonono, particularmente de la segunda mitad, remite a un periodo en el que predominaron algunas tendencias filosóficas que influyeron en intelectuales y científicos desde la mitad del siglo, incluso reflejándose en algunas políticas públicas de la época. El positivismo, iniciado con Augusto Comte,1 proponía que el saber lo constituyen los hechos comprobables, por lo que la ciencia depende de la observación exacta. En México su mejor difusor fue

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Metodología

Bandera de Francia.

Gabino Barreda, quien introdujo el positivismo en México.2 Es por demás conocido y documentado que el siglo del progreso y de los nuevos desarrollos en México y en otros países del mundo fue el siglo XIX. Esta concepción se sustentaba en los progresos científicos y técnicos, los éxitos de la revolución industrial, el mejoramiento –al menos para las élites occidentales– eran medidos en el confort, el bienestar y la seguridad, pero también los progresos del liberalismo, la alfabetización, la instrucción y la democracia.3 Gran parte de las políticas públicas4 de los gobiernos en turno, como es el caso del municipio de Monterrey durante el periodo revisado, puede ser entendida desde estos aspectos, el positivismo y el progreso. Ambos enlazados en esquemas de pensamientos llevados a la práctica mediante diversos mecanismos. Nuestro estudio nos lleva a revisar algunas prácticas administrativas del municipio, los esquemas y mecanismos que el Ayuntamiento utilizó como herramientas o estrategias de operatividad administrativa. Tales como el robustecimiento de los reglamentos municipales, el uso de la estadística, entre otros. En este sentido, el presente trabajo tiene como objetivo general mostrar desde una óptica administrativa municipal el proceso de cambio de la ciudad de Monterrey, evidenciando el paso de una sociedad agrícola y ganadera de mediados de siglo a una sociedad más compleja, con características industriales y de desarrollo urbano de finales del siglo decimonono.

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El presente estudio se sustenta principalmente en el tratamiento de documentos primarios. Se tomó como punto de partida la revisión de documentos originales del Archivo Histórico del Municipio de Monterrey, en adelante AMM. Se revisaron los ramos Misceláneo, Principal, Impresos II, Actas de Cabildo y Civil, de los cuales se obtuvo valiosa información a partir de la que se reestructuraron parte de los objetivos del presente trabajo. Asimismo, se revisaron otras fuentes primarias como la del Archivo General del Estado de Nuevo León, en adelante AGENL, en el cual se revisaron parte del Fondo Intervención francesa, el Periódico oficial y folletería. Otras fuentes fueron localizadas en el archivo de la Biblioteca “Capitán Alonso de León”, en el Centro de Información de Historia Regional.

Organización del texto El trabajo se desarrolla en nueve capítulos. El primero brinda una aproximación sociodemográfica del municipio de Monterrey, evidenciando el crecimiento poblacional y algunos elementos que

Auguste Comte, filósofo francés, creador del Positivismo.


Monterrey: origen y destino

Escudo del municipio de Monterrey.

mientos en torno a la ocupación francesa de Monterrey en 1864, destacando los aspectos políticomilitares. El quinto capítulo muestra la dinámica del comercio local, particularmente de la carne y espacios de intercambio como la feria y el mercado de la ciudad; asimismo, se destaca a estas tres actividades como fuente de recursos municipales. El sexto capítulo ilustra el comportamiento cuantitativo de los recursos económicos (ingresos y egresos) del municipio de Monterrey durante la segunda mitad del siglo. El séptimo capítulo muestra la relación entre el comercio legal y la frontera; asimismo, se revisa el efecto pernicioso del contrabando a la economía y la inseguridad provocada por los salteadores de caminos e “indios bárbaros”. Éstos últimos fueron representados –en el imaginario social o en el inconsciente colectivo– como un enemigo público exterminado en el siglo XIX. El capítulo octavo evidencia algunas medidas de higiene pública, así como parte de los problemas epidémicos recurrentes durante la época. Asimismo, se destaca la prostitución en la ciudad, en el sistema de reglamentación institucional. Finalmente, el noveno capítulo aborda el modo en que el municipio de Monterrey intervenía y controlaba las diversiones públicas y privadas en la ciudad de Monterrey con fines recaudatorios.

permiten contextualizar el periodo, así como la revisión de algunos aspectos de la infraestructura urbana de la época. El segundo capítulo revisa de forma general la posición política del municipio y su autonomía en la aplicación de políticas públicas; por otra parte se muestra cómo algunos actores de las élites y de grupos económicos de la época monopolizaron en cierta medida la alcaldía municipal. El tercer capítulo aborda algunos efectos de las leyes de Reforma y la construcción de un Estado nacional, a partir de la conformación de un calendario festivo cívico, destacando a los héroes militares de Nuevo León, contribuyendo de esta forma a un patriotismo nacional y local. Asimismo, se muestra el papel del Ayuntamiento de Monterrey en estas festividades cívicas y el papel contributivo y organizativo de la sociedad civil. Por su parte, el cuarto capítulo ilustra los aconteci- Antiguo Palacio Municipal (hoy Museo Metropolitano).

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Citas bibliográficas 1. 1798-1857. 2. En Inglaterra sus principales representantes fueron John Stuart Mill (1806-1873) y Herbert Spencer (1820-1903). Vid. Rebolloso, 2002:9. 3. Le Goff, 1991: 216. 4. Si bien este término se empezó a aplicar hasta mediados del siglo XIX, en el presente texto se hará continuamente referencia a él, entendiéndose por política pública una ciencia que está relacionada con todo lo que los gobiernos hacen, por qué lo hacen o bien con lo que dejan de hacer (Pérez, 2007, 11). Thomas Dye (1984) quien hace una de las definiciones más utilizadas en este campo, la define como “aquello que el gobierno escoge hacer o no hacer” (Dye, 1984, en Pérez, 2007, 13).

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Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO I UNA APROXIMACIÓN DEMOGRÁFICA Y DE URBANIZACIÓN Los documentos relativos al aspecto demográfico y económico del municipio a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX muestran cómo la estadística se colocó como una herramienta necesaria para la administración municipal. La realización de las estadísticas está ligada a las propuestas de los gobiernos generales que en segunda instancia reflejaban influencias europeas. Según los documentos revisados, es a partir del periodo conocido como República Restaurada cuando las autoridades municipales de Monterrey empezaron a generar registros de datos diversos de forma más completa y regular. Indicio de un proceso enfocado hacia una sistematización recurrente en las propuestas liberales, necesarias para el anhelado orden social, retomadas en el positivismo porfirista. Este capítulo tiene como objetivo brindar una aproximación sociodemográfica del municipio de Monterrey durante la segunda mitad del siglo

XIX, evidenciando el crecimiento poblacional en la última década decimonónica, la migración interna y externa y algunos elementos que permitan ubicar el contexto estudiado. Asimismo, se pretende revisar algunos aspectos urbanísticos, como la infraestructura urbana pública y las construcciones de corte comercial y privado, como parte de un proceso del desarrollo urbano propio del porfiriato y del gobierno de Bernardo Reyes.

Crecimiento demográfico en Monterrey A mediados de siglo Monterrey era una ciudad pequeña y todavía rural. De acuerdo a los censos de 1857, promovidos por el Ayuntamiento, en Monterrey había 13,769 hombres en tanto 15,817 mujeres, dando un total de 29,613 personas en el área urbana y rural. Hacia 1863, la población no había crecido de manera importante, ya que se registraron 32,174 personas.1

Cuadro 1. Fincas urbanas hacia 1878.2 FINCAS URBANAS Cabecera del municipio o congregación que le es anexa

FINCAS RUSTICAS

Fincas urbanas

Valor en pesos

Sitios ganado mayor

Valor en pesos

Sitios de ganado menor

Caballería de tierra

Valor en pesos

Sacas de agua

Valor en pesos

Monterrey

3,842

4,740, 424.00

106 1/2

$31,950

San Pedro

125

12,320

4

2000

12

2400

1

30,000

San Jerónimo

43

1012

de regadío

4

800

1

3,000

San Bernabé

42

4,929

3

1500

2

400

Los Urdiales

29

671

1 1/2

675

1

2,250

Labores Nuevas

59

2,280

16

7200

1

19,200

El Ancón

33

1,543

2

900

1

2,100

Mineral de San Pedro

34

824

1

380

Las Tijerinas Hacienda de Sr. Gonzalitos La Estanzuela

17

295

16

7200

1

8,750

40

853

1 1/2

675

1

2,250

30

658

2

200

4

1275

60

390

1

120

Piedra Parada

23

495

12

2400

1 2 sucres 1

3,300

Cristales

130 12,600

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

La economía de Monterrey giraba en torno a la agricultura, ganadería y un incipiente comercio local y en cierta medida regional. La hacienda todavía era una figura importante de destacar, sin dejar de lado las rancherías y huertas en la producción agrícola (maíz, piloncillo o caña, frijol y garbanzo) y de frutas. Por otra parte, la ganadería se conformaba de ganado mayor (reses) y ganado

menor (caprino y porcino), así como ganado para la transportación (caballo y mulas). El comercio de la carne era una actividad importante en la economía de la ciudad, incluso fue uno de los principales giros durante la segunda mitad del siglo XIX. En la ciudad y sus alrededores había distintos rubros de fábricas o industrias: azúcar, pólvora, ladrillo, sombreros finos, licores e hilados.3 Existían algunos comercios que ofrecían productos y servicios: tendajos de abarrotes, panaderías, tenerías, boticas, mercerías, hoteles, mesones, casa de empeño, fondas, cafés y cantinas.4 La minería tomaba su segundo aire y las autoridades veían con buenos ojos esta actividad, así como el establecimiento de cualquier industria.5 El municipio comprendía el área urbana y rural (ranchos y haciendas). En el cuadro 2 se aprecia la cifra de la población que habitaba para 1857 en algunas áreas rurales reportadas al municipio en este año. En la década de 1860 el crecimiento poblacional fue moderado, el censo de 1863

Mapa 1. La ciudad de Monterrey hacia 1865.

Cuadro 2. Áreas rurales de Monterrey hacia 1857. Hombres

Mujeres

Total

Hacienda de San Pedro

Lugares

482

509

991

Rancho de San Martín

31

38

69

Rancho de San Miguel

23

31

54

Hacienda de San Jerónimo

311

417

728

Hacienda de San Bernabé Hacienda del Roble de los Prietos Mineral de San Pedro

372

407

779

27

22

49

Total

14

69

109

172

13769

15817

29613


Monterrey: origen y destino

Cuadro 3. Habitantes urbanos y rurales del municipio de Monterrey hacia 1863, por rangos de edad.

Secciones Primera sección Segunda sección Tercera sección Cuarta sección Quinta sección San Pedro San Jerónimo Urdiales y San Miguel Tijerinas San Bernabé Labores Nuevas Ancón Mineral de San Pedro Totales

Menores de un año Hombres Mujeres 439 504 6418 1318 549 525 3975 1984 319 214 170 170 94 0 56 46 21 11 117 112 77 68 90 117

De 16 a 50 años Hombres 590 818 667 2918 265 175 86 19 16 117 58 102

Mujeres 607 747 712 2290 320 182 0 27 21 117 58 93

Mayores de 50 años Hombres Mujeres 88 95 1299 200 92 109 1168 196 38 42 41 29 74 0 0 0 0 0 40 46 28 18 33 28

27

31

23

28

18

4

12252

5100

5934

5202

2919

767

registró una población total de 32,174 habitantes (ver el cuadro 3). En el cuadro 3 se observa que del total de 32,174 habitantes había mayoría masculina con 21,105 varones de diferentes edades y una gran cantidad de infantes menores de un año (17,352), por lo que alcanzaba 53% de la población total; esto es un indicador de la alta tasa de natalidad y de mortalidad, aunque la mortalidad infantil para este tiempo era muy alta. Si consideramos sólo la población adulta (mayores de 16 años y mayores de 50), encontramos que 8,853 correspondía al sexo masculino, mientras el número femenino ascendía a casi 6,000 mujeres adultas. Entre el grupo de hombres, casi 50% correspondía a personas en edad avanzada, mientras que del grupo de mujeres sólo 25% eran personas consideradas ancianas. Sin embargo, entre las personas mayores de 50 años, es importante tomar en cuenta que en esa época, el promedio de vida no era muy alto. En el año en que concluyó la guerra de Intervención francesa, es decir, 1867, la ciudad contaba con 38,274 habitantes,6 registro que no especifica rangos de edad. Una década después, en el censo de 1878 (ver cuadro 4), la población registra-

32174

da no sólo no aumentó, sino que disminuyó, pues se registraron 37,812 personas. Lo que permite suponer dos causas: una baja natalidad –la que resulta poco probable después de ver el alto número de nacimientos en 1863– y la cantidad de menores de 16 años registrados en 1878; entonces, por eliminación, nos queda la causa de alta mortalidad. Como se revisará más adelante, en el capítulo de salud, de 1864 a 1874 se presentaron recurrentes epidemias en la ciudad y la región. En tanto las muertes por conflictos bélicos disminuyeron casi en su totalidad al momento en que cesó el enfrentamiento entre republicanos e imperialistas (1867). Por el contenido de los registros, si hacemos la comparación entre los censos de 1863 y 1878, se pueden observar algunas diferencias en los indicadores: en 1863 había una mayoría masculina prominente en los infantes y en los mayores de 50 años, mientras que los adultos entre 16 y 50 años era dominados ligeramente por los hombres. Quince años después, la diferencia entre los sexos de las diferentes edades casi se diluyó, es decir que los números indicaban 50% para la población masculina y 50% para la femenina; en tanto el grupo de población entre 16 y 50 años, 48% correspondía

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

EDAD

Estado

M 6814 207 109 190 201 130 118 14

H 2504 63 34 53 63 42 30

7

16

50

27

79

H 8041 160 44 101 175 ? 20

23 12

39

45

76

M 6821 136 50 130 148 73 24

14 6

68

24

60

H 7302 187 101 98 140 101 102

10 12

68

24

60

M 7315 179 98 100 140 103 107

2545

4 13

13

11

28

H 2308 61 20 30 22 19 16

2523

4 8

18

14

19

M 2304 40 18 26 31 22 19

11025

10 8

42

25

69

H 9818 308 150 304 132 79 80

5738

9 9

19

8

27

M 5200 201 68 96 49 17 35

19552

28 30

180

19

147

H 16164 732 385 700 505 367 235

18320

41 32

134

68

158

M 15558 579 300 439 425 316 210

TOTALES DE HABITANTES POR SEXO

H 6920 400 221 287 302 114 101 69

10

26

14 11

8216

SABEN LEER Y ESCRIBIR

50

33

22

18 12

8203

VIUDAS

73

29

29

14 11

7577

CASADOS

83 28

74

15 12

8808

CÉLIBES

40 79

4 6

2080

De 16 a 50

84

8 8

2800

Mayores de 50 años M 1711 73 42 62 29 48 36

10 13

7927

37872

8508

37872

8313

378128

8184

Menores de 16 años H M 6740 7033 269 299 130 149 360 187 140 195 211 138 104 116

Cuadro 4. Habitantes de Monterrey en el año de 1878.7

CABECERA Y CONGREGACIONES Subdivisiones Sexo Monterrey San Pedro San Jerónimo San Bernabé Los Urdiales Labores nuevas El Ancón Mineral de San Pedro Las Tijerinas y Piedra Parada Hacienda de Dr. Gonzalitos Estanzuela Cristales TOTAL

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Monterrey: origen y destino

a las mujeres y 52% a los hombres. Finalmente el grupo de población mayor a los 50 años era ligeramente liderado por las cifras de hombres con 57%, por 43% correspondiente a las mujeres. Si nos detenemos en este censo de 1878, podemos observar algunos datos interesantes. Los números correspondientes a la población soltera eran muy similares a los datos que referían a los casados. A su vez, entre los solteros había casi igual número de mujeres solteras que de hombres célibes. De igual forma para el grupo de los casados, las cifras revelan 50% de hombres casados y otro tanto para mujeres casadas. Finalmente el grupo de viudos, sorprende que se señalan números similares tanto para hombres viudos como para mujeres viudas. Del total de la población podemos apreciar los porcentajes correspondientes en la gráfica 1. Gráfica 1. Hombres y mujeres en el municipio de Monterrey de acuerdo a su estado civil.

Respecto a la alfabetización de la población, el registro de 1878 nos permite apreciar que 11,025 hombres y 5,738 mujeres sabían leer y escribir. Del total del grupo de hombres 56% sabía leer y escribir, mientras que del total de mujeres sólo 31% dominaba las letras. Este grupo de habitantes que sabía leer y escribir se concentra mayoritariamente en el área urbana de Monterrey. Para 1883 el municipio registró 41,842 habitantes,9 con un crecimiento muy bajo respecto al censo anterior. No obstante, para 1891 se registró un descenso en la población, pues fue registrada la cantidad de 40,862 habitantes en el municipio. La escasa información de esta década sobre las epidemias dificulta hacer una relación clara entre el ligero descenso y el efecto de las epidemias, incluso se podría considerar que para estos años se redujeron estas ultimas. La recuperación demográfica (un aumento de 28%) se registró cinco años después. En 1895 el municipio registró 56,855 habitantes, de los cuales 47,950 residían en la ciudad.10 El aumento demográfico se presentó en el cambio de siglo. En el censo de 1900 se registró una cantidad de 72,96311 habitantes, de los cuales 62,266 habitaban en el área considerada urbana. Del total de habitantes en el municipio, las proporciones por sexo seguían equilibradas al prácticamente 50% cada una. De esta forma se registraron 36,702 hombres en tanto había 36,261 mujeres.

Gráfica 2. Población que sabía leer y escribir hacia 1878.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 5.12 Población del municipio de Monterrey por género y estado civil hacia 1900. Hombres

Mujeres

Totales

Menores de edad

11479

10033

21512

Solteros

11635

10059

21694

Casados

11998

11593

23591

Viudos

1397

4354

5751

Se ignora

193

222

415

36,702

36,261

72963

Total

De este grupo total de población podemos conocer su estado civil por género viendo el cuadro 5. Como se observa en la gráfica 3, el crecimiento demográfico se acentuó hasta el cambio de siglo, definitivamente relacionado con el desarrollo económico de la ciudad, indicando una mayor complejidad social. En la gráfica 3 se resume este crecimiento. La calidad de vida de los habitantes es difícil de cuantificar; sin embargo, con los datos ofrecidos en el censo de 1900 podemos dar una aproximación del número de viviendas y las condiciones de las mismas en tanto el número de pisos, chozas y jacales, infiriendo con ello los estratos socioeconómicos. Con este número total de casas se estima a grosso modo que en cada una vivía en promedio un mínimo de cinco miembros, aunque ha de considerarse que para esta época las familias podían com-

ponerse hasta de diez o más miembros. Asimismo, esta descripción numérica de viviendas indica que más de la mitad de la población vivía en chozas o jacales, es decir, en condiciones de vida muy precarias, lo cual también puede remitir a casas de zonas rurales, pero que finalmente eran construidas con materiales de mínima resistencia a las inclemencias del clima. La otra casi mitad contaba con casa de un piso, infiriendo que en mejores condiciones que los jacales; siendo unos pocos los que contaban con residencias (dos, tres y cuatro pisos). No se tienen datos concluyentes sobre la estratificación social de la segunda mitad del siglo XIX en la ciudad de Monterrey, sin embargo, se pueden delinear algunas clases socioeconómicas en función de las actividades económicas, principalmente, que conformaban esta estratificación del periodo. Sin duda estaba encabezada por aquellas élites económicas (y políticas) partícipes de un periodo de comercio y posterior industrialización

Gráfica 3. Desarrollo demográfico del municipio de Monterrey.

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Monterrey: origen y destino

del pueblo de procedencia. El Ayuntamiento sancionaba aquellas personas que contrataran para su servicio Número a criados que no portaran la libreta, 6605 las multas podían ascender hasta 50 210 pesos. De acuerdo al reglamento 16 del Ayuntamiento de 1878, aquéllos 1 comprendidos en la clase de domés6832 ticos, no eran sólo los que laboraban en las casas particulares, sino tam7173 bién aquéllos que servían de mozos de cafés, de las fondas, en posadas, en los billares, en los mercados, baños, así como los vaqueros, los carretoneros, los cocheros y conductores de carruajes públicos y privados. Por consecuencia debían portar la libreta personal, la cual servía en caso de cambiar de lugar de trabajo.14 De esta manera, los patrones y el municipio llevaban un control de aquéllos considerados como los principales sospechosos en caso de robo en las casas o negocios, de ahí que es frecuente observar en el periódico oficial las señas o filiación, nombre y procedencia de aquellos criados o sirvientes que huían por robo o bien por matrimonio.

Cuadro 6. Número de casas de acuerdo a la cantidad de pisos y de chozas o jacales en el municipio de Monterrey hacia 1900. Descripción de las casas Casas de un piso Casas de dos pisos Casas de tres pisos Casas de cuatro pisos Subtotal Números de chozas o jacales

decimonónica, sin dejar de lado aquellos militares y políticos caciques con extensas tierras agrícolas y ganaderas. Seguida por aquellas clases acomodadas y no tan acomodadas que se dedicaban al comercio local y a brindar servicios profesionales, parte del aparato burocrático estatal y municipal. Asimismo, aquéllos cuyo oficio les brindaba sólo un sustento para las familias y quienes se dedicaban al trabajo rural agrícola todavía cercano a la ciudad. A estos se agregaban nuevos grupos sociales migrantes de otras regiones del país que laboraban en las crecientes industrias. En el último peldaño se encontraban aquéllos de quienes se ha dicho muy poco: los criados que no contaban con espacios propios de vivienda, pues vivían por lo general en casa de aquéllos a quienes les servían. No obstante, el municipio de Monterrey controlaba este sector poblacional, cuya fuerza laboral era necesitada por muchos. Incluso el municipio diseñó un Reglamento de criados en 1878.13 Para ello, el municipio expedía una libreta a los considerados criados para su registro y control, similar al caso de las prostitutas. En esta libreta el amo anotaba el nombre, apellido, edad, lugar de nacimiento, señas de su casa y su filiación, incluso el salario. Los criados debían presentar un certificado del amo validando su servicio vigente, en caso de no estar vigente, debían tener un certificado de su último amo o bien de algún fiador responsable de “la moralidad” del criado. Si estos criados no eran avecindados, podían presentar un certificado de buena conducta firmado por la autoridad política

Migración interna y externa El crecimiento demográfico, identificado en los últimos años del siglo XIX, guarda una relación no con una alza en la natalidad de habitantes, sino más bien con la migración interna, que todavía unos años atrás no se veía reflejada en las estadísticas municipales. Durante la década decimonónica de los noventa, queda clara la llegada a la ciudad de migrantes provenientes de otros estados, de la región y del país, posibilitando este crecimiento. La población de Nuevo León prácticamente no aumentó, pues en 1895 había 47,950 habitantes en la ciudad, de los cuales 19,200 eran personas que habían nacido en otro estado; predominó, con 8,734 migrantes, San Luis Potosí, poblando el conocido barrio de San Luisito.15 Para 1900 se registraron 47,277 originarios de Nuevo León, es decir que se mantuvo, incluso bajó mínimamente la población nuevoleo-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 7. Migrantes procedentes de estados de la república. Estados de procedencia Colima Chiapas Chihuahua D.F. Durango Guanajuato Guerrero Hidalgo Jalisco México Michoacán Morelos Nuevo León Nayarit Oaxaca Puebla Querétaro San Luis Potosí Sinaloa Sonora Tabasco Tamaulipas Tlaxcala Veracruz Zacatecas Se Ignora

Número de migrantes 7 1 146 138 439 750 17 44 653 324 110 15 47277 9 23 84 75 11523 18 28 3 2037 4 118 2781 72

nesa. La diferencia remite a la llegada de migrantes a la ciudad. Veamos el cuadro 7. Los migrantes procedían principalmente de San Luis Potosí (11,523), seguidos de migrantes procedentes de Tamaulipas (2,037) y Zacatecas (2,781); también se registraron migrantes de los estados de Guanajuato, Jalisco y Durango. Con menor presencia había población originaria de México, Michoacán, Chihuahua, D.F., Sonora, Veracruz, entre otros. Para 1910, la población era de 86,294 residentes en el municipio,16 aunque otra fuente registró una población de 88,748 habitantes para el

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municipio.17 Sin duda el total de la población era superior a los 85 mil habitantes. Por otra parte, la presencia de extranjeros en la ciudad no era una novedad en el cambio de siglo. Muchos extranjeros radicaban en la ciudad desde la Colonia, acrecentando su presencia con algunos incentivos que el gobierno general realizó en distintos momentos durante el siglo XIX para propiciar la migración internacional al país. Por ejemplo, los beneficios brindados a los extranjeros en la Ley sobre Terrenos baldíos de 1883 que señalaba lo siguiente; Con el fin de obtener los terrenos necesarios para el establecimiento de colonos, el ejecutivo mandará deslindar, medir, fraccionar y valuar los terrenos baldíos o de propiedad nacional que hubiere en la república, nombrando al efecto las comisiones de ingenieros que considere necesarias. Los terrenos no excederán en ningún caso a 2500 hectáreas (…) y los terrenos deslindados, medidos, fraccionados y valuados serán cedidos a los inmigrantes extranjeros y a los habitantes de la república que desearen establecerse en ellos como colonos: en venta, al precio del avalúo hecho por los ingenieros y aprobado por la Secretaría de Fomento, en abonos pagaderos en diez años, comenzando desde el segundo

Mapa 2. Parte central de la ciudad de Monterrey y el barrio de San Luisito hacia 1894.


Monterrey: origen y destino

año de establecimiento el colono. En venta, haciéndose la exhibición del precio al contado, o en plazos menores que los de la fracción anterior. A título gratuito, cuando lo solicitare el colono; pero en este caso la extensión no podrá exceder a 100 hectáreas, ni obtendrá el título de propiedad sino cuando justifique que lo ha conservado en suponer y lo ha cultivado en todo o en partes. Para que sea considerado como colono y tener derecho a las franquicias que otorga la presente ley, se necesita que, siendo el inmigrante extranjero, venga a la república con certificado del agente consular o de inmigración. Los colonos que se establezcan en la república gozarán por diez años contados desde la fecha de su establecimiento, de las siguientes exenciones: del servicio militar, de toda clase de contribuciones (excepto las municipales), de los derechos de importación e interiores, a los víveres, donde no los hubiere, instrumentos de labranza, herramientas, máquinas, enseres, materiales de construcción para habitaciones, muebles de uso y animales de cría o de raza, con destino a las colonias.18 Los datos presentados en 1889 por los cónsules de Estados Unidos, España, Italia y Alemania, informaron al municipio que en la ciudad residían 42 americanos, 48 españoles, 41 italianos y once alemanes.19 Sin embargo, otros datos oficiales registrados en el censo de 1895 aparecían 900 norteamericanos, 130 españoles, 103 alemanes, entre otros extranjeros de grupos menores.20 Dos años después, de acuerdo a los registros del censo oficial (1900), hubo un aumento considerable en la inmigración extranjera a la ciudad (incluyendo desde luego las diversas procedencias migratorias). Veamos el cuadro 8. Cuadro 8. Migración internacional hacia 1900.21 País de procedencia E.U.A.

Número de inmigrantes 970

Alemania

117

Arabia

18

Cuba

7

Chile

1

China

87

Dinamarca

2

Egipto

1

España

165

Italia

47

Suecia y Noruega

3

Suiza

9

Turquía

10

Se Ignora

1

Bélgica

1

Canadá

14

Colombia

1

Francia

75

Grecia

1

De esta lista, destacan los americanos con casi mil paisanos, seguidos por los españoles con 165, los alemanes con 117 residentes, chinos con 87 personas y franceses con 75 habitantes. Las actividades económicas en las cuales se desempeñaban estos extranjeros variaban. Éstas pueden observarse en nichos laborales específicos en los que indudablemente los extranjeros dominaban su quehacer. Los americanos muestran una diversidad de profesiones, oficios y actividades económicas; según correspondían a hoteleros, comerciantes, médicos, ingenieros, maestros, químicos, agricultores, y a actividades relacionadas con la estación ferroviaria del Golfo (ingeniero, gerente, cajero, dependiente, mecánico), así como con la empresa de aguas termales del Topo Chico.22 Por su parte, los italianos se especializaban en oficios como libreros, jornaleros, carpinteros y de manera particular se observa el dominio en el comercio y de cobreros. Los españoles, según indica la fuente consular, todos practicaban el co-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

mercio; en tanto, entre los alemanes se encontraba un reconocido fabricante de sombreros, así como boticarios, comerciantes y cantineros.23 Los factores de la migración extranjera e interna a Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX respondieron a coyunturas económicas, políticas y sociales nacionales y locales que brindaron escenarios propicios para la atracción de grupos de migrantes, así como su establecimiento en la ciudad como empresarios y comerciantes, para el caso de algunos migrantes extranjeros; y como fuerza laboral en la pujante industria que se desarrollaba en los años de cambio de siglo.

La infraestructura urbana de Monterrey A mediados del siglo XIX, Monterrey contaba con algunos espacios sociales y recreativos. El teatro Progreso se construyó en 185724 y en 1861 la Alameda Nueva. Existían ya algunas plazas públicas como la de las Capuchinas (que cambió su nombre en 1853 por el de Plaza Iturbide), la plaza Bolívar, la plaza de la Llave (después Purísima) y la plaza de Armas (luego Zaragoza) que puede considerarse como la principal. No obstante la preponderancia rural de la ciudad, en ésta se percibía, en distintos aspectos, una vida urbana en crecimiento. La ciudad de Monterrey era vista por los visitantes de la región como un ejemplo de modernidad, en la que la luz y la vida eran parte de su encanto. La siguiente publicación en el periódico oficial da cuenta de la percepción sobre la ciudad en temporada de fiestas patrias y de la feria anual de la ciudad. la grata impresión que causaba en nuestros campesinos la mágica transformación que notaban en su Reyno, como llaman aun candorosamente a Monterrey pues admiraban (…) sus principales calles cómodamente empedradas: la plaza principal circuida de hermosos y cómodos asientos e iluminada por 32 hermosos faroles colocados sobre pies derechos de hierro: admiraban tambien la sencilla, pero hermosa fachada de la casa de Ayuntamiento, iluminada con hermosos faroles, y hubo algunos que dije-

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ran haciendo quizá gratos recuerdos que su Reyno parecía ya un México chiquito. (…). Había patrullas suficientes de infantería y caballería uniformadas con decencia propia para causar respeto: todos los agentes de policía vestidos con el mismo lujo y uniforme que los de México en días clásicos, cumplieron empeñosamente con su deber; sin molestar a nadie con los impropios modales y altanería, con que suele abusar en otras partes esta clase de agentes al desempeñar sus funciones.25 La infraestructura de la ciudad como caminos, transportes, hospedajes, entre otros aspectos, facilitó que los comerciantes y visitantes de zonas y Estados circunvecinos, incluso de otras regiones, arribaran a la ciudad para la venta de productos en tiempos ordinarios y durante la temporada de la feria. Toda vez que la ciudad contaba con cierta infraestructura, ésta no era suficiente ante la dinámica de crecimiento y movimiento comercial, así como para la recreación y entretenimiento público. la necesidad que tiene la ciudad de la construcción y formación para su mayor engrandecimiento, de (…) una alameda tan útiles y necesarios para el recreo de sus habitantes así como una plaza de mampostería26 para diversiones con corridas de toros y otras mejoras públicas de que carece la Ciudad.27 Hacia 1889 el municipio contabilizaba los siguientes lugares públicos, tal como se indica en el cuadro 9. Cuadro 9. Lugares públicos registrados por el Ayuntamiento de Monterrey. Nombres

Número edificio

Teatro Progreso

1

Plaza o redondel para corridas de toros

1

Plazas o palenques para juego de gallos

2

Salones para patinar

2

Total

6


Monterrey: origen y destino

Las políticas públicas previstas, principalmente de corte estatal (el reyismo), brindaron las condiciones adecuadas para el crecimiento de la infraestructura urbana pública; a la vez que un fuerte incentivo al crecimiento urbano de particulares. Durante los primeros diez años de la administración reyista fueron visibles las obras públicas en la ciudad capital, la cual, según la perspectiva gubernamental, debería ser una muestra del progreso material del estado. En 1886 formó la Junta de Mejoras, órgano consejero en la construcción de las obras públicas, que procuraba la obtención de recursos privados y se hacía cargo de los fondos municipales más solventes (desde luego el municipio de Monterrey)28 para administrarlos en obras públicas de acuerdo a la propuesta urbana reyista, a la usanza vanguardista de la época. Las obras maestras construidas durante el reyismo fueron la Penitenciaría y el Palacio de Gobierno estatal.29 Según las propuestas gubernamentales de Reyes, la ciudad capital de Monterrey debería ser un ejemplo de centro urbano que concentrara los negocios, comercio y gobierno, a la vez que alcanzara un desarrollo urbano ejemplar en el país. La infraestructura urbana crecía a la par que las empresas y negocios, no así las casas habitación, problema que Reyes decidió atacar por medio de exenciones de impuestos a aquellas personas con recursos que construyeran casas de habitación o edificios (con un valor mayor a los ocho mil pesos) en la zona circunvecina a las nuevas arterias de tránsito: la calle Unión y Progreso; asimismo, a aquéllos interesados en construir en el área de la Alameda “Porfirio Díaz” y la nueva penitenciaría.30 De esa manera dicha zona de la ciudad se convirtió en residencial, con lujosas casas construidas por los arquitectos de moda.

Edificios y monumentos Durante la segunda mitad del siglo XIX se distinguen dos momentos en los cuales hay mayor construcción de edificios y monumentos: a finales de la década de 1850 y principios de la década de 1860, en tiempos del gobierno de Santiago Vidaurri, des-

tacando el Colegio Civil y la Alameda (entonces denominada Alameda Nueva). El segundo se aprecia durante el periodo de Bernardo Reyes, durante 1886 y noventa hasta casi toda la primera década del siglo XX. El primero se da de una forma más discreta y desde luego con recursos menores y condiciones distintas que el segundo, que se presenta con mayor proyección y potencial económico, interviniendo en gran medida la iniciativa privada. De esta forma, durante la administración reyista aparecieron los edificios de uso público como la estación del Golfo, comercios y bancos. El Banco Mercantil, fundado en 1899 bajo una amplia concesión que el gobierno federal otorgó el 27 de julio a Joaquín Casasús, Enrique C. Creel y Tomás Mendirichaga,31 realizado por el famoso arquitecto Alfred Giles, autor de otros edificios de la época. El Banco de Nuevo León, fundado en 1892 con capitales de notables hombres de negocios, entre los que destacaron Evaristo Madero –de Coahuila–, Marcelino Garza y Jerónimo Treviño, entre otros. La sede del banco fue la residencia adquirida a Gregorio Zambrano, remodelada por Alfred Giles hacia 1902.32 A este inmueble, al que se le anexó la casa adjunta, se le agregó un tercer piso, sobre las viejas estructuras de sillar, y se cambiaron totalmente las fachadas por otras al moderno estilo academicista, “llenas de balaustradas, consolas, frisos, tímpanos y demás ornamentos”.33 La construcción de la historia nacional, fortalecida durante el porfiriato, en la que tanto el reconocimiento (folclorizado) de los orígenes prehispánicos y de algunos personajes de las diversas luchas armadas del siglo XIX formó parte de las políticas estatales y municipales de finales de siglo e inicios del XX. La erección de monumentos dedicados a héroes nacionales y locales fue un mecanismo tangible para hacer presente en la sociedad una memoria histórica relativamente cercana (trágica, pero heroica); no obstante, estos monumentos se realizaron en un contexto porfiriano en el que predominaba el discurso de paz y orden social. El monumento a Miguel Hidalgo se instaló en la pla-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

za del mismo nombre en 1894; en 1906 se instaló un monumento a Benito Juárez en la Plaza 5 de Mayo. Uno de los más destacados con altos costos fue el arco de la Independencia, en el cruce de las avenidas Unión y Progreso (actualmente Calzada Madero y Avenida Pino Suárez), inaugurado en el aniversario de dicho suceso.34 Por otra parte, la arquitectura predominante en Monterrey, en el último tercio del siglo XIX, no mostraba diferencias en la altura de sus puertas y ventanas que apenas se diferenciaban ocasionalmente a través de algún ornamento. Asimismo, estas construcciones podían tener un uso de casa habitación, o comercio u hospital, es decir que había una gran regularidad entre las construcciones. Durante la década de 1890, a raíz de las políticas económicas de Bernardo Reyes, llegaron a Monterrey profesionistas extranjeros (sobre todo americanos, seguidos de alemanes e ingleses) con tendencias de moda arquitectónica de vanguardia en sus países de origen35 que empataron con las ideas de modernización urbana y progreso material de la localidad y del país. Algunos políticos, comerciantes y empresarios como Isaac Garza, Patricio Milmo, Evaristo Madero, Valentín Rivero y Gajá, entre muchos otros, construyeron residencias que mezclaban la modernidad y grandes ambiciones arquitectónicas, dejando atrás la hasta entonces tradicional arquitectura de muros de sillar y techos de vigas y terrado. Para ello echaron mano de las propuestas artísticas y excelente manufactura de Alfred Giles, arquitecto angloamericano que ejerció en la ciudad un cierto tipo de cacicazgo de su profesión: entre 1890 y 1920 tuvo a su cargo más de treinta proyectos arquitectónicos identificados, casi todos construidos.36 Las casas comerciales de la Reinera (almacén y tienda de ropa) son un buen ejemplo, en 1900 la compañía de Hernández Hermanos Sucesores inició los trámites de construcción del nuevo edificio terminado en 1901 a cargo del renombrado arquitecto Giles. Las nuevas fachadas y los grandes aparadores atrajeron la atención de los clientes. Por su parte, la tienda Sorpresa y Primavera, también almacén de ropa, fue sustituida por un moderno

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edificio en 1901 que a la vez que fungía como tienda departamental también ofrecía al público telas exclusivas. Este edificio fue consumido por las llamas en 1926. El arte arquitectónico de vanguardia de la época llegó hasta las últimas moradas de los ricos comerciantes, políticos, industriales, pues los panteones se convirtieron en motivo para vender espacios suntuosos, construidos desde luego con diseños elegantes y vanguardistas. El panteón del Carmen con diseño de Giles abrió sus puertas al público en 1901.37 Con estas obras, entre muchas otras no mencionadas, la ciudad capital estaba a la altura de otras ciudades extranjeras “más civilizadas”. El nuevo paisaje urbano y la presencia de edificios monumentales eran muestra de haber alcanzado un avance técnico y económico relevante. Con los monumentos históricos se exaltaban los valores nacionales. Estos elementos progresistas presentes en la ciudad de Monterrey, si bien con características particulares, eran compartidos con otras ciudades, desde luego la de México, capital de la república y modelo a seguir por las ciudades provincianas, destacando esta visión progresista que posicionaba a los mexicanos ascendiendo la cuesta del progreso guiados por Europa. Desde luego, en un escenario en el que el gobierno porfirista y reyista era el conductor de una economía sana, no podían faltar los monumentos al dinero, a las finanzas y al ahorro: los bancos.38

Infraestructura del Ayuntamiento Conforme pasaban los años y la ciudad crecía, el Ayuntamiento ampliaba la infraestructura que le permitía efectuar la administración pública; no obstante, el Ayuntamiento rentaba inmuebles para complementar esta infraestructura necesaria, estos inmuebles eran dedicados principalmente al sector educativo. En el último tercio del siglo, el Ayuntamiento contaba con diferentes propiedades y bienes cuyo valor iba aumentaba conforme transcurrían los años. En el cuadro 10 se aprecian los tipos de bienes inmuebles y el valor de éstos.


Monterrey: origen y destino

Cuadro 10. Edificios públicos de la ciudad de Monterrey.39 Valor en 1878

Valor en 1889

Palacio municipal (ubicada en la plaza Zaragoza y la del comercio y las calles que comunican a estas plazas)

45,000

62,603.03

Casas en la plaza de Colón El grupo meridional 6,000 Segundo grupo hacia el norte 6,000 El tercer grupo hacia el norte 1,500

13,500

Cárcel (en la calle de san Francisco ubicada en terreno de la ciudad)

16,000

16,63.85

Antiguo degolladero (a las caídas del río de esta ciudad)

2,000

1,000.09

Actual degolladero (situado a la margen derecha del río de Santa Catarina)

3,000

3,000

Cuartel: “La maestranza” (sita en la calle de Abasolo)

8,000

Edificios

Escuela pública San Bernabé

150

150

Escuela pública Urdiales ubicada en una manzana de la ciudad

350

350

Escuela pública Labores nuevas

100

100

Casa de Ayuntamiento San Pedro

600

Alameda nueva (luego Porfirio Díaz)40

1,300

2,489

La caja del agua

1,500

1,500

Parián

58,120

Terreno donde se hallaba la casa denominada de beneficencia situada en la calle de Abasolo y que servía de corral de barranqueños

1,500

Fuente de mármol en la plaza de Zaragoza con su cañería

16,000

Fuentes, dos en la plaza de Zaragoza, dos en la de Hidalgo, dos en la de Colón, una en la de Bolívar y otra en la de la Llave

2,931

La obra del puente de ojo de agua, denominado “Juárez”, lo gastado por la ciudad

7,258

Casa garita de madera, para la oficina del resguardo municipal

339

Finca compuesta de un terreno de 10 varas frente norte, a lindar con la calle de S. Francisco y fondo al sur hasta las corrientes del río, lindando al oriente con la cárcel de esta ciudad

246

Terreno en el que esta ubicada la plaza de Cuauhtémoc situado a espaldas del Hospital Civil de esta ciudad

450

Suma

91, 500

158, 036

25


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Las propiedades del municipio no eran muchas, en ellas destacan desde luego la casa del Ayuntamiento, la plaza Colón, la cárcel municipal, el Parián, algunas escuelas, la Alameda denominada Porfirio Díaz, entre otros edificios públicos de menor valor, pero conforme pasaban los años este valor comercial se incrementaba. Por su parte, el gobierno del estado contaba con otros bienes inmuebles, entre los que destacan los del cuadro 11. Cuadro 11. Edificios del gobierno (1878).41 Propiedad del gobierno del estado

Valores

Palacio del Gobierno

32,000

Colegio Civil

35,000

Hospital Civil

32,000

Cuartel de la maestranza

8,000

Fuerte del Obispado

10,000

Cuartel de Iturbide

5,000

Suma

122,000

Fue durante el gobierno de Bernardo Reyes, cuando el estado realizó obras significativas como la del puente llamado Juárez, en 1887 se inició la construcción de la penitenciaría para ser terminada en 1895, con un costo aproximado que excedía los 250 mil pesos,42 el remozamiento de la Alameda, zona que fue incentivada para su doblamiento concediendo exenciones de impuestos a aquellos particulares que desearan fincar en las calles aledañas; y sin duda la obra colosal de su tiempo, el Palacio de Gobierno.

Caminos, medios de transporte y comunicación Los caminos de Monterrey a Saltillo se encontraban en malas condiciones, por lo que fue necesaria la recomposición de éstos hacia 1856 por parte del municipio, ya que Monterrey era la capital del anexado Estado de Nuevo León y Coahuila. Asimismo, los caminos hacia Matamoros,43 sin duda, las principales vías del comercio. Rutas que frecuentemente eran asediadas por asaltantes.

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Debido al contexto bélico, los gobiernos en turno poco le apostaban a las rutas de caminos. Éstos por lo general eran inseguros y el sistema de transporte que operaba era atrasado y se encontraba en condiciones deplorables. Si bien en la segunda mitad del siglo decimonono, el noreste de México experimentó un auge comercial entre éste y Estados Unidos, influyendo en el sistema de transporte terrestre (convoyes y diligencias)44 que empezarían a eficientizar e innovarse, pues finalmente el comercio se realizaba por medio de la tracción animal. Por ejemplo, en 1854 se fortalecieron los caminos de Monterrey a Saltillo y de Monterrey a Matamoros.45 Durante las temporadas de lluvias el flujo de transporte se veía fraguado. Monterrey se encontraba comunicado hacia el norte mediante caminos de “herraduras” con Matamoros, Laredo, Tampico, Piedras Negras y, por Saltillo, hacia el interior del país.46 Los convoyes que transitaban por estas vías incluían enormes carretones que permitían llevar una carga mayor de mercancía. Hacia la década de los años sesenta las diligencias tuvieron un despegue en el traslado de personas. Conectaban Monterrey con San Luis Potosí, México, Saltillo, Linares, Laredo y Matamoros. Una de las rutas más usadas era la de Matamoros, que conectaba al barco que zarpaba hacia Nueva Orleáns. La terminal en Monterrey de las diligencias se ubicaba en el Hotel Águila de Oro, propiedad de Antonio Vignau.47 El tráfico de transporte de tracción animal tenía dos finalidades: la entrega de mercancía y el transporte de pasajeros. En 1859 el Ayuntamiento de Monterrey estableció distintas cuotas para los carros cargados de efectos de comercio, excepto los del gobierno y los que venían cargados de productos del Estado.48 De igual forma se aplicaba una cuota a los carros y carretas pertenecientes a los vecinos de la ciudad y que “hicieran tráfico en ella”.49 Los carruajes se dividían en: carruajes de uso, carruajes de alquiles y carruajes de sitio. Gabriel Abrahams, de origen americano, era uno de los dueños de sitio de coches de la ciudad.50 Los carros provenientes


Monterrey: origen y destino

de otros lugares dedicados al transporte con carga de efectos de comercio debían pagar una cuota específica.51 Los dedicados a proveer a la ciudad de frutos del estado y otros objetos de primera necesidad estaban exceptuados del impuesto. Lo carros que sean parte de “los juegos de bolas”, loterías, o cualquier otra diversión, pagarían durante el tiempo de estancia en la ciudad.52 Por otra parte, los carretones de la ciudad representaban un costo elevado;53 en tiempos de carestía significaba alimentar a las mulas que tiraban los carretones. Las diligencias brindaban a los viajeros (de Tamaulipas, incluso para aquéllos que llegaban o iban a Nueva Orleáns) la oportunidad de trasladarse con regularidad y ciertas comodidades. El viaje era de tres días y medio y costaba 25 pesos por persona.54 La cantidad de personas que una diligencia podía trasportar era hasta dieciocho personas distribuidas en los asientos interiores y exteriores (en el techo) y debido al peso de la diligencia (el peso era aproximadamente de tres mil libras y otras cuatro mil de carga) se requerían hasta seis animales para su movimiento.55 El hotel Águila de Oro, lujoso y con su restaurante de comida internacional, otorgaba información y boletos para el uso de las diligencias (era la terminal de éstas). Este hotel, ubicado cerca del centro (calle del Teatro, ahora Escobedo), recibía a los pasajeros foráneos y les ofrecía caballerizas. Los visitantes podían hospedarse y alimentarse también, por ejemplo, en el Mesón de San Pablo,56 ubicado en la calle de la presa chiquita. Este lugar proporcionaba un espacio para los carruajes, corral y caballerizas con acequia de agua para los animales e incluso brindaban a sus clientes las pasturas suficientes. La dinámica social y comercial de la época favoreció la creación de una infraestructura urbana (pública y privada) cada vez más moderna; y ésta atraía sin duda a los visitantes y a los mercaderes, posicionándose como una ciudad con distintos servicios a ofrecer. Con la llegada del ferrocarril en 1881 (se inauguró el primer tramo de Matamoros con direc-

ción a Monterrey) empezó una etapa en la que las estructuras de hierro formaron parte del ir y venir de aquellos materiales y recursos necesarios para la industria que se consolidaba.

La llegada de la tecnología y las comunicaciones En materia de comunicaciones y transportes, en el último tercio del siglo XIX, se dio un trascendente desarrollo tecnológico que afectó la vida cotidiana. El telégrafo y el tren significaron la posibilidad de acceder a los medios de comunicación y transporte rápidos y con bajos costos. Previo a la llegada del tren, las diligencias eran usadas para los largos trayectos, si bien era la alternativa de comunicación terrestre más viable, no así sus altos costos. El uso de estos servicios, era efectuado por las clases sociales que podían solventar los costos. Por ejemplo, para 1876 el costo en diligencia de Monterrey a la Ciudad de México ascendía a 69 pesos, en tanto doce años después el mismo trayecto en ferrocarril tenía un costo de 33 pesos en primera clase y la mitad del costo si se viajaba en tercera clase.57

Sistema ferroviario urbano Inició sus trabajos con el uso de la tracción de carga animal, conocido como tranvía de mulas. La incorporación de conocimientos tecnológicos como el uso de carros sobre rieles favoreció la rapidez y la posibilidad de cargar pesos mayores. Desde la década de 1880, el sistema de transporte urbano (de tracción animal) empezó a solidificarse a través de diferentes concesiones (personas y empresas), algunas de ellas de capitales extranjeros. En 1883 los concesionarios informaron su terminación (tres kilómetros de vía) al gobierno estatal. Esta primera ruta iniciaba en el lado norte de la plaza Zaragoza, volteaba por la calle del puente nuevo (Zuazua) hasta la plaza 5 de Mayo, seguía por la calle 15 de Mayo hasta la calle del Roble (Juárez), por ésta hasta Washington, luego hasta la

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Alameda Nueva (Mariano Escobedo) y por el lado oriente de ella (Pino Suárez) hacia el norte, hasta la estación del Ferrocarril Nacional. La diversificación en las comunicaciones y servicios dentro de la ciudad, con presencia cada vez mayor de inversión y de usuarios, requirió la reglamentación oficial y desde luego la intervención del Ayuntamiento. En 1890 el Cabildo regiomontano aprobó el Reglamento de ferrocarriles urbanos de la municipalidad de Monterrey.58 En éste el municipio estipuló que la construcción de todo ferrocarril urbano debía funcionar por tracción animal dentro de la ciudad, cuya construcción y explotación sería solamente a través de concesiones. Mediante el inspector de los ferrocarriles urbanos, el municipio se encargaba de revisar por un lado las medidas de seguridad en la construcción, así como, una vez en funciones, de supervisar el servicio de las líneas, como la higiene necesaria en los coches y la seguridad requerida. Dentro de la ciudad, ningún coche podía caminar a mayor velocidad de la obtenida con el trote de los animales empleados; asimismo, debía tener precauciones en caso de que dos coches transitaran en la misma dirección y calle. Como una forma de precaución, los animales del tiro llevaban en la collera una banda con cascabeles o campanillas que se escuchaba a una distancia conveniente. En cada coche, además del cochero, también iba un conductor, quienes portaban un silbato usado para señalar algún peligro. Según el reglamento de transportes urbanos, “las compañías están obligadas a emplear conductores atentos con los pasajeros especialmente con las señoras, ancianos, inválidos y niños, a quienes ayudarán a subir y bajar de los trenes”.59 La cantidad importante de coches que conformaban el servicio de trasporte urbano requirió de establecer una señalización de los destinos de los coches.60 Según Vizcaya,61 para mediados de 1891 había cuatro empresas que operaban ferrocarriles urbanos, las que cubrían cuarenta kilómetros de vía, con un total de 58 coches y 249 animales de tiro.62 El servicio de ferrocarriles urbanos consistía en transporte de carga y de pasajeros. En días

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de fiesta en la ciudad, como los días patrios, días de feria o carnavales, las empresas concesionarias aumentaban el número de coches para brindar el servicio durante los días y horas necesarios.63 Para mediados de 1891, el servicio de pasajeros en días ordinarios iniciaba a las cinco de la mañana y terminaba a las diez de la noche. El recorrido era entre los puntos de la estación del Golfo y la plaza de la Independencia; entre dichos puntos y el molino de Hércules se hacía un trasborde de pasajeros en la intersección de las calles del Teatro y Matamoros. Para tal trasbordo se les exigía a

Cuadro 12. Tarifas de costos del servicio de ferrocarriles urbanos para la ciudad de Monterrey hacia 1891. Servicio ordinario Por cada persona mayor de 7 años

0. 06 c.

Niños de 3 a 7 años

03 c.

Niños menores de 3 años

Gratis

Servicio especial Un carro, por un viaje redondo entre cualquier punto de la línea

$2.00 pesos

Por cada hora de estancia pasado de 2 señaladas para un viaje

50 c

Servicio de carga Por carga de 12 recorrido

por kilómetro

$10 c

En viaje de menos de un kilómetro carga

20 c

Plataforma entera entre dos puntos cualesquiera de la línea

$ 2.50 pesos

Los servicios ordinarios o especiales después de las diez de la noche

Doble tarifa

los pasajeros una contraseña que acreditaba que el pasaje estaba pagado, para pasar “al ramal del Hércules” la contraseña era de color rojo y blanco para continuar el viaje.64 No fue sino hasta la vuelta de siglo, con la llegada del automóvil al país y a la ciudad, cuando


Monterrey: origen y destino

las comodidades de transportación cambiaron. En los inicios del siglo XX, en la Alameda, llamada entonces Porfirio Díaz, se presenció la vuelta del primer automóvil en la ciudad, bajo el asombro de los concurrentes. Con ello y otros avances tecnológicos, como la radio, se dio pauta a que la ciudad se comunicara con mayor rapidez y al ritmo de las principales capitales del mundo.

Templos y religiones Las iglesias protestantes estuvieron presentes en la ciudad desde mediados del siglo XIX. Las leyes de reforma abrieron posibilidades a la libertad de culto; no obstante, y a pesar del golpe que recibió con las reformas liberales, la Iglesia católica seguía figurando en el mundo privado de las mayorías. El triunfo liberal permitiría el establecimiento de las libertades de conciencia y creencia, facilitando, al menos jurídicamente, que extranjeros de otras creencias vinieran a residir en México. Esta tolerancia religiosa tenía una doble intención, la de atraer a los inmigrantes y sus aportaciones culturales que enriquecerían el “bajo nivel cultural del país”, a la vez que podrían poblar e invertir en la nación, contribuyendo con ello a la estabilidad política y económica. Hacia 1862 el protestantismo se hacía presente en la ciudad con la llegada del irlandés Santiago Hickey, quien propagó la Iglesia Bautista; a los pocos años, el inglés Thomas Westrup y los hermanos José María y Arcadio Uranga consolidaron la Iglesia Protestante en el noreste, estableciendo la primera congregación evangélica formal en 1864; y en 1865 llegó la primera Iglesia Presbiteriana que se unió con la Iglesia Bautista hasta 1869 cuando se estableció en Monterrey la primera iglesia Presbiteriana. Antes de finalizar el siglo XIX, otras iglesias llegaron a la ciudad, como la Metodista, la Adventista, la Luterana, la Iglesia de Cristo, la Union Church, la del Gran Pastor, entre otras.65 Hacia 1882,66 además de la Catedral en Monterrey, había otros templos católicos: San Francisco, la Purísima y el Roble; cuatro capillas, la de los Dulces Nombres, la del Colegio de Niñas, la de San José y la de Guadalupe. El valor estimado de

la Catedral en esta época era de cien mil pesos, de San Francisco de catorce mil, de la Purísima doce mil, la iglesia del Roble estaba aún en ampliación, habiéndose invertido hasta la fecha la suma de noventa y cuatro mil cuatrocientos treinta y siete pesos; el valor aproximativo de la Capilla de los Dulces nombres era de seis mil pesos; el de la Capilla del Colegio de Niñas de mil quinientos; el de San José seiscientos y el de Guadalupe ochocientos; la Capilla de Lourdes todavía estaba inconclusa y se ignoraba su valor. Reportaba el propio municipio que la religión católica era considerada oficialmente mayoritaria, fuera de algunos cuantos habitantes pertenecientes a “sectas protestantes”; según datos municipales, entre trescientos cincuenta y cuatrocientos extranjeros que residían en la ciudad se ignoraba su propia religión. Los bienes de la Iglesia habían sido afectados tras las leyes de desamortización. Hacia 1878 estos bienes se reducían principalmente a los templos, como lo indica el cuadro 13. Cuadro 13. Edificios de la Iglesia Católica (1878).67 Del gobierno eclesiástico

Valores

Obispado

20,000

Catedral

220,000

Convento de San Francisco

10,000

Iglesia del Roble

35,000

Capilla de la Purísima

16,000

Capilla de los Dulces Nombres

8,000

Capilla del Señor San José

2,000

Colegio Seminario Convento “San Vicente” Colegio de Niñas Capilla de Ntra. Sra. De Guadalupe

5,000

Capilla del seminario

sin dato

Capilla de San Pedro

sin dato

SUMA

332,300

16,000 300

29


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 14. Templos no católicos hacia 1878. Religión

Inmuebles

Valor

Presbiteriana (evangélica)

Un templo en la calle de Matamoros y Puebla

4,000

Bautista (evangélica)

Casa particular por la calle del Roble no. 53

en renta

Espiritista

Calle de Puebla

en renta

Cuadro 15. Iglesias en la ciudad hacia 1882.69 IGLESIA CATÓLICA EDIFICIOS

VALORES

MINISTROS

ADEPTOS

Catedral con la capilla

202,020

9

40 y tantos mil

San Francisco, la parroquia

14,000

2

La Purísima

12,000

1

El Roble

14,000

1

Sagrada Familia

8000

0

Guadalupe

800

0

San José

1,000

1

Hospital Civil

1,500

1

Seminario

1,400

5

Colegio de Niñas

800

1

San Pedro

800

En construcción (parte) del roble

90,000

Sagrado Corazón de Jesús

2,000

del Carmen

1,600

Ntra. Sra. Lourdes

6,000

355,920

21

VALORES

MINISTROS

ADEPTOS

4,000

2

87

VALORES

MINISTROS

ADEPTOS

No tiene

2

35

IGLESIA PRESBITERIANA EDIFICIOS Una que se encuentra en la esquina de las calles de Puebla y Matamoros IGLESIA BAUTISTA EDIFICIOS

30


Monterrey: origen y destino

Por su parte, en la ciudad aumentaban los templos no católicos, en el cuadro 14 se aprecian algunos de ellos.68 El municipio reportó para ese año 311, 300 pesos como el total al que ascendieron los valores correspondientes a los bienes inmuebles de los templos religiosos en la ciudad de Monterrey. Casi un lustro después, el municipio recabó los datos que se aprecian en el cuadro 15, respecto a templos, valores, ministros y adeptos. Sin duda, las leyes de Reforma afectaron los fuertes intereses de la Iglesia Católica, a la vez que otras religiones hacían lo propio desde tiempo atrás respecto a la captación de fieles, abriendo posibilidades de libertad y práctica de culto. A pesar de las nuevas opciones religiosas, la presencia espiritual y moral de la Iglesia Católica en la población regiomontana por espacio de varios siglos fue trascendental para que ésta continuara siendo mayoritaria en las prácticas religiosas, incluyendo diversas festividades y actividades relacionadas con la fe católica.

31


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Citas bibliográficas

19. AMM, Misceláneos, 199, Exp. 2.

1. AMM, Colección Cvil: Censos, Volumen: 67, Expediente 10.

20. Vizcaya, 2006:99.

2. AMM, Misceláneos 183, exp. 6. 3. En 1854 se fundó la Fábrica de Hilado la Fama, en Santa Catarina. 4. AMM, Colección Civil, Volumen 276, Expediente 43, 1859. 5. Enero 12 de 1857, AMM, Colección Civil, Volumen: 263, Expediente: 48. 6. Censo y estadística de la municipalidad de Monterrey, AMM, Misceláneo 73, 12. 7. AMM, Misceláneos 183, exp. 6. 8. En esta sumatoria existe una diferencia respecto a los otros totales. 9. Cerutti, 2006:118. 10. Vizcaya, 2006: 99. 11. AMM, Censo de 1900, Archivo Municipal de Monterrey.

21. Censo de 1900, AMM. 22. Fuente consular, AMM, Misceláneos 199, Exp. 2. 23. Fuente consular, Misceláneos 199, Exp. 2. 24. No se tiene la certeza de la fecha de construcción, Isidro Vizcaya señala que probablemente este teatro se haya inaugurado en julio 1857 por la publicación en el periódico oficial de una nota sobre la llegada de la compañía Turín (Vizcaya, 2006:60). 25. AGENL, Periódico oficial, 22 septiembre 1853. 26. Obra de albañilería hecha de mampuesto o piedras sin labrar o con labra grosera, unidas con argamasa o mortero, yeso, cal, cemento, etc. Diccionario enciclopédico (2006). 27. AMM, Actas de Cabildo 999, 26/05/1854, 1854/040. 28. Nieyemer, 2004:102.

12. AMM, Censo de 1900, Archivo Municipal de Monterrey.

29. Aunque el edificio del Palacio de Gobierno se inició en noviembre de 1902, durante el gobierno interino de Pedro Benitez Leal, fue Reyes quien aprobó los planos ( Nieyemer, 2004:103).

13. AMM, Misceláneos 183, exp. 7.

30. Nieyemer, 2004:79.

14. AMM, Misceláneos 183, exp. 7.

31. Mendirichaga y Mendirichaga, 1973:.31.

15. Vizcaya, 2006:99.

32. Mendirichaga y Mendirichaga, 1973: 29.

16. Cerutti, 2006:118.

33. Giles, 65.

17. Vizcaya, 2006:99.

34. Desde principios de 1909 el gobierno del Estado convocó a ingenieros y arquitectos para que presentaran diseños de un monumento para conmemorar la independencia de México. El proyecto

18. Matute, 1992: 171.

32


Monterrey: origen y destino

de Alfred Giles fue el ganador. Cfr. Casas y Covarrubias, 2003: 111.

52. Un peso cada mes. AMM Colección Civil, Volumen: 276, Expediente: 43.

35. Casas y Covarrubias, 2003:38-29.

53. 1868, AMM Colección Civil, volumen: 293, Expediente: 13.

36. Casas y Covarrubias, 2003:35. 37. Casas y Covarrubias, 2003:86. 38. Fernández Christieb, 2004: 139;151. 39. AMM, Misceláneos 183, exp. 8; Misceláneos 199, exp. 2. 40. En 1878 el terreno estaba compuesto de veinte manzanas, había un cuartito que servía de habitación al guardabosque y un jacal; para 1889 el terreno constaba de ocho manzanas y se denominó Porfirio Díaz. 41. AMM, Misceláneos 183, exp. 6. 42. Vizcaya, 2006:102; Nieyemer, 2004:62.

54. “El sr. Schwerin ha establecido una diligencia de esta ciudad al puerto de Matamoros; regulando su salida de esta capital para llegar a la salida del vapor para Nueva Orleáns: el viaje lo hará en tres días y medio, pues para el efecto tiene todo bien arreglado. El precio del pasaje es el de 25 pesos por persona con una arroba de equipaje y el exceso será a precios convencionales. Informarán de más pormenores en el nuevo Hotel del Águila de Oro. Monterrey, 15 febrero 1860. Antonio Vignau. La voz de la frontera, 16 de febrero de 1860. 55. Vizcaya, 2006: 17. 56. El restaurador. Periódico oficial del gobierno del Estado libre y soberano de N.L. y Coahuila. 3 mayo de 1860.

45. Concluidos 39/667 AGENL.

57. El pasaje a Laredo costaba 8.24 pesos en primera; la diferencia de ésta con la tercera clase era la mitad (4.13 pesos), mientras que la tercera clase no variaba mucho de la segunda, pues costaba 5.50 pesos (Vizcaya, 2006: 20-21.

46. Olvera, 1998: 25.

58. Misceláneos 201, exp. 8.

43. AMM, Correspondencia, volumen 97, exp. 10. 44. Olvera, 1998: 25.

47. Idem. 48. Pagarán por cada entrada o salida dos reales. AMM Colección civil, Volumen: 276, Expediente: 43. 49. Pagaban un real cada mes. AMM Colección civil, Volumen: 276,Expediente: 43. 50. AMM Colección Civil, volumen : 279, Expediente: 58 51. Un real por cada entrada. AMM Colección civil, Volumen: 276,Expediente: 43.

59. Misceláneos 201, exp. 8. 60. Misceláneos 201, exp. 8. 61. 2006. 62. Vizcaya también hace referencia a algunos carros carroza que prestaban servicios funerarios por la vía que iba por los cementerios. Cfr. Vizcaya, 2006: 24. 63. Misceláneos 201, exp. 8.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administraciรณn municipal

64. Reglamento de Ferrocarriles Urbanos, Miscelรกneos 201, exp. 8. 65. Rangel, Lobo, Rugerio, 2004: 23. 66. AMM, Ramo civil, Volumen: 332, Expediente: 57. 67. AMM, Miscelรกneos 183, exp. 6. 68. AMM, Miscelรกneos 183, exp. 6. 69. AMM, Miscelaneos 251, exp. 12.

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Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO II LAS RELACIONES DE PODER POLÍTICO EN EL MUNICIPIO DE MONTERREY

El siglo XIX se caracterizó por ser un siglo de cambios políticos, económicos y sociales fundamentales en la historia de México. Después de adquirir la autonomía respecto a España, el proceso de conformación de un Estado nacional firme, que garantizara la unidad de la nación y la “convergencia” de ideologías requirió de varias décadas e incluso de nuevos y difíciles periodos de luchas internas contra nacionales y extranjeros. En este contexto, el municipio de Monterrey, lejos del centro de la república y cerca de los

Palacio Municipal. El municipio de Monterrey, lejos del centro de la república y cerca de los Estados Unidos, mantuvo una relativa distancia de los problemas bélicos. Fotografía: M.M. López.

esperado. La ambigüedad constitucional del municipio, sobre su autonomía respecto al Estado y la federación, propició este clima de verticalismo político, toda vez que los propios actores políticos generaban las condiciones de control municipal, para así lograr los votos requeridos en las elecciones del ejecutivo y efectuar diversas acciones de gobierno. De esta manera el municipio fue un intermediario entre el Estado y la ciudadanía, un medio elemental con el cual los habitantes se identificaban y se organizan, es decir que el municipio es la célula básica que garantiza un mínimo de gobernabilidad.1 El objetivo de este capítulo es revisar la posición política del municipio y la autonomía de éste en la aplicación de sus políticas públicas; por otra parte se mostrará cómo algunos actores que formaron parte de las élites y de grupos económicos de la época formaron parte constante de la estructura política administrativa de Monterrey durante la segunda mitad del siglo decimonono, logrando de esa manera un control del municipio, además de mantener una tradición jerárquica sustentada en hombres notables: con honores, privilegios y poderío económico.

La evolución política del municipio Estados Unidos, mantuvo una relativa distancia de los problemas bélicos y, a diferencia de otros tantos municipios, se vio menos afectado por los saldos económicos y sociales derivados de años intensos de enfrentamientos. La política interna de los agentes municipales (alcaldes y Cabildo) se desenvolvió en general durante toda la segunda mitad del siglo XIX en una estrecha y casi vertical relación con los gobiernos estatales en turno. Los alcaldes generalmente fueron nombrados por el gobernador, por lo que sujetarse a los designios del ejecutivo era lo

Como ya se ha visto en los tomos previos, durante casi todo el periodo colonial el Ayuntamiento estuvo subordinado al Estado español, siendo hasta principios del XIX, con los procesos independentistas y con la Constitución de Cádiz,2 cuando los municipios se consolidaron como la instancia básica del gobierno. La Constitución de 1824 no precisó las atribuciones económicas, políticas y sociales de los Ayuntamiento, por el contrario, las facultades

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

A principios del siglo XIX los municipios se consolidaron como la instancia básica del gobierno gracias a los procesis independestistas y la Constitución de Cádiz.

para los estados sí fueron delineadas; por ello, todavía entrada la segunda mitad del mismo siglo, se efectuó bajo la legislación de la Constitución de Cádiz con una ambigüedad de autonomía y sujeción a la estructura estatal.3 En la Constitución de 1857, las atribuciones explícitas del municipio fueron omitidas; en otras palabras, tampoco se precisó una definición de forma clara en torno a sus competencias constitucionales.4 Aunque la parte tributaria de los ciudadanos ante la federación, estado y municipio quedó abarcada en la Carta magna. Durante el porfiriato, el municipio siguió el mis-

36

mo esquema confuso en la relación política con el Estado y la federación, es decir, sin una precisión legal que le permitiera una autonomía, la cual se logró hasta el siglo XX. Se heredó el esquema de las prefecturas políticas establecido por Maximiliano de Habsburgo para control del imperio y de la sociedad. Esta división política del territorio consistió en departamentos, divididos en distritos y ellos a su vez en municipalidades. La estructura estaba encabezada por los prefectos, figura que nombraba al alcalde; en tanto, los regidores eran de elección popular.5 A finales del siglo XIX, el Ayuntamiento no tenía capacidad real de decisión y sus actividades seguían sujetas al estado y a la Federación. La ley general de ingresos municipales (1897) estableció las rentas propias, impuestos municipales y federales, entre otros ingresos; no obstante la organización política, incluso las elecciones eran mediadas por los prefectos, jefes de todos los servicios en la municipalidad, subordinados al gobierno del Estado.6 Así, durante la segunda mitad del siglo XIX el papel del municipio se plantea desde dos ángulos complementarios, el primero remite a un contexto más amplio de la relación municipio y ciudadano. El segundo aborda las relaciones de poder entretejidas en la ciudad aludiendo a un poder político que iba de la mano del poder económico.

Relación municipio y ciudadano

Se heredó el esquema de las prefecturas políticas establecidos por Maximiliano de Habsburgo para control del imperio y de la sociedad.

Uno de los elementos sustanciales en las reformas liberales del siglo XIX fue la ciudadanía. En la Constitución de 1857, son ciudadanos de la república todos los mayores de dieciocho años siendo casados, o veintiuno


Monterrey: origen y destino

si no lo son (artículo 34); éstos tenían el derecho de votar en las elecciones populares y de ser votados para todos los cargos de elección popular; asociarse para tratar los asuntos políticos del país y tomar las armas en el ejército o en la guardia nacional, para la defensa de la república y de sus instituciones (artículo 35).7 Por otra parte, el ciudadano adquiría obligaciones, como inscribirse en el padrón de su municipalidad, manifestar la propiedad, industria, profesión o trabajo de que subsistía. Así como alistarse en la guardia nacional, votar en las elecciones populares y desempeñar los cargos de elección popular de la federación (artículo 36).8 De esta forma, el papel político del ciudadano en la elección de sus representantes activó una práctica y una relación con el municipio no nueva, pero de trascendencia en un contexto en el que los gobernantes dependían del voto ciudadano y en el que la vida social y cultural entraban en un proceso de secularización y de quiebre con las instituciones del viejo orden. De acuerdo con el planteamiento de Hernández,9 el municipio se posicionó en el siglo XIX como la célula del orden republicano y fue el nudo de la organización política.10 Si bien el marco municipal podía resultar legalmente ambiguo, no así su papel entre las elecciones políticas, pues en este proceso de acceder al poder, entre los gobernantes –en el caso estatal y federal– y el ciudadano –quien otorgaba legalmente el poder–, se encontraba el municipio como la unidad (territorio) en la que el habitante, ahora ciudadano, construía su identidad inmediata, reforzada por la ideología nacional presente en la república restaurada y posteriormente en el Porfiriato. Aun cuando las estrategias de manipulación electoral a favor de algunos grupos de poder locales y regionales se acentuaban en los cambios de gobierno en el propio municipio y estado, y sin duda en el nivel federal; es a partir del Ayuntamiento que la política se hace efectiva pues es donde se organizan los vecinos, los ciudadanos, y por ello es la célula básica que garantiza un mínimo de gobernabilidad del país.11

Relaciones de poder: esfera política y económica Es un hecho que en gran medida durante la segunda mitad del siglo XIX, el Ayuntamiento guardó una condición de subordinación con el estado. La imprecisión constitucional de las atribuciones municipales y las negociaciones políticas brindaron las condiciones para que rigiera una línea política vertical del estado-municipio, salvo periodos de excepción. En el caso de Monterrey, es evidente la necesaria aprobación del ejecutivo estatal para precisar y ejecutar diversas políticas públicas. Por lo general se puede percibir que las líneas de acción municipal tendían a apoyar las propuestas e incluso las prioridades de gobierno estatal. Esta situación de subordinación municipal hacia el ejecutivo del estado y sus programas es evidente en los casos del gobierno de Santiago Vidaurri, de 1855 a 1864, y Bernardo Reyes, de 1885 a 1887 y de 1889 a 1909. Desde luego se han de considerar para ambos casos las características particulares de cada uno de estos gobernadores, caudillos o líderes políticos, carrera en las armas y dominio de la política estatal y regional (esto más acentuado en el

La subordinación municipal respecto al ejecutivo del estado fue evidente en el gobierno de Santiago Vidaurri. Fotografía: Eric Lara.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

caso de Vidaurri), sin dejar de aclarar que cada uno con sus propias características y propuestas de gobierno se mantuvo en contextos muy distintos, pero que ejemplifican que el poder político se concentró en la figura del ejecutivo del estado, manteniéndolo por periodos en un caso más largo que el otro. En el intermedio entre estos dos gobiernos, existieron otros ejecutivos estatales que respondieron, sin duda, a grupos regionales de poder o caciques. Por lo general, el alcalde municipal estuvo sujeto a las encomiendas del estado. Diversos documentos evidencian el poder del gobernador sobre el alcalde y el Cabildo. No obstante, el municipio era un canal entre el estado y los habitantes, ya que a través del Ayuntamiento, los habitantes hacían llegar sus peticiones y quejas, así como la ejecución de gran parte de la administración pública; esto es, las obras públicas, los diversos impuestos, permisos, la seguridad, la salubridad, entre otros ramos, estaban a cargo del municipio –sin dejar de lado cierto grado de duplicidad de funciones en algunos ramos entre el Ayuntamiento y el gobierno estatal–. En sí, desde un ángulo, el Ayuntamiento fungió en este periodo decimonónico, hasta cierto punto, como una extensión del gobierno estatal; por otro, el gobierno estatal requería del municipio para efectuar parte de sus políticas públicas. Durante la segunda mitad del siglo XIX, la figura del alcalde de la ciudad se vio fracturada ante la presencia y atribuciones de otro actor político impuesto por disposición general y cuya presen-

El periodo que va de 1862-1867, en la historia de México, se conoció como Intervención francesa. Fotografia: M. Villarreal.

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cia se ubicaba entre el gobernador y el alcalde, esto se aprecia claramente en dos momentos: finales del gobierno de Santa Anna, con la aparición del superintendente en 1855 y durante la Intervención francesa, entre 1862 y 1867, y años posteriores. El prefecto del distrito del centro es superintendente de policía.12 Será presidente nato del Ayuntamiento, y en todo lo concerniente a la policía tendrá las atribuciones y deberes que por leyes vigentes tienen los Alcaldes primeros. En el ejercicio de sus funciones obrará con entera subordinación al Gobernador del Departamento que podrá intervenir en todos sus actos, revisarlos y suspender la ejecución cuando lo crea conveniente. Todos los días tomará personalmente la orden del Gobernador, a quien entregará el parte por escrito de las ocurrencias habidas en el municipio el día anterior. Está a cargo del superintendente y sujeción a él, el del Ayuntamiento y el Consejo de Salubridad creado por la ley del 19 de septiembre de 1851, la salubridad del distrito del centro; son presidente y vicepresidente del referido consejo el Gobernador y Superintendente de policía. Esta figura, similar al jefe político, implicó algunas fricciones políticas y negociaciones. En algunos casos, el alcalde hacía uso de su postura para expresar al gobernador algunos desacuerdos con otros actores políticos, como el jefe político, que en gran medida intervenía en los asuntos del estado y municipio. Esto es claro en el siguiente sustrato de una amplia misiva enviada por el alcalde y el procurador, Lic. Lázaro Garza Ayala, al ejecutivo en 1867 solicitando al gobierno del Estado que limite la injerencia del jefe político en los aspectos económico y administrativo del municipio, constriñéndolo a la seguridad y al ramo militar.13 El decreto del Estado de 23 de mayo de 1864 que crió [sic] las Gefaturas [sic] políticas dice espresamente [sic] que el establecimiento de ellas fue una exigencia provisional, por virtud de la guerra que el Estado tenía la obligación sagrada de sostener para repeler la invasión estrangera,


Monterrey: origen y destino

foto39

Lázaro Garza Ayala solicitó al Ejecutivo, en 1867, limitar la injerencia del jefe militar en el asunto económico y administrativo, constriñéndolo a cuestiones de seguridad.

[sic] y para llenar esta exigencia se le dieron amplias facultades á los Gefes [sic] politicos: sí, pues su creacion fué para asuntos extraordinarios de milicia y guerra, no hay tampoco necesidad alguna legal de que á la sombra de esas facultades se exigiera en el ejercicio de las atribuciones de otras autoridades la ley misma al investirlo de ellas, le señala su objeto y es contra la ley el que lo traspase. Ygualmente debe atenderse a los términos en que el artículo 3o. de dicho decreto concede alguna facultad al Gefe político para lo económico y administrativo: ese artículo le consigna como atribución la de guardar y hacer guardar la tranquilidad y el orden público y para este nada más como á Gefe de las armas de su Distrito, le están sujetas[sic] las demás autoridades subalternas pudiendo, no siendo uno de sus deberes estender [sic] sus providencias en lo económico y gubernativo á todo lo que facilite la pronta y espedita [sic] adminis-

tración y el buen servicio público y esa misma prontitud y espedicion [sic] que para conservar la tranquilidad y el órden público, encomendados á los Gefes políticos, se exige de sus funciones, prueba claramente que fuera de lo que con ese objeto se hallare conexo como la administración civil, pacífica y económica del Ayuntamiento, si en la esfera de lo posible y mucho menos en la de los deberes reales, está espresamente [sic] puesto bajo sus atribuciones, facultades y providencias del Gefe político no puede ni debe, por lo mismo, ingerirse en las funciones de esta Corporacion ni en las del presidente de ella, como tal… deben limitarse á sus funciones militares y asuntos que le sean conexos [sic], sin tocar objetos que no están bajo su incumbencia y así se me encomendó lo pidiera á U. al representárselo, espresando [sic] de su justificacion acreditada se sirva determinar de conformidad.14 En este sentido, queda claro el reclamo al Ejecutivo estatal de la autonomía municipal respecto al papel del jefe político. Las jefaturas políticas significaban sin duda un problema de poder. Durante el periodo de la Intervención francesa, las jefaturas políticas fueron eliminadas y reestablecidas en distintos momentos. Veamos durante el periodo en cuestión cómo algunos actores sociales que formaron parte de las élites y de grupos económicos, jugaron un papel relevante en la estructura política administrativa de Monterrey durante la segunda mitad del siglo decimonono. La presencia continua de dichos actores y grupos en el Ayuntamiento muestra la práctica de la antigua estructura sociopolítica en la que, de acuerdo a Hernández Chávez,15 los derechos patrimoniales, el honor y la riqueza, eran considerados como cualidades necesarias para gobernar. De esta forma se construyeron, todavía en el siglo XIX, relaciones de poder y élites políticas que giraban en torno a las familias que gozaban de riqueza y prestigio, monopolizando los puestos públicos16 y en nuestro caso el comercio y la industria. Se en-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

tiende por clase política, lo que Gaetano Mosca17 considera que está conformada por una minoría de personas que detentan el poder en una sociedad, siendo su organización y estructuración lo que permite mantenerse en el poder. Este autor considera la existencia de diversos vínculos que unen entre sí a los miembros de una élite dominante, los que les aseguran una unidad suficiente de pensamiento y cohesión, complementando su capacidad económica, su poder político y la influencia cultural sobre una mayoría desorganizada.18 Cabe señalar que la élite política de Monte rrey se formó desde la primera mitad del siglo XIX, así como algunos grupos económicos que para la segunda mitad del siglo consolidaron el mercado nacional.19 El acercamiento e introducción de las cabezas de familias en la política desde las décadas siguientes a la Independencia de México y constitución del Estado, explica la experiencia, presencia y casi monopolio de una familia en particular en las políticas públicas municipales, sobreviviendo al

trabajos demuestra que las familias que sobresalen entre la burguesía regiomontana de fines de siglo fueron el núcleo de una clase local dominante, entendiéndose desde una articulación parental y empresarial. Cabe destacar que no es gratuito el crecimiento económico y corporativo de las familias de apellidos significativos, además del predominio de éstos en las administraciones municipales de Monterrey durante el mismo periodo de su consolidación. a) La alcaldía de Monterrey del periodo del vidaurrismo a la Intervención francesa El cuadro 16 nos permitirá introducirnos en una revisión diacrónica de los alcaldes (alcaldes primeros, auxiliares y suplentes) cuyo mandato realizaron en su mayoría más de tres ocasiones. Lo que no excluye que dichos alcaldes también fungieran como síndicos o regidores en algún otro periodo, pero que no se incluyeron tales cargos en el cuadro 16.

Cuadro 16. Alcaldes de Monterrey de 1855 a 1867.21 Vidaurrismo ALCALDE MONTERREY (Primero, auxiliar o suplente) José Ma. Morelos

Guerra de Reforma

Prefectura Imperial

1855

1856

1857

1858

1859

1860

1861

1862

1863

1864

1865

1866

1867

X

X

X

X

José Ma. Viteri

X

X

Gregorio Zambrano

X

X

X

X

X

X

Eduardo Zambrano

X

Jesús González Treviño

X

complicado proceso que el país atravesó durante el siglo XIX. La pertenencia a un grupo económico con recursos para negociar con el Estado, en proceso de consolidación de redes familiares y económicas, con reconocimiento social contribuyó en esta permanencia aparentemente sutil, pero efectiva en la administración municipal. Mario Cerutti,20 en sus

40

José Ma. Viteri fue negociante y comerciante, obtuvo en algunas ocasiones la concesión del municipio para el cobro de los pisos y plazas municipales en los días de feria. También fue contratista y manejó la concesión de las plazas del mercado de 1861 a 1866, así como la construcción de algunos techos necesarios para los trajinantes de los distintos ramos,22 teniendo como fiador a José


Monterrey: origen y destino

Juárez y la República restaurada.

Eleuterio González en algunos contratos, en tanto para otros tuvo de aval a José María Morelos. No obstante sus buenos contactos, Viteri no mantuvo una buena relación con el gobernador, quien en 1866 solicitó se le enviara a prisión por incumplimiento de contratos.23 Lo relevante de este cuadro es que aparecen nombres de comerciantes e industriales prestigiados. Gregorio Zambrano figuró en la administración municipal desde 1828, recorriendo casi cincuenta años con injerencia política como se verá en el cuadro 17. Propietario de la fábrica de azúcar “La Constancia Nuevoleonesa”, socio de la fábrica hilados y tejidos “La Fama de Nuevo León”, importante comerciante propietario de la casa de comercio “La Palestina”, propietario de tierras y aguas, notable contribuyente para financiar la guerra contra los “indios bárbaros” y miembro asiduo de las sociedades patrióticas. Su influencia en el municipio es innegable, pues en diversas ocasiones otorgó préstamos al municipio.24 Este comerciante y también político se mantuvo en el poder municipal durante parte importante del periodo del

Gobernador Santiago Vidaurri; incluso cuando la ciudad fue ocupada por las fuerzas franco-mexicanas y se instituyó la figura del prefecto municipal, Gregorio Zambrano se mantuvo como prefecto suplente durante el Ayuntamiento provisional. Eduardo Zambrano, hijo de Gregorio Zambrano, aparece en la escena municipal como alcalde tercero en 1866, con el nombramiento del nuevo Ayuntamiento por el general en jefe del Ejército del Norte (fuerzas republicanas). Su carrera en la política local había iniciado años atrás, como regidor, en 1853. En 1867 se dio el triunfo de los republicanos sobre las fuerzas imperialistas. La República restaurada, 1867-1876, fue un periodo menos violento que lustros anteriores, pero con un déficit en la seguridad social, asediada por el bandolerismo y la pobreza en el país. Juárez y los liberales se dedicaron a la tarea de ajustar los múltiples conflictos internos; aunque un obstáculo a los planes liberales de homogeneizar cultural y educativamente al país, así como su desarrollo económico, fue precisamente una realidad diversa, con algunos regionalismos,

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El Ejército del Norte entre 1855 y 1858.

incluidos los caciques encabezados, en el caso de Nuevo León, por militares que habían apoyado la causa liberal.

La alcaldía de la ciudad en tiempos de caciques regionales Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo lideraron al estado desde una política incluso oficial, pues el primero fue designado gobernador en 1867, reelegido en 1869 y nuevamente en 1871. Si bien Treviño contaba con mayor prestigio nacional que Naranjo, ya que ocupó un grado mayor en la milicia, general Francisco Naranjo, en colaboración con Jerónimo Treviño, desplegó un fuerte liderazgo regional. Fotografia: Eric Lara.

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de división, mientras que Naranjo sólo llegó a ser general de brigada, así que la sociedad Treviño-Naranjo posibilitaba a este último un campo de acción nacional.25 Como una estrategia para desarticular este fuerte cacicazgo del grupo Treviño-Naranjo, Lerdo de Tejada, presidente de la república, aprovechó una pugna electoral en el Estado de Nuevo León. Este ataque político orilló a los líderes regionales a apoyar a Porfirio Díaz en la revolución de Tuxtepec (1876), con éxito, incluso desde antes, como lo deja ver el siguiente texto de 1871: del C. Gobernador y General en Gefe [sic] del Ejército del Norte …desconociendo la Administración de Don Benito Juárez y declarando que el Estado reasume su soberanía é igualmente las facultades de sus demás poderes en cuanto lo crea conveniente, para expeditar su acción, reconociendo como General en Gefe del Ejército Republicano, sostenedor de la constitución y de las leyes, al C. General Porfirio Díaz.26 Esto benefició a Treviño pues fue elegido gobernador por cuarta ocasión. Al poco tiempo Treviño dejó la gubernatura a Genaro Garza García, quien gobernó al estado también cuatro veces entre 1877 y 1885.27 Sin duda, Genaro Garza García era parte de este grupo de poder caciquil. Cabe señalar que una vez recuperada la ciudad de las fuerzas imperialistas en 1866. Manuel Z. Gómez, gobernador y comandante militar del estado, decretó elecciones para alcaldes: Considerando que hace algunos años que no se renuevan los Ayuntamientos y que los individuos que sirven los cargos anexos, ó bien lo han verificado por un periodo demasiadamente largo, ó bien deben nombramiento á un origen diverso del señalado por la constitución. Considerando: que es un deber de los funcionarios acercarse al orden


Monterrey: origen y destino

constitucional hasta donde lo permitan las circunstancias estraordinarias [sic] del Estado, que guardamos, y que por virtud de disfrutarse de paz en todo el Estado, están los pueblos en aptitud de ejercer el derecho electoral para proveerse de sus inmediatos representantes; á reserva de determinar con anuencia del supremo Gobierno la elección general, cuando lo permitan aquellas circunstancias, he tenido á bien decretar en uso de las facultades con que me hallo investido lo siguiente: Para las elecciones populares de los Ayuntamientos que han de funcionar en el próximo año de 1867, los actuales, y en su caso las primeras autoridades políticas, procederán un día después de publicado este decreto, á dividir los términos de la comprensión de la municipalidad en secciones, con total arreglo á lo prevenido en los artículos 5o y 6o de la ley electoral espedida por el Congreso del Estado de 16 de Octubre de 1857 y publicada el 26 del mismo.28

José Eleuterio González, destacado médico y filántropo, fue regidor del Ayuntamiento.

La situación en materia política durante la Intervención francesa, como se verá en el capítulo dedicado a ésta, fue por demás inestable en la permanencia de los gobiernos en turno. Así la sustitución de autoridades municipales fue periódica; una vez que la guerra contra los imperialistas concluyó a favor de los republicanos, en Nuevo León se inició un proceso legal contra aquéllos que habían apoyado la causa imperial; no obstante, algunos miembros de Cabildos e incluso los ediles que sirvieron durante la posesión de la ciudad por las fuerzas imperialistas salieron bien librados de la “cacería de brujas”, pues muchos de ellos figuraban en las listas pero no en la práctica. En los documentos municipales del periodo se observa una relativa tranquilidad en las restituciones de los cargos en los cambios de un régimen a otro, así como la situación municipal parecía seguir una vida en condiciones regulares, desde luego, como se observará más adelante en el capítulo específico de la Intervención, los reclutamientos y contribuciones forzosas a las causas militares incomodaron principalmente a los agentes acaudalados de la ciudad. Si observamos el cuadro 17, apreciaremos dos subperiodos: uno de 1868 a 1875, y otro de 1876 a 1886. En el primero se identifica un primer grupo, en el contexto de la denominada República restaurada (aunque ésta termina en 1876). Este grupo dominante del poder municipal no aparece en el escenario de la alcaldía en el segundo subperiodo. En el primer periodo se observan algunos nombres: Francisco Martínez Cárdenas, un reconocido comerciante; Carlos Ayala, destacado médico, quien, así como José Eleuterio González, fue regidor del Ayuntamiento. Nuevamente aparecen en la escena política Eduardo Zambrano y su padre Gregorio como alcaldes, a ellos se les agrega alguien más de la familia, Jesús González Treviño, alcalde en la década de 1870 –casado con una hija de Gregorio Zambrano–. Eduardo y su hermano Emilio Zambrano habían formado la negociación “Zambrano Hermanos y Compañía” con la de “Jesús González Treviño, hermanos y Cía” (en Chihuahua). Si bien José González Treviño no aparece

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

primero fungió como regidor, miembro del tribunal municipal.30 En 1847 y 1850 ambos personajes formaron parte del mismo Cabildo municipal. Siguiendo el cuadro 17 se observa que los Zambrano y la familia política de los González Treviño no formaron parte del Ayuntamiento (como alcaldes) durante casi 10 años (de 1876 a 1886, como se observa en el cuadro 18), periodo en el que gobernó Genaro Garza García. Por otra parte, surgen otros nombres como Praxedis García y Rafael Garza. Frente al bando de los generales Treviño y Naranjo (localistas y con resistencia a someterse a las disposiciones del centro) que apoyaban a Garza García, se encontraba otro bando político de corte nacionalista, en el que figuraban el general Escobedo, Lázaro Garza Ayala, Garza Melo y Teodoro Roel, apoyando a Villarreal. Esta rivalidad se reflejó en las elecciones realizadas en 1885; sin embargo, el grupo de Naranjo-Treviño fue desfavorecido con los planes de Díaz de reelegirse, quien envió a Bernardo Reyes para proliferar las políticas porfiristas en Monterrey. En un viaje realizado por el gobernador Garza García (del grupo Treviño-Naranjo), Reyes sustituyó al gobernador suplente de García, quien abandonó la ciudad. El Senado de la república declaró la desaparición de los poderes en el estado y, por tanto, un estado de sitio. Se nombró a Reyes como gobernador provisional para que terminara con el periodo de Garza García.

Eduardo Zambrano, alcalde de Monterrey y durante varios periodos en la segunda mitad del siglo XIX.

en nuestra lista de alcaldes, sí se encuentra su otro hermano Lorenzo González Treviño, en 1864 (no aparece en el cuadro 17), quien es yerno de Evaristo Madero, un importante empresario, quien también fungió como regidor en 1866 y de diversas comisiones municipales. Es relevante mencionar que Francisco González Prieto (padre de Jesús, José y Lorenzo González Treviño) también participó en el Cabildo de Monterrey desde la década de 1830, contemporáneo de Gregorio Zambrano, en tanto el

Cuadro 17. Alcaldes durante el periodo de la República restaurada y del cacicazgo regional.29 ALCALDE MONTERREY (Primero, auxiliar o suplente) Jose Ma. Morelos Jose Ma. Viteri Francisco Martínez Cárdenas Carlos Ma. Ayala Gregorio Zambrano

República Restaurada

Cacicazgo regional

1868

1869

1870

1871

1872

1873

1874

1875

1876

1877

1878

1879

1880

1881

1882

1883

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

X

X

X

 

 

X

X

 

 

X

 

 

 

 

 

 

 

 

Eduardo Zambrano Jesús González Treviño Jesus Buentello Prefecto Gutiérrez Praxedis García

X

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X

   

   

   

   

   

   

   

   

X  

X X X

   

   

   

  X

   

X X

Rafael Garza

X

X

X

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Monterrey: origen y destino

En tanto, Porfirio La alcaldía de Monterrey durante el reyismo y auge Díaz extendió su presiindustrial dencia y también trató de socavar a los caciques neoDurante el gobierno de Reyes leoneses. De acuerdo con (ver cuadro 18) se observan Meyer,31 el Porfiriato surge nuevos alcaldes que no habían como resultado de la falla figurado, aunque algunos de de las nacientes institucioellos habían adquirido expenes políticas republicanas riencia como regidores. Pero para resolver el difícil prola familia Zambrano retomó su blema de la transmisión del injerencia en las postrimerías poder. Díaz, una vez en la del siglo XIX en la adminispresidencia construyó una tración municipal a través de dictadura personal basada Adolfo Zambrano. Éste tammenos en la fuerza y más en Antiguo Palacio Municipal de Monterrey. bién era comerciante e indusla negociación. Se trató de trial, se posicionó precisamente en los años noventa una dictadura que siguió las formas liberales y decomo “uno de los más dinámicos industriales de mocráticas pero que las vació de su contenido vital. Monterrey”32 y destacado miembro de la burguesía Esta dictadura dio como resultado una prolongada de la ciudad. estabilidad oligárquica y reinició la construcción de El Dr. Pedro C. Martínez, como puede un mercado nacional como la base indispensable observarse en el cuadro 18, monopolizó los inipara la creación de un Estado nacional viable que cios del siglo XX, sin lugar a dudas, la alcaldía de permitiera a México el ingreso a la modernidad Monterrey, fuera como alcalde primero o auxiliar, económica. éste tuvo injerencia directa en el Ayuntamiento.

Imagen de Monterrey donde se aprecia el Cerro la Silla y el Obispado.

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1888                

1889                

1890 X              

1891 X              

1892

  X   X        

1893

  X   X        

1894

  X            

1895

  X X          

1896

X   X          

1897

X   X   X      

1898

X   X   X      

1899

X   X   X      

1900

X   X          

1901

    X          

1902

    X          

1903

    X     X X  

1904

    X     X    

1905

    X     X    

1906

    X     X   X

1907

    X     X X X

1908

    X       X X

1909

Precedente revolucionario

X              

1887

Porfiriato / Reyismo

    X          

1886

Cuadro 18. Alcaldes durante el periodo del reyismo.34 ALCALDE MONTERREY (Primero, auxiliar o suplente) Adolfo Zambrano Dr. Lorenzo Sepúlveda Carlos Berardi Dr. Pedro C. Martínez Primitivo Flores Felícitos Garza Lic. León Aldape Lic. Ismael Dávila Lic. Lorenzo Treviño

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1885


Monterrey: origen y destino

Evidentemente tuvo el apoyo del general Bernardo Reyes y predominó una línea política vertical del Estado al municipio. Es por más sabido que la política reyista siguió la política general porfiriana, “una adhesión aparente a las formas democráticas, pero un absolutismo interno basado en un completo control personal de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del Estado”33 eliminando toda posibilidad de desarrollo político. Durante el gobierno de Reyes, al igual que en las estrategias de Díaz, se tuvo como prioridad el desarrollo económico e industrial, con un énfasis en la paz política y social. El gobernador Reyes brindó incentivos trascendentales como la exención de impuestos a aquellos empresarios que arriesgaran sus capitales invirtiendo en empresas en Nuevo León. Estas exenciones, que podían ser hasta por dos décadas, incluían los impuestos no sólo estatales, sino los municipales, indicando con ello una relación de poder en la que Reyes (y sus grupos políticos) dominaba la política local. De forma general, se percibe de manera muy concreta que la administración municipal estuvo en manos de ciertos grupos de poder económicopolítico. Particularmente la familia Zambrano se mantuvo durante casi toda la mitad del siglo XIX, evidenciando un peso político en la época a través

La ausencia de autonomía dejó al municipio en una condición de vulnerabilidad ante el gobierno estal y federal, siendo el primero quien debía aprobar distinas acciones municipales.

Cuadro 19. La familia Zambrano en la alcaldía de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Alcalde (primero, auxiliares o suplentes) Gregorio Zambrano

Eduardo Zambrano

Adolfo Zambrano

Año 1858 1859 1860 1862 1863 1864 1871 187235 1866 1868 1870 1873 1897 1898 1899 1900 1901 1888

de distintas generaciones. Resumamos esta permanencia en el cuadro 19. La familia Zambrano, patriarca e hijos, obtuvo, durante el siglo XIX –principalmente durante la segunda parte–, una importante posición política en la localidad; toda vez que sus dotes políticos se conjugaban con sus habilidades comerciales y empresariales. Sin duda, el crecimiento de las empresas familiares de los Zambrano se desenvolvió en un escenario en que las redes políticas se enlazaban con las redes empresariales. El ciudadano tenía derechos que lo posicionaban como elemental en el proceso de elección de gobernantes. No obstante, en la realidad el proceso funcionaba de acuerdo a las prácticas tradicionales de una élite política en el poder. El énfasis constitucional sobre los mecanismos de elección de gobernantes, requirió formular nuevos formatos

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Algunos libros consultados para la realización de esta obra. Fotografía: D. Salazar.

de negociación y promoción popular por parte de aquellas cúpulas políticas. La ausencia de autonomía posicionó al municipio en una condición de vulnerabilidad ante el gobierno estatal y federal, siendo el primero quien debía aprobar distintas acciones municipales. Desde otro ángulo esta situación favoreció negociaciones mercantiles para algunos grupos económicos

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que requerían de servicios necesarios para sus actividades como el agua, facilidades o exenciones de impuestos, el control de seguridad de las mercancías entrantes a la ciudad, entre otros aspectos benéficos. El posicionamiento de personajes económicos clave, como alcaldes o funcionarios locales, facilitó las relaciones de poder económicopolítico y las condiciones propias para el impulso industrial.


Monterrey: origen y destino

Citas bibliográficas

16. Idem:29- 34.

1. Hernández Chávez, 1993: 35.

17. Mosca, Gaetano. 1994. Vid. Nateras, 2006.

2. La Constitución de Cádiz fue promulgada el 19 de marzo de 1812 (en España) y el 30 de septiembre del mismo año en la Nueva España. En éstas se definía la organización política de los municipios, como que los Ayuntamientos se componían del alcalde o alcaldes, los regidores y el procurador síndico, electos por el pueblo y presididos por el jefe político donde lo hubiere. Los alcaldes serán elegidos cada año. En lo económico debía administrar los caudales de propios y arbitrios conforme a las leyes y reglamentos; cuidar de todas las escuelas de primeras letras, hospitales, hospicios, promover la agricultura, la industria y el comercio, obras publicas, entre otras atribuciones. Cfr. Villegas y Porrúa, 1997.

18. Mosca, 1994, citado en Nateras, 2006:113-114.

3. Hernández, 1993:35.

24. Para ampliar más sobre este personaje ver González Maiz,2000.

4. Hernández Chávez, 1993:58. 5. Vallarta, 2002: 551. 6. Hernández Ribera, 2005. 7. Villegas Moreno y Porrúa, 1997:529. 8. Idem. 9. 1993. 10. Hernández Chávez, 1993: 29-33. 11. Hernández, 1993: 35.

19. González Maíz, 200:1-4; Cerutti,2000. 20. Cerutti, Mario: 2006; 2004. 21. Los nombres de los alcaldes y periodos de gestión se obtuvieron de El muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey. Cavazos, 1996: 91-95. 22. Acta 999, 1861/019, 18/03/1861; Acta 999, 1861/021, 25/03/1861 23. Misceláneos 67, 9, 27/Ago/1866.

25. Peña, 2002:40. 26. Actas 1871/050 11/12/187. 27. Vizcaya, 2006:13. 28. 28/Dic/1866 IMPRESOS II, vol, 26, exp. 29. Los datos se obtuvieron de El muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey. Cavazos, 1996: 96100. 30. Para ampliar información sobre estas familias consultar González Maiz, y Cerutti, 2006.

12. Reglamento de policía de la Municipalidad de Monterrey Marzo 5 de 1855, civil, Volumen: 262, Expediente: 91.

31. Meyer: 1986.

13. 04 de julio de 1867. Misceláneo 78, 8.

33. Nieyemer, 2004: 107.

14. Actas, 1867/024, 06/06/1867.

34. Muere en 1873.

32. Cerutti, 2006: 10.

15. Hernández Chávez :1993.

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Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO III TRÁNSITO DE UNA SOCIEDAD RELIGIOSA A UNA SOCIEDAD SECULAR: LAS FIESTAS CÍVICAS Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA HISTORIA DE HÉROES Los duros golpes económicos y sociales derivados de las contiendas bélicas durante la segunda mitad del siglo decimonono (Guerra de Reforma e Intervención francesa) y los cambios profundos de las leyes de la Reforma liberal en materia religiosa, desamortización de tierras, de derechos y obligaciones ciudadanos, entre muchos otros, trastocaron estructuras sociales y económicas. Particularmente el proceso imparable de secularización golpeó fuertemente al poder religioso, dando paso a un nuevo esquema de vida social apegado a lo cívico, con tendencia a la construcción de una historia nacional de héroes, limitando la acción de la Iglesia católica al ámbito de la vida privada. El objetivo de este capítulo es mostrar cómo se construyó una agenda local de festividades cívicas en función del calendario nacional, principalmente para destacar héroes militares del estado y

Presencia de la Iglesia católica. Iglesia de Lourdes. Hospital Civil, Monterrey.

conmemorar sus gestas, contribuyendo de esta forma a un patriotismo nacional y local. Asimismo, se muestra cómo el Ayuntamiento de Monterrey funge como administrador de estas festividades cívicas y el papel contributivo y organizativo de la sociedad civil. Por último, se destaca la Feria del Roble y de la Purísima, como una estrategia de permanencia de la religión católica, en la que se presenta una mezcla religiosa y popular, con ciertos elementos civiles y gubernamentales.

Las leyes de Reforma y las fiestas religiosas El triunfo político de los liberales sobre los conservadores apresuró el proyecto de nación que se venía planteando años atrás; tal proyecto incluía la homogeneización de la diversidad social e imaginarios. Con él aparece un discurso lineal evolutivo, que partía de la época prehispánica, seguía con la Colonia e Independencia, para luego dar paso a la República, culminando con la Reforma. La historia patria fue un instrumento que permitió forjar esta nueva concepción de nación e identidad nacional, en la que el calendario cívico, los monumentos y la defensa de los héroes, los museos, mapas y otros medios impresos como los periódicos y el libro reprodujeron la imagen de un país unificado.1 Esta concepción de historia cívica y laica fue fortalecida a fines del siglo XIX con la llegada del Porfiriato. En el nuevo proyecto liberal mexicano figuraron trascendentalmente las leyes de Reforma que en conjunto afectarían en diversos aspectos a la Iglesia,2 entre ellos, las fiestas religiosas. La Ley Lerdo, de junio de 1856, el Manifiesto del Gobierno Constitucional a la Nación en la parte relativa al Programa de la Reforma y de Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos (1859)3 abrirían camino al crecimiento económico, eliminando los

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

obstáculos conservadores y evitando el apoyo económico político de la Iglesia a los conservadores.

Transporte de la época. Fotografía: B. Sanhcez.

Partiendo de la propuesta de Lempérière,4 los bienes corporativos de la Iglesia eran la fuente de cierto poder, visto en un sentido no sólo económico y político, sino también simbólico; éstos permitían “movilizar” parte de la sociedad, lo que significaba un control y una ocupación del “espacio cívico común”. De esta forma, con la desamortización de todos los bienes corporativos y las limitaciones del quehacer religioso, las autoridades representantes del estado propiciaron espacios desligados de la influencia religiosa en función de la construcción de la identidad nacional. La Iglesia se vio mermada para efectuar “libremente” sus prácticas religiosas más allá de los templos, viéndose limitada a profesar sólo intramuros. Aquellas costumbres festivas suntuosas como las verbenas, con las cuales la Iglesia hacía patente su poder sobre los feligreses en espacios públicos como las calles, perderían poco a poco el sentido estrictamente religioso, fusionándose (para subsistir) con elementos de orden cívico popular, que luego tendrían alguna Intervención de instancias gubernamentales.

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De este modo, la fractura de la Iglesia católica y la pérdida de influencia de la religión en la sociedad fueron, entre otros elementos, parte de las condiciones de secularización de la sociedad que permitieron la injerencia del estado en las fiestas populares de la ciudad. Las fiestas patrias no sustituyeron a las religiosas, pero se posicionaron culturalmente en el calendario festivo de los habitantes de Monterrey; al ser impulsadas por el gobierno, atendiendo a la difusión de una ideología de un Estado liberal que construía una memoria histórica de héroes nacionales y locales. Ante las condiciones limitativas, la subsistencia e incluso el fortalecimiento de determinadas prácticas católicas ampliaron sus mecanismos de gestión de recursos económicos y humanos toda vez que el proyecto religiosos adquiría un tinte popular, y era promovido por instancias de la sociedad civil, como se verá más adelante con el caso de la Feria del Roble y de la Purísima. Así, las fiestas religiosas, en la medida que eran públicas y abarcaban la vida social, dejaron de serlo, para limitarse a la vida privada de los feligreses y al interior de los templos. La Iglesia, por ejemplo, en 1873 “consulta si puede permitir procesiones los días jueves y viernes santos de esta Semana fuera de los templos”.5 En cambio, el recurso cultural de la fiesta popular que tradicionalmente la Iglesia había manejado y administrado fue capitalizado en las fiestas patrias; esto es, las fiestas que desde siglos atrás y casi de forma exclusiva se realizaban con fines religiosos y sociales, ahora se ampliaban con otro enfoque: las fiestas cívicas y patrióticas; las cuales llegaron a integrarse a la vida cotidiana y a una memoria colectiva que crecía y se enriquecía con el paso de los años, la labor y los discursos oficiales, apoyada por los medios de comunicación de la época, para ser considerada en cierta medida en términos “nacionales”. Las calles que antes se barrían para las procesiones, ahora se limpiaban por petición oficial para las fiestas patrias: se les “comunica a todos


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sus habitantes que para celebrar el 15 y 16 de septiembre barran las calles en los frentes respectivos de sus propiedades y pongan colgaduras en sus casas”.6 La ciudad debía promover y velar por el patriotismo, por ello, entre los guardias móviles de la municipalidad (por sorteo) se les denominó soldados de la patria.7 Si bien es cierto que durante el periodo de Santiago Vidaurri, Nuevo León se caracterizó por fortalecer la identidad regional política y económica, también lo fue desde el aspecto simbólico cultural, ilustrado por los discursos cívicos de éste y su gabinete.8 Después de la Intervención francesa, el estado de Nuevo León, particularmente la ciudad de Monterrey, se incorporó a la dinámica del proyecto de la República Restaurada, la que, con las debidas reservas, impulsó la creación de la conciencia nacional a través del establecimiento de nuevas fechas cívicas y conmemoración de héroes, lo que aún fue en incremento durante la época porfiriana, en la que el culto y la personalización del poder fueron evidentes.

El calendario nacional: fiestas patrias En el decreto del 4 de diciembre de 1824, se declararon como fiestas religiosas nacionales el Jueves y Viernes Santo, Corpus Christi, y el 12 de diciembre (fiesta de la virgen de Guadalupe), distinguiéndolas claramente de las fiestas cívicas, como el 16 de septiembre (aniversario del “Grito de Dolores”) y 4 de octubre (día de la constitución del 24).9 En la Constitución de 1857 se suprimió toda referencia a la religión. En la administración de Guadalupe Victoria, en 1825, surgió la idea de conmemorar el inicio de la independencia de México –además

del aniversario de la consumación de la misma– y honrar a los primeros héroes el 16 de septiembre. Desde 1837 (durante la administración del general Bustamante) se celebró el 27 de septiembre para conmemorar la entrada de Iturbide y el Ejército Trigarante en la Ciudad de México y en el resto del país –festividad que tuvo lugar en ciertos periodos–. Asimismo, durante las administraciones de Santa Anna se festejó también el 11 se septiembre, día de la victoria mexicana sobre fuerzas españolas en Tampico, en 1829. Las fechas cívicas en el país estuvieron sujetas a los cambios políticos en cada periodo de gobierno según el gobernante en turno. Por ejemplo, una vez que Santa Anna dejó el poder desapareció de la agenda nacional el 11 de septiembre como fecha solemne. Cuando los liberales vencieron a los conservadores establecieron el 5 de febrero como fiesta nacional, para conmemorar la promulgación de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos realizada en 185710 y declararon benemérito al “Ilustre C. Santos Degollado”.11 Por otro parte, durante la presidencia de Benito Juárez se eliminó del calendario de fiestas cívicas la fecha del 27 de septiembre, en el cual figuraba Agustín de Iturbide. Con la llegada de Porfirio

Antiguo Colegio Civil.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Díaz a la presidencia se instauraron varias fechas relacionadas con sus prácticas militares (2 abril y 15 de mayo) como festividades nacionales. Así, entrada la segunda mitad del siglo decimonono, en el calendario cívico se encontraban las fechas de 16 y 27 de septiembre; una vez que la guerra de Intervención francesa culminó, esta agenda cívica fue ampliada en el país y en la capital del estado, mientras los reconocimientos a los militares no se hicieron esperar, ya que Nuevo León era “semillero” de héroes nacionales como Mariano Escobedo, Juan Zuazua, Ignacio Zaragoza, personajes que iniciaron su carrera combatiendo a los “indios bárbaros”; pero que adquirieron fama en la coyuntura bélica contra las fuerzas de Maximiliano de Habsburgo. Tras vencer al ejército imperialista, el Ejército del Norte hizo su entrada triunfal a la ciudad de Monterrey, donde se les recibió como héroes nacionales con fuegos artificiales y gran festividad.12 El 5 de mayo se estableció como fecha para solemnizar la Batalla de Puebla y la victoria sobre los franceses, en las que Ignacio Zaragoza destacó por su astucia militar. Algunos habitantes solicitaron en varias ocasiones que el 6 de junio fuera festejado por motivo de la batalla de Santa Gertrudis, sin embargo no lograron el cometido. En el caso de Monterrey, el calendario cívico también incluyó eventos de carácter educativo científico relevantes para la ciudad. La entrega de premios del Colegio Civil se transformó en un evento memorable y respetable, al que acudían las autoridades políticas y personajes respetados de la sociedad nuevoleonesa. La preparación de los discursos solía realizarse de forma similar a la de las fiestas patrias, para ello los notables de las juntas patrióticas colaboraban y aportaban recursos.

de la iglesia de la patrona de la ciudad; asimismo, el Palacio Municipal era alumbrado por la noche durante la misa. Los empleados del Ayuntamiento que no acudían a la fiesta nacional eran acreedores a multas impuestas por el propio Ayuntamiento.13 Una vez entrado el gobierno liberal, el repique de las iglesias seguía siendo, cada vez en menor medida, parte del programa de las fiestas patrias. Los distintos gobernantes en turno, estatales y locales, modificaban en cierta medida el protocolo festivo. Si bien en algunos casos el programa patrio incluía música desde las ocho de la noche en la plaza de esta ciudad, una serenata pública que comenzaba con un repique solemne en las dos iglesias de la capital; así como salvas al amanecer, a las doce del día y al anochecer. Otros casos dan cuenta del uso de recursos técnicos como la iluminación de todos los edificios públicos14 para favorecer el lucimiento de la ocasión. En la circular del juzgado primero de la ciudad, se comunica a los habitantes lo siguiente: Para celebrar el 15 y 16 de Septiembre barran las calles en los frentes respectivos de sus propiedades y pongan colgaduras en sus casas.15 Aun cuando la ciudad cambió de gobierno a imperialista, las costumbres cívicas de la celebración del 16 de septiembre continuaron. Tal solemnidad culminaba con un baile y bocadillos ofrecidos

El papel del municipio en las fiestas cívicas Tras la entrada en vigor de las leyes de Reforma que incluían la separación de la Iglesia y el Estado, el lazo entre las autoridades civiles y las eclesiásticas no se deshizo abruptamente. Todavía en 1865 (gobierno imperialista) el Cabildo municipal brindó 60 pesos al Cabildo eclesiástico para la función

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Escudo de armas nacionales. La identidad mexicana se fortaleció durante ese periodo.


Monterrey: origen y destino

a los asistentes. En septiembre de 1865 el municipio invirtió la suma de 350 pesos por el concepto de ambigú, monto sustraído de los productos de la venta de la plaza en la temporada de feria.16 Para cada fiesta cívica, el municipio aportaba 50 pesos y también alguna cantidad extraordinaria acordada por el Cabildo que en años previos correspondían a los 100 pesos que le otorgaba a la Iglesia.17 Los vocales o concejales del municipio también aportaban a la Junta Patriótica para las festividades del 16 de Septiembre, por ejemplo, en 1865, de éstos se recaudaron 20 pesos.18 En general, la costumbre de solemnizar las fiestas patrias del 16 de Septiembre incluía las salvas de artillería, una misa y la asistencia de las autoridades y empleados a ésta, juegos artificiales y el ya tradicional discurso patriótico entre “otras demostraciones de regocijo”.19 El Ayuntamiento hacía públicos los ceremoniales a realizarse en estos festejos para que los habitantes de la ciudad y foráneos asistieran y participaran con aquellas indicaciones correspondientes. El siguiente “Ceremonial para la celebración del aniversario del Grito de Independencia, dado en Dolores por el Ilustre Cura D. Miguel Hidalgo y Costilla en el año de 1810”, ilustra la organización y la participación de autoridades de la ciudad, así como del mismo pueblo. 1º A las once de la noche del día 15 del corriente mes se dará un repique a vuelo en todas las Iglesias de la ciudad, se hará una salva de veintiún cañonazos y se tocarán dianas en todos los cuarteles, saludándose de este modo al pabellón nacional que se izará en los edificios públicos. 2º A la misma hora la Corporación municipal, los empleados civiles y militares y los miembros de la Junta patriótica, que estarán reunidos en el Palacio del Estado, se dirigirán bajo la presidencia del C. Gobernador al Teatro Progreso, haciendo los honores y acompañando también la fuerza que tenga a bien disponer el C. Comandante militar, la que, con su música respectiva, estará situada al efecto en la puerta del mismo Palacio. El Ayuntamiento abrirá sus mazas a todos los ciudadanos que gusten incorporársele.

3º Reunida la comitiva en el Teatro, en el que tendrá franca entrada toda clase de personas, se pronunciará el discurso cívico por el orador nombrado con este objeto, quedando enseguida la tribuna a disposición de todos los ciudadanos que quieran ocuparla. Concluido este acto, que será precedido y seguido de una descarga de fusilería, regresará el C. Gobernador y comitiva al Palacio de Gobierno donde se disolverá la reunión. 4º Las mismas demostraciones de público regocijo que expresa el artículo 1º se repetirán a las cuatro de la mañana del día 16, a cuya hora recorrerán además las músicas las principales calles de la ciudad. 5º A las cuatro de la tarde de este día se volverá a reunir en el Palacio de Gobierno la comitiva de que habla el artículo 2º y, haciendo los honores la fuerza que tenga a bien disponer el C. Comandante militar, la que con la música estará situada frente al Palacio, acompañará el C. Gobernador al Teatro del Progreso, donde precediendo una descarga de fusilería, el C. electo pronunciará la oración cívica que se le tiene encomendada, y en seguida se leerán sucesivamente los discursos o poesías alusivas al objeto por los ciudadanos que gusten ocupar la tribuna, concluyendo el acto con otra descarga de fusiles. 6º Se verificará en seguida un paseo cívico, saliendo la comitiva por la calle del Teatro, volteando por la calle del Doctor Mier, después por la de la Presa y luego por la de Montemayor á tomar la citada del Teatro hasta llegar al Palacio de Gobierno donde se disolverá la reunión, anunciándose el principio y término de este acto con un repique a vuelo y salva de artillería. 7º El C. Alcalde 1 primero servirá dictar con la debida anticipación las providencias oportunas para que el día 16 amanezca la ciudad enteramente aseada, y se ostente engalanada por todo ese día del mejor modo posible.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

8º Por la noche se iluminarán los edificios públicos y de particulares y tocarán las músicas en la plaza de Zaragoza desde las siete hasta la conclusión de los fuegos artificiales, que comenzarán a las siete y media, anunciándose con un repique a vuelo en las Iglesias. Lo relativo a la iluminación tendrá también lugar la noche del día 15.20 Por otra parte se festejaba el 27 de Septiembre, fecha memorable por la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México y la culminación del periodo histórico de la Independencia nacional (en 1821). Similar a las fiestas del 16 de Septiembre, las del 27 se realizaban con todos los honores y adornos necesarios. El baile del 27 era uno de los atractivos principales, sobre todo porque a éste acudían aquellos notables de la ciudad y personalidades importantes. Una reseña del periódico oficial describe El baile del 27:21 Estuvo tan magnífico y trayente en su conjunto y pormenores como es grato y feliz el recuerdo que se celebraba. Adornados los cuatro corredores del palacio con decentes decoraciones, iluminados perfectamente y poblados de una concurrencia numerosa y escogida en que brillaban las sobresalientes gracias y atavíos de este bello sexo de Monterrey, de esta femenina juventud tan culta como hechicera, tal fue el espectáculo con que se festejaba la entrada triunfal del ejército trigarante a Méjico, y a la fe que no podía ser más análogo a este suceso que constituyó en nación soberana a la colonia de Nueva España, rompiendo la dependencia que la ligaba con su madre patria. ¡Sea eterno este supremo bien de la Independencia nacional, sepamos gozarlo y cultivar las relaciones de amista [sic] que hoy nos unen con la magnánima nación que civilizó a la América septentrional y sea perdurable la festividad del 27 de septiembre de 1821 que presentó al mundo una nación más engalanada con sus elementos de prosperidad y con todos sus prestigios de un halagüeño porvenir!

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En las fiestas patrióticas el alcalde o una comisión felicitaban al gobernador del estado en público según lo indicaba el programa. Para ello, el alcalde y los capitulares debían presentarse a las tres y media de la tarde en el palacio municipal con el objeto de acompañar al C. gobernador en el discurso y paseo público.22 Recordemos que en el mes de septiembre se realizaba la feria, en la que las fiestas patrias eran el plato fuerte de las actividades recreativas, por ello el programa debía ser lucidor ante la presencia de los concurrentes que provenían de diversos pueblos del estado y otras regiones del país.

El 5 de mayo, contribución a un patriotismo local y nacional En un contexto en el que la secularización de fiestas se hacía patente en la localidad y en otros puntos del país, se construía un mundo apegado al reconocimiento sistemático de los héroes, principalmente militares destacados en los recientes enfrentamientos contra los conservadores, imperialistas y extranjeros. En el mapa 3 se aprecia el barrio y la plaza del 5 de Mayo. En los inicios de 1868, un grupo de ciudadanos de Monterrey solicitó al gobierno municipal y estatal el establecimiento de una fiesta anual en la Plaza del 5 de Mayo de la ciudad para conmemorar el triunfo sobre los franceses, cuya duración sería del 5 al 15 del mismo mes. Demos un vistazo al argumento de esta solicitud, registrada en el Acta de Cabildo de febrero de 1868: Se solemnicen con bastante regocijo Público esos gloriosos días para la patria, en que en Puebla y Querétaro: triunfaron las fuerzas nacionales, haciendo morder el polvo á los que se titulaban invencibles esclavos de Napoleón III y los malos mexicanos, que soñaban establecer el llamado imperio de Maximiliano.23 La solicitud fue autorizada y ampliamente respaldada por el municipio. Éste, a su vez, la extendió al gobierno estatal expresando lo siguiente: “Para dar mayor realce á la festividad nacional del 5 y perpetuar los gratos recuerdos de las glorias de la


Monterrey: origen y destino

de las glorietas de la misma plaza”.27 El alcalde de la ciudad nombró una junta de cinco individuos –entre las personas más notables del barrio– que se encargarían de promover en los años sucesivos esta festividad. No obstante, para la fiesta de ese año se requerían de recursos inmediatos; para ello, el Ayuntamiento efectuó la cobranza de algunos deudores: “La Secretaría de Ayuntamiento sacó una lista de los individuos que tienen negocios pendientes con ella, con el objeto de que sean citados y concluidos para contribuir con los gastos de la feria y estatua”.28 Por su cuenta, el vecindario contribuyó con más de cien pesos para los gastos de la función, Mapa 3: el barrio y la plaza del 5 de Mayo. por lo que el Ayuntamiento los exentó del pago de las licencias Patria por la rendición de la plaza de Querétaro el de baile”. día 15”.24 Cada año, el Cabildo, que asumía por orLa feria anual fue aprobada por el municiden del estado la realización de la fiesta del 5 de pio y el estado dando comienzo el día 3 y terminanMayo, debía dar seguimiento a las recaudaciones do el 18 del mismo mes, siendo el principal objeto que para el efecto realizaba la Junta Patriótica o code las festividades los días 5 y 15. El gobierno esmisión selecta para ello. tatal y municipal dispuso de los discursos, de los La dinámica de la feria implicaba la renta juegos artificiales y los diversos aspectos necesarios de pisos a los comerciantes, de forma similar a la para solemnizar esos días. Para el mayor lucimiento que se ejecutaba con la feria anual. Para las corridas de esas funciones cívicas, según señaló el propio de toros, por ser la primera ocasión, el Ayuntamienejecutivo estatal, se efectuarían los juegos no prohito facilitó al contratista la madera de la ciudad para bidos de costumbre y corridas de toros.25 el cerco de la plaza donde tendría lugar, a cambio, Adjunto a esto, el Congreso del Estado el empresario otorgaría una parte del producto lípropuso que por cuenta de éste en la “Plaza del 5 quido a la municipalidad.29 Según los registros, la de Mayo” se erigiría una columna en memoria del presidencia municipal recibía en promedio 350 pegeneral Zaragoza.26 Sin embargo, ésta sería solvensos por concepto de recaudación de pisos de la Platada con la contribución de los ciudadanos, pues za de 5 de mayo durante la temporada de fiestas.30 para ello, el estado determinó una suscripción voEn 1868 se solemnizó puntualmente el 5 luntaria en todo Nuevo León. En caso de que los de mayo de 1862 y el primer aniversario del 15 de recursos fueran insuficientes, el Ayuntamiento lo Mayo, de 1867, con todos los honores propios de cubriría de sus rentas y en caso de un excedente, las festividades cívicas, en las que las salvas de artiel municipio usaría el dinero para obras públicas llería hacían fuego y la música amenizaba la jorna-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

da. Según los documentos del Ayuntamiento, con motivo de estas fiestas, las autoridades convocaban a la ciudadanía para la limpieza de la ciudad. El 4 de mayo de 1881 se publicó que el Ayuntamiento de Monterrey: “Invita a los habitantes de esta Ciudad a que el día 5 de mayo aseen las calles, engalanen sus casas y las iluminen por la noche, con el fin de solemnizar dicho día”.31 Para 1869 los vecinos contribuyeron para la feria de la plaza del 5 de mayo la cantidad de 122.12 pesos.32 La franquicia de las corridas de toros de la feria del 5 de Mayo y la del Roble fue asignada al contratista Rafael Aldape, este empresario otorgó al municipio el 6% sobre las entradas.33 En estas festividades, de modo análogo al 16 de septiembre, el alcalde y el Cabildo acompañaban al gobernador el 5 de mayo desde las 3 de la tarde para presenciar el discurso y paseo público.34 Estas celebraciones frecuentemente se vieron limitadas por las condiciones climatológicas (fuertes lluvias de mayo). Al año de establecerse, la Feria del 5 de Mayo, conmemoración cívica por parte de los vecinos y autoridades, adquirió tintes comerciales al establecerse, a petición de los propios habitantes del barrio, un mercado público (permanente) en la Plaza de 5 de Mayo de la ciudad. Esta concesión fue provisional mientras el municipio construía “por su cuenta y conforme los modelos que acuerde las obras necesarias para que el mercado sea cómodo y elegante, los especuladores que ocupen la plaza, podrán construir sus puertas o tendidos de la manera que creyeren conveniente”.35 Por acuerdo de Cabildo, los comerciantes pagaron la mitad de los impuestos de las tarifas ordinarias desde mayo hasta agosto, después de esa fecha las tarifas fueron reguladas como las de la Plaza Colón; de cualquier forma, estos ingresos beneficiaban al erario municipal. Por otra parte, varios vecinos del barrio del Roble solicitaron “perpetuar la memoria del glorioso hecho de armas que tuvo lugar el 16 de junio de 1866 en Santa Gertrudis” y solicitaron se estableciera en la plaza del Colegio Civil una función denominada 16 de Junio o Batalla de Santa Gertrudis

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Benito Juárez.

por una jornada de al menos ocho días.36 Empero, ni el gobierno municipal ni el estatal consideraron esta propuesta de interés para la ciudad, por lo que no procedió. En este sentido surge la interrogante ¿el interés de los vecinos sería patriótico, económico o lúdico?

Las Juntas Patrióticas, Sociedades Patrióticas o de Amigos del País Las Juntas Patrióticas Funcionaron de forma similar a las Sociedades de Amigos del País, emulando a las que existían en las provincias españolas alrededor de 1820. Después de la Independencia (en el periodo del Imperio) algunos políticos del centro del país colaboraron en la construcción de un proyecto que abarcaba diversas sociedades económicas de amigos del país en todo el imperio controladas desde la capital. Esta medida, como anota De la Torre,37 se tomó tardíamente y a imitación de otras sociedades en Europa de igual tipo y que se trasladaron a


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con 2 reales mensuales para gastos de la Sociedad.40 De esta manera, en la localidad fue establecida, el 6 de julio de 1826, basándose en los artículos 3º y 4º del decreto provisional referente al establecimiento y formación de sociedades patrióticas, siendo su primer presidente el Dr. Francisco Arroyo.41 Sin embargo, estas sociedades fueron inhabilitadas por las revueltas políticas en la capital del país propias de la década de 1830, las Sociedades de Amigos del País tuvieron una breve aparición en 1841 durante el mandato del gobernador Manuel María de Llano, quien el 18 de junio del citado año ordenó al alcalde de Monterrey su instalación.42 Las Juntas Patrióticas llegaron a tener hasta veintidós vocales.43 José Ma. Parás.

América, fruto de las ideas ilustradas que trataban de educar al pueblo e incrementar su nivel cultural; asimismo, partían de los principios mercantilistas que pretendían reforzar el poder y la riqueza del Estado, favoreciendo al mismo tiempo el beneficio económico del pueblo. Inicialmente estas sociedades se enfocaban al desarrollo rural y agrícola, ampliando más tarde sus fines.38 En el nivel estatal, estas sociedades se establecieron durante el gobierno de José María Parás. Según González Maiz,39 de acuerdo al decreto número 83 (AGENL) del 31 de mayo de 1826, se registró al respecto lo siguiente: En cada cabecera de distrito habrá una Sociedad Patriótica de Amigos del País y su presidente nato y protector será el Gobernador del Estado; después de hecha la elección, los miembros reunidos en el Ayuntamiento elegirán un presidente, vicepresidente, síndico, secretario y tesorero. Las elecciones serán anuales y sus miembros serán elegibles y reelegibles; serán admitidos como socios cualquier ciudadano que lo pretenda y ninguno será admitido sin pagar a la tesorería 3 pesos de inscripción y aceptar la obligación de contribuir

El fomento educativo de las Juntas Patrióticas Estas sociedades eran renovadas o reelegidas anualmente. La esencia de éstas era el fomento educativo, entre otros aspectos. Esto se puede apreciar en las Actas de Cabildo, en las que se dio fe de la instalación de la Sociedad de Amigos del País de 186944 (posteriormente enviada al gobierno estatal). Ésta se aprobó en los siguientes términos: Artículo 1o. La Sociedad de Amigos del País establece en esta Capital una escuela nocturna de primeras letras para los hombres de más de 14 años de edad que por cualquiera causa no hayan aprendido antes á leer, escribir y contar. Artículo 2o. La enseñanza se dará gratis y los gastos de la escuela se harán con los donativos voluntarios de los mismos socios Amigos del País, que se recaudarán mensualmente y con los de algunos otros particulares amantes del progreso que serán invitados por el C. Síndico de la Sociedad ó por el Secretario de la misma Artículo 3o. También será invitado oficialmente el R. Ayuntamiento de esta Capital á fin de que por su parte se sirva contribuir

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con algo de los fondos municipales para este beneficio objeto, insertándole la parte conducente de esta Acta. Artículo 4o. Se procurará que esta escuela de adultos se abra en uno de los primeros días del mes de Enero del próximo año de 1870, á cuyo fin la secretaría dará en el periódico oficial el aviso correspondiente de quedar abierto en su casa el libro de matriculas para los artesanos y sus aprendices y generalmente para todos los comprendidos en el artículo 1o. que después de sus trabajos del día quieran dedicar dos ó mas horas de la noche á recibir enseñansa [sic] de leer, escribir y contar. Para este caso, el Ayuntamiento facilitó una o dos piezas por la noche del establecimiento primario de niñas de San Francisco y aportó cinco pesos mensuales para los gastos.45 Meses después, una comunicación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de esta capital participó al Ayuntamiento que el 3 de enero de 1870 abrieron la escuela de adultos en el local de la ciudad contigüo al templo de San Francisco y el 15 del mismo mes la otra escuela del barrio del Roble dirigida por los licenciados Francisco Quiroz y Martínez y José Ángel Garza Treviño, concurriendo en la primera 16 hombres y en la segunda veinticinco alumnos. Asimismo, expresaron que “deseando la Sociedad plantar cuantas más escuelas les sea posible contaba con el ofrecimiento del Ayuntamiento de la disposición de todos los edificios en que la Municipalidad tiene sus institutos públicos por la noche por ser el tiempo en que estén desocupados”.46 Esta comunicación ilustra la participación que la Sociedad Patriótica llegó a adquirir en el proyecto educativo, así como la relación social en los barrios de la localidad. El papel de las Juntas Patrióticas tomó auge en la dinámica de los rituales cívicos, parte de la construcción del Estado-nación (y desde luego de la identidad nacional), en la que se solemnizó la entrega de premios educativos, recordemos que dentro de las políticas liberales de la época, el apoyo al progreso educativo fue parte de las enco-

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miendas republicanas, beneficiadas de igual forma en el periodo del reyismo (y Porfiriato). El ejemplo claro de ello fue el caso del Colegio Civil, para lo cual se desplegaban recursos importantes, así como discursos elocuentes por parte de los miembros de las juntas patrióticas. Varios de estos actos se realizaron en el Teatro Progreso, principal recinto de la vida social y cultural en la ciudad. Al igual que González Maiz,47 se puede considerar que si bien las Juntas Patrióticas fueron una iniciativa federal, aplicada a través de decretos de los estados, estos últimos endosaron o delegaron su ejecución a los municipios, quienes finalmente se encargaban de conformar y dar seguimiento a las Juntas Patrióticas. González Maiz considera que los Ayuntamientos, a su vez, delegaban diversas funciones de la organización cívica e incluso de la administración pública y del desarrollo económico a las organizaciones de carácter civil como las Sociedades Patrióticas.48 En 1857, el artículo 3 del decreto estatal número 15 se especifica: Los Ayuntamientos, y en donde no los hay, la autoridad política local dentro de ocho días desde la publicación de esta ley, nombrará tres vecinos de reconocida honradez y probidad para formar las juntas que han de repartir el contingente y asignar las cuotas a los contribuyentes. Los nombrados jurarán desempeñar su encargo, sin que puedan excusarse de él sino por imposibilidad física o moral plenamente justificada.49 De esta manera, la formación de las Juntas Patrióticas denominadas oficialmente Sociedad de Amigos del País, fue parte de una propuesta más amplia que durante el siglo decimonono se aplicó en Europa y en México; el aspecto del progreso educativo fue llevado de la mano a través de la puesta en marcha de proyectos alternos a los establecimientos públicos que ya funcionaban. En este sentido, el papel desempeñado por las sociedades patrióticas representó para el Ayuntamiento en cierta medida un soporte económico y administrativo, en el que las relaciones e intereses políticos y económicos se entrelazaban y en el que el papel político del Ayuntamiento se desdibuja, para constatarlo demos un vistazo a la lista de aquéllos que


Monterrey: origen y destino

conformaron algunas Juntas Patrióticas en el tercer cuarto del siglo XIX.

Las Juntas Patrióticas y los notables de la ciudad El objetivo de éstas era de tinte cívico social. Su principal función estaba encaminada, como su nombre lo indica, a la conmemoración de las fiestas patrias. Es relevante considerar que aquéllos quienes conformaban estas sociedades eran personas notables de la ciudad: políticos, propietarios de negocios, empresarios que gozaban de un prestigio social y económico.

Estampa de la época.

El cuadro 20 permite ilustrar la continuidad de algunos miembros de notables en las juntas patrióticas de Monterrey durante algunos años del tercer cuarto del siglo XIX. De forma evidente, algunos de estos notables formaron parte de la Junta Patriótica a lo largo de una década. Estos actores sociales sin duda eran reconocidos por su labor en la política, sus activi-

dades económicas locales y regionales, así como por su labor social. Simón de la Garza y Melo fue gobernador en 1865 y 1869, Lázaro Garza Ayala gobernador en 1869-1870 y 1872, así como Canuto García en 1876 y de 1883 a 1885. Algunos de estos personajes practicaron varias actividades privadas y responsabilidades públicas. Tal es el caso de Gregorio Zambrano, destacado alcalde desde la década de los cincuenta hasta la década de los setenta, y quien alternó en la alcaldía en algunos años con su hijo Eduardo. Este último y Emilio Zambrano, otra figura notable en la Junta Patriótica, conformaron varias empresas locales y regionales en la última década del mismo siglo y a principios del XX. Otros de los hijos de don Gregorio, Adolfo e Idelfonso, llegarían a ser alcaldes de la ciudad de Monterrey. Otro comerciante destacado fue Francisco Martínez Cárdenas, quien se desempeñó como alcalde en la década de los setenta. Varios abogados fueron reconocidos alcaldes como José María Martínez, José de Jesús Dávila y Prieto, Francisco Quiroz y Martínez. Sin dejar de lado el papel de los médicos como funcionarios públicos: Carlos Ayala, José Eleuterio González, Tomás Hinojosa, Esteban Tamez y el Dr. Ignacio Garza; así como comerciantes tal es el caso de Antonio Lafón y de Juan de Dios Treviño. Otros nombres sobresalen como miembros de las Juntas Patrióticas en los documentos de la época, pero no tan continuamente como los ya vistos en el cuadro 20. Entre estos destacan Manuel Antonio Morales, funcionario presidente del Tribunal Superior de Circuito del Estado y propietario de tierras,51 Manuel María de Llano conocido propietario de tierras, alcalde y gobernador. El notario Tomás C. Pacheco, José María Morelos (alcalde en varias ocasiones), y otros dedicados al sector de la minería como Francisco Leal, Rafael y Felipe Sepúlveda, estos últimos también alcaldes. Estas Juntas Patrióticas se organizaban a través de un presidente que era el gobernador en turno, un secretario y un tesorero. Entre sus funciones estaba en primera instancia la organización de las fiestas cívicas, la gestión de recursos económi-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 20. Algunos miembros de las juntas patrióticas de 1861 a 1871.50 Tipo de actividad o profesión

1861

1867

1868

Abogados

Manuel P. de Llano

Manuel P. de Llano

Simón de la Garza y Melo

Simón de la Garza y Melo

José María Martínez

Don José María Martínez

José María Martínez

Lázaro Garza Ayala

Lázaro Garza Ayala

Lázaro Garza Ayala

Lázaro Garza Ayala

Francisco Quirós y Martínez

Francisco Quirós y Martínez

Francisco Quiroz y Martínez

Francisco Quirós y Martínez

José de Jesús Dávila y Prieto

José de Jesús Dávila y Prieto

Ignacio Galindo

Ignacio Galindo

José Eleuterio González

José Eleuterio González,

Carlos Ayala,

Carlos Ayala

Antonio Lafón

Antonio Lafón

Tomás Hinojosa

Tomás Hinojosa

Evaristo Madero

Evaristo Madero

Gregorio Zambrano

Gregorio Zambrano

Gregorio Zambrano

Eduardo Zambrano

Eduardo Zambrano

Francisco Martínez Cárdenas

Francisco Martínez Cárdenas

Francisco Martínez Cárdenas

Francisco Valdés Gómez

Francisco Valdés Gómez

Trinidad de la Garza y Melo

Trinidad de la Garza y Melo

Trinidad de la Garza y Melo

Jacobo Ramos

Jacobo Ramos

Fernando de la Garza

Fernando de la Garza

Ramón Treviño

Ramón Treviño

Canuto García

Canuto García

Médicos

Comerciantes

Otras

Tomás C. Pacheco

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1869

1871

José María Martínez

José Eleuterio González

Gregorio Zambrano

Trinidad de la Garza y Melo

José Eleuterio González

Jacobo Ramos

Fernando de la Garza

Tomás C. Pacheco


Monterrey: origen y destino

Iglesia del Roble.

cos para su realización. Éstos eran recabados entre la misma población, la aportación de comerciantes, personas reconocidas por su altruismo a la labor patriótica y el mismo gobierno local y estatal. Una vez concluidas las fiestas, el secretario de la junta informaba sobre el uso de los recursos al Cabildo. Sin embargo, las Sociedades o Juntas Patrióticas no siempre rindieron frutos de acuerdo a los propósitos para los cuales fueron concebidas. Asimismo, estas juntas eran un escenario propicio para las disputas políticas; de acuerdo a algunas Actas de Cabildo del periodo revisado, se registraron diversas quejas de los miembros del Cabildo municipal respecto a la inefectividad de algunas juntas en la obtención de recursos o fondos para la celebración de las fiestas, para lo que el gobierno local nombraba a comisiones de particulares para darle seguimiento.52 Queda claro que las Juntas Patrióticas figuraron en la vida política, social y pública de la ciudad. En términos de González Maiz,53 éstas significaron un espacio de influencia política y social, así como una oportunidad para la ampliación de sus actividades mercantiles; por ejemplo, el abasteci-

miento de mercancías que requerían de la protección y seguridad, obligación del estado, pero endosada al Cabildo y éste a su vez las compartía con las comisiones civiles.54 Empero, el origen oficial de las sociedades patrióticas, las relaciones de poder inmersas en éstas refieren a una práctica de intereses políticos y económicos. No gratuitamente, algunos de estos miembros llegaron a ser gobernadores de la entidad y pertenecieron a grupos políticos lidereados por caciques regionales (tal es el caso de Lázaro Garza Ayala), sin olvidar el recurrente papel de alcalde. De esta manera, las Juntas Patrióticas fungieron como espacios de práctica burocrática y de reconocimiento social, donde se densificaban las redes sociopolíticas. En cierta medida las Juntas Patrióticas eran “vigiladas” por el Ayuntamiento, sin embargo pareciera que éstas fungían como instituciones civiles “independientes”, con un amplio poder de acción social y de procuración de recursos económicos para distintas causas y actividades de la ciudad (obras públicas), incluso, para apoyar las finanzas municipales.

Las festividades religiosas: ferias en los barrios El amplio calendario religioso, arraigado en una fuerte tradición popular, fue trastocado con las leyes liberales decretadas por el gobierno de Juárez el 11 de agosto de 1859, entre otras leyes, en las que se declararon sólo como días festivos los domingos, el día de año nuevo, el jueves o viernes de la semana Santa, el jueves de Corpus, el 16 de septiembre, el

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

La Purísima.

1 y 2 de noviembre y los días 12 y 24 de diciembre; asimismo, se prohibió la asistencia de funcionarios públicos a las funciones de la Iglesia.55 Así, oficialmente, la Semana mayor –de la Semana Santa– se redujo a un par de días, se dejaron fuera los santos patronos y una serie de fechas memorables en la Iglesia católica; delimitándose las esferas del Estado y las de la Iglesia. Aunque las prácticas de los habitantes implicaban una estrecha relación con el mundo religioso católico. De esta forma, en las postrimerías del siglo XIX, las ferias de las iglesias de los barrios de la Purísima y el Roble de Monterrey ilustraban esta relación de la sociedad y el catolicismo. En la ciudad se realizaba la feria anual dentro de un esquema oficial y obligatorio, administrada por el Ayuntamiento, cuyo objetivo elemental era el flujo mercantil y monetario, a la vez que una oferta de consumo sociocultural. Esta feria surgió a iniciativa del gobierno estatal republicano, a diferencia de otras ferias cuyo origen es colonial y en estrecha relación a fiestas religiosas. En este último sentido, las ferias de los barrios de Monterrey, como las del Roble y la Purísima, surgieron a partir de un objetivo de culto religioso, cuyas finalidades fueron elementalmente la obtención de recursos para las mejoras de las iglesias ubicadas en tales sectores urbanos. Las ferias del Roble y la Purísima fueron un medio económico de proselitismo religioso y de permanencia de los templos y rituales católicos, haciendo uso del recurso de las fiestas populares y de las atracciones recreativas propias de las ferias.

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De esta manera, durante el último cuarto del siglo XIX, estas ferias se convirtieron, no surgieron, en tradiciones locales con mayor arraigo y capacidad; en otras palabras, se posicionaron como eventos festivos que combinaban el aspecto religioso y el sociocultural. De tal suerte que los comités de estas ferias negociaban con el Ayuntamiento los impuestos a pagar por los derechos de piso, logrando en varias ocasiones la exención de arbitrios. Desde la perspectiva municipal, los días feriados arrojaban a la ciudad un movimiento de recursos, atracción de mercaderes regionales y en general una actividad comercial. Por ello, las autoridades locales no obstaculizaron estas festividades de corte religioso, que si bien los cultos se efectuaban al interior de los templos, el ámbito festivo religioso sí se ampliaba a las calles y plazas. En ambos casos, el profesar la religión católica, mayoritaria entre los habitantes de Monterrey de la época, y la recaudación económica a través de las ferias y otras actividades en beneficio de los templos, explica algunos de los cambios físicos efectuados no sólo en las iglesias, sino también en los propios barrios. Estos cambios se refieren a diversas mejoras físicas ornamentales de los espacios públicos cercanos correspondientes a los barrios en los que se ubicaban las iglesias del Roble y la Purísima.

El barrio de la Purísima Concepción En los años cincuenta y sesenta decimonónicos, el barrio de la Purísima, al poniente de la ciudad de Monterrey, se organizaba para dos beneficios: el primero, la capilla de la Purísima y las fiestas patronales de la virgen del mismo nombre. El segundo, diversas mejoras en el barrio como la construcción de la plaza y el embellecimiento de la misma, entre otras. Los habitantes contribuían a los fondos del barrio, sin embargo, según correspondencia dirigida al alcalde por los colonos de los barrios, los recursos no eran suficientes, por lo que solicitaban al edil municipal una aportación monetaria,56 la que en algunos casos era cambiada por recursos en especie. En 1860, los vecinos del barrio solicitaron permiso para establecer, dentro de las funciones


Monterrey: origen y destino

El barrio del Roble

El Roble.

Con la aparición de la virgen del Roble, se comprometieron a edificar bajo juramento, después de haberles manifEstado que esas sus sagradas voluntades, con el hecho de haberse venido dos o tres veces de la iglesia parroquial donde se le condujo hasta el lugar donde se apareció, dado a entender con esto, que allí quería que se le construyera su templo, que fue lo que en medio de lágrimas tiernas, motivó aquel solemne ofrecimiento según nos lo afirma una constante tradición.58 En la misma solicitud de los vecinos enviada al Ayuntamiento, el 26 de noviembre de 1860, expresaban la carencia de recursos para continuar con el cumplimiento de la promesa de edificar en su totalidad el templo.59 Por ello, el interés de los vecinos por concluir la iglesia en honor a la virgen del Roble, los llevó a organizarse y a realizar la Feria anual del Roble para obtener recursos. En ésta se incluían las siempre concurridas corridas de toros, que para esta época eran una importante tradición. Se realizaban otras diversiones públicas, como maromas, circos y otras de esta clase.60 Para ello solicitaban el permiso, al igual que la Feria de la Purísima ante el Ayuntamiento de Monterrey para obtener la licencia para la plaza de toros y el resto de los eventos.

Ingresos económicos de las ferias de barrios programadas para la iglesia, juegos públicos y mercado, así como las acostumbradas fiestas. El municipio otorgó la concesión del uso de piso para la instalación de los puestos y juegos, apoyó con la seguridad necesaria y con presos para la limpieza de la plaza; el gobierno estatal los favoreció con el anuncio de las funciones a través de avisos en el periódico oficial del gobierno.57 El contacto entre los vecinos representantes del barrio y de la iglesia mantenían comunicación con las autoridades municipales, las solicitudes eran respaldas por firmas de una cantidad relevante de vecinos, a lo que el Cabildo municipal y el propio Estado debían atender.

Ambas fiestas eran anuales, se realizaban en el mes de diciembre y tenían una duración aproximada de ocho días, en los cuales coincidían con la función religiosa. Aunque en algunos años, según documentos registrados en el Ayuntamiento, por ejemplo, en 1883, la Feria del Roble comenzó el 15 de diciembre y tuvo una extensión de 15 días.61 Las ferias duraban pocos días, iniciaban antes de la función de la iglesia y terminaban en uno o dos días posteriores a ésta. Para estas ferias también se pedían prorrogas, sin embargo, no siempre eran aprobadas por el Cabildo. Por ejemplo, uno de los argumentos del Cabildo presentados a los colonos fue relativo a la ausencia de los trabajadores a sus labores:

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Conmemoración de las fiestas cívicas en la plaza Hidalgo.

los perjuicios que resentirían los amos de sirvientes que por lo regular abandonan los trabajos a que estén destinados por concurrir á esa clase de paseos en circunstancias bastante exigentes sino únicamente la víspera y día 8 de Diciembre en los mismos términos que ha sido de costumbre otros años.62 Las ganancias de las fiestas se utilizaban para la construcción de las obras del templo, así como para indemnizar a los dueños de terrenos ocupados por una parte de la plazuela de la feria. Asimismo, otra parte de las ganancias se destinaba al municipio. La administración de estas ferias estaba a cargo de la Junta Directiva de las ferias, las cuales eran conformadas por vecinos con prestigio social y respeto. En 1864, las fiestas del barrio de la Purísima arrojaron por producto de pisos de plazas la cantidad de 130 pesos, en tanto las del Roble obtuvieron 260 pesos, Cantidades que el gobierno brindó a beneficio de las fiestas.63 Para 1867, el Ayuntamiento otorgó 100 pesos del fondo municipal a los comisionados de la función del barrio de la Purísima, para las glorietas y otros gastos de adorno de la plaza.64 El siguiente, 1868, el presidente de la Junta Directiva de las fiestas del barrio del Roble participó a la alcaldía municipal 800 pesos por el cobro

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de la pensión de pisos y demás ramos65 y para el siguiente año reportó el producto de 1215 pesos. Sin duda, los ingresos por concepto de estas ferias eran considerables tanto para las juntas directivas como para el municipio. En este sentido, las expresiones religiosas de fines de siglo se encontraban intrínsicamente relacionadas con las expresiones sociales y culturales en la ciudad de Monterrey; las cuales, a pesar del proceso de secularización, incluyendo en este caso las fiestas de los barrios, se mantuvieron en la idiosincrasia de los habitantes de la ciudad, diversificando sus prácticas religiosas a un ámbito popular y recreativo en un contexto en el que el discurso institucional hacía alusión a una idea de nación, separada de los cultos religiosos. Paradójicamente, las fiestas del Roble y de la Purísima mostraban parte de la sociedad en su vida cotidiana, con valores y costumbres diversas en relación con una vida religiosa y una iglesia activa. De igual manera, estos dos barrios se caracterizaron por su alto nivel organizativo y por el empuje de aquellos vecinos pudientes que podían aportar, en contraste con otros barrios que crecían debido al proceso migratorio y de urbanización, pero que carecían de servicios y recursos públicos suficientes para realizar en esta época festividades religiosas y populares.


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Citas bibliográficas

15. Monterrey, 13 de Septiembre de 1877 MISCELÁNEO 171, 12.

1. Florescano, 2005: 562-563. 16. AMM Acta 999, 02/10/1865, 1865/046. 2. En este apartado se referirá exclusivamente a la Iglesia católica. 3. De la crisis del modelo borbónico al establecimiento de la República Federal. Gloria Villegas Moreno y Miguel Ángel Porrúa Venero (coordinadores) Margarita Moreno Bonett. Enciclopedia Parlamentaria de México, del Instituto de Investigaciones Legislativas de la Cámara de Diputados, LVI Legislatura. México. Primera edición, 1997. Serie III. Documentos. Volumen I. Leyes y documentos constitutivos de la Nación mexicana. Tomo II. p. 924-927; 945.

17. AMM Acta 999, 1861/053, 31/08/1861. 18. AMM Acta 999, 1865/041,07/09/1865. 19. AMM Acta 999, 1865/041,07/09/1865; AMM, Actas de Cabildo 999, 1855/044. 20. Monterrey, Septiembre 1º de 1867, Misceláneo, 78, 10. 21. Periódico oficial, AGENL, 6 de octubre 1853. 22. AMM Acta 1867/018, 03/05/1867.

4. Lempérière: 2005. 23. AMM Acta 999, 03/02/1868, 1868/007. 5. Misceláneos 164, 16. 24. AMM Acta 999, 10/02/1868, 1868/008. 6. 13 de Septiembre de 1877. Misceláneo 171, 12 Con la llegada de Porfirio Díaz se agregó a las fiestas patrias el 15 de septiembre.

25. AMM Acta 999, 09/03/1868, 1868/014. 26. AMM Acta 999, 19/10/1868, 1868/049.

7. Misceláneo 171, 6. 1 de agosto de 1874. 8. Barrera Enderle: 2006. 9. Decreto del Congreso n° 117, AGN, Gob. s/s, vol. 69, exp. 10. citado en Lempérière 1994.

27. AMM Acta 999, 02/05/1868, 1868/022; Acta 999, 19/10/1868, 1868/049. 28. AMM Acta 999, 16/03/1868, 1868/015. 29. AMM Acta 999, 13/04/1868, 1868/019.

10. Acta 999, 1861/019, 18/03/1861. 30. Misceláneo 292, 17. 11. Actas 999, 1861/059, 07/10/186128/08/1864. 31. Misceláneo 281, 14. 12. Misceláneos 74, 14. 32. Misceláneo, Volumen: 119, Expediente: 7. 13. AMM, Actas de Cabildo 999, 06/10/1856, 1856/043. 14. AMM, Actas de Cabildo 999, 22/05/1856, 1856/024.

33. AMM Acta 999, 1869/041, 1869/041. 34. AMM Acta 999, 07/05/1867, 1867/019. 35. AMM Acta, 1871/029 , 29/05/1871.

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36. AMM Actas 999, 04/01/1869, 1869/002. 37. De la Torre: 2002. 38. De la Torres, 2002:21. 39. González Maiz: 2000: 11.

50. AMM Actas 999, 1861/047, 29/07/1861); Actas 999, 29/07/1867, 1867/032; Actas 999, 10/08/1868, 1868/040; Actas 999, 19/07/1869, 1869/022; Actas, 999, 24 de julio de 1871. Para este cuadro se seleccionaron aquellos nombres que se repetían en los diferentes años, obviamente los miembros de las juntas patrióticas son más de los que aquí aparecen.

40. Idem. 51. González Maiz. 41. En él, además de mencionar a los integrantes electos que conformaron la junta, se percibe que las Sociedades o Juntas Patrióticas y la Sociedad de Amigos del País son prácticamente lo mismo. Cabe señalar que existen otros documentos que mencionan una disposición similar dictada el 8 de marzo de 1827, la cual efectivamente existe pero cuyo contenido es análogo respecto a la de 1826. Para mayor información véase el documento ubicado en: AMM. Ramo Principal, volumen 24, expediente. 42. AMM. Ramo Correspondencia, volumen 60, expediente 27. Siguiendo a González Maiz (2000:11) en 1841 las sociedades patrióticas se reestablecieron en 1841 por el decreto 128 ubicado Correspondencia con Alcaldes Primeros. Monterrey, caja 44/1857 en el AGENL.

52. AMM Actas 1867/018, 03/05/1867. 53. González Maiz: 2000. 54. Idem. 55. Villegas y Porrúa, 1997: 945. 56. AMM Colección Civil, volumen 279, expediente 19. 57. AMM Colección Civil, volumen 279, expediente 19. 58. AMM Colección Civil, expediente 272. 59. AMM Colección Civil, expediente 272.

43. AMM, Actas de Cabildo 999, 30/06/1856, 1856/029. 44. AMM aprobadas Actas 999, 20/08/1869, 1869/027; Actas 999, 31/08/1869, 1869/029. 45. AMM Actas 999, 31/08/1869, 1869/029. 46. AMM Actas 1870/007, 25 de enero de 1870.

60. AMM, Civil, volumen 274, expediente 50. 61. AMM, Misceláneo 231, 14. 62. AMM, Actas de Cabildo 999, 1859/045, 10/11/1859. 63. AMM, Actas de Cabildo 999, 05/12/1864, 1864/056.

47. González Maiz: 2000. 48. Idem: 5.

64. AMM, Actas de Cabildo 999, 30/01/1867 1867/003.

49. Leyes, Decretos y Circulares, Caja 1857, AGENL, citado en González Maiz (2000: 5).

65. AMM, Actas de Cabildo 999 1868/052.

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23/11/1868,


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CAPÍTULO IV LA INTERVENCIÓN FRANCESA EN MONTERREY (1864-1867). GENERALIDADES Y PARTICULARIDADES

Cuando tratamos de identificar entre la infinidad de hechos históricos ocurridos en el siglo XIX, alguno que por sus implicaciones haya sido crucial para el desarrollo y consolidación de México como Estado-nación, es casi imposible menospreciar, Juárez, símbolo de la república contra la Intervención francesa. y mucho menos descartar, la lucha que por espacio de giraba en torno a la imitación del modelo político cinco años sostuvo el itinerante gobierno del presinorteamericano, es decir, un gobierno federal, redente Benito Juárez contra la monarquía de Maxipublicano, representativo, democrático y laico que miliano de Habsburgo, episodio comúnmente coeliminara la influencia que el clero y las fuerzas nocido como la Intervención francesa (1862-1867). armadas ejercían sobre el conjunto social, posibiliEn el trasfondo de la refriega entre las tropas fedetando el progreso material del país de acuerdo a los rales y el multinacional ejército franco-mexicano se postulados del capitalismo decimonónico. encontraba la ya para entonces añeja disputa sobre No obstante que ambas ideologías comparel devenir político mexicano, traducida en dos protían aspiraciones positivas para el país, las divergenyectos de nación antagónicos y relativamente delicias en las formas de alcanzarlas generaron los tres mitados. años de conflicto civil conocidos como la Guerra Por una parte, el partido conservador prode Reforma. En ella la facción liberal dirigida por pugnaba por la conservación de diversos patrones Benito Juárez obtuvo la victoria frente a los conserde organización política, económica y social muy vadores a principios de 1861, pero la multiplicidad similares a los de la época colonial, como la divide problemáticas que afrontó la república en la insión estamental de la sociedad, el corporativismo y mediata posguerra propició que el ejército francés, la consolidación de un gobierno central eficaz apopor órdenes de Napoleón III, invadiera México a yado por la Iglesia y un ejército profesional fuerpartir de abril de 1862. El constante repliegue de te.1 En lo que respecta a los liberales, la prioridad los poderes federales hacia el norte del país ante la

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ofensiva de las fuerzas europeas propició la extensión del dominio francés a muchas entidades de la república que se habían mantenido apartadas físicamente del conflicto; entre ellas Nuevo León y obviamente su capital, Monterrey. El presente capítulo pretende ofrecer un panorama amplio, analítico, pero, sobre todo, ilustrativo, de los acontecimientos en torno a la ocupación francesa de Monterrey en 1864. Predomina en la redacción del mismo el enfoque político-militar, dado que por tratarse de una coyuntura bélica la mayor parte de la documentación encontrada aludía a dichos aspectos bajo la forma de informes y disposiciones respecto a las actividades de reclutamiento de la Guardia Nacional, partes de guerra, comunicados del Ayuntamiento, correspondencia de los gobernadores, etcétera. Por otra parte, la misma dinámica de la investigación posibilitó el tratamiento de ciertos aspectos de la cotidianidad regiomontana y nuevoleonesa, de lo social, pero sin desligarse del enfoque establecido. Aunque la pieza medular del estudio es la ocupación de la ciudad por las tropas franco-mexicanas en agosto de 1864, los parámetros de una investigación historiográfica seria y la disponibilidad de información moldearon las particularidades del capítulo. Para el efecto, cabe señalar que la mayor parte de éste tuvo que sustentarse en la información tomada de los documentos de archivo, pues casi todas las producciones históricas locales abordaban la temática de forma muy somera o bien se centraban en describir acontecimientos vistosos e importantes desde la óptica nacional, como la estancia de Benito Juárez en Monterrey o las batallas de Santa Isabel y Santa Gertrudis. Antes de abordar nuestro objeto de estudio, tuvimos que remitirnos a las causas que motivaron la invasión francesa a México, los actores implícitos en el proceso y el desarrollo de la primera fase del conflicto que abarca de abril de 1862 a finales de 1863. En este punto, se utilizó básicamente información bibliográfica, toda vez que dichos acontecimientos son de sobra conocidos y no ameritaban una extensa búsqueda de fuentes primarias (de archivo). También fue menester dar un esbozo de las circunstancias en que se encontraba el para

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entonces Estado de Nuevo León y Coahuila, así como las actividades que desplegó su gobernador Santiago Vidaurri hasta su deposición por órdenes del presidente Juárez. Uno de los subcapítulos más fuertes, documentalmente hablando, lo constituyó aquél que relata la ocupación de Monterrey y Nuevo León por las fuerzas republicanas, en cuyo frente se encontraba Benito Juárez y su gabinete. De abril a agosto de 1864, la ciudad fue sede de los poderes nacionales y centro de operaciones de un ejército mexicano que se encontraba amenazado tanto por el avance de las tropas francesas como por las actividades guerrilleras desplegadas en el norte del Estado por Julián Quiroga, a favor del retorno político de Vidaurri. La disponibilidad de material de archivo permitió reafirmar algunos conocimientos del periodo ya manejados por la historiografía, pero, sobre todo, de hacer aportaciones novedosas a la temática, descentralizando de la figura de Juárez la descripción e interpretación de los acontecimientos. De manera obvia, el posterior subcapítulo referente al arribo del ejército franco-mexicano a Monterrey es el de mayor importancia para nuestros fines y en el que se utilizó un considerable porcentaje de las fuentes primarias de que disponíamos. Ubicada entre agosto de 1864 y agosto de 1867, la redacción tomó en cuenta los pormenores políticos, militares y sociales que se desarrollaron en derredor de las autoridades municipales y estatales, fueran éstas republicanas o francesas. Empero, hay que señalar que la investigación se enfrentó a la escasez de material archivístico correspondiente 1865 y 1866, lo que sin duda alguna repercutió en los alcances y fines de nuestro estudio, no así en su solidez metodológica y en la rigurosidad con que unos servidores elaboramos la interpretaciones.

La Invasión de la Francia napoleónica a México Catorce años después de que el último soldado yanqui abandonara la republica mexicana, tras apropiarse de los estados septentrionales de Texas, Arizona, Nuevo México y la Alta California, las ambiciones del emperador francés Napoleón III dieron cabida a la última invasión extranjera que


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sufrió México durante el Siglo XIX: la intervención militar y política de Francia. Muchos fueron los móviles y las circunstancias que fraguaron esta nueva y anacrónica intentona imperialista del gobierno francés en las Américas; no obstante, podemos asegurar que el factor más inmediato y de mayor peso, tanto por sus implicaciones políticas como económicas, lo encontramos en las postrimerías del enfrentamiento entre liberales y conservadores, es decir, la Guerra de Reforma. La Guerra de Reforma, o Guerra de los Tres Años (1858-1860). fue un conflicto ideológico y militar que enfrentó a dos bandos irreEscena de la batalla de Puebla. conciliables en busca de la hegemonía política en México. Por un lado, los liberales buscaEn el primero de los casos, la gravedad ban afianzar el sistema republicano representativo que habían adquirido las actividades de las gavifederal bajo los principios del liberalismo francés llas comandadas por Miguel Miramón, Leonardo y norteamericano; por el otro se encontraba la facMárquez y Tomás Mejía, que ya para 1861 habían ción conservadora, representante por excelencia dado muerte a los liberales Melchor Ocampo y José del Ancien Regimé, apegada a la tradición española Santos Degollado, orillaron al gobierno a destinar y respaldada por las dos instituciones más poderogran parte de sus recursos pecuniarios a las fuerzas sas de la primera mitad del siglo decimonono: la encargadas de combatirlas, sin mucho éxito.3 Iglesia y el Ejército. Los vaivenes de la guerra y En lo que se refiere a los compromisos molas desavenencias al interior del grupo conservador netarios del gobierno mexicano con el exterior, el propiciaron que en 1860 los liberales alcanzaran la presidente Juárez tomó la decisión de suspender los victoria final en Calpulalpan (Estado de México) pagos a los acreedores extranjeros el 17 de julio de y la entrada a la Ciudad de México de un Ejecuti2 1861 en aras de estabilizar la crítica situación intervo Nacional que esperaba haber finalizado con la na y dar un margen de tiempo para que la venta de trágica epopeya civil a la que desgraciadamente le los bienes expropiados al clero arrojaran dividenfaltaba un capítulo. dos. Empero, la medida tuvo críticas severas en los El conflicto había provocado un sinfín de países afectados por la nueva ley, destacando entre problemas entre los que podemos citar el descenso estos a Inglaterra, Francia y España por ser los de de la mano de obra campesina y artesanal, una lamayor peso y a los que más se le debía. tente inseguridad que imperaba en los arcaicos caEl gobierno mexicano recibió diversas peminos del interior de la república y el reforzamienticiones para que el decreto se derogara, a lo cual to del poderío caciquil y caudillista en diversos respondió que era imposible dada la coyuntura por regiones de México, producto de las dificultades la que atravesaba. Dentro de estas reclamaciones se del presidente para hacer cumplir el pacto federal. encontraban los sucesivos robos de plata que tanSin embargo, dos cuestiones centrales amagaron a to liberales como conservadores habían cometido Juárez una vez restablecido el gobierno liberal en contra los intereses británicos y franceses para sosla Ciudad de México, uno de naturaleza nacional 4 tener a sus ejércitos. y el otro internacional: las actividades guerrilleras En vista de las negativas mexicanas, las pode la vencida facción conservadora y el pago de la tencias ya mencionadas se reunieron en Londres el inflada deuda externa.

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31 de octubre de 1861 para firse extendieron hasta el 9 de abril de mar el Tratado Tripartito con 1862, mismas en la que los delegael que se obligaría a México, dos de Inglaterra y España se dieron mediante una expedición por satisfechos al derogarse el decremilitar, a derogar el decreto to de suspensión de pagos de junio de suspensión de pagos, la de 1861 y el compromiso del gobierliquidación de las deudas por no mexicano de ponerse al corriente tanto tiempo acumuladas y la con las obligaciones fiscales contraíprotección de sus conciudados en el exterior. danos que residían en la repúNo obstante, las reclamacioblica.5 Sin embargo, cabe senes de los franceses, apoyadas en ñalar que una de las cláusulas la deuda Jecker, no ofrecían punto capitales del tratado era que de negociación para Juárez y sus los miembros de la alianza no actividades violaban la Alianza Triobtendrían ventajas territopartita, pues “el 5 de marzo de 1862 riales ni intervendrían en los llegó a Veracruz el general Charles asuntos internos del gobierno Ferdinand de La Trille, conde de LoOcampo y Santos Degollado, figuras rençez, con refuerzos, prueba de que mexicano, limitándose sólo a Melchor insignes del partido liberal victimisados por las ocupar Veracruz y esperar un guerrillas conservadoras. Napoleón III deseaba intervenir en acuerdo decoroso con Juárez; México”.7 en su defecto, se pretendía la satisfacción Al robustecimienmediante la apropiación de los recursos to de las tropas francesas aduaneros del puerto. Los acontecimientos podemos añadirle las conposteriores demostrarían la impracticabiliversaciones secretas que dad de este principio ante las intenciones de algunos partidarios de la conquista de Francia. monarquía en la república La invasión tuvo lugar el 8 de diciemmexicana, como José María bre de 1861 cuando llegó a Veracruz la esHidalgo y Juan Nepomucuadra española al mando del general Juan ceno Almonte, sostuviePrim, quien ocupó la población sin reron con Napoleón III, exsistencia. Las tropas de Inglaterra y hortándole a que invadiera Francia llegaron un mes después, la primera manMéxico y estableciera a algún príncipe europeo que dada por sir Charles Lennox Wyke y el comodoro sacara al país de la anarquía y las discordias civiles Hughes Dunlop, mientras que por el lado francés que lo consumían. Asimismo, le informaron de la el liderazgo militar recayó en el vicealmirante Jean existencia de un partido monárquico y la adhesión de la Gravière Jurien y el político en el conde Dutotal de la población en caso de implementarse un bois de Saligny, personaje clave en la agresión nagobierno de tal corte.8 poleónica a México y fiel defensor de la deuda de Para el 9 de abril de 1862 las tropas inglesas la banca Jecker.6 y españolas se embarcaron rumbo a Europa, dejando atrás al ejército francés que iniciaría su marcha a Inmediatamente, Juárez mandó al general la capital de México conforme al plan de campaña Manuel Doblado, ministro de Relaciones Exteriopreconcebido. Apoyándose en la proclama franceres, para entrevistarse con el delegado de las posa dirigida al pueblo mexicano en donde se hacía tencias extranjeras, Juan Prim, a fin de llegar a un énfasis en los aspectos positivos y las bondades de acuerdo sobre las reclamaciones y dar por terminala Intervención,9 las tropas europeas se movilizada la ocupación de Veracruz. El encuentro sentó las bases para la realización de varias conferencias que ron hacia el oeste de la república, en aras de ocupar

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Puebla y enfilarse a la Ciudad de México, objetivo central de la expedición. Tras algunas escaramuzas entre las fuerzas de la república y los franceses, la mayor parte de ellas con resultados favorables a los invasores, el ejército de Lorençez atacó los fuertes de Loreto y Guadalupe de la fortificada ciudad de Puebla el 5 de mayo de 1862. Las esperanzas de una victoria contundente y rápida de los pocos más de cinco mil hombres de la infantería zuava se vinieron abajo, luego que los contingentes republicanos del general Ignacio Zaragoza los rechazaran en tres ocasiones, dándose éstos a la fuga bajo la amenaza de la caballería liberal.10 Al abrigo de la artillería europea, las derrotadas tropas de Lorençez se reorganizaron e iniciaron un repliegue de sus líneas al otro lado de las montañas de Acultzingo en espera de que Napoleón III enviara nuevos refuerzos; por el momento, la república había contenido la agresión extranjera. Los resultados de la batalla de Puebla causaron en México y Francia reacciones diametralmente opuestas. Por un lado, el gobierno de Juárez creyó que la victoria de los mexicanos generaría en la opinión pública francesa un rechazó a la Intervención en México, lo que orillaría a Napoleón a tomar la decisión de repatriar a sus soldados. También se esperaba que la moral del pueblo y la eficacia de los gobiernos estatales en las actividades de reclutamiento aumentaran, pues hasta ese momento no había sido posible encuartelar a los 52 mil hombres que se suponía debían sumar las fuerzas de las entidades en su conjunto.11 En el lado francés, la derrota había causado un sentimiento de humillación y de venganza, puesto que era inconcebible la hecatombe que sufrieron los primeros soldados del mundo, vencedores de las campañas de Italia y la Crimea, ante un ejército popular y de baja clase como el mexicano. Por ende, Napoleón III se decidió a jugarse el todo por el todo y apabullar a las fuerzas nacionales con el envío a México de treinta mil hombres experimentados, provistos del mejor armamento y suministros, dirigidos ahora por el metódico general Frédéric Elie Forey. Entonces, quizá, “esas armas nacionales cubiertas de gloria” quedarían impo-

Napoleón III, emperador de Francia. Su intervencion militar en México representaban sólo el primer paso de una política imperialista de mayor envergadura en América.

tentes y ensangrentadas ante el poderío del nuevo contingente francés.12 Diez meses después de la derrota en Puebla, las fuerzas francesas se presentaron nuevamente ante la ciudad para ponerle sitio. La defensa estaba ahora en manos del general Jesús González Ortega, pues Ignacio Zaragoza había muerto el año anterior de tifoidea. Mejor guarnecida, pertrechada y apoyada por el Cuerpo de Ejército del Centro (dirigido por el general Ignacio Comonfort), Puebla resistió dos meses el embate de las tropas napoleónicas, lo que generó en México la ilusión de que se repitiera el triunfo del 5 de mayo anterior.13 Empero, la falta de víveres hizo mella en las filas republicanas, obligándolos a entregar la plaza a mediados de mayo de 1863. Ya no había fuerza ni obstáculos considerables entre los franceses y la capital que cerrara el paso a la entronización de la monarquía en el país.

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las pretensiones de cooperación y sumisión que exigía la Federación; quizá el caso más sonado de todos y el que más nos compete, el del entonces gobernador de Nuevo León y Coahuila: Santiago Vidaurri.

El preludio a la tormenta: el contexto nuevoleonés previo al conflicto

Escena de la Batalla de Puebla, efectuada el 5 de mayo de 1862.

La vanguardia del ejército francés entró a la Ciudad de México el 7 de junio, procediendo a salvaguardar el orden y preparar la recepción del general Forey, quien arribaría a la capital dos días después. Antes de regresar a Europa por orden de Napoleón, el citado general “nombró, el 16 de junio de 1863, un comité de treinta y cinco Notables para iniciar el gobierno provisional”,14 mientras se realizaba la elección del futuro monarca que gobernaría México. Al partir Forey, se designó a Achilles François Bazaine como general en jefe de todas las fuerzas de la Intervención, recayendo en su persona el diseño y aplicación de la campaña del interior contra Benito Juárez y las tropas republicanas. En cuanto al presidente Juárez, el 31 de mayo (días antes de la llegada de las fuerzas francesas a la capital), el Congreso le otorgó poderes extraordinarios mientras duraba la guerra y procedió a iniciar su marcha al norte de México, cuya primera escala fue San Luis Potosí. El avance a las entidades septentrionales de la república lo llevaría con el tiempo a confrontar la hostilidade de los gobernadores norteños, empeñados en conservar su poderío regional frente a

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Así como a nivel nacional la Guerra de Reforma había transformado el panorama político y social existente, en el ámbito local también se produjeron cambios que reconfiguraron los grupos de poder y las perspectivas del cacique regional por excelencia, Santiago Vidaurri. Años antes del conflicto, y amparado en su Plan de Monterrey (1855), Vidaurri había extendido su dominio político y económico sobre el noreste mexicano, aprovechándose de la lucha armada que en diversos punto del país, bajo la bandera del Plan de Ayutla, sostenían los primeros liberales para derrocar al dictador Antonio López de Santa Anna. Para alcanzar sus ambiciones, el lampacense cimentó su poderío en la organización y adiestramiento del Ejército del Norte15 con soldados de origen nuevoleonés, adiestrados en la lucha contra los apaches y comanches. En destreza, la oficialidad no se podía quedar atrás, pues hombres como Juan Zuazua, Mariano Escobedo, Ignacio Zaragoza y José Silvestre Aramberri, entre otros, dieron pruebas de sus habilidades tanto en diversas acciones bélicas en la entidad como en el exitoso ataque a Saltillo, Coahuila, defendida por el santanista Francisco Güitián. En este momento, para Vidaurri eran importantísimas cuestiones el sostenimiento y control del ejército en general, así como la paga puntual a los soldados, por lo que procedió a mejorar la fiscalidad en ese rubro. A partir de entonces se impuso una disciplina estricta entre la tropa, castigando severamente los casos de insubordinación y deserción; asimismo, mejoró la recaudación aduanera y estableció una cuota específica de hombres y dinero a cada municipio del estado, en lo que respecta a los primeros, para reclutarlos en las milicias estatales.16 Al tener tantos elementos a su favor, Santiago Vidaurri pudo ejercer un control virtual sobre


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Tamaulipas y Coahuila, al tiempo que se agenciaba para sí los recursos pecuniarios que generaban las aún escasas pero importantes aduanas fronterizas. El punto culminante de sus ambiciones regionales fue la anexión del vecino Estado de Coahuila al de Nuevo León, anexión que, después de una disputa diplomática con el presidente Ignacio Comonfort, y mientras se perfilaba un enfrentamiento con las tropas federales, fue consumada, primero el 6 de noviembre de 1856 en la Ciudad de México por el Congreso de la Unión y, después, con las negociaciones hechas con los generales Vicente Rosas Landa, Juan José de la Garza y Miguel Echegaray.17 Bajo estas circunstancias de éxito político, ya que Vidaurri había hecho sentir su presencia en estados como Zacatecas, San Luis Potosí y Durango, en la capital de la república el golpe de Estado dado por Félix María Zuloaga provocó el inició de la Guerra de los Tres Años y el ascenso al ejecutivo nacional de Benito Juárez, en sustitución del exiliado Comonfort. En esta lucha, el Ejército del Norte fue la pieza clave mediante la cual el gobernador de Nuevo León y Coahuila traspasó los límites de su esfera regional, convirtiéndose en una figura de importancia nacional, merced a las sucesivas victorias en contra de los conservadores. De esa forma, la naturaleza del poder vidaurrista osciló durante un tiempo entre el caciquismo y el caudillismo. El peso político que ejercía Santiago Vidaurri se puede apreciar en las comunicaciones que tuvo con algunos de los liberales más destacados como José Santos Degollado, Melchor Ocampo e incluso el propio Juárez, donde se nota que el trato a Vidaurri no era el de un subordinado, sino el de un igual. No obstante, la derrota en Ahualulco de Los Pinos (San Luis Potosí) ante el ejército de Miguel Miramón, el 29 de septiembre de 1858, fue el primero de una serie de sucesos que frustraron sus ambiciones en el escenario político nacional. Un año más tarde, la constante intromisión de Santos Degollado en las operaciones de las fuerzas vidaurristas, comprensible por su designación como jefe supremo de las tropas liberales del norte y occidente de México, provocó la ira del gobernador nuevoleonés, quien decidió retirar al Ejército

del Norte de la campaña y replegarlo inmediatamente a Monterrey bajo el alegato de la “violenta desaparición del gobierno legítimo de la república”, entre otras cosas.18 Estos acontecimientos provocaron una ruptura profunda al interior del Ejército del Norte. Muchas de sus figuras insignes decidieron permanecer en las filas liberales y desobedecer a su comandante en jefe que les exigía volver a Nuevo León. Ignacio Zaragoza, José Silvestre Aramberri, Mariano Escobedo, Lázaro Garza Ayala, entre otros, fueron sólo algunos personajes que siguieron sosteniendo la causa de la Constitución de 1857. Por otra parte, sólo Juan Zuazua y Julián Quiroga retornaron junto a los remanentes de las tropas norteñas, desmoralizadas y con severas limitaciones económicas. Nunca más Santiago Vidaurri volvería a ser una figura de categoría nacional, imposible con una oficialidad dividida y con la carga moral de haberse retirado de una guerra que hacia 1858 había jurado pelear sin escatimar esfuerzos. La decisión de retirar a las tropas de la lucha y la prolongada estancia en el poder estatal hicieron que el Congreso de Nuevo León y Coahuila declarara inconstitucional la permanencia de Vidaurri en la gubernatura. Ante la negativa de este último de acatar las disposiciones oficiales, el cuerpo legislativo se trasladó al municipio de Galeana, N.L., donde realizó los preparativos necesarios para una resistencia armada contra el lampacense; a este episodio histórico se le conoció con el nombre de “Rebelión de los Congresistas” o “Los Sublevados de Galeana”. A pesar de que la revuelta fue de corta duración, sus secuelas fueron prolongadas en el aspecto político-militar, ya que al incremento de los enemigos al régimen en la entidad se añadió la muerte del general Juan Zuazua, por mucho el mejor militar con que contaba el vidaurrismo. Quizá en cierta medida la muerte de Zuazua y la aparición en escena del general Ignacio Comonfort expliquen la negativa de Santiago Vidaurri de entregar a las autoridades federales a este último, buscado por ser la figura central del golpe de Estado de diciembre de 1857, quien se refugió en Monterrey a mediados de 1861 a la vuelta del exilio en la Unión Americana.

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General Ignacio Zaragoza. Bajo su mando, las fuerzas republicanas obtuvieron el mayor triunfo militar en la historia de México, frente al que, para ese momento, era considerado el mejor ejercito del mundo.

La experiencia de Comonfort como mandatario y sus conocimientos militares lo convirtieron en una figura nada desdeñable para el gobernador nuevoleonés, quien probablemente percibió en él las cualidades necesarias para sustituir al finado Zuazua como jefe de sus fuerzas. Esto fácilmente lo podemos corroborar con el nombramiento de general de División del Ejército del Norte que Vidaurri, con la aprobación del presidente Juárez, le hizo a Comonfort el 16 de marzo de 1862,19 menos de un mes antes de que diera inicio el conflicto con los franceses. De esta manera, Comonfort, el rebelde de Ayutla, se erigió en el norte de la república como jefe de una fuerza militarmente respetable, al servicio de uno de tantos cacicazgos que no dudaría en utilizar sus servicios para defender su posición política frente a amenazas internas y externas de cualquier índole, fueran estas aramberristas, indianas, filibusteristas, imperialistas e inclusive juaristas. No obstante, Comonfort tuvo una participación guerrera muy limitada en el noreste mexicano, por lo que no titubeó en ofrecer sus servicios a Juárez para luchar contra la Intervención. De tal suerte que el presidente le confió el mando del Cuerpo de Ejército del Centro, que apoyaría a las fuerzas de González Ortega durante el segundo asalto francés a Puebla, acaecido en los primeros días de marzo de 1863. Gracias a este gesto, y a su paulatino alejamiento del vidaurrismo, la figura del expresidente pudo ser rehabilitada en los

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anales de la historia patria, aun tomando en cuenta el papel que desempeñó en la sublevación conservadora de 1857. En cuestión económica, la localidad experimentó a lo largo de estos años, previos a la llegada de las autoridades imperialistas, condiciones de vida muy dispares entre los diversos sectores sociales. Como se ha visto en otros capítulos, mientras la población promedio padecía los nocivos efectos de una prolongada sequía, que se traducían en pérdidas de cosechas, ganado y que consecuentemente causaban el deterioro de los niveles de vida, la elite gubernamental y mercantil sacaba enorme provecho del activo comercio fronterizo propiciado por la guerra civil norteamericana. Este comercio no se limitó únicamente a los insumos de naturaleza militar, sino que también abarcó infinidad de productos básicos como el café, el azúcar, el trigo y el maíz, entre otros de menor importancia. Prueba fehaciente de este fenómeno fue el acuerdo firmado en septiembre de 1862 entre los comerciantes Patricio Milmo, Evaristo Madero y varios agentes confederados, mediante el cual aquéllos se comprometían a abastecer de harina a la Confederación Sureña mientras durara el conflicto.20 Dicho abasto se mantuvo constante aun en los momentos álgidos de la referida sequía. Los recursos agenciados por las aduanas establecidas en el Río Bravo y los productos alimentarios enviados a Texas bien pudieron haber sido utilizados para contrarrestar las necesidades que el Estado tenía en este momento tan crítico, sin embargo se apostó a la exportación en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría poblacional. De la misma manera, la defensa nacional fue objeto de un reiterado pero disimulado menosprecio por parte de Vidaurri, quien mencionaba a Juárez la imposibilidad de que Nuevo León y Coahuila remitiera a la Federación apoyos de consideración, aludiendo algunas veces a la sequía y a la falta de caballada para las tropas, otras tantas a la pacificación de Tamaulipas y al sometimiento del indio bárbaro.21 Una y otra vez el mandatario estatal utilizó su característico lenguaje evasivo para negarle ayuda al presidente, hasta que, aprovechando las dis-


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putas al interior del gabinete juarista hacia y Tomás Mejía. El conocimiento septiembre de 1863, decidió contestar de del territorio y de las condiciones manera más directa a un ejecutivo nacional del país por los conservadores, que parecía ya no tener ni la legitimidad así como la experiencia bélica política ni la fuerza militar para imponerse de los franceses y la superioridad a su subalternos: de su artillería, favorecieron la Hablando a Ud. con toda franqueza extensión de una invasión que como creo que debe hacerlo todo homera ya incontenible en cualquier bre de conciencia en casos de gravedad lugar donde la resistencia armacomo el presente, le repetiré que el Esda se manifestaba de manera fortado no necesitaba más armas con las mal, es decir, basada en encuenque no cuenta careciendo también de tros campales o asedios a centros ellas el gobierno General: y con mucho Santiago Vidaurri. urbanos. sentimiento me veo en la necesidad de Al tener tan cerca a los manifestarle que es muy tarde ya para proinvasores y no contar de momento con suficientes porcionárselas, porque ha pasado el tiempo efectivos para retrasar el avance enemigo,23 Juárez de agenciárselas como ha pasado para mudecidió mudar la sede federal a Saltillo, mejor dichas otras cosas.22 cho, al dominio de Vidaurri. Su arribo se registró El choque entre ambos mandatarios pareel 9 de enero de 1864, en medio de fuertes temores cía inminente, pero aun con todo, Benito Juárez tanto por la actitud hostil que el gobernador había albergaba la esperanza de atraer a Vidaurri a la remostrado hacia el Ejecutivo nacional como por el sistencia nacional contra la invasión extranjera. Sin hecho de que existían ciertos rumores acerca de un embargo, los hechos posteriores demostrarían cuán acercamiento entre Vidaurri y las autoridades imincompatibles eran los deseos e intereses del presipuestas por la Intervención, las cuales deseaban más dente respecto a los del gobernador norestense. que nada que Nuevo León y Coahuila se declararan abiertamente enemigos de la república y aliados de Benito Juárez versus Santiago Vidaurri: el enlos franceses.24 frentamiento Para colmo de males, los generales González Ortega y Doblado volvieron a solicitar al presiA principios de noviembre de 1863 la posición de dente su renuncia, pues su periodo administrativo los poderes nacionales en San Luis Potosí se hizo había expirado hacía ya algún tiempo, aun con las insostenible. La gran ofensiva francesa al interior facultades extraordinarias que le había otorgado el de la república había dado inicio, y con ella toda Congreso de la Unión en mayo de 1863. Las cosas una serie de graves derrotas para los ejércitos mexino pintaban bien y todo parecía apuntar a la pronta canos que buscaban retener las princidisolución del gobierno liberal en Méxipales ciudades del país, específicamente co. en las regiones occidentales y del Bajío. No obstante, pese a las relativas venSin embargo los esfuerzos, auntajas económicas, políticas y hasta militares que heroicos, fueron en vano, pues pese que se le presentaban de momento frente a a que los europeos poseían limitados la Federación, Santiago Vidaurri afrontaconocimientos del terreno donde efecba múltiples y simultáneos problemas que tuarían sus operaciones, tenían a discomprometían su dominio regional. Ya heposición una constante asesoría de los mos comentado la bonanza económica que aliados conservadores, algunos de ellos Benito Juárez ascendió hasta entonces había propiciado el interal Ejecutivo nacional en conocidos jefes militares de la Guerra sustitución del exiliado cambio mercantil con el gobierno separatisde Reforma como Leonardo Márquez Comonfort. ta del sur norteamericano, de los contratos

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hechos entre algunos empresarios de la región y la Confederación, así como de los recursos aduaneros retenidos por el Estado en aras de “mantener la paz y el orden”. Pues bien, un problema suscitado por la confiscación de 16,000,000 de dólares en dinero confederado por parte de Milmo, con el fin de presionar a algunos autoridades texanas para que liquidaran las infladas deudas que tenían con él, provocó el cierre temporal de la frontera a las mercancías destinadas al mercado europeo, vía México, el 12 de enero de 1864.25

General Juan Zuazua, asesinado por las fuerzas de Aramberri el 31 de julio de 1860.

La medida representaba cuantiosas pérdidas para la economía regional, pues según José Agustín Quintero, representante comercial de la Confederación en Monterrey, Vidaurri perdería entre 50,000 y 60,000 pesos por mes en impuestos de aduana, la única fuente importante de percepciones para la administración nuevoleo-coahuilense.26 Recordemos que al iniciar la Guerra Civil Norteamericana

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(1861-1865) el presidente Abraham Lincoln ordenó el inmediato bloqueo de los puertos sureños con el fin de estrangular el comercio exterior de los secesionistas y obligarlos a rendirse por hambre y falta de pertrechos bélicos, lo que orilló a estos últimos a entablar negociaciones con el mandatario nuevoleonés para que su producción algodonera transitara por el noreste y fuera embarcada posteriormente a Europa en aguas tamaulipecas. Por encontrarse en un país neutral, la armada de la Unión no se atrevería a interrumpir el tráfico del algodón, ni a ocupar los puertos mexicanos ni mucho menos a atacar a los cargueros europeos, pues Gran Bretaña, principal interesada en continuar las relaciones mercantiles con la Confederación ante las necesidades de su industria textil, era la principal potencia hegemónica del orbe, con la fuerza suficiente para intervenir en el conflicto e inclinar la balanza a favor del Sur, a quien no veía con malos ojos. En esta dinámica, los barcos atestados de algodón para el Viejo Mundo volvían cargados de un sinfín de artículos alimentarios, armamento, medicinas y vestuario que, aunado a la producción local, mantuvieron bien abastecidos a los estados separatistas ubicados al oeste del Mississippi hasta el fin de la guerra y el armisticio de Appomattox. A pesar de que la paralización del comercio fronterizo fue breve, merced a los acuerdos hechos entre Milmo y los confederados, Vidaurri perdió cuantiosos recursos pecuniarios27 y con ellos quizá la posibilidad de organizar una fuerte expedición militar a Coahuila con el objetivo de expulsar a los juaristas de sus dominios, precisamente en el momento en que éste se hallaba con pocas y desmoralizadas tropas. Unos meses más tarde, en marzo de 1864, cuando al fin se decidiría a emprender acciones armadas en contra del gobierno nacional, sería demasiado tarde. Día a día la correspondencia de Santiago Vidaurri con el presidente Juárez se hacía cada vez más agria. Desde Saltillo, el ministro de Hacienda, José María Iglesias, solicitaba constante y categóricamente a Vidaurri los recursos monetarios de las aduanas fronterizas, ya que hasta el momento la Federación no había recibido centavo alguno de


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numérica de las fuerzas federales, Vidaurri había decidido parapetarse en el Fortín de la Ciudadela con sus tropas y 22 piezas de artillería, sin duda esperando mejores condiciones para afrontar la entrevista con Juárez. La vieja amistad que Vidaurri había cultivado con Doblado y una compatibilidad de pensamiento respecto a la permanencia de Benito Juárez en la presidencia rindió inmediatamente frutos. En una acción desconcertante, aun contra los designios del A través del noreste de México, el gobierno confederado pudo evadir el bloqueo naval presidente, Doblado fue persuadido ordenado por Lincoln y continuar con sus exportaciones de algodón a Europa. En esta por Vidaurri para que la División de dinámica, personas del medio político y comercial se agenciaron enormes fortunas. Guanajuato saliera de Monterrey el 13 de febrero de 1864, seguramente como los miles de pesos que suponían, acertadamente, se requisito diplomático para iniciar conversaciones percibían cada mes. con Juárez. La inverosímil medida dejó al EjecuPor su parte, el mandatario estatal artivo nacional a merced del gobernador del estado, gumentaba que tales ingresos eran necesarios el cual finalmente decidió acceder a la entrevista el para el mantenimiento de la paz y el orden en día siguiente. el Estado, al tiempo que mediante el Boletín de De acuerdo a la historiografía existente soMonterrey incitaba a la población al desconocibre la temática, en especial el texto de Pedraza,30 miento pleno del gobierno general y a “defender Santiago Vidaurri se presentó en la residencia donsus hogares de la invasión de los vándalos que los de se encontraba hospedado el presidente el 14 de amenazaban”.28 febrero. Para este momento, sin respaldo militar Estas acciones bien podrían haber sido consuficiente, Juárez había optado por salir inmediasideradas por Juárez como actos de traición, pero tamente de la ciudad y regresar a Saltillo, ya que tesu conocida paciencia evitó que por el momento se nía informes fundados de que las fuerzas de Julián suscitara una ruptura definitiva, por lo que comuQuiroga y Pedro Hinojosa, vidaurristas consumanicó a sus ministros la decisión de ir personalmente dos, se aproximaban a la capital nuevoleonesa con a Monterrey para carear a Vidaurri y de una vez por intenciones hostiles. todas conocer la postura política del lampacense. En la breve plática que se desarrolló entre Listos los carruajes y apoyados por la División de el presidente y el mandatario estatal, este último le Guanajuato de Manuel Doblado, que recién llegasuplicó al Ejecutivo nacional que no abandonara la ba del interior del país, el presidente y parte de su ciudad tan precipitadamente, pues debían llegar a gabinete partieron a tierras regiomontanas el 10 de un acuerdo terminante sobre el problema aduanero febrero de 1864. que tantos “malentendidos” había causado entre Después de padecer la acción de las gaviambas instancias; de lo contrario, afirmó Vidaurri, llas vidaurristas en Santa Catarina, la diligencia podría haber consecuencias. Sin inmutarse, Juárez presidencial llegó a la capital nuevoleonesa el 12 respondió que no habría “ninguna por parte del de febrero, donde solamente el Ayuntamiento de la gobierno, lo que deseo es que no las haya aquí; ciudad y su alcalde, Pedro Elizondo, le dieron una nos enfriaremos, calmarán los ánimos, y volveré modesta bienvenida.29 Temeroso de la superioridad entonces”.31

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De esta manera el presidente finiquitó la entrevista y se encaminó a abandonar la población si no de manera despreocupada, sí en buen orden. No obstante, aproximadamente en el cruce de las actuales calles de Padre Mier y Juárez, el hijo del gobernador del estado, Indalecio Vidaurri, quien al momento se hallaba bajo los efectos del alcohol, disparó su revólver sobre el carruaje presidencial para después organizar una improvisada fuerza que persiguió al gabinete republicano hasta Santa Catarina.32 Fuera o no con la complicidad de Santiago Vidaurri, lo verosímil es que la acción de Indalecio terminó con las pocas esperanzas de algunos liberales que pensaban era factible atraer al lampacense a la resistencia nacional contra la Invasión extranjera. Después de esto, Juárez declaró a Vidaurri traidor de la patria y dictó disposiciones para que Coahuila reasumiera su independencia políticoterritorial respecto a Nuevo León el 26 de febrero de 1864, a la par de nombrar a Jesús María Benítes y Pinillos como legítimo gobernador del estado. Con estos acontecimientos, el destino del cacique nuevoleonés parecía estar sellado. Sabía de antemano que tarde o temprano las tropas republicanas, numéricamente superiores33 y mejor armadas, avanzarían incontenibles sobre la capital del estado, ocupando las poblaciones del sur y norte de Nuevo León e iniciando una auténtica “cacería de brujas” contra su persona y los adeptos al régimen. Por otra parte, la secesión de Coahuila y la consecuente pérdida de los recursos de sus aduanas habían comenzado a hacer mella en las finanzas estatales, hecho que se conjugaba con la inestabilidad en Tamaulipas, tanto en los puestos fronterizos como en sus puertos marítimos. Por su parte, la cuestión francesa que hasta el momento no representaba peligro inmediato para Vidaurri, tanto por su radio de acción

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como por las conversaciones sostenidas con Vignau, solicitó categóricamente del jefe regional su adhesión incondicional a la Intervención, conminándolo en su defecto a prepararse para la guerra. De una forma u otra, el vidaurrismo tenía los días contados. Un día después del desalojo juarista de Monterrey, el 15 de febrero de 1864, el comandante en jefe del ejército franco-mexicano, general Achilles Bazaine, envió un ultimátum al jefe nuevoleonés donde le exigía reconocer el nuevo orden de cosas establecido en el país, evitando las penalidades que una ocupación armada acarrearía a Nuevo León: …Dentro de breves días se moverán mis tropas, el Estado de Nuevo León será invadido, y entonces me será más difícil dar oído á la voz de la conciliación. Por consiguiente, hoy, que aún es tiempo de evitar los desastres de una lucha sin objeto, os ofrezco en una mano la paz y en otra la guerra, vos podéis escoger lo que os dicten vuestra conciencia y patriotismo. De vos solo depende, pues, el evitar las nuevas calamidades que pudieran sobrevenir al Estado que habéis regido hasta ahora con tanta cordura, o de afianzar en él la paz, con todas las ventajas que trae consigo, adhiriéndose francamente a la Intervención y reconociendo el gobierno establecido en México.34

Litoral del estado de Texas durante el bloquéo de la Unión.


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La superioridad de la artillería, así como la experiencia bélica de los franceses, favorecieron la expansión de éstos.

La amenaza juarista en Coahuila y el amague francés en San Luis Potosí y Tamaulipas aniquilaron la capacidad de decisión que tanto había caracterizado a Vidaurri, obligándolo a asumir una actitud neutral en los momentos que la balanza política exigía la inclinación por alguna de las dos facciones. Por ello, como estrategia política para ganar tiempo que la decisión por la guerra o la paz debería recaer en la totalidad de la población del estado y no en su persona, ya que “viniéndome del pueblo el poder que ejerzo, a él debo consultar en caso tan grave como éste”.35 Para tal efecto, mencionó, se realizaría en todas las poblaciones de Nuevo León, durante el breve lapso de un mes, una suerte de votación express con el objetivo de que los habitantes expresaran las medidas a tomar en una cuestión tan delicada. Mientras se efectuaban los comicios, el gobernador suplicó al jefe francés que no efectuara ningún movimiento de tropas sobre el estado, habiendo, le decía, sobrado tiempo para la guerra si la entidad se resolvía por ella. A la sazón de que se realizaban las negociaciones con los franceses, el líder estatal enfocó su atención en la problemática juarista. Establecidas en Saltillo, las tropas federales podían invadir Nuevo León a su antojo toda vez que tuvieran suficientes efectivos para ello, a la par de que cada día la ocupación de Coahuila ponía en riesgo la captación de los recargos monetarios de las aduanas de Piedras Negras. Vidaurri había dejado pasar una oportunidad valiosísima durante el mes de enero de 1864, cuando Juárez no contaba siquiera con

el apoyo de la División de Guanajuato y de otros jefes militares (como González Ortega, Patoni, entre otros) que momentáneamente se hallaban en el interior del país conteniendo al invasor. En momentos como éste un ataque efectivo contra las fuerzas nacionales se hubiera traducido si no en la disolución del gobierno liberal, sí en la postergación indefinida del sometimiento de Nuevo León y Coahuila a la influencia de Juárez, quien, viendo la hostilidad en el noreste, posiblemente hubiera seguido un derrotero distinto para reorganizar a sus ejércitos en terrenos donde el cerco militar fuera impracticable.36 Pero, fuera del ámbito especulativo, el gobernador aguardó, se rebeló y, a destiempo, inició la movilización de sus fuerzas cuando el choque armado era de pronóstico reservado. De manera obvia, Santiago Vidaurri tenía que echar mano de todos los efectivos disponibles en Nuevo León para preparar la campaña de Saltillo. Como era de esperarse, la mayoría de la población nuevoleonesa desconocía la ruptura suscitada entre el mandatario estatal y Juárez el 14 de febrero, tanto por lo precario de las comunicaciones como por el control irrestricto de la información que ejercía el gobierno mediante su periódico oficial, también llamado Boletín Oficial de Monterrey. Debido a esto, los móviles y fines últimos del reclutamiento podían variar de acuerdo a lo que el gobernador considerara, de momento, más conveniente a sus intereses. Es por ello que, en estos primeros momentos de la movilización, el llamamiento general a los guardias nacionales de Nuevo León y Coahuila fue justificado sobre la base de combatir al ejército franco-mexicano y no con el objetivo de luchar contra las fuerzas republicanas, como posteriormente se pregonaría: Por acuerdo del Gobierno del Estado publicamos este parte (noticias sobre la aproximación a Nuevo León de las fuerzas de Tomás Mejía) para que los pueblos todos sepan que estamos próximos a ser invadidos por el enemigo de nuestra independencia, y [que] las autoridades se pre-

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vorecer a los hombres públicos del sur antividauparen para ayudar al Gobierno en la resisrrista, tal como había ocurrido cuatro años antes con tencia que trata de hacer, y al efecto alisten la designación de José Silvestre Aramberri, oriundo a todos los guardias nacionales que puedan de Galeana, N.L., como mandatario estatal. armar, para que sin necesidad de orden del En el futuro cercano dicha tendencia no exGobierno, los remitan a esta capital (Monperimentaría modificaciones, pues si bien es verterrey) a la primera noticia que tengan de la dad que durante la última fase de la guerra Manuel aproximación del enemigo.37 Z. Gómez fue el virtual gobernador del estado, no Claro está que la información impresa en el es menos cierto que su gestión estuvo supervisaperiódico oficial se encontraba dirigida al nuevoda por el general Mariano Escobedo, paisano y leonés promedio, desconocedor de los graves acondiscípulo de Aramberri que había cedido el cargo tecimientos políticos que al momento se suscitaban a aquél para comandar directamente a las tropas en la entidad. No obstante, en los días inmediarepublicanas. tamente posteriores a la ruptura con el presidente Volviendo a los preparativos militares para Juárez, Vidaurri instó a sus colaboradores más cermarchar sobre Saltillo, el gobierno estatal dictó una canos, en su mayoría políticos, a ejecutar una serie serie de acciones preventivas con el fin de aminode medidas tendientes a entorpecer las disposiciorar los posibles daños que causarían las indudables nes del mandatario nacional que, de manera lógica, incursiones punitivas de los juaristas en Nuevo referían a su desconocimiento como gobernador. León. Los comandantes militares de toda la entiComo punta de lanza de tales directrices, el 16 de dad fueron advertidos de tal amenaza, por lo que febrero envió una carta circular a todas las poblaredoblaron esfuerzos para reclutar la mayor canticiones de Nuevo León y Coahuila (las que seguían dad de fuerzas en las zonas a su cargo. en su poder) donde les conminaba a no obedecer Conociendo de sobra los rumores de que cualquier orden emanada de Juárez, además de un destacamento de la División de Guanajuato esaprehender inmediatamente a los agentes federataba próximo a incursionar en los municipios del les que se presentaran portando comunicados del norte del estado, Vidaurri envió sendas órdenes a presidente.38 los jefes militares de esa región para combatir a las En la mayoría de las localidades de las regiofuerzas republicanas y, especialmente, evitar a todo nes centro y norte del estado la medida fue recibida trance que el enemigo se apoderara de la caballade manera favorable y su aplicación no encontró da del Ejército del Norte, que de momento estaba obstáculos serios. Sin embargo, en los pueblos concentrada en la Hacienda del Álamo, ubicada en meridionales, en aquellas municipalidades que Villaldama, N.L. Aunque la orden de habían servido de albergue y centro de defensa fue trasmitida a toda la oficiaoperaciones a los congresistas insurreclidad norteña, la responsabilidad de la tos de 1860, la política de Vidaurri fue segunda operación recayó totalmente constantemente víctima del sabotaje y sobre el capitán Ruperto Martínez, el la indiferencia de una población que héroe republicano de Santa Gertrudis no simpatizaba en grado alguno con los y Santa Isabel que de momento fungía esfuerzos del lampacense por conservar como subalterno de Santiago Vidaurri su poder. y Julián Quiroga.39 Basta considerar que hacia abril de 1864, a la salida forzada del gobernaComo primer paso para el éxito dor de Monterrey, Benito Juárez confió de su encomienda, Martínez procedió al sureño Jesús María Benítes y Pinillos a conducir lo más rápido posible a las la gubernatura de Nuevo León, hecho bestias desde la mencionada hacienda que nos permite visualizar cierta línea Achilles Francois Bazaine. Ge- a la Mesa de Catujanos, ubicada en el neral en jefe de la fuerza expedipolítica presidencial que pretendía fa- cionaria francesa en México. vecino municipio de Lampazos. Debi-

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do a que se trataba de un punto de altura de difícil acceso, era probable que el enemigo desistiera de su objetivo tanto por lo penoso de la travesía como por tratarse de una posición defensiva prácticamente inexpugnable, en el caso de que los nuevoleoneses hubieran destacado algunas piezas de artillería y un cuerpo de rifleros a lo largo de la vereda que conducía a la cima. Cabe mencionar que posiblemente los republicanos no se enteraron del movimiento ganadero, ya que la orden dictada por el propio capitán Martínez, el 21 de febrero de 1864, referente a vigilar estrechamente todos los caminos del norte del estado y confiscar todo correo que condujera pliegos del presidente Juárez y sus ministros,40 dejaba sin oportunidad a cualquier tropa de exploración juarista que intentara “husmear” en Nuevo León. No obstante todas estas disposiciones, el asunto no pasó a mayores, pues el 28 de febrero, Ruperto Martínez informaba a Vidaurri que las fuerzas federales habían sido sorprendidas, derrotadas, desarmadas y devueltas a la capital coahuilense, quedando de momento finiquitada la invasión.41 La acción armada en las municipalidades norteñas y las escaramuzas que día a día aumentaban en número e intensidad hicieron imposible que se sostuviera por más tiempo la versión gubernamental de cooperación con el régimen republicano. A principios de marzo el Boletín Oficial publicó toda la correspondencia habida entre Santiago Vidaurri y Benito Juárez alusiva al problema aduanero, haciendo también uso de algunas cartas donde José María Iglesias, ministro de Hacienda, solicitaba llanamente los recursos estatales y el reconocimiento de los poderes nacionales por parte del gobernador. Párrafo tras párrafo, frase por frase, los argumentos de Juárez y su gabinete eran desmenuzados, puestos en jaque por Vidaurri quien criticó los argumentos de Juárez mediante la utilización de un discurso a todas luces muy racional, que sin duda alguna convenció a muchos lectores; no obstante la defensa que Vidaurri hacía de su postura, no era válida, pues jurídicamente esos recursos pertenecían a la Federación. Desde entonces, para el gobernador, el enemigo más importante no fueron

ya los franceses, ni Tomás Mejía con sus fuerzas reaccionarias, sino el presidente y su gabinete, los cuales estaban dispuestos a sojuzgar a Nuevo León bajo la “falaz” consigna de defender la soberanía nacional, despojándolo de sus recursos monetarios y trayéndole las incontables penurias de una guerra sin objeto. Despojado de todo escrúpulo informativo, muy ad hoc con la publicación de la correspondencia Vidaurri-Juárez, el Boletín oficial de Monterrey dio a conocer, el 3 de marzo de 1864, las comunicaciones sostenidas entre el gobernador y el general Bazaine, como preludio a la convocatoria para efectuar las votaciones por la guerra o la paz. De manera análoga se trató de exaltar los argumentos utilizados por Vidaurri a favor de la “democratización” para decidir si el estado se declaraba contra la Intervención (pero no con los juaristas) o a favor de ella. Los comicios, mencionaba el periódico, serían llevados a efecto sujetándose a nueve prevenciones generales que hablaban de la naturaleza de los votantes, los lugares donde se realizarían los

Manuel Doblado. Mediante maquinaciones y negociaciones con Santiago Vidaurri, no autorizadas por Benito Juárez, ordenó el repliegue de su División de Guanajuato en Monterrey, dejando al Ejecutivo nacional a merced del gobernador nuevoleonés.

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procesos, la conformación de los cuerpos encargados de regular la votación, el día y la hora de la misma, así como la fecha tentativa para dar a conocer los resultados.42 Con esta acción, que significaba la neutralización temporal de la amenaza intervencionista, las autoridades estatales quedaron con las “manos libres” para imprimir sus energías en la agilización del reclutamiento y afrontar de forma plena las nuevas incursiones guanajuatenses que se presentaban en las poblaciones del sur. Aunque los acervos documentales consultados arrojaron limitada información sobre los derroteros posteriores de esta movilización militar antijuarista, siquiera podemos afirmar con relativa certeza que las intentonas republicanas por someter a Nuevo León, antes de abril de 1864, fueron inútiles e incluso desastrosas. Después de la victoria obtenida por Ruperto Martínez en el norte, un importante contingente de caballería al mando de Julián Quiroga se trasladó a la localidad de San Gregorio, en el municipio de Dr. Arroyo, N.L., en aras de interceptar a otro destacamento de la División de Guanajuato que había entrado a la entidad por dicha región. Muy posiblemente la fuerza juarista tenía la intención de enlazar con los grupos de resistencia contra Vidaurri que existían en la zona, o bien, por tratarse del punto nuevoleonés más cercano a San Luis Potosí, vigilar de cerca los movimientos del ejército franco-mexicano que para el momento se concentraba alrededor de Matehuala, poblado perteneciente a este último estado. Fuera o no una acción netamente exploratoria, lo cierto es que el 11 de marzo, Quiroga, para beneplácito del gobernador, envió a Monterrey un informe detallado del triunfo recién obtenido sobre las fuerzas de Doblado en San Gregorio,43 con lo que se consumaba la segunda derrota consecutiva de los republicanos en territorio estatal. El periódico oficial no reparó en exaltar tan importante acontecimiento, asignando para la publicación de la noticia, el día 13 de marzo de 1864, el título de “Primeras operaciones contra las chusmas del Saltillo”. En este documento Julián Quiroga proporcionó un informe pormenorizado del triunfo, del número de tropas que disponían los

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El Ejército del Norte estuvo concentrado en la Hacienda del Álamo, en Villaldama, N.L.

federales y su suerte al finalizar la acción armada. No obstante, como ha ocurrido y ocurrirá en todo conflicto bélico, las cifras manejadas por el citado militar dan indicios de una tergiversación de los hechos, sobre todo si consideramos que la Federación no podía de momento movilizar a un cuerpo armado de consideración sin arriesgar su posición en Coahuila. En palabras de Quiroga, la fuerza enemiga que se batió constaba “de trescientos (hombres) en San Gregorio, en Santa María cien (hombres) y en Capellanía una infantería, y otra caballería que salió del Jaral hasta donde la corrimos”,44 contabilizando un total aproximado de 500 a 600 soldados republicanos. Daba la impresión que las columnas nuevoleonesas eran imbatibles sin importar el lugar donde se les presentara combate, pero pasar de una estrategia defensiva, en torno de poblaciones nuevoleonesas de relativa lealtad al régimen, a asumir el papel de atacante en territorio controlado por el enemigo era una cuestión muy diferente. Sopesando los riesgos que acarreaba tal circunstancia, Vidaurri determinó que el momento de emprender la campaña definitiva contra los juaristas había llegado. Toda vez que se consumaban las acciones militares en el sur, la concentración de fuerzas militares en Monterrey hizo suponer al go-


Monterrey: origen y destino

José María Iglesias, ministro de Hacienda.

bernador que éstas eran ya suficientes para doblegar a los federales en Saltillo, por lo que ordenó la pronta marcha de las tropas por el camino habitual que une a ambas ciudades. Además la moral del ejército, en términos relativos, era inmejorable pues a los triunfos obtenidos contra la División de Guanajuato se sumaban las esperanzas de que durante el trayecto el contingente aumentara en número, tanto por el esperado arribo del teniente coronel Julián Quiroga, comandante en jefe de la expedición, como por los auxilios humanos y materiales que sin duda facilitarían las autoridades lugareñas aliadas del ejecutivo estatal. Ejemplificando tal remisión de ayuda podemos citar una carta fechada el 11 de marzo de 1864, en la que Santiago Vidaurri dio una serie de instrucciones a Jesús del Castillo para que los efectivos de su mando se unieran a las filas nuevoleonesas: Para cumplir las órdenes que le ha dado el coronel Julián Quiroga, observará las prevenciones siguientes: 1ª Con la fuerza que tiene usted a sus órdenes se dirigirá a la villa de García, en donde se le incorporarán quince hombres más. 2ª De la villa de García emprenderá su marcha, llevando un buen guía, que lo conduzca a la hacienda del Paredón, por donde no levante polvo, procurando estar en ese punto el día de mañana de las diez en adelante con tal de que no pase de las tres de la tarde. 3ª Las partidas que encontrare las aprehenderá y desarmará, haciendo uso de la fuerza, si fuere necesario; los que apre-

hendiere los remitirá bien custodiados a la villa de García, para que de allí los pasen a esta capital: si el cabecilla de esas partidas hiciere resistencia, aprehendido que sea, lo fusilará. 4ª Se le recomienda recoja los caballos útiles que encontrare, y cuantas armas hubiere para lo que registrará las casas de los ranchos. 5ª Del Paredón, se dirigirá por los ranchos o veredas que conduzcan al rancho de Perros Bravos en donde se reunirá con el coronel Julián Quiroga, para lo que pondrá exploradores, pues en el día que usted llegue deberá verificarlo ese jefe o a más tardar al día siguiente.45 Sin embargo, y pese a la marcha positiva de las operaciones en un primer momento, el ataque a Saltillo no se llevó a efecto. A falta de fuentes documentales que puedan esclarecer los móviles del acontecimiento, se pueden especular apegándose a circunstancias verosímiles, algunas hipótesis no comprobadas por ahora. Pudo haber ocurrido que el movimiento de tropas vidaurristas fuera percibido por los innumerables contingentes de exploración que el presidente Juárez había emplazado en todos los caminos que conducen a aquella ciudad, perdiéndose el elemento sorpresa y consecuentemente la posibilidad de enfrentar una resistencia juarista desorganizada. De mayor peso resulta la hipótesis referente a la cancelación del ataque por motivos lógico-estratégicos: varios militares republicanos destacados en el interior del país llegaban en ese momento a Saltillo junto con sus fuerzas (en especial Miguel Negrete), lo que significaba que las tropas nuevoleonesas estuvieran en una desventaja numérica considerable e inesperada. De igual forma, y relacionándose con este segundo punto, no podemos soslayar las implicaciones que tuvo el decreto emitido por Benito Juárez, el 5 de marzo de 1864, en el que declaraba traidor a Santiago Vidaurri y a todo aquél que cooperara con él tanto activa (militarmente) como pasivamente (en las susodichas votaciones por la guerra o la paz),46 circunstancia que indudablemente influyó de manera negativa en los resultados del reclutamiento.

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ciones gracias a “su acreditado patrioEn cualquiera de los anteriores tismo y a todas las cualidades que lo casos, lo que sí está documentado es recomiendan”.48 que Vidaurri ordenó el repliegue de su ejército a Monterrey. ImposibiliEn estas circunstancias históritado de llegar a una decisión política co-regionales era imprescindible para favorable mediante las armas, el goJuárez que el cargo fuera depositado bernador trató de efectuar un tardío en una persona de su confianza, por lo acuerdo con Benito Juárez utilizando que la asignación hecha a Benítes es a su amigo y general Pedro Hinojosa completamente justificable si tomamos como intermediario. en cuenta su militancia antividaurrisLa respuesta del presidente no Miguel Negrete comandó sus ta y el peso político que ejercía sobre pudo haber sido de mayor contunden- fuerzas contra Vidaurri. múltiples comunidades ubicadas en el cia: “[no puedo] oír proposiciones de sur del estado, de donde era originario arreglo, ni aceptar más que la completa sumisión a (Linares, N.L.). la ley, sin condiciones de ninguna clase, que nunca De la misma manera resultó vital para el preson admisibles cuando se trata de la independensidente y su gabinete finiquitar todo rasgo de procia de la República”.47 Rechazado y amenazado vidaurrismo en el Congreso local. En carta enviada por la progresión de las fuerzas de Miguel Negrete el 25 de abril de 1864 a Gregorio Zambrano, alcalde sobre Nuevo León, en los últimos días de marzo, 1º de Monterrey, el gobernador Benítes y su secreSantiago Vidaurri abandonó finalmente Monterrey tario, José de Jesús Dávila y Prieto, le informaron rumbo a Texas, dejando tras de sí posesiones, partique a partir de tal fecha cesaban definitivamente en darios, familiares y a un núcleo urbano que estaba a sus funciones y atribuciones todos los individuos punto de padecer, de manera más o menos directa, de la Diputación Permanente del extinto Estado la expresión máxima del dominio territorial en una de Nuevo León y Coahuila, por lo que las sesiones guerra: la ocupación. legislativas entrarían en un periodo de receso hasta que fuera determinado otro grupo diputacional que La ocupación de Monterrey por los republicasustituyera al anterior49. nos Era evidente que la medida tenía la intención de evitar a toda costa el surgimiento de desTras un sin número de pleitos, disposiciones legaavenencias al interior del Congreso estatal, pues la les y amenazas armadas, Benito Juárez entró sin continuidad de diputados con filiación vidaurrista oposición a Monterrey el 3 de abril de 1864. Había podía generar múltiples y agrias querellas en torno muchos asuntos que antender, pero de momento la a cualquier proyecto que se sometiera a discusión. más importante consistía en establecer una nueva Más aún, el estado de guerra que padecía el terriplanilla de autoridades político-militares que estorio nacional hacía imprescindible el irrestricto tuvieran ideológicamente acorde a los designios y apoyo del poder Legislativo en cuestiones gravínecesidades de la Federación. simas que debían ser aprobadas sin demora, tales Por ello, el presidente emitió, el 14 de abril, como el reclutamiento de tropas y la cooperación un decreto dirigido a todos los municipios del esmonetaria y en especie que debían hacer todas las tado donde designaba nuevamente a Jesús María municipalidades de la entidad a favor de las fuerzas Benítes y Pinillos como gobernador y comandante republicanas, entre otras. militar de Nuevo León, concentrando en su perApenas y fueron establecidas las anteriosona ambas atribuciones gubernativas con el fin de res directrices en materia política, todas las poeficientizar las actividades de resistencia contra los blaciones de Nuevo León, incluyendo su capital, franceses, lo que sin duda efectuaría sin complicacomenzaron a recibir sendos requerimientos de la

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Federación para remitir a Monterrey el número de hombres que por ley debían destinarse al servicio de la Guardia Nacional. En esta última ciudad, el gobernador dispuso que el alcalde dictara “las órdenes necesarias para que a la mayor brevedad posible se [organizaran a] 200 guardias nacionales de infantería” y los pusiera a disposición del comandante militar de esa plaza, mientras los altos mandos castrenses decidían el uso al que debían destinarse.50 Reconociendo lo imperativo y reiterado de semejantes peticiones, las cuales no cesaron hasta la consumación del conflicto, hay que recordar que para abril de 1864 las fuerzas juaristas se encontraban en un estado de desgaste muy alarmante, producto de los terribles encuentros sostenidos frente el ejército franco-mexicano que en la mayoría de los casos terminaron en derrota. Por muerte en combate o deserción los efectivos nacionales disminuían dramáticamente y el dinero se acababa, ya que para el momento los estados más ricos del país como México, Jalisco, Guanajuato y Veracruz se hallaban en poder de los franceses, privando así a la facción republicana de sus principales fuentes de ingresos. Desafortunadamente, para la causa republicana la guerra contra el invasor extranjero no era

la única cuestión que Juárez debía afrontar en este complicado panorama. La expansión de la resistencia nacional al norte y occidente de la república produjo una serie de conflictos con los gobernadores y figuras de poder local, los cuales pretendían mantener incólume su relativa autonomía políticoeconómica frente a las demandas de cooperación y sumisión que exigía el gobierno general. De esta manera, Luis Terrazas en Chihuahua, Santiago Vidaurri en Nuevo León y la rebelión indígena de Manuel Lozada en Nayarit, entre otros, son sólo algunos ejemplos de los casos en los que el presidente tuvo que distraer fuerzas humanas y materiales en momentos que el conflicto internacional demandaba la concentración plena del esfuerzo bélico. Para colmo, algunos sectores de la oficialidad mexicana habían comenzado a padecer un estado de desmoralización tal, que prefirieron unirse a las filas enemigas que esperar un improbable cambio en la balanza de la guerra, como sucedió meses después con los generales. José López Uraga, Tomás O’ Horan y Juan B. Caamaño.51 En Nuevo León, aún con la presencia de los poderes nacionales y sus tropas, permeaba cierto clima de inseguridad debido a que existían informes fundados de que, a la primera oportunidad, Santiago Vidaurri cruzaría el Río Bravo en aras de

Para mediados de 1864, las principales ciudades del país se encontraban ocupadas por las fuerzas francesas.

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fomentar una rebelión en los municipios septentrionales. Con los conocimientos geográficos del territorio estatal y el indudable carisma que seguía gozando entre las poblaciones norteñas, pensaban los juaristas, no le sería difícil reclutar una contingente considerablemente respetable, escurridizo, que esparciendo las semillas de la sublevación por diversas localidades del estado, eventualmente podría comprometer la posición federal en Monterrey. Bajo estas circunstancias, el llamamiento a la Guardia Nacional se antojaba una necesidad imperiosa con el objetivo de respaldar a las debilitadas fuerzas juaristas que, establecidas en la región, debían resguardar los límites estatales de las esperadas incursiones intervencionistas, o bien dar traste a todo intento vidaurrista por recuperar sus dominios. Dicha medida debía ser respaldada y perseguida tenazmente por todas las autoridades competentes, so pena de hacerse acreedores a las mismas acusaciones que habían caído sobre el exgobernador. No obstante de tratarse de órdenes emitidas por el ejecutivo nacional, cuyo desobedecimiento conllevaba serias consecuencias, el reclutamiento tropezó desde sus inicios con la resistencia de las poblaciones por diversos motivos, que iban desde los ataques indígenas hasta la huída de los hombres para evitar ser enrolados. Una comunicación muy ilustrativa, del 29 de abril de 1864, dirigida al gobernador por el alcalde de Galeana, se menciona que la municipalidad envió a Monterrey únicamente 26 de los 60 hombres que se le habían requerido, ya que “no ha sido posible conseguirlos, siendo el motivo principal la emigración que de todos puntos de esta municipalidad ha habido a otros pue-

blos por el poderoso motivo de faltarles el maíz para la subsistencia y porque en lo general los hombres capaces de levantar las armas huyen a los campos cuando se trata de exigirles este servicio”.52 A estas circunstancias debemos añadir que las localidades difícilmente podían darse el lujo de enviar a sus varones a la guerra, ya que ello conllevaba un descenso de la mano de obra disponible para llevar a efecto las actividades productivas mediante las cuales se sostenían, fueran éstas de naturaleza ganadera, agrícola, etcétera. Volviendo al plano político, es importante señalar que a lo largo de la estancia de los republicanos en Monterrey, la dirigencia política en la ciudad sufrió reiteradas modificaciones que estuvieron de manera más o menos acorde a los designios del presidente Juárez, vía el gobernador en turno. Tratando de evitar complicaciones en materia gubernamental, el ejecutivo nacional ordenó que todos los funcionarios con “nexos” vidaurristas fueran relegados. A principios del mes de abril el alcalde Pedro Elizondo fue sustituido de manera temporal por Rafael García,53 quien cedió sus atribuciones a Gregorio Zambrano el 18 de abril del mismo año (hasta el 8 de junio que presentó su renuncia, tras dos meses de gestión).54 Como ya se ha visto, este último personaje fue el que más tiempo ocupó la dignidad municipal en el periodo previo a la llegada de las autoridades intervencionistas. A la salida de Zambrano tocó el turno de dirigir los destinos municipales a Lorenzo González Treviño, que asumió el cargo del 11 al 27 de junio de 1864, día en que la investidura pasó a Jesús Gonzáles Treviño. Tras haber ejercido en el cargo cuatro días, el 31 de julio, González Treviño, por renuncia, cedió la jefatura del municipio al último individuo que, documentadamente, fungió antes de la llegada de los franceses a la ciudad: Leandro García.55 Fuera de la alcaldía, la mayoría de la burocracia regiomontana gozó de la confianza, traducida en continuidad, tanto del mandatario estatal como de los jefes políticos que ya para entonces supervisaban la vida política en Nuevo León; buen

Sebastián Lerdo de Tejada, miembro del gabinete juarista que efimeramente fungió como gobernador interino de Nuevo León.

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ejemplo de esto lo representa el cuerpo de regidolas fuerzas republicanas, provocando una desastrores de Monterrey, que con ligeras variaciones fue sa retirada donde, además de la batalla, se perdió integrado durante este periodo por: José María la mayor parte de los hombres, armamento, piezas Lozano, Luis de la Garza y Garza, Jesús Reyes, de artillería y suministros.57 La derrota fue total y Margarito Barrera, Hermenegildo Garza, Ignacio sus efectos se recrudecían toda vez que era factible Martínez, Rafael Melo, José María Ramos (hijo), discernir que ya no había destacamento alguno de Hipólito Gutiérrez y Ramón Garza.56 consideración que cerrara el paso, o cuando menos En los párrafos anteriores mencionamos hostigara, al ejército franco-mexicano en su avance algo de suma importancia en la dinámica política hacia Nuevo León y Coahuila. del estado durante esta época, una época aciaga, Por otra parte, el archiduque de Austria, Ferde idas y venidas que imposibilitaban un control nando Maximiliano de Habsburgo, estaba por arritácito de la situación en las amplias y diversas rebar al país con el fin de asumir el trono del imperio giones nuevoleonesas por parte del gobernador; mexicano, según lo estipulado en los Tratados de hablamos de aparición de jefes políticos y, otra atriMiramar. Aunque si bien es verdad que su fuerza bución no mencionada, comandantes militares de política dependería de los éxitos en las operaciones distrito. Siguiendo el ejemplo de otras entidades, militares del ejército francés, también es cierto que su creación fue motivada por las imse ignoraba el impacto que el nuevo postergables y diversas necesidades régimen tendría entre la disidencia que tenía el ejecutivo nacional en el política y los remanentes del grupo ámbito político, militar, económico conservador aún no alineados. En y social que se presentaban en tal el peor de los casos, podría esperarcontexto bélico. se un movimiento generalizado de Aun teniendo en cuenta la apoyo al Imperio que significaría la maraña de dificultades en el reclucompleta disolución de la Repúblitamiento y financiamiento que el ca. presidente afrontaba en abril de En este crítico momento, 1864, la situación era poco menos consciente de la necesidad inmeque estable pues, salvo algunas indiata de cooperación humana y cursiones de poca envergadura en el material de todos los municipios sur del estado, los franceses habían y autoridades en el estado, Benito permanecido estáticos en San Luis Maximiliano de Habsburgo, designado Juárez, a través del gobernador Jesús Potosí. De la misma forma, la temi- por Napoleón III y la facción monar- María Benítes y Pinillos, decretó la para ocupar el trono del imperio da insurrección de Vidaurri no se quista instalación de las jefaturas políticas mexicano (1864-1867). había producido y se esperaba que y comandancias militares de distritodavía transcurrieran algunos meto el 23 de mayo de 1864. De este ses antes de que se hiciera palpable en los municimodo, Nuevo León fue dividido en tres regiones pios fronterizos. Sin embargo, durante el siguiente claramente delimitadas en el terreno geopolítico: la mes fue evidente que la instalación de estos orgajefatura política y comandancia militar del distrito nismos no debía demorarse por más tiempo. del norte, la del centro y la del sur, cuyas sedes se El 7 de mayo, desobedeciendo la orden ubicaron en la villa de Sabinas Hidalgo, y en las directa de Juárez de no involucrarse en grandes ciudades de Monterrey y Linares, respectivamenbatallas, el general Manuel Doblado atacó a las te.58 Observando detenidamente sus bases consfuerzas de Tomás Mejía en Matehuala, San Luis titutivas, es factible notar que las jefaturas polítiPotosí. Aunque en un principio las acciones tocas fungían como intermediarias entre los ayunmaron buenos bríos, la llegada de un contingente tamientos y el gobernador, lo cual incrementaba francés al mando del barón de Aymard abrumó a

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“3º Para nombrar ciudadanos de su confianza que desempeñen en los pueblos de su jurisdicción con el nombre de agentes particulares de las mismas Jefaturas y Comandancias, las comisiones que juzguen conveniente encomendarles, los agentes llevarán en todo caso instrucciones por escrito, y en ellas se expresará la clase de facultades con que se les haya investido. El Jefe Político y Comandante militar al acordar tales comisiones, dará cuenta al Gobierno, acompañándoSabinas Hidalgo fue jefatura política y comandancia militar el 23 de mayo de 1864. le copia de las instrucciones que diere.59 la presencia política del mandatario estatal en los No obstante la fecha en que se expidió la municipios y su poder para agenciarse los recursos orden, los nombramientos de jefes políticos y cohumanos y materiales que en esas circunstancias mandantes militares no se produjeron simultáneala defensa nacional necesitaba con desmesurado mente en las tres regiones. Motivos logísticos posiapremio. bilitaron que el distrito del centro, es decir el área De manera inversa, la existencia de estos correspondiente a la jefatura de Monterrey, fuera organismos creaba una especie de burocratización la primera zona donde se nombrara a una persona comunicativa entre las localidades y el gobierno para ocupar el puesto, el cual recayó en José Maestatal-nacional establecido en Monterrey, pues las ría Morelos por voluntad del gobernador el día 25 peticiones, quejas e incluso informes cualesquiera de mayo de 1864.60 Era casi obvio que la ciudad transitaban primeramente por las manos de los jefes capital tuviera tal privilegio ya que obviamente se político-militares antes de llegar a su destino final. trataba del municipio más cercano a la sede del poFue así como, durante la mayor parte de los der estatal y nacional, además que los potenciales años que duró la guerra, el control político sobre los candidatos a ser investidos como jefes políticos pueblos de Nuevo León se concentró sobre las paleran mejor conocidos que sus similares del norte y mas de tres individuos subordinados, claro está, al sur de la entidad. gobernador, pero con la legitimidad necesaria para Sin embargo, en el distrito septentrional solicitar dinero, suministros alimentarios y la moviy meridional los individuos designados tuvieron lización de la Guardia Nacional en sus respectivos una gestión más larga en términos temporales; de distritos. Como apoyo en el cumplimiento de sus acuerdo a la información arrojada por los documenobligaciones, reza el artículo tercero del menciotos la designación del comandante Jesús Fernández nado decreto, dichas autoridades podrían nombrar García como jefe político y comandante militar del individuos de confianza que sirvieran de represendistrito del norte, el 6 de junio de ese año, fue defitantes de las jefaturas en los diversos municipios nitiva, aun después de conspirar contra el gobierno que comprendieran el distrito: de Juárez, tal como observaremos posteriormente,

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en tanto que en el sur el ciudadano Antonio de la Garza García fungió en solitario por considerable tiempo.61 Mediante la instalación de las jefaturas políticas y diversas disposiciones que demandaban la pronta concentración de los guardias nacionales en Monterrey, se esperaba que en unos cuantos meses la derrota de Doblado en Matehuala no afectara otra cosa que el historial militar del ejército mexicano. Desafortunadamente, las autoridades utilizaban uno y mil pretextos para ocultar algo que a todas luces era notorio en los municipios de Nuevo León: la apatía de un gran sector de la población hacia la guerra. Existen infinidad de pruebas archivísticas a las que nos podríamos remitir, pero la que más llama la atención por su dramatismo es una carta hecha por el alcalde 1 de Guadalupe, Rafael Garza, donde expone las razones por las que no pudo reunir completamente a los veinte guardias nacionales que le había solicitado el gobernador, de la cual extrajimos el siguiente fragmento: Dar una idea tan triste de un pueblo, que me ha honrado con su confianza eligiéndome de 1ª autoridad, pero siendo amante de la verdad debo confesarlo, hay en él una de dos cosas, o miedo o falta de patriotismo. Ambas cosas y principalmente la última son funestas, siéndolo en perjuicio de las autoridades, que no pueden como quisieran por esta razón cumplir con la orden que reciben, como de la que me ocupo… 62 Hecho similar se suscitó en el poblado de Apodaca, donde las autoridades no pudieron enviar el contingente de hombres que por ley les tocaba remitir a Monterrey, ya que “los guardias nacionales que no se hallaban ausentes se ocultaron y no [se] encontraba ni hombres ni caballos para mandar comisiones a perseguirlos”,63 líneas que indican, asimismo, que otro grupo de varones pudo haber salido de la población para evitar ser presas del inminente reclutamiento. Y es que realmente la guerra contra los franceses era enteramente extraña a la entidad, la cual se había acostumbrado durante mucho tiempo a tomar las armas únicamente para defenderse de

peligros tangibles e inmediatos como lo eran las incursiones de los filibusteros e indígenas, o a fin de apoyar a su gobernador en las campañas al interior del país; no así de colaborar en la lucha por la preservación de nociones tan abstrsctas para las poblaciones como soberanía, nación, gobierno general, etcétera. Por ende, la idea sostenida por las proclamas federales de que los nuevoleoneses se volcarían ansiosos a enlistarse en los diversos cuerpos de la Guardia Nacional, dispuestos a sacrificar su vida, sus bienes muebles e inmuebles y de ser posible marchar a tierras lejanas para expulsar al invasor del territorio patrio, fue completamente errónea. Lo que en verdad le importaba al habitante promedio era salir bien librado de la refriega, tanto en su integridad física como en su entorno familiar, amén de sus intereses materiales. Esto ocurría cotidianamente en las zonas alejadas de los núcleos urbanos más importantes, donde la autoridad política y la fuerza militar de los republicanos no era perceptible de modo permanente. No obstante, en esta ciudad capital no había

Guillermo Prieto, creador del Cura de Tamajón.

forma de eludir los compromisos legales en materia militar y económica, pues la vigilancia en su cumplimiento tenía un alto grado de efectividad. Basta considerar que para antes del 1 de julio la municipalidad había enrolado en las filas del ejército nacional la increíble cantidad de 308

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hombres, dividiéndose la cifra entre las tropas del de otra manera, se debía regionalizar la naturaleza y general Quezada y las de varios coroneles de menor fines de la lucha contra los franceses a la par de susimportancia, entre los que no obstante destacaba tituir a los representantes de los intereses federaJesús Fernández García,64 el jefe político del norte a les, en su mayoría foráneos, por otros que tuvieran quien poco después se le encomendaría la tarea de cierta influencia en el imaginario colectivo local, de combatir la insurrección vidaurrista en su distrito, tal suerte que éstos fueran identificables hasta por acaudillada por el coronel Julián Quiroga. el más humilde de los hijos de Nuevo León. No Dentro del apoyo regiomontano a los juarisobstante, conocedor de dicha estrategia, el presitas, es necesario señalar la importancia contributiva dente Juárez se halló imposibilitado para cumplirla de las haciendas y localidades que para la época cirde manera plena, ya que carecía del tiempo y el percundaban el asentamiento principal de la ciudad, sonal necesario para aplicarla. a saber las de San Pedro, San Jerónimo, San BerLa información recabada permitió establenabé, San Miguel, las Labores Nuevas y el Ancón cer dos escenarios diametralmente opuestos: por (Ver Anexo 2). Estas localidades aportaron de mauna parte encontramos a un Nuevo León punto nera sucesiva importantes cantidades de hombres menos que hostil a la presencia y demandas que los y suministros a los cuerpos móviles y sedentarios republicanos hacían para sostener “su” lucha conde la Guardia Nacional, ya fuera para combatir en tra los franceses, antagonía que se expresaba bajo otras entidades a la Intervención o bien para vigilar la forma de deserciones masivas, incumplimiento la frontera ante la esperada incursión vidaurrista. en el servicio de la Guardia Nacional, apoyo a la Para fines de mayo se percibía que los meinsurrección de Santiago Vidaurri y el llano asesicanismos legales no estaban arrojando los resultanato de oficiales republicanos, como el ocurrido en dos deseados. La deserción seguía en aumento y la Linares, N.L., el 9 de agosto de 1864, donde la suaparente condescendencia con que se había tratado blevación del Batallón de Monterrey cobró la vida a las autoridades municipales para que cooperaran del coronel Modesto Arreola. con el gobierno fue, en cierta En cambio, hacia medida, contraproducente. 1866 percibimos una clara Ya para entonces se había pucooperación tanto de las aublicado el decreto relativo a la toridades como de la poblacaptura y entrega de los deción para expulsar de “sus” sertores nuevoleoneses que se territorios a los imperialistas, encontraran en los estados de resistiéndose considerableCoahuila y Tamaulipas,65 del mente en menor grado a las exigencias de cooperación que se esperaba obtener resultados positivos en el sentido de que les hacía el Cuerpo de escarmentar a todo potencial Ejército del Norte, dirigido infractor mediante el conocipor el general Mariano Esmiento de las severas penas que cobedo. ¿Cuál es entonces la diferencia? ¿A qué obedese reservaban para tal delito. cen cambios tan profundos Pero más que un sinfín y significativos? Pues más de disposiciones jurídicas, lo que nada a la aplicación de verdaderamente necesario era una transformación del discurla estrategia mencionada: la so republicano, de sus alcansustitución tanto de los lídeces, y de los personajes encarres político-militares como González Ortega, general republicano a quien se gados de representarlo ante las Jesús le asignó la tarea de combatir la insurrección de Vidau- del discurso de resistencia poblaciones del estado. Dicho rri y Quiroga en su momento álgido. nacional.

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En vez de un Jesús González Ortega o de un Sóstenes Rocha, ambos oriundos del interior del país, estimulando a la población a unirse a la lucha contra la Intervención para defender la soberanía y la libertad de la república durante el clímax de la guerra, dos años después, ya en pleno repliegue de los contingentes europeos para ser embarcados al Viejo Continente, encontramos a Jerónimo Treviño, a Francisco Naranjo, a Mariano Escobedo y a otros tantos generales, la mayoría nuevoleoneses por nacimiento y por ende plenamente identificados entre los habitantes, invitando a combatir a los francotraidores para preservar la tranquilidad en el estado y vengar todos los excesos cometidos durante la ocupación de estas tierras. Además, en el plano emocional, era muy poco atractivo pertenecer a la División de Guanajuato, a la División de Zacatecas o a otras fuerzas federales en comparación al Cuerpo de Ejército del Norte en sus diferentes contingentes, donde la oficialidad y la tropa, si no cien por ciento nuevoleonesa, pertenecían a la región noreste (Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas). En planos alternos a la dinámica políticomilitar, la llegada de los poderes federales a Monterrey trajo consigo un poco de cultura e iluminación intelectual a una región que, sin establecer generalizaciones, desde tiempos coloniales se había caracterizado por su exacerbado pragmatismo. En poco menos de tres siglos apenas y habían existido personajes doctos nacidos en Nuevo León, como fray Servando Teresa de Mier, lo cual tenía sus causas en lo limitado y rústico de la educación en tales épocas. Asimismo, los centros de estudio con más prestigio a nivel nacional, además de su lejanía, no eran accesibles a la mayor parte de la sociedad mexicana, toda vez que las instituciones aplicaban ciertos filtros de naturaleza económica, social y familiar difícilmente superables para el nuevoleonés promedio, inclusive para las clases pudientes de la localidad. Tampoco existían publicaciones circulantes en la capital ni mucho menos en los municipios circundantes, salvo el ya citado Boletín Oficial de Monterrey con sus obvias noticias de carácter

gubernamental, a excepción de alguna que otra propaganda mercantil. Por estos motivos es imposible pasar por alto la iniciativa de Guillermo Prieto para redactar y hacer circular la famosa publicación dominical El cura de Tamajón. Editado y materializado en la imprenta de gobierno bajo la dirección de Viviano Flores, el Semanario tuvo su primera aparición el domingo 15 de mayo de 1864 y se suspendió el 15 de agosto del mismo año, cuando Benito Juárez y su gabinete abandonaron la ciudad.66 En esos tres aciagos meses la publicación entretenía a la población regiomontana con sus poemas satíricos que criticaban al recién establecido Imperio de Maximiliano, haciendo olvidar por momentos a los lectores que las tropas enemigas se encontraban, sin oposición, a menos de trescientos kilómetros al sur de Monterrey en espera de órdenes superiores para avanzar sobre Nuevo León. Empero, la totalidad de los 14 números que se alcanzaron a publicar no fueron siempre de carácter ofensivo, pues los asuntos municipales y estatales de importancia eran considerados en la redacción, tal como sucedió con la poesía que Prieto dedicó al recién electo gobernador del estado, Manuel Z. Gómez, el 17 de julio de 1864: AL SEÑOR DON MANUEL Z. GÓMEZ Z. Gómez D. Manuel, Querido amigo y Señor Pues ya sois Gobernador No hay más que arriesgar la piel. Nada de mucho papel Sino política franca Nada de justicia manca Sino entera por tu vida, Al bueno, la alma y la vida Mas con los pícaros tranca. No permitas disidencia Entre los de allá y de aquí, Que a todos importa, sí Y mucho la independencia

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Si notaras diferencia Dale al que se alce primero O mexicano o reynero. Y más si fueran traidores, Nada Manuel no te atores, Cuero cuero cuero y cuero Que haya do vendan las coles, Que se quite la basura: Que al llegar la noche oscura Tengan luces los faroles. Que de maices y frijoles Haya mucho y muy barato, Que no se venda chivato En la plaza por carnero, Que no te engatuce el clero Y aunque quemes mi Curato67 Julián Quiroga, lugarteniente de Vidaurri que comandó la rebelión Precisamente el nombramiento de Manuel contra Benito Juarez a mediados de 1864. Z. Gómez coincidió con las primeras acciones providaurristas en los municipios norteños. ComanEl último contraataque del regionalismo vidaudada por el coronel Julián Quiroga, la rebelión se rrista hacía presente de pueblo en pueblo, sojuzgando temporalmente a las autoridades e imponiendo a Como ya lo mencionamos, el intento de Vidaurri los habitantes una pesada carga ministrativa conpor reasumir el control de Nuevo León y Coahuila sistente en hombres, suministros alimentarios, recursos pecuniarios y todo lo necesario para la sustentabilidad del movimiento. Desde Monterrey, el gobernador y Benito Juárez confiaban de manera plena en la capacidad de sus tropas para someter a los revoltosos, ya que no tenían ni la fuerza militar ni, se pensaba, la legitimidad política para recibir el apoyo de los nuevoleoneses. De la misma forma, la insurgencia estaba focalizada en una región específica, sin la capacidad de expandirse a otras localidades y comprometer la seguridad de la capital del estado, que aún se hallaba a considerable distancia del teatro de operaciones. Sin embargo, y ante todo pronóstico, los hechos Estampa mexicana. demostrarían lo contrario.

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era previsto por las autoridades federales desde su llegada a Monterrey. Era por todos sabido que la sublevación armada se suscitaría solamente en los agostaderos y llanuras del norte de Nuevo León, tanto por su cercanía al Río Bravo (muy útil en caso de una retirada) como por la influencia no confesada del exgobernador entre los pobladores y figuras políticas locales. Fue menester, por ende, vigilar estrechamente la región y el desempeño de la vida pública de las municipalidades, pues las partidas vidaurristas al mando de Julián Quiroga, de manera obligada, visitarían las poblaciones con el objeto de aprovisionarse e incentivar su adhesión a la lucha contra los “perturbadores de la paz”, como solían llamar a los republicanos. La instalación de las jefaturas políticas y comandancias militares de distrito había sido una medida muy apropiada para el efecto, pero la cuestión sobre quién ocuparía el encargo en el sector más expuesto a las incursiones rebeldes, es decir, el distrito del norte, fue difícil y requirió de un considerable tiempo para solucionarla. Finalmente, el 6 de junio de 1864, el todavía mandatario estatal Jesús María Benítes y Pinillos confió el cargo a Jesús Fernández García, personaje de indudable talento militar y político que, se pensaba, era capaz de acabar con la previsible insurgencia en una zona que conocía como la palma de su mano. Su importancia como figura prominente en este contexto podemos apreciarla en infinidad de documentación oficial relativa al reclutamiento de la Guardia Nacional, pues durante todo el mes de mayo un importante porcentaje de los hombres enviados por los municipios de General Zuazua, Higueras, Monterrey (27 guardas nacionales), Montemorelos, Marín, Pesquería Chica, San Nicolás de los Garza, entre otros, fueron enrolados en su escuadrón.68

Ya a mediados de junio el gobierno estatal recibía sendos reportes de que Quiroga y sus huestes se presentaban con regularidad en las localidades más septentrionales de Nuevo León. Con una fuerza no menor de cien hombres, las autoridades municipales sólo podían contemplar inermes cómo sus poblaciones suministraban, de manera más o menos obligatoria, auxilios humanos y materiales que fortalecían la insurrección. No obstante todos estos elementos, lo que más inquietaba al gobernador y al presidente era el perceptible crecimiento de la sublevación, tanto por el número de sus efectivos como por la presencia que hasta el momento tenía en otros municipios del distrito. Ya no era únicamente Villaldama o Vallecillo, sino que para el 3 de julio de 1864 localidades como Bustamante, Cerralvo, General Zuazua, Pesquería Chica y Ciénega de Flores habían sido visitadas por las fuerzas de Julián Quiroga;69 dicho en otras palabras, el movimiento ya no se encontraba focalizado en el norte, pues su esfera de acción se había extendido hasta los territorios pertenecientes a la jurisdicción del distrito del centro. Intimidado por el progreso enemigo, el gobernador presionó

Captura de una bandera francesa por la caballería mexicana.

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a Jesús Fernández García para que hiciera todo lo posible por dominar a Quiroga y obligarlo a replegarse hacia Texas, orden que no fue cumplida de forma alguna, pues a las habilidades del coronel sublevado se unía otro factor que de momento no era palpable. De tal magnitud fueron los avances de la rebelión que el 6 de julio un importante contingente federal, dirigido por el comandante Antonio Bocanegra, enviado a Salinas Victoria para auxiliar a las fuerzas derrotadas del coronel republicano Adolfo Garza, tuvo que desistir de su misión ante la superioridad numérica de Quiroga, que había ocupado el poblado.70 El hecho de que una guerrilla hubiera enfrentado y derrotado a una tropa regular, haber intimidado por su número a un contingente auxiliar, también regular, y finalmente ocupar una población tan cercana a Monterrey, como Salinas Victoria, desgraciadamente no fue lo peor para un gobierno nacional acechado por múltiples inquietudes internas y externas. La problemática eminentemente militar que representaba Quiroga se vio repentinamente extendida al plano político, pues en un informe fechado el 7 de julio de 1864, y cuya veracidad se sustenta en diversa documentación de fechas posteriores, un agente de negocios del municipio de Monterrey destacado en Agualeguas, Ricardo Villarreal, reportó haber encontrado documentos que implicaban el entendimiento ideológico entre el jefe guerrillero, su “aparente” subalterno Ruperto Martínez y la autoridad más importante del norte del Estado, es decir, el jefe político y comandante militar del distrito del norte, Jesús Fernández García: Por voces se sabía que ya se encontraba este último [Julián Quiroga] en Sabinas con una pequeña fuerza de caballería, y aún se anunciaba que el jefe político de este distrito C. Jesús Fernández García se hallaba unido y en buen concepto con Quiroga. Luego que toqué el Juzgado ya fueron más fundados los informes que tenía, pues me encontré una comunicación de Quiroga, una del Capitán Ruperto Martínez y un borrador del Acta que presentaban como plan

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para desconocer el gobierno que representa el actual Presidente Don Benito Juárez y que original acompaño a Usted para los efectos consiguientes.71 El suceso causó honda indignación en todas las esferas de gobierno, de tal suerte que días después se ordenó la aprehensión del coronel Fernández y sus oficiales allegados. Interpretado desde la actualidad, las comunicaciones sostenidas con Julián Quiroga representan indudablemente un acto de traición, pues el hecho encajaba perfectamente en los punitivos artículos de la ley de delitos contra la nación promulgada el 25 de enero de 1862. Sin embargo, la acción de Jesús Fernández no es ni remotamente incomprensible, ni lo sitúa como Vidaurri y Quiroga en la lista negra de la historia oficial, si se toma en cuenta la situación crítica en que se encontraba el incipiente Estado-Nación mexicano, caldo de cultivo para los regionalismos, y las continuas peticiones del ejército republicano que exasperaban a los habitantes locales. De hecho, el establecimiento de los poderes federales en Nuevo León significó que las poblaciones de la entidad fueran sujetas a un régimen de cooperación obligatoria que exigía la remisión a Monterrey de hombres, ganado, artículos alimentarios y pertrechos de guerra, entre otras muchas cosas que en conjunto hacían más precaria su vida cotidiana. La reiterada negativa de los pobladores para apoyar a la Federación, lo cual ya habíamos comentado, conllevó a que las tropas juaristas se vieran en la necesidad de aprovisionarse mediante ciertas medidas que contravenían, incluso, las disposiciones jurídicas establecidas en la Ley de la Guardia Nacional. De manera que si con la coerción de las leyes no cooperaban, mucho menos lo harían al saberse ultimados por la soldadesca, la cual debía recurrir incluso a la violencia para hacerse obedecer. Aquí en Monterrey, como en otras muchas partes del estado, se tienen registrados algunos atropellos cometidos por las tropas juaristas al encontrarse en tan desesperada situación. El 4 de junio de 1864 Rafael Saldaña, Ignacio Cantú y José Luis de la Garza enviaron una carta al alcalde 1º de la ciudad con el fin de externar su queja contra el


Monterrey: origen y destino

comandante Pedro de León, pues el 30 de mayo el militar había tomado injustificadamente para el servicio de las armas a tres de los tajadores que operaban en su negocio de expendio de carnes.72 Un día después, mencionaba el informe, el mismo comandante había citado al trabajador Roque González y a otro tajador para que se enrolaran en su cuerpo armado.73 El documento pasó del alcalde al jefe político, quien lo entregaría personalmente al gobernador para que resolviera lo que estimara conveniente, aunque es probable que hiciera caso omiso de la protesta dadas las circunstancias menesterosas que padecía la Federación. La situación fue tal que los sirvientes, vagos y presos, unos exceptuados por cuestiones legales, otros por carecer de derechos ciudadanos, fueron considerados como potenciales guardias nacionales que debían ser enrolados con todo apremio. En el informe alusivo a los elementos reclutados en Nuevo León durante 1864 se menciona que, antes del 1 de julio, 31 individuos habían sido sacados de prisión en Monterrey para distribuirlos en las milicias nacionales, orden que fue dictada por el mismo gobierno general presidido por Benito Juárez.74 Por las mismas fechas, se recibió en la capital un destacamento enviado por Francisco de la Fuente, alcalde 1º de Rayones, en el que venían algunas personas que a todas luces eran vagos, producto de la leva general que se estaba practicando en muchos lugares de la entidad. Furioso por esta circunstancia, Manuel Z. Gómez, que para entonces fungía como secretario de gobierno, reprendió a De la Fuente mediante un oficio diciéndole que no se tolerarían más abusos de tal tipo “porque debe saber que no son hombres de esta clase los que se le piden, sino, por el contrario, ciudadanos honrados que conozcan sus derechos, pues de estos hombres [y] no de los perdidos debe componerse el ejército popular de una república”.75 De aquí que se desprenda la reflexión de hasta qué punto los sectores no productivos de la sociedad eran desestimados por las autoridades decimonónicas, obligando en última instancia a los indigentes de aquél entonces a elegir entre un

trabajo pésimamente remunerado, o la cárcel o la guerra. El déficit monetario era otro de los puntos que demandaban pronta atención, pues las arcas federales y municipales no podían con sus contribuciones sostener a las fuerzas nacionales ni pagar a sus empleados. A semejanza de lo hecho por Vidaurri, Benito Juárez, vía el gobernador, citó a los empresarios y personas más acomodadas de Monterrey el 16 de julio de 1864, para acordar un préstamo a favor de la resistencia nacional fijado en veinte mil pesos. No obstante, como muestra de sus habilidades para negociar, el presidente se comprometió a pagar el monto mediante “la garantía total de todo el contingente que deben pagar en este año y de la mitad de los demás rendimientos de los demás ramos del Estado desde el primer día del próximo mes”76 de agosto. A continuación presentamos la lista de los acreedores de dicho contribución. Aunque los individuos y las compañías que hicieron el desembolso de capital no protestaron, no por ello dejaron de sentir estupor ante una administración que extraoficialmente era forzosa y que

Lázaro Garza Ayala, triunfador del 5 de mayo de 1862 y prisionero temporal de los franceses en 1863.

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comprometía sus intereses, reacción análoga experimentaba un gran sector de la población nuevoleoGeneral Miguel Negrete. nesa. Si a todo lo anterior le añadimos los normaMilitar conservador en tiempos de la guerra de les abusos y desmanes que producen las tropas al Reforma y afiliado a los ocupar una población, entonces tenemos las pautas republicanos durante la Intervención francesa, a quien para entender la antipatía que externaron tanto los Juárez confió el mando de la civiles como los jefes político-militares neoleoneses mayor parte de las fuerzas federales durante su estadía hacia las medidas del gobierno de Juárez. en Nuevo León. Por ende, era más fácil que Jesús Fernández García y, en su caso, el capitán Ruperto Martínez se afiliaran temporalmente a las intenciones regionalistas del binomio Vidaurri-Quiroga, que si bien defendían simuladamente intereses personales en un contexto que les ofrecía poNuevo León. Su arribo, originalmente previsto con sibilidades limitadas de desarrollo político, por lo miras a efectuar operaciones militares de considemenos conocían las necesidades locales y trataban ración contra Julián Quiroga, más bien sirvió para de que Nuevo León se mantuviera ajeno a las vicisitudes de la resistencia mexicana y todo Cuadro 21. Lista de empresas y ciudadanos que se presentaron en la lo que ello conllevaba. De esta manera la negativa de Tesorería General del Estado con motivo del préstamo 77. la gente para cooperar con los republiLista de empresas y ciudadanos que se presentaron en la Tesorería General del Estado con motivo del préstamo 77: AGENL. Fondo canos, llegando al extremo de apoyar Intervención Francesa caja 101, 16 de julio de 1864 abiertamente a su paisano Julián QuiParticulares Empresas roga, se conjugaba a finales de julio Luis G. Coindreau Brach, Shonfeld y Cía. con el cariz tan alarmante que había Leopoldo Dans Clausen y Cía. cobrado la rebelión providaurrista. José Morell Viuda de [Tárnava] y Cía. Para entonces sus robustecidas tropas Francisco Martínez y Cárdenas Oliver y Hermanos habían hecho acto de presencia, los Francisco Garza Fonseca Hernández Hnos. y Cía. días 23 y 24 del mismo mes, en localiMarín Pérez Rivero y Cía. dades tan cercanas a Monterrey como Mariano de la Garza Shoeman y Dresel Cadereyta, Guadalupe y Santiago, Salvador Jarrié Jacobo Ramos y Hermano municipio este último que recibió la Fernando de la Garza Bramard y Cía. visita de un jefe subalterno de Quiroga al mando de 150 hombres.78 A saJacinto Lozano Palacio y Compañía biendas que era imposible ya someter Gregorio Zambrano José A. Cellard y Cía. el movimiento, Benito Juárez requirió Mariano García González y S. Miguel la presencia y ayuda del general Jesús Manuel Ochoa Sevener y Morris González Ortega, que de momento se Pedro Calderón Victorino Castro y Hermano hallaba en su natal Zacatecas combaTeófilo Dávalos Zertuche y Hermanos tiendo a los franceses. José María Videgaray La llegada de la División de Jesús González Zacatecas a la ciudad, comandada Hilario Rodríguez por el mismo González Ortega, en los Andrés Calzado últimos días de julio, representó un Jesús Arreola y Ayala acontecimiento decisivo que afianzó José Casagne la posición del gobierno nacional en

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Monterrey: origen y destino

facilitar el entendimiento entre las partes beligerantes y posibilitar la firma de un acuerdo que los sacara del atolladero en que se encontraban. Y aplicamos la palabra “atolladero” porque tanto los republicanos como los sublevados no tenían ni las fuerzas ni los recursos necesarios para imponerse sobre el contrario: los juaristas, dueños de Monterrey y de las localidades más importantes del Estado, no podían derrotar a las tropas de Quiroga que recorrían, ágiles y escurridizas, las comunidades rurales en espera de la oportunidad indicada para efectuar ataques contra los efectivos federales. Por otra parte, si bien la rebelión hacía acto de presencia en los municipios inmediatamente aledaños a la capital nuevoleonesa, no podía ejercer un dominio permanente sobre las localidades. Esto se debe a que no poseían la capacidad para enfrentar formalmente a los republicanos, mucho menos en zonas cercanas a la ciudad de Monterrey, donde se encontraba la mayor concentración de guardias nacionales en la entidad. Benito Juárez y Julián Quiroga sabían perfectamente que no podrían obtener una decisión favorable mediante el uso de las armas, por lo que crearon las condiciones para que se efectuara un diálogo que pusiera fin a la contienda, para bien o para mal. Tras una ligera resistencia por parte de Quiroga, el 2 de agosto de 1864. El gobernador Manuel Z. Gómez y Jesús González Ortega llegaron a un acuerdo con aquél, donde el jefe sublevado desistía de sus acciones contra las autoridades establecidas y se comprometía a luchar a favor de la resistencia contra la invasión.79 Aunque los detalles del acuerdo se desconozcan por falta de documentos, no cabe duda que la medida benefició en sumo grado a ambos bandos. Por una parte, los republicanos eliminaban con esto la amenaza guerrillera en el norte de la entidad, que a la postre se traduciría en un mayor control de la zona y la agilización de las actividades de reclutamiento, amén de la adhesión de un importante contingente militar. En el caso de Quiroga, a los beneficios políticos personales se sumaron otros que colateralmente alcanzaron a Jesús Fernández

García, pues el 5 de agosto fue puesto en libertad y restituido en la jefatura del distrito del norte.80 Incluso, para darnos una idea del Estado que habían alcanzado las relaciones entre Quiroga y las autoridades estatales se encuentra el hecho de que las últimas permitieran que las fuerzas del primero acamparan en la periferia de Monterrey, específicamente en las llamadas Labores Nuevas, las cuales se ubicaban aproximadamente a cinco kilómetros al oriente de la ciudad. Esto se puede verificar en la queja que interpuso a las autoridades el entonces jefe político y comandante militar del distrito del centro, Lázaro Garza Ayala, el 11 de agosto de 1864, acerca de algunos desórdenes en la zona cometidos por los escuadrones de Julián Quiroga y Pedro de León.81 A propósito, en el mes de julio la jefatura del distrito del centro había cambiado de manos por renuncia de José María Morelos, depositándose el cargo en el licenciado Lázaro Garza Ayala, triunfador del 5 de mayo de 1862 y prisionero temporal de los franceses tras la entrega de dicha plaza en mayo de 1863. Después de haberse fugado de sus captores, quienes pensaban deportarlo a Francia, recorrió la mitad del territorio nacional con el fin de ponerse al servicio del presidente Juárez en Monterrey, que en los momentos más críticos de su estancia en la ciudad y cuando la rebelión de Quiroga estaba en su apogeo, le confió la tarea de encabezar el reclutamiento de la Guardia Nacional en Nuevo León.82

Benito Juárez y su gabinete salen de Monterrey. El interinato quiroguista Para principios de agosto de 1864 era un hecho que los poderes federales abandonarían Monterrey. La progresión de los franceses y del ejército de Tomás Mejía sobre la región, hacían ver a todas luces que el enemigo pretendía cercar a los republicanos mediante el despliegue de sus fuerzas desde Tamaulipas y Coahuila, por lo que era imprescindible replegarse a otros territorios del país. Aún así, Benito Juárez pensó fortificar el cañón de La Angostura, situado al poniente de Saltillo, y resistir ahí al ene-

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migo, como décadas antes lo había hecho exitosadenó tomar el camino de Monclova, para después mente el general norteamericano Zachary Taylor reunirse en el trayecto y dirigirse juntos al estado frente al ejército de Santa Anna. Sin embargo, la de Chihuahua. En dicha entidad se anticipaba una acción conllevaba dejar casi sin protección el sur y nueva disputa política con el gobernador Luis Teoriente del estado ante cualquier ataque sorpresivo rrazas, de actitudes hacia el gobierno general muy de los intervencionistas. similares a las externadas por Santiago Vidaurri. Ya sin la amenaza guerrillera en el norte Después de enviar a su familia a los EE.UU., del estado, Miguel Negrete y varios jefes militares Benito Juárez determinó que la evacuación de subalternos realizaban todos los aprestos para preMonterrey se efectuaría el día 15 de agosto a las tres parar la marcha hacia la Angostura. Se reagrupó al de la tarde. Aunque se replegaba al interior, el preBatallón de Monterrey para que una parte del considente no podía ni debía abandonar la entidad a su tingente defendiera la plaza en ausencia del grueso suerte, ya que aun en poder del enemigo, el estado del ejército y se procedió a tomar medidas en aras debería tener autoridades legitimadas ante su gode aprehender a los culpables de haber encabezado bierno, capaces de mantener encendida la llama de la sublevación contra Modesto Arreola, su jefe, a la resistencia organizando guerrillas y coordinando quien habían dado muerte en la región citrícola el 9 todas las actividades político-militares que para el de agosto de 1864. efecto debieran ejecutarse. Existía, tanto por la sumisión de Julián QuiPor ende, antes de partir ordenó que la guroga como por la estabilidad en la entidad que el bernatura del estado, por “renuncia” de Manuel suceso implicó, cierto estado de optimismo que no Z. Gómez, se entregara al general Pedro Hinojosólo era compartido por los republicanos, sino que sa, ya que su afilado sable sería más necesario que también podía advertirse su influencia en ciertas la utilización de la pluma en los graves momentos autoridades municipales. Esto podemos apreciarlo por venir. En caso de que Hinojosa se encontrara en Felipe Naranjo, quién desde Lampazos dirigió ausente, mencionaba el documento, interinamente una carta a Negrete donde lo alentaba a obtener debería hacerse cargo de la administración el cororesultados favorable en sus operaciones, pues nel Julián Quiroga.84 mencionaba que “con la sumisión de Quiroga el No obstante, la mañana de ese día el presipartido vidaurrista ha sufrido una nueva derrota, y dente y sus ministros fueron informados de que un si Usted triunfa en la Angostura, muere para siemnumeroso destacamento a las órdenes del coronel pre; porque [ese] hombre es un cobarde; pero si Julián Quiroga se acercaba a la ciudad con el objetivo de atacarlos. Usted pierde queda esto lleno de afrancesados”.83 Sin embargo, nadie se imaginaba lo que habría de venir. Hasta antes del 14 de agosto de 1864 cabía la posibilidad de retrasar, por unas semanas más, el retiro de los poderes nacionales de Monterrey. Se tenía la esperanza de que efectivamente las tropas federales rechazaran al enemigo en la Angostura, pero no podía negarse que de forma eventual la ciudad debería ser desocupada ante la imposibilidad de pelear de manera simultánea en varios frentes. Sabedor de ello, Juárez decidió no desgastar innecesariamente a sus fuerzas y les or- Pistola en el Museo de Lampazos.

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Mapa de los distritos que componían la prefectura de N.L.

Violando por completo el acuerdo que sostuvo con el gobierno federal días atrás, Quiroga pretendía capturar a los poderes nacionales en aras de obtener una elemento invaluable con el que Santiago Vidaurri pudiera negociar ante las fuerzas francesas la restitución de su antiguo poderío político-económico. Al saberse amenazado, pues la mayor parte de las tropas republicanas se replegaban ya de Saltillo rumbo a Chihuahua, Juárez dictaminó que su salida de Monterrey se efectuaría a las tres de la tarde, como efectivamente sucedió. Empero, a esa misma hora llegaron a la población las avanzadas quiroguistas que, sin vacilación alguna, dispararon al carruaje del mandatario nacional, donde sus ocupantes salieron ilesos, merced a la pericia del conductor regiomontano Juan I. Dueta.85 El 16 de agosto, tras ocupar formalmente la ciudad, Julián Quiroga emitió una proclama dirigida a todas las poblaciones de Nuevo León, donde les comunicaba la expulsión de “los enemigos jurados del Estado” y el restablecimiento de la paz por la que tanto había luchado: Ayer, después de una pequeña resistencia al empuje de una parte muy insignificante de mi fuerza que ni intentaba atacar en forma, han huido en completo desorden y abandonado esta capital, los enemigos jurados de nuestro Estado, que reunidos en

cuadrilla y bajo el nombre de Gobierno general, han ejercido en estos pueblos el vandalismo más atroz, robado nuestras propiedades y cometido todo género de barbaries. En consecuencia, queda ya libre así esta población, como toda la frontera, de esa plaga de hombres inmorales e inmundos, y queda también consumada la obra del levantamiento que hicieron los pueblos para repelerlos de su suelo y restablecer su Gobierno constitucional, el cual desempeñaré interinamente, según la voluntad del Estado, espresada [sic] en las Actas de adhesión que han levantado las municipalidades.86 Tras la evacuación federal, Julián Quiroga asumió la gubernatura interina de la ya inexistente unidad política: Nuevo León y Coahuila. Y decimos interina porque su gestión no representaba más que el paso previo para el retorno de Santiago Vidaurri a la entidad. No obstante, ambos personajes sabían que las aspiraciones de recuperar sus antiguos dominios estaban prácticamente finiquitadas, pues no tenían ni la fuerza política y militar suficiente para entablar una negociación decorosa con la oficialidad del ejército franco-mexicano. Día a día, sin fuerza republicana de por medio, los franceses se aproximaban más y más a

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Monterrey. Era sólo cuestión de tiempo para verlos La tranquilidad y el orden, elementos báaparecer en el horizonte, ya fuera por el camino a sico del discurso vidaurrista, parecían volver al Saltillo o flanqueando el Cerro de la Silla, por los estado después de meses turbulentos en los que senderos que aún hoy conducen a Tamaulipas. Sin sus poblaciones soportaron los estragos derivados embargo, para la población y las autoridades nuede la ocupación militar. Confiados por los sucesos voleonesas “la función debía continuar”. Los aciarecién acaecidos, muchas municipalidades no dugos días por venir no podían ser excusa para que las daron en respaldar las acciones de Julián Quiroga, autoridades quiroguistas dejaran sin atención las cuyas medidas pretendian al parecer, recuperar el necesidades más elementales de sus gobernados, status que precedió a la llegada de las fuerzas fedelos cuales se hallaban resentidos por las expiaciorales a Nuevo León.92 nes sufridas de parte de las fuerzas juaristas. Incluso es probable que, ingenuamente, El 19 de agosto de 1864, cuatro días después muchos nuevoleoneses pensaran en la posibilidad de que Santiago Vidaurri regresara del exilio y estade la evacuación federal, Julián Quiroga presentó un decreto donde se quejaba de “la anarquía, el bleciera acuerdos con los franceses para mantener a despotismo y vandalismo” que había causado en Nuevo León lejos de la guerra. el estado el gobierno general, ordenando que toda Al parecer Quiroga, que de antemano coclase de bienes que hubieran sido enajenados o nocía el avance de las columnas imperialistas sovendidos por los republicanos fueran devueltos bre Monterrey, se dejó llevar por ese ambiente de a sus antiguos dueños. Dicha medida, que beneoptimismo, ya que giró una serie de instrucciones ficiaba a un amplio sector de la población, debía que tenían por objeto el pronto retorno del llamado sujetarse a los siguientes artículos: “Cíbolo de la frontera”. Una columna al mando del teniente coronel Juan Treviño debía desprenderse 1º- Siendo nulas todas las confiscaciones ejeinmediatamente de la capital cutadas en el Estado por órdel estado rumbo a la frontera, denes del titulado gobierno desarmando a su paso a todas general, se devolverán inmelas fuerzas tamaulipecas leales diatamente a sus respectivos a la república que rondaran el dueños, los bienes existentes norte de Nuevo León. Desy que aún no hubieren sido pués, especificaba el docuenajenados. mento, llegaría a Laredo (Ta2º- Dentro del tercer día les maulipas), donde sometería a serán igualmente devueltos las tropas que hubiera ahí y los muebles, semovientes, les exigiría los caudales de la raíces y demás cosas que aduana fronteriza que existiefueron vendidas. Si después ran al momento; finalmente, de pasado este plazo se enya sin obstáculo de por medio, contraren bienes que no Treviño debía escoltar a Sanhayan sido restituidos a sus tiago Vidaurri hasta Montedueños, se perseguirá a los rrey.93 detentadores como a ladroPero Vidaurri, con una nes públicos. visión más abarcativa de los 3º- En caso de falta, pérdida acontecimientos, sabía que su o extravío de algunos bienes retorno a la capital nuevoleoprevia la justificación necesaria, se hará la indemniza- Achilles Charles Dupin, jefe de los destacamentos nesa era punto menos que imción respectiva a sus dueños contraguerrilleros en México. Por sus atrocidades posible. Era claro para él que cometidas en diversas poblaciones del país, se le las autoridades de ocupación conforme a las leyes.91 apodó: “El carnicero rojo”.

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Monterrey: origen y destino

mismo 24 de agosto, Julián Quiroga envió un comunicado al alcalde municipal donde le ordenaba preparar una comisión conformada con los miembros más representativos del Cabildo para recibir a los jefes de las fuerzas francesas que empezaban a salir de Saltillo, recaudando de antemano el alojamiento y la pastura necesaria. En el mismo oficio se solicitó que el Ayuntamiento en Cuerpo, o en su defecto los vecinos de mayor raigambre en la ciudad, se presentaran ante la oficialidad del ejército franco-mexicano una vez que ésta hiciera su entrada a la capital.95 El 9 de septiembre de 1864, Castagny emitió un comunicado que obligaba a toda la población que tuviera armamento a entregarlas a la Secretaría de la Comandancia Militar.

no estarían dispuestas a aceptar tratos que vinieran de su persona, toda vez que la influencia que aún conservaba en la entidad podría en determinado caso opacar o poner en riesgo el dominio francés sobre la región. En vez de partir a Monterrey, el exgobernador decidió esperar en Texas hasta que la situación política y militar en Nuevo León se estabilizara. Mientras tanto, ordenó a Julián Quiroga llevar a efecto algunas medidas tendientes a apoyar la ocupación de la ciudad que en algunos días efectuaría el ejército franco-mexicano. El 24 de agosto de 1864, cuando ya los franceses comenzaban a salir de Saltillo rumbo a Nuevo León, Vidaurri envió un comunicado a Quiroga donde lo conminaba a permanecer con sus fuerzas en Monterrey, en aras de salvaguardar el orden y mantener la tranquilidad entre la población. Además, toda la Brigada Quiroga, incluyendo a su jefe, se pondría a las órdenes del alto mando francés después de que se efectuara la ocupación.94 A partir de este momento era claro que ambos personajes, tarde que temprano, se unirían a la causa imperialista, tal como sucedió dos semanas después al jurar su lealtad a Maximiliano de Habsburgo. De la misma forma que Quiroga se preparó para recibir a las fuerzas francesas, el Ayuntamiento de Monterrey a regañadientes hizo lo suyo. Ese

El Segundo Imperio en Monterrey: crónica de una muerte anunciada

Tras dos días de expectativa, finalmente, el 26 de agosto de 1864, la vanguardia francesa entraba sin oposición a la ciudad. Al frente de la fuerza imperialista se encontraba el general Armand Alexandre de Castagny, comandante en jefe de la Primera División del ejército franco-mexicano, personaje de vasta experiencia militar que había participado en el sitio de Puebla y, anteriormente, en muchos de las campañas europeas patrocinadas por Napoleón III. Convencido de su causa, emitió una elocuente proclama donde invitaba a los nuevoleoneses a reconocer a “Maximimiliano I, Emperador de México; es decir para traeros la paz, el orden, la tranquilidad y libertaros de los intrigantes, que bajo distintos títulos, no han cesado de saquearos para enriquecerse”.96 A la sazón de que los militares se instalaban en Monterrey, Castagny centró su atención en la cuestión política. Tal como lo había hecho el presidente Juárez, el aparato gubernamental municipal, y también estatal, debía ser reestructurado con personajes que por lo menos llevaran a la práctica los designios emanados de las autoridades imperialistas. De la misma forma, todos los conceptos alusivos a la división político-administrativa del territorio, propios del régimen republicano, debían ser sustituidos por otros que estuvieran más acorde al

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

La rendición de la ciudad de Oaxaca, en febrero de 1865, supuso la disolución definitiva del Ejercito de Oriente. En la imagen se aprecia al general Porfirio Díaz y a algunos elementos de la oficialia republicana custodiados por tropas francesas.

paradigma imperial. A partir de entonces el estado federativo asumiría el nombre de departamento, las alcaldías se convertirían en prefecturas municipales y, en términos generales, todas las esferas de gobierno controladas por el Imperio ostentarían el prefijo prefectura. Era lógico pensar que la ocupación no era bien vista por el Ayuntamiento de la ciudad, pues ello representaba una nueva oleada de levas, préstamos forzosos, amenazas bélicas y la continua confiscación de propiedades particulares, alimentos y ganado, tal como había sucedido durante la estancia de los republicanos. Debido a esto, Castagny decretó la reestructuración de los miembros del Cabildo, desde el alcalde 1º hasta los miembros del Tribunal de Justicia, los cuales debían cumplir con sus funciones “hasta la ratificación del Gobierno del Emperador Maximiliano”.97 Como una forma de “incentivar” la cooperación de estos individuos, se fijó una pena de seis meses de prisión para quien se negase a ocupar el

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empleo asignado. Con la coerción psicológica de ser castigados, la mayoría de ellos se vio en la necesidad de fingir lealtad a una causa que no profesaban y que aborrecían, no obstante que personajes con la misma filiación política de Juan N. de la Garza y Evia, vidaurrista consumado, no tuvieran que esforzarse en obedecer las directrices de sus nuevos amos. De esta manera, Monterrey asimiló prontamente el cambio de gobierno, la vida cotidiana, sin establecer generalizaciones, regresó a la normalidad y la oficialidad francesa se preparó para ejecutar una de las tareas primordiales que el Imperio le había confiado: el exterminio de la resistencia republicana, o dicho en términos diplomáticos, la pacificación del territorio. En este sentido la ciudad capital no ofrecía mayores problemas, pues la cercanía imposibilitaba el éxito de cualquier acción armada organizada contra la ocupación. Aún así, Castagny quiso evitar sorpresas, y el 9 de septiembre de 1864 emitió un comunicado que obligaba a toda la población que tuviera “en su poder armas, materiales de artillería o municiones de guerra, pertenecientes, o que hayan pertenecido a los diversos Gobiernos anteriores”98 a entregarlas a la Secretaría de la Comandancia Militar, ubicada en el interior del Palacio de Gobierno. Esta clase de medidas, junto a las Actas de adhesión a favor del Imperio que “espontáneamente” se estaban formulando en muchas municipalidades del estado,99 hicieron pensar a Castagny que


Monterrey: origen y destino

la susodicha pacificación podría alcanzarse en poco tiempo. Sin embargo, la llama de la resistencia nacional distaba mucho de extinguirse. A diferencia de los centros urbanos más poblados de Nuevo León, el dominio francés sobre las comunidades rurales del norte y sur del estado nunca pudo ser definitivo. Esto se debió a que en estas regiones operaba de manera ininterrumpida la guerrilla mexicana, norestense en su composición, cuya presencia significó una amenaza latente para las guarniciones imperialistas que se encontraban destacadas en las cabeceras municipales más importantes. Rápidas, efectivas, impredecibles, las escuadras guerrilleras asestaban golpes a diestra y siniestra sobre las columnas francesas.

No fue gratuito que Juárez entregara la gubernatura del estado al general Pedro Hinojosa aquel fatídico 15 de agosto. A pesar del repliegue republicano generalizado, el militar tenía la obligación de defender la causa republicana en la entidad involucrando a la población en general, mediante sus jefes subalternos, en las guerrillas que habrían de formarse. Según la documentación consultada, los imperialistas comenzaron a tener problemas con la guerrilla desde principios de octubre de 1864, cuando el comandante Florentino López capturó durante una refriega a los soldados Guadalupe Uresti, Miguel Silva, Toribio Espinoza y Norberto

Cuadro 22.- Miembros del Cabildo. Puestos

Personajes

Prefecto del Distrito Suplente

Jesús María Aguilar Gregorio Zambrano

Alcalde 2º

Domingo B. de Llano

Alcalde 3º

Ramón Lafón

Alcalde 4º

Tomás C. Pacheco

Regidor 1º

Fernando de la Garza

Regidor 2º

Mariano de la Garza

Regidor 3º

José María Ramos (padre)

Regidor 4º

Francisco A. Lozano

Regidor 5º

José María Benito Cantú

Regidor 6º

Manuel de la Garza García

Regidor 7º

Francisco Garza Fonseca

Regidor 8º

Carlos Ayala (médico)

Regidor 9º

Lic. Trinidad de la Garza y Melo

Regidor 10º

Jacinto Guerra

Procurador 1º

Lic. José María Martínez

Procurador 2º

Francisco Barrera

Administrador de correos

Juan de Dios Arrese

Administrador de la Aduana y Tesorero

Felipe Sepúlveda

Administrador del papel sellado

Lic. Francisco Valdés Gómez

Presidente / Tribunal de Justicia

Lic. Juan N. de la Garza y Evia

2º Magistrado / Tribunal de Justicia

Lic. José de Jesús Dávila y Prieto

3er Magistrado / Tribunal de Justicia

Lic. Rafael Francisco de la Garza

Fiscal / Tribunal de Justicia

Lic. Santos de la Garza y Sepúlveda

Fuente: AMM.Ramo Principal, volumen 3, expediente 10.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Briseda, todos pertenecientes a la “gavilla” de Pedro de León.100 Días después, el mismo Florentino López fue informado desde Villaldama que los militares republicanos Miguel Patiño, antiguo cazador de “indios bárbaros”, y el “bandido” Francisco Naranjo habían conformado una fuerza cercana a los 200 hombres en los alrededores del vecino municipio de Lampazos, hecho que ponía en serio peligro tanto a las poblaciones locales como a las autoridades municipales designadas por la Prefectura.101 Y decimos que ponían en peligro a las poblaciones locales porque fue fenómeno común, durante esta etapa de la resistencia nacional, que la guerrilla se viera en la penosa necesidad de recurrir a la leva y a la confiscación de toda clase de suministros, tal como había ocurrido con las tropas federales meses atrás. La amenaza guerrillera de Patiño y Naranjo fue sólo la primera de tantas que afrontaría el Imperio durante la ocupación de Nuevo León. Con el tiempo, la resistencia se expandiría a otras zonas de la entidad y a otros actores, exponiéndose el desgaste de los contingentes imperialistas y las consecuentes represalias contra las poblaciones como producto de la muy recurrente “cacería de brujas”. Entre los personajes que habría que destacar por su aportación a la lucha contra el Imperio se encuentran Mariano Escobedo, Jerónimo Treviño, Juan Carlos Doria, Ruperto Martínez (militar que entre finales de 1864 y principios de 1865 abandonó la causa vidaurrista para unirse a la resistencia republicana) y los tamaulipecos Pedro José Méndez y Juan Nepomuceno Cortina, estos últimos individuos que en repetidas ocasiones buscaron el apoyo de las poblaciones citrícolas del estado con el fin de sustentar su lucha frente a la contraguerrilla del llamado “Carnicero rojo” Aquiles Dupin.

No obstante, para beneplácito de la Prefectura, de momento el panorama local y nacional no podía ser más alentador. El 4 de septiembre de 1864, ante las autoridades municipales de Salinas Victoria, Santiago Vidaurri y el coronel Julián Quiroga firmaron su ya prevista adhesión al Imperio.102 Aunque el general Castagny conocía de antemano las verdaderas intenciones de Vidaurri, la atracción de ambos personajes a la causa francomexicana representó un gran triunfo para la política local, no sólo porque el hecho aseguraba la estabilidad en diversas localidades donde éstos gozaban de la simpatía popular, sino que sus conocimientos de la región servirían de soporte a las tropas encargadas de desmantelar los centros de resistencia republicana en Nuevo León. Por otra parte, en el ámbito nacional el ejército expedicionario francés seguía infringiendo severos reveses a las fuerzas nacionales, que día a día debían replegarse aún más hacia el norte del país. A finales de septiembre se recibió en Monterrey la noticia de la derrota mexicana en el Cerro de Majoma, Zacatecas, acaecida el día 21, donde el coronel de zuavos Martin vapuleó a las tropas combinadas de los generales Jesús González Ortega y José María Patoni.103 La acción fue tan desastrosa que los antedichos generales, sin consultarlo previamente con Benito Juárez, manifestaron la disolución del cuerpo armado ante la falta de recursos humanos y materiales. En medio de estos acontecimientos, el 8 de octubre de 1864, Jesús María Aguilar, prefecto político del Departamento de Nuevo León, presentó a los habitantes y autoridades estatales la nueva organización políticoterritorial interina que debía regir en la entidad. Presumiblemente instaurada con los mismos objetivos que perseguían las jefatu-

Mariano Escobedo y Jerónimo Treviño, generales nuevoleoneses a quienes el presidente Juárez encargó la tarea de reorganizár al Ejercito del Norte.

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ras políticas republicanas, la disposición dividía al Departamento (Nuevo León) en ocho grandes distritos, formados por la conjunción de varios municipios en torno a los centros urbanos más poblados. A saber, estos centros urbanos o cabeceras de distrito se ubicaban en las localidades de: Monterrey, Cadereyta Jiménez, Montemorelos, Linares, Doctor Arroyo, Salinas Victoria, Villaldama y Cerralvo.104 La promulgación de esta clase de decretos, en tales circunstancias bélicas, siempre debía ser respaldada por su contraparte militar y viceversa. No podía concebirse la existencia de un gobierno imperial eficaz sin el apoyo de sus tropas, así como era impensable una campaña de pacificación al faltar el orquestador político que delimitara, en última instancia, los objetivos que debían alcanzarse mediante las armas. Aunque el grueso de la primera división del ejército franco-mexicano se concentraba aún en Monterrey, era casi un hecho que prontamente debería partir al noroeste de la república, donde estaban concentrados los remanentes de la resistencia mexicana, incluidos el presidente Juárez y su gabinete. Tomando en cuenta la delicada situación de muchas localidades en México que padecían de forma constante las incursiones de la guerrilla, el 6 de diciembre el emperador Maximiliano promulgó el decreto relativo al establecimiento de la Guardia Móvil y Estable, analogía de la Guardia Nacional que debía encargarse de la seguridad en los Departamentos, o bien auxiliar a los efectivos franco-mexicanos que marchaban de campaña al interior.105 Sin embargo, su creación era costosa, pues los gastos de organización ascendían a 1000 pesos y su sostenimiento ascendía a 3700 pesos mensuales. Por estos motivos la Prefectura tuvo que recurrir a los propietarios e industriales con el fin de “resolver” dichas dificultades, fijándose el día del 15 de febrero de 1865 para la instalación de la junta que debía establecer la mencionada guardia.106 Por esas mismas fechas, el emperador ordenó a las autoridades distritales y departamentales la remisión mensual y bimestral, según la actividad, de un informe detallado sobre “la situación de ne-

El general Alfred Van Der Smissen, jefe de los contingentes belgas enviados al norte de México en 1865.

gocios judiciales que se ventilen en los juzgados, los casos de robos, institutos de educación pública, situación de la salud y estado de caminos”, así como el estado de la agricultura y los niveles de cosecha que por temporada se levantaran.107 La información remitida por los diversos Departamentos representó un factor vital para Maximiliano en cuanto a toma de decisiones se refiere, ya que muchos de los políticos que ocupaban posiciones clave en la administración del Imperio eran extranjeros y, por ende, desconocedores de la realidad mexicana que no compatibilizaba con los esquemas de gobierno europeos que en reiteradas ocasiones implementaron sin éxito. En general, 1864 finalizaba exitosamente para el Imperio. Sus tropas habían ocupado la mayor parte de las ciudades de México, desarticulando al ejército nacional y haciendo que los remanentes de la resistencia se replegaran cada día más hacia el sureste o noroeste del país. De la misma forma, en Nuevo León, la guerrilla de Francisco Naranjo todavía se hallaba confinada a los municipios más septentrionales del Estado, donde las mismas autoridades locales pedían la cooperación de la Prefec-

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tura para acabar con esa problemática. Se pensaba, llas del capítulo, de cualquier forma recopilamos era cuestión de tiempo para que el conflicto termialgunos materiales que, de manera muy general, nara con el triunfo definitivo de los franceses sobre pueden darnos una idea de la dinámica política, los republicanos, pero en el júbilo de la victoria los militar y social de Nuevo León durante esos aciaimperialistas no se percataron de lo frágil que era gos años.109 Apenas iniciado el mes esa aparente pacificación que habían conseguido. de enero de 1865, el famoso notario público regiomonDesafortunadamente tano, Tomás Crescencio Papara nuestra investigación, checo, envió un comunicado 1865 y 1866 no gozaron del misa las autoridades municipales mo volumen documental que con el fin de que se encargaran los pertenecientes a 1864. Muy de recaudar el dinero necesaprobablemente esto se deba al rio para el sostenimiento del traslado de la mayor parte del grupo de 60 hombres pertearchivo de la Prefectura a un destino indeterminado, tras la necientes a la Guardia Rural desocupación de Monterrey, Móvil. en julio de 1866; o bien a la desDicho cuerpo armado, que representaba una división trucción de papelería oficial por logística de la Guardia Móvil individuos regiomontanos que, y Estable, destinado a reshabiendo cooperado de maneguardar la seguridad desplara más o menos voluntaria con zándose por los sectores pelos franceses, querían evitar las fuertes represalias “patrióticas” riféricos de Monterrey, debía que caracterizaron a la ciudad componerse de vecinos aptos para el servicio militar capaces en la inmediata posguerra.108 de servir en él por cuatro meOtra posibilidad la ses ininterrumpidos. La cuota constituye el traspapeleo de los necesaria para su organizadocumentos en medio del amción y sostenimiento mensual, biente de inestabilidad que se especificaba el documento, vivía en la ciudad, desocupada ascendía a la cantidad de dos y preocupada de forma consmil pesos, por lo que debería tante tanto por los republicanos repartirse el monto equitaticomo por los franco-mexicavamente entre los municipios nos. Siendo así, existe la esperanza de que tales elementos se del Distrito.110 encuentren olvidados en alguAunque no hubiera no de los tantos archivos histósíntomas inquietantes de hosricos municipales de la entidad tilidad en la mayor parte del que claman ser consultados y, estado, las poblaciones depor supuesto, catalogados y bían mantenerse vigiladas de restaurados. forma estrecha, pues existía la Aunque fue imposible posibilidad de que Francisco generar la misma profundidad Naranjo hubiera destacado y diversidad temática que ca- Escritos relacionados conla batalla de Santa Gertru- partidas armadas que visitaracterizó a las primeras cuarti- dis. ran los pueblos con el fin de

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Monterrey: origen y destino

insurreccionarlos. Análogamente, era cosa común que la guerrilla tamaulipeca incursionara en los municipios de la región citrícola, donde además de agenciarse alimentos y armas, practicaban de forma constante la leva. Las operaciones de Aquiles Dupin en la zona no podían asegurar a las autoridades de la Prefectura la derrota de la resistencia, menos aún frente a militares que conocían de sobra el terreno donde operaban y que, se sospechaba, eran auxiliados por las poblaciones. Por ende, se hizo imprescindible que la Prefectura tuviera noticias pormenorizadas de la situación imperante en los diferentes distritos que conformaban el Departamento, así como poner en pie de guerra, lo más pronto posible, a los diversos destacamentos militares que el emperador había mandado organizar. Tal como se había venido practicando en Monterrey desde la primera mitad del siglo XIX, Juan de Dios Villalón remitió, el 6 de enero de 1865, un oficio al prefecto municipal donde se le ordenaba tener “un conocimiento exacto de la clase de individuos que habitan las poblaciones y ocupación a que se dedican, así como de los que entran y salen y del objeto y destino que estos traen o

José María Carbajal, Juan Nepomuceno Cortina y Servando Canales. Sus ambiciones políticas y rivalidades comprometieron a las operaciones del Cuerpo de Ejército del Norte, justo en la vispera de la campaña al interior de México.

llevan”.111 Para el efecto, los dueños de hoteles, mesones y los jefes de cada sección policíaca debían remitir a la superioridad un informe detallado por día de las personas que arribaran o salieran de la población, inclusive de aquéllas que se hospedaran en casas particulares. En el caso de no cumplirse adecuadamente con la disposición, la Prefectura aplicaría las sanciones económicas que convinieran según la gravedad de la falta. Justo como se había determinado en diciembre de 1864, el 15 de febrero se reunieron en el Teatro Progreso los propietarios e industriales de Monterrey a fin de acordar la organización de la Guardia Rural Móvil y Estable. Dicha junta sirvió, entre otras cosas, para definir los costos finales y la forma en que debía mantenerse dicho cuerpo armado, sujetándose, claro está, a las disposiciones emanadas de las autoridades de la Prefectura Municipal. En el transcurso de la misma se decidió nombrar a José de Jesús Dávila y Prieto como presidente de la junta menor que debía supervisar el manejo administrativo de la Guardia, en tanto que José María García Calderón, Andrés Calzado, Rafael García Garza y Luis de la Garza García fungirían como vocales.112 A primera vista, toda esta serie de disposiciones y lo reducido de las actividades de resistencia al momento parecieran dar la impresión de que la Prefectura estaba haciendo lo necesario para asegurar la paz y el orden en el Departamento. No obstante, las fuentes primarias consultadas no parecen encajar totalmente con esa idea, pues ellas nos dan cuenta de una multiplicidad de problemáticas entre la que destaca, por ser una cuestión capital, el constante cambio de autoridades en Monterrey. Aún con la amenaza de encarcelamiento que había hecho Castagny el 26 de agosto de 1864, la mayor parte de la Prefectura municipal sufrió un nuevo proceso de reestructuración a principios de febrero de 1865. Por incompetencia o, en su defecto para el imperio, incumplimiento de funciones de la mayor parte de los personalidades designadas para ocupar los puestos gubernamentales tuvieron que ser sustituidas. El 10 de febrero de 1865 las autorida-

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timo bastión de importancia en el suroeste de México. Puestos Personajes Tal como había sucedido Prefecto Municipal Lic. José María Martínez con otras unidades repuSuplente Lic. Trinidad de la Garza y Melo blicanas, la acción produjo Juez local 1º Lic. Marcial Garza Villarreal la disolución definitiva del Juez local 2º Lic. Francisco González Doria Ejército de Oriente: toda la Juez local 3º Lic. Isidro Flores oficialidad fue hecha prisioProcurador 1º Lic. Lázaro Garza Ayala nera y se obligó a la mayoProcurador 2º Sr. León Martínez ría de la tropa a dispersarse, regresando la soldadesca Regidor 1º Sr. Antonio Lafón a sus lugares de origen. Regidor 2º Sr. Carlos Margáin Aunque el aconRegidor 3º Sr. Luis de la Garza tecimiento significó una Regidor 4º S. Manuel Ochoa desgracia tanto para JuáRegidor 5º Sr. Jesús Reina rez como para la causa Regidor 6º Sr. Eustaquio Gutiérrez nacional, irónicamente Regidor 7º Sr. Leandro Morales representó el surgimiento Regidor 8º Sr. Félix Grima de una figura que revitaRegidor 9º Sr. Ambrosio Cantú lizaría en pocos meses la Regidor 10º Sr. Andrés Calzado mermada resistencia en el septentrión del país: el Fuente: AMM. Ramo Principal, volumen 13, expediente. general Jerónimo Treviño. des regiomontanas presentaron la propuesta oficial Destacado en el sureste del de la nueva planilla de funcionarios que podrían país junto al cuerpo Legión del Norte, recibi,ó a conformar el Ayuntamiento de la ciudad, según mediados de febrero, la orden de trasladarse a Nuela orden transmitida por la Prefectura Superior del vo León con el fin de incorporarse a las tropas del Departamento. De esta forma, la Prefectura Munigeneral Mariano Escobedo, quien recientemente cipal sería integrada por los siguientes individuos había sido nombrado gobernador de Nuevo León y que se señalan en el cuadro 23. comisionado por el presidente para regresar a suelo No obstante que las nominaciones dieron patrio y reorganizar al Ejército del Norte. Con unos luz el 2 de febrero, ya para el día 4, 80% de los incuantos hombres, en poco menos de dos meses dividuos considerados tuvieron que ser sustituidos hizo la travesía desde Oaxaca hasta la región noante su negativa para cooperar con la Prefectura. reste, donde a finales de marzo tuvo contacto con De la lista precedente, sólo: José María Martínez, Escobedo. Francisco González Doria, Isidro Flores, Manuel Sin caer en exageraciones, podemos afirOchoa y Jesús Reina aceptaron cumplir con los mar que la aparición en el noreste de Escobedo cargos otorgados,114 circunstancia que nos da cueny Treviño simbolizó el inicio de la decadencia ta de la fragilidad del aparato burocrático municiimperial en la región. A partir de ese momento pal y la animadversión de la mayoría de los políticos las autoridades del Departamento no gozarían locales para con el imperio. de la tranquilidad que habían disfrutado en los Retomando la cuestión militar, febrero marcó seis meses anteriores, pues la multiplicación de el apogeo de la campaña francesa al interior de la relos enemigos causaría de forma inevitable la inpública. A mediados de mes, después de una heroica tensificación de las actividades de la guerrilla. Ya resistencia a las fuerzas de Bazaine, el general Porfipara el momento Coahuila había sido atacada por rio Díaz rindió a discreción la ciudad de Oaxaca, úldiversos grupos rebeldes, por lo que las fuerzas Cuadro 23. Lista de empleados de la prefectura municipal.

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Monterrey: origen y destino

El ejército de Mariano Escobedo derrotó a las fuerzas imperialistas en los estados de San Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Querétaro.

francesas estacionadas en Monterrey no tardarían en movilizarse hacia Saltillo, dejando vulnerable la ciudad. Temerosa de las implicaciones que acarreaba la partida de los contingentes francomexicanos, la Prefectura no tardó en activar sus mecanismos de defensa. El 30 de marzo de 1865, Juan de Dios Villalón solicitó al prefecto municipal de Monterrey que organizara y pusiera en armas a la totalidad de la Guardia Estable, mientras duraba la ausencia de la guarnición imperialista. Para la fecha Saltillo había sido recuperada por los republicanos, por lo que era menester que la mencionada Guardia superara los 500 hombres, la cual, en el caso de un ataque imprevisto, pudiera ofrecer digna resistencia a los disidentes.115 Aunque hemos mencionado bastante la coerción jurídica que obligaba a ciertas esferas de la sociedad regiomontana a cooperar con los franceses, también es verosímil que existieron algunas muestras aisladas de apoyo voluntario al Imperio.

En un documento anexo al oficio que ordenaba el alistamiento de la Guardia Estable, el prefecto municipal fue informado del apoyo que las fuerzas civiles locales recibirían del cuerpo armado denominado Legión Extranjera. Éste era encabezado por Lorenzo L. Castro, merced al nombramiento que le había conferido la Junta de Señores Extranjeros de Monterrey, en sesión celebrada ese mismo día en el Palacio Departamental.116 Desde la lógica del interés, era casi obvio que por ser extranjeros radicados en la ciudad, dichos individuos tuvieran intereses comerciales o propiedades que desearan proteger a toda costa de los desmanes que provocaría la traslación de la guerra a Monterrey, incluso al punto de empuñar las armas contra las fuerzas del gobierno legítimo que años antes les otorgara concesiones para establecer sus negocios. Su carácter de extranjeros y la debilidad de la república en ese momento pueden, quizá, explicar en cierta medida sus aprestos para luchar a favor de los imperialistas. De igual forma, pero de carácter más interesante, fue el ofrecimiento hecho el 2 de abril de 1865 a las autoridades de la Prefectura por “varios individuos mexicanos del comercio de esta ciudad, de los que están comprometidos en el alistamiento de la Guardia Estable” para formar un cuerpo armado autónomo constituido única y exclusivamente por comerciantes. La responsabilidad de su organización recaería en el reconocido comerciante Ramón Lafón, quien debería ponerse de acuerdo con los jefes de la Guardia Estable y Legión Extranjera para efectuar las operaciones convenientes en el caso de verse compelidos a defender Monterrey.117 De tal suerte que, consciente o inconscientemente, la división de clases sociales estaba asumiendo un papel trascendental en la conformación de los contingentes armados locales, excluyéndose por sí mismos de la Guardia Estable (eminentemente popular) las personas con recursos económicos o a aquéllas que estuvieran directamente a sus servicios. Visualizando que la ejecución de la medida generaría animadversión entre la población, o bien anticipando que la fragmentación de mandos pudie-

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Representación del fusilamiento de Maximiliano y los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, hecha por el pintor francés Edouard Mante.

ra acarrear desorganización a la hora del combate, el 5 de abril las autoridades del Departamento decidieron dar marcha atrás a las autorizaciones que ya se habían otorgado. Por ende se le ordenó a Lafón cancelar la organización de las compañías de comerciantes mandadas levantar por separado, debiéndose unir dichas fuerzas con las del Primer Batallón de la Guardia Estable, a cargo de Felipe Sepúlveda.118 De cualquier forma los esfuerzos desplegados para defender de las guerrillas a la ciudad habrían sido inútiles, toda vez que una poderosa columna al mando del general Escobedo se aproximaba a Monterrey con intenciones de ocuparla, lo cual realizó sin complicaciones el 12 de abril de 1865. Una vez más se efectuaba un cambio de poderes en Monterrey, y con él un cambio de au-

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toridades y de terminología en la división política administrativa, entre otras cosas, pero no así de las exigencias cooperativas del ocupante en turno. Pese a que la ocupación se efectuó el día 15, hay testimonios documentales que datan del 13 de abril (día en que Mariano Escobedo fue designado gobernador) donde el Ayuntamiento estaba en franca comunicación con el gobierno republicano. En una de ellas, Escobedo ordenó que todos los comerciantes y propietarios de la ciudad concurrieran al salón principal del palacio municipal para tratar con él “negocios”, hecho que sin duda indicaba la intención de acordar un préstamo que ayudara a sus debilitadas tropas.119 Necesitado no sólo de dinero, sino también de hombres, Escobedo dictó la pronta reorganiza-


Monterrey: origen y destino

ción de los mecanismos y autoridades encargadas del reclutamiento de la Guardia Nacional en el estado. De antemano el general sabía que la estancia republicana en la ciudad no duraría mucho, pues el imperio no podía darse el lujo de perder la ciudad más importante del noreste mexicano sin combatir, por lo que apresuró a sus subalternos en cumplir lo que se les había encomendado. Como de momento no se contaba con los efectivos suficientes para emprender diversas operaciones en la entidad, el Ayuntamiento puso a disposición de la comandancia militar una lista de presos con el fin de que, una vez sacados de la cárcel, auxiliaran en lo que fuera conveniente.120 Una vez establecido en la capital nuevoleonesa, el 15 de abril, Mariano Escobedo emitió un comunicado a los gobiernos municipales donde les informaba que de momento las jefaturas políticas y comandancias militares de distrito quedarían suprimidas, por lo que los alcaldes primeros o presidentes municipales ostentarían las mismas atribuciones que ejercían antes del establecimiento de las susodichas jefaturas.121 En tales circunstancias resultaba prudente que estos organismos no fueran reactivados, pues la inestabilidad político-militar en el estado generaría sendas problemáticas entre las que podemos citar: comunicación intergubernamental deficiente, altercados de poder, desconocimiento exacto del grado de fidelidad de las autoridades, entre otros. A finales de mayo de 1865, el gobierno del estado remitió al alcalde 1º de Monterrey, José María Morelos, un comunicado donde se le informaba el nombramiento del licenciado Simón de la Garza Melo como gobernador del estado, en sustitución de Escobedo.122 El oriundo de Galeana tuvo que dejar el cargo para ir personalmente a organizar y comandar las actividades de la guerrilla, que al momento tenía mejor cariz respecto a meses anteriores. Para entonces su principal exponente, Francisco Naranjo, había cosechado varias victorias que habían inquietado a los franco-mexicanos, como la obtenida el 4 de abril de ese año en el arroyo de Tío Díaz, en Coahuila, frente a las fuerzas del jefe imperialista Tabachiski.123

La estancia republicana en Monterrey no duró mucho. Nuevas fuerzas francesas se acercaban a la ciudad y Escobedo no quería causar destrozos a la población ni bajas a sus tropas. Ya desde el 8 de junio advirtió a los regiomontanos que “por uno de esos sucesos que en la guerra son muy comunes, el gobierno del Estado tendrá que salir por un corto tiempo de la Capital”, por lo que ordenó a las autoridades municipales hacerse cargo del orden público hasta su regreso o, en su defecto, el arribo del gobierno invasor.124 Al mando de los imperialistas que se aproximaban estaba el jefe francés Jean Joseph Jeanningros, experimentado militar a quien se le dieron órdenes terminantes de acabar con la resistencia armada sin escatimar fuerzas. Después de algunos retrasos en el camino, Jeanningros ocupó Monterrey en julio de 1865. Hubo una nueva reestructuración del Ayuntamiento y se determinó finalizar con la fortificación de algunos puntos de la ciudad que habían quedado pendientes, los cuales se consideraban vulnerables ante los ataques de los republicanos. Para el efecto se autorizó el reclutamiento de trabajadores en las villas que circundaban a Monterrey, en un plazo no mayor a tres días. En ese tiempo se consiguieron 50 hombres en Santiago, 15 en Santa Catarina, 8 en San Nicolás de los Garza, 30 en García y 10 en el poblado de San Francisco de Apodaca.125 La moral de las autoridades del Departamento había empezado a sufrir estragos ante las múltiples dificultades que enfrentaba el imperio. Por una parte, la ansiada pacificación no se había conseguido y distaba mucho de lograrse, pues las tropas de Escobedo, Treviño, Naranjo y Martínez día a día iban en aumento tanto en efectivos como en lo que respecta a su radio de acción. De la misma forma, Napoleón III, presionado por los Estados Unidos y su propio gobierno, prematuramente había solicitado a Maximiliano la repatriación de un considerable porcentaje de las fuerzas francesas que operaban en México, violando muchas de las cláusulas estipuladas en los Tratados de Miramar firmados en 1864. Aunque en

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Chihuahua se tenía prácticamente contra la pared a los poderes nacionales, las células de la resistencia republicana seguían multiplicándose por todo el país, dejando sin efecto todos los logros imperialistas conseguidos hasta el momento. Tampoco el reclutamiento de tropas en la región estaba arrojando resultados positivos, por lo que no había otra opción más que seguir forzando a sus habitantes a tomar las armas en defensa de la Prefectura. Justo como los juaristas lo habían hecho, el 25 de octubre de 1865, la Prefectura ordenó al coronel Felipe Tinajero “que todos los vagos que sean aprehendidos por el comandante de policía y juzgados por el tribunal los destine para el servicio de las armas”,126 en el entendido de que por tratarse de individuos no productivos debían ser considerados como criminales, de acuerdo a la mentalidad propia de la época. Días antes Maximiliano había mandado publicar el famoso decreto del 3 de octubre de 1865, donde condenaba a muerte a todos los miembros de las guerrillas que siguieran combatiendo al Imperio. Los fundamentos de tan drástica ley se encontraban en los rumores, a todas luces falsos, sobre la supuesta salida de Benito Juárez del país hacia territorio norteamericano, hecho que dejaba sin legitimidad las acciones republicanas desde que su gobierno traspasara sus límites geopolíticos. Las cláusulas más importantes del decreto las presentamos a continuación: Artículo 1.- Quienes pertenezcan a grupos armados legalmente no autorizados serán juzgados militarmente y de hallárseles culpables, serán condenados a la pena capital que se ejecutaría durante las siguientes 24 hrs. después de la sentencia. Artículo 6.- También serán juzgados y sentenciados los que los ocultaran en sus casas [a los guerrilleros], los que no avisaran al gobierno la llegada o presencia de bandas en fincas y casas y los que tuvieran relación con ellos de manera conveniente. Artículo 7.- Si un gobierno local no avisara a sus superiores la presencia o el paso de bandas en su pueblo serían castigados

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gubernativamente con una multa de 200 a 2000 pesos o 2 años de cárcel. Artículo 10.- Si los dueños de fincas no se defendieran ante el ataque de “guerrilleros” y no avisaran a la autoridad, o que aceptaran los caballos o gente herida de los bandoleros sin dar parte al gobierno, recibirán una multa que iría de 100 a 2000 pesos, y si el caso fuera más grave, serían detenidos y juzgados por la Corte Marcial (García, 2000:635). Vázquez127 hace una recopilación muy puntual de toda la clase de fechorías que, al amparo de esta nueva ley, cometieron los franceses en muchas municipalidades del estado. Incendios, fusilamientos arbitrarios, robos, ultrajes y reclutamientos forzosos son sólo algunas de la infinidad de crímenes que, en vez de amedrentar, crearon una especie de autodefensa colectiva que acabó por abrumar las escasas esperanzas de los imperialistas de establecer un gobierno sólido. A partir de ese momento, los nuevoleoneses en masa respaldarían el llamado republicano a enfrascarse de forma plena en la lucha contra los destacamentos franco-mexicanos: más valía caer defendiendo la república y los intereses personales que esperar, inactivos, la muerte o la cárcel producto de una injusticia efectuada por extranjeros invasores. Revocando las órdenes dictadas en abril, en las que la Prefectura impedía la división de las tropas sedentarias de Monterrey, el 13 de noviembre de 1865 se dio la autorización para prevenir a los propietarios y comerciantes que se organizaran “formando dos cuerpos de ciudadanos mexicanos para que al toque o señal cualquiera de alarma se presenten con las armas que tengan y municiones que las llevasen de fuego”.128 Esto prueba una vez más que los contingentes imperialistas estaban menguando considerablemente, ya fuera por la dispersión de sus efectivos, por los malos resultados en el reclutamiento o por la imposibilidad del gobierno para enviar más tropas desde el centro del país. Desafortunadamente para las autoridades del Departamento, el alcalde municipal se mostró reacio a inmiscuir a los regiomontanos en la defensa


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de la ciudad, por lo que aquéllas tuvieron que destinar emisarios para que se encargaran de difundir la orden repartiendo bandos por todo Monterrey.129 Durante esas mismas fechas José María García, prefecto del departamento, dispuso que se llevara a cabo un nuevo reclutamiento entre la población de la ciudad encaminado a robustecer a un destacamento de las fuerzas rurales comandado por el coronel Julián Quiroga, cuyos servicios finalmente habían sido aceptados por el imperio. En aras de evitar la conocida resistencia de los habitantes, las autoridades no tuvieron más opción que remitirse a los artículos de la ley del 3 de octubre último, especialmente al noveno, que imponía sanciones económicas y la prisión para las comunidades e individuos que no cumplieran con su obligación de organizarse en cuerpos auxiliares de las guarniciones imperialistas y, en el caso de suscitarse, defenderse de los republicanos.130 A diferencia de lo ocurrido el año anterior, 1865 terminaba con graves presagios para las autoridades de la Prefectura. La pacificación de Nuevo León seguía sin obtenerse y los constantes cambios en la política del Departamento facilitaban las labores del general Escobedo y sus “chinacos”, quienes recorrían exitosamente las comunidades rurales del Estado. Inclusive, la ciudad ya había padecido varios ataques directos de las guerrillas a finales de noviembre, que los imperialistas, a duras penas, lograron repeler. La debilidad generalizada del imperio y la pronta partida de las tropas expedicionarias francesas a Europa hacían suponer el declive de la ocupación a mediano plazo, aunque ésta llegaría más pronto de lo esperado. En medio de tal caos, la prefectura política del Departamento cambió de manos una vez más. El 4 de enero de 1866 el Ayuntamiento de Monterrey recibió un comunicado donde se le notificaba la designación de José Ignacio de la Garza y García como nuevo prefecto político de Nuevo León, según los designios del emperador Maximiliano.131 A semejanza de los gobiernos mexicanos posindependientes, y en sí de la mayor parte de las sociedades históricas en épocas de crisis, la continua

sucesión de gobernantes era muestra inequívoca de la hecatombe que estaba por cernirse sobre el imperio, no sólo en el noreste, sino en todo México. Aun con el próximo arribo de los contingentes belgas y austriacos que, al mando del coronel Alfred Van Der Smissen, traían la misión de “reanimar” los esfuerzos de pacificación en el Departamento, ya nada ni nadie podía detener la avalancha republicana. Fue precisamente en estas circunstancias de confusión y apatía cuando, por primera vez en la guerra, las fuerzas nacionales obtuvieron un sonado triunfo en el noreste mexicano. A finales de febrero de 1866, el general Mariano Escobedo ordenó a Jerónimo Treviño que desde Villaldama, Nuevo León, emprendiera la marcha con las tropas de su mando a la Villa de Parras, Coahuila, con el fin de reforzar el ataque que emprendería Andrés S. Viesca contra el imperialista Máximo Campos. No obstante, en las cercanías de dicha plaza, Treviño recibió el informe de que una columna de poco más de doscientos franceses al mando del general De Briant había salido de Saltillo para unirse a las fuerzas de Campos, por lo que decidió esperar en la Hacienda de Santa Isabel el arribo de la Brigada de Coahuila para emprender en combinación el ataque. Sin embargo, las tropas franco-mexicanas se anticiparon a las acciones y avanzaron sobre el campamento de los republicanos la madrugada del primer día de marzo, donde Jerónimo Treviño y sus oficiales ya habían preparado la defensa. Después de algunas horas de reñido combate, los imperialistas fueron completamente derrotados, su comandante muerto y los supervivientes enemigos tomados prisioneros. Cabe citar que durante el combate se distinguieron por sus acciones los militares Juan Garza Leal, del cuerpo Legión del Norte, Francisco Naranjo, jefe de la Brigada del Bravo y, en especial, el teniente coronel Ruperto Martínez al mando de los Rifleros de Nuevo León, quien tendría la dicha de entrar victorioso en Monterrey en dos ocasiones.132 No pasó mucho tiempo antes de que la república diera el golpe definitivo a las desgastadas tropas del imperio en la región. Merced a comuni-

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caciones que habían sido interceptadas a principios de junio, Escobedo tuvo conocimiento de que dos enormes convoyes repletos de dinero y provisiones, de diversa índole, serían intercambiados en algún punto cercano a los límites territoriales entre Nuevo León y Tamaulipas. Pese a lo tentador que resultaba preparar un asalto a los mismos, se debía tener cuidado en el diseño de las operaciones a realizarse, toda vez que dos fuertes contingentes al mando de los generales De Tuce y Feliciano Olivera irían escoltando la preciada carga. Con una estrategia muy similar a las utilizadas por Napoleón I en Europa, Mariano Escobedo atacó a las tropas de De Tuce en Cerralvo, N.L., lugar donde los imperialistas se parapetaron para resistir el embate de los republicanos. Precisamente era esto lo que el jefe del Cuerpo de Ejército del Norte esperaba. Ordenando a Ruperto Martínez desplegar sus jinetes por los alrededores para fingir ante los franceses una superioridad numérica indiscutible, y de esta forma seguir manteniéndolos a raya, Escobedo y el grueso de sus fuerzas se desprendieron del lugar para dirigirse a someter a Olivera. El encuentro decisivo se desarrolló en la Mesa de Santa Gertrudis, ubicada en el municipio de Camargo, Tamaulipas, el 16 de junio de 1866, donde los republicanos destrozaron por completo la columna imperialista y se hicieron de un gran botín que les permitió vestirse y equiparse como nunca en todo el conflicto.133 La derrota de Santa Gertrudis y la acelerada evacuación del ejército francés a Europa hicieron insostenible la posición del imperio en Nuevo León. Sin esperanzas de recibir auxilios del interior, las autoridades de la Prefectura hicieron los aprestos necesarios para su salida de Monterrey, la cual se efectuó de forma pacífica el 25 de julio. Dos días después, sin obstáculo alguno y en medio de vítores, las avanzadas republicanas al mando del coronel Ruperto Martínez hicieron su entrada formal a la capital nuevoleonesa. A sabiendas de que Escobedo y sus tropas no tardarían en arribar a la ciudad, Martínez ordenó al Ayuntamiento que todos los fortines que habían dejado los franceses por las calles de la

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ciudad fueran inmediatamente destruidos, puesto que constituían un obstáculo para el tránsito de las carretas y fomentaban la insalubridad al estancarse el agua que traería consigo la temporada de lluvias.134 No obstante, Mariano Escobedo demoró todavía algunos días en arribar a Monterrey, ya que hubo serias complicaciones con los tamaulipecos José María Carbajal y Juan José de la Garza luego que negociaran, sin su consentimiento, la toma de Matamoros el 23 de junio. En la situación en que se encontraba la guarnición de la ciudad porteña y la superioridad de las tropas republicanas hubieran bastado para exigir al general Tomás Mejía, jefe de la plaza, su rendición incondicional. No obstante, en una maniobra con tintes políticos, Carbajal y De la Garza aceptaron un armisticio con Mejía, lo dejaron salir (escapar) de Matamoros junto a sus oficiales y asumieron el control total de la población, aun contra los designios de Escobedo y del presidente Juárez. Por lo pronto los hechos estaban consumados y a las fuer zas Federales no les quedó más que dirigirse a Monterrey, donde debía planearse concienzudamente la campaña a los estados del interior del país. Aun cuando muchos contingentes estaban haciendo su arribo desde horas antes, el general Escobedo hizo su entrada a la ciudad en la medianoche del 8 de agosto de 1866. Pese a haber consolidado su posición en Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, entidad esta última que ya estaba siendo desocupada por los franceses, el ejército de Escobedo no tenía los recursos monetarios suficientes ni el aprovisionamiento necesario para efectuar operaciones de gran envergadura, como las que estaban por venir. Por ello, el 11 de agosto se efectuó una reunión entre los altos mandos del Cuerpo de Ejército del Norte y los principales comerciantes y propietarios de la ciudad, a fin de acordar una “aportación económica” para el sostenimiento de la guerra. En dicho acto se determinó que Monterrey facilitaría la cantidad de cien mil pesos a fin de atender las necesidades de las tropas, dinero que sería deducido tanto de las arcas municipales como de la cooperación que llegasen a ofrecer los


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particulares.135 La aplicación de la medida, sin duda alguna, molestó a no pocos regiomontanos. Como la victoria de los republicanos en el noreste y el retroceso general de la invasión parecían haber consolidado la paz en la región, Escobedo pensó que la existencia de las jefaturas políticas y comandancias militares de distrito ya no estaba justificada. No obstante que aún no se consumaba la derrota del Imperio, era poco probable que éste recuperara la fuerza militar que había gozado en 1864 y 1865, años en que el gobierno debía apoyarse en intermediaros para hacer valer su poder y acelerar las actividades de reclutamiento a favor de los efectivos federales. Pero en ese momento, con un gobierno estable, apoyado por la mayoría de la población nuevoleonesa y respaldado por un reorganizado ejército, Escobedo se encontraba en una posición tal que podía, sin vacilaciones, prescindir de las jefaturas. Debido a esto, el 11 de agosto 1866, día en que se efectuaban las negociaciones respectivas al crédito de cien mil pesos, decidió suprimirlas, restituyendo en sus atribuciones a las alcaldías municipales.136 Análogamente, respecto a lo hecho por Juárez y las autoridades de la Prefectura, el gobernador decidió reestructurar el cuerpo del Ayuntamiento de Monterrey. La nueva planilla de funcionarios públicos, que comenzaría a ejercer a partir del 21 de agosto, estaría integrada por Teófilo Dávalos, José María Zambrano, Félix Grima, Eduardo Zambrano, Jacobo Ramos, el licenciado Jesús María Salinas y Carlos María Ayala, entre otros personajes que estaban ya muy familiarizados con las actividades del Cabildo regiomontano. También por esas mismas fechas se dio inicio a las discusiones sobre la canalización definitiva del ojo de agua de Santa Lucía, proyecto que había quedado pendiente a causa de la guerra y los continuos cambios de gobierno.137 No obstante la buena dirección de los asuntos públicos y la afinación de los preparativos para marchar al corazón mismo del imperio, la inestabilidad en Tamaulipas atrajo la completa atención de Escobedo, justo en los momentos en que las circunstancias exigían la reanudación de la campaña republicana. Mediante la “espada y la pluma”, el

general Servando Canales había ocupado la ciudad de Matamoros, desalojando a José María Carbajal y proclamándose a sí mismo gobernador de Tamaulipas. Ya en el poder, éste rechazó todas las directrices de Juárez que lo conminaban a entregar el mando de la entidad al general Santiago Tapia, que desde tiempo atrás había sido designado para ocupar el cargo. Ante la negativa de Canales para obedecer la disposición federal, a principios de noviembre, Mariano Escobedo hizo los aprestos convenientes para marchar sobre Matamoros. Como las vicisitudes de la guerra le impedirían prestar atención alguna a los asuntos y necesidades del estado, el 7 de noviembre nombró a Manuel Z. Gómez como su sustituto mientras duraba el asedio a aquella plaza.138 Conforme surgían nuevas y complicadas tareas en el terreno de las armas, Escobedo comprendió que le sería imposible asumir nuevamente el mando del ejecutivo estatal; y efectivamente así sucedió. Pero por lo pronto, días antes de partir a Tamaulipas, el general decidió activar de nueva cuenta las jefaturas políticas y comandancias militares de distrito, quizá como medio de posibilitar la organización de nuevas tropas en caso de que la cuestión tamaulipeca se agravara.139 Luego de una costosa e inoportuna campaña que cobró la vida de los generales Santiago Tapia y Albino Espinoza, el primer día de diciembre de 1866, Escobedo pudo llegar a un arreglo con Servando Canales y Thomas D. Sedgwick, jefe de un destacamento norteamericano que, según la oficialidad extranjera, se había parapetado en la ciudad a fin de proteger los intereses de sus compatriotas. A condición del respeto a sus vidas y a la de los extranjeros, Canales entregó a los republicanos la plaza, junto a todos los materiales de guerra y provisiones que habían sido utilizados por los asediados. La noticia fue recibida y transmitida en Monterrey un día después a través del periódico oficial, donde los editores no escatimaron calificativos para celebrar el fin de tan agria querella.140 Una vez que el noreste había sido pacificado por completo, Escobedo y sus hombres afinaron

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los últimos detalles para dirigirse al centro del país, cuya primera escala era la ciudad de Saltillo. El momento era óptimo ya que los contingentes nuevoleoneses habían Estado recibiendo refuerzos tanto de Coahuila como de Tamaulipas, entidad esta última que puso a las órdenes del Cuerpo de Ejército del Norte a la famosa Brigada Cortina, del general Juan Nepomuceno Cortina.141 La partida de las fuerzas nacionales de Monterrey se efectuó el 7 de enero de 1867, ocho días después de haber llegado a la ciudad tras las operaciones sobre Matamoros. En una campaña que duró poco más de cuatro meses, el ejército de Mariano Escobedo derrotó a las fuerzas imperialistas en los estados de San Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Querétaro, ciudad donde Maximiliano y los remanentes de sus tropas se habían refugiado. Después de un prolongado asedio, la traición de un oficial imperialista facilitó la ocupación de la plaza el 15 de mayo de

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1867, donde el emperador y los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía fueron capturados. Conforme a la ley del 25 de enero de 1862, se abrió proceso contra estos personajes, mismo en que se les encontró culpables y merecedores de la pena capital. A pesar de las presiones internacionales para que Juárez perdonara la vida de los condenados, la sentencia fue ejecutada mediante fusilamiento, el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas, ubicado en la misma población. El imperio había dejado de existir. Habiendo consumado su tarea, el para entonces multiregional Cuerpo de Ejército del Norte se fragmentó, regresando las brigadas y regimientos que lo componían a sus respectivos, estados. En el caso de los nuevoleoneses, su entrada a Monterrey se verificó el 30 de agosto de 1867, en medio de la algarabía general de los regiomontanos para quienes aquella visión desoladora y humillante de septiembre de 1846 finalmente había quedado en el pasado.


Monterrey: origen y destino

ANEXO I Archivo Municipal de Monterrey Ramo: Impresos II Volumen: 26 Expediente: 4

Asunto: Instalación de Jefaturas Políticas. Año: 1864 Jesús María Benítez y Pinillos. gobernador y comandante militar del Estado de Nuevo León, a sus habitantes sabed: Que en uso de las amplias facultades de que me hallo investido, he tenido a bien decretar lo siguiente. Art. 1º Se divide el Estado en tres Distritos, que se denominarán del Norte, del Centro y del Sur y comprenderán las siguientes municipalidades. Distrito del Norte Lampazos Villaldama Bustamante Llanos y Valdés Vallecillo Sabinas Hidalgo Cerralvo Agualeguas Los Aldamas Parás Distrito del Centro Monterrey Santa Catarina San Nicolás de los Garza Apodaca Pesquería Chica Cadereyta Jiménez Guadalupe Santiago Allende Salinas Victoria Villa de García Carmen Abasolo San Nicolás Hidalgo Mina Marín Higueras

General Zuazua Ciénega de Flores Distrito del Sur Montemorelos General Terán China Linares Hualahuises Rayones Iturbide Galeana Dr. Arroyo Mier y Noriega Río Blanco Art. 2º El gobierno nombrará en cada distrito un ciudadano que funcione como Jefe Político y comandante militar, con entera sujeción al mismo gobierno. Su residencia será, en el Distrito del norte, la Villa de Sabinas Hidalgo, en el del centro esta Capital, y en el sur la ciudad de Linares, sin perjuicio de poderse trasladar temporalmente cuando las circunstancias lo exigieren, a otro lugar del mismo Distrito. Art. 3º Los Jefes políticos y comandantes militares son los encargados de guardar y hacer guardar la tranquilidad y el orden público, y a ellos están subordinadas las demás autoridades del Distrito. Sus providencias pueden extenderse en el orden económico y gubernativo, a todo lo que facilite la pronta y expedita administración y el buen servicio público, y sólo están sujetos al Gobernador y Comandante militar del Estado, a quien siempre darán cuenta para su conocimiento y superior resolución. Art. 4º Corresponde a los mismos, circular, publicar y hacer cumplir, bajo su más estrecha responsabilidad, los decretos, circulares y órdenes del Gobierno del Estado, y son el conducto de comunicación del mismo Gobierno, para con los pueblos de su mando.

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Art. 5º La Guardia Nacional de los Distritos y demás fuerzas para el servicio de las armas que se levanten en los mismos, mientras permanecieren en ellos, están bajo las inmediatas órdenes de los jefes políticos y comandantes militares respectivos, y todas las que expidieren sobre el particular serán acatadas y obedecidas por las mismas autoridades del Distrito. Art. 6º Siendo el establecimiento de las comandancias militares de los Distritos una exigencia provisional, por virtud de la guerra que el Estado tiene la obligación de sostener para repeler la invasión extranjera, los jefes políticos que las sirvan, quedan investidos con amplias facultades: 1º Para todo lo relativo al levantamiento, instrucción, equipo, armamento y disciplina de la Guardia Nacional, que organizarán conforme a las leyes vigentes, y a las posteriores órdenes que se dictaren. 2º Para disponer del fondo de exentos de la Guardia Nacional, del designado y que en adelante se designare al ramo de guerra; para promover otros arbitrios y para imponer y distribuir entre los vecinos del distrito las prestaciones extraordinarias, los servicios y las demás cargas conducentes a poner el mismo distrito en la actitud de guerra que exigen las presentes circunstancias. 3º Para nombrar ciudadanos de su confianza que desempeñen en los pueblos de su jurisdicción con el nombre de agentes particulares de las mismas Jefaturas y Comandancias, las comisiones que juzguen conveniente encomendarles, los agentes llevarán en todo caso instrucciones por escrito, y en ellas se expresará la clase de facultades con que se les haya investido. El Jefe Político y Comandante militar al acordar tales comisiones, dará cuenta al Gobierno, acompañándole copia de las instrucciones que diere. 4º Para remover a las autoridades que por temor, apatía, o cualquier otro motivo fuesen morosas en el cumplimiento de sus deberes o de las órdenes que les comunicaren, y para nombrar las personas que las sustituyan. 5º Para aplicar multas que no excederán de cien pesos, y llevarlas a efecto, a reserva de la pos-

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terior resolución que recayere de este Gobierno. Tales multas serán aplicadas al ramo de guerra. Art. [7º] El Gobierno al hacer los nombramientos de los ciudadanos que deben desempeñar las Jefaturas y Comandancias militares, designará la dotación de empleados que a cada uno corresponda, y los haberes que tengan derecho a percibir. Dado en la casa de Gobierno, a 23 de Mayo de 1864. Jesús María Benítez y Pinillos Manuel Z. Gómez Secretario

ANEXO II


Monterrey: origen y destino

Archivo Municipal de Monterrey Ramo: Misceláneo Volumen: 56

Expediente: 1 Asunto: Cantidades de la Guardia Nacional móvil y sedentaria reclutada en Monterrey Año: 1864 Infantería sedentaria Ciudad = 371 hombres Hacienda de San Pedro = 27 hombres Hacienda de San Jerónimo = 1 hombre Hacienda de San Bernabé = 24 hombres San Miguel = 1 hombre Labores Nuevas = 4 hombres Ancón = 10 hombres Total = 438 hombres Infantería móvil Ciudad = 87 hombres

San Pedro = 5 hombres San Bernabé = 2 hombres Ancón: 2 hombres Total = 96 hombres Caballería móvil Ciudad = 7 hombres San Pedro = 1 hombre Total = 8 hombres Caballería sedentaria Ciudad = 16 hombres San Pedro = 5 hombres Exentos por contribución = 6 hombres Total = 27 hombres

ANEXO III

Archivo Municipal de Monterrey Ramo: Impresos II Volumen: 25

Expediente: 9 Asunto: Organización política interina del Departamento de Nuevo León Año: 1864 Monterrey, octubre 8 de 1864 Imperio Mexicano Prefectura Política del Departamento de Nuevo León Circular núm. 6 Para expeditar la administración política en el Departamento, y mientras tanto S. M. el Emperador determina lo conducente sobre su organización, esta Prefectura ha tenido a bien disponer lo siguiente. 1º El Departamento de Nuevo León se divide en ocho Distritos políticos. 2º Los Distritos y sus cabeceras son: Monterrey, Cadereyta Jiménez, Montemorelos, Lina-

res, Doctor Arroyo, Salinas Victoria, Villaldama y Cerralvo. 3º El Distrito de Monterrey se compone de la ciudad de este nombre, y de las Villas de García, Santiago, San Francisco de Apodaca, Santa Catarina, San Nicolás de los Garza y Guadalupe. 4º El de Cadereyta Jiménez comprende la ciudad del mismo nombre, y las Villas de Allende, China y Pesquería Chica. 5º El de Montemorelos se forma de la ciudad del mismo nombre, y de las municipalidades de Rayones y Terán. 6º El de Linares, de la ciudad de este nombre, y de las municipalidades de Hualahuises, San Pedro de Iturbide y Galeana. 7º El de Doctor Arroyo, de las Villas de Concepción, Mier y Noriega y Río Blanco. 8º El de Salinas Victoria, de la Villa de su nombre y de las de Mina, Hidalgo, Abasolo, Car-

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men, Marín, Higueras, Zuazua y Ciénega de Flores. 9º El de Villaldama, de la Villa del mismo nombre, y de las municipalidades de Sabinas Hidalgo, Vallecillo, Bustamante, Llanos y Valdés, Lampazos y Valladares. 10º El de Cerralvo, de la Villa de este nombre y de las de Agualeguas, Aldamas y Parás. 11º Las municipalidades de que se componen los Distritos, comprenden el mismo territorio

que antes tenían respectivamente. Lo comunico a Usted para su inteligencia y fines correspondientes. El Prefecto Político Jesús María Aguilar El Secretario de la Prefectura Juan de Dios Villalón

ANEXO IV

Archivo Municipal de Monterrey Ramo: Principal

Volumen: 3 Expediente: 10 Asunto: Convocatoria para el reclutamiento de fuerza a las órdenes de Quiroga Año: 1865 José María García Prefecto Político del Departamento de Nuevo León, a los habitantes de esta ciudad, sabed: Que hallándose esta capital en el caso que expresa el artículo 9 de la ley de 3 de octubre último, he venido en disponer: 1º- Todo vecino de esta ciudad, de 18 a 55 años se presentará a las 9 del día de mañana en el Palacio Municipal o en la Plaza Zaragoza. 2º- Los que tuvieren caballo y armas llevarán consigo ambas cosas, una de ellas los que no tuvieren las dos. 3º- Los que tuvieren armas de fuego las llevarán con el parque respectivo. 4º- Todos los que se reunieren en el lugar referido reconocerán como su jefe inmediato al Señor Coronel Quiroga, quien los organizará y acuartela-

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rá de la manera que le parezca más conveniente. 5º- El mismo Señor Coronel queda autorizado para imponer la pena correspondiente a la citada ley a los que falten a cualquiera de las prevenciones anteriores. 6º- La ocultación de caballo o armas será castigada con arreglo a las penas del mismo artículo 9. Transitorio. Los jueces de paz y cuarteleros que presentarán a la misma hora en el lugar designado con las listas de sus respetivas demarcaciones y para que rindan los informes que en el acto se les pidan. Monterrey, noviembre 18 de 1865. El Prefecto Político José María García El Secretario General Francisco Sada

ANEXO V


Monterrey: origen y destino

Archivo General del Estado de Nuevo León Fondo: Intervención francesa

Caja: 11 Asunto: Parte de guerra de la batalla de Santa Isabel Fecha: 1 de marzo de 1866 Cuerpo de Ejército Republicano del Norte 1ª División de Caballería Coronel en Jefe Con esta fecha digo al C. Gobernador y Comandante Militar del Estado de Coahuila Andrés S. Viesca lo que sigue: Tengo el honor de poner en el superior conocimiento de Usted que en cumplimiento de las órdenes que recibí en Ciudad Linares hoy del General en Jefe C. Mariano Escobedo, emprendí mi marcha de Villaldama con la 1ª División de Caballería compuesta de ochocientos caballos con dirección a la Villa de Parras y con objeto de reforzar el movimiento que Usted debería efectuar sobre el mismo punto para batir [al] traidor Máximo Campos que a la [Documento roto] ocupaba aquella plaza como en el […] fue enterado de los acontecimientos habidos entre las fuerzas de su digno mando y las del traidor Campos, y que a consecuencia de estos sucesos se dirigía de la Plaza de Saltillo una columna de franceses en número de doscientos poco más o menos; desde luego concebí la idea de batirlos en el tránsito, pero en la Hacienda de Los Cabos fui informado que esta había llegado ya a Parras y según parecía trataban de defenderse en unión de la fuerza de Campos que también se encontraba en aquella villa. En este mismo punto recibí un enviado de Usted y este me impuso más de cerca de todo lo que había ocurrido, por lo que me resolví a avanzar sobre aquella plaza conforme al plan de operaciones que de acuerdo con Usted me había propuesto seguir. Ayer hice

jornada a esta Hacienda, permaneciendo hasta la llegada de la Brigada de Coahuila que la efectuó el mismo día en la noche, tomando [posiciones] en el mismo orden que las había tomado la fuerza de mi mando hacía pocas horas. En este Estado permanecí hasta las tres de la mañana en que tuve noticia que una columna del Enemigo compuesta de las tres armas, en número de cuatrocientos cincuenta traidores y doscientos quince franceses de infantería en el tránsito hacía algunas escaramuzas que no me llamaron la atención, hasta que nuevos avisos me hicieron comprender que hacía un movimiento serio sobre nuestro campamento. En efecto, desde luego dispuse arreglar todas nuestras columnas y prepararlas para la defensa en los momentos en que los fuegos del enemigo se hacía ya sentir sobre nuestras [posiciones]; todo quedó por fin dispuesto en el acto y el Enemigo avanzó sobre nuestra línea con la mayor intrepidez; desde luego fue recibido por el Escuadrón de Monclova con los fuegos al mando del Teniente Coronel Ydelfonso Jiménez y por algunos otros tiradores de Caballería del Cuerpo Legión del Norte. El combate se generalizó y el enemigo dirigió un fuerte ataque sobre el ángulo izquierdo de nuestra línea, pretendiendo flanquear por la izquierda con su caballería, al mismo tiempo que otra columna de infantería se dirigía hacia nuestra derecha; el ataque principal fue contenido bizarramente por la Brigada del Bravo [del] Coronel Naranjo y por parte de la Brigada de Coahuila; en esos momentos mandé cargar las Columnas de Caballería mandadas por los C.C. Teniente Coronel Comandante Juan Garza Leal del cuerpo Legión del Norte, Teniente Coronel de Lanceros de la Guardia de Supremos Poderes Pablo Gómez y Teniente Coronel Emiliano [Leing] de los Lanceros de Coahuila;

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al mismo tiempo que otras columnas a pie mandadas por los [fundonosos] C.C. Salvador Fernández de la Cabada del Cuerpo de Tiradores, y Teniente Coronel Ruperto Martínez de Rifleros de Nuevo León, a quienes acompañaba el de igual consideración Mayor General C. Coronel Pedro Gómez, flanqueaban al enemigo por su izquierda; con [este] movimiento se vio obligado a retirarse abandonando su intento, no sin disputar palmo a palmo el terreno que había conquistado. Nuestro tropas sin embargo lo persiguieron tenazmente hasta que por fin perdidas sus dos terceras partes, el resto se rindió a discreción, y el campo cubierto de cadáveres, armas, caballos y demás pertrechos de guerra, entre ellos una pieza de artillería de montaña, ha quedado en nuestro poder. Por demás me parece [en com…] a Usted C. Gobernador, la conducta que en esta gloriosa jornada han observado los C.C. Je-

fes, Oficiales y tropa que concurrieron a ella, pues Usted mismo fue testigo presencial [de su] buen comportamiento. Acompaño a Usted relación de los muertos, heridos y prisioneros del Enemigo, así como de las armas, municiones y demás pertrechos de guerra que éste perdió en el Campo de Batalla, haciéndolo también con lo de los muertos y heridos que por nuestra parte tuvimos que lamentar. Y lo trascribo para su superior conocimiento y demás fines, protestándole las seguridades de mi subordinación y respeto. Independencia, Libertad y Reforma. Campo de la Hacienda de Santa Isabel a 1º de Marzo de 1866. General Treviño. C. General en Jefe del Cuerpo de Ejército del Norte, Mariano Escobedo. Donde esté.

ANEXO VI Archivo Municipal de Monterrey Ramo: Principal

Volumen: 3 Expediente: 11 Asunto: Rendición de Matamoros. Año: 1866 ALCANCE Al número 31 del Periódico Oficial. Monterrey, diciembre 2 de 1866 Rendición de Matamoros Por extraordinario se acaba de recibir esta plausible noticia que nos apresuramos a publicar con un verdadero placer, porque no habrá ya más derramamiento de sangre en esa malhadada cuestión, y porque indudablemente en su desenlace ha quedado, como debía, bien puesto el honor del Gobierno nacional, cuyo imperio vuelve a hacerse respetar en aquella plaza, que desgraciadamente se había separado de su obediencia. La comunicación del C. General en Jefe es como sigue. República Mexicana — Cuerpo de Ejército

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del Norte — General en Jefe — Tengo la satisfacción de poner en conocimiento de Usted que hoy a las dos de la mañana se ha rendido la plaza de Matamoros, quedando a mi entera disposición su guarnición, armamento y demás materiales de guerra. En el acto el General C. Felipe Berriozábal, Cuartel Maestre de este Ejército, ha entrado a tomar posesión de la plaza y hoy mismo pasarán a ocuparla todas las fuerzas de mi mando. Sírvase Usted mandar publicar este satisfactorio resultado, que deja espeditos [sic] a los buenos defensores de la Independencia nacional para dirigirse al interior y consumar la grande obra de la salvación de la patria. Independencia y Libertad. Campo frente a Matamoros a 1º de diciembre de 1866. M. Escobedo. C. Gobernador y Comandante Militar del Estado de Nuevo León. Monterrey.

Citas bibliográficas


Monterrey: origen y destino

1. Escalante, 2007:170. 2. Benito Juárez y su gabinete entraron en la Capital de la República el 11 de enero de 1861.

12. “Las armas nacionales se han cubierto de gloria” fueron las inmortales palabras que utilizó el Lic. Lázaro Garza Ayala en el parte de guerra de la batalla del 5 de mayo, mismo que fue dirigido al Ministro de Guerra.

3. Vázquez, 1977:258. 13. Hanna, 1973:79. 4. Hanna, 1973:34. 14. Idem, 1973:81. 5. Hanna, 1973:41. 6. El compromiso monetario contraído con la banca Jecker databa de la época de la Guerra de Reforma. Miguel Miramón, entonces líder del bando conservador, había solicitado un préstamo de quince millones de pesos para subsanar la deuda pública y apoyar el gasto de la guerra. Al terminar el conflicto, una considerable parte de las acciones de la banca se encontró en manos de individuos franceses, quienes protestaron ante su gobierno por la negativa de Juárez a reconocer compromisos hechos por un régimen que consideraban legítimo.

15. Es de notar como el concepto Ejército del Norte evoca una organización militar de carácter regional tanto en su composición, organización y dirigencia. Ya en época de la Intervención francesa, cuando la influencia de Vidaurri era prácticamente nula, en la mayoría de los documentos existentes tanto en el Archivo General del Estado de Nuevo León como en el Archivo Histórico de Monterrey, se aprecia que este último concepto se sustituyó por el de Cuerpo de Ejército del Norte, lo cual sitúa a esta fuerza armada solo como una división logística del Ejército Mexicano y no como un organismo autónomo.

7. García, 2000:612. 16. Tyler, 2002:20. 8. Idem, 2000:606. Esto se contrapone con las declaraciones de Miramón que negaba la existencia de adeptos a la monarquía en México. Por el contrario, en una carta escrita por Santa Anna y dirigida al futuro Emperador de México: Maximiliano de Habsburgo, mencionó que no un partido sino la inmensa mayoría de la nación anhelaba la restauración del Imperio de Moctezuma.

17. Gálvez, 2003:115-117. 18. AMM, Impresos II, volumen 4, expediente 3. 19. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 2, 16 de marzo de 1862. 20. Tyler, 2002:117.

9. Hanna, 1973:47. 10. Si bien es verdad que la victoria del 5 de mayo se debió en gran medida a la pericia con que el general Ignacio Zaragoza organizó la defensa, no es menos cierta la importancia de las maniobras que ejecutaron durante la batalla los jefes Miguel Negrete, Porfirio Díaz y Felipe Berriozabal, las cuales obligaron a los franceses a retirarse ante el peligro de ser flanqueados y eventualmente cercados. 11. García, 2000:611.

21. Para obtener más información al respecto, puede consultarse el texto del Dr. César Morado Macías, titulado Monterrey en guerra: hombres de armas tomar. Santiago Vidaurri – Julián Quiroga, 1858-1865. 22. Gálvez, 2003:177. 23. Para este momento Manuel Doblado y su Divi-

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sión de Guanajuato no se encontraban en San Luis Potosí e Ignacio Comonfort había sido asesinado el 3 de noviembre de 1863, mientras iba en busca de aquél. 24. Tyler, 2002:137. A. Vigneau, enviado por Juan N. Almonte quien para el momento encabezaba la regencia mexicana, tenía órdenes específicas de notificar a Santiago Vidaurri que las tropas francesas tomarían con prontitud el puerto de Matamoros, Tamaulipas, cortando de manera definitiva los escasos ingresos que seguía percibiendo el gobierno de Juárez. Asimismo, para incentivar su cooperación, Almonte prometía el envío de armas al Gobernador nuevoleonés con el objetivo de que éste repeliera las lógicas incursiones de las fuerzas liberales en la entidad. 25. Tyler, 2002:123-128.

de Indalecio. Entonces, si Guillermo Prieto no fue testigo presencial del hecho histórico, ¿cómo es posible que haya afirmado que la rebelión vidaurrista se suscitó durante el encuentro entre el mandatario estatal y el nacional y no mientras se realizaba la evacuación federal de Monterrey, como lo afirma Pedraza Salinas? Quizás, la respuesta se encuentre en el ensalzamiento literario del acontecimiento, propio de un escritor como Prieto, en cuyo trasfondo pudieron haberse encontrado móviles políticos como el desprestigio de la de por sí satanizada figura de Vidaurri y el dramatismo con el que los poderes nacionales, guardianes del republicanismo y la soberanía, abandonaron Monterrey. 33. El balance aproximado de las fuerzas vidaurristas era de dos mil hombres, mientras que, hacia marzo de 1864, la conjunción de los efectivos de José María Patoni y Manuel Doblado sumaban siete mil efectivos. Vid. Pedraza, 2006.

26. Idem. 27. Tyler, 2002:123-128. 28. Gálvez, 2003:181.

34. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 6, 11 de mayo de 1864. 35. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 6, 11 de mayo de 1864.

29. Montemayor, 1971:184. 30. Pedraza: 2006. 31. Idem, 2006:40 32. Pedraza, 2006: 40-41. Existen otros trabajos que respaldan el testimonio de Guillermo Prieto referente a la actitud hostil que mostró Indalecio Vidaurri frente el gabinete juarista. Según Prieto, el hijo del Gobernador nuevoleonés se encontraba presente durante la entrevista que su padre sostenía con Juárez, en cuyo transcurso desenfundó su pistola y declaró el motín contra el ejecutivo nacional. Sin embargo, Jorge Pedraza Salinas afirma que Guillermo Prieto, que a la sazón deambulaba por la ciudad, abordó a la caravana presidencial en la intersección de las actuales calles de Padre Mier y Juárez, minutos después de la mencionada entrevista y momentos antes de la agresión

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36. En esta situación hipotética, una lucha abierta contra las fuerzas de Nuevo León y Coahuila hubiera ocasionado cuantiosas pérdidas humanas y materiales para los republicanos que difícilmente Juárez habría permitido, ya que aún en la victoria sabía que paulatinamente tendría que abandonar la región ante el avance del ejército franco-mexicano. Además, a diferencia de Chihuahua y Sonora, el noreste ofrecía pocas posibilidades de repliegue estratégico tanto por la progresión de la invasión como por ciertos aspectos geopolíticos: con Nuevo León y Coahuila aún en efervescencia, con Tomás Mejía en San Luis Potosí y Zacatecas, con los franceses en Tamaulipas y al norte con una Confederación Sureña impredecible, el presidente hubiera peligrado de ser eventualmente copado, capturado y obligado a firmar el indeseable armisticio con las autoridades intervencionistas. Asimismo, la hostilidad en la entidad quizás, habría provocado que Bazaine orde-


Monterrey: origen y destino

nara el despliegue inmediato de sus fuerzas sobre ésta, tanto por la comprometedora situación de los republicanos como por la debilidad de las tropas estatales y la actitud del Gobernador que reflejaría, de manera más o menos cierta, los resultados de las pláticas con el agente francés Vigneau en torno a la cuestión juaristas. Debilitadas ambas facciones, las fuerzas franco-mexicanas habrían ejercido un dominio político-militar indiscutible.

11 de mayo de 1864.

37. AGENL, Periódico Oficial (1863-1864), Boletín oficial extraordinario no. 14, 15 de febrero de 1864.

49. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 4.

38. Pedraza, 2006:44. 39. AGENL. Fondo Intervención francesa, caja 6, 28 de febrero de 1864. Posteriormente notaremos cómo las relaciones entre Julián Quiroga y Ruperto Martínez adquieren ciertos rasgos que van más allá de una simple camaradería de soldados, palpándose una reiterada subordinación militar del segundo para con el primero. 40. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 6, 21 de febrero de 1864. 41. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 6, 28 de febrero de 1864. 42. AGENL, Periódico Oficial (1863-1864), 3 de marzo de 1864. 43. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 6, 11 de marzo de 1864.

47. Pedraza, 2006:46. 48. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 4. Antes del citado nombramiento, el gobierno estatal fue presidido de manera efímera por el Lic. Sebastián Lerdo de Tejada (véase AMM. Impresos II, volumen 8, expediente 6).

50. AMM, Misceláneo, volumen 56, expediente 5. Considerando la demografía de Monterrey en 1864, estimada en 34,000 personas, la petición de hombres hecha por los republicanos es considerablemente alta. Sin embargo, la cifra es completamente justificable según lo dispuesto por la Ley de la Guardia Nacional que estipulaba un reclutamiento proporcional al número de habitantes que tenía cada población. Bajo esta dinámica, los municipios de Monterrey, Linares y Montemorelos aportaron la mayor cantidad de guardias nacionales durante la guerra, en tanto que localidades como Abasolo, Agualeguas y Villaldama, débilmente pobladas como la mayoría de las poblaciones de Nuevo León, apenas y les fue exigida una docena de hombres. 51. Rivera, 1994:186. 52. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 29 de abril de 1864.

45. Citado en Martínez Sánchez, Lucas. De Monterrey a Cuatro Ciénegas: los senderos de Santiago Vidaurri y Jesús Carranza. Pág. 142.

53. AMM, Impresos II, volumen 24, expediente 4, 14 de abril de 1864. Aunque no fue posible encontrar los documentos que remiten a la designación de García como alcalde de Monterrey, ni siquiera en la bibliografía existente, pudimos discernir que ocupaba el cargo por un comunicado dirigido a él donde Benítes y Pinillos le informa de su recién nombramiento como Gobernador.

46. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 7,

54. AMM, Misceláneo, volumen 55, expediente

44. AGENL, Periódico Oficial (1863-1864), Boletín oficial extraordinario no. 21, 13 de marzo de 1864.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

15, 8 de junio de 1864. En un documento anexo a la solicitud de renuncia de Gregorio Zambrano, el Gobernador desecha la petición de aquél y lo conmina a seguir desempeñando el cargo, al menos hasta encontrar a un sucesor adecuado. 55. AGENL, Fondo Intervención Francesa, caja 9, 31 de julio de 1864. 56. Cavazos, 1980:92-93. 57. Tyler, 2002:147. 58. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 4. Para obtener más información ver el Anexo 1. Durante la ocupación francesa de Nuevo León, los municipios sede de las jefaturas políticas tendían a variar con el objetivo de evitar la obvia represión de las autoridades imperialistas. Esto se hacía más perceptible fuera de la región central del Estado, donde los organismos llegaron a operar desde las localidades vecinas a su lugar de origen como Villaldama en el norte y Montemorelos en el sur. 59. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 4. En un documento ubicado en AGENL. Fondo Intervención francesa, caja 8, del 1º de julio de 1864, el jefe político del distrito del centro nombró a Marcos Rodríguez como su agente particular en los municipios de Marín, Higueras, General Zuazua, Ciénega de Flores y Pesquería Chica, citando una amplia lista de obligaciones que debía cumplir cabalmente como su representante: “mantener el orden y tranquilidad en dichos pueblos, vigilar y aprehender a las personas que se encuentren en ellos como sospechosos de que pretenden seducirlos a conspirar de cualquier manera contra las autoridades actualmente establecidas, de organizar la guardia nacional en todas ellas y ponerlas a disposición de esta jefatura cuando se le pidiese y establecer las mejoras que crea conveniente en ellas pudiendo igualmente usar de la coacción e imponer multas cuando esta fueren necesarias para hacer cumplir sus órdenes”. 60. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente

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1. 61. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 7, 6 de junio de 1864. En lo referente al nombramiento de Antonio de la Garza García no se encontraron datos que indicaran el inicio y término de su gestión como jefe político y comandante militar del distrito del sur, aunque podemos afirmar que fue mantenido en su cargo hasta el inicio de la contraofensiva republicana de 1866. 62. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 7, 25 de mayo de 1864. 63. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 7, 2 de junio de 1864. 64. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 15, año de 1864. 65. Pedraza, 2006:120. 66. Pedraza, 2006:101-105. El autor cita al historiador Salado Álvarez para afirmar que anteriormente, en otras ciudades, Guillermo Prieto había levantado publicaciones satíricas de igual naturaleza que El cura de Tamajón, como: La Chinaca y El Monarca. 67. Citado en Pedraza ( 2006: 113-114). 68. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 15, año de 1864. 69. AGENL, Fondo Intervención francesa, Caja 8, 3 de julio de 1864. 70. AGENL, Fondo Intervención francesa, Caja 9, 6 de julio de 1864. 71. AGENL, Fondo Intervención francesa, Caja 8, 7 de julio de 1864. 72. La palabra “tajadores” alude a aquellas personas encargadas de cortar la carne de determinada manera. 73. AMM, Misceláneo, volumen 53, expediente 7.


Monterrey: origen y destino

74. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 15, 1864. 75. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 8, 1º de julio de 1864. 76. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 10, 16 de julio de 1864. 77. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 10, 16 de julio de 1864. 78. AGENL, Fondo Intervención francesa, Caja 8, 23 y 24 de julio de 1864. 79. Pedraza, 2006:94. 80. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 5 de agosto de 1864. 81. AGENL, Fondo Intervención francesa, Caja 9, 11 de agosto de 1864. 82. AMM, Misceláneo, volumen 53, expediente 8. 83. AMM, Misceláneo, volumen 53, expediente 9.

en la cual propone tres tipologías de dominación legítima que son en gran medida aplicables a toda sociedad humana: dominación legal, tradicional y carismática. 89. En su obra De la guerra, el reconocido militar alemán Karl von Clausewitz sostiene que las acciones bélicas representan a la política intentando alcanzar sus fines, pero por medios alternos. Apegándonos a dicho postulado decimonónico, el ataque de Quiroga contra los poderes nacionales, sostenido por la historiografía, se encuentra fuera de toda explicación racional toda vez que los objetivos políticos se hallaban a la sazón plenamente asegurados. 90. En una investigación reciente sobre la figura del general Jerónimo Treviño, que aún está en proceso de publicación, el Mtro. Antonio Peña Guajardo parece haber encontrado indicios de una tergiversación de los acontecimientos y declaraciones expuestas por la historiografía en torno a la muy conocida batalla de Icamole (1876). En ella las fuerzas del mencionado militar, cohesionadas con la de los generales sublevados Francisco Naranjo y Porfirio Díaz, fueron derrotadas por las tropas de Julián Quiroga, que de momento defendía al gobierno establecido del presidente Sebastián Lerdo de Tejada.

84. AMM, Principal, volumen 13, expediente 9. 91. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 1. 85. Para obtener más información véase los textos de Cavazos Garza (1994); Roel (1977) y, en especial, la obra de Pedraza (2006). En ellos puede apreciarse una narrativa común de lo acontecido el día 15 de agosto de 1864. 86. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 16 de agosto de 1864. 87. AMM, Principal, volumen 13, expediente 9. 88. Para una mayor comprensión del concepto “legitimidad política” puede consultarse la obra Economía y sociedad, del teórico alemán Max Weber,

92. Aunque no dudamos de la existencia de cierta coerción gubernamental, el 17 de agosto de 1864 la municipalidad de Salinas Victoria hizo pública su adhesión al nuevo régimen. Siguiendo dicha tendencia, durante esos mismos días el gobierno quiroguista elaboró una lista de las poblaciones que habían apoyado su movimiento guerrillero contra el presidente Juárez durante julio y agosto, con el objetivo de otorgarles alguna especie de retribución. Con base en lo anterior podemos darnos cuenta hasta qué punto Quiroga gozaba de la simpatía y respaldo de los nuevoleoneses tras la salida de los poderes nacionales de Monterrey, al menos

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

en la región norte del Estado. Ambos documentos se encuentran ubicados en AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 17 y 18 de agosto de 1864, respectivamente.

95. AMM, Misceláneo, volumen 56, expediente 10. Las autoridades municipales, sin fuerza militar y con la responsabilidad de salvaguardar la integridad de la ciudad y de sus habitantes, se vieron imposibilitadas de externar su repudio a la ocupación, so pena de atenerse a las mismas cruentas represalias que los franceses aplicaron en muchas poblaciones del sur y norte del Estado.

4 de octubre de 1864. El término “gavilla”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su 22ª edición, hace alusión a “una junta de muchas personas y comúnmente de baja calidad”. La utilización de tal palabra es muy común en los documentos imperialistas que refieren a las fuerzas mexicanas que seguían en operación después de las cataclísmicas derrotas de finales de 1864 y principios de 1865, inclusive cuando ya las guerrillas se habían incorporado como fuerzas regulares del reorganizado ejército nacional de Mariano Escobedo. Respecto a la suerte de los prisioneros capturados por Florentino López no existió posibilidad de indulto, pues como lo señaló dicho militar: “Como guerrilleros están fuera de la ley por decreto especial de Su Excelencia el General en Jefe del Ejército franco-mexicano y como ladrones a mano armada en despoblado”. Su destino: el paredón o, más probablemente, la horca.

96. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 26 de agosto de 1864.

101. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 16 de octubre de 1864.

97. AMM, Principal, volumen 3, expediente 10. El documento especificaba que todos lo empleados subalternos conservarían sus empleos, siendo atribución de las autoridades municipales y judiciales proveer las vacantes que hubiera en lo sucesivo.

102. AMM. Principal, volumen 3, expediente 9.

93. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 19 de agosto de 1864. 94. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 24 de agosto de 1864.

98. AMM, Impresos II, volumen 25, expediente 9. El documento se encuentra firmado por J. Vigier, comandante militar de la Plaza de Monterrey. 99. Hay evidencia documental de que los municipios de Galeana y General Zuazua se “adhirieron” a la causa imperial. No obstante, es menester señalar que estas adhesiones tuvieran como fin evitar cualquier clase de represalia de parte de los franceses, quienes no estaban dispuestos a escuchar una negativa de las autoridades locales. Ambos documentos están ubicados en AGENL. Fondo Intervención francesa, caja 9, 26 de agosto y 15 de noviembre de 1864, respectivamente.

103. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 1. La noticia fue comunicada a las autoridades por el jefe del Batallón: Japy, quien tuvo que asumir el mando de las fuerzas francesas ante la muerte de Martin. 104. AMM, Impresos II, volumen 25, expediente 9. El otro signatario del documento es el secretario de la Prefectura Juan de Dios Villalón, personaje insigne de la administración imperial en el Estado. Para mayor información, favor de consultar el Anexo 3. 105. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 6 de diciembre de 1864. 106. Idem.m. 27 de diciembre de 1864. 107. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4.

100. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 9, 108. Uno de los tantos casos a los que nos podría-

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Monterrey: origen y destino

mos remitir es el de Jesús Reina, quien, habiendo desempeñado un empleo ligado a la gestión imperialista, se le vetó de ocupar cargos en el Ayuntamiento de Monterrey. Dicho documento se encuentra ubicado en AMM, Misceláneo, volumen 298, expediente 5. 109. Actualmente el historiador César Alejandro Salinas Márquez se encuentra realizando una investigación pormenorizada referente a la administración de la Prefectura imperial en Nuevo León. Sin duda alguna, será una aportación significativa para el conocimiento de este periodo. 110. AMM, Misceláneo, volumen 114, expediente 7. La contraparte de esta fuerza móvil, la guardia sedentaria, se encontraba estacionada en los municipios de donde, generalmente, sus miembros eran originarios. Entre sus principales obligaciones estaban el resguardar el orden y defender a las poblaciones de cualquier ataque enemigo. 111. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4. 112. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 10, 15 de febrero de 1865.

aquellos presidiarios “con delitos leves o por culpar” fueran puestos a disposición de la comandancia militar. 121. AMM, Principal, volumen 3, expediente 11. 122. AMM, Impresos II, volumen 11, expediente 1. 123. Peña (2002). En esa acción armada, según la información recopilada por el autor, Naranjo capturó “667 prisioneros, dos cañones de montaña y todos los pertrechos de guerra” de los aproximadamente 900 soldados enemigos. 124. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 5. 125. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 10, 9 de agosto de 1865. 126. AMM, Misceláneo, volumen 60, expediente 12. 127. Vázquez, 1994.

113. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4.

128. AMM, Misceláneo, volumen 60, expediente 13.

114. AMM, Misceláneo, volumen 60, expediente 3.

129. AMM, Misceláneo, volumen 60, expediente 13.

115. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4.

130. El artículo 9º de la ley del 3 de octubre de 1865 establecía que “si el pueblo fuera amenazado por los bandoleros, y fueran de entre 10 y 85 años, si no tuvieran algún impedimento físico, estaban obligados á presentarse á la defensa si fueran llamados, de no hacerlo la multa sería de 5 a 200 pesos, o serían encarcelados de 15 días hasta 3 meses, y si la autoridad considerara castigar al pueblo por no haberse defendido, la multa sería de 500 a 5000 pesos que pagarían entre aquéllos que no se defendieron”. Para obtener más información referente a las bases del reclutamiento ordenado por José María García, favor de consultar el Anexo 4, o bien consultar

116. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4. 117. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4. 118. AMM, Principal, volumen 13, expediente 4. 119. AMM, Misceláneo, volumen 60, expediente 5. 120. AMM, Misceláneo, volumen 60, expediente 5. En un documento posterior de análoga ubicación, fechado el 18 de abril, se determinó que sólo

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

directamente el documento, ubicado en AMM. Ramo Principal, volumen 3, expediente 10. 131. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 6. 132. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 11, 1 de marzo de 1866. Un informe pormenorizado de la batalla se encuentra desglosado en el Anexo 5, ubicado en las secciones finales de éste capítulo. 133. Para un conocimiento más preciso de esta batalla y sus consecuencias, consúltese la obra de Treviño Villarreal de 1999. 134. AMM, Misceláneo, volumen 64, expediente 7. 135. AMM, Misceláneo, volumen 67, expediente 10. 136. AMM, Impresos II, volumen 26, expediente 8. 137. Cavazos, 1984:53-55. 138. AMM, Principal, volumen 3, expediente 11. 139. AMM. Ramo Impresos II, volumen 26, expediente 7. 140. AMM. Ramo Principal, volumen 3, expediente 11. Para obtener más información de la noticia, favor de verificar el Anexo 6. 141. A finales de 1866 y principios de 1867, Cortina se hallaba estacionado en los municipios de la región citrícola de Nuevo León, donde estaba adquiriendo las provisiones necesarias para la campaña del interior. Las cuentas detalladas de los artículos proporcionados por estas poblaciones a la Brigada Cortina, así como sus respectivos precios, se encuentran ubicadas en la caja 12 del Fondo Intervención francesa, del AGENL.

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Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO V LA HACIENDA MUNICIPAL: UN BALANCE DE INGRESOS Y EGRESOS DE 1855 A 1900 cias entre la evolución, la estructura de la fiscalidad El presente apartado se centrará en una revisión de y las finanzas en los tres niveles de la estructura pola estructura fiscal de la ciudad de Monterrey dulítica administrativa de la sociedad mexicana (federante la segunda mitad del siglo XIX. Servirá para ral, estatal y municipal). El comportamiento de las posteriores estudios que contemplen un análisis finanzas federales fue el más inestable6 y el de las más amplio que incluya los tres órdenes de gobiermunicipales el más estable. no: federal, estatal y municipal. El objetivo de este apartado es ilustrar el Esta revisión toma como punto de partida comportamiento cuantitativo de los recursos ecolos trabajos sobre el Estado de México hechos por nómicos (ingresos y egresos) del municipio de Miño, Marichal, Riguzzi,1 considerando desde Monterrey durante la segunda mitad del siglo, deluego las diferencias regionales de tales trabajos en jando entrever en términos generales por una parte contraste al contexto norestense en el cual se deuna base administrativa estable a pesar de los dissarrolla la etapa a que refiere el presente capítulo, 2 tintos momentos de conflictos bélicos en la ciudad así como las aportaciones de González Maiz en su y la región, y por otra un proceso cada vez más estudio sobre la desamortización civil y eclesiástica complejo del sistema tributario fiscal en función del en el noreste de México (élites y propiedades). crecimiento social, tecnológico y económico de la En una situación de ruptura con el viejo orciudad. den, en el sistema republicano se formuló un nueEste capítulo, referente a la fiscalidad de vo esquema administrativo distinto al colonial que Monterrey en el periodo 1855-1900, fue realizado funcionara con las nuevas condiciones políticas; con base en la consulta de los estados generales de evidenciando por una parte, lógicas administrativas ingresos y egresos (y cortes de caja), recibos de lien las regiones con espacios definidos y, por otra parte la estructura federal, que todavía debía construirse.3 Para la segunda mitad del siglo estudiado, principalmente durante las últimas décadas cuando se da la consolidación del Estado nacional, se conformaron algunos esquemas administrativos y se definió de manera clara la supremacía de un Estado centralizador y organizador tanto de la hacienda de nivel federal como la estatal, en un momento en que las autonomías de los estados se ven mermadas ante el orden central del Porfiriato.4 Para Marichal5 existen diferen- Foto de Monterrey a finales del siglo XIX.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Ruinas de antigua hacienda del siglo XIX.

cencias y multas, así como algunos informes mensuales y anuales que la Tesorería Municipal remitía al H. Ayuntamiento de la ciudad, localizados en el AMM. Se analizaron tres años por cada década a partir de 1855, especialmente aquéllos que coincidían o que más se acercaban al inicio, mitad y fin de esta. También el objeto del estudio se enfocó a la revisión de ciertos dividendos considerados más “representativos” por ser aquéllos cuyos totales se observaron como los más altos en los registros del municipio y que a lo largo del periodo revisado se mantuvieron como tales en la mayoría de los ingresos y egresos, así como aquellos rubros que fueron apareciendo con aportaciones y erogaciones también con cantidades sobresalientes. Correspondiendo a los primeros el ramo de carnes, el arrendamiento del agua, derechos municipales, remates de pisos y plazas, traslación de dominio, contribuciones federales principalmente. Así como los imprescindibles gastos que aquel debía realizar por concepto de sueldos a la burocracia, la seguridad, el alumbrado, la salubridad y la educación, entre otros. Analizando la información de dichas fuentes primarias, se identificaron periodos reiterados de estabilidad económica y prosperidad, pero también de ciertas crisis generadas por factores climáticos, así como de acontecimientos nacionales como la lucha contra los conservadores en la guerra de Tres Años (1858-1860). Las cifras analizadas dieron, asi-

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mismo, cuenta que en el transcurrir de los años se dio un crecimiento, en términos cuantitativos, de las arcas municipales y de sus erogaciones.

Estructura administrativa para la recaudación fiscal Partiendo de la tesis de que existe una importante vinculación entre la actividad económica y la recaudación impositiva,7 la estructura administrativa recaudatoria del municipio de Monterrey en el periodo estudiado debe entenderse tomando en cuenta la economía local y regional. Hacia los años cincuenta y sesenta, la economía giraba principalmente en torno de la agricultura, la ganadería, el comercio de la carne y el comercio regional. A finales de siglo, con la caída del comercio y la aparición de la industria se modificó la dinámica económica; no obstante, en términos de ingresos municipales la situación no fue modificada, pues éstos continuaron registrando en mayor medida el comercio de la carne, y en menor medida a actividades relacionadas con la industria. Considerando que la estructura municipal es la base del sistema político,8 se debe tomar en cuenta la organización política del municipio. De acuerdo al Censo de 1863, Monterrey estaba dividido en el área urbana que comprendía cinco secciones, así como zonas colindantes: Hacienda San Bernabé, San Pedro, San Jerónimo, Urdiales y San


Monterrey: origen y destino

Miguel, Tijerinas, Mineral de San Pedro, Labores Nuevas y el Ancón.9 En el censo de 1878 se registraron además de las anteriores, la Estanzuela, los Cristales, Dr. Gonzalitos y Piedra Parada.10 La recaudación fiscal era efectuada por el tesorero y los jueces de sección, personas que gozaban de un respeto social –y de forma matizada– de cierto poder. En el departamento de tesorería se glosaban las cuentas del Ayuntamiento. En el Cabildo funcionaba una comisión de vigilancia para el seguimiento de algunos casos que se consideraban problemáticos y que requerían de un seguimiento puntual. Cabe señalar que en este periodo todavía existían algunos tributos de origen colonial como los préstamos forzosos, que en la mayoría de los casos era un mecanismos utilizado por las autoridades estatales, pero que involucraba al municipio en la labor recaudatoria, así como los derechos de piso, un tributo que se remonta también a la época colonial, mencionemos otras prácticas realizadas no sólo en México, sino también en otros países de América Latina, de recurrir al préstamo o donación del ganado para solventar los gastos de funcionamiento, principalmente en los tiempos de guerra.

Administración municipal: empleados y agentes particulares

especiales y otros ramos del periodo revisado dejan clara la trayectoria de los ingresos y egresos municipales. Para ambos casos, los recibos a particulares o firmados por el tesorero servían como evidencia ante el Cabildo para comprobar los gastos, o bien aquellos ingresos de los diversos conceptos. El tesorero realizaba cortes de caja en base a la información que los jueces auxiliares le otorgaban; aunque en algunos casos se observan irregularidades o inconsistencias entre reportes semanales y mensuales respecto a los anuales. Por otra parte, en algunos años se observa la ausencia de estos documentos, haciéndose sólo mención de ellos. El municipio cobraba de forma directa los rubros de mayor incidencia en sus ingresos que a su vez representaban en cierta medida una fácil administración, tales como multas, licencias y derechos municipales. Las distintas áreas administrativas que operaban eran el degüello o la carne, el alumbrado, la seguridad, el agua, entre otros. Éstas áreas se concentraban en las glosas registradas en cada sección del municipio y eran reportadas mensualmente al Cabildo para su aprobación. Pero algunos rubros requerían un mayor desgaste en la recaudación por lo que el municipio los concesionaba a particulares. Aquí es donde aparecen algunas figuras clave en el proceso recaudatorio municipal. Este mecanismo de remate a particulares era recurrente en las administraciones de la época, por ejemplo, en el Estado de México.11

Sobre todo durante el último tercio del mismo siglo, la estructura administrativa se vuelve más compleja con la aparición de nuevos rubros. La administración municipal de los recursos estaba sujeta a una revisión continua y aprobatoria por parte del Cabildo municipal. En las Actas de Cabildo se establecían los acuerdos de las juntas ordinarios o extraordinarias de los regidores quedaba constancia de los hechos discutidos y asuntos pendientes; asignaciones o comisiones El municipio cobraba de forma directa los rubros de mayor incidencia en sus ingresos.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El contratista (por derivar de una negociación vía contrato) aparece como elemental en las transacciones recaudatorias municipales. Esa figura eximía de la carga laboral al tesorero y a los jueces auxiliares, pues éstos eran quienes efectuaban las cobranzas o recaudaban los pagos, además de atender los problemas derivados de la actividad encargada, sin dejar de lado el papel de las comisiones especiales del Cabildo municipal, como eran las de vigilar, regular y ser el vocero y negociador ante el municipio. Los contratos con particulares o empresarios se realizaban de manera anual, y los impuestos se pagaban cada mes. De la documentación estudiada se desprende que destacan los contratistas de pisos, de mercados, de la feria, de las corridas de toros, del Parián, entre otros. En algunos casos el contratista a su vez se hacía cargo de un área o de varias. Por ejemplo, la plaza de mercado implicaba un sistema de cobro de pisos o plazas a los comerciantes, el remate de vacas, cabras en ordeña, hornos de cal, canteras, maderas, entre otros; en ciertos años incluía el degüello de ganado. El contratista cubría cualquier imprevisto en su comercio y debía cuidar que las tarifas no excedieran los precios de los productos o servicios establecidos por el Ayuntamiento.12 Asimismo, se habían establecido las tarifas que debían aportar los arrendadores, por ejemplo, las plazas de mercado u oficios. El mecanismo del remate público de contratos permitía al municipio obtener ingresos seguros y por adelantado, ya que al iniciar el contrato los contratistas realizaban el pago (en partidas) por el manejo de la concesión determinada. El aumento de la capacidad recaudatoria de impuestos municipales requería de la formulación de nuevas estrategias para el cobro de impuestos. Hacia el último tercio del siglo, la llamada Empresa del Parián era la figura intermediaria entre el municipio y los comerciantes establecidos en el mercado y en las calles. A través de ésta el municipio recababa los ingresos. Los pisos, así como los impuestos a las vendimias y frutas que se introducían al mercado o se expendían en las calles y plazas de la

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ciudad, eran cobrados por la empresa del Parián, conforme a la tarifa respectiva establecida entre el municipio y la misma empresa (estipulado en un contrato). El Parián entregaba mensualmente la mitad de los productos líquidos que se sustraían, así como lo que le correspondía a la ciudad por las acciones que el Ayuntamiento tenía en dicha empresa. El municipio tenía dos acciones con valor de 2,850 pesos.13 Esto indica la relación del municipio con la iniciativa privada, al compartir los gastos para beneficio mutuo. Rendía cuenta de los cobros que hiciese dando un pormenor de los gastos de administración y demostrando el producto líquido resultante, interviniendo en la liquidación el regidor comisionado de hacienda, representante del municipio.14 Esta misma empresa se encargaba de regular la venta de ixtle y la corteza de encino, cobraba el impuesto según la tarifa respectiva, cuyo cobro equipaba el 2% sobre el valor de la venta, que la misma ley imponía.15 Según algunos registros municipales, en 1889 la finca denominada Parián estaba situada en la plaza de Colón con las dimensiones siguientes: su longitud mayor de este a oeste de 52.55 metros, longitud, menor de este a oeste 50.05 metros, su anchura de sur a norte 47.07 metros; la de la plaza es de 107.07 metros de norte a sur y la de este a oeste 60.55 metros, las últimas medidas son con exclusión, de la anchura de las calles que circundan la plaza.16 El inspector figuró principalmente en la década de los ochenta y noventa del siglo XIX, cuando la amplitud de los rubros ameritó el papel de éste para la vigilancia y control de escuelas, salud, carnes, boticas. Los inspectores, no necesariamente efectuaban los cobros, pero sí apoyaron la labor municipal de supervisión. Este actor administrativo fue recurrente en la administración de la época, por ejemplo, en el Estado de México.17 Por su parte los empleados municipales, es decir aquéllos que recibían un sueldo fijo por sus servicios, fueron aumentando la burocracia municipal. Si comparamos los empleados del municipio de 1855 y 1878, observamos que algunas funciones


Monterrey: origen y destino

habitualmente otorgadas a particulares por contracaja 1857, citado por González, Maiz).24 Queda clatos se incorporaron a la nómina municipal. Veamos ro, cómo el gobierno hacía uso del servicio gratuito el cuadro 24. de algunos ciudadanos, los que sin duda perteneComo se observa en ambos cuadros, es fácían de alguna manera al sector político y económicil deducir el crecimiento del cuerpo administrativo co con reconocimiento social. del municipio. En las últimas décadas del siglo, en función de las nuevas recaudaciones se agregaron Sujetos y objetos tributarios otros encargos, así en 1883 se le pagaba al corralero y a los que ejecutaban las memorias de censo, Siguiendo el estudio de Miño sobre la hacienda fisestadísticas y catastro municipal;20 en 1884 se agrecal del Estado de México,25 los sujetos tributarios garon a la nómina los preceptores de carnes (este son definidos por sus actividades; ahí los comerrecaudador ya aparecía desde años atrás de forma ciantes constituyen el sector más importante de los irregular), recaudador de patentes, preceptores contribuyentes, pero por excelencia, el sujeto triforáneos;21 en 1892 dado el crecimiento de espacios butario fue el ciudadano; en tanto el objeto susceprecreativos, aparecen los empleados de paseos pútible de tributación refiere a las posesiones y comublicos.22 Para 1893 aparecen el recaudador predial, nidades (propios). Si bien, en el estudio de Miño, el inspector de casas de empeño, inspector de salos objetos tributarios refieren a un contexto estatal, nidad, el médico municipal e incluso al antes decorrespondiente a la primera mitad del siglo XIX, nominado preceptor de carnes ahora se le catalogó en el que el establecimiento de propios respondía 23 como inspector de carnes. a una estructura en la que figuraban los bienes comunales, difiere de nuestro caso, pues corresponde Por otra parte, la recaudación fiscal estatal a un contexto que incluyó la desamortización de la y municipal recaía en los propios habitantes (incluso mediante decretos). En 1857, en el Decreto propiedad. estatal número 15 (del 6 de noviembre) se especifica Cuadro 24. Empleados municipales directos hacia 1855.18 que “Los Ayuntamientos, SECRETARÍA DEL Ayuntamiento Sueldo del oficial 1 de la sria. del Ayuntamiento y en donde no los haya, Sueldo del oficial 2 la autoridad política local Sueldo del tesorero municipal dentro de ocho días desEscribiente de la publicación de esta   ley, nombrará tres vecinos TESORERÍA Portero de conocida honradez y   Gastos de oficina probidad para formar las   2 escribientes juntas que han de repartir Director de juzgados locales el contingente y asignar las cuotas a los contribu-   2 vigilantes yentes. Los nombrados JUSTICIA Sueldo del alcaide de cárcel jurarán desempeñar su   Rectora de las corrigendas encargo, sin que puedan Policías de seguridad excusarse de él sino por la ESTABLECIMIENTO DE NIÑOS Director del 1er establecimiento de niños imposibilidad física o moral plenamente justificada Director del 2o establecimiento de niños ante los mismo AyuntaDirector del 3er establecimiento de niños mientos” (AGENL, LeDirector del 4o establecimiento de niños yes, decretos y circulares, Director del 5o establecimiento de niños

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El municipio de Monterrey cobraba de forma directa distintos impuestos y derechos municipales. Entre éstos se encontraba el cobro de los pisos para las ferias efectuadas cada año en los barrios de la ciudad, así como a las vendimias que se establecían en los portales del palacio municipal, entre otros.26 Veamos los cuadros 26 y 27 que muestran tres grandes rubros en los impuestos municipales: área de comercio, carne y ganadería y diversiones, cuyas condiciones de pago variaban conforme al giro. Sujetos susceptibles de impuestos municipales27 (20 abril 1891).Es importante comentar que los comerciantes que practicaban operaciones de maíz, frijol y piloncillo estaban exentos de impuestos, por considerarse a estos artículos de primera necesidad. Si el ganado procedía de alguna municipalidad del estado, en donde al haberse hecho la venta se hubiera presentado el certificado del alcalde primero de la localidad respectiva, quedaba exento de dicho impuesto al hacerse la venta en esta ciudad. El municipio exceptuaba del pago de licencia o se otorgaba gratuitamente a los bailes y serenatas que se diesen con motivo de felicitar a algún funcionario público, militar o autoridad primera del estado o municipio, lo mismo que las funciones teatrales o similares a beneficio de algún establecimiento público u obra para la ciudad o el estado.30 De esta forma, se pueden identificar algunos actores o sujetos económicos que sustentaban la política de impuestos municipales: los comerciantes de la carne; los agricultores y las fábricas que requerían del agua; los comerciantes y los pequeños productores que pagaban los derechos de piso para la venta local; los comerciantes establecidos;

los ciudadanos que realizaban actividades recreativas y las empresas dedicadas a las diversiones.

Los reglamentos, mecanismos de presión fiscal Entrada la segunda mitad del siglo como parte de un sistema administrativo precario, los mecanismos recaudatorios fiscales eran insuficientes. De la documentación estudiada se desprende que en las últimas tres décadas decimonónicas hubo un incremento y reordenamiento en la elaboración de reglamentos dirigidos a asuntos de orden económico y social. En efecto, el reglamento fue un importante instrumento jurídico a través del cual el municipio organizó, controló y efectuó su sistema administrativo; asimismo, le permitió jerarquizar sus funciones y delimitar las de los actores recaudatorios. Algunos de los reglamentos aprobados por el Cabildo municipal localizados en la segunda mitad del siglo XIX (treinta y ocho reglamentos) permiten mostrar aquellos rubros que requirieron de una mayor precisión en sus contenidos para su ejecución y por lo tanto una eficiente administración pública y bases administrativas cada vez más extensivas. No gratuitamente algunos de los reglamentos correspondieron a aquellos rubros, como se verá más adelante, que tenían una mayor incidencia en la recaudación general y que estaban en continuo crecimiento (pago de impuestos y carnes). En 1855 se hizo una reforma al Reglamento de policía y buen gobierno, con base en los reglamentos de la superintendencia de policía de la Ciudad de México. La aplicación real de este reglamento, a cargo de la policía, representó la efectividad del gobierno municipal. En comparación con otros casos este reglamento tuvo varias reformas y edi-

Cuadro 25. Empleados municipales directos hacia 1878.19 Área administrativa

No.

Puesto empleado

SECRETARÍA DEL AYUNTAMIENTO

1

Secretario

1

Oficial 1

1

Oficial 2

1

Escribiente

1

Portero Gastos de oficina justificada

138


Monterrey: origen y destino

TESORERÍA MUNICIPAL

JUZGADOS LOCALES

1

Tesorero con sueldo mensual

1

Oficial 1

1

Oficial 2

1

Escribiente

1

Escribiente auxiliar

1

Portero

1

Director con sueldo mensual

3

Escribientes a 12 cada uno mensual

2

Porteros a 12 cada uno Gastos de oficina justificados

ALCAIDÍA

GUARDIA DE CÁRCEL

CUERPO DE POLICÍA

CUERPO DE SERENOS

1 ESTABLECIMIENTO DE NIÑOS

1

Alcaide con sueldo mensual

1

Escribiente

1

Cabo de ranchos

1

Rectora de Corrigendas

1

Sargento sueldo mensual

1

Cabo

1

Soldado cada uno a 12

1

Comandante con sueldo mensual

1

Ayudante

1

Escribiente

1

Sargento de caballería

1

Cabo de caballería

25

Soldados de caballería a 20 cada uno

14

Soldados de infantería a 14

1

Cuartelero con sueldo mensual

1

Corralero

1

Cabo 1 con sueldo mensual

1

Cabo 2

18

Serenos con sueldo de tres y medio reales a cada uno diarios

1

Director con sueldo mensual

1

Ayudante 1

2 ESTABLECIMEINTO DE NIÑOS

Director con sueldo mensual

3 ESTABLECIMIENTO DE NIÑOS

Director con sueldo mensual Ayudante 1

1 ESTABLECIMIENTO DE NIÑAS

1

Directora con sueldo mensual

1

Ayudante 1

1

Ayudante 2

2 ESTABLECIMEINTO DE NIÑAS

1

Directora con sueldo mensual

3 ESTABLECIMIENTO NIÑAS

1

Directora con sueldo mensual

Ayudante 4 ESTABLECIMIENTO NIÑAS

1

Directora con sueldo mensual

5 ESTABLECIMEINTO DE NIÑAS

1

Directora con sueldo mensual

ESCUELA NORMAL

1

Ayudante Director con sueldo mensual

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

ESCUELA DE CÁRCEL

1

Ayudante con sueldo mensual

PRECEPTORES FORÁNEOS

1

Director en San Bernabé con sueldo mensual

1

Director en San Pedro con sueldo mensual

OTROS

1

Director San Jerónimo con sueldo mensual

1

Cabo de presos mensual

1

Guarda bosque de la alameda nueva

1

Guarda caja de agua

1

Sepulturero

4

Guardas municipales a 25 pesos cada uno

1

Jardinero de la plaza de Zaragoza

1

Encargado del reloj del Parián

1

Ingeniero municipal

1

Cobrador de la patente del licor 8 pesos sobre lo que recaudado

1

Apoderado de la ciudad por honorarios al 15 p. sobre lo que ha producido los negocios que ha arreglado

2

Síndicos procuradores por honorarios al 15 p. sobre lo que han producido los negocios viejos de tierras y aguas que han despachado Al C. Bartolomé García por jubilación C. Rafael Aldama por la limpieza pública Agentes del ramo de carnes

1

Inspector 1 agente con sueldo mensual

1

Inspector 2 agente con sueldo mensual

1

Encargado de la limpieza del degolladero

Cuadro 26. Rubro de comercio. Concepto

Cuota mensual

Comercio o cantina 3 a 30 pesos mensuales Expendio de tabaco 25 centavos a 2 pesos Sellos de medida 12 centavos Establecimientos (hoteles, restaurantes, de 1 a 30 pesos mensuales fondas, cafés y posadas) Panaderías 1 a 5 pesos Neverías 1 a 5 pesos Coches y carretones de sitio 2 pesos Hornos de quema, cal 1 peso Barras de cantera

12 centavos

Expendios de leche Cada bote de leche expendido en calle o plaza

1 a 5 pesos

Expendedores de billetes de lotería

4% sobre el monto de la venta

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2 centavos

Condiciones de pago Pago por adelantado por el primer mes. Se pagaba por tercios adelantados.

Por cada vez que se usara. Cada una (siempre que la cantera este en terrenos municipales).


Monterrey: origen y destino

Las vendutas

Pacotilleros comerciantes ambulantes

3% por cada remate sobre el monto de las ventas 4% si se realizan por única vez 5 a 20 c o fracción menor como patente del establecimiento según la categoría de establecimiento

Además se cobraba el impuesto sobre el establecimiento.

Cuadro 27. Ramo de carne y ganadería.28 Concepto

Cuota mensual

Condiciones de pago

Expendios de carnes

Vaca o novillo: 2 pesos Ganado menor: 20 centavos por cada cabeza Cada cerdo: 48 centavos

El pago por el ganado a sacrificar según las cuotas señaladas, se hacía en la tesorería donde se expedía un boleto para presentar al inspector de carnes antes de la ejecución

Pieles de ganado (destinados a matanza)

Ganado mayor: 6 centavos por cada una

El pago se realizaba en la tesorería al expedirse el boleto para el degüello

Vacas de ordeña

12 centavos por cada res

Excepto una vaca para el gasto del dueño del establecimiento

Introducción a la plaza de ganado mayor, menor o cerdos para su venta, traspaso o permuta

2% sobre la transacción

Efectuando el pago en la tesorería, cuya factura era requerida al hacer la operación.

Ganado menor: un centavo

Cuadro 28. Ramo de espectáculos públicos y diversiones.29 Concepto

Cuota mensual

Bailes

1 a 3 pesos y de 2 a 6 pesos por la noche

Teatro

primera clase: 5 a 20 pesos segunda clase: 2 a 10 pesos tercera clase: 1 a 5 pesos

Rifas

4% sobre el valor de la rifa

Peleas de gallos Juegos de boliche Loterías de números o figuras Salones para patinar Salones para tiro al blanco, juego de pelota, esgrima y otras diversiones Billares

4 a 10 pesos 3 a 5 pesos 10 a 35 pesos 3 a 5 pesos

Trenes de caballitos

1 a 10 pesos

Carreras de caballos

5% sobre el valor

Condiciones de pago Quedaban exceptuadas las tertulias familiares (el alcalde determinaba la clasificación) Por cada función (ópera, zarzuela, concierto, circo, obras dramáticas y cualquier espectáculo) De fincas rústicas y urbanas, alhajas. Exceptuadas las rifas a favor de la beneficencia pública que eran gratis

1 a 4 pesos 3 a 5 pesos

Por cada mesa En temporada de feria se cotizaba más alto

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

ciones en décadas previas ingresos representativos y posteriores (además se y que por ende requería localizaron los reglamende la continua atención tos de 1868, 1878 y 1892)31 municipal, además de las debido a su variado contepresiones de los trajinannido relativo a orden y setes del ramo. En general, guridad social, urbanidad, en los reglamentos de transporte, salubridad e carne se marcaban lineahigiene; incluso el de 1855 mientos en los siguientes incluyó normativas sobre aspectos: el papel del relas diversiones, entierros, gidor en la expedición de juegos prohibidos, boboletas para el degüello ticas, aspectos que años de ganado mayor y meposteriores requirieron de nor, la higiene del ramo, reglamentos individuales. la introducción de aniAsimismo, el Reglamento males a la ciudad, sellos de policía y buen gobierno de medidas y rentas de delimitó las atribuciones y tablas, lugares de expenfunciones de la policía, los dio y degolladero de la jueces y aquéllos que laciudad, multas y costos boraban de forma directa en la venta de la carne. con el Ayuntamiento. Por su parte el Ciertos reglamentos municipales fueron absorbidos (y decretados) En 1852 se aprue- por el Ejecutivo estatal para su aplicación en todo el estado. Reglamento de juegos de ba el Reglamento de pagallos aprobado en 187034 naderías, renovado en y el Reglamento de diver1878 sin ningún cambio y reformado en 189132. En siones publicado en 1871 y reimpreso en 189135 dan ellos el Ayuntamiento reglamentaba aspectos sobre cuenta de los lineamientos establecidos por las aula limpieza, la calidad del servicio y los productos, toridades hacia aquellas empresas o individuos que los precios del pan y del beneficio a los consideorganizaban funciones públicas. Así, en el primer rados pobres de la ciudad, pues en un artículo del caso, tratándose de una actividad popular acostumReglamento de policía y buen gobierno, se consibrada en la región, se establecieron las condiciones deró al pan como de primera necesidad: “los panes de juego, el papel del juez y del soltador; por su de dulce y semita de agua que consume la gente parte, los correspondientes a las diversiones púpobre, quedan sujetos los dueños de panaderías a blicas disponían reglas para los empresarios y redar diez onzas por medio del primer artículo y 28 presentantes, así como condiciones que el público del segundo”. asistente a las diversiones debía seguir; por ejemEn tanto el Reglamento de carnes de 1854 plo, no fumar en los eventos que se realizaran en los fue reformado en 1861 y nuevamente retomado para teatros o bien al aire libre; así como las cuotas sobre su adecuación en 1866 y 1867, para finalmente, al las funciones, ordinarias y de beneficencia. Similar menos en los documentos revisados, será refora éstos, se encontraba el reglamento de Carnavamado en 1884.33 Sin lugar a duda este reglamento les (1863 y reimpreso en 1878),36 actividad también estuvo continuamente en revisión por el Cabildo acostumbrada en la ciudad, para la que las autorimunicipal, ya que además del de policía y buen dades consideraron necesario aplicar impuestos y gobierno, éste puede considerarse como uno de regular a aquellos que podían portar o no caretas o los fundamentales en la administración municipal, “vestidos de mascaras” a través de “listas secretas”. por tratarse de uno de los conceptos que arrojaba Durante el periodo imperial (Intervención france-

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Monterrey: origen y destino

sa) en la ciudad, la autoridad municipal canceló el uso de las máscaras en los carnavales “por motivos de seguridad”; censurando esta costumbre ante la amenaza o presencia de republicanos contrarios. En el Reglamento para el gobierno interior del Ayuntamiento de esta capital (1885)37 se contenían aspectos sobre comisiones, propios y arbitrios, junta de sanidad, comisiones de escuelas, asistencias públicas, obligaciones del secretario, portero, ordenanzas exteriores, seguridad, salubridad, entre otras. De esta manera, también se expidieron reglamentos referentes al alumbrado (1870),38 uso del agua de Santa Catarina y Labores Nuevas (1872 y 1885),39 casas de empeño (1878 y 1892),40 carretones de sitio y cargadores (1878),41 criados (1878),42 prostitutas (1878, 1881, 1885 y 1892),43 licores (1881) pacotilleros o comerciantes (1889),44 ferrocarriles urbanos de la municipalidad (1890),45 pago de impuestos (1891),46 mercancías en tránsito en la ciudad 1891,47 carros fúnebres (1891), campos mortuorios (1892)48 y un reglamento obtenido sobre el mercado49 (sin fecha exActa pero que corresponde al periodo en cuestión). En algunos casos queda clara la relación política municipal y estatal, en que la aprobación de algunos reglamentos es autorizada por el gobierno estatal: El Alcalde 1 constitucional de esta capital, a todos sus habitantes, hago saber: que el R. Ayuntamiento de la misma, previa aprobación del superior gobierno del Estado, ha dispuesto el siguiente Reglamento de diversiones públicas (1871). Otro caso similar: El ciudadano José María Viteri, alcalde primero constitucional de esta capital a sus habitantes hace saber que con el fin de evitar los abusos que pudieran ocurrir en los días del carnaval se observarán las siguientes prevenciones reglamentarias, acordadas con aprobación del gobierno del Estado (1878). Ciertos reglamentos municipales fueron absorbidos (y decretados) por el ejecutivo estatal para su aplicación en todo el estado, tal es el caso del Reglamento de prostitutas. Al comparar

el reglamento de 187850 y el de 1885, salvo algunos detalles, los contenidos y redacción en ambos son prácticamente iguales, empero en el segundo caso (publicado en folletos) el gobernador es quien lo publica. Genaro Garza García, gobernador constitucional del estado libre y soberano de n.L., A todos sus habitantes, hago saber: que en uso de mis facultades constitucionales y de la que me confiere el artículo 1 fracción 4 del decreto de 14 octubre del presente año, he decretado el siguiente Reglamento de la Prostitución en Monterrey.51 La expedición de reglamentos en rubros particulares puede analizarse desde dos enfoques: por un lado la creación de un aparato reglamentario, necesario en la cada vez más amplia y especializada administración pública municipal. Cabe destacar que el municipio desde luego no estaba facultado para decretar leyes, sólo para crear reglamentos. Aunada a la falta de autonomía ante el estado y la Federación. En el último tercio, como se observará más adelante, las cifras de recaudación y rubros que constituían la masa de ingresos y egresos municipales se incrementaron de forma relevante, lo que evidencia una mayor complejidad social y económica, y por ende administrativa. Pero también fue producto del aumento de necesidades que atender. No obstante la creación de esquemas de presión a los contribuyentes, algunos dueños de fábricas y particulares buscaban las formas de evitar los impuestos o la reducción de éstos. Francisco González Prieto, dueño de una fábrica de destilación, argumentó una crítica situación por la que atravesaba la economía local y nacional y ante las facilidades otorgadas por el gobierno estatal, solicito al municipio la reducción de las contribuciones al gobierno.52 La población que debía pagar a la Federación o al estado impuestos continuos, manifestaba sus quejas por no poder pagar: “incapaces de pagar el contingente, por pobres”.53 Por otro lado, la administración municipal cambiaba anualmente, creando posibilidades de perfeccionar los reglamentos. El presente estudio

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

se sustenta en la consulta de treinta y ocho de ellos, en su mayoría de 1866 a 1892. El corte positivista, progresista de finales de siglo XIX remitía a la búsqueda de un orden y de regulaciones, en palabras de Pérez-Rayón54 a una ola de reglamentos.

Ingresos municipales: una evolución cuantitativa55 Si analizamos las tendencias de ingresos y egresos del municipio de Monterrey a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, podemos identificar una continuidad y estabilidad en al- Las carnes aluden a factores como el pago por el derecho de degüello de reses, chivos, carneros y cerdos. gunos rubros; así como un proceso fiscal cada vez más complejo en función de una diversificación de conceptos en la captación de recursos y en la distribución del gasto público, además expansión urbana de estos años complejizaron las de una tendencia de crecimiento recaudatorio. Para características de la Hacienda regiomontana, tanto ello es fundamental aludir al contexto político local, en sus percepciones y erogaciones, podemos deliregional e incluso nacional en una periodización near a grosso modo sus principales rasgos. por etapas que deben remarcarse para facilitar el En las finanzas municipales se percibe la entendimiento de la evolución en los ingresos muimportancia cuantitativa de las labores relacionanicipales, lo que permitirá observar algunos víncudas con el ganado, que para fines prácticos de la los entre la situación política y la económica. investigación denominaremos “Carnes” o “Ramo Revisando los registros de estados generade carnes”, forma conceptual que emularon rules de ingresos y egresos (corte de caja) mensuales bros que tenían relación directa con la educación, y anuales, fue posible identificar en la segunda miel agua, la seguridad, entre otros. Así, las carnes tad del siglo XIX, algunos periodos de estabilidad aluden a factores como el pago por el derecho de económica y prosperidad, pero también épocas de degüello de reses, chivos, carneros y cerdos, la venprecariedad económica. Con el transcurrir de los ta de barranqueños, el impuesto a las tenerías, la años, las cifras analizadas dieron asimismo cuenta extracción de pieles y ganado caballar, la limpiede un crecimiento de las arcas municipales y de sus za del degolladero y los gastos que debía realizar erogaciones, que en última instancia remiten al auel Ayuntamiento para incentivar estas actividades, mento de la población y a la diversificación de las principalmente. Las altas ganancias generadas por actividades económicas que experimentó la región este ramo se mantuvieran a lo largo de la temporaen el último tercio del siglo XIX. lidad estudiada. Además de representar un elemento vital Carnes, agua, seguridad y educación para el sustento de una población en constante crecimiento, el agua arrojó regulares y considePara comprender los citados rubros económicos es rables dividendos para las arcas de la ciudad. La necesario ofrecer, aunque sea de manera mínima, renta del líquido con fines agrícolas y su uso para una definición precisa de cada uno de ellos y de el trabajo de las tenerías se vio acompañada de las los elementos estructurales que los conformaban. necesidades hidráulicas que tuvieron las primeras Aunque el crecimiento de la población, la diversiindustrias, que a la sazón iban apareciendo en la ficación de las actividades económicas y la relativa periferia de Monterrey. Por ejemplo, Benito Shon-

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Monterrey: origen y destino

La seguridad municipal fue otro de los ramos de interés a destacar.

feld y Adolfo Brach y requerían la compra de agua a la ciudad para: Terreno situado entre la Hacienda del Progreso y la fábrica de tejidos para situar una maquinaria que movida por agua facilite la fundición de metales con el fin de darle impulso a la minería, que proporcionen algunas utilidades y, asimismo, ocupar a operarios que con su trabajo difundiesen la riqueza pública. 56 Los informes de la Tesorería Municipal remitían básicamente a las corrientes hidráulicas de donde se obtenía el agua y los lugares en que ésta se usaba. Entre las primeras destacaron por su asiduidad documental los ríos Santa Catarina y San Juan, en tanto que de los segundos podemos citar las localidades de Labores Nuevas, Los Nogales, las Tenerías, el Nuevo Repueble y, hacia la década de los ochenta, el Ojo de agua de Santa Lucía. En cuestión de erogaciones, son de considerar los gastos realizados en la canalización del citado Ojo de agua y la aplicación de otras medidas tendientes a mejorar la salubridad.57 La seguridad municipal fue otro de los ramos de interés a destacar. Sus elevados números, en progresivo ascenso con el advenimiento de la República restaurada (1867), se debían al sostenimiento y equipamiento de una fuerza policíaca,

que históricamente se había encargado de mantener la paz y el orden, y ahora, requerida en los albores de una expansión demográfica, económica y urbanística de Monterrey. Ésta fue divida en dos cuerpos, según las horas del día en que debía operar: la Policía diurna, llanamente nombrada en la mayoría de los informes Policía de seguridad y también llamados guardias municipales y la Policía nocturna o serenos, encargada de vigilar el buen orden de la ciudad, en la noche. Lo estratégico de dicho rubro para las políticas del Ayuntamiento se expresa, citando un ejemplo, en los egresos anuales de 1868, donde del total de 45,132.33 pesos se asignaron a la seguridad 10,369.62 pesos, es decir, casi una cuarta parte.58 Finalmente, vale la pena hacer mención de los factores que enmarcamos en la categoría de educación. Al igual que los otros ramos, el crecimiento de la ciudad influyó de manera decisiva en la extensión de los servicios y establecimientos educativos, lo que a su vez conllevó la necesidad de crear dependencias que supervisaran o apoyaran la instrucción escolar. De un único establecimiento de enseñanza que existía hacia 1858, para 1884 su número había aumentado a diez, de los cuales cinco se destinaron a los niños y cinco a las niñas. A la par del aumento de recintos, que suponía una mayor destinación de recursos para cubrir la renta de los inmuebles, las erogaciones de la Tesorería fueron en aumento con la indispensable creación de la Comisión de Educación Primaria, del Colegio Civil y de la Escuela Normal, que tenía como objetivo la formación de una muy necesaria plantilla docente. Recordemos que durante la República restaurada la instrucción pública cobró importancia en las políticas públicas.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

poraciones civiles, pues afectaría las rentas públicas.60 Fue hasta marzo de 1858 que en decreto, el mismo gobierno estatal ordenó la venta de los bienes de propios y ejidos de los municipios tanto de Nuevo León y del anexado estado de Coahuila; y cuyas ventas se prestarían con un interés del 9% anual, el cual se destinaría a los gastos comunes de los municipios y a la educación, pero no a la obra pública.61 Aunado a ello, Durante el periodo 1858 a 1884, aumentó en la ciudad el número de establecimientos de ense- se ha de considerar el roce entre el ñanza. gobernador Santiago Vidaurri y el poder central. La influencia de Santiago Vidaurri en la reRespecto a los ingresos, hay que resaltar gión inicia con el derrocamiento de las autoridades que la actividad se nutría capitalmente de las dosantanistas locales por la revolución lampacense naciones de particulares, de los cobros simbólicos comandada por Vidaurri Valdés. Derivado de ello, al estudiantado y de la asignación de cierto porcenel estado de Nuevo León fue sacudido política, taje de dinero perteneciente a otros rubros, que en económica y militarmente en mayo de 1855. Esta comparación con los egresos representaban una rebelión dio al traste con el régimen centralizador ínfima parte. Así, esta área comprendía gastos de de Antonio López de Santa Anna, régimen por educación primaria, renta de casa de escuelas, esdemás impopular e inefectivo, que limitaba sevecuela normal o instrucción pública, inspección de ramente la soberanía política y el desarrollo econóescuelas, enseres y útiles. mico de las entidades mexicanas. Fue también el momento histórico en que las antiguas estructuras La economía municipal en tiempos de la Reforde la economía nacional fueron suplantadas por las ma y del vidaurrismo del liberalismo europeo y norteamericano.62 Hacia 1858, la región neoleonesa se hallaA mediados del siglo XIX, el contexto nacional ba inmiscuida de manera plena en el conflicto de y regional se encontraba sacudido por la política la Reforma. En diciembre de 1857 el general Félix librada entre liberales y conservadores, que para María Zuloaga, con el apoyo tácito del presidente finales de década desembocaría en un inevitable Ignacio Comonfort, dio un golpe de Estado bajo enfrentamiento civil. la consigna de derogar los principios de la recién La Ley Lerdo, expedida en junio de 1856, aprobada Constitución. Inmediatamente el país se trajo consigo la desamortización de bienes de la dividió en dos facciones, liberales y conservadores, Iglesia y de las corporaciones; la Constitución de quienes se enfrentaron durante tres años por la pri1857 y todas las reformas realizadas en este periodo macía política en México. Santiago Vidaurri, identrastocaron la vida pública de la nación y desde luetificado con el ala liberal, envió a la lucha al Ejército go de los estados, aunque con variantes y matices del Norte con recursos y soldados de Nuevo León en las diferentes regiones. y del territorio de Coahuila, que desde 1856 se haEn Nuevo León, de acuerdo al estudio bía anexado a la entidad. de González Maiz,59 la Ley Lerdo entró en vigor, A pesar de que la localidad afrontaba semeaplicada sólo a los bienes del clero, exceptuándose jante desafío, las cifras reportadas por la Tesorería así la efectuación de ésta a los bienes de las corMunicipal en los meses de enero, julio y diciem-

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bre del citado año no refieren en absoluto a alguna asignación de recursos para necesidades de naturaleza bélica. Por el contrario, en apariencia los datos duros aportan la visión de un Monterrey apacible, inmutable, distanciado en cuerpo y alma de la guerra durante el clímax de la participación armada del noreste en el interior de la república. Sin embargo, no por ello deja de causar impresión la aparición de nuevos conceptos hacendarios que se traducen en una mayor ganancia para el Ayuntamiento, pero también de una elevación proporcional en las erogaciones. En realidad, de acuerdo a estudios sobre este periodo vidaurrista, en el ámbito estatal63 existía una relación entre los ciudadanos y la guerra: el alistamiento en las tropas para los enfrentamientos contra los poderes centrales y contra los indios “bárbaros”, así como las aportaciones económicas y en especie. En 1858, según el oficio que la Secretaría del Gobierno del Estado de Nuevo León y Coahuila dirige al señor alcalde primero de Monterrey, se solicitó “le cobre a la ciudadanía un impuesto para cubrir el gasto de una fuerza respetable que a la ves [sic] sirva de pie para la formación del Ejército del Norte, siendo exentos de dicho cobro los comerciantes: Juan Claussen, Mario Fernández, Patricio Milmo, Jose Morell, Tomás O´Farrell Don Simón Batagay, entre otros por haber contribuido con cantidades más o menos considerables”.64 No obstante, las clases desfavorecidas resintieron el cobro de impuestos; por ello a través del municipio, y de forma directa al gobierno estatal, llegaban solicitudes de personas que no podían cubrir los impuestos.65 Es claro que el Estado mantenía la fuerza militar y la imposición de impuestos y préstamos forzosos a los ciudadanos y empresarios para solventar los gastos militares, los que se hacían efectivos a través del gobierno municipal; sin embargo estas transacciones militares no se ven reflejadas en los estados de cuenta del municipio (ni como ingresos ni como egresos), en este sentido cabe preguntarse de qué forma administraba el gobierno municipal estos impuestos y cómo los canalizaba al gobierno estatal para los fines militares.

Durante la época de sequía de 1855, se creó el Reglamento de escasez de maíz para control de su venta.

Por otra parte, algunas Actas de Cabildo y otros documentos dan cuenta de que en los siguientes siete años a partir de 1855, Nuevo León pasó por una situación de sequía y granizadas que produjo escasez de alimentos y recursos en los pueblos y en la ciudad. Incluso aparece una ciudadana que colectaba dinero entre los habitantes con el fin de realizar novenarios de misas para que lloviera.66 Una de las medidas municipales fue la realización de un “Reglamento de escasez de maíz para el control de su venta”,67 ante el monopolio de algunos agricultores y comerciantes.68 La ciudad todavía era rural, agrícola y ganadera, con un incipiente comercio que paulatinamente se amoldaba en pocas manos a los mercados regionales y extranjeros. Algunos comercios locales como las panaderías, fábricas de jabones, fábrica de cerveza, expendios de carnes y licores, entre otros, cerraron sus comercios debido a la “crisis económica” de finales de la década de los años cincuenta decimonónicos y principios de la siguiente. En algunos casos llegaron a solicitar al municipio una reducción de impuestos ante las pérdidas registradas.69 Por otra parte, en 1856 renuncian el procurador Felipe Sepúlveda, el juez Domingo Gutiérrez, el ingeniero de la ciudad Antonio Lafrano.70 Para el siguiente año no se hicieron esperar las renuncias a sus cargos de los regidores Ramón del Refugio Elizondo, Casimiro Garza, Jesús María Aguilar, los jueces locales Lino Lozano, Gregorio Zambrano, José María Benito Cantú, el síndico procurador Láza-

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ro Garza Ayala y el alcalde Juan José de la Garza Treviño, en virtud de la “incapacidad ante la difícil situación económica”.71

de 204 pesos. Los ingresos de diciembre fueron de 2,141.13 pesos, resaltando nuevamente por sus cifras los ramos de carnes (264.62 pesos), arrendamiento de aguas (115.58 pesos) y los derechos municipales Finanzas municipales en la década de los años (502.02 pesos); en cambio, los egresos arrojaron la cincuenta decimonónicos cifra de 1936.48 pesos, dejando un sobrante para el siguiente año. Hacia noviembre de 1855, siete meses después del En enero de 1858 el informe de ingresos “cambio” de gobierno de Santa Anna, la capital de reportó 2,275.98 pesos, los cuales, en orden prola entidad gozaba de unas finanzas públicas relaporcional, pertenecían a los ramos de derechos tivamente equilibradas. La Tesorería Municipal municipales (574.87 pesos), arrendamiento de reportó que 1,387.9 pesos habían ingresado a las aguas (350.31 pesos), carnes en sus derivaciones de arcas por diversos conceptos, entre los que destadegüello y tenerías (326.75 pesos), y otros que por caron el arrendamiento de aguas, el comercio de sus exiguas cifras reportadas, no obstante su númela carne, los derechos municipales y los impuestos ro, creemos conveniente no mencionar. Junto a la a las panaderías. Por otra parte, las erogaciones relevancia cuantitativa de estos tres conceptos, que hechas en este mes en sumatoria represenascendieron a 1070 tan poco más de 50% pesos, principalmente de la cantidad total, como resultado de los el reporte muestra por primera vez a los bapagos a diversos organismos dependientes rranqueños como un del Ayuntamiento. ingreso más del muComo diferencia de nicipio (14.5 pesos).73 En síntesis, esta palos ingresos y egresos labra hacía alusión al reportados resultó una ganado retenido por bonanza para el munilas autoridades debido cipio de 317.9 pesos, a cuestiones confiscacantidad utilizable Hacia 1855, la Tesorería Municipal reportó una bonanza para el municipio para algunas comisio- de 317.9 pesos, cantidad utilizable para algunas comisiones como la de Obra torias o por ser de prones como la de Obra Pública o Seguridad. cedencia desconocida, Pública o Seguridad.72 el cual con el tiempo debía ser rematado entre la comunidad. Es de trascendental importancia seguir Cabe aclarar que la aparición de terminomuy de cerca el desenvolvimiento de los primeros logías nuevas en este escrito no implica que hayan dos ingresos, arrendamiento de aguas y comercio aparecido en ese preciso momento, pues como ya de la carne, pues su valor cuantitativo en la mayor los especificamos se seleccionaron únicamente parte del periodo analizado excede el de otros conciertos periodos para analizarlos. Por ejemplo, en el ceptos y en no pocos casos sus cifras conjuntas son informe de ingresos correspondiente al mes de feequivalentes al 50% de los recursos que se agenbrero de 1858 apareció por vez primera el cobro por ciaba el Ayuntamiento. Es por ello que en épocas movimiento de máquinas con el agua de Santa Caposteriores las actividades derivadas de estos ramos tarina, equivalente a 42.5 pesos. En el informe de se diversificaron llegando incluso a constituirse en enero de 1858 no se pudo encontrar la relación de soportes inapreciables, directa o indirectamente, de egresos municipales ni tampoco los cortes de caja la educación. parciales que se practicaban varias veces al mes, de En diciembre de 1855 se registró casi lo mislos cuales se podía deducir la cantidad global. Aún mo que en el mes anterior, arrojando una bonanza

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La Estación del Golfo.

diurna y nocturna representaron un gasto de 255.8 pesos. Las diversas dependencias tuvieron una sensible disminución de sus ingresos. Un ejemplo claro de este fenómeno se percibe en los 22.7 pesos que el municipio destinó a la comisión de Obra Pública, hecho que contrasta en demasía con informes anteriores. Asimismo, las autoridades tuvieron que destinar 274.9 pesos para cubrir la parte de los sueldos debidos a los empleados en el mes de junio, cosa que nos hace pensar que la crisis, si se le puede llamar así, tenía ya algún

así especulamos que sus características no variaron tiempo.74 mucho en los meses siguientes de julio y diciemSin embargo, si revisamos el informe anual bre, de los cuales poseemos información precisa. de 1858, las cifras indican cierta estabilidad, es En julio de 1858 las arcas municipales regisdecir, no se registró un déficit, sino un superávit. traron una pérdida considerable en comparación a En este año se registró un ingreso total de 16,150, principios de año. Los ingresos en este periodo ascon un gasto de 16,138.75 Ingresaron por concepto cendieron a 1,339.3 pesos, desglosados jerárquicade degüello 3,636 pesos, es decir 22.51% del total mente en el ramo de carnes por concepto de degüerecaudado en 1858; seguido por 2, 857 pesos por llo y matanza de ganado (336.4 pesos), el de aguas concepto de remate de pisos y plazas, corresponpor el arrendamiento de la corriente de Los Nodiéndole 17.6%; en tanto 2,063 pesos ingresaban gales y el rédito del líquido del río Santa Catarina por concepto de préstamo (12.77%) Aunque no (159.8 pesos), y la imposición de 63 multas (158.6 se tiene dato concreto sobre el tipo de préstamo, pesos). Inexplicablemente no apareció en el inforse puede inferir que el municipio contraía algunas me dato alguno sobre los derechos municipales, el concepto por el que Monterrey percibía una importante parte de su capital. Gráfica 4. Principales ingresos municipales durante 1858. Recordemos que para junio de ese año el Ejército del Norte se hallaba en plena campaña contra las tropas conservadoras en San Luis y Zacatecas, por lo que no es posibilidad remota que el gobierno del estado haya solicitado la ayuda monetaria del Ayuntamiento de Monterrey, y en sí de las municipalidades de mayor importancia en Coahuila y Nuevo León. Obviamente las erogaciones del municipio resintieron las bajas percepciones del mes, por lo que se tuvieron que tomar medidas para ponderar los gastos que debían realizarse. Los imprescindibles servicios de la policía

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La ciudad de Monterrey se vio afectada por los enfrentamientos nacionales contra los imperialistas.

deudas con particulares, por ejemplo tres años atrás el municipio contrajo un préstamo con el subdiácono Blas José de la Garza, hecho que pudiera vincularse a la situación precaria que se registró a mediados de año. Por concepto de multas y licencias para bailes se recaudaron 1,195 pesos, esto es 7.3%. Sólo en estos rubros se suma 60.27% del total de ingresos, lo que muestra que estos aspectos eran los de mayor incidencia en los ingresos municipales. Sin embargo, la problemática de insuficiencia económica para solventar el gasto corriente por parte de la tesorería municipal se hace nuevamente evidente en abril del siguiente año (1859): “se han recibido en esta oficina los 40 pesos con que algunos comerciantes contribuyen para ayuda del pago del sueldo del Comandante de policía”.76 Tomemos en cuenta que para este periodo la estructura municipal recaudatoria era básica y dependía sin duda de la economía local y de escasos rubros de ingresos, destacando el degüello de animales, el arrendamiento de agua, derechos municipales, pisos y plazas, multas y bailes.

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Ingresos y egresos municipales en la década de los sesenta en un contexto de guerra contra los invasores y de guerras internacionales Al terminar la guerra de Reforma (1860), continúa el escenario bélico nacional contra las fuerzas extranjeras (1862-1867), como se observó en el apartado sobre la Intervención francesa. En 1862 los ingresos no aumentaron mucho en comparación a lo registrado en 1858, con un ingreso de 16,464 pesos, mientras que los gastos sí ascendieron notoriamente a casi el doble (30,780 pesos),77 lo que indica las dificultades presupuestarias a las que el Ayuntamiento se enfrentó dentro de un periodo en el iniciaban los enfrentamientos nacionales contra los imperialistas. Aunado a ello, en esta década la sequía seguía afectando al estado y a su capital. En 1863 se registró “la carestía de todos los artículos de comercio, la poca o ninguna circulación de la moneda y la paralización completa de todos los giros que constituyen la riqueza pública. A causa de la deplorable y estrema [sic] pobreza que nos amaga,”78 “así como


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la falta de recursos humanos para la agricultura”,79 ingresos y egresos correspondientes al primer lusdebido a la salida de hombres enlistados en la guartro de la década de 1860 se caracterizaron por estar dia nacional, procedentes de la ciudad, de las haincompletos y no ser posible determinar las cifras ciendas y pueblos, incluyendo sirvientes que los anuales, o bien por su exagerada asiduidad (cormismos patrones enlistaban,80 todo eso coadyuvó tes de caja diarios). Quizá esto sea producto de la a empeorar la ya difícil situación económica por la inestabilidad política, económica y social durante que no sólo la región sino la mayor parte del país los últimos años del vidaurrismo, castigado por los transitaba. estragos de la sequía en la región y la inserción plePor su parte, algunos comerciantes se na de Nuevo León en el conflicto de Intervención asociaron para protegerse ante las críticas confrancesa. diciones económicas de guerra. La compañía de Toda vez que el estado era ocupado de maartesanos y labradores, formada en 1865 por cuanera sucesiva por republicanos e imperialistas, se renta individuos,81 muestra algunas estrategias del presentaban múltiples cambios en el cuerpo de la comercio para fomentar la protección en conjunto. burocracia municipal. Tales cambios obedecían a No obstante, en la segunda mitad de este siglo la los intereses de las facciones en pugna. En esta diciudad seguía atravesando económicamente una námica bélica, de pérdida y recuperación continua crisis. de poblaciones, de cambios sucesivos en las políLa ciudad, por mil motivos que no es el ticas a seguir por parte de los Ayuntamientos, no caso referir, va decayendo en sus productos día a sería ilógico pensar en el extravío, voluntario o no, día, se le van agotando los puentes de la abundande los documentos, o bien en su irrealización como cia de donde en otro tiempo se sacaba no sólo lo suproducto de otras circunstancias que demandaban ficiente para cubrir sus gastos ordinarios y atender completa atención. Respecto a la desaparición de regularmente y sin miseria a sus empleados, sino papelería oficial basta con pensar en la represión para algunas mejoras públicas, se advierte que a la que ejercieron las autoridades contra las personas vez los egresos de cada mes son con excesos mayoque cooperaron de manera más o menos formal con res que las riquezas de donde ha resultado y esto ha el imperio, sobre todo aquéllas que habían ejerciresultado en un considerable número de adeudos do algún cargo público y que por ende se hallaban de que jamás podrán quedar libres, si no recurre a comprometidas por su rúbrica. Uno de los muchos sus propios.82 casos a citar es la petición enviada el 13 de febrero El Cabildo municipal, como lo refiere el anterior comentario de uno de sus miembros, aludía a la precariedad municipal para sufragar gastos y deudas. En un escenario más amplio se libraba la guerra civil americana (1861-1865), la cual debido a la cercanía geográfica de la frontera y a las políticas estatales,83 favoreció a la región y a la ciudad en algunos aspectos, principalmente el comercio, que en siguientes años lograría el fortalecimiento de fortunas aplicadas a la industria. Desafortunadamente para el presente estudio, los informes de Monumento ecuestre en honor al general Mariano Escobedo.

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de 1867 por Juan N. Tamez y Regino Guerra, enlas milicias locales y del ejército federal mientras tre otros, al jefe político y comandante militar del se desarrolló la Invasión francesa, significando una distrito del centro, en la que solicitan se excluya enorme carga económica y moral para una sociedad de la administración a Jesús Reyna “por carecer que en su mayor parte apenas subsistía. En 1867, de derechos ciudadanos a causa de haber desemel régimen monárquico se entregaba a las filas repeñado durante la invasión extranjera un empleo publicanas, dando por terminado un periodo de en que percibió sueldo”. En fechas posteriores el enfrentamientos. administrador principal de papel sellado, Juan N. A fines de la década de los sesenta otros Margáin, ratificó la acusación mediante pruebas de rubros de ingresos municipales se incrementaron: archivo.84 mercedes de solares, instrucción pública, licores y El sostenimiento de las fuerzas armadas renta de fincas urbanas reflejaron un aumento reses una carga para cualquier economía, por eso las pecto a la década anterior. administraciones que exigen los bandos beligeEl 31 de diciembre de 1868 Jesús Iglesias rantes son vitales, así que no debe menospreciarse remitió al Ayuntamiento el informe anual de insu peso en las disputas político-militares. Además gresos y egresos de la Tesorería Municipal, fijados de reclutar hombres el gobierno debe hacerse carrespectivamente en 47,217.06 y 45,132.33 pesos. De go de la recaudación de suministros alimenticios, la diferencia entre dichas cantidades resultó un expertrechos bélicos y vestimenta para los soldados, cedente para el municipio de 2,084.73 pesos, deslo que a la larga repercute, directa o indirectamentinado para las primeras erogaciones del siguiente te, en la balanza financiera pública. En el caso de periodo fiscal.86 No obstante algunos documentos Monterrey, por ser la capital y el núcleo de pobladan cuenta de situaciones precarias a las que el ción más rico de la entidad, las autoridades fijaron Ayuntamiento se enfrentó durante 1868. Por ejemplo, la comisión de alumbrado del Cabildo aprosu atención en la incautación del capital metálico mediante varias disposiciones que involucraron a bó una rebaja de un peso mensual a cada sereno personajes de peso económico en la ciudad. y ayudante, y dos pesos a los cabos por la falta de Como ya se vio en el capítulo sobre la Inrecursos en las arcas municipales.87 tervención francesa, en diversos casos los gobierEmpero si retomamos los datos anuales, la nos estatal y municipal requirieron a “las personas existencia de capital sobrante en las arcas municimás acomodadas de la ciudad” solventar los gastos pales indica que la economía regiomontana, en esde la organización de un cuerpo de Guardia Natos años, no se vio afectada por la lucha armada que cional. Un ejemplo de esto ocurrió al desalojar definitivamente de la Gráfica 5. Ingresos municipales durante 1868. ciudad a las fuerzas imperialistas y Ingresos durante 1868 establecerse en ella las fuerzas de la república. El 11 de agosto de 1866 el general en jefe del Cuerpo de Arrendamiento Degüello Ejército del Norte, Mariano EscoRenta de fincas agua 14% bedo, decretó que la municipalidad urbanas y rústicas 4% 36% de Monterrey arrendaría cien mil Derechos pesos para sufragar las necesidades municipales de la guerra, cantidad que fue “fa5% cilitada”, nuevamente, por los reLicores sidentes de considerables recursos Remate de pisos y 2% financieros.85 Ya fuera en efectivo o Instrucción pública Mercedes de plazas 6% solares 28% en especie, Nuevo León obedeció 5% las directrices de cooperación de

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recientemente había terminado, por el contrario, su crecimiento fue estable y, a partir de la década de 1880, exponencial. Asimismo hay que considerar que en diez años (de 1858 a 1868) el aumento de los ingresos y egresos municipales fue más del doble. Esto puede ser producto de cuestiones inflacionarias, pero es más probable que obedezca al relativo crecimiento territorial, demográfico e industrial que se había ido gestando desde el vidaurrismo. Todo parecía indicar que al finalizar la guerra internacional Monterrey88 afrontaría los mismos problemas financieros que caracterizaron a las otras regiones de México; sin embargo, basándonos en los pocos estudios realizados sobre el particular y las fuentes primarias consultadas, podemos afirmar que en términos generales las repercusiones económicas fueron mínimas.

Muchos héroes, acostumbrados al uso de espada y armas, continuaban en otras luchas. En Nuevo León continuaba la persecución de los escasos indios bárbaros, así como de malhechores y salteadores que se habían multiplicado como consecuencia de las condiciones bélicas y de inseguridad. En julio de 1870 el general de brigada y gobernador constitucional, Jerónimo Treviño, decretó una ley sobre plagiadores y salteadores,90 en la que priorizó la seguridad pública en el estado. Así, la seguridad en la esfera estatal encarnó una de las estrategias para mantener la paz y el control regional, ideada por aquellos personajes que se posicionaban ya como héroes militares pero también como caciques. Las cifras de egresos destinados a seguridad (policía y cárcel) evidencian el aspecto prioritario de esta necesidad a cubrir. En 1868 se destinó 61% a seguridad municipal (policías, serenos y cárcel) y en 1878 49% de los gastos se destiHacia una diversificación recaudatoria municinaron a los mismos conceptos. pal en tiempos de paz: República restaurada y Además de pacificar el país e imponer orden social, el programa liberal trató de impulsar Porfiriato (reyismo) rubros como inmigración y atracción de capitales extranjeros, ejercicio de nuevas siembras y métoA los años de guerra siguieron tiempos de restaurar dos de labranza, exterminio del elemento cultural el país, pues resultó afectado en distintos niveles; indígena, educación, nacionalismo en las letras, aren suma requería de políticas públicas efectivas y renovadoras, para dar paso a la República restautes y educación “que daría a todo México un tesoro rada (1867-1877), liderada por liberales que tenían nacional común”,91 entre otros aspectos. Aunque como guía a los Estados Unidos. Sin embargo la ninguno de los objetivos liberales encontró conditentativa de hacer de México una nación a la moda ciones adecuadas para su desarrollo. del siglo XIX, de practicar la democracia liberal, Empero, en cierta medida a nivel municirepresentativa y federal no fue posible.89 pal se refleja el impacto de las reformas, como en la educación laica. En 1858 Gráfica 6. Ingresos y egresos municipales de 1858 a 1868. se gastaron en educación primaria 723.7 pesos, diez Ingresos y egresos municipales de 1858 a 1868 años después se invirtieron 6,849.7 pesos y en 1870 se gastaron 7,924 pesos del 50,000 erario público con el obje40,000 tivo de mantener los siete Ingresos establecimientos de edu30,000 cación primaria existentes Egresos 20,000 en la ciudad, así como para 10,000 el pago al inspector de instrucción escolar y la renta 0 de las casas utilizadas para 1858 1862 1868

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la enseñanza.92 Producto de estas Un año después las entradas propuestas, la aplicación de mediy salidas se registraron con un das municipales y estatales tendía aumento poco considerable, a incentivar la educación median94,295 pesos en ambos. te subsidios a las cuotas escolares La hegemonía en las que debían ser cubiertas por los percepciones municipales de padres de familia. A los siete es1870 la siguió ostentando el tablecimientos de instrucción priramo de carnes con 13,902 pemaria y al inspector de educación sos, seguido muy de cerca por se añadieron las erogaciones para el producto de pisos que resolventar los gastos de la Escuela portó 10,748.6 pesos. El rubro Normal Básica, llamada después de aguas, al parecer, no mostró Miguel F. Martínez, que aparecía un crecimiento importante al por primera vez en los informes captar solamente 2,393.9 pesos de la Tesorería. La insistencia en (una diferencia de 793.8 pesos ampliar el aparato educativo laico Miguel F. Martínez. respecto a los 2,015.4 pesos municipal se observa en algunos agenciados en 1859), no obscasos en que partidas específitante que en este mismo ramo cas de ingresos se reservaban exclusivamente para llaman la atención los gastos que tuvo que realizar cubrir este apartado educativo, por ejemplo los reel Ayuntamiento para la muy necesaria canalizacursos derivados por concepto de rentas de agua se ción del Ojo de agua de Santa Lucía (3,188.8 pedestinaban a la educación pública. sos), gastos que ascendían a cantidades mayores Así, entrando a un periodo de transi(solventadas por los vecinos). De igual mación entre un Monterrey agropecuarionera es interesante observar los 249.8 mercantil y otro predominado por pesos que por concepto de préstamo los procesos de industrialización, le fueron facilitados al barrio del 5 el análisis de fiscalidad municipal de Mayo, nombrado así en honor muestra que en la década de los de la victoria mexicana de 1862 setenta aparecen otros rubros a contra los invasores franceses, tomar en cuenta: ingresos por y los 60 pesos proporcionados los montepíos, derechos de exa la Sociedad Amigos del País, tracción, traslación de dominio creada para apoyar las labores y contribución federal; en tanto del Ayuntamiento en materia en los egresos empiezan a figurar política, económica y de infra(además de los gastos derivados estructura. de la cárcel, el alumbrado y la obra Tomemos en cuenta que pública) la educación, los gastos del para 1876, Porfirio Díaz había lleHospital Civil, las rentas de casas mugado a la presidencia de la república, nicipales, festividades cívicas y las ya redespués de haber desplazado política y gistradas contribuciones federales. militarmente al grupo de Sebastián Lerdo Los registros anuales apuntan Jerónimo Treviño. de Tejada con el Plan de Tuxtepec (1876). que para 1870 ingresaron a las arcas muA partir de este momento, algunos de los nicipales 48,293 pesos por 47,552.82 de egresos; objetivos pensados por los liberales juaristas empemientras que en 1878, lo ingresos registrados fueron zarían a rendir frutos, bajo una cara de modernidad 64,436 y 64, 436.89 de erogaciones. En tanto para en su esplendor (comunicaciones, industria y desa1882 los ingresos y egresos ascendieron a 91,456. rrollo económico).

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Perspectiva del Colegio Civil durante el mandato de Bernardo Reyes.

La economía municipal experimentó un crecimiento relevante en 1878, registrándose 64,436.8 pesos. Estas cifras finales, tanto de ingresos como de egresos, aumentaron cerca de 30,000 pesos en comparación a las de 1870. No obstante tal incremento, los rubros predominantes mantuvieron sus números y la posición jerárquica dentro de las percepciones de la Tesorería, a excepción del ramo de agua que decrece casi un 40% en su percepción pues de 2,343 pesos ingresados en 1870, baja a 1,597.3 en 1878. Por su parte, el ramo de carnes registró 14,769.6 y el producto de pisos 58,46.9 pesos.93 En tanto, el incremento económico remite a menos conceptos fiscales que aparecen y se mantienen para las siguientes décadas. De tal suerte que desde fines de esta década de los setenta, los rubros de ingresos y egresos municipales muestran una diversificación de las labores en Monterrey y la consecuente complejización del fisco municipal, lo que se tradujo en un aumento de las actividades por las que el Ayuntamiento percibía recursos, los cuales, aunque individualmente exiguos, en conjunto representaban una cantidad monetaria nada despreciable. Entre la novedosa plantilla fiscal podemos citar las pulquerías (un peso), difícilmente rentables en una tierra donde la producción de maguey no era importante y los grandes centros de abastecimiento se ubicaban a una considerable distancia, el Registro civil (136.48 pesos), fruto Porfírio Díaz.

directo de las Leyes de Reforma, las licencias para portar carretas (1 peso) y el cobro a los carruajes de lujo (184.19 pesos).94 Uno de los rubros que más llaman la atención, tanto en ingresos como en egresos, es la llamada contribución federal, que en 1878 registró 8,764.16 pesos. La destinación íntegra de tal capital a esferas que trascendían la municipalidad respondía a disposiciones generales de contribución obligatoria que los municipios del país, o en escala más general los estados, tenían que hacer a favor del erario nacional, como parte del proceso de restauración del país. Después de la Intervención francesa, México no podía asumir su construcción y consolidación como país independiente y soberano, con un aparato fiscal ineficiente, que dependía de los impuestos sobre el exterior y en conflicto con las entidades federativas. La moderna fiscalidad, creada por Matías Romero,95 planteó una reforma tratando de buscar el fortalecimiento de la renta interior. En esta fiscalidad moderna se cambió el contingente por la contribución federal y, por otra, se remplazó el papel sellado por la renta del timbre. Ambos tendían a suprimir el gran baluarte de los ingresos de los estados (la alcabala).96 Como parte de las políticas porfiristas, bajo la consigna de pacificar a México y favorecer su crecimiento económico mediante la inversión privada, Díaz aplicó medidas que tendían a eliminar gradual mente los caudillismos y cacicazgos de

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las diferentes regiones mexicanas y, como conseda un descenso por casi 20,000 pesos de diferencia; cuencia de esto, a ejercer un dominio de hecho y es decir, casi una cuarta parte. de derecho sobre los recursos monetarios del país. Es interesante destacar que la hacienda muDe esta manera Monterrey recibía con los brazos nicipal obtenía mayores ingresos que la hacienda abiertos a una nueva etapa histórica, llena de cuanestatal, esta última por lo general solicitaba préstatiosos dividendos materiales pero plagada de injusmos al municipio o se retrasaba en algunas contriticias sociales: el Porfiriato. buciones que el estado debía hacer al primero. Así, La ciudad inició la década de 1880 con bueen 1882 y 1883 las arcas municipales registraron un nos augurios. A la vez que la actividad industrial fondo de más de 90,000 pesos, mientras que las comenzó a experimentar un notable crecimiento, glosas estatales en 1881 registraron apenas la canfenómeno que tidad de 79,000 años después daría pesos y en 1883 cabida a las grande 88,000.97 des empresas funAnte la didoras, cervecefalta de informaras, vidrieras, entre ción al respecotras, los ingresos to, resulta difícil municipales rebrindar una intergistraron a finales pretación segura de 1882 cantidad sobre los motide 91,456.9, de la vos de esta baja que se desprende recaudatoria. En por concepto de términos estataderechos municiles, siguiendo a pales la cantidad Niemeyer,98 en de 20,280.7 regis- Como parte del proceso de restauración del país, los municipios debían destinar su in- 1885, el gobernatrada como la más greso a favor del erario nacional. dor Canuto Garaltas en este rubro cía informó que durante todo el periodo revisado. Asimismo la cansu gestión (1883-1885) se desenvolvió en una situatidad de 16,940.9 por degüello y 14,472 de tempoción nacional de depresión económica: escasez de moneda, estancamiento del comercio y baja en la rales. Las erogaciones ascendieron a 18,946.5 de producción industrial, que desfavorecían a Nuevo seguridad, mientras 10,479.4 se otorgaron al ramo León y parte de Coahuila. Incluso el mismo gobereducativo. El año 1883 las cifras por rubros no vanador estimó que en una situación peor que la del riaron mucho, hubo un incremento en los ingresos tesoro del estado estaba la de los municipios, espetotales por casi 3,000 pesos a favor. En la gráfica 7 cialmente la de Monterrey, que tenía “un enorme se observa el incremento en la estructura económidéficit en aumento cada mes”.99 Se puede pensar ca municipal correspondiente al primer lustro de la que los saldos negativos de la época bélica en el década de los ochenta del siglo XIX; es necesario país afectaron la vida y la economía del noreste, comentar que no se obtuvo información sobre la lastimado por el imparable contrabando. segunda parte de esta década. Sólo en el caso concreto del ramo de carnes, Como se aprecia en la gráfica 7, de 1870 a uno de los conceptos más jugosos en los ingresos 1882 se da un alza en la recaudación y en las eromunicipales, se obtuvieron indicios de problemas gaciones municipales, significando casi el doble de en la ganadería local, por ejemplo en un oficio los recursos económicos. Durante 1882 y 1883 este remitido al Gobierno del Estado con fecha del 22 incremento se mantuvo, no así en 1884 cuando se

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de marzo de 1884, el Ayuntamiento de Monterrey expresó respecto a la ganadería local que desgraciadamente ésta “ se explota en tan pequeña escala en las haciendas y ranchos de esta jurisdicción […] que en concepto de este Juzgado, no debe hacerse mención de ella”;100 en este documento se expresaba una serie de medidas para combatir el déficit en la ganadería: aclimatar y procurar el desarrollo de las mejores razas extranjeras de toda clase de ganado, para sustituir con ellas las que se tenían y que estaban en condiciones muy debilitadas; así como perseguir tenaz y enérgicamente el abigeato que en gran escala se cometía en todos los pueblos criadores de la frontera norte, y especialmente en los que estaban situados sobre la rivera del Bravo. Por su parte, en un oficio del juzgado auxiliar de la hacienda de San Jerónimo, se le expresa al alcalde primero la preocupación porque sólo se pagó un degüello en el mes de abril.101 Aunque en términos generales durante 1884 los ingresos por los degüellos no se vieron afectados en gran medida, sí registraron una baja. En 1882 se anotaron para dicho rubro 16,940.9 pesos; en 1883 fueron 16,794.29, mientras en 1884 apenas si se llegó a 14, 190.6. Tomando en cuenta que la recaudación en este ramo se ha mostrado ascendente, resulta relevante mencionar labores y espacios relacionados a las carnes, llámesele tenerías, saca de animales,

degüello en las haciendas, extracción de pieles, entre otros que disminuyeron sus percepciones considerablemente, afectando conjuntamente los ingresos de la ciudad. Con el ramo de Carnes a la baja las autoridades redujeron algunos gastos, incluso aquéllos como la seguridad que en este análisis se han visto como erogaciones elementales dentro de la administración municipal (se redujo a 22,958.8, menor que el del año previo que ascendió a 26,579.9).102 Desafortunadamente la información fiscal localizada no arrojó información alguna sobre el estado financiero de Monterrey en los siguientes nueve años, por lo que no se le pudo dar un seguimiento adecuado, ni una articulación mayor del uso del presupuesto municipal durante la segunda mitad de la década de los ochenta. No obstante, se conoce que a la llegada de Reyes a la gubernatura, la situación general del estado era precaria, la industria era modesta, a lo que Reyes decidió contribuir con algunas iniciativas propias para acelerar el desarrollo industrial en Nuevo León.

Las finanzas de Monterrey en un escenario industrial La década de los noventa se caracteriza por un escenario favorable a la modernización de la ciudad.

Gráfica 7. Ingresos y egresos municipales durante los 80. Ingresos y egresos en la decada de los ochenta 91,456.95

91,456.89 94,295.80 94,295.80 76,773.20

48,293.30 47,552.82

76,773.20

ingreso egreso

1870

1882

1883

1884

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Las políticas estatales del reyismo (entre 1885 y nes dio pauta para que las actividades erogativas 1909) se distinguieron por la atracción de capitales se incrementaran en la misma medida: 211,566.69 a la ciudad invertidos principalmente en la induspesos, los cuales se destinaron principalmente tria pesada, la generación de empleos y desde luego a los rubros de seguridad (34314.58), educación (8,912.79), a la contribución federal (30637.31). En la inmigración y urbanización propia de una cola parte educativa, cabe agregar que la mayor parte yuntura, donde la industria y la tecnología fueron del capital fue utilizado para sostener los 15 estaapoyadas y aplaudidas desde las esferas nacionales blecimientos de instrucción primaria, que ya para porfiristas y sin lugar a dudas en la propia ciudad. Poco después de haber tomado posesión entonces había en la ciudad, y para cubrir la renta de los recintos designados para tal actividad. de su cargo, en 1889, Bernardo Reyes propuso al Además de los recursos asignados a estos Congreso estatal que el Ejecutivo tuviera el dereramos, por demás elevados, los egresos reflejacho de conceder exenciones de impuestos durante ron, de manera conjunta, la tecnología, urbanidad periodos que no excedieran de veinte años, soliciy solvencia de la época, pues por primera vez se tud que fue aprobada en noviembre de 1889.103 En mencionaron conceptos como el servicio telefónico el periodo de 1891 a 1899, se concedieron 19 nuevas municipal (358 pesos), el Hospital González (1530 concesiones y de 1895 a 1899 el número de concepesos) y las festividades cívicas (724.21 pesos). siones se elevó a 48.104 De tal suerte que durante la última década En este contexto, las percepciones munidel siglo XIX el aumento de la población y la expancipales, como parte de una complejidad cada vez sión urbana propiciaron asimismo que nuevos conmás notoria en la economía regional y en la socieceptos hacendarios aparecieran en escena, algunos dad local, se vieron ampliadas de forma importanderivados de la aplicación de nuevas tecnologías e te; de la misma manera las partidas de gasto se vieron ampliadas en sus funciones, Gráfica 8. Ingresos municipales durante la segunda mitad del siglo guardando una relación con la XIX. cobertura de exigencias sociales. Ingresos municipales durante De esta manera, mientras la segunda mitad del siglo XIX que en 1858 había 30 rubros de ingresos, para fin de siglo aparecieron 70 rubros cuyos montos $250,000 $237,745.30 eran significativos. Éstos incluían montos por capitales del municipio, por la expedición de certifi- $200,000 $211,789.52 cados, cifras competentes derivadas de las diversiones públicas, productos del Parián, inspección de sanidad, incluso por concepto $150,000 de los depósitos de bancos (Banco Milmo), este último resultante $91,456.95 del cada vez expansivo proceso de $100,000 $94,295.80 mercantilización de la ciudad. En $76,773.20 $64,436.80 la gráfica 8 se aprecia el aumento $47,196.10 recaudatorio del que hablamos. $50,000 $48,293.30 Hacia 1892 los ingresos ascendieron a 211,789.52 pesos, $16,150.00 tres veces las cifras notificadas en $0 1878. El aumento de percepcio1858

158

1868

1870

1878

1882

1883

1884

1892

1893


Monterrey: origen y destino

inventos (teléfono, neverías, salones para patinar) y otros propiciados por la explotación de la infraestructura existente, como el impuesto a las lanchas del Ojo de agua de Santa Lucía (3.75 pesos), utilizadas con fines de esparcimiento.105 Sin dejar de lado los que remitían a las empresas privadas como cuotas a las fábricas de hielo y cervecerías. De igual manera, en 1893, cuando Bernardo Reyes gobernaba Nuevo León, las finanzas municipales reportaron nuevamente cifras superiores a los 230,000 mil pesos, alcanzando los ramos de carnes 29,017.33 pesos, los derechos municipales 47,442.79, producto de pisos 18,241.93 y la contribución federal 39,464.46. Cuadro 29. Rubros con mayores ingresos en 1892 y 1893. Rubro

1892106

1893107

$26,900.09

$26,786.68

$600.5

$12,936.76

Derechos municipales

$47,176.83

$47,442.79

Remate de pisos y plazas

$14,695.05

$18,241.93

Multas

$7,517.87

$13,037.10

Degüello Arrendamiento agua

Multa de venta de licores

$2,817.60

Venta de tierras

$1,893.39

$1,073.35

Traslación de dominio

$5,555.2

$5,924.40

Mercedes de solares

$999

$4,043.68

Licores

$10,454.94

$11,737.10

Renta de fincas urbanas y rústicas

$2,088.89

$2,635.58

Contribución federal

$30,637.31

$39,464.40

Diversiones públicas

$2,338.99

$2,914.50

Productos del Parián

$989.33

$1,955.99

Inspección de sanidad

$1,349.3

$2,610.52

Licencia de bailes

$2,757

$2,825.20

Depósito Banco Milmo

$22,000

$6,000

Comerciantes ambulantes

$1216.67

$1,035

Bernardo Reyes.

Las actividades erogativas existentes se incrementaron debido al mantenimiento de la novedosa Penitenciaría y gastos circunstanciales para la construcción de una avenida en el barrio conocido como el Repueble del Norte, entre otras obras públicas y de ornato, elementos de interés durante el reyismo, así como el simbólico “donativo para la deuda nacional” de 700 pesos.108 Además de los gastos ordinarios (educación, sanidad, cárcel, seguridad, tesorería, secretaría) se registraron nuevos gastos que también se contabilizaron en calidad de ordinarios, como los sueldos de inspectores de sanidad, la aportación municipal a la sociedad de sericultura, como parte de apoyo a las organizaciones civiles propias de la época porfirista; y aquellas gratificaciones o sobresueldos a los funcionarios (indicador de la bonanza municipal para este periodo a diferencia de otras décadas en que los sueldos de la burocracia municipal se veían afectados ante la precariedad de recursos propios). En el cuadro

159


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

30 se pueden apreciar algunos tipos de egresos hacia finales de siglo. Con una economía cimentada en actividades retributivas de larga data, respaldada por un erario público beneficiado ante la diversificación hacendaria y el crecimiento demográficourbano de la ciudad, y robustecida con las inversiones industriales de un poderoso empresariado de corte regional-extranjero, Monterrey se encaminaba con optimismo al siglo XX, siglo de profundas transformaciones políticas, sociales, económicas e ideológicas de las cuales, afortunadamente, supo sacar provecho. De esta forma, de acuerdo a la documentación estudiada se desprenden datos cuantitativos que permiten mostrar la trayectoria de la Hacienda municipal, asimismo, algunas coincidencias con las tendencias y coyunturas políticas y económicas que a nivel federal se presentaron.

Cuadro 30. Rubros de egresos para 1893. Rubro Pozo artesiano Tesoreros foráneos Avenida del R. del Norte Inspector de casas de empeño Escuela de cárcel Inspección de escuelas

$4080.48 $21.31 $1894.91 $79.61 $60 $936.66

Inspector de sanidad

$720

Inspectores de carnes

$1413

Jubilados

$360

Reloj del Parián

$98

Hospital González

$1800

Juzgados auxiliares foráneos

$55.16

Médico municipal

$360

Gratificaciones y sobresueldos

$929

Empleados de los paseos públicos

$832.16

Ornato y paseos

$6325.34

Servicio telefónico municipal

$350.94

Penitenciaría

$3600

Inspector de boticas

$360

Devoluciones

$674.97

Festividades cívicas

$1265.36

Preceptores foráneos Depósito para vestuario de Gendarmes municipales

2899 3577.36

Ingeniero municipal

442

Donativo para la deuda nacional

700

Mariano Escobedo.

160

Egreso


Monterrey: origen y destino

Citas bibliográficas 1. Miño, 1994, Marichal, 1994, Riguzzi, 1994.

18. AMM, Misceláneos 244, 8 y Misceláneo 33-A Exp. 12.

2. González Maíz, 2000.

19. Monterrey, diciembre 31, 1878, AMM, Misceláneos 183, exp. 8.

3. Miño, 1994: 24.

20. AMM, Misceláneos 233, 1.

4. Miño, 1994: 25.

21. AMM, Misceláneos 233, 5.

5. Marichal, 1994:102.

22. AMM, Misceláneos 291, 16.

6. Las finanzas del gobierno federal tanto en épocas federalistas como centralistas, se encontraron en una situación próxima a la bancarrota permanente debido al enorme déficit causado por los gastos militares y la deuda (Marichal,1994:102); situación que no varió mucho durante la época de la reforma en la que incluso derivó en la suspensión del pago de la deuda externa, tomándose como pretexto para la posterior Intervención francesa.

23. AMM, Misceláneos 300, 2.

7. Rex, 2004.

28. AMM, Misceláneos 200, exp. 1, 20 abril 1891.

8. Miño, 1994:26.

29. AMM, Misceláneos 200, exp. 1, 20 abril 1891.

9. AMM, Civil 267, exp. 10.

30. AMM, Misceláneos 200, exp. 1, 20 abril 1891.

10. AMM, Misceláneos 183, exp. 6.

31. 1855, AMM, Civil, Volumen: 262, Expediente: 91; 1868, AMM misceláneo 82, Exp. 3; 1878, Misceláneos 183, exp. 7; Misceláneos 202, 5.

11. Riguzzi, 1994: 201. 12. Marzo 4 de 1857, AMM, Civil, Volumen:266, Expediente: 28; Civil, volumen: 279, Expediente: 44.

24. González, Maiz, 2000: 5. 25. Miño, 38-39. 26. 20 abril 1891, Misceláneos 200, exp. 1. 27. 20 abril 1891, Misceláneos 200, exp. 1.

32. AMM Misceláneos 183, exp. 7; Misceláneos 200, exp. 1.

14. AMM, Misceláneos 200, exp. 1, 20 abril 1891.

33. AMM Actas 999, 1854/020, 09/03/1854; Actas 999, 1861/008 04/02/1861; Actas 999, 24/10/1866, 1866/043, Actas 999, 1861/008 04/02/1861; Acta 999, 23/07/1867, 1867/031; Misceláneos 197, 35.

15. AMM, Misceláneos 200, exp. 1, 20 abril 1891.

34. AMM, Misceláneos 132, exp. 17.

16. AMM, Misceláneos Misceláneos 199, exp. 2.

35. AMM, Misceláneos 145, exp. 5.

17. Miño, 1994: 84.

36. AMM, Misceláneos 183, exp. 7.

13. AMM, Misceláneos 183, exp. 8.

161


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

37. AMM, Misceláneos 162, 13; Misceláneos 198, 3. 38. AMM, Misceláneos 172, 17, misceláneos 183, 7. 39. AMM, Misceláneos 153, 3; misceláneos 198, 1.

55. En este análisis no se tomaron en cuenta, en palabras de Riguzzi (1994: 205-207) ni las variaciones del costo de vida ni del poder adquisitivo de la moneda, ni se relacionó con otras realidades financieras. 56. 1857, AMM, Civil, Volumen: 263, Expediente: 48.

40. AMM, Misceláneos 183, exp. 7. 41. AMM, Misceláneos 183, exp. 7; misceláneos 183, 7. 42. AMM, Misceláneos 183, exp. 7. 43. AMM, Misceláneos 183, exp. 7; misceláneos 193, exp. 11, misceláneos 193,11; misceláneos 202, 5.

57. La canalización del Ojo de agua, aparte de significar gastos económicos ineludibles para la Tesorería Municipal, representó para la población una carga fiscal más, al tiempo que las autoridades realizaban algunas expropiaciones de terrenos privados que, logísticamente, eran necesarios para el desarrollo de la obra. Para una idea más precisa de la magnitud de dichas contribuciones véase: AMM, Misceláneo, volumen 119, expediente 19, 11 de diciembre de 1867, Canalización de agua.

44. AMM, Misceláneos 199, 3. 58. AMM, Misceláneo, volumen 85, expediente 1. 45. AMM, Misceláneos 201, exp. 8. 59. González Maiz, 2001. 46. AMM, Miscelaneos 200, exp. 1. 47. AMM, Miscelaneos 200, exp. 1. 48. AMM, Miscelaneos 202, 5. 49. AMM, misceláneos 200, exp. 1, Misceláneos 90, exp 4. 50. Misceláneos 183, exp. 7. 51. Se imprimió el 3 noviembre 1885. Misceláneos 193, exp. 11.

60. Idem pág. 127. Siguiendo a González Maiz, la ciudad había sido destruida cuando fue tomada en 1846 por las fuerzas norteamericanas, por lo que “las autoridades habían acordado mantener bajos los precios del arrendamiento de tierras para solares y temporales, con el fin de promover la reconstrucción de las fincas. Por esa razón opinó la comisión legislativa, si la ley se aplicaba en su texto completo, es decir, que si se tomaba el valor del arrendamiento, como un porcentaje sobre el cual se calcularía el capital del inmueble, la tierra nada costaría y las rentas significarían muy pocos recursos para el erario” (2001: 128)

52. AMM, Civil, Volumen: 279, Expediente: 43. 61. González Maiz, 2001:129-130. 53. AMM, Civil, volumen: 72, Exp. 48. El contingente era la transferencia financiera que efectuaban los Estados a la Hacienda federal desde 1824 (Marishal, 1994).

62. Fincadas ambas en las ideas sobre el origen y riqueza de las naciones que Adam Smith había identificado, no inventado, hacia 1750.

54. Pérez-Rayón, 1998.

63. Cerutti, 2004.

162


Monterrey: origen y destino

64. AMM, Misceláneo,, 40, 7, 11/Nov/1858.

80. AMM, Civil, volumen: 274, Expediente:56.

65. AMM, Civil, Volumen: 72, Exp. 48.

81. AMM civil, Volumen: 285, Expediente: 4.

66. Doña Gertrudis Molano de Zambrano es quien solicita permiso al Ayuntamiento para la colecta. AMM Colección Civil, volumen: 280, Expediente: 10.

82.1858, AMM , Civil, Volumen: 269, Expediente: 43.

67. AMM, Civil, Volumen: 270, Expediente: 85.

84. Para mayor información véase: AMM, Misceláneo, volumen 78, expediente 3 y volumen 298, expediente 5

68. AMM, Civil, Volumen: 280, Expediente: 29, 1863. 69. González Maiz (1994). 70. AMM, Civil, volumen 264, expedientes: 14,18,20. 71.AMM, Civil, volumen 266, expedientes: 20,22,23,24,25,29,32,33.

83. Cerutti, 2006.

85. AMM, Misceláneo, volumen 67, expediente 10. 86. AMM, Misceláneo, volumen 85, expediente 1. 87. AMM, Actas de Cabildo 999, 15/04/1867, 1867/015. 88. La guerra civil americana de 1861-1865.

72. AMM, Misceláneo, volumen 33-A, expediente 11. 73. AMM, Misceláneo, volumen 38, expediente 1.

89. González y González, 2005: 647. 90. AMM, Ramo civil, Volumen: 295. Expediente: 48.

74. AMM, Misceláneo, volumen 38, expediente 1. 91. González, 641. 75. AMM, Misceláneos 40, exp. 3. 92. AMM, Misceláneo, volumen 85, expediente 1. 76. AMM, Misceláneo, 42, 7. 77. AMM, Actas de Cabildo, marzo de 1863, en González Maiz (2001:141). 78. 26 agosto de 1863, Boletín oficial no. 60, AGENL, en González Maiz, Rocío (1994) La participación del noreste en el proceso de conformación del Estado nacional 1855-1864. p.96. 79. 26 octubre, 1863, Boletín oficial no. 71 AGENL, en González Maiz, Rocío (1994) La participación del noreste en el proceso de conformación del Estado nacional 1855-1864. p98.

93. AMM, Misceláneo, volumen 183, expediente 8. 94. AMM, Misceláneo, volumen 183, expediente 8. 95. En 1857, se unió al presidente Benito Juárez en la guerra de los Tres Años, al estallar el Plan de Tacubaya. Fue secretario de Melchor Ocampo en las negociaciones del Tratado McLane-Ocampo. En 1859 fue nombrado representante de negocios en el país vecino; en 1862 fue embajador en Washington. Regresó al país en 1863 y se unió al movimiento ar-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

mado contra los franceses. En 1867 se hizo cargo por primera vez del ministerio de Hacienda, función que desempeñó en cuatro ocasiones. Cuando Porfirio Díaz triunfó electoralmente, Matías Romero le brindó su apoyo. 96. Miño, 1994:63. 97. Según Vizcaya, el presupuesto anual del Estado no llegó a los 100,000 pesos sino hasta el año de 1885 (2006:53). 98. Niemeyer, 2004. 99. Idem, 2004:51-53. 100. AMM, Misceláneo, volumen 236, expediente 1. 101. AMM, Misceláneo, volumen 236, exp. 1. 102. AMM, Misceláneo, volumen 233, expediente 5. 103. Nieyemer, 2004:79. 104. Idem, pág. 84. 105. AMM, Misceláneo, volumen 291, expediente 16. 106. AMM, Misceláneo 291, 16. 107. AMM, Misceláneo 300, 2. 108. AMM, Misceláneo, volumen 300, expediente 2. Los ingresos y egresos de la Tesorería municipal ascendieron a la cantidad de 237,745.38 pesos, más de 26,000 pesos lo agenciado en 1882.

164


Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO VI EL MERCADO DE LA CARNE, EL MERCADO DE LA CIUDAD Y LA FERIA ANUAL DE MONTERREY El comercio de la carne, el mercado de la ciudad y la feria anual tenían un punto en común: representaban ingresos redituables al Ayuntamiento de la ciudad. La carne, tradicional en la dieta del habitante del noreste, implicaba un proceso ligado a la ganadería local y regional. Desde el traslado del ganado a la ciudad (procedente por lo general de diversos municipios de Nuevo León y Tamaulipas) hasta el degüello de éste para su comercio, se creaba un movimiento de recursos y trámites burocráticos. La administración de la ciudad se encargaba de supervisar este proceso. También vigilaba que los trajinantes del denominado ramo de carnes cumplieran con lo establecido. Por su parte, el mercado y la feria de la ciudad eran espacios naturales de comercio e intercambio; el primero brindaba de forma permanente productos para la canasta básica; en tanto la feria otorgaba las facilidades para adquirir artículos también de primera necesidad, así como objetos suntuarios que en otro lugar tendrían altos costos. La feria brindaba una diversidad de ofertas recreativas y culturales. Todo ello a los ojos del municipio

El mercado y la feria de la ciudad eran espacios naturales de comercio e intercambio.

se traducía en un beneficio para la población, así como la oportunidad de obtener recursos por las licencias, venta de pisos e impuestos. El objetivo de este capítulo es mostrar cómo el comercio local, particularmente de la carne y espacios de intercambio como la feria y el mercado de la ciudad, brindaban recursos económicos importantes al municipio de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX, así como éstos eran algunos de los mecanismos de abastecimiento de la ciudad y alrededores. En este apartado se presentan algunos elementos del proceso de comercialización de la carne, recurso esencial en la alimentación de los regiomontanos; también se muestra que el Ayuntamiento de la ciudad era la figura rectora que marcaba y atendía los La carne, tradicional en la dieta del habitante del noreste, implica un proceso ligado a la lineamientos de degüello y expendio, ganaderia local y regional. así como el tráfico de ganado.

165


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El comercio de la carne

Comerciantes de la carne

La investigación histórica del comercio de la carne tiene pocos antecedentes, pues los estudios existentes se enfocan en el análisis de actividades ganaderas. Desde la época colonial, la ciudad de Monterrey fue fundamentalmente agrícola y ganadera, sin dejar de lado la producción minera en distintos puntos aledaños. La trashumancia, es decir la entrada de ganado a la región, proveniente de otras regiones de la Nueva España, fue una actividad que se realizaba por lo regular en el segundo semestre del año. Así, la actividad ganadera se desarrolló en la región debido a factores como agostaderos y tierras propicias para pastar el ganado. Esta actividad se amplió no sólo en términos locales, sino también para el abastecimiento de otros puntos conexos; asimismo, sus derivados formaron parte tanto de la dieta de los habitantes de la ciudad de Monterrey como del uso de los mismos para su vida cotidiana. De esta manera, durante la segunda mitad del siglo XIX el abasto de carne (res, carnero o cabríos) se había transformado en una necesidad de primer orden, principalmente para aquéllos que podían solventar su costo.

Los comerciantes especializados controlaban el abasto de la carne al término de la época colonial en México.1 En Monterrey se presentaba una situación similar. El comercio de la carne en la urbe formó parte de una problemática mayor en la ciudad, donde el Ayuntamiento de la ciudad figuró como eje rector que mantenía el orden. Hagamos un acercamiento general. A mediados del siglo XIX (hacia 1857) la ciudad de Monterrey y sus alrededores sumaban 29,613 habitantes, mientras que para 1863 fueron censados 32,174 habitantes.2 Como ya se ha visto, conforme pasaban los años se registró un crecimiento demográfico. De esta forma el mercado de la carne respondió a la necesidad de alimentar a la población. La carne abasteció la dieta regiomontana y fortaleció la economía regional. La carne que se vendía en la ciudad procedía de la región y podía ser importada de Texas, pues finalmente era un producto del comercio regional que incluía la frontera americana. Esta actividad vinculaba el comercio de ganado para la venta de la carne, el cual implicaba niveles regionales, es decir, procesos de importación y exportación. No obstante, dentro del clima bélico en que se encontraba la región, el transporte del ganado resultaba problemático durante su trayecto a la ciudad: hacia 1865, la guerra de secesión afectó el trayecto de los co-

Desde la época colonial, la ciudad de Monterrey fue fundamentalmente agrícola y ganadera, sin dejar de lado la producción minera en distintos puntos aledaños.

166

La carne abasteció la dieta y fortaleció la economía regional.


Monterrey: origen y destino

Cuadro 31. Algunos puntos de origen del ganado trasladado para degüello en Monterrey. NUEVO LEÓN

TAMAULIPAS

COAHUILA

Cadereyta Jiménez

Guerrero

Los Herreras

Villa de Casillas de Tamaulipas

Villa de Nava Villa de San Buenaventura del Distrito de Monclova

Vallecillo

San Pedro de Iturbide jurisdicción de Burgos

Muzquiz

General Terán

Los Lermas

San José de la Popa, Mina

Ayuntamiento de Villagrán

Villa de China

Villa de Padilla

Lampazos de Naranjo

Villa de Burgos

Ciénega de Flores

San Carlos

Villaldama

Reynosa

Los Herreras

S. Fernando

Agualeguas

Hidalgo

Sabinas Hidalgo

San José de la Quemada

Montemorelos

Linares

Marín

Villa de General Terán

Villa de General Bravo

Villa de Pesquería Chica

Villa de San Francisco de Apodaca

Villa de Higueras

Cerralvo

Villa de Hualahuises

San Nicolás de los Garzas

Higueras

Agualeguas

General Zaragoza

Villa de Santa Catarina

Dr. Coss

merciantes con el ganado de Estados Unidos hacia Monterrey. Asimismo, los retenes militares dentro de la guerra contra Maximiliano, y las continuas amenazas de incursiones de los “indios báraros”, bandoleros y salteadores de caminos agravaban la situación.

Los encargados de sacrificar a los animales y vender la carne eran conocidos como los trajinantes de la carne. Algunos comerciantes monopolizaban esta actividad como se verá más adelante, concentrando en cierta medida el poder económico en este ramo. Haciendas, rancherías y localidades de la región eran las principales abastecedoras de los animales en pie, principalmente de los agostaderos en los que los animales eran cuidados. En el cuadro 31 se aprecian algunos de los principales puntos de origen del ganado dirigido a esta ciudad para ejecutar su matanza. Las haciendas y las rancherías del municipio de Monterrey también proveían a la ciudad de productos cárnicos. En el cuadro 32 observamos las cantidades de semovientes registradas por el municipio en sus diferentes jurisdicciones.

El Ayuntamiento y el control de venta de animales Dada la importancia del comercio de la carne en la economía de Monterrey, el municipio estableció reglamentos y mecanismos para controlar la matanza y expendio de reses, carneros y cabríos en la ciudad.4 A través de comisiones el Ayuntamiento observaba de cerca esta actividad económica. La comisión de carnes era formada por personas pertenecientes al Cabildo en turno y debían supervisar las ventas de la carne, puesto que los trajinantes del ramo aumentaban los costos y no cumplían con las condiciones higiénicas. Durante el periodo del imperio francés en Monterrey (1864-1866) se estableció el puesto de

167


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 32. Riqueza de los habitantes de Monterrey en el ramo se semovientes, hacia 1881.3 GANADO VACUNO

LUGAR

Cabezas

GANADO CABALLAR

GANADO CABRIO

GANADO MULAR

GANADO ASNAL

Valores

Cabezas

Valores

Cabezas

Valores

Cabezas

Valores

Cabezas

Valores

Cabezas

GANADO LANAR Valores

GANADO PORCINO Cabezas

Valores

Totales

Monterrey

537

5370

304

3648

215

3225

160

1120

2450

2450

2649

2649

649

1947

San Pedro San Jerónimo San Bernabé

150

1500

83

996

45

675

108

756

600

600

150

150

250

750

5427

130

1300

63

756

32

480

50

350

250

250

40

40

300

900

4076

95

950

78

936

82

1230

60

420

890

890

200

200

385

1155

5781

50

500

35

420

30

450

30

210

400

400

40

40

64

192

2212

158

1580

57

684

8

120

9

63

365

365

62

186

2998

60

600

29

348

5

75

10

70

50

50

28

84

1227

Los Urdiales Labores Nuevas El Ancón Mineral de San Pedro Las Tijerinas Dr. Gonzalitos La Estanzuela Los Cristales

58

580

13

156

3

45

5

35

55

55

49

490

25

300

3

45

5

35

20

20

20

20

20,409

22

66

957

26

78

968

44

440

30

360

6

90

21

147

100

100

40

40

20

60

1237

159

1590

12

144

8

120

8

56

150

150

100

100

15

45

2205

200

2000

22

264

7

105

10

70

135

135

100

100

25

75

2749

inspector de carnes, quien cuidaba y examinaba los artículos cárnicos que se vendían en la prefectura,5 cargo público heredado en las siguientes décadas. Estaba prohibido que las vacas preñadas fueran degolladas.6 El degolladero debía ser continuamente controlado puesto que algunas personas

bras y ovejas en los puntos designados por el Ayuntamiento, de lo contrario eran sancionados con una multa de cinco pesos.8 El costo de la carne de res al público era de al menos cuatro libras por un real y dos reales la de carnero. En caso de aumentar los costos se aplicaban multas de cinco hasta diez pesos. Los Cuadro 33. Personas que se dedican a la cría de ganado matanceros tenían la obligación de vender carne de res desde el valor de un cuarto hasta cualquier en pequeña escala, en haciendas y ranchos. cantidad. Los trajinantes pagaban al municipio el derecho de degüello y expendio de carnes, diez De ganado De ganado menor, De ganado porcino reales por cada res, medio por cada carnero y memayor cabrío y lanar dio real por cada chivo, cabra u oveja. Antes de Epitacio Cantú Andrés de la Fuente José Ángel González comenzar a matar la partida de reses o de ganado Anastasio Encarnación Jesús […]Llanés Rodríguez [Brondo] menor, los trajinantes debían mostrar al regidor Doroteo [Brondo] Odón Quiroga

Juan B. González

Gregorio […]Llanés

Bernardo Treviño

Raymundo Sánchez

Crispín Medrano

Jesús Prieto

Juan González

Felipe Saldívar

Juan Sánchez

Ramón Treviño

Miguel Saenz

Manuel Garza

Pedro Treviño

Víctor Rodríguez

Nicolás Cantú

Federico [...]Alen

Antonio Treviño

Clemente Rodríguez

Juan de León

Felipe García

no pagaban el derecho municipal de degüello;7 asimismo, un comisionado regidor extendía un boleto para matar y expender reses, carneros, chivos, ca-

168

Los comerciantes pagaban al municipio el derecho de degüello y expendio de carnes.


Monterrey: origen y destino

contrato, el contratista debía pagar una fianza correspondiente a la cantidad del remate al Ayuntamiento. Este encargado no debía negar a nadie licencia para matar o expender carne, en caso contrario era sancionado con cinco pesos; tampoco permitía que las reses y demás animales para el degüello se expendieran en puntos que no fueran los establecimientos destinados para ello (degolladero). El Ayuntamiento prestaba los utensilios El costo de la carne de res al público era de al menos cuatro libras por un real y dos reales la de carnero. para el expendio de la una relación de las señales o fierros que tuvieran carne al contratista. marcados los animales de la hacienda, rancho o juEn 1861 el remate de degüello y expendio risdicción de donde procedían. 9 se le concedió a don Juan Martínez Serna, quien luego sería acusado por la Secretaría de gobierno de monopolizar el abasto de carnes, concediéndole Contratista de la carne en exclusividad a determinadas personas la carne y en lugares de conveniencia personal, por lo que el Un mecanismo para regular la venta de carne era otorgar la concesión a un contratista para el degüelle de reses y licencia para matar ganado menor de pelo y lana. Para otorgar esta concesión, como ya se ha visto anteriormente, el Ayuntamiento establecía ciertas bases y hacia una licitación o remate público al mejor postor. Por ejemplo, en marzo de 186110, el Ayuntamiento inicio la subasta con la cantidad de base de tres cientos treinta pesos cada mes. El contrato al mejor postor duraría un año a partir de abril; el contratista debía sujetarse a las tarifa que la ciudad cobraba: diez reales por cabeza de ganado mayor; uno y medio por la de carnero y medio real por la de cabra, chivo u oveja y debía acatar las disposiciones vigentes para matanceros y expendedores ya comentadas. Al inicio del Los encargados no debían negar a nadie la licencia para matar o expender carne.

169


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

sea en el rastro principal o en los otros puntos de venta en la ciudad debían poner al frente del expendio “en una tabla de una cuarta de ancho y una tercia de largo, teñido de color negro, en la cual se expresara con letras blancas la clase de carnes que se venda y la tasa señalada”;15 los costos de la carne serían, a diferencia de tres años atrás, como mínimo de de dos libras de carne de res por un real, una y media de carnero; asimismo, la El ayuntamiento prohibía vender carnes de animales ahogados o muertos por enfermedad, así como degollar comisión cuidaba que vacas preñadas las pesas y medidas fueran legales,16 en caso de gobierno estatal sugirió que Dionisio Pérez fuera contrariar estas disposiciones los trajinantes eran promotor de este remate;11 no obstante, el Ayuntamultados. miento determinó que Juan Martínez seguiría con El municipio rentaba las tablas de la ciudad el contrato. Incluso el siguiente año (1862) la Copara la venta de la carne de carnero, el costo por día misión de Hacienda municipal propuso que Juan era de 4 reales. En tanto el municipio prestaba a los Martínez Serna continuara por un año más con el expendedores los serruchos y fieles (de las balanzas ramo de carnes en caso de no presentarse postor para pesar) necesarios. Todavía cuando la ciudad que mejorara la oferta; sin embargo, el señor Rano era tomada por las fuerzas imperialistas llegaban fael Saldaña ganó la subasta para 1862.12 Este caso noticias de que algunas personas mataban reses muestra que el municipio defendía su postura ante “para entregar por arrobas y libras al ejercito franel gobierno estatal, pero a la vez, consentía la reprocés”; sin embargo, el Ayuntamiento aclaró que de ducción de los monopolios en el ramo de la carne. cualquier manera debían pagar la cuota de derecho En algunos casos la postura de los contraal municipio.17 tistas ante los trajinantes, matanceros y vendedores En 1866, el Ayuntamiento enfatizó en cierobedecía al beneficio de estos últimos y no al de los tos aspectos relativos a la limpieza de los lugares de habitantes o el Ayuntamiento; por ejemplo, en 1862 venta de carne el contratista Rafael Saldaña solicitó al Cabildo que Los tajeadores tan luego como concluyan no hubiera “más puntos de expendio que los estade vender la carne, lavarán las tablas y banblecidos y que los trajinantes puedan dar la carne cos y asearan así mismo todo el local que que quieran al vender”, solicitud denegada por el comprenda su establecimiento. Es también Cabildo.13 obligación de aquéllos el poner un distinHacia 1864, la comisión del ramo de carnes tivo en el delantal que llevarán siempre lo realizó algunos ajustes en el reglamento14, puntuamás limpio que fuere posible (…) ninguna lizando algunos aspectos: los vendedores de carnes persona podrá dormir en los establecimien-

170


Monterrey: origen y destino

tos ó puntos destinados al expendio si no fuere alguno de los mismos tajeadores con objeto de cuidar la carne que no haya podido venderse18 A finales de la década de los sesenta, el Cabildo tuvo una larga discusión respecto a algunas quejas de habitantes por no recibir buena calidad en los productos cárnicos adquiridos. Esto dividió en opinión a los miembros del Cabildo. Uno de los síndicos abiertamente calificó al comercio de carne local como ”monopolizado por los Barreras, Gar-

cías y Saldañas”19 por lo que los habitantes de la ciudad consumían la carne de res flaca y cara: debido a que el trápio [sic] de ese ramo lo tienen tres o cuatro individuos que compran las partidas de reses conducidas de los agostaderos para mantenerlas hasta concluir de menudear las de ellos, motivo por que cuando matan las desgatadas, ya están flacas y no dan más que tres libras de carne por un real con grave perjuicio del vecindario, por lo cual muestra en su proposición.20

Cuadro 34. Recibos de carneros que se remiten a la tesorería del municipio y Ayuntamiento mes de mayo (Monterrey, mayo 31 de 1865).24 Día

Recibos

Animales

No. Recibo

Nombres comerciantes

Cantidad

1

1

7

1849

Rafael Dávila

1.75

3

1

5

1874

Rafael Dávila

1.25

5

1

28

1899

Rafael Dávila

7

5

1

33

1091

Antonio Cantú

8.25

8

1

25

1949

Luis de la Garza

6.25 8.5

9

1

34

1959

Antonio Cantú

12

1

32

1983

Luis de la Garza

8

14

1

23

2002

Dionisio Pérez

5.75

10

1

30

1868

Rafael Dávila

7.5

15

1

25

2014

Rafael Dávila

6.25

17

1

29

2028

Luis de la Garza

7.25

17

1

3

2025

Andrés de la Fuente

0.75

19

1

8

2043

Rafael Dávila

2

20

1

27

2048

Luis de la Garza

6.75

22

1

29

2059

Andrés de la Fuente

7.25

23

1

71

2065

Luis de la Garza

17.75

24

1

33

2076

Andrés de la Fuente

8.25

26

1

44

2093

Andrés de la Fuente

11

26

1

31

2090

Luis de la Garza

7.75

29

1

39

2124

Andrés de la Fuente

9.75

29

1

35

2122

Luis de la Garza

8.75

31

1

25

2181

Luis de la Garza

6.25

31

1

42

2183

Rafael Dávila

10.5

3

1

25

1876

Luis de la Garza

6.25

Suma

24

683

170.75 pesos

171


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Con el argumento de que la carne era considerada como artículo de primera necesidad al igual que el pan, junto al bajo costo de las reses, según lo reseña una Acta de Cabildo, se acordó que la medida de venta sería cuatro libras de carne de res por un real; asimismo, se debía vender la carne con un mínimo de ocho libras de sebo.21 Seis meses des-

pués, el Cabildo retomó la problemática y amplió el reglamento de carnes,22 haciendo hincapié sobre las medidas de seguridad e higiene de la carne en beneficio de la salud pública. No obstante, el Cabildo llegó a un acuerdo con los trajinantes del ramo, ya que éstos se resistieron a las especificaciones consideradas como contrarias a sus intereses;23

Cuadro 35. Recibos de ganado cabrío que se remiten a la tesorería municipal y al Ayuntamiento correspondiente al mes de mayo de 1865.25 Día 1 2 3 3 5 5 8 8 10 11 12 14 14 15 17 17 19 20 21 22 23 24 24 26 26 29 29 31 31 Suma

172

Recibos 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 29

Animales 135 157 19 53 179 113 119 20 156 118 18 70 70 130 27 133 143 13 120 65 90 32 86 11 100 10 66 130 17 2400

No. Recibo 1848 1865 1875 1873 1898 1900 1951 1950 1967 1975 1984 2001 2000 2013 2027 2024 2042 2049 2054 2058 2064 2078 2077 2091 2092 2123 2125 2184 2182

Nombres Rafael Dávila Andrés de la Fuente Luis de la Garza Rafael Dávila Rafael Dávila Andrés de la Fuente Andrés de la Fuente Luis de la Garza Rafael Dávila Andrés de la Fuente Luis Garza Dionisio Pérez Andrés de la Fuente Rafael Dávila Luis Garza Andrés de la Fuente Rafael Dávila Luis Garza Dionisio Pérez Andrés de la Fuente Luis Garza Rafael Dávila Andrés de la Fuente Luis Garza Andrés de la Fuente Luis Garza Andrés de la Fuente Rafael Dávila Luis Garza

Cantidad 16.87 19.62 2.37 6.62 22.37 14.12 14.87 2.5 19.5 14.75 2.25 8.75 8.75 16.25 3.37 16.62 17.87 1.62 15 8.12 11.25 4 10.75 1.37 12.5 1.25 8.25 16.25 2.12 300 pesos


Monterrey: origen y destino

Cuadro 36. Cuenta de los recibos del ramo de carnes remitidos al Ayuntamiento correspondiente al mes de mayo de 1865.26 Día 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 Suma

Recibos 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 31

Reses 14 12 13 13 14 12 12 13 12 12 12 12 12 12 9 12 11 11 10 12 11 13 12 12 12 12 13 12 12 12 11 372

Número 1851 1866 1877 1891 1902 1931 1938 1952 1960 1969 1976 1985 1998 2003 2015 2021 2026 2036 2044 2050 2055 2060 2066 2079 2087 2094 2102 2109 2126 2143 2185

Nombres Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña Rafael Saldaña

Cantidad 21 Pesos 18 19.5 19.5 21 18 18 19.5 18 18 18 18 18 18 13.5 18 16.5 16.5 15 18 16.5 19.5 18 18 18 18 19.5 18 18 18 16.5 558 pesos

173


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

así, el Cabildo no modificó por mucho el reglamento, pero sí estableció que los animales de ganado menor se matarían a las cuatro y media de la tarde, desde el día primero de mayo hasta el último de septiembre del mismo año y a las dos y media en el resto del año y en el siguiente. De la documentación estudiada se desprende que un grupo de comerciantes de la carne monopolizaba hacia la década de los sesenta este rubro. Los anteriores cuadros (de recibos de carneros y cabríos) permiten observar la permanencia de ciertos nombres de comerciantes y las cantidades importantes de licencias para el degüello (por persona) y que según la queja anterior del síndico la realizó a finales de los años sesentas del siglo XIX, permite hablar de grupos en asenso y poderío económico local. Sin duda los nombres de Rafael Dávila, Luis de la Garza y Andrés de la Fuente predominan en las licencias para degollar carneros. Estos se repiten en los permisos para el degüello de ganado cabrío (cuadro 35, mismo mes y año) donde también sobresale Dionisio Pérez. Los cuatro trajinantes del ramo de carne ya mencionados aportan al municipio tanto del ganado cabrío como de carneros, la cantidad de 470 pesos, lo que sin duda representa un importante porcentaje del ingreso municipal. Por su parte, Rafael Saldaña en el mismo mes de mayo de 1865 ingresó al municipio 558 pesos, es decir más que el anterior grupo de trajinanCuadro 37. Ingresos municipales por concepto de degüello de 1858 a 1893. Año 1858 1868 1870 1878 1882 1883 1884 1892 1893

174

% 33 14 36 28 22 24 20 2 13

tes, lo que lo posiciona como uno de los principales comerciantes de la carne en la localidad. Veamos el cuadro 36 detallado. Los trajinantes del ramo de carnes representaban un poder económico, pues controlaban una parte importante de la dieta de los habitantes de la ciudad, alimento considerado de primer orden. Su importancia y representatividad en el Ayuntamiento quedan claras en ciertas negociaciones con los miembros del Cabildo y las medidas establecidas en los reglamentos de carnes. Las condiciones de salubridad e higiene eran precarias y en algunos casos los traficantes del ramo de carnes mataban reses que consideraban no estuvieran “en estado bastante perjudicial al público”,27 el Cabildo regulaba las causas de muerte de los animales. Así, se prohibía vender carnes de animales ahogados o muertos por enfermedad o “carne fétida o flaca bajo la multa de cinco a diez pesos ó un mes de prisión”. De igual forma estaba prohibido que las vacas preñadas fueran degolladas. Entre otras medidas de higiene se obligaba a los trajinantes que al destazar la carne debían utilizar serrucho en lugar del hacha, bajo multa de uno hasta cinco pesos. Asimismo, debían matar en las horas matutinas indicadas (en verano hasta las nueve de la mañana en punto), así como cuidar que las mesas de expendio fueran dobles y que estuvieran cubiertas con manteles para evitar que éstas se ensuciaran y estuvieran a salvo de los animales. Una estrategia para limpiar y blanquear los expendios de carnes era colocar al despacho un forro de hoja de lata o zinc.28 El transporte de la carne del degolladero a los espacios autorizados de expendio corría a cuenta de los trajinantes del ramo. Este debía hacerse en carretones para protegerlos de las extremas condiciones climáticas; cubriendo estos medios de transporte con una tapa o lienzo. Las ruedas del carretón debían ser al menos de siete cuartas de altura. La localidad destinada a los carretones era todo el frente principal del degolladero, en donde debían permanecer sin obstaculizar la entrada a dicho edificio, hasta que la carne estuviera preparada para trasportarse y sólo entonces podían ingresar al interior del degolladero con el mayor orden.


Monterrey: origen y destino

Gráfica 9. Ingresos municipales del rubro de carnes.

ofrecían dar el artículo a precio bajo y con calidad. Ingresos municipales del rubro de carnes Todos los expendedores debían tener al frente de su esta35000 blecimiento un aviso. Los expen30000 26,786.68 dios eran cerrados diariamente a 25000 las doce del día, retirando de ellos 16,940.90 la carne sobrante. La comisión de 20000 16,794.24 13,902.07 14,769.64 carnes supervisaba que las normas 13,307.10 15000 de carnes se efectuaran en tiempo 10000 y forma. El contratista finalmente 6,898.87 2,731.27 3,636.37 debía responder al contrato cele5000 brado con el Ayuntamiento cui0 1858 1868 1882 1878 1883 1884 1892 1893 1870 dando los intereses de éste último y de los consumidores, no obstante, no se cuenta con la suficiente documentación para asegurar que el contratista faLa localidad del expendio de carne debía ser vorecía los intereses de los trajinantes. ventilada, aseada en el interior y en el frente del local. Las localidades propiedad del municipio, eran Ingresos municipales destinadas al expendio de carnes a aquéllos que El derecho de degüello permiCuadro 38. Resumen de la cuenta de recibos que el que suscribe presenta tía al Ayuntamiento por una regular la calidad de la carne y al muy ilustre Ayuntamiento, perteneciente al mes de mayo de 1865.29 la salud pública, por otra parte No. de recibos Concepto Monto le permitía el ingreso de impor31 Reses $558 pesos tantes recursos financieros. Los 2400 Chivos $300 pesos ingresos por carnes llegaron a 683 Carneros $170.75 pesos representar hasta 36% del total 13 Sellos de medidas $6.75 pesos de ingresos municipales. 9 Multas $45 pesos Se observa que en 1892 1 Alumbrado $72 pesos 2 Productos extraordinarios $33.25 pesos hubo una caída en los ingresos Suma $1185.75 pesos por este concepto, aunque en Cuadro 39. Registro de animales degollados en la ciudad en diferentes meses y años.30 FECHA

NÚMERO/TIPO ANIMALES

MONTO INGRESADO

Mayo 1854

Reses y carneros

$175 pesos de res y $346 pesos de carnero

Junio 1856

Reses y carneros

$266 pesos y 12 ½ centavos reses y carneros

Julio, agosto y septiembre 1857

Reses, carneros y demás animales muertos

$1681 pesos 12 centavos ( por mes corresponde $560.22 pesos y 4 centavos)

Julio y agosto 1858

Reses y carnes muertos

$670.930/4 centavos (por mes corresponden 334 pesos)

Septiembre, octubre, noviembre y diciembre 1858

Reses y demás animales

$1471 pesos 93 0/4 centavos (por mes corresponden $367.75 pesos)

Mayo y junio 1859

Reses y demás animales

$639 pesos 81 ¼ centavos ($319 pesos por mes)

175


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Reses, carneros y ganado de pelo muertos en el degolladero

Julio 1859

$340 pesos 75 centavos

Reses, Noviembre 1859

Enero 1861

$252 pesos 87 centavos

carneros y demás animales muertos en el degolladero Reses, carneros y demás animales

$319 pesos 25 centavos

Mayo 1863

Carnes

$911 pesos 75 centavos

Enero 1865

Reses, carneros y cabrios

$1247 pesos y 12 centavos

Cabezas Marzo 1868

de ganado mayor y menor y cerdos muertos en el degolladero para

$861 pesos y 2 y medio centavos

exponer al público

general los ingresos aumentaron de forma importante. En los diferentes años revisados se aprecia que el consumo de carne en la ciudad se da de forma proporcionada durante todos los meses del año, con un ligero aumento en el mes de diciembre. Los chivos o cabríos representaban uno de los principales productos cárnicos que se adquirían en la ciudad, no obstante su tamaño (ganado menor), no significaba que los carneros y reses no fueran apreciados por los habitantes, pero sin duda el cabrío era más económico.

En la década de los años sesenta del siglo XIX, los ingresos por degüello de animales aumentaron de manera importante respecto a la anterior década, veamos el siguiente registro, en el cuadro 39, de algunos años de ambas décadas. En menos de diez años el monto de ingreso por degüello se duplicó, aunque su representatividad en los ingresos totales municipales se mantuvo en proporción. Los diferentes tipos de animales degollados variaban desde ganado mayor y menor, de pelo y lana y cerdos. Los precios de la carne de los diferentes animales variaba desde luego por su

Cuadro 40. Ingresos de impuestos al degüello de carnes enero, febrero y marzo de 1865. COSTO31 UNITARIO

NÚMERO DE CABEZAS ENERO32

INGRESOS ENERO

NÚMERO DE CABEZAS FEBRERO

INGRESOS FEBRERO

a 12 reales

469 reses

703 pesos y 5 centavos

294 reses

441 pesos

1045 carneros

261 pesos y 25 centavos.

1011 carneros

252 pesos 6 reales

1 real por cada cabrío

2259 cabríos

282 pesos y 37 centavos

3277 chivos

409 pesos 4 reales

TOTALES

3773 animales

1247.12 centavos

4582 animales

1103 pesos con 2 reales33

a dos reales cada carnero

176

INGRESOS MARZO 421.50 pesos

291 pesos 352.12 pesos

1071.124 pesos


Monterrey: origen y destino

En el mercado, los vendedores de ropa eran conocidos como corredores.

tamaño, las reses tenían un costo de degüello de 12 reales cada cabeza, mientras que los carneros costaban dos reales, en tanto los cabríos o chivos la licencia costaba solamente un real. Veamos el siguiente cuadro comparativo de a mediados de la década de los sesenta.

El mercado de la ciudad Durante la segunda mitad del siglo XIX, el mercado de Monterrey, similar a los de otras ciudades, era el punto en el que convergían las clases populares y eventualmente las clases favorecidas para adquirir artículos perecederos y otros productos básicos. El mercado cambió de ubicación en distintos momentos. Hacia 1850 el mercado se localizaba en la calle del comercio.34 La ubicación de éste en la calle Morelos, punto céntrico de la ciudad, no fue considerada adecuada ya que el expendio preferente de verduras y comestibles perjudicaba a las tiendas de ropa inmediatas y obstaculizaba el tránsito público, además, según algunas reseñas en el periódico oficial, “afea” el lugar.35 Por Comerciantes.

ello, en 1853 se cambió a la plazuela conocida como de la carne (llamada así porque la venta se enfocaba principalmente al expendio de productos cárnicos). Posteriormente la ubicación permaneció en lo que hoy es Zaragoza y Ocampo, frente a la plaza Hidalgo, no obstante la venta de mercado incluía el frente de los portales del poniente y a la misma plaza Hidalgo.36 Luego se construyó para estos fines la plaza Colón. El mercado estaba conformado por “tenduchos”, con paredes y con techos de manta, de rama o carrizo, algunos vendedores ofrecían sus mercancías a la intemperie, sobre el suelo o sobre esteras de palma o de junco, donde colocaban sus tendidos de semillas, frutas, verduras y demás objetos.37 Por la noche se alumbraban con candilejas colocadas al lado de las mercancías.38 En la vida cotidiana del mercado, existían diferentes actores sociales identificados en función del artículo de consumo que vendían. Unos de ellos eran los corredores, es decir, los vendedores

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

de ropa.39 Cabe destacar a algunos extranjeros (o de ascendencia extranjera) habitantes ya de la ciudad, se desempeñaron en este oficio, por ejemplo don Antonio Vignau, quien además contaba con varios negocios de casas de empeño y billares40 y don Tomás Pelligrin.41 También estaban los rastrojeros y cebaderos, quienes vendían rastrojos y cebo, respectivamente. Incluso el propio contratista era conocido como el placero. Las piezas de los arcos del poniente del palacio municipal42 se arrendaban a los comerciantes, por lo que había diversos establecimientos.43 Por ejemplo, para 1864, el costo de una pieza en los bajos del palacio municipal, que por lo general eran ocupados por verduleras, era entre 19 y 22 pesos; en algunos casos los comerciantes ofrecían la realización de mejoras al lugar si se les rentaba por largas temporadas en las cuales podían recuperar los gastos invertidos.44 En 1867, la renta de las piezas del palacio era de 30 pesos mensuales, en algunos casos hasta por dos o tres años.45 Los espacios del Palacio Municipal eran estratégicos para la venta dentro de la ciudad por su ubicación céntrica, por el tráfico natural derivado de ser la instalación política administrativa municipal, hacia la cual tanto los habitantes de la ciudad como de diferentes pueblos acudían a tratar diversos asuntos, por ello los costos de las piezas con fines de lucro eran altos.

Impuestos municipales y el contratista del mercado

Frutas de mercado.

nicipio cobraba los impuestos a los comerciantes mediante el contratista. En el cuadro 41 se aprecian algunas tarifas por la venta de productos. Como se observa, se establecían medidas para el cobro de los productos perecederos que podían ser de pequeños comerciantes o de mercaderes con ventas mayores. Los comerciantes de maíz y frijol quedaban generalmente exceptuados del pago de impuestos al municipio, por ser considerados productos de la canasta básica.47 Por otra parte, los comerciantes ambulantes (rastrojeros y cebaderos) y vendedores de fruta, legumbres o semillas que se instalaban en las calles de la ciudad o en la plazas públicas evadían sus pagos, situación que alertaba a las autoridades, las que buscaban los mecanismos de que estos vendedores cumplieran con sus obligaciones.48

Las rutinas del mercado requerían de largas jornadas de trabajo, incluso los Cuadro 41. Tarifas pagadas al municipio a través del contratista en 1861. vendedores pernoctaban en los mismos lugares de Tipo de producto Tarifa venta (que podían incluir Por cada costal de calabazas Un real la calle), es decir, podía Por cada tercio de caña dulce Medio real tratarse tanto de cocinas, Por una batea (bandeja) de camotes, elotes, calabaza cocida por día Una cuartilla fondas, mesas de vendimia Por una batea de carne de puerco Medio real Por una batea de chicharrones Una cuartilla de comida46 como puestos Una carreta de carbón Un real de productos a granel. Varios o ropa fuera de los portales Un real diario Como en otras Mujeres que vendían comida en alguna mesa Dos reales áreas económicas, el mu-

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Monterrey: origen y destino

El cobro de piso garantizaba ingresos fijos a la ciudad.

El Ayuntamiento frecuentemente modificaba las tarifas de pisos, agregaba nuevos conceptos de pago en función de la aparición de nuevos actores comerciales o bien, por la escasez del erario público. Una propuesta del Cabildo al alcalde, quien calificaba y aprobaba el valor del producto y determinaba su cuota, asignó el costo de medio real a los vendedores de dulces en cajones pequeños. Los carros, carretas y carretones en que se introducían maderas destrozadas pagaban los primeros un peso, las segundas cinco y los terceros cuatro.49 En algunos casos el alcalde concedía a los contratistas algunas solicitudes específicas sobre los costos de las plazas. Por ejemplo, en 1863 el alcalde Rafael García concedió al contratista en turno que duplicara el costo de las tarifas de carros, carretas y mulas foráneas y se aumentara el del carretones y autos que no los comprendía la tarifa establecida.50 De esta forma, en la plaza del mercado se remataba públicamente cada año a un contratista. El contrato por lo general se realizaba en el mes de julio, con vigencia de un año, excluyendo los meses de septiembre (feria de la ciudad) y diciembre (feria de los barrios del Roble y de la Purísima).51 El acuerdo con el contratista incluía el cobro de tarifas preestablecidas de piso a los vendedores. Para realizar el contrato se requería un fiador, lo que significaba que el contratista debía contar con buenas relaciones con personas honorables y económicamente solventes. El cobro de piso garantizaba ingresos fijos a la ciudad. Algunos comerciantes vendían en las calles y debían pagar los impuestos correspondientes al contratista. El contratista pagaba al municipio una cuota mensual por el piso de la plaza del mercado, por

ejemplo, hacia 1856 ésta fue de 120 pesos.52 No obstante, las situaciones bélicas e inseguras (Reforma) afectaron, sin duda, al comercio y el poder adquisitivo de las personas, la producción, así como el abastecimiento del mercado. En 1862 el pago mensual realizado al municipio por el contratista fue de 276.5 pesos, el doble que lo registrado en 1856.53 Sin duda, la influencia de algunos contratistas era evidente, José María Viteri (quien años atrás fue regidor y posteriormente alcalde) obtuvo la concesión de la plaza del mercado de los meses siguiente a la feria –octubre, noviembre y diciembre– a pesar de que el contrato ya se había establecido con Prisciliano Zambrano.54 Bruno Lozano, en 1857, tuvo como aval al gobernador Santiago Vidaurri.55 Lozano era uno de los prestamistas de la ciudad al gobierno estatal, pero también era consi-

En algunos casos el municipio multaba hasta con 25 pesos a los comerciantes de frutas que vendian productos de baja calidad o en mal estado.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El pago de las cuotas de los comerciantes, menores, principalmente, representaban un serio problema para las autoridades municipales.

derado un traficante fronterizo. En 1857 el interino Juan N. de la Garza y Evia solicitaba a Comonfort la devolución de 18,000 pesos que Vidaurri y Juan José de la Garza habían pedido a Lozano para la atención de las tropas.56 Evidentemente este empresario mantenía importantes relaciones con el poder político regional e invertía sus recursos económicos en diversas áreas. El pago de las cuotas de los comerciantes, menores, principalmente, representaba un serio problema para las autoridades municipales.57 En 1869 el Ayuntamiento instaló un sistema de control de pagos de las plazas del mercado a través del uso de boletas. Los pagos tenían seis valores distintos: de cuartilla, medio, un real, dos reales, cuatro reales y un peso. Estas boletas eran timbradas por un sello. Una vez timbradas se enviaban al tesorero para su administración. El tesorero ponía a las boletas la fecha del día y mes y las entregaba al agente principal para su distribución.58 Se desconoce si este sistema funcionó, pero la figura del contratista aparece como parte de la recaudación administrativa municipal durante las siguientes décadas del siglo XIX. Uno de los rubros más vigilados por ser de productos perecederos era el de panes y frutas, pues frecuentemente se expendían productos de “mala calidad”. Ante algunos casos el municipio multaba hasta con 25 pesos a los comerciantes de harina y frutas que vendieran productos de baja calidad o en

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mal estado. Por ello, el Ayuntamiento hacía uso de comisiones especiales que inspeccionaban el mercado y en su caso retiraban productos que pudieran afectar la salud pública.59 Esas medidas de control e higiene eran básicas y no representaron un sistema sanitario estructurado que regulara los mercados. El Ayuntamiento insistía a través de reglamentos en controlar la higiene y el tránsito libre dentro del mercado. Incluso en 1864 se estableció un “toque de queda” para evitar el desorden en el mercado, “éste quedará cerrado al toque de silencio, quedando la plaza desocupada al toque de él”.60 A través de las cuotas a los comerciantes del mercado el municipio obtenía importantes recursos y trataba de mantener orden. Por medio de la figura del contratista efectuaba el control de este espacio y de sus problemáticas. Sin duda el mercado era un espacio público nodal, pues a él acudían los habitantes de la ciudad y diversos comerciantes de la región, lo que implicaba una construcción de redes comerciales y sociales que permitían el abasto de los productos y el posicionamiento en tan importante punto popular de venta.

La feria de Monterrey Este apartado tiene como propósito mostrar el papel de la feria de Monterrey en la dinámica administrativa del municipio, así como en la recreación


Monterrey: origen y destino

la relación entre el Palacio Municipal y el mercado de la ciudad, asimismo, menciona la realización de la feria en la plaza de armas. Por su parte, Garza68 hace una descripción cronológica legislativa sobre las ferias de Nuevo León y describe las actividades realizadas en algunas de ellas.

El comercio y socialización en la feria Durante la centuria decimonona el mercado69 en la región noreste, particularmente en Monterrey, como en otras regiones de México y de Latinoamérica, estuvo amLa feria de la ciudad era un espacio de socialización, comercio e intercambio ecopliamente condicionado por mecanismos nómico y sociocultutal. de dimensión regional; en tanto, la aparición de un mercado de rasgos nacionales no fue social y cultural de la ciudad en el periodo revisado. una característica del siglo XIX, sino un resultado Se busca conocer, analizar y describir la dinámica de éste.70 Así el comercio ha sido parte de la práctide este espacio de comercio y recreación, partícipe ca de este mercado. en la vida de los habitantes de la ciudad y sus alreSegún Vizcaya, desde la época colonial dedores. todo el comercio (de mar) se desenvolvía a través Para ello se parte de considerar que la feria de Veracruz. Hasta 1823, con la refundación de de la ciudad era un espacio de socialización, coTampico, este puerto se posicionó como punto de mercio e intercambio económico y sociocultural influencia en el desarrollo de la región noreste, paren un contexto bélico y de cambios políticos. Asiticularmente de la ciudad de Monterrey. De esta mismo, se plantea que la feria anual de Monterrey forma, Monterrey actuó como punto recolector de significaba un ingreso económico redituable a las los diversos productos del país que salían al extranarcas municipales. jero por Matamoros, así como centro distribuidor En general, el tema de las ferias y fiestas en de los efectos importados por el mismo puerto taMéxico ha sido poco estudiado. En Días de Feria61 maulipeco. No obstante, cuando se construyeron y en el trabajo de Ruiz de Esparza62 se hacen, reslas vías férreas (1881), esta relación se vio afectada pectivamente, breves descripciones de las ferias perdiendo su importancia.71 en la historia del país y en la actualidad. VeróniEntre 1855 y 1865 Monterrey se posicionó ca Zarate realiza un análisis sobre los cambios y la como centro distribuidor de efectos extranjeros, permanencia de las festividades efectuadas en la estableciéndose en la ciudad una dirección general Ciudad de México durante el siglo XIX.63 Hernánde aduanas marítimas y fronterizas. Esto fue pardez Torres64 destaca la feria de Saltillo en la época te de la política dominante de Santiago Vidaurri. colonial, planteando la conjugación del aspecto reAsí, el comercio fue la actividad fundamental de ligioso, popular y mercantil. Monterrey durante la primera mitad del siglo XIX Por su parte, algunos autores señalan la (hasta finales de la década de los sesenta), pues en importancia de la feria y el mercado de Monterrey, los siguientes años se impulsó preferentemente la aunque pocos han logrado dar una panorámica más actividad industrial.72 amplia de los diferentes aspectos religiosos, econóEn esta dinámica mercantil, las ferias en la micos y sociales. Hernández65 y Saldaña66 menciociudad de Monterrey se efectuaban anualmente. El nan la existencia del mercado; Cavazos67 describe comercio realizado en éstas era menor con respecto

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de los eventos y festividades más esperadas. Acudían a ésta los notables de la ciudad, políticos y gobernantes, así como los habitantes en general. Ahora bien, el lugar donde se realizaba la feria anual era la plaza de armas (actualmente Zaragoza), la cual representaba en esa época –y hasta la actualidad– el centro de la vida urbana de Monterrey, pues ahí se realizaban los actos públicos, las fiestas cívicas, los paseo familiares, entre otras actividades. De acuerdo a la tipología propuesta por Arteaga y Cornejo,76 este espacio público puede ser definido en un doble aspecto: el de carácter mercantil (espacio de venta y compra de productos donde prevalece el valor de cambio) y el de universo cultural simbólico. Estos elementos se hacían La feria era el espacio propicio de flujo de dinero y mercancía producidas en presentes cada mes de septiembre durante el distintas regiones del país. siglo XIX en la plaza de armas y otras áreas ampliadas para los eventos de la feria. Con lo anterior se pretende resaltar el caa los niveles de comercio realizados en escala rerácter económico, pero también la función social, gional.73 No obstante, la feria era el espacio propide las prácticas e intercambios sociales y culturales cio de flujo de dinero y mercancías producidas en efectuadas en la feria anual. Constituyendo de esta distintas regiones del país. Ésta respondía a necemanera un espacio de comercio e intercambio, en sidades de tipo local y regional, dado que los conun sentido procesal, es decir, en constante conssumidores, además de los habitantes de la ciudad, trucción y de acuerdo a la realidad histórica del eran los que acudían de los poblados cercanos y de momento. otros estados, así como algunos pequeños empreLa dinámica social y comercial de la época sarios que surtían sus negocios. A la par se favorefavorecía la creación de infraestructura urbana (púcería a los mercaderes que año con año llegaban a blica y privada), la cual atraía a los visitantes y a los la ciudad como parte de un sistema de circulación mercaderes a la ciudad. de mercancías de las ferias.74 La feria también era un buen pretexto para socializar y recrearse. Si entendemos la feria en términos de una fiesta social, se puede precisar que, de acuerdo a lo planteado por Amenábar, la fiesta “se constituye en una instancia privilegiada de socialización espontánea”.75 En este sentido, la feria era un recurso estratégico de socialización y de cohesión social. Dada la ausencia de actividades y espacios para socialiLa feria era un recurso estratégico de socialización y de cohesión social. zar, la feria se posicionaba como uno

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Monterrey: origen y destino

En la plaza de armas (actualmente Zaragoza) se realizaban la feria anual pues ésta representaba el centro de la vida urbana de Monterrey.

La feria de Monterrey, retomando una tradición colonial En México existía una fuerte tradición de las ferias desde la época colonial. Destacaban las de Xalapa, San Juan de los Lagos, Saltillo y Chihuahua,77 entre otras. Éstas sobresalían, entre otros aspectos, por el sistema comercial y su fuerte tradición religiosa. Cada año llegaban a Monterrey diferentes avisos de las ferias, por ejemplo las de Saltillo, Santa María del Río,78 Huejutla,79 Ciudad Victoria y Camargo, remitidos para su publicación en la ciudad.80 En el noreste de México la feria de Saltillo llegó a ser una de las más importantes de la región. Alcanzó su apogeo en 1777 a 1815.81 Tiempo después, la feria de Saltillo fue transferida a Monterrey, en función de que esta última ciudad logró concentrar el poder regional, económico, político-militar y religioso (la feria, la comandancia y el obispado).82 La feria anual representaba para los habitantes de Monterrey y sus alrededores si no el único, sí

el más importante espacio de esparcimiento y flujo monetario. Se realizaba en el mes de septiembre y los mercaderes se instalaban en la plaza de armas.83 A esta fiesta acudían habitantes de Monterrey, de los diferentes pueblos de Nuevo León e incluso de otros estados de la región, desde políticos y notables de la ciudad hasta campesinos y población en general. Antes de las leyes de Reforma las ferias de Monterrey estaban relacionadas en gran medida con la actividad religiosa de sus habitantes. Así, la feria anual era precedida por la función de la Iglesia, a la cual el Ayuntamiento de Monterrey contribuía con cien pesos de propios y la asistencia de los funcionarios públicos. No obstante, como parte de las leyes de Reforma, en 1857 se decretó la eliminación de los “fiesteros” obligados, es decir, se abolieron las asistencias de todas las autoridades y funcionarios públicos a las festividades y ceremonias religiosas.84 Las fechas de realización de la feria variaron durante el siglo XIX. El paso de régimen colonial

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al México independiente trajo consigo nuevos esquemas de reorganizarían política, económica y socialmente, incluso afectando a lo religioso (que en ciertos contextos se dieron de forma escalonada y paulatina, pero de manera contundente con las leyes de Reforma). En el siglo XIX la necesidad de una feria en la ciudad de Monterrey fue La feria anual representaba para los habitantes de Monterrey y sus alrededores si no lo único, sí el más importante espacio de esparcimiento y flujo monetario. apremiante. Para ello intervinieron distintos factores: cluía el 22 del mismo. Este periodo fue vigente por la celebración del patrono en una fecha determilos siguientes años. En varios casos la feria se exnada, el crecimiento de una demanda de productendía hasta el fin del mes de septiembre. tos procedentes de otras regiones que se obtenían 85 La concurrencia a la feria logró números con dificultad (derivado del crecimiento urbano), importantes, pues en algunos casos se registraron asimismo, la construcción de una identidad local hasta diez mil personas, muchas de las cuales proy regional dentro de un contexto de independencedían de San Luis Potosí y del centro del país.88 cia nacional, en donde cobraron fuerza las fiestas Después de la Independencia, las fiestas cícívicas derivadas de un proceso de constitución y vicas adquirieron un estatus crucial en el calendadifusión de valores cívicos y de memoria histórica, 89 rio festivo del país. En Monterrey la situación no fortalecido desde antes de la Reforma. Por último, variaba respecto al resto de los estados. Como ya se el beneficio recaudatorio para el gobierno, derivado vio en otros capítulos, hacia 1850 se celebraban las del fructífero comercio atraído por las ventajas trifiestas septembrinas los días 16 y 27 (grito de Inbutarias, propias del momento. dependencia y entrada del Ejército Trigarante). En En 1826, el Congreso de Nuevo León aproalgunos años se celebró el 11 de septiembre, solembó la realización de una feria anual en la capital de 90 lo nizando ciertos sucesos acaecidos en Tampico, Nuevo León. Ésta se realizaría desde el tercer doque indica la estrecha relación de esta ciudad con mingo de octubre hasta el cuarto, en cuyo periodo Tamaulipas. La encargada de estos festejos era la se celebraría la función de la patrona, que hasta ese Junta Patriótica de la ciudad, conformada por los tiempo se había hecho sin tiempo prefijado;86 en notables de la ciudad y presidida por el gobernador 1828 se puntualizó que la realización de ésta fuera y las autoridades locales. del tercer domingo de agosto al cuarto, pero en 1831 Estas fiestas se entrelazaban con la feria de la se trasladó la fecha de inicio al 8 de septiembre para ciudad, lo que aumentaba la concurrencia y el luciconcluir el 16 del mismo mes, coincidiendo con la 87 miento con los espectáculos, tales como el repique fiesta del grito de Independencia. En 1850 el aviso de las campanas de las iglesias durante el día; serede la feria de la ciudad indicaba que los precios de natas, salvas de artillería, fuegos artificiales y otras los efectos extranjeros se darían a precios cómodos. actividades, sin faltar los elaborados discursos, que Para 1856, la feria de la ciudad adquirió relevancia ante la ausencia de la palabra escrita, y a cargo de por lo que se extendió a dos semanas de duración, algún gobernante o de alguna personalidad destainiciaba de igual forma el 8 de septiembre y con-

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Monterrey: origen y destino

Muchos de los productos internos, conocidos como del “interior”, eran traídos por los comerciantes desde otros estados para satisfacer los requerimientos suntuarios y las necesidades básicas de una creciente y cada vez más exigente población urbana y rural. La feria anual representaba la oportunidad de adquirir artículos provenientes de lugares lejanos, que a través del comercio ordinario resultaban difíciles de conseguir y a un alto costo. El propio AyuntaAntes de las leyes de Reforma, las ferias de Monterrey estaban relacionadas en gran medida con la miento esperaba la llegada de actividad religiosa de sus habitantes. la feria para adquirir muebles para sus salones y hacer otras compras (para las cuales se formaba una comisión especial),93 como libros y silabarios necesarios para cada en Monterrey, divulgaban la ideología deseala educación local.94 da y reforzaban no sólo la identidad nacional, sino 91 Las existencias de mercancías de ropa y la identidad local. abarrotes que hay y las que se espera se De esta forma la realización de la feria repreintroduzcan para entonces en esta plaza: el sentaba una fiesta social, que evidenciaba el poder aumento progresivo de esta población: la económico de la ciudad –infraestructura y convobaratura de toda clase de semillas, comescatoria de mercaderes y visitantes–, aumentando tibles y pasturas, y lo que es más la tranpoco a poco su fama regional, frente a otras ferias quilidad que disfruta actualmente este deque diluían gradualmente su importancia como el partamento respecto de las incursiones de caso de Saltillo. La feria de Monterrey y las fiestas los bárbaros y (…) inducen a creer que la cívicas contribuyeron a la conformación de la idenpresente feria será mas concurrida que la de tidad local y regional. los años anteriores.95 Los productos que se podían adquirir en la Circulación de mercancías y de recursos humaferia eran diversos, lo mismo podían ser granos, nos en la temporada de ferias animales, hasta artículos manufacturados industrial o artesanalmente, de la región, nacionales o extranEn cierta medida, la feria reflejaba la vida urbana y jeros, por ejemplo, los textiles. rural de Monterrey. Los días feriados implicaban Aquéllos dedicados al comercio y a los serel flujo de recursos y daban motivo para estrechar vicios se enfocaban a las transacciones directas relaciones y contactos económicos y sociales. La efectuadas en la feria o bien en la atención de la importancia de este gran evento anual puede perconcurrencia que arribaba a la ciudad procedencibirse, por citar un ejemplo, en el hecho de que las te de otras haciendas, rancherías y ciudades de la oficinas públicas, los capitulares y particulares del región, tras realizar largos viajes en diligencia. La perímetro de la plaza de armas iluminaban sus caimportancia económica en las ventas durante la sas las noches del sábado y domingo de la semana 92 temporada de feria se ve reflejada en diversos casos, en que comenzaba la feria.

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como el del Cabildo regiomontano, que en algunos años suspendía las sesiones ordinarias en el mes de septiembre argumentando que algunos miembros del Cabildo se ocupaban recurrentemente en el giro del comercio, favorecido sin duda en el mes de septiembre.96 Si bien no se cuentan con datos que indiquen el número de comerciantes que acudían a la feria, sí se puede dar cuenta de su presencia en ésta y de la diversidad de giros comerciales que arrojaba a la ciudad un ingreso económico redituable. Esto se puede visualizar en tres aspectos: el mercado, las corridas de toros y las diversiones.

perecederos como de productos procesados, alimentos preparados y una infinidad de artículos y remedios caseros necesarios para la alimentación, la salud y el vestido de la población en general.98 La afluencia de carros, carretas y carretones no se hacía esperar, pues eran necesarios para la introducción de los productos al mercado (por ejemplo, las maderas destrozadas para las cocinas). Durante la feria el mercado se ampliaba a la Plaza Zaragoza, además de los otros puntos destinados a ello. La plaza era “rayada” para delimitar los espacios que el Ayuntamiento o los empresarios destinaban a los puestos.99 La cobertura de la feria se extendía por el centro de la ciudad, puesto

La concurrencia a la feria logró números importantes, pues en algunos casos se registraron hasta diez mil personas.

El mercado en días de feria En tiempos ordinarios, el mercado de la ciudad se ubicó en diversos puntos fijos del centro urbano, implicando un interesante flujo económico y de personas. El mercado llegó a incluir como extensiones de venta los portales del poniente del palacio municipal97 y a la misma Plaza Hidalgo. La vida del mercado incluía que parte de sus vendedores durmieran en los mismos lugares de venta. De igual forma había tantos puestos de productos

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que no sólo era el mercado, sino también los juegos, diversiones y las corridas de toros. Todo esto consolidaba una dinámica que movilizaba dinero, personas e información. La plaza de mercado era subastada por el Ayuntamiento a un empresario contratista en tiempo ordinario y se remataba en condiciones diferenciadas para la temporada de la feria (en el mes de septiembre). Para los remates se establecía una cantidad base, la cual mínimamente debía ser aportada por el contratista. En caso de que el pago


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casos la cantidad de la puja era superada, en otros quedaba en la misma cantidad, incluso en algunos años difíciles no se acercaban postores al remate, por lo que el municipio debía negociar con algún contratista de años anteriores. Hacia 1855 la cuota mínima requerida en el remate por todo el mes de septiembre era de 1,800 pesos,101 cantidad que no se modificó en 1861. El contratista de la plaza del mercado en temporada de la feria obtenía las ganancias de los cobros por derechos de piso a los comerciantes establecidos en sus puestos y a los ambulantes, por ejemplo, a los expendedores de rastrojo aun en las calles.102 De esta manera también se controlaba el comercio informal. En los contratos de las plazas de mercados durante la feria se especificaban algunos La realización de la feria representaba una fiesta que evidenciaba el poder aspectos del control de la plaza por parte del económico de la ciudad. contratista. Por ejemplo, se cobraba por vara de cocinas y puestos un máximo de dos pesos.103 Por cada vaca de ordeña del contrato se hiciera en Cuadro 42. Algunas pujas de remates de las plazas de se cobraba lo que tenía sedos partes, el contratista de- mercado en periodo ordinario. ñalado de ordinario. A los bía presentar una escritura neveros no se les cobraba, 100 como fianza. Puja base Costo final del Año pues no estaban comprenmensual remate mensual En los cuadros 42 y didos en las tarifas, por los 1856 $120 pesos $153 pesos 43 se aprecia la diferencia carretones y carruajes de entre la renta de la plaza a 1862 $162 por mes $276.50 sitio se cobraba aproxiun contratista en tiempos 1865 $300 pesos madamente dos reales. ordinarios y en temporada Por cada “huacal” de fruta de feria. (exceptuándose los de uvas y peras) se cobraba un La subasta de la plaza de mercado se situaba real; loza y cargas de otros efectos se sujetaban a en montos superiola cuota del placero res a los mil pesos Cuadro 43. Los costos de los remates de las plazas de mercado dependiendo de las durante la tempo- durante la feria. varas utilizadas y Año Contratista Pago rada de feria, pues conforme a la tarifa 1855 $1,800 pesos el alto consumo en ordinaria. A los que 1856 José Maria Viteri $1,650 pesos el comercio estaba 1857 Bruno Lozano $1, 800 pesos 5 reales introducían sandías prácticamente ga1858 $880 pesos a la ciudad durante rantizado. 1859 Bruno Lozano $1651 pesos la feria, el placero les Las cuotas 1861 Rafael Herrera $1,800 pesos cobraba tres cuo$5,000 pesos (todo el mes de variaban de un año 1863 Rafael Herrera septiembre) tas: “dos reales por a otro, el Ayunta1864 José Maria Viteri $1,100 pesos el carro, un real por miento establecía 1865 $800 pesos carreta y una cuarti$4,000 pesos (todo el mes de las subastas para el 1866 septiembre) lla por carga de mula remate, en algunos

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

La feria anual representaba la oportunidad de adquirir artículos provenientes de lugares lejanos, que através del comercio ordinario resultaban difíciles de conseguir y a un alto costo.

en que las traen, un real por cada costal y al ocupar plaza para expenderlas dos reales ó dos y medio por día”.104 Los contratos con los empresarios podían incluir o no las diversiones públicas, aunque por lo general se remataban por separado. Por ejemplo, en 1861 en el contrato celebrado en septiembre se acordó incorporar las diversiones de caballitos y otras usuales en la temporada, con excepción de los cosmoramas que se rematarían por separado. El mercado se posicionó como un espacio público nodal, pues a él acudían los habitantes de la ciudad y diversos comerciantes de la región. Esto implicaba una dinámica de construcción de redes comerciales y sociales, que año tras año se refrendaban.

Atrayendo al comercio: rebajas en la alcabala En 1827 y 1829 el Congreso estatal decretó diversos incentivos para activar las ferias: primero se acordó que a los comerciantes se les rebajaría la mitad del derecho de alcabala;105 después que los géneros, frutos y efectos nacionales no pagarían el 3 % de alcabalas.106 Las facilidades que el gobierno concedía a los

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comerciantes en el pago de las alcabalas fueron, sin duda, uno de los aspectos que activaron esta festividad, no sólo en la ciudad, sino en otras poblaciones de Nuevo León y otros estados. A esto contribuyó también la presión que los propios comerciantes locales ejercían sobre el gobierno estatal. La feria de Saltillo destacaba desde tiempo atrás por importantes beneficios otorgados a los mercaderes en el pago de las alcabalas. Con este antecedente, geográficamente cercano a Monterrey, en 1855 los comerciantes de la feria de Monterrey solicitaron la eliminación de los impuestos a los productos nacionales y extranjeros: Pido al Muy Ylustre Ayuntamiento que para nivelar el comercio de esta Ciudad con el del Saltillo, á quien se le concedió en el año próximo [sic] pasado ser libres del pago de todos los efectos nacionales y estrangeros [sic] que se introduzcan á aquella Ciudad durante la feria, se sirva elevar por el conducto debido, una esposicion [sic] al Supremo Gobierno solicitando igual gracia para la feria de esta Capital.107 Asimismo, el gobierno municipal negociaba con el estatal para que se otorgaran rebajas, o en su caso


Monterrey: origen y destino

ran con creces para los mismos comerciantes y para el gobierno estatal y municipal, pues además de estas cuotas debían cubrir los costos de derechos de piso y licencias municipales.

La plaza de toros, un atractivo de la feria Las corridas de toros eran uno de los principales atractivos de la feria. Si bien éstas se realizaban tradicionalmente en la ciudad durante todo el año, en la feria cobraban relevancia ante los visitantes. En el mercado habían tanto puestos de productos perecederos como de productos procesados, La plaza de toros se consalimentos preparados y una infinidad de artículos para la alimentación, la salud y el vestido de la truía con una estructura de madepoblación en genenral. ra, y se montaba en algún terreno eliminaran las alcabalas y los derechos aduanales dentro del perímetro central de la en beneficio de la ciudad; aunque recordemos ciudad. De acuerdo a las Actas de Cabildo municique algunos miembros del Cabildo se dedicaban pal, la plaza de toros se instalaba en el terreno posal comercio en la ciudad y en la propia feria. Por terior de la iglesia de San Francisco.112 En tiempos ejemplo, en 1858 una comisión municipal de la de guerra se presentaron problemas relacionados feria anual solicitó al gobernador se rebajara a los con la estancia del ejército en Monterrey, así como comerciantes la mitad de los efectos de alcabala, en el espacio destinado a la plaza de toros. En 1858, por introducir productos a la capital en la feria, con justo antes de iniciar las corridas de toros durante lo cual se buscaba aumentar el número de comerla temporada de feria, la caballada del ejército esciantes y por lo tanto una mayor concurrencia.108 tuvo en la citada plaza, por lo que el Cabildo otorgó En este caso, la respuesta fue la rebaja de la tercera al contratista en turno, don Joaquín Quiroz, apoparte a los efectos de granos que se introdujeran a yo con cuatro presos113 para la limpieza del lugar y 109 la feria. concluir los trabajos de la plaza.114 Ese mismo año En algunos años el Cabildo municipal disel gobierno del estado planteó la venta el Convento cutió la solicitud al gobierno estatal para que, de donde se realizaba la plaza de toros.115 Ante esta siacuerdo a la constitución general, no se cobraran tuación, el Cabildo de Monterrey expuso al goberlos derechos aduanales110 a los comerciantes en la nador la necesidad del Ayuntamiento de conservar temporada de la feria. En 1861 la respuesta del gola plaza de toros en el punto donde tradicionalmenbernador Santiago Vidaurri fue negativa.111 Los cote se realizaba por ser el más adecuado; además, semerciantes que cruzaban la frontera debían pagar ñaló la imposibilidad del Ayuntamiento de comprar estos derechos aduanales, lo que indica la presenel terreno, solicitando a su vez que el gobierno del cia de comerciantes procedentes de Estados UniEstado comprara dicho terreno a cuenta del adeudo dos, probablemente del sur de este vecino país. que el gobierno estatal tenía con la ciudad.116 No fue Las exenciones o rebajas de impuestos que sino hasta 1861 que el Gobierno del estado aprobó los comerciantes obtenían del estado eran uno de la compra del terreno de la plaza de toros conforme los principales ejes para que las ferias se realizaa la ley del 24 de octubre de 1860.117

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Las corridas de toros eran uno de los principales atractivos de la feria.

La plaza de toros en la temporada de la feria representaba un importante ingreso al municipio. En 1859 ingresó a las arcas municipales por motivos de la plaza de toros y otros de la feria la cantidad de 1619 pesos 37 y medio centavos.118 Esto, adjunto al pago por la plaza de mercado (entre 1,600 y 1,800 pesos, ver cuadro 2) y algunas diversiones en un sólo mes significaba a las arcas municipales un presupuesto de relevancia. El ingreso mensual promedio del municipio en tiempo ordinario era de entre 1500 a 2,200 pesos, dependiendo del año.119

En 1860, el municipio otorgó la cantidad de 1,198. 75 pesos a la comisión especial para la compra de toros para la temporada de feria.120 En el cuadro 44 se aprecian las particularidades de los gastos realizados por los comisionados (José María Quiroz y el regidor Desiderio Jiménez) para las corridas de toros de la feria de septiembre de 1860.121 Incluye gastos desde agosto hasta noviembre, periodo en el que usualmente se realizaban transacciones debido a la extensión de la feria al mes de octubre.

La plaza de los toros, en la temporada de la feria, representaba un importante ingreso al municipio.

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Monterrey: origen y destino

Estos datos nos permiten dar un vistazo al proceso que implicaba el traslado de los animales, así como de aquéllos encargados de mantener el ganado mientras se realizaban las corridas. La venta de cuero de toro que se mataron en la plaza en el mes de septiembre, produjo 91 pesos. Las corridas de toros estaban a cargo de una comisión especial que se encargaba de controlar y

administrar las finanzas, así como de dar cuenta al Ayuntamiento de los gastos realizados. La naturaleza de la administración de las corridas dependía de cada comisión y de las atribuciones concedidas al contratista, quien por lo general absorbía gran parte de los gastos, pero en otros años, los costos eran absorbidos por la comisión especial. La cuenta de la venta de boletos vendidos en 1860 reportada por

Cuadro 44. Gastos de la corrida de toros en 1860. Concepto

Monto

Descripción Costo

Fecha

Compra de toros

560 pesos valor de 28 toros

15 septiembre 1860

Compra de toros

50 pesos por 3 toros (Dos a 20 pesos y uno a diez)

1 octubre 1860

280 pesos valor de 13 toros (5 a 16 pesos y 8 a 20 y único)

13 noviembre 1860

Conducción de los toros del punto de los corrales a esta ciudad

3 pesos

Por tres días

1 septiembre [sic] 1860.

Corral de toros

Cuarenta y un pesos dos reales como

Por un mes tres días de trabajo a razón de 10 horas diarios

26 septiembre 1860

Vaquero de la ciudad

17 pesos

17 días de trabajo

30 septiembre 1860

Cuidado de toros

34 pesos

De 10 días de trabajo

6 octubre 1860

Traslado y cuidado de los toros

33 pesos

33 días de trabajo

26 noviembre 1860

Vaquero de los toros de la ciudad

40 pesos

Por 32 días de trabajo a razón de 10 reales el día

25 septiembre 1860

2 pesos

Por 2 días de trabajo

12 septiembre 1860

9 pesos

Por 9 días de trabajo

15 septiembre 1860

Conducción de los toros que se trajeron de la Escondida Conducción toros de la Escondida a Monterrey Costo corrales

un peso

Corral

4 reales

Corral y el rancho de palo blanco día 29 Por ir a Villaldama a contratar los toros de la feria próxima De ixtle [sic] Potrero en que están los toros de la corrida

15 septiembre 1860 De la plaza la noche del 31 de agosto .

1 septiembre 1860

5 pesos

Gratificación

15 agosto 1860

6 reales

Valor de media

5 septiembre 1860

4 reales

50 pesos

15 septiembre 1860

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

la comisión al Cabildo fue la siguiente, mostrada en el cuadro 45:122 Esta información es un indicador del número de personas que acudían a la plaza de toros durante la temporada de feria. En este año el número de boletos vendidos ascendió a casi 13,000. Aun descontando casi 20% de inversión en la compra de toros, las ganancias para este año fueron importantes. Por otra parte, las bases para subastar la plaza de toros se publicaban con anterioridad al inicio de la feria. La puja variaba cada año y se pagaba en dos partidas. En el cuadro 47 se puede observar que la cantidad requerida en las subastas no tuvo cambios significativos durante más de diez años (1854 a 1863). En 1867 se observa un aumento considerable. En este último año, a diferencia de los anteCuadro 45. El registro de las entradas a la plaza de toros en la feria anual de 1860. Concepto

Número de boletos

Impresión de boletos 1860

14,000

Existencia de 1859

4,980

Subtotal

18,980

Venta

12,930

En existencia

6,050

riores, ya había concluido la Guerra de Reforma y se estaba venciendo al ejército del imperio francés (Guerra de Intervención), lo que brindaba paz y seguridad, así como fama al estado y a la ciudad, por ser el lugar de procedencia de los héroes nacionales,125 lo que posiblemente benefició a la feria regiomontana. La comisión de fiestas del Ayuntamiento, previa aceptación del contrato por parte del Cabildo municipal, entregaba al empresario los contratos a efectuarse para la adquisición de toros y toreros. Así, cada año se compraba una veintena de toros para las corridas, cada toro costaba cuarenta pesos. El contrato realizado con el vendedor expresaba

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que en caso de que alguna causa extraordinaria impidiera la realización de las fiestas, sólo se le pagaría el costo que hiciere para la conducción de los toros. Los honorarios de los toreros eran de aproximadamente sesenta pesos diarios (participaban siete toreros), otorgándoseles sólo un caballo para el picador.126 Según el caso, los toros, los toreros, la música y demás gastos en la diversión debían correr por cuenta del contratista. Una vez concluida la temporada de la feria, por cada función extra realizada el contratista pagaba una cantidad extra que podía ser desde los quince hasta los cuarenta pesos. El municipio facilitaba al empresario de los toros algunos reos para la limpieza de la plaza, por lo que el contratista debía mantenerlos reunidos en un sólo sitio donde fácilmente pudieran ser custodiados por la escolta.127 La instalación de la plaza de toros requería tiempo de anticipación y una inversión económica considerable. Por tales razones, el Ayuntamiento la otorgaba en concesión durante el tiempo de la feria. Asimismo, el Ayuntamiento cobraba al contratista las licencias correspondientes por cada corrida. En algunos años el cerco de la plaza de toros corría por cuenta de la ciudad y brindaba al contratista –en calidad de préstamo– la madera para el montaje de dicha plaza. Las autoridades municipales cobraban una pensión a las vendimias que se establecían alrededor de la plaza de toros.128 En el cuadro 46 se aprecian algunos nombres de contratistas de la plaza de toros. Como se observa en el cuadro anterior, durante un periodo de quince años fueron pocos los Cuadro 47. Puja de los remates de las plazas de toros. Año 1854 1859 1856 1861 1862 1863

Puja base 800 pesos 1,000 pesos 626 pesos124 800 pesos 600 pesos 900 pesos

1867

2,500 pesos


Monterrey: origen y destino

contratistas de toros de la feria; año tras año figuraban los nombres de Juan Martínez, Joaquín Quiroz y Antonio Ramírez que controlaron esta actividad lúdica con altas inversiones y ganancias.

Diversiones dentro de la feria Ha comenzado la de esta ciudad, y no obstante las circunstancias la animación se aumenta cada día; pues no falta multitud de tratantes y comerciantes de tierrafuera. Hay dos teatros y las compañías se esfuerzan por agradar al público, hay también una comEn la feria habia diversas alernativas: teatro y compañías de animación, compañía de cirqueros y un cosmorama: las pañía de cirqueros y cosmorama. funciones de toros, si hemos de juzgar por multitud de comerciantes de tierrafuera, según lo la única que ha permitido el tiempo, debeexpresaban en la época, eran esperados cada año rán ser sobresalientes por la clase del ganapara adquirir productos, así como diversiones y do que ha contratado el empresario.129 novedades lúdicas. No era de sorprenderse que Estas eran parte de los incentivos que puen la feria existieran diversas alternativas: teatros y blicitaban año con año la feria de la ciudad. La compañías de animación, compañía de cirqueros y cosmorama. Los juegos permitidos, como la lotería, figuraban en la programación diaria. Cada diCuadro 46. Contratistas de la plaza de toros denversión o juego era regulado de forma directa por el tro de la feria de 1854 a 1869. municipio –en algunos años parte de esto también Año Contratista corría por cuenta del contratista del mercado–. Los 1854 Juan Martínez Cerna juegos permitidos como los caballitos de madera, la 1855 Joaquín Quiroz rueda de la fortuna, así como las bebidas frescas y 1856 Juan Martínez 1857 Joaquín Quiroz antojitos eran atractivos de las festividades anuales 1858 Joaquín Quiroz que chicos y grandes podían disfrutar. 1861 1862 1863 1869

Antonio Ramírez Pedro Elizondo Antonio Ramírez e Yirineo Zambrano Andrés Galindo

Seguridad y contacto regional

La circulación en la región de recursos económicos y mercancías con motivo de la feria anual incrementaba el riesgo de ser asaltados en los Cuadro 46. El registro de boletaje de la plaza de toros. caminos, o bien de ser atacados por los llamaVenta de boletaje por área123 Monto dos “indios bárbaros”. En el periódico oficial 4,987 boletos de sombra 1,246.6 publicaban frecuentemente notas sobre los (a 2 reales cada uno) atracos e inseguridad en los viajes, desalen1,943 boletos de sol a un real cada uno 992.7 tando a mercaderes y visitantes de los pueblos 1,943 boletos tras puerta en las diez funciones 412.56 cercanos y no tan cercanos a acudir a las fies2,530 boletos 2,530 tas de la feria. Si bien las autoridades imple122 pesos 2 ½ real 122.26 mentaban operativos para brindar seguridad a 5,304.12 los comerciantes y visitantes en los días feria-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

dos, éstos eran ineficientes ante las habilidades de los asaltantes y la pericia de los “indios”. “El temor que las hostilidades de los indios, ocurridas en los años pasados, han infundido a los traficantes del interior, y además de las erradas inteligencias”,130 frases como ésta evidenciaban la problemática que las autoridades municipales y estatales debían atacar para la vigilancia en la feria en la ciudad y de sus alrededores. En los principales caminos a Monterrey se implementaban medidas de seguridad. Los juegos permitidos como los caballitos de madera, la rueda de la Con el objeto de que el comercio reciba un fortuna, así como las bebidas frescas y antojitos era atractivos de las bien positivo y puedan dichas ferias verififestividades. carse con toda seguridad, se han colocado manera más útil y se hacen mejoras definiescoltas suficientes en cinco puntos de los tivas en los caminos principales.132 caminos, excitando al mismo tiempo a los La seguridad corría, por un lado, a cargo de señores Gobernadores de Coahuila, San la policía y los militares entrenados; por otro, estaba Luis y Durango para que por su parte hagan a cargo de grupos de vecinos armados. La insegulo mismo y coadyuven al bien que resultara ridad derivada de las condiciones bélicas durante la a sus respectivos Estados con el desarrollo guerra de Reforma así como en la Intervención de del comercio. (...) se logrará que las menlos imperialistas, se unía a los ataques de los “bárcionadas ferias sean más concurridas que baros” y de los salteadores de caminos. de costumbre, pues el temor que inspiran Dentro de la ciudad, durante los días felos indios bárbaros desaparece totalmente y riados –que incluía días patrios– aumentaba la los comerciantes todos pueden con seguriconsiderablemente la presencia de vigilantes. Los 131 dad conducir sus mercancías. serenos quienes “echaban pito cada un cuarto de Las diferentes poblaciones de Nuevo León hora por la noche” eran incrementados en número aportaban en sus jurisdicciones a la seguridad de para que hicieran uso del silbato en caso de alarlas personas, incluyendo a aquellos viajeros que transitaban por los caminos; sin embargo, el mal estado de los caminos entre los poblados y Monterrey complicaba la situación. No sólo entorpecía el tránsito de los comerciantes y concurrentes a la feria, sino que los caminos eran en sí mismos puntos vulnerables, lugar de probables atracos. Casi todos los pueblos del Estado han contestado que están recomponiendo los [caminos] de sus respectivas jurisdicciones y sólo faltan los avisos de los más lejanos que se recibirán pronto en el mismo sentido. Allanadas las dificultades que había en un punto a caminos por su mal Estado, el comercio recibirá con esto un alivio y los pueblos los bienes que son consiguientes, Con motivos de las ferias, en los principales caminos a Monterrey se implemenmientras se emprenden esas obras de una taban medidas de seguridad.

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Monterrey: origen y destino

ma.133 De esta manera, la paz y la seguridad eran elementos imprescindibles para la realización de la feria con creces para los comerciantes, visitantes y la ciudad misma. Por ello la seguridad en el estado se perfilaba como un asunto que atender y garantizar. La feria de Monterrey significaba en primera instancia un derrame económico importante. El municipio aumentaba sus recaudaciones administrativas gracias a los impuestos a los comerciantes y a las ventas de las plazas Las ferias fueron parte de la dinámica regional en la que los capitales empezaba a solidificarse. del mercado y de la plaza de toros, siendo éstas las que reportaban mayores ingresos. Los habitantes adquirían artículos y servicios que en otros momentos del favorecidos por las actividades de la feria. La circuaño no podían conseguir. lación de recursos se daba tanto en la ciudad como La feria era un espacio estratégico en el que a lo largo del trayecto que los visitantes y los prola ciudad fortalecía sus actividades económicas, se pios comerciantes realizaban, desde sus lugares de consolidaba cada vez más en la región como una origen hasta la capital neoleonesa. Los contactos y de las ferias más esperadas. Esto en un contexto en vínculos se solidificaban en este recorrido que año el que la economía local se fortalecía en un ámbito tras año tenía lugar. regional y en el que Monterrey era uno de los cenA pesar de la inseguridad en los caminos y tros fundamentales del comercio (y posteriormente de los tiempos difíciles, de enfrentamientos bélicos de la industria). Sin duda las ferias fueron parte de continuos, que afectaban la tranquilidad, la econoesta dinámica regional en la que los capitales empemía y la vida social de los habitantes de pueblos y zaban a solidificarse. ciudades, las ferias lograron subsistir como fuentes Los habitantes de Monterrey, de los pode ingresos, de intercambios y de recreación popublados de Nuevo León y de otros estados se veían lar.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Citas bibliográficas 1. Franco, 1992: 32. 2. AMM, Civil, Vol. 267, exp. 10. 3. AMM Misceláneos 193, exp. 10. 4. 1860, AMM, Civil, volumen: 272, Expediente: 22. 5. AMM, Misceláneo, Volumen 60, Expediente 2. Enero de 1865. El sueldo del inspector fluctuaba en los 40 pesos mensuales 01/Ene/1866, Colección: misceláneo, Volumen: 71, Expediente 14. 6. AMM, Actas de Cabildo 999, 1854/016, 23/02/1854. 7. AMM, Actas de Cabildo 999, 26/06/1855, 1855/031. 8. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/008 04/02/1861. 9. Tenía la consigna de anotar en un libro a manera de control las señales de los fierros de los animales que se mataban diariamente. 10. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/014, 04/03/1861.

16. AMM, Actas de Cabildo 999, 1864/031, 04/08/1864. 17. AMM, Actas de Cabildo 999, 03/07/1865, 1865/034. 18. AMM, Actas de Cabildo 999, 24/10/1866, 1866/043. 19. AMM, Actas de Cabildo 999, 15/02/1869, 1869/007. 20. AMM, Actas de Cabildo 999, 08/02/1869, 1869/006. 21. AMM, Actas de Cabildo 999, 15/02/1869, 1869/007. 22. AMM, Actas de Cabildo 999, 09/08/1869, 1869/024; Acta 999, 03/09/1869, 1869/030. 23. Incontinentes se presentaron los CC. Luis Garza, Pedro de León y Limas Garza y en representación de todos los trajinantes del ramo de carnes pidieron se reformaran los artículos del reglamento de carnes 1o 2o 7o, 10 y 13 por serles perjudiciales en las partes que expresaron. AMM, Actas de Cabildo 999, 31/08/1869, 1869/029. 24. AMM, Misceláneos 115, 117. 25. AMM, Misceláneos 115, 116 y 117.

11. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/042, 12/07/1861.

26. AMM, Misceláneos 115, 116 y 117.

12. AMM, Actas de Cabildo 999, 1862/014, 21/04/1862; Actas 999,1862/015, 24/04/1862.

27. AMM, Actas de Cabildo 999, 1854/020, 09/03/1854.

13.AMM, Actas de Cabildo 999, 1862/029, 11/08/1862.

28. AMM, Actas de Cabildo 999, 09/05/1864.

14. AMM, Actas de Cabildo 999,1864/018, 16/05/1864.

29. AMM, Misceláneos 115, 116 y 117.

15. AMM, Actas de Cabildo 999,1864/018, 16/05/1864.

196

1864/017,

30. AMM, Actas de Cabildo 999, 01/05/1854, 1854/035, 999, 22/07/1856, 1856/030, Actas 999,1857/057, 05/10/1857, Actas 999,1858/041,


Monterrey: origen y destino

18/10/1858, Actas 999,1859/010, 28/02/1859, Actas 999, 1859/029, 07/07/1859, Actas 999, 1859/033, 17/08/1859, Actas 999, 1859/048, 05/12/1859, Actas 999, 1862/004, 21/01/1862, Actas 999, 1861/014, 04/03/1861, Actas 999, 1859/044, 07/11/1859. Misceláneo, Volumen: 116 expediente: 1, 4 de 1867, Acta 999, 20/04/1868, 1868/020.

el ala sur se usaba como calabozos para los presos (Cavazos, 1996:33-34).

31. Un peso equivale a 8 reales.

45. Refiere al caso del C. Desiderio Jiménez. AMM, Actas de Cabildo 999, 1867/028, 01/07/1867.

32. AMM, Misceláneo, Volumen: 116, Expediente: 1, febrero 4 de 1867. 33. La cuenta fue modificada poco después por existir un falló en la precedente. La suma definitiva fue de 1105.3 pesos. AMM, Misceláneo, volumen: 116, Expediente: 7, Año: 1865. 34. Ahora llamada Morelos. 35. AGENL, Periódico oficial, 18 agosto 1853. 36. AMM, Actas de Cabildo 999, 1853/054, 30/08/1853. 37. 1865, AMM, Civil, Volumen: 285, Expediente: 3.

43. Cavazos, 1996:34. 44. AMM, Actas de Cabildo 999, 28/11/1864, 1864/055.

46. 1865, AMM, Civil, Volumen: 285, Expediente: 3. 47. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/006, 24/01/1861. 48. AMM, Actas de Cabildo 999, 1856/025, 26/05/1856. 49. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/07/1868, 1868/036. 50. AMM, Actas de Cabildo 999, 15/10/1863.

1863/038,

51. AMM, Actas de Cabildo 999, 1862/021, 17/06/1862.

38. Hernández, 1971: 92. 39. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/006, 24/01/1861. 40. AMM, Actas de Cabildo 999, 1862/034, 03/10/1862. 41. AMM, Actas de Cabildo 999,02/07/1866, 1866/032. 42. El palacio municipal se terminó en 1853, comprendía solamente la planta alta de la parte oriental. En el ala poniente actuaban los Juzgados menores y del Registro civil. Los arcos funcionaban sólo los del oriente (plaza de Armas) y del poniente (plazuela del mercado, plaza Hidalgo). También en

52. AMM, Actas de Cabildo 999, 1856/047, 23/12/1856.En este año el contratista Prisciliano Zambrano pidió una rebaja de cuarenta pesos debido a las circunstancias de guerra. 53. AMM, Actas de Cabildo 999, 08/07/1862. 54. AMM, Actas 01/10/18561856/042.

de

1862/024,

Cabildo

999,

55. AMM, Actas de Cabildo 999,1857/048, 31/08/1857. 56. Cerutti, 2004: 191.

197


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

57. AMM, Actas de Cabildo 999, 13/03/1865, 1865/014.

72. Vizcaya, 2006, 10.

60. Marzo 14 de 1865, AMM, Colección civil, Volumen: 285, Expediente: 3.

73. El comercio en la región principalmente con el sur de Estados Unidos contemplaba: alimentos (azúcar), zapatos, ropa y mercancías, textiles, animales y medios de transporte para los soldados (Guerra de Secesión) y para conducir el algodón hacia el Río Bravo, así como materias primas para la producción bélica como el plomo y otros elementos, tales como el azufre, el cobre, la pólvora, el nitrato, entre otros (Cerutti, 1999, 54).

61. Días de feria, 1992.

74. Hernández Torres, 2006, 102.

62. Ruiz de Esparza, 1997.

75. Amenábar, 1995:25, citado en Zarate, 2003:194.

58. AMM, Actas de Cabildo 999, 03/09/1869, 1869/030. 59. AMM, Actas de Cabildo 999, 03/07/1865, 1865/034.

63. Zarate, 2003. 76. Arteaga y Cornejo, 1995: 26. 64. Hernández Torres, 2006. 77. Días de feria, 1992: 37. 65. Hernández, 1971. 66. Saldaña, 1973. 67. Cavazos, 1996.

78. AMM, Actas de Cabildo 32, 1853/047, 18/07/1853. 79. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857/013, 02/03/1857.

68. Garza, 1993. 69. Cerutti define la noción de mercado no sólo como el consumo de la población que ingresa en los circuitos monetarizados, sino más bien refiere a que “más mercancías recorran con mayor velocidad espacios más extensos con la creciente intensificación de los intercambios. También supone la aparición de flujos masivos de fuerza de trabajo”. (Cerutti, 1987:54). Si bien esta definición corresponden a un análisis del mercado regional a finales del siglo XIX, el mismo autor aclara que esto fue perceptible desde la Reforma, periodo en el que núcleos burgueses empezaron a concentrar fortunas (Cerutti, 1987:55).

80. AMM, Actas de Cabildo 999, 1864/023 20, de Junio de 1864. 81. Hernández Torres, 2006: 99. 82. Hernández Torres, 2006:116. 83. AMM, Actas de Cabildo 999, 18/09/1854, 1854/062. 84. Garza, 1993: 108.

70. Cerutti, 1987, 3.

85. La población en la ciudad en 1827 era de 13,674 personas, para 1856 eran 26,000 personas (González Maiz, 2003: 89), y como ya se mencionó en 1857 existían casi 30,000 personas en Monterrey.

71. Vizcaya, 2006: 3-4.

86. Garza, 1993: 39-44.

198


Monterrey: origen y destino

87. Garza, 1993: 46.

102. AMM, Actas de Cabildo 999, 01/09/1856, 1856/037.

88. Vizcaya, 2006:56. 89. Zárate, 2006. 90. Según las circulares 46 y 47 del Supremo Gobierno de la Nación, AMM, Actas de Cabildo 32, 1853/050, 08/08/1853. 91. Barrera, 2006: 183. Barrera explica el caso del Gobernador Vidaurri y algunos voceros de éste. En los discursos pronunciados el 1 de septiembre, expresaban por ejemplo, “la inconformidad y desconfianza del pueblo nuevoleonés hacia los gobiernos generales” (pp.183) lo que de acuerdo al autor era parte de cómo los discursos podían manipular el discurso histórico para justificar el presente y proliferar las ideas requeridas para los fines políticos.

103. AMM, Actas de Cabildo 999,31/08/1865, 1865/040. 104. AMM, Actas de Cabildo 999, 23/07/1867, 1867/031. 105. La alcabala de competencia estatal es una figura fiscal utilizada desde el régimen hacendístico hispano, incorporado a la Nueva España. “Era un impuesto que gravaba las transacciones mercantiles de bienes muebles, inmuebles y semovientes, pero en realidad funcionó como un impuesto a la circulación. Su pago debía efectuarse en el momento de introducir los efectos en la jurisdicción alcabalatoria” (Garavaglia, 1987:9-10). 106. Garza, 1993: 39-44.

92. AMM, Actas de Cabildo 999, 1862/031, 01/09/1862.

107. AMM, Actas de Cabildo 999, 09/04/1855, 1855/018.

93. AMM, Actas de Cabildo 999, 1853/055, 02/09/1853.

108. AMM, Actas de Cabildo 999,1858/031.

94. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857/045, 17/08/1857.

109. AMM, Actas de Cabildo 999,1858/032, 10/08/1858.

95. AGENL, Periódico oficial, 29 junio 1854.

110. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/038, 25/06/1861.

96. AMM, Actas de Cabildo 999, 1855/051, 08/10/1855. 97. AMM, Actas de Cabildo 999, 1853/054, 30/08/1853. 98. AMM, Colección civil, Volumen 285, Expediente 3, 1865. 99. Garza, 1993:27. 100. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/051.

111. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/039, 01/07/1861. 112. AMM, Actas de Cabildo 999,1858/003, 11/01/1858. 113. Como parte de la sentencia de los presos, éstos realizaban trabajos en las obras públicas de la ciudad. 114. AMM, Actas de Cabildo 999,1858/032, 10/08/1858.

101. AMM, Actas de Cabildo 999, 03/09/1855, 1855/045.

199


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

115. AMM, Actas de Cabildo 999,1858/003, 11/01/1858. 116. AMM, Actas de Cabildo 999,1859/001, 03/01/1859. 117. AMM, Actas de Cabildo 999, 28/04/1861, 1861/029. 118. AMM, Actas de Cabildo 999, 1859/031, 18/07/1859. 119. AMM, Misceláneos 40. 120. AMM, Misceláneos 45 exp. 16. 121. AMM, Misceláneos 45 exp. 16. 122. AMM, Miscelaneos 45 exp. 16. 123. En este registro, las cantidades de boletos por sección de venta no están completos. 124. Suma en la que fue rematada. 125. Por ejemplo Mariano Escobedo, general en jefe del Ejército del Norte. 126. AMM, Actas de Cabildo 999, 14/08/1854, 1854/057. 127. AMM, Actas de Cabildo 999,1861/046, 24/07/1861. 128. AMM, Actas de Cabildo 999,1859/037, 04/09/1859. 129. 9 de septiembre 1856. AGENL, El restaurador de la libertad. 130. AGENL, Periódico oficial, 8 septiembre de 1853. 131. AGENL, Periódico oficial (El Universal). 4 de agosto 1853 .

200

132. AGENL, Periódico oficial, 18 agosto 1853. 133. AMM, Actas de Cabildo 999, 1869/027.

20/08/1869,


Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO VII EL CONTRABANDO FRONTERIZO Y LA INSEGURIDAD PÚBLICA: SALTEADORES, BANDIDOS E INDÍGENAS BÁRBAROS Con el tratado de Guadalupe Hidalgo firmado entre México y Estados Unidos, al finalizar la guerra de Intervención norteamericana (1848), México cedió gran parte de su territorio a la Unión norteamericana, estableciendo una nueva frontera con el Río Bravo (o Río Grande) entre México y Texas. De esta manera, como ya se ha visto en otros periodos, tras la amarga experiencia durante esta guerra, el territorio mexicano se vio modificado sustancialmente durante la primera mitad XIX.1 No obstante, desde el punto de vista económico, el noreste mexicano se benefició con la recién trazada línea fronteriza durante la segunda mitad del mismo siglo. Este capítulo tiene como objetivo mostrar la estrecha relación entre el comercio legal y la frontera, además hace patente que esta dinámica económica se veía afectada por el contrabando y la inseguridad provocada por los salteadores de caminos, así como por las incursiones de los “indios bárbaros”. Finalmente, muestra algunos me-

canismos del gobierno estatal para contrarrestar dicha inseguridad; también evidencia las medidas y recursos municipales invertidos en materia de seguridad local. Frontera, comercio y contrabando

Durante casi toda la época colonial el noreste no contó con ningún puerto cercano; Veracruz fue el punto de comercio marítimo, beneficiando a los comerciantes locales y a los de la Ciudad de México. Para finales del siglo XVIII y principios del XIX, se abrió el tráfico marítimo al puerto de Soto la Marina y posteriormente a la Congregación del Refugio –luego llamada Matamoros– y se refundó Tampico. Estos tres nuevos accesos tuvieron una importante influencia en el desarrollo en la región noreste y desde luego para la ciudad de Monterrey. A raíz de ello, se dio una vinculación entre Monterrey y Matamoros principalmente.2

El noreste mexicano se benefició económicamente con la nueva frontera establecida con Estados Unidos en el tratado de Guadalupe Hidalgo.

201


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

De acuerdo con Cerutti,3 la readecuación de funciones respecto a la línea divisoria, aproximó la producción y el mercado norteamericano al noreste mexicano. A esta readecuación se le unió otro elemento, la coyuntura política del caudillo Santiago Vidaurri (gobernador de Nuevo León y Coahuila entre 1855-1864) en un contexto de inestabilidad política, durante la guerra de Reforma y de Intervención francesa. Este jefe militar, con tendencias separatistas, implementó durante su mandato medidas recaudatorias en las aduanas fronterizas, posicionando en Monterrey el punto recaudatorio. Disminuyó hasta 40% a las importaciones, incentivando con ello el comercio. Monterrey centralizó la distribución de productos importados. Durante el periodo de Santiago Vidaurri, el comercio regional se vio altamente favorecido. El cambio de frontera para el estado se presentó cuando Vidaurri unió a Nuevo León con el Estado de Coahuila (de 1856 a 1864) formando una sola entidad, manteniendo a Monterrey como la capital. Otro factor decisivo fue la guerra de secesión de Estados Unidos (1861 a 1865), que potenciaría en la frontera el tráfico mercantil y “una eventual

formación de capitales de Monterrey”.4 La problemática interna de Estados Unidos afectó, incluso bloqueó la producción y distribución de algodón (producto exportado a Europa) dando oportunidad a que el noreste fungiera como ese centro distribuidor e incluso productor hacia el exterior a través de Piedras Negras y Matamoros. Los comerciantes de Monterrey tenían sus casas comerciales en puntos fronterizos.5 La economía de guerra6 demandaba productos concretos: cueros, ganado, plata y lana principalmente, productos del noreste mexicano. Los hombres que destacaron a partir de 1850 concentraron sus fortunas a través del comercio de distintas maneras: eran prestamistas, incursionaban en actividades especulativas y adquirían extensiones de tierra para preservar sus fortunas; para ello estos comerciantes no requirieron de la producción capitalista.7 Hasta la década de 1880 Matamoros sería la puerta de entrada de efectos extranjeros y salida de productos nacionales. En los siguientes cuadros, del 47 al 53, se aprecia la diversidad de efectos que ingresaba a la ciudad, hacia la década de 1860.

Cuadro 47. Abarrotes y comestibles que ingresaban a la ciudad.8 Abarrotes

Medidas

Costo

Acero

Quintal

33 c 1/2

Alhucema

Quintal

41 c 1/2

Comestibles Aceite de oliva. Peso neto

Medidas

Costo

Quintal

83 c 1/2

aceitunas aderezadas o en salmuera

Quintal

40 c

Quintal

2 pesos 66 1/2 c

Becerrillos

Docena

8 c 1/2

Aguardiente de ginebra en botellas o tarros que no pasen de cuatro libras de liquido, no incluyendo para el pago de derechos, el peso de las vasijas

Botella de vidrio de cabida corriente

Docena

12 c 1/2

Aguardiente ron idem

Quintal

3 pesos

medias idem

Docena

8 c 1/2

Aguardiente ron

Quintal

3 pesos

Botellas o damajuanas

Docena

16 c 1/2

Aguardiente de uva. Peso neto

Quintal

2 pesos

202


Monterrey: origen y destino

Alcaparras y alcaparrones, aderezados o en salmuera

Quintal

43 c 1/2

Cera blanca o trigueña

Quintal

3.66 1/2 pesos

Idem virgen

Quintal

3.33 1/2

Algarrobas, garrobas y garrofas

Quintal

21 c 1/2

Quintal

1 peso

Almendra dulce y amarga sin cáscara

Quintal

1 peso

Quintal

1 peso

Almendra dulce y amarga con cáscara

Quintal

66 c 1/2

Quintal

33 c 1/2

Avellanas

Quintal

66 c 1/2

Duelas y fondos para barriles, toneles de todos tamaños. Peso bruto

Quintal

8 pesos 33 c 1/2

Azafrán seco o en aceites

Libra

25 c

Esperma labrada, peso neto

Quintal

4 pesos 16 1/2 c

Bacalao y cualquiera pescado seco o ahumado

Quintal

66 c 1/2

Idem en marqueta

Quintal

2 pesos 08 1/2 c

Cacao guayaquil

Quintal

66 c 1/2

Fierro de todas calidades en bruto, redondillo, cuadradillo, tiradillo, platina, ahuadaneta y barras mineras

Quintal

25 c

Cacao guayaquil de cualquiera otra clase

Quintal

1 peso 33 1/2

Idem laminado, batido, fleje y colado

Quintal

50 c

Canela de todas clases y calidades, inclusa la casia

Libra

16 c 1/2

Hoja de lata de todas clases y tamaños

Quintal

75c

Cerveza y sidra en botellas sin abono de roturas

Quintal

1 peso 33 1/2

66 c

Cerveza y sidra en botellas en barriles, sin abono de mermas ni tambores

Quintal

66 c 1/2

Cartones de todos géneros, tamaños y colores, batidos y sin batir Cristal y vidrio labrado en piezas de todas formas, clases, colores y tamaños ( excepción de las piezas que se expresan en otras partes de la nomenclatura) sin abono de roturas. Peso bruto Corcho en brutos. Peso neto

Jarcias de cáñamo, como cables, calabroese, guindalezas, cabos de maniobra, de todos los grueso. Peso bruto

Quintal

203


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Libros de impresos conocidos de enseñanza primaria, o devocionarios, calendarios. Peso neto

Quintal

1 pesos 33 1/2 c

Clavo en especias y clavillo

Libra

8 c 1/2

Libros en pastas o medias pastas, pagan de derecho por razón de dichas pastas, sobre su total. Peso bruto

Quintal

66 1/ 2 c

Comestibles no prohibidos como jamón y chorizos, butifarras

Quintal

1 p 33 1/2

Idem en banco o rayados de todos tamanos, cons paste de cualquiera clase sobre en total peso bruto

Quintal

5 pesos

Conservas alimenticias, incluyendo en el peso las vasijas que las contengan

Quintal

4 pesos 15 1/2 c

8 pesos 33 1/2

Loza en pieza de todas formas, clases, colores y tamaños, sin abono de roturas. Peso bruto

Quintal

1 peso

Dulces de todas clases, incluyendo en el peso las vasijas. Peso neto

Madera feria en chapas, pies cuadrados, millar de peso

Quintal

1 peso 33 1/2 c

Encurtidos en vinagre y salsas compuestas, incluyendo en el peso las vasijas

2 p 66 1/2 c

4. p 16 1/2

Idem para guitarras de pianos, peso neto quintal

Quintal

1 peso

Frutas en aguardientes o en otros licores, incluyendo en el peso las vasijas. Peso neto

Idem de construcción permitidas en Tampico y Matamoros, por decreto de 3 de junio de 1840. Pies cuadrados medidos por la superficie mas ancha

Millar de pies

1 pesos 66 1/2

Galletas de todas clases. Peso bruto

66 c 1/2

Idem de tejamaniles para techar, en virtud del mismo decreto

Millar de tejamaniles

33 c 1/2

Mantequilla, incluso el peso de la vasija peso neto

1 p 33 1/2

Mármoles y alabastro

Quintal bruto

83 1/2

Mostaza en polvo, preparada en salsa. Peso bruto

2 p 66 1/2 c

Papel de estraza, peso neto

Quintal

50 c

Nieves

6c

Idem de lija de todas clases, peso neto

Quintal

50 c

Pasas, higos y toda fruta seca. Peso neto

50 c

204


Monterrey: origen y destino

Idem jaspeado y de colores para encuadernar, peso neto

Quintal

1 peso

Pastas: fideos, tallarines, peso bruto

33 c 1/2

Idem escolar para impresiones, peso neto

Quintal

1 peso

Pimiento fina y ordinaria. Peso neto

1 p 33 ½

Idem para estampar loza, peso neto

Quintal

1 peso

Quesos de todas clases, incluso el peso de sus cubiertas

Quintal

66 c 1/2

83 c ½

Idem floreses y medio floreses. Peso neto

Quintal

2 pesos

Sardinas, salmones, atún y cualquiera otro pescado y mariscos escabechado, salpreso o en aceite, incluyendo en el peso las vasijas. Peso neto

Idem para cartas, de marca, marquillas rayada para música y para copiar en prensa, peso neto

2 pesos 66 1/2 c

Té negro

Libra

8c½

Idem rayados para cuentas y otros mas, el dorado en superficie y para tapices, peso neto

4 pesos

Té verde

Libra

12 c 1/2

Pelo de cartón de todas clases, peso neto

Libra

33 c 1/2

Vinagre, peso neto

Quintal

33 c 1/2

Idem de vacuno, conejo, liebre y otros sombreros. Peso neto

Libra

12 c 1/2

Quintal

1 peso

Piedras de chispa. Peso neto

Quintal

66 c 1/2

Quintal

1 p 33 1/2

Idem de amolar o mollejones, peso bruto

Quintal

16 1/2

Quintal

1 p 16 1/2 c

Idem de asentar peso bruto

Quintal

66 c 1/2

Uva fresca, incluso el peso de su envase

Quintal

16 1/2 c

Priarras y priarrines de piedra, peso bruto

Quintal

33 c 1/2

Toda clase de ferretería

Quintal

1 peso

Idem para techar, peso bruto

Quintal

25 c

Toda clase de mercería

Quintal

2 pesos 50 c

Millar

33 c 1/2

Plumas de ave para escribir Sombreros en cortes

Vino blanco de todas clases, en barril sin abono de mermas ni tambores. Peso neto. Vino blanco en botellas, sin abono de roturas Vino tinto de todas clases, en barril sin abono de mermas no roturas

Cada uno

33 c 1/2

Idem hechos de todas clases y materias

Cada uno

50 c

Tapones de corcho, peso neto

Quintal

1 peso 33 c

205


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Vidrios planos de todos números y colores, sin abono de roturas. Peso bruto

Quintal

1 peso 66 1/2 c

Cuadro 48. Carruajes y muebles, lana y cerdo introducidos a la ciudad del extranjero.9 Carruajes y muebles nuevos o usados

Medida

Costo

Carros, carretas y carretones de dos ruedas

Cada uno

4 pesos 16 1/2 c

Carretelas de dos asientos interiores

Cada uno

25 pesos

Idem de cuatro o mas idem

Cada uno

33 pesos 33 1/2 c

Coches y demás carruajes de dos o mas asientos

Cada uno

50 pesos

Diligencias de cualquier numero de asientos

Cada uno

16 pesos 66 1/2 c

Cabrioles o quitrines de dos ruedas

10 pesos

Carros de cuatro ruedas

16 pesos 66 c

Ruedas sueltas, de todas dimensiones para carros

Par

6 pesos 66 1/2 c

Idem para coches o quitrines

Par

2 pesos 50 c

Muebles de todas clases y maderas, aun con adornos de cualquier materia, o pintados o barnizados o dorados, incluyendo los baúles de todas clases, peso bruto

Quintal

2 pesos 50 c

Cuadro 49. Artículos de lana, cerda y pelo que llegaban a la ciudad.10 Lana, cerda y pelo

Lana, cerda y pelo

Alfombras y tripes de todas clases, hasta de una vara de ancho

Vara

12 c 1/2

Medias de todas clases y colores para hombre y mujer

Docena

25 c

Calcetines o medias de todos colores

Docena

12 c 1/2

Medias de todas clases y colores para niños

Docena

8 c 1/2

Camisas y calzoncillos interiores de punto de media

Pieza

8 c 1/2

Paños de primera, lisos, rayados, labrados o listados de todos colores hasta de una vara

Vara

16 c 1/2

Vara

3 c 1/2

2c

Casimires (género cruzado o asargado) de todas clases y colores, hasta de una vara

Vara

12 c 1/2

Pañuelos lisos, labrados, asargados, de todos colores, con fleco o sin el, hasta de una vara de tejido, sin ningún fleco

Cosas de estambre y punto de media, como botincitos con botones y sin ellos, polainas con botones y sin ellos, para uso y abrigo de los niños

Libra

25 c

Tejidos lisos blancos y de colores, hasta de una vara

206


Monterrey: origen y destino

Estambre o hilo de lana, de todas clases y colores

Libra

10c

Tejidos labrados, adamascados o asargados, rayados o a cuadros de todos colores, hasta de una vara

Vara

2 c 1/2

Gorros de punto de media

Docena

50c

Hilaza de lana, peso neto

Libra

10c

Guantes de todos tamanos y colores

Docena

12 c 1/2

Lana de vellón, peso neto

Quintal

66 c 1/2

Cuadro 50. Listado de lienzos y tejidos de algodón.11 Algodones

Calcetines o medias

Camisas y calzoncillos interiores de punto de media

Medida

Docena

Cada pieza

Costo

Algodones

Medida

Costo

13 c 1/2

Lienzos y tejidos lisos pintados y teñídos de colores firmes, listados o rayados desde 26 hilos y trama en el cuadro referido, hasta de una vara

Libra

33c 1/2

8 c 1/2

Lienzos y tejidos pintados y teñídos de colores, asargados, adamascados, afelpados, bordados, calados y aterciopelados, hasta de una vara

Libra

1 c 1/2

Libra

8 c 1/2

Cintas blancas y de colores

Libra

12 c 1/2

Mallas de algodón o con mezcla de lana, cualquiera que se la cantidad de una o de otra materia, blanca o de colores, incluyendo en el peso la caja de cartón que las contenga, o en caso de venir sueltas, el almacén que vienen envueltas

Gorros de punto de media

Docena

50 c

Medias de todas clases y colores para hombres y mujeres

Docena

25 c

Guantes de todos tamaños y colores

Docena

12 c 1/2

Medias de todas clases y colores para niños

Docena

8 c 1/2

2 c 1/2

Muselinas lisas blancas bordados o caladas, que excedan de 30 hilos en el cuadro mencionado, hasta de una vara de ancho

Vara

2 c 1/2

2 c 1/2

Muselinas y linoes y otros efectos de algodón, precisamente aclarados, blancos o de colores, bordados o calados, sin sujeción o numero de hilos, hasta de una vara

Vara

2 c 1/2

Lienzos y tejidos lisos u listados, blancos y trigueños, que excedan de treinta hilos de pie y trama en un cuadrado que tenga un cuarte de pulgada mejicana por cada lado, hasta de una vara de ancho Idem de trigueños o cruzados que excedan de treinta hilos en el cuadro referido, hasta de una vara

Vara

Vara

207


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Idem de lisos o rayados de colores no firmes, que excedan de 30 hilos en ocho cuadros, hasta de una vara

Vara

2 c 1/2

Pañuelos pintados, listados o de cuadros, de colores primos desde 26 hilos en el cuadro referido, hasta de una vara

Cada una

1 c 1/2

Cada una

2c

Lienzos y tejidos lisos u listados, blancos asargados. Arrasados, adamascado, bordados, calados, afelpados, aterciopelados (con exclusión de los acolchados, cantones, driles, felpa, lustrinas y pana o panilla, cuyos efectos pagaran la misma cuota que los pintados en su clase correspondiente) hasta de una vara

Vara

2 c 1/2

Pañuelos blancos, lisos y de orilla blanca y de color primo, que excedan treinta hilos en dicho cuadro, hasta de una vara

Pañuelos blancos y de colores, precozmente aclarinados, sin sujeción o numero de hilos, hasta de una vara

Vara

2c

Pañuelos blancos asargados, rayados y listados hasta de una vara

Cada una

2 c 1/2

Puntos y encajes de todas clases y colores, incluyendo en el peso las cajitas en que vengan de cualquier material u las almas en que vengan envueltas

Libra

33c 1/2

Pañuelos blancos de orilla, o esquinas bordadas o caladas, hasta de una vara

Cada una

2c 1/2

Cuadros 51. Lienzos y tejidos varios introducidos a la ciudad.12 Lino, cáñamo, estopa y yerbilla

Medida

Alfombras de todo cáñamo o estopas, hasta de una vara

Vara

Briones de lino o de cáñamo, legítimos o contrahechos, de todas clases y colores, hasta de una vara

Vara

Costo

Lino, cáñamo, estopa y yerbilla

Medida

Costo

2c

Lienzos y tejidos de mas de 36 hilos hasta de una vara de ancho

Vara

1 c 1/2

1 c 1/2

Lienzos y tejidos pintados listados o rayados, hasta de una vara

Vara

1 c 1/2

Vara

2c

Vara

3c

Cáñamo crudo o en greña. Peso neto

Quintal

33 c 1/2

Lienzos y tejidos blancos y crudos, o de colores, labrados, asargados o adamascados, hasta de una vara de ancho

Calcetines o medias de todos colores

Docena

12 c 1/2

Lienzos y tejidos bordados o calados, hasta de una vara de ancho

208


Monterrey: origen y destino

Cuitas de todas clases y colores peso neto

Libra

10 c

Medias de todas clases y colores para hombre y mujer

25 c

Guantes de todos los tamaños y colores.

Docena

12 c 1/2

Medias para niños

Docena

8 c 1/2

Hilo de lino de todas clases, colores y números

Libra

12 c 1/2

pañuelos lisos, blancos o de colores, con orilla del mismo tejido o estampado, o sin ella

Docena

8 c 1/2

66 c 1/2

Lienzos y tejidos blancos, crudos y de colores de cáñamo, o de estopa del mismo cáñamo, hasta de una vara

Vara

1c

50 c

Lienzos y tejidos lisos de lino, o de estipa de mismo lino, o de yerbilla, blancos y crudos, hasta de --- y seis hilos de pie y trama en un cuadrado que tenga un cuarto de pulgada mejicana por cada lado, hasta una vara de ancho

Vara

1 c 1/2

Hilados de lino, cáñamo y sin estipas

Quintal

Lino de crudo o en grena

Quintal

Cuadro 52. Sedas importadas.13 Sedas

Medida

Costo

Tejidos de seda con mezcla de otras materiales

Medida

Costo

Blondas y encajes de todas clases y colores, lisos o bordados

Libra

2 pesos

Los de algodón y seda

Libra

25 c

Paraguas, sombrillas o quitasoles de todos tamaños

Cada una

21 c

Los de algodón liso y seda

Libra

30 c

Los de lana y seda

Libra

33 c 1/2

Los de mas de dos materias

Libra

33 c 1/2

Punto de tul, liso o bordado Seda cruda en rama, de todas clases Seda de todas clases y colores

Libra

Libra Libra

1 pesos 66 c 1/2 16 c 1/2 33 c 1/2

Seda pelo, torcida y gusanillo de todas clases y colores

Libra

50 c

tejidos lisos, asargados, arrasados, adamascados, aterciopelados, bordados, labrados, y toda manufactura de solo seda de cualquier clase o denominación

Libra

50 c

209


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 53. Otros artículos varios importados.14

Varios efectos no especificados en las otras nomenclaturas

Abanicos de varillas de marfil, con cajas o sin ellas. Peso bruto

Quintal

10 pesos

Abanicos de varillas de carey, nácar y metal plateado, o dorado, con cajas o sin ellas. Peso bruto

Quintal

20 pesos

Bolas de marfil, y todos los demás artefactos de esta materia, que no estén especificados en algún artículo de las nomenclaturas. Peso neto

Libra

21 c 1/2

Coral fino labrado y sin labrar. Peso bruto

Libra

16 c 1/2

Flores artificiales, incluso el peso de las cajitas de cartón en que vienen

Libra

16 c 1/2

Frasqueras de todas clases, hasta de doce frascos

Cada uno

21 c

Guantes de piel, de brazo, lisos

Pieza de par

25 c

Guantes de brazo bordados

Pieza de par

50 c

Guantes de mano, para hombre y mujer

Pieza de par

12 c 1/2

Guantes de mano, bordados

Pieza de par

25 c

Guarniciones de tiro, corrientes para carros diligencias y máquinas

Quintal bruto

5c

Guarniciones finas de tiro para carruajes

Quintal bruto

10c

Ladrillos corrientes

Millar

50 c

Ladrillos barridos o azulejos

Millar

83 c 1/2

Máscaras y caretas de cartón o lienzo

Cada uno

4 c 1/2

Máscaras y caretas de alambre

Cada uno

8 c 1/2

Máquinas armadas para pianos cuadrilongos

Una

12 pesos 50 c

Máquinas armadas para pianos verticales

Una

18 pesos 33 c 1/2

Máquinas armadas para pianos de cola

Una

25 pesos

Peines de madera corriente. Peso bruto

Quintal

50 c

Peines de china, de cana de todas clases, peso bruto

Quintal

1 peso 33 1/2 c

Pianos cuadrilongos

Cada uno

16 pesos 66 c 1/2

210


Monterrey: origen y destino

pianos verticales o de esqueleto

25 pesos

pianos de color

33 pesos 33 c 1/2

Plata labrada en todas clases de piezas de solo este metal. Peso neto

cada uno

12 c 1/2

Teja de todas marcas

millar

1 pesos

Tinta Negra y de colores peso bruto

libra

2c

La amplia variedad de artículos cubría las necesidades urbanas de los habitantes de Monterrey y pueblos aledaños. Por otra parte, también ingresaban a la ciudad los efectos producidos en la región y principalmente en el centro del país. En

el cuadro 54 aparece una lista de los comerciantes de la época, cuyos diversos nombres (o compañías) figuraron durante algunas décadas a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, e incluso en el siglo XX.

Cuadro 54. Lista 1 de comerciantes registrados en la Comandancia del resguardo municipal de Monterrey sólo durante el mes de diciembre de 1886.15 Comerciante

Mercancías

@

Libras

Cuotas

$

¢

Reinaldo Berardi

2 bultos vino blanco

7

50

3

50

Reinaldo Berardi

29 bultos mercancías

62

3

1

86

Reinaldo Berardi

10 cajas puntillas fierro

38

2

76

Reinaldo Berardi

8 bultos chile colorado

95

3

2

85

Reinaldo Berardi

6 bultos mercancías

15

3

45

Reinaldo Berardi

33 bultos harina

127

2

2

54

Reinaldo Berardi

110 pieles res

110

5

3

30

Reinaldo Berardi

1 bulto jorongos

4

20

80

Reinaldo Berardi

1 caja cueros

6

3

18

Reinaldo Berardi

10 barricas aguardiente uva

75

1

75

Reinaldo Berardi

3 barriles vino generoso

9

50

4

50

211


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Reinaldo Berardi

1 barrica vino tinto extranjero [sic]

8

75

6

Reinaldo Berardi

187 bultos mercancías

619

3

18

57

Reinaldo Berardi

9 bultos ferretería

38

2

76

Reinaldo Berardi

12 cajas esteazina

24

3

Reinaldo Berardi

1 bulto jorongos

19

20

60

Pedro Maiz y Cía.

38 cajas manteca

81

3

2

43

Pedro Maiz y Cía.

105 bultos ferretería

408

2

8

16

Pedro Maiz y Cía.

50 bultos mercancía

401

3

12

3

Pedro Maiz y Cía.

743 bultos mercancías

1340

3

40

20

Pedro Maiz y Cía.

1 carro de metates

869

3

26

7

Pedro Maiz y Cía.

26 cajas tinta

81

3

2

43

Pedro Maiz y Cía.

115 bultos mercancías

333

3

9

99

Pedro Maiz y Cía.

13 bultos mercancías

110

3

30

Pedro Maiz y Cía.

40 cueros suela

40

3

1

20

Pedro Maiz y Cía.

28 bultos mercancías

88

3

2

64

Pedro Maiz y Cía.

2 cajas hilo

19

10

1

90

Pedro Maiz y Cía.

40 bultos mercancías

147

3

4

41

Pedro Maiz y Cía.

20 bultos fierro

87

2

1

74

Pedro Maiz y Cía.

3 bultos tabaco

167

3

5

1

Pedro Maiz y Cía.

4 barricas mezcal

24

50

12

Pedro Maiz y Cía.

225 cajas azúcar

241

3

7

23

Pedro Maiz y Cía.

681 bultos fierro

1584

2

31

68

Pedro Maiz y Cía.

278 bultos mercancías

544

3

16

32

Pedro Maiz y Cía.

10 barricas mezcal

67

50

33

50

H.H. Sucesores

3 bultos ropa algodón

53

10

5

30

H.H. Sucesores

4 cajas ropa algodón

60

10

6

H.H. Sucesores

Por almacenaje de 21 bultos en 2 días

1

42

212


Monterrey: origen y destino

H.H. Sucesores

14 bultos ropa algodón

189

10

18

90

H.H. Sucesores

2 bultos géneros lana

10

20

2

H.H. Sucesores

almacenaje de 6 bultos en 7 días

1

42

H.H. Sucesores

1 bulto dril

9

10

90

H. H. Sucesores

5 bultos ropa algodón

39

10

3

90

H. H. Sucesores

4 bultos géneros algodón

50

10

5

H. H. Sucesores

1 bulto chile colorado

10

3

30

H.H. Sucesores

9 bultos ropa algodón

132

10

H.H. Sucesores Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Francisco Armendáiz Praxedis García

2 bultos géneros lana

13

20

13 2

20 60

1 caja calzado

7

3

21

4 bultos chile colorado

40

3

1

20

12 bultos dril algodón

113

10

11

30

12 bultos mercancías

83

3

49

1 bulto géneros algodón

4

10

40

8 bultos cascalote

43

3

1

29

10 cajas cerveza

50

5

17 barricas cerveza

1

17

26 bultos mercancías

88

3

2

64

24 bultos reatas ixtle [sic]

96

3

2

88

21/2 gruesas morrales

12

3

36

Praxedis García

4 bultos morrales

18

3

54

Praxedis García

3 cajas calzado

26

3

78

Praxedis García

4 bultos mercancías

18

3

54

Praxedis García

25 cueros suela

25

3

Praxedis García

112 metates

239

3

Praxedis García

2 bultos costales

6

3

José Ma. Parás

3 bultos cacao

28

3

José Ma. Parás

2 cajas cigarros

10

3

José Ma. Parás

9 bultos ferretería

34

2

José Ma. Parás

3 bultos casimires

15

José Ma. Parás

1 bultos géneros algodón

5

José Ma. Parás

1 bulto géneros algodón

3

10

José Ma. Parás

3 bultos cacao

14

3

David Guerra

16 bultos jarcia

83

3

David Guerra

4 bultos jarcia

27

3

David Guerra

242 bultos harina

1011

2

David Guerra

16 bultos harina

66

2

7         3       2   20 1

75 17 18 84 30 68 50 30 42 49 81 22 32

213


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

2

1 3 4

96 80

50

56

50

3

2

3

54 3

 

11

3 cajas calzado

26

3

Valentín Rivero

18 bultos tabaco

954

3

Valentín Rivero

1 caja muebles

3

12

Valentín Rivero

10 bultos arpillera

79

3

Valentín Rivero

13 bultos ferretería

63

2

Valentín Rivero

300 cajas petróleo

946

3

Valentín Rivero

114 bultos trigo

1164

1

Valentín Rivero

111 bultos mercancías

427

3

12

Valentín Rivero

40 bultos acero

264

2

5

Valentín Rivero

6 bultos muebles

42

12

5

José Calderón

90 cargas sal

1080

3

José Calderón

14 bultos tabaco

893

3

José Calderón

5 bultos cacao

41

3

José Calderón

25 bultos mercancías

148

3

2   2 1 28 11 81 28 4 32 26 1 4

78 62 36 37 26 38 64     40 79 23 44

José Calderón

2 cajas hilo

21

10

2

10

José Calderón

45 cajas jabón

391

3

11

73

José Calderón

3 bultos pieles

13

3

39

José Calderón

1 caja calzado

8

3

24

José Calderón

15 bultos jarcia

90

3

2

70

José Calderón

2 bultos mercancías

12

3

36

E. Bremer

2 bultos medicinas

13

25

E. Bremer

13 bultos mercancías

67

3

E. Bremer

5 cajas mercancías

30

3

E. Bremer

2 cajas medicinas

9

25

E. Bremer

5 cajas jabón

34

3

E. Bremer

7 bultos mercancías

63

3

E. Bremer

1 bulto medicinas

4

25

E. Bremer

3 bultos mercancías

12

3

E. Bremer

1 bulto vino evaporado

2

50

3 2 2 1 1 1   1

25 1 90 25 2 89 36  

David Guerra

22 bultos harina

98

2

David Guerra

100 cueros suela

100

3

David Guerra

66 bultos harina

240

David Guerra

14 barricas aguardiente caña

88

David Guerra

57 bultos azúcar

148

Valentín Rivero

12 bultos cacao

100

Valentín Rivero

11 bultos pieles extracción del día 7. 111@ a 12 1/2 c $ 14.37 c

Valentín Rivero

214


Monterrey: origen y destino

Cuadro 55. Lista 2 de comerciantes registrados en la Comandancia del resguardo municipal de Monterrey sólo durante el mes de diciembre de 1886.16 Comerciante

Mercancías

@

Libras

Cuotas

$

¢

Gregorio E. García

2 bultos ixtle maguey

12

3

36

Gregorio E. García

15 bultos jarcia

94

3

2

82

Gregorio E. García

2 bultos cacao

16

3

48

Gregorio E. García

8 bultos manteca

24

3

72

Gregorio E. García

20 bultos arpilleros

118

3

3

54

Donato Lozano

6 barricas mescal

35

50

17

57

Donato Lozano

5 cajas cigarros

19

3

Donato Lozano

6 barricas mescal

36

50

18

Donato Lozano

7 barricas mescal

42

50

21

42

Viuda de Langtroth

2 cajas libros

14

3

23

Viuda de Langtroth

25 bultos mercancías

41

3

1

Viuda de Langtroth

7 bultos mercancía

16

3

48

Viuda de Langtroth

10 bultos ferretería

169

2

3

38

Viuda de Langtroth

5 bultos muebles

25

12

3

40

Viuda de Langtroth

3 bultos ferretería

20

2

Luis Garza

34 bultos sebo

3

20

60

Luis Garza

32 bultos harina

51

2

2

96

Luis Garza

2 cajas acero

12

3

1

53

Luis Garza

5 bultos garbanzo

20

50

11

Patricio O’Davaud

230 cajas petróleo

856

3

25

68

Patricio O’Davaud

200 cajas petróleo

640

3

19

20

Patricio O’Davaud

30 cajas untura

83

3

2

49

Patricio O’Davaud

15 bultos muebles

33

12

3

96

Patricio O ‘Davaud

2 cajas géneros algodón

42

10

4

20

A. Ancira

5 bultos medicinas

11

25

2

75

A. Ancira

1 bulto mecha

8

10

80

A. Ancira

1 bulto cristalería

2

3

6

A. Ancira

3 bultos medicinas

8

25

2

A. Ancira

7 bultos medicinas

44

25

11

A. Ancira

4 bultos mercancías

26

3

78

Epitacio Ancira

18 bultos cristalería

74

3

2

22

Epitacio Ancira

27 bultos medicina

81

25

20

25

Vicente Marty

6 barriles mezcal de fuera del Estado

18

20

1

18

50

Vicente Marty

2 bultos cueros curtidos

20

3

60

Vicente Marty

5 bultos tabaco

326

3

9

78

Vicente Marty

7 bultos tabaco

456

3

13

68

Vicente Marty

4 bultos canela

14

3

42

Vicente Marty

15 bultos cotence

465

3

13

95

Vicente Marty

4 bultos mercancías

26

3

78

215


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Vicente Marty

1 bulto géneros algodón

6

10

60

Eutemio López

1 bulto collares para mula

6

3

18

Eutemio López

120 bultos harina

480

2

9

60

Eutemio López

Varios bultos metates

392

3

11

76

Eutemio López

1 bulto jorongos

197

3

5

91

Eutemio López

12 bultos café

95

3

2

85

Gregorio E. García

16 bultos manteca

50

3

1

50

Gregorio E. García

24 bultos mercancías

119

3

3

57

Gregorio E. García

6 cajas cigarros

16

3

48

Gregorio E. García

220 bultos harina

899

2

17

98

Pedro Lambertón

6 bultos mercancías

20

3

60

Pedro Lambertón

2 bultos pieles

6

3

18

Pedro Lambertón

6 bultos pieles

10

3

30

Francisco Oliver

150 bultos harina

600

2

12

Francisco Oliver

135 bultos harina

540

2

10

80

Francisco Oliver

108 bultos harina

432

2

8

64

Francisco Oliver

Pro almacenaje de 105 bultos en dos días

1

2

10

Francisco Oliver

4 bultos cobertores

26

20

5

20

A. Olivier

2 bultos azúcar

16

3

48

A. Olivier

1 bulto géneros algodón

8

10

80

A. Olivier

4 bultos casimires

28

20

60

A. Olivier

1 caja calzado

10

3

30

A. Olivier

6 bultos géneros algodón

55

10

50

Fermín Gortari

38 bultos harina

114

2

2

28

Fermín Gortari

3 barricas vino evaporado

21

50

10

50

Fermín Gortari

12 bultos harina

50

2

1

Carlos Tames

4 cajas ajenjo del país

2

50

1

Carlos Tames

10 cajas jarabe del país

16

3

48

Carlos Tames

4 cajas manteca

12

3

36

Carlos Tames

14 bultos manteca

40

3

1

20

Felícitos Garza

4 bultos ferretería

17

2

34

Felícitos Garza

61 bultos mercancías

104

3

3

12

Felícitos Garza

2 cajas cognac

1

1

50

1

50

R. Dresel

84 bultos ferretería

281

2

5

62

R. Dresel

3 bultos mercancías

23

3

69

R. Dresel

9 bultos mercería

75

25

18

75

Carlos Piazini

42 bultos mercancías

62

3

1

86

Carlos Piazini

5 bultos ferretería

11

2

22

Carlos Piazini

3 bultos muebles

6

12

72

Francisco Lozano

3 bultos mescal [sic]

22

20

50

11

25

Francisco Lozano

3 barricas mezcal

22

2

24

Francisco Lozano

3 barricas mezcal

22

20

50

11

25

Procopio G. Ramírez

56 cajas trementina

192

3

5

76

216


Monterrey: origen y destino

Procopio G. Ramírez

1 caja loza

113

3

57

Procopio G. Ramírez

2 cajas cigarros

19

3

57

Francisco L Cantú

39 bultos mercancías

46

3

1

38

Francisco L. Cantú

23 bultos mercancías

41

3

1

23

Francisco L. Cantú

10 docenas morrales

4

3

12

Cuadro 56. Lista 3 de comerciantes registrados en la Comandancia del resguardo municipal de Monterrey sólo durante el mes de diciembre de 1886.17 Comerciante

Mercancías

@

Libras

Cuotas

$

¢

Margarito Garza

8 cajas untura

21

3

63

Margarito Garza

34 bultos mercancías

124

2

2

48

Adrián Lozano

5 bultos mescal

27

50

13

50

Adrián Lozano

16 bultos harina

48

2

96

Carlos Holck

1 barrica cerveza

1

1

Carlos Holck

4 cajas ropa algodón

13

10

1

30

Juan B. Mears

2 cajas medicinas

4

25

1

Juan B. Mears

2 cajas medicinas

5

25

25

Onofre Zambrano

1 barril vino blanco

3

50

1

50

Onofre Zambrano

1 caja indianas

17

10

1

70

Viuda de Ayala

1 caja mercería

2

25

50

Viuda de Ayala

4 cajas mercería

38

25

9

50

G

B. García

1 caja cerveza

3

50

50

B. García

12 cajas cerveza

50

6

B. García

8 bultos de pieles (extracción [sic]) 67 @ a 12 1/2 c. $8.37 1/2 c.

Cenobio Vargas

8 bultos pieles

28

3

84

Cenobio Vargas

8 bultos manteca

20

3

60

Juan Villarreal

7 barricas mezcal

36

50

18

25

Juan Villarreal

6 bultos mezcal

19

50

9

50

Andrés Quintanilla

3 bultos ixtle de maguey

9

3

27

Andrés Quintanilla

4 pieles res

4

3

12

Andrés Galindo

1 bulto pieles

7

3

21

Andrés Galindo

1 bulto badanas

2

3

6

Elías Galindo

4 maquinas coser

15

3

45

Elías Galindo

3 barricas mezcal

21

50

10

50

Eufracio Garza

3 barricas mezcal

21

50

10

50

Eufracio Garza

4 barricas mezcal

28

50

14

Jacobo Ramos

30 cajas azúcar

242

3

7

26

Jacobo Ramos

48 bultos azúcar

347

3

41

Nicolás Villarreal

8 barricas mezcal de fuera del Estado

48

1

48

217


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Nicolás Villarreal

4 bultos mezcal del Estado

23

50

12

50

Eutemio Calzado

38 bultos harina

119

2

38

Eutemio Calzado

32 bultos cebada

148

1

1

48

Domingo Brono

20 bultos harina

70

2

1

40

Domingo Brono

2 barricas vino blanco

16

50

8

Cuadro 57. Lista de comerciantes registrados en la Comandancia del resguardo municipal de Monterrey sólo durante el mes de diciembre de 1886. 18 Comerciante

Mercancías

@

Cuotas

$

¢

Blas Cantú

108 bultos sebo

147

3

4

41

Blas Cantú

1 bulto cera

5

3

15

David Ríos

1 caja mercería

1

25

25

Teodocio Benavides

25 cueros suela

25

3

75

A. López

2 bultos pieles

15

3

45

Mauricio Gómez

36 bultos semilla algodón

96

3

2

88

Manuel Cantú

10 barricas mezcal

40

50

20

Humberto S. Rosi

2 bultos mercancías

18

3

54

Guadalupe Cavazos

5 bultos cera

16

3

48

Tirso Hernández

2 bultos ixtle labrado

6

3

18

Cesáreo Ramón

2 cueros res

20

3

60

Martín Martínez

4 cueros res

4

3

12

B. García

1 bulto pieles

5

3

15

Armando Lozano

2 cajas mercería

16

25

4

Jesús María Martínez

2 cajas ropa algodón

10

10

1

Ignacio García

3 bultos jarcia

10

3

3

Manuel L. Elizondo

3 cajas impresos

15

3

45

Laureano R. Guzmán

7 barriles mezcal

21

50

10

50

Juan Peña

6 bultos sebo

19

3

57

Refugio Martínez

5 botes aguarrás

13

3

39

Francisco Flores

7 cueros res

7

3

21

Emeterio Lozano

4 cueros res

4

3

12

Clemente Villarreal

4 cueros res

4

3

12

Guadalupe Cavazos

1 barrica mezcal

7

50

28

50

Refugio Cavazos

20 cueros suela

20

3

60

Evaristo Guajardo

2 bultos chile colorado

8

3

24

Genaro Reina

24 cueros suela

55

3

1

65

Perfecto Gutiérrez

5 bultos mezcal

24

3

72

Manuel Gutiérrez

5 bultos mezcal

30

50

15

E. Garza

2 cajas sobreros pelo

11

25

75

Y. Aguirre

4 bultos sombreros palma

33

3

99

E. Aguirre

3 bultos sombrero palma

21

3

63

F.A. Martínez

2 cajas libros

8

3

24

218


Monterrey: origen y destino

Mariano García

1 bulto cobertores

7

20

1

40

Matías Garza Guerra

10 cueros suela

10

3

30

Pedro Cirlos

25 cueros res

25

3

75

J. C. Pérez

1 caja géneros algodón

8

10

80

Apolinar Mancías

1 campana

6

3

18

José Ma. Elizondo

5 cueros res

5

3

15

F. G. Lozano

901

2

18

2

M. M. Cárdenas

288 bultos madera destrozada 10 bultos mercancías

21

3

63

Feliciano Marroquín

2 bultos manteca

6

3

18

Ramón Treviño

11 bultos medicinas

65

25

16

25

Francisco Arteche

3 bultos cacao

24

3

72

Severo Villarreal

2 bultos harina

80

2

1

60

Epitacio Cantú

6 cueros res

6

3

18

Jesús M. Martínez

10 cajas cerveza

13

10

1

30

Apolonio Flores

4 barricas mezcal

28

50

14

Juan Guzmán

13 bultos jarcia

24

3

72

Liónides Guajardo

25

1

25

Ignacio Benavides

4 barricas mezcal de fuera del Estado 12 cargas de sal

144

3

4

32

Antonio L. Rodríguez

3 barricas mezcal

18

50

9

Eligio Villarreal

3 barricas mezcal

13

50

6

50

Prisciliano de León

36 bultos harina

186

2

3

72

Miguel Guajardo

2 bultos jarcia

6

3

18

Jacinto Guerra

15 bultos harina

62

2

1

24

Pomposo Morales

5 bultos mezcal

15

50

7

50

Tomás Westrup

2 órganos

7

12

84

Luis Verdier

3 barricas cerveza

13

25

3

37

Francisco Treviño

11 bultos garbanzo

74

3

2

22

Patricio Milmo

5 bultos dril

45

10

4

50

Carlos Heselbart

2 cajas sombreros pelo

27

25

6

75

Timoteo Lozano

1 bote de vino blanco

2

50

1

En las anteriores listas destacan varios nombres de comerciantes que realizaron sólo durante un mes más de diez introducciones de mercancías, mientras otros efectuaron sólo algunas. Entre los primeros sobresalen nombres como Reinaldo Berardi, Pedro Maiz y Cía., H. H. Sucesores, Praxedis García, Valentín Rivero, José Calderón, todos ellos importantes empresarios regionales. Las mercancías procedían tanto del extranjero como del centro y otras regiones del país. La diversidad de productos incluía miscelánea (ropa de algodón, cristalería, sombreros, mercería, jabón, jorongos, cobertores, entre otros), abarrotes (hari-

na, sal, granos y alimentos), medicamentos, pieles y cueros, cebo, petróleo, cerveza, vinos, cigarros; así como objetos de lujo y especializados como pianos, órganos y máquinas de coser, entre una amplia gama de productos nacionales y extranjeros demandados por la población nuevoleonesa y del noreste. De esta forma, Monterrey se colocó como centro recolector y distribuidor de efectos nacionales y extranjeros, extendiendo su red de distribución a Estados como Coahuila, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Chihuahua, e incluso Nuevo México.19 Esta conexión entre Monterrey y Mata-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

moros perdió vigencia con la llegada del ferrocarril en la década de 1880, aunque la actividad comercial decayó en la década de los sesenta. El comercio ilegal –o contrabando– favoreció el comercio y la acumulación de fortunas. Por ello, revisemos algunos elementos que permitirán entender estas actividades lucrativas en la región y ciudad durante la segunda mitad decimonónica. Durante muchos años, el contrabando fue una actividad por demás lucrativa en la región. La incorporación de Texas a Estados Unidos y la delimitación de la frontera con el río Bravo favorecieron esta actividad. Ante el creciente desarrollo comercial americana y con el objetivo de impulsar comercialmente la frontera mexicana, en 1858 el gobierno federal creó la Zona Libre: “una franja de terreno de cuarenta kilómetros de anchura, en la que quedaban comprendidos todos los puertos fronterizos de Tamaulipas, y a la cual era legítima importar mercancías extranjeras sin pago de derechos aduanales”.20 Estas condiciones favorecieron el contrabando. Las aduanas constituían la principal fuente de ingresos para el gobierno federal; en tiempos de conflictos, los gobiernos en turno buscaban el control de los puertos para la obtención de tales recursos. Asimismo, para dinamizar la entrada de recursos bajaban los aranceles a las mercancías, lo que sin duda favoreció a los importadores. En Monterrey, Vidaurri estableció una aduana que comprendía la frontera correspondiente al territorio de Coahuila y Nuevo León. El contrabando privaba de cuantiosos ingresos al gobierno, por lo que en 1870, durante la República restaurada, por ley federal se creó la fuerza móvil llamada Contrarresguardo, encargada de vigilar las zonas de la frontera alejadas de los poblados para establecer una doble barrera al contrabando. A partir de ese año la corporación abrió oficinas en la ciudad para controlar toda mercancía que entraba a la plaza. “Había garitas al sur de Monterrey por las cuales no podían pasar las mercancías si no llevaban las guías en orden”.21 La oposición a estas medidas fiscalizadoras en la región, y particularmente en la ciudad, se dejó sentir en distintas quejas, entre las que se ha

220

de mencionar la del propio gobernador Viviano L. Villarreal, en las que expresaba la continua fiscalización del comercio y los abusos frecuentes por agentes de la institución del Contrarresguardo.22 La prensa local también mostraba su desacuerdo. El periódico Renacimiento publicó: Como se deduce de esos hechos, los contrabandistas de Marín, así como los de Lampazos, han arrojado la máscara, y al grito de ‘muera el Contrarresguardo y viva el contrabando’, parecen haber declarado la guerra al mismo gobierno en las personas de sus agentes.23 Este mecanismo, para abatir el contrabando cuyas mercancías llegaban a la ciudad como destino final o como escala para ser redistribuido, no mostraba, según la opinión de algunos actores políticos, los resultados esperados y por el contrario parecía que lo alentaba. En la siguiente Acta de Cabildo el presidente municipal y un regidor en turno (1874) dan una imagen amplia sobre el problema: Siendo notorios los males que esta sufriendo esta Capital y el Estado entero con motivo de la permanencia del Contrarresguardo del Norte, que en vez de producir los resultados benéficos que se propuso el Legislador de evitar el contrabando, ha sido inútil, pues sólo lo ha fraccionado, y la prueba es que todo el Estado esta lleno de pacotilleros pequeños que venden las mercancías en las calles de los pueblos, tan baratas, que ningún comerciante establecido puede competir; mientras los empleados del Contrarresguardo ejercen la mayor vigilacion [sic] con los traficantes del interior, con los que salen ó entran nuestras poblaciones, quitando el dinero que traen del interior, producto de ventas de piloncillo y demás efectos nacionales, que cuando nuestro Estado ha quitado las alcabalas, y las aduanas interiores dejando, la mayor libertad al comercio, éste se vé agobiado por el espionaje y fiscalización de los agentes del Contrarresguardo, que no tienen el menor freno para cometer abusos de todo género con el pretesto [sic] de perseguir el contrabando, impidiendo el


Monterrey: origen y destino

tráfico de nuestros pueblos entre si y con el interior de la República, pues hay tantas trabas y agentes con quienes entenderse que hacen imposible toda transacción, dando por resultado que han estinguido [sic] y anulado nuestro comercio de buena fe al grado de cerrarse varias casas, otras liquidándose y algunas hasta quebrando, por tales circunstancias. El único medio que vemos para evitar estos males y la ruina total del comercio de nuestros pueblos, es que el Contrarresguardo se retire de las aduanas fronterizas y los puntos inmediatos, cerrando el camino a los contrabandistas, y dejando libertad interior de comercio, para conseguir este importante objeto diríjase una súplica atenta al Ciudadano Presidente de la República por conducto del Gobierno de este Estado, quien se suplique informe si lo tiene bien la veracidad de los hechos que denunciamos y la necesidad urgente de una disposición que remedie los males que aquejan nuestros pueblos.24 Durante la década de los sesenta y setenta del siglo XIX, el comercio ilegal fue una actividad significativa en la región fronteriza. Éste fue uno de los principales obstáculos a que se enfrentaron los programas liberales implantados en la República restaurada, para controlar la ola de violencia, en su intento de homogeneizar al país. El proyecto anticontrabando fue parte del intento de vigorizar la hacienda pública. Durante el Porfiriato, en 1885, se creo la Gendarmería fiscal para combatir el tráfico ilegal y mantener el orden y la paz en el país. Tras el ascenso de Reyes a la gobernatura de Nuevo León, éste emprendió una enérgica acción contra el bandidaje y el contrabando de la frontera. Desde 1889 hasta 1891 Reyes desplegó tropas y rurales a lo largo de la frontera para deshacer las bandas organizadas y confiscar los contrabandos, a través de un eficiente sistema de espionaje.25 Por su parte, el control del tráfico de mercancías que llegaba a la ciudad era parte del trabajo del Ayuntamiento. Por la noche estaba prohibida la transportación de bultos “de la oración de la noche

en adelante” a menos de contar con un permiso del cabo de serenos o de la policía.26 A finales de siglo el Ayuntamiento, ahora a través del resguardo municipal, controlaba el acceso de las mercancías. En 1891 el reglamento de pago de impuestos27 señalaba que los pagos de éstos se realizaban obligatoriamente para el ingreso de las mercancías a la ciudad. La introducción de mercancías a la población se hacía por las garitas establecidas de las seis de la mañana a las seis de la tarde, los introductores se presentaba para entregar las cartas de envío o documentos que amparaban los efectos introducidos. Si la introducción de mercancías se hacía antes o después de las horas fijadas, los conductores o dueños estaban obligados a presentarse con sus trenes a la comandancia de resguardo municipal o de policía, en caso contrario eran catalogados como defraudadores del fisco municipal y multados con tres tantos más de los derechos que causaban los efectos introducidos, cuyo cobro se les aplicaba previo embargo de los efectos, en caso de resistencia. El municipio publicaba los cobros de impuestos para ser efectuados por los dueños de las mercancías en 24 horas, pero en caso de no verificar los pagos en los juzgados locales, se aplicaban recargos del 10%.28 En caso de que se sorprendiese alguna introducción clandestina, el dueño o conductor era castigado con una tercera parte de la multa (que representaba tres veces los impuestos correspondientes) y se le otorgaba a los denunciantes o aprehensores. La comandancia del resguardo municipal, bajo su más estricta responsabilidad vigilaba las garitas, estaciones de ferrocarril y demás puntos de entrada a la ciudad para estar al tanto de las introducciones de mercancía a la ciudad y diariamente daba parte (circunstanciada) por escrito de las entradas al alcalde, al comisionado de hacienda y al tesorero municipal. Sin duda, el contrabando ha sido desde tiempo atrás una práctica recurrente muy lucrativa. Sobre todo en el último tercio del siglo decimonono estas actividades ilícitas se vieron fuertemente fortalecidas, afectando principalmente intereses de aquellos comerciantes, empresarios y propietarios

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

de tierras. Ante dichas transgresiones a la ley, la mano dura del régimen porfirista para conseguir a toda costa “pacificar” el país, acatada al pie de la letra por el gobernador de Nuevo León, logró su cometido disminuyendo las situaciones que perjudicaban a la sociedad y ponían en entredicho la fuerza y control de Porfirio Díaz.

La inseguridad pública: un problema recurrente La vida en Monterrey (y en el estado) durante el periodo revisado tuvo un ingrediente elemental en el devenir diario: la inseguridad. En términos generales, las armas fueron el medio negociador que preponderó a lo largo del siglo decimonónico. La búsqueda de la seguridad por parte de las autoridades tuvo varios aspectos y esferas de acción. Por un lado estaban los mecanismos a nivel estatal, empleados para guardar la seguridad de los pueblos ante los denominados “indios bárbaros” y aquellos salteadores y bandoleros de la época; éstos remiten a un aspecto geopolítico más amplio que el municipio de Monterrey. Por otra parte, la seguridad en un sentido de orden y buen gobierno, efectuada en el ámbito municipal. Para 1867, una vez concluida la Intervención francesa, Juárez y su gabinete aplican distintos programas liberales con el objetivo de fortalecer la unidad nacional. Parte de ello era la búsqueda de la paz en el país y el debilitamiento de aquellos bandoleros y asaltantes que se habían profesionalizado en la violencia, durante la inestabilidad presente durante la guerra de Reforma y en la Intervención extranjera. Siguiendo esta dinámica nacional, con las debidas proporciones, los gobiernos estatales en turno aplicaban distintas medidas para contrarrestar la problemática de aquellos que infringían la ley. Sin embargo, en el caso de Nuevo León las políticas estatales se encontraban en manos de algunos caciques regionales (Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo), que como ya se ha expresado, perseguían restablecer el orden y aplicar la ley, toda vez que afectaran sus intereses personales. En 1870

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Jerónimo Treviño decretó la Ley sobre salteadores y plagiarios,29 en la que se planteaban específicamente las penas para los infractores de la ley y las atribuciones y responsabilidades de los habitantes ante las situaciones de desorden y asalto. Los salteadores y plagiaros cogidos infraganti serán castigados con la pena capital, sin más requisito que el levantamiento de una Acta por el jefe de una fuerza aprehensora, en que se haga constar el hecho de haber sido aprehendidos infraganti, y la identificación de sus personas. Los que no fueren cogidos infraganti serán juzgados sumaria y verbalmente por las autoridades políticas, cuyos agentes hayan hecho la aprehensión, bien sean las autoridades políticas de los distritos o los jefes militares de la Federación o de los estados. El término del juicio no podrá exceder en ningún caso del plazo perentorio e improrrogable de tres días, durante los cuales podrán los procesadores presentar las pruebas y defensas que a su derecho convengan. Dentro de dicho término se pronunciará sentencia de muerte si fuere probado el delito, la que se ejecutará sin admitir recurso de ninguna clase.30 Las leyes de la época solicitaban a los habitantes cooperar en el restablecimiento de la seguridad pública, incluso había libertad de portar armas (pues no estaban prohibidas por la ley), sin necesidad de licencia especial. De tal suerte que los habitantes de cualquier lugar tenían la facultad de reunirse a fin de perseguir a los bandidos que hubiesen cometido o planeado algún asalto, teniendo sólo como requisitos el dar aviso a la autoridad respectiva de su jurisdicción. En caso de no avisar oportunamente a la autoridad de la jurisdicción sobre algún asaltante o no prestar la ayuda necesaria para la persecución de los bandidos, los habitantes se hacían acreedores a multas.31 Destaca la organización civil en la ciudad y en el estado, en tanto representa la posibilidad de garantizar la seguridad en lugares donde la policía municipal o estatal no podía hacer presencia, en donde los “bárbaros” y aquellos asaltantes asolaban con frecuencia.


Monterrey: origen y destino

Con el ascenso de Bernardo Reyes al poder estatal se implementaron diversas medidas en materia de seguridad, siguiendo el esquema porfirista de la paz porfiriana. Reyes fortaleció a los grupos de seguridad integrados por la policía urbana y rural, la acordada y el ejército profesional. Los rurales, o policía rural montada, se encargaban de cuidar los caminos y campos, así como de mantener a toda costa el orden y paz de los pueblos. Este cuerpo de seguridad fue estructurado en 1861 por Ignacio Zaragoza y en 1880 reorganizado por Porfirio Díaz. Durante este periodo los rurales fueron la mejor fuerza de policía rural del país y sus servicios fueron solicitados constantemente por las dependencias federales, por gobernadores, funcionarios municipales y hombres de negocios. Los rurales se distinguían por montar a caballo y portar sables y rifles de repetición. El aumento de gavilleros y bandidos en el país durante el periodo porfirista, propició que el gobierno activara la policía secreta dependiente de cada estado. Estos cuerpos de seguridad eran identificados como la Acordada, nombre derivado del Real Tribunal de la Acordada, organismo colonial creado en 1719, para contrarrestar el bandidaje y disuelto en 1813. Desde 1886 Reyes impuso una enérgica acción para acabar con el bandidaje. Estableció la Acordada, que tenía como función principal aprehender a las personas acusadas por crímenes.32

El fin del enemigo público: la presencia indígena Pese a que el punto geográfico medular de esta obra es la ciudad de Monterrey, la temática particular nos orilló a traspasar ese límite y abarcar de forma muy modesta la entidad. Durante el periodo estudiado, los ataques indígenas rara vez llegaban

Distintas regiones de Nuevo León eran atacadas por bandoleros e indios.

a suscitarse en los municipios circundantes a la capital, limitándose a incursiones en las rancherías y poblaciones de localidades lejanas y débilmente defendidas, como en el caso de Lampazos, Bustamante, Vallecillo, Ciénega de Flores, etcétera. Esto obedecía a que en los principales centros urbanos del estado el gobierno destacaba de forma permanente una gran cantidad de tropas, a fin de proteger las actividades comerciales y agroindustriales de cualquier enemigo, fueran estos filibusteros, bandoleros o indígenas. Con esa desventaja numérica y cualitativa, merced a la buena red de caminos y los medios de transporte de que disponían las guarniciones, cualquier intentona de las tribus por incursionar representaría un virtual suicidio.33

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Este apartado, inentendible en una entidad dontentando evitar redunde las relaciones comerciales dancias temáticas, precon el resto del país y el extrantende desglosar de forma jero eran precarias. Pero con somera la desaparición de Vidaurri y su política económilas sociedades indígenas ca cimentada en la apropiación seminómadas que habían de los recursos aduaneros, el incursionado en el noimpulso a la inversión privada reste mexicano desde la y el aprovechamiento de las época colonial. Algunas necesidades mercantiles de la veces buscando alimento Confederación Sureña durante y refugio, otras en franca la Guerra Civil norteamericaactitud agresiva, llevando na (1861-1865), las cosas serían a cabo pillajes, asesinatos diametralmente diferentes. y secuestros, las tribus Desde década atrás, los indígenas se erigieron habitantes, principalmente los como el enemigo por que habitaban al norte del esexcelencia de las atemotado, se enfrentaron a las correrizadas poblaciones de rías de los denominados “indios la región. No obstante, bárbaros”, que como diversos después de muchos años estudios han documentado en que a las infructuosas asolaban pueblos, villas y cocampañas punitivas del munidades. La violencia e ingobierno se sucedían regobernabilidad de estos grupos, novadas y agresivas cocaracterísticas aparentemente rrerías de los “bárbaros”, inexplicables, fueron los síntoel ascenso de Santiago mas extremos de una civilizaVidaurri a la gubernatura ción agonizante que buscaba de Nuevo León marcó un sobrevivir al expansionismo del hito en la organización de mundo occidental, empeñado la resistencia local contra en despojar al “indio” de sus el indígena. milenarias tierras y literalmente Justo como lo echarlo a un pozo. señaló Reséndiz,34 antes Con la firma de los Trade Vidaurri no existió tados de Guadalupe Hidalgo ningún plan serio de Portar armas sin licencia especial no estaba prohibido por la ley. (1848) y el subsiguiente camnaturaleza regional que bio de frontera, la rapiña pasó garantizara la defensa a ser un elemento más de las de las comunidades nuevoleonesas (y coahuiltecas) múltiples actividades con que los comerciantes nory buscara la erradicación sistemática de los invateamericanos, e incluso mexicanos, se beneficiaban sores.35 Las administraciones de la primera mitad del trabajo indígena. Como los impuestos al tráfico de siglo se vieron incapacitadas para actuar frente de mercancías de Estados Unidos hacia México a este problema, toda vez que a la desorganización y viceversa acarreaban pérdidas monetarias al cogeneral que privaba en el territorio nacional y la mercio formal, se empezó a recurrir al contrabando falta de apoyo del gobierno “federal” y central se mediante la organización de caravanas encabezaañadía la constante escasez de recursos monetarios, das por “indios”, expertos guías que conducían los

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Monterrey: origen y destino

bienes por senderos alternos a los oficiales donde merables peligros. Yo preveo una asoladora por ley debía pagarse una cuota. guerra que acaso se ha iniciado ya; yo miro La inestabilidad del Estado mexicano en los fatales síntomas de una conflagración estos primeros años de vida independiente hizo imgeneral, yo veo que los salvages [sic] han posible cualquier esfuerzo sostenido y coordinado inundado ya toda la república, y me viene a para apoyar a las entidades norteñas más afectadas la memoria la devastadora irrupción de los por las correrías indígenas. No era para menos, bárbaros en el poderoso imperio romano; pues los continuos cambios político-ideológicos en yo miro en fin compañeros, abierto ya el el seno del Gobierno general, de centralistas a feabismo en que se habrán de hundir patria, deralistas y viceversa, causaban el llano abandono ciudadanos y libertad.36 de las políticas en materia estatal delineadas por las En ese mismo año, a instancias de Nueadministraciones opositoras. Ante tan lamentable vo León, se proyectó formar una coalición entre situación, a las autoridades septentrionales no les todas las entidades norteñas a fin de constituir un quedó más alternativa que “rascarse con sus probloque unificado que pudiera detener a los indígepias uñas” y enfrentar al bárbaro con los recursos nas y hacerle frente a las reiteradas expediciones disponibles. del filibusterismo tejano. No obstante las buenas Un ejemplo de tan dramática situación intenciones, el Congreso de la Unión consideró podemos apreciarlo en un discurso pronunciado que la susodicha coalición representaba un peligro por el político nuevoleonés para el gobierno central, ya Simón de la Garza Melo, en que en el caso de suscitarse la ciudad de Monterrey, el 27 cualquier rebelión e intentona de septiembre de 1852, donde separatista de parte del grupo, además de autocompadecerse la Federación no tendría ni la critica severamente la inactivifuerza militar ni los medios dad del gobierno general ante para imponerse.37 Regateando las calamidades sufridas en los recursos monetarios e imNuevo León por las incursioposibilitando que los estados nes del “salvaje”: afectados se organizaran por ¡Ah!, queridos compañesí mismos, los poderes nacioros y amigos, que infelices nales conminaron al norte a seguir defendiéndose con sus somos los que habitamos propias fuerzas. la frontera principalmente! No se debe confunEl Gobierno general nos dir a estos grupos invasores ha abandonado, el Gocon las sociedades autóctonas bierno general, vacilante, existentes a la llegada de la comoribundo y poseído del lonización española a estas tiemás vergonzoso temor, rras. Por la sobreexplotación porque ya mira que se laboral, las campañas ibéricas agitan en su rededor, mil de “pacificación” y las epiespadas blandidas por la demias, los indígenas locales desesperación, sólo cuida desaparecieron como cultura de su propia conservación. al finalizar la etapa colonial. ¡Desdichados de nosotros! Aunque ya se tenían noticia ¡Desdichados de todos los mexicanos! Nuestra patria Los ataques indígenas rara vez llegaban a suscitarse en de ellos, los popularmente los municipios circundantes a la capital. conocidos “indios bárbaros” está amenazada por innu-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

(comanches, apaches y sus respectivos subgrupos principalmente, entre otros) originarios de las praderas norteamericanas, comenzaron a incursionar masivamente en Nuevo León tras la independencia de México en 1821.38 Inclusive los métodos y fines de las agresiones eran completamente diferentes. En la Colonia, los indígenas no buscaban otra cosa que el saqueo y robo de las propiedades como forma de sostenimiento grupal, o venganza ante los abusos de la población local. Sus incursiones eran en masa y los ataques sólo se resentían en los puestos de avanzada o en los presidios. Sin embargo, apegándonos a lo expuesto por Martínez Sánchez,39 a partir de 1836 las tribus se organizaron mejor (en pequeños grupos) y buscaban presas susceptibles de comerciarse en mercados externos, como en la sublevada Texas. Así, los indios nómadas como los apaches (que incluían a los lipanes, mezcaleros y gileños) los caiguas y comanches principalmente, pertenecían a culturas nómadas y guerreras que provenían de la frontera del Río Bravo, comúnmente generalizados y percibidos por la sociedad dominante como bárbaros y salvajes. Expertos jinetes y diestros en el uso de las armas de fuego, aplicaban en sus estrategias y costumbres guerreras el saqueo, rapto e incendio, así como el robo de caballos y de ganado menor para cambiarlos en la frontera por armas. El contacto con las colonias angloamericanas establecidas al otro lado del Río Bravo modificó en sumo grado las prácticas colectivas de estas sociedades, desde la forma de buscar su sustento hasta la tecnología para hacer la guerra, pues por lo general de aquellas recibían armas, ropa, municiones y demás enseres.40 De tal magnitud fue este fenómeno que hacia abril de 1856 Ignacio Comonfort decretó la liberación de todos los indígenas que hubieran sido capturados y sentenciados por el delito de contrabando de tabaco, documento que fue remitido tanto al gobernador de Nuevo León como al alcalde municipal de Monterrey.41 No obstante, desde dos años atrás (1854), la población tenía la autorización de la federación para armarse y defenderse de los indios: “el gobierno general (…) declarando que en los Departamentos fronterizos de la República hostilizados por los

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bárbaros, todo varón desde la edad de 16 á 50 años, está obligado á armarse por su cuenta para su propia defensa, la de su familia y la del pueblo de su residencia”,42 Empero, aun cuando los vecinos se autodefendían, algunos con mayor capacidad en armamento que otros, la tranquilidad diaria de los vecinos era limitada, en particular de la región norte del estado. Don José María Ancira, vecino de la villa de Sabinas, expresó: Donde se vive con zozobra por las frecuentes incursiones de los bárbaros y el bandalismo [sic] de algunos aventureros del norte que nos amenazan constantemente con el pillage [sic] y el robo y que han saqueado ya a aquellas infelices poblaciones.43 Los ataques indios y los asaltos eran frecuentes en los poblados y villas cercanas, por lo que algunos de sus residentes optaron por vivir en la ciudad de Monterrey. Este enemigo se definió con claridad y su amenaza se legitimó por las propias leyes de Reforma, en las que se daba carta amplia al estado para enfrentarlos:

Los comerciantes norteamericanos se beneficiaban del trabajo indígena.


Monterrey: origen y destino

Los Estados no pueden en ningún caso cecautiverio, “degollando a los chiquitos que llevalebrar alianza, tratado o coalición con otro ban”, por lo que no hubo más opción que “matar a Estado, ni con potencias extranjeras. Extodos los indios grandes y a diecisiete mujeres” del ceptuase la coalición que pueden celebrar grupo en aras de frenar tan funesta atrocidad.45 los Estados fronterizos, para la guerra ofenTodos los esfuerzos de pacificación (entiénsiva o defensiva contra los bárbaros (Art. 111 dase lucha contra el indígena) desplegados por los Constitución de 1857).44 gobiernos nuevoleoneses a partir de 1855, fueron De esta manera, el “bárbaro” significó para los haradicales y no ofrecieron condiciones de negociabitantes del siglo XIX un enemigo constante, arción duraderas entre las autoridades y los líderes gumento que fue adoptado por algunos gobiernos tribales. Si bien es verdad que en no pocas ocasioestatales para aplicar políticas de enfrentamiento y nes se favoreció a ciertas tribus otorgándoles tierras exterminio; pero la amenaza latente que represeny ganado para facilitar su asentamiento y posterior tó el “indio” no aludía únicamente a la seguridad sedentarización, no es menos cierto que tales consocial. Además existieron otros motivos de índole cesiones eran mediáticas, procurando enfrascar económica por los cuales el “bárbaro” fue puesto en a tales indígenas en la lucha con otros grupos de la mira del ejército estatal: las tierras y el tráfico de “bárbaros”. Con ello, el gobierno se ahorraba los mercancías. Si bien las brigadas de la milicia estatal gastos que en condiciones normales debía hacer –principalmente en el periodo del gobernador Sanpara financiar los destacamentos encargados de tiago Vidaurri– no fueron suficientes, los vecinos repeler y castigar a los “indios”, amén de las pérde distintos pueblos se organizaban en brigadas didas humanas. Es por ello que, desde un primer para hacer frente a los “bárbaros” que asolaban la momento, “la solución del problema indígena se región. plantea en términos de la expulsión o aniquilaLa posesión de Coahuila permitió a Nuemiento del indio y no en la intención de integrarlo vo León disponer de un enorme espacio fronterizo al proceso productivo regional o nacional”.46 muy propició para el establecimiento de puestos La violencia de Santiago Vidaurri hacia las aduaneros, que sin duda arrojarían infinidad de ditribus alcanzó su punto álgido a finales de 1862, videndos a favor del agotado erario estatal. cuando decidió aplicar una medida tan Aún sin la aprobación de Comonfort, extrema que incluso hoy, pese a la obmerced al poderío caciquil-caudijetividad de la comunidad histórica, llista que de momento gozaba Vicausa indignación. En la Navidad daurri, la entidad por fin tendría de ese año, el gobernador de el dinero suficiente para llevar a Nuevo León y Coahuila remicabo movilizaciones armadas tió a su amigo Jesús Carranza de gran envergadura contra los Neira, padre del pequeño Vegrupos indígenas, que ya para nustiano Carranza, una botella entonces habían estado exque contenía una composición perimentando la “mano dura” venenosa a fin de vaciarla en los tinajas del desierto que de las nuevas autoridades. Citemos, por ejemplo, la masacre fueran más frecuentadas por los de un grupo de lipanes perpetrada indígenas, con el propósito de envenenarlos. Incluso, junto al mortal en el verano de 1856 por una partipaquete, se anexaron las cantidades da punitiva al mando del comandante aproximadas que debían deposiMiguel Patiño. Según testimonio tarse en el agua según las dimendel propio Patiño, los lipanes, capturados durante una expedición, se Santiago Vidaurri aplicó medidas extre- siones del abrevadero.47 A la sazón de la asignación de recompensas habían amotinado en el trayecto a su mas contra las tribus de indios.

227


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Jesús Carranza, padre de Venustiano Carranza.

por las cabelleras de los “bárbaros”, tal determinación recrudeció aún más el conflicto. Durante el gobierno de Santiago Vidaurri, destacados militares y caudillos del noreste como Mariano Escobedo, Juan Zuazua, Francisco Naranjo y Jerónimo Treviño, iniciaron sus carreras militares en las contiendas contra los indios. Por esas mismas fechas sucedieron, casi de manera simultánea, dos acontecimientos de grandes repercusiones tanto para México como para los Estados Unidos; hablamos, cronológicamente, de la Guerra Civil Norteamericana (1861-1865) y la Intervención francesa en el país (1862-1867). Aunque sin aparente relación al problema de las incursiones indígenas, ambos acontecimientos fungieron como agentes trascendentales en la escalada de las hostilidades bárbaras en Nuevo León. Al iniciar las hostilidades de la Guerra Civil en los Estados Unidos, las tropas federales (unionistas) estacionadas en la frontera con México tuvieron que desplazarse en su totalidad a los campos de batalla, hecho que dejó a las poblaciones cercanas al Río Bravo a merced de los “indios”. Sin obstáculo de por medio, era obvio que las incursiones

228

aumentaran desmesuradamente y afectaran a gran parte del noreste mexicano A lo largo de las sucesivas ocupaciones del estado por los imperialistas y republicanos, las autoridades en turno fueron incapaces de prestar atención a la cuestión de las correrías indígenas. La mayor parte de la documentación de archivo alusiva al periodo remite prácticamente a asuntos relacionados con el conflicto, desde las actividades de reclutamiento hasta los progresos obtenidos por la propia facción. No fue sino hasta finalizar la guerra, en 1867, cuando informes de tal naturaleza comienzan a ser tomados en cuenta por el gobierno estatal. Precisamente, en los últimos días de mayo, éstos reaparecen dando cuenta de una considerable incursión india en los municipios de Salinas Victoria, Villaldama, Sabinas Hidalgo e Higueras, localidad esta última donde las agresiones cobraron la vida de dos pastores.48 Con el advenimiento de la República restaurada, aunque con los eternos conflictos por el poder, el país entró en una época de relativa estabilidad que progresivamente iría apagando los fuegos de la insurrección y de la inseguridad en todo el territorio nacional. Aun antes de la entronización de Porfirio Díaz en la presidencia, la Federación comenzó a interesarse por el problema de las incursiones indígenas en el norte de México, para lo cual ordenó en dicho territorio la creación de treinta colonias militares a fin de apoyar los esfuerzos de pacificación de las autoridades lugareñas. No obstante que su instalación no se llevó a efecto debido a los todavía graves problemas financieros, el Gobierno General se comprometió a otorgar subsidios a los Estados más afectados por esa problemática, como en el caso de Nuevo León (Resendiz, 1983: 36). A principios de la siguiente década, más específicamente en septiembre de 1872, se integró la famosa Comisión Pesquisidora de la Frontera Norte, ante los reclamos norteamericanos por el constante robo de sus posesiones y el tráfico de su ganado vía contrabando. Este organismo se encargó de evaluar las características y actividades de los grupos indígenas, buscando soluciones a una cuestión espinosa que pudiera conducir a dificultades entre los dos países. Ya para entonces había muerto


Monterrey: origen y destino

Los pobladores del noreste del país vivieron en una guerra por exterminar a los indígenas.

Benito Juárez y la presidencia pasó a manos de Sebastián Lerdo de Tejada, quien había aprobado la formación de tal comisión. Empero lo embarazoso del asunto, lo cierto es que día a día los indígenas menguaban en número y sus invasiones se hacán más esporádicas. Aquí en Monterrey, una de las últimas incursiones de las que se tiene registro data del 3 de marzo de 1875, cuando la alcaldía municipal recibió el informe de que dos indios habían asaltado a José María García en la Hacienda de los Urdiales, aledaña a las secciones más pobladas de la ciudad.49 Viéndolo objetivamente, es posible que ni siquiera se trate de una incursión en regla por lo reducido de su número, apuntando más a un acto vandálico perpetrado por la nada despreciable población indígena que al momento se desempeñaba como elemento de la servidumbre, en las residencias de familias notables de la localidad, o bien laboraban como trabajadores en las tareas de obra pública. De esta manera, por largas décadas, el gobierno y los pobladores del noreste del país vivieron en una guerra por exterminar a los indígenas que amenazaban los intereses de algunos; si bien los discursos de las autoridades que encabezaban estas luchas enfatizaban la búsqueda de la seguridad popular, legitimando con ello una encarnizada guerra, también evidenciaban las diferencias culturales de

dos sociedades históricamente distintas. Diversas notas en el periódico oficial publicadas durante la segunda mitad del siglo decimonono, así como otros documentos custodiados en el AGENL, evidencian cómo el gobierno estatal y los pobladores de la época concebían a los indígenas de la época: “bárbaros”, enemigos altamente peligrosos y sin duda racialmente inferiores. Cuando los indígenas eran capturados, en el mejor de los casos eran encarcelados y enviados a trabajos públicos. De acuerdo a los documentos revisados, eran recurrentes las aprensiones a indios lipanes canalizados a la cárcel municipal de Monterrey, asimismo, el alcaide de la cárcel frecuentemente solicitaba incrementar las aportaciones a esta institución para la alimentación y vestido de los citados indígenas;50 en el caso de las mujeres lipanes, eran enviadas como sirvientes a las casas de algunos funcionarios o de los notables de la ciudad.51 Es interesante destacar el caso de los lipanes en tanto fue un grupo indígena considerado menos peligroso que otros. Este grupo logró algunos acuerdos y negociaciones con los gobiernos fronterizos, obteniendo tierras para poblar y “protección” por las autoridades. Desde luego aquellos indígenas que favorecían al gobierno o al comercio tenían algunas consideraciones, por ejemplo, no se les exigía el pasaporte a aquellos indios que proveyeran de comestibles a los pueblos.52 El final de las incursiones de los indios en el norte coincidió, entre otros factores, con la con-

229


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

nismos y recursos económicos para atender este aspecto elemental para sus ciudadanos. En la década de 1860, después de la nacionalización de los bienes de la Iglesia, el Convento de San Francisco fue utilizado para fines públicos. Construyéndose en sus terrenos contiguos la comandancia de policía y cárcel municipal.54 Hacia la segunda mitad del siglo XIX, Monterrey contaba con un cuerpo precario de policía que se encargaban de la seguridad en general y de cuidar las plazas de comercio. Esta seguridad se dividía en dos cuerpos de policía: el diurno y los guardias o gendarmería municipal; y los serenos que mantenían el orden por la noche. Con la multiplicación de los malhechores heredados de los periodos de inestabilidad y guerra en el país, y conforme la ciudad crecía y se complejizaba hacia finales del siglo, el mantener el orden y la seguridad requería de una inversión mayor en la policía. Entonces la seguridad se posicionaba como uno de los ejes de los gobiernos locales y estatales. En los documentos municipales se observa que los gastos en concepto de cárcel aumentaron propiciados por un incremento en las detenciones, propias del sistema porfirista implementado por Bernardo Reyes en el estado y en consecuencia por el alcalde en la ciudad. El aumento en estos egresos municipales se muestra en la gráfica 10.

José María Iglesias.

solidación del régimen de Porfirio Díaz, primer gobierno estable del México independiente, que fortaleció y profesionalizó sus unidades policíacas y militares (una coordinación entre los efectivos militares); y el acuerdo firmado con Estados Unidos el 12 de mayo de 1882, referente a las negociaciones para que tropas norteamericanas Gráfica 10. Inversión municipal en la seguridad pública. pudieran entrar a México en perInversión municipal en la seguridad pública secución de los indios rebeldes,53 pusieron en jaque a una sociedad 40000 35,172.48 que no compaginaba con el orden 35000 y progreso del “nuevo orden de 30000 cosas”.

La seguridad pública municipal

25000

20,495.46

POLICIA

20000

Una de las encomiendas fundamentales del municipio era mantener el orden y brindar un buen gobierno. Para ello, el Ayuntamiento de la ciudad, similar al resto del país, implementó distintos meca-

230

14,544.40

SERENOS

15000 8,636.30 10000 5000

9,109.05 6,084.50

7,543.56 1,908.30

2,826

3,043

3,985.88 4,402.20

3,776.37

0

1858

1868

1878

1870

1882

1883

1893


Monterrey: origen y destino

Si bien es cierto que los egresos por este concepto durante la segunda mitad del siglo XIX habían sido de los más altos (junto con otros rubros como alumbrado, instrucción y obra publica [ver apartado de finanzas municipales]), hacia la década de 1890 las políticas públicas se ven claramente favorecedoras a la seguridad, invirtiendo para 1892 casi la mitad del presupuesto total del municipio (ver gráfica 11). Gráfica 11. Gastos municipales durante 1892.

presos en la ciudad, a la vez que afectaba las arcas municipales, pues el Ayuntamiento debía contribuir regularmente con algunos gastos generados por la construcción y manutención de la penitenciaría estatal. Por ejemplo, en 1893, el municipio aportó la cantidad anual de 3,600 pesos por concepto de penitenciaría.56 Los gastos por concepto de seguridad incluían aspectos como la adquisición de uniformes de policías, los cuales en algunos años no fueron cubiertos en su totalidad por el Ayuntamiento. En 1872 los policías y serenos financiaron parte del costo de sus uniformes, según lo deja claro la siguiente disposición en Acta de Cabildo: “los Cuerpos de policía y serenos serán uniformados con vestidos de paño de segunda, de azul los primeros y gris los segundos; el Tesorero Municipal se encargará de rebajar cada mes a éstos empleados la tercera parte del valor del uniforme que será de ocho a nueve pesos y mandará hacer el pago del paño en tres exhibiciones.57 Para 1893 se registraron dentro de las finanzas del municipio un ingreso significativo de 2,693.86 pesos por concepto de uniformes de gendarmes, monto similar a lo recaudado ese mismo año en los rubros de licencia de bailes y por concepto de inspección de sanidad. La cárcel era, sin duda, una de las responsabilidades del municipio que requería destinar un importante presupuesto público. La alimentación de los presos, tanto hombres como mujeres, elevaba

Ahora, si desglosamos ese 44%, observaremos (en la gráfica 12) que parte de este dinero se destinó para los gastos de la cárcel municipal. La cárcel municipal era administrada con fondos del propio Ayun- Gráfica 12. Gastos en seguridad hacia 1892. tamiento, eventualmente el gobierno del estado hacía aportaciones. Pero en épocas en que el erario municipal pasaba por alguna crisis económica, el Ayuntamiento negociaba con el estado una aportación para la alimentación de aquellos presos que no fueran capturados en el municipio.55 Reyes construyó la penitenciaría como parte de un proyecto urbano modernizador que incluía el Palacio de Gobierno, que representaban el buen gobierno, el orden y la paz porfiriana. Esta penitenciaría permitió ampliar el cupo de

231


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

los costos. El sistema carcelario tenía mecanismos para que los reos pagaran sus condenas en obras públicas en talleres, la maestranza, plazas.58 El uso de la mano de obra de los presos en la construcción de obras públicas representaba un recurso al que el gobierno municipal recurría continuamente. En el caso de los prisioneros indios o indias, por lo general lipanes,59 eran enviadas al trabajo doméstico de particulares. En sí, esta fuerza de trabajo también era utilizada para fines personales de las propias autoridades y particulares: “siendo costumbre facilitar a particulares reos sentenciados”, el gobernador Santiago Vidaurri remitió 32 reos a la Mesa de Cartujanos por los cuales pagaría su alimentación y custodia un real diario.60 La administración de la cárcel estaba en manos del alcaide en el que se confinaban los infractores varones. Por su parte, en el caso de las mujeres infractoras se destinó un espacio por separado para su reclusión. Existía una casa de corrigendas, dirigida por la rectora de corrigendas, que tenía el carácter de beneficencia. Éstas también podían cumplir su condena, como ya se ha mencionado, en la servidumbre.61 La mano de obra y fuerza pública de los reos (hombres y mujeres) era significativa y redituable en términos económicos a la ciudad, pues estos significaban un ahorro importante en las obras y trabajos públicos, empero los costos de la cárcel eran altos. En el cuadro 58 se ilustran algunos de los motivos de condena y número de reos que fueron encarcelados en la ciudad de octubre de 1887 a mayo de 1889.62 Cuadro 58. Motivos de encarcelamientos de varones. Motivo de encarcelamiento

Número de hombres

Robo con asalto

325

Robo con asalto

11

Abigeato

16

Golpes

2

Heridas

73

Homicidio

37

232

Falsificadores

2

Estupro

2

Riña

804

Rapto

19

Orden de varias autoridades

766

Infanticidio

1

Estafa

25

Faltas a la familia

2

Faltas a la madre

2

Dementes

1

Contrabando

37

Faltas a la autoridad

37

Infracción de policía

8

Injurias

271

Faltas a particulares

66

Prófugos

358

Ebrios escandalosos

45

Sospechosos

4569

Adulterio

49

Faltas a la policía

2

Uxoricidio63

45

Abuso de confianza

1

Peculador

14

Evasión de presos

1

En este cuadro se muestra la diversidad de faltas a la ley de la época. Predominan los encarcelamientos por robo, riñas y en mayor medida por orden de varias autoridades y por considerarse sospechosos. En general predominan los delitos menores. El arresto por ser sospechosos es un indicador de un uso recurrente del sistema coercitivo predominante en la época, además del manejo de las relaciones de poder entre las autoridades ante aquéllos que podían representar un peligro para sus intereses. En el caso de las mujeres, destacan aquéllas detenidas por consumo de alcohol, por orden de varias autoridades y por infracción a la policía. En este sentido, se ha de tomar en cuenta la “moral y las


Monterrey: origen y destino

buenas costumbres” de la época, en la que el papel de la mujer estaba confinado al ámbito privado. Cuadro 59. Motivos de encarcelamiento de mujeres.64 Motivo de encarcelamiento

Número de mujeres

Ebrias escandalosas

499

Adulterios

1

Faltas a la autoridad

9

Robo

29

Estafa

3

Riña

178

Faltas a sus padres

1

Orden de varias autoridades

108

Infracción de policía

100

Faltas a la policía

6

Infanticidio

2

Faltas a particulares

49

Heridas

4

Injurias

14

Dementes

22

Abusos de confianza

1

Prófugas

16

La prostitución clandestina, aunque no aparece como tal en esta relación, era penalizada con encarcelamiento, no obstante esta práctica podía ejercerse de manera legal, siempre que las mujeres se registraran ante el municipio, aportaran las cuotas correspondientes y se mantuvieran bajo el control policíaco (ver el siguiente capítulo). La aplicación de justicia en la ciudad remitía, por un lado, al criterio de aquéllos portadores de la ley, quienes a su vez se basaban en reglamentos. Por ejemplo, el de policía y buen gobierno, donde se evidenciaban algunas consideraciones sobre la moral y decencia propias de la época, no sólo en Monterrey, sino en diversas ciudades del país. Ahí se hacían explícitas las razones por las que se considerarían como vagos a los individuos que no tuvieran oficio, cuya profesión fuera asistir a las casas de juego, prostitución y tabernas. Vago era todo aquél que mendigara o trabajara menos de los días

El sistema carcelario tenía mecanismos para que los reos pagaran sus condenas en obras públicas.

señalados. Entraban en dicha categoría los músicos ambulantes y los limosneros, los huérfanos y los abandonados (aunque no pidieran limosna), los tahúres de profesión y los ebrios entre otros.65 Es interesante observar que estos lineamientos hacían énfasis en el trabajo durante los días considerados para ello, denotando la ideología progresista (el trabajo visto como el motor que genera el progreso) que a finales de este siglo imperó en la ciudad. Así, siguiendo estas características, lo jueces auxiliares y los policías tenían la encomienda de aprehender a los individuos en cuestión, cuidando de no herirlos, ni golpearlos ni maltratarlos en alguna manera salvo en caso “de que hagan una obstinada resistencia á la fuerza”.66 Hacia el tercer cuarto del siglo XIX, dado que la ciudad no alcanzaba un crecimiento desordenado, el Ayuntamiento todavía controlaba el acceso de extraños a la ciudad, o por lo menos así lo indicaban los reglamentos. Todo vecino, de acuerdo a las leyes del municipio, que brindara gratuitamente o vendiera el servicio de alojamiento a cualquier persona desconocida, debía informar al juez auxiliar proporcionándole el nombre del individuo, con quién se dirigía y el tiempo que permanecería en la ciudad, indicando desde luego el motivo de su estancia.67 Por ejemplo, el Hotel San Carlos y el Hotel Francés Americano entregaban reportes diarios al jefe de la policía sobre los huéspedes que arribaban a la ciudad, así como aquellas novedades

233


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

que podían representar información relevante para la seguridad de la ciudad. 68 De esta forma, el Ayuntamiento controlaba el acceso a la ciudad y frenaba el ingreso de aquellos considerados vagos o malhechores, que representaban algún peligro social, para proceder, de ser el caso, al arresto o prohibición de su estancia en la ciudad. Como en otras épocas, a finales del siglo XIX, se recurría a medidas correctivas contra los que infringían la ley. No obstante, la Constitución de 1857 limitó legalmente algunas prácticas utilizadas en las prisiones. Quedan para siempre prohibidas las penas de mutilación y de infamia, la marca, los azotes, los palos, el tormento de cualquiera especie, la multa excesiva, la confiscación de bienes y cualesquiera otras penas inusitadas o trascendentales. Eran métodos de corrección.69

234

Esto restaba eficacia a los métodos empleados en la ciudad para mantener el orden dentro de la cárcel. En un oficio el alcaide de la cárcel informa al Cabildo municipal de la “insubordinación escandalosa que se nota en la prisión con motivo de estar prohibido el castigo que antes se aplicaba y suplicando se tome una providencia para evitarla”.70 Como respuesta a esta queja, la Comisión municipal de cárcel y policía propuso que “para corregir los abusos de la prisión de la cárcel de esta Ciudad, se use con moderación en lo posible de la vara”.71 La aplicación de las leyes de Reforma distó de ser una práctica real en el ámbito de la justicia. El uso de medios coercitivos y de la fuerza para disuadir en función de ciertos intereses siguió practicándose en gran medida, a lo largo del siglo XIX y principios del XX.


Monterrey: origen y destino

Citas bibliográficas

19. Vizcaya, 2006:4.

1. Para ahondar en este tema, vea el tomo precedente, escrito por Eduardo Cazares Puente, de esta misma obra.

20. Vizcaya, 2006: 8.

2. Vizcaya, 2006:4.

22. AMM, Misceláneos, 200, exp. 1.

3. Cerutti, 2006.

23. AGENL, Periódico Oficial, 27 de julio de 1881 (citado en Vizcaya 2006:29).

4. Cerutti, 2006:18. 5. Para ampliar este aspecto ver Cerutti (2006). 6. Cerutti,2004.

21. Idem, pág. 28.

24. AMM, Actas de Cabildo 1874/009 09/02/1874. 25. Nieyemer, 2004: 64-65, 126.

7. Cerutti, 2006.

26. Reglamento de policía y buen gobierno. AHHM, Misceláneos 183, exp. 7.

8. AHHM, Miscelaneos 90, exp. 4, aprox. 1860.

27. 20 abril 1891, AMM, Misceláneos 200, exp. 1.

9. AMM, Miscelaneos 90, exp. 4, año aprox. 1860.

28. 20 abril 1891, AMM, Misceláneos 200, exp. 1.

10. AMM, Miscelaneos 90, exp. 4, año aprox. 1860.

29. AMM, Civil, volumen 295, expediente 48.

11. AMM, Misceláneos 90, exp. 4, año aprox. 1860. 12. AMM, Misceláneos 90, exp. 4, año aprox. 1860. 13. AMM, Misceláneos 90, exp. 4 año aprox. 1860. 14. AMM, Misceláneos 90, exp. 4 año aprox. 1860. 15. AMM, Misceláneos 251, exp. 17. 16. AMM, Misceláneos 251, exp. 17. 17. AMM, Misceláneos 251, exp. 17. 18. AMM, Misceláneos 251, exp. 17.

30. AMM, Civil, volumen 295, expediente 48. 31. AMM, Civil, volumen 295, expediente 48. 32. Nieyemer, 2004: 64. 33. Resendiz, 1983:12. 34. Idem. 35. Idem. 36. Barrera, 2006:62-63. 37. Resendiz, 1983. 38. Vizcaya, 2001. 39. Martínez Sánchez, 2007: 41. 40. Un ejemplo de la clase de objetos que poseían los indígenas en la época de Vidaurri podemos

235


La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

apreciarlo en la lista de los objetos decomisados a una tribu por Manuel López Perales, ubicada al final del capítulo en la sección de Anexos.

55. AMM, Actas de Cabildo 999, 02/03/1868 1868/013. 56. AMM, Misceláneos volumen 300, exp. 2.

41. AMM, Impresos II, volumen 16, expediente 1. 57. AMM, Actas de Cabildo 1872/042 05/11/1872. 42. AMM, Actas de Cabildo 999 07/08/1854, 1854/056. 43. Comentario de José Maria Ancira, vecino de la Villa de Sabinas, AMM Colección civil, volumen 272. 44. Villegas Moreno y Porrúa (1997, 529).

58. 1856, AMM, Correspondencia, volumen: 97, Expediente: 20. 59. 1856, AMM, Correspondencia, volumen: 99,Expediente: 4. 60. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/064, 11/11/1861.

45. Martínez, 2007: 236. 46. Resendiz, 1983: 27. 47. Martínez, 2007:43. 48. AGENL, Fondo Intervención francesa, caja 12, 22 de mayo de 1867. Al notificar el ataque a Sabinas Hidalgo, las autoridades remitentes del informe mencionaron que no existía un plan general de prevención contra las incursiones de los bárbaros. Esto nos proporciona una idea del relegamiento que las nuevas figuras de poder en el Estado hicieron del proyecto vidaurrista. 49. AMM, Misceláneo, volumen 175, expediente 2. 50. AMM, Actas de Cabildo 999, 1856/025, 26/05/1856, Actas 999,1857/019, 30/03/1857.

61. 1861, AMM, Civil, volumen:282, Expediente: 53; 1863, Civil, Volumen: 279, Encarnación Leal pide a Eduviges Guajardo, su criada y quien cumple condena de tres años sirviendo en su casa particular que vuelva para trabajar con pago para que le pague lo que le robo 1863, Civil, Volumen: 279,Expediente: 71. 62. AMM. Misceláneos 199, 2. 63. Muerte de la mujer en manos del marido. 64. AMM. Misceláneos 199, 2. 65. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857, 1857/068, 16/11/1857. 66. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857, 1857/068, 16/11/1857.

51. AMM, Civil, Volumen: 270, Expediente: 73. 52. AMM, Actas de Cabildo 999, 1854/004, 03/01/1854.

67. En caso contrario, se implantaba una pena AMM, Actas de Cabildo 999, 1857, 1857/068, 16/11/1857.

53. Resendiz, 1983;37.

68. AMM, Misceláneos 68,2.

54. HMM, Actas de Cabildo 999, 29/04/1867, 1867/017.

69. Villegas Moreno y Porrúa (1997:529).

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Monterrey: origen y destino

70. AMM, Actas de Cabildo 999, 19/08/1869, 1869/025. 71. AMM, Actas de Cabildo 1869/027.

20/08/1869,

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Monterrey: origen y destino

CAPÍTULO VIII LA HIGIENE Y LA SALUD EN MONTERREY

Desde principios del siglo XIX, tanto las ciudades europeas como las mexicanas crecieron con nuevas lógicas políticas y económicas derivadas de los nuevos regímenes de gobierno. Esto implicó nuevas formas espaciales, nuevos medios de control social y un reordenamiento de toda la vida social. Dentro de las tareas de reordenamiento, nace la idea de reglamentar como una forma de sanear los problemas sociales.1 En nuestro caso, durante la segunda mitad del siglo XIX se aprecia de manera particular un proceso de cambio en las formas de pensamiento, mismo que influyó en la construcción y ejecución de políticas públicas, por ejemplo, en las correspondientes al área de salubridad. En primera instancia, existió una influencia del sistema de la tolerancia oficial o reglamentarismo del médico e higienista parisino Alexandre Parent-Duchatelet,2 el cual se vuelve una referencia obligada en muchos países, incluyendo México. Este sistema, después conocido como «sistema francés», in-

En materia de salubridad existía el precedente de las ordenanzas higienicas del virrey Revillagigedo.

fluyó tanto en la literatura y la ciencia como en las disposiciones de control administrativo que se aplicaron en la segunda mitad del siglo XIX. Lo anterior se desarrolló particularmente con la llegada a México del emperador Maximiliano de Habsburgo.3 Ciertamente, como apunta Núñez,4 existía el precedente de las ordenanzas higienistas del virrey Revillagigedo (producto de la urbanización de fines del siglo XVIII); sin embargo, con el caos nacional de la guerra de independencia que absorbió la atención hacia otras problemáticas, estas ordenanzas no se siguieron aplicando. Pasada la primera mitad del siglo XIX, los primeros científicos sociales “imbuidos de matemática social y de fe en la higiene y el progreso, proponen una reordenación del espacio urbano y de todas las prácticas cotidianas de sus ciudadanos”.5 De esta manera, los liberales del momento no pretendieron abolir o prohibir, sino más bien controlar para lograr a través de los reglamentos que el orden se impusiera “al caos”. Dentro del área médica una de las reglamentaciones de gran interés social fue el de la prostitución, como se verá más adelante. El “reglamentarismo” se llevó a cabo en las diferentes áreas de la administración pública local. Como ya se revisó en el capítulo de la Hacienda municipal, se encontraron ciento treinta y ocho reglamentos en su mayoría de 1866 a 1892. Hacia finales del siglo XIX se tomaron las ideas europeas del darwinismo social6 y el positivismo –con la visión de transformar y adaptar a los más débiles o menos favorecidos, pues de otra manera sucumbirían ante los más aptos–. Por ello había que transformar las costumbres de la sociedad en pro del “progreso” y la “modernidad”.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El objetivo de este apartado es mostrar algunas medidas de higiene pública, así como parte de los problemas epidémicos a que se enfrentaban recurrentemente los habitantes de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XIX. Asimismo, se destacará la práctica de la prostitución en la ciudad, como una conducta prevista en el sistema de reglamentación institucional.

Medidas de higiene pública La urbe de Monterrey, como muchas otras ciudades provincianas, e incluso la propia capital del país, conservaba aspectos todavía coloniales. Los desechos y animales muertos eran parte del paisaje, la falta de un sistema de drenaje sanitario provocaba la contaminación del agua que se bebía; los ojos de agua, los canales de desagüe y las aguas pantanosas

Fue hasta el siglo XIX cuando hubo importantes avances en la canalización del agua en Monterrey.

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producían olores fétidos. Estos y otros tópicos eran parte de la cotidianeidad; poco a poco se integraron en la agenda política a tratar por las autoridades municipales. La higiene pública, un sistema cada vez más partícipe del discurso político, se posicionó como una de las necesidades primarias que los habitantes de la ciudad debían adoptar en su vida diaria. De esta manera, a mediados del siglo XIX en el municipio de Monterrey se implementaron con mayor rigurosidad diferentes mecanismos de higiene pública. Entre éstos se encontraba el precario drenaje sanitario urbano, es decir, el desagüe de las materias fecales y de las aguas sucias. Ante la insistencia de las autoridades, algunos comerciantes del centro de la ciudad construyeron tarjeas subterráneas que conducían al río.7 El agua ha sido un elemento trascendental desde la fundación de la ciudad, pero fue hasta el siglo XIX –sobretodo a finales– cuando hubo importantes avances en la canalización de ésta. Ésa era una medida de higiene pública, así como de seguridad ante los posibles desbordamientos. En la canalización de algunos arroyos o ríos, cabe destacar la participación de los propios habitantes que radicaban cerca de los cauces, con aportaciones al municipio –en especie y en efectivo– para la construcción de los canales. Tal es el caso del canal de Santa Lucía y del arroyo que salía de la presa de la Purísima y que llegaba hasta el molino de Hércules.8 Valentín Rivero Gajá importante empresario de la época, quien hacia 1881 fungía como tesorero de la canalización, entregó al municipio las cantidades aportadas por los vecinos. Con ello la participación de los notables de la ciudad se hacía presente en este tipo de obras públicas. Las materias fecales también se conducían por la noche (antes de las cuatro de la mañana) a un lugar designado por las autoridades, donde previamente abrían un foso que luego se cubría con tierra. En los solares de los vecinos, las letrinas debían tener de profundidad hasta dos varas para no contaminar.9 Un problema recurrente sobre el drenaje sanitario era la ausencia de baños públicos, afectando no sólo la limpieza sino la moral y las buenas


Monterrey: origen y destino

vecino no limpiara la parte correspondiente, éstos lo harían, sin embargo, el municipio multaba al vecino con uno o dos reales.12 Hacia 1878, los días indicados por el municipio para barrer y regar eran los jueves, domingos y días festivos de todo el año entre las seis y ocho de la mañana.13 Para controlar la basura el municipio enviaba dos carretones que se encargaban diariamente de tirar la basura “extramuros” de la ciudad.14 A ello se agregaba la sobrepoblación de perros en las calles de Monterrey, lo Un problema recurrente sobre el drenaje sanitario en el Monterrey del siglo XIX era la que representaba un problema grave ausencia de baños públicos. de salud pública, tanto por la transmicostumbres de la ciudad. En 1865, ante el alto núsión de enfermedades, por ejemplo, la mero de personas multadas por el abuso de “hacer rabia, como por las mordeduras a los habitantes; o aguas” en las calles o plazas, el Ayuntamiento gessimplemente por la muerte de los animales en las tionó el establecimiento de los vulgarmente llamacalles. Por ello el gobierno municipal destinaba en dos “meaderos” en distintos puntos de la ciudad.10 sus partidas de gastos aproximadamente once peSi bien no se estableció un buen drenaje, por lo sos mensuales para adquirir estrictina (cien botes menos sí se atendió al cuidado de la moral pública. aproximadamente), una sustancia tóxica usada inEn los baños ubicados en la plazuela de Degollado cluso en la actualidad “para enyerbar perros”.15 (número 1) el agua utilizada se sustraía por medio De esta forma el municipio delineaba políde una atarjea, que se aprovechaba para que arrasticas públicas en lo referente a la higiene pública, trara “las inmundicias que salen del establo”.11 como en otros aspectos el ciudadano colaboraba Por su parte, según las actas revisadas, en el con aportación económica o en especie. Cabildo de la ciudad se discutía frecuentemente la problemática recurrente de la basura en las calles de la ciudad. Entre los medios de mantener el orden y control el Cabildo aprobó en varios años aspectos normativos que atañían a este tema. Entre los cuales se exigía a los propios vecinos de la ciudad barrer su calle. Para ello las autoridades municipales establecieron días específicos y horarios: en 1857 eran los días sábado de cada Semana hasta las diez de la mañana. Pasada esta hora una comisión de presidiarios llegaba Para controlar la basura el municipio enviaba dos carretones que se encargaban diariamente de tirar para que en caso de que algún la basura “extramuros” de la ciudad.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

En el área de alimentos, la venta de la carne, como ya se ha visto, estaba controlada con rigurosidad. Estaba prohibida la introducción a la ciudad de carnes muertas, excepto las secas, ya fuera para vender al público o para el consumo de los particulares, así como de aves muertas, conejos, liebres o cabritos.16 Por otra parte, las tenerías y algunas fábricas producían olores insalubres derivados de los residuos y procesos realizados en la fabricación de algunos artículos. El Ayuntamiento atendía frecuentemente quejas de algunos habitantes sobre la afectación a sus hogares de algunas fábricas cercanas. Por ejemplo, el señor Reinaldo Berardi,17 un destacado comerciante de la ciudad fue acusado en 1864 por los vecinos de producir olores insalubres en su establecimiento de producción de pieles; aunque Berardi se defendió ante el Ayuntamiento argumentando que los olores eran producto natural de las pieles y que había diferencia

Desde la Colonia, las epidemias asolaron las poblaciones del país.

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con los olores que se producían en las tenerías, no obstante el Cabildo determinó el cambio de sede del establecimiento para no afectar la salud pública.18 Entre otros casos, el municipio realizaba acuerdos con los dueños de las fábricas, como las de jabón y azúcar, las cuales depositaban las aguas sucias, producto de sus fábricas en lugares señalados por la junta municipal de higiene, haciendo uso de carretones con cajón cerrado, adecuados para transportar las aguas.19 Durante las postrimerías del siglo XIX, las administraciones públicas municipales gobernaron de acuerdo a la higiene y al orden que la modernidad imperante de la época exigía

Las epidemias, enemigas silenciosas Desde la Colonia, las epidemias asolaron las poblaciones del país. Si bien se puede pensar que éstas fueron un mecanismo natural de “control” del crecimiento demográfico.20 En el caso de la segunda mitad del siglo XIX, aunque con pocas evidencias, las epidemias sí mantuvieron un impacto en el crecimiento demográfico de la ciudad. Fiebre tifoidea, fiebre amarilla, viruela, sarampión, cólera, entre otras, eran las enfermedades casi cotidianas que los habitantes decimonónicos enfrentaron por muchos años. Durante varias décadas la inyección de recursos estatales se dirigió principalmente al sector militar y no al área de salud, se efectuaron algunas campañas públicas para controlar las epidemias que desde principios del siglo XIX habían afectado a la ciudad de forma catastrófica (distintas epidemias arreciaron en el país en 1833 y 1849). No se sabe en qué medida las campañas de prevención de epidemias disminuyeron la aparición de éstas en la ciudad, pues las posibilidades médicas como las vacunas se abrieron hasta los años de 1880, cuando en Europa se descubrieron algunos antídotos contra la rabia, tuberculosis y cólera que desde luego llegarían a México y de ahí a Monterrey y a otras ciudades “provincianas”.21


Monterrey: origen y destino

Fiebre tifoidea, viruela, sarampión, entre otras, eran las enfermedadades casi cotidianas que los habitantes decimonóicos enfrentaron por muchos años.

De acuerdo a los registros de las epidemias, se acentúa una relación entre los problemas epidémicos y aquellas etapas de conflicto bélico22 (guerra de Reforma e Intervención francesa), al menos durante la segunda mitad del siglo decimonono. Coincidiendo con el estudio de Martínez,23 quien considera que las guerras, como la ocurrida con las tropas norteamericanas en 1847 y las francesas en la década de los sesenta, favorecieron los brotes epidémicos en México, sumemos a ello la guerra civil de Reforma (1858-1860). Esta relación puede observarse en el cuadro 60 sobre epidemias en la región. Cuadro 60. Algunas epidemias presentadas en la región y otros Estados del país y la frontera de 1853 a 1882.24 AÑO

EPIDEMIA O ENFERMEDAD

1850

Cólera

1853

Cólera

1854

Cólera

LUGAR(ES) Nuevo León Centro y sur del país (Puebla, Oaxaca, Guerrero) Orleáns

1854

Fiebre y Sarampión

Nuevo León

1858

Varias epidemias

Frontera con Tamaulipas

1862

Viruela

Monterrey

1864

Fiebre de tifoidea

Sin dato concreto

1865

Viruela

Saltillo

1866

Cólera morbos asiático y epidemia de intermitentes

Monterrey y Texas

1874

Fiebre remitente ictérica

Monterrey

1882 1892 a 1902

Vómito negro Malaria, tuberculosis, viruela, fiebre tifoidea

Tamaulipas y la frontera con E.U. Nuevo León

De acuerdo a Martínez,25 a mediados del siglo XIX, toda la costa oriental mexicana estaba invadida por la fiebre amarilla urbana, desde Matamoros –muy afectado en 1858 o 1859– hasta Yucatán.26 En las últimas décadas decimonónicas, las epidemias fueron menos recurrentes pues ya exis-

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tían algunas vacunas, no así de 1892 a 1902 cuando se registraron 36,943 personas fallecidas por malaria, 3,825 por tuberculosis, 3,224 por viruela y 452 por fiebre tifoidea.27 El siguiente texto, publicado en el periódico oficial, muestra cómo las enfermedades recorrían algunos estados y amenazaban con llegar a la ciudad. Tristes son las noticias oficiales que insertamos hoy sobre la aparición del cólera en el Estado de Puebla y Oaxaca, y de las fiebres en Guerrero. Desde ahora recomendamos a los pueblos el aseo y limpieza y la regularidad de costumbres como los preservativos más eficaces, en tanto que dicta el gobierno las medidas sanitarias que juzgue convenientes. Rogamos y debemos rogar a todos a la divina providencia porque no llegue el caso de hacer uso de estas, dignándose condolerse de unos pueblos que han sufrido plagas de todas clases y parando la marcha y los estragos de esas epidemias que han invadido ya a la republica.28 Una vez que las enfermedades se presentaban en el estado, el peligro latente acechaba la tranquilidad de las familias y del gobierno. Otra nota en el periódico oficial anunció la proliferación de enfermedades en villas cercanas a Monterrey: Se han desarrollado en todo el departamento y con más fuerza en Linares, Villa de General Terán, Montemorelos y Cadereyta Jiménez donde anualmente obra estas enfermedades con más o menos rigor. Por fortuna la mortalidad no ha subido tanto como otros años pero el número de enfermos es excesivo y según sabemos parece que también el Sarampión ha aparecido.29 A finales de siglo, con el uso de los medios de comunicación de la época, se alertaba a la población, anticipando las epidemias en ciudades cercanas. En 1882, el Ayuntamiento de Monterrey, recibió un telegrama procedente del municipio de Mier: La población de Mier esta invadida por el vomito negro, según la opinión del Dr. Ignacio Martínez esta epidemia tiene carácter mortífero que la que reinado en Matamoros y Bronsville. La población tiene 6,000 habi-

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El telégrafo permitió enlazar a las ciudades cercanas y no tan próximas con una rapidez que décadas atrás representarían días de camino.

tantes, cuatrocientos hay en cama, mueren como 10 diarios, suplicamos a esas autoridad colecte recursos y los ponga a disposición de la junta de sanidad de esta ciudad.30 El telégrafo permitió enlazar a las ciudades cercanas y no tan próximas con una rapidez que décadas atrás representarían días de camino. Paradójicamente, las propias comunicaciones, como el ferrocarril, facilitaron la expansión rápida de las epidemias. Una vez que se conocía de algún brote de epidemia o enfermedad contagiosa, se daba parte a los medios de transporte para que estuvieran alerta, sobre todo de aquéllos que procedían del noreste, ya que por varios años, Tamaulipas fue asolado por diversas enfermedades. En 1858 se aplicaron en los pueblos fronterizos, al oriente del estado, a consecuencia de las enfermedades (epidemias) que atacaban a algunos pueblos de Tamaulipas.31 En 1900, de Monterrey se instruyó a los alcaldes municipales correspondiente a las municipalidades por las que pasaba el ferrocarril del Golfo, de controlar de forma rigurosa a los pasajeros procedentes de Tampico, así como de aplicar en todos los casos las medidas necesarias, es decir, ponerlos en una cuarentena de nueve días y desinfectar con azufre las ropas y equipaje del pasajero.32 Si bien lo anterior respondía a una dinámica de control sanitario más amplia, desde 1841, el Consejo Superior de Salubridad de Nuevo León se estableció para encargarse de vigilar; instaló centros sanitarios en puertos y fronteras, estableció el control sobre los viajeros e inmigrantes (a quienes


Monterrey: origen y destino

éstos representaban los recursos humanos de la milicia (Guardia Nacional). Las posibilidades de morir aumentaban con las epidemias, por lo que era necesario asegurar la salud de aquéllos quienes enfrentarían al enemigo en turno. Los niños de la ciudad también eran preferentemente vacunados. La vacunación se distribuía a través de las secciones en que la municipalidad estaba dividida. Los jueces de cada sección solicitaban a los padres de familia que presentaran a sus hijos de forma obligada para la vacuna.35 Pero, sin duda, los habitantes recurrían a los remedios caseros. El uso de la medicina tradicional era un recurso óptimo para la cura de diversas enfermedades. Entre los métodos curativos que se sugerían y publicaban en la época destacan la higiene y cuidados del clima. Predominaban remedios caseros de comidas o ayunos, a su vez otras recetas implicaban la abstinencia sexual, por ejemplo, en un anuncio del órgano oficial del gobierno del Estado de Nuevo León se hacía énfasis, para no enfermarse en “evitar el uso de la Venus y no exponerse a cambios repentinos de temperatura”.36 Algunas medidas de higiene pública y personal recoLas propias comunicaciones, como el ferrocarril, facilitaron la expansión rápida de las epidemias.

se les aplicaba cuarentena obligatoria, sobre todo si procedían de regiones consideradas endémicas).33 Las epidemias fueron un problema serio que impactó la vida de los habitantes de esta ciudad y del país, por ello los gobiernos estatal y municipal se daban a la tarea de buscar las formas de controlarlas, dentro de un contexto en el que se acentuaba la búsqueda del orden, el control y el progreso. Por un lado las medidas de control se enfocaron a la aplicación de la medicina preventiva de que hasta entonces se tenía conocimiento. Las fórmulas (vacunas) que hasta tiempo después serían efectivas se aplicaban preferentemente a los jóvenes varones de la municipalidad. Las autoridades de la ciudad encomendaban a los cuarteleros y a los policías citar a los hombres para su vacunación.34 El interés por que los jóvenes varones fueran los beneficiados primarios respondía a que

Las vacunas que hasta tiempo después serían efectivas se aplicaban preferentemente a los jóvenes varones de la municipalidad.

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El uso de la medicina tradicional era un recurso para la cura de diversas enfermedades.

mendadas en el método curativo y preventivo de las viruelas en 1871, eran el uso de bebidas purgantes, gárgaras, lavativas y fomentos. Los ingredientes para estos remedios incluían “borrajo y amapolas, malvas, cabezas de adormideras, aceite de ricino, sulfato de magnesia, sulfato de sosa, vino aromático, aceite de almendras y linaza en grano”.37

Entierros

El Consejo de salubridad determinaba las formas de realizar los entierros. Éstos variaban de personas fallecidas por causas naturales o enfermedades ordinarias, a aquéllas que morían por epidemias o enfermedades consideradas contagiosas. En caso de muerte por fiebre amarilla, los cadáveres se sepultaban inmediatamente a una profundidad no menor de cuatro metros y se cubrían primero con 192 litros de cal (2 fanegas) cada cadáver; luego se cubría la fosa con tierra, para finalmente encendere en el pedazo de tierra una fogata de azufre durante media hora.38 A los muertos a raíz de cólera morbo, los sepultureros debían realizar los entierros con la profundidad señalada por el Consejo de Salubridad del Estado, siendo éste vara y media de profundidad a lo menos, no obstante en muchas ocasiones estas medidas no se cumplían lo que, según se informó al municipio, agravaba el problema de las epidemias.39 Pero también se cuidaba de “no sepultar precipitadamente las victimas del cólera, sino dejar

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pasar á lo menos seis ú ocho horas, para no exponerse á enterrarlos vivos”.40 En 1866 ante la creciente epidemia en la región, se mandó cercar el terreno demarcado para camposanto de la hacienda de San Pedro, para que en caso de la epidemia del cólera se les de sepultura sólo en ese lugar a los acaecidos por esa enfermedad.41 Por otra parte, el ejercicio de los reglamentos para las exhumaciones era vigilado por la policía municipal y el Consejo de Salubridad del Estado. Sólo se podían realizar exhumaciones de cadáveres después de 4 años de sepultados en el suelo y de cinco para los que estuvieron en bóveda.42 Asimismo las medidas de seguridad se ampliaban a los animales. Hacer alejar de la población los animales muertos, los residuos y materias corrompidas que resulten del rastro, de los bancos del herrador, de las ordeñas de vacas y de cabras, de las fondas, de las tenerías y cualquier otro establecimiento o talleres que las produzcan; hacer que oportunamente se hagan las limpias de las acequias y de los caños que haya en la ciudad. Hacer visitar las partidas de animales en que sospeche que hay alguna enfermedad contagiosa mandando dar muerte a aquéllos que estén enfermos y haciéndolos enterrar o alejar de la población. Impedir que se arrojen en las calles o plazas cualquiera sustancia fétida o malsana. Destruir en los mercados, tiendas, carnicerías, pulperías, panaderías, boticas y en cualquiera otra parte, los comestibles o los medicamentos echados a perder, corrompidos o dañosos. Hacer que se pongan fuera de la ciudad situándose en los suburbios las crías de puercos, las tocinerías y todos los establecimientos que por insalubres merezcan alejarse. 43 El control de los cementerios por parte del municipio permitió regular las condiciones de entierros por causas epidémicas, situación distinta años atrás en la que el orden de los cementerios estaba en manos de la Iglesia. Cuando los cementerios (y entierros) se secularizaron, en 1859,44 los cementerios pasaron a manos del Ayuntamiento de Monterrey y se prohibió el entierro en las iglesias locales, siendo el autorizado –para la década de los sesenta– el cementerio de la Purísima, para luego


Monterrey: origen y destino

Parte del gobierno de Maximiliano de Habsburgo se enfocó en un despliegue científico. Es decir, además de la exploración militar, existió un interés por el registro histórico y geográfico del territorio nacional, así como del fomento a la estadística, la reglamentación y el incentivo de las diferentes ciencias, entre ellas la médica. Cabe precisar que atras de esto se encontraba el interés de Napoleón III por estos temas, que remitían a su contexto de expansión colonial y conocimiento científico de los territorios conEl Consejo de Salubridad determinaba las formas de realizar los entierros de quistados. acuerdo al tipo de fallecimiento que se presentaba. Los médicos de la época requerían de información y actualización asociadas a ser sustituido dada su cercanía con la población las enfermedades en boga, como la fiebre tifoidea, por otros que se encontraban más alejados. No fue no obstante los avances en esta materia se produhasta 1901 cuando se construyó el panteón del Carcían en el extranjero.48 Después de mediados del men. siglo XIX, había dos posturas médicas: los contaAntes de las leyes de Reforma, la Iglesia gionistas y anticontagionistas. Los primeros consicatólica acostumbraba vender espacios dentro de la deraban el contagio directo como causa de las encatedral o iglesias para el entierro de aquéllos que fermedades, por tanto el aislamiento, las cuarentepodían cubrir las cuotas. Por ejemplo, un entierro nas y cordones sanitarios eran medios eficaces para en el panteón de la Purísima tenía un costo de 50 evitar que las enfermedades se propagaran. Por su pesos.45 parte los anticontagionistas, sostenían que las enDe cualquier manera, aun en manos del fermedades se propagaban por emanaciones del Ayuntamiento el servicio de entierro tenía costo, paciente al aire, por lo que consideraban inútil las aunque menor. Cada entierro costaba 4 reales, cuarentenas, pero sí necesaria la higiene pública.49 además del pago al sepulturero. En casos de perEsta corriente médica fue la dominante durante la sonas que probaran la falta de recursos, el municimayor parte del siglo XIX, aunque hacia final del pio condonaba el cobro del entierro. Hacia 1868, el siglo, la microbiología apoyó las tesis de los conmunicipio adquirió un carro fúnebre para trasladar tagionistas.50 los cadáveres de los pobres, aunque era rentado a Sin lugar a dudas, en México (y particularfamilias con recursos que lo solicitasen.46 Para ello mente en Monterrey, ciudad todavía “provinciana” el hospital civil se encargaba de hacer parte de los y alejada de los beneficios capitalinos) las diversas trámites. enfermedades que aquejaban a sus habitantes, seguían siendo parte de la agenda diaria de las autoLa medicina en el siglo XIX ridades y de aquéllos que formaban la comunidad académica científica de la ciudad. El siglo XIX fue un siglo importante en el avance Para mediados del siglo decimonono en científico de la medicina. En Europa, desde princiMonterrey los avances en materia de salud eran pios de siglo se realizaron estudios sobre farmacoprecarios, pues el modelo educativo estaba enfocalogía, fisiología y química, para luego, a mediados do en la filosofía hasta entonces difundida por el y finales de siglo, dar paso a la microbiología y la Colegio Seminario: la escolástica (que rechazaba bacteriología que aportarían descubrimientos funlos avances científicos). Si bien desde principios damentales para combatir diversas enfermedades.47 de siglo existían hospitales y médicos, fue hasta

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la mitad de la centuria en adelante cuando hubo un avance importante, con la presencia de nuevos personajes impulsores de la medicina y el establecimiento de la institución docente de medicina. José Eleuterio González fue el primer enseñante de las ciencias médicas y farmacéuticas en la ciudad, además fue un excelente cirujano; “con la llegada de Gonzalitos y otros médicos se inicia propiamente el desarrollo de la medicina como entidad cinética, ya que anteriormente los ciudadanos norestenses estaban expuestos, en su mayoría, a curanderos y charlatanes”.51 Desde luego figuraron otros personajes en el área médica, aunque no del nivel e importancia de González, destaca el Dr. Pascual Constanza, quien fue contratado para la enseñanza de la medicina, pero según Martínez Cárdenas52 fue un problema por la falta de seriedad.53 González impulsó la construcción del Colegio Civil. Esta institución, como la Escuela Nacional Preparatoria, se incorporó a la corriente del positivismo mexicano, posición que más tarde sería criticado por las ideas del Ateneo de la Ju-

Una medida del Consejo de Salubridad era sacrificar o alejar de la población los animales que presentaran enfermedades contagiosas.

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ventud.54 La Facultad de Medicina de Monterrey, inicialmente como parte del Colegio Civil (1859), se independiza de éste en 1877, posibilitando la investigación y el trabajo médico local. Así, con la apertura de estas instituciones educativas había un clima científico, conformándose una plataforma humana y material para ampliar los estudios sobre las enfermedades de la época. La mayoría de los investigadores de finales de siglo fueron parte de la generación de académicos (muchos de ellos positivistas) que rendían culto a la estadística y a la ley del orden. De tal suerte, la Academia decimonónica junto al interés de las autoridades, cuya visión incluía la salud y la higiene, fomentaron no sólo la participación en eventos nacionales e internacionales, sino la investigación y publicación de trabajos realizados por los académicos principalmente del área médica. Tomando en cuenta, como se verá más adelante, que estos médicos y académicos también figuraban en la administración pública local. El estudio sobre la higiene en Monterrey, publicado en 1892, plantea que las causas de las endemias eran las aguas pantanosas. Según esta investigación, las mejoras higiénicas realizadas por el gobierno estatal hasta 1877, como la canalización de las aguas principales, disminuyeron la presencia de las enfermedades recurrentes. Conforme con la doctrina de quienes sostienen que los llamados miasmas telúricos entre los que el palustres ocupa un puesto importantísimo, tiene su origen en el esterior [sic], a diferencia de los tíficos y tifoideos que parecen estar exclusivamente domiciliados en el cuerpo humano. Esta es cuando menos la opinión de autores respetables.55 En efecto, que por cualquiera causa que el agua aumento en la ciudad que su curso fue mas difícil y en consecuencia favoreciese su estancamiento, o que mal encausadas en ifectas [sic] acequias naturales se corrompió con productos de descomposición orgánica la endemia se convirtió en espantosas epidemias de fiebres intermitente, perniciosas, de remitentes complicas; en tanto que cuando esa agua fue menos abundante cuando su curso fue mas fácil o cuando como en estos últimos años, se desecaron los pantanos, se sustituyeron las acequias natura-


Monterrey: origen y destino

fundadas por Santiago Roel Melo, Héctor González, Joel Rocha y Fortunato Lozano. Entrado el siglo XX, aparece la sociedad científico-literaria Renacimiento (1900-1904), la sociedad astronómica (1906-1910) fundada esta última por Maria Luisa Treviño Sada.58

El médico, una autoridad científica y moral El control de los cementerios por parte del municipio permitió regular las condiciones de entierros por causas epidémicas.

les infectas con caños de cal y canto de fácil aseo y saneamiento y los depósitos de inmundicias que yacían en el centro de la ciudad con grandes y aseados puentes de sillería, la endemia ha disminuido muchísimo y tiende a desaparecer.56 Por otra parte, en este periodo se observa la propagación de eventos, asociaciones y congresos de discusión médica y de otras áreas. Esto principalmente en la Ciudad de México, donde circulaba una importante cantidad de publicaciones periódicas. A la ciudad llegaba ciertamente esta información como una manera de actualización para los médicos locales. Recordemos que las instituciones científicas eran las difusoras de la ciencia, además de ser los vínculos que facilitaban la comunicación entre los científicos de la época. Si bien en México se fundan sociedades como la Sociedad Científica de Humboldt (1862), en Monterrey aparecen más bien clubes de amigos de intereses comunes en la ciencia.57 Entre las principales sociedades fundadas en la localidad destacan la Florencio M. del Castillo (1878), cuyos miembros fundadores fueron Enrique Gorostieta, Ricardo M. Cellard y Adolfo Duclos Salinas; La sociead Liceo Dr. Mier (1878); otra sociedad sin nombre (1896) fundada por Antonio Morales, Felipe Guerra, Héctor Lozano, Osvaldo Sánchez y Lorenzo Palu; La Sociedad científico literaria y la Dr. José Eleuterio González (1899)

El médico, similar al abogado o al profesor, era uno de los pocos actores sociales que tenía acceso a la confianza y al reconocimiento social; asimismo, el médico contaba con un saber privilegiado, en un contexto en el que la cantidad de profesionistas era mínima y donde la inexistencia de instancias educativas no sólo en la ciudad, sino en el país hacía a la educación superior de muy altos costos e inaccesible para muchos. De tal suerte, hacia fines del siglo decimonono, el papel social del médico se fortaleció llegando a ser “una verdadera profesión de consulta”.59 “El título universitario era uno de los elementos que le otorgaban reconocimiento oficial. Mediante la creación de asociaciones médicas y científicas, y la organización y participación en congresos nacionales e internacionales, los individuos en ellos reunidos legitimaban su trabajo e intereses comunes”.60 Así, durante el porfiriato surgió un concepto homogeneizador del cuidado y de la práctica médica.61 En Monterrey de fines de siglo, la presencia social del médico es palpable en diversas áreas públicas: administraciones gubernamentales, política, grupo de notables, comerciantes, juntas patrióticas, asociaciones de beneficencia y área académica. Lo que nos indica un poder político, económico y social relacionado al conocimiento científico: la medicina. Se puede hablar de un cierto poder social del médico62 en un momento en que en Monterrey las instituciones educativas se veían fortalecidas, contaban con el sustento y apoyo eco-

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Parte del gobierno de Maximiliano de Habsburgo se enfocó en un despliegue científico.

nómico del gobierno y de la propia sociedad que aprobaba aquellos esfuerzos que significaran un progreso y bienestar. Este poder implicaba varios aspectos de la vida cotidiana de los habitantes de la época. Por una parte, la figura del médico, además del cuidado de la salud social, intervenía parcialmente en el proceso de reclutamiento para el ejército, por ejemplo, en el de la Guardia nacional,63 en un contexto bélico que predominó por varias décadas en el país y región (años cincuenta y sesenta). El médico extendía constancias de inhabilitación o de inaptitud física para realizar el servicio de las armas, lo cual eximía a muchos hombres de ingresar a la milicia y por lo tanto de morir en alguna batalla. Para ello, basta una cantidad importante de constancias firmadas por los médicos José Eleuterio González, Carlos Ayala Tomás O Farell, Ignacio Garza García, Pascual Constanza, Bernardo Fougá, Estevan Tames64 (localizadas en el Archivo Municipal). Esto implicaba las relaciones de poder económico entre el médico y aquéllos que podían pagar los honorarios de éste para la extensión de la constancia; además de una relación científica y política en tanto el documento firmado por el médico representaba una autoridad científica ante una autoridad política. Estos actores sociales participaban en la elaboración de las políticas públicas locales (salud, educación e incluso orden sociopolítico y económico), ya fuera como regidores, gobernadores o secretarios, incluso como miembros de comisiones especiales como el Consejo de Salubridad. Por

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ejemplo, la alcaldía o Secretaría de Ayuntamiento de Carlos Ayala y las gubernaturas de José Eleuterio González. Sin duda, puede considerarse que J. E. González fue durante casi toda la segunda mitad del siglo XIX uno de los médicos con más reconocimiento científico y social, pero también con mayor impacto político. Por último, la participación de los médicos y farmacéuticos en clubes sociales, en publicaciones, como notables en las fiestas cívicas de la ciudad, y como comerciantes de la localidad que controlaban no sólo las relaciones de saber y poder en este sentido, sino también el comercio farmacéutico. Las publicaciones, impresos principalmente en la década de los ochenta y noventa, se difundieron por parte del gobierno estatal: los distintos estudios que el Consejo de Salubridad de Nuevo León, por lo general, aprobaba para su publicación. Tal es el caso de la Sinopsis del cólera, prescripciones preservativas y curativas que se le refieren, a cargo del Dr. José María Lozano,65 catedrático de la Escuela de Medicina; Síntomas del cólera y método curativo,66 firmado por Manuel María de Llano, Bonifacio González, Eleuterio González, Carlos Ayala, Estevan Tames (publicado en el órgano oficial del gobierno del Estado de Nuevo León),67 estos últimos tres médicos de profesión. Siendo Ayala y Tames, parte de la primera junta de Sanidad, fundada en 1842.68 No se puede dejar de mencionar la extensa producción literaria de J. E. González, que más adelante se ampliará. En términos de Zárate, se trata de una autoridad social que creaba y modificaba las prácticas sanitarias de la sociedad.69 De esta manera, en Monterrey, la influencia de la medicina y de los médicos en las políticas públicas era José Eleuterio González fue el primer ensede las ciencias médicas y farmacéutital, que éstas ñante cas en la ciudad.


Monterrey: origen y destino

eran diseñadas de acuerdo a las medidas consideradas por los médicos como necesarias para contrarrestar las enfermedades. Por ejemplo, según las prevenciones higiénicas y el método curativo del cólera-morbo, se debía “establecer la más rigurosa policía de limpieza, no permitiendo que las basuras, inmundicias, animales muertos, aguas sucias y demás cosas que puedan corromper el aire permanezcan en las calles ni en las inmediaciones de los lugares poblados, haciéndolas tirar lo más lejos La facultad de medicina de Monterrey inició como parte del Colegio que se pueda de los lugares habitados”.70 Este tipo Civil en 1859. de medidas evidencia un vínculo estrecho entre gobierno y ciencia. Se trataba de un proceso acerca de el número de médicos aumentó en un porcentaje la construcción de un poder hegemónico médico, muy alto, pero no incluye extranjeros. Hay que cuyo poder se ha legitimado a través de la instituprecisar que no se tiene con exactitud los años de ción: los decretos, las normas y los reglamentos.71 llegada de los médicos extranjeros, pero se estima Algunos de estos médicos cirujanos tamque fue durante la década de los sesenta del siglo bién eran profesores de medicina, por ello eran aún XIX. Algunos de ellos figuraron también en el comas reconocidos. En el cuadro 61 se aprecia un númercio. mero aproximado de médicos durante Gráfica 13. Número de médicos en Monterrey en la segunda mitad del siglo XIX. la segunda mitad Número de médicos en Monterrey en la segunda mitad del S. XIX del siglo XIX. Para com120 prender la periodicidad planteada en 100 el anterior cuadro, 80 es necesario tomar No. total médicos en cuenta la crea60 Origen extranjero ción de la Escuela Origen mexicano de Medicina y el 40 Colegio Civil en Monterrey. En 1859 20 se fundó la Escuela 0 de Medicina agrede 1859 a 1878 a 1896 1883 (de Antes de 1859: gada al Colegio Ci1877 otras 1859 (foráneos en escuelas) Mty.) vil. Una vez abierta la escuela, arribaron a la ciudad una serie de médicos, principalmente de origen extranDe acuerdo a la lista de J. E. González,77 jero. Por dieciocho años, el Colegio Civil produjo algunos de los médicos extranjeros que arribaron a un importante número de médicos y farmacéuticos. la ciudad fueron: A. Roger, S.P. Laures, A. Kellog, En 1877 se separó la Escuela de Medicina del CoS. Hatchet, S. Smith, M. Napp, J.B. Mears, entre legio Civil y se estableció en el Hospital.76 otros. J.B. Mears destacó como comerciante. ReSi observamos la gráfica 13 podemos destacordemos que en 1854 (gobierno de Antonio López car que en la década de los años ochenta y noventa, de Santa Anna), el gobierno federal decretó la natu-

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Hacia finales del siglo decimonono el papel social del médico se fortaleció llegando a ser una verdadera profesión de consulta.

Cuadro 61. Número de médicos titulados durante la segunda mitad del siglo XIX.72

Periodos

Antes de 1859

No. total de

Origen

Origen

médicos

extranjero

mexicano

14(73)

9

2

3

20(74)

13

7

1

Farmacéuticos

1859: médicos que llegaron a la escuela de medicina De 1859 a 1877

40

40

2275

1878 a 1896

104

104

9

2

2

1883: procedentes de otras escuelas

ralización de los extranjeros, en 1856 (gobierno de Ignacio Comonfort) se promulgó un nuevo decreto que dotó de derechos adicionales a los residentes extranjeros y amplió las circunstancias en las cuales se otorgaba su naturalización.78

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La presencia de extranjeros en la ciudad acontece con la aparición de la escuela de medicina como fuente de trabajo, también se ha de considerar que en el centro del país se fraguaba la guerra de Reforma, que afectaba a los habitantes de la citada


Monterrey: origen y destino

región, causa que bien pudo impulsar la migración de aquellos médicos extranjeros que radicaran en la capital o centro del país. Junto a lo anterior, en esos años se dio un interesante proceso migratorio al país. El aumento de médicos es un indicador del papel de la Escuela de Medicina vista como proveedora regional no sólo de médicos, sino de catedráticos y profesionistas notables en la ciudad. Como ya se ha mencionado, a finales de siglo en el país, y desde luego en Monterrey, preponderan las ideas modernistas, de progreso y orden. En ello, la ciencia figura como uno de los mecanismos de acceso a esta modernidad.

Las boticas en Monterrey Avanzado el siglo XIX en México, se estableció la diferencia entre farmacéutico y médico. Un requisito era cursar los niveles universitarios para la especialidad (con una duración de entre tres y cinco años y el correspondiente periodo de prácticas).79 Los farmacéuticos desempeñaban también un papel dentro de la atención a la salud. A mediados de siglo, entre los más destacados farmacéuticos se encontraban Manuel María Garza García.80 El número de farmacéuticos era mínimo respecto al número de médicos, aunque varios de los médicos también obtenían el título de farmacéutico. En la gráfica 14 se destaca el número de farmacéuticos en la ciudad.

Las boticas de la ciudad eran parte de la ciencia experimental médica de la ciudad; en ellas se acopiaban materiales y substancias médicas necesarias para el tratamiento médico; a la vez que incluía el uso de la herbolaria tradicional que ayudaban al desarrollo de la medicina (a prueba y error).81 Estos centros farmacéuticos debían apegarse a determinados libros, por indicaciones del Consejo de Salubridad del Estado (en cumplimiento de la ley del 19 de septiembre de 1851)82 y, como una forma de homologar los contenidos que se expendían. Éstos eran la Farmacopea Universal, la de los Estados Unidos (dispensatory), el Formulario de Magendie,83 el Tratado de farmacia de Soubeiran.84 Asimismo, los boticarios debían seguir distintas reglas. Una de ellas era que toda receta despachada debía ser valuada conforme al arancel, además se debía registrar en el producto el valor y registrar con el sello de la botica o en su defecto con la rubrica del responsable. Las boticas no debían suministrar fórmula alguna ni sustancia venenosa, sin que fuera recetada por un médico aprobado (por el Consejo de Salubridad) y sin una receta firmada por el médico. Los boticarios tenían la obligación de despachar a cualquiera hora del día y de la noche, pudiendo cobrar el doble del valor legal de la receta si se surtía después del toque de queda (hasta el amanecer). En la siguiente lista (cuadro 62) se aprecian algunas boticas de la segunda mitad del siglo XIX, que incluso continuaron vigentes hasta entrado el siguiente siglo.

Gráfica 14. Número de farmacéuticos en Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Cuadro 62. Boticas en Monterrey hacia 1878.85 Nombre de las boticas

Capital en giro

Encargados del despacho

Ubicación

Propietario

De León

3,000

Bajo la responsabilidad del boticario autorizado. Autorizado por el despacho del Estado el 1 de mayo de 1876.

Esta botica es una sucursal de una casa de Matamoros.

Adolfo Schold y Bremer

Progreso

3,500

Profr. titulado

Comercio 46

Firma Juan B. Mears.

Profr. titulado

Firma el dueño Antonio Laffón. La dirección esta a cargo del hijo, farmacéutico de la Escuela de Medicina de la ciudad, Luis Emilio Laffón

Se abrió en 1860

Del Águila

4000

Don Vicente Sepúlveda (finado). Propiedad de los hijos menores y hasta que uno de ellos finalizó los estudios de botica estuvo bajo la dirección y responsabilidad del Dr. J. E. González

De Sepúlveda

1000

bajo la dirección y responsabilidad del Dr. J. E González

De la Cruz

800

Prof. titulado

Piedad

150

Profr. titulado

Del Hospital

0

Bajo la dirección y responsabilidad del Dr. del Hospital Civil

Del Refugio

1000

Prof. titulado

De la Purísima

600

Profr. titulado

De San Antonio

300

Profr. titulado

Firma Manuel Sada

Del Roble

1000

Profr. titulado

Bajo inspección y cuidado del farmacéutico Atilano Guerra. Firma Tomas Hinojosa

De la salud

200

Profr. titulado

El dueño es farmacéutico. Firma Pedro C. Martínez

De la luz

500

Bajo la dirección del Dr. García Garza

A. García Garza (el dueño no es farmacéutico)

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Roble 30

Antonio Ancira (farmacéutico) Manuel Maldonado (doctor y farmacéutico)

Parte de casa de beneficencia

Juan de Dios Treviño (también es director de la Casa de beneficencia) Dr. Servando T. Morales (farmacéutico)

En la Alameda de la Llave

Ygnacio Saldaña, (farmacéutico y encargado)


Monterrey: origen y destino

Uno de los más ambiciosos proyectos de Gonzalitos fue sin duda el Hospital Civil.

Las boticas con mayor inversión eran El Águila, El Progreso, El León, cuyos propietarios eran Antonio Lafón, Juan B. Mears, Adolfo Schold y Bremer, respectivamente. Las autoridades municipales, junto con el Consejo Estatal de Salubridad, seguían un riguroso control sobre la profesión médica y lo relacionado a la salud. El Consejo de Salubridad verificaba en primera instancia los estudios médicos para así otorgar una licencia de ejercicio de profesión de médico cirujano, profesor de medicina, o en su caso para abrir algún establecimiento de la preparación y venta de medicamentos, bajo la supervisión de algún médico autorizado. Después de ello, el control de estos profesionales corría a cargo del municipio, tanto controlaban los honorarios que éstos debían de cobrar en el ejercicio de su profesión, como regular los precios de los artículos que se vendían en las boticas, así como “el modo de hacerse el despacho en estas por los farmacéuticos”.86 De esta forma, las autoridades municipales recibían solicitudes de los médicos para ser

registrados en el libro de registro. Por ejemplo, el médico cirujano don Estevan Calderón solicitó al municipio su registro en el libro del ramo que autoriza el Consejo de Salubridad para ejercer en él su profesión,87 o el que presentó Melchor Villarreal ante el Ayuntamiento la solicitud para registrar y ejercer el título que de médico y cirujano expedido en París en 1865.88 Otros casos como Ramón García Pérez, Epitacio Ancira o Juan B. Mears que presentó el título de profesor de medicina y cirugía expedido por el consejo de Salubridad del Estado el cual fue registrado por el Ayuntamiento.89 El farmacéutico Macedonio García presentó la licencia que el mismo Consejo de Salubridad le otorgó para continuar con una botica en esta ciudad, la cual se le extendió bajo la responsabilidad del profesor de medicina, Ramón García Pérez.90 De igual forma, Quito del Pilar presentó una aprobación del Consejo de Salubridad del Estado en que le concedía abrir una botica bajo el cuidado y responsabilidad del profesor de medicina y cirugía.91

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

El papel de las mujeres en este rubro, como en la mayoría de las actividades productivas, era mínimo y, dado el caso, estaba limitado al papel de parteras o aspectos relacionados. Pocos ejemplos como el de Paula Fuentes, quien en 1867 presentó al Ayuntamiento el título de profesora de obstetricia para su registro, después de que el Consejo de Salubridad de este estado le extendió la licencia para ejercer esa profesión.92 No es de extrañar que la especialidad de esta mujer fuera la de obstetricia, es decir, lo relacionado a los partos de mujeres, actividades casi exclusivas de lo femenino, que tiempo después fue compartido a los hombres.

gir en esta Ciudad un Hospital para el alivio de la humanidad doliente y consagra su recuerdo honorífico á la memoria de un provisional colaborador el virtuoso eclesiástico Don José Antonio de la Garza.94 Queda claro el reconocimiento social de que José Eleuterio González gozaba ya en la década de los años sesenta del siglo XIX, acrecentado con la construcción del Hospital Civil. Hasta 1853 el único hospital en Monterrey era el del Rosario (después de 60 años de servicio). Tras su cierre por la falta de fondos, la necesidad de una institución de salud era sustancial en una ciudad que constantemente acrecentaba su población. Además, de la atención de los habitantes José Eleuterio González y el Hospital Civil: made la ciudad, el hospital cubriría en tiempos de durez de un proyecto guerra a aquellos heridos en los enfrentamientos.95 Hablar de la medicina Asimismo, era necesaen Monterrey remite, ria la atención de los presos enfermos, cosindudablemente, a la figura de José Eleutetos financiados por los rio González, médico fondos municipales.96 y uno de los notables Los gobiery personaje destacado nos estatal y municidurante la segunda pal consideraron para mitad del siglo XIX. su establecimiento el Los proyectos que edificio nombrado éste propuso al Ayuncuartel de caballetamiento (y al estado) ría perteneciente al en materia de salud, Gobierno del Estado por lo general fueron (que posiblemente toapoyados. Uno de Además de la atención a los habitantes de la ciudad, el hospital cubriría en davía fuera iglesia).97 sus más ambiciosos tiempos de guerra a aquellos heridos en los enfrentamientos. En ese mismo año, el proyectos fue el HosAyuntamiento realizó pital Civil, proyecto apoyado por el Ayuntamiento93 gestiones para obtener un terreno destinado a la y sin duda por el gobierno del estado (encabezado construcción de un hospital, el cual se cristalizaría entonces por Santiago Vidaurri). hasta décadas posteriores. Durante su larga vida, José Eleuterio GonParte de las necesidades vistas en el presuzález se caracterizó por mantener una relación puesto del municipio era el importe mensual de cercana con el Ayuntamiento de la ciudad, que se veinte camas para asistir a más enfermos, lo cual puede apreciar en el siguiente documento. fue solicitado al gobierno del estado.98 Éste aportó la cantidad de 1,224 pesos y 4 centavos que se coEl Ylustrisimo Ayuntamiento de 1865 expresa su gratitud á nombre de la Ciudad que relectaron en la tesorería (a cuenta de lo que el estado presenta, al benéfico Señor Doctor Don Eleuterio debía a la ciudad).99 En 1859, el gobierno del estaGonzález por su empeño y asidua dedicación a fin do daría diez pesos diarios para el hospital y para de elevar a efecto el humanitario proyecto de erila continuación del Parián por cuenta de la nue-

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Monterrey: origen y destino

va deuda.100 El Consejo de Salubridad apeló a los habitantes de la ciudad para que colaboraran para cubrir los gastos de la obra del hospital. En 1860 el Hospital Civil abrió sus puertas. Durante el breve periodo de los franceses en la ciudad, se tuvo noticia de que el emperador (Maximiliano de Habsburgo) dispuso que el Ayuntamiento aplicara los arbitrios suficientes para la creación de un fondo que asegurara la estabilidad del Hospital Civil.101 Entre los mecanismos para procurar los ingresos para el hospital se realizaron loterías, con un fondo de 2,000 a sortearse cada mes.102 J.E. González mantuvo una relación estable con los distintos gobiernos en turno. Durante la estancia del imperio francés en la ciudad, Maximiliano de Habsburgo nombró a González Caballero de la Orden de Guadalupe; en tanto a la llegada de los republicanos a la ciudad y la recuperación por parte de estos de distintos puntos del país, el doctor, mejor conocido como “Gonzalitos”, fue declarado benemérito del estado de Nuevo León e inspector general de estudios por el gobernador liberal Manuel Z. Gómez.103 Tras fungir como gobernador interino en distintos años, se posicionó en la esfera política; sus proyectos de gobierno se caracterizaron en parte por su perfil científico, la realización de estadísticas y registro sistemático de los datos, que responden sin duda a un médico formado en paciencia, partícipe de la corriente positivista, experimental que fundamentaba el saber de los hechos comprobables.

capié en el apoyo para la expropiación de las aguas para los baños de ornato y de utilidad pública, donde se sugería como representantes de una comisión a personas respetables de la época: al licenciado don Jesús Dávila y Prieto, doctor don Eleuterio González y don Evaristo Madero,104 acción que fue aprobada por el Cabildo municipal.105 Ya desde noviembre de 1853, las autoridades municipales y estatales apoyaron la iniciativa de la construcción de los baños termales del Topo Chico (Hacienda de San Bernabé).106 Pero fue hasta 1868 cuando se inició un proceso de expropiación de otros terrenos y aguas termales para la construcción de otros baños.107 El municipio convocó a empresarios para que realizaran por su cuenta las mejoras a los baños de aguas termales de la hacienda de San Bernabé. De esta manera una empresa local obtuvo la concesión de los baños, pero de utilidad pública.108

Baños termales: la ilusión de la buena salud Los habitantes del siglo XIX apreciaban los baños públicos como una alternativa de salud, particularmente a los baños de aguas termales, considerados con propiedades terapéuticas para los enfermos. Por ello, cuando surgió la idea de la construcción de los baños termales en las cercanías de la ciudad, la idea fue cobijada por diferentes sectores sociales. En el periódico minero 2o del Atalaya en el artículo titulado “Aguas termales”, se hacía hin-

Los habitantes del siglo XIX apreciaban los baños de aguas termales como una alternativa de salud

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En la ciudad ya existían los baños públicos del Refugio, pertenecientes a Juan J. Valdez,109 uno de los baños más conocidos y concurridos durante la segunda mitad del siglo XIX.

La prostitución en Monterrey: su control sanitario

Los burdeles en Monterrey en el periodo revisado se localizaban en el área cercana a las tenerías. Diversos actores sociales mantenían una relación con las prostitutas, además de los clientes (siempre ausentes en los registros y para la aplicación de las reglas) destacaban los médicos, los caseros, las matronas y los policías o comisionados. Todos ellos se encargaban de dar orden a este “mal necesario”, así como de controlar esta actividad en términos no sólo sanitarios, sino económicos para el gobierno municipal, entre otros beneficiados directos. Oficialmente, la prostitución no se planteaba como un problema a eliminar, más bien a tolerar, a tener bajo observación y control médico y recaudatorio.

Como en otras ciudades, la prostitución en Monterrey no era un asunto nuevo. Cuando entró la segunda mitad del siglo XIX, se dio un proceso más acentuado, tanto en la ciudad como en la capital del país y seguramente en otras ciudades, en el que la prostitución adquirió el carácter de “problema social, higiénico y moral”,110 ganándose un espacio de atención especial de distintos actores sociales: Los burdeles: casas prohibidas médicos y gobierno. Esto se aprecia en los reglamentos que sobre el tema se aprobaban en el Cabildo municipal. Para este caso se puntualizará en Las casas de asignación eran aquéllas que no dos reglamentos sobre la prostitución: el publicado siendo habitadas por las mujeres públicas, sí eran en 1878 y el impreso en 1885. 111 frecuentadas por ellas “para entregarse a la prosComo ya se ha mencionado, en Francia titución”. se consagra el reglamentarismo, desde 1836, con Los burdeles contaban con patentes autorila aparición de la obra zadas por el Ayuntamiento. del higienista A. Parent Estas casas “prohibidas” Duchatelet112 sobre la socialmente debían pagar mensualmente una cantitolerancia de la prostitudad igual a la mitad de la ción en París. Décadas después, el ya conocido renta de la misma casa, para sistema francés llegó a cuyo efecto otorgaban una México durante el imfianza según lo asignara el comisionado de policía. La perio de Maximiliano de fianza podía ser sustituida Habsburgo. A partir de con una obligación de pago esto se tuvo una marcade la cuota respectiva, en da influencia del reglala que constaba que éste se mentarismo francés en distintas disciplinas. De haría por quincenas adelanesta manera, el control a tadas, pero en caso de que través de los reglamenno verificare el pago la casa tos fue tomando lugar en era clausurada, retirando la los asuntos del Cabildo licencia correspondiente. A los dueños de casas de municipal, aunque en asignación que no ocurrían casi cincuenta años los oportunamente a refrendar reglamentos no variaron sus licencias, se les castigamucho en forma ni conEn la segunda mitad del siglo XIX la prostitución adquirió el catenido. ba con una multa de diez a rácter de problema social, higiénico y moral.

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Monterrey: origen y destino

Las matronas, en el negocio de antaño

Los burdeles en Monterrey se localizaban en el área cercana a las tenerías.

cincuenta pesos y sus establecimientos quedaban sujetos a la vigilancia. Al interior de los burdeles, el municipio prohibía el expendio de licores (o su introducción a la casa) y realizar juegos de azar. Los burdeles debían contar con sus respectivos registros, donde constaba el número de mujeres y las fechas de su entrada y salida. Esta información era remitida mensualmente a la comandancia de policía, controlando de esa manera a aquellas que ingresaran o bien que se cambiaran de casa o abandonaran el oficio. Los lugares de prostitución no podían establecerse en alguna vecindad, ni podían dar alguna señal externa que indicara el giro. Los cristales de los balcones o ventanas tenían cortinas exteriores para evitar ser observados por los que transitaran por la calle. Las domésticas de estas casas debían ser mayores de 40 años de edad, pues en caso contrario se les consideraba oficialmente como prostitutas. Algunos hoteles de la ciudad contaban con una patente para el ejercicio de la prostitución, de forma similar a las casas de asignación, éstos estaban sujetos a las obligaciones y a las penas impuestas. El impuesto mensual de los hoteles ascendía de 10 hasta 25 pesos conforme a su categoría.

La matrona era una figura clave para entender la prostitución en la ciudad durante el siglo XIX. Ésta tenía a su cargo a un grupo de prostitutas, en la casa donde estas mujeres residían y brindaban sus servicios a los clientes. Fungía como enlace entre las autoridades municipales y las prostitutas.113 Negociaba la concesión del burdel pero para desempeñar este rol, estas mujeres debían ser mayores de 35 años. Éstas pagaban mensualmente una cuota de 5 a 25 pesos, según la clase asignada. Las matronas debían denunciar en el término de 24 horas a las insometidas o clandestinas que pretendieran asistir al burdel. Asimismo, según la normatividad sobre el rubro, éstas debían proveer a las mujeres de jeringas, esponjas y de las sustancias que los médicos aconsejaran como preservativos del contagio de alguna enfermedad venérea.

Inscripción e inspección de salubridad: libreta de tolerancia oficial La práctica de la prostitución era permitida por las administraciones municipales, pues ésta era redituable económicamente; mediante los burdeles el

Los burdeles eran conocidos como casas de asignación.

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Al interior de los burdeles, el municipio prohibia el expendio de licores y los juegos de azar.

municipio lograba mantener cierto control de la prostitución. El medio para este control fue, al igual que en otros lugares, como la Ciudad de México,114 la libreta de tolerancia. Esta libreta era otorgada por las autoridades municipales, en ella se debían registrar determinadas prescripciones: filiación, certificado de estado sanitario, clase social a la que pertenecía y por último el retrato de la interesada. En caso de no saber leer, debía buscar a alguna persona que la enterara del contenido de su libreta. Por separado, el municipio registraba las altas y bajas de las mujeres que se enviaban al hospital.

Aisladas y públicas

Para mantener su trabajo, las prostitutas debían seguir una serie de lineamientos ante la ciudad, por ejemplo, debían portarse y vestirse “con decencia”, abstenerse de hacer escándalos en la calle u otros lugares públicos, abstenerse de pasear las calles reunidas en grupos que llamaran la atención, no debían saludar ni interpelar en la calle a los hombres que fueran acompañados de señoras o niños, no debían provocar a la prostitución con señas o palabras, ni permanecer en la puerta de los burdeles ni en los balcones o ventanas. Tampoco podían visitar familias honradas y debían evitar cualquier escándalo, aun en su misma casa. Les estaba prohibido vivir cerca de los establecimientos de instrucción y de beneficencia pública. Por otra parte, se consideraban como clandestinas a aquellas mujeres que especulaban con su prostitución, eludieran la vigilancia de la policía especial y no estuvieran inscritas y, desde luego, si no portaban su libreta de tolerancia. Los policías encargados de vigilar a las mujeres, según su criterio, debían procurar disuadir a aquéllas que “no aparezcan estar completamente prostituidas”.115 Las mujeres dedicadas a la prostitución no sólo eran registradas, sino etiquetadas socialmente. Así, toda mujer que pretendía abandonar la prostitución debía dar aviso al comisionado, devolver su libreta, manifestar los elementos con que contaría para vivir honestamente y dar una fianza de una persona honrada que “garantizara” su conducta.

Las autoridades municipales clasificaron a las prostitutas en dos clases: aisladas y públicas. Las primeras eran las que vivían solas y las segundas, aquéllas que residían en grupo. Estas últimas, por sus condiciones de vivienda colectiva, facilitaban su localización, posibilitando un fácil control recaudatorio. Las mujeres públicas pagaban impuestos personales de cuatro a doce reales mensuales según su categoría; en tanto las aisladas aportaban mensualmente como cuota la mitad de la renta de la casa que ocuparan, siempre que esa cantidad fuera igual o menor a cinco pesos, cuota máxima que debían sufragar. Las mujeres denominadas aisladas que no cumplían con la renovación del permiso anual eran consideradas como prostitutas sin patente o clandestinas, y por lo tanto quedaban sujetas a La matrona era una figura clave para entender la prostitución en la ciudad penas correccionales. durante el siglo XIX.

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Monterrey: origen y destino

Hecho esto, era borrada del registro, pero todavía era vigilada durante seis meses. Una vez concluido este plazo se le devolvía la fianza. Sólo en caso de muerte o en caso de matrimonio los nombres de las mujeres eran borrados de los registros.116

Constancias sanitarias, mecanismos de control de la prostitución Cada Semana, las mujeres debían someterse a una inspección física. El médico a cargo registraba el resultado de la exploración de los reconocimientos practicados del estado sanitario de las mujeres en listas, así como en las propias libretas de tolerancias que las mujeres portaban. Para este control, las mujeres eran identificadas a través de un retrato que tenían en la comandancia de policía y en salubridad. Cabe señalar que no se localizaron documentos que enlistaran nombres de las mujeres prostitutas que los médicos municipales entregaban regularmente a las autoridades, sólo se localizaron reportes generales del número de mujeres atendidas por Semana, siendo en promedio unas seis. Aquéllas que no acudían a la revisión en los días señalados eran multadas, y en caso de no reportarse eran encarceladas por 24 horas. Pero si éstas estuvieran enfermas de “afecciones y contagios”, la pena en prisión (de una Semana) se aplicaba una vez que dejara el hospital. Los médicos municipales tenían la obligación de realizar visitas extraordinarias al domicilio de las prostitutas en caso de requerirse. Asimismo, el médico proponía a la autoridad iniciativas para moderar la prostitución y mejorar las condiciones de las prostitutas. Además debía llevar apuntes detallados para la formación de la estadística. De esta manera, para el control sanitario, el papel del médico y del hospital era sustancial. No obstante, todavía a mediados del siglo XIX en los hospitales de la época se mantenía una concepción médico-moral hasta entonces predominante: curar el cuerpo y también el alma. “El hospital había sido visto por los doctores mexicanos, al igual que por sus colegas franceses, como un lugar clave para llevar a cabo la correcta implantación del sistema francés para el control sanitario y la vigilancia ad-

ministrativa de las prostitutas”.117 Existía pues una vinculación de las autoridades y de aquellas instancias al cuidado de la salud, para lograr el orden social y mantener la moral de la sociedad decimonónica. De esta forma, la prostitución en Monterrey, durante la segunda mitad del siglo XIX, estaba sujeta a un sistema reglamentario que involucraba distintos actores de control: por un lado las autoridades municipales, la policía, el médico, el hospital; por otro lado, las matronas en los burdeles o encargados de los hoteles que controlaban la clientela y los espacios donde, oficialmente, se ejercía la prostitución de forma ordenada. A través de la revisión de la mayoría de los aspectos que conformaban los reglamentos sobre la prostitución, queda claro cierto discurso higienista, de control y vigilancia, pero también una práctica institucional recaudatoria y segregatoria a espacios exclusivos –los burdeles– para de esta forma mantener al margen de la sociedad el mundo de la prostitución.

Para mantener su trabajo, las prostitutas no debían permanecer en la puerta de los burdeles ni en los balcones o ventanas.

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La ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX. Una mirada desde la administración municipal

Citas bibliográficas 1. Núñez, 2002:14. 2. Su principal publicación se tituló: De la prostitution dans la ville de Paris (Núñez, 2002:30). 3. Núñez, 2002:30. 4. Op. cit. 5. Núñez, 2002:15. 6. Inspirado en la selección natural propuesta por Charles Darwin (1859). El principal expositor de la teoría del darwinismo social fue Herbert Spencer (Principios Generales, 1862). 7. Refiere al caso de Don Fernando de la Garza y don Manuel Garza García. AMM, Actas de Cabildo 999, 12/05/1856, 1856/022. 8. 1 de julio 1866. AMM, Misceláneo, Vol. 64, exp. 14. 9. Reglamento de policía y buen gobierno. AMM, Misceláneos 183, exp. 7, 1878. 10. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/02/1865, 1865/009. 11. AMM, Actas de Cabildo 999, 14/05/1866, 1866/025. 12. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857/067, 11/11/1857. 13. Reglamento de policía y buen gobierno. AMM, Misceláneos 183, exp. 7.

16. Reglamento de policía y buen gobierno. AMM, Misceláneos 183, exp. 7. 17. Reinaldo Berardi, producía pieles para exportar, cuya fábrica se localizaba en el Barrio de la presa Chiquita, AMM, Actas de Cabildo 999, 1864/013, 14/04/1864. 18. AMM, Actas de Cabildo 999, 1864/014, mediados de abril 1864, Actas 999, 1864/015, 26/04/1864. 19. Dic. 20 de 1866. AMM, Misceláneo, Vol. 64, exp. 14 Actas 999, 14/05/1866, 1866/025. 20.McCaa, 1993. 21. En la década de los ochenta del siglo XIX, Louis Pasteur descubrió las vacunas contra el carbunco y contra la rabia. Roberto Koch descubrió los bacilos de la tuberculosis y del cólera, entre otros avances científicos. 22.En la guerra méxico-americana (1846-1848) se desato una de las peores epidemias en la ciudad durante el siglo XIX. 23. Martínez, 2005: 2. 24. Concluidos 37/624, AGENL, 1850; El Periódico oficial del gobierno del Departamento de Nuevo León AGENL, 18 agosto 1853; 19 octubre 1854. Los datos correspondientes a los años de 1864, 1866 y 1874 se obtuvieron de: Guerra, 1968: 112-114. 25. Martínez, 2005. 26. Idem, 2005:2. 27. Nieyemer, 2004: 97.

14. AMM, Actas de Cabildo 999, 1864/036, 29/08/1864 El gasto mensual era de 60 pesos mensuales para este rubro.

28. 18 agosto 1853. AGENL, El Periódico oficial del gobierno del Departamento de Nuevo León.

15. AMM, Actas de Cabildo 999, 1855/054, 05/11/1855.

29. 19 octubre 1854. AGENL, El Periódico oficial del gobierno.

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30. AMM, Misceláneos 223, exp. 20. 31. AMM, Actas de Cabildo 999, 1858/043, 02/11/1858. 32. Correspondencia de la secretaria de gobierno. 30 octubre de 1900. Archivo regional, caja 18691911.

por parte del gobierno AMM, Actas de Cabildo 999, 1859/044, 07/11/1859; Actas 999, 1859/033, 17/08/1859. 45. AMM, Actas de Cabildo 32, 1853/030, 18/04/1853. 46. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/01/1868, 1868/005.

33. Martínez, 2005:2. 47. Louis Pasteur y Koch. 34. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/037, 17/06/1861. 35.AMM, Actas de Cabildo 999,22/08/1865, 1865/038. 36.El órgano oficial del gobierno del Estado de Nuevo León. 22 marzo de 1849. Archivo regional UANL, caja de impresos y decretos 1834-1867. 37. González Maiz, 2006: 33. 38. Correspondencia de la secretaría de gobierno. 30 octubre de 1900. Archivo regional, caja 18691911. 39. 19 Dic. de 1866, AMM, Misceláneo, Vol. 64, exp. 14. 40. El órgano oficial del gobierno del Estado de Nuevo León. 22 marzo de 1849. Archivo regional UANL, caja de impresos y decretos 1834-1867. 41. AMM, Misceláneo, diciembre 1866 Vol. 64, exp. 14.

48. En 1864, dentro de la comisión científica y literaria de México, el médico francés Carlos Ehrmann debatió con los colegas sin la fiebre tifoidea que reinaba en México era la conocida como de tifo, de fiebre petequial, de tabardillo, ¿es la misma enfermedad que la fiebre tifoidea de enteritis foliculosa de Europa. En gaceta medica de México, miércoles 1 de marzo de 1865, p. 188 (citado de C. Ehrmann, Tarbadillo et fievre Bípode d’Europe) (Cházaro, 2000: 242). 49. López Sánchez, 1987, citado en Carrillo, 2001:23. 50. En las memorias del Dr. Eduardo Liceaga, presidente del consejo superior de salubridad de 1885 a 1914 y médico de cabecera de Porfirio Díaz, destaca el choque entre estas posiciones antagónicas en el Congreso de Higiene e Intereses profesionales realizado en 1878 en la ciudad de México (Carrillo, 2001:23). 51. Rebolloso, 2002: 11. 52. Citada en: Rebolloso, 2002:10.

42. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857/067, 11/11/1857. 43. Esto estaba a cargo del superintendente de policía. AMM, Civil, Volumen: 262, Expediente: 91. 44. Decreto general del 31 de julio de 1859 sobre la Intervención sobre los cementerios, campos Santos, panteones y bóvedas o criptas mortuorias

53. Alberto Cossío considera que la cátedra del Dr. Pascual Constanza fue parte de un proceso científico de importancia en medio de de una vida de escasez y de guerra (citado en Aguirre Pequeño, 1944, en Rebolloso, 2002: 10-11). 54. Rebolloso, 2002:10.

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55. Apenas hay necesidad de decir que sigo en el texto la opinión de Laveran y Teissier, consignada en la obra de patología que anda en manos de todos. No me constituyo por eso defensor de sus opiniones absolutas o si se quiere de sus teorías exclusivas en los referente a la infección palustre. No entra en mi propósito discutirlas, ni me creo con capacidad para ello, pero sí adopto su opinión en lo general, porque pienso que tiene en su favor la de la mayor parte de los autores modernos. 56. Estudio sobre la Higiene en Monterrey 1892, AGENL, Folletería, caja 131. 57. Rebolloso, 2002: 13. 58. Datos obtenidos de la Tabla II Instituciones científicas de diversas fuentes, citada en Rebollos (2002: 16). 59. Eliot Freidson, 1978, citado en Agostoni, 1999: 19. 60. Agostoni, 1999:19.

69. Zárate, 2002:9. 70. AGENL, folletería 33, Prevenciones Higiénicas y Método curativo del cólera-morbo. Monterrey. Imprenta del gobierno, a cargo de Viviano Flores, 1866. 71. Zárate, 2002: 15. 72. Con base a la lista realizada por José Eleuterio González, en el texto de Guerra, 1968 y en el Periódico oficial AGENL. 73. Se incluye un doctor no registrado en lista de Eleuterio González, pero que sí aparecen e el Periódico oficial hacia 1853 y en la correspondencia de la ciudad. 74. Se incluyen tres catedráticos de la escuela de medicina, pero que aparecen solamente como catedráticos, pero no como doctores de acuerdo a la lista de J. E. González de 1881. 75. Esta cifra incluye a diez farmacéuticos que también eran médicos.

61. Idem. 76. Guerra, 1868:98- 121. 62. Zárate, 2002:9; Carrillo, 2001. 77. Citada en: Guerra, 1968. 63. Promovida por el Gobernador Santiago Vidaurri. 64. AMM, Correspondencia, Vol. 98, exp. 1, fecha 23/May/1856; AGENL, El Periódico oficial del gobierno del Departamento de Nuevo León.

78. Illanes Aguiar, 1993:137. 79. Pérez-Rayón, 1998.

65. Lozano,1892.

80. 9 de agosto de 1853. Publicado el 25 de agosto de 1853. El Periódico oficial del gobierno del Departamento de Nuevo León.

66. Manuel María de Llano, 1949.

81. Rebolloso, 2002: 11.

67. 22 marzo de 1849. Archivo de Historia Regional, UANL, caja impresos y decretos 1834-1867.

82. AMM, Misceláneos 132, exp.7, la copia es del 11 noviembre 1870.

68. Guerra, 1968: 96.

83. Françoise Magendie (1783-1855), profesor del College de France, proclamó con energía la validez

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y casi la exclusividad del experimento, en orden al conocimiento científico de la naturaleza. Aplicó los métodos físicos y químicos tanto a la investigación farmacológica como a la fisiológica, con excelentes resultados. Así, entre sus muchos trabajos, figuran aquéllos en los que se encargó de buscar las acciones de diversas drogas sobre los fenómenos vitales. Estudió la estricnina, la morfina, la emetina y muchas sustancias más. Un buen ejemplo es su libro Formulario para la preparación y uso de varios medicamentos nuevos, que tradujo al castellano el químico José Luis Casaseca en 1827. Respecto al terreno de la fisiología, Magendie contribuyó a esclarecer aspectos importantes de la digestión, de la nutrición, la fonación y el funcionamiento del sistema nervioso. 84. Eugène Soubeiran fue químico y farmacéutico francés. Sus numerosas investigaciones sobre química farmacéutica le condujeron al descubrimiento y a la aplicación del cloroformo. Catedrático de farmacología, escribió un Tratado de farmacia teórica y práctica (1836).

92. AMM, Actas de Cabildo 999,23/09/1867, 1867/042. 93. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/02/1865, 1865/009. 94. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/02/1865, 1865/009. 95. AMM, Actas de Cabildo 999, 22/02/1858.

1858/010,

96. AMM, Actas de Cabildo 999,1857/020, 06/04/1857. 97. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857/022, 20/04/1857. 98. AMM, Actas de Cabildo 999, 1857/019, 30/03/1857. 99. AMM, Actas de Cabildo. 999, 1858/022, 20/05/1858.

85. Monterrey, junio de 1878, AMM, Misceláneos 183, exp. 6.

100. AMM, Actas de Cabildo. 999, 1859/044, 07/11/1859.

86. AMM, Actas de Cabildo 999,18/12/1866, 1866/049.

101. AMM, Actas de Cabildo. 999, 13/02/1865, 1865/008.

87. AMM, Actas de Cabildo 999, 17/08/1855, 1855/039.

102. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/02/1865, 1865/009.

88. AMM, Actas de Cabildo 999, 18/03/1867, 1867/011.

103. Guerra, 1968: 37.

89. AMM, Actas de Cabildo 999,30/08/1867, 1867/036. 90. AMM, Actas de Cabildo 999, 15/04/1867, 1867/015. 91. AMM, Actas de Cabildo 999, 23/07/1867, 1867/031.

104. AMM, Actas de Cabildo 999, 1868/003, 13/01/1868. 105. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/01/1868, 1868/005. 106. AGENL, El Periódico oficial del gobierno del Departamento de Nuevo León. 107. AMM, Actas de Cabildo 999, 1868/003, 13/01/1868.

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108. AMM, Actas de Cabildo 999, 1868/014, 09 /03/1868. 109. Vizcaya, 2006: 58. 110. Núñez, 2004:278. 111. AMM, Misceláneos 183, exp. 7; misceláneos 193, exp. 11. 112.Núñez, 2002; Estrada, 2006. 113. Reglamentos de prostitutas de 1878 y 1885. AMM, Misceláneos 183, exp. 7; Misceláneos 193, exp. 11. 114. Núñez, 2002; 2004. 115. Reglamento sobre la prostitución 1878 y 1885, AMM, Misceláneos 183, exp. 7; Misceláneos 193, exp. 11. 116. Reglamento sobre la prostitución 1878 y 1885, AMM, Misceláneos 183, exp. 7; Misceláneos 193, exp. 11. 117. Nuñez, 2001:55.

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CAPÍTULO IX DIVISONES PÚBLICAS Y ESPACIOS DE SOCIALIZACIÓN EN MONTERREY En el último tercio del siglo XIX la ciudad de Monterrey, a la par de otras ciudades mexicanas,1 empezó a mostrar cambios en algunos elementos considerados propios de una modernidad urbana. Éstos se pueden percibir en los espacios públicos en que los habitantes ocupaban su tiempo libre para distraerse. La construcción del prestigiado Teatro Progreso constituyó un parteaguas en la vida cultural de la ciudad en el siglo XIX. La llegada de espacios para el arte dramático, clubes exclusivos, sociedades privadas y de beneficencia, abre una estapa de augue cultural en un texto en el que el orden y la reglamentación institucionaltomaba forma en las políticas públicas municipales.El monopolio eclesiástico sobre las fiestas populares había sido recientemente fracturado por el proceso de secularización liberal, afectando tanto la vida pública como la privada3 de los habitantes de la ciudad.

La llegada de espacios de arte dramático, clubes exclusivos, sociedades privadas abre una etapa de auge cultural en Monterrey.

El objetivo de este capítulo es mostrar cómo el municipio de Monterrey intervenía en las diversiones públicas y privadas de la ciudad de Monterrey durante la segunda mitad del siglo XIX; además contempla cómo esta intervención, mediante políticas públicas particulares, tenía fines recaudatorios. para el cuidado del orden y la moral de la ciudad.

Espacios públicos de socialización Diversos espacios públicos son emblemáticos en la historia de la ciudad, pues no sólo guardan un carácter histórico-recreativo, sino que a su vez han sido espacios de intercambio social que han articulado a varios tipos de actores en distintos momentos. En otras palabras, se trata de la socialización, definida por el conjunto de interacciones sociales que se generan dentro del espacio y que tienen (de inicio) una función no estrictamente instrumental y cercana a lo lúdico.4 La socialización en los espacios públicos, durante la segunda mitad del siglo XIX, puede plantearse a partir de algunos casos específicos, como los carnavales, el teatro y la feria, entre otros. En estos ejemplos se muestra cómo los habitantes de la ciudad emplean su tiempo libre con fines lúdicos. La vida social se limitaba a horarios y espacios específicos, por ejemplo: las reuniones privadas (tertulias), los bailes; los paseos por las plazas y el campo, considerados todos de tinte familiar. La vida pública también se limitaba de acuerdo al género, pues para el caso femenino, la mayor parte del tiempo era destinado al ámbito privado, mientras que el caso masculino se desempeñaba preferentemente en los espacios públicos.5

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cialmente: las corridas de toros, las peleas de gallos y las propias ferias, que eran eventos lúdicos muy esperados por propios y fuereños. En las últimas dos décadas del periodo estudiado –durante el reyismo (Porfiriato)–, como parte de un proceso de crecimiento poblacional de mayor complejidad, las necesidades sociales y urbanas aumentaron, incluyendo lo lúdico recreativo. El municipio creó la Comisión de Ornato y Paseos, que se encargaba de atender diversos aspectos relacioLa socialización en los espacios públicos, durante la segunda mitad del siglo XIX, puede nados con el embellecimiento urbaplantearse a partir de eventos como carnavales, el teatro y la feria. no y la recreación social.7 Ése es un indicador de la preocupación de las En la década de 1850-1860 la ciudad conautoridades sobre estos asuntos, ya que desde la taba con pocos espacios recreativos: la catedral y perspectiva económica, las finanzas públicas munila plaza de Armas (luego llamada Plaza Zaragoza) cipales podían solventar inversiones en este rubro, eran el centro de la ciudad. Existían otras plazas junto con la colaboración, desde luego, del sector como la plaza Concordia, la plaza de las Capuchicivil. Desde la trinchera política, estos aspectos nas (que cambió su nombre en 1853 por el de Plaza aludían a la propuesta reyista, siguiendo los pasos Iturbide) la Plaza Bolívar y plaza de la Llave –desdel gobierno general, de transformación urbana y pués Purísima–. social, siguiendo las tendencias europeas. Hasta 1857 se construyó el teatro Progreso. Décadas atrás, las obras de teatro se realizaban en espacios adecuados temporalmente para ello, como en el patio del colegio (después Hotel Iturbide), en el salón de actos del Palacio de Gobierno (después botica de León), entre otros,6 a los que acudían las clases pudientes y notables de la ciudad. Además había lugares que se improvisaban para la ejecución de ferias y eventos cívicos. En otros lugares, como la Ciudad de México, las obras teatrales (y los teatros) ya formaban parte del cotidiano menú cultural urbano de vanguardia (incluyendo espectáculos populares), en Monterrey predominaban, junto al calendario religioso festivo, las tradiciones y costumbres recreativas, sobre todo La plaza de la Llave -después Purísima- era uno de los pocos espacios recreativos con que entre las clases desfavorecidas so- contaba la ciudad en la década de 1850-1860.

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La Comisión de Ornato y Paseos se encargaban de antender diversos aspectos relacionados con el embellecimiento urbano y la recreación social.

La Intervención del municipio en las diversiones públicas Conforme aumentaba la población y el municipio se veía en problemas para cubrir las nuevas necesidades, los Cabildos incrementaron su injerencia sobre los espacios ciudadanos y la vida pública, regulando y buscando todas las formas posibles de llenar sus arcas.8 Similar a otros aspectos de la vida municipal en los que se buscaba control y vigilancia cercana, las diversiones públicas también fueron objeto de observación y reglamentación por el Ayuntamiento.9 En este sentido, el esquema reglamentario estaba encaminado a tres fines: la regulación económica de los productos que este giro generaba, mantener la primacía municipal de las actividades sociales y el cuidado de la moral social. En la mayoría de las administraciones durante el periodo revisado, la vigilancia de los teatros y lugares donde se realizaban diversiones, al igual que la supervisión de que éstos estuvieran “aseados y decentes” (higiene pública), formó parte de las líneas de trabajo municipal. Una comisión designada por el Ayuntamiento, presidido por un regidor, se encargaba de hacer efectivos los reglamentos, negociar en caso necesario, así como buscar mecanismos para mejorar las diversiones públicas y todo lo relacionado ellas.

El alcalde primero y un capitular nombrado por éste (por general era un regidor), denominado “regidor presidente”, presidían las diversiones públicas, debiendo reconocerse a éstos como las principales autoridades, incluso aún cuando concurrieran autoridades superiores.10 Asimismo, el juez de teatro, junto a algún regidor o comisionado, podían presidir las funciones de teatro o zarzuela.11 Para efectuar cualquier espectáculo o diversión, se obtenía un permiso especial en el Ayuntamiento. El municipio se mantenía alerta a cualquier función o compromiso que los empresarios, actores, toreros, cirqueros u otros individuos participantes hayan prometido, a través de carteles o convites, ya que estaban obligados a hacerla efectiva; sólo con reserva de aquellas causas justificadas (ante el regidor presidente o alcalde primero), podían ser suspendidas y debidamente anunciadas al público; en su defecto, el municipio imponía una multa de veinte pesos o prisión de uno a quince días (en 1891 la multa era de 25 a 50 pesos). En la funciones, los artistas no debían añadir palabras que no estuvieran en las piezas a

Los empresarios, actores, toreros, cirqueros que hayan prometido funciones estaban obligados a hacerlas efectivas.

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En 1878, se realizó una función de acróbatas para la canalización de la fuente de la plaza Zaragoza. En el mismo año se efectuó una función del Concierto vocal e instrumental que tuvo lugar en el Teatro del Progreso a beneficio de la citada canalización.15 Al siguiente año se ofreció una función de zarzuela a beneficio de la obra material del municipio.16 La función verificada por la empresa S. Rico (en 1882) fue a beneficio de las mejoras de la Plaza de Zaragoza.17 Lo recaudado en otras funciones se destinó a la construcción de una fuente en la Plaza de la Llave18 y otras obras públicas. Las Juntas Patrióticas o aquellos grupos de vecinos que se organizaban para realizar La construcción de áreas de ornato contó con el apoyo de las juntas patriótilas funciones a beneficio, enviaban un escrito cas y la colaboración de los vecinos. al alcalde primero de esta capital rindiendo las representar, ni podían dirigir la palabra al público cuentas pormenorizadas de lo recaudado y disen ningún caso; fumar, golpear las bancas o el piso tribuido en los gastos ocasionados por las funciocon el fin de hacer ruido, molestar de cualquier nes a beneficio. forma al público. Estaba prohibida la dedicatoria Desde luego las funciones a beneficio eran de funciones a personas, clases o corporaciones, si exentas de pago de licencia municipal. Los comités esto ocurría el Ayuntamiento extendía una multa organizadores de las funciones enviaban a los ciude diez hasta cincuenta pesos o imponía prisión de dadanos reconocidos boletos de las funciones para ocho a quince días. que los adquirieran o vendieran; para otros ciudaComo se ha visto, la administración públidanos la adquisición de boletos era una imposición ca contemplaba diversas reglas a seguir en aquellos de carácter obligatorio. Por ello, es común enconeventos públicos. trar en los documentos del Ayuntamiento listas de Por otra parte, los eventos sociales eran una personas a quienes se les enviaban boletos de los partida de ingresos municipales, ya que represenfunciones y de la requisición de los pagos.19 taban alternativas para la recaudación de fondos La aportación de los habitantes y de algueconómicos con fines de beneficencia social, e innas empresas traía beneficios a la obra pública de la cluso de ayuda específica para las deudas externas ciudad, cuya finalidad era embellecerla acorde a las del gobierno general, permitiendo la realización de últimas tendencias urbanas de la época. La consobras públicas concretas para la ciudad. trucción de áreas de ornato contó con el apoyo de Por ejemplo, la función de comedia verificalas Juntas Patrióticas y la colaboración de los vecida la noche del 24 de septiembre de 1877 en el Teanos. Por ejemplo, los vecinos aportaron voluntariatro Provisional por las compañías unidas “Maldomente 219 pesos 62 1/2 centavos para la construcnado y Samudio” fue cedida (en parte) para ayudar ción de las glorietas de la plaza del Colegio Civil: al pago de la deuda extranjera.12 Esta deuda –con Se construirán por cuenta de los vecinos Estados Unidos– fue apoyada por otras funciones del barrio del Roble y las demás personas que sean de toros y de teatro en el mismo año a beneficio.13 amantes del progreso de esta población en la plaza La Compañía Azuaga otorgó, de igual manera, a del Colegio Civil de esta ciudad, más glorietas… beneficio del pago de la deuda americana, la mitad La ciudad ayudará con todos los presos que pueda de los productos obtenidos en la función de teatro para la construcción de las espresadas [sic] glorieen el mismo mes.14 tas.20

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El Teatro, un espacio para las élites El teatro el Progreso,21 situado en la calle del Teatro entre Padre Mier y Matamoros, fue por al menos durante cuatro décadas (finales del siglo XIX) uno de los principales espacios de recreación, albergando a distintas compañías dramáticas. El teatro Progreso fue una fuente de notas periodísticas (periódico oficial) que destacaban la llegada al teatro de la ciudad de compañías internacionales como la de Turín (1857).22 El prestigio del lugar lo llevó a ser sede de eventos políticos, cívicos y sociales de la ciudad, al cual acudían principalmente las clases pudientes y las élites locales que podían aportar las cuotas de entradas a las En el escenario del teatro Progreso se presentaban comedias, zarzuleas y óperas. funciones teatrales. Los costos por lo general eran de veinticinco centavos, la luneta suplica a los espectadores del teatro que aplaudan comúnmente costaba un peso y los palcos y las sólo con las manos y en tiempo oportuno ya que es plateas (con ocho asientos) oscilaba entre cinco 23 muy molesto los repetidos aplausos que se hacen y ocho pesos. Además de compañías dramáticon los pies y bastones en los asientos durante las cas, también se presentaron comedias, zarzuelas representaciones”.27 De esta manera, el municipio y ópera, destacando la presentación en la década trataba de delinear algunas pautas de comportade 1880 de la Compañía de Ópera Italiana Ángela miento social dentro de este espacio prestigiado. Peralta.24 Otros espectáculos circenses y de acroLos horarios del teatro eran generalmente bacias también figuraron en la publicidad del Teanocturnos, sin embargo estaban sujetos a cambios tro Progreso,25 sin dejar de lado las proyecciones de según las políticas del gobierno en turno. Por ejemvistas fijas y semimóviles y el uso del fonógrafo. plo, durante la época del imperio se dispuso que A diferencia de otras sociedades en el país las funciones de teatro terminaran temprano, “ya y en Europa, en las que el teatro y otras formas de que no es conveniente que terminen después de las expresión cultural (alta cultura) podían ser parte once, por ser perjudicial para la salud”.28 de una vida social cotidiana desde tiempo atrás, en Sin duda, el Ayuntamiento de la Ciudad de Monterrey estas experiencias se pusieron en prácMéxico, como capital del país, fue un modelo en tica formalmente hasta la construcción del Teatro algunas políticas públicas y reglamentos. Esto se Progreso, aunque para algunos las normas de comobserva cuando en 1876 se adoptó el reglamento de portamiento con las cuales conducirse en las funteatros que en aquella ciudad estaba vigente. Sólo ciones teatrales pudieron resultar innecesarias o se le agregaron algunas prohibiciones como fumar confusas. Algunos espectadores del teatro Progreso en las lunetas, palcos, plateas, balcones y galería consideraban como una molestia que algunos conalta, castigándose en caso de infracción con una currentes aplaudieran durante la función, lo que multa de hasta cinco pesos.29 provocó que el Ayuntamiento tomara algunas meTras el incendio del Teatro Progreso en didas. En 1865, periodo de gobierno imperial, se 1896, inició una etapa en la que la ciudad contó dispuso que las personas que concurrieran al teatro con varios teatros que dieron cabida a la creciente Progreso y que aplaudieran fueran multadas.26 En población de fines de siglo. En 1898 se inauguró 1868 se publicaron avisos en los que se decía “se le

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el Teatro Juárez, el costo del edificio fue de 127,000 pesos y contaba con 1,600 localidades, incluyendo veinte plateas, veinticinco palcos de primera y veinticinco de segunda y estaba alumbrado con 500 focos de luz incandescente y diez de arco, además, entre las novedades se encontraba el piso del salón movedizo, es decir que se podía posicionar al mismo nivel del foro, con el fin de utilizarlo para bailes y otros eventos. En el segundo piso se contaba con una cantina, billares y otros espacios de reunión.30 Sin embargo, el atractivo Teatro Juárez duró apenas diez años, pues al igual que el Progreso fue desLos horarios del teatro eran generalmente nocturnos. truido por un incendio en 1909. Dos años antes de la desaparición del Teaa ciertos sectores económicos de la ciudad, como a tro Juárez, el Teatro Zaragoza abrió sus puertas.31 comerciantes y restauranteros. Por ejemplo el Café No obstante unos meses después corrió la misma del Progreso, de Antonio Vignau, publicitó su cosuerte que los anteriores, al ser devorado por las mercio en el periódico oficial. llamas. Otros teatros aparecieron antes de que el El dueño de este establecimiento ha prepamovimiento revolucionario llegara a la ciudad: Prorado sus salones para servir de cenar las nogreso (del mismo nombre que el antiguo), Paolo, ches de baile en la temporada del presente Independencia, entre otros. carnaval, en donde se servirá con el esmero que acostumbra.33 Carnavales y máscaras: eventos de clase Las fiestas de máscaras y carnavales realizadas año tras año adquirieron fama entre aquellos Por muchos años, hasta la segunda década del siglo habitantes que contaban con los recursos para fiXX, los carnavales se efectuaron en el mes de febrenanciar el permiso de uso de máscara y la indumenro, hasta que decayeron como fiestas relevantes. En taria requerida; asimismo, se posicionó como uno estos carnavales se realizaban la kermés y las fiesde los eventos de la ciudad con una concurrencia tas de disfraces, incluso se programaban corridas nada despreciable. Este éxito propició la reglade toros, eventos deportivos, batallas de flores en mentación de esta área lúdica con el objetivo de la Alameda, desfile de carros alegóricos y fuegos controlar los ingresos que éstas representaban y de artificiales.32 brindar la seguridad. Los carnavales, similares a otras prácticas El Cabildo municipal publicó un reglaculturales de la época como las ferias, dinamizaron mento de carnavales,34 en el cual se especificaban

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El teatro Juárez fue inaugurado en 1898.

Si el uso de máscaras era en el interior de una casa, como se acostumbraba y con el fin de evitar daños a las familias por abusos de los enmascarados, la persona que portara la máscara debía ser acompañada por otra persona de reconocida honradez que respondiera por éste, en caso de algún abuso. Evidentemente los carnavales fueron una de las actividades públicas recreativas más controladas por parte del municipio. Estas fiestas, cuyo público debía portar trajes especiales, requería de una inversión considerable, pues por un lado se invertía en las máscaras y disfraces que surtían algunos almacenes de ropa, y por otra, en el pago de la cuota correspondiente. Sin importar su costo, los carnavales se posicionaron todavía hasta el siglo XX como eventos esperados cada año por los habitantes, pues eran pocas las ofertas lúdicas.

las condiciones para el uso de caretas o “vestidos de máscaras” para las fiestas denominadas “carnavales”. Diversiones para pobres: espectáculos callejeLos interesados debían registrarse previamente en ros, circo y maroma un “libro secreto” que para tal efecto llevaba la primera autoridad política local. Una vez registrado se Los títeres eran espectáculos considerados exclusiles extendía un boleto para la temporada de fiestas vos para ciertas clases sociales de los barrios pobres, o por un día en específico, con el cual se identifiy no figuraban en los teatros de categoría como el carían ante las autoridades; esta identificación era Progreso. Una nota de la prensa local advierte que requerida en caso de que la autoridad o la policía se en barrios populares, incluso de migrantes de San los exigiera “con el fin de cerciorarse de si portan bien o mal la máscara”. En caso de no presentar el boleto, la persona podía ser apresada como sospechosa. Los costos del uso de las máscaras variaban, si el uso era en “el claro del día” se pagaba dos reales. Para el uso de día y noche costaba seis reales y dos pesos por la temporada que no excediera de ocho días, sin pasar de los horarios del toque de queda, pues si se excedía el horario establecido del toque de queda, entonces requería pagar una licencia de baile o tertulia. El ingreso por el concepto de uso de máscaras en los carnavales, por ejemplo en 1861, asLos carnavales dinamizaron a ciertos sectores económicos de la ciudad, como a comerciantes cendió a 83 pesos.35 y restauranteros.

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Luis Potosí (barrio de San Luisito) que laboraban en las fábricas, eran presentadas estas diversiones: “Ésta es la diversión favorita que tenemos hoy aquí; en el barrio de San Luisito se solazan las pobres gentes, sábados, domingos y jueves con esta (tan) inocente como sana diversión”.36 Los títeres eran una opción de bajo costo para aquellos desfavorecidos socialmente. Por su parte, el circo incluía diversiones como la “exhibición de fieras” y las maromas, efectuadas en las calles de la ciudad, donde se instalaban carpas y animales que rompían la monotonía de las vidas de los habitantes de la ciudad y ranchos circunvecinos. Sin lugar a duda estos espectáculos eran muy redituables para los empresarios, que en diversos casos eran extranjeros, tal es el caso del circo mecánico del “Friedrich”. Siguiendo los registros municipales, las altas ganancias de este circo (que ascendían a 100 pesos diarios) llamaron la atención del Cabildo municipal, pues algunos regidores dieron cuenta que la citada empresa pagaba en otras ciudades licencias hasta de diez, doce y quince pesos por función, por lo que se determinó aumentarle la licencia a cinco pesos por función. Desde luego, el empresario manifestó su desacuerdo, empero, acató lo estipulado.37

Las alternativas de espectáculos, diversiones con novedades de la época como los cosmoramas y juegos como el de “rebote de pelota”38 atraían a las familias de la ciudad y cercanías. Los empresarios de cosmoramas, quienes por lo general eran de procedencia europea, instalaban sus espectáculos en algunos espacios céntricos de la ciudad. Estos espectáculos públicos consistían en la proyección de imágenes (vistas semifijas) de Europa y del país y por lo general eran parte de una proyección itinerante por la república mexicana. El empresario italiano Lucas Márquez abrió por temporadas largas su cosmorama en la calle de Comercio.39 Estas diversiones eran publicadas en el periódico oficial, tal como lo vemos en el siguiente ejemplo: El que suscribe, recién llegado de Italia, tiene el honor de ofrecerse a disposición del público, en esta ciudad, con un bello y curioso COSMORAMA: vive en la calle principal frente al Colegio: asegura presentar en él grandes y hermosas vistas de los más bonitos países de Europa y las Américas y que se cambiaran cada seis días. La persona que guste divertirse se podrá ocurrir a la casa del que suscribe, la cual estará abierta desde las seis de a tarde hasta las diez o doce de la noche. Blas Farazo. 40 El empresario Constantino Gobran complementaba sus funciones de cosmorama con tiro al blanco (en una casa de la calle Zaragoza41). José Kühn estableció un panorama de postales durante la feria,42 un antecedente del cine, brindando la oportunidad a los habitantes de la ciudad de viajar por otros países a través de las imágenes semifijas, convirtiéndose no sólo en un espectáculo, sino en un espacio recreativo que daba pauta a la socialización y al aprendizaje.

Juegos permitidos

Los títeres eran espectáculos considerados exclusivos para ciertas clases sociales de los barrios pobres.

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Las loterías de figuras o números y los billares eran otras opciones lúdicas en la que los habitantes regiomontanos invertían sus tiempos de ocio. Desde luego, aunque en menor medida, los juegos permitidos brindaban ingresos a las arcas municipales.


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Las licencias tenían una aportación mensual de aproximadamente dos pesos.43

El circo incluía diversiones como la exhibición de fieras y las maromas.

En ese mismo año, durante el periodo del gobierno imperial en la ciudad, se acató la prohibición de los juegos de azar y suerte establecidos desde principios del citado año, por lo que se retiraron las licencias concedidas en la ciudad para loterías y ruletas.45 En 1865 el Ayuntamiento recibió una circular del gobierno del Estado en la que se ordenaba no tolerar los juegos de azar, incluso se persiguió a los jugadores (considerados tahúres) y fueron remitidos al servicio de las armas.46 Al respecto, otra circular enviada por la Secretaría del Gobierno y Comandancia Militar del estado Libre y Soberano de Nuevo León, comunicaba lo siguiente: Uno de los vicios más perniciosos a la sociedad es el juego, como todos lo saben y comprenden, y por esta razón se ha procurado siempre y se procura en todos los pueblos civilizados perseguirlo sin descanso, como que es la fuente de los mayores estravíos, [sic] á veces de grandes crímenes y siempre de la ruina de muchas familias y de la desmoralización de los pueblos en que se desarrolla.47 No obstante la prohibición de los juegos de azar que incluía a las loterías, los beneficios económicos sin duda eran nada despreciables, pues en el siguiente año de 1865, la ciudad estableció una lotería con un fondo de dos mil pesos, con un sorteo mensual, liberando de la clandestinidad a

Durante el periodo revisado, los juegos permitidos en la ciudad, como la lotería, eran fiscalizados por las autoridades estableciendo mecanismos de control y de restricción, tanto para la recaudación económica como para evitar irregularidades, a la vez que cuidaban las buenas costumbres de la época. En 1864 se dispuso que los dueños de las loterías en la ciudad no permitieran el acceso para jugar a los “hijos de familia” ni a los sirvientes. El horario de la lotería era en los días de trabajo sólo por la noche y hasta el toque de queda.44 Los billares eran otra opción lúdica en la que los habitantes regiomontanos invertían sus tiempos de ocio.

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de tercera clase.51 Algunos hoteles como el Hotel San Fernando, en palabras del Cabildo considerado como “un establecimiento que da mucho lustre á la Ciudad”,52 contaban con mesas de billar, para lo cual abonaba al Ayuntamiento ocho pesos mensuales. En general, los juegos prohibidos eran sancionados por las autoridades municipales. Mediante los reglamentos se estipulaba que las casas de juegos de suerte y azar estaban prohiEn 1864 se dispuso que los dueños de las loterías en la ciudad no permitieran el exceso para jugar a los bidas y en caso de existir, hijos de familia ni a los sirvientes. los dueños, administradores o encargados de éstas serían acreedores a una pena de arresto menor y multa de cien a quinientos pesos. esta diversión popular. El objetivo de esta lotería La prohibición de los juegos de azar se extendía a en particular fue la recaudación de fondos para el las plazas, calles u otro lugar público. panteón civil y el hospital, además de mejorar la siEn diversos casos, el municipio decomisó tuación de los fondos del municipio. Iniciativa que en algunas casas de juego los muebles, instrumendesde el año previo se había planteando por algutos, utensilios y aparatos destinados para ello. Los nos integrantes del Cabildo.48 Un año más tarde se jugadores y simples espectadores eran castigados registró la licencia de una lotería de números en la con una multa de cincuenta a doscientos pesos, o Sociedad del Fénix.49 en su defecto con arresto de quince a treinta días, Las loterías eran una importante distracsolamente cuando eran aprehendidos en la casa de ción en espacios privados y públicos, asimismo, juego.53 una fuente legal (aunque en algunos años fueron prohibidas) de ingresos económicos para la obra Peleas de gallos pública municipal y para la beneficencia. 50 Como en el teatro o las corridas de toros, Las peleas de gallos eran una de las atracciones relos billares estaban divididos por categoría en funcreativas los fines de semana. Los juegos de gallos ción del poder adquisitivo de sus usuarios. Así, estaban permitidos sólo los domingos y días festihabía de primera, segunda y tercera clase que eran vos (incluyendo los días de feria), en caso contrario catalogados al momento de solicitar la licencia, las multas municipales ascendían a cinco pesos la cuyo costo desde luego dependía de la categoría. primera vez y veinticinco en caso de reincidencia.54 Los billares pagaban una cuota mensual, el de más De acuerdo a algunos registros municipales, en baja categoría pagaba aproximadamente dos pesos. otros años, las peleas de gallos se realizaban los días Por ejemplo, en 1867, Rafael Aldape solicitó una lunes y días de feria.55 licencia al municipio para la apertura de un billar Este giro era subastado a inicios de año a en la casa del Lic. José de Jesús Dávila y Prieun contratista, la mecánica de la subasta era similar to (en la calle del don Padre Mier) clasificándolo

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co años, con una fianza que asegurara los derechos por pagar. Este contrato de larga extensión se concedió de forma paralela a otros empresarios con concesiones anuales.58 Los empresarios obtenían redituables ganancias de una costumbre lúdica que se transformaba en fiestas esperadas. Hacia la década de 1860, el remate de las peleas de gallos ascendió a sesenta pesos anuales o cinco pesos cada mes que se pagaban por anticipado.59 Los contratistas de palenques de gallos eran también contratistas de corridas de toros; don Juan Martínez Serna60 fue uno de los empresarios que a mediados del siglo mantenían Las peleas de gallos eran una de las atracciones recreativas los fines de semana. el control de este giro de negocios. Los juegos permitidos, las pea los remates de la concesión de pisos y ferias. El leas de gallos y otras diversiones eran las posibilidaperiodo de la concesión era de un año, pero en aldes de recreación social de la época, limitada a las gunos casos se refrendaba a aquéllos que lo solicicaravanas de circos que circulaban por la república taban. Por ejemplo, Antonio Martinez Cantú soliy a aquellos empresarios que instalaban ocasionalcitó el palenque de gallos por dos años, ofreciendo mente los juegos y diversiones. El teatro fue uno de por él 25 pesos anuales. Esta solicitud enviada a la los espectáculos al cual concurrían principalmente Comisión de Peticiones, estimó que el empresario las clases acomodadas; a la par que en otras ciudapagaría la pensión anual y seis reales por cada fundes del país, este recinto albergaba a empresas imción, sujetándose a efectuar funciones sólo en los portantes de la época que ofrecían diversas puestas días festivos y de acuerdo a las reglas previstas por en escena. El municipio de Monterrey se encargael municipio.56 ba de controlar las licencias de estas empresas, capOtro de los prestigiados contratistas de las tando continuamente recursos económicos, gracias peleas de gallos, Juan N. de la Vara, remató el giro a los impuestos. A la vez algunos espectáculos eran en pagos mensuales de tres pesos.57 Al siguiente efectuados con fines de beneficencia e incluso para año (1857), Pragedis Zambrano y Antonio Martíobras públicas de la ciudad, el papel de los notables nez obtuvieron del municipio un contrato por cinen este aspecto fue trascendental.

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Citas bibliográficas

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10/11/1868,

21. De acuerdo a Vizcaya (2006), la fecha probable de su inauguración fue en julio de 1857. 22. “El jefe de ella [esta compañía y familia] que lo es el señor Turín, director de todas las escuelas de gimnasia militares y civiles de la republica, viene de Nueva York y Nueva Orleáns, y se propone en su paso para México, de acuerdo con la empresa, dar algunas funciones en nuestro hermoso y nuevo teatro…” (Cita de El Restaurador de la Libertad (en Vizcaya, 2006:60). 23. Vizcaya, 2006:65. 24. Impresos por Viviano Flores, AMM, Misceláneo 241, 1 07/Feb/1883.

10. Agosto 10, 1871, AMM, Misceláneos 145, exp. 5; el publicado en 1891 misceláneos 201, exp. 11.

25. Por ejemplo en 1878 se anunció la “función monstruo” de ejercicios gimnásticos en la barra y trapecio (en Vizcaya, 2006:61).

11. Monterrey, septiembre de 1882 AMM, Misceláneo 224, 18.

26. AMM, Misceláneo, Volumen 60, Expediente 9, Fecha: 01/Ago/1865.

12. 24 de septiembre de 1877, AMM, Misceláneo 182, 16.

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14. Septiembre 28 de1877 AMM, Misceláneo 209, 14, 25/Sep/1877.

29. AMM, Actas de Cabildo 1871/038 24/07/1871.

15. AMM, Misceláneo 185, 5 y 6 ,26/Mar/1878.

30. Vizcaya, 2006:119.

16. AMM, Misceláneo 185, 1, 13/Feb/1879.

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31. Su propietario fue Patricio Milmo. (Vizcaya, 2006: 120).

46. AMM, Actas de Cabildo 999, 08/05/1865, 1865/025, Impresos II, Volumen 11, Expediente 1.

32. Vizcaya, apunta que en el Carnaval de 1912 se gastaron cerca de $25,000 pesos (Vizcaya, 2006:119).

47. 03/May/1865, Impresos II, Volumen 26, Expediente 5.

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48. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/03/1865, 1865/015. 49. AMM, Actas de Cabildo 999, 29/10/1866, 1866/044. 50. En el teatro o las corridas de toros la venta de los lugares estaba cotizado a diferentes costos de acuerdo a la cercanía con el espectáculo.

1861/021, 51. AMM, Actas de Cabildo 999, 27/06/1867.

36. La Defensa en 1885 (citado en Vizcaya, 2006:65). 37. AMM, Actas de Cabildo 999, 1861/039, 01/07/1861, Actas 999, 1861/040, 04/07/1861.

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52. AMM, Actas de Cabildo 999, 20/03/1865, 1865/015. 53. Reglamento de policía y buen gobierno. AMM, Misceláneos 183, exp. 7.

38. AMM, Misceláneo 224, 4 30/Ene/1882. 54. Reglamento de policía y buen gobierno. AMM, Misceláneos 183, exp. 7.

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1863/016,

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P.181 Panorámica P.241 Campeonato de natación P.246 Hospital P.247 Entierro P.259 Calle P.259 Edificio P.270 Mercado P.273 Teatro Juárez Torres, Enrique. La historia del agua en Monterrey. Desde 1577 hasta 1985. Castillo, Monterrey, 1985. P. 177 Comerciantes. Tyler, Roonie C. Santiago Vidaurri y la Confederación Sureña. AGENL: Monterrey NL, 2002. P.78 General Juan Zuazua P.79 Bloqueo P.80 Litoral del Estado de Texas Universidad Autónoma de Nuevo León. 75 años forjando hombres con sentido de vida. Editorial Clío. México: 2008. P.59 José María Paras

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Directorio Idea y Proyecto Adalberto Madero Quiroga Coordinación General José Antonio Olvera Coordinación Ejecutiva Eduardo Cázares Coordinación Editorial Ernesto Castillo Coordinación de Diseño Mónica Arroyo Diseño Gráfico Wendolyne Alemán Belinda Wong Imagen Melissa Villarreal Fotográfos Eric Lara Jesús Escandón Diana Salazar Brenda Sánchez Jessica Jaramillo Tere González Correctores de estilo Abel Garza Ana Narváez Luis Enrique Gómez Rodrigo Navarro José Ángel Anguiano Teresa Villarreal 290


Esta obra se termin贸 de imprimir en septiembre de 2009, en los talleres de Imprenta Plata Monterrey, Nuevo Le贸n. Se tiraron 1000 ejemplares m谩s sobrantes para reposici贸n.


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