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Dossier: Rebelión en el patio trasero

página 2-8

Año 1, número 7 nueva época u Octubre 2008

Edición boliviana Precio del ejemplar Bs.10

La revolución de Andrés Ibáñez Compra opcional Pídalo en los quioscos Bs. 20

CLAVES DEL DERRUMBE FINANCIERO

El ocaso de Washington A un mes de las elecciones presidenciales, una crisis financiera de insondables proporciones y consecuencias conmociona a Estados Unidos y al mundo. Ante el cataclismo, el gobierno acude al dinero de los contribuyentes para socorrer a las entidades en quiebra. Esta debacle capitalista en el corazón del sistema es tan grave que de ella surgirá sin dudas un mundo nuevo; una nueva relación de fuerzas entre países y regiones. Pletórica de recursos, autosuficiente, América Latina podría surgir como una nueva potencia.

Dossier América Latina frente a la crisis por Emir Sader 10 Caída de Fannie Mae y Freddie Mac por Ibrahim Warde 12 Cuando Wall Street se hizo socialista por Frédéric Lordon 13 El mundo y la (futura) Casa Blanca por Michael Klare 17 Los demócratas, a la conquista del Oeste por Serge Halimi 18

En este número Dossier: Rebelión en el patio trasero

Cuadernos de pensamiento crítico latinoamericano

Brasil hace la diferencia por Raúl Zibechi

2

por Suzy Castor

Fin de las “relaciones carnales” por Pablo Stefanoni

32

Afrenta secular en clave de telenovela por Adriana Rossi

por Julian Clec'h

34

26 Rap aymara, ¿rap rebelde?

4

Derechas e izquierdas en México: La disputa por las calles

6

por Massimo Modonesi

Soñar no cuesta nada por Carlos Gabetta

por Syed Saleem Shahzad

19

Triple legitimación del narcotráfico

El final de la Doctrina Monroe por Gabriel Tokatlian

Los nuevos talibanes

3

Entrevista exclusiva con Frei Betto: “Es la última oportunidad para un cambio pacífico en América Latina” por Ricardo Bajo H.

La transición haitiana: entre los peligros y la esperanza

por Johana Kunin

28

36

A Wikipedia le sale competencia por Alejandro Margulis

38

Los libros del mes

39

El kirchnerismo: ¿un gobierno progresista? 8

por Fernando “Pino” Solanas

30


2

Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

REBELIÓN EN EL PATIO TRASERO

La Unasur apaga su primer incendio STAFF Director Pablo Stefanoni Subdirector Ricardo Bajo H. Diagramación Percy Mendoza Colaboradores locales Johana Kunin Massimo Modonesi Fernando “Pino” Solanas Raúl Zibechi

EDICION CONO SUR Director Carlos Gabetta

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Por Raúl Zibechi*

Brasil hace la diferencia Más allá de la retórica y las declaraciones, la intervención activa de Brasil para desescalar el conflicto boliviano mostró el estilo de su diplomacia y los objetivos de una gran

potencia que consigue, en una sola jugada, mantener a raya las ambiciones imperiales en su “patio trasero” y aislar los intentos de incrementar la tensión en la región.

La Declaración de la Moneda, documento aprobado por unanimidad por los doce países miembros de Unasur (Unión Sudamericana de Naciones), el pasado 15 de septiembre, puede ser considerada como un triunfo de la diplomacia de Itamaraty. Los nueve puntos de la resolución combinan un sólido e irrestricto respaldo al gobierno de Evo Morales con duras advertencias a la oposición, que se plasman en la iniciativa de crear una comisión para “realizar una investigación imparcial” sobre la masacre de Pando, para impedir que quede impune. En resumidas cuentas, la oposición queda aislada internacionalmente y debe tomar en cuenta que los países de la región no están dispuestos a permitir que prosigan las acciones violentas destinadas a desestabilizar y, eventualmente, voltear al gobierno de Evo Morales o dividir el país. Los tres últimos puntos de la declaración exhiben un delicado pero firme matiz respecto a los anteriores. Inducen al gobierno legítimo de Morales a dialogar con la oposición, con el objetivo de “concertar la búsqueda de una solución sustentable en el marco del pleno respeto al Estado de derecho y al orden legal vigente”. Va más lejos: decide la creación de una comisión para “acompañar los trabajos de esa mesa de diálogo” y una comisión “de apoyo y asistencia” al gobierno boliviano. Una consecuencia inmediata de la declaración de Unasur y de las gestiones de Brasil, fue el acuerdo alcanzado el martes 16 en La Paz entre el gobierno y la oposición. En tres aspectos, por lo menos, supone una evidente marcha atrás del gobierno del MAS: acepta que los departamentos deben recuperar una parte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que el gobierno había decido que financiará la Renta Dignidad a los jubilados y es una de las principales demandas de la oposición; invita como “facilitadores y testigos” a Unasur, la Iglesia Católica, la Unión Europea, la OEA y Naciones Unidas; y suspende por un mínimo de un mes la convocatoria del referéndum constitucional. A cambio, espera obtener “paz social”. Una victoria o una derrota, según se mire. Si se parte del día después del referendo de agosto, en el que Evo fue ratificado con más del 67 por ciento, es un evidente paso atrás. Si se creen las versiones, nada infundadas, de que estaba en marcha un golpe de Estado, el gobierno de Morales consigue superar una de las instancias más difíciles en 30 meses, aunque el futuro sigue siendo incierto. En todo caso, la oposición consiguió convertir en polvo la contundente victoria de agosto, que debería haber comenzado a resolver el “empate estratégico”.

cillería argentina expresó su apoyo “pleno e incondicional” a Evo Morales, ante lo que calificó como “graves hechos de violencia y sabotaje terrorista” de la oposición. El asesor para asuntos internacionales de Lula, Marco Aurelio García, dijo que su país “no tolerará una ruptura del ordenamiento democrático”, pero el presidente fue más ambiguo en su respaldo al mandatario boliviano: “La oposición tiene derecho a hacer oposición, pero todo tiene un límite porque si extrapolan los límites todo el mundo pierde, y creo que Bolivia lo que necesita es que todo el mundo gane. Lo que hago es un llamado al pueblo boliviano, a los trabajadores, al gobierno y a la oposición para que permitan que Bolivia encuentre su propio destino, fortaleciendo su democracia”. El viernes 12, el vicepresidente de la Asociación de Exportadores de Brasil, José Augusto de Castro, reaccionó ante la disminución del suministro durante siete horas, el día anterior por un atentado de la oposición al gasoducto binacional: “Mientras los bolivianos se limiten a agitaciones en la frontera, todo está bien. Lo que no pueden hacer es meterse con el gasoducto” (1). Bolivia bombea a Brasil 31 millones de metros cúbicos de gas todos los días, que suponen el 70% del consumo de la industria paulista y el 100% de la industria de Porto Alegre. El Planalto no podía dejar de actuar una vez que el suministro de gas estaba en peligro. La oposición autonomista –de modo espontáneo o “aconsejada”– había dado en el blanco al petardear un gasoducto más que vulnerable. Según varias fuentes, hacia el jueves 11 Brasil se disponía a enviar a García y al secretario general de Itamaraty, Samuel Pinheiro Guimaraes, a La Paz, donde también debía llegar Jorge Taiana, canciller argentino, para iniciar una gestión de mediación. Cuando los brasileños ya estaban dentro del avión, la gestión abortó porque Morales no dio el visto bueno a la intermediación brasileña, con el apoyo –o la presión– de las Fuerzas Armadas (2). En este punto existen, por lo menos, dos versiones. Una de ellas, indica que Morales habría dado prioridad al despliegue de tropas militares y policiales para garantizar el suministro de gas y establecer el estado de sitio en Pando y en Santa Cruz, con lo que apostaba a una solución estrictamente interna del conflicto. La estatal Agencia Brasil difundió una versión según la cual Morales se habría mostrado pesimista acerca de llegar a un acuerdo con la oposición y habría apostado, por el contrario, a la movilización social para destrabar la situación. La segunda versión apunta a una molestia del Ejecutivo boliviano por la suave pero persistente presión de Lula para que el Palacio Quemado llame a la oposición a negociar, y muy en particular por los contactos de la cancillería brasileña con los autonomistas de la “media luna”. Consultado sobre si había mantenido contactos personales, García reconoció que “la idea es que la embajada de Brasil (en Bolivia) esté haciendo esos contactos” (3). Sea como fuere, lo cierto es que el desarrollo de la reunión en La Moneda conf irmó la existencia de “matices” entre los diversos países de UNASUR, y entre Brasilia y La Paz. En la reunión de presidentes, luego de una larga exposición de Evo, Lula le habría preguntado si pensaba hacer prevalecer el diálogo o la fuerza, y le aconsejó “priorizar el diálogo sin abandonar la fuerza” (4). Al parecer, Lula tenía dudas sobre las intenciones del presidente boliviano, similares en todo caso a las expresadas por la oposición que mencionaba un “autogolpe” de Morales. Más adelante, según la misma versión, cuando Chávez pretendió incluir en la declaración un párrafo crítico del papel de Estados Unidos, recibió una rápida y negativa respuesta de Rafael Correa y de Lula. Más tarde, la anfitriona, Michelle Bachelet, propuso darle participación a la OEA en el documento, lo que fue rechazado por Lula, esta vez con el apoyo de Chávez.

La cuenta del gas Si se enhebran cuidadosamente los pasos que se dieron para llegar a la Declaración de La Moneda, puede concluirse que se trata de un apoyo irrestricto a Evo Morales pero condicionado, y que las condiciones –fuera de toda duda– las puso el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. El jueves 11, luego de la masacre de El Porvenir, y ante la rumoreada reticencia del ejército a aceptar el estado de sitio, el gobierno boliviano pidió a sus pares de la región, en particular a Venezuela, Argentina y Brasil, pronunciamientos de apoyo a la democracia boliviana. Argentina y Venezuela lo hicieron el mismo jueves, con tonos totalmente diferentes, mientras Brasil recién lo hizo el viernes 12. Como se sabe, Hugo Chávez se mostró dispuesto a enviar militares para defender al gobierno de Evo, lo que le valió una inmediata respuesta del comandante en Jefe boliviano, general Luis Trigo, mucho más veloz en responder las airadas declaraciones del venezolano que en impedir la masacre de Pando. La declaración de la can*PERIODISTA, SEMANARIO BRECHA, URUGUAY.


Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

REBELIÓN EN EL PATIO TRASERO Brasil potencia Todo indica que Brasil salió fortalecido de la crisis boliviana. Como lo señaló días atrás el ministro de Defensa, Nelson Jobim, en referencia al flamante Plan Estratégico Nacional de Defensa, apuesta a la hegemonía regional: “Estamos viviendo hoy un objetivo claro, que es la afirmación de Brasil como gran potencia. Y eso significa la capacitación clara del poder efectivo de disuasión” (5). En la crisis boliviana, ese papel de potencia pasa por mantener cierta equidistancia en el conflicto gobierno-oposición. El asesor internacional de Lula lo expresa de forma clara en una frase que sintetiza la posición de Brasil: “El problema es que el país está viviendo un proceso de reformas, sin salirse del marco democrático, pero tanto la oposición como el gobierno actúan como si estuvieran frente a una revolución” (6). Esa posición de Brasil puede llevar a buena parte de las izquierdas del continente a considerar que ha capitulado frente al imperio o, en una variante de la misma posición, a creer que el gobierno de Lula está haciendo el juego al de George W. Bush. Ciertamente, Brasil no se ha mostrado entusiasmado con algunos proyectos de integración como el banco del sur y el gasoducto del sur, por lo que ambos se encuentran paralizados. Sin embargo, las cosas no pueden reducirse a opciones ideológicas. El mismo día que gobierno y oposición firmaban un preacuerdo para pacificar el país, Washington tomaba la decisión de incluir a Bolivia en la “lista negra” de los países que no combaten decididamente el narcotráfico, junto a Venezuela y Birmania. David Johnson, director de Asuntos de Narcotráfico del Departamento de Estado, sostuvo que el gobierno de Morales “sigue apoyando la expansión de la producción lícita de hojas de coca, pese al hecho de que el actual nivel de cultivo legal excede de lejos la demanda para consumo tradicional” (7). Mientras el gobierno de Bush echa más leña al fuego, con la esperanza de que la hoguera no deje de arder, el Planalto toma el camino opuesto, como ya sucedió luego del ataque de Colombia al campamento de Raúl Reyes, el 1 de marzo pasado. La diplomacia brasileña tiene una partitura diseñada tiempo atrás para la región y se limita a ejecutar los acordes con la mayor

Honduras: catalogada en los años '80 como un portaviones de Estados Unidos, contra la revolución nicaragüense, postergó la acreditación del nuevo embajador de EE.UU. en solidaridad con Evo Morales. Recientemente se sumó al Alba, liderado por Venezuela.

Brasil: Lula Da Silva mostró su desagrado por la reactivación de la Cuarta Flota de EE.UU. e impulsa un Consejo de Defensa sudamericano que reemplazaría al tratado de defensa continental TIAR, liderado por Washington.

Nicaragua: Daniel Ortega combina una retórica “antiimperialista” propia del viejo sandinismo y una enorme cooperación económica venezolana con relaciones pragmáticas con EE.UU. como el TLC.

Venezuela: Chávez echó al embajador de EE.UU. en solidaridad con Bolivia y con una frase poco diplomática: “Yanquis de mierda, váyanse al carajo”, dijo frente a una multitud. Pese a todo Caracas es uno de los principales abastecedores de Estados Unidos.

Ecuador: el presidente Rafael Correa anunció que no renovará la base de Manta, en el océano Pacífico, usada en la lucha antidrogas. La nueva Constitución prohíbe las bases militares extranjeras.

Bolivia: el presidente Evo Morales acusó al embajador Philip Goldberg de conspiración y lo expulsó del país luego de señalarlo como impulsor de la rebelión de los sectores autonomistas del oriente boliviano.

Argentina: el caso de la valija del venezolano Antonini Wilson enfrió las relaciones con la Casa Blanca y el gobierno expresó oficialmente su malestar por el manejo “político” del juicio de Miami.

Paraguay: El ex obispo nombró canciller a Alejandro Hamed Franco, hasta hace poco embajador en Líbano, sin visa para entrar a Estados Unidos que lo incluyó en la lista negra por su apoyo a la causa palestina ¿y a Hezbollah?

tación de los hidrocarburos bolivianos, siendo el principal inversor en el país andino. Además, la participación de brasileños en el agronegocio es muy importante. En Santa Cruz, unas 200 familias de agricultores brasileños cultivan 350.000 hectáreas de soya que representan el 35% de la producción soyera boliviana. Estos agricultores tienen peso político, ya que representan un tercio de los afiliados a la Cámara Nacional de Comercio Bolivia-Brasil y están presentes en la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo que agrupa a 12.000 agricultores de Santa Cruz (9). De diversas maneras, Brasil controla alrededor del 20% del PIB boliviano, porcentaje que en los próximos años se deberá incrementar a través de inversiones estratégicas en infraestructura, energía y minería, a menudo financiadas por el poderoso Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social. Pero esas inversiones y esos intereses están concentrados en la Media Luna, en particular en Tarija y Santa Cruz. Por duro que sea reconocerlo, y más allá de la intención de los actuales gobernantes, el “Brasil potencia” contribuye a desequilibrar la balanza entre el oriente agroexportador y el occidente quechua-aymara. Más complejo aún: sus intereses nacionales “objetivos” se sitúan más cerca de Santa Cruz que de La Paz. Eso puede explicar –aunque no justificar– una cierta equidistancia del gobierno de Lula, que no puede menos que hacer equilibrios en un país donde, una vez más, el subcontinente se juega buena parte de su futuro.u 1

Xinghua, Río de Janeiro, 13-9-2008.

2

Idem.

3

La Razón, La Paz, “Una misión de los países amigos para mediar queda en suspenso”, 12-9-2008.

4

Daniel Miguez, “Nueve mosqueteros en apoyo de

5

José Calero, “Para Brasil, la oportunidad de mostrar su

6

Citado por José Natanson, “Reforma y revolución”,

Evo”, Página/12, Buenos Aires, 16-9-2008.

peso”, La Nación, Buenos Aires, 15-9- 2008.

precisión posible. Samuel Pinheiro Guimaraes, actual secretario general de la cancillería y destacado intelectual, analiza en su último libro la política de su país hacia Estados Unidos y hacia los socios de la región. Sostiene que el eje de la política exterior brasileña debe consistir en una alianza estratégica con Argentina y en “la construcción paciente, persistente y gradual de la unión política de América del Sur y el

firme y sereno rechazo de políticas que sometan a la región a los intereses estratégicos de los Estados Unidos” (8). En la presente crisis, Brasil no se apartó un ápice de esa estrategia. Por otro lado, y este es un aspecto que a menudo se olvida, Brasil tiene intereses propios en Bolivia, que no siempre coinciden con el gobierno del MAS. La semiestatal Petrobras sigue jugando un papel decisivo en la explo-

Fin de las “relaciones carnales” ¿Nuevo antiimperialismo o discursos para consumo interno? Sin tiranos con armas de destrucción masiva, ni bases operativas del terrorismo global, las relaciones de América Latina están lejos del alineamiento automático con Washington de los ‘90, que el ex canciller argentino Guido Di Tella tradujo en términos sexuales como “relaciones carnales”. “Hay una gran paradoja: el cenit imperial de EE.UU. coincide con su menor influencia aceptada en la región; la doctrina Monroe está menos vigente que nunca”, explica Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Universidad San Andrés de Buenos Aires (ver página 6) . La obsesión de Washington por la “guerra contra el terrorismo” permitió a un conjunto de países extracontinentales una incidencia impensada hace décadas. Hoy Rusia, China (con la tercera flota del mundo) e Irán sellan a diario su creciente peso económico e incluso militar en la región. Días atrás, el presidente venezolano Hugo Chávez anunció maniobras con fuerzas militares rusas en el mar Caribe, en coincidencia con la reactivación de la Cuarta Flota de EE.UU. que ya patrulla América Latina. Además, dos bombarderos rusos TU 160 aterrizaron en territorio venezolano. “En la era Bush, EE.UU. se quedó con un solo aliado fiel que es Colombia. Eso provocó que las derechas latinoamericanas se quedaran sin alternativa y se implicaran en *DIRECTOR, LE MONDE DIPLOMATIQUE, EDICIÓN BOLIVIANA.

Página/12, Buenos Aires, 17-9- 2008. 7 8

Página/12, Buenos Aires, 17-9-2008. Desafios brasileiros na era dos gigantes, Contraponto, Río de Janeiro, 2006.

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“Imperio Brasileiro emerge na Bolivia”, Folha de São Paulo, San Pablo, 22-5- 2005.

R.Z. © LMD ed. boliviana

por Pablo Stefanoni* estrategias radicales pero defensivas”, agrega el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) Emir Sader. El mapa es variado. El presidente ecuatoriano Rafael Correa anunció que no renovará la base de Manta –controlada por EE.UU. en el Pacífico– lo que obliga a Washington a buscar otro enclave. Además, de nueva Constitución ecuatoriana –como el proyecto boliviano– prohíbe explícitamente bases extranjeras. Argentina protesta por el uso político del juicio contra el valijero Antonini Wilson en Miami. Fernando Lugo sacó a Paraguay del lugar de “país más anticomunista del mundo”, al decir de Alfredo Stroessner, y nombró canciller a Alejandro Hamed, ex embajador en Líbano y sin visa para entrar a EE.UU., que lo incluyó en la lista negra por su supuesto apoyo a Hezbollah. Hasta Honduras, otrora llamada “portaaviones” de EE.UU., postergó la acreditación del nuevo embajador norteamericano “en solidaridad con Bolivia” y se sumó al ALBA, liderado por Venezuela. Aunque Tokatlian no cree que la Casa Blanca se aventure en “prácticas trasnochadas”, recuerda el secuestro y destitución de Jean-Bertrand Aristide, en Haití en 2004, y la asonada contra Chávez en 2002, con participación de la embajada de EE.UU. “En los últimos meses, en medio de una situación altamente convulsionada, el embajador estadounidense en Bolivia se autoexpuso a algo que podía terminar en esto, pero su expulsión no lleva a buenas cosas”, añade el analista.

Con elecciones a gobernador a las puertas, algunos enfatizan que la decisión de Chávez de expulsar al embajador de EE.UU. es un show pour la gallerie. “Cada vez que hay elecciones, Chávez activa la fibra de la nación versus el imperio. Ocurrió en 2006 con la campaña por una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU, con las constantes reactivaciones de la enemistad con Uribe y sus posteriores 'reconciliaciones'. Y con la pela con el rey de España ('por qué no te callas') antes del referéndum constitucional”, apunta el analista Marc Saint-Upéry, autor de El sueño de Bolívar. Con todo, junto a sus mayores grados de independencia nacional y regional, América Latina tiene ante sí el desafío de discutir un modelo de desarrollo sin caer en modelos extractivistas que reproduzcan modernizaciones excluyentes. Y la intelectualidad progresista debería evitar la actitud –tan negativa en el pasado– de no cuestionar “para no hacerle el juego al enemigo”. Mentalidad rentista, instituciones débiles, corrupción y deterioro ambiental configuran –como lo recuerda el ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador, Alberto Acosta– las características de los procesos de acumulación basados en la extracción de algún recurso natural abundante. Pero la tentación del rentismo sigue ahí. Y el riesgo de caer en un “neoliberalismo de izquierda” –con estatismos sin Estado– está a la vuelta de la esquina.u P.S.

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Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

REBELIÓN EN EL PATIO TRASERO

Entrevista exclusiva con Frei Betto

Ricardo Bajo H.*

“Es la última oportunidad para un cambio pacífico en América Latina” Frei Betto habla de manera pausada –su pasado de cura sale a relucir irremediablemente– pero firme. Mantiene un apoyo crítico al gobierno de Lula da Silva, con el que colaboró durante su primera etapa. Es una figura internacionalmente conocida por defender las posturas de la teología de la liberación y actualmente es acérrimo enemigo de los “mal llamados biocombustibles”. Reprocha a Lula que no haya tenido la valentía de impulsar la reforma agraria en Brasil y considera que existe un peligro de guerras civiles y regreso a la lucha armada en Sudamérica si los procesos de cambio son interrumpidos por Estados Unidos, la derecha y las transnacionales. Cree fervientemente que en América Latina se gesta un nuevo modelo de sociedad propiciada por una verdadera “primavera democrática”.

El Dipló conversó con Frei Betto a su paso por La Paz, durante el pasado Encuentro de intelectuales y artistas en defensa de la unidad y soberanía de Bolivia. El sacerdote brasileño reflexiona sobre el actual momento que vive Latinoamérica y sobre los gobiernos progresistas.

¿Los acercamientos simultáneos de Lula con Bush y Chávez, y su postura favorable a los biocombustibles pueden restarle apoyo popular al presidente brasileño? Para mí es un escándalo que los gobernantes estén discutiendo sobre biocombustibles. “Bio” significa vida, prefiero llamarlos necrocombustibles. “Necro” significa muerte. Hay 800 millones de coches en el mundo y los gobernantes discuten como alimentarlos. Hay 854 millones de personas, según la FAO, con hambre crónica y estos gobernantes no discuten cómo alimentar y salvar a esa gente. Entonces no soy favorable a la manera como hoy se producen necrocombustibles en el mundo. No estoy a favor de esta fuente alternativa de energía. Pero ¿qué pasa en Brasil? Primero, las condiciones de trabajo en los cañaverales son de esclavitud o semiesclavitud. Segundo, los cultivadores de caña de azúcar, que es donde viene el etanol, siempre han sacado plata del Estado, siempre han tenido deudas con el Estado y siempre han obtenido amnistía fiscal. Esto es injusto para el pueblo, que necesita mejores condiciones de salud, de saneamiento, de educación, etc. Tercero, como el etanol está en alza, muchas áreas de cultivo dejan de producir alimentos para gente, para producir alimentos para carros, para máquinas, para vehículos, lo que provoca más hambre y mayor costo para los alimentos. Estas son las razones por las cuales no miro con simpatía este proceso. ¿Aspira Brasil a transformarse en Brasil potencia? Es muy positivo que países como Brasil estén abriendo sus relaciones exteriores en un abanico muy amplio sin privilegiar las relaciones con Estados Unidos y Europa occidental. Es la formación de estos bloques y sobretodo la formación de los bloques sudamericanos, con la Unasur, con total exclusión de Estados Unidos porque no está en América del Sur. Es un momento de afirmación de nuestra soberanía e independencia. Creo que esta relación de Brasil con África del Sur, China, India es importante, evitar el surgimiento de nuevos imperialismos o subimperialismos, evitar que vayan por el camino que está yendo China, un país que ya no tiene nada de socialista, *SUBDIRECTOR DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, BOLIVIA

Frei Betto

un país con capitalismo de Estado y con gente sumamente explotada para producir mercancías baratas y para que sus dueños en Estados Unidos y Europa occidental tengan más ganancias. Esto para mí no está bien. ¿Pero puede Brasil, con las tasas de desigualdad que tiene, una de las más grandes del mundo soñar con incorporarse al club de los más ricos, al G-8? Esa es una ilusión, un sueño de una noche de verano. Brasil es soportado en el G-8 por su importancia geopolítica, por su grandiosidad, por su potencialidad. Brasil tiene todo lo que el mundo quiere: mucho agua, mucho petróleo, ahora tiene etanol, muchas tierras de cultivo… entonces la gente no es tonta. Mira a Brasil como un perro mira su pedazo de carne, con mucha hambre de acaparar nuestro país. Entonces, no es bueno tener muchas ilusiones en estas “amistades”, hay que estar prevenidos y Lula está muy atento a esto. Por otro lado, efectivamente, como tú dices, es verdad que Brasil tiene una brutal desigualdad. Un dato de mayo de este año: el 10% de la población, es decir sólo 19 de los 190 millones, detenta el 75.4% de la riqueza nacional, eso es brutal. Es verdad que con Lula las condiciones de los más pobres han mejorado pero no lo suficiente para garantizar un futuro mejor porque hasta ahora el gobierno no ha tenido el coraje de hacer lo más importante, desde mi punto de vista, para que Brasil pueda mejorar las condiciones de vida: la reforma agraria. No hubo reforma agraria en mi país. Y prácticamente es el único país en las tres Américas donde hay exceso de latifundismo y latifundistas. A pesar de la lucha legendaria del Movimiento Sin Tierra…

Exactamente, el MST justamente es legendario porque sigue luchando por la reforma agraria, una causa histórica. Lula ha impulsado programas sociales como “Fome zero” (Hambre cero) y el “Bolsa familia”, ¿por qué no se avanza en la reforma agraria? En el inicio del gobierno, el programa “Fome zero” era un programa emancipatorio. La familia entraba y después de dos años salía en condiciones de producir su propia renta. Pero como el gobierno decidió no hacer la reforma agraria, para no incomodar a los latifundistas, entonces cambió el “Hambre cero” por el “Bolsa familia” que no es emancipatorio, sino compensatorio y asistencialista. ¿Es positiva? En un sentido sí, porque para quien tiene hambre un pedazo de pan es mejor que nada. Pero, lamentablemente, no es el programa emancipatorio que habíamos pensado al principio de la gestión. Los países vecinos de Brasil temen la reactivación del llamado subimperialismo brasileño, teniendo en cuenta las últimas acciones como el liderazgo en el nacimiento del Consejo Sudamericano de Defensa… Ahora el peligro es menor. Hubo, durante mucho tiempo, imperialismo hacia los países vecinos. Pero desde que en esos países hay gobiernos populares como en Bolivia, Ecuador o Paraguay ya no se acepta. Evo Morales ha exigido que Petrobras cambie las reglas del juego que Brasil aprovechaba mientras Bolivia se quedaba con los costos de pobreza y miseria. Ahora es menos. La vocación imperialista de algunos sectores de Brasil está muy

inhibida y contenida porque la gente toma conciencia y reclama sus derechos. Usted ha llegado a Bolivia para apoyar las políticas de presidente boliviano, ¿cuál es la importancia y los riesgos del proceso de cambios que lidera Evo Morales en Bolivia? En ninguna parte del mundo se está gestando un nuevo modelo de sociedad como en América Latina. Vivimos una verdadera “primavera democrática”. Después de años y años de dictaduras genocidas, de más de una década de gobiernos neoliberales injustos y corruptos como Menem en Argentina, Color de Mello en Brasil, Fujimori en Perú o Carlos Andrés Pérez en Venezuela, ahora que el pueblo no quiere más dictadores ni corruptos ni bandidos vota por candidatos que tienen cara de gente común: un obrero como Lula, un indígena como Evo Morales, un obispo como Lugo, Correa, Chávez, gente que está identificada con los movimientos populares. Es muy importante, sobre todo en Europa occidental, donde hay muchos prejuicios sobre estos procesos, comprender que quizás sea la última oportunidad de que haya cambios sociales en América Latina por la vía democrática y pacífica porque la paciencia del pueblo tiene límites. Si vamos a ser interrumpidos en este proceso que se da en Bolivia, Venezuela y en otros tantos países por la Casa Blanca, por las transnacionales, por los grupos internos que siempre han usufructuado muchas riquezas gracias a la miseria y la pobreza del pueblo, entonces lamentablemente pienso que se va transformar en guerra civil o lucha armada o cosas que nadie sensato desearía. Entonces, el proceso de Bolivia es un proceso extremadamente importante y no tienen ningún sentido estos movimientos separatistas que quieren autoindependizarse para que en sus provincias sigan con las mismas injusticias que hacen de la historia de Bolivia una historia trágica, una historia de muertos y exclusión, de opresión. Un país que tiene nueve millones de habitantes y que tiene tres millones y medio que han salido afuera para buscar mejores condiciones de vida. Usted escribió la primera biografía de Lula y fue su asesor, ¿cuáles cree que son las características comunes entre Lula y Evo, más allá de su origen obrero y campesino? Los dos son personas muy inteligentes y han comprobado definitivamente que para ser un buen gobernante no es necesario tener un diploma de la universidad. Es necesario tener sensibilidad popular, sentido de justicia, capacidad para mirar el futuro y entender bien la situación de su pueblo. Los dos desarrollan una política exterior ejemplar, abierta a todos los países, pero garantizando la soberanía nacional y la independencia de sus pueblos. Y los dos tienen mucho respaldo popular. Estas son algunas de las características que acercan las figuras de Lula y Morales.u R.B.H. © LMD ed. boliviana


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REBELIÓN EN EL PATIO TRASERO

Estados Unidos pierde peso en América Latina

por Juan Gabriel Tokatlian*

El final de la Doctrina Monroe Una de las paradojas curiosas y desafiantes en esta hora de la política mundial es que mientras Estados Unidos persiste en su actitud imperial –en medio de una fenomenal crisis financiera originada en su ecoEl avance comercial de China en América Latina es cada vez más elocuente. Rusia parece decidida a retornar a la región en clave militar; esta vez a través de Venezuela (1). Irán se proyecta diplomáticamente en América del Sur y Centroamérica. Sudáfrica incrementa su vinculación política con Sudamérica. India se asoma a Latinoamérica. Los cinco –Beijing, Moscú, Teherán, Pretoria y Nueva Delhi– procuran, como proveedores en unos casos y como consumidores en otros, reforzar los lazos en materia energética en un contexto global de revalorización de los hidrocarburos y de mayor pugnacidad alrededor de su control. Europa, retraída y extraviada, no parece inclinada a fortalecer los contactos birregionales, aunque ha incrementado la venta de armas a Brasil y Chile, convirtiéndose en el período 2003-07 en el principal abastecedor de armamento para ambos (2). El reciente acuerdo entre Argentina y Brasil (febrero de 2008) en materia nuclear le permitiría a Europa (por ejemplo, a Francia) asociarse en este frente con los dos países del Cono Sur. Por su parte, un Japón más confiado luego de superar años de recesión, torna incipientemente a mirar a América Latina, según recientes pronunciamientos oficiales. A estos actores estatales hay que sumar la variedad e intensidad de lazos de actores no gubernamentales (partidos políticos, organizaciones civiles de diversa índole, movimientos anti-globalización, comunidades religiosas, grupos transnacionales criminales, entre otros) con Latinoamérica. Frente a todo lo anterior Washington no ha podido hacer mucho por impedir, neutralizar o revertir este despliegue versátil de múltiples actores extra-hemisféricos (3). Paralelamente, se vienen produciendo fenómenos infrecuentes e interesantes en la región. En lo económico y a pesar de que se había acordado el 1 de enero de 2005 como la fecha de inicio del Área de Libre Comercio de América (ALCA), esa iniciativa estadounidense fracasó por un conjunto de factores de orden mundial (expectativa original con la Ronda de Doha); hemisférico (falta de convergencia entre Washington y Brasilia); regional (aumento del rechazo por parte de distintos actores de la sociedad civil latinoamericana) e interno (creciente proteccionismo y falta de voluntad política en Estados Unidos). La centralidad del ALCA en la agenda interamericana se ha desdibujado casi por completo. A su vez, en el terreno financiero se han planteado nuevas iniciativas, como la creación del Banco del Sur y el robustecimiento de la Corporación Andina de Fomento, ante la sensación de parálisis o manipulación de entidades como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Además, en el terreno de la interconexión geográfica viene desarrollándose desde comienzos del siglo XXI la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). En el campo político también se han producido novedades alentadoras. En ninguna de las recientes crisis institucionales en el área *PROFESOR DE RELACIONES INTERNACIONALES DE LA UNIVERSIDAD DE SAN ANDRÉS, BUENOS AIRES.

nomía y pretendiendo expandir la “guerra contra el terrorismo” mediante otro frente de batalla en Pakistán– en América Latina, su tradicional “patio trasero”, se agrietan sus posibilidades de dominación. diato, Washington no dispone o no desea desplegar acciones de retaliación. Finalmente, y aunque con variaciones y especificidades particulares, un hilo conductor entrelaza hoy a toda América Latina: la revalorización del Estado y la reorganización de la sociedad, apuntando a moderar y disciplinar el poder del mercado. En ese sentido, hay una vuelta de lo estatal, un renovado interés en lo nacional, un desvelo por lo social y mayor sensibilidad por el desarrollo. Esto, a su vez, se entrelaza con la política externa de los gobiernos: para todos los países, e independientemente de cada orientación ideológica, es clave ampliar las opciones estratégicas; lo cual implica elevar su capacidad autonómica.

El desafío

El patio trasero muestra mayor autonomía frente a Washington

Estados Unidos ejerció un papel decisivo. Esta vez fueron los países sudamericanos los que sortearon las dificultades del caso mediante un despliegue cauto y asertivo. Nadie en Latinoamérica avaló el golpe fallido de 2002 en Venezuela, y ante la actitud de Washington de cohonestarlo, la región se pronunció colectivamente en contra: mientras Washington insinuó que se trataba de un “golpe benévolo” que se justificaba por el comportamiento del presidente Hugo Chávez, América Latina se pronunció enfáticamente contra cualquier intentona golpista en Venezuela. Más tarde, todas las naciones repudiaron la acción militar de Colombia en territorio de Ecuador: Bogotá había recurrido a un mecanismo ilegítimo al atacar un objetivo de manera inconsulta en un país vecino no enemigo (4). Esta decidida actitud común logró frenar, al menos temporalmente, la “latinoamericanización” de la “guerra contra el terrorismo”. En el ámbito militar, ha ocurrido un hecho sugestivo. En momentos en que el Comando Sur adquiere una creciente influencia en la política latinoamericana de Estados Unidos y que el Pentágono decide reactivar la IV Flota –desactivada en 1950 (5)– surge la decisión consensuada de crear el Consejo Sudamericano de Defensa, un esquema inédito en la región que muestra, de manera moderada y sin retórica de confrontación, que es posible conciliar intereses nacionales y regionales en materia de seguridad.

En la esfera diplomática, acontecen fenómenos sorprendentes. Ecuador, que tiene su economía dolarizada y concentra sus exportaciones petroleras en Estados Unidos, adopta una decisión de impacto: el presidente Rafael Correa determinó no renovar el uso de la Base militar de Manta por parte de Estados Unidos y en consecuencia las tropas de ese país deberán abandonar Ecuador en 2009. Dos países centroamericanos –Honduras y Nicaragua– que en 2003 participaron junto a Estados Unidos en la “coalición de voluntarios” que invadió Irak y que han suscrito (2004) y ratificado (2005) el CAFTA (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana), muestran signos de distanciamiento y crítica respecto de Washington. Bolivia y Venezuela, por razones distintas, decidieron en septiembre pasado expulsar de La Paz y Caracas a los embajadores de Estados Unidos. Estas decisiones categóricas y graves, al margen de la opinión que se sustente sobre su necesidad y oportunidad, constituyeron un sacudón inesperado (6), ya que en las regiones más calientes del sistema (Medio Oriente, Asia Central; Sudeste Asiático) no hay gobiernos contrarios a Estados Unidos que procedan así. Pero en América Latina, la región más segura para Washington, dos países que antaño eran aliados asumieron el riesgo de tensar críticamente las relaciones bilaterales. Al menos en lo inme-

“América para los americanos” El 2 de diciembre de 1823, el entonces presidente de Estados Unidos James Monroe, en su mensaje anual al Congreso, hizo pública la doctrina que lleva su nombre y que se transformaría en la base de la política exterior estadounidense hasta la actualidad: “América para los americanos”. Éste fue el lema que sintetizó el rechazo a la intervención europea en suelo americano. Sin embargo, la Doctrina Monroe, con el paso del tiempo, se fue acercando más a “América para los estadounidenses” (que por cierto, se llaman a sí mismos “americanos”). El cambio se hizo evidente en el Primer Congreso Panamericano realizado en Panamá en junio de 1826, convocado por Simón Bolívar y cuyo fin era reunir a todas las naciones del continente. Pero la delegación de Washington vislumbró el peligro que la integración hispanoamericana podría ocasionar a sus planes expansionistas y se retiró, afirmando la política aislacionista estadounidense. u

Todos estos acontecimientos y reacomodos económicos, comerciales, financieros, energéticos, políticos, militares, diplomáticos e internos indican algunos de los cambios que está viviendo la región. Hay también signos preocupantes y peligrosos, pero el balance no es desalentador. Los retos del área son formidables: uno de ellos –la relación con Estados Unidos– estará a prueba después de la elección del nuevo presidente. Más allá del resultado electoral de noviembre próximo en Estados Unidos, existe una situación excepcional en las relaciones interamericanas; un conjunto de condiciones que, bien aprovechadas, podrían reducir la dependencia respecto de Estados Unidos e incrementar la autonomía relativa de América del Sur. Una serie de tendencias estructurales y fenómenos contingentes parecen facilitar un proceso que podría culminar en un sereno alejamiento de Washington, en el avance de vínculos hemisféricos más equilibrados y en un mayor poder negociador de la región en la política mundial. En suma, es posible que no sólo se debilite la Doctrina Monroe, sino también que se torne obsoleta. Más que preocuparse por no estar en el radar de atención de Estados Unidos o debatir si la región es o no irrelevante para Washington, sería provechoso entender qué alternativas estratégicas brindan las transformaciones que vienen operándose en el mundo y la región (7). En el marco global más amplio, el epicentro del sistema se mueve cada vez más rápidamente hacia el Pacífico, con un creciente peso de los países de Asia. La demografía, la economía y la geopolítica se van concentrando en esa porción del mundo. El ascenso pacífico de China; la India convertida en potencia emergente; el resurgimiento de una Rusia asertiva; la gravitación de naciones como Japón, Australia e Indonesia, y la importante dinámica económica de los países del Sudeste Asiático se produce en el marco de una notable desorientación estratégica de la Unión Europea y de fracasos de la política de primacía de Estados Unidos; de una declinación relativa de Occidente y un resurgir de Oriente. Paralelamente, una combinación de recursos, circunstancias y voluntad parece alentar a América del Sur en un sendero de eventual disminución de su proverbial subordinación respecto de Estados Unidos. Por un


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REBELIÓN EN EL PATIO TRASERO

lado, la región ingresa al siglo XXI como una superpotencia ambiental –dada su espléndida biodiversidad–; como una potencia en materia de alimentos –por la variedad, cantidad y calidad de sus bienes primarios– y un poder influyente en el campo energético: al caudal de hidrocarburos en los países andinos se suma ahora la riqueza petrolera de Brasil, la gran capacidad del Cono Sur en cuanto a biocombustibles y el reciente acuerdo nuclear entre Brasilia y Buenos Aires. La demanda internacional de productos de la región; los altos precios de las mercancías disponibles en el área; la relativa (en comparación con otras regiones) condición de estabilidad para su producción y abastecimiento, convierten a América del Sur en un protagonista potencialmente destacado de la economía política actual. Por otro lado, la preponderante atención de Estados Unidos hacia Medio Oriente y Asia Central a partir de 2001; su notable desprestigio después del ataque a Irak y su despliegue en Afganistán; su evidente desatino en el manejo de los principales problemas globales (no proliferación, medio ambiente, pobreza, entre otros) y la envergadura de su crisis económica ofrecen a la región un espacio de maniobra desusado. La combinación de fundamentalismo, descrédito e ineptitud por parte de Washington facilitan que América del Sur insinúe y explore nuevas iniciativas sin la injerencia de Estados Unidos. Todo lo anterior se produce en un contexto de múltiples gobiernos en la región con vocación transformadora y algunos países con visión estratégica. Casi todos los gobier-

nos actuales en América del Sur se orientan hacia cambios importantes, independientemente de la mirada ideológica Coexisten en paz en el área un poder emergente de proyección global, Brasil; poderes regionales con nuevas ambiciones, como Argentina y Venezuela; poderes medios con palancas de influencia –Colombia y Perú–; poderes pequeños muy gravitantes como Chile y “Estados tapones” que desean incrementar su voz en la región: Bolivia, Paraguay, Ecuador y Uruguay. La mayoría de los gobiernos muestra un particular interés por los asuntos internacionales y, con modelos diferentes, busca diversificar y mejorar sus relaciones exteriores. Esta conjunción de voluntades podría allanar el camino para aprovechar las oportunidades que ofrecen el escenario global y el continental. Por último, Estados Unidos necesita hoy más de Latinoamérica que ésta de Washington: la importancia del electorado “hispano” crece; los temas como el narcotráfico, la migración y el medio ambiente que nos entrelazan en el continente no se pueden resolver seriamente con políticas punitivas y agresivas; la energía procedente del área sigue siendo la más segura; desde la región no hay amenazas provenientes del terrorismo transnacional de alcance global ni actores con armas de destrucción masiva, etc. Aunque hoy parezca exagerado, en el futuro será Washington el que deba ajustar mejor sus políticas hacia la región: no hacerlo incrementará la propensión a desoír sus prescripciones y deslegitimar sus acciones.

No se trata de desconocer el peso global, bilateral y unilateral de Washington, sino de entender que se presenta una coyuntura propicia para que los lazos sean menos asimétricos y el horizonte vital latinoamericano sea el mundo y no solamente Estados Unidos. Pero se deben dar dos condiciones indispensables: la capacidad del área de asumir y resolver los graves problemas regionales existentes (en particular los conflictos que sacuden al arco andino), la preservación democrática y el mejoramiento de la vida institucional. La Doctrina Monroe está maltrecha, pero muchos actores políticos y dirigentes en Estados Unidos no se resignan a su extinción, por lo que los actores clave de la región deberán mostrarse a la vez osados, discretos y eficaces en el manejo pragmático de algunas cuestiones cruciales con Estados Unidos. u

4

Ver dossier “Guerra por la Amazonia”, varios autores, Le

5

Ver dossier “Estados Unidos vuelve a patrullar”, varios

Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Bs. As., abril de 2008.

autores, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2008. 6

La diplomacia concibe diferentes grados y tipos de acción antes de romper relaciones bilaterales o declarar a un embajador persona non grata. Incluso al calor de la Guerra Fría, los gobiernos más antagónicos evitaban escalar una situación de tensión o diferencias irreconciliables para preservar canales de comunicación indispensables. Bolivia pudo haber recurrido a distintos mecanismos de protesta antes de pedir la salida del embajador de Estados Unidos de La Paz. Sin motivo alguno o prueba efectiva, Venezuela expulsó al embajador estadounidense en Caracas por solidaridad con Bolivia y usando un lenguaje impropio al momento de hacerlo.

7

“Es preciso rechazar la tesis hoy en boga de la irrelevancia creciente de América Latina para Estados Unidos. Ella comete dos graves pecados por defecto y tiene, además, dos problemas fundamentales. El primer pecado es que

1

2

3

Oscar Raúl Cardoso, “Algo más que juegos de guerra”,

puede inducir a creer que Estados Unidos carece de polí-

Clarín, Buenos Aires, 9-9-08. Una semana antes, el

ticas activas hacia América Latina… El segundo pecado

gobierno venezolano había anunciado ejercicios maríti-

por defecto es que pone el énfasis casi exclusivamente

mos de guerra conjuntos con Rusia en el mar Caribe.

en la dimensión interestatal, dejando de lado el plano

En el período 2003-07, tres países de América del Sur,

transnacional… Finalmente, y más importante aún, esta

Chile (puesto 12), Venezuela (puesto 24) y Brasil (puesto

tesis tiene dos problemas fundamentales: la confusión

32) se convirtieron en los mayores receptores de armas

entre prioridad e importancia, y la falta de especificidad.”

convencionales en el mundo. Ver Paul Holtom, Mark

Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian, “Resistencia y

Bromley y Pieter D. Wezeman, “International Arms Trans-

cooperación: Opciones estratégicas de América Latina

fers”, en Stockholm International Peace Research Insti-

frente a Estados Unidos”, en Ricardo Lagos (comp.),

tute, SIPRI Yearbook 2008. Armaments, Disarmament and

América Latina: ¿Integración o fragmentación?, Edhasa,

International Security, Oxford University Press, 2008.

Buenos Aires, 2008.

En 2005 se llevó a cabo en Brasilia la primera Cumbre Sudamérica-Países Árabes y en 2006 se efectuó en Abuja la primera Cumbre Sudamérica-África.

J.G.T. © LMD ed. Cono Sur

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Soñar no cuesta nada Respiremos por un momento el aire que se organiza en la masa de movimientos y declaraciones políticas, las informaciones y análisis sobre la crisis financiera en el corazón del sistema, la perspectiva de una recesión mundial de mayor o menor calibre, las preocupaciones climáticas, la emergencia de nuevas potencias como China, India, Rusia, Brasil y los cambios geopolíticos que este conjunto de acontecimientos mundiales provoca. Respiremos eso. ¿A qué huele ese aire? Para algunos, a declive, para otros, a oportunidad. Oliendo como un catador de vinos que establece diferencias, que reconoce, puede detectarse fácilmente, por ejemplo, el aroma de los discursos de todos los mandatarios latinoamericanos en las Naciones Unidas. Llega al respecto, en su olor a tinta, el alarmado título de un periódico liberal: “Los líderes latinoamericanos cargan en la ONU contra el sistema capitalista” (1), y se sabe de dónde viene el aroma y en qué consiste. Porque a decir verdad, el título exagera. Basta leer el artículo en cuestión para comprobarlo. Pero la exageración no es más que la voz de alarma provocada por el hecho concreto de que América Latina, al menos América del Sur, está tomando las cosas en sus manos. Y no ciertamente sólo a nivel declarativo, político, superestructural; está dando muestras cada vez más claras de aspirar a una verdaderamente propia solvencia económica. No tanto porque hasta ahora las cosas hayan pasado realmente de las intenciones y buenos propósitos, sino porque los dirigentes sudamericanos van descubriendo poco a poco que la situación ha cambiado de verdad. Que el discurso político electoral que la realidad económica y social les obligó a adoptar deben aplicarlo realmente, porque la realidad obliga. La situación mundial, la hemorragia en las entrañas del sistema capitalista, va obligando a todos, les guste o no, lo hayan entendido o no, lo hayan aceptado o no, a buscar nuevas salidas, porque el propio sistema ya no ofrece las habituales. Así, la política ya no responde a las mismas exigencias, lo que pone en desuso los métodos políticos. Tampoco son los mismos los aliados en quienes confiar. En cualquier caso, es evidente que el corazón ya no late donde latía, porque la pérdida de influencia de Estados Unidos en el mundo, en particular en América Latina, ya casi ni se discute (Tokatlian, pág. 6).

Sismo planetario Para América Latina la oportunidad, basada en la crisis económica internacional y en su propia relativa estabilidad, apuntalada en movimientos sociales y en gobiernos que los representan, surgidos de la propia crisis, está ahí. El problema para avanzar está en que por un lado los lazos y compromisos con los centros de poder mundial sufren un sismo de proporciones, pero son más fuertes que nunca en la historia. De un terromoto surgen grietas planetarias, nuevas formaciones. Pero hay que esperar a que el terremoto acabe para ver qué quedó en la cima y qué en el abismo, o simplemente qué nueva geografía se ha conformado. El temblor, en América Latina, se da en forma de enfrentamientos internos en cada país, de mayor o menor grado, pero que en *DIRECTOR, LE MONDE DIPLOMATIQUE, ARGENTINA.

algunos casos llegan al borde de la guerra civil, como en Bolivia. O enfrentamientos políticosociales que podrían llamarse de nivel intermedio, como el reciente entre el gobierno y una mayoría de productores agropecuarios en Argentina, aún latente. En México asume la forma de una guerra criminal nacional, con la clase política, empresaria y sindical corroída hasta el tuétano. Recientemente, “el Presidente mexicano y los principales funcionarios del área aceptaron públicamente que los aparatos de seguridad y los gobiernos municipales, estatales y el federal están cooptados hasta la médula” (2). Esas purulencias, ya tremenda gangrena en el caso de México, están latentes en varios otros países. Los nuevos líderes latinoamericanos, los sistemas institucionales que representan y los movimientos sociales que los sustentan tienen que lidiar con todo eso. Con una base económica ligada a las conmociones mundiales que es el terremoto mismo, y con unas instituciones y unas sociedades que se estremecen arriba, en busca de una nueva estabilidad. Que en ese estremecimiento descubren, porque afloran, sus propias debilidades, corrupciones, su propia vejez. Todo debe acomodarse, proyectarse, hacia la nueva situación. Pero es que justamente en eso consiste la oportunidad. En que todo reclama, necesita, de cambios. El mundo se desgaja, y cada cual debe aferrarse, por necesidad, a la tabla más próxima. Habrá quienes no encuentren ninguna; pero no es el caso de los países de América Latina. Se constituyen nuevos bloques y nuevos antagonismos. El centro del capitalismo mundial intentará recomponerse por todos los medios de esta crisis tan grave que lo pone en cuestión, que lo hace dudar de sí mismo, que en todo caso lo pone frente a su propio declive. Y a juzgar por su propia historia, es de temer que lo haga de la peor manera. Con todo, el horizonte del mundo no es necesariamente cataclísmico. Puede que lo siga siendo en Medio Oriente, en Irak, Afganistán o Pakistán; puede por supuesto también ocurrir una crisis económica y financiera mundial total, de imprevisibles consecuencias para la humanidad. Imprevisible, porque aunque estos cambios de civilización se han dado varias veces en la historia, esta vez el marco es muy peligroso; hay armas nucleares, bacteriológicas y fanatismo, irracionalidad, por todas partes. Ese extremo sería el abismo; el agujero negro. Pero suponiendo

que la humanidad lo evite, se saldrá de esto en décadas, quizá en más de un siglo, y habrá necesariamente un nuevo mapa mundial; económico, político, social. ¿Quiénes serán los que habrán dado un salto adelante en la historia de la civilización y quiénes uno atrás? Porque así funciona la Historia. Y del mismo modo que de esta crisis se puede imaginar un final cataclísmico, también se puede creer en las posibilidades de una suerte de final feliz universal. El hombre ha producido armas nucleares para auto exterminarse, es verdad; pero también de sobra como para satisfacerse y reproducirse, aspirar a la felicidad. Para devenir “realmente humanos”, como bien concluyó Marx.

Un gran proyecto regional Pero, realidad obliga, conviene tener sueños más modestos. Y puesto que metafóricos estamos, y para apartarnos por una vez del aburrido análisis político, corramos el riesgo de aburrirnos soñando un sueño-hipótesis. Soñemos que Unasur, o el Mercosur, decide crear un equipo en cada uno de los países, para analizar un plan económico y social de corto, mediano y largo plazo, con la perspectiva estratégica de una colaboración estrecha entre todos los miembros. Que cuatro integrantes de cada uno de esos equipos, por caso los ministros de Exteriores y de Economía, más los representantes de las empresas (menos las multinacionales no regionales) y de los trabajadores, conforman un equipo internacional que, sobre la base del proyecto de cada país, elaborase un proyecto común, limando las diferencias y articulando la estrategia de la región, apuntando a una progresiva integración. Soñemos que la hipótesis de trabajo es que se prescinde de toda ayuda exterior, tanto económica como de los intercambios científicos y tecnológicos y, en un caso extremo, hasta del comercio. Esto último no significa en modo alguno el propósito de aislarse del mundo, sino sólo de hacerlo de resultar necesario. Simplemente expresa confianza en las propias fuerzas y posibilidades. Todo esto en el marco de un accionar concreto, no de mero análisis, sino el de una acción que busca su armazón final. Soñemos que no hay “política”, sino políticas de Estado. Que cada gobierno democrático y legítimo hace una verdadera, generosa convocatoria nacional dando muestras de sinceridad, ejerciendo autoridad sin

por Carlos Gabetta*

demagogia, haciendo propuestas claras y trabajando responsablemente. Sin vacilar, por ejemplo, en nombrar en un puesto clave a un técnico de la oposición, simplemente porque es el mejor. Si estas cosas no son formales, “políticas”, sino sinceras, si van realmente detrás de un proyecto grandioso, generan entusiasmo y generosidades, cohesionan, hacen levantar la cabeza y mirar hacia adelante y más ancho. Unen. Se ha dicho aquí que las burguesías nacionales que actualmente se oponen ferozmente a las políticas de gobiernos progresistas como el de Evo Morales en Bolivia, Hugo Chávez en Venezuela y Cristina Fernández en Argentina deberían interesarse, por su propia conveniencia, en las propuestas del progresismo. Pero se sabe que esos sectores sociales no reaccionan con la cabeza, sino con el bolsillo y con los prejuicios sociales que el bolsillo les genera, por lo que deberían ser los gobiernos progresistas los que deberían actuar de modo de hacerles, justamente, levantar la cabeza. Tanto con hechos como con propuestas claras, razonables en cada caso. Porque, ¿es que un mercado de 500 millones de personas que lo necesitan casi todo, esparcidas en un inmenso territorio, no podría ser abastecido por una naturaleza que lo tiene todo y un sector productivo existente que si no lo tiene todo, tiene ya lo necesario para seguir desarrollándose sin ayuda exterior? Argentina maneja desde hace décadas la energía nuclear, la exporta incluso, y Brasil tiene una industria aeronáutica que no tiene nada que envidiar al mundo entero. Cualquiera que haya volado en un avión de Embraer puede dar fe de esto. Son sólo dos ejemplos. Hay excedentes alimentarios y un mercado que alimentar; hay autosuficiencia industrial y un mercado potencial inmenso; hay capitales; hay científicos, técnicos, mano de obra y todos los recursos naturales imaginables para la reproducción agropecuaria e industrial. Hay un inmenso territorio. Nada más que unos años en ese proceso, y los países de América Latina que participasen alcanzarían un nivel de desarrollo y cohesión, aún con defectos y lagunas, del cual sería muy difícil volver atrás. Y una estatura muy por encima de la actual. Para sectores importantes de las burguesías nacionales, un proyecto así sería de su propio interés, de sus bienes y seguridad, aunque en una estructura social menos diferenciada. Otras se opondrían ferozmente, pero eso es del terreno de la lucha política, y en este sueño estarían en franca minoría. La otra perspectiva, el enfrentamiento continuo, es el agujero negro de la pequeña historia regional. Otra cosa son los intereses transnacionales, pero ¿donde están ahora? ¿En Wall Street? Su debilidad es evidente, equiparable, hasta donde la Historia permite, a la debilidad de España durante las guerras napoleónicas. Durante las guerras de independencia, las burguesías de América sabían lo que hacían y en qué mundo estaban. Habían reconocido sus intereses. La oportunidad está otra vez ahí, esta vez en manos de las mayorías. ¿Será mucho soñar?u 1

El País, Madrid, 25-9-08.

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Gerardo Albarrán de Alba, “Narcocorrido en el Congreso”, Página/12, Buenos Aires, 25-9-08.

C.G. © LMD ed. Cono Sur


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EL OCASO DE WASHINGTON

Desequilibrios estructurales del capitalismo actual

por Emir Sader*

América Latina frente a la crisis Por su propia naturaleza, el capitalismo vive articulado en ciclos largos y cortos, de expansión y retracción. La actual crisis económico-financiera internacional no escapa a esta regla: tiene sus inicios a mediados de la década de 1970 y se inscribe en el marco de un largo ciclo recesivo del cual el capitalismo no ha logrado salir. Por lo tanto, es imposible preEl capitalismo, por la propia naturaleza de su mecanismo de reproducción, vive articulado por ciclos, cortos y largos. Estos ciclos cortos presentan una perspectiva expansiva si la curva de las subidas y bajadas apunta hacia arriba, y una perspectiva recesiva si apunta hacia abajo, de acuerdo con la teoría del economista ruso Nicolai Kondratieff, retomada por Ernst Mandel. Eric Hobsbawm afirma que el capitalismo vivió su “edad de oro” en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando coincidió virtuosamente con la mayor expansión de las grandes economías capitalistas: Estados Unidos, Alemania, Japón; la expansión del llamado “campo socialista”, dirigido por la Unión Soviética; y la expansión de las economías periféricas, como México, Argentina y Brasil, con sus procesos de industrialización dependiente. Durante esa época la economía capitalista también tuvo ciclos cortos de crisis, pero en cada nuevo ciclo retomaba la expansión y empujaba a la economía hacia niveles cada vez más altos. Ese largo ciclo expansivo, comandado por las grandes corporaciones internacionales de carácter industrial y comercial, se apoyaba en un sistema financiero en expansión y en una gran transformación en la producción agrícola. Un modelo hegemónico keynesiano –o de bienestar, como se lo quiera llamar– incentivaba las inversiones productivas, fortalecía la demanda de consumo interno, promovía el fortalecimiento y el papel regulador de los Estados nacionales y la protección de sus economías. Las crisis, como es típico en el capitalismo, expresaban procesos de superproducción o de subconsumo, reflejando el desequilibrio estructural entre la enorme capacidad de expansión de las fuerzas productivas y su incapacidad de distribuir la renta en forma equivalente a la expansión, proceso ya identificado por Karl Marx en el Manifiesto Comunista. En su fase final el largo ciclo expansivo del período posterior a la Segunda Guerra Mundial vio ese excedente (resultado acumulado del desfasaje entre producción y consumo) transformarse en capital financiero bajo la forma de eurodólares. Tal liquidez financiera fue aprovechada por países como Brasil para reciclar su modelo económico, diversif icando su dependencia externa y favoreciendo la reanudación de la expansión económica *SECRETARIO EJECUTIVO DEL CONSEJO LATINOAMERICANO DE CIENCIAS SOCIALES (CLACSO). AUTOR, ENTRE OTRAS MUCHAS OBRAS, DE LA VENGANZA DE LA HISTORIA. HEGEMONÍA Y CONTRA-HEGEMONÍA EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO MUNDO POSIBLE, CLACSO, 2004; Y O PODER, CADÊ O PODER? ENSAIOS PARA UMA NOVA ESQUERDA, BOITEMPO, 2001. DIRECTOR DEL PROYECTO LATINOAMERICANA: ENCICLOPEDIA CONTEMPORÁNEA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. Traducción: Martín de Brum

interna. En Brasil, el golpe militar de 1964, aun en tiempos del ciclo expansivo, diferenció el escenario económico brasileño del escenario vivido por los otros países de la región. En éstos, las dictaduras coincidieron con la recesión, porque ocurrieron en el inicio del largo ciclo recesivo del capitalismo internacional.

Las crisis en la fase neoliberal ¿Qué características tuvo el final de ese ciclo y el inicio del nuevo, de carácter recesivo? Al haber triunfado el diagnóstico de que el estancamiento económico se debía al exceso de regulaciones, el nuevo modelo se centró en la desregulación, expresada en las privatizaciones, en las aperturas al mercado externo, en las políticas de “flexibilización laboral” y de ajuste fiscal. Para entender el carácter de la crisis actual y sus efectos en los países latinoamericanos es necesario recordar el gigantesco proceso de transferencia de capitales del sector productivo hacia el especulativo que la desregulación promovió a escala nacional e internacional. Libre de trabas, el capital migró masivamente hacia el sector financiero y en particular hacia el sector especulativo, donde obtiene mucho más lucro, con mucha mayor liquidez y con menos o ninguna tributación para circular. De este modo se configuró en el modelo neoliberal la hegemonía del capital financiero especulativo, haciendo que más del 90% de los movimientos económicos se dieran no en la esfera de la producción o del comercio de bienes, sino en la compra y venta de papeles en la Bolsa de Valores o de papeles de las deudas públicas de los gobiernos. Se promovió la financiarización de las economías y de los Estados, cuyo pri-

ver su alcance. Sin embargo, sin esta visión histórica se torna difícil evaluar su carácter, las consecuencias que puede producir y el escenario que podría surgir después de ella. La única certeza es que el mundo sufrirá transformaciones, principalmente en lo que respecta a tres puntos nodales de las relaciones económicas: dinero, energía y alimentos.

mer y mayor compromiso pasó a ser el pago de las deudas. Para ello los gobiernos necesitan promover la reserva de recursos mediante el llamado “superávit primario” y realizan la transferencia masiva y sistemática de tales recursos del sector productivo al capital financiero. Los grandes grupos económicos con un banco o una institución financiera a la cabeza acostumbran a ganar más en las inversiones financieras que en las que dieron origen a las empresas que los componen. En cambio, en este escenario, gran cantidad de pequeñas y medianas empresas entraron en procesos de endeudamiento de los cuales no logran salir. Otras, al igual que los consumidores, no se atreven a buscar préstamos por el temor al endeudamiento y a las altas tasas de interés. El capital financiero pasó a ser la sangre que corre por las economías de los países, definiendo el metabolismo que las preside. Un capital que tiene en la volatilidad, en su extrema liquidez, un elemento esencial que le permite desplazarse rápidamente hacia donde puede tener mayores ventajas y al mismo tiempo le atribuye un gran poder de presión frente a la fragilidad de las economías que dependen estructuralmente de él. De tales características deriva el carácter centralmente financiero de las crisis en el período neoliberal, lo que se evidenció en las crisis mexicana, asiática, rusa, brasileña y argentina, entre otras. El sector financiero captura los excedentes de capital, producto del desfasaje estructural entre producción y consumo, que aumentan en la fase actual del capitalismo debido al aumento de la productividad y a la innovación tecnológica, generando procesos de concentración de las ganancias entre clases sociales, países y regiones del mundo.

El poder devastador de estas crisis y su potencial de contagio se revelaron tanto mayores cuanto mayor fue la apertura de las economías al mercado internacional y el peso que el capital financiero pasó a desempeñar a escala nacional y mundial. México sufrió durante muchos años los impactos de la crisis de 1994. Lo mismo ocurrió con los países del Sudeste Asiático. En Brasil la crisis de 1999 significó años de recesión que sólo recientemente fueron superados. En Argentina la crisis tuvo consecuencias devastadoras desde el punto de vista económico, financiero, político y social. Son crisis que se desatan desde el sector financiero, pero que rápidamente se propagan por el resto de la economía, debido al papel central que pasó a tener ese sector y debido a los aspectos psicológicos en los que se basa. No por casualidad el segundo libro de Francis Fukuyama se llamó Confianza, para denotar cómo las expectativas, positivas o negativas, asumen fuerza material en el juego especulativo. América Latina fue una víctima privilegiada de estas crisis. No por casualidad alcanzaron justamente a sus tres economías más fuertes, que habían sido exhibidas como modelos: la mexicana, la brasileña y la argentina. En los tres casos la crisis asumió la forma de un ataque especulativo, de crisis f inanciera, que se extiende al conjunto de la economía. Los capitales especulativos se valen del peso desestabilizador que tienen en la economía, presionando con una salida brusca y masiva de capitales para hacer valer sus intereses frente a acciones gubernamentales, o simplemente actuando en el juego del mercado y lucrando enormemente con tales operaciones. Las crisis anteriores tenían como escenario a países de la periferia, con efectos que intensificaron la tendencia a su debilitamiento, la concentración de los ingresos y el aumento de poder de los países globalizadores. Incluso la crisis en Rusia podría ser caracterizada como la de una economía que se volvió periférica, especialmente a mediados de la década de 1990. La excepción fue el ataque del megaespeculador George Soros a la libra esterlina inglesa, que terminó siendo un caso puntual y no alteró la regla general de incidencia de las crisis en las periferias. En su conjunto las crisis neoliberales demandaron remedios neoliberales: más apertura de las economías, como ocurrió fuertemente en los países del Sudeste Asiático; mayores préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI), condicionado por las correspondientes cartas de intención; aumento de los ajustes fiscales. La economía mexicana recibió un préstamo gigante de Estados Unidos durante la crisis de 1994, principalmente porque ocurrió en el momento en que se firmaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y los zapatistas se sublevaban en Chiapas. México se comprometió


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a usar tales recursos para pagar los préstamos de los bancos estadounidenses y continuó profundizando el modelo neoliberal. Frente a la crisis de 1999, el gobierno brasileño de Fernando Henrique Cardoso elevó la tasa de interés anual al 49% y firmó la tercera carta de intención con el FMI, cuyas consecuencias extendieron la recesión por varios años. En Argentina la crisis provocada por la explosión del modelo de paridad del peso y el dólar produjo la mayor regresión económica y social que el país conoció en toda su historia. El gobierno de Fernando de la Rúa intentó mantener el modelo heredado de Carlos Menem y como consecuencia cayó, a los pocos meses de haber asumido su mandato presidencial.

Consecuencias de la crisis actual La crisis anterior de la economía estadounidense se dio en el año 2000, cuando se desvanecía la ilusión de que la “nueva economía” permitiría que el capitalismo no sufriese más sus crisis cíclicas, ya sea porque la informática lograría preverlas y de este modo evitarlas, ya sea porque nuevas demandas, como las de computadoras, generarían, de la misma forma que en el caso de los automóviles, el lanzamiento anual de nuevos modelos, que extenderían cada vez más la demanda. En aquel momento el papel del mercado estadounidense continuaba siendo determinante para el mundo, transfiriendo los efectos de su recesión al resto de la economía mundial. Esta vez la crisis estadounidense se produce en un escenario internacional diferente. La continua expansión de los países emergentes –sobre todo China e India,

pero también países latinoamericanos como Brasil y Argentina– amortigua la disminución de la demanda de Estados Unidos y por primera vez la recesión de la economía estadounidense no tiene efectos directos y devastadores sobre el sistema económico mundial. Sin embargo, como esa crisis se ve agravada con el aumento de precios de los productos agrícolas y la suba del petróleo, se transforma en una triple crisis (1) y sus efectos son más profundos y extensos que los de un simple movimiento cíclico de la economía estadounidense. No sólo se ven afectadas las exportaciones hacia Esta-

con precisión los daños en toda su extensión y quién cargará con ellos. Lo cierto, sin embargo, es que el mundo cambiará con esta crisis especialmente porque incide en tres puntos nodales de las relaciones económicas y de poder actuales: dinero, energía y alimentos. No obstante, sabemos que las actuales estructuras de poder, de producción y de distribución de la riqueza garantizan resultados absolutamente diferenciados para las distintas regiones y países como efecto de las crisis. En la combinación entre aumento de los precios del petróleo, de productos

Por primera vez la recesión de la economía estadounidense no tiene efectos directos y devastadores sobre el sistema económico mundial. dos Unidos, sino también los países importadores de energía y de productos agrícolas, lo que en mayor o menor proporción afecta a todos. Como todo fenómeno de un sistema caracterizado por la extrema desigualdad de riqueza y de poder entre regiones y países y dentro de cada país, los efectos de las crisis no se reparten de manera igual entre todos. Hay ganadores y perdedores, verdugos y víctimas. La crisis está en pleno desarrollo y sus alcances todavía no se pueden evaluar en toda su plenitud. Surgen disputas para ver quién logra sacar ventaja, quién pierde menos. Aún no es posible conocer

agrícolas y la disminución de demanda de Estados Unidos y Europa, los países más pobres, que abarcan a la mayoría de África, de Asia y de América Latina, serán claros perdedores. Pesarán sobre ellos fuertes presiones recesivas, déficits en la balanza comercial y aumentos del endeudamiento. Los países exportadores de petróleo y de productos agrícolas, con alzas más significativas en los precios de su producción, sufrirán un menor impacto de la crisis, pero las presiones inflacionarias no perdonan a ningún país y así las políticas recesivas vuelven a ganar peso. En América Latina los efectos de la crisis son más pesados y directos para los

países que dependen más fuertemente del comercio con Estados Unidos: México, América Central y el Caribe, en primer lugar. En segundo lugar, sufrirán las naciones con pautas exportadoras menos valorizadas o aquellas que direccionaron excesivamente su ciclo de expansión económica hacia las exportaciones, en particular las economías más abiertas, entre ellas las que tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos, como Chile, Perú, además de los ya mencionados México, Costa Rica y otros países centroamericanos y caribeños. De manera relativa, los menos afectados serán los países con pautas de productos exportados más variadas y mayor diversificación de mercados, como Brasil y en parte Argentina. En la misma situación están los que participan de los procesos de integración regional, ya sea el Mercosur, ya sea el ALBA. Para éstos, las crisis son una oportunidad especial para acelerar e intensificar los procesos de integración comercial, financiera y energética. La combinación de estas crisis afecta profundamente a Estados Unidos en un momento en que por primera vez su peso en la economía mundial disminuye. El mundo –y América Latina en particular– tendrán fisonomías distintas, ya sea por la aceleración de las transformaciones que están en marcha, ya sea por el inicio de nuevas dinámicas cuyas duraciones y profundidades, pasadas las crisis, aún no se pueden medir con precisión. u 1

Ignacio Ramonet, “Las tres crisis”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, julio de 2008.

E.S. © LMD ed. Brasil

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Bóvedas del sistema hipotecario estadounidense

por Ibrahim Warde*

Caída de Fannie Mae y Freddie Mac Raíz de la tormenta financiera, la crisis de los créditos inmobiliarios tuvo repercusiones inesperadas en Estados Unidos con la “tutela legal” de Fannie Mae y Freddie Mac por parte del Estado. Emblemas de la desmesura financiera, estas dos instituciones cubrían por sí solas un 45%

de los préstamos inmobiliarios estadounidenses. Para salvarlos del naufragio, el Tesoro aceptó, a principios de septiembre, inyectarles 200 mil millones de dólares. Una nacionalización gigante que marca un cambio de época y una flagrante heterodoxia para el sagrado credo neoliberal.

Hoy en día, los dueños de las finanzas tienen los fines de semana muy cargados de trabajo: es el momento que eligen para resolver las grandes crisis financieras. Los viernes, apenas cierra Wall Street, los dueños de bancos y grandes financistas se encierran en sesiones maratónicas destinadas a sellar el destino de tal o cual institución. Las decisiones deben tomarse el domingo a la noche, antes de la apertura de las bolsas asiáticas. Luego habrá que esperar el veredicto de los mercados –primero los asiáticos, luego los europeos y, finalmente, el estadounidense– antes de empezar a disertar sobre los ganadores y los perdedores de las grandes maniobras del fin de semana. El lunes por la mañana, depositantes y contribuyentes descubrirán un planeta financiero transformado. El 15 de septiembre, por ejemplo, se enteran de que, por falta de comprador, Lehman Brothers, el quinto banco de inversión más importante del mundo, declaró la suspensión de pagos; que el Bank of America, con la ayuda de los poderes públicos estadounidenses, absorbe a Merrill Lynch, el gigante bursátil, mientras se prepara el salvataje del American International Group (AIG), la aseguradora más grande del mundo.

Financiar la guerra de Vietnam El fin de semana anterior había sido igualmente rico en sorpresas. El domingo 7 de septiembre, al final de una semana dominada por la irrupción en la escena política de Sarah Palin, gobernadora de Alaska e inesperada candidata del Partido Republicano a la vicepresidencia, Henry Paulson, secretario del Tesoro estadounidense, anunciaba la intervención por parte del Estado de dos gigantes del crédito hipotecario: la Federal National Mortgage Association (Fannie Mae) y la Federal Home Loan Mortgage Corporation (Freddie Mac). Palin despertó una gran exaltación en el movimiento conservador cuando se enfureció con el gobierno federal, justo en el momento en que este último preparaba la nacionalización más grande de la historia de las finanzas. El principio del crédito hipotecario “a la americana” se remonta al New Deal (1). En 1938 se creó una agencia federal, la National Mortgage Association of Washington, con el fin de favorecer el acceso de la clase media a la propiedad, y de paso potenciar el mercado de la construcción. Cuando la Federal National Mortgage Association (Fannie Mae), derivada de la anterior, cambió de estatuto y pasó del sector público al privado, ello no se debió precisamente a razones de ideología económica. En realidad, fue Lyndon Johnson *PROFESOR ADJUNTO EN LA UNIVERSIDAD TUFTS (MEDFORD, MASSACHUSETTS, ESTADOS UNIDOS). AUTOR DE PROPAGANDE IMPÉRIALE ET GUERRE FINANCIÈRE CONTRE LE TERRORISME, AGONE/LE MONDE DIPLOMATIQUE, MARSELLA-PARÍS, 2007. Traducción: Mariana Saúl

La crisis del '30 es el único antecedente equiparable del actual derrumbre financiero.

quien en 1968 decidió su ingreso en la Bolsa, con vistas a generar fondos destinados a financiar la guerra de Vietnam. Dos años después, con el fin de poner término al monopolio de Fannie Mae, el Congreso decidió crear la Federal Home Loan Mortgage Corporation (Freddie Mac), que empezaría a cotizar en la Bolsa en 1989. En adelante, ambos establecimientos privados gozarían de un estatuto reglamentario especial, el de Government-Sponsored Entities (GES), que les permitiría disponer de una línea de crédito garantizada por el Estado, así como de un financiamiento a tasas preferenciales. La finalidad de Fannie Mae y Freddie Mac era asegurar la fluidez del mercado del crédito inmobiliario, garantizando los préstamos o comprándoselos a los ban-

cos. Por otra parte, se alentaba el endeudamiento de los particulares, ya que el interés sobre la deuda inmobiliaria era deducible del impuesto sobre la renta. Fannie Mae y Freddie Mac financiaban sus actividades a través de la emisión de títulos conocidos bajo el nombre de Residential Mortgage-Backed Securities (RMBS), cuyo éxito entre los inversores no era ajeno a la percepción de que el gobierno estadounidense, al menos implícitamente, se presentaba como garante. Su crecimiento, siempre sostenido, se aceleraba a medida que el sistema financiero se desregulaba. En 1990, ambas empresas detentaban 740 mil millones de dólares en créditos. Esta cifra alcanzaría los 1.250 mil millones de dólares en 1995;

Cambio de época Poniendo al secretario del Tesoro Henry Paulson bajo el fuego de preguntas (muy respetuosas por cierto) tras la nacionalización de Fannie Mae y Freddie Mac, Business Week (1) lo interroga sobre el número “de llamadas telefónicas del gobierno o del banco central de China (...) durante los últimos dos meses”. O también sobre el hecho de que el gobierno chino le habría dicho: “No les compraremos más nada si no garantizan” los fondos invertidos en los dos gigantes. Obviamente,

por Martine Bulard* Paulson desmintió todo tipo de orden por parte de China. Pero tales preguntas marcan el cambio de época. El futuro de Estados Unidos se juega en Pekín, en Tokio e inclusive en Moscú... En efecto, China lleva invertidos 395.900 millones de dólares en Fannie Mae y Freddie Mac; Japón, 228.200 millones; Rusia, 75.300 millones; Corea del Sur, 63.000 millones; Taiwán, 54.900 millones. u 1

“The Fannie/Freddie Bailout: What’s next”, Business Week, 22-9-08.

*JEFA DE REDACCIÓN ADJUNTA DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, PARÍS.

M.B.

superaría los 2.000 mil millones en 1999 y los 4.000 mil millones en 2005. En vísperas de su nacionalización, su cartera rondaba los 5.400 mil millones de dólares, o sea el 45% del total de las operaciones de crédito inmobiliario en curso en Estados Unidos. Por otra parte, las dos empresas sostenían, ellas solas, el 97% de los títulos adosados a préstamos hipotecarios. La aceleración del crecimiento se explica por el efecto conjunto de la burbuja inmobiliaria de 2001-2006 y los avances de la ingeniería financiera. El arquitecto de ese boom inmobiliario –y uno de los partidarios más entusiastas de la innovación financiera– fue sin lugar a dudas Alan Greenspan, el hombre que durante diecinueve años dirigió la Reserva Federal estadounidense (la “Fed”) y a quien los ámbitos financieros, casi unánimemente, bautizaron con el sobrenombre de “maestro” (2). Sus declaraciones sucesivas dieron el tono del pensamiento que dominaría la esfera financiera. En 2002, Greenspan juzgaba que “ninguna política estaba en condiciones de frenar la expansión de una burbuja financiera”, al tiempo que alimentaba la burbuja con su política de rebaja de tasas. En 2004, afirmaba que “una baja severa del mercado inmobiliario era poco probable en Estados Unidos, teniendo en cuenta su envergadura y su diversidad”. En 2005, añadía: “Si el precio de la vivienda llegara a bajar, no habría consecuencias macroeconómicas importantes”. El mismo año opinó que “los instrumentos financieros cada vez más complejos han contribuido al desarrollo de un sistema financiero mucho más flexible, eficaz y sólido que el que existía hace un cuarto de siglo”. En 2006, en vísperas del estallido de la burbuja inmobiliaria, y cuando ya no era el patrón de la Fed, Greenspan consideró que “lo peor de la baja del mercado inmobiliario sin duda ya pasó” (3). El efecto de tales declaraciones fue un incentivo a la inversión en las acciones y las obligaciones de Fannie Mae y Freddie Mac, que por entonces conocieron un crecimiento y ganancias récord. Sin embargo, esta edad de oro se vio mancillada por una serie de escándalos. En 2004, Fannie Mae fue acusada de alterar sus cuentas con el fin de generar premios más consecuentes. Sus tres mandos más altos tuvieron que renunciar y pagar una multa de 100 millones de dólares. En 2006, Freddie Mac fue condenado a pagar 3,8 millones de dólares por hacer lobby ilegal en provecho de los miembros de la Cámara de representantes encargados de supervisar sus actividades. El estatuto híbrido de ambos gigantes del crédito hipotecario les permitía apostar plenamente a la mezcla de géneros. A pesar de que tenían una misión social –la de permitir que la mayor cantidad posible de gente accediera a la propiedad–, procuraban maximizar las ganancias de sus accionistas y sobre todo las de sus autoridades. Por ejemplo: los sueldos de los dueños de Fannie Mae y Freddie Mac eran del orden de los 70 millones de


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dólares al año para cada uno. En efecto, las dos empresas adquirieron una influencia política exorbitante. Se mostraban muy generosas con los miembros del Congreso, de ambos partidos, que no pararon hasta aligerar el “yugo” reglamentario al cual estaban sometidas. Resultado: completa falta de transparencia, mientras se aflojaban las normas prudenciales que teóricamente estaban vigentes. Paradójicamente, cuando en agosto de 2007 estalló la mentada crisis del subprime, se pensó que Fannie Mae y Freddie Mac quedarían a salvo del ciclón. Su crecimiento se mantenía, y “los mercados” casi no prestaban atención a las anomalías de su funcionamiento. Mientras el número de hogares que ya no podían pagar sus préstamos aumentaba peligrosamente, las agencias de regulación otorgaban nuevas concesiones a los colosos del crédito hipotecario. El 19 de marzo de 2008 (tres días después del “salvataje” catástrofe del banco Bear Stearns), el Departamento del Tesoro, con el pretexto de mantener a raya la caída del sector inmobiliario y estabilizar los mercados financieros, autorizó a Fannie Mae y Freddie Mac a reducir en un 33% los capitales de los que debían disponer para hacer frente a sus compromisos. Ceguera o desinformación; a quienes veían en ello un paso hacia un reflotamiento público, James Lockhart, regulador de supervisión, respondía: “Un reflotamiento es un disparate. Estas sociedades están sanas y sólidas y seguirán siéndolo”. Finalmente, la acumulación de las pérdidas dio cuenta de los escenarios optimistas que proponían los analistas financieros (4). Se empezaon a poner bajo la lupa el funcio-

namiento y las disfunciones del sistema de crédito hipotecario. Y “los mercados” se rindieron a la evidencia: la caída de las acciones subprime de Fannie y Freddie, el aumento del número de prestatarios insolventes, la baja continua del mercado inmobiliario y los temores de una recesión componían un cuadro de tintes preocupantes.

Lamentable pero... necesario En la urgencia se negoció un plan de salvaguardia del sector inmobiliario entre el Ejecutivo y el Congreso. El Tesoro estaría autorizado a efectuar compras masivas de títulos emitidos por Fannie Mae y Freddie Mac, a concederles préstamos de emer-

nie Mae y de Freddie Mac habían alcanzado los 14 mil millones de dólares, mientras las acciones de ambos establecimientos habían perdido más del 90% de su valor. Su necesidad de capitales no dejaba de crecer. Entre otras cosas, había que pagar una deuda de 1,6 billones de dólares, de los cuales 230 mil millones vencían a fines de septiembre. Más grave aun: los bancos centrales de Europa, de Rusia y de Asia amenazaban con dejar de comprar sus títulos. Fue entonces cuando el gobierno estadounidense tomó conciencia de lo inevitable. La quiebra de los dos pilares del sistema hipotecario estadounidense era inconcebible, y su salvataje mediante fondos soberanos de Asia o Medio Oriente era política-

Los contornos de esta nacionalización que no dice su nombre siguen siendo difusos.

los bancos centrales de Estados Unidos, Europa y Asia anunciaron su alivio. Según Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE), “era una decisión muy importante, y una decisión bienvenida”. En los ámbitos conservadores, donde resulta de buen gusto fustigar al Estado, se diría que la decisión era lamentable, pero necesaria. Algunos no dejarían de recordar que las disfunciones de ambos establecimientos deben atribuirse a su estatuto semipúblico. Pero los contornos de esta nacionalización que no dice su nombre siguen siendo difusos. ¿Qué sucederá tras el “final de juego” (time out) decretado por Paulson? ¿La creación de una o varias entidades públicas? ¿Una nueva privatización? Las preguntas importantes siguen sin encontrar respuesta y los detalles que podrían preocupar a los contribuyentes (en particular, el costo del reflotamiento) se ven postergados. Un regalo más que el presidente Bush deja a su sucesor. u 1

El New Deal fue un paquete de medidas económicas y sociales que se tomaron en Estados Unidos entre 1933 y 1939, bajo la presidencia de Franklin D. Roo-

gencia e incluso a comprar acciones en nombre del gobierno federal. En contrapartida, se reforzaría el control de los organismos de control. En una audiencia pública, Jim Bunning, senador republicano de Kentucky, interpeló al secretario del Tesoro: “Ayer, cuando abrí el periódico, creí que había despertado en Francia. Pero no: parece que el socialismo reina en Estados Unidos”. El 30 de julio se votó la ley con una mayoría fuerte y enseguida fue promulgada por el presidente George W. Bush. Sin embargo, la ley resultó ser insuficiente. En doce meses, las pérdidas de Fan-

mente imposible. Quedaba la opción de la nacionalización pura y simple, aunque la mera palabra, de connotación demasiado negativa, jamás será pronunciada. Se hablará simplemente de colocar “bajo supervisión” (conservatorship). La decisión sería presentada por el secretario del Tesoro como “el mejor medio para proteger a nuestros mercados y a los contribuyentes del riesgo sistémico que plantea la situación financiera actual” y sería saludada tanto por los dirigentes políticos, incluidos los candidatos Barack Obama y John McCain, como por los líderes económicos. Las autoridades de

Para salvar a los bancos del desastre

sevelt, para remediar los devastadores efectos de la crisis de 1929. 2

Bob Woodward, Maestro: Greenspan’s Fed and the American Boom, Simon and Schuster, Nueva York, 2000. Ver también Ibrahim Warde, “Alan Greenspan y los cuarenta valores”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2001.

3

Para comentarios más recientes de Greenspan, ver Alan Greenspan, “Repel the calls to contain competitive markets”, The Financial Times, 4-8-08.

4

Charles Duhigg, “Fannie Mae Wins Cheers Despite Loss”, The New York Times, 7-5-08.

I.W.

por Frédéric Lordon*

Cuando Wall Street se hizo socialista Ante la dimensión del cataclismo financiero que ha sacudido a Wall Street en las últimas semanas, las autoridades estadounidenses, dejando de lado el proclamado dogma ultraliberal que confía la solución de todos los problemas a la mano invisible del mercado, han acudido al dinero público, el de los contribuyentes, para socorrer a las Había que tener un espíritu de niño, o bien el gusto por lo maravilloso, para tomar en serio la postura marcial de las autoridades estadounidenses al afrontar la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers, postura que a la historia no le tomó más de dos días convertir en un gesto de desesperación. El hecho de negarse a socorrer a ese banco de inversión en peligro era una apuesta puntual extraordinariamente azarosa y, para decirlo de una vez, insostenible, si lo que se esperaba era que marcara un cambio estratégico. Es cierto que en los acontecimientos actuales hay elementos para desorientar y que la sucesión cada vez más rápida de situaciones críticas, cada una percibida en tiempo real como una “cumbre” de la crisis, para ser inmediatamente borrada por otra todavía más grave y todavía más espectacular, es como *ECONOMISTA, AUTOR DE JUSQU’À QUAND? POUR EN FINIR AVEC LES CRISES FINANCIÈRES (¿HASTA CUÁNDO? PARA ACABAR CON LAS CRISIS FINANCIERAS), RAISONS D’AGIR, PARÍS, APARECERÁ EN NOVIEMBRE DE 2008. Traducción: Lucía Vera

para hundir a los reguladores en abismos de angustia y desorientación. Los fines de semana de urgencia extrema prosiguen a un ritmo que se va acelerando –el 16 de marzo, Bear Stearns; el 12 de julio, primer acto de Fannie Mae y Freddie Mac; el 6 de septiembre, segundo acto de estos últimos; el 13 de septiembre, Lehman Brothers y Merrill Lynch; el 16 de septiembre (no esperaron ni siquiera una semana), American Internacional Group (AIG)– y el binomio Reserva Federal y Departamento del Tesoro, cada vez que cree haberse superado, descubre que no fue así y que hay que retomar todo nuevamente. Otorguémosles el haber, hasta ahora, encadenado desempeños espectaculares, aunque perfectamente vanos si se trataba de poner un fin definitivo al derrumbe de las finanzas estadounidenses, y de haberlo hecho a un costo que no es simplemente financiero, porque ni el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, ni todavía menos Henry Paulson, ex presidente de

entidades en quiebra. A fines de septiembre, el Congreso iba a aprobar otro paquete de 700.000 millones de dólares para implementar el salvataje de otras que corren serios riesgos. Pero más allá de estos episodios puntuales, se asiste a una crisis sistémica de imprevisibles consecuencias, en cuya base se halla el laisser-faire capitalista. Goldman Sachs, el florón absoluto del capitalismo absoluto, luego convertido en secretario del Tesoro de una administración de ultraderecha, seguramente imaginaron nunca vivir un día la dolorosa paradoja de verse tratados de “socialistas” cada vez que se ven obligados a aportar sostén público para el salvataje de las finanzas privadas. Sin duda, fue también para terminar con esta infamia que uno y otro decidieron, desde la semana del 8 de septiembre –en el mismo momento en que agotados por el mega salvataje de Fannie-Freddy parecía necesario seguir con el de Lehman–, bajarle a éste el pulgar e indicar a la comunidad financiera que la próxima etapa se negociaría sin ellos. Si se dejan a un lado las vejaciones personales, hay razones para comprender la posición del tándem “Fed-Treasury” (Reserva Federal-Departamento del Tesoro). Las autoridades se inquietan, no sin razones, por los precedentes que crean cada una de sus intervenciones, y por el hecho de que los banqueros privados podrían dejarse ir confortablemente a la quiebra, sabiendo que a último

momento “será necesario” salvarlos, como ya se hizo con Bear Stearns y “FannieFreddie”. El ánimo se ofusca ante estas facilidades y el hecho es que uno se mantendría difícilmente plácido ante el espectáculo de las finanzas arrogantes y enriquecidas cuando todo va bien, pero refugiándose en el seno del poder público, al que habitualmente tratan como una aberración de tipo soviético, para mendigar protecciones y excepciones.

Un riesgo para todo el sistema He aquí cómo, con frecuencia, el estado de ánimo es el medio más seguro de extraviar el análisis, lo que en ningún caso quiere decir que la indignación de la cual procede sea ilegítima ni, todavía menos, que no haya que capitalizarla para acumular recursos políticos que permitan golpear fuertemente más tarde. Pero sólo algo más tarde –sin esperar demasiado–, es decir, después de haber puesto en claro analíticamente de qué se trata. Ahora bien, está claro que se trata de un riesgo sistémico, es decir de la posibilidad, por la

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densidad de los compromisos entre bancos, de que la caída de un solo actor desencadene, por ondas de choque sucesivas, una cascada de quiebras colaterales. Para posibles liberales que oyen mal, precisemos que en la expresión “riesgo sistémico” está la palabra “sistémico”, lo que quiere decir que se trata del “sistema”… es decir, de la totalidad de las instituciones de las finanzas privadas, potencialmente involucradas en un derrumbe global. Y, si verdaderamente es necesario ser todavía más explícitos, digamos que una vez que el “sistema” de las finanzas, por lo tanto del crédito, está en ruinas, simplemente ya no hay más actividad económica posible. En absoluto. ¿Resulta esto suficiente para hacer entrever la enormidad de las consecuencias? Por más penoso que pueda ser, no hay alternativa a la constatación de que una vez que la burbuja financiera ha explotado y el riesgo sistémico se ha generado, el Banco Central pierde casi todo su margen de maniobra, porque el hecho de que las finanzas privadas tengan la capacidad de vincular su suerte para lo peor a todo el resto de la economía –el derrumbe de las finanzas supondrá necesariamente el derrumbe de la economía– forzando así la intervención pública en su auxilio, es una toma de rehenes sin posibilidad de evitarla en el corazón de la crisis. Por eso, una nueva regulación financiera significativa sólo puede hacerse en torno al objetivo estratégico de impedir que las burbujas se formen (1), porque después es demasiado tarde. Sólo puede lucharse contra el riesgo sistémico erradicándolo; en cuanto se reconstituye, y sobre todo cuando se activa, la partida está perdida. La Reserva Federal, aunque no ha manifestado ninguna voluntad seria de erradicación, es al menos consciente del grado en que está estratégicamente dominada, en el juego que la opone con las finanzas privadas en crisis, paradójicamente en una posición de fuerza tanto más fuerte por el hecho de estar moribundas. Y entonces se somete, con la muerte en el alma, a las conminaciones sucesivas de los diversos bancos arruinados para venir en su ayuda, con el riesgo de dejar que se produzca una catástrofe irreparable. En marzo de 2008, Bear Stearns amenazó con dejar impagos 13,4 billones de dólares de transacciones con derivados de crédito (2); es decir diez veces más que Long Term Capital Management (LTCM), que había estado a punto de acabar con el sistema financiero estadounidense en 1998. En julio, Fannie y Freddie entran en peligro de quiebra con su deuda de 1,5 billones de dólares. Numerosas instituciones financieras han invertido en estos títulos: fondos de pensión –las jubilaciones–, fondos mutuales –ahorro corriente del público–, ¡e incluso bancos centrales extranjeros! El sistema financiero estadounidense no hubiera sobrevivido a la quiebra de Bear Stearns y Fannie y Freddie. Henry Paulson, secretario del Tesoro, no tiene necesidad de que le hagan un plan: el 12 de julio se movilizaron 25.000 millones de dólares de dinero público en líneas de crédito e inicios de recapitalización. Y el 6 de septiembre parece que la recapitalización necesitará más bien… ¡200.000 millones! Perfecto, los contribuyentes pondrán esos 200.000. “I didn’t want to have to do that”, confiesa sin embargo Paulson, asustado de su propio futuro socialista. “No quería tener que hacer eso” pero, de todas maneras, lo ha hecho. Y verdaderamente no tenía opción. Como Lehman es mucho más chico que la “Fed-Treasury”, ésta piensa poder encontrar una ocasión de “tener una opción”. Y no quiere perderla bajo ningún pretexto. A este banco Paulson le hará pagar por los otros, con toda la rabia que tuvo que tragarse

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las veces anteriores. Pero, sin embargo, para lograr un excelente desprendimiento de la bilis que ofrece, la “oportunidad” Lehman exigía ser cuidadosamente evaluada antes de “dejarlo morir”. Teniendo en cuenta su tamaño y la exposición de los demás bancos que son sus contrapartes, ¿una cesación de pagos de Lehman constituye o no un riesgo sistémico? Es cierto que la exposición de Lehman en productos derivados era infinitamente menor que la de Bear Stearns –29.000 millones de dólares contra 13,4 billones (3)–… pero, de todas maneras, Lehman desplazó a Worldcom del primer lugar de la lista, convirtiéndose en la mayor quiebra de la historia de Estados Unidos, con 613.000 millones de dólares de deudas. Sin embargo, es evidente que desde el punto de vista técnico no hay una cesación de pagos equivalente, ya que Lehman tiene activos y el procedimiento de liquidación tiene precisamente el objeto de realizarlos. Pero, ¿cuánto valen exactamente esos activos? Ésa es la cuestión. Hay un mínimo de 85.000 millones de títulos variados (entre los cuales 50.000 millones de derivados de subprime) que el plan de recuperación, finalmente abortado, que fue estudiado durante el fin de semana del 12 al 14 de septiembre, preveía contener en un bad bank (sociedad de rescate que se hace cargo de los créditos morosos) ad hoc. Su valor en este momento es de 85.000 millones, pero es razonable preguntarse lo que quedará al término de una venta de liquidación, aun cuando, conscientes del riesgo de que sus valores se derrumben todavía un poco más, las autoridades estadounidenses piensan en una liquidación “ordenada”, por lo cual debe entenderse una liquidación escalonada en varios meses.

Cadena de catástrofes Pero de todas maneras, el quebranto se anuncia severo, y esto no es sólo un problema para Lehman. Porque la norma contable del “markto-market”, es decir, la contabilización de los activos al valor de mercado instantáneo, obligará a todas las otras instituciones financieras a valorizar, a su vez, al precio de liquidación “especial Lehman” los mismos activos de los cuales sus balances todavía están llenos, sufriendo al final las depreciaciones suplementarias que pueden imaginarse. Todavía, si el riesgo de desvalorizaciones colaterales fuera el único… Pero a ello se agrega el riesgo de contrapartida ligado al hecho de que las múltiples transacciones en las cuales Lehman estaba implicado van a

quedar sin terminar. Y, finalmente, el riesgo de activación de los CDS (Credit Default Swap), esos productos derivados que ofrecen a quienes los compran un seguro contra las pérdidas de valor de sus diversos activos en obligaciones. Si hay asegurados, es porque del otro lado hay aseguradores. Ahora bien, la quiebra desencadena implacablemente la operación de los CDS emitidos como protección de la deuda de Lehman, y las indemnizaciones a pagar se anuncian importantes. Esto es algo muy molesto, porque la experiencia indica que el mecanismo securitario de los CDS, impecable en los papeles, ha revelado ser uno de los más dudosos; y el mercado de los CDS es de una extrema fragilidad, que hace temer grandes sacudidas cada vez que se recurre a él, un poco brutalmente, por una quiebra. Desgraciadamente, en el momento en que se produce la bancarrota de Lehman, se acababa de salir de la nacionalización de “Fannie-Freddie”, que muchos temen que represente ya por sí sola un riesgo importante para el mercado de los CDS… Ahora bien, seguramente la “Fed-Treasury” contaba con este conjunto de amenazas para desprenderse del salvataje de Lehman y “convencer” a los banqueros de la plaza que lo tomaran a su cargo, ya que era de su interés, en el mejor de los sentidos. Pero nada se hizo y ningún plan privado salió de ese fin de semana frenético. Es que “Wall Street” es una abstracción que abarca una colección de intereses particulares, a veces divergentes. El plan de recuperación cuyo fracaso llevó a Lehman a presentarse en quiebra preveía la compra del “buen banco” por Barclays y el Bank of America (finalmente éste se dirigirá hacia Merrill Lynch) y la contención del “mal banco” se iba a hacer con un financiamiento colectivo de la plaza. Pero “la plaza”, entendiendo por ello a aquellos que no cuentan con los medios para comprar los buenos segmentos, no por eso fue menos solicitada para enjugar las desvalorizaciones de los malos segmentos, y ha tenido dificultades para aceptar emplear las utilidades, con grandes gastos, para permitir a dos afortunados irse con las joyas de la corona, dejando a otros las reparaciones del castillo en ruinas. En verdad, todo el fin de semana del 12 al 14 de septiembre no fue más que una gigantesca partida de póquer mentiroso: entre la “Fed-Treasury”, que mostraba su voluntad de no moverse, y Wall Street, que en principio la interpreta, pero equivocadamente, como una estrategia de tensión para hacer aumentar el compromiso de los bancos

privados; y el conflicto entre esos bancos privados que se dividen entre compradores oportunistas y financistas obligados –que refunfuñan por tener que constituir una flor para los primeros, pero que también saben que su propio interés no es indiferente a la supervivencia de Lehman–. Las condiciones estaban más que reunidas para hacer improbable la coordinación del salvataje. La “Fed-Treasury” no mentía. Dejó hacer. Ya no era más socialista. Pero –aunque no lo sabía todavía en ese momento– ¡sólo por dos días! Y, sin embargo, ¡tiene tantas ganas de creer en ello! Desde hacía casi una semana se veía fuertemente alentada por todos sus admiradores, un poco desorientados por las sorprendentes vías que se había visto obligada a tomar hasta ese momento. El editorialista del Financial Times comenta con satisfacción: “Es hora de que las autoridades se retiren (…) Lo que se hizo hasta ahora debería ser suficiente” (4). Pero no es la “Fed-Treasury” quien decide si “lo que se hizo es suficiente” o no, sino la situación. Ahora bien, no sólo la situación de Lehman no ha revelado todavía sus verdaderos riesgos, sino que la apuesta de la Fed está lejos de haber ganado en el momento en que creía repudiar su socialismo, porque, por detrás, maduran otras situaciones que amenazan ya con hacer su reverencia a la despedida de los Compañeros de la Canción (N. de la T.: popular grupo vocal francés de comienzos de la Segunda Guerra Mundial): reversibles y a repetición.

Aberraciones emblemáticas La primera gala de retorno no esperó cuarenta y ocho horas para seguir a la de presentación, ¡y qué fiesta! AIG es elegible como un caso de libro. Todas las aberraciones de las finanzas contemporáneas se concentran en ella y se ofrecen como espectáculo. Como el simple oficio de asegurar era tan monótono, AIG estableció una filial de “productos financieros” y se lanzó de cabeza al mercado bastante especial de los CDS. Y he aquí a AIG, en pleno período de ruina financiera, comprometida por 441.000 millones de dólares de títulos a asegurar, de los cuales 57.800 millones estaban vinculados a los subprime (5). Resulta inútil decirlo, sus pérdidas son colosales: 18.000 millones de dólares en los tres trimestres pasados, y el que está en curso se anuncia resplandeciente porque, entre activación de los CDS y desvalorizaciones colaterales, la quiebra de Lehman podría hacer subir la pérdida acumulada de AIG a 30.000 millones de dólares, entre los cuales también se encuentran 600 millones vinculados a la desvalorización completa de las acciones “Fannie-Freddie” luego de la nacionalización. En estas condiciones, las agencias calificadoras, obnubiladas por la necesidad de reconstituir una virginidad para hacer olvidar tantos errores pasados, no dudan en degradar severamente la calificación de AIG, lo que tuvo como primer efecto obligarla a satisfacer inmediatamente las provisiones denominadas “apelación a los márgenes” para compensar el deterioro de su calidad de asegurador en los contratos (CDS) en los cuales está implicada. ¿Pero cómo puede AIG sacar inmediatamente 10.000 a 13.000 millones de dólares de “apelación a los márgenes” cuando se encuentra ya en vías de hundirse? Durante una jornada, la “Fed-Treasury”, todavía en la embriaguez de su muy reciente “desocialización”, pero de todas maneras un poco estremecida por la amplitud de los daños que se anunciaban, imagina coordinar un socorro privado en el cual Goldman Sachs y JPMorgan estarían a la cabeza de un crédito sindicado de 75.000 millones de dólares para AIG.


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Si uno recuerda todavía que, apenas en la víspera, se les había pedido a los diez principales bancos de la plaza constituir un pool de 70.000 millones de dólares para sostener la liquidación “ordenada” de Lehman… la imposibilidad del socorro privado era previsible, y la necesidad de intervención pública inevitable. Uno no deja de quedar pasmado por la forma extrema que iba a tomar. Por medio de un préstamo puente de 85.000 millones de dólares del Banco Central, el Estado adquiere el 79,9% del capital de AIG. Aun en su brevedad, el comunicado de la Reserva Federal del 16 de septiembre no deja de ser vertiginoso. ¿Hay algún antecedente del extraordinario hecho de que la “Fed” preste dinero a un “no banco”? Puede medirse aquí la amplitud de las concesiones que le habrá arrancado la crisis. En marzo había decidido, por primera vez desde 1929, admitir a los bancos de inversión en el refinanciamiento (al cual, hasta ese momento, sólo tenían derecho los bancos de depósitos); he aquí ahora una empresa de seguros en la ventanilla… Pero lo que sigue es todavía más sorprendente. Porque, por un lado, la Reserva Federal y el Tesoro parecen actuar como una unidad orgánica cercana a una fusión pura y simple. Y, por otro, la participación federal del 79,9% en AIG aparece como “la contrapartida” del préstamo de la “Fed”. ¿Pero desde cuándo un préstamo es otorgado a cambio de una participación de capital? El préstamo está destinado a ser devuelto, está garantizado con todos los activos de AIG y su tasa penalizadora fue fijada a propósito para incitar a su devolución lo más rápidamente posible. Pero una vez agotado el crédito, el Estado Federal seguirá siendo accionista del 79,9%. Entonces ocurre que ha realizado una toma de control sin desatar, por el momento, el paquete: ¡una expropiación! Tratándose de recaída en el socialismo, ésta es una y bien fuerte. El New York Times informa que Henry Paulson y Ben Bernanke, al aparecer el 16 de septiembre por la noche para anunciar su plan, tenían “un aire sombrío”. Es fácil entenderlo, porque a su lado el presidente venezolano Hugo Chávez parece un títere liberal vendido al gran capital: ¡él cuando nacionaliza, paga! Pero las acrobacias ultra socialistas de nuestros dos compinches recién comienzan. Porque ahora estamos mucho más allá de las tensiones de liquidez, para hacer frente a las cuales la Reserva Federal está bastante bien armada. Ahora que las pérdidas extraordinarias han mermado en su núcleo las bases de los capitales propios, estamos ante una crisis de solvencia generalizada, que se ha adueñado del sector financiero. Un frenesí imperativo de recapitalización se declaró desde marzo y, de Bear Stearns a Lehman, pasando por “Fannie-Freddie”, todos los momentos críticos han tenido como origen una duda sobre la capacidad de los bancos involucrados para recaudar capitales (6). Ahora bien, para que haya recapitalizaciones, ¡hace falta que haya recapitalizadores! Pero la gran mayoría no tiene los medios para ese tipo de esfuerzo: los bancos colegas luchan por conservar el poco capital que les queda; los fondos soberanos (7), de los cuales se ha esperado mucho, tal vez demasiado, han meditado sobre sus últimas contrariedades, ya que su sensacional entrada en escena, en marzo, se apoyaba en la hipótesis de que los precios de los activos inmobiliarios y de las acciones habían tocado fondo; pero ya sabemos lo que ocurrió después, y las desvalorizaciones que de ello resultaron los convencieron de mirar dos veces las cosas antes de actuar a partir de ese momento. Queda, entonces, el Estado, el

Primer debate entre Obama y McCain, septiembre de 2008.

único que puede hacer “la tarea” cuando ya nadie quiere ni puede. Así es como “Karl” Bernanke y “Vladimir Illich” Paulson no han llegado todavía al final de sus penas. La gorra con la estrella roja les va como los tiradores a un cerdo, pero ellos han comprendido, por lo menos, que deberán mantenerla ajustada en la cabeza todo el tiempo necesario, a la inversa de los furiosos locos liberales que apelan a “dejar que ocurran las quiebras” y a la moral del castigo. Sólo hay una lectura de este imperativo de vestidura, y una suculenta paradoja hace que un ex presidente de Goldman Sachs deba hacerla suya: las finanzas liberalizadas son estructuralmente de una inestabilidad explosiva; no sólo es seguro que desencadenarán catás-

dito en por lo menos un 5%... y más de la mitad ¡los sobrevalúa en más del 50%! En la categoría Alt-A se distinguen los créditos denominados Option-ARM (Option Adjustable Rate Mortgages), que tienen como característica ofrecer al tomador de crédito varias posibilidades en cuanto al inicio de los pagos. Una de ellas, particularmente tentadora, ofrece no solamente no empezar a devolver el capital durante los primeros años, sino también empezar pagando parcialmente los intereses; de esta manera puede llegarse a comenzar con tasas provisorias del 1%, a las cuales resulta difícil no sucumbir. Evidentemente, todas estas facilidades dan lugar a prórrogas para los años posteriores, y el reset (el reajuste de la tasa) resulta así más doloroso. El tomador pro-

Una vez que el “sistema” de las finanzas está en ruinas, simplemente ya no hay más actividad económica posible.

SICAV se habían refugiado ingeniosamente. Una corrida de ahorristas: eso acabaría por completar el cuadro… Sin ánimo de proseguir con este escenario catástrofe, pero teniéndolo en cuenta, las necesidades de recapitalización bancaria son tan importantes, tan generalizadas, y ocurren en un contexto de rechazo a comprometerse por parte de aquellos que todavía están a flote, que el Estado, ya no solamente prestamista, sino accionista y recapitalizador en última instancia, se enfrenta a una tarea financiera cada vez menos soluble con recursos estándar. El Estado Federal acabará pagando los warrants (9), y luego las acciones que le otorga la propiedad de AIG. Después de los 200.000 millones de dólares de una operación similar con “Fannie-Freddie”, a partir del 19 de septiembre se comprometió, esta vez por 700.000 millones, a comprar las deudas “tóxicas” de los bancos. Standard & Poor’s estima en diez puntos del Producto Bruto Interno (PBI) lo que todo esto podría costar en su totalidad. Ya sea en forma de recapitalizaciones a cualquier precio o a través de una estructura de contención gigante que podría tranquilizar a las finanzas privadas por todos sus activos averiados, el problema es el mismo. Esos diez puntos de PBI ¿van a salir del bolsillo del contribuyente estadounidense, torpedeando lo que queda de crecimiento? ¿O, por el contrario, se va a permitir seguir inflando el déficit de la deuda pública, con el riesgo de que los títulos del Tesoro y el dólar se vuelvan inmanejables, transformando la crisis financiera privada en una crisis de las finanzas públicas, con una crisis monetaria agregada? Sólo hay malas soluciones, por lo menos de conformidad con los cánones usuales de la ortodoxia. Por eso nuestros amigos de la gorra irán hasta donde sea necesario para hacer lo que debe hacerse; también es la razón por la cual los dogmas que tantos conversos han adorado estúpidamente, se van a ir rápidamente al tacho de basura. Recapitalizaciones por emisión monetaria, embargos puros y simples, control de cambios… si las cosas van mal, tal vez todavía no hayamos visto nada. La historia avanza por caminos extraños. Abramos bien los ojos, porque entramos en un territorio desconocido. u 1

Es el principio número uno del texto “Quatre principes et neuf propositions pour en finir avec les crises financières

trofes repetitivas, sino que son incapaces de evitarlas por sí mismas; ¡ah, las famosas “soluciones de mercado” a las cuales apelaba un comunicado europeo el 29 de enero!

Marx o el Apocalipsis Sólo el Estado, mediante un gesto de pura soberanía, absolutamente más allá del derecho común, al permitirse lo impensable –como nacionalizar sin límite para pagar más tarde, y captar unilateralmente todos los dividendos, incluso los de acciones que no poseen (¡!)–, puede poner fin a los rendimientos crecientes de derrumbe que alimentan los mecanismos del divino mercado. Entonces, será la gorra o el Apocalipsis. Más bien la gorra, porque se acerca el alba radiante que se levanta ante nuestros ojos: el cortejo de los subprime no ha terminado totalmente cuando se anuncia el de los Alt-A mortgages. Intermedios entre los prime (estándar) y los subprime, los créditos Alt-A fingen haber pedido algunas informaciones sobre la situación de los tomadores de crédito, pero toleran que se haya respondido de manera incompleta o con algunos “errores”: según un estudio del Mortgage Asset Research Institute, la casi totalidad de los expedientes Alt-A (realizados por los corredores para los bancos) exageran los ingresos de los tomadores de cré-

medio de Option-ARM ve cómo sus pagos aumentan de golpe un 63%. La agencia financiera Bloomberg evalúa en 16% los retrasos de pago de más de dos meses en los Alt-A emitidos desde enero de 2006. Estas demoras en los pagos van a acelerarse el año próximo y pueden durar hasta 2011, teniendo en cuenta la duración de los reset, que es de tres a cinco años. Y atención: si ya había 855.000 millones de dólares de subprime, las Alt-A suman 1 billón. “Fannie” posee o garantiza 340.000 millones de Alt-A. Wachovia tiene 122.000 millones de Option-ARM. Countrywide, sacada de la quiebra por el Bank of America (el salvador de Merrill Lynch), 27.000 millones. WaMu (Washington Mutual), 53.000 millones, de los cuales el 13% van a reset el año próximo. Y he aquí que Standard & Poor’s bajó la calificación de WaMu al nivel de los junk bond (bonos chatarra o basura), el nivel más bajo . WaMu, una caja de ahorro, del ahorro del público, fue vendida a J.P. Morgan de urgencia y a precio de remate. Por otra parte, los money market funds (SICAV monetarios) (8), considerados hasta ahora tan líquidos y seguros como las cuentas a la vista, fueron desbordados por demandas de retiro después de que sus clientes vieran derrumbarse sus tenencias a causa de la pérdida de valor de los títulos de Lehman, en los cuales esos

(Cuatro principios y nueve propuestas para terminar con las crisis financieras)“, La nouvelle pompe à phynance, blog de Le Monde diplomatique, www.monde-diplomatique.fr/2007/09/LORDON/15165 2

No se trata de una exposición neta porque los compromisos de comprar/pagar compensan los compromisos de vender/recibir.

3

Office of the Comptroller of the Currency, Nueva York,

4

“Decisive inaction“, Financial Times, 11-9-08.

5

Tipo de créditos inmobiliarios otorgados a tomadores de

30-9-07.

crédito de solvencia muy dudosa, e incluso desconocidos del sistema bancario. 6

El episodio de Lehman se desencadenó a partir del anuncio del fracaso de las negociaciones con vistas a una toma de participación del banco de desarrollo coreano KDC.

7

Véase Ibrahim Warde, “Fondos soberanos, ¿predadores, salvadores o víctimas?“, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2008.

8

N. de la T.: Las SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable) son sociedades anónimas que tienen por objeto exclusivo la adquisición, tenencia, disfrute y administración en general y enajenación de valores mobiliarios y otros activos financieros para compensar por una adecuada composición de sus activos, los riesgos y los tipos de rendimientos sin participación mayoritaria económica o política en otras sociedades.

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Los warrants son opciones, es decir, derechos a comprar acciones.

F.L.


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De Irán a Rusia, del terrorismo a la tecnología nuclear

por Michael Klare*

El mundo y la (futura) Casa Blanca Más alla de su visión común sobre la necesaria defensa de los intereses de Estados Unidos en el mundo, los dos principales candidatos para las elecciones presidenciales manifiestan divergencias reales. John McCain es un hombre del pasado y de la Guerra Fría, mientras que el demócrata Barack Obama busca responder a las turbulencias que alteraron profundamente la geopolítica mundial.

En momentos en que la campaña presidencial estadounidense entra en la recta final, los análisis de John McCain y Barack Obama sobre las dificultades internacionales que enfrenta Estados Unidos tienen mucho en común. Ambos insisten sobre las numerosas amenazas que pesan sobre el país, destacan la incompetencia de la administración de George W. Bush para combatirlas, y llaman a un cambio radical de estrategia. Al escucharlos, es prácticamente imposible no tener la extraña impresión de que ambos candidatos compiten contra el Presidente saliente. Pero si se los escucha con más atención comienzan a aparecer diferencias profundas, principalmente respecto de la multiplicación de riesgos fuera de sus fronteras. Mientras que McCain denuncia con particular énfasis la amenaza que representa Rusia, a la que describe generalmente en términos que retrotraen a la época de la Unión Soviética, Obama tiende a privilegiar temas como la proliferación nuclear, las armas biológicas y el cambio climático. Ambos hablan de revitalizar la alianza del Atlántico Norte: McCain para que Estados Unidos recupere allí su histórica misión de líder; Obama para crear una asociación equilibrada con Europa. Sus diferencias no reflejan sólo matices o retórica. Marcan un antagonismo respecto de la naturaleza de los desafíos que se le presentan hoy al mundo, y de las mejores maneras de enfrentarlos. En cierta medida, estas diferencias reflejan el origen y la personalidad contrastantes de cada candidato. McCain tiene 72 años. Creció en el seno de una familia militar durante los años más álgidos de la Guerra Fría y profesa una gran admiración por el ejército estadounidense y sus valores. Prestó servicios como piloto en la Armada, de 1958 a 1981, y pasó seis años como prisionero de guerra en Vietnam del Norte. Obama tiene 47 años. Fue criado en condiciones precarias por su madre soltera y vivió en distintos lugares –como por ejemplo Indonesia– antes de radicarse en la región de Chicago. A menudo habla de su gestión como coordinador de programas de acción social (community organizer) en los barrios pobres del sur de la ciudad, como la experiencia más importante de su juventud adulta. En sus cargos actuales, McCain y Obama, ambos senadores, ven sus discursos restringidos por las limitaciones de lo políticamente correcto. Ambos candidatos enfatizan, por ende, la prioridad de acabar con el terrorismo en Medio Oriente e impedir a Irán el acceso al arma nuclear. Para ello ambos dicen estar dispuestos a recurrir a la intervención militar en caso de considerarla nece*PROFESOR EN EL HAMPSHIRE COLLEGE DE AMHERST, MASSACHUSETTS. AUTOR DE RISING POWERS, SHRINKING PLANET: THE NEW GEOPOLITICS OF ENERGY, METROPOLITAN BOOKS, 2008. Traducción: Cristina Sardoy

saria. Pero detrás de esos objetivos comunes se esconden marcadas diferencias de visión.

Las guerras en debate Dada su estrecha relación con los militares estadounidenses en el punto máximo de su poder –al comienzo de la Guerra Fría–, no sorprende que McCain vea en el resurgimiento de Rusia a la mayor amenaza y que su estrategia de defensa se base en una Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en su forma original, es decir, dominada por Estados Unidos. Sus posiciones y su vocabulario son los que utilizaban los presidentes Harry Truman, Dwight Eisenhower y John F. Kennedy respecto de la Unión Soviética. En 2007 escribió: “Las naciones occidentales deberían dejar bien claro que la solidaridad de la OTAN, desde el Báltico

Obama, en cambio, Irak nunca fue el frente central para vencer y sería más eficaz perseguir a Al-Qaeda en Afganistán y en Pakistán. Si es elegido, tiene la intención de retirar la mayoría de las tropas estacionadas en Irak y aumentar los niveles de efectivos estadounidenses en Afganistán para destruir las bases de Al-Qaeda y de los talibanes en la frontera con Pakistán. También ha defendido los ataques estadounidenses contra blancos de Al-Qaeda en el interior de Pakistán (táctica recientemente adoptada por la administración Bush). Pese a ser indudablemente significativas, estas diferencias son esencialmente metodológicas más que de doctrina. Se observa un panorama similar respecto del dominio de la tecnología nuclear por parte del régimen islámico iraní. A primera vista ambos candidatos se oponen: Obama pregona un diálogo directo entre Washington y Teherán para suspender el programa iraní de enriquecimiento de uranio, lo que McCain rechaza de plano. Sin embargo, los dos candidatos están de acuerdo en considerar inaceptable que Irán pueda disponer de la energía atómica. Aprueban el uso de sanciones económicas para garantizar la aquiescencia iraní y no descartan la acción militar si las sanciones no fueran suficientes. También en este punto sus diferencias parecen ser

otorgando ayuda económica y militar a los países vecinos pro-occidentales y, sobre todo, incorporando a Georgia y Ucrania a la OTAN. Así, ambos países verían asegurado el apoyo militar estadounidense y europeo ante una eventual invasión rusa. McCain no lo dice explícitamente, pero no hay dudas de que sus principios de acción contienen un componente militar significativo. El 11 de agosto proponía que Estados Unidos y sus aliados “consulten con el gobierno ucraniano y otros países afectados sobre medidas para asegurar la continuidad de su independencia”, subrayando la urgencia de tal iniciativa, “en momentos en que buques de la flota rusa del Mar Negro actualmente en aguas territoriales georgianas se encuentran estacionados en la base rusa de la Crimea ucraniana”. Aunque no dijo nada más, resulta obvio que McCain hablaba de posibles acciones militares de Estados Unidos y de la OTAN para contrarrestar la presencia naval rusa, establecida desde hace tiempo en el Mar Negro. En la misma declaración, llamaba a Estados Unidos a comandar una operación con vistas a “reforzar la seguridad del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan”, que podría llevar a la larga al despliegue de fuerzas militares estadounidenses en Georgia, Azerbaiyán y las regiones vecinas.

Enfoques contrapuestos

La polémica sobre la guerra de Irak ha dominado de tal manera el debate político que parecía que sería el tema dominante de la campaña. hasta el Mar Negro, es indivisible y que las puertas de la organización continúan estando abiertas a todas las democracias empeñadas en la defensa de la libertad”. La visión de Obama difiere considerablemente. Aun cuando demuestra cierta virulencia si se habla de libertad y democracia, apunta a evitar al máximo la confrontación y a construir consenso en torno a objetivos comunes. Teniendo en cuenta, además, que alcanzó la mayoría de edad en la época posterior a la Guerra Fría, es lógico que tienda a enfatizar la clase de peligros que han surgido después de la caída de la Unión Soviética: el terrorismo, las armas biológicas, la pandemia del sida y el calentamiento global. Estas diferencias de visión se filtran en todas las cuestiones diplomáticas. Sin embargo, hasta el estallido de la guerra entre Rusia y Georgia, la profunda brecha filosófica entre ambos candidatos permanecía en gran medida oculta por sus desacuerdos respecto de Irak y de Irán. La polémica sobre la guerra en Irak ha dominado de tal manera el debate político en Estados Unidos, que parecía que sería el tema determinante en la campaña. Ciertamente, McCain está a favor de mantener la presencia de las tropas estadounidenses, mientras que Obama desea retirarlas rápidamente. De todas maneras, este desacuerdo ilumina sólo un aspecto del abismo que los separa. Para McCain, Irak es el “frente principal” de la lucha contra el terrorismo y todo fracaso conduciría de manera irremediable a un aumento global del fenómeno. Para

más de naturaleza táctica que conceptuales. La guerra en Georgia y en el Cáucaso expuso sin embargo una línea de fractura profunda. En sus comentarios iniciales sobre el conflicto, Obama pidió moderación de ambas partes y defendió un desenlace negociado. “Todas las partes deberían iniciar conversaciones directas a favor de la estabilidad en Georgia”, declaraba el 8 de agosto pasado. Poco después endureció el tono, acusando a Moscú de una invasión injustificada en Georgia y exhortando al retiro de las fuerzas rusas. Pero había dado muestras de sus preferencias por la mediación y la negociación. Fiel a sí mismo, la reacción de McCain fue de índole mucho más beligerante: ni una palabra sobre mediación o negociaciones; insistió, por el contrario, en que Rusia fuera abiertamente condenada y totalmente aislada de la comunidad internacional por su agresión indebida a Georgia, sin nunca mencionar por otra parte el ataque del 7 de agosto de Georgia contra Osetia del Sur (1). Pero las respuestas de ambos candidatos divergen intensamente respecto de las implicancias profundas de este conflicto. Para Obama, sería posible reparar el daño causado por esta guerra a las relaciones rusoestadounidenses si los rusos volvieran a disposiciones más pacíficas. “Quiero ser claro –declaró el 11 de agosto–, buscamos un futuro de cooperación conjunta con el gobierno ruso y de amistad con el pueblo ruso.” Para McCain, ese futuro es impensable. Al contrario, su objetivo consiste más bien en someter a Rusia expulsándola del G8,

La relación de Estados Unidos con Europa dependerá en gran parte del candidato electo. Obama evoca a menudo el daño infligido a las relaciones europeo-estadounidenses por la invasión estadounidense a Irak. Es categórico sobre su deseo de restaurar un entendimiento basado en un reparto más equitativo del poder. McCain no niega el impacto negativo que pudo tener el unilateralismo de la administración Bush y afirma que él también adoptará una postura de mayor colaboración. Pero en sus observaciones otorga constantemente a Washington el rol de líder. Así, en un discurso que pronunció el 26 de agosto, criticaba las posiciones de Obama sobre la crisis en Georgia, y declaraba que Occidente había ganado la Guerra Fría “porque las grandes democracias se unieron, aglutinadas por un liderazgo estadounidense sostenido y decisivo”. Las implicancias son obvias: las democracias occidentales deberían unirse bajo el “liderazgo decisivo estadounidense” para someter a Rusia. El conflicto en el Cáucaso habrá servido para mostrar en forma clara las diferencias entre los dos candidatos presidenciales en lo que se refiere a política exterior. Antes del estallido, su mayor desacuerdo consistía en la estrategia de lucha contra el terrorismo (Irak o Afganistán). Ahora, podemos resumir sus diferencias de otra manera. Para aquellos que lo apoyan, Obama es un hombre que mira al futuro. Se preocupa por los cambios que agitan al planeta, mientras que McCain mira hacia atrás y vive aún en tiempos de la Guerra Fría, una época en que el mundo se organizaba en torno a la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética. u 1

Jean Radvanyi, “Los ‘grandes’ juegan en Osetia”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, septiembre de 2008.

M.K.

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Un electorado rural y popular en Estados Unidos

por Serge Halimi*

Los demócratas, a la conquista del Oeste A un mes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la campaña

afinan sus estrategias. En el oeste profundo del país, dominado desde

electoral entró en etapa de definición. Con el telón de fondo de la cri-

hace veinticinco años por los republicanos en base a populismo fiscal y

sis financiera, el candidato republicano John McCain y el demócrata

discurso conservador (“Dios, homosexuales y armas”), Obama busca dar

Barack Obama debaten sus profundas diferencias (Klare, pág. 24) y

la sorpresa desviando la atención hacia la economía y el medio ambiente.

En momentos en que el Estado estadounidense socializa las pérdidas abismales de sus bancos, ¿cómo podría el Partido Republicano invocar su filosofía liberal o su acción en el poder? Una aplastante mayoría de estadounidenses las juzga tanto más negativamente desde que el aumento de los precios de energía mermó su poder de compra ya herido por el encarecimiento del crédito y por el estancamiento de los salarios. Entonces, con una eficacia que los años no han alterado, los republicanos hablan de otra cosa: de su patriotismo, de su autenticidad, de su apego a “los valores tradicionales”. Frente al relato de la vida de Barack Obama, a la perspectiva de una penetración simbólica histórica que moviliza tanto a su favor como en su contra, despliegan la story de *DIRECTOR DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, PARÍS. Traducción: Mariana Saúl

Sarah Palin –madre de cinco hijos, gobernadora de Alaska, esposa de un campeón de carreras de trineo– y la de John McCain, “héroe americano” desde que bombardeó Vietnam antes de soportar allí cinco años de cautiverio. Su eslogan: “Country first” (“el país primero”). En este momento, el país está inquieto, y la campaña electoral está patas para arriba por el desconcierto financiero. Hace cuatro años, el presidente George W. Bush había presentado ya un balance negativo, tanto económico (recesión severa entre 2001 y 2003) como diplomático (la guerra de Irak evolucionaba en forma desastrosa). Sin embargo, obtuvo su segundo mandato enfatizando su fe, su simplicidad, agitando los miedos confundidos del terrorismo, el aborto y el matrimonio homosexual. Bush nunca dejó de avivar el resentimiento siempre vivo –y no siempre injustificado– de la opinión pública respecto de la elite intelec-

tual, artística y tecnocrática. Que apoya más bien a los demócratas (1). Este año, aun cuando McCain intenta mostrarse como un gentleman, sus partidarios de la National Review agregaron a la receta republicana el picante de un viejo condimento que –esperan– aún surte efecto: “Tras sus estudios universitarios, Obama tiene una novia blanca y rica que lo ama y quiere casarse con él. Le presenta a su familia, que lo acoge de manera calurosa. Obama tiene mucho afecto por la joven y respeta la herencia cultural de la familia, pero, a fin de cuentas, la deja porque no es negra. Estima que si se casa con ella, se verá asimilado por una cultura blanca extranjera, un destino que no sabría aceptar” (2). Incluso en tiempos de derrumbe económico, no está dicho que estos artificios no den resultados. El pasado mes de agosto, durante la convención demócrata de Denver, el tesorero de la confede-

ración sindical AFL-CIO admitía a delegados de Michigan que “muchos electores blancos –y para decirlo francamente, un cierto número de sindicalistas– estiman que (Obama) no es de la raza correcta” (3). En resumen, el senador de Illinois sería demasiado frío, demasiado intelectual, demasiado extranjero, demasiado negro. Interrogado por un periodista sobre su popularidad en las encuestas, en ese entonces bastante mediocre si se tiene en cuenta el fracaso de Bush y de su partido, Obama había explicado: “Los republicanos no gobiernan bien, pero saben hacer campaña” (4). Más que lamentarse, parece decidido a devolver algunos golpes. La crisis financiera sería un buen ángulo de tiro: McCain abogó por las desregulaciones; el mes pasado, su partido seguía recomendando que las jubilaciones federales fuesen privatizadas y colocadas en la Bolsa... continúa en la pág. 24


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EL OCASO DE WASHINGTON viene de la pág. 18

La respuesta demócrata será también más táctica y más dirigida. La elección presidencial se gana Estado por Estado; muchos, incluidos los más importantes, parecen ya decididos por uno u otro campo (California, Nueva York, Illinois, Texas, etc.). Pero el Oeste republicano parece estar vacilando. Es allí donde Obama entabló el combate. La batalla no está ganada de antemano… En una ruta de Kansas, a las puertas de Colorado, varios carteles decoran el asfalto: “El aborto frena un corazón que late”; “Acepta a Jesús como salvador y serás salvado, o laméntalo por toda la eternidad”. Kansas es conocido por el ardor de sus militantes religiosos que luchan contra la enseñanza de Darwin en las escuelas. Y Kansas todavía no es del todo el Oeste (5). Todo ello es cierto, pero cuando uno llega a Bozeman, en Montana, un recién nacido sigue suplicando a los automovilistas desde un afiche de fondo azul: “Toma mi mano, no mi vida”. Desde 2005, Brian Schweitzer es gobernador de Montana, un Estado agrícola y minero poblado por menos de un millón de habitantes pero casi tan grande como California. Estanciero, especialista en riego y apasionado por las nuevas energías, Schweitzer representa una de las esperanzas del Partido Demócrata. Es “un torbellino con jeans”, resumió The New York Times. En agosto, durante la convención demócrata de Denver, Obama le pidió que pronunciara un discurso sobre la energía. Misión cumplida –en jeans– en el momento de mayor audiencia. La receta de la popularidad del gobernador de Montana es bastante simple. Para congregar a las tropas e incomodar a sus adversarios con los fardos del ateísmo, la extranjería y el angelismo, los republicanos no cesan de hablar de las tres “G”: “God, gays and guns” (Dios, homosexuales y armas de fuego). Por eso, opina Schweitzer, los demócratas deberían evitar pelear en estos terrenos. ¿Cómo? Mostrándose tan religiosos como cualquiera, reservados respecto del matrimonio homosexual, poco dispuestos a reglamentar la compra de armas. Pero hacerlo todo con cierta indolencia, como si esas cuestiones no fueran del todo importantes, o como si las respuestas fueran obvias; el objetivo es desplazar la pelea hacia otros temas que resultan menos rendidores para los republicanos: la economía, la energía, el medio ambiente. Amague en un frente, asalto en el otro. Se entiende, Schweitzer no es un radical. Pero en un Estado en que ser gobernador a menudo significaba ser “el perro guardián de la industria” (de ello se vanagloriaba, exactamente en esos términos, su antecesora republicana, Judy Martz), Schweitzer exhibe su independencia respecto de los grandes lobbies económicos. Eso hace, por ejemplo, cuando critica las fortunas multiplicadas por la desregulación de la energía, los fraudes, las exenciones fiscales para los ricos y las grandes empresas o el precio de los medicamentos, que son mucho más caros en Montana que en la vecina Canadá. O cuando protesta contra el cuestionamiento de las libertadas públicas ligado al “Patriot Act”. Por último, Schweitzer se opuso a la guerra de Irak, valiéndose de su conocimiento de una región en la que trabajó durante siete años como especialista en riego (Arabia Saudita). Sí, pero ¿“God, gays and guns”? “Soy católico –responde en su oficina de Helena–, y en Montana la proporción de fundamentalistas es muy pequeña. Aquí, las cuestiones de sociedad no tienen mucho peso.” De hecho, en los parajes abundan los casinos y en general los pueblitos del Estado albergan más bares que iglesias. Además, para contestarles a

JAMIE WINTER, "The Cowboys Dance"

los republicanos que hablan de “valores familiares tradicionales”, alcanzaría con decirles que el mejor medio para defenderlos es no seguir ofreciendo a los recién llegados al mercado laboral salarios tan bajos que los obligan a buscar fortuna en otros lados (justamente, lejos de sus familias). “Tenemos la economía del salmón –resume Schweitzer– todos nuestros jóvenes abandonan el Estado y sólo vuelven para morir aquí.” Bueno, ¿y las armas? ¡Ah, eso es otra cosa! Es un asunto pesado e imposible de ignorar. Lo importante es… desarmar la cuestión de las armas. En el Oeste rural, pretender regularlas parece un capricho citadino y equivale a un suicidio político. Para comprenderlo, nada mejor que la lectura del Casper Star-Tribune del último 28 de agosto. Bajo el título “Todo es posible”, el diario de Wyoming reservaba la parte principal de su sección “Ocio y Espacios” a un artículo sobre una asociación de discapacitados deseosos de seguir cazando, luego de que un accidente los condenara a la silla de ruedas. En la foto posaba Corey McGregor, parapléjico y cofundador de “Wyoming Disabled Hunters” (Cazadores discapacitados de Wyoming), con un ciervo muerto a sus pies. Miembro de la poderosa National Rifle Association (NRA), que le puso la nota más alta (“A”), mientras Obama obtuvo la más baja (“F”) y McCain una intermedia (“C”), Schweitzer no anda con rodeos cuando aborda ese tema con nosotros: “En Montana, el control de las armas de fuego es saber tirar a lo que se apunta. Nos gustan los fusiles: los chicos, los grandes, ¡nos gustan todos! Y las mujeres también las estiman. Nuestros fusiles nos representan”. Elegido por los habitantes del Estado para velar por la producción y el precio de la energía, Bob Raney confirma el análisis de su gobernador: “Si usted le dice a la gente que le va a sacar su arma, seguro pierde. Nadie va a ceder siquiera un milímetro en esa cuestión. Los problemas son sin duda diferentes en el sur de Chicago (donde vive Obama), pero aquí la gente no va a renunciar a su arma para resolver los problemas del sur de Chicago”. Granjero y senador (demócrata) de Montana desde 2007, Jon Tester informó al Billings Gazette que le había preguntado a Obama sobre este tema tan sensible. “Me respondió sin dudarlo: ‘No voy a sacarte tus armas. No dejes que nadie te diga lo contrario’” (6). Billings no es Chicago; eso es seguro. En la ciudad más importante del “Big Sky State”, despojada del más mínimo encanto

por la invasión de los comercios con los que ya en otros lugares uno se tropieza sin cesar (Wal-Mart, Starbucks, Barnes and Noble, etcétera), fueron asesinados ocho policías desde… 1882. Los dos últimos murieron en 1946 y 1989. El día de nuestra llegada a Billings, la noticia de la que más se hablaba era de un tipo de violencia aparentemente más común: esa que, en Yellowstone (el famoso parque nacional está ubicado a unos 200 kilómetros al sudoeste de Billings), opone a manadas de lobos hambrientos con los bisontes. Como la presa es mucho más grande que el predador, este último debe agotar a aquélla; para eso, debe atraerla hacia la nieve, donde se hunde por su propio peso. Territorio tranquilo (para los seres humanos) –tan tranquilo que aquí se refugió el matemático y asesino serial Theodore Kaczynski (“Unabomber”)–, Montana debe a ese aislamiento parte del encanto que ejerce sobre los estadounidenses que buscan espacios intactos y apacibles. “Les gustan las comunidades seguras –opina el gobernador Schweitzer–. Aquí, uno puede decir ‘No sé dónde están mis hijos; seguro que jugando por ahí’. Cuando uno vive en Los Ángeles, en Hartford o en Chicago, no puede tener esa tranquilidad.”

La estrategia de los 50 Estados Pero en una región de montañas y llanuras barridas por el viento, que algunos exagerados califican como la Siberia americana, el clima tampoco es el de Los Ángeles. En pleno mes de agosto, el calor seco del Oeste coincide con tormentas de granizo y paisajes inundados en las afueras de la capital. El resto es igual de diferente del sur de California. Un automovilista puede atravesar interminables territorios que parecen salidos de un western, sin señal en su celular y sin temer otra cosa que la somnolencia al volante o la colisión de un ciervo. Aquí y allá, (pequeños) pozos de petróleo en actividad, trenes a carbón de dos kilómetros de largo, algunas vacas. Montana se parece un poco a una mezcla de Lejano Oeste y Suiza, atravesada por algunas reservas indígenas. Justamente, Little Big Horn está ubicada a unos sesenta kilómetros de Billings. Allí, el 25 de junio de 1876, el general George Custer y los 210 hombres de su batallón murieron durante el ataque de una coalición de tribus cheyennes, lakotas y sioux que Custer acababa de saquear una vez más. Fue la última victoria de los Pieles Rojas; Crazy

Horse capituló al año siguiente. Más allá de los motivos del Presidente-general Ulysses Grant (1822-1885) –“cristianizar y civilizar al indio para enseñarle el arte de la paz”–, había llegado la hora de explotar la región sin que estorbaran aquellos que la habitaban. Una situación, después de todo, bastante familiar en los Estados del Oeste, cuyos recursos minerales (cobre, carbón) han sido ininterrumpidamente saqueados por algunas multinacionales, que luego dejan tras de sí paisajes degradados, desechos tóxicos, enfermedades profesionales: en Libby, al este de Montana, el 92% de los empleados de la empresa WR Grace moría de complicaciones pulmonares ligadas al amianto, luego de veinte años de carrera (7). “Montana siempre fue tratada como una colonia –nos recuerda Raney–. Extrajeron todas las materias primas y nos dejaron los pozos y las comunidades destruidas. Tomaron el petróleo y huyeron.” Ganancias privatizadas, daños socializados: igual que en Wall Street… Pero desde hace algunos años, mientras el resto del país se encamina hacia la recesión y sufre los elevados precios de la energía, el Oeste renace. Esto es particularmente cierto allí donde las industrias extractoras determinan la vida económica. Sin duda en la Alaska de Sarah Palin, que, inflada con la triplicación de los ingresos fiscales obtenidos por el petróleo (2.800 millones de dólares en 2005, más de 9.000 millones en 2008), dispone de un tesoro de 5.000 millones de dólares. A Wyoming tampoco le va nada mal. Principal proveedor de carbón del país, gran productor de gas, va apilando los excedentes casi tan rápido como abre nuevos territorios para la exploración energética. El gobernador demócrata, Dave Freudenthal, menciona la cifra de treinta mil pozos, es decir uno por cada dieciséis habitantes. En lugar de bajar de nuevo los impuestos –el Estado ya no deduce más, ni sobre la renta individual ni sobre el consumo–, Wyoming habla de implementar la gratuidad total de la enseñanza superior. Y acaba de dotar a su universidad de una suma bastante linda para atraer a los mejores profesores. El 4 de noviembre, Wyoming votará por los republicanos, no cabe duda; sus vecinos de Idaho y Utah también. En esos tres Estados, George W. Bush triunfó en 2004 por casi cuarenta puntos de ventaja… Pero esta vez, el resto de la región parece más abierto. Así pues, no es azaroso que la convención demócrata se haya reunido en Denver, o que entre abril y agosto Obama haya visitado Montana cinco veces. Allí, en junio, venció holgadamente a Hillary Clinton en las primarias. Y sin embargo se trata del Estado menos “negro” de Estados Unidos (0,43% de la población, contra casi el 13% a escala nacional). Para los demócratas, no es evidente que haya que dedicarle tiempo y dinero a la conquista del Oeste. Muchos lo consideran un esfuerzo inútil y creen que más vale apostar con todo a Ohio, Pensilvania o Michigan. Pero Obama no los escucha. La noche de las elecciones, espera poder compensar una eventual decepción en el Midwest industrial con una buena sorpresa en Colorado y en uno o dos pequeños bastiones republicanos del Oeste rural. “Nunca se sabe dónde caerá el rayo”, indica Howard Dean, presidente administrativo del Partido Demócrata e inspirador de la “estrategia de los cincuenta Estados” (dicho de otro modo: no conceder ninguno). Una apuesta arriesgada. En 1975, Ronald Reagan abrió el camino a veinticinco años de dominación republicana en el Oeste profundo (8). Lo hizo acusando a los demócratas de “entorpecer nuestra economía con un fardo cada vez mayor de controles y reglamentaciones”, responsabilizándolos por “la destrucción de empleos y el freno en nuestro


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EL OCASO DE WASHINGTON aprovisionamiento vital de energía”. Más que proteger las cuevas de lechuzas en los bosques o la supervivencia de los lobos y los bisontes para apaciguar a los “ecologistas extremistas”, había que preocuparse –explicaba– por el futuro de los leñadores y los rebaños de los criadores. “El Partido Republicano ganó al asociar a los demócratas con el medio ambiente –nos recuerda Andrea Peacock, periodista y escritora que vive en Livingston, no lejos de Yellowstone–. Así, en la mente de los leñadores y estancieros, votar por los republicanos significaba preservar el empleo. El medio ambiente representaba al enemigo. La protección de los lobos, los osos, empezó a simbolizar, para ellos, la intrusión del gobierno federal en su existencia.” Las cámaras de comercio, las industrias mineras, las agencias inmobiliarias alentaron ese sentimiento popular al machacar con la idea de que había que explotar las tierras, no “conservarlas”. Asimismo, agregaban, había que dejar de obedecer sin chistar las reglas que se redactaban en Washington sin hacer el menor caso a las particularidades locales, incluidas la limitación de la velocidad y la reglamentación de las armas. Pan comido. El populismo había cambiado de dirección, la identidad del enemigo también. Había nacido una coalición de pequeños granjeros y grandes empresas. Amigo de Richard Cheney, originario –como él– de Wyoming, cristiano fundamentalista, en 1981 James Watt fue nombrado por Reagan a la cabeza del Ministerio de Medio Ambiente. Su objetivo: “Enjuiciar a los burócratas y los abogados del crecimiento cero, que desafían la libertad individual y las libertades económicas”. Como confiarle al zorro la protección del gallinero. Watt prometió: “Vamos a abrir nuevas minas y pozos de perforación, vamos a explotar más nuestros bosques, para utilizar nuestros recursos y no guardarlos bajo llave” (9). El objetivo de los republicanos no es tan caricaturesco, pero, envalentonados con los elevados precios de la energía, acaban de adoptar en su convención una plataforma que recomienda: “Debemos extraer más petróleo estadounidense del suelo estadounidense”. Según McCain, esto es más urgente en la medida en que “enviamos 700.000 millones por año a países que no nos quieren, y una parte de ese dinero termina en las manos de organizaciones terroristas” (10). Por otra parte, afirman sus políticos amigos, los “escenarios alarmistas sobre el cambio climático” son “divulgados por aficionados a un Estado centralizado que aspira a gobernar todo y controlar todo”. En Colorado, un grupo de promotores, la Free Market Alliance, di funde desde hace algunos meses spots publicitarios en los que le reprochan al candidato demócrata para el Senado, Mark Udall, que se haya opuesto a nuevas perforaciones en ese Estado: “¿Cuánto tenemos que pagar por un poco de nafta? Udall nació en una familia acomodada; no puede entender hasta qué punto los precios altos hacen sufrir a las familias trabajadoras”… No obstante, a medida que las cuestiones ecológicas ganan en importancia, que las perforaciones alteran los paisajes, que los ricos, los jubilados o los amantes de la naturaleza migran hacia el Oeste en busca de su residencia secundaria, de espacio y de tranquilidad, parte de la población se va diferenciando de ese tipo de afirmación. La gente se preocupa un poco menos por los empleos y la industria minera y un poco más por los parques sin alambrados ni torres de perforación, por ríos limpios y llenos de truchas. “Hay muchas cuestiones que acercaron toda esta región del Oeste al Partido Demócrata –resume Williams–. Si tuviera que elegir una, diría el medio ambiente. Los demócratas quieren protegerlo; los republicanos quieren abrir minas, cavar pozos, dinamitar el paisaje. Pero

fueron demasiado lejos, la rapacidad recrudeció demasiado, las destrucciones se hicieron demasiado visibles. Y además, desde 1980 vivimos un flujo de nuevos habitantes, muchos de los cuales vinieron aquí para aprovechar los paisajes, la serenidad de los lugares.” Son recursos que se ven amenazados por el boom de la energía y la privatización de tierras patrimoniales. Lugares de Wyoming que hasta hace poco estaban habitados por antílopes, liebres, espacios de pastoreo, ahora están cubiertos de perforadoras. Nuevas propiedades privadas amenazan con coartar el acceso a los ríos, a los bosques. Pero a los electores republicanos de la región les

En Helena, en cambio, la suma de la exención fue la misma para todos: 400 dólares, cualquiera fuera el ingreso o el valor de los activos hipotecarios o inmobiliarios contemplados. Y la medida estuvo acompañada por un gravamen más importante para las grandes empresas que siempre habían logrado esquivarlos. Así fue como la antigua coalición antifiscal construida por los republicanos voló en mil pedazos. “La gente entendió nuestro mensaje –se alegra Schweitzer–. Saben que si dejamos que los ricos no paguen, sus impuestos van a aumentar” (12). La experiencia de un “populismo” fiscal que beneficiaba a los más pudientes,

Los republicanos no cesan de hablar de las tres “G”: “God, gays and guns” (Dios, homosexuales y armas). gusta tanto como a los demás tener eso que Walter Gasson, director de la Wyoming Wildlife Federation, llama “espacios donde se pueda cazar, pescar, estacionar la casa rodante, instalar la carpa, traer los caballos. Espacios donde uno pueda ensuciarse las botas para tener limpia el alma”. En una época en que ya sólo se vota por “el que haga menos daño”, una expresión oída muchas veces en Montana, un candidato demócrata ya no corre con gran desventaja. Incluso a los ojos de un criador que necesita agua, de un pescador que teme que el recalentamiento global diezme la población de truchas, de un cazador en busca de tierras y presas. Así, más a menudo de lo que lo admiten, sus intereses coinciden con los de los ecologistas y los progresistas (11). En su entrevista con el Billings Gazette mencionada más arriba, el senador Tester suelta esta fórmula lapidaria: “Obama garantizará el libre acceso a las tierras y las zonas de caza. McCain habla de venderlas”.

Redirigir el descontento popular La reciente elección de cinco gobernadores demócratas en ocho Estados del Oeste basta para demostrar que las temáticas republicanas no tienen el impacto de antaño. En 2001 todos eran republicanos. Espécimen destacado de este seísmo, Schweitzer prevé las réplicas que llegarán hasta la Casa Blanca: “Somos demócratas que reducen los impuestos, atraen empresas y protegen el medio

sumado a un “desarrollo” desenfrenado que dejaba destrozos a su paso, venía acompañada de una tercera lección: la de los efectos de la desregulación de la energía. Piloteada desde 1997 por un gobernador republicano, Marc Racicot, cercano al actual Presidente, dicha desregulación fue percibida como un verdadero desastre. La historia de los aumentos de tarifas en California, de las especulaciones a la manera de Enron, de la quiebra de una gran empresa seguida de la de sus miles de pequeños accionistas que habían invertido en ella el dinero de su jubilación, todo eso se repitió en Montana, con financistas de Goldman Sachs implicados en la maniobra. “Nuestros servicios públicos fueron troceados en pequeños pedazos y se obtuvieron enormes ganancias en la operación”, nos cuenta Steve Doherty, que dirige la Comisión de Pesca, Naturaleza y Parques del Estado. Para él, fue “el principio del fin para los republicanos”. Aunque no para todos: a continuación, Racicot se recicló mediante una muy lucrativa carrera de lobbysta, retribuida por grandes empresas para con las cuales él había tenido algunas atenciones en su época de gobernador. Fue una obra pedagógica por añadidura: la indignación provocada por este tipo de trayectoria permitió redirigir el descontento popular. Allí donde los republicanos siguen acusando a los ecologistas “extremistas”, cuyo malthusianismo libraría a Estados Unidos a los extravagantes precios del petróleo importado, algunos demócratas

El objetivo es desplazar la pelea hacia otros temas: la economía, la energía, el medio ambiente.

torno a la pregunta: ¿perforar o no perforar? Pues yo digo: ¡perforar, perforar, perforar! Pero esta no es la pregunta correcta, puesto que, hagamos lo que hagamos, siempre dependeremos del petróleo importado y siempre seremos testigos impotentes de la mayor transferencia de riqueza de la historia de la humanidad”. Conclusión: “Hay que reemplazar el petróleo que importamos por el gas producido en Estados Unidos. Por eso he pagado este mensaje”. Y pagó por él 58 millones de dólares. Pero dado que su fondo especulativo, BP Capital, invierte en el gas natural, no es dinero del todo perdido… El “mensaje” de Pickens remite a un sitio web (13) que menciona otra cosa: “Dakota del Norte y los Estados de las Grandes Llanuras (un enorme conjunto que cubre diez Estados, entre ellos Texas, Kansas, Colorado, Wyoming y Montana) disponen del mayor potencial eólico del mundo”. Justamente con el objeto de reservar más gas para uso de los automóviles, Pickens espera que el viento provea el 20% de la electricidad estadounidense de aquí a diez años, contra… el 1% actual. Aunque es incipiente, la producción aumentó un 45% el año pasado, y empresas como JPMorgan invirtieron 4.400 millones de dólares en el sector. El único problema, que a los malpensados les recordará la crisis de las finanzas estadounidenses, es que la energía eólica industrial depende del maná estatal, a tal punto que, apenas expiran las ventajas fiscales concedidas, se desploma (14). La pequeña turbina a viento, individual, no tiene los mismos problemas. Los artistas y políticos se vuelven locos por ella. La estrella de televisión Jay Leno, que busca “soluciones verdes a sus problemas de garaje”, instaló una en el local donde guarda los 105 autos y las 80 motos que “utiliza en su totalidad”. Esos molinitos de viento cuestan mucho dinero y no producen mucha electricidad, pero resultan chic y al jet set le gustan. El diseñador Philippe Starck prometió lanzar un modelo en Europa, en plástico y “elegante”. En Helena, en su despacho de gobernador que parece un salón de exhibición de energías alternativas, Schweitzer nos muestra muchas miniaturas de motores eólicos. A pocos kilómetros de allí, en la ruta, máquinas de verdad esperan que se levante algo de viento. u 1

Véase el capítulo “Voyage dans l’Amérique de droite”, Manière de voir, Nº 101, octubre-noviembre de 2008.

2

Michael Gledhill, “Who is Barack Obama?”, National Review, Nueva York, 1-9-08.

3

Citado por el Casper Star-Tribune (Wyoming), 28-8-08.

4

Programa “Sixty minutes”, CBS, 31-8-08.

5

Las definiciones varían según se incluyan en esta categoría a los 25 Estados ubicados al oeste de Mississippi, incluidos Alaska y Hawai, o se limite uno a los trece ubicados al oeste de Colorado (Montana, Wyoming, Colorado, Nuevo México, Idaho, Utah, Arizona, Nevada, Washington, Oregon, California, Alaska y Hawai).

ambiente. A la gente eso le gusta. Así que si a usted le gusta lo que pasa en Montana y no lo que pasa en Washington, bueno, eso debería contribuir al ‘ticket’nacional demócrata”. De todas maneras, la “contribución” deberá ser considerable y el descrédito republicano, devastador: en 2004, Bush ganó en el “Big Sky State” con un 59% de los votos. El comentario de Schweitzer no lo dice, pero hay muchas maneras de “reducir los impuestos”. Y en ese punto también, más que oponerse de plano a la demagogia antifiscal –lo cual podría imantar a pequeños y grandes que comparten el odio hacia el recaudador de impuestos y hacia el Estado–, el gobernador de Montana desvió el proyecto republicano de su destino previsto. En Washington, con Bush, la baja de la recaudación fue proporcional a la quita. O sea que sobre todo, y deliberadamente, favoreció a los ricos.

se atreven a cuestionar a los políticos amigos de los especuladores que manipulan el precio de las materias primas. ¿Quién, hoy en día, cree sinceramente que si la energía (cuyos precios ya no están regulados) fuera producida en mayores cantidades en Estados Unidos, sería más barata? Antes de las privatizaciones, la electricidad de Montana era la menos cara de la región; desde entonces, se ha convertido en una de las más onerosas. Especulador texano, republicano, T. Boone Pickens amasó su fortuna gracias al petróleo. Claro que no es el único, pero sí el más notorio. En efecto, es imposible escuchar la radio o mirar la televisión sin que él irrumpa con una nueva política energética en su carpeta. En la actualidad, millones de estadounidenses deben poder recitar de memoria algunas de las frases que repite sin cesar: “El gran debate en Washington gira en

6

Jennifer McKee, “Tester endorses Obama on gun

7

Andrea Peacock, Libby, Montana. Asbestos & The Deadly

ownership issue”, Billings Gazette, 29-8-08.

Silence of an American Corporation, Johnson Books, Boulder (Colorado), 2003. 8

En los Estados de la costa del Pacífico (California, Oregon, Washington), esta dominación terminó en 1992. Obama debería poder ganar allí sin dificultad.

9

Citado por Lou Cannon, Ronald Reagan, Perigee Books, Nueva York, 1984, pp. 358-359.

10 11

Citado por US News and World Report, 1-9-08. Christina Larson, “The end of Hunting?”, Washington Monthly, enero de 2006.

12

Citado por David Sirota, The Uprising, Crown Books, Nueva York, 2008.

13

www.pickensplan.com/media/?bcpid=1640183817 &bclid=1641831862&bctid=1651750502

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Kent Garber, “A mighty gust from Texas”, US News & World Report, 1-9-08.

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Economía, sociedad y poder en América Latina

por Adriana Rossi*

Triple legitimación del narcotráfico En Brasil, el presidente Lula se vio obligado a acudir al ejército para combatirlo, y aun así sin mayor resultado. En México, la lucha entre “cárteles” y entre éstos y el gobierno suma ya más de 3.000 muertos en el último año, entre ellos centenares de policías y varios militares. Son sólo

Fenómeno sin fronteras, el tráfico de drogas abarca en la actualidad todos los continentes, creando redes de producción y abastecimiento que los conectan en una multiplicidad de rutas que se entrecruzan. Éstas crecen al ritmo de los corredores que se abren al comercio global y que permiten al narcotráfico establecer lazos con zonas del planeta antes ajenas al flujo de las drogas, como por ejemplo los países africanos. Protagonista asimismo de episodios sangrientos, el narcotráfico es clasificado como una amenaza a la democracia y a la gobernabilidad de los países donde se manifiesta, dando lugar a respuestas de corte represivo que no toman en cuenta la naturaleza de un fenómeno complejo que encuentra en escenarios erosionados por la pobreza, la marginación, la exclusión, la anomia social y los conflictos, el caldo de cultivo que abona su florecimiento. Su poderío se basa en la gran acumulación de capital determinada por la ilegalidad a la que la comunidad internacional, con criterios de dudoso valor científico, ha condenado a algunas sustancias psicoactivas considerándolas peligrosas (1). El volumen real de sus ganancias resulta difícil de contabilizar por la clandestinidad que envuelve a las actividades que lo generan. De hecho, la cifra más difundida fue proporcionada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero el mismo organismo dejó de mencionarla por considerarla poco fiable. La ONU estimaba entre 400.000 y 500.000 millones de dólares anuales el flujo en el interior del circuito financiero internacional proveniente del narcotráfico. Esa cifra correspondería a un 8% del comercio mundial (2). De acuerdo a cálculos conservadores de expertos en la materia, el monto es más reducido y las variaciones señaladas determinan un rango de cifras que van desde los 45.000 millones de dólares a los 280.000 millones (3). Sea cual fuere la verdadera magnitud, el flujo es sustancioso y superior en algunos casos al producido por grandes transnacionales. La estructura criminal que se ha creado alrededor de este jugoso negocio presenta por su parte variaciones de acuerdo a la realidad de cada lugar involucrado. En América Latina, donde ya no existe ningún país ajeno a este fenómeno, se han organizado una serie de estructuras diferenciadas en envergadura, poder, control del mercado y responsabilidades. Operan desde pequeñas bandas constituidas a veces por miembros de una misma fami*DOCTORA EN FILOSOFÍA, INVESTIGADORA ASOCIADA AL PROGRAMA DROGAS Y DEMOCRACIA DEL TRANSNATIONAL INSTITUTE (TNI, AMSTERDAM) Y PROFESORA DE LA MAESTRÍA EN USO INDEBIDO DE DROGAS DE LA FACULTAD DE PSICOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES. EX SECRETARIA EJECUTIVA DE LA RED LATINOAMERICANA DE REDUCCIÓN DE DAÑOS (RELARD). ESPECIALISTA EN LA TEMÁTICA POLÍTICA Y SOCIAL DEL NARCOTRÁFICO Y EN DOCTRINAS MILITARES.

algunos ejemplos recientes. A pesar de la “guerra contra las drogas” lanzada ya en 1973 por Richard Nixon, el narcotráfico se ha propagado al compás de un mercado en expansión y de una globalización de hábitos de consumo de sustancias ilícitas cada vez más diversificados.

"Pablo Escóbar presidente", Medellín, Colombia, 2006

lia –modalidad cada vez más frecuente sobre todo en los segmentos de la distribución–, hasta medianos emprendimientos que trabajan en modernas, eficientes y eficaces redes difícilmente rastreables. A estas estructuras se suman los grandes grupos, conocidos como “cárteles”, que mantienen actividades que superan los ámbitos nacionales a través del establecimiento de relaciones con organizaciones o redes de otra nacionalidad o directamente implantando en el exterior células propias con conexiones locales. Esta transnacionalización obedece a una lógica capitalista empresarial, la misma que prevé por una parte la obten-

realizan el blanqueo de las ganancias que produce este circuito. Coadyuvado por la corrupción y la violencia, el proceso tiene tres vertientes, la económica, la social y la política.

Legitimación económica Bancos offshore, financieras e instituciones bancarias de pocos escrúpulos de los llamados paraísos fiscales (5) donde confluye el dinero negro de las actividades criminales en gran escala y el dinero gris de la evasión impositiva, o instituciones que aplican el secreto bancario a toda prueba, diseminadas en países supuesta-

Al asumir funciones de un Estado ausente, el poder narco se convierte en un Estado dentro del Estado (...). ción del máximo beneficio y la minimización de los riesgos –que van aumentando a lo largo del circuito de producción y comercialización por su ilegalidad y clandestinidad– y por otra parte, el crecimiento y la expansión, para los que el narcotráfico ha recurrido a la generación de un proceso de “legitimación” (4). Esto le permite penetrar y compenetrar la trama de aquellos países insertados en el circuito de las drogas ilícitas con roles diferenciados o combinados, sean éstos de producción de materia prima y de refinación del producto para la venta; de provisión de precursores químicos para su elaboración; de tránsito, distribución y consumo o países que, a través de su sistema financiero,

mente impolutos, lavan los capitales fruto de actividades al margen y en contra de la ley, mediante la aplicación de mecanismos que el sector financiero ha adoptado en pleno auge neoliberal a fin de garantizar una mayor movilidad y rentabilidad de los capitales legales. Uno de estos bancos, el Bank of Credit and Commerce Internacional (BCCI) cobró fama internacional a comienzos de los ’90 por los enmarañados mecanismos utilizados para burlar reglamentaciones internacionales en lo referente al lavado de dinero de dudoso origen. En su cartera figuraban alrededor de 3.000 clientes, def inidos en un informe de indagación como criminales, que guardaban sus capitales derivados del

tráfico de armas, drogas y material nuclear. El banco era utilizado además por varios grupos alzados en armas o terroristas y por algunos servicios de inteligencia de distintos países, para depositar dinero a utilizarse en operaciones encubiertas. Dentro de ellos se contaba la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), que depositó fondos para la operación “Irán-Contras” (6). Estas autopistas virtuales de dinero, que permiten su traslado de banco en banco, de país en país, en pocas horas (durante las que el origen de esos haberes se pierde), donde por mayor seguridad se usan testaferros, están concebidas para blanquear capitales, que pueden así permanecer en el sistema o ser reciclados en actividades legales dentro de los mismos países que albergan las organizaciones de narcotraficantes u otros. La decisión depende de la situación económica del país receptor, del grado de capacidad de absorción de capitales por parte de su trama productiva y de la idiosincrasia de los mismos jefes narcotraficantes. Así, el dinero se invierte mediante testaferros en asociación con capitales legales. Los sectores preferidos son el primario (compras de tierras, debilidad de los narcotraficantes colombianos y mexicanos) y el sector servicios (hoteles, shoppings, escuelas y universidades), que se transforman a su vez en “máquinas lavadoras” mediante mecanismos de sobrefacturación; para no mencionar los clubes de fútbol y el mercado de jugadores. Se invierte asimismo en el campo de la información (radios, periódicos), considerados fundamentales para la formación de una opinión pública favorable a sus intereses. El periódico Quindío Libre, por ejemplo, propiedad de Carlos Ledher, del Cártel de Medellín, fue en sus tiempos la caja de resonancia de la lucha contra la extradición de los narcotraficantes a Estados Unidos en nombre de la defensa del sistema judicial colombiano y de la soberanía del país. La mezcla de capitales mal habidos con capitales legales en empresas también legales, legitima esa masa de dinero y convierte a sus dueños en “honrados” capitalistas que contribuyen positivamente a la economía del país. No obstante, en ocasiones, a causa de la necesidad de inyectar grandes masas de dinero, se recurre a fuertes presiones y distorsiones en los sectores de inversión, desvirtuándolos y dando lugar a “burbujas”. Sin embargo, el poder que todo este dinero procura y sustenta no es suficiente para garantizar la protección necesaria al mantenimiento del negocio ilícito.

Legitimación social Las políticas estatales dirigidas a determinados sectores poblacionales o geográficos en América Latina han sido tradicionalmente deficitarias, erráticas o directamente inexistentes por falta de fondos, por ineficiencia, corrupción o decisión política. En


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muchas ocasiones el Estado brilla por su ausencia. Zonas de selva de difícil control, barriadas pobres, donde vive población desfavorecida por un modelo excluyente, en las que el Estado –en función de la reestructuración y “racionalización” implementada en las últimas décadas– ha dejado de intervenir, abandonando las áreas sociales, fundamentalmente la educación y la salud. Dejando así abierto un espacio que ha sido copado por otros actores no gubernamentales, en el caso del narcotráfico, con intereses criminales. En muchos sitios de éstos, el narcotráfico da trabajo y garantiza subsistencia a segmentos poblacionales a los que se les ha negado hasta el derecho de ciudadanía, cuyo ejercicio parece estar vinculado hoy en día a la capacidad de consumo. Para algunos eslabones de la estructura del tráfico de drogas, los de mayor criminalización –como los “soldados” del narcotráfico o los sicarios– el sistema del narcotráfico satisface necesidades que van más allá de la supervivencia y están relacionadas con el ser social y su valoración: la pertenencia y el estatus. El narcotráfico cosecha así adhesiones de individuos y comunidades que se benefician de su presencia, una presencia “bondadosa” que se expresa en ayuda a los necesitados o en la construcción de infraestructura. Tal era la misión del proyecto “Medellín sin tugurios” que el “capo” Pablo Escobar financió para que los sin techo tuvieran su propia casa. No obstante, en la mayoría de los casos, la decisión de ingresar en el circuito no está dictaminada sólo por las condiciones de marginación y exclusión, por lo cual debe descartarse la ecuación “pobreza=delito” que augura políticas represivas hacia sectores “incómodos” de la sociedad. En efecto, a esas condiciones se les suman otras relacionadas con la disgregación de la trama social y la imposibilidad, por parte de sectores juveniles, de visualizar un futuro, reemplazado por un “no futuro” que marca decisiones a veces sin retorno. Allí es de hecho donde se producen quiebres, donde los valores se resquebrajan, sustituidos por contravalores o ausencia de valores; donde la satisfacción inmediata se hace imperante, el “ser” es reemplazado por el “tener”, o sólo subsiste en la medida en que “tiene”, alentado por la cultura imperante del consumismo. Al no poder acceder siquiera a la satisfacción de necesidades básicas, se instala en estas personas la sensación de que su vida no es valorada, y en esa pérdida del valor

Soldados de los narcos Difícilmente llegan a los 20 años, más del 60% muere antes. Viven en favelas donde el cielo de la tarde se llena de barriletes rojos cuyo vuelo tiene su propio lenguaje: “Llegó la droga” para prepararla y llevarla a las bocas de expendio; o “Atención, está entrando la policía”. Cuando cae la noche se ubican en el cruce de las calles desiertas, sentados en sillas, armados hasta los dientes. Protegen el negocio. Autos de vidrios ahumados pasan patrullando. Ahuyentan a posibles curiosos o incautos. Son adolescentes pobres y negros y por el año 2005 eran alrededor de 3.000: un verdadero ejército. Son los que se enfrentan a organizaciones rivales en busca de ampliación de su radio de acción y se trenzan con la policía y el ejército, cuya intervención fue pedida en abril de 2007 por el gobernador de la ciudad de Río de Janeiro en un intento de reasumir el control estatal en zonas “liberadas” donde la ley es la

intrínseco de las personas, aparece el “todo vale”, por todos los medios, por más dañinos que resulten, para conseguir lo que se quiere, en una pérdida de significación de la vida humana en general. Esta visión no es privativa de sectores marginados y excluidos que no tienen esperanza de salir de su situación actual y que están dispuestos a cualquier cosa con tal de vivir lo inmediato o arriesgarse en un juego donde pueden llegar a perder sus propias vidas. Esta pérdida de significación con respecto al valor del ser, afecta también a otros sectores, donde además influye la sensación de impunidad, determinada por un funcionamiento de la justicia selectivo, característico de los países latinoamericanos en su conjunto.

Pero los grandes grupos criminales, mafias o narcotraficantes, necesitan del Estado para su propia existencia (7). Para eso tejen complicidades comprando voluntades, generando una corrupción que sin embargo en América Latina sólo se inserta en una trama ya de por sí corrupta. Y en caso de que la “compra” no funcione, se doblegan voluntades con graves amenazas, a menudo cumplidas, en un ejercicio de la violencia que se aplica a toda persona e institución que se considera un obstáculo o un peligro para la integridad de la estructura. Las relaciones que el narcotráfico logra establecer con el aparato estatal y con el poder político son de índole y modalidades distintas (8). Se intercambian favores con la clase política (financiación de

El poder político (...) ha llevado a mafiosos a sentarse hasta en los escaños de los congresos de sus países (...). De esta forma, algunos sectores de clase media se dedican a la venta o a actividades que son un corolario de la principal, moviéndose dentro de circuitos mucho más seguros, menos expuestos a los peligros determinados por las acciones policiales y amparados, a veces, por el poder que les confiere su posición social. Esto permite al narcotráfico ampliar su red productiva, que en determinados sectores se vuelve su misma base social y logística, convertida en una suerte de aparato que brinda protección a las organizaciones frente a la intromisión de las fuerzas del orden. Sin embargo, los supuestos beneficiados por el narcotráfico pueden llegar a convertirse en rehenes de la violencia que se desencadena cuando las organizaciones narcotraficantes corren peligro de desestructuración interna o cuando aparecen otras organizaciones en disputa por territorio y mercado.

Legitimación política Al asumir funciones de un Estado ausente, el poder narco se convierte en un Estado dentro del Estado, con sus propias leyes, con sus propias milicias que quiebran con su presencia y actuación el monopolio de la fuerza, atributo del Estado, en una feudalización del poder. ley de los narcos. Se definen a sí mismos como víctimas de un genocidio del que acusan a las fuerzas del orden para las cuales negro y joven significa automáticamente delincuente, candidato a desaparecer brutalmente. Esto de hecho confina a parte de la población masculina al interior de la favela, convertida en gueto. Se hicieron soldados del narcotráfico a sabiendas de que van a morir, pero las armas les confieren poder y con el poder, sentirse alguien. Las mujeres, dentro de un esquema de sociedad patriarcal y machista, sueñan con ellos, y no sólo las muchachas de las barriadas pobres, sino también las de clase media. Son el mito del héroe hecho realidad, un mito que se desmorona a veces en la droga consumida para sobrellevar la violencia cotidiana siempre latente o que termina con el protagonista en un zanjón, torturado y acribillado por vivir una vida donde el precio para “ser” tiene la caras y los ojos de los que fueron sus víctimas. u A.R.

campañas electorales) y se entremezclan intereses (guerra sucia a cargo de los brazos armados del narcotráfico para la eliminación de grupos subversivos o guerrilleros en zonas de conflicto armado o simplemente opositores políticos y sindicales), a cambio de políticas neutrales o protección e impunidad. Puede haber también connivencia cuando las autoridades estatales de alguna forma consideran necesaria la presencia del narcotráfico y de su dinero e incluso cuando representantes de la política y de los gobiernos se involucran en el tráfico de drogas. A causa de estos fenómenos, se llegó a aludir a algunos regímenes democráticos con el nombre de “narcodemocracia”: tal es el caso de México, donde sectores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) participan del circuito. La familia del ex presidente Carlos Salinas de Gortari es un ejemplo de ello, al igual que lo ocurrido en Surinam, en la Argentina de los ’90 y en el Panamá de Noriega. En estos casos fueron autoridades de primera línea las implicadas o sospechadas de estar involucradas. Cuando se pasa a la clase dirigente de segunda línea, los ejemplos empiezan a abundar, así como abundan en el sistema judicial, en el penitenciario y en las fuerzas policiales, acusadas en toda América Latina de tener sectores directamente involucrados en el

Los nuevos amos En la actualidad los grandes cárteles son mexicanos: Golfo, Juárez, Sinaloa, Tijuana, del Milenio, Colima y el Cártel de Pedro Díaz Parada, al que hay que añadir nuevas organizaciones emergentes que auguran mayores conflictos. El Cártel del Golfo tiene un brazo paramilitar, los Zetas conformados por ex militares y policías conocidos por su ferocidad. Son los dueños del mercado, deciden calidad, cantidad y precios. Se dedican al cultivo de amapola para la heroína y marihuana y controlan la ruta de la cocaína hacia Estados Unidos ya desde la época de oro de los cárteles colombianos. Para esta actividad se han infiltrado en Centroamérica. Se han introducido además en Perú, donde se han asociado a los empresarios de la droga de esa nacionalidad que envían a América Latina la cocaína de menor calidad y ya desde los años ’90, estrecharon relaciones con Chile, para la implantación de laboratorios, y con Argentina, en aquella época una plaza de oro para el lavado

negocio, al igual que fuerzas armadas como las de Colombia, México y Perú que participan de la lucha antinarcóticos. El poder político, que se convierte en fuente de amparo sumado a la ambición personal, ha llevado a mafiosos y narcotraficantes a sentarse hasta en los escaños de los congresos de sus países y a tejer relaciones amistosas con personajes influyentes, obteniendo una legitimación implícita de parte de ese mismo poder político. Estas situaciones llevan a una profunda contradicción. Por un lado el Estado, representado por las autoridades democráticamente electas, firma convenios internacionales de lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado; promulga leyes –en su mayoría de corte represivo–, instituye organismos específicos para su control y a veces involucra a las propias fuerzas armadas en la lucha, mientras que por otro facilita la implantación del narcotráfico y parte de su aparato se ve infiltrado, si no directamente compenetrado. En tanto hacen caso omiso del análisis de estas realidades, las políticas diseñadas para combatir el narcotráfico fracasan inexorablemente. Al contrario, se convierten en un elemento más de tensión, que disimula la incapacidad de resolver los conflictos por vías pacíficas, la intolerancia y el autoritarismo y los no siempre declarados objetivos reales: el control de territorios y poblaciones considerados indeseables, mientras los verdaderas indeseables siguen gozando de fortuna, notoriedad e impunidad. u 1

Convención única sobre estupefacientes (1991); Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas (1988).

2

TNI, “The Economic Impact of the Illicit Drug Industry”, pp. 1-2, www.tni.org/crime.

3

Ibid., p. 6.

4

Adriana Rossi, “Ampliando o conceito de redução do dano? Uma visão desde America Latina”, en Cadernos de Ciências Humanas Especiaria, Nº 15, Universidad de Santa Cruz, Ilhéus, enero-junio de 2006.

5

Humberto Santino, Giovanni La Fiura, Detrás de la droga, Homo Sapiens, Rosario, 1993.

6

“The BCCI Affair. A Report to the Committee of Foreign Relations United States Senate”, diciembre de 1992, www.fas.org

7

Armao Fabio, “Elementi per una teoria sulla mafia e il suo rapporto con la politica”, Teoria Política, Año X, Nº 2, Milán, 1994.

8

Alain Labrousse, “Géopolitique de drogues”, Presses Universitaires de France, París, 2004.

A.R. © LMD ed. Cono Sur

de narcodólares. Mantienen relaciones con grandes grupos de criminalidad organizada como la ‘Ndrangheta de Italia. Producen metanfetaminas, especialmente el éxtasis, que está ganando los mercados de drogas en el país del Norte. Y las metanfetaminas son el centro de una disputa regada de sangre. Desde principios de año se calculan más de 2.000 muertos en un enfrentamiento por mercados y por el acceso y control de un elemento básico en su producción, la efedrina. Esta sustancia, controlada con registros de importación y exportación, ha sido sometida a grandes restricciones que han llevado a los mexicanos a buscar países donde el control de la entrada de la efedrina sea más laxo. Uno de éstos es Argentina, donde se descubrió un laboratorio y donde personas ligadas al sector de las droguerías, las que pueden importar esta sustancia, han sido asesinadas probablemente por jugar sucio con los mexicanos, quienes no perdonan, como toda organización narcotraficante, ni faltas, ni traiciones. u A.R.

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Derechas e izquierdas en México

por Massimo Modonesi*

La disputa por las calles A pesar de tener el control del aparato estatal, en México la derecha se moviliza para impulsar causas reaccionarias y para compensar y contrarrestar el protagonismo callejero de los movimienA partir de 2006, tanto el movimiento zapatista como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) entraron, por distintas razones y con modalidades diferentes, en una crisis que los inhabilita como puntos de referencia de la izquierda mexicana frente a la urgencia de impedir la realización de las reformas neoliberales y evitar el blindaje represivo del sistema político que son las dos prioridades de las derechas en el momento actual. El zapatismo, después de haber dado visibilidad y voz tanto a la lucha indígena como a una nueva izquierda radical pero amplia e incluyente, en los últimos años debió replegarse a las catacumbas de la resistencia subterránea y silenciosa. Esta involución se origina en el fracaso de la apuesta de 2006 cuando, a partir de la VI Declaración de la Selva Lacandona, el Ejército Zapatista de Liberación nacional (EZLN) impulsó la creación de un frente anticapitalista a nivel nacional. El arranque de este proyecto fue la llamada la Otra Campaña, un recorrido del subcomandante Marcos por el país, paralelo y alternativo al proceso electoral que, según todo indicaba, llevaría a la presidencia a Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD. Los alcances organizativos de las giras del llamado delegado Zero fueron limitados aunque permitieron el establecimiento de una red mínima de articulación con grupos locales. Sin embargo, el sello distintivo de la Otra Campaña fueron los violentos ataques verbales hacia el candidato del PRD y el llamado implícito a la abstención, en un afán de trazar una línea divisoria por adelantado respecto al proyecto que éste habría llevado a cabo de ser gobierno, considerado neoliberal por los zapatistas, mientras amplios sectores de la población confiaban en las promesas de reformas redistributivas del ex alcalde de la ciudad de México. Más allá de la diferencia de apreciaciones, el fraude electoral de julio de 2006, por medio del cual se garantizó la continuidad del proyecto neoliberal, provocó una inédita movilización democrática de millones de mexicanos, radicalizó el discurso de López Obrador –quien anteriormente había optado por una actitud negociadora e institucional– y acabó generando un movimiento popular de corte antioligárquico que, por su origen y la lealtad al líder, es conocido como “obradorismo”.

Altibajos de la izquierda La apresurada apuesta zapatista a ser la oposición de izquierda al gobierno de López Obrador se desmoronó y la decisión de descalificar a las movilizaciones masivas en contra del fraude fue la gota que derramó el vaso. Muchas organizaciones y numerosos intelectuales cercanos al zapatismo se distanciaron irremediablemente de la Otra Campaña y otros grupos que habían adherido inicialmente se alejaron o fueron ale*HISTORIADOR Y SOCIÓLOGO. PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO.

tos populares que, aun en medio de la debilidad y la dispersión de las izquierdas, están frenando la privatización del petróleo impulsada por el gobierno derechista de Felipe Calderón.

Mural zapatista

jados por participar de las protestas. Tampoco la experiencia unitaria de la comuna de Oaxaca (1), ni en sus momentos exitosos ni a la hora de la represión a finales de 2006, logró romper el aislamiento de la Otra Campaña, cuyo sectarismo fue ahondándose conforme se sintieron cuestionados desde el campo progresista. En este clima de aislamiento político, el hostigamiento sistemático a los zapatistas en Chiapas como en otras partes del país los obligó a asumir una actitud defensiva, centrada en la demanda de liberación

sos políticos, el zapatismo se encerró en iniciativas autorreferenciales al estilo de las que, durante más de un década, caracterizaron la solidaridad con las comunidades indígenas rebeldes, como por ejemplo la reciente convocatoria a un festival cultural a realizarse en diciembre en territorio zapatista y en México DF. El zapatismo no participa de las movilizaciones en defensa del petróleo y, las pocas veces que toma la palabra, no deja de subrayar su animadversión hacia el obradorismo. La figura del subcomandante Marcos,

El sello distintivo de la Otra Campaña fueron los violentos ataques verbales hacia el candidato del PRD, López Obrador. de los presos políticos y la defensa de los derechos humanos. En ausencia de otras perspectivas políticas en el corto plazo, negándose a participar en cualquier iniciativa unitaria –no sólo en defensa del petróleo o de otras problemáticas socio-económicas sino tampoco en las relacionadas con los derechos humanos y los presos políticos– la Otra Campaña se recluyó en esta legítima aunque acotada línea de acción, centrada en sus presos y, en particular, los del conflicto de Atenco (2). El proyecto de conformar un movimiento político nacional se pospuso a la espera de coyunturas más favorables, mientras se consolida lo existente, tanto en los Caracoles (3) como en la red de contención y defensa que sobrevivió al desastre de 2006. Más allá de la lucha por los pre-

vocero del justicialismo y la descalificación, perdió el aura y la capacidad de convocatoria que la caracterizaba. El aislamiento y la involución del movimiento zapatista en el ámbito nacional –más allá de seguir siendo un referente histórico que pudiera volver a ocupar un lugar político y moral relevante– dejan al descubierto el flanco izquierdo del movimiento popular a pesar de los intentos de algunas organizaciones sociales o políticas de configurar frentes articuladores que, si bien sincronizan una serie de luchas y reinvindicaciones, no ofrecen una perspectiva y un proyecto político radical de peso equivalente al moderado que promueve López Obrador. Tanto el Diálogo Nacional (DN) promovido por el histórico y combativo Sindicato Mexicano de Elec-

tricistas (SME) como el reciente Movimiento de Liberación Nacional (MLN) tienen la virtud de reunir un gran número de organizaciones sociales y políticas pero, a diferencia del obradorismo, no logran movilizar a sectores populares más allá de los que están previamente agrupados en las organizaciones convocantes. Por otra parte, a pesar del oxígeno proporcionado por el movimiento obradorista, el PRD fue devastado por la metástasis del cáncer que lo venía corroyendo hace tiempo: la burocratización. Las tendencias ya en curso eran la deriva electoralista, la clientelización de sus bases, la disputa interna por los recursos y los puestos, y el conservadurismo en el ejercicio de gobierno local, con excepción de la claroscura experiencia de la capital. Estas tendencias se desbordaron a partir de la colonización interna del partido por parte de una corriente, Nueva Izquierda, cuya hegemonía burocrática afincada en los vicios mencionados anteriormente comporta además una línea política institucionalista y negociadora que coloca a pleno título al PRD como partido sistémico, como miembro de una clase política patrimonialista y privatizadora. A pesar de que las elecciones internas fueron anuladas por irregularidades cometidas por Nueva Izquierda, esta corriente logró adueñarse del partido en el reciente congreso convocado para sanar las heridas del conflicto interno. En este contexto, el polo aglutinante sigue siendo el obradorismo, con un ambiguo discurso antioligárquico, nacionalista y popular surgido al calor de la lucha contra el fraude y reforzado en las movilizaciones en defensa del petróleo. En un esquema organizativo vertical que depende exclusivamente de la iniciativa del líder, este movimiento reúne a los militantes decepcionados del PRD, un sorprendente número de ciudadanos sin militancia previa, organizaciones sociales y políticas con mayor o menor lealtad hacia el liderazgo, un importante grupo de dirigentes políticos de distintas proveniencias y finalmente la casi totalidad del perredismo capitalino, incluido el actual alcalde de la ciudad de México. A pesar de o gracias a la falta de claridad ideológica y organizativa, la dimensión de este movimiento que no cuenta con recursos públicos es impresionante: alrededor de 2 millones y medio de afiliados, más de 200 000 brigadistas. El primer round del enfrentamiento en torno a la propuesta de privatización del petróleo resultó en un ejercicio de un poder de veto popular que detuvo la aprobación en las cámaras dominadas por las derechas. Sin embargo, el gobierno no renuncia a este proyecto estratégico y, aprovechando las circunstancias, busca modificar a su favor la correlación de fuerzas.

El desborde de la criminalidad El número de asesinatos relacionados al crimen organizado, por una parte y el secuestro de personas, por el otro, se han convertido en datos cotidianos, tanto como la


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temperatura máxima y mínima, la cotización del peso o los indicadores de la bolsa. Los datos que se difunden en estos días son, sin duda, impresionantes y, al mismo tiempo, son presentados sin ofrecer elementos de comprensión de la diversidad de los fenómenos en curso y de las causas que los ocasionan. En lo que va del gobierno de Felipe Calderón los crímenes ya han sobrepasado en casi 50% a los que su registraron durante el sexenio completo de su antecesor, también del derechista Partido de Acción Nacional (PAN), Vicente Fox. En 2007, la cifra de muertes relacionadas con el crimen organizado fue de 2.673; entre enero y el 12 septiembre de 2008 el número de ejecuciones mafiosas fue de 3.202, 79% más que el año pasado, siendo el mes de agosto el que más registros contabilizó, con 547 asesinatos, y los estados de Chihuahua, Baja California, Sinaloa y Durango fueron los de mayor incidencia. Desde inicios del gobierno de Felipe Calderón a fines de 2006 hasta mayo de 2008, se han perpetrado 5.875 ejecuciones vinculadas al crimen organizado, en promedio 7,6 personas al día. En casi dos años han sido confiscadas cerca de 20.000 armas de fuego, un número equivalente a las utilizadas por toda la policía mexicana. De 3.700.000 estudiantes de bachillerato entrevistados, más de 500.000 ha sufrido un robo, agresión o algún tipo de violencia en el último año. 5.000 de ellos afirman haber sido secuestrados e igualmente haber sufrido agresiones sexuales. Que México sea un país con altos índices de criminalidad organizada siempre se ha sabido. Pero la presencia del narcotráfico se ha desarrollado en el curso de varias décadas y ha alcanzado en los últimos años niveles sin precedentes: imperios económicos diferenciados, ejércitos privados, extraterritorialidad de regiones enteras, empleo de tecnología de punta, infiltración profunda en las fuerzas del orden y la clase política. México no sólo es un país de paso del tráfico de drogas en dirección a Estados Unidos, es también un importante país productor en el que la mano de obra excedente –con una agricultura en crisis terminal y una industria en franca degradación– encuentra en la criminalidad una alternativa a la emigración hacia el Norte, a la explotación de las maquiladoras, a la miseria de las formas elegantemente llamadas de “autoempleo” y a la exclusión de millares de jóvenes del privilegio de ser explotados. El “narco” ha crecido en el curso del tiempo a la sombra de la impunidad garantizada por la alianza con sectores importantes de una clase política corrompida, conservadora y patrimonialista surgida del seno de los dos partidos dominantes, el Partido de la Revolución Institucional (PRI) y el PAN, las dos derechas que se reparten el poder local en muchas regiones y se alternan a nivel nacional. La estrategia del gobierno ha sido compensar los vicios de su elección en 2006, hacer olvidar el fraude y neutralizar los ecos de las protestas sociales con una invocación de la unidad nacional contra el narcotráfico. La serie de operaciones militares en las regiones de mayor asentamiento de los carteles se ha revelado como un fracaso, admitido por el mismo gobierno, pero que le ha permitido al nuevo Presidente estrechar relaciones con el ejército. Por otra parte, es evidente que la complicidad entre sectores de las fuerzas del orden, de la clase política y de los carteles es una barrera insuperable por un gobierno socialmente débil y políticamente vinculado a intereses de sectores políticos y económicos de los que los carteles son ya parte integrante. En el fondo, no se gobierna un país como México sólo con el apoyo de Estados Unidos y la fracción legal

La figura del subcomandante Marcos perdió el aura y la capacidad de convocatoria que la caracterizaba. de una oligarquía poderosa pero cuantitativamente reducida. La guerra de mafias que se ha intensificado en los últimos meses está relacionada obviamente a un conflicto de equilibrios políticos. No es absurdo pensar que la presunta ofensiva emprendida por el actual gobierno sea en realidad, como en el pasado, una operación para establecer una regulación general de la actividad de un cartel en detrimento de los otros y que la guerra de mafias sea el resultado de la ruptura política de una tregua entre familias. En este sentido, el mensaje de una de las llamadas “narcomantas” –avisos dejados en la vía pública– acusa al gobierno calderonista de proteger y promover los intereses de uno de los carteles.

Paranoia y terrorismo Al mismo tiempo, más allá de las recientes intervenciones del gobierno, resulta imposible ocultar el hecho que la criminalidad en México ha conocido una expansión vertiginosa que se ha extendido a todos los sectores sociales, ocupando nuevos territorios y experimentando nuevas formas de acción. A las dos modalidades tradicionales de criminalidad organizada, el narcotráfico y los secuestros, que se desarrollaron en dos esferas determinadas –el inframundo de la delincuencia y el cielo de la oligarquía–, se ha sumado en forma cada vez más extendida un microcriminalidad organizada que golpea cada vez más a sectores populares y clases medias que en el pasado eran sólo sus víctimas ocasionales. Además, esta microcriminalidad difusa, al

otros elementos tienen que ser considerados. La iniciativa de la campaña mediática en curso responde a razones de clase y a intereses políticos. De una parte, es una campaña que surge en el seno de un grupo social determinado: la oligarquía mexicana, un sector ínfimo de la población que se ha enriquecido en forma desmedida en el curso de los últimos veinte años. No se puede olvidar que el México neoliberal es un país de multimillonarios, un país de calles cerradas y policías privadas, el país del hombre más rico del mundo, Carlos Slim, todo menos que un orgullo nacional. El factor desencadenante de la campaña mediática reciente ha sido el secuestro y el homicidio del hijo menor de edad de un gran empresario mexicano, propietario de una extendida cadena de tiendas deportivas que lleva su apellido: Martí. El caso ha servido para impulsar una operación televisiva sin precedentes sobre el tema de la “seguridad”, optando por una llave psicológica que evoca la paranoia y el terror como dispositivo reaccionario. Una manifestación “blanca” convocada y ampliamente anunciada, ha sido seguida y exaltada en directo por horas en los principales canales de televisión. No es coincidencia que los manifestantes, cuyo perfil social dominante fue evidentemente medio-alto, se declararon paradójicamente favorables a los “esfuerzos del Presidente” y contrarios al “divisionismo” de la oposición social y política de izquierda. El perfil político, el origen de los recursos para realizarla, la exaltación mediática y la instrumentalización de la manifestación enseñan que, más

El número de asesinatos relacionados con el crimen organizado y el secuestro de personas se han convertido en datos cotidianos. crecer, ha adoptado formas de delincuencia cada vez más violenta, en particular en las ciudades, cuyo anonimato garantiza mayores posibilidades de impunidad. A las prácticas tradicionales se ha sumado y multiplicado últimamente la modalidad del llamado “secuestro exprés” –que dura unos minutos o a lo sumo horas– cuyas víctimas no necesariamente cuentan con altos recursos y las ganancias son reducidas (robo vía cajero automático, eventualmente pequeño pago de parte de los familiares y/o robo del coche) al igual que los riesgos. La extensión y la creciente violencia de la microcriminalidad, junto al crecimiento exponencial de los secuestros, manifestados en un amplio rango social, ha extendido el campo de acción de la delincuencia y el perímetro social de las víctimas. En este contexto, las clases medias se sienten sitiadas visto que la criminalidad ya no es sólo un fenómeno fundamentalmente polarizado entre el miedo de los más ricos y la desesperación de los más pobres. Esto explica en buena medida el fenómeno de estos últimos meses en los que la problemática de la criminalidad ha ocupado el centro de la escena pública. Los sectores medios se sienten vulnerables, potenciales víctimas expuestas al riesgo cotidiano. Sin embargo, más allá de la cruda realidad de las cifras y la necesaria distinción entre niveles y contextos de la delincuencia,

allá de la intolerancia difusa que produce la expansión de la criminalidad, puede generar un proyecto reaccionario. La confirmación de esto parece evidente por el tono y el contenido de las solicitudes de los organizadores que varían entre la pena de muerte y la militarización de las ciudades pasando por la solución judicial y carcelaria del problema. Obviamente, ni una palabra sobre la cuestión social que subyace al problema de la delincuencia. A pesar de este carácter de derecha radical, el moño blanco contra la criminalidad se ha convertido en el distintivo necesario para aparecer en televisión y ha sido impuesto a todos los equipos de fútbol.

cia, mediante el fraude descarado. Además, la privatización le permitiría a Calderón administrar recursos extraordinarios que le posibilitarían, a su vez, disfrazar provisionalmente, a través del gasto social, el corte oligárquico de su gobierno y asegurar, vía clientelar, las próximas elecciones legislativas a favor de las derechas. Vistas las dificultades encontradas en el camino de la privatización que, cuando ha sido puesta como opción en el centro de un debate público y en un referendo no vinculante en la capital, ha sido rechazada sólidamente por la población, el gobierno de Calderón parece querer diluir y poner en segundo plano la cuestión para poder proceder en silencio, evitando así una movilización de masas. Por tanto, la instrumentalización propagandística del problema de la criminalidad y el consiguiente llamado a la unidad nacional son dispositivos útiles para obstruir la visibilidad de la cuestión social y esfumar el carácter clasista de un gobierno de las oligarquías nacionales e internacionales. En este clima, Calderón puede darse el lujo de presentar como respuesta a una presunta sociedad civil, el aumento del 39% del presupuesto destinado al aparato represivo a costa de una reducción similar de otros gastos todavía por definir pero que se puede imaginar de dónde saldrán. Además, la respuesta represiva a la delincuencia corresponde perfectamente a la criminalización de la oposición social y de las protestas anteriores y en curso de perfeccionamiento en los últimos meses. La violencia política que practica la derecha en México es olvidada voluntariamente tal como lo son las mujeres muertas en Ciudad Juárez (4). En conclusión, tras un indiscutible problema de orden público se esconde un proyecto reaccionario en acto. Desafortunadamente la manipulación en curso está teniendo éxito y compensando la debilidad social de las derechas en México. Aunque, la saturación mediática es un arma a doble filo, puede aprovechar la debilidad política de las izquierdas pero no cuenta con la persistente capacidad de movilización popular que se estructura en torno a las organizaciones sociales y, en particular, en el incipiente movimiento obradorista. El parteaguas parece ser la privatización de Petróleos Mexicanos (PEMEX) que, de aprobarse, podría desatar una guerra del petróleo.u 1

En 2006 en Oaxaca una movilización magisterial se transformó en un levantamiento popular en contra del gobernador Ulises Ruiz. Después de meses de autogobierno de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la policía federal recuperó el control de la capital por medio de la represión, encarcelando masivamente dirigentes y participantes del movimiento.

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Siempre en 2006, en Atenco, donde años atrás se gestó una exitosa resistencia en contra de la construcción de un aeropuerto, un incidente se transformó en una sublevación popular que fue reprimida con una violencia sin precedentes por parte de la policía local y federal. Las violaciones inauditas a los derechos humanos, los encarcelamientos masivos así como las condenas “ejemplares” constituyen uno de los mayores escándalos de la historia del Estado de

Pantallas

derecho en México. 3

Lo que preocupa al gobierno no es tanto el malestar de las clases acomodadas en relación con la seguridad sino fundamentalmente la persistente resistencia popular a su propuesta de privatización del petróleo; la prioridad de abrir al mercado uno de los pocos sectores estratégicos que quedaron en manos públicas. La privatización es para Calderón un objetivo indispensable e irrenunciable en la medida en que ha sido la promesa y la mercancía de cambio sobre la base de la que ha podido tejer las alianzas nacionales e internacionales necesarias para llegar a la presiden-

Frente al desconocimiento de los Acuerdos de San Andrés por parte del Congreso de la Unión, los zapatistas emprendieron, en los hechos, la construcción de la autonomía indígenas en los territorios rebeldes de Chiapas. El perímetro regional de las instituciones autonómicas es denominado “caracol” y las instancias de autogobierno son las Juntas de Buen Gobierno.

4

En Ciudad Juárez desde hace varios años se disparó el número de asesinatos de mujeres jóvenes de sectores populares llegando a ser centenares. Un fenómeno dramático y misterioso que la actuación de la policía local y federal no ayuda a esclarecer.

M.M. © LMD ed. boliviana

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Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

Neoliberalismo y decadencia nacional

por Fernando “Pino” Solanas*

El kirchnerismo: ¿un gobierno progresista? Montado en las demandas sociales emanadas de la profunda crisis de 2001, el matrimonio Kirchner llegó a la Casa Rosada con un renovado discurso antineoliberal, alejado al que él como gobernador de la pro-

Estamos en medio de una transición fundamental del funcionamiento del sistema global. Atrapados en la peor crisis financiera mundial desde la Gran Depresión del '30, sin certezas sobre su futuro, presenciamos lo que ha sido denominado como el comienzo de la declinación del imperio americano. El gobierno republicano de George W. Bush, en sus últimos días de gestión, dará los coletazos de una potencia que no se resigna a aceptar el todavía sigiloso orden multipolar. En este marco, ¿cómo se puede entender la posibilidad de América Latina en el concierto de naciones, en tanto continente soberano, integrado, desarrollado, tecnificado, democratizado? En esta nueva etapa en que los pueblos latinoamericanos intentan romper la pesada herencia neoliberal, ¿qué es lo que cada país debe aportar para el proceso emancipador? Se ha hablado de “giro a la izquierda”, de “populismos”, de “socialismo del siglo XXI”, de “gobiernos progresistas”, pero ¿cuál es la cuestión de fondo? ¿Hacia adonde debemos marchar los pueblos de este subcontinente? Lo que divide aguas en la actualidad latinoamericanas es, en definitiva, la necesidad de desnudar y romper la convivencia y connivencia con el orden neoliberal y todas sus implicancias: la privatización de los espacios y recursos, el avasallamiento de las soberanías estatales, la ruina de las industrias nacionales, la sumisión de los mercados de cada país a las necesidades de los países centrales, la pauperización y empobrecimiento de las poblaciones. En un mundo en crisis, donde la energía y los alimentos son ya recursos críticos, es la capacidad de cada gobierno latinoamericano de recuperar la dimensión estatal y pública y de revertir la privatización de los recursos, lo que brindará la posibilidad de consumar la integración continental en términos soberanos frente al resto de las potencias. Si algo caracteriza a este nuevo orden es que se agotan ciertos paradigmas: uno de ellos es el del petróleo, cuyo precio se triplicó en los últimos años e impulsó el surgimiento de los denominados “nacionalismos de recursos”, gobiernos que han adoptado diferentes caminos para recuperar sus recursos naturales y las rentas provenientes de ellos, asistiendo a un regreso triunfal del poder público: Arabia Saudita, Rusia, Venezuela, Brasil, Irán, Bolivia, Ecuador, entre muchos otros, han tomado este camino. Según la Agencia Internacional de Energía, en los próximos cuarenta años, 90% de la nueva provisión energética provendrá de los denominados países en desarrollo. Mientras tanto, las grandes petroleras privadas (Exxon-Mobil, Shell, British Petroleum, Chevron) controlan cada vez menos cantidad de reservas y participan cada vez *EX DIPUTADO Y EX CANDIDATO PRESIDENCIAL POR PROYECTO SUR; CINEASTA. SU ÚLTIMA PELÍCULA ES LA PRÓXIMA ESTACIÓN.

vincia patagónica de Santa Cruz y ella como senadora mantuvieron en los ‘90. Corrientemente ubicados dentro del arco progresista sudamericano su gestión muestra algunas luces y muchas sombras.

NATACHA PISARENKO, Homenaje a Eva Perón, 26 de julio de 2007

menos de la producción mundial de petróleo y gas. ¿Se precisa otra evidencia de la necesidad que tienen los países poderosos por asegurarse reservas petroleras? América Latina, como se sabe, es rica en recursos energéticos. En los últimos meses, la noticia la ha dado Brasil, que se ha convertido en una potencia petrolera tras el descubrimiento de grandes reservorios de petróleo y gas. Por ello mismo, su presidente, Lula Da Silva, y la burocracia brasileña, han expresado su preocupación por el envío de la IV Flota norteamericana a patrullar los mares sudamericanos. Estados Unidos, como se observa con claridad en el caso boliviano, está decidido a provocar desestabilizaciones en la región, donde se llevan adelante profundas reformas sociales y que, en un proceso de integración inédito, se está cambiando el eje de la política continental. En el marco estrictamente sudamericano, para horror de Washington y las derechas vernáculas, se está desarrollando un bienvenido proceso de integración a través de la Unasur y otros instrumentos como el Banco del Sur y el Consejo de Defensa Sudamericano, en el que el gobierno argentino ha tenido un rol destacado. Venezuela ha llegado al punto de confirmar que recibió a dos bombarderos rusos Tupolev Tu-160 y que pronto hará lo mismo con cuatro buques rusos con más de mil hombres a bordo. Los voceros estadounidenses advirtieron inmediatamente que este episodio es una evidencia de que la Guerra Fría está nuevamente en marcha. Sin embargo, este escenario está lejos de asemejarse al de la bipolaridad de la segunda posguerra mundial. Estamos ante la emergencia de un orden geopolítico y económico internacional diferente incluso al período posterior a la caída de la URSS. En el nuevo orden, que va definiéndose por la sólida presencia en la “mesa grande” de países como China, India,

México, Brasil y Rusia, donde ya no reina el pensamiento único, la tendencia actual es la de recuperación de las herramientas básicas de soberanía estatal y recursos naturales. Es este sentido el que puede echar luz sobre el carácter progresista o de izquierda de los gobiernos en América Latina.

Kirchnerismo y neoliberalismo Tras cinco años de gobierno del matrimonio Kirchner, ¿qué ha ocurrido en Argentina? ¿En qué medida se puede hablar de ruptura con el neoliberalismo? Lejos de recuperar la estratégica dimensión estatal bajo una renovada concepción de lo público, el gobierno encaró una política confusa de ilusión neodesarrollista, de la mano de una burguesía que vive de un “capitalismo de amigos”. A pesar de ciertos avances positivos, lejos de encarar una sincera ruptura del orden neoliberal, el actual proyecto kirchnerista ha tolerado e incluso profundizado este modelo heredado, bajo los mitos de “ruptura con el pasado”, “modelo de desarrollo inclusivo”, “desendeudamiento”, “reconstrucción del Estado”, entre otros. Estos mitos han generado una enorme confusión. Siendo cierto que el gobierno kirchnerista ha tomado una iniciativa que puede ser considerada de izquierda al momento de priorizar la integración sudamericana, desarrollando, por ejemplo, un rol activo en la defensa de Bolivia contra las tendencias secesionistas, ¿cómo explicar que en su país, los Kirchner hayan votado en 1994 la “provincialización” de los recursos del subsuelo y en 2006 hayan puesto en práctica este principio secesionista con la aprobación de la “ley corta” de Hidrocarburos? ¿Qué palabras pueden justificar que la pareja presidencial diga en foros internacionales que la energía es un recurso crítico mientras consuma la medida más anti-

nacional de la década: entregar por cuarenta años, hasta su agotamiento, las reservas de Cerro Dragón a la British Petroleum, un área que representa más de 25% del petróleo del país. O aprobar la segunda ola de privatizaciones de los recursos del subsuelo? Y cuando se refiere de la misma forma, en los mismos foros, a los alimentos, ¿puede acaso omitirse que, ante un conflicto tan grave y extenso como el que se vivió en el país referido a la “cuestión agraria” (que, insólitamente, le permitió a la reaccionaria oligarquía terrateniente disponer de amplias bases sociales) en ningún momento el gobierno se dispuso a atacar a las multinacionales exportadoras que, con el monopolio de la comercialización, impiden toda política que apunte a garantizar la soberanía alimentaria de los argentinos? ¿Qué decir de un gobierno que no ha modificado el regresivo sistema de impuestos que castiga al consumo de los sectores populares mientras las transacciones financieras (incluidos los pool soyeros) no pagan impuesto a las ganancias? ¿Cómo calificar el sometimiento de un gobierno a las reglas del perverso sistema financiero mundial, que se observa en el pago al Club de París y la reapertura del Canje 2005 a los llamados “hold out”, que ni siquiera intenta echar mano a las contundentes investigaciones en causas judiciales que hay abiertas y con sentencia firme en la justicia federal argentina que demuestran de forma inapelable la estafa de la deuda externa? Vivimos todavía un modelo de saqueo basado en las privatizaciones, la extranjerización de la industria y los recursos, y el desguace estatal. Su piedra de toque es la reforma constitucional de 1994, que traspasó el dominio del subsuelo a las provincias, quebrando la unidad de la nación, la única que puede enfrentar la voracidad de los trusts multinacionales. En complemento, existe aún un paquete de leyes y decretos que continúa protegiendo el modelo privatista, como la ley de Reforma del Estado de 1989 y decretos subsidiarios. Son éstos, en primer término, los pilares incólumes que hay que derrumbar para iniciar un camino posneoliberal. Debemos pensar entonces qué se hizo durante estos últimos cinco años para reconstruir el Estado, con el fin de recuperar la plena soberanía nacional y los recursos naturales, que son las piernas con las que camina una nación, para poder industrializarse y salir del atraso. La debilidad de la política petrolera argentina ha creado diez Kosovos (cantidad de provincias con petróleo y gas) y su debilidad se manifiesta claramente cuando observamos que mientras los activos de ExxonMobil son el doble del PIB argentino, el PIB de Chubut y Santa Cruz (dos de las provincias petroleras) representan poco más del 3% del PBI nacional. Con la “provincialización” de los recursos, estas provincias deben enfrentar en solitario el


Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

colosal poder económico de las multinacionales. Este es el modelo menemista-kirchnerista de la fragmentación del subsuelo argentino, y la prórroga de la concesión del área Cerro Dragón hasta su agotamiento a British Petroleum es uno de sus principales frutos. El fracaso de este modelo se hace evidente con la caída abrupta de las reservas, la falta de inversiones, las exportaciones según dispongan las petroleras y la necesidad de importar fuel oil, gasoil, otros combustibles y gas natural; es decir, la pérdida del autoabastecimiento. Esta política es coherente con el pasado de la pareja presidencial: apoyaron calurosamente la privatización de YPF y Gas del Estado desde 1989; votaron la “provincialización” del petróleo en la constituyente de 1994; entregaron íntegramente sin licitación el único subsuelo no privatizado por Menem (las áreas del mar argentino) en 2007, eximiendo de impuestos a las empresas privadas y utilizando a Enarsa, una estatal “de bolsillo”, para evitar toda licitación pública; aumentaron las retenciones en 2007 y 2008, pero recién cuando las exportaciones han disminuido sustancialmente; siguen permitiendo la exportación de crudo, gas natural y combustibles, a pesar de la disminución de las reservas mientras se publicita como “argentinización” a la participación minoritaria del grupo “nacional” Esquenazi en YPF SA (filial de Repsol YPF SA), a través de una empresa sin domicilio en Argentina y que cotiza totalmente en el extranjero. Desde Menem hasta los Kirchner, las reservas han caído estrepitosamente, con un condimento especial: los argentinos no sabemos qué manejo hacen los privados de éstas y el gobierno nacional se niega a hacer una auditoria pública sobre el estado de las mismas. La situación energética argentina es de extrema debilidad. Pero podría resolverse, en primer lugar, con la mera firma de un decreto que anule los tres decretos desreguladores de 1989, provocando un cambio en la irracional política de exportaciones, en la remesa de utilidades y en la comercialización interna, al volver a considerar a la energía como un servicio público y al petróleo como un bien estratégico.

Argentina, ¿el Potosí del siglo XXI? Argentina es la sexta potencia en recursos mineros del mundo, pero lejos de aprovechar de forma sustentable estas riquezas, se ha abierto al saqueo y la brutal contaminación. El boom minero es consecuencia de la permisividad de las leyes nacionales, promocionadas por gobernadores y legisladores que hoy militan en las filas kirchneristas, como el gobernador de San Juan, José Luis Gioja. Este paquete de leyes, que son una infamia contra la nación, otorga a las mineras la exención del pago de todos los impuestos (desde impuesto al cheque hasta a la importación y aduana para entrar máquinas); sólo les obliga a pagar el 3% de regalías, pero pueden descontar todos los gastos de exportación, seguros, fletes y transporte hasta el puerto de destino; y no les exige industrializar nada en el país. Por si fuera poco, la utilización de los mecanismos de explotación a cielo abierto con cianuro, envenena el suelo y subsuelo y provoca innumerables enfermedades en la población. Argentina se está convirtiendo en un Potosí del siglo XXI. Recientemente, el gobierno nacional anunció la cancelación de la deuda con el Club de París. Se pagarán aproximadamente 6.700 millones de dólares. En 2002, el país inició un ciclo de crecimiento sostenido sin recurrir al financiamiento externo. Sin embargo, en ningún momento se tomó la decisión de salirse de la perversa lógica de la deuda que, iniciada en 1976, sigue funcionando como la sangría del país ¿Cómo puede

aceptarse la continuación del paradigma del crédito externo para las grandes corporaciones que luego traspasan sus deudas al pueblo argentino? ¿No bastó la fuga de 26.000 millones de dólares en 2001, con grandes bancos y empresas a la cabeza, los mismos que hoy aplauden el pago al Club de París? Entre 2003 y 2008 se han “honrado” pagos por más de 31.000 millones de dólares al FMI, BID, BM y ahora al Club de París. En la mayoría de los casos, se cancelan sólo intereses y el monto de la deuda no ha disminuido respecto a 2001. Entre 2008 y 2011, habrá vencimientos que exceden los 60.000 millones. Pruebas del fracaso de la “política de desendeudamiento” iniciada en 2002. El país debe pagar sus obligaciones externas, siempre que sean legítimas y que corresponda. Pagar al Club de París sin esperar los resultados de la causa iniciada en la justicia federal sobre las deudas contraídas durante la dictadura militar convierte al estado de derecho en una ficción. La aplicación de las teorías de “La deuda odiosa” y del “delito de ejecución continuada” permitiría encarar desde una perspectiva soberana y justa este problema. Las políticas indicadas por la banca acreedora nos llevan a más dependencia y vaciamiento. Siguiendo el ejemplo de Ecuador –donde se investiga un proceso similar al nuestro– Argentina debe investigar su endeudamiento externo a fin de establecer quiénes, cómo y para qué se contrajeron las deudas, discriminar lo legítimo de lo que no lo es y establecer así, cuánto efectivamente debemos. El “campo” argentino no escapa a las desigualdades e injusticias del país. De un lado, están las multinacionales exportado-

Proyecto Sur, la estafa se realizaba con la complicidad de funcionarios gubernamentales y del senador oficialista Roberto Urquía, dueño del monopolio Aceitera Deheza. Utilizando el fantasma del “golpe” y hasta jugando la carta de la renuncia de la presidenta, el gobierno provocó una tremenda confusión en toda la sociedad e hizo creer a buena parte del progresismo que aplicaba una política transformadora. Argentina precisa recuperar el monopolio estatal del comercio exterior. Sin embargo, el gobierno, en más de cinco años, no sólo no se lo ha propuesto, sino que no ha encarado política agropecuaria alguna que garantice la soberanía alimentaria de los argentinos. Esta oscura radiografía nacional incluye al transporte. Nunca, como en estos últimos años, el pasajero había sido tan maltratado en Argentina. El inviable avance del transporte automotor deja cada año 8.000 muertos y 12.000 lisiados en las calles y rutas del país. Ante ello, el gobierno nacional propone la construcción del elitista e irracional “tren bala” (Tren de Alta Velocidad), no reconstruye la flota marítima y fluvial, y regala, por primera vez, las rutas aéreas de cabotaje. En el caso de la aeronavegación, la seguridad en este servicio es esencial, pero sabemos que el capital privado tiene como principal objetivo la ganancia y no la seguridad de los pasajeros. La recordada catástrofe de Lapa y la reciente tragedia de Spanair demuestran qué sucede cuando se intenta bajar los costos de mantenimiento u operar con aviones viejos para asegurar la rentabilidad. Recientemente, el oficialismo

No se trata sólo de recuperar el rol de un Estado interventor, sino de darle un nuevo contenido y sentido a esa participación estatal. ras, los pools de siembra y los arrendatarios; y los grandes terratenientes nativos o extranjeros. En el otro extremo del abanico, están los pequeños y medianos productores, campesinos y pueblos originarios: 200.000 productores tienen menos de 10 hectáreas per cápita, con condiciones irregulares en la tenencia de la tierra. A esto se suma la irresponsable extranjerización, las condiciones de injusticia que soportan los trabajadores rurales (800.000 de ellos trabajan en negro), las miles de hectáreas de bosque nativo destruido o el envenenamiento de las aguas por uso de agrotóxicos como el glifosato; todo lo cual ha sido permitido desde 2003 por el gobierno kirchnerista. El gobierno nacional impulsó este año un correcto instrumento para este sector: las retenciones a las exportaciones. Antes ya lo había hecho con el petróleo. Pero ahora lo hizo a través de la pésima e injusta Resolución 125, que englobaba a todos los productores (desde pequeños a grandes terratenientes) en la misma bolsa, poniendo en evidencia la carencia de una propuesta integral. El gobierno nacional se empecinó en aprobar esta polémica resolución (finalmente rechazada) que, ante todo, encubría una de las mayores estafas al Estado nacional de los últimos tiempos: una defraudación fiscal por 1.763 millones de dólares, encabezada por los monopolios exportadores cerealeros y oleaginosos: las multinacionales Cargill, Dreyfus, AGD, Nidera y Bunge, entre otras, que se quedan con un tercio de la renta agraria y burlan al fisco con exportaciones en negro y tercerizadas. Mientras el gobierno se negaba a incluir la denuncia en el proyecto oficial, como pedía

aprobó la reestatización de Aerolíneas Argentinas. Todavía está por definirse la forma en que se hará y si será un buen o mal negocio para los argentinos. Esta línea de bandera ha sido literalmente saqueada tras su privatización y presta un pésimo servicio. Pero antes de estatizarla, el gobierno nacional había presentado un deplorable proyecto que, entre otras cosas, planteaba la reprivatización posterior de la empresa, con el Estado absorbiendo deudas y asumiendo costos. Por su parte, la privatización de los ferrocarriles en los '90 desembocó en la actual crisis ferroviaria, con el pésimo servicio público que brindan los concesionarios, la destrucción de las industrias estatales y el saqueo de los 37 grandes talleres ferroviarios, 80.000 trabajadores despedidos, 800 pueblos fantasmas y caída de las economías regionales. Frente a este desguace ferroviario, el gobierno propone construir un “tren bala”. ¿Puede ser considerado “popular” un medio de transporte cuyo boleto será inaccesible para la mayoría de los argentinos y que lo pagarán con los subsidios del Estado aunque no viajen en él? ¿Qué tan “estratégica” es una obra que, elitista y antinacional, se llevará adelante emitiendo, sólo en el inicio, nueva deuda pública por 4.000 millones de dólares a 30 años con una tasa incierta que superará el 12% anual, y que implicará la importación, sin transferencia, de tecnología extranjera? ¿Cómo puede aceptarse un proyecto de este tipo cuando con el mismo dinero es posible reconstruir a nuevo el colapsado sistema nacional ferroviario: los trenes interurbanos que unían las provincias y los ferrocarriles

de carga con 300 locomotoras y 16.000 vagones nuevos? El servicio aéreo, así como el ferroviario y el marítimo, son servicios públicos. En consecuencia, tienen que estar en manos del Estado que, además de poder cumplir con un servicio de excelencia, aportaría innumerables beneficios a la sociedad en materia comunicacional, cultural y económica. Pero ninguno de estos emprendimientos puede llevarse adelante sin poner un ojo en la integración continental. Necesitamos comunicar a los países sudamericanos, con la asociación de empresas estatales, que hagan sostenible el esfuerzo que por sí solas las líneas aéreas ya no pueden hacer.

Reconstruir el Estado Identificamos ya el verdadero núcleo de la dependencia que se debe romper, hablamos de la necesidad de recuperar los recursos y vimos la situación actual en sectores estratégicos del país, pero ¿hacia adonde ir? Es la democratización y reconstrucción del Estado, nuevas formas de propiedad, con participación y control ciudadano, lo que se precisa, bajo un nuevo concepto de lo público. Si asistimos al surgimiento de una “nueva” burguesía nacional cuyo paradigma son sectores empresarios cuya acumulación primitiva la hicieron a través de la corrupción y el “capitalismo de amigos”, el problema entonces es cómo reconstruir las sociedades de Estado que atiendan los servicios públicos y las principales industrias, con modelos de gestión y control público, con participación de universidades, trabajadores, técnicos y usuarios. No se trata sólo de recuperar el rol de un Estado interventor, sino de darle un nuevo contenido y sentido a esa participación estatal. Recordemos que la “paradoja neoliberal” consiste en que el bendecido “Estado mínimo” precisa de una decisiva intervención estatal en beneficio de actores económicos y sociales específicos. Tenemos que devolver al país al estado de justicia: es el derecho de todo habitante a acceder a los bienes materiales y espirituales necesarios para una plena realización en sociedad. Sólo una verdadera política de redistribución del ingreso y salud, vivienda y hábitat, pueden permitir luego democratizar la educación, garantizar la recalificación laboral y el ingreso a las universidades y a los sistemas científicos, en este mundo del conocimiento. Argentina está perdiendo esta oportunidad. Esto no significa desconocer los logros alcanzados por el gobierno kirchnerista, como la anulación de las leyes de impunidad del terrorismo de Estado, la renovación de la Corte Suprema de Justicia –aunque no de instancias menores– junto a la ratificación de la alianza con el Mercosur y Unasur (incluyendo el rechazo al ALCA en 2005), además de la decisión de no emplear políticas represivas ante el conflicto social (a pesar de aprobar la ley antiterrorista). Pero no se puede avalar la continuidad de políticas en favor de las poderosas corporaciones económico–financieras que no llevan a una redistribución de la riqueza, como demuestran los resultados después de más de cinco años de gobierno. Necesitamos la reconstrucción del Estado para poder defender al pueblo del maltrato, de la explotación, de la contaminación y del abuso de los poderosos. Reconstrucción de un Estado eficiente y moderno, subordinado a una ley suprema que es la ética de la nación. Es el único camino para acompañar a Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil y el resto de los hermanos del continente, hacia la emancipación latinoamericana ante el nuevo orden mundial.u F.S. © LMD ed. boliviana

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Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

De Cachemira a Afganistán

por Syed Saleem Shahzad*

Nueva estrategia guerrillera

Los nuevos talibanes Un cambio radical, del que no parecen haber tomado nota las potencias occidentales, se ha producido tanto en la integración y dirección militar de las fuerzas que resisten la ocupación de Afganistán por las tropas de la OTAN como en la estrategia de lucha que desarrollan. Estos neotalibanes, entrenados en buena parte por ex oficiales paquistaníes, despliegan una potencia de combate antes desconocida.

A partir de 2003, la guerra del poder paquistaní contra las organizaciones activas en el territorio de la Cachemira india provocó la evacuación de los campos de militantes instalados en la Cachemira paquistaní. Estos combatientes fueron emigrando progresivamente hacia las zonas tribales de Waziristán del Norte y del Sur, cerca de la frontera afgana. Formados en los años ’90 en las técnicas más modernas de la guerrilla urbana por la célula “india” del Inter-Service Intelligence (ISI) –los servicios secretos paquistaníes–, estaban bajo las órdenes de un pequeño grupo de oficiales que, tras el cambio de rumbo del presidente Pervez Musharraf y su alineamiento con la política de Washington después del 11 de septiembre de 2001, habían abandonado el ejército. Esta migración produjo una transformación decisiva en la estrategia guerrillera de las tribus afganas que luchan contra la ocupación de su país. La transformó en una doctrina militar sofisticada inspirada en la estrategia de los “tres pasos” del general vietnamita Vo Nguyen Giap, vencedor de la batalla de Dien Bien Phu (1954) contra los franceses y de la guerra contra Estados Unidos: un ataque masivo en la primavera de 2008, seguido de una serie de ataques aislados dirigidos a puestos de seguridad y soldados enemigos; y la extensión de la insurrección a los centros urbanos y a la capital. Esta revisión estratégica se ve acompañada por el surgimiento de una alianza compuesta por militantes provenientes de los países árabes y de Asia Central y la organización paquistaní Tehrik-e-Taliban, dirigida por Baitullah Mehsud y por un veterano de las luchas contra las fuerzas indias, Maulana (1) Ilyas Kashmiri. Juntos elaboraron una estrategia militar para toda la región afgano-paquistaní, pero también destinada a extenderse a la India. Después del 11 de septiembre, todos los grupos islamitas del sur de Asia sufrieron dificultades, especialmente a causa de la creciente represión exigida a los gobiernos por Washington. Las fuerzas militantes se agruparon entonces en el frente de Afganistán para combatir la ocupación occidental. Debieron pasar algunos años para que esta estrategia madurara. Los militantes hoy hablan de “la batalla del fin de los tiempos”, en alusión a un hadith (2) del profeta Mahoma que anunciaba una guerra en Jorasán (territorio que abarca el Afganistán actual, las zonas tribales de Pakistán y parte de Irán). De allí, con una mirada escatológica del fin del mundo, los voluntarios deberían partir hacia Medio Oriente para apoyar la lucha del Mahdi (el buen guía, o el Mesías) contra las “fuerzas del Anticristo” en Palestina. Motivo suficiente para incitar a los musulmanes, en todas partes del mundo, *DIRECTOR DE LA OFICINA PAQUISTANÍ DE ASIA TIMES ONLINE (HONG KONG). Traducción: Gustavo Recalde

Shir Ahmad (Reuters)

pero sobre todo en Turquía y Asia Central, a reunirse en las zonas tribales para participar del combate en Afganistán, lo que es visto como un preludio a la liberación de Palestina y al triunfo del islam y la justicia en la Tierra.

Llegan los jefes A partir de 2001, varios acontecimientos en el sur de Asia contribuyeron a preparar la ofensiva de los talibanes en la primavera de 2008. Un poco por casualidad, personalidades provenientes de diferentes lugares se encontraron en la frontera paquistano-afgana. Su estrategia transformó una insurrección de baja intensidad en una verdadera guerra, sin punto de comparación con lo que sucedía hasta entonces. Primero se produjo la llegada del Maulana Ilyas Kashmiri, jefe del Harakat ulJihad-e-Islamí. Héroe de la lucha armada en Cachemira, estuvo dos años en una prisión india. Durante la ola de represión de enero de 2004, fue detenido por las fuerzas de seguridad paquistaníes debido a sus supuestos lazos con los kamikazes que habían estrellado sus vehículos repletos de explosivos contra la caravana del presidente Pervez Musharraf, el 25 de diciembre de 2003. Si bien fue excarcelado a los treinta días, libre de toda sospecha, siguió sintiéndose profundamente herido. Tras abandonar la lucha por la liberación de Cachemira, viajó con toda su familia a instalarse en Waziristán del Norte. Su partida fue recibida por los militantes de los campos cachemires como una verdadera fatwa que les ordenaba abandonar esta provincia para enfrentarse a las tropas de la OTAN. Cientos de jihadistas paquistaníes establecieron así, en la región de Razmak, un pequeño campo de entrenamiento. Luego, la llegada del comandante Abdul Jabbar, jefe de la organización proscripta Jaish-e-Muhammad, que luchaba también en Cachemira. Detenido en reiteradas oportunidades después del 11 de

operaciones estuvo en manos de quienes podrían llamarse los “neotalibanes”.

septiembre de 2001, terminó estableciéndose en un campo de entrenamiento con vistas al combate en Afganistán. Finalmente, oficiales que, a fines de los años 1990 y hasta 2001 habían sido asignados por el ejército paquistaní para entrenar a los militantes cachemires. Algunos renunciaron para viajar a Waziristán del Norte. La migración se aceleró a partir de 2005. A mediados de 2007, estos “jihadistas trasladados” de Cachemira habían creado una importante red en Waziristán del Norte. Estos nuevos campos se volvieron rápidamente populares para los militantes extranjeros (especialmente chechenos, uzbecos y turkmenos) y los señores de la guerra de las tribus locales. Ideólogos árabes se agruparon allí, ya que la mayoría de los aprendices jihadistas no sólo eran musulmanes practicantes, sino que tenían opiniones muy cerradas sobre el islam, la revolución islámica y el restablecimiento del califato (3). Se asistió entonces a la formación de círculos de estudios ideológicos dirigidos, en un comienzo, por pensadores árabes como el jeque Essa o Abu Yahva al-Libbi (4). Pronto, jefes guerreros comenzaron a participar de las discusiones, y poco a poco surgió un cenáculo en cuyo seno se encuentran comandantes como Baitullah Mehsud o Sirrajudin Haqqani –uno de los dirigentes de los mujaidines durante la lucha contra los soviéticos–, ideólogos árabes de AlQaeda y veteranos de Cachemira. Así, en menos de dos años, nació una poderosa rama paquistaní que reivindica a Al-Qaeda y que logró revolucionar la estrategia de la resistencia afgana bajo la dirección de los talibanes. Consecuencia de esta mezcla heteróclita: se inculca la ideología de Al-Qaeda a los tránsfugas del movimiento de liberación de Cachemira, al mismo tiempo que se transmite la experiencia militar adquirida en el ejército paquistaní a los talibanes. A partir de ese momento, el teatro de

Entre 2006 y 2007, un nuevo tipo de combatiente, bien entrenado y ultrarradical, se esparció a través de toda la zona tribal. Waziristán del Norte y del Sur fueron siempre los principales bastiones de los militantes; pero, en una región tribal como Mohmand, donde los talibanes eran prácticamente desconocidos antes de 2006, su número habría alcanzado los dieciocho mil a fines de 2007. En el distrito vecino de Bajaur, son más de veinticinco mil. El comando de la OTAN en Afganistán no parece haber tomado conciencia de la dimensión de estos cambios. Sin embargo, el 14 de enero de 2008, los neotalibanes daban una primera demostración de sus nuevas capacidades. Miembros de la red Haqqani asaltaron entonces el hotel Serena en Kabul. Al igual que los militantes de Cachemira, que acostumbraban a infiltrarse en el sistema de seguridad indio para perpetrar sus atentados, guerrilleros afganos vestidos de policías organizaron su ataque con la complicidad de agentes de seguridad local, y asesinaron a algunos occidentales. Este esquema se repitió con frecuencia a lo largo del año, especialmente durante el intento de asesinato del presidente afgano Hamid Karzai, el 27 de abril de 2008. El audaz escape de más de cuatrocientos talibanes de la prisión de Kandahar, en junio, es otro ejemplo de los nuevos métodos de entrenamiento y guerrilla transmitidos por los instructores provenientes de Cachemira o del ejército paquistaní. Pero sólo se trata de operaciones menores. La principal estrategia fue aplicada en otro terreno, en la provincia afgana de Kandahar y en la zona de Jyber en Pakistán, por donde transita el 80% de las provisiones de la OTAN. Los talibanes se instalaron allí muy discretamente. A partir de febrero de 2008, los convoyes de la OTAN fueron blanco de ataques muy organizados. Estos asaltos estuvieron tan bien planificados y fueron tan eficaces que la OTAN se vio obligada a firmar en Bucarest, el 4 de abril de 2008, un acuerdo con Rusia que autoriza el tránsito de materiales no militares a través de su territorio. Pero este itinerario corre el riesgo de afectar seriamente el presupuesto de las fuerzas occidentales. “Cortar las líneas de abastecimiento de la OTAN a partir de Pakistán es un componente importante de nuestra estrategia. Si se aplica correctamente en 2008, esto conducirá al retiro de las tropas de la OTAN en 2009, aunque tal vez necesitemos un año más”, estima, manteniendo su anonimato, un alto responsable de los talibanes. Esta estrategia lleva a estos últimos a operar muy lejos de sus bases, en el puerto de Karachi y en las extensas líneas de abastecimiento que unen a esta ciudad con Kandahar y Kabul. El 9 de mayo de 2008, el responsable paquistaní del transporte de petróleo de Karachi a Afganistán fue secuestrado, y aún se desconoce su paradero. En agosto, un grupo de treinta y cinco talibanes atacó un convoy que transportaba armas en el preciso momento en que abandonaba Karachi, lo que demuestra la calidad de sus informaciones. Un responsable occidental de asuntos de seguridad explicó que en algunas bases militares del sur de Afganistán faltaba de todo, y que debieron “interrumpir todos los movimientos y todas las ofensivas porque no tenían combustible” (5). Washington y la OTAN subestimaron ampliamente esta nueva estrategia, así como las alianzas ideológicas y estratégicas que dieron origen a los neotalibanes. Sin embargo, la coalición occidental comprobó el reinicio de actividades en los campos de


Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

Al-Qaeda situados en las zonas tribales paquistaníes. A partir de enero de 2007, oficiales estadounidenses solicitaron a los dirigentes paquistaníes no sólo perseguir militarmente a los talibanes sino destruir sus apoyos logísticos, como la Mezquita Roja (Lal Masjid) de Islamabad, en la que estudiaban siete mil hombres y mujeres, y cuya administración había públicamente adherido a Al-Qaeda y a los talibanes. Figuraban también en la lista de objetivos el Tehrik-e-Nifaz-e-Shariat-eMuhammadi (Movimiento por la implementación de la ley sharia de Mahoma), que opera en el valle de Swat y en las zonas tribales linderas, en la provincia de la Frontera Noroeste, así como los talibanes paquistaníes de Bajuar, de Waziristán del Sur y del Norte, al igual que de Zhob y Chaman, en Baluchistán, provincia del sudoeste paquistaní (6). Durante sus visitas –al menos siete en seis meses, entre enero y junio de 2007–, los emisarios de Washington insistieron en que Islamabad implementara un conjunto de medidas tendientes a sumar a la población a su “guerra contra el terrorismo” y a facilitar las operaciones contra los talibanes. Lograron que Musharraf abandonara su cargo de jefe de las Fuerzas Armadas y se convirtiera en un jefe de Estado civil. También lo incitaron a colaborar con las fuerzas liberales y los partidos laicos, y lo alentaron a formar un gobierno de coalición luego de las elecciones legislativas que estaban previstas para enero de 2008 (y que se postergaron unas semanas, luego del asesinato de Benazir Bhutto). Controlados por este nuevo sistema, los militares paquistaníes podrían finalmente conducir operaciones eficaces contra los militantes radicales. En el marco de este nuevo acuerdo, Estados Unidos y el Reino Unido sirvieron de mediadores para una reconciliación entre la ex primera ministra Benazir Bhutto y el presidente Musharraf. Acuerdos similares se celebraron con diversos pequeños partidos nacionalistas como el Awami National Party y el Movimiento Muttahida Qaumi, así como también con el partido conservador religioso Jamiat Ulema-e-Islami de Fazlur Rahman. En junio de 2007, todo estaba listo para un enfrentamiento mayor con los talibanes. Esta estrategia política y militar apuntaba a eliminar de cuajo su ofensiva esperada para la primavera de 2008.

Olas de violencia La primera etapa de este contraataque fue el asalto perpetrado el 10 de julio de 2007 contra la Mezquita Roja, que provocó enormes pérdidas en ambos bandos. Debía continuar con una operación conjunta estadou-

¿Cuántos europeos? “¿Cuál es la cifra exacta de los combatientes turco-europeos?” Una pregunta que no debe hacérsele a Qari Bilal Ahmadi, comandante del grupo Tora Bora, una nueva unidad pro-talibana con base en las montañas del mismo nombre, quien muestra orgulloso un video en el que se lo ve comandando a militares turcos. Desde 2006, Al-Qaeda se ha vuelto muy influyente en Turquía, de donde provienen decenas de nuevos reclutas. Entre ellos, muchos inmigrantes o hijos de inmigrantes con nacionalidad europea. Abu Hanifa ronda los cuarenta años. Es una excepción entre los combatientes turcos, generalmente más discretos y reacios a las apariciones mediáticas. Es uno de sus instructores. Antes vivía en Mir Ali, en Waziristán del Norte. Actualmente, se desplaza junto con los combatientes que forma, tanto en el valle de Shawal en Waziristán del Norte como en Waziristán del Sur. Durante una larga y ardua estadía en las montañas, estos turcos aprendieron a fabricar explosivos con materiales de venta libre en todos los mercados. Si bien la mayoría llega a Pakistán en vuelos comerciales, algunos lo hacen desde Irán, acompañados por pasadores. Según las estimaciones, habría entre trescientos y mil turcos en Waziristán y Afganistán, donde reforzaron la presencia

de Al-Qaeda. Muchos participaron en los combates afganos o en operaciones suicidas, como por ejemplo el germano-turco llamado Cuneyt Ciftci, también conocido como Saad Abu Furkan, quien se hizo estallar con una camioneta, el 3 de marzo de 2008, cerca de una base estadounidense, en el distrito de Sabari, provincia de Khost, en Afganistán. Hubo dos muertos entre los soldados de la OTAN, otros dos entre los trabajadores afganos, y seis heridos. Sin embargo, la mayoría de estos turcos se dirigen a Waziristán, donde reciben una formación, participan brevemente en los combates contra la OTAN en Afganistán, y luego regresan a sus hogares en Europa, ya que la mayoría tiene la doble nacionalidad. En esta etapa del combate, los ideólogos de Al-Qaeda están convencidos de que un atentado similar a los del 11 de septiembre daría un impulso al combate en Irak, así como a la insurrección de los talibanes en Afganistán. En general, según ellos, tendría como efecto levantar la moral de los musulmanes radicales y acelerar el reclutamiento de jihadistas a través del mundo musulmán. Los turcos fueron formados con ese objetivo preciso. Y jóvenes militantes corren el riesgo de ser utilizados como “misiles humanos”. u

nidense-paquistaní contra los campos instalados en las zonas tribales desde una base establecida en Peshawar. Un plan detallado de la coordinación entre las fuerzas estadounidenses y paquistaníes, revelado por la prensa en Estados Unidos, preveía destinar cien instructores a unidades cuidadosamente seleccionadas entre los ochenta y cinco mil paramilitares paquistaníes, que debían conformar la vanguardia de la ofensiva. Pero, rápidamente, a partir del asalto a la Mezquita Roja, los militantes apuntaron sus armas contra el presidente Musharraf y concentraron sus esfuerzos en el ejército paquistaní. Entre julio de 2007 y enero de 2008, sucesivas olas de violencia alteraron seriamente la vida social, política y económica del conjunto del país. El ataque contra la caravana de Benazir Bhutto en Karachi durante su regreso del exilio, el 18 de octubre de 2007, fue la primera respuesta de los neotalibanes a los proyectos estadounidenses. Benazir Bhutto se salvó milagrosamente de este atentado devastador, que causó más de dos-

cientos muertos y quinientos heridos. Era la única dirigente política del país que apoyó la operación contra la Mezquita Roja y aprobó públicamente la “guerra contra el terrorismo”. Su asesinato, ordenado por el comando de Waziristán, el 27 de diciembre de 2007, puso punto final a los proyectos estadounidenses en Pakistán. Se conoce lo que siguió después: elecciones postergadas, suspensión de las operaciones militares contra los talibanes. Éstos, avanzando según un plan muy calculado, lanzaron ataques muy violentos y provocaron semejante caos que el aparato del Estado perdió el control de la situación. El 18 de febrero de 2008, se celebraron entonces las elecciones legislativas en las que los resultados obtenidos por la Liga Musulmana Paquistaní Nawaz (PML-N) del ex primer ministro conservador superaron todas las expectativas. Ésta fue, en un primer momento, incluida en la coalición gubernamental (7). Para seguir hurgando en la herida, una semana después de estas elec-

S.S.S.

SAGITARIO

ciones, el general Mushtag Beg fue asesinado en un ataque suicida contra la guarnición de Rawalpindi. Desbaratados los proyectos estadounidenses de acción conjunta con el ejército paquistaní, los neotalibanes intentaban ganar tiempo para poner a punto su ofensiva de la primavera. Aprovecharon la participación de la Liga Musulmana en el gobierno para entablar negociaciones con las fuerzas de seguridad paquistaníes. La OTAN subestimó el significado de esta táctica, interpretándola como el cese de las operaciones en su contra. Se vio pues sorprendida por la ofensiva que se desarrolló a partir de mayo de 2008. Por primera vez, el número de soldados occidentales asesinados en Afganistán en mayo-junio (70) superó el de Irak (52). El atentado suicida del 7 de julio de 2008 contra la misión india en Kabul, que arrojó un saldo de cuarenta muertos, muestra el cambio de paradigma en la estrategia talibana: se trata de disuadir a los países de la región, comenzando por India y Pakistán, de apoyar la “guerra contra el terrorismo” dirigida por Estados Unidos. Los ideólogos de la guerra, en Waziristán, contemplan también una estrategia más amplia, que incluye atentados contra los intereses de Estados Unidos en Europa. Los observadores coinciden en que Pakistán está en el centro de la estrategia de Al-Qaeda y los talibanes. Esta serie de logros en Afganistán oriental permite a estos últimos planificar la próxima etapa. Desde que el número de árabes en las zonas tribales disminuyó a raíz de las migraciones hacia Irak, las muertes y las detenciones de nuevas nacionalidades tomaron el relevo. Su objetivo declarado es expulsar a la coalición occidental de Afganistán e Irak y sentar las bases de un nuevo... frente de liberación de Palestina. Lo que bastaría, estiman, para asegurar el inicio de nuevas batallas, inscriptas en una visión escatológica que reclama deseosa la llegada del “Mahdi del fin de los tiempos”. u 1

Título conferido en Asia Central y el subcontinente

2

Los hadith o dichos del Profeta son un elemento

indio a un religioso respetado.

importante del islam. 3

Jean-Pierre Filiu, “Le spectre du califat hante les Etats-Unis”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2008.

4

Teólogos radicales, el primero egipcio y el segundo libio.

5

The Financial Times, 12-8-08.

6

Syed Saleem Shahzad, “Al-Qaeda contra los talibanes”,

7

Jean-Luc Racine, “Le plus dur reste à faire”, La Valise

Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2007.

diplomatique, 27-2-08.

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Noor, la serie turca que siembra cizaña en el mundo árabe

por Julian Clec’h*

Afrenta secular en clave de telenovela Día tras día, los medios se hacen eco del fenómeno Noor: “causa de divorcios y tensiones entre las parejas del mundo árabe”; “¡Muhannad, el hombre que hace soñar a las mujeres, ocasiona problemas más allá de las fronteras!…”. Esta serie turca, difundida por el canal saudí

Chicos y grandes, hombres y (sobre todo) mujeres, no se pierden por nada del mundo las tribulaciones de la pareja compuesta por Noor y Muhannad. La serie llega incluso a eclipsar a la política en las conversaciones cotidianas. Según el propietario del canal, que la transmite en todo el mundo árabe, sólo en Arabia Saudita –país de 28 millones de habitantes– atrae diariamente entre 3 y 4 millones de telespectadores. Tras el accidente de su novia Nihal, Muhannad cae en una profunda depresión. Su abuelo, Fekri Bek, decide entonces casarlo con Noor, una joven campesina de la que Muhannad se había enamorado de niño. La pareja es arrastrada dentro de un torbellino de acontecimientos épicos: secuestros, encarcelamientos, intentos de asesinato… Este guión bastante convencional, que de hecho le valió un bajo nivel de audiencia en Turquía cuando fue difundida en 2005, lleva a preguntarse sobre los motivos de semejante éxito en las sociedades árabes.

Romance y cercanía La explicación se apoya en tres elementos. “Al Atf wa al Romansiyya wa Muhannad” –“Sentimiento, romance y Muhannad”–. Más allá de los ingredientes habituales de este tipo de telenovelas, la sorpresa viene efectivamente de la mano de quien ya es conocido como el “Brad Pitt del mundo árabe”: Kivanc Tatlitug, más conocido ya como Muhannad, modelo publicitario de 24 años que la serie descubrió como actor y promovió como ídolo del mundo árabe. Rubio, de ojos azules, alto y musculoso: más allá de este físico capaz por sí solo de hacer sucumbir a la audiencia femenina, lo que encantó al público fue la relación que tiene con su mujer; una relación hecha de amor, sensibilidad y equidad. La encantadora Noor, interpretada por Songul Oden, representa a su vez a la mujer moderna, independiente y audaz. Ambos conforman una pareja ejemplar, basada en el diálogo, el respeto mutuo y la capacidad de hacer concesiones. Las mujeres interesadas en este fenómeno que entre*AGREGADO CULTURAL EN SANAA (YEMEN). Traducción: Teresa Garufi

MBC 4, podría haber sido tan sólo una telenovela más dentro del cuantioso flujo vertido por los canales satelitales árabes. Pero ha desbordado la pantalla chica para convertirse en un fenómeno de sociedad. Hay quienes se aventuran incluso a hablar de movimiento social…

Imágenes de Noor

vistaron los distintos diarios del mundo árabe son unánimes: les fascina la representación de esta relación soñada, tan alejada de su realidad cotidiana. Muhannad es el marido perfecto, ése que todas desearían tener. Como confiesa a The Washington Post una joven saudí: “Esa pareja simboliza el amor romántico ausente en nuestra cultura. Claro que es un poco exagerado, pero está bien que los hombres vean ese tipo de amor, aunque más no sea en la televisión”. Por lo demás, cada vez más mujeres exigen a sus maridos que se inspiren en Muhannad. Algunos hombres –porque ellos también siguen la serie– reconocen la ejemplaridad del comportamiento de este último hacia su esposa. Hamdan, de 24 años, taxista yemení y casado, constata: “En nuestra cultura, el hombre es superior a la mujer. Y en esta serie, se ve que los dos hacen concesiones para que la cosa funcione”. Noor se ha convertido casi en un manual para aprender a manejar la propia pareja… Pero, por fuerza, la “Noor-manía” y el culto que algunas mujeres prodigan a su hermoso héroe provocan ciertas tensiones en los hogares y, a veces, dan lugar a situaciones inconvenientes, que la prensa árabe no deja de relatar. En Arabia Saudita, Siria,

Bahrein y hasta Yemen, son incontables los divorcios ligados a la serie. Se cuenta que en Jordania, el tema Noor figuraba en el orden del día de la Comisión para la Educación del Parlamento, para definir una estrategia frente a una “cultura no-islámica”; corre el rumor de que una saudí que fue a presentar sus condolencias a una familia en duelo preguntó dónde estaba el televisor para no perderse el episodio de ese día… Pero la dimensión romántica de la serie no es su único acierto. Otros elementos explican su éxito, entre ellos la cercanía cultural de los personajes con el público. “María, Mercedes: esos nombres no me dicen nada”, confiesa la adolescente saudí Dania Nugali, aludiendo a las series latinoamericanas anteriormente difundidas por el canal MBC. Y agrega: “Cuando miro una de esas series mexicanas, siento como si tomara clase de literatura árabe. Mientras que con Noor, tengo realmente la sensación de mirar un entretenimiento” (1). En efecto, mientras que las series mexicanas y argentinas eran dobladas en árabe literal, la telenovela turca, por su parte, fue doblada en dialecto sirio. Además de facilitar su comprensión para el gran público, esta decisión dista de

ser anodina. En los años ’90, el desarrollo de la industria de la telenovela siria hizo posible el surgimiento de un nuevo tipo de realizaciones, dentro de un mercado durante mucho tiempo dominado por los egipcios. Su estilo más cuidado, sus intrigas más sutiles, fueron más apreciadas por el público que la “sempiterna serie egipcia sobre fondo de amor y venganza” (2). La serie Bab Al Hara (La puerta del barrio) consagró el éxito de las producciones sirias, lo que contribuyó indirectamente al triunfo de Noor. En efecto, el público apasionado por Bab Al Hara fue familiarizándose poco a poco con el dialecto sirio, a tal punto que se generó una relación íntima entre éste y los telespectadores de todo el mundo árabe. Fue así que, desde los primeros episodios de Noor, el público sintió el placer del reencuentro con las suaves modulaciones del habla shâmi (sirio), lo que facilitó su adhesión. Culturalmente, es obvio que una serie turca está mucho más cerca de las poblaciones árabes que las telenovelas sudamericanas. Noor está ambientada en un país musulmán, y cuenta la historia de una familia musulmana: pone en escena un modo de vida, una mentalidad, un conjunto de valores y costumbres que se repiten desde Estambul hasta Sanaa. La importancia de la familia en estas sociedades, donde varias generaciones viven bajo el mismo techo, el respeto por los mayores, los casamientos arreglados por los padres... todos estos elementos hicieron que la serie resultara familiar al público desde un principio.

Condena moral y política Pero si lo que facilitó la identificación del telespectador con los personajes fue una cultura común, lo que desencadenó la ira de los conservadores fue, en contrapartida, las diferencias entre los países árabes y la –mucho más secularizada– sociedad turca. Si bien es cierto que Noor cumple el ayuno del ramadán, la serie incluye escenas que podrían incomodar a quienes observan la moral islámica: sus protagonistas beben alcohol o mantienen relaciones sexuales antes del matrimonio con toda soltura. Lo que confiere a Noor su singular poder, y horroriza tanto a las autoridades


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religiosas, es esta mezcla de reconocimiento del igual y de atracción por lo distinto. La proximidad cultural entre árabes y turcos autoriza una cierta identificación; cuando ésta viene acompañada de admiración por los héroes, el telespectador empieza a preguntarse por las diferencias que observa entre él y los personajes. Una joven saudí resume perfectamente el temor de los religiosos: “Que los jóvenes, fascinados por la serie, vean ahora a unos musulmanes que mantienen una relación premarital, o que tienen hijos fuera del matrimonio, es mucho más peligroso que si vieran a unos occidentales hacer lo mismo”. Islah Jad, profesor de la Universidad de Bir Zeit de Cisjordania, sintetiza el verdadero problema de los conservadores: “Esta serie muestra que hay musulmanes que viven de una manera distinta” (3). Así es que desde Hebrón hasta Riad, a medida que crece la popularidad de Noor, se multiplican las fatwas y los sermones encendidos. “Malsana”, “contraria a los principios y los valores de las sociedades islámicas”, “decadente”: todo el campo semántico de la moral se moviliza para condenar la serie. Pero no sólo los religiosos la critican. Hay otros que ven con malos ojos este entusiasmo por una producción turca, por razones más políticas. Tal es el caso de Sameh Asi, periodista del sitio palestino de información en línea Al Watan, que titula su artículo: “¿Consiguieron las series turcas mejorar la imagen de los turcos en el mundo árabe?” (4). Si bien se ve obligado a responder afirmativamente a esta pregunta, el autor invita a sus compatriotas de la “nación árabe” a examinar la historia de las relaciones turcoárabes: “Si nos remontamos un poco en la historia, constataremos que los turcos, en la época del Imperio Otomano (…) son la causa del retraso de los árabes en civilización y tecnología. Y concluye: “Las series turcas son un fenómeno pasajero, pero la pregunta es: ‘¿Logró realmente este fenómeno cambiar nuestra visión de los turcos y de los crímenes que ellos infligieron a nuestros abuelos?’”. En detrimento de sus opositores de toda clase, la serie se convirtió también en un formidable método de promoción del turismo en Turquía. Un corresponsal de The Washington Post en Riad informó que, según un diplomático turco, el número de turistas saudíes pasó de cuarenta mil el año pasado a cien mil este año (5). En el consulado de Turquía en Sanaa se constata el mismo fenómeno: “Varias veces por día, vienen al consulado yemeníes que quieren ir a Estambul a visitar los lugares donde se filmaron los episodios, ¡y por qué no, para tratar de ver a Muhannad!”. Un directivo de una agencia de viajes de Sanaa confirma esta atracción por Turquía: “Ayer sin ir más lejos, organicé una estadía para toda una familia en Turquía, y por supuesto, la serie tenía mucho que ver en la elección de su destino”. El sector turístico turco supo de hecho explotar esta pasión: la casa de ficción de Muhannad, a orillas del Bósforo, fue alquilada para tours operadores y transformada en museo. Gracias a una programación que no deja nada librado al azar, la serie dejó de emitirse luego de doscientos episodios, a fines del mes de agosto, justo antes de la gran misa de la telenovela árabe durante el mes del ramadán. Famosas por tratar los problemas sociales en clave humorística, al tiempo que esforzándose por no atraer las furias de la censura, las telenovelas árabes difundidas en este período aluden cada vez más a la cuestión de la mujer. Varios proyectos de series, considerados demasiado vanguardistas, fueron suspendidos. “La difusión de todos esos proyectos era

En Arabia Saudita, Siria, Bahrein y hasta Yemen, son incontables los divorcios ligados a la serie.

1

Farah al-Sweel, “Turkish soap opera flop takes Arab

2

Yves González-Quijano, “Télévisions de Ramadan

world by storm”, Reuters, 27-7-08.

(3/3): géopolitique du feuilleton et questions de femme”, http://culturepolitiquearabe.blogspot.com. Véase también, Dina El-Khawaga y Alain Roussillon, “Du bon usage des feuilletons télévisés égyptiens”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 1995.

sin duda un tanto prematura –comenta en su blog Yves González-Quijano, docente de literatura árabe moderna de la Universidad Lyon-2–, pero está dentro de la lógica de las cosas –ésa que impone el gusto del público sobre el que se basan los anunciantes– que se multipliquen, a más tardar en el próximo ramadán, las exploracio-

nes de la realidad de las mujeres dentro del mundo árabe” (6). Con las preguntas que plantea sobre la mujer y la pareja, Noor era tal vez una forma de tantear el terreno, resguardándose a la vez detrás de una telenovela extranjera, simultáneamente tan próxima y tan lejana del mundo árabe. u

3

“‘Un-islamic’ Turkish soap opera all the rage in West

4

http://pulpit.alwatanvoice.com/print.php?id=134860,

5

Faiza Saleh Ambah, “A subversive Soap roils Saudi

6

Yves González-Quijano, op. cit.

Bank and Gaza”, Associated Press, 27-7-08.

28-5-08.

Arabia”, The Washington Post, 3-8-08.

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La geopolítica del rap social boliviano

por Johana Kunin*

Rap aymara, ¿rap rebelde? El rap político (1) boliviano, particularmente el alteño y paceño, se presenta en reiteradas ocasiones como un instrumento de crítica a la clase política y de lucha contra “el imperialismo”. Sin embargo, Desde 2000, y especialmente desde la llegada de Evo Morales a la presidencia, se ha producido un significativo aumento de las reivindicaciones de la población aymara así como del orgullo y la autoestima de los alteños, protagonistas de las protestas que propiciaron en parte su triunfo. Aquellas manifestaciones le dieron una notoria visibilidad a la ciudad de El Alto y atrajeron importantes fondos de ayuda internacional. En algunos casos propiciando los cambios sociales que se avecinaban y en otros intentando convertir a la juventud en “líderes positivos” y no contestatarios, las agencias han financiado proyectos de música rap para exaltar el orgullo aymara o para realizar campañas de educación vial, por ejemplo. Es así como los jóvenes alteños y paceños, muchas veces con convicción ideológica y otras condicionados por sus deseo de grabar un disco o presentarse en público, han participado musicalizando al ritmo del rap el aire de cambios que vive el altiplano boliviano. Los medios de comunicación nacionales e internacionales, por su parte, han hecho una prominente cobertura del tema, a menudo bajo la lupa del exotismo y resaltando los tintes rebeldes de las ideas de los jóvenes. Los “changos”, sin embargo, no son meros “objetos aculturados”; tampoco son “la voz revolucionaria de Octubre”. Son sujetos activos que participan de procesos de negociación a nivel local, nacional e internacional que influyen en su (re)construcción identitaria. Los raperos indican que su música “no viene de Estados Unidos”, si no de los barrios marginales de negros y latinos de ese país que, como ellos, han sido históricamente discriminados y por eso hacer rap “no es alienarse”. En este nuevo contexto, cabría preguntarse si esta revalorización pública de lo aymara en lo político y social, no es también, en parte, una búsqueda de ciertos actores de aumentar su status o sus posibilidades de obtener fondos para proyectos culturales o sociales. La política nacional, regional e internacional; la economía y los cambios sociales, hoy más que nunca, no deberían ser relativizados a la hora de analizar las manifestaciones culturales (2). El hip hop nació como “tribu urbana” en los barrios marginales de Nueva York en Estados Unidos en la década del '70. Está compuesto por cuatro elementos: el graffiti (pintadas en paredes), el break dance (baile), el rap de los MCs (que cantan rimando, a menudo improvisando) y los DJs (musicalizan las rimas de los MCs). *PERIODISTA Y ANTROPÓLOGA. ESTE ARTÍCULO FUE ELABORADO GRACIAS A LA CONTRIBUCIÓN DEL PROGRAMA REGIONAL DE BECAS DEL CONSEJO LATINOAMERICANO DE CIENCIAS SOCIALES (CLACSO). EL TRABAJO FORMA PARTE DE LOS RESULTADOS DEL PROYECTO “EL RAP AYMARA: ¿CONTRACULTURA, ACULTURACIÓN O HIBRIDEZ?” QUE FUE PREMIADO CON UNA BECA DE INVESTIGACIÓN EN EL CONCURSO "CULTURA, PODER Y CONTRA-HEGEMONÍA" CONVOCADO EN 2007 EN EL MARCO DEL PROGRAMA DE BECAS CLACSO-ASDI PARA INVESTIGADORES JUNIOR DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. HA SIDO AVALADO POR EL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS (ARGENTINA).

aunque parezca contradictorio, el movimiento está muy marcado por la agenda temática y el financiamiento de las agencias gubernamentales municipales, nacionales, internacionales y de las ONGs.

Grupo Frase 3, Ciudad Satélite, El Alto

El rap llegó a Bolivia en los años '90. Imitando al programa de TV Sábados Populares, los jóvenes se reunían y hacían coreografías grupales con música tecno que poco a poco fue acercándose al ritmo del rap. Varios bolivianos que hacían rap y vivían en el exterior empezaron a traer rap en inglés y castellano al país. En los barrios ricos de las ciudades bolivianas comenzó a imponerse el “gangsta rap” (3) y con él las peleas de pandillas. A partir del 2000, con la “eclosión” de movimientos sociales contestatarios, se inicia una tendencia de “rap político”, sobre todo en la ciudad de El Alto. El rap se expande especialmente después de los sucesos de octubre de 2003 y su fin es trasmitir reivindicaciones étnicas, denunciar la discriminación, criticar a la clase política y al “imperialismo” y educar a los jóvenes. “Cuanto más alienado, más americano, más en inglés y menos boliviano mejor era el rap en los '90. A partir del 2000 empezó a surgir el hip hop de otra manera, más conciente, más social, más patriótico, más nacionalista”, relata un rapero paceño. El movimiento de rap político se articuló inicialmente en torno a la radio y al centro cultural Wayna Tambo de El Alto y al Pub Tiwanaku en La Paz. El programa de radio La Nueva Flavah en La Paz y El Rincón callejero en El Alto difundían (y difunden) el universo rapero social andino. Actualmente, existirían sólo en El Alto un centenar de grupos de hiphoppers. Es un fenómeno esencialmente masculino, ya que hay pocas mujeres en este ámbito. Sin embargo, una de las líderes más importantes de La Paz es mujer. Se pueden observar, al menos, cinco tendencias:

La Paz: Rap para la educación ciudadana Debido a los medios económicos con los que cuentan y a las conexiones con agencias nacionales e internacionales, los raperos políticos de La Paz son los que más discos han grabado, sobre todo de manera

oficial (4). Cantan solamente en castellano y se autodefinen en general como bolivianos antes que como aymaras. Las temáticas que tocan en sus canciones intentan ser “positivas” y critican a los raperos que sólo se quejan. Expresan que su objetivo es educar a los jóvenes, ayudarlos a tomar conciencia, tratar “temas sociales con mensaje”. “Lastimosamente el hip hop ha sido estigmatizado por las pandillas, las drogas y un montón de elementos negativos. Creemos que con nuestro ejemplo estamos limpiando todo eso”, indica un rapero. Este grupo ha coordinado actividades como “Hip hop en La Calle” con la alcaldía de La Paz, con la que también grabó canciones de educación vial. Con el ministerio de Educación realizaron canciones sobre el analfabetismo; con organismos que trabajan temas de género, rap contra la violencia hacia la mujer; con una ONG un evento para el antimilitarismo en Colombia; con la embajada de Estados Unidos en La Paz un concierto y taller con un grupo de rap estadounidense; con varios auspicios un evento llamado Conexión Hip Hop Bolivia-Chile; con el gobierno nacional el concurso y gira Voces de unidad juvenil por la unidad boliviana; con el Goethe Institut y la Alianza Francesa de La Paz el encuentro “A la luz del Hip Hop”; con una ONG, rap con jóvenes lustrabotas; y con otra una canción sobre el agua.

El Alto: rap de reivindicación de identidad aymara con apoyo institucional y cobertura mediática Esta tendencia se concentra sobre todo alrededor de la Wayna Tambo y está compuesta por algunos pocos grupos minoritarios aymaristas que cantan en aymara. Por este hecho, sin embargo, son los que tienen mayor cobertura mediática (aún más que los paceños). A menudo tildan a los medios de comunicación de manipuladores, aunque frecuentemente les conceden entrevistas. Para sus shows, se visten como los paceños con pantalones anchos, gorras de

baseball y chamarras americanas; pero además usan ponchos y lluchus. En muchas de sus canciones se hace alusión a la identidad “boliviana”, “aymara” y “latina”; se recuerda a los caídos en Octubre, se critica a los medios de comunicación, a la clase política y al “imperialismo” y se aboga por un cambio social radical. El nombre o el seudónimo de los cantantes o MCs es, en general, en aymara. Sus rimas suenan al ritmo de pistas con instrumentos andinos. Para grabar sus discos han sido apoyados por centros culturales que cuentan con financiación internacional. Han cantado para las juntas vecinales de El Alto, en el cierre de campaña de Evo Morales, en el cabildo del 20 de junio de 2007 denominado “la sede no se mueve” realizado en El Alto; han participado en un evento por la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, han dado talleres para los hijos de mineros en Huanuni, para la comunidad afroboliviana en los Yungas y en la cárcel de San Pedro en La Paz. Al mismo tiempo, realizaron campañas contra la contaminación acústica para la alcaldía de La Paz. Han sido invitados a encuentros de hip hop, juventud o liderazgo en Cuba, Ecuador y Venezuela.

El Alto: pequeños grupos de rap político y callejero con participación institucional ocasional En general no han logrado grabar un disco completo de manera oficial, a veces logran grabar algunas canciones en un estudio casero. Son más jóvenes que los de la tendencia anterior y no cuentan con cobertura mediática. Las temáticas de sus canciones se basan gran parte en “la vida callejera”, siendo “la calle” la legitimadora del buen rapero. Esto es una tendencia que proviene de Estados Unidos. No son necesariamente lo que se conoce como “niños de la calle” pero han pasado o pasan la mayor parte de sus días en la calle. En sus canciones tienen componentes críticos y aleccionadores: denostan a la policía, a los políticos, se quejan de la discriminación y la pobreza, y cuentan historias donde intentar instruir a otros jóvenes sobre los daños del consumo de alcohol y drogas con el trasfondo de un yo ya lo pasé, no te lo aconsejo. Muchos han tenido problemas con las drogas o el alcohol y han estado internados en centros de rehabilitación y/o han tenido problemas con la policía (cárcel o arrestos). A menudo tienen un doble discurso con respecto a las drogas, educando en sus letras contra el consumo y pero sin lograr seguir esa indicación para sus propias vidas. Ocasionalmente han sido invitados a cantar o componer para ONGs en temas de Derechos Humanos o Sida. Algunos han confesado que han cantado para actos políticos pero “no se acuerdan para qué o quién”. En general no cantan ni hablan aymara pero introducen también pistas andinas en su música. Muy pocos entienden la lengua, menos aún la hablan. Alegan que sus padres no les han enseñado para que no sufran discriminación, porque no tenían tiempo o porque no vivían con ellos.


Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

El Alto: raperos marginales Son los que llevan sus ideas antisistema y críticas a políticos, capitalismo e imperialismo hasta las últimas consecuencias. No representan a ningún partido político u organización. Sus trabajos se conocen sólo de las presentaciones en público. Cómo las dos tendencias que acabamos de describir, no cuentan con medios suficientes para grabar sus propios discos. Lo que los diferencia es que no quieren negociar su independencia artística o creativa para grabar su música. Es por esto que no cuentan con material grabado. Se consideran “under reales”. No les interesa hacer pública su identidad como raperos. El rap es una forma de relacionarse con sus pares desde la expresión de sensaciones e ideas manifestadas en las “batallas de gallos” (5) o en shows colectivos. No cantan en aymara pero utilizan pistas andinas.

El Alto: raperos independientes con su propio estudio Son jóvenes que han logrado ahorrar y comprarse una computadora para así establecer un estudio casero. Esto les otorga mayor libertad a la hora de componer y grabar. En general terminan convirtiéndose en productores de otros raperos, ofreciendo sus servicios de grabación o de elaboración de videoclips a un precio módico. Difunden su música por internet y ocasionalmente la venden, aunque no la producen con fines de lucro. Sus canciones hablan de temas políticos, discriminación y, en menor medida de la identidad aymara. No cantan en aymara pero utilizan instrumentos andinos vía pistas digitales como fondo de sus rimas.

Ni jailón ni alienado Sobre las tendencias que acabamos de describir enmarcadas en el “rap político” del altiplano boliviano podemos además agregar que existe una dicotomía entre rap comercial y rap underground. Para los raperos alteños, los paceños son unos “jailones” del rap comercial que hacen todo por el dinero. Este debate entre rap comercial y rap underground proviene del mundo del rap estadounidense. A pesar de las acusaciones cruzadas, no hay una clara intención de lucrar con la venta de la producción musical en ninguno de los grupos. El método de intercambio más habitual es el trueque entre “changos” ó la grabación de temas de rap de un músico en la tarjeta de memoria MP3 o celular de otros. Los raperos se manejan con cierta territorialidad similar a la de las “pandillas”. Si un grupo frecuenta un centro cultural, hace arreglos con una alcaldía, embajada o partido político, u organiza un evento musical, el resto no acude. En comparación con otras agrupaciones juveniles de cultura en El Alto, no se caracterizan por desarrollar comportamientos solidarios o comunitarios en el marco de la cosmovisión andina. Esto es especialmente llamativo, ya que en muchas ocasiones los miembros de organizaciones activistas y de resistencia desde el arte, logran establecer entre ellos estrechos vínculos de solidaridad y comunidad. Los raperos de El Alto describen una cuádruple discriminación a la que hacen frente: por ser jóvenes, por ser aymaras, por ser alteños y por ser raperos. Para todos ellos el rap tiene una función catártica, de desahogo frente a esta situación. Después de 2003, se han visto, sin embargo, revalorizados al ser los jóvenes alteños los principales protagonistas de las protestas. Ante la pregunta de si se creen “agringados o alienados” por hacer rap, la

respuesta de todos es contundente: “no”. “Me han dicho: tienes que luchar con las mismas armas que tu enemigo. Usamos música que ha venido de Norteamérica contra el mismo país”, dice un rapero alteño. “Desde mi punto de vista el rap ha nacido en África, su esencia es de los negros. Ahorita El Alto se puede comparar con el Bronx, hay mucho racismo, hay pobreza…Para mí, la música es como un instrumento de lucha. Si tuviera plata hubiera hecho un grupo con treinta músicos tocando zampoña. Hago hip hop porque es más barato”, agrega otro rapero de El Alto. El rap parecería reflejar la complejidad de la situación boliviana contemporánea: se hizo un concierto por la “unidad del país”, actividades para promover la amistad con Chile, por la nacionaliza-

así llegamos a un chauvinismo: “yo Bolivia, toda la vida Bolivia, mañana Bolivia”. “Las alcaldías tienen una función pública y ellos invitan a los raperos a que hagan una temática. Hay empresas que también te invitan pero ahí depende tu vocación porque es para vender cosas. Las instituciones proponen la temática y te dan un libro así de grande y te dicen: 'resumime y haceme una canción'”, agrega un rapero paceño. “Ellos dan lo técnico y nosotros lo artístico. Mis amigos punk me contaron que hace cinco años era el punk y cuando ya más no les sirvieron, chau. Acá es lo mismo. Las ONGs te recontra imponen lo que quieren. Es como los cristianos, te profesan una cosa y después tienes que ir a profesar a los demás”. Su compañero alteño lo resume de

“La mayoría de los raperos habla y canta mal en aymara. Pero con eso quieren ser famosos” ción de los hidrocarburos, en el cierre de campaña del MAS, por la capitalidad, recordando los hechos de octubre y los de enero de 2007 en Cochabamba. Algunos raperos así como analistas bolivianos sostienen que la agencia de cooperación estadounidense Usaid organizaba actividades promoviendo el “liderazgo positivo juvenil” en El Alto para evitar otro “Octubre”. Habría que ahondar para ver si el rap social andino se enmarcaría contra o dentro de ese propósito. Tampoco deja de ser llamativo las actividades que varios de los raperos aymaristas alteños han realizado en Venezuela y Cuba. Tal vez no sería tan errado decir que existe una “geopolítica del rap social andino” y esto configura la identidad de sus participantes que, al mismo tiempo, modifican la realidad social nacional (e internacional).

Miradas exotistas Tampoco es menor el hecho de que sólo tres de los cuarenta raperos entrevistados sea aymarista. El enfoque “exotista” (u “orientalista” a lo Said, quizás) de los medios de comunicación peca al buscar el efecto “zoológico” mostrando a menudo sólo grupos de jóvenes que hacen “música estadounidense en aymara”. La prensa no aclara tampoco que las letras de las canciones que atestiguarían un evidente “despertar político” de los jóvenes (sobre la identidad aymara, los acontecimientos de Octubre, la discriminación, los derechos humanos, la educación vial, etc.) son hechas muchas veces bajo encargo o invitación de partidos políticos, ONGs, juntas vecinales, alcaldías o servicios de cooperación internacionales. Los jóvenes aprovechan el financiamiento otorgado por dichas instituciones para la grabación de sus discos o para hacer presentaciones en público. La mayoría de estos jóvenes, no podría grabar o presentarse sin estos apoyos. Las instituciones tampoco podrían afanarse de proyectar la “verdadera voz juvenil” sin realizar estos eventos. “Se nos está utilizando. Los raperos lo hacen por dinero. Lo hacen para decir que su plata está sirviendo para algo. Para justificar lo que siempre roban. Si en este momento estuviera sonando la samba, eso que quieren expresar lo harían con samba y no con hip hop. Es una moda”, señala a El Dipló otro hiphopero. “La Wayna Tambo, como toda ONG, tiene su línea político-ideológica. Nos ha hecho tratar de sacar lo positivo de la sociedad, de la cultura aymara. Tratar de elevar el ego aymara que tenemos

manera más radical: “Las pinches ONGs los manejan. Porque les dan plata. Porque no tienen todavía una cosa formada, una base. Entonces ellos se dejan manejar como títeres. Ellos pueden estar con Podemos, pueden estar con el MAS”.

Rap y política Los raperos en general rechazan la figura de los políticos tradicionales (no así la de Evo Morales). Sin embargo, como hemos explicado, a menudo negocian la realización de conciertos o talleres con fondos de los gobiernos nacionales, municipales, de partidos políticos o de agrupaciones. Los raperos indican que quieren construir una ciudadanía juvenil “no política” o al menos no política formal. “Muchos jóvenes no quieren saber de la política. Yo a partir de que reclamo por los niños de la calle ya estoy haciendo política. Muchos jóvenes hacen política pero dicen que no hacen política. Porque esta palabra “política” ya esta muy ensuciada. Es como decir ratero. Entonces hay que buscarle otra palabrita para que los jóvenes se interesen porque es muy necesario para la lucha. Yo de por si ya quiero ser medio político, quiero hablar así y me siento bien cuando yo transmito mis palabras”, indica un rapero alteño. La postura de su brother paceño es distinta: “Queremos hacer hip hop (social, con mensaje) sin interés político porque para nosotros la política no sirve”. Hay “changos” que advierten que sus compañeros con marcadas reivindicaciones étnicas en su música (como la inclusión de ritmos andinos) y en su puesta en escena (como el uso en el escenario de simbologías andinas en su vestimenta), lo hacen para que los llamen a cantar a eventos financiados por agencias nacionales o internacionales. “La mayoría de los raperos habla y canta mal en aymara. Pero con eso quieren ser famosos”, se queja un “chango” alteño. Las prácticas de todos los actores sociales involucran a la vez aspectos económicos, culturales y políticos. Esto significa que todas expresan y tienen consecuencias en las relaciones de poder establecidas, ya sea reforzándolas o alterándolas. En este sentido, no se puede entender al rap político como una pura expresión cultural, si no como parte de un proceso político (gobierno actual de Evo Morales) y social (redefinición de categorías como aymara, indio, mestizo, imperialismo) y condicionada por aspectos económicos como la producción de los discos o las presenta-

ciones en público que a menudo dependen de los fondos de agencias locales o extranjeras que imponen o sugieren su propia “agenda” temática de las canciones. En los actuales tiempos de globalización, la producción de representaciones sociales por parte de actores sociales se relaciona de diversas maneras con su participación en sistemas de relaciones trasnacionales en los cuales intervienen también actores locales de otros países y juegan papeles importantes algunos actores globales. Esto no implica que tales actores locales adopten sin más las representaciones sociales que promueven los actores globales, sino que las elaboran en el marco de esas relaciones trasnacionales. El resultado es que las representaciones que orientan las acciones de numerosos actores locales que juegan papeles significativos en la orientación de las transformaciones sociales en curso, se relacionan de manera significativa, pero de formas diversas, con las de los actores globales. Si bien en algunos casos esto supone la adopción de ciertas representaciones y de las orientaciones de acción asociadas a ellas, en otros implica rechazo o resistencia, negociación o apropiación creativa (6). Está claro que no se puede ser un celebrador acrítico de la cultura popular. Tal como explica Alabarces (7), hay que tener una lectura compleja –que no puede reducirse a la superficie del texto poético– sino que debe abarcar lo musical, la puesta en escena, los circuitos industriales y comerciales, los espacios de realización, los rituales de consumo, las practicas de los consumidores; y también, las instituciones y los agentes que participan de las relaciones. Es imposible analizar un fenómeno como el de la música popular por fuera de una mirada de totalidad, que reponga el mapa de lo cultura –completo y espeso– en una sociedad determinada. Caso contrario, ocuparnos de estas “zonas libres de la cultura puede llevarnos a la autonomización populista”, a la celebración del fragmento aislado, de ese espacio donde el débil se hace fuerte y celebra su identidad, sin ver las innumerables ocasiones en que el poderoso marca los límites de lo legitimo y lo enunciable.u 1

En este trabajo usamos indistintamente “rap social” y “rap político”

2

Para realizar este trabajo se partió del punto de vista de los jóvenes raperos. Durante el trabajo de campo se entrevistó a cuarenta “changos” de La Paz, El Alto y de otros departamentos bolivianos, pertenecientes a veinte grupos musicales diferentes. Algunos tuvieron (o tienen) una fuerte relación con el mundo de las drogas o problemas con la policía. Asimismo, ser “famoso” o “vendido” es una opción denostada por la comunidad rapera y ser “under” (de “underground”, “subterráneo” o “clandestino” en castellano) equivale a ser un verdadero rapero. Son conocidos los casos de raperos muy mediáticos que han sido aislados por querer “llenarse los bolsillos y hacerse famosos”. Con el fin de dar mayor libertad para hablar a los entrevistados se les garantizó el anonimato. Ser “famoso” o “vendido” es una opción denostada por la comunidad rapera y ser “under” (“subterráneo” o “clandestino”) equivale a ser un verdadero rapero. Son conocidos los casos de raperos muy mediáticos que han sido aislados por querer “llenarse los bolsillos y hacerse famosos”.

3

El Gangsta Rap es un subgénero de la música rap en el que las letras resaltan las historias de gángsters, violencia y drogas.

4

Es decir, no en un estudio de grabación casero.

5

Enfrentamiento “lírico” con improvisaciones sobre un

6

Daniel Mato et al, Estudios Latinoamericanos sobre

escenario.

cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización, Clacso, Buenos Aires, 2001. 7

Pablo Alabarces, María Graciela Rodríguez, Resistencias y mediaciones. Estudios sobre cultura popular, Paidos, Buenos Aires, 2008.

J.K.

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Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

Un fenómeno explosivo que no deja de crecer

por Alejandro Margulis*

A Wikipedia le sale competencia La idea de crear una enciclopedia wiki se le ocurrió a un broker de Chicago llamado Jimmy Donal “Jimbo” Wales después de hacerse multimillonario con los negocios bursátiles. Entre los años 1994 y 2000, cuando cruzaba la treintena, ganó el dinero suficiente como para, según sus propias palabras, poder mantener a su mujer y a su hija por el resto de sus días sin tener que volver a trabajar. Más cercano al modelo norteamericano del fast food que a la Enciclopedia de Diderot, el término wiki viene de la acepción hawaiana wikiwiki, que significa “rápido” y es la piedra angular de lo que ellos mismos definieron como “un sitio web colaborativo que puede ser editado por varios usuarios”. Y cuanto más velozmente sea, mejor. Iniciada en inglés el 15 de marzo de 2001, hoy Wikipedia se convirtió en el séptimo sitio más visitado del mundo, con más de 2.000.000 de artículos escritos en una docena de idiomas, y ambiciona llegar a ser, por prepotencia ilustrada, la más completa suma de saberes que haya creado el hombre desde los remotos tiempos de la Biblioteca de Alejandría. Suerte de hermanos menores de ésta, en internet existe media docena de sitios web realizados por comunidades de personas –así se llaman aunque se conozcan exclusivamente a través de sus computadoras– que aportan tiempo de esfuerzo y contenidos como un disciplinado y filantrópico ejército en las sombras. El más popular de los derivados es el Wikcionario. Pero tras él vienen marchando los sitios de tutoriales (Wikilibros), citas (Wikiquote), bibliotecas (Wikisource), noticias (Wikinews), contenidos académicos (Wikiversity) e imágenes y multimedia (Commons).

Google entra en escena Por fuera de esta familia, Google, el otro gigante interneico, acaba de lanzar Knol, su propia plataforma enciclopédica gratuita. Incipiente aún, para los administradores wiki la aparición de Knol lo único que ha hecho es “crear una sensación de autoridad” sin llegar a tenerla. “No es una enciclopedia. A lo que apunta Google es a ampliar el mercado publicitario en internet”, considera Patricio Lorente, presidente del capítulo argentino de la Fundación Wikimedia (www.wikimediafoundation.org), que es organización internacional, declaradamente sin fines de lucro, que administra las filiales en Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Lorente vive de su trabajo como empleado en la Universidad Nacional de La Plata; wikipedista de ley, a los 29 años cursó un promedio de tres, sucesivos años en las carreras de Filosofía, Derecho, Sociología, Informática y Letras. Para sus críticos, el modelo del saber que podría reunirse leyendo estas páginas se parece más al de un genio de las palabras cruzadas o de los juegos de preguntas y respuestas que al que ambicionaban los autores de la Ilustración. Nadie podría procesar la cantidad de datos específicos, muchísimos absolutamente superfluos, que se agregan segundo a segundo siguiendo una dinámica de incorporaciones incesante. Y es que la Wikipedia y sus derivados parecen haber sido hechos a la medida excesiva del memorioso Funes, aquel personaje creado por Borges que era capaz de recordar hasta la última de las nervaduras de la última hoja del último árbol que viera. *PERIODISTA Y EDITOR DEL PORTAL WWW.AYESHALIBROS.COM.AR

No es solamente el séptimo sitio digital más visitado del mundo: Wikipedia encarna uno de los acontecimientos más relevantes que ha generado internet y se propone ser la más completa suma de saberes que haya creado el hombre. Pero ya no está sola.

El uso por momentos abusivo de hipervínculos (esos “elementos de un documento electrónico que hacen referencia a otro recurso, por ejemplo otro documento o un punto específico del mismo o de otro documento”), da por momentos la impresión de que realmente se está asistiendo al despliegue de asociaciones verbales que se encuentran en la base de la inteligencia humana. Así, por ejemplo, la palabra “hoja” llevará al navegante solitario primero a encontrarse con una doble acepción, orgánica e industrial; en un paso inmediato, a su origen latino –folium– y al mismísimo latín como definición en sí misma, y luego a la historia completa de las lenguas indoeuropeas, empezando por su rama itálica, hablada en la antigua Roma, a un listado de cincuenta y una acepciones más que recorren tres siglos de historia humana y dos continentes, hasta desembarcar en la década de 1960. Si aún le queda un resabio de curiosidad, el lector puede volver atrás para leer la historia del latín o contar la cantidad de idiomas por países que hay en el globo terráqueo, según el pormenorizado listado que vienen realizando los wikipedistas unidos desde hace poco menos de diez años atrás. De hecho, un listado de nombres de países, los comenzados con la letra “U” –bajo la entrada “UuU”– fue el primero de todos los artículos publicados.

Hechos, hechos, hechos Cuenta el propio Jimbo Wales que la autora que lo marcó para siempre fue una novelista llamada Ayn Rand. Rand, una emigrante rusa fanática del capitalismo estadounidense de los años ’50, publicó una serie de libros seudo filosóficos en los que, entroncada en lo que los estadounidenses dieron en llamar Objetivismo, ensalza las virtudes del laissez faire estatal y del individualismo de los ciudadanos por encima de cualquier intento de colectivismo. Los libros principales en los que despliega esta ideología son La rebelión de Atlas y El manantial.

La Wikipedia quiere basarse en la norma de la neutralidad y de que no figure en ella nada más que hechos o datos, con fuentes mencionadas y verificables. Esto evita, en principio, excesos políticos o inmorales, aunque hasta los aportes nunca editados pueden rastrearse, con mucha paciencia, en los foros donde se guardan los debates previos. El modelo democrático se sostiene en apariencia desde el momento en que sólo hace falta mantener una cuenta activa durante cuatro días para proponer un contenido; también en que cualquier usuario disconforme con un texto puede pedir que se lo borre o se lo vigile para ver sus modificaciones o eventuales contenidos calumniosos. Pero todo esto es revisado por los moderadores de cada “Capítulo” local, quienes son controlados a su vez por moderadores regionales, que lo son por coordinadores que trabajan en estrecho vínculo con los miembros de un selecto directorio internacional con sede en San Francisco, y cuyo presidente, honorario pero presidente al fin, es Jimbo Wales.

Campo de pruebas porno ¿Una corporación del conocimiento? “Más bien es parecido a una fundación”, dice Lorente, y aclara con lenguaje vagamente gerencial: “Hay un board separado de la fuerza de trabajo”. ¿Cómo se financian? “Por un lado hay aportes de empresas como Sun Microsystems (informática de Silicon Valley creada en 1982) o IBM… Hay muy poca relación con Microsoft…”, señala. “El dinero lo obtenemos de donaciones del público. La mayoría proviene de pequeñas donaciones que van de 50 a 100 dólares. Tenemos éxito obteniendo donaciones porque todo lo que hacemos es barato, sólo tenemos que pagar por los servidores y la banda ancha”, declaró Wales por su parte en un chat de la BBC de Londres donde también acuñó una curiosa autocalificación: “Somos activistas de los derechos de autor que practican la desobediencia civil”.

Uno de los primeros proyectos de Wales había sido el motor de búsqueda para contenidos eróticos www.bomis.com; fue ahí donde obtuvo los conocimientos técnicos de programación que luego desarrollaría en Wikipedia. En marzo de 2000 creó Nupedia, otra enciclopedia libre, junto con Larry Singer, pero recién un año más tarde llegó al modelo actual. Si bien sus acciones no cotizan en la Bolsa porque no las tiene, calculan que 5.000 millones de dólares es el valor de la marca Wikipedia, según comenta Lorente. El impacto de venta posible asociado a la marca despierta la ambición de las empresas convencionales, pero, autorregulado en suma por los cientos de miles de usuarios que trabajan gratis para el proyecto en todo el mundo, la única vez que hubo un atisbo de negocio fue hace unos años en Alemania, cuando se lanzó al mercado un DVD armado por una editorial a un precio de 10 euros. Por el uso de la marca, es decir, por la colocación en tapa del logo, cobraron un 20 por ciento de las regalías sin afectar el copyright de nadie, que siguió siendo de los autores citados. Pero enfrentados a sí mismos por el acceso libre y la excelente conectividad de la internet del país pronto sacaron el producto de circulación. ¿Puede creerse a ciegas en la filantropía del proyecto? “Jimbo sigue siendo un empresario. En eso no cambió. En realidad fue la propia comunidad la que tomó otro camino. A fines de 2001 parecía que en cualquier momento iba a haber publicidad. Ya tenía más de una docena de idiomas. Pero entonces la comunidad española armó su propia enciclopedia. Durante un año la Wikipedia original no tuvo contenidos. Y la libre siguió creciendo. Esto significó un cambio muy fuerte en toda la comunidad. El riesgo para Jimbo era que se le vaciaran los proyectos. Decidió donarle los servidores y la marca a una fundación en la que, renunciando a toda explotación comercial, quedó como presidente honorario. Aun si la Fundación ganara plata en algún momento, no la va a cobrar él, porque quienes la presiden no pueden cobrar. El negocio de Jimbo es Wikia, un portal de wikis para desarrollar enciclopedias temáticas paralelas”, explica Lorente. Pero sin duda la gran apuesta vendrá a fines de diciembre de este año cuando se lance en la red un buscador (Wiki Search) para competir con Google. A diferencia del estilo Wiki, el proyecto con el que Google ha salido a competir convocará a grupos de coordinadores académicos para que los contenidos o artículos espontáneos sean regulados por especialistas. Pero estén coordinados o no, lo cierto es que una increíble e ingenua fuerza de trabajo ad honorem también contribuirá, en su caso, a enriquecer el almacén que luego será corporativamente administrado. El nivel de obsesión y de generosidad de los colaboradores parece no tener límites, y es en este punto donde las enciclopedias free tienen su mayor fortaleza y, acaso, su cautivante, tal vez perversa eficacia documental. No sin modestia, Wales prefiere eludir la comparación con la Enciclopedia Británica cuando se le pregunta por la fiabilidad del producto. Pero no adopta esa postura a la hora de hablar de alcances y proporciones: “Somos mucho más grandes y estamos más actualizados”, dice. u A.M. © LMD ed. Cono Sur


Le Monde diplomatique / el Dipló / Octubre 2008

Política latinoamericana

Sociología

Desarrollo

Historia y política latinoamericana

Las disyuntivas de la izquierda en America Latina

Revista D'Orbigny. Miradas cruzadas de Europa y América Latina

Primero la gente

Piratas del Caribe. El eje de la esperanza

Claudio Katz

Los múltiples rostros del multiculturalismo

Amartya Sen, Bernardo Kliksberg

Tariq Ali

Ediciones Luxemburg, 2008 272 páginas

Plural/Embajada de Francia en Bolivia; La Paz, agosto de 2008. 82 páginas.

Deusto; Barcelona, febrero de 2008. 322 páginas.

Foca; España, 2008 300 páginas.

El libro de Claudio Katz ofrece un examen sistemático de los principales desafíos que enfrenta la izquierda latinoamericana. Consta de cinco partes. En la primera realiza un análisis del actual “mapa político” latinoamericano y se caracteriza los tres tipos de gobierno que predominan en el área: la derecha conservadora, el centroizquierda y el nacionalismo revolucionario. En la segunda estudia los problemas vinculados con la estrategia y la táctica de las fuerzas de izquierda. En la tercera somete a crítica a varias corrientes de pensamiento y teorizaciones que, en los últimos años, gozaron de especial atención en el heteróclito espacio de la izquierda. En la cuarta explora el tema de la democracia y las distintas conceptualizaciones que estuvieron en el centro del debate político de la región. La quinta, finalmente, examina las perspectivas de la revolución socialista en nuestro tiempo. Quien esto escribe quiere dejar sentado desde el inicio su coincidencia con las principales tesis planteadas por Claudio Katz: la incompatibilidad entre capitalismo y democracia; la posibilidad del entrelazamiento entre reforma y revolución; la concepción de esta última como un proceso y no como un acontecimiento escatológico; la “insoportable levedad” del centroizquierda latinoamericano y, finalmente, la contradicción entre las bases institucionales de la República burguesa y los requerimientos de una auténtica democracia. No obstante, hay un cierto número de cuestiones que invitan a una discusión. Sin ánimo de exhaustividad mencionaría las siguientes: en primer lugar, una cierta subestimación del papel del imperialismo, principalmente a la hora de evaluar las posibilidades de un avance hacia el socialismo en algunos países del área. Segundo, creo que su caracterización del derrumbe de los gobiernos del mal llamado “socialismo real” de Europa Oriental como revolucionarias “oleadas populares” es inadecuada. En tercer lugar, no concuerdo con la idea de que el pluripartidismo sea un aspecto clave del nuevo modelo socialista. ¿No significaría tal cosa sino la legalización y legitimación de los partidos y sectores de la “sociedad civil” empeñadas en destruir la revolución con la ayuda del imperio? El Estado burgués demoró más de cuatro siglos en admitir al pluripartidismo y legalizar a los partidos contrarios al sistema capitalista. Y eso que no había bloqueos como el que viene sufriendo Cuba desde hace cincuenta años. ¿Tiene sentido abrir ese espacio antes de la plena consolidación de la revolución? Katz plantea problemas que merecen ser discutidos por una izquierda que pretenda cambiar el mundo y no tan sólo ser la ruidosa pero impotente testigo de su acelerada degradación y descomposición.u

El último número de esta revista será leído con mucho interés por quienes quisieran entender la coyuntura boliviana mediante los análisis producidos desde las ciencias sociales. Dedicado a las políticas del “multiculturalismo”, el dossier ofrece una serie de artículos teóricos que permiten cuestionar un concepto “naturalizado” por su extenso uso en el ámbito periodístico, entre otros. Destacaremos el de Pierre Bourdieu y Loïc Wacquant, que estudia el papel jugado por la academia estadounidense en imponer el paradigma multiculturalista como un esquema de análisis relevante a nivel internacional. Por su parte, los ensayos enfocados en estudios de casos locales muestran cómo algunos de los temas más candentes hoy en día en Bolivia han sido tratados en países vecinos. Entre ellos, Christian Gros analiza los procesos de definición del concepto de autonomía indígena en las reformas constitucionales de Colombia, Venezuela y Brasil. Sin embargo, quizás este estimulante número de la revista carezca de una contribución específicamente dedicada a Bolivia. Asimismo, a pesar de que Jean-Pierre Lavaud y Françoise Lestage, en un artículo presentando las redes internacionales del indigenismo, abordan extensivamente el caso boliviano, proponen una lectura “estrategista” de la implantación de una ideología indigenista supuestamente exportada por instituciones financiadoras y ONGs. Un análisis que tiende a eludir la existencia de una fuerte tradición indianista nacional, encarnada especialmente por las corrientes sindicales kataristas de los años '70 –es decir, mucho antes de la “oenegízación” del campo de la protesta boliviana.u

En el mundo, 845 millones de personas padecen hambre, 1.200 millones no tienen acceso al agua potable y 1.600 millones no tienen sistemas de saneamiento. Éste es el escenario que muestran con una crudeza sin concesiones Amartya Sen y Bernardo Kliksberg, quienes proponen recuperar “la relación perdida entre ética y economía”. Sen hace un abordaje crítico de la exclusión y la distribución desigual de los beneficios, aunque también de la inclusión “en condiciones de desigualdad”. Según él, “un tema crucial es el relativo a la forma de compartir las ganancias potenciales de la globalización”. En este marco, discute el acceso desigual a la salud, mostrando las tasas de mortalidad como el mejor indicador de la miopía de las recetas económicas ortodoxas, que alegaban que “debían seguirse sus rumbos o habría ‘caos’”. Y enfrenta esas hipótesis considerando que existen opciones alternativas a las políticas actuales. Kliksberg insiste en planteos conceptuales y propositivos asociados a la “ética del desarrollo”. Su experiencia como asesor principal de la Dirección del Programa Regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) otorga solidez a su investigación sobre lo que supone vivir en América Latina, la región más desigual de todas. Desde allí, discute los parámetros del debate actual sobre la juventud y la inseguridad ciudadana y advierte que es necesario diferenciar entre el crimen organizado y el delito juvenil. Este último se origina en el desempleo, la vulnerabilidad sanitaria y las “trampas de la pobreza”. u

La aureola romántica de la piratería ha provocado que algunos autores encuentren en esa figura la de quienes se enfrentan con dignidad y coherencia al orden establecido. Por otro lado, la acuñación del concepto “eje del mal” le ha servido a Tariq Ali para recurrir al de “eje de la esperanza”. Son esos dos elementos –rebeldía y esperanza– los que el autor ha encontrado en la figura de los presidentes Evo Morales, Fidel Castro y Hugo Chávez. Es curioso, pero son precisamente esos tres personajes los más vilipendiados en los medios de comunicación, al tiempo que los más apoyados electoralmente en sus países. Probablemente, el principal mérito de la obra es incorporar esos elementos históricos tan necesarios para entender los acontecimientos actuales y que siempre están ausentes en las dinámicas informativas de los medios. Es bueno algunas veces ralentizar el ritmo informativo y sentarse a recuperar esos antecedentes sin los cuales no hay modo de decodificar el mundo que vivimos. La conclusión de Tariq Ali es clara: “Sudámerica se ha levantado una vez más, ofreciendo esperanza a un mundo que o está sumido en el sopor neoliberal o sufriendo a diario por las depredaciones militares o económicas del Nuevo Orden”. Basta ver las banderas de Cuba, Bolivia o Venezuela ondeando en los foros sociales de cualquier continente para comprender que el “eje de la esperanza” lo es, no sólo para los habitantes de esos tres países, sino para toda la humanidad. Acostumbrada la izquierda a libros que muestran y denuncian las tragedias, se agradece que algunos nos presenten la esperanza.u

Hervé Do Alto

Natalia Aruguete

Pascual Serrano

Un libro de Ricardo Bajo, René Villegas y Aldo Mercado. Con cuentos de: Ramón Rocha Monroy, Juan Claudio Lechín, Gonzalo Lema, Willy Camacho, Mabel Vargas, Oscar Díaz Arnau, Erika Bruzonic, Francis Schwitzgebel- Torres, Alan Castro, Homero Carvalho, Pedro Susz, Walter I. Vargas, Miguel Lundin Peredo, Rodny Montoya, Germán Arauz, Alfonso GumucioCarlos D. Mesa, Christian Vera, Franchesco Díaz Mariscal, Manuel Monroy Chazarreta, Luis Serrano, Paul Tellería, Carlos Vargas Guevara, Víctor Montoya, René Villegas, Inés Gonzáles, Oswaldo Calatayud, Ricardo Bajo, Mariana Ruíz Romero, Javier Badani y Liliana Carrillo. Cuentos stronguistas: Warikasaya Editorial Gente Común y La Gloriosa Ultra Sur, 2008 Páginas 183. 50 bs.

Atilio Borón

Durante sus cien años, The Strongest ha escrito muchas páginas, parte de las realidades y ficciones con las que se construye eso que llamamos cultura o sociedad. No es arbitrario que, en su Centenario y por medio de esta

compilación de cuentos y relatos, otras páginas –esas que escribe la literatura– acompañen a las otras que el club ha escrito a lo largo de su historia. Un escritor, totalmente ajeno al fútbol, no sabía que, pese a sus distancias, escribía para The Strongest. (Es que, desde niño, este escritor ya adoraba los tigres). Cuando quiso imaginar cómo Dios había escrito su Nombre en la naturaleza, sólo pudo pensar que éste se encontraba –cifrado, escondido– en la piel de los tigres. Lo que el escritor no sabía es que ese mensaje también podría desplazarse hacia una cancha de fútbol –sobre todo, cuando ésta está muy cerca del cielo. En todo caso, ya van otros cien años y, con distintos tigres, de selva o de montaña, de historia, fútbol o literatura, el mensaje sigue y perdura. Luis H. Antezana J.

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Le Monde diplomatique / el Dipl贸 / Octubre 2008

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Derechas e izquierdas en México: La disputa por las calles  

“Derechas e izquierdas en México: La disputa por las calles” en Le Monde Diplomatique, La Paz-Bolivia, octubre de 2008 por Massimo Modonesi

Derechas e izquierdas en México: La disputa por las calles  

“Derechas e izquierdas en México: La disputa por las calles” en Le Monde Diplomatique, La Paz-Bolivia, octubre de 2008 por Massimo Modonesi

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