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Sábado 10

EDITORIAL A9

Diciembre de 2011

HACEN FALTA PANTALONES

PANORAMA NORTEAMERICANO EDUARDO VALLE

EDUARDO SANCHEZ

E

n ocasiones, la personalidad del político se parece a la del artista: egocéntrica, grandilocuente y magnética. La frivolidad es una de las amenazas constantes en ambos mundos y la principal causante de las más estrepitosas caídas. A políticos y artistas —por razones diversas— se les observa con reserva y desconfianza, “con éstos nunca se sabe”, decía mi papá. Sin embargo, sus obras, cuando han sido bien hechas, trascienden a sus creadores y logran una existencia propia e independiente que otorga a sus autores un lugar la inmortalidad. Ronald Reagan dijo que un gran líder no es aquel que logra grandes hazañas sino quien consigue mover a los demás para alcanzarlas. Y es cierto. Ahí están muchos ejemplos que avalan sus palabras: Juárez, Churchill, Gandhi, Porfirio Díaz —perdóname, Revolución, el sacrilegio—, Wallesa, Roosevelt y muchos otros que aprovecharon su carisma, ideas, convicciones y circunstancias para lograr metas o transformaciones que en su tiempo se antojaban inalcanzables. ¡Lo que el liderazgo y la hombría de bien pueden lograr cuando se combinan! En México no hemos visto la nuestra.

Dicen que el que ha de morir a oscuras, aunque se muera en velería. Está claro que ya tenemos algunos años viviendo una crisis de liderazgo. Lo mismo en el empresariado que en los partidos, las iglesias, la intelectualidad y el gobierno. Dirían los místicos que las estrellas no se han alineado. Difícil entender el liderazgo y hazaña de Roosevelt y Churchill, sin antagonismos de la talla de Hitler y Mussolini. Hoy México puede despertar de su letargo utilizando el impulso de sus gravísimos problemas. La gente ya no es ajena a tanta calamidad, por lo que hay terreno fértil para el surgimiento de liderazgos que —en todos los ámbitos— den el golpe de timón que le urge a México. El proceso electoral abrirá una oportunidad a la convocatoria. Tenemos enfrente retos formidables que dan ocasión al movimiento. Hace 200 años y hace 100 nos transformamos a partir de crisis muy severas. El México actual ofrece la problemática que pudiera detonar la refundación de lo estructural y la reconstrucción de lo que todavía pudiese funcionar. Los liderazgos deben identificar las áreas de oportunidad y exigir que las instituciones se muevan.

BAJO EL MICROSCOPIO EDUARDO BRIZIO

C

omo balde de agua fría cayó en La Sultana del Norte la designación de Marco Antonio Rodríguez para pitar la gran final del Apertura 2011 en el balompié mexicano, a celebrarse el próximo domingo en el Volcán. Y no es para menos, toda vez que el famoso “Chiquimarco” no suele ser muy benévolo con los felinos. Baste recordar aquella final del Apertura 2003, en donde Tigres jugando de local mordió el polvo frente al Pachuca y Marquito terminó dejando con ocho hombre a los dirigidos entonces por Nery Pumpido, al botar de la cancha a Antonio Sancho, Eduardo Rergis y a Irenio Soares. Del mismo modo, también se le recuerda al polémico silbante en otra final: Monterrey vs. Toluca, en el Apertura 2005, en donde fiel a su costumbre dejó a los Rayados con ocho hombres, al mandar a bañarse temprano a Paulo Serafín, a José Joel “Chícharo” González y a Luisito Pérez, para colaborar así con la coronación de los choriceros. Los ejemplos anteriores son una muestra de que al “Chiqui” no se le da muy bien que digamos arbitrar finales en Nuevo León. El público norteño es noble; pero no olvida fácilmente, por lo que el nazareno que hoy nos ocupa es odiado por aquellos lares. Se trata de un juez mundialista, que asis-

tió a Alemania 2006 y a Sudáfrica 2010 dirigiendo dos partidos en cada uno; aunque todos fueron de la fase de grupos; es decir, en las dos justas en que participó no logró avanzar a la siguiente ronda. A pesar de ello, se trata de una de las mejores cartas con la que cuenta el arbitraje azteca. En una de esas, Marco hace un partido que raye en la excelencia, basado en su vasta experiencia, su inigualable condición físico-atlética, su conocimiento reglamentario y el respeto (por no decir pánico) que ha logrado imponer entre los futbolistas. El problema es que nadie sabe de qué talante va a saltar al terreno de juego; ya que su protagonismo y su forma tan estricta, particular y sui generis de aplicar el reglamento, puede convertirse en el detonante que termine con el espectáculo. Y a eso me refiero cuando afirmo tajantemente que no es un árbitro confiable, porque todos nos estamos comiendo las uñas durante los 90 minutos, con la preocupación de que por “quítame estas pajas”, incline flagrantemente la balanza influyendo en la conducción y el resultado del partido. Ojalá y salga de vena. Por las dudas, antes de que salte al terreno de juego… ¡denle un té de tila!

L

as operaciones de algunas ramas del Departamento de Justicia de EU son injuriosas para México. Y, en buena medida, criminales de por sí. La ATF envía armas a México; la DEA, desde hace décadas, lava dinero de los narcotraficantes. Sobre la base de que los republicanos buscan cortarle la cabeza a Eric Holder, procurador general, y tomando en cuenta que el inspector general de esa institución lleva adelante una investigación sobre el operativo Rápido y Furioso, es un excelente momento para dirigirse al Departamento de Estado. Más aun cuando luego del ruido furioso y vacío del “Complot iraní”, algunas agencias federales agregan más “comida de gallina” sobre el tránsito ilegal por México hacia territorio de Estados Unidos de personas provenientes del Medio Oriente. Hay una clara intencionalidad en la sospecha (¡no hay pruebas, ni en el caso Gaddafi, descubierto por la prensa europea desde hace meses!) del tránsito de “presuntos terroristas” por nuestro país. Como Eric Holder nada va a responder, pues hay una investigación pendiente de resultados, entonces a quien hay que dirigirse es a la señora Hillary Clinton, cabeza del Departamento de Estado. El gobierno mexicano hasta ahora es omiso, al menos en lo público, de acciones reales para procurar detener la demagogia barata de los superinvestigadores estadounidenses (ohh, los “Tres Chiflados” en acción; inexplicable herencia de Bush para Obama). Hay que ponerle un hasta aquí a la conduc-

ta ofensiva de los equipos dirigidos por John Brennan, el superrecontraasesor antiterrorista de Barack Obama. Esa gente nunca, repito, nunca, nos ha respetado y durante decenios se ha dedicado a armar sus juegos de guerra usando nuestro territorio a su leal saber y entender. Y cometiendo delitos tipificados por nuestra legislación. ¿O pasar armas y dinero desde Estados Unidos para beneficio del crimen organizado ya no constituye delitos? ¿Nada más porque quienes los cometen son “oficiales de la ley” en su propio país? ¿De veras? ¿Desde cuándo está aprobada esta excepción y con cuál fundamento legal? Más aun: ¿existen protocolos oficiales acordados entre la ciudad de México y Washington que ofrezcan base jurídica suficiente y regulen en forma bipartita esos operativos? Pues las “Operaciones exentas del procurador general” pueden tener un sólida legalidad en cuanto a atañen a su propio país. Pero cuando afectan en forma grave e inmediata al nuestro: ¿cuáles son los tratados plenos de corresponsabilidad y magnífica, divina y eterna amistad, los cuales facultan a las agencias federales de Washington a cometer hechos que, en forma inmediata, alimentan a las organizaciones criminales transnacionales? Y de manera más que probable constituyen delitos federales aquí, en el territorio favorito de sus juegos de guerra. Receptor Abierto, Rápido y Furioso, lavado de dinero del narcotráfico por la DEA y el FBI como costumbre operativa de las agencias federales.


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