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ABC 26 11 11

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Sábado 26

EDITORIAL A9

Noviembre de 2011

PANORAMA NORTEAMERICANO EDUARDO VALLE

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os casi candidatos a la Presidencia de la República, señores Peña Nieto y López Obrador, inician mal sus esfuerzos. El primero se alía con el Niño Verde y la profesora para obtener unos cuantos puntos en la votación del próximo julio (lo cual indica que los estrategas electorales del PRI saben que no van a un día de campo; y habrá pelea cerrada entre tres contendientes). Y el segundo se reinventa con demagogia vulgar (creará en siete meses millones y millones de empleos) y con la “república amorosa”. Además de ir en coalición con Beto Anaya y Dante Delgado. Y quizás hasta con Sergio Romero (a) El Fish, uno de los jefes de los asesinos del 10 de junio de 1971. Este personaje ya fue candidato de Convergencia en el Distrito Federal. Ahora que el amor (y el perdón) está de moda electoral podría volver a competir protegido por las siglas de Morena y el DIA. No será el único caso. ¿Podrá el PRI negarle una candidatura a Joaquín Gamboa Pascoe, o al grupo en el Distrito Federal del pulcro y cándido heredero del Rey de la Basura? Mientras los casi candidatos del PRI y el

PRD (¡Viva la Revolución Mexicana y su Estado nacionalista y paternalista!) buscan amarres con dirigentes del corporativismo corrupto y peores personajes aun, en el Partido (de) Acción Nacional duermen el sueño de los justos, y el tiempo se consume. Y los precandidatos de esa organización no encuentran un solo lema o tema político que les distinga. Nada que decir de la democracia sindical: ¿de reducir a la mitad a los diputados plurinominales y eliminar a la ridícula figura de los “senadores de partido”; de reivindicar elementos de la democracia directa: de ir en serio contra la corrupción y la impunidad? ¿Nada hay que decir de éstos y otros temas, como el salario de los trabajadores y los precios en las tiendas, centrales para la vida de los mexicanos? ¿Nada?, de veras: ¿nada? En forma por demás aleccionadora los casi candidatos y los precandidatos panistas han elegido hasta hoy el navegar por el cómodo mar de las generalidades y las palabras comunes y gastadas (“desarrollo, paz, trabajo productivo, justicia, educación moderna” y etcétera) o las parábolas amorosas y reformistas.

V DE VALENTIA, POR LOS MAESTROS MAITE AZUELA

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espués de un año sin que Felipe Calderón diera señales de querer liberar al sistema educativo, y sobre todo a los maestros, del uso político-electoral que les da la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE); la Coalición Ciudadana por la Educación decidió acercarse a los senadores para impulsar algunas modificaciones a la Ley Federal de Educación que pongan el desarrollo profesional de los maestros en función de su desempeño y no de su lealtad política. Enfrentar este reto era un asunto de voluntad política del Ejecutivo, y lo hubiera obligado a sacrificar el posible apoyo electoral que el Panal le hubiera podido dar a su partido en elecciones futuras. Pero Calderón no quiso asumir el reto ni responsabilizarse de un proceso de renovación profunda del sistema educativo que iniciara con la derogación del reglamento de 1946, documento que sentó las bases de un sistema corrupto en el que la disciplina sindical y el trabajo político incentivaba a los profesores más que el desempeño, la formación y los buenos resultados en el aprendizaje de los alumnos. Con la derogación de este reglamento se le hubiera quitado a la dirigencia sindical el monopolio sobre la administración de la carrera de nuestros maestros. Calderón no lo hizo, no lo hará y ni siquiera contará con el supuesto apoyo en las urnas con el que tanto le

coqueteaba Elba Esther Gordillo. Basta nada más ver en la lista de senadores plurinominales del PRI al actual subsecretario de Educación Básica, Fernando González, yerno de la líder sindical, para entender que su “prudencia” no sólo no le redituará en apoyo político, sino que con ella condenará a nuevas generaciones a ser producto de una educación raquítica. Afortunadamente, el mes pasado el Senado de la República, a propuesta de su Comisión de Educación, envió a la Cámara de Diputados una minuta de reformas a la Ley General de Educación para “establecer, bajo el principio de transparencia, los mecanismos de ingreso y promoción a la labor docente, con base en la evaluación de conocimientos, habilidades, capacidades, destrezas y, en su caso, desempeño profesional frente a grupo”. Esa ventana dejó entrar la luz en un cuarto que parecía destinado a la penumbra. Con visos para animarse a insistir, la Coalición Ciudadana por la Educación trabajó en la propuesta de creación de un Servicio Profesional del magisterio que integre procesos de ingreso, permanencia, formación continua y superación profesional para los maestros de educación básica; y que centre sus oportunidades de crecimiento en la evaluación ya contemplada por la minuta del Senado, prueba cuyos resultados deberán ser certificados por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

EGIPTO, LA REVOLUCION INCONCLUSA ENRIQUETA CABRERA

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as revoluciones no logran todo de un solo golpe ni avanzan de manera continua y sin problemas; por el contrario, su camino es torcido y los laberintos inciertos. El derrocamiento de Mubarak no fue el fin, sino el principio. La “primavera árabe” en Egipto continúa en otoño con el mismo ímpetu con que inició, pero ahora se enfrenta a la incapacidad de la Junta Militar para manejar la anunciada transición y entregar el poder a un gobierno civil. Derrocar a Mubarak no fue suficiente para cambiar el régimen militar que prevalece. La Junta Militar, encabezada por Mohamed Hussein Tantawi, se atrinchera y resiste frente al embate popular, cede poco y muestra su fuerza con la represión. Tiene las primeras elecciones en el puño. Los demócratas islamistas y laicos quieren elecciones pero rechazan definiciones políticas de los militares del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Egipto arde de nuevo. La entrega del poder a los civiles es el objetivo de la revolución inconclusa. No será fácil derrocar el sistema cuyo centro es el poder en manos de los militares. Desde que en 1953 Gamal Abdel Nasser encabezó el golpe militar de los Oficiales Libres han gobernado los militares. Los presidentes han salido de sus filas, igual Anuar Al Sadat que Hosni Mubarak. A diferencia de Túnez, el ejército en Egipto es el corazón del sistema político, su poder es enorme. No sólo por la supremacía política, sino también por su poder económico; a través de diversas empresas y mecanismos manejan 25%

del PIB. Sus asideros están también en el exterior a través de acuerdos estratégicos lo mismo con Israel que con Estados Unidos, que apremió a los militares a traspasar el gobierno a los civiles. Eso quiere decir mucho si se considera que el ejército egipcio recibe un poderoso apoyo económico de Washington. En la transición los militares pretenden no sólo controlar el proceso, sino mantenerse en el poder. Eso es lo que desató de nuevo la movilización popular en la última semana. Por cierto, con una importante diferencia respecto a la “primavera egipcia”: la organización política. Los Hermanos Musulmanes se han fortalecido hasta aparecer como la fuerza política que ganará las elecciones, negocian con los militares y no están dispuestos a que se pospongan o cancelen las elecciones. El jueves y el viernes las movilizaciones en las calles comenzaron a disminuir, la plaza Tahrir estaba abarrotada pero ya no todas las calles que conducían a ella. Los Hermanos Musulmanes, tras la plegaria, mostraron su fuerza, su capacidad de movilizar a millones y de intimidar al ejército. Reportes de prensa señalan que jugaron la carta de la ambigüedad y de sus intereses cuando criticaron a los militares en el poder pero se excluyeron de las movilizaciones, protestaron contra las anunciadas reformas de los militares. El interés fundamental de los Hermanos Musulmanes, el partido islamista moderado preferido ante las tensas y largas elecciones, es que se lleven a cabo el próximo lunes 28.


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