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ABC 01 02 13

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PENSAMIENTO Y ACCIÓN DE MÉXICO

A11 VIERNES 1º DE FEBRERO DE 2013

OPINIÓN

* Manuel J. Clouthier Carrillo * Jorge Camil * Nicolás Alvarado

El nuevo programa de 100 ciudades

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ocos gobernantes en México entienden el concepto y la importancia del desarrollo urbano. Incluso escasas veces se considera éste de prioridad nacional porque tiende a encajonársele en el ámbito municipal. Muchas de las obras que se proyectan en las principales ciudades del país obedecen en no pocos casos al capricho o a los intereses del gobernante en turno y en escasas ocasiones a la planeación y a su aportación al desarrollo urbano. Dos conceptos son primordiales para entender este tema; el primero es una tesis del arquitecto Charles Correa, que sostiene: “La imagen urbana afecta la moral social”. El segundo nos dice, que el desarrollo urbano influye en el desarrollo humano. Ambas ideas nos ilustran que se puede influir en el ser humano —tanto en sus emociones y su comportamiento, en lo individual y en lo social— a través de la atención a “la cuestión urbana”. El municipio se concibió como el pilar fundamental del federalismo, el orden de gobierno más cercano a la gente, el primer y más importante eslabón de la cadena gubernamental. La realidad es que los municipios están en el total abandono y son el eslabón más débil en lo administrativo, lo fiscal y en dirección política. Los ayuntamientos son muy ineficaces para cobrar el predial, lo son para gestionar recursos federales, por lo que económicamente quedan a merced del gobernador en turno, quien les “jinetea” los recursos que les transfiere la federación por su conducto. La chequera es el principal instrumento de control político de los gobiernos estatales a los municipios. Ante la precariedad económica, política, de visión y preparación técnico-administrativa, los ayuntamientos no realizan planeación y evaden obras que trascienden su periodo. En los últimos 12 años el crecimiento de las ciudades medias del país lo condujeron los desarrolladores de vivienda, para bien y para mal. Los gobiernos federales panistas no fueron “municipalistas”; y, hay que decirlo, el mejor esfuerzo municipal y de desarrollo urbano lo dio el gobierno salinista a través de la Sedesol.

El “(in)debido proceso” de Espíritu de Contradicción Florence Cassez as ideas -incluso las más básicas, como las

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os efectos de algunas polémicas decisiones de Felipe Calderón confirman que gobernó con arbitrariedad y mal asesorado por incondicionales. En marzo de 2012, en un artículo titulado “Sarkozy vs. Calderón” (bit.ly/10v1uQ5), mencioné que Calderón compró sin cuestionarlo el montaje televisivo de Genaro García Luna, y lamenté que hubiese convertido el tema de Florence Cassez en un asunto de Estado. Desplegó alardes de machismo, se enfrentó a Sarkozy (tal para cual) y ambos pusieron en riesgo las relaciones diplomáticas. Después Calderón Hinojosa canceló la celebración del Año de México en ese país, frustrando las ambiciones de decenas de artistas mexicanos que pretendían mostrar sus talentos en Europa. Con argumentos legalistas proporcionados por la Cancillería (otra pifia de doña Patricia Espinosa), Calderón se rehusó a excarcelar a Cassez para que cumpliera su sentencia en Francia, de acuerdo con el Tratado de Estrasburgo. La Cancillería expresó temor de que Francia, merced a algún tecnicismo, pudiese ponerla en libertad (¡como hoy lo ha hecho nuestra propia Suprema Corte!). Prevaleció finalmente el proyecto de Arturo Zaldívar del 21 de marzo pasado, en el que concluyó que la detención de Cassez había sido “una escenificación ajena a la realidad, que generó un efecto corruptor en el proceso penal y vició la evidencia incriminatoria”. No se le dio a Florence Cassez la presunción de inocencia ni fue presentada de inmediato ante el Ministerio Público.

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mías- son un invento burgués. No proletario -¿quién piensa algo cuando no puede pensar sino en subsistir?-, no aristocrático -¿quién piensa algo cuando ha sido educado para evitar a toda costa el pensamiento?- sino justa y precisamente burgués. Así la gran filosofía; así también las reflexiones de a pie (o sobre ruedas, como se verá). Como la que me asaltara ayer mientras aguardaba en una antesala de consultorio de unos tres metros cuadrados a que mi mujer saliera sana y salva aunque comiendo chopitas, muchas gracias- de una cirugía bucal mayor. No estaba verdaderamente angustiado pero cierto es que siempre preocupan -es decir que ocupan antes de tiempo, con suerte en vano- la anestesia, la sedación, el bisturí, la coagulación. Intenté escribir y fracasé. Intenté leer y me sabía fracasando ya -teniendo que devolver la atención dos y tres veces al párrafo anterior, extraviado como estaba en mis cavilaciones semi mórbidas- cuando me salvó la campana… del teléfono. Era mi mejor amigo, explícita y sinceramente solidario con la salud de mi mujer -“Te llamo para ver cómo va Eunice”-, pero también, sospecho, deseoso de escapar si no de su entorno -su casa es no sólo una decena de veces más grande que el consultorio dental sino una centena más agradable- sí de su entrega del día: una columna de revista que le estaba costando particular trabajo. “Fíjate que decidí mencionar en el texto a Julie London”, me dijo, invocando a la elegante rubia que en los años 50 era voz e imagen aterciopeladas de las fantasías de melómanos y erotómanos.


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